Adriana Gómez, Colgado de la brocha de la serie “Algo pendiente”, 2009.

“No es posible tener verdaderos buenos medios sin verdadera democracia y no se puede tener una buena democracia sin buenos, fiables e independientes medios”.
(parafraseando a Alexis de Tocqueville)

 

Reconocido como un referente de buen periodismo, Noticias Uno es, pese a ello, o precisamente por eso, perseguido y ahora abocado al cierre de sus emisiones. El mes de septiembre nos ha sorprendido con la noticia, dada por el gerente de la productora, de que Noticias Uno, el noticiero del canal televisivo Canal 1 en antena los fines de semana y los festivos, dejará de salir al aire con el agotamiento del 2019, que en octubre ya anuncia su ciclo final.


En sus 18 años en antena, entre 1992 y 2001 funcionaba bajo el rótulo NTC Noticias, el programa ha sido fiel a su lema “La red independiente” y ha demostrado que se puede hacer información seria sin “venderse” al capital o al poder, que tanto da. Su labor ha sido reconocida en diez ocasiones con el premio anual India Catalina de la Industria Audiovisual colombiana al mejor noticiero nacional.


Aunque el canal ha declarado que la decisión de salir del aire es corporativa y los motivos son solamente financieros, parece que detrás de este anuncio hay presiones externas que la motivan. Esas dificultades económicas se presentan por la falta de financiación procedente de anunciantes, y éstos son presionados por otros canales para no inyectar recursos a Canal 1 por contar con un informativo que incomoda.


En las palabras de Ramiro Avendaño, presidente de ese canal televisivo, se puede entrever algo del trasfondo de esa decisión al afirmar que el final del noticiero tiene que ver con “la situación particular de prácticas restrictivas de la libre competencia encontradas en el mercado colombiano de la televisión abierta”. El panorama mediático de Colombia no es transparente ni se desenvuelve bajo la libre competencia. Una muestra de ello es que cincuenta entidades, lo que supone el 75 por ciento de la publicidad del canal, no pueden pautar porque tienen contratos de exclusividad con los dos grandes canales privados. Así lo ha declarado el gerente del noticiero Jorge Acosta.


Noticias Uno no se encuentra entre los programas con mayor índice de audiencia, dicen que apenas un 0,6 por ciento del rating, lo que significa poco más de doscientos mil televidentes, pero en sus 28 años en antena ha obtenido numerosos reconocimientos y premios por la calidad de su periodismo de investigación. Además de los India Catalina, ha recibido el premio nacional Simón Bolívar de periodismo, el CPB del Círculo de Periodistas de Bogotá y el Nuevo Periodismo de la Fundación Gabriel García Márquez en 2010.


Este noticiero fue el que destapó casos como el de la “Yidispolítica”, en el que la congresista Yidis Medina confesaba haber recibido plata por votar a favor de la reelección como presidente del hoy senador Uribe, o el del escándalo detrás de los negocios de la empresa constructora brasileña Odebrecht al obtener grabaciones del contratista Jorge Pizano en las que declaraba las irregularidades en contrataciones de obras con el Estado. Investigación esta última que probablemente provocó la pérdida de la publicidad del Grupo Aval, entidad vinculada a Odebrecht.


Esa gran labor informativa no le ha servido al programa para mantenerse al aire. O tal vez ese compromiso social con el periodismo de verdad es lo que le ha acarreado el cierre. Un programa que se había ganado fama de independiente, riguroso y crítico. Conceptos que en el escenario mediático colombiano son “peligrosos” para la salud de quien los practica.


Según Julián F. Martínez, premio nacional de periodismo Simón Bolívar en 2017 por su libro ChuzaDAS. Ocho años de espionaje y barbarie y exreportero de Noticias Uno, la cancelación de un noticiero que aportaba pluralidad y diversidad a los medios es “un golpe contundente a la columna vertebral de la democracia en Colombia (1)”.


Así son las cosas en este siglo XXI de tecnologías, posverdades y “libertades”. Un informativo que defiende los hechos frente a las creencias, que no “come cuento” con las noticias falseadas (adulteradas) o falsas (que faltan a la verdad de forma premeditada o involuntaria); que no construye la mal llamada opinión pública a partir de las opiniones de quienes mandan, sino que plantea las noticias contrastando las fuentes, poniendo en práctica los cimientos del periodismo clásico, pasará a ser historia cuando amanezca el nuevo año.


Ese es el funcionamiento de la censura hoy. Ya no lo hace a la manera clásica de prohibir o recortar la libertad de expresión, aunque siguen dándose casos como el más reciente de Twitter suspendiendo ciertas cuentas. Actualmente todo es más sibilino, pero más eficaz porque se hace dentro de un sistema que creemos “democrático” que “garantiza” que todo se lleva a cabo dentro de la ley. Aunque esa “ley” sea la del más fuerte. Si no quieres actuar directamente coartando libertades, lo mejor es que lo hagas subrepticiamente de manera indirecta pero exitosa. Presionando a quienes sostienen un programa con sus aportes económicos para que los retiren y así se vea obligado a cerrar.


¿Por qué puede ser molesta la existencia de un programa con tan poca audiencia dentro de un canal que según Kantar Ibope Media, empresa de investigación de medios, apenas alcanzaba en 2018 una cuota de pantalla del 2 por ciento? Porque lo distinto es peligroso, porque la reflexión provoca malestar y porque lo discordante invita a pensar de otra manera y los poderes no quieren que la gente recapacite. Todo eso se acaba eliminando un programa de las características de Noticias Uno, lo que hace que los grandes medios sigan concentrando poder y, en el caso de la televisión, aumentando su cuota de pantalla, “Esa concentración, además, les sitúa (a los medios) a pasos agigantados más cerca de los poderes que de la ciudadanía, lo que dificulta la construcción de una soberanía comunicacional (2)”.


El noticiero que dirige la periodista Cecilia Orozco Tascón “no es un espacio noticioso en el sentido tradicional. Es más bien una unidad investigativa audiovisual especializada en denuncias, que publica historias que otros medios omiten” según recoge la revista Semana (3).


El panorama de concentración mediática y de presiones sobre los medios llamados alternativos (4), no es exclusivo de Colombia. El mundo está en la misma situación al existir seis entidades transnacionales que controlan la comunicación a través de sus miles de emisoras, canales televisivos, medios escritos y editoriales. Ese dominio no es solamente de propiedad y distribución de noticias sino también de creación de contenidos, lo que hace que los discursos dominantes sean los mismos en casi todo el planeta. Como ya dijeran Marx y Engels en La ideología alemana: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época (5)”.


Eliminar un medio es, en cierta medida, matar la verdad o, al menos, eliminar una manera de narrar esas verdades que no siempre nos cuentan y que, a veces, nos acechan. Es una acción más de lo que Aharonian (6) llama la guerra de cuarta generación mediante la cual implantan, de manera hegemónica, los imaginarios colectivos, las narrativas y los discursos y las verdades “únicas”, las suyas.


Si queremos que el periodismo no abdique de la función social que tiene encomendada debemos defender los medios críticos, a sus profesionales y a quienes promueven no sólo la libertad de expresión y de información, sino el no tan demandado y necesario derecho universal a la comunicación. Es una lucha desigual en la que la ciudadanía es David frente al Goliath de las corporaciones mediáticas.


¿Cuál es la verdad detrás del anuncio del cierre de Noticias Uno? Crisis económica de la cadena, presiones políticas, decisión comercial… La verdad es que, si nada lo impide, en 2020 desaparecerá de la parrilla televisiva uno de los programas que ha sido referente del periodismo de investigación en los últimos años. Su producción ha calado en la opinión pública, no solamente por lo que informaban sino porque suponía una confrontación con los poderes dominantes.


A partir de ahí, se producirán posverdades, se lanzarán bulos y opiniones, las más de las veces sin argumentos que las respalden, para pintar del color del interés personal de quien las diga lo que convenga en cada caso. Hoy la posverdad es el arma preferida para la desinformación masiva “el arma de desorientación masiva de la opinión pública que emplean los grandes medios de comunicación y todos los líderes políticos (7)”. Es la manera de mantener ocultas las otras verdades, las que no interesan.


Si aceptamos que el periodismo es “una forma de dirección política, y su carácter de clase está determinado por el de la organización social (8)”, la acción sobre Noticias Uno es una manera de presionar a un medio que ve cercenada su salida al aire por una dirección política determinada por la organización económica que le corta el grifo de los ingresos y blanquea lo que en el fondo es, ni más ni menos, pura y dura censura a la libertad de expresión. Condicionan su existir por excusas económicas de trasfondo político.


Noticias Uno es probablemente el penúltimo ejemplo de cómo el poder ejerce toda su fuerza frente a las voces contrarias al statu quo que no se pliegan a los dictados de quienes gobiernan el mundo, ya sea el político, el económico o el mediático. Una muestra más de cómo los poderes establecidos nos quieren condicionar la existencia e imponernos qué ver, qué escuchar, qué leer y qué pensar. A veces, la subordinación se produce sin hacer ruido y bajo la máscara teatral de la democracia.


Tal vez con el cierre de este noticiero se haga más evidente lo que los grandes conglomerados mediáticos y los poderes financieros se empeñan en negar u ocultar, que la información no es inocente, que las noticias son mandatos de quien gobierna y que el periodismo es, cuando no se ejerce libremente, una forma de dirección social. En este mundo neoliberal, capitalista y competitivo se informa para dirigir, para condicionar conciencias y para crear imaginarios colectivos que no cuestionen el poder.

Libertad de prensa

Decía Lenin que la “libertad de prensa” en una sociedad burguesa, hoy diríamos sociedad capitalista de la información, es la que tienen los ricos, los que detentan el poder, de engañar al resto, a la mayoría excluida y explotada. Algo que todo el mundo sabe pero que “casi todos” silencian y esquivan.

Según la clasificación de la libertad de prensa elaborada por la organización Reporteros Sin Fronteras (9) (RSF) para 2019, Colombia ocupa el puesto 129 de los 180 países clasificados con una puntuación de 42,82 ubicándose en la zona “roja” que reúne a los países con una “situación difícil”. Dicho informe se elabora con un cuestionario conformado por una serie de temas como: el pluralismo, la independencia de los medios, el ambiente en el que las y los profesionales llevan a cabo su trabajo, la posible autocensura que se imponen, el marco legal en el que se desempeñan, la transparencia y la calidad de la infraestructura con la que cuentan en sus labores. En ese trabajo se explica para Colombia que las y los periodistas siguen padeciendo “presiones, intimidaciones, actos de violencia”, en un país en el que los medios tienen vinculación con “grandes empresas y con políticos, lo que pone en peligro su independencia editorial y favorece la autocensura”. En el cierre del documento, esta ONG, bajo el título “Un clima de violencia y autocensura”, afirma que “El nuevo presidente, el conservador Iván Duque Márquez, elegido en agosto de 2018, no ha dado señales que permitan pensar que la situación de la libertad de prensa en el país mejorará”. El caso de Noticias Uno es una muestra más de que la situación de los medios y sus profesionales en Colombia está en riesgo.

Permitir la desaparición de voces críticas en los medios es ceder ante las corporaciones mediáticas que gobiernan el mundo. Éstas terminan siendo “armas de propaganda de un modelo que se resiste al cambio y son el sustento del imaginario imperante en torno a la felicidad proporcionada por el consumo (10)” lo que hace crecer la concentración mediática y el pensamiento único que homogeneiza la ciudadanía y anula la capacidad de cuestionar y rebelarse contra las injusticias sociales. La falta de democracia en los medios y la ausencia del derecho a la comunicación son falencias imperdonables de sociedades que se ven determinadas por la información dominante producida por los conglomerados del eduentretenimiento.

Finley Peter Dunne afirmó en el siglo XIX que la tarea del periodista es “tranquilizar al afligido y afligir al tranquilo”. Un siglo después, también en los EE.UU., el Comité de Periodistas Comprometidos, después de encuestar a varios profesionales de los medios, concluyó que: “El propósito esencial del periodismo es dar a los ciudadanos la información precisa y fidedigna que necesitan para desenvolverse en una sociedad libre”.

Eso es lo que perderemos si consentimos que sucedan cosas como el cierre de Noticias Uno y que hagamos como que no ha pasado nada.

 

1. “El fin de Noticias Uno: la muerte de la libertad de prensa”. Disponible en: https://www.youtube.com/revelados
2. Chaves, I. y Gordo, R: “La concentración mediática en Colombia. Para descentralizar la mirada”, en Chaparro, M., Espinar, L. y Gabilondo, V. (coords.) (2019): Transparencia mediática, oligopolios y democracia. Salamanca, editorial Comunicación Social.
3. “Noticias UNO: la voz critica que se apaga”, en revista Semana, 8 de septiembre de 2019. Disponible en https://www.semana.com/nacion/articulo/noticias-uno-saldra-del-aire-crisis-economica-en-los-medios-de-comunicacion/630983
4. “Alternativo”, término utilizado en demasía y que no significa mucho pero por el que nos referimos generalmente a los medios que están enfrentados al poder establecido (nota del autor).
5. Marx, K. y Engels, F. (1974). Obras Escogidas. Moscú, editorial Progreso, 3 tomos.
6. Aharonian, A. (2017). El asesinato de la verdad. Concentración mediática, redes y comunicación popular. Bogotá, La Fogata editorial, Periferia y FILA.
7. Taufic, C. (2012). Periodismo y lucha de clases. Madrid, ediciones Akal.
8. Reporteros Sin Fronteras, Informe sobre la libertad de prensa en Colombia disponible en: https://rsf.org/es/colombia
9. Manuel Chaparro en la introducción de Chaparro, M., Espinar, L. y Gabilondo, V. (coords.) (2019): Transparencia mediática, oligopolios y democracia. Salamanca, editorial Comunicación Social.

*Doctor en Comunicación y Ciencias Sociales
Director de la maestría en Comunicación, desarrollo y cambio social de Uniminuto (Colombia)

Adriana Gómez, Colgado de la brocha de la serie “Algo pendiente”, 2009.

“No es posible tener verdaderos buenos medios sin verdadera democracia y no se puede tener una buena democracia sin buenos, fiables e independientes medios”.
(parafraseando a Alexis de Tocqueville)

 

Reconocido como un referente de buen periodismo, Noticias Uno es, pese a ello, o precisamente por eso, perseguido y ahora abocado al cierre de sus emisiones. El mes de septiembre nos ha sorprendido con la noticia, dada por el gerente de la productora, de que Noticias Uno, el noticiero del canal televisivo Canal 1 en antena los fines de semana y los festivos, dejará de salir al aire con el agotamiento del 2019, que en octubre ya anuncia su ciclo final.


En sus 18 años en antena, entre 1992 y 2001 funcionaba bajo el rótulo NTC Noticias, el programa ha sido fiel a su lema “La red independiente” y ha demostrado que se puede hacer información seria sin “venderse” al capital o al poder, que tanto da. Su labor ha sido reconocida en diez ocasiones con el premio anual India Catalina de la Industria Audiovisual colombiana al mejor noticiero nacional.


Aunque el canal ha declarado que la decisión de salir del aire es corporativa y los motivos son solamente financieros, parece que detrás de este anuncio hay presiones externas que la motivan. Esas dificultades económicas se presentan por la falta de financiación procedente de anunciantes, y éstos son presionados por otros canales para no inyectar recursos a Canal 1 por contar con un informativo que incomoda.


En las palabras de Ramiro Avendaño, presidente de ese canal televisivo, se puede entrever algo del trasfondo de esa decisión al afirmar que el final del noticiero tiene que ver con “la situación particular de prácticas restrictivas de la libre competencia encontradas en el mercado colombiano de la televisión abierta”. El panorama mediático de Colombia no es transparente ni se desenvuelve bajo la libre competencia. Una muestra de ello es que cincuenta entidades, lo que supone el 75 por ciento de la publicidad del canal, no pueden pautar porque tienen contratos de exclusividad con los dos grandes canales privados. Así lo ha declarado el gerente del noticiero Jorge Acosta.


Noticias Uno no se encuentra entre los programas con mayor índice de audiencia, dicen que apenas un 0,6 por ciento del rating, lo que significa poco más de doscientos mil televidentes, pero en sus 28 años en antena ha obtenido numerosos reconocimientos y premios por la calidad de su periodismo de investigación. Además de los India Catalina, ha recibido el premio nacional Simón Bolívar de periodismo, el CPB del Círculo de Periodistas de Bogotá y el Nuevo Periodismo de la Fundación Gabriel García Márquez en 2010.


Este noticiero fue el que destapó casos como el de la “Yidispolítica”, en el que la congresista Yidis Medina confesaba haber recibido plata por votar a favor de la reelección como presidente del hoy senador Uribe, o el del escándalo detrás de los negocios de la empresa constructora brasileña Odebrecht al obtener grabaciones del contratista Jorge Pizano en las que declaraba las irregularidades en contrataciones de obras con el Estado. Investigación esta última que probablemente provocó la pérdida de la publicidad del Grupo Aval, entidad vinculada a Odebrecht.


Esa gran labor informativa no le ha servido al programa para mantenerse al aire. O tal vez ese compromiso social con el periodismo de verdad es lo que le ha acarreado el cierre. Un programa que se había ganado fama de independiente, riguroso y crítico. Conceptos que en el escenario mediático colombiano son “peligrosos” para la salud de quien los practica.


Según Julián F. Martínez, premio nacional de periodismo Simón Bolívar en 2017 por su libro ChuzaDAS. Ocho años de espionaje y barbarie y exreportero de Noticias Uno, la cancelación de un noticiero que aportaba pluralidad y diversidad a los medios es “un golpe contundente a la columna vertebral de la democracia en Colombia (1)”.


Así son las cosas en este siglo XXI de tecnologías, posverdades y “libertades”. Un informativo que defiende los hechos frente a las creencias, que no “come cuento” con las noticias falseadas (adulteradas) o falsas (que faltan a la verdad de forma premeditada o involuntaria); que no construye la mal llamada opinión pública a partir de las opiniones de quienes mandan, sino que plantea las noticias contrastando las fuentes, poniendo en práctica los cimientos del periodismo clásico, pasará a ser historia cuando amanezca el nuevo año.


Ese es el funcionamiento de la censura hoy. Ya no lo hace a la manera clásica de prohibir o recortar la libertad de expresión, aunque siguen dándose casos como el más reciente de Twitter suspendiendo ciertas cuentas. Actualmente todo es más sibilino, pero más eficaz porque se hace dentro de un sistema que creemos “democrático” que “garantiza” que todo se lleva a cabo dentro de la ley. Aunque esa “ley” sea la del más fuerte. Si no quieres actuar directamente coartando libertades, lo mejor es que lo hagas subrepticiamente de manera indirecta pero exitosa. Presionando a quienes sostienen un programa con sus aportes económicos para que los retiren y así se vea obligado a cerrar.


¿Por qué puede ser molesta la existencia de un programa con tan poca audiencia dentro de un canal que según Kantar Ibope Media, empresa de investigación de medios, apenas alcanzaba en 2018 una cuota de pantalla del 2 por ciento? Porque lo distinto es peligroso, porque la reflexión provoca malestar y porque lo discordante invita a pensar de otra manera y los poderes no quieren que la gente recapacite. Todo eso se acaba eliminando un programa de las características de Noticias Uno, lo que hace que los grandes medios sigan concentrando poder y, en el caso de la televisión, aumentando su cuota de pantalla, “Esa concentración, además, les sitúa (a los medios) a pasos agigantados más cerca de los poderes que de la ciudadanía, lo que dificulta la construcción de una soberanía comunicacional (2)”.


El noticiero que dirige la periodista Cecilia Orozco Tascón “no es un espacio noticioso en el sentido tradicional. Es más bien una unidad investigativa audiovisual especializada en denuncias, que publica historias que otros medios omiten” según recoge la revista Semana (3).


El panorama de concentración mediática y de presiones sobre los medios llamados alternativos (4), no es exclusivo de Colombia. El mundo está en la misma situación al existir seis entidades transnacionales que controlan la comunicación a través de sus miles de emisoras, canales televisivos, medios escritos y editoriales. Ese dominio no es solamente de propiedad y distribución de noticias sino también de creación de contenidos, lo que hace que los discursos dominantes sean los mismos en casi todo el planeta. Como ya dijeran Marx y Engels en La ideología alemana: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época (5)”.


Eliminar un medio es, en cierta medida, matar la verdad o, al menos, eliminar una manera de narrar esas verdades que no siempre nos cuentan y que, a veces, nos acechan. Es una acción más de lo que Aharonian (6) llama la guerra de cuarta generación mediante la cual implantan, de manera hegemónica, los imaginarios colectivos, las narrativas y los discursos y las verdades “únicas”, las suyas.


Si queremos que el periodismo no abdique de la función social que tiene encomendada debemos defender los medios críticos, a sus profesionales y a quienes promueven no sólo la libertad de expresión y de información, sino el no tan demandado y necesario derecho universal a la comunicación. Es una lucha desigual en la que la ciudadanía es David frente al Goliath de las corporaciones mediáticas.


¿Cuál es la verdad detrás del anuncio del cierre de Noticias Uno? Crisis económica de la cadena, presiones políticas, decisión comercial… La verdad es que, si nada lo impide, en 2020 desaparecerá de la parrilla televisiva uno de los programas que ha sido referente del periodismo de investigación en los últimos años. Su producción ha calado en la opinión pública, no solamente por lo que informaban sino porque suponía una confrontación con los poderes dominantes.


A partir de ahí, se producirán posverdades, se lanzarán bulos y opiniones, las más de las veces sin argumentos que las respalden, para pintar del color del interés personal de quien las diga lo que convenga en cada caso. Hoy la posverdad es el arma preferida para la desinformación masiva “el arma de desorientación masiva de la opinión pública que emplean los grandes medios de comunicación y todos los líderes políticos (7)”. Es la manera de mantener ocultas las otras verdades, las que no interesan.


Si aceptamos que el periodismo es “una forma de dirección política, y su carácter de clase está determinado por el de la organización social (8)”, la acción sobre Noticias Uno es una manera de presionar a un medio que ve cercenada su salida al aire por una dirección política determinada por la organización económica que le corta el grifo de los ingresos y blanquea lo que en el fondo es, ni más ni menos, pura y dura censura a la libertad de expresión. Condicionan su existir por excusas económicas de trasfondo político.


Noticias Uno es probablemente el penúltimo ejemplo de cómo el poder ejerce toda su fuerza frente a las voces contrarias al statu quo que no se pliegan a los dictados de quienes gobiernan el mundo, ya sea el político, el económico o el mediático. Una muestra más de cómo los poderes establecidos nos quieren condicionar la existencia e imponernos qué ver, qué escuchar, qué leer y qué pensar. A veces, la subordinación se produce sin hacer ruido y bajo la máscara teatral de la democracia.


Tal vez con el cierre de este noticiero se haga más evidente lo que los grandes conglomerados mediáticos y los poderes financieros se empeñan en negar u ocultar, que la información no es inocente, que las noticias son mandatos de quien gobierna y que el periodismo es, cuando no se ejerce libremente, una forma de dirección social. En este mundo neoliberal, capitalista y competitivo se informa para dirigir, para condicionar conciencias y para crear imaginarios colectivos que no cuestionen el poder.

Libertad de prensa

Decía Lenin que la “libertad de prensa” en una sociedad burguesa, hoy diríamos sociedad capitalista de la información, es la que tienen los ricos, los que detentan el poder, de engañar al resto, a la mayoría excluida y explotada. Algo que todo el mundo sabe pero que “casi todos” silencian y esquivan.

Según la clasificación de la libertad de prensa elaborada por la organización Reporteros Sin Fronteras (9) (RSF) para 2019, Colombia ocupa el puesto 129 de los 180 países clasificados con una puntuación de 42,82 ubicándose en la zona “roja” que reúne a los países con una “situación difícil”. Dicho informe se elabora con un cuestionario conformado por una serie de temas como: el pluralismo, la independencia de los medios, el ambiente en el que las y los profesionales llevan a cabo su trabajo, la posible autocensura que se imponen, el marco legal en el que se desempeñan, la transparencia y la calidad de la infraestructura con la que cuentan en sus labores. En ese trabajo se explica para Colombia que las y los periodistas siguen padeciendo “presiones, intimidaciones, actos de violencia”, en un país en el que los medios tienen vinculación con “grandes empresas y con políticos, lo que pone en peligro su independencia editorial y favorece la autocensura”. En el cierre del documento, esta ONG, bajo el título “Un clima de violencia y autocensura”, afirma que “El nuevo presidente, el conservador Iván Duque Márquez, elegido en agosto de 2018, no ha dado señales que permitan pensar que la situación de la libertad de prensa en el país mejorará”. El caso de Noticias Uno es una muestra más de que la situación de los medios y sus profesionales en Colombia está en riesgo.

Permitir la desaparición de voces críticas en los medios es ceder ante las corporaciones mediáticas que gobiernan el mundo. Éstas terminan siendo “armas de propaganda de un modelo que se resiste al cambio y son el sustento del imaginario imperante en torno a la felicidad proporcionada por el consumo (10)” lo que hace crecer la concentración mediática y el pensamiento único que homogeneiza la ciudadanía y anula la capacidad de cuestionar y rebelarse contra las injusticias sociales. La falta de democracia en los medios y la ausencia del derecho a la comunicación son falencias imperdonables de sociedades que se ven determinadas por la información dominante producida por los conglomerados del eduentretenimiento.

Finley Peter Dunne afirmó en el siglo XIX que la tarea del periodista es “tranquilizar al afligido y afligir al tranquilo”. Un siglo después, también en los EE.UU., el Comité de Periodistas Comprometidos, después de encuestar a varios profesionales de los medios, concluyó que: “El propósito esencial del periodismo es dar a los ciudadanos la información precisa y fidedigna que necesitan para desenvolverse en una sociedad libre”.

Eso es lo que perderemos si consentimos que sucedan cosas como el cierre de Noticias Uno y que hagamos como que no ha pasado nada.

 

1. “El fin de Noticias Uno: la muerte de la libertad de prensa”. Disponible en: https://www.youtube.com/revelados
2. Chaves, I. y Gordo, R: “La concentración mediática en Colombia. Para descentralizar la mirada”, en Chaparro, M., Espinar, L. y Gabilondo, V. (coords.) (2019): Transparencia mediática, oligopolios y democracia. Salamanca, editorial Comunicación Social.
3. “Noticias UNO: la voz critica que se apaga”, en revista Semana, 8 de septiembre de 2019. Disponible en https://www.semana.com/nacion/articulo/noticias-uno-saldra-del-aire-crisis-economica-en-los-medios-de-comunicacion/630983
4. “Alternativo”, término utilizado en demasía y que no significa mucho pero por el que nos referimos generalmente a los medios que están enfrentados al poder establecido (nota del autor).
5. Marx, K. y Engels, F. (1974). Obras Escogidas. Moscú, editorial Progreso, 3 tomos.
6. Aharonian, A. (2017). El asesinato de la verdad. Concentración mediática, redes y comunicación popular. Bogotá, La Fogata editorial, Periferia y FILA.
7. Taufic, C. (2012). Periodismo y lucha de clases. Madrid, ediciones Akal.
8. Reporteros Sin Fronteras, Informe sobre la libertad de prensa en Colombia disponible en: https://rsf.org/es/colombia
9. Manuel Chaparro en la introducción de Chaparro, M., Espinar, L. y Gabilondo, V. (coords.) (2019): Transparencia mediática, oligopolios y democracia. Salamanca, editorial Comunicación Social.

*Doctor en Comunicación y Ciencias Sociales
Director de la maestría en Comunicación, desarrollo y cambio social de Uniminuto (Colombia)

Publicado enColombia
Martes, 01 Octubre 2019 05:50

¿Adiós al espacio y el tiempo?

¿Adiós al espacio y el tiempo?

Carlos Valle sostiene que el manejo de la política por parte de los grandes medios sustituye hoy a los partidos tradicionales y la realidad pasa a ser la verdad de los medios. Marta Riskin delibera sobre la globalización de la comunicación, sus contenidos y tecnologías, y los efectos en la reconfiguración de los valores de los pueblos.

 

 “Comunicación mundial significa: liberar el espacio para atar el tiempo” afirma el filósofo alemán Norbert Bolz. Está nueva situación ha pulverizado los dos elementos básicos de la vida social. Es lo que Anthony Giddens, sociólogo inglés, afirmaba sobre la globalización: “no tiene que ver, ni siquiera primariamente, con la interdependencia económica, sino con la transformación del tiempo y el espacio en nuestras vidas.”

Los desarrollos tecnológicos han permitido que los medios masivos de comunicación impongan una visión particular del mundo. El acento se pone en los efectos visuales entremezclados por un abrumador movimiento y un incesante cambio de escenario acompañado por el color y el sonido. Se produce así un efecto hipnótico que no llama a la comprensión sino a la contemplación. Hoy es palpable este efecto en el cine. La visión que proveen los desarrollos electrónicos permite una información selecta y con orientaciones peculiares dada las fuentes mayormente concentradas de las que dependen ¿Cómo afectarán estos desarrollos tecnológicos el libre compartir de la información, la soberanía de los países, el contacto directo entre diversos grupos de base? ¿Quién se va a arrogar el derecho de decidir en el ámbito local, nacional, regional y aun mundial a manejar la información según su propio interés? Hay que recordar que en la tradición liberal no se relaciona la libertad de información con el principio de igualdad.

Esta comunicación mundial tiene el propósito de llevar a renunciar a la verdad y a poner la confianza en las fuentes de información. La renuncia a la verdad, si es que se puede hablar de renuncia, presupone, al menos, una incapacidad o imposibilidad de acceder a ella. El manejo de la política por parte de los grandes medios ha ido sustituyendo a los partidos tradicionales, especialmente porque los medios han llegado a ser la plataforma de grandes conglomerados económicos antes que lugares de expresión comunitaria. Así, los políticos o quienes quieran serlo, terminan siendo dependientes de los grandes medios, antes que las de sus propios núcleos políticos porque temen ser condenados o ignorados. Así muchos políticos tienden a evadirse de entrevistas que puedan comprometerlos. Se manejan con un libreto que repiten en toda obligada ocasión. El resultado: la realidad viene a ser la verdad de los medios.

En un esquema de confianza el tiempo y el espacio han perdido su papel rector y las fronteras abolidas por la tecnología. La distinción entre lo local y lo internacional limita la comprensión de lo que sucede en el propio entorno.. Por otra parte, el impacto de un hecho, no importa donde suceda, se acrecienta por la virtual disipación del espacio. Un nuevo hecho tiende a ignorarlo, la evaporación del tiempo es inevitable. Eso provoca una pasividad creciente para asumir los hechos cercanos como realidades que afecten directamente. Son parte de una información que no intenta trascender sino llamar la atención, cuya duración debe ser lo suficientemente impactante para deslumbrar pero con una calidad que destiña a la luz de un nuevo hecho que busca seducir. La presencia progresiva de esta realidad inasible como es el tiempo y la tendencia a tratar como incorpóreo el espacio son dos puntales para el desarrollo de una comunicación por medios cada vez más concentrados, favorecidos por el desarrollo de una tecnología, que se presenta como una ley natural inmodificable para determinar la vida de la comunidad mundial.

Por Carlos Valle. ex presidente de la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana

Publicado enCultura
La ‘startup’ asturiana que ayuda al inventor de internet a crear la nueva web

La 'startup' gijonesa Empathy.co y la Universidad de Oviedo colaboran para sacar adelante Solid, un entorno web más respetuoso con la privacidad, impulsado por Tim Berners-Lee.

 

Cuando Tim Berners-Lee anunció su proyecto Solid, de descentralización de Internet, suscitó una respetuosa incredulidad. El creador de la World Wide Web, la Red que todos navegamos hoy, había contemplado los escándalos de Cambridge Analytica y de las fake news. Convertido en un mito viviente a estas alturas, no solo criticó las filtraciones de datos y la manipulación sino que propuso amasar un nuevo concepto de Web.

Solid tiene como objetivo "cambiar radicalmente la forma en que funcionan las aplicaciones web hoy en día, para proporcionar una verdadera propiedad de los datos y una mejor privacidad", asegura la propia web. El objetivo es convertirlo en un espacio donde se impida el abuso de la información personal de los usuarios. Y Berners-Lee dio el primer paso: del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y bajo su dirección nació el embrión del proyecto. ¿El objetivo? Dar el control total al usuario sobre sus datos. El problema es que esto va en contra del modelo de negocio de Google, Facebook e incluso Amazon.

Pero Berners-Lee no espera hacer esto solo ni hacerlo rápido. Después de esta primera piedra han llegado universidades y startups interesadas en poner los ladrillos y el cemento. Empathy.co, con sede en Gijón, es una de las startups que ha empezado a trabajar en el marco de Solid. Tienen un proyecto para crear un buscador para tiendas online y apps basado en los principios de esta nueva Web.

Para llevar a cabo el proyecto, la empresa asturiana cuenta con la colaboración de la Universidad de Oviedo, con quien ha firmado un contrato de I+D. La primera versión del buscador se lanzará en el mes de diciembre de este año y estará lista para enriquecer el ecosistema de Solid. En este espacio los procesos funcionan de forma diferente. “En vez de tener un cliente, ordenador o móvil, y un servidor, las piezas del puzle son un cliente, que se llama POD, y un servidor, que se llama solid”, explica Ángel Maldonado, fundador de Empathy.co.

 “Por su constitución, el servidor en Solid no puede almacenar ningún dato de ti. Tu POD tiene todos tus datos, como si fuera una nube propia. Es tuyo, está adherido a ti”, continúa Maldonado. Este elemento clave, el POD (personal online data), hace de intermediario. Con Solid, cualquier aplicación accedería a los datos del usuario a través del POD. Todo el perfilado y el análisis de datos suceden mientras la aplicación está abierta. Cuando el usuario la cierra, la información deja de estar accesible para la app.

Se trata de que la aplicación tenga información sobre el usuario para atenderle mejor, pero solo durante el momento en que este interactúa con ella. Igual que si vas a una tienda física y pides una sugerencia. Una vez que te marchas, la tienda no almacena ningún dato sobre tus gustos e intereses. “Esto replantea el concepto de análisis de datos”, incide Maldonado. Ya no se almacenaría información masivamente para predecir el comportamiento digital.

Así funciona Solid y esto es lo que Empathy quiere trasladar a su futuro buscador para tiendas online. En este tipo de producto la compañía tiene sobrada experiencia en el mercado. Entre sus clientes están Casa del Libro, los supermercados Kroger o Inditex. Pero para que el nuevo buscador funcione, la tienda o la aplicación tendrán que estar adheridas voluntariamente a los principios de este nuevo Internet, como lo denomina Maldonado.

Un cambio a largo plazo

En Empathy se toparon con el proyecto de Tim Berners-Lee tras una búsqueda de esquemas que mejoraran la privacidad del usuario, una sensibilidad que siempre ha estado presente en la empresa. Cuando contactaron con Inrupt, la startup encargada de coordinar la naciente comunidad de Solid, les dijeron que ellos ya tenían un acuerdo con la Universidad de Oviedo.

El socio no podía estar más cerca. Empathy tiene en la Universidad de Oviedo una cantera para reclutar talento, así que no partían de cero. Se constituyó un equipo combinado para abordar el proyecto. La universidad, vinculada desde hace tiempo a proyectos de Tim Berners-Lee, tenía a estudiantes que ya habían trabajado sobre las especificaciones técnicas de Solid.

La Universidad de Oviedo es uno de los centros académicos con los que trabaja Inrupt para difundir la programación de aplicaciones en el entorno Solid. “Es necesario que las personas aprendan cómo desarrollar aplicaciones y PODS en Solid. Cuando los valores y los conocimientos se aprenden desde jóvenes forman parte del sistema”, señala Mitzi László, directora de comunicación de Inrupt. “Además, es fantástico que puedan ver cómo Solid puede ofrecer oportunidades para labrarte una carrera profesional”.

Maldonado apunta que el cambio tiene que darse a largo plazo, pero se muestra esperanzado: “El caldo de cultivo de Solid es esta nueva sensibilidad que por fin tenemos, como individuos y como sociedad, sobre el uso y abuso que se ha estado haciendo de nuestros perfiles”. Ni Google ni Facebook adoptarán Solid. El CEO de Empathy tampoco ve viable que lo hagan las grandes compañías que ya han hecho un esfuerzo enorme en digitalización. Pero sí las pymes.

“La pequeña y mediana empresa se juega mucho más. No tienen acceso al big data y tienen otras prioridades. Ellos buscan la fidelidad y una relación honesta y franca”, destaca Maldonado. Su buscador se pondrá a disposición de todos, de forma abierta y gratuita, según los estándares de la iniciativa. Pero Empathy espera ganar experiencia para lanzar después otro buscador dirigido a pymes.

Este combo, de startups y universidades, es importante para que germine el nuevo entorno, según László. “Solid es un estándar abierto, así que las contribuciones de estudiantes, académicos y empresas son muy importantes para lograr interoperabilidad. Esto será lo que deje al usuario la posibilidad de elegir entre muchas opciones”, remata la directora de comunicación de Inrupt.

Madrid 3 SEP 2019 - 10:06 CEST

Miércoles, 14 Agosto 2019 05:23

La cocina del Big Data

Walter Sosa Escudero es economista (UBA) e Investigador del Conicet.  Imagen: Sandra Cartasso

¿Se puede predecir una elección presidencial o el podio de un mundial de fútbol? Este investigador matiza el énfasis revolucionario del fenómeno y afirma que la verdadera transformación vendrá cuando las personas generen nuevas preguntas.

 

Tenemos, como nunca, un montón de información disponible y ello nos entusiasma pero también nos obnubila. Por un lado, el futuro se aproxima como un auténtico paraíso; lo que antes valía horas de bibliotecas, hoy se resuelve en cuestión de segundos. Sin embargo, tanta potencia tecnológica tiene su reverso: accedemos a muchos datos pero a cambio dejamos los nuestros. Cuando colocamos una dirección en el GPS, enviamos un correo o cenamos con amigos en algún bar, imprimimos nuestras huellas en el ciberespacio. Nos tornamos geolocalizables aunque nadie nos busque y nos volvemos predecibles aunque poca gente aprecie nuestra intimidad. La era global es así, nos bambolea entre el confort y el pánico, en cualquier tiempo y sin importar el lugar. En los intersticios, se teje una gran transformación cultural que sabemos que existe pero todavía no somos capaces de poner en palabras. Lo bueno es que no estamos solos, tenemos jinetes que custodian el terreno, utilizan sus largavistas y nos ayudan a comprender las cosas en su justa medida y por anticipado. Walter Sosa Escudero es economista (UBA), profesor de la Universidad de San Andrés e Investigador del Conicet. Acaba de publicar “Big Data” por la editorial Siglo XXI y coloca paños fríos a una situación que aparenta volar de fiebre.

--¿Qué es el Big Data?

--Lo primero, lo rápido, lo Wikipedia, sería definirlo como un fenómeno de profusión de datos masivos e instantáneos; producidos de manera espontánea y de expresión anárquica a través de sistemas que están interconectados entre sí. En la actualidad, a menudo, pensamos que cuánto más datos relacionamos es mejor y no siempre es así. No se pueden comparar los datos que arrojan 1000 encuestas bien equilibradas, o bien, los 60 que se manipulan en un experimento de laboratorio elaborado de manera concienzuda, con los 300 mil que surgen de responder a un multiplechoice en twitter. Para no celebrar el Big Data como si de una revolución se tratara, me gusta decir que lo importante no es trabajar con muchos datos sino que estén bien curados. Seguramente, serán mucho más informativos que aquellos extraídos sin ningún criterio.

--¿Cómo utilizar tanta información a favor?

--Hablar de Big Data se parece mucho a hablar de cerveza artesanal. El reverso de los datos, históricamente, fueron los métodos que se emplean para estudiarlos. Cuando al triángulo de datos-métodos-ideas se le quita una pata, éste se desploma. Tener más información es una buena noticia siempre y cuando existan preguntas que reclamen la necesidad de ser respondidas. En el futuro, la condición de posibilidad para una revolución de los datos tendrá que ver, sobre todo, con la capacidad de las personas para generar preguntas y discutir ideas.

--¿No hay preguntas que reclamen ser respondidas?

--Hay pero no en la proporción en que hubiésemos querido. En los últimos 15 años hubo una explosión de datos y métodos, pero no de ideas. Predecir quién ganará un mundial o quién triunfará en las próximas elecciones sigue siendo igual de difícil que siempre. En las épocas de los algoritmos y del Big Data, no estamos realizando mejores predicciones deportivas ni políticas. Basta con ver lo que ocurrió con la emergencia de Donald Trump, el derrotero del Brexit y, sin ir tan lejos, la aparición de la fórmula Fernández-Fernández. Con machine learning de por medio, nadie vio la jugada. Nadie. Lo que no advertimos es que fenómenos tan complejos como la economía o la política poseen una dificultad intrínseca que no tiene nada que ver con la falta o el exceso de datos.

--Si bien los datos no pueden predecir grandes fenómenos, son útiles para inducir decisiones. De hecho, el mercado publicitario se estructura de ese modo.

--Absolutamente. Si me preguntaras cuál es el mayor rédito de todo esto, te diría que reside en la capacidad inductiva, descriptiva, ordenadora y clasificatoria del Big Data. En el pasado uno hablaba de “el votante” y hoy se puede trabajar con una granularidad muchísimo más grande: “el votante que tiene entre tantos y tantos años, que vive en el barrio x con su pareja y asiste a la universidad x”. En la publicidad ocurre lo mismo, hubo algo por lo que McDonald’s se diversificó y existen McCafés; evidentemente, alguien con buen ojo se dio cuenta de que los chicos eran llevados por padres que preferían tomarse un café después del cine y no comer un combo.

--Ahora que sabemos sus potencialidades, ¿para qué no sirve el Big Data?

--No sirve para explicar, porque eso es mucho más difícil. Mucha gente piensa que como se puede clasificar mejor, estamos en mejores condiciones de explicar. Un ejemplo burdo: si puedo conseguir los datos de ventas de paraguas en diferentes regiones, podría llegar a estimar cuáles son los puntos geográficos en los que más llueve. Si se venden más en Rosario que en Antofagasta (Chile) debe ser que hay más precipitaciones en la primera que en la segunda. Ahora bien, esto no ayuda a entender por qué llueve ni tampoco contribuye a resolver una sequía o una inundación. No podría asesorar a los que comercian paraguas ni tampoco a los que quieren cultivar la tierra. Como no me permiten entender las razones, entonces no puedo cambiar la realidad. Hay un trecho enorme entre medir la pobreza y entenderla, diseñar una política y evaluar su impacto favorable. Los datos podrían funcionar como una herramienta para ganar una elección pero no son definitivos porque requieren de un trabajo interpretativo y creativo de los analistas.

--Con la exposición de nuestros datos en redes sociales vivimos cada vez más controlados. ¿Perdimos libertad, existen nuevas formas de libertad, o bien, la libertad nunca existió?

--A los efectos de no sembrar rastros, cada vez que salgo al trabajo debería dejar el celular en mi casa. Pero eso me complica la vida; no puedo chequear el tránsito, no sé si me conviene moverme en medios de transporte públicos, usar la bici o ir caminando. Tampoco tengo datos del tiempo atmosférico y no puedo saber cómo vestirme. Al acceder a los servicios que brinda internet, me beneficio de un montón de cosas y alguien cobra por ello. Como pasa con cualquier tecnología, el asunto es hacer la cuenta entre las ventajas y las desventajas. El obstáculo con el Big Data y la capacidad predictiva de los algoritmos es que hoy ese balance no arroja un resultado certero. El límite con la privacidad individual se sostiene en un terreno fangoso. No me gustaría enterarme por un robot cosas del tipo: “hoy estuviste tomando un café con un amigo y muy probablemente tiene cáncer”. El sistema puede saber mucho de nosotros, incluso, podría saber cosas que ni siquiera sabemos nosotros mismos de nosotros.

--El asunto requiere de un abordaje matemático y estadístico, pero también posee ribetes filosóficos...

--Sí, porque nos lleva a pensar cuestiones que creíamos olvidadas. El Big Data está a mitad de camino entre la revolución y convertirse en más de lo mismo. Con las redes sociales sucede parecido: nos plantean un nuevo modo de interacción, pero ello no quiere decir que antes no nos relacionábamos. La chica del barrio que te guiñaba un ojo cuando salía a andar en bici hoy es el “Me gusta”. Siempre hubo mecanismos de validación social; prefiero creer que los vínculos se tejen de otra manera. Hoy se habla de las burbujas informativas como una novedad, es decir, le pongo likes a los que piensan como yo y borro a los que lo hacen distinto. El diario de Irigoyen era un poco eso. La moraleja: seamos cautos con comunicar revoluciones, especialmente, cuando todavía no suceden.

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Publicado enCultura
Martes, 06 Agosto 2019 06:58

Redes caníbales

Redes caníbales

Caníbal es todo aquel que devora a individuos de su misma especie. Para hacerlo, necesita dominar a la presa, tornarla indefensa, entonces tratar de devorarla. Ese es el rostro alarmante de las redes digitales, tan útiles para facilitar nuestra intercomunicación. Al igual que los vehículos –aviones, autos, motos– que resultan útiles para movilizarnos más rápidamente y, sin embargo, son utilizados para llevar a cabo actos terroristas como el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, las redes digitales tienen su lado sombrío.

 

Si no sabemos usarlas adecuadamente, devoran nuestro tiempo, nuestro humor, nuestra civilidad. De ahí mi resistencia a llamarlas redes sociales. La sociabilidad no siempre supera a la hostilidad. Incluso devoran nuestro sueño, pues hay quienes ya no logran desconectar el Smartphone a la hora de dormir. Devoran también nuestra capacidad de discernimiento, en la medida en que nos tribalizan y nos confinan a una única visión del mundo, sin apertura a lo contradictorio ni tolerancia para quien adopta otra óptica.

 

La medicina ya está atenta a una nueva enfermedad: la nomofobia. El término surgió en Inglaterra, derivado de no-mobile, esto es, privado del aparato de comunicación móvil. En síntesis, es el miedo a quedarse sin celular. Es la enfermedad adictiva más reciente, que estudian actualmente los terapeutas.

 

Hay quien permanece horas en las redes, naufragando más que navegando. El rostro caníbal del celular devora también nuestro protagonismo. Es el celular el que, mediante sus múltiples herramientas y aplicaciones, decide el rumbo de nuestras vidas. El diluvio de informaciones que cae una y otra vez sobre cada uno de nosotros, casi todas descontextualizadas, nos conduce ineluctablemente al territorio de la posverdad. Tocan nuestra emoción y, vertiginosas, neutralizan vuestra razón. No hay dudas de que la mayoría de nosotros es incapaz de ofender gratuitamente a un desconocido en la panadería de la esquina. Pero en las redes muchos endosan difamaciones, acusaciones sin fundamento y calumnias: ¡Las famosas fake news!

 

Hace más de 70 años, mi cofrade Dominique Duberle escribió a propósito de la cibernética: «Podemos soñar con un tiempo en el que una máquina de gobernar supla la hoy evidente insuficiencia de las mentes y los instrumentos habituales de la política» (Le Monde, 28 de diciembre de 1948).

 

El Leviatán cibernético previsto por el fraile dominico francés hoy tiene un nombre: Google, Facebook, WhatsApp, etc. Esas corporaciones devoran todos nuestros datos para que los algoritmos los transmitan a las herramientas incapaces de vernos como ciudadanos. Para ellas, somos meros consumidores. Es la era del Big Data.

 

Las redes digitales devoran incluso la realidad en la que nos encontramos insertados. Nos desplazan hacia la virtualidad y activan en nosotros sentimientos nocivos de odio y venganza. El príncipe encantado se transforma en monstruo. Los valores humanitarios se destejen, la ética se disuelve, la buena educación se descarta. Lo que importa ahora, con esta arma electrónica en las manos, es trabar la batalla del «bien» contra el «mal». Eliminar con un clic a los enemigos virtuales después de crucificarlos con injurias que se multiplican mediante el hipervínculo, el video, la imagen, el sitio web, la etiqueta, o simplemente una palabra o una frase.

 

Por Frei Betto

Granma

 

He ahí lo que pretende cada emisor: lograr que lo que posteó se haga viral. El adjetivo se deriva de virus, un sustantivo empleado en la biología que proviene del latín y significa «veneno» o «toxina». ¡Se crea así la pandemia virtual! Es necesario leer rápido este correo o zapp, porque aguardan por mí otros tantos. Y de ser el caso, responder con un texto conciso, aunque vulnere todas las reglas de la gramática y la sintaxis. Según la investigadora Maryanne Wolf, accedemos diariamente como promedio a 34 gigabytes de información, lo que equivale a un libro de cien mil palabras. Sin tiempo suficiente para la absorción y la reflexión.

 

Corremos el riesgo de dar un paso atrás en el proceso civilizatorio. A menos que las familias y las escuelas adopten algo similar a lo que acompañó el advenimiento del automóvil, cuando se percibió la necesidad de crear autoescuelas para educar a los conductores. El celular está exigiendo también una pedagogía adecuada para su buen uso.

Publicado enSociedad
Libra: mercantilización disfrazada de criptomoneda

En el siglo XXI, los teléfonos móviles han sustituido a las bayonetas como herramienta bélica-comercial. Dada la capacidad de las tecnologías digitales para extenderse por todo el globo, hay que poner el foco en la utilidad geopolítica que pueda tener Libra, la moneda controlada por Facebook.

 

 

En un claro ejercicio de contorsionismo publicitario, la firma que explota la infraestructura digital sobre la que se erigen las sociedades contemporáneas ha lanzado una “moneda global”, llamada Libra, con el fin de “empoderar a billones de personas.” Ciertamente, este era un acontecimiento esperado: tras haber disrumpido la vida política de los ciudadanos con la retórica de conectar a la humanidad, el ethos humanitarista de Facebook ha arribado en la industria financiera, quien desde hace algunas décadas ostenta el papel de intermediario central en la economía capitalista

Gracias a una suerte de monedero digital diseñado para intercambiar dinero, el cual ha recibido el nombre de Calibra, la compañía que lo controla afirma que pueda dar respuesta a uno de los grandes problemas que sufren los llamados “unbanked”: el acceso a los servicios financieros (restringido debido a cuestiones geográficas, burocráticas o económicas de los países pobres). La tecnología como el blockchain no requiere que los bancos centrales, u otras instituciones financieras, intervengan en los pagos. Por este motivo es descentralizada: los negocios no tienen que estar mediados por los bancos, quienes imponen elevados costes para llevar a cabo transacciones monetarias. Los estratos más pobres de África están de suerte: seguirán careciendo de cajeros, y ya no digamos de control sobre las finanzas públicas, pero al menos tendrán una cuenta en Facebook. ¿Nos encontramos ante un “nuevo bien público mundial”, en palabras de David Marcus (CEO de Libra), o ante un movimiento hacia delante de la clase dominante?

De un lado, aunque algunos estudios defienden que la introducción de las criptomonedas puede tener un impacto positivo en el sector financiero y desarrollar una infraestructura para llegar a las personas en condiciones de pobreza, asentar el debate sobre este argumento tiende a pasar por alto dos cuestiones importantes. La primera, como señalan voces tan poco heterodoxas como las del Financial Times, es que la mayoría de las características que componen las cadena de bloques no se encuentran presentes en Libra. ¡Es una criptomoneda que no es una criptomoneda! La segunda es la vinculación entre la tecnología y la agenda neoliberal. Brett Scott, autor del libro The Heretic's Guide to Global Finance, resumía de manera cristalina su pensamiento tecnocrático al afirmar que los problemas de acceso bancario pueden ser entendidos como disfuncionalidades del sistema capitalista a solucionar mediante inversión privada o como un cambio sociológico que requiere de educación o instituciones locales para ser revertido, y no de los mercados financieros. Al promover estos últimos, Facebook también reduce el margen de acción de los antiguos y obsoletos acuerdos constitucionales firmados por los estados.

Ninguna concesión al poder performativo de este discurso corporativo: tras la crisis financiera de 2008, un escándalo de una envergadura bastante mayor al de Cambridge Analytica, tanto los bancos centrales como el modelo de acumulación sin producción de mercancías se pusieron en entredicho. El lenguaje emotivo en torno al bitcoin o las criptomonedas (la aplicación más desarrollada de la tecnología blockchain) ha venido a rescatar (o disrumpir) el sistema financiero. Facebook, incrustado en los ubicuos dispositivos de dos mil doscientos millones de usuarios (Instagram tiene algo menos de la mitad), se acaba de postular para llevar a cabo esta hazaña. Y no está solo.

Entre los veintisiete Founding Fathers que desplegarán semejante infraestructura digital se encuentran compañías de pagos (Visa, Mastercard o Paypal), gigantes tecnológicos (ebay, Uber o su competidor Lift y Spotify), empresas de telecomunicaciones (Vodafone, quien ha iniciado el despliegue precomercial de 5G en España), de blockchain (Xapo Holdings Limited, entre cuyo órgano asesor se encuentra el exsecretario del Tesoro Larry Summers, quien ya trabajó con la segunda personas más importante de Facebook —Sheryl Sandberg— durante aquella época), firmas de capital riesgo (Andreessen Horowitz, que en 2012 entregó 2.000 millones de dólares a Facebook para comprar una compañía de realidad virtual llamada Oculus) y un también un puñado de instituciones sin ánimo de lucro para camuflar sus planes ante la opinión pública (Creative Destruction Lab, entre cuyos “mentores” destaca Elizabeth Caley, directora de la fundación Chan Zuckerberg Initiative). Desde luego, esto es lo más parecido a lo que los teóricos del Estado patrios definirían como un “bloque histórico” llamado a superar la “coyuntura” contemporánea.

Parece sencillo de entender que estos capitalistas desarrollarán todo tipo de aplicaciones user-friendly (como la de Spotify) para enviar monedas digitales o hacer transferencias a través de Messenger o Whatsapp. Una vez privatizada y mercantilizada la infraestructura de las comunicaciones, lo cual pone en jaque cualquier noción de democracia, como hemos observado recientemente en algunos procesos electorales, Facebook quiere expandirse hacia cada vez más áreas de la vida de las persona. También alumbrar la forma más depurada de lo que David Harvey ha dado en llamar “acumulación por desposesión [de activos económicos]”. Qué duda cabe de que cuenta con la tecnología a su alcance para llevarlo a cabo.

Este doble movimiento de Facebook es extremadamente poderoso y sigue la última moda en Silicon Valley: mercantilizar los datos de los usuarios. Evgeny Morozov lo resumía de la siguiente forma: “la apuesta a largo plazo de Facebook implicaría una economía digital donde los datos y los servicios digitales estén completamente mercantilizados”. Este modelo de negocio, añadía, podría ser tan rentable como aquel en el que los imperativos de la publicidad contribuyeron a alejar esos mismos datos de otros mercados. Basta un sencillo ejercicio de lógica para comprender que una empresa, en el foco de los legisladores anti-monopolio, quiera diversificar su modelo de negocio, cobrar directamente por la prestación de servicios y enarbolar el argumentario de que no manipula las conciencias políticas para ganar dinero vendiendo publicidad a cualquier anunciante republicano. Al parecer, la forma más pura de la mercancía, gracias a su cualidad fetichista, no genera tantos problemas de cara a la opinión pública.

Por otro lado, si nos fijamos en el modo en que se desarrolla la competencia en la economía global podemos comprender otro de los motivos por los que Facebook ha puesto en marcha Libra. En China, el hecho de que una red social ofrezca un sistema de pago no supone novedad alguna. El pago a través de WeChat (el programa de mensajería y redes sociales de Tencent con más de 1.000 millones de usuarios activos) o de Alipay (Alibaba) se encuentra ampliamente implementado en el país, hasta el punto en que incluso es posible entregar limosnas a los vagabundos mediante un código QR. De hecho, Tencent lanzó su propia moneda virtual mediante QQ Coin en 1999.

Probablemente, la armada de estrategas en asuntos públicos que Facebook tiene en plantilla hayan asesorado a Mark Zuckerberg de que se presente ante los reguladores estadounidenses, o directamente ante Donald Trump, como una poderosa arma de contención del gigante chino. No es ninguna novedad que las corporaciones de Silicon Valley, o la de Wall Street y Hollywood, sean herramientas valiosas para la política exterior estadounidenses (estas primeras jugaron un importante rol diplomático durante el primer mandato de Barack Obama en países como México, Siria o Iraq), sino que el enemigo a batir en este caso sea tan poderoso como China; y más aún, teniendo en cuenta su rápida expansión hacia África mediante fuertes inversiones en infraestructura y la creación de instituciones financieras propias, las cuales emplea como soft power mientras lleva a la realidad la estrategia llamada One Belt, One Road.

En el siglo XXI, los teléfonos móviles han sustituido a las bayonetas como herramienta bélica-comercial. Estos pueden emplearse para acabar con la regulación de los mercados bancarios y financieros de las regiones, sea africanas o asiáticas, o directamente para atraer al resto de monedas hacia el núcleo irradiador del dólar. Como señala un estudio reciente, los países africanos carecen de la capacidad para crear infraestructuras de datos robustas (este el nuevo subdesarrollo) y, como resultado, emplean teléfonos móviles para entregar el salario a los trabajadores, pagar las facturas domésticas o son utilizados por pequeñas empresas para efectuar transacciones comerciales internacionales. ¿Por qué le habrán llamado libra, dando lugar a especulaciones sobre una posible guerra de divisas, cuando quieren decir reafirmar el enorme poder del dólar?

Que la información sobre las transferencias de dinero, una relación social según Marx, se hayan almacenado en el libro de cuentas de los bancos sin que el Estado pudiera auditarlo es un suceso tan antiguo como el renacimiento italiano, pero dada la capacidad de las tecnologías digitales para extenderse por todo globo, la utilidad geopolítica que pueda tener esta moneda en control de Facebook no es baladí. Aunque para ello deba convencer a los usuarios de que la utilicen (probablemente con algún incentivo económico), a los legisladores y a otros países.

En relación a este último punto, Zuckerberg viajó a Sudáfrica en 2013 para reunirse con distintos líderes regionales y propuso desplegar redes gratuitas de internet (llamadas Freebasics) para que la economía de los países desfavorecidos fuera más eficientes. Esta política de desarrollo privada significa que, una vez haya conectado a su infraestructura al 60 por ciento de la población que en 2020 seguirá desconectada, llámese red social o moneda virtual, tendrá la capacidad de controlar e influir en la manera que estas naciones (poco soberanas) acceden al resto de servicios en la economía digital. Un trabajo académico exponía de manera clara la intención de este tipo de iniciativas filantrópicas por parte de los capitalistas digitales (el que siempre ha sido el objetivo principal de la política yanqui): “la dominación global.”

Por último, esta suerte de superestructura erigida sobre el sistema financiero tiene el objetivo de colocar a Facebook en el rol de algo así como un banco central, pero del capital social, como lo definía un estudio publicado hace unos meses, e implementar un modelo de gobernanza neoliberal centralizado, no en el Estado, sino en una corporación estadounidense. Sus conclusiones, foucaultinas en grado máximo, nos resultan esclarecedoras: “cuando el capitalismo digital convierte las interacciones humanas mundanas en producción biopolítica, las corporaciones gobiernan estas interacciones para maximizar sus ganancias y tomar decisiones sobre temas políticos fundamentales; Facebook puede gobernar y disciplinar a los usuarios de manera efectiva; estas plataformas digitales desarrollan aparatos de gobierno y legitimación cuasi-constitucionales”.

Los mercados financieros sustituyeron a los parlamentos y determinaron las políticas fiscales de los Gobiernos europeos una vez la crisis se hizo evidente, lo cual supuso un tremendo ataque a la democracia liberal. Facebook tiene una solución para ambos problemas: imponer sus propios mercados, basados en los datos, y establecer mecanismos de control más autoritarios que los de cualquier banco central. ¿O alguien espera que, en una economía aún inmersa en una enorme crisis, toda esa información que Facebook tiene sobre los ciudadanos sea utilizada para algún fin distinto al de aplicar recetas de austeridad, privatizar de manera inteligente los servicios públicos o dictaminar el comportamiento de las administraciones públicas? Ante esta realidad catastrófica, a uno sólo le queda recordar que Pedro Sánchez se presentó a las elecciones con un corazón (era el “me gusta” de Instagram) junto al logo de su partido. 

 

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La temible cruzada del gobierno estadounidense contra Julian Assange y Chelsea Manning   

 

 

 “El Congreso no podrá hacer ninguna ley (…) que limite la libertad de expresión, ni la libertad de prensa”. Así lo indica la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos. Sin embargo, por primera vez, un editor está siendo procesado en virtud de la Ley de Espionaje, que data de la Primera Guerra Mundial. Julian Assange, cofundador del sitio web de denuncia WikiLeaks, podría enfrentar una condena de hasta 170 años de prisión en caso de ser extraditado a Estados Unidos desde el Reino Unido. El caso podría asestar un gran golpe a la libertad de prensa en Estados Unidos.

Estados Unidos acusó formalmente a Assange por primera vez en abril de este año, por el delito de intentar ayudar a un informante del Ejército estadounidense a ingresar a un sistema informático militar, delito por el cual Assange podría enfrentar hasta cinco años de prisión. Más adelante, el 23 de mayo, el Departamento de Justicia emitió una acusación adicional, en la que se sumaron 17 cargos más, por violar la Ley de Espionaje. Los nuevos cargos, según escribió el comité editorial del periódico The New York Times el día en que se anunciaron, “podrían tener un efecto escalofriante sobre el periodismo estadounidense tal como se ha ejercido durante generaciones. Está dirigido directamente al corazón de la Primera Enmienda”.

El periódico The New York Times fue una de las varias organizaciones de prensa en asociarse con la plataforma web de denuncia en la publicación de material que se brindaba de forma anónima. Desde su lanzamiento en 2007, WikiLeaks demostró ser una fuente confiable de evidencia documental crítica en torno a actividades ilícitas empresariales y gubernamentales.

En 2007, WikiLeaks publicó un manual secreto de la cárcel de la Bahía de Guantánamo, escrito en 2003, que contenía instrucciones para que los guardias les negaran a los prisioneros el acceso al Corán y a las visitas de la Cruz Roja para “explotar la desorientación y la desorganización que siente un detenido recién llegado”; esto constituye una violación de la legislación internacional acerca de los derechos humanos. No mucho después, el Centro de Contrainteligencia del Ejército estadounidense elaboró un documento secreto –posteriormente filtrado y publicado por WikiLeaks– donde se calificaba a la web de denuncia como “una potencial amenaza a la protección de las fuerzas, las operaciones de contrainsurgencia, la seguridad operacional y de seguridad de la información del Ejército de Estados Unidos”.

En abril de 2010, WikiLeaks saltó a la primera plana de la prensa internacional cuando hizo público un video en el que se muestra un ataque y masacre indiscriminada de civiles en Bagdad. El video fue grabado el 12 de julio de 2007 por un helicóptero militar estadounidense de combate Apache e incluye el audio de las transmisiones de radio militares.

Dos empleados de la agencia de noticias Reuters –el periodista iraquí Namir Noor-Eldeen y su chofer, Saeed Chmagh– murieron en el ataque, junto con al menos otras ocho personas. Dos niños resultaron gravemente heridos. Las transmisiones de radio muestran no solo la absoluta insensibilidad de los soldados, que se ríen e insultan mientras matan, sino también el estricto procedimiento que siguen, donde se aseguran de que todos sus ataques estén claramente autorizados por su cadena de mando.

Reuters había solicitado en reiteradas ocasiones información al Pentágono sobre la muerte de sus dos empleados, pero no había recibido nada. Fueron necesarios un denunciante valiente y WikiLeaks para revelar el horror del ataque del helicóptero, una clara prueba en video de un posible crimen de guerra.

El denunciante fue finalmente identificado como el soldado Bradley Manning. Manning fue encarcelado en régimen de aislamiento, en condiciones que Naciones Unidas describió como equiparables a la tortura. Luego fue juzgado y condenado. Inmediatamente después de recibir una condena de 35 años de prisión, Manning anunció una transición de género y cambió su nombre a Chelsea. El presidente Barack Obama finalmente conmutó su sentencia y Manning fue liberada en mayo de 2017.

No obstante, su calvario no había terminado. En febrero de 2019 la convocaron a comparecer ante un gran jurado para declarar sobre WikiLeaks y Julian Assange. Ella afirmó que ya había dado testimonio completo ante el tribunal militar que cursó su juicio en 2013, por lo que se negó a declarar de nuevo. Por ello, la encarcelaron durante dos meses. A continuación, la convocaron para testificar ante un segundo gran jurado. Por negarse a declarar una vez más, permanece encarcelada desde el 16 de mayo.

En cuanto a Julian Assange, desde el año 2012 estuvo viviendo en la Embajada de Ecuador en Londres, donde le habían dado asilo político. Assange huyó a la embajada porque temía ser extraditado a Estados Unidos. El pasado 11 de abril, las autoridades británicas ingresaron a la embajada y lo arrestaron por la fuerza. Ahora está cumpliendo una sentencia de 50 semanas de prisión por violar los términos de su libertad condicional en otro caso aparte.

Nils Melzer, relator especial de Naciones Unidas sobre la tortura, afirmó tras visitar a Assange en la prisión británica donde se encuentra recluido: “El señor Assange muestra todos los síntomas de una persona que ha estado expuesta a la tortura psicológica durante un período prolongado de tiempo”. Julian Assange no pudo comparecer en su audiencia judicial más reciente debido a problemas de salud.

Ben Wizner, director del Proyecto de Discurso, Privacidad y Tecnología de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, afirmó acerca de la nueva acusación: “Por primera vez en la historia de nuestro país, el gobierno ha presentado cargos penales contra un editor por la publicación de información veraz. Esta es una escalada extraordinaria de los ataques del gobierno de Trump contra el periodismo, y un ataque directo contra la Primera Enmienda”.

Por Amy Goodman y Denis Moynihan

Democracy Now!

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira Frega. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Publicado enInternacional
La defensa de Assange: "Este caso es un ataque frontal contra los periodistas"

El equipo de abogados que asiste el fundador de Wikileaks denuncia las restricciones que están sufriendo para poder preparar la defensa contra la extradición a Estados Unidos y el estado de salud de su cliente

 

 

La abogada australiana Jennifer Robinson, una de la letradas que ejerce la defensa del Julian Assange era rotunda a la salida de la vista que se ha celebrado este jueves en un tribunal londinense: “Este caso tendrá un impacto aterrador y afectará a periodistas y editores de todo el mundo que se enfrentan a la posibilidad de ser extraditados a Estados Unidos”.

Porque, como ella misma insistía: “Ningún periodista o editor debería ser nunca extraditado por haber publicado información veraz”.

Es lo que intenta evitar por todos los medios que le ocurra al fundador de Wikileaks por, como ella ha explicado: “Haber publicado pruebas de crímenes de guerra, de ataques a los derechos humanos y de corrupción”.

Pero el proceso ya está en marcha. El gobierno norteamericano tramitó la petición de extradición, el Ministro del Interior británico Salid Javid -uno de los seis aspirantes a suceder a Theresa May- la ha firmado apelando a que “debe hacerse justicia” y ahora son los tribunales de Reino Unido quienes tienen la última palabra: parar la extradición o dar luz verde.

Sólo el haber llegado hasta aquí ya es, en palabras de la defensa de Julian Assange: “Un asalto escandaloso contra la protección a los periodistas” y “un ataque frontal y atroz” contra el derecho a la libertad de expresión.

El proceso comenzará en febrero de 2020 y está previsto que se prolongue durante cinco días. Antes, en octubre de este mismo año, la defensa tendrá que presentar sus pruebas. Y, como ellos mismos denunciaban a las puertas del tribunal de Westminster, no les está resultando nada fácil hacer su trabajo: “No resulta sencillo trabajar en este caso debido a las restricciones a las que está sometido el señor Julian Assange en prisión; nos resulta muy difícil acceder a él, nos impiden poder hacerle llegar documentación y él no tiene acceso a un ordenador para poder preparar su defensa”, denunciaba Robinson.

Por si fuera poco, a ello se suma la situación personal del fundador de Wikileaks: “Estamos muy preocupados por su salud. Se encuentra bajo una gran presión y está teniendo que hacer frente a este caso bajo unas circunstancias muy difíciles”. Y añadía: “No olvidemos que se trata de una persona que todavía está sufriendo las graves consecuencia de su confinamiento dentro de la embajada y ahora en prisión”.

No es fácil hacer especulaciones pero el equipo de la defensa es optimista: “Confiamos en que el gobierno británico no ejecute la extradición a Estados Unidos”. Y preguntada por su gran temor en caso de que Assange fuera finalmente extraditado, Robinson explicaba: “Sólo tenemos que ver las condiciones a las que ha sido sometida Chelsea Manning anteriormente y en la actualidad durante su confinamiento en Estados unidos. No olvidemos que está en prisión indefinida por negarse a aportar pruebas. Eso nos basta para saber las circunstancia de confinamiento a las que tendría que hacer frente Julian Assange”.

Por Cristina Casero

@CrisCasero

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El big data cambió la política (y el poder y la guerra) para siempre

A medida que ha evolucionado la globalización neoliberal en las últimas décadas, la industria de medios de comunicación se ha afianzado como un poder global tan preponderante (y a veces superior en su capacidad de influencia) como los Estados-nación.

Esta industria ya no actúa como un intermediario o interlocutor entre las distintas tendencias y fuerzas sociales que hacen vida en una sociedad determinada. Ni siquiera lo hace a nombre de los partidos políticos o instituciones clásicas de la democracia representativa contemporánea.

“Su poder, ahora mismo, reside en su capacidad para influir en el poder: el poder de los gobiernos, jueces y legisladores; el poder de la política; el poder de decisión de los ciudadanos”, resalta un artículo de Estefanía Avella y Omar Rincón en la revista Nueva Sociedad.

Ya en el siglo XVIII, los medios de comunicación eran catalogados como el “Cuarto Estado”, por su influencia cada vez más decisiva en los asuntos de gobierno en cierta condición de horizontalidad con los poderes clásicos de la democracia moderna: el poder legislativo, ejecutivo y judicial.

Tres siglos después, esta descripción adquiere un mayor grado de realismo, toda vez que los medios de comunicación pasan a ser un factor central en tiempos electorales y en la definición de las inclinaciones políticas y culturales de la sociedad global.

La industria de medios, de igual forma, no escapa de la concentración y centralización que actualmente vive el sistema capitalista como tendencia general.

Según el brazo comunicacional del Foro Económico de Davos, sólo nueve corporaciones privadas (en su mayoría estadounidenses) controlan el panorama de medios globales televisivos y digitales. Entre las corporaciones más resaltantes se encuentran News Corporation, Time Warner, Disney, Comcast, entre otras, que han copado casi a totalidad el tablero mediático.

La conclusión política de este fenómeno es tan obvia como preocupante: la capacidad de influencia del cartel mediático estadounidense es parcialmente incontenible por parte de las instituciones clásicas del Estado-nación y de la democracia contemporánea, logrando un enorme poder de penetración sobre las expectativas, inclinaciones políticas, gustos y comportamientos culturales de la sociedad global en su conjunto.

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Pero sin lugar a dudas estamos en una nueva etapa de este fenómeno de mediatización de la vida política y social en general. Se le conoce como Big Data.

“Google es más poderoso de lo que la Iglesia nunca fue”, sentenció Julian Assange en alguna oportunidad. Quien hoy está sufriendo diversas torturas por las razones que todos sabemos, ampliaba esa hipótesis afirmando:

“¿Por qué es más poderoso (refiriéndose a Google)? Porque antaño no era tan fácil que el centro controlase a la periferia, puesto que en la Iglesia existía el Vaticano, pero también representantes locales. En Google todo está mediado por el centro de control, como si solo el Vaticano existiese, como si cada persona tuviese contacto directo con un solo confesionario”.

Las transformaciones científicas y tecnológicas en tiempos recientes que ha experimentado el capitalismo global, han hecho de la información un escenario de batalla estratégico donde se disputan desde intereses políticos locales, hasta grandes tendencias del tablero geopolítico actual.

Allí es donde entra el Big Data, la última gran tecnología de procesamiento de datos informáticos que está cambiando notablemente no sólo las capacidades para influir en el comportamiento político, sino en la filosofía (y aplicación) de la guerra moderna.

En una entrevista realizada por el medio The Clinic al experto en Big Data, Martín Hilbert, éste comentó sobre el uso de esta herramienta por parte de Donald Trump, a partir de la infraestructura de Facebook, Google y otras compañías.

Hilbert afirmó:

“Claro, esos son los datos que Trump usó. Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección”.

Hillbert complementó argumentando que “usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar. Por ejemplo, en el tercer debate con Clinton, Trump planteó un argumento, ya no recuerdo sobre qué asunto. La cosa es que los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.– y lo mandaron de manera personalizada”.

Por último, el experto comentó:

“Por ejemplo, si Trump dice estoy por el derecho a tener armas, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia (…) te dicen exactamente lo que quieres escuchar”.

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Por otro lado, esta tecnología también está cambiando las estructuras de la guerra moderna y su aplicación en el terreno. Como dato material tenemos el lanzamiento del proyecto Jedi (2018), con el cual el Ejército de los Estados Unidos plantea una nueva etapa de “guerra algorítmica”.

Este tipo de guerra consistiría en una sinergia entre datos informáticos en zonas de conflicto, inteligencia artificial militarizada y uso de drones y otros armamentos a distancia, para identificar objetivos y mejorar las operaciones terrestres y aéreas en países denominados “hostiles” a los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos.

El uso de la tecnología de datos abre paso a nuevos métodos de guerra y combate militar, donde la superioridad en el manejo de la información y el procesamiento de la misma puede cambiar los equilibrios de poder en la guerra del futuro.

Contrario a los parámetros clásicos de la guerra moderna, los combates del siglo XXI sustituyen los enfrentamientos abiertos por los ataques quirúrgicos, la ventaja técnica del armamento por el manejo informativo de la situación, y los bombardeos a gran escala por la guerra cibernética o digital que pueda socavar la estabilidad y el apresto del Estado víctima.

El uso de la tecnología de datos ha logrado combinar, como en ninguna otra etapa de la historia humana, las fronteras entre espionaje, política y guerra. Sobre ello el exfuncionario de la CIA y la NSA, Edward Snowden, afirmó que el gobierno de los Estados Unidos tiende a secuestrar y militarizar las innovaciones en el ámbito de las telecomunicaciones, aprovechándose del deseo humano natural de comunicarse y explotándolo para conseguir poder ilimitado.

Concretamente, Snowden afirmó: “Tomaron nuestra capacidad nuclear y la transformaron en el arma más horrible que el mundo había presenciado”, argumentando que en el siglo XXI se está observando la misma tendencia, pero con las ciencias de la computación: “Su alcance es ilimitado… ¡pero las medidas de su salvaguardia no! (…) Es a través del uso de nuevas plataformas y algoritmos (…) que pueden cambiar nuestro comportamiento. En algunos casos, son capaces de predecir nuestras decisiones, y también pueden empujarlas hacia diferentes resultados”, declaró Snowden.

También afirmó que “tienen cientos y cientos de páginas de jerga legal que no estamos calificados para leer y evaluar y, sin embargo, se consideran vinculantes para nosotros. Y ahora estas instituciones, que son tanto comerciales como gubernamentales, (…) lo han estructurado y afianzado hasta convertirlo en el medio de control social más efectivo en la historia de nuestra especie”.

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La relación entre los gigantes tecnológicos de Google, Facebook y Amazon con el gobierno de los Estados Unidos es simbiótica desde sus orígenes. Las sanciones recientes contra la empresa de telecomunicaciones china Huawei, y el acompañamiento a la retórica antirrusa luego de las elecciones de 2016, en las que resultó electo Donald Trump, así lo confirman.

Estas corporaciones tecnológicas concentradas forman parte del poder geopolítico estadounidense y están siendo empleadas para sostener la hegemonía (en etapa de crisis frente al ascenso de China y Rusia) del Imperio estadounidense.

Las consecuencias materiales del poder de estas corporaciones no sólo concluye en las labores de espionaje e inteligencia abusiva de la privacidad de los propios ciudadanos estadounidenses, bajo la narrativa de mejorar la “lucha contra el terrorismo”. Va mucho más allá.

En términos geopolíticos, este poder tecnológico se ha instrumentado para bloquear, en el marco de una ofensiva global de censura, el funcionamiento de medios alternativos, propiedad de “Estados rivales” como Rusia e Irán.

Recientemente, las plataformas de Facebook y Youtube censuraron a la estatal rusa Russia Today y las iraníes Press TV e Hispan TV, con el objetivo de reducir su audiencia y contrarrestar las narrativas antihegemónicas que han venido surgiendo en los últimos años desde centros geopolíticos enfrentados a Washington.

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Pero en lo que corresponde a operaciones políticas e informativas en tiempos electorales, estas grandes empresas también están transformando las herramientas de influencia, captación de votantes y penetración en el electorado, a los fines de solidificar determinadas inclinaciones políticas.

El caso más resaltante y actual de este nuevo fenómeno fue el uso de WhatsApp en la elección presidencial brasileña de 2018, que culminó con la victoria del derechista Jair Bolsonaro.

El signo de esta elección fue la desinformación, por un lado, y el uso del WhatsApp como una notable herramienta para remodelar el comportamiento político y electoral de la sociedad brasileña, por otro.

El medio The Conversation relató cómo funcionó la estrategia: “Usando WhatsApp, un servicio de mensajería propiedad de Facebook, los partidarios de Bolsonaro entregaron una avalancha de desinformación diaria directamente a los teléfonos de millones de brasileños”.

Esto fue desarrollado a tal punto que “incluían fotos ilustradas que retrataban a miembros del Partido de los Trabajadores que celebraban con el comunista Fidel Castro después de la Revolución Cubana, clips de audio manipulados para tergiversar las políticas de Haddad y verificaciones falsas que desacreditaban las auténticas noticias”.

“La estrategia de desinformación fue efectiva porque WhatsApp es una herramienta de comunicación esencial en Brasil, utilizada por 120 millones de sus 210 millones de ciudadanos. Dado que los mensajes de texto de WhatsApp son reenviados y reenviados por amigos y familiares, la información parece más creíble”, apuntó el medio.

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Sin embargo, el uso de estas nuevas estrategias no deben verse como hechos aislados. Corresponden al portafolio de operaciones políticas y de propaganda de nuevo tipo de la mediatizada derecha alternativa, capitaneada por el exasesor de Donald Trump, Steve Bannon.

Un artículo del británico The Guardian sobre las estrategias de Bannon, recalcó el uso de plataformas de Big Data como Cambridge Analytica para mejorar la penetración de determinadas ofertas electorales, el empleo de la desinformación para abrumar al adversario y la instrumentación de políticas de identidades audaces, acompañadas de un discurso polémico, disruptivo y de impugnación al orden.

A escala política, son diversas las lecciones que deben extraerse de estos nuevos fenómenos sociales y el uso político que las fuerzas de extrema derecha le han dado en época reciente.

Los canales de comunicación han abandonado los espacios tradicionales (televisión, radio, prensa, etc.) para abrir paso a nuevas tecnologías que ahora se introducen en el consumo masivo de jóvenes.

Siendo así, la estrategia para una comunicación nacional-popular, de orientación crítica y movilizadora, debe hacer un uso creativo de estas herramientas para contrarrestar el vaciamiento político que se propone desde la derecha.

La desconfianza en los medios tradicionales debe asumirse como una realidad. Y ante eso, es prioritario buscar en las nuevas tendencias culturales de la juventud, en sus exigencias y aspiraciones colectivas, los insumos para disputar el sentido común y los contenidos socioculturales e informativos que le dan forma.

Dejar estos espacios vacíos es un error estratégico.

(Tomado de Misión Verdad)

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