Miércoles, 21 Septiembre 2016 06:46

Los hilos de la memoria

Los hilos de la memoria

Hace algunos días participé en la presentación del libro de memorias Banderas y harapos, de la periodista Gabriela Selser, y empiezo por contar su historia singular. Su padre, Gregorio Selser, se volvería para mi generación un personaje mítico. Entre los libros clandestinos que un adolescente se imponía leer en la Nicaragua de los Somoza, el que más marcó mi vida fue Sandino, general de hombres libres, escrito por él en Argentina, y que circulaba en copias mimeografiadas, y así mismo El pequeño ejército loco, nombre que Gabriela Mistral había dado al puñado de campesinos y artesanos que luchaba contra la intervención armada de Estados Unidos.
Triunfó la revolución en 1979, y las dos hijas

de Selser, Irene y Gabriela, se vinieron desde México, donde la familia vivía su exilio tras el golpe militar que encabezó Videla, para meterse de cabeza en el turbión de la revolución que arrastraba a gente de todo el mundo y cuándo no, a dos muchachas que habían aprendido sobre Nicaragua con el mejor maestro que alguien pudiera tener.


En su libro, Gabriela acude a la cauda de sus recuerdos de alfabetizadora adolescente primero, y de periodista juvenil después, corresponsal de guerra del diario Barricada durante siete años. Quiso ser parte de aquella novedad incandescente desde el día mismo de bajarse del avión, testigo privilegiado en adelante de los dramáticos acontecimientos que sacudirían a Nicaragua a lo largo de toda una década que asombró al mundo. Ahora, estamos en el presente despiadado. Las banderas de la revolución se volvieron harapos.


Las presentaciones de libros en Nicaragua son por lo general ceremonias modestas, pero esa noche, en el auditorio César Jerez S. J. de la Universidad Centroamericana, no cabía el público que ocupaba los asientos y muchos permanecieron de pie, hasta el final, recostados a las paredes. Algo extraño vibraba en el aire, como si el espíritu de aquellos tiempos de agonía y esperanza bajara sobre las cabezas de los que habían sido parte de la hazaña, y estaban allí.


Y jóvenes, que habían oído hablar de aquellos tiempos y también estaban allí. En un país donde la inmensa mayoría tiene menos de 30 años, la memoria de los hechos sigue enterrada para las nuevas generaciones, o ha sido adulterada. El olvido y el engaño se han impuesto desde arriba.


Muchos de los presentes, ahora en la edad madura, habían alfabetizado a los campesinos en lo profundo de las montañas, en las selvas y cañadas, en caseríos lejanos, y lo supe porque al preguntar quiénes habían participado en la cruzada, más de la mitad de los presentes levantaron la mano. Y estaban, ya ancianos, el padre y la madre adoptivos de Gabriela, quienes habían llegado de Waslala, un poblado en la ruta hacia la costa del Caribe. Los alfabetizadores, jóvenes y adolescentes de todas las clases sociales, quedaron llamando mamá y papá a quienes los habían acogido en sus hogares humildes, casas de bajareque y ranchos de paja.


Y también estaba el hermano adoptivo de Gabriela que tomó la palabra para decir que ella le había enseñado a leer y a escribir y ahora era ingeniero agrónomo. Era como estar volviendo a un sueño tejido por miles de manos juveniles, el sueño de la solidaridad que desterraba el egoísmo, la hora de entregarse a los demás viviendo en las condiciones en que vivían los demás, para sacarlos del pozo ciego del atraso y la ignorancia. El sueño cuyos hilos terminaron por romperse para quedar en una red llena de huecos por los que se cuelan otra vez los fantasmas del pasado que aquellos muchachos de entonces, y que ahora llenaban el auditorio, habían querido desterrar.


Uno tras otro, quienes intervinieron al final de la presentación, hablaron de la necesidad urgente de rescatar la memoria de aquella década. Los que alfabetizaron, los que recogieron cosechas, los que fueron a la guerra. Contar su propia vida de compromiso, contar su experiencia, no dejar que el olvido se coma la vida, no dejar que la historia oficial suplante, con sus excesos, sus mentiras, sus lagunas, sus falsificaciones, lo que cada uno vivió. Sumar libros de memorias, contar desde dentro, hacer de la experiencia propia, del testimonio personal, una historia entre todos, así como la revolución se hizo entre todos. No dejarse robar la vida vivida, ni la historia, que es vivencia.


Uno de los asistentes dijo que ni siquiera se había hecho nunca un inventario de los jóvenes caídos en combate, y citó una cifra, serían 23 mil. ¿Y los que cayeron del otro lado, los que pelearon bajo la bandera de la contra, en su mayoría campesinos, cuántos fueron? Quizás otro tanto, quizás más. De ellos hay que hacer también un inventario. Para recordar se necesita nombrar a unos y otros. No sólo enlistar sus nombres, recoger también sus datos biográficos, familiares. Convertir los números en seres humanos, dar vida a las cifras.


Para tener futuro hay que ponerse en paz con los muertos, es la convicción de la doctora Marta Cabrera, una reconocida sicóloga que participó en el panel y se ha especializado en las terapias de guerra para ayudar a los sobrevivientes, muchos convertidos en desadaptados que han terminado en el alcoholismo y en las drogas. Ella misma perdió a un hermano, asesinado en una emboscada por la contra, y confiesa que, a pesar de no haber logrado aún sanar su duelo, trata de ayudar a los demás.


Alguien perdió a alguien. Las heridas siguen abiertas, y para sanarlas son necesarias las palabras. Una historia completa, como un mosaico, en la que cada quien ponga de por medio su historia leal, y real, la historia de la propia vida.
No hay otra manera de contar la Historia con mayúscula, que a través de las historias con minúsculas. El relato de cada universo personal, que venga a ser el universo compartido, años y desilusiones después.


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Grynspan: la deserción escolar en AL, la más alta del mundo

Uno de los principales retos de los países de América Latina es evitar la deserción de sus estudiantes (con el nivel más alto del mundo en este apartado) y revisar la aplicación de recursos públicos para el sector educativo, advirtió Rebeca Grynspan, titular de la Secretaría General Iberoamericana, organizadora de la 25 cumbre de mandatarios de la región, a realizarse en octubre próximo en Cartagena de Indias, Colombia.

En América Latina casi uno de cada cuatro jóvenes no están insertos en sectores educativo o laboral. Aunado a ello, dijo, persiste un alto nivel de abandono escolar, al tiempo de un bajísimo porcentaje de quienes realizan estudios universitarios en lugares distintos a sus lugares de origen”.

Alertó que de no atender estos temas, especialmente en un periodo de desaceleración económica, no habrá manera de romper la desigualdad en la región. De por sí en 2016 habrá en la región siete millones de pobres más, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

"Voy a usar una frase que no es mía, pero es cierto que la ciudadanía en la región está de mal humor, y hay razones para ello. Sin embargo, hay razones positivas: 34 por ciento de la población es de clase media y 28 por ciento está por debajo de la línea de pobreza. Sin emabrgo, 37 por ciento no es pobre, pero tampoco es del sector medio", explicó.

Si no mejoramos la calidad de la educación, precisó, “no vamos a poder hacer realidad la igualdad de oportunidades y la equidad en los resultados sociales, en una región que logró tanto en el combate a la pobreza pero se enfrenta en un momento muy difícil en el que esos logros pueden ser revertidos.

En cuanto a la situación política de los países del continente, en particular de Venezuela y Brasil, Grynspan dijo en conferencia de prensa que pese a ello, los ministros de todas las naciones participan en las reuniones ministeriales y otras preparatorias de la cumbre.

Aun con las situaciones delicadas, la ciudadanía resuelve sus diferencias por las vías institucionales y se muestra cada vez menos tolerante a la corrupción y la desigualdad en sus naciones.

El tema educativo –y en particular el de movilidad académica– es uno de los bastiones del próximo encuentro de presidentes de países de la región latinoamericana: 180 universidades están comprometidas por impulsar 200 mil intercambios de aquí al 2020, aspecto fundamental para desarrollar habilidades ante ambientes multiculturales en el mercado laboral y, sobre todo, generar condiciones de igualdad y mejores opciones de empleo.

Grynspan puso de relieve algunos datos acerca de la importancia de este análisis regional: dos terceras partes de los jóvenes de América Latina que están en la universidad son primera generación en su familia que llega a la educación superior; aquí, sin embargo, están los niveles de movilidad académica más bajos del mundo.

Por ejemplo, en Asia siete de cada 100 universitarios estudian en un país distinto al suyo, mientras que en Mesoamérica el porcentaje es de menos de uno por ciento, y la mayoría de los jóvenes no tienen pasaporte.

Este tipo de cumbres se iniciaron hace 25 años (México, 1991), y uno de los logros principales es la construcción de la plataforma de colaboración más importante a escala mundial.

Ahora, en octubre próximo, en Cartagena de Indias, el tema será: Juventud, emprendimiento y educación. 160 millones de personas en América Latina (34 por ciento de la población) tienen entre 15 y 29 años; se trata, añadió, de un grupo muy demandante de sus gobiernos, de sus sistemas políticos.

Y si bien tienen actualmente el nivel de educación más elevado que se haya registrado, al mismo tiempo, 21 por ciento ni estudia ni trabaja.

Al pedirle su opinión acerca del conflicto entre el gobierno federal con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, optó por dar una respuesta general, en torno a que la tarea educativa en la región es central para cualquier proyecto de desarrollo. "Igualmente, la lucha por la calidad educativa es el centro en el combate a la pobreza", indicó.

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Viernes, 20 Mayo 2016 07:56

La Noche en Pie

La Noche en Pie

Surgió en protesta contra la reforma laboral del gobierno de François Hollande, que acaba de ser aprobada por el Parlamento, pero en realidad expresa un malestar mucho más profundo de sectores de la sociedad francesa y conecta en parte con la “indignación” manifestada por los españoles hace cinco años.

 

Desde el 31 de marzo pasado miles de personas ocupan una de las principales plazas de París, la de La República. El movimiento, llamado La Nuit Debout (La Noche en Pie), surgió en protesta contra la reforma laboral del gobierno de François Hollande, que acaba de ser aprobada por el Parlamento, pero en realidad expresa un malestar mucho más profundo de sectores de la sociedad francesa y conecta en parte con la “indignación” manifestada por los españoles hace cinco años y que tuviera traducciones similares en otras partes del mundo. El quinto aniversario del 15 M se celebró el fin de semana en alrededor de 500 ciudades de 25 países (la mayor parte europeas, pero también de Estados Unidos, Australia, Filipinas e incluso Chile), y hubo una delegación de los protagonistas de La Nuit Debout en la madrileña Puerta del Sol, así como ha habido intervención de los “15 mayistas” españoles en distintas expresiones de la revuelta francesa. “Ellos tienen millones, nosotros somos miles de millones”, fue el lema común de la conmemoración.


***


Desde aquel 31 de marzo, miles de ciudadanos, fundamentalmente jóvenes militantes de asociaciones, trabajadores precarios, gremialistas, también extranjeros indocumentados, invadieron la céntrica plaza parisina, ocupándola masivamente de día, y luego, por las noches, con acampadas. Desalojados, a menudo violentamente, por la policía, vuelven una y otra vez. Ya llevan más de un mes y medio en ese ida y vuelta. Han creado incluso su propio calendario, en un guiño a los revolucionarios de 1789, y hablan de 32 de marzo, 33 de marzo, 34 de marzo, etcétera. Es un movimiento asambleario, muy similar en ese plano a lo que fuera el 15 M, y está atravesado por tensiones del mismo tipo.


La ley de trabajo elaborada por la ministra Myriam El Khomri y fuertemente respaldada por el primer ministro, Manuel Valls, un “social liberal” partidario de cambiarle el nombre al Partido Socialista, ha logrado unir en su contra a distintos sectores hasta el momento dispersos, al proponer una flexibilización que no se había animado a impulsar la derecha: la reforma dispone que las jornadas laborales puedan durar hasta diez e incluso 12 horas en función de la necesidad de las empresas, suprimirá o disminuirá el pago de horas extra, privilegiará los acuerdos por empresa en vez de las negociaciones colectivas, dará mayores facilidades para despedir trabajadores “excedentarios”. Y así. Una reforma “radical” que entronca con lo exigido por la Comisión Europea a los países con legislaciones más garantistas, de cara, entre otras cosas a la armonización “por abajo” que se impondrá en caso de firmarse el tratado transatlántico de libre comercio entre Washington y Bruselas.


Aquel 31 de marzo el economista y sociólogo Frederic London, director de estudios en el Centro Nacional de Investigación Científica e investigador del Centro Sociológico Europeo, uno de los referentes intelectuales de La Nuit Debout, saludaba la involuntaria contribución de los gobernantes socialistas al movimiento: “Nunca tendremos cómo agradecer a François Hollande, Manuel Valls y Myriam El Kohmri la oportunidad que nos dieron de hacer converger todas nuestras luchas”, dijo.


En un artículo publicado recientemente en el diario en la web Mediapart, el filósofo Jacques Rancière, autor de libros como La palabra obrera, La noche de los proletarios y La filosofía y sus pobres sostuvo que de todas maneras no se le debe pedir mucho a un movimiento que dada su espontaneidad y juventud evoluciona de una manera poco ordenada y en direcciones todavía no muy claras.


La heterogeneidad de la convocatoria, la horizontalidad de la organización, el asambleísmo, la independencia política, han sido puntos de acercamiento básicos entre los dos movimientos surgidos con un lustro de diferencia a un lado y otro de los Pirineos. El 15 M y La Nuit Debout nacieron además bajo gestiones socialistas (de José Luis Rodríguez Zapatero y de Hollande), desafiando a las izquierdas tradicionales en el terreno de lo social y proponiendo “nuevas formas de hacer política”. También vieron la luz en coyunturas parecidas: Zapatero acababa de anunciar una dura política de recortes y una reforma laboral, más o menos en la misma línea que Hollande. En España el 15 M fue de todas maneras “tolerado”, y se debió esperar bastantes meses –hasta la instalación del gobierno de Mariano Rajoy– para que la criminalización de la protesta fuera una constante. La reacción francesa ha sido mucho más dura.


VIOLENCIA.


En la tarde del martes 10, una decena de días después de multitudinarias concentraciones obreras con motivo del Primero de Mayo en las que convergieron representantes de La Nuit Debout, miles de personas se congregaron en las afueras de la Asamblea Nacional para protestar ante la inminente aprobación de la ley de reforma laboral. El gobierno acababa de anunciar que recurriría a un artículo de la Constitución que autoriza la aprobación de proyectos de ley sin discusión parlamentaria, una disposición que unos años antes tanto Hollande como Valls consideraban antidemocrática y decían que debía ser eliminada. Pero la división interna de los socialistas, muchos de cuyos diputados calificaron a la reforma laboral como “de cuño neoliberal”, forzó al gobierno a recurrir a ese artículo para obligar a la bancada a votar unificada.


Ese 10 de mayo tuvo pues lugar una concentración pacífica, convocada por los colectivos animadores de La Nuit Debout, sindicatos y diversas fuerzas de izquierda, en las cercanías de un parlamento rodeado de fuerzas de choque de la policía con carros lanza agua. A pesar de que los manifestantes se mantuvieron tranquilos, parados detrás de sus pancartas o sentados con las manos levantadas, las fuerzas policiales los gasearon y persiguieron por las calles aledañas. Testigos dijeron haber visto a policías marchar al trote golpeando sus cachiporras contra los escudos, como si se tratara de militares. Lo cierto es que estas escenas se vienen repitiendo en Francia ante cada protesta social de cierta envergadura. El “estado de urgencia” vigente desde los atentados del 13 de noviembre, que ha sido renovado dos veces, es la excusa utilizada por el gobierno para justificar la actitud policial. Pero los excesos han sido casi que la norma. El 17 de diciembre, antes del nacimiento de La Nuit Debout, la policía había quebrado un tabú: reprimir a estudiantes dentro de un recinto universitario, cuando las fuerzas antidisturbios ingresaron a la Universidad de París I, golpeando y deteniendo a los jóvenes. Un día después, una marcha en solidaridad con los detenidos culminó con nuevos abusos policiales documentados por filmaciones. El grupo Defensa Colectiva (Defcol), integrado por abogados “comprometidos”, viene denunciando la violencia y la arbitrariedad de las intervenciones policiales en los conflictos sociales, empleadas a repetición en el caso de La Nuit Debout, por ejemplo para desalojar la plaza. El colectivo registra más de 300 detenciones por motivos políticos y en torno a 2 mil allanamientos de domicilios de militantes sociales, incluidos los de liceales menores de edad, entre diciembre pasado y este mes de mayo.


EXTENSIÓN.


A priori, el 15 M parece haber sido un movimiento mucho más espontáneo que La Nuit Debout, con un tiempo de gestación y permanencia en la plaza más corto (alrededor de un mes duró la ocupación de la Puerta del Sol) pero con estructuras que se definieron de una manera más concreta y una comunicación encauzada sin mayores dificultades. A La Nuit Debout le cuesta, todavía, extenderse más allá de algunas categorías y tener el carácter masivo que fue asumiendo el movimiento español. Le cuesta, por ejemplo, trascender hacia las periferias urbanas populares, cargadas de inmigrantes, y ese “déficit” ha sido una de las discusiones más reiteradas en filas del movimiento. La otra: el vínculo con los trabajadores sindicalizados, promovido expresamente por alguna de sus corrientes, y rechazado también expresamente por otra, que ve en las dirigencias sindicales a aliados de la preservación del sistema. De hecho, si bien La Nuit Debout comienza a definir estructuras mínimas, aún esta tarea le resulta complicada a la hora de concretar las ideas en acciones. La propia represión le ha hecho reconcentrarse, obligándola a destinar tiempo y recursos a la “interna” y a pensar formas de resistencia a los embates policiales, que provocan un desgaste difícil de superar.


Pero quizás la más importante de las diferencias entre el movimiento español y el francés tenga que ver con el después, y en particular con su relación con la política partidaria. En España, el 15 M surgió desafiando a los partidos –a todos–, y en las acampadas de la Puerta del Sol no se aceptaba la presencia de dirigentes políticos, del grupo que fuera. Esa, y el rechazo a los liderazgos “personalistas”, es una condición casi unánimemente aceptada por los 15 mayistas. Unos pocos meses después, de las filas del 15 M nacía Podemos, con la intención de “asaltar las instituciones” y articulado en torno a la figura de un fuertemente mediático dirigente, como Pablo Iglesias. En Francia, si bien La Nuit Debout se plantea como un movimiento horizontal donde nadie se siente representado por el otro y hasta los responsables de las distintas comisiones internas son rotativos, desde un comienzo la presencia de dirigentes políticos y sindicales ha sido aceptada. En la Plaza de la República se pueden ver por ejemplo puestos de las Juventudes Comunistas, del Nuevo Partido Anticapitalista y de la Francia Insumisa, un grupo liderado por el ex candidato presidencial del Frente de Izquierda Jean-Luc Mélenchon. Por ahí han pasado además referentes de distintas tendencias de la izquierda europea, incluido el ex ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis. En los debates que se arman por las noches –sobre precariedad, inmigración, refugiados, el Ttip, derechos civiles, violencia social, consumo, etcétera–, el del futuro del movimiento, su ampliación y hacia dónde ir, es de los que más caldea los ánimos...



(No) Futuro


El 20 de abril tuvo lugar en la Bolsa del Trabajo de París, a muy poca distancia de la Plaza de la República, una discusión sobre el futuro de La Nuit Debout. La convocó el equipo del diario Fakir, dirigido por el cineasta François Ruffin, realizador de Merci, patron!, la película símbolo del movimiento (véase recuadro), y dos de las comisiones de los movilizados (Convergencia de las Luchas y Huelga General). El objetivo de los convocantes era claro: “inyectar política en algo que se ha ido transformando en un ágora gigante” algo descosida, según resumió una cronista del diario digital Médiapart. Ruffin dijo entonces, y lo planteó nuevamente algunas semanas después, que si el movimiento no busca confluir con los sindicatos obreros se agotará en sí mismo. “Con La Nuit Debout ya respiramos mejor. Emociona, pero necesitamos un plan de batalla, una maduración política y eso vendrá de la mano de la confluencia con los sindicatos.” Entre los 350 participantes que se sucedían en la tribuna estaba Serge Halimi, director de Le Monde Diplomatique, para quien el movimiento francés debe evitar caer en la deriva en la que cayó el neoyorquino Occupy Wall Street, que “se enamoró de sí mismo” y murió de narcisismo. “Hay que trascender las luchas reivindicativas y la crítica para inscribir al movimiento en el largo plazo una vez que las manifestaciones y la ocupación decaigan”, declaró Halimi, que propuso a los nocheros franceses vincularse a la resistencia al Ttip, tanto o más “peligroso” que la reforma laboral de Hollande, para darle globalidad a un movimiento que “necesariamente debe tener una dimensión transfronteriza”. Pero entre los asambleístas de la Bolsa del Trabajo la idea que resonó con más fuerza fue la de ir preparando una huelga general. Según otro portal, Rue 89, alguien hizo referencia a que le alegraba que “algunas buenas consignas de los años setenta, como la de la unidad obrero-estudiantil, volvieran al centro de la escena, aunque también reconoció que los eventuales actores de esa deseada unidad son hoy muy distintos a lo que eran hace cuarenta años. Eso dificulta en mucho las cosas y crea malos entendidos mayores aun que los que había en los setenta”.


Pero si “malos entendidos” hay entre los jóvenes de las plazas –aun entre aquellos más afines a buscar la confluencia– y los sindicatos, qué decir de los que existen entre esos jóvenes y los habitantes de las ciudades periféricas, fundamentalmente los “no blancos” de piel, que tienen la sensación de que los rebeldes de La Repúblique no pasan de ser “unos pocos miles de hijos malhumorados o más o menos marginales de la pequeñoburguesía urbana, intelectual y blanca parisina”, según dijo en otra reunión una militante barrial de origen árabe. Ruffin reconoce la realidad de ese “muro” y es una de sus “obsesiones” destruirlo, pero no son pocos los colectivos de los barrios periféricos que sostienen que las buenas intenciones son una cosa y la realidad otra. “La izquierda de la izquierda hace años que admite su distancia con los jóvenes de los barrios populares, pero nada hace en los hechos para que nos sintamos atraídos hacia un movimiento como este”, sostiene por ejemplo la militante antirracista Sihame Assbague. Mohamed Mechmache, presidente de una asociación que forma parte de un colectivo de 200 grupos barriales (Pas Sans Nous, “No sin nosotros”), reclama que se los escuche “en serio”. “Ustedes se dicen indignados. Nosotros estamos indignados hace añares”, declaró en una reunión convocada por La Nuit Debout. “Más de treinta años llevamos los barrios populares en estado de emergencia. No se nos aplica el derecho, y los jóvenes de buena familia no se imaginan la violencia y la opresión escandalosa que vivimos en nuestros barrios”.


Daniel Gatti

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Nuit Debout, el capitalismo y la ideología

Quizá lo más notable del movimiento Nuit Debout (noche de pie) es su esfuerzo de volver a hablar de los conflictos a partir de sus (verdaderas) causas económicas, sociales y políticas –al contrario de las “explicaciones” dominantes que parten de lo cultural, racial o religioso–, algo que ya estuvo presente en Europa al inicio de la crisis, pero que quedó desplazado por la contraofensiva ideológica de la reacción que valiéndose de algunos acontecimientos (atentados terroristas, crisis de los refugiados) y fomentando los discursos de “islamofobia” y “terror”, pretendía traer al sistema de vuelta a las “tierras seguras”.

2) Este esfuerzo es aún más notable en la medida en que se da durante el aún vigente “estado de excepción” instaurado tras los atentados yihadistas en París (13/11/15), algo que no le impidió desafiar las narrativas de “guerra” y “miedo”, desplazar al “islam radical” como el “enemigo principal” –un combustible para la xenofobia y la extrema derecha y un afán sistémico de estabilizarse mediante el “fascismo”– y poner en su lugar al capitalismo, provocando nerviosismo en la burguesía francesa.


3) En este sentido, la presentación de la neoliberal “reforma” laboral –el catalizador del movimiento– en un clima de “choque”, militarización y vigilancia masiva confirma tanto la clásica fórmula de Naomi Klein sobre la diseminación del neoliberalismo, como el grado de penetración del “socialismo” francés por esta ideología que bordea la “orwellización” (cuando las palabras llegan a significar su opuesto): “trabajar el domingo es más libertad (¡sic!) y la izquierda debe apoyar más libertad” (E. Macron, ministro de economía); “el país necesita más flexibilidad y competividad y yo apoyo esta ley porque soy persona de izquierda (¡sic!)” (M. El Khomri, ministra de Trabajo).


4) Frédéric Lordon: “en el sistema de ‘compartimientos’ la sociedad oculta la continuidad entre futuros y actuales trabajadores; los estudiantes –de los que muchos serán sólo precarios– son ‘formateados’ para entrar al mercado laboral, tomar sus créditos y jamás conocer a un obrero” (asamblea en Tolbiac, 30/3/16). Si bien la “unión” también es necesaria para su funcionamiento, lo único que el sistema es capaz de ofrecer son “espectáculos reaccionarios”, como el llamado de Hollande a la “unión nacional” tras los ataques terroristas ( El País, 18/11/15); la unión verdadera –“convergencia” de jóvenes, obreros y habitantes de banlieues, un postulado de Nuit Debout– es su pesadilla.


5) Desde sus inicios, el movimiento fue víctima de un “apagón informativo”: algunos de los grandes medios no le dieron ninguna cobertura, otros seguían el guión de tres pasos: “ignorar/desprestigiar (por ‘incoherente’, ‘disperso’, ‘violento’)/volver a ignorar” ( Counterpunch, 6/5/16); pero tiene razón Lordon: “no se puede mantener por siempre a la sociedad con policía, medicamentos recetados y BFM tv (un popular canal derechista de información). Llegará el momento en que la gente levantará cabeza...” (asamblea en Place de la République, 9/4/16).


6) El contrataque ideológico no se hizo esperar: Alain Finkielkraut, principal moralista de derecha, uno de los “nuevos filósofos” –después de que fue abucheado y expulsado de una de sus reuniones (16/4/16)– acusó a Nuit Debout de “querer matar el espíritu del ‘11 de enero’” (fecha de la gran marcha encabezada por Hollande tras los ataques a Charlie Hebdo): “en 2015 Francia descubrió un terrible enemigo: el islam radical. Una brecha se abrió en la antigua visión progresista de la historia. Y Nuit Debout tapa esta brecha: el islam desaparece y el enemigo vuelve a ser la dominación, la burguesía, el capitalismo y el estado policial” ( Europe 1, 4/5/16). ¡Esta justamente era la idea!


7) Mientras para algunos la inclusividad y “rechazo a definirse ideológicamente” son ventajas de Nuit Debout, esta “vaguedad” es también su limitación; más allá de los efectos prácticos para su funcionamiento, surgen dudas (E. Sader, Counterpunch, 22/4/16): ¿en qué medida un movimiento con fuertes corrientes liberales-culturalistas y keynesistas-reformistas podrá significar una diferencia frente a la demás (desacreditada) izquierda? La respuesta puede estar en los hechos y en su “‘potencialidad’ de ir más allá de las luchas puramente defensivas” (F. Lordon, The Jacobin, 4/5/16).


8) Si bien la “unión nacional” fue un intento de resucitar la lógica de union sacrée –“tregua política” durante la Primera Guerra, en que la izquierda (con excepciones como la de Jean Jaurès) cerró filas con el gobierno en nombre del “patriotismo”– el asalto a Code du Travail (aparte de sus fines explícitos) fue una “reacción” a su fracaso, evidenciado por nuevos focos de descontento “de abajo” –acciones de solidaridad con los refugiados en Calais, ocupación de terrenos para el aeropuerto en Notre-Dame-des-Landes– y una ofensiva para sofocar las alternativas y la esperanza.


9) Jacques Rancière: “Los gobernantes no sólo quieren que el trabajo sea más barato. Quieren que deje de ser lo que fue por casi dos siglos: espacio de lucha y poder común. Quieren que no haya nada más frente al poder dominante que individuos con su ‘capital humano’. De una ley a otra no sólo producen ‘instrumentos de poder’, sino también ‘de resignación’, haciéndonoscreer que luchar no sirve y el mundo en que vivimos es elque merecemos. Hoy mis pensamientos están con los que decidieron demostrar que merecen otro mundo” (carta a los ocupantes de Tolbiac, Verso blog, 1/4/16).


10) Para Lordon –que en su Willing slaves of capital (2014) rescatando a Spinoza trata de responder a una ingenua (al parecer) pregunta: “¿por qué una gente trabaja para la otra?”–este “otro mundo” empieza con: a) darnos cuenta de que el trabajo asalariado –“raíz de la ‘desigualdad política’ en el capitalismo”– es “una relación de ‘chantaje’, en que uno es forzado a doblegarse”, y que aprender a llamarlo así, “más allá de las fachadas ideológicas del neoliberalismo”, es “el camino a la liberación” (reunión en la Bolsa de Trabajo, 20/4/16); y b) contestar a otra pregunta (el “criterio fundamental que ayuda a ‘decidirse’”): “entre los dueños del capital y los trabajadores, ¡¿quién necesita más a quién?!” (Tolbiac, 30/3/16).


*Periodista polaco

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Lunes, 25 Abril 2016 15:15

Juventud al borde del suicidio

Juventud al borde del suicidio

Desempleo, pobreza, falta de oportunidades para cursar estudios secundarios y superiores, delincuencia, violencia y suicidios hacen parte de los principales indicadores que caracterizan a los jóvenes, tanto en América Latina y el Caribe (AL-C) como en Colombia en particular. Los últimos informes de la Cepal, del Banco Mundial (BM) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) así lo indican. Más de 20 millones de personas entre los 15 y 24 años ni estudian ni trabajan. Conforme pasa el tiempo cada vez son más jóvenes quienes ven en el suicidio la única forma de solucionar sus problemas; apareciendo ésta (con una tasa de suicidio de adolescentes que alcanza el 5 por cada 100 mil jóvenes) como la segunda causa de muerte entre los jóvenes latinoamericanos después de los accidentes de tránsito.

Si bien el escritor, novelista, historiador y filósofo británico H. G. Wells (1866-1946) jamás desistió como socialista que era en su intento de promover un mundo más justo y solidario, su último ensayo “El destino del homo sapiens” (1939) está marcado por un pesimismo fruto de contemplar una humanidad que, por ambición y odio, se destruye a sí misma. Una de las tres clases de fuerzas identificadas por Wells, tendientes a provocar una crisis de violencia frenética sin ningún objetivo razonable, consiste en “el exceso relativo de jóvenes desocupados”.

Wells contó con el talento necesario para vaticinar el conflicto militar global que se desarrolló entre 1939 y 1945. Pronosticó que “el estrato de la población en edad de combatir, jóvenes principalmente, caerá en los campos de batalla, quedará mutilado, será envenenado o afectado mentalmente. Después aparecerá una generación mal nutrida, deficientemente educada, desmoralizada y mentalmente deformada; los esfuerzos inherentes a la preparación bélica, la presión, el ruido y el desorden del conflicto no permitirán un crecimiento normal. Se habrán desperdiciado para siempre grandes reservas de energía”. No se equivocó, la Segunda Guerra Mundial arrojó un total de 70 millones de víctimas entre combatientes y población civil.

Pasados los años la juventud no corre con mejor suerte. La situación es tal que el suicidio surge como una alternativa ante las condiciones de vida que enfrentan, el poco sentido que le encuentran a su existencia y el oscuro futuro que ven ante sí.Los suicidios se cobran un costo alto. De acuerdo con estudios de la OMS, más de 800.000 personas mueren cada año en el mundo por esta causa, registrada como la segunda causa principal de muerte entre personas de 15 a 29 años de edad. Hay indicios que por cada suicidio posiblemente más de otras 20 personas intentaron igual camino.


En Colombia esta realidad no es diferente. En la última década se presentaron 18.336 suicidios, con promedio de 1.833 casos por año y una tasa promedio anual de 4,1 casos por 100.000 habitantes. La mayor tasa se presenta en los grupos de 20 a 24 años de edad; ésta es de 6,5 suicidios por cada 100.000 jóvenes (Ver recuadro).

 

Diagnósticos


De acuerdo con un estudio adelantado por el BM, en América Latina uno de cada cinco jóvenes ni estudia ni trabaja. Estos son llamados comúnmente “ninis”. Más de 20 millones de personas entre 15 y 24 años de edad viven en estas condiciones; además, el problema de los “ninis” ha demostrado ser muy persistente y creciente .

¿No hay cama para tanta gente? En el transcurso de tres generaciones, la población de Latinoamérica y el Caribe (AL-C) se multiplicó por 3,8 veces: en 1950 sumaba 169 millones de habitantes; en 2015 aumentó a 635 millones. En el conjunto de AL-C, el 25,6 por ciento de la población se encuentra en el rango de 15 a 29 años de edad; esto es, actualmente hay 163 millones de jóvenes (cuadro 1).

En AL-C la tasa de desempleo, que a partir de 2010 se había recuperado de manera vertiginosa de su incremento en 2009, de nuevo creció hasta alcanzar en el año 2015 un 6,6 por ciento; lo que representa un incremento del número de desocupados urbanos alrededor de 1,5 millones de personas, principalmente jóvenes, llegando a un total de 14,7 millones en AL-C.

En paralelo, la caída de la pobreza se frenó a partir de 2012 y la pobreza extrema (indigencia) vuelve a crecer debido, de una parte, al aumento del costo de los alimentos que es superior a la inflación general y, de otra, al deterioro del mercado laboral y a la reducción en el gasto público social. De acuerdo con el informe del panorama social de la región en 2015, presentado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el número de personas en situación de pobreza creció en alrededor de dos millones en 2014 en comparación con 2013, alcanzando 168 millones de personas, 70 millones de los cuales estaban en la indigencia. En 2015 la tasa regional de pobreza aumentó a 29,2 por ciento de los habitantes de la región (175 millones de personas) y la tasa de indigencia a 12,4 por ciento (75 millones de personas) .

El deterioro que muestran los indicadores sociales en la región afecta adversamente a los jóvenes, una alta proporción de los cuales se encuentra en una penosa situación, sin esperanza de redimir. Redimir, según el Drae, hace referencia al poner término a algún vejamen, penuria u otra adversidad o molestia. A continuación se describe esta situación juvenil en AL-C, con base en estadísticas de la Cepal.

 

 Educación

 

AL-C registra avances en cuanto a los niveles de escolaridad: en 2013, el 92 por ciento de la población entre 15 y 19 años de edad había concluido la educación primaria; en la secundaria la cifra se había elevado del 37 por ciento en 1997 al 58 por ciento en 2013, considerando a los jóvenes en edad de término de dicho nivel.

Sin embargo, la situación socioeconómica de los jóvenes muestra amplias brechas educativas por nivel de ingresos, particularmente en la educación secundaria y postsecundaria. Un 80 por ciento de los jóvenes de 20 a 24 años del quintil más rico había concluido la secundaria en 2013, mientras que en el quintil más pobre esta tasa solo llegaba a 34 por ciento. En la educación postsecundaria, la brecha es apreciablemente mayor: en 2013, el porcentaje de población con ese nivel educativo alcanzó un 46 en el quintil más rico, mientras que en el quintil más pobre fue de apenas un 4 por ciento (Cepal, 2016).

 

Existe una alta heterogeneidad entre los países en lo referido a la tasa neta de matrícula en secundaria. El promedio en AL-C para el año 2012 es de 73 por ciento. El intervalo en la cobertura de la educación secundaria registra una tasa neta mínima de 47 por ciento en Guatemala y una máxima de 89 por ciento en Argentina (gráfico 1).

 

Trabajo

 

El trabajo es la llave maestra para la igualdad, eje de la integración social y económica, y mecanismo fundamental de construcción de autonomía, identidad, dignidad personal y ampliación de la ciudadanía. El 80 por ciento de los ingresos totales de los hogares latinoamericanos proviene del trabajo; por lo tanto, es el principal motor para la superación de la pobreza y el acceso al bienestar y a la protección social. Sin embargo, el mundo del trabajo también puede producir y exacerbar desigualdades (Cepal, 2016, p. 31).

Respecto al desempleo, existen en AL-C diferencias importantes en función de la condición etaria. La tasa de desempleo de la población joven es siempre superior a los promedios nacionales. Para el año 2011 en AL-C, en el intervalo de 15 a 24 años de edad, era de 14 por ciento (la tasa promedio de desempleo global era de 6,7%) y Colombia, con un desempleo juvenil del 22 por ciento batía récord en la región, mientras Bolivia, con 6 por ciento resgistraba el mínimo (gráfico 2).

 


De otra parte, el 5,1 por ciento de los jóvenes latinoamericanos estudia y trabaja simultáneamente. En Paraguay el 9,1 por ciento de estos realiza esta doble actividad de manera simultánea; el nivel más bajo se registra en Chile con el 3 por ciento (cuadro 2).

Las personas ocupadas en sectores de baja productividad en general se caracterizan por tener una inserción laboral precaria e inestable, que conlleva un escaso acceso a las prestaciones de la protección social (como pensiones y salud) y bajos ingresos laborales. En períodos de alto desempleo o de crisis económica, estos trabajadores tienen una elevada probabilidad de caer en situación de pobreza. En AL-C uno de cada tres jóvenes trabajadores se encuentra insertado en empleos de baja productividad; Chile registra el nivel más bajo con el 14,9 por ciento y Colombia el más alto con el 62,3 por ciento (cuadro 3).

 

 

“Ninis” y violencia en AL-C

 

De acuerdo con el estudio del BM “Ninis en América Latina” este fenómeno tiene dos implicaciones graves para el desarrollo, estabilidad y sostenibilidad de la región:

i) Contribuye a la transmisión intergeneracional de la desigualdad. Casi el 60 por ciento de los “ninis” de la región provienen de hogares pobres o vulnerables localizados en el 40 por ciento inferior de la distribución del ingreso y el 66 por ciento de los “ninis” son mujeres. Este desequilibro, junto con el efecto negativo de largo plazo que el ser “nini” tiene sobre el desempeño en el mercado laboral, tiende a perpetuar la transmisión de la disparidad de género y de ingresos de una generación a la siguiente, obstruyendo la movilidad social y la reducción de la pobreza en la región;

ii) En algunos contextos, está vinculado a la delincuencia y a la violencia. En Colombia, México y América Central, donde la proporción de “ninis” está por encima del promedio regional, el problema se agrava por la presencia generalizada del crimen organizado. En estos entornos, el problema de los ninis está vinculado al crimen y a la violencia, lo que aumenta los riesgos para los jóvenes y la sociedad en su conjunto.

El 29,5 por ciento de los jóvenes entre 15 y 24 años de edad no estudia ni trabaja en AL-C; esto representa, en cifras absolutas 32 millones, según datos de la Cepal (cuadro 4). El número de “ninis” supera en 1,6 veces al estimado en el estudio del BM; hecho que se explica porque la población de referencia o intervalo etario es más amplio en la Cepal (15-29 años) que el estudio del BM (15-24 años). El porcentaje más alto de “ninis lo tiene Chile con el 34,2 por ciento; el más bajo corresponde a Bolivia con el 17,6 por ciento. Además, Chile es el país que ostenta uno de los mayores aumentos en la tasa de suicidios en el mundo, sólo superado por Corea del Sur; en particular, según cifras del ministerio de Salud, si en el 2000 se suicidaban cuatro de cada 100 mil personas entre 10 y 19 años, esa cifra en 2010 creció a ocho y se estima que para 2020 se llegará a 12 suicidios por cada 100 mil jóvenes.

Según el estudio del BM, el perfil típico del “nini” en América Latina es una mujer que no ha terminado la educación secundaria y vive en un hogar urbano pobre o vulnerable. Las mujeres representan dos tercios de la población “nini” de la región y en este grupo el factor de riesgo más importante asociado a la condición de “nini” es el matrimonio antes de los 18 años y el embarazo durante la adolescencia. Normalmente el camino que lleva a ser “nini”, sobre todo entre hombres, es la deserción escolar temprana para empezar a trabajar, seguida del desempleo. Al abandonar la escuela antes de terminar el bachillerato, los jóvenes por lo general carecen de las habilidades necesarias para conseguir un trabajo en el sector formal, por lo que en la mayoría de los casos se conforman con empleos temporales e inestables en el sector informal. Una vez que pierden estos puestos de trabajo nunca regresan a la escuela.

El estudio del BM concluye que hay dos conjuntos principales de políticas para reducir la proporción de “ninis”: i) evitar el abandono escolar de los jóvenes, es decir, reducir el flujo de nuevos “ninis”, ii) insertar al mercado laboral a los jóvenes que ya son “ninis”.

En relación al problema creciente de los suicidios de jóvenes, la OMS afirma que estos son prevenibles; para que las respuestas nacionales sean eficaces, es necesaria una estrategia integral y multisectorial de prevención. Algunos elementos clave del desarrollo de una estrategia nacional de prevención del suicidio en jóvenes deben incluir no solo el sector de la salud sino también los de la educación, el empleo, el bienestar social y la justicia, entre otros.

En definitiva, un cambio radical de política y modelo de desarrollo, lo cual no es perceptible por parte alguna.

 

Juventud "ninis", trabajo y violencia en Colombia

 

La realidad de la juventud en nuestro país es grave. El vacío existencial y la desesperanza son sus consecuencias; y con éstas el aumento de suicidios entre personas en las que apenas inician el florecimiento de la vida.

Los datos así lo confirman: durante la última década en Colombia se presentaron 18.336 suicidios, con promedio de 1.833 casos por año y una tasa promedio anual de 4,1 casos por 100.000 habitantes. Para el año 2014 se observó un comportamiento alto de suicidios en el grupo de edad entre los 20 y 24 y entre los 25 a 29 años (277 y 237 casos respectivamente); el mayor número de casos ocurrió en hombres en el grupo etario de 20 a 24 años (235 casos) y en mujeres entre los 15 a 17 años (48 casos); la mayor tasa por 100.000 habitantes (6,5) se presentó en los grupos de 20 a 24, muy por encima de la tasa nacional.

 

Política económica y social fallida

De acuerdo con la Ley 1622 de 2013, en Colombia se entiende por joven la persona entre 14 y 28 años de edad. Según el Dane, el total de población en edad de trabajar en el país es de 37,6 millones de personas; los jóvenes representan el 32,1por ciento de esa población, esto es, 12,1 millones.

Puntualicemos. La tasa global de participación (Tgp) es la relación porcentual entre la población juvenil económicamente activa y la población juvenil en edad de trabajar; este indicador expresa la presión que hacen los jóvenes en el mercado laboral. Para el trimestre móvil noviembre 2015 - enero 2016 esta tasa fue de 60 por ciento; la tasa de ocupación se ubicó en 50,5 por ciento y la tasa de desempleo fue 15,7 por ciento (equivalente a 1,2 millones de jóvenes). La tasa de desempleo de las mujeres jóvenes fue 22,3 por ciento, y la de los hombres jóvenes 10,9 por ciento. El 40,0 por ciento de la población de 14 a 28 años correspondió a población económicamente inactiva, equivalente a 4,8 millones de jóvenes.

Con relación a los jóvenes trabajadores insertados en empleos de baja productividad, según estadísticas de la Cepal, estos suman cerca de 3,8 millones, en términos porcentuales el 62,3 respecto al total de jóvenes ocupados.

Hay más. De acuerdo con las estadísticas de la Cepal, el porcentaje de jóvenes que en América Latina no estudian ni trabajan, “ninis”, es de 29,5. En Colombia éstos representan el 28,3 por ciento, esto es, 3,4 millones respecto al total de aquellos que están en edad de trabajar. La proporción de ninis varía mucho entre los distintos países de la región. Las cifras absolutas más altas de ninis, según el Banco Mundial, se encuentran en Brasil, Colombia y México, principalmente porque estos países tienen las poblaciones más grandes de la región.

 


Juventud y violencia en Colombia, 2014

 

En el Reporte Mundial sobre Violencia y Salud (Rmvs) se define a la violencia como el “Uso intencional de la fuerza o poder físicos, amenazante o real, en contra de uno mismo, de otra persona o en contra de un grupo o comunidad, que resulte o tenga una alta posibilidad de resultar en heridas, muerte o daño sicológico, disfunciones o privaciones”. La violencia es un azote ubicuo que desgarra el tejido comunitario y amenaza la vida, la salud y la felicidad de las personas.

Durante el año 2014, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses recibió 25.225 casos por muertes violentas. Estas muertes se clasifican en homicidios, suicidios, muertes accidentales de transporte, otras muertes accidentales, e indeterminadas. El homicidio ocupa el primer lugar con 12.626 muertos equivalente al 50,1 por ciento del total de casos. Transporte, accidentes y suicidio, como manera de muerte, aumentaron globalmente para el año 2014 en un 3,1 por ciento frente al año 2013.

Otros indicadores. El Avpp indica el número de años potenciales de vida perdidos e ilustra cómo a través de la muerte de personas jóvenes o fallecimientos prematuros la sociedad sufre una pérdida. En el año 2014 los años de vida potencialmente perdidos (Avpp) fueron de 900.878 años; el grupo etario donde se concentra mayor número de años de vida potencialmente perdidos es entre los 20 a los 24 años con un 22,2 por ciento del total de Avpp.

 

 

Durante 2014, en Colombia, según cifras generadas por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, se registraron 12.626 homicidios, obteniéndose así una tasa de 26,5 por cada 100.000 habitantes. Dentro de este contexto de violencia, el 90,8 de las víctimas fueron hombres (11.440 casos), siendo la víctima principal dentro de este tipo de muerte. El 60,5 por ciento de las víctimas se concentró en personas entre los 20 y 39 años, similar a años anteriores. Respecto a la escolaridad de las personas fallecidas por homicidio, no logran superar en su mayoría la educación secundaria y la circunstancia del hecho se acrecienta debido a la violencia interpersonal generada por ajuste de cuentas, riñas, intervención legal y embriaguez.

 

El fenómeno de la violencia interpersonal no es ajeno al país. Durante el año 2014 se realizaron 134.552 peritaciones por violencia interpersonal. La tasa por 100.000 habitantes fue de 282,3, con 379,1 lesionados por cada 100.000 hombres y 187,9 lesionadas por cada 100.000 mujeres. Los jóvenes son las víctimas principales de la violencia interpersonal; durante el 2014 el 50 por ciento de las víctimas tenía 27 años o menos, siendo más frecuente la victimización a la edad de 17 años o en el intervalo entre los 20 y 24 años de edad. La conducta violenta en los jóvenes puede ser explicada por la exposición a fenómenos violentos en la infancia, o por tener familiares miembros de pandillas o dedicados a actividades delictivas. En el 2014 se observó que 45 por ciento de los lesionados tan solo habían cursado el nivel básico de instrucción.

En el año 2014 el sistema médico-legal colombiano reportó una tasa de mortalidad por suicidio de 4,3 casos por cada 100.000 habitantes, similar a la reportada durante los últimos 9 años. El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses durante el año 2014 realizó 1.878 necropsias debidas a suicidio. En cuanto a la escolaridad de la víctima, continúa predominando la escolaridad básica primaria y secundaria tanto en hombres como mujeres, con 39,8 por ciento y 39,4 por ciento de los casos respectivamente.

En estas condiciones, levantar las banderas de los jóvenes, abrir espacios de vida y de realización, es una obligación de cualquier proyecto de país que de verdad pretenda darle un giro radical a la realidad aquí reseñada. Los “ninis” deben dar paso a los “sísí”.

* Economista, filósofo, integrante del Consejo de redacción periódico desdeabajo.


1 Rafael de Hoyos; et alt; (2016). Ninis en América Latina. Banco Mundial, Washington, p. 1.
2 Cepal; (2016). Panorama Social de América Latina, Chile, pp. 9-13.

 

 

 

Publicado enEdición Nº223
Miércoles, 03 Febrero 2016 09:36

Pogos. Caos y anarquía

Pogos. Caos y anarquía


Nota: Se recomienda leer este escrito escuchando metal, heavy, trash o punk.


¿Quién, sentado en su razón, quisiera meterse en un voraz torbellino de puños, codazos y patadas?


Atrocidades atractivas, caos y anarquía. El pogo es desatino provocado, influjo de ritmos mordaces, descargas eléctricas y sonoras.


A la distancia se percibía el retumbe de los bajos, a medida que me acercaba escuchaba más nítidamente el desgarre de guitarras eléctricas, bajos, baterías y gritos desaforados. Estaba en la calle 63, frente al parque Simon Bolívar de Bogotá.


Sentí como empezaba a estremecerme, una sed y ansiedad se apodero de mí. Llevaba una media de ron a medio camino, la cual tuve que encaletarme, para evadir las tres requisas de la policía al ingreso del parque. Una vez adentro y camino al ágora, un ruido absorbente, como un enjambre de abejas, fue llenándome la cabeza, me corrió un escalofrío y se me erizo la piel. Estaba frente a uno de los conciertos más grandes de metal de América latina: Rock al parque. El cielo estaba despejado, la multitud de gente, cual mar revuelto, se agolpaba frente al escenario.


Al borde de la turba sentí una palpitación que, pausada y gradualmente, me subía a la cabeza y entrañas. Cual bestia en celo, frenética, me fui abriendo paso al centro del caos: un remolino de puños, empujones, codazos y patadas. La descarga no se hizo esperar, al par del ritmo y dando circunferencias, salen puños y patadas a diestra y siniestra. Soy un frenético más, un cómplice de este juego macabro.


La riña, como una montaña rusa, sube y baja de intensidad acorde al ritmo que suena. Hay recesos para no caer desmayado, hay mariguana, licor y cigarrillo, hay rostros fieros y desafiantes, ojos desorbitados, complicidad y tolerancia; las cabezas se sacuden al ritmo de la música, circula más marihuana y licor.


Pero no todo es desatino, en el descontrol hay solidaridad con quien cae o es derribado, los que están al margen del torbellino, sacan resguardados de la corriente a los penitentes y desertores. Hombres y mujeres confluyen en éste errático juego de la muerte. La locura y la efusión es compartida.


Se vuelve a prender la revuelta, los remolinos se desplazan por la multitud, nacen focos en cualquier lugar, nadie esta a salvo allí. Las guitarras revientan a más no poder, bajista y baterista parecen poseídos, el vocalista desgarra sonidos de ultratumba, es como una imagen apocalíptica.


El pogo, en últimas, no es más que un simulacro de locura, una descarga de diablos y demonios, es el amor a la destrucción, pero a su vez, y sobre todo, es un tributo a la vida, a la pasión por la música, la libertad y la desobediencia, es en fin, un tributo al metal.

 

Publicado enSociedad
Foto: De izquierda a derecha: Néstor, Sebastián, Cristian, Oscar "Rulos", Camilo, Stuart y Abner

Cada día son más los jóvenes que encuentran en deportes extremos como el BMX o el skateboarding, poco tradicionales como el fútbol, el ciclismo o el baloncesto, una forma diferente de ejercitarse y de escapar de los peligros de las drogas y el vandalismo.

Temprano en la mañana, cada día, cerca de las 8 am, un grupo de 7 jóvenes del barrio Roma IV se reúnen para empezar su entrenamiento. Uno a uno van llegando para, una vez juntos, empezar a rodar en sus bicicletas en busca de un lugar en el que puedan montar y realizar sus trucos de bmx. Cristian de 18 años, Camilo, Oscar, Carlos, Sebastián, y Néstor, cada uno con apenas 17, acaban de terminar el bachillerato, Abner, el mayor, tiene 21 y trabaja.

El bmx es más que un hobbie, es para ellos un estilo de vida. Varios de sus practicantes ya suman hasta cuatro años perfeccionando su práctica, para lo cual lo ejercen por lo menos tres días a la semana y hasta diez horas al día. Definitivamente, mucho más que un simple pasatiempo.

Alejados de las drogas y del vandalismo, estos muchachos, como muchos otros, encuentran en este deporte de origen estadounidense una opción que mantiene sus cabezas ocupadas en el perfeccionamiento de su técnica, en la repetición continua de los trucos, en el trabajo y el aprendizaje colectivo de algo para lo que realmente son buenos y que les genera satisfacción y felicidad. Arriesgados, uno a uno, van dando saltos por los andenes, librando bancas cual obstáculos de competencia, esquivando transeúntes y el tráfico de las avenidas que amenaza con arroyarlos, y que al parecer, a ellos poco les importa. Sin embargo, son conscientes de los riesgos que enfrentan y que representan para los demás ciudadanos; pero son jóvenes y van haciendo lo que quieren, temerarios e imponentes se van adueñando de la calle hasta convertirla en su parque de acrobacias.

Nos dirigimos a "la librería", un lugar en Kennedy Central con el suficiente espacio para poder practicar y no molestar a nadie. En el camino hacemos una parada en una cancha de microfútbol en el barrio Gran Colombiano, allí encontraron un pequeño "vacío" para saltar e intentar algunas piruetas, mientras tanto converso con Sebastián, le pregunto sobre las dificultades que encuentran cada vez que salen a montar. "Es complicado no tener un lugar para uno poder entrenar tranquilo, si no son los vecinos, llega la policía a requisarlo a uno y a tratarlo como un delincuente. A nosotros nos toca estar pendientes de que no nos vayan a robar las ciclas, porque son caras y a los ladrones les llama la atención". Evidentemente, el problema más serio que tienen es el del espacio.

Por la debilidad o la inexistencia de una política juvenil y deportiva en la localidad, en Kennedy no exixte un solo skatepark, lo que representa para estos deportistas tener que realizar desplazamientos muy extensos y disponer de por lo menos 20 mil pesos para poder entrenar en un lugar decente. Respecto a esta situación los muchachos coinciden en la necesidad de que se construya un skatepark en el que puedan entrenar sus trucos. "Hace falta un parque al que uno pueda ir seguido, sin peligro de los carros o de los policías que no dejan montar. Usted ve y hay canchas de micro por todo lado y ni una sala rampa para saltar, nosotros también somos deportistas y nos gusta este deporte, también tenemos derecho a un lugar en el que podamos montar y practicar BMX", declaró Sebastián.

En el barrio son muchos los jóvenes que desde los 13 años empiezan a practicar el bmx o el skateboarding y que sueñan con hacer de tales deportes extremos una profesión, pero como Cristian y los demás, están a la espera de lograr llamar la atención de algún patrocinador que los impulse y les brinde los recursos para poder perfeccionar su talento y sacar provecho de sus habilidades, pues ni el Idrd, ni Coldeportes ofrecen algún tipo de apoyo o incentivo para los deportes extremos como el BMX.

 

Publicado enEdición Nº220
La policía paulista disparó cada siete segundos

Los movimientos sociales y el PT condenaron la represión policial contra los manifestantes que rechazaban el aumento del transporte público. En San Pablo gobierna la oposición, que prometió insistir con su política. Avanza una Ley Antiterrorista.


Movimientos sociales y el Partido de los Trabajadores condenaron ayer la represión de la policía del estado de San Pablo, gobernado por la oposición, contra los manifestantes que se movilizaron en repudio al aumento del transporte público.
"Defenderemos nuestro derecho a manifestarnos. Si la policía aumenta la represión, nosotros vamos a aumentar la resistencia", anunció ayer el Movimiento Pase Libre, que el martes marchó a la cabeza de miles de indignados contra el aumento del boleto de 3,50 reales a 3,80 (0,9 dólares), en vigor desde la semana pasada en San Pablo. Los Campesinos Sin Tierra se sumaron ayer a la condena del accionar de la policía paulista.


Hubo otros actos en Río de Janeiro y Belo Horizonte donde también se encareció el pasaje.


Al menos 28 personas fueron heridas y otras 15 detenidas por los efectivos de la Policía Militarizada de San Pablo el martes, en la segunda concentración numerosa del año para rechazar el alza de los colectivos y el subte, que coincide con un desempleo del 8,9 por ciento que amenaza trepar al 10 por ciento en los próximos meses.


La Policía Militarizada disparó una "bomba cada siete segundos" (de estruendo y la de gas lacrimógeno) según el conteo realizado por el diario Estado de San Pablo, mientras la madre de un estudiante de arquitectura de 19 años afirmó que el proceso de las autoridades por las heridas sufridas por su hijo que debió ser operado.


"La policía busca cualquier pretexto ridículo para reprimir a la población... nos ponen las armas en la cara" denunció Victor Quintiliano, del Movimiento Pase Libre. Las declaraciones de Quintiliano, formuladas el martes en el centro de San Pablo, de repente se hicieron inaudibles debido al estruendo de los disparos de la policía mezclado con los gritos de decenas de chicas que escapaban de los gases lacrimógenos y las balas de goma.


Una columna de indignados marchó detrás de un pasacalles negro con letras blancas que decía "Boleto a 3,80 reales. El pueblo no aguanta más".


El grupo Periodistas Libres filmó a un policía el martes mientras "sembraba" un explosivo en la mochila de un estudiante, que luego fue detenido en una comisaría del elegante barrio paulista Jardines.


Los ataques policiales son motivo de una guerra paralela entre la cadena Globo, que en general justifica el accionar de los agentes del orden, y "guerrilleros" mediáticos que contradicen, con imágenes, aquella narrativa.


El duelo de informaciones nació en las protestas de 2013, cuando el grupo Midia Ninja sorprendió a policías de civil lanzando bombas Molotov para causar confusión en una protesta que se realizaba en Río de Janeiro. Mientras tanto, en San Pablo, otro agente fue pillado por reporteros independientes de las empresas cuando destrozaba un vehículo policial.
En la movilización del martes la violencia policial fue contada casi en tiempo real por las agrupaciones independientes a través de las redes sociales.


"Presencié una masacre, estamos en medio de una guerra. La libertad de manifestación no existe en San Pablo", contó en Facebook el cura Julio Lanzelotti, coordinador de la Pastoral de la Calle.


Estallido 2013


A mediados de 2013 el Movimiento Pase Libre estuvo al frente de los actos contra el alza del transporte en San Pablo, que luego se replicaron en decenas de capitales, con millones de inconformes que expresaron reivindicaciones diversas. Fue una convulsión inesperada con pocos antecedentes desde la restauración democrática en 1985.


Al hacer un balance de lo sucedido hace 3 años, los dirigentes de Pase Libre, en su mayoría jóvenes universitarios, reconocieron la falta de experiencia para conducir semejante marea humana diseminada por todo el país. Contaron que los primeros mítines contra el aumento del colectivo no fueron muy concurridos pero se hicieron masivos ante el repudio que despertó la represión policial.


Ayer el gobierno de San Pablo rechazó las críticas al desempeño policial y prometió insistir en su política. "No es posible lo que está pasando" con los "provocadores" que se escudan en el derecho a manifestarse para cometer "crímenes" declaró el secretario de seguridad Alexandre de Moraes, cuyo superior es el gobernador de San Pablo, el conservador Geraldo Alckmin, que aspira a ser candidato presidencial en 2018 por el Partido de la Socialdemocracia Brasileña.


El mes pasado Alckmin y sus correligionarios Fernando Henrique Cardoso y Aécio Neves se reunieron para expresar su posición común por el impeachment (juicio político) contra la presidenta Dilma Rousseff.


El Partido de los Trabajadores calificó ayer como "cobarde" al gobernador Alckmin y aseguró que esta conducta se repite en todos los estados conducidos por el Partido de la Socialdemocracia donde se "reprimen a la sociedad civil y los sindicatos".


Como terroristas


Durante una entrevista en la radio de mayor audiencia de San Pablo el secretario de seguridad paulista De Moraes opinó que los activistas presos deben ser encuadrados como miembros de una "asociación ilícita", equiparándolos a delincuentes comunes o hasta terroristas.


Propuesta aprobada por el conductor del programa, un antiguo relator de fútbol durante la dictadura, que tuvo comentarios elogiosos para la "correcta actuación" policial frente a los atacan la "propiedad privada y pública. "Hagamos realidad lo que dice el lema de nuestra bandera: orden y progreso" propuso el locutor de radio Jovem Pan.


Varios columnistas de esa popular emisora piden casi a diario la necesidad de la pronta aprobación de la Ley Antiterrorista. Es una posición defendida por las grandes cadenas de radio y televisión.


El mencionada Ley Antiterrorista, que puede ser aprobada al reanudarse las sesiones parlamentarias el mes que viene, abre camino para que las protestas sean tipificadas como "atentados a la democracia" afirmó la Central Unica de los Trabajadores.

Publicado enInternacional
Lunes, 11 Enero 2016 07:07

La nueva "igualdad" social

La nueva "igualdad" social

¿Por qué un obrero vota a la derecha? A partir del debate tras los últimos atentados en París, el investigador francés advierte cómo se impuso la "meritocracia" en las sociedades actuales: ya no se busca reducir la brecha social (que los ricos sean menos ricos y los pobres sean menos pobres), sino que todos los individuos tengan iguales posibilidades de llegar a la "cima".


Los atentados del 13 de noviembre en París generaron reacciones diversas en la ciudadanía francesa, las primeras fueron emocionales y estuvieron atravesadas por un fuerte sentimiento de unidad nacional. A medida que pasó el tiempo, empezaron a surgir interpretaciones y puntos de vista profundamente conflictivos. Página/12 dialogó con François Dubet, uno de los sociólogos más reconocidos de Francia. Pese al dolor, este investigador exhibió con cuidadosa claridad los diagnósticos y conclusiones a los que arribaron diferentes sectores de una Francia que presenta "divisiones". Si estas divisiones prevalecen en los próximos meses, "los terroristas habrán ganado una primera batalla", advirtió Dubet.


–¿Cómo ve la reacción de la ciudadanía francesa ante los atentados del 13 de noviembre en París?


–Para algunos, empezando por el gobierno, es un acto de guerra cuyo origen radica en la larga crisis de Oriente Medio. La mayoría de los franceses comparten este punto de vista, pero no todos arriban a la misma conclusión. Hay quienes creen necesario participar en una guerra contra Daech (organización terrorista producto de la rama iraquí de Al Qaida), mientras que otros consideran que es mejor retirarse porque los países occidentales tienen una gran responsabilidad en la crisis en el mundo árabe. Los que adhieren sólo a la tesis de la guerra creen que el Islam no es el enemigo y que los musulmanes franceses son, mayoritariamente, los rehenes y víctimas de la guerra. Todos son cuidadosos en distinguir entre el Islam y el islamismo.


–¿Creen que el enemigo es externo, que está fuera de Francia?


–La tesis de guerra exterior se encuentra con una dificultad: algunos miles de jihadistas jóvenes son franceses y los autores de los atentados nacieron sobre todo en Francia, que es donde crecieron y se educaron. Para una gran parte de la opinión pública, que reconoce las tesis de la extrema derecha y de derecha dura, el terrorismo es la expresión de una guerra civil entre los "verdaderos franceses" y los musulmanes, que deben ser expulsados o reducir la religión a una práctica discreta. Desde esta perspectiva, los ataques se explican menos por la crisis de Oriente Medio que por la crisis de los Estados nacionales.


–¿En qué se diferencia el diagnóstico de esta derecha dura del que hacen los sectores de izquierda?


–Para la izquierda tradicional y la extrema izquierda, los ataques son manifestación de una crisis social. Son la expresión de la segregación y el racismo experimentado por los jóvenes musulmanes de los suburbios que creen que encontrarán una forma de salvación en el sacrificio y la revolución islámica que sustituye a la antigua utopía revolucionaria. Por ahora, frente a los delitos de violencia ciega, predominan la emoción y la unidad nacional. Pero la confrontación sobre la forma en que interpretamos los ataques tiene implicancias tanto en la naturaleza de las respuestas como en puntos de vista profundamente conflictivos de la sociedad. Apuesto a que si las divisiones en la sociedad francesa prevalecen en los próximos meses, entonces los terroristas habrán ganado una primera batalla, al poner al descubierto contradicciones profundas de la sociedad francesa.


–En su último libro (¿Por qué preferimos la desigualdad?), usted afirma que las sociedades actualmente optan por la desigualdad, ¿por qué?


–Esa fórmula de que la sociedad elige la desigualdad es un poco excesiva. Pero muchos individuos, como vos y yo, desarrollan conductas que sí van a generar desigualdad. Podemos observar un gran rechazo hacia las teorías igualitarias. La sensación que tenemos de nuestra igualdad fundamental sigue siendo importante, pero ya no se puede traducir como un deseo de igualdad social. Por supuesto que el desarrollo desigual tiene causas económicas, objetivas, pero hay algunas desigualdades que son muy importantes desde el punto de vista del individuo.


–Es decir que no se desprenden de un nivel estructural.


–No provienen de una ley general del capitalismo. Más bien se trata de estrategias de desigualdad, como decidir vivir con gente que es como nosotros. De hecho, las desigualdades urbanas provienen de ese modelo: barrios ricos, medios y medios bajos. A los pobres se los reduce a guetos, se los descarta aunque no haya ninguna política que crea los guetos. El otro mecanismo es el de la obsesión por la distinción.


–¿En qué se aspectos concretos se despliega esa obsesión por distinguirse?


–Uno de los casos más serios es el de las desigualdades escolares. En Francia, el sistema escolar formal es muy igualitario, sin embargo, las familias buscan alcanzar la mayor desigualdad posible para sus hijos: el valor del diploma es su rareza. Ahora es muy difícil hacer políticas culturales igualitarias porque las familias buscan la desigualdad. A mí me sorprendió mucho esto en Chile: Michelle Bachelet propuso una política escolar más bien igualitaria pero los ricos no quieren esto... y es normal; tampoco lo quieren las clases medias... y no es tan normal. Pero resulta que las clases populares tampoco lo quieren, porque prefieren soñar con una competencia igualitaria. En el fondo el modelo de igualdad de oportunidades se transforma en el modelo de justicia.


–¿En qué se diferencian los modelos de "igualdad de posiciones" e "igualdad de oportunidades"?


–De una manera muy grosera, los países del Norte –Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos– hasta 1980 tenían el propósito de reducir cuanto les fuera posible la desigualdad entre los más ricos y los más pobres. La izquierda, el movimiento obrero, los sindicatos, la socialdemocracia tenían el objetivo de reducir la distancia entre ricos y pobres. En cambio, desde hace 30 años, ya no se trata de reducir las desigualdades sino de lograr que todos tengan las mismas posibilidades de llegar a la cima, subir esa escalera. Es un modelo meritocrático que se impuso por completo. El tema central de este modelo es la lucha contra la discriminación: contra las mujeres, las minorías, migrantes, etcétera.


–¿Qué consecuencias trae la adopción del modelo de igualdad de oportunidades?


–En primer lugar, el problema es que acepta las grandes desigualdades porque provienen de una competencia equitativa. La segunda consecuencia es que se acusa a los individuos de ser responsables de las desigualdades: si el rico se volvió rico fue gracias a él, si el pobre sigue siendo pobre fue por causa de él. Este modelo es esencial hoy y esto explica que en Estados Unidos las desigualdades sociales se hayan duplicado y nadie discute esto, ni siquiera en las clases populares.


–¿Por qué tampoco las clases bajas lo ponen en cuestión?


–Porque dicen que son las reglas del juego. Este es un cambio muy importante, que crea nuevas políticas y explica la gran dificultad ideológica de la izquierda en todas partes. En Europa, la izquierda no desaparece pero se está reduciendo; hay que recordar que hubo una "izquierda americana" que era socialdemócrata y que ya no existe más porque hemos modificado la visión de las cosas. Esta es una de las razones por la cual muchos pobres votan por los partidos liberales: la idea de una competencia equitativa les parece más justa que la idea de reducir las desigualdades.


–¿Cómo logra instalarse esta idiosincrasia de las desigualdades?


–Este modelo se instala porque la búsqueda de las igualdades sociales se basaba en mecanismos de solidaridad y fraternidad. Si quiero que estas personas sean mis iguales, si quiero pagar por ellos, me tengo que sentir cerca de ellos, semejante a ellos. Mi hipótesis es que este sentimiento de solidaridad se deshace hoy por tres razones.


–¿Cuáles?


–La primera es la mundialización de la economía. Esto hace que las economías no sean más sistemas nacionales integrados sino que se internacionalizaron. A veces eso está bien, de hecho a los chinos, indios y brasileños les parece que eso está bien porque aumenta la riqueza, pero a los europeos no les parece tan bien porque están más en una posición defensiva. El segundo es un cambio cultural: la idea de solidaridad se basaba en el trabajo de las instituciones que creaba subjetividades comunes. Como la Iglesia, la gran escuela pública argentina que nunca estuvo para generar igualdad escolar sino que estuvo ahí para formar hombres, mujeres, campesinos argentinos, y nunca prometió la igualdad de oportunidades. La tercera razón, muy importante en el Norte (en Europa y en otras partes), es la transformación de la Nación. El sentimiento de fraternidad se basaba en la idea de una nación culturalmente homogénea, en realidad era más una novela que una realidad, era más una representación. En cambio, hoy con el flujo inmigratorio sabemos que las naciones no son más culturalmente homogéneas y, por eso, el imaginario de fraternidad se deshace. En todos los países de Europa, por ejemplo, se dice que ya no quieren pagar por los musulmanes, los homosexuales, los mapuches.


–Los mapuches pagaron por nosotros.


–Cada uno tiene su mapuche (se ríe). Se aceptaba la igualdad de los otros porque existía un relato nacional de batalla, santos y demases, que hacía que se fabricaran todos estos símbolos, aunque esto nunca impidió la lucha de clases en el seno de un sistema de solidaridad. Hoy, los pilares de ese sistema se han fragilizado considerablemente, debido a lo cual hay un éxito en Europa y Estados Unidos de la derecha populista. Aclaro que la palabra "populista" no significa lo mismo que aquí... Ese movimiento populista habla de solidaridad, pero de una solidaridad imaginaria, xenófoba, autoritaria, peligrosa y, para mí, económicamente absurda porque lo que ellos quieren es cerrar las fronteras. La respuesta es escandalosa pero la cuestión está planteada. Es decir que la pregunta sería: ¿cómo hoy la izquierda puede construir un sentimiento de solidaridad de manera tal que la máquina pueda aumentar la igualdad y pueda volver a ponerse en marcha?


–En su libro, usted trabaja sobre el rol de los Estados en el marco de la globalización, allí plantea que la globalización en sí no es mala sino que son los Estados los que la manejan mal. ¿Cómo pueden coexistir los intereses nacionales de los Estados con los intereses de clase, que son más globales que nacionales?


–Las verdaderas clases dirigentes hoy son nacionales. Tienen igualmente una sensibilidad nacional pero juegan sobre todo el planeta. Las clases obreras, en cambio, son nacionales. De hecho, el peligro es que la clase obrera se vuelva totalmente nacionalista, es decir, que se vuelva antiprogreso. Hoy en Europa son los obreros los que votan a la extrema derecha. Lo que yo creo es que hay que crear un espacio político nacional, en Europa pienso en un espacio europeo. Los Estados ya no tienen ningún poder para determinar el valor de su moneda, el precio del petróleo, la salud de China. El problema es que los Estados se vuelven actores económicos porque juegan en el espacio económico, pero por otro lado tienen que crear un sentimiento de comunidad y unidad social y ahí es donde hay grandes dificultades porque hoy tenemos una crisis en todas partes de la representación democrática. Cuando miramos qué países tienen éxito en Europa, vemos que se trata de Estados muy democráticos y muy virtuosos, donde no hay corrupción y la gente tiene confianza. Creo justamente que el problema hoy es recuperar la confianza entre elites políticas y electores. Este es un gran problema porque probablemente haya cambios institucionales. La segunda cosa que deben hacer los Estados es poder reconstituir una suerte de contrato social.


–¿Cómo lo lograrían?


–En Francia, más del 50 por ciento de la riqueza nacional es retenida a través de los impuestos y se redistribuye para pagar la universidad, la escuela, la desocupación, la jubilación, etcétera. Este sistema se ha vuelto tan complicado que ya nadie lo comprende y todo el mundo siente que "le roban". Los ricos dicen: "me roban, esto no sirve para nada", los pobres dicen: "no nos dan nada". En ambos casos es falso. Las desigualdades en Francia, después de la redistribución social, disminuyen por dos pero la gente está convencida de que no sirve porque no comprenden cómo funciona. Para que la gente acepte este sistema tiene que comprender que hay una justicia detrás de ese sistema.


–¿Cuál es el rol de las instituciones en un escenario en el cual la redistribución achica la desigualdad y, sin embargo, no se confía en esos mecanismos?


–Creo que el rol de las instituciones sigue siendo el mismo: producir y garantizar conductas de subjetividad y acuerdos, pero las instituciones deben producir sujetos democráticos. Hoy sabemos que los individuos quieren ser los dueños de sus vidas y el rol de las instituciones es ayudarlos. En otra época, el rol de las instituciones era "preparar a una mujer a tener el rol de mujer" cuando hoy el rol de las instituciones es "ayudar a la mujer a tener la vida que desea". Hay un cambio en las instituciones y hay un sentimiento de crisis respecto de las instituciones. Hay un cambio muy profundo. En Francia, hubo movimientos contra los extranjeros, contra los homosexuales, contra el matrimonio igualitario, allí estaba la idea de que todo eso destruiría la sociedad. El desafío intelectual es poder demostrar que se trata de otra sociedad, no se destruye LA sociedad, lo que se destruye es la vieja sociedad.


–En este sentido, ¿qué factores están coaccionando el sistema democrático que usted plantea que hay que ampliar, que hay que abrir?


–Hay una restricción del sistema democrático con la mundialización de las economías, al mismo tiempo hay una formidable expansión del sistema democrático. Creo que hoy esta dinámica crea frustración porque la gente tiene la sensación de poder actuar en muchos campos de su vida personal pero, por otro lado, se tiene la sensación de que ya no se puede accionar sobre el mundo. En cambio, cuando vivíamos en el Estado-nación teníamos la idea de cambiar la sociedad dentro de la Nación. Esto crea una crisis muy fuerte de la acción política en todas partes. A los hombres políticos se los acusa de ser impotentes, en todas partes dan la sensación de traicionar sus promesas y yo diría que no es culpa de los hombres políticos porque ya no estamos en ese espacio relativamente cerrado que era la Nación. Esta es una experiencia que siempre tuvieron las sociedades latinoamericanas.


–¿En qué sentido?


–En el sentido de que siempre dependieron mucho más del capitalismo internacional que las sociedades alemanas, francesas e inglesas; en cambio, hoy las sociedades del centro son tan dependientes del capitalismo como las otras.


–Menciona sólo tres países de Europa, ¿qué pasa con los otros? Y, ¿en qué sentido son más dependientes ahora?


–Cuando yo era chico vivía en una sociedad en la que lo esencial de lo que consumía –tanto en bienes industriales como en bienes alimentarios y bienes culturales– se fabricaban en Francia: coche francés, ropa francesa, literatura y cine franceses. Hoy vivo en una sociedad en la que esta camisa no es francesa, mi computadora tampoco y la música que escucho es muy poco francesa. Vivo en un mundo totalmente abierto, que da la sensación de no ser más controlado. El hombre político perdió gran parte de su capacidad de acción.


–¿Por qué la globalización de la vida, de la cultura, es la que restringe la distancia que usted marca entre la vida política y los electores? ¿Por qué lo atribuye a eso y no, por caso, a una tecnificación de la política?


–Porque también está la idea de que la vieja sociedad era una verdadera sociedad de clases, en la cual las desigualdades tenían una estructura muy particular y el sistema político europeo reflejaba esa estructura de clases: un campesino vota a la derecha y un obrero vota a la izquierda. El sistema político representa la vida social. En todas partes, este sistema se está deshaciendo. Lo que vemos hoy en Europa es que no hay verdaderamente partidos políticos, hay máquinas políticas: la máquina socialista o la máquina política pero ya no hay más militantes políticos. La gente vota en función de las circunstancias.


–¿Por qué hoy las circunstancias llevan a un obrero a votar por la derecha?


–Porque el obrero tiene la sensación de ver su mundo social desaparecer y entonces vota por los que le dicen que van a rehacer ese mundo: dejar Europa, echar a los extranjeros y crear instituciones autoritarias. Los obreros no son democráticos por naturaleza. En todas partes encontramos este electorado que cambia. La gran lección de la última elección en Argentina es que los electores son cada vez menos cautivos. Podemos lamentar eso pero me parece que esa evolución es irreversible.


–¿Por qué aquí es irreversible? Y en todo caso, ¿cautivo de qué?


–Porque me parece que la elección de los individuos es cada vez más individual, porque la política tiene un mecanismo casi automático de decepción, es decir, que se vota "en contra" de algo. Esto pasó en Francia hace 30 años cuando vimos que el mundo comunista francés, un mundo totalmente tomado por un partido político desapareció en diez años, porque los modelos de identificación social han cambiado profundamente.


–¿Cómo ve el fenómeno de los "nimby" (Not In My Back Yard. Trad: No en mi patio trasero) en este escenario que describe?


–El nimby es un fenómeno bastante clásico del movimiento ecológico. Es necesario que una autopista pase por nuestra ciudad, todos están de acuerdo, pero no por mi casa. Es un fenómeno totalmente banal: quiero electricidad pero no centrales nucleares en mi país. Quiero un hospital pero no muy cerca de mi casa. Es cierto que, por lo general, son las clases medias las que tienen esas capacidades políticas porque tienen la capacidad de presionar sobre los políticos. Por ejemplo, quiero una escuela social mixta pero no para mis hijos. La gente siempre fue nimby, siempre fue egoísta. No podemos imaginar que la gente fuera generosa, pero los mecanismos políticos tenían la capacidad de imponerse. En cambio hoy, los mecanismos políticos son demasiado débiles para imponerse. Por un lado, esto es desagradable pero, por otro lado, está bien porque los individuos tienen derechos y porque tenemos mucha experiencia de regímenes autoritarios. El mundo de ayer era por lejos tan abominable como el de hoy, e incluso más.


–Usted ha mencionado que la democracia del bienestar debilita la democracia política y la solidaridad, ¿a qué se refiere con esa afirmación?


–La democracia la podemos ver en cuatro niveles. El nivel elemental es el reconocimiento de los derechos. Democracia es el derecho de poder ser juzgado por jueces, el derecho a la seguridad física, etcétera. El segundo nivel es el de los derechos políticos. El tercero, el de los derechos sociales. Y hoy vemos un cuarto nivel, el de los derechos culturales. Ciertas minorías pueden tener derechos particulares, por supuesto que cada uno de estos derechos debilita al otro. El derecho político es un derecho absoluto y el social es un derecho relativo, porque vos podes decir: "sean cuales fueren las condiciones yo tengo derecho a votar", pero también podes decir: "tengo derecho a trabajar" con la condición de que haya trabajo, y eso cambia la naturaleza del derecho. Una de las dificultades de hoy es que la condición de los derechos sociales, aquellos que se benefician con los derechos, no quieren cambiar nada y hay una especie de bloqueo de los derechos sociales.


–¿Podría ilustrarlo con un ejemplo?


–El problema de los derechos sociales es que se van a delegar, a sumar a los derechos económicos. Un ejemplo simple: tengo derecho a jubilarme a los 65 años y que me paguen, con la condición de que haya muchos jóvenes, que ellos trabajen y que los viejos vivan mucho tiempo. Ahora, si no hay muchos jóvenes y, además, no trabajan mucho, ese derecho a jubilarme a los 65 años no tiene ningún contenido. Cuando la canciller de Alemania, Angela Merkel, permite que entren inmigrantes a su país lo hace por razones humanitarias pero, fundamentalmente, para pagar la jubilación de los alemanes porque no hay más jóvenes alemanes. Entonces, hay que entender que estos derechos no son iguales como el derecho a la libertad personal o como el derecho a la información. Por eso es que hoy existen muchas tensiones entre estos diversos sistemas.

Publicado enSociedad
Jueves, 24 Diciembre 2015 05:34

Dominación y resistencia en la favela

Dominación y resistencia en la favela

Los peatones son los reyes ante los que deben rendirse los coches. Tal vez sea la diferencia mayor entre la favela y el asfalto, algo en lo que no suelen reparar ni los medios ni los analistas del sistema. La calle es el paraíso de la gente común, de los niños que juegan con la pelota, de las niñas que saltan y corren, de las mujeres que arrastran bolsas de alimentos y los jóvenes que se abren paso con sus motos haciendo piruetas entre los autos y las adolescentes, a las que no parecen impresionar.


Timbau es una de las 16 favelas de la Maré, enorme espacio pegado a la bahía de Guanabara con 130 mil habitantes, que los migrantes nordestinos fueron ganando al mar metro a metro desde sus precarios palafitos, que comenzaron a erigir un siglo atrás. Timbau es una de las pocas favelas del norte de la ciudad en ancas de un morro, que disfruta el privilegio de otear a ésta, la bahía y los cerros. Cuando el sol cae a plomo se hace pesado caminar cuesta arriba y todo se mueve en cámara lenta.
Si se define a la favela por lo que no tiene, como suelen hacer los centros de estudios que priorizan las carencias, habría que empezar diciendo que no hay bancos ni supermercados, ni esas catedrales del consumo llamadas malls. Parece un barrio proletario de cualquier centro industrial de comienzos del siglo XX, cuando los obreros vivían de un modo diferente a los demás, con expectativas vitales diferentes, y en lugares distintos, como nos recuerda Eric Hobsbawm (Historia del siglo XX, Crítica, p. 308).


En una de las callejuelas, entre un almacén y una peluquería donde alisan sus cabellos las adolescentes, un pequeño comercio tiene un letrero que dice Roça, que en portugués denomina el área de siembra de la agricultura familiar. Un pequeño grupo de jóvenes venden productos agroecológicos y elaboran cerveza artesanal, mostrando que es posible trabajar en colectivo y autogestionarse. Es un espacio donde confluyen grupos de otras favelas que resisten la militarización y la especulación urbana.
La Maré estuvo ocupada militarmente hasta hace pocos meses y seguramente los uniformados regresarán antes de los Juegos Olímpicos de 2016. El ejército estuvo durante 15 meses, 3 mil soldados con armas largas y tanques de guerra, pero a comienzos de julio fueron relevados por la Policía Militar, uno de los cuerpos más odiados por los sectores populares –en particular por los jóvenes negros– responsable de miles de muertes todos los años.


Un grupo de muchachos del colectivo Ocupa Alemão, una favela cercana ocupada desde 2010 por los militares donde se han instalado Unidades de Policía Pacificadora (UPP) y una red de teleféricos, aseguran que la mayor contradicción que existe en Brasil es el racismo. Ocupa Alemão nace para resistir la brutalidad policial con festivales de rock, cine-debates, juegos con niños, talleres de graffiti y una feria de negritud económica, inspirada en la tradición solidaria de los quilombos (repúblicas de esclavos fugados); 20 por ciento de las ventas las destinan a un fondo para apoyar a las madres de las víctimas del Estado en Río de Janeiro.


La feria es itinerante y se propone defender la autonomía política y fortalecer la economía colectiva, como destacan en su facebook. Se trata de una iniciativa de movimientos de mayoría negra en las áreas de salud, cultura, educación, cocina y audiovisual para difundir la cultura afrobrasileña y fomentar la autogestión como forma de construir autonomía.


Uno de los jóvenes dice que en el Complejo de Alemão hay cinco UPP y que una de ellas funciona en una escuela, con su fachada tapizada de agujeros de balas. Habla del racismo como forma de dominación: Cuando van al médico, las mujeres blancas son atendidas 15 minutos en promedio, pero las negras apenas tres minutos. Cada palabra suena como un martillo sobre la piedra. Nosotros por nosotros, es la consigna de Ocupa Alemão, que se ha ganado un espacio entre la camada de movimientos que nacieron luego de las Jornadas de Junio de 2013.


Para el que llega de fuera, los detalles desconciertan. El turismo safari en las favelas hace estragos. Jeeps verdes como los que usan los militares, con turistas rubios cámara en mano, violentando la cotidianidad de los vecinos. Desde el teleférico de Alemão pueden retratarlos mientras comen, bailan o hacen sus necesidades más íntimas. Un panóptico tan insultante como la insensibilidad del mercado. Compran camisetas de recuerdo que dicen, sobre la foto de la favela, Yo estuve aquí, aunque la hayan sobrevolado a decenas de metros. Es triste comprobar cómo la lógica del turista y del policía militar es idéntica, aunque utilicen armas diferentes.


La noche en la favela es bulliciosa. La música suena potente, pero nadie se queja. Igual que los coches ceden ante los peatones, la favela entiende que el silencio no puede contra los ritmos. Parece raro y hasta molesto al foráneo que no puede conciliar el sueño; sin embargo, es la lógica obrera de todos los tiempos, según Hobsbawm, donde la vida era, en sus aspectos más placenteros, una experiencia colectiva (idem).


Es probable que esa cultura de lo colectivo explique el genocidio que sufren los favelados, en su inmensa mayoría negros. Una cultura tejida de relaciones sociales diferentes a las hegemónicas, tan irreductible como el espacio donde se ha refugiado, representa una amenaza latente para las clases dominantes. En más de un siglo, ningún gobierno pudo con las favelas que siguen creciendo pese a las violencias del Estado y los traficantes.


Son cientos los colectivos de jóvenes que resisten: de hip-hop, de cultura negra, contra el genocidio, de economía, de madres de asesinados y desaparecidos. La impresión es que tienden a multiplicarse y cada vez es más difícil hacerlos retroceder a bala. En el próximo ciclo de luchas las mujeres y los jóvenes de las favelas dirán presente, y las izquierdas blancas deberán decidir si luchan y mueren junto a ellas o siguen mirando hacia arriba.

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