Domingo, 08 Septiembre 2019 05:25

La razón y el perreo

Yung Beef y La Zowi, en el videoclip de la canción ‘Cocinando filete’ (2018).

Banda sonora del capitalismo rampante o denuncia del sistema en primera persona, el trap es el nuevo punk. Un ensayo analiza el fenómeno musical que ha cambiado la cultura urbana

 

Los artistas se parecen menos a sí mismos que a su época”, leemos en uno de los atinados aforismos de este libro. Y en nuestra época, el trap ¿es cómplice de las dinámicas del capital? ¿Es su banda sonora? La crítica musical de izquierda ortodoxa así lo cree, y añade a ese reproche algunos otros, como el sexismo o el síndrome del blanco negro —y del blanco gitano—. Vistos así, los traperos serían trepas, apropiacionistas de baratillo; sus vídeos y mixtapes, síntomas de la desproletarización de la generación más reciente. En otras palabras, se le echa la culpa a Bad Gyal de que Podemos, por ahora, no haya podido.

A lo largo del último año se han publicado dos aportaciones que matizan esas ideas y proponen otra perspectiva. En Trapologia, Max Besora y Borja Bagunyà contextualizaron el género en el marco de los debates sobre lengua y estilo, y defendieron su informalismo como una alternativa al pop de habitación y al letrismo poético. Ambos son intelectuales de la hornada precedente, como lo es Ernesto Castro, con quien mantienen un fructífero diálogo. En él, y en las entrevistas realizadas por el pensador madrileño en su canal de YouTube, se comprueba que esas miradas transgeneracionales permiten considerar bajo otra luz los modos en que la economía y la cultura se relacionan.

Castro había dado ya muestras de su talento para los estudios de estética en su anterior ensayo, Un palo al agua. Expuso allí una idea que resulta clave para su monumental análisis del género: la manera en que la subjetividad, en la era comunicativa, se diluye y el yo se codifica como producto. Este proceso no lo interpreta a la manera humanista; muy al contrario, se detiene con minuciosidad en sus ambivalencias y da cuenta de su “compleja simplicidad”. Perreando por fuera y razonando por dentro traza un mapa de la eclosión del trap y localiza sus focos irradiadores. Principalmente en Granada —cuyo papel en las alternativas a la industria quizás hubiera merecido mayor desarrollo— y también en Valencia, Badalona, Mallorca y Tenerife, así como en las festividades de San Isidro y la Mercè. A la vez establece una convincente cronología de las sonoridades urbanas. En 2013, el pico de la crisis: el paro juvenil llega al 55%. En 2014, el gran cisma entre la escena rapera y la trapera.

Esa escisión permite entender algunos rasgos distintivos del género. Si en España la corriente principal del rap siempre fue políticamente comprometida y musicalmente virtuosa, los traperos, puestos de MDMA y drogas de farmacia, oponen a este paradigma el artificio del Auto-Tune y una hiperproductividad que tiene tanto de háztelo tú mismo como de adicción al trabajo. Y basta ya de“shows perfectamente ejecutados”: un concierto es fiesta y karaoke, man. El trap es el nuevo punk porque, como ocurrió en su día con la reacción punk contra la canción protesta, a una actitud proletaria y artística le contrapone una pose amateur y lumpen.

Si para los veinteañeros, veintegenarios, no hay mañana tras la caída de Bankia, el comportamiento de los músicos se volverá, simultáneamente, conformista y aceleracionista, integrado e implosivo. Dará lugar a actuaciones y performatividades que constituyen una “autodenuncia del sistema en primera persona” (en Yung Beef), un “desmantelamiento de las ideas de competición y fama” (en Cecilio G.) o una reescritura de los códigos de feminidad (impagable el pasaje acerca de las uñas postizas de La Zowi). A decir de Castro, quien advierte contra la costumbre de tomarse las letras al pie de la letra, no se trata solo de una caricatura de iconos y actitudes neoliberales, pero la contiene, aun cuando parece celebrarlos.

Es el caso de C. Tangana: describir su carrera como una teogonía es una de las audacias que el libro nos regala. Pues el asunto no es cómo se define el trap, sino hasta dónde llega su onda expansiva. Y llega lejos. Rompe la barrera que separaba el mainstream del underground. Determina el reconocimiento de los productores y la deriva profesional de las cuentas de memes. Asume una problemática desgitanización del flamenco, pero también politiza el twerking. O más bien lo impolitiza, pues, como sostiene el autor, el trap es un potencial que oscila entre el nihilismo sucio y el ascenso místico, entre rendirse a la moda y dictarla. Entre la autenticidad y el ful. Este proceso eclosiona en 2017, cuando el término, saturado, se difumina y el género, más poroso, se va orientando hacia el melódico consenso del pop.

Decir que este es un buen estudio de historia de la música sería pecar de omisión. Es asimismo un recital de sagacidad filosófica, un certero tratado de sociología, una gramática de la nueva estética audiovisual y una mina de conceptos —la metamúsica, la ley de la obsolescencia, la memetización— que, sin duda, habrán de sobrevivir al movimiento que tan concienzudamente describe.

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La deuda de los estudiantes estadounidenses se torna en una losa: deben más de 1,5 billones de dólares

La morosidad asociada a la petición de préstamos para superar etapas académicas en EEUU, un sistema ampliamente asentado en la mayor economía del planeta, crece como la espuma: la deuda estudiantil rebasa el PIB español y condiciona el acceso a la vivienda de los 'millennials'. Bernie Sanders propone un impuesto a Wall Street para corregir esta lápida financiera.

 

 Estados Unidos es una economía altamente endeudada. No supera los niveles de deuda de naciones como Japón o Bélgica, con cotas históricas muy por encima del valor de sus economías, ni los de Italia o Grecia, que han aumentado notablemente sus compromisos de pago durante el largo decenio posterior a la crisis, pero ya supera holgadamente el 100% de su PIB. Y lo peor es que continúa in crescendo una vez rebasados los 22 billones de dólares.

Pero, en paralelo a este deterioro de las finanzas federales, hay otros casos de alarma financiera, la contraída por los estudiantes que realizan sus estudios en centros académicos de Estados Unidos y donde impera el sistema de solicitud de créditos para sufragar los procesos docentes, y que generalmente se focalizan durante el periplo universitario. Los licenciados, americanos o no, que cursan sus estudios en Estados Unidos han contraído una deuda astronómica, de 1,5 billones de dólares. Casi el montante del endeudamiento español que también oscila ligeramente por encima del tamaño de su economía.

Ben Miller, vicepresidente de Educación post-secundaria del Center for American Progress, think tank próximo al partido demócrata, expone en un extenso artículo, el enorme peso con el que los recién licenciados deben empezar a operar en el mercado laboral, además de los escollos de, por ejemplo, acceder a una vivienda en alquiler o en propiedad. Y que afectan a varias decenas de miles de personas, con una deuda acumulada, a nivel federal, de 1,5 billones de dólares. A los que hay que añadir -recalca- otros 119.000 millones más contraídos en el ámbito educativo privado. “Un sistema de financiación en el que están inmersos 43 millones de estadounidenses, uno de cada seis ciudadanos del país” y que afecta, además, a uno de cada tres jóvenes de entre 25 y 34 años, que tienen en la actualidad un préstamo de estudios. Miller pone otro dato encima de la mesa, para revelar la gravedad de la situación. El 45% de ellos están sometidos a una tasa de morosidad que supera en más de tres veces el promedio de los créditos otorgados. A pesar de que su deuda acumulada esté situada en el rango medio-bajo de las devoluciones -9,625,7 dólares-, incluidas las de uno de cada tres estudiantes que solicitan ayuda financiera por encima de los 40.000 dólares, cantidad a la que acceden uno de cada tres estudiantes.

Reformas legislativas agresivas

Desde el Center for American Progress se plantean varias soluciones para acometer este cuello de botella de endeudamiento, que reduce considerablemente el poder adquisitivo y elevan el riesgo de quiebra financiera en los primeros años de la vida laboral de los jóvenes americanos y que, al unísono, supone el 92% de la deuda pendiente de cobro del sistema federal de créditos estudiantiles. En concreto, seis: la revisión de las condiciones financieras de los préstamos, crear la opción de que no se nominen necesariamente en dólares, con el propósito de que se evite así el encarecimiento gradual de la deuda por la evolución del mercado cambiario, una reforma de las leyes de reparación financiera que combata el crecimiento excesivo de los intereses y provea cauces de saldo del principal de la deuda, cambios regulatorios más benévolos para el acceso a este tipo de contratación y normas permisivas con la reestructuración paulatina, en plazos y en cantidades, de estos préstamos. Esta batería de medidas debe, además, realizarse con criterios de equidad, simplicidad y de análisis de impacto reales por parte del legislativo. Porque EEUU no puede permitirse el lujo de seguir engordando la deuda de sus estudiantes y porque una gran parte de ella, nada menos que el 27%, se traslada al ámbito familiar; los padres de los alumnos han acaparado ya esa porción de la morosidad con el Estado federal.

En un reciente reportaje en Business Insider, Powell, una millennial de 33 años y residente en el área metropolitana de Pittsburgh, la primera chica de nueve nietas en su familia que ha acabado una licenciatura, en Derecho, se declara impaciente por independizarse y tener piso propio, pero solo ha conseguido un préstamo de 40.000 dólares menos que los 180.000 que necesita para lograr un apartamento próximo al que tiene alquilado. “¿El problema? Que todavía mantengo una deuda de 178.000 dólares de mi etapa universitaria”. Difícil engranaje financiero, a pesar de que está contratada a tiempo parcial, como letrada de una compañía energética, que le reporta casi 100.000 dólares anuales. Su deuda le impide cumplir su sueño. La Reserva Federal también atribuye, en más de un 20%, el descenso de adquisición de viviendas en propiedad entre jóvenes estadounidenses entre 2005 y 2014 a la devolución de préstamos estudiantiles. Una tendencia que ha continuado con posterioridad, porque entre 2016 y 2018 las tasas de compra de vivienda se han seguido deprimiendo. Y a lo que ha repercutido, sin duda, la escalada de precios en casi todas las grandes capitales del país, que lideran los rankings internacionales, que les han colgado el cartel urbes sometidas a burbujas inmobiliarias. San Francisco, Nueva York o Los Ángeles son varias de ellas.

Propuestas desde el cónclave demócrata

El asunto es de tal dimensión que ha saltado a la arena política. Un año antes de las elecciones a la presidencia de 2020. Candidatos demócratas como Elizabeth Warren ha propuesto suprimir las deudas individuales superiores a los 50.000 dólares. Porque la Fed anticipa que este año se reducirá, entre un 1% y un 2%, la capacidad de compra de inmuebles entre los jóvenes por cada 1.000 dólares de su deuda estudiantil. David Bergeron, analista del Center for American Progress y antiguo cargo del Departamento de Educación de Barack Obama estima que, por el contrario, la adquisición de viviendas entre los jóvenes que saldan sus deudas de estudios crece en un 30%.

Pero, quizás, el planteamiento más arriesgado y rupturista es el del aspirante Bernie Sanders. El rival de Hillary Clinton en las últimas primarias demócratas ha propuesto sufragar la montaña de endeudamiento estudiantil con un impuesto a Wall Street. El senador de Vermont ha puesto incluso gravámenes: del 0,5% sobre las transacciones bursátiles; el 0,1% a la comercialización de bonos y el 0,005% sobre las operaciones con productos derivados. Según sus cálculos, dotará a los estados de 48.000 millones de dólares anuales. Dirigidos a eliminar los gastos de matrículas en cursos de grado y de tasas en colegios y universidades públicas. Nuevo intento de construir un estado de bienestar al estilo europeo. El propio Sanders calificó de “revolucionario” su plan; entre otras razones, porque contribuirá -dice- a sanear las deudas estudiantiles y a impulsar las tasas de consumo con economías libres de trabas para las generaciones más jóvenes que podrán destinar parte de sus retribuciones a la adquisición de bienes y servicios. “Esta iniciativa acabará con la deuda estudiantil en el país y lapidará la absurda sentencia contra una generación entera, la de los millennials, que tienen que dedicar una parte substancial de su vida laboral a pagar por un crimen que no han cometido, a una condena que no tienen derecho a cumplir”, aseguró hace unas fechas a la agencia Bloomberg. Si bien se topa con la reticencia de algunos economistas y banqueros que lo tachan de amenaza al crecimiento económico del país.

Aunque la incesante subida de las matriculaciones universitarias y los recortes presupuestarios en materia educativa hayan triplicado, con creces, la deuda adquirida por estudiantes a través de créditos para pagar sus estudios desde 2007. Hasta el punto de significar el segundo motivo de endeudamiento con el sistema financiero, solo por detrás de las hipotecas, y por delante de los préstamos de compra de vehículos o los pagos pendientes a través de tarjetas de crédito. Y pese a que Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal o Jamie Dimon, consejero delegado de JP Morgan hayan mostrado su preocupación por el excesivo endeudamiento de los jóvenes estadounidenses que, estando en posesión de títulos académicos, no pueden acceder a una vivienda en propiedad, tienen dificultades por mantener alquileres estables y perjudican el ritmo de actividad de este sector y del conjunto de la economía. Una crisis que empieza a tener tintes globales.

02/09/2019 08:12 Actualizado: 02/09/2019 08:12

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Lunes, 12 Agosto 2019 05:52

Woodstock

 Imagen del 16 de agosto de 1969 durante el festival de Woodstock que se celebró en Nueva York y en el que participaron solistas y bandas de la época como Creedence, Jefferson Airplane, The Who, Janis Joplin, Santana, Jimi Hendrix y Joe Cocker.Foto Ap

Hace 50 años en la granja de Max Yasgur, en el estado de Nueva York, se realizó el festival Woodstock, donde se exhaló el último suspiro de lo que se llama "los 60", y desde entonces prevalece una profunda nostalgia por algo inocente y consciente a la vez.

Ningún evento o festival cultural aquí ha generado tantos libros, discos, documentales, imágenes, memorias (y con este aniversario se están produciendo aún más). Aunque dicen que "si te acuerdas de Woodstock, no estuviste ahí", el festival es punto de referencia y forma parte del consciente (y probablemente del inconsciente) colectivo de este país medio siglo después.

Fue una expresión vital, y precaria, una respuesta rebelde contra las convenciones y las reglas del juego estadunidense y un sueño efímero hecho realidad durante lo que llamaron "tres días de paz y música".

Abbie Hoffman, el gran payaso e intelectual activista subversivo de esa generación, explicó lo que bautizó como la Nación Woodstock, en su libro de ese título, y lo resumió, durante su juicio (conocido como "los ocho de Chicago"), que se inició un mes después de Woodstock. Al ser interrogado en el banquillo de los testigos en el tribunal, se identificó así: “Mi nombre es Abbie. Soy un huérfano de America… resido en la Nación Woodstock”. ¿Y eso dónde está?, se le preguntó. Respondió: “Es una nación de gente joven enajenada. La cargamos con nosotros como un estado de ser de la misma manera que los indígenas Sioux cargaban a su nación Sioux con ellos. Es una nación dedicada a la cooperación versus la competencia, a la idea de que la gente debería tener un mejor medio de intercambio que la propiedad o el dinero, de que debería de haber otra base para la interacción humana… está en mi mente y en las mentes de mis hermanos y hermanas. No consiste de propiedad o material, es de ideas y ciertos valores... Es una conspiración. Actualmente, esa nación está cautiva en las penitencias de las instituciones de un sistema en decadencia”.

Tal vez la mejor canción sobre el festival fue escrita por una artista que nunca logró llegar, Joni Mitchell, cuyo coro es: "Somos polvo de estrella / Somos dorados / Y tenemos que irnos / De regreso al jardín" (en referencia al Jardín de Edén). Un verso contiene este reportaje: "Cuando llegamos a Woodstock / Ya éramos una fuerza de medio millón / Y por todas partes había canto y celebración / Y soñé que vi a los bombarderos... Y se estaban volviendo en mariposas / Sobre nuestra nación".

Woodstock se llevó a cabo entre el 15 y el 17 de agosto de 1969. No hubo comercio y los asistentes no llegaron como consumidores. De hecho, cuando los organizadores, al darse cuenta de que en lugar de 40 mil asistentes que esperaban estaban llegando 10 veces esa cantidad, declararon que el evento era gratuito. No hubo policías, ni seguridad oficial, ni broncas mayores, un poco de ácido malo, y situaciones caóticas que se resolvieron –no todas bien– por una comunidad autogobernada sin autoridades durante tres días (el gran documental Woodstock presentado en 1970 regaló el festival al mundo y sigue siendo el registro definitivo; ahora hay nuevos para marcar este aniversario.

La música fue el centro, el eje, la ruta sonora de una conciencia común informada por resistencia a las guerras imperiales, al racismo, a las injusticias sociales del país, y un rechazo al american way of life. Las canciones –estaban ahí algunos de los mejores intérpretes y bandas de esos tiempos, desde Janis Joplin, al Grateful Dead, Creedence, Jefferson Airplane, Sly & The Family Stone, The Who, Crosby, Stills, Nash & Young, Joan Baez, Santana y más– estaban repletas de historias de estas luchas y resistencias y rebeldías que marcaron los años 60. Jimi Hendrix fue el encargado de cerrar el festival y su furiosa y encendida versión del himno nacional, repleto de guerras y gritos, y, pues, de rebelión, fue tal vez la rola más emblemática.

Los ecos de Woodstock aún se escuchan medio siglo después.

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La desigualdad económica: ¿Qué hay de nuevo?

Los estadounidenses de entre 18 y 29 años con una opinión favorable del capitalismo han caído del 68% en 2010 al 45%

Soy capitalista y hasta yo pienso que el capitalismo está roto”, afirmó hace poco Ray Dalio, el fundador de Bridgewater, uno de los fondos privados de inversión más grandes del mundo. Según la revista Forbes, Dalio ocupa el puesto número 60 en la lista de las personas más ricas del planeta. “Si el capitalismo no evoluciona, va a desaparecer”, dijo.

Jamie Dimon es el jefe del gigantesco banco JPMorganChase y también anda preocupado por la salud del capitalismo. Dimon, cuyo sueldo el año pasado fue de 30 millones de dólares, afirma: “Gracias al capitalismo, millones de personas han sa

lido de la pobreza, pero esto no quiere decir que el capitalismo no tiene defectos, que no está dejando mucha gente atrás o que no debe ser mejorado”.
Esto es nuevo. Las denuncias contra el capitalismo y la desigualdad que este genera y perpetúa son tan viejas como Karl Marx. Lo nuevo es que los titanes de la industria, cuyos intereses están muy atados al capitalismo, lo están criticando tan ferozmente como los más agresivos militantes de la izquierda. Los empresarios lo quieren reparar, mientras que los críticos más radicales lo quieren reemplazar.


Los grandes empresarios no son los únicos que tienen críticas al capitalismo. Según la encuestadora Gallup, el porcentaje de los estadounidenses entre los 18 y los 29 años de edad que tienen una opinión favorable del capitalismo ha caído del 68% en 2010 al 45%. Hoy, el 51% de ellos tiene una opinión positiva del socialismo. Esto también es nuevo.
En el mundo académico hay las mismas preocupaciones. Paul Collier, por ejemplo, es un renombrado economista y profesor de la Universidad de Oxford quien el año pasado publicó El Futuro del Capitalismo. En este libro advierte que “el capitalismo moderno tiene el potencial de elevarnos a todos a un nivel de prosperidad sin precedentes, pero actualmente está en bancarrota moral y va encaminado hacia una tragedia”.


Las críticas al capitalismo son muchas y variadas y, la mayoría, muy antiguas. La más común es que el capitalismo condena a las grandes masas a la pobreza y concentra ingresos y riquezas en una pequeña élite. Esta crítica se había atenuado gracias al éxito que tuvieron países como China, India y otros en reducir la pobreza. Esto se debió, en gran medida, a la adopción de políticas de liberalización económica que estimularon el crecimiento, el empleo y aumentaron los ingresos. Así apareció la clase media más numerosa de la historia de la humanidad, otra novedad.


Pero el crash financiero de 2008 trajo de regreso la preocupación por la desigualdad y reanimó las denuncias contra el capitalismo. Mientras que para países como Brasil o Sudáfrica, la desigualdad económica había sido la norma, para otros significaba el regreso de una dolorosa realidad que se creía superada. Varios países europeos y Estados Unidos se unieron al grupo de naciones que vieron aumentar la desigualdad entre sus habitantes.


Con las recientes erupciones de populismo e inestabilidad política se ha generalizado la idea de que es urgente reducir la desigualdad económica. Pero el acuerdo sobre la necesidad de intervenir no ha venido acompañado de un acuerdo sobre cómo hacerlo. La falta de consenso acerca de qué hacer tiene mucho que ver con diferencias de opinión sobre las causas de la desigualdad. Para Donald Trump no hay dudas: las importaciones de China y los inmigrantes ilegales son la explicación del sufrimiento económico de los estadounidenses que han dejado de beneficiarse del sueño americano. Esto no es cierto. Todos los estudios demuestran que las nuevas tecnologías que destruyen puestos de trabajo y mantienen bajos los salarios de las ocupaciones que menos formación requieren, son la más importante fuente de desigualdad. Una variante de esta teoría es que un creciente número de sectores están dominados por un pequeño número de empresas muy exitosas, y de gran tamaño, cuyas estrategias de negocios inhiben el aumento de los salarios, la inflación y el crecimiento económico. En Estados Unidos, con frecuencia se señala el desproporcionado peso económico, y la consecuente influencia política, que han adquirido el sector financiero y el de la salud. Para economistas como Thomas Piketty, Emmanuel Sáenz y otros, “la desigualdad económica es principalmente causada por la desigual propiedad del capital, tanto el privado como el público”.


Estas generalizaciones son engañosas. Las causas del aumento de la desigualdad en la India son diferentes a las de Estados Unidos y las de Rusia distintas a las de Chile o China. En algunos países, la causa más importante de la desigualdad es la corrupción, en otros no.


Es muy probable, además, que estemos pensando en batallas del siglo pasado y que los nuevos retos requerirán nuevas ideas. El impacto de la Inteligencia Artificial en la desigualdad es aún incierto, pero todo indica que será enorme. Y esta novedad puede hacer obsoletas todas nuestras ideas acerca de las causas de la desigualdad y sus consecuencias.


Será todo nuevo.

Por Moisés Naím
1 JUN 2019 - 17:00 COT

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Miércoles, 29 Mayo 2019 06:34

La canción corregida

La canción corregida

El festival Centroamérica Cuenta se clausuró en San José, la capital de Costa Rica, con un concierto en el que subieron al escenario Luis Enrique Mejía Godoy, el tío, y Luis Enrique Mejía López, el sobrino, conocido como Luis Enrique "el salsero". La gente coreaba con entusiasmo las canciones del repertorio, y en un momento culminante ambos interpretaron a dúo El Cristo de Palacagüina, una canción emblemática de los tiempos de la revolución sandinista, compuesta por el hermano y tío de los dos artistas, Carlos Mejía Godoy.

En una de sus estrofas, que es su clímax, la canción dice que María sueña a su hijo convertido en carpintero, como José su padre, pero el niño más bien piensa "mañana quiero ser guerrillero".

Desde atrás, un joven nicaragüense exiliado alza su voz para corregir la letra: "¡mañana quiere ser ingeniero!" Y su reclamo recibe sonoros aplausos que se alzan entre los que premian a los cantantes.

Hay un mar de fondo en esa enmienda gritada a voz en cuello. Para la generación de los abuelos de este muchacho, la lucha guerrillera fue vista como una incuestionable necesidad, basada en la convicción de que para derrocar a la tiranía de los Somoza era imprescindible irse a la montaña, entrar en la clandestinidad, pasar a una vida de penurias y peligros constantes, el primero de ellos la muerte.

En tiempos de soledad, cuando el apostolado de la guerrilla no correspondía a muchos, sino a los escogidos, se daba el ejemplo ético con la propia vida en una lucha que nunca se concebía a corto plazo; la hora del triunfo sonaría mucho después, y la verían otros, cuya conducta estaría determinada por el ejemplo recibido de quienes se habían sacrificado para que llegara aquel momento luminoso, situado en un futuro lejano e impreciso.

Desde las catacumbas de la clandestinidad, igual que los primeros cristianos, el advenimiento del reino no estaba en duda, pero se trataba de una utopía sin tiempo. Tratar de acelerarla era desviarse de la ruta trazada por la historia, caer en el cortoplacismo, uno de los pecados capitales contra el fervor ideológico.

La ambición pura de convertirse en guerrillero como destino moral, renunciando a las pompas mundanas, emparentaba al cristianismo primitivo con la militancia clandestina, pues aquel también demandaba sacrificio sin esperanza en esta vida, sino en una futura, que se hallaba fuera de los límites de la realidad, colocada más allá de la propia muerte. La patria celestial aquí era la patria libre del imperialismo, del dominio oligárquico, de la explotación y el vasallaje. La patria socialista.

Ahora la consigna "¡Patria libre o morir!", una escogencia sin colores intermedios, que se pronunciaba desde la convicción solitaria, se ha transformado en "¡Patria libre y vivir!" Aquella copiaba a la de "¡Patria o muerte, venceremos!" con la que Fidel Castro, desde el poder, cerraba sus discursos en la tribuna, y, en los peores momentos, alzaba como escudo el ejemplo de Numancia: frente al cerco enemigo, mejor muertos que esclavos.

Pero la generación del muchacho exiliado que corrige desde atrás del auditorio la canción, ya lo vio todo. Vio la utopía deformarse en un proyecto de poder que terminó pareciéndose en nada a la que, desde su pureza cerrada, en la inocencia de la historia, soñaban aquellos otros jóvenes, como el poeta Leonel Rugama, quien, rodeado en una casa de seguridad en Managua por los soldados de Somoza, armados hasta los dientes, ante la exigencia de rendirse había gritado "¡Qué se rinda tu madre!" antes de ser acribillado a tiros.

Ese grito de victoria en la muerte fue convertido en consigna de lucha por el sandinismo, y los jóvenes que se alzaron en rebelión en abril de 2018 lo adaptaron, sin reformarlo. Desarmados, pero nunca rendirse. Ahora no se trata de un reino lejano en la bruma de la historia, sino de cosas palpables e inmediatas, donde el corto plazo se vuelve imprescindible: libertad, justicia, democracia. Si vamos más atrás, era la consigna del propio Sandino: "Patria y libertad".

Un futuro que se puede contemplar de cerca. Por eso ingeniero, no guerrillero. Un sistema abierto que se pueda construir con base en elementos concretos y que resuelva con eficacia el viejo asunto del atraso mediante la multiplicación de las oportunidades, empezando por la educación.

Los jóvenes que resisten en Nicaragua, o que se han visto forzados al exilio, tienen un proyecto de futuro que no pasa por los horrores de una confrontación violenta. En las luchas armadas hay siempre un líder triunfante, que al llegar al poder por medio de los fusiles, querrá quedarse en el poder por la fuerza de los fusiles.

Una transición democrática, en cambio, permitirá construir instituciones para asentar los nuevos liderazgos. Gobernantes electos sin posibilidad de relegirse, que no devengan en caudillos para siempre, ni puedan imponer regímenes familiares. Romper con la vieja tradición que nos ha sumido en la abyección y la arbitrariedad.

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Estudiantes y profesores hicieron un llamado a una huelga general para el 15 de mayo

El presidente brasileño reivindica las escuelas militares y aplica un ajuste del 30 por ciento a las universidades e institutos federales.

Después de los anuncios de recortes en escuelas y universidades federales, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, defendió a la educación como medio para mejorar la vida de las personas, al tiempo que reiteró su apoyo a los colegios militares. Además, el mandatario afirmó que la meta del actual gobierno es implantar una de estas instituciones en cada capital del país. Por los recortes en educación, estudiantes y profesores de escuelas y universidades se manifestaron ayer en Río de Janeiro e hicieron un llamado a una huelga general el próximo 15 de mayo.


“Queremos más niños y jóvenes estudiando en los bancos de estas escuelas (militares): respeto, disciplina y amor a la patria son fundamentos de estos colegios”, afirmó el presidente ultraderechista, en un discurso a propósito del 130 aniversario del Colegio Militar de Río de Janeiro, del cual es egresado el vicepresidente, el general Hamilton Mourao. “Los colegios militares son ejemplo de excelencia para la educación brasileña”, agregó.


El ex capitán del Ejército aseguró, además, que está trabajando con sus ministros de Defensa y Educación para ampliar la educación militar. El objetivo de esto, dijo, es “cambiar el destino de Brasil”. Por ello, insistió en su intención de construir un colegio militar en cada capital estadual donde todavía no haya uno. La construcción de una institución de este tipo en Campo de Marte -zona norte de San Pablo- será el primer paso, según prometió.


Durante el evento, Bolsonaro hizo una defensa a la educación como medio para mejorar la vida de las personas. “Lo que saca a un hombre o a una mujer de una situación difícil en la que se encuentre es el conocimiento”, afirmó, a pesar del escenario de recortes en el presupuesto educativo de escuelas y universidades federales.


Educación fue el sector más afectado por el plan de ajuste. La semana pasada, el Ministerio de Educación había dado a conocer el recorte de fondos del 30 por ciento de las universidades e institutos federales, como parte de la serie de medidas de restricción fiscal que ha venido anunciando a cuentagotas desde finales de abril.


Primero, fue la propuesta del ministro de Educación, Abraham Weintraub, de recortar la inversión para las facultades de Filosofía y Sociología, una medida que Bolsonaro apoyó al sustentar que el objetivo era “enfocarse en áreas que generen un retorno inmediato al contribuyente, como: veterinaria, ingeniería y medicina”.


Luego vino el anuncio del bloqueo de recursos para universidades federales con el argumento de que con la medida se dará prioridad a la educación básica. Y por último, fue el anuncio de congelar el presupuesto de colegios e instituciones federales. El bloqueo de presupuestos puede ser, sin embargo, revertido por el gobierno en el transcurso del año, indica el diario brasileño Folha de Sao Paulo. El Ejecutivo sostiene que de aprobarse la reforma previsional la economía puede mejorar y con ello la recaudación, lo que permitiría retornar a los pagos previstos en el presupuesto.


Puertas afuera del evento militar, cientos de estudiantes de escuelas federales y universidades de Río protestaron contra los recortes. Acompañados de padres y profesores, los alumnos protestaron pacíficamente por el bloqueo del presupuesto y pidieron al mandatario brasileño revertir la medida. Las universidades temen que si esto no sucede, no puedan garantizar el funcionamiento mínimo si se llega al punto de no poder pagar las facturas de agua y energía.


La mayoría de los estudiantes se manifestó por medio de mensajes que fueron exhibidos con frases como “La educación no es gasto, es inversión” o “De tanto ahorrar en educación quedaremos ricos en ignorancia”. Buena parte de los alumnos que participaron en la protesta estudian en el colegio federal Pedro II, uno de los más prestigiosos del país y que está ubicado frente al colegio militar que visitó Bolsonaro.


“Estamos aquí para decir no a la censura, no a los recortes y no a este gobierno autoritario”, aseguró Camila una estudiante de maestría en Sociología de la Universidad Federal de Río de Janeiro. “Nosotros queremos estudiar. Nosotros tenemos derecho de estudiar. Nuestras universidades, escuelas e institutos son patrimonio del pueblo brasileño y por encima de cualquier gobierno vamos a luchar para defender eso”, agregó.


El ex secretario de Educación Básica del Ministerio de Educación Cesar Callegari afirmó que los recortes indican la postura del gobierno frente a la educación. “Es coherente con la falta de proyectos en el área educacional. El gobierno da pruebas de que, para él, basta un ministro de Educación que actúe como un vector en una guerra ideológica”, afirmó Callegari, citado por Folha.


El 15 de mayo se llevará a cabo una huelga convocada por estudiantes y profesores universitarios para prostestar contra el ajuste en el campo de la Educación, pero también en el de la Cultura. Además del bloqueo a los presupuestos educativos, el gobierno de Bolsonaro impuso a fines de abril modificaciones clave a la ley de mecenazgo cultural, que permitía a las empresas realizar grandes inversiones en proyectos artísticos (espectáculos, exposiciones, películas) a cambio de que pudiesen deducir un porcentaje de esos fondos de su impuesto a la renta. El ministro de Ciudadanía, Osmar Terra, redujo el techo de 60 millones de reales de incentivo por cada proyecto a apenas un millón. La ley, antes había sido calificada por Bolsonaro como “una desgracia”, ya que según su parecer es una forma de “cooptar” a artistas alineados a la izquierda.

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Domingo, 31 Marzo 2019 11:40

Nadie nos esperaba en casa

Nadie nos esperaba en casa

Cada quince días Felipe y yo hacíamos la inversión y comprábamos un talonario para rifas. Estábamos en último año del colegio y la vida se tornaba difícil: problemas por la rebeldía, la rebeldía crecía por las lecturas de los existencialistas y los poetas malditos, el enamoramiento sin correspondencia nos enviaba cartas, las obligaciones escolares vacuas, el eterno pensar qué haríamos en adelante cuando termináramos el colegio. Quizás por todo eso ya fumábamos y dejábamos que pasara el tiempo sentados en las escalinatas de entrada de la Arquidiócesis de Bogotá, entretanto hablábamos de teorías filosóficas y de algunos libros leídos. Entonces pasaba el viento llevándose nuestras palabras, levantando polvaredas de los desechos de la iglesia, la basura de los manifestantes de la Plaza de Bolívar y de los beatos de la Iglesia de San Ignacio, y encandeciendo nuestras lumbres.

También nos gustaba beber, pero no teníamos el dinero suficiente para hacerlo. Era desastrosa aquella sensación del viernes que caía con fuerza sobre nuestros cuerpos hasta doblegarnos. A las cuatro de la tarde sonaba el timbre y rápidamente salíamos a la plazoleta del colegio para por fin recibir el resquicio de sol del día y un poco del viento fresco que bajaba de Monserrate. Luego, nos encontrábamos en las escalinatas, encendíamos nuestros cigarrillos y hablábamos hasta que nos atrapaba la noche.

En algunas pocas ocasiones, especialmente cuando alguno de los integrantes del pequeño grupo había cumplido años y recibido dinero como regalo, aparecía una botella que manaba de boca en boca. La bebíamos allí, oculta en una bolsa de papel hasta que ebrios y melancólicos debíamos regresar a casa. Recuerdo que frente a las escalinatas se alzaba un pequeño jardín custodiado por una verja metálica de color verde y en medio una escultura de don Rufino José Cuervo se izaba con su mirada triste y con una extraña expresión de cansancio soportaba las embestidas de las palomas. Yo miraba de tanto en tanto aquella escultura, mientras mis amigos hablaban de la curvatura del tiempo o del mundo de las ideas de Platón, luego yo pegaba la mirada al cielo donde migraban las palomas y donde caía una luz violácea que entornaba a la escultura.

Y entonces, casi al finalizar el año sobrevino el predicamento. El papá de Mario, un integrante del pequeño grupo, tomó en arriendo una antigua casa de la calle trece con carrera quinta y con la ayuda de los amigos de Mario, abrió un bar. Se trataba de un primer piso amplio y luminoso que a su costado oriental tenía una chimenea inservible, las paredes eran altas y se encontraban atravesadas por dos ventanales enmarcados por gruesos maderos. Frente a los ventanales se levantaban unas viejas escaleras guiadas por una barandilla también de madera que conectaba con un segundo nivel más pequeño que el primero, pero que dejaba al descubierto, aunque tras una puerta de vidrio, un bello jardín atiborrado de flores y en el centro una fuente de piedra a la que jamás vi con agua.

El lugar se bautizó Baltazar en honor al fantasma que allí habitaba y para su inauguración Camilo prestó su nevera y su equipo de sonido. Por supuesto, aquel día todos los integrantes del pequeño grupo estábamos allí, bebiendo a sorbos lentos la única cerveza que podíamos pagar, escondidos en el segundo nivel ya que aún éramos menores de edad y escuchando la voz de Mario que interpretaba canciones de Silvio Rodríguez, siendo Morris quien lo acompañaba en la guitarra.

Desde ese momento, todos los días que podíamos concurríamos al bar, pero como un compromiso inexorable los viernes nos ocultábamos en el segundo nivel para beber nuestra ansiada cerveza. Así fue como ante la inminente sobriedad y pobreza, uno de aquellos viernes Felipe me miró y me dijo:

¿Por qué no hacemos una rifa?
¿Para qué? —le pregunté.
Para comprar más cerveza.
¿Qué rifaríamos? —volví a preguntar aspirando mi cigarrillo.
Cerveza —respondió Felipe con solemnidad.

Aquella noche llegué a casa y le pedí dinero regalado a mi tía Chava. Ella era una anciana de sesenta y tres años a quien siempre recurría cuando no tenía nada en los bolsillos. Quizás sospechó algo, porque me sonrió, sacó su monedera de debajo de la almohada y me extendió un billete. Al día siguiente reunimos el dinero, compramos el talonario y antes de llenarlo le pregunté a Felipe qué nombres pondríamos como responsables de la rifa. Él se quedó en silencio pensando y luego de un momento me respondió. Fueron seudónimos perfectos ya que los profesores no habían leído aquel libro.

Pink y Tomate —contestó entonces y sonrió.

El precio de la boleta fue de quinientos pesos y el ganador recibiría su premio en el bar de Mario, así asegurábamos que Felipe y yo bebiéramos unas cuantas cervezas a costa del ganador y Mario las ganancias del petaco de cerveza.

La primera rifa fue un éxito ya que nadie ganó y de las quince personas que nos acompañaron a Baltazar, doce nos compraron más cerveza. Aquella noche nos embriagamos y empezamos a llegar más tarde a casa, y aunque no faltaban los regaños, igual nadie nos esperaba.

Así pues, cada quince días rifábamos una canasta de cerveza corriendo con la sombrosa fortuna de que nadie la ganara, motivo para el que se empezara a rumorear que éramos fraudulentos y por el que nuestro negocio cayó en picada.

Prontamente nos vimos de nuevo en el segundo nivel del bar dándole sorbos lentos a una sola cerveza que debía durar toda la tarde, hasta que luego de meditarlo mucho le propuse a Felipe que hiciéramos otra rifa y que en esa ocasión diéramos dos boletas por el precio de una. Aceptó y ocho días después vendimos todas las boletas y como era de esperarse alguien ganó.

Como fue un gran acontecimiento que luego de dos meses de hacer rifas alguien ganara, casi todos los estudiantes de décimo y undécimo concurrieron al bar de Mario para presenciar la entrega del premio. Aquella tarde, Felipe y yo salimos del colegio y fumamos unos cuantos cigarrillos sin filtro en cercanías del bar, hicimos cuentas y comprendimos que no habíamos obtenido ganancias. Luego de unos minutos, con paso cansino, arribamos al bar donde fuimos recibidos con vítores, como dos héroes de guerra. El papá de Mario, como era costumbre, nos ubicó en el segundo nivel y nos encerró, luego hicimos oficial la entrega del premio y por vez primera todos nuestros compañeros compraron más cerveza, ofreciéndonos varias a Felipe y a mí. Éramos más de cincuenta jóvenes bebiendo y bailando apretujados y encerrados en aquel segundo nivel, hasta que de un momento a otro me quedé mirando hacia el patio interior de la casa y sobre la fuente se posó una extraña ave que buscaba agua para abrevar, y a pesar de que la fuente estaba seca, la extraña y pequeña ave insistía, seguía allí, inclinando su cabeza sobre la fuente. De inmediato un presentimiento se abrió en mi pecho como un abismo, así que tomé mi maleta y ante la insistencia de mis compañeros para que me quedara, salí de allí.

Era una noche límpida y bella. Las estrellas resplandecían alrededor de la luna atiborrada de luz. Llegué a casa a eso de las siete de la noche y al timbrar fue mi hermanita quien se asomó por la ventana. Este hecho confirmó mi sospecha ya que ella no vivía conmigo.

¿Qué hace aquí? —le pregunté.
Mi mamá está en el hospital —me dijo.
¿Qué le pasó?
Nada —dijo—, no es ella, es mi tía Chava, se está muriendo.
La miré y tras ella la luna seguía repleta de luz.
Baje por mi maleta —le dije a mi hermanita y salí corriendo.

Mi tía Chava no era propiamente mi tía. Era tía de mi abuela, pero yo vivía con ella desde unos quince años atrás. Hacía siete meses le habían diagnosticado cáncer en el estómago. Sin embargo, aquella mañana antes de salir de casa, la vi en la cocina bebiendo café y hablando con mi abuela. Por eso la noticia fue tan sorpresiva y me obligó a correr hasta la estación de Transmilenio, tomar el primer bus y bajarme en el barrio Teusaquillo, donde se encontraba ubicada la clínica en la que supuse estaba internada.

A las afueras del hospital se encontraba reunida gran parte de mi familia. Me abrí paso entre ellos e ingresé. En el tercer piso se encontraba mi padrino acodado contra la baranda del pasillo. Tenía enjuto el rostro y la mirada vidriosa. No quise preguntarle nada y seguí de largo hasta que entré al cuarto donde encontré a mi tía Chava dormida con expresión de placidez. Me acerqué, acaricié su mano y la besé en la frente. Estuve allí con su mano en la mía hasta que llegó mi padrino y otro hijo de mi tía, acompañados por un médico que me hizo salir del cuarto.

No había alcanzado el primer piso cuando escuché el llanto de mi padrino y de sus hermanos. Así supe que había muerto. No volví el rostro y seguí caminando hasta alcanzar la calle donde mis familiares se abrazaban y lloraban. Tampoco me detuve allí y seguí caminando hacia ningún lugar, pues nadie me esperaba en casa.

Publicado enEdición Nº255
Las niñas prostitutas de la autopista a Medellín

La directora Mabel Lozano cuenta en este texto su experiencia con un colectivo de estudiantes universitarias que lucha contra la trata en Colombia

 
Estos últimos años he estado un par de veces en Medellín (Colombia), en ambas ocasiones para hablar de trata y prostitución, y fue allí donde tuve la oportunidad de conocer al colectivo Todas con las Mujeres, que trabajan contra estas prácticas como una de las caras mas perversas de la violencia de género. Son crímenes contra las mujeres por el hecho de serlo.


Con este colectivo me unen muchas cosas, por ejemplo que utilizan el cine como herramienta de transformación social. Un porcentaje grande de sus integrantes son jóvenes estudiantes de cine de las universidades de Bogotá y Medellín, pero también de otras carreras como Derecho o Trabajo Social. Conozco y admiro el trabajo de este colectivo que en un 80% está integrado por mujeres jóvenes y estudiantes. Desde hace meses ruedan un nuevo documental sobre los llamados ángeles azules, las niñas prostitutas de la autopista de Medellín a Bogotá, llamadas así porque, a pesar de su gran belleza, tienen el color de su piel azul pálido, debido a la mala alimentación, el trasnochar y la adición a las drogas.


Me trasladan los testimonios de varias de estas niñas a las que han seguido durante meses. No quieren ni pueden salir de sus vidas ni abandonarlas a su suerte, una suerte que no está de su lado. Niñas como Patricia, de 14 años, con facciones casi perfectas, sonrisa angelical y extrema delgadez que la hacen parecer mucho menor. Patricia desertó del colegio hace ahora dos años.


"Yo entré a bachillerato con 11 años. Venía muy bien, mi mamá nos mantenía a mis dos hermanos menores y a mí de la venta de perritos calientes y pinchos, en un puesto en la calle. Mi papá se fue cuando yo tenía ocho años a trabajar al Guaviare, raspando coca, y nunca volvió. Yo acompañaba en las noches a mi mamá en la venta, al principio nos iba bien, hasta me compró un celular, pero luego se puso pesado y mi mamá recurrió a los gota a gota para que le prestaran para pagar el arriendo y comprar las salchichas y el pan. Tocaba pagarles a diario con intereses. Después de unos días no se pudo cumplir, entonces a mi mamá le pegaron y amenazaron con violar a mi hermanita, tocó entregarles el carro donde vendía la comida por la deuda… todo se juntó", cuenta. "En la escuela no dieron más desayuno ni almuerzo, no hubo más transporte escolar, yo no quise volver porque estudiar con hambre es muy hijoputa, además solo había para un pan y agua panela en la casa, y prefería que se lo dieran a mis hermanitos".


Caracoli es el sitio donde por las noches se reúnen mujeres de diferentes edades, travestis y niñas, a ejercer la prostitución. "Yo para ayudar a mi mamá comencé a ir a Caracoli (un municipio cercano). Me llevó una amiga, ella se rebuscaba buena plata con los camioneros. No había que darles besos —¡qué asco!— ni dejarse penetrar, solo mamárselo y le pagaban a una hasta 20.000 pesos (5 euros). En un rato se podía hacer unos más de doscientos. Comencé a ir algunas noches, luego todos los días, mi mamá se las olió, me siguió y me pilló, pero fue mejor porque ahora ella está pendiente de mí y anota la placa del carro donde me subo, por seguridad”.


Patricia es parte de los ángeles azules rebautizadas así por mis amigos de Todas con las Mujeres, porque antes les llamaban las zombis. Hasta el nombre estaba lleno de crueldad. Después vieron que el nombre era lo de menos y así lo han comprobado durante los nueve meses que han acompañado a seis de ellas documentando su día a día. Han entrado en sus hogares, con sus familias, en barrios como La Polonia, El Refugio y La Ratonera. Han sido testigos silenciosos de momentos trágicos, como cuando a alguna de ellas las golpeaban y arrojaban de los coches y camiones en marcha por solicitar que se les pagara primero el servicio sexual. De los intentos de suicidio de Ángela, con tan solo 15 años, de las eternas depresiones de Camilla después de pasarse tres días seguidos consumiendo basuco, el sobrante del raspado de la cocaína, altamente adictivo y degenerativo. De la tragedia de María, la chiquis, que entró en su casa y encontró a su hermano ahorcándose y no llegó a tiempo para sostenerle los pies para que no muriera. De Gina, que accedió a colaborar en el documental si se escuchaba alguna de sus composiciones de reguetón: “Cuéntame el cuento de las niñas azules que vagan en las noches para sobrevivir / Dime si es cierto que juraron estar juntas hasta perecer / Dime si es cierto que el pacto fue roto y están esparcidas pagando castigo hasta el amanecer / Dime si es cierto que solo después de esta vida tendrán ya sus alas y recuperarán su niñez / Nos dicen azules por el color de la piel, azules mis sueños, azules mis venas, mis lágrimas también”.


Los ángeles azules son un caso único, además, porque, a diferencia de las prostitutas de la zona, ellas no tienen ni madames ni proxenetas. No hay hoteles de lujo ni turistas extranjeros. Solo hay pobreza. Los servicios sexuales los ofrecen en las cabinas de los camiones y muy raras veces van a moteles de carretera. El precio por el servicio sexual es una miseria.


Más de la mitad de estas niñas empujadas a prostituirse abandonaron sus estudios porque en las escuelas antes podían alimentarse y tenían transporte gratuito para llegar al colegio, además de asistencia. Existen culpables directos: la clase dirigente y política que ha hecho mal uso de los recursos, del dinero. Miles de millones de pesos sustraídos descaradamente del programa escolar PAE, robando así a las niñas la educación, la infancia y condenándolas a vagar por las noches como zombis, vendiendo sus pequeños cuerpos.


En los últimos años han salido ya a la luz los casos más aberrantes de esta corrupción. Hoy, son muy pocos los arrestados por estos delitos, y los que lo son, no son castigados. Se les envía a sus casas porque no son considerados peligrosos para la sociedad.


El Fiscal General de la Niñez, Mario Gómez, es el encargado de llevar esta investigación, que se ha tomado muy en serio. Hace unos días hablaba por teléfono con él desde Madrid y me confesaba la impotencia que le provoca la situación privilegiada de los culpables, pero sobre todo el dolor de ver a esas niñas cada noche en la carretera, ahora además acompañadas de muchas otras menores de origen venezolano.


Es una verdad que todo el mundo sabe, pero de la que nadie habla por miedo en este territorio de paramilitares, ahora dominado por los prestamistas.
El mensaje es alto y claro, robar los dineros destinados para los niños y las niñas, además de un delito muy lucrativo, no tiene la mínima posibilidad de ser castigado.
Mabel Lozano es directora y guionista de cine social.

Por Mabel Lozano
26 MAR 2019 - 18:01 COT

 

Publicado enColombia
Lunes, 28 Enero 2019 10:48

Cuando la forma quiere ser el fondo

La decisión está tomada: en Colombia nacerá el Ministerio de Ciencia y Tecnología, una clara respuesta a las exigencias de la Ocde para darle cabida al país en su estructura. Sin embargo, como parece ser la constante de este Gobierno, todo es forma y apariencia, nada contenido y cuerpo.

 

De los 34 países de la Ocde, 23 tienen un Ministerio de Ciencia y Tecnología. El de Colombia tendrá el nombre oficial es de Ministerio de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (MinCTI). En América Latina Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Cuba, Uruguay y Venezuela tienen ya un ministerio semejante. Es una buena noticia para el país, para el conocimiento, la investigación, la educación y la juventud colombiana.

 

La decisión política y administrativa consiste en convertir a Colciencias en el nuevo ministerio. Sin embargo, lo que no se hace plenamente público, es que el presupuesto del naciente ministerio será el mismo que en la pasada legislatura tenía Colciencias. La forma es decorosa, la creación del nuevo ministerio. Pero el fondo es dramático: el nuevo ministerio tendrá el mismo presupuesto que un (ex) Departamento Administrativo. Políticamente hay que decirlo: se trata de una jugada astuta por parte de Iván Duque, semejante a la negociación que llevó a cabo a finales del 2018 con los rectores de las universidades públicas, buscando desmovilizar a los estudiantes, a saber: una promesa a futuro. Pero en el presente, sólo queda un vacío. Es una mala noticia desde el punto financiero, por tanto de realidad del nuevo ministerio.

 

En efecto, si el presupuesto del MinCTI no aumenta significativamente, Colombia seguirá invirtiendo menos del 0,5 por ciento del PIB, y nunca habrá aumentado el presupuesto para ciencia en al menos el 1 por ciento del PIB, que fue la solicitud que en su momento formulara en tema presupuestal la Misión de Ciencia Tecnología y Cultura (1991).

 

La verdad es que Colciencias había perdido totalmente el norte de la ciencia y la investigación en el país hasta el punto, por ejemplo, que muchos investigadores, universidades, grupos de investigación e incluso editoriales universitarias no creían en Colciencias y dejaron de jugar el juego que ésta les imponía, sin más. Exactamente en el contexto del descrédito de Colciencias se crea el MinCTI.

 

La memoria del país recuerda una jugada semejante: en su momento, a raíz de los escándalos de las chuzadas, el gobierno de Santos disolvió al DAS y a cambio creó la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI). Políticamente se trata de una jugada semejante. Un filósofo importante (John Searle) lo estudió de manera precisa: “cómo hacer cosas con palabras”. Esto es, resolver los problemas reales en términos de palabras. Una vez más, la forma se superpone al fondo y termina convirtiéndose en el fondo.

 

Política, administrativa y económicamente –por lo menos en el papel; eso, en la forma-, el nuevo ministerio tendrá asiento en el Consejo de Ministros al mismo nivel que todos los demás. Pero el manejo de presupuesto sigue dependiendo del ministerio de Hacienda –actualmente bajo el mando de A. Carrasquilla–, y políticamente queda sujeto a las decisiones del Presidente de turno. No todo lo que brilla es oro.

 

Ahora bien, el fondo de lo que significa la creación del MinCTI pudiera adquirir contenido como nunca si el Gobierno y el Estado logran integrar y escuchar verdaderamente a la comunidad académica y científica. Pues lo cierto es que todos los gobiernos nacionales han permanecido de espaldas a la comunidad científica, y a la educación.


Social y culturalmente, la creación del nuevo ministerio pudiera significar que la ciencia y la investigación cobraran vida en los medios políticos y económicos. Y de manera muy significativa, en los medios de comunicación. Hasta la fecha, con la excepción de un par de emisoras universitarias, la ciencia es un tema inexistente en la vida social y cultural de Colombia, reservado tan sólo a grupos pequeños y especializados. Así, la ciencia podría estar al mismo nivel, por lo menos, del deporte, la farándula, el mundo light. Evidentemente, la ciencia, la tecnología y la innovación deberían poder estar por encima de la farándula y el deporte y, obvio, del mundo light.

 

Una cosa debe ser clara: socialmente hablando, el surgimiento del MinCTI debe ir de la mano con la creación e implementación de un programa nacional de ciencia y tecnología, que debe ir desde abajo hacia arriba, formando a niños y jóvenes en el amor a la ciencia, y de un extremo a otro, incorporando regiones, municipios y departamentos en una unidad articulada, evitando los centralismos y las jerarquías.


La ciencia debe poder convertirse en un programa a largo plazo, tanto más cuanto que la especificidad de la reflexión científica consiste en trabajar, investigar y vivir a largo plazo. Exactamente, en términos inter y transgeneracionales. De suerte que, literalmente, la creación del MinCTI significa que por primera vez la nación y los gobiernos empiezan a pensar en proyectos país; es decir, a mediano y largo plazo, situando los pies en las realidades locales, pero mirando al mundo en su totalidad.

 

No hay que llamarse a engaños. La ciencia funciona en términos de redes –de conocimiento, y la horizontalidad y la cooperación son la regla. En este sentido, el nuevo ministerio le enseñará al país la veleidad de las dependencias unilaterales –por ejemplo de una sola potencia– y la importancia de la internacionalización en toda la línea de la palabra. El pensamiento científico es por su naturaleza altamente democrático, pues los argumentos de autoridad son inexistentes en ciencia, y lo que prima son: los datos sobre los que se asan las afirmaciones, la construcción de los argumentos, el debate y la crítica, la demostraciones y refutaciones.

 

Así, el ministerio MinCTI puede significar una verdadera revolución mental en la historia del país. Algo que, a decir verdad, los ministerios de Educación y de Cultura no lograron llevar a cabo plenamente, hasta la fecha.

 

Iván Duque dijo que la condición para la creación del nuevo ministerio era que no aumentara la burocracia, y por derivación, entonces, la corrupción. La primera misión del futuro nuevo ministro deberá ser la convocatoria nacional de la comunidad científica, en toda la línea de la palabra: universidades, centros e institutos de investigación, las comunidades, disciplinarias e interdisciplinarias de investigadores, las academias nacionales, y la creación de una agenda nacional de innovación, tecnología y ciencia. Si esta convocatoria no se realiza, el gobierno de Duque no habrá entendido las especificidades de las dinámicas y funcionamientos de la ciencia y la investigación de punta.

 

La creación de un programa de investigación significa que, análogamente a lo que sucede en México, los investigadores deben poder recibir beneficios específicos por parte del Estado, y no solamente de las universidades, tales como reducción de impuestos, beneficios por producción intelectual, y demás. Colciencias sabía cómo funciona el sistema mexicano, pero sólo incorporó la forma (CvLac y GrupLac), pero nunca el fondo. Dejó que en manos de las universidades tales estímulos, haciéndose la sorda y ciega sobre el fondo.

 

La creación y funcionamiento del Ministerio es cosa de días, a la fecha. Pero la implementación de las políticas nacionales –programa, agenda, diálogo nacional, etcétera–, será cosa que tome varios meses. En este sentido, el reloj corre en contra del actual gobierno. Cuanto más se dilate la discusión e implementación de una política nacional de ciencia y tecnología en diálogo con la comunidad científica, tanto más evidente será que en este Gobierno todo es asunto de forma y no de fondo. La pelota, en consecuencia, se encuentra en el terreno de Duque. La carga de la demostración, por tanto, también se encuentra en su campo.

 

La demora de la activación del MinCTI en toda la línea de la palabra hará que Colombia se descuelgue del pelotón de punta en producción científica en América Latina, un pequeño pelotón conformado por México, Brasil, Argentina y Chile. (Cuba jamás aparece en estos indicadores; una clara señal del bloqueo a la Isla). La distancia entre Chile y Colombia tiende a aumentar. Si Colombia se desprende de este pelotón de punta, en el que todavía se encuentra, a la fecha, quedará relegado, sin ofender, en un grupo de países secundarios, muy rezagados del grupo de punta.

 

Las universidades, públicas y privadas, hacen lo que les corresponde. Pero en la sociedad de la información, en la sociedad del conocimiento o en la sociedad de redes, la verdad es que el Estado debe poder jugar un papel protagónico en materia de investigación, educación, ciencia, tecnología e innovación.

 

No en última instancia, le corresponde al gobierno nacional enseñarle al sector privado qué significa la ciencia y la tecnología. Hasta la fecha, en contextos en el que el 94 por ciento de las empresas son pequeñas (de 2 a 6 trabajadores), y en el que las grandes empresas (más de 50 trabajadores) es de menos del 0,5 por ciento, el gobierno tiene una tarea educativa y política: hacerle entender al sector privado que no hay desarrollos social y humano ni es posible una política de protección y conservación de la naturaleza, si no se entiende y se apoya a la ciencia. La educación es necesaria, ciertamente, pero es insuficiente. La ciencia es la verdadera toque de piedra de una democracia fuerte, de un país nacional, en fin, de una apuesta sincera y abierta por el futuro: el futuro a mediano y a largo plazo, lo cual requiere y demanda más contenido que forma.

 

 

Publicado enEdición Nº253
Alexandria Ocasio-Cortez y la política del baile

Se cuenta que Emma Goldman, gran pensadora anarquista, escritora y activista por la justicia social de principios del siglo XX, manifestó alguna vez: “Si no puedo bailar, no quiero ser parte de tu revolución”. Si bien es posible que no haya pronunciado exactamente estas mismas palabras, el sentido de la frase tuvo su actualización en el Congreso de Estados Unidos la semana pasada cuando empezó a circular en las redes sociales un video de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez bailando con amigos cuando era estudiante de la Universidad de Boston, hace 10 años. El video salió a la luz en un intento fallido de desacreditar a la nueva integrante del Congreso mientras asumía como la mujer más joven electa para integrar la Cámara de Representantes en la historia de Estados Unidos.

La respuesta de Ocasio-Cortez a las críticas en internet fue concisa y brillante: un tuit con un video de ella bailando mientras se dirigía a su nueva oficina del Congreso. El video captó una atención tremenda. Lo que se pasó por alto fue el son al que bailaba: el clásico himno contra la guerra de 1970, “War”, cantado por Edwin Starr. Este tema se convirtió rápidamente en el número uno en el verano de 1970 y ha sido un importante himno contra la guerra desde entonces. “Guerra / Para qué sirve / Para absolutamente nada”, dice el estribillo. Ocasio-Cortez va pronunciando las palabras mientras baila hacia la puerta de su oficina en el Congreso.

El sitio web de la campaña de Ocasio-Cortez detalla una serie de políticas progresistas, entre las que se incluye la propuesta de una “economía de paz”. “Desde 2018 participamos en acciones militares en Libia, Siria, Irak, Afganistán, Yemen, Pakistán y Somalia. Cientos de miles de civiles en estos países han muerto como daño colateral de los ataques estadounidenses o por la inestabilidad causada por las intervenciones de Estados Unidos. Millones más han huido de sus fracturados países, lo que contribuye a la crisis mundial de refugiados (…) Debemos poner fin a la “guerra eterna” implementando la retirada de nuestras tropas y poniendo fin a los ataques aéreos que perpetúan el ciclo del terrorismo en todo el mundo”.

Ocasio-Cortez corrigió recientemente a Sean Hannity, presentador de Fox News y asesor no oficial del presidente Donald Trump, quien la acusó de la herejía de exigir el “fin de los ataques aéreos militares”. La representante respondió con un tuit en el que afirma estar a favor de “acabar con las guerras injustas” por completo.

Desde su victoria en las elecciones primarias demócratas para representar al 14° Distrito de Nueva York, en las que derrotó al poderoso demócrata Joe Crowley, en aquel momento congresista en funciones, Ocasio-Cortez ha sido atacada regularmente por la derecha. En julio del año pasado declaró en una entrevista para Democracy Now!: “Los temas en los que basé mi campaña eran muy claros y creo que fueron una parte importante de nuestra victoria: mejorar Medicare y ampliarlo a toda la población, educación superior pública gratuita, un New Deal ecológico, justicia para Puerto Rico, una plataforma sin concesiones en torno a la reforma de la justicia penal y el fin de la guerra contra las drogas, y también afrontar al poder con la verdad y hablar sobre el dinero en la política”.

El New Deal ecológico —en referencia a las políticas implementadas en Estados Unidos por el presidente Franklin D. Roosevelt para luchar contra los efectos de la Gran Depresión de 1929— exige una descarbonización rápida y radical de toda la economía, con una transición de los combustibles fósiles hacia fuentes de energía renovable, con la esperanza de evitar los peores efectos del cambio climático mientras aún quede tiempo. El New Deal ecológico también exige una “transición justa”, que asegure que los trabajadores desplazados de las industrias a cerrar, como la minería del carbón, obtengan el apoyo que necesitan para pasar a otro trabajo productivo.

Ocasio-Cortez se unió a una protesta del movimiento Sunrise, liderado por jóvenes, que tuvo lugar en la oficina de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Ocasio-Cortez estaba reclamando que la nueva mayoría demócrata de esta cámara promoviera un “Comité Selecto para un New Deal ecológico”, que tendría amplia autoridad, incluido un poder de citación, para impulsar el proyecto. Claramente, la campaña de presión tuvo efecto, pero no alcanzó las demandas de los activistas. Pelosi reactivó el Comité Selecto de la Cámara de Representantes para la Crisis Climática pero con carácter exclusivamente asesor. La nueva presidenta de ese comité será la demócrata Kathy Castor, de Florida, quien, según críticos, ha recibido decenas de miles de dólares de intereses de los combustibles fósiles (aunque un portavoz de la congresista manifestó que iba a renunciar a tales contribuciones en el futuro). Ocasio-Cortez tuiteó en respuesta: “No tenemos tiempo para quedarnos de brazos cruzados mientras nuestro planeta arde. Para las personas jóvenes, el cambio climático es más importante que la elección o la reelección. Es un asunto de vida o muerte”.

En la ceremonia de jura en el Congreso el 3 de enero, la representante Alexandria Ocasio-Cortez vistió de blanco, según indicó, “para homenajear a las mujeres que pavimentaron el camino antes que yo, y para todas las mujeres que están por venir. Desde las sufragistas hasta Shirley Chisholm, no estaría aquí si no fuera por las madres del movimiento”.

Alexandria Ocasio-Cortez respeta a sus mayores. La vieja guardia del Congreso, tanto republicana como demócrata, no debería temer que esta mujer, la más joven en ser electa para el Congreso, se ponga a bailar en círculos a su alrededor. En su lugar, deberían imitar sus pasos.

Columna 11 de enero 2019

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta

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