Como forma de control del pensamiento, las encuestas de opinión en los países occidentales (promovidas siempre por grupos de poder político, capitalista o mediático) pretenden convencer y homogeneizar el pensamiento de todos aquéllos que no se encuentran entre la mayoría.

En una democracia ─dice Chomsky─ los ciudadanos son los convencidos (etimológicamente quienes se identifican con el vencedor y le dan la razón por su victoria) y de lo que se trata es de prohibir el pensamiento de los no convencidos (los no ciudadanos) pero simulando que está permitido, para que la democracia parezca democracia.

Siempre con la vista puesta en el peligro de que el pensamiento independiente se pueda traducir en acción política, los que mandan tratan de manipular las conciencias recurriendo, entre otras cosas, a las denominadas encuestas de opinión.

Primer argumento: acabar con el pensamiento disidente

Este tipo de encuestas trata de acabar con el pensamiento disidente. Para ello se ponen límites a los temas abordados y se eligen convenientemente las preguntas, simulando una realidad que no es real. Como recordaba Jesús Ibáñez la libertad no consiste sólo en elegir entre las posibilidades dadas sino también, y sobre todo, en producir nuevas posibilidades.

Mediante el “consenso democrático” se acuerda que los terroristas son..., que los Derechos Humanos sólo se violan en Cuba, que las opciones políticas están representadas únicamente por los partidos A y B, etc. Desde la perspectiva del poder se trata de prever el comportamiento de los mandados sin que éstos puedan anticipar el suyo.

Por supuesto no incluyo aquí los estudios sociológicos objetivamente rigurosos llevados a cabo por especialistas, aunque incluso éstos pueden ser censurados desde el poder si sus conclusiones no se ajustan al consenso democrático, como sucedió hace años con el “Informe Petras” por parte del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) español. Me refiero a esas encuestas que inundan la prensa diaria, realizadas por firmas de marketing o empresas fantasma, que proponen a los entrevistados preguntas del tipo: ¿Renunciaría a sus derechos laborales para mantener el puesto de trabajo? ¿Está a favor de la tortura para los casos de terrorismo? y otras similares aparecidas en los últimos días.

Entre los que anticipan a los ciudadanos el endurecimiento de las condiciones para los trabajadores y los disidentes y quienes incitan al magnicidio desde estas encuestas, no hay diferencia en su grado de abyección moral. 

Durante años se criticó a Cuba por no realizar encuestas sociológicas, hasta que una empresa estadounidense decidió llevar a cabo un estudio semiclandestino. El resultado fue que la sociedad cubana apoyaba prácticamente por unanimidad la política gubernamental y revolucionaria encabezada (entonces) por Fidel Castro. Lo que demostraba, en realidad, el hecho de que si en un sistema socialista no se usaban las encuestas se debía a la inutilidad de las mismas, salvo en el caso de querer condicionar y/o manipular a la opinión pública.

Segundo argumento: convertir al ciudadano en consumidor

Este último razonamiento tiene mucho que ver con la denuncia de Hobsbawm cuando asegura que la participación en el mercado sustituye a la participación en la política, sustituyendo al ciudadano por la figura del consumidor. En este sentido las encuestas son más propiamente estudios de mercado que investigaciones sociológicas. El ideal de la soberanía del mercado no es un complemento de la democracia liberal, sino una alternativa este sistema. De hecho, es una alternativa a todo tipo de política, ya que niega la necesidad de tomar decisiones políticas [Hobsbawm]. Cuando las contiendas electorales se convierten en campañas publicitarias, los mensajes devienen en meros eslóganes fáciles de memorizar. La misma lógica funciona con las encuestas.

Con una clase política cada vez más alejada de los verdaderos intereses ciudadanos y unas instituciones menos representativas, cuando no abiertamente antidemocráticas, la participación política ciudadana queda relegada a las jornadas electorales que tienen lugar una vez cada varios años. Durante el tiempo transcurrido entre dos elecciones consecutivas, la democracia sólo existe como amenaza potencial sobre la reelección de ciertas personas o el éxito de sus partidos. Por eso se hace más importante el control de la opinión pública por parte de los medios y por eso, ante la inexistencia de cualquier otra forma de control o participación política para los ciudadanos, se recurre con mayor fruición a las encuestas que generan la ilusión de estar influyendo en política.

Por el contrario en Cuba, donde la participación política es muchísimo más amplia y más fecunda, las encuestas son irrelevantes pues diariamente se corroboran opiniones y propuestas a través de las organizaciones políticas, sindicales, profesionales, culturales, de barrio, etc. que tienen su cauce establecido con la esfera del poder. Al tiempo que desde ésta se dirigen proyectos y consultas hacia la base.

La “voluntad del pueblo” en los regímenes capitalistas no puede determinar de hecho las políticas gubernamentales, aunque aquélla sea indispensable para legitimar éstas. De modo que la solución más conveniente para los gobiernos consiste en mantener el mayor número posible de decisiones al margen de la publicidad y la política, “consultando” al pueblo en cuestiones irrelevantes o que no impliquen necesariamente compromisos concretos.

Las encuestas, como las elecciones ─porque se basan en un presupuesto lógicamente contradictorio─, producen un efecto paradójico: contribuyen a que los ciudadanos sean cada vez menos libres y se crean cada vez más libres. [Ibáñez] 

Por Antonio Cuesta, corresponsal de la Agencia Prensa Latina en Turquía.
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Debo aclarar, antes que nada, que desde hace más de 75 años, o sea, casi desde que el amateurismo fue sustituido por el incipiente futbol profesional, soy hincha de ese deporte. Pero pienso que no darse cuenta de la utilización ideológica y política del campeonato mundial de futbol por el capitalismo, es dar prueba de enorme superficialidad y gran ingenuidad. Porque el futbol hace décadas que dejó de ser un deporte para transformarse en un negocio que mueve centenares de miles de millones de dólares y, en particular, desde la utilización que le dio el nazismo en los años treinta, en herramienta de propaganda política para obtener aunque sea una momentánea unión nacional detrás de los gobiernos.

No es necesario recordar la promoción del deporte de Estado por Mussolini, Hitler o Stalin, o lo que fue para la dictadura el Mundial de Futbol que Argentina ganó en Buenos Aires, mientras fuera de los estadios desaparecían decenas de miles de los mejores jóvenes y otros luchadores, entre ellos cientos de deportistas y atletas profesionales. Ese futbol donde unos cuantos muy bien pagados juegan ante millones de personas que jamás podrán practicar un deporte porque no tienen campos, salarios ni alimentación suficientes, ni tiempo libre al terminar sus trabajos extenuantes y mal pagados, y por eso simplemente miran la caja idiota que, de paso, se populariza y redime cada tanto de sus crímenes contra la conciencia política y la cultura populares, aunque aparezca como una diversión es, en realidad, una maniobra diversionista.

Como en la época de los emperadores romanos, si no hay mucho pan se da circo para que la gente no piense o, mejor dicho, que piense en cosas sin importancia, creyendo participar y ser sujeto en un espectáculo promovido por los dueños del poder para controlar incluso los sentimientos y dar una falsa sensación de alegría a las víctimas del capital, desviando su atención de las crisis, las matanzas, el desastre ecológico, la desocupación, las hambrunas, la explotación y la opresión.

Como las drogas, este tipo de futbol crea una burbuja, un mundo ficticio. Es más, hoy, en la mayoría de los países el futbol profesional, es el verdadero opio del pueblo, mucho más que la religión, pues ésta no llena la vida de los hinchas desde el lunes hasta el miércoles y desde el viernes hasta el fin de semana con la misma intensidad ni de la misma manera absoluta. También como las drogas, la prostitución o las industrias del juego y de los entretenimientos (o sea, de los instrumentos cotidianos de dominación del capital y de encarrilamiento del tiempo libre de las clases dominadas), ese tipo de deporte pasivo y tramposo es un excelente negocio.

La FIFA (Federación Internacional del Futbol Asociado) posee más de mil millones de dólares y el año pasado ganó 300 millones simplemente cobrando comisiones a las federaciones integrantes. Y la compra-venta de jugadores –quienes encuentran en un mundial una vidriera para su exposición– mueven cientos de millones de dólares que quedan en manos de los dirigentes de los clubes, de los intermediarios y representantes, y de otros tantos coyotes, y sólo en muy pequeña medida llegan a los modernos gladiadores de este circo.

Por supuesto, aunque en todas partes del mundo se presenta la utilización capitalista de un deporte popular (Silvio Berlusconi es propietario del Milán y en ese carácter obtiene votos de imbéciles, y Mauricio Macri, el gobernador de la ciudad de Buenos Aires, fue elegido porque fue presidente del Boca Juniors, con el voto de miles de hinchas despistados), la magnitud de esa utilización varía de acuerdo con la orientación política de los diversos gobiernos.

En efecto, en todas partes se cuecen habas, pero, como decía Juan Gelman, en algunas se cuecen sólo habas… Los gobiernos mal llamados populistas en particular, intentan hacer del deporte (pasivo, televisivo) una herramienta ideológica para construir una efímera unión nacional y una fuente de gloria moderna y barata, de cartón pintado.

En Argentina, por ejemplo, el gobierno le quitó al monopolio Clarín el futbol por abonamiento televisivo (un negocio de 4 mil millones de dólares) y lo transmite gratis, para todos, y con motivo de este mundial regaló más de un millón de decodificadores digitales para que todos lo pudieran ver. Sin duda, esas medidas constituyen una democratización de los espectáculos. Sin embargo, hay un pero: el canal oficial –el 7– se saturó de futbol, eliminó los programas informativos y de opinión, así como los debates de todo tipo, y así dio un importante impulso a la estupidización de la opinión pública y a la utilización demagógica de los recursos públicos, que podrían haber sido destinados a usos culturales, reforzando la campaña diversionista del capital mundial.

De modo que, en la mayor crisis económica y social del capitalismo mundial y en una crisis ecológica que podría ser fatal para el destino de la civilización y del planeta, viviremos preocupados durante un mes por unas pelotas y, perdónenme la expresión, por unos pelotudos charlatanes y explotadores de la ingenuidad. También en esto, una civilización en profunda descomposición imita los métodos de la decadencia del siglo III de nuestra era, durante el Bajo Imperio Romano.

Por Guillermo Almeyra
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Miércoles, 26 Mayo 2010 06:27

Ciencia: ¿hasta dónde?

La ciencia, a diferencia de la literatura, no admite ficción. Las artes enriquecen la vida gracias a la imaginación, a la belleza, a la paz que suelen ofrecer. Las ciencias fortalecen la existencia por medio de sus descubrimientos, por los problemas que resuelven, porque mejoran las condiciones de vida. Las artes se nutren del correr de la vida y del contacto entre seres humanos; crecen por lo que observan, y, salvo cuando se usan con fines propagandísticos, como sucedió en la Alemania nazi, suelen ser benéficas e inocuas.

Las ciencias incrementan el conocimiento por medio de reglas muy estrictas. Sus aportes siempre son bienvenidos: sólo dañan cuando se utilizan para destrozar Hiroshima o Nagasaki, o cuando se prueban fármacos en seres humanos sin apegarse a códigos éticos. La ficción no daña. La ciencia, cuando vulnera leyes éticas, produce desgracia. Ni la ciencia ni el arte tienen fronteras.

Algunas conquistas científicas, además de producir admiración, generan preocupación. Craig Venter, uno de los padres del genoma humano, y su grupo, informaron, hace pocos días, la creación de una bacteria. Este hallazgo pone fin a uno de los grandes (e inviolables) dogmas de la biología: las células, es decir, la vida, provienen forzosamente de la división de otras células vivas. Romper paradigmas biológicos es un suceso inmenso. Crear células artificiales generará, seguramente, grandes beneficios; sin embargo, es muy probable que se susciten algunos dilemas éticos. Otro ingrediente insoslayable es que Venter combina su gran capacidad científica con su ímpetu comercial: es fundador y codueño de la empresa Synthetic Genomics.

El descubrimiento del científico estadunidense se inició hace 15 años mientras trabajaba en el genoma humano. Desde el punto de vista científico el logro es inmenso; Venter y su grupo crearon una bacteria cuyo origen son los tubos de ensayo que contienen productos biológicos y químicos y no células madre. Me explico: las células y las bacterias se reproducen a partir de formas similares –madres biológicas es una buena forma de denominarlas–, mientras la bacteria de Venter podría llamarse bacteria sintética o informática, ya que su origen no es la vida tal y como la conocemos, sino la información proveniente de otras células cultivadas en el laboratorio.

La primera célula sintética, como la denomina Venter, se llama Mycoplasma mycoides JCV1-syn 1.0. JCV se refiere a John Craig Venter; el 1.0 es su leitmotiv: el científico buscará crear nuevas versiones de células. Por ahora se procurará elaborar vacunas, crear nuevas medicinas, mejorar las características de algunos alimentos, diseñar microrganismos capaces de purificar aguas sucias y producir algas que utilicen la energía solar para generar hidrocarburos. De cumplirse algunos de esos propósitos la aportación del grupo de Venter a la humanidad será inconmensurable.

Los alcances científicos deparan algunas cuestiones. Dentro de las reales resaltan el posible mal uso de las bacterias de laboratorio (células sintéticas) para la producción de sustancias tóxicas que se utilicen como armas biológicas, es decir, como instrumento del denominado bioterrorismo; esas armas podrían ser una amenaza contra la seguridad pública. Otro uso cuestionable se refiere a la propiedad intelectual del descubrimiento. La patente y sus posibles usos pertenecen a Venter, lo que implica que él tiene derecho para utilizarla de acuerdo con sus intereses empresariales.

El mal uso de la ciencia profundiza las diferencias entre ricos y pobres y se vende al mejor postor. Los bioeticistas bien saben que la propiedad intelectual no es la mejor bandera cuando se trata de acortar las distancias entre distintos grupos de seres humanos. No en balde algunos científicos de vieja cepa, como Jonas Salk, descubridor de la vacuna oral contra la poliomielitis, solía decir que la ciencia no puede ni debe ser patentable.

Además de las cuestiones previas resaltan algunas de índole filosófica. Venter comentó: Este es un paso importante tanto científica como filosóficamente, a lo cual agregó, han cambiado mis opiniones sobre la definición de vida y sobre cómo funciona la vida. Es bien sabido que la ciencia no se detiene. De ahí algunos problemas éticos. Bienvenidas las vacunas y las bacterias que limpien el ambiente. Bienvenidos muchos descubrimientos pero no todos: ¿Qué sucederá cuando se logre modificar el genoma humano?

Aunque es muy probable que pasen muchos años hasta que se logre cambiar el genoma humano, esbozo algunas respuestas: Se mal usará la ciencia, se romperán algunos códigos éticos, se incrementará la brecha entre ricos y pobres, se crearán seres humanos distintos, inmunes a muchas enfermedades y, por último, será necesario reinventar nuevas ficciones antes de que Venter, lejos del bienhechor cobijo de las artes, diseñe seres humanos a la carta.

Por Arnoldo Kraus
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Sábado, 13 Marzo 2010 07:43

No hay planeta B

Un variopinto sector, que abarca algunos científicos, grandes inversionistas, poderosos gobiernos y algún ambientalista despistado, convergen en impulsar la geoingeniería o manipulación del clima, alegando que no se pueden cambiar las causas de la crisis climática. Proponen entonces un plan B: técnicas para manipular grandes trozos del planeta, desde oceános a la estratosfera, para contrarrestar los efectos del calentamiento global. Saben que implica enormes riesgos y por eso afirman que es sólo para casos de emergencia –que ellos mismos definirán cuándo ocurre.

El lobby del carbón (cabilderos de las industrias de petróleo, energía y transportes), que por décadas negó que había cambio climático, cambió el discurso. Ahora lo aceptan, pero son grandes entusiastas de la geoingeniería. Para estas poderosas industrias (y los gobiernos que les sirven), es excelente la perspectiva de no tener que cambiar nada: proponen enfriar el planeta con tecnologías de alto riesgo, mientras siguen calentándolo sin parar. Así mantienen el lucro que obtienen con las sucias actividades que provocan el cambio climático, y consiguen ganancias adicionales con nuevos megaproyectos de geoingeniería.

El pésimo resultado de las negociaciones sobre el clima en Copenhague el pasado diciembre alentó más a estos piratas globales, que cuentan con un reducido pero influyente sector científico que les teje el discurso de justificación. La geoingeniería, que era vista como un absurdo, ahora ocupa lugares en publicaciones científicas y grandes medios. Instituciones como la Sociedad Real del Reino Unido, la Academia de Ciencias de Estados Unidos y otras, han organizado reportes y seminarios que concluyen que se debe invertir recursos públicos (además de privados) en la investigación y experimentación de geoingeniería. Son informes parciales, con participación de geoingenieros y ninguna o escasa apreciación crítica e independiente, pero sirven de base para la acción de algunos gobiernos. En febrero 2010 los comités de ciencia y tecnología de Estados Unidos y Reino Unido convocaron audiencias con participación casi exclusiva de promotores de la geoingeniería. Luego anunciaron que están elaborando legislación para financiar y permitir estos experimentos.

Esto es muy grave, porque lo que se haga para manipular el clima –un sistema global e interdependiente– no es ni nunca será, competencia de unos o pocos países, es problema de todos. Hablar de legislación nacional es simplemente una coartada para jusitificar experimentos que seguramente tendrán impactos dramáticos en otros países, incluso muy lejos de donde se inicien.

Para atajar la crítica, los impulsores de la geoingeniería convocan a una reunión en Asilomar, California, este marzo para crear códigos de conducta voluntarios, imitando la reunión que en el mismo lugar hicieron los biotecnológos en 1975, para evitar la regulación y supervisión independiente.

Una de las propuestas que más se impulsan actualmente es inyectar nanopartículas azufradas en la estratosfera, para crear sombrillas gigantes que tapen los rayos solares. David Keith, entusiasta de la geoingeniería, consiguió publicar recientemente un artículo pretendidamente serio sobre el tema, en la revista Nature (28/1/2010). Se inspira en la erupción del volcán Pinatubo en 1991 en Filipinas, cuya nube volcánica bajó la temperatura global 0.5 grados mientras se mantuvo. Claro que cualquiera que haya estado en el área de alcance de una nube volcánica, sabe que su descenso tiene impactos: la ceniza tóxica daña cultivos, flora, fauna y seres humanos. Provoca acidificación de mares y bosques.

Los que propugnan este método –hecho público por el premio Nobel Paul Crutzen en 2006– saben que las partículas inyectadas caerán posteriormente, causando daños similares en mar y tierra, además de muerte prematura de cientos de miles de personas (medio millón estimado). Crutzen contestó que también el cambio climático amenaza la vida de la gente. También se agravará el agujero en la capa de ozono, que ya tiene impactos serios en varios países del mundo: aumento notable de cáncer de piel en humanos y ceguera en ganado comprobados.

Alan Robock, un eminente climatólogo, analizó la propuesta de crear estos parasoles azufrados. Además de confirmar varios de los impactos nombrados, indicó que aunque los experimentos se hicieran en el Ártico (con la idea de enfriar los países del Norte, que es el objetivo de sus promotores) tendrían impactos en los patrones de precipitación y vientos globales, alterando los monzones en Asia y aumentando la sequía en África. Robock señala que esto pondría directamente en riesgo las fuentes de agua y alimentos de unos 2 mil millones de personas (Science, 29/1/2010). Explica también que para saber que sucedería con la inyección de azufres, habría que hacerlos a una escala de tal magnitud que no serían experimentos, sería despliegue de geoingenería, con efectos irreversibles, porque una vez colocadas en la estratosfera, las partículas no se pueden retirar a voluntad.

Esta es sólo una de las técnicas de geoingeniería que se impulsan, que se suma a otras como las de fertilización oceánica (esas fueron detenidas por una moratoria global de Naciones Unidas en 2008). La geoingeniería es un plan de los mismos gobiernos y empresas que provocaron el cambio climático, para convencernos que podrán resolver el desastre con un plan B que traerá más y nuevos riesgos que lo anterior, pero les permitirá mantener sus privilegios.

Ellos habrán diseñado su plan B, pero no existe un planeta B. Es imperativo cambiar las causas, no los síntomas, del cambio climático. La única regulación necesaria sobre geoingeniería es una prohibición global de cualquier experimento o despliegue en el mundo real.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC
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Jueves, 14 Enero 2010 08:55

Notas al margen del camino

El mundo habla de los grandes cambios del mundo, de una Nueva Era, de la revolución que significa la próxima caída de Occidente y del inevitable surgimiento de India y China.

Es cierto que el mundo esta cambiando. Cambiar es lo que mejor ha sabido hacer el mundo desde que la humanidad comenzó a tomar nota de sus propias obsesiones.

Pero este nuevo siglo ¿es tan revolucionario como se pretende? ¿Dónde está la novedad, el paso hacia delante?

Pensemos en los últimos mil años, para no ir muy lejos. Pensemos en el humanismo del siglo XII, en el Renacimiento, en el capitalismo burgués, en el Iluminismo del siglo XVIII, en las sucesivas revoluciones, en la americana, en la francesa, pensemos en la revolución industrial, en el nacimiento del liberalismo y del marxismo, en las democracias representativas que por siglos fueron definidas como inventos del diablo, pensemos en los movimientos de liberación de todo tipo y color, como el feminismo, el poscolonialismo, la lucha por los derechos de negros, amarillos, verdes, homosexuales...

Todos fueron, a su tiempo, propuestas radicales que desafiaron las convicciones unánimes de sus épocas, movieron los estamentos más profundos de las sociedades y, al menos desde mi punto de vista, significaron nuevos pasos hacia el progreso de la liberación del individuo. No sin retrocesosdramáticos, no sin nuevas formas de explotación y tiranías, claro. Ninguna nueva idea, por virtuosa que sea, se impuso nunca sin la resistencia del
poder de turno. Pero con sangre o sin ella se fue creando a nueva conciencia social e individual que hoy predomina.

Ahora, si nos preguntamos qué es lo nuevo que tiene nuestro tiempo para ofrecerle a la historia, no encontramos nada. O casi nada.

* * *

Quizás lo nuevo que tiene nuestro tiempo para ofrecerle a la historia es la radicalización de la democracia directa. Otra vez, esta novedad no es más que la radicalización de la democracia representativa, que a su vez fue la¡ radicalización del Iluminismo, que a su vez fue la radicalización de la crítica humanista. Pero hoy por hoy siento que ese camino es más oscuro y empedrado de lo que pensábamos a finales del siglo XX. Uno de los instrumentos de ese fenómeno es Internet, que al igual que la imprenta en el siglo XV, los libros de bolsillo del siglo XVI, la prensa escrita del siglo XIX y los *mass media* del siglo XX sirvieron tanto para democratizar la información, la cultura y, consecuentemente, el poder pero también sirvió para esclavizarla.

La Era digital se encuentra en un estado de inmadurez senil. A medida que los medios de comunicación se perfeccionan, los individuos, los supuestos fines, se convierten en otros medios. Somos consumidores que nos creemosindividuos. A veces, hasta nos creemos libres. Nos estamos alienando, aislando, al tiempo que nos enorgullecemos de lo conectados que estamos. Como los insectos, volamos hacia la luz y nos quemamos en el fuego.

* * *

En la mayoría de las lenguas europeas, cuando nos referimos al futuro lo visualizamos y lo verbalizamos como algo que está adelante. En pueblos más contemplativos como el griego, el pasado es lo que está hacia adelante, porque es lo que se puede ver. El futuro no, por lo tanto, para el griego el futuro está hacia atrás, llegando y pasando por nosotros para luego
convertirse en hechos y memoria.

Pero en nuestra civilización, los protagonistas somos nosotros, no el tiempo ni la historia. Somos los caminantes que hacen camino y “…al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”. Para nosotros el futuro es lo que está por delante al caminar y, no sin paradoja, es lo que menos claramente podemos ver.

* * *

No hay líderes mundiales. Seguramente tampoco son necesarios. Lo que hay, y mucho, son productos publicitarios construidos en el discurso del PIB, de la megalomanía, de la excusa del pragmatismo. En la cultura de lo nuevo no hay ninguna idea nueva. De hecho lo que hoy se considera sabiduría es el éxito económico y éste se comporta ante los presidentes y ante los economistas como el número ganador de la lotería. Quienes aciertan recuerdan que soñaron con ese número. Los astrólogos olvidan sus cien errores y repiten su único acierto. Mañana será otra historia y así vamos erráticos, consumiendo discursos triunfalistas por aquí, explicaciones del fracaso por allá.

A mediado de los ’90, en plena euforia neoliberal, nos preguntábamos: “Cuando los regímenes comunistas cayeron, no cayeron por sus carencias morales; cayeron por sus defectos económicos. […] Al parecer, la justicia sólo llega con el fracaso económico. ¿Qué diremos de este anacrónico fin de siglo cuando fracase? ¿Debemos esperar hasta entonces para decir algo?” (*Critica*, 1997). La pregunta sigue vigente: ¿será necesario esperar hasta la gran crisis china para criticar sus métodos?

* * *
La política como los políticos es un mal necesario en un mundo imperfecto. Yo, que no creo en santos menos podría creer en un político. A unos creo menos que a otros, pero al fin a ninguno. Ni a Obama ni a Hu Jintao, ni a Lula ni a los Kirchner, ni a Uribe ni a Chávez, ni a Sarkozy, ni a Putin, ni a nadie.

De vez en cuando se estrechan las manos, un beso y un abrazo. Luego, según el precio del petróleo cae o las bolsas se hacen el oso, uno amenaza al otro con alguna acción o sólo de palabra y todo sirve para ir creando ese nivel de conflicto tan necesario para mantener el crecimiento anual del PIB por encima del equis por ciento y a la vez consolidarse en la conciencia de sus votantes que todavía, en la sociedad global, sufren de la irresistible
trampa de los nacionalismos.

Esa especie de egolatría colectiva.

* * *

No es cierto que soy un incrédulo irrespetuoso. Soy respetuoso. Por ejemplo, respeto mucho la imagen de una Virgen llorando sangre. Porque respeto a quienes creen que es un milagro y a quienes creen en la Virgen. Incluso respeto la probabilidad de que semejante fenómeno sea un milagro y respeto la probabilidad, aunque probablemente escasa, de que el Creador del Universo ande distraído con ese tipo cosas.

Pero mucho más que una Virgen de yeso llorando o sudando sangre me preocupa la mano de un gerente despidiendo a mil personas bajo la irrefutable excusa de un recorte de gastos.

Me preocupan las leyes que respetan mejor los derechos de los perros a una vida digna que a la familia de un inmigrante a ser tratados, si no como humanos, al menos como perros.

Me preocupa y me importa mucho más la mano de de un tirano firmando una guerra, los pies de un fanático destruyendo el mundo para salvar su alma.

Sospecho que Dios, la Virgen y sus servidores podrían estar de acuerdo conmigo. Al menos en esto. Claro, eso sólo lo sabrán ellos. No lo sé ni yo, ni los fanáticos que suben nerviosos a sus cielos privados en escaleras de huesos, siempre tan seguros de lo ven, de lo que dicen, de lo que hacen.


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La cadena France 2, emitió el pasado lunes imágenes de una protesta contra la dictadura hondureña tal como si fuesen imágenes de una reciente manifestación en Teherán. Concretamente, emitieron unas imágenes de la represión violenta de policías y militares golpistas en Honduras contra la resistencia popular tras el golpe de Estado, tratando de hacer pasar tales imágenes como si fuesen sucesos acontecidos en las revueltas desarrolladas en Irán el pasado fin de semana, como supuesta demostración de la violencia policial y la represión llevada a cabo por la policía iraní contra los manifestantes de la oposición.

La manipulación fue descubierta y denunciada por la web Arrêt sur images, que se dedica a analizar las imágenes que aparecen en los medios. Tal y como cuentan en esta web, esa fotografía se encontraba en una fotogalería del 9 de julio en el digital de Le Figaro.

Además, la cadena francesa no se conformó con una sola transmisión de las imágenes manipuladas. Tales imágenes fueron emitidas varias veces a lo largo del día en los diferentes espacios informativos de la televisora, tal y como se cuenta desde Aporrea.org. Hasta ahora la emisora no ha emitido ningún tipo de corrección ni aclaratoria sobre el hecho. Tampoco se espera que tengan pensado hacerlo, salvo, como mucho, para tratar de pasar la manipulación por un error inocente, tal y como ya han hecho en su defensa los medios de comunicación internacionales que han publicado la noticia, entre ellos el diario español Público.

Aunque, esta vez, lo más penoso del tema no es ya la manipulación de las imágenes en sí misma, algo que, por desgracia, no es nada sorprendente y ocurre a diario en esa y otras muchas cadenas de televisión occidentales, así como en radio y prensa escrita. Esta vez han ido mucho más allá de eso: esta vez han rizado el rizo de la manipulación mediática a través de una interpretación de las imágenes que varía por completo desde la primera interpretación que los medios dieron a las imágenes en su contexto original, hasta la que actualmente vienen haciendo en el contexto donde esas mismas imágenes han sido falsamente insertadas.

Es poco menos que surrealista que la cadena en cuestión se atreva a emitir unas imágenes de represión policial en Honduras como supuestas imágenes de represión policial en Irán, cuando los golpistas hondureños han sido bendecidos por los medios occidentales y tales imágenes han sido ocultadas sistemáticamente a la población occidental, o tratadas de tal forma que a los manifestantes reprimidos se los hacía pasar por culpables de la situación, y poco menos que merecedores de todo lo que les pudiese ocurrir, mientras que ahora se usan esas mismas imágenes para desarrollar unos juicios justamente contrarios a la hora de valorar mediáticamente la relación entre manifestantes y policías, represores y víctimas.

Aquellas imágenes, esas mismas imágenes que ahora emiten como si fuesen de Irán, cuando eran emitidas en su contexto verdadero, es decir, cuando eran emitidas como parte de las informaciones que se daban sobre los sucesos posteriores al golpe de Estado en Honduras, eran tratadas de tal modo que en ningún caso se podía hablar de represión policial o de ataque a los derechos humanos por parte de las fuerzas militares golpistas, sino todo lo contrario: eran cargas policiales legítimas contra turbas de vándalos enfurecidos que querían perturbar la democracia hondureña y sembrar el caos en el país.

Ahora, en cambio, paradojas de la vida que bien demuestran al grado de manipulación y bajeza moral al que pueden llegar estos medios, esas mismas imágenes son utilizadas para atacar al gobierno de Irán, para denunciar represión a los manifestantes de la oposición y para hablar de atentados contra los Derechos Humanos en Irán. En Honduras eran una cosa, ahora en Irán son justamente la contraria, según sople el viento mediático.

Es decir, en su contexto de procedencia, el contexto del cual provienen verdaderamente las imágenes, tales sucesos no eran muestra alguna de represión policial o de ataques a los Derechos Humanos en contra de los miembros de la resistencia hondureña opuestos al golpe de Estado, y, en cambio, unos meses después, insertadas falsamente en otro contexto, esas mismas imágenes pasan automáticamente a ser lo que antes no eran, por obra y gracia de la interpretación mediática que hacen de ellas en determinados medios occidentales, que ahora ya sí las ven como una muestra evidente de represión y de quebrantamiento de los Derechos Humanos de los opositores en Irán. Y eso que las imágenes son de Honduras y no de Irán. ¡Qué bárbaro!

En fin, qué más se puede decir. Así se las gastan estos medios, y así es como crean opiniones del mundo a su medida, tal cual quieren en cada momento, y según les interese en cada contexto. Más claro, agua: Una misma imagen, en su contexto real, es vendida como una cosa que no es, y en su contexto inventado es vendida como lo que sí es en realidad. En cambio, resulta que donde existe represión y ataque a los Derechos Humanos para los medios que emiten las imágenes es donde tales imágenes no son reales, y donde no existe nada de eso es precisamente de donde provienen tales imágenes en realidad. El mundo al revés. De locos. Y se quedan tan a gusto.

Cada día tienen menos vergüenza....

Pedro Antonio Honrubia Hurtado
Rebelión


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Martes, 10 Noviembre 2009 10:30

¿Alimentos maravillosos?

Los estantes de los supermercados están repletos de yogures probióticos que supuestamente alivian la constipación y alejan las infecciones; sustitutos de mantequilla que según sus fabricantes reducen el colesterol; extractos de tomate de los que se afirma que mantienen un cutis juvenil y protegen del cáncer; cereales para bebé adicionados con micronutrientes esenciales para el desarrollo, y así por el estilo.

Las empresas de alimentos han dado en proclamar los supuestos beneficios de salud y nutricionales de sus productos por obvias razones: esos productos atraen tanto a compradores preocupados por la salud como a personas conscientes de que su alimentación no es sana, pero que tienen la esperanza de que unas vitaminas por aquí y unos probióticos por allá ayuden a compensar la chatarra.

Lo mejor de todo, desde el punto de vista de las compañías, es que estos alimentos funcionales, que borran la frontera entre alimentos y fármacos, cumplen la promesa de márgenes de utilidad más altos y crecimiento más rápido. Por ejemplo, en Europa occidental las ventas de alimentos funcionales crecieron 10.2% anual entre 2004 y 2007, en tanto las de alimentos empacados crecieron 6.3%.

Todo esto ha atraído la atención de organismos reguladores en ambos lados del Atlántico. Les preocupa que algunas de esas afirmaciones sobre beneficios a la salud induzcan a confusión o no estén apoyadas en hechos, y por eso endurecen las reglas. El 20 de octubre, la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) dio a conocer que haría más estrictas las reglas sobre las leyendas en las etiquetas de alimentos y emitiría nuevas normas a principios de 2010. Ya ha amonestado a General Mills, fabricante del conocido cereal de desayuno Cheerios, por asegurar que está clínicamente probado que reduce el colesterol.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria también se pone más severa: ha ordenado a las empresas que sustenten con estudios científicos sus afirmaciones sobre beneficios nutricionales y de salud. Cientos de solicitudes sometidas a su comité científico han sido rechazadas. Por ejemplo, se ha concluido que no hay suficiente evidencia para sostener que el brezo ayuda a dormir, que el cacao seco contribuye a bajar de peso, que la quinoa hace crecer el cabello y que la alcachofa de Jerusalén sana el intestino.

Muchos en la industria consideran excesivas estas reglas, pues la mayoría de sus productos son perfectamente seguros y algunas de las aseveraciones sobre sus cualidades se remontan a varias décadas atrás. Exigir costosos estudios para justificarlas, sostienen, desalentará la innovación y afectará a las empresas más pequeñas, que no podrán sufragarlos. Sostienen que las firmas que encontraron provecho en añadir hierro, yodo, zinc y vitaminas a sus productos, o en reducir los niveles de jarabe de maíz de alta fructosa o grasa saturada, son dignas de elogio, no de censura. Muchas marcas de alimentos comenzaron como un medio de fortalecer la confianza de los consumidores. El deseo de defender sus marcas da a muchas empresas un fuerte incentivo para garantizar que sus productos sean seguros.

Pero ahora las empresas ya no sólo sostienen que sus productos son seguros, sino que proporcionan beneficios específicos. El consumidor común no tiene forma de saber si sus aseveraciones tienen validez científica, así que hay razones para someterlas a escrutinio. Y aun si es difícil imaginar que alguien resulte dañado, digamos, por comer demasiado cereal de desayuno o yogur, sí hay riesgo de daño si las aseveraciones sobre cualidades llevan a las personas a sustituir con alimentos funcionales medicamentos o estilos de vida que probablemente les hagan falta. Unas cuantas raciones de vegetales hacen más bien que cualquier yogur probiótico.

Una lección de la industria farmacéutica es que los estudios financiados por las empresas tienen clara tendencia a producir resultados que complacen a sus patrocinadores. Así pues, se debe obligar a las compañías de alimentos a registrar todos los estudios y a publicar incluso los resultados desfavorables. También es importante contar con lineamientos claros en lo relativo a etiquetas. Hay que dar crédito a la FDA por haber propuesto normas que obligarán a las empresas a publicar todos los componentes esenciales de sus productos en el frente de sus paquetes, en vez de escoger los saludables y callar sobre grasas, sales y azúcares.

El alegato de la industria de que aumentar el escrutinio acabará con la innovación es erróneo. Las firmas que hagan aseveraciones engañosas sufrirán; las que estén preparadas a invertir en estudios científicos apropiados se beneficiarán. Entre las farmacéuticas, las firmas pequeñas parecen más innovadoras que las grandes. Si las empresas de alimentos quieren hacer sobre sus productos promesas semejantes a las de las farmacéuticas, deben estar dispuestas a someterse a un escrutinio similar. Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias.

Fuente: EIU




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Las asociaciones de dueños de medios de prensa de siete países sudamericanos “denunciaron” el jueves en grandes avisos en la prensa chilena un “sostenido deterioro” de la libertad de expresión en la región, sin individualizar a ningún país. La “noticia” difundida por el duopolio El Mercurio-La Tercera y otros periódicos, sincronizó con un comunicado difundido el 3 de agosto de 2009, bajo el título “Venezuela: Chávez acciona para silenciar a los medios de la oposición”, por la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), la organización más poderosa de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos.

Según el documento, descubierto y traducido por la investigadora venezolana Eva Golinger, la DNI aseveró temprano que “el gobierno del Presidente Chávez está moviéndose con fuerza para silenciar a sus críticos a través de la introducción de una ley de Delitos Mediáticos que autorizaría el encarcelamiento de periodistas, ejecutivos de empresas mediáticas y bloguistas que reportan sobre cualquier asunto considerado por el gobierno como dañino a los intereses del estado". Los "contenidos DNI" alcanzaron matices catastróficos: "Simultáneamente, el gobierno venezolano está cerrando más de 200 emisoras de radio e imponiendo normas que regularán a RCTV Internacional, mientras que también se posiciona para tomar control del canal de noticias de la oposición, Globovisión…”

La “ley de Delitos Mediáticos” nunca llegó a ser formalmente debatida por la Asamblea Nacional como proyecto de ley. Tampoco se cerraron “más de 200 emisoras de radio”, sino 34 tuvieron que dejar de emitir su señal porque operaban ilegalmente según una legislación de 1982, muy anterior al gobierno de Chávez que comenzó en 199. Globovión y RCTV operan normalmente, incitando frecuentemente al magnicidio del Presidente. La mentirosa orientación de la DNI fue también la argumentación invocada por la fracción dominante de la directiva del Colegio de Periodistas de Chile que el 15 de agosto manifestó “su profunda preocupación por la situación de la prensa en Venezuela”, episodio que abrió paso a un refrescante debate al interior de la organización de los periodistas chilenos.

El manifiesto de las siete organizaciones de dueños de diarios de Chile, Perú, Colombia, Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia “denunció” que la impunidad en los asesinatos de periodistas, las amenazas, agresiones físicas y verbales contra propietarios, periodistas y trabajadores de los medios son prácticas recurrentes de “algunos gobernantes”, pero sin indicar cuáles. Los asesinatos más recurrentes de periodistas de la región no ocurren por órdenes de los gobiernos nacionales de los países en que mueren: ocurren principalmente a manos de esbirros de oscuras fuerzas de derecha, de paramilitares engendrados por gobiernos supuestamente "democráticos" como en Colombia, Guatemala, El Salvador, o poderes fácticos de provincias y estados, asociados al narco tráfico y a la corrupción local, como en Perú, Paraguay, Brasil, y otros. En lo transcurrido del año 2009 han asesinado a 20 periodistas en América Latina, informó Hernán Uribe, Presidente de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP) de la FELAP.

Mentira tras mentira

La Asociación Nacional de la Prensa de Chile, el Consejo de la Prensa Peruana, Asociación de Diarios Colombianos, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas, la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos, la Associação Nacional de Jornais de Brasil y la Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia también citaron supuestas prácticas de hostigamiento regulatorio, judicial y tributario contra los trabajadores, que en realidad en Venezuela afectaron a sus patrones, los dueños de la prensa. También hablaron de asignación arbitraria de publicidad estatal, caducidad injustificada de licencias de estaciones de radio y televisión, injerencia y cooptación gubernamental de medios privados.

Este ambiguo manifiesto apareció justamente en Chile, un país donde "la libertad de expresión" está en manos de dos propietarios que prácticamente controlan la totalidad de los diarios del país: Agustín Edwards con 23 periódicos encabezados por El Mercurio, y Álvaro Saieh, dueño de La Tercera, La Cuarta, La Hora y otros medios impresos, aunque ambos también radioemisoras dedicadas a transmitir “noticias”.

En una curiosa coincidencia, ya el 3 de agosto el comunicado de la CNI describió al Presidente Chávez como “un dictador con un control total sobre los medios de comunicación” y añadió que “el gobierno está actuando con fuerza contra las emisoras de radio y RCTV Internacional, convirtiendo a Venezuela en un monopolio estatal de los medios de comunicación… [Añadió que] el gobierno también está orientando sus ataques más allá de los medios tradicionales y que Twitter, Facebook, MySpace y los blogs son nuevas formas de comunicación que “crean terror”…”, según el informe de Golinger.
 
Los laboratorios de operaciones psicológicas de la DNI concluyeron que “las acciones del gobierno contra los medios críticos también buscan eliminar a los únicos foros disponibles de los otros críticos de Chávez, incluyendo a los funcionarios públicos elegidos por la oposición, los partidos políticos y los estudiantes universitarios”. Las asociaciones de los amos de la prensa de los siete países advirtieron que las restricciones a las libertades de expresión, prensa y de información concluyen siempre en la privación de las libertades y los derechos de las personas, atropellando el espíritu de pluralidad y tolerancia al disenso. Afirmaron que “sin libertad de expresión, en resumen, es ilusoria la existencia de un régimen democrático”.

El comunicado descubierto por Eva Golinger fue enviado a diferentes instancias de Washington, al Congreso, a los medios, empresas y personas influyentes con intereses en América Latina. El texto no mencionó en ninguna parte que el gobierno venezolano sigue normas indicadas en la Ley de Telecomunicaciones que son obligatorias para que la Comisión de Telecomunicaciones del Estado, CONATEL, asegure que las concesiones del espectro radioeléctrico cumplan con todos los requerimientos legales. El comunicado tampoco aclaró que la supuesta Ley de Delitos Mediáticos fue simplemente una propuesta hecha por la Fiscalía venezolana y nunca estuvo en debate ni fue considerada por la Asamblea Nacional. El informe Golinger revela que la misma matriz “orientadora” de la DNI inspiró las declaraciones de un sector del Colegio de Periodistas Chile y los dueños de diarios suramericanos y la estrategia de la nueva campaña mediática transnacional.
 
La DNI fue establecida en 2005 como una super estructura de la comunidad de inteligencia para coordinar a las 16 agencias de inteligencia de EEUU, incluida la CIA. Su primer director fue John Negroponte, quien instrumentó una Misión Especial de Inteligencia para Venezuela y Cuba a fin de optimizar recursos en el trabajo de inteligencia y espionaje contra quienes considera sus principales adversarios en América Latina. La comisión realiza un trabajo completamente clandestino, pues sus acciones y su presupuesto son totalmente clasificados, dijo Golinger. Su actual “gerente” es Timothy Langford, un veterano de la CIA con una experiencia de más de 25 años en trabajos clandestinos. El jefe máximo de la DINE nombrado por Obama es el almirante Dennis Blair, ex comandante en jefe del Comando Pacífico del Pentágono.

Por Ernesto Carmona (Especial para Argenpress)
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Domingo, 26 Julio 2009 09:28

Honduras y la SIP

La prolongación de la crisis en Honduras no tiene un efecto neutro, pues juega a favor de los golpistas. El repudio y el aislamiento universales no conmueven a los usurpadores. Todo lo contrario: confirman su visión paranoica de un mundo dominado por comunistas, subversivos y revolucionarios que conspiran sin cesar para frustrar su patriótica empresa.

Tanto los militares como los civiles hondureños comparten ese delirio que sigue siendo alimentado, día a día, por el Pentágono, la CIA y buena parte del establi-shment político del imperio, para los cuales la guerra no ha terminado ni va a terminar jamás. Guerra sobre todo contra todo ese inmenso e inesperado movimiento social que se ha puesto en marcha a partir del golpe y que rebasa amplia –y tal vez irreversiblemente– los estrechos marcos de la mal llamada “democracia representativa” en Honduras.

Bastó que aquél pretendiese honrar esa fórmula para que la santa alianza abandonase en tropel las cavernas y saliera a dar batalla: allí se juntaron, para unir fuerzas, los representantes militares y políticos del imperio con la corrupta oligarquía local, la perversa jerarquía de la Iglesia Católica, las diversas fracciones del patronato y el poder mediático que este conglomerado de la riqueza y el privilegio controla a su antojo, haciendo de la libertad de prensa una broma sangrienta.

No es casualidad que el sitio web de la benemérita Sociedad Interamericana de Prensa, siempre tan atenta ante todo lo que ocurra con los medios en Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador, haya ocultado arteramente lo que está aconteciendo en Honduras. La resolución más importante sobre el tema de los medios, adoptada el 24 de Julio, es una condena... ¡al presidente Rafael Correa por alentar el “incesante clima de confrontación y epítetos contra periodistas, propietarios de medios de comunicación y sus empresas!”.

Ni una palabra sobre Gabriel Fino No-riega, periodista hondureño de Radio Estelar, asesinado por fuerzas paramilitares, de la cual informa la misión de la ONU enviada a investigar la situación de los derechos humanos en Honduras. La misma delegación comprobó que en Tegucigalpa, Canal 36, Radio TV Maya y Radio Globo fueron militarizadas, constatándose asimismo el asalto a diversos locales de medios de comunicación y amenazas de muerte contra periodistas, el bloqueo de sus transmisiones o la interceptación telefónica y bloqueo de su acceso a internet. La misión también corroboró el ametrallamiento de la cabina de transmisión de Radio Juticalpa en Olancho, y las amenazas de muerte producidas contra periodistas como el director del diario El Libertador, Johnny J. Lagos Enríquez, así como contra el periodista Luis Galdanes. En la ciudad de Progreso los militares silenciaron las trasmisiones de Radio Progreso, siendo hostigado su director, el sacerdote jesuita Ismael Moreno, detenido temporariamente uno de sus periodistas, mientras otros recibían amenazas de muerte. Otro caso es el de Canal 26, TV Atlántica, cuyo directivo declaró ante la misión de la ONU que los militares indicaron a los medios de comunicación del departamento que debían abstenerse de trasmitir otras versiones o informaciones que no emanasen del gobierno de facto.

Ante la agresión sufrida por los periodistas de Telesur y Venezolana de Televisión –sin cuya valiente labor el mundo jamás se habría enterado de lo que ocurría en Honduras–, la SIP se limitó a emitir un tibio comunicado lamentando los hechos; la resolución dura, en cambio, se tomó en contra de Correa.

Sería muy largo enumerar todas las violaciones a la libertad de prensa y los derechos humanos, aparte del asesinato de Noriega, que pasaron desapercibidas ante los atentos censores de la SIP y sus lenguaraces, Mario Vargas Llosa y la pandilla de los “pluscuamperfectos idiotas latinoamericanos”. Su silencio cómplice revela la descomposición moral del imperio, sus permanentes mentiras y la impunidad con la cual se mueven estos falsos defensores de la “libertad de prensa”. Y frente a este escenario, ¡la secretaria de Estado Hillary Clinton se atreve a calificar como imprudente el gesto de Zelaya de viajar a la frontera de su país!!, al paso que su vocero, Philip Crowley, advertía contra “cualquier acción que pueda conducir a la violencia” en Honduras.

Falta ya muy poco para que Washington comience a declarar que el verdadero golpista es Zelaya y que fue él y no otro quien arrojó a su país a un caos de violencia y muerte. La promesa de nuevas mediaciones a cargo de la Casa Blanca sólo servirá para desfigurar aún más la verdad e inclinar el fiel de la balanza a favor de los golpistas y sus mandantes.

Por Atilio A. Boron, Politólogo
 

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Domingo, 05 Julio 2009 07:34

Renace la histeria del espionaje

Una vez más, los medios corporativos están dando voz a la histeria contra espías cubanos, a medida que las fuerzas a favor del embargo llaman a zafarrancho y tratan de derribar al avión de las relaciones EEUU-Cuba antes de que despegue y escape de una vez y para siempre. A falta de algo más sustancial, ¿por qué no resucitar viejos temores acerca de espías entre nosotros para sabotear cualquier intento de acercamiento?

Por ejemplo, según un artículo de The Miami Herald publicado el 14 de junio y enviado por correo electrónico por el Proyecto de Transición de Cuba, de la Universidad de Miami, “EEUU ahora tiene tolerancia cero para con los espías cubanos”. Con ese título el artículo no solo presenta el espectro de los espías haciendo estragos, sino también una supuesta nueva actitud “dura” por parte del gobierno de EEUU. Sin embargo, no queda claro cómo es que EEUU haya sido tolerante alguna vez con los espías cubanos y el artículo mismo explica que la contrainteligencia norteamericana ha preferido vigilar a los espías cubanos y expulsarlos solo cuando se ponían “demasiado atrevidos”. Solo cuatro espías cubanos fueron arrestados en EEUU entre 1959 y 1995, según el autor, Juan Tamayo. Qué conveniente que el matrimonio Myers fue arrestado recientemente, cuando la normalización comenzaba a surgir en el horizonte.

Según el Sr. Tamayo, cinco servicios de inteligencia de Cuba han estado considerados entre los mejores del mundo, detrás de los de EEUU, la Unión Soviética e Israel. En otro artículo reciente en The Miami Herald, Carlos Alberto Montaner trata el mismo tema y depende en gran medida de las declaraciones de un tal Chris Simmons, “ex teniente coronel de la contrainteligencia de EEUU”, también citado por Tamayo, y frecuente colaborador del Herald, quien supuestamente “desenmascaró” a Ana Belén Montes. Según Simmons, Cuba “posee uno de los mejores servicios de espionaje y contraespionaje” y tiene espías por todos lados en el gobierno norteamericano y en las universidades de la nación. Por tanto, “no hay una sola institución importante de EEUU que no naya sido infiltrada directa o indirectamente por el G-2 cubano”.

Al citar a Belén Montes y casos más recientes, como el de los Myers, Montaner canta las alabanzas de la inteligencia cubana y se regodea en declaraciones astutamente especulativas, que no se pueden desmentir, tales como: “Lo que los cubanos hicieron en el Departamento de Estado y el Pentágono, sin dudas lo han replicado o han intentado replicar en la CIA, el FBI, el Ejército, el Departamento de Justicia o cualquier otra organización administrativa, política o de medios donde es conveniente tener una buena oreja capaz de acopiar información confidencial o labios capaces de defender sutilmente los intereses del gobierno de los hermanos Castro”. Así que ahora tenemos que cuidarnos no solo de los que pueden averiguar secretos militares, sino también de los que guardan un expediente con artículos del Miami Herald o expresen una opinión sospechosa según nuestros cubanólogos.

Montaner incluso prevé un candidato manchuriano sin el lavado de cerebro en el filme original o los controles electrónicos en la segunda versión. En su narrativa, “facilitar la elección de un congresista norteamericano y mantenerlo en el Capitolio no es una tarea muy complicada”. Así que ahora, todos los congresistas que expresen una opinión políticamente incorrecta son sospechosos a los ojos de nuestro Consejo de los Guardianes.

Una pregunta no respondida es: ¿por qué la mayoría de los demás espías exigen, esperan o reciben dinero de sus manipuladores, pero no los que trabajan para los cubanos? En el análisis de Montaner no se concibe que, si un candidato no está controlado por nada que no sea sus convicciones, entonces no puede ser un candidato manchuriano, sino el candidato del pueblo.

No importa. Después de leer a Montaner y haber terminado The Shadow Factory , un libro de James Bamford, un reportero de asuntos de seguridad nacional, ganador de varios premios y productor de documentales para la serie Nova de PBS (Servicio Público de Transmisiones), me preocupa que haya tantos espías que pronto van a poder decidir cualquier elección. Con el subtítulo de “la ultra secreta NSA, desde el 11/9 hasta el fisgoneo de EEUU”, el libro de Bamford es una perturbadora revelación de cómo el gobierno de EEUU realiza espionaje tanto externo como interno en una escala colosal.

Comencemos por los cubanos, que parecen estar en todas partes, según los cubanólogos y los que están en el negocio. Simmons dice que hay “aproximadamente 250 agentes y oficiales que manejan agentes en EEUU”, incluyendo “de seis a nueve agentes principales en el seno del gobierno norteamericano, similares a Montes, más de una docena en el mundo académico y de 30 a 36 bajo fachada diplomática en las misiones cubanas de Washington y Nueva York”. Además, está la CIA y sus estaciones y agentes en todo el mundo. También decenas de naciones tratan de imitar a EEUU y se infiltran unas a otras.

Lo que es peor, EEUU se ha unido a Australia, Gran Bretaña, Canadá y Nueva Zelanda para formar los “Cinco Ojos”, o naciones que han organizado la mayor capacidad de espionaje electrónico en el mundo. La mayor parte de los países europeos y asiáticos con los recursos suficientes se dedican también a un espionaje mutuo extensivo, tanto industrial como militar. Israel está reconocido como un líder en el campo del espionaje electrónico y tiene una historia de espionaje muy agresivo en EEUU con topos, así como otros medios. Sin embargo, esto no ha afectado la alianza EEUU-Israel.

Adicionalmente, la NSA, la CIA, el FBI, el DoD (Departamento de Defensa) y una sopa de letras de agencias norteamericanas gastan incontables miles de millones de dólares para espiar no solo a otros países sino a inocentes ciudadanos norteamericanos que se dedican solo a lo suyo sin violar ninguna ley.

Interceptando transmisiones satelitales, de antenas de teléfonos celulares y cables de fibra óptica en lugares claves del mundo, y usando supercomputadoras ultra avanzadas, acumulan información acerca de todos nosotros a un ritmo sorprendente --de forma ilegal y sin órdenes judiciales.

El libro de Bamford documenta como estas agencias, lideradas por la NSA, han desarrollado la capacidad tecnológica para detectar, secreta e ilegalmente, todas las comunicaciones de cualquier tipo de casi todas las personas en el mundo, grabar, almacenar, filtrar y analizarlas, crear “círculos de asociación”, e incluso llegar a ciertas conclusiones. Un ejército de investigadores pagados por el “complejo de inteligencia-industrial” está trabajando actualmente para perfeccionar tanto el proceso automático de toma de decisiones y el análisis del habla. Son parte de proyectos orwellianos, con nombres apropiados como Conciencia Total de Información, para fisgonear llamadas privadas, faxes y correos electrónicos de maestros, periodistas, activistas, médicos, abogados y otras personas inocentes que no tienen nada que ver con el terrorismo ni ninguna otra actividad criminal.

Se están creando máquinas de inteligencia artificial similares a Hal en el filme 2001, una odisea del espacio diseñadas para “pensar” y tomar decisiones automáticas acerca de quién vigilar, basándose en el análisis del comportamiento de la persona, captado mediante sus huellas electrónicas, y para proceder contra un individuo a partir de un comportamiento pronosticado en vez de actual. En otras palabras, el Gran Hermano ha llegado mucho más fuerte de lo que hubiéramos pensado, considerendo que fuimos alertados por George Orwell. Según palabras del propio Bamford, “existe ahora la capacidad de lograr la tiranía total en Estados Unidos”.

Y no solo en Estados Unidos. Resulta que Irán, por ejemplo, ha demostrado su capacidad para monitorear las llamadas por teléfono celular y los mensajes de texto, y recientemente pudo suprimir la disensión gracias a la tecnología llamada “inspección profunda de paquete”, suministrada por Nokia Siemens Networks.

En resumen, encima de todos los espías entre nosotros, nuestras comunicaciones, búsquedas en Google, páginas visitadas en Internet, historias clínicas, hábitos de compra y quizás la información del transponder de los autos, son monitoreados constantemente. Para colmo, según un artículo publicado el 24 de junio en el blog de alternet.org, el gobierno de EEUU está realizando un programa secreto de reclutamiento de agentes de inteligencia en escuelas, transformando el Programa Pat Roberts de Estudiosos de Inteligencia (PRISP) “de un proyecto piloto en una partida permanente en el presupuesto”. También se han anunciado planes para crear un “Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de la Reserva” para entrenar a futuros oficiales de inteligencia no identificados en las aulas universitarias de EEUU.

¿Entonces, en quién se puede confiar en la actualidad? ¿Cómo sabemos si un presunto periodista no es en realidad el agente de alguien que planta desinformación, o si el estudiante a tu lado es un informante de la NSA o la CIA? Quizás la histeria se trata de eso--de que no se confíe en nadie. Pero al parecer, quien menos se merece nuestra confianza es el gobierno.

Montaner y Simmons no dicen cómo es que saben de tantos espías cubanos, pero si ellos saben cuántos hay, debieran saber quiénes son. Y si es así, ¿no debieran denunciarlos a las autoridades? Recuerden que una académica de FIU fue a la cárcel por el delito de “ocultar un delito”, precisamente por no haber delatado a su esposo, quien fuera acusado de ser un agente no inscrito del gobierno cubano.
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Amaury Cruz*
Progreso Semanal
*Amaury Cruz es un abogado de Miami.

 

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