Miércoles, 21 Noviembre 2018 05:52

El terror de la desinformación

El terror de la desinformación

Desde la perspectiva de Occidente, Medio Oriente es sinónimo de fanatismo religioso y terrorismo. Bajo esta premisa, la investigadora del Conicet reflexiona sobre los discursos hegemónicos que crean estereotipos e impiden comprender la riqueza de su diversidad.


Saddam Hussein, Osama Bin Laden, Palestina, Israel, Irak, Afganistán, el Islam, Egipto, Gaza, el Estado Islámico. A los ojos de Occidente todos los condimentos forman parte de la misma ensalada. Se trata de naciones, escenarios y figuras que participan de conflictos sectarios, tribales, políticos y económicos, en los que Estados Unidos –y sus aliados de siempre– se oponen o apoyan de acuerdo a la conveniencia de turno. Desde la perspectiva que se construye desde los medios hegemónicos de comunicación y las agencias internacionales de noticias, los hombres barbudos de mirada penetrante y las mujeres con velos que recubren sus rostros solo equivalen a una cosa: “fanatismo religioso” y “terrorismo”.
Hay quienes señalan que “la muerte iguala a los seres humanos”, sin embargo, algunas muertes pesan más que otras. Por caso, cuando la TV muestra imágenes de los atentados en Medio Oriente, el público las recibe como si se tratara de un nuevo capítulo en la saga de terror. El televidente se lamenta al paso y cambia de canal. No obstante, cuando los fallecidos son europeos, las redes se colman de imágenes y frases de condolencia. En apariencia, mientras los argentinos –todavía– se sienten unidos por un extenso cordón umbilical que cruza el Atlántico y conecta con el viejo continente, no sucede lo mismo con Medio Oriente: un paisaje de costumbres arcaicas, exotismos y plagado de seres irracionales. En esta entrevista, Mariela Cuadro –doctora en Relaciones Internacionales (UNLP), docente e Investigadora del Conicet en la Escuela de Política y Gobierno (Unsam)– da cuenta de sus investigaciones al respecto.


–¿Qué es Medio Oriente?


–Es una construcción realizada desde Europa, una categoría que sirve para definir la mitad de camino entre el continente europeo y el Oriente. Las diversas conceptualizaciones dependen del país que las realiza y también del momento. Por ejemplo, para Estados Unidos, el conflicto en Medio Oriente remite a lo que sucede entre Palestina e Israel; sin embargo, en el marco del gobierno de George W. Bush, ese concepto servía para delimitar a un territorio mucho más extenso que abarcaba desde Marruecos hasta Pakistán. De modo que se trata de una categoría bastante maleable y que permite entrever que las formas del decir, también, incluyen posturas políticas al respecto.


–La mirada, entonces, está mediatizada por las noticias que llegan desde agencias europeas y estadounidenses. ¿Qué mitos se tejen acerca de esta región?


–Lo primero que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en esta región es en el conflicto ininterrumpido, el terrorismo y la falta de derechos para las mujeres. A través del islam se edifica una percepción relacionada a lo cultural y lo simbólico; mientras que mediante el petróleo el enfoque se vuelve de corte materialista. Otra de las miradas subraya la inexistencia de democracia en Medio Oriente, a partir de la primacía de administraciones totalitarias. Por eso tiendo a pensar que es una enorme construcción de la cual participan los medios, las agencias, pero también las organizaciones internacionales y los académicos. No diría que se trata exactamente de mitos sino de una tendencia que solo se preocupa por exhibir y resaltar los rasgos negativos.


–De manera que Medio Oriente es todo eso junto pero también muchas cosas más.


–Por supuesto, es una región sumamente compleja habitada por tribus, sectas y naciones absolutamente distintas entre sí. Hace poco, por ejemplo, estuve en Arabia Saudita y es fascinante; un sitio donde reina una generosidad que no experimenté en ningún otro lado del mundo. No obstante, nuestra perspectiva tiende a englobar toda esa diversidad y adscribirle características únicas –a etiquetar– como si todo fuera lo mismo.


–Esto sucede porque siempre se tiende a homogeneizar la marginalidad y se utilizan esos límites para definir la propia identidad.


–Los estereotipos sobre Medio Oriente producen un alejamiento. Tendemos a pensar que los argentinos no tenemos nada que ver con una región donde solo hay fanatismo, religión y terrorismo. Sin embargo, se podrían generar vínculos muy interesantes y no me refiero solo a los lazos económicos, sino también a los políticos y sociales.


–¿Qué factores son necesarios tener en cuenta para comprender los conflictos armados?


–Los conflictos se han incrementado conforme el paso del tiempo. En este sentido, una de las condiciones que posibilitan este fenómeno, sin dudas, es la intervención constante de los países de Occidente. Por caso, una de las razones que podrían explicar la situación actual en Siria y la emergencia del Estado Islámico –Dáesh– está vinculada con el desastre producido en 2003 en Irak, cuando se intervino la región con la excusa de que el presidente iraquí (Saddam Hussein) tenía relaciones con los terroristas de Al Qaeda y, en efecto, poseía armas de destrucción masiva. Ello sumado al autoritarismo del Ejecutivo llevó a la intervención y a su desestabilización absoluta.


–¿Cómo se conecta el fanatismo religioso con el terrorismo?


–Hay un rasgo religioso que identifica a los movimientos islamistas, que se vincula con el propósito de “islamizar” a los estados y la sociedad, a partir del restablecimiento social de una cultura que, desde la perspectiva de estos grupos, ha quedado relegada con el proceso de modernización. Algo similar, aunque a otra escala, ocurre con los evangelistas en Latinoamérica que basan su agenda social en la restauración de los valores tradicionales. La idea de “terrorismo” tomó más vigor a partir del atentado a las Torres Gemelas en 2001 y fue construida como la amenaza internacional por excelencia.


–En reemplazo del “terror soviético” que dominó la escena durante la Guerra Fría.


-Sí, pero con la diferencia de que, en este caso, la amenaza está globalizada. En este marco, el fanatismo religioso funciona muy bien para el discurso de Occidente en la medida en que justifica la supuesta irracionalidad de sus acciones. Si las decisiones de Medio Oriente se fundamentan a partir de la sinrazón no hace falta comprender ni explicar mucho más, pues todos estarán de acuerdo en que hay que combatir todo lo que allí sucede.


–Cómo si no tuvieran agenda política.


–Exacto, como si el único propósito fuera instaurar un califato mundial, convertirnos a todos al Islam a partir de los atentados. En este sentido, como el término “terrorismo” no está definido a nivel internacional en ningún documento, para lo único que sirve es para referirse a un otro, al que se lo busca deslegitimar completamente. Bajo esta premisa, restringir el problema de la violencia política ilegítima a la religión es un simplismo que evita reflexionar acerca de la trama subyacente de relaciones económicas, políticas y sociales que operan de manera subyacente. El factor de intervención internacional está naturalizado pero Medio Oriente no se involucra en la política interna de Estados Unidos, como sucede a la inversa. Sería un escándalo si así ocurriera.


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Panamá: Lo que no se dice de la separación de Colombia

Érase una vez una empresa de capital francés que inició las obras para construir un canal por el istmo de Panamá, allá por 1880. Pero la Compañía Universal del Canal Interoceánico, como la llamaron, fue dando tumbos hasta que, en 1888, paralizó la construcción. 

¿Por qué? Los niños de primaria en Panamá saben que “la culpa fue del mosquito que producía la fiebre amarilla”. Los de secundaria, los que estudian, caen en cuenta que también le falló el diseño a Fernando de Lesseps, que intentó un canal a nivel que se estrelló contra el Corte Culebra. Muy pocos, a nivel universitario, se enteran de que hubo u tercer culpable: la corrupción.


Sí. Los gerentes franceses de la compañía resultaron ser unos pillos que le robaron millones de francos a los incautos inversionistas de clase media en Francia que compraron acciones de esta empresa creyendo que el canal los inundaría de riquezas. El escándalo, que fue asociado al nombre de Panamá, llegó a los estrados judiciales siendo condenados a penas de cárcel varios directivos.


Pero los pillos siguen siendo pillos y no se componen ni con la cárcel. Algunos de los directivos y accionistas mayoritarios idearon un plan para seguir chupándole la sangre al Canal de Panamá. En 1892 – 94, se dieron a la tarea de reorganizar la empresa bajo otro nombre, la Compañía Nueva del Canal Interoceánico. Lo primero que gestionaron fue una prórroga para terminar la obra. Una prórroga de diez años que culminaba en 1904. Anote la fecha.


Pero un sinvergüenza nunca deja de serlo, así que estos señores nunca pretendieron, ni juntaron capital suficiente para completar la obra. Solo buscaban ganar tiempo para vender sus “derechos” a un tercero, y así sacar hasta la última gota del negocio. ¿Quién tenía interés, capacidad para comprarles las acciones y continuar la obra? El gobierno de Estados Unidos de América.


En 1894, los franceses tuvieron la buena idea de contratar a uno de los abogados más influyentes en la política y en los negocios del naciente imperio norteamericano: William Nelson Cromwell. La firma Sullivan and Cromwell, que todavía existe, estaba bien ligada a capitalistas como J. P. Morgan, la General Electric y otros negocios de alto peso en Wall Street. De su seno salieron políticos influyentes como los hermanos Allan y John Foster Dulles, que dirigieron la Agencia Central de Inteligencia (CIA).


Gracias a ese contrato que hizo la Compañía Nueva, y a que en manos de ese bufete estaban las acciones de la Panama Rail Road Co., o Compañía del Ferrocarril de Panamá, tanto Cromwell como la firma de abogados jugaría un papel inconfesable en los sucesos de 1903.


La última década del siglo XIX se caracterizó por lo que se ha llamado fase imperialista del capitalismo, cuando las grandes potencias se repartieron el mundo para asegurarse fuentes de materias primas y mercados. Estados Unidos terminó de dar su salto con la Guerra de 1898 contra España a la que le arrebató sus últimas colonias: Cuba, Puerto Rico y Las Filipinas. Al poseer territorios e intereses en Asia, los norteamericanos se vieron compelidos a dar urgencia a la construcción de un canal que permitiera a su armada naval cuidar sus intereses en ambos océanos.


Entre1894 y 1903 las autoridades norteamericanas negociaron con franceses, colombianos y nicaragüenses. Aquí es donde el papel de Cromwell se hizo clave. Por un lado, unió a un grupo de capitalistas norteamericanos para comprar en secreto un gran grupo de acciones de la Compañía Nueva, que estaba devaluadas. Plan que denominó “Americanización del Canal”. Se afirma que invirtieron 3.5 millones de dólares por unas acciones que revenderían a su gobierno por 40 millones de dólares. Buen negocio, ¿verdad?


La participación de prominentes empresarios y políticos norteamericanos en este negociado fue lo que en verdad inclinó la balanza a favor del canal por Panamá, y no como pinta el mito de las supuestas estampillas con volcanes de Nicaragua que habría regalado Bunau Varilla a los senadores.


Una vez listo el grueso del asunto había que proceder con los detalles, así que Teodoro Roosevelt, buen amigo de Cromwell, exigió a Colombia el cese de la Guerra de los Mil Días, sentó a los dos partidos, liberales y conservadores, en la mesa y con su mediación salió el Pacto de Neerlandia y el del acorazado Wisconsin en noviembre de 1902.


Siguiente paso, obligar al embajador colombiano a firmar un tratado sin mucha consulta con su país. El 22 de enero de 1903 se firmó el Tratado Herrán-Hay, que contenía: lo que se llamaría Zona del Canal con jurisdicción norteamericana; un pago de 40 millones de dólares a los accionistas “franceses” (y norteamericanos); 10 millones de adelanto a al estado colombiano, y Panamá por supuesto; y una anualidad de 250 mil dólares cuando el canal estuviera en funcionamiento.


Los colombianos y panameños decentes de aquel tiempo sabían leer y sumar, y no eran menos listos que los actuales, así que empezaron con los cuestionamientos: ¿Cómo vamos a partir el Istmo por la mitad y ceder la soberanía a una potencia extranjera allí? ¿Eso no contradice la constitución y el derecho internacional? ¿Por qué a Colombia le tocan 10 y a los accionistas 40? ¿Con qué derechos si ellos solo poseen una concesión que vence en un año y un poco de chatarra en un hueco a medio excavar? ¿Pero si la Compañía del ferrocarril ya paga 250 mil de anualidad, ahora que se quedarán con ella y tendrán el canal seguirán pagando lo mismo?


Todo esto se lo preguntaban panameños tan ilustres como los liberales Carlos A. Mendoza y Belisario Porras, y conservadores como Juan B. Pérez y Soto y Oscar Terán, entre otros. Esa era su opinión a mitad de 1903, al margen de si algunos cambiaron posteriormente. El crecimiento del rechazo al tratado, a nuestra manera de ver, llevó al juicio sumario y fusilamiento de Victoriano Lorenzo, el 15 de mayo de 1903, fue una advertencia para acallar cualquier intento de resistencia.


Cuando Comwell advirtió que podía fracasar el tratado en el Congreso colombiano, empezó a montar el Plan B: separar a Panamá de Colombia y nombrar una Junta de Gobierno leal a sus intereses que legitimara el tratado. Para ello recurrió a sus subalternos en la Compañía del Ferrocarril: José A. Arango, abogado residente de la empresa, y Manuel Amador Guerrero, funcionario a sueldo del ferrocarril.


Prepararon el plan, pero dándole hasta el último momento la oportunidad al Congreso colombiano de aprobar el Tratado Herrán-Hay. La separación sólo sucedería si no se aprobaba el tratado y no tenía otro móvil que el tratado. Todo el cuento de que los colombianos nos tenían “olvidados” fue inventado después y no era verdad, éramos uno de los departamentos más importantes y con mayor influencia en Colombia.


Cuando el senado colombiano resolvió no aprobar el tratado, sino proponer a Estados Unidos esperar hasta 1904, a que los franceses perdieran su concesión, sacarlos del medio, para que le pagaran 25 millones de dólares al estado colombiano, Cromwell empezó a ejecutar su Plan B y convocó a Amador Guerrero a Nueva York a finales de agosto.
Esperaron para actuar hasta el 30 de octubre, cuando el Congreso colombiano cerró sus sesiones sin aprobar el tratado. En ese momento, Roosevelt dio la orden de mover sus acorazados al Istmo por ambos mares. Diez acorazados y miles de soldados norteamericanos invadieron Panamá desde el 3 de noviembre y días sucesivos. Detallito que no cuentan a los niños en la escuela.


Quienes hacen frente a los soldados colombianos que llegaron a Colón la madrugada del 3 de noviembre, son el administrador yanqui de la Compañía del Ferrocarril, coronel Shaler y las tropas del acorazado Nashville, que instalaron nidos de ametralladoras. El 5 de noviembre fue decisiva la llegada del acorazado Dixie a Cristóbal con 500 soldados norteamericanos.
Quien se imagina a los “próceres” dirigiendo al pueblo contra los “opresores colombianos”, mejor que deje de leer cuentos infantiles. La foto que describe el hecho es que la izada de la bandera panameña en Colón el 6 de noviembre estuvo a cargo de un oficial de inteligencia norteamericano vestido de gala, llamado Murray Black.


La otra foto está dada por el Tratado Hay-Bunau Varilla, firmado no por casualidad 15 días después, que contenía todo lo repudiable del Tratado Herrán-Hay, pero empeorado. La otra foto la encontramos el artículo 136 de la Constitución de 1904, que permitía que Estados Unidos interviniera en todo el territorio ístmico con la excusa de imponer el orden público.
Cromwell y sus socios obtuvieron los 40 millones de dólares, pero además él recibió del estado norteamericano otra cantidad millonaria por laPanama Rail Road Co. Para coronar sus ambiciones y probar su control sobre el gobierno panameño, fue nombrado como cónsul y agente fiscal de Panamá en Nueva York. A alguien del gobierno panameño se le ocurrió que de los 10 millones de dólares que le tocaban a Panamá, convenía separar 6 millones para crear un Fondo de la Posteridad, que sería invertido en bienes inmobiliarios y especulación financiera en Estados Unidos. Adivinen quién administró ese fondo por décadas.


Es evidente que el 3 de noviembre de 1903, ni nos hicimos independientes ni soberanos, nos convertimos en colonia o protectorado de Estados Unidos. Situación contra la que tuvieron que pelear generaciones de panameños que sí lucharon por la independencia, como los jóvenes heroicos del 9 de Enero de 1964.

Olmedo Beluche
03/11/2018
sociólogo y analista político panameño, profesor de la Universidad de Panamá y militante del Partido Alternativa Popular.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 3 de noviembre 2018

Publicado enColombia
Miércoles, 31 Octubre 2018 04:55

Comunicación y cultura

Comunicación y cultura

A partir del hecho de las noticias falsas, Marta Riskin sostiene que mientras unos mienten a sabiendas otros se niegan a aceptar que el proceso de socialización moldea patrones de conducta, se creen inmunes a los fenómenos colectivos y a sus efectos económicos y políticos sobre cuerpos y comportamientos.

“Ningún hombre mira jamás el mundo con ojos prístinos. Lo ve a través de un definido equipo de costumbres e instituciones y modo de pensar.”. Ruth Benedict


Son tiempos en los cuales el derecho a la información veraz está en peligro. La mayoría de los ciudadanos del planeta desconfía de medios de comunicación y redes sociales y dicen estar al tanto de los efectos del deterioro de la libertad de expresión sobre la vida democrática, la paz mundial y hasta la supervivencia planetaria.
Sin embargo, y aún descartando el porcentaje de quienes mienten a sabiendas; pocos aceptan responsabilidad o registran las contradicciones entre enunciadas preferencias éticas o políticas y sus elecciones concretas.


El mero señalamiento provoca incomodidad y justificaciones en contradicciones… ajenas.


Hábitos, prejuicios, preferencias de consumo, elecciones (de pareja, profesionales, electorales) y hasta argumentos, dependen en buena medida de decisiones mucho más inconscientes y automáticas de lo que creemos pero, rara vez detectamos los factores socioculturales que condicionan opiniones y decisiones personales, desde las más íntimas a las comunitarias.


Quizá porque solo aceptamos en teoría, que el proceso de socialización moldea patrones de conducta, creencias y rutinas sociales pero, nos creemos inmunes a los fenómenos colectivos y a sus efectos económicos y políticos sobre cuerpos y comportamientos.


Según Ruth Benedict construimos nuestra identidad dentro de un modelo cultural y cada civilización selecciona y utiliza apenas un segmento del gran arco de potenciales (y contradictorios) propósitos y motivaciones humanos. Su comparación de los pueblos Zuñi de Nuevo México, Dobu de Nueva Guinea y los Kwakiutl de la costa noroeste americana, continúa siendo reveladora.


En apretada síntesis. Los Zuñi eran muy religiosos, valoraban la cooperación y no entendían la idea de guerra; los Dobu consideraban a todo hombre un enemigo y sus mayores virtudes la agresividad y la traición; los Kwakiutl eran famosos por los Potlacht, grandes fiestas donde cada hombre destruía todas las riquezas que había acumulado en el año para demostrar su propia grandeza individual y la inferioridad de los otros.


Los tres pueblos construyeron pautas de comportamiento individual completamente diferentes, partiendo de actitudes presentes en todas las sociedades.


La agresividad y la competencia, la solidaridad y la cooperación son tendencias humanas pero su presencia conductual depende en buena medida, de los criterios de valoración que hacemos como comunidad a lo largo de la ¿evolución?


La coexistencia de los diferentes patrones de vida que la humanidad ha creado con las materias primas de la existencia requiere del cultivo inteligente de cada comunidad para continuar eligiendo los propios para una buena vida. Una elección que exige el reconocimiento sobre la poderosa influencia que hoy ejercen redes, medios, instituciones y referentes culturales para direccionar los cambios culturales en favor de mezquinos intereses.


Cuando, por ejemplo, Mario Vargas Llosa dice “la opinión pública ha llegado al convencimiento de que la política es un quehacer de personas amorales, ineficientes y propensas a la corrupción” construye opinión pública.


Acompañado por el eco mundial de repetidores seriales y eludiendo amplios y profundos debates, la idea alcanzará a cada persona hasta imponerse como principio de la vida social.
La manipulación mediática de quienes abusan del poder económico para comprar casi cualquier cosa (herramientas tecnológicas incluidas), está edificando mundos subjetivos a su triste imagen y semejanza.


Mientras se multiplica y reproduce a sí mismo en espejos de odio, miedo y violencia; no es casual que las invitaciones a individuos aislados a habitar exclusivos refugios tengan éxito.
La capacidad de reflexión y el auto cuestionamiento, un rasgo pedagógico incentivado por numerosas y antiguas culturas y sin duda, por la educación pública nacional (y descartado por todos los autoritarismos) cuestiona los objetivos del Gran Hermano; el cual ya ha demostrado su poder para construir un mundo hostil e inhabitable y, al mismo tiempo, su incapacidad para crear culturas cooperativas e integradas donde las personas puedan desarrollar sus mejores potencialidades.


El pensamiento crítico que ha dado frutos gigantescos, tales como las ciencias y las artes, es herramienta imprescindible para que una cultura utilice sus propios saberes y experiencias para interrogarse e investigar los resultados de sus acciones y para elegir entre felicidades personales edulcoradas, solitarias y abstractas o alcanzar desarrollos precisos en sus libertades y derechos individuales y colectivos.


* Antropóloga, Universidad Nacional de Rosario.

Publicado enCultura
Brasil: las democracias también mueren democráticamente

Nos hemos acostumbrado a pensar que los regímenes políticos se dividen en dos grandes tipos: democracia y dictadura. Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, la democracia (liberal) pasó a considerarse casi consensualmente como el único régimen político legítimo. A pesar de la diversidad interna de cada uno, son dos tipos antagónicos, no pueden coexistir en la misma sociedad, y la opción por uno u otro supone siempre lucha política que implica la ruptura con la legalidad existente.


A lo largo del siglo pasado se fue consolidando la idea de que las democracias solo colapsaban por la interrupción brusca y casi siempre violenta de la legalidad constitucional, a través de golpes de Estado dirigidos por militares o civiles con el objetivo de imponer la dictadura. Esta narrativa era, en gran medida, verdadera. No lo es más. Siguen siendo posibles rupturas violentas y golpes de Estado, pero cada vez es más evidente que los peligros que la democracia hoy corre son otros, y se derivan paradójicamente del normal funcionamiento de las instituciones democráticas.


Las fuerzas políticas antidemocráticas se van infiltrando dentro del régimen democrático, lo van capturando, descaracterizando, de manera más o menos disfrazada y gradual, dentro de la legalidad y sin alteraciones constitucionales, hasta que en un momento dado el régimen político vigente, sin dejar de ser formalmente una democracia, aparece como totalmente vaciado de contenido democrático, tanto en lo referido a la vida de las personas como de las organizaciones políticas. Unas y otras pasan a comportarse como si estuvieran en dictadura. Menciono a continuación los cuatro principales componentes de este proceso.


La elección de autócratas. De Estados Unidos a Filipinas, de Turquía a Rusia, de Hungría a Polonia se han elegido democráticamente políticos autoritarios que, aunque sean producto del establishment político y económico, se presentan como antisistema y antipolítica, insultan a los adversarios que consideran corruptos y ven como enemigos a eliminar, rechazan las reglas de juego democrático, hacen apelaciones intimidatorias a la resolución de los problemas sociales por medio de la violencia, muestran desprecio por la libertad de prensa y se proponen revocar las leyes que garantizan los derechos sociales de los trabajadores y de las poblaciones discriminadas por razones étnicas, sexuales o de religión. En suma, se presentan a elecciones con una ideología antidemocrática y, aun así, consiguen obtener la mayoría de los votos. Los políticos autocráticos siempre han existido. Lo nuevo es la frecuencia con la que están llegando al poder.


El virus plutócrata. La forma en la que el dinero ha venido descaracterizando los procesos electorales y las deliberaciones democráticas es alarmante. Al punto de preguntarse si, en muchas situaciones, las elecciones son libres y limpias y si los responsables políticos actúan por convicciones o por el dinero que reciben. La democracia liberal se basa en la idea de que los ciudadanos tienen condiciones de acceso a una opinión pública informada y, sobre su base, elegir libremente a los gobernantes y evaluar su desempeño. Para que esto sea mínimamente posible, es necesario que el mercado de las ideas políticas (los valores que no tienen precio, porque son convicciones) esté totalmente separado del mercado de los bienes económicos (los valores que tienen precio y sobre esta base se compran y venden). En tiempos recientes, estos dos mercados se han fundido bajo la égida del mercado económico, hasta tal punto que hoy, en política, todo se compra y todo se vende. La corrupción se ha vuelto endémica.


La financiación de las campañas electorales de partidos o de candidatos, los grupos de presión (o lobbies) ante los parlamentos y los gobiernos tienen hoy en muchos países un poder decisivo en la vida política. En 2010, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, en la sentencia Citizens United v. Federeal Election Commission, asestó un golpe fatal a la democracia estadounidense al permitir el financiamiento irrestricto y privado de las elecciones y decisiones políticas por parte de grandes empresas y de super ricos. Se desarrolló así el llamado dark money, que no es otra cosa que corrupción legalizada. Ese mismo dark money explica en Brasil una composición del Congreso dominada por la bancada armamentista ("de la bala"), la bancada ruralista ("del buey") y la bancada evangélica ("de la Biblia"), una caricatura cruel de la sociedad brasileña.


Las fake news y los algoritmos. Durante cierto tiempo Internet y las redes sociales que generó se vieron como una posibilidad sin precedentes para la expansión de la participación ciudadana en la democracia. En la actualidad, a la luz de lo que sucede en Estados Unidos y Brasil, podemos decir que serán más bien las sepultureras de la democracia, en caso de que no se regulen. Me refiero en particular a dos instrumentos: las noticias falsas y el algoritmo.


Las noticias falsas siempre han existido en sociedades atravesadas por fuertes divisiones y, sobre todo, en periodos de rivalidad política. Hoy, sin embargo, su potencial destructivo a través de la desinformación y la mentira que propagan es alarmante. Esto es especialmente grave en países como la India y Brasil, en los que las redes sociales, sobre todo WhatsApp (cuyo contenido es el menos controlable por estar encriptado), son ampliamente usadas, hasta el extremo de ser la más grande, e incluso la única, fuente de información de los ciudadanos (en Brasil, 120 millones de personas usan WhatsApp). Grupos de investigación brasileños denunciaron en el New York Times (17 de octubre) que de las cincuenta imágenes más divulgadas (virales) en los 347 grupos públicos de WhatsApp en apoyo a Bolsonaro, solo cuatro eran verdaderas. Una de ellas era una foto de Dilma Rousseff, candidata al Senado, con Fidel Castro en la Revolución cubana. Se trataba, de hecho, de un montaje realizado a partir del registro de John Duprey para el diario NY Daily News en 1959. Ese año Dilma Rousseff era una niña de once años. Apoyado por grandes empresas internacionales y por servicios de contrainteligencia militar nacionales y extranjeros, la campaña de Bolsonaro constituye un monstruoso montaje de mentiras a las que la democracia brasileña difícilmente sobrevivirá.


Este efecto destructivo es potenciado por otro instrumento: el algoritmo. Este término, de origen árabe, designa el cálculo matemático que permite definir prioridades y tomar decisiones rápidas a partir de grandes series de datos (big data) y de variables, considerando ciertos resultados (el éxito en una empresa o en una elección). Pese a su apariencia neutra y objetiva, el algoritmo contiene opiniones subjetivas (¿qué es tener éxito?, ¿cómo se define el mejor candidato?) que permanecen ocultas en los cálculos. Cuando las empresas se ven obligadas a revelar los criterios, se defienden con el argumento del secreto empresarial. En el campo político, el algoritmo permite retroalimentar y ampliar la divulgación de un tema que está en boga en las redes y que, por ello, al ser popular, es considerado relevante por el algoritmo. Sucede que lo viral en las redes sociales puede ser producto de una gigantesca manipulación informativa llevada a cabo por redes de robots y de perfiles automatizados que difunden entre millones de personas noticias falsas y comentarios a favor o en contra de un candidato, convirtiendo el tema en artificialmente popular y ganando así incluso más destaque por medio del algoritmo. Este no tiene condiciones para distinguir lo verdadero de lo falso, y el efecto es tanto más destructivo cuanto más vulnerable sea la población a la mentira. Fue así como en 17 países se manipularon recientemente las preferencias electorales, entre ellos Estados Unidos (a favor de Trump) y, ahora, Brasil (a favor de Bolsonaro), en una proporción que puede ser fatal para la democracia.


¿Sobrevivirá la opinión pública a este envenenamiento informativo? ¿Tendrá la información verdadera alguna posibilidad de resistir ante tal avalancha de falsedades? He defendido que en situaciones de inundación lo que más falta hace es agua potable. Con una preocupación paralela respecto a la extensión de la manipulación informática de nuestras opiniones, gustos y decisiones, la investigadora en computación Cathy O’Neil designa los big data y los algoritmos como armas de destrucción matemática (Weapons of Math Destruction, 2016).


La captura de las instituciones. El impacto de las prácticas autoritarias y antidemocráticas en las instituciones ocurre paulatinamente. Presidentes y parlamentos electos mediante los nuevos tipos de fraude (fraude 2.0) a los que acabo de aludir tienen el camino abierto para instrumentalizar las instituciones democráticas; y pueden hacerlo supuestamente dentro de la legalidad, por más evidentes que sean los atropellos y las interpretaciones sesgadas de la ley o de la Constitución. En los últimos tiempos, Brasil se ha convertido en un inmenso laboratorio de manipulación autoritaria de la legalidad. Esta captura ha hecho posible la llegada a la segunda vuelta del neofascista Bolsonaro y su eventual elección. Tal como ha ocurrido en otros países, la primera institución en ser capturada es el sistema judicial. Por dos razones: por ser la institución con poder político más distante de la política electoral y por ser constitucionalmente el órgano de soberanía concebido como “árbitro neutro”. En otra ocasión analizaré este proceso de captura. ¿Qué será de la democracia brasileña si esta captura se concreta, seguida de las otras capturas que esta hará posible? ¿Será todavía una democracia?

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

 

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“Los datos que entregas acabarán por estrangularte en el sistema”

Ranga Yogeshwar, conocido divulgador en Alemania, alerta de la falta de control político y moral sobre muchas innovaciones de la era digital

Ranga Yogeshwar (Luxemburgo, 1959) es una especie de canario en la mina, capaz de analizar y alertar de los desafíos que nos deparan las innovaciones. Él piensa que en el campo de la inteligencia artificial, innovamos sin ser capaces de comprender los sistemas que creamos y las consecuencias que pueden tener.


Yogeshwar recibe a El PAÍS en su casa de Lanzenbach, una aldea cerca de Colonia, en pleno campo. El habitáculo vital de este conocido físico divulgador en Alemania es, sin embargo, el mundo. Lo recorre impartiendo conferencias y conociendo de primera mano las innovaciones que regirán el futuro y nos cambiarán como sociedad. Políticos y empresarios alemanes y de medio mundo le llaman para que les cuente a dónde vamos. Él lo explica en su libro Próxima estación: futuro (Arpa), en el que alerta del mal uso de los datos y de que podemos acabar siendo esclavos de la digitalización de nuestro comportamiento. Pero Yogeshwar no pertenece al club de los agoreros, ni propone ninguna vuelta atrás. Él lo que cree es que la política puede y debe moldear una innovación que no debe dejarse en manos solo de ingenieros e inversores. “Al final será bueno, porque nos haremos las preguntas fundamentales y encontraremos respuestas mejores de las que habíamos encontrado hasta ahora”.


Pregunta. ¿Cómo nos está cambiando la innovación?


Respuesta. Hay cosas esenciales que permanecerán. No queremos vivir en un estado de miedo permanente, ni morir de hambre, pero hay que ver cómo nos ha cambiado por ejemplo la comunicación, qué pasa ahora en las familias. Cuando yo era joven y me iba de viaje era un tiempo de separación de mis padres, de crecer, pero ahora cuando los chicos se van, están conectados todo el tiempo con su familia. ¿Cómo va a influir esto en su personalidad? O las ecochambers, si te rodeas todo el tiempo de gente que piensa como tú, te encierras en una burbuja y eso también modela la personalidad. Me pregunto si acabaremos en una sociedad muy diferente, que no se parece nada a la idea de sociedad cohesionada que teníamos hasta ahora, sino una en la que sean islas con unas reglas elementales para relacionarnos.

P. La filosofía ha dedicado mucho tiempo a analizar la diferencia entre los humanos y los animales. ¿De las máquinas inteligentes, en qué nos diferenciaremos?

R. El desarrollo de la inteligencia artificial nos fuerza a repensar qué somos y qué nos hace humanos. Podemos perdonar, nos encantan las excepciones. Es decir, aspiramos a tratar a todo el mundo por igual, pero si es tu amigo, haces algo especial por él. A veces eres irracional. Fumas aunque no tenga sentido, las máquinas no hacen eso. Puede que gracias a la innovación acabemos replanteándonos cosas esenciales, como el estar enfocados hacia la productividad y el rendimiento económico; puede que haya transformaciones de las que ahora ni siquiera somos conscientes. Puede, por ejemplo, que vayamos hacia una era postextual en la que contemos y escuchemos historias en lugar de leer y escribir, que es un proceso muy complejo. Ahora ya no lees las instrucciones de un aparato, ves un tutorial. Tal vez, nuestra inteligencia puede disminuir porque la de las máquinas crezca.

P. No parece un futuro muy prometedor.

R. Yo soy optimista. Vemos, por ejemplo, que empezamos a querer pasar tiempo desconectados, lo que los británicos llaman digital detox [desintoxicación digital]. Al final, aprenderemos cómo utilizar bien la innovación. Nuestra relación con el progreso, para mí, es como los niños en Navidad: abren los paquetes y tratan de hacer funcionar el juguete. Cuando no lo consiguen, es cuando miran las instrucciones. Tratamos de ir muy rápido, pero ahora poco a poco estamos empezando a estudiar las instrucciones de la revolución digital. Los conquistadores llegaron a América, se hicieron con el lugar y mataron a los indígenas y esa es la misma mentalidad cowboy que vemos en la era digital. Google y Facebook son los conquistadores que se apoderan de los contenidos, pero estamos entrando en una fase en la que empezamos a civilizar estos contenidos y creo firmemente que seremos capaces de hacerlo. Estableceremos reglas, entenderemos tendencias y, tal vez, en los próximos años nos demos cuenta de que hay que partir los googles y los amazons porque sean demasiado grandes. Estableceremos reglas por las que no utilizaremos tecnologías que no entendamos completamente, porque habrá reacciones en contra. La historia nos demuestra que siempre hay un proceso de civilización. Al final será bueno, porque nos haremos las preguntas fundamentales y encontraremos respuestas mejores de las que habíamos encontrado hasta ahora.

P. Usted explica que nuestro futuro no es lineal, que no hay una continuidad desde el pasado, que hay disrupciones. ¿Qué consecuencias tiene este tipo de progreso?

R. La velocidad es una nueva cualidad. La electricidad, por ejemplo, se introdujo poco a poco o el teléfono, que tardó 75 años en llegar a 100 millones de usuarios. Antes había tiempo para adaptarse; era un proceso orgánico. A veces se tardaba incluso una o dos generaciones, lo que significaba que no era una intrusión en tu vida personal, porque era la siguiente generación la que lo tenía que gestionar. Ahora, si miramos a Facebook u otras redes sociales, o los teléfonos inteligentes, en apenas 11 años, todo el mundo tiene uno. Es decir, las cosas suceden de manera tan rápida que no hay tiempo para adaptarse de una manera civilizada. Las innovaciones se implantan y, de repente, nos damos cuenta de que necesitamos leyes. Empezamos a regular la privacidad, pero es un proceso muy lento comparado con la velocidad de la innovación. En la inteligencia artificial surgen multitud de dilemas éticos.

P. ¿Cómo pueden convivir los algoritmos y la ética?

R. Es un tema que va a estar muy presente, pero no se puede tratar de una forma tradicional porque la ética es cambiable. Hace 50 años, por ejemplo, se aceptaba que se pegara los hijos, pero cambiamos. Necesitamos trabajar con una ética que tenga en cuenta cómo nos va a cambiar la tecnología. Por ejemplo, nuestro concepto de privacidad no va a ser el mismo en unos años. Es una situación muy dinámica y como no podemos anticipar los cambios, tal vez haya que diseñar un proceso ético que continuamente cuestione y adapte las cosas.

P. ¿Es posible impedir que la moral y la ley vayan siempre por detrás?


R. Necesitamos una cultura en la que el progreso sea el resultado de un proceso de reflexión de la sociedad y no el resultado exclusivo de la ingeniería y los inversores. ¿Queremos tener máquinas que tomen decisiones cruciales? Y si las tenemos, ¿cómo de transparentes deben ser las decisiones? Me refiero, por ejemplo, al sesgo de los datos que proporcionas a los sistemas, porque el problema es que nadie comprende realmente cómo funcionan. No sabemos qué pasa en las capas más profundas y, por lo tanto, desconocemos si se adoptan las decisiones adecuadas. Por ejemplo, Google empezó a etiquetar fotos, pero de repente, las personas negras aparecían etiquetadas como gorilas, porque los datos que habían introducido en el sistema estaban sesgados, porque probablemente no habían suministrado suficientes imágenes de personas negras. En algunas aplicaciones no pasa nada por que haya errores, pero en las que están íntimamente ligadas con nuestra democracia, no es una opción. No se puede detener a alguien sin decirle exactamente por qué, no quiero que me detengan porque un algoritmo lo ordene. Al final, se reduce a la cuestión de si optamos por la correlación o por la causalidad, que es la base de nuestra democracia.


P. ¿A qué se refiere?


R. Establecemos y comercializamos sistemas a pesar de que no los comprendemos. No sabemos si son estables o sesgados. Todo va muy rápido. Estuve en una conferencia con jefes de recursos humanos y me explicaron que utilizaban inteligencia artificial para las entrevistas de trabajo. Tienen un sistema que analiza qué palabras utilizan los aspirantes para definir un perfil. Si utiliza ciertas palabras, concluyen que es un tipo optimista y proactivo o al revés. En Estados Unidos, por ejemplo, el sistema Compas predice si un detenido va a cometer un nuevo crimen a través de algoritmos. Lo que pasó fue que encontraron un sesgo importante hacia los detenidos negros, porque habían metido los datos sesgados. No me cansaré de decirlo: los datos son un problema.


Robots fuera del armario


Yogeshwar deja de hablar y muestra en el ordenador de su estudio una invención que da una idea de lo avanzado que está el procesamiento de voz. Una máquina pide una cita para ir a la peluquería haciéndose pasar por una persona y es capaz de mantener una conversación, respondiendo a las preguntas de la recepcionista. “Es inmoral. No puedes tener máquinas que se hacen pasar por humanos. Falta una reflexión ética. Los robots del futuro tienen que salir del armario y decir: 'Hola, soy un asistente de inteligencia artificial”.

P. Usted habla de velocidad y de complejidad. Mucha gente se siente alienada y rechaza un progreso que no comprende. Hay un movimiento reaccionario.

R. Hay que preguntarse cuál es nuestro objetivo. ¿Tener una sociedad digitalizada que nos haga la vida más fácil? o ¿ser más felices? Porque si queremos eso, puede que no haya mucha relación, porque poco a poco el ser humano se adentra en la categoría de las máquinas. Podemos acabar sometidos a la dictadura del comportamiento. Es decir, tu móvil, por ejemplo, controla el ejercicio que haces. Ya hay aseguradoras que te piden tus datos para calcular tu póliza. Dentro de cinco años veremos a un tipo corriendo por un parque y le preguntaremos si le gusta salir a correr y responderá que no, pero que tiene que hacerlo para que quede reflejado en sus datos. La libertad que se prometió puede terminar en justo lo contrario, en una dictadura de tu comportamiento. La libertad de comportarte como te de la gana, de beberte un vaso de vino por la noche, de fumarte un cigarro va a desaparecer porque todos los datos que entregas, acabarán estrangulándote en un sistema. Empieza con los seguros médicos y rápidamente se extiende a muchas otras áreas. Y eso genera un cierto sentimiento de desconfianza hacia el futuro, es la segunda fase de la era digital.


P. A usted también le preocupa la evolución de los medios de comunicación.


R. Los pilares de la democracia son los medios, el lugar donde se pone en ejecución y los medios se han vuelto populistas porque se rigen por los clics, por la audiencia medida con algoritmos que amplifican resultados. Ahora la pelea está por la atención no por las ideas. En un periodo de tiempo muy corto hemos visto un cambio en la prensa que desconcierta a mucha gente. Vemos muchos cambios en muy poco tiempo y nos hace plantearnos hacia dónde nos dirigimos, quién está controlando el cambio o si alguien lo está controlando. Para muchas personas, la respuesta es que el cambio se gestiona a sí mismo y sienten que ellos no tienen nada que aportar. Las élites no son capaces de comunicar la esencia de los cambios y la gente siente que vive en una democracia en la que no puede participar. Por eso, aunque a la gente le vaya bien, sienten cierto desasosiego y miedo fruto de la transformación, que afecta también a sus negocios. Porque igual han trabajado un montón de años para llegar a una posición y de repente eso no vale nada. Desconfían de la innovación y se entregan al populismo. Y culpan a los extranjeros, piensan que la solución es encerrarse como si viniera un huracán, que en realidad es la innovación. Es puro miedo

.
P. ¿Puede hacer algo la política?


R. La política puede hacer mucho pero desafortunadamente la europea y alemana han hecho muy poco. La mayoría de los políticos no entienden lo que está pasando, son literalmente ignorantes. Yo les explico por ejemplo que la fisonomía de las ciudades va a cambiar por el monopolio de Amazon y que van a desaparecer las librerías y es algo en lo que ni han pensado. Hay una enorme ignorancia sobre el cambio más crucial que está sucediendo.


P. ¿Y la industria?


R. Viven enamorados de su pasado y no piensan en el futuro. En Estados Unidos, el 70% de las empresas tienen un jefe de transformación digital, que estudia cómo va a cambiar la empresa con la digitalización o si va a seguir existiendo. En Alemania, no llega al 20%. Aquí vienen las empresas extranjeras y se llevan a los jóvenes con más talento. Si miramos a EE UU y a China, nos damos cuenta de que Europa va a morir en el proceso de la innovación de inteligencia artificial. ¿Por qué nada nace en Europa con contadas excepciones? Le cedemos nuestros datos a EEUU y desde Snowden sabemos que nos tratan de manera diferente. Internet, la carta Magna de la era digital se creó para ser utilizado por todo el mundo y ahora lo único que vemos es negocio.


P. ¿Qué cambios geopolíticos va a traer la innovación?


R. Si analizamos de dónde van a venir los científicos en 2030, vemos que el 37% vendrá de China y el 1,4% de Alemania. Dejemos de creer que los chinos son estúpidos. Son muy innovadores y tienen ambición.

 

Por Ana Carbajosa 

Colonia 17 OCT 2018 - 11:22 COT

 

Miércoles, 03 Octubre 2018 07:41

Soros vs Netanyahu

Soros vs Netanyahu

Se ha decantado un organigrama forense que representa en el mundo occidental dos relevantes ejes que están al borde de una guerra civil en EU y en Israel, con metástasis globales, donde colisionan dos incompatibles cosmogonías israelíes: 1. El eje Kissinger/Sheldon Adelson/Netanyahu, vinculado a los banqueros Rockefeller y a Trump, quienes operan una agenda de "nacionalismo económico" y de supremacismo talmúdico mezclado con el supremacismo WASP (White-AngloSaxon Protestant); y 2. El eje de los esclavistas banqueros Rothschild, creadores del Estado de Israel, y su marioneta George Soros, desestabilizador de la CIA (https://goo.gl/F6h7sC), quienes maniobran la agenda "globalista" con Obama y los Clinton.

Trump y Soros libran una batalla de destino por el alma de EU, mientras que en Israel el choque entre Soros y Netanyahu es más prístino.

Yair, hijo del primer ministro israelí, se burló de que Soros "controla el mundo (sic)" y de "encontrarse detrás de los crecientes problemas legales de su familia" (http://bit.ly/2FMZNsV).

El irreverente Yair afirma que Soros controla a Ehud Barak, ex primer y ex ministro de Defensa, hoy consultor de una trasnacional de marihuana (http://bit.ly/2NWNNOu).

¿Tan "estratégica" es la marihuana para el control mundial de los encéfalos?

Nati Tucker, del rotativo Haaretz, cercano a Soros, divulgó que Facebook y Netanyahu "serán citados en la Corte como codefensores en un juicio por diseminar información falsa", entablado indirectamente por Soros, quien fue acusado de "cooperar con Irán".

Justamente, el grupo de Netanyahu se consagra en demoler el acuerdo de Obama con Irán que pasó de un P5+1 a un P4+1 sin Trump (http://bit.ly/2NWJhj0).

Netanyahu subió a su cuenta de Facebook la "historia de Soros con Irán" propalada por Israel Hayom, rotativo de mayor circulación, cuyo dueño es Sheldon Adelson, mafioso dueño de casinos en Las Vegas y Macao, además de mecenas financiero del primer israelí” (http://bit.ly/2NXDJEM).

Dada la cercanía familiar del talmúdico Jared Kushner, yerno de Trump, sus alianzas con Kissinger/Sheldon Adelson/Netanyahu son motivo de un estrecho escrutinio, más aún cuando se ostenta como el "gran negociador" con el “México neoliberal itamita” y en su polémica intervención en el contencioso palestino, lo cual no obsta para que hayan existido vibrantes tensiones intra-familiares en el lapso de nueve días.

Jared Kushner fue imputado de ser el pérfido "Anónimo" (http://bit.ly/2O0wB6w) quien incitó a un golpe de estado contra su suegro Trump (https://dailym.ai/2IwMPCs). ¡Uf!

A los dos días, Eric Trump, segundo hijo del presidente, arremetió contra Bob Woodward quien hubo ganado "tres shekels (nota: divisa israelí) extra" por su explosivo libro (https://amzn.to/2Iz7whh), lo cual fue criticado por los medios adictos a Soros de "antisemitismo" (http://bit.ly/2IyR4NY).

Una semana después, Trump acusó de “no ser suficientemente agradecidos a los judíos de EU (según Haaretz)” –en su mayoría pro-Soros/Partido Demócrata–, quienes "no tienen aprecio por sus políticas con Israel" cuando "¡les dio Jerusalén!" (http://bit.ly/2NYHREP).

En la doble guerra civil, desde EU hasta Israel, ¿dónde quedan los otrora omnipotentes neoconservadores straussianos?

El militarismo unilateral global de los "neoconservadores straussianos (neo-cons)" –en su aplastante mayoría israelí-estadunidenses– colisiona con el "soberanismo" de Kissinger (https://amzn.to/2IzAwoW), cuando su fracasado Proyecto de un Nuevo Siglo Estadunidense (http://bit.ly/2Ix1TA8) y la Guía de Planeación de Defensa, de Paul Wolfowitz (http://bit.ly/2IzNZNR) dominaron el pensamiento geoestratégico de EU desde 1992.

Los neo-cons manejan traslapes con Netanyahu (http://bit.ly/2Iyohck) y ahora con Trump, mediante su aliado bushiano John Bolton, asesor de Seguridad Nacional.

En la "Era de la Post-Verdad" (http://bit.ly/2IzEcae) cualquier "mentira" puede ser transmutada en "verdad" por la alquimia de los intereses de los multimedia. El problema es que tanto Netanyahu como Soros son notables propaladores de fake news. Uno de los dos va a perder.

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“Es necesario que la gente reconozca el seudoperiodismo”

Jaime Abello Banfi, director de la FNPI, admite que es un momento atractivo para el encuentro de profesionales de países diferentes pero con debates similares, y un contexto en el que el periodismo adopta nuevas formas... incluyendo algunas que son pura manipulación.

El término “Festival” suele asociarse a lo artístico, a la música, el cine, el teatro, la danza. Pero desde 2013, la capital de Antioquia es la sede de un festival del periodismo, una celebración de la palabra y la imagen que se corresponde con las “obsesiones” que caracterizaron a la figura legendaria que inspira todo. Mañana a las 9, en el Jardín Botánico de esta bella ciudad colombiana, será el puntapié inicial del Festival Gabo, el encuentro que propicia la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano creada en 1994 por Gabriel García Márquez: una cita a la que acuden profesionales de todo el continente y España para celebrar el oficio en tiempos turbulentos, en lo que todo se está reformulando y -en más de un sentido- el periodismo parece a veces un deporte extremo.


El Festival Gabo es un auténtico desafío para la organización de agenda: durante tres días habrá 75 actividades de entrada libre y transmitidas en directo a través del sitio oficial festivalgabo.com y su página de Facebook. El menú incluye charlas, talleres, proyecciones de documentales, exposiciones fotográficas y muestras culturales en varias sedes; además, el jueves se anunciarán los ganadores del Premio Gabo (ver aparte), que cada año va sumando más y más postulantes en sus cuatro categorías. Las actividades están agrupadas en ejes temáticos que dan cuenta de sus intenciones: “La cocina del periodismo” explora temas que preocupan al periodismo actual y expone nuevos formatos, tendencias, narrativas y enfoques para contar historias; “Periodismo de tú a tú” presenta a gestores de proyectos innovadores que hablarán del “detrás de cámara” de sus trabajos; “Mentes curiosas” propone un espacio íntimo para conversaciones informales pero profundas con dos o tres invitados; “Obsesiones de Gabo” explora los temas favoritos de García Márquez, la música, la literatura, el idioma, el cine, la paz y la ética periodística, con dos temáticas nuevas propuestas para esta edición, la sátira y lo culinario. En el apartado “Muestras”, en tanto, se incluye la exposición fotográfica Africamericanos, tres largometrajes del documentalista brasileño Caio Cavechini (Cartas para un ladrón de libros, Carne y hueso y Entre los hombres de bien), y una tertulia pensada como homenaje a Gabo, su pasión por el vallenato y su amistad con el músico Leandro Díaz: junto a su hijo Ivo Díaz, tres estudiosos de las obras de ambos maestros recorrerán fragmentos, recuerdos, fotografías, videos y poemas.


Es un momento especialmente adecuado para esta nueva edición de un encuentro de profesionales que en poco tiempo adquirió la estatura de clásico. Dado el modo en que las formas periodísticas se reformulan en el nuevo siglo y aparecen temáticas antes no tan destacadas, este año el Festival pone el foco en cuestiones presentes en la agenda diaria del periodismo: la necesidad de explorar nuevos formatos de expresión y autogestión, la influencia de las redes sociales, la hiperinformación y las “fake news”, el rol de las mujeres en la era del #MeToo y Ni Una Menos, la diversidad sexual y la siempre compleja relación entre la prensa y los mecanismos de poder. Es uno de los puntos que destaca Jaime Abello Banfi, director general y cofundador de la FNPI, que aun en la previa de tres días de altísima intensidad se las arregla para lucir relajado. “El Festival ha crecido en número de eventos y participantes, hay nuevas sedes, pero son detalles accesorios ante la idea de lo que realmente significa: un espacio de proposición de nuevos referentes, de aprendizajes de las tendencias y de encuentro entre periodistas, estudiantes, ciudadanos, gente que sabe que necesitamos de un buen periodismo para una sociedad mejor informada, más democrática y activa”, dice el periodista y gestor cultural.


Para Abello, el Premio Gabo es el “radar” que indica las tendencias en el periodismo de América Latina, y su alcance va más allá de lo económico o el reconocimiento profesional. “Más que un cambio profundo de esquemas, en esta edición ha habido una consolidación y ampliación de temas, y la decisión de que sea un festival que, gracias al radar que representa el premio, responda a la capacidad de encontrarse con los temas fundamentales para el periodismo de estos momentos”, explica. “Hay temas que se insinúan como transversales: las maneras de relacionarse con las audiencias, que es cada vez más fundamental para el periodismo y su futuro, es uno. El futuro de la sostenibilidad de los medios va a depender mucho de eso, sobre todo en el contexto de audiencias muy volátiles. También será importante la presencia de temas de ética periodística, el periodismo de investigación contra la corrupción, el papel de las mujeres y el periodismo desde la diversidad sexual. Y cosas que quizá deberían haber llegado antes como la cocina, la alimentación, un tema que ocupa cada vez más espacio, está en el día a día de los intereses de la gente.”


–Es un momento interesante para que se encuentren periodistas de países con idiosincracias muy distintas, pero cruzados por debates similares: encontrar audiencias, los debates éticos, las noticias falsas, la reformulación de los medios, la lenta desaparición del papel...


–Y además hay un componente de motivación muy importante que tiene que ver conque el periodismo responde a un ideal de servicio público, y muchas veces se hace en condiciones de adversidad. Aunque haya contextos culturales diversos parece que la historia se repite en todas partes: hay un cambio que se está dando y tiene que ver con una serie de factores, pero entre ellos es muy importante la manera en que los medios digitales se instalaron en la economía y en la sociedad. Se están transformando muchas cosas, empezando por la manera en que el periodismo se hace y le llega a la gente. Entonces, ver ejemplos inspiradores, a quienes pudieron superar condiciones adversas, sentir que hay colegas con motivaciones similares, con una idea de contar historias y servirle a la sociedad, de desmitificar las mentiras, es muy inspirador. Una de las funciones del premio no es tanto la recompensa individual sino también la inspiración colectiva y la proposición de modelos útiles para toda la comunidad periodística. Pero no le sirve solo al mundo del periodismo sino a la ciudadanía, porque estamos en una fase en la que también hay un cuestionamiento y una crítica muy fuerte del papel de los medios. Como decía Gabo, “no basta ser bueno sino también que se sepa”. Y es necesario que se sepa para que la gente, la ciudadanía, pueda distinguir el buen periodismo del seudoperiodismo.


–Pero también la gente hoy tiene un poco más claro que detrás de lo que recibe hay empresas e intereses, antes lo tenía un poco más difuso, ¿o no?


–No, así es, porque el periodismo es más plural en la forma en que se practica y manifiesta ante las audiencias. Pero antes quizá se identificaba con una marca, en el contexto de una organización, de una empresa periodística. Hoy en día encontramos muchas maneras: ese periodismo visual que circula con tanta velocidad por las redes sociales, o el periodismo colaborativo de grandes proyectos de investigación o lo que llamamos periodismo de autor, que se plantea proyectos individuales que se convierten en libros. O la manera en que las redes han servido para diferenciar y darle identidad de marca a periodistas con sus nombres porpios... podríamos dar una lista muy larga de esa variedad que caracteriza este momento y que es un espacio para la creatividad. El problema es que las herramientas de la creatividad y de la proyección personal del periodista son las mismas que explican que se hayan desbaratado las bases del negocio que sostenían las empresas e introducido una gran incertidumbre en el sector. Al mismo tiempo dieron lugar a maneras de buscar la sostenibilidad, nuevos emprendimientos. Lo vamos a ver en el caso de Eldiario.es, un periódico totalmente digital sostenido por los lectores. Hay una gran variedad, y es cierto que la gente distingue más pero también que muchas veces se confunden porque hay fake news, mucha información y contenido circulando que parece periodismo y no lo es o responde a campañas de manipulación informativa. Hay que seguir haciendo el esfuerzo pedagógico de separar y mostrar los valores del buen periodismo. Es en parte lo que buscamos con el festival.


–¿En esas nuevas posibilidades se abre un cierto camino de libertad, que el periodista pueda serlo no solo en función de un medio y una empresa? Se están dando muchos experimentos de autogestión...


–Hay una libertad pero también es más complejo el ecosistema informativo, hay más voces y algunas de esas son voces interesadas, poderes comunicacionales como los que tienen los gobiernos o distintos sectores. Lo que estamos viendo es que hay una guerra de narrativas, y muchas veces el periodismo independiente termina aplastado por campañas mediáticas opuestas que se hacen a través de redes sociales, y eso se complica más cuando encima hay censura y hay utilizaciones judiciales o físicas. No necesariamente estamos en un ambiente más relajado: es un ambiente con más posibilidades, más creatividad y libertad... y nuevos peligros que están surgiendo.

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El juez Brett Kavanaugh se victimizó e imputó al "clan de los Clinton" de montar una campaña de desprestigio.F

Parafraseando a Clausewitz, la pornocracia de Estados Umidos es la continuación de la política por medios sicalípticos.La guerra civil en EU se manifiesta ahora en salvajes escándalos sexuales donde salen afectados sus dos partidos, Demócrata y Republicano: desde Harvey Weinstein (https://bit.ly/2xKv8va), pasando por la vida disoluta de Trump, hasta las acusaciones de acoso sexual contra el juez Brett Kavanaugh de hace 36 años cuando era estudiante a sus 16 años de edad.

Más que la dúctil confirmación del juez ultraconservador Neil Gorsuch, nominado por Trump, llama la atención la ferocidad del Partido Demócrata que usa todos los inmundos medios a su alcance para torpedear la llegada del juez Brett Kavanaugh a la Suprema Corte.

El "clan de los Clinton", que cuenta con enorme influencia con los demócratas del Senado, se cobra una venganza de 20 años atrás con el ya mancillado juez Kavanaugh .

El sulfuroso escándalo sexual de Bill Clinton del hediondo vestido azul de la becaria Mónica Lewinsky, que estuvo a punto de defenestrarlo, tuvo como uno de los principales actores judiciales, tras bambalinas, nada menos que a Brett Kavanaugh quien redactó la acusación del fiscal especial Kenneth Starr.

NYT arguye que "al haber aceptado el retardo de la nominación del juez Kavanaugh en el corto plazo, el presidente Trump y los republicanos del Senado operan dos apuestas en el largo plazo" (https://nyti.ms/2NQYkuF): asegurar una mayoría conservadora en la Suprema Corte y tener mejores oportunidades para conservar el control del Senado el 6 de noviembre.

Los estrategas republicanos dan por descontado que la confirmación del juez Kavanaugh provocará una reacción del voto "femenino e independiente" en las competidas elecciones de la Cámara de Representantes donde, al corte de caja de hoy, lleva ventaja el Partido Demócrata en las encuestas.

El juez Brett Kavanaugh se victimizó e imputó al "clan de los Clinton" de montar, 36 años más tarde, una campaña de desprestigio y linchamiento.

Los estrategas del Partido Republicano arremeten contra la "izquierda radical" del Partido Demócrata y su "caterva (sic) liberal en colusión con los multimedia".

La actriz pornográfica Stormy Daniels ofrece su versión erótica de su affaire en su explosivo libro Plena Revelación” (https://amzn.to/2xISVvq) donde humilla la virilidad del presidente Trump.

Más allá de su descripción urológica del presidente, Stormy Daniels alega el carácter pueril y la inseguridad de Trump.

El implacable abogado italo-estadunidense Michael Aventtis –nada casualmente del Partido Demócrata del que pudiera ser candidato a la presidencia en 2020– agita paroxísticamente los alegatos sexuales contra Trump y Brett Kavanaugh.

Quizá lo más relevante sea que Trump le confesó a Stormy Daniels que no quería ser presidente, lo cual es más que dudoso cuando hoy busca como fiera herida su relección.

The Washington Post analiza cómo #MeToo –movimiento "viralizado" en las redes sociales por el acoso sexual del cineasta israelí-estadunidense Harvey Weinstein, gran aliado de los Clinton– "ha transformado la estructura de poder en la capital de EU" (https://wapo.st/2xO5Vjw).

La comediante Chelsea Handler fustiga que “la violación sexual es correcta para todos (sic) los blancos (sic) del Partido Republicano con el fin de tener sometidas a las minorías y a las mujeres (https://bit.ly/2y3LRcm)”, mientras que la jerarquía del Partido Republicano desecha el "circo" que han montado los demócratas, comparable a la "era de McCarthy" (https://bit.ly/2R5amOZ).

En vísperas del 6 de noviembre se ha desatado una guerra civil de los sexos: las mujeres volcadas con el Partido Demócrata y los "machos blancos" con el Partido Republicano –sin contar la condena sexual del actor afroestadunidense Bill Cosby con 60 denuncias de mujeres a cuestas (https://usat.ly/2FoRaV8), escamoteadas por los demócratas.

La degradación de la pornocracia de EU derrapa en una dicotomía atroz: el Partido Demócrata pintado como andrófobo y el Partido Republicano como misógino.

Lo peor sería creer que los acusadores de hoy, acusados ayer, son menos pecaminosos 20 años después.

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Un hombre, un móvil: ¿la democracia del futuro o un mundo orwelliano?

Los informes financieros de diferentes marcas de móviles alertan del riesgo para la salud del uso de la telefonía móvil.

Las compañías de telefonía móvil saben que su producto implica riesgos para la salud. Los usuarios no son informados pero los accionistas sí reciben información sobre los riesgos financieros asociados a este riesgo para la salud. Las tecnologías de la información ofrecen posibilidades para el desarrollo, pero, de hecho, su influencia está más en el mercado de consumo que en el interés social de los usuarios.


Que el móvil mata, no cabe ninguna duda; lo decía el consejero delegado de la compañía Telefónica Móviles en 2002 para TVE en el no emitido documental Contracorriente . “Mire usted, no me voy a morir de esto; esto contribuye a que me muera. Pero, como todas las cosas”, expresaba Javier Aguilera para el programa Documentos TV de la televisión española. El reportaje, tras las presiones de la industria, finalmente no vio la luz, aunque se filtró y está disponible en todo el mundo. Y añadía con gracejo el ejecutivo de la multinacional: “Coño, que uno se muere por 38.000 cosas. ¿Que esta es una más? Indiscutible. ¿Que esta es una más incluso para los que no usan la telefonía móvil? Indiscutible. ¿Y que los que usan la telefonía móvil no deberían tener este factor? Sin duda. Pero joder, el mundo es como es. A mi me gustaría no respirar el humo que echan los autobuses, pero ¿no vamos a tener autobuses?”.


Cabe suponer que Javier Aguilera recibiese algún tirón de orejas por su ejercicio de sinceridad en un reportaje que acabó siendo censurado. Valga el ejemplo para ilustrar el hecho de que las compañías de telefonía móvil son conscientes de que el móvil es perjudicial para la salud, aunque su política no ha sido la de informar de que se trata de un riesgo que hay que asumir como parte del progreso, sino la de ocultar a la opinión pública e, inclusive, mentir sobre los efectos de la radiación electromagnética utilizada en las telecomunicaciones.

Ya en 1995, por medio de una circular interna filtrada, tenemos noticia de que la compañía Motorola ponía en marcha una campaña de desprestigio contra el científico Henry Lai. ¿Su pecado? Haber desarrollado una investigación, al amparo del WTR —Wireless Technology Research—, en la que se demostraba que una radiación semejante a la de telefonía móvil producía daños en el ADN. Desde la asociación de la industria de telecomunicaciones —CTIA— primero se decía que las frecuencias no eran las mismas y que, por lo tanto, no afectaba a la telefonía móvil, y luego se afirmaba que esa investigación nunca había podido ser replicada. Las compañías financiaron estudios en los que no se encontraron efectos en el ADN, aunque a lo largo de los años diversas investigaciones han ido confirmando los trabajos de Henry Lai. En el año 2000, financiado por la compañía T-Mobile, el estudio Ecolog, que revisó 220 artículos científicos, encontró efectos inductores del cáncer, efectos genotóxicos, así como alteraciones en el sistema nervioso, inmunitario y hormonal.


Informes financieros


Aunque los usuarios no son informados, las compañías sí recogen en sus informes financieros las implicaciones de los riesgos para la salud de la telefonía móvil. Telefónica en su informe anual para la Comisión de Valores de los EE UU dice: “La industria de las telecomunicaciones puede verse afectada por los posibles efectos que los campos electromagnéticos, emitidos por dispositivos móviles y estaciones base, puedan tener en la salud humana. [...] Las preocupaciones sobre las emisiones de radiofrecuencia pueden desalentar el uso de dispositivos móviles, lo que podría provocar que las autoridades públicas implementen medidas que restrinjan dónde se pueden ubicar los transmisores y sitios celulares, cómo funcionan, el uso de teléfonos móviles y el despliegue masivo de dispositivos móviles, medidores inteligentes y otros productos que usan tecnología móvil. Esto podría llevar a que Telefónica no pueda expandir o mejorar su red móvil”. Vodafone, que en su informe anual 2017 incluye los riesgos para la salud entre sus principales riesgos financieros, dice: “Las señales electromagnéticas emitidas por los dispositivos móviles y las estaciones base pueden presentar riesgos para la salud, con un potencial impacto que incluye: cambios en la legislación nacional, reducción del uso del móvil o litigación”.


Las legislaciones para proteger a los ciudadanos frente a los riesgos de los campos electromagnéticos de las telecomunicaciones existen; el problema es que su base teórica es de tiempos de la guerra fría y que numerosos grupos científicos independientes están diciendo que los límites de exposición son insuficientes y están hechos a medida de la industria. Inclusive estas poco estrictas normas de seguridad no son cumplidas por las compañías de teléfonos, como el límite según la SAR —tasa de absorción específica— que la mayoría de móviles que hay en el mercado superan, algo sabido a través del caso 'phonegate', que, a pesar de su gravedad, ha recibido muy poca atención por parte de la opinión pública.
Se cantan las bondades de la tecnología móvil; la sociedad civil podrá organizarse con facilidad para reivindicar sus derechos y propiciar las transformaciones sociales. Las aplicaciones podrán gestionar un mejor uso de servicios y recursos, poniendo directamente en contacto a profesionales y usuarios en una nueva economía más participativa. Podrás acceder a la información en todo momento y los alumnos aprenderán a su ritmo interactuando directamente con los contenidos online. Las aplicaciones móvil monitorizarán tu salud y te avisarán antes de que los problemas aparezcan... Sin embargo el uso dado a la tecnología ha resultado menos transformador y ha formado parte del planteamiento del mercado capitalista. Algunos consideran inclusive que la actuación digital es un falso activismo al crear la sensación de que se está haciendo algo al dar un like o firmar una petición, cuando la participación implicaría un grado de organización en la vida real. La economía colaborativa se ha convertido en una nueva forma de explotación de los trabajadores por parte de grandes empresas, que camuflan la relación laboral mediante resquicios legales. Las tecnologías de la información aplicadas en la enseñanza no han conseguido frenar la pérdida de nivel académico de los últimos años y problemas como el déficit de atención están en expansión. Inclusive estamos asistiendo a un descenso del Cociente Intelectual detectado en algunos países. En cuanto a la salud, los datos no favorecen el optimismo: el cáncer —vinculado a la exposición electromagnética— crece a un ritmo casi de epidemia; a pesar de los avances en la medicina, la esperanza de vida está prácticamente estancada en los países occidentales y en EE UU está en retroceso, y la llamada esperanza de vida saludable está en descenso.


Al respecto de la influencia de las tecnologías en el funcionamiento político, propuestas para la democracia digital, con participación directa a través de internet de la ciudadanía en los Parlamentos, no se han puesto en marcha; y mecanismos de transparencia en la gestión por medio de la apertura y monitorización en tiempo real de la gestión pública apenas se están desarrollando. Por contra, hemos tenido noticias como la del caso Cambridge analytica por las que hemos sabido que información personal robada de las redes sociales ha sido utilizada para diseñar campañas de manipulación dirigidas específicamente a cada usuario y que han ayudado a ganar las elecciones a gobernantes como Donald Trump.
No podemos decir que las tecnologías en el pasado garantizasen el mejor funcionamiento democrático y calidad de la información, pero, antes de continuar por un camino sin sentido cautivados por los avances de la electrónica, deberíamos sopesar las implicaciones sociales, de salud y psicológicas que los usos de las distintas posibilidades tecnológicas están poniendo en nuestras manos.

 

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“El fascismo de hoy es una sonrisa en la televisión”. Entrevista a Michael Moore

“Fahrenheit 11/9”, desde esta semana en los cines de EE. UU. Entrevista de Luca Celada, Il Manifesto, con el director: “El triunfo es el resultado lógico de cinco décadas de lenta degradación de la democracia. Marca la ventaja definitiva de Wall Street en los derechos de los ciudadanos”.

Se trata de un Apocalipsis Now de Michael Moore, que comenzó la noche de las elecciones (del 11 de noviembre - “11/9”) que secuestró el país en los carriles populistas nacionalistas que amenazan con descarrilar permanentemente el experimento americano. Fahrenheit 11/9 no es solo un ataque a Trump, sino que también fotografía una democracia que ya se encuentra en avanzado estado de descomposición en el momento de su llegada. Por supuesto, Moore comenzó su jeremiada con un recorrido por la psicopatología Narciso que, a pesar de todo, hace dos años, antes de que él destruyera el Partido Republicano, y luego ganó la elección presidencial de “la última superpotencia “. Un viaje que el director considera al principio casi como un juego perverso, y un acto de demostración del propio Trump para convencer al NBC de aumentar su token como el propietario del reality show The Apprentice. El magnate de bienes raíces habría decidido ejecutar sólo después del éxito inesperado de los primeros mítines


El prólogo de su ascenso resistido representa a Trump por un lado como presidente por accidente, y por otro, la inevitable terminal de una degradación democrática de larga data bajo el régimen del liberalismo financiero tardío. Este es el punto de partida de uno de los temas principales que atraviesan Fahrenheit 9/11: la invectiva contra el Partido Demócrata acusó a los conservadores por haber renunciado a cualquier oposición real.


Cómplice y coludida, esclavizados a los mismos jefes financieros, la oposición "moderada" de los demócratas no ha encontrado nada mejor que sabotear la campaña de Bernie Sanders y desairar al electorado de la clase trabajadora de los estados desindustrializados (Wisconsin, Pennsylvania, Michigan), que le costó la derrota.


Y a su Michigan conduce la denuncia del sucio asunto de las aguas envenenadas de Flint. Moore regresa a su ciudad, la de Roger and Me, en un segmento que recuerda la fuerza mordaz de su primera película. La historia de la privatización del agua de la ciudad (el trabajo del proto trumpista gobernador Rick Snyder) y la población resultante de los niños fueron envenenados por una mayoría afroamericana, es el paradigma de la guerra contra los pobres en la era de la desigualdad abismal - y la parte más efectiva de una crítica que no escatima ni la ignorancia de Barack Obama.

Gran parte de la película, diseñada como un post en vista de las elecciones de mitad de período en noviembre, está dedicada a los signos de vida de la izquierda. Parece Alejandría Ocasio Cortez, candidato socialista en el Bronx, Rahsida Tlaib, musulmán, favorecido por una banca en el Congreso de Michigan, Richard Ojeda, un veterano y la unión de los mineros de Virginia Occidental y maestros en huelga, David Hogg, Emma González y los otros dos sobrevivientes de la masacre de la escuela secundaria Stoneman Douglas Florida, que organizó la campaña anti-NRA (la Asociación Nacional del Rifle), llevando a millones de personas a las calles.

Los jóvenes, las mujeres, las minorías, la clase trabajadora - pruebas para una posible nueva coalición - que Roosevelt Moore argumenta es la única salvación posible en vista a la elección de noviembre crucial, para Estados Unidos y el planeta. La alternativa, a la que se dedica el final, es la normalización definitiva de un fascismo del tercer milenio del que forman parte Trump, Brexit y el resurgimiento soberanista europeo.


- ¿De qué nace “Fahrenheit 11/9”?


-Desde el principio me pareció obvio que Trump fue el resultado lógico de cinco décadas de lenta degradación de la democracia y del “sueño americano”. La superación definitiva de los intereses financieros y de Wall Street sobre los derechos de los ciudadanos y la idea de que todos tenemos un asiento en la mesa y un trozo de tarta. Tal vez en realidad nunca ha existido, pero Trump es realmente el último clavo en el ataúd. Lo llamo el último presidente de los Estados Unidos porque realmente podría serlo. Tampoco hay un mecanismo claro ahora para eliminarlo: nos enfrentamos al adversario más peligroso de la historia.


- ¿Cómo se explica la propagación de fenómenos similares en el mundo?


-Me parece que en muchos países las personas están hartas de cómo están las cosas en su vida cotidiana y ven que Trump, Brexit u otros fenómenos similares como Molotov son arrojados al sistema para vengarse. Después del Brexit, participé en el programa Bill Mahre diciendo que Trump ganaría y que ganaría en Michigan, Pennsylvania y Wisconsin. Y el público de ese programa, que es principalmente liberal, me silbó: nadie lo creyó. Bueno, lamento darte malas noticias, pero harías bien en escucharme. Después de todo, fui yo, el que le dijo al Óscar que no habría armas de destrucción masiva en Iraq, el que hizo un documental sobre Columbine diciendo que los disparos serían cada vez más, y mire dónde estamos hoy. A veces me pregunto cuánto más película tengo que hacer, ¿Cuánto tengo que golpear mi cabeza contra la pared para explicar lo que está sucediendo en este país? Porque ahora que hemos llegado a este punto, le hemos dado la Casa Blanca a alguien que no respeta la ley y la decencia humana.


-Hay algo de lo que debemos desanimarnos ...


-Como todos los demás, casi me rindo. La gente está desesperada, somos una nación desmoralizada. Tendremos que reaccionar todos juntos, en las calles, en los asientos, somos más numerosos que nosotros. Sabemos que Hillary ha ganado, que hay al menos tres millones más de nosotros, así que podríamos hacerlo.


- ¿Alguna vez Estados Unidos logrará lavar la vergüenza del triunfo?


-Es importante que las personas de otros países recuerden que la mayoría de los estadounidenses no deseaba a Trump, que logró tomar el poder solo gracias a una oscura cláusula constitucional insertada hace 200 años para proteger a los estados esclavistas (la circunscripción electoral, ed.). Y ahora todos estamos pagando el precio: debemos deshacernos de él lo antes posible. No hay mucho lugar para el optimismo, pero como un monstruo en la película algo se mueve, vamos a enviar a la primera mujer musulmana, una madre soltera al Congreso, la gente comienza a decir: “Entonces nos desharemos de Trump, así que resistiremos”. “Y tal vez, tal vez digo, tendremos éxito”.


- ¿Su mensaje a sus conciudadanos?


-No te rindas, deja de “esperar”, la esperanza no arregla nada, no puedes basar una revolución en la esperanza. La esperanza nunca ha derrotado a un presidente en el cargo, esperanza, ahora, solo hay enemigo. Esto es lo que los demócratas continúan repitiendo: “Hay esperanza para 2020 ...”, pero ni siquiera logramos este paso para 2020. Debemos levantarnos ahora, tenemos que participar en las urnas en noviembre, hacer todo lo necesario para poner fin a esta locura. Pero si nos quedamos en casa con esperanza, entonces no habrá más esperanza. La nueva generación, como los muchachos que sobrevivieron al tiroteo de Parkland (escuela secundaria en Florida) no esperan, se movilizan y esa es la única forma en que podemos ganar. Tal vez la esperanza te hace sentir mejor, pero me opongo a anestesiar con esperanza. El único remedio es la acción y el enemigo es más grande que Donald J. Trump. El adversario es el capitalismo estadounidense. Para recuperar el país tendremos que ir contra Wall Street, contra la misoginia. Será necesario mantener a los racistas en su lugar para evitar que tengan voz.


- ¿El sueño americano realmente está en peligro de muerte.


-Nos encontramos en una especie de pesadilla a cámara lenta que parece haber comenzado hace mucho tiempo, mucho antes de Trump, el “sueño” estadounidense para muchos fue una pesadilla. Tenemos entre 40 y 50 millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, que no pueden leer más allá del nivel de un niño de 10 años. Y cuanto más mantienes a la población ignorante y fomentas el miedo, más cerca está el control. En este contexto, el partido demócrata el papel de Vichy, son colaboradores. Si somos moderados como nos aconsejan, será nuestro fin. En lugar de ello, debemos actuar como si fuéramos la resistencia francesa y los tanques alemanes se encuentran a 30 km de París .... En los 80 años leí un libro titulado Friendly Fascism de Bertrand Gross, escribió proféticamente que el fascismo del siglo XXI no tendría la cara de la del XX. Eso no se presentaría con campos de concentración y cruces gamadas, sino con una sonrisa y un programa en la televisión, para que la gente se convenza de seguirlo. El fascismo en progreso ahora no tiene tanques sino compañías de Wall Street


-Hay paralelos históricos demasiado obvios


-En la película quería poner la portada de un periódico judío en Frankfurt después de la toma del poder de Hitler. Pidieron calma, explicaron que los nazis no podían llevar a cabo sus planes, que la constitución los impediría. Un optimismo que me recuerda a muchos de los que tranquilizan sobre el futuro o invocan la acusación y la investigación del FBI como una solución


- ¿Lo entendieron los estadounidenses


- ¿Sabes quién lo entiende? Las mujeres, jóvenes, las minorías étnicas. Creo que habrá un tsunami de votantes en noviembre, negros, hispanos, que llegarán a niveles récord. Si lo hacen, los republicanos serán derrotados. Si no lo hacen, esto no sucederá y Trump será reelegido nuevamente en 2020.


Michael Moore es director de cine

Traducci{on de Carlos Abel Suárez

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