La Unión Europea vive una crisis de identidad sin precedentes

Asolada por el mutuo interés de EEUU y Rusia por dividir a sus socios y la enigmática y ambivalente política china, Europa no acaba de interiorizar los nuevos riesgos geoestratégicos.


Los socios de la UE parecen haber abandonado su lema de construir más Europa. El sacrosanto principio que confiaron los padres de la Unión a sus herederos para avanzar en los procesos de integración política y económica a partir de valores de solidaridad mutua. Es como si el reloj de la unificación institucional, de la armonización financiera, social, laboral y fiscal, del dinamismo sostenible y de la vanguardia tecnológica y la revolución digital se hubiese parado súbitamente. Aunque su segundero ya certificara un retraso cronológico desde la histórica cita de Maastricht en la que los líderes europeos pusieron en hora la entrada al nuevo milenio con la doble decisión de incorporar a socios del Este continental y de poner en marcha el euro.


Europa deambula como un zombi. Acosada, como está, por las tres grandes potencias nucleares. EEUU ha dejado por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial a su tradicional aliado geoestratégico a su libre albedrío. Y disfruta con su pérdida de identidad. La Administración Trump se siente más cómoda con el perfil autocrático del primer ministro húngaro, Viktor Orban, y con sus homólogos del llamado Grupo de Visegrado -que completan Polonia, Eslovaquia y República Checa- que con el engreído eje franco-alemán, que se atreve a escenificar la crisis transatlántica en foro como el G-20 o el G-8. Incluso con el joven halcón conservador austriaco que preside un gabinete con representantes de la extrema derecha de su país. Con el que Trump compartió la semana pasada cuchicheos durante la visita oficial de Sebastian Kurz a Washington. "Estaba interesado en mi visión sobre las elecciones europeas, Francia, Alemania y el brexit", se jactó el mandatario austriaco, para quien "el objetivo" de su peaje en EEUU era perfeccionar las sensaciones del presidente" americano sobre cuestiones "altamente preocupantes" para él.


"Basta ya de quejarse de Trump; hay que trabajar con él", enfatiza Mark Rutte, el liberal premier holandés, pretendiente, entre bambalinas, a la jefatura del Ejecutivo comunitario y, para no pocos observadores, el nuevo depositario de las esencias británicas en el seno de la UE. Es decir, el político dispuesto a asumir la excepcionalidad del Reino Unido cuando salga de la Unión. O lo que es o mismo: a entorpecer cualquier intento de armonización política y económica.


Una estrategia, la del divide y vencerás, que también comparte, en su finalidad, aunque no tanto en los medios para lograrlo, el Kremlin. Es un secreto a voces que Vladimir Putin desea una crisis institucional de Europa que mermaría su capacidad de influencia y su poder global. La haría más débil. Como Washington, pero desde hace un par de lustros más, ha encendido la mecha desde los territorios orientales. Sintoniza con Orban y su cuadrilla de Visegrado. Mientras abre la espita geoestratégica en las antiguas repúblicas soviéticas bálticas, donde ha puesto en más de un serio aprieto a los mandos militares de la OTAN, y Ucrania, crisis a la que Europa se ha acostumbrado a llegar tarde a cualquier iniciativa contra el Maidan nacionalista y europeísta que Moscú se ha encargado de emprender desde el estallido de las protestas sociales, en noviembre de 2013. En pleno debate sobre el aumento de cuotas europeas a las arcas de la Alianza Atlántica por expresa exigencia de Washington. Usando, para ello, cualquier arsenal. Desde el diplomático, mediante la utilización de la energía como arma exterior o amenazando con los peligros geoestratégicos de la escalada armamentística -y nuclear- iniciada por la Casa Blanca y el Kremlin, hasta las redes sociales, desde las que propaga fake news capaces de, por ejemplo, interceder en el resultado del referéndum sobre el Brexit, en el triunfo electoral de Trump o en la irrupción en el escenario político de partidos ultranacionalistas en Europa o de movimientos secesionistas que, como el catalán, ponen en riesgo la estabilidad de determinados socios de la UE.


El tercer elemento distorsionador es China. Sin duda, el que menor toxicidad emite porque, entre otras cuestiones, comparte con Europa la visión multilateralista, los objetivos de París de lucha contra el cambio climático, y ciertos intentos, demasiado vanos aún, de inculcar una cierta gobernanza a la globalización como antídoto para frenar el nuevo orden instaurado por Trump. Pero que, como sus dos rivales nucleares, practica una diplomacia de doble filo. Porque al mismo tiempo que airea discrepancias con EEUU como las tensiones por el negocio 5-G y la crisis de Huawei, negocia un acuerdo comercial que ponga fin a la escalada arancelaria y ha puesto punto y final al histórico aislacionismo con Rusia, con la que realiza maniobras militares conjuntas en latitudes tan conflictivas como el Báltico o el Mar del Sur de China, puntos de interés estratégico para ambas potencias, que siguen un criterio común de oposición geopolítica a Trump en varios asuntos de relevancia global. Mientras permite el acceso de Moscú, con su implicación apoyada desde Pekín en la Nueva Ruta de la Seda al juego de intereses cruzados en Asia Central, espacio que le fue vedado por China durante las décadas de la Guerra Fría.


La encrucijada europea se agudiza por los nubarrones que se ciernen sobre su economía. Pero no sólo por ello. También hay otros factores que revelan la debilidad política de la Unión

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1.- El enfermo económico mundial. El ciclo de negocios posterior al credit-crunch toca a su fin. O, al menos, se manifiesta con una alarmante debilidad. La austeridad con estímulos monetarios ha finiquitado el ritmo de actividad que había devuelto un relativo bienio de esplendor -desde el ecuador de 2016 hasta el verano de 2018- tras el largo lustro de rescates y de crisis de la deuda entre socios del euro. "La salud económica europea está en seria amenaza", dice Willem Buiter, analista de Citigroup. Con el PIB alemán en encefalograma plano y el de Italia en recesión técnica las previsiones del mercado y las oficiales de la Comisión coinciden en augurar un crecimiento de la zona del euro en el entorno del 1% para este año y el siguiente. "La preocupación actual es Europa, precisa Salman Ahmed, estratega jefe de inversiones en Lombard Odier, porque, en su opinión, "mientras China saldrá de la ralentización con fuertes canales de estímulo, en Europa la caída libre de la actividad se presenciará a gran velocidad". Y sin reformas. Sin un presupuesto común, ni avances en medidas de corrección de las desigualdades sociales como la prestación europea por desempleo, ni la culminación que desea Mario Draghi para la unión bancaria, o la mutualización de la deuda y de los bonos soberanos.


El euro vuelve a estar en entredicho por parte de inversores y economistas de todo el planeta. Porque a la probable cercanía de una nueva crisis, en 2020, se añade una merma del arsenal monetario del BCE para restaurar la compra de activos tóxicos de empresas y países que, por otro lado, desea enterrar definitivamente Berlín, y el aterrizaje, de momento no muy brusco, de la economía china y el agujero presupuestario de EEUU de 310.000 millones de dólares en los cuatro primeros meses del año fiscal 2019 -desde octubre a enero- un calibre un 77% más ancho respecto del ejercicio anterior, y el primer vestigio de que la doble y agresiva rebaja fiscal a las rentas personales y los beneficios empresariales ha deteriorado el cuadro financiero de EEUU que, además, mantiene una deuda billonaria, de más de 21,2 billones de dólares, superior a su propio PIB. Al que hay que sumar otro déficit, en este caso el comercial, que alcanzó a finales de año los 621.036 millones de dólares. Vestigio de que las batallas comerciales desatadas por la Casa Blanca no han cumplido su objetivo ni parece que se justifiquen por criterios de seguridad nacional. Europa se apresta a reducir sus flujos de mercancías, servicios e inversiones a sus dos principales destinos y con su sector exterior en estado menguante. De hecho, el BCE ve ahora, por primera vez en los últimos meses, el mantenimiento de los tipos próximos a cero para todo este año. Al menos. Con el propósito de reanimar la actividad. Y sopesa más ayudas a la banca.


2.- Asuntos internos de gran voltaje. A la creciente falta de sintonía entre Angela Merkel y Emmanuel Macron, se une la rebeldía del gabinete populista italiano que, al cumplirse el primer aniversario de su compleja constitución, no sólo ha conducido a la economía a los números rojos, sino que ha hecho sonar todas las alarmas. El tercer PIB del euro batalla con Bruselas por ganar margen presupuestario para costear las promesas electorales de los dos partidos hegemónicos, la Liga Norte y el Movimiento Cinco Estrellas que, a los ojos de la Comisión, "implican riesgos transfronterizos entre los socios monetarios".


Con niveles de endeudamiento históricos, nunca vistos desde la época de Mussolini, aproximándose al 140% del PIB y un peligro de "contagio" al resto de la zona del euro de su contracción económica, con repunte del desempleo en ciernes. "No subestimemos el impacto de la recesión italiana", admite el ministro de Finanzas francés, Bruno La Maire. Pero lo que más preocupa a los inversores es la montaña de deuda trasalpina y sus necesidades de financiación, estimadas en 1,5 billones de euros, para sanear y recapitalizar su sistema financiero del que han adquirido bonos las principales entidades bancarias alemanas, francesas y españolas, sobre todo. Por un montante de 425.000 millones de euros, según datos de la Autoridad Bancaria Europea.


Sin embargo, el económico-financiero no es el único frente abierto por Italia, que también se ha visto involucrada en un affaire diplomático con Francia, a la que acusa de arrogancia por varios asuntos tan surrealistas como la reclamación de la Mona Lisa de Leonardo da Vinci -ahora en las instalaciones del Louvre- pero que han recibido la exaltación nacional-populista en Italia y, sobre todo, han propiciado una doble llamada a consulta de sus respectivos embajadores. Con cruce de acusaciones. De empresarios italianos a Macron, en una cena privada en Milán, admitiendo que su máxima preocupación es la deriva económica y política de la coalición de su país y que se esconde tras una retórica euroescéptica y anti-inmigración o con tweets de ánimo de Luigi Di Maio, el líder de los Cinco Estrellas, a los chalecos amarillos para que continúen con sus protestas contra el presidente galo.


El frente del sur, con Italia, se une al del Este. Con la Hungría de Orban incitando constantemente a la UE a amenazar con el artículo 7 del Tratado de la Unión, el mecanismo de expulsión de un socio comunitario por no seguir los valores fundacionales de libertad, democracia e imperio de la ley y que el eje franco-alemán se niega a invocar antes de las elecciones europeas del próximo mes de mayo para no levantar una oleada ultranacionalista de mayor dimensión de la que ya se ha extendido por el espacio de Visegrado, el centro y el norte europeo y que ha llegado a España con Vox tras enraizarse durante años en Francia o Italia. Orban pregona el final de la democracia liberal y la instauración de un estado anti-liberal con escasos controles y supervisión al poder. La Eurocámara ha instado al Consejo Europeo a activar la expulsión, pero los líderes de la Unión sólo han amenazado, hasta ahora, con retirar a Hungría y Polonia los fondos estructurales y sus poderes de voto y de veto. Es decir, han eludido imponer medidas ejemplarizantes a socios que se desmarcan de los principios comunitarios.


3.- Cerco del triunvirato: EEUU, Rusia y China. La Casa Blanca ha enterrado el protocolo político que ha imperado en las relaciones transatlánticas. Inicialmente, por las tensiones comerciales entre ambas orillas del océano. Apenas dos años después de que, bajo el segundo mandato de Barack Obama, ambas potencias estuvieran a punto de firmar una pasarela de intercambios con aranceles cero de mercancías, servicios e inversiones. Al inicio de este año, Washington rebajó el estatus diplomático de la delegación de la UE en la capital estadounidense. Trump acaba de señalar a Europa como "muy, muy resistente" con la entrada de automóviles y de productos alimenticios made in US en el mercado interior y culpa a Europa de debilitar la balanza comercial de EEUU. Algo que, hasta el inicio de negociaciones, ha ido dirigiendo desde el inicio de la guerra comercial, primero a Canadá y México y, con posterioridad, a China. Pero Trump también se ha distanciado de Europa en materia de seguridad. Así quedó patente en la posición americana en la reciente cumbre de Múnich. "Tenemos un problema real" con EEUU, admitió el ex embajador alemán en EEUU, Wolfgang Ischinger.


"En la ciudad germana se constató las diferencias tanto de intereses militares, como en estrategias de defensa y, sobre todo, en disputas económicas entre las dos orillas del Atlántico. Con intentos de división. Como la permanente presión a Alemania, Francia y Reino Unido para que abandonen la postura común y se sumen a las sanciones contra Irán tras la retirada unilateral de EEUU del acuerdo nuclear suscrito por Obama. El respaldo de Polonia y Hungría al escudo antimisiles americano bajo protección de la OTAN, mientras atacan a las instituciones europeas que les concede el multimillonario cheque de fondos de cohesión y estructurales, el grado de encarecimiento de las facturas presupuestarias europeas de la Alianza Atlántica, o la persistencia de Reino Unido a tener un papel activo en el futuro Ejército europeo, con independencia del resultado del Brexit. El secretario de Estado, Mike Pompeo, sintetizó a la perfección el interés de EEUU en Europa Central durante su reciente visita a Hungría y Polonia: "A menudo, en el pasado reciente, hemos estado ausentes de esta zona de Europa. Inaceptable. Nuestros rivales se han aprovechado de ello". Dicen los expertos que no sólo se refería a Rusia. También a la UE.


Respecto a China, Europa observa con atención sus programas de estímulo económico. Porque le interesa que sirvan no sólo para espolear su PIB, que crecerá este año un 6,5%, un ritmo que no se veía desde 1990, en plena crisis de Tiananmen, que supuso sanciones económicas globales hacia Pekín, sino también para impulsar un consumo que resulta vital para las exportaciones de la UE. Mientras trata de persuadir a Italia para que tenga un papel activo -y específico- en la Ruta de la Seda. Frente a las dudas que genera en el resto de socios de la UE y, sobre todo, en EEUU y Japón. O se alía con Rusia para percutir en la brecha transatlántica. En Múnich, el miembro del politburó, Yang Jiechi, no tuvo reparos en señalar, delante de Merkel y el vicepresidente Mike Pence, las discrepancias entre EEUU y Europa sobre multilateralismo e inversiones tecnológicas o en criticar a la Casa Blanca por el conflicto de Huawei, su proteccionismo o su propensión al uso de su poder hegemónico. Discurso que gustó a los socios europeos, pero no tanto a EEUU.


4.- Francia y Alemania, rivales energéticos. Por obra y gracia de Putin. Al que el eje europeísta le señala como instigador de las fake news que se propagan por toda Europa y que amenazan con perturbar el debate electoral a la Eurocámara. Amén de otras convocatorias de comicios en procesos democráticos nacionales en los próximos meses. Bajo el argumento de que el jefe del Estado ruso busca que los europeos pierdan la confianza en sus instituciones y en las libertades cívicas con sus ejércitos de bots y granjas de trolls que deslizan esta propaganda divisoria con el beneplácito de los servicios de espionaje; de la ex KGB. Como ya hizo aislando a Reino Unido con el Brexit. Pero si en las redes sociales ha demostrado su habilidad, es en el terreno de la energía donde Putin borda su estrategia exterior. El gaseoducto ruso Nord Stream 2 que no sólo enfrenta a Alemania, deseosa de construir conjuntamente con Moscú una infraestructura de unos 11.000 millones de dólares que garantice el abastecimiento del país, con EEUU, que ve en este proyecto una maniobra geopolítica del Kremlin para influir en Berlín. Sino también entre el propio eje, ya que París, hasta ahora, era reacia a cambiar la directiva europea que exige la aplicación de sus reglas a conductos energéticos con origen en terceros países, como es el caso.


La triple interferencia internacional –de las tres grandes potencias nucleares– está consiguiendo su desafío de dividir Europa. Por mucho que Macron desee unificar los servicios de espionaje y restablecer la cooperación, en la UE se ha instalado un clima de desconfianza mutua. Al que han contribuido también los tibios pasos integradores de las cuatro legislaturas de Merkel y el error del Brexit, si no se convoca otro referéndum, el mejor callejón de salida. O por mucho que el eje franco-alemán se obceque en reforzar, como hicieron Macron y Merkel a finales de enero en Aachen su alianza con un pacto contra el egocentrismo nacionalista y la cruzada euroescéptica

 

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Mujeres afganas: del progreso al medievalismo misógino ‘made in USA’

Los medios de comunicación de masa suelen dividir la historia de las mujeres afganas en el “antes y después de los talibanes” y con dos objetivos: a) presentar a la OTAN como la salvadora de las mujeres, y b) ocultar el hecho de que los grupos terroristas “islámico-sunnitas” han sido creados por EEUU y sus aliados, y que el daño que afligen algunos miles de individuos de extremaderecha religiosa con escopeta a las mujeres es mayor que el de una alianza de 29 países con armas más mortíferos del planeta.

Que Afganistán “fue un refugio para los terroristas” y que la OTAN tenía la “misión de salvar a las mujeres” estaban al servicio de la agresión a este país: si por un lado, los terroristas no necesitan un país-refugio y se organizarse en un piso en cualquier país del mundo, por otro, la segunda farsa parecía más a una mala imitación del argumento de La Ilíada, en el que los griegos, bajo el pretexto del rescatar a Helena, secuestrada por el Príncipe de Troya, la invaden con la intención de saquearla, sembrar el terror y la muerte: Resulta que Afganistán es el país más estratégico del mundo para EEUU.


¿Cómo podían acabar con la violencia machista si la propia guerra es la máxima expresión de dicha violencia?


Cronología de una lucha por el progreso


1920: la monarquía “progresista” de Amanullah y Soraya, funda en el marco de los proyectos modernizadores para el país a Anchuman-E-Himayat-E-Neswan (Organización para la Protección de las Mujeres) para luchar contra el analfabetismo y los malostratos, y publica el cuaderno Ershad-E-Neswan (Orientación para las mujeres), la primera revista feminista del país.


1929: Gran Bretaña, molesto por las relaciones amistosas de Kabul con la Unión Soviética, incita a los señores feudales y religiosos, y juntos derrocan a los monarcas.


1933: el nuevo rey, Zahir Shah, influido por las reformas que tienen lugar en Irán y Turquía, abre las primeras escuelas para niñas, introduce en la Constitución del 1964 la igualdad entre los sexos y reconoce el derecho al voto de la mujer.


1964: Se funda el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA), y la Organización Democrática de la Mujer. Este año se celebra por primera vez el 8 de marzo.


1973: Zahir Sha es derrocado por los nacionalistas. Se proclama la República de Afganistán. El asesinato de Mir Akbar Khyber, escritor y dirigente marxista en 1978, de autoría desconocida, desata la protesta de miles de afganos que termina en un golpe de estado por el PDPA contra el presidente Mohammed Daud.


.Abril del 1978: PDPA instala La República Democrática de Afganistán (RDA). Es un duro golpe a EEUU, que sin recuperarse de la derrota en Vietnam, sufre el mismo año la caída del Sha en Irán y el triunfo del sandinismo en Nicaragua. Por lo que organiza a los “Yihadistas” y a “Los contras” para contener a las fuerzas de izquierda. Así, pone en marcha la «Operación Ciclón» en Afganistán enviando a decenas de miles de terroristas armados desde Pakistán, forzando a la URSS a intervenir.


La época dorada del feminismo afgano


Las reformas realizadas por la RDA en favor de las mujeres incluyen:


Construir escuelas, ambulatorios, hospitales, viviendas sociales, y declarar la sanidad y educación gratuitas y universales.


Crear el Consejo de Mujeres, que pronto tendrá 150.000 miembros, y que ofrece servicios sociales y asistencia gratuita a las mujeres por primera vez en la historia del país.
Separar la religión del Estado, y reemplazar los tribunales religiosos por civiles, liberando a las mujeres de las leyes arcaicas.


Luchar contra el analfabetismo y promover cursos de formación profesional, desde peluquería, y costura, hasta mecánica de automóviles.


Nombrar a la doctora Anahita Ratebzad (1931-2014) embajadora de Afganistán en Yugoslavia, quien ocupará después la vicepresidencia del gobierno y el Ministerio de Asuntos Sociales. Ratebzad, en 1965, fue diputada del parlamento.


Crear miles de puestos de trabajo para las mujeres, con guarderías incluidas, y establecer el permiso de maternidad de tres meses con salario.


Elevar la edad nupcial para las niñas de 8 años a 16; declarar nulos los matrimonios forzosos, y prohibir el ”baad“, la entrega de una hija para solucionar una disputa o deuda de la familia.


Legalizar la libertad de no llevar el velo.


En 1986, cerca de la mitad del personal sanitario y educativo, y el 15% de los periodistas eran mujeres. Hubo 7 mujeres diputadas, y miles en las fuerzas armadas y en las Brigadas de Defensa de la Revolución, protegiendo sus conquistas de los ataques de los Muyahedines financiados con 3.000 millones de dólares de la CIA.
1987: la RDA empieza un giro a la derecha, creyendo que así bajaría la agresividad de los “Muyahedines”. Paraliza las “desamortizaciones”, restaura el islam como la religión oficial del Estado, subvenciona la construcción de mezquitas, y paraliza las medidas feministas.


Empieza una interminable pesadilla


La unidad anticomunista de los Muyahidines, divididos en una docena de grupos, se rompe y el caos reinante perjudica a los planes de EEUU que necesita la seguridad para llevar a cabo sus proyectos militares y económicos en el país.


1992: una vez desaparecida la URSS, la CIA reconduce la situación y crea a otro grupo yihadista, el pro saudí Talibán-Al Qaeda. Adoctrina en Pakistán a miles de lumpenproletariado en el anticomunismo y antifeminismo y les envían a Afganistán: se ponen en marcha las patrullas de la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio para imponer el burka a todas las mujeres. Cierran los colegios de niñas, expulsan a las trabajadoras de sus puestos y les prohíben salir de casa sin un hombre de la familia. Aplican la lapidación y otras formas brutales de ejecución como espectáculos públicos del terror. Se disparan las violaciones, secuestros, asesinatos, y también el suicido de niñas y mujeres.


1996: Los Talibán llegan a la capital y después de brutales torturas (como castración) asesinan al presidente Nayibulá. Desatan un terror sin precedente en el país, como lanzar a los gays de las montañas o aplastarles con los buldóceres. Pero, nada de eso sale en los medios occidentales, que les apodan “Luchadores por la libertad”.


Los Talibán firman su propia pena de muerte al prohibir el cultivo de la adormidera (con cuyo negocio, la CIA pagaba a sus mercenarios), y no alcanzar un acuerdo económico sobre el gaseoducto Trans-afgano (TAPI) con Washington, quien decide acabar con ellos y tomar el control del país de forma directa, tras organizar una amplia campaña televisiva sobre la barbarie de sus viejos cómplices.


2001: Con el 11S, EEUU intentará ejecutar sus objetivos, ocupando el país. Sólo entre el octubre de 2002 y el abril del 2003, los cazas anglonorteamericanas soltaron unas 10.000 toneladas de bombas ( como “Daisy cutters”) sobre 35 millones de afganos, dejando a miles de civiles sepultados bajo los escombros. Contaminaron aguas y tierras, destruyeron cultivos y el ganado, provocando una catástrofe humanitaria. Durante el 2002 UNICEF advirtió de que 100. 000 niños podrían morir de hambre y frío. En junio del 2005, en el servicio de maternidad del hospital de Kabul nacieron 150 niños con malformaciones severas, afirmaba el doctor Mohammed Daud Miraki, Director de la Asociación Afghan DU & Recovery Fund. Se dispararon la muerte de las mujeres en el parto y sus recién nacidos.


Bush instaló una República Islámica en Afganistán, repartiendo el país entre la OTAN y los Talibán. El resultado:


La huida de millones de familias de sus hogares a causa de los bombardeos, violaciones, torturas y el asesinato de sus seres queridos por el dúo Islamistas-OTAN.

El 87% de las mujeres afganas son analfabetas, y la mayoría no tienen acceso a la atención médica.


El 60% de las menores de 15 años son forzadas a casarse.


Cerca del 90% de las mujeres y niñas sufren de depresión o trastorno por ansiedad, de las que unas 2.000 intentan quitarse la vida cada año, la mayoría inmolándose.


“La violación es la forma más habitual de la agresión contra la mujer“, afirma el Tribunal Supremo de Afganistán (marzo del 2019). Los soldados de la OTAN (que cuentan con varias bases militares y también cárceles como el Guantánamo en Afganistán), la policía, hasta el presidente de la Federación Nacional del Fútbol femenino son los acusados.


El 80% de los suicidios son cometidos por mujeres hartas de una violencia generalizada y estructural, según el gobierno afgana (2014): Nadia de 16 años, se autoinmoló a lo bonzo para liberarse de la violencia de su marido y sus suegros: sobrevivió con gran parte del cuerpo quemada; a Masumeh, de 18 años su marido le cortó ambas orejas tras una discusión; a Royá su padre le mató tras descubrir que habia sido violada por su tío; Nasrin de 20 años murió por un bombardeo de la OTAN en su casa; Gulnar de 15 años fue violada por una turba de chavales en el camino al colegio. Su cuerpo fue hallado en un río de Kabul. Samira, quería estudiar y ser médica, pero la casaron a los 11 años. Intentó quitarse la vida con matarratas por las continuas violaciones de su marido y las brutales palizas, y al no conseguirlo a los 17 años se roció con el petróleo que se usa para la cocina, y se prendió fuego. El Código Penal del 2009 estipula que los esposos pueden privar de alimentos a las esposas si se niegan a tener relaciones sexuales: o sea, matarlas de hambre.


Decenas de miles de mujeres viudas con hijos se ven forzadas a prostituirse o a mendigar. El 65% de ellas considera el suicido como una solución para acabar con su miseria, afirma un informe del Fondo para las Mujeres de la ONU.


Las callas del país están llenas de niñas y niños huérfanos de la guerra, que en vez de estar en el colegio mendigan, estando expuestos al secuestro y abusos de todo tipo. El Observatorio de Derechos Humanos decía que 2017 “cerca de dos tercios de las niñas afganas no van a la escuela“.


El 75% de las niñas y adolescentes se enfrentan a un matrimonio forzado.


Una mujer maltratada no puede huir: será acusada de adulterio por la familia y se enfrentará al “crimen de honor”: ser castigada con mutilaciones faciales o la muerte.
El 90% de los partos se realizan en el hogar, sin asistencia de profesionales, y el 17% de madres mueren durante el parto.


En agosto del 2010, y con el fin de neutralizar la decisión de Barak Obama de retirar parte de las tropas de Afganistán, la revista Time puso en su portada la imagen de la joven afgana Aisha de 18 años, con la nariz y las orejas cortadas por el consejo tribal como castigo a desobedecer a sus suegros, con el texto “¿Qué pasa si salimos de Afganistán?”.
¡Pero, si esta barbarie ha ocurrido en presencia de 300.000 soldados de la OTAN!


En febrero del 2018, Afganistán eliminó el capítulo del borrador del código penal que penalizaba la violencia contra las mujeres. Las mujeres y los hombres afganos constituyen la segunda nacionalidad más grande de la población de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial: sólo en Irán y Pakistán viven 6 millones. En Europa son invisibles.


En octubre del 2018, la ONU informó que entre enero y septiembre, al menos 2.798 civiles murieron por ataques de la OTAN y Talibán y más de 5.000 resultaron heridos.


Hoy, bajo el pretexto de “negociaciones de paz” con Talibán, EEUU pretende entregar el poder a los mismos hombros que lapidan a las mujeres y queman escuelas. Una paz para los hombres en la que sin duda los derechos de ellas son el objeto de regateo. “Los problemas de las mujeres son importantes, pero no son nuestra principal prioridad ” en las negociaciones, dice la portavoz de la embajada de EEUU en Kabul, Monica Cummings.


Dieciocho años después y 2.000 millones de dólares supuestamente invertidos por la USAID para liberar a las afganas, este país es uno de los peores lugares del mundo para nacer mujer.


No hay duda de que las valientes mujeres afganas junto con los hombres progresistas escribirán el nuevo capítulo de esta historia.

8 marzo 2019

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Los hallazgos de Petén reescriben la historia de la Guatemala precolombina

Los descubrimientos arqueológicos de Tikal sepultan el supuesto pacifismo maya e iluminan la desaparición de una cultura milenaria


La Fundación Pacunam (Patrimonio Cultural y Natural Maya), un consorcio internacional de arqueólogos e investigadores, ha revelado al mundo una noticia que ha conmovido a los estudiosos y que promete reescribir la historia precolombina de Guatemala: el descubrimiento, en un área de 2.144 kilómetros cuadrados de Tikal —en el departamento de Petén, al norte del país—, de más de 60.000 estructuras, edificios monumentales, 105 kilómetros de calzadas, un complejo sistema de canales para distribución de agua y hasta 59 kilómetros de murallas defensivas.


El hallazgo es fruto de años de trabajo de equipos de arqueólogos, en su mayoría estadounidenses y guatemaltecos, y abre la puerta a investigaciones en zonas inéditas en grupos de estructuras de vigilancia y una ciudadela fortificada que cambian la percepción de los expertos sobre la manera en que los mayas practicaban la guerra. La historiografía oficial concebía tradicionalmente la cultura maya como una civilización pacífica, dedicada fundamentalmente a la astronomía y las matemáticas, de lo que sería ejemplo el calendario maya (lunar y tan preciso como el gregoriano que nos rige) o el descubrimiento del concepto matemático del cero.


Pero los últimos descubrimientos obligan a reinterpretar esta visión, como comenta a EL PAÍS el doctor en Historia José Cal, profesor de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Para empezar, señala, hay que considerar una nueva densidad poblacional y una complejidad social mucho mayor. “Esto cambia completamente el análisis sobre los asentamientos humanos en toda la zona, su vida social, económica, política y religiosa”, puntualiza, al tiempo que subraya que la existencia de murallas defensivas termina de sepultar la visión idílica de los mayas como un pueblo esencialmente pacífico. “Eran pueblos que combatían entre ellos y donde se daban relaciones de poder, con luchas intestinas”.


Uno de los expertos de Pacuman, el arqueólogo Edwin Román, recuerda que la teoría tradicional apunta a que las guerras de los mayas tenían un carácter ritual: la captura de prisioneros para ser sacrificados a los dioses. “Los nuevos descubrimientos señalan que la guerra fue bastante más frecuente”, afirma, y añade que esta habría sido una de las causas para el abandono de las grandes ciudades, pero no la única. "Sabemos que se abandonaron por una conjugación de factores, como sequías prolongadas, determinantes en una sociedad agrícola en un ambiente hostil".


En esta apreciación coincide el arqueólogo Bernard Hermes, que en una conversación telefónica desde Petén señala que el mayor impacto de estos descubrimientos es la nueva visión de la Guatemala precolombina. “Cambia las perspectivas de cómo se desarrolló la cultura maya. Obligará a la reinterpretación de ciertos aspectos de la historia, como la demografía, y permite el conocimiento de nuevos sitios arqueológicos. Es un trabajo gigantesco que seguramente sobrepasará las capacidades del Gobierno”, subraya.


“Este mapeo, obtenido gracias a la tecnología avanzada de la NASA, nos permitirá entender en su justa dimensión la importancia de la civilización maya, particularmente en aspectos como el manejo del ambiente y sus interacciones, incluyendo la guerra” comenta la presidenta de la Fundación Pacunam, Marianne Hernández. “Ha generado un interés extremo a escala mundial para entender la civilización maya. Ahora podemos ver, en toda su complejidad, una civilización que hasta ahora estaba en desventaja frente a otras culturas”, concluye. La historia tradicional siempre colocó a Tikal como el epicentro de la cultura maya. La nueva perspectiva que surge de estos nuevos hallazgos lo coloca como “un centro ceremonial de primer orden, con una función muy importante como observatorio astronómico, pero no el único”, en palabras de Cal, que subraya que esta nueva realidad será determinante para reescribir la historia nacional.


El periodista Carlos Tárano, con estudios de arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México, califica como “fundamental” el papel de Tikal en la historia de los mayas. “Fue, con Calakmul, en el actual Campeche (México), y con Caracol (ahora Belice), una de las tres grandes ciudades mayas del periodo clásico”. Cada una de ellas ejerció, por largos periodos, un dominio absoluto sobre el territorio de Petén, por lo que rivalizaban, con Tikal como enemigo a vencer. “Tikal”, añade, “es clave primero por su antigüedad (unos 500 años antes de Cristo) y porque recoge los monumentos más representativos de la época clásica maya y porque siempre fue una de las ciudades de mayor extensión que, con los nuevos descubrimientos, cobra una dimensión enorme, de más de 100.000 habitantes”.


“Tikal representa la culminación de un largo proceso de desarrollo económico, político, social y religioso. Su construcción abarcó siglos, entre los años 600 y 900 de nuestra era y cuenta con gran cantidad de monumentos, estelas, que se dedican a contar la historia de los gobernantes o a conmemorar hechos históricos importantes”, dice a EL PAÍS el arqueólogo Edgar Carpio. Geográficamente, agrega, Tikal fue un punto estratégico por el que pasaban los caminos de comercio hacia las tierras altas de Guatemala y hacia el actual México: "No fue una ciudad aislada ni era única".


Esta serie de recientes descubrimientos pone a Guatemala ante el desafío de estudiar a fondo una nueva realidad y proteger este tesoro cultural frente a los expoliadores de tesoros precolombinos, a los que está muy expuesto el país centroamericano.

Ciudad de Guatemala 8 MAR 2019 - 13:49 COT

Todo lo que Stieg Larsson sabía del asesinato del primer ministro sueco

El periodista Jan Stocklassa retoma la investigación del novelista sobre el homicidio de Olof Palme. El libro implica a neonazis suecos y a servicios secretos sudafricanos

Soy Lisbeth Palme, ¿es que no lo ve? Y ese que está ahí es mi marido, Olof Palme, el primer ministro”, gritaba la mujer del dirigente sueco a la policía a escasos centímetros del cadáver de su esposo cuatro minutos después de que un desconocido le disparase una bala de gran calibre calibre en una calle de Estocolmo, el 28 de febrero de 1986. Esta llamada desesperada fue el inicio de una serie de errores y conspiraciones que dejaron el prestigio de Suecia por los suelos y el caso sin resolver. Obsesionado con el magnicidio y su conexión con la extrema derecha sueca, el escritor y periodista Stieg Larsson dedicó parte de sus energías a trazar una teoría razonable. La complejidad del asunto, oscuros intereses y su muerte dejaron la labor inconclusa. Ahora, 33 años después, el periodista sueco Jan Stocklassa coge el testigo en Stieg Larsson. El legado. Claves ocultas del asesinato de Olof Palme (Roca), un híbrido entre el ensayo, el reportaje de investigación y el espionaje que transita el camino abierto por el autor de Millennium y se acerca a la solución definitiva. Con los nuevos datos proporcionados en las investigaciones de Larsson y Stocklassa, los servicios de información suecos y sudafricanos están trabajando conjuntamente para esclarecer el crimen.

“La policía fue tremendamente incompetente”, asegura Stocklassa por teléfono a EL PAÍS desde Estocolmo para resumir hechos como que hubiera oficiales que siguieran de vacaciones, que la investigación se le encargara a alguien “leal pero que nunca había trabajado en un homicidio” o que horas después decenas de comisarías no supieran que el primer ministro sueco había sido asesinado. “Hubo pánico en aquellas primeras horas y después gente dentro de la policía que no quería que se descubriera al culpable y que intentó frenar la investigación”, añade antes de señalar a Hans Holmér, el inspector jefe, quien, asegura: “Jugó uno de los papeles más oscuros de la historia de Suecia. Hay un sentimiento unánime de que lo estropeó todo”. Holmér, convertido después en escritor de éxito, alimentó la tesis que culpaba a un grupo kurdo y se negó durante años a investigar la pista de la extrema derecha y su conexión con el régimen sudafricano, esgrimida por el propio Larsson, auténtico experto en el auge de grupos neonazis en su país.


“Ahora sabemos que pocas semanas después del crimen Larsson estaba muy cerca de la verdad. Era muy ambicioso como investigador, increíble. Con el tiempo y el dinero que habría tenido tras el éxito de su trilogía habría llegado a descubrirlo. Su prioridad era destapar a los grupos de extrema derecha en Suecia y eso le llevó a intentar resolver el asesinato de Palme”, cuenta este reportero que se ha valido de los documentos dejados por Larsson para seguir con la investigación del mayor caso de asesinato abierto en el mundo (por un cambio de ley no ha prescrito). En sus noches de insomnio, en sus monólogos obsesivos, en las cartas que escribía a otros colegas europeos o mientras fumaba alguno de los 60 cigarros que consumía al día, Larsson trataba de darle sentido a todo. Murió en 2004 sin llegar a verlo resuelto, con el caso languideciendo tras 10.225 interrogatorios, un falso culpable y cientos de miles de folios de sumario que una persona instruida en Derecho tardaría nueve años en leer.


Según esta tesis, a Palme lo mataron en una operación preparada entre la extrema derecha sueca y los servicios secretos sudafricanos –que odiaban al político sueco por su activismo contra el régimen del apartheid y su denuncia del tráfico de armas destinadas a ese país a pesar del bloqueo– con espías del nivel del legendario Craig Williamson implicados. El exoficial de la ONU en Congo, hombre fuerte del ejército sudafricano en las sombras, Bertil Wedin –a quien Stocklassa interroga en Chipre en una operación encubierta que es uno de los mejores momentos del libro– sería el enlace. La infraestructura la ofrecieron grupos nazis suecos liderados por el activista Alf Enerström, artífice de las campañas contra el primer ministro, y el gatillo lo apretó algún pobre hombre del que luego poder deshacerse. Larsson es sistemáticamente ignorado por la policía cuando publica sus artículos en semanarios o cuando les hace llegar esta información, que el escritor guardó en cajas perdidas hasta ahora. Los investigadores hicieron caso omiso también de los 10 avisos que recibieron en los meses anteriores al asesinato y que alertaban de un compló contra Palme.


Considerado por muchos el político más importante de la historia de Suecia, Palme cambió la imagen y las prioridades de su país en el mundo, pero sus enemigos desataron al tiempo una campaña de odio sin precedentes que en parte explica su muerte y el hecho de que no se haya resuelto todavía. “La campaña empezó antes de que fuera primer ministro. Duró casi 20 años y como fue gradual fue tolerada. Los sudafricanos nunca habrían podido preparar esto en Suecia si no hubiera habido gente que creyera que Palme trabajaba para el KGB y que iba a vender el país a los soviéticos, algo que es totalmente ridículo”, explica Stocklassa.


Como buena conspiración, el caso tiene también su chivo expiatorio. Su nombre es Christer Petterson, un adicto al crack y alcohólico con pasado violento al que Lisbet Palme señaló en una rueda de reconocimiento ayudada por la policía. “Habían pasado dos años y 10 meses. Era demasiado tiempo para recordar, sobre todo teniendo en cuenta que durante los primeros días Lisbet, que era la única testigo, no fue capaz de describir a nadie”, aclara el autor de Stieg Larsson. El legado (que se publica el 14 de marzo) quien cree que ahora se puede estar cerca de la verdad. “Lisbet ha muerto y se puede decir a las claras que su testimonio era falso”. Petterson fue condenado, pero ante la ausencia de un arma homicida, de pruebas y de una motivación, fue absuelto en segunda instancia.


Diez años después de la muerte de Palme la policía sueca estaba en un callejón sin salida. Su jefe, Hans Olvebro, compareció para reconocer que habían fracasado y decir que la investigación no debía continuar. La cifra de agentes había quedado reducida a 14. Las tesis de Larsson fueron ignoradas y la policía y la sociedad prefirieron mirar a otro lado, no como ahora, con los servicios de información de Suecia y Sudáfrica colaborando con las nuevas pistas ofrecidas. “Era un país muy ingenuo. Ahora en cierto modo sigue siéndolo , pero se está hablando del caso en el extranjero y cada vez hay más presión”, reflexiona Stocklassa, que reconoce que se ha sentido amenazado. “Tendré más cuidado la próxima vez. Creo que hay algo en marcha pero no sé realmente lo que es”, asegura. Una prueba más, quizás, de lo cerca que estuvo Larsson de resolver el crimen del siglo.


Una historia de espías y antifascistas


Severin, el abuelo de Larsson, le inculcó desde pequeño una pasión por la lucha antifascista que llevó al autor de Millenium a dedicarse a ello en cuerpo y alma –en la agencia TT, en el semanario Expo y en medios extranjeros– hasta convertirse en el gran experto sueco en el auge de los movimientos neonazis.
“La realidad en Suecia y en Europa le ha dado la razón”, asegura Stocklassa, que trata de ir más allá que Larsson. “Cuando tuve las cajas con los documentos en mi mano supe que era un momento que ocurre una vez en tu vida”, confiesa. En Stieg Larsson. El legado, el periodista se entrevista con alguno de los sospechosos y utiliza a una joven checa, nombre en clave Lida, para algunas de sus pesquisas. “No es ficción. No es de la CIA, no me la invento. Ella es real y las entrevistas también. Tengo las grabaciones. Lida, de hecho, viajará conmigo a España para promocionar el libro”, defiende el autor.

 

Por Juan Carlos Galindo
Madrid 8 MAR 2019 - 03:17 COT

Publicado enInternacional
Arqueólogos datan en Perú el mayor sacrificio masivo de niños del Nuevo Mundo

Pruebas de un sacrificio masivo obtenidas en un sitio arqueológico del siglo XV en Perú, revelan que se realizó con el asesinato ritual de más de 140 niños y más de 200 llamas.

El estudio, publicado en Plos One, por Gabriel Prieto, de la Universidad Nacional de Trujillo, en Perú, y sus colegas, describe el mayor sacrificio masivo conocido de niños, y de llamas, en el Nuevo Mundo.

Los sacrificios humanos y de animales se conocen a partir de una variedad de culturas antiguas, a menudo realizados como parte de rituales funerarios, arquitectónicos o espirituales. Sin embargo, hay muy poca evidencia de esta práctica en la costa norte de Perú. El sitio de Huanchaquito-Las Llamas era parte del estado de Chimú, cultura dominante en la costa peruana en el siglo XV.

Este estudio informa sobre los hallazgos de las excavaciones entre 2011 y 2016, que revelaron cientos de cuerpos enterrados en un área de aproximadamente 700 metros cuadrados. Los restos humanos eran casi todos niños, y los de animales, todos juveniles, se identificaron como llamas, pero posiblemente fueron alpacas.

La evidencia anatómica y genética indica que se incluyeron niños y niñas entre 5 y 14 años de edad. Las marcas de corte que atraviesan los esternones y las costillas desplazadas sugieren que tanto a los pequeños como a las llamas les pueden haber abierto el pecho posiblemente durante la extracción ritual del corazón.

Los restos fueron datados con radiocarbono hacia 1450 dC, durante el apogeo del estado de Chimú. Una capa gruesa de barro que cubre los sedimentos del entierro indica que esta matanza masiva fue precedida, y quizás inspirada, por una gran tormenta o inundación.

Los autores señalan que este sacrificio fue claramente una gran inversión de recursos para la cultura Chimú. Mediante estudios futuros, los investigadores esperan entender mejor el ritual por medio de sus víctimas, analizando las historias de vida y los orígenes culturales de los niños sacrificados.

El coautor John Verano, profesor de antropología en la Universidad de Tulane, en Estados Unidos, agrega que este descubrimiento arqueológico fue una "sorpresa" para todos.

"No habíamos visto nada como esto antes, y no había ninguna sugerencia de fuentes etnohistóricas ni relatos históricos de sacrificios de niños o camélidos en una escala así en la costa norte de Perú. Tuvimos la suerte de poder excavar completamente el sitio y tener un equipo multidisciplinario de campo y laboratorio para realizar la excavación y el análisis preliminar del material. Este sitio abre un nuevo capítulo sobre la práctica del sacrificio de niños en el mundo antiguo", concluyó.

Los chimpancés tienen cultura y está en peligro

Un macroestudio identifica 31 tradiciones que se transmiten en las sociedades de estos simios y que podrían perderse para siempre por el impacto de los humanos

 

Era otoño de 1960 cuando aquella joven sin estudios observó lo impensable: un chimpancé, David Greybeard, había doblado una rama y le había quitado sus hojas para pescar termitas con ella. Cuando el hallazgo de Jane Goodall se hizo público, los titulares de los periódicos no tuvieron dudas: obligaba a replantearse lo que significa ser humano. Hacer herramientas ya no era la característica que definía al sapiens frente al resto del reino animal. Los chimpancés, tan inteligentes y adaptables, habían desarrollado esta habilidad y se la transmitían entre ellos. Conocerles mejor a ellos nos ayudaba a conocernos a nosotros mismos.


Medio siglo después, en 2011, el chimpancé Nick cogió un puñado de musgo, lo sumergió en un pozo natural y, a modo de esponja, escurrió el agua en su boca para beber. Solo tres años después más de la mitad de los miembros de la comunidad de Nick, el macho alfa, bebía agua de esta forma. También había testigos: la primatóloga Catherine Hobaiter y su equipo, que habían asistido al nacimiento de una nueva tradición cultural en Uganda, la última de estas conductas que se han conocido desde los primeros hallazgos de Goodall. Beber empapando musgo y no usando hojas a modo de cuchara es una de las técnicas, conductas o ritos que conocemos de los chimpancés. El mayor estudio que se ha realizado nunca para conocer el mundo cultural de los chimpancés, recién publicado, ha registrado en total 31 de estas manifestaciones culturales que aprenden y se transmiten entre ellos, sin que se trate de un comportamiento inscrito en sus genes.


Pero todas esas tradiciones culturales están en peligro. Podrían desaparecer, con toda su riqueza y sus importantes claves para el conocimiento de los grandes simios, pero también de la evolución humana. Esa es la principal conclusión de este ambicioso estudio, que ha llevado a los científicos a estudiar 144 comunidades de chimpancés salvajes en 15 países africanos durante nueve años. Allí donde la presión humana es mayor, se derrumba la probabilidad de que los chimpancés desarrollen y conserven una tradición cultural propia, según publican en la revista Science.


"Cuanto mayor y más cercana es la presión de la actividad humana —deforestación, carreteras, etcétera—, más pierden esta capacidad de reproducir conductas culturales", resume una de las primatólogas que firma el estudio, Liliana Pacheco. "Cabe la posibilidad de que se extingan sin que podamos estudiarlos y conocer esas conductas adquiridas por aprendizaje y que pueden ser tan valiosas desde el punto de vista antropológico", asegura por teléfono Pacheco, directora de los trabajos que el Instituto Jane Goodall España realiza en Guinea y Senegal, desde donde responde. Los chimpancés están en peligro de extinción y las poblaciones de grandes simios desaparecen a un ritmo entre 2,5% y 6% anualmente precisamente por el impacto de la actividad humana.


El chimpancé es un animal cultural, con tradiciones y conductas aprendidas y transmitidas en sus cuatro subespecies, y que se extienden en todos sus hábitats —cada vez más amenazados— desde Uganda o Tanzania, más allá de la falla del Rift, hasta Guinea Bisau y Guinea (Conakry) en la región más occidental.


En Fongoli, en la calurosa sabana senegalesa, está el único grupo de chimpancés que usa lanzas para cazar pequeños monos y otros animales con los que alimentarse. Un comportamiento que ha logrado cierta independencia para algunas de las hembras cazadoras y que, por las condiciones en las que viven estos chimpancés, podría ofrecer claves de cómo evolucionaron los ancestros humanos en circunstancias similares. En África Occidental, cuatro comunidades distintas mantienen un ritual de amontonar piedras, que lanzan contra determinados árboles, en lo que parece un comportamiento simbólico similar al observado en ancestros humanos.
Entenderlos para entendernos

"Entender a nuestros primos más cercanos ayuda a entendernos a nosotros mismos a nivel antropológico", apunta Pacheco. Y advierte: "Si no hacemos algo, esta diversidad cultural será historia". Como explica la científica del Instituto Jane Goodall, en un mismo entorno, con las mismas condiciones como frutos, piedras y palos, una comunidad ha podido desarrollar una técnica para alimentarse y un grupo vecino otra distinta, que enseñan las madres a las crías. Los chimpancés de Dindéfélo, que son los que Pachecho estudia, pescan termitas y hormigas con palos y abren frutas contra cortezas y rocas.


¿Pero cómo está afectando la humanidad a este patrimonio cultural? Para abordar esta pregunta, los 77 científicos que firman el estudio aplicaron una gama de técnicas no invasivas para recopilar información en comunidades de chimpancés que nunca habían sido estudiadas, como cámaras trampa o recolección de herramientas y artefactos que permitían inferir la existencia de estas conductas. En total, aparecieron estos 31 comportamientos culturales que incluyen técnicas para obtener alimento o agua (como la pesca de termitas), para comunicarse (como el uso de hojas para producir un sonido simbólico) y para mejorar sus condiciones (como enfriar su cuerpo o hacer colchones con hojas sobre las que descansar).
"El análisis reveló un patrón acusado y sólido: los chimpancés habían reducido la diversidad de comportamiento en los sitios donde el impacto humano era alto", explica la primatóloga Ammie Kalan, investigadora del Instituto Max Planck para Antropología Evolutiva, que ha liderado este trabajo. "En promedio, la diversidad del comportamiento de los chimpancés se redujo en un 88% cuando el impacto humano era mayor en comparación con las ubicaciones con un menor impacto humano", añade Kalan.


Las áreas con mayor presencia humana generalmente tienen menor densidad y abundancia de chimpancés, que pueden reducir la frecuencia de comportamientos visibles a medida que aumenta ese impacto humano. Lo que, sumado a la degradación del hábitat y el agotamiento de los recursos, puede llevar a una notable reducción de las oportunidades de aprendizaje social, "porque los chimpancés son muy sensibles y territoriales", explica Pacheco.


"Nuestros resultados sugieren que las poblaciones de chimpancés están perdiendo sus conjuntos característicos de rasgos de comportamiento y que una serie de comportamientos aún no descubiertos pueden perderse sin haber sido descritos", avisa el estudio de Science en sus conclusiones. Por eso, reclaman que se creen espacios protegidos que salvaguarden su "capacidad para la evolución cultural". En concreto, sugieren la "necesidad de un nuevo concepto, sitios del patrimonio cultural de los chimpancés", algo así como los que la Unesco protege para los humanos. No es una ocurrencia de los investigadores que firman el macroestudio. Al margen de que se trata de una necesidad científica, es una reclamación que está incluida en el Convenio sobre la Diversidad Biológica del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, que exige la protección de la diversidad biológica en su totalidad, incluyendo la diversidad de las tradiciones culturales de la fauna

Por Javier Salas
7 MAR 2019 - 14:00 COT

Historia de las mujeres en 3.650 millones de olas

La historia del feminismo se ha contado en tres olas, pero esas olas se quedan cortas al intentar abarcar la diversidad de los movimientos de las mujeres en todo el mundo. La humanidad está llena de ejemplos de sororidad.

 

Al menos 50.000 mujeres fueron asesinadas en 2017 por sus parejas, exparejas o familiares, en su mayoría hombres, por el hecho de ser mujeres, según datos de Naciones Unidas. La Organización Mundial de la Salud estima que cada año se practican 25 millones de abortos inseguros. 200 millones de niñas y mujeres son víctimas de la mutilación genital femenina, según UNICEF. Las ganancias ilegales de la trata de personas alcanzaron los 150.000 millones de dólares, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de 2014, de los cuales 90.000 millones corresponderían a la trata con fines de explotación sexual.


Es tan solo una pequeña muestra de algunos de los datos que recoge el Atlas de las mujeres en el mundo, las luchas históricas y los desafíos actuales del feminismo (Clave Intelectual, 2018), y que planea de Argentina al Kurdistán, y de las beguinas del siglo XII a las mujeres iraníes en 2018. Según Lourdes Lucía y Ana Useros, directora y coordinadora de este compendio que sigue el espíritu de los atlas de Le Monde Diplomatique, “en todos los campos y ámbitos de la vida, las normas que rigen cualquier sociedad han establecido un yugo patriarcal que somete, discrimina, ofende y humilla a esa otra mitad de la población”.


Los datos que más duelen son los referidos a las violencias contra las mujeres, pero hay muchos más. El 74,7% de los presidentes y miembros de consejos de las principales compañías que cotizan en las bolsas europeas son hombres. En 2018, las mujeres fueron solo el 21% del total de personas participantes en el Foro Económico Mundial de Davos, la cifra más alta en sus 48 años de existencia. Las mujeres cobran un 24% menos que los hombres según ONU Mujeres y son mayoría en sectores con ingresos más bajos.


“La intención del atlas era contar lo más objetivamente posible cómo está la situación de las mujeres en el mundo, pero la cosa está de tal manera que no se puede contar esa historia sin incluir las resistencias que genera; el feminismo en este atlas es una consecuencia”, dice Useros.


Ambas reconocen que contar la situación de 3.650 millones de personas, el número de mujeres de una población mundial de más de 7.000 millones, era difícil y que, mientras el libro pasaba por sus fases finales antes de llegar a las librerías, surgirían nuevos movimientos. Un ejemplo de lo que no está: en enero de este año, millones de mujeres formaron un muro humano de 620 kilómetros en India, después de que dos mujeres desafiaran la prohibición centenaria de entrar en un templo en el Estado de Kerala. Lo que sí está: la movilización por el derecho al aborto en Argentina, la organización de las mujeres en el Kurdistán o la huelga feminista de 2018 en España, además de muchos datos e hitos que dibujan un mapa de sororidad global.


Soro... ¿QUÉ? Un concepto no tan nuevo

Tres mujeres se quitan el velo y cantan una canción en el metro de Teherán. Un día antes, una mujer había sido sentenciada a dos años de prisión por quitarse el velo en público. Decenas de feministas reparten silbatos en las principales ciudades de Marruecos en una contra el acoso callejero. Miles de mujeres denuncian la justicia patriarcal que ve “jolgorio” en una violación en España. Aunque el término entró en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en diciembre de 2018, los ejemplos de pactos entre mujeres basados en la “sororidad” son muchos a lo largo de la historia. “La sororidad no tiene nada que ver con el ordenamiento jurídico, ni con instituciones ni con estructuras, sino con un cierto sentimiento que se produce espontáneamente en los sitios más extraños, desde las comunidades de monjas a la cola de la pescadería”, explica Useros.


Useros señala, aludiendo al capítulo “Sororidad, un pacto entre mujeres” que firma la filósofa argentina María Luisa Femenías, que el concepto de fraternidad, que se populariza como “hermano pequeño” de la tríada “libertad, igualdad, fraternidad” de la Revolución francesa, tiene la particularidad de que no se puede articular políticamente —como sí sucede con los otros— y se convierte en un término revolucionario y “poco articulable en términos legales” que, sin embargo, no encontraba su equivalente entre las mujeres. No solo eso, sino que “mientras que la amistad entre mujeres se presenta como natural, la relación entre mujeres habitualmente se muestra como un vínculo plagado de conflictos”, sostiene Femenías.


Para Femenías, aunque los términos fraternidad y sororidad son lógica y lingüísticamente equivalentes, no lo son en su uso político, público, social y jerárquico. La sororidad se refiere así a pactos no necesariamente explícitos, basados en la confianza recíproca, respeto mutuo y la valoración positiva de la otra mujer, rechazando la dependencia emocional, económica, de clase o identitaria de una figura masculina de la que obtener reconocimiento. “La sororidad habilita una sociedad desjerarquizada que, al mismo tiempo, posibilita un cambio fundamental en el modo de entablar las relaciones de género, tendente a la transformación social”, concluye Femenías, que advierte de que “las relaciones humanas son culturales”, por lo que las relaciones que se conforman dependen de las circunstancias sociohistóricas.


Como ejemplo de esa relación, la historia ha dejado a las beguinas, en el siglo XII, una asociación de mujeres cristianas que dedicaban su vida a la ayuda a pobres y enfermos, trabajando para poder mantenerse, mucho antes de que la teoría feminista empezara a poner fechas y nombres a la historia de la organización de las mujeres como movimiento social y político.


¿Cuarta ola? O un feminismo para el 99%

“Puede llamarse cuarta ola o puede llamarse feminismo para el 99%, como lo caracterizan las académicas estadounidenses”, mantienen María Florencia Alcaraz y Agustina Paz Frontera en el capítulo “La generación ni una menos”. Las argentinas lo tienen claro: se ha dado un paso más en la historia del feminismo en el que las mujeres han reforzado su protagonismo y han podido instalar en la agenda política nuevas demandas. Esto que algunas entienden como “cuarta ola” tiene como herramienta fundamental internet y como rasgo característico la masificación del movimiento feminista.


Pero ¿surfeamos ya en la cuarta ola? “Las olas son constructos teóricos y artificiales, que pueden ser saludables para intentar entender, pero que, como todo constructo teórico, está sujeto a limitaciones”, explica Lourdes Lucía. “Una teoría se construye para facilitar la comprensión de un asunto, pero es algo limitado y cambiable”, mantiene.


El feminismo, entendido como una corriente de acción política que surge cuando las mujeres toman conciencia de la desigualdad, se explica en tres olas. La primera ola identifica esa desigualdad y encamina sus acciones a conseguir la igualdad jurídica y el derecho al voto, que se convirtió en una lucha central a finales del siglo XIX. En la segunda ola se añade que “lo personal es político” y se describe el sistema patriarcal, además de como opresor, como terriblemente violento con las mujeres. La tercera ola, a partir de los años 80 del siglo XX, amplía el sujeto del feminismo y surgen nuevas miradas y preguntas.


“Yo pensaba que seguía tranquilamente haciendo surf en la primera ola”, dice Ana Useros, que considera “prematuro” hablar de una cuarta ola. Desde la tercera, o la cuarta ola, o desde una ola propia, o desde ninguna, millones de mujeres han demostrado en todo el mundo su capacidad de organizarse ante un mismo sistema que encuentra formas propias de adaptarse y tratar de mantener a las mujeres en un segundo plano en todo el mundo. Y han sido las mujeres las que han señalado la misoginia de Jair Bolsonaro en Brasil o la de Donald Trump en Estados Unidos, como han sido también ellas quienes han denunciado el peligro que las extremas derechas representan para los derechos de la mujeres en Polonia o Andalucía.


Por eso, este año la huelga feminista se enfrenta al reto de ser global y de desbordar un día, el emblemático 8 de marzo, para luego seguir. “Iré, iremos a la huelga el 8 de marzo, pero también hay que seguir luchando todos los días del año”, explica Lourdes Lucía.

2019-03-04 06:00:00

Por Patricia Reguero
@Des_bordes

Publicado enSociedad
Jueves, 07 Marzo 2019 06:24

Crisis de la política occidental

Crisis de la política occidental

Entre todos los elementos sensibles que podríamos mencionar, el proyecto de golpe de Estado en Venezuela revela muy claramente lo que llamaré crisis de la política Occidental. Esta sobrevolaba casi siempre sobre el pivote de la humanidad como un fin en sí mismo, como un ámbito de realizaciones individuales y colectivas. Se entiende por realización, una adquisición progresiva de un saber en la relación diferencial y comprensiva hacia los otros, y un balance subjetivo sobre varios conceptos que llaman al equilibrio: uno, el contrato social, donde cada uno se pone en el interior de la voluntad general y reconoce a ésta como parte indivisible del todo. Otro, la humanidad kantiana, “obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio”. 

Otra insignia del pensar Occidental podría ser la reflexión sobre el problema que proviene de la razón que se alberga en el mundo de vida, y su choque con la razón instrumental. Entre ambas se desequilibran, y ese desequilibrio alumbra una necesidad de contenerla en un horizonte político y filosófico. Estas nociones ya casi nos han abandonado. También parece haberse ido para siempre la idea de que hay una revelación o una natalidad cada vez que se comprende como inaugural un discurso o una acción. Todo eso ha estallado. La distinción entre la ética de la responsabilidad y la ética de convicción, ya no tiene ningún empleo real para definir la acción política. El neoliberalismo ha malgastado a la primera; y a la segunda la aniquiló con el desprecio a las ideas trascendentales. Lo que a la vez hizo trizas la idea de Habermas de que en un espacio público ideal triunfa siempre “el mejor argumento”.


Ideas que parecen profundas y acertadas, como la inversión que hace Foucault de las máximas Clausewitz, “la guerra es la continuación de la política”, no sirven más para advertirnos que siempre ha existido un sustrato bélico en la primera instancia de significación de una sociedad, lo que hace que todo tenga matriz de conquista y despilfarro de vidas. Y sin necesidad de ningún arabesco teórico. Asimismo, la crítica a la industria cultural, que data de mediados del siglo XX, no solo está abolida de hecho por el total triunfo de ésta en todo el mundo, sino porque organiza las creencias colectivas. Hasta la elevación de una traza ferroviaria urbana puede no verse como un hecho técnico necesario o una especulación inmobiliaria, sino como parte de la mencionada industria cultural, un bien de consumo colectivo, una estética o ilusión de la libertad urbana.


Precisamente este ideal libertario que es aglutinador profundo de los sentidos que la palabra Occidente podría contener, está cercado por circunstancias que lo falsifican a diario, tanto el miedo orgánico que destruye toda idea comunitaria, como la esperanza sin pasión, es decir, el viejo recurso de la promesa ennoblecedora con un tipo de voto de felicidad futura, convertido en una oferta tentadora de supermercado o en una publicidad sobre el mejor método de elegir una cama de hotel en cualquier lugar del mundo.


Yendo al grano: la escena de los embajadores, una media docena larga de diplomáticos europeos, de Francia, Canadá, Alemania, España y Holanda recibiendo a Guaidó en Maiquetía, hacen pensar. Países que son una buena parte de Occidente ¿no es cierto? Seguramente ese espectáculo lo produjeron personas que se sintieron tocadas en su núbil corazón humanitario. Entre los mecanismos resueltos por el golpe de Estado, se encuentra la crítica a la falta de medicamentos en Venezuela, típico reclamo humanitario, es decir, referido a la humanidad que pudieron definir grandes juristas de todos los tiempos, lo que cerraría toda discusión. Hay que sacar entonces al Maligno, al Katechon, al Anticristo. Los golpistas no quieren justificaciones de ocasión, si los apuran pueden ir a Carta a los Tesalonienses.


En ciertas épocas, Occidente significó no un hegelianismo de derecha sino un militarismo de la llamada guerra fría, metáfora ingenua, pues las guerras tienen temperaturas comunicacionales de varios tipos y gradaciones. Las discusiones de Grocio sobre la guerra en el siglo XVII, que influyen sobre Alberdi en “El crimen de la guerra”, ya han sido superadas por el ascenso de una nueva política sin filosofía. Sin nociones de lo que es la humanidad, sin prevenciones sobre la índole paradójica de las estructuras ético-prácticas de lo humano. Protestan cínicamente por una ayuda humanitaria que no logró pasar la frontera. De este modo toman el enunciado como parte del derecho de gentes de la antigua Europa, y encontraron una justificación de la guerra, del dominio global, de lo que denominan guerra comercial y de las técnicas del golpe de estado que dejan hecho un poroto a las que describió el neofascista Curzio Malaparte.


Recurren para sus acciones al revestimiento humanitario de los misiles y los aviones militares, como el que tiró la bomba atómica en Hiroshima, hecho que lleva hasta hoy a reflexiones sobre la culpa y el arrepentimiento. Se sabe de la jactancia de uno de lo pilotos, mientras otro exclamaba “Dios mío, qué hemos hecho”. Son las grandes discusiones de Occidente en relación a la razón técnica y la conciencia crítica, siempre en torno a que hace lo humano sobre lo humano. Hay suficiente documentación sobre este debate, olvidado por los que ahora postulan en Venezuela el “drama humanitario” que ellos mismos han creado. El bombardeo en nombre de la humanidad es un modelo de acción de lo que llamaríamos el modo norteamericano de encarnar la decadencia de Occidente, con el cortejo de los humanistas embajadores europeos, que no son Vico ni Goethe, sino funcionarios de pequeños poderes “sub delegados de la guerra comercial”.


El avión que lanzó aquella bomba se llamaba Enola Gay, nombre tierno de la mamá del piloto Tibbets. Es cierto que Norteamérica es Emerson, Withman, Raymond Chandler o Faulkner. Pero también es Tibbets y el Comando Sur. Hoy gobiernan. Y es cierto que hay en Europa discursos como el de Melenchón, que casi en absoluta soledad, señalan estos postreros capítulos del “jus publicum europaeum”. Las ruinas del humanismo sosteniendo la operación golpista. Mantienen Guantánamo y hablan de derechos humanos. Cierran sus naciones con un despunte inadmisible de neoracismos y endorracismos que reviven de sus cenizas, y acusan de dictadores a los gobernantes legítimos de Venezuela. Entretanto, sostienen gobiernos de los que se conoce mundialmente la estructura despótica con la que administran territorios petrolíferos lejanos.


Rebajan la política a actos de chantaje y pistolerismo, como los anuncios de Trump desde sus corbatas tornasoladas, rojo sangre. Personifica mejor Roger Waters el humanismo universal que el declarado discípulo de Paul Ricoeur, que gobierna Francia. Ricoeur era un hermeneuta interesante, pero él mismo no era interesante. El sostenimiento del gobierno legítimo de Venezuela, encarnado en el presidente Maduro, no es un hecho que pueda juzgarse con el vocabulario restringido de Trump o Macri, que hablan de un dictador y apelan -teólogos ellos-, a la idea del Mal. Bailotean sobre un humanismo ficticio, escondiendo proporciones de guerra y agresividad política, tras camiones con medicamentos. No sé cómo Ricoeur analizaría esta “metáfora viva”, entre las ojivas medievales del gótico europeo y las ojivas nucleares de la “ciudad gótica” estadounidense.


Batman y Robin podrían haber llamado medicamentos a sus cirugías de extirpación de gobiernos que no están desposeídos de la voluntad general popular, sino que la tienen de una forma que los dueños de los misiles “Patriot” no consideran adecuada. Han dado vuelta todos los nombres, los miran por su revés, pero los siguen usando. Dicen humanismo y lanzan llamas. Con el largo intento golpista, la tradición del humanismo occidental tiene en Venezuela su resquebrajamiento moral más concluyente, la eclosión trágica de sus arcaicos resplandores y deseos.

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Psicoanálisis, feminismo y posfeminismo

La autora expone una posición crítica frente al debate feminismo-posfeminismo y sus implicancias en el momento actual. Y propone construir modelos de subjetividades que pongan en foco la vulnerabilidad y la mutua dependencia de los seres humanos.

En el contexto de los avances propuestos por diversos movimientos respecto a lo que hemos llamado las condiciones de vida de las mujeres –que se manifiestan en particular en las condiciones de su sexualidad, de la maternidad, del trabajo, de la salud, de la legislación, y otras, descriptas como de subordinación, opresivas, discriminatorias– en el marco de una sociedad patriarcal, el feminismo ha ocupado un lugar preponderante. En las últimas décadas ha puesto de relieve la capacidad de análisis y de debate de tales condiciones, y ha propuesto alternativas y resoluciones para que éstas cambien. Quienes venimos del campo del psicoanálisis no hemos quedado ajenas a estos debates. En realidad, hace ya tiempo que tanto en Argentina como en otros países americanos y europeos hemos acusado el impacto de las teorías y prácticas feministas en nuestros modos de teorizar y de operar en la clínica con pacientes. Hemos puesto en discusión clásicos supuestos psicoanalíticos acerca de la sexualidad –femenina y masculina–, del ejercicio de la maternidad –y de las paternidades–, del trabajo de las mujeres –y de los varones que habían sido considerados proveedores económicos de la familia como garantes de su posición como esposos y padres–, todo ello en un marco de discusiones, de críticas y de incertidumbre acerca de la pertinencia de la inclusión de estos conceptos al interior del psicoanálisis. Hemos padecido descalificaciones de variada índole, siendo una de las más frecuentes aquella que señalaba que nuestras propuestas eran “extraterritoriales” en relación con el psicoanálisis. Parecía entonces que el campo del psicoanálisis debía encerrarse dentro de rígidas y claras fronteras que delimitaban su campo de pensamiento y de acción, en tanto quienes procurábamos articular nuestros conocimientos psicoanalíticos con otras disciplinas provenientes de las ciencias sociales o humanas, éramos consideradas como “extraanalíticas”, “un poco sociólogas o politólogas”. No faltaron las personas e instituciones psicoanalíticas que, cual gendarmes de fronteras, nos alejaban, levantando muros para que no contamináramos su campo de especialización. 

Afortunadamente esto ha cambiado en las últimas décadas, y las teorías de género –herederas de aquellas teorías y prácticas feministas anteriores– no sólo se incorporaron al campo académico sino que también están siendo cada vez más bienvenidas en las instituciones psicoanalíticas y en la formación de psicoanalistas. Cada vez más se levantan voces, se publican libros y artículos, se difunden investigaciones, en los cuales la articulación de los conocimientos psicoanalíticos con aquellos provenientes de otras disciplinas es considerada como un modo singular de fertilización para la creación de nuevas hipótesis explicativas del malestar de quienes nos consultan. Antiguos malos entendidos respecto de los significados y alcances de las hipótesis feministas se han dilucidado, dando lugar a contextos muy variados de producción de conocimientos, en los cuales “feminismo” ya no es una mala palabra sino un motivo de curiosidad y de ampliación de los modos de comprensión acerca de la construcción de la subjetividad femenina, masculina, y de todos aquellos sujetos que desean ubicarse en alguna posición de género.


Sin embargo, así como se han logrado estos avances en las últimas décadas, también se han producido torsiones y extravíos en relación con ciertos conceptos feministas, que merecen una lectura no complaciente de algunas ideas clave, que nos llevarían a denunciar la construcción de nuevas formas de androcentrismo reforzadoras de un patriarcado que nunca desapareció, difícil de develar bajo sus modernos disfraces. En esta línea se encuentra el criterio clásico del feminismo acerca de la necesidad de empoderamiento del género femenino, un género que ha padecido a lo largo de siglos de patriarcado condiciones de descalificación, discriminación y exclusión en la vida pública, en tanto fue glorificada su presencia al interior de las familias, “en el reino del amor”, como madres, esposas, amas de casa. El fundamento de estas condiciones estuvo en la división sexual del trabajo, según el cual los hombres adquirían bienes materiales –dinero, poder, prestigio, autoridad, que garantizaban su masculinidad– en tanto las mujeres producían bienes subjetivos –amorosidad, generosidad, intimidad en los vínculos familiares, en particular en los vínculos materno-filiales– que refrendaban su feminidad. Según este modelo de subjetivación, el género masculino se afirmaba sobre el ideal de autonomía y autosuficiencia, en tanto el género femenino cultivaba los rasgos que implicaban variados modos de dependencia (emocional, económica y otros). Bajo estas circunstancias, un feminismo de corte igualitarista proponía que el empoderamiento de las mujeres habría de realizarse asemejándose a las condiciones masculinas de habitar el ámbito público, en tanto una corriente feminista diferencialista aseguraba que son las cualidades “esencialmente femeninas” las que consistían en reales fuentes de poder de las mujeres, por ejemplo, su sensualidad, su generosidad amorosa, su disposición para la intimidad y los cuidados. El modelo igualitarista así planteado implicaba que la igualación debía realizarse siguiendo un estereotipo masculino tradicional, con sus particulares ideales y valores, mientras que el modelo diferencialista desconocía las relaciones de poder entre los géneros, puesto que la femineidad clásica otorgaba a las mujeres influencia pero no poder. Según estos criterios, el género femenino adquiriría habilidad para incidir afectivamente en los modos de sentir y pensar de los otros, pero sin contar con los recursos suficientes para decidir sobre lo que los otros pueden hacer, recursos que se encuentran en el ámbito público (por ejemplo, económicos, legales, etc.).


Esto ha llevado a debates significativos en torno al criterio de autonomía, un criterio que, desde una perspectiva androcéntrica basada sobre el ideal de autosuficiencia, ha formado parte de los modos de subjetivación masculinos, desconsiderando la experiencia de las mujeres fundada más en la interdependencia que en la autonomía. Las tensiones se producen entre los criterios de dependencia-interdependencia-autonomía, y no sólo entre dependencia-independencia-autonomía. La problematización de la categoría de análisis autonomía encuentra uno de sus máximos exponentes cuando se la utiliza para analizar la cuestión de los cuerpos de las mujeres, de su disponibilidad y de los escenarios en donde se produce esta disponibilidad. En la actualidad, uno de los escenarios más debatido es el del trabajo del cuidado de las personas dependientes, habitualmente los niños, los enfermos, los ancianos. El otro escenario que ha cobrado vigencia es acerca del comercio sexual, en referencia a aquellas mujeres que encuentran que la disponibilidad de su capital erótico ha de ser utilizada como mercancía para obtener beneficios económicos, ya sea a través del matrimonio o bien de la prostitución. En ambos casos, se tensan al máximo las relaciones de poder entre los géneros, dado que el recurso de las mujeres de “poner el cuerpo” seguiría siendo su principal dispositivo de poder.


Según la clásica división sexual del trabajo, el trabajo de cuidado de las mujeres queda naturalizado –ya sea que se realice en forma gratuita, debido a las condiciones de disponibilidad amorosa supuesta como rasgo estereotipado para el género femenino– o bien que se realice en forma pagada, bajo la forma de servicios que prestan típicamente las mujeres. Las consideraciones actuales acerca del trabajo de cuidado reconocen que no se trata solamente de atender a las necesidades de las personas dependientes, sino en reconocer la vulnerabilidad que nos constituye como sujetos. El eufemismo de caracterizar este trabajo de las mujeres como “trabajo reproductivo” oculta el verdadero sentido del hecho de que se les atribuya la responsabilidad de amar y de cuidar, para el beneficio de aquellos que gozan de privilegios que los excluyen de esta forma de trabajo.


Por otra parte, encontramos un achatamiento de los vínculos intersubjetivos para lograr autonomía mediante la independencia económica –según el clásico modelo masculino–, por ejemplo, en la utilización propiciada por algunas autoras que se denominan feministas, del capital erótico de las mujeres. Uno de los aspectos sobre los cuales existe un amplio debate en la actualidad se refiere a la utilización de los cuerpos femeninos como recurso de capital erótico, como si fuera un bien de consumo más, que ha de ser explotado para aumentar los recursos de independencia económica de las mujeres. Se trataría de un bien de consumo puesto al servicio de la obtención de recursos materiales económicos, como si fuera un producto más a consumir. En relación a los cuerpos de las mujeres tratados como capital erótico, una socióloga británica (Hakim, 2015) realiza algunos deslizamientos conceptuales según los cuales los cuerpos femeninos quedan equiparados como bienes tanto para el ejercicio de la prostitución, como para el así llamado “mercado matrimonial”. En ambos casos, la propuesta es invertir en ellos mediante cirugías, maquillajes, vestimenta y otros recursos para su embellecimiento, de modo que puedan rendir ganancias mediante el ejercicio de la prostitución, o bien, según lo plantea la autora, para lograr en el “mercado matrimonial” un marido adinerado que esté dispuesto a pagar para obtener los beneficios del disfrute erótico de esos cuerpos femeninos. Como se puede observar, se produce de este modo una equiparación lógico-simbólica según la cual el rasgo dominante es la mercantilización de los cuerpos de las mujeres. Sin embargo, nuestra formación como psicoanalistas, y nuestra práctica en el consultorio, nos enseñan que los cuerpos no son una mercancía más, ya que su erogeneidad forma parte de la subjetivación temprana de todos los sujetos. Nuestros cuerpos se constituyen como cuerpos erógenos desde el momento mismo del nacimiento, y, a medida que nos vamos construyendo como sujetos, vamos inscribiendo en él nuestra experiencia intersubjetiva, social, cultural, y nuestros contactos con el mundo en términos de fantasías y de realidades, que nos llevan a percibir nuestros cuerpos con erogeneidades diversas. Se trata de modos de erogenización que no podrían reducir nuestros cuerpos a meros instrumentos de intercambio comercial sin que esto deje profundas marcas en nuestra subjetividad. La construcción y desarrollo de las zonas erógenas constituye uno de los factores determinantes de la subjetividad humana, de modo que en la utilización del cuerpo como mercancía se incluyen requisitos tales como ciertos rasgos de belleza, la sensualidad, el sex appeal, para sostener la mirada deseante masculina. El logro de estos atributos debería ser incorporado al trabajo clínico que como psicoanalistas hacemos con las mujeres, desde una perspectiva que incluya el criterio de la subordinación de género a la mirada androcéntrica. De lo contrario, si sostenemos el supuesto de naturalidad acerca de los requisitos de belleza y de cuerpos como capital erótico del género femenino –y de este supuesto patriarcal podemos ser portadoras tanto mujeres como varones–, estaríamos contribuyendo al sostén, desde nuestro trabajo como psicoanalistas, de un patriarcado que sería contradictorio con las propuestas teóricas que lo critican y que aspiran a derrotarlo. ¿Cómo encarar la tensión que se produce en nuestros consultorios cuando problematizamos la naturalización de que las mujeres dispongamos de nuestros cuerpos al servicio de otros, ya sea bajo la premisa de que lo hacemos “por amor” –como cuando se apela al criterio del amor romántico– o por dinero– en la apelación a la así llamada “autonomía” de las mujeres con sus cuerpos? Entiendo que esto es parte de nuestros debates como psicoanalistas, y aunque podríamos operar con una ceguera de género que nos distraiga de este tipo de problemáticas y que resulte complaciente con los requerimientos patriarcales, no seríamos coherentes con aquella revolución silenciosa que emprendimos esperanzadas hace ya varias décadas, y que ahora tenemos la oportunidad histórica de desplegar, tanto en las calles como también en nuestros consultorios psicoanalíticos.


Cabe preguntarse si junto con la conciencia pública actual acerca de la necesidad de denunciar y condenar los abusos y violaciones sobre los cuerpos de las mujeres, ¿no deberíamos interrogarnos también sobre el modo en que estas conductas han sido incorporadas de tal modo por las propias mujeres, que ellas mismas toman sus cuerpos como objetos,

reciclándolos y poniéndoles precio? Se trataría de una reflexión que también correspondería hacerla al interior de nuestro trabajo como psicoanalistas. No es sólo una cuestión acerca de los vínculos de intimidad, ni sólo del patriarcado, sino también de una asociación entre el patriarcado y formas del capitalismo que pone precio caro/barato a lo que considera un capital posible para comprar/vender. El resultado son nuevas formas de violencia contra las mujeres, internalizadas por las propias mujeres como algo “natural”, construidas como deseos propios. Se tensionan al máximo los valores que responden a los vínculos intersubjetivos de confiar en el prójimo, la reciprocidad, la solidaridad y aquellos valores del consumo en que se afirman.


El análisis de la construcción del repertorio deseante de las mujeres, desde la perspectiva del género, nos permitió comprender mejor los actuales debates sobre el aborto en Argentina. La incorporación al debate sobre las relaciones de poder llevadas al análisis de los criterios posfeministas sobre el capital erótico de las mujeres puede conducirnos a nuevos criterios sobre la construcción de los deseos en las mujeres, si le aplicamos el prisma de género. Podríamos así ampliar la comprensión del modo en que construimos nuestros deseos en el contexto de las normas patriarcales, en la glorificación del “éxito” individual, realizando una investidura libidinal sobre la relación costo-beneficio de lo que se considera un capital y la acumulación de bienes, transformando los bienes subjetivos en objetivos. Se sacrifican así aquellos bienes subjetivos, tales como la construcción de nuestros cuerpos erógenos, reciclándolos bajo la forma de instrumentos al servicio de una modalidad patriarcal denominada “capital erótico” por estas nuevas elucubraciones posfeministas. De este modo se consolida una alianza entre el patriarcado tradicional con un ejercicio neoliberal de distribución en las relaciones de poder: el control de los cuerpos de las mujeres –ahora internalizado desde la propia subjetividad de un amplio grupo dentro del colectivo de mujeres– como recurso estratégico para mantener una ilusoria igualdad en las relaciones de poder entre los géneros


En este nuevo debate feminismo-posfeminismo se niega la vulnerabilidad y dependencia mutua de los sujetos, tras la ficción de la autonomía y la autosuficiencia presentada por la fachada del individuo liberal de la modernidad, y su reciclaje bajo la forma neoliberal del actual período posmoderno del “self made man”. Se trata de una política de construcción de subjetividades que pretende asemejar toda experiencia de vida al ideal del hombre de sectores medios urbanos enriquecidos gracias a la explotación y expropiación de los bienes materiales y subjetivos de otros sujetos, ya sea en términos de superioridad de género, de clase, de raza y de todos aquellos aspectos que nos diferencian, pero en los cuales la clave de interpretación de las diferencias se realiza en términos de relaciones jerárquicas y de poder. El debate crítico se refiere a la noción liberal de autonomía, que no permite reconocer la vulnerabilidad y la necesariedad de interdependencia humana, tal como lo plantea Judith Butler (2006).


Es necesario construir modelos de subjetividades que pongan en foco la vulnerabilidad y la mutua dependencia de los seres humanos, modelos que dispongan de la solidaridad como la principal estrategia para el desarrollo de una sociedad basada en vínculos justos y libres, para todos los géneros. Mientras tanto, podremos sostener al posfeminismo el día que nuestra sociedad sea pospatriarcal.


Por Mabel Burin, Doctora en Psicología, directora del Programa de Estudios de Género y Subjetividad en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales-UCES, Buenos Aires.


Referencias


Hakim, C. (2012): Capital erótico: el poder de fascinar a los demás. Barcelona. Debate.
Butler, J. (2006): Deshacer el género. Paidos, Barcelona

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Lunes, 04 Marzo 2019 05:57

Bill

Bill

Hijo de padre alcohólico, y de una madre que decidió abandonarlo y empezar una nueva vida en Boston, el pequeño Bill fue criado por sus abuelos en Vermont. En 1918, luego de volver de la gran guerra, comenzó una carrera como hombre de negocios en Wall Street, donde por esas épocas, “muchos perdían dinero y algunos pocos se hacían ricos”. Bill descubrió que los dueños de las acciones no conocían el estado real de las fábricas y comenzó a visitarlas una por una, a entrevistar operarios y elaborar precisos informes de asesoramiento. En sus relatos autobiográficos, Bill describe con precisión como, a la par del éxito financiero, experimentó una relación singular con el alcohol que había comenzado en el ejército y fue incrementándose hasta el punto de convertirlo en un bebedor empedernido. En 1929, el mercado de valores de Nueva York se derrumbó y mientras el indicador de cotizaciones iba graficando el colapso, y por la radio se relataban en vivo suicidios de operadores bursátiles lanzándose al vacío desde las torres, Bill comprendió que estaba en la ruina. Desempleado y hospedado en la casa de los padres de su esposa, su principal preocupación eran los demonios matinales, esa clase de terror que muchos alcohólicos padecen al despertar. Fue el comienzo de una serie de internaciones en hospitales. En los años 30, y en plena Ley Seca (1920-1933) el alcoholismo lejos de ser considerado una enfermedad, era sinónimo de degeneración, el reflejo de una personalidad perversa que debía corregirse. El encierro, las esterilizaciones, la aplicación de terapia electro-convulsiva e incluso la realización de lobotomías eran parte de las terapias habituales. En 1934, un amigo con problemas de alcohol lo visitó y le contó que llevaba meses sobrio, luego de asistir a un grupo religioso llamado Oxford. Para Bill este encuentro fue relevador, porque le permitió comprender que necesitaba creer en algo más allá de su voluntad, una fuerza espiritual que su amigo llamó Dios y que Bill redefinió como “poder superior”. Una fuerza, que según sus palabras, le permitió dejar de luchar en soledad contra la botella. Ese mismo año, en el pueblo de Akron, Ohio, derrotado por un mal negocio y a punto de entrar al bar del hotel, tuvo la necesidad imperiosa de hablar con otro alcohólico. A través de un sacerdote dio con el Dr. Bob (Robert Smith), un médico respetado, alcohólico, también en quiebra, que accedió a reunirse unos minutos con él. Este fortuito encuentro entre un broker de Wall Street y un médico fue el hito fundacional de una las iniciativas más originales creadas para ayudar a personas con problemas de alcoholismo: Alcohólicos Anónimos (AA), el programa de los doce pasos. Ambos crearon una sociedad de trabajo que se mantuvo hasta la muerte del médico en 1950. Estaban convencidos de que compartir la experiencia con otro alcohólico ejercía un notable impacto positivo en la evolución del problema. Bill lo dijo claramente y con el tiempo llego a convertirse en un lema: “solo un alcohólico puede ayudar a otro alcohólico”. Un alcohólico que necesita de otro, como el motor para salir del círculo vicioso de intentos fallidos. En contrapunto con varias de las escuelas psicológicas de la época, los fundadores de AA explicaron que el denominado “conocimiento de sí mismo” y “la fuerza de voluntad” no necesariamente eran útiles como herramientas para dejar de beber. Uno de los puntos centrales del programa de AA es asumir la condición de enfermo y cesar los intentos agotadores e inútiles, de controlar y/o moderar la forma de beber. De esto trata el famoso primer paso: “admitimos que éramos impotentes frente al alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables”. El resto de los pasos se dedica a examinar los aspectos personales a modificar, a revisar (y reparar) el daño producido a los demás y llevar el mensaje a otros.

Los relatos de quienes trataron con Bill dan cuenta de un hombre atractivo, alto, con labia de vendedor y dueño de un notable sentido del humor. En las épocas dramáticas y solemnes de la prohibición siempre aclaró que no tenía problema alguno con el alcohol, y que le agradaban las botellas, las copas y las vitrinas; solo que él no podía tomar alcohol. Su propio alcoholismo era una fuente de anécdotas interminables, y le permitió llevar su experiencia a muchos alcohólicos que estaban asqueados de los consejos médicos o los discursos morales. En 1935 publicó el libro Alcohólicos Anónimos, un notable texto que reúne las ideas centrales del programa, hipotecó (y perdió) su casa para editar los primeros 5000 ejemplares. No fue precisamente un éxito editorial y Bill debió vivir más de dos años en casas prestadas y con la ayuda económica de amigos. En 1941, con la publicación de un artículo en The Saturday Evening Post, que daba a conocer la existencia de AA, se produjo una avalancha de pedidos desde todos los rincones del país, así como la multiplicación inmediata de grupos en ciudades y pueblos. El fenómeno AA tomó fama en forma abrupta e inundó los medios masivos de comunicación (en la actualidad ese libro lleva vendidos treinta millones de ejemplares y fue traducido a 60 idiomas). En simultáneo se produjeron controversias de todo tipo: en algunos grupos se mostraron reacios al ingreso de bebedores negros, de ex convictos, y también de mujeres. El explosivo crecimiento de AA motivó a Bill a diseñar las “Doce Tradiciones”, una serie de normas destinadas a favorecer el funcionamiento y la supervivencia de los grupos. Una de las más significativas reglas de AA está representada en la tercera tradición: “el único requisito para ser miembro de AA es querer dejar de beber”, lo que en términos prácticos significa que no existe criterio de exclusión ni de prohibición de ingreso para nadie. Las tradiciones, un esquema de organización de vanguardia, se refieren centralmente a la autogestión, al carácter no profesional de la práctica, a la necesidad de sostener el anonimato de sus integrantes, y de mantener independencia económica con empresas privadas, para evitar que asuntos de dinero interfieran con la tarea. Tras dos décadas desde su fundación, en 1955, Bill cedió la dirección de AA a sus miembros. Esos años estuvieron signados por la experimentación personal con LSD, que él creía que podía ayudar a otros alcohólicos, y su tratamiento psiquiátrico por depresiones recurrentes. Los experimentos con LSD, con el objetivo de producir un “despertar espiritual”, le valieron críticas desde todos los sectores, incluso desde sus compañeros de AA. En el acmé de su fama casi mundial, mantuvo enérgicamente su anonimato, declinó un cargo honorario en la Universidad de Yale, así como ser motivo de tapa de la revista Time. Fumador empedernido, murió a los 75 años de neumonía en el año 1971, en un hospital de la ciudad de Miami. La leyenda dice que, agobiado por la falta de oxígeno, su último deseo fue una copa y que su mujer Lois, con quien estuvo casado 53 años, empezó a los gritos, aunque otros dicen que se rio a carcajadas. En cualquier caso, murió sin volver a beber. La figura de Bill, que se autodefinió como un “espiritual de la imperfección”, es posible que aún no haya sido valorada en la justa medida. Su creación, AA, está actualmente presente en 184 países y el sistema de los doce pasos se ha diversificado (Narcóticos Anónimos, Jugadores Anónimos) y ha sido incorporado por muchos sistemas de tratamiento profesional que existen en la actualidad. En nuestro país, AA existe desde 1952 y actualmente hay 800 grupos. Un programa gratuito, anónimo, grupal, disponible todos los días de la semana y coordinado por pares, ha mostrado ser una de las respuestas de mayor humanidad y eficacia. Con su muerte y el fin de la necesidad de mantener su anonimato, miles de personas que siguieron su camino y salvaron sus vidas, finalmente conocieron el nombre completo de Bill: William Wilson.


William Wilson también es el nombre del famoso cuento de Edgar A. Poe, donde el doble del protagonista lo asedia y tortura hasta la muerte. Bill encontró en cada alcohólico un doble, un par, una imagen en espejo, pero en vez de resultarle un suplicio, devino en una asombrosa experiencia existencial de curación.

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