Racismo en EE.UU.: una historia de dos Kings

Si Martin Luther King Jr. estuviera vivo, el martes pasado habría cumplido 90 años. Lamentablemente, fue abatido por la bala de un asesino en la terrible fecha del 4 de abril de 1968. Tras una prolongada lucha, finalmente en 1986 se estableció el día de su nacimiento como feriado nacional. Muchos estados, como Nuevo Hampshire, Carolina del Sur, Arizona y otros más, retrasaron la implementación del feriado, lo cual expuso la vigencia del problema del racismo institucional.

Esta semana, justo cuando se conmemoraba otro aniversario del nacimiento de Martin Luther King Jr., otro King captó la atención pública: Steve King, un congresista republicano racista del estado de Iowa. Este King sumó una nueva declaración a su extensa lista de comentarios racistas, cuando dijo en una entrevista concedida al periódico The New York Times la semana pasada: “Nacionalista blanco, supremacista blanco, civilización occidental. ¿En qué momento esas palabras comenzaron a ser ofensivas?”. Al comentar sobre la diversidad de la composición del nuevo Congreso estadounidense, agregó: “Podrías observar al Partido Demócrata y pensar que en este país no hay lugar para los hombres blancos”. Sus declaraciones provocaron una violenta reacción en su propio partido, que lo despojó de sus funciones en diferentes comités parlamentarios. Algunos miembros republicanos del Congreso, junto con varios integrantes demócratas, están demandando su renuncia, al igual que los consejos editoriales de destacados periódicos de Iowa.


La Cámara de Representantes de Estados Unidos, ahora con mayoría demócrata, aprobó una resolución —en el aniversario del nacimiento de Martin Luther King Jr.— que rechaza el uso de los términos “nacionalismo blanco y supremacía blanca por ser expresiones de odio e intolerancia”. Si bien se hace mención a los comentarios de Steve King reflejados en el periódico The New York Times, no se lo condena expresamente, ni tampoco a sus palabras. La resolución fue aprobada por 424 votos a favor y uno en contra. El propio Steve King votó a favor.


Ese solitario voto en contra fue emitido por el demócrata de Illinois Bobby Rush, uno de los miembros más veteranos del Bloque Afroestadounidense del Congreso. Rush participó activamente en el Comité Coordinador Estudiantil No Violento durante la lucha por los derechos civiles en la década de 1960, y fue cofundador de la sección regional de las Panteras Negras en Illinois, en 1968. Rush declaró: “Esta resolución solo ratifica lo obvio. No aborda el racismo violento, virulento y rabioso de Steve King. Esta resolución demócrata es un insulto al legado de Martin Luther King Jr., en el marco del aniversario de su nacimiento. Debemos llevar adelante un voto de censura… para castigarlo por su intolerancia y su racismo”.
Mientras la carrera política de Steve King se derrumba bajo el peso de su racismo, el silencio del presidente Donald Trump sobre el congresista de Iowa resulta ensordecedor. Cuando se le preguntó sobre el congresista King en el jardín de la Casa Blanca este fin de semana, Trump, un consumidor notoriamente voraz de las noticias por cable, afirmó: “No lo estuve siguiendo. Realmente no lo estuve siguiendo”. La respuesta de Trump evoca su campaña presidencial, cuando negó tener conocimiento acerca de uno de sus más prominentes partidarios, David Duke, el ex “gran mago” del Ku Klux Klan. En una entrevista que le hizo Jake Tapper, de la cadena CNN , Trump manifestó: “Solo para que lo entiendas, no sé nada acerca de David Duke, ¿de acuerdo? No sé nada de David Duke. No sé nada de los supremacistas blancos”.


Trump siempre apoyó a Steve King. En un acto político a favor de King en West Des Moines, en 2014, Trump describió a King como “un tipo especial, una persona inteligente con opiniones correctas sobre casi todo”. En 2013, hablando de los jóvenes inmigrantes conocidos como “soñadores”, King expresó: “Por cada alumno ejemplar, hay otros cien que pesan 60 kilos y tienen pantorrillas del tamaño de melones porque transportan unos 35 kilos de marihuana a través del desierto”. Al respaldar la candidatura de Geert Wilders, un político nacionalista blanco de los Países Bajos, King tuiteó: “No podemos restaurar nuestra civilización con los bebés de otra gente”.


Las palabras y acciones racistas de Steve King, como las de uno de sus defensores más poderosos, Donald Trump, están en claro contraste con la visión por la cual Martin Luther King Jr. luchó y murió. El 11 de noviembre de 1959, el reverendo King dio un discurso en la Universidad Estatal de Iowa. Allí afirmó: “El progreso humano no es automático ni inevitable. (…) Incluso una mirada superficial a la historia revela que el avance social no se desliza sobre las ruedas de la inevitabilidad. Cada paso hacia esa meta de la justicia requiere sacrificio, sufrimiento y lucha; requiere los esfuerzos incansables y la preocupación apasionada de personas dedicadas”.


En este 90º aniversario del nacimiento de Martin Luther King Jr., asumamos una vez más el compromiso de erradicar del racismo y la intolerancia; tanto en Iowa como en la Casa Blanca.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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El legado de Rosa Luxemburg a los que aún resisten

Cuando se cumple un siglo del asesinato de la revolucionaria alemana Rosa Luxemburg, de su camarada Karl Liebknecht y decenas de militantes espartaquistas, se está poniendo énfasis en su legado teórico, en las polémicas que mantuvo con la socialdemocracia alemana y europea, en las diferencias que expresó con Lenin y los bolcheviques y en sus aportes al debate sobre economía e imperialismo.


Rosa fue una mujer brillante, con un pensamiento propio, que supo romper con el Partido Socialdemócrata cuando su traición de 1914 al votar los créditos para la guerra, pero también fue capaz de debatir con los bolcheviques sobre su política agraria y acerca de las limitaciones que impuso a la democracia para los trabajadores.


Sería bueno recordar que era implacable en la crítica. En su obra Reforma o Revolución la emprende contra aquellos que se empeñan en reformar el sistema, “en la supresión de los abusos del capitalismo en lugar de la supresión del capitalismo mism”. En ese trabajo, en el que critica frontalmente la política de Eduard Bernstein, principal referente del reformismo que defendía la superación gradual del capitalismo, ataca su abandono de la “teoría del colapso capitalista” que define como “la médula del socialismo científico”. Sin colapso, escribió, es imposible expropiar a la clase capitalista.


Como puede observarse, su pensamiento tiene estricta actualidad. ¿Para qué nos preparamos? Rosa se preparó toda su vida para afrontar la carnicería que supuso la Primera Guerra Mundial, al igual que los bolcheviques y un puñado de rebeldes del mundo. No es una cuestión teórica sino ética. La guerra imperialista era el colapso que los revolucionarios esperaban para lanzarse contra el enemigo.


En La crisis de la socialdemocracia o Folleto Junius, escrito en 1916 al calor de la guerra, dedica sus más de 100 páginas a criticar a la izquierda. ¿Alguien puede pensar que le estaba haciendo el juego a la derecha, como se dice ahora cuando se critica a la izquierda? Horrorizada porque el Partido Socialdemócrata hizo lo contrario de lo que pregonó hasta el día anterior de la votación en el parlamento, señala: “Esta crítica implacable no sólo es una necesidad fundamental, sino también uno de los máximos deberes de la clase obrera”.


Pero el legado central de Rosa Luxemburg no son sus ideas, a veces brillantes, sino su coraje para enfrentar, en soledad, enemigos mucho más poderosos. La revolución de enero de 1919 estaba condenada al fracaso y de hecho fue ahogada en sangre en pocos días. Aunque ni ella, ni Karl Liebknecht, estaban de acuerdo con el levantamiento obrero, no dudaron en ponerse del lado de los trabajadores aún sabiendo el riesgo que corrían. Pura ética. Cero cálculo de conveniencias personales.


El momento determinante de su vida y de sus aportes a las generaciones futuras es, precisamente, el de su asesinato. Rosa muere bajo un gobierno socialdemócrata (el progresismo de la época) de Friedrich Ebert, cuyo ministro de Defensa, Gustav Noske, alentó a los paramilitares de los Freikorps(cuerpos libres) a aplastar a los rebeldes. Ellos fueron los brazos ejecutores del crimen. La socialdemocracia los inspiró y condujo hasta la escena.


Que los Freikorps hayan desaguado con los años en las fuerzas de choque del partido nazi, es lo de menos en esta tremenda deriva. Lo de más es aprender de la historia, decir en voz alta lo que sucedió sin máscaras, para prever lo que puede llegar a sucedernos. Este es el legado fundamental de Rosa, que quisiera sintetizar en dos puntos.


Uno. El progresismo en el poder ha sido responsable de innumerables ataques contra los sectores populares y organizaciones de izquierda. Y sigue siendo. El gobierno de Michelle Bachelet aplicó la ley antiterrorista contra el pueblo mapuche y es responsable del asesinato impune del comunero Matías Catrileo (goo.gl/WxCRT8). Las leyes antiterroristas en Argentina y en Brasil fueron aprobadas por Néstor Kirchner y Dilma Rousseff, en 2007 y 2016, respectivamente. Evo Morales acaba de entregar al ministro italiano, Matteo Salvini, a Cesare Battisti, negándole “el derecho básico a un proceso de extradición en el que se pudiera analizar el caso” (goo.gl/r1RBYQ).


Dos. No creer nunca en los discursos, ni en las declaraciones de arriba, por más circunspectas que sean. Ponerse en el lugar de los de arriba y discernir qué pueden estar planeando para consolidarse en el poder y destruirnos. Si yo fuera el poder, estaría planificando cómo destruir la resistencia de los pueblos originarios, asestándoles golpes mortales, como antes se hizo con muchos otros movimientos en todo el mundo. El momento de mayor legitimidad del Estado, es el más peligroso para los anticapitalistas.


Los Freikorps están de vuelta, incluso en la muy democrática Alemania (goo.gl/5Au9oq). Se preparan con esmero para el colapso. Vienen por nuestras tierras y territorios. Lo que menos interesa es el color de sus banderas, porque vienen del arriba.

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 Carteles de Rosa Luxemburgo y Lenin en una manifestación en Berlín contra la guerra de Vietnam, el 18 de febrero de 1968. Rogge/ ullstein bild Getty Images

Antimilitarista, defensora de la democracia en el seno de la revolución, está considerada como la dirigente marxista más importante de la historia. Se cumple un siglo de su asesinato, pero su vasta producción teórica sigue viva

En el hotel Eden de Berlín, el soldado Runge le destroza el cráneo y la cara a culatazos; otro militar, también al servicio del capitán Pabst, la remata de un tiro en la nuca. Atan su cadáver a unos sacos con piedras para que pese y no flote, y es arrojado a uno de los canales del río Spree, cerca del puente Cornelio. No aparecerá hasta dos semanas después. El Gobierno del socialdemócrata Friedrich Ebert acababa así con la vida de Rosa Luxemburgo (RL), la más importante dirigente marxista de la historia, antigua militante del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), la líder más significativa de la Liga Espartaquista y fundadora del Partido Comunista de Alemania.


Unos minutos antes, los mismos personajes habían asesinado al principal compañero de RL en su larga marcha. Karl Liebknecht, el único parlamentario que en primera instancia (año 1914) votó en el Reichstag (Parlamento) en contra de los créditos de guerra para financiar la presencia de Alemania en la Primera Guerra Mundial, iba a ser trasladado a la cárcel desde el mismo hotel, pero antes de abandonar el local donde había sido interrogado le dan dos culatazos que lo dejan aturdido y se desmaya; arrastrado hasta un automóvil, es trasladado al Tiergarten, el gran parque berlinés, donde es rematado a sangre fría con disparos de pistola y abandonado en el suelo hasta que alguien lo encuentra. “Intento de fuga”, dirá la nota oficial; la de Luxemburgo rezará: “Linchada por las masas”.


Era la noche del 15 de enero de 1919. Este martes se cumplirá el centenario de la detención y asesinato de los principales líderes de la Liga Espartaquista e iconos históricos de la revolución alemana de 1918-1919, que estalla inmediatamente después de que el Ejército germano fuese derrotado y humillado en la Gran Guerra. RL había pasado los cuatro años largos de la guerra en prisión, después de que en un mitin, en Fráncfort, hubiera pedido a los soldados, con su arrolladora oratoria, que se negasen a combatir, hermanos contra hermanos, y a los trabajadores de su país, que iniciasen una huelga general que se debía contagiar a los trabajadores de los otros países en el bando contrario, para que todos confluyesen bajo la misma bandera más allá de las patrias. Sale de la cárcel a principios de noviembre de 1918 y se une a la oleada revolucionaria que inunda las calles de las principales ciudades y, sobre todo, de Berlín. Dos años antes, en otro mitin, el 1 de mayo de 1916, en medio de la conflagración, Liebknecht finaliza su arenga al grito de “¡Abajo la guerra, abajo el Gobierno!”. También es detenido y pasa en prisión dos años y medio. Sale el 23 de octubre de 1918.


A partir de ese momento, a los dos dirigentes espartaquistas les quedaban apenas dos meses de vida, y dedican sus fuerzas a publicar un periódico (La Bandera Roja) y a fundar el Partido Comunista de Alemania (KPD). Se convierten en objeto del desprecio y del odio de sus antiguos compañeros de la socialdemocracia, que gobernaban en Alemania desde unas semanas antes. Odio mortal. El historiador Sebastian Haffner (La revolución alemana de 1918-1919; Historia Iné¬dita) escribe que el asesinato de RL y de Liebknecht se planeó, como tarde, a principios de diciembre de 1918 y se ejecutó de forma sistemática. Aparecieron carteles en los postes de las calles que decían: “¡Obreros, ciudadanos! ¡A la patria se le acerca el final! ¡Salvadla! Se encuentra amenazada y no desde fuera, sino desde el interior, por la Liga Espartaquista. ¡Matad a sus líderes! ¡Matad a Liebknecht! ¡Entonces tendréis paz, trabajo y pan!”. Firmado: “Los soldados del frente”. A pesar de las generalizadas amenazas, ninguno de los dos abandonó Berlín ni llevaba guardaespaldas; simplemente cambiaban de domicilio.


¿Quiénes fueron los autores intelectuales del asesinato? El protagonista material fue el capitán Pabst (quien décadas más tarde, en 1962, protegido por la prescripción del delito, habló abiertamente de lo sucedido) y su escuadrón de la muerte, pero —según el historiador Haffner— no actuaron como simples ejecutores que obedecían con indiferencia una orden, sino como autores voluntarios y convencidos de lo que hacían. La prensa burguesa y socialdemócrata difundió sin pudor sucesivas incitaciones al asesinato, mientras que los responsables socialdemócratas —Ebert, Noske, Scheidemann…— miraban hacia otro lado y permanecían callados.


Cuando RL y ¬Liebknecht salen de la cárcel, los frentes alemanes de la guerra se van desmoronando y se extiende la desmoralización en las trincheras. El káiser Guillermo II se refugia en Holanda. El mismo día en que RL es liberada, el socialdemócrata Scheidemann proclama la república alemana desde un balcón del Reichstag. Ebert ocupa la presidencia, forma un Consejo de Ministros socialdemócratas moderados y pide al pueblo que abandone las calles y vuelva a la normalidad. El ala mayoritaria del SPD quería la república y las libertades, mientras que los espartaquistas pretendían la revolución proletaria, como indican las proclamas: “Ha pasado la hora de los manifiestos varios, de las resoluciones platónicas y las palabras tonantes. Para la Internacional ha sonado la hora de la acción”. Ambas facciones, reformistas y revolucionarios, lucharán encarnizadamente en las calles de Berlín, a veces edificio por edificio. El Gobierno de Ebert confía la represión de los insurrectos al socialdemócrata moderado Noske, que organiza una fuerza militar en la que permite la integración de los oficiales del antiguo Ejército monárquico. El 13 de enero había sido sofocada la insurrección espartaquista. Dos días después, acaban violentamente con la vida de sus principales líderes.


RL no llegó a cumplir los 50 años. Nacida en la Polonia rusa en el año 1871 en el seno de una familia judía, pronto se dio cuenta de que la lucha por su ideario marxista sería muy reducida si se quedaba en su país y que para tener influencia debía traspasar la frontera de Alemania, donde existía el Partido Socialdemócrata (SPD) más fuerte del mundo. Para ser ciudadana alemana legal, firmó un matrimonio de conveniencia con un socialista alemán, lo que le dio derecho a la nacionalidad de ese país. A partir de ese momento, Alemania fue su principal campo de acción. En el seno de la socialdemocracia y de la Segunda Internacional, aunó teoría (multitud de artículos y libros muy importantes) y praxis (intervención en congresos, debates con muchos de los popes del marxismo —su amigo Franz Mehring la definió como “la mejor cabeza después de Marx”—, clases en la escuela de formación del partido…). En cambio, no tenía dotes organizativas. Su presencia física era una mezcla de fuerza y de ternura, de decisión y de prudencia, dicen sus biógrafos. Un dirigente judío la describe del siguiente modo: “Rosa era pequeña, con una cabeza grande y rasgos típicamente judíos, con una gran nariz, un andar difícil, a veces irregular debido a una ligera cojera. La primera impresión era poco favorable, pero bastaba pasar un momento con ella para comprobar qué vida y qué energía había en esa mujer, qué gran inteligencia poseía, cuál era su nivel intelectual”.


De su vasta producción teórica destacan los temas que forman parte de su legado y que constituyen lo que, una vez muerta Rosa, se denominó “luxemburguismo”, una escuela marxista de características propias: su pacifismo, su lucha contra el revisionismo y la defensa de la democracia en el seno de la revolución. Sus posiciones, a veces intransigentes, le hicieron polemizar con las figuras más relevantes del socialismo marxista, como Lenin, Trotski, Bernstein, Kautsky…


Reivindicándose del mejor marxismo (aunque también polemizó con algunas de las ideas del Marx economista en el libro La acumulación de capital), argumentó en favor del internacionalismo como forma de pensar y de vivir. El Manifiesto comunista terminaba con la célebre fórmula de “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, y RL y Liebknecht la hicieron suya relacionándola con la Gran Guerra. Los partidos socialdemócratas habían defendido tradicionalmente que en caso de conflicto bélico entre potencias capitalistas, los trabajadores se negarían a combatir y llamarían a la huelga general (la “huelga de masas” en la terminología luxemburguista). Pero en el momento decisivo, el SPD, el partido más grande y más influyente de la Segunda Internacional (más de un millón de afiliados), votó a favor de los empréstitos de guerra, y el resto de los partidos socialistas siguió sus pasos. Cada uno de ellos se puso detrás de sus Gobiernos. Prevaleció la patria sobre la clase social.


Ya a principios del siglo XX, en un congreso de la Internacional en París, RL presentó una ponencia de convicciones profundamente antimilitaristas, las que mantendría hasta el final de sus días. En ella se defendía que los ataques armados entre potencias imperialistas devendrían en formidables coyunturas revolucionarias. Diecisiete años después, la revolución bolchevique fue un testimonio irrefutable de esta tesis. RL recomendaba no solo una crítica abierta al imperialismo, sino que se preparase a las masas con vistas a aprovechar las crisis internacionales y las eventuales crisis nacionales generadas por aquellas para asaltar el poder. Consideraba imprescindible intensificar la acción de todos los partidos socialistas contra el militarismo.


Siete años después, en otro congreso de la Internacional, RL presenta una enmienda firmada conjuntamente con Lenin y Mártov (que luego sería el líder menchevique) que sostiene que, si existe la amenaza de que la guerra estalle, es obligación de la clase trabajadora y de los representantes parlamentarios, con la ayuda de la Internacional como poder coordinador, hacer todos los esfuerzos por evitar los enfrentamientos violentos; en el caso de que a pesar de ello se multiplicase el conflicto armado, era su obligación intervenir a fin de ponerle fin enseguida y aprovechar la crisis creada por la guerra para agitar los estratos más profundos del pueblo para “precipitar la caída de la dominación capitalista”. Estas palabras suponían una llamada a la insurrección, que fue lo que hicieron los espartaquistas en 1919, con la participación de RL.


Esa Rosa Luxemburgo, asesinada por los soldados prusianos, más que posiblemente con la complicidad activa o pasiva de sus antiguos compañeros socialdemócratas, fue despedida en su entierro por su amiga Clara Zetkin (otra espartaquista) con las siguientes palabras: “En Rosa Luxemburgo, la idea socialista fue una pasión dominante y poderosa del corazón y del cerebro; una pasión verdaderamente creativa que ardía incesantemente. (…) Rosa fue la afilada espada, la llama viviente de la revolución”.



LENIN, STALIN Y LOS MARXISMOS

J. E.


El núcleo de aliados políticos de Rosa Luxemburgo fue siempre muy pequeño. Todo lo contrario que el de sus adversarios, entre los que se encontraron muchos de los dirigentes del ala derecha de la socialdemocracia y los sindicalistas burocratizados, a los que atacó sin piedad. Pero ambos núcleos fueron blancos móviles: dependían de los momentos y de los temas. Lenin, Trotski, Kautsky, Jaurès, etcétera, fueron algunos de los marxistas legendarios que compartieron y disintieron del ideario y la práctica política de la alemana. Un ejemplo de ello fue la relación con Lenin, el líder soviético; ambos se admiraron y pactaron, pero también se criticaron.


En 1918, apenas unos meses después del triunfo de la revolución bolchevique, RL publica un folleto titulado La revolución rusa que reivindica los acontecimientos de Leningrado y Moscú, pero que critica algunos aspectos que pueden torcer su futuro, sobre todo los relacionados con el terror revolucionario (que protagonizaría en buena parte un amigo polaco de RL, que dirigiría la Cheka y la sede de la Lubianka, el sangriento Félix Dzerzhinski) y la supresión de la democracia.


En el folleto citado, RL escribe que sólo la libertad de los que apoyan al Gobierno, sólo la libertad para los miembros de un partido, “no es libertad en absoluto. La libertad es siempre libertad para el que piensa de manera diferente”. Creía que el socialismo sólo puede ser resultado del desarrollo de la sociedad que lo construye, y para ello se requiere la más amplia libertad entre el pueblo (lo que no quiere decir que no sea necesario el control político). Si se sofoca la vida política, la parálisis acabará afectando a la vida de los sóviets; sin elecciones generales, sin libertad de prensa y de reunión, sin la libre confrontación de las opiniones, la vida de cualquier institución política perecerá, se convertirá en una vida aparente en la que la burocracia será el único elemento vivo.


En su libro sobre la revolución rusa, la revolucionaria RL acierta premonitoriamente con lo que iba a suceder en la Unión Soviética, sobre todo a partir del momento en que se inicia el futuro estalinista. Algunas decenas de dirigentes del Partido, animados por una energía inagotable y por un idealismo sin límites, dirigirán y gobernarán; el poder real se encontrará en manos de unos pocos de ellos, dotados de una inteligencia singular. La aristocracia obrera será invitada de cuando en cuando a asistir a las reuniones para aplaudir los discursos de los dirigentes y votar por unanimidad las resoluciones propuestas; en el fondo será un gobierno de camarillas, una dictadura en verdad, pero no la dictadura del proletariado, sino una dictadura de un puñado de políticos. En muchos casos la realidad superó a los pronósticos luxemburguistas.


A pesar de este severo cuestionamiento, reivindica el papel histórico del partido de Lenin, siempre en contraposición con sus camaradas alemanes: “Por eso los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de la que carecía la socialdemocracia occidental. Su insurrección de octubre no sólo salvó la revolución rusa; también salvó el honor del socialismo internacional”.


Con esta idea de la democracia se explica que Stalin no subiese nunca a Rosa Luxemburgo al altar de la iconografía máxima del socialismo. Fue una heterodoxa hasta el final de su vida.

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Jueves, 10 Enero 2019 06:57

La inauguración del pasado

La inauguración del pasado

Los comienzos de año son propicios para los augurios que anuncian un tiempo nuevo, tanto en el plano individual como en el colectivo. De vez en cuando, estos augurios se traducen en actos concretos de transformación social que rompen de manera dramática con el statu quo. Entre muchos otros, destaco tres actos inaugurales que ocurrieron en 1 de enero y tuvieron un impacto trascendente en el mundo moderno.


El 1 de enero de 1804, los esclavos de Haití declararon la independencia de la que en ese momento era una de las colonias más rentables de Francia, responsable de la producción de cerca del 40 % del azúcar entonces consumido en el mundo. De la única revuelta de esclavos exitosa nacía la primera nación negra independiente del mundo, el primer país independiente de América Latina. Con la independencia de Haití el movimiento por la abolición de la esclavitud ganó un nuevo y decisivo ímpetu y su impacto en el pensamiento político europeo fue importante, especialmente en la filosofía política de Hegel. Sin embargo, como se trataba de una nación negra y de exesclavos, la importancia de este hecho fue negada por la historia eurocéntrica de las grandes revoluciones modernas. Los haitianos pagaron un precio altísimo por la osadía: fueron asfixiados por una deuda injusta, solo liquidada en 1947. Haití fue el primer país en conocer las consecuencias fatales de la austeridad impuesta por el capital financiero global del que aún hoy es víctima.

El 1 de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista era depuesto en La Habana. Nació la Revolución cubana encabezada por Fidel Castro. A escasos kilómetros del país capitalista más poderoso del mundo emergía un gobierno revolucionario que se proponía llevar a cabo un proyecto de país en las antípodas del big brother del norte, un proyecto socialista muy consciente de su novedad y especificidad históricas, inicialmente tan distante del capitalismo norteamericano como del comunismo soviético. Tal y como Lenin cuarenta años antes, los revolucionarios cubanos tenían la conciencia de que el pleno éxito de la revolución dependía de la capacidad del impulso revolucionario para extenderse a otros países. En el caso de Cuba, los países latinoamericanos eran los más cercanos.

Poco tiempo después de la revolución, Fidel Castro envió al joven revolucionario francés, Regis Debray, a varios países del continente para conocer la forma en la que se estaba recibiendo la revolución cubana. El informe elaborado por Debray es un documento de extraordinaria relevancia para los tiempos de hoy. Muestra que los partidos de izquierda latinoamericanos seguían muy divididos respecto de lo que había pasado en Cuba y que los partidos comunistas, en especial, mantenían una enorme distancia e incluso sospecha con relación al "populismo" de Fidel. Por el contrario, las fuerzas de derecha del continente, bien conscientes del peligro que representaba la Revolución cubana, estaban organizando el contraataque; fortalecían los aparatos militares e intentaban promover políticas sociales compensatorias con el apoyo activo de Estados Unidos. En marzo de 1961, John Kennedy anunciaba un plan de cooperación con América Latina, a realizarse en diez años (Alianza para el Progreso), cuya retórica pretendía neutralizar la atracción que la Revolución cubana estaba generando entre las clases populares del continente: “Vamos a transformar de nuevo el continente americano en un crisol de ideas y esfuerzos revolucionarios, como tributo al poder de la energía creadora de los hombres libres, y como ejemplo al mundo, de que la libertad y el progreso marchan tomados de la mano”.

La expansión de la Revolución cubana no fue como se preveía y sacrificó, en el proceso, a uno de sus más brillantes líderes: el Che Guevara. Pero la solidaridad internacional de Cuba con las causas de los oprimidos todavía no ha sido contada. Desde el papel que tuvo en la consolidación de la independencia de Angola, la independencia de Namibia y el fin del apartheid en Sudáfrica, hasta los miles de médicos cubanos esparcidos por las regiones más remotas del mundo (más recientemente en Brasil), donde nunca hasta entonces habían llegado los cuidados médicos. Sesenta años después, Cuba continúa afirmándose en un contexto internacional hostil, orgullosa de algunos de los mejores indicadores sociales del mundo (salud, educación, esperanza de vida, mortalidad infantil), pero ha fracasado hasta ahora en la acomodación estable del disenso y la implantación de un sistema democrático de nuevo tipo. En el plano económico se atreve, una vez más, a lo que parece imposible: consolidar un modelo de desarrollo que combine la desestatalización de la economía con el no agravamiento de la desigualdad social.


El 1 de enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) inició una insurrección en el estado de Chiapas, en el sudeste de México, por vía de un levantamiento armado que ocupó varios municipios de la región. La lucha de los pueblos indígenas mexicanos contra la opresión, el abandono y la humillación irrumpía sorprendentemente en los noticieros nacionales e internacionales, justo el día en el que el Gobierno de México celebraba la suscripción del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés) con Estados Unidos y Canadá, con la proclamada ilusión de haberse juntado así al club de los países desarrollados. Durante un breve período de doce días hubo varios enfrentamientos entre la guerrilla indígena y el ejército mexicano, al fin de los cuales los zapatistas renunciaron a la lucha armada e iniciaron un vasto e innovador proceso de lucha política, tanto a nivel nacional como internacional. Desde entonces, la narrativa política y las prácticas del EZLN se constituyeron en una referencia ineludible en el imaginario de las luchas sociales en América Latina y de los jóvenes progresistas en otras partes del mundo. El portavoz del EZLN, el Subcomandante Marcos, él mismo no indígena, se afirmó rápidamente como un activista-intelectual de nuevo tipo, con un discurso que combinaba las aspiraciones revolucionarias de la Revolución cubana, entretanto descoloridas, con un lenguaje libertario y de radicalización de los derechos humanos, una narrativa de izquierda extrainstitucional que sustituía la obsesión por la toma del poder para la transformación del mundo en un mundo libertario, justo y plural “donde quepan muchos mundos”.

Uno de los aspectos más innovadores de los zapatistas fue el carácter territorial y performativo de sus iniciativas políticas, la apuesta por transformar los municipios zapatistas de la Selva Lacandona en ejemplos prácticos de lo que hoy podía prefigurar las sociedades emancipadoras del futuro. Veinte y cinco años después, el EZLN enfrenta el desafío de concitar un amplio apoyo para su política de distanciamiento y suspensión con relación al nuevo presidente de México, Andrés Manual López Obrador, electo por una amplia mayoría del pueblo mexicano con una propuesta que pretende inaugurar una política de centroizquierda sin precedentes en el México posrevolucionario de 1910.

Estos tres acontecimientos buscaron inaugurar nuevos futuros a partir de rupturas drásticas con el pasado. De diferentes formas, apuntaban hacia un futuro emancipador, más libre de opresión y de injusticia. Cualquiera que sea hoy nuestra evaluación con el beneficio de la posterioridad del presente, no cabe duda de que tales levantamientos alimentaron las aspiraciones liberadoras de las poblaciones empobrecidas y vulnerables, víctimas de la opresión y la discriminación. ¿Había lugar para un acontecimiento de este tipo el 1 de enero de este año? Supongo que no, dada la ola reaccionaria que atraviesa el mundo. Más bien, hubo una amplia posibilidad para momentos inaugurales de sentido contrario, reinauguraciones de un pasado que se creía superado.

El acontecimiento más característico de este tipo fue la posesión de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil. Su llegada al poder significa el retroceso en términos de civilización a un pasado anterior a la Revolución francesa de 1789, al mundo político e ideológico que se oponía ferozmente a los tres principios estrella de la revolución: igualdad, libertad y fraternidad. De la revolución triunfante nacieron tres familias políticas que pasaron a dominar el ideario de la modernidad: los conservadores, los liberales y los socialistas. Divergían en el ritmo y el contenido de los cambios, pero ninguno de ellos ponía en duda los principios fundadores de la nueva política. A todos ellos se oponían los reaccionarios, que no aceptaban tales principios y querían resucitar la sociedad prerrevolucionaria, jerárquica, elitista y desigual por mandato de Dios o de la naturaleza. Eran totalmente hostiles a la idea de democracia, que consideraban un régimen peligroso y subversivo. Dada la cartografía política posrevolucionaria que ubicó espacialmente las tres familias democráticas en izquierda, centro y derecha, los reaccionarios fueron relegados a los márgenes más remotos del mapa político, donde solo crecen las hierbas dañinas: la extrema derecha. Pese a su deslegitimación, la extrema derecha nunca desapareció totalmente porque los imperativos del capitalismo, del colonialismo y del heteropatriarcado, sea directamente, sea a través de cualquier religión a su servicio, recurrieron a la extrema derecha siempre que la vigencia de los tres principios se reveló como un estorbo peligroso. Ese recurso no siempre fue fácil, porque las diferentes familias políticas democráticas se opusieron con éxito a la extrema derecha. Cuando esta oposición no tuvo éxito, la propia democracia se puso en cuestión, acorralada contra la pared de la alternativa entre ser totalmente eliminada o desfigurada hasta el punto de ser irreconocible. Bolsonaro, un neofascista confeso, admirador de la dictadura y defensor de la eliminación física de los disidentes políticos, representa, por ahora, la segunda opción.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

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Jueves, 10 Enero 2019 06:37

El barco fantasma

El barco fantasma

El velero de cuatro palos amanece anclado en las quietas aguas de la bahía de San Juan del Sur, y los fuertes vientos de finales de diciembre lo hacen girar desde el costado de estribor hasta dejarlo de proa a la costa. Es el Sea Cloud, un buque para cruceros de lujo que puede alojar a 60 pasajeros.


Los folletos hablan de él como de una leyenda romántica, con sus camarotes que conservan el estuco historiado en las paredes, los muebles de teca, sus ricos tapices, baños y chimeneas de mármol, y las llaves de los grifos de oro puro,” la magnificencia de los grandes palacios franceses”. La lista de pasajeros es un secreto bien guardado, y hay entre ellos “poderosos empresarios y altos directivos de multinacionales”.


Cuando llega la noche de despedida de año, el Sea Cloud parece arder con toda su arboladura encendida con ristras luces, pero el viento no trae música de fiesta, contrario a su vieja tradición, pues en un tiempo fue un cabaret flotante, cuando se llamaba Angelita y el mascarón de proa era una feroz águila dorada.


Fue botado en Bremen en 1931, encargo del magnate financiero Edward F. Hutton y su cónyuge, Marjorie Post, dueña de General Foods y emperadora del cornflake. El presidente Franklin Delano Roosevelt y su esposa Eleonora pasaron allí su luna de miel. Su primer nombre fue Hussar V, con 110 metros de eslora, el yate más grande del mundo para entonces.
Pero en 1955 lo compró el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, presidente vitalicio de la República Dominicana, Padre de la Patria Nueva, Invicto de los Ejércitos Dominicanos, Primer Anticomunista de América, entre sus más de 20 títulos oficiales. Se propuso él mismo para Premio Nobel de la Paz, pero con nula fortuna.


El velero llegó a puerto en Ciudad Trujillo, la capital, al tiempo de celebrarse la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, montada para conmemorar sus 25 años en el poder, y lo bautizó con el nombre de su hija Angelita. Fue coronada reina de la feria en medio del calor infernal del Caribe vistiendo un abrigo hecho de 600 pieles de armiño ruso que valía 80 mil dólares.


Quien más disfrutaba del barco era, sin embargo, Ramfis, el primogénito: coronel a los cinco años de edad, general de brigada a los nueve y generalísimo a los 10, figuraba a la cabeza de La Cofradía, un grupo de alegres disolutos del que formaba parte su cuñado Porfirio Rubirosa, el más famoso playboy internacional de aquel tiempo, casado con Flor de Oro Trujillo, otra de las hijas del Paladín de la Libertad.


Las fiestas hasta el amanecer eran continuas, con el velero anclado o en travesía. Se alternaban las orquestas románticas y las que tocaban merengues ripiaos, y no era raro ver en ellas a Yul Brynner, Kim Novak o Zsa Zsa Gabor. Algunas veces comparecía el propio Salvador de la Dignidad Nacional, y hay quien atestigua haberlo visto pasearse en cueros por la cubierta, deseoso de mostrar sus atributos masculinos delante de la concurrencia.


No faltaba Radamés, hermano menor de Ramfis, bautizados ambos con nombres de personajes de la ópera Aída de Verdi; tampoco otros miembros de aquella fauna que buscaba blanquearse la piel porque les horrorizaba el color atezado que los denunciaba como mulatos: los hermanos del Protector de Todos los Obreros, Héctor Bienvenido, alias Negro (para su mala fortuna), o Amable Romeo, alias Pipí, patrón de burdeles, los que sólo podían funcionar al amparo de la “tarjeta de Pipí” que él extendía.


El Campeón de la Democracia Continental fue muerto a tiros el 30 de mayo de 1961, y el 18 de mayo del mismo año Ramfis cargó el ataúd en el velero, e igual hizo subir a bordo numerosos cajones llenos de billetes, tras saquear el Banco Central. Partieron rumbo a Cannes, pero cerca de las Azores el barco fue interceptado por la marina de Portugal, y obligado a regresar al puerto de origen con su carga, cadáver y dinero.


La inmensa fortuna familiar conseguida en base a robos, estafas y desmanes de poder se disipó para siempre. Ramfis murió en un accidente de automóvil en España, conduciendo un Ferrari; Rubirosa murió en París, cuando chocó al volante de otro Ferrari; a Radamés le pasaron la cuenta sicarios del narcotráfico en Colombia. Amable Romeo, Pipí, vio desaparecer su imperio de burdeles y murió añorando sus gallos de pelea en Miami.


Angelita tiene una estación de gasolina en Miami y predica en las esquinas la llegada del reino.


Cuando me asomo a la bahía la mañana del 2 de enero, el Sea Cloudha desaparecido del paisaje. Un barco fantasma, me digo, que llega a las costas de Nicaragua cada fin de año y me lo imagino alzando velas para seguir paseando por los mares, hasta el fin de los siglos, el féretro del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, dictador perpetuo.


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Celebrando el 25 aniversario del alzamiento zapatista

La insurrección zapatista de 1994 y las varias formas que han tomado sus luchas por la vida a lo largo de los 25 años complementan el imaginario de las luchas anticapitalistas ‘desde abajo y a la izquierda’, que construyen autoorganización desde el ‘mandar obedeciendo’.

  

 “Usted ahora intuye que, desde el pie del muro apenas manchado por carteles y grafitis desgastados, ha recorrido una especie de espiral. Como si el sendero trazado le llevará hacia dentro de un caracol… o hacia afuera. Cada paso una estación”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

El 1 de enero se cumplieron 25 años del alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), del inicio de la “guerra contra el olvido” y es tiempo de cierre y comienzo de ciclos. Se ha recorrido una especie de espiral que partió de la demanda de la identidad y los derechos de la poblacón indigena, “la lucha por la tierra y la libertad”, y que en la actualidad continúa y amplía su recorrido. En este cierre y comienzo de un nuevo ciclo nos preguntamos “¿cuál ha sido la trayectoria, ‘el caracol’, del EZLN durante los 25 años de lucha? ¿Qué intuimos del nuevo ciclo, la ‘nueva estación’, que comienza?

Como en anteriores ocasiones, en cierres y comienzos de ciclos, el EZLN ha realizado una invitación abierta para celebrar el aniversario del alzamiento zapatista. Esta vez se ha celebrado en La Realidad Zapatista, sede del caracol “Madre de los caracoles del mar de nuestro sueños”, zona Selva Fronteriza.

La particularidad del evento de este año es que ha ido precedido del Encuentro Internacional de las Redes de Resistencia y Rebeldía, de Apoyo al Concejo Indígena de Gobierno (CIG). Un encuentro donde el EZLN y el Congreso Nacional Indígena (CNI) convocaron a las redes para exponer los resultados de su consulta interna del pasado agosto y que principalmente proponía la creación de un nuevo sujeto político que aúne a todas las redes, y que les permita pasar de “la solidaridad a la resistencia”. Casualidad o no, el nuevo encuentro de redes de apoyo al CIG ha servido para hacer una escucha y reflexión colectiva sobre la trayectoria de los 25 años del EZLN desde los de ‘afuera’, y que se ha complementado con los varios comunicados históricos que ha ido compartiendo el EZLN.

 

https://youtu.be/_rSEyOUZhvE


LA TRAYECTORIA DE LA “GUERRA CONTRA EL OLVIDO”


“Y el muro omnipresente, indestructible, incuestionable, insistiendo en que está prohibido pensar. Que todo está hecho ya. Que sólo le queda acomodarse como sea y en donde pueda. Que la eternidad es eso, eterna. El presente cambia, pero su lógica frívola y superficial permanece. Es imposible otra cosa. Es más, es imposible que usted piense, imagine, sueñe, que no es imposible otra cosa”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México a 17 de noviembre de 2018

La gran espiral trazada por el EZLN se inicia con su organización político-militar en los años 70 inspirados por la por la Revolución Cubana, pero que pretendía dar continuidad a la Revolución Mexicana liderada por Emiliano Zapata y la lucha por la “tierra y la libertad”. Sin embargo, no será hasta la fundación del EZLN en 1983 y su posterior alzamiento el 1 de enero en 1994 que comenzarán a ser visibles sus luchas.

El EZLN se conforma en su inicio por la convergencia de población mestiza y población indígena. Población indígena chiapaneca, pueblos tzeltal, tzotzil, chol y tojolabal, todos ellos de la familia maya que históricamente habían sufrido el despojo no solo de sus territorios, de la fuerza vital de sus cuerpos, sino también de sus conocimientos. Como el Señor Jose comparte: “Éramos discriminados y expulsados de nuestras comunidades. Mis hijos no pudieron ni cursar la primaria. Era un gran sufrimiento”. La población mestiza, según Janeth, estaba compuesta en parte por los “estudiantes represaliados durante las revueltas estudiantiles del 68 y que posteriormente decidieron asentarse en el Sureste Mexicano y luchar por los derechos y reconocimiento de la identidad de la población indígena”.

Jóvenes que anteriormente formaron parte de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN). Estas guerrillas aniquiladas prácticamente por el Gobierno federal a principios de los años 70 se reorganizan apoyadas con una base social, la población indígena, fundando finalmente el EZLN en 1983.


Su alzamiento inesperado por el estado mexicano no sería hasta diez años después, en la madrugada del 1 de enero de 1994. “En nuestro corazón había tanto dolor, tanta era nuestra muerte y pena, que no cabía ya, hermanos, en este mundo que nuestros abuelos nos dieron para seguir viviendo y luchando. Tan grande era el dolor y la pena que no cabía ya en el corazón de unos cuantos, y se fue desbordando, y se fueron llenando otros corazones de dolor y de pena, y se llenaron los corazones de los más viejos y sabios de nuestros pueblos, y se llenaron los corazones de hombres y mujeres jóvenes, valientes todos ellos, y se llenaron los corazones de los niños, hasta de los más pequeños.(....) Por eso nosotros dijimos que “¡Ya Basta!”, o sea que ya no vamos a permitir que nos hacen menos y nos traten peor que como animales”.

Los insurgentes del EZLN tomaron cinco cabeceras municipales del estado de Chiapas: San Cristóbal de las Casa, Altamirano, Las Margaritas, Ocosingo y Chanal, en el sureste Mexicano. Con el alzamiento, y como recuerda Martha, con el pronunciamiento de “queremos trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”, abren un proceso de recuperación de tierras de finqueros y de las formas del hacer indígenas en cuanto al cuidado de la tierra y de la vida.

Tras un periodo de lucha abierta con el Estado mexicano y las fuerzas paramilitares se abre un periodo de alto el fuego a petición de “hermanos y hermanas de la ciudad, que nos dicen que tratemos de llegar a un arreglo, o sea un acuerdo con los malos gobiernos para que se soluciona el problema sin matazón”. Pero la guerra continuó, siguieron sufriendo ataques del Estado mexicano y de los paramilitares, “varias veces nos atacaron, pero no nos vencieron porque nos resistimos bien y mucha gente en todo el mundo se movilizó”.

Los zapatistas. Stop.
No se rinden. Stop.
Resisten! Stop y fin.
Desde las Montañas del Sureste mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
10 junio de 1994.

Posteriormente, en 1996 durante los Diálogos de la Catedral aceptan el diálogo con el Gobierno de Carlos Salinas y se suscriben Los Acuerdos de San Andrés. Unos acuerdos con los que el movimiento zapatista proponía el reconocimiento por el Estado mexicano de los derechos de las comunidades indígenas: “terminar con la relación de subordinación, desigualdad, discriminación, pobreza, explotación y exclusión política de los pueblos indios”.

El posterior incumplimiento de los acuerdos por el Estado mexicano marcaría de manera determinante la espiral trazada por el neo-zapatismo hasta la actualidad. Esto es, la reivindicación de su autonomía, su rechazo a cualquier tipo de Estado (local, regional, nacional o transnacional), la continuidad de la lucha armada, la creación de su propio gobierno, el buen gobierno. Un movimiento que como indica Katia “para mí siempre fue un movimiento pacifista”. Que como ellos mismos dijeron en un principio “se vio obligado a tomar las armas por la supervivencia”.

La creación del Congreso Nacional Indígena (CNI) en 1996 sería una de las consecuencias también del incumplimiento de los acuerdos de San Andrés. El EZLN buscaba desplegar y ejecutar los principios del acuerdo al margen de su reconocimiento o no del Estado: la confluencia y resistencia conjunta de todos los pueblos indígenas que como las comunidades zapatistas eran objeto de un histórico despojo y desplazamiento a nivel nacional, en México.

Posteriores acontecimientos también determinantes en la espiral han sido los continuos desplazamientos forzados y masacres. Masacres como las de Acteal en 1997 en la Selva Lacandona: “El 22 de diciembre de 1997, fecha en la que el Zedillo mandó matar a 45 hombres, mujeres, ancianos y niños en el poblado de Chiapas que se llama Acteal (...) Este gran crimen no se olvida tan fácil y es una muestra de cómo los malos gobiernos no se tientan el corazón para atacar y asesinar a los que se rebelan contra las injusticias”. Otras masacres más recientes como la de Acteón en 2005 al norte del Estado de México, la continua encarcelación de participantes del movimiento o asesinatos como la del maestro Galeano en 2014 en el Caracol de la Realidad.

Las propuestas y conformación de otras formas de vida surgen desde el inicio creando comunidades autónomas, los Aguascalientes. Pero es tras la consulta nacional de 1999 y la Marcha por la Dignidad Indígena en 2001 durante el periodo preelectoral, cuando proponen “el buen gobierno”.


El rechazo del diálogo del Gobierno, de suscribir los Acuerdos de San Andrés y los éxitos de la consulta y la marcha llevarían a partir de 2003 a la transformación de lo que anteriormente eran los Aguacalientes en los Caracoles, y en la creación de formas de gobierno comunitarias y autogestionadas: las Juntas de Buen Gobierno. En definitiva, otras formas de organización política que buscaban modificar las relaciones históricas de poder del estado hacia ellos, raciales, coloniales, que les sometían al ‘obedecimiento’. Pero que también buscaban transformar las relaciones internas del movimiento: “Arriba lo político democrático mandando y abajo lo militar obedeciendo”. Lo que ellos denominarían el “mandar obedeciendo” y que se concretaban, como el Señor José comenta, con ‘nadie arriba y nadie abajo’.

Las Declaraciones de la Selva Lacandona, según el compañero Diego, de la Ciudad de México, han sido “las principales herramientas que han ido dando el carácter particular al movimiento”’, son los documentos desde donde el EZLN y el movimiento zapatista se comunica y narran la historia del movimiento, “desde la Primera, que fue la declaración de guerra, a la Sexta, en 2005, que llamaba a la construcción de otras formas políticas más allá de los partidos y organizaciones de vida intervenidas y gestionadas por los estados”.

Para Diego, la Sexta Declaración de la Selva Lacandona es uno de principales documentos del movimiento. Aparte de lo que señala el compañero Diego, desde 2005, el EZLN invita a crear las Redes de Adherentes a la Sexta y refrenda su “vía de lucha política de carácter pacifista” y su “compromiso de defender, apoyar y obedecer a las comunidades zapatistas que lo forman y son su mando supremo, y sin interferir en sus procesos democráticos internos y en la medida de lo posible contribuir al fortalecimiento de su autonomía, buen gobierno y mejora de sus condiciones de vida”.

Otros elementos que han determinado el carácter particular del movimiento a lo largo de los 25 años han sido las redes de apoyo creadas a nivel nacional e internacional tanto por medio de las redes sociales como a través de la convocatoria de múltiples encuentros, los encuentros intergalácticos.

Como el compañero Kevin señala, “los semilleros o los encuentros se conforman como espacios de discusión y aprendizaje, de formación política y finalmente esenciales para el desdoblamiento transnacional del movimiento”. Entre otros, encuentros en torno al arte (CompArte), la ciencia (ConCiencia), el feminismo (Encuentro Internacional de Mujeres), o el último Encuentro internacional de las Redes de Rebeldía y Resistencia.

Como ocurrió en la consulta de 1999, en el año 2016 —también en un contexto pre-electoral—, a propuesta del CNI se crea el Concejo Indígena de Gobierno. En esta ocasión se propone abrir una candidatura de “[email protected] [email protected]” que diera visibilidad a la dificultades y necesidades de la población indígena en el parlamento mexicano. Una consulta que finalmente el EZLN apoya cuando es nombrada como vocera Marichuy. Durante el proceso de consulta, se suma un amplio sector de la población que hasta ese momento eran simpatizante, pero no se habían aproximado y/o organizado en torno al movimiento zapatista. De este proceso surgen también, aparte del CIG, las Redes de Resistencia y Rebeldía como nuevos sujetos de apoyo al movimiento.

Este último ciclo de la espiral ha sido complicado de comprender por los que ya acompañaban al movimiento debido a su aparente proximidad a las políticas representativas. Algo que el EZLN negó rotundamente desde su inicio. Y que finalmente, y con eventos como el encuentro internacional de redes, nos hace preguntarnos si no sería una estrategia para incluir a otros sectores de la población dentro de las luchas y formas de vida más allá del estado y responder a la pregunta, ¿estamos solos?


Caminar preguntándonos


Finalmente, en esta espiral de 25 años de luchas, el EZLN junto con el trabajo conjunto con sus bases de apoyo han trazado las lógicas de su hacer hasta la actualidad. En concreto sus siete principios zapatistas de mandar obedeciendo: proponer, no imponer; representar, no suplantar; bajar, no subir; convencer, no vencer; obedecer, no mandar; servir, no servirse; construir, no destruir’ (J., 2018) y discursos “anticapitalistas, antipatriarcales, antifascistas, antiestatales y altermundistas”. Un movimiento que ha ido conformando su carácter por la represión continua sufrida por los Estados y las fuerzas paramilitares, y por tanto por el despliegue de repertorios como la autodefensa, la acción directa y la reconstrucción de vidas autónomas basadas en el saber indígena y “que no buscan tomar el poder”. Políticas que ellos han denominado de luchas por la vida y que han ido incluyendo prácticas para el cuidado del territorio, propuestas de otras economías, un sistema de justicia, educación y salud propios, todas ellas al margen de las políticas públicas y asistencialistas del estado.

La persistencia de su ‘radicalidad’ en la actualidad, el no haber colaborado con los Estados: “Pues ¿cómo no? El estado mexicano, es más, el actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), incumplió ya en 2001 cuando era jefe de Gobierno del Distrito Federal los Acuerdos de San Andrés”, comenta la compañera Martha. Según los análisis resultantes del encuentro de Redes, “la violencia a la que están expuestas las poblaciones indígenas es mayor que hace 25 años y se ha ampliado a otros sectores de población”. Si en 1994 el EZLN se alzó contra el despojo, la represión y el hambre históricas y que preveían agravarse con el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá, en la actualidad la historia del despojo, los desplazamientos y el hambre continúan “a pesar del cambio de politicas y politicos”, comenta la compañera Ana.
Si en 1994 bajo el Gobierno conservador de Carlos Salinas se aprobó el TLC, en 2018 y con la llegada al Gobierno progresista de AMLO, “el nuevo finquero”, se prevé dar continuidad a políticas extractivistas y austeritarias que han promovido anteriores gobiernos, neoliberales o progresistas en América Latina y a nivel global.

En este caso se concretan con militarización del cotidiano, zonas económicas especiales, promoción de políticas asistencialistas y aumento de inversión en proyectos extractivistas que favorecen la inversión de capital, ya sin nacionalidades concretas, capital nacional o extranjero: la construcción del Tren Maya del Tren Transístmico, megaproyectos como la plantación de monocultivos de árboles frutales, proyectos hidroeléctricos o mineros. Los llamados ‘Proyectos de Muerte’ que principalmente han sido planificados en aquellos territorios donde está asentada históricamente población indígena.

Una de las propuestas que ha creado también gran controversia dentro de las comunidades indígenas ha sido la creación del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. Un instituto que buscaría ser la “voz de los pueblos indígenas” y, cómo interpreta el EZLN, desarticular al CNI y el CIG.


“Las palabras sobran cuando sin consultar a nuestros pueblos el futuro gobierno impone la creación, al estilo del viejo indigenismo, del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, comandado por los desertores de nuestra larga lucha de resistencia”.

Desde CIDECI-UNITIERRA, San Cristóbal de las Casas, Chiapas a 14 de octubre de 2018. Por la Reconstitución Integral de Nuestros Pueblos Nunca Más Un México Sin Nosotros, Congreso Nacional Indígena, Concejo Indígena de Gobierno, Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Así, la política del no al Estado se traza desde 1996, tras el incumplimiento de los acuerdos de San Andrés, hasta la actualidad, con los nuevos gobiernos progresistas anteriormente aliados de los pueblos indígenas. Desde entonces, desde 1996, como Coral afirma, “el EZLN nunca hizo ningún acuerdo con el Estado. No como el resto de nosotros que siempre hemos coqueteado con el Estado. Por eso crearon su propio gobierno las Juntas del Buen Gobierno”.

El EZLN en su origen reclamaba al Estado mexicano el reconocimiento de la cosmovisión y formas de vida de la población indígena. ¿Y que se encontró? Como las compañeras comparten “no sólo con el rechazo del Estado, racista, xenófobo, colonial, el no reconocimiento de la identidad y derechos indígenas, sino con una represión que se ha ido incrementando hacia otros sectores de la población y cualquier forma de insurgencia”. La masacre de Acteal en 1997, la impunidad de la violencia de los paramilitares, el terror que, como describe Martha sintió un año después de visitar la localidad en 1998. “Fue un genocidio”, comenta Janeth.

Con la elección de AMLO y su discurso neoliberal, la política representativa sigue sin tener menor impacto en el proyecto transformador del EZLN (y los pueblos indígenas). En la actualidad, según Diego puntualiza, “la violencia de la tormenta, el incremento de los despojos, desalojo de tierras ocupadas, desplazamientos, detenciones, desapariciones y asesinatos prevén continuar”. Otros sectores de la población, no únicamente los históricos desposeídos, se ven afectados. Se ha ampliado la crisis de reproducción social hasta los que recientemente eran beneficiarios de los “privilegios del estado: sanidad, educación, transportes públicos’ con la consecuente destrucción ‘de los cuerpos, a nivel físico y emocional”, comentan Juan y Penélope.


Ante la situación actual de los mundos, ¿que sigue?


Sigue 1. La continuidad de la construcción de las autonomías y nuevos sujetos políticos.


Para el compañero Juan, perteneciente a otras comunidades indígenas del norte del país, el encuentro de redes le recuerda al encuentro que dio lugar a la Sexta Declaración en el Caracol de la Garrucha en 2005. Según Peter, ahora desde el EZLN nos proponen “reconstruir nuevas formas de organización, un nuevo movimiento aliado de confianza del EZLN, del CNI, del CIG, pero que no les suplante”. Interpreta que el “Concejo deje de ser indígena y nacional y que incluya otras identidades y nacionalidades, lo que queda de los países, más allá de las fronteras, a nivel local, regional, nacional e internacional (...) En el que cada sector se organice de manera autónoma que cree sus propios autogobiernos (...) sin quedarse en reformismos, en el maiceo, que ya lo hace AMLO. Pero que supondrá la construcción en otros tiempos”, los tiempos del cotidiano. En un proceso, Laura agrega, debe tener en cuenta “la salud, la purificación mental, física y espiritual”. Crear espacios del cuidado que acompañen a la lucha, “para población indígena, población originaria, la comunidad LGTB, la clase trabajadora, estudiantes, aquellos con diversidad sexual y de género o con discapacidades”.


En la actualidad, para las compañeras Janeth, Martha y Katia, las luchas zapatistas continúan representando imaginarios de vidas que desbordan el presente. Y si la Revolución Mexicana liderada por Emiliano Zapata entre 1911-1920 y el Movimiento estudiantil del 68 continúan recreando el imaginario de rebeldía en México, la Insurrección zapatista de 1994 y las varias formas que han tomado sus luchas por la vida a lo largo de los 25 años, complementan el imaginario de las luchas anticapitalistas “desde abajo y a la izquierda, construyendo autoorganización desde el mandar obedeciendo”. Así, y como enuncia el EZLN en la invitación a la celebración del 25 Aniversario de su Alzamiento, nos queda: “Ejercer la autonomía con nuestras formas ancestrales de caminar preguntándonos, es la única puerta para poder seguir haciendo de la vida, nuestro camino irrenunciable, pues afuera todo se acomodo para afianzar el terror y la ganancia de los poderosos”.

Sigue 2. La palabra rendirse no existe en lengua verdadera. ¿Nos quedaremos solos?


“Y usted se pregunta: ¿qué es lo que mantiene viva a esta gente si ha tenido, y tiene, todo en contra?, ¿no son acaso los eternos perdedores, los que yacen mientras otros levantan sus gobiernos, sus museos, sus estatuas, sus ‘triunfos históricos’?, ¿no son los damnificados de las catástrofes, la carne de cañón de todas la revoluciones que se hacen para salvarlos de sí mismos?, ¿los extranjeros en la tierra que les vio nacer?, ¿el objeto de burlas, desprecios, limosnas, caridades, programas de gobierno, proyectos ‘sustentables’, directrices, proclamas y programas revolucionarios?, ¿no son los analfabetos irremediables a los que hay que educar, dirigir, ordenar, mandar, doblegar, dominar, c-i-v-i-l-i-z-a-r? ”

Subcomandante Insurgente Moisés Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

Si como narran el Subcomandante Insurgente Moisés y el Subcomandante Insurgente Galeano en su invitación al 25 Aniversario, que a pesar de continuar luchando son los “perdedores”, ¿es entonces motivo de celebración el aniversario del alzamiento zapatista? Hablando en los días previos a la celebración en la ciudad de Puebla con uno de los estudiosos y compañeros del movimiento, John Holloway: “Sí, la fiesta debe continuar”.

Durante la celebración del 25 aniversario en la noche del 31 de diciembre, en el Caracol de La Realidad, el Subcomandante Insurgente Moisés dirigiéndose a los pueblos zapatistas y en nombre del Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI) pronuncia: “Y estamos demostrando una vez más y lo vamos a tener que cumplir, estamos demostrando que sí es posible lo que se ve y lo que se siente que es imposible (...) el pueblo aquí es el que manda, tiene su propia política, tiene su propia ideología, tiene su propia cultura, va creando, va mejorando, va corrigiendo, va imaginando y se va a ir practicando”.


En el comunicado del CCRI, se hace principalmente referencia a las políticas propuestas por el nuevo gobierno de AMLO. Antiguo simpatizante de los pueblos originarios, que en la actualidad con su programa de gobierno propone dar continuidad a las políticas neoliberales y represivas de los pueblos indígenas, sin comprometerse, como anteriores gobiernos, a implementar los históricos Acuerdos de San Andrés. Refiriéndose a AMLO indican: “Ese que está en el poder lo va a destruir al pueblo de México, pero principalmente a los pueblos originarios, viene por nosotros, y especialmente a nosotros al Ejército Zapatista de Liberación Nacional”.

Identifican que proyectos como la construcción del Tren Maya o la plantación de monocultivos de árboles frutales son proyectos que tienen como objetivo desmantelar las formas de vida y formas organizativas de los pueblos originarios, y en especial las formas organizativas del EZLN. Además en su discurso acusan a AMLO de “agarrar nuestros modos y nuestras costumbres”, las de los pueblos originarios. Ellos, “los senadores, los diputados (...) no saben hacer ley para el pueblo de los pueblos originarios, nosotros sí, porque sabemos cómo es el sufrimiento y sabemos cómo queremos la ley que queremos, no a ellos y a ellas”.

Refiriéndose a las redes de apoyo, a los de “afuera” dicen que en su mayoría son turistas de la pobreza: “La gente de afuera va y viene, nosotros aquí estamos, aquí seguimos. Cada vez que vienen, vienen como a turistear, pero la miseria, la desigualdad, la injusticia no se trata de turistearlo, el pueblo pobre de México está muriendo y va a seguir muriendo”.

Algo que lamentablemente se evidenció durante el encuentro de redes. Las dificultades para complementar y comprometerse con las luchas autónomas del EZLN, las “luchas por la vida, por las condiciones de existir, materiales, espirituales”. Sobre otros asistentes, sin embargo el EZLN sí reconoce que se han organizado: “Muchos no nos hicieron caso, algunos sí están organizándose, esperemos que sigan organizándose, la mayoría no nos hicieron caso”.
Ante la situación que describen y analizan, el EZLN vuelve a preguntarse cómo en 1994: ¿Nos quedaremos solos? Ante lo que responden: “Salimos a despertar al pueblo de México y al mundo, solos, y hoy 25 años después vemos que estamos solos (...). Lo que hemos logrado, fue logrado con nuestro trabajo, con nuestro esfuerzo”. Ante esta situación de “soledad en la guerra contra el olvido” y a pesar de encontrarse el EZLN y las comunidades zapatistas en uno de los centros de la tormenta capitalista, proclaman: “No tenemos miedo (...) Vamos a defender lo que hemos construido (...) no vamos a permitir a que vengan a destruirnos ¿O sí? Y añaden: ‘Por muy mínimo que sea que nos vengan a provocar, vamos a defendernos’”.

Palabras que expresan un enojo con los “desertores”, los intentos de cooptación de sus bases y de sus propuestas, así como con aquella parte de la izquierda que apostó por el nuevo Gobierno de AMLO. En su conjunto finalmente nos hacen intuir que el EZLN apuesta por retomar la lucha político-militar, su despliegue para la defensa de sus comunidades y sus territorios, y un repliegue del movimiento hacia sus bases, sin buscar tanto la creación de luchas conjuntas con el CNI, CIG o las redes de apoyo, y continuar, como en su inicio, solos. Será así, ¿se quedarán solos? Días después del aniversario, el CNI y el CIG declaran que no, no estarán solos. Estarán junto al EZLN en la lucha contra los megaproyectos de la muerte que propone el gobierno federal de AMLO.


“Aunque el camino será largo… aquí seguiremos”, le dice la niña que dice la pinta en el muro que no dice nada, mudo, resignado a que los sucesivos administradores manden cuadrillas de trabajadores contra ese grafiti para borrarlo, taparlo, silenciarlo, exterminarlo”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

 

Por Inés Morales Bernardos

2019-01-09 00:00:00

 

Publicado enInternacional
Martes, 08 Enero 2019 07:00

Un Deng Xiaoping, urgente

Un Deng Xiaoping, urgente

Desde el triunfo de la revolución, en 1959, Fidel Castro contó con argumentos incuestionables en favor del socialismo. Por un lado, las actuaciones estadounidenses contrarias a los revolucionarios de Sierra Maestra: en cuanto se aprobó la ley de reforma agraria que permitió la nacionalización de grandes latifundios, entre ellos los de propiedad estadounidense, a Estados Unidos le faltó tiempo para suprimir la cuota de azúcar cubana, embargar la venta de petróleo estadounidense a la isla y cometer una serie de actos de sabotaje e intentos de asesinar al propio Fidel Castro; una animadversión que culminó con la fracasada invasión de Bahía de Cochinos en 1961. Mientras, la Urss se ofreció a comprar el azúcar cubano a mejores precios y a suplir el petróleo que la isla requiriese. No había otra opción, y el 16 de abril de 1961, después del bombardeo estadounidense a varios aeropuertos, se proclamó el carácter socialista de la revolución. Una revolución que se caracterizaría por un líder indiscutible, Fidel Castro, y por una economía centralizada, con la propiedad de todos los medios de producción en manos del Estado, a excepción de algunas propiedades agrícolas que permanecieron en poder del campesinado –si bien con la obligación de vender toda su producción al Estado.

La hostilidad estadounidense fue, paradójicamente, una de las claves para que Fidel Castro permaneciese tanto tiempo en el poder. El embargo sirvió para justificar el fracaso de la revolución en el terreno económico. El empeño de Castro en manejar como una finca particular algo tan complejo como la economía de un país le llevó en 1968 a nacionalizar todas las empresas, incluidas las pequeñas y medianas: unas 58 mil. En el contexto de la Guerra Fría, la justificación de centralizar toda la economía fue defendida por Fidel con toda fiereza. Su tradicional obstinación, que le permitió a la isla no doblegarse ante el imperialismo durante 60 años, resultó también demoledora para el desempeño económico.
Cuando colapsó la Urss, la economía cubana, fuertemente dependiente de aquel país, sufrió un brutal descalabro. El Pbi cayó más de un 35 por ciento y Cuba entró en lo que se denominó “Período especial”. La situación para la población fue angustiosa. Recuérdese el episodio de la “neuropatía óptica”, una epidemia de ceguera causada por la falta de vitaminas. Fue la época de los “balseros”, que ponían en riesgo su vida para cruzar el estrecho de Florida, una emigración que unida a la de los primeros tiempos de la revolución y al éxodo del Mariel de 1980, llevó a más de un millón de cubanos a Estados Unidos.


Durante el “Período especial” Fidel Castro, por primera vez, se vio obligado a aceptar algunas medidas liberalizadoras, permitiendo los mercados libres campesinos y el ejercicio de determinadas actividades por cuenta propia, lo que supuso un cierto desahogo y una mejora de la dieta alimentaria. También, a comienzos de los noventa, se impulsó la inversión extranjera en los sectores turístico y minero, se promovió el turismo y se permitió la recepción de remesas en dólares. Pero siempre a regañadientes. Varios altos cargos que defendieron la apertura más de la cuenta –Aldana, Lage, Robaina, Pérez Roque– terminaron defenestrados.


La victoria de Hugo Chávez en las elecciones de Venezuela en 1999 supuso un duro golpe para el proceso reformista cubano. El petróleo generosamente despachado por Venezuela a precios subvencionados y los créditos otorgados por ese país a cambio del envío de médicos, supusieron un respiro para el régimen, permitiendo a Castro congelar las reformas. Cuba no destacaría por sus tasas de crecimiento pero, sumando el apoyo venezolano, los ingresos por turismo, las remesas, la inversión extranjera y las exportaciones de azúcar, níquel, medicamentos y tabaco, tampoco se iría a pique. Entonces, ¿para qué copiar, adaptándolas, las reformas chinas, que permitieron a ese país multiplicar por 40 su Pbi, alcanzar una renta per cápita superior a los 8 mil dólares y sacar a centenares de millones de chinos de la pobreza, si ello suponía ceder parte del control de la economía? No, la apertura económica no era del agrado de Fidel.


El momento dulce llegó con el acceso de Raúl a los máximos cargos y con Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos. La apertura de embajadas fue el hecho simbólico, pero hubo mucho más: por el lado estadounidense, el turismo se multiplicó por cinco y se eliminaron las restricciones al envío de remesas; por el lado cubano, se abrieron nuevos hospedajes privados y más “paladares” (restaurantes privados), se permitió un incipiente mercado inmobiliario, se aprobaron nuevos trabajos por cuenta propia y se autorizó a los cubanos a viajar libremente fuera del país. Parecen cambios menores, pero en Cuba no lo eran; aunque, sí, resultaban insuficientes. Aliviaban, pero todavía no permitían un vigoroso crecimiento. Aun así, el futuro se anunciaba prometedor, una impresión a la que contribuían las reformas liberalizadoras previstas en los “Lineamientos” aprobados en el VI Congreso del Pcc en 2011, ya con Raúl Castro como secretario general. Todavía podía conjurarse la imposibilidad de llegar a fin de mes a todo cubano que no recibiese remesas, trabajase por cuenta propia o en el sector turístico, o “distrajese” algún bien estatal para su venta. Además, con el crecimiento esperado también podría resolverse la unificación de las dos monedas –el Cup y el Cuc–, que tantas distorsiones provocan.


Pero, como si una fatalidad operara siempre en contra del proceso reformista, tres golpes lo amenazaron nuevamente: la paralización por el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, del proceso de apertura hacia la isla; la situación caótica de Venezuela, que compromete seriamente el suministro energético; y, por si fuera poco, el triunfo de Jair Bolsonaro, quien dio el carpetazo al apoyo del personal médico cubano desplazado a Brasil a cambio de varios cientos de millones de dólares anuales. El resultado ha sido una nueva paralización del proceso de reformas. El papel de los “conservadores” de la revolución en este nuevo cierre de filas es claro. En 2016 se estimó que sólo se había implementado el 21 por ciento de los “Lineamientos” aprobados en el VI Congreso, lo que habla del poder que todavía detenta el sector inmovilista.


El tiempo se agota para llevar a cabo los cambios que Cuba necesita, como el cultivo de las tierras estatales ociosas, sin poner tantas condiciones para su entrega; potenciar la inversión extranjera, cuyas cifras, en términos relativos, son las menores de América Latina; otorgar mayor autonomía a las empresas estatales; y permitir a los propios cubanos invertir en su país, expandiendo el trabajo por cuenta propia y reconociendo a las pequeñas y medianas empresas privadas. Sería esencial que la nueva Constitución, cuyo texto se discute en estos meses en Cuba, recogiera estas formas de propiedad con todas sus consecuencias, incluyendo la posibilidad de acceder a créditos o contratar a empleados directamente. Al liberalizar la economía se enriquecerán algunos cubanos y aumentarán las desigualdades, pero el Estado tiene en sus manos palancas suficientes para redistribuir la riqueza que se genere, comenzando por una política fiscal progresiva y una política presupuestaria de calidad.


¿Qué escenarios quedan si no se toman con rapidez las medidas liberalizadoras? Con el escaso crecimiento del Pbi de los últimos años y el estimado para el futuro (apenas el 1 por ciento anual), el gobierno encabezado por el actual presidente, Miguel Díaz-Canel, cuando fallezca Raúl no contará con la legitimidad que, por el contrario, le proporcionaría el progreso económico. Y no es descabellado aventurar entonces que Cuba podría terminar como Nicaragua; una chispa que se enciende y un estallido social de protestas que le sigue. En el caso de optar por la represión, el régimen cubano tendría sus días contados. Cuba no es China y su gobierno no sobreviviría a una versión habanera de las masacres de la plaza de Tiananmén. Y entonces sí, los sacrificios de 60 años para construir una sociedad más justa, más igualitaria, una sociedad que devolvió la dignidad al pueblo cubano rescatando la soberanía de la isla de la prepotencia estadounidense, habrán sido en vano.

Manuel Caruncho. Cubano. Escritor y doctor en ciencias económicas por la Universidad Complutense de Madrid.

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Domingo, 06 Enero 2019 04:56

Desde otro lugar, con otras reglas

Desde otro lugar, con otras reglas

Licenciado en letras y filósofo, Valdés se dedica al estudio de los movimientos sociales y políticos emancipatorios en América Latina, y coordina el Grupo América Latina, Filosofía Social y Axiología, del Instituto de Filosofía de La Habana. En esta entrevista1 se explaya en particular sobre las nuevas articulaciones entre mercado y socialismo en debate en Cuba.

—En las discusiones sobre el socialismo, en ocasiones se desatiende el significado de este concepto para la gente, su lugar en el sentido común de los cubanos.


—Creo que existe una novedad conceptual en el denominado “proceso de actualización” y en la discusión de una nueva Constitución. Ambos procesos, que no están desligados, tienen un impacto en la noción que sobre el socialismo hemos incorporado en la teoría y el imaginario social cubano.


En medio de tantos desaprendizajes necesarios y de tantas desconstrucciones desmovilizadoras, es innegable la necesidad de ejercer, como diría Marx, la crítica radical de todo lo existente. Hoy esa crítica implica “desaprender”, sin violar la continuidad de lo conocido, las nociones históricas conformadas y el instrumento cognitivo heredado tal y como lo recibimos de versiones limitadas del llamado marxismo-leninismo.


Las soluciones económicas, políticas, jurídicas, éticas, estéticas y culturales que necesitamos para enfrentar los nuevos retos no podrán efectuarse apelando a una cientificidad elaborada exclusivamente desde el recinto académico, ni sólo aplicando procedimientos, técnicas y metodologías institucionales. Tampoco debe tratarse de un cuerpo conceptual a priori, construido al margen de las prácticas concretas, que se aplica para la concientización de los sectores populares.


Los saberes de la gente juegan un papel político regulador de primer orden, como aprendizaje proveniente del mundo de la vida cotidiana. Una de las amenazas con que debemos lidiar es la acostumbrada construcción de dicotomías, como la escisión a veces desmovilizadora entre la economía y la política, entre plan y mercado, entre lo social y lo político, entre lo político y lo cultural.


A todas luces existe una diversidad de posicionamientos éticos y políticos en torno a la revolución, su densidad liberadora y su fardo de errores y proyecciones en las nuevas circunstancias. Muchos de estos posicionamientos reflejan sensibilidades generacionales.


Las transformaciones económicas, jurídicas y político-institucionales son fenómenos que generan estimaciones contrapuestas sobre los ritmos, orden, forma y sentido de los cambios particulares, pero que muy pocos objetan como salida ante la crisis de la economía cubana de los últimos años y la necesidad de renovar el consenso social socialista de cara a la movilidad y complejidad estructural y cultural que condiciona (y resulta de) tales acontecimientos.


—¿Cuáles de esas transformaciones destacarías? ¿Dónde están las amenazas?


—El redimensionamiento del Estado y la superación de su forma como Estado-empresario, el paso a la descentralización (mayor autonomía y facultades) de la empresa estatal socialista y su capacidad de planificación, incorporando emprendimientos autónomos en el mercado, la emergencia del sector privado en sus diversas variantes, las repercusiones de la ley de la inversión extranjera en el contexto de nuestra economía y de nuestra sociedad, las reformulaciones acerca del modo de construir la hegemonía y el papel de la sociedad civil… Todas ellas activan el imaginario dicotómico conformado en décadas anteriores que reduce y empobrece la diversidad de opciones entre la noción socialista desplegada como estatalización extrema, que sólo se podría sustituir por la “mercantilización”.


Habrá quienes sientan que se está “desmontando” el socialismo y reaccionen negativamente a los cambios, y no faltarán –interna y sobre todo externamente– quienes a la vez que saluden las aperturas llamen a seguir ensanchando el papel del mercado y la propiedad privada y la “liberación” de las trabas estatales que lo constriñen.


No existe un “antídoto” válido para cada momento histórico que nos haga inmunes a la posibilidad del retorno al capitalismo dependiente. Por otro lado, serán cada vez más visibles las voces que nos estimulen a seguir dando pasos hacia la mercantilización de la vida. Yo he insistido en la necesidad de abrir cauces y ensanchar el corredor cultural crítico del no capitalismo en la sociedad cubana.


—¿Qué entiendes por “corredor cultural crítico del no capitalismo”?


—Primero, este corredor cultural está marcado por el debate. Implica una doble dirección, porque las propuestas que se desplieguen deben combinarse y articularse con iniciativas diseñadas e intencionadas desde el ámbito institucional. No debemos prescribir negativamente a priori el carácter desinstitucionalizado de las subjetividades colectivas no capitalistas. Al contrario, es justamente uno de los componentes de su capacidad corrosiva radical: la lucha se construye desde otras bases, desde otro lugar y con otras reglas.


La realidad no es homogénea, incluso en una nación como Cuba, que ha logrado conformar un tejido social articulado sobre la base de sellos identitarios fuertes. La realidad tiene lugares sociales y perspectivas diferentes.


Para que ese corredor cultural del no capitalismo pueda significar algo socialmente y se arraigue en el sentido común es necesario que sometamos a crítica otro parámetro estereotipado: los criterios inamovibles (y tan de moda) sobre “lo revolucionario” y “lo no revolucionario”. Hay una idea de Juan Valdés Paz sobre esa necesaria pluralidad del referente axiológico revolucionario. Valdés Paz dice en El espacio y el límite que la ideología de la revolución es mucho más que una doctrina de Estado, y debe ser lo “suficientemente heterodoxa y ecléctica como para dar cuenta de la diversidad social, la historia y culturas nacionales, las experiencias socialistas, nuestra cultura política y la permanente ‘batalla de ideas’ contra el capitalismo y el sectarismo”.


—¿Apuestas por un escenario de aceptación de la diversidad como camino a ese corredor cultural crítico del no capitalismo?


—El tema de la diversidad eclosionó en el mundo social y académico cubano en los noventa. Pero igual que existe esa diversidad, existen sus lecturas. La diversidad (sexual, de género, racial, religiosa, social, ideológica, cultural, entre otras) la concibo no como un lastre a superar, sino como riqueza a potenciar y articular.


Para que la diversidad no implique atomización y desbandada es preciso desear, pensar y hacer la articulación, o lo que es lo mismo: generar procesos socioculturales y políticos desde las identidades. El pensamiento alternativo es tal únicamente si enlaza diversidad con articulación, lo que supone crear las condiciones de esa articulación (impulsar lo relacional en todas sus dimensiones, como antídoto a la ideología de la delegación); fortalecer el tejido asociativo sobre la base de prácticas y valores fuertes (de reconocimientos, justicia social y justicia ambiental, equidad de género).


Pareciera que el reconocimiento de las diferencias resulta punto de partida para la constitución de sujetos con equidad y reconocimiento de las identidades respectivas. Sin embargo, la diversidad que se pretende asumir desde el “narcisismo de las diferencias” deviene recurso ideológico y cultural de dominación, cerrando el paso a cualquier reconstrucción que pretenda levantar, sobre tales diferencias, identidades sociales colectivas capaces de trascender el orden enajenante que las discrimina a todas por igual. Las razones últimas de la fragmentación se hallan en la enajenación del trabajo. La diversidad que necesitamos potenciar y articular es la que expresa la voluntad socializadora de los individuos en proceso de emancipación socialista.


—Al escucharte da la impresión de que no basta con preguntarnos a qué socialismo aspiramos, sino que debemos hablar también de la batalla que se da en Cuba hoy entre una cultura socialista y su opuesta, la capitalista.


—En efecto. Enfrentar y superar multifacéticamente al capitalismo es un desafío histórico permanente en nuestra época, que trasciende la lucha de un país y de un grupo de países, que compromete a la humanidad en su totalidad. Hemos aprendido que no basta con subvertir sólo sus resortes estructurales e institucionales de dominio y sujeción, sino que es necesario comprender que está compuesto por “prácticas pequeñitas” –como dice Ángeles Eraña– de interacción social enajenada y fetichizada desde lo cotidiano.


Si no nos preparamos con nuevos procesos de aprendizaje/desa-prendizaje sensibles para enfrentar esas prácticas e impedimos que se coloquen como normas reguladoras del sentido de la vida la psicología del “éxito” individualista, el consumismo del “nuevo rico”, la insensibilidad frente a los privilegios reales, si no desafiamos la mirada economicista que desliga producción y reproducción de la vida, si reproducimos en nuestro accionar y sistema de valores el paradigma patriarcal discriminatorio de acceso al poder y al saber (centrado en el arquetipo “viril” y “exitoso” de un modelo de hombre racional, adulto, blanco, occidental, desarrollado, homofóbico y burgués), no podremos superarlo culturalmente en la perspectiva histórica.


—Has mencionado con mucha fuerza la necesidad de atender el sentido común de las personas y su relación con la vida cotidiana. Esto pasa también por las alternativas económicas –en materia de propiedad y gestión– que caracterizan el ámbito cubano contemporáneo. ¿Qué opinas sobre estos temas?


—Para Cuba, revolución por el socialismo con mercado es una realidad a asumir en el terreno práctico, de manera diáfana y no vergonzante, pero en modo alguno acrítica. El debate teórico y axiológico, lejos de estar dirimido, recién comienza en este punto. Ello explica la avidez con que desde los años noventa las ciencias sociales cubanas han revisitado los temas vinculados al tránsito en la Urss hacia la nueva política económica (Nep) y la controversia posterior en torno a sus significados.


Un rasgo consustancial a esos procesos es que, en ocasiones, las medidas socialistas, justificadas o no, se alzaran históricamente sobre una especie de vacío, así como sobre una inadecuada preparación de los sujetos-actores sociales, que impedía la plena hegemonía socialista.


Durante décadas se borró el conflicto, concientizado por Lenin, entre la superación económica de la propiedad privada y las circunstancias políticas que impusieron la vía jurídico-administrativa de dicha “superación”, como “castigo” a la burguesía en medio de la agudización de los combates de clase. El proyecto original, que sólo comprendía la instauración del control de la producción social y de la distribución de los productos por los soviets, devino una forma sui géneris de “implantación” del socialismo. La guerra civil y el sabotaje convierten a la expropiación y la nacionalización en medidas de autodefensa de la propia revolución. Se trataba de condiciones excepcionales que en modo alguno hacían superfluas las conclusiones esbozadas en un texto como Las tareas del proletariado en nuestra revolución, donde según Lenin el nuevo poder “no implanta” ninguna transformación que no esté ya perfectamente madura en la realidad económica y en la conciencia de la inmensa mayoría del pueblo.


La discusión sobre la disparidad de desarrollo, sus causas y clasificaciones, tiene una larga historia. De lo que se trata es de determinar si fue posible o no, o si quedó trunca la alternativa socialista al capitalismo.


¿Por qué comienzo por ahí? Porque a propósito de la Nep, la dificultad radica hoy en aceptarla o no como nuevo rumbo estratégico en el que, una vez conquistado el poder estatal por la vía revolucionaria, y dar pasos gigantescos de subversión y ruptura con las relaciones sociales capitalistas (el régimen de propiedad) y los resortes superestructurales de la dominación capitalista, se retrocede o reacomoda el proyecto hacia una fase transitoria en la que aún lo socialista no aparece como opuesto pleno, como superación societal multifacética del orden económico capitalista, aunque éste esté distorsionado por una nueva dirección hegemónica en formación.


El Che fue un crítico respetuoso de la Nep y sobre todo de su impronta posterior en la Urss. A la vez que identificaba al sistema presupuestario de financiamiento como la vía idónea para el avance del socialismo y el comunismo en Cuba, reconocía con claridad que “la economía política del período de transición falta totalmente”. Fue el artífice principal de dicho sistema y polemista agudo del cálculo económico de corte soviético, y consideró necesario que se debía mantener “durante un tiempo los dos sistemas y después entrar ya a discutir algunas cosas mucho más profundas”. El Che admite que en aquellas condiciones, “cuando el atraso es muy grande, la correcta acción marxista debe ser atemperar lo más posible el espíritu de la nueva época, tendiente a la supresión de la explotación del hombre por el hombre, con las situaciones concretas de ese país; y así lo hizo Lenin en la Rusia recién liberada del zarismo y se aplicó como norma en la Unión Soviética”.


Pero la época y las condiciones de radicalidad en que surge y avanza la revolución cubana están marcadas por el establecimiento de todo el sistema mundial del socialismo. El Che se pregunta: “¿Cómo se puede producir en un país colonizado por el imperialismo, sin ningún desarrollo de sus industrias básicas, en una situación de monoproductor, dependiente de un solo mercado, el tránsito al socialismo?”.


—Pero ¿cómo se conecta esto con la realidad cubana actual?


—No tiene sentido hoy contraponer de modo libresco las conceptualizaciones y estrategias de desarrollo que respondieron a problemáticas concretas en cada etapa y coyunturas del proceso emancipatorio cubano, al proceso en curso de reestructuración de la economía y la sociedad en las actuales condiciones. Incorporar la médula racional de cada polémica, de las posiciones divergentes confrontadas en esta historia es una necesidad que problematiza y enriquece el debate de nuestros días. Virtud del Che fue su pensamiento cuestionador de dogmas, sometiendo sus propias nociones a la crítica revolucionaria.


En una de las reuniones bimestrales (verdaderos espacios de discusión revolucionaria plural, de aprendizaje colectivo), al incentivar una lectura histórica de El Estado y la revolución, señalaba que “en cada momento tenemos que tomar medidas que en el momento siguiente podrán no ser correctas y que en el momento anterior pudieran no haber sido correctas, y que a lo mejor en este momento no son correctas tampoco, es verdad, pero hay que analizarlas en el sentido dialéctico de que todo está en movimiento, de país cercado por el imperialismo, con profundos problemas internos de producción, en proceso de reestructuración de sus instituciones”.


Esta reflexión es muy significativa tratándose del Che Guevara, para quien el proyecto socialista era multifacético e integral, y debía “crear” al hombre y la mujer nuevos, y también una nueva cultura. No sólo necesitamos más que nunca el antimperialismo y la visión anticapitalista del Che, sino retomar en los actuales escenarios de diálogos y disputas la acción multifacética de intelectuales revolucionarios que no sean “asalariados dóciles al pensamiento oficial ni becarios que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas”.


Para pensar la continuidad de la revolución hay que volver sobre lo que parecía ya entendido y hasta superado, no para incorporar acríticamente o rechazar por presunta inviabilidad, sino para resignificar todo lo valioso desde las nuevas condiciones nacionales e internacionales en que nos desenvolvemos.


El tema es polémico. A mi juicio, la complementariedad de mercado y plan, mercado y socialismo, espontaneidad y autoridad, siendo absolutamente necesarias para toda una época interformacional, de límites imposibles de fijar desde el presente, no es el “gran descubrimiento”: es el gran sucedáneo de nuestra incapacidad intelectual (o de la inmadurez societal) para descubrir el secreto de la superación histórica de la civilización del capital, pese a que asumamos conscientemente el reto que nos impone esa época. Tal vez la paradoja sea consecuencia de aquella observación de Marx: “No basta con que el pensamiento acucie hacia su realización; es necesario que la misma realidad acucie hacia el pensamiento”.


¿Cuáles serán las nuevas leyes, papel y lugar del mercado en el sistema socioeconómico? ¿Qué contenido tendrá el mercado que lo haga adecuado al proyecto social y a la economía social socialista? ¿Cómo “domesticarlo”?


Sin embargo, la mera extensión de las leyes del mercado al socialismo, sin una determinación clara del mecanismo de acción y subordinación de aquellas, muestra, hasta el momento, la posibilidad de reversión de la alternativa socialista como alternativa de emancipación humana.


—Por estos días se discute el anteproyecto constitucional. ¿Te parece un proyecto que se subordina a la realidad o que dialoga con ella sin renunciar al horizonte socialista?


—Quiero partir de que se trata de un proceso democrático, cuya esencia no se agota (o no debe agotarse) en que la gente trasmita sus criterios. Después viene la manera en que esos criterios toman cuerpo en el proyecto, y luego, cómo se implementan.


Ahora bien, esta discusión expresa, al mismo tiempo, la necesidad de continuar trabajando en el ensanchamiento de ese corredor cultural del no capitalismo, y la situación real de la cultura acumulada y existente en Cuba a la altura de 2018. Procesos como este hacen emerger, visibilizar, fenómenos que ya existen. Los planteamientos conservadores presentes en el proyecto, o que emergen en la discusión popular –digamos, por ejemplo, los relativos a la supresión del horizonte comunista o los disímiles criterios generados por el artículo 68– son un termómetro. El asunto está en qué hacemos. Como país se asume el compromiso de consultar, escuchar y tener en cuenta a todos los ciudadanos, pero como individuos tenemos la libertad de resistirnos ante estas manifestaciones conservadoras. Nos hace falta una izquierda anticapitalista sólida, sin temores, diversa pero no atomizada, y quizás este sea un asunto de comunión entre las diferentes posiciones existentes.


1. Esta entrevista fue publicada originalmente en la revista cubana Temas. Brecha reproduce fragmentos con autorización del medio.

 

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La irradiación político-intelectual de la revolución cubana

La llegada de los rebeldes al poder fue un revulsivo en la región latinoamericana y en el mundo, pero fue también la ocasión para poner en debate, y en acción, aquello que había fracasado en las revoluciones anteriores, en particular en la rusa. La cuestión de la burocracia, de los estímulos morales o materiales y de la necesidad de superar la jerarquía del trabajo intelectual ante el manual, adquirieron centralidad en los debates que impulsó el Che y que tuvieron eco en los principales intelectuales de izquierda de la década de 1960.

Desde sus comienzos la revolución tomó rumbos originales y promovió actitudes solidarias de los militantes y cuadros que fueron a trabajar en las cosechas de caña o a colaborar con causas revolucionarias en otros países. La importancia que adquirió el trabajo voluntario no puede ser soslayada, ya que es una muestra de conciencia de una parte del pueblo cubano. Como señalara el Che, la importancia del trabajo voluntario no se relaciona con la economía sino que se refleja “en la conciencia que se adquiere frente al trabajo y en el estímulo y ejemplo que significa esa actitud para todos los compañeros de las distintas unidades de trabajo”.1


Fue más importante aun porque en el trabajo voluntario estuvieron involucrados no sólo militantes del partido y cuadros, sino también administrativos y técnicos que establecieron, como señala el Che, lazos horizontales de camaradería allí donde la organización capitalista del trabajo los mantenía separados. En este punto el Che manifiesta una posición que lo entronca con lo mejor del pensamiento crítico y las experiencias emancipadoras: “El trabajo voluntario se convierte entonces en un vehículo de ligazón y de comprensión entre nuestros trabajadores administrativos y los trabajadores manuales, para preparar el camino hacia una nueva etapa de la sociedad (…) en la que no existirán las clases y, por lo tanto, no podrá haber diferencia alguna entre trabajador manual o trabajador intelectual, entre obrero o campesino”.


AÑOS LUMINOSOS.


Sería ocioso enfatizar sobre la coherencia entre palabra y acción en militantes como el Che. La dirección cubana, por lo menos en la década de 1960, no escatimaba el debate sobre la burocratización del Estado, ni sobre los principales problemas que enfrentaba la sociedad posrevolucionaria. Fueron años luminosos con amplias discusiones en las que intervinieron el Che, Charles Bettelheim y Ernest Mandel, entre otros, cuyas posiciones fueron publicadas en Cuba entre 1963 y 1964 y debatidas abiertamente. No es el objetivo de este artículo reproducir aquellos debates, sino apenas usarlos como espejo en el que observar nuestra discusión actual sobre la transición a un mundo nuevo, para comprobar el terreno perdido por la rigurosidad y la profundidad en aras de análisis de escaso vuelo político y teórico.


Mandel hizo una buena síntesis de los debates. En su opinión, había cuatro cuestiones. Dos de ellas se relacionaban con la política del gobierno revolucionario: la organización de las empresas industriales y el papel de los estímulos materiales en la construcción del socialismo. Las otras dos eran de orden teórico: si la ley del valor opera en la transición, y el carácter de los medios de producción estatizados, si eran mercancías, propiedad social o tenían otra naturaleza. Una parte sustancial de la discusión se centraba en la supervivencia de las categorías mercantiles en la nueva sociedad, cosa que el Che tendía a negar, preocupado por las consecuencias en la subjetividad de los trabajadores.


El Che defendió la planificación centralizada frente a quienes promovían la autonomía financiera de las empresas, que argumentaban que favorecía la eficiencia y la rentabilidad. En cuanto a los estímulos materiales, no los rechazaba de plano pero creía que podían atentar contra la cohesión de la clase trabajadora y fomentar el enriquecimiento individual. Era consciente de que el estímulo material sólo podía morir gradualmente, y contra quienes apostaban a que era la palanca para el crecimiento económico, sostuvo que “en tiempo relativamente corto el desarrollo de la conciencia hace más por el desarrollo de la producción que el estímulo material”. Respecto de la organización de las empresas, el proceso cubano fue atravesando varias etapas que modificaron su realidad.


A grandes rasgos, el intenso debate de los años sesenta y las experiencias de los años 1967¬1970 tuvieron un final abrupto con el fracaso de la zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar, en la que el partido y el gobierno habían empeñado al país aun al costo de desorganizar la producción. A partir de ese momento Cuba adoptó los criterios económicos de la Unión Soviética. Pero antes de esa coyuntura crítica, se tomaron decisiones realmente interesantes, aunque algunas de ellas puedan considerarse utópicas y hasta aventureras.


El Che y sus aliados en el gobierno eran partidarios de limitar las relaciones mercantiles. Una de esas expresiones era la prioridad que otorgaban al trabajo voluntario, pero también se negaban a considerar que las empresas estatales fueran mercancías, y sostenían que la ley del valor no regularía la economía cubana, sino el plan, mostrando la contradicción existente entre plan y mercado. En ese sentido, las empresas no debían tener autonomía ya que ésta alentaría las relaciones mercantiles. En realidad era un debate de hondo contenido político bajo formas económicas, debate en el que se ponía el acento en la educación, la “eliminación de las taras de la vieja sociedad” y el avance de la conciencia de los trabajadores.
Sin embargo, la ofensiva de este sector contra esas “taras” llegó, en opinión de muchos analistas y más adelante de la propia dirección cubana, a tomar medidas ilusorias que naturalmente fracasaron: supresión de las primas y las horas extraordinarias, supresión total de los alquileres (que al comienzo de la revolución habían sido reducidos al 10 por ciento del salario del arrendatario), gratuidad del teléfono y de otros servicios. Pero además desapareció la contabilidad financiera y el cálculo de rentabilidad de las empresas, con lo cual “había desaparecido el método para saber si los obreros, empleados y directivos trabajaban poco o mucho, bien o mal, si se producía a bajo o alto coste, si merecía la pena producir un bien o importarlo”, como señala Arturo Recarte.


El salario se desvinculó de cualquier pauta de rendimiento y en 1966 se suprimieron los sindicatos y las organizaciones de masas, con excepción de los Comités de Defensa de la Revolución. Parte de la ofensiva contra las relaciones mercantiles se concretó en el cierre masivo de tiendas, almacenes y talleres, convirtiendo a los artesanos y comerciantes en proletarios. Sólo en La Habana se nacionalizaron 13 mil establecimientos privados (unos 55 mil en todo el país); en 1968 el sector privado había dejado de existir y medio millón de habitantes de la capital se disponían a trasladarse al campo para participar en la zafra.


Pero las propuestas del Che, expresadas en su rechazo tanto a las categorías mercantiles como a la burocracia, mostraban una seria preocupación por la posible constitución de una capa privilegiada de tecnócratas y burócratas como los que había conocido en sus viajes a Polonia, Checoslovaquia y la República Democrática Alemana, donde “encontraba al hombre soviético muy parecido al yanqui”, ya que se afanaba en producir más para ganar más.


El fracaso de la zafra de los 10 millones de toneladas en 1970 generó enormes tensiones sociales y económicas y una gran desorganización de la producción, ya que se habían abandonado sectores enteros en aras de tal propósito. En ese momento se registró un profundo viraje hacia la Unión Soviética que tuvo consecuencias de largo plazo para la revolución. Nació la “nueva política económica”, los salarios quedaron vinculados a la productividad, la política de gratuidades fue limitada, se redujeron las jubilaciones y pensiones y algunos precios sufrieron incrementos. Los controles contables y financieros sobre la actividad de las empresas fueron reinstalados, mejorándose la información estadística, al tiempo que se retornó al sistema de presupuesto estatal.


LA VÍA SOVIÉTICA.

En 1975 el primer congreso del Partido Comunista de Cuba oficializó el viraje: “El sistema de dirección de la economía debe fundamentarse en las leyes económicas objetivas que actúan en la etapa de construcción del socialismo, y dentro de éstas, tener en cuenta la vigencia de la ley del valor, y de las relaciones monetario-mercantiles que existen”. En adelante las empresas mantendrán relaciones mercantiles, un director como autoridad máxima designada por el órgano superior y asesorado por un consejo de dirección donde están representados los sindicatos, y el trabajo voluntario será regulado por ley. En 1971 se había promulgado una ley de trabajo obligatorio.


Aunque se mantuvo la espectacular reducción de las desigualdades sociales en beneficio de los más pobres, el pleno empleo y el carácter gratuito de servicios como salud, vivienda y educación, la cantidad de burócratas aumentó dos veces y media entre 1973 y 1984; en una década los empleados administrativos pasaron de 90 mil a 248 mil y el personal directivo de 180 mil a 250 mil, distorsiones que tuvieron consecuencias en la producción y en la sociedad. Hubo empresas donde la mitad de los empleados eran obreros y la otra mitad administrativos y técnicos, como consecuencia de la ampliación del abanico salarial a favor de los más capacitados, lugar que todos querían ocupar aunque no lo merecieran o no estuvieran preparados. En paralelo, aumentó el ausentismo, cayó la productividad en el trabajo y se expandió el mercado negro. Algo común a todos los países socialistas.


El péndulo de la historia llevó a la revolución desde los experimentos igualitarios hasta la instauración de jerarquías, en cuya cúspide aparecen los altos funcionarios del partido y del Estado, que cuentan con privilegios a los que no accede la mayor parte de la población (véase nota de Amaury Valdivia). Desde la mirada centrada en las relaciones sociales puede concluirse que hubo un reforzamiento de la división del trabajo, que aumentaron las desigualdades y disminuyó el contrapoder de los trabajadores respecto de los primeros años.
En 1965 se habían instaurado consejos de trabajadores en las empresas para juzgar los problemas de disciplina y darle seguimiento a la legislación laboral, pero fueron gradualmente limitados, mientras se reforzaron los poderes disciplinarios de los administradores aunque, todo debe decirse, en 1977 la mayoría de los trabajadores participaban en las asambleas mensuales de producción en las grandes empresas.


En el caso de Cuba, al igual que en los países orientados en torno a la Unión Soviética, llama la atención que no haya habido debates sobre el carácter de clase del poder, como existieron en Rusia y China, y como debatían en esos años los intelectuales cercanos a la revolución cubana. Sorprende porque en Cuba, a diferencia de lo que sucedía en otros países socialistas, la posibilidad de opinar y disentir no había sido completamente coartada. No existe y nunca existió un debate sobre si la burocracia estatal, cuya existencia nadie niega, es una clase o el germen de una clase opresora. La ideología soviética siempre excluyó esta eventualidad, de modo que las movilizaciones sociales y la crítica que sobreviven bajo el régimen posrevolucionario se identifican siempre con los enemigos de la revolución y el imperialismo. Es un comportamiento distinto al que vivieron los comunistas chinos bajo la revolución cultural, en la que los enemigos de clase y las fuerzas sociales en pugna eran producto del período de transición.


La revolución cubana ha sido muy importante para la región latinoamericana, contribuyendo como ningún otro proceso al fortalecimiento y la autoestima de los sectores populares organizados: mostró que es posible derrotar a las oligarquías locales y resistir exitosamente al imperialismo; enseñó que, en el acierto o en el error, aun los pequeños países pueden tomar sus propias decisiones de forma independiente respecto de los poderosos del mundo. Pero también dejó una simiente problemática: la negación de las contradicciones bajo el nuevo régimen casi siempre supone la acusación a los disidentes de hacerle el juego al enemigo. En este sentido, se actualiza una de las peores tradiciones del movimiento comunista internacional, la que llevó a Stalin a imponer un poder omnímodo acusando de agentes del enemigo a todos los disidentes, diferencias que se saldaron en prolongadas estancias en los campos de trabajos forzados (gulag) o frente al paredón, práctica que en Cuba, por fortuna, ha sido excepcional.


1. Las referencias a los escritos del Che están tomadas de Obras escogidas. Tomo 2(Fundamentos, Madrid, 1976), y de Escritos económicos (Pasado y Presente, Córdoba, 1969).

Para los debates sobre economía véase Ernest Mandel, “El gran debate económico”, en Ernesto Che Guevara Escritos económicos (Pasado y Presente, Córdoba, 1969) y en Paul Sweezy y Charles Bettelheim, Algunos problemas actuales del socialismo (Siglo XXI, Madrid, 1973).
Los datos sobre Cuba provienen de Janette Habel, Rupturas en Cuba(Universidad Veracruzana, México, 1994), y Arturo Recarte, Cuba: economía y poder (1959-¬1980) (Alianza, Madrid, 1980).

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Sábado, 05 Enero 2019 07:20

La esperanza secuestrada

La esperanza secuestrada

Los ideales que inspiraron a la revolución cubana están secuestrados por una clase burocrática que avanza en el camino del agotamiento y la desmovilización interna.

Soy un producto “genuino” de la obra revolucionaria: nacido en 1987, mis recuerdos de los últimos años de bonanza económica subsidiada por la Unión Soviética son prácticamente inexistentes, pero comienzan cuando la participación y la entrega de la mayoría iban sin cuestionamientos tras los llamados a tareas colectivas desde el liderazgo del país, especialmente de Fidel.


Fui educado en plena crisis de los años noventa por profesores que, sin tener casi qué comer, no dejaron de ir a las escuelas. Fui dirigente de los Pioneros y la federación estudiantil de la enseñanza media; soy graduado de periodismo en una universidad cubana en la que no tuve que pagar un centavo por matrícula o libros, y participé con entusiasmo, tras mi graduación, en el llamado para “cambiar todo lo que debe ser cambiado” en el sistema de medios estatales del país.


Hoy, en cambio, soy considerado un “subversivo” y un “mercenario” por el sistema en el que he decidido seguir viviendo, aunque sea al margen de la legalidad y en condición de outsider de la institucionalidad estatal y gremial.


¿Mi falta? Impulsar un ejercicio de la comunicación pública y el periodismo fuera del control del Partido Comunista, que hace balance y seguimiento del poder y de su pensamiento.


Y ahí llegué después de confirmarme que, desde dentro, muy poco o nada se puede hacer para transformar una estructura que perdió hace muchos años su capacidad autorregenerativa y sólo reproduce conservadurismo.


En manos de esa estructura está construir y multiplicar sentidos que reproduzcan y mantengan activos los “ideales” de un modelo único en el mundo. Y aunque deteriorados por el efecto de años de sacrificios materiales e idas y venidas políticas (pero especialmente por el sostenido distanciamiento entre el discurso oficial y la realidad cotidiana), los valores fundacionales de la revolución cubana todavía subsisten y generan capital de movilización.


El altruismo, la solidaridad, las ansias de justicia social, el humanismo y la defensa de la soberanía nacional emergen lo mismo en el edificio donde un vecino necesita ayuda que ante coyunturas de desastres, discriminaciones, actos de inhumanidad e injerencia externa.


Pero esos mismos valores (fomentados, enseñados, inculcados) han comenzado a diluirse entre jóvenes y adolescentes que hoy, en creciente mayoría, se muestran menos interesados en replicar sacrificios y retóricas y ponen la prosperidad económica como la meta principal de sus vidas.


Ante la realidad del bloqueo económico y político desplegado por Estados Unidos desde inicios de los años sesenta, construir a la defensiva ha sido imperativo. Pero también pretexto.


Bajo el antiguo precepto de que en plaza sitiada cualquier disidencia es traición, la capacidad de respuesta del sistema socialista cubano ante lo diferente se ha configurado y mantenido en niveles sumamente bajos.


Para controlar han echado mano a varias prácticas cuestionables en el ordenamiento y la aplicación de la justicia. La primera es la vaguedad en las regulaciones, por ejemplo, con prohibiciones de crear o distribuir “contenidos lesivos a los valores éticos y culturales”, sin definir cuáles son esos valores.


Otra muestra es la discrecionalidad en la aplicación de las leyes y el doble rasero en las decisiones: centenares de solicitudes esperan ser aprobadas en el registro de asociaciones del Ministerio de Justicia desde hace una década, pero en menos de tres años un artista extranjero consigue que le dejen tener una Ong en Cuba; sencillamente porque tiene la voluntad (a favor) del más alto nivel de “dirección del país” de su lado.


INDEFENSIÓN.


A todo ello súmese la dificultad para acceder a la justicia colegiada para reclamar una decisión de la administración estatal. En la inmensa mayoría de los casos quien decide si procede la reclamación ante un decomiso policial, por citar un caso, es el jefe de los policías; y el afectado no tiene oportunidad de llevar esa decisión a un tribunal.
Todo ello ha colocado a los ciudadanos en una situación de indefensión tal ante el Estado que se rompe cualquier ideal del rol del funcionariado como “servidor público” en un sistema de justicia social. Por más que lo digan, los funcionarios en Cuba no se deben al pueblo, sino a sus jefes.


En las últimas décadas la aspiración democrática que radica en las bases mismas del socialismo ha sido moldeada y resignificada a conveniencia de la gobernabilidad. Y ese es un juego peligroso para el prestigio.


De un día para otro hemos pasado de ir a prisión por tener dólares estadounidenses en las manos, a necesitarlos desesperadamente. Hemos pasado de ser discriminados en tierra propia al no poder entrar a hoteles o tener teléfonos celulares, a ser el segundo mayor mercado de ingresos para el turismo y generar una de las fuentes de divisas más frescas para la exhausta economía nacional con las “recargas de saldo”.


Y para aportar el gesto más reciente, los voceros oficiales han pasado de condenar al béisbol profesional como “la pelota esclava”, a firmar un acuerdo con la organización de las Grandes Ligas estadounidenses para que los peloteros cubanos puedan contratarse en “la gran carpa” a través de la federación del deporte en el archipiélago.


Cada decisión ha respondido a una coyuntura distinta, pero las consecuencias en las vidas de las personas han sido demasiado concretas como para no poner en crisis la subjetividad de los valores que las han sustentado.


La práctica-pragmática política de 60 años en el gobierno, en manos de las mismas personas, comienza a pasar factura en la credibilidad. Hemos visto demasiados ires y venires de un punto a su opuesto, dichos o ejecutados por las mismas personas.


Quien lo señale, lo alerte, cae con mucha facilidad en el bando de los incómodos. La “debilidad político-ideológica” cae como sambenito cuando se pone en cuestión una decisión “de arriba”. Casi todo aquel que ha tenido un pensamiento propio, incluso hereje, ha pagado consecuencias por intentar hacer más flexible el orden dentro de la plaza sitiada.


Pero ¿cómo creer a quien donde dijo “digo” dice “Diego”? El cinismo, la simulación a conveniencia, se convierten en “antivalores” útiles para capear las consecuencias de ser transparente u honesto en un momento en que no es “conveniente” políticamente. En ese proceso muere la sincera participación en la construcción colectiva de un proyecto, aunque no se haya dejado de creer en los mismos valores compartidos.


Está inconclusa nuestra república (la de José Martí, “con todos y para el bien de todos”) porque una “vanguardia” autoerigida en poseedora de todo el saber y el poder, legitimada por un sistema representativo de votación indirecta, afirma gobernar en nombre de todos, aunque en realidad sea en nombre de su tranquilidad.


Si socialismo es socializar el poder, la propiedad, la riqueza, el conocimiento, la información… todavía hay oportunidad para construir consenso; pero no de la mano de un aparato que fabrica enemigos a conveniencia.


En cada joven que ha sido sancionado, señalado como problemático, obligado a aceptar una imposición que con el paso del tiempo los mismos que la impusieron flexibilizan, se ha levantado un valladar y sembrado el germen de la desconfianza.


Los ideales se agotan cuando quienes deben mantenerlos frescos, vitales, persisten en el camino de la exclusión. Van avanzando en su ruta sólo con los dóciles y con los que tienen el don de la oportunidad (para simular sus posturas o esconderlas y adaptarlas a las circunstancias), y esa puede ser la receta perfecta para entrar a un callejón sin salida mientras se afirma buscar la ruta que conduce al campo abierto de todas las libertades.

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