Domingo, 30 Noviembre 2014 10:52

"Escribir es salvar todo lo que amamos"

"Escribir es salvar todo lo que amamos"

Las palabras del italiano Claudio Magris, premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2014, pusieron de pie al auditorio que abrió ayer el festival literario en español más grande del mundo. Hubo fuertes expresiones por los estudiantes desaparecidos.


Desde Guadalajara


El festival literario en español más grande del mundo, que en esta edición tiene a la Argentina como país invitado de honor –y reúne a 650 escritores, dos mil editoriales y 20 mil profesionales del libro–, no es la torre de marfil. Celebrar la palabra es recordar que en México hay miles de víctimas por la violencia del narcotráfico, como los 43 estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre. "Quienes organizamos la Feria Internacional del Libro de Guadalajara nos unimos al sufrimiento de familiares y amigos de los estudiantes normalistas desaparecidos en Iguala y nos sumamos a la solicitud urgente de que se restituya el estado de derecho en nuestro país", dijo el presidente de la FIL, Raúl Padilla López, durante la inauguración de la 28a edición a la que asistieron autoridades del estado de Jalisco y de la Universidad de Guadalajara, el canciller Héctor Timerman y el escritor Claudio Magris, premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2014; y escritores argentinos como Noé Jitrik, Tamara Kamenszain, Claudia Piñeiro, Leopoldo Brizuela, Tununa Mercado, Miguel Vitagliano, Guillermo Saccomanno, Sylvia Molloy y Samanta Schweblin, entre otros. Timerman manifestó su solidaridad con los familiares de los estudiantes y se mostró convencido de que "el gobierno mexicano hará todo lo posible por castigar a los culpables de este aberrante hecho".


"Hoy más que nunca impulsemos la palabra como el mejor recurso que tiene el ser humano" se leía al final de una pancarta en solidaridad con los familiares de los estudiantes de-saparecidos, colocada en la entrada del salón donde se realizó la ceremonia de apertura. Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, sentada en primera fila, fue homenajeada en los discursos de las autoridades del gobierno mexicano y aplaudida afectuosamente por el público. Timerman señaló que la presencia argentina es una oportunidad para fortalecer las relaciones bilaterales, destacó el respaldo de México al proceso de reestructuración por el pago de la deuda soberana y agradeció al país que recibió a cientos de argentinos exiliados durante la dictadura. Después llegaría el corte de cinta en el Pabellón Argentino, 1700 metros cuadrados que incluyen dos cenefas circulares retroiluminadas que proyectan un aluvión de imágenes de diversos escritores, como Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Norah Lange, Lucio Mansilla, Fogwill, Olga Orozco y Ezequiel Martínez Estrada en una, mientras que en la otra se suceden momentos de la historia que van desde "las patas en la fuente" hasta el retiro de los retratos de Jorge Videla y Benito Bignone el 24 de marzo de 2004 en el Colegio Militar; un "árbol de la vida" con los nombres de los argentinos exiliados en México; un sector con el mural que Miguel Rep estará dibujando durante toda la feria, una librería y un auditorio.


"Toda escritura, así fueran unas cuantas líneas, es un tejido de planos diferentes, sostenido por una tensión entre la totalidad y el fragmento, lo dicho y lo no dicho", aseguró Magris, autor de El Danubio, que nació como reflexión sobre lo que se ha dado en llamar "la otra Europa" luego de un viaje inicial a Eslovaquia. "Mucho de lo que he escrito ha surgido del deseo de quitar ese adjetivo 'otra', de lograr que se comprenda que esa Europa es igualmente digna", admitió el escritor que nació en Trieste en 1939. "La escritura es a la vez un agente de aduana y un contrabandista; establece fronteras y las transgrede. Lo que da orden al mundo es la sintaxis", planteó. La presentación del escritor italiano –tan ovacionado que puso a media sala de pie– fue una gran lección de literatura. "El escritor decimonónico, cuando inventaba historias, podía apegarse a la misma visión de la Historia que él expresaba en sus escritos históricos y políticos. Y podía incluso usar un estilo narrativo análogo. La escritura de Victor Hugo en Los miserables no es demasiado distinta de la de sus polémicas contra Napoleón III. Kafka o Rulfo, en cambio, no hubieran podido escribir una declaración política o un mensaje de solidaridad a las víctimas de la explotación con el mismo lenguaje de La metamorfosis o de Pedro Páramo", comparó Magris. "Las obras maestras del siglo XIX, escribió el célebre escritor italiano Raffaele La Capria, son obras maestras imperfectas. Con estas palabras no pretendía negar la grandeza de Kafka, Svevo, Joyce o los grandes autores latinoamericanos, sino que quería subrayar cómo estos autores habían asumido, en las estructuras mismas de su narrativa, el desorden del mundo, la dificultad o la imposibilidad de entenderlo y de expresarlo conforme con un orden en el que sucumben cosas y palabras."


¿Por qué se escribe? El escritor enumeró un puñado de razones. Una quizá sea su principal divisa. "Escribir es también un intento de construir un Arca de Noé para salvar todo lo que amamos, para salvar cada vida", subrayó Magris. "No sé qué color tenga este grácil y maltrecho barquito de papel que podemos construir con nuestras palabras; sabemos que está destinado a hundirse, pero no por eso dejamos de escribir. Y si se hunde, su escritura no será de color negro, que es ausencia de color, sino blanco, o sea la unión de todos los colores."

Publicado enCultura
Lunes, 24 Noviembre 2014 16:10

El amor está vivo en la poesía

El amor está vivo en la poesía

La Casa de Poesía Silva, organizó este año un concurso que tituló El amor en la poesía. El único requisito era escribir un poema y enviarlo a los organizadores. Un jurado de lujo, conformado por los poetas Eduardo Uribe, de la Universidad de los Andes, Carmen Millán, del Instituto Caro y Cuervo y Giovanni Quessep, el veterano y respetado poeta radicado en Popayán se encargó de leer y evaluar los poemas presentados. Con lo que no contaba la Casa de Poesía y los jurados fue la inmensa acogida que tuvo la convocatoria. Más de dos mil quinientos poemas llegaron para disputarse los cinco premios de dos millones de pesos cada uno. El 23 de octubre pasado el jurado otorgó cinco premios y cinco menciones. Todos los poemas ganadores alcanzaron una excelente factura. No es fácil producir versos de amor en nuestra época actual sin caer en el lugar común, en lo trivial, en lo melodramático.

Compartimos aquí, en estas páginas tres poemas de los diez destacados por el jurado. El poema ganador, "El amor como un río", tiene evocaciones de Aurelio Arturo y una cadencia insistente de reclamo, de añoranza, de desbordada ansiedad. El segundo premio, el poema titulado "Despacio", es una lenta y mesurada despedida, económica en lenguaje, en metáforas pero intensa en la vivencia. La segunda mención, "Noviembre en poniente", es una larga meditación, en el ocaso de la vida, sobre el amor que fue, del ser que amó intensamente a su pareja y que hoy vive la nostalgia en medio de una lluvia que no cesa.

 

EL AMOR COMO UN RÍO


Cristina Maya

El amor como un río sin fronteras ni límites,
el desvelado amor que aún palpita en el vacío de la noche,
en el rincón oscuro, en el refugio donde el fuego se aviva,
en la inquietante ondulación del aire.
Amor que no se atreve, que mira de soslayo, que se esconde,
amor de la mirada, que ansía, que deleita y delira,
amor que aguarda siempre, que olvida las palabras,
que solo pronuncia un mismo nombre repetido.
Amor a la distancia estando cerca, amor sombrío, el de la noche extinta.
Amor que imagina lejanos mares,
naufragado en una playa de noches siderales, "de lejanos relámpagos,"
el siempre ausente, el que vuelve y se aleja:
"Como otra nave entre tus naves, regresa siempre mi nostalgia."
El que divaga en tumultuosas calles, en extranjeros mundos.
El de las tierras desiertas, el de la muerte.
El de las noches con "una estrella de menta que enciende toda sangre."
Amor taciturno, como una flecha hincada en la piel,
aprisionado en la estancia secreta,
en un bosque de almendros donde la primavera nunca muere,
amor que no claudica, el que se vierte en la primera sangre
y aguarda en la alcoba entre los blancos velos.
Amor traicionado, tormentoso, el de los amantes furtivos,
el que se niega, y se oculta...
Amor perdido, ignorado,
olvidado por siempre entre las fechas de un oscuro almanaque.
El que nos punza y nos hiere,
el que nos acoge y redime.
El amor como un río,
que no cesa,
que no cesa...

 

DESPACIO


Andrea Halaby Fernández

Te voy a olvidar despacio.
Te voy a ir borrando como se borran
las palabras sordas en una carta de
amor, con cautela para no romper la
hoja o dejar marcas. Te voy a ir
soltando de los hilos que nos tejen,
de uno en uno, deshaciendo nudos y
deshilachando hebras, despacio,
con suavidad precavida. Te voy a
dejar ir por las ranuras de mis dedos
entreabiertos, como la arena que se
escapa de a poquitos,
grano a grano,
segundo a segundo.
Te voy a olvidar despacio, aunque
me demore una vida entera.

 

NOVIEMBRE EN PONIENTE


Philip Potdevin


L´amore piu non è quella tempesta.
GIUSEPPE UNGARETTI

 

Y el vello del fruto que tortura
los dedos del amor
YANNIS RITSOS

 

Tu non m'abbandonare mia tristeza
sulla strada
EUGENIO MONTALE

 

 

NOVIEMBRE y sus tripas no se saciarán jamás
Se hermanaron con esta comarca hace tres meses... ¿o cuatro?
Como el huésped que se rehúsa a marchar a pesar de la escasez
Como la dolencia que se acomoda para ser cargada en un largo viaje.
No hay cabida para más cruces en la hoja del almanaque
Como víctimas de la pandemia que se procrean sin fin.

Estos setos no se riegan con líquidos vestigios
Estos parques no se cierran a las rejas de la noche
Estos bosques no se talan con hachazos al alma
Estos jardines se podan con el granizo de mediodía.

Noviembre se atravesó en el camino de los vientos y se detuvo
En el lodazal de la cordillera que escurre por los desfiladeros
Como un largo suicidio que no termina de triunfar.
El ancho agosto parió noviembre, monstruoso, acéfalo, ruin
... hay sospecha que diciembre no germinará, y por su lado
Enero aguarda agazapado en las grutas de los conspiradores.

El cielo ha tendido el manto de las nubes en su patio trasero
El cielo ha represado la catarata para llenar la alberca con el solsticio
El cielo: inmóvil, pesado, plomizo, obstinado e indiferente.
Las encías del cielo supuran la sanguaza dulzona de la garúa
Que se cuela por entre los pañolones y las franelas y las conciencias
Y frutece en el licor que nos embriaga de coléricas evocaciones.

Se respira la borrasca que asfixia el sendero
Y amenaza fulminar el aleteo de las ideas.
Las raíces del sol se pudren en el pantano de aquellas Victorias' Regias
A la espera de un resquicio de luz filtrado por la fisura del verbo divino.
Un manojo de rosas marchitan el pergamino de la frente resquebrajada
Sin siquiera enterarse del rocío del Aleluya.
Y el sol claudica la canícula
Al lacayo ciego que preconiza la Era de las Tempestades.

Estos años...
Estos años de frenesí y dolor crecieron a la sombra de un alcaparro dorado.
Estos años vieron cosechar la vid avinagrada de hojas grandes y manchadas.
Alguien dijo, a tu lado y casi en murmullo:
El amor,
El amor, duro y reseco como las hebras de una picadura deshidratada.
El amor de los arreboles de octubre se ha olvidado del silencio de la casa.

Y...¿qué fue de octubre y septiembre?
¡Siguieron de largo sin reparar en esta estación!
Solo noviembre se aclimata en los Anales de este hogar
Con sus madrugadas de jaquecas y agrieras.
Son treinta, cuarenta, cincuenta y tantos carnavales
Con sus miércoles de ceniza y cuaresmas y domingos de Resurrección
Con gusto a aceitunas rancias abandonadas en un platillo sobre el mesón.
Los astros chupan con avidez las colillas de las luciérnagas
Para impedir que la noche se derrumbe invicta sobre el techo de la casa.
En inútil esfuerzo pues el cielorraso desfondado ya inventó la Vía Láctea.

¿Viste?
Tu pareja se ha ausentado de tu lado
Para refugiarse en las antípodas de la casa.
Ha marchado por un café que hierve desde el amanecer,
Ha marchado por una revista sin carátula leída mil y cien veces en el retrete.
Ha preguntado antes de izarse desde la mecedora: ¿Llamaron?
Escribieron, dices, pero desde que llegó noviembre no abro el correo.
Diles, dice, que de tanto extrañarlos reinventamos sus caras, sus manos, sus voces.
Las imágenes de infancia perdieron su color y hoy son casi daguerrotipos.

Escucha.
Son dos almas que conversan sin palabras. Que se adivinan en gestos
Que reclaman con una mirada
E insultan sin hablar.

Calla.
Entran dos filas de lagartijas y sapos a entonar su cantata profana
Juntos han orquestado los versos de Safo y Catulo y los goliardos
Para reclamar a la noche el contrapunto del amor desenfrenado.
El cascarón baboso de la cigarra caerá del tronco lavado por la lluvia
Sin dejar huella de dónde solfeó en pretéritos equinoccios.
¿Es acaso ese el sol detenido a quince grados sobre el horizonte?
¿Se levanta o se pone?
Se pone, la rosa de los vientos marca el poniente,
Siempre el poniente.
Aguarda.
El amor reivindica la posesión del cuerpo
Ese cuerpo extenso ha prescrito a tu favor
tras años de uso, con ánimo de señor y dueño
...posesión tranquila e ininterrumpida.

¿Acaso lo olvidaste, hermano mío?
¿Acaso niegas el silbido, el ulular, el clímax, las cumbres y los valles?
Portas como medallas las manchas de las sábanas aposentadas tras cada batalla.
El placer ha hipotecado sus salmos a los acreedores de la noche
El placer se ha enmohecido como un mudo video erótico
En busca inútil de dos cuerpos fofos, foscos, fláccidos
Como el cuello de una tortuga que sobrevive al paso de los conquistadores
Que mide un tiempo sin tiempo, que espera un día sin esperanza.

¡Ay! de los albaricoques de los años mozos
¡Ay! del fragor de los cuerpos lacerados a mordiscos
Resaca de los invidentes que brindan en la última cena
Olvido del caníbal saciado de las vísceras de su prójimo,
Deseo del anciano tras el efebo que se escurre de la multitud.

Apenas sobreviven postales, retratos mutilados, reclamos de infidelidades,
Los juramentos y promesas han muerto enredados en los atrapasueños.
La casa se deshoja en el deslío de noviembre.
Cada hijo marchó con un catre, un libro, una taza.
Ya no hay libros.
Cada amigo se llevó tres, cuatro.
El último huésped ayer tomó prestados los siete que quedaban.
Ya no hay vida más allá de la agonía de las revistas de poesía.
El esqueleto de las bibliotecas bailotea en las sombras del candil
Y no importa,
A los casi ciegos nos estorban los libros.

Hace dos noches encendía el fuego con la obra inédita
Si bien es cierto que todo valía la pena...para el fuego.
El fuego ha celebrado y brincado hasta el amanecer
Los versos eróticos, los que mejor crepitan en las brasas.
Los versos épicos han humedecido y se niegan a arder,
Los versos a los amigos se abrazan en llamas azuladas.

Noviembre desdentado masca su papilla de recuerdos y sollozos.
Quizá alcance a escucharse tras su rumiar el clamor de mi bramido:
¡Yo amé!

La llanura del muro alguna vez vestido de blanco ostenta una plantilla
De allí cuelga una cintica tricolor que da fe que de allí colgó un tiple
Entonaba las guabinas y los pasillos y la contradanza y el bunde.
Yo sentado en las rodillas de mi abuelo aunque el murió en el treinta y tres
Y yo nací en el cincuenta y algo.
Y aun así recuerdo cada nota.

Abro la ventana y ha cesado de llover.
Cada charco refleja una luna diferente
Cada charco atrapa una nota de lejanía
Cada cristal añora el repiqueteo de la lluvia.
El abrazo, el gesto, la prenda, el beso, la caricia, el gemido.
Todos salen a celebrar con su canturreo el fin de noviembre.
Noviembre partió y ha dejado sus lodos secos y pestilentes
Como el pescado rancio en un congelador descompuesto.

Estas llagas no se cicatrizan con caricias.
Estas arrugas no se bruñen con el sol venidero,
Estas lágrimas no se enjuagan con la risa de infantes.
Estas manos se deshacen en tristeza y desapego.

¡Yo amé!

Publicado enEdición 208
Jueves, 13 Noviembre 2014 11:10

En esta borrasca formidable

En esta borrasca formidable

 

Edición 2014. Formato: 17 x 24 cm, 306 páginas
P.V.P:$37.000 ISBN:978-958-58563-2-5

 

 

Reseña:

Bogotá, 1920. Colombia goza uno de los periodos de paz más extensos de su historia. El país quiere entrar en la Modernidad y todo está dipsueto para ello. La inmimente indemnización por la pérdida de Panamá promete grandes posibilidades pero la nación comienza a ser sacudida por los sindicatos, los anarquistas, las sociedades utópicas, las sectas protestantes y los francmasones, estos últimos siempre presentes en los momentos claves de la historia. Una incipiente comunidad científica desata una tormenta entre la intelectualidad capitalina al postular una atrevida tesis: la raza colombiana está degenerada y la única solución es una medida radial: blanquearla a través de la inmigración masiva de europeos.

Con lo que no cuentan unos y otros es con la aparición de Isidoro Amorocho, un increible personaje, que reafirma y a la vez desmiente, con su extraño cuerpo y su brillo mental, lo que está en juego en el debate.Amorocho es, a todas luces, la figura más ignorada de la historia intelectual del país. Un país que se jacta de tener la Atenas sudamericana y que a la vez ha sido consagrado al Sagrado Corazón por el verdadero monarca que reina por encima de presidentes, partidos y gobiernos de turno.Isidoro descubrira, de la mano de un oscuro anarquista, el secreto mejor guardado de la turbulenta historia nacional: el autor intelectual del mayor magnicidio que se ha cometido desde la independencia, el asesinato del general liberal Rafael Uribe Uribe quien en 1914 se perfila como única esperanza para poner fin a la corroída hegemonía de la República Conservadora.Amorocho en realidad sólo pretende debatir, conquien se le quiera enfrentar, las 900 tesis del saber universal que el alega dominar.Lo conseguira a un precio inesperado al verse envuelto---en esta borrasca formidable.

 

Reseña Le Monde diplomatique, edición Colombia, noviembre 2014

 

 

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Publicado enRíos de letras
Miércoles, 12 Noviembre 2014 07:13

"Lo real maravilloso es puro presente"

"Lo real maravilloso es puro presente"

Sergio Ramírez es narrador, ensayista, periodista y, sobre todo, nicaragüense. Nació en 1942 en el pequeño pueblito de Masatepe, cercano al volcán Masaya, donde la codicia de los conquistadores españoles en el siglo XVI hizo al fraile Blas del Castillo abalanzarse al fondo de un cráter al confundir los rescoldos de lava roja con oro. Quizás por eso, Ramírez es de esa estirpe de escritores que ha hecho de América Latina y de sus historias fabulosas la patria literaria de su obra, llámese ese espacio y sus espíritus lo real maravilloso, realismo mágico o como quiera uno llamarle.

 

No piensa que aquel descubrimiento hilvanado por Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez y Juan Rulfo sea simplemente leyenda y un glorioso pasado. Es presente, puro presente, y pone como ejemplo un suceso que en estos días tiene revolucionado a su país, "el canal por Nicaragua". "Un chino de profesión herbolario aparece de la nada y anuncia que construirá un canal de 300 kilómetros de largo que cuesta 50.000 millones de dólares y partirá en dos Nicaragua. [El presidente Daniel] Ortega le da una concesión de un siglo de duración. Y todo el mundo lo cree. Todo el mundo cree que el canal nos hará ricos a todos y que viviremos sentados en sus orillas viendo pasar los barcos. ¿Para qué quieres imaginar nada?".


Como se comprueba, Sergio Ramírez está en plena forma y eso que apenas ha salido el sol en Managua, donde se ha enterado de que ha resultado ganador del segundo Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español, nacido con vocación de ser el Cervantes latinoamericano y dotado con 250.000 dólares (201.000 euros). El premio, bienal, se le otorga "por conjugar una literatura comprometida con una alta calidad literaria". Auspiciado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue entregado por primera vez en 2012 a Mario Vargas Llosa. Junto al Nobel, integraron ahora el jurado los escritores Juan Goytisolo, quien lo presidió, Soledad Puértolas, Margo Glantz y Gonzalo Celorio.

 

"Para mí este premio es muy especial... Mira que conjunción: lleva el nombre de Fuentes, su primer ganador fue Vargas Llosa, mi candidatura la propuso la Fundación García Márquez y me lo conceden en el centenario del nacimiento de Cortázar. Se han alineado los astros; se han alineado mis padres tutelares, los que me abrieron el camino de la escritura en mi adolescencia". De Fuentes se declara deudor y casi su hijo literario. "Siempre admiré en él esa ambición ecuménica de tocar todos los temas y todos los registros, hacerse cargo de la literatura con afán totalizador y ver siempre en la historia una fuente de imaginación que nunca se agota". "Desde su investidura de novelista, sabía que la historia debe estar sujeta a una revisión crítica incesante, no sólo exponerla, sino juzgarla", indica.


Para el autor de Margarita, está linda la mar (Premio Alfaguara en 1998), "esa dimensión crítica la asumió Fuentes también como ciudadano", y ello le honra. "Fue uno de los últimos intelectuales que asumió esta responsabilidad de nunca callarse, un verdadero intransigente. Un libro suyo como Contra Bush así lo demuestra. Hoy, frente a esa negra historia de Guerrero, con los estudiantes desaparecidos o incinerados en un basurero, ya habríamos escuchado su voz frente a la barbarie incesante".

 

Igual que Fuentes fue profeta en su tierra y buceó en el pasado de su país, el epicentro de la obra de Ramírez es Nicaragua. Aunque la historia nicaragüense es "menos una epopeya y está más llena de fantoches, de traidores, de invasores extranjeros". Es una rueda "que gira de manera previsible, porque ya sabemos que se detendrá, echará para atrás y volverá a empezar", comenta. "Volveremos a ver a los mismos caudillos disfrazados de distinta manera según la época, pero esencialmente serán siempre los mismos, ambiciosos, mediocres, mentirosos, envueltos en la retórica, siempre repitiendo la palabra revolución y escupiéndola". Su "universo narrativo" es diferente al de Fuentes: "Una historia de escasos relámpagos y heroísmo solitarios".


Su compromiso político, como el de otros destacados poetas nicaragüenses —Ernesto Cardenal, Claribel Alegría, Gioconda Belli— acabó en desencanto. De dejarlo todo por la revolución y convertirse en vicepresidente de Nicaragua entre 1984 y 1990 como segundo de Daniel Ortega, Ramírez pasó a ser opositor y uno de sus críticos más destacados. Qué pasó lo resume con un viejo cuento que de pequeño escuchaba narrar a la cocinera de su casa en Masatepe. "Se llamaba El pájaro del dulce encanto, un bello pájaro de colorido plumaje que cuando alguien lograba agarrarlo se convertía en excremento. Eso es lo que pasó con el pájaro del dulce encanto de la revolución. Una decepción ética y un dolor que no cesa". Y se pregunta Ramírez, autor de Adiós muchachos, testimonio de aquella decepción: "¿Qué podríamos hacer sino escribir lo que vivimos?". A su juicio, Ortega "reencarnó una vez más en el caudillo que siempre existió" en Nicaragua, semejante al general José Santos Zelaya, cabeza de la revolución liberal de 1893, que "se envolvió siempre en una retórica revolucionaria y antimperialista, pero que pasó por encima de las instituciones y de las leyes que él había creado para quedarse en el poder".

 

En la ciudad de León se desarrollan dos de sus novelas emblemáticas, Margarita, está linda la mar, que tiene como trasfondo el atentado contra Somoza en 1956, y Castigo divino. Es una ciudad especial para él, pues en la Universidad Nacional de León estudió Derecho y se hizo revolucionario, aunque ahora no le invitan por razones políticas. "Este año iba a dar un taller literario en la Universidad cuando las fuerzas de choque que vigilan la pureza revolucionaria en las aulas dirigieron una carta al rector amenazando con violencia si me permitían la entrada", indica. Para él , el tiempo de la política y de tratar de transformar las cosas en Nicaragua se consuja en pasado. "Ese tiempo ya pasó. Para mí la causa del estado ruinoso en que se halla hoy Nicaragua, es que los jóvenes se han ausentado de la política como si huyeran de la peste. Y si los jóvenes no se hacen cargo, la ruina seguirá ahondándose. Son ellos los que deben asumir al país".


Prefiere hablar de literatura. Del actual panorama latinoamericano le interesa "la múltiple exploración de temas, la diversidad del lenguaje, la experimentación y el modo de enfocar los temas que nos cruzan: emigraciones forzadas hacia el sueño americano, carteles narcos, pandillas juveniles, la corrupción pública. Leo con mucha atención a los jóvenes y aprendo de ellos a no abandonar el sentido de la aventura en la escritura".

Publicado enCultura
Martes, 28 Octubre 2014 06:30

La Reina Roja

La Reina Roja

He entrado en Palenque con la reverencia que impone la majestad de estos templos milenarios en medio de la selva que parece pronta a abatirse sobre ellos y envolverlos en su abrazo devastador al menor parpadeo. Niños y ancianos disfrazados de chamanes con collares y túnicas blancas ofrecen baratijas y botellas de agua. El agua resulta ser una mercancía de primera necesidad, porque el calor húmedo pronto te empapa la ropa, y te abrasa.


El guía, que va delante de nuestros pasos con premura, porque en dos horas pretende mostrarnos todo lo que está permitido visitar, empieza sus explicaciones en la plazoleta frente al templo de la Reina Roja, que se levanta al lado del templo de las Inscripciones. Sobre la hierba verde se han sentado en ¬círculo, en posición de loto, unos turistas japoneses que oran siguiendo la voz acompasada de un maestro de yoga que recita un mantra.

Siempre desconfío de los guías pues suelen ser demasiado imaginativos, pero este, además, es evangélico convencido de la Iglesia del Verbo, y no desperdiciará ocasión de entremeter versículos de la Biblia en sus explicaciones, con impertinencia que acaba por ser divertida, porque también las adorna de ribetes esotéricos. Y su obsesión, como terminará siendo la mía, es la Reina Roja, a quien llama la Poderosa Maga.


En 1994, la joven arqueóloga Fanny López descubrió una puerta oculta al lado de la escalinata principal del entonces llamado templo XIII. A través de un dédalo de pasillos y habitaciones clausuradas adrede se llegaba al aposento mortuorio donde yacía la reina Tz'akbu Ajaw, esposa del rey Pakal el Grande, sepultada en 672 después de Cristo.

El hecho de que una mujer mereciera un sarcófago resulta extraño a los cánones de la cultura maya, pero eso explica más bien el gran poder que tuvo. Los esposos gobernaron juntos porque Pakal le cedió parte sustancial de sus atributos de mando. Ambos eran temidos por sus súbditos, sobre todo ella, por sus artes de hechicera. Quién temía a quién entre ambos, eso aún no se sabe. Pakal la sobrevivió, y está enterrado en el templo de las Inscripciones, al otro lado de la plazoleta.


Cuando levantaron la lápida del féretro de piedra de la Reina Roja, que no contaba con inscripción alguna para hacer más denso el secreto del destino de su cuerpo, los arqueólogos se encontraron con una osamenta teñida de rojo por causa del cinabrio con que el cadáver había sido cubierto para preservarlo de la corrupción. Del color de esta sustancia mineral altamente venenosa, compuesta de azufre y mercurio, provino el nombre que le dieron. El guía, con aire vindicativo, nos cuenta que los vapores letales del cinabrio harían, además, que quienes se atrevieran a profanar la tumba pagaran con sus vidas.

Encima del rostro tenía una máscara compuesta de más de un centenar de piezas de malaquita, con dos placas de obsidiana que simulan las pupilas, cuatro trozos de jadeíta que simulan los iris, dos conchas marinas a manera de orejeras, y encima una segunda máscara de jade; en la cabeza conservaba una diadema, símbolo de su poder, y múltiples collares en el cuello y pulseras en los brazos. En la tibia izquierda se había quedado prendido el capullo de una larva de avispa, tan milenaria como el propio cadáver.


En la cámara mortuoria había otros dos esqueletos. Hacia el poniente, el de un niño de entre ocho y 11 años, que habían sido decapitado, y hacia el oriente el de una mujer de entre 25 y 35 años, a la que habían sacado el corazón, parte ambos del cortejo que debía acompañarla en su viaje al reino de los muertos de Xibalbá.

Identificarla no fue fácil, porque el cinabrio había borrado toda huella de ADN de sus huesos, y los genetistas, antropólogos forenses, paleoarquélogos y bioarquéologos de México, Estados Unidos, Canadá y Europa que se ocuparon de ella por años, tuvieron que recurrir a la pulpa de sus piezas molares donde al fin hallaron señales de ADN mitocondrial, y así supieron por fin quién había sido.


Y hasta la FBI intervino: Karen Taylor, la más notable artista forense de las filas policiales del mundo, logró hacer una reconstrucción facial que mostró el asombroso parecido con el rostro de la Reina Roja tal como aparece en los frescos del templo de las Inscripciones donde se halla sepultado su esposo Pakal.


La Reina Roja tenía una estatura de 1.58 metros y pasaba los sesenta años al morir. La mandíbula del esqueleto muestra un acentuado prognatismo, que nos aparta de la idea de que hubiera sido bella, y ya sabemos que poder, magia y belleza no siempre van juntos. Padecía de sinusitis crónica, y de artritis degenerativa y osteoporosis en grado avanzado, de modo que estos males habrán contribuido a volverla contrahecha. La dentadura mostraba también que su patrón dietético despreciaba las carnes.

Por qué tanto poder, ensayo a preguntarle al guía, que abandona entonces su prédica evangélica solapada y me responde lo que antes ya ha insinuado: la magia. Ella no sólo fue reina, sino suma sacerdotisa, cuyos maleficios todos temían. Palenque era la ciudad de la serpiente, que representa la fuerza femenina, y ella hizo que la corte de Pakal se rigiera por la hechicería. La serpiente de 18 anillos que se enrosca representa la energía cósmica, en su eterno regreso a la tierra mística de donde salió. Ella encarnaba esa serpiente.


Un siglo después de la muerte de la Reina Roja, tras un periodo de guerras sangrientas por la sucesión del trono, sequías y hambrunas, Palenque fue abandonado, y entonces el abrazo cálido y feroz de la selva sepultó a la ciudad en el olvido. Y milenios después, si no es porque aquella joven arqueóloga dio con la puerta secreta de su tumba clausurada, nadie sabría hoy de la Reina Roja, de su sed de poder, de sus artes mágicas ni de sus ambiciones.


Nueva York, octubre de 2014

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Publicado enCultura
Martes, 14 Octubre 2014 21:34

100 años de impunidad

100 años de impunidad

¿Debimos esperar cien años para saber una extraña verdad sobre el asesinato de Rafael Uribe Uribe? Es absurdo, insólito, pero así ha sido. Si bien es cierto que desde el mismo momento del asesinato, el 15 de octubre de 1914 la sabiduría popular conocía quién estaba detrás del complot, y hubo la denuncia pública de estos maquinadores, como lo hizo el valiente periodista Marco Tulio Anzola Samper, la historia nacional se ha encargado de silenciar este terrible hecho. Ha sido demasiado densa la cortina de humo que tejida en torno al primer magnicidio que hubo en el siglo XX, el del general Uribe Uribe. Un magnicidio, que debido a la impunidad que sobrevino, dio paso a muchos más en el resto del siglo.

En esta borrasca formidable, la nueva novela de Philip Potdevin, pone fin a cien años de mutismo e impunidad. A veces es necesario llegar a la verdad histórica a través de la verdad literaria. La historia colombiana deberá ser revisada a partir de obras como ésta.

Esta novela se presenta en Bogotá este miércoles 15 de octubre, en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, a las 6 p.m. Carrera 19B No. 24-86. El comentario del libro estará a cargo del escritor manizaleño Octavio Escobar Giraldo.

 

1. ¿Cómo nació la idea para escribir En esta borrasca formidable?

Por los años 2004-2005 estaba cursando una maestría en Historia en la Universidad Javeriana, y al escoger un tema para la tesis de grado encontré uno que me llamó la atención poderosamente. En 1920 se dio en Bogotá un resonado debate entre intelectuales y científicos de la época. De una parte, estaban dos médicos conservadores y de extrema derecha, Miguel Jiménez López y Luis López de Mesa, ambos convencidos de que la raza colombiana estaba degenerada, y para demostrarlo recogieron una cantidad de estadísticas sobre la salud física, mental y hasta espiritual de los colombianos. El objetivo de aventurar semejante hipótesis no era otro que el de presentar un proyecto de ley en el congreso, del cual Jiménez López era senador, para que el gobierno impulsara la inmigración europea. Es decir, lo que pretendían era blanquear la raza a través de las tesis eugenésicas que hacía cincuenta años habían sido acogidas en el sur del continente. A esta tesis se opusieron intelectuales y médicos liberales como Lucas Caballero, Jorge Bejarano, Calixto Torres y Simon Araujo, todos hombres de gran prestigio en la época. Para estos, la solución no estaba en la inmigración masiva de europeos blancos sino en la higienización y educación de nuestros pueblos, en erradicar el vicio del chichismo y en dotar a las ciudades de agua potable y de sistemas de alcantarillado y de salud pública. Mi proyecto de tesis quedó en algún momento en suspenso y después de unos meses de quietud, este evolucionó en la idea de hacer una novela, dado el tema tan insólito (pero a la vez tan serio) que rodeó el debate.

 

2. ¿Qué te impulsó a construir esta "borrasca".

Ya con la idea de hacer una novela que partiera del hecho cierto del debate, había que dotarla de un universo narrativo, de personajes de novela y que se saliera del ámbito puramente histórico. Apareció entonces un personaje maravilloso, que se llama isidoro Amorocho, un joven deforme, descaderado y giboso que llega a la capital con una erudición y un conocimiento que deja perplejos a todos, en especial a los intelectuales. Isidoro, que se ha formado en un seminario antioqueño, de Santa Rosa de Osos, viene a retar a la academia bogotana en su propio terreno: el conocimiento universal. Pero el hecho de que su cuerpo sea deforme, degenerado, pone en grave riesgo la tesis de los médicos conservadores que defienden la hipótesis de una raza degenerada. Surge un complot entonces contra el propio Isidoro y en él se involucran las más altas esferas de la sociedad de la época, tanto las jerarquías eclesiásticas como las gubernamentales. De ese punto surgió el vínculo con la otra línea narrativa de la novela: la del atentado contra en general Uribe Uribe. En una serie de conversaciones que tuve con un gran amigo, uno de los más reputados historiadores y periodistas de la actualidad, él me puso sobre la pista de quiénes eran los verdaderos autores intelectuales del asesinato de Uribe Uribe. Apareció así una maravillosa oportunidad para incorporar en la novela este trascendental episodio histórico y develar, de una vez por todas, el misterio que ha rodeado su asesinato en los últimos cien años.

 

3. ¿Debimos esperar cien años para saber una extraña verdad sobre el asesinato de Uribe Uribe?

Es absurdo, insólito, pero así ha sido. Si bien es cierto que desde el mismo momento del asesinato, el 15 de octubre de 1914 la sabiduría popular conocía quién estaba detrás del complot, y hubo la denuncia publica de estos maquinadores, en especial a través del libro Quienes fueron: los verdaderos asesinos del General Uribe Uribe, del periodista Marco Tulio Anzola Samper, que devela casi en su integridad la patraña del complot, (libro publicado en 1917 y que hoy día está disponible para el publico en la Biblioteca Virtual el Banco de la República), la historia nacional se ha encargado de silenciar este terrible hecho. Ha sido demasiada densa la cortina de humo que se ha tejido en torno al primer magnicidio que hubo en el siglo XX, el del general Uribe Uribe. Un magnicidio, que dada su impunidad dio paso a muchos más en el resto del siglo.

 

4. ¿Galarza y Carvajal fueron apenas instrumentos de los autores intelectuales que, como siempre, quedaron en la oscuridad?
Si, Galarza Y Carvajal no eran más que dos sicarios pagados y mantenidos a cuerpo de rey dentro del Panóptico para comprar su silencio hasta el final de sus días. En la novela se parte de la investigación hecha por Anzola Samper y luego se avanza por otros medios para revelar todos los personajes que estaban detrás de Galarfza y Carvajal: entre ellos, el director de la Policia Nacional, el general Salomón Correal, el general conservador Pedro León Acosta, quien también estuvo involucrado en el atentado de Barro Colorado contra el general Rafael Reyes y su hija en 1906, los jesuitas e incluso más allá, más arriba, hasta llegar al vértice del complot, la persona más influyente y poderosa de la hegemonía conservadora, enemigo personal de Uribe Uribe y quien era la única persona en el país que podía echar a andar el complot.

 

5. El asesinato ocurrió en plena hegemonia conservadora. ¿Algo tuvieron que ver esos años aciagos del respectivo partido?

Si, por supuesto. La hegemonía conservadora y su gran aliado, la Iglesia Católica. Los conservadores habían llegado al poder durante la Regeneración de Nuñez, después de haber sido vencidos durante los gobiernos liberales de 1850 a 1880 bajo el liderazgo de grandes liberales como Tomás Cipriano de Mosquera, Aquileo Parra y Manuel Muriilo Toro. Al llegar Nuñez al poder y "voltearse" para el lado conservador, produce dos acontecimientos significativos: la entrega del poder a los conservadores y la restitución a la Iglesia todas la prebendas que había perdido entre los años 1850 y 1880, época en que las comunidades religiosas habían sido expropiadas y expulsadas del país. Para la década iniciada en 1910, ya la República Conservadora llevaba casi 30 años en el poder y los conservadores y los curas, junto con las comunidades eclesiásticas, no tenían la menor intención de aflojar ese dominio. Los liberales habían sido derrotados en la Guerra de los Mil Días, y habían sido apaciguados desde entonces con dádivas diplomáticas y pequeñas cuotas burocráticas en el gobierno. Entre los líderes liberales sólo había uno que tenía el carácter, el liderazgo, la capacidad y la decisión de restituir al Partido Liberal al poder y este era Rafael Uribe Uribe. En él convergían una serie de condiciones muy peculiares: masón, socialista, anticlerical, pro-sindicalista, y de avanzadas ideas liberales. Cada una de estas condiciones era de por si una amenaza suficiente tanto para el conservatismo como para la Iglesía, en especial para esta última que tenía el gran temor de ver llegar a Uribe Uribe al poder y ser víctima de nuevo de los hechos ocurridos en el pasado que ponían en peligro su permanencia en el país, la defensa de sus instituciones, así como sus bienes y privilegios. Por ello, Uribe Uribe era un enemigo a muerte de la hegemonía conservadora-católica. Había que hacerlo un lado, pero de manera definitiva.

 

6. ¿Qué razones esgrimieron los asesinos para acabar con la vida del caudillo?

Galarza y Carvajal se mantuvieron fieles a un móvil único. Dijeron que ellos eran liberales (lo cual era falso, en realidad eran agentes del gobierno conservador desde la época de la Guerra de los Mil Días y que Uribe Uribe se las había "volteado", con la elección de José Vicente Concha a mediados de 1914, y que ahora Uribe Uribe, en el gobierno, tenía una gran influencia en el Ministerio de Obras, y era quien había dado la orden de no dar trabajo a los liberales que no fuera de su facción, llamada "el bloque"; y que por tal motivo los dos, Galarza y Carvajal había perdido sus contratos con el ministerio para realizar obras de carpintería; y que por esa razón lo habían matado pues estaban pasando hambre.

 

7. ¿Qué fue lo más complicado en el proceso de investigación de la "borrasca"?

Todo trabajo de investigación histórica es un desafío. El trabajo de archivo hace al historiador y al novelista humilde, pues se ve enfrentado a múltiples fuentes, primarias y secundarias y debe encontrar, no sólo lo dicho, lo oculto y lo olvidado, sino lo no dicho, lo que ha sido ignorado, tergiversado o soslayado a propósito o con una segunda intención. Por eso el historiador inglés Hobsbawm afirma una verdad de a puño: "La historia no es lo preservado por la memoria popular, sino lo que ha sido seleccionado, escrito, trazado, popularizado e institucionalizado por aquellos que tienen finalmente la función de hacerlo." En mi doble función de historiador y novelista llegué a muchos callejones sin salida, en donde sencillamente no existen las fuentes primarias para llegar a la verdad con la claridad y la trasparencia que uno quisiera. Por ello, entonces debí cruzar hipótesis, ir más atrás en la historia de los hechos y entender las raíces y las causas de los odios y los temores que han acompañado a nuestra nación durante su historia, para entender de qué manera los líderes actuaron y cuáles fueron sus móviles y propósitos. Otra parte difícil, pero no por ello menos amena, fue el proceso de documentación de la vida y detalles de la Bogotá de 1920: los sitios de encuentro como los cafés, los clubes, los salones de los hoteles, los personajes que poblaban las tertulias, el trazado de la ciudad en esa época, los sistemas de transporte; todo fue un largo proceso de documentación que permitió situar la novela en un espacio y en un tiempo verosímil y muy exacto a la vez.


8. ¿Qué tiempo invertiste en la recopilación de datos, la redacción, revisión y finalmente la publicación?


Nueve años, desde el 2005 hasta unas pocas semanas antes de la publicación, en este mes de octubre del 2014, cuando se conmemora el centenario del asesinato del general Uribe Uribe.

 

9. La "borrasca" trata de decirle a la Historia que duró cien años en una cotinua equivocación?

Sí, exactamente. La borrasca esa esa tempestad de hechos, en los que nos hemos visto envueltos los colombianos desde hace mucho tiempo y que nosotros, por estar metidos en medio de ella, podemos perder la perspectiva de qué es lo que en realidad ha estado sucediendo, quiénes son los verdaderos protagonistas y autores de muchos hechos que suelen quedar apenas en la superficie. O si no, pregunto: de todos los magnicidios que ocurrieron en el siglo veinte, y del cual el de Uribe Uribe fue el primero, cuántos han sido esclarecidos de manera total y completa? ¿Gaitán, Galán, Pizarro, Pardo Leal, Jaramillo Ossa, Gómez Hurtado...? ¡Ninguno!

 

10. ¿Este es un libro únicamente para historiadores o para todos los colombianos que continúan con los de seguir conociendo la verdad de la historia?

No, no es un libro para historiadores Es un libro para el lector común, para el lector de novelas que le gustan las historias vertiginosas, las historias con muchos personajes, para el lector que en realidad no le interesa saber cuál es la delgada línea entre ficción e historia, sino que quiere saber qué va a pasar en el siguiente capítulo, que le interesa la historia contada, narrada, como una estructura de suspenso, de tensión, de intriga, de curiosidad, de buena factura creativa y literaria. Por supuesto que el lector con conocimientos de la historia se verá seducido, seguramente, con la precisión histórica; y, a este siempre le quedará flotando la duda de en qué momento el narrador hace uso de su prerrogativa creativa para traspasar esa, repito, delgada linea entre ficción y realidad. Lo que no debe quedar duda, es que la novela, pone los puntos sobre las íes del secreto mejor guardado de la historia nacional de los últimos cien años: el autor intelectual del complot contra Uribe Uribe.

 

11. ¿Estás preparando un libro similiar para no perder la memoria tan frágil que tenemos?

Si, ya está en cocina otro libro, sobre otros hechos históricos de nuestro país. Esta vez, unos acontecimientos sucedidos en Cali en 1932. Un crimen pasional que sacudió los estamentos de la sociedad vallecaucana y que luego tuvo un juicio de trascendencia nacional, pues el defensor del acusado, no era otro que Jorge Eliécer Gaitán, uno de los más famosos penalistas de lá época y que gracias a sus habilidades como abogado y orador logró sacar a su defendido libre de toda imputación.

Con mucho gusto.

Philip

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"El gobierno estadounidense ordenó asesinar al Che Guevara"

Este abogado neoyorquino intregra el Centro para los Derechos Constitucionales, una organización sin fines de lucro que litiga a favor de los derechos humanos, y escribió junto con Michael Ratner este libro basado en los documentos que obtuvo de la CIA.

Por Silvina Friera


La batalla contra la manipulación de la información, el ocultamiento y la falsificación continúa. "Las manos limpias", ahora se puede comprobar con la documentación apabullante desplegada en ¿Quién mató al Che? (Paidós), de Michael Ratner y Michael Steven Smith, están manchadas de sangre. "Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado." Esta frase de George Orwell ilustra la práctica de la "negación plausible", una forma de sistematizar la mentira a la que apeló la CIA (Agencia Central de Inteligencia) para desligarse del asesinato del Che Guevara en Bolivia, el 9 de octubre de 1967. La versión inicial de su muerte, tal como la presentaron los militares bolivianos, fue que había muerto en medio de la batalla. Luego se supo que había caído prisionero y había sido fusilado. El presidente Lyndon Johnson afirmó que la orden de matarlo había sido emitida por el alto mando del gobierno boliviano y no por los Estados Unidos. Smith, abogado neoyorquino que integra el Centro para los Derechos Constitucionales, una organización sin fines de lucro que litiga a favor de los derechos humanos, plantea que "los documentos incluidos en el libro muestran que el gobierno estadounidense dio la orden directa de asesinar al Che"

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Hace muchos años, Ratner, abogado especializado en derechos humanos y ex presidente del Centro para los Derechos Constitucionales, le solicitó al gobierno estadounidense, en virtud de la Ley de Libertad de Información, todos los documentos sobre el Che Guevara que tienen el FBI, la CIA, el Departamento de Defensa y la Casa Blanca. Luego de algunos años recibió una caja enorme del FBI. Smith y Ratner leyeron juntos todo ese material y en 1997 publicaron El Che Guevara y el FBI: el expediente de la policía política estadounidense sobre el revolucionario latinoamericano. "Cuando menos lo esperábamos, después de diez años, llegó otra vez una enorme caja con más documentos de la CIA, de la Casa Blanca y el Departamento de Defensa –cuenta Smith a Página/12–. Pudimos comprobar que el Che fue asesinado por la CIA con la colaboración de su Estado cliente de Bolivia, la dictadura militar de René Barrientos. En la década del '60, los líderes del ejército boliviano habían sido entrenados en la Escuela de las Américas en Panamá, sarcásticamente conocida como 'la escuela de los golpes'."


La pasión de Smith por demostrar que no fue un crimen común y corriente es quijotesca. "La Revolución Cubana fue una victoria del pueblo al tomar el control de su propia economía; fue el Che Guevara quien escribió la Ley de Reforma Agraria. La tierra en Cuba era mayoritariamente propiedad de las corporaciones estadounidenses. El pueblo de Cuba, conforme al derecho internacional, nacionalizó esas tierras y le ofreció pagarles a los estadounidenses lo que ellos decían que esa tierra valía, según los impuestos que pagaban. Pero los estadounidenses dijeron que no y como propietarios de las refinerías de petróleo se rehusaron a refinar petróleo; entonces el pueblo cubano no tenía energía y esto amenazó la estabilidad de su economía. Por eso el gobierno cubano nacionalizó las refinerías de petróleo, las minas de níquel y las compañías telefónicas y esto fue lo que se convirtió en la Revolución Cubana. El gobierno estadounidense intentó aislar a Cuba y aquellos países de América latina que se resistieron a Estados Unidos pagaron un precio muy alto", explica este abogado que vive en Nueva York junto a su esposa Debby y su loro hablador Charlie Parker. Smith tenía 25 años aquel 9 de octubre de 1967 en que mataron al Che; estaba cursando Derecho en la Universidad de Wisconsin. "Apoyé y apoyo la Revolución Cubana –afirma–. A diferencia de los partidos comunistas tradicionales que estaban alineados con Moscú, que practicaban la coexistencia pacífica y colaboraban con el imperialismo, el Che era un internacionalista que comprendió que el imperialismo tenía que ser resistido y derrotado. Su ejemplo continúa siendo una inspiración para muchos jóvenes que quieren un mundo mejor."

–¿Cuál es el precio que pagaron aquellos países de América latina que intentaron resistir las políticas de los Estados Unidos?


–En Bolivia, en 1964, el gobierno democrático de Víctor Paz Estenssoro fue derrocado por el golpe de René Barrientos; luego sufrieron golpes Brasil, Uruguay, Chile y finalmente la Argentina en 1976. El gobierno cubano intentó defenderse al extender la Revolución Cubana. Eso es lo que estaba haciendo el Che en Bolivia. Como los guerrilleros en la Sierra Maestra pudieron derrocar a la dictadura de (Fulgencio) Batista, respaldada por los Estados Unidos, el Che pensó que la Cordillera de los Andes sería la Sierra Maestra de Bolivia y que la revolución se diseminaría a Chile, la Argentina y así sucesivamente. El Che eligió Bolivia porque era el gobierno más inestable de Latinoamérica, con un ejército muy débil que no tenía servicio de inteligencia. La CIA lo estaba buscando hasta que en mayo del '67, cuando supieron dónde estaba, un agente de la CIA, Gustavo Villoldo, voló a La Paz, donde se encontró con Barrientos y le dijo: "Cuando atrapes al Che, queremos que lo maten". Barrientos le dio su palabra: "Cuando lo capturemos, vamos a ejecutarlo". En el contexto histórico de fines de la década del '60, el asesinato del Che era el gran negocio de la CIA.

–¿Por qué?

–Estados Unidos participó de los asesinatos o intentos de asesinatos de Kim Koo, líder coreano de la oposición; Sukarno, presidente de Indonesia; Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto (1957); José Figueres, presidente de Costa Rica (en los años '50 y '60); Patrice Lumumba, primer ministro del Congo, entre otros. También intentó asesinar al Che Guevara anteriormente y por supuesto a Fidel Castro. En 1962, la CIA arregló con Johnny Rosselli, uno de los líderes de la mafia de Chicago, envenenar al Che. Le dieron píldoras de veneno a un contrarrevolucionario cubano que estaba en Miami, pero el intento falló. A Félix Rodríguez, uno de los agentes de la CIA que fue entrevistado por el Congreso estadounidense, se le hizo la siguiente pregunta: "¿Es verdad que intentó asesinar a Fidel Castro con un cigarrillo explosivo?". Rodríguez respondió: "No, intenté matar a ese hijo de puta con un rifle de alto calibre". Cuando supieron que el Che estaba en Bolivia, no sólo Gustavo Villoldo se reunió con Barrientos, sino que una cantidad de oficiales de alto rango viajó a Bolivia para arreglar un entrenamiento para los militares bolivianos, de hecho firmaron un documento llamado "Memorándum de entendimiento", que está incluido en el libro. El contrato requería que Bolivia proporcionara un lugar para entrenar a los soldados y los Estados Unidos tenían que hacer el resto. Viajaron hasta Bolivia 19 boinas verdes con experiencia en contrainsurgencia en Vietnam para entrenar al 2º Batallón de Rangers del Ejército Boliviano, que fue el batallón responsable de rodear y capturar al Che hace 47 años. Rodríguez se regocija de haber dicho que fue él quien encontró al Che. El y Gustavo Villoldo se vistieron con uniformes del ejército boliviano y estuvieron en la búsqueda del Che junto con los soldados bolivianos. Cuando el Che fue herido y desarmado, se lo llevó a una pequeña escuela en el pueblo de La Higuera. Rodríguez intentó interrogarlo, pero el Che no quiso. Al día siguiente, la promesa que Barrientos le había hecho a Villoldo fue ejecutada.


–¿Cómo explica que el gobierno de Estados Unidos nunca admitió públicamente que había asesinado al Che?

–El pretexto que utilizaba era que en el ojo de la opinión pública debían tener las manos limpias y ningún tipo de responsabilidad. No quería que se los conociera como un gobierno que practicaba y ejecutaba asesinatos. Cuando la CIA se estableció por primera vez en 1947, su misión era proporcionar servicios de inteligencia al presidente. Al año siguiente, se convirtió en una organización paramilitar que quebraba la ley, pero tenía que hacerlo en silencio. Desarrollaron un concepto que ellos llamaban "negación plausible", un término orwelliano. El Comité Church, que intentaba investigar los asesinatos cometidos por la CIA, le preguntó a Richards Helms, que fue líder de la CIA, si alguna vez le dijeron al presidente lo que hacían. Y Helms contestó que no, que nunca, que no querían poner al presidente en una situación embarazosa. Un crimen de guerra, como fue el crimen del Che, no prescribe. A diferencia de otros actos ilegales, no hay límite en el tiempo en que un asesino puede ser enjuiciado; en virtud de la ley el asesino no es el único responsable. También son responsables las personas que ordenaron el asesinato del Che y las personas que lo encubrieron. Si se cumpliera la ley en Estados Unidos, Gustavo Villoldo y Félix Rodríguez serían procesados, enjuiciados y si se los declarara culpables, estarían en prisión. La CIA mantenía en secreto los asesinatos. Ahora justamente no es el caso.

–¿A qué se refiere?


–La CIA abiertamente afirma que asesina a personas que ellos denominan "terroristas". A veces usan aviones no tripulados para cometer estos asesinatos; hay jóvenes que manejan estos aviones a control remoto en una base que está afuera de Las Vegas, jóvenes que son muy buenos con los videojuegos. Todos los martes el líder de la CIA se encuentra con el presidente (Barack) Obama en la Casa Blanca y revisan una lista de personas que ellos consideran que deben asesinar. Tienen unas tarjetas con el nombre de cada persona, fotografías y una pequeña biografía. Estos encuentros se conocen como "los martes de terror". Mi organización, el Centro para Derechos Constitucionales, inició un juicio en nombre de Anwar al Awlaki, cuyo hijo adolescente, ciudadano estadounidense de origen musulmán, estaba entre los objetivos de la CIA, pero hasta ese entonces no lo habían encontrado. Iniciamos un juicio para limitar a la CIA y que no mate al hijo, el juez no entendió en esta causa y la CIA asesinó al hijo. Esto muestra qué tan lejos ha llegado los Estados Unidos en la violación del imperio de la ley.


–¿En qué sentido cree que el Che sigue siendo una inspiración?


–El Che permanece vivo en las nuevas políticas de independencia y solidaridad de Latinoamérica. El ejemplo más reciente ocurrió en Ginebra cuando el canciller Héctor Timerman pronunció un discurso en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en el que condenó a los Estados Unidos por su actividad predatoria en cuanto a los fondos buitre. En ese Consejo, 30 de los 35 países respaldaron a la Argentina. El canciller Timerman dijo que es un asunto de derechos humanos porque los fondos buitre están atentando contra las escuelas y los hospitales, que están creando inestabilidad y violencia. Los representantes estadounidenses dijeron que los derechos humanos no tienen nada que ver con la deuda soberana. Tengo una historia muy graciosa para ilustrar la arrogancia estadounidense. La CIA siguió al Che desde que se encontraba en Guatemala, antes de la Revolución Cubana. Cuando abrieron el expediente que se convirtió en el más grande de la historia que tienen en la CIA, lo siguieron de México a Cuba y hasta Bolivia. Cuando estaba en la Sierra Maestra en 1956, la CIA infiltró un agente en el campamento del Che que durmió en la misma carpa donde durmió el Che, y lo observó durante una semana. Tenemos el documento que escribió para la CIA. El informó que el Che tenía mal olor, que fumaba cigarros y que todas las noches les leía libros de literatura a sus hombres y que parecía "bastante inteligente para ser latino"...

–¿Es difícil para usted defender los derechos humanos en Estados Unidos cuando los sucesivos gobiernos de su país han violado sistemáticamente los derechos humanos?

–Sí, es muy difícil. Desde el 11 de septiembre (de 2001), el imperio de la ley ha estado subordinado a las órdenes del presidente como jefe del ejército. Establecieron un área sin ningún tipo de legislación en Guantánamo, donde los hombres que están allí todavía no han sido acusados de ningún crimen ni tampoco se los ha sometido a ningún tipo de juicios. Todos los juicios que el Centro para los Derechos Constitucionales ha iniciado para restaurar el imperio de la ley han sido perdidos. La ironía es que Estados Unidos sigue utilizando la premisa de los derechos humanos y se presenta como el único país del mundo que defiende los derechos humanos, aunque constantemente los está violando. El presidente Obama está inmerso en la séptima guerra en seis años y ninguna de ellas ha sido votada por el Congreso estadounidense, con la posible excepción de la guerra contra Afganistán. Pero las cosas están cambiando.

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–¿Qué es lo que está cambiando?

–La teoría de que el capitalismo es el único sistema que puede proporcionar una mejor calidad de vida y que es el único compatible con la democracia no es verdad y cada vez más personas se están dando cuenta de esto. La última prueba es una encuesta de opinión pública, realizada hace tres años por Pew (Pew Research Center), que reveló que el 49 por ciento de los jóvenes menores de 30 años tiene una reacción favorable a la palabra socialismo. Están comenzando a entender que el capitalismo no funciona para ellos. Que funciona para el uno por ciento de la población más rica, pero no para el resto

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Viernes, 10 Octubre 2014 15:36

En el país de la memoria

En el país de la memoria


Mide casi dos metros, pero nadie lo veía como candidato al Nobel. Patrick Modiano, con sus novelas sobre la identidad de las personas y la amnesia de la historia, parece candidato a ser uno de esos escritores que el Nobel despierta y los lectores agradecen.

 

 

El escritor francés no figuraba ni a placé en el sitio de apuestas Ladbrokes para el Nobel, donde hace semanas estaba instalado como inamovible favorito el keniano Ngugi wa Thiong'o, y tallaban la bielorrusa Svetlana Alexievich, Haruki Murakami, Joyce Carol Oates y Philip Roth en opción estadounidense, o el poeta sirio Adonais (mi candidato posible, dado que en mi corazón persiste el portugués Lobo Antunes).


Aunque imprevisto, Patrick Modiano no es un Nobel exótico por el que habrá que esperar que lleguen las traducciones en sellos heroicos de la industria editorial española. Premio Goncourt en 1978, Modiano estaba algo lejos de los reflectores, menos comentado quizá que Pascal Quignard, su compañero de generación y según versiones olvidado en Suecia, donde hace años que no era traducido al idioma de premiación. En Montevideo, en cambio, sus libros están disponibles en la colección Narrativas de Anagrama, y la página de Gussi, su distribuidor, muestra nueve títulos del francés entre los que destaca su Trilogía de la ocupación, las clásicas Calle de las tiendas oscuras (que le dio el Goncourt) y En el café de la juventud perdida y la más reciente La hierba de las noches (2012).


Los caminos del Nobel no son insondables. Se me hace que este premio, que para algunos desequilibra la balanza de rotación en favor de Francia, tiene también sus razones de estrategia geopolítica y no evita aquella polémica disposición del testamento de Alfred Nobel que explícitamente mandataba premiar una literatura que fuese "idealista" y aportase algo a los hombres. Es posible que este premio tenga sus sondables razones como un premio que responde a una Europa en crisis, habitada por el miedo y con rebrotes xenófobos.


HABLA MEMORIA

 

Patrick Modiano nació, como predestinado a lo que habría de escribir obsesivamente, en 1945. Fue un hijo de la posguerra, un babyboomer. Su apellido denuncia el origen italiano de Módena, de donde llegaron sus ancestros, pero fue por su condición de judío que su padre debió esconderse para evitar ser enviado a los campos. Por "revelar el universo de la ocupación" a través "de un arte de la memoria capaz de evocar los más ina-sibles destinos humanos", argumentó el comité de la Academia Sueca, recuperando una memoria para Europa. Modiano "es el poeta de la ocupación y la voz de los desaparecidos", dice con felicidad Rupert Thomson en el Guardian.


En Calle de las tiendas oscuras la acción se ubica en los años sesenta y el protagonista, Jean, reiterado álter ego del autor, es un detective amnésico que busca conocer su pasado. Sus investigaciones lo llevan al tiempo de la ocupación y al gran trauma moral del colaboracionismo. Modiano parece haber necesitado siempre de una perspectiva histórica para su literatura, y esa mirada al pasado es lo que paradójicamente le da actualidad. Trabaja el pasado como un secreto que se resiste a ser entregado. En 2009 respondía sobre el ocultamiento histórico de los hechos: "Francia ha tenido tabúes sobre la ocupación nazi y la guerra de Argelia, básicamente. Lo que me impresiona siempre es que esos tabúes históricos los encontramos reproducidos a pequeña escala, en las vidas individuales, en los casos concretos de la gente que olvida aspectos de su biografía. Y sin llegar a la amnesia, si usted pregunta a alguien por su pasado, lo va a transformar sin darse cuenta. Esos falsos testimonios me fascinan. Es novelesco, es novela negra. El novelista es un detective". En la novela hay un pianista que, al estilo de Casablanca, toca "Que reste-t-il de nos amours?", una canción que hace la pregunta que la novela busca responder. La pregunta histórica se superpone a la personal. Modiano dedicó la novela a su padre porque al terminarla supo que había muerto y ya hacía diez años que no sabía nada de él. El ajuste de cuentas con el padre lo hizo el autor en Un pedigrí, una memoria autobiográfica sobre su infancia y primera juventud que publicó en 2005 y está también disponible en Uruguay. Cuenta la muerte de su hermano Rudy, dos años menor y que murió apenas con 10. A Rudy le dedicó cada uno de sus ocho primeros libros. Confiesa que, aunque lo que cuenta en esa breve memoria está disperso en sus otros libros como ficción, precisó que transcurriesen cuarenta años para poder hablar de esa intimidad y que pudo hacerlo cuando ya esos recuerdos no precisaban ser resguardados y lo que contaba era ya la vida de otro, y pudo contarla con una piedad que no necesitaba excusas. El premio ha resucitado de los archivos de los periódicos franceses la anécdota de cuando un Patrick Modiano de 18 años falsificó su carné de identidad para poder pasearse libremente en las noches parisinas. Con sagacidad, el periodista de L'Express postula que más que para pasar por mayor de edad, la verdadera razón estuvo en darse a sí mismo la edad de Rudy, el hermano, y anular así su muerte y vivir con y por él.


UNA TRADICIÓN

 

Si su padre marca su literatura desde la ausencia, hay un padre elegido en el universo Modiano: Raymond Queneau, el poeta, matemático y escritor vanguardista del Oulipo que lo amparó en su carrera literaria. Queneau lo conoció en el liceo Henri IV, un centro de enseñanza media productor de elites, y se hicieron amigos. Fue su testigo de casamiento y quien lo presentó a Gallimard cuando editó su primera novela. En el consagratorio Cahier de l'Herne que se le dedicó en 2012 se publicaron algunas cartas de Queneau; en una, de cuando le salió de testigo, le comenta a su esposa divertido que por la novia sale de testigo uno que lleva el nombre de André Malraux. Lo que es exacto y revela ese otro pedigrí cultural del autor. Como escritor de la memoria no es raro que Modiano reivindique a Proust, a quien dedicó un ensayo llamándolo "Mártir literario", pero en una lista más amplia de sus diez libros favoritos, la tradición se ensancha a otras lenguas e incluye al Dickens de Grandes esperanzas, el Mann de La montaña mágica, el Lowry de Bajo el volcán, presididos, eso sí, por un clásico francés, Tristán e Isolda. Más recientemente declaró su admiración por Peter Handke, un nobelizable a quien condena su posición favorable a Serbia cuando la guerra de los Balcanes. La lista de afinidades electivas debe completarse con cierta afición al policial. Previniendo deserciones, Eric Sarner, el escritor francés radicado en Uruguay y traductor de Idea Vilariño, celebró en Facebook un poco provocativamente el hecho de que el nuevo Nobel no sea "un experimentador de la prosa". Modiano explica por qué prefiere escribir sus historias lejos del barroquismo verbal y en una prosa directa y de frases breves: "porque para dar esa impresión de un sueño interrumpido, en el que entra alguien por sorpresa, necesito frases muy concretas, al igual que en algunos cuadros surrealistas, como los de Magritte, todo es muy preciso pero la impresión global es de sueño". También va en ese sentido su apego al policial: "los policiales me interesan como formas abstractas, por algo se los filma en blanco y negro". Casi todo en Modiano es un artificio que se confunde con lo real. Es el gran escritor actual de París, se ha escrito, pero de un París, dice él, "que ya no existe sino en mi memoria", el de su juventud.


Su mundo está hecho de identidades inciertas e historias ocultas. Sus libros son rompecabezas para armar pero también elegías, porque esos puzles raramente se arman, comparte con la novela negra la fascinación por el misterio, pero no tiene fe en que sea posible encontrar una solución.


Seguramente ocurra con otros muchos lugares en el mundo, pero es seguro que historias como la que cuenta en Dora Bruder sobre el caso real de una chica de 15 años, desaparecida y enviada a Auschwitz, o la escucha del pasado que otros no quieren oír, encuentre interés en lectores que han pasado por la experiencia de las dictaduras del Cono Sur. Es probable que un escritor que es definido como un "arqueólogo del pasado" y que crea personajes acuciados por entender quiénes son y quiénes han sido, tenga algo que decirnos.

 


 

Buscando al viejo hombre nuevo


Una escritora bielorrusa –cuyo nombre estuvo hasta ayer entre los favoritos a ganar el Nobel de Literatura 2014– recorrió la antigua Urss con un grabador. Buscaba un retrato hablado del hombre soviético. El resultado es un híbrido entre la antropología y la literatura. Puro periodismo.

 

"Seremos como el Che", dicen, todavía, los niños cubanos al recibir su pañuelo de pioneros en el patio de una escuela. Son los restos de un naufragio que el mar ha dejado en la playa. El naufragio de un intento que recorrió el mundo desde aquel primer cañonazo del crucero Aurora en el Petrogrado de 1917. El intento ya no de crear un nuevo sistema político o una sociedad de nuevo tipo, sino el hercúleo –y herético– intento de crear un hombre nuevo: altruista y forjado como el acero para construir y sostener un mundo más justo. Un intento que revelaría su imposibilidad y daría lugar a su parodia: el "Homo sovieticus", indiferente y apegado a la ley del menor esfuerzo.


Ahora que el principal impulsor de la utopía de un humano de nuevo tipo, León Trotsky, yace en una tumba mexicana después de que un agente de Stalin le partiera el cráneo con una piqueta de alpinista; ahora que el escritor disidente que acuñó la parodia, Aleksandr Zinóviev, al ver en qué se había convertido su país tras la caída de la Unión Soviética (Urss) pasó los últimos años de su vida en luna de miel con el neocomunismo, volviéndose un activista contra la occidentalización del abatido gigante; ahora entonces, a semanas del cuarto de siglo de la caída del muro de Berlín, ¿qué ha quedado de ese hombre nuevo y su parodia?


O de la mezcla de ambos, los verdaderos hombres y mujeres que crecieron en el corto siglo soviético.


Esa pregunta se la hizo la escritora bielorrusa Svetlana Alexievitch, y para contestarla realizó una investigación literaria con mucho de eso que en periodismo se conoce como "gran reportaje". Tal vez la nueva aparición de su nombre entre los favoritos a ganar el Nobel de literatura motive a los editores de habla hispana a pagar por la traducción del libro resultante. Por ahora sólo disponemos de su versión en francés, La fin de l'homme rouge. Ou le temps du desenchantement (El fin del hombre rojo. O el tiempo del desencanto), traducción del título original en ruso que, de manera literal, sería "Tiempos second hand. El fin del hombre rojo".


Mucho les dice ese "second hand" a los que vivían detrás de la cortina de hierro. La promesa del fin de los escaparates vacíos que todos esperaron con esperanza después de 1991 se transformó demasiado pronto en la realidad del consumo para unos pocos. La gran mayoría debió conformarse con la ropa usada de segunda mano, y las tiendas de second hand se reprodujeron como hongos en el antiguo campo socialista.


Entrevistada en marzo de este año por la periodista española Pilar Bonet, la autora bielorrusa opinó que el "hombre soviético", producto del plan para transformar la naturaleza humana en el laboratorio del marxismo-leninismo, sigue existiendo en Rusia, Bielorrusia, Turkmenistán, Ucrania, Kazajistán, y el resto del territorio de lo que fue la Urss. "Creo que conozco a este hombre, que lo conozco muy bien, que he vivido con él muchos años. Él soy yo, yo y mis conocidos, amigos, padres (...). Ahora vivimos en distintos estados, hablamos en distintas lenguas, pero no nos puedes confundir con nadie. Nos reconocerás enseguida. Somos la gente del socialismo, iguales y diferentes del resto de la gente, tenemos nuestro léxico, nuestras ideas del bien y del mal, de los héroes y los mártires, tenemos una relación particular con la muerte (...) estamos llenos de envidia y de prejuicios. Venimos de allí donde existió el Gulag...", escribió Alexievitch en el segmento del prólogo de su libro que cita Bonet en su artículo de El País de Madrid.


LA GRAN DEPRESIÓN

 

El desafío –destaca Bonet– de reconciliarse con la pérdida del gran proyecto que supuso la Urss, y de pasar de la "gran historia" a la "existencia individual", ha sido un golpe cultural que no siempre fue resuelto de la mejor manera. Alexievitch atribuye la abundancia de suicidas a la incapacidad de resolverlo, de reciclar para la paz lo que la bielorrusa llama una psicología de la guerra ("Somos guerreros. O luchamos o nos preparamos para la guerra. Nunca vivimos de otro modo. De ahí la psicología de guerra"), Guerra Fría, pero guerra al fin. Por eso la generación del poeta Evgueni Evtushenko, la de quienes habían sido evacuados a las aldeas siberianas durante la Segunda Guerra Mundial, creció con la sensación de haber "nacido tarde". Listos desde niños para la alarma antiaérea y para transformar las estaciones de metro en refugios antinucleares, no estaban preparados para lo que verdaderamente terminó ocurriendo.


Esa abundancia de suicidios ya había sido detectada por los expertos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), que en 1999 habían registrado cómo un número creciente de ex soviéticos se quitaban la vida al verse sumergidos en la pobreza, literalmente de la noche a la mañana. Téngase en cuenta que en 1989 quienes vivían con menos de cuatro dólares por día en el campo socialista eran 14 millones, pero a mediados de los noventa esa cifra se había multiplicado por diez, llegando a 142 millones de personas en los mismos países. Eso, sumado al corte de la mayor parte de los beneficios sociales y el final de la seguridad del "trabajo para toda la vida", dio por resultado un panorama económico de la "primera década de libertad" que el Banco Mundial comparó con la Gran Depresión de los años treinta en Estados Unidos. La diferencia fue que la pérdida en el nivel de producción en la ex Urss fue el doble que la que sufrió Estados Unidos tras el derrumbe de Wall Street de 1929; y en algunas repúblicas ex soviéticas, como Georgia, se perdió casi el triple.


COCINAS LABORATORIO

 

El impacto de esos números en la lectura que las personas hacen de su propia vida (pero no solamente de esos números, también de lo que no puede medirse) es el centro de la investigación literaria de Svetlana Alexievitch.

 

En sus páginas hay algunas joyas. Como el fragmento de la generación de las cocinas. Si para Occidente la del 68 fue la generación de las luchas estudiantiles en las calles, para los soviéticos fue la generación de las cocinas. En la década del 60, cuenta Alexievitch, comenzó a masificarse la vivienda individual y los soviéticos pudieron dejar la cocina comunitaria y tener su propio lugar para preparar los alimentos. "La cocina para nosotros no fue entonces solamente un lugar de nutrición, era también un lugar de trabajo y una tribuna. Ahí uno podía criticar al poder, escuchar a la Bbc. En las cocinas nació la Perestroika. Pero no sólo. ¡Las ideas y proyectos fantásticos que nacieron en las cocinas! Ahí pasábamos nuestro tiempo bebiendo té, café, vodka. Y en los setenta ron cubano. Todos adorábamos a Fidel Castro. La revolución cubana. El Che con su boina. Una verdadera vedette de Hollywood. No dejábamos de parlotear. Y en lo mejor de la conversación siempre había alguien que miraba la llave de luz o el enchufe y preguntaba '¿Comprendió, camarada general?'. Esa sensación de riesgo... era como un juego. Sólo unos pocos se rebelaron abiertamente. La mayoría de nosotros éramos 'disidentes de cocina'."


Entonces llegó 1991. Y de las cocinas salieron a las calles. Sólo para comprender, registra Alexievitch en su testimonio coral, que si no tenías dinero no eras nadie. "La democracia era un animal que nos resultaba totalmente desconocido. No éramos antisoviéticos. Sólo queríamos una vida mejor. Poder comprar bluejeans, un video, y el sueño mayor, un automóvil. Todos queríamos usar vestimenta de colores y comer buenas cosas."
La imposibilidad de ese sueño volvió a muchos contra aquel que lo había alimentado. Enseguida del testimonio anterior, en contrapunto, el trabajo casi antropológico de Alexievitch en su libro hace surgir otra voz: "Gorbachov nos ha traicionado. Sí, nosotros hacíamos cola para conseguir pollos que azuleaban y papas podridas, pero esta era mi patria. Y yo la amaba. Era un gran país. Rusia siempre ha sido un enemigo temido por Occidente. Teníamos una civilización sin trapos y sin mercachifles. La civilización soviética. Tarde o temprano Gorbachov será juzgado. Espero que ese Judas viva largo tiempo para conocer la cólera del pueblo. En vez de una patria, ahora tenemos un inmenso supermercado".


El Washington Post reconoció recientemente que este sentimiento anti Gorbachov está muy extendido en Rusia, "especialmente entre los más ancianos y pobres". Una afirmación consistente con el estudio del Centro Yuriy Levada, que detectó que el 85 por ciento de los jubilados y el 79 por ciento de los ciudadanos de bajos ingresos preferirían que la Urss no se hubiera disuelto, opinión que en la media de la población era del 60 por ciento. Tanto es así que en los días posteriores a la anexión de Crimea, en marzo de este año, un grupo de legisladores oficialistas presentó una querella contra el padre de la Perestroika. Lo acusan por la de-sintegración de la Urss y por no haber respetado un referéndum en el cual la mayoría de la población soviética votó en contra de esa medida. El actual mandatario, Vladimir Putin, sin embargo, no se ha mostrado particularmente entusiasta con un eventual encarcelamiento del último premier soviético.


REVIVAL

 

Luego de la crisis de Crimea se produjeron las declaraciones de independencia de otras dos regiones que pertenecían a Ucrania, Lugansk y Donetsk, fronterizas con Rusia, dando lugar a una corta pero intensa guerra civil que llevó al límite las tensiones entre Washington y Moscú.
En los reportes periodísticos desde la zona de combates era frecuente ver banderas con hoces y martillos entre una variada simbología soviética en el bando separatista. Sus manifestaciones al pie de las estatuas de Lenin y su discurso profundamente antioccidental dieron al conflicto un aire de los años de la Guerra Fría.


Quizás el episodio más emblemático de ese regreso al pasado fue la resurrección de un tanque.


En junio se conoció la noticia –y se pudo ver el video en Youtube– de que un IS-3 de la Segunda Guerra Mundial, que estaba congelado como monumento en una plaza en la ciudad de Kostiantynivka, fue bajado de su pedestal, se lo hizo arrancar, y se lo puso nuevamente en servicio. Eso no sería nada si no se le hubiera pintado en el blindaje el nombre de Josip Stalin.
Así bautizado, el carro de combate volvió a disparar sus proyectiles de 122 milímetros, ya no contra los blindados alemanes pero –rizando un poco más el rizo– contra un ejército de Ucrania de sospechosas simpatías hacia la corta temporada en que los nazis fueron dueños del país.


Cuando debieron retirarse hacia sus últimos dos bastiones, los separatistas se llevaron su tanque. Y cuando lograron cambiar el curso de la guerra –según Kiev con apoyo militar ruso– y poner en desbandada a los ucranianos empujándolos hacia el Mar de Azov, volvieron a llevarlo como su arma talismán.


El nombre dado al tanque se suma a otros episodios, como los trolley decorados con la imagen de Stalin en varias ciudades de provincia, o la peculiar casualidad de que justo la manzana de la casa natal del ex hombre fuerte del Kremlin haya quedado intacta durante la guerra relámpago de Georgia (se dice que por expreso mandato de Putin).


Cuando Pilar Bonet le pregunta por el peso de la figura de Stalin en la memoria de los protagonistas de su libro El fin del hombre rojo..., Svetlana Alexievitch responde con dos palabras: "Está vivo".


INFANCIA PERDIDA

 

En su poema "Adiós, bandera roja nuestra", Evtushenko entreteje reclamos y compasión por su vieja patria. Una bandera que, "como una cortina roja", ocultaba tras de sí "al Gulag repleto de cadáveres helados".


En la estrofa final el poeta, que habla en nombre de quienes "nacimos en un país que ya no existe", un poeta que no es "lo que llamarías un comunista", refleja la nostalgia que Svetlana Alexievitch encontró en la mayor parte de sus testimonios. La nostalgia por el mundo de la infancia. Por esa porción perdida de paraíso. Porque "en aquella Atlántida estuvimos vivos y fuimos amados".


Lo mismo opina otra escritora, Zhanna Sribnaya, de 37 años. "Todos tenemos una cierta nostalgia de la Urss, en especial cuando miramos hacia nuestra infancia. Tiempos felices en los que un helado costaba siete kopeks y todo el mundo podía ir en verano a las playas del Mar Negro con los campamentos de pioneros. Ahora sólo la gente con dinero puede tomar esas vacaciones."


Entre quienes más han escrito sobre lo que significa haber vivido la niñez en la era soviética se destaca en primer lugar Zajar Prilepin, a quien la revista Newsweek considera "probablemente el escritor más importante de la Rusia actual". Nacido en 1975, ganó en 2008 el premio al mejor libro ruso con Pecado, donde aborda la realidad pos Perestroika, novela que en 2011 le dio el premio a la mejor obra en prosa de la década anterior.


"La enfermera corría detrás de mí para ponerme una vacuna, la vecina me cuidaba cuando era pequeño sin pedirles a mis padres dinero a cambio, la bibliotecaria me miraba de vez en cuando para decirme que había venido Elektronik (el personaje de unos dibujos animados de los años setenta) de la ciudad, el cocinero en la escuela me servía los trozos más apetitosos, nunca he visto a un policía en la aldea porque no había peleas, nadie robaba, no había gamberros. Nuestra enorme parentela se reunía y durante dos y a veces, incluso, cuatro semanas, se divertía, olvidando por completo sus deberes y preocupaciones; el fatigado país nos miraba desde lo alto y en su mirada no se percibía ni crueldad ni frialdad", reinventa –más que recuerda– Prilepin.


Y continúa: "La tranquila Unión navegaba a la par de mi infancia como una sombra grande y pesada. Cargada de hierro y de construcciones complejas fue encallando casi imperceptiblemente. Ahora permanece pesada y entumecida, inofensiva y herrumbrosa con sólo sombras en su interior, con sólo pequeños alevines, sólo una corriente indolente y glacial.
Imaginar cómo era la Unión para mí no es una tarea compleja.


Me viene a la mente por ejemplo la siguiente imagen. Una tarde en la aldea. ¿Se puede imaginar lo que es una tarde de aldea, invernal, fría y negra? No, seguro que ni se lo imagina.
Tengo 5 años y mi hermana 11.
Y silencio alrededor, sólo se oye el crujir de la balaustrada de la casa. Y nadie, alrededor sólo la Unión Soviética, inmensa, silenciosa y cubierta de nieve".

 

*Svetlana Alexievitch

 

Es bielorrusa. Pero nació en la Ucrania soviética en 1948, de padre bielorruso y madre ucraniana. Toda su carrera, periodística y literaria, la hizo en Minsk, hasta que la persecución del régimen de Aleksander Lukashenko la obligó al exilio. Vivió entonces en París, Gotemburgo y Berlín. Hace tres años regresó a su tierra y escribió el que probablemente sea su libro más importante hasta el momento: El fin del hombre rojo. O el tiempo del desencanto. Ahí cultiva al extremo un estilo de testimonios corales que ya había ensayado en sus obras anteriores: La guerra no tiene rostro de mujer, El último testigo (ambos sobre la Segunda Guerra Mundial), El chico de cinc (sobre la invasión soviética a Afganistán) y Voces de Chernóbil (su único libro disponible en español).

 


 Miradas orientales

 

 

No es inusual, al hablar con miembros o ex miembros del Partido Comunista uruguayo, que admitan algo similar a lo que Svetlana Alexievitch encontró al recorrer la ex Urss. Cierto espejo de ese "nos reconocerás enseguida.

Somos la gente del socialismo, iguales y diferentes del resto de la gente, tenemos nuestro léxico, nuestras ideas del bien y del mal, de los héroes y los mártires, tenemos una relación particular con la muerte".

Como si fuera una extensión del grabador de la escritora bielorrusa, Brecha registró una charla en una casa de Montevideo. Aunque parcialísima en relación con la diversidad de voces que podrían recogerse si se intentara mostrar la visión de los hombres y mujeres rojos de esta parte del mundo, bien podría insertarse en el libro de Svetlana.

Hablaron de eso de lo que casi nunca se habla, lo vivido en la cárcel y la tortura. Recordaron un reciente viaje al departamento de Colonia, a un homenaje a Nibia Sabalsagaray. Contaron historias jocosas, como la vez que entró un pequeño ratón a una celda y las luchadoras de Así se templó el acero versión Paso Molino se treparon espantadas a los catres del celdario. También historias de las otras.

Repasaron ese léxico de que habla Alexievitch, rescatando de la memoria palabras ya perdidas. Se rieron de sí mismos con algo de amargura. Iba a ser sólo una entrevista, terminó siendo el comienzo de un libro que ya lleva más de cien páginas escritas.

—Éramos muy inocentes también. De lo mal que iban las cosas en el campo socialista, por ejemplo, nadie decía nada.
—No, tampoco era así. Arismendi era el que no decía nada. Me acuerdo de que cuando fui a una reunión en Praga, que fue en el 83, a una especie de Comité Central ampliado, ya como para preparar el regreso, ahí Enrique Rodríguez hizo un informe y señaló muchas cosas críticas. Muy al estilo del partido, diciendo que el campo socialista tenía que resolver determinados dilemas, pero leyendo entre líneas uno se daba cuenta de que no todo estaba bien. Lo que pasa es que para los dirigentes, estando en un país socialista, no era fácil decir "esto se viene abajo".—Me acuerdo de un compañero que vino de la Rda y contó de un tipo que habían nombrado obrero destacado en una fábrica y agarró la medalla y se la tiró así en la cara al que le había dado la condecoración.—¿Cómo los afectaba a ustedes en plena época de la dictadura uruguaya?—No nos afectaba para nada, porque nosotros estábamos convencidos de que el campo socialista era mucho más fuerte de lo que después se vio que era. Me acuerdo de que tuve una conversación con un dirigente exiliado en La Habana y me dijo: "Lo que pasa es que en el socialismo la gente no trabaja, chau".—A mí en el 88 me mandaron del diario La Hora a la Unión Soviética, en tiempos de la Perestroika, y yo me quería morir. Después de que había estado en Cuba y había visto a la gente haciendo cola, llegabas a la Unión Soviética, la patria del socialismo, y volvías a ver a la gente haciendo cola. Yo qué sé...—No atender esas cosas fue un error tremendo del socialismo, fatal.—Igual te digo que ahora no están nada conformes con lo que vino después. Hace poco leía una entrevista a uno de los opositores de Rusia y fue durísimo con Putin. El tipo dijo: "Después de que se cayó el socialismo acá lo único que le han dado al pueblo es vod-ka". Es un capitalismo salvaje. Fíjate que la expectativa de vida cayó a 55 años, una barbaridad.

 

 

Publicado enCultura
Miércoles, 24 Septiembre 2014 17:51

El asesinato del General*

El asesinato del General*

—¿Y cómo fue que dejó de ser liberal para ser libertario?

—Es una historia larga.
—Me interesa.
—¿Sabes quién fue el general Uribe Uribe? Ya dije que mis hijos pelearon y murieron combatiendo por sus ideales.
—Era una insignia del liberalismo, ¿no? Iba a ser presidente.
—Liberal hasta los tuétanos. Odiaba a los curas, como yo. Pero, igual de oligarca, como los godos que llevan más de treinta años en el poder.
—Lo asesinaron dos carpinteros liberales, entiendo: Galarza y Carvajal. De eso me enteré en el Seminario.
—Falso. No son liberales. Son tan godos como los más.
—Dicen que están presos en el Panóptico.
—A cuerpo de rey.
—¿Qué quiere decir?
—Mira Isidoro, no puedes ir creyendo todo lo que dicen los curas, o los diarios, o los oligarcas. La verdad es muy diferente. ¿Sabes por qué mataron al general Uribe?
—¿Por liberal?
—Sí, pero mucho más que eso. Por odio, por un odio profundo que nos carcome a los colombianos, y también, por supuesto, porque iba a ser el siguiente presidente de Colombia.
—¿Usted cree?
—Claro. A Uribe Uribe le correspondió firmar la paz en 1902, junto con el general Lucas Caballero y el general Eusebio Morales para que Colombia no perdiera Panamá, que ya estaba en los ojos del truhán ese de Roosevelt que aprovechó nuestra guerra civil para anclar sus barcos frente a las costas del istmo. Los liberales firmaron la paz e igual nos arrebataron Panamá. Ahora aquí están prendidos de la ilusión que los Estados Unidos van a indemnizarnos por el atraco. Falta ver si algún día nos botan unas monedas. Pero sigo, Uribe Uribe claudicó porque sabía que le era imposible ganar la guerra, que sus escaramuzas y batallas ganadas no lo llevarían al poder, y ante la amenaza exterior, cedió. Después se vendió a los godos y aceptó cargos diplomáticos. Lo mismo hizo Caballero. Fue embajador en Chile, Brasil, Argentina. Hasta que se aburrió de la buena vida y recordó que era político y que su ambición era ser presidente. Regresó a hacer campaña electoral y llegó al Senado. Era el único senador liberal en el Congreso en medio de un mar de godos. ¡Y tenía un verbo, una elocuencia! Lo escuché muchas veces y era cautivador. Dejaba callados a los congresistas amigos del gobierno. Era evidente que los aventajaba en inteligencia, en elocuencia, en ideas y en liderazgo. Por eso se volvió en alguien muy incómodo para muchos.
—Pero está comprobado que quienes lo mataron fueron Galarza y Carvajal. Ellos confesaron, tengo entendido y por eso están pagando una condena.
—Isidoro, no puedes ser tan bruto de pensar que Galarza y Carvajal obraron por cuenta propia como han querido hacerle creer al país. Es la patraña más grande que se haya tejido en el país en mucho tiempo, quizás desde el mismo asesinato del mariscal Sucre en Berruecos En este país se asesina a los grandes hombres que pueden llegar a ser presidentes y nunca pasa nada.
—Pero hubo un juicio. Hubo confesiones. ¿Qué faltó entonces?
—Que se supiera la verdad, como siempre sucede. Que se dijera quién había movido los hilos de las marionetas de Galarza y Carvajal.
—Ellos eran artesanos, como usted.
—No insultes a mi gremio. Los dos eran ex soldados del gobierno. No eran liberales como se ha querido hacerlos ver. Eran godos, amigos del gobierno. Si quieres te cuento la historia pero aquí nos amanecemos un par de días.
—¿Tiene más aguapanela, don Nicanor?
—Con gusto —se levantó y puso a hervir una olleta de agua y dejó caer dos terrones de panela.

 

***

 

—¿Que por qué me volví anarquista, Isidoro? ¡Ay! De tanto creer en el hombre y de tanto no creer en él. No estoy tomando del pelo; es cierto lo que digo. Confieso mi convicción de la libertad absoluta del hombre, y a la vez desconfío en su capacidad de organizar a sus semejantes pues termina explotándolos, usándolos, exprimiéndolos. Desarmar esa trinca, una vez constituida, es labor titánica pero ciertamente posible. No voy a divagar ni a filosofar. Hay hechos concretos que me han llevado a reflexionar, madurar y tomar decisiones graves. Hay uno en particular que confieso ha marcado un quiebre en mi pensar, como cuando se plancha un pliegue en un paño y ya te lo mencioné. El asesinato del general Uribe Uribe hace casi seis años. Lo que indigna más allá del atroz y cobarde crimen es cuanto hay tras los hechos. Hoy día, apenas pasados unos años, los niños repiten en las escuelas como periquitos que al general Uribe lo mataron dos carpinteros liberales y que por ello los asesinos están cumpliendo una justa condena en el Panóptico de Bogotá. Eso es lo que se ha encargado de difundir a los cuatro vientos el gobierno y los curas. Que el general traicionó a los liberales y que por haberse unido al gobierno del Presidente Concha los mismos artesanos lo castigaron porque en el Ministerio de Obras Públicas en el que el general tenía una importante injerencia ya no estaban dando trabajo si no se pertenecía al "bloque" que lideraba el general, que los dos actuaron solos, que nadie los ayudó, que nadie los instó a cometer el delito, que fueron dos asesinos, solitarios y espontáneos que se deshicieron del general como represalia por haber perdido la oportunidad de continuar trabajando para el ministerio. Y eso está quedando escrito en la historia de este país y se repetirá durante los siguientes cien años para seguir engañando al pueblo y ocultando lo que en realidad sucedió. ¿Sabes? Al general Uribe sí lo asesinaron Galarza y Carvajal, al mediodía del 15 de octubre de 1914, apenas dos meses después de haber sido jurado en la presidencia José Vicente Concha en una época de aparente paz y normalidad política en el país. El general salió ese día de su casa, temprano, después de almorzar sobre el filo de mediodía. Su casa está ubicada en la calle novena apenas a dos cuadras del capitolio nacional y se dirigió allí, para reunirse con algunos otros congresistas. Lo tenían vigilado y apenas cruzó la carrera séptima y ya sobre el costado oriental del capitolio, lo interceptaron, primero Galarza y luego Carvajal y cada uno le descargó varios golpes de hachuela en su cabeza. Galarza le dijo, antes de asestarle el primer hachazo: usted es el que nos tiene fregados y el general no alcanzó a reaccionar pues de inmediato cayó de espaldas. Luego se acercó Carvajal y le terminó de encajar tres hachazos más en la cabeza para que no hubiera la menor posibilidad de que fuera a salir vivo. Era mediodía y las calles estaban bastante solas pero aún así hubo testigos que capturaron primero a Galarza y luego a su compinche un par de cuadras más al norte y ninguno negó su participación en el hecho. A ambos se les encontraron las hachuelas ensangrentadas en sus bolsillos pero en el juicio se hizo caso omiso de una cantidad importantísima de declaraciones, testimonios y pruebas que apuntaban a que el asesinato había sido planeado, organizado y perpetrado de acuerdo con una fría trama. El fiscal Montalvo hizo hasta lo imposible para llevar el proceso a demostrar la acción solitaria y espontánea de los carpinteros. Así concluyó el proceso y se cerró para siempre el caso a pesar de que en el expediente hay suficiente evidencia para saber que se trata de una maquinación urdida desde los más altos niveles y con participación de un número grande de personas de mucho nivel y rango. Si bien en el momento del asesinato la carrera séptima estaba casi desolada, en el lugar de los hechos aparecieron casi de inmediato, personas muy cercanas a los asesinos, los hermanos Víctor y Julio Hernández y el hermano de Carvajal, llamado Alejandro y luego dos agentes de la policía secreta: Francisco Quijano y Ángel María Ángel, ambos guardaespaldas del Director de la Policía Nacional, el general Salomón Correal para prender a los asesinos y protegerlos de la turbamulta que se formó a las voces de "han matado al general Uribe" y "esos son los asesinos". ¿No te parece muy extraño que tanto los amigotes de los asesinos así como dos agentes de la policía secreta estuviesen tan cerca en el momento de los hechos pero no hicieran nada para evitarlos sino sólo actuaron para prender a los asesinos y protegerlos de cualquier intento de linchamiento? Ese es apenas el primer indicio de un cúmulo de evidencias que demuestra el gran entramado en torno a la muerte del general. Ese mismo día el Inspector Primero Municipal, bajo quien caía la jurisdicción de la investigación avocó de oficio la investigación del crimen, pero como por arte de magia, apareció Correal y le usurpó al Inspector la investigación del crimen y bajo una supuesta orden que había recibido del Presidente Concha asumió él mismo la investigación, sin tener la competencia para ello y sin que mediara tampoco una orden escrita proveniente de la Presidencia, y que aún si hubiera existido tampoco tenía el Presidente la competencia para interferir en la rama judicial. Y entonces Correal asignó la investigación de manera exclusiva al general Lubín Bonilla, Jefe de la Oficina de Investigación. Además, para seguir ampliando este tenebroso asunto, hay una testigo del crimen, una mujer llamada Margarita Grau, que presenció el crimen y vio cómo había un tercer hombre, de muy buena figura vestido de ruana blanca, zapatos de charol, recién afeitado y de pantalón de fantasía negro de listas, es decir un hombre elegante y de buena posición social, que esperó un poco atrás a Galarza y le preguntó: "¿Qué hubo, lo mataste?" y este contestó "si, lo maté" y esto lo escuchó la señorita Grau, y después se ha demostrado que ese señor, elegante y de buena figura resultó ser nadie menos que el general Pedro León Acosta. ¿Sabes quien es Pedro León Acosta? El mismo autor intelectual del atentado contra el general Rafael Reyes. ¿Te das cuenta cómo se complica el asunto? De Acosta me voy a ocupar más adelante, por ahora te sigo dando datos que demuestran lo contrario de lo que el fiscal adujo en su Vista Fiscal con la cual se cerró la investigación y después el juicio con la condena única a Galarza y Carvajal. Te dije que el designado por Correal, el general Lubín Bonilla, tan pronto asumió la investigación, comenzó a recoger testimonios y datos y encontró que había mucha información incoherente e inconsistente y que aparecían muchos hilos que conducían al propio general Correal y que este participaba en los interrogatorios que se hacían a los dos asesinos y que cuando estos iban a contestar las preguntas que les formulaba Bonilla, titubeaban y miraban al general Correal y este en ocasiones elevaba el dedo índice a los labios como en señal de silencio y los asesinos se abstenían de dar detalles o ampliar la información y entonces, frente a las suspicacias de Bonilla, el general Correal lo destituyó apenas dos días después de iniciado su encargo y se apropió en persona de la investigación e instrucción del proceso. Inició una persecución implacable contra su antiguo amigo Bonilla por cuanto este comenzó a denunciar públicamente que Correal estaba directamente involucrado en el complot contra Uribe Uribe. Y hay más: cuando interrogaron a los asesinos ambos insistieron que en cuanto a filiación política uno era neutral y el otro liberal, cuando no era cierto ni lo uno ni lo otro: ambos habían luchado del lado del gobierno conservador en la última guerra. Pertenecieron al batallón Villamizar, con el cual salieron para Honda y combatieron en Nariño, regresaron luego a Bogotá, y de aquí pasaron a Fusagasugá, luego a Peñalisa, después a Girardot, conduciendo prisioneros de Melgar, los que custodiaron y trajeron a Bogotá, en donde después Galarza se quedó por enfermedad y Carvajal continuó en una comisión en el Tolima. Una vez terminada la guerra Carvajal se quedó en el Grupo de Artillería donde ofició como asimilado a sargento primero, ubicado allí por Galarza quien era jefe del taller de carpintería y luego por recomendación del mayor Campo Elías Duarte. Es decir, eran hombres leales al régimen conservador desde entonces, pues estamos hablando de la guerra que se inició a fines del siglo pasado. Y a Galarza se le encontraron tarjetas y cartas de recomendación de varios políticos y generales conservadores, por lo tanto es imposible defender la tesis que eran liberales, y a pesar de ello, al día siguiente del asesinato, el dieciséis, desde el gobierno comenzaron a salir despachos telegráficos para todos los diarios del país que decían: "Uribe expiró a las dos y diez de la mañana, los asesinos del general Uribe han manifestado ser liberales republicanos, y que tuvieron propósito castigarlo como traidor, importa perfecta aclaración", con lo cual se quería desviar cualquier sospecha sobre el régimen conservador y hacer ver el crimen como un desquite de dos carpinteros liberales republicanos que no hacían parte del segmento "bloquista" liberal que lideraba Uribe y que había hecho coalición con el gobierno de Concha. Para tratar de quitarle cualquier tinte político al crimen, ambos asesinos repetían una y otra vez en el proceso que ellos no pertenecían a ningún partido político, que eran neutrales que sólo habían participado en una sociedad recreativa o hecho alguna contribución a un periódico de la Unión Obrera pero sin ninguna intención política, que en ninguna de esas asociaciones se hablaba de política o religión, esto para disipar cualquier duda que en los móviles del crimen hubiera un propósito político o de carácter religioso cuando en realidad lo que es evidente era lo contrario. Además, el fiscal Montalvo, de filiación conservadora, siempre insistió que en ningún momento hubo premeditación pues los dos asesinos en sus diversas indagatorias manifestaron que el crimen lo habían planeado la noche anterior cuando habían visitado la chichería Puerto Colombia; allí habían hablado de cómo estaba de difícil conseguir trabajo en el ministerio pues empleaban sólo a los bloquistas, que se habían quedado por fuera por ser liberales republicanos y que el responsable de eso era el general Uribe porque él había inventado el bloque y además estaba dividiendo al partido liberal, que por lo tanto había que castigarlo y que para ello se citaron al día siguiente a las ocho de la mañana en la carpintería de Galarza de la calle novena para ver de qué forma irían a hacerlo, y que entonces Carvajal se presentó puntual a las ocho en la carpintería y como la encontró cerrada se fue para la casa de Galarza en la calle dieciséis y se encontró con éste que estaba saliendo y en el camino acordaron que debían matar a Uribe y que para ello usarían las hachuelas que cada uno tenía y para ello se dirigieron a la carpintería para afilarlas con ese propósito. Resulta que después en el proceso, en una diligencia de lanzamiento a la concubina de Galarza se encontró que en la habitación había una tercera hachuela, afilada y nueva y que estaba escondida por la señora Arrubla, y que dado que ese tipo de arma, llamada también desjarretadora, que se usa en carpintería, era evidente que el crimen se venía planeando con mucha anterioridad. El doctor Montalvo en su Vista Fiscal repite una y otra vez que los únicos autores del asesinato son Galarza y Carvajal y lo que los impulsó al crimen fue el sentirse sin trabajo por culpa de Uribe, que Uribe estaba despedazando al partido liberal, del cual ellos supuestamente hacían parte, cuando es evidente que ambos son conservadores. Esa versión, de que el crimen se fraguó el mismo día está desvirtuada pues en el mismo expediente consta que desde meses antes del asesinato varias personas en muchos lugares de Boyacá, un departamento mayoritariamente conservador, manifestaron en diversos círculos de amigos que Uribe estaba a punto de ser asesinado y que sólo le quedaban algunos días. Entre ellos un tal Aurelio Cancino, bastante lenguaraz y boquiflojo manifestó en Suaita, recién llegado de Bogotá, delante de varias personas, quince días antes del atentado a Uribe, que "les garantizaba que el general Rafael Uribe Uribe viviría cuando más veinte días" porque ese hombre no continuaría negociando como jefe del partido. Y quince días después del asesinato también se jactó y dijo "vean cómo se ha cumplido lo que les había predicho" delante de unos amigos, los cuales declararon en el proceso: Salgar, Nieto, García, Cabanzo, Galvis, Solano y Sarmiento, y les dijo que él, Cancino, no era liberal de bandalaje; que si le hubiera tocado darle muerte al general Uribe Uribe, lo habría hecho con mucho gusto, y que se habría bebido la sangre; que era conocedor de la sociedad de artesanos a que pertenecían Galarza y Carvajal, y que esta sociedad tenía más de cuatrocientos miembros, dirigidos por personas de gran cabeza y ricas, que apoyarían a los socios; que al mostrarle los retratos de Galarza y Carvajal en un periódico, Cancino dijo que los conocía como si los hubiera parido, y que estos individuos no confesarían nada con respecto al crimen que cometieron; que dirían lo mismo que habían dicho cuando los interrogaron pues tenían consigna de no decir nada más. Después Galarza admitió en el proceso que era amigo íntimo de Cancino y que este había alquilado una pieza en su carpintería ocho meses antes del asesinato y que luego se había ido de la ciudad, pero que eran tan amigos que hasta se tuteaban. Otro testigo manifestó en el proceso que cuando éste hablaba de Galarza y Carvajal decía que "esos individuos lo habían hecho muy bien, que habían cumplido con su deber" habiendo sido sorteados con ese fin, por lo cual los envidiaba porque sus familias iban a quedar sin problemas económicos, por lo tanto era evidente que los asesinos estaban cumpliendo un deber o un mandato de alguien. Como si las declaraciones de Cancino no fueran suficientes, hubo otro involucrado, un tal Julio Machado quien en Simijaca, otro pueblo conservador, también se ufanó delante de sus amigos, Delfín Melo, Obdulio Castillo, Fernando Mejía, Manuel Gaitán y Abel Moscoso, cuarenta días antes de los hechos, y manifestó que en menos de un mes Uribe sería asesinado porque "se había volteado y se había vuelto conservador" y pocos días después del asesinato le dijo a su amigo "¿recuerdas Delfín lo que te dije?". Otro más, llamado Eugenio Galarza, primo hermano de Leovigildo Galarza, en el municipio de Tena, al igual que Cancino y Machado, había manifestado a dos amigos, que el complot contra el general Uribe se había fraguado seis meses antes, pero al ser llamado a declarar, por el juez municipal de Tena, negó haber dicho esto. Sin embargo, el fiscal Montalvo no tuvo en cuenta para nada esas declaraciones de los siete testigos y manifestó en su Vista Fiscal que Cancino no tenía responsabilidad alguna en el crimen y después el juez, tomó la opinión del fiscal como la propia del juzgado y dijo que estaba de acuerdo con la apreciación del fiscal que los únicos responsables eran Galarza y Carvajal. Después el Tribunal Superior ratificó en segunda instancia lo que ya había fallado el juez en primera. ¿No te parece Isidoro que todo estaba orquestado para demostrar hasta la saciedad que los dos asesinos habían actuado en solitario para de esa forma aislar cualquier responsabilidad política de alguien más, de cualquier tercero? Todas estas piezas sueltas comienzan a tomar forma cuando se ordenan de manera apropiada. Fíjate, los hermanos Hernández, que aparecieron en la escena del crimen segundos después de los hechos y custodiaron a los asesinos hasta cuando llegó la policía, eran amigos notorios de ellos y frecuentaban juntos la chichería Puerto Colombia cerca del puente de Núñez. Días antes del crimen invitaron a los dos a las fiestas de Bojacá para lo cual le costearon los tiquetes de tren. Uno de los hermanos gritó, a voz en cuello, tan pronto llegó a la escena del crimen que eso "era obra de los republicanos", de nuevo para desviar cualquier sospecha contra el gobierno de los conservadores. Pocos días después el general Correal premió a los Hernández enviándolos a asignaciones con la policía, el uno a Santa Rosa de Viterbo y al otro a Cartagena, alejándolos de la investigación que ya había comenzado. Es evidente que ellos también hacían parte del plan para asesinar a Uribe. Y si bien los hermanos negaron en el juicio conocer con anterioridad a los asesinos, y que no los frecuentaban dado que eran de una condición social inferior, Galarza, en uno de los interrogatorios afirmó lo contrario, que sí era amigo de los Hernández, y además, como si fuera poco, en el expediente hay una foto de un piquete de un grupo de una treintena de personas, algunos posando con instrumentos musicales y en el grupo están identificados los dos hermanos Hernández y el mismo Carvajal. 

 

* Estracto de la novela En esta borrasca formidable de Philip Potdevin, de próxima publicación en ediciones desdeabajo.

 

Miércoles, 24 Septiembre 2014 10:49

¿Cómo te va, Julio Cortázar?

¿Cómo te va, Julio Cortázar?

¿Cómo te va, Julio Cortázar de veinte años, maestro de escuela, lector furibundo del vanguardismo francés que lo cambió todo hace un siglo? Si vivieras no podrías parar de reír, socarrón, ante los homenajes de las adolescentes cautivadas por tus frases amorosas en internet, ante los académicos solemnes quienes de España a México, de Colombia hasta Argentina te celebran leyendo discursos hechos con piedras.

¿Cómo te va, Julio de cincuenta años, compañero, camarada que escribiera el panfleto más lúdico, más literario en lengua española, Fantomas contra los vampiros multinacionales, así como una novela política sin ninguna clase de pudor, Libro de Manuel? Hoy la gente de izquierdas se toma muy en serio, nunca sonríe y quizás desea parecerse a sus contrincantes, la gente de derechas –interesada en instrumentalizarte, en volverte un escritor inofensivo, simpático-.

Arriba hay personas y la internet y la tv, con sus lecturas pausadas, escasas, de Rayuela y de algunos cuentos tuyos que no terminan de entender. Hoy debemos entenderlo todo, Julio, para sacarle jugo a las cosas. Nada goza del privilegio de la inutilidad. Si en La vuelta al día en ochenta mundos aparece la famosa máquina que escribe literatura, ella sola, algún industrial reclamará su patente y conseguirá venderla bajo lemas relacionados con ahorrar tiempo. Los profesores, psicólogos y publicistas intentan sacarle enseñanzas a tus relatos. El Manual de instrucciones perteneciente a Historias de Cronopios y de Famas es una manifestación del estrés y la desesperación colectiva en la cual nos hundimos, dicen. Ómnibus, Los buenos servicios, son reportajes disfrazados de cuentos y sirven a la hora de entender el caos dentro de la contemporaneidad, continúan. Concluyen: Pameos y Meopas –tus poemas que pueden leerse de arriba a abajo y de abajo a arriba– lucen perfectos si quiere hacerse un performance con ellos.

Hay Cortázar para enamorar, levantar discursos políticos o entretenerse un rato antes de volver a las oficinas, al trabajo de ocho horas y a la supervivencia. Asimismo hay Cortázar para programas musicales –el jazz de Ornette Coleman por un lado, los tangos por otro. Pero de prisa. Antes de saltar a otra emoción, otra imagen audiovisual que encabrite nuestra atención.


Abajo hay la internet, la tv y las personas. Algunas ignoran que redactaste un proyecto ambicioso, quizás angustioso, de libro misceláneo –mezcla de géneros, del ensayo al cuento, de la novela al teatro–, 62/modelo para armar, donde puede verse tu rostro real, el de un intelectual voraz que había leído todos los libros, observado todo el cine, oído todas las músicas, con el único pretexto de jugar. Y jugar en serio, como Calac y Polanco, personajes de ese libro, con una convicción digna del guerrero o del místico. Si la realidad es lo táctil, lo inmediato, nos recordaste el otro lado, los otros lados: tu gato tenía trato con fantasmas, un hombre es asesinado por su propio pulóver, un tigre ronda las habitaciones de cierta casa familiar, a una orquesta se la come viva su público. ¿Para qué sirve eso? Para nada, esencialmente. Y para todo, si nos tomamos el tiempo necesario con intención de asimilarlo.

 

Explorador y coleccionista. Eso fuiste. Eso eres.

 

Han pasado cien años desde tu nacimiento. Le importas a muchos debido al pretexto más simple: diviertes con tus textos breves. Sin embargo, no olvidamos lo poco citado, lo desapercibido. Al brindarnos mundos que niegan o colman de plenitud a este nuestro mundo tan plano y uniforme, nos diste credenciales, documentos y sobre todo licencia para crear y habitar los propios rincones bajo otras perspectivas, similares a las del juego de estatuas en la línea férrea de Final del juego, a las del infinito trancón o atasco automovilístico de Autopista al sur.

Entre tanta floritura por tu aniversario, tanto sentimentalismo y cursilería, solo esperamos que la policía no te haya atrapado mientras leías los poemas de Pedro Salinas en la noche de un parque.

Le decías "Bicho" a Alejandra Pizarnik. Una evocación lejana de aquel insecto que tú mismo eras en Divertimento. Palabra cálida, sobrenombre humorístico y tierno que aproxima y hermana. Cuando escribías, las inmensas distancias entre lector y autor empezaban a diluirse. Apelamos a tus propias palabras: Este último texto [...] no es un adiós entre el que habla y los que lo escuchan sino todo lo contrario, una voluntad de seguir estando allí, cerca, esperando, ayudando a la esperanza, con todo lo que se tiene. Hoy te decimos "Bicho".

Tú que invocaste al poeta francés Robert Desnos, muerto en el campo de concentración Terezín, y al poeta guerrillero Javier Héraud, asesinado en combate.

Cómo te va, Robert Desnos, cómo te va, Javier Héraud. Rara baraja de memoria los dos tan juntos esta noche, los dos tan lejos en la vida, Robert Desnos, Javier Héraud, en esta mesa a medianoche mirándose desde mis ojos, fumando el mismo cigarrillo que compartimos como el trago y este silencio de París, un cuarto piso donde estamos tan solos en la medianoche, arriba hay gente y la tv, abajo hay la tv y hay gente, el mundo de hoy, no el de mañana, Javier Héraud, Robert Desnos, la mesa llena de papeles, los restos de la cena fría, un disco de Édith Piaf, la mugre del hombre solo en casa sola, el libro abierto en cualquier página.

("Diciembre 17. Moro e Inti cazaron una pava. Nosotros, Tuma, Rolando y yo, nos dedicamos a hacer la cueva secundaria que puede quedar lista mañana...")

Llueve en París, llueve en Camiri, cómo te va, Régis Debray, llueve en La Habana, llueve en Praga, Elizabeth, el día llega cantando por los cañadones, llega con Tania y Michèle Firk, iremos juntos a los bailes de las esquinas liberadas, juntos de nuevo, juntos todos los que esta noche están tan lejos fumando el mismo cigarrillo del hombre solo en casa sola, y si tenemos suerte puede que también venga ése que mira siempre a lo lejos mientras nace el alba en la profunda selva.

("Junio 26. Al caer pidió que se me entregara el reloj, y como no lo hicieron, para atenderlo, se lo quitó y se lo dio a Arturo. Ese gesto revela la voluntad de que fuera entregado al hijo que no conoció, como había hecho yo, con los relojes de los compañeros muertos anteriormente...lo llevaré, toda la guerra...")

¿Cómo te va hoy, Julio Cortázar?

Publicado enEdición Nº206