El presidente chino, Xi Jinping, durante la XV Cumbre de los Líderes del G20 por medio de un enlace de video, en Pekín.Foto Xinhua

En los expeditos abordajes reduccionistas se ha manejado el carácter "multilateral" del 15-RCEP –máximo bloque geoeconómico del planeta con casi la tercera parte del producto interno bruto (PIB) global de 26.2 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón) y con 2 mil 200 millones de habitantes (https://bit.ly/35ROjEM).

Cuando se ahonda el análisis destaca que se trata de un tratado "trilateral", donde descuellan las tres superpotencias geoeconómicas del noreste asiático: China/Japón/Sudcorea, respectivamente segunda, tercera y décima potencias en el ranking del PIB global.

El "multilateral" 15-RCEP oculta su verdadera columna vertebral: un genuino tratado trilateral y/o bilateral con el restante de los 12 y/o 13 países que se ubican en niveles semiperiféricos y periféricos circundantes de su núcleo tripartita.

Vale la pena enfatizar el PIB, tanto trilateral como bilateral, de sus tres principales actores frente al restante del 10-ASEAN y los dos países anglosajones.

Es notable la "trilateralidad" del 15-RCEP con sus respectivos PIB "nominales" (datos del FMI): China, 14.86 millones de millones de dólares, segundo en el ranking global; Japón con 4.91 millones de millones, y Sudcorea con 1.59 millones de millones. Es decir, la "trilateralidad" arroja un total de 21.36 millones de millones de dólares.

Este dato es superlativo, ya que el PIB trilateral de China/Japón/Sudcorea constituye ¡81.53 por ciento del 15-RCEP! –sin contar que tal trilateralidad rebasa el PIB de EU, primero en el ranking global con 20.8 millones de millones de dólares.

Que conste que no contabilicé el total del "circuito étnico-chino" conformado por China/Hong Kong (341 mil 319 millones de dólares) /Macao (26 mil 348 millones) /Taiwán (635 mil 547 millones) /Singapur (337 mil 451 millones) que arrojara un PIB integral –¡Sin China! de 1.34 millones de millones y que con el PIB de China suman 16.2 millones de millones de dólares.

El concepto del "circuito étnico-chino" lo vengo manejando desde hace alrededor de dos décadas y hoy me percato del ímpetu que ha generado su sorprendente dinámica geoeconómica (https://bit.ly/3kU7emw).

Ahora va el también carácter "bilateral" del 15-RCEP con el PIB respectivo de China y Japón cuyas sumas arrojan 19.77 millones de millones de dólares que prácticamente empatan el PIB de EU y representan 75.5 por ciento del 15-RCEP.

¿No se habrá tratado más bien de un pacto "bilateral" de China y Japón que no se atreve a decir su nombre?

Frente a la descomunal complementariedad geoeconómica –sea bilateral, sea trilateral– el PIB de los 10-ASEAN representa aproximadamente 12.1 por ciento (3.17 millones de millones de dólares) del 15-RCEP, donde viene en su primer lugar interno Indonesia ( ranking 15) –que, por cierto, con su asombroso PIB de 1.14 millones de millones de dólares, ya superó a México ( ranking 16).

Los dos países anglosajones miembros –Australia (1.33 millones de millones de dólares; ranking 13) y Nueva Zelanda (193 mil 545 millones; ranking 50)– constituyen aproximadamente 5.8 por ciento del 15-RCEP.

El abordaje del PIB con visión geoeconómica coloca a cada quien en su justa dimensión.

En 100 por ciento aproximado, se decanta la realidad del 15-RCEP multilateral: sobresale la "trilateralidad" del noreste asiático de China/Japón/Sudcorea con 81.53 por ciento frente al 10-ASEAN con 12.1 y los dos países anglosajones con casi 6 por ciento.

Según Nikkei Asia, "Tokio descolgó un importante triunfo con Pekín y la participación de Seúl con el 15-RCEP que elimina 86 por ciento de tarifas a sus exportaciones a China" (https://s.nikkei.com/3lRL3io), lo que, de facto, epitomiza "el primer tratado de libre comercio de Japón tanto con China como con Sudcorea" por la puerta giratoria de atrás.

Lo más sorprendente es que todavía China, Japón y Sudcorea no concluyen sus negociaciones para un tratado trilateral propiamente dicho, pero que le dieron la vuelta al integrarse al "multilateral" 15-RCEP (https://bit.ly/395GvkY).

Por cierto, es la primera vez que China firma un tratado comercial regional "multilateral", cuando resalta que el 15-RCEP beneficia sobre todo la "trilateralidad" de China/Japón/Sudcorea (https://bbc.in/3pQk0X2).

http://alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalifeoficial

https://www.youtube.com/channel/ UClfxfOThZDPL_c0Ld7psDsw?view_as=subscriber

Publicado enInternacional
Videoconferencia para la firma del tratado de constitución de la RCEP, la mayor alianza de libre comercio del mundo. En vídeo, el viceministro chino de Comercio analiza el impacto del acuerdo firmado.VNA HANDOUT / EFE / VÍDEO: REUTERS-QUALITY

El RCEP, que abarcará el 30% del PIB y de la población mundial, representa un espaldarazo económico y político para Pekín, su principal promotor

 

Quince países de Asia y Oceanía han firmado este domingo el acuerdo para formar la mayor asociación comercial del mundo, en lo que representa una gran victoria para China, el principal promotor del proyecto desde que comenzó a negociarse en 2012. La Asociación Económica Integral Regional (RCEP, en sus siglas en inglés), excluye a Estados Unidos, pero abarcará a 2.100 millones de consumidores y el 30% del PIB mundial.

China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda suscribieron el pacto junto a los diez países miembros de la Asean (la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, integrada por Indonesia, Tailandia, Singapur, Malasia, Filipinas, Vietnam, Myanmar, Camboya, Laos y Brunei) al término de la cumbre de esa organización, celebrada este año por videoconferencia debido a la pandemia de coronavirus. La India, que había decidido retirarse el año pasado de las negociaciones debido a la preocupación de que bienes baratos chinos pudieran inundar su mercado, tendrá la posibilidad de incorporarse en el futuro si lo desea.

Que la reunión se celebrara por videoconferencia hizo que la firma del acuerdo tuviera su propio protocolo, adaptado a las circunstancias de la pandemia. Cada país celebró su propia ceremonia, en la que el ministro de Comercio respectivo firmaba el documento bajo la mirada de su jefe de Gobierno o de Estado.

“Estoy encantado de que después de ocho años de complejas negociaciones, finalmente demos hoy por terminadas de manera oficial las negociaciones del RCEP”, ha afirmado el primer ministro vietnamita, Nguyen Xuan Phuc, cuyo país es el presidente de turno de la Asean.

El éxito de las negociaciones, y la firma del acuerdo, representa un espaldarazo económico y político para Pekín. Como principal motor de esta iniciativa, consolida su influencia en Asia en detrimento de Estados Unidos. Envía el mensaje de que es Pekín, y no Washington, el Gobierno que está de verdad interesado en la región. Va a poder jugar un papel clave en el desarrollo de las reglas comerciales del continente. El pacto abre nuevos mercados a sus exportaciones en momentos de incertidumbre sobre la marcha de la economía global. Y pule las credenciales que busca como defensor global del multilateralismo, en medio de una tendencia a la desglobalización que la pandemia de covid ha acelerado.

El pacto representa una alternativa al TPP, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. La Administración de Barack Obama concebía el ambicioso acuerdo entre ambas orillas del Pacífico, del que China estaba ausente, como el pilar económico para apuntalar la influencia de Estados Unidos en la región. A su llegada a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump ordenó la retirada del pacto, que otros 11 países han ratificado.

La salida estadounidense asestó un golpe casi mortal al TPP y dio alas a los argumentos de quienes aseguraban que la primera potencia mundial no tiene interés en implicarse realmente en la región. La decisión de Trump reavivó las negociaciones sobre el RCEP, que habían languidecido durante años tras su lanzamiento en Camboya. El interés de los Gobiernos regionales por encontrar vías de estímulo a sus economías, perjudicadas primero por la guerra comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China y por la pandemia después, terminó de hacer el resto.

Para el primer ministro chino, Li Keqiang, “en las circunstancias mundiales actuales, [el acuerdo] aporta un rayo de luz y de esperanza entre los nubarrones” dejados este año por la pandemia y las tendencias desglobalizadoras. La RCEP, ha agregado, “muestra claramente que el multilateralismo es la vía correcta y representa la dirección adecuada para la economía mundial y el progreso de la humanidad”.

“Creemos que la RCEP, como el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, representa un importante paso adelante hacia un marco ideal de comercio global y reglas para la inversión”, han indicado en un comunicado los países firmantes del acuerdo. Un grupo muy diverso que incluye a algunas de las economías más avanzadas del mundo, como Japón; la “socialista con características chinas” en Pekín, y algunas de las más pobres del mundo, como Laos o Camboya.

La RCEP y el TPP son muy diferentes. Donde el TPP se centraba en la reducción de barreras no arancelarias (protección del medio ambiente, estándares para la inversión extranjera), la RCEP pone el énfasis principalmente en los aranceles, sin las protecciones a los derechos laborales que ofrece el tratado que originalmente lideró EE UU.

La alianza elimina aranceles sobre más del 90% de los bienes intercambiados entre los miembros. El acuerdo también incluye protecciones sobre la propiedad intelectual y capítulos sobre inversiones y comercio de bienes y servicios. Igualmente, estipula mecanismos para la resolución de disputas entre los países.

En total, la RCEP reduce aranceles y establece reglas en una veintena de áreas. Entre otros, elimina impuestos en un 61% de las importaciones de productos agrícolas y pesqueros de la Asean, Australia y Nueva Zelanda, junto a un 56% de China y un 49% de Corea del Sur.

Tras la firma del acuerdo, aumenta la presión sobre el presidente electo estadounidense, Joe Biden, para demostrar el compromiso de su futuro Gobierno con la región que acumula el mayor potencial de crecimiento en los próximos años. Biden aseguró el año pasado que tratará de renegociar el TPP para que Estados Unidos vuelva a sumarse, algo que no se presenta como una tarea fácil.

Ya las negociaciones iniciales para sacar adelante el pacto promovido por EE UU se demostraron muy espinosas, y es posible que economías como la japonesa demanden condiciones más estrictas. El próximo inquilino de la Casa Blanca tendrá que vérselas también con un Congreso en Washington mucho más reticente a grandes acuerdos comerciales. A medida que la campaña electoral fue avanzando, Biden se fue mostrando menos rotundo sobre sus aspiraciones a retomar el TPP, y ha declarado que prefiere centrarse primero en la recuperación económica y la lucha contra la pandemia.

Por Macarena Vidal Liy

Pekín - 15 nov 2020 - 7:03 COT

Publicado enInternacional
6G: la revolución tecnológica ininterrumpida de China

Un año atrás China anunció, en plena disputa con EEUU por la instalación de redes 5G, la creación de "un grupo de trabajo para el desarrollo de la red de sexta generación", proyecto que estaba aún en su fase inicial pero que consiste en "una combinación de una red inalámbrica y un satélite espacial, algo que ayudará a cubrir un área más amplia".

Un año después, se supo que el Ejército Popular de Liberación (ELP) está planificando usar las futuras redes 6G para renovar completamente su estructura, aunque la tecnología existía solo en la teoría, como informaba en mayo el South China Morning Post.

Lo más impactante es que China envió al espacio, el 6 de noviembre, "un satélite de prueba de comunicaciones de sexta generación", el primero en el mundo de la tecnología 6G, cuando aún no se ha desplegado la 5G en la mayor parte de los países. De ese modo, el Dragón toma la delantera en la futura tecnología de las telecomunicaciones.

El 13 de abril el sitio oficial del Ministerio de Defensa, había publicado un artículo titulado 'If 6G Were to be Used in the Future Battlefield', que enfatizaba cómo la nueva tecnología supondrá "un gran impacto en las prácticas militares, como las formaciones de guerra, el desarrollo de equipos y las comunicaciones en el campo de batalla". La 6G se convirtió en uno de los principales objetivos de los militares chinos.

Según el periodista de Business Insider, Giuseppe Luca Scaffidi, los técnicos del Ministerio de Ciencia y Tecnología de China estiman que la 6G puede alcanzar una velocidad de descarga de un Terabyte por segundo (frente a 600 MB de la 5G, una velocidad 8.000 veces mayor) y podría cubrir la comunicación bajo el agua, aunque son apenas estimaciones teóricas.

En el campo militar se producirían cambios notables, ya que la tecnología 6G "estaría en condiciones de modificar las reglas de juego incluso en el campo de batalla, donde el factor humano será cada vez más marginalizado", estima la misma fuente. La inteligencia artificial tendrá un desarrollo exponencial con 6G.

El primer satélite para operar 6G fue desarrollado conjuntamente por Chengdu Guoxing AerospaceTechnology, la Universidad de Ciencia y Tecnología Electrónica de China y Beijing Mino Space Technology, y se utilizará para verificar el rendimiento de la tecnología 6G en el espacio.

Se cree que hacia el final de la década, antes incluso de 2030, se estará comercializando 6G en teléfonos móviles, aunque se estima que el consumo de energía será muy elevado y tendrá efectos dañinos para el entorno. Se trata de críticas similares a las que se realizan a las redes 5G, por la gran cantidad de antenas que deben desplegarse ya que no necesita fibra óptica, pero sin embargo las nuevas tecnologías siempre terminan por imponerse.

Los mismos que advierten sobre los efectos nocivos de utilización de energía por las redes 5 y 6G, consideran que para su masiva implementación deberán multiplicarse las fuentes de energías renovables y limpias, rubro en el cual China se ha convertido en "el líder mundial indiscutible en los últimos cuatro años".

En cuanto a energía eólica, China es líder mundial "con más de un tercio de la capacidad mundial" y el doble de EEUU, según la Revista Eólica y del Vehículo Eléctrico.

Un reciente informe de Le Monde Diplomatique en su edición de octubre, recuerda que la estadounidense Qualcomm fue "gran ganadora del 2G y de varias normas importantes", pero que ahora "obtiene dos tercios de su volumen de negocios de China, mayoritariamente de Huawei", con lo que destaca la enorme dependencia de la empresas de EEUU del mercado chino.

​El mismo informe titulado Geopolítica del 5G, presenta un cuadro ilustrativo sobre el porcentaje de patentes registradas por país de origen en las tecnologías 4G (desarrollada hacia 2007) y la 5G. En la tecnología 4G, las coreanas Samsung y LG controlan el 25% de las patentes, mientras las empresas chinas Huawei y ZTE alcanzaban el 21,5%.

En cuanto a la 5G, las empresas chinas alcanzan el 34% de las patentes, mientras las coreanas se quedan con el 24,5%. Pero lo más revelador es el pobre y decreciente papel de las empresas estadounidenses, Intel y Qualcomm: pasaron de reclamar el 17% de las patentes 4G a solo el 13% de las 5G, poco más de un tercio que las chinas, según el gráfico de Le Monde.

Las conclusiones de este conjunto de datos parecen evidentes.

La primera y fundamental es que Occidente ha perdido la carrera tecnológica con Asia. Si se suman las patentes de 5G de China, Corea del Sur y Japón, se alcanza un impresionante 71,5% de las patentes del mundo. En tanto, la Unión Europea y EEUU apenas llegan al 30%.

La segunda conclusión es el impresionante ascenso de China, con más de un tercio de la patentes globales de 5G, lo que le permite seguir un desarrollo autónomo y cada vez menos vinculado a los desarrollos occidentales, en general, y de Estados Unidos en particular.

El punto central es que China, que aún mantiene dependencia de las tecnologías occidentales en el rubro estratégico de semiconductores, se encuentra en camino de cerrar la brecha, además de agrandar la ventaja en aquellas en las que va por delante como la inteligencia artificial.

El tercer punto es que EEUU tiene muy pocas balas en su recámara ante China. La guerra comercial desatada por Donald Trump no consiguió sus objetivos de frenar el ascenso tecnológico del Dragón. Peor aún, parece haber mostrado a la población que no debe confiar en Washington y al Gobierno que debe acelerar su independencia en todos los rubros.

En particular, como definió la quinta sesión plenaria del XIX Comité Central del PCCh, para 2035 China se convertirá en "líder global en innovación, alcanzando grandes avances en las tecnologías fundamentales de áreas clave".

Las tendencias de fondo, de larga duración, no las puede revertir un gobierno, por más ambicioso que sea. Sería tanto como tapar el sol con el dedo. Este siglo, la ventaja asiática, y la de China en particular, parece imbatible.

 

Por Raúl Zibechi

16:22 GMT 09.11.2020URL corto

El gabinete de Luis Arce: mezcla de juventud, gestión y militancia 

El presidente de Bolivia mantuvo equilibrios dentro del MAS

La nueva ministra de la Presidencia, Maria Nela Prada, aseguró que el país se encuentra "en etapa crítica" y que "no es momento de enfrentamientos".

 

Con promesas de renovación y críticas a la pesada herencia del gobierno de facto, el presidente de Bolivia, Luis Arce, tomó posesión a su nuevo gabinete en la Casa Grande del Pueblo. "Teníamos que conformar un gabinete que esté a la altura de grandes desafíos. Por eso hemos recurrido a lo mejor que podíamos traer, porque lo que nos resta a los bolivianos y a las bolivianas es simplemente trabajar para salir de la crisis", señaló Arce. 

Algunas pulseadas internas sumadas al histórico retorno a Bolivia del expresidente Evo Morales retrasaron la ceremonia de jura del nuevo gabinete. De los 16 ministros nombrados, apenas tres son mujeres aunque ocuparán cargos importantes como el ministerio de la Presidencia, el de Planificación del Desarrollo y la cartera de Trabajo. A su vez Arce destacó que trabaja en un nuevo decreto para crear el ministerio de Culturas, que también quedará a cargo de una mujer. Durante el gobierno interino de Jeanine Áñez la cartera había sido reducida a un viceministerio dependiente de la cartera de Educación.

Entre los nuevos nombramientos hay exfuncionarios, dirigentes y académicos, y lo que prima es el bajo perfil y la experiencia en gestión pese a la juventud. El domingo, el vicepresidente David Choquehuanca tomó juramento a Arce, quien gobernará el país durante los próximos cinco años. La recuperación de la economía y el impacto de la pandemia de coronavirus serán los principales retos que deberá asumir su gobierno. Como muestra de las urgencias que atraviesa Bolivia, los ministros se reunieron con el presidente apenas finalizado el acto protocolar.

A la hora de resaltar a sus nuevos colaboradores, Arce destacó que "hay muchos jóvenes profesionales que han emergido y que son producto de nuestra revolución, jóvenes indígenas que ahora tienen un título, todos estos jóvenes profesionales comprometidos con su país están en este gabinete". Brutalmente honesto, el presidente de Bolivia afirmó que deberá encarar un gobierno "austero" y solicitó a cada ministro un "reporte ejecutivo" de la forma en que están recibiendo sus despachos.

El principal nombramiento de Arce fue sin duda la nueva ministra de la Presidencia, Maria Nela Prada, cruceña e hija de la expresidenta de la Cámara de Diputados, Betty Tejada. Prada fue además la encargada del discurso de agradecimiento durante la ceremonia de nombramientos. Se trata de la primera mujer que ocupará esa cartera fundamental para el gobierno boliviano. Milita en el MAS desde 2005 y fue jefa de gabinete de Arce en su paso por el ministerio de Economía.

En su discurso de posesión, Prada indicó que el país se encuentra "en etapa crítica" y que "no es momento de enfrentamientos". Anticipó que a la nueva administración le toca "sanar heridas, porque venimos de sentir miedo, incertidumbre, luto en las familias en cada uno de los rincones del país". Destacó que "hay dolor en las familias, comunidades y ciudades, pero también hay esperanza", enfatizando el compromiso de luchar "contra todo tipo de violencia contra la mujer".

Otro nombramiento importante es el del canciller Rogelio Mayta, quien fue abogado de las víctimas de la llamada "masacre de octubre", una etapa oscura de la historia boliviana que tuvo lugar en 2003. Una serie de masivas protestas terminaron con la renuncia del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, responsable de las más de 60 muertes que dejó la represión de aquellas manifestaciones contra la decisión del exgobernante de exportar gas natural boliviano a Estados Unidos a través de un puerto chileno, en un momento en que la cobertura de la red de gas en Bolivia era mínima.

En Economía fue designado Marcelo Montenegro, exjefe de Análisis y Estudios Fiscales en esa misma cartera. También fue presidente del Banco de Desarrollo Productivo, brazo operativo del presidente aunque de perfil bajo. En tanto, el ministerio de Justicia será ocupado por el joven abogado Iván Lima, exmagistrado del Tribunal Supremo de Justicia que señaló en varias oportunidades la necesidad de encarar una profunda renovación de la justicia en Bolivia y Latinoamérica.

En el ministerio de Defensa el elegido fue el exparlamentario y expresidente de la Cámara de Diputados, Edmundo Novillo. Para la cartera de Salud, muy importante en tiempos de pandemia, fue nombrado Edgar Pozo, reconocido médico y director del Instituto Nacional del Tórax. El ministerio de Planificación del Desarrollo quedó a cargo de Felima Mendoza, exfuncionaria del ministerio de Economía, mientras que la socióloga Verónica Navia Tejada se hará cargo del ministerio de Trabajo.

Para la politóloga Helena Argirakis, el nuevo gabinete de Arce refleja "la búsqueda de equilibrios así como el mantenimiento de ciertos rasgos fundamentales que caracterizan al MAS respecto a la diversidad del bloque nacional popular". Consultada por PáginaI12, Argirakis destacó la presencia de un equilibro entre "la experiencia y la innovación, la diversidad regional del país y la formación profesional, política, sindical y social".

En tanto, el analista político Marcelo Arequipa destacó que la "sorpresa" es "la idea de una combinación bien potente entre jóvenes muy bien preparados pero además con una identidad bien marcada, producto de la década de ascenso a las clases medias". En tanto el sociólogo Juan Carlos Pinto aseguró que "se hizo justicia con algunos compañeros que siempre estuvieron, antes y ahora, como los casos de Prado, Lima, Mayta y Novillo. Respecto a las caras nuevas, Pinto aseguró que "habrá una exigencia para combinar representación con capacidad de gestión".

Publicado enInternacional
Donald Trump. Foto de Brian Copeland

Analizar su legado en torno a cuatro de los más importantes mitos de excepcionalidad que le rodean sirve para entender el futuro de esta gran potencia: la mala educación, su intención de recuperar el estatus económico de los blancos en zonas desindustrializadas, una gobernanza caótica y el mito de que es, simplemente, un Mussolini o un Hitler preparado para concentrar todo el poder y arrestar a sus adversarios.

 

Roy William Cobby

3 nov 2020 06:00

Tras cuatro años, ¿qué legado concreto podemos atribuir a Trump, y qué es mera inercia histórica en una gran potencia como Estados Unidos? Trump es leído muchas veces como una figura sin precedentes. Por ejemplo, el pensador Slavoj Zizek generó una gran controversia en 2016 cuando mostró su rechazo ante una victoria de Hilary Clinton. En su caso, era preferible que ganase Donald Trump a la candidata demócrata, cuyo programa suponía un continuismo con el legado moderado de Barack Obama. Por supuesto, Zizek realizó esta afirmación en un contexto parecido al actual, en el que la victoria de Trump parece inalcanzable. A la vista de la primera derrota del socialista Sanders en las primarias demócratas, su hipótesis era que sólo la presidencia de un líder improbable como el magnate inmobiliario causaría suficiente caos como para reactivar a la izquierda estadounidense.  Algunos verán en el auge de figuras como Alexandria-Ocasio Cortez una confirmación de esta hipótesis; otros argumentarán que el filósofo estaba frivolizando con las serias consecuencias de las políticas del candidato ultraconservador.

Mas allá de la polémica, hay un hilo común a derecha e izquierda en determinar que Trump es algo único en la historia estadounidense. Analizar su legado en torno a cuatro de los más importantes mitos de excepcionalidad que le rodean sirve para entender el futuro de esta gran potencia. En primer lugar, que sus formas maleducadas, su racismo desenmascarado y su rechazo a condenar a la extrema derecha son un caso único en el mayoritariamente moderado Partido Republicano. En segundo lugar, que su versión de la derecha populista apuesta por recuperar el estatus económico de los blancos en zonas desindustrializadas. En tercer lugar, que su gobernanza ha sido caótica o totalmente impotente a la hora de conseguir sus objetivos. Finalmente, el cuarto mito que rodea al magnate es que es simplemente un Mussolini o un Hitler preparado para concentrar todo el poder y arrestar a sus adversarios. ¿Qué hay de cierto en estas lecturas sobre el 45º presidente de los Estados Unidos de América?

Trump, historia y mito en el siglo estadounidense

Tras la imagen de estrella de programa de telerrealidad del patriarca, la saga Trump está profundamente conectada a la historia reciente de Estados Unidos. En concreto, al auge y caída del consenso del New Deal en los 30 y de la Great Society en los 60. Ambos programas, iniciados respectivamente por los demócratas Franklin Roosevelt (FDR) y Lyndon Johnson, fueron lo más parecido a la socialdemocracia europea en el contexto estadounidense. Fred Trump Sr., el padre de Donald Trump, hizo en parte su fortuna construyendo vivienda pública promovida por el Gobierno federal de FDR. En sus últimos años, el trovador Woody Guthrie, que fue un artista apoyado también por el New Deal, acabó de inquilino de Trump senior. Le dedicó una canción nunca grabada criticando la política racista de su imperio inmobiliario, que evitaba alquilar viviendas a los afroamericanos. En tiempos en que el joven Donald comenzaba a gestionar negocios familiares, el éxito demócrata post-Kennedy llevó a Nueva York a tener los mejores servicios públicos del país. Además de su conocido metro, sucesivas administraciones locales expandieron clínicas públicas, escuelas, bibliotecas y todo tipo de programas sociales. 

Como narramos en este medio, todo llegaría a su fin con la famosa crisis fiscal de Nueva York. En su obra, Fear City, Phillips-Fein contextualiza esta crisis fiscal en detalle. En Nueva York, la inversión federal aumentada de los años 70 llevo a políticas ejemplares y que hoy parecen de ciencia ficción, como la universidad gratuita. Pero la crisis económica por la subida del precio del petróleo en 1973 y la reducción en los ingresos fiscales, añadidos al fin del apoyo federal, llevaron a la ciudad a una crisis de deuda en 1975. El resultado fue la imposición de austeridad y la venta desesperada de activos, como el primer hotel de lujo que Trump adquirió a precio de saldo en la isla de Manhattan. Seguramente, fue el momento en que el joven Trump entendió la importancia de Washington y la política en general. Muchos de los consejeros que guiaron al presidente Ford en la pionera gestión neoliberal de esta crisis tuvieron carreras ilustres. Ahí estaban Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa con Ford y promotor de la invasión de Iraq con Bush junior; o Alan Greenspan, seguidor de Ayn Rand que luego presidió la Reserva Federal (el banco central estadounidense). Este último admitiría durante la crisis financiera de 2008 un “fallo” en su ideología laissez faire y su desastrosa gestión, basada en la creencia que los mercados se autorregularían

Lo cierto es que estos mercados supuestamente “autorregulados” (en realidad, regulados en favor de unos pocos) generaron muchos Trumps, que no necesitan presentarse a las elecciones para influir en política. Algunos ejemplos incluyen los hermanos Koch, cuyo patriarca inventó un método revolucionario para refinar petróleo. Sus descendientes, promotores de multitud de think tanks y organizaciones conservadoras, seguramente encuentren irónico que su padre hiciese fortuna como ingeniero en la URSS de Stalin. Los Koch, el programador financiero Robert Mercer, el inversor en Silicon Valley Peter Thiel, el antiguo promotor de Eurovegas en Madrid Sheldon Adelson y el “corporate raider” Carl Icahn son figuras que llevan medio siglo financiando campañas conservadoras para desregular las finanzas, bajar impuestos a los ricos, recortar en derechos sociales y promover una visión fundamentalista cristiana de los derechos individuales. También apoyan a Trump y a sus aliados. El gabinete Trump tenía una riqueza combinada de más de cinco mil millones de dólares (prácticamente el doble que la del gabinete Obama). 

En 2016, en los periódicos moderados existía una percepción que los conocidos como “republicanos moderados” estaban horrorizados ante la victoria de Trump y jamás colaborarían con él en el Senado. Lo cierto es que llevan aceptando dinero de donantes con visiones igual o más conservadoras que las del propio Trump durante décadas. El mayor símbolo de esta ilusoria resistencia, el excandidato presidencial y senador Mitt Romney, aceptó recientemente confirmar lo antes posible a la candidata ultraconservadora al Tribunal Supremo Amy Coney Barrett; con el objetivo último de prohibir el derecho al aborto.  Tanto en la cercanía del joven Trump con el grupo de poder republicano de los años 70 y 80, como su capacidad de ganar votaciones clave en el Senado una y otra vez, demuestran que el Partido Republicano lo ha aceptado como uno de los suyos.

Desnudando el obrerismo del populismo de derechas

Si hay tantos ricos detrás de Trump, ¿qué hay de aquellos ecos de obrerismo y reindustrialización del Trump de 2016? Las preferencias culinarias del magnate por la comida rápida y otras aficiones populares lo han hecho parecer incluso más campechano que la estrella de Hollywood Ronald Reagan. Como con este último, sin embargo, la apariencia sencilla esconde también aficiones elitistas como el golf, las fiestas con celebridades y la asistencia a eventos deportivos en cabinas VIP. En la práctica, es la segunda faceta de Trump la que ha determinado sus políticas. El Economic Policy Institute recogía 50 medidas del presidente contra los trabajadores. Por ejemplo, la supresión de reglas que protegían pensiones privadas ante cambios en sus empresas y leyes que garantizaban el pago de horas extra en sectores informales; la relajación de inspecciones de seguridad en minas y otros lugares; o la eliminación de moratorias a la contratación pública de empresas que hayan infringido leyes contra el acoso sexual o el derecho a sindicarse

Respecto al mito obrero de Trump, hay que recordar el hecho de que los demócratas reciben la mayoría de los votos de los más pobres. En 2016, Trump sólo ganó en el importante sector de trabajadores blancos no cualificados.  ¿Se debió esto a un apoyo auténtico, o a la errada candidatura de Clinton? Hay otra hipótesis: mediante los ataques a China y a otros competidores, Trump ha logrado recuperar un discurso desvirtuado pero atractivo de lucha de clases; mientras que su adversario se centra en cuestiones identitarias y de derechos civiles.  La vía trumpista al corazón de los trabajadores blancos no cualificados podría ser una combinación sencilla de elitismo e incompetencia demócrata y xenofobia republicana, construida por los evangélicos que auparon a Reagan en los 80. Sin embargo, al igual que las victorias conservadoras en la Inglaterra desindustrializada, no ha generado ninguna estrategia económica consistente. Que el populismo de derechas es más de lo mismo ha quedado claro durante la pandemia cuando, mientras Wall Street alcanzaba cifras de récord, los americanos de a pie luchaban por sobrevivir. De momento, los republicanos pueden agradecer que los demócratas no hayan descubierto esta oportunidad tan obvia de recuperar su apoyo en zonas post-industriales.

Ante esta y otras inconsistencias, ¿podemos afirmar que la gestión de Trump ha sido caótica? Volviendo al ejemplo inicial de la crisis fiscal de Nueva York, es útil recordar la conceptualización de Naomi Klein de la doctrina del shock: el uso de situaciones de excepción para aprobar políticas impopulares para la mayoría de la población.  Los gestores como Trump y su gabinete de millonarios no experimentan las crisis como la mayoría. Al contrario de lo que parece, la tendencia cada vez mas frecuente del capitalismo a incurrir en crisis, como detalla Philip Mirowski, ofrece oportunidades para ajustar aquellas políticas económicas que ralentizan o reducen las tasas de ganancia. Efectivamente, de acuerdo con un análisis reciente de Taylor y Ömer, tanto Reagan como Trump tienen en común la capacidad de atacar el consenso del New Deal. Sus agendas económicas han permitido reducir o mantener los salarios, aumentar el valor de activos (como las propiedades de Trump) y suprimir aquellas instituciones estatales que reequilibran ganancias. Por supuesto, la colaboración de muchos demócratas y su negativa a cuestionar este consenso han sido fundamentales para mantener esta redistribución hacia las élites de la riqueza generada en Estados Unidos. 

Finalmente, en política exterior, la estrategia de Trump ha sido mucho mas coherente de lo que se le atribuye. Inspirado en las narrativas de auge y caída de los imperios, el presidente cogió el relevo con la percepción de que Estados Unidos estaba perdiendo su lugar en el mundo. El falso papel de policía global no había servido para impedir la recuperación de Rusia e Irán, el auge de China y la extensión de gobiernos escépticos a los EE. UU. en Latinoamérica. Además, el proceso de integración europea había permitido al viejo continente ganar asertividad, si no en el terreno militar, al menos en el económico. Trump sigue las tesis de Paul Kennedy, que asoció en el pasado siglo la capacidad histórica de los imperios a sobrevivir mediante su expansión geopolítica y comercial. La intención de Trump es, como un hombre de negocios acosado por la competencia, actuar en todos los frentes al mismo tiempo para que el caos impida reaccionar a los adversarios. Su apoyo abierto al Brexit, la ofensiva “lawfare” contra los líderes de izquierda en Latinoamérica, la guerra comercial contra China, su negativa a corroborar el acuerdo nuclear con Irán, el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel…  La alianza de su figura y sus consejeros con la extrema derecha mundial al estilo de Bolsonaro, VOX o el Front Nacional surge también del deseo de un mundo más conflictivo, donde la supremacía militar y tecnológica de los norteamericanos recupere la importancia que merece. 

¿Es Trump fascista? Habrá que esperar al 3 de noviembre

Muchos de los mitos que rodean a Trump carecen de base real. Ni es un republicano excepcional, ni su conservadurismo es de alguna manera obrerista o sus políticas se deciden de manera caótica. Sin embargo, qué hay del ultimo mito: ¿es Trump un fascista? Trump presenta muchos rasgos como mínimo fascistoides. La criminalización del movimiento antifascista y la aceptación del apoyo tácito del neofascismo es el más evidente; hay más ejemplos: poner en duda la legitimidad del proceso electoral, contar con consejeros como Bannon, la prohibición de entrada a los musulmanes, los insultos a mexicanos e hispanos… Paradójicamente, y al contrario de lo que piensan algunos progresistas, no es en su política económica donde Trump se distancia del fascismo: Mussolini comenzó su gestión como un campeón del libre mercado y la desregulación; y Hitler no habría llegado jamás al poder de no ser por el apoyo de varios líderes industriales. Al mismo tiempo, colocarlo al mismo nivel que Hitler o Mussolini supondría banalizar el fascismo histórico de los años 30. En el mundo hoy, hay países donde apenas existe separación de poderes; hay periodistas y disidentes en prisión; ONGs y asociaciones son vistas como agentes extranjeros; sagas familiares se reparten las administraciones del Estado... Nada de esto sucede en los EE. UU. Como máximo, podríamos decir que Trump no es fascista, pero que muchos de sus apoyos sí lo son.

Pero por mucho que pese a los demócratas, la presidencia Trump no ha sido más o menos inconstitucional que otras. Recordemos que Obama, por ejemplo, presidió sobre el uso de la tortura, el envío de drones militares a países sin autorización, el espionaje a supuestos aliados como Merkel; y ni si quiera fue capaz de cerrar Guantánamo, que Trump ha confirmado estará abierto de manera indefinida. El mito de la conspiración rusa tampoco se ha podido constatar: pese a que existen evidencias de interferencia extranjera, no está probada ni la colusión del Kremlin ni que sus efectos fuesen definitivos. Resulta llamativo que el liderazgo demócrata pasase cuatro años esforzándose en derrotar “constitucionalmente” a Trump, en lugar de en trabajar por una agenda política alternativa. El 3 de noviembre, si estos últimos consiguen ganar con el candidato “por defecto” Joe Biden, el mundo podrá comprobar si Donald Trump es verdaderamente un fascista. Por otro lado, si es capaz de abandonar la Casa Blanca por su propia voluntad, los norteamericanos tendrán que acostumbrarse a una incómoda realidad: que el magnate inmobiliario es efectivamente hijo natural de las peores tendencias del sistema político estadounidense

Publicado enInternacional
El presidente chino, Xi Jinping, encabeza la quinta sesión plenaria del XIX Comité Central del Partido Comunista de China, en Pekín.Foto Xinhua

Mientras EU se derrite en su balcanización electoral –sea quien fuere el vencedor difícilmente detendrá su inexorable decadencia (https://bit.ly/3jP8lU6)–, el Partido Comunista Chino (PCC), exorcizado por los dos partidos en Washington, se prepara a convertirse en una superpotencia –que ya lo es a nivel geoeconómico, astrofísico (alunizaje en el lado oscuro de la Luna) y tecnológico, con su liderazgo en la 5G.

En medio de la guerra multidimensional que libra EU contra China, en el quinto pleno del PCC, su Comité Central (con más de 200 miembros de su élite) celebró a puerta cerrada su más importante cónclave del año que duró cuatro días en Pekín y anunció en un comunicado su plan quinquenal para concretar su autarquía tecnológica (https://bit.ly/3kKAnS9).

SCMP enuncia sus prioridades políticas para conservar el crecimiento de la economía en medio de la pandemia, las disrupciones de la cadena de suministro, las relaciones tóxicas con Occidente (sic) y una inminente caída económica global –además de la crisis alimentaria global por venir–.

Su Comité Central discutió también el proyecto para lograr la cosmogonía del mandarín Xi de convertir a China en un gran país socialista moderno en 2035 (sic), que SCMP considera vago, por lo que se espera un plan más sólido en los próximos días.

De hecho, China ya había proyectado su mirifico plan China 2025 sobre su autarquía tecnológica (https://bit.ly/35U3U5l), al unísono de sus Tres Rutas de la Seda –continental/marítima/y la del Ártico (https://bit.ly/3kN0kQO)– financiadas por 8 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón) del colosal banco AIIB (https://bit.ly/37Yq9d3).

China se prepara así a escalar un estadio superior en su desarrollo económico: pasar de un ingreso medio a un alto ingreso.

La autarquía tecnológica representa la piedra de toque del plan quinquenal conforme China se parapeta frente a las “amenazas de desacoplamiento ( decoupling)” y la decreciente (sic) globalización para girar a su economía doméstica (sic) mediante la estrategia de la circulación dual: permanecer abierta (sic) a la inversión y comercio foráneos (sic) mientras gira para edificar un ecosistema económico interno menos vulnerable a las sanciones externas y las turbulencias. ¡Si algo teme China desde el inconmensurable sabio Confucio del Siglo V aC es el caos!

Antes que el planificado 2021, China ya constituye una sociedad moderadamente próspera en todos los ámbitos y se encamina al segundo objetivo del mandarín Xi: convertirse en un país socialista moderno que sea próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado y armónico en 2049 (sic).

Parte de su estrategia radica en el estímulo al consumo doméstico, conjugado a la reforma interna, la apertura y la innovación.

Wang Zhigang, Ministro de Ciencia y Tecnología, comentó que en su nueva fase China incorporó un nuevo concepto de desarrollo: es la primera vez que un plan quinquenal se consagró al capítulo específico de la tecnología, cuya autarquía es incluyente de los temas universales: cambio climático, cambio energético, salud pública (sic), mejor protección a la propiedad intelectual y un ambiente amigable para la innovación tecnológica (https://bit.ly/2TKz0qo).

Más allá de los anatemas cavernícolas, el gobierno de la 4T, al que todavía le falta la T de Tecnología, en un país como México –que considero la máxima potencia civilizatoria y cultural del continente americano–, debería inspirarse del poder cultural chino (su poder blando) que proviene de una civilización añeja de casi seis mil años, con sus tres principales tareas para los próximos cinco años: optimizar el nivel de la civilización (sic) social, mejorar el nivel de la cultura pública y optimizar su sistema cultural.

Ahora los adversarios de China construyen sus murallas: alrededor de 2 mil 500 años después de la Gran Muralla.

PD: En mi artículo del 28/10/20 (https://bit.ly/31Wyuu4) debí poner: “el ingreso de la industria petróleo/gas de EU es 1.6 veces el PIB nominal de México de 1.04 millones de millones de dólares ( ranking del FMI)”.

www.alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalifeoficial

https://www.youtube.com/channel/ UClfxfOThZDPL_c0Ld7psDsw?view _as=subscriber

Publicado enInternacional
David Harvey: los socialistas deben ser los campeones de la libertad

La propaganda de derecha afirma que el socialismo es enemigo de la libertad individual. Exactamente lo contrario es cierto: los socialistas trabajan para crear las condiciones materiales bajo las cuales las personas puedan ser verdaderamente libres, sin las rígidas restricciones que el capitalismo impone a sus vidas.

El tema de la libertad se planteó cuando estaba dando unas charlas en Perú. Los estudiantes estaban muy interesados ​​en la pregunta: "¿El socialismo requiere una entrega de la libertad individual?"

La derecha ha logrado apropiarse del concepto de libertad como propio y utilizarlo como arma en la lucha de clases contra los socialistas. La sumisión del individuo al control estatal impuesto por el socialismo o el comunismo es algo que debe evitarse, dijeron, a toda costa.

Mi respuesta fue que no deberíamos renunciar a la idea de la libertad individual como parte de lo que trata un proyecto socialista emancipador. El logro de las libertades individuales y las libertades es, sostuve, un objetivo central de tales proyectos emancipadores. Pero ese logro requiere construir colectivamente una sociedad en la que cada uno de nosotros tenga las oportunidades de vida adecuadas y las posibilidades de vida para realizar cada una de nuestras propias potencialidades.

Marx y la libertad

Marx tenía algunas cosas interesantes que decir sobre este tema. Uno de ellos es que “el reino de la libertad comienza cuando se deja atrás el reino de la necesidad”. La libertad no significa nada si no tiene suficiente para comer, si se le niega el acceso a una atención médica adecuada, vivienda, transporte, educación, etc. El papel del socialismo es proporcionar esas necesidades básicas para que la gente sea libre de hacer exactamente lo que quiera.

El punto final de una transición socialista es un mundo en el que las capacidades y los poderes individuales se liberan por completo de los deseos, las necesidades y otras limitaciones políticas y sociales. En lugar de admitir que la derecha tiene el monopolio de la noción de libertad individual, necesitamos reclamar la idea de libertad para el socialismo mismo.

Pero Marx también señaló que la libertad es un arma de doble filo. Los trabajadores en una sociedad capitalista, dice, son libres en un doble sentido. Pueden ofrecer libremente su fuerza de trabajo a quien quieran en el mercado laboral. Pueden ofrecerlo en cualquier condición de contrato que puedan negociar libremente.

Pero al mismo tiempo no son libres, porque han sido "liberados" de cualquier control o acceso a los medios de producción. Por lo tanto, tienen que entregar su fuerza de trabajo al capitalista para poder vivir.

Esto constituye su libertad de doble filo. Para Marx, esta es la contradicción central de la libertad bajo el capitalismo. En el capítulo sobre la jornada laboral en Capital , lo expresa de esta manera: el capitalista es libre de decirle al trabajador: “Quiero contratarte con el salario más bajo posible por la mayor cantidad de horas posible haciendo exactamente el trabajo que especifico . Eso es lo que le exijo cuando lo contrate ". Y el capitalista es libre de hacer eso en una sociedad de mercado porque, como sabemos, la sociedad de mercado consiste en pujar por esto y por aquello.

Por otro lado, el trabajador también es libre de decir: “No tienes derecho a hacerme trabajar 14 horas al día. No tiene derecho a hacer lo que quiera con mi fuerza de trabajo, especialmente si eso acorta mi vida y pone en peligro mi salud y bienestar. Solo estoy dispuesto a hacer un día de trabajo justo con un salario justo ".

Dada la naturaleza de una sociedad de mercado, tanto el capitalista como el trabajador tienen razón en lo que están exigiendo. Entonces, dice Marx, ambos tienen la misma razón por la ley de los intercambios que domina el mercado. Entre igualdad de derechos, dice entonces, la fuerza decide. La lucha de clases entre el capital y el trabajo decide la cuestión. El resultado se basa en la relación de poder entre el capital y el trabajo, que en algún momento puede volverse coercitiva y violenta.

Una espada de doble filo

Es muy importante analizar esta idea de la libertad como un arma de doble filo con más detalle. Una de las mejores elaboraciones sobre el tema es un ensayo de Karl Polanyi. En su libro The Great Transformation , Polanyi dice que hay buenas formas de libertad y malas formas de libertad.

Entre las malas formas de libertad que enumeró estaban las libertades de explotar al prójimo sin límite; la libertad de obtener ganancias desmesuradas sin un servicio acorde a la comunidad; la libertad de evitar que las invenciones tecnológicas se utilicen en beneficio público; la libertad de beneficiarse de las calamidades públicas o las calamidades inducidas naturalmente, algunas de las cuales están diseñadas en secreto para obtener ventajas privadas.

Pero, prosigue Polanyi, la economía de mercado en la que prosperaron estas libertades también produjo libertades que valoramos mucho: libertad de conciencia, libertad de expresión, libertad de reunión, libertad de asociación, libertad para elegir el propio trabajo.

Si bien podemos apreciar estas libertades por sí mismas, son, en gran medida, subproductos de la misma economía que también es responsable de las malas libertades. La respuesta de Polanyi a esta dualidad resulta en una lectura muy extraña, dada la hegemonía actual del pensamiento neoliberal y la forma en que el poder político existente nos presenta la libertad.

Él escribe sobre ello de esta manera: "El paso de la economía de mercado", es decir, ir más allá de la economía de mercado, "puede convertirse en el comienzo de una era de libertad sin precedentes". Ahora, esa es una declaración bastante impactante: decir que la verdadera libertad comienza después de que dejamos atrás la economía de mercado. Él continúa:

La libertad jurídica y real puede ampliarse y generalizarse más que nunca. La regulación y el control pueden lograr la libertad no solo para unos pocos, sino para todos: la libertad no como un accesorio de un privilegio, manchado en la fuente, sino como un derecho prescriptivo, que se extiende mucho más allá de los estrechos confines de la esfera política hacia la organización íntima de la sociedad misma. Así, las viejas libertades y los derechos cívicos se sumarán al fondo de nuevas libertades generadas por el ocio y la seguridad que la sociedad industrial ofrece a todos. Una sociedad así puede permitirse ser a la vez justa y libre.

Libertad sin justicia

Ahora bien, esta idea de una sociedad basada en la justicia y la libertad, la justicia y la libertad, me parece que ha sido la agenda política del movimiento estudiantil de la década de 1960 y la llamada generación del 68. Había una demanda generalizada tanto de justicia como de libertad: libertad de la coerción del estado, libertad de la coerción impuesta por el capital empresarial, libertad de las coacciones del mercado pero también atenuada por la demanda de justicia social.

La respuesta política capitalista a esto en la década de 1970 fue interesante. Implicó trabajar a través de estas demandas y, en efecto, decir: “Te cedemos en las libertades (aunque con algunas salvedades) pero te olvidas de la justicia”.

Ceder a las libertades estaba circunscrito. Significaba en su mayor parte libertad de elección en el mercado. El libre mercado y la libertad de la regulación estatal fueron las respuestas a la cuestión de la libertad. Pero olvídate de la justicia. Eso se lograría mediante la competencia del mercado, que supuestamente estaba organizada de manera que se asegurara que todos obtendrían lo que merecían. El efecto, sin embargo, fue dar rienda suelta a muchas de las libertades malvadas (por ejemplo, la explotación de otros) en nombre de las libertades virtuosas.

Este giro fue algo que Polanyi reconoció claramente. El paso al futuro que él imaginaba está bloqueado por un obstáculo moral, observó, y el obstáculo moral era algo que él llamó "utopismo liberal". Creo que todavía nos enfrentamos a los problemas que plantea este utopismo liberal. Es una ideología omnipresente en los medios y en los discursos políticos.

El utopismo liberal de, digamos, el Partido Demócrata es una de las cosas que se interpone en el camino del logro de la libertad real. “La planificación y el control”, escribió Polanyi, “están siendo atacados como una negación de la libertad. Se declara que la libre empresa y la propiedad privada son los elementos esenciales de la libertad ". Esto fue lo que plantearon los principales ideólogos del neoliberalismo.

Más allá del mercado

Para mí, este es uno de los temas clave de nuestro tiempo. ¿Vamos a ir más allá de las limitadas libertades del mercado y la regulación de nuestras vidas por las leyes de la oferta y la demanda, o vamos a aceptar, como dijo Margaret Thatcher, que no hay alternativa? Nos volvemos libres del control estatal pero esclavos del mercado. A esto no hay alternativa, más allá de esto no hay libertad. Esto es lo que predica la derecha y esto es lo que mucha gente ha llegado a creer.

Ésta es la paradoja de nuestra situación actual: que en nombre de la libertad, hemos adoptado una ideología utópica liberal que es una barrera para el logro de la libertad real. No creo que sea un mundo de libertad cuando alguien que quiere obtener una educación tiene que pagar una inmensa cantidad de dinero y la deuda estudiantil se extiende hacia su futuro.

En Gran Bretaña, una gran proporción de la oferta de vivienda en la década de 1960 estaba en el sector público; era vivienda social. Cuando era pequeño, esa vivienda social era la provisión básica de una necesidad a un costo razonablemente bajo. Entonces apareció Margaret Thatcher y lo privatizó todo, y básicamente dijo: "Serás mucho más libre si eres dueño de tu propiedad y puedes llegar a ser parte de una democracia propietaria".

Y así, en lugar de que el 60 por ciento de la vivienda esté en el sector público, de repente pasamos a una situación en la que solo alrededor del 20 por ciento, o tal vez incluso menos, de la vivienda está en el sector público. La vivienda se convierte en una mercancía y la mercancía pasa a formar parte de la actividad especulativa. En la medida en que se convierte en un vehículo de especulación, el precio de la propiedad aumenta y se obtiene un costo de la vivienda en aumento sin un aumento real en la provisión directa.

Estamos construyendo ciudades, construyendo viviendas, de una manera que proporciona una tremenda libertad para las clases altas al mismo tiempo que en realidad produce falta de libertad para el resto de la población. Esto es lo que creo que se quiere decir cuando Marx hizo ese famoso comentario: que el reino de la necesidad en realidad tiene que ser superado para alcanzar el reino de la libertad.

El reino de la libertad

Esta es la forma en que las libertades del mercado limitan las posibilidades, y desde ese punto de vista, creo que la perspectiva socialista debe hacer lo que sugiere Polanyi; es decir, colectivizamos la cuestión del acceso a la libertad, el acceso a la vivienda. Dejamos de ser algo que está simplemente en el mercado y lo convertimos en algo de dominio público. Vivienda en el dominio público es nuestro lema. Esta es una de las ideas básicas del socialismo en el sistema contemporáneo: poner las cosas en el dominio público.

A menudo se dice que para alcanzar el socialismo tenemos que renunciar a nuestra individualidad y tenemos que renunciar a algo. Bueno, hasta cierto punto, sí, eso podría ser cierto; pero hay, como insistió Polanyi, una mayor libertad que se puede lograr cuando vamos más allá de las crueles realidades de las libertades de mercado individualizadas.

Leo a Marx diciendo que la tarea es maximizar el ámbito de la libertad individual, pero eso solo puede suceder cuando se resuelve el ámbito de la necesidad. La tarea de una sociedad socialista no es regular todo lo que sucede en la sociedad; De ningún modo. La tarea de una sociedad socialista es asegurarse de que todas las necesidades básicas sean atendidas, proporcionadas libremente, para que la gente pueda hacer exactamente lo que quiera cuando quiera.

Si les pregunta a todos en este momento: "¿Cuánto tiempo libre tienen?" la respuesta típica es “Casi no tengo tiempo libre. Todo está relacionado con esto, aquello y todo lo demás ". Si la libertad real es un mundo en el que tenemos tiempo libre para hacer lo que queramos, entonces el proyecto emancipatorio socialista lo propone como central para su misión política. Esto es algo en lo que podemos y debemos trabajar todos.

Este es un extracto del nuevo libro de David Harvey, The Anti-Capitalist Chronicles , publicado por Pluto Press.

Publicado enSociedad
Xi mandó un mensaje bien claro: no queremos problemas, pero no os tenemos miedo

Tensión entre potencias

 

El discurso no podía llegar en un momento más oportuno. Mientras los dos candidatos a la Casa Blanca pugnaban por ver quién está más dispuesto a plantar cara a una China en ascenso, a 11.200 kilómetros, en Pekín, su presidente Xi Jinping aprovechó el 70º aniversario de la entrada de el país en la guerra de Corea (1950-1953) para mandarles un mensaje bien claro: no queremos problemas, pero no os tenemos miedo. Sus palabras resonaron con fuerza en el Gran Salón del Palacio del Pueblo de Pekín, donde ayer se dieron cita veteranos de guerra, gerifaltes del Partido Comunista y militares de alto rango para escuchar un discurso conmemorativo cargado de retórica victoriosa y nacionalista.

“Hace 70 años, los invasores imperialistas abrieron fuego sobre el umbral de una nueva China”, dijo Xi. “El pueblo chino comprendió que hay que utilizar un lenguaje que los invasores puedan entender: combatir la guerra con guerra y detener una invasión por la fuerza, ganando la paz y el respeto mediante la victoria. El pueblo chino no buscará pelea, pero no la teme (....). No nos temblarán las piernas ni agacharemos la cabeza”, remachó el dirigente comunista.

En octubre de 1950, Pekín entró en la guerra coreana con el envío de tropas a través del río Yalu, fronterizo con Corea del Norte. Los chinos perdieron unos 200.000 soldados y el conflicto terminó con la firma de un armisticio, lo que no evita que el relato oficial chino sostenga que obtuvieron una contundente victoria. “Nunca más los invasores han tratado de ocuparnos”, destacó el presidente más poderoso desde los tiempos del Gran Timonel.

En otra clara alusión a Washington, Xi aseguró que ningún país o ejército, “no importa lo poderoso que fueran alguna vez”, será “rechazado” si intenta desafiar a la comunidad internacional. “En el mundo actual, cualquier unilateralismo, proteccionismo o ideología de interés propio es inviable, así como el recurso al chantaje, el bloqueo o la presión extrema”, añadió. El mandatario agregó que China necesita acelerar la modernización de las fuerzas armadas para contar con un ejército de primera clase bajo el “liderazgo absoluto” del Partido Comunista, y volvió a advertir a los que aspiran a que Taiwán sea un estado independiente de pleno derecho. “Nunca permitiremos que nada ni nadie invada y divida el territorio sagrado de nuestra patria”, subrayó. Seguro que al otro lado del Pacífico los candidatos han tomado nota de con quien se la jugarán si obtienen el cargo.

Ismael Arana, Hong Kong. Corresponsal

24/10/2020 00:44 | Actualizado a 24/10/2020 10:36

Publicado enInternacional
Minga indígena, negra y campesina en Colombia: romper el cerco, tejiendo con las iguales

Más de 8.000 indígenas, campesinos y afrodescendientes llegan a Bogotá para denunciar las masacres que se están produciendo en toda Colombia con la complicidad del Gobierno de Iván Duque.

 

“Guardia, guardia. Fuerza, fuerza”, corean miles de jóvenes levantando sus chontas (bastones de madera), mostrando la decisión de los pueblos originarios, negros y campesinos de defender la vida y el territorio, durante la Minga que ha llegado el domingo 18 de octubre por la noche a Bogotá. Son 8.000 voluntades que recorrieron 450 kilómetros desde Cali, en el sur del país, hasta la capital, movilizando 500 vehículos, muchísimas chivas (autobuses abiertos de las regiones rurales) y caminando en forma ordenada, flanqueados por la Guardia Indígena.

Es la única movilización organizada con objetivos precisos, capaz de poner en movimiento a la sociedad colombiana. Prueba de ello es que todos los medios, aún los más derechistas, están cubriendo la Minga, y que la ultraderecha del Centro Democrático, el uribismo —partidarios del ex presidente Álvaro Uribe—, interpuso una denuncia porque, dicen, “la movilización está violando los protocolos de bioseguridad y poniendo en riesgo a la ciudadanía”.

Lo cierto es que la llegada de miles de indígenas, afros y campesinos a Bogotá movilizó a buena parte de la capital, donde fue recibida por los jóvenes que ganaron las calles en noviembre pasado, durante el paro nacional, y las ocuparon nuevamente el 9 y 10 de setiembre en respuesta al asesinato de un abogado por la policía. Las chivas multicolores circulaban rebosantes al son de pitos y tambores.

La alcaldía de Bogotá, de centro-izquierda y opuesta al uribismo, encabezada por Claudia López, acondicionó el Palacio de los Deportes para que miles de marchistas pudieran alojarse en condiciones, algo que negaron alcaldes de la derecha por donde paso la Minga. En tanto, el presidente Iván Duque mantiene su negativa a dialogar directamente.

¿Buscar al presidente o a los pueblos?

El nombre completo de la movilización es “Minga Social y Comunitaria por la Defensa de la Vida, el Territorio, la Democracia y la Paz”, y se desarrolla cada vez que los pueblos se sienten profundamente agredidos. Hubo muchas mingas desde la Constitución de 1991 que incorporó los derechos colectivos de los pueblos indígenas y afrodescendientes. Porque a pesar del reconocimiento de sus territorios y de un enfoque diferencial en términos de salud, de educación o de justicia propias, los pueblos originarios necesitan garantías, precisan de cierto nivel de equilibrio y armonía territorial para poder desarrollar esos derechos.

Estas grandes marchas salen casi siempre del suroccidente del país, sobre todo de los 84 resguardos de los ocho pueblos indígenas del departamento del Cauca, motor rebelde e histórico escenario de procesos de transformación social en Colombia. El epicentro de la diversidad de comunidades suele encontrarse en Santander de Quilichao (Cauca) o Cali (Valle del Cauca), como sucedió esta vez.

La legitimidad social y política de las mingas, conformadas en torno al sujeto colectivo indígena, con destacada participación del pueblo nasa y del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), es tan amplia, que ningún gobierno las rechaza frontalmente. Durante el recorrido de cuatro días, miles de personas la rodearon con cariño y solidaridad. Hasta un grupo de Hare Krishna les entregó alimentos y agua en su llegada a Bogotá, mientras familias y vendedores ambulantes les acercaban agua y gaseosas de manera espontánea.

Las mingas suelen presentar demandas al Estado colombiano, que desde las reformas constitucionales de 1991 aporta ingentes recursos a los cabildos indígenas. Sin embargo, la principal demanda en esta ocasión es por la vida, contra la represión y las permanentes masacres que desangran Colombia. “Hacemos el llamado para que nos levantemos pacíficamente, para que dejemos de ser pisoteados, ¡ya no más desconocimiento al pueblo!”, gritaba el vocero de la Consejo Regional Indígena del Departamento de Caldas a su llegada a la Plaza Bolívar de la capital.

En lo que va de año, en el Cauca hubo nueve masacres con 36 víctimas, cifra que se eleva a 67 en todo el país. “El Gobierno colombiano está atentando contra la pervivencia de los pueblos indígenas del Putumayo con la implementación de políticas extractivistas”, aseguraba el vocero de los pueblos indígenas del Putumayo. “Tenemos un Gobierno que no gobierna, tenemos un Gobierno que nos masacra, nos desaparece”, aseguraba la vocera de la organización de Ciudad en Movimiento.

Los territorios indígenas, negros y campesinos son codiciados por las grandes multinacionales mineras y por el narcotráfico, que buscan despejar poblaciones para hacerse con tierras para explotar recursos. Esa es la causa última de la violencia, la misma que provocó una guerra de cinco décadas que no consiguieron frenar los Acuerdos de Paz entre el Gobierno y las FARC.

La respuesta indígena ha sido negociar para que el Estado aumente los recursos que traspasa, que en esta ocasión el Gobierno de Duque —heredero de Uribe—, promete serán hasta 2.600 millones de dólares solo para los indígenas. Ante tamaña legitimidad social de la Minga, el Gobierno una vez más dice estar dispuesto al diálogo, pero todos los gobiernos dicen lo mismo y luego incumplen lo firmado.

En este punto, la movilización indígena oscila entre dos variables: exigir un debate político con el Gobierno que posicione el derecho a la vida y a un territorio en paz o establecer dialogo con pueblos y sectores sociales, en particular urbanos, para tejer una red de alianzas contra el modelo neoliberal extractivo. No son contradictorias, pueden incluso ser complementarias, pero el debate se centra en las prioridades.

Pero en esta ocasión es diferente, la única demanda es por la vida. La mayora Blanca Andrade del programa Mujer del CRIC, resume el debate a su modo: “Vamos a salir porque hay mucha violencia, mucha indignidad, la gente ya no puede transitar tranquila por la comunidad. Los pueblos tenemos dignidad y no pueden pasar por encima nuestro. Uno ve cómo matan campesinos, sectores urbanos y no pasa nada. No hay justicia que haga respetar los derechos de los pueblos y los sectores sociales y tenemos que salir a decirlo”.

Denuncia el terrorismo del Estado y asegura que “este Gobierno ha sido el más terrorista y está violando el pacto de paz, pero nos dice terroristas a los pueblos”. Y aquí viene el punto: “Nosotros queremos verlo para decirle esto. No para lo económico, porque para resolverlo trabajamos. No vivimos de plata que nos den sino de la tranquilidad de la vida. Para mí no es importante ir a Bogotá, es una pantalla y allá no sirve ir. Acompañar a los otros sectores y reunirnos con ellos es más importante que ver al presidente. Cuando queremos hablar con el gobierno ahí se embolata (entrevera) la autonomía”.

Una autoridad masculina del resguardo de Corinto, agrega: “La Minga sale a Bogotá porque el Gobierno no quiere dialogar. Pero lo fundamental no es encontrarnos con el Gobierno sino con los sectores sociales, es una ruta política porque nos están matando”.

La potencia de las comunidades

Movilizar entre 8.000 y 10.000 personas durante 15 días, entre la espera inicial a Iván Duque en Cali, el recorrido hasta la capital y luego el acampe de cara a la huelga general del miércoles 21 de octubre, donde se espera una masiva y maciza movilización, requiere una fuerza de base que ningún otro sector de la sociedad es capaz de enseñar. La fuerza indígena se concentra en las estribaciones andinas del Cauca, en sus fabulosos valles donde las comunidades mantienen la diferencia de sus culturas y cosmovisiones con increíble tenacidad.

Sería injusto decir que los indígenas caucanos reproducen su cultura, sin más. También la van modificando, en un ejercicio espiritual y colectivo de actualización. El papel de las mujeres, por ejemplo, ya no es el mismo de cinco décadas atrás, cuando se fundó el CRIC. Ellas tienen cargos en comunidades y resguardos, en medios de comunicación, en la Guardia Indígena y en todos los espacios, aunque con menor intensidad en las cúpulas que, cero novedad, tienden a ser masculinas.

La forma de elegir autoridades, también va mutando. Del modo “electoral”, en sintonía con la cultura política hegemónica, van pasando a modos más comunitarios de elección, anclados en sus cosmovisiones, que implica elegir por la calidad de los valores y las conductas, más que por la facilidad de palabra de la persona.

La fuerza de las comunidades puede medirse en dos direcciones. La primera, más directa, como sostén de la vida material, de la cotidianeidad, en la que la diversidad de cultivos, las ferias de trueque, los rituales de armonización, la medicina y la justicia propias, son algunas de sus manifestaciones más potentes. Durante la pandemia multiplicaron las formas tradicionales de intercambio, como el trueque sin dinero pero también sin equivalencias (un quilo por un quilo), sino en base a las necesidades de cada familia.

Esas prácticas no capitalistas sustentan una autonomía real, potente en las bases territoriales y más difuminada a medida que se “sube” en la estructura. La Guardia Indígena es la clave de bóveda de la autonomía del movimiento, en general, y expresa la potencia de sus comunidades, en particular.

Pero hay una segunda dimensión de esta fuerza colectiva. Se relaciona con la capacidad de influenciar a otros y otras que no son indígenas, como sucede ahora en la Minga. La cultura de la resistencia, ya no es la misma de 1971, año de fundación del CRIC. Cinco décadas es un tiempo suficiente para evaluar la influencia de los pueblos originarios en la cultura política de abajo. Sus experiencias se expanden horizontalmente, como manchas de aceite.

Entre los 102 pueblos originarios de Colombia, agrupados en la ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia), ya son 70.000 guardias organizados. Además se han creado las Guardias Cimarronas entre los pueblos negros, la primera en 2009 en Palenque, y las Guardias Campesinas están dando sus primeros pasos desde 2014, recuperando las “guardias cívicas” de la lucha por la reforma agraria de 1974.

Desde 2018, se realizan encuentros interétnicos e interculturales entre las guardias indígena, campesina y cimarrona. Entre los desafíos que se plantean estos encuentros, figuran la articulación zonal, regional y nacional de las guardias, la formación política y operativa, con el objetivo de fortalecer el control territorial para defender la autonomía.

En el Cauca, cuna y núcleo del movimiento resistente, el Proceso de la Liberación de la Madre Tierra es probablemente la punta de lanza de la acción directa colectiva. En los últimos cinco años recuperaron 12 fincas del agronegocio de caña, alrededor de 4.000 hectáreas, cuya “liberación” ha costado vidas y cárcel, pero marca a fuego los objetivos del movimiento.

Por ahora, pese a todas las dificultades externas y tensiones internas, los pueblos indígenas, negros y campesinos de Colombia pueden celebrar: Bogotá los recibió con los brazos abiertos, dialogan con la población y confluyen con las centrales sindicales en una enorme jornada de lucha. Rompieron el cerco militar, paramilitar y mediático, que no es poco en tiempos de guerra contra los pueblos.

Por Raúl Zibechi

Berta Camprubí

22 oct 2020 05:30

Publicado enColombia
La expansión de Erdogan causa oposición en Oriente Próximo y Europa

Desde el fallido golpe de estado de 2016, el presidente Erdogan ha llevado la presencia de tropas turcas a distintos puntos de Oriente Próximo. Erdogan busca para Turquía un papel central en la región impulsando el islam político allí donde se presenta la ocasión, una actitud que suscita el rechazo de países de la región y europeos que ven esa expansión como una amenaza para sus intereses.

 

En Siria y Nagorno Karabaj, pasando por Irak, Chipre, Libia y el mar Egeo, Turquía está jugando un papel militar que carece de precedentes en el último siglo, un movimiento de fichas que está suscitando una fuerte oposición política, y a veces militar, de países de Oriente Próximo y Europa que se alarman por una hipotética expansión del islam político en la región.

El ejército turco está en Siria, una apuesta arriesgada que hizo el presidente Recep Tayyip Erdogan y que resulta difícil de justificar. Aunque Ankara explica que tiene que enviar soldados al norte de Siria para contener a las milicias kurdas, lo más sensato sería dejar en manos de Damasco el control de su territorio como ocurría antes de la guerra civil, cuando el ejército sirio patrullaba esa zona e imperaba una calma general.

La presencia militar en Siria es contraproducente para los propios intereses de Turquía, como se viene demostrando especialmente en el distrito de Idlib. Aunque lo razonable sería evacuar a las tropas de una vez por todas, Erdogan acaba de decir que no lo hará hasta que termine el conflicto y se respeten sus intereses. Naturalmente, ese mismo objetivo podría cumplirse de manera pacífica mediante un diálogo con Damasco que Erdogan rehúye.

En el Egeo, Erdogan siguen realizando exploraciones en busca de gas, a pesar de las advertencias europeas. Este conflicto toca directamente a Grecia y Chipre, e indirectamente a Israel y Egipto, y requiere un diálogo profundo con Atenas para repartir de una manera justa y equitativa las riquezas de las aguas del Mediterráneo oriental.

El conflicto del Egeo ha suscitado reacciones de Francia y Alemania, que el pasado jueves dieron el plazo de una semana a Turquía para retirar sus barcos de la zona si no quiere incurrir en sanciones. Sin embargo, las posiciones de París y Berlín divergen en la medida de que Emmanuel Macron es mucho más belicoso que la conciliadora Angela Merkel, y, un factor que no se debe olvidar, Francia está aprovechando las múltiples crisis para vender armas a porrillo a sus aliados.

En uno y otro frente, Macron choca con Erdogan y parece dispuesto a limitar la expansión de Turquía, algo que difícilmente podrá conseguir por medio de las armas. Pero el presidente francés tiene un aliado importante, Joe Biden, que en los últimos meses ha criticado a Erdogan y ha prometido que si gana las elecciones del tres de noviembre actuará con resolución contra Ankara, una amenaza que satisface a todos los rivales de Turquía, que no son pocos, especialmente Israel, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Egipto, unidos por su rechazo del islam político.

No cabe duda de que la expansión turca puede cobrarse un precio a corto o medio plazo. De hecho, ya ha empezado a cobrárselo con el boicot comercial que recientemente han impuesto de facto a los bienes de ese país Arabia Saudí y los Emiratos. El daño que han empezado a causar las restricciones comerciales es todavía limitado pero podría crecer y extenderse a otros países que rivalizan con Erdogan.

El único país de la región aliado de Ankara es Qatar. Están unidos por la defensa del islam político que combaten sus enemigos, una opción que está perseguida por todas partes y que tiene las de perder si no ocurre algo imprevisible que dé la vuelta a la tortilla y que no se vislumbra en el horizonte.

Más allá de las divergencias entre Macron y Merkel, la Unión Europea no presenta una posición unificada. La UE es el principal socio comercial de Ankara y podría endurecer las relaciones económicas, pero para ello sería necesario un consenso que ahora mismo no existe ya que varios países dudan de la eficacia de los agresivos planteamientos de Macron.

Una muestra de las divergencias ocurrió en la última cumbre europea, donde se presentaron propuestas para modernizar el tratado aduanero con Turquía, simplificar la obtención de visados de ciudadanos turcos, y donar dinero para aliviar la presión de los refugiados sirios en Turquía, unas iniciativas que algunos países, entre ellos España, piensan que pueden ser más provechosas que la aplicación de sanciones.

Según Le Monde, la expansión de Turquía puede explicarse por una transformación de Erdogan a raíz del intento de golpe de estado militar que se produjo en 2016. Ankara ha acusado directamente a los Emiratos Árabes Unidos de estar detrás del fallido golpe, y ha señalado específicamente al prófugo dirigente palestino Mohammad Dahlan, que reside en los Emiratos y mantiene excelentes relaciones con Israel, de mover los hilos del golpe.

Otra explicación podría ser el desinterés o la desidia que muestra la administración de Donald Trump en materia de política exterior en todo lo que no esté directamente relacionado con Israel. Pero esta circunstancia podría cambiar si Biden entra en la Casa Blanca el 20 de enero y recupera el interés de Washington por las cuestiones de Oriente Próximo. 

22/10/2020 07:26 Actualizado: 22/10/2020 07:27

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Publicado enInternacional
Página 1 de 29