Viernes, 24 Junio 2016 15:36

En defensa de la literatura

En defensa de la literatura

“La diferencia entre un paranoico y un hombre normal, es que a éste lo persiguen de verdad”

Hace muchos meses que no empezaba el primer día de la semana con una buena noticia y un buen impulso: Gustavo Zuluaga Ángel, antropólogo del equipo de trabajo del periódico desdeabajo - Le Monde diplomatique, vino a casa y, tal como me lo había prometido el sábado, me entregó el recibo cancelado de cuatro meses de mora de teléfono. Era hoy, 27 de mayo, el último día de plazo antes de que Une reportara a la central de riesgos a la propietaria de esta casa que la perra Lupa y yo hemos levantado contra viento y marea como nuestra carpa urbana en estos últimos siete años; la más dura tarea que tiene que enfrentar un habitante popular de una ciudad colombiana: levantar un techo, tomarlo en arriendo, mantenerlo. En estrato 3. He de suponer que mañana ya tendré de nuevo conectado el servicio. En realidad no es ningún servicio telefónico, sino el negocio telefónico. Pero bueno, de nuevo seré un cliente activo y por iniciativa propia podré volver a comunicarme con mis amigos. Por suerte existen el internet y el whatsapp del celular, que suplen funciones del teléfono. Pero ambos en mi caso dependen de la línea telefónica, y para planes de celular no dispongo de dinero, como le pasa en Colombia a un considerable número de propietarios de celular. “No tengo minutos”, “No tengo datos”, son frases muy comunes. Solo los estratos altos mantienen el celular a full. Es difícil ser pobre, y más lo es cuando el argumento para serlo es la devoción por la literatura, la que incluye entre una de sus metas, la crítica a la sociedad.

Ayer no más, caminando por estas calles, como lo hacemos algunos domingos del año, el escritor Líderman Vásquez me contaba de lo mal que está económicamente el poeta Raúl Henao, muy reconocido y querido por sus lectores, y por demás, habitante del barrio San Javier, nombre de la famosa Comuna 13, la de las operaciones “Mariscal” y “Orión”, la de las Escombreras, la de los desaparecidos. A propósito, barrio este cuyas paredes del parque biblioteca por estos días se han venido renovando con grafitis que recuerdan las operaciones militares conjuntas entre las Fuerzas Armadas y los paramilitares para sembrar el miedo, el terror y el desconcierto entre la población, desde los tiempos nefastos de la primera y segunda presidencia de Uribe, tan manchadas de sangre humilde. Dicen las paredes, frontales a la calle San Juan: “No más falsos positivos”, “Yo te nombro (libertad)”, “Intervención militar nunca más”, “¿Dónde están?”, y otras más, con ese derroche de colores de la nueva conciencia juvenil anti-sistema.

Cuando a uno le cortan el teléfono, por un tiempo entran pero no salen llamadas, porque el negocio de Une es precisamente que la gente se llame. Por lo que veo, el límite de mora es de cuatro meses, antes de quitar definitivamente la línea y reportar al “propietario”, a la misteriosa central de riesgos; algo así como una lista de Schindler, pero al revés: para condenar.

Gustavo Zuluaga Ángel quedó contento con la colaboración que le presté para el mejoramiento de un texto de una estudiante suya, rural, para un concurso sobre el tema del ahorro, del Banco de la República, y además de pagarme el servicio prestado (que no negocio), por iniciativa suya quiso pagarme también el teléfono. Así funciona la solidaridad popular. Acaba de salir de aquí. Puedo decir que esta vez quien se me apareció fue de verdad un Ángel. Buenos recuerdos tenemos los dos. Hace algunos años, cuando la multitudinaria marcha nacional del 6 de marzo de 2008 contra el paramilitarismo y los crímenes de Estado, convocada en respuesta a la fascista convocatoria del 4 de febrero del mismo año contra la guerrilla, el periódico desdeabajo publicó mi cuento Un beso de amor eterno, que habla de las fosas comunes; en un tiraje de cinco mil números, que circuló principalmente en Bogotá. Así que cuando Gustavo y yo nos vemos por ahí en la calle, nos guiñamos el ojo y seguimos para adelante. Para eso sirve también la literatura, para formar lazos de resistencia.

¿Puede un ser humano cuya única responsabilidad externa es cuidar de su hija o compañera perra, dejarse cortar el teléfono no más que por leer? Pienso que sí, para quienes consideramos que no existe oficio más sustancioso que leer literatura y que, por lo demás, poco más sabemos hacer en la vida, dados los contradictorios caracteres propios de la condición humana. Así como un músico se dedica a la música y un pintor a la pintura. Al establecimiento no le gusta que los pobres leamos por vocación, ve un peligro en ello, por lo menos ve una pérdida de tiempo, algo no rentable.

Sartre dijo por ahí que se leía unos 300 títulos al año. No sé cuántos me leeré yo, pero sí algunos cientos, y por ahí entre esas lecturas se va animando el otro oficio mejor: la escritura de literatura, que mal que bien nos da el modo de vivir a los escritores, no solo por los textos que vendemos, sino sobre todo por los trabajos anexos que esto conlleva: corrección de textos, asesorías de tesis, publicación en medios populares, etcétera. Y así nos mantenemos a flote en este naufragio.

«La desgracia de ser escritor joven» es un título de una nota periodística de Gabo, del 9 de septiembre de 19811, en la que se refiere a las dificultades que tiene que pasar aquel escritor que todavía no ha saltado a la palestra de la fama (o que no quiere saltar, también pudiera mirarse desde ahí, desde este punto de partida de la objeción de conciencia), título ese que se puede cambiar por «la desgracia de ser escritor pobre». ¿Cuántos escritores pobres tiene Colombia? Cientos, supongo, todos frente al pelotón de fusilamiento de los servicios públicos, del arriendo, de la comida, del transporte.

En mi caso ya hice el recorrido completo de habérsenos quitado todos los servicios a los que por el solo hecho de habitar la ciudad debiera tener garantizado un ciudadano de Medellín, dada la tanta plusvalía que se supone ha creado ya el pueblo antioqueño a lo largo de los años, suficiente para subvencionar a los quedados, entre los que se cuentan, por razones obvias, los escritores.

El capital no duerme, ataca. El capitalismo es el mayor impedimento para que yo lea (leer es uno de los insumos básicos del escritor; el otro, por supuesto, es la vida), propósito que hasta ahora no ha podido conseguir; de ahí su malestar con mi persona. Se arranca los pelos solo con el fin de no verme leer un lunes a las tres. Me persigue, me acosa, me acorrala, me apabulla, me humilla, me ordena que no lea. Es un matoneo pertinaz, una máquina de demoler conciencias, orquestada por la agencia de arrendamientos y las empresas de los servicios públicos. Así que doy por cumplida en mí la máxima aparecida en Diccionario triste: “La diferencia entre un paranoico y un hombre normal, es que a éste lo persiguen de verdad”2. Todo el establecimiento se ha puesto de acuerdo para que yo no lea, es la verdad. Me piden como condición para leer tener plata, y la plata, como se sabe, no la tienen sino los ricos. Como con un vicioso de la base de cocaína, les da rabia que yo, a pesar de todo, sea feliz sin producir bienes materiales, sino espirituales, mientras otros trabajan; que al decir de Jaques Derrida, en Retóricas de las drogas (fotocopia) es la razón para que la sociedad aísle al drogo, en este caso al lector, que ve pasar el tiempo de una manera distinta a como lo ven pasar los demás; inmersos como están, estos últimos, en el engranaje del capital como condición para su libertad. Este otro camino es válido, es el de los proletarios, no lo niego, cada quien con su circunstancia; pero no es mi caso, a pesar de las cadenas que nos unen a los proletarios y a los escritores. Hay escritores que no sabemos hacer otra cosa en la vida sino subvertir individualmente los valores de una sociedad que aunque potente, moralmente decadente, o por lo menos bastante cuestionada. Las empresas de telefonía son un ejemplo, al convertir a un escritor en su víctima. ¿Leer?, no, eso no entra en ninguna categoría de las que tenemos establecidas, parecen decirnos.

Como escritor, por definición de lo que significa ser escritor, hablo y vivo por fuera del sistema. Esto es un don, el más preciado de todos, porque es bello en sí y por su valor testimonial. Siempre he considerado que una vida sin principios es una vida que no vale la pena ser vivida, y uno de estos principios es mi no rotundo al sistema, a su estructura económica, a sus valores, a sus medios masivos de comunicación y alienación. ¿Qué otra cosa es pensar? Y como el hombre siempre está atado a una dualidad: no sólo debe garantizarse su existencia, sino también justificarla, hay quienes le damos preponderancia a esta última. O, como dijo Enrique Buenaventura en el poema De algunas cosas que han sucedido en cierta isla: “[...] pero ¿qué puedo hacer? / desde hace muchos años uso la misma ropa”3.

No tiene sentido dar un listado de los títulos leídos en esta temporada que pasé sin teléfono, esa forma como Demetrio Macías (el de Los de abajo), o Susana San Juan (la de Pedro Páramo), o Pietro Crespi (el de Cien años de soledad), u Horacio Oliveira (el de Rayuela), o Arturo Cova (el de La vorágine), o Esteban y Víctor Hugues (los de El siglo de las luces), o Tonio Kröger (el de Tonio Kröger), o Billy Bud (el de Billy Bud, marinero), o el príncipe Fabrizio Salina (el de El gatopardo), o Tereso Arango y el Perro (los de La mascarada, libro de Alberto Moravia que casi nadie conoce y es una acerva crítica a las ridiculeces del poder), o los Houyhnhnms (esos inteligentes seres de una de las islas de Los viajes de Gulliver), y otros grandes y pequeños personajes de la literatura universal se han metido por segunda, tercera y hasta por cuarta y quinta vez a mi casa, como una sinfonía que se repite, porque siempre enseña; como es apenas normal que suceda en el hogar de un escritor. A casi nadie estos nombres les dice nada, absortos como están en las labores de su subsistencia. Pero a otros Nadie, dedicados a la literatura, sí nos dicen bastante estos nombres, no como dato de cultura y de engreimiento, sino como carta de navegación para la vida, como la mejor manera de usar el tiempo presente y proyectar el del futuro, en este torrentoso mar de la creación que implica la crítica y el desnudamiento de lo presente. No cantamos para el rey, cantamos contra el rey.

Ayer no más, en el paseo con Líderman, quien es el más grande y analítico lector de literatura que conozco, cuyas crónicas en “Universo Centro” gustan tanto a sus lectores, además de rajar de Bioy Casares como personaje del cuento de Borges Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, y de las obsesiones coprológicas en las obras de algunos grandes escritores como García Márquez, D.H. Lawrence, o Henry Miller y Charles Bukowski, y del sexo en Borges –temas aparentemente baladíes, pero que no lo son tanto cuando se trata de indagar por la condición humana–, nos encontramos con una venta de libros de calle, cerca del parque del barrio Antonio Nariño, de la Comuna 13, al que fuimos a conocer. Líderman compró dos libros, uno que yo me fijé: la novela Bajo el volcán, del escritor inglés Malcom Lowry, que me lo regaló, y él se compró una novela de John Steinbeck: Dulce Jueves. Hablamos, por supuesto, a propósito de este autor, de Las praderas del cielo, un libro que nos gusta a los dos y que por cierto nunca supe quién se me quedó con él, en ese normal tráfico de libros de autopréstamo en que nos desenvolvemos los que carecemos de recursos para acceder al moderno mercado de los libros. No más estas conversaciones de literatura con Líderman, en las que diseccionamos la sociedad, en las que confrontamos puntos de vista, valen mucho más que cuatro meses de mora en servicio telefónico. Por no hablar de las conversaciones literarias con el escritor Jairo Orrego, médico de Medicina Legal en Bogotá, con el escultor y también escritor Alonso Ríos, quien fuera jefe de taller de Rodrigo Arenas Betancur, o de las bondades literarias y culturales de Jhonny Zeta, de la paciente e incisiva Revista Quitasol, de Bello, Antioquia, o del valioso trabajo de comunicación popular del periódico El Colectivo, de una de sus cabezas, el articulista y magnífico escritor de cuentos de la más dura realidad, Rubén Zapata y, en fin, de los tantos amigos míos –trabajadores los más– visitantes de esta casa de la calle San Juan que no cambiamos el placer y la formación que nos produce leer, por ningún bien material del mundo; ni aunque el sistema nos persiga con su chantaje, de la desconfianza que le produce que muy a su pesar existan seres humanos libres.

No cambiaré el chip como me lo sugirió en estos días mi amiga Beatriz Pineda, la mujer de la clase trabajadora que más lee literatura en Medellín, al menos que yo conozca, en el sentido de aquella obrera que se crió descalza en La Dorada, que nunca pasó por la academia y que lee y asimila mucho más y mejor de lo que por común sucede con tantos universitarios de las clases altas. Tal vez porque las mujeres, dicen, son más pragmáticas. Pero no, Beata, dejar de leer no, ni aunque me corten el teléfono. Tal vez es que a ella le duele ver en Colombia a tanto talento frustrado por un sistema que para ayudar al arte propugna por el unanismo de los concursos y las convocatorias, lanzando a los creadores al ruedo de las peleas de perros, robándoles la materia prima sobre la que trabajan: el tiempo. Momo, la de Michael Ende, lo sabía mejor que nadie, en su lucha sagaz contra los personajes de gris.

Y hay un colofón para esta nota, sucedido poco después que desdeabajo se retirase de aquí: al fin me suspendieron definitivamente la línea telefónica, a pesar del pago realizado al cuarto mes de mora y a pesar de las buenas intenciones de Gustavo Zuluaga. No sé aún si lo hizo la propietaria de la casa, o la agencia de arrendamientos, o Une; no importa para efectos de estas líneas, el coro antiliterario es el mismo y nuestros códigos son contrarios. Pero no dejaré de leer, no. Hoy la lectura de literatura es uno de los caminos de revolución y evolución de la sociedad, y no ningún distractor.

 

* Esta es la crónica 50 de la calle San Juan, ejercicio literario que el autor viene compartiendo por correo electrónico con sus amigos desde hace dos años. San Juan es una de las principales avenidas de Medellín, donde se ubican las sedes del poder político de la ciudad: La Alpujarra, Empresas Públicas, Une, etcétera.

1 Notas de prensa 1980-1984. Grupo Editorial Norma, 1995, p. 195.

2 Diccionario triste, Ediciones Noche verde –autoedición–, 1998, p.65.

3 Revista Universidad Cooperativa, N. 63, mayo-agosto 1995, p. 62.

Publicado enEdición Nº225
Viernes, 24 Junio 2016 15:10

El arte de seducir al tiempo

El arte de seducir al tiempo

Escribir es del quehacer humano de los más complejos, bellos y dicientes del espíritu de los hombres que durante siglos han dedicado inimaginables esfuerzos a encontrar en la palabra un nicho de sabiduría. La escritura es el arte de reflexionar, de imaginar, de contar, y explicitar aquello que nos desborda, aquello que nos constituye como seres pensantes capaces de seducir al tiempo con una idea escrita, para que sea inmortal en un legado que como el de Aristóteles por ejemplo, pueda llegar a ser universal y atemporal.

La escritura es ante todo una reflexión que cautiva por su textura, su delicada pero drástica manera de expresar aquello que en la desnudez del pensamiento es auténtico y considerado como relevante para que nazca al mundo, por ello se insiste tanto en que al develarnos como escritores, elijamos muy bien las palabras y apreciemos qué es digno de ser contado y cómo, en qué tono y con qué silencios contarlo. Y es que pese a la rigurosidad con que debemos escribir ésta no es el limitante de lo que queremos decir, sino el compás que nos permite decir las cosas con belleza. Como quien elige las notas para hacer una melodía memorable, así la trama argumentativa es el resultado de la impetuosidad que expone un texto límpido y gustoso de ser leído. Creo que esto es a lo que refiere Platón cuando en el Fedro Sócrates nombra a aquel discurso que “se escribe con ciencia en el alma del que aprende; capaz de defenderse a sí mismo, y sabiendo con quien hablar y ante quienes callarse”.

El discurso escrito se convierte en un fenómeno al que acude la consciencia y la reflexión desde antes de su creación, en la formación y disciplina de quien escribe, siendo entonces constituciones del texto esta conciencia y reflexión que le permite surcar e invadir el pensamiento de quien lo lee, defenderse y acusar desde su más autónomo sigilo, logrando además despertar en los niños la curiosidad por el saber, en los jóvenes las ansias por acudir a las utopías, en los adultos las ganas por dejar mella en el mundo y en los viejos la memoria. Así la importancia de una escritura reflexiva consiste en ser un canal que transmita saberes, impresiones, pensamientos y todo aquello que aspiremos a transmitir, que simiente y provoque afecciones en quien las recibe y pueda llegar a ser movido a cultivar en el grado más alto y con la más devota convicción en los jardines de las letras.

Sin embargo este ejercicio de escritura reflexiva que abona los jardines, ha sido relegado por la superproducción en serie de textos que informan o persuaden en una vaguedad altiva propiciada por la presión que prescriben los marcos de la composición de textos académicos, el comercio de la palabra como un autor de estas cordilleras llamo en alguna ocasión al compra-vende de textos.

Parece profética la apreciación que de la escritura hacía Thamus, habiéndose inundado las revistas, los libros y demás, con textos que funcionan como fármacos para la memoria, “(las escrituras) es olvido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde afuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos”. Esto indica que en la mayoría de los casos los estudiantes no tienen una formación en escritura, en estilo, en la forma, las pautas, la sustentación y el uso de puntuación para que el texto respire, sino que se ven obligados a hincar todos sus esfuerzos en dar cuenta de los conceptos, los autores, y la información a la que acudieron para darle un contenido, creando textos que tienden a ser una recopilación de información y no textos críticos que dan cuenta de una reflexión.

La escritura académica se centra entonces en lo que se dice y no en el cómo se dice, y es precisamente este cómo lo que resalta a un texto, así como en el discurso oral habrá que tener convicción y tono para presentar la fuerza de un argumento, en la escritura el cómo componerlo es la voz que hace memorable un escrito.

Claro, tampoco podemos hacer a un lado el imperio de la imagen y la oralidad que a partir del siglo XX se consolidan como constitutivos de lo social y que ha traído como consecuencia el desdén por la escritura. La facilidad para acercarnos a la imagen que no cuestiona, ni pone a prueba nuestros conocimientos es más atrayente que el mismo ejercicio de escritura. Es por ello que la escritura hoy en día tendría que ser ante todo no una obligación académica, sino, una actividad que inspire, en la cual nos regocijemos y liberemos aquellas cosas que nos atraganta y nos desespera al punto tal de no poder reprimirlas y tengamos que acudir a un papel para escribirlas, haciendo de la escritura un ejercicio de reflexión individual consiente.

El deleite de escribir es propio del individuo que escribe por gusto, por los placeres más mundanos que se albergan en él cuando escribe, cuando ve aparecer ante si las palabras que se le representan y toman su vida propia, su momento oportuno para nacer al mundo. Las palabras en su concepción más ínfima, son un producto del espíritu y los impulsos que encuentran en el papel la manera de esculpir un argumento y ser en el mundo bajo el clímax del tiempo, un reflejo revestido de autonomía de la explicites de un hombre que piensa.

La escritura reflexiva como testigo de seres críticos, cumple un papel sumamente importante que las instituciones políticas no desconocen. No es casualidad que en las distopías literarias, a los hombres convertidos en la extensión de la máquina o del partido, se les prohíba escribir ya que este ejercicio se considera peligroso y se le señala directamente como un crimen, porque escribir conlleva al ejercicio crítico y audaz de crear un mundo paralelo donde nada es prohibido y todo es permitido. El ejercicio creativo de la escritura hace que personajes como D-503 protagonista de Nosotros, y Smith de 1984 que son fieles servidores de la firme y omnisciente macroestructura, se conviertan en un peligro que debe ser eliminado por poner en duda todo aquello de lo que no se puede ni se tiene porque dudar. Así, autores como Orwell o Zamiatín, afirman en sus obras que los individuos escriben y reflexionan pero los autómatas escuchan y obedecen, valdría la pena fijarnos si estas premisas son factibles en nuestro entorno.

Por último, cabe señalar que la escritura como arte que seduce al tiempo, despliega la fuerza del pensamiento sedicioso que es, a su vez, un constructo crítico en donde el resultado de la reflexión es el valor de la misma escritura.

Publicado enEdición Nº225
Jueves, 23 Junio 2016 07:09

Ciudadano Saramago

Ciudadano Saramago

 

Comprometido, optimista, informado y memorioso

 
Hace seis años, el dieciocho de junio de dos mil diez, nos dejaba una de las personas que más y mejor entendió el papel de la ciudadanía en la construcción de la democracia. En fechas repletas de movimientos estratégicos por detentar el poder, uno, el que sea, porque en el fondo a la mayoría lo que les importa es tenerlo, conviene no perder de vista algunas de sus palabras:


“Ésta es una sociedad falsa. Quiero decir... inexistente. Pienso que para que una sociedad exista, debe darse una cierta unión entre sus miembros, no un continuo estado de competencia. Lo que hoy vivimos es la tiranía de un sistema que ha conseguido que el hombre que se mueve dentro de él sea fácilmente desechable.”


Era un gran escritor y un buen periodista que analizaba la realidad con optimismo, a pesar de las muchas desgracias que azotaban y azotan el panorama mundial, pero con aguda mirada y sin perder de vista la memoria


“¿Qué es eso de una sociedad mejor? ¿Qué significa eso? Hay que relacionar la sociedad concreta con sus medios. Hace dos siglos no se podían resolver problemas para los cuales tenemos ahora remedio. La cuestión es saber si los medios de que disponemos los usamos para responder los problemas de ahora, de hoy, de nuestro tiempo. No tiene sentido que la gente se siga muriendo de hambre. No me interesa si la sociedad de ahora es mejor o peor. Lo que verifico es que no es mejor de lo que podría ser.”


José de Sousa Saramago nació en Azinhaga (Portugal) el 16 de noviembre de 1922 y murió en Tías (Tenerife, España) el 18 de junio de 2010. Le concedieron el premio Nobel de Literatura en 1998 “por permitirnos, a través de parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía, aprehender una realidad esquiva”.

 


De la lucidez a la ceguera


Sus reflexiones sobre la lucidez y la ceguera son profundas muestras sobre el conocimiento de una política hueca en una sociedad huera, al menos esa mitad mal llamada desarrollada que parece no tener más afán que consumir y morir enriquecida por el empobrecimiento de la otra mitad.


Las enfermedades mentales transmutan en físicas para narrar lo débil y falso de un sistema que ha convertido en incompetentes las relaciones humanas y sus instituciones. Tal como él decía: “Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.”


En estos años desde que se fue, su memoria, sus ideas y sus acciones siguen tan vivas y actuales como cuando estaba entre nosotros. Y si no, revisen, por ejemplo, sus Cuadernos de Lanzarote (1993-1995) cuando nos decía:


“Si el centro no va a la periferia, irá la periferia al centro. Con otras palabras: Europa está hoy “cercada” por aquellos a quienes abandonó después de haberlos explotado hasta las propias raíces de la vida.”


Que tan acertada visión de lo que por estos días se han encargado de publicitar y vender, pretendiendo crear conciencia, estados varios y ciertos organismos internacionales con motivo del día de la persona refugiada (insistiendo además en el masculino “día del refugiado”, cuando la mayoría son mujeres y niñas).


El año de su muerte le dediqué un tardío y póstumo homenaje en la página 25 del número 12 del renovado Tribuna, órgano de expresión de la Federación de Servicios al a la Ciudadanía del sindicato español Comisiones Obreras, curiosamente esa ciudadanía a la que él tan bien leyó y a la que tanto sirvió.


Su literatura nos enriqueció, “era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras”. Sus discursos nos motivaron, como el que ofreció hace diez años, el 17 de junio de 2005, en la Casa de las Américas en La Habana (Cuba). Tras explicar cómo en España, unos años antes, le habían reunido junto a un grupo de personas para que presentaran propuestas para el milenio, que se convirtieron en puro delirio, Saramago nombró la décima suya: “regresar a la filosofía”. Todo eso para invitar a los asistentes a pensar: “Regreso a la filosofía no en el sentido absurdo de que ahora nos vamos a convertir todos en filósofos. Filosofía aquí podría significar exactamente todo lo que esperamos encontrar en la filosofía, es decir, la reflexión, el análisis, el espíritu crítico, libre. Es decir, circular dentro del universo humano donde conceptos de otro tipo se enfrentan, se encuentran, se juntan, se separan, es lo que pasa todos los días, pero apuntar la idea de que si el hombre es un ser pensante, pues entonces que piense.”

 


Un político comprometido


Fue un comunista de pura cepa, un ateo militante, un defensor de la justicia social y de las causas justas, aunque pudieran parecer utópicas, que no significa que estuvieran perdidas.


Fue una simiente que dio muchos frutos, sus más de cuarenta obras publicadas, que nos han llevado a tierras de pecado; al cerco de Lisboa; a la caverna; a releer la existencia de Jesucristo o la vida errante de Caín; a la isla desconocida; a viajar con un elefante o en una balsa de piedra; a levantarnos del suelo; al memorial de un convento; a pensar en el hombre duplicado; a no vernos en la lucidez, o a dejarnos deslumbrar por la ceguera. Todas ellas ocupan, por mérito propio, las más destacadas bibliotecas contemporáneas.


Un revolucionario pacífico que era lo que Edward Said, otro de los grandes pensadores éticos, llamaba un intelectual comprometido, que tienen que usar su lugar destacado en la sociedad para luchar contra el statu quo, para criticar a los poderes y a los medios que intentan moldear a la ciudadanía a través de conformar la mal llamada opinión pública.


Como miembro del Parlamento Internacional de Escritores se atrevió a comparar la situación de la población palestina en los territorios ocupados con el campo de concentración nazi en Auschwitz, declarando tras una visita a Ramala que “Un sentimiento de impunidad caracteriza hoy al pueblo israelí y a su ejército. Se han convertido en rentistas del holocausto. Con todo el respeto por la gente asesinada, torturada y gaseada.”


Y un enemigo de las guerras que defendía que no se manipulara la paz para justificar aquéllas, como dejo claro en el manifiesto de 2003 contra la guerra de Irak.


“Sin paz, sin una paz auténtica, justa y respetuosa, no habrá derechos humanos. Y sin derechos humanos – todos ellos, uno por uno – la democracia nunca será más que un sarcasmo, una ofensa a la razón, una tomadura de pelo. Los que estamos aquí somos una parte de la nueva gran potencia mundial. Asumimos nuestras responsabilidades. Vamos a luchar con el corazón y el cerebro, con la voluntad y la ilusión. Sabemos que los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor. Ellos (no necesito ahora decir sus nombres) han elegido lo peor. Nosotros hemos elegido lo mejor.”

 


Sus pequeñas cosas


Podemos conocerle más y mejor visitando la exposición permanente en la Fundación José Saramago (Casa dos Bicos en Lisboa), la Biblioteca Saramago en Tías (Lanzarote) o la delegación en su Azinhaga natal.


Yo les recomiendo, al margen de esos grandes ensayos que son sus novelas, esa pequeña metáfora, obra maestra sobre el derecho de soñar y de buscar la libertad, que es El cuento de la isla desconocida y también el texto que sirvió de guión a un hermoso cortometraje de animación, que yo utilizo en clase para hablar de educación, comunicación y ciudadanía, La flor más grande del mundo, “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde tanto tiempo venimos enseñando?”


A este mundo insolidario, materialista, grosero y jodón le hacen falta personas como Saramago, gente ética, comprometida y con criterio que piense, que nos haga pensar y que nos invite a la acción tras la reflexión.


Afirmaba: “Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender.”


Le podemos buscar en sus poemas


Ergo uma rosa, e tudo se ilumina
Como a lua nao faz nem o sol pode:
Cobra de luz ardente e enroscada
Ou vento de cabelos que sacode.
Ergo uma rosa, e grito a quantas aves
O céu pontuam de ninhos e de cantos,
Bato no chao a ordem que decide
A uniao dos demos e dos santos.
Ergo uma rosa, um corpo e um destino
Contra o frio da noite que se atreve,
E da seiva da rosa e do meu sangue
Construo perenidade em vida breve.
Ergo uma rosa, e deixo, e abandono
Quanto me doi de magoas e assombros.
Ergo uma rosa, sim, e ouco a vida
Neste cantar das aves nos meus ombros.

 


Y “escucharle” en la voz de Luis Pastor para seguirle pensando.

 

Ergo Uma Rosa (Saramago, Luis Pastor, María Pagés) 

 

O verle y oírle en esos fragmentos inéditos que ha montado el director Miguel Gonçalves Mendes en “José e Pilar”

 

 

José e Pilar- Fragmentos 

 

 

Publicado enCultura
Jueves, 26 Mayo 2016 10:27

La guerra sí tiene rostro de mujer

La guerra sí tiene rostro de mujer

"El manuscrito lleva mucho tiempo sobre la mesa...

Llevo dos años recibiendo cartas de rechazo de las editoriales.
Las revistas guardan silencio. El veredicto siempre es el mismo: es una guerra demasiado espantosa.
El horror sobra. Sobra naturalismo. No se percibe el papel dominante y dirigente del Partido Comunista.
En resumen, no es una guerra correcta [...]”.

Svetlana Alexiévich.

 

Ni la Unión Soviética fue el “socialismo real” que nos quisieron ‘vender’ los ideólogos del Partido Comunista de dicha gran nación, que para 1991 –año de su implosión– sumaba 22 millones de kilómetros cuadrados y casi 250 millones de habitantes; ni tampoco fue el “mal” que sus contradictores hoy propagan, al estilo de sal para la tierra arrasada.

A la sociedad soviética le faltó crítica, pero sobre todo autocrítica. Nunca fue leninista. Fue stalinista. En un principio, un sistema basado en el terror y persecución contra su propio pueblo, en medio de un jefe paranoico, al cual hasta sus propios consejeros le temieron. Con el pasar de los años, especialmente en la década del 70 del siglo pasado, la situación se suavizó, podríamos decir, no fue la democracia obrera perfecta, pero tampoco el régimen de terror que hoy difunden por algunos medios de comunicación. Los años 80, los de nuestra época estudiantil en Bielorrusia, fueron frescos y delirantes, en medio de la influencia occidental que alcanzó a percibir la juventud soviética, la cual ya empezaba a olvidar la guerra de sus abuelos y padres, actuando deseosa de cambios. Por cierto, quien lo creyera, el “camarada” Putin ha rescatado el honor y patriotismo de la nación rusa.

Siete años de estadía en la entonces Unión Soviética así nos lo demostraron. Pero crítica al diario vivir, sí que faltó. Sin embargo, cuando las exigencias lo requerían, los rusos eran capaces de sobreponerse a cualquier adversidad. Eran eso, “rústicos” ante el problema que tenían que enfrentar, y lo hacían con patriotismo, algo tan ausente en el mundo occidental actual. Precisamente por esto el pueblo ruso fue el héroe olvidado de la Segunda Guerra Mundial, lo que en parte es rescatado a través del género femenino que es fielmente representado en el Premio Nobel de Literatura otorgado a la bielorrusa Svetlana Alexiévich.

Para quienes tuvimos esa gran oportunidad de conocer y departir con el “alma rusa”, en mi caso, durante siete años, concretamente en la facultad de periodismo de la Universidad Estatal de Bielorrusia, Minsk, capital de dicha república de la entonces Unión Soviética, y centro de educación superior de donde egresó Svetlana Alexiévich, sí que fue una experiencia para entender los silencios emotivos propagados a voces en el socialismo, fuera a veces real o irreal. Sin embargo, pese al conocimiento logrado del valor de la mujer soviética, lo no aclarado fue el por qué tuvo que guardar silencio durante mucho tiempo para que luego fuera rescatado el papel de su heroíco protagonismo en contra de la ocupación nazi y su fe en el Estado socialista, así como su lucha por la paz y contra la guerra. Analicemos situaciones, y después rescatemos.

 

Un oscuro período

 

“Oksana, el camarada Stalin lucha. Aniquila a los malvados. Pero ellos son muchos”. “No –me respondió–, eres tonta. Mi padre enseñaba Historia en la escuela y me decía: “Un día el camarada Stalin pagará por sus crímenes [...]”.

Fue Stalin y su famoso stalinismo, quien impuso un régimen de terror, sobre el cual se ha hablado mucho y corrido tinta a kilómetros en libros y revistas de todo el mundo, pero aún no se ha explicado con claridad por qué un individuo paranoico y enfermizo, aterrorizó a toda una sociedad que estaba llamada a salvar el mundo de la explotación capitalista y crear el llamado “hombre nuevo”.

Se dice que fue por los Kulaks, que más que terratenientes, era medianos campesinos con capacidad de alimentar a Rusia. Los enterraron vivos, y nunca más la Madre Rusia pudo solucionar su problema de abastecimiento alimenticio. De ahí en adelante, cualquiera se convirtió en enemigo del pueblo. Incluso, dirigentes probos de la revolución rusa, por ciento, próxima a cumplir en el 2017 los cien años, no sólo fueron arrestados, sino asesinados sin justa causa, incluido un gran sector del alto mando militar, acción por la que Rusia estuvo a punto de caer en el invierno de 1941 ante la maquinaria alemana.

Rusia se recuperó en plena guerra, y fue más por el tesón de su pueblo que por el culto a la personalidad de Stalin. Este inmenso país estuvo a punto de perecer en 1941, y con ella el mundo.

“Somos una tribu en vías de extinción. ¡Unos mamuts! Somos de una generación que creía que en la vida hay cosas que están por encima de la vida humana. La patria y la Gran Idea. Bueno, y también Stalin. ¿Por qué negarlo? Las cosas como son”. (Nina Yákovlevna Vishnévskaia, técnica sanitaria, batallón carros de combate).

“Mi padre era un héroe de la guerra civil, comandante del tren acorazado que había luchado contra la rebelión de las legiones checoslovacas (invasores de Rusia en 1917). En 1931 fue condecorado con la Orden de la Bandera Roja [...] En 1937 interpusieron una denuncia contra él, trataron de difamarle. De convertirlo en un enemigo del pueblo. Eran aquellas horribles purgas de Stalin [...] pero mi padre logró ser atendido por Kalinin1) y recuperó su buen nombre. Todos conocían a mi padre. Valentina Pávlovna Chudaeva, sargento, comandante de una unidad de artillería”.

 

La guerra y el valor soviético / El horror del fascismo alemán

 

“Me acuerdo de [...] Entramos en un pueblo, los cadáveres de los partisanos yacían desde donde comenzaba el bosque. No soy capaz de relatar cómo les habían torturado, mi corazón reventaría. Les habían cortado a trozos [...] les habían sacado las entrañas, como a los cerdos [...] Estaban allí tirados [...] Muy cerca pastaban los caballos. Se veían que eran de los partisanos, algunos estaban ensillados. A lo mejor se habían escapado de los alemanes y después habían regresado, o tal vez no se los habían llevado por las prisas, a saber. El caso es que estaban allí cerca. Había mucha hierba. Y también pensé: “¿Cómo la gente se atreve a cometer esas cosas delante de los caballos? Delante de los animales”. Los caballos tal vez lo estarían viendo [...]”.

Lo increíble del libro de la Nobel Svetlana Alexiévich La guerra no tiene rostro de mujer es, ante todo, el rescate del valor y heroísmo de los soviéticos en la cruel Segunda Guerra Mundial. No en vano murieron durante ella más de 20 millones de rusos, bielorrusos, ucranianos y demás. Pueblos enteros fueron barridos, niños, jóvenes, mujeres, ancianos, la retaguardia en general fue violentada. La economía recién reconstruida de la guerra civil fue bombardeada. A los soviéticos siempre les escuché decir en mi paso por ese gran país, que los americanos, los gringos, amén de su propia guerra civil, no han padecido el sufrimiento de una guerra de invasión. Antes, por el contrario, han invadido.

Una cosa es leer y otra escuchar de viva voz, de los pocos que quedan, sobre lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial y lo duro que le costó la invasión fascista a la Unión Soviética, reflejado en pérdidas humanas y materiales. Se dice que fueron 20 millones de soviéticos muertos en la guerra de aquella época. Es, entonces, cuando uno se pregunta, ¿para qué la guerra, si al final, en vez de contar muertos nos corresponde iniciar el resurgimiento nuevamente? En Colombia llevamos más de un siglo matándonos, reconstruyendo, destruyendo y robando (las élites). Ha sido una guerra de baja y alta densidad. De seudo “clase dominante” contra el pueblo, pero también de pueblo contra pueblo.

A los soviéticos, aparte de todo, les crearon un Estado, y les enseñaron que éste lo era todo. Y, en efecto, así fue. Se trató de un Estado capaz de desarrollar una economía. De feudal, hacerla industrial. Educó a su pueblo, lo igualó y le dio bienestar social. Pagó por un expansionismo imperial que nunca tuvo, y creó una clase dirigente parasitaria, que al primer intento que tuvo, se convirtió en capitalista de corte mafiosa, y borró de un plumazo todo el orden social y político por el cual murieron millares de idealista en el Tercer Mundo. He ahí las paradojas de la vida, donde hoy los nietos o bisnietos, unos pocos, por supuesto, descendientes de luchadores contra la invasión del fascismo alemán en tierras eslavas, se enorgullecen de lo capitalista que son: hasta equipos de fútbol de Inglaterra compran. ¿Qué dirán los “camaradas” colombianos?

De esta manera, quien lea el libro de Svetlana Alexiévich se encontrará con los horrores de la guerra, pero ante todo, con el sufrimiento de un pueblo que contra y en medio de la mayor adversidad, lo dio todo, hasta sobreponerse. En sus páginas nos presenta, especialmente, el odio fascista hacia los eslavos, en concreto hacia los rusos. La forma como eran exterminados pueblos enteros, y como los sobrevivientes, hasta comiendo barro y hojas, se enfrentaron a una fuerza superior pese a lo cual, contra viento y marea, guiados por la denominada dirección del partido y por el Estado soviético, triunfaron. Por eso entiendo al “patriota” Putin, cuando protesta ante quien osa destruir un monumento de quienes dieron la vida por derrotar a Hitler y se dieron el lujo de llegar primeros a Berlín un 8 de Mayo de 1945 e izar la añorada bandera del Ejército Rojo sobre el Reichstag.

“Tomamos una aldea [...] Buscábamos agua. Entramos en un patio donde habíamos divisado un pozo con cigoñal. Un pozo artesanal, tallado a mano [...] En el patio yacía el dueño de la casa, fusilado [...] A su lado estaba su perro. Nos vio y comenzó a gañir. Tardamos en comprender que nos estaba llamando. El perro nos llevó a la casa [...] En la puerta hallamos a la mujer y a tres niños [...].

“El perro se sentó y lloró de verdad. Como lloraban los humanos [...]”.

 

Las mujeres rusas, valentía femenina ante el olvido

 

“Quiero hablar [...] ¡Hablar! ¡Desahogarme! Por fin alguien nos quiere oír. Llevamos tantos años calladas, incluso en casa teníamos que tener las bocas cerradas. Décadas. El primer año, al volver de la guerra, hablé sin parar. Nadie me escuchaba. Al final me callé [...] Me alegro de que hayas venido. Me he pasado todo el tiempo esperando a alguien, sabía que alguien vendría. Tenía que venir. Entonces era joven. Muy joven. Qué pena. ¿Sabes por qué? No fui capaz de memorizarlo [...]” (Natalia Ivánvna Serguéeva, soldado, auxiliar de enfermería).

Pero como en el poema de Brecht, era necesario conocer a ese Estado. Y en éste, para quienes lo conocimos, las mujeres eran y fueron superior a sus dirigentes. Recordemos que las soviéticas se destacaron de inmediato al comienzo de la revolución rusa por igualarse laboralmente a los hombres. Pero en la guerra fueron superiores, ya que combatieron, ayudaban a sus similares masculinos, les aconsejaban y se sobrepusieron espiritualmente a éstos. Fueron la esencia del gran triunfo soviético en la Gran Guerra Patria de 1941-1945.

Pero, ¿por qué les violentaron la palabra? He ahí lo que muchos nos preguntamos, y sobre lo cual habla la premio Nobel de Literatura 2015, a través de las verdaderas protagonistas de quienes dieron su vida por la defensa de la patria soviética: la valiente mujer rusa.

Niñas ya adolescentes que sintieron en sus corazones el llamado a la defensa de su patria, que nunca se consideraron inferiores a sus congéneres masculinos, que quisieron estar al lado de sus padres y hermanos, y que en tal sentido, vieron los sufrimientos de la guerra con rostro de mujer, quizás peor, o tan igual, que como lo han hecho las mujeres de los Montes de María, de Bojayá, de Apartadó, al igual que las viudas de los asesinados líderes sindicales, sociales y de la Unión Patriótica. Mujeres todas, pero al fin y al cabo, seres humanos que desde sus rostros femeninos hoy le dicen no a la guerra, sí a la paz, pero en democracia y con justicia social. Por eso, La guerra sí tiene rostro de mujer, y sea esta una invitación para leer el libro acá comentado, y de esta manera entender de primera mano lo duro de la guerra y el por qué debemos luchar por construir democracia “desde abajo” y en paz.

“Mi historia es corta [...] El cabo preguntó: niña, ¿cuántos años tienes? Dieciséis, ¿por qué? Porque –dijo– no aceptamos a menores. Haré lo que sea. Hornearé el pan –me dejaron quedarme”. (Natalia Mujamedínova, soldado, panadera).

“Cuando empezó la guerra [...] Yo tenía 19 años [...] Vivía en la ciudad de Múrom, en la región de Vladímirskaia. En el mes de octubre de 1941, a nosotros, los miembros del Komsomol, nos enviaron a construir la carretera Múrom-Gorki-Kulebaki. Regresamos y nos llamaron a filas”. (María Alexiévna Rémneva, subteniente, empleada de correos”).

 

* Comentarios al libro, La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015.
** Periodista y magister en periodismo, Universidad Estatal de Bielorrusia
1 Kalinin: Uno de los pocos grandes dirigentes amigos de Lenin que sobrevivió al stalinismo.

Publicado enEdición Nº224
Jueves, 26 Mayo 2016 09:34

La leyenda del arroz

La leyenda del arroz

En el universo, el caos había terminado. El Augusto de Jade, padre de los dioses que reinaba sentado en un trono de zafiros y a cuya diestra se sentaba la Estrella del Sur, Nam Tao, que llevaba el registro de nacimientos, bajó a visitar el globo acompañado por el Genio de la Tierra, Tho Dia. Más al verlo tan triste y desolado, semejante a una pelota de arcilla amarilla, no hacía más que cavilar pensando qué podría hacer. Por fin, dijo a uno de sus oficiales, el viejo Kim Kuang:

–He decidido crear hombres y animales sobre la tierra. Pero antes, tú, querido Kim Kuang, irás a echar este haz de hierbas, cada una por separado, y estos dos enormes granos de arroz, así ellos tendrán con qué alimentarse cuando lleguen.

Después de inclinarse respetuosamente ante el Señor del Cielo, Kim Kuang montó en el arco iris para cumplir la misión que le habían confiado. Y cuando estuvo cerca de la tierra arrojó el manojo de hierbas. Pero, sea por negligencia o por incapacidad del oficial, el manojo de hierba cayó junto y no por separado, como lo había ordenado el padre de los dioses. Kim Kuang vio que la mancha crecía rápidamente, y que muy pronto la hierba cubría todo el espacio que no estaba sumergido por las aguas.

Al ver aquello, miró los dos granos de arroz, y se dijo: –Si cada grano se multiplica como la hierba, no quedará en la tierra lugar para los hombres y los animales.

Decidió, entonces, echar sólo un grano; el otro se lo comió. Poco después, cuando el padre de los dioses creó los hombres y los animales, observó sorprendido que en la tierra había más hierba que espigas de arroz. Indignado, llamó a su presencia a Kim Kuang.

–Has estropeado lo que debía ser mi obra más hermosa –le dijo– ahora la tierra es una enorme pelota de hierba, y a los hombres y a ciertos animales les costará mucho hallar alimento. Por eso voy a crear otro animal y tú mismo serás el que baje a la tierra bajo esa forma. Te condeno a comer toda esa hierba hasta que logres librar de ella a la tierra.

De nada sirvieron las protestas del infeliz Kim Kuang, pronto vio como se iba convirtiendo en un animal de cuatro patas.

Y desde entonces, el búfalo come hierba sin cesar con la esperanza de acabar, algún día, con toda la que hay en la tierra.

 

Datos histórico-geográficos

 

Uno de los países más extensos del planeta, está compuesto por grandes cordilleras y mesetas. Tiene varias regiones topográficas: Zungaria, Turquestán chino, El Tibet, China septentrional, China meridional, China del nordeste o antigua Manchuria. Parece ser una de las regiones más antiguamente pobladas por el hombre. Los restos del célebre Sinántropo (hombre de Pekín) demuestra la existencia humana desde el paleolítico inferior.

Es uno de los países del mundo con más antiguo desarrollo económico. Hace cinco o seis mil años, la gente que vivía en la cuenca del río Amarillo ya se dedicaba a la agricultura y a la cría de ganado. En la dinastía Shang, de hace más de 3.000 años, ya se conocía la técnica de fundir el bronce, utilizaban instrumentos de hierro, y producían utensilios de alfarería blanca y esmaltada.


La producción de seda y su tejeduría también estaban bastante desarrolladas en esa época. En el Período de Primavera y Otoño (770-476 a.n.e.), apareció la técnica de producción de acero.

En el Período de los Reinos Combatientes (475-221 a.n.e.) la famosa obra hidráulica de Dujiangyan fue construída en las cercanías de la actual ciudad suroccidental de Chengdu, y ha venido desempeñando, durante más de dos mil años, un papel importante en el regadío, desviación de inundaciones y la evacuación de arenas. Durante la dinastía Han (206 a.n.e. - 220 n.e.), la agricultura, la artesanía y el comercio experimentaron un enorme desarrollo. El emperador Wudi mandó a Zhang Qian a una misión hacia el oeste, abriendo la famosa “Ruta de la Seda”, que partía de Chang An (hoy Xian, provincia noroccidental de Shaanxi) hacia la costa oriental del mar Mediterráneo, pasando por Xinjiang y Asia Central, ruta que hizo posible el transporte continuo de las prendas de seda de China hacia Occidente.

En la dinastía Tang (618-907), la agricultura, las artesanías y el comercio se expandieron en grandes medidas. La agricultura, la alfarería, la siderurgia y la astillería vieron nuevos progresos técnicos. Las comunicaciones por agua y tierra registraron un gran desarrollo y se establecieron amplios contactos económicos y culturales con Japón, Corea, India, Persia y los países árabes.

La última dinastía fue la de los manchúes que instauraron la dinastía Tsing que gobernó hasta 1911 año en el cual se proclamó la república.

China contribuyó al progreso del mundo con inventos como el de la brújula, relojes de agua, molinos para mover los fuelles de las fundiciones de hierro, el compás, el sismógrafo, la imprenta de madera y descubrimientos como la pólvora, la tinta, el papel, la seda y otros más.


En l949 Mao-Tse-Tung junto al ejército revolucionario comunista proclamó la República Popular China, de carácter democrático. Posteriormente adelantó la gran revolución cultural con la cual llevó al país a un cambio significativo. Hoy China, con avances notables en su economía, en la ciencia, y en la tecnología se ha abierto de nuevo a occidente y se mantiene bajo un gobierno socialista.

 

 

Algunos datos sobre el arroz:

Según lo hasta ahora investigado, el arroz tuvo su origen en el sudeste asiático y aunque se encuentran aún hoy todavía algunas plantas silvestres de esta familia de gramíneas en India y china, fue en China hacia los 7000 años A.C que se realizó su cultivo. El Oriza sativa es la especie que se desarrolló en Asia, sin embargo también se ha encontrado otra variedad la oriza glabérrima en el delta del Níger en África. Es una planta semi-acuática y crece en climas tropicales. Es rica en niacina, vitamina B6, tiamina y es buena fuente de magnesio. Los griegos y romanos la conocieron más como planta medicinal. Los moros la introdujeron a España y por supuesto a Europa y de ahí viajó a América. Es en la actualidad un cereal de consumo mundial muy importante tanto que la ONU declaró el año 2004 como el año mundial del arroz. Ocupa lugar de preferencia junto al maíz y el trigo en el consumo humano.

 



Publicado enEdición Nº224
Jueves, 26 Mayo 2016 09:19

Crímines sublimes

Crímines sublimes

“Visitemos cogidos de la mano la gran galería del asesinato, poseídos 

de deliciosa admiración…”

 

Thomas De Quincey

 

 

 

Versión en pdf

Crímines sublimes 

Publicado enEdición Nº224
Jueves, 28 Abril 2016 14:30

¡Hola, soy chaquespeare!

¡Hola, soy chaquespeare!

¿Cuál es el papel de la Feria del Libro? ¿Cuál es el papel del escritor? La segunda pregunta tiene múltiples respuestas que implican la subjetividad de cada persona, aunque pueden reunirse afirmaciones como: “el escritor debe entretener”, “estimular nuestra imaginación”, “el escritor debe denunciar” o, incluso, todo lo anterior. En parte considero que el escritor debe ser sincero y crítico con la realidad que lo envuelve al momento de generar un texto de cualquier tipo; y aunque dejo de lado muchas respuestas que podrían dar respuesta a esa segunda pregunta hay una realidad: en Colombia no somos consumidores consientes y mucho menos de libros.

 

En un estudio realizado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe –Cerlalc– tomaron a seis países de Latinoamérica, incluida Colombia, y concluyeron que el nuestro es el país donde menos se lee (el estudio se reflejó en la página web de Portafolio), confirmando otro estudio mostrado en eltiempo.com en el cual se afirma que la mitad de la gente que no lee (55,9%), evita este buen habito porque simplemente no les gusta o no les interesa; otras personas argumentan que no tienen tiempo y otras que prefieren las revistas a los libros, dejando claro que para no leer hay muchas excusas y poco agrado.


¿Debe entonces el escritor hacer más llamativa, más interesantes, sus narraciones para que más gente lo lea? La pregunta es insultante desde el punto de vista de un escritor joven y nuevo, pero desde el punto de vista de grandes maestros creo que la pregunta sería llevada a la hoguera o se dejaría marchitar en una esquina sombría ignorándola, pues no vale la pena contestarla. Con maestros como Lewis Carrol, Borges, Bioy Casares, Bécquer, Dickens, Hemingway, Doyle, ‘Gabo’, Rulfo, Nabokov, Kafka, Ortega y Gasset (que es una sola persona), Tolstoi, Twain, Bolaño y la lista continua... decir que la literatura no es entretenida solo muestra el bajo interés que se tiene por la palabra escrita. Las narraciones, los libros, largos o cortos, con o sin dibujitos son narraciones entretenidas. Incluso para los que no pueden concebir las narraciones sin su correspondiente dibujo se les podrían recomendar novelas gráficas y narraciones como carta a un rey de Tonke Dragt (que por cierto es de los Países Bajos el país invitado a esta feria) o El principito; y en cuanto a novelas gráficas Maus o V for Vendetta hablando de algunas populares e incluso unas menos populares como El fotógrafo o la obra de Joe Sacco que suelen, además de ser muy entretenidas, también muy interesantes porque abordan distintos temas de manera crítica.


Si es así, si hay tanta variedad, ¿por qué a la gente no le gusta leer? Como dije anteriormente hay un mundo de lecturas para que las personas puedan escoger, lecturas que van de la izquierda a la derecha, de la inmensidad de las nubes –pasando por el reino de los cielos– deteniéndose en la tierra y en las cosas más mundanas e inmundas (según gustos) y llegando al averno, para colarnos de alguna forma al infierno. Literatura que va desde la realidad más cruda hasta la inagotable fantasía y aun así la gente se alza diciendo que no tiene tiempo para la lectura o que prefiere las revistas a los libros (evidentemente Soho le gana la partida a Lost Girls). Pues bien, si este es un país de no lectores y de doctores falsos, ¿por qué se vendieron la totalidad de las entradas a la Feria del Libro en Bogotá el día que vino el youtuber Germán?


Teniendo en cuenta ese mar de libros, algunos muy valiosos y otros sin ningún valor en absoluto, no es de extrañar que un youtuber publique un libro (si no nos asombramos por el libro de poemas del Ilustre Roy Barrera llamado Que la paz sea contigo, y que es tan malo para el verso como el autor para la politica) pero sí debemos preguntarnos, ¿por qué la gente prefiere un libro de un youtuber al de un escritor? Este interrogante está evidentemente relacionado con la pregunta que abre este escrito, ¿cuál es el papel o la función de la Feria del Libro?


Antes de contestar debemos tener en cuenta que hay una nueva era en que las redes sociales no sólo son un espacio para conectarnos y para dar nuestras opiniones sino también para volvernos más populares. La cajita estupidizadora llamada televisión, la cual le imponía sus contenidos a la tele-audiencia, ha dado un paso al costado en pro de las nuevas tecnología que ahora nos permiten, como usuarios, elegir que queremos ver, que queremos consumir, y seguimos prefiriendo entretenimiento estilo hamburguesa de Mc Donalds, a esas cosas desabridas y sin sabor que en verdad nos alimentan (seguimos eligiendo los dulces de la tienda a las sopas de mamá) y YouTube es una plataforma que muchos usamos –al igual que Facebook o Twitter– para entretenernos, comunicarnos, informarnos e incluso, como lo hace el youtuber, para ganar dinero y fama.


Ahora bien, la Feria del Libro no es tan solo un espacio cultural en donde podemos encontrar cosas como países invitados, los cuales nos enseñaran algo de su historia, de sus costumbres y su cultura; o espacios de discusión donde se promueven lectura y distintas formas de escritura como algo necesario para el desarrollo personal y social. No, por desgracia la Feria no es solo ese espacio cultural, la Feria también es un espacio de comercio en donde además de la lectura se promociona la industria editorial. Industria que promueve los libros bajo un enunciado mercantilista básico: ¡lo importante es vender!, muchas veces no interesa si hay o no un contenido de fondo en el libro, lo importante es que haya un comprador que desee tenerlo y ¿acaso se debe juzgar a un youtuber por querer escribir un libro y por querer venderlo? O ¿más bien se debería señalar a la industria editorial por vender lo que vende? Tal vez debamos señalar a esas grandes empresas por vender la basura que venden, sin embargo es momento de que el colombiano promedio se vea al ombligo (ese que en muchos casos cuelga por causa del sedentarismo y la ingesta inadecuada) y se percate de que muchas empresas venden ese tipo de productos porque esas personas que no leen están dispuestos a aceptarlos, porque no tienen una opinión crítica ni una educación para saber qué consumir.


Me parece que no es justo invalidar un texto de un youtuber solo porque este lo escribió, sin embargo yo haría dos precisiones: la primera es que la gente que lo compró no sabe de qué se trata el libro, aunque saben al menos que significa el nombre del libro Chupa el perro (y no se asombren pero así se llama y es uno de los libros más vendidos en esta edición de la Feria); y la segunda es que buscando en internet uno puede encontrarse con que el youtuber, por medio de un video, invita a comprar el libro y dice que es una mezcla entre libro y revista, muestra que en el interior del libro hay fotos del autor, lee los agradecimientos y básicamente afirma que solo sus seguidores lo podrán entender. También en un artículo del portal Shock dicen que “la intención [del autor] es dar respuesta a problemáticas sobre las confusiones de la adolescencia”. No sé qué tan capacitado esté el youtuber para dar respuestas a ese tipo de problemáticas, y no sé si la cantidad de personas que fueron a Corferias tenían ese tipo confusiones de adolescentes, supongo desde mi profunda ignorancia que muchas de las personas que conforman ese 55 por ciento acudieron a ver no al autor de un libro sino a su ídolo de YouTube. Y queda claro que fue gracias a la popularidad del youtuber que vendió, y en grandes cantidades, ese libro que en una traducción libre al inglés se llamaría Blowdog.


Como ven mi intención no es señalar al youtuber, sino a los fanáticos y a las editoriales. Es obvio que las editoriales vieron en la popularidad del youtuber una oportunidad de agrandar más sus arcas, y digo agrandar porque es la editorial Alfaragua la que decidió darle vida al libro y esto fue aprovechado tanto por ellos como por el autor, para cumplir con ese fin de vender y de ganar mucho dinero. Y es muy triste entender que hay gente que no lee porque no le gusta o que prefiere leer revistas o que simplemente no tiene tiempo para leer (porque siempre es preferible dormir en el bus que leer allí, y si no me creen pregúntenle al oftalmólogo o al optómetra) y es terrible imaginarse a mucha de esa gente (muchos de esos niños con padres que seguramente leerán menos que sus hijos) haciendo filas interminables para ir a ver a su ídolo de internet y para leer un libro que muy probablemente no entre a la historia como uno de los mejores y sí como uno de los más vendidos de la Filbo 2016.


Hay quienes consideramos a la Feria un lugar en donde deben ir buenos escritores con buenos libros, un lugar donde la cultura prime sobre el comercio, y no recibimos un amable despertar por parte de un muchacho que gracias a su popularidad en las redes movió a sus fanáticos y les vendió lo que les vendió (como algún periodista lo afirmo). Contrario a eso, la gente que se preocupa por leer y que va a la Feria para encontrar libros a precios bajos o algún libro que no ha podido encontrar en las librerías o en las bibliotecas; libros que los entretengan o los hagan reflexionar, pudo darse cuenta de dos cosas: 1-. que los libros que se ofertan en ese lugar también pueden encontrarse en las librerías locales y al mismo precio, es decir que es muy difícil encontrar en la Feria algún tipo de descuento o de promoción por el que valga la pena pagar la entrada y, 2-. la verdad es que, contrario a lo que dijo el periodista, recibimos un amargo despertar en donde nos hemos dado cuenta de que las personas de este país no saben que le meten a sus cuerpos y compran lo que compran porque está de moda.


Realidad de apuño que bofetea a muchos y muchas, precisamente cuando se cumplen 4 siglos de conmemoración de Shakespeare y de Cervantes (quienes murieron, según calendario gregoriano, en 1616). Y en Colombia se prefiere leer a un youtuber que a estos grandes autores. Posiblemente para que a estos dos grandes los tuvieran en cuenta en un buen horario y en un buen lugar de la Feria les hubiese tocado anunciarse por Facebook, Twitter y hacer unos cuantos videos en YouTube, y aun así nada es seguro, porque un canal en YouTube llamado Hola, soy Shakespeare (que seguramente muchos leerían como chaquespeare) y otro canal llamado Hola, soy Cervantes (un mocho que si no hace de doña Cleofe no tendría mucha gracia en este país) nunca serán tan populares como el del youtuber German.

 

Por John Rodríguez
Filósofo UNAL

Publicado enColombia
Jueves, 28 Abril 2016 14:03

Novela, historia, memoria y ficción

 

                   

      

           

 

 

 

 

Lunes, 25 Abril 2016 15:04

La guerra de los mil olvidos

La guerra de los mil olvidos

Más de cien mil muertos en una guerra que duró cerca de cuatro años. Madres sin hijos, huérfanos, viudas, hermanos sin hermanos, tierras sin hombres, frutos cayendo podridos sobre una tierra infértil luego de tanta sangre derramada, pueblos inhóspitos donde arreció el olvido como un temporal, destierro, hambre y pobreza. Campesinos, indígenas y pobres quienes más perecieron en batalla. Y ¿a costa de quién murieron tantas personas, tantos colombianos? A costa del odio intrincado entre políticos de dos bandos que querían el poder a como diera lugar. Uno de ellos: retenedores del poderío a partir del fraude, la fuerza y la religión; el otro: librepensadores que deseaban romper con la cadena que ataba al país a la pobreza e ignorancia.

Este triste fragmento de la historia colombiana ha sido llamado La Guerra de los mil días, aunque por su época se conoció como la Guerra de Uribe, haciendo referencia al General liberal Rafael Uribe Uribe quien defendió a sus huestes con su propia sangre, especialmente en el enfrentamiento que tuvo lugar sobre el río Peralonso donde el General atravesó los maderos desvencijados del puente y de la mano del capitán Zuleta y otros diez temerarios soldados, logró tomar posesión de las trincheras en las que se encontraba apostado el ejército gobiernista que no tuvo oportunidad de reaccionar al observar el heroísmo de sus enemigos.

Lo más extraño es que este acontecimiento ocurrido hace ya más de un siglo, parece una copia demasiado antigua y olvidada de los atropellos a los que se ven sometidos hoy día muchos de los campesinos y pobres de nuestro país. Y al leer sobre dichos eventos catastróficos, como la relatada en la batalla de Palonegro donde se enfrentaron cerca de veinticinco mil combatientes y murieron algo más de quince mil (por supuesto la gran mayoría pobres sin esperanzas) queda absolutamente claro que Colombia ha viajado por una carretera en ruinas donde siempre se ha tropezado con las mismas dos piedras, una de ellas representada en la avaricia de los políticos de todos los tiempos que desean a como dé lugar retener el poder y como “buenos” políticos son cobardes que envían a sus seguidores a matar y a morir en los campos de batalla para que defiendan una serie de ideas ególatras y narcisas; y la otra piedra es el desconocimiento que tenemos los colombianos de nuestra historia, ignorancia que nos arroja al abismo del odio por el otro que es distinto y a elegir a los mismos para que nos dirijan y para que sigan endilgando sus rencores.

Sin embargo, debo reconocer que al inicio de las lecturas sobre la Guerra de los Mil Días me sentí fascinado intentando imaginar cómo el desgobierno obligó a los más pobres y a los campesinos a pelear en su ejército; cómo los insurrectos liberales pelearon con armas exhumadas de las guerras pasadas y hasta con palos y piedras; cómo las mujeres y los niños siempre estaban en medio del fuego cruzado recogiendo las cápsulas de las balas para venderlas luego; cómo las batallas se dieron de forma desorganizada pues los rebeldes no hacían caso a sus comandantes y los soldados del ejército gobiernista debían ir amarrados y en fila para luchar; cómo los políticos en Bogotá se regodeaban en sus salones y muertos de la risa mientras los demás se mataban en el campo; cómo la valentía de sus combatientes (claro ejemplo del general Rafael Uribe Uribe en la batalla de Peralonso) y de algunos soldados rayaba con el desapego a la vida y cómo la sevicia inimaginable, la valentía o la estupidez fueron características principales en batallas como la de Palonegro.

Muchos de esos acontecimientos me marcaron y me hicieron reflexionar a propósito de la situación actual del país que en nada se diferencia con la de esa época, pero aquella batalla de Palonegro, ya citada, fue la que más me desconcertó y la que determinó la coartada para que me decidiera a escribir la novela Rifles bajo la lluvia, editada bajo el sello Desde Abajo.

En libros como La guerra de los mil días de Aída Martínez Carreño, La guerra de los mil días de Jorge Villegas y José Yunis, Memorias de la guerra de los mil días de Lucas Caballero, en la biografía El general Uribe de Rafael Serrano Camargo, Historia militar de Colombia de Jorge Martínez Landínez (en el cual hay unas reproducciones bellísimas de los croquis de batalla de algunos generales gobiernistas) y en Palonegro de Henrique Arboleda Cortés, se da cuenta de los horrores que se vivieron en dicha batalla que inició el día 11 de mayo de 1900 hasta el día 25 del mismo mes en proximidades a las casas de Palonegro (donde actualmente queda ubicado el aeropuerto de Bucaramanga), por el camino de los Chorizos que se bifurcaba en otros cuatro caminos: Los Chorizos al norte, la mesa de los Puyanas al occidente, Lebrija al sudoeste y el Boquerón al sur, donde quedaron diseminados los cuerpos de los combatientes como amapolas cadavéricas.

Lo más extraño de esta batalla fueron los pormenores de los que me fui enterando entretanto avanzaba en mis lecturas. Al inicio los dos ejércitos se enfrentaron fieros por el control de la zona y el aniquilamiento del enemigo, pero con el paso de los días, de las noches insomnes y debido a las altas temperaturas registradas en dicha geografía, los ejércitos se fueron mermando, las fuerzas iban desapareciendo y el espanto acumulando. Los miles de soldados caídos en batalla no eran recogidos para darles sepultura y los olores fétidos que emanaban desesperaron a los sobrevivientes que dicen duraron meses circundando la zona, hedores que por lo demás jamás pudieron olvidar. El miedo había entrado en los huesos de las tropas a lo que los generales debían suministrar aguardiente mezclado con pólvora para que se envalentonaran. Y era ya tanto el plomo que se habían dado que los últimos días de la guerra los soldados no podían ver más allá de cinco metros de sus narices porque las implosiones de la pólvora no se los permitía, además por el cansancio ya ningún soldado sabía a qué bando pertenecía, no recordaban si estaban vivos en medio de un infierno o si ya estaban muertos y de eso se trataba la expurga de sus pecados; pero lo que sí sabían con certeza era que todos habían perdido. Esto quiere decir que los únicos que se enorgullecieron con esta catástrofe fueron los generales que registraron la batalla desde las cimas de las montañas y daban órdenes y los políticos en el país, que se jactaban de la fuerza de sus tropas.

Y esta batalla también la perdió el general Uribe Uribe, el amigo del gran poeta Silva; el General a quien el expresidente Caro engañó otorgándole un salvoconducto de paz pero que de igual forma ordenó apresarlo en la Costa Atlántica, en el río Magdalena, en cercanías de Mompox; General que vio morir a su padre al final de dicha travesía tras rescatarlo de la cárcel; el mismo General errante que debió huir en cientos de ocasiones para librarse de la muerte, abandonando a su esposa Tulia y a sus hijos; aquel fatídico General que no ganó una sola guerra y que inmortalizó Gabriel García Márquez con el nombre del coronel Aureliano Buendía; el triste y bizarro General que tuvo la valentía de cruzar el puente del río Peralonso a pesar de que en la otra orilla lo estaba esperando apostado el ejército enemigo siendo tal su demostración de valor que los hizo recular y retirar; el General poeta que envalentonaba a sus seguidores a partir de su discurso lleno de flores y de balas. Pero para la historia viva de nuestro país no queda nada de esto, tampoco la valentía de los miles de soldados que pelearon por conducción ajena e intereses personales de los mismos todopoderosos de siempre, en aquella guerra que se llamó de los Mil Días pero que para nuestra historia reciente debiera llamarse La guerra de los Mil Olvidos.

De esta forma, el eterno retorno de nuestra historia ha causado el enriquecimiento del poderoso y el debilitamiento del menos favorecido, es por esto que me aterra cuando cientos o miles de colombianos piden aniquilar por medio de las armas al enemigo sin llegar a imaginar que ya hartos están nuestros campos de tanta barbarie. Así que, la guerra que se dio en 1899 y la que se da hoy, es de todos los tiempos, es un relato que se repite y que pareciera, lo lleváramos asido a nuestro ser para seguir reproduciéndolo sin ser advertido.

 

Libro relacionado

Rifles bajo la lluvia

Ediciones desdeabajo, abril 2016

Publicado enEdición Nº223
Lunes, 25 Abril 2016 15:02

Franskentein, el moderno Prometeo

Franskentein, el moderno Prometeo

Doscientos años después de ser escrita (1816), Frankenstein, el moderno Prometeo, la obra de Mary Shelley, sigue en la galería de las inmortales de la imaginería popular.

De ella han dicho que es gótica, que representa el inicio de la ciencia ficción, fundadora de la literatura fantástica y de horror, o también no apta para niños. Una obra sobre la cual han realizado análisis psicológicos, psiquiátricos, psicoanalíticos, socio-lingüísticos, metafóricos.

 

Progenitores

 

Mary Shelley, era hija de dos intelectuales de la época: su madre, la siempre recordada Mary Wollstencraft, quien en su libro “La vindicación de los derechos de los hombres”, polemizo con Burke sobre los derechos sociales, mujer activa recordada como una de las primeras feministas, autora del primer libro sobre el tema: la “Vindicación de la mujer”. Su padre fue el escritor y filósofo anarquista William Godwin, autor de “ Investigación acerca de la justicia política”. Tal vez fue una hija no deseada, la madre murió después del parto y el padre nunca la quiso. Ella siempre llevó el apellido de su madre, no el de su padre, pero la obra se la dedicó al padre.

 

El origen de la obra

 

Cuando Mary tenía diecinueve años viajó por Europa con su pareja, el poeta Percey Shelley; en realidad huyó de la casa de su padre para casarse, lo que no sucedió sino años más tarde, viaje apresurado y presionado por su novio, que ya estaba casado, y expulsado de Oxford por ateo. En su periplo hicieron una parada en Ginebra, en específico en la Villa Diodati, a orillas del lago Ginebra; la razón fue que Claire Clarmon, hermanastra de Mary, había quedado embarazada tras un fugaz romance con el poeta Lord Byron. La visita era para dirimir el asunto. Byron llegó con su médico personal el Dr. John Polidori. Era una reunión de románticos.

Los cinco personajes tuvieron que pasar varias noches oscuras y tormentosas encerrados, discutiendo sobre ciencia y ocultismo y leyendo una colección de cuentos alemanes sobre fantasmas. Una de las discusiones giró en torno a la muerte y la vida, de si era posible que un ser humano fuese capaz de crear vida de manera artificial, debate que puso el poeta Shelley, aficionado a la alquimia e interesado en el conocimiento primordial, al que el doctor Polidori respondió con los últimos avances de la ciencia sobre el galvanismo, o la importancia del magnetismo en los seres vivos.

En medio de la discusión el poeta Byron propuso una apuesta: escribir un texto de horror mientras estaban de visita, a lo que los cinco respondieron con sus respectivos textos. Es muy probable que los contertulios no se imaginaran que ese ejercicio literario los llevaría a crear el género fantástico en la literatura.

El doctor Polidori escribió el primer tema que se conoce sobre vampiros, titulado Vampiro, y lo mismo hizo Byron pero sin éxito, mientras Mary escribió un cuento de horror llamado Frankenstein, después de una noche en que se soñó con una criatura anormal y creada por fuera de las leyes conocidas de la ciencia.

 

¿Quién fue Frankenstein?

 

El relato cuenta la historia de un estudiante de medicina, Víctor Frankenstein, en la universidad de Ingolstadt quien estaba obsesionado por conocer los secretos del cielo y la tierra y desentrañar el misterio del alma humana. Para ello crea un cuerpo a partir de la unión de varias partes de cadáveres diseccionados. El experimento tiene su culmen en el momento en que Víctor infunde una chispa de vida al monstruo por medio de la electricidad, cuerpo que mide 2,44 metros de alto. Pero en realidad Víctor intentó darle al monstruo parte de su vitalidad y al fallar usó la electricidad. Víctor se asusta y huye del laboratorio, El monstruo huye y es despreciado por la gente, lo que le despierta odio y venganza. Se encuentran después y el monstruo le cuenta como aprendió a hablar viendo a una familia, a pensar y reflexionar, comprende que necesita una compañera y le pide a Víctor que la cree igual que hizo con él. Víctor trabaja en la creación de la mujer monstruo pero se arrepiente y la destruye, a lo que la criatura se venga matando a los más cercanos amigos de su creador. Muere primero Víctor y el monstruo se supone preparó una pira para prenderse fuego y morir alejado del mundo que lo desprecio.

 

Origen del nombre

 

El titulo completo es Frankenstein o el moderno Prometeo. La llaman Prometeo por referencia al Prometeo de Esquilo, el mito griego del dador del fuego a los humanos, el creador del hombre a partir de la arcilla. Para la caracterización del monstruo Mary también tomño como referencia el Satán del “Paraíso perdido” de John Milton.

En la novela no le dan al monstruo el nombre de Frankenstein, lo nombran como la “criatura”, “ser demoniaco” “engendro”, “horrendo huésped”, corresponde a la cultura popular haberlo bautizado como Frankenstein, pues al final de cuentas era el hijo artificial de Víctor Frankenstein.

Se considera que el personaje Víctor hace referencia a un científico que tuvo existencia real, Andrew Crosse, quien experimentó con cadáveres y electricidad y aseguró revivir perros, y que lo hizo con humanos a partir de lo que llamó “electro-cristalización” de materia inanimada. Fue catalogado de anticientífico, demoniaco, sus propiedades fueron exorcizadas, así como sus equipos y hasta su mismo ser; la presión de la época lo llevó a que sufriera una parálisis; al morir fueron quemados sus archivos, laboratorio y propiedades, así que sus descubrimientos sobre crear vida quedaron ocultos. Los Shelley lo conocieron y asistieron a sus conferencias.
Algunos historiadores hacen referencia a la similitud del nombre de la novela de Mary Shelley con el apellido del científico alemán Von Frankenau, el fundador de la Palingenésica o ciencia de los sucesivos renacimientos a partir de cenizas de plantas y animales, en la que cultivaban microorganismos por medio de los cuales se supone creaban vida. Otros dicen que el nombre hace referencia a una población hoy localizada en Polonia, o que se refirió al castillo donde el alquimista Johan Dippel se dice hizo experimentos con cuerpos humanos y que Mary conoció.

Algunos sostienen que la elección de la universidad Bávara de Ingolstadt se refiere a que en esa población fue fundada la sociedad secreta los Iluminati, de la que su esposo Percey era miembro.

 

Ciencia y ocultismo

 

El padre de Mary era aficionado a las ciencias ocultas, en especial conocía los escritos de Paracelso y sus experimentos sobre el Homúnculos, un ser diminuto creado en una vasija de cristal, a partir de la sangre mezclada con otros elementos; también fue lector de Alberto Magno, el alquimista. También estuvo al tanto de los avances de la ciencia moderna. Percey Shelley era aficionado a la alquimia y conocedor de los avances de la física y la química. La biblioteca de Víctor Frankenstein era la misma del papá de Mary. En sus diarios Mary relata como su recorrido por Europa tuvo que ver con investigar sobre la ciencia moderna y buscar a las organizaciones secretas ocultistas que proponían una concepción del mundo diferente a la ciencia oficial.

Mary Shelley era conocedora de las teorías de Luis Galván sobre el magnetismo animal, las teorías sobre la resurrección de humanos y animales por medio de la electricidad, los experimentos de Erasmo Darwin sobre resurrecciones de animales, y conoció los debates sobre los robos de cadáveres para experimentos. Leyó a Goethe, Milton y Plutarco, a Cornelio Agripa, Giordano Bruno y al Conde de Volney, los mismos que leyó su personaje Víctor Frankenstein antes de ingresar a la universidad.

El tiempo en que ella vive es considerada como la gran época de las investigaciones sobre el sueño, el ensueño, el inconsciente, el conocimiento intuitivo, como opuesto al positivista, y de conocer la religión pagana. Fue la época donde la sangre, el sexo y la electricidad estuvieron en el centro de la discusión. Y al mismo tiempo la lucha por las reivindicaciones sociales y políticas favorables a las mayorías.

No olvidemos que el siglo XVII fue el de las posesiones, el XVIII el del racionalismo y el XIX el de la la mezcla de ciencia moderna, magia, y religión, no en vano se crearon en ese siglo tres clásicos del horror: Frankenstein de Mary Shelley, 1816, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, 1886, y Drácula de Bran Stocker, 1897.

Publicado enEdición Nº223