Viernes, 20 Abril 2018 08:46

Protesta estudiantil contra Piñera

Protesta estudiantil contra Piñera

Miles de estudiantes y profesores realizaron ayer una masiva manifestación en Chile, en la primera protesta desde que asumió el presidente conservador Sebastián Piñera y que concluyó con algunos incidentes y detenidos tras enfrentamientos con la policía.

La marcha fue convocada por la Confederación Nacional de Estudiantes de Chile (Confech) para exigir el fin del lucro en la educación, entre otras demandas. Los jóvenes consideran que la educación superior sigue convertida en un negocio y denuncian que miles de estudiantes y sus familias están endeudados con la banca, a la que se ven obligados a acudir para educarse. “Las exigencias del movimiento estudiantil siguen vigentes y siguen siendo las mismas”, dijo Sandra Beltrami, una de las voceras de la Confech. “Queremos estar en las aulas, queremos tener clases, queremos estudiar una carrera para así ser alguien en la vida y tener una profesión como muchas personas en este país, y no lo podemos hacer porque sigue existiendo el lucro en Chile”, agregó la dirigente.


Los organizadores estimaron en unos 120.000 los participantes en la manifestación que se realizó por las calles céntricas de la capital Santiago de Chile, mientras la Intendencia la fijó en unas 30.000 personas. Protestas similares tuvieron lugar en las principales ciudades del país.


En la Alameda, la principal avenida de Santiago, estudiantes universitarios y secundarios entonaron cánticos ofensivos hacia Piñera, el fallecido exdictador Augusto Pinochet y el actual ministro de Educación, Gerardo Varela. En una de las esquinas de la Alameda, donde los organizadores habían montado un escenario para los discursos de cierre de la marcha, un pequeño grupo de manifestantes lanzó piedras contra efectivos de Carabineros, que respondieron con el lanzamiento de agua y gases lacrimógenos. Entre los motivos de la protesta figuró la resolución del Tribunal Constitucional que semanas atrás declaró inconstitucional el artículo de la Ley de Educación Superior que prohibía a personas jurídicas con fines de lucro controlar una institución educativa.


También el reciente anuncio de Varela de que el gobierno retirará la iniciativa que la presidenta Michelle Bachelet envió al Congreso pocos días antes de ser sucedida por Piñera, con la intención de reformar un sistema de financiamiento de las carreras universitarias que permite que los alumnos se endeuden hasta por 20 años para cursarlas.


Piñera presentó el lunes pasado un proyecto de ley que busca extender a partir de 2019 la gratuidad en la educación a las familias más vulnerables..

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Domingo, 25 Marzo 2018 06:16

A 50 años del mayo francés

A 50 años del mayo francés

El 22 de marzo de 1968 comenzó el mayo francés cuando un nutrido grupo de estudiantes de la Universidad de Nanterre ocupó la torre central de la misma. Un par de meses después, todas las fábricas de Francia estaban ocupadas, los estudiantes tomaban sus universidades y colegios y enfrentaban con adoquines a la policía; los capitalistas emigraban y el presidente Charles De Gaulle huía a Alemania a pedir el apoyo de las tropas francesas que estaban de guarnición.

Cincuenta años después, este 22 de marzo, millones de obreros, jubilados y estudiantes comienzan un mes de manifestacionesy huelgas in crescendo que harán de esta primavera que comienza con frío y nieve, una ardiente Primavera Social.

Todos los sindicatos ferroviarios, desde los más conservadores hasta los más radicales, decidieron, en efecto, hacer una huelga rotativa (dos días de huelga, tres de trabajo, otros dos de huelga y así sucesivamente hasta fines de junio por un total de 36 días no trabajados). Como tres días de actividad no bastan para reorganizar el tráfico ferroviario, Francia vivirá en los próximos meses en una agitación constante y al borde de la parálisis.

Este 22, por ejemplo, pararon también los distintos sindicatos de los aeropuertos y de la aviación, así como los controladores de los aeropuertos. También los sindicatos de funcionarios públicos del Estado central y de las municipalidades y regiones (salvo la CFDT, a la que el gobierno intenta dividir de los demás), el sindicato postal o los sindicatos de la educación primaria, media y universitaria, los de estudiantes universitarios, los de los hospitales, las casas de ancianos y los de decenas de grandes empresas que están suspendiendo o piensan trasladarse a países donde la mano de obra es mucho más barata, así como la participación masiva de partidos de izquierda, como la Francia Insubordinada de Mélenchon.

El descontento crece rápidamente. El presidente Emmanuel Macron, que había obtenido 60 por ciento de los votos de 40 por ciento, de los electores que no se abstuvieron, o sea, un apoyo real en poco superior a 32 por ciento, tiene ahora un índice de popularidad que ronda 40 por ciento y esa aprobación tibia va en caída ya que, en su afán de elevar los ingresos del gran capital, afectó a todas las municipalidades, sin importar si su gobierno era de derecha o de izquierda, pues les recortó importantes fondos.

También causó la ira de los jubilados, cuyos ingresos disminuyó, recortó fondos para las escuelas y universidades mientras aumentaba el presupuesto para la policía y las fuerzas armadas, tuvo una huelga larga y combativa de los guardacárceles, que en un número insuficiente deben hacer frente a prisiones cada vez más sobrepobladas, y tiene en agitación desde hace meses a los estresados y pocos médicos y enfermeras de los hospitales generales o para ancianos, siempre en peligro de ser procesados si un paciente muere o tiene problemas por la atención deficiente.

Por eso, en las más de 140 ciudades donde medio millón de personas se manifestaron, se sumaron miles de pequeños comerciantes, jubilados y parientes de los niños que no pueden ir a clase o no tienen comedor escolar porque Macron suprimió puestos en las escuelas.

El gobierno del gran capital debe lidiar con una ola de descontentos y conflictos que tienden a unirse pero que no tienen el mismo signo político, lo que aún le permite maniobrar. Enfrenta, en efecto, huelgas que se oponen a la reforma de las leyes laborales o del estatuto de los ferroviarios, pero también las protestas de sectores neoliberales y partidarios de dichas reformas de la clase media conservadora ahora afectados por la distribución de los fondos estatales exclusivamente en favor del gran capital financiero.

Esta evolución gradual de sectores de la clase media empobrecida e incluso de otros más acomodados pero amenazados por la concentración de la riqueza que lleva al cierre de miles de pequeñas empresas, todavía no basta para soldar de modo duradero ese tipo de protestas con las de los obreros que ven que los capitalistas tienen ganancias récord y aun así despiden o aumentan la explotación.

En las luchas, poco a poco se está gestando un frente contra el capital entre los trabajadores asalariados, la baja intelectualidad (estudiantes, maestros y profesores), la juventud (estudiantes secundarios y los nini desahuciados de los suburbios) y parte de las familias populares; es decir, un nuevo 68 pero aún más potente en la escala de Richter social.

La táctica de Macron, por ahora, es la del romano Fabio. Contemporiza, trata de dividir a los sindicatos para aislar a la CGT y a la izquierda, tira migajas a los jubilados, cede a los ecologistas en Les Landes y no hace el aeropuerto que provocó un conflicto de 50 años, su primer ministro declara que está abierto a la negociación con tal de cortar en fetas las protestas y de enfrentarlas una por una. Pero no tiene mucho éxito.

Por ejemplo, los trabajadores de la Ford de Burdeos, en huelga contra el cierre de ese establecimiento para llevarlo al extranjero, están dirigidos por la CGT, y uno de sus principales dirigentes fabriles es Philippe Poutou, el candidato a presidente por el Nuevo Partido Anticapitalista, quien ahora coincide en la defensa de la fuente de trabajo (para los obreros) y de impuestos y puestos de trabajo (para la municipalidad)… con el alcalde de Burdeos, el derechista Alain Juppé. Además, una buena parte de los diputados macronistas provienen del partido socialista y no están dispuestos a votar la legislación laboral, las medidas contra los ferroviarios y la privatización de trenes y aeropuertos, por lo que Macron está obligado a gobernar por decreto, como un rey pero de un país que le cortó la cabeza a un monarca.

En el 68, París cantaba “¡Ce n’ est qu’un début, continuons le combat!”. Este 22 parece ser un comienzo, y el combate indudablemente continuará.

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Domingo, 04 Marzo 2018 06:02

Así quiere China dominar el mundo

Así quiere China dominar el mundo

El presidente chino, Xi Jinping, quiere que Pekín ocupe el vacío geopolítico que deja EE UU. Sus inversiones en diplomacia, armamento e inteligencia artificial lo prueban


“Esconder la fuerza y aguardar el momento”. Deng Xiaoping, el gran protagonista del aperturismo económico chino, recomendaba mantener a China en un segundo plano en el escenario global, mientras el país luchaba por salir de la pobreza y dejar atrás el marasmo de 10 años de Revolución Cultural. Ya no; esa etapa ha quedado atrás. En la “nueva era” que ha proclamado el presidente Xi Jinping, China está decidida a ocupar el papel protagonista en el escenario mundial que, a sus ojos, le debe la historia. De la mano de Xi, el líder más poderoso del país en décadas y que continuará en el poder más allá de los 10 años inicialmente previstos, quiere moldear el orden mundial para colocarse como referente, crear oportunidades estratégicas para sí y para sus empresas y legitimar su sistema de gobierno. Y ya no se recata en anunciarlo.


“Nunca el mundo ha tenido tanto interés en China ni la ha necesitado tanto”, declaraba solemnemente el mes pasado el Diario del Pueblo, la más oficial de las tribunas oficiales de Pekín. El momento actual —con un Estados Unidos que bajo la presidencia de Donald Trump ha abdicado de su papel de líder mundial, una Europa presa de sus divisiones, un mundo que aún arrastra las consecuencias de la crisis financiera de 2008— presenta una “oportunidad histórica” que, sostenía el comentario, “nos abre un enorme espacio estratégico para mantener la paz y el desarrollo y ganar ventaja” . La firma como “Manifiesto” indicaba que representaba la opinión de los más altos dirigentes del Partido.


Esa ambición no es nueva: la catástrofe que fue el Gran Salto Adelante (1958-1962) vino provocada, al fin y al cabo, por la voluntad de Mao Zedong de convertir China en una potencia industrial en tiempo récord. Lo que sí es nuevo es que ahora se proclame a viva voz, y cada vez más alto. En su discurso ante el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista en octubre, cuando renovó su mandato para otros cinco años, Xi anunció la meta de convertir su país en “un líder global en cuanto a fortaleza nacional e influencia internacional” para 2050. La fecha no es casualidad: para entonces, China ya habrá agotado su dividendo demográfico (ahora, la estructura de edad de su mano de obra, todavía relativamente joven, resulta beneficiosa para el crecimiento económico del país).


A ojos de Pekín, China nunca ha tenido tan al alcance de la mano ese objetivo. La diferencia no solo la marcan las circunstancias geopolíticas o su auge económico. También su situación interna: nunca, desde los tiempos de Mao, un líder chino había contado con tanto poder, ni se había sentido tan seguro en el cargo.
Xi no deja de acumular puestos y títulos, oficiales y extraoficiales. Secretario general del Partido: presidente de la Comisión Militar Central, jefe de Estado, “núcleo” del Partido y ahora ¬lingxiu, o líder, un tratamiento que solo se había concedido a Mao Zedong y a su sucesor inmediato, Hua Guofeng. Por las universidades de todo el país se abren centros de estudio dedicados a su pensamiento; las calles de cualquier centro urbano están llenas de carteles que exhortan a la población a aplicar sus ideas. Del modo más marcado en décadas, la lealtad al Partido, y por ende a Xi, es la condición sine qua non para tener éxito en cualquier actividad que tenga que ver con el omnipotente Estado.


La consolidación de su poder se verá completada durante la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular, el Legislativo chino, que se inaugura la semana próxima en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín. Los diputados aprobarán, entre otras cosas, eliminar el límite temporal de dos mandatos que la Constitución impone al presidente, allanando el camino para que Xi pueda continuar al frente del país por tiempo indefinido.


Ya durante el primer mandato de Xi, China ha multiplicado su expansión internacional. Su Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras va a cumplir tres años y ha concedido préstamos por más de 4.200 millones de dólares. Su Nueva Ruta de la Seda —un plan para construir una red de infraestructuras a lo largo de todo el mundo— acaba de incorporar oficialmente a América Latina, tiene en el punto de mira el Ártico y se dispone a celebrar su segunda cumbre internacional en 2019. Su inversión en diplomacia ha sido vasta. En 2017 destinó a este fin 7.800 millones de dólares, un aumento del 60% con respecto a 2013. Por contra, EE UU ha propuesto recortar un 30% el gasto de su servicio exterior.


Si Washington ha ido abandonando sus compromisos internacionales, China está dispuesta a llenar ese vacío. Xi Jinping se ha presentado como el gran defensor de la globalización, de la lucha contra el cambio climático, de los tratados de comercio internacionales. Pekín ya mantiene acuerdos de libre comercio con 21 países —uno más que Washington— y, según sus autoridades, negocia o se plantea incluir a una docena más.


Su inversión en el extranjero y la de sus empresas son uno de los principales pilares de esta estrategia. En América Latina ya ha concedido más créditos que el Banco Interamericano de Desarrollo; el año pasado invirtió 120.000 millones de dólares en 6.236 compañías de 174 países, según su Ministerio de Comercio. Como parte de su plan para convertirse en un país puntero en tecnología y hacer que este sector sea una de las principales fuentes de su PIB, ha adquirido firmas claves en áreas estratégicas, como la líder alemana en robótica Kuka o la diseñadora de chips británica Imagination. Ya es un referente en inteligencia artificial.


Pero su presencia en el exterior no se limita al terreno diplomático o comercial. Ser una potencia global requiere no solo tener acceso a los recursos y conexiones con el resto del mundo. También defenderlos y defenderse. Y China, con 151.000 millones de dólares, es el segundo mayor inversor en poderío militar, solo por detrás de EE UU, y moderniza su Ejército a marchas forzadas. Ya cuenta con su primera base militar en el exterior, en Yibuti, y según Afganistán se plantea construir una segunda en una remota esquina de ese país.


Pero si China hoy genera más simpatías que EE UU en numerosos países —incluidos aliados tradicionales de Washington como México u Holanda, según apuntaba el Pew Research Center en 2017—, su auge también suscita desconfianzas. Eurasia Group ha descrito la influencia de China en medio de un vacío de liderazgo global como el primer riesgo geopolítico para este año. “Está fijando estándares internacionales con la menor resistencia jamás vista”, sostiene la consultora. “El único valor político que China exporta es el principio de no injerencia en los asuntos internos de otros países. Es atractivo para los Gobiernos, acostumbrados a las exigencias occidentales de reformas políticas y económicas a cambio de ayuda financiera”. Mención especial, entre otras cosas, merece la inversión china en inteligencia artificial: “Procede del Estado, que se alinea con las instituciones y compañías más poderosas del país y trabaja para garantizar que la población se comporte más como el Estado quiere. Es una fuerza estabilizadora para el Gobierno autoritario y capitalista del Estado chino. Otros Gobiernos encontrarán seductor ese modelo”.


Otras voces también suenan alarmadas. El primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, denunció en diciembre la influencia de China en los asuntos políticos de su país, mediante lobbies y donaciones, y ha presentado un proyecto de ley que busca frenarlo. El director del FBI en EE UU, Christopher Wray, también ha advertido que Pekín puede haber infiltrado operativos incluso en las universidades. Un informe del think tank alemán MERICS y el Global Public Policy Institute alerta de la creciente penetración de la influencia política de China en Europa, especialmente en los países del Este. Y un grupo de académicos logró, gracias a sus protestas el año pasado, que la editorial Cambridge University Press recuperara artículos censurados por no coincidir con la visión de Pekín en asuntos como Tiananmen o Tíbet.


La creciente asertividad de Pekín puede rozar la arrogancia o el desdén por las normas internacionales. En el mar del sur de China, donde sus reclamaciones de soberanía le enfrentan a otras cinco naciones, ha ido construyendo islas artificiales en áreas en dispu¬ta pese a las protestas de los países vecinos y de EE UU. Recientemente, la prensa ha recriminado a Suecia sus presiones para la liberación de Gui Minhai, el librero sueco detenido el mes pasado cuando viajaba a Pekín escoltado por dos diplomáticos.


Además de las alarmas, empiezan a sonar también —de modo aún muy incipiente— propuestas para contrarrestar esa pujanza o los aspectos menos benevolentes de ella. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha llamado a los 27 socios de la UE a la unidad para no perder terreno frente a China. La Casa Blanca ha comenzado a imponer aranceles a algunos productos para frenar lo que considera competencia desleal de China en el intercambio comercial. Japón, India, Australia y EE UU se plantean ofrecer un plan internacional alternativo al de la Ruta de la Seda.


Claro que ni siquiera el todopoderoso Xi puede darlo todo por seguro, y la China de la nueva era adolece de debilidades importantes. Por el momento, el apoyo popular al presidente y su gestión parece sólido. Pero mantenerlo, en una sociedad de fuertes desigualdades sociales, puede ser una tarea complicada.
Las jóvenes clases medias, nacidas y criadas después de la Revolución Cultural y de Mao, no han conocido el sufrimiento de sus progenitores y demandan un bienestar económico que dan por garantizado, así como estándares de vida similares a los de Occidente.


Esto incluye la contaminación, uno de los grandes males de China. Tras medidas como un plan invernal de urgencia, estándares de emisiones para vehículos o cierres de fábricas con altos niveles de polución, este año la calidad del aire en Pekín ha mejorado notablemente. Pero organizaciones como Greenpeace remarcan que esta mejora, en parte, se ha producido a costa de trasladar la contaminación a regiones más pobres y menos visibles.


Garantizar unos estándares de vida cada vez mejores —China se ha comprometido a acabar para 2020 con la pobreza rural, que en 2015 afectaba a 55 millones de personas— obliga también a la reforma económica. Al llegar al poder hace cinco años, Xi prometió dejar que el mercado marcara el paso. Es una aspiración que ha demostrado ser complicada. En 2015, la revista Caixin apuntaba que, de entre las 113 áreas susceptibles de reforma, tan solo en 23 se avanzaba a buen ritmo, los progresos eran lentos en 84 y en 16 no se había conseguido nada.


Lo que queda pendiente es lo más difícil: las empresas de propiedad estatal, gigantescas e ineficientes, pero básicas en el sistema socioeconómico chino actual; el exceso de crédito y de capacidad de producción; la completa liberalización del yuan. Reformas necesarias, pero que requerirán enorme habilidad para que no afecten al índice de desempleo o la estabilidad social, la gran prioridad del Gobierno.


En aras de esa estabilidad social, la China de Xi Jinping ha implantado ambiciosos programas de control y vigilancia ciudadana, ayudada por la inteligencia artificial. El flujo de la información y las redes sociales están férreamente supervisados. Cada empresa, incluidas las multinacionales extranjeras, debe contar con una unidad del Partido Comunista en su estructura. Los medios de comunicación estatales —los principales— han recibido instrucciones de boca del propio presidente: “Ustedes deben apellidarse Partido”.


La tendencia es a reducir la tolerancia a cualquier manifestación cultural que no subraye el papel dominante del Partido Comunista o se ponga al servicio de sus objetivos. Y esto incluye el trato a las minorías y la práctica de la religión, sobre la que recientemente se han impuesto nuevos reglamentos. Los sujetos molestos —sean disidentes políticos, abogados de derechos humanos o activistas de causas sociales— son detenidos y, en ocasiones, condenados a largas penas de cárcel. El año pasado, el premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo murió de cáncer de hígado mientras cumplía una pena de 11 años.


Pero el tiempo corre, para Xi, para Pekín y para implementar las reformas. Uno de los grandes obstáculos que afronta el país es, precisamente, su rápido envejecimiento. La desastrosa política del hijo único hace que el dividendo demográfico se esté agotando. Pese al fin de la prohibición en 2015, la natalidad no tiene visos de repuntar. En 2020, 42 millones de ancianos no podrán cuidar de sí mismos y 29 millones superarán los 80 años. Todo un desafío para unos sistemas de seguridad social y de sanidad aún muy débiles.


Para 2050, cuando aspira a haberse convertido en una gran potencia, contará con 400 millones de jubilados. Para entonces, deberá haber completado sus ambiciosos planes de reforma militar y económica; la prioridad será atender a ese gran segmento de población envejecida. El plazo de “oportunidad estratégica” habrá expirado.
La nueva era de Xi tiene, por tanto, prisa. Hoy puede movilizar a la población en busca del sueño chino; mañana podría ser tarde. En unos años, esta nueva era puede haberse quedado demasiado vieja.

 

Por Macarena Vidal Liy
Pekín 3 MAR 2018 - 18:10 COT

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Lunes, 26 Febrero 2018 06:46

¿Nunca más?

¿Nunca más?

“Sabía que nunca podría alzar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos sin primero hablar claramente sobre el proveedor más grande de violencia en el mundo hoy día: mi propio gobierno”, declaró Martin Luther King Jr en su famoso discurso contra la guerra de Vietnam en 1967, donde vinculó la injusticia y opresión dentro de este país a sus políticas bélicas e imperiales a nivel mundial.

Estados Unidos es un país extraordinariamente violento, el más violento de todo el primer mundo dentro de sus fronteras y, tal vez, si se cuentan las víctimas de su violencia afuera, el más violento del planeta. La violencia es parte integral de su historia, empezando con la campaña genocida contra los primeros habitantes de este país, la esclavitud y las guerras de todo tamaño (algunas con millones de muertos) contra decenas de naciones hasta la fecha. Este país es el único que ha empleado un arma de destrucción masiva. Más aún, su economía ha dependido en gran parte de la producción de armas, de guerras, de control civil; es el mayor subsidio público al sector privado.

Y la violencia institucional y oficial siempre ha sido bipartidista y justificada en nombre de la paz y para defender al país y a veces hasta para salvar al mundo. La violencia oficial dentro y fuera del país no es la excepción, es la regla.

La matanza en la preparatoria pública Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, el pasado Día de San Valentín ocurrió en un país inundado por más de 300 millones de armas de fuego que, cada año, cobran más de 32 mil vidas (y decenas de miles de heridos) y que desde 1968 a la fecha han matado a más estadunidenses que los que perecieron en todas sus guerras desde la fundación de este país. Pero esa violencia interna no se puede separar de la externa, de las guerras e intervenciones casi incesantes de este país a lo largo de su historia. El mensaje oficial es que la violencia es una respuesta legítima, justificable y necesaria. Y las armas, pues, sagradas.

Lo que más desea Trump hoy día es un desfile militar con muchos aviones sobrevolando y presidido por él, un comandante en jefe que evadió –como tantos hijos de ricos– el servicio militar durante la guerra en Vietnam. Y su solución para resolver la violencia de las armas de fuego es: más armas de fuego, inlcuida la de armar a los maestros.

Nunca Más es el nombre del nuevo movimiento lanzado por esos estudiantes de Florida que sobrevivieron la más reciente matanza, una respuesta feroz contra los políticos y la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) que son cómplices de la cultura violenta oficial de este país. Por ahora, estudiantes de prepa los están haciendo temblar como nunca.

Emma Gonzalez, de 18 años, sobreviviente, cuyo discurso en la primera manifestación después de los hechos mortíferos se volvió viral, hoy día tiene más seguidores de su cuenta de Twitter, @emma4change, que la @NRA, una de las organizaciones más poderosas de este país. Ella, junto con sus compañeros como Alfonso Calderon, Cameron Kasky, Jaclyn Corin y David Hogg, entre otros, lanzaron Nunca Más y en las primeras horas después de la tragedia convocaron a una marcha nacional para el 24 de marzo declarando que esta será la ultima masacre en una escuela. De repente encabezan lo que podría ser, si se logra sostener, un movimiento de una nueva generación que, en esencia, rehusa ser cómplice de la violencia. (http://videos.jornada.com.mx/video/ 35705386/nunca-mas-video-realizado-por-carlos-sobreviviente/ ).

El movimiento, cuyos objetivos son muy concretos –prohibir la venta de armas de guerra, verificar la salud mental de quien compre armas– está cuestionando con ello la esencia política de esta democracia. Queda claro, señalan, cuando en las encuestas más recientes, la gran mayoría del país favorece controles sobre la venta y uso de armas de fuego (en las dos más recientes: CNN: 70 por ciento en favor; USA Today, 63 por ciento), pero los políticos siguen frenando mayores controles al servir a la NRA.

Empresas nacionales, entendiendo el poder potencial de este movimiento, están huyendo de su relación con la NRA; la lista crece cada día: Delta, United, Hertz, Avis, Enterprise, Symantec, Chubb y First National Bank.

La NRA acusa a estas empresas de cobardía, y una de sus voceras nacionales se atrevió a declarar que los medios son culpables de manipular todo esto, ya que les encantan las matanzas porque elevan los ratings. David Simon, creador de The Wire y Treme, entre otras de las mejores series de televisión, y quien fue periodista del Baltimore Sun, le respondió: “como reportero cubrí más de mil muertes por armas de mano y me pasé un año completo siguiendo a detectives de homicidios de escenario en escenario. Cubrí un tiroteo masivo. ¿Me encantó? Fuck you, vocera estúpida, sin sentido, sociópata… para este infierno estadunidense”.

Michael Moore, cuyo documental Bowling for Columbine investigó el tema de la violencia armada en Estados Unidos a partir de otra matanza en una preparatoria, envió un tuit: La NRA es una organización terrorista, recordando: hemos tenido 1.2 millones de muertes de estadunidenses por armas desde que John Lennon fue baleado en Nueva York.

Pero lo que asusta más a las cúpulas es que estos jóvenes logren crear alianzas con otros movimientos, algo que ya está empezando a suceder. Camila Duarte, estudiante de preparatoria y líder de United We Dream (la mayor organización nacional de jóvenes inmigrantes) en Florida, declaró: como jóvenes de color e inmigrantes, hemos pasado por tanto odio, abuso emocional y violencia en el último año, desde la prohibición musulmana hasta el fin del DACA, pasando por recortes al presupuesto escolar, y anunció que los jóvenes inmigrantes de United We Dream “seguiremos el liderazgo de los estudiantes valientes de la preparatoria Marjory Stoneman Douglas (…) en la Marcha por Nuestras Vidas. Tomaremos las calles juntos porque creemos en un futuro en el cual todos puedan sentirse seguros en sus escuelas y en sus casas”. Se espera que otros jóvenes, de otros movimientos, también se sumarán.

Tal vez los estudiantes podrán enseñar a todos aquí cómo decir nunca más a los maestros de la violencia.

 

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La Francia de hoy se incomoda con su Mayo del 68

¿Cómo celebrar libremente un acontecimiento histórico en un tiempo que encarna su negación más radical? Ese interrogante se abre en momentos en que las retóricas reaccionarias han infiltrado los medios y las urnas.

La actualidad los ha cruzado en un encuentro que traduce muy bien las batallas ideológicas en curso. El mismo año en que la literatura fascista está de moda y adquiere en las librerías una legitimidad que ya había conquistado en las urnas hace mucho, se cumple medio siglo del levantamiento estudiantil de Mayo de 1968. Este hecho transformó la historia contemporánea de Francia y al mismo tiempo su impacto se expandió a través del mundo. Hoy, sin embargo, incluso en una sociedad como la francesa que no suele esconder su historia, reivindicar aquellas jornadas donde se proclamaba “sean realistas, pidan lo imposible”, “corre camarada, el viejo mundo está detrás de ti” o “la imaginación al poder”, resulta incómodo. Las retóricas reaccionarias ha infiltrado los medios y las urnas, el centro derecha liberal está de moda, ha logrado absolver al socialismo y a parte de la derecha moderada al tiempo que la izquierda más radical, descendiente de aquellas jornadas, no despega más allí de sus simpatizantes.


Cualquier mención o homenaje a alguna forma de revolución o revuelta es engorroso. En tiempos de consenso “ni de izquierda, ni de derecha”, la revolución es una especia demasiado cargada, tanto más cuanto que en mayo de 1968 convergieron en una causa común dos fuerzas: los estudiantes, que paralizaron las universidades, y los obreros, protagonistas de la huelga general más extensa que se había visto desde 1936. Mayo del 68 cambió el molde político y social de Francia, le costó luego la presidencia al General de Gaulle y liberó a Francia de las camisas de fuerza que ataban a la sociedad desde finales de la Segunda Guerra Mundial.


Entre muchos otros cuestionamientos, los estudiantes de Mayo del 68 pusieron en tela de juicio la sociedad de consumo. Visto desde hoy donde un montón de párvulos duermen en la calle para comprar antes que nadie el último modelo de un teléfono celular, esa consigna puede parecer una aberración. La derecha y el centro derecha consideran que ganaron la “batalla de las ideas”. Nicolas Sarkozy, cuando era candidato a las elecciones presidenciales de 2007, fue el primero en emprender la guerra “para liquidar de una buena vez por todas el legado de mayo del 68”. Lo acompañaron en esa empresa de desmantelamiento toda una serie de intelectuales, muchos de los cuales provenían de la izquierda, y a quienes se calificó como “los nuevos neoreaccionarios (Maurice G. Dantec, Michel Houellebecq, Pascal Bruckner, Alain Minc, Bernard Henri-Lévy, Luc Ferry, Alain Finkielkraut, Pierre-André Taguieff, Pierre Nora). Este grupo, en nombre del “descubrimiento de lo real”, cuestionó cada uno de los principios del mayo francés, desde la liberación de las costumbres, la ideología de los derechos humanos, la igualdad, la cultura de masa hasta las sociedades mestizas (hoy llamadas multiculturales). Tuvieron mucho éxito. En un libro de Daniel Lindenberg publicado en 2002 y reeditado hace dos años, Le Rappel à l’ordre. Enquête sur les nouveaux réactionnaires (Llamado de atención. Investigación sobre los nuevos reaccionarios), el autor constataba la virulenta vigencia de este desmontaje de los cimientos del mayo francés. Según el autor, en Francia y en las sociedades mundiales se ha plasmado una “revolución conservadora” con cinco pilares que “liberaron la palabra reaccionaria”: odio a la democracia, cuestionamiento al Mayo del 68, islamofobia, obsesión por la identidad y promoción de la idea de una guerra entre el Occidente y el Islam.


Lindenberg sostiene que en este contexto, “los nuevos reaccionarios ganaron la batalla de las ideas”. Esos discursos reaccionarios sedujeron tanto a los conservadores como a muchos progresistas que se sentían “huérfanos de las utopías del 68” (Lindenberg). La tarea de estos intelectuales y de los discursos políticos que circulan desde hace poco más de 15 años consiste en lo que Daniel Lindenberg llama “desconstruir a los desconstructores”, o sea, restarle legitimidad a quienes, en el 68, “buscaron desconstruir” la sociedad de esa época.


¿Cómo celebrar entonces libremente un acontecimiento histórico en untiempo que encarna su negación más radical ?. El mayo francés fue mixto:económico, los obreros, y cultural, los estudiantes. Este grupo irrumpió contra el imperialismo norteamericano, la guerra de Vietnam, sus condiciones de vida degradadas, la falta de universidades, el sistema selectivo, la rigidez del poder, la ausencia de libertades individuales y toda una serie de protestas contra el modelo socio cultural. Los obreros, a su vez, se levantaron contra el desempleo, los bajos salarios, el autoritarismo del patronato. El movimiento obrero lanzó dos huelgas gigantes en 1967 y 1968 mientras que los estudiantes iniciaron la ocupación de las universidades a partir de marzo del 68 (Universidad de Nanterre, de la Sorbona) Sus líderes eran Daniel Cohn Bendit (luego diputado ecologista europeo),Serge July, (futuro director del diario Libération) y Bernard Henri-Lévy (futura cabeza pensante de los nuevos reaccionarios). La cronología es extensa y va hasta finales de mayo. Esas semanas de revuelta diseñaron otra Francia, otro mito que hoy se está demoliendo. “La época es peligrosa”, escribe el autor de Le Rappel à l’ordre. Enquête sur les nouveaux réactionnaires. El politólogo Gaël Brustier agrega sin dudar que “la derecha ganó la batalla cultural de este principios de siglo XXI”.


La celebración es terreno minado. Al principio, el presidente francés, Emmanuel Macron (nació 9 años después del 68), tenía previsto participar en las conmemoraciones. El Palacio presidencial del Elíseo explicó que “sin dogmas ni prejuicios” la presidencia deseaba “reflexionar” sobre esos hechos porque “el 68 fue un tiempo de utopías y de desilusiones y a decir verdad ya no tenemos más utopías y hemos vivido demasiadas desilusiones”. La expectativa sobre la participación presidencial duró poco. Macron decidió al final no integrar las conmemoraciones. Demasiadas cosas en una misma fecha: Francia que se transformaba, la Primavera de Praga y su violenta represión, las manifestaciones en los Estados Unidos, la matanza de Tlatelolco en México, las manifestaciones de los estudiantes en toda Europa. El Mayo Francés está amordazado. La derecha (diario Le Figaro) lo llama “una comedia” y a la izquierda le falta voz y potencia para sacarle de las entrañas de la historia lo mucho que aún tiene que decir. Los neo reaccionarios han impuestos sus temas y convencido a las sociedades que la batalla no está en la justicia, la igualdad, la democracia, el derecho o las libertades sino contra el islam, el terrorismo y la inmigración. El Estado islámico, esa otra creación de la barbarie occidental, ha sido un precioso aliado circunstancial en esta confrontación de ideas entre los pujantes conservadores y una izquierda que, lentamente, ha ido perdiendo sus lugares de legitimidad. Ahora buscan con empeño robarle su historia.
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“Hay un genocidio de la población negra”

La experta señala que Brasil “está matando a su potencia social, que son los jóvenes y adolescentes”. Son unos 30 mil muertos en un año. Amnistía exige al Estado que adopte políticas contra el racismo que se observa en sus instituciones.

 

Cinco muchachos de otros tantos estados brasileños cargan un féretro con flores que colocan frente al ingreso del Ministerio de Justicia para simbolizar los homicidios, en su mayoría de negros, ocurridos en 2016. Cae una llovizna sobre Brasilia, detrás del cortejo simbólico camina Josuma Werneck, directora ejecutiva de Amnistía Internacional. “Vinimos hasta aquí para decir que queremos a los jóvenes negros vivos, eso es lo que demandaron las sesenta mil personas que firmaron el petitorio que trajimos para que lean las autoridades, porque el Estado tiene que poner en práctica una política nacional de reducción de homicidios que requiere un control del accionar de la policía”. Josume Werneck dialogó con PáginaI12 al cumplirse tres años de la campaña “Joven Negro Vivo” que incluyó encuentros con las autoridades del Senado y Diputados.


–¿Cuántos brasileños fueron asesinados?


– En 2016 en Brasil ocurrieron 61 mil homicidios, es un número trágico: de cada 10 víctimas siete eran negras, y entre éstas el numero más alto corresponde a jóvenes de la periferia y de las favelas. Brasil está matando a su potencia social que son los jóvenes y adolescentes. Son unos 30 mil jóvenes negros muertos en un año.
–Como en la dictadura argentina.


– Es algo realmente terrible, estamos viviendo una situación equivalente a la de países que tuvieron dictaduras, o a la de países en guerra, el movimiento negro hace años que dice que en Brasil se vive un genocidio de la población negra, y es una definición que considero apropiada.


Lo que decimos en Amnistía Internacional es que más allá del nombre que se le de a este fenómeno, lo que importa es actuar ya.


–¿La policía es racista?


–Una de las reivindicaciones presentadas ante el gobierno es que se reduzca el número de homicidios causados por la policía, las fuerzas de seguridad tienen que actuar contra el racismo no es posible que lo reproduzcan, por eso decimos que el Estado debe adoptar políticas contra el racismo que se observa dentro de sus instituciones. Vemos, por ejemplo, que los homicidios causados por las fuerzas de seguridad que tienen como víctimas a las personas negras en un número mucho más alto que las víctimas blancas. El racismo está en la violencia, pero es más que eso, está metido dentro del discurso cotidiano, en los medios de comunicación, en los hábitos, es algo que permea toda nuestra cultura, que es la de un país donde la esclavitud fue abolida sólo en 1888.


Para erradicar ese racismo que algunos llaman inconsciente necesitamos que las personas tomen conciencia de esto. A mí no me parece correcto hablar de un problema que está en el inconsciente, prefiero decir que la violación de los derechos de las personas negras es algo que está naturalizado. ¿Y que hacemos entonces?. Es preciso desnaturalizar, desnormalizar esa situación.


Es necesario adoptar políticas activas para revertir esta deuda como son los cupos para jóvenes negros en la universidad que es una medida tan atacada por algunos grupos.
–Las denuncias sobre represión de manifestaciones urbanas han aumentado, ¿está garantizado el derecho de protesta?


– La protesta, las manifestaciones son derechos garantizados por ley, cabe a las autoridades preservar ese derecho. Las fuerzas de seguridad, y en última instancia el Estado brasileñó, son los que tienen que garantizar un ambiente seguro para que sea ejercido. No aceptamos que ocurra ningún retroceso en esa materia. El derecho a la protesta y otros que tanto han costado conquistar no pueden ser perdidos, por eso este año Amnistía Internacional lanzó la campaña “Los Derechos No se Liguidan” que tiene como principal objetivo el Poder Legislativo donde se trataron normas que amenazan conquistas de todo tipo.


–La violencia en el campo también creció


–Acabamos de lanzar un informe sobre homicidios de defensores de DD.HH. en las Américas donde fue asesinada más de la mitad de los defensores de derechos humanos de todo el mundo. El cuadro más problemático es el de Brasil: entre enero y agosto de este año fueron asesinados 58, la mayoría de los cuales eran indígenas, trabajadores rurales sin tierra y otras personas envueltas en la lucha por el territorio y el medio ambiente. Es preciso que haya una respuesta inmediata las autoriades nacionales y provinciales.


Favelas en guerra


Antes de asumir como responsable de Amnistía Internacional Jurema Werneck trabajó en la ONG Criola. “Ser mujer y negra en Brasil es sinónimo de lucha”, asevera esta médica de hablar seguro que realizó un doctorado en comunicación social y conoce el pensamiento de la intelectual norteamericana Angela Davis, la ex militante de las Panteras Negras y miembro del Partido Comunista estadounidense que visitó Brasil este año.


Davis plantea que no basta con oponerse al racismo, es necesario ser activamente antiracista y en su gira reciente por Brasil destacó el papel de las mujeres afrodescendientes.


“Creo que hay que escuchar las voces de las mujeres negras para poder transformar la realidad (..) en Brasil hay 60 millones de mujeres negras, el 70 por ciento de ellas es pobre, es mucha gente, demasiada como para que sean ignoradas” sostiene durante la conversación con este diario, realizada hace diez días, la titular de Amnistía Internacional.


Werneck trabajó como activista con moradores de las favelas de Río de Janeiro donde el presidente Michel Temer envió 8.000 militares para restablecer la “ley y el orden”. El combate al enemigo interno afincado en las favelas continuará hasta fines de 2018 prometió la semana pasada el ministro de Defensa Raúl Jungmann.


–¿Cuál es su balance después de cuatro meses de la militarización?


–Seguramente no hay una única medida para solucionar los problemas, lo que Amnistía Internacional dice es que la militarización no demostró ser una solución adecuada. Las Fuerzas Armadas tienen una función definida dentro de la Constitución, las Fuerzas Armadas no están preparadas, no reciben entrenamiento para realizar tareas propias de la policía. Son muy importantes cuando cumplen las funciones para las que están preparadas.


–Temer promulgó una ley que garantiza foro especial a los militares acusados de cometer delitos en las favelas.


–Amnistía Internacional no se refiere a la situación de los derechos humanos tomando en cuenta el color partidario de un gobierno en particular. Lo que decimos es que la existencia de una legislación paralela a la Justicia común repercute como factor que agrava las desigualdades. ¿Por qué? Porque en Brasil la Constitución dice que todos somos iguales ante la ley, pero algunos son protegidos por una jurisdicción especial, esa es una anomalía. Amnistía se movilizó contra la legislación que da un foro especial a los militares, ha estimulado el debate sobre ese tema y va a seguir luchando para que esa ley sea revocada.

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Siete retos para los jóvenes de América Latina

 

El tema que me han pedido desarrollar me parece muy procedente, porque junto al conocimiento y la confraternidad entre los participantes, las acciones de solidaridad y demás actividades, estos Festivales son también espacios donde se examinan y debaten cuestiones fundamentales para los jóvenes que trabajan por la creación de un mundo de justicia y libertad para todos.

Quisiera exponer siete desafíos que a mi juicio deben enfrentar los jóvenes de América Latina y el Caribe. Sin dudas hay más retos, y la formulación general no puede tener en cuenta los ámbitos específicos que condicionan la identificación de las realidades, los modos de comprender y sentir, las contradicciones y los conflictos que se enfrentan, los objetivos e instrumentos que se privilegian. Además, seré sintético, como corresponde al tiempo disponible.

Primer reto. Los jóvenes tienen características generales en cuanto tales que no debemos olvidar nunca; ellas siempre son importantes, y pueden llegar a ser decisivas. Pero no existen los jóvenes en general. El primer reto parte de la realidad de que una gran parte de los jóvenes de nuestro continente se enfrentan todos los días al desafío de sobrevivir y encontrar un lugar en el mundo. Padecen hambre o carecen de alimentación suficiente, de servicios de educación y de salud, de empleo, y viven en familias precarias. Saben del trabajo infantil, de la delincuencia de los pobres, la prostitución y el consumo de drogas baratas. Esos jóvenes no están aquí, no conocen lo que hacemos ni nuestros escritos —muchos no podrían leerlos—, ni es probable que les interesen. No suelen votar, porque no sienten suya la política que existe en sus países. Por consiguiente, muchos pueden ser acarreados precisamente por los culpables de la vida que llevan, si les resuelven algunas de sus necesidades perentorias.

El primer reto ante nosotros es romper esa terrible división, que es una de las fuerzas mayores de los enemigos de la Humanidad. Debemos ir a ellos, conocerlos realmente en vez de creer que los representamos, acompañarlos en sus vidas y sus afanes, con el fin de ayudarlos a ser rebeldes y pelear por ideales, ganarnos el derecho a conducirlos en el prolongado y difícil proceso de cambiar sus vidas y las sociedades de explotación, desigualdades, exclusión y opresiones.

Segundo reto. Lograr combinar las tareas y las satisfacciones personales —el amor, el trabajo, el estudio, las inclinaciones particulares— con intereses cívicos, con la necesidad de conocer el mundo en que vivimos y sus problemas. Darles lugar en nosotros a ideales que hacen crecer las dimensiones humanas y brindan una riqueza personal que trasciende, y lograr gobernar la esfera de los egoísmos. Ir más allá de las reacciones esporádicas ante incidentes y los entusiasmos efímeros.

Tercer reto. Tomar conciencia de las claves fundamentales del sistema capitalista y la manera de vivir que genera, difunde y mantiene. Conocer sus hechos, sus instrumentos, su criminalidad despiadada, su conversión de los individuos en agresores entre sí y en indiferentes ante las desgracias ajenas. Conocer las funciones sociales de dominación que cumplen los atractivos que en realidad posee el capitalismo, y que ese sistema constituye un complejo orgánico, lo cual permitirá situarse mejor ante sus manifestaciones. Salir del control que ejerce su sistema de información, formación de opinión pública, entretenimiento y gustos. Pensar las contradicciones y los conflictos, y buscar sus causas. Pero no basta con conocer: en realidad los sentimientos que concentran energías y fomentan motivaciones, y que desatan actitudes y actuaciones, son tan importantes como las ideas y los conocimientos.

Cuarto reto. Vivir la conciencia que se está adquiriendo como un conjunto de ideales, convicciones e ideas que llevan a la actuación. Reunir las capacidades personales, la necesidad de participar en causas justas, los deseos de goces y satisfacciones, los impulsos de rebeldía, los conocimientos que se adquieren, para integrar con el conjunto a una joven o un joven consciente y rebelde.

Quinto reto. Darles permanencia a esas transformaciones conquistadas y convertirlas en guía de los juicios y motor de la actividad, tanto de la vida cotidiana como de las jornadas trascendentes. Es decir, aprender a luchar y a ser militante revolucionario.

Sexto reto. Poner una gran parte de sus esfuerzos, capacidades y sentimientos dentro del cauce de un colectivo, lo que implica ceder una parte del albedrío y de la libertad del individuo, al mismo tiempo que puede crear un instrumento organizativo que multiplique las fuerzas y las cualidades de cada uno y las posibilidades de victoria. Las organizaciones revolucionarias no son una panacea: sus realidades y su historia lo muestran claramente. Por eso, precisamente, no temer a entrar en ellas constituye un reto para los jóvenes revolucionarios, y aún mayor es el reto de no estar dentro de ellas para perder cualidades y asumir rituales vacíos, sino para contribuir a transformarlas en nuevas organizaciones capaces de ser realmente revolucionarias. El desafío está en comprender que la organización y la política son indispensables, y a partir de esa comprensión y la actuación consecuente inventar nuevas formas revolucionarias eficaces de hacer política.

Séptimo reto. Practicar la solidaridad como ley primera de los intercambios humanos y las relaciones sociales. Al actuar y pensar en política, el contenido concreto del medio en que cada uno viva y se mueva serán determinantes, y por consiguiente debe ser priorizado. Pero no podemos olvidar en ningún momento las cuestiones más generales, sus características y sus implicaciones, y los condicionamientos que pone a nuestra acción: tener en cuenta el movimiento en su conjunto. El capitalismo ha logrado universalizarse y universalizar su cultura, y esgrime con gran fuerza esos logros contra la humanidad y el planeta. Pero nos ha enseñado, primero, que podíamos tener dimensiones universales para enfrentarlo, y después, que solo universalizando nuestros combates contra él y por la creación de sociedades libres y justas seremos capaces de hacer permanentes nuestros logros y llegar, entre todos, a vencerlo.

Ser internacionalista es triunfar sobre un desafío vital. El colonialismo ha sido el modo criminal y devastador de mundializarnos del capitalismo, la liberación nacional antimperialista es la ley de la creación de nuevos seres humanos y de sociedades libres. La unión del patriotismo y el internacionalismo es el camino seguro para que ese proceso de creaciones no pueda ser detenido ni derrotado. Es forjar la dimensión que nos une a través y por encima de todas las diferencias y todas las fronteras.

Termino invocando a un individuo cuyo nombre y rostro son como un esperanto para nuestras lenguas y un denominador común para nuestros ideales, porque logró triunfar sobre todos los retos, ascender al escalón más alto de la especie humana y dejarnos a todos un legado invaluable de ejemplos, acciones y pensamiento. Ernesto –que poseía una belleza física y una inteligencia ostensibles– quiso ser profesional, como le era posible a un joven de su medio social, pero al mismo tiempo darse a los más desvalidos y curar leprosos en Perú o en África. Leyó novelas desde niño y filosofía y tratados políticos desde adolescente, albergó el deseo de conocer París, pero caminó a lo largo de su continente para conocer a los pueblos oprimidos y acendró una vocación de entregarse a ellos. Encontró una noche su destino con Fidel y la guerra cubana y supo tomar la decisión más importante antes de que amaneciera. Dio un prodigioso salto hacia delante mediante la práctica revolucionaria consciente y organizada, avance tan grande que hasta le cambiaron su nombre. El Che fue uno de los más grandes y amados dirigentes de la Revolución cubana, pero supo dejar sus cargos y volver al combate internacionalista, hasta dar su vida como comandante cubano y latinoamericano.

Recordemos su grandeza de revolucionario y su tranquilo optimismo cuando, a la hora de otra decisión trascendental de su vida, le escribió a Fidel, nos escribió a todos: hasta la victoria siempre.

 

 

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Los jóvenes y la red: ¿qué hacemos en ella? ¿Qué podemos hacer? Esquizofrenia natural, la voz crítica de una generación

 

Esquizofrenia natural, la voz crítica



La realidad es frágil, es el eslogan de Esquizofrenia natural, un interesante Youtuber mexicano que a través del análisis y la imaginación intelectual estimula las neuronas de miles de jóvenes que hoy siguen su canal. Entre podcast, videos y minidocumentales este personaje explora, con riguroso estudio, numerosas problemáticas del caótico mundo contemporáneo donde los jóvenes latinoamericanos apenas si logran poner un alto al ritmo frívolo y superficial en que se encuentra sumergida su vida cotidiana de Internet. Filosofía, sociología, ciencia ficción, critica social, cultural, cinematográfica y literaria, hacen parte de la rejilla de programación que sumerge al internauta seguidor de Esquizofrenia en los vericuetos más enigmáticos del mundo actual.


Internet la nueva caja idiota


Hoy en día, el espacio en que actúa esquizofrenia, se caracteriza por un número creciente de jóvenes que con sus videos caseros son furor en las redes sociales. El alcance de muchos de ellos ha llegado a convertirlos en imágenes de grandes campañas, y aunque no hacen parte de la farándula, sí han logrado conseguir un reconocimiento viral del que aún se desconoce si hace parte de una moda o de un nuevo modelo de consumo en Internet. Sin embargo, y pese al potencial de uno u otro Youtuber, el contenido en Internet se ve avasallado por los dólares que puedan disponer para promocionar una pagina en Facebook o un canal de YouTube, pues pagar publicidad es la única forma de que la gente vea, apoye y comparta actualmente ciertos contenidos de manera masiva. Sí, señoras y señores, con ustedes la monetización de la otrora libertad de expresión.


Internet ya no es solo un espacio participativo y cuasi-democrático, en la ultima década hemos visto como pasó de ser ese medio en el cual miles se organizaban para pedir justicia, a ser ese medio donde la cultura de masas se ha expandido y colonizado nuevos escenarios, donde es posible volverte famoso si juegas videojuegos o gritas tonterías frente a una cámara.


Si abrimos la página principal de YouTube encontraremos canales recomendados, los clásicos blogueros, video jugadores, canciones del momento que usualmente suelen ser de reggaeton y pop, teorías conspiranoicas y creepypastas, que no están mal, pero que poco a poco se convierten en lo único, en lo más difundido, declarando implícitamente una guerra de páginas por ser la número uno y donde, básicamente, no se necesita ser censurado para caer en la marginalidad.


La categoría de prosumidor (combinación simultánea de productor y consumidor) que caracterizó la primera década del Internet masivo, se está viendo desplazada por la adición, la categoría de seguidor, que no crea contenido, solo lo copia y lo pega. Ahora lo importante no es decir lo que pensamos, sino ganar fans y, claro está: dinero. Hoy en día lo que va a la baja es la opinión justificada y bien informada, y con ello los YouTubers que tienen un critica al modelo y un discurso elaborado sobre los problemas de la realidad.


Como es conocido, YouTube tiene una gran oferta de videos con todo tipo de contenidos, ya sean educativos, humorísticos y demás, espacio del que muchos creadores de contenido suelen retirarse ante el nulo apoyo que reciben. Desmotivación que gana forma entre pequeños y variados creadores de contenido que así reaccionan ante el plagio que sufren por otros bloggeros con más fama o que alcanzan 20 millones de vistas solo con subir un reto, la reacción de algún niño ante un videojuego o alguna loca teoría de extraterrestres reptilianos.


Una voz baja pero profunda en medio de esta tormenta ruidosa


Por todo ello, Esquizofrenia natural es digno de ser reconocido: no tiene millones de vistas, pero sí miles, hecho que significa un gran logro, pues encontrar a Esquizofrenia en este mar de información es magna tarea.


Esquizofrenia natural, César Hernández, es un chico mexicano del Distrito Federal que estudió licenciatura en comunicación en la Facultad de Estudios Superiores en Acatlán. Su proyecto empezó de la mano de su colega Void y lleva alrededor de 4 años. Como el mismo lo expresa: “al principio la idea de esquizofrenia natural como concepto no existía, existía el regreso del fantasma”, luego existió deep face 2.0, página cerrada por Facebook por vinculaciones con la deep web y por publicación de contenido demasiado explícito.


Después de eso surgió Esquizofrenia natural, su símbolo y su identidad: “la realidad es frágil”. El objetivo es sencillo: articular personas buscadoras y difusoras de conocimiento, con imágenes, podcast, videos y foros de discusión. El proyecto cuenta con una computadora portátil, un micrófono, una modesta biblioteca y tres administradores: Esquizofrenia, el Doc y Void, que se dedican a tareas de limpieza, cocina y oficios varios, y que viven en alguna habitación de un barrio periférico de la ciudad de México.


Empezaron esta nueva etapa comunicativa con datos rápidos, varias frases célebres y recomendaciones culturales que surgieron de su hobbies sobre el cine y los psi-comics, para llegar a los videos, con los cuales catapultaron a Esquizofrenia, sus minidocumentales que combinan la critica cultural, con filosofía, sociología, economía, psicología y demás.


Lo interesante es que sus temáticas versan sobre los tópicos más atrayentes de la nueva juventud, como el video titulado: “La infantilización de la sociedad”,en donde se discute la problemática del miedo a madurar, incentivado por la publicidad, con implicaciones profundas en la incapacidad de comprometerse y asumir responsabilidades, lo cual es contraproducente para el modelo consumista más propio de la juventud hedonista, aquella que solo vive el presente.


En el minidocumental “El abismo millenial”,intenta conocer los retos que afronta nuestra generación (los llamados millenials), legados por los desastres de las generaciones pasadas y que hoy se batallan entre el vacío existencial del pos modernismo y los múltiples fundamentalismos, arcaicos y contemporáneos, que tienen al mundo al borde del holocausto ecológico. Asimismo, en su minidocumental “La generación vacía”, muestra como esta generación es incapaz de darse cuenta de estos problemas por vivir en un permanente escape hacia un pasado mejor y más simple, o en referencia a elementos reciclados que impiden dar soluciones originales a problemas inéditos o reactualizados.


En su gama de videos y podcast contrasta la tontería de las tribus urbanas, o de los libros de autoayuda, con los problemas de depresión, neurosis compulsiva, obsesión por el éxito, la soledad y demás acuciantes malestares que más que problemas emocionales, son tratados por Esquizofrenia como problemas de entendimiento y análisis juicioso de los elementos culturales, geo-políticos y económicos de la sociedad actual.


Por ello, también hace propaganda de sus métodos destacando tutoriales sobre “Cómo ser autodidacta”, “La ética del hacker” o “Cómo hablar mejor”. Asímismo, destaca su critica a películas y animes, valiéndose de la artillería conceptual de todo tipo de autores y tradiciones académicas del mundo occidental, todo ello sin ser soso o intelectualoide, e intentando tocar temas más triviales o morbosos, como las diferencias entre Dragon Ball Z y Pokemon, claro, siempre con un aire de misterio que hace que esquizofrenia no pierda nunca su estilo o caiga en la banalidad.


Es así como Esquizofrenia natural es hoy toda una plataforma de amplio contenido cultural, que intenta dar soluciones y herramientas para asumir el Siglo XXI con esperanza o, por lo menos, para hacerlo más comprensible desde una perspectiva crítica.


Manos a la obra


Todas las tendencias que hoy vemos en redes y ciberespacios como YouTube, van en contra y en detrimento de quienes hacen un buen contenido, el mismo que requiere poner en juego tres cualidades: calma, análisis y rigurosidad. La Cultura de lo efímero, la cultura de la moda, del grito y la curiosidad, ha generado una pila enorme de basura, de estupideces y de solipsismo apoyadas en la ansiedad de dinero, desechos comunicativos que relegan a los márgenes videos y productores serios, con ideas e iniciativas importantes por poner a circular.


Así, como Esquizofrenia, interactuemos en la red, alcemos la voz para opinar a propósito de lo más banal, como de lo más complejo, siempre con argumentos juiciosos e informados. Mi invitación es a que transformemos los usos y costumbres dados a la red, de manera que en ella se encuentren otros discursos y otras perspectivas. Mi recomendación es a que no perdamos de vista a Esquizofrenia natural.

 

Videos relacionados

 

https://www.youtube.com/watch?v=rh5YDjp3-gw

https://www.youtube.com/watch?v=Mli0yUJ6Dow

https://www.youtube.com/watch?v=NmIRrCRtqeU

https://www.youtube.com/watch?v=Qb-ijTEHgMo

https://www.youtube.com/watch?v=OqfdzTc-itU

https://www.youtube.com/watch?v=YhMDbsnxrzc

https://www.youtube.com/watch?v=VPDaiJkxN6Y

 

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Martes, 24 Octubre 2017 08:12

El mensaje de Alain Badiou a la juventud

Alain Badiou

 

La alternativa no está en la defensa a ultranza del capitalismo neoliberal, ni en el regreso a la seguridad de la tribu conservadora, sino en la construcción de un hasta ahora desconocido marco de simbolización en el que no reine la falsa vida

 

“Tengo 79 años. ¿Por qué debería preocuparme hablar sobre la juventud? ¿Y por qué debería, además, preocuparme por hablar sobre la juventud a los jóvenes mismos?”. Así empieza The True Life, el interesante mensaje y alegato que el conocido filósofo francés, Alain Badiou, dirige a las nuevas generaciones desde la altura de su consciente ancianidad.

Vivimos un mundo de riesgos, incertidumbre e inestabilidad, un mundo repleto de problemas globales que sólo logran encontrar débiles respuestas locales en medio de sociedades anestesiadas en la monotonía ordinaria. La pasión por lo político, por la defensa del interés general y de la comunidad, parece haberse diluido en un mar de consumismo, nihilismo y, sobre todo, indiferencia.

Si a la inexistencia de ritos sociales de iniciación a la madurez le unimos el culto generalizado a la frescura de la juventud y a lo saludable que acompaña todo consumismo frenético, la desorientación está asegurada.

Placer, dinero y poder: la tríada que ha presidido las acciones humanas sigue en su trono milenios después de la muerte de Sócrates. Con el maestro de Platón comienza Badiou, precisamente, su mensaje, pues el de Atenas se suicidó tras la condena por “corromper a la juventud”. Pero no la “corrompió” sobre las pretensiones de sexo, de poder o de riquezas....sino por intentar enseñarles que hay algo mejor más allá de esa tríada, que vale la pena vivir esta vida y disfrutarla.

Badiou aquí, reinterpretando a Sócrates, considera que existen dos caminos antagónicos a la verdadera vida y que nos llevarían, cualquiera que fuera el elegido, a una falsa y condenable por nadar en la vacuidad. Sendos caminos que, además, son los que se presentan a los jóvenes cuando, desde la cortedad aún de sus (nuestras) existencias, intentan proyectar hacia el futuro lo que será de ellas.

El primero de estos senderos o conjuntos de opciones viene constituido por lo que el francés llama el “nihilismo inmediato”, la pasión por quemar la vida en un cúmulo intermitente de “momentos”. Fotos en Instagram, una aventura de una noche, la suave complacencia de miles de likes, la arrogancia del que se cree algo y no es sino trivialidad condensada...El materialismo de la nada.

El segundo, por su parte, vendría motivado por pretensiones justamente contrarias. El deseo de planificar la vida haciendo tabula rasa, precipitada, del futuro; la búsqueda incesante de la estabilidad y el prestigio social, del éxito y la tranquilidad de un matrimonio, una casa, un coche y un perrito. El materialismo aquí giraría en torno al solipsismo del reconocimiento en sociedad y de la asunción de la pasividad y complacencia necesarias para escalar en la pirámide del prestigio y el sosiego.

Entre estos dos conjuntos alternativos, pues, dice Badiou que se mueven los deseos de la juventud occidental hoy. Pero tales caminos no se dan sin un contexto, sin una base previa de la que puedan partir, y es aquí donde cree el filósofo que reside la verdadera causa de la falsedad de nuestras (posibles) vidas como jóvenes. Tras la eliminación del servicio militar, la difuminación del valor del matrimonio y de la disciplina, no existen ya ritos sociales de iniciación a la madurez. Si a ello le unimos el culto generalizado a la frescura de la juventud y a lo saludable que acompaña todo consumismo frenético, la desorientación está asegurada. El paro, la falta de referencias, la inestabilidad y la ausencia de valores nutren el punto de partida del que tienen que servirse las nuevas generaciones para tomar uno de los caminos que se le abren, y cualquiera de sus decisiones estará condicionada por ese sustrato de inseguro infantilismo. La caída del mundo de la tradición, de los procedimientos que aseguraban el tránsito de la pubertad a la madurez, junto al intrépido individualismo y atomización capitalista, hacen de los jóvenes experimentos de eterna puerilidad, sujetos incapaces de tomar decisiones ni de sufrir por sus consecuencias. Una miríada de psicopedagogos y orientadores sociales les sirven para atenuar sus inquietudes, pero éstas siempre se alternarán en medio de la inestabilidad de un mundo sórdido que parece ofrecer, únicamente, dos caminos antagónicos que son contrarios, al mismo tiempo, a la verdadera vida.

O el nihilismo y la ordinariez de la rutina, o la creación de un nuevo mundo y de unos nuevos horizontes. Recuperar la ilusión por el compromiso público y por la renovación de los valores sociales, crear (¡crear, sí!) una nueva tradición en la que converjan las virtudes que nos han legado los siglos. La alternativa no está en la defensa a ultranza del capitalismo neoliberal actual a lo Fukuyama, ni en el regreso al grupo y a la seguridad de la tribu conservadora (Trump, FN, Orbán...), sino en la construcción de un hasta ahora desconocido marco de simbolización en el que no reine la falsa vida. “La revelación – dice Badiou- de que sois capaces de mucho más de lo que pensáis que sois puede ocurrir cuando tomáis parte en un movimiento por una nueva idea de vida colectiva; cuando sentís las primeras agitaciones de una vocación artística porque habéis sido conmovidos profundamente por un libro, una obra de música o una pintura...”. Alternar en un mismo proyecto la inmediatez y la planificación, la construcción y la destrucción, la extraña lucidez de la locura (¡Ya no hay locos!) y su elogio. La vía intermedia entre los dos caminos descritos, la vía de la virtud del justo medio. Pero no tienen los jóvenes, dice Badiou, que elegir simplemente la equidistancia entre los dos senderos que se bifurcan sobre el futuro, sino que deben agarrar las riendas de un futuro que los supere y los transforme. Un nuevo auriga de Delfos, no el mismo de siempre tamizado de la moderación de lo apolíneo frente a lo dionisíaco.

En esto puede consistir la vida verdadera preconocida por Sócrates, en un permanente “abandonar” y “construir” que pilote una juventud renovada en su ilusión por un mundo mejor, más justo e igualitario, donde lo colectivo y lo político no sean objeto de apropiación por unos pocos, sino el resultado de un proyecto común fundado en la fuerza creativa de la cultura; de nuestra conciencia social, en definitiva, de ser y estar en un mundo que puede ser, a pesar de todo, el mejor de los mundos posibles.


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Gabriel Moreno González. Investigador en Derecho Constitucional. Universitat de València.

 

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Lunes, 25 Septiembre 2017 11:39

Participación social de niño/as y jóvenes

Participación social de niño/as y jóvenes

De la norma a la realidad, discursos y acciones que abren interrogantes sobre la realidad de la participación social en nuestro país.

 

¿Un encuentro más? En junio de 2016 sesionó en Pereira el “Encuentro Interamericano de participación de la infancia y la adolescencia en políticas públicas” coordinado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y el Instituto interamericano del niño y la niña –IIN, al cual confluyeron diferentes procesos participativos de México, El Salvador, Perú, Ecuador, Uruguay y Colombia. Niños y adolescentes del país anfitrión dieron cuenta de cómo se realizan consultas y mesas de trabajo para enriquecer estrategias y programas. ¡Estamos cambiando el mundo!1, entonaban al unísono las voces más jóvenes de la región.

 

¿Una ilusión juvenil institucionalizada? El interrogante no es gratuito pues, más allá del evento, resalta una tensión muy profunda entre los imaginarios institucionales de participación y las lógicas locales en las que cobran vida, como lo permite deducir Freiman Quiñones, joven integrante del Consejo Nacional Asesor y Consultivo (de cuál institución o proceso), cuando afirma que “sólo somos reconocidos como indicadores, no hay empoderamiento en las regiones; [...] no somos tomados en cuenta”.

 

En el mismo sentido asiente María Camila Hoyos, compañera de Freiman en el Consejo: “una de las principales causas por las que nosotros los jóvenes no participamos es por la deficiencia de educación que cultive un pensamiento crítico”.

 

Estos jóvenes líderes distantes en sus regiones, el primero procedente de Tumaco-Nariño y la segunda de Popayán-Cauca, desarrollan por cuenta propia procesos de articulación y movilización social entre sus pares, promoviendo soluciones a las necesidades sentidas de la población. Terminan señalando cómo “la falta de continuidad, tanto nacionalmente como a nivel local, entorpece los ejercicios participativos, el impacto es menor”.

 

De buenas ideas está empedrado...

 

A comienzos de la década del 1990 la Constitución Política de Colombia consagró la participación social como un derecho garante del cumplimiento y protección de los demás derechos fundamentales; de manera especial en lo concerniente a niños, niñas y adolescentes. Es así como la ley 1098 de 2006 articula este principio empoderándolos como “sujetos titulares de derechos”. Por su parte, la Convención de los Derechos del Niño declara que “tendrán derecho a la libertad de expresión”, entendiéndola como “la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo”2.

 

En consonancia con este marco regulatorio de derechos, el sistema educativo nacional contempla estimular el ejercicio deliberante de participación a través del Gobierno Escolar, una reproducción del sistema de gobierno democrático nacional al interior de cada salón de clases, a lo largo y ancho de esta geografía; “en cada establecimiento educativo del Estado estará conformado por el rector, el consejo directivo y el consejo académico3”.

 

Desde entonces, la institucionalidad afinó su mirada hacia los más pequeños, los niños (“la persona entre 0 y 12 años”), los adolescentes (“la persona entre 12 y 18”) y los jóvenes4 (“de 14 a 28 años”); generando mecanismos de participación y control social desde su interior en sintonía con los imaginarios contractualistas de ciudadano moderno participativo.

 

Del pasado al presente

 

Lejanas y vetustas parecen ahora ideas decimonónicas cuando a la infancia le correspondía ser la edad “que sabe sentir y ver más bien que reflexionar i discurrir” (Catecismo de Astete). Siguiendo los discursos contemporáneos, en las escuelas se pretende formar sujetos autónomos y autocríticos, capaces de agenciar su propia vida y la de sus comunidades; reflexivos y comprometidos con el desarrollo individual y colectivo. Empero, están ancladas entre nosotros representaciones sobre la niñez en sentido deficitario, como menores de edad, recipientes sin contenido, tabula rasa, inocencia angelical o estultez manifiesta. En esta ingente Colombia de múltiples y simultáneas realidades, circulan en campos y ciudades ideas tales como “cuando los adultos hablan los niños callan”, “son cosas de niños”, “¡llora como una niña!”, o, llanamente, “no le ponga cuidado, eso se le pasa, así es que aprende”.

 

De igual manera se cierne sobre jóvenes y adolescentes una espesura de sospecha, desconfianza y riesgo latente. Circulan entre doctos y legos ideas que refieren a los adolescentes como “adolecer” (al que naturalmente le falta algo), apelando a supuestas raíces etimológicas, o alumno como “a-lumini” (sin luz); en todo caso no como un ser completo, más bien como un sujeto a medio camino de ser.

 

Un proceso por ser y en lucha constante. El reconocimiento de las voces, sentires y necesidades de nuestros niños y niñas está lejos de parecerse al discurso oficial e institucional que promulgamos; nuestras prácticas (Foucault) dan cuenta de realidades diferentes, evidencian tensiones constantes entre el deber ser y los hechos concretos; baste para ello revisar nuestros tenebrosos indicadores de utilización, infanticidio, abuso sexual, trabajo infantil o reclutamiento de niños, niñas y jóvenes.

 

De esta manera y de acuerdo a lo establecido oficialmente, en las instituciones educativas los niños y niñas líderes se postulan periódicamente a cargos de elección popular para representar a sus compañeros y servir de puente con las instancias de decisión y poder en las comunidades. Debemos señalar con sorna y escándalo que el gobierno escolar hace bien su trabajo, reproduce a pie juntillas el mundo de los adultos en su deseo por acumular capital simbólico (Bourdieu). Durante los procesos electorales del gobierno escolar se pueden ver en las instituciones educativas esquemas electoreros y corruptos, compra de votos, campañas de desprestigio, tráfico de influencias y, sobre todo, promesas falsas.

 

Sueño latente

 

Con todo, algunas de las transformaciones en la historia reciente del país han sido protagonizadas por los jóvenes, así lo refieren algunos líderes estudiantiles del denominado movimiento de la séptima papeleta en la década de 1990. “Para mí [...] fue una reafirmación de que no nos dejaríamos callar por la mafia, de que saldríamos a defender la democracia y que reformaríamos el país”; dice Claudia López, por aquella época estudiante de biología de la Universidad Distrital en Bogotá, hoy senadora (pre)candidata a la presidencia de la República.

 

De igual manera, y en el entrecruzamiento de fuerzas sociales, individuos e imaginarios que tensionan las formas de comprender y relacionarse con la niñez, resulta pertinente señalar algunas experiencias exitosas de participación vinculadas con el territorio que habitan las comunidades. Participar en abstracto no es un ejercicio potente, no lo es tampoco la instrumentalización de los sujetos estandarizados como indicadores en mecanismos que ellos mismos desconocen. Así, por ejemplo, la comunidad indígena Zenú, en el norte del país, cuenta con escenarios de incidencia pública y organización social llamados Cabildos Menores y Mayores. Se estimula que los jóvenes accedan a estos espacios y roles representativos de la vida pública; la condición para ello es formular soluciones a las problemáticas de la comunidad y comprometerse con su desarrollo; así lo manifiesta Elkin Roqueme como representante del cabildo, “para uno ser tenido en cuenta debe proponer y liderar, comprometerse, sino ¿pa’ qué?, no sirve de na’.” Los ojos vigilantes de la comunidad ejercen un estricto control social haciendo que las palabras superen el proselitismo clientelista y se traduzcan en acciones de impacto común.

 

De manera similar, en otras latitudes del país, en el sangrante departamento del Cauca, grupos indígenas desarrollan un modelo de educación alterno al establecido por la institucionalidad nacional. Allí los centros educativos no adelantan Proyectos Educativos Institucionales (PEI) con los esquemas de gobierno escolar antes señalados, en cambio, articulan Proyectos Educativos Comunitarios (PEC) que potencian el liderazgo y la participación colectiva, antes que la representatividad mesiánica de un solo individuo. Nuevamente, es la comunidad la encargada de agenciar los procesos sociales de los más pequeños, protegerlos, acompañarlos y guiarlos de acuerdo con propósitos colectivos. Es una participación con los pies en la tierra, más bien, en el territorio.

 

Los retos y tensiones que se configuran alrededor de los procesos participativos de niños, niñas y adolescentes dan cuenta de la complejidad del tejido social en Colombia, la fragilidad de la niñez tanto como la necesidad imperativa de construir formas pacíficas de resolución de conflictos. Su participación fortalece los canales de comunicación así como el desarrollo local en la comunidad. Es una oportunidad para ser mejor que nosotros mismos, para sanar heridas abiertas; después de todo, una sociedad que no protege la niñez está condenada al fracaso toda vez que se niega la posibilidad de aprender de los más sabios, aprender de sus niños; mientras reproduce esquizoidemente la historia de maltratos y abusos que vivieron los adultos de hoy en día, quienes han olvidado, o decidido olvidar, cómo fue ser niño, cómo entonces sabían que las cosas podrían ser mejor.

 

* Docente de la línea de “Socialización política” en Cinde, filósofo, opción en Antropología, Universidad de los Andes, Magíster en Educación Universidad Pedagógica Nacional.
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1 Eslogan institucional del Icbf.
2 Convención Internacional de los Derechos del Niño Artículo 13.
3 Ley 115 general de educación de 1994 Artículo 142.
4 Estatuto de Ciudadanía Juvenil Artículo 5.

Publicado enEdición Nº239