Miércoles, 11 Julio 2018 07:30

Ayer es hoy, multiplicado

Ayer es hoy, multiplicado

Tras más de dos meses de siega, la cuenta se acerca a 300 asesinados, cazados por francotiradores, ejecutados con un tiro en la nunca, tiroteados por paramilitares.

Y los heridos llegan a 1.500


 La tarde del 23 de julio de 1959 se produjo en una calle de León la masacre de estudiantes de la que fui sobreviviente y que marcó mi vida para siempre, ejecutada por soldados del ejército de la familia Somoza.


Era una manifestación de protesta, y ya nos retirábamos hacia la universidad cuando estallaron las bombas lacrimógenas, y a los primeros disparos de los fusiles comencé a correr. Me topé con la puerta de servicio del restaurante El Rodeo. La empujé, y cedió. Se oía el tableteo de una ametralladora y seguían las descargas de los fusiles. Subí a la segunda planta. Había ahí tres niñas en una cama, aterrorizadas, en compañía de una empleada. “Estamos solas aquí”, me dijo la mujer”, con voz temblorosa.


En absoluta inconsciencia me asomé por el balcón y vi a los soldados colocados en tres filas: de pie, de rodillas y acostados en el suelo, los fusiles humeantes. El de la ametralladora, echado en la acera de la esquina. En el pavimento, los cuerpos desperdigados. Alguien me gritaba: “¡una ambulancia!, ¡una ambulancia!”.


Pregunté a la mujer si había un teléfono. No tenían. Un cura bendecía a un herido. Era norteamericano, según supe luego. Creo recordar que se apellidaba Kaplan. En ese momento escuché la sirena de una ambulancia, pero los soldados no la dejaban pasar. Fernando Gordillo, mi amigo, envuelto en la bandera de Nicaragua, marchaba a media calle, ofreciéndole su pecho al pelotón.


El recuerdo de Fernando caminando envuelto en la bandera me parece un sueño. En ese momento el pelotón comenzó a retroceder en formación, sin voltearse, hacia el cuartel a una cuadra de allí. Erick Ramírez, mi compañero de banca en el aula de primer año de derecho, estaba tendido en la calle. Tenía un orificio en la espalda. Me arrodillé a su lado para decirle que lo llevaríamos al hospital. Cuando lo volteé vi que tenía el pecho desflorado por un balazo.


Subimos a los heridos y a los muertos en taxis y en vehículos particulares para llevarlos al hospital. Allá, la confusión era grande. Descubrí sobre una de las losas a Erick, y en otra a Mauricio Martínez, también compañero de banca. Los tres nos sentábamos juntos en la primera fila, los tres teníamos 17 años, y ahora ellos dos estaban desnudos sobre las losas, bajo el chorro de una manguera que los lavaba. ¿Cómo se entiende eso de la muerte a los diecisiete años? También lavaban los cadáveres de José Rubí y Erick Saldaña, estudiantes de medicina.


Un grupo nos fuimos a la Radio Atenas a hacer un llamado a donar sangre. Entró al estudio una patrulla encabezada por el teniente Villavicencio, compañero de aula también, con órdenes de impedir que se siguieran transmitiendo los llamados. No se podía divulgar la noticia de la masacre, ni siquiera pedir sangre.


Regresamos al hospital y en el portón encontramos una caravana de seis ambulancias del Hospital Militar que enviaba desde Managua el presidente Luis Somoza. Venían médicos de gabachas almidonadas, enfermeras de blanco impoluto. En la primera ambulancia, viajaba al lado del chofer el arzobispo González y Robleto.


Una multitud de estudiantes, furiosos ante el cinismo de la dictadura, impedía a los médicos y enfermeras bajarse, y luego empezó el intento de empujar las ambulancias para voltearlas. No olvido la cara de terror del anciano arzobispo detrás del vidrio de la ventanilla. Tres años atrás había decretado funerales de “príncipe de la iglesia” para el viejo Somoza, fundador de la dinastía.


El presidente de los estudiantes impuso la cordura. Al fin las ambulancias pudieron retroceder de regreso a Managua. A la medianoche, llevamos los cuatro ataúdes en procesión hacia el paraninfo de la universidad.


Cerca de la madrugada, Rolando Avendaño, estudiante de derecho, me propuso que hiciéramos un periódico dedicado a la masacre. Conseguimos unas viejas máquinas de escribir, y amanecimos trabajando en las notas. Se imprimió de manera clandestina en un taller tipográfico, y antes del mediodía circulaba con sus gruesos titulares en rojo.


Fueron cuatro muertos y más de 70 heridos aquella tarde. Hoy, tras más de dos meses de siega, la cuenta se acerca a 300 asesinados, cazados por francotiradores, ejecutados con un tiro en la nunca, tiroteados por paramilitares desde vehículos en marcha, quemados vivos dentro de sus hogares, aún niños de pecho. La inmensa mayoría son jóvenes, y hay al menos 25 menores de 17 años. Como nosotros entonces. Y los heridos llegan a 1.500.


Ayer es hoy, multiplicado.

10 JUL 2018 - 17:00 COT
Sergio Ramírez es escritor y premio Cervantes 2017.

 

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El primer gigante: Hallado en Argentina el gran dinosaurio más antiguo

Ingentia prima (el primer gigante) es el nombre que han puesto los científicos a los fósiles hallados en un yacimiento paleontológico del oeste argentino, correspondientes a un herbívoro que vivió hace unos 210 millones de años y sería el antecesor de los mayores animales terrestres en la historia de la Tierra.

La paleontóloga Cecilia Apaldetti, investigadora del Instituto y Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de San Juan (IMCN), autora principal del estudio publicado el lunes en la revista Nature Ecology & Evolution, dijo que “vemos en Ingentia prima el origen del gigantismo, los primeros pasos para que, más de 100 millones de años después, surgieran saurópodos de hasta 70 toneladas como los que vivieron en la Patagonia”.

El gran herbívoro, con cerca de tres veces el tamaño de los dinosaurios más grandes del Triásico, tenía hasta diez metros de largo y pesaba alrededor de diez toneladas. Fue hallado en 2015 en el yacimiento de Balde de Leyes, en la provincia de San Juan, 1 100 km al oeste de Buenos Aires.

“En cuanto lo encontramos nos dimos cuenta de que era algo diferente. Hemos encontrado una forma, la primera en ser gigante, entre todos los dinosaurios. Esa es la novedad”, afirmó Apaldetti.

Ingentia habría sido uno de los pioneros de un grupo de dinosaurios, los saurópodos, dentro del cual estuvieron más tarde las criaturas más grandes del planeta, entre ellas los enormes Argentinosaurus, Dreadnoughtus y Patagotitan, que habitaron la Patagonia.

A diferencia de estos, las piernas de Ingentia no tenían forma de pilar. Su cuello era también más corto que sus sucesores saurópodos, cuyos cuellos estuvieron entre los más largos de cualquier especie en relación con la longitud corporal, además de tener colas muy largas.

Hasta ahora, se creía que el gigantismo había surgido durante el período Jurásico, hace unos 180 millones de años. Ricardo Martínez, coautor del estudio, dijo que Ingentia prima data “de un Triásico Superior muy alto, posiblemente de hace 205 millones de años”.

En el Triásico, unos 230 millones de años atrás, comenzó la aparición de los primeros dinosaurios, que al principio eran pequeños pero fueron ganando tamaño hasta llegar al gigantismo como manera de protegerse ante los depredadores, que eran entonces grandes parientes de cocodrilos que vivían en la tierra.

Según el equipo de científicos, Ingentia prima fue el primer dinosaurio que alcanzó el gigantismo, aun cuando quedó muy lejos de las tallas que tendrían luego los saurópodos de hasta 70 toneladas de peso.

Apaldetti consideró que fue, además, el dinosaurio más grande hasta ese momento. “El gigantismo es una estrategia de supervivencia evolutiva, especialmente para los animales herbívoros, porque el tamaño es una forma de defensa contra los depredadores”, señaló.

(Con información de El País / Uruguay y Reuters)

Las ciencias como asunto de la revolución

En 1917, toda Rusia era un marasmo social, económico y político. Pero en el campo de la ciencia la cosa era distinta. Catalina II la Grande (1729-1796) había dejado unos pilares bien cimentados que trascendieron su muerte y sembraron sólidas bases, en las artes y en la ciencia. De un lado, crea el museo del Hermitage en San Petersburgo, funda la Academia de la Lengua Rusa, e instaura la Academia Real de las Artes. De otra parte, apoya de manera decidida el fortalecimiento de la Academia de Ciencias de San Petersburgo, fundada en 1724 por Pedro I.

Con el paso de las décadas tales pilares habían ganado cuerpo. De ahí que para el año 1917, las artes y la ciencia eran boyantes en la Rusia zarista; sí: en medio de la pobreza, la violencia, la guerra y el hambre. No solamente Rusia tenía poco que envidiarle al mundo, sino que, en muchas ocasiones, el mundo mismo miraba a Rusia como motivo de reflexión por la investigación y la creatividad allí existentes.

Los retos abiertos por los cambios políticos acontecidos en 1917 no fueron inferiores a los abiertos por el saber científico. La idea central de la revolución era que la ciencia debía practicarse como nunca antes había sucedido. Nuevas metodologías, nuevos lenguajes, nuevas ideas podrían tener lugar. De manera singular, la revolución de 1917 hizo un llamado a romper la disciplinariedad de las ciencias, y a adoptar enfoques cruzados, interdisciplinares. Y este nuevo enfoque logró resultados prontos y legó enseñanzas. En este texto nos acercamos a parte de los unos y de las otras.

Lunes, 09 Julio 2018 07:45

4 de julio

4 de julio

Fue semana patriotera, la celebración oficial del 4 de julio, Día de la Independencia, el cual se festejó en un país gobernado por un régimen que enjaula a niños, persigue a los más vulnerables, encarcela a más de su población que cualquier otro, y alimenta la división racial y económica nacional y mundial; o sea, casi todo lo opuesto a lo proclamado en la Declaración de Independencia con sus valores de libertad e igualdad para todos, incluyendo los refugiados e inmigrantes.

Ante hipocresías y delitos oficiales, la disidencia es un acto democrático vital.


“La herencia rica de justicia, libertad, prosperidad e independencia, legada por sus padres, es compartida por ustedes, no por mí... Este 4 de julio es de ustedes, no mío. Ustedes podrán regocijarse, yo tengo que estar de luto...”


“Conciudadanos, arriba de su tumultuosa alegría nacional, escucho el triste lamento de millones cuyas cadenas pesadas y graves de ayer son hoy hechas aún más intolerables por los gritos de júbilo que las alcanzan. Si me olvido, si no recuerdo fielmente a aquellos niños sangrando de tristeza este día… olvidarme de ellos, pasar sobre ellos ligeramente los males y sumarme al tema popular sería traición escandalosa e impactante…


“No titubeo en declarar, con toda mi alma, que el carácter y la conducta de esta nación nunca se han visto más negros para mí que en este 4 de julio. Si volteamos a las declaraciones del pasado, o las afirmaciones del presente, la conducta de esta nación se ve igualmente espantosa y repugnante. America ha sido falsa con el pasado, falsa con el presente, y se vincula solemnemente a ser falsa en el futuro…”


“No es luz lo que se necesita, sino fuego; no es una llovizna, sino trueno. Necesitamos la tormenta, el torbellino, y el terremoto. El sentir de la nación se tiene que apresurar; la conciencia de la nación tiene que ser provocada, el decoro de la nación tiene que ser sorprendido; la hipocresía de la nación tiene que ser expuesta, y sus crímenes contra Dios y los hombres tienen que ser proclamados y denunciados…


“No hay nación sobre la tierra culpable de prácticas más espeluznantes y sangrientas que el pueblo de Estados Unidos en esta misma hora. Vayan donde quieran, busquen donde deseen, anden por todas las monarquías y el despotismo del Viejo Mundo, viajen a través de Sudamérica, busquen cada abuso, y cuando encuentren el último, pongan los hechos lado a lado con las prácticas cotidianas de esta nación, y digan conmigo, que, en barbarismo repugnante e hipocresía sin vergüenza, America reina sin rival.”


Estas palabras fueron pronunciadas en 1852, en un discurso sobre el tema del significado del 4 de julio, por Frederick Douglass, ex esclavo, líder abolicionista y editor del periódico North Star, el cual fue uno de los únicos en oponerse a la guerra contra México. Su enfoque era ver el día nacional desde la perspectiva de un esclavo (vale recordar que la práctica oficial actual de arrebatar niños de los brazos de sus madres tiene antecedentes en esta historia, entre otras).


Howard Zinn incluyó esta presentación del discurso de Douglass por el actor Danny Glover en su extraordinario proyecto de Voces de una Historia del Pueblo de Estados Unidos.


Cada 4 de julio se disputa la historia real de este país y su lucha por su democratización. Mark Twain –acusado de traidor por su oposición a la intervención estadunidense en Filipinas– afirmaba que el patriotismo es “apoyar a tu país siempre y a tu gobierno cuando lo amerita”. Tal vez una versión aún más esencialmente democrática es la que repite Noam Chomsky: “el poder siempre es ilegítimo, a menos que compruebe lo opuesto”.


Detrás de los fuegos artificiales, los hot dogs, las banderas y los himnos, es necesario recordar que la historia no oficial de este país está repleta de rebeldes, muchos de los cuales, como Douglass, son aliados naturales de otros pueblos que hoy día buscan un cambio democrático a fondo.

 

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“Se piensa a Rusia como a una isla”

En esta entrevista con PáginaI12, Baña desarma los prejuicios y estereotipos con los que se suele asociar al país anfitrión del Mundial de Fútbol –lo arcaico, el atraso y la melancolía– y describe la riqueza cultural de la potencia eslava.

 Cada cuatro años, durante un mes, el mundo no habla de otra cosa que de fútbol. Para muchos, el Mundial es el evento más hermoso que se pudo haber inventado. Noticieros que transmiten en vivo y en directo 24 horas sin descanso; periodistas que discuten las tácticas que el seleccionado argentino debe emplear; cualquier rumor sirve como chispa para alimentar el fuego del espectáculo a toda hora; 45 millones de directores técnicos diagraman la estrategia de turno. Nada puede salir mal. El deporte se vuelve mercado, los jugadores vedettes y la pelota se maquilla y se viste con plumas. Como los productores de noticias descubrieron hace tiempo que los escándalos venden, basta con que la redonda no ingrese en el arco rival para que se encienda el cartel luminoso del show y los estudios televisivos se tiñan de rojo. 

Sin embargo, el Mundial puede servir para aprender. ¿Para aprender qué? Por ejemplo, para saber por qué Francia –el último rival de turno– está plagado de súper estrellas morenas o bien, mejor aún, para conocer la historia social y cultural del país anfitrión. Para desmenuzar el “exotismo ruso” que irremediablemente asocia al país de la superficie más extensa del mundo con lo arcaico, el atraso y la melancolía, nadie mejor que Martín Baña. Es doctor de la Universidad de Buenos Aires, historiador e investigador del Conicet. Aquí, cuenta de dónde provienen estos estereotipos, desmenuza las raíces orientales de Rusia y explica por qué, en la actualidad, los monumentos de Lenin y compañía se asfixian entre las publicidades de un capitalismo reverdecido.


–¿La imagen que brindan los medios sobre Rusia ayuda a comprender su historia o solo contribuye a reforzar un estereotipo sobre el país y sus habitantes?


–Los medios reproducen un estereotipo que ha circulado históricamente sobre Rusia. El país es pensado como “el otro cultural” más cercano a Europa; una nación que proyectaba todos los males que encarnaba el propio continente. Así, se constituyó como el lugar del atraso y de la barbarie; en efecto, la idea de un “alma rusa” con estas características es muy común en nuestros días.
–Un discurso esencialista y romántico...


–Por supuesto. Y que conlleva efectos en las realidades concretas; de hecho, si nos preguntan cómo nos imaginamos a los rusos enseguida decimos que son depresivos, fríos y con una marcada tendencia a la melancolía. Una imagen que se edificó a partir de su literatura –mediante autores como Fiódor Dostoievski o Nikólai Gógol– pero que, por caso, no tuvo en cuenta a la música. Si se hubiera construido a partir de sus ritmos y sus bailes, por el contrario, tendríamos una representación totalmente diferente acerca del país y sus habitantes, mucho más alegre y divertida.
–De modo que cuando los argentinos viajan a Rusia solo confirman el prejuicio que llevan junto a sus valijas.


–Tal cual. Es la misma experiencia que ocurrió con muchos viajeros y diplomáticos reconocidos que, en vez de dejarse sorprender y aprender acerca de una cultura y una sociedad riquísima, utilizaron el viaje como un pretexto para reafirmar los estereotipos y las etiquetas sobre lo desconocido. Y de paso, también, robustecer la identidad propia.


–¿La idea de asociar a Rusia con lo arcaico y lo exótico tiene que ver con un vínculo directo con lo oriental?


–Rusia tuvo en su pasado, entre los siglos XIII y XV, una invasión mongola con predominación tártara y muchos pensadores se aprovecharon de este fenómeno para señalar que parte de la barbarie que existía en el país se debía a esta influencia. Lo que aún significa más, algunos historiadores intentaron explicar el comportamiento de Lenin por sus rasgos calmucos (pueblo oriental). Así es cómo se va construyendo el prejuicio y no permite advertir los múltiples puntos de contacto que existen con los europeos. No puede pensarse a Rusia sin Europa ni a Europa sin Rusia.
–La propaganda de Estados Unidos, durante la Guerra Fría, también contribuyó a demonizar a la nación rusa.


–Efectivamente. Ya en el siglo XIX, la intelligentsia local sufrió una depresión considerable que la llevó a reflexionar sobre el lugar que ocupaba la nación en el mapa mundial. En este sentido, emergieron dos líneas de pensamiento orientadas a quebrar la mirada negativa: los “eslavófilos”, que pretendían concentrar las fuerzas en la propia Rusia y su raíz eslava para revertir su situación; y, por otra parte, los “occidentalistas”, que buscaban resolver los problemas internos a partir de las recetas que ofrecía Europa. Más adelante, en el siglo XX, con la Guerra Fría, el comunismo encarnó todos los rasgos negativos que cualquiera pudiera imaginar.


–Sin embargo, aunque la Unión Soviética no existe desde 1991 y el capitalismo ha conquistado el territorio hace más de veinte años, el turismo se sorprende cuando junto a una estatua de Lenin se observan publicidades de todo tipo y color...


–Ello sucede porque se piensa en Rusia como a una isla gigantesca, una civilización fantástica y exótica. No obstante, incluso en los tiempos de mayor aislamiento de la Guerra Fría, también existían contactos con el resto del planeta. Tanto es así que intercambiaban vodka por botellas de Pepsi y empleaban motores de EE.UU. para sus tractores y mejorar el rendimiento de sus campos. La propia Argentina mantuvo conexiones con la URSS durante la última dictadura cívico-militar, a partir del comercio de trigo. Por otra parte, toda la teoría de la no violencia que desarrolló Gandhi contra el imperio británico fue inspirada en los textos de León Tolstói, del mismo modo que las contribuciones de Dostoievski tuvieron un peso medular en la filosofía del existencialismo francés. Con la disolución de la URSS en 1991 el ingreso del régimen capitalista fue obsceno, pero hay que recordar que el primer local de comidas rápidas ya existía previamente. El contacto es mucho más intenso de lo que usualmente se piensa.


–De cualquier manera, el ingreso y la consolidación del capitalismo no elimina la cultura comunista.


–Es muy difícil borrar de las mentes de las personas 70 años de historia que, además, incluyen algunas victorias significativas como la derrota de los nazis, el envío del primer ser humano al espacio y la industrialización de un país atrasado y analfabeto. Ello se conjuga con una política activa del gobierno actual que se propone recuperar ciertos elementos de ese pasado soviético, aunque tiene bien en claro que ya no hay lugar para un régimen de esas características. Incluso, hay una frase muy ilustrativa que se le atribuye a Putin: “El que no extraña a la Unión Soviética no tiene corazón, pero el que la quiere volver a instalar no tiene cerebro”.


–¿Y la Revolución de 1917 cómo es recuperada por el gobierno?


–Rusia fue el sitio donde se desarrolló la primera revolución anticapitalista que triunfó en la historia humana. Sin embargo, actualmente este hito no es tan recuperado como los momentos dorados de la URSS madura que comentaba recién, por el simple hecho de que cualquier revolución equivale a caos y en 2018 es resignificada como una lucha entre hermanos (el ejército rojo y el blanco). En la actualidad, los rusos se aferran al orden para cultivar una imagen de grandeza nacional. De hecho, el año pasado se cumplió su centenario y no se realizaron grandes festejos ni celebraciones de ningún tipo.


–Por último, ¿los rusos están contentos con el Mundial y con el turismo asociado? En principio, el fútbol no es el deporte preferido.

..
–Esta respuesta la deberían contestar los rusos, pero es posible adivinar que el fútbol no despierta ni por asomo lo que genera en nosotros. Sería algo así como que Argentina fuera anfitriona de un mundial de hockey sobre hielo: nuestra sociedad no estaría muy movilizada que digamos. Hasta hace poco tiempo, Moscú no era una ciudad preparada para recibir turistas extranjeros: los carteles viales aún permanecen en cirílico y ello, sin dudas, funciona como una barrera para visitar museos y otros sitios sin un traductor de guía. El Mundial, desde aquí, funciona como un fenómeno paralelo, ya que la vida del hincha no es la misma que la del turista. Más allá de todo se configura como un megaevento, un pretexto excelente para limpiar la imagen rusa ante el mundo tan cuestionada por sus políticas de derechos humanos y el no-reconocimiento de minorías.

Orgullo LGTB: avances y terreno por conquistar en América Latina

La cita es una oportunidad para enterrar el estigma, reivindicar derechos y hacer visible las dificultades que todavía enfrentan en la región

Una fila de banderas con el arcoíris ondea en el Malecón de Barranquilla (Colombia) con motivo del día del Orgullo Gay. Chile, Guatemala y México celebraron el pasado fin de semana marchas para reivindicar la identidad del colectivo, rechazar la discriminación y pedir igualdad. Las reivindicaciones continúan - Argentina y Madrid son las siguientes- porque el avance en derechos no es igual en todos los países. Las demandas hacen hincapié en la necesidad de acceso a la salud, más leyes de género y la extensión del matrimonio igualitario. También exigen el fin de los ataques homófobos. En Buenos Aires la movilización convocada este jueves en la Plaza de Mayo llevaba por lema: "Basta de travesticidios y transfemicidios".


Los crímenes de odio contra personas por su identidad sexual son motivo de preocupación. El pasado año hubo 103 crímenes por este motivo sólo en Argentina, según datos registrados por el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT. El 61% de los casos de violencia tienen como víctimas a la población trans (travestis, transexuales y transgénero).


En el conjunto de la región, según el estudio más reciente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, al menos 594 personas LGTB o percibidas como tales fueron asesinadas en ataques aparentemente relacionados con la percepción de su orientación sexual o su identidad y expresión de género. El estudio, que analiza un período de 15 meses (entre enero de 2013 y marzo de 2014) concluye que hubo 283 asesinatos de hombres gais, o percibidos como tales, y 282 asesinatos de mujeres trans o personas trans con expresión de género femenina. El estudio alertaba que las cifras no reflejaban la verdadera dimensión de la violencia porque el "prejuicio en el continente americano" lleva a los afectados a no denunciar. El organismo se quejaba además de que las autoridades "a menudo confunden los conceptos de orientación sexual e identidad de género". En total hubo 770 actos de violencia contra personas LGTB.


Este año las transexuales tienen un lugar destacado después de que la Organización Mundial de la Salud sacara la transexualidad de la lista de enfermedades sexuales, una victoria que se ha logrado más de 20 años después de que la homosexualidad dejara de considerarse una patología. La decisión de la máxima autoridad sanitaria puede contribuir a agilizar el proceso a la hora de adecuar el género de las personas transexuales. El colectivo ganó además una batalla con la primera condena en la que se considera un homicidio “por odio a la identidad de género” en el caso de Diana Sacayán, a la que mataron de 13 puñaladas.


Las batallas ganadas


Argentina fue pionera en la autorización del matrimonio entre personas del mismo sexo. Colombia, Brasil, Uruguay y algunos Estados de México se sumaron. Además, ya son una decena de países donde son legales la unión de parejas homosexuales como en Chile y Ecuador. Cuba podría ser el siguiente país. La diputada Mariela Castro, líder del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) ha abogado por incluir el matrimonio igualitario en la próxima reforma constitucional que está evaluando el país. “En la Constitución hay un área sobre oportunidades, derechos, en los que también las personas LGBT deben estar involucradas”, explicó en declaraciones a AFP.


Una de las victorias de este año ha sido el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) a favor del matrimonio igualitario que, en respuesta a una consulta realizada por Costa Rica en mayo de 2016, dictaminó que: “el Estado debe reconocer y garantizar todos los derechos que se derivan de un vínculo familiar entre personas del mismo sexo”. Esto implica que los 20 países que reconocen al órgano judicial de la Organización de Estados Americanos deben cumplir su mandato. No obstante, no se ha acatado de inmediato ya que es necesario un ajuste legal en los países donde no se reconoce, y quienes se oponen han considerado que la decisión es una violación a la soberanía nacional. La legislación avanza lentamente mientras todavía es necesario que el cambio cale en las sociedades que están marcadas por el machismo.


El área sanitaria es otro de los frentes abierto. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha instado a las autoridades a dar un trato igual a la comunidad LGTBI y ayudar a hacer frente al estigma de discriminación que provoca que no acudan a los centros sanitarios cuando lo necesitan. En la reunión que mantuvo el Comité Ejecutivo de la OPS la semana pasada advirtieron del trato desigual entre países y recomendaron que los Gobiernos tomen medidas legislativas favorables a las personas LGTBI, incluidas leyes contra la discriminación. "Casi la mitad de los ministerios de salud encuestados dijeron que hay políticas y leyes contra la discriminación, pero que no están adaptadas en medida suficiente a las necesidades específicas de las personas LGBT", indicaron en un informe preliminar. El desconocimiento, la superstición, el miedo a ser diferente o la presión familiar lleva a veces a recurrir a consejeros o curanderos. El organismo rechazó en 2012 las prácticas conocidas como "terapias reparativas" o "de reconversión" que ofrecen ‘curar’ la homosexualidad y enfatizó que representan "una grave amenaza para la salud y el bienestar, inclusive la vida, de las personas afectadas".


Cambio de mentalidad


"La historia de la inclusión LGBTQ en América Latina es una de las muchas contradicciones (de la región)", señala Brendan O’Boyle gestor de política de la organización Americas Society/Council of the America, con sede en Nueva York. "Aunque socialmente es conservadora en su conjunto, América Latina ha dado pasos importantes hacia la promoción de la inclusión LGBTQ". Y en esto, el experto destaca la labor de los activistas en la región, que ha contribuido a que el movimiento por la igualdad de matrimonio gane fuerza recientemente en Chile, Costa Rica y Cuba. "También estamos viendo debates sobre la no discriminación y la legislación de identidad de género en toda la región", dice en la cara positiva de la moneda. “Dicho esto, el panorama para las personas LGBTQ en 2018 es cada vez más oscuro”.


O’Boyle señala que muchos de los gobiernos que defendieron los derechos LGBTQ en América Latina han cambiado de signo y hace notar un aumento en la influencia política de las figuras evangélicas que promueve políticas anti-LGBTQ. "Ves esto en Brasil, donde un pastor evangélico con un historial de posturas anti-homosexuales fue elegido alcalde de Río de Janeiro". En este sentido, menciona el controvertido debate sobre lo que los ultraconservadores denominan "ideología de género -una frase general utilizada por los conservadores en protesta por el feminismo y los derechos de los homosexuales-", que a su juicio “representa gran parte del retroceso en el progreso logrado en los últimos años”.


¿Lo tiene más difícil la comunidad LGTBI en América Latina que en otras partes del Mundo? "No, no diría eso en absoluto, a pesar de muchos de los desafíos derivados del machismo cultural y del creciente conservadurismo en la política". O’Boyle recuerda que hay países en Medio Oriente y África donde el homosexual es criminalizado.


"Los desafíos ciertamente permanecen. La violencia contra las personas trans y queer es alta en gran parte de la región. Se podría argumentar que la violencia es una reacción a su visibilidad. En toda la región, los latinoamericanos trans y queer están saliendo y se están organizando de maneras que no se ve en gran parte del mundo". Las dificultades continúan, pero el movimiento no se detiene.

 

Por Elvira Palomo
Madrid 28 JUN 2018 - 22:15 COT

Publicado enSociedad
Viernes, 29 Junio 2018 05:47

“Cien años de solidaridad”

“Cien años de solidaridad”

En el centenario de la rebelión estudiantil de 1918, Biagini plantea que el principal legado del reformismo es “la defensa de la universidad pública frente a la universidad-mercado”. Pero advierte que algunos principios deben repensarse hoy.

“La tradición reformista ha contribuido a revertir el lapidario diagnóstico sobre los cien años de soledad en nuestra América y trastocarlos por cien años de solidaridad”, asegura el filósofo Hugo Biagini, especialista en historia del pensamiento argentino y latinoamericano, autor de La Reforma Universitaria y nuestra América. A cien años de la revuelta estudiantil que sacudió al continente, recién publicado por Editorial Octubre.


Biagini es investigador principal del Conicet y director del Centro de Ciencia, Educación y Sociedad (Cecies). En su nuevo libro, no sólo reestructura y actualiza su vasta producción sobre el proceso reformista iniciado en Córdoba en 1918, sino que incluye análisis inéditos, entorno a la emergencia de la conciencia antiimperialista en el estudiantado y el rol que les toca jugar a las nuevas generaciones. En diálogo con PáginaI12, reflexiona sobre el legado reformista desde la actualidad y aporta su mirada sobre el presente universitario argentino.


–¿Cuál es el principal legado de la reforma?


–Sin dudas la defensa de la universidad pública frente a la universidad-mercado, según expresiones de la propia Unesco. El reconocimiento al proceso reformista se ha ido haciendo carne, por ejemplo, desde fines del siglo XX con las sucesivas Conferencias Regionales de Educación Superior (CRES), en contraste con la óptica distorsionante del FMI o la OMC. Las conferencias han replanteado el derecho a la enseñanza superior como un bien público y comunitario que el Estado debe garantizar, lo que se ha visto reafirmado en la última CRES, realizada en Córdoba hace unos días, que se ha propuesto reflexionar sobre ese legado y resignificar el compromiso con una universidad autónoma, crítica, democrática, participativa, con libertad académica y visión latinoamericanista.


–¿Cuál sería la mirada de los reformistas ante la universidad pública argentina actual?


–Creo que podrían estar bastante de acuerdo, en líneas generales, por la implementación que, con mayor o menor sostén oficial, se ha ido efectivizando en nuestras universidades públicas de los principales postulados reformistas. Semejante acuerdo básico se trasluciría más todavía si pudieran observar el devenir de la Reforma en otros países, como Chile, que hacia 1967 llegó a ser de avanzada en la causa reformista, pero nunca pudo reintroducir una fehaciente democratización de sus universidades estatales, tras la férrea y primigenia implantación neoliberal. Las primeras camadas reformistas también se sentirían gratificadas al saber que, en el plano de la excelencia académica, hasta las mismas mediciones exógenas han colocado a la Universidad de Buenos Aires en primer lugar dentro de Latinoamérica.


–En su trabajo muestra que históricamente la universidad ha cumplido un doble papel: como racionalizadora de la realidad y como creadora de instancias alternativas. ¿Cuál es hoy el escenario?


–En gran parte el esquema se mantiene. La universidad, y la enseñanza en general, tienen esa doble faceta, al igual que los medios de comunicación. Estamos en esa doble vertiente. Por un lado, un rol liberador, y por otro, la universidad enseñadero, a la que solamente le importa sacar títulos y facilitar la supuesta salida al mercado de gente que va a estudiar alejándose de todo lo que pasa alrededor. Aunque no sé hasta qué punto funciona, porque el mercado ya no responde. Como decían hace unos años en las protestas de los indignados, los jóvenes están “sobrecalificados y subocupados”.


–¿Qué vigencia tienen hoy en el mundo universitario las banderas y reclamos de la juventud de 1918?


–Sus múltiples banderas mantienen una abierta legitimidad, pero además, los principales aportes de la Reforma trascienden el haber sido un gran movimiento político y cultural que integra la historia de las ideas alternativas y humanistas. Por su potencialidad utópica, la tradición reformista ha contribuido a revertir el lapidario diagnóstico sobre los cien años de soledad en nuestra América y trastocarlos por cien años de solidaridad. El movimiento reformista y su innovadora concepción sobre la universidad y la juventud confluirían en una suerte de epistemología originaria, revirtiendo la trillada dirección del Norte sobre el Sur para enrolarse junto con las transformaciones literarias del modernismo y el realismo mágico, las teorías liberacionistas, el pensamiento alternativo, la desglobalización y las políticas posneoliberales que ha seguido el bloque progresista del Cono Sur.


–¿Algunas de las conquistas reformistas deberían repensarse hoy?


–Sí, algunas habría que replantearlas. Por ejemplo, por más que consideremos que la autonomía es un bien en sí mismo, tampoco puede generar que la universidad se encierre en sí misma, como tortuga, sin conectar con las necesidades de desarrollo del país. Estamos llenos de abogados, cuando nos faltan, por ejemplo, ingenieros. Cambios que permitan que el país salga adelante sin estar sometido a procesos de dependencia económica, tecnológica y cultural. Hay que replantear esas banderas, que deben mantenerse, pero siempre en función de otros intereses, que son superiores, como los derechos humanos, que están por encima de todo lo demás.

 

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Gilberto Gil: “Los músicos nos vendimos en parte al mercado”

Hubo un tiempo en que Gilberto Gil (Salvador de Bahia, 1942) fue optimista. Incluso en los años en que compartió cárcel en Brasil con Caetano Veloso, aquellos sesenta en los que ambos fraguaban el tropicalismo jugándose el pellejo frente a la dictadura que vino tras el golpe militar de 1964. Incluso durante el exilio al que se vio forzado después en Londres, Gil sonreía con esperanza al futuro mientras protagonizaba la revolución social de las costumbres, acordeón y guitarra en mano, junto a miembros de grupos como Pink Floyd o Yes. Entonces logró colarse en los ambientes del pop hippie británico y participaba con sus rulos y su sonrisa sambera en festivales como los de la isla de Wight o recibía invitaciones para el cartel de Montreaux, en Suiza.


En aquellos setenta era feliz. Contagiaba y almacenaba una experiencia global que le llevaría a ser ministro de cultura en el Gobierno de Lula entre 2003 y 2008. También entonces, Gilberto Gil creía que se podían transformar directamente las cosas. Ahora no. Ahora lo duda. Ahora, con 55 años de carrera a las espaldas y una larga trayectoria política dentro de la izquierda y el ecologismo, se confiesa pesimista. “Vivimos un retroceso, en estos momentos es cuando necesitamos más que nunca salir a cantar”, asegura.


Lo dice por teléfono desde Rusia, donde se desplazó a ver algunos partidos de su selección con en el Mundial antes de viajar a Madrid (Sala Riviera), Barcelona (Festival Cruilla) y al Pirineos Sur, los días 3, 13 y 21 de julio, para rememorar uno de sus discos fundamentales 40 años después de su aparición: Refavela. “Aquel disco pertenece a un momento en que probábamos fusiones y establecíamos relaciones hasta entonces desconocidas entre Brasil, África, Jamaica, el Caribe... Eso que hora es natural, pero entonces no”. Entonces nacía aquello. La búsqueda, el mestizaje teñido de mensaje político que conformó el movimiento creado por Gil, Veloso, Maria Bethânia, Gal Costa, Gilberto Gil, Tom Zé… Aquello que luego marcó la senda a músicos de todo el mundo entre raíces de samba y hermanamientos africanos y americanos, sin renunciar al rock y al pop. La leyenda del tropicalismo.


Fue una revolución nada silenciosa. Pero con un tempo musical y socio-cultural asumible, a escala humana. No como el presente: “Todo cambia muy rápidamente. Un país como Brasil está acelerado, metido en una dinámica permanente”. Pero no hacia el lugar correcto, según Gil. “Hacia atrás. Con mucha fuerza. En diferentes aspectos. No precisamente buenos. Todo lo que creíamos que crecería después de la mitad del siglo XX, la pluralidad, la tolerancia, retroceden”.


La tecnología no ayuda: “La revolución cibernética, internet, las redes sociales resultan un fenómeno nuevo y abrasador que caldea el ambiente, no siempre para bien”. Algo ideal hubiera sido que un impulso como el suyo en connivencia con herramientas como las presentes confluyeran en algo digno. Así todo, cree que la potencia creativa de los más jóvenes se abrirá camino: “En una rica multiculturalidad y diferencia de visiones. Hoy existe una potencia creativa nueva muy variada y con muchas inquietudes en muchos campos”.


Pero gran parte de los aspectos del cambio radical que ellos persiguieron quedan aún pendientes: “Ideas no cumplidas, transformaciones éticas y estéticas. Mucho no pasó. Llegamos a aceptar un capitalismo auspiciado por la democracia que en multitud de casos falló. Lo que temo es que vayamos hace una debacle de la civilización por culpa de la tecnología, la inteligencia artificial, que todo eso produzca un vacío general”.


Por ello siente quizás ahora más que nunca la necesidad de cantar, de llevar su música por las esquinas. “Tenemos enfrente enormes desafíos. La adaptación al medio ambiente, un crecimiento desbordante de la población mundial, demandas vertiginosas de recursos naturales. Ante esto, la música es un bálsamo, un ungüento contra esa debacle. Tenemos más responsabilidad que nunca, contagiar esa alegría y esa conciencia en la gente, esa ilusión por los asuntos importantes, no por lo superficial”.


Volver a un espíritu reivindicativo. “Lograr que penetre en el sistema político, económico, que sea una respuesta a lo que nos rodea”. Se siente responsable, quizás por haber bajado en algún momento la guardia: “En cierto punto, los músicos vendimos nuestro espíritu a lo material, al capital, al negocio que nos rodeaba y contribuimos a esa paradoja de la posmodernidad”.


Todo eso le empuja a salir, escoltado por las siguientes generaciones: “Hacer esta gira ha sido idea de mi hijo Bem y amigos suyos y míos. Ellos han comprendido esa función de desarrollo natural que tiene nuestro legado, cómo puede contribuir al equilibrio del sistema si ayudamos a la gente a comprender qué está pasando”.

Por Jesús Ruiz Mantilla
Madrid 26 JUN 2018 - 10:28 COT

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Miércoles, 27 Junio 2018 05:54

Racismo y derechos

Racismo y derechos

Roberto Samar se pregunta cuál debería ser nuestro rol como comunicadores y comunicadoras frente a una mirada racista, clasista y eurocéntrica que tiene un fuerte anclaje en el sentido común y que aparece en redes sociales, medios de comunicación y comentarios de lectores.

Las miradas racistas nos atraviesan. Son miradas que jerarquizan, que colocan a determinadas personas sobre otras. Esta jerarquización tiene varias funciones: legitima la vulneración de derechos de determinados sectores y facilita la construcción de un enemigo, al cual responsabilizaremos de nuestros problemas.
Julio Cesar Monasterio, profesor de la Universidad Nacional del Comahue, señaló: “el sujeto moderno, blanco, varón, europeo, heterosexual, civilizado, desarrollado, de elite, se constituirá en oposición a ese otro, negro, mujer, no europeo, homosexual, bárbaro, subdesarrollado, popular, que debe ser invisibilizado y/o visibilizado negativamente, que aparecerá por fuera de la historia o en un estadio inferior, como en la edad de la infancia y de la ignorancia. Esta estrategia de constitución del sujeto moderno será el pilar de la expansión europea hacia los escenarios regionales del sur que, como plantea Albán Achinte (2008) se fundamentó en cinco pilares: una sola raza, una sola lengua, una sola religión, una sola historia y un solo género. Todo lo demás será estigmatizado y construido desde una visión negativa”.


Esta mirada racista, clasista y eurocéntrica tiene un fuerte anclaje en el sentido común y se reproduce en los mensajes violentos que circulan en redes sociales, medios de comunicación y se vuelcan en los comentarios de lectores.


Solo a modo de ejemplo. En la noticia del diario Río Negro: “A seis meses del homicidio de Nahuel, la Justicia no muestra ningún avance” se puede leer los siguientes comentarios: “Saben que hay secretos muy bien guardados de los mapuches terroristas”. “Todo esto ocurre porque los mapuches violaron la propiedad privada o pública con la toma”.


Estas miradas racistas quizás no sean mayoritarias, pero están presentes. Existen sectores que legitiman la violencia institucional, que asocian el pertenecer a un pueblo indígena con el terrorismo y que interpretan la recuperación territorial y defensa de derechos como delitos.


Una de las razones del fuerte consenso del racismo son sus raíces históricas. En ese sentido, “la República Argentina se constituyó como Estado-Nación sobre la base de la negación de las raíces históricas americanas, la sujeción de sus ocupantes originarios y la usurpación de sus territorios”, afirmaba el Instituto Nacional contra la Discriminación, Xenofobia y el Racismo.


Domingo Sarmiento llegó a manifestar “¿lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar”. “Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”.


Lo complejo del momento actual es que esta matriz cultural racista se legitima y fortalece con el discurso criminalizador y estigmatizante del gobierno nacional hacia el pueblo mapuche. Basta recordar que Patricia Bullrich, Ministra de Seguridad de la Nación, sostuvo en el Senado: “Los mapuches son un grupo de extrema violencia”.


En ese marco, ¿cuál debería ser nuestro rol como comunicadores y comunicadoras?


En el capítulo de “Pueblos indígenas” de la publicación “Buenas prácticas en la comunicación pública”, el INADI recomendaba “evitar el uso, en noticias, relatos o imágenes, de símbolos o elementos propios de los colectivos en escenas que los muestran como ‘extraños’, ‘problemáticos’ o ‘peligrosos’ “.


Asimismo, si queremos construir una sociedad menos injusta nuestro rol también debería ser visibilizar las violencias cotidianas que sufren estos pueblos y las riquezas culturales que los atraviesan. A modo de ejemplo: no fue noticia en los grandes medios que el 13 de junio un grupo de personas llevaron adelante un violento desalojo de familias mapuches en el Cerro Belvedere. El grupo de matones que portaban garrotes y armas de fuego destrozaron la totalidad de la ruka (casa) de la comunidad.


En el mismo sentido, tampoco fue noticia que el 24 de junio el pueblo Mapuche festejó el WiñoyXipantv, momento cuando el sol recupera sus fuerzas y los días comienzan a ser gradualmente más largos.


Por último, nuestra mirada sería distinta si desde los medios de comunicación que ocupan posiciones dominantes se visibilizara los derechos de los grupos históricamente vulnerados. Recordemos que la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas establece que: “los pueblos indígenas tienen derecho a la libre determinación y tienen el derecho colectivo de vivir en libertad, paz y seguridad como pueblos distintos”.


* Licenciado en Comunicación Social UNLZ. Docente de “Comunicación Social y Seguridad Ciudadana” UNRN

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Domingo, 17 Junio 2018 06:01

Una historia de traición

Una historia de traición

El 24 de enero de 1980 fue un jueves. Ese día viajé por primera vez a la Nicaragua sandinista. La revolución que tumbó a Anastasio Somoza llevaba exactos seis meses y cinco días.


De la entonces Junta de Gobierno yo había tenido contacto con el único civil que la integraba, el escritor Sergio Ramírez, una amistad que permaneció intacta a lo largo de todos esos largos años.


Los otros cuatro venían de la guerrilla que había liquidado la dinastía que saqueaba y sofocaba aquel bello y ensangrentado país.


En los nueve años siguientes mis lazos con la revolución sandinista se fortalecieron más en cada visita, que fueron muchísimas. Eran mis años jóvenes, y nosotros, extranjeros que apoyábamos la revolución, tuvimos bastante contacto con varios de los integrantes del gobierno. Unos más expansivos, otros menos.


Daniel Ortega me parecía un hombre cerrado, de mirada desconfiada. Una vez, en 1986, me habló de su hermano Camilo, muerto en combate con las fuerzas del dictador Anastasio Somoza. También dijo que de los 15 a los 34 años jamás tuvo casa; vivió en la clandestinidad.


Al oírlo contar que había vivido clandestino más de la mitad de su vida hasta el triunfo de la revolución, por primera y única vez sentí algo de humano en aquella figura de piedra.
A mediados de 1991 me contaron de la piñata sandinista, un saqueo con ferocidad de buitres. La imagen de una piñata quedó grabada en mi memoria como un insulto a la revolución, a quienes murieron por ella, a quienes creyeron en ella. Dudé mucho en aceptar como verdad lo que verdad era.


Años después, supe más: que, en realidad, la piñata sandinista surgió cuando la revolución todavía existía y los nicaragüenses mantenían aquel fuego de esperanza, mientras su país era sofocado por Ronald Reagan desde afuera y por los traidores desde adentro.


Supe que el mítico Tomás Borge, último sobreviviente del quinteto que en 1961 fundó el Frente Sandinista, y en cuya casa me hospedé varias veces –a Tomás le gustaba ser amigo de escritores, y en la misma casa recibió a Eduardo Galeano, Jorge Enrique Adoum, Julio Cortázar y Mario Benedetti, entre otros– fue beneficiado por la citada piñata antes aún de la derrota electoral de 1990. Recordé las veces en que el comandante nos llevó a lo que decía ser mi asador, como digo yo cuando recibo amigos en Río y los llevo a mi restaurante. La diferencia es que aquel asador era efectivamente de Tomás, y de míos los restaurantes a que me gustaba ir en Río sólo tienen mi presencia...


Supe también que al incautar propiedades de somocistas y pasarlas al Estado, Daniel Ortega se reservó una sonante cantidad de inmuebles en Managua. Varias de las casas de protocolo en el barrio Las Colinas, antiguo reducto de ricos muy ricos, incautadas por la revolución y reservadas para hospedar a visitantes extranjeros, eran en realidad propiedades de Daniel. Y me puse a pensar que a lo mejor habíamos sido huéspedes de él y no del gobierno.


Aquella ha sido la última revolución de mi generación y, en su modelo, la última de la historia. En muchos momentos sentíamos que los nicaragüenses y su revolución sandinista llegarían a realizar sueños imposibles, a rozar el cielo con las manos.


Guardaré para siempre en lo mejor de mi memoria aquellos años de luminosidad absoluta, de la esperanzo imponiéndose a la vida. Pero la revolución fue traicionada de manera vil, imperdonable.


Derrotó a la dinastía de los Somoza para ser sucedida por otra, igualmente perversa, abusadora: la dinastía de Daniel Ortega y su señora esposa, Rosario Murillo.


Por esos días se murió el cardenal Miguel Obando y Bravo, quien fue arzobispo de Managua y un enemigo feroz de aquel proceso, en clarísima alianza con los somocistas derrocados y los que se oponían a los sandinistas.


A cierta altura de la guerra abierta entre los sandinistas y los contrarespaldados por Washington, Obando llegó a ser nombrado integrante del gobierno en el exilio. Al amparo de su púlpito, fue más eficaz vocero de la contra-revolución.


Pasado el tiempo, el mismo monseñor Obando se transformó en aliado fidelísimo del mismo Daniel que se instaló en el gobierno aliado con la derecha más feroz y el empresariado más avaro, y que desde 2006 se elige y relige en elecciones claramente manipuladas.


El Daniel que ahora encabeza una nueva dinastía, la dinastía de una pareja, que mata y trucida muchachos como lo era su hermano Camilo cuando fue asesinado por la dinastía anterior, la de los Somoza.


Desde abril centenares de jóvenes nicaragüenses, todos o casi todos, nacidos después del final de aquella revolución traicionada, son muertos por un gobierno aislado y que carece de legitimidad.


Un traidor es y siempre será un traidor.


Pero hay traidores de peor calaña.


José Daniel Ortega Saavedra pertenece, con méritos, a esa especie.

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