Lunes, 13 Abril 2015 17:30

Los diablos del Diablo

Los diablos del Diablo

 

Primera reimpresión
Ilustrado por Laura Gómez
Edición 2014. Edición 2015. Formato: 13,5 x 20,5 cm., 88 páginas. P.V.P:$18.000  ISBN:978-958-8454-92-4

 

 

Este libro recopila los artículos de Eduardo Galeano publicados en Le Monde diplomatique desde 1997.

 

Índice

 

Memorias y desmemorias
Fundaciones
Los diablos del Diablo
Elogio del sentido común
Enigmas
Una industria caníbal
Doctor... no puedo dormir
Una contradicción llamada Uruguay
El poeta que busca y espera
Palabras para olvidar el olvido

 

 

Tienda Virtual: http://www.desdeabajo.info/libreria-virtual.html

 

 

Informes-Pedidos:



Transv 22 N 53D-42. Int 102 (Bogotá)

Carrera 48 N 59-52 Of. 105 (Medellín)

E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. (todas las ciudades)

Teléfonos: 345 18 08 / 217 89 92 (Bogotà y otras ciudades) / 291 09 69 ( Medellìn)

Whatsapp: 3204835609

Facebook : http://bit.ly/2bwXbER

 

 

 

Los ninguneados perdieron a su mejor cronista

Quien escucha los latidos de abajo, acoge sus dolores, comparte sus risas y llantos; quien se esfuerza por entenderlos sin interpretarlos, por aceptarlos sin juzgarlos, puede ganarse un lugar en los corazones de abajo. Eduardo Galeano recorrió las más diversas geografías latinoamericanas en trenes, a lomo de mula y a pie, desplazándose en los mismos medios que los abajos. No buscaba mimetizarse sino algo mayor: sentir en su piel los sentires de otros y otras para hacerlos vivir en sus textos, para ayudarlos a salir del anonimato.

 

Eduardo fue un hombre sencillo, comprometido con la gente común, con los nadies, con los oprimidos. El suyo fue un compromiso con la gente de carne y hueso, con hombres y mujeres vivientes y sufrientes; mucho más profundo que la adhesión a ideologías que siempre pueden ser maleadas según los intereses del momento. Los dolores de abajo, nos enseñó, no pueden ser negociados, ni representados, ni siquiera explicados por el mejor escritor. Lo mismo vale parar sus esperanzas.


Entre sus muchas enseñanzas, es necesario rescatar su puntilloso apego a la verdad. Pero esas verdades las encontraba lejos del mundanal ruido de los medios, en los ojos hambrientos de la niña india, en los pies tajeados de los campesinos, en la sonrisa cándida de las vendedoras, allí donde los ninguneados dicen sus verdades de todos los días, sin testigos.


Nunca tuvo la menor duda en apuntar hacia los responsables de la pobreza y el hambre. Como aquellas crónicas sobre la crisis de la industria uruguaya, cuando con apenas 20 años era el jefe de redacción del semanario Marcha, uno de los primeros y mayores exponentes de la prensa crítica y comprometida. En ellas denunciaba a los poderosos con nombres, apellidos y propiedades. Sin vueltas. Porque, como le gustaba decir, "los medios emputecen las palabras".


Pero fueron sus reportajes sobre las luchas y resistencias de los abajos las que dejaron huella temprana, indeleble. Como aquella que tituló "De la rebeldía en adelante", en marzo de 1964, relatando la segunda marcha "cañera" (trabajadores de la caña de azúcar). Su mirada se detenía en los más de 90 niños que la integraban, en doña Marculina Piñeiro, tan vieja que había olvidado su edad, por la que parecía sentir especial admiración. "Querían ganarnos por hambre. Pero por hambre, qué íbamos a perder. Estamos acostumbrados, nosotros", le dijo la mujer, madre y nieta de cañeros.


Su pluma daba forma a la vida cotidiana de los desheredados, pero no se conformaba con retratar su dolor, se afanaba en pintar –de vivos colores– la dignidad de sus pasos, la rabia capaz de sobreponerse a la represión y las torturas. En primer lugar aparecían, siempre y en cada una de sus notas, las gentes que encarnaban sufrimientos y resistencias. Tal vez porque estaba obsesionado por la indiferencia de los más, a la que consideraba "un estilo de vida" cuyo cascarón debíamos destruir, que para eso escribía sus artículos.


Entre los muchos homenajes que recibió en vida, tuvo el privilegio de que el maestro de la escuelita zapatista José Luis Solís López adoptara Galeano como seudónimo. Es muy probable que el maestro no se referenciara en el escritor. En todo caso, Eduardo y el zapatismo se conocieron y reconocieron enseguida. Como si toda la vida se hubieran estado esperando. No los convocó un programa ni una tabla de demandas, sino la ética de estar-siendo, abajo y a la izquierda.


Eduardo Galeano estuvo en La Realidad en agosto de 1996. Participó en una de las mesas del Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo. Habló poco, fue claro y dijo mucho. En aquellos días, y en muchos más, sembró Galeanos, contagió Galeanos, que ahora caminan Galeanos enarbolando su digna y Galeana rabia. Los ninguneados de siempre lo llevan en sus corazones.

Raúl Zibechi

 

Artículos relacionados

Los indignados de América Latina y el mundo han perdido a uno de sus guías, Eduardo Galeano se ha ido

La Jornada, 13 de abril de 2015

Don Eduardo Galeano de nosotros los nadies

Ilka Oliva Corado, 13 de abril de 2015

La verdad, la palabra: bocas del tiempo

Eduardo Galeano, Edición Le Monde diplomatique, edición Colombia No. 107, febrero 2012 

 

Libro relacionado

Los diablos del Diablo

Ediciones Le Monde diplomatique, 2014

Publicado enCultura
Los indignados de América Latina y el mundo han perdido a uno de sus guías. Eduardo Galeano se ha ido

El escritor, periodista, ensayista uruguayo, colaborador de La Jornada, falleció este lunes en Montevideo debido a un cáncer de pulmon, confirmó su casa editorial. Pero su biografía no termina con su muerte. Inició, sí, el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo, pero entre su nacimiento y su muerte hay miles de palabras, escritas en numerosos libros, dichas en múltiples discursos, retomadas por cientos de miles de jóvenes y adultos, hombres y mujeres inconformes con los gobiernos a todo lo largo y ancho de este planeta, en todas las entrevistas concedidas, en todas esas frases que rondan Internet, en todos los artículos que publicó en La Jornada, su casa, y en todos los sueños que compartió para hacer de este un mundo menos peor.

Entre su nacimiento y su muerte están su primer libro Los días siguientes y Mujeres, una antología que acaba de publicar en España Siglo XXI Editores. Entre esos dos Las venas abiertas de América Latina, ese libro que el entonces presidente venezolano Hugo Chávez regaló al su homólogo estadunidense Barak Obama durante la V Cumbre de las Américas, en abril de 2009.

Están Memoria del fuego (Los nacimientos, Las caras y las máscaras y El siglo del viento), El descubrimiento de América que todavía no fue y otros escritos, Nosotros decimos no, Palabras: antología personal y Espejos.

En 2012 visitó el país por última vez. Acababa de publicar Los hijos de los días (Siglo XXI Editores). En noviembre de ese año se presentó en la Sala Nezahualcóyotl ante miles de jóvenes que ansiaban verlo, escucharlo, conocerlo en persona, y en la clausura de la asamblea del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. En ambos casos fueron decenas de personas las que tuvieron que conformarse con escucharlo fuera de la sala o el auditorio. Eso ocurría siempre.

Entre su nacimiento y su muerte están sus varios oficios: obrero, dibujante, recaudador, pintor, mensajero, cajero de banco, mecanógrafo, editor del semanario Marcha y el diario Época, y en medio de todos ellos su pasión por el futbol.

Además de un gran escuchador, como él se definía, también fue un exiliado político. Salió de Uruguay después de haber sido encarcelado por la dictadura. Cruzó el Río de la Plata para vivir en Argentina, pero de nuevo tuvo que abandonar ese país ahora con destino a España porque su nombre estaba entre los condenados por la dictadura de Videla. Fue en Cataluña, donde además de escribir para periódicos, publicó Trilogía del fuego.

Las venas abiertas de América Latina publicado años antes, en 1971, fue prohibido por el régimen dictatorial tanto en Uruguay, como en Chile y Argentina.

En 1985 regresó a su país, donde fundó el semanario Brecha, publicación que en 2010 creo el Premio Memoria del Fuego, el primero en recibirlo fue el cantante y compositor español Joan Manuel Serrat. Ese mismo año Eduardo Galeano obtuvo el premio Stig Dagerman, y a lo largo de su vida recibió varios doctorados Honoris Causa por parte de universidades en Cuba, El Salvador, México y Argentina, además del premio medalla 1808, entregado en febrero de 2011 en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento.También en 2010 recibió el Premio Manuel Vázquez Montalbán en la categoría de Periodismo Deportivo.

Siempre habló de y para los jóvenes, de y para los indígenas, en contra de los narcoestados y el neoliberalismo, en favor de la ecología y la legalización de las drogas. Habló contra el olvido.

Hace unos días presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dio a conocer que había recibido la firma de Galeano contra el decreto por el que Obama calificó al país sudamericano como una amenaza. En México, uno de sus últimos textos publicado por La Jornada fue Leo y comparto, dedicado a los 43 estudiantes desaparecidos.

"Los huérfanos de la tragedia de Ayotzinapa no están solos en la porfiada búsqueda de sus queridos perdidos en el caos de los basurales incendiados y las fosas cargadas de restos humanos.

"Los acompañan las voces solidarias y su cálida presencia en todo el mapa de México y más allá, incluyendo las canchas fútbol, donde hay jugadores que festejan sus goles dibujando con los dedos, en el aire, la cidra 43, que rinde homenaje a los desaparecidos".

Siempre del lado de los pobres, de los indignados, su activismo social y compromiso con los desprotegidos lo llevó a Chiapas a conocer de cerca al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, experiencia que vertió durante varios años en diversos artículos, por ejemplo, en Una marcha universal, publicada por este diario el 10 de marzo de 2001.

"Año 1914, año 2001: Emiliano Zapata era en el DF por segunda vez. Esta segunda vez viene desde La Realidad, para cambiar la realidad: desde la selva Lacandona llega para que se profundice el cambio de la realidad de todo México. Desde que emergieron a la luz pública, los zapatistas de Chiapas, están cambiando la realidad del país entero. Gracias a ellos y a la energía creadora que han desencadenado, ya ni lo que era es como era.

"Los que hablan del problema indígena tendrán que empezar a reconocer la solución indígena. Al fin y al cabo, la respuesta zapatista a cinco siglos de enmascaramiento, el desafío de estas máscaras que desenmascaran, está despegando el espléndido arcoiris que México contiene y está devolviendo la esperanza a los condenados a espera perpetua. Los indígenas, está visto, sólo son un problema para quienes les niegan el derecho de ser lo que son, y así niegan la pluralidad nacional y niegan el derecho de los mexicanos a ser plenamente mexicanos sin las mutilaciones impuestas por la tradición racista, que enaniza el alma y corta las piernas".

Eduardo Galeano es recuerdo de esas cosas que el poder –político y económico– quiere que se olviden.

Galeano eres memoria.

Anexos:

El primer ciudadano ilustre del Mercosur

En 2008, Galeano recibió la distinción del bloque regional y brindó un inolvidable discurso, en el que dijo ser "patriota de varias patrias". "Sólo siendo juntos seremos capaces de descubrir lo que podemos ser, contra una tradición que nos ha amaestrado para el miedo y la resignación y la soledad y que cada día nos enseña a desquerernos", expresó.

Discurso de Eduardo Galeano en Mercosur

Nuestra región es el reino de las paradojas.

Brasil, pongamos por caso: paradójicamente, el Aleijadinho, el hombre más feo del Brasil, creó las más altas hermosuras del arte de la época colonial; paradójicamente, Garrincha, arruinado desde la infancia por la miseria y la poliomelitis, nacido para la desdicha, fue el jugador que más alegría ofreció en toda la historia del fútbol y, paradójicamente, ya ha cumplido cien años de edad Oscar Niemeyer, que es el más nuevo de los arquitectos y el más joven de los brasileños.

- - -

O pongamos por caso, Bolivia: en 1978, cinco mujeres voltearon una dictadura militar. Paradójicamente, toda Bolivia se burló de ellas cuando iniciaron su huelga de hambre. Paradójicamente, toda Bolivia terminó ayunando con ellas, hasta que la dictadura cayó.

Yo había conocido a una de esas cinco porfiadas, Domitila Barrios, en el pueblo minero de Llallagua. En una asamblea de obreros de las minas, todos hombres, ella se había alzado y había hecho callar a todos.

–Quiero decirles estito –había dicho–. Nuestro enemigo principal no es el imperialismo, ni la burguesía ni la burocracia. Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro.

Y años después, reencontré a Domitila en Estocolmo. La habían echado de Bolivia, y ella había marchado al exilio, con sus siete hijos. Domitila estaba muy agradecida de la solidaridad de los suecos, y les admiraba la libertad, pero ellos le daban pena, tan solitos que estaban, bebiendo solos, comiendo solos, hablando solos. Y les daba consejos:

–No sean bobos –les decía–. Júntense. Nosotros, allá en Bolivia, nos juntamos. Aunque sea para pelearnos, nos juntamos.

- - -

Y cuánta razón tenía.

Porque, digo yo: ¿existen los dientes, si no se juntan en la boca? ¿Existen los dedos, si no se juntan en la mano?

Juntarnos: y no sólo para defender el precio de nuestros productos, sino también, y sobre todo, para defender el valor de nuestros derechos. Bien juntos están, aunque de vez en cuando simulen riñas y disputas, los pocos países ricos que ejercen la arrogancia sobre todos los demás. Su riqueza come pobreza y su arrogancia come miedo. Hace bien poquito, pongamos por caso, Europa aprobó la ley que convierte a los inmigrantes en criminales. Paradoja de paradojas: Europa, que durante siglos ha invadido el mundo, cierra la puerta en las narices de los invadidos, cuando le retribuyen la visita. Y esa ley se ha promulgado con una asombrosa impunidad, que resultaría inexplicable si no estuviéramos acostumbrados a ser comidos y a vivir con miedo.

Miedo de vivir, miedo de decir, miedo de ser. Esta región nuestra forma parte de una América latina organizada para el divorcio de sus partes, para el odio mutuo y la mutua ignorancia. Pero sólo siendo juntos seremos capaces de descubrir lo que podemos ser, contra una tradición que nos ha amaestrado para el miedo y la resignación y la soledad y que cada día nos enseña a desquerernos, a escupir al espejo, a copiar en lugar de crear.

- - -

Todo a lo largo de la primera mitad del siglo diecinueve, un venezolano llamado Simón Rodríguez anduvo por los caminos de nuestra América, a lomo de mula, desafiando a los nuevos dueños del poder:

–Ustedes –clamaba don Simón–, ustedes que tanto imitan a los europeos, ¿por qué no les imitan lo más importante, que es la originalidad?

Paradójicamente, era escuchado por nadie este hombre que tanto merecía ser escuchado. Paradójicamente, lo llamaban loco, porque cometía la cordura de creer que debemos pensar con nuestra propia cabeza, porque cometía la cordura de proponer una educación para todos y una América de todos, y decía que al que no sabe, cualquiera lo engaña y al que no tiene, cualquiera lo compra, y porque cometía la cordura de dudar de la independencia de nuestros países recién nacidos:

–No somos dueños de nosotros mismos –decía–. Somos independientes, pero no somos libres.

- - -

Quince años después de la muerte del loco Rodríguez, Paraguay fue exterminado. El único país hispanoamericano de veras libre fue paradójicamente asesinado en nombre de la libertad. Paraguay no estaba preso en la jaula de la deuda externa, porque no debía un centavo a nadie, y no practicaba la mentirosa libertad de comercio, que nos imponía y nos impone una economía de importación y una cultura de impostación.

Paradójicamente, al cabo de cinco años de guerra feroz, entre tanta muerte sobrevivió el origen. Según la más antigua de sus tradiciones, los paraguayos habían nacido de la lengua que los nombró, y entre las ruinas humeantes sobrevivió esa lengua sagrada, la lengua primera, la lengua guaraní. Y en guaraní hablan todavía los paraguayos a la hora de la verdad, que es la hora del amor y del humor.

En guaraní, ñeñé significa palabra y también significa alma. Quien miente la palabra traiciona el alma.

Si te doy mi palabra, me doy.

- - -

Un siglo después de la guerra del Paraguay, un presidente de Chile dio su palabra, y se dio.

Los aviones escupían bombas sobre el palacio de gobierno, también ametrallado por las tropas de tierra. El había dicho:

–Yo de aquí no salgo vivo.

En la historia latinoamericana, es una frase frecuente. La han pronunciado unos cuantos presidentes que después han salido vivos, para seguir pronunciándola. Pero esa bala no mintió. La bala de Salvador Allende no mintió.

Paradójicamente, una de las principales avenidas de Santiago de Chile se llama, todavía, Once de Setiembre. Y no se llama así por las víctimas de las Torres Gemelas de Nueva York. No. Se llama así en homenaje a los verdugos de la democracia en Chile. Con todo respeto por ese país que amo, me atrevo a preguntar, por puro sentido común: ¿No sería hora de cambiarle el nombre? ¿No sería hora de llamarla Avenida Salvador Allende, en homenaje a la dignidad de la democracia y a la dignidad de la palabra?

- - -

Y saltando la cordillera, me pregunto: ¿por qué será que el Che Guevara, el argentino más famoso de todos los tiempos, el más universal de los latinoamericanos, tiene la costumbre de seguir naciendo? Paradójicamente, cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. El es el más nacedor de todos.

Y me pregunto: ¿No será porque él decía lo que pensaba, y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en este mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?

- - -

Los mapas del alma no tienen fronteras, y yo soy patriota de varias patrias. Pero quiero culminar este viajecito por las tierras de la región, evocando a un hombre nacido, como yo, por aquí cerquita.

Paradójicamente, él murió hace un siglo y medio, pero sigue siendo mi compatriota más peligroso. Tan peligroso es que la dictadura militar del Uruguay no pudo encontrar ni una sola frase suya que no fuera subversiva y tuvo que decorar con fechas y nombres de batallas el mausoleo que erigió para ofender su memoria.

A él, que se negó a aceptar que nuestra patria grande se rompiera en pedazos; a él, que se negó a aceptar que la independencia de América fuera una emboscada contra sus hijos más pobres, a él, que fue el verdadero primer ciudadano ilustre de la región, dedico esta distinción, que recibo en su nombre.

Y termino con palabras que le escribí hace algún tiempo:

1820, Paso del Boquerón. Sin volver la cabeza, usted se hunde en el exilio. Lo veo, lo estoy viendo: se desliza el Paraná con perezas de lagarto y allá se aleja flameando su poncho rotoso, al trote del caballo, y se pierde en la fronda.

Usted no dice adiós a su tierra. Ella no se lo creería. O quizás usted no sabe, todavía, que se va para siempre.

Se agrisa el paisaje. Usted se va, vencido, y su tierra se queda sin aliento.

¿Le devolverán la respiración los hijos que le nazcan, los amantes que le lleguen? Quienes de esa tierra broten, quienes en ella entren, ¿se harán dignos de tristeza tan honda?

Su tierra. Nuestra tierra del sur. Usted le será muy necesario, don José. Cada vez que los codiciosos la lastimen y la humillen, cada vez que los tontos la crean muda o estéril, usted le hará falta. Porque usted, don José Artigas, general de los sencillos, es la mejor palabra que ella ha dicho.
-----------------------------------

Eduardo Galeano y sus mujeres

Aníbal Malvar* - Público.es

Se edita estos días el libro Mujeres de Eduardo Galeano y uno, con la Cumbre de las Américas aun efervescente, no puede dejar de acordarse de aquella obra maestra del periodismo, la literatura y la lesa humanidad titulada Las venas abiertas de América Latina. Si aquel libro desmenuzaba la barbarie norteamericana en el continente, el fervor yanqui por apoyar dictaduras y genocidios para hacer lirondos negocietes, ahora Mujeres nos envenena de belleza y feminismo con la cordialidad beligerante con la que siempre ha escrito Galeano. El libro sale publicado en Siglo XXI.

Mujeres es un experimento editorial. Se le encargó a Galeano que extrajera de sus muchos libros aquellos párrafos en los que centra su visión en lo femenino, y la cosa le ha salido de una coherencia atroz a pesar de lo disperso y fragmentario de la idea originaria. Se me va la noche leyéndolo y acabo enamorándome de un montón de damas fugaces, passantes y breves como las de Antoine Pol, guerreras y salvajes en lo íntimo, inalcanzables como la luna de este abril, que no me alumbra la lectura lo suficiente. Pero no hace falta. Las mujeres de Galeano se alumbran solas.

Resurrección de María

"María renació en Chiapas.


"Fue anunciada por un indio del pueblo de Simojovel, que era primo suyo, y por un ermitaño que no era pariente y vivía dentro de un árbol de Chamula.


"Y en el pueblo de Santa Marta Xolotepec, Dominica López estaba cosechando maíz cuando la vio. La mamá de Jesús le pidió que le alzara una ermita, porque estaba cansada de dormir en el monte. Dominica le hizo caso; pero a los pocos días vino el obispo y se llevó presos a Dominica, a María y a todos sus peregrinos.


"Entonces María se escapó de la cárcel y se vino al pueblo de Cancuc y habló por boca de una niña que también se llamaba María.
"Los mayas tzeltales nunca olvidaron lo que dijo. Habló en lengua de ellos, y con voz ronquita mandó

que no se negasen las mujeres al deseo de sus cuerpos, porque ella se alegraba de esto;


que las mujeres que quisieran se volvieran a casar con otros maridos, porque no eran buenos los casamientos que habían hecho los curas españoles;
y que era cumplida la profecía de sacudir el yugo y restaurar las tierras y la libertad, y que ya no había tributo, ni rey, ni obispo, ni alcalde mayor.

"Y el Consejo de Ancianos la escuchó y la obedeció. Y en el año 1712, treinta y dos pueblos indios se alzaron en armas.

——-

No sé yo si la voz de Galeano alcanza aun a oírse en Panamá, donde la cumbre. Pero las venas de América Latina siguen abiertas y los culpables colectan premios Nobel de la Paz antes de declarar muchas guerras. Pobres de los treinta y dos pueblos indios que se alcen en armas. Pobre María, la de Chiapas, condenada a ser leyenda por un pelotón de soldados que no leen. Dicen que en Panamá no se va a llegar a ningún acuerdo. Para eso están las cumbres. Cierro el libro, abro los periódicos y mi casa se inunda de una rara tristeza.

*Periodista y escritor. Su última novela es "La balada de los miserables" (Akal, 2012)

----------------------------------------------------------------------------------

Eduardo Galeano: las 20 mejores frases

Bolsamanía

Estas son las mejores frases de Eduardo Galeano recogidas en sus novelas y en sus entrevistas en diversos medios de Latino América:

1. Si me caí, es porque estaba caminando. Y caminar vale la pena, aunque te caigas.

2. Son los árboles que dan frutos los que sufren las pedradas.

3. Para no ser mudos, hay que empezar por no ser sordos

4. Sólo los tontos creen que el silencio es un vacío. No está vacío nunca. Y a veces la mejor manera de comunicarse es callando.

5. Para mí, las únicas certezas dignas de fe son las que desayunan dudas cada mañana.

6. La llamada comunidad internacional ¿existe? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?

7. Quizá el más certero símbolo de la época sea la bomba de neutrones, que respeta las cosas y achicharra a los seres vivos.

8. El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso.

Lea también: eBooks: siete alternativas para descargar libros electrónicos gratis

9. A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder.

10. La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo.

11. La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.

12. Yo creo que fuimos nacidos hijos de los días, porque cada día tiene una historia y nosotros somos las historias que vivimos...

13. La palabra política se ha manoseado tanto que significa todo y no significa nada. Entonces desconfío mucho de la etiqueta política.

14. El hambre desayuna miedo. El miedo al silencio aturde las calles. El miedo amenaza: Si usted ama, tendrá sida. Si fuma, tendrá cáncer. Si respira, tendrá contaminación.

15. Pobres contra pobres, como de costumbre: la pobreza es una manta demasiado corta, y cada cual tira para su lado.

Lea también: Los 12 libros que hay que leer antes de que se acabe el mundo

16. El mundo se divide, sobre todo, entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar...

17. El hambre desayuna miedo. El miedo al silencio aturde las calles. El miedo amenaza: Si usted ama, tendrá sida. Si fuma, tendrá cáncer. Si respira, tendrá contaminación. Si bebe, tendrá accidentes. Si come, tendrá colesterol. Si habla, tendrá desempleo. Si camina, tendrá violencia. Si piensa, tendrá angustia. Si duda, tendrá locura. Si siente, tendrá soledad.

18. La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será

19. La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá

20. Los niños pobres son los que más sufren la contradicción entre una cultura que manda a consumir y una realidad que lo prohíbe

El poder incesante y soberano de la imaginación

El Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria, que he recibido de manos del presidente Enrique Peña Nieto, pone al maestro delante de su discípulo, porque de Fuentes aprendí lecciones de escritura desde mis primeros viajes a México, cuando bajaba ansioso las escaleras de la librería El Sótano para encontrarme con sus libros.


Siempre admiré en él esa ambición ecuménica de tocar todos los temas y todos los registros, y ver siempre en la historia una fuente de imaginación que nunca se agota. Desde su investidura de novelista supo que la historia debe estar sujeta a una revisión crítica incesante. No sólo exponer la realidad, también enfrentarla y juzgarla, nunca quedarse en testigo pasivo.


Desde La muerte de Artemio Cruz, a Años con Laura Díaz, a La silla del águila, la historia de México vuelve siempre a ser expuesta con una calidad profética. Vio con lucidez que la historia de su país estaba compuesta por planos superpuestos: arriba la pirámide azteca de los sacrificios, el cuchillo de obsidiana y la sangre humeante en la piedra. Abajo el oscuro inframundo que gobernaba las existencias, y donde el mal escondía sus dientes y sus garras. Y luego, sobre las ruinas, los edificios coloniales, conventos y cabildos de la parafernalia virreinal, que también estaba hecha de las mismas piedras del poder.


Pero al pintar la historia de México con los colores de la imaginación, que nunca desprecia la realidad, pinta también a América Latina y nos enseña que somos un organismo vivo de vasos comunicantes, realidades compartidas, sueños y derrotas también compartidos, desilusiones y esperanzas. Que nuestra identidad está en la diversidad.


Compartimos la múltiple exploración de temas en los que nos descubrimos, la multiplicidad del lenguaje, la experimentación como un desafío de la escritura; las maneras en que cada uno de nosotros, como escritores, asume la realidad de su propio país, y convierte a la escritura en una permanente expresión de inconformidad y advertencia.


Antes los temas literarios comunes de nuestra América fueron los dictadores engalonados, el infierno verde de los enclaves bananeros, las intervenciones militares, las revoluciones y las guerras civiles; y otro, aún hoy no dilucidado, el de la lucha permanente entre civilización y barbarie; y otro, tampoco dilucidado todavía, el de la marginación y la miseria, los abismos de la desigualdad que no terminan de cerrarse, y que llevan a la angustiosa odisea de las emigraciones masivas hacia la frontera con Estados Unidos.


En nuestro mundo contemporáneo real, del que la literatura no es sino un espejo irisado, las viejas parcas se visten hoy de sicarios. Vista en su conjunto, la anormalidad de nuestra historia es en el presente una macabra fotografía de cuerpos regados en un baldío, un titular en letras rojas sobre alguna masacre. Pero en la vida y en la muerte de cada uno de esos seres hay una historia que contar. Y la novela es eso, descender al infierno de cada vida, de cada cuerpo mutilado, de cada cuerpo incinerado. Porque la literatura no se ocupa de lo general, como los titulares de los periódicos, sino de lo específico, que son los seres humanos, vistos en singular.


Hemos buscado siempre indagar en la sustancia de la realidad para nutrir la imaginación. Porque nuestra historia ha vivido en un estado de anormalidad permanente, y esa anormalidad se transmuta a la literatura. Las anormalidades varían, pero sus inclemencias persisten. Y nos fijamos en ellas porque asombran, y porque son, antes que nada, anormalidades éticas.


En América Latina sufrimos aún la incongruencia de que los principios que inspiraron las luchas por la independencia siguen escritos en la letra de las constituciones, pero no terminan de abatir la desigualdad, allí donde el crimen y el terror, y también la demagogia, se incuban en la pobreza.


Los novelistas también hemos sido cronistas de la violencia de las revoluciones. Fui protagonista en mi patria de una revolución triunfante, y puedo decir que la de hoy no es una violencia que busca transformar la sociedad para hacerla más justa, sino una violencia criminal, para envilecerla. Pero tiene la misma raíz, porque se alimenta de la pobreza. Para entrar en el siglo XXI, debemos dejar atrás primero el siglo XIX.


Los escritores latinoamericanos somos cronistas de los hechos, y debemos registrarlos, exponerlos. Iluminarlos. Somos testigos privilegiados de la vida cotidiana trastocada por la violencia, el miedo, la corrupción, las grandes deficiencias del estado de derecho. Somos testigos de cargo. Mi oficio es levantar piedras, decía José Saramago; no es mi culpa si debajo de esas piedras lo que encuentro son monstruos que quedan al descubierto. El escritor no es otra cosa que un cazador de monstruos.


La palabra siempre ha luchado por defenderse de los autoritarismos mesiánicos, de los sectarismos religiosos, de los nacionalismos extremos, de las veleidades del poder económico, de las ideologías totalizantes que pretenden imponer un pensamiento único, lo que significa también imponer la mediocridad.


La literatura no existe para convencer a nadie sobre credos ideológicos, sino para hacer preguntas. Cuando el escritor se expresa como ciudadano, desde la tribuna que le da la literatura, su voz se multiplica porque es escuchado. Está ejerciendo entonces su primer deber cívico, que es el de nunca callarse. Puede ser que un libro no cambie el mundo, pero sí que cambie a quien lo ha escrito, y que cambie también a quien lo lee, porque la imaginación tiene un poder soberano.


Pero un libro debe ser para un escritor un territorio libre de imposiciones, libre de la cobardía de la autocensura, y al mismo tiempo libre de la pretensión de imponer verdades. La verdad siempre estará sujeta a revisión, porque las creencias eternas se vuelven inmóviles, y la inmovilidad significa la muerte. La creencia de que el mundo puede ser cambiado desde los libros es una arrogancia. Más bien el mundo debe ser interrogado una y otra vez desde los libros.


Es allí donde reside ese poder incesante y soberano de la imaginación.


Ciudad de México, febrero 2015
www.sergioramirez.com
Facebook: escritorsergioramirez
Twitter: sergioramirezm

Publicado enCultura
Viernes, 16 Enero 2015 06:17

Tres despachos melvillianos

Tres despachos melvillianos

Despacho 1. Enzo Traverso, en uno de los textos de su extraordinario conjunto de ensayos La historia como campo de batalla (2011), evoca la figura de C.L.R. James (1901-1989), el gran teórico social y marxista antillano. Analizando la relación exilio/violencia a la luz de la " traveling theory" de Edward Said y tomando como caso la suerte y desencuentro de dos círculos potencialmente afines –un grupo de intelectuales judíos y los del Atlántico negro–, recuerda un episodio en la vida del autor de Los jacobinos negros (1938): un año después de que Hannah Arendt recibe su tan anhelada ciudadanía estadunidense, en 1952 C.L.R. James queda internado en la isla Ellis (el viejo filtro migratorio y zona de reclusión para los elementos indeseados) y finalmente es expulsado del país. Mientras Arendt, aún en aura del éxito de Los orígenes del totalitarismo (1951), se incorpora –por fin y no sin problemas– a la vida de su nueva patria, para un negro-comunista como James no hay lugar en ella. Y menos durante el macarthismo. El tiempo de internación lo mata releyendo a Moby Dick (1851) y reinterpretando al clásico de Herman Melville (1819-1891) a la luz de la historia del siglo XX. El resultado es el libro Mariners, renegades and castaways (1953), donde ve a Pequod, el barco ballenero comandado por el capitán Ahab, no sólo como un equivalente de fábrica (con sus múltiples tareas y minuciosa división de trabajo), sino como una alegoría de toda sociedad capitalista, con marineros como proletariado y Ahab como una encarnación de la burguesía con su obsesión de dominar el mundo –recurriendo en eso a atrocidades y genocidio– hasta el punto de su propia destrucción; una metáfora de la sociedad moderna industrial que se avienta al precipicio y del paso de la sociedad liberal a la sociedad totalitaria (p. 284).


Despacho 2. Greg Grandin, en su The empire of necessity (2014), un excelente análisis de la trata de esclavos y su papel en el desarrollo del capitalismo en las Américas, parte de la historia del capitán Amasa Delano –narrada por Melville en su olvidada novela Benito Cereno (1855)–, que al encontrar un magullado buque esclavista se deja engañar por un astuto montaje de los esclavos que semanas antes se amotinaron y exigieron ser llevados a África. Mientras abundan lecturas de Ahab como una encarnación de locura imperial estadunidense (E. Said, Cultura e imperialismo, 1993), para Grandin la otra cara del imperio es Amasa, cazador de focas obsesionado por la búsqueda de ganancia, símbolo del capitalismo extractivista depredador (Tom Dispatch, 26/1/14), una forma del poder y control del trabajo en tiempos de menguantes recursos naturales (Democracy Now!, 6/2/14). Hablando de su libro, sin mencionar a C.L.R. James y su Mariners... –escrito explícitamente como una crítica del capitalismo en Estados Unidos que James... envió a los miembros del Senado, algo que, claro, no ayudó a su naturalización–, comparte su análisis recordando que algunos historiadores como Marcus Rediker (véase: PPE Sydney, 17/12/14) también analizaron el barco como una especie de protofábrica capitalista (The Jacobin, 1/8/14).


Despacho 3. El cuento Bartleby, el escribiente: la historia de Wall Street (1853), insólito para Melville, es peculiar en varios aspectos: bien subraya Juan Forn que en nuestra biblioteca mental ocupa un lugar más cerca de Kafka que de Moby Dick (Página/12, 9/1/15). La historia de un empleado del despacho jurídico que en principio cumple con sus deberes para luego irlos rechazando con la enigmática fórmula " I would prefer not to"/Preferiría no hacerlo –y que acaba en prisión, muerto por negarse a comer– es uno de los textos más comentados en ciencias sociales desde lo sicológico hasta lo teológico (Beverungen/Dunne, Bartleby and the excesses of interpretation, 2007). Gilles Deleuze, por ejemplo, subraya que Bartleby no es ningún revolucionario, más bien una figura solitaria que escapa a cualquier forma, y concluye lacónicamente: No es un enfermo, sino el médico de una América enferma (Bartleby o la fórmula, 1993). Giorgio Agamben lo inserta en una rica tradición filosófica junto con teólogos árabes, cabalistas y místicos-heréticos y al lado de personajes kafkianos (Bartleby o de la contingencia, 1999). Incluso Hardt & Negri lo introducen en su Imperio (2000) como una figura de resistencia –posibilidad de contraimperio– por su negación al trabajo, aunque claramente Bartleby es más que un " refusenik laboral". En este sentido resulta más provechosa la lectura de Slavoj Zizek, que ve en él una figura pasiva-agresiva que el sistema es incapaz de absorber; más que negación, su gesto es sustracción, muy diferente también de varias formas de seudorresistencia (The parallax view, 2006). La política bartlebiana de preferir no hacer algo es para Zizek mejor que falsas actividades, es un espacio donde empieza la lucha emancipatoria (Living in the end times, 2010). Si bien el filósofo esloveno ve sus limitaciones –por ejemplo, el caso de Ocupa Wall Street: no quiero esto, pero no sé qué quiero, admitiendo que él tampoco tiene respuestas claras–, insiste en lo subversivo de la fórmula (Don't act, just think, en: YouTube, 28/8/12), luciendo últimamente una playera –claro, jamás viste nada más...– con " I would prefer not to" (The Guardian, 3/12/14).


Coda. Por la miniconstelación melvilliana Moby Dick/Benito Cereno/Bartleby corre un particular hilo rojo: la crítica de la modernidad con su racionalidad destructiva y del capitalismo (que resalta en la lectura de C.L.R. James).


Además, su relectura de Moby Dick nos remite necesariamente a su visión de la revolución haitiana (Los jacobinos...), que enfatiza la fidelidad con que los ex esclavos se apropiaron de los valores universales de la Revolución Francesa, algo relevante hoy cuando –sub¬raya Traverso– la memoria de luchas liberacionistas es sustituida por humanitarismo (p. 320).


La relectura de Benito Cereno pone a su vez luz a los orígenes del capitalismo estadunidense, fundado en la esclavitud (y el genocidio), y a varias –indignantes, incluso absurdas– formas de esclavitud moderna (véase: La Jornada, 14/12/14).


Las reinterpretaciones de Bartleby –en clave sociopolítica– no dejan duda de que el preferiría no hacerlo es un buen lema anticapitalista, pero apenas una potencialidad y un comienzo.


Twitter: @periodistapl

Publicado enCultura
Miércoles, 31 Diciembre 2014 07:52

Preguntas que no dejan vivir

Preguntas que no dejan vivir

La idea de ir de un lugar a otro anima a la literatura desde milenios atrás. Después de los diez años que dura la guerra de Troya, Ulises se embarca de regreso a su patria, la isla de Ítaca, donde lo esperan su esposa y su hijo. Quiere llegar lo más pronto posible, sin interrupciones, pero son las interrupciones las que hacen que aquel viaje lleno de aventuras dure otros diez años. Sin esos obstáculos siempre inesperados, que se presentan a cada paso, no habría historia que contar, y no existiría La Odisea.

Para que haya historia, el viaje tiene que empezar. Cuenta Plutarco que Pompeyo Magno se enfrentaba a la situación de que los marineros de su armada no querían hacerse a la mar por la manera tempestuosa en que aquella se encrespaba, y entonces los arengó, y una de las frases de esa arenga ha quedado para siempre: navegar es necesario, vivir no es necesario.

Ismael, el marinero que nos cuenta el viaje fatal del Pequod, el barco ballenero, en Moby Dick, la novela de Herman Melville, explica desde la primera página el porqué de sus ansias de navegar: "cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes... entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda".

Moby Dick es también la historia de un viaje. Cuando el capitán Ahab zarpa del puerto de Nantucket al mando del Pequod, tampoco quiere interrupciones, no porque va en busca de su hogar añorado, sino de la venganza. Quiere llegar cuantos antes a encontrarse con Moby Dick, la ballena blanca, que destrozó años atrás otro barco suyo y le arrancó una pierna. Es su enemiga mortal, y su obsesión es cazarla y acabar con ella. Ismael, cuando se pone melancólico, se detiene a contemplar ataúdes. Tras el naufragio del Pequod, atacado ferozmente por la ballena blanca hasta echarlo a pique, se salvará agarrado a un ataúd, fabricado por el carpintero de abordo, que aparece flotando a su lado, para ser el único sobreviviente. Si Ismael no salva la vida, no tendríamos quién nos contara la historia.

Joseph Conrad, emigrado a Inglaterra desde Polonia, fue marinero buena parte de su vida, y no pocos de sus libros versan sobre la aventura del viaje. El corazón de las tinieblas narra la travesía de Charles Marlow a través del río Congo, en tiempos de la brutal colonización belga en África, para cumplir el encargo de encontrar a Kurtz, un misterioso personaje que ha enloquecido; pero es a la vez un viaje a las profundidades del alma humana donde campean la explotación, y la ambición de poder y riqueza.

El viajero mira, y escribe lo que mira. Narra, reporta, da cuenta de su viaje. Nos trae noticias, viene a satisfacer nuestra curiosidad con sus revelaciones. Y esa relación que se crea entre autor y lector, y que parte de la doble necesidad de informar y ser informado, es la misma para la escritura de invención y para la escritura de hechos reales.

Heródoto, el más antiguo de los cronistas, viajó por las islas y la tierra firme de la Hélade, la Cólquida, Babilonia, Macedonia, Siria, Egipto, Libia, Cirene, Fenicia, Mesopotamia. Todo lo que era el mundo de entonces, conocido para muy pocos, y por tanto exótico. Se ganaba la vida dando conferencias sobre sus viajes, contando lo que había visto y oído. En Atenas le pagaron una vez diez talentos por una de esas conferencias. Un rollo infinito de papiro de trazos continuos, contiene sus Nueve libros de la Historia.

Cuenta que el viejo Trasíbulo, dictador de Mileto, enseña al principiante Periandro las reglas del poder absoluto, basadas en el terror, con una parábola visual: segaba las espigas que más sobresalían en el campo en cosecha, para demostrar que así debían segarse las cabezas de los enemigos. Es lo que tantos dictadores han aprendido a hacer.

Heródoto escribía impulsado por el temor ante la fragilidad de la memoria. Para él, la memoria es defectuosa, frágil, efímera, e incluso ilusoria. El olvido de cada individuo es capaz de borrar la historia humana. Recordar es sobrevivir. "Todo lo que guarda la memoria en su interior puede esfumarse, desaparecer sin dejar rastro... sin la memoria no se puede vivir, ella eleva al hombre sobre el mundo animal, y al mismo tiempo es engañosa, tan inasible como traicionera".

Sólo la insaciable curiosidad que ante las respuestas busca aún más preguntas, es capaz de descubrir lo ignorado. La misma curiosidad que al tener averiguado lo general, busca la precisión de los detalles. La minuciosa curiosidad que se vale aún del dato que a otros parece banal, pero puede ser decisivo para la comprensión de los hechos, y para explicar una conducta humana.

La curiosidad, y la duda. Mi deber es informar de todo lo que se dice, pero no estoy obligado a creerlo todo igualmente, afirma Heródoto. Cuando es necesario, acota lo dicho como proveniente de una fuente que es de por sí dudosa y no ofrece ninguna evidencia cierta, consignándolo así. El dicen que dijeron. Y sabe que la verdad, lo que menos necesita es de exageraciones. A veces, los hechos son exorbitantes por sí mismos, y si deslumbran, es porque así ocurrieron.

El hombre contemporáneo no se preocupa de su memoria individual, porque vive rodeado de memoria almacenada, dice el gran periodista polaco Ryszard Kapuscinski. Pero a pesar de toda la memoria almacenada, sólo el individuo interrogado es capaz de aportar las claves de la historia que es necesario contar.

Rodeados de memoria almacenada en nuestra era digital, siempre podemos viajar hasta el corazón de las tinieblas, como Conrad, en busca del individuo que nos cuente lo que sabe y lo que ha visto, igual que miles de años atrás lo hizo Heródoto, porque sólo es así que la memoria no deja nunca de ser creativa e iluminadora.

 

www.sergioramirez.com

Facebook: escritorsergioramirez

Twitter: sergioramirezm

Publicado enSociedad
"El mayor aliado de los falsos quijotes es la ignorancia de los sanchos"

El narrador y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), que ha adaptado el Quijote en una edición especial de la Academia (editado por Santillana) para jóvenes de todo el mundo de habla española, cree que la lectura del clásico de Cervantes es una bandera legítima para luchar en medio del fuego que vive hoy esta parte de la humanidad. Y considera que el mayor aliado de los falsos quijotes es la ignorancia de los sanchos


Pregunta. Al contrario de lo que dice de España, de Europa, estos días ha afirmado que América Latina sí tiene visos de futuro.


Respuesta. No digo que tenga visos de futuro. Digo que es el futuro. Europa es un continente que envejece muy mal, en manos de un grupo de representantes en Bruselas medio demagogos y medio analfabetos que están desmantelando 30 siglos de cultura. Añádele a eso un continente que no crece, que no tiene juventud, hecho de jubilados. En América hay cantidad de jóvenes intentando abrirse camino con el vigor de la juventud y de la esperanza. El eje se está desplazando a la América hispana, y estoy convencido de que lo mejor que podamos esperar, vendrá de América.

P. ¿Cómo es su relación con esta tierra?


R. Larga, empecé muy joven, en las guerras de los años setenta, y he visto muchas causas perdidas y muchas grandes palabras que luego han terminado en números de circo como la revolución nicaragüense. Pero hay una cosa que me queda siempre de América, y es el profundísimo respeto que todos, hasta los analfabetos, tienen por la cultura. En América la gente aún cree que ser culto ayuda a cambiar para mejor. El padre confía en que su hijo sea lo que él no ha podido ser. Se trata de esos jóvenes que se levantan a las cuatro de la mañana en un suburbio de México, Distrito Federal, para ir a estudiar una carrera que luego no podrán ejercer. Y también está la lengua. Le dan importancia, para ellos es un factor de cultura. He visto a muchos campesinos usando un vocabulario tan rico y tan decente que ya quisieran muchos, no ya los jóvenes sino los políticos e incluso los académicos españoles. Y ese respeto, esa veneración por la lengua como elemento clave, unido a la incultura, les da una osadía lingüística, una creatividad extraordinaria. El otro día, en el DF, en un sitio de manicura descubrí que a la que hace las uñas de las manos y de los pies le llaman la todera. Tenemos que olvidarnos del hispanocentrismo y comprender que los españoles somos solo una parte de la lengua. El caudal vivo, el español de futuro, el que van a hablar en todo el mundo, y desde luego los cabrones de los gringos, es el español. Somos una patria sin fronteras ni ideologías. Somos 500 millones de compatriotas con una bandera legítima, el Quijote. Nuestra patria es la lengua española.


P. ¿Tiene sentido mantener en el diccionario la categoría de americanismos?

R. Hace un año, en uno de los plenos de la RAE, propuse eliminarlo. Es un error. Creo que hace una división del español inapropiada e injusta. Yo tengo todo el derecho a decir chingar, o todera, porque es mi lengua. El nuevo diccionario debería suprimir esa marca y mantener la etimología. Todo es español. La Reina del Sur lo escribí en México, no ya en mexicano sino en culichi, que es como hablan en Culiacán, Sinaloa. El caso es que debemos transitar sin complejos por la lengua que compartimos. Ninguna lengua tiene una habitación como la nuestra, con tantos compartimentos por los que entrar y salir. España y América Latina son pueblos que han sido masacrados históricamente, pero tenemos una cosa buena: una comunidad en común, la lengua. Como esos monjes medievales que andaban por ahí y sabían que serían bien recibidos en cualquier convento donde se hablase el latín.


P. ¿Puede dar un par de ejemplos de lengua culichi?


R. Chaca es jefe. Morra es chica. Una cosa que me interesó mucho de Sinaloa es el lenguaje de los corridos. Es como oír un soneto de Quevedo, una jerga osada, con palabras del béisbol mezcladas. Dicen, por ejemplo, saltarse la barda. Eso es el colmo para ellos. Con esa morra me salté la barda. O dicen estuve guachando a mi carnal, vigilando a mi amigo [del inglés to watch]. Y el escritor que está fijando esa lengua con su escritura es mi hermano Élmer Mendoza, como un Cervantes mexicano.

P. ¿Ve relación entre el populismo en América Latina y la idea de quijotismo?

R. Surgen quijotes y surgen también falsos quijotes. A veces hay figuras que están entre la luz y la sombra, y para iluminarlos del todo solo hay una forma que es la educación, la cultura. Un joven educado con buenos maestros puede identificar si en ese Quijote hay verdad o mentira. Por eso es tan importante la formación, para no nos seduzcan los falsos quijotes. El mayor aliado de los falsos quijotes es la ignorancia de los sanchos.

P. Pero si la educación es la base, por qué al comparar con América a un país como España, con más nivel educativo...

R. ¿Y quién te ha dicho que España es un país más educado? Habla con un universitario mexicano y con un español y compara ideas, formación y lucidez.

P. ¿Concluye que en México son más lúcidos, formados y con mejores ideas?

R. No tanto. Lo que creo es que disponen de un material básico, y ese material es el profundo respeto que tienen por la cultura y por la educación, un respeto que en España y en Europa hemos perdido. Allá, la educación es como una obligación impuesta por el sistema a la que se accede incluso con desgana. En América, y sobre todo en lugares como México, es un anhelo que mueve a las personas a pelear por sí mismas y por su futuro. Mi Mientras que en Europa y en España casi, digo casi, se está perdiendo la capacidad de pelear –quizá porque el concepto de pelear nos resulta políticamente incorrecto–, en México se pelea todos los días. Y, ojo, lo que se va a pelear.

P. Por la situación que ha creado la matanza de seis personas y la desaparición de 43 estudiantes en Iguala (Guerrero, sur de México).


R. Sí. No sé lo bastante de política mexicana, pero sé de seres humanos. Y hay una cosa clara: la impunidad se está terminando. Las redes sociales han creado un estado de alerta permanente que antes no existía. Ahora ya no es fácil escudarse tras la demagogia, o tras la policía o tras unas instituciones apolilladas. Eso ya no se lo tragan.

P. ¿Qué puede enseñar El Quijote en este contexto?

R. Yo he visto muchos incendios por la vida que llevé, y sé qué sin una base cultural que enmarque esos incendios, el incendio se vuelve estéril. Libros como El Quijote, en manos de buenos profesores, permiten educar a los que llevan las antorchas en palabras como compasión, solidaridad, coraje, honradez, y eso cambia el cariz de los incendios. Los incendios hechos por gente que sabe lo que incendia y por qué, sean incendios reales o metafóricos, esos sí pueden iluminar futuros. Por eso El Quijote es tan importante. Yo creo que no hay combinación más eficaz para hacer mejor el mundo que un maestro de escuela honrado e inteligente con un Quijote en las manos. En México sería El Quijote contra el Kalashnikov, o El Quijote contra el cuerno de chivo, como le llaman en Sinaloa.

P. ¿Qué puede aprender América Latina de España y de Europa?

R. América no puede olvidar que todo nació ahí, que lo mejor que tiene se llama Sócrates, Aristóteles, Virgilio, Homero, Erasmo, Quevedo, Voltaire, Tolstoi, Dostoievski, y todo eso, o casi todo, ha venido a través de España. América debe andar su propio camino, pero sin renegar nunca de aquello que la hizo en lo mejor. Los agravios fueron muchos, pero también fue mucho lo bueno que el mestizaje dejó. El mejor símbolo es ese mural del Hospicio Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo de Guadalajara, donde están abrazados el caballero-águila y el español todo forrado de hierro, apuñalándose el uno al otro, pero abrazados.

Publicado enCultura
Manuel Zapata Olivella. El árbol brujo de la libertad

El árbol brujo de la libertad rompe el cerco de la investigación histórica heredada desde la Colonia a nuestros días para abrir un horizonte de invención política con ese doble actor invisibilizado: los afros y los amerindios. Ellos emergen después de siglos de letargo, y discriminaciones arbitrarias para decir con voz alta: aquí estamos construyendo esta nación para reafirmar lo que Colombia siempre quiso ser: diversa, mestiza, multicultural. Renace lo soterrado de la luz para decir esta es la visión real de nuestros propios investigadores, pensadores y ciudadanos afros-amerindios y mestizos para reconstruir los puentes históricos tendidos sobre un conocimiento de nuestro pasado parcializado y lleno de prejuicios

Domingo, 30 Noviembre 2014 10:52

"Escribir es salvar todo lo que amamos"

"Escribir es salvar todo lo que amamos"

Las palabras del italiano Claudio Magris, premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2014, pusieron de pie al auditorio que abrió ayer el festival literario en español más grande del mundo. Hubo fuertes expresiones por los estudiantes desaparecidos.


Desde Guadalajara


El festival literario en español más grande del mundo, que en esta edición tiene a la Argentina como país invitado de honor –y reúne a 650 escritores, dos mil editoriales y 20 mil profesionales del libro–, no es la torre de marfil. Celebrar la palabra es recordar que en México hay miles de víctimas por la violencia del narcotráfico, como los 43 estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre. "Quienes organizamos la Feria Internacional del Libro de Guadalajara nos unimos al sufrimiento de familiares y amigos de los estudiantes normalistas desaparecidos en Iguala y nos sumamos a la solicitud urgente de que se restituya el estado de derecho en nuestro país", dijo el presidente de la FIL, Raúl Padilla López, durante la inauguración de la 28a edición a la que asistieron autoridades del estado de Jalisco y de la Universidad de Guadalajara, el canciller Héctor Timerman y el escritor Claudio Magris, premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2014; y escritores argentinos como Noé Jitrik, Tamara Kamenszain, Claudia Piñeiro, Leopoldo Brizuela, Tununa Mercado, Miguel Vitagliano, Guillermo Saccomanno, Sylvia Molloy y Samanta Schweblin, entre otros. Timerman manifestó su solidaridad con los familiares de los estudiantes y se mostró convencido de que "el gobierno mexicano hará todo lo posible por castigar a los culpables de este aberrante hecho".


"Hoy más que nunca impulsemos la palabra como el mejor recurso que tiene el ser humano" se leía al final de una pancarta en solidaridad con los familiares de los estudiantes de-saparecidos, colocada en la entrada del salón donde se realizó la ceremonia de apertura. Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, sentada en primera fila, fue homenajeada en los discursos de las autoridades del gobierno mexicano y aplaudida afectuosamente por el público. Timerman señaló que la presencia argentina es una oportunidad para fortalecer las relaciones bilaterales, destacó el respaldo de México al proceso de reestructuración por el pago de la deuda soberana y agradeció al país que recibió a cientos de argentinos exiliados durante la dictadura. Después llegaría el corte de cinta en el Pabellón Argentino, 1700 metros cuadrados que incluyen dos cenefas circulares retroiluminadas que proyectan un aluvión de imágenes de diversos escritores, como Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Norah Lange, Lucio Mansilla, Fogwill, Olga Orozco y Ezequiel Martínez Estrada en una, mientras que en la otra se suceden momentos de la historia que van desde "las patas en la fuente" hasta el retiro de los retratos de Jorge Videla y Benito Bignone el 24 de marzo de 2004 en el Colegio Militar; un "árbol de la vida" con los nombres de los argentinos exiliados en México; un sector con el mural que Miguel Rep estará dibujando durante toda la feria, una librería y un auditorio.


"Toda escritura, así fueran unas cuantas líneas, es un tejido de planos diferentes, sostenido por una tensión entre la totalidad y el fragmento, lo dicho y lo no dicho", aseguró Magris, autor de El Danubio, que nació como reflexión sobre lo que se ha dado en llamar "la otra Europa" luego de un viaje inicial a Eslovaquia. "Mucho de lo que he escrito ha surgido del deseo de quitar ese adjetivo 'otra', de lograr que se comprenda que esa Europa es igualmente digna", admitió el escritor que nació en Trieste en 1939. "La escritura es a la vez un agente de aduana y un contrabandista; establece fronteras y las transgrede. Lo que da orden al mundo es la sintaxis", planteó. La presentación del escritor italiano –tan ovacionado que puso a media sala de pie– fue una gran lección de literatura. "El escritor decimonónico, cuando inventaba historias, podía apegarse a la misma visión de la Historia que él expresaba en sus escritos históricos y políticos. Y podía incluso usar un estilo narrativo análogo. La escritura de Victor Hugo en Los miserables no es demasiado distinta de la de sus polémicas contra Napoleón III. Kafka o Rulfo, en cambio, no hubieran podido escribir una declaración política o un mensaje de solidaridad a las víctimas de la explotación con el mismo lenguaje de La metamorfosis o de Pedro Páramo", comparó Magris. "Las obras maestras del siglo XIX, escribió el célebre escritor italiano Raffaele La Capria, son obras maestras imperfectas. Con estas palabras no pretendía negar la grandeza de Kafka, Svevo, Joyce o los grandes autores latinoamericanos, sino que quería subrayar cómo estos autores habían asumido, en las estructuras mismas de su narrativa, el desorden del mundo, la dificultad o la imposibilidad de entenderlo y de expresarlo conforme con un orden en el que sucumben cosas y palabras."


¿Por qué se escribe? El escritor enumeró un puñado de razones. Una quizá sea su principal divisa. "Escribir es también un intento de construir un Arca de Noé para salvar todo lo que amamos, para salvar cada vida", subrayó Magris. "No sé qué color tenga este grácil y maltrecho barquito de papel que podemos construir con nuestras palabras; sabemos que está destinado a hundirse, pero no por eso dejamos de escribir. Y si se hunde, su escritura no será de color negro, que es ausencia de color, sino blanco, o sea la unión de todos los colores."

Publicado enCultura
Lunes, 24 Noviembre 2014 16:10

El amor está vivo en la poesía

El amor está vivo en la poesía

La Casa de Poesía Silva, organizó este año un concurso que tituló El amor en la poesía. El único requisito era escribir un poema y enviarlo a los organizadores. Un jurado de lujo, conformado por los poetas Eduardo Uribe, de la Universidad de los Andes, Carmen Millán, del Instituto Caro y Cuervo y Giovanni Quessep, el veterano y respetado poeta radicado en Popayán se encargó de leer y evaluar los poemas presentados. Con lo que no contaba la Casa de Poesía y los jurados fue la inmensa acogida que tuvo la convocatoria. Más de dos mil quinientos poemas llegaron para disputarse los cinco premios de dos millones de pesos cada uno. El 23 de octubre pasado el jurado otorgó cinco premios y cinco menciones. Todos los poemas ganadores alcanzaron una excelente factura. No es fácil producir versos de amor en nuestra época actual sin caer en el lugar común, en lo trivial, en lo melodramático.

Compartimos aquí, en estas páginas tres poemas de los diez destacados por el jurado. El poema ganador, "El amor como un río", tiene evocaciones de Aurelio Arturo y una cadencia insistente de reclamo, de añoranza, de desbordada ansiedad. El segundo premio, el poema titulado "Despacio", es una lenta y mesurada despedida, económica en lenguaje, en metáforas pero intensa en la vivencia. La segunda mención, "Noviembre en poniente", es una larga meditación, en el ocaso de la vida, sobre el amor que fue, del ser que amó intensamente a su pareja y que hoy vive la nostalgia en medio de una lluvia que no cesa.

 

EL AMOR COMO UN RÍO


Cristina Maya

El amor como un río sin fronteras ni límites,
el desvelado amor que aún palpita en el vacío de la noche,
en el rincón oscuro, en el refugio donde el fuego se aviva,
en la inquietante ondulación del aire.
Amor que no se atreve, que mira de soslayo, que se esconde,
amor de la mirada, que ansía, que deleita y delira,
amor que aguarda siempre, que olvida las palabras,
que solo pronuncia un mismo nombre repetido.
Amor a la distancia estando cerca, amor sombrío, el de la noche extinta.
Amor que imagina lejanos mares,
naufragado en una playa de noches siderales, "de lejanos relámpagos,"
el siempre ausente, el que vuelve y se aleja:
"Como otra nave entre tus naves, regresa siempre mi nostalgia."
El que divaga en tumultuosas calles, en extranjeros mundos.
El de las tierras desiertas, el de la muerte.
El de las noches con "una estrella de menta que enciende toda sangre."
Amor taciturno, como una flecha hincada en la piel,
aprisionado en la estancia secreta,
en un bosque de almendros donde la primavera nunca muere,
amor que no claudica, el que se vierte en la primera sangre
y aguarda en la alcoba entre los blancos velos.
Amor traicionado, tormentoso, el de los amantes furtivos,
el que se niega, y se oculta...
Amor perdido, ignorado,
olvidado por siempre entre las fechas de un oscuro almanaque.
El que nos punza y nos hiere,
el que nos acoge y redime.
El amor como un río,
que no cesa,
que no cesa...

 

DESPACIO


Andrea Halaby Fernández

Te voy a olvidar despacio.
Te voy a ir borrando como se borran
las palabras sordas en una carta de
amor, con cautela para no romper la
hoja o dejar marcas. Te voy a ir
soltando de los hilos que nos tejen,
de uno en uno, deshaciendo nudos y
deshilachando hebras, despacio,
con suavidad precavida. Te voy a
dejar ir por las ranuras de mis dedos
entreabiertos, como la arena que se
escapa de a poquitos,
grano a grano,
segundo a segundo.
Te voy a olvidar despacio, aunque
me demore una vida entera.

 

NOVIEMBRE EN PONIENTE


Philip Potdevin


L´amore piu non è quella tempesta.
GIUSEPPE UNGARETTI

 

Y el vello del fruto que tortura
los dedos del amor
YANNIS RITSOS

 

Tu non m'abbandonare mia tristeza
sulla strada
EUGENIO MONTALE

 

 

NOVIEMBRE y sus tripas no se saciarán jamás
Se hermanaron con esta comarca hace tres meses... ¿o cuatro?
Como el huésped que se rehúsa a marchar a pesar de la escasez
Como la dolencia que se acomoda para ser cargada en un largo viaje.
No hay cabida para más cruces en la hoja del almanaque
Como víctimas de la pandemia que se procrean sin fin.

Estos setos no se riegan con líquidos vestigios
Estos parques no se cierran a las rejas de la noche
Estos bosques no se talan con hachazos al alma
Estos jardines se podan con el granizo de mediodía.

Noviembre se atravesó en el camino de los vientos y se detuvo
En el lodazal de la cordillera que escurre por los desfiladeros
Como un largo suicidio que no termina de triunfar.
El ancho agosto parió noviembre, monstruoso, acéfalo, ruin
... hay sospecha que diciembre no germinará, y por su lado
Enero aguarda agazapado en las grutas de los conspiradores.

El cielo ha tendido el manto de las nubes en su patio trasero
El cielo ha represado la catarata para llenar la alberca con el solsticio
El cielo: inmóvil, pesado, plomizo, obstinado e indiferente.
Las encías del cielo supuran la sanguaza dulzona de la garúa
Que se cuela por entre los pañolones y las franelas y las conciencias
Y frutece en el licor que nos embriaga de coléricas evocaciones.

Se respira la borrasca que asfixia el sendero
Y amenaza fulminar el aleteo de las ideas.
Las raíces del sol se pudren en el pantano de aquellas Victorias' Regias
A la espera de un resquicio de luz filtrado por la fisura del verbo divino.
Un manojo de rosas marchitan el pergamino de la frente resquebrajada
Sin siquiera enterarse del rocío del Aleluya.
Y el sol claudica la canícula
Al lacayo ciego que preconiza la Era de las Tempestades.

Estos años...
Estos años de frenesí y dolor crecieron a la sombra de un alcaparro dorado.
Estos años vieron cosechar la vid avinagrada de hojas grandes y manchadas.
Alguien dijo, a tu lado y casi en murmullo:
El amor,
El amor, duro y reseco como las hebras de una picadura deshidratada.
El amor de los arreboles de octubre se ha olvidado del silencio de la casa.

Y...¿qué fue de octubre y septiembre?
¡Siguieron de largo sin reparar en esta estación!
Solo noviembre se aclimata en los Anales de este hogar
Con sus madrugadas de jaquecas y agrieras.
Son treinta, cuarenta, cincuenta y tantos carnavales
Con sus miércoles de ceniza y cuaresmas y domingos de Resurrección
Con gusto a aceitunas rancias abandonadas en un platillo sobre el mesón.
Los astros chupan con avidez las colillas de las luciérnagas
Para impedir que la noche se derrumbe invicta sobre el techo de la casa.
En inútil esfuerzo pues el cielorraso desfondado ya inventó la Vía Láctea.

¿Viste?
Tu pareja se ha ausentado de tu lado
Para refugiarse en las antípodas de la casa.
Ha marchado por un café que hierve desde el amanecer,
Ha marchado por una revista sin carátula leída mil y cien veces en el retrete.
Ha preguntado antes de izarse desde la mecedora: ¿Llamaron?
Escribieron, dices, pero desde que llegó noviembre no abro el correo.
Diles, dice, que de tanto extrañarlos reinventamos sus caras, sus manos, sus voces.
Las imágenes de infancia perdieron su color y hoy son casi daguerrotipos.

Escucha.
Son dos almas que conversan sin palabras. Que se adivinan en gestos
Que reclaman con una mirada
E insultan sin hablar.

Calla.
Entran dos filas de lagartijas y sapos a entonar su cantata profana
Juntos han orquestado los versos de Safo y Catulo y los goliardos
Para reclamar a la noche el contrapunto del amor desenfrenado.
El cascarón baboso de la cigarra caerá del tronco lavado por la lluvia
Sin dejar huella de dónde solfeó en pretéritos equinoccios.
¿Es acaso ese el sol detenido a quince grados sobre el horizonte?
¿Se levanta o se pone?
Se pone, la rosa de los vientos marca el poniente,
Siempre el poniente.
Aguarda.
El amor reivindica la posesión del cuerpo
Ese cuerpo extenso ha prescrito a tu favor
tras años de uso, con ánimo de señor y dueño
...posesión tranquila e ininterrumpida.

¿Acaso lo olvidaste, hermano mío?
¿Acaso niegas el silbido, el ulular, el clímax, las cumbres y los valles?
Portas como medallas las manchas de las sábanas aposentadas tras cada batalla.
El placer ha hipotecado sus salmos a los acreedores de la noche
El placer se ha enmohecido como un mudo video erótico
En busca inútil de dos cuerpos fofos, foscos, fláccidos
Como el cuello de una tortuga que sobrevive al paso de los conquistadores
Que mide un tiempo sin tiempo, que espera un día sin esperanza.

¡Ay! de los albaricoques de los años mozos
¡Ay! del fragor de los cuerpos lacerados a mordiscos
Resaca de los invidentes que brindan en la última cena
Olvido del caníbal saciado de las vísceras de su prójimo,
Deseo del anciano tras el efebo que se escurre de la multitud.

Apenas sobreviven postales, retratos mutilados, reclamos de infidelidades,
Los juramentos y promesas han muerto enredados en los atrapasueños.
La casa se deshoja en el deslío de noviembre.
Cada hijo marchó con un catre, un libro, una taza.
Ya no hay libros.
Cada amigo se llevó tres, cuatro.
El último huésped ayer tomó prestados los siete que quedaban.
Ya no hay vida más allá de la agonía de las revistas de poesía.
El esqueleto de las bibliotecas bailotea en las sombras del candil
Y no importa,
A los casi ciegos nos estorban los libros.

Hace dos noches encendía el fuego con la obra inédita
Si bien es cierto que todo valía la pena...para el fuego.
El fuego ha celebrado y brincado hasta el amanecer
Los versos eróticos, los que mejor crepitan en las brasas.
Los versos épicos han humedecido y se niegan a arder,
Los versos a los amigos se abrazan en llamas azuladas.

Noviembre desdentado masca su papilla de recuerdos y sollozos.
Quizá alcance a escucharse tras su rumiar el clamor de mi bramido:
¡Yo amé!

La llanura del muro alguna vez vestido de blanco ostenta una plantilla
De allí cuelga una cintica tricolor que da fe que de allí colgó un tiple
Entonaba las guabinas y los pasillos y la contradanza y el bunde.
Yo sentado en las rodillas de mi abuelo aunque el murió en el treinta y tres
Y yo nací en el cincuenta y algo.
Y aun así recuerdo cada nota.

Abro la ventana y ha cesado de llover.
Cada charco refleja una luna diferente
Cada charco atrapa una nota de lejanía
Cada cristal añora el repiqueteo de la lluvia.
El abrazo, el gesto, la prenda, el beso, la caricia, el gemido.
Todos salen a celebrar con su canturreo el fin de noviembre.
Noviembre partió y ha dejado sus lodos secos y pestilentes
Como el pescado rancio en un congelador descompuesto.

Estas llagas no se cicatrizan con caricias.
Estas arrugas no se bruñen con el sol venidero,
Estas lágrimas no se enjuagan con la risa de infantes.
Estas manos se deshacen en tristeza y desapego.

¡Yo amé!

Publicado enEdición 208