Soldados del Ejército Bolivariano de Venezuela montan guardia en el puente internacional Las Tienditas que une a Colombia con Venezuela.Foto Ap

Caracas. Los fantasmas de Irak, Libia y Siria pasean libremente por las calles de Caracas. Son el espejo en el que líderes políticos y sociales venezolanos se miran y ven a su país. Son la referencia obligada para analizar las amenazas de intervención militar por parte del presidente estadunidense Donald Trump.

En 2003, Washington invadió Irak, con el pretexto de que el régimen de Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. En 2011, una intervención militar multinacional, de la que Estados Unidos fue parte, derrocó y asesinó a Muamar Kadafi y sumió al país en la ruina. Desde 2011, las potencias occidentales han auspiciado una guerra civil, y desde 2014 han realizado incursiones bélicas para deponer a Bashar al Assad.

Las intervenciones militares en estos tres países fueron justificadas inventando que sus gobiernos tenían en su poder armas químicas o de destrucción masiva o que eran un peligro para la paz y la estabilidad mundial. También, en nombre de los derechos humanos, la democracia y la igualdad de género. En los hechos, fueron verdaderas guerras de conquista y saqueo de los recursos naturales, sobre todo de gas natural y petróleo.

Resulta entonces inevitable que el chavismo analice su situación actual desde la perspectiva de las agresiones neocoloniales a esas naciones. No hay en ello novedad. Venezuela ha sido, desde 1999, un actor clave en la diplomacia petrolera que permitió elevar los precios del oro negro entre 1998 y 2012. Tiene relaciones estrechas con el mundo árabe.

El presidente Nicolás Maduro ha sido el primero en asomarse al espejo libio y sirio. Conoce bien lo sucedido en estas naciones. Fue canciller de su país entre 2006 y 2013 y artífice de la diplomacia petrolera. Por ello, reconoció en la conferencia de prensa del pasado viernes, que "hay puntos en común entre la política que llevó a la destrucción y el desmembramiento de Libia, llevó a la agresión y destrucción de Siria y la política que se ha aplicado contra Venezuela".

Y añadió: "Se pretende destruir países independientes con grandes fuentes de riquezas. En Venezuela no han llegado al punto que llegaron en Libia o en Siria: crear una oposición armada. ¡No se lo vamos a permitir!"

Su advertencia no es nueva. Apenas el pasado 12 de diciembre acusó a Estados Unidos de pretender sumir a su país en la violencia, como ocurrió en naciones donde intervino militarmente. “Están jugado con candela –denunció. Ellos quisieran ver a Venezuela partirse en 20 pedazos como hicieron en Irak, Libia y Siria, y luego dejarlo en las manos del caos del terrorismo y de la violencia”.

Guerra no convencional

Con el análisis del presidente Maduro coinciden, al menos en parte, diversos analistas. Según el colaborador de La Jornada Raúl Zibechi, La clave del actual conflicto en ese país es más geopolítico que social. Venezuela, explica, es una nación plena de riquezas. Es un país emplazado en una posición estratégica, es bisagra entre dos subcontinentes. "Creo que se está configurando una guerra interna en Venezuela, de manera que puede convertirse en la Siria de América Latina".

Según dijo a este diario Juan Contreras, integrante de la Coordinadora Simón Bolívar del Barrio 23 de Enero, su país enfrenta hoy una guerra mediática que ha tratado de crear en la opinión pública internacional la idea de que Venezuela es un Estado fallido o un narco estado; de que hay anarquía y por eso deben intervenir. Es, asegura, una guerra no convencional asimétrica. Es un formato parecido a lo ocurrido en Libia, Irak, Afganistán y Siria.

El mensaje que manda Washington es que hay que destruir al Estado nación. Combina esta táctica con la teoría del caos. Trata de estrangular al país financiera y económicamente, e impedir que se consigan medicinas y alimentos. Por eso, en 2015 Estados Unidos declaró a Venezuela una amenaza inusual. Y desde entonces ha insistido en que hay una crisis humanitaria y que se requiere ayuda humanitaria, preparativos de una intervención militar.

Parte de esta táctica, precisa, es la guerra por delegatura a un tercer país. Y se lo ha encomendado a Colombia, que se presta en esta situación por conducto de un presidente de la extrema derecha, como Iván Duque. Lo mismo sucede con Jair Bolsonaro en Brasil y con Macri en Argentina. Son los títeres del imperio.

Los escenarios

Luis Bonilla es un reconocido pedagogo venezolano y un fino analista de la realidad de su país. “Washing-ton y las naciones imperiales europeas –explica a La Jornada– han abierto una situación de golpe de Estado. Han lanzado un ultimátum en dos vías: a) negociación para una transición y, b) opción militar con una fuerza multinacional. En ambos casos el único punto de llegada aceptable para ellos es la salida del gobierno del presidente Maduro”.

Pero, como la "solución" negociada parece altamente improbable, pareciera ser que la segunda vía se abre paso. En este caso, las opciones a seguir serían: 1) la de Panamá para sacar a Noriega; 2) como en Libia o Irak, con una "tormenta del Caribe"; 3) una intervención parecida al escenario sirio.

"Pienso que la tercera iniciativa es la más viable. Podría estarse construyendo ya". Por ello plantean tres puntos de recolección de medicinas y alimentos: a) La ciudad de Cúcuta, en la frontera occidental con Venezuela; b) Roraima, en Brasil, que se conecta con la frontera sur de Venezuela y, c) En Curazao o Aruba, lo que permitiría accionar desde la región nororiental.

Hasta ahora, explica, quienes promueven la invasión han señalado que el primer intento de ingreso de "ayuda humanitaria" se produciría desde Cúcuta. Esto se debe a que Táchira es uno de los bastiones históricos de la derecha conservadora.

“La entrada de la "ayuda humanitaria" por este lugar tendría como propósito controlar militarmente ese estado, y extenderse hacia los de Mérida y Trujillo, privando al centro del país de un importante surtidor de alimentos.

“Han señalado que si la ayuda humanitaria (que busca ser entregada por soldados venezolanos que han desertado en los pasados 20 años) llega a ser rechazada, se verían obligados a llamar a la conformación de una fuerza multinacional que garantice su ingreso. Si logran controlar Táchira, podrían plantearse un segundo momento de expansión hacia los pozos petroleros fronterizos con Colombia.

“La apuesta imperialista –concluye– sería deteriorar las condiciones de vida de la población de tal forma que podría precipitarse una rebelión popular y el resquebrajamiento de la unidad militar, con lo la fuerza multilateral estaría en posibilidades de entrar triunfante a la capital venezolana. Pero esa sería su apuesta. Otra cosa es que puedan hacerlo.”

 

Por Luis Hernández Navarro

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"El enviado de Trump para Venezuela es un criminal de guerra y un cómplice de genocidio"

Como parte de los esfuerzos de EE.UU. para derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro, el vicepresidente Mike Pence se reunió en la Casa Blanca con miembros de la oposición venezolana, junto al nuevo enviado especial de Trump para Venezuela, Elliott Abrams. Abrams es un “halcón”, procesado en 1991 por mentir al Congreso durante el escándalo Irán-Contra. En la década de 1980, Abrams defendió al dictador Efraín Ríos Montt mientras supervisaba su campaña de asesinatos y tortura masiva de comunidades indígenas en Guatemala. Además, en el año 2002 Abrams estuvo vinculado al intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez en Venezuela.

 

Para ampliar esta información, vea el análisis del historial de Abrams que hacemos en Democracy Now! junto al galardonado periodista de investigación Allan Nairn, que lo investiga desde hace más de tres décadas. Nairn ha ganado el premio George Polk en dos oportunidades y también ha recibido el premio de la organización Robert F. Kennedy Memorial.
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Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.


AMY GOODMAN : Mientras se desarrolla la crisis en Venezuela, regresamos a mi conversación con el premiado periodista de investigación Allan Nairn. Le pedí que nos hablara sobre Elliott Abrams, el nuevo enviado especial de Estados Unidos para Venezuela.
ALLAN NAIRN : Abrams fue el hombre clave en la política del Gobierno de Reagan hacia Centroamérica, cuando ese Gobierno estaba instigando lo que un tribunal dictaminó recientemente como un genocidio en Guatemala, cuando Estados Unidos apoyaba al Ejército de El Salvador en una serie de asesinatos y masacres realizadas por escuadrones de la muerte, y cuando Estados Unidos invadía Nicaragua con grupos armados de la Contra que atacaban lo que un general estadounidense describió como “objetivos fáciles”, en referencia a civiles, cooperativas y cosas así. Abrams luego regresó durante el gobierno de George W. Bush, se unió al Consejo de Seguridad Nacional y fue un hombre clave en la implementación de la política estadounidense de respaldo a los ataques israelíes contra Gaza, cuando Estados Unidos se negó a aceptar los resultados de las elecciones en Gaza en las que Hamas derrotó a Fatah, y en cambio Abrams y sus secuaces respaldaron una operación de guerra para anular los resultados de las elecciones y respaldar a las fuerzas de Mohammed Dahlan. Algunos comentaristas han dicho: “Bueno, Abrams no es del grupo de Trump. El representa lo tradicional, la política exterior de Estados Unidos ya establecida”. Y eso es verdad. El problema es que esa política de Estados Unidos ha sido la de fomentar los genocidios cuando Estados Unidos lo ha creído necesario. En el caso de Guatemala, Abrams y el Gobierno de Reagan estaban aprobando el envío de armas, dinero, inteligencia y la provisión de cobertura política al Ejército de Guatemala mientras este estaba arrasando las zonas mayas de las montañas del noroeste, borrando de la faz de la tierra 662 pueblos, según cifras del propio Ejército, decapitando niños, crucificando personas, usando las tácticas que ahora asociamos con el ISIS . En un caso particular, en 1985, una activista que trabajaba con familiares de personas desaparecidas, llamada Rosario Godoy, fue secuestrada por el ejército. Ella fue violada y su cuerpo mutilado fue encontrado junto al de su bebé. Las uñas del bebé habían sido arrancadas. Cuando se le preguntó al Ejército guatemalteco acerca de esta atrocidad, dijo: “¡Oh!, murieron en un accidente de tráfico”. Cuando se le preguntó a Elliott Abrams sobre este incidente, él afirmó también que murieron en un accidente de tráfico. Esta activista fue violada y mutilada, y su bebé apareció con las uñas arrancadas, y Abrams dijo que fue un accidente de tráfico. Es algo muy similar a la postura que Abrams tomó sobre Panamá. Cuando Noriega, el dictador de Panamá respaldado por la CIA , quien estuvo involucrado en el narcotráfico, y al que Estados Unidos más tarde decidió derrocar… cuando las fuerzas de Noriega secuestraron al disidente panameño Hugo Spadafora y le cortaron la cabeza con un cuchillo de cocina, Jesse Helms fue el único que intentó investigar en el Congreso de Estados Unidos, y Elliott Abrams lo detuvo, diciendo: “No, necesitamos a Noriega. Él está haciendo un muy buen trabajo. Está cooperando con nosotros”. En el caso de El Salvador, luego de la masacre en El Mozote, donde un batallón entrenado por Estados Unidos masacró a más de 500 civiles, degollando a niños por el camino, Abrams tomó la iniciativa en negar que tal cosa hubiera sucedido. Y luego describió los resultados de las políticas del Gobierno de Reagan hacía El Salvador como un logro fabuloso. Lo dijo incluso después de que la Comisión de la Verdad de El Salvador emitiera un informe diciendo que más del 85% de las atrocidades habían sido cometidas por las fuerzas armadas y los escuadrones de la muerte, que tenían una práctica particular que consistía en cortar los genitales de sus víctimas, metérselos luego en la boca, y dejarlos a la vista de todos en los bordes de las carreteras de El Salvador. Cuando yo aparecí en el programa de televisión de Charlie Rose con Elliott Abrams, sugerí que él debería ser sometido a juicio, llevado ante un tribunal al estilo de Nuremberg y juzgado por su papel en la facilitación de crímenes de guerra y de lesa humanidad. Abrams se burló de la idea, y dijo que era algo “ridículo”, pero en realidad no negó ninguno de los hechos respecto a lo que había hecho. Dijo que todo había sido necesario en el contexto de la Guerra Fría. Entonces, este es Elliott Abrams, quien ahora ha sido nombrado como la persona a cargo de los aspectos clave de la política de Estados Unidos hacia Venezuela.


AMY GOODMAN : Allan, veamos ese video. Esto ocurrió en marzo de 1995, cuando usted y Elliott Abrams estuvieron en el programa de Charlie Rose de la cadena PBS. El video empieza con usted.
ALLAN NAIRN : Es decir, creo debemos aplicar las mismas reglas. El presidente Bush habló una vez de someter a Saddam Hussein a juicio por crímenes de lesa humanidad, en un tribunal como el de Nuremberg. Creo que es una buena idea. Pero si eres serio, tienes que ser imparcial. Si nos fijamos en un caso como este, creo que tenemos que empezar a hablar de llevar a juicio a funcionarios guatemaltecos y estadounidenses. Creo que alguien como el señor Abrams sería un sujeto para una investigación similar a la de Nuremberg. Pero estoy de acuerdo con el señor Abrams en que los demócratas tendrían que sentarse en el banquillo de los acusados junto a él. El Congreso ha estado involucrado en esto. El Congreso aprobó la venta de 16.000 fusiles M-16 a Guatemala. En 1987 y 1988…


CHARLIE ROSE : De acuerdo, pero espera un segundo. Yo solo… antes… porque…
ALLAN NAIRN : …votaron a favor de enviar más ayuda militar de la que los republicanos habían pedido.


CHARLIE ROSE : Una vez más, lo invito a usted y a Elliott Abrams a volver a discutir lo que él hizo. Pero ahora mismo…
ELLIOTT ABRAMS : No, gracias, Charlie, pero no aceptaré…


CHARLIE ROSE : Espere un segundo. Adelante. ¿Quieres responder a la pregunta sobre si debe ir a juicio?
ELLIOTT ABRAMS : Es ridículo. Es ridículo responder a ese tipo de estupidez. Este tipo cree que estábamos en el lado equivocado en la Guerra Fría. Tal vez él personalmente estaba en el lado equivocado. Soy uno de los muchos millones de estadounidenses que se alegraron de ganar.
ALLAN NAIRN : Señor Abrams, usted estaba en el lado equivocado al apoyar la masacre de campesinos y activistas, y cualquiera que se atreviera a hablar. Y eso es un crimen. Eso es un crimen, señor Abrams, por el que la gente debe ser juzgada. Las leyes de Estados Unidos…
ELLIOTT ABRAMS : Sí, claro, someteremos a juicio a todos los funcionarios estadounidenses que ganaron la Guerra Fría.


AMY GOODMAN : Allan, ese era Elliott Abrams respondiéndole en en el programa de Charlie Rose en PBS. ¿Su respuesta?
ALLAN NAIRN : Bueno, creo que lo que dijo en nuestro intercambio habla por sí mismo. Pero debo señalar que el pasado septiembre, el pasado 26 de septiembre, en un juicio por genocidio en Guatemala, un juicio en el que testifiqué y di evidencia, el tribunal dictaminó que lo que el ejército guatemalteco hizo en Guatemala, en el caso de ese juicio en particular, lo que le hicieron a la población maya ixil, pero también se lo hicieron a otras poblaciones maya en Guatemala. En ese juicio el tribunal dictaminó formalmente que eso constituyó un genocidio. Y en su fallo, y esto es bastante importante, dijeron que este genocidio fue llevado a cabo por el ejército guatemalteco en acuerdo con y, esencialmente, a instancias de las políticas de Estados Unidos, de los intereses de Estados Unidos. Por lo tanto, el caso era muy sólido en la década de 1990, cuando argumenté en el programa de Charlie Rose que Abrams debería ser llevado a juicio, pero ahora es aún más fuerte, porque existe el dictamen del tribunal guatemalteco sobre este genocidio, diciendo que ese genocidio deriva de las políticas de Estados Unidos. Y eso ni siquiera incluye lo que se hizo con El Salvador, Panamá, Nicaragua, Palestina y otros lugares.


AMY GOODMAN : Vamos a ver un fragmento de lo que dijo el secretario de Estado Mike Pompeo cuando anunció que Elliott Abrams sería la persona clave en Venezuela.
SECRETARIO DE ESTADO MIKE POMPEO : La pasión de Elliott por los derechos y libertades de todos los pueblos le hacen la persona perfecta y una incorporación valiosa y oportuna. […] Elliott será un verdadero activo para nuestra misión de ayudar a los venezolanos a restaurar plenamente la democracia y la prosperidad de su país.


AMY GOODMAN : Allan Nairn, ¿su respuesta?
ALLAN NAIRN : Bueno, Abrams ciertamente tiene pasión. Tiene mucha pasión. Y también es muy inteligente. Entonces, cuando Estados Unidos estaba respaldando al ejército guatemalteco en lo que ahora ha sido juzgado como genocidio, cuando daba apoyo, entrenando, incluso en algunos casos participando en los interrogatorios junto con los escuadrones de la muerte que Estados Unidos creó originalmente, Abrams fue muy apasionado para asegurarse de que las armas y el dinero llegaran a su destino, y en aparecer persistentemente en la televisión estadounidense, en programas como Nightline, aplastando a los débiles demócratas que llevaban a debatir con él, porque Abrams siempre basaba su argumento en los principios morales para defender ese apoyo de Estados Unidos a los asesinatos masivos y el genocidio en Centroamérica. En ese momento, por ejemplo, en El Salvador una de las cuestiones políticas inmediatas era que el gobierno del presidente Duarte, y el Ejército que apoyaba a Duarte era esencialmente respaldado, prácticamente operado por Estados Unidos, y los rebeldes estaban desafiando a Duarte, tratando de derrocarlo. Y Abrams le decía a los demócratas: “Entonces, ¿está diciendo que deberíamos dejar caer al presidente Duarte? ¿Es eso lo que está diciendo? ¿Y dejar que El Salvador se vuelva comunista?” Y los demócratas se derrumbaban ante su argumento, respondiendo: “No, no, no estamos diciendo eso. Estamos diciendo que tienes… tenemos que mantener al presidente Duarte en el poder”. Y entonces Abrams decía: “Bueno, ¿cómo podemos mantener a Duarte en el poder si no apoyamos al ejército salvadoreño? Así que siempre fue muy apasionado y comprometido. ¿Comprometido con qué? Comprometido con los asesinatos en masa al servicio de lo que podría definirse como intereses o incluso capricho de Estados Unidos, porque de hecho, aunque todo eso estaba siendo retratado por Abrams y otros en ese momento como una batalla para prevenir que El Salvador, Guatemala y Nicaragua se convirtiesen en aliados de la Unión Soviética, cualquiera que estuviera familiarizado con los hechos en el terreno sabía que eso era ridículo. Eso no era en absoluto lo que estaba en juego. Lo que estaba en juego era una batalla entre oligarquías locales, quienes estaban conduciendo a la mayoría de los campesinos pobres y de la clase obrera de esos países al borde de la hambruna, y en algunos más allá del borde. La mitad de los niños en las zonas más pobres morían antes de los 5 años. Las personas que se atrevieron a hablar en contra de los oligarcas que imponían estas condiciones económicas, o contra el ejército, fueron capturados, secuestrados por escuadrones de la muerte respaldados por Estados Unidos. El hombre que creó los escuadrones de la muerte salvadoreños, el general Chele Medrano, me describió esto con gran detalle, en 13 horas de entrevistas. Medrano me mostró una medalla de plata que le fue otorgada en el Despacho Oval por lo que llamaron un servicio meritorio excepcional, que comenzó originalmente en el Gobierno del presidente Lyndon Johnson, y esto continuó hasta la época de Abrams. Eso es lo que Estados Unidos estaban haciendo. Y eso es lo que él defendía apasionadamente. Y no tenía nada que ver con defender la libertad de los pueblos. Tiene más que ver con defender las libertades de los generales y corporaciones y dictadores.


AMY GOODMAN : Volveremos con el periodista de investigación Allan Nairn después de la pausa. [Pausa] Esto es Democracy Now! democracynow.org, el informativo de guerra y paz. Soy Amy Goodman. Mientras seguimos analizando la crisis en Venezuela y el nuevo enviado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliott Abrams, volvemos a mi conversación con el premiado periodista de investigación Allan Nairn.
AMY GOODMAN : Vayamos a lo que sucedió en el escándalo Irán-Contra o Irangate en la década de 1980. En última instancia, Elliott Abrams fue declarado culpable de mentir al Congreso, creo que dos veces. Finalmente, sin embargo, el presidente George H. W. Bush lo perdonó. Pero ¿por qué le había mentido al Congreso?
ALLAN NAIRN : Bueno, él estaba mintiendo para encubrir el hecho de que el Gobierno de Reagan llevó a cabo una operación, de la que él fue parte, una operación dirigida por Oliver North, para suministrar armas a la Contra nicaragüense creada por Estados Unidos para llevar a cabo agresiones contra Nicaragua, invadir Nicaragua e ir tras esos blancos suaves, lo que el general estadounidense Galvin describió como “blancos suaves”. Pero estaban haciendo eso ilegalmente en ese momento, porque el Congreso lo había prohibido, pero el Gobierno de Reagan y Abrams y sus colegas decidieron simplemente ignorar el mandato legal del Congreso y pasar a la clandestinidad. Y para pasar a la clandestinidad, decidieron sacar mucho de su dinero de, entre todos los lugares, Irán, que era un enemigo declarado de Estados Unidos en ese momento. Y negociaron, hicieron un trato complejo mediante el cual obtuvieron dinero de Irán, a cambio de proporcionar… de dejar que pasaran las armas. Usaron ese dinero para enviárselo a la Contra, y la Contra pudo continuar sus atrocidades. Y eventualmente tuvieron éxito. Los contras tuvieron éxito al derribar temporalmente el gobierno sandinista de Nicaragua. Pero, y este es un punto muy interesante, y muy relevante en este momento con la investigación de Mueller. Los cargos de los que fue acusado Abrams, y de los que se declaró culpable, fueron relacionados con el aspecto más trivial tanto de la operación de la Contra como de toda la política de Estados Unidos en Centroamérica, de la cual él era esencialmente el cerebro. El aspecto más trivial, sólo relacionado con el hecho de que le mintió al Congreso, tratando de encubrir algunas transacciones de dinero. Nunca fue acusado por los fiscales de Estados Unidos por el suministro de armas a los terroristas, que era como se estaban comportando el Ejercito salvadoreño, el Ejército guatemalteco y los grupos de la Contra respaldada por la CIA , como terroristas, es decir, matando y torturando a civiles para fines políticos. Abrams no fue acusado de eso. No fue acusado de incitar a delitos de lesa humanidad o genocidio. Solo fue acusado del aspecto más trivial, porque así es como funciona el sistema, particularmente el sistema estadounidense. Los crímenes que son demasiado grandes, demasiado enormes, una amenaza demasiado grande para la supervivencia del propio sistema, como el apoyo a genocidios en el extranjero, no se puede condenar. Pero si cometes una ofensa más insignificante, que Dios te ayude, porque podrías estar en un verdadero problema. Y esa parece ser la situación de algunos de los aliados de Trump en este momento, siendo acusados de mentir a la investigación de Mueller, por lo general, en asuntos bastante pequeños en comparación con las cosas más grandes que Trump está haciendo en este momento, como arrebatar a menores de los brazos sus padres y madres en la frontera con México, aumentar los bombardeos y, por lo tanto, los asesinatos de civiles, en Irak, Siria y Afganistán, y un montón de cosas más. Y Abrams, por cierto, y esto tal vez también sea relevante por lo que está pasando hoy, fue luego indultado por Bush. Y la persona que presionó para eso fue Barr, quien era el fiscal general en ese momento y ahora es el fiscal general entrante de Trump. Pero, repito, Abrams, aunque se declaró culpable por haber mentido, todavía tiene que enfrentar la justicia real, así como los generales y presidentes de Estados Unidos, como el presidente… en este caso, hablando de Centroamérica, especialmente el presidente Reagan. Reagan nunca se enfrentó a la justicia, y Abrams aún no se ha enfrentado a ella, pero deberían hacerlo. ¿Por qué Estados Unidos no puede convertirse en un lugar tan civilizado como Guatemala? Guatemala logró organizar un juicio por genocidio contra el general Ríos Montt, su ex dictador, el general que fue la figura clave en las masacres. Lo condenaron la primera vez. Lo sentenciaron a 80 años. La oligarquía exigió que se revocara el veredicto. Se revocó. Entonces el juicio se reinició desde la mitad del camino. Ríos Montt, para entonces, había muerto. Pero el juicio renovado trajo un veredicto diciendo que el Ejército había cometido genocidio en conformidad con los intereses de Estados Unidos. Y esto se hace en el contexto de un Gobierno guatemalteco profundamente corrupto, que está tratando de enmendar las leyes de Guatemala para que todos los criminales de guerra condenados puedan ser liberados de la cárcel. Con el apoyo del presidente Trump en este momento, y con apoyo externo clave del presidente de Israel, Netanyahu, quien está presionando al Gobierno de Trump en su nombre, y con Mike Pence actuando como el hombre clave, el actual gobierno guatemalteco está intentando no solo para liberar a los criminales de guerra de la cárcel, sino también para callar a todos los fiscales dentro de Guatemala, algunos de ellos fiscales respaldados por la ONU con una institución, llamada CICIG , que han estado procesando al propio presidente Morales de Guatemala. y otros oligarcas y militares por cargos de corrupción. Están tratando de… en algunos casos, de echar del país a los fiscales en otros, despedirlos, y en todos los casos, despojarlos de su protección policial para dejarlos indefensos ante las mafias, los traficantes de drogas y los políticos y oligarcas corruptos a los que están tratando de procesar, todo eso ahora con el respaldo de Trump. Y es en ese tipo de contexto político en el que los valientes sobrevivientes de las atrocidades respaldadas por Abrams en Guatemala, el puñado de abogados, fiscales y jueces honestos en Guatemala, fueron capaces de lograr el milagro político de organizar estos juicios por genocidio y crímenes de lesa humanidad, y condenar y mandar a la cárcel a una serie de funcionarios de alto nivel. Entonces, si pueden hacer eso en Guatemala, ¿por qué no podemos hacer eso aquí en Estados Unidos? ¿Por qué no podemos al menos aspirar a ese nivel de coraje, conciencia política y espíritu cívico? Recuerdo que cuando el veredicto contra el general Ríos Montt estaba siendo leído, yo estaba en la corte, y estaba pensando: “Dios mío, imagina si esto se hiciera en Estados Unidos. Imagina un juicio en Texas a Bush Jr. por lo ocurrido en Irak, o a Obama para los asesinatos con drones, o para una figura como Elliott Abrams por lo ocurrido en Guatemala, El Salvador y en otros lugares”. Y realmente es inconcebible en el momento político actual en Estados Unidos. Pero creo que llegaremos a ese punto. Y debemos tomar el ejemplo de los valientes supervivientes y abogados de Guatemala.

Publicado enCrisis Venezuela
Viernes, 08 Febrero 2019 06:01

El juego de Occidente en Venezuela

El juego de Occidente en Venezuela

Lo más cerca que llegué de Venezuela, hace muchos años, fue en una conexión en tránsito en el aeropuerto de Caracas. Noté muchos soldados en boinas verdes y un puñado de gorilas que me recordaron vagamente a Medio Oriente. Ahora, sentado mientras la lluvia aporrea el Levante invernal, hojeo en mi periódico imágenes de nuestros autócratas locales recientes –Saddam, Assad, Al Sisi, Erdogan, Mohammed bin Salman (pueden ustedes nombrar a los que faltan)– y pienso en Nicolás Maduro.

Las comparaciones no son precisas de ninguna manera. De hecho, no pienso en la naturaleza de estos hombres fuertes, sino en nuestra reacción a todos ellos. Y existen dos paralelismos obvios: la forma en que sancionamos y aislamos al odiado dictador –o lo amamos, en su caso– y la manera en que no sólo proclamamos a los opositores como los legítimos herederos de la nación, sino exigimos que se entregue la democracia al pueblo cuya tortura y lucha por la libertad acabamos de descubrir.

Y, antes de que lo olvidemos, hay otro hilo común. Si ustedes sugieren que quienes desean el cambio presidencial en Venezuela tal vez andan un poco demasiado apresurados, y que nuestro apoyo a –digamos– Juan Guaidó quizá sea un poco prematuro si no queremos empezar una guerra civil, eso significa que ustedes son pro Maduro. Así como quienes se opusieron a la invasión de Irak en 2003 eran pro Saddam, o quienes pensaban que Occidente debería esperar antes de apoyar a la cada vez más violenta oposición en Siria fueron etiquetados como pro Assad.

Y quienes defendieron a Yasser Arafat –durante mucho tiempo un súper terrorista, luego un súper diplomático y luego otra vez un súper terrorista– contra quienes querían deponerlo como líder de los palestinos fueron insultados por ser pro Arafat, pro palestinos, pro terroristas y, de modo inevitable, antisemitas. Recuerdo cómo George W. Bush nos advirtió, después del 11-S, que están con nosotros o contra nosotros. La misma amenaza se nos hizo con respecto a Al Assad.

Erdogan la ha hecho en Turquía (hace menos de tres años), y en la olvidada década de 1930 fue un recurso empleado nada menos que por Mussolini. Y ahora cito al secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, con referencia a Maduro: “Ahora es momento de que cada nación escoja su bando… o están con las fuerzas de la libertad, o están en la misma liga de Maduro y su caos”.

Ya me entienden. Ahora es el momento de que todas las buenas personas cierren filas con Estados Unidos, la UE, las naciones de América Latina opuestas a Maduro… ¿o es que apoyan a los rusos, chinos, a los fanáticos iraníes, al pérfido Corbyn o (entre tanta gente) a los griegos?

Hablando de los griegos, la presión europea sobre Alexis Tsipras para alinearse al apoyo de la UE a Guaidó –demostración de que la UE puede de hecho acosar con todo su peso a sus miembros más pequeños– es un buen argumento para los partidarios del Brexit (aunque demasiado complejo para que lo entiendan).

Pero primero echemos una ojeada a nuestro tirano favorito, en palabras de todos los que se le oponen. Es un poderoso dictador, rodeado de generales, que oprime a su pueblo mediante tortura, arrestos en masa, asesinatos de la policía secreta, elecciones amañadas, presos políticos… así que no es raro que demos nuestro apoyo a quienes desean derrocar a este hombre brutal y celebrar elecciones democráticas.

No es una mala sinopsis de nuestra política actual hacia el régimen de Maduro. Pero me refiero, por supuesto, palabra por palabra, a la política de Occidente hacia el régimen de Al Assad en Siria. Y nuestro apoyo a la democracia en ese país no fue terriblemente exitoso. No fuimos responsables de la guerra civil en Siria, pero no estamos libres de culpa, puesto que enviamos un montón de armas a quienes intentaban derrocar a Al Assad. Y el mes pasado el cuaderno de notas del consejero nacional de seguridad estadunidense John Bolton parecía alardear de un plan de enviar 5 mil efectivos a Colombia…

Y ahora dirijamos la mirada a otro de aspecto semejante a Maduro, por lo menos desde la simplista visión de Occidente: el mariscal de campo-presidente electo Al Sisi de Egipto, quien goza de apoyo militar y a quien amamos, admiramos y protegemos. ¿Poderoso dictador? Sí. ¿Rodeado y apoyado por generales? Sin duda, en parte porque encerró a un general rival antes de la elección pasada. ¿Represión? Absolutamente… todo con tal de aplastar el terrorismo, desde luego.

¿Detenciones en masa? Felizmente sí, porque todos los reos en el salvaje sistema carcelario egipcio son terroristas, al menos según el propio mariscal-presidente. ¿Asesinatos de la policía secreta? Bueno, aun olvidando al joven estudiante italiano cuyo gobierno sospecha que fue torturado y asesinado por uno de los altos funcionarios policiacos de Al Sisi, existe una lista de activistas desaparecidos.

¿Elecciones amañadas? Sin duda, aunque Al Sisi aún insiste en que su triunfo reciente en las urnas –un genial 97 por ciento– fue en una elección libre y justa. El presidente Trump le envió sus sinceras felicitaciones. ¿Presos políticos? Bueno, el total es de 60 mil y contando. Ah, y por cierto, la victoria más reciente de Maduro –elección amañada si las hay– fue apenas por 67.84 por ciento.

Como diría el finado experto del Sunday Express John Gordon: es para que uno se enderece un poco en la silla. Así también, supongo, cuando echamos un ojo un poco más al este, hacia Afganistán, donde los gobernantes talibanes fueron impulsados en 2001 por Estados Unidos, cuyos militares y estadistas posteriores al 11-S introdujeron allá una nueva vida de democracia seguida por corrupción, enseñoramieto de tiranos locales y guerra civil.

La parte de democracia despegó pronto, cuando los loya jurgas, grandes consejos, se convirtieron en feudos tribales y los estadunidenses anunciaron que sería una exageración pensar que podríamos lograr una democracia jeffersoniana en Afganistán. Más que cierto.

Ahora los estadunidenses negocian con el talibán terrorista en Qatar para poder largarse de la Tumba de los Imperios después de 17 años de fracasos militares, escándalos y derrotas, para no mencionar el manejo de unos cuantos campos de tortura que harían toser al mismo Maduro.

Puede que todo eso desanime al lector de caminar por la senda de la memoria. Y eso que no he mencionado los pecados de Saddam, para no hablar de nuestra continua y amena relación –por asombroso que parezca– con ese Estado del Golfo cuyos chicos estrangularon, despedazaron y enterraron en secreto a un periodista estadunidense residente en Turquía.

Ahora imaginen si Maduro, cansado de un periodista crítico que lo fustiga desde Miami, decidiera atraerlo con engaños a la embajada venezolana en Washington y decapitara al pobre tipo, lo cortara en pedazos y lo enterrara en secreto en Foggy Bottom. Supongo que se habrían aplicado sanciones a Maduro desde hace mucho tiempo. Pero no a Arabia Saudita, claro, donde en definitiva no estamos promoviendo la democracia.

Es la hora de la democracia y la prosperidad en Venezuela, afirmó John Bolton esta semana. Oh, sí, claro. Maduro gobierna una nación empapada en petróleo, pero su pueblo muere de hambre. Es un hombre indigno, tonto y vanidoso, aun si sus crímenes no se comparan con los de Saddam. Un colega lo describió acertadamente como un tirano sombrío. Incluso tiene el aspecto de uno de esos tipos que ataban damas a las vías del tren en las películas mudas.

Así que buena suerte a Guaidó. Es palpablemente un tipo agradable, que habla con elocuencia y tiene el tino de abogar por ayuda a los pobres y elecciones libres en vez de obsesionarse por cómo exactamente va a echar fuera a Maduro y sus amigos militares.

En otras palabras, buena suerte… pero cuidado. En vez de suplicar a quienes no quieren apoyarlo –los griegos, por ejemplo–, podría detenerse a mirar a sus amigos extranjeros. Y hacer un recuento rápido de las más recientes cruzadas que han emprendido por la libertad, la democracia y el derecho a la vida. Y, por cierto, ni siquiera he mencionado a Libia.

 Traducción: Jorge Anaya

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Los pocos elementos existentes unos 100 millones de años después del origen del Universo procedían del propio Big Bang (azul), la fisión de rayos cósmicos (rosa) y la explosión de estrellas masivas (verde). Otros procesos estelares crearon después la mayor parte del resto. / OS

Las afinidades e incompatibilidades químicas de los componentes de la materia definen la civilización moderna.

La herramienta más importante para la sociedad moderna no es una máquina de hacer túneles ni un avión, ni siquiera el ordenador, es una tabla que clasifica todos los elementos existentes en el Universo por su estructura y comportamiento. Las propiedades químicas que indican sus afinidades e incompatibilidades mutuas fijan lo que se puede o no hacer con los metales, los no metales y los metaloides en que se dividen los 94 elementos naturales y los 24 creados artificialmente. Sin ese conocimiento no se podría, por ejemplo, construir ningún aparato electrónico ni existiría la medicina nuclear.

Fruto de la acumulación de investigaciones que modernamente se remontan a hace 230 años, la tabla periódica de los elementos nació hace 150 años y sigue sin estar terminada, aunque a efectos prácticos es como si lo estuviera. Su importancia ha merecido que la sociedad, en este caso a través de la Unesco, le dedique 2019 con motivo del aniversario. Dice la Unesco que este año celebra que la tabla periódica permite encontrar soluciones para el desarrollo sostenible en campos tan diversos como la salud, la seguridad alimentaria y la energía, al facultar a los científicos predecir la apariencia y las propiedades de la materia. Sin embargo, también es una oportunidad de recordar que casi todos los elementos, incluidos aquellos de los que estamos hechos, proceden del ciclo de vida y muerte de las estrellas, que los produjeron a lo largo de la historia del Universo.

Al principio, tras la Gran Explosión hace unos 13.700 millones de años, había muy pocos elementos y muy ligeros, no se habría podido hacer una tabla periódica. “Durante 100 millones de años tras el Big Bang solo existían el hidrógeno, el helio y el litio”, recuerda la astrónoma Jennifer Johnson. “Después llegaron el carbón, el oxígeno y otros elementos muy importantes”. Se calcula que hasta ahora solo el 2% del hidrógeno y el helio de nuestra galaxia se han transformado en otros componentes por varios procesos.

En las estrellas masivas, se fusionan el hidrógeno y el helio para formar carbono, la base de la vida en la Tierra, y el carbono se transforma en elementos que tanto conocemos y usamos como el magnesio y el sodio. Al morir en una explosión de supernova, estas estrellas diseminan elementos pesados por el espacio, desde oxígeno a silicio y selenio, comenta Johnson, en un número especial conmemorativo de la revista Science. Sin embargo, el proceso es distinto en estrellas como el Sol, de poca masa, que terminan como enanas blancas, o en la fusión de estrellas de neutrones. Ahí se crean elementos como el calcio, el hierro, el rodio o el xenón. Al ser un proceso en marcha, la composición del Universo cambia con el tiempo, algo que pasa inadvertido.

De hecho, el Universo está en continua evolución desde que nació y continuará cambiando a medida que los elementos se combinan y se reducen en elementos nuevos en las estrellas capaces de nucleosíntesis. “Lo que más me gusta de esto es que existen diferentes procesos por los cuales las estrellas fabrican elementos y estos procesos están distribuidos por toda la tabla periódica. Es interesante recordar cuántas vidas de estrellas diferentes se invirtieron y se invierten en producir los elementos que utilizamos”, dice la astrónoma de la Universidad de Ohio. Sin embargo, da que pensar que dentro de mucho tiempo, unos 10 billones de años tras el Big Bang, ya no quedarán estrellas y no se producirán más componentes.

¿Hay elementos en el Universo que no están en la Tierra? Alguno, como el tecnecio, que es radiactivo y en la Tierra ya no existe naturalmente, pero se puede hacer artificialmente. También alguno, como el helio, se detectó antes en el Sol (de ahí su nombre) que en la Tierra pero nuestro planeta encarna una concentración de todos componentes universales, con la posible salvedad, claro, de la misteriosa materia oscura que nadie sabe de qué está compuesta.

Aparte del interés histórico de los elementos, la investigación más avanzada busca exprimir sus aplicaciones, como explican varios especialistas. Un área activa es la utilización de los metales de transición más comunes, como el cobre y el cinc, para crear nuevos tipos de células solares. Y también se está avanzando en la extracción y purificación de las tierras raras con métodos menos complicados y costosos que los actuales. Quince de esta clase de 17 elementos (como el disprosio, el erbio, el europio y el lantano) figuran en la lista de 2017 de materias primas fundamentales para la UE, ya que se utilizan en muchas industrias y no tienen sustitutos, aunque su producción está ahora casi por completo en manos de China.

Volviendo a la historia, esta vez más reciente, se puede recordar que el científico ruso Dimitri Mendeleiev presentó a principios de 1869 la ordenación de todos los elementos químicos conocidos entonces (63) en una tabla en la que había huecos, que investigaciones posteriores rellenaron al encontrar los nuevos elementos predichos, como el galio y el germanio. Por eso se le considera el padre de la tabla periódica, que ha ido ampliándose y modificándose hasta 2016, en que se publicó la última versión, por ahora, con 118 elementos. Sin embargo, Mendeleiev no obtuvo el premio Nobel durante su vida (murió en 1907).

Domingo, 03 Febrero 2019 05:30

No escribas mis sueños

No escribas mis sueños

Imaginen un tren cargado con un botín de guerra compuesto enteramente de relojes, haciendo cada uno tictac a un ritmo diferente, trasladándose por la tierra baldía polaca, hacia el corazón de la Alemania nazi. Seguramente les ha pasado de tener una pesadilla o un sueño recurrente del que no tenían la menor conciencia hasta que otro lo verbaliza, y cuando lo ven puesto en palabras, descubren con espanto que ese sueño lo tuvieron ustedes, y no una sino varias veces.

Eso es lo que le pasó, en 1960, al poeta polaco residente en París Czeslaw Milosz, cuando recibió una carta de Cracovia firmada por un desconocido llamado Stanislaw Czycz. Milosz había participado de la resistencia durante la guerra y apoyó el ascenso del gobierno socialista, pero se fue desencantando hasta que eligió exiliarse, con muy bajo perfil. Poca gente en Polonia conocía su paradero. Pero el desconocido Czycz lo había encontrado. La carta era extrañísima. Czycz le contaba que, durante la ocupación alemana, cuando era adolescente, pasaba las tardes en casa de un amigo fanático como él de la mecánica, trabajando en el desván, montando clandestinamente una motocicleta con piezas sueltas que robaban de la calle.


Un día descubrieron en el fondo de aquel desván una valija que el padre de su amigo, guarda de tren, había encontrado en un andén vacío de la estación de Cracovia, minutos después de que los alemanes fletaran un contingente de prisioneros a Auschwitz desde allí. Czycz había convencido a su amigo de abrir la valija y en ella encontraron una capa negra, un sombrero de copa y un arsenal de trucos de magia, así como unos volantes que anunciaban la presentación en la ciudad de un ilusionista llamado El Gran Nemo. En el fondo de la valija había además un rollo de poemas manuscritos, titulado Voces de Gente Pobre.


Czycz le decía a Milosz en la carta que hasta ese momento nunca le había prestado la menor atención a la poesía: “Sólo me interesaban las materias técnicas, soñaba con ser ingeniero algún día. Pero esos poemas del Gran Nemo me conmovieron tanto, que empecé a escribir”. La guerra terminó, pasaron los años, el comunismo llegó al poder y la Asociación de Escritores local reanudó sus actividades. Y un buen día Stanislaw Czycz sometió a su escrutinio un manuscrito en el que mezclaba poemas propios con aquellas Voces de Gente Pobre.

El libro se publicó y, aunque su repercusión fue casi nula en la efervescencia de aquellos años, le sirvió a Czycz como primer escalón de una solitaria y tenaz carrera literaria.

Milosz llevaba por entonces casi diez años exiliado en Francia, después de haber representado al gobierno socialista de su país en los primeros meses de posguerra y renunciar a ese puesto y abandonar Polonia al descubrir los verdaderos propósitos de los soviéticos. Sus libros estaban prohibidos en Polonia pero sus poemas previos al exilio se seguían leyendo clandestinamente, y así fue como Czycz había descubierto ‘con inenarrable desazón’ que los versos plagiados en su primer libro habían sido escritos “no por ningún Gran Nemo sino por el Gran Milosz”: se trataba de un volumen manuscrito que el futuro premio Nobel (lo ganaría en 1980, veinte años después de estos hechos) había hecho circular entre sus amigos de juventud, durante la guerra.


Para demostrar su buena fe y ganarse el perdón del poeta que tanto reverenciaba, Czycz adjuntaba a su carta los amarillentos originales que había encontrado en el fondo de aquella valija. Milosz se sentó a leerlos, dispuesto a someterse a una de esas inmersiones en la congoja que ningún exiliado sabe evitar, y entonces se topó con aquella descripción del tren cargado de relojes cruzando la tierra baldía polaca, haciendo cada uno tictac a un ritmo diferente, y creyó que se le paraba el corazón. Como he dicho, Milosz había tenido ese sueño, y más de una vez; sin embargo, jamás lo había puesto por escrito. De hecho, hasta que no lo vio traducido a palabras, en aquellas hojas amarillentas, no recordaba haberlo soñado siquiera.


Había más. Había un poema titulado “Anus Mundi” (es decir, “culo del mundo”, expresión con que un miembro del Estado Mayor alemán propuso llamar a Polonia en 1942) que empezaba con la misma frase con que Alfred Jarry ubicaba la acción en el comienzo de su Ubú Rey (una de las obras teatrales predilectas de Milosz): “En Polonia, es decir, en ninguna parte...”. Había también otro poema titulado “El grito del silencio”, que relataba que en la aldea de Swietobrosc había una iglesia y en la iglesia un ama de llaves a quien, después de muerta, “hubo que sacarla de su tumba / y empalarla en una estaca / para que dejara de gritar”. Milosz recordaba perfectamente el episodio: era uno de los relatos que le hacía su aya en la infancia para que dejara de berrear cuando lo acostaban. Pero él jamás había escrito un poema titulado “El grito del silencio”, ni tampoco “Anus Mundi”.


Hoy sabemos que, en los años más calientes de la guerra fría, las embajadas de los países comunistas en Occidente solían someter a sus exiliados más conspicuos a solapadas maniobras para doblegarlos o para desvirtuarlos ante la prensa internacional. Podían enviarles anónimos cajones y cajones de slivovitz, o envenenarles las mascotas. Puede que Milosz haya visto en aquella carta una operación de inteligencia para desequilibrarlo psíquicamente. O puede que simplemente sintiera lo que le había pasado a Arthur Schnitzler con Freud, en la Viena de 1920. Todos los amigos de ambas eminencias querían juntarlos. Schnitzler escribió en su diario: “Experimento ansia por conversar con él acerca de los abismos de mi obra y mi existencia, pero prefiero abstenerme de hacerlo”. Freud le escribió a Schnitzler, en la única carta que le envió: “Me he atormentado todos estos años preguntándome por qué no he intentado nunca charlar con usted. Creo que lo he evitado porque sentía una especie de miedo a encontrarme con un doppelgänger”.


La paranoia puede adoptar las facetas más inesperadas. Lo cierto es que Freud y Schnitzler nunca se juntaron, así como Milosz nunca contestó la carta de Czycz ni lo conoció. Ni siquiera cuando supo por casualidad, años después, que había existido en Polonia durante la guerra un ilusionista llamado El Gran Nemo, contestó aquella carta. En cuanto a Czycz, no era ningún esbirro de la policía secreta polaca: era un cuentista y guionista de cine, opositor al régimen y muy respetado entre sus pares, desde el director Andrzej Wajda hasta la irrepetible Wislawa Szymborska, poeta y premio Nobel. Wislawa dijo de él: “Poeta no era, pero sus cuentos eran de lo más original que he leído”.


Todo en Czycz era contradictorio: vivió de espaldas al mundillo literario, encerrado en su departamento, pero ese departamento quedaba en el último piso de la Casa de Escritores de Cracovia. Pasó la última mitad de su vida sumido en una depresión profunda, combatiendo enfermedades imaginarias que lo acosaban, mientras publicaba libros con títulos como No sé qué decirte, No se lo digas a nadie o En el río que no está allí, hasta que un cáncer fulminante de piel lo liquidó en pocos meses en el año 1996. Poco después, Milosz volvió a instalarse en Cracovia. Como Schnitzler y Freud, Milosz y Stanislaw Czycz se evitaron durante cuarenta años y murieron sin haberse visto personalmente ni una sola vez. Salvo en sueños, claro.

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Miércoles, 30 Enero 2019 05:52

La libertad, causa común

La libertad, causa común

Este año será el del 40 aniversario de la revolución que derrocó a la dictadura de la familia Somoza. Cuando se rompa ese ciclo que parece fatal en nuestra historia, donde las tiranías parecen repetirse sin fin, la piedra que Sísifo ciego debe empujar eternamente hasta la cima de la montaña no tendrá que rodar de nuevo al plan del abismo. Habremos cambiado dictadura por democracia.

La derrota definitiva del régimen del último Somoza se debió a tres factores fundamentales: el primero de ellos el alzamiento popular encabezado por el Frente Sandinista, y que a partir de octubre de 1977 logró prender en todo el país, vertebrado por la participación creciente de miles de jóvenes de ambos sexos y de todas las clases sociales, hasta llegar a convertirse en una verdadera insurrección nacional.


El siguiente factor fundamental fue el respaldo que los jóvenes en armas recibieron de todos los sectores ciudadanos, sin ningún distingo, muchos alentados por su compromiso cristiano. La aparición del Grupo de los Doce, formado por empresarios, sacerdotes, profesionales, intelectuales, le dio a la organización guerrillera peso político nacional e internacional.
Y el tercero de ellos, pero no el menos importante, la gran alianza latinoamericana que se logró forjar, sin que esta convergencia de voluntades tuviera una identidad ideológica. Los presidentes se guiaban más bien por el repudio a un régimen que había perdido toda legitimidad, no tenía consenso nacional, y se basaba nada más en la represión brutal. Era la última de las viejas tiranías familiares de las “repúblicas bananeras”, un término acuñado por O’Henry en su novela De coles y reyes.


En esta alianza fueron fundamentales Venezuela, Panamá, Costa Rica, México y Cuba; el solo apoyo de Cuba, con cuyo sistema los comandantes guerrilleros sandinistas se identificaban, no hubiera sido suficiente. Más bien es lo contrario. Este apoyo, con pertrechos de guerra, fue posible en términos políticos porque los otros países, con sistemas basados en la democracia representativa, estuvieron presentes; y algunos de ellos prestaron también auxilio bélico, como Venezuela y Panamá, y recursos materiales, como México, para no hablar de Costa Rica, que se convirtió en retaguardia de la lucha armada.


La llegada de Jimmy Carter a la presidencia de Estados Unidos en 1977 abrió una puerta nueva en las relaciones de Washington con América Latina, como pudo verse con la firma ese mismo año de los tratados Torrijos-Carter que devolvieron a Panamá la soberanía del canal. Y la intimidad de medio siglo con la dinastía de los Somoza llegó a su fin con la nueva doctrina de derechos humanos proclamada por Carter. Somoza no entendía aquella hostilidad imprevista que también fue clave para acabar con su reinado.


Omar Torrijos conocía bien la calaña de Somoza, cegado por su obscena voluntad de quedarse para siempre en el poder. Rodrigo Carazo era presidente de un país democrático por convicción y tradición; Costa Rica había soportado por el último medio siglo la vecindad de una dictadura de aquella calaña, y quería para Nicaragua un gobierno igualmente democrático. Y Carlos Andrés Pérez, que venía de la tradición socialdemócrata de Rómulo Betancourt, sabía cuánto se parecía la dictadura de Pérez Jiménez, bajo la que se había visto obligado a exiliarse de Venezuela, a la del viejo Somoza, fundador de la dinastía.


Y en aquel alineamiento de los astros, que fue tan propicio a la caída del último Somoza, la figura del presidente José López Portillo, de México, resultó crucial. Su respaldo fue constante, oportuno y generoso. Me recibió no pocas veces, y puso en sintonía a su gabinete para darnos apoyo, antes y después del triunfo de la revolución. Rompió relaciones diplomáticas con Somoza en mayo de 1979, y nos había pedido que le dijéramos cuál sería la mejor oportunidad para hacerlo. Cuando vino por primera vez a Managua en 1980 en visita oficial, alguno de sus secretarios le preguntó durante el vuelo qué tratamiento habría que dar a Nicaragua en cuanto a ayuda material, y él respondió que igual a cualquier estado de México.


Era el fruto de una larga y generosa tradición. Hubo nicaragüenses que combatieron del lado de las fuerzas revolucionarias en México, uno de ellos el poeta Solón Argüello, secretario privado del presidente Francisco Madero, y fusilado en 1913 tras el golpe de Estado que culminó con la usurpación del dictador Victoriano Huerta; combatientes mexicanos pelearon contra Somoza durante la revolución, y murieron en tierra nicaragüense, como la inolvidable Araceli Pérez Darias.


El presidente Plutarco Elías Calles respaldó con armas a los insurrectos liberales que se alzaron en Nicaragua en defensa de la Constitución en 1925. El presidente Emilio Portes Gil acogió a Sandino en Yucatán en 1929. Y México fue clave en las gestiones del Grupo Contadora para lograr los acuerdos de paz de 1987 que llegaron a poner fin al conflicto armado con la Resistencia Nicaragüense.


En América Latina nada es nunca hacia adentro. La libertad ha sido siempre una causa común.


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La OIT, cien años después, trata de definir qué es el trabajo

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) inauguró las festividades que marcarán su centenario a lo largo de este año 2019 y dio a conocer las bases del informe que con el objetivo de medir los desafíos que se avecinan encomendó hace dos años a una Comisión de expertos independientes sobre el futuro del trabajo.

Lo que sorprende del trabajo comenzado es que en la ausencia del mundo real de la informalidad, la fragmentación del empleo y el trabajo no pagado directamente, el informe naufraga con recomendaciones con un mundo que ya no existe, todo resumido en un fondo de emergencia ambiental


Inicios y presente


Tal vez sea un hecho poco conocido, que la organización del trabajo nació en Versalles. De hecho, la Conferencia de Paz estableció una Comisión sobre el derecho internacional del trabajo y le ordenó que desarrollara la Constitución de una organización internacional permanente. El contexto era por entonces importante para dar una respuesta creíble a la "cuestión del trabajo", aunque el objetivo apenas velado estaba dirigido en particular para contener el riesgo de la internacionalización de la revolución comunista de 1917 que parecía instalarse en Alemania.


Un siglo después, el contexto es totalmente diferente. Con el fin de medir los desafíos que se avecinan, la OIT encomendó a una Comisión de expertos independientes hace dos años que pensara en el futuro del trabajo.


Copresidida por el mandatario de Sudáfrica Ciryl Ramaphosa y el primer ministro de Suecia Stefan Löfven, la Comisión propone una visión de un programa centrado en las personas, basado en la inversión en las capacidades de los individuos, las instituciones laborales y en el trabajo decente y sostenible. Entre las diez recomendaciones se encuentran:


• Una garantía universal de empleo que proteja los derechos fundamentales de los trabajadores garantice un salario que permita un nivel de vida digno, horas de trabajo limitadas y lugares de trabajo seguros y saludables.


• Una protección social garantizada desde el nacimiento hasta la vejez que atienda las necesidades de las personas a lo largo de su ciclo de vida.


• Un derecho universal al aprendizaje permanente que permita que las personas se formen, adquieran nuevas competencias y mejoren sus cualificaciones.


• Una gestión del cambio tecnológico que favorezca el trabajo decente, incluso a través de un sistema de gobernanza internacional de las plataformas digitales de trabajo.
• Mayores inversiones en las economías rurales, verdes y del cuidado.


• Una agenda transformadora y mensurable a favor de la igualdad de género.


• La reestructuración de los incentivos a las empresas a fin de estimular las inversiones a largo plazo.


Este informe es el resultado de un examen realizado a lo largo de 15 meses por los 27 miembros de la Comisión Mundial, constituida por destacadas personalidades del mundo empresarial, laboral y académico, grupos de reflexión y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. 

 

La contracara del informe


Aquellos que esperaban una visión ambiciosa se decepcionarán. El genio de cada experto parece haber disminuido, por no decir silenciado, en este trabajo grupal, ya que el punto de partida y el estado de la realidad están ausentes del informe. Como resultado, el texto flota en la ambigüedad de las buenas intenciones y se hace evidencia misma la falta de cemento en el hormigón del trabajo humano a comienzos del siglo XXI.


Si bien la definición de trabajo adoptada por la OIT abarca toda actividad relacionada con la producción de bienes, servicios individuales y colectivos, el texto de la Comisión sólo se ha centrado en el trabajo remunerado. Deja por fuera dos universos socioeconómicos importantes: por un lado, trabajo remunerado en otros contextos como salarios (independiente e informalidad) y el trabajo que tiene lugar sin (plena) remuneración directa – como el trabajo doméstico.


Recordemos que el trabajo doméstico tan importante en volumen como el trabajo remunerado,– según la OIT, estimaba a 67 millones de personas – es otro aspecto en que la Comisión no aborda realmente, excepto cuando habla del mundo rural en los países en desarrollo. Este silencio tal vez sea menos sorprendente porque esta actividad escapa a toda estadística seria de trabajo, de la misma forma que es ignorada por las estadísticas de producción.


Las estadísticas de la OIT demuestran que, a nivel mundial, la ganancia salarial es menos de la mitad del trabajo remunerado. Si corresponde al 85% de los "puestos de trabajo" (en sentido estadístico) en los países de ingresos altos, la proporción recae en el 25% en los países menos adelantados, donde el servicio público es el principal proveedor de este tipo de trabajo.


El resto es responsabilidad de los trabajadores autónomos y de los miembros de la familia. Incluso si la Comisión pide la ampliación del diálogo social, el aprendizaje permanente, la cobertura universal de la seguridad social, las condiciones de trabajo decente y la garantía de un salario digno para todos, es una brecha abismal en el contexto actual de la locura capitalista.


El 82% de la riqueza mundial generada durante 2018, fue a parar a manos de 26 multimillonarios, el 1% más rico de la población mundial, mientras que el 50% más pobre – 3.700 millones de seres humanos- no se benefició lo más mínimo de dicho crecimiento, según el reciente Informe de Oxfam.


En realidad, el informe de los expertos propone la ampliación al mundo de un modelo que se está agotando en la mayoría de los países como resultado de la "uberización" y la fragmentación del trabajo.


Aunque esté plenamente comprendida en la definición de la labor adoptada por la propia OIT, la Comisión del centenario de la OIT no agota (y lejos está de hacerlo) el problema del futuro del trabajo. Destaca además que la inteligencia artificial, la automatización y la robótica darán lugar a una pérdida de empleos, en la medida que las competencias se volverán obsoletas.


Sin embargo, muchos son los que piensan que estos mismos avances tecnológicos, junto a la ecologización de las economías, también crearán millones de empleos, si se aprovechan las nuevas oportunidades.


Este tipo de diálogo social “puede contribuir a que la globalización nos beneficie a todos”, declaró el primer ministro sueco y copresidente de la Comisión Mundial, Stefan Löfven. “El mundo del trabajo experimenta grandes cambios que crean numerosas oportunidades para más y mejores empleos. Pero los gobiernos, los sindicatos y los empleadores necesitan trabajar juntos a fin de hacer que las economías y los mercados laborales sean más inclusivos”, añadió.


Todo este tufillo de las festividades del centenario de la OIT tiene mucho sabor a la conciliación de clases, cuesta aun admitir, sin tratarnos de trasnochados, que la lucha de clases es un fenómeno que se refiere al eterno conflicto entre las dos clases sociales existentes, entre los que producen y los que no producen, entre los que sin trabajar se adueñan de la producción y excluyen a los que trabajan.


Es la lucha entre explotadores y explotados; entre esos 26 multimillonarios, que destacan los informes, entre ese 1% más rico de la población mundial, que abarca la misma riqueza de 3.700 millones de seres humanos.


La lucha de clases, es decir, la lucha entre el trabajo y el capital no es en absoluto un concepto que pertenece al pasado. En un mundo de creciente desigualdad, es una realidad más pertinente que nunca.


Con la victoria del neoliberalismo, los gobiernos han dejado de actuar como mediadores entre el capital y el trabajo con el objetivo de mitigar la desigualdad. Por lo tanto, los sindicatos que todavía sólo se basan en la idea de asociación, a menudo son incapaces de librar luchas ofensivas. En el mejor de los casos, luchan por mantener el statu quo y, aun así, la mayoría de las veces no tienen éxito.


Por ello se genera un sentimiento, cuasi una necesidad urgente de que se escuchen otras voces en 2019 y puedan proporcionar a la organización con sede en Ginebra otros análisis y otras hipótesis de trabajo con el fin de enfrentar el mundo real de la informalidad, la fragmentación del empleo y el trabajo no pagado directamente, todo en un fondo de emergencia ambiental. Inteligencia Artificial si, robotización sí, …pero aquello de la justicia social, ¿dónde queda?

 

Por Eduardo Camín,  Periodista uruguayo, miembro de la Asociación de Corresponsales de prensa de la ONU. en Ginebra. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la
Rebelión
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“Hay que reanudar un discurso de reformismo duro y radical en Europa”

Nacido en 1933 en Padua, buena parte de la vida de Antonio Negri es historia de la Autonomía obrera italiana y de la vida política europea más vinculada a los movimientos de base. Estos días presenta en España la primera parte de sus memorias: Historia de un comunista, publicadas por Traficantes de Sueños, que comprenden desde su infancia hasta el proceso judicial que, en 1979, le llevaría a la cárcel por motivos políticos, y luego al exilio en Francia. Marxista heterodoxo, su biografía está apegada a la experiencia singular del operaísmo –un movimiento que tuvo su origen en los años 60 y que acabó siendo parte del ciclo de luchas del largo 68 italiano. Un movimiento que, además de la revuelta estudiantil, se articulaba a partir de las movilizaciones de fábrica: la vivencia y resistencia en la cadena de montaje que tuvieron su eclosión en el “otoño caliente de 1969”. En los años 70, aquellos grupos operaístas conectaron con las nuevas subjetividades que surgieron tras las revueltas sesentayochistas y los comienzos del capitalismo postindustrial –con su rechazo del trabajo asalariado y nuevas prácticas autónomas que rompían con la idea clásica de socialismo y de partido.

Buena parte de su obra ha destacado por ser una investigación sobre las posibilidades del comunismo hoy a partir de una práctica militante basada en la coinvestigación junto a los explotados y oprimidos en un mundo colonizado por el capital En sus memorias recién publicadas encontramos un recorrido que parte de la Europa atravesada por la guerra en un mundo de nacionalismos, fascismos y colonialismos europeos que mucho tienen que decir sobre el presente.


Se acaba de publicar la primera parte de sus memorias. El libro empieza con su experiencia de la infancia marcada por la guerra: es hijo de un comunista, asesinado por los fascistas, mientras que su hermano mayor muere como voluntario fascista en los últimos años de la guerra en Italia. Es decir, una vida que comienza marcada por el dolor de la guerra, y el sacrificio de su hermano por una idea trascendente de patria y nación. ¿Qué nos puede decir esa experiencia –la de los últimos coletazos del nazifascismo en Italia– sobre el fascismo que pueda venir?


Es difícil trasladar las experiencias infantiles de una persona a una perspectiva racional sobre el futuro, porque al hacerlo las explicamos como se explica una pesadilla, que es lo que experimento si trato de considerar hoy el fascismo bajo esa luz. Prefiero más bien pensar el fascismo en términos racionales, es decir, intentando entender lo que ha sido siempre: el poder de una clase de patronos, de una clase de capitanes de industria y de las finanzas para reprimir y bloquear la lucha de clases. Para mí el fascismo fue esto. Hoy de aquella experiencia, después de más de ochenta años de vida, me queda fundamentalmente la pesadilla de una cosa que ha de ser rechazada hasta el fondo.


En el libro hablo por primera vez de mi hermano, que murió por rechazar la guerra civil diciendo que se marchaba a defender la patria contra la invasión aliada en vez de quedarse en casa, donde –en los meses inmediatamente posteriores– habría tenido que enfrentarse en la guerra civil que comenzó en Italia –lo que hoy en Italia se llama la Guerra de Resistencia, pero que fue en realidad una guerra civil–. Nunca había hablado de la historia de mi hermano Enrico hasta bien cumplidos los ochenta años. En esos setenta años de silencio se encuentra la dureza de pensar el fascismo.


¿Qué balance puede hacer del periodo llamado de la globalización neoliberal y qué tiene que ver con la situación de avance autoritario y racista en todo el planeta?


El hecho de que el neoliberalismo –después de tantos himnos y elogios a la libertad– termine asumiendo una posición autoritaria significa que no puede seguir avanzando a menos que realice un acto de fuerza sobre las condiciones sociales para poder aplicar sus medidas. Está claro que este impulso autoritario que empieza a afirmarse de manera tan extendida en el ámbito global corresponde a una crisis en el desarrollo del neoliberalismo y esa crisis responde a su vez al fracaso de sus técnicas de invasión del mundo y de reestructuración del circuito de la producción y de la circulación de las mercancías. Se ha alcanzado un límite crítico al que el neoliberalismo no sabe responder salvo en términos autoritarios.

Probablemente esto tiene que ver con límites intrínsecos a la ola neoliberal, que es un pensamiento y un proyecto que trató de superar el reformismo capitalista, el New Deal, es decir, la gran política occidental contra la Unión Soviética desde los años treinta. En los años treinta se define esa política reformista, que asume formas contrarias a los principios del liberalismo, pero dentro del capitalismo. Roosevelt se alía con los soviéticos para derrotar al fascismo – esto es algo que hay que recordar siempre.


El neoliberalismo es un intento de volver al momento anterior a Roosevelt, como si la Revolución de Octubre y el llamado “siglo breve” comprendido entre esa revolución y la caída del Muro de Berlín en 1989 y que permitió el gran desarrollo de las fuerzas productivas populares y proletarias no hubiesen existido. De este modo, dentro del neoliberalismo hay una idea profundamente regresiva: la lógica misma del proyecto trata de destruir la historia del enfrentamiento entre las clases en el siglo XX. Esto implica un elemento de violencia extrema que hoy –precisamente porque el proyecto empieza a verse en dificultades– se revela como un reclamo del fascismo, del viejo fascismo; pero que se expresa en términos completamente distintos, en una dimensión biopolítica, porque el fascismo originario surge contra el bolchevismo y hoy, en cambio, lo hace contra determinados niveles de vida conquistados por los trabajadores.


¿Qué puede enseñarnos la situación de Brasil, con la victoria de Bolsonaro –cuyo gobierno se perfila como autoritario y racista– y en qué medida implica una reacción contra los gobiernos progresistas latinoamericanos y el fin de un ciclo que se cierra definitivamente en el continente?


Es difícil establecer parangones con América Latina. El neoliberalismo tiene necesidad de una estabilización, de un esfuerzo para superar lo que E.P. Thompson llamaba “la economía moral de la multitud”, que era también la de las viejas clases de trabajadores antes y durante de Revolución Industrial. Hoy el neoliberalismo se enfrenta a una desestabilización del estado de bienestar, fundamentalmente de determinadas dimensiones biopolíticas de regulación de la sociedad –educación, sanidad, derechos reproductivos y autonomía de las mujeres, etc.– que se presentan como algo irreversible. En Brasil han sido capaces de conquistar una mayoría electoral en nombre de la denuncia de la corrupción y de la promesa de acabar con la violencia vinculada a la inseguridad ciudadana. El problema de la corrupción en Brasil es un problema completamente intrínseco a la estructura del poder; una estructura omnipresente en la que el pago de sobornos a los distintos actores del juego parlamentario es una costumbre y los procesos contra la corrupción han provocado una disgregación de la clase política y de las élites del poder.


El otro elemento, el de la seguridad, es terrible, porque supone también un elemento de disgregación y al mismo tiempo es un elemento puramente racial, de racismo, un elemento colonial reintroducido en el discurso político. Las élites blancas quieren ser absolutamente dominadoras, es el alma colonial de los dirigentes blancos en Brasil –que son minoritarios demográficamente–. Esto es algo evidente y monstruoso. Yo no sé lo que sucederá en Brasil, pero cabe decir que nunca se había llegado a un tipo de fascismo tan cruel, salvo en la época del dominio nazi.


¿Por qué el antifeminismo está teniendo un papel destacado dentro de la ideología de estos nuevos proyectos fascistas?


El odio hacia la emancipación femenina es un elemento completamente central. ¿Por qué ese odio a las mujeres? Por una razón muy sencilla,: porque la lucha de las mujeres hoy, cuando se plantea en el terreno de la reproducción, afecta a elementos fundamentales del liberalismo: al mantenimiento del concepto de familia y de herencia del liberalismo y que constituye la base misma del sistema capitalista desde el punto de vista jurídico. Propiedad, familia y herencia son elementos que forman un todo interconectado en la filosofía del derecho de Hegel, del mismo modo que propiedad, soberanía y pueblo. Así que tenemos estas dos dimensiones en torno al movimiento feminista, que conlleva por un lado, el ataque al autoritarismo, pero también al patriarcado de la propiedad de la familia y de la educación. Esto me parece completamente central, aunque este elemento antifeminista no se dé con tanta violencia en los gobiernos actuales en Europa. No hay de momento ningún ministro europeo que se haya presentado poniendo en tela de juicio todos los derechos que las mujeres han conquistado.


En su obra la reflexión sobre el común tiene un papel destacado, ¿podríamos decir que el feminismo se ha convertido en el movimiento fundamental de reconstrucción del común?


En mis trabajos el discurso feminista es bastante reciente, y aquí tengo que hacer autocrítica. En realidad lo conozco desde los años 70, cuando las compañeras con las que trabajaba en Potere Operaio teorizaron sobre el salario para el trabajo doméstico. Desde entonces pienso que la lucha de clases tiene que comprender no solo el trabajo de producción, sino también el trabajo de reproducción. Pero desde aquellos años –y aunque he introducido el punto de vista feminista en mi investigación– he hecho un discurso que ha estado fundamentalmente vinculado a la producción. Cuando he hablado de la reproducción siempre lo he hecho en general, a veces con una especie de miedo benévolo a afrontar problemas que se remitían a lo femenino porque en nuestra historia muchas veces nos hemos encontrado con el feminismo de la diferencia italiano y su actitud de exclusividad y de rechazo respecto a cualquier utilización del discurso feminista. Esta es mi experiencia: aún entendiendo las conexiones he tenido que limitar mi discurso, porque me he encontrado con esta situación de bloqueo, de limitación, donde se nos venía a decir: “tú a tu discurso, que nosotras hacemos el nuestro”.


Pero esta expresión nueva y formidable que se ha producido ahora con el movimiento feminista, ha sido para mí un suspiro de alegría, porque se presenta la posibilidad de reanudar un discurso que espero que pueda ser común. En los años 70, uno de los mayores pasos adelante dados por el operaismo en aquel periodo se dio precisamente a través de la introducción del discurso sobre el trabajo femenino. Para la hipótesis del paso del obrero masa al obrero social fueron determinantes las elaboraciones feministas y poscoloniales. El feminismo y la teoría poscolonial nos dieron una gran perspectiva para avanzar: la perspectiva de la socialización de la explotación y, por lo tanto, de una valorización basada no tanto sobre la producción sino también sobre la circulación y la reproducción.


¿Cómo analiza la emergencia de nuevas figuras políticas como la de los “Gilets jaunes” (chalecos amarillos) y cuál es su relación con un régimen neoliberal que se está radicalizando? ¿Qué nos dice esa revuelta sobre el presente de las luchas y hacia dónde apunta esta protesta?


Francia es el país en el que el neoliberalismo ha intentado con Macron poner en marcha un proyecto radical, a pesar de que la crisis del neoliberalismo ya se había hecho sentir y habían aparecido fuerzas populistas a derecha e izquierda, donde la de derechas es particularmente peligrosa.


Muchos consideran que este intento de Macron podía aportar una continuidad de las reformas neoliberales, solo que el coste se ha revelado insoportable. No se trata solo de las grandes reformas que ha impuesto: las pensiones, la reforma laboral, etc., sino que se trata de lo que en Italia se llama la pidocchieria (cicatería): un método fiscal de pequeña sustracción de rentas. Se retiran a cada salario 10, 15, 50 euros para otros proyectos: una especie de método propio de un patrono de fábrica pero aplicado al Estado y a la sociedad de una manera injuriosa y cínica. La miseria existente, sumada al rechazo de ese cinismo, han creado esta explosión impresionante. Cuando lees que el 70% de la población aprueba las acciones violentas de los “chalecos amarillos” –en un país que no es en absoluto un país fanático–, significa que hay algo que verdaderamente no funciona. Los “chalecos amarillos” suponen la denuncia de una crisis profunda de la regulación neoliberal, algo que está sucediendo en todas partes en Europa. La gente no aguanta más.


Otro elemento positivo es la unidad que se ha producido en relación a dos reivindicaciones irrenunciables: la reintroducción del impuesto sobre las grandes fortunas –que fue eliminado por Macron– y el aumento del salario –del poder adquisitivo–. Creo que no se ha llegado a la idea de una renta básica pero está virtualmente ahí, apoyada en la idea de igualdad que está presente en el movimiento: “hay que quitar a los ricos para dar a los pobres”. Se ha logrado el aumento del salario mínimo y se ha superado el techo de déficit público y fiscal: se ha vulnerado el pacto fiscal, pero no es suficiente, el movimiento continúa y crece. Ahora mismo el sistema constitucional está siendo puesto en tela de juicio por un contrapoder activo que no se reconoce en la representación, que por ahora se niega a convertirse en partido y que busca nuevas formas de organización, de expresión. Esta es hoy la situación francesa: una situación absolutamente explosiva.


¿Qué enseñanzas podemos extraer de la apuesta institucional que hicieron una parte de los movimientos sociales surgidos con el 15M en España y que sentaron las bases de la emergencia de Podemos y de las experiencias municipalistas?


Yo creo que las luchas preceden siempre a los movimientos del capital, y no cabe duda de que en este caso nos encontramos con esta anticipación institucional. ¿Podía representarse el movimiento del 15M de manera distinta de la forma partido? Yo esperaba que sí, porque me parecía que era una fuerza que podía expresarse a través de dos formas de contrapoder difuso: por un lado el municipalismo y, por el otro, las Mareas articuladas en torno a problemas específicos. Me parecía que esto podía ser una clave para evitar la aceleración que la construcción del partido ha producido sobre la madurez del movimiento: una aceleración que ha quemado muchas posibilidades. Esa aceleración podría justificarse si ese partido hubiera mantenido un articulación amplia con el movimiento. El partido, por el contrario se ha cerrado inevitablemente. El sistema representativo no es un sistema de representación, sino de gestión del poder. Mientras no entendamos esto, no conseguiremos inventar una democracia que funcione. Hay que superar el sistema de representación tal y como está hecho porque ha sido un sistema inventado por los liberales, un sistema adecuado a una sociedad basada en la organización de la extracción de la ganancia. Hoy con los sistemas mediáticos que tenemos esta forma de gobierno es indestructible desde dentro, no se puede atravesar. Esto es algo que sabíamos desde hace muchos años y que los teóricos liberales mismos teorizaron en este sentido.


En este contexto, una parte de la izquierda europea responde con una apuesta por lo nacional-popular. En España, por ejemplo, se está teniendo un debate sobre si la respuesta a la ultraderecha y al neoliberalismo tiene que pasar por enarbolar la bandera de la nación y de la soberanía nacional...


¡Bueno esto sí que es “la imaginación al poder”!: el intento de recomponer sobre la nostalgia del pasado –porque se trata de formas nostálgicas– algo que hoy es completamente diferente. Lo nacional-popular se basaba en la hegemonía de un partido que era un partido bolchevique, y ese partido poseía los instrumentos para subordinarse los mecanismos de producción de hegemonía cultural, como por ejemplo los sindicatos. Poseía en cierto modo las claves de la intermediación social. Esa intermediación social era posible en una realidad sumamente estratificada y en una sociedad –esto no hay que olvidarlo– completamente atrapada dentro del mecanismo reformista, porque sin reformismo no tiene sentido hablar de lo nacional popular. Era una sociedad reformista keynesiana, fordista, en la que había fuerzas sociales que podían ser mediadas a través de un discurso que, en el caso concreto de los partidos comunistas europeos, era un discurso puramente reformista de mantenimiento del orden en el interior del desarrollo capitalista basado en el crecimiento. Decidme cuáles de estas condiciones existen hoy para crear un proyecto nacional-popular: hoy no existe ninguna de las condiciones que permitirían recrear un modelo de ese tipo.


El problema organizativo radica hoy en la organización de la multitud, en grandes movimientos transversales como son el movimiento feminista, los movimientos del sindicalismo social, los movimientos de los jóvenes, etc. porque la sociedad misma ya no está estratificada, sino que el valor de la sociedad es extraído y organizado en el plano financiero. No se puede pensar sin esta dimensión, si no contemplamos la crisis del liberalismo en el plano financiero, si no pensamos la extracción del valor, la financiarización del valor y todo lo que vincula las cosas que se producen en el plano local con el ámbito mundial, con la logística mundial. El mundo hoy funciona como dos muñecas rusas, una dentro de la otra. La primera es la globalización física del mundo: hoy la globalización ya no es una idea, sino que es algo físico, es un orden financiero, son los bancos, etc. Luego están todas las redes de energía, la energía que circula a través de tubos y cables y que es también algo físico. Por otra parte está la comunicación, la producción y circulación del dinero: un mundo que se produce con sus propias fuerzas. Pero hay algunos que creen que pueden reducir el mundo a su propio jardín soberanista y hacerse su propia casa sin tener en cuenta estos dos mundos. Dos mundos que giran en direcciones contrarias y el problema es hacer que giren juntos, que giren en la misma dirección: volver a vincular la globalización material –la estructura– a todo lo inmaterial que gira a su alrededor. Por supuesto, hoy está también la temática ecológica que atraviesa todo esto, pero sobre todo tenemos encima la guerra como un riesgo cercano.

Las revueltas que se producen en el 68 fueron objeto de una “contrarrevolución neoliberal” –en palabras de Paolo Virno–, aunque algunos de sus componentes de revuelta subjetiva han dado lugar a conquistas en derechos y formas de vida alternativas. Hoy el 68 es impugnado tanto por parte de la derecha más reaccionaria –en el nuevo fascismo de muchas partes del mundo hay componentes antifeministas, contra los derechos LGTBI, etc.– como por parte de cierta izquierda cuyo análisis es que los movimientos sociales que se han derivado en buena manera del 68 han fragmentado la clase obrera –con un concepto estático de la clase obrera – y han hecho diluirse el horizonte de emancipación. ¿Qué piensa de estas impugnaciones?


Frente a estas críticas la única respuesta es que no es cierto que el 68 haya fragmentado lo social ni nada por el estilo. El 68 fue un gran proceso de luchas obreras. En Francia hubo un millón de estudiantes en lucha, pero también diez millones de obreros industriales en huelga general durante un mes. Se trató de la última gran batalla defensiva frente al proyecto capitalista de destruir la fábrica como elemento central en la producción. Lo mismo ocurrió en Italia. Así que no fue el 68 el que fragmentó la clase obrera, antes al contrario: el 68 fue un gran movimiento de los estudiantes y de las capas intelectuales que se dirigieron a la fábrica precisamente para defenderla.


Yo creo que estas críticas se dirigen más al post 68. En el post 68 se produce una gran mutación cultural a partir de un desarrollo de las capacidades productivas de los componentes sociales de la multitud. No tiene sentido lamentarse de que la clase obrera se haya disuelto en la sociedad, porque a través de esa disolución, de ese devenir multitud, la clase obrera se ha hecho más rica en términos de productividad y ha transformado la propia producción –que estaba directamente sometida al poder de mando de los patronos en la fábrica– en algo difuso, cuyo elemento fundamental ha sido la cooperación social. Esto ha traído consigo que los instrumentos de una clase obrera que se había unificado en la fábrica hayan estallado y hayan desaparecido.


El gran defecto del movimiento obrero consistió en no haber percibido que esa diferencia estaba formándose, en no haber tenido la capacidad de adecuarse a ella. Por el contrario, los grandes movimientos autónomos siempre han seguido la pista de estas transformaciones, las han representado a pesar de toda la confusión y todas las dificultades que se han dado. ¿Por qué hoy nos quedamos estupefactos ante acontecimientos como el 15M o como los “chalecos amarillos”? ¿Quién se los esperaba? Ante estas cosas, en los movimientos autónomos siempre hemos dicho : “nosotros no las hemos creado, pero hemos organizado lo que ha venido después”.


Europa ha tenido siempre un papel importante en su pensamiento, ¿considera que todavía puede ser un espacio o una herramienta para combatir las amenazas del imperialismo, la guerra y el fascismo?


Soy un hombre del siglo XX y para mí Europa sigue siendo, a pesar de todo, un paso adelante porque creo que el significado de Europa como punto final de la guerra es algo que permanece. Ha habido demasiados muertos, muchos jóvenes que fueron a morir por nada. Esa angustia está antes que nada en la raíz de mi adhesión a Europa. Luego el proyecto europeo se ha convertido en un elemento de represión de las necesidades y los deseos, y esto supone una enorme decepción. Y hay que luchar contra esto, pero hay que luchar de manera realista, desde dentro. Tenemos que pensar que vivimos en un mundo en el que, si cae Europa, las potencias que están por encima no tardarán en comérsela. Se merendarán cada uno de nuestros países como la Troika se ha merendado a Grecia.


Europa sigue siguiendo un terreno común, de manera mucho más realista que cualquier discurso soberanista. Hasta los fascistas franceses, que eran los más duros contra el euro, se han dado cuenta de que no se puede estar en contra. Para nosotros se trata de empezar a luchar dentro en términos continentales y considerando que somos hermanos y compartimos una historia y rasgos culturales comunes. Desde el punto de vista de nuestras pasiones y necesidades, los europeos somos algo próximo. Pero es fundamental cambiar el neoliberalismo, ir más allá. Hoy la batalla no es contra Europa, sino contra el neoliberalismo y tenemos que construir alianzas en este terreno. No creo que se puedan hacer en términos de populismo o de nacional-populismo, donde los diferentes modelos de soberanismo tendrían que ponerse de acuerdo. Cuando los soberanistas italianos han tratado de conseguir el apoyo de los austríacos para resolver algún problema se los han encontrado de frente. Es un propósito completamente contradictorio.


Para encontrar una unidad hay que reanudar un discurso de reformismo duro y radical en Europa. Este es el único camino que podemos recorrer. Hay temas como los que están surgiendo ahora con la lucha de los “chalecos amarillos” que habría que recuperar a nivel europeo: una justicia fiscal radical –no puede ser que los patronos no paguen impuestos–que implique una progresividad altísima de los impuestos; una elevación del salario medio y de las rentas del trabajo y la introducción de una renta básica de ciudadanía. Estos son los elementos con los que debemos buscar el acuerdo en Europa y son también los primeros pasos para la construcción del común. El comunismo consiste en poner en común esas formas de vida en las que nos encontramos cooperando, en hacerlas capaces de un esfuerzo, de una lucha y de una construcción. Porque hoy el problema es el de la construcción del común. Cuando hoy trabajas en red, sabes perfectamente lo que es el común. ¿Cómo se gobierna esa red? Los patronos la gobiernan individualizando, se trata de gobernarla comunalizándola. Y este es un problema que parece difícil, pero en realidad no lo es tanto, pero pasa por una toma de conciencia. El común en sí ya existe, el común para sí hay que inventarlo o mejor dicho, hay que inventar el pasaje de uno a otro. Lo importante es afirmar que no será el para sí liberal el que terminemos alcanzando. De eso no cabe duda.

16 de Enero de 2019

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Racismo en EE.UU.: una historia de dos Kings

Si Martin Luther King Jr. estuviera vivo, el martes pasado habría cumplido 90 años. Lamentablemente, fue abatido por la bala de un asesino en la terrible fecha del 4 de abril de 1968. Tras una prolongada lucha, finalmente en 1986 se estableció el día de su nacimiento como feriado nacional. Muchos estados, como Nuevo Hampshire, Carolina del Sur, Arizona y otros más, retrasaron la implementación del feriado, lo cual expuso la vigencia del problema del racismo institucional.

Esta semana, justo cuando se conmemoraba otro aniversario del nacimiento de Martin Luther King Jr., otro King captó la atención pública: Steve King, un congresista republicano racista del estado de Iowa. Este King sumó una nueva declaración a su extensa lista de comentarios racistas, cuando dijo en una entrevista concedida al periódico The New York Times la semana pasada: “Nacionalista blanco, supremacista blanco, civilización occidental. ¿En qué momento esas palabras comenzaron a ser ofensivas?”. Al comentar sobre la diversidad de la composición del nuevo Congreso estadounidense, agregó: “Podrías observar al Partido Demócrata y pensar que en este país no hay lugar para los hombres blancos”. Sus declaraciones provocaron una violenta reacción en su propio partido, que lo despojó de sus funciones en diferentes comités parlamentarios. Algunos miembros republicanos del Congreso, junto con varios integrantes demócratas, están demandando su renuncia, al igual que los consejos editoriales de destacados periódicos de Iowa.


La Cámara de Representantes de Estados Unidos, ahora con mayoría demócrata, aprobó una resolución —en el aniversario del nacimiento de Martin Luther King Jr.— que rechaza el uso de los términos “nacionalismo blanco y supremacía blanca por ser expresiones de odio e intolerancia”. Si bien se hace mención a los comentarios de Steve King reflejados en el periódico The New York Times, no se lo condena expresamente, ni tampoco a sus palabras. La resolución fue aprobada por 424 votos a favor y uno en contra. El propio Steve King votó a favor.


Ese solitario voto en contra fue emitido por el demócrata de Illinois Bobby Rush, uno de los miembros más veteranos del Bloque Afroestadounidense del Congreso. Rush participó activamente en el Comité Coordinador Estudiantil No Violento durante la lucha por los derechos civiles en la década de 1960, y fue cofundador de la sección regional de las Panteras Negras en Illinois, en 1968. Rush declaró: “Esta resolución solo ratifica lo obvio. No aborda el racismo violento, virulento y rabioso de Steve King. Esta resolución demócrata es un insulto al legado de Martin Luther King Jr., en el marco del aniversario de su nacimiento. Debemos llevar adelante un voto de censura… para castigarlo por su intolerancia y su racismo”.
Mientras la carrera política de Steve King se derrumba bajo el peso de su racismo, el silencio del presidente Donald Trump sobre el congresista de Iowa resulta ensordecedor. Cuando se le preguntó sobre el congresista King en el jardín de la Casa Blanca este fin de semana, Trump, un consumidor notoriamente voraz de las noticias por cable, afirmó: “No lo estuve siguiendo. Realmente no lo estuve siguiendo”. La respuesta de Trump evoca su campaña presidencial, cuando negó tener conocimiento acerca de uno de sus más prominentes partidarios, David Duke, el ex “gran mago” del Ku Klux Klan. En una entrevista que le hizo Jake Tapper, de la cadena CNN , Trump manifestó: “Solo para que lo entiendas, no sé nada acerca de David Duke, ¿de acuerdo? No sé nada de David Duke. No sé nada de los supremacistas blancos”.


Trump siempre apoyó a Steve King. En un acto político a favor de King en West Des Moines, en 2014, Trump describió a King como “un tipo especial, una persona inteligente con opiniones correctas sobre casi todo”. En 2013, hablando de los jóvenes inmigrantes conocidos como “soñadores”, King expresó: “Por cada alumno ejemplar, hay otros cien que pesan 60 kilos y tienen pantorrillas del tamaño de melones porque transportan unos 35 kilos de marihuana a través del desierto”. Al respaldar la candidatura de Geert Wilders, un político nacionalista blanco de los Países Bajos, King tuiteó: “No podemos restaurar nuestra civilización con los bebés de otra gente”.


Las palabras y acciones racistas de Steve King, como las de uno de sus defensores más poderosos, Donald Trump, están en claro contraste con la visión por la cual Martin Luther King Jr. luchó y murió. El 11 de noviembre de 1959, el reverendo King dio un discurso en la Universidad Estatal de Iowa. Allí afirmó: “El progreso humano no es automático ni inevitable. (…) Incluso una mirada superficial a la historia revela que el avance social no se desliza sobre las ruedas de la inevitabilidad. Cada paso hacia esa meta de la justicia requiere sacrificio, sufrimiento y lucha; requiere los esfuerzos incansables y la preocupación apasionada de personas dedicadas”.


En este 90º aniversario del nacimiento de Martin Luther King Jr., asumamos una vez más el compromiso de erradicar del racismo y la intolerancia; tanto en Iowa como en la Casa Blanca.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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El legado de Rosa Luxemburg a los que aún resisten

Cuando se cumple un siglo del asesinato de la revolucionaria alemana Rosa Luxemburg, de su camarada Karl Liebknecht y decenas de militantes espartaquistas, se está poniendo énfasis en su legado teórico, en las polémicas que mantuvo con la socialdemocracia alemana y europea, en las diferencias que expresó con Lenin y los bolcheviques y en sus aportes al debate sobre economía e imperialismo.


Rosa fue una mujer brillante, con un pensamiento propio, que supo romper con el Partido Socialdemócrata cuando su traición de 1914 al votar los créditos para la guerra, pero también fue capaz de debatir con los bolcheviques sobre su política agraria y acerca de las limitaciones que impuso a la democracia para los trabajadores.


Sería bueno recordar que era implacable en la crítica. En su obra Reforma o Revolución la emprende contra aquellos que se empeñan en reformar el sistema, “en la supresión de los abusos del capitalismo en lugar de la supresión del capitalismo mism”. En ese trabajo, en el que critica frontalmente la política de Eduard Bernstein, principal referente del reformismo que defendía la superación gradual del capitalismo, ataca su abandono de la “teoría del colapso capitalista” que define como “la médula del socialismo científico”. Sin colapso, escribió, es imposible expropiar a la clase capitalista.


Como puede observarse, su pensamiento tiene estricta actualidad. ¿Para qué nos preparamos? Rosa se preparó toda su vida para afrontar la carnicería que supuso la Primera Guerra Mundial, al igual que los bolcheviques y un puñado de rebeldes del mundo. No es una cuestión teórica sino ética. La guerra imperialista era el colapso que los revolucionarios esperaban para lanzarse contra el enemigo.


En La crisis de la socialdemocracia o Folleto Junius, escrito en 1916 al calor de la guerra, dedica sus más de 100 páginas a criticar a la izquierda. ¿Alguien puede pensar que le estaba haciendo el juego a la derecha, como se dice ahora cuando se critica a la izquierda? Horrorizada porque el Partido Socialdemócrata hizo lo contrario de lo que pregonó hasta el día anterior de la votación en el parlamento, señala: “Esta crítica implacable no sólo es una necesidad fundamental, sino también uno de los máximos deberes de la clase obrera”.


Pero el legado central de Rosa Luxemburg no son sus ideas, a veces brillantes, sino su coraje para enfrentar, en soledad, enemigos mucho más poderosos. La revolución de enero de 1919 estaba condenada al fracaso y de hecho fue ahogada en sangre en pocos días. Aunque ni ella, ni Karl Liebknecht, estaban de acuerdo con el levantamiento obrero, no dudaron en ponerse del lado de los trabajadores aún sabiendo el riesgo que corrían. Pura ética. Cero cálculo de conveniencias personales.


El momento determinante de su vida y de sus aportes a las generaciones futuras es, precisamente, el de su asesinato. Rosa muere bajo un gobierno socialdemócrata (el progresismo de la época) de Friedrich Ebert, cuyo ministro de Defensa, Gustav Noske, alentó a los paramilitares de los Freikorps(cuerpos libres) a aplastar a los rebeldes. Ellos fueron los brazos ejecutores del crimen. La socialdemocracia los inspiró y condujo hasta la escena.


Que los Freikorps hayan desaguado con los años en las fuerzas de choque del partido nazi, es lo de menos en esta tremenda deriva. Lo de más es aprender de la historia, decir en voz alta lo que sucedió sin máscaras, para prever lo que puede llegar a sucedernos. Este es el legado fundamental de Rosa, que quisiera sintetizar en dos puntos.


Uno. El progresismo en el poder ha sido responsable de innumerables ataques contra los sectores populares y organizaciones de izquierda. Y sigue siendo. El gobierno de Michelle Bachelet aplicó la ley antiterrorista contra el pueblo mapuche y es responsable del asesinato impune del comunero Matías Catrileo (goo.gl/WxCRT8). Las leyes antiterroristas en Argentina y en Brasil fueron aprobadas por Néstor Kirchner y Dilma Rousseff, en 2007 y 2016, respectivamente. Evo Morales acaba de entregar al ministro italiano, Matteo Salvini, a Cesare Battisti, negándole “el derecho básico a un proceso de extradición en el que se pudiera analizar el caso” (goo.gl/r1RBYQ).


Dos. No creer nunca en los discursos, ni en las declaraciones de arriba, por más circunspectas que sean. Ponerse en el lugar de los de arriba y discernir qué pueden estar planeando para consolidarse en el poder y destruirnos. Si yo fuera el poder, estaría planificando cómo destruir la resistencia de los pueblos originarios, asestándoles golpes mortales, como antes se hizo con muchos otros movimientos en todo el mundo. El momento de mayor legitimidad del Estado, es el más peligroso para los anticapitalistas.


Los Freikorps están de vuelta, incluso en la muy democrática Alemania (goo.gl/5Au9oq). Se preparan con esmero para el colapso. Vienen por nuestras tierras y territorios. Lo que menos interesa es el color de sus banderas, porque vienen del arriba.

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