MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

La intervención de las potencias en Libia se ganó el rechazo de un importante abanico de países. Venezuela y Bolivia la repudiaron y dijeron que estaba motivada por la sed de petróleo. La Unión Africana dijo que con un ataque no se logrará nada en el país norafricano. Mientras que Rusia lamentó la determinación de los países que ayer se reunieron en París.

Hugo Chávez criticó fuertemente lo que él denominó como una intervención extranjera “a punta de bombas”, que sería empujada por Washington para adueñarse del petróleo. “Es muy lamentable porque se viene más muerte, más guerra. Son los señores de la guerra”, señaló. Para el presidente venezolano, el bombardeo de los occidentales es una irresponsabilidad. “Detrás de esto está la mano de los Estados Unidos y de sus aliados europeos, que no tomaron el camino que nosotros modestamente venimos proponiendo y por el que hemos hecho el esfuerzo con los países de Africa, con los árabes y con otros de Europa y de Latinoamérica. Pero no, la mano del imperio se impone al final con la guerra. Ellos quieren adueñarse del petróleo libio”, denunció una vez más el líder bolivariano, que semanas atrás había propuesto que se conformara una comisión para mediar entre el régimen de Muammar Khadafi y los opositores.

Las críticas de Chávez a la intervención auspiciada por la resolución del jueves de la Organización de Naciones Unidas se dieron durante un acto en Caracas. “¿Cuánto le importa la vida de los pueblos al imperio? Siguen bombardeando en Afganistán, en Gaza, y mataron con bombas a miles de seres humanos. Lo que quiere es adueñarse del petróleo libio, como quiere adueñarse del petróleo venezolano, pero aquí somos libres y ningún imperio podrá mandar nunca”, disparó. “Es lamentable que se imponga de nuevo la política de la guerra, del imperio y sus aliados, y es lamentable que la ONU se preste para avalar la guerra”, remató.

El presidente Evo Morales coincidió con Chávez. “En Irak, el problema no era Saddam Hussein. Ahora le inventan un problema a Khadafi. El interés que tienen es adueñarse del petróleo”, dijo el mandatario boliviano al inaugurar una reunión de funcionarios de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA). Morales remarcó que no se puede aceptar que se violen los derechos humanos en Libia y que quienes cometen esos crímenes deben ser investigados y sancionados. Pero, según el mandatario, la penosa situación humanitaria no debe servir de pretexto para intervenir militarmente.

Desde Africa, el rechazo a la ofensiva de las potencias fue tajante. La comisión designada por la Unión Africana para hallar una solución a la crisis en el país norafricano rechazó “toda intervención militar extranjera, cualquiera sea su forma”. El presidente de Mauritania, Mohamed Uld Abdelaziz, hizo pública esta posición al comienzo del encuentro en Nuakchot de los cinco jefes de Estado africanos, Mauritania, Mali, Sudáfrica, Uganda y República Democrática del Congo.

Rusia volvió a dejar en claro que no está contento con el bombardeo de las potencias. En la votación del jueves en el Consejo de Seguridad, la delegación del Kremlin se abstuvo, lo que permitió que la resolución saliera sin dificultad. “En Moscú lamentamos esta intervención armada, efectuada en el marco de la resolución 1973 de la ONU, adoptada apresuradamente”, afirmó el vocero Alexander Lukashevich. “Seguimos convencidos de que para solucionar de manera estable el conflicto interno en Libia hay que parar rápidamente los derramamientos de sangre y que los libios emprendan el diálogo”, concluyó.


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Con que vamos a tomar "todas las medidas necesarias" para proteger a los civiles libios, ¿cierto? Lástima que no se nos haya ocurrido hace 42 años. O 41 años. O… bueno, ustedes saben el resto. Y no nos dejemos engañar sobre lo que en realidad significa la resolución del Consejo de Seguridad. Una vez más, será el cambio de régimen. Y así como en Irak –para usar una de las únicas frases memorables de Tom Friedman en ese tiempo–, cuando el último dictador se vaya, ¿quién sabe qué clase de murciélagos saldrán de la caja?

Y luego de Túnez y de Egipto, tenía que ser Libia, ¿verdad? Los árabes de África del norte demandan libertad, democracia, no más opresión. Sí, eso es lo que tienen en común. Pero otra cosa que esas naciones tienen en común es que fuimos nosotros, los occidentales, quienes alimentamos a sus dictaduras década tras década. Los franceses acurrucaron a Ben Alí, los estadunidenses apapacharon a Mubarak y los italianos arroparon a Kadafi hasta que nuestro glorioso líder fue a resucitarlo de entre los muertos políticos.

¿Sería por eso, me pregunto, que no habíamos sabido de lord Blair de Isfaján en fechas recientes? Sin duda debería haber estado allí, aplaudiendo con júbilo ante una nueva intervención humanitaria. Tal vez sólo está tomando un descanso entre episodios. O tal vez, como los dragones en La reina de las hadas, de Spenser, está vomitando en silencio panfletos católicos con todo el entusiasmo de un Kadafi en pleno impulso.

Abramos el telón apenas un poco y observemos la oscuridad que hay detrás. Sí, Kadafi es un orate absoluto, un lunático del nivel de Ajmadineyad de Irán o Lieberman de Israel, quien una vez, por cierto, se puso a fanfarronear con que Mubarak podía "irse al infierno", pero se puso a temblar de miedo cuando Mubarak fue en verdad lanzado en esa dirección. Y existe un elemento racista en todo esto.

Medio Oriente parece producir estos personajes… en oposición a Europa, que en los 100 años pasados sólo ha producido a Berlusconi, Mussolini, Stalin y el chaparrito aquel que era cabo en la infantería de reserva del 16 regimiento bávaro y que de plano perdió el seso cuando resultó electo canciller en 1933… pero ahora estamos volviendo a limpiar Medio Oriente y podemos olvidar nuestro propio pasado colonial en este recinto de arena. Y por qué no, cuando Kadafi dice a la gente de Bengasi: “iremos zenga, zenga (callejón por callejón), casa por casa, cuarto por cuarto”. Sin duda es una intervención humanitaria que de veras, de veritas es una buena idea. Después de todo, no habrá "tropas en tierra".

Desde luego, si esta revolución fuese suprimida con violencia en, digamos, Mauritania, no creo que exigiéramos zonas de exclusión aérea. Ni en Costa de Marfil, pensándolo bien. Ni en ningún otro lugar de África que no tuviera depósitos de petróleo, gas o minerales o careciera de importancia en nuestra protección de Israel, la cual es la verdadera razón de que Egipto nos importe tanto.

Enumeremos algunas cosas que podrían resultar mal; demos una mirada de soslayo a esos murciélagos que aún anidan en el reluciente y húmedo interior de su caja. Supongamos que Kadafi se aferra en Trípoli y que británicos, franceses y estadunidenses destruyen sus aviones, vuelan sus aeropuertos, asaltan sus baterías de vehículos blindadas y misiles y él sencillamente no desaparece. El jueves observé cómo, poco antes de la votación en la ONU, el Pentágono comenzaba a ilustrar a los periodistas sobre los peligros de toda la operación, precisando que podría llevar días instalar una zona de exclusión aérea.

Luego está la truculencia y villanía de Kadafi mismo. Las vimos este viernes, cuando su ministro del Exterior anunció el cese del fuego y el fin de todas las "operaciones militares", sabiendo perfectamente, por supuesto, que una fuerza de la OTAN decidida al cambio de régimen no lo aceptaría y que eso permitiría a Kadafi presentarse como un líder árabe amante de la paz que es víctima de la agresión de Occidente: Omar Mujtar vive de nuevo.

¿Y qué tal si sencillamente no llegamos a tiempo, si los tanques de Kadafi siguen avanzando? Entonces enviamos mercenarios a ayudar a los "rebeldes". ¿Nos instalamos temporalmente en Bengasi, con consejeros, ONG y la acostumbrada palabrería diplomática? Nótese cómo, en este momento crítico, no hablamos ya de las tribus de Libia, ese curtido pueblo guerrero que invocamos con entusiasmo hace un par de semanas. Ahora hablamos de la necesidad de proteger al "pueblo de Libia", ya sin registrar a los Senoussi, el grupo más poderoso de familias tribales de Bengasi, cuyos hombres han librado gran parte de los combates. El rey Idris, derrocado por Kadafi en 1969, era Senoussi. La bandera "rebelde" roja, blanca y verde –la vieja bandera de la Libia prerrevolucionaria– es de hecho la bandera de Idris, una bandera Senoussi.

Ahora supongamos que los insurrectos llegan a Trípoli (el punto clave de todo el ejercicio, ¿no es así?): ¿serán bienvenidos allí? Sí, hubo protestas en la capital, pero muchos de esos valientes manifestantes venían de Bengasi. ¿Qué harán los partidarios de Kadafi? ¿Se "disgregarán"? ¿Se darán cuenta de pronto de que siempre sí odiaban a Kadafi y se unirán a la revolución? ¿O continuarán la guerra civil?

¿Y si los "rebeldes" entran a Trípoli y deciden que Kadafi y su demente hijo Saif al-Islam deben recibir su merecido, junto con sus matones? ¿Vamos a cerrar los ojos a las matanzas de represalia, a los ahorcamientos públicos, a tratos como los que los criminales de Kadafi han infligido durante tantos años? Me pregunto. Libia no es Egipto. Una vez más, Kadafi es un chiflado y, dado su extraño desempeño con su Libro Verde en el balcón de su casa bombardeada, es probable que de cuando en cuando también monte en cólera.

También está el peligro de que las cosas "salgan mal" de nuestro lado: las bombas que caen sobre civiles, los aviones de la OTAN que pueden ser derribados o estrellarse en territorio de Kadafi, la súbita sospecha entre los "rebeldes"/"el pueblo libio"/los manifestantes por la democracia de que la ayuda de Occidente tiene, después de todo, propósitos ulteriores. Y luego hay una aburrida regla universal en todo esto: en el segundo en que se emplean las armas contra otro gobierno, por mucha razón que se tenga, las cosas empiezan a desencadenarse. Después de todo, los mismos "rebeldes" que la mañana del jueves expresaban su furia ante la indiferencia de París ondeaban banderas francesas la noche de ese día en Bengasi. ¡Viva Estados Unidos! Hasta que…

Conozco los viejos argumentos. Por mala que haya sido nuestra conducta en el pasado, ¿qué debemos hacer ahora? Es un poco tarde para preguntar eso. Amábamos a Kadafi cuando llegó al poder en 1969 y luego, cuando mostró ser un orate, lo odiamos; después lo volvimos a amar –hablo de cuando lord Blair le estrechó las manos– y ahora lo odiamos de nuevo. ¿Acaso Arafat no tuvo un similar historial de altibajos para los israelíes y los estadunidenses? Primero era un superterrorista que anhelaba destruir a Israel, luego un superestadista que estrechó las manos de Yitzhak Rabin, y luego de nuevo se volvió un superterrorista cuando se dio cuenta de que había sido engañado sobre el futuro de "Palestina".

Algo que podemos hacer es ubicar a los Kadafi y Saddam del porvenir que alimentamos hoy, los futuros dementes sádicos de la cámara de torturas que cultivan a sus jóvenes vampiros con nuestra ayuda económica. En Uzbekistán, por ejemplo. Y en Turkmenistán, Tayikistán, Chechenia y otros por el estilo. Hombres con los que tenemos que tratar, que nos venderán petróleo, nos comprarán armas y mantendrán a raya a los "terroristas" musulmanes.

Todo es tan conocido que fastidia. Y ahora estamos de nuevo en ello, dando puñetazos en el escritorio en unidad espiritual. No tenemos muchas opciones, a menos que queramos ver otro Srebrenica, ¿verdad? Pero un momento: ¿acaso aquello no ocurrió mucho después de que impusimos nuestra zona de "exclusión aérea" en Bosnia?

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya
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República Dominicana ha confirmado hoy que un obrero haitiano es el primer infectado de cólera en el país, después de la aparición de la epidemia que ya ha causado más de mil muertos en el vecino Haití y que ha desembocado en disturbios contra los soldados de la ONU. El presidente haitiano, René Préval ha realizado esta madrugada un llamamiento a la calma y ha pedido a la población, que culpa a los cascos azules de traer el cólera, "rechazar la violencia".

"El paciente ha sido manejado con el protocolo que ordenan estos casos y se encuentra en condición estable en un hospital de Higüey (este dominicano)", ha informado el ministro de Salud Pública, Bautista Rojas Gómez. Wilmo Lowell, trabajador de la construcción de 32 años, viajó a su país y regresó a República Dominicana en uno de los autobuses con instalaciones sanitarias que brinda ese servicio. "El autobús ha sido localizado y se tomaron las medidas sanitarias de lugar", ha explicado el ministro, quien garantizó el aislamiento de los desechos sanitarios recogidos en el vehículo. "Podemos asegurar que el paciente se encuentra en perfectas condiciones, hidratado, a la espera de la conclusión de los análisis".

Los medios locales hablan de otros casos, sin confirmación, en la colonia haitiana del municipio de Juana Méndez, cercano a la provincia de Dajabón (noroeste), donde habría más contagiados. Las autoridades han ordenado reforzar las medidas de prevención en la zona. En su comparecencia, Rojas Gómez informó que hasta el momento se han dado seguimiento a 12 casos sospechosos y que 11 de ellos han dado resultado negativo. El ministro de Salud Pública no quiso desaprovechar la oportunidad para pedir a la población que no se alarmarme debido a que el mismo está bajo total control de las autoridades sanitarias.

Llamada a la calma

El presidente haitiano, René Préval, ha responsabilizado de las protestas a personas que "arreglan sus propios asuntos mientras que quieren sembrar división entre las autoridades y la población y entre esta y la Minustah". "Se sirven de la epidemia de cólera para crear disturbios".

Al menos dos personas han muerto y otras 30 ha resultado heridas en las revueltas que han tenido lugar desde el lunes, principalmente en el departamento de Cabo Haitiano, al norte del país. La población acusa a los soldados nepalíes de traer el cólera, pero la ONU apunta a la existencia de partidos políticos extremistas que buscan desestabilizar el país antes de las elecciones del 28 de noviembre.

"Ningún Estado serio puede aceptar tal desorden". Préval ha subrayado que las violentas manifestaciones sirven para "agravar la situación" dejada por el terremoto y la epidemia de cólera. "Golpes de piedras, barricadas o disparos no matarán la bacteria del cólera", ha dicho. También ha destacado que la única manera de afrontar la epidemia es mantener firme una "cadena de solidaridad" entre la población y ha invitado a los políticos a "entrar en esta cadena de solidaridad".
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El Presidente Barack Obama se reunió recientemente con los primeros ministros de Canadá y Gran Bretaña. El encuentro de esta semana con el británico Gordon Brown—promotor de un “New Deal mundial”—provocó una pequeña conmoción cuando la Casa Banca decidió reducir la conferencia de prensa que estaba pautada a una simple sesión de preguntas y respuestas en la Oficina Oval, lo cual en ciertos círculos británicos fue visto como un desaire. Se adujo que el cambio se debía al mal tiempo que cubrió de nieve el Rose Garden, lugar donde tradicionalmente se celebran las conferencias de prensa presidenciales.
 
Pero quizás no se debiera tanto al exceso de nieve que efectivamente cubría los jardines de la Casa Blanca, sino a una estrategia dirigida a cubrir las crecientes diferencias en las políticas referidas a Afganistán.
 
La política que impulsa Estados Unidos en Afganistán incluye un incremento pronunciado de soldados—ya iniciado—y bombardeos continuos en Pakistán utilizando aviones teledirigidos. La intensificación de las muertes civiles es un hecho. Naciones Unidas estima que más de 2.100 civiles murieron en 2008, lo cual representa un incremento del 40 por ciento con respecto a 2007.
 
La ocupación de Afganistán ya lleva ocho años y en muchos países de la OTAN concita cada vez menos apoyo. Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nobel de Economía en 2001, me dijo: “El avance en Afganistán va a costar muy caro. Las cosas no están marchando muy bien… Nuestros socios en la OTAN están cada vez más desencantados con la guerra. He hablado con mucha gente en Europa y ellos sienten que la situación está realmente empantanada, que nos estamos empantanando otra vez.”
 
Cuarenta y un naciones contribuyen con tropas para conformar la presencia de 56.000 efectivos de la OTAN en Afganistán. Más de la mitad de estos soldados son estadounidenses. El Reino Unido tiene 8.300 y Canadá casi 3.000. Mantener las tropas resulta costoso, pero el costo humano es aún mayor. Con un total de 108 muertes, Canadá tiene la tasa más alta de muertes per cápita de los ejércitos extranjeros en Afganistán, debido a que sus tropas están destacadas en el sur, en las inmediaciones de Kandahar, donde los talibanes son más fuertes.
 
El domingo pasado, el Primer Ministro canadiense, Stephen Harper, declaró en CNN: “No vamos a ganar esta guerra quedándonos… De hecho, mi opinión personal es que francamente no vamos a derrotar nunca a los insurgentes.” El Secretario de Defensa Robert Gates escribió hace poco en la revista de política exterior Foreign Affairs: “La victoria de Estados Unidos no puede lograrse matando o capturando.” Sin embargo, fue Canadá quien fijó el plazo para el retiro de tropas a fines de 2011. Estados Unidos, en cambio, habla de escalada.
 
Anand Gopal, corresponsal en Afganistán del periódico The Christian Science Monitor, describió la situación en el terreno: “Muchos afganos con los que he hablado en la región del sur, donde se están dando los combates, afirman que traer más tropas resultará en un aumento de las bajas civiles. Traerá más incursiones nocturnas, tan resistidas por la sociedad afgana. Y también está el problema de que cada vez que los soldados estadounidenses entran en una aldea y luego se retiran, atrás vienen los talibanes a atacar la misma aldea.” La legisladora afgana Shukria Barakzai le dijo a Gopal: “Envíennos 30.000 universitarios. O 30.000 ingenieros. Pero no nos envíen más tropas, que sólo traerán más violencia.”
 
Las mujeres de Afganistán cumplen un rol clave en la lucha por la paz. Una fotógrafa me escribió recientemente contándome que: “El domingo 8 de marzo se realizarán diversas celebraciones en todo Afganistán para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. En Kandahar, cientos de mujeres se reunirán para orar juntas por la paz, un acto que resulta particularmente significativo en esta región tan inestable de Afganistán.” Al retornar de un encuentro internacional de mujeres celebrado en Moscú, la escritora feminista Gloria Steinem señaló que se habló en particular de la necesidad de que los medios de comunicación contrataran a corresponsales de paz para contrarrestar a los corresponsales de guerra. De esa manera se amplificarían las voces de la sociedad civil, resaltando a aquellas que luchan por la paz. En los medios de prensa estadounidenses la tendencia es a equiparar librar una guerra con combatir al terrorismo. Pero en el terreno, las bajas civiles provocan una enorme hostilidad. En este sentido, Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda, recalcó: “Me entristece y asombra la virulencia de las reacciones anti-estadounidenses que provocan estas guerras [en Irak y Afganistán]. Son vistas como ocupaciones. … Creo que es vital que aprendamos de los errores en que incurrimos al hacer llamamientos de guerra, en particular, a hacerlo de la manera en que lo hizo Estados Unidos, sin tener en cuenta las preocupaciones que planteaba el resto del mundo …lo que pasó inicialmente con la guerra de Irak… Es cierto que el Reino Unido se sumó, pero había mucha gente dentro del Reino Unido que no apoyó la alianza que abrió el camino a esa guerra. Y los daños han sido muchos. Tenemos que ser capaces nuevamente de construir una estrategia multilateral y una estrategia de apoyo regional para resolver problemas particularmente difíciles. Vimos que eso era posible en el caso de Corea del Norte, donde trabajaron y siguen trabajando juntos seis países, cinco países y Estados Unidos. Necesitamos una alianza similar estructurada en la región, porque está todo muy conectado ahora–Medio Oriente con Afganistán y Pakistán, e incluso con India, luego de los incidentes en Mumbai, y las tensiones que hay ahí. De manera que precisamos una estrategia que se nutra de la fuerza que brinda trabajar con los países vecinos.”
 
Barack Obama arrasó en las primarias y llegó a la presidencia debido en gran medida a su discurso antibélico. Sin embargo, mientras mandatarios como Brown y Harper están cediendo ante los crecientes reclamos de sus ciudadanos para poner fin a la guerra, en Estados Unidos apenas si se debate la decisión de aumentar las tropas en Afganistán, o el hecho de que la guerra se expanda hacia Pakistán.
 
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Por, Amy Goodman, Democracy Now, Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
 
Amy Goodman es presentadora de “Democracy Now!”, un noticiero internacional diario de una hora de duración que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en 200 emisoras en español. En 2008 fue distinguida con el “Right Livelihood Award”, también conocido como el “Premio Nobel Alternativo”, otorgado en el Parlamento Sueco en diciembre.
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“Estoy convencido de que la salida para la crisis sólo llegará si los gobernantes del mundo asumen realmente su papel de gobernantes. Vivimos dos décadas de apatía, donde las personas eran electas bajo el supuesto de que el Estado no servía para nada y que todo sería resuelto por el mercado. Las elegían para achicar el Estado porque decían que sólo servía para complicar el buen funcionamiento de la economía. Muchos políticos pasaron todo su mandato tratando de hacer eso. Con la crisis eso se acabó. Llegó la hora de la política.” Entusiasmado, cuando ya había dejado de lado el discurso leído para poder transmitir realmente sus sensaciones, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, aprovechó un seminario del Consejo de Desarrollo Económico Social para enfatizar el rol que, desde su perspectiva, debe jugar el Estado en la resolución de la crisis que sacude al mundo.
 
El Consejo está formado por gran parte de los personajes notables del Brasil, con una buena representación empresaria que se ve confrontada por algunos sindicalistas y personalidades académicas, y el contexto mundial casi obligaba a este organismo de consulta de la Presidencia a debatir los mejores caminos para impedir que la crisis mundial arrastre a la economía brasilera.
 
El tema, como también ocurre en Argentina y Estados Unidos entre decenas de países, divide al campo político alrededor del rol que debe jugar el Estado. Nadie se muestra demasiado ofendido si se lo trae a la mesa para que provea al salvataje de las finanzas privadas, pero las posiciones se bifurcan a la hora de decidir si además de rescatar a los poderosos el Estado debe garantizar que los más débiles no sean los principales perjudicados por la debacle neoliberal. Lula no muestra demasiadas dudas al respecto: “La crisis financiera global se puede transformar en una gran oportunidad política, porque significa un punto final de un ciclo de más de dos décadas de equívocos y fraudes cometidos en nombre del dios mercado. Siempre los que sabían todo, menos que venía la crisis, nos dijeron que era necesario que crezcan las ganancias y con ellas la economía para que derrame sobre el resto. Ya vimos en qué termina esa receta. Ahora hay que hacer lo que no tuvimos el coraje de hacer en los últimos veinte años: es necesario distribuir para que la economía crezca”.
 
Con la próxima reunión del G-20 en la mira, destacó que “hay que discutir no sólo la regulación financiera, sino cómo reestablecer el crédito en todo el planeta”. Y no se privó de elogiar el nuevo presupuesto de Barack Obama, puesto como ejemplo del cambio de paradigma a nivel mundial, aunque también puso el acento sobre la tibieza de algunos aspectos del rescate de los bancos norteamericanos. “Acaso los países van a continuar sólo colocando dinero con la intención de salvar a los bancos o algún país tendrá el coraje de estatizarlos y recuperarlos para hacer volver el crédito”, fue la frase elegida por Lula que, poco después, apareció destacada en los medios opositores como un llamado a estatizar toda la banca. Si alguien se hizo ilusiones con la radicalidad del mensaje, no fue para tanto. Lula venía explicando que en Estados Unidos no existe la banca estatal y que semejante novedad (que el Estado se tenga que hacer cargo de los deshechos de los principales bancos) aterroriza a los encargados de tomar decisiones. “Ellos creen que la banca oficial es sinónimo de ineficiencia, pero aquí en Brasil tenemos muchos ejemplos de cómo puede colaborar a impulsar la economía”, ejemplificó, para después extenderse en los casos del BNDS, una institución que presta a tasas accesibles un monto mayor que el Banco Mundial, la Caixa Federal y el Banco Central
 
A la hora de explicar su receta para enfrentar la depresión mundial, Lula insistió, con argumentos parecidos a los que usa Néstor Kirchner, en asegurar que Brasil está mejor preparado para salir antes y más fortalecido de la crisis. El motivo hay que buscarlo en la aplicación durante los últimos seis años de un modelo contrapuesto al que recomendaba el FMI. En su mirada, gracias a la aplicación de “políticas redistributivas”, hoy existen en Brasil decenas de millones de consumidores nuevos que podrían reemplazar la caída de la demanda de los mercados de exportación. “Unos diez millones de personas tienen ahora energía eléctrica. Y es difícil de describir, y sobre todo de comprender para los que nacieron teniéndola, lo que siente un hombre cuando por primera vez enciende una bombita de luz. Quizá la mejor forma de entenderlo sea imaginando un viaje en el tiempo de un hombre del siglo XVIII”, se emociona y emociona Lula en la descripción. Pero enseguida le da un sentido económico. “Se imaginan lo que significa para la producción que millones de personas puedan ir comprando una televisión, una heladera.”
 
Un sector de los empresarios acompaña el entusiasmo del presidente. A otros se los ve más incómodos y a la hora del debate se encargan de resaltar que “en Estados Unidos no fracasó un modelo económico, sino que simplemente un gobierno hizo mal su trabajo, no controló como debía el zafarrancho de los créditos hipotecarios”. Y reclama las consiguientes regulaciones, algo casi exótico a oídos argentinos, acostumbrados al discurso antirregulador de todos los sectores del establishment local. Pero en Brasil la discusión ha pasado de casillero y el reclamo tiene más que ver con la necesidad de rescatar la magia del mercado del centro de las críticas.
 
Como diría poco después la economista Maria da Concencao Tavares, “ahora son todos keynesianos” y esperan que el Estado acuda al rescate. Lula está convencido, y lo transmite, de que ese Estado, encarnado en los gobernantes, es el encargado de, a pesar de las molestias empresarias, ocupar el centro de la escena. Concencao Tavares concuerda con él, pero abre un interrogante: “¿Está el Estado de nuestros países en condiciones de hacerlo?”.

Por Ernesto Tiffenberg
Desde Brasilia
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Viernes, 17 Julio 2009 09:15

Colombia: Escupen nuestra soberanía

Previsible. Al exigir el gobierno de Ecuador, en acción soberana, que los Estados Unidos abandonen la base de Manta, técnicamente conocida como Puesto Militar de Operaciones Avanzadas, Colombia sale en su auxilio y entrega su territorio para que Estados Unidos monitoree y haga control de un extenso territorio de América del Sur y el Caribe. Con esta medida, se agrava la presencia.

La potencia del norte, por circunstancias derivadas del llamado ‘plan Colombia’, cuenta con amplias facilitades dentro del país, entre ellas poner en territorio patrio hasta 800 militares y 600 “contratistas civiles”. Esta es una cifra violada en los hechos, pues ha venido en aumento desde hace dos años con comandos mercenarios y sin veeduría alguna. El nuevo acuerdo en proceso de firma, con posible vigencia hasta por 10 años –extensible–, les autoriza para usar y operar de manera directa las más importantes y estratégicas bases de la Armada Nacional y de la Fuerza Aérea, entre ellas:

•    Palanquero o Germán Olano (Cundinamarca), Alberto Powell o Malambo (Atlántico), y Apiay o Capitán Luis Fernando Gómez Niño (Meta), y

•    Las bases ARC Bahía de Málaga en el Pacífico, y ARC Bolívar en Cartagena –según la la revista Cambio–, en relación directa con la reactivación de la IV Flota de los Estados Unidos.

•    Las bases militares de Larandia (Caquetá) y Tolemaida (Cundinamarca), mencionadas por el periódico El Tiempo como posibles; aunque ya no es incógnito que, contiguamente a esta última, los Estados Unidos disponen de instalaciones para entrenamiento, asesoría y coordinación secreta para comandos, donde tuvo una de sus ‘sedes’ el “tripartito” grupo de ‘asalto especial’ que ejecutó la Operación Jaque.

Dice el texto oficial, y según los ministros de Relaciones Exteriores Jaime Bermúdez, y del Interior Fabio Valencia, y el comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla, que se trata de “un acuerdo de cooperación contra el narcotráfico, el terrorismo y otros delitos” y le “garantiza a Colombia que la presencia de esas tropas extranjeras brindará información y asesoría”, con la novedad de datos en tiempo real, inmediato, que pone en mayor subordinación operativa a las Fuerzas Armadas –ya no sólo la Fuerza Aérea– para la lucha contra el tráfico de drogas y la guerra interna que desangra al país.

Es una reivindicación que Andrés Pastrana no pudo obtener y que el presidente Uribe, con precaución ante la derrota Bush, empujó con la vinculación de organismos israelíes secretos –que habitan en la Dirección y el Departamento de Inteligencia del Ejército y las Fuerzas Armadas– como amenaza, contención o fuerza de renegociación para las “nuevas” políticas que diseñara el presidente Obama.

Sin duda, más leña al fuego. Sin duda, en las mesas de mando y los mapas militares, el conflicto interno se intensifica. Aferrado a su proyecto de liquidación militar de la insurgencia, de no diálogo ni solución política como vía para la paz, el actual gobierno, urgido de un tercer mandato, le mete más ingredientes a la caldera.
La presencia de más militares extranjeros, ahora con todo tipo de tecnología y con autorización para actuar en distintos escenarios, será otro escollo por solucionar en la perspectiva de una propuesta de paz entre los colombianos.

¿Gratuito?

Cada vez más ligada y sometida a los intereses de Estados Unidos, la oligarquía criolla no repara en los procesos de cambio que suceden en el Continente. Tampoco, en las consecuencias de que tropas extranjeras hagan control del territorio nacional y, mucho más allá, como base de operaciones y coordinaciones encubiertas, de interferencias miltares con personal mercenario, paramilitar y efectivo, en busca de efectos políticos opositores y desestabilizadores en Venezuela y Ecuador. Con aviones espías volando sobre el Pacífico, como lo hacían desde Manta, pero también sobre el Atlántico –Caribe– y los ríos Orinoco, el Amazonas, y otras partes del país y de sus fronteras. Un panorama de incremento de las tensiones vividas con los países vecinos, que tiene en el golpe de Honduras un nuevo escalón de plan general, y estímulo, potenciando –como posibilidad– su rearme y las alianzas geopolíticas, de las potencias mundiales, en nuestros alrededores.

Como se recordará, hace pocos meses la fuerza naval rusa navegó el Caribe. China no es ajena a esa posibilidad e interés en la órbita geoestacionaria ecuatorial. Con despertar de la alarma sionista ahora interesada y parte en Venezuela-Colombia y su conflicto interno, Irán se posesiona como aliado en asuntos comerciales y tecnológicos con la República Bolivariana, y Europa y sus intereses franceses no se quedará atrás. Brasil, en procura de silla en el Consejo de Seguridad de la ONU, como el país más importante de la subregión, con capacidad aérea indiscutible, también moverá sus fuerzas y proyectará sus acciones. Por su parte, con una maniobra consentida, Estados Unidos recupera territorio y capacidad de control en América del Sur y Centro América, donde no renunciará a su base militar en Honduras. ¿A qué costo?

Una vez aceptado el recorte en la financiación del llamado ‘plan Colombia’, esta presencia suple con creces el monto eliminado. Pero, además, estará de por medio la aprobación de un Tratado de Libre Comecio entre los dos países, que es igualmente la concreción del mayor sueño o tarea de Uribe y los sectores económicos que representa. Con renuncia de una vez, y por todas, a cualquier posibilidad de industria propia, con el obsecuente propósito de ligar el futuro nacional al destino –cualquiera sea– de la potencia del Norte.
Nuestra soberanía es huérfana.

Publicado enEdición 148
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