Domingo, 26 Mayo 2019 05:48

Parto de huérfano

Parto de huérfano

“En la noche del viernes al sábado una mujer de 51 años de edad, madre de familia, se suicidó tomando una dosis de somníferos”, tal la noticia, una entre tantas, en un diario de Carintia. Pero la noticia, para el hijo no puede quedar ahí por dos motivos: 1) es escritor, 2) la suicida es su madre. Y el orden de importancia de estas dos circunstancias, la literatura y la vida, no es gratuito. La información escueta contiene entre líneas una novela, una familiar. Siete semanas más tarde, el hijo siente la necesidad imperiosa de hacer algo con esa muerte, que no quede ahí. Y lo mejor que puede hacer, se dice, es trabajar en el asunto, investigar los motivos del suicidio, lo que a su vez implica asumir que ella es una desconocida. La memoria, se sabe, deforma. Tratamos de embellecer tanto las derrotas de nuestros seres queridos como las propias. Si ya es difícil conocerse a uno mismo, arriesgo. cómo se puede conocer a otro.Más aún, conjeturo, si el otro es otra, si se trata de la propia madre, y de un pasado del que no queremos ni enterarnos. Pero el hijo escarba en esa llaga. Trabajar en el asunto quiere decir también hacerlo”para no volverse loco machacando con un dedo la misma tecla de la máquina de escribir”, cuenta Peter Handke (Griffen, 1944). “Lo que también podría hacer sería marcharme; además, yendo de viaje, ese dormitar con la mente en blanco, este ir de un lado para otro sin hacer nada me pondrían menos nervioso”, escribe.

Con esta disyuntiva, entre la escritura y el viaje como sustituciones de la locura empieza a escribir “Desgracia impeorable”. Por entonces, 1974, Handke es el niño terrible de la literatura alemana, un intelectual a lo Bob Dylan. De hecho preludia la novela con dos citas, una de Dylan y otra de Patricia Highsmith, de quien fue traductor al alemán. De Dylan, lo que escribe tiene un tono entre desmañado y ruinoso. De Highsmith, el estudio penetrante de un carácter. Biográfica y autobiográfica, “Desgracia impeorable” no sólo perturba. Lastima.
Hacía más de treinta años que no leía esta novela. Ahora volví a encontrarla y acá estoy, queriendo en estas notas explicarme su efecto. Handke, lector de novela negra, aplica el riguroso método Highsmith de análisis de la protagonista y sigue con minuciosidad las pistas de una vida desdichada. Infancia campesina, huida a la ciudad, parejas por conveniencia, simpatía por el nazismo, abortos, hijos arrastrados entre los escombros de posguerra en busca de comida y finalmente, fracasada, el retorno al campo, la reclusión. La angustia y la desesperación del huérfano no incurren ni en la piedad ni en el tremendismo. En el parto de la historia materna, toda una deconstrucción, se fija una objetividad complicada por la clase de distancia que signó la relación madre-hijo y ahora, el hijo como narrador, aspira resignificarla en un relato que puede leerse también como diario, un diario escrito con urgencia donde busca expiar la culpa filial. Un desconsuelo sabido de antemano: la escritura, inescrupulosamente, habrá de funcionar como distracción provisoria, pero a condición de aceptar que llegará un momento en que las palabras ya no podrán cubrir esa ausencia, el vacío.


“No es verdad que escribir me haya servido para algo”, escribe Handke cerca del final. “Durante las semanas que estuve trabajando en la historia, ésta no dejaba de preocuparme. Escribir no fue, como creía al principio, una forma de recordar una etapa ya concluida de mi vida, sino únicamente un continuo trasiego de recuerdos en formas de frases que lo único que hacían eran afirmar unas distancias que yo había tomado. Todavía a veces sigo despertándome por las noches de un modo brusco, de golpe, como si desde dentro un contacto me arrancara del sueño y, reteniendo el aliento, de terror, experimento como si me estuviera pudriendo minuto a minuto”.


Para los escritores no resulta sencillo escribir la madre. Resulta tanto más simple medirse y medírsela con el padre, practicar, si se puede, un parricidio virtual a través de la narración, que encarar a la madre. Problema de género y no sólo, no suele ser igual, en sus variantes, la relación que establecen los escritores con sus madres que con sus padres. La bibliografía al respecto es profusa. Ante la madre las estrategias narrativas masculinas, la elección del género literario, se conflictúan entre la elegía, el lamento compasivo y la confesión de culpa. Lo que cuenta, tal vez, más que el género es cómo ficcionalizar, un acto de escritura en el que se juega una verdad, que es siempre subjetiva y compromete en su exposición. Como si “hacer literatura” fuera incurrir en la mojigatería y el melodrama, “sensiblería femenina”. Una exigencia: hurgar en los propios sentimientos a menudo contradictorios. Handke lo dice así: “Es especialmente en los sueños donde se hace palpable la historia de mi madre: porque allí sus sentimientos se convierten en algo tan físico que los vivo como si fuera su doble y me identifico con ellos, pero son precisamente estos momentos de los que ya he hablado en los que la extrema necesidad de comunicación coincide con la extrema falta de lenguaje”. Si bien estas escrituras suelen apelar a la primera persona y entonces lo que se impone es un yo que todo lo prisma: la ternura, el odio, los celos, la desolación. En esa materialidad del intimismo terminan encontrándose con aquella verdad de la que huyen. La verdad, esa verdad deseada, retorno a la lengua materna, no es sino la escritura: en consecuencia, contra su terquedad, “novelaron” a sus madres. ¿Por qué no inferir entonces que la “literatura del yo” –si es que esta etiqueta cobra algún sentido– empieza con una palabra y ésta es “mamá”?
Vuelvo a la disyuntiva que plantea Handke en el comienzo de su novela: la alternativa entre escritura y viaje, que quizás ahora, ante la muerte de su madre, desde esta perspectiva, no resulten antagónicas sino versiones de una misma acción: el viaje de la escritura que, en ráfagas, como un viento helado,depara un ahondar en la interioridad.”La descripción, naturalmente, no es más que un procedimiento mnémico”, escribe Handke. “Pero, por otra parte, tampoco la descripción es capaz de conjurar nada. Sin embargo, desde los estados de miedo, intentando una aproximación con las formulaciones más adecuadas posibles, esta descripción consigue un pequeño placer, un placer que se produce por una beatitud del miedo y del recuerdo”.


Lo que me sorprende en esta segunda lectura es otra cosa además del dolor “inenarrable” que transmite la reflexión sobre el origen y los sentimientos contradictorios con respecto a la identidad. Esa otra cosa es la puesta en tela de juicio permanente de la herramienta del escritor: el lenguaje, su potencia expresiva pero también sus límites y sus trampas. Es en esta conciencia de los riesgos donde quizá, como en ningún otro texto suyo, en Handkese dirime la cuestión sartreana de para qué “sirve” la literatura, si es que una utilidad que no sea la mercantil puede tener, esa idea de que la literatura “enriquece”. Además de exorcismo, también comunicación. Como lo declaró más tarde Handkeen un texto titulado irónicamente “Soy un habitante en la torre de marfil”, el objetivo consiste en “llegar a ser más atento y volver más atentos a los demás: volverlos más sensibles, receptivos, y llegar a serlo yo para que yo y también otros podamos existir de forma más receptiva y sensible, para que pueda comunicarme con los demás y tratarlos mejor”.

Publicado enCultura
Miércoles, 06 Marzo 2019 06:25

Me importa un pepino

Me importa un pepino

Sandra Massoni sostiene que los comunicadores hoy caminan en círculos y se esfuerzan por transformar su mundo pero encadenados a la noria de la palabra escindida y vacía de comunicación.

Mientras preparo mi conferencia sobre “Comunicación y Buen vivir”, las pantallas muestran a una abuela tratando de recolectar las berenjenas que quedaron esparcidas entre las botas de los policías. Mientras planteo ejes y preguntas alternativas para mi presentación, una y otra vez aparecen las imágenes vergonzosas de estas fuerzas de choque, armadas como para la guerra y rociando gas pimienta a los huerteros. Voy a Quito a disertar en el marco de un seminario latinoamericano que intenta repensar a la comunicación en el convivir y el bien transformar. Me cuesta elegir sólo dos o tres líneas de tensión en una enorme lista de interrogantes posibles. ¿Hasta cuándo insistiremos sólo y tercamente con estas retóricas mezquinas para la vincularidad? ¿Hasta cuándo trataremos sólo con la palabra? Y en la radio suena una canción: Tú que puedes vuélvete, me dijo el río llorando… Soñé que el río me hablaba… ¿El río habla?


El trabajo de los comunicadores en estos días me parece un esfuerzo que camina en círculos como un pobre burro atado a la rueda de su molino. Y este burro en particular se esfuerza por transformar su mundo, pero lo hace encadenado a la noria de la palabra escindida–vacía de comunicación– y, por lo mismo, no logra nunca salir del círculo. A veces parece que lo tiene todo tan bien pensado –y rebuzna alto, fuerte, claro– como si eso resultara suficiente para saltar de nivel. La radio insiste: Tú que puedes…


En la Teoría de la Comunicación Estratégica Enactiva, la experiencia de la multidimensionalidad de lo comunicacional no es solo ni tampoco siempre principalmente simbólica. Porque la empatía prescinde del lenguaje. Porque la emoción es anterior al lenguaje. Lo vivo no necesita ser hablado. Pero sí necesita, en cambio, ser transitado y compartido para ser habitado... Por eso la comunicación es encuentro en la diversidad y requiere una mirada que logre prescindir de esa jerarquización escindida en la que se opera un puro dominio a partir del lenguaje como punto de vista.

 


Los memes y los chistes que empiezan a circular en las redes juegan con que cómo se les ocurre a los huerteros pretender vender lechugas sin pagar impuestos: ¿se creerán sojeros? ¿se creerán mineros?


Tú que puedes... ¿será que puedes?


Nuestros pueblos originarios, con sus profundos saberes ancestrales nos han enseñado que convivir bien es saber vivir en comunidad con todos y con todo. Somos la Pacha, somos la vida. En la comunicación habitada que propiciamos desde el despliegue de estrategias de comunicación las vibraciones son resonancias que rebasan lo narrativo. No es sólo nombre, ni es sólo forma. Soy yo sintiendo, pensando y actuando frente a esto que nos ocurre a nosotros hoy. Y en esa acción comunicacional, el gozo o la congoja surgen en el corazón, que late por el trayecto compartido, sabiendo que todo siempre seguirá mutando, porque el mundo es fluido.


Tú que puedes...


Pero no sé si me animo… Sería casi impertinente, casi como preguntarle a un pez –que está nadando– si está rodeado de agua. Imagino su respuesta, boqueando, mientras piensa y nada y nada y nada…”¿Agua? ¿Qué agua?”


Me importa un pepino, mejor tomo como eje de mi conferencia en Ecuador para hablar de la comunicación desde lo vivo a Mandelbrot y la fractalidad de lo social…


* Directora de la Maestría en Comunicación Estratégica de la UNR. Experta en comunicación y nuevos paradigmas www.sandramassoni.com.ar

Publicado enCultura
Martes, 20 Noviembre 2018 06:31

El racismo no necesita racistas

El racismo no necesita racistas

En mis clases siempre intento dejar claro qué es una opinión y qué un hecho, como regla elemental, como un ejercicio intelectual muy simple que nos debemos en la era post Ilustración. Comencé a obsesionarme con estas obviedades cuando en el 2005 descubrí que algunos estudiantes argumentaban que algo “es verdad porque yo lo creo” y no lo decían en broma. Desde entonces, sospeché que este entrenamiento intelectual, esta confusión de la física con la metafísica (aclarada por Averroes hace ya casi mil años) que cada año se hacía más dominante (la fe como valor supremo, aun contradiciendo todas las evidencias) provenía de las majestuosas iglesias del sur de Estados Unidos.

Pero el pensamiento crítico es mucho más complejo que distinguir hechos de opiniones. Bastaría con intentar definir un hecho. La misma idea de objetividad, paradójicamente, procede de la visión desde un punto, desde un objetivo, y cualquiera sabe que con el objetivo de una cámara fotográfica o de una filmadora se obtiene sólo una parte de la realidad que, con mucha frecuencia, es subjetiva o se usa para distorsionar la realidad bajo la pretensión de objetividad.


Por alguna razón, los estudiantes suelen estar más interesados en las opiniones que en los hechos. Tal vez por la superstición de que una opinión informada es una síntesis de miles de hechos. Esta idea es muy peligrosa, pero no podemos escapar al compromiso de dar nuestra opinión cuando se requiere. Sólo podemos, y debemos, advertir que una opinión informada sigue siendo una opinión que debe ser probada o desafiada.


La semana pasada los estudiantes discutían sobre la caravana de centroamericanos que se dirige a la frontera de Estados Unidos. Como uno de ellos insistió en saber mi opinión, comencé por el lado más controvertido: este país, Estados Unidos, está fundado en el miedo de una invasión y sólo unos pocos han sabido siempre cómo explotar esa debilidad, con consecuencias trágicas. Tal vez esta paranoia surgió con la invasión inglesa en 1812, pero si algo nos dice la historia es que prácticamente nunca ha sufrido una invasión a su territorio (si excluimos el ataque del 2001, el de Pearl Harbor, una base militar en territorio extranjero y, antes, la breve incursión de un mexicano montado a caballo, llamado Pancho Villa) y sí se ha especializado en invadir decenas de otros países desde su fundación (territorios indios) en el nombre de la defensa y la seguridad. Siempre con consecuencias trágicas.


Por lo tanto, la idea de que unos pocos miles de pobres de a pie van a invadir el país más poderoso del mundo es simplemente una broma de mal gusto. Como de mal gusto es que algunos mexicanos del otro lado adopten este discurso xenófobo que ellos mismos sufren, consolidando la ley del gallinero.


En la conversación mencioné, al pasar, que aparte de la paranoia infundada había un componente racial en la discusión.


“You don’t need to be a racist to defend the borders”, dijo un estudiante.


Cierto, observé. Uno no necesita ser racista para defender las fronteras o las leyes. En una lectura inicial, la frase es irrefutable. Sin embargo, si tomamos en consideración la historia y un contexto presente más amplio, enseguida salta un patrón abiertamente racista.


El novelista francés Anatole France, a finales del siglo XIX, había escrito: “La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”. Uno no necesita ser clasista para apoyar una cultura clasista. Uno no necesita ser machista para reproducir el machismo más rampante. Con frecuencia, basta con reproducir, de forma acrítica, una cultura y defender alguna que otra ley.


Dibujé una figura geométrica en la pizarra y les pregunté qué veían allí. Todos dijeron un cubo, una caja. Las variaciones más creativas no salían de una idea tridimensional, cuando en realidad lo dibujado no era más que tres rombos formando un hexágono. Algunas tribus en Australia no ven 3D sino 2D en la misma imagen. Vemos lo que pensamos y a eso le llamamos objetividad.


Cuando Lincoln venció en la guerra civil, puso fin a una dictadura de cien años que hasta hoy todos llaman “democracia”. Por el siglo XVIII, los negros esclavos llegaban a ser más del cincuenta por ciento en estados como Carolina del Sur, pero no eran siquiera ciudadanos estadounidenses ni eran seres humanos con derechos mínimos. Desde mucho antes de Lincoln, racistas y anti racistas propusieron solucionar el “problema de los negros” enviándolos “de regreso” a Haití o a África, donde muchos de ellos terminaron fundado Liberia (la familia de Adja, una de mis estudiantes de este semestre, procede de ese país africano). Lo mismo hicieron los ingleses para limpiar de negros Inglaterra. Pero con Lincoln los negros se convirtieron en ciudadanos, y una forma de reducirlos a una minoría no fue solo poniéndoles trabas para votar (como el pago de una cuota) sino abriendo las fronteras a la inmigración.


La estatua de la Libertad, donada por los franceses, todavía reza: “dame los pobres del mundo, los desamparados…” Así, Estados Unidos recibió oleadas de inmigrantes pobres. Claro, pobres blancos en su abrumadora mayoría. Muchos resistieron a los italianos y a los irlandeses porque eran pelirrojos católicos. Pero, en cualquier caso, eran mejor que los negros. Los negros no podían inmigrar de África, no solo porque estaban mucho más lejos que los europeos sino porque eran mucho más pobres y casi no había rutas marítimas que los conectara con Nueva York. Los chinos tenían más posibilidades de alcanzar la costa oeste, y tal vez por eso mismo se aprobó una ley prohibiéndoles la entrada por el solo hecho de ser chinos.
Esta, entiendo, fue una forma muy sutil y poderosa de romper las proporciones demográficas, es decir, políticas, sociales y raciales de los Estados Unidos. El nerviosismo actual de un cambio de esas proporciones es sólo la continuación de la misma lógica. Si no, ¿qué podría tener de malo pertenecer a una minoría, de ser especial?


Claro, si uno es un hombre de bien y está a favor de hacer cumplir las leyes como corresponde, no por ello es racista. Uno no necesita ser racista cuando las leyes y la cultura ya lo son. En Estados Unidos nadie protesta por los inmigrantes canadienses o europeos. Lo mismo en Europa y hasta en el Cono Sur. Pero todos están preocupados por los negros y los mestizos híbridos del sur. Porque no son blancos, buenos, y porque son pobres, malos. Actualmente, casi medio millón de inmigrantes europeos viven ilegalmente en Estados Unidos. Nadie habla de ellos, como nadie habla de que en México vive un millón de estadounidenses, muchos de ellos de forma ilegal.


Terminada la excusa del comunismo (ninguno de esos crónicos Estados fallidos es comunista sino más capitalistas que Estados Unidos), volvemos a las excusas raciales y culturales del siglo anterior a la Guerra Fría. En cada trabajador de piel oscura se ve un criminal, no una oportunidad de desarrollo mutuo. Las mismas leyes de inmigración tienen pánico de los trabajadores pobres.


Es verdad, uno no necesita ser racista para apoyar las leyes y unas fronteras más seguras. Tampoco necesita ser racista para reproducir y consolidar un antiguo patrón racista y de clase, mientras nos llenamos la boca con eso de la compasión y la lucha por la libertad y la dignidad humana.


Por Jorge Majfud, escritor uruguayo-estadounidense. Profesor en la Jacksonville University.

 

Publicado enSociedad
Convocatoria a la edición cibernética del CompArte “Contra el Capital y sus muros, todas las artes”

Compañeroas, compañeras y compañeros de la Sexta:


Hermanoas, hermanas y hermanos artistas y no, de México y el mundo:


Avatares, nicknames, webmasters, [email protected], [email protected], gamers, hackers, piratas, bucaneros y náufragos del streaming, [email protected] de las redes antisociales, antípodas de los reality shows, o como-se-diga cada quien en la red, la web, internet, ciberespacio, realidad virtual o-como-se-diga:


Les convocamos, pues, porque tenemos algunas preguntas que nos inquietan:


¿Es posible otro internet, o sea otra red? ¿Se puede luchar ahí? ¿O es que ese espacio sin geografía precisa, ya está ocupado, copado, cooptado, atado, anulado, etceterado? ¿No puede haber ahí resistencia y rebeldía? ¿Se puede hacer Arte en la red? ¿Cómo es ese Arte? ¿Y puede rebelarse? ¿Puede el Arte en la red resistir la tiranía de códigos, passwords, el spam como buscador por default, los MMORPG de las noticias en las redes sociales donde ganan la ignorancia y la estupidez por millones de likes? ¿El Arte en, por y para la red banaliza la lucha y la trivializa, o la potencia y escala, o “nada qué ver, mi buen, es arte, no célula militante”? ¿Puede el Arte en la red arañar los muros del Capital y herirlo con una grieta, o ahondar y perseverar en las que ya hay? ¿Puede el Arte en, por y para la red resistir no sólo a la lógica del Capital, también a la lógica del Arte “conocido”, el “arte real”? ¿Lo virtual es también virtual en sus creaciones? ¿Es el bit la materia prima de su creación? ¿Es creado por un ser individual? ¿Dónde está el soberbio tribunal que, en la Red, dictamina qué es y qué no es Arte? ¿El Capital cataloga el Arte en, por y para la red como ciberterrorismo, ciberdelincuencia? ¿La Red es un espacio de dominación, de domesticación, de hegemonía y homogeneidad? ¿O es un espacio en disputa, en lucha? ¿Podemos hablar de un materialismo digital?


En realidad, real y virtual, es que sabemos poco o nada de ese universo. Pero creemos que, en la geografía inasible de la red, hay también creación, arte. Y, claro, resistencia y rebeldía.


Ustedes que crean ahí, ¿ven la tormenta?, ¿la padecen?, ¿resisten?, ¿se rebelan?


Para tratar de encontrar algunas respuestas, es que les invitamos a que participen... (íbamos a poner “desde cualquier geografía”, pero creemos que la red es donde tal vez importa menos el lugar).


Bueno, les invitamos a construir sus respuestas, a construirlas, o deconstruirlas, con arte creado en, por y para la red. Algunas categorías en las que se puede participar (seguramente hay más, y usted ya está señalando que la lista es corta, pero, ya sabe, “falta lo que falta”), serían:


Animación; Apps; Archivos y bases de datos; Bio-arte y arte-ciencia; Ciberfeminismo; Cine interactivo; Conocimiento colectivo; Cultural Jamming; Cyber-art; Documental web; Economías + finanzas experimentales; Electrónica DIY, máquinas, robótica y drones, Escritura colectiva; Geo-localización; Gráfica y diseño, Hacking creativo, graffiti digital, hacktivismo y borderhacking; Impresión 3D; Interactividad; Literatura electrónica e Hipertexto; Live cinema, VJ, cinema expandido; Machinima; Memes; Narrative media; Net.art; Net Audio; Performance, danza y teatro mediáticos; Psico-geografías; Realidad alterna; Realidad aumentada; Realidad virtual; Redes y Translocalidades colaborativas (diseño de comunidades, prácticas translocales); Remix culture; Software art; Streaming; Tactical media; Telemática y telepresencia; Urbanismo y comunidades online/offline; Videojuegos; Visualización; Blogs, Flogs y Vlogs; Webcomics; Web Series, Telenovelas para Internet, y eso que usted ve que falta en esta lista.


Así que [email protected] aquellas personas, colectivos, grupos, organizaciones, reales o virtuales, que trabajen desde zonas autónomas en línea, quienes utilicen plataformas cooperativas, open source, software libre, licencias alternativas de propiedad intelectual, y los etcéteras cibernéticos.


Bienvenida toda participación de todoas, todas y todos los hacedores de cultura, independientemente de las condiciones materiales desde las que trabajen.


Les invitamos también para que distintos espacios y colectivos alrededor del mundo puedan mostrar las obras en sus localidades, según sus propios modos, formas, intereses y posibilidades.


¿Tienen ya en algún lugar del ciberespacio algo qué decirnos, contarnos, mostrarnos, compartirnos, invitarnos a construir en colectivo? Mándanos tú link para ir construyendo la sala de exhibición en línea de este CompArte digital.


¿No tienes todavía un espacio donde subir tú material? Podemos proporcionártelo, y en la medida de lo posible archivar tú material para que quede registrado a futuro. En ese caso necesitaríamos que nos den un link a la nube, hospedaje cibernético o cosa similar de su preferencia. O que nos lo manden por correo electrónico, o lo suban a una de nuestras nubes o al FTP.


Aunque nos ofrecemos a hospedar todo el material, porque nos gustaría que formara parte del archivo de arte en red solidario, también vamos a ‘linkear’ a otras páginas o servidores o geo-localizaciones, porque entendemos que, en la época del capital global, es estratégico descentralizar.


Así que como gusten:


Si quieren dejar la información en sus sitios, con sus formas y sus modos, podemos linkearlos.


Y si necesitan espacio, también estamos para hospedarlos.


Bueno, pueden escribirnos un correo con la información de su participación. Por ejemplo, el nombre de los creadores, título, y la categoría en la que quieren que esta sea incluida, así como una pequeña descripción y una imagen. También díganos si tienen espacio en internet y sólo necesitan que pongamos un link, o bien si prefieren que la subamos al servidor.


El material que se vaya recibiendo desde el momento que aparezca la convocatoria, se irá clasificando en distintos apartados según su (in)disciplina. Las participaciones se harán públicas durante los días del festival para que cada individuo o colectividad lo navegue, use (o abuse) y difunda en sus espacios de reunión, calles, escuelas, o donde prefiera.


Las participaciones se publicarán como entradas y links.


También se publicará un programa de streaming en directo. Las actividades serán archivadas por si alguien no alcanza a verlas en vivo.
El correo al cual tienen que escribir para mandarnos sus links y comunicarse con nosotros es:


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


La página donde se irán montando los links a las participaciones, y la cual estará en pleno funcionamiento a partir del 1º de agosto de este año de 2017, es:
http://comparte.digital


Desde ahí también se harán transmisiones y exposiciones, del 1º de agosto y hasta el 12 de agosto, de distintas participaciones artísticas desde su ciberespacio local, en distintas partes del mundo.


Bienvenidoas pues a la edición virtual del CompArte por la Humanidad:


“Contra el Capital y sus muros, todas las artes... también las cibernéticas”


Vale, salud y no likes, sino dedos medios up and fuck the muros, delete al capital.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Comisión Sexta, Newbie but On-Line, del EZLN.
(Con mucho ancho de banda, mi buen, al menos en lo que a la cintura se refiere -oh, yes, nerd and fat is hot-)
Julio del 2017.

Publicado enCultura
Miércoles, 08 Junio 2016 06:20

Una luz en la oscuridad

Una luz en la oscuridad

Pasatiempo de reyes, nobles, comerciantes y viajeros trotamundos, cantado por los poetas, reflejado en la literatura y la pintura de la época, el juego ciencia tuvo un amplio crecimiento en esa época, en la que adquirió su forma moderna.


A la Edad Media se la considera, desde cierta perspectiva, un periodo oscurantista. Por cierto, no fue lo que sucedió con el ajedrez. Es que en ella se propaga y adquiere su forma moderna. El vector de transmisión sigue el camino del comercio y de las conquistas. Los musulmanes (que lo habían conocido por los persas, quienes lo habían recibido de la India) lo llevan a España, donde instalan un califato en Córdoba, y a Italia. También ingresa por Bizancio y, siguiendo el curso del río Volga, por Rusia y Escandinavia. Se generaliza luego por todo el continente. Sucesos todos acaecidos en este largo periodo de la Humanidad.


En la recorrida toma su nombre definitivo. La palabra en castellano deriva de al shatranj (el ajedrez), expresión con la que los invasores lo conocían, que venía de otras mutaciones fonéticas (del chaturanga pasando por el chatrang). Las piezas abstractas (sin rostros, por impedirlo el Corán) dan paso a estatuillas con figuras realistas. El tablero escaqueado monocolor muta en bicolor. Las piezas se van reconfigurando: del elefante al alfil; del carro o buque a la torre; del visir a la reina. El negro va reemplazando al rojo ya que se lo considera más apropiado como imagen del mal (de la oscuridad) en su agonal puja contra el color blanco que sigue remitiendo al bien (a la luz).


Dado su prestigio se lo considera juego de reyes. El persa Cosroes I lo recibe en Bagdad. Varios califas, pese a las prevenciones religiosas, lo cultivan (entre ellos el poderoso Harún al-Rashid), teniendo a su servicio al más experto de cada generación (los más notables: al-Adli y al-Suli). En las cortes de Europa, los reyes y nobles lo transforman en el principal pasatiempo.


A los musulmanes se les debe las primeras obras de divulgación, la clasificación de los jugadores por categorías y las impactantes modalidades de simultáneas y “a ciega”. Se lo habrá de incluir en influyentes relatos inespecíficos, como en el Libro de los reyes de Ferdousí, El libro de las praderas de oro de Al-Mas’udi, el Rubaiyát de Jayám y Las Mil y Una Noches. De aquí proviene la historia de Dilaram, preferida de un sultán quien, al ser objeto de apuesta, logra evitar su sino indicando a su señor la forma de vencer en la contienda.


A nivel de hipótesis, se imagina que la emperatriz Irene de Bizancio envía un juego con la incorporación de la reina a Carlomagno, a quien quería desposar para unir el Imperio Romano de Occidente con el de Oriente; pero el galo, asustado por los poderes asignados al nuevo trebejo, rechaza el convite. Más tangiblemente la pieza será mencionada en Europa por primera vez (y el juego como un todo) en los manuscritos Versus de scachis, que son del 997.


Habrá alusiones en influyentes poemas épicos y cantos: Cantar de Ruodlieb; Parzival; Tristán; La Canción de Rolando; Cármina Burana. Pedro Alfonso sindica las siete virtudes del caballero entre las que incluye al ajedrez (además de, por caso, la arquería, caza y escritura de versos). Se producen en didáctica los trabajos de Boncompagno de Siena, Damiano, Vicent y Lucena.


Mucho de lo que sabemos del juego se debe a la riqueza de la amplia literatura de la época. Con el poderoso impacto de la imprenta, años después se podrá conocer textos emblemáticos que son del siglo XIII (junto a varias traducciones): el del monje dominico Cessolis y el del rey Alfonso X de Castilla. En aquél, el primero en editarse en Inglaterra (antes que la Biblia), se compilan sus sermones en los que el ajedrez surge como parábola de la sociedad: el juego reglado representa perfectamente al feudalismo. “El Sabio”, por su parte, en su precioso Libro del acedrex, dados y tablas le da un trato preferencial: lo considera “noble y sereno” y de “seso” (o “pensamiento”). Esas obras lo afianzan en su uso metafórico y reputación intelectual.


Es asimismo facilitador del amor, dado que el encuentro de personas de distinto sexo se puede dar frente a un tablero; así lo registran poetas y juglares. Su uso literario transita otras cuerdas incluyendo la eterna lucha entre el bien y el mal (Dios contra el maligno). Con todo, prosigue su histórica asociación como imagen bélica por lo que, cuando el rey francés Luis VI pierde en una batalla, increpa a un enemigo diciendo: “Ignorante e insolente caballero. Ni siquiera en el ajedrez un Rey puede ser atrapado”; o se especula que el sitio de Antioquía se decide al distraerse en una partida el líder turco. Lo real y lo lúdico se funden y confunden. Croacia incorpora al tablero en su propio escudo de armas (y luego en su bandera) en reconocimiento a un rey que alcanzó la libertad de su pueblo venciendo al ajedrez a su par de Venecia.


El trebejo femenino irrumpe en vigencia de reinas poderosas, por el mayor reconocimiento social de la mujer y el auge del culto mariano (De Coincy asocia a la Virgen con la pieza respectiva). Se mueve en el tablero primero en forma tímida (igual que lo hacía el exótico visir al que reemplaza), para luego adquirir un desplazamiento ampliado. Con ello revoluciona el juego, que resulta más dinámico y agresivo; se habla del ajedrez “alla rabbiosa”. La mujer tardó en incorporarse al campo de batalla pero, cuando lo hace, no pasa inadvertida.


El alfil también expande su radio de acción; surge el enroque; se admite la captura del peón al paso, pieza que ahora puede coronar en reina (generando sendos dilemas éticos: la bigamia; el transexualismo). Las reglas se uniforman sobre el final del periodo con la contribución decisiva del ajedrez valenciano (se lo refleja en el poema Scachs d’amor donde se reproduce un encuentro, el primero que se conoce bajo el renovado formato), por lo que ahora se podrá jugar sin problemas interpretativos favoreciendo la futura competencia internacional.


En prueba de su relevancia grandes plumas reparan en él. Dante Alighieri, en La divina comedia, al observar que las chispas de un fuego eran muchas afirma: “...su número se multiplicaba mil veces más que el producido por la multiplicación de las casillas de un tablero de ajedrez”. Bocaccio en el Decamerón muestra a jóvenes jugándolo, y en Filocolo retoma la historia del héroe que rescata a su amada presa en un castillo al que accede ganándose la confianza de un vigía con el que juega unas partidas. Un tercer italiano, Petrarca, no lo considera en gran forma: lo menos que dice sobre el ajedrez es que es vano. El inglés Chaucer, además de incluirlo en sus Cuentos de Canterbury, lo pone en el centro del argumento en El libro de la duquesa donde su protagonista se lamenta al haber perdido a su esposa (su “reina”) en una desigual partida que lo enfrenta a la Fortuna.


Es fuente de inspiración de numerosos pintores y retratistas. En la capilla Palatina de Palermo se aprecian algunas imágenes. Pero las mejores ilustraciones aparecen en los libros (incluidas unas atribuidas al genio de Leonardo que surgirán ya a comienzos de la próxima era). Orfebres se encargan de hacer hermosas piezas y tableros de alto valor estético y material, que integran las dotes y son objeto de regalo y legado.


Cierto oscurantismo, tan idiosincrásico del periodo, no deja de afectarlo. Desde posiciones extremas se aduce que tiene algo de diabólico (al ser tan distractivo) y por quedar asociado a las apuestas (y al impío dinero). Al papa Alejandro II se le pide que lo prohíba. Pero nada podrá contra un juego que se convierte en el principal de los pasatiempos formando parte inescindible de la cultura. Tan relevante que se puede llegar a sostener que mientras Fernando de Aragón lo practicaba, es salvado de la derrota por Isabel la Católica y que, en gratitud, acepta el plan que ella sostenía, el cual le había presentado un navegante que creía poder arribar a las Indias enfilando los barcos a poniente. Así Colón podrá ‘descubrir’ América dando fin a una era y comienzo a otra.


En los bagajes de los navíos se incluirán piezas y tableros que, de ese modo, habrán de arribar por vez primera a América regresando, en su nuevo diseño, a un Oriente en donde había sido concebido. Edad Media en la que el juego se modernizó y difundió, estableciéndose las bases para su universalización y en la que floreció como parte de la cultura. Edad Media en la que, al menos para el ajedrez, la luz había sabido prevalecer por sobre las tinieblas.


Por Sergio Negri, maestro FIDE e investigador en ajedrez. Coautor de la colección Historia del Ajedrez Olímpico Argentino.

Publicado enCultura
La verdadera esencia de la ciencia y la filosofía

Nadie puede ser libre si no le conceden, reconocen y alimentan la capacidad de fantasía, que es, con seguridad, la capacidad misma de independencia y condición de la crítica.

 

La forma en que existen hoy en día la ciencia y la filosofía es como investigación. Quien por estos días no investigue, es un curioso, alguien con intereses intelectuales, en fin, incluso un amante de la lectura y las buenas discusiones. No más. Lo cual, desde luego, no es poco.
Ahora bien, la ciencia y la filosofía no se hacen sin buenas bibliotecas y hemerotecas; no sin laboratorios idóneamente dotados y experticia técnica; no sin el conocimiento de por lo menos un idioma extranjero y la participación en los circuitos correspondientes de conferencias en los que se habla y discute generalmente acerca de los más recientes desarrollos en cada campo; no sin computadores y oficinas decorosas, y ciertamente no sin asistentes de investigación, que muchas veces dispensan especialmente de las tareas mecánicas o administrativas.


Y, sin embargo, nada de ello define a un científico o filósofo por excelencia. Por el contrario, y muy radicalmente, nadie puede ser un filósofo o científico sin una estupenda capacidad de imaginación, fantasía, juegos ideatorios, con toda la libertad, sin constricciones de ningún tipo, y como juegos y experimentos llevados hasta el extremo. Frente al poder y la capacidad de la imaginación y la fantasía, todo lo demás es mecánica, técnica y destrezas. Incluso, lo cual es encomiable, puede ser mucho esfuerzo y trabajo, todo lo cual, fundamentales como son, resultan al cabo insuficientes.


El concepto de experimento mental aparece, sin embargo, apenas hacia 1812, cuando H. Ch. Oersted lo emplea en su sentido actual, y se convierte en una heurística de la investigación, con seguridad la más importante de todas las heurísticas. El concepto originario aparece en alemán y es un Gedankenexperiment. En lo sucesivo el término se emplea en prácticamente todos los idiomas mayores de occidente, incluido, desde luego, el español.


De hecho, los más importantes experimentos en la historia de la filosofía y la ciencia no son experimentos empíricos, físicos y positivos. Por el contrario, son, literalmente, experimentos mentales. Muy recientemente, por ejemplo, es conocido como el propio Einstein expresó que los más importantes de sus experimentos fueron justamente ideatorios, actos y procesos de la fantasía, gracias a los cuales pudo desarrollar su teoría.


Uno de los más famosos experimentos mentales de todos los tiempos es el gato de Schrödinger, un juego ideado por el físico austriaco como una forma de distanciarse del debate entre Bohr y Einstein (la personalidad misma de Schrödinger se corresponde con los juegos de fantasía, siendo él un hombre de sentido de mundo, extraordinario buen humor y conocedor del savoir vivre).


Es sabido que Galileo jamás se subió hasta el extremo superior de la Torre (inclinada) de Pisa y que sus estudios sobre caída libre y fricción fueron el resultado de experimentos mentales. Para no mencionar que, siendo un joven avezado, se aburría cuando sus profesores, todos jesuitas, llevaban a los cursos a orar a la iglesia. El joven Galileo prefería imaginar lo que sucedería si ese invento reciente, el reloj de péndulo, tuviera el péndulo más corto, o más largo. Esta clase de experimentos le permitirían a Galileo sentar las bases de la mecánica clásica, cuyo epítome sería la obra de I. Newton.


En filosofía, quizás el más famoso de todos los experimentos mentales es la paradoja de Zenón, o el burro de Buridano. Heurísticas maravillosas que alcanzaron una impronta fundamental en la cultura humana en general, y en ciencia y filosofía en particular.


Son numerosos los usos que tienen y pueden encontrársele a los experimentos mentales. Lo importante, con todo, radica en el reconocimiento expreso de que los programas de educación, en general, y en particular los programas de educación en ciencia y filosofía, casi jamás enseñan a realizar experimentos mentales –todos, hoy por hoy, preocupados por desarrollar competencias interpretativas y otra clase de nimiedades–, todas las cuales se encargan de arrojar sombras sobre la libertad de la fantasía y la imaginación.


Los experimentos mentales han sido igualmente reconocidos y trabajados como "pompas de intuición". Esa capacidad que es anterior y sobrepasa con mucho al análisis. La intuición, una capacidad innata en todos los seres humanos, pero que es deformada y atrofiada por el peso de una cultura eminentemente racionalista y analítica.


Sería interesante montar un curso ilustrando la historia de la filosofía desde la Grecia antigua hasta nuestros días, o también de la ciencia moderna y contemporánea consistente en experimentos mentales. La máquina de Feymann, la paradoja EPR (Einstein–Podolsky–Rosen), la habitación china (en filosofía de la mente y ciencias cognitivas), el demonio de Maxwell, y tantos otros.


La capacidad de soñar, de imaginar, de fantasear. Sin saber incluso qué resultará de ello, y ciertamente no a priori. La fantasía y la imaginación, tanto como la intuición, tienen eso de particular: que se oponen a cualquier mecanismo de control y de administración, en cualquier acepción de la palabra.


Formar en ciencia y filosofía consiste, ciertamente, en formar gente libre. Pero de todas las libertades, con seguridad la primera y más radical consiste en soñar, imaginar, fantasear. Por ejemplo, soñar mundos posibles, imaginar alternativas a hechos reales. La lógica de contrafácticos, por ejemplo, es conspicua al respecto. Una lógica que es de gran ayuda en campos como los estudios políticos, las relaciones internacionales y los análisis de sistemas administrativos, por ejemplo.


Nadie puede ser libre si le conceden, reconocen y alimentan la capacidad de fantasía, que es, con seguridad, la capacidad misma de independencia y condición de la crítica. Al fin y al cabo, la verdadera esencia de la ciencia y la filosofía estriba –como es de hecho ya el caso en las artes, la literatura y la poesía– en soñar posibilidades, imaginar espacios, tiempos, estructuras y dinámicas posibles. Todo ello en un mundo que olvidó soñar y que no le otorga espacios a la fantasía. Soñar lo posible, e incluso lo imposible mismo.

 

Publicado: Miércoles, 03 Diciembre 2014 22:28

Martes, 25 Noviembre 2014 06:36

Novela, música y poesía

Novela, música y poesía

Uno. La relación entre poesía y novela parte de un hecho diferencial: mientras la segunda no cabe en el ámbito estricto de la primera, la poesía a la inversa sí. La prosa de aquella puede asumir un ritmo poético si el autor dispone de un oído musical abierto a los diferentes registros del habla e invita a una lectura en voz alta. Desde la cadencia y el uso de símiles que hallamos en Faulkner a la concepción de la obra total como un vasto poema conforme al modelo de La muerte de Virgilio de Broch el abanico de posibilidades es infinito.


Releyendo recientemente Bajo el volcán de Malcom Lowry encontré imágenes ("nubes como cisnes sombríos") de belleza conmovedora. Al dar con la "súplica muda de los alcornoques" evoqué el tronco descorchado rojizo de los que contemplaba en los veraneos de mi niñez e imaginé al punto los del Parque Natural de la Almoraima con su imploratorio ademán ante la crasa barbarie que los amenaza: la devastación de aquel bello paraje ecológico en aras del insaciable apetito inmobiliario que nos llevó a la maldita burbuja. Un hotel de cinco estrellas con bungalows, piscinas y campos de golf destinados, a falta de un hipotético comprador indígena, a algún honestísimo magnate ruso o a un jeque golfante de los del Golfo.


Dos. Si, salvo raras excepciones, el relato anterior a Cervantes era como un instrumento musical de una sola cuerda, nuestro primer escritor inventó otro en el que diversos instrumentos se conjugan de forma armónica: el de esas variaciones sinfónicas que se impondrían en la narrativa del siglo XIX. La novela como sinfonía alcanzó su cumbre en dicha centuria. Ulises marca también un punto de inflexión que pone fecha de caducidad a la reiteración de las formas narrativas de Balzac y Galdós. Sin su novedad constitutiva la obra de arte cesa de existir aunque el público lector, atento solo a la trama argumental de la novela que tiene entre las manos, no se percate de ello.


Tres. Paul Valéry definía el poema como "una oscilación entre el sentido y el sonido". Tal formulación, aunque válida, es solo aproximativa en cuanto no abarca la complejidad de los problemas que nos planteamos. ¿No sería mejor por ejemplo hablar de conjunción de intensidad semántica y belleza musical? La poesía, según la concebimos a partir de Baudelaire, comprende una gama de registros distintos, pero excluye todo tipo de retórica y didactismo, por no hablar de la facilidad ripiosa en la que tanto incurrieron nuestros románticos. Es, por decirlo así, una poesía antilírica, centrada en un esfuerzo de decantación. Dicho esfuerzo por partida doble —reducción del vocabulario y ahondamiento de la relación sintáctica en el interior de éste (Kundera dixit)— marca con su sello inconfundible la modernidad intemporal a la que aspira el poeta: libre de toda ornamentación verbal, del jadeo cansino de quien estira el verso para alcanzar la meta de cumplir ingenuamente consigo mismo o de responder a la espera del público (tal fue el caso a veces de Victor Hugo y en nuestra lengua del Neruda propagandístico).

Cuatro. Como esa flor que milagrosamente se abre paso entre el agrietado alquitrán al borde de un sendero así la belleza del poema emerge con fuerza del subsuelo que abriga lo clandestino. Es el murmullo que llega a nuestro oído en medio del ruido mediático de lo inane y efímero. Trabajar con la palabra es volver al arte humilde del calígrafo, a la época en la que el material prefabricado no existía y el arte surgía con sencillez de las manos curtidas del artesano.

El artista, ya sea músico, poeta o novelista que abandona el recurso a las cláusulas del canon establecido y se exilia del mismo, busca como un zahorí la radicalidad del origen, de lo increado que aguarda con paciencia el acto virtual de la creación.

Cinco. "Lo que importa en un poema", dice I. A. Richards citado por Eliot, "no es nunca lo que dice sino lo que es". La observación se ciñe escrupulosamente a la verdad y vale tanto para Góngora como para San Juan de la Cruz. El argumento de Las soledades (¿cabe hablar de él en la inabarcable creación gongorina?) carece de relevancia. La obra es lo que es, una extraordinaria construcción verbal entretejida de tensiones semánticas que el artífice ha elaborado con enrevesada nitidez. Lo mismo se aplica al verbo alquitarado de San Juan: lo que nos dice puede ser interpretado de modos muy distintos sin alterar por ello la unidad y substancia de lo que es (la interpretación del autor en su prólogo a Canto espiritual es una entre mil otras y en vez de aclarar su sentido lo complica y extravía al lector y al otro posible destinatario del mismo: el señor inquisidor).


Seis. Mientras redacto estas notas releo a Octavio Paz: pocos escritores han señalado con tanta justeza y nitidez la urgencia de introducir el pensamiento crítico del lenguaje en el ámbito de la creación poética y novelesca e, inversamente, de una aconsejable dosis de imaginación en el pensamiento crítico. Lo que en los medios de comunicación se vende por crítica es una mera apreciación subjetiva, y a veces venal, carente en cualquier caso del conocimiento interdisciplinario y de la sensibilidad indispensable para captar el significado de la obra en el contexto de la evolución de los géneros. Dicha seudocrítica mide a menudo la importancia de un libro por el número de quienes lo adquieren obviando el hecho de que una cosa es la innovación y otra muy distinta la visibilidad y apoteosis mediática. La mayor parte de las obras que se imponen en el mercado pertenecen al "género de las ya leídas antes de haber sido escritas": simple reiteración, pura redundancia. Pero vuelvo a Octavio Paz y a su reflexión luminosa en unos tiempos en los que la mediocre cultura ambiental y la indigencia crítica reducen la vida literaria a los avatares de una grotesca y pueril competición deportiva (Fulano de tal "triunfa" en Fráncfort, Mengano bate récords de venta en su caseta-jaula del zoo-Feria de Madrid, etcétera): "Prosa y poesía libran en el interior de la novela una batalla, y esa batalla es la esencia de la novela: el triunfo de la prosa convierte a la novela en documento psicológico, social o antropológico; el de la poesía la transforma en poema. En ambos casos desaparece como novela. Para ser, la novela tiene que ser al mismo tiempo prosa y poesía, sin ser enteramente ni lo uno ni lo otro".

Siete. El lector de la gran poesía se adentra en un mundo que exige de él una sensibilidad, rigor y experiencia que trascienden las coordenadas de la época y del ámbito local. Los lectores apresurados de ella suelen errar y transmitir su yerro a las generaciones sucesivas. Consulto, porque lo tengo a mano, Función de la poesía y función de la crítica de T. S. Eliot traducido hace más de medio siglo a nuestra lengua por Jaime Gil de Biedma: "La persona de experiencia limitada está siempre dispuesta a dejarse engañar por la falsificación o el artículo adulterado y así vemos generación tras generación de lectores bisoños engañarse con lo ficticio y amañado de la propia época, prefiriéndolo incluso, por ser más fácilmente asimilable, al producto genuino".

La obra de San Juan de la Cruz y de Góngora, por citar dos ejemplos, no incidió en la de nuestros poetas de los siguientes siglos y público y crítica se extasiaron en cambio ante Espronceda ("un piano tocado con un solo dedo", dijo de él con humor Eugenio d'Ors) y aún ante Zorrilla ("una pianola", añadiría d'Ors, "y como el que se cansa pedaleando es él..."). Con todo, el verdadero poeta obliga a regresar a la fuente de la que mana el verso. Leer poesía es avezarse al arte del regreso, a la vuelta atrás. La verdadera poesía, como el vino añejo, se decanta y mejora con el tiempo.

Ocho. "Considero el verso una cosa intermedia, un paso de la música a la prosa. En la prosa hablamos libres. Podemos incluir ritmos musicales y, a pesar de ello, pensar. Podemos incluir ritmos poéticos y, sin embargo, estar fuera de ellos. Un ritmo ocasional de verso no estorba a la prosa; un ritmo ocasional de prosa hace tropezar al verso" (Fernando Pessoa, Libro del desasosiego, traducción de Ángel Crespo).


Juan Goytisolo es escritor. Acaba de obtener el Premio Cervantes de Literatura.

Publicado enCultura