Rusia lanza su ley de la soberanía del Internet: balcanización global de las redes

En la Cumbre Económica Internacional de San Petersburgo, el zar VladyPutin fustigó el veto de EU contra Huawei que catalogó de Primera Guerra Tecnológica de la Era Digital: “Nos preocupan las prácticas destructivas que afectan a los mercados tradicionales –energía, productos básicos, bienes de consumo– y que están virando hacia nuevos mercados en desarrollo”.


Putin fue puntual: Huawei no sólo está siendo desplazada, sino forzada sin contemplaciones a abandonar el mercado global.


Agregó que “el modelo actual de las relaciones económicas internacionales está en crisis hoy en día y que se trata de una ‘crisis integral’” ya que “EU está tratando de ‘imponer su poder legal’ en todo el planeta ”(https://bbc.in/2Ixsb5U)”.


Durante la visita del mandarín Xi a Moscú llamó la atención que Putin permitiera un acuerdo con la firma rusa de telecomunicaciones MTS para que Huawei desarrolle su tecnología 5G y su lanzamiento piloto de redes de la quinta generación en Rusia.


La rusófoba dupla anglosajona de EU y Gran Bretaña (GB), en la fase del Brexit/Trumpismo, repite la misma propaganda negra que le dio resultado durante la guerra fría mediante su trivial maniqueísmo: la dualidad ultrareduccionista de libertad/derechos humanos contra los antónimos abultados de autoritarismo/sofocación de libertades de sus contrincantes. Como si la libertad y los derechos humanos fueran radiantes y plenos en EU y GB…


Justin Sherman, del portal Wired, alega que Rusia e Irán planean fundamentalmente aislar al Internet: encabezan un nuevo nivel de fragmentación del Internet que amenaza la arquitectura de la red global (cables, servidores) y permite a los gobiernos controlar mayormente los flujos de información y someter las libertades, lo cual podría ser imitado con implicaciones geopolíticas (https://bit.ly/2wH1N40).


Irán anunció en mayo que su Red de Información Nacional –su Internet doméstico– está 80 por ciento completo, mientras que Rusia lanzó su ley de la soberanía del Internet, también doméstico, para defenderse de las amenazas a su ciberseguridad.


Justin Sherman arremete contra China que “ha apretado el control de su Internet y que pasó de su Proyecto de Escudo Dorado (Golden Shield Project), como vigilancia de la base de datos de carácter policiaco, y ahora ha pasado a un nivel más sofisticado como un Gran Cortafuegos (Great Firewall) que filtra los flujos de información que entran al país.


James Reston, feroz crítico de la ley de la soberanía del Internet de Rusia –que juzga en forma unidimensional como persecución de la disidencia y la oposición–, señala que el Kremlin desea invertir 50 mil millones de dólares o 17 por ciento del presupuesto federal anual de Rusia para crear un Internet soberano en los próximos cinco años con “20 mil 800 millones de dólares, específicamente dedicados al equipamiento que garantice la seguridad del segmento ruso del Internet (https://bit.ly/2Ze9Uku).


Rusia se dispone a crear un “Internet soberano (Financial Times; 01/05/19 y 04/06/19)” que constituye una red paralela manejada enteramente en los servidores rusosque permite a Moscú mantener la operación del Internet durante un discapacitante ciberataque foráneo.


En su diatriba, más que un extenso artículo de corte vulgarmente rusófobo, el globalista Financial Timesfustiga que la dependencia rusa en los sistemas foráneos sería ampliamente reducida, acelerando una balcanización global del Internet, donde la influencia de Occidente (sic) es fragmentada.


Refiere que en 2014,“Putin declaró al Internet como un proyecto de la CIA capaz de debilitar la soberanía de Rusia”.


Hace seis años, lo cual quizá tuvo mucho que ver con la destrucción de un Brasil soberano por el evangelismo sionista ( https://sptnkne.ws/kx7p ), los BRICS, hoy una agrupación alicaída, pregonaron la balcanización del Internet para contrarrestar el espionaje del NSA (National Security Agency; https://bit.ly/2XzedGE).


Ahora resulta que si los gobiernos no se dejan espiar por la dupla NSA/CIA, pues son vilipendiados por la prensa libre como autoritarios.


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Cándido y el Elogio de la locura (La Cultura Pooph II, diez años después)

En el pasado, equivocados o no, por lo general quienes opinaban sobre política italiana o congoleña se habían leído la historia de Italia, del imperio romano, tenían alguna idea sobre la belga, sabían algo de la vida y obra de Leopold II y qué había pasado con Lumumba. Ahora el mundo está lleno de genios que opinan primero y luego intentan informarse. Si alguien se atreve a criticar el optimismo en curso, es etiquetado y desautorizado como un viejo que no entiende el presente. Como si los adultos no fuesen parte del presente. Como si los más jóvenes entendieran mejor algo del pasado, ese tiempo que, de alguna forma, produjo este presente. Como si las nuevas generaciones no pudiesen ser radicalmente reaccionarias. 

Antes no era necesario ser un estudiante universitario para poseer este tipo de cultura amplia y profunda. Ahora ni siquiera los estudiantes universitarios alcanzan un mínimo de aquel conocimiento que servía a la libertad de conciencia y no únicamente a los propósitos del dinero, el consumo y el confort de “un mundo más eficiente”.


Es verdad, aquella “gente culta” solía ser (aun suelen serlo), gente por los de abajo. No se trata de una simple cuestión gramsciana, como gustan apuntar desde el otro lado. Se trata de una reacción natural ante el poder social. De la misma forma que las universidades en todo el mundo, desde Argentina hasta Japón, desde Mozambique hasta Estados Unidos eran y siguen siendo bastiones progresistas, el resto de las grandes instituciones que dominan el poder social están dominados por conservadores elitistas y reaccionarios: empresas transnacionales, inversionistas, medios de comunicación dominantes, ejércitos, iglesias de todo tipo.


De la misma forma que la cultura solía ser (y aún lo es, en términos generales) el reducto de la izquierda, las redes sociales lo son ahora de la derecha. Lo primero ya lo explicamos. ¿Cómo se explica lo segundo? Creo que se explica de la misma forma que se explica la antigua práctica de esclavos negros castigando con latigazos a sus hermanos esclavos, a los negros, a los indios más rebeldes. A los malos negros, a los malos indios. Es decir, por la falsa conciencia, por la moral parasitaria, aquella moral adptada para beneficiar los intereses ajenos.


Tal vez en unas pocas décadas, como siempre cuando la verdad ya no interese o sea inofensiva, descubriremos cómo funcionan los algoritmos de las redes sociales, así como descubrimos, décadas después cómo la propaganda inaugurada por Edward Bernays en Estados Unidos y continuada brevemente por los nazis en Europa, manipuló la opinión y la realidad del mundo durante el siglo XX, desde los más pequeños hábitos consumistas a las mayores tragedias de la gran política, como las guerras y los golpes de Estado en Africa y en América Latina.


Por entonces, los gobiernos del mundo y las elites financieras tomaron una amplia ventaja de los nuevos medios de comunicación masivos e inmediatos (la radio, el cine y la televisión) como en el siglo XIX lo habían hecho con la prensa escrita, mientras los libros quedaron en manos de intelectuales del otro lado del espectro del poder (nótese cómo la misma palabra “intelectual” fue desprestigiada y desmoralizada por la propaganda, hasta el extremo de que hoy se precia y se paga más la estupidez que la inteligencia. Nadie se hace viral por genial sino por idiota, y tanto YouTube como las otras mega aldeas dominadas por un puñado de manipuladores, recompensa esta idiotez con miles de dólares, lo cual para ellos no llega a ser ni siquiera una propina. Si antes, apenas unas pocas décadas atrás era necesario ser Roberta Flack cantando Killing Me Softly With His Song para llamar la atención del mundo, hoy vale más una pobre mujer sentada en el inodoro y cantando sin armonía alguna “Sitting in tha Toilet” para hacerse una celebridad global, para recaudar una fortuna e inspirar a cientos de millones de jóvenes a lograr la misma hazaña.


Algunos de estos idiotas prestigiosos, paradigmas del antiintelctualismo, son llamados, en múltiples idiomas pero con la misma gracia y la misma palabra del inglés, “influencers”. Claro, eso sin contar los millones de idiotas que cada día trabajan gratis para estas megacorporciones tirándose de una escalera, rompiéndose la nariz, filmándose en el baño sin llegar siquiera a rescatar cincuenta centavos con los nuevos subscribers, pero aportando definitivamente a esa cultura de la estupidez y del odio neo tribal.


No lo sabemos todavía, no tenemos pruebas (más allá de la lectura de los patrones históricos que se parecen a la tabla periódica de Mendeleev con vacíos significativos), porque así es como funciona, según reconoció el mismo Bernays en los años noventa, al final de su vida: esa es la naturaleza del poder, estar en otro lado, no allí donde se supone que está, protegido por el anonimato y la ignorancia de quienes lo sufren o lo defienden.


La evidencia, el incontestable hecho de que el 0,01 por ciento de la población mundial ha secuestrado casi todos los progresos de la humanidad hasta el día de hoy, no se ve o no importa. Porque para eso, no por casualidad, está la nueva cultura planetaria. Y los esclavos continúan peleándose y odiándose entre sí, repitiendo las narrativas funcionales del poder y adoptando fervorosamente sus valores.


Por Jorge Majfud,  escritor uruguayo-estadounidense. Profesor en la Jacksonville University.

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Jueves, 04 Abril 2019 06:05

Una pelea desigual contra los gigantes

Una pelea desigual contra los gigantes

Las implicancias de la disposición del Parlamento Europeo sobre derechos de autor en Internet



Los más optimistas celebraron la noticia como si fuera la primera batalla ganada a los gigantes de Silicon Valley, a los que dejaban “en jaque”. ¿El argumento? Que Facebook, YouTube, Google y otros monstruos de Internet iban a tener que empezar a pagar por el contenido de otros que utilizan sus buscadores y plataformas en Europa. Los más críticos, sin embargo, alzaron sus voces señalando que se trataba del certificado de defunción de los autores y medios pequeños y alternativos, que ahora verán cercenada la “libre” difusión de sus obras. La aprobación de parte del Parlamento Europeo de una disposición que protege los derechos de autor y obliga a los buscadores y agregadores de noticias a celebrar “acuerdos” por la utilización de contenidos dividió aguas en la manera en que los diferentes medios dieron cuenta de la reforma. ¿A quién beneficia y a quién perjudica realmente esta disposición europea? ¿Nace un nuevo ecosistema en Internet? Interrogantes que distintos especialistas argentinos, reunidos por PáginaI12, intentan dilucidar en medio de la siempre viscosa búsqueda de regular Internet.


Tras más de dos años de debate y de presiones cruzadas, el Parlamento Europeo aprobó la semana pasada una reforma que fue presentada por sus impulsores como una norma que protege la propiedad intelectual de todo el material que la corporación de Internet utiliza “libremente” en sus buscadores o agregadores de noticias. Fue la respuesta que la política encontró para que autores, periodistas y medios -sólo en el ámbito de la Unión Europea- reciban una remuneración de las grandes empresas que se valen de sus obras y contenidos para generar no sólo tráfico sino también ingresos publicitarios: el 80 por ciento de la publicidad global en Internet se la llevan los grandes buscadores estadounidenses.


Sin embargo, la disposición –que cada país deberá implementar dentro de los próximos dos años– corre riesgo de volverse contraproducente a ese supuesto espíritu de “redistribución”. Google fue el primero en mostrar los dientes, al expresar que no está dispuesto a celebrar acuerdos de ningún tipo, amenazando directamente con no subir las noticias a Google News de medios europeos que exijan una contraprestación económica. Los más críticos señalan que por el temor a violar la normativa la circulación de contenidos –sobre todo de los medios más pequeños o alternativos– se vería afectada por la “sobreprotección” que las grandes compañías impondrán a sus “algoritmos” y “filtros” preventivos, cercenando la circulación de material. Una directiva que, como se aprecia, tiene implicancias no sólo económicas sino también culturales y políticas.


“La normativa es un reconocimiento de la necesidad de revisar las reglas de juego presentes, pero también un síntoma de la impotencia para resolver las tensiones creadas entre los múltiples actores sociales, culturales y corporativos que participan de ese circuito productivo, porque una parte de la nueva directiva puede puede restringir la circulación amplia de información y puede concentrar aún más el control, la censura y la autocensura de carácter privado en Internet”, le explica a PáginaI12 el especialista Martín Becerra, investigador principal del Conicet, en relación a que a partir de esta reforma las grandes plataformas están obligadas a vigilar los contenidos que los internautas comparten en sus espacios, para “censurarlos” en caso de que detecten si se está publicando obras protegidas por derechos de autor.


Si bien el también profesor UBA y UNQ considera “lógico” el reclamo de los creadores de contenidos informativos y culturales de ser remunerados y de participar de la amplia circulación de sus obras, percibe que la disposición aprobada puede transformarse en un boomerang para la libertad de circulación y expresión. “El hecho de tercerizar el control de la legalidad de los contenidos en los gigantes digitales que son verdaderos gatekeepers del acceso social es problemático. Hoy esa función la ejercen (mediante algoritmos sesgados y también con intervención humana, igualmente sesgada) con enorme discrecionalidad, sin auditoría pública y, lo que es más grave, sin mecanismos transparentes para que el usuario pueda apelar remociones y censuras improcedentes. Por eso digo se reconoce el problema, pero ofrecen una resolución más problemática aún”, subraya Becerra.


En la misma línea que el académico, la presidenta de Fundación Vía Libre, Beatriz Busaniche, sostiene que la resolución es “negativa” para la cultura digital y la cultura del siglo XXI. “Hay –dice– un avance muy fuerte contra las nuevas formas culturales, contra la producción on line, los Youtubers, contra ese colectivo de gente que utilizando la tecnología produce o circula cultura de una forma novedosa. Es una normativa que refuerza un modelo económico y de derechos de autor basados en un diseño regulatorio del siglo XIX. Llevan el control hasta sus últimas consecuencias, con las copyright watch, que son máquinas de censura para limitar técnicamente y sin demasiado margen a la apelación, la forma en que una obra es resignificada, reproducida y compartida”.


La Magister en Propiedad Intelectual descree del argumento de que la regulación va a beneficiar a los autores. “Es una forma –afirma, taxativa– de entregar mucho más poder a la concentrada industria del entretenimiento. Todos aquellos que están tratando de forjar una carrera novedosa, de abrirse camino, de desarrollar modelos alternativos de negocios, se van a ver obturados, porque los grandes buscadores van a ser extremadamente sobreprotectores”.


En ese sentido, Javier Pallero, coordinador general de Acces Now, una ONG de Derechos Humanos en Internet, no tiene dudas que la regulación “más que un retroceso es una oportunidad perdida”. En su opinión, no soluciona el problema ni tampoco democratiza la red. “Es necesario actualizar el marco de derechos de autor en la comunidad europea y también hay que regular los nuevos desafíos que enfrentan las industrias culturales y de noticias. Pero hacerlo con disposiciones tan extremistas como poner filtros automatizados, que son tan proclives a la censura, es una pérdida. La legislación pone toda la fe en algoritmos, y una máquina no entiende de contextos. Y las excepciones al derecho de autor que toma en cuenta la norma –como la sátira y la parodia, pero también para contenidos educativos– tienen que ser evaluados de acuerdo al contexto. Los algoritmos tienen la incapacidad para interpretar sin censurar. Y otro aspecto a considerar es que termina subrayando la dominancia de las plataformas de Silicon Valley, porque son las únicas que van a dar respuesta a escala. Aun cuando la directiva pone como excepción de su aplicación a las pequeñas empresas, lo hace de una manera vaga y muy poco conveniente. Eso será un incentivo para que las empresas europeas sean pequeñas. A las pequeñas las condenan al enanismo, mientras les aplican una regla pesada, a medida de los gigantes”.


Lejos de dinamitar el uso y abuso que los gigantes de Internet hacen de contenidos que no les pertenecen, la resolución podría terminar empoderando aún más a las grades compañías, al incrementar sus sistemas de sobreprotección de contenido. En esto hay coincidencia. “Hay –analiza Becerra– una confusión entre la legítima pretensión de discutir el dominio de los gigantes globales de Internet en la captura de la renta publicitaria por la comercialización de los contenidos producidos por las industrias culturales y de medios, y la delegación de mayor poder de decisión respecto de qué se exhibe o no en Internet que la nueva directiva asigna a esos gigantes digitales. En esta paradoja los medios tradicionales (con la excepción, probablemente, de los de mayor escala) no salen ganando”.


La posibilidad de que Argentina replique una regulación con tantos daños colaterales es un alerta que los especialistas coinciden como posible. “América Latina va a la saga de la Unión Europea. Los medios no hegemónicos en Argentina deberían considerar que una regulación de este tipo va a consolidar una acumulación de poder muy fuerte que tienen los grandes medios”, avizora Busaniche. Becerra cree, también, que por historia y tradición es probable que aterrice en estas tierras una regulación similar. “Las decisiones europeas son modelo para muchas otras regiones y para países cuyos procesos de maduración de los debates son más recientes o precarios. Además, los gigantes digitales suelen adaptar sus estándares de funcionamiento a las disposiciones más recientes y/o más rigurosas de Europa o de América del Norte, con lo que de facto esa regulación produce un efecto cascada en países de otras regiones, en particular en los países periféricos”.

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Sábado, 30 Marzo 2019 06:26

¡No va mas! Negro el once

¡No va mas! Negro el once

Después de que el Parlamento Europeo votara el pasado 26 de marzo de 2019 la nueva directiva de Copyright, el colectivo Xneti señaló en comunicado que “no sólo es un día negro para los derechos en la era digital, sino también para la calidad democrática de las instituciones europeas”ii. 

Finalmente han gana do los lobbies del copyright. Ni gigantes como Google o Facebook han podido impedirlo. El Parlamento Europeo ha aprobado el 26 de marzo la reforma de ley de copyright por 348 votos a favor y 274 en contra y algunas abstenciones. Los controvertidos artículos 11 y 13 (ahora 15 y 17) que generaron el pasado año el“apagón de Wikipedia”iii entre otras tantas movilizaciones de colectivos y personalidades de Internet hoy son ley europea y deberán ser llevados a todos los países comunitarios a las leyes nacionales, donde corresponda regular el copyright, en un plazo máximo de dos años.


Luego de ser aprobada en el Parlamento Europeo, la reforma del copyright deberá ser adoptada por el Consejo de la Unión Europea (que meses atrás había rechazado los artículos 11 y 13 y con eso lograba abrir una ventana de esperanza en defensa de las libertades de internetiv). Ésto podría suceder el próximo 9 de abril.


Lo repudiable y condenable de ésta modificación es que se ataca la esencia misma de Internet en tanto como usuarios no nos limitamos a consumir contenido, sino que también aportamos (compartiendo links, creando nuevos contenidos a partir de los existentes, etc). A partir de esta decisión del Parlamento Europeo habrá que pensar en una nueva Internet, con un modelo similar a la televisión: de un solo sentido. Solamente podremos consumir materiales, noticias y contenidos sin la posibilidad de compartir, por ejemplo, un memev.
Los ahora artículos 15 y 17 obligan al control de todo el contenido subido a Internet. La cantidad de contenidos que se suben hace impensable que la tarea pueda realizarse con humanos moderadores, lo que obligará probablemente a usar filtros automatizados que probablemente no detecten ironía o humor y censuren infinidad de contenidos.


Los “articulos negros” (vea el plato de ruleta: 11, 13, 15 y 17 son negros!!)


Artículo 11, ahora 15 (usos digitales de las publicaciones de prensa): con estas medidas la Unión Europea plantearía la implantación de una especie de tasa Google o Canon AEDEvi. Los editores de publicaciones de prensa podrían gestionar sus derechos de autor, cobrando o no a quienes les enlacen o les usen de fuente cierto importe como pago por hacer uso de dicha información con derechos de autor. Enlazar o citar se convertiría en un verdadero problema tanto en la práctica como en su gestión y sus consecuencias legales. (Fuente kaosenlared.net)


Artículo 13, ahora 17 (vigilancia de contenidos protegidos por parte de proveedores): en este caso la normativa obligaría a las plataformas de contenidos a monitorizar lo que los usuarios suben para comprobar si se violan o no los derechos de autor. Cada servicio tendría que crear un sistema tipo Content ID de YouTubevii que permitiría detectar violaciones de los derechos de autor. No solo de música, sino de cualquier contenido. Sitios como la Wikipedia -aunque la UE planteo este caso como una excepción- o GitHub que abogan por la libre compartición de información y conocimiento, por ejemplo, estarían entre los afectados. (Fuente xataka.com)


Sin dudas estamos ante la presencia de un cambio radical en beneficio de los grandes lobbies del copyright que impacatará en la Internet tal y como la conocemos hoy día. En Latinoamérica no podemos pensar que todo esto será inocuo para nosotros en tanto accedemos a diario a sitios europeos, enlazamos a artículos, imágenes o videos alojados o producidos en la Unión Europea, utilizamos servidores alojados en la Unión Europea y por ende estarán sometidos a la nueva legislación.


La Internet es global, no tiene fronteras, ya está lo suficientemente dominada por los enormes oligopolios trasnacionales (Google, Apple, Microsoft, Facebook ). Ya estos oligopolios son quienes nos filtran, controlan, analizan nuestro comportamiento y con ello nos muestran lo que quieren que consumamos (ya sea con fines comerciales pero fundamentalmente políticos). Ahora serán ellos mismos –pese a haberse opuesto a esta nueva forma de control, porque va en contra de sus intereses comerciales– quienes aplicarán mas control y censura sobre nuestro uso y acceso a la “red de redes”.


Latinoamérica lucha contra muros de Trump, amenazas de invasión y bloqueo tanto en Venezuela como Cuba, se plaga de bases militares norteamericanas, los gobiernos viran a la derecha y la ultra derecha. La corrupción de los nuevos gobernantes es alarmante y ya ha llevado a ex presidentes a la justicia y seguro llevará a varios otros (Temer y Moreno los mas “destacados” viiiix). También se mira n con mas “cariño” los TLC con la Unión Europea y ¡¡¡Oh paradoja!!! todos los TLC tienen varios párrafos dedicados exclusivamente a temas de derechos de autor.


Con UNASUR desarmándose, MERCOSUR trabado, nacimiento de PROSUR (a la derecha del sur), destrucción de conquistas civiles en toda Latinoamérica: ¿Cómo posicionamos propuestas alternativas y contrahegemónicas en estos escenarios?
Sin dudas los pueblos, hoy mas que nunca, tienen la palabra...

Por Enrique Amestoy
Rebelión


Notas:


i https://xnet-x.net
ii https://xnet-x.net/dia-negro-para-derechos-civiles-en-era-digital/
iii https://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Comunicado_del_4_de_julio_de_2018
iv https://www.xataka.com/legislacion-y-derechos/consejo-europeo-ha-rechazado-articulos-11-13-ley-copyright
v https://es.wikipedia.org/wiki/Meme
vi https://es.wikipedia.org/wiki/Tasa_Google
vii https://en.wikipedia.org/wiki/Content_ID_(algorithm)
viii https://www.metroecuador.com.ec/ec/noticias/2019/03/25/wikileaks-anuncia-investigara-presidente-lenin-moreno-caso-inapapers.html
ixhttps://www.telesurtv.net/news/brasil-nueva-denuncia-temer--20190328-0033.html

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Códigos, protocolos, y redes para la libertad

Internet*, en sus orígenes, amplió nuestra capacidad para comunicarnos y acceder a información a una escala global. Pero ahora la Red está controlada de forma masiva, centralizada y jerárquica. Los beneficios y el conocimiento que se extraen de nuestras comunicaciones se concentran en pocas empresas. Lo han logrado cerrando y privatizando el código informático, que antes era abierto y libre.


[No hacemos diferencia entre la Red de redes (WWW) e Internet, porque la mayoría de la gente las identifica. La WWW (World Wide Web) es un conjunto de protocolos que permite consultar páginas web y archivos. Internet es su medio de transmisión: un conjunto de redes de comunicación que utilizan protocolos TCP/IP que garantizan que las diferentes redes funcionen como una red única.]


La aparente complejidad tecnológica intimida a la población. Resulta increíble que usemos tantos aparatos digitales y desde hace tanto tiempo desconociendo el código, el protocolo informático y la arquitectura de las redes. Sirven para filtrar y sesgar los flujos comunicativos de las verdaderas redes sociales. Las formatean para que difundan publicidad. Interfieren en ellas por la configuración por defecto de las herramientas. Y realizan funciones que no hemos autorizado, no deseamos ni necesitamos.


Los programas informáticos realizan muchas tareas “invisibles”. Mientras tecleo, el procesador de texto guarda copias con mis metadatos (que me identifican), recuerda las palabras que uso, me sugiere otras … A veces pone puntos y mayúsculas, guiones y espacios donde no quiero. Pensemos, entonces, lo que las empresas pueden hacer si usan código cerrado (que no podemos conocer ni alterar).


Si delegamos en una empresa la tarea de tejer nuestras redes, le transferimos un poder enorme: impone su código o lenguaje. Y, además, su protocolo: las reglas y normas que permiten que varias personas o máquinas se comuniquen entre sí. Darle a la industria la capacidad de configurar nuestras redes sociales es como dejarle al jefe decidir si nos casamos. Si somos mujer, está claro que intentará disuadirnos para no pagar una baja de maternidad.


En la mayoría de las culturas, la red social más fuerte es la familia. Su importancia se manifiesta con un código y un protocolo bien estipulados. Hasta hace poco, una red familiar nacía del nodo de un matrimonio, firmado con el código heterosexual (hombre-mujer). La gente se casaba siguiendo el protocolo del noviazgo formal y la petición de mano a los padres de la novia. Y acababa en la boda con el cura, que cerraba el protocolo aplicando el código patriarcal (el padre-macho manda).


Además del código y del protocolo, la arquitectura de una red informática concentra o distribuye poder. Una familia tradicional puede dibujarse como una red centralizada. Todo pasa por el nodo central, que hace y deshace a su antojo. El padre controla los flujos de información. El resto de miembros, aunque hablen a sus espaldas, acata su palabra. La última decisión es suya o, en su ausencia, de la madre viuda. Si los progenitores mueren, puede producirse una desconexión de los otros nodos; por ejemplo, los hijos se dejan de hablar por la herencia. La familia tradicional encaja en el esquema de las redes centralizadas como Facebook. El Padre o Hermano Mayor ocupa el centro en ellas.


Frente a las redes centralizadas, pueden construirse redes distribuidas. El control pasa a todos los nodos conectados. Ninguno puede interrumpir la comunicación del resto. Están conectados entre sí y en pie de igualdad. No hay jerarquías sino horizontalidad. Era la arquitectura de la Internet originaria, que desapareció al ser conquistada por los estados y las empresas. Las corporaciones cerraron el código, impusieron el protocolo publicitario y privatizaron nuestra información.


El código patriarcal estaba claro. Se aprendía en la familia, la escuela y la parroquia. Después, también se aplicaba en el juzgado. Conociéndolo, podías seguirlo o saltártelo, sabiendo las consecuencias de esas decisiones. Pero era un código cerrado y no libre. No se podía cambiar ni adaptar. O lo acatabas o te quedabas “solo”; es decir, soltero o solterona, que sonaba peor.


Otras formas de amor han abierto el código y el protocolo del matrimonio. Lo hackearon, modificándolo para expresar otros afectos y formar nuevas unidades familiares. Al “abrirlo” permitieron que otras personas lo usaran para tejer matrimonios no heterosexuales. Y redes familiares menos dependientes del nodo central. En Internet ha ocurrido lo contrario: del amor libre entre iguales hemos pasado al matrimonio de conveniencia. Si no estás en las redes, no ligas. Y si ligas, será con códigos y protocolos publicitarios: vendiendo y comprando afectos en el mercado de “megustas”.


Cuando, además de abierto, el código informático es libre puede usarse, modificarse y distribuirse gratis. La potencia que desata tiene consecuencias inimaginables e impredecibles. Ya no digamos si lo adoptan los sectores sociales más dinámicos y jóvenes. El movimiento de los Indignados o 15M cobró fuerza en la red N-1. Era la aplicación libre y en abierto de Diáspora, una plataforma que habían programado tres estudiantes norteamericanos como proyecto de fin de carrera. Querían competir con Facebook. La diseñaron para que cualquier usuario controlase en todo momento qué información compartía y con quién. Fomentaba grupos de afinidad con objetivos colectivos y más allá de la Red.


El Partido X, surgido del 15M, pretendía transplantar su código a las instituciones. Intentó hackearlas: abrirlas para acabar con la corrupción y liberarlas, ponerlas al alcance de la mayoría social para que pudiese participar activamente en las cuestiones públicas.


Siendo vitales para el arranque y la ideología del 15M, las herramientas libres perdieron fuelle cuando el movimiento abrió cuentas en Facebook y Twitter. Ciertos portavoces centralizaron la comunicación. Las jerarquías tomaron cuerpo cuando los indignados relegaron el objetivo de coordinarse y se centraron en hacerse visibles. Pusieron su energía en las grandes redes, porque reunían muchos usuarios. El coste que pagaron fue que los activistas más dispuestos a trabajar a pie de calle perdieron peso.


Los ciberactivistas saben que necesitan redes propias. Como dicen en las escuelas de negocios: “nunca construyas tu casa en la tierra de otro”. O como sabe cualquier empresario: “cuando montas el negocio en torno a Facebook, en última instancia trabajas para Facebook, no en tu empresa”. El activista Shaun King, de Black Lives Matter (Las vidas negras importan, contra la violencia policial racista) vio bloqueada su cuenta en Facebook en 2016. Publicó correos que había recibido con insultos xenófobos. Y creyeron que él era el autor.
King escribió indignado:
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“No cerraron mi página de Facebook. Cerraron su página de Facebook, la que a mí me dejan usar… Esto que tardó diez años en construir, esta comunidad de más de 800.000 personas… Pensar que apretando solo un botón se puede cerrar todo eso deja un sentimiento extraño”.
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La extrañeza responde a que el código que uno creía que daba libertad se ha cerrado tanto que ya no está en manos de quien la ejerce. Las cuentas, los mensajes que compartimos y nuestros contactos son propiedad privada de las redes. Y solo entienden el protocolo publicitario.


Los algoritmos censuran contenidos que espantan a usuarios. El cierre automático presuponía que la cuenta de S. King pertenecía a un racista. La plataforma no concibe que la xenofobia se combata poniéndola en evidencia. Exponiendo que rezuma ignorancia e inseguridad. Apenas disimuladas con odio y violencia. Los protocolos publicitarios solo conciben mensajes que buscan aceptación y adeptos. Y lo peor es que podemos acabar usando las redes así. De modo inconsciente, constante y sin otro objetivo que el autobombo. Entonces, en lugar de darnos poder, nos debilitan.


*La semana pasada poníamos el foco en el contro al que nos vemos sometidos por el uso de nuestros datos que realizan los estados y las corporaciones. En este capítulo, apuntamos hacia ejemplos de todo lo contrario, en los que la tecnología se ha utilizado con propósitos emancipadores. Continuamos el debate en n/vuestra web.
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Por Víctor Sampedro
Texto original: Víctor Sampedro

Edición y actualización: Pedro Fernández de Castro

Ilustraciones: Raúl Arias

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La CIA emplea sitios Webs para comunicarse con sus agentes

Para quienes piensan ingenuamente que Internet y las redes sociales son inofensivas, ahora tendrán nuevos elementos de como la CIA las emplea para obtener información de los usuarios, sus características personales, gustos, preferencias y círculos de amigos.


Pero la búsqueda de información es solo una parte de la utilidad que dan los servicios de inteligencia de Estados Unidos a la red de redes. Recientemente el sitio Yahoo News, publicó la información de que la contrainteligencia de Irán (en 2011) y posteriormente la de China, habían desmantelados las redes de agentes secretos de la CIA que operaban en esos países. (The New York Times informó por primera vez en mayo de 2017, sobre la eliminación de las fuentes de la CIA en China).


Según la noticia, la CIA utiliza varios sitios Webs para comunicarse con sus espías, pero fueron descubiertos y apresados en Irán y China, quedando los jefes y oficiales de la CIA en ridículo nuevamente, pues ya en 1987 la seguridad cubana logró engañarlos, sembrándoles 30 agentes que se dejaron reclutar por los yanquis, para trabajar contra Cuba.


Aquella denuncia cubana resultó en un gran escándalo, al ser expuestos en la TV local decenas de oficiales CIA cuando depositaban medios de comunicación satelital y otros similares, para que sus agentes se comunicaran con el centro principal en Langley, Virginia.


Las informaciones falsas que recibió la CIA de aquellos aparentes agentes, contaminaron sus bases de datos, causándole un daño considerable.


Según afirmó el oficial CIA, Ronald Kessler, en su libro “Incide The CIA”, páginas 44-45:


“Uno de los problemas más graves que enfrenta la CIA es la posibilidad de que sus agentes sean dobles agentes, o sea que trabajen para el otro bando. Esto sucedió en Cuba donde la mayoría de los agentes reclutados por la CIA en los primeros años de la década del 60 eran agentes plantados que recibían instrucciones del Jefe Superior cubano Fidel Castro.”
Ahora, al ponerse en evidencia el empleo de Internet para establecer las comunicaciones con sus agentes secretos, la CIA tendrá que analizar bien si regresa a los métodos tradicionales de las marcas y señales, o si mantendrán idealizando las nuevas tecnologías para sus enlaces secretos.


Fuentes de la propia CIA declararon que dicho sistema a través de los sitios Web, “no fue diseñado para realizar la comunicación a largo plazo y para resistir los esfuerzos elaborados de contrainteligencia”.


Según se dio a conocer en Yahoo News, en 2008 John Reidy, un contratista de defensa cuyo trabajo consistía en identificar, contactar y gestionar fuentes humanas para la Agencia, alertó a la CIA sobre “un fallo masivo de la inteligencia”, pero entonces no prestaron atención a sus informaciones. La respuesta de la Agencia ante esas advertencias fue despedir a Reidy, acusándolo de tener conflictos de intereses, porque él tenía un negocio privado paralelo.


Algunos ex funcionarios declararon que posiblemente las consecuencias de esa detección fueran de alcance mundial, pues al parecer la CIA emplea el mismo método en otros países, lo que pone en peligro a muchas fuentes secretas de la CIA, que pudieran estar empleando alguna versión de dicho sistema, basado en sitios Webs.


Irvin McCullough, analista de Seguridad Nacional, le dijo a Yahoo News que: “este es uno de los fallos más catastróficos de inteligencia desde el 11 de septiembre, pero la CIA había castigado a la persona que sacó el problema a la luz”.


Respecto al fiasco que tuvieron en Cuba en 1987, el ex oficial de fachada profunda, Ishmael Jones, explicó como la CIA enfocó la historia de los agentes dobles cubanos, caracterizando los hechos como una muestra de su mala profesionalidad.


El volumen de información falsa introducida por estos agentes en las bases de datos de la CIA fue tan amplio, que no pudo ser extraída y una buena parte de ella aun prevalecía cuando Jones fue instruido al respecto.


El conflicto ahora está en lo que se decidirá para el futuro inmediato por parte de la Dirección de Ciencia y Tecnología de la CIA, responsable del sistema de comunicaciones seguras, y tendrán que convencer que el sistema que propongan en lo adelante sea seguro e inexpugnable, algo bien difícil de aseverar en un terreno tan abarcador y complejo como es el de las comunicaciones secretas.


Mientras tanto, los que opinan que la red de redes es algo inofensivo, ya saben que no todo lo que brilla es oro y que los yanquis la crearon para ser de gran utilidad, pero dejaron puertas traseras para beneficio de su comunidad de inteligencia.


Ante esto, recordemos a José Martí cuando dijo:


“No hay espía tan útil como el que descorazona al enemigo”

 

8 noviembre 2018 |

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Ben Wizner (izq.) dice que su trabajo como abogado de Snowden (der.) es, en primer lugar, político antes que legal.

Antes de hacerse cargo de la defensa del ex espía que denunció los programas de vigilancia masiva de celulares y servidores de Internet que llevan adelante los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Wizner defendió a víctimas de tortura y secuestros de la CIA en el exterior así como a prisioneros de Guantánamo. Dice que Snowden está más conectado que nunca y que Trump no salió de un repollo.

 

Desde su oficina repleta de papeles en un rascacielos que se alza en la punta inferior de la isla de Manhattan, Ben Wizner maneja o sugiere o controla la agenda del disidente exiliado más famoso de mundo. Joven, rápido e implacable, sofisticado y arrogante en lo intelectual, emergente de la izquierda liberal urbana que crece en la resistencia al huracán Donald, Wizner actúa desde el 2013 como el abogado principal –y algo más–de Edward Snwoden, el ex espía que conmovió al mundo ese año al revelar los programas de vigilancia masiva de Estados Unidos. Graduado de Harvard, ex profesor de leyes de New York University, director del Proyecto de Libre Expresión, Privacidad y Tecnología de la ONG progresista más poderosa del país, la ACLU, en esta entrevista Wizner, de 47 años, analiza el legado de Snowden, revela detalles íntimos sobre su exilio en Rusia y traza un crudo retrato de las amenazas a la democracia y a los derechos humanos en tiempos de Trump.


–Antes de Snowden usted trabajó con otros arrepentidos. ¿Podría explicarme cómo se especializó en el tema?


–No me considero un especialista en arrepentidos no soy un experto en todos los vetustos remedios administrativos que existen el sistema legal de Estados Unidos para arrepentidos. Para mí, la verdadera Ley del Arrepentido es la primera enmienda de la Constitución (de EE.UU., que garantiza la libertad de expresión). Lo que me llevó a este trabajo es que empecé a trabajar como abogado en la Unión por las Libertades Civiles Estadounidenses (ACLU, en inglés) cinco semanas antes del atentado del 11-9. Entonces sin saberlo empecé como defensor de derechos humanos en un momento de sobrerreacción al 11-9. Representé a víctimas de tortura, a víctimas de secuestros en el exterior, a gente que apareció en listas negras de terroristas, a gente bajo vigilancia, a prisioneros de Guantánamo. Este es el trabajo principal que hice durante mi primera década en la ACLU. Durante el gobierno de Bush hijo estuve involucrado en el caso de una arrepentida, una traductora del FBI llamada Cibel Edmonds, que había sido despedida después de denunciar serias irregularidades en investigaciones. Ese caso me dio una lección sobre cómo responde la comunidad de inteligencia estadounidense en esa clase de situaciones. Aunque la información que Edmonds necesitaba para ganar su caso de despido injustificado era información pública, el FBI se defendió diciendo que su derecho a preservar secretos de estado significa que no podemos litigar el caso sin dañar la seguridad nacional. Y tres salas de la justicia federal aceptaron ese argumento y no permitieron que Edmonds presentara su caso. Ese mismo privilegio de secretos de estado se usó para negarles la posibilidad de ser escuchados en los tribunales a prácticamente todas las víctimas del programa de tortura de la CIA. Ninguna corte dijo jamás que el programa era legal. Ninguna corte dijo que la tortura no ocurrió. Pero de hecho ninguna víctima fue compensada porque la CIA le decía a la corte federal “desafortunadamente no podemos llevar adelante este juicio sin revelar secretos de estado y por lo tanto dañar la seguridad nacional” y entonces los casos eran archivados. Todo esto me preparó para el caso Snowden.


–Pero los dos psicólogos que diseñaron el programa de tortura de la CIA sí llegaron a juicio, justamente por una demanda de la ACLU.
–No llegó a juicio, arreglamos antes de eso el año pasado. Pero fue la primera vez que una víctima de tortura pasó la primera barrera de una moción para archivar el caso en base al secreto de estado. Fue un caso contra dos psicólogos llamados Mitchell and Jassen, quienes habían diseñado las llamadas “técnicas reforzadas de interrogatorios” (eufemismo de la CIA para disfrazar la tortura). Ese caso, el día antes del juicio, fue arreglado con un acuerdo confidencial. Esto fue positivo para los querellantes porque pudieron obtener algún tipo de compensación, pero también significa que seguimos sin tener una sola corte en Estados Unidos que falle acerca de la legalidad del programa de tortura.
–¿Entonces por qué arreglaron?


–La decisión de llegar a un acuerdo es de los clientes, no de los abogados.


–Recien usted comentaba que todo esto lo preparó para ser el abogado de Snowden.


–La razón por la cual estaba tan preparado para ayudar a Snowden es que uno de los cuestionamientos que recibe es: ¿por qué no usó el sistema para llevar adelante su queja? ¿ por qué no se quedó acá y enfrentó las consecuencias, en vez de escapar a otro país? Mi respuesta es que yo me pasé 10 años tratando de usar el sistema con víctimas de tortura, con víctimas de grandes violaciones a los derechos humanos y el sistema nos contestó que nos vayamos, que no hay remedio para ese tipo de casos. Por lo tanto no tengo mucha paciencia con el argumento de que si alguien denuncia un sistema de vigilancia masiva a su jefe algo grande va a pasar. La única manera en que Snowden iba a lograr cambios era llevar esta información al público. No a su supervisor o al supervisor de su supervisor. Cuando Snowden hizo su denuncia el presidente Obama se defendió diciendo que las actividades que estaban siendo reveladas (pinchaduras masivas de celulares y servidores de internet) habían sido aprobadas por los tres poderes del estado. Básicamente decía la verdad, pero ése era el problema: En cuanto la opinión pública se enteró, los tres poderes cambiaron de opinión. El presidente dijo que la NSA (Agencia de Seguridad Nacional, en inglés) había ido demasiado lejos e impuso restricciones, incluyendo a la vigilancia en el exterior. El Congreso impuso restricciones a la vigilancia de la NSA por primera vez desde la década del 70. Y las cortes federales, que siempre se habían rehusado a tomar casos de vigilancia masiva por razones de seguridad nacional, empezaron a aceptarlos y a fallar que esos programas son ilegales porque violan la Constitución. Nada de esto hubiera ocurrido si Snowden hubiera usado el sistema en vez de eludirlo.


–¿Como es trabajar con él?


–Ha sido una de las experiencias más significativas de toda mi vida. La mayoría de nosotros no cambia el mundo por sí mismo. Como mucho ayudamos a que suceda. Pero de vez en cuando aparece alguien como él que toma este riesgo histórico que permite cambiar de manara radical el comportamiento de la población mundial. Mi trabajo es ayudarlo a ser más efectivo. No ha sido una representación legal tradicional. Normalmente en un caso legal gran parte de mi trabajo es conseguir un resultado judicial favorable para mi cliente. Pero desde el primer día él me dijo: “ hagamos eso cuando tengamos tiempo.” Por eso nuestro foco principal como abogados suyos es ayudarlo a obtener reformas, ayudarlo a cumplir su misión política, antes que defender sus intereses legales, aunque obviamente debemos hacer las dos cosas.


–¿Como es su situación acá y en Rusia?


–El no quiere que le tengan lástima. Te diría que está más conectado socialmente que cuando trabajaba para el gobierno, dado que había entrado a los servicios de inteligencia cuando tenía unos 20 años y trabajó mucho tiempo bajo anonimato en el exterior. Nunca estuvo insertado en un grupo familiar o de amigos en el que podía hablar libremente de lo que hacía y forjar vínculos afectivos, excepto por su novia y su familia inmediata. Ella se mudó con él en Rusia, lo cual él le agradece eternamente, pero además ahora está en contacto con abogados y aliados, periodistas y amigos. Desde adolescente sus interacciones fueron a través de internet y mantiene su acceso a la red. Por lo tanto está más conectado al mundo en su exilio que cuando trabajaba para el gobierno. Su situación legal es que tiene residencia legal en Rusia, renovable cada tres años, así que por lo menos hasta abril del 2020 puede vivir en Rusia y no tenemos motivos para pensar que su permiso de residencia no le sería renovado si debe permanecer más tiempo en Rusia. Ya le han renovado el permiso una vez, pero él no tiene ningún control sobre eso. Ha habido muchos rumores de que por la relación cercana entre Trump y Putin la situación de Snowden podría peligrar. No tenemos manera de saber si eso es cierto o no. El dice que va a seguir hablando libremente, que si su seguridad fuera su prioridad todavía estaría viviendo en Hawaii y nunca hubiera dejado su trabajo bien remunerado. Como es de público conocimiento (Snowden) continúa criticando no solo al gobierno estadounidense pero también al ruso, a pesar de advertencias de personas como yo que le decimos que no sabemos si es la mejor estrategia para su seguridad. Pero así es él.


–¿Como lo va a tratar la historia?


–Cada vez que alguien da un paso adelante como hizo él y no solo revela información secreta pero pone a los servicios de inteligencia estadounidenses bajo una luz completamente distinta a nivel global , se puede esperar la respuesta retórica que él recibió. No creo que fue ingenuo cuando se metió en esto, ni pensó que el mundo le iba a agradecer lo que hizo. Pero la historia suele ser muy bondadosa con los arrepentidos. Cuando Daniel Ellsberg publicó los Papeles del Pentágono lo acusaron de ser un espía ruso y el gobierno de Nixon dijo que Ellsberg le había entregado una copia de los papeles a la embajada rusa. Ahora Ellsberg es un héroe nacional, prácticamente ha sido santificado.


–¿Como es vivir en tiempos de Trump? Como afectó las libertades civiles y los derechos humanos el actual gobierno?


–Creo que Trump es fundamentalmente autocrático y antidemocrático. Pero no es único ni novedoso. No es el primer presidente estadounidense en partir el pan con dictadores y autócratas de otros países. No es el primero en nombrar jueces federales y jueces supremos derechistas. No es el primero en facilitar la corrupción y transferir ingresos de la clase media a los ricos. Todo esto venía ocurriendo rutinariamente en la centroderecha estadounidense desde hace mucho tiempo. Creo que donde Trump es novedosamente peligroso es en que no está conectado a ninguna tradición política ni es él mismo un político. Y en un momento de peligro, por ejemplo en un ataque terrorista, no va a mostrar ningún respeto por las tradiciones y las instituciones democráticas. Además, su voluntad de promover xenofobia en contra de los inmigrantes de México y Centroamérica y los musulmanes en general es genuinamente peligrosa y de hecho gran parte del trabajo de la ACLU de los últimos años ha sido combatir es agenda xenófoba. Pero no creo que Trump fue instalado en EE.UU. por el líder ruso o que represente algo que es completamente opuesto a la historia y los valores de EE.UU., como si EE.UU. hubiera sido una democracia perfecta hasta que llegó Trump.


–¿Cómo siente que afectó la reputación de Estados Unidos en el mundo la incapacidad de cerrar la cárcel de Guantánamo y las declaraciones de Trump y de altos funcionario de su gobierno en favor de la tortura?


–Antes de hablar de Trump hablemos de Bush y de Obama. Porque el gobierno de Bush echó para atrás medio siglo el consenso global sobre tortura al implementar en esencia una conspiración para torturar en las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia.


–¿Por qué habla de una conspiración?


–Porque fue una conspiración. Los líderes que lo autorizaron sabían que era ilegal, pero conspiraron para crear un canal legal para que abogados corruptos escribieran directivas diciendo que algo que siempre habíamos juzgado como ilegal ahora era legal. Fue una conspiración de tortura e impunidad. Y el gobierno de Obama echó para atrás medio siglo el consenso sobre la penalización de la tortura cuando protegió del alcance de la ley a los arquitectos de la tortura. Obama dijo: “tenemos que mirar para adelante, no para atrás.” Estoy seguro que a cualquier criminal encarcelado le gustaría haber escuchado eso en referencia al delito que cometió. Esa decisión de no permitir que las cortes juzguen la legalidad de los programas de tortura abrió el camino para que venga Trump y diga “deberíamos tener el submarino (una forma de tortura) otra vez”. Para ser claros no hay evidencias de que el gobierno de Trump haya retomado la práctica de torturar. Hasta donde sabemos, se dejó de torturar en el 2006, cuando los militares y los servicios se dieron cuenta de que es una práctica peligrosa y aunque ellos no fueran juzgados por llevarla adelante, torturar les traería otras consecuencias negativas. También debo decir que nadie ha sido enviado a Guantánamo desde el gobierno de Bush. Todavía tenemos decenas de personas detenidas ahí, pero nadie fue llevado ahí desde el 2006. Pero en general creo que usted tiene razón. La retórica de Trump acerca de los derechos humanos le da amparo al régimen saudita, al presidente filipino, a Myanmar, y también a China y Rusia, para que realicen grotescos abusos a los derechos humanos y que apunten sus dedos a Estados Unidos y digan: ¿Ellos son los que nos van a decir cómo comportarnos? Guantánamo sigue abierta y ni siquiera pudimos cicatrizar esa herida pustulenta. No es un problema creado por Trump, es un problema que Trump empeoró.


–¿Que va a pasar en la elecciones del mes que viene?


–No quiero hacer predicciones porque me equivoco muy seguido. Lo que veo es una ola de fuerzas antidemocráticas en todo Occidente y más allá. Veo que la democracia se encoge en Turquía, en Hungría, en Polonia, en Israel, en China, en Rusia, en el Reino Unido con el Brexit, en Estados Unidos, en Italia, en Arabia Saudita. Paradójicamente, al menos en Estados Unidos hay razones para ser optimistas con respecto a la reacción hacia Trump. Parte del manual del autócrata es atacar y achicar a los medios y a la sociedad civil. Y lo que vemos acá es que ONGs como la mía han crecido exponencialmente. La ACLU tenía 480 mil miembros el día de la elección. Ahora tenemos dos millones. Esto es, gente que aportan dinero mensualmente para apoyar nuestro trabajo. Los grandes medios como el New York Times y el Washington Post, más allá de que uno coincida con su enfoque periodístico, son importantes para la democracia y hoy dan ganancia y su base de lectores ha experimentado una tremenda expansión. Y a pesar de todos los ataques de Trump no creo que alguien pueda decir que los medios están más débiles hoy por culpa de Trump. Puede ser que los estadounidenses empiecen a entender que ejercer la democracia va más allá de votar cada cuatro años y que necesitamos invertir en instituciones que defiendan la democracia. Mucho dependerá de lo que pase en las elecciones de noviembre.

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Facebook es a la vez vector de sociabilidad y monstruo voraz que vive en un caos digital, señalan los autores de Monstruos 2.0.

La semióloga Pauline Escande-Gauquié y el teórico de los medios Bertrand Naivin definen a las redes sociales como monstruos, instrumentos eficaces para la manipulación política desde el Brexit, pasando por la victoria de Trump hasta la votación en Brasil.

 

Estaban destinadas a ser un espacio social y responsable y terminaron convirtiéndose en un instrumento masivo de manipulación política y en un basural donde abundan las amenazas, los insultos, los agravios, las calumnias masivas, las venganzas y los patoteros anónimos de toda índole: las redes sociales son el depósito infinito de las peores inclinaciones de la condición humana. Del Brexit en Gran Bretaña, pasando por la elección de Donald Trump hasta la consulta presidencial brasileña donde WhatsApp sirvió de lazo para sembrar incontables mentiras, la eficacia de las redes está sobradamente probada. Ya no cabe llamarlas redes sociales sino “redes suciales” o, como las definen dos autores franceses que acaban de publicar un ensayo- investigación sobre el tema, liza y llanamente “un monstruo”. El sueño igualitario desembocó en une pesadilla colectiva. La semióloga Pauline Escande-Gauquié y el teórico de los medios Bertrand Naivin exploran los pasillos más oscuros en el libro Monstres 2.0, l’autre visage des réseaux sociaux (ed. François Bourin) (Monstruos 2.0, el otro rostro de las redes sociales). Twitter, FaceBook, Instagram y los demás derivados con sus ejércitos de conspiradores, trols y vengadores incógnitos son un espacio de suciedad globalizada. Pauline Escande-Gauquié observa que “la redes sociales funcionan como un médium, o sea, una técnica, a través de la cual los desbordamientos del espacio real se multiplican porque dentro de ese otro espacio virtual no hay control ni regulación. Allí todo depende del libre arbitrio, o sea, de la capacidad de los individuos a autorregularse”.


Esa autorregulación, en las redes, es una utopía. Reina la angustia y una suerte de maldad descontrolada. La semióloga francesa observa a este respecto que “las redes sociales nos empujan cada vez más hacia el pathos y cada vez menos a la reflexión”. Entre todos estos odios y violencia arrojadas en las redes se perdió la utopía inicial de quienes las crearon,

tanto más cuanto que, asegura la autora, “en el espacio virtual ciertas fronteras que se activan en el mundo real explotan, lo que termina explicando la profanación y la transgresión”. Al principio, “la cultura web estuvo empujada por una cultura que giró en torno al acceso gratuito al conocimiento para todos. La idea central consistió en que la expresión fuera totalmente libre y, de esa forma, romper la verticalidad y permitir que el público tuviera la oportunidad de expresarse con otra mirada sobre los acontecimientos, tantos los históricos como los de la actualidad”. Ese enfoque-sueño quedó sepultado, y no sólo por las agresiones o agravios, sino por una suerte de totalitarismo del chantaje y la vigilancia. Eso es precisamente lo que los autores de Monstruos 2.0 llaman “el control absoluto”. Según precisa Pauline Escande-Gauquié, se trata de un régimen donde el “riesgo totalitario no esta personificado por un ente de vigilancia. No. Está basado en la lógica de la sociedad de vigilancia. Cada ciudadano tiene la capacidad de vigilar, de multiplicarse. Ya no es un órgano de vigilancia que lo observa todo para controlar. Ahora es el control de todo por todos, a cada momento sabemos que todo el mundo está mirando, controlando”.


Resulta agraviante constatar que en una sociedad totalmente libre de su expresión los individuos acepten sin protestar que las redes se entremetan en todo, a cada instante, que cada huella sea convertida en dinero y que no existe ni se reclame un marco de regulación. Los pocos dirigentes políticos que tratan de limitar los zarpazos del Monstruo se encuentran en minoría. La propia Comisaria europea de Justicia, Vera Jourova, calificó a Facebook como “un flujo de basura”. Las redes parecen convertirnos en seres con una doble identidad. El psicólogo y psicoanalista Michaël Stora, fundador del Observatorio de los mundos digitales en ciencias humanas (OMNSH) y autor del libro Hiperconnexion (Editorial Larouse) comenta que “se pueden ver a las redes sociales como una suerte de baile de máscaras. La idea que preside todo es que en las redes me permito ser ese otro que, por lo general, no me autorizo a ser”. De allí una de las características monstruosas del territorio virtual, al cual, a propósito de Facebook, Michaël Stora califica como una suerte de “tiranía invisible”.

Facebook sería así, para los dos autores de Monstruos 2.0, “un nuevo Leviatán, al mismo tiempo vector de socialidad y monstruo voraz que vive no ya en un caos acuático sino digital”. Esos monstruos plantean “un interrogante a nuestra humanidad y a los desvíos de nuestra época”, asegura Pauline Escande-Gauquié, para la cual, por un lado “será necesario reforzar de una u otra forma nuestra educación digital porque las redes no son solo un espacio de likes o selfies inocentes. Por otro lado, será preciso sancionar financieramente a las empresas que administran las redes monstruos. No podemos pensar más en vivir desconectados porque esos útiles son fenomenales si se los utiliza bien”.


Mientras tanto, conviviremos con un territorio virtual donde reinan el patoterismo y el arreglo de cuentas, las identidades múltiples y los traficantes de opiniones. Los racistas, los homófonos, los misóginos, los agresores de mujeres, los cornudos y cornudas y las empresas que hacen dinero con todo esto tienen al alcance de sus dedos un mundo ideal. La pregunta que subyace a lo largo de todo el libro consiste en saber si las redes sociales nos convierten en monstruos potenciales o no hacen más que despertar el monstruo que ya estaba adentro. “El problema, destaca la autora, es que con internet tendemos a confundir la vida virtual y la vida real. Antes, ambas estaban bien separadas, pero ya no”. Y dentro de esa virtualidad se abren las fauces de los Monstruos en plural porque esta investigación descubre que, en las redes, somos monstruos múltiples: “monstruos híbridos con varias cabezas como la Hidra de la mitología griega cuyas cabezas vuelven a crecer cuando se las corta. Las redes sociales reproducen esa hibridez porque allí se pueden crear varias identidades con las que se revelan así nuestras zonas obscuras: monstruos devoradores, empezando por el mismo medio que devora el tiempo y nuestras capacidades criticas cuando nos tienta permanentemente a escribir, a mirar y a opinar de forma adicta: monstruo de la bestialidad también desde el momento en que las redes sociales alientan a la expresión de nuestras pulsiones más mórbidas y agresivas. Y esa bestialidad es, a menudo, el signo de un retroceso civil”. En suma, las redes, según los autores, ofrecen la alternativa perfecta: santos en la vida cívica y real, monstruos encubiertos en las redes.
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Wikipedia cierra en protesta por la reforma de la ley de derechos de autor en la Unión Europea

La enciclopedia digital mantendrá bloqueados sus contenidos hasta mañana a las doce del mediodía, cuando el texto se votará en el Parlamento Europeo

Estrasburgo / Madrid 4 JUL 2018 - 08:20 COT

La propuesta de reforma de la directiva europea sobre derechos de autor, que se votará mañana, 5 de julio, a las doce del mediodía en el Parlamento Europeo, ha sido recibida con hostilidad por la Fundación Wikimedia, organización sin ánimo de lucro que promueve la enciclopedia digital Wikipedia. Como protesta ante ella, de hecho, ha anunciado en un comunicado que su portal de contenidos permanecerá cerrado a lo largo de todo el miércoles y hasta la hora de la votación. La propuesta, más en general, ha desatado polémicas feroces que trascienden el Parlamento Europeo: asociaciones de creadores, discográficas, colosos digitales como Google o Facebook, activistas de la libertad en Internet, académicos o gurús llevan meses defendiendo sus argumentos a favor o en contra de la reforma, y atacando sin piedad el bando contrario. Todo, con tal de condicionar el incierto voto de mañana jueves en Estrasburgo. 

La comunidad española de Wikipedia afirma en su comunicado que esta propuesta, de aprobarse, "dañaría significativamente la Internet abierta que hoy conocemos", al "amenazar la libertad en línea e imponer nuevos filtros, barreras y restricciones para acceder a la web". Aseguran que, de aprobarse en su versión actual, esta iniciativa provocaría que "acciones como compartir una noticia en redes sociales o acceder a ella a través de un motor de búsqueda se harían más complicadas en Internet", y que incluso "la propia Wikipedia estaría en riesgo".


Dicha reforma ha generado grandes controversias en torno a dos artículos de la directiva, el 11 y el 13, los cuales gestionan cuestiones como el derecho de los editores de medios a ser pagados cuando se emplean fragmentos de sus publicaciones y la creación de un filtro frente a la agregación de contenidos que violen los derechos de autor. Más consenso parece reinar sobre los artículos 14, 15 y 16, que refuerzan a los autores frente a los intermediarios que gestionan sus obras (como productores audiovisuales, discográficas o editores): la UE pide más transparencia, una retribución más justa para los creadores y proporciona a estos más facilidad para llegar a un arbitraje o retirar los derechos de explotación en el caso de no estar conforme con la gestión del intermediario.


Los principales eurodiputados responsables de la iniciativa han asegurado hoy en una rueda de prensa que "Wikipedia se equivoca, pues esta propuesta tan solo afectaría a páginas web con propósito comercial". De todos modos, la edición francesa y la italiana de la enciclopedia digital también han cerrado temporalmente a modo de protesta.


Pero la iniciativa tiene también detractores en la Cámara europea. "Esta normativa no comprende en absoluto internet. Si hasta la Wikipedia decide cerrar, algo que no hace a menudo, por no decir nunca, significa que algo importante está en riesgo", ha comentado Julia Reda, eurodiputada del Partido Pirata. Además, ha añadido, esto es un incordio para los eurodiputados: "Todos la usamos mucho".


 Se salvan los memes: el Parlamento Europeo vota contra la directiva de Copyright

El Parlamento Europeo rechaza la Directiva con la que se pretendía limitar el uso de materiales con copyright en internet.

 

 Por: REDACCIÓN EL SALTO

2018-07-05 12:13:00


Han movilizado a figuras como Tim Berners-Lee, uno de los creadores de internet, al equipo de Wikipedia o al autor Neil Gaiman. Y han ganado. Pasadas las 12 del mediodía, el pleno del Parlamento Europeo ha rechazado el mandato sobre la Directiva del Copyright propuesta por el comité de Asuntos Jurídicos y su polémico artículo 13. Un artículo que, según el comité 

“obliga a los proveedores de servicios de la sociedad de información que almacenan y dan acceso a grandes cantidades de obras y otras prestaciones cargadas por sus usuarios a tomar medidas adecuadas y proporcionadas para garantizar el funcionamiento de los acuerdos celebrados con titulares de los derechos y para impedir la disponibilidad en sus servicios de contenidos identificados por los titulares de derechos en colaboración con los proveedores de servicios”.


Tras una campaña digital basada en la defensa de la libertad de expresión, la directiva, que suponía el principio del fin de uso de fotos, audios y vídeos con copyright para la mezcla, remezcla y tuneado, queda rechazada con 318 votos en contra y 278 a favor.


Además del citado artículo 13, también se ha rechazado el 11, la llamada "link tax", cuya intención era “proteger a las publicaciones de prensa en lo relativo a los usos digitales”, pero que, según sus detractores, puede suponer una serie cortapisa a enlaces a prensa en páginas como Wikipedia. Esta enciclopedia ha llevado a cabo una campaña contra la directiva y a favor de un "debate más amplio" entre la ciudadanía.

En concreto, se votaba el llamado uploadfilter —filtro para los materiales subidos a la web—, un “embudo” digital por el que los creadores de contenidos tendrían la potestad de eliminar contenidos que utilizasen otros contenidos con licencias restrictivas. El mecanismo sería automático, lo que, denuncian los grupos que han votado que no a la directiva, daría luggar a una censura previa de contenidos digitales.

La votación de hoy supone que el Parlamento reenvía la propuesta a los ponentes iniciales, que tendrán que redactar un nuevo texto que volverá a a ser estudiado y votado por el Parlamento en el mes de septiembre. Los colectivos de defensa de Internet han celebrado la noticia pero instan a mantenerse alerta ante las votaciones del próximo otoño. Más de 850.000 personas han instado a los diputados del Europarlamento ha votar en contra durante la sesión de hoy.

 

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Un servicio público en peligro de extinción

La gratuidad de la información en Internet generó recortes en las redacciones, un empeoramiento de la calidad de la prensa y una concentración de los medios en manos de conglomerados. ¿Cómo han enfrentado esta tendencia la prensa y los estados en diferentes lugares del mundo?

 

No hay cómo negarlo: los medios de comunicación tradicionales en general están en crisis. Aquí y acullá, en países con poca o mucha tradición de lectura de periódicos, cierran diarios, revistas, semanarios todos los días. La cosa no es de ahora, precisamente, pero desde la aparición y sobre todo la consolidación de Internet y su galaxia se ha acentuado exponencialmente. Los medios audiovisuales, verdugos tradicionales de la prensa escrita, no salen tampoco indemnes y aparecen ellos también en el pelotón de víctimas del avance de ese monstruo cibernético imperial sobre el que se vuelcan todas las miradas acusadoras. Desde la crisis de 2008, es decir hace diez años, el ritmo de desaparición de publicaciones no paró de acelerarse. Un informe publicado por el periodista francoespañol Ignacio Ramonet (Le Monde Diplomatique, 4-X-09) da cuenta de que en menos de un año –entre 2008 y 2009– y sólo en Estados Unidos desaparecieron 120 medios, algunos de alcance nacional, y se perdieron 21 mil empleos en el sector. En Europa el terremoto fue similar: diarios tradicionales debieron o bien cerrar por completo, o pasar a editarse sólo en Internet, o restringir su oferta hasta el punto de perder parte de su identidad (el Washington Post dejando de editar su suplemento literario Bookworld, por ejemplo), además de destruir un tendal de puestos de trabajo. En España, de acuerdo a datos publicados a comienzos del año pasado por la Asociación de Editores de Diarios (Aede), entre 2008 y 2015 los cotidianos redujeron un 43 por ciento de sus plantillas (prnoticias.com, 3-I-17). En América Latina, la Federación Latinoamericana de Periodistas dio cuenta en 2016 de la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo en la región desde mediados de la década de los noventa. La sangría no ha cesado.


***


La crisis de la prensa no es producto de una caída de su audiencia.


La penetración de los medios, por el contrario, se ha multiplicado. Sólo que los lectores están migrando desde las versiones impresas hacia las digitales. Al Guardian británico, por ejemplo, lo leen actualmente alrededor de 36 millones de personas por mes en todo el mundo a través de Internet, pero el venerable diario liberal vende menos de 300 mil copias por día; la versión digital del New York Times tiene 22 veces más lectores que la tradicional en papel; la del Times de Londres casi otro tanto; y algo similar sucede con el madrileño El País de Madrid, el francés Le Monde, el italiano La Repubblica. Sólo por hablar de los grandes medios “internacionales”. El fenómeno se repite, por supuesto, por estos lares: a menor difusión de las ediciones pagas, mucho más audiencia de las ediciones inmateriales.


Todos han ido apostando a “estar en Internet” para disminuir las pérdidas o simplemente no desaparecer. El País español, por ejemplo, cerró a fines del año pasado su imprenta en Madrid, pero destina fondos cada vez mayores a sus ediciones digitales, una de ellas para la América hispánica y otra en portugués, para el mercado brasileño. El Times o el Guardian británicos están realizando apuestas similares en el mundo anglófono. Entre abrir la canilla por completo y cerrarla a cal y canto, las fórmulas varían. A veces algunos medios prueban todas las opciones, a golpes de ensayo y error: van de ofrecer versiones digitales totalmente “abiertas”, idénticas o casi idénticas a las impresas, a partir de la premisa de que a mayor penetración y mayor audiencia mayor volumen de publicidad, hasta –una vez constatado el fracaso económico de esa variante– cobrar por todo lo que llega en unos y ceros. Otros –o los mismos– combinan, cobrando a partir de cierto número de artículos “bajados” y dejando “abiertos” otros. La preocupación principal de los medios impresos con versiones digitales es que éstas no terminen fagocitando a las primeras. Todavía no se ha encontrado la fórmula.


Uno de los problemas es que los ingresos de las versiones digitales de los medios escritos no han crecido en la misma proporción que su “lectorado”: sus consumidores las ojean por lo general gratuitamente o a través de “agregadores” de contenidos como Google, o de proveedores de servicios, que se han convertido en los grandes captadores de la publicidad y son denunciados como vampiros cibernéticos o parásitos que lucran con la producción de terceros. Datos sobre el mercado publicitario elaborados por la empresa Price Waterhouse Coopers (Pwc) indican que en 2017 el 27 por ciento de lo invertido en publicidad en todo el planeta fue a Internet, el 24 por ciento a la televisión abierta y apenas el 10 por ciento a publicaciones en papel. En 2010, es decir, sólo siete años antes, la tajada mayor de la torta publicitaria (26 por ciento) se la llevaban los canales abiertos, el 19 por ciento los diarios y otras publicaciones y sólo el 16 por ciento la red de redes informática (revistawacho.com, “Todos contra Facebook”, 2-V-18). Lo peor para los medios que tienen versiones digitales es que las fabulosas masas de dinero que se vuelcan cada vez más en Internet no van a ellos sino a Google o Facebook. El año pasado, en Estados Unidos, el mayor mercado publicitario del planeta, el 73 por ciento de lo invertido en publicidad en Internet fue a parar a esos dos gigantes, señala el documento de Pwc. Peor, peor aún: los anunciantes pagan por publicitar en Internet mucho, pero mucho menos que lo que pagan en medios en papel.


Google y Facebook se han ido convirtiendo cada vez más en “decidores” en el mercado informativo. “Como los grandes derivadores de tráfico a los portales de los medios son Google y Facebook cada decisión que ellos toman nos termina afectando”, dice la nota de Wacho. Su autor, Tomas Vio, destaca las dificultades que tienen los medios para hacerse valer frente a estos “parásitos”. “En 2014 el gobierno español incorporó un artículo a la ley de propiedad intelectual que establecía que Google y el resto de los buscadores estaban obligados a pagarle un monto fijo a cada medio por cada link que apareciera en ellos. Esto, que se pensó como una solución a la falta de ingresos por publicidad que tenían los medios, terminó hundiéndolos todavía más. En respuesta Google eliminó en España Google News y sacó cualquier link de un medio español en sus búsquedas en otros países. Esto afectó a todos los medios españoles, principalmente a los más chicos que vieron como las visitas a sus sitios cayeron un 16 por ciento. En poco tiempo los mismos medios que habían presionado para que se modificara la ley, reclamaron para que el gobierno diera marcha atrás. Casos parecidos pasaron en otras partes de Europa y siempre tuvieron a Google como el ganador.”


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Es como el perro que se muerde la cola, sugiere Ignacio Ramonet. Desesperados por su desplome y por encontrar una vía de salida, los medios de prensa tradicionales, hijos de la era industrial y de un modelo de circulación de la información ya obsoleto, al tiempo que invierten más y más dinero en tecnología, estiran como chicle y precarizan a sus cada vez más escasos periodistas para que escriban, filmen, fotografíen y se repartan entre los distintos soportes, y rebajan contenidos para adaptarse a los nuevos modos de consumo. La calidad de la oferta está entre lo primero que decae. “Hoy la información tiene como objetivo mercantil llegar al más amplio número de personas. Se llega bajando el nivel y bajando el costo, es decir, regalando una información que puedan leer hasta aquellas personas que apenas saben deletrear. El comercio de la información no consiste en vender información a la gente; consiste en vender gente a los anunciantes”, apunta el periodista hispanofrancés.


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El diagnóstico de la Aede para España podría extenderse a cualquier otro país de cualquier continente: la acción conjugada de la reducción de la publicidad y de la difusión de ejemplares pagos y una fallida migración a Internet han llevado a la prensa escrita a un estado de cuestionamiento existencial del que aún no sale. Los vaticinios sobre “la muerte inminente de la prensa diaria” no son de ahora, pero es relativamente reciente que se hayan convertido en lugar común, en certeza incuestionable. Los han formulado analistas externos al sector o gente del riñón mismo de la prensa. Ramonet citó en su nota de 2009 a Michael Wolf, de la consultora especializada Newser, que previó en enero de aquel año en el Washington Post que en Estados Unidos sólo subsistirían a corto plazo 20 por ciento de las publicaciones en papel, y al magnate australiano británico Rupert Murdoch, mandamás del grupo multimedia News Corporation, para quien la década que está ahora acabando quedaría marcada también como la de la extinción de la prensa diaria.

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La creciente concentración es otro de los fenómenos mayores en el sector. En los años ochenta y noventa era sobre todo endógena: se manifestaba en la creación de grandes grupos multimedia, que abarcaban publicaciones de todo tipo y pelaje, radios, canales abiertos y de cable, medios digitales. Pero también estas grandes corporaciones (Hearst Corporation, News Corp y otras) zozobran: pierden dinero, recortan los medios de los que son propietarios a tijeretazos. Ahora es común que los periódicos formen parte de grandes corporaciones industriales que los usan como pañuelos desechables en estrategias globales de poder.


En Francia, “todos los grandes medios pertenecen a cuatro o cinco empresas que nada tienen que ver con la información; se dedican a la fabricación y venta de armas, a la telefonía o a negocios por Internet”, dijo Ramonet en una entrevista publicada en el dominical argentino Perfil hace siete años (11-IX-11) que nada ha perdido de actualidad. “Un grupo que vende armas posee la radio más importante y el periódico del fin de semana más importante (Le Journal du Dimanche), mientras un constructor de autopistas tiene el canal de televisión más importante con el informativo de mayor audiencia.”


Un estudio sobre “Pluralidad informativa y libertad de prensa” realizado por el European Centre for Press and Media Freedom y la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información, difundido en enero pasado, consignó el fenomenal nivel de concentración en este sector en Europa: en 15 países de la región, cuatro grupos son propietarios del 80 por ciento de los medios (público.es, 29-I-18).


Para el “ecosistema informativo” de la región, se comentó en un seminario madrileño en que el informe fue presentado, “ello supone una gigantesca pérdida de diversidad, y para la democracia un peligro mayúsculo, al estar la información en manos de unos pocos actores privados en tiempos, además, en que, producto de su propia crisis, los medios están perdiendo calidad”.
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Profesor en la Escuela de Ciencias Sociales de Manchester, en Inglaterra, Peter Humphreys realizó unos años atrás una investigación comparada sobre las ayudas a la prensa en Europa.1 El trabajo, publicado en 2008, cuando la debacle no había llegado a las dimensiones actuales, demuestra cómo desde hace décadas la mayoría de los países del continente han desarrollado políticas “para promover la diversidad de la prensa, por lo general mediante normas contra la concentración de medios y/o mediante subvenciones”. En Estados Unidos, “la patria del liberalismo económico”, las ayudas a la prensa remontan a los inicios de la república y eran concebidas como “un subsidio público para la democracia”, señala Humphreys. Este “fundamento democrático sigue siendo el argumento más sólido para el apoyo económico público a los medios de comunicación de masas hasta la actualidad”.


Las subvenciones o las ayudas han variado según los tiempos y las orientaciones políticas. “Se ha facilitado ‘ayuda de emergencia’ temporal a publicaciones en dificultades financieras. Se han destinado subvenciones a periódicos ‘minoritarios’ (…). Se han concedido subvenciones para la modernización (introducción de nuevas tecnologías, recapacitación, etcétera) y en ciertos casos se han dirigido hacia funciones periodísticas concretas, como el periodismo de investigación”, escribe el investigador. Desde los primeros años de la década de 1970, cuando despuntó la crisis de la prensa escrita, no ha habido país de Europa occidental que no haya establecido alguna modalidad de asistencia al sector. Todos implementaron tipos de Iva preferentes, la mayoría adoptó tarifas postales, de comunicaciones y de transporte diferenciadas (en algunos casos incluso para los desplazamientos de los periodistas), y han sido habituales las desgravaciones fiscales por inversiones. En esa clase de ayudas indirectas los países han sido unánimes.

Los de tradición liberal como los anglosajones se quedaron en la facilitación de un “ambiente favorable para todos los medios”, para “no distorsionar el mercado” ni generar mecanismos de dependencia de los medios respecto a los gobiernos, según resumió en 1977 un informe de la británica Comisión McGregor, que excluyó cualquier tipo de subvención directa a los medios. Países de tradición estatista como Francia (“el primero en introducir un complejo sistema de subvenciones, directas e indirectas”) o de “corporativismo democrático” como los nórdicos establecieron en cambio ayudas “orientadas” de diverso calibre, y sistemas de regulaciones que incluían cierto nivel de discriminación “positiva”. El sistema francés se instauró poco después de la Segunda Guerra Mundial, “con el objetivo declarado de fomentar el pluralismo entre las cabeceras de periódicos y estimular el acceso de los lectores a diferentes fuentes de periódicos”, apunta Humphreys citando The Media in France, un estudio del profesor de ciencia política británico Raymond Kuhn publicado en 1995. Desde entonces se ha ido adaptando y, por momentos, amplificando. Hacia fines de 2014, escribió en diciembre de ese año en Le Monde Diplomatique el periodista Pierre Rimbert, los subsidios a la prensa representaban un 19 por ciento del volumen anual de negocios de los periódicos de información política y general de Francia. En promedio, el Estado francés destinaba entonces 1.600 millones de euros por año al conjunto del sector. “La persistencia de estas ayudas públicas masivas pero pasivas expresa el reconocimiento implícito de que (…) al igual que la educación o la salud, una información de calidad no podría florecer bajo las reglas de la oferta y la demanda”, apuntaba Rimbert. El periodista criticaba de todas maneras la forma en que esas ayudas eran implementadas. “Desviado del interés general hacia los conglomerados comerciales, el modelo” francés ha demostrado no sólo su ineficacia, al ser incapaz de resolver la crisis de los medios, sino también su injusticia, señalaba. Titulada “Proyecto para una prensa libre”, la nota de Rimbert proponía un modelo radicalmente diferente de financiación de la prensa destinado a “producir una información de calidad por fuera de la ley del mercado y de las presiones del poder político”.


Humphreys destaca por su lado las bondades de los mecanismos de ayuda a la prensa implementados en Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Austria, Holanda (véase recuadro). Se trata, precisamente, de los países que más subvenciones han destinado al sector, con el fin de “preservar un importante grado de pluralismo político frente a una creciente concentración de los medios de comunicación”. El británico cita un trabajo de los investigadores Daniel Hallin y Paolo Mancini (Comparing Media Systems: Three Models of Media and Politics) para la Universidad de Cambridge según el cual en los países nórdicos “los medios eran más respetuosos con las elites políticas antes de la aplicación de estos sistemas de subvenciones que después. (…) El aumento del profesionalismo crítico en el periodismo de la Europa septentrional se produjo en el período en que las subvenciones eran más elevadas”.


En Holanda y Bélgica se han instaurado mecanismos estatales de apoyo al periodismo de investigación. El caso del Fondo Pascal Decroos de la región flamenca belga, creado en 1998, es particularmente llamativo. Humphreys cita el texto, subido a su página web, con el que los promotores de esta iniciativa la fundamentaron: “los medios están bajo presión. La economía de mercado determina cada vez más qué se considera noticia y qué no. El resultado de esta tendencia es que apenas queda espacio para un periodismo en profundidad y con amplitud de miras. A pesar de disponer del talento periodístico y de existir un genuino interés público, el periodismo especializado y de investigación rara vez se practica en Flandes. El principal obstáculo parece ser siempre la financiación de tales proyectos”. El gobierno flamenco aporta dinero a este fondo, que cuenta con unos 250 miembros, en su mayor parte surgidos de los medios, y un Consejo Asesor de “notables”.


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“Aunque se han esgrimido diversos argumentos para cuestionar la eficacia o la conveniencia de las subvenciones a la prensa”, escribía Humphreys en los párrafos finales de su trabajo, “el hecho es que un importante número de países europeos occidentales parece estar comprometido con el mantenimiento de sus sistemas de apoyo y ha sido evidente un cierto grado de innovación en sus sistemas de subvenciones. A los fundamentos iniciales de carácter democrático pluralista y económico a favor de la intervención se ha añadido el fundamento de la racionalización industrial (…) y un fundamento de proyectos de investigación periodística. (…) La convergencia digital ha producido una apremiante necesidad de replanteamiento de las políticas intervencionistas de manera que en el futuro la financiación pública de la comunicación de ‘servicio público’ dependerá cada vez más de la función, en lugar de ser específica de una determinada tecnología. Para la prensa, ya sea impresa o digital, esto podría implicar un mayor apoyo –nunca menos– para funciones periodísticas concretas de ‘servicio público’ amenazadas por la creciente comercialización y competencia entre los distintos medios”.


1. “Subvenciones a la prensa en Europa. Una visión histórica”, Revista Telos, abril-junio de 2008.



Para asegurar una pluralidad


La opción de los pequeños países


Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Austria y Holanda tienen en común que son pequeños, tienen poco peso económico y diplomático a nivel internacional y, por lo tanto, sus mercados mediáticos son limitados al propio país. La prensa en estos países no puede pretender emular un modelo como los de The Guardian o El País que tienen un millonario lectorado en la web fuera de sus fronteras nacionales, que les permite vender grandes cantidades de avisos en Internet; para leer un diario holandés hay que saber hablar ese idioma, y la actualidad de un pequeño país como Dinamarca, sólo interesa a los propios daneses. La pluralidad de la prensa no se puede asegurar en mercados tan pequeños. Por eso, en Suecia, un país de sólo 9 millones de habitantes, es gracias a una subvención pública que circulan casi 100 revistas de corte cultural y político de las más variadas orientaciones ideológicas.


Florencia Rovira Torres

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