Cómo ganar elecciones contando “me gusta”

Usando modelos computacionales y psicología cognitiva, CA pudo construir un perfil de la personalidad de cada uno de los 250 millones de votantes en las elecciones de EE.UU.

 La empresa Cambridge Analytica (CA) que utilizó datos personales de Facebook de mas de 50 millones de usuarios, causó una verdadera revolución por la metodología que usó en las campañas de Donald Trump y del Brexit.


Para la campaña presidencial de Trump, usando modelos computacionales y psicología cognitiva, pudo construir un perfil de la personalidad de cada uno de los 250 millones de votantes en las elecciones estadounidenses. Lo hicieron a partir de al menos 5000 “datos” de cada uno de ellos (gastos con tarjeta de crédito, movilidad por el uso de los smartphones, lectura de diarios, programas de TV vistos y sobre todo los “me gusta” en Facebook). Así consiguieron conocer los gustos, valores, temores de cada votante y a partir de esto pudieron crear un mensaje de campaña personalizado a la medida de cada uno de ellos.


Para entender cómo trabaja CA se puede ver en Youtube una charla que su CEO, Alexander Nix, dio en marzo de 2017 en Berlín, en el “Online Marketing Rockstar”. Allí Nix, un británico de 42 años, educado en exclusivísimo Eton College, explica que CA utiliza tres metodologías que –usadas conjuntamente– cambiaron la manera en que se hace marketing político: Las Ciencias del Comportamiento (Psicología), el Análisis de Data (Big Data) y la publicidad personalizada.


Para CA los datos demográficos (sexo, edad, religión, raza) inciden en la forma en que la gente ve el mundo, pero la personalidad es la clave para saber por qué la gente compra o vota de determinada manera. Según este enfoque, la personalidad determina la toma de decisiones.


Para clasificar a los individuos según el tipo de personalidad CA usa el modelo OCEAN (por sus siglas en inglés) que define cinco grandes tipos:


factor O (apertura a las nuevas experiencias), factor C (responsabilidad), factor E (extroversión), factor A (amabilidad) y factor N (neuroticismo o inestabilidad emocional).
No es que CA haya realizado este test a cada uno de los 250 millones de votantes norteamericanos, aquí viene la verdadera innovación: ellos tomaron un modelo computacional creado por Michal Kosinski para el Centro de Psicometría de la Universidad de Cambridge y lo aplicaron al marketing político. En 2012, Kosinski había generado su modelo: con 68 “me gusta” de un usuario de Facebook podía predecir con un bajo margen de error su color de piel (en un 95 por ciento), su orientación sexual (88) y su afiliación al partido Demócrata o Republicano (85). También la inteligencia, la religión, el consumo de alcohol y tabaco podían predecirse. Analizando sólo 10 “me gusta” su modelo era capaz de evaluar a una persona mejor que un compañero de trabajo, con 70 “me gusta” podía hacerlo mejor que un amigo, y con 300 mejor que su pareja.


Además de la psicología CA se vale del big data, que es la agregación de datos. Cada vez que hacemos algo vamos dejando “huellas digitales” que son grabadas, recolectadas y analizadas. Se puede recolectar distinto tipo de información sobre una persona para entender sus puntos de vista: datos demográficos (edad, género, religión, etc), datos actitudinales (qué auto maneja, qué revistas lee, qué medios consume, qué hobbies practica, qué películas mira) y datos de comportamiento (cuántos contactos o fotos tiene en Facebook, cuántas llamadas hace, a qué horas está despierto, etc).


Usando modelos computacionales se cruzan esos datos y se crea un perfil individual de acuerdo a un modelo de personalidad que permite hacer una comunicación individualizada, conociendo de antemano qué mensaje quiere escuchar cada uno de los receptores.


Para CA la idea de que millones de personas tienen que recibir el mismo mensaje es cosa del pasado. Ellos creen fervientemente que en este momento las marcas y los políticos tienen que establecer una comunicación personalizada con sus clientes/votantes. Una mujer y su marido, aun viviendo en la misma casa, recibirán un mensaje distinto del mismo producto. Todas las grandes empresas (Walmart, Amazon, etc.) lo saben y están invirtiendo fortunas en construir centros de análisis de datos para refinar su comunicación y llegar mejor a sus clientes.


En la charla en Berlín el CEO de CA dijo que empezaron a trabajar para Trump en junio del 2016, y en base a información previa supieron que en Wisconsin, un Estado tradicionalmente demócrata, había posibilidades de convencer a muchos votantes. Para captarlos, primero identificaron qué “asuntos” les interesaban (derecho de portación de armas, inmigración, economía) y después los sub-segmentaron de acuerdo a su personalidad para dirigirles mensajes personalizados.


Por ejemplo, para quienes se habían mostrado a favor de la portación de armas, crearon distintos tipos de mensajes de acuerdo a cómo los tenían identificados dentro del modelo de personalidad OCEAN: a los “muy responsables y algo inestables emocionalmente” les mandaron un mensaje racional basado en el miedo: un texto relacionado con la importancia de la seguridad acompañado por una fotografía de un ladrón rompiendo una puerta. En cambio a los que tenían identificados como “conservadores” (a quienes les importan las tradiciones, la familia, los hábitos) les enviaron otro texto que decía “Desde el nacimiento de la Nación” acompañado por una fotografía de un atardecer que recorta las siluetas de un padre y un hijo cazando con rifles.


Finalmente, en Wisconsin, Trump terminó ganando por 50 mil votos. Según Nix “En las elecciones que se ganan por un margen muy pequeño, esta tecnología puede hacer la diferencia,” dijo Nix.


CA es la subsidiaria norteamericana de la firma inglesa SCL (Strategic Communication Laboratories) Group, que se dedica a la comunicación estratégica y las ciencias del comportamiento, y fue fundada por Nigel Oakes, un ex empleado de la megaagencia de publicidad Saatchi & Saatchi encargado de la imagen de Margaret Thatcher. SCL Group trabajó durante el ultimo cuarto de siglo para el Pentágono, la OTAN, los ministerios de Defensa de Canadá, Reino Unido y Ucrania, entre muchos otros. Alexander Nix admite públicamente que “persuadir a alguien para que vote de determinada manera es muy similar a persuadir a los muchachos de entre 14 y 25 años de Indonesia para que no se unan a Al Qaeda”.


CA es propiedad del multimillonario Robert Mercer, alguien desconocido en casi todo el mundo, pero con una enorme influencia en las altas esferas de poder. Mercer es un graduado en física y matemática, con un doctorado en informática, que inició su carrera en IBM y años más tarde pasó al fondo de inversión Renaissance Technologies, del que actualmente es el CEO. Desde allí se dedicó a cambiar la industria financiera con el uso de algoritmos, gracias a los cuales maneja el fondo de inversión mas rentable de Estados Unidos. Desde que en 2010 la Corte Suprema de EE.UU. eliminó el techo de las donaciones particulares a las campañas políticas, Mercer lleva donados la friolera de 100 millones de dólares. La mitad fue para candidatos republicanos y la otra mitad para distintas ONGs, todas de derecha ( entre ellas una que desmiente el cambio climático, otra que ataca a los Clinton, y otra que se propone combatir las ideas de izquierda en los medios). En 2016 Mercer fue el primer donante individual de la campaña de Donald Trump, con 13,5 millones de dólares. También donó nueve millones más a otros candidatos republicanos a distintos puestos (gobernadores, senadores, diputados). Además invirtió 10 millones de dólares en Breitbart News, el sitio de noticias numero uno en Facebook y Twitter, con una línea editorial de derecha y plagado de opiniones xenófobas, racistas, antisemitas y machistas.


Hasta el año pasado el director de Breitbart News era Steve Bannon, ex Jefe de Gabinete de Trump. Antes de su paso por la Casa Blanca, Bannon había trabajado para la Marina, Goldman Sachs, fue productor televisivo y cinematográfico, director y guionista de documentales, pero por sobre todas las cosas fue la persona encargada de dirigir la campaña que llevó a Donald Trump a la Presidencia de los EE.UU. Mercer y Bannon trabajan juntos desde 2012 y hasta que el último se hizo cargo de la campaña de Trump, figuraba en el directorio de CA. Todo tiene que ver con todo.


Aunque en una cámara oculta que Channel 4 de Gran Bretaña le hiciera a Nix en enero de este año aparece mencionada la Argentina, aun no está comprobado que efectivamente CA haya trabajado en nuestro país, aunque si lo hicieron es fácil suponer para quién, porque siempre, en todo el mundo, han trabajado para partidos de derecha.

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“Más protección de datos no es suficiente para frenar el poder de Facebook o Google”

Para Evgeny Morozov, considerado uno de los azotes intelectuales de Silicon Valley, las grandes compañías de EEUU y China se están haciendo con el control de infraestructuras. "Hay toda una nueva política por hacer", afirma.

 

Justo cuando truena sobre Facebook por el uso que Cambridge Analytica hizo de los datos de millones de estadounidenses sin permiso para tratar de influir en las presidenciales que ganó Donald Trump, es bueno dar unos cuantos pasos hacia atrás y asomarse a un panorama más general. ¿Se trata de un problema de protección de datos y de oscuras influencias políticas, o es un síntoma más de algo mucho más complejo? ¿No es acaso “lo digital” un reflejo de nuestro sistema capitalista?


Evgeny Morozov (1984), uno de los grandes escépticos que critican el discurso amable y atractivo de Silicon Valley, ha venido al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid a participar en un ciclo de seminarios titulado “Seis contradicciones y el fin del presente”. Para él, tenemos un problema con el capitalismo digital. Grandes compañías estadounidenses (Google, Facebook, Microsoft, Amazon, Apple…) y chinas (Alibaba, Tencent…) acumulan enormes cantidades de datos. Poco a poco, de forma imparable, esas compañías se están haciendo con el control de infraestructuras. Y, paulatinamente, establecen sus propias condiciones. Toda una privatización del espacio originariamente público, a plena luz del día y delante de nuestras narices. Tienen demasiado poder.

Autor de El desengaño de Internet. Los mitos de la libertad en la red (Destino, 2012) y La locura del solucionismo tecnológico (Clave Intelectual, 2015), Morozov sostiene que el “capitalismo digital” es mucho más que Facebook o Twitter, es decir, de la mera monetización de nuestros datos; tiene que ver con la salud, el transporte, con el control de las infraestructuras. “Algo que va más allá de la protección de los datos personales”. También afirma que “no se puede hablar del capitalismo digital sin hablar del capitalismo financiero”. Y todo ello, sin perder de vista la dimensión política del asunto.


Personalmente, Morozov cree que abordar esas cuestiones como una asunto legal o de protección de los consumidores (mejor dicho, de protección de los datos de los consumidores) es quedarse a las puertas de la cuestión, ya que las soluciones previstas –más regulación, mayor protección de los datos- “no serán suficientes para abordar el creciente poder de esas compañías, para frenarlo”.


Influencia 'relativa'


El asunto de Facebook y Cambridge Analytica tiene que ver, precisamente, con el uso de nuestros datos en la red. ¿Es simplemente ruido? ¿Es un síntoma del mundo en el que vivimos? ¿O es algo más? “Depende mucho de cuánta fe tengas en los sistemas electorales de las democracias avanzadas”, comenta, y se pregunta si no han sido manipuladas con anterioridad mediante el uso de datos y el análisis del comportamiento, incluso antes del surgimiento de las redes sociales e internet.


“Necesitamos tener un punto de referencia, y para mí no está en una idílica arcadia anterior a internet, sino cómo han sido tradicionalmente las campañas políticas y qué medios han influido decisivamente en ellas, al menos en EEUU”, comenta, y añade: “Fox News ha estado sacudiendo el paisaje electoral americano durante años, y sinceramente no puedo poner al mismo nivel el trabajo de Cambridge Analytica, el términos de propaganda y manipulación de lo que la gente piensa”.


No obstante, en el caso de los datos que proporcionan no sólo Facebook, sino las demás redes sociales y las búsquedas en Internet, es apabullante. Y el nivel de conocimiento que pueden tener sobre nosotros es altísimo. “Bueno, pero es que para mí eso es un grano de sal”, afirma, y explica: “Si sigues el dinero, tienes que fijarte en las grandes compañías y cuestionarte: dado que en los últimos años han invertido grandes cantidades de dinero en anuncios en las redes sociales, ¿tienen fe en el poder de ese tipo de anuncios? ¿O esa fe está descendiendo? Me da la impresión de que se están dando cuenta de que esa forma de publicidad, de fijar el objetivo de la misma, es un fraude; no es demasiado efectiva”. Y apunta: “Muchas grandes marcas, como Procter & Gamble, están reduciendo su inversiónahí, porque no lo ven efectivo”

“La idea de uno vea un anuncio de Donald Trump y que, de repente, se dé cuenta de que su postura sobre la inmigración o el control de armas es completamente diferente a la de Hillary Clinton, es asumir que la gente es completamente idiota”, añade.


Lo cierto es que la polémica del uso de ‘microtargeting’ va por otro camino: gira en torno a la idea de que determinados mensajes a determinados votantes (muchos de ellos indecisos) pueden adecuarse a sus gustos, o a sus miedos y temores. La respuesta de Morozov no decepciona: “Eso es lo que ellos dicen, eso es lo que la gente de Cambridge Analytica dice, y si yo me dedicara al marketing también diría ese tipo de cosas”, ironiza.


“La forma en la que esos grupos objetivo de determinados mensajes, y la efectividad de esos mensajes, su efecto real, es algo que debería ser cuestionado e investigado”, afirma este experto. “La idea de tomar en serio afirmaciones de una compañía de marketing es un poco exagerado, y me cuesta trabajo tomar esas afirmaciones como algo real”, asegura, “tendría que ver todas y cada una de las pruebas que sustentan esas afirmaciones sobre la persuasión de un montón de personas mediante los anuncios que vieron en Facebook”. “En cualquier caso, comparado con otras formas de propaganda y marketing político, yo podría más atención en lo que hacen cadenas como Fox News que en la actividad de Cambridge Analytica”, insiste.


Un panorama más amplio


Entonces, ¿por qué una campaña política iba a gastar dinero en algo así, como hicieron Trump o la campaña del Brexit al contratar los servicios de Cambridge Analytica? ¿Cómo nos protegemos para los posibles efectos de esta supuestas manipulaciones? Porque al final, el último escándalo es la constatación de que las empresas de internet recolectan masivamente nuestros datos que luego son usados para experimentos para los que no hemos dado nuestro consentimiento.

“Es que al final todo depende de dónde quieras enmarcar este problema digital”, comenta Morozov, “que es ambiguo y difícil de definir: ¿de qué hablamos? ¿Qué ángulos tiene? ¿Es un problema legal? ¿Es una cuestión de protección de los consumidores? ¿Es un problema económico? ¿O político?”. Y celebra que, al menos ahora, “por fin el problema está empezando a ser abordado desde una escala apropiada, y hay ya espacio de maniobra suficiente como para buscar varios enfoques”.


Para Morozov, la situación actual puede verse como una oportunidad, más que como un problema, y sería deseable que en Europa se abriesen “amplias intervenciones” en asuntos tipo cómo usamos los datos en las infraestruturas. O bien cómo podemos podemos usar nuestros propios datos para poder impulsar nuestra propia inteligencia artificial –sin regalárselo a terceros- y no depender tanto de los desarrollos estadounidenses y chinos, que claramente lideran ese sector. En definitiva, cómo podemos recuperar la llamada 'soberanía tecnológica' en Europa, no en cada estado sino en el continente en general.

“Es que al final todo depende de dónde quieras enmarcar este problema digital”, comenta Morozov, “que es ambiguo y difícil de definir: ¿de qué hablamos? ¿Qué ángulos tiene? ¿Es un problema legal? ¿Es una cuestión de protección de los consumidores? ¿Es un problema económico? ¿O político?”. Y celebra que, al menos ahora, “por fin el problema está empezando a ser abordado desde una escala apropiada, y hay ya espacio de maniobra suficiente como para buscar varios enfoques”.


Para Morozov, la situación actual puede verse como una oportunidad, más que como un problema, y sería deseable que en Europa se abriesen “amplias intervenciones” en asuntos tipo cómo usamos los datos en las infraestruturas. O bien cómo podemos podemos usar nuestros propios datos para poder impulsar nuestra propia inteligencia artificial –sin regalárselo a terceros- y no depender tanto de los desarrollos estadounidenses y chinos, que claramente lideran ese sector. En definitiva, cómo podemos recuperar la llamada 'soberanía tecnológica' en Europa, no en cada estado sino en el continente en general.

En cualquier caso, para Morozov existe el peligro de quer los ‘problemas digitales’ se conviertan en un solo problema, como el ecologismo en los 70, con partidos políticos centrados en ello. ¿Veremos partidos centrados en el ‘problema digital’? “Sería lo mismo que estar centrados en el capitalismo en sí”, contesta, y recuerda los partidos piratas que surgieron en Europa hace unos años–centrados en asuntos de propiedad intelectual en la red- y dejaron de lado el resto de problemas, lo que resultó ser su principal fallo.
“Cuando hablo de capitalismo, de mercado, de Europa… es porque ahí está la cuestión digital de verdad, no simplemente en la protección de datos en plataformas comerciales, o en los algoritmos”, afirma. Y al final, en mitad de tanto escepticismo surge una chispa de esperanza: “Soy optimista en el sentido que hay toda una nueva política por hacer sobre la base de estos problemas”.

 

PABLO ROMERO
@pabloromero

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Martes, 27 Marzo 2018 05:45

“Manipulan la agenda política”

“Manipulan la agenda política”

La investigadora Julia Ebner señala que la ultraderecha usa sofisticadas técnicas de manipulación y logra modificar la atmósfera política. Lo importante será “educar al público para que sepa distinguir las noticias falsas de las verdaderas”.

 

El hecho de que la extrema derecha haya progresado considerablemente en las elecciones de varios países del mundo se explica en parte por la manipulación que grupos expertos hacen de los networks o redes sociales como Facebook, Instagram, WhatsApp, Telegram, Twitter, YouTube, entre otros. Y los países latinoamericanos podrían no estar lejos de un proceso similar que pone en peligro la democracia. Esto fue, en apretada síntesis, el contenido de un encuentro con la periodista e investigadora austríaca Julia Ebner, que presentó en Roma sus investigaciones sobre este tema.


El asunto adquiere particular interés después del escándalo de la compañía inglesa Cambridge Analytica, que usó miles de cuentas de Facebook para describir el comportamiento y los deseos de sus propietarios, pero sin su consentimiento. En el caso de los estadounidenses, esos resultados fueron entregados a los que armaban la campaña electoral a favor del presidente Donald Trump.


Ebner trabaja en el Instituto para el Diálogo Estratégico de Londres (Institute for Strategic Dialogue), una institución que se define como un centro global “contra las organizaciones extremistas dedicado a fortalecer las nuevas generaciones contra el odio y el extremismo”. Ebner estudió periodismo en el London School of Economics and Political Science, acaba de publicar un libro en inglés y en alemán titulado La Rabia, el círculo malvado del extremismo islámico y de ultraderecha.


La investigadora contó que desde las elecciones que eligieron al presidente Donald Trump en Estados Unidos se ha prestado mucha más atención a la influencia de los networks de derecha en las elecciones. Se han podido identificar modelos de colaboración entre ciertas redes sociales y se ha tratado de estudiar cómo los mensajes de la derecha pasan de portales internet de ultraderecha al público en general, es decir a la corriente dominante (que los expertos llaman “mainstream”) en los networks.


Uno de los métodos usados por la ultraderecha es también ir a plataformas de internet más públicas como Facebook, YouTube, etc. Allí “intercambian mensajes con otras personas usando sobre todo palabras y frases interesantes para los jóvenes, y tratan de arrastrarlos a las plataformas encriptadas. Pero antes de ser admitidos en estas plataformas, los candidatos son entrevistados y luego se decide si se los acepta. Si entran, intercambian con ellos literatura y todo tipo de información de extrema derecha”, dijo Ebner.


El caso de Alemania aparece como uno de los más claros. Según la investigadora, en las últimas semanas previas a las elecciones del pasado mes de septiembre, la derecha invadió plataformas como Facebook, Twitter y otros, con mensajes anti-Angela Merkel (que era y es de nuevo la primera ministra). “En general la derecha usa sofisticadas y coordinadas técnicas de manipulación de los medios de comunicación y técnicas perturbadoras de los social networks”, agregó la experta, aclarando que las técnicas usadas por estos grupos de derecha son similares a las que se adoptan en la comunidad internacional de juegos electrónicos on line. Porque se puede jugar con gente de cualquier país o región y luego compartir con tu adversario otras cosas. “Es posible que detrás de estas plataformas haya un esfuerzo coordinado para influenciar a la gente y llevarla hacia la derecha. Pero esto por ahora es sólo una sospecha, no ha sido demostrado eficazmente”, indicó.


Contó además que en Alemania se ha podido verificar que las plataformas de ultra derecha se intercambian manuales militares de comportamiento donde se dan consejos para poder infiltrarse en el chat del enemigo político y generar disturbio. También, dijo, han logrado “manipular los algoritmos de búsqueda de Internet”, de modo de que cuando se busca una palabra, ciertos textos favorables a ellos son los primeros que aparecen. Algunos además, usan “técnicas miméticas”: es decir los ultra se mimetizan como si fueran moderados y se infiltran en los chat de los moderados de derecha para llevarlos a posiciones de ultra derecha. Y así introducen sus mensajes en los comunes chat transformándolos en temas de discusión entre la gente común.


Otro caso ha sido Italia, sobre todo en relación al gran problema de los migrantes que llegan por miles a las costas italianas desde Africa. “En Internet se ha venido hablando mucho de Italia últimamente, sobre todo exaltando una guerra de razas”, dijo. Un extremista que atentó contra migrantes sin ninguna razón objetiva, como un tal Traini en la ciudad de Macerata, ha sido presentado en el web como un héroe, como un símbolo de la raza blanca. “Las personas que incitan campañas contra los migrantes no usan su verdadero nombre en los social media sino nombres falsos. Pero seguramente inspiran ciertos ataques. Los ataques organizados son coordinados por plataformas encriptadas. Las plataformas públicas pueden inspirar ataques pero no coordinar toda la acción”, precisó.


–¿Considera que todo esto es una amenaza para la democracia?


–Definitivamente sí, porque esta metodología hace creer que ciertos puntos de vista de extrema derecha son compartidos por muchas más personas, cuando en realidad no lo son. No hay que olvidar que una misma persona puede actuar sobre distintas cuentas o plataformas. Algunos estudios del sector han demostrado, por ejemplo, que en Alemania el 5 por ciento de las cuentas es responsable de más de 50 por ciento de los mensajes de odio. De este modo tienden a influenciar a los políticos (que tienen equipos de gente que recoge estos datos) que suponen que hay mucha gente que piensa en un cierto modo cuando en realidad no es así. Y así la ultraderecha modifica la atmósfera política y dicta la agenda de los políticos.


–¿Esta metodología la aplican también los grupos de derecha y los políticos de América latina?


–Es muy difícil de decirlo con certeza porque no estamos estudiando específicamente América Latina. Pero de hecho hay un aumento de la influencia internacional de estas cosas, por lo cual eventualmente América latina también puede estar influenciada.


–¿Qué se puede hacer para controlar esto?


–Lo más importante es educar al público, para que la gente no sea víctima de estas campañas de manipulación. Educar a la gente joven para que sepa distinguir las “fake news” (noticias falsas) de las verdaderas, saber cómo funcionan estos portales de propaganda, no sentirse intimidados por campañas que parecen arrastrar a grandes masas pero que en realidad son hechas por pocas docenas o centenares de personas.

 

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Instagram modifica su algoritmo tras movimiento “Borra Facebook”

El movimiento “Borra Facebook”, que ha afectado en bolsa a Twitter y Snapchat, ha impulsado a Instagram a modificar su algoritmo para mantener a sus usuarios felices. A partir del cambio, las publicaciones más nuevas aparecerán primero en feed, en función de los intereses del usuario que haya detectado el algoritmo.
Actualmente, el timeline no es cronológico y recupera publicaciones antiguas todo el tiempo.


Se trata de un cambio que hizo la app en 2016 y que vuelve locos a los instagramers porque mezcla publicaciones de hace cuatro días, con las de las últimas horas y minutos. Parece ser que Instagram da un paso atrás para recuperar en parte esa versión cronológica, pero no cantemos victoria porque el algoritmo no dejará de decir sobre el orden de relevancia de cada una.


Aunque la fecha del cambio aún no es precesia, de momento solo han dicho que se está probando una opción de “nuevas publicaciones” que permitirá que cada uno elija cuándo desea actualizar, en lugar de que esto suceda automáticamente. De esta forma, la red social sale al paso de las quejas de los instagramers que se estaban perdiendo los post de la gente a la que siguen.


Miles de seguidores se suman al movimiento “Borra Facebook”

Borrar el perfil de Facebook es una acción que no pocos usuarios se ha planteado alguna vez, pero tras conocerse la filtración de datos de la red social a una consultora vinculada a la campaña del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, toma ahora forma de movimiento, con etiqueta incluida: #deletefacebook (#borrarfacebook).
Esta propuesta está sumando seguidores en su rival Twitter, donde miles de usuarios expresan este miércoles preocupación por su privacidad y debaten sobre los retos que supone abandonar una de las redes sociales más utilizadas del mundo, en la que muchos han vertido sus datos desde hace años.


Uno de los mensajes más sonados ha sido el “Ya era hora” de Brian Acton, cofundador de la aplicación de mensajería Whatsapp, que pertenece al abanico de servicios de Facebook desde que el gigante tecnológico la adquirió por 19 mil millones de dólares en 2014, lo que ha llevado a que le acusen de “incoherente”.


“Adiós” a Facebook Muchos usuarios comparten instrucciones, publicadas por los medios, sobre cómo decir “adiós” a su cuenta de la red social y preservar fotografías o textos, y otros consideran que hay que ser “ingenuos” para creer que Facebook respetaba su privacidad desde el principio, como ReiElizabeth29.


“Durante años he dado acceso a Mark Zuckerberg a una gran cantidad de datos sobre mí a cambio de mantener a 342 personas, a muchas de las cuales apenas conozco, al tanto de mi vida. Según los hechos recientes, no me parece un buen trato”, escribió Chrisallday.


Las críticas a Facebook llegan después de las revelaciones hechas el pasado sábado por los diarios The New York Times y The Observer sobre la empresa británica Cambridge Analytica, que obtuvo en 2014 datos de más de 50 millones de usuarios de la plataforma en Estados Unidos a través de la aplicación de un tercero.
Vinculación con el presidente estadounidense Cambridge Analytica, que fue contratada por la campaña electoral de Trump en 2016 por más de 6 millones de dólares, presuntamente utilizó esa información para construir un programa informático destinado a predecir las decisiones de los votantes e influir en ellas.


“Facebook es un servicio de recopilación de datos para aquellos que quieren venderte productos. Es el canal definitivo para tenerte como objetivo según tu edad, sexo, localización, opinión política, intereses y estado civil”, escribió el programador y periodista John Biggs en el portal tecnológico TechCrunch para explicar sus razones.
Una investigación abierta En ese mismo sentido han dirigido su investigación conjunta las fiscalías de Nueva York y Massachusetts, en Estados Unidos, que quieren llegar “al fondo del asunto” porque, afirmaron en un comunicado, “compañías como Facebook tienen una responsabilidad fundamental de proteger la información personal de sus usuarios”.


Entre las demandas de explicaciones por parte de legisladores estadounidenses y británicos y el escrutinio hacia las políticas de Facebook, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos también ha abierto una investigación, que le podría costar a la plataforma creada por Mark Zuckerberg una multa millonaria.


El castigo a la red social no se limita solo a sus usuarios y a las autoridades: este lunes, los inversores estuvieron vendiendo sus títulos en Wall Street hasta el punto que casi cayó un 7%, borrando sus ganancias del año. Aunque ha repuntado en Bolsa, en lo que va de semana ha perdido casi 50 mil millones de valor y algunos de sus accionistas han acudido a querellarse colectivamente contra la firma en una corte federal de San Francisco por cometer “actos ilegales” que les provocaron pérdidas bursátiles.


A través de su vicepresidente, Paul Grewal, Facebook aseguró estar “escandalizada” por las acusaciones de que podría haber facilitado la información de sus usuarios y argumentó que fue víctima de un engaño por las partes implicadas, a las que investiga.


(Tomado de 20minutos)

 

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Sábado, 24 Marzo 2018 06:51

¿Por qué vendemos nuestros datos?

¿Por qué vendemos nuestros datos?

En la actualidad el 51 por ciento de la población mundial accede a Internet, el 41 lo hace a través de computadoras personales y existen más de 5052 millones de usuarios con dispositivos móviles. A la vez, es más común tener presencia en redes sociales y compartir millones de datos “inocentemente” en la nube. En este escenario, Facebook te pregunta constantemente en qué pensamos y diligentemente respondemos. ¿Nos espían o vendemos nuestros datos?


Al comentar sobre este fenómeno que “hemos asumido como natural”, Gabriel Zurdo, del Grupo San Francisco Internacional, expuso en Informática 2018 que “la nube es el elemento que propició que estemos amenazados constantemente. Muchas veces no pensamos en quién administra esos datos ni qué uso se les da. La conectividad total llegó y es directamente proporcional a la adquisición de conocimientos. Sin embargo el principal problema está en el factor humano”, expresó.
La ciberseguridad es una de las principales obsesiones para las grandes compañías y empresas, y tienen motivos. El coste de los ataques a nivel global ha subido casi un 62% desde 2013, según un estudio realizado.


“Apilar tecnología en este mundo conectado no nos indemniza de tener en cuenta al factor humano. Invertir grandes cantidades de dinero en desarrollar e implementar nuevas tecnologías para detener a los hackers parece ser una medida básica y obvia. A pesar de nuestra predilección por usar tecnología para resolver lo que parecen ser problemas tecnológicos, estamos pasando por alto una de las amenazas más persistentes de la ciberseguridad: el comportamiento humano“.


En el caso argentino, explicó el también CEO de BTR Consulting, el 83 % de la población dedica 8 horas a sus computadoras, mientras que el 70 % de los argentinos están vinculados a redes sociales.


“Dónde está el problema, en el uso que le damos a nuestros datos. Se estima que el 58 % de las personas publica su teléfono en redes sociales. El 30% de la población menciona el lugar y hora de trabajo, el 22 % comparte información de su domicilio y un 20 % comparten fecha y lugar de vacaciones. Eso es información de inteligencia. No hace falta hackeo, la mayoría de los casos de suplantación de identidad y delitos económicos vienen de acá”, advirtió Gabriel Zurdo.


El especialista subrayó la existencia de una falta de conciencia de lo que representan estos datos y muchas veces facilitamos información innecesaria que solo conlleva a que se realice “con nosotros” un estudio de mercado.


Ejemplo de ello es el escándalo que envuelve la violación de datos extensiva que realizó la empresa Cambridge Analytica, la cual se dedicó a recolectar información para procesos electorales, a través de Facebook.


La empresa de Mark Zuckerberg actualmente enfrenta procesos legales en diversos países de la Unión Europea, donde incluso ha recibido multas millonarias por recopilar datos sobre ideologías, sexo, gustos personales, navegación y creencias religiosas.


Al comentar sobre los casos de hackeos masivos acaecidos durante 2017, Gabriel Zurdo dijo que no se trata de una casualidad, sino que parten de las vulnerabilidades presentes en la nube.


“Wannacry fue emblemático. En el caso de España, por ejemplo, algunas compañías telefónicas tuvieron que apagar sus servicios, y en el Reino Unido se paralizó la atención médica en todos los hospitales. Este ataque afectó a 150 países y se registraron unas 450 mil violaciones”, comentó.
Otro de los ciberataques más sonados el año pasado fue el de Equifax, donde 143 millones de registros sufrieron daños y los datos fueron usados para fraudes de identidad.


Números que debe conocer sobre los ataques cibernéticos:


50 % de las compañías son víctimas de ciberataques.
22 % de las compañías perdieron clientes por ciberataques
29 % de las compañías perdieron ingresos
22 % de las compañías perdieron oportunidades de negocios
Durante la conferencia magistral de este viernes, se advirtió que aunque en 2017 aumentó en un 22.7 % el gasto en ciberseguridad también crecieron en un orden del 27.4 % los ataques.


“Los estados y los gobiernos deben crear estrategias nacional para enfrentar los delitos informáticos. Hay falta de regulación, políticas de estado y existen legislaciones débiles. Debemos crear una cultura y una conciencia de ciberseguridad”, enfatizó.


Cuando es sabido por todos que “nuestros datos valen dinero, que nuestros hábitos y nuestras preferencias son algo muy valioso para empresas a la hora de conocer, en última instancia, qué productos promocionarnos, se hace más necesario que nunca concientizar qué datos ofrecemos. No se trata de aislarnos, pero sí de asumir los nuevos retos que implica vivir en una sociedad interconectada”, concluyó.

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Sábado, 24 Marzo 2018 06:44

Paradoja

Paradoja

En los recientes comicios presidenciales de Rusia Vladimir Putin consiguió un triunfo arrollador, de acuerdo con los resultados oficiales –con 76.69 por ciento de votos emitidos y un porcentaje de participación de 67.49 puntos–, lo cual le garantiza la relección para un cuarto periodo de seis años, hasta 2024, a menos que, antes de concluir este nuevo mandato, el último de modo consecutivo que podría tener con base en la legislación vigente, modifique la Constitución para perpetuarse en el poder, como han hecho algunos de sus colegas en el espacio postsoviético.


Estos datos espectaculares significan, de ser ciertos, que la política del Kremlin recibió la aprobación de 56 millones 430 mil rusos con derecho a votar, superando en casi 2 millones de electores la mitad del padrón, por lo que no cabe duda de que se cumplió con creces la estrategia diseñada por la poderosa Oficina de la Presidencia para legitimar en las urnas la victoria del mandatario ruso.


Putin logró, siempre conforme a las cifras oficiales, el mejor resultado en los 18 años desde que despacha en el Kremlin. Por tanto, la élite gobernante puede respirar tranquila, pues en los años venideros nadie afectará sus privilegios y podrá seguir amasando fortunas, mientras el ciudadano de a pie –haya votado por él o no– tendrá que sufrir las primeras medidas que ya se anunciaron: subida inminente de impuestos, introducción de nuevos gravámenes, aumento de la censura en las redes sociales y otras, que figuran en un programa nunca hecho público por el candidato ganador.


Conviene apuntar que, al margen de los habituales ajustes que permitieron el impresionante triunfo de Putin, al día de hoy, fragmentada la oposición real por las ambiciones de liderazgo de los dirigentes de los diferentes grupos que están en contra del Kremlin, en unos comicios limpios, el mandatario sin duda tendría mayoría de votos sobre cualquier rival.


No es claro, sin embargo, si estaría en condiciones de conseguir la mitad más uno de los votos depositados para ganar en primera vuelta. De ahí que, para no correr riesgos, ni Putin ni los miembros de su entorno hayan aceptado que su destino se dirimiera en las urnas, mientras los operadores políticos se encargaron de hacer todo lo necesario para asegurar esa victoria sin necesidad de ir a una incierta segunda vuelta.


La gran paradoja de Putin –dejando de lado las estadísticas amañadas– es que cada vez obtiene más votos en unos comicios y, a la vez, el número de descontentos en Rusia no disminuye, sino aumenta: los que rechazan su política no van a votar y otros, indiferentes, tampoco lo hacen al estar convencidos de que todo está decidido de antemano.


Tal vez ni el propio Putin se crea que más de la mitad de los rusos aprueban con fervor la política del Kremlin, pero si lo creyera sería aún más grave. Porque sus resultados en las urnas no corresponden con la realidad y, tarde o temprano, acaba mal ese tipo de liderazgo autoritario, con índices de popularidad artificiales.

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Miércoles, 21 Marzo 2018 06:50

Las nuevas dictaduras latinoamericanas

Las nuevas dictaduras latinoamericanas

El ascenso autoritario


La radicalización reaccionaria de los gobiernos de países como Paraguay, Argentina, Brasil, México u Honduras comienza a generar la polémica en torno de su caracterización.
Ninguno de esos regímenes ha sido el resultado de golpes de estado militares, en los casos de Brasil, Honduras o Paraguay la destitución de los presidentes fue realizada (parodia constitucional mediante) por el poder legislativo en combinación más o menos fuerte con los poderes judicial y mediático. En Brasil la Presidencia pasó a ser ejercida por el vicepresidente Temer (ungido por un golpe parlamentario) cuyo nivel de aceptación popular según diversas encuestas rondaría apenas el 3 % de los ciudadanos. En Paraguay ocurrió lo mismo, y el presidente destituido fue remplazado por el vicepresidente a través de un procedimiento parlamentario express y luego fueron realizada elecciones presidenciales que consagraron a Horacio Cartes un personaje de ultraderecha claramente vinculado al narcotráfico.


En Honduras se realizaron elecciones presidenciales en noviembre 2017[1], la “Alianza de Oposición contra la Dictadura” había ganado claramente pero el gobierno haciendo honor al calificativo con que lo había marcado la oposición consumó un fraude escandaloso afirmando así la continuidad del dictador Juan Orlando Hernandez.


Un caso por demás curioso es el de Argentina donde se realizaron en 2015 elecciones presidenciales en medio de una avalancha mediática, económica y judicial sin precedentes contra el gobierno y favorable al candidato derechista Maurizio Macrì. El resultado fue la victoria de Macrì por escaso margen quien apenas asumió la presidencia avanzó sobre los otros poderes del estado logrando al poco tiempo de hecho la suma del poder público. Si a esa concentración de poder le agregamos el control de los medios de comunicación y del poder económico nos encontramos ante una pequeña camarilla con una capacidad de control propia de una dictadura. Completa el panorama el comportamiento cada vez más represivo del gobierno que por primera vez desde el fin de la dictadura militar en 1983 ha decidido la intervención de las Fuerzas Armadas en conflictos internos mediante la constitución de una “fuerza militar de despliegue rápido” integrada por efectivos del Ejército, la Marina y la Aeronáutica y la conformación de una fuerza operativa conjunta con la DEA utilizando la excusa de la “lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”[2]. De ese modo Argentina se incorpora a una tendencia regional impuesta por los Estados Unidos de reconversión convergente de las Fuerzas Armadas convencionales, las policías y otras estructuras de seguridad en policias-militares capaces de “controlar” a las poblaciones de esos países. No siguiendo el viejo estilo conservador-cuartelario inspirado en la “doctrina de seguridad nacional” sino estableciendo espacios sociales caóticos inmersos en el desastre, precisamente atravesados por el narcotráfico (promovido, manipulado desde arriba) y otras formas de criminalidad disociadora siguiendo la doctrina de la Guerra de Cuarta Generación.


En México como sabemos se suceden los gobiernos fraudulentos inmersos en una creciente ola de barbarie y en Colombia la abstención electoral tradicionalmente mayoritaria llegó recientemente a cerca de dos tercios del padrón electoral[3] adornada por un muy publicitado “proceso de paz” que logró la rendición de las FARC asegurando al mismo tiempo la preservación de la dinámica de saqueos, asesinatos y concentración de ingresos que caracteriza tradicionalmente a ese sistema. En estos dos casos no nos encontramos ante algo “nuevo” sino frente a regímenes relativamente viejos que fueron evolucionando hasta llegar hoy a constituir verdaderos ejemplos exitosos de aplicación de las técnicas más avanzadas de desintegración social. La tragedia de esos países muestra el futuro que aguarda a los recién llegados al infierno.


El panorama queda completado con las tentativas de restauración reaccionaria en Bolivia y Venezuela. En el caso venezolano la intervención directa de Estados Unidos busca recuperar (recolonizar) la mayor reserva petrolera del mundo en momentos en que el reinado del petro-dolar (fundamento de la hegemonía financiera global del Imperio) entra en declinación rápida ante el ascenso de China (el mayor comprador internacional de petróleo) que busca imponer su propia moneda respaldada por oro (el petro-yuan-oro) en alianza presisamente con Venezuela y otros gigantes del sector energético como Rusia e Irán.


En Bolivia el aparato de inteligencia imperial realiza una de sus manipulaciones de manual inspirada en la doctrina de la Guerra de Cuarta Generación. Pone en acción sus apéndices mediáticos locales y globales intentando desplegar la histeria (en este caso racista) de franjas importantes de las clases medias blancas y mestizas contra el presidente indio. Aquí no solo se trata de barrer a un gobierno progresista sino de apropiarse de las reservas de litio, las mayores del mundo (según distintas prospecciones Bolivia contaría con aproximadamente el 50 % de las reservas de litio del planeta), pieza clave en la futura reconversión energética global.


Principales características


Las actuales dictaduras tienen todas la característica de presentar una imagen civil con apariencia de respeto a los preceptos constitucionales, manteniendo un calendario electoral con pluralidad de partidos y demás rasgos de un régimen democrático de acuerdo a las reglas occidentales. Por otra parte no nos encontramos ante mecanismos explícitos de censura y aunque marginales o en posiciones muy secundarias se escuchan algunas voces divergentes. Los prisioneros políticos pasan casi siempre por los juzgados donde los jueces los condenan de manera arbitraria pero aparentando apoyarse en las normas legales vigentes. Los asesinatos de opositores son minimizados u ocultados por los medios de comunicación y quedan por lo general envueltos por mantos de confusión que diluyen las culpas estatales amalgamando de manera sistemática los crímenes políticos con las violencias policiales contra pobres y pequeños delincuentes sociales y represiones a las protestas populares


Esa máscara democrática, prolijamente desprolija, resulta ser lo que es: una máscara, cuando constatamos que los medios de comunicación convertidos en un instrumento de manipulación total de la población están controlados por monopolios como el grupo Clarín en Argentina, O Globo en Brasil o Televisa en México cuyos propietarios forman parte del estrecho círculo del Poder. O cuando llegamos a la conclusión de que el sistema judicial está completamente controlado por ese círculo del que participan los principales intereses económicos (transnacionalizados) manejando a discreción al aparato policial-militar. Y que en consecuencia los partidos políticos significativos, los medios de comunicación, las grandes estructuras sindicales y otros espacios de potencial expresión de la sociedad civil están estratégicamente controlados (más allá de ciertos descontroles tácticos) mediante una embrollada maraña de represiones, chantajes, crímenes selectivos, abusos judiciales, bombardeos mediáticos apabullantes disociadores o disciplinadores y fraude electoral más o menos descarado según el problema concreto a resolver.


El nuevo panorama ha provocado una notable crisis de percepción donde la realidad choca con principios ideológicos, conceptualizaciones y otras componentes de un “sentido común” heredado del pasado. No somos víctimas de un rígido encuadramiento de la población con pretensiones totalitarias explícitas anulando toda posibilidad de disenso, buscando integrar al conjunto de la sociedad a un simple esquema militar, sino ante sistemas flexibles, en realidad embrollados, que no intentan disciplinar a todos sino más bien desarticular, degradar a la sociedad civil convirtiéndola en una víctima inofensiva, apabullada por la tragedia.


No se presentan proyectos nacionales desmesurados, propios de los militares “salvadores de la patria” de otros tiempos o imágenes siniestras como la de Pinochet, ni siquiera discursos hiper optimistas como el de los globalistas neoliberales de los años 1990 o personajes cómicos como Carlos Menem, sino presidentes sin carisma, por lo general torpes, aburridos repetidores de frases banales preparadas por los asesores de imagen que conforman una red regional globalizada de “formadores de opinión” made in USA.


En suma, las dictaduras blindadas y triunfalistas del pasado parecen haber sido reemplazadas por dictaduras o protodictaduras grises que ofrecen poco y nada montadas sobre aplanadoras mediáticas embrutecedoras. Siempre por detrás (en realidad por encima) de estos fenómenos se encuentran el aparato de inteligencia de los Estados Unidos y los de algunos de sus aliados. La CIA, la DEA, el MOSSAD, el M16 según los casos manipulan los ministerios de seguridad o de defensa, los de relaciones exteriores, las grandes estructuras policiales de esos regímenes vasallos y diseñan estrategias electorales fraudulentas y represiones puntuales.


Capitalismo de desintegración


Se forjan así articulaciones complejas, sistemas de dominación donde convergen élites locales (mediáticas, políticas, empresarias, policial-militares, etc.) con aparatos externos integrantes del sistema de poder de los Estados Unidos.


Estas fuerzas dominan sociedades marcadas por lo que podría ser calificado como “capitalismo de desintegración” basado en el saqueo de recursos naturales y la especulación financiera, y la creciente marginación de población, radicalmente diferente de los viejos capitalismos subdesarrollados estructurados en torno de actividades productivas (agrarias, mineras, industriales). No es que en los viejos sistemas no existiera el saqueo de recursos ni el bandidaje financiero, en algunos momentos y países ocupaban el centro de la escena pero en el largo plazo y en la mayor parte de los casos quedaban en un segundo plano. La superexplotación de la mano de obra y el acaparamiento de las ganancias productivas aparecían como los principales objetivos económicos directos de aquellas dictaduras.


Tampoco es cierto que ahora las élites dominantes se desinteresen de los salarios o de la propiedad de la tierra, por el contrario desarrollan una amplio abanico de estratagemas destinadas a reducir los salarios reales y adueñarse de territorios, ya que si en los viejos capitalismos no existía solamente producción sino también especulación y saqueo, en los actuales la base productiva, en retracción a causa del pillaje desmesurado, sigue siendo una fuente importantisima de beneficios. Sin embargo su preservación, su reproducción en el largo plazo no está en el centro de las preocupaciones cotidianas de las élites atrapadas psicológicamente por la dinámica parasitaria de la especulación financiera y su entorno de negocios turbios.


Entre otras cosas porque en el actual imaginario burgués ha desaparecido el largo plazo, sus operaciones más importantes están regidos por el corto plazo lumpecapitalista. En el saqueo de recursos naturales a través de la megaminería a cielo abierto, de la extracción de gas y petróleo de esquisto o de la agricultura basada en transgénicos, se utilizan tecnologías orientadas por la velocidad del ritmo financiero al servicio de gente que no tiene tiempo ni interés para dedicarse a temas tales como la salud de la población afectada, el equilibrio ambiental y otras áreas impactadas por los “daños colaterales” del éxito empresario (financierización del cambio tecnológico, la cultura técnica dominante como auxiliar del saqueo).


Estos capitalismos de desintegración son conducidos por élites que pueden ser caracterizadas como lumpenburguesías, burguesías principalmente parasitarias, transnacionalizadas, financierizadas, oscilando entre lo legal y lo ilegal, crecientemente alejadas de la producción. Son inestables no por accidentes de la coyuntura sino por su esencia decadente. Por encima de ellas se encuentran las grandes potencias y sus élites embarcadas desde hace tiempo en el camino de la degradación, en un planeta donde los productos financieros derivados representaban a fines de 2017 unas siete veces el Producto Bruto Global, donde la deuda global total (pública más privada) era de casi tres veces el Producto Bruto Global, donde solo cinco grandes bancos estadounidenses disponían de “activos financieros derivados” por unos 250 billones de dólares (13 veces el Producto Bruto Interno de los Estados Unidos), donde sumadas las ocho personas más ricas del mundo disponen de una riqueza equivalente al 50 % de la población mundial (los más pobres).
La formación y encumbramiento de esas élites latinoamericanas son el resultado de prolongados procesos de decadencia estructural y cultural, de un subdesarrollo que incluyó hace ya varias décadas componentes parasitarias que se fueron adueñando del sistema, lo fueron carcomiendo, envenenando, pudriendo, siguiendo la lógica sobredeterminante del capitalismo global, no de manera mecánica sino imponiendo especificidades nacionales propias de cada degeneración social.


Por debajo de esas élites aparecen poblaciones fragmentadas, con trabajadores integrados desde el punto de vista de las normas laborales vigentes separados de los trabajadores informales, precarios. Con masas crecientes de marginales urbanos, de pobres e indigentes estigmatizados por los medios de comunicación, despreciados por buena parte de las clases integradas que se van achicando en la medida en que avanzan los procesos de concentración económica y pillaje de riquezas.


No se trata entonces de espacios sociales estancados, segmentados de manera estable sino de sociedades sometidas a la reproducción ampliada de la rapiña elitista transnacionalizada, a la sucesión interminable de transferencias de ingresos de abajo hacia arriba y hacia el exterior, a la degradación ascendente de la calidad de vida de las clases bajas pero también de porciones crecientes de las capas medias.


Algunos autores se refieren al fenómeno calificándolo de “neoliberalismo tardío”[4], algo así como un regreso a los paradigmas ideológicos neoliberales que tuvieron su auge en los años 1990 pero en un contexto global desfavorable a ese retorno (ascenso del proteccionismo comercial, declinación de la unipolaridad en torno de los Estados Unidos, etc.). Nos encontraríamos entonces frente a una aberración histórica, un contrasentido económico y geopolítico protagonizado por círculos dirigentes empecinados en su subordinación al Imperio norteamericano, interrumpiendo la marcha normal, racional, progresista y despolarizante que predominaba en América Latina. Las derechas latinoamericanas se encontrarían embarcadas en un proyecto a contramano de la evolución del mundo.


Pero ocurre que el mundo no se encamina hacia una nueva armonía, un nuevo ciclo productivo, sino hacia la profundización de una crisis de larga duración, iniciada hace casi medio siglo. La misma se caracteriza entre otras cosas por la declinación tendencial de las tasas de crecimiento de las economías capitalistas centrales tradicionales y la hipertrofia financiera (financierización de la economía global) impulsando el quiebre de normas, legitimidades institucionales y equilibrios socioculturales que aseguraban la reproducción de la civilización burguesa más allá de las turbulencias políticas o económicas. La mutación parasitaria-depredadora del capitalismo tiene como centro a Occidente articulado en torno del Imperio norteamericano pero envuelve al conjunto de la periferia y también afecta a potencias emergentes como China o Rusia muy dependientes de sus exportaciones donde los mercados de Europa, Estados Unidos y Japón cumplen un papel decisivo. Así es como la tasas de crecimiento del Producto Bruto Interno de China se vienen desacelerando y la economía rusa oscila entre la recesión, el estancamiento y el crecimiento anémico.


Un aspecto esencial de la nueva situación global es el carácter abiertamente devastador de las dinámicas agrarias, mineras e industriales motorizadas tanto por la potencias tradicionales como por las emergentes, cuyos efectos han dejado de ser una borrosa amenaza futura para convertirse en un desastre presente que se va amplificando año tras año.
Todo ello nos debería llevar a la conclusión de que los regímenes reaccionarios de América Latina no tienen nada de tardío, de desactualizado, de desubicación histórica sino que son la expresión de la podredumbre radical de sus élites, de su mutación parasitaria enlazada con un fenómeno global que las incluye. Lo que nos permite descubrir no solo la fragilidad histórica, la inestabilidad de esas burguesías, tan prepotentes y voraces como enfermas, sino también las vanas ilusiones progresistas negadoras de la realidad, que al calificar de tardío al lumpencapitalismo dominante lo marcan como anormal, anómalo, a destiempo, alentando la esperanza del retorno a la “normalidad”de un nuevo ciclo de prosperidad en la región, más o menos keynesiano, más o menos productivo, más o menos democrático, más o menos razonable, ni muy derechista ni muy izquierdista, ni tan elitista ni tan populista. El sujeto burgués de ese horizonte burgués fantasioso solo está en su imaginación, la marcha real del mundo lo ha convertido en un habitante fantasmagórico de la memoria. Mientras tanto los grandes “empresarios”, los círculos concretos de poder, participan de cuerpo y alma en la orgía de la devastación, tan desinteresados en el largo plazo y el desastre social y ambiental como en la racionalidad progresista (a la que consideran un estorbo, una traba populista al libre funcionamiento del “mercado”).


Reacciones populares y profundización de la crisis


La gran incognita es la que se refiere al futuro comportamiento de las grandes mayorías populares que fueron afectadas tanto desde el punto de vista económico como cultural por la decadencia del sistema. Las élites pudieron aprovechar la desestructuración, las irracionalidades sociales generadas por un fenómeno perverso que atravesó tanto las etapas derechistas como las progresistas. Durante los períodos de gobiernos de derecha civiles o militares promoviendo y garantizando privilegios y abusos de todo tipo, afirmando un “sentido común“ egoísta, disociador, subestimador de identidades culturales solidarias. Pero cuando llegaron las experiencias progresistas esas élites utilizaron la degradación social existente, la fragmentación neoliberal heredada (enlazada en algunos casos con tradiciones de marginación muy enraizadas) impulsando irrupciones racistas, neofascistas de las capas medias extendidas a veces hasta espacios medio-bajos donde se mezclan el pequeño comerciante con el asalariado integrado (en consecuencia por encima del marginado, del precario).


Vimos así en Brasil, Argentina, Bolivia o Venezuela movilizaciones histéricas de clases medias urbanas neofascistas exigiendo las cabezas de los gobernantes “populistas”, manipuladas por los medios de comunicación y los poderes económicos que el progresismo había respetado como parte de su pertenencia al sistema (admitida abiertamente, silenciada o negada de manera superficial o insuficiente).


Ahora las llamadas restauraciones conservadoras o derechistas no están restaurando el pasado neoliberal sino instaurando esquemas de devastación nunca antes vistos. Pudieron triunfar gracias a las limitaciones y desinfles de progresismos acorralados por las crisis de sistemas que ellos pretendían mejorar, reformar o en algunos casos superar de manera indolora, gradual, “civilizada”.


Pero las crisis nacionales no se detienen, por el contrario son incentivadas por los comportamientos saqueadores de las derechas gobernantes que siguen practicando sus tácticas disociadoras, de embrutecimiento colectivo, buscando generar odio social hacia los pobres. Los medios de comunicación trabajan a pleno detrás de esos objetivos y como la declinación económica avanza empujada por las políticas oficiales y por la marcha de la crisis global, las manipulaciones mediáticas comienzan a demostrarse impotentes ante la marea ascendente de protestas populares. La virtualidad del marketing neofascista empieza a ser desbordado por la materialidad de las penurias no solo de los pobres sino también de capas medias que se van empobreciendo. Males materiales que al amplificarse les abren la puerta a la rebeldía de quienes nunca fueron engañados y de los que han sido embaucados. Es así como en Brasil el repudio popular al gobierno de Temer es abrumador o en Argentina la imagen edulcorada de Macri se va diluyendo velozmente mientras se extienden las protestas populares.


La represión, la militarización de los gobiernos de derecha aparece entonces como alternativa de gobernabilidad, las dinámicas dictatoriales de esos regímenes van engendrando dispositivos policial-militares con la esperanza de controlar a los de abajo, van funcionando con cada vez mayor intensidad los mecanismos de “cooperación hemisférica”: operaciones conjuntas con la DEA, suministro de armamento y capacitación para el control de protestas sociales, multiplicación de estructuras represivas nacionales y regionales monitoreadas desde los Estados Unidos.


Se trata de un combate con final abierto entre fuerzas sociales que buscan sobrevivir y que al hacerlo pueden llegar a engendrar vastos movimientos de regeneración nacional, radicalmente antisistémicos y élites degradadas e inestables, dependientes del amo imperial (que se reserva el derecho a la intervención directa, si las circunstancias lo requieren y permiten), animadas por un nihilismo portador de pulsiones tanáticas.

19 marzo 2018 


[1] Hugo Noé Pino, “Cronología del fraude electoral en Honduras”, Criterio.hn. Diciembre 8 de 2017, https://criterio.hn/2017/12/08/cronologia-del-fraude-electoral-honduras/
[2] Manuel Gaggero, “Argentina. La historia se repite… como tragedia”, http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/02/11/argentina-la-historia-se-repitecomo-tragedia/
[3] Ana Patricia Torres Espinosa, “Abstención electoral en Colombia. Desafección política, violencia política y conflicto armado”, Cuadernos de Investigación, Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, http://politicasysociologia.ucm.es/data/cont/docs/21-2016-12-21-CI12_W_Ana%20Patricia%20Torres.pdf
Miguel García Sanchez, “Sobre la baja participación electoral en Colombia”, Semana, 2016-10-18, http://www.semana.com/opinion/articulo/miguel-garcia-sanchez-sobre-la-baja-participacion-electoral-de-colombia/499388
[4] “El neoliberalismo tardío. Teoría y praxis. Documento de Trabajo nº 5”, Daniel García Delgado y Agustina Gradin (compiladores), FLACSO, Argentina 2017.

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Miércoles, 21 Marzo 2018 06:45

El liberalismo coloniza en la red

El liberalismo coloniza en la red

La crisis de la primera red social del planeta es un acto de justicia que la humanidad se merece. El oportunismo delirante de los responsables de Facebook, el revitalizado proyecto político de la derecha radical y la complicidad alucinante de los usuarios configuraron uno de los robos y violaciones más desastrosas de la historia de la humanidad. Mal les pese a los tecnogenéticos, Facebook y las demás empresas del ramo se robaron una idea maravillosa, internet, con el único fin de extender la dominación liberal del mundo. Occidente creció a la par de la colonización y ahora las redes modernas reinventaron una nueva forma de colonización: ya no se trató más de colonizar un territorio sino que la red es el territorio mediante el cual el liberalismo extendió la nueva colonización. Silicon Valley es un sistema dictatorial cerrado y no un paraíso desde donde salen los conceptos de una humanidad renovada. Los algoritmos de Facebook tienen dos fines: formatear, censurar, manipular, dirigir, expandirse y hacer dinero. Poco le importan al señor Mark Zuckerberg (foto) nuestras alegrías, nuestros llantos o nuestros secretos: solo lo mueve el hambre de ver sus acciones subir y subir. En la red, nuestras vidas son monedas que se acumulan y no perfiles de una humanidad que comparte sus pasiones y relaciones. 

La pasividad de los usuarios ante las continuas revelaciones sobre el quebrantamiento masivo de la intimidad y la monetización de sus datos personales, la inoperancia de los sistemas jurídicos de mastodontes auto congratulados como la Unión Europea, la incapacidad o la vagancia ante el reto de crear redes sanas y alternativas, la debilidad de los Estados del Sur y el atraso de las izquierdas cuando se trata de reflexionar sobre las nuevas tecnologías y los desafíos que estas introducen en la libertad humana y en la reformulación del modelo social, la fascinación ante el juguete tecnológico y el proyecto de la derecha planetaria se mezclaron en una danza mortífera.


En la crisis de Facebook se combinan todos los ingredientes que demuestran su pusilanimidad y su indiferencia ante quienes fueron los arquitectos de su riqueza, es decir, los usuarios. Las revelaciones que el ex agente de la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) Edward Snowden difundió en 2013 en el diario de The Guardian ya habían probado hasta el hartazgo la connivencia de Google, Apple, Facebook, Yahoo! o Microsoft con los servicios de inteligencia o los sectores privados que hacen dinero con los datos personales o promueven ideologías retrógradas. Todo terminó en un gran silencio que este escándalo saca de las catacumbas de la indiferencia. El caso es de una gravedad destructora: se trata nada más y nada menos de empresas privadas que usaron los datos de 50 millones de usuarios de Facebook con la meta de manipular políticamente a los ciudadanos. La derecha más añeja le ganó a los progresistas de las tecnologías y a los poetas de las ideologías. En Estados Unidos, la consultora Cambridge Analytica obtuvo y se sirvió de los datos como arma de influencia en la campaña electoral de Donald Trump. En Gran Bretaña, la filial de Cambridge Analytica, Strategic Communication Laboratories (SCL), especializada en las acreditadas “estrategias de influencia” destinadas a organismos gubernamentales y sectores militares, procedió igual. Se apoyó en los datos para volcar el referéndum sobre la permanencia de Gran Bretaña en el seno de la Unión Europea del lado del “Leave”, o sea, el ya conocido Brexit. Si se miran bien las cosas, Facebook y el Big Data presiden la reconfiguración de la política mundial, marcada en los últimos dos años por el Brexit y la elección de Trump. La ultraderecha navega a su antojo. Cambridge Analytica usa la masa de los Big Data para confeccionar un pastel de mensajes y formateos de mucho alcance. En 2014, el investigador Aleksandr Kogan (Cambridge), tuvo la idea de crear un test de personalidad al que respondieron casi 300 mil usuarios de Facebook. Esos datos y todos los “links” que van con ellos fueron remitidos por Kogan a Cambridge Analytica. Esta empresa desempeñó un papel igualmente preponderante en las elecciones en Kenia y luego en las primarias del partido Republicano en Estados Unidos a favor de Ted Cruz. Y si aún quedan inocentes que persisten en cerrar los ojos ante la victoria aplastante de la derecha mundial con el puente de las nuevas tecnologías, bastaría con agregar que el principal accionista de Cambridge Analytica no es otro que Robert Mercer, un multimillonario de perfil muy bajo que es, también, accionista del portal de extrema derecha Breitbart News. Y no es todo: en el consejo administrativo de Cambridge Analytica aparece otro ultraderechista distinguido: Steve Bannon, el nuevo ídolo de los populistas globalizados y ex director de la campaña electoral de Trump.


Los apóstoles del racismo, la xenofobia, de la identidad nacional como declaración de guerra, de la soberanía excluyente, de la censura, del cierre de las fronteras y de la guerra comercial se deslizaron en las infinitas sábanas de la tecnología para ofrecernos la pesadilla del Brexit, de Trump, de la violencia contra el otro y de las visiones más atrasadas y tóxicas que la humanidad ha podido diseñar desde principios del siglo XX. La derecha ha obtenido una brillante victoria apocalíptica gracias, también, no sólo a Facebook y sus aliados, sino, también, a nuestra pereza cuando se trata de introducir en nuestro análisis y utilización de las tecnologías la variante política. Hemos actuado como niños con un regalo de Navidad mientras el monstruoso Papá Noel conquistaba y manipulaba nuestra inocencia. Facebook ha dado sobradas pruebas de su inmovilidad, negligencia o complicidad. Los algoritmos de Facebook tienen una repercusión perversa y plantean la pertinencia de la relación entre democracia y red social. La redes nos venden y delinean una suerte de relación que alienta compromisos cuyos resultados son luego reutilizados por otros sectores en la siempre reactualizada cruzada colonizadora de la conciencia humana. Rob Sherman, jefe adjunto del departamento de Privacidad de Facebook, dijo que la empresa se compromete “fuertemente con la protección de los datos de los usuarios”. Una broma retórica de mal gusto. Prueba de ello, Facebook no era inocente: hace tres años se “percató” del robo de los datos de Cambridge Analytica …pero no cerró la cuenta de hasta pasado 17 de marzo.


No cabe ni la más remota duda de que en la Argentina Facebook ha servido y sirve con los mismos fines al liberalismo gobernante. El primer acto de resistencia moral y política de un progresista digno del siglo XXI consistiría en cerrar inmediatamente su cuenta en Facebook. Esto, sin embargo, parece ser más arduo que obligar a los directivos de la red social a ser más responsables. Estamos ante una alianza liberal ultra conservadora pactada entre sectores políticos y compañías tecnológicas. Es una guerra ideológica sin bombas y debemos dejar de ser los corderos inocentes que contribuyen a las victorias de sus verdugos.


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Inteligencia artificial, vigilancia y manipulación electoral

La empresa de manejo de datos Cambridge Analytica, que se autodenomina cerebro de la campaña de Trump ofrece desde 2016 sus servicios en México, una de sus (¿ex?) empleadas expresó en redes sociales que serían el cerebro detrás de las próximas elecciones presidenciales en el país. (El Financiero Bloomberg 25/1/18 tinyurl.com/y9jl82gc)

El caso no sólo es preocupante por la intención de manipular elecciones, sino también porque pone sobre la mesa el uso y manipulación que se puede hacer con nuestros datos, que por razones personales, de trabajo, de acceso a servicios públicos, médicos, educativos y de entretenimiento, la mayoría entregamos a diferentes instituciones y empresas. Situación que se combina con la cada vez más extendida red de cámaras de vigilancia públicas y privadas, información geográfica satelital, ampliación de redes de Internet y nuevas formas de minería de datos y extrapolación de éstos con programas de inteligencia artificial.

Los casos más conocidos de Cambridge Analytica son la elección de Trump a la presidencia y su intervención para lograr el voto en favor del Brexit. En una entrevista con la revista Vice en 2017, la empresa asegura haber participado en 32 elecciones en el mundo y sólo haber perdido una (https://tinyurl.com/y8uxr7fw).

Cambridge Analytica (CA) es una empresa de reciente formación en Estados Unidos (EU), pero compró SCL en Reino Unido, empresa que desde 1993 realiza investigación conductual y comunicación estratégica, incluyendo operaciones sicológicas militares y electorales. El principal accionista es Robert Mercer, un experto informático y multimillonario estadunidense de extrema derecha. Fue programador en un laboratorio de la fuerza área de EU, pasó por IBM y se hizo millonario con un fondo de inversión de alto riesgo que usa algoritmos en mercados financieros. Es también principal inversionista de Breitbart News, agencia dedicada a la creación de noticias falsas, que promueve entre otras cosas, el racismo, la libertad de uso de armas, la negación del cambio climático y el apoyo a Trump. Steve Bannon (ahora retirado de la administración Trump) es cofundador de Breitbart News y fue vicepresidente de Cambridge Analytica.

Sabemos que en 2017 Trump no ganó las elecciones por mayoría de votos directos (tuvo casi 3 millones de votos menos que Hillary Clinton), sino por el sistema electoral de Estados Unidos, que es de votación indirecta por medio de un Colegio Electoral donde se vota por cupos por estado. Cambridge Analytica se acercó a Trump para ofrecerle sus servicios, con una estrategia que parecía sencilla: en lugar de convencer a la mayoría de la población, debía dedicarse a convencer con los argumentos adecuados a una pequeña parte del electorado que podía darle la mayoría en estados tradicionalmente demócratas, que serían pivot en el sistema de votación colegiada (Wisconsin, Michigan y Pensilvania).

Trump se enfocó en esos estados, con publicidad abierta y subliminal a personas específicas usando redes sociales, mensajes y llamadas telefónicas con alto contenido emocional, con promesas –aunque no tuviera intención de cumplirlas– que apelaban directa y selectivamente a los temas de insatisfacción, en particular del electorado demócrata o indeciso.

El método de la empresa es acceder o adquirir bases de datos personales de instituciones, empresas, bancos, tiendas, redes sociales y luego analizarlos aplicando un método para crear perfiles sicográficos. El análisis de comentarios y relaciones en redes sociales, de los me gusta, a qué y quiénes, arrojan mapas de posibles preferencias relacionales, comerciales, temáticas y políticas.

Al cruzar esto con datos geográficos, resulta en posibles insatisfacciones, deseos y preferencias por región, además de permitir mercadeos dirigidos directamente a personas. Facebook por ejemplo, ya vende anuncios diseñados para llegar solamente a perfiles y regiones seleccionadas. El documental de la agencia alemana DW Juego sucio, cómo ganó Trump las elecciones da cuenta de algunas de estas manipulaciones, y sostiene, además, que parte de los anuncios en diferentes medios y redes eran subliminales, o sea que el receptor ni siquiera es consciente de haberlos visto, pero su cerebro graba el mensaje (https://tinyurl.com/y8vsl4z9)

Según el reportaje citado de El Financiero, una empleada de la empresa –que CA niega sea su jefa de operaciones– ha estado reclutando personal para trabajar en la compañía de Internet Mowisat (cuya dirección física es la misma que Cambridge Analytica en México) que ofrece instalar Internet satelital de amplio alcance en áreas rurales no conectadas y también tiempo aire libre con la aplicación Pig.gi, a cambio de permitir anuncios directos a su celular (tinyurl.com/y9jl82gc)

Es claro que para que el sistema de CA funcione, las personas objetivo tienen que tener acceso a Internet, redes sociales, etcétera, lo cual se promueve hasta gratuitamente por parte de las compañías telefónicas, que probablemente compensan el gasto con la venta de datos y este tipo de anuncios a ese clase de empresas.

El tema tiene muchas aristas y la manipulación en tiempos electorales es sólo una de ellas. Exhibe, además, el entramado de control y vigilancia a que estamos expuestos debido a las nuevas tecnologías de información y comunicación, que puede ser usado tanto por parte de empresas como de intereses políticos y militares. No quiere decir que tales métodos realmente tengan el resultado que esperan, no somos robots y la inteligencia artificial todavía depende de la interpretación que hacen humanos. Pero urge avanzar la discusión colectiva sobre las implicaciones de éstas y otras nuevas tecnologías. (https://tinyurl.com/ycaeag5k)

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

 

Miércoles, 21 Febrero 2018 06:42

Nuevos nombres de la mentira

Nuevos nombres de la mentira

Hay una lucha sorda entre verdad y mentira que se libra en la novela y demás obras de ficción, y así mismo en la crónica o el relato periodístico. En la ficción, que cuenta situaciones imaginarias vividas por personajes imaginarios, se miente con toda legitimidad, y en el relato de prensa, que describe hechos, la mentira es ilegítima.

Recuerdo una vez en que mi amigo Jon Lee Anderson me entrevistó para un reportaje sobre el pretendido Gran Canal por Nicaragua, que escribía para The New Yorker. Cierto día recibí una llamada del departamento de fact checking (verificación de hechos) de la revista. Debían verificar si era cierto todo lo que Jon incluía como dicho por mí. Fue un interrogatorio detallado, casi judicial. Y no sólo comprueban las palabras de los entrevistados, sino también las afirmaciones que el autor del reportaje haga, bajo el principio de que "las palabras verdaderas son más importantes que las palabras bonitas".

Hay un punto intermedio que Truman Capote buscó en lo que llamó real fiction (ficción real), una de las grandes vueltas de tuerca del periodismo moderno, plasmada en su libro A sangre fría, una obra maestra, en que narra el asesinato de una familia de granjeros en el estado de Kansas, perpetrado por dos muchachos delincuentes, que terminan en la silla eléctrica.

Capote usa los procedimientos imaginativos propios del relato de ficción para contar los hechos, sin falsearlos ni alterarlos. Es lo mismo que hizo Gabriel García Márquez en su Relato de un náufrago, publicado por entregas en El Espectador de Bogotá, antes de convertirse en libro, y que disparó la tirada del periódico. Era toda una hazaña entretener al público con un relato que en manos de cualquier otro hubiera podido resultar monótono, la sobrevivencia de alguien perdido en alta mar, viviendo las mismas ocurrencias día tras día.

Siempre me he considerado un escritor realista, que edifica su aparato de invención sobre los relieves del mundo verdadero, sin alterarlos. Es lo que da legitimidad a la mentira. Se investigan los hechos, igual que lo haría un periodista, pero llega un momento en que los caminos se separan: el periodista debe atenerse hasta el final a los hechos, mientras el novelista, a partir de los hechos, tiene toda la libertad del mundo para mentir.

No sólo se separan los caminos, sino que entre ambos se abre una brecha que adquiere naturaleza ética. Aunque se mienta a mansalva en la ficción, se trata de una mentira inocente. Quien abre las páginas de una novela, ya sabe que se trata de una invención, y entra entonces en lo que se llama "la suspensión de la incredulidad". Comienza a creer que todo es cierto, por obra del arte del novelista.

Pero si se miente deliberadamente en una crónica, un reportaje, en una simple nota periodística, entonces está de por medio el dolo. Y quizás los medios de comunicación pudientes, como The New Yorker, cuidan no sólo su prestigio verificando los hechos, sino también que no vayan a ser demandados judicialmente, porque la mentira tiene un costo monetario elevado.

Ficción versus realidad. "Hechos alternativos" es uno de los términos de mayor impacto contemporáneo en este sentido, inventado por la consejera de la Casa Blanca, Kellyanne Conway, recién pasada la toma de posesión del presidente Trump en enero de 2017. Su secretario de prensa había afirmado que aquel acto había roto todos los récords de asistencia, y de audiencia por televisión, una afirmación cuya falsedad era fácilmente demostrable: con sólo comparar los datos del número de personas que había abordado el Metro ese día, y el día de la primera investidura de Obama, se probaba que Trump había tenido mucho menos gente.

Cuando Chuck Todd, el entrevistador del programa Meet the Press confrontó a la señora Conway diciéndole que aquella era una "falsedad demostrable", ella respondió que lo que él estaba dando era nada más un "hecho alternativo". Así se acuñó está frase tan célebre hoy. ¿Un hecho alternativo a qué? A la falsedad, porque la verdad de los hechos no tiene alternativa, salvo en las novelas y en los cuentos, en el teatro, en el cine. Semejante tipo de conceptos pretenden convertir los hechos en mentiras dolosas, prestando elementos a la invención de manera ilegítima, o secuestrándolos.

La realidad real es la mía, aunque sea mentira; la tuya no es más que una realidad alternativa. Si soy dueño del poder, lo que diga siempre será verdad. Los demás, sólo tendrán en sus manos un arma débil, desacreditada, la realidad alternativa. Los hechos sometidos a duda, cuestionados. Todos los diques de la lógica y de la ética se rompen, y las aguas sucias e impetuosas de la mentira lo inundarán todo.

Otro nuevo nombre de la vieja mentira es la posverdad, término que ha entrado ya en el Diccionario de la lengua española: "Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales". Es un neologismo de antiguas raíces.

La demagogia siempre ha procurado que los hechos objetivos sean sustituidos por las mentiras sustentadas en las ­emociones y en las creencias en determinados valores, aunque estos sean espurios, como la superioridad de una raza, la infalibilidad de una creencia religiosa, la superioridad del sexo masculino, el credo ciego de un partido. Se trata de que la realidad simple sea ignorada, y sustituida por dogmas hijos del fanatismo. "El que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad", dice el Diccionario Oxford de la posverdad.

Hacer que se ignoren los hechos, sobre todo a la hora de conducir a los rebaños de votantes a las urnas para elegir candidatos fundamentalistas, o demagogos, o movilizar a la gente en las calles contra los inmigrantes retratándolos una y otra vez, en el discurso posverdad, como causantes de males y amenazas. Es la búsqueda del triunfo definitivo de la propaganda sobre la razón.

 

Masatepe, febrero de 2018

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