“Ni una gota de sangre en Mapiripán fue casualidad”, dicen líderes comunales

Un relato de la primera travesía de la Comisión de la Verdad por este municipio del suroriente de Meta

Llegaron a la 1 de la tarde del 4 de mayo de 1998. Entraron en volquetas, camiones y camionetas lujosas. Iban acompañados de los que se decían legales. Eran casi 200 hombres, “pero en un caserío tan pequeño como Puerto Alvira parecían mil”, cuenta Carmen*, una campesina de la zona. Le disparaban al que se les atravesara por el camino y al que quedara medio vivo le pasaban las llantas de las volquetas por la cabeza para rematarlo. Algunos estaban de botas y camuflado; otros estaban de civil, pero encapuchados. Entraron gritando, dando órdenes, escupiéndole en la cara y disparándole a los pies al que se atreviera a mirarlos a los ojos. Sacaron a la gente de sus casas. La llevaron a la pista de aterrizaje de las avionetas y a la cancha de fútbol. Allí la organizaron en filas. Hicieron formar hasta a los bebés. Sacaron una lista. “Las siguientes personas, un paso al frente”. Gritaron los nombres y los apellidos de 29 campesinos. A esos 29 los amarraron. A unos los degollaron y a los demás los llevaron al pie del puerto, donde estaban los surtidores de gasolina. Le dispararon a uno de los tanques. La gasolina se derramó sobre las víctimas, que estaban heridas pero vivas. Les prendieron fuego. Sus cuerpos ardieron toda la tarde. “Los finados quedaron pequeñitos de lo chamuscados y oliendo a un olor que a uno no se le borra jamás”, dice Carmen, quien sobrevivió y lo vio todo. “Lo que los paramilitares hicieron en Mapiripán en cinco días, aquí, en Puerto Alvira, lo hicieron en cinco horas”, cuenta.

 

La ruta del terror


La masacre de Puerto Alvira, un caserío ubicado en el suroriente de Meta, a orillas del río Guaviare, fue una de las matanzas que paramilitares perpetraron en un recorrido del terror que inició diez meses atrás en el casco urbano de Mapiripán y que se extendió por varias veredas, inspecciones y caseríos.


“Las comunidades de estos pueblos soportaron todas las crueldades posibles. Fueron prácticamente exterminadas. En algunos lugares no quedaron sino las ruinas de las casas incendiadas, pero sus historias de dolor quedaron eclipsadas por la masacre de Mapiripán de julio de 1997, que solo fue un capítulo de la política de exterminio que vivimos en el sur de Meta”, dice Juan, defensor de derechos humanos.


En una travesía de varios días, un equipo de la Comisión de la Verdad recorrió las trochas y las sabanas que a finales de los noventa se convirtieron en rutas de dolor y muerte y que, desde entonces, han sido escenario de masacres, torturas, asesinatos selectivos, despojos de tierras, desplazamientos y desapariciones forzadas.


La Comisión estuvo en Mapiripán y en otros cuatro caseríos de la zona, donde escuchó los relatos de algunos de los pobladores que decidieron regresar a sus casas después de años de destierro. Aún parecen pueblos fantasmas: casas abandonadas, techos pudriéndose, escuelas y centros de salud en ruinas, paredes perforadas por balas, calles y patios destruidos por bombas y cilindros, locales ahogados en maleza. Y en esa desolación, 10 o 20 familias que volvieron, sin ninguna garantía, para reclamar las tierras que les quitaron cuando los obligaron a irse.


No somos ‘efectos colaterales


“Al país le contaron por televisión que vinieron a matarnos por guerrilleros, por raspachines y por cocaleros; le dijeron que merecíamos morir, que éramos una plaga. Así justificaron la muerte de mucha gente inocente. Lo que a nadie le han contado es que ni una pizca del horror que vivimos fue chiripa; que cada tortura y cada masacre tenían un propósito concreto: sacarnos de nuestras tierras para dárselas a otros”, dice Francisco, un líder comunal de la región.


“Si de algo sirve desenterrar la verdad –anota Francisco– es para que la gente entienda que en este conflicto nada ha sido casualidad y que ni un solo campesino torturado, desaparecido o asesinado fue un “efecto colateral”, anota el líder.


No fueron casualidad los asesinatos de 50 campesinos en el matadero municipal de Mapiripán, donde los torturaron, los castraron y los degollaron para luego botarlos al río Guaviare. Tampoco lo fue la primera matanza de la inspección de La Cooperativa, que fue simultánea a la de Mapiripán. “No les bastó con matarlos. También los despedazaron y les dieron de comer a los perros los cuerpos desmembrados de sus víctimas”, dice una sobreviviente de ese caserío.


No fueron ‘efectos colaterales’ las personas que murieron en la masacre de Puerto Siare –las botaron en canecas y en lonas con arena para incinerarlas–, ni lo fueron los campesinos sobrevivientes a los que los obligaron a cargar los cadáveres de sus propios vecinos para botarlos, con el estómago lleno de piedras, en el río Meta.


No fueron casualidad las masacres de Tillavá, del Mielón, del Pororio, de Guacamayas y del Rincón del Indio, a donde los masacradores llegaban, mataban, se iban y volvían para seguir matando. No quemaron todas las casas del Anzuelo porque sí, ni cerraron por azar las trochas que conectaban todas las veredas con el centro poblado de Mapiripán. “Andar por cualquier camino era una pena de muerte. Hubo una época en la que ningún civil podía entrar al casco urbano y las remesas solo llegaban, por río, desde Venezuela”, cuenta un campesino de la región.


No fue casualidad que hayan tomado el control casi absoluto del Danubio, Santa Helena, San Antonio, El Alto del Águila, Merecure y otras veredas para fundar grandes haciendas. “O me firma la escritura de la finca o lo mato”, “me dice dónde está el enemigo o lo pico a pedazos”, “se largan a otra parte o se van para la fosa”, les decían.


Lo lograron. Aterrorizaron a las comunidades. Los que no murieron, huyeron. Vaciaron veredas y caseríos. Despojaron fincas campesinas enteras. Se quedaron con buena parte de las tierras de los indígenas y, al final, a esas tierras les aparecieron nuevos dueños.


Tenemos muchas preguntas


“Veinte años después del horror –dice Francisco–, estas tierras, vaciadas de comunidades, están forradas en palma. Hace poco llegaron unos señores a explorarlas. Dicen que todo el tiempo vivimos encima de miles de pozos de petróleo y que no nos dimos cuenta. En los periódicos anuncian que esta tierra es apta para grandes industrias, que en buena parte de Mapiripán se ‘consolidará’ el futuro agroindustrial y petrolero de Colombia”.


“Vivir de suposiciones cansa –señala Francisco–. Los sobrevivientes solo queremos la verdad y tenemos muchas preguntas: ¿Qué tiene ver lo que nos pasó hace 20 años con lo que nos pasa ahora? ¿A quién le reclamamos las tierras que nos quitaron? ¿Para consolidar qué cosas nos querían tan lejos, tan asustados, tan desaparecidos, tan muertos?”.

Por Comisión de la Verdad
Prensa Rural

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 Luz Marina Monzón. Camilo Rozo

La directora de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, surgida de los acuerdos de paz, calcula cerca de cien mil casos

Luz Marina Monzón (Villavicencio, 1964) lleva media vida dedicada al tema de los desaparecidos en Colombia. Desde que comenzó a trabajar con la Comisión Colombiana de Juristas, hace más de 20 años, ha representado algunos de los casos más emblemáticos. Abogada con especializaciones en ciencias penales y criminológicas y derechos humanos, dirige desde hace poco más de un año la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), la entidad encargada de atender las estremecedoras dimensiones del fenómeno en medio del conflicto armado que durante más de medio siglo ha asolado Colombia. Con cerca de cien mil casos, la cifra supera a todas las dictaduras del Cono Sur.


Surgida de los acuerdos de paz con la exguerrilla de las FARC, la Unidad hace parte del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, en conjunto con la Comisión de la Verdad y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que dos años y medio después de la firma del pacto aún enfrenta resistencias en algunos sectores del Centro Democrático, el partido del presidente Iván Duque. En este contexto, Monzón comienza este lunes una gira para fortalecer relaciones con autoridades, organizaciones de derechos humanos y familiares en el exilio en Madrid, Berlín y Barcelona.


Pregunta. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha dicho que la búsqueda de desaparecidos es el reto de más largo aliento para Colombia


Respuesta. Estoy totalmente de acuerdo. Por un lado, la dimensión del problema es gigantesca. Nosotros estamos teniendo una aproximación a un universo que no está definido en el país, que es más o menos cien mil personas. La gran deuda es determinar cuántos y quiénes son los desaparecidos en Colombia. El período durante el cual ha tenido lugar la desaparición es extenso, eso indica que el desafío de la búsqueda implica abordar distintos escenarios históricos, geográficos… ¿Vamos a encontrar a todos los desaparecidos? No necesariamente. El desafío es de largo aliento. Si esta búsqueda se hace con la responsabilidad, con el respeto y con la entereza científica, personal y humanitaria que demanda este mandato podemos construir muchas bases de convivencia y paz.


P. Usted tiene una extensa trayectoria que precede a la Unidad. ¿Recuerda alguna historia en particular que ilustre el drama de la desaparición en Colombia?


R. La desaparición colectiva de 43 campesinos en el corregimiento de Pueblo Bello, en el Urabá [en 1990]. Pensar en una experiencia de un corregimiento de muy pocos habitantes, donde una noche se llevan 43 hombres de esa comunidad, cómo queda devastada no solamente la familia sino toda la población. Destruye no solamente la vida de esos familiares que se dedican a buscar, sino la seguridad de esa comunidad y los lazos que se construyeron de confianza, de progreso, de proyección. De la noche a la mañana llegaron y sometieron a estas personas, se las llevaron y nunca más volvieron a saber. Cómo se transformó esa vida colectiva de ese corregimiento me impactó bastante. Haber escuchado a los familiares decir que durante meses dormían en los potreros porque temían que si dormían en las casas iban a llegar nuevamente. Eso es atroz.


P. ¿Qué es lo más difícil de buscar personas desaparecidas en Colombia?


R. El mayor obstáculo es la información. Cuando emprendes la búsqueda deberías planificar, luego hacer los hallazgos y luego emprender lo que es todo un proceso de identificación. Todas esas actividades están sustentadas en algo común, que es la información. Qué calidad de información tienes disponible, qué tan actualizada está, qué tan completa, es lo que te permite llegar a conclusiones en cualquiera de esas fases. Eso no se ha consolidado en Colombia. La fiscalía tiene la información de la investigación penal; Medicina Legal la de su trabajo de necropsias sobre cuerpos; el Centro de Memoria Histórica la que le da su mandato de hacer memoria en este país; la Unidad de Víctimas, un registro dirigido a la reparación. Son pedacitos de información, valiosísimos, pero no completos. Ese es el gran desafío de la búsqueda.


P. ¿Cómo se articula el trabajo de la Unidad con la Comisión de la Verdad y la JEP?


R. Ha sido un gran desafío. El concepto es interesante, pero el diseño es retador. Es importante que se piense un sistema en el que una sola institución no sea encargada de la satisfacción de todos los derechos, sino que se divida el mandato. Sin embargo, las instituciones no tienen la misma vigencia. Hay una Comisión de la Verdad de tres años, una JEP que tiene 15 años (prorrogables otros cinco), y una Unidad de Búsqueda que tiene 20 años. La búsqueda no tiene el mismo dinamismo que tiene la construcción de un proceso de verdad, y mucho menos la construcción de un proceso judicial. La sincronía está siendo unos de los retos más grandes.


P. ¿Teme que algún sector se oponga a la búsqueda de víctimas?


R. No debería pasar, es un acto humanitario para darle alivio al sufrimiento de tanta gente que vive en la incertidumbre. Pero hay circunstancias que pueden ser un riesgo para la Unidad. Por ejemplo, la persistencia del conflicto armado.


P. ¿Que le pediría al presidente Duque para poder desarrollar su labor?


R. Que pusiera en su agenda prioritaria la búsqueda de los desaparecidos. Que comprendiera la necesidad que tiene el país de reconocer no solamente una reparación en los términos económicos en los que se ha implementado hasta ahora, sino en los términos de reconocimiento y dignificación de quienes buscan a tantas personas sobre las cuales no se conoce su paradero.


Son sufrimientos muy distintos. La Unidad no solamente va a buscar a las personas desaparecidas forzadas, va a tener que buscar a quienes fueron secuestrados, donde las familias dieron quizás mucha plata por su rescate y no supieron nunca más de ellos. Familias a las que un día les arrebataron a sus hijos de sus casas, de sus fincas, y nunca más volvieron a saber de ellos porque fueron reclutados. Todos están buscando, pero las vivencias son distintas. Todo eso conspira contra una convivencia pacífica. El reconocimiento y el respaldo a la búsqueda de los desaparecidos tiene que ser la perspectiva de la construcción de paz en este país.


P. ¿Ha llegado a sentir falta de recursos, o de voluntad política?


R. Sí. No tengo los recursos que deberían haberse dispuesto para este año por parte del Gobierno. No veo en algunos momentos la disposición a darle lugar a este tema en la agenda política, y creo que eso dificulta aún más la tarea.


P. ¿Cómo definiría el momento que atraviesa Colombia?


R. Un momento de un gran desafío, de una gran responsabilidad y de una gran oportunidad.


P. ¿El país está experimentando una batalla por la memoria y el relato del conflicto?


R. Sí, pero justamente me parece que esa es una gran oportunidad. Estamos dando una batalla por la memoria y no una batalla por la vida.

Por Santiago Torrado
Bogotá 6 MAY 2019 - 01:31 COT

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Marta Ruiz, integrante de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad

En noviembre echó a andar en Colombia la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV), el organismo encargado de alimentar un “relato colectivo” en torno a más de medio siglo de conflicto armado. Marta Ruiz, comisionada del ente, explica los retos que el país enfrenta en un contexto de profunda división política y social.

La construcción de la paz en Colombia tiene un sinfín de frentes abiertos. Se podría decir que cada una de las historias de las más de ocho millones de víctimas directas del conflicto armado —según las cifras oficiales del Gobierno— contienen preguntas sin respuesta. ¿Quién ordenó el secuestro del campesino? ¿Por qué tuvo lugar la masacre en aquel pueblo de la sierra? ¿Qué objetivos escondía la extorsión continuada contra esta familia?

Tratar de aportar luz a cuestiones como esta es la razón de ser de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV), un organismo público integrado en el sistema de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición que se creó tras el Acuerdo de Paz con la guerrilla de las FARC.

A través de la investigación de los hechos ocurridos durante medio siglo de guerra la CEV aspira a construir “un relato colectivo” en el que todos los colombianos, de alguna manera, se sientan incluidos. Una tarea que, por lo ambicioso del proyecto, no echó a andar oficialmente hasta noviembre pasado, dos años después de la firma de los acuerdos de La Habana.

En este intervalo la paz en Colombia ha transitado por un camino lleno de obstáculos. La victoria del No en el plebiscito que pretendía sancionar el Acuerdo, la persistencia de la violencia en muchas zonas del país y la llegada al Gobierno en 2018 del Centro Democrático, el más firme opositor a los diálogos con la ex guerrilla, son parte del continuado test de estrés al que se ha sometido el histórico documento. También la estructura institucional creada para su implementación ha sufrido este desgaste.


“Un lugar para la participación social”


“La expectativa en 2015 —cuando se acordó la creación de la CEV— era que Colombia iba a una transición entre la guerra y la paz; en la que se presuponía un clima de aceptación de la paz. Pero ese supuesto básico, sobre el que fue creada la Comisión, no se ha dado”. Así resume la periodista Marta Ruiz el actual clima de polarización política y social que vive el país latinoamericano y su efecto sobre el ente del que forma parte.

Ruiz es una de las once comisionadas y comisionados responsables de la CEV. Un cuerpo colegiado que integran perfiles de lo más variados. Desde un ex sacerdote jesuita (Francisco de Roux, presidente de la Comisión) a una líder social afrocolombiana, pasando por un mayor del ejército retirado, una experta en derecho constitucional de origen indígena o un médico español especializado en la atención a víctimas.

“La Comisión no es un espacio de intelectuales y académicos, sino un lugar para la participación social, que será más valioso si logra ser incluyente y participativo”, explica esta informadora con más de 15 años de experiencia cubriendo la guerra desde dentro. Un diálogo social que es uno de los “rieles” principales sobre los que la CEV trabaja, mediante encuentros y audiencias públicas en algunos de los puntos del país más golpeados por la guerra, como las regiones de Antioquia, Putumayo, Nariño o el Norte de Santander, entre muchas otras.

Pero también con reuniones privadas con actores estratégicos del conflicto, lo cual incluye a figuras políticas, del ejército y de grupos armados, “tratando de que haya un reconocimiento de cómo se implicaron en él, cómo coadyuvaron y cómo se beneficiaron. Y también para reconocer los heroísmos, las resistencias y la manera en la que se hizo frente a un conflicto tan largo”, asegura Ruiz.


Un consenso básico en torno a la paz roto


El otro riel, quizás el más inmediato, al que hacen referencia desde la CEV tiene que ver con la investigación y la recolección de testimonios. Para ello se han desplegado hasta el momento 17 casas o sedes territoriales donde se recoge la voz de las víctimas y los victimarios que están dispuestos a hablar. Además de asesorar a comunidades que ya llevan tiempo implicadas en esta labor.

Una tarea ingente que se ha visto diezmada, apunta Ruiz, por el desinterés del nuevo Gobierno sobre este organismo. El cual se tradujo en una reducción del 40% del presupuesto con el que inicialmente preveía contar la Comisión y que ha impactado en la manera de llegar a los territorios —“pensábamos estar en muchos más y con más gente”— y en el propio protagonismo de la Comisión —“la marginaliza y le quita centralidad”—. Precisamente en un momento de profunda discusión sobre la memoria del conflicto y la manera de juzgar lo acontecido.

A comienzos de marzo el presidente Iván Duque impugnó varios de los artículos que regulan la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el tribunal especial que juzga los crímenes del conflicto. La decisión provocó el rechazo de buena parte de la oposición política y de observadores internacionales, al entender que aumenta el grado de incertidumbre en torno a la ejecución del Acuerdo. Con la amenaza latente de que siga aumentando el número de ex guerrilleros que regresan a las armas.

“Creo que el gran avance que hubo en La Habana es reconocer que el conflicto estaba asociado a unos problemas estructurales, como la propiedad de la tierra, el narcotráfico, la no-presencia del Estado, la falta de participación democrática, etc. Ante la pérdida del plebiscito, el Acuerdo salió adelante pero el consenso básico alrededor de esto dejó de existir”, reflexiona Ruiz.

La comisionada sostiene que el actual Gobierno no comparte ese análisis multicausal de la guerra en Colombia. “Su manera de verlo es otra”, comenta después de reconocer las diferentes posturas –desde los que niegan el propio conflicto hasta los que lo reducen a un problema de legalidad o ilegalidad- que existen en el actual Ejecutivo. “Todo se ve desde una matriz meramente judicial y no como un problema social y político”, reflexiona.


El informe final y “la verdad” del conflicto


Igual que han hecho comisiones de la verdad de países como Sudáfrica, Guatemala o Perú, la CEV colombiana tiene el compromiso de entregar, una vez terminado su mandato de tres años, un completo informe que recoja las conclusiones de su investigación.


Sin menospreciar este documento final Marta Ruiz matiza que, antes de escribir una línea, su esfuerzo se centra en “contribuir a una apropiación social de todo ese conocimiento”. “En nuestra metodología, luego de los testimonios, vamos a identificar unos patrones y unos contextos explicativos. Luego queremos hacer un diálogo con la sociedad para construir las hipótesis. No ir a extraer testimonios y encerrarnos a escribir, sino ponerlo sobre la mesa con la gente, para que esto empiece a ser más una construcción colectiva”, explica.

La polarización de la sociedad colombiana y el carácter tan reciente de la guerra son obstáculos evidentes para la construcción de esa “verdad” o relato colectivo, reconocen desde la CEV. El comisionado Saúl Franco, médico de profesión, apuntaba en noviembre que la Comisión no pretende imponer ese proceso de memoria común, pero sí estimularlo. “Eso sí, queremos llegar a unas cosas concretas. Tenemos el reto, y lo vamos a cumplir, de entregar un informe creíble y conciso sobre el conflicto en el país”, señala Franco.

“Colombia no es un país donde no haya información sobre violaciones de derechos humanos. Incluso hay mucha. Lo que falta es un relato que tenga pretensión de ser un relato nacional. Que sea de alguna manera un piso, más sólido, menos fragmentario y más ambicioso, desde donde se pueda empezar a debatir sobre los hechos y las violencias”, añade Marta Ruiz.


La tarea de “tejer” las heridas abiertas


La persistencia de esa violencia es precisamente otro de los muros que habrá de saltar la CEV para cumplir sus objetivos. En 2018 más de 170 líderes sociales fueron asesinados en las áreas rurales de Colombia, confirmando una tendencia ascendente desde la firma de La Habana. El pasado 17 de enero la principal guerrilla todavía activa en el país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), mató a 22 jóvenes policías en una academia de Bogotá con un coche bomba que alimentó las demandas de una política de mano dura en amplios sectores de la sociedad colombiana.

De nuevo, sobre la mesa, el debate sobre la paz y la seguridad. “Creo que, sin que se hubiese afincado el discurso de la paz, en Colombia se ha vuelto a instalar el discurso de la seguridad como la solución a los problemas de convivencia. Y la paz es un concepto mucho más profundo, una construcción más colectiva y es un desafío muy grande para la sociedad en términos de transformación”, analiza Ruiz.

En este contexto de división política y con una elecciones regionales en el horizonte (octubre de 2019) ha arrancado la CEV colombiana su trabajo. Francisco de Roux, presidente de la institución, lanzó un mensaje con ánimo tranquilizador tras conocerse la impugnación parcial del Gobierno al tribunal especial para la paz, organismo hermano de la Comisión. “Esta marcha hacia la verdad no la vamos a detener por nada”, proclamó De Roux.

Un clima, en todo caso, que anticipa más dificultades en la titánica tarea que la CEV tiene por delante. Tal y como se desprende de las palabras usadas por Ruiz para explicar los verdaderos efectos del conflicto sobre la vida de millones de colombianos.


“Lo que me he dado cuenta saliendo al territorio es que las heridas que ha dejado el conflicto son demasiado profundas. No son las heridas que uno ve en la política, entre los partidos. No, son heridas más grandes, más en lo pequeño, en los barrios, en las veredas, en la gente… Hay un sentimiento muy profundo de haber vivido una injusticia y una sensación muy grande de abandono (…) Queda una tarea muy grande en reconciliar a la gente con sus propias instituciones y con el Estado. Y nuestro intento es el de poder tejer con un hilo narrativo esas heridas. Pero la cicatrización va a ser larga y requiere demasiados esfuerzos”.

2019-05-04 09:41:00

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Un estudio en ratones revela que los beneficios cognitivos del deporte se heredan

Un nuevo trabajo, liderado por científicos españoles, demuestra que las crías de los roedores más activos aprenden y memorizan mejor que las de los sedentarios. Los investigadores han descrito todos los genes del modelo animal cuya expresión cambia en el cerebro como consecuencia de la actividad física. Según los resultados, estos caracteres son transmisibles a los hijos.

Un estudio liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado en ratones de laboratorio que los beneficios cognitivos del ejercicio físico moderado son heredados por la crías, aunque estas sean sedentarias.


Según los resultados, publicados esta semana en la revista PNAS, los hijos de los ratones corredores aprenden y memorizan mejor que la progenie de los padres sedentarios. Para saber más sobre este hallazgo, los científicos analizaron los mecanismos cerebrales a través de los que esta herencia puede tener lugar.


"El ejercicio físico es bien conocido por sus efectos positivos en la salud general y específicamente en la función y la salud del cerebro", explica José Luis Trejo, biólogo del CSIC en el Instituto Cajal y líder de la investigación.


"En este trabajo, la transmisión directa de los efectos inducidos por el ejercicio desde el cerebro de los padres hasta el cerebro de las camadas demuestra que la actividad física paterna influye en la fisiología cerebral y la cognición de sus crías", añade.


Estudios anteriores ya habían demostrado la herencia por mecanismos epigenéticos de los efectos negativos del estrés sobre el funcionamiento del cerebro. En cambio, no existían evidencias claras sobre si los efectos positivos de alguna conducta podían heredarse intergeneracionalmente.


"Nosotros hemos determinado que el ejercicio de los padres hace que las crías aprendan y memoricen mejor tareas tanto espaciales como no espaciales, y qué ocurre en el cerebro para que ello suceda", explica Trejo.


"Concretamente, hemos descrito todos los genes cuya expresión cambia en el cerebro como consecuencia del ejercicio físico, tanto en padres ejercitados como en sus crías sedentarias. Y hemos revelado que las mitocondrias del hipocampo están más activas, y que la neurogénesis hipocampal adulta está incrementada", precisa.
Según los expertos, estos cambios en el cerebro de las crías replican los cambios que el ejercicio indujo en el de sus padres corredores.


La buena herencia de los ratones corredores


Esta mejoría cognitiva se ha replicado en tres modelos experimentales distintos. Primero, se compararon las crías sedentarias de roedores inactivos con las de padres ejercitados. Luego, se cotejaron los resultados de las camadas de ratones sedentarios con las camadas de los mismos padres después de un programa de ejercicio físico de varias semanas.
Por último, se analizaron las camadas de sedentarios y corredores concebidas mediante fertilización in vitro y transferencia de embriones. En los 3 casos se obtuvo el mismo resultado.
"Estos hallazgos tienen un impacto enorme en neurobiología, puesto que revelan que caracteres adquiridos durante la vida de los padres, en función de los distintos niveles de actividad física, son transmisibles a sus crías aun cuando estas crías no hagan ejercicio", detalla Trejo.


"Además, la posibilidad de que el incremento en el número de neuronas del hipocampo pueda heredarse es de la mayor relevancia, considerando que estas nuevas neuronas han sido asociadas con ansiedad y depresión, con la capacidad de orientación espacial, y con el aprendizaje y la memoria en general", concluye el investigador.

29/04/2019 07:41 Actualizado: 29/04/2019 07:41
agencia sinc

Sábado, 27 Abril 2019 06:25

Vientos de crisis en Cuba.

Cubanos hacen fila en La Habana para comprar alimentos, el 4 de abril / Foto: Afp, Yamil Lage

Desde hace meses los cubanos lidian con largas colas para adquirir artículos de primera necesidad, mientras las autoridades realizan nuevos recortes y adelantan proyectos de urgencia en el frente económico. La Habana llama a prepararse para lo peor.

A mediados de la década del 90, todos los domingos bien temprano, mi padre y yo salíamos en bicicleta rumbo a la “tumba” que cultivábamos a las afueras de mi ciudad natal. Eran casi treinta quilómetros sumando los viajes de ida y de vuelta, primero por carretera y luego siguiendo un terraplén eternamente enlodado del que partían senderos que se internaban en el monte firme de marabú.


Uno de ellos conducía a nuestra parcela (o “tumba”, en el lenguaje local). Eran sólo unas cuantas decenas de metros cuadrados arrancados a los zarzales a fuerza de hacha y machete, en los que mi padre sembraba calabazas, yuca e incluso algo de arroz; yo, desde las contadas fuerzas de mis 13 o 14 años, hacía como que lo ayudaba.


Cuba sufría la crisis económica provocada por la caída del “socialismo real” y la desaparición de la Unión Soviética. “Período Especial en Tiempo de Paz” era el nombre formal de esa etapa de carencias extremas, en la que los cortes de electricidad superaban las 20 horas diarias, el transporte funcionaba en su mínima expresión y conseguir el alimento cotidiano resultaba una odisea.


Aún no sé cómo mi familia consiguió salir adelante. Que lo lograra dependió en buena medida de aquel huerto en donde mi padre exprimía las fuerzas que le quedaban luego de trabajar durante la semana como constructor improvisado. Entre continuar enseñando topografía en un instituto politécnico y marcharse a una microbrigada con la esperanza de levantar su casa al cabo de cinco o diez años, él había tenido clara su elección. Pero mientras se convertía en realidad ese sueño, era necesario superar el día inmediato; muchas veces lo hicimos gracias a lo cosechado en nuestra “tumba”.


TIEMPOS DIFÍCILES.


El “período especial” nunca tuvo una proclamación oficial. Lo más parecido a tal acto fue un discurso pronunciado por Fidel Castro en enero de 1990 durante la clausura de un congreso sindical. En la ocasión, admitió la posibilidad de “que los problemas fueran tan serios en el orden económico (…) que nuestro país tuviera que enfrentar una situación de abastecimiento sumamente difícil”.


Meses más tarde, el 29 de agosto, una nota publicada en los principales diarios anunciaba severas restricciones en el consumo de combustible, alimentos y otros productos, y la paralización de todas las inversiones no relacionadas con el turismo o la defensa.


El desplome de la economía tuvo dramáticas consecuencias sociales, sobre todo a partir de 1993, cuando la “despenalización” del dólar abrió las puertas a la desigualdad. No por casualidad, las tiendas en divisas (N de E: que aceptan moneda extranjera) fueron el blanco predilecto de la ira popular durante el llamado Maleconazo, la inédita manifestación de habaneros a la que debió enfrentarse Fidel en agosto de 1994.


Por entonces, calor y escasez demostraron ser una combinación extremadamente peligrosa, a tal punto que por años el gobierno ha hecho lo indecible para evitar los apagones en los meses más tórridos, a la par que ha incrementado las actividades recreativas y ha estabilizado el abasto de bienes de consumo. En esas circunstancias, sólo una urgencia muy perentoria justifica decisiones como las anunciadas a comienzos de este mes por el presidente Miguel Díaz-Canel y el general de Ejército Raúl Castro, quien en su condición de primer secretario del partido sigue siendo la primera figura del poder en la isla. Aunque en sus intervenciones ante la Asamblea Nacional del Poder Popular ambos resaltaron que el país se “halla en muchas mejores condiciones para superar cualquier dificultad”, entre la ciudadanía el optimismo no alcanza cotas tan elevadas.


Desde hace meses los cubanos han vuelto a lidiar con largas colas para adquirir diversos artículos. Las mayores aglomeraciones tienen lugar ante las tiendas donde se vende el pollo congelado, principal fuente de proteína de que disponen los isleños. Pese a su elevado precio (el valor de un quilogramo supera los ingresos diarios de quienes perciben el salario estatal promedio), decenas y hasta cientos de personas pasan horas a las afueras de los establecimientos, no siempre con éxito.


Similares tensiones se registran en todo el ámbito comercial. Luego de haber iniciado 2019 con marcadas reducciones presupuestarias, a finales de marzo el Ministerio de Economía y Planificación anunció nuevos recortes en las partidas de divisas para compras en el exterior (casi dos tercios de las cuales se destinan a alimentos y combustible). Ya durante las sesiones extraordinarias de la Asamblea Nacional, el presidente Díaz-Canel detalló la difícil coyuntura enfrentada por las finanzas nacionales y llamó a lograr el “autoabastecimiento territorial”, una suerte de autarquía criolla en la que los municipios deberían ser capaces de producir la mayoría de los alimentos que consumen. Además, convocó a elevar la eficiencia en el turismo y los servicios profesionales, y a fomentar nuevas exportaciones dentro de un programa concebido en tres etapas que se extenderán hasta 2030.


Sobre el papel, parecen respuestas lógicas a un escenario complejo y lleno de variables que escapan al control de La Habana; mas el asunto es que, casi treinta años atrás, propuestas muy similares conformaron la estrategia de los máximos dirigentes, con éxito limitado, como dan fe las circunstancias actuales.


BAJO ASEDIO.


En 1989, cerca del 85 por ciento del comercio exterior cubano tenía como contrapartes a la Unión Soviética y a las naciones de Europa oriental. Durante la década siguiente, los esfuerzos se concentraron en diversificar los intercambios, tanto con gobiernos como con corporaciones extranjeras. Sin embargo, a comienzos de los años dos mil, luego del ascenso al poder de Hugo Chávez y otros mandatarios progresistas de América Latina, esos impulsos renovadores perdieron fuelle. En sus últimos años al frente del aparato estatal, Fidel Castro volvería a apostar por una alianza estratégica con un socio preferencial (Venezuela) y vínculos especialmente estrechos con un corto número de estados afines (China y Rusia, los más importantes). Hacia 2008, Caracas y Beijing concentraban más de la mitad del comercio exterior de la isla, con la república bolivariana como principal cliente para su catálogo exportador de servicios profesionales y la nación asiática asumiendo el rol protagónico en la provisión de equipamientos y materias primas.


Consciente de la fragilidad de tal esquema de desarrollo, a partir de 2011 Raúl Castro se embarcó en una campaña de reformas agrupadas bajo el genérico nombre de “actualización”. La ampliación de los alcances del sector privado, la promulgación de una ley más liberal para la inversión extranjera y la derogación de prohibiciones arcaicas dieron un segundo aire a la economía, que tras el comienzo del “deshielo” pudo por fin renegociar su abultada deuda exterior y retomar la senda de discretos crecimientos del Pbi (con el añadido de lograrlo sin depender de nuevos créditos).


Para la especulación queda la duda de qué derroteros hubiera seguido Cuba de no haber ascendido al poder Donald Trump, firme defensor de la política de sanciones contra La Habana. Con ella retribuye el apoyo que le proporcionaron las principales fortunas de la comunidad cubanoamericana durante las presidenciales de 2016 (cuando “maniobraron” para inclinar a su favor el colegio electoral del estado de Florida, el cuarto con mayor número de compromisarios). A más largo plazo, el magnate neoyorquino busca asegurar un compromiso similar durante los comicios de 2020.


Sólo desde este punto de vista puede comprenderse la decisión de activar el problemático título III de la ley Helms-Burton (véase Brecha, 5-IV-19), al amparo del cual los tribunales norteamericanos quedarían facultados para sancionar a empresas de otros países que “trafiquen con propiedades de ciudadanos estadounidenses”, y las limitaciones impuestas al envío de remesas hacia la isla. La primera medida intenta cortar el flujo de inversión extranjera que necesita el país (al menos 2 mil millones de dólares al año, según cálculos oficiales); la segunda, hacer otro tanto con una fuente de recursos que recientemente un think tank norteamericano cifró en alrededor de 57 mil millones de dólares, de 2008 a la fecha.


Luego de perder los cientos de millones de dólares que reportaba la participación de sus especialistas en el programa Más Médicos para Brasil, con la colaboración en Venezuela operando en números rojos (los vitales pagos en combustible han llegado a interrumpirse en ocasiones, lo que ha obligado a realizar compras en Argelia y Rusia a precios de mercado) y sin conseguir que el turismo reporte los ingresos que urgen las arcas estatales, tanto Díaz-Canel como Raúl Castro son conscientes de la necesidad de “estar preparados para la peor variante (porque) la situación podría agravarse en los próximos meses”.


Tal coyuntura causa desvelos en los despachos del Palacio de la Revolución y en los del Centro Internacional de Negocios de la exclusiva barriada de Miramar, pero mucho más entre los ciudadanos comunes. Cuando días atrás un periódico provincial alertó que “si en determinado horario del día se agotara el combustible establecido para la jornada, habría que comenzar a quitar la corriente en algún circuito”, no pocos tragaron en seco. Un cuarto de siglo después, los recuerdos de la etapa más difícil del “período especial” laten con incómoda vigencia en la memoria colectiva; mi padre, incluso, sigue empleando la vieja bicicleta con la que cada domingo iba a su “tumba”.

Por Amaury Valdivia
26 abril, 2019

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En Milán, cientos de personas participaron de la celebración del 74 aniversario de la liberación del fascismo. Imagen: EFE

En el gobierno hay quienes se niegan a recordar el fin de la dominación nazi-fascista

Este 25 de abril, en el llamado “Día de la Liberación”, Salvini y otros representantes de la Liga no participaron de la conmemoración.

El 25 de abril es una de las fiestas nacionales más sentidas por el pueblo italiano porque el llamado “Día de la Liberación” recuerda el fin de la dominación nazi-fascista de Italia ocurrida en 1945. Si bien la dominación nazi-fascista no terminó ese día, se recuerda esa fecha porque empezaron a retirarse nazis y fascistas del norte de Italia, particularmente de la llamada República de Saló o República Social Italiana, fundada en 1943 por inspiración de Benito Mussolini.


Pero este año, cuando se celebraba el 74 aniversario de esa retirada, ocurrió un hecho inédito. Un exponente del gobierno italiano, el actual vice primer ministro y ministro del Interior, Matteo Salvini de la derechista Liga, decidió no asistir a ninguna de estas celebraciones que se hicieron en el país, argumentando que tenía otras cosas que hacer. Y esa otra cosa era la inauguración de una nueva jefatura de policía en Corleone, un pueblito de Sicilia tristemente célebre por el poder que en algún momento tuvo allí la mafia siciliana o Cosa Nostra. La actitud de Salvini, calificada como un desaire y un ataque a la historia de Italia y para los sobrevivientes de campos de concentración y todos los que murieron allí y en la guerra, fue justificada por el ministro diciendo que “fascismo y comunismo no volverán nunca más” mientras “hoy los peligros reales son la mafia y el terrorismo”. Por eso fue a inaugurar la nueva comisaría.


Salvini, que se la pasa hablando de los peligros que significan para Italia la llegada de inmigrantes, esta vez puso su dedo acusador contra las mafias, cosa que evidentemente le pareció más conveniente en este momento para ofuscar la derrota del fascismo. Pero él raramente menciona en sus discursos a las tres mafias principales de Italia –Cosa Nostra de Sicilia, ‘Ndrangheta de Calabria y la Camorra de Nápoles– que son realmente peligrosas y significan un poder económico y de influencias muy difundido gracias al tráfico de drogas –especialmente cocaína de América latina– , a las coimas, a la corrupción en general, a las inversiones que hacen para blanquear sus capitales ilegales, entre otras cosas. Estas mafias –algunas de las cuales existen desde fines de 1800– han sobrevivido a todos los gobiernos y son un peligro real para el país, no los inmigrantes, como Salvini en cambio le hace creer a la gente ingenua cada día. El ministro del Interior Salvini, por lo demás, no ha tomado medidas importantes contra estas mafias hasta ahora.


En cuanto al 25 de abril, no fue sólo Salvini el que no participó de la conmemoración. Tampoco se vieron en las decenas de actos a lo largo y ancho del país, los demás ministros de la Liga que forman parte del actual gobierno. Y todo esto llevó a una lectura muy clara de parte de los analistas, que atribuyeron a Salvini la “magia” de haber hecho revivir en muchos la añoranza del fascismo y el deseo de no reconocer el 25 de abril como un triunfo.


De hecho, grupos de neofascistas hicieron una breve manifestación el 24 de abril en Milán, a dos pasos de Piazzale Loreto -un lugar simbólico de la Segunda Guerra porque en 1944 fueron fusilados allí por los fascistas, 15 miembros de la Resistencia, y en 1945, fueron expuestos en el mismos lugar los cuerpos asesinados de Mussolini y otros 18 dirigentes de su gobierno- desplegando un cartelón de varios metros que decía “Honor a Benito Mussolini” y cantando consignas fascistas. El hecho duró pocos minutos pero fue lo suficientemente impresionante como para ser publicado por todos los medios. Otras manifestaciones similares, aunque de menor envergadura, produjeron los neofascistas en otras ciudades.


Ante estos hechos, el discurso que el presidente de la República Sergio Mattarella hizo en el acto conmemorativo en Vittorio Veneto (norte de Italia) fue claro y significativo. “Festejar la 25 de abril significa celebrar el retorno de Italia a la libertad y la democracia después de 20 años de dictadura, de privación de las libertades fundamentales, de opresión y persecuciones. Significa recordar el fin de una guerra injusta, trágicamente combatida al lado de Hitler. Una guerra desencadenada para afirmar la tiranía, la voluntad de dominio, la superioridad de la raza, el exterminio sistemático”, dijo. La Resistencia y la liberación del nazifascismo representa para Italia “un nuevo renacimiento” en el cual la nación “ha re-encontrado su propia dignidad”, agregó.


Las ceremonias de conmemoración el 25 de abril empezaron temprano este jueves y la primera de ellas fue la colocación de una corona de laureles por parte del presidente Mattarella en la tumba al soldado desconocido en el Altar de la Patria, ubicado en el centro de Roma. El presidente luego viajó a Vittorio Veneto. “La Resistencia es un fecundo depósito de valores morales y civiles. Nos enseña que hoy como entonces, hay necesidad de mujeres y hombres libres y orgullosos que no bajen la cabeza frente a quien con la violencia, con el terrorismo, con el fanatismo religioso, quisiera volver a épocas oscuras imponiéndonos un destino de terror y odio”, añadió Mattarella en el acto de Vittorio Veneto. “El 25 de abril vio la luz una Italia que repudia la guerra y se compromete activamente por la paz”, concluyó. Una Italia que pone sus cimientos en la dignidad humana, el respeto de los derechos políticos y sociales, el repudio del racismo y de las discriminaciones. No fue así en las dos décadas fascistas”.


Junto al presidente en el Altar de la Patria estuvo presente la alcaldesa de Roma, Virginia Raggi (M5S) el primer ministro Giuseppe Conte, quien después se dirigió a las Fosas Ardeatinas, el lugar donde fueron fusilados por los nazis 335 personas inocentes el 24 de marzo de 1944, como venganza por la muerte de 33 soldados alemanes el día antes en un atentado en las calles de Roma. De esta matanza de inocentes participó el agente de la Gestapo Erich Priebke, que vivió varias décadas en Bariloche, escapando de la persecución, pero que en 1994 fue descubierto y poco después extraditado de Argentina a Italia, donde fue procesado y condenado a la cárcel de por vida. Murió en 2013.


A diferencia de Salvini y los suyos, el otro viceprimer ministro y exponente del Movimiento Cinco Estrellas (M5S), Luigi Di Maio, decidió ponerse del lado de la Resistencia, es decir de los que resistieron a la dominación nazi-fascista. Di Maio, que es también ministro de Trabajo, participó de las celebraciones organizadas por la Comunidad Judía en la sinagoga de Roma, un inmenso templo ubicado frente al río Tíber, junto al Ministro de Justicia, Alfonso Bonafede, también él del M5S. “El coraje no tiene un color político –dijo Di Maio–. Por lo cual hoy damos el justo, merecido y sentido agradecimiento a quien ha tenido el coraje de oponerse, sacrificando la propia vida, a algo terriblemente equivocado como el nazi-fascismo”.

Pese al amenazador acto del miércoles de los neofascistas en Milán –muchos de ellos pertenecientes a furiosos grupos de hinchas de fútbol–, marchas de militantes y simples ciudadanos antifascistas se llevaron a cabo en todo el país, levantando carteles con leyendas como “Hoy como ayer, antifascistas”, “La Resistencia no ha terminado. Levanta tu cabeza y lucha por la vida”, “Combate el miedo. Destruye el fascismo”. Más de 70.000 participaron en la marcha organizada en Milán por el ANPI (Asociación Nacional de Partisanos de Italia) mientras en Bolonia, se repartió pan mientras se marchaba, en solidaridad con los pobres e inmigrantes, mientras un coro de niños cantaba canciones de la Resistencia.

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Identifican fósiles del mamífero más grande que ha pisado la Tierra

Llamado Simbakubwa, sus restos, de 23 millones de años de antigüedad, fueron hallados en Kenia y atribuidos a una especie más pequeña


Era como un león, pero siete veces más grande, y gracias a las investigaciones sobre los restos hallados en Kenia, de 23 millones de años de antigüedad, los paleontólogos por fin han podido bautizarlo: Simbakubwa kutokaafrika (Gran león de África), uno de los mayores mamíferos que jamás haya pisado la Tierra.


El león pesaba unos mil 500 kilogramos y era capaz de atacar a animales de la talla de elefantes e hipopótamos, según los resultados de la investigación publicada este jueves en el Journal of Vertebrate Paleontology.


Los restos hallados son un fragmento de su mandíbula inferior, que contiene un diente canino, un premolar y un molar, entre otros, así como diversos huesos.


“Teniendo en cuenta el tamaño de los dientes, Simbakubwa era un hipercarnívoro”, explicó Matthew Borths, de la universidad estadunidense de Duke y autor principal del estudio.
Esos restos fueron hallados hace décadas, y atribuidos durante todos esos años a una especie más pequeña, el Hyainailouros napakensis.


Estaban depositados en el Museo Nacional de Nairobi. Según las más recientes investigaciones, que permitieron determinar que era otra especie, el animal murió relativamente joven, y su mandíbula es mucho más grande que la de un león de talla adulta actual.


Con sus caninos podía desgarrar carne, y sus molares le permitían romper huesos, señaló un comunicado que hace un resumen del estudio.
Simbakubwa vivió hace 23 millones de años, al inicio del periodo Mioceno. Las condiciones que permitían la existencia de animales de ese tamaño se prolongaron durante millones de años, precisaron los investigadores.

Jueves, 18 Abril 2019 07:05

Erotizar y liberar la sociedad.

Erotizar y liberar la sociedad.

Recordando a Marcuse 40 años después de su muerte.

 

A Rubén Jaramillo Vélez, introductor de la Escuela de Frankfurt en Colombia.

 

Hace 40 años, en 1979, falleció el pensador alemán Herbert Marcuse. No sólo fue uno de los filósofos más importantes de la llamada primera generación de la Escuela de Frankfurt, sino uno de los autores que inspiraron la Revolución de mayo del 68 en Francia. En esta nota recordamos su legado.

 

En una carta del 12 de mayo de 1948 Herbert Marcuse le escribía a Heidegger: “sería imposible explicar el hecho de que un hombre como tú, capaz de comprender la filosofía occidental como ningún otro, pudiera ver en el nazismo una renovación espiritual de la vida en su completud”. Este malestar de Marcuse con el autor de Ser y tiempo por su affaire con el nazismo, nos lleva 20 años atrás cuando Marcuse lo conoció en Friburgo, y cuando embrujado por Ser y tiempo- como muchos otros- veía de manera positiva la analítica de la existencia heideggeriana.


Ya en los años treinta, Marcuse pensó en realizar su habilitación docente con su investigación La ontología de Hegel y la fundamentación de una teoría de la historicidad, y si bien él mismo había desechado la posibilidad de ser profesor, luego salió a la luz que Heidegger “bloqueó la habilitación docente de Marcuse”, como lo trae a colación Rolf Wiggerhaus en su monumental La Escuela de Fráncfort. A decir verdad, Marcuse tras conocer y estudiar la primera edición de los Manuscritos económico-filosóficos de Marx, en 1932, ya había iniciado la separación teórica de Heidegger, pues consideraba que su lectura no profundizaba en las condiciones históricas concretas en las cuales existe el individuo. En pocas palabras, que a su analítica de la existencia le faltaba concreción.


Desde esa época Marcuse mantuvo un vivo interés por el pensamiento de Hegel, de Marx, al cual sumó su pasión crítica por Freud. Esto se verá en dos de las obras más importantes del pensador berlinés. En efecto, en 1941 apareció en inglés publicada la obra Razón y revolución. Hegel y el surgimiento de la teoría social. En ella se encuentra no sólo una de las mejores exposiciones del pensamiento de Hegel, sino algunos de los motivos que acompañarán su pensamiento posterior: la idea de la abolición del trabajo, que él analiza en Marx, y su crítica del totalitarismo social. Frente a esto último decía: “la forma de sociedad existente logra un orden universal sólo a través de la negación del individuo” y “el ataque al pensamiento crítico independiente forma parte del control totalitario”.
En Razón y revolución Marcuse sostiene: “el más alto grado de desarrollo de las fuerzas productivas coincide con el más alto grado de opresión y de miseria”. Y es justamente la certeza de que el alto grado de productividad de la sociedad capitalista, junto a fenómenos como la automatización de la producción, pueden satisfacer las necesidades humanas y favorecer el tránsito hacia una sociedad sin represión, donde el ser humano pueda desarrollar todas sus potencialidades y realizar su libertad plena. Ésta idea es desarrollada en su magnífico libro Eros y civilización. Una investigación filosófica sobre Freud de 1953.


Este libro, considerado por el propio autor como una contribución a la filosofía del psicoanálisis parte de la tesis de Freud según la cual la civilización se basa necesariamente en la represión de los instintos. Esa represión constante es la que produce el malestar en la cultura. Sin embargo, la tesis que sostiene Marcuse, es que es posible ir más allá de Freud, y postular una civilización que permita la liberación del principio del placer- subyugado por el capitalismo industrial avanzado-, y elimine la represión excedente (lo que implica conservar un mínimo de represión necesaria, aspecto que, como he mostrado en mi texto Crítica, psicoanálisis y emancipación. El pensamiento político de Herbert Marcuse, es uno de los más problemáticos de su planteamiento). ¿Cómo se logra esto? Marcuse cree que el capitalismo que ha sometido la libido y la ha puesto al servicio del trabajo, de las actividades útiles y productivas, minando a la vez la libertad del hombre e impidiendo la felicidad humana, contiene en sí mismo las posibilidades de emancipación y liberación. La respuesta está en la automatización: “la automatización amenaza con hacer posible la inversión de la relación entre el tiempo libre y el tiempo de trabajo, sobre la que descansa la civilización establecida, creando la posibilidad de que el tiempo de trabajo llegue a ser marginal y el tiempo libre llegue a ser tiempo completo”.


De tal manera que la alta productividad y la automatización permitiría la creación de una sociedad del tiempo libre donde el hombre puede tener todas las necesidades satisfechas, por consiguiente, la represión se torna innecesaria. De esta forma, se produciría una liberación del cuerpo reprimido, se posibilitaría la liberación de las energías sexuales, la erotización de todo el cuerpo más allá de la genitalidad, y la liberación de la sensualidad y de la naturaleza de la lógica del dominio instrumental.


Desde luego, esta transformación implica crear nuevos valores y formas de vida, a la vez que exige una conversión de la racionalidad tecnológica en una nueva racionalidad científica y de la gratificación. Se hace necesaria una “razón libidinal” que transforme el trabajo en juego y “organizar la producción y la distribución de tal manera que se emplee el menor tiempo posible para poner todas las necesidades al alcance de todos los miembros de la sociedad”.


Marcuse postuló estas cuestiones sólo en el campo teórico, pero estaba consciente de que eran posibles de acuerdo a las tendencias del capitalismo de su época. Hoy sabemos que muchas de sus ideas son realizables, al menos parcialmente: el actual capitalismo tiene un alto desarrollo técnico, una alta productividad y cada vez más sectores de la producción se automatizan sustituyendo al ser humano, de ahí que el desempleo parece una tendencia inevitable de la actual civilización. En estas condiciones, es posible reducir las horas de trabajo a la semana a unas 25 o 30 horas, reducciones que ya se han iniciado en los países del Norte de Europa. Desde luego, realizar las ideas de Marcuse requiere también una necesaria redistribución de la riqueza, la eliminación de la pobreza y la satisfacción de las necesidades básicas.


Es, realmente, en los años sesenta cuando Marcuse logra un gran reconocimiento. La publicación en 1964 de su libro El hombre unidimensional le dio fama mundial. En este libro, y teniendo en mente sobre todo la sociedad americana, describe lo que él llama la Sociedad Industrial Avanzada, como una sociedad de la administración total sobre la vida, con un alto nivel productivo, pero, ante todo, como un orden que logra minar y contener las posibilidades de liberación desatadas por el mismo sistema. En este sentido, la sociedad unidimensional elimina cualquier oposición política a la misma, integra al individuo, le crea falsas necesidades y organiza su libertad, de tal manera que éste llega a sentirse verdaderamente libre. Desde luego, es una libertad ilusoria, pues “la libre elección de amos, no suprime ni a los amos ni a los esclavos”. Esta sociedad también manipula el arte y pone la cultura al servicio de la sociedad represiva existente. Ya desde los años 30 Marcuse había hablado el “carácter afirmativo de la cultura”, con lo cual sentaba parte de las bases de la crítica de las “industrias culturales” que realizaron Adorno y Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración. Son con estos dispositivos como la sociedad crea un hombre unidimensional, plenamente adaptado y con una aparente “conciencia feliz”.


Uno de los análisis más interesantes y vigentes que hace Marcuse en este libro es el del “lenguaje funcionalizado”. Allí sentenció: “Orwell predijo hace mucho que la posibilidad de que un partido político que trabaja para la defensa y el crecimiento del capitalismo fuera llamado ‘socialista’, un gobierno despótico ‘democrático’, y una elección dirigida ‘libre’, llegaría a ser una forma lingüística y política familiar”. En este lenguaje, la guerra se convierte en paz, el terrorismo internacional de los Estados en ayuda humanitaria, el desplazamiento en migración interna, una reforma tributaria en ley de financiamiento, etc. Es decir, el lenguaje empieza a formar parte de la manipulación política, se convierte en un general que das órdenes. Por eso, dijo Marcuse, los “mass-media” constituyen la “mediación entre sus amos y los servidores”.


El lenguaje se torna, entonces, en un arma de guerra contra las posibilidades de cambio y en un instrumento de control y manipulación mental. Igualmente, el uso de siglas oculta el contenido, la utilización reiterada de un adjetivo al lado de un sustantivo esconde los otros significados del sustantivo, por ejemplo, en la expresión seguridad democrática la gente olvida que toda seguridad implica algo de represión y vigilancia, y la hace ver como si fuera un acuerdo, un consenso, de todos. En fin, lo que enseña Marcuse- mucho antes que Ernesto Laclau- es que los conceptos, y los universales, como libertad, igualdad, etc., son campos de batallas, de lucha política.


Fue en El hombre unidimensional donde Marcuse mostró que el proletariado había sido integrado a la sociedad, razón por la cual ya no era una clase revolucionaria. Ahora la revolución requería de la participación de los proscritos, los extraños, los nuevos ‘bárbaros’ de la sociedad, es decir, de todos aquellos que no había sido cooptados por el sistema: los explotados, “y los perseguidos de otras razas, y de otros colores, los parados y los que no pueden ser empleados […] su vida es la necesidad más inmediata y la más real para poner fin a instituciones y condiciones intolerables”. De esta manera, ambientalistas, jóvenes, intelectuales, estudiantes, hippies, mujeres, negros, desempleados, inmigrantes, pasaron a formar parte del sujeto revolucionario; ellos eran, en sí mismos, proyectiles contra la sociedad represiva. Hay que aclarar, sin embargo, contra lecturas reduccionistas, que Marcuse nunca prescindió de la clase obrera como sujeto para la revolución: él simplemente ensanchó la base social de la misma y ahora la revolución la deben hacer “todas las clases dependientes contra el capital”, o lo que él llamó “la Nueva Izquierda”. Así aparece en su texto Contrarrevolución y revuelta de 1972, donde sostiene: “mi deseo es que este libro sea ampliamente leído. Para mí significa una rectificación necesaria de mi obra”.


Por eso, el cuestionamiento que Marcuse hizo al uso de los instintos sexuales en la monogamia, para la procreación; el llamado a la erotización de la sociedad, su apuesta por una liberación de la naturaleza, el rescate de la fantasía, la imaginación, la sensualidad; así como la convicción de que los estudiantes eran la negación erótico-política de la sociedad capitalista, cristalizaron en la revolución de mayo del 68 donde Marcuse fue, junto a Sartre, Marx, Mao Zedong, un referente fundamental. Mayo del 68 convirtió a Marcuse en un “ídolo de estudiantes en rebelión”, según dice el citado Rolf Wiggerhaus.


Por mi parte, creo que de los autores de la primera Escuela de Frankfurt fue Marcuse el que mantuvo un mayor compromiso político hasta el final de su vida. No dio virajes hacia la teología como Horkheimer, ni se centró en la estética como Theodor Adorno. Fue fiel a sus intuiciones iniciales y mantuvo la convicción de que “la historia es el reino de la posibilidad en el reino de la necesidad”. Por eso, hoy cuarenta años después de su fenecimiento físico, vale la pena retomar parte de su obra y ponerla a hablar con la contemporaneidad.

Por: Damián Pachón Soto

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Los dientes de 'Homo luzonensis' hallados en la cueva de Callao (Filipinas) CALLAO CAVE ARCHAEOLOGY PROJECT

Descubierto el 'Homo luzonensis', un misterioso homínido que vivió hace 67.000 años

La cueva de Callao, en Filipinas, es una enorme cavidad con siete cámaras, pero lo más interesante está muy cerca de la entrada. Allí se han desenterrado 13 huesos y dientes que, según sus descubridores, pertenecen a un nuevo miembro de nuestro propio género al que han bautizado Homo Luzonensis y que vivió hace al menos 67.000 años en la isla de Luzón.


El hallazgo obliga a cambiar los libros de texto —otra vez—, pues la lista de miembros del género Homo que habitaban la Tierra en este periodo pasa de los cinco conocidos (neandertales, denisovanos, hobbits de Flores, erectus y sapiens), a seis.


Todos estos homininos son una familia variopinta de primates unidos por lazos de parentesco más recientes que con los otros homínidos vivos, como los chimpancés o los bonobos. Cada uno representó un experimento evolutivo más o menos exitoso. Todos se han extinguido menos uno, el Homo sapiens, quien cada vez que encuentra un nuevo pariente se pregunta por qué ellos desaparecieron y nosotros no.


El humano de Luzón es un enigma. Es imposible saber cómo era su rostro, pues no hay fragmentos de cráneo, ni qué estatura tenía, porque el único hueso disponible que podía tallarle, el fémur de un muslo, está partido. Los restos hallados, el primero una falange hallada en 2007 que data de hace 67.000 años, y el resto hallados entre 2011 y 2015 con una antigüedad de al menos 50.000 años, pertenecieron a dos adultos y un niño. Sus dientes, dos premolares y tres molares, son muy pequeños, parecidos a los de un humano actual o a los del Homo floresiensis, el hominino asiático de un metro de estatura y cerebro de chimpancé que vivió en la isla indonesia de Flores en la misma época. En cambio, los huesos de manos y pies son mucho más primitivos, comparables a los de los australopitecos que vivían en África dos millones de años antes y cuyas extremidades estaban adaptadas para vivir colgados de los árboles.


“Si miras cada uno de estos rasgos por separado los encontrarás en una u otra especie de Homo, pero si coges el paquete completo no hay nada similar, por eso esta es una nueva especie”, explica Florent Détroit, paleoantropólogo del Museo Nacional de Historia Natural de París y coautor del estudio que describe la nueva especie, publicado este miércoles por la revista científica Nature. Ha sido imposible extraer ADN de los restos, lo que aumenta el misterio sobre su origen.


“Este hallazgo va a generar un enorme debate”, opina el paleoantropólogo del CSIC Antonio Rosas. “No es fácil evaluarlo porque hay muy pocos fósiles, pero hay base para proponer que sea una nueva especie. Lo que está claro es que ratifica que la diversidad de nuestro género es increíble y está en la antítesis de ese modelo lineal que representa a una especie de primate tras otra hasta culminar en los sapiens”, señala. Para Rosas lo más importante es que esta especie demuestra un camino alternativo de evolución al nuestro caracterizado por el aislamiento.


Luzón ha estado rodeada por mar desde hace dos millones y medio de años. El humano hallado en la cueva de Callao tuvo que cruzarlo, nadie sabe cómo. Es lo mismo que hizo el hombre de Flores para llegar a su propia isla, donde fabricaba herramientas de piedra tan sofisticadas como las de los sapiens. En Cagayan, un valle cercano a la cueva filipina, se han hallado herramientas de piedra que delatan la presencia de homininos hace al menos 700.000 años, por lo que es posible que se tratase de los luzonensis. Es en este punto se abren al menos tres diferentes posibilidades sobre su origen.
La más plausible es que esta especie descienda del Homo erectus, el primer hominino que salió de África y pobló Asia hace 1,8 millones de años. Todos los humanos actuales venimos de otra oleada de Homo sapiens muy posterior que salieron de África hace unos 70.000 años.


El luzonensis sería un descendiente de los erectus que llegaron a lo que hoy esChina. Al igual que su congénere de Flores habría evolucionado durante decenas de miles de años aislado con las presiones evolutivas que eso supone, lo que posiblemente le transformó en un humano de dimensiones más pequeñas que sus ancestros. Esta posibilidad la apoya el tamaño de los dientes y también el del metatarso de la mano, cuyas dimensiones coinciden con las de los negritos —explica Détroit—, humanos actuales que viven en Filipinas, Malasia y las islas Andamán que no suelen superar el metro y medio de estatura. Es este un dato inquietante si se suma otra evidencia reciente: los jarawa de Andamán tienen un 1% de ADN de otra especie de Homo sin identificar, fruto de un cruce hace miles de años.

La segunda opción es que luzonensis provenga de una oleada que salió de África antes que erectus, posiblemente de australopitecos. No hay fósiles para sostener esta hipótesis, pero puede argumentarse por la morfología frankensteiniana del luzonensis. Una tercera opción, defendida por Chris Stringer, investigador del Museo de Historia Natural de Londres, es que los Homo de Luzón y Flores descienden de un antepasado común local que surgió en la isla de Sulawesi, donde se han hallado herramientas de piedra de unos 110.000 años.


El polémico paleoantropólogo estadounidense Erik Trinkaus opina que ninguna de las opciones es plausible y asegura que luzonensis era un individuo enfermo, lo mismo que se dijo en su día del hobbit de Flores. “Es una rareza que debe ser considerada en el contexto del Pleistoceno, en el que eran muy abundantes las malformaciones”, explica. Puede que no sea algo tan descabellado dado el nuevo paradigma desvelado por la genética en el que neandertales, sapiens y denisovanos se cruzaron y tuvieron hijos fértiles. “El debate está demasiado polarizado, no creo que el Homo floresiensis sea un Homo sapiens patológico, pero sí que tiene patologías, algo que tampoco es de extrañar si estás hablando de una población aislada, con altos niveles de endogamia y que sufre además un proceso de enanismo insular que afecta a procesos de crecimiento general, sobre todo cuando se ha visto que las hibridaciones entre especies producen patologías”, apunta María Martinón, directora del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana.


Los hobbits de Flores desaparecieron hace 50.000 años, justo cuando el Homo sapiens llegó a Asia. La mayoría de los restos óseos de luzonensis tienen justo esa antigüedad mínima, lo que abre un último misterio sobre si los sapiens tuvieron algo que ver en la desaparición de estos dos parientes lejanos que ya no están aquí para explicar su historia.

Por NUÑO DOMÍNGUEZ
10 ABR 2019 - 16:45 COT

 

¿En la era del perdón o de la agresión?

Las reclamaciones de disculpa y de indemnización por atrocidades cometidas en las relaciones entre pueblos o países fueron frecuentes a lo largo del siglo XX. Son ejemplo de ello las iniciativas de Alemania en el caso del holocausto y de Estados Unidos en el caso de los japoneses estadounidenses presos durante la Segunda Guerra Mundial. El siglo XXI ha sido particularmente insistente en la exigencia (no siempre atendida) de reclamaciones de disculpa por crímenes, atrocidades y violencias cometidas en el pasado más o menos lejano en el contexto del colonialismo europeo.

En ocasiones, las reclamaciones de disculpa se acompañan de la solicitud de reparaciones o indemnizaciones. He aquí algunos ejemplos. En 2004, el Gobierno alemán reconoció la atrocidad cometida contra el pueblo de Namibia, el genocidio de 65.000 personas de etnia herero que se habían rebelado contra el colonizador en 1904. En 2018, el gobierno de Namibia exigía la solicitud formal de disculpas y la reparación financiera por el mal cometido, lo que fue rechazado por el gobierno alemán. En 2008, en visita a Libia, el por entonces primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, pidió formalmente disculpas al pueblo libio por las "profundas heridas" causadas por los treinta años de la colonización italiana y prometió una inversión de 5000 millones de dólares como compensación. Poco tiempo después, Libia era invadida y destruida por las "fuerzas aliadas" de las que Italia formaba parte. En 2014, la Comunidad del Caribe aprobó una propuesta de la Comisión de Reparaciones a fin de impartir justicia a las víctimas del genocidio, la esclavitud, el tráfico de esclavos y el apartheid racial considerados por la Comisión como crímenes contra la humanidad. La propuesta estaba dirigida a los principales países esclavistas en la región (Holanda, Reino Unido y Francia), pero abarcaba potencialmente a otros países. Se trataba de una propuesta muy amplia que incorporaba un plan de acción con las siguientes dimensiones: perdón formal, repatriación, programa de desarrollo de los pueblos nativos, instituciones culturales, salud pública, erradicación del analfabetismo,programa de promoción de los conocimientos africanos, rehabilitación psicológica, transferencia de tecnología. En 2015, en visita a Jamaica, David Cameron, entonces primer ministro de Reino Unido, excluyó cualquier posibilidad de reparación. Dos años antes, el mismo David Cameron, en visita a la India, reconocía que la masacre en 1919 de 1000 indios desarmados que protestaban contra el colonialismo británico había sido "profundamente vergonzosa", pero no pidió formalmente disculpas ni accedió a pagar indemnizaciones. Presionado por una acción judicial, en 2013 Reino Unido accedió a pagar 2600 libras a cada uno de los 5.000 kenianos, integrantes del movimiento Mau Mau, presos y torturados en la década de 1950 por su resistencia contra el colonialismo británico y a "lamentar sinceramente” lo sucedido. Sin embargo, cerca de 44.000 kenianos vienen exigiendo la misma indemnización por los malos tratos recibidos en el periodo colonial. En 2017, Emmanuel Macron, entonces candidato a la presidencia de la república de Francia, reconoció que la colonización de Argelia había sido un crimen contra la humanidad.


Más recientemente, al señalar los quinientos años de la colonización de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador solicitó al rey de España y al papa que pidieran formalmente disculpas por las atrocidades cometidas contra los pueblos indígenas durante el periodo colonial, comprometiéndose a hacer lo mismo como descendiente de los colonizadores. La petición fue terminantemente rechazada por el Estado español, pero el Gobierno de Cataluña se apresuró a reconocer los abusos, las muertes de millones de personas y la destrucción de culturas enteras cometidas por el colonialismo español. Más recientemente aún, el pasado 4 de abril, el Gobierno belga pidió disculpas a los "mestizos belgas", miles de niños hijos de padre belga y madre congoleña, nacidos al final de la colonización belga (entre 1940 y 1950), que fueron sustraídos a las familias e internados compulsivamente en orfanatos y a veces enviados a Bélgica.


¿Cuál es el significado de este movimiento de justicia histórica que, de hecho, se ha ramificado? En la actualidad incluye la reclamación de la devolución de los objetos de arte traídos (¿con qué derecho?) de las colonias europeas y exhibidos en los museos del Norte global. También incluye la devolución de tierras, por ejemplo, en Zimbabue y más recientemente en Sudáfrica con referencia al periodo del apartheid, una forma específica de colonialismo, y también en Australia. Los argumentos jurídicos o éticos en uno u otro sentido no parecen servir de mucho. Obviamente no se trata de encontrar razones para responsabilizar a las generaciones actuales de los países colonizadores por los crímenes que han cometido. El problema es político y emerge como resultado de un conjunto de factores de los cuales el más importante es la coexistencia de la independencia política con la continuidad de la dependencia colonial. Las luchas de liberación colonial en América Latina (siglo XIX) y en África y Asia (siglo XX) tenían por objetivo luchar por la justicia histórica, devolver los territorios a sus pueblos y permitirles construir un futuro propio.


Lo cierto es que nada de esto sucedió, como quedó patente de la manera más dramática en la primera liberación colonial, la de Haití, en 1804. Las condiciones impuestas a los esclavos liberados para superar el aislamiento internacional al que se vieron sometidos fueron brutales (tan brutales como las condiciones del ajuste estructural que el FMI sigue imponiendo impunemente en el Sur global) y el resultado es bien patente en el Haití de hoy. Kwame Nkrumah, primer presidente de Ghana, denunció brillantemente la continuidad de la dependencia colonial en 1965 al acuñar el término neocolonialismo, una realidad tan vigente entonces como hoy. El pillaje de los recursos naturales que caracterizó al colonialismo continúa hoy, llevado a cabo por empresas multinacionales del Norte global con la complicidad de las élites locales que, en el caso de América Latina, son descendientes de los colonos. La reclamación de la justicia histórica no es más que una forma adicional de legitimar la lucha contra la injusticia y la desigualdad que siguen caracterizando las relaciones entre los países centrales y los países periféricos. Y cuando la respuesta se traduce en meras reclamaciones de disculpa, sean estas aceptadas o no, no pasan de rituales legitimadores de quien los exige o acepta para que todo siga igual. Es decir, el colonialismo no terminó con las independencias políticas. Terminó solo el colonialismo de ocupación territorial por una potencia extranjera. No obstante, continúa hoy bajo otras formas, algunas más brutales que las del colonialismo histórico. Tal y como la esclavitud continúa hoy bajo la forma vergonzosa del "trabajo análogo al trabajo esclavo", para usar la terminología de la ONU, el colonialismo continúa hoy no solo en forma de dependencia económica, sino también en forma de racismo, xenofobia, apartheid racial, brutalidad policial contra la juventud negra, islamofobia, "crisis de los refugiados", "guerra contra el terrorismo", asesinatos de líderes sociales en lucha por la defensa de sus territorios contra la invasión de las empresas mineras, de extracción de madera o de agricultura industrial, desastres ambientales contra poblaciones desechables, viviendo en lugares asumidos como "zonas de sacrificio", etc.


En el caso de América latina, en el que las independencias fueron conquistadas por los descendientes de los colonizadores, la continuidad del colonialismo asumió una forma específica, el colonialismo interno al que fueron sometidos los pueblos indígenas y los pueblos de matriz africana, descendientes de esclavizados. Los "modelos de desarrollo" de los últimos 150 años han ignorado sistemáticamente los intereses, las aspiraciones y las culturas de estos pueblos.


Si López Obrador insiste en cualquier variante de estos modelos no puede sorprenderse si, en lugar de disculpas, los pueblos indígenas le exigen respeto efectivo por sus culturas y territorios, así como el abandono de megaproyectos y de políticas neoextractivistas una vez rechazados por las poblaciones después de ser previamente consultadas de manera informada y de buena fe. Al reclamar disculpas al colonizador y al comprometerse su gobierno en el mismo proceso, López Obrador trae algo nuevo a la polémica sobre la justicia histórica. Asume la estatura de una sinceridad política trágica en el sentido de la tragedia griega. Se mueve en el filo de una navaja que lo puede desequilibrar hacia la caída en el propio movimiento de levantarse. Sabe, quizá mejor que nadie, que presenta hoy el máximo de conciencia social posible de un modelo de desarrollo de vocación antisocial destinado a crear rentabilidades que en gran proporción irán a los bolsillos de intereses capitalistas globales. Sabe que el capitalismo de hoy, dominado por el capital financiero, solo acepta negociar los términos del saqueo si el pillaje no se cuestiona. Sabe que, con una u otra variante, este modelo fracasó en otros países de América Latina en tiempos muy recientes (Brasil, Argentina, Ecuador, Venezuela). Tiene al norte un muro imperial, vergonzoso, demasiado sólido para derretirse con la sangre de quien intenta pasar a través de él. En él está depositada la esperanza que queda en un continente desgarrado por el imperialismo estadounidense y europeo con la complicidad de las élites locales que nunca toleraron que las clases populares, los de abajo, soñaran con el fin del colonialismo. En estas condiciones, quien es responsable de la esperanza lo es también de la frustración. La respuesta del rey de España no fue un buen presagio. Pero también es verdad que de un rey de nada no se puede esperar todo.

Traducción de Antoni Aguiló

 

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