“Es una tragedia que Pablo Escobar sea un ídolo para tanta gente”

El cineasta colombiano Ciro Guerra dirige junto a Cristina Gallego 'Pájaros de verano', una película sobre el origen del narcotráfico en Colombia que compite en el Festival de Cine de Los Cabos.

En Pájaros de verano no hay capos idolatrados, sino víctimas que al mismo tiempo son victimarios. En esta cinta no aparecen Pablos Escobares, ni Chapos Guzmanes. En ella, los narcos no son héroes. No tienen mansiones, ni coches de lujo y tampoco acaban transformados en celebridades. Aquí el narcotráfico es una cruel guerra en la que una familia puede acabar enfrentada.


Esta película, de Cristina Gallego y Ciro Guerra, candidata a estar nominada para los Oscar y seleccionada para participar en el Festival Internacional de Cine de Los Cabos –que se celebra del 7 al 11 de noviembre–, narra cómo el narcotráfico permeó en territorio colombiano. Se adentra en la comunidad wayúu, en su lengua y sus ancestrales tradiciones para retratar el comienzo de esta epidemia que asola el continente. Una narración sobre los primeros narcos alejada de las grandilocuencias de Hollywood y de las series sobre capos del país que se han exportado al mundo. “La mirada que hasta ahora se ha llevado al cine no ha sido reflexiva, sino que ha consistido en construir ídolos y celebrar la violencia y la cultura narco”, cuenta Guerra, que en la última edición de los Oscar su película El abrazo de la serpiente estuvo nominada a Mejor película de habla no inglesa.

Pregunta. ¿Adentrarse en los orígenes del narcotráfico, ayuda a encontrar soluciones para el presente?

Respuesta. El narcotráfico se ha vuelto un tabú para los cineastas colombianos. Existió durante mucho tiempo la idea de que en el cine se hablaba mucho de este tema, pero en realidad solo se ha abordado en un puñado de películas. Realmente hemos dejado este asunto en manos de las películas de Hollywood y de las series norteamericanas que han presentado, en muchos casos, una imagen caricaturizada de este problema. Nos parece importante que los cineastas asumamos esa historia y la contemos desde nuestra perspectiva, alejándola del espectáculo y el chiste.

P. ¿Por qué cree que se ha convertido en un tabú?

R. El narcotráfico sigue siendo una herida abierta para nuestra sociedad, continúa sintiéndose una gran vergüenza social. De hecho, hay un fuerte desconocimiento sobre cómo fueron sus orígenes en Colombia. La mirada que se ha llevado al cine no ha sido reflexiva, sino que ha consistido en construir ídolos y celebrar la violencia y la cultura narco.

P. ¿Cómo ocurrió con Pablo Escobar?

R. Sí, es una gran tragedia que alguien como Pablo Escobar sea un ídolo para mucha gente. Así ocurre cuando las historias se cuentan desde la perspectiva de los victimarios y desde la irreflexividad del espectáculo.

P. ¿Su película es una forma de reconciliar el cine colombiano con el narcotráfico?

R. Sentimos que esta historia solo había sido tratada desde una óptica celebratoria, desde la mirada de los criminales y los bandidos, pero no se había contado qué significó para los colombianos. Fue una gran tragedia que acabó destruyendo nuestra sociedad y nuestras raíces. Es la historia del derramamiento de sangre en nuestro país, la del inicio de nuestra modernidad y también la de la llegada del capitalismo más salvaje, sin ningún tipo de contención, ni regulación.

P. Pájaros de verano habla del narcotráfico desde el punto de vista femenino, algo muy poco habitual.

R. Cuando empezamos a investigar sobre esta historia nos pareció interesante que ocurriera en una sociedad matriarcal donde las mujeres son tan fuertes, son las que perpetúan la línea familiar y tienen una importante participación en el comercio, la cultura y la política. Creíamos que era una oportunidad para darle una vuelta de tuerca al género y hacer algo que no se había visto hasta ahora.


P. El tráfico de drogas sigue dejando demasiados muertos en Colombia, ¿hay esperanza en que la violencia disminuya?


R. Hace mucho que el narcotráfico dejó de ser un problema colombiano y pasó a ser mundial. Es una guerra declarada por razones completamente locales de Estados Unidos que se ha propagado por todo el planeta como una epidemia. Actualmente, países que nunca tuvieron problemas con el tráfico de drogas, lo están sufriendo. Mientras no se legalice seguirá siendo una enfermedad que se expande por el mundo. Los colombianos durante décadas hemos puesto los muertos, hemos sufrido la crisis social que implica ese tráfico.


P. Esta película la protagonizan los wayúu y en El abrazo de la serpiente retratan a las comunidades del Amazonas, ¿es una obsesión en su cine adentrarse en la cultura indígena?


R. No es un objetivo que me haya marcado, simplemente busco las historias que me interesan y muchas están en ese universo oculto que ha sido negado durante tanto tiempo. Al final, lo que sucede en la Colombia profunda puede hablarle a cualquier persona del mundo. No hay necesidad de copiar modelos [de hacer películas] de otros países.


P. Sin embargo, el público suele ver más películas estadounidenses que colombianas.


R. Tenemos que fortalecer la presencia de nuestro cine en nuestros países. Es fundamental que los latinoamericanos veamos cine latinoamericano tanto por el crecimiento de nuestra industria como por nuestro crecimiento espiritual.


P. ¿El principal problema sigue siendo la distribución?


R. Sí, es el tema neurálgico. Falta mucho camino por recorrer. En cuanto a la producción, se han hecho grandes avances y hoy en día la cantidad de películas latinoamericanas es importante, pero todavía queda pendiente que nuestro cine se vea en mejores condiciones, se distribuya y se le dé el valor que tiene.



Las películas nominadas en el Festival de Cine de Los Cabos


Además de Pájaros de verano, en la séptima edición del Festival de Cine de los Cabos competirán Bisbee'17 de Robert Greene, que retrata un viejo pueblo minero en la frontera de Arizona y México que ha sufrido la deportación de 1.200 inmigrantes.


El cineasta Julio Hernández Cordón presentará Cómprame un revólver, donde una niña tendrá que enfrentarse a un mundo cruel tras la captura de su padre por un capo local.
Genèse, una película sobre las turbulencias del primer amor, también competirá en este festival. Una cinta de Philippe Lesage que se adentra en un mundo cruel y machista.


El viaje de Philippe, un imitador de Chaplin, por Estados Unidos durante una guerra mundial interminable queda retratado en The Great Darkened Days, del director Maxime Giroux.


Lemonade, de Ioana Uricaru, se adentra en la lucha de los migrantes rumanos en Estados ante la burocracia y la policía. Mientras que en Skate Kitchen, Crystal Moselle cuenta la historia de un grupo de patinadoras que descubren que la amistad es la mejor manera de subsistir en ambientes adversos para las mujeres.


Josephine Decker retrata en Madeline's Madline el proyecto de Evangeline, una directora teatral que aprovecha el conflicto entre la protagonista de la obra y se madre para potenciar su proyecto.


En We the animal, de Jeremiah Zagar, la imaginación del menor de tres hermanos será el mejor aliado ante una familia en desintegración, con un padre temperamental y una madre deprimida.

Por Víctor Usón
México 16 OCT 2018 - 15:52 COT

Publicado enColombia
“La mujer es la causa de un deseo universal que es, a la vez, una fascinación y un miedo”

 

El prestigioso psiquiatra y psicoanalista francés Gérard Pommier visitó una vez más la Argentina para presentar en Buenos Aires y en el interior del país su más reciente libro Lo femenino, una revolución sin fin (Editorial Paidós), donde aborda diversos aspectos sobre lo que representa lo femenino para el psiquismo: desde un riguroso estudio de investigación en la literatura, pasando por el tabú de lo femenino reprimido a nivel de la singularidad y luego por la sociedad, sin dejar de lado la influencia poderosa del patriarcado, donde los hombres señalaron a lo “femenino” como enfermedad. El libro de Pommier es un ensayo psicoanalítico pero el autor también sienta posición política sobre el tema. Y lo hace historizando lo sucedido durante la Revolución Francesa y abordando los grados de misoginia en las distintas sociedades hasta llegar a conceptualizar lo revolucionario que tuvo –y tiene– lo femenino. Pommier lo califica de “subversivo”, “inalienable” e “incolonizable”, categorizaciones que le permiten pensar la sociedad actual y el futuro de las luchas sociales. 

Vale destacar que Pommier fue miembro de la Escuela Freudiana de París, fundada por Jacques Lacan y profesor en diversas universidades del país galo. También director de la revista La Clinique Lacanienne, Pommier es autor de ¿Qué quiere decir “hacer” el amor? (editado por Paidós en la Argentina). Para completar qué representa lo femenino para el psiquismo, el psicoanalista sostiene: “Representa cierto tipo de ideal, de un ideal. A lo femenino se lo consideró como la causa universal del deseo. Todo el mundo se siente fascinado por lo femenino: tanto las mujeres como los hombres. No son solamente los hombres. Pero los hombres tienen miedo de lo femenino y, a la vez, lo aman y lo rechazan. Tienen miedo de la belleza de las mujeres, de su propio femenino que rechazan, tienen miedo del orgasmo. Así, al rechazar lo femenino, prefieren golpear o bien obligar a las mujeres a ser solamente madres. Con las madres son más tranquilos porque ellos mismos son como niños frente a lo femenino”.


–¿Por qué usted señala que la mujer que sufre un ataque de llanto y que sufre maltratos provoca excitación?

–Porque el hecho de golpear una mujer es para el que lo hace una manera de rechazar su propio femenino y por consecuencia golpear es una manera de ser masculino. Todos tenemos una bisexualidad. Al golpear a la mujer, el que lo hace rechaza su propia feminidad. Eso da una excitación sexual. En la manera de comportarse tienen excitación. Y lo máximo de la excitación es la violación. Prefieren violar que abordar a las mujeres de una manera civilizada.


–¿Por qué lo femenino es para usted revolucionario?


–Porque hay siempre un principio de contradicción, existente desde el inicio de los tiempos. En su libro sobre la ideología de la familia, Marx ha escrito que las mujeres fueron los primeros proletarios. Durante toda la historia, las mujeres siempre han tenido un principio contestatario al poder del patriarcado. Hasta han sido quemadas públicamente. Durante la Revolución Francesa, por ejemplo, fueron las mujeres las primeras en buscar al rey que estaba refugiado fuera de París, y para tomar París. Fueron las primeras en entrar al Palacio Real y quemarlo. Así que hubo un principio revolucionario de resistencia en la vida privada y en la vida pública también. Por ejemplo, en las recientes revoluciones en Túnez y Egipto se pudo ver en las fotos que las mujeres fueron las más numerosas en las plazas públicas.


–¿Por qué los historiadores no solían mencionar a las mujeres cuando tomaban las calles durante la Revolución Francesa? ¿Hay también un patriarcado en los relatos de la historia?

–Por supuesto. Ahora en Francia hay un movimiento de historiadoras. Son más de doscientas que contestan la escritura de la historia por los hombres. El papel de las mujeres fue grande si se toman en serio los acontecimientos. Por ejemplo, Juana de Arco fue la primera en ir a ver al rey para resistir a los ingleses. Es un papel histórico muy importante que es conocido, pero hay varios hechos que son menos conocidos en toda la historia de la humanidad. Por ejemplo, en China hubo varias mujeres que han tenido un papel militar y político importante.


–¿Y cómo observa la lucha colectiva de las mujeres por la defensa de su dignidad y la reivindicación que hay en casi todo el mundo?

–Hace un siglo o poco más la reivindicación de las mujeres era hecha por muy pequeños grupos. Empezó en Inglaterra y también en Francia durante la revuelta de la Comuna de París. Las mujeres han tenido un papel muy importante. Y cada vez que las mujeres toman su papel hay más democracia. Cada vez que la mujer se libera, también el hombre se libera. Es una marcha progresiva que se puede notar desde hace dos siglos de una manera cada vez más importante. Es un papel revolucionario el de ellas mismas para empezar, pero por fin en todo el mundo.


–¿Está al tanto de la fortaleza que adquirió en los últimos años el movimiento de mujeres en la Argentina, Ni una menos, una lucha colectiva contra la violencia de género?

–Tengo una pequeña idea, pero tengo el conocimiento por movimientos iguales en Francia o en los Estados Unidos. En Francia hay tanta violencia de género como en la Argentina: una mujer es asesinada casi todos los días en Francia por violencia de género. Por lo que yo sé, aquí en la Argentina hay un movimiento contra los políticos que quieren impedir el aborto, por ejemplo. Es un movimiento importante. Hay hombres quieren impedir el aborto por la razón que he dicho antes: tienen miedo de la feminidad y quieren obligar a las mujeres a tener un solo destino; es decir, ser madres. Y al ser madre –como Freud lo ha escrito– después de tres años de casamiento, con varios hijos, la vida de una mujer es un infierno. Así es que muchas mujeres no quieren ser madres antes de una cierta edad porque quieren vivir su vida de mujer antes de entrar en la cuestión de la maternidad.

–En esa línea, ¿cómo observa los movimientos como, por ejemplo, Me too en Hollywood, contra el acoso y el abuso en el ámbito laboral y en relación a la búsqueda de oportunidades de las mujeres en el espacio profesional?


–Es un movimiento muy importante porque en todos los lugares de trabajo no es solamente que las mujeres ganan menos por igual labor sino que son objeto de agresiones sexuales, hasta violaciones. Hay casos en París y es algo insoportable porque deben aceptar esas agresiones sexuales porque si no pueden perder su trabajo. Es un tipo de violación psíquica constante que puede provocar grandes angustias a ciertas mujeres, hasta que no pueden trabajar más. Tienen su vida de mujer rota porque, a cada momento, en el trabajo el jefe va cerca de ellas a tocarlas, a decirles cosas y se ven en la obligación de soportar. Es una angustia muy importante. A pesar de una apariencia publicitaria, este movimiento Me too existe en Francia con otro nombre: Tira tu cerdo.


–¿La angustia de lo femenino engendró una sociedad represiva que fue segregando a las mujeres durante siglos?


–Sí, las mujeres fueron tabú. La mujer es la causa de un deseo universal que es, a la vez, una fascinación y un miedo. Y así fueron rechazadas por los representantes del patriarcado que hablaban en nombre de Dios, diciendo que “la mujer debe ser tabú porque el hombre debe amar solamente a Dios. ¿Cómo es que la mujer es tan fascinante?”. La mujer era una manera, a pesar de ella misma, de subvertir la religión. Las mujeres siempre fueron tapadas en las iglesias, se les pusieron velos, con varias medidas de segregación respecto al amor de Dios. Había una proporción entre el amor de Dios y el odio de lo femenino.

–¿Es por eso que usted señala en el libro que la Iglesia fue la organizadora de la libido?

–Sí, pero es una organizadora represiva de la libido. Es una manera de decir que el destino del hombre era ser padre y el de la mujer ser madre. No hay nada de sexual en eso. Es solamente la reproducción. Y no se trata del amor de una mujer por un hombre ni recíprocamente.


–¿Cómo fue cambiando el lugar de lo femenino con el correr del tiempo?


–Precisamente, es respecto a la religión que se ha producido ese pasaje. En la medida en que la ciencia mostró que no hay Dios en el cielo, que el hombre era capaz de tomar medidas de todo, de construirlo de tal manera que no había intervención de Dios, cada vez más la mujer era más capaz de liberarse porque la mujer y Dios son rivales en el corazón del hombre.


–¿Cómo fue entendido lo femenino en la literatura y en la poesía?


–Muchas veces los poetas y los escritores han tomado lo femenino como un ideal inalcanzable, que era sujeto de sus escrituras, de sus poesías. Pero también eso era una manera de considerar lo femenino como un objeto angustiante. Por ejemplo, el escritor italiano Dante Alighieri ha hecho grandes poesías para Beatriz pero nunca le ha dado un beso a ella. Lo mismo para todos los cancioneros del amor cortés. Había una idealización que consideraba a lo femenino no solamente como inalcanzable sino como algo demasiado idealizado. Hay muy pocas poesías eróticas. En Francia solamente hubo un gran poeta, Pierre Louis, que escribió poesías eróticas, pero los otros grandes poetas franceses hablan de la mujer como sin cuerpo.


–Usted señala que es necesario diferenciar el calificativo “femenino” del sustantivo “mujer” y lo mismo entre “masculino” y “hombre”. ¿Eso tiene que ver con la diferencia entre el sexo anatómico y el género psíquico?


–Sí, es la gran invención de Freud, de descubrir la bisexualidad psíquica; es decir, que sin tener en cuenta el sexo anatómico, un sujeto va a elegir un género psíquico. Además, este género psíquico puede cambiar durante la vida de varias maneras. Por ejemplo, la mayoría de los adolescentes tienen momentos homosexuales pues cambian. O en su vida, un hombre puede tener una vida muy normativa y después volverse homosexual. Lo mismo para una mujer. Una mujer puede disfrazarse en un hombre haciendo deporte en la mañana y vestirse como una estrella de cine a la noche. El género psíquico es cambiante durante la vida con las circunstancias, con los amores; después de una decepción con un hombre, una mujer puede volverse homosexual. Es muy frecuente.


–¿No existe, entonces, una esencia del hombre ni de la mujer sino que se trata de un camino que hay que ir recorriendo?


–Sí, es un camino cambiante durante la vida que se presenta de varias maneras que se pueden modificar.


–Usted señala que la irrupción de las mujeres en la política puso en evidencia una línea de beligerancia entre privado y público, o entre la naturaleza (femenina) y la cultura (masculina). ¿Por qué establece esta diferenciación entre naturaleza femenina y cultura masculina?


–Es solamente un momento histórico. No pienso que haya esta distinción en absoluto, pero ahora mismo en la lucha de liberación la mujer se presenta más de esta manera contra un machismo más conceptual. La reivindicación importante de las mujeres es el derecho de amar como ellas quieren. Es una reivindicación no más importante pero más evidente que pedir salarios iguales.


–Lacan afirmó que detenerse ante el enigma de lo femenino vuelve incapaces a los psicoanalistas. ¿Qué es lo que asusta?


–Lacan era un hombre de su época. No se le puede pedir sobre lo que está pasando hoy. Yo quiero a Lacan, pero es un hombre de su época.


–De todos modos, si se lo compara históricamente con Freud, éste último escribió parte de su obra en la era victoriana y, sin embargo, Freud fue revolucionario...

–Freud es más revolucionario que Lacan. Freud ha descubierto la bisexualidad psíquica. Lacan no ha dicho ni una palabra sobre eso.


–¿Usted ve atrasado al psicoanálisis lacaniano en ese sentido?


–Sí, claramente. Algunos lacanianos que no son capaces de ver lo que pasa en nuestra sociedad son del pasado.


–¿El psicoanálisis debe abordar el mundo social o tiene que trabajar con la singularidad de cada sujeto?


–La singularidad de cada sujeto está en relación con lo que pasa en la sociedad. El inconsciente es político.


–¿Cómo analiza en este presente del mundo la relación entre lo femenino y el poder?


–Es la cuestión sobre la cual no sé responder. Veremos. Es un movimiento en marcha. Podemos solamente ver que con este movimiento femenino, cada vez que se hace un paso, es una liberación para toda la sociedad. Para toda la sociedad es una manera de poder respirar, estar más libre. Hasta los heterosexuales patriarcales son más libres que antes.

–Usted tiene un libro titulado ¿Qué quiere decir “hacer” el amor?...


(interrumpe)–Yo he escrito este libro pero no lo sé (risas).


–Pero si se le agrega qué quiere decir hacer el amor para lo femenino, ¿qué diría?


–Es liberarse. Como para los hombres, hacer el amor es una liberación respecto a los padres que son un peso. Es una manera de salir de la familia. Ser más un hombre y una mujer y no más un hijo y una hija. Es la obsesión sexual de la humanidad salir de la familia haciendo el amor.
–¿Qué diferencias encuentra respecto del deseo entre lo masculino y lo femenino?
–Para simplificar, primero nunca hay que decir que el femenino es pasivo y que el masculino es activo. Eso es falso. Es un trabajo de la mujer ser deseada. Si no hay deseo nada se produce. Del lado femenino no es pasivo. Las mujeres son propietarias del falo porque tienen el deseo de tomarlo y los hombres quieren darlo; es decir, que las mujeres son propietarias del falo al igual que los hombres. Es un intercambio entre los dos.

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González Casanova se convierte en el comandante Pablo Contreras

A partir de ayer, el doctor Pablo González Casanova, de 96 años, es el comandante Pablo Contreras del Comité Clandestino Revolucionario Indígena del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (CCRI-EZLN).

El nombramiento se hizo público en medio de una prolongada y emotiva ovación de los asistentes al conversatorio Miradas, escuchas y palabras: ¿prohibido pensar?, que se realiza en el Centro Indígena de Capacitación Integral Fray Bartolomé de Las Casas-Universidad de la Tierra (Cideci-Unitierra) en San Cristóbal de Las Casas, convocado por los zapatistas.

El acuerdo rebelde le fue anunciado al ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) por el comandante Tacho. Para ser zapatista –aseguró el tojolabal– hay que trabajar y él ha trabajado para la vida de nuestros pueblos. No se ha cansado, no se ha vendido, no ha claudicado.

Previamente –en una bella e hilvanada intervención en la que realizó un balance de la campaña de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno, María de Jesús Patricio, para obtener el registro como candidata independiente a la Presidencia de la República– el escritor Juan Villoro narró cómo el pasado 11 de febrero, en la explanada del Palacio de las Bellas Artes en la Ciudad de México, don Pablo celebró su cumpleaños número 96, en el acto final de apoyo a la indígena nahua.

Rector de izquierda

González Casanova, recordó Villoro, es el único rector de izquierda que ha tenido la UNAM. Ese día en Bellas Artes, añadió, nos dio una lección de juventud y rebeldía y se mostró como un auténtico decano y hombre de juicio.

Preparando la sorpresa, el subcomandante Moisés narró cómo los zapatistas se forman como organizadores dando y supervisando tareas. Si las cosas salen bien, dijo el mando, el zapatista es premiado con más trabajo.

Fue entonces cuando el comandante Tacho tomó la palabra y comenzó a explicar, en tercera persona, los méritos y virtudes de don Pablo. Haciendo malabarismos con las cifras concluyó que, a pesar de la diferencia de edades, los zapatistas y González Casanova son contemporáneos. De paso recordó el nombre con el que hace casi un año, durante el seminario Los muros del capital, las grietas de la izquierda: el reloj de arena y el mundo organizado de las fincas, fue bautizado por los rebeldes "Pablo Contreras". Y ya encarrerado, anunció su nombramiento como parte del CCRI-EZLN y remató: el regalo que le vamos a dar es más trabajo...

Un año antes, durante el encuentro Los muros del capital, el subcomandante Galeano lo presentó como un hombre de pensamiento crítico e independiente, al que nunca se le indica qué decir o cómo pensar, pero que siempre está del lado de los pueblos. Por eso, explicó, en algunas comunidades zapatistas es conocido como Pablo Contreras. Y añadió que uno de los municipios rebeldes fue bautizado con su nombre.

Inmediatamente después de las palabras de Tacho para anunciar el nombramiento del nuevo comandante, los integrantes de la comandancia y el CCRI presentes en el presídium se pusieron de pie y comenzaron a saludar militarmente a don Pablo con la mano izquierda y a darle un caluroso abrazo, mientras la concurrencia aplaudía de pie durante unos 10 minutos y comenzaba a corear un inesperado "¡Goya, goya, cachún, cachún, ra, ra, ra! ¡Goooooooya! ¡Universidad!"

Don Pablo, que comenzó su intervención en el seminario saludando al auditorio en tzotzil y explicando que saludar es reconocer al otro y siguió reivindicando al zapatismo como una aportación universal a las luchas de liberación, correspondió al saludo militar y a los abrazos, visiblemente conmovido, con más saludos y abrazos.

Apenas el 1º de marzo pasado, en la presentación de una obra suya en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, González Casanova respondió a la pregunta de cuál es su receta para vivir con tanta fuerza intelectual: "Luchar y amar". Este 21 de abril, ya como comandante del CCRI-EZLN, ratificó nuevamente su vocación de luchar y amar.

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Jueves, 28 Diciembre 2017 05:18

Dos relatos, pilares del ideario ultra

Dos relatos, pilares del ideario ultra

La novela El Campamento de los Santos y el ensayo El Gran Reemplazo son referencias ilustradas de las restauradas extremas derechas de Donald Trump y Marine Le Pen, así como de grupúsculos racistas y neonazis contemporáneos.


Las ideas son ríos profundos que irrigan las tierras de la historia. Jean Raspail nunca sospechó que las suyas iban a convertirse en uno de los pilares del pensamiento reaccionario contemporáneo. Desde las extremas derechas europeas con el partido Frente Nacional a la cabeza, pasando por Donald Trump o los supremacistas blancos, este escritor francés, con una novela escrita en los años 70, se volvió el oráculo del ex consejero del amo de la Casa Blanca, Steve Bannon, de las teorías raciales de la Alt Right norteamericana, de los neonazis, del Klu Klux Klan y, junto a otro escritor francés, Renaud Camus, la fuente de la idea según la cual “ellos”, entiéndase los extranjeros y en particular los musulmanes, van a reemplazar a los occidentales invadiendo sus culturas. En 1973, Jean Raspail escribió El Campamento de los Santos. La novela es hoy la referencia ilustrada de las restauradas extremas derechas pero ya había tocado el corazón de los ultra conservadores en los años siguientes a su publicación. En la década de los 80 el ex presidente norteamericano Ronald Reagan le profesaba una admiración pública y diez años más tarde el politólogo Samuel Huntington la citaba en su libro El choque de las civilizaciones.


En los tiempos actuales, El Campamento de los Santos se izó como el manual ideológico de Marine Le Pen, de Donald Trump y su entorno más radical y de los grupúsculos racistas como Vanguard America o The Daily Stormer. Las referencias de Steve Bannon a ese libro han sido constantes en los últimos años, tanto en los medios tradicionales como en su portal Breitbart News: “el problema de Europa es la inmigración. Hoy es un problema mundial, una suerte de Campamentos de los Santos generalizado”, dijo en 2015. Un par de semanas más tarde volvió a citar la novela en el mismo contexto: “no estamos ante un movimiento migratorio. Es una verdadera invasión: Yo llamo a esto El Campamento de los Santos”.


Jean Raspail y Renaud Camus son los hombres que, según los reaccionarios, se adelantaron a la “catástrofe migratoria”, una suerte de pareja de profetas que anticipó el declive de Occidente bajo el “peso de los invasores” de otras civilizaciones. Renaud Camus es el autor de un ensayo cimiento de estas ideologías excluyentes: El Gran Reemplazo. En este libro, el autor francés alega que los flujos migratorios están reemplazando a las culturas originales del Occidente Blanco. Camus escribe: “es muy simple; usted tiene un pueblo y, de golpe, en una sola generación, en lugar de ese pueblo hay uno o varios pueblos”. Estas teorías están hoy en la calle y han servido para construir mayorías gobernantes en los Estados Unidos, facilitar el acceso de la extrema derecha al parlamento alemán, ubicar a la candidata de la ultra derecha francesa en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017 o aunar una mayoría suficiente como para votar a favor de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, el famoso Brexit.


A principios de diciembre, la revista New Yorker publicó una amplia investigación firmada por el periodista Thomas Chatterton Williams sobre la influencia de Renaud Camus en los círculo de extremistas norteamericanos, desde la alt-right pasando por el Klu Klux Klan hasta los partidarios de Trump. Williams cuenta, entre otras cosas, cómo durante las manifestaciones de estos núcleos sus militantes suelen gritar: “ustedes no nos van a reemplazar”. En una entrevista con el vespertino Le Monde, el periodista del New Yorker comenta la influencia de la french theory:”los franceses nos dieron primero el posestructuralismo y hoy tenemos el “reemplazismo”. Son desde luego cosas muy diferentes. Pero antes fue la izquierda norteamericana quien miraba hacia París. Ahora es la extrema derecha quien difunde en los Estados Unidos las ideas aparecidas en Francia”.


Raspail y Camus no son los únicos ensayistas franceses que que han ejercido una enorme influencia en los populismos oscuros de hoy. También están Alain de Benoist y Guillaume Faye. El primero es el ideólogo de la llamada “Nueva Derecha” mientras que el segundo pasó de esa Nueva Derecha a convertirse en uno de los ejes teóricos de la galaxia obsesionada por la identidad o de los adeptos a la idea según la cual nos dirigimos ineluctablemente hacia una guerra entre el Islam y Occidente. Faye es el inventor del concepto de “Etnomasoquismo” con el cual designa el hundimiento de los “valores occidentales”. Ambos viajaron a los Estados Unidos en 2013 y 2015 invitados por el National policy institute, un think tank dirigido por Richard Spencer, una de las grandes figuras de la alt-righ norteamericana. Sin embargo, el concepto original remite siempre a Jean Raspail y su novela El Campamento de los Santos. El libro fue publicado en Francia en 1973 y reeditado en 2011. Scribner lo publicó en 1975 en los Estados Unidos y Cordelia Scaife May, la hermana del filántropo de ultraderecha Richard Mellon Scaife, financió su reedición en 1983. En 1995 y 2001, la novela conoció dos nuevas reediciones a cargo de Social Contract Press, la editorial de John Tanton, el ex militante ecologista norteamericano que se convirtió luego en una de las figuras más importantes del movimiento contra la inmigración. El Campamento de los Santos sintetiza todo el envoltorio retórico de las extremas derechas modernas. No sólo funciona como una suerte de himno al Occidente blanco, también constituye un llamado al Occidente cristiano a imitar las Cruzadas y prepararse para un conflicto a sangre y fuego contra los miserables de piel oscura y los traidores que, dentro de las sociedades occidentales, bajo el manto del progresismo y de la defensa de la diversidad, no hacen sino debilitar al propio Occidente. La novela cuenta una historia aparentemente simple y alejada de las preocupaciones de la década de los 70. El Campamento de los Santos plantea lo que podría ocurrir si un millón de miserables desamparados desembarcara en las costas de Francia. Raspail pone el ojo en dos temáticas: la de la invasión y en lo que él va a calificar como “los cobardes”, entiéndase, aquellos que al defender a los invasores van a sacrificar en el altar de la solidaridad y el humanismo los valores de un occidente que se “vacía de sus ideales”.


Hoy, Jean Raspail ve en la figura del papa Francisco la quinta esencia de ese mal que el narra en la novela y que describe así: “la incompatibilidad de las razas cuando comparten un mismo medio ambiente”. Curiosamente, Raspail no es uno de esos conservadores de sillón. Ha sido, como novelista, un viajero incansable que recorrió el mundo y particularmente la Argentina (Tierra del Fuego-Alaska, 1952). En 1976 publicó El Juego del Rey, la novela que narra la historia de de Antoine de Tounens, el aventurero francés que fundó el “reino” de Araucaria y Patagonia hasta proclamarse rey de la Patagonia. En 1981, con “Yo, Antoine de Tounens”, volvió a adentrarse en la figura de ese aventurero pretencioso. En 1981, Raspail regresó a sus amores patagónicos con el relato “Adiós Tierra del Fuego”. Escritor de fuentes católicas, viajero, con una elegancia de aristócrata renacido, Raspail pasa a la historia como el inspirador de las corrientes populistas de la extrema derecha, como el restaurador de la idea de frontera como protección contra los otros, el teórico de la invasión y, a su manera paradójica, ofrece un manual contra la izquierda apegada al multiculturalismo contemporáneo. Ellos nos invaden, nosotros los eliminamos de una u otra forma es el credo que tantos votos le aporta a las ultraderechas mundiales.


Las purgas de Trump contra los mexicanos o todo lo que no es auténticamente blanco, las diatribas de Marine Le Pen contra los extranjeros tóxicos o el Brexit están adelantados por la novela de Raspail y posteriormente teorizados por Renaud Camus, Alain de Benoist y Guillaume Faye. En 2015, a través de Twitter, Marine Le Pen aconsejaba a la gente leer ese libro: “hoy estamos en una sumersión migratoria. Invito a los franceses a leer o a releer El Campamento de los Santos”. De uno al otro lado del Atlántico, la ficción alimentó a los lobos de la realidad. Thomas Chatterton Williams, el periodista del New Yorker que publicó la investigación acerca de la influencia de esta french theory entre los ultras estadounidenses, explicó a Le Monde cómo esas conjeturas van a constituir la espina dorsal del trumpismo (muro en la frontera mexicana, prohibición de ingresar al país a los ciudadanos de ciertos países musulmanes, etc, etc): “esos proyectos forman un programa político y también ideológico. Sirven para afirmar que una sociedad multicultural es fundamentalmente una sociedad anti blanca (...) La extrema derecha norteamericana, como la europea, mezcla la teoría del gran reemplazo con sus propios fantasmas, especialmente el de un marxismo cultural”. La literatura parece presidir nuestros destinos actuales. La novela 1984 de George Orwell retrató el Big Brother que nos somete a cada instante. La de Jean Raspail anticipó las formas más exitosas del racismo, la xenofobia, la indolencia y el odio que poco a poco van tiñendo de sombras las retóricas políticas de Occidente.
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Sábado, 03 Junio 2017 16:14

Chavismo y Venezuela hoy

Chavismo y Venezuela hoy

De todas las instituciones estadounidenses que reflexionan sobre la política exterior, sin duda la más influyente es el Council on Foreign Relations, fundado en 1921, editor de la revista de mayor impacto mundial en materia de asuntos exteriores: Foreign Affairs (1). Su sede principal se encuentra en el corazón de Manhattan, en Nueva York, en una esquina de la muy elegante Park Avenue, y por ella han pasado, a lo largo de casi un siglo, algunas de las principales personalidades políticas que han marcado la historia contemporánea.


Con ocasión de la edición en inglés de mi libro Hugo Chávez: Mi primera vida (2), el Council on Foreign Relations decidió organizar una mesa redonda de reflexión y debate en torno al tema “Chavismo y Venezuela hoy”. Obviamente, esa decisión se tomó hace diez meses, en septiembre pasado, cuando nadie imaginaba que las cosas tomarían el cariz que tienen en estos momentos en Caracas. O sea que, cuando llegó el día del evento, el pasado 17 de mayo, en plena ola de manifestaciones y violencias en Venezuela, la atmósfera estaba bastante cargada de electricidad hasta en pleno Nueva York.


Me acompañaban en la mesa: Jennifer McCoy, profesora de Ciencia Política en la Universidad de Georgia y, sobre todo, exdirectora del Centro Carter (fundado por el expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter), que ha seguido muy de cerca todos los procesos electorales en Venezuela (3). Y Lisa Viscidi, especialista en temas de energía y petróleo, y autora habitual de la revista Foreign Affairs (4). El debate fue introducido por Romuald Sciora, ensayista, especialista del sistema de Naciones Unidas. Y estuvo moderado por Jonathan Tepperman, redactor jefe de Foreign Affairs.


El sentimiento que los demás ponentes, e incluso el moderador, trataron de instalar de inmediato fue que el “sistema chavista” se estaba derrumbando, que eso era una cuestión de días, a lo sumo de semanas, y que el debate, según ellos, debía centrarse sobre el tema “¿por qué se desmoronó el chavismo?”. Expresé mi desacuerdo. El chavismo, dije, no es sólo una corriente política, sino que es sobre todo una realidad sociológica mayoritaria en Venezuela. Pase lo que pase, el chavismo está, por largos decenios, instalado en el sentimiento de la población venezolana más humilde. Igual que el peronismo en Argentina.
Es lo que deseo explicar.


Como todas las revoluciones, la Revolución Bolivariana es una arquitectura en la que se conjugan una serie de fuerzas diversas importantes que, reunidas y fusionadas, conforman una dinámica política radicalmente innovadora. Como dice el presidente Nicolás Maduro: “El chavismo es el encuentro de varios caminos abiertos por los Libertadores y el encuentro de varias búsquedas iniciadas por muchos soñadores sociales que convergen en un punto nodal: el pensamiento de Hugo Chávez”.


Cuando el Comandante Chávez llega al poder –en 1999– no posee un gran partido; llega a la cabeza de un movimiento popular extremadamente diverso que incluye a militares, a exguerrilleros y a unas izquierdas muy variopintas. Y consigue ganar el apoyo popular con un discurso de refundación: la refundación de Venezuela, que es la base misma del chavismo. Porque en el núcleo duro de la filosofía chavista nos encontramos con la recuperación del concepto de nación, y la restauración y la defensa de la identidad nacional.


Hugo Chávez inventa para Venezuela y América Latina lo que podríamos llamar una “política de la liberación”, como decimos que existe una “teología de la liberación”. Con una opción preferencial por el pueblo, los pobres y los humildes. Con su capacidad de pedagogía política, Chávez impulsa una politización popular masiva, y conceptualiza una política de la liberación del pueblo en la que el pueblo, dotado de conciencia política, es autor de su propio destino.


Chávez intuye que la época permite estrenar nuevos caminos nunca antes surcados. Y logra elaborar de ese modo y transmitir al pueblo venezolano desmoralizado un nuevo relato de esperanza. En ese sentido, el chavismo es una narrativa que explica a los venezolanos quiénes son, a qué pueden aspirar y cuáles son sus derechos. Es una explicación nueva que da respuesta a viejas preguntas: ¿qué es la sociedad venezolana?, ¿cuáles son sus problemas?, ¿quiénes son las víctimas?, ¿quiénes los culpables?, ¿qué soluciones? Y ese nuevo relato es narrado, día tras día, discurso tras discurso, con enorme eficacia comunicacional, por Hugo Chávez, que se convierte en referente intelectual y carismático.


De tal modo que el chavismo constituye una vía política latinoamericana innovadora que se libera y se emancipa de la eterna tutela conceptual europea y anglosajona. Una política que, por primera vez, es original, fuente, manantial, y no espejo o copia de lo que se ha hecho en otras partes.


En ese sentido también, el chavismo es una opción revolucionaria. Es el proyecto más innovador y más atrevido que ha tenido Venezuela desde Bolívar. Es el único proyecto de paz, desarrollo, justicia y prosperidad para el pueblo venezolano desde 1810.


Luego, ¿qué es ser chavista? Ser chavista es acercarse al pensamiento político de los fundadores de Venezuela. El “Árbol de las Tres Raíces” es un concepto capital del chavismo. Que Chávez definía de la siguiente manera: “Primero está la raíz bolivariana por el planteamiento que hace Simón Bolívar de igualdad y libertad, y por su visión geopolítica de la integración de América Latina; luego la raíz zamorana, por Ezequiel Zamora, el general del pueblo soberano y de la unidad cívico-militar; y finalmente la raíz robinsoniana, por Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, el ‘Robinson’, el sabio de la educación popular, y de nuevo la libertad y la igualdad”. Aunque a esas tres raíces, Chávez le va añadiendo otras: por ejemplo, Miranda y Sucre. Y más tarde otras más como José Martí, Che Guevara y Fidel Castro...


Pero ser chavista es también ser profundamente cristiano. El Comandante Chávez consideró siempre el cristianismo verdadero como parte de su vida, de su esencia y de sus valores.


Hugo Chávez fue un líder pragmático que supo adaptar las modalidades de su acción a las circunstancias históricas, que nunca olvidó los objetivos por alcanzar y que siempre mantuvo intangibles sus principios. Él estaba convencido de que si Venezuela pudo hacer gloriosas hazañas en el pasado, llegando a ser una las principales naciones de América Latina, fue porque estaba movilizada por un alto ideal hacia un destino común. Inversamente, Chávez sabía que los venezolanos tienen en permanencia la tentación de replegarse sobre sus querellas y divisiones internas (políticas, sociales, intelectuales), lo cual (según la visión chavista) les hace constantemente correr el riesgo de caer y deslizarse por el tobogán de la decadencia.


En consecuencia, para poder dar lo mejor de ella misma y ponerse al frente de las naciones latinoamericanas, Venezuela debe estar unificada por un líder histórico y un proyecto grandioso, y articulada (en un eficaz equilibrio de los poderes) por instituciones políticas, militares, económicas y sociales decididas a evitar las luchas intestinas.


Hay que insistir en el hecho de que, en el seno del chavismo, existe una filosofía patriótica del humanismo, heredera del cristianismo y de la teología de la liberación. El humanismo chavista es, a la vez, una finalidad de la grandeza de Venezuela, porque el mensaje que Venezuela dirige al mundo es profundamente humanista, y una consecuencia de la política de justicia social cuyo primer objetivo es cohesionar a la nación.
El chavismo posee, pues, diversas dimensiones: histórica, filosófica y política. Desde el punto de vista ideológico, el chavismo recoge y sintetiza, como ya se dijo, la acción política de Hugo Chávez y también sus pensamientos políticos, o sea la doctrina que se deduce de sus discursos y de sus escritos.


Como acción política, el chavismo se caracteriza por los siguientes grandes lineamientos:


— soberanía e independencia nacional; rechazo de la dominación de cualquier superpotencia imperial, en particular Estados Unidos. Chávez decía: “No puede entender la Patria ni defenderla quien no sabe que su principal enemigo es el imperialismo norteamericano”;
— rechazo de cualquier pretendido superpoder económico y financiero (FMI, Banco Mundial, OMC). La independencia se defiende, no sólo en el campo político, sino también en los sectores económicos, geopolíticos, culturales, diplomáticos e incluso militares;
— instituciones estatales sólidas, como las de la V República instituidas por la Constitución de 1999;
— un Ejecutivo fuerte y cierta personalización de la política para oponerse a la impotencia del régimen de los partidos;
— un poder ejecutivo fuerte y estable que confiere al presidente de la República un papel primordial;
— una relación directa entre el líder y el pueblo que pasa por encima de los cuerpos intermediarios, gracias a una concepción “participativa” de la democracia, con recurso frecuente al referendo y a las elecciones, y al diálogo interactivo líder-pueblo mediante un uso singular de los medios de comunicación de masas;
— una articulación cívico-militar cuyo engranaje lo constituye el propio presidente, que coordina lo mejor de los movimientos progresistas civiles y la inteligencia patriótica de los aparatos militares; las Fuerzas Armadas están íntimamente asociadas al proyecto de desarrollo nacional en el marco de la unidad cívico-militar;
— la independencia nacional y la grandeza de Venezuela;
— la unión nacional de todos los venezolanos –más allá de las diferencias políticas o regionales tradicionales que fueron antaño causa de división y de decadencia–, en una relación directa entre el líder y el pueblo, cohesionada por las políticas sociales de inclusión y de justicia social;
— la prioridad de la política sobre otras consideraciones (económicas, administrativas, técnicas, burocráticas, etc.);
— respeto de la autoridad del Estado;
— voluntad profunda de justicia social;
— intervención del Estado en la economía;
— la reactivación de la OPEP y una coordinación de las políticas petroleras de los países productores y exportadores;
— la integración latinoamericana como horizonte constante e imperativo ideológico dictado por el propio Simón Bolívar; y creación de entidades concretas para la integración (ALBA, Unasur, Banco del Sur, Celac, Petrocaribe, TeleSUR);
— la concepción de un mundo multipolar sin hegemonías; lo cual exige derrotar el proyecto de hegemonía imperial unipolar para garantizar la paz planetaria y el “equilibrio del universo”. Impulsar un mundo multicéntrico y pluripolar. Chávez lo señaló como el cuarto gran objetivo histórico del “Plan de la Patria”, su programa de gobierno para el periodo 2013-2019;
— una diplomacia Sur-Sur con multiplicación de los lazos con los países del Sur a través del Movimiento de los no-alineados y de alianzas horizontales: América del Sur / África (ASA) y América del Sur / Países Árabes (ASPA). Chávez apoyó también al grupo BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) y se planteó una alianza de Venezuela con ese grupo para consolidar un mundo multipolar;
— la solidaridad nacional entre los ciudadanos y los territorios; y la solidaridad latinoamericana;
— respeto de las naciones, que son entidades culturales esculpidas por la historia y baluartes de los pueblos contra los imperialismos;
— el rechazo de la doctrina del neoliberalismo económico, y la preferencia por una economía orientada por el Estado con vistas a un desarrollo voluntarista y estructurante (con ambiciosos proyectos públicos, nacionalización de los sectores estratégicos, soberanía alimentaria, etc.);
— construir un “Estado de las misiones” para responder más directamente a las diversas demandas sociales del pueblo;

— avanzar hacia la definición de un socialismo bolivariano y humanista, en democracia y en libertad, que además de otorgar a los trabajadores una protección social avanzada, los empodere dándoles acceso tanto a las decisiones de la empresa como a los beneficios de la misma.


Uno de los objetivos primordiales del chavismo es reconciliar a los venezolanos con la patria, hermanarlos y conseguir edificar un Estado con mayor soberanía, mayor eficacia administrativa, mayor justicia y mayor igualdad.


El chavismo aspira a reunir a hombres y mujeres de todos los orígenes políticos en torno a un gran proyecto de “país potencia” y a la acción voluntarista de un líder. Para alcanzar esos objetivos, el método del chavismo es el pragmatismo y el rechazo de los corsés ideológicos. Sus dos principales ejes: unidad interna al servicio de un ambicioso proyecto patriótico y social; e independencia y proyección de una “Venezuela potencia” en Latinoamérica y en el mundo.


El chavismo es, por consiguiente, un sistema “de pensamiento, de voluntad y de acción”. Parte de los hechos y de las circunstancias; no actúa predeterminado por una doctrina o una ideología. Voluntarismo contra fatalismo; acción contra la pasividad, contra el abandono y la renuncia.


Para Chávez, lo primero es Venezuela. Su actuar político consiste en crear las condiciones para que la patria pueda dar lo mejor de sí misma. Y esto sólo se consigue si el pueblo venezolano está unido en torno a un proyecto de progreso social definido por un líder carismático que lo propulsa hacia su gran ideal histórico.


El pensamiento chavista tiene como bases ideológicas varias raíces que se entremezclan entre sí para formar una nueva ideología progresista venezolana. La cual se caracteriza por la ausencia de dogmatismos, para diferenciarse de los experimentos socialistas fracasados en la Europa del siglo XX. Por eso, para distinguirlo del que fue rechazado por las clases populares en Polonia en 1980, o del que se derrumbó con el muro de Berlín en 1989, o del que implosionó en 1991 con la caída de la Unión Soviética, Chávez hablaba de “socialismo del siglo XXI”. Se trata de un socialismo surgido en América Latina, que debe ajustarse a nuestro tiempo, y por eso Chávez le añadió fundamentalmente tres dimensiones: la democracia participativa, el feminismo y el sentimiento ecologista.


Ese “socialismo del siglo XXI” se considera compatible con la propiedad privada, aunque alienta otras formas socialistas y solidarias de propiedad como la cooperativa y la cogestión. También se declara compatible con el nacionalismo económico. Chávez no dudó en nacionalizar las grandes empresas de sectores estratégicos en manos de capitales extranjeros.


El “socialismo del siglo XXI” es asimismo compatible, insisto en ello, con el cristianismo social. Chávez hace suya la vieja consigna de los sandinistas: “Cristianismo y revolución, no hay contradicción”. Partiendo del postulado según el cual la verdadera identidad del cristianismo es la que le confiere la teología de la liberación. No en vano, Chávez afirmaba que Jesucristo fue el primer socialista de la era moderna y que el “reino de Dios” había que construirlo aquí, en la Tierra.


Porque el chavismo es, esencialmente, un proyecto de democratización de la felicidad.


De todo esto se deduce que tiene vocación de ejercer naturalmente, en Venezuela, una hegemonía. Por su capacidad para llevar la dirección intelectual y moral de la sociedad. Y porque ha permitido la recuperación política de una democracia en la que deben participar Gobierno, Fuerzas Armadas y pueblo, unidos en la expansión de los derechos sociales y en la redistribución justa de las riquezas del país.
En la sala del Council on Foreign Relations, no todos los oyentes estuvieron de acuerdo con estas tesis. Normal. En el coloquio que siguió de intercambio entre público y ponentes, varias intervenciones defendieron, con pasión a veces acalorada, los argumentos de la oposición venezolana (5).


En la calle, un grupito de manifestantes partidarios de esa oposición denunciaba el principio mismo de este evento académico. Muy mala señal. La ética elemental de la democracia se fundamenta en una regla básica: escuchar al otro.
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NOTAS
(1) https://www.foreignaffairs.com/
(2) Ignacio Ramonet, Hugo Chavez: My First Life, Verso, Londres, 2016.
(3) Léase, por ejemplo, Jennifer McCoy (con Francisco Díez), International Mediation in Venezuela, United States Inst of Peace Edit., Washington DC, 2011.
(4) Léase, por ejemplo, Lisa Viscidi, “Venezuela on the Brink. How the State Wrecked the Oil Sector and How to Save it”, Foreign Affairs, Nueva York, septiembre-octubre de 2016.
(5) https://www.foreignaffairs.com/events/2017-05-17/chavismo-and-venezuela-today

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