Celebrando el 25 aniversario del alzamiento zapatista

La insurrección zapatista de 1994 y las varias formas que han tomado sus luchas por la vida a lo largo de los 25 años complementan el imaginario de las luchas anticapitalistas ‘desde abajo y a la izquierda’, que construyen autoorganización desde el ‘mandar obedeciendo’.

  

 “Usted ahora intuye que, desde el pie del muro apenas manchado por carteles y grafitis desgastados, ha recorrido una especie de espiral. Como si el sendero trazado le llevará hacia dentro de un caracol… o hacia afuera. Cada paso una estación”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

El 1 de enero se cumplieron 25 años del alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), del inicio de la “guerra contra el olvido” y es tiempo de cierre y comienzo de ciclos. Se ha recorrido una especie de espiral que partió de la demanda de la identidad y los derechos de la poblacón indigena, “la lucha por la tierra y la libertad”, y que en la actualidad continúa y amplía su recorrido. En este cierre y comienzo de un nuevo ciclo nos preguntamos “¿cuál ha sido la trayectoria, ‘el caracol’, del EZLN durante los 25 años de lucha? ¿Qué intuimos del nuevo ciclo, la ‘nueva estación’, que comienza?

Como en anteriores ocasiones, en cierres y comienzos de ciclos, el EZLN ha realizado una invitación abierta para celebrar el aniversario del alzamiento zapatista. Esta vez se ha celebrado en La Realidad Zapatista, sede del caracol “Madre de los caracoles del mar de nuestro sueños”, zona Selva Fronteriza.

La particularidad del evento de este año es que ha ido precedido del Encuentro Internacional de las Redes de Resistencia y Rebeldía, de Apoyo al Concejo Indígena de Gobierno (CIG). Un encuentro donde el EZLN y el Congreso Nacional Indígena (CNI) convocaron a las redes para exponer los resultados de su consulta interna del pasado agosto y que principalmente proponía la creación de un nuevo sujeto político que aúne a todas las redes, y que les permita pasar de “la solidaridad a la resistencia”. Casualidad o no, el nuevo encuentro de redes de apoyo al CIG ha servido para hacer una escucha y reflexión colectiva sobre la trayectoria de los 25 años del EZLN desde los de ‘afuera’, y que se ha complementado con los varios comunicados históricos que ha ido compartiendo el EZLN.

 

https://youtu.be/_rSEyOUZhvE


LA TRAYECTORIA DE LA “GUERRA CONTRA EL OLVIDO”


“Y el muro omnipresente, indestructible, incuestionable, insistiendo en que está prohibido pensar. Que todo está hecho ya. Que sólo le queda acomodarse como sea y en donde pueda. Que la eternidad es eso, eterna. El presente cambia, pero su lógica frívola y superficial permanece. Es imposible otra cosa. Es más, es imposible que usted piense, imagine, sueñe, que no es imposible otra cosa”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México a 17 de noviembre de 2018

La gran espiral trazada por el EZLN se inicia con su organización político-militar en los años 70 inspirados por la por la Revolución Cubana, pero que pretendía dar continuidad a la Revolución Mexicana liderada por Emiliano Zapata y la lucha por la “tierra y la libertad”. Sin embargo, no será hasta la fundación del EZLN en 1983 y su posterior alzamiento el 1 de enero en 1994 que comenzarán a ser visibles sus luchas.

El EZLN se conforma en su inicio por la convergencia de población mestiza y población indígena. Población indígena chiapaneca, pueblos tzeltal, tzotzil, chol y tojolabal, todos ellos de la familia maya que históricamente habían sufrido el despojo no solo de sus territorios, de la fuerza vital de sus cuerpos, sino también de sus conocimientos. Como el Señor Jose comparte: “Éramos discriminados y expulsados de nuestras comunidades. Mis hijos no pudieron ni cursar la primaria. Era un gran sufrimiento”. La población mestiza, según Janeth, estaba compuesta en parte por los “estudiantes represaliados durante las revueltas estudiantiles del 68 y que posteriormente decidieron asentarse en el Sureste Mexicano y luchar por los derechos y reconocimiento de la identidad de la población indígena”.

Jóvenes que anteriormente formaron parte de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN). Estas guerrillas aniquiladas prácticamente por el Gobierno federal a principios de los años 70 se reorganizan apoyadas con una base social, la población indígena, fundando finalmente el EZLN en 1983.


Su alzamiento inesperado por el estado mexicano no sería hasta diez años después, en la madrugada del 1 de enero de 1994. “En nuestro corazón había tanto dolor, tanta era nuestra muerte y pena, que no cabía ya, hermanos, en este mundo que nuestros abuelos nos dieron para seguir viviendo y luchando. Tan grande era el dolor y la pena que no cabía ya en el corazón de unos cuantos, y se fue desbordando, y se fueron llenando otros corazones de dolor y de pena, y se llenaron los corazones de los más viejos y sabios de nuestros pueblos, y se llenaron los corazones de hombres y mujeres jóvenes, valientes todos ellos, y se llenaron los corazones de los niños, hasta de los más pequeños.(....) Por eso nosotros dijimos que “¡Ya Basta!”, o sea que ya no vamos a permitir que nos hacen menos y nos traten peor que como animales”.

Los insurgentes del EZLN tomaron cinco cabeceras municipales del estado de Chiapas: San Cristóbal de las Casa, Altamirano, Las Margaritas, Ocosingo y Chanal, en el sureste Mexicano. Con el alzamiento, y como recuerda Martha, con el pronunciamiento de “queremos trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”, abren un proceso de recuperación de tierras de finqueros y de las formas del hacer indígenas en cuanto al cuidado de la tierra y de la vida.

Tras un periodo de lucha abierta con el Estado mexicano y las fuerzas paramilitares se abre un periodo de alto el fuego a petición de “hermanos y hermanas de la ciudad, que nos dicen que tratemos de llegar a un arreglo, o sea un acuerdo con los malos gobiernos para que se soluciona el problema sin matazón”. Pero la guerra continuó, siguieron sufriendo ataques del Estado mexicano y de los paramilitares, “varias veces nos atacaron, pero no nos vencieron porque nos resistimos bien y mucha gente en todo el mundo se movilizó”.

Los zapatistas. Stop.
No se rinden. Stop.
Resisten! Stop y fin.
Desde las Montañas del Sureste mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
10 junio de 1994.

Posteriormente, en 1996 durante los Diálogos de la Catedral aceptan el diálogo con el Gobierno de Carlos Salinas y se suscriben Los Acuerdos de San Andrés. Unos acuerdos con los que el movimiento zapatista proponía el reconocimiento por el Estado mexicano de los derechos de las comunidades indígenas: “terminar con la relación de subordinación, desigualdad, discriminación, pobreza, explotación y exclusión política de los pueblos indios”.

El posterior incumplimiento de los acuerdos por el Estado mexicano marcaría de manera determinante la espiral trazada por el neo-zapatismo hasta la actualidad. Esto es, la reivindicación de su autonomía, su rechazo a cualquier tipo de Estado (local, regional, nacional o transnacional), la continuidad de la lucha armada, la creación de su propio gobierno, el buen gobierno. Un movimiento que como indica Katia “para mí siempre fue un movimiento pacifista”. Que como ellos mismos dijeron en un principio “se vio obligado a tomar las armas por la supervivencia”.

La creación del Congreso Nacional Indígena (CNI) en 1996 sería una de las consecuencias también del incumplimiento de los acuerdos de San Andrés. El EZLN buscaba desplegar y ejecutar los principios del acuerdo al margen de su reconocimiento o no del Estado: la confluencia y resistencia conjunta de todos los pueblos indígenas que como las comunidades zapatistas eran objeto de un histórico despojo y desplazamiento a nivel nacional, en México.

Posteriores acontecimientos también determinantes en la espiral han sido los continuos desplazamientos forzados y masacres. Masacres como las de Acteal en 1997 en la Selva Lacandona: “El 22 de diciembre de 1997, fecha en la que el Zedillo mandó matar a 45 hombres, mujeres, ancianos y niños en el poblado de Chiapas que se llama Acteal (...) Este gran crimen no se olvida tan fácil y es una muestra de cómo los malos gobiernos no se tientan el corazón para atacar y asesinar a los que se rebelan contra las injusticias”. Otras masacres más recientes como la de Acteón en 2005 al norte del Estado de México, la continua encarcelación de participantes del movimiento o asesinatos como la del maestro Galeano en 2014 en el Caracol de la Realidad.

Las propuestas y conformación de otras formas de vida surgen desde el inicio creando comunidades autónomas, los Aguascalientes. Pero es tras la consulta nacional de 1999 y la Marcha por la Dignidad Indígena en 2001 durante el periodo preelectoral, cuando proponen “el buen gobierno”.


El rechazo del diálogo del Gobierno, de suscribir los Acuerdos de San Andrés y los éxitos de la consulta y la marcha llevarían a partir de 2003 a la transformación de lo que anteriormente eran los Aguacalientes en los Caracoles, y en la creación de formas de gobierno comunitarias y autogestionadas: las Juntas de Buen Gobierno. En definitiva, otras formas de organización política que buscaban modificar las relaciones históricas de poder del estado hacia ellos, raciales, coloniales, que les sometían al ‘obedecimiento’. Pero que también buscaban transformar las relaciones internas del movimiento: “Arriba lo político democrático mandando y abajo lo militar obedeciendo”. Lo que ellos denominarían el “mandar obedeciendo” y que se concretaban, como el Señor José comenta, con ‘nadie arriba y nadie abajo’.

Las Declaraciones de la Selva Lacandona, según el compañero Diego, de la Ciudad de México, han sido “las principales herramientas que han ido dando el carácter particular al movimiento”’, son los documentos desde donde el EZLN y el movimiento zapatista se comunica y narran la historia del movimiento, “desde la Primera, que fue la declaración de guerra, a la Sexta, en 2005, que llamaba a la construcción de otras formas políticas más allá de los partidos y organizaciones de vida intervenidas y gestionadas por los estados”.

Para Diego, la Sexta Declaración de la Selva Lacandona es uno de principales documentos del movimiento. Aparte de lo que señala el compañero Diego, desde 2005, el EZLN invita a crear las Redes de Adherentes a la Sexta y refrenda su “vía de lucha política de carácter pacifista” y su “compromiso de defender, apoyar y obedecer a las comunidades zapatistas que lo forman y son su mando supremo, y sin interferir en sus procesos democráticos internos y en la medida de lo posible contribuir al fortalecimiento de su autonomía, buen gobierno y mejora de sus condiciones de vida”.

Otros elementos que han determinado el carácter particular del movimiento a lo largo de los 25 años han sido las redes de apoyo creadas a nivel nacional e internacional tanto por medio de las redes sociales como a través de la convocatoria de múltiples encuentros, los encuentros intergalácticos.

Como el compañero Kevin señala, “los semilleros o los encuentros se conforman como espacios de discusión y aprendizaje, de formación política y finalmente esenciales para el desdoblamiento transnacional del movimiento”. Entre otros, encuentros en torno al arte (CompArte), la ciencia (ConCiencia), el feminismo (Encuentro Internacional de Mujeres), o el último Encuentro internacional de las Redes de Rebeldía y Resistencia.

Como ocurrió en la consulta de 1999, en el año 2016 —también en un contexto pre-electoral—, a propuesta del CNI se crea el Concejo Indígena de Gobierno. En esta ocasión se propone abrir una candidatura de “[email protected] [email protected]” que diera visibilidad a la dificultades y necesidades de la población indígena en el parlamento mexicano. Una consulta que finalmente el EZLN apoya cuando es nombrada como vocera Marichuy. Durante el proceso de consulta, se suma un amplio sector de la población que hasta ese momento eran simpatizante, pero no se habían aproximado y/o organizado en torno al movimiento zapatista. De este proceso surgen también, aparte del CIG, las Redes de Resistencia y Rebeldía como nuevos sujetos de apoyo al movimiento.

Este último ciclo de la espiral ha sido complicado de comprender por los que ya acompañaban al movimiento debido a su aparente proximidad a las políticas representativas. Algo que el EZLN negó rotundamente desde su inicio. Y que finalmente, y con eventos como el encuentro internacional de redes, nos hace preguntarnos si no sería una estrategia para incluir a otros sectores de la población dentro de las luchas y formas de vida más allá del estado y responder a la pregunta, ¿estamos solos?


Caminar preguntándonos


Finalmente, en esta espiral de 25 años de luchas, el EZLN junto con el trabajo conjunto con sus bases de apoyo han trazado las lógicas de su hacer hasta la actualidad. En concreto sus siete principios zapatistas de mandar obedeciendo: proponer, no imponer; representar, no suplantar; bajar, no subir; convencer, no vencer; obedecer, no mandar; servir, no servirse; construir, no destruir’ (J., 2018) y discursos “anticapitalistas, antipatriarcales, antifascistas, antiestatales y altermundistas”. Un movimiento que ha ido conformando su carácter por la represión continua sufrida por los Estados y las fuerzas paramilitares, y por tanto por el despliegue de repertorios como la autodefensa, la acción directa y la reconstrucción de vidas autónomas basadas en el saber indígena y “que no buscan tomar el poder”. Políticas que ellos han denominado de luchas por la vida y que han ido incluyendo prácticas para el cuidado del territorio, propuestas de otras economías, un sistema de justicia, educación y salud propios, todas ellas al margen de las políticas públicas y asistencialistas del estado.

La persistencia de su ‘radicalidad’ en la actualidad, el no haber colaborado con los Estados: “Pues ¿cómo no? El estado mexicano, es más, el actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), incumplió ya en 2001 cuando era jefe de Gobierno del Distrito Federal los Acuerdos de San Andrés”, comenta la compañera Martha. Según los análisis resultantes del encuentro de Redes, “la violencia a la que están expuestas las poblaciones indígenas es mayor que hace 25 años y se ha ampliado a otros sectores de población”. Si en 1994 el EZLN se alzó contra el despojo, la represión y el hambre históricas y que preveían agravarse con el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá, en la actualidad la historia del despojo, los desplazamientos y el hambre continúan “a pesar del cambio de politicas y politicos”, comenta la compañera Ana.
Si en 1994 bajo el Gobierno conservador de Carlos Salinas se aprobó el TLC, en 2018 y con la llegada al Gobierno progresista de AMLO, “el nuevo finquero”, se prevé dar continuidad a políticas extractivistas y austeritarias que han promovido anteriores gobiernos, neoliberales o progresistas en América Latina y a nivel global.

En este caso se concretan con militarización del cotidiano, zonas económicas especiales, promoción de políticas asistencialistas y aumento de inversión en proyectos extractivistas que favorecen la inversión de capital, ya sin nacionalidades concretas, capital nacional o extranjero: la construcción del Tren Maya del Tren Transístmico, megaproyectos como la plantación de monocultivos de árboles frutales, proyectos hidroeléctricos o mineros. Los llamados ‘Proyectos de Muerte’ que principalmente han sido planificados en aquellos territorios donde está asentada históricamente población indígena.

Una de las propuestas que ha creado también gran controversia dentro de las comunidades indígenas ha sido la creación del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. Un instituto que buscaría ser la “voz de los pueblos indígenas” y, cómo interpreta el EZLN, desarticular al CNI y el CIG.


“Las palabras sobran cuando sin consultar a nuestros pueblos el futuro gobierno impone la creación, al estilo del viejo indigenismo, del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, comandado por los desertores de nuestra larga lucha de resistencia”.

Desde CIDECI-UNITIERRA, San Cristóbal de las Casas, Chiapas a 14 de octubre de 2018. Por la Reconstitución Integral de Nuestros Pueblos Nunca Más Un México Sin Nosotros, Congreso Nacional Indígena, Concejo Indígena de Gobierno, Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Así, la política del no al Estado se traza desde 1996, tras el incumplimiento de los acuerdos de San Andrés, hasta la actualidad, con los nuevos gobiernos progresistas anteriormente aliados de los pueblos indígenas. Desde entonces, desde 1996, como Coral afirma, “el EZLN nunca hizo ningún acuerdo con el Estado. No como el resto de nosotros que siempre hemos coqueteado con el Estado. Por eso crearon su propio gobierno las Juntas del Buen Gobierno”.

El EZLN en su origen reclamaba al Estado mexicano el reconocimiento de la cosmovisión y formas de vida de la población indígena. ¿Y que se encontró? Como las compañeras comparten “no sólo con el rechazo del Estado, racista, xenófobo, colonial, el no reconocimiento de la identidad y derechos indígenas, sino con una represión que se ha ido incrementando hacia otros sectores de la población y cualquier forma de insurgencia”. La masacre de Acteal en 1997, la impunidad de la violencia de los paramilitares, el terror que, como describe Martha sintió un año después de visitar la localidad en 1998. “Fue un genocidio”, comenta Janeth.

Con la elección de AMLO y su discurso neoliberal, la política representativa sigue sin tener menor impacto en el proyecto transformador del EZLN (y los pueblos indígenas). En la actualidad, según Diego puntualiza, “la violencia de la tormenta, el incremento de los despojos, desalojo de tierras ocupadas, desplazamientos, detenciones, desapariciones y asesinatos prevén continuar”. Otros sectores de la población, no únicamente los históricos desposeídos, se ven afectados. Se ha ampliado la crisis de reproducción social hasta los que recientemente eran beneficiarios de los “privilegios del estado: sanidad, educación, transportes públicos’ con la consecuente destrucción ‘de los cuerpos, a nivel físico y emocional”, comentan Juan y Penélope.


Ante la situación actual de los mundos, ¿que sigue?


Sigue 1. La continuidad de la construcción de las autonomías y nuevos sujetos políticos.


Para el compañero Juan, perteneciente a otras comunidades indígenas del norte del país, el encuentro de redes le recuerda al encuentro que dio lugar a la Sexta Declaración en el Caracol de la Garrucha en 2005. Según Peter, ahora desde el EZLN nos proponen “reconstruir nuevas formas de organización, un nuevo movimiento aliado de confianza del EZLN, del CNI, del CIG, pero que no les suplante”. Interpreta que el “Concejo deje de ser indígena y nacional y que incluya otras identidades y nacionalidades, lo que queda de los países, más allá de las fronteras, a nivel local, regional, nacional e internacional (...) En el que cada sector se organice de manera autónoma que cree sus propios autogobiernos (...) sin quedarse en reformismos, en el maiceo, que ya lo hace AMLO. Pero que supondrá la construcción en otros tiempos”, los tiempos del cotidiano. En un proceso, Laura agrega, debe tener en cuenta “la salud, la purificación mental, física y espiritual”. Crear espacios del cuidado que acompañen a la lucha, “para población indígena, población originaria, la comunidad LGTB, la clase trabajadora, estudiantes, aquellos con diversidad sexual y de género o con discapacidades”.


En la actualidad, para las compañeras Janeth, Martha y Katia, las luchas zapatistas continúan representando imaginarios de vidas que desbordan el presente. Y si la Revolución Mexicana liderada por Emiliano Zapata entre 1911-1920 y el Movimiento estudiantil del 68 continúan recreando el imaginario de rebeldía en México, la Insurrección zapatista de 1994 y las varias formas que han tomado sus luchas por la vida a lo largo de los 25 años, complementan el imaginario de las luchas anticapitalistas “desde abajo y a la izquierda, construyendo autoorganización desde el mandar obedeciendo”. Así, y como enuncia el EZLN en la invitación a la celebración del 25 Aniversario de su Alzamiento, nos queda: “Ejercer la autonomía con nuestras formas ancestrales de caminar preguntándonos, es la única puerta para poder seguir haciendo de la vida, nuestro camino irrenunciable, pues afuera todo se acomodo para afianzar el terror y la ganancia de los poderosos”.

Sigue 2. La palabra rendirse no existe en lengua verdadera. ¿Nos quedaremos solos?


“Y usted se pregunta: ¿qué es lo que mantiene viva a esta gente si ha tenido, y tiene, todo en contra?, ¿no son acaso los eternos perdedores, los que yacen mientras otros levantan sus gobiernos, sus museos, sus estatuas, sus ‘triunfos históricos’?, ¿no son los damnificados de las catástrofes, la carne de cañón de todas la revoluciones que se hacen para salvarlos de sí mismos?, ¿los extranjeros en la tierra que les vio nacer?, ¿el objeto de burlas, desprecios, limosnas, caridades, programas de gobierno, proyectos ‘sustentables’, directrices, proclamas y programas revolucionarios?, ¿no son los analfabetos irremediables a los que hay que educar, dirigir, ordenar, mandar, doblegar, dominar, c-i-v-i-l-i-z-a-r? ”

Subcomandante Insurgente Moisés Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

Si como narran el Subcomandante Insurgente Moisés y el Subcomandante Insurgente Galeano en su invitación al 25 Aniversario, que a pesar de continuar luchando son los “perdedores”, ¿es entonces motivo de celebración el aniversario del alzamiento zapatista? Hablando en los días previos a la celebración en la ciudad de Puebla con uno de los estudiosos y compañeros del movimiento, John Holloway: “Sí, la fiesta debe continuar”.

Durante la celebración del 25 aniversario en la noche del 31 de diciembre, en el Caracol de La Realidad, el Subcomandante Insurgente Moisés dirigiéndose a los pueblos zapatistas y en nombre del Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI) pronuncia: “Y estamos demostrando una vez más y lo vamos a tener que cumplir, estamos demostrando que sí es posible lo que se ve y lo que se siente que es imposible (...) el pueblo aquí es el que manda, tiene su propia política, tiene su propia ideología, tiene su propia cultura, va creando, va mejorando, va corrigiendo, va imaginando y se va a ir practicando”.


En el comunicado del CCRI, se hace principalmente referencia a las políticas propuestas por el nuevo gobierno de AMLO. Antiguo simpatizante de los pueblos originarios, que en la actualidad con su programa de gobierno propone dar continuidad a las políticas neoliberales y represivas de los pueblos indígenas, sin comprometerse, como anteriores gobiernos, a implementar los históricos Acuerdos de San Andrés. Refiriéndose a AMLO indican: “Ese que está en el poder lo va a destruir al pueblo de México, pero principalmente a los pueblos originarios, viene por nosotros, y especialmente a nosotros al Ejército Zapatista de Liberación Nacional”.

Identifican que proyectos como la construcción del Tren Maya o la plantación de monocultivos de árboles frutales son proyectos que tienen como objetivo desmantelar las formas de vida y formas organizativas de los pueblos originarios, y en especial las formas organizativas del EZLN. Además en su discurso acusan a AMLO de “agarrar nuestros modos y nuestras costumbres”, las de los pueblos originarios. Ellos, “los senadores, los diputados (...) no saben hacer ley para el pueblo de los pueblos originarios, nosotros sí, porque sabemos cómo es el sufrimiento y sabemos cómo queremos la ley que queremos, no a ellos y a ellas”.

Refiriéndose a las redes de apoyo, a los de “afuera” dicen que en su mayoría son turistas de la pobreza: “La gente de afuera va y viene, nosotros aquí estamos, aquí seguimos. Cada vez que vienen, vienen como a turistear, pero la miseria, la desigualdad, la injusticia no se trata de turistearlo, el pueblo pobre de México está muriendo y va a seguir muriendo”.

Algo que lamentablemente se evidenció durante el encuentro de redes. Las dificultades para complementar y comprometerse con las luchas autónomas del EZLN, las “luchas por la vida, por las condiciones de existir, materiales, espirituales”. Sobre otros asistentes, sin embargo el EZLN sí reconoce que se han organizado: “Muchos no nos hicieron caso, algunos sí están organizándose, esperemos que sigan organizándose, la mayoría no nos hicieron caso”.
Ante la situación que describen y analizan, el EZLN vuelve a preguntarse cómo en 1994: ¿Nos quedaremos solos? Ante lo que responden: “Salimos a despertar al pueblo de México y al mundo, solos, y hoy 25 años después vemos que estamos solos (...). Lo que hemos logrado, fue logrado con nuestro trabajo, con nuestro esfuerzo”. Ante esta situación de “soledad en la guerra contra el olvido” y a pesar de encontrarse el EZLN y las comunidades zapatistas en uno de los centros de la tormenta capitalista, proclaman: “No tenemos miedo (...) Vamos a defender lo que hemos construido (...) no vamos a permitir a que vengan a destruirnos ¿O sí? Y añaden: ‘Por muy mínimo que sea que nos vengan a provocar, vamos a defendernos’”.

Palabras que expresan un enojo con los “desertores”, los intentos de cooptación de sus bases y de sus propuestas, así como con aquella parte de la izquierda que apostó por el nuevo Gobierno de AMLO. En su conjunto finalmente nos hacen intuir que el EZLN apuesta por retomar la lucha político-militar, su despliegue para la defensa de sus comunidades y sus territorios, y un repliegue del movimiento hacia sus bases, sin buscar tanto la creación de luchas conjuntas con el CNI, CIG o las redes de apoyo, y continuar, como en su inicio, solos. Será así, ¿se quedarán solos? Días después del aniversario, el CNI y el CIG declaran que no, no estarán solos. Estarán junto al EZLN en la lucha contra los megaproyectos de la muerte que propone el gobierno federal de AMLO.


“Aunque el camino será largo… aquí seguiremos”, le dice la niña que dice la pinta en el muro que no dice nada, mudo, resignado a que los sucesivos administradores manden cuadrillas de trabajadores contra ese grafiti para borrarlo, taparlo, silenciarlo, exterminarlo”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

 

Por Inés Morales Bernardos

2019-01-09 00:00:00

 

Publicado enInternacional
Martes, 08 Enero 2019 07:00

Un Deng Xiaoping, urgente

Un Deng Xiaoping, urgente

Desde el triunfo de la revolución, en 1959, Fidel Castro contó con argumentos incuestionables en favor del socialismo. Por un lado, las actuaciones estadounidenses contrarias a los revolucionarios de Sierra Maestra: en cuanto se aprobó la ley de reforma agraria que permitió la nacionalización de grandes latifundios, entre ellos los de propiedad estadounidense, a Estados Unidos le faltó tiempo para suprimir la cuota de azúcar cubana, embargar la venta de petróleo estadounidense a la isla y cometer una serie de actos de sabotaje e intentos de asesinar al propio Fidel Castro; una animadversión que culminó con la fracasada invasión de Bahía de Cochinos en 1961. Mientras, la Urss se ofreció a comprar el azúcar cubano a mejores precios y a suplir el petróleo que la isla requiriese. No había otra opción, y el 16 de abril de 1961, después del bombardeo estadounidense a varios aeropuertos, se proclamó el carácter socialista de la revolución. Una revolución que se caracterizaría por un líder indiscutible, Fidel Castro, y por una economía centralizada, con la propiedad de todos los medios de producción en manos del Estado, a excepción de algunas propiedades agrícolas que permanecieron en poder del campesinado –si bien con la obligación de vender toda su producción al Estado.

La hostilidad estadounidense fue, paradójicamente, una de las claves para que Fidel Castro permaneciese tanto tiempo en el poder. El embargo sirvió para justificar el fracaso de la revolución en el terreno económico. El empeño de Castro en manejar como una finca particular algo tan complejo como la economía de un país le llevó en 1968 a nacionalizar todas las empresas, incluidas las pequeñas y medianas: unas 58 mil. En el contexto de la Guerra Fría, la justificación de centralizar toda la economía fue defendida por Fidel con toda fiereza. Su tradicional obstinación, que le permitió a la isla no doblegarse ante el imperialismo durante 60 años, resultó también demoledora para el desempeño económico.
Cuando colapsó la Urss, la economía cubana, fuertemente dependiente de aquel país, sufrió un brutal descalabro. El Pbi cayó más de un 35 por ciento y Cuba entró en lo que se denominó “Período especial”. La situación para la población fue angustiosa. Recuérdese el episodio de la “neuropatía óptica”, una epidemia de ceguera causada por la falta de vitaminas. Fue la época de los “balseros”, que ponían en riesgo su vida para cruzar el estrecho de Florida, una emigración que unida a la de los primeros tiempos de la revolución y al éxodo del Mariel de 1980, llevó a más de un millón de cubanos a Estados Unidos.


Durante el “Período especial” Fidel Castro, por primera vez, se vio obligado a aceptar algunas medidas liberalizadoras, permitiendo los mercados libres campesinos y el ejercicio de determinadas actividades por cuenta propia, lo que supuso un cierto desahogo y una mejora de la dieta alimentaria. También, a comienzos de los noventa, se impulsó la inversión extranjera en los sectores turístico y minero, se promovió el turismo y se permitió la recepción de remesas en dólares. Pero siempre a regañadientes. Varios altos cargos que defendieron la apertura más de la cuenta –Aldana, Lage, Robaina, Pérez Roque– terminaron defenestrados.


La victoria de Hugo Chávez en las elecciones de Venezuela en 1999 supuso un duro golpe para el proceso reformista cubano. El petróleo generosamente despachado por Venezuela a precios subvencionados y los créditos otorgados por ese país a cambio del envío de médicos, supusieron un respiro para el régimen, permitiendo a Castro congelar las reformas. Cuba no destacaría por sus tasas de crecimiento pero, sumando el apoyo venezolano, los ingresos por turismo, las remesas, la inversión extranjera y las exportaciones de azúcar, níquel, medicamentos y tabaco, tampoco se iría a pique. Entonces, ¿para qué copiar, adaptándolas, las reformas chinas, que permitieron a ese país multiplicar por 40 su Pbi, alcanzar una renta per cápita superior a los 8 mil dólares y sacar a centenares de millones de chinos de la pobreza, si ello suponía ceder parte del control de la economía? No, la apertura económica no era del agrado de Fidel.


El momento dulce llegó con el acceso de Raúl a los máximos cargos y con Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos. La apertura de embajadas fue el hecho simbólico, pero hubo mucho más: por el lado estadounidense, el turismo se multiplicó por cinco y se eliminaron las restricciones al envío de remesas; por el lado cubano, se abrieron nuevos hospedajes privados y más “paladares” (restaurantes privados), se permitió un incipiente mercado inmobiliario, se aprobaron nuevos trabajos por cuenta propia y se autorizó a los cubanos a viajar libremente fuera del país. Parecen cambios menores, pero en Cuba no lo eran; aunque, sí, resultaban insuficientes. Aliviaban, pero todavía no permitían un vigoroso crecimiento. Aun así, el futuro se anunciaba prometedor, una impresión a la que contribuían las reformas liberalizadoras previstas en los “Lineamientos” aprobados en el VI Congreso del Pcc en 2011, ya con Raúl Castro como secretario general. Todavía podía conjurarse la imposibilidad de llegar a fin de mes a todo cubano que no recibiese remesas, trabajase por cuenta propia o en el sector turístico, o “distrajese” algún bien estatal para su venta. Además, con el crecimiento esperado también podría resolverse la unificación de las dos monedas –el Cup y el Cuc–, que tantas distorsiones provocan.


Pero, como si una fatalidad operara siempre en contra del proceso reformista, tres golpes lo amenazaron nuevamente: la paralización por el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, del proceso de apertura hacia la isla; la situación caótica de Venezuela, que compromete seriamente el suministro energético; y, por si fuera poco, el triunfo de Jair Bolsonaro, quien dio el carpetazo al apoyo del personal médico cubano desplazado a Brasil a cambio de varios cientos de millones de dólares anuales. El resultado ha sido una nueva paralización del proceso de reformas. El papel de los “conservadores” de la revolución en este nuevo cierre de filas es claro. En 2016 se estimó que sólo se había implementado el 21 por ciento de los “Lineamientos” aprobados en el VI Congreso, lo que habla del poder que todavía detenta el sector inmovilista.


El tiempo se agota para llevar a cabo los cambios que Cuba necesita, como el cultivo de las tierras estatales ociosas, sin poner tantas condiciones para su entrega; potenciar la inversión extranjera, cuyas cifras, en términos relativos, son las menores de América Latina; otorgar mayor autonomía a las empresas estatales; y permitir a los propios cubanos invertir en su país, expandiendo el trabajo por cuenta propia y reconociendo a las pequeñas y medianas empresas privadas. Sería esencial que la nueva Constitución, cuyo texto se discute en estos meses en Cuba, recogiera estas formas de propiedad con todas sus consecuencias, incluyendo la posibilidad de acceder a créditos o contratar a empleados directamente. Al liberalizar la economía se enriquecerán algunos cubanos y aumentarán las desigualdades, pero el Estado tiene en sus manos palancas suficientes para redistribuir la riqueza que se genere, comenzando por una política fiscal progresiva y una política presupuestaria de calidad.


¿Qué escenarios quedan si no se toman con rapidez las medidas liberalizadoras? Con el escaso crecimiento del Pbi de los últimos años y el estimado para el futuro (apenas el 1 por ciento anual), el gobierno encabezado por el actual presidente, Miguel Díaz-Canel, cuando fallezca Raúl no contará con la legitimidad que, por el contrario, le proporcionaría el progreso económico. Y no es descabellado aventurar entonces que Cuba podría terminar como Nicaragua; una chispa que se enciende y un estallido social de protestas que le sigue. En el caso de optar por la represión, el régimen cubano tendría sus días contados. Cuba no es China y su gobierno no sobreviviría a una versión habanera de las masacres de la plaza de Tiananmén. Y entonces sí, los sacrificios de 60 años para construir una sociedad más justa, más igualitaria, una sociedad que devolvió la dignidad al pueblo cubano rescatando la soberanía de la isla de la prepotencia estadounidense, habrán sido en vano.

Manuel Caruncho. Cubano. Escritor y doctor en ciencias económicas por la Universidad Complutense de Madrid.

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Domingo, 06 Enero 2019 04:56

Desde otro lugar, con otras reglas

Desde otro lugar, con otras reglas

Licenciado en letras y filósofo, Valdés se dedica al estudio de los movimientos sociales y políticos emancipatorios en América Latina, y coordina el Grupo América Latina, Filosofía Social y Axiología, del Instituto de Filosofía de La Habana. En esta entrevista1 se explaya en particular sobre las nuevas articulaciones entre mercado y socialismo en debate en Cuba.

—En las discusiones sobre el socialismo, en ocasiones se desatiende el significado de este concepto para la gente, su lugar en el sentido común de los cubanos.


—Creo que existe una novedad conceptual en el denominado “proceso de actualización” y en la discusión de una nueva Constitución. Ambos procesos, que no están desligados, tienen un impacto en la noción que sobre el socialismo hemos incorporado en la teoría y el imaginario social cubano.


En medio de tantos desaprendizajes necesarios y de tantas desconstrucciones desmovilizadoras, es innegable la necesidad de ejercer, como diría Marx, la crítica radical de todo lo existente. Hoy esa crítica implica “desaprender”, sin violar la continuidad de lo conocido, las nociones históricas conformadas y el instrumento cognitivo heredado tal y como lo recibimos de versiones limitadas del llamado marxismo-leninismo.


Las soluciones económicas, políticas, jurídicas, éticas, estéticas y culturales que necesitamos para enfrentar los nuevos retos no podrán efectuarse apelando a una cientificidad elaborada exclusivamente desde el recinto académico, ni sólo aplicando procedimientos, técnicas y metodologías institucionales. Tampoco debe tratarse de un cuerpo conceptual a priori, construido al margen de las prácticas concretas, que se aplica para la concientización de los sectores populares.


Los saberes de la gente juegan un papel político regulador de primer orden, como aprendizaje proveniente del mundo de la vida cotidiana. Una de las amenazas con que debemos lidiar es la acostumbrada construcción de dicotomías, como la escisión a veces desmovilizadora entre la economía y la política, entre plan y mercado, entre lo social y lo político, entre lo político y lo cultural.


A todas luces existe una diversidad de posicionamientos éticos y políticos en torno a la revolución, su densidad liberadora y su fardo de errores y proyecciones en las nuevas circunstancias. Muchos de estos posicionamientos reflejan sensibilidades generacionales.


Las transformaciones económicas, jurídicas y político-institucionales son fenómenos que generan estimaciones contrapuestas sobre los ritmos, orden, forma y sentido de los cambios particulares, pero que muy pocos objetan como salida ante la crisis de la economía cubana de los últimos años y la necesidad de renovar el consenso social socialista de cara a la movilidad y complejidad estructural y cultural que condiciona (y resulta de) tales acontecimientos.


—¿Cuáles de esas transformaciones destacarías? ¿Dónde están las amenazas?


—El redimensionamiento del Estado y la superación de su forma como Estado-empresario, el paso a la descentralización (mayor autonomía y facultades) de la empresa estatal socialista y su capacidad de planificación, incorporando emprendimientos autónomos en el mercado, la emergencia del sector privado en sus diversas variantes, las repercusiones de la ley de la inversión extranjera en el contexto de nuestra economía y de nuestra sociedad, las reformulaciones acerca del modo de construir la hegemonía y el papel de la sociedad civil… Todas ellas activan el imaginario dicotómico conformado en décadas anteriores que reduce y empobrece la diversidad de opciones entre la noción socialista desplegada como estatalización extrema, que sólo se podría sustituir por la “mercantilización”.


Habrá quienes sientan que se está “desmontando” el socialismo y reaccionen negativamente a los cambios, y no faltarán –interna y sobre todo externamente– quienes a la vez que saluden las aperturas llamen a seguir ensanchando el papel del mercado y la propiedad privada y la “liberación” de las trabas estatales que lo constriñen.


No existe un “antídoto” válido para cada momento histórico que nos haga inmunes a la posibilidad del retorno al capitalismo dependiente. Por otro lado, serán cada vez más visibles las voces que nos estimulen a seguir dando pasos hacia la mercantilización de la vida. Yo he insistido en la necesidad de abrir cauces y ensanchar el corredor cultural crítico del no capitalismo en la sociedad cubana.


—¿Qué entiendes por “corredor cultural crítico del no capitalismo”?


—Primero, este corredor cultural está marcado por el debate. Implica una doble dirección, porque las propuestas que se desplieguen deben combinarse y articularse con iniciativas diseñadas e intencionadas desde el ámbito institucional. No debemos prescribir negativamente a priori el carácter desinstitucionalizado de las subjetividades colectivas no capitalistas. Al contrario, es justamente uno de los componentes de su capacidad corrosiva radical: la lucha se construye desde otras bases, desde otro lugar y con otras reglas.


La realidad no es homogénea, incluso en una nación como Cuba, que ha logrado conformar un tejido social articulado sobre la base de sellos identitarios fuertes. La realidad tiene lugares sociales y perspectivas diferentes.


Para que ese corredor cultural del no capitalismo pueda significar algo socialmente y se arraigue en el sentido común es necesario que sometamos a crítica otro parámetro estereotipado: los criterios inamovibles (y tan de moda) sobre “lo revolucionario” y “lo no revolucionario”. Hay una idea de Juan Valdés Paz sobre esa necesaria pluralidad del referente axiológico revolucionario. Valdés Paz dice en El espacio y el límite que la ideología de la revolución es mucho más que una doctrina de Estado, y debe ser lo “suficientemente heterodoxa y ecléctica como para dar cuenta de la diversidad social, la historia y culturas nacionales, las experiencias socialistas, nuestra cultura política y la permanente ‘batalla de ideas’ contra el capitalismo y el sectarismo”.


—¿Apuestas por un escenario de aceptación de la diversidad como camino a ese corredor cultural crítico del no capitalismo?


—El tema de la diversidad eclosionó en el mundo social y académico cubano en los noventa. Pero igual que existe esa diversidad, existen sus lecturas. La diversidad (sexual, de género, racial, religiosa, social, ideológica, cultural, entre otras) la concibo no como un lastre a superar, sino como riqueza a potenciar y articular.


Para que la diversidad no implique atomización y desbandada es preciso desear, pensar y hacer la articulación, o lo que es lo mismo: generar procesos socioculturales y políticos desde las identidades. El pensamiento alternativo es tal únicamente si enlaza diversidad con articulación, lo que supone crear las condiciones de esa articulación (impulsar lo relacional en todas sus dimensiones, como antídoto a la ideología de la delegación); fortalecer el tejido asociativo sobre la base de prácticas y valores fuertes (de reconocimientos, justicia social y justicia ambiental, equidad de género).


Pareciera que el reconocimiento de las diferencias resulta punto de partida para la constitución de sujetos con equidad y reconocimiento de las identidades respectivas. Sin embargo, la diversidad que se pretende asumir desde el “narcisismo de las diferencias” deviene recurso ideológico y cultural de dominación, cerrando el paso a cualquier reconstrucción que pretenda levantar, sobre tales diferencias, identidades sociales colectivas capaces de trascender el orden enajenante que las discrimina a todas por igual. Las razones últimas de la fragmentación se hallan en la enajenación del trabajo. La diversidad que necesitamos potenciar y articular es la que expresa la voluntad socializadora de los individuos en proceso de emancipación socialista.


—Al escucharte da la impresión de que no basta con preguntarnos a qué socialismo aspiramos, sino que debemos hablar también de la batalla que se da en Cuba hoy entre una cultura socialista y su opuesta, la capitalista.


—En efecto. Enfrentar y superar multifacéticamente al capitalismo es un desafío histórico permanente en nuestra época, que trasciende la lucha de un país y de un grupo de países, que compromete a la humanidad en su totalidad. Hemos aprendido que no basta con subvertir sólo sus resortes estructurales e institucionales de dominio y sujeción, sino que es necesario comprender que está compuesto por “prácticas pequeñitas” –como dice Ángeles Eraña– de interacción social enajenada y fetichizada desde lo cotidiano.


Si no nos preparamos con nuevos procesos de aprendizaje/desa-prendizaje sensibles para enfrentar esas prácticas e impedimos que se coloquen como normas reguladoras del sentido de la vida la psicología del “éxito” individualista, el consumismo del “nuevo rico”, la insensibilidad frente a los privilegios reales, si no desafiamos la mirada economicista que desliga producción y reproducción de la vida, si reproducimos en nuestro accionar y sistema de valores el paradigma patriarcal discriminatorio de acceso al poder y al saber (centrado en el arquetipo “viril” y “exitoso” de un modelo de hombre racional, adulto, blanco, occidental, desarrollado, homofóbico y burgués), no podremos superarlo culturalmente en la perspectiva histórica.


—Has mencionado con mucha fuerza la necesidad de atender el sentido común de las personas y su relación con la vida cotidiana. Esto pasa también por las alternativas económicas –en materia de propiedad y gestión– que caracterizan el ámbito cubano contemporáneo. ¿Qué opinas sobre estos temas?


—Para Cuba, revolución por el socialismo con mercado es una realidad a asumir en el terreno práctico, de manera diáfana y no vergonzante, pero en modo alguno acrítica. El debate teórico y axiológico, lejos de estar dirimido, recién comienza en este punto. Ello explica la avidez con que desde los años noventa las ciencias sociales cubanas han revisitado los temas vinculados al tránsito en la Urss hacia la nueva política económica (Nep) y la controversia posterior en torno a sus significados.


Un rasgo consustancial a esos procesos es que, en ocasiones, las medidas socialistas, justificadas o no, se alzaran históricamente sobre una especie de vacío, así como sobre una inadecuada preparación de los sujetos-actores sociales, que impedía la plena hegemonía socialista.


Durante décadas se borró el conflicto, concientizado por Lenin, entre la superación económica de la propiedad privada y las circunstancias políticas que impusieron la vía jurídico-administrativa de dicha “superación”, como “castigo” a la burguesía en medio de la agudización de los combates de clase. El proyecto original, que sólo comprendía la instauración del control de la producción social y de la distribución de los productos por los soviets, devino una forma sui géneris de “implantación” del socialismo. La guerra civil y el sabotaje convierten a la expropiación y la nacionalización en medidas de autodefensa de la propia revolución. Se trataba de condiciones excepcionales que en modo alguno hacían superfluas las conclusiones esbozadas en un texto como Las tareas del proletariado en nuestra revolución, donde según Lenin el nuevo poder “no implanta” ninguna transformación que no esté ya perfectamente madura en la realidad económica y en la conciencia de la inmensa mayoría del pueblo.


La discusión sobre la disparidad de desarrollo, sus causas y clasificaciones, tiene una larga historia. De lo que se trata es de determinar si fue posible o no, o si quedó trunca la alternativa socialista al capitalismo.


¿Por qué comienzo por ahí? Porque a propósito de la Nep, la dificultad radica hoy en aceptarla o no como nuevo rumbo estratégico en el que, una vez conquistado el poder estatal por la vía revolucionaria, y dar pasos gigantescos de subversión y ruptura con las relaciones sociales capitalistas (el régimen de propiedad) y los resortes superestructurales de la dominación capitalista, se retrocede o reacomoda el proyecto hacia una fase transitoria en la que aún lo socialista no aparece como opuesto pleno, como superación societal multifacética del orden económico capitalista, aunque éste esté distorsionado por una nueva dirección hegemónica en formación.


El Che fue un crítico respetuoso de la Nep y sobre todo de su impronta posterior en la Urss. A la vez que identificaba al sistema presupuestario de financiamiento como la vía idónea para el avance del socialismo y el comunismo en Cuba, reconocía con claridad que “la economía política del período de transición falta totalmente”. Fue el artífice principal de dicho sistema y polemista agudo del cálculo económico de corte soviético, y consideró necesario que se debía mantener “durante un tiempo los dos sistemas y después entrar ya a discutir algunas cosas mucho más profundas”. El Che admite que en aquellas condiciones, “cuando el atraso es muy grande, la correcta acción marxista debe ser atemperar lo más posible el espíritu de la nueva época, tendiente a la supresión de la explotación del hombre por el hombre, con las situaciones concretas de ese país; y así lo hizo Lenin en la Rusia recién liberada del zarismo y se aplicó como norma en la Unión Soviética”.


Pero la época y las condiciones de radicalidad en que surge y avanza la revolución cubana están marcadas por el establecimiento de todo el sistema mundial del socialismo. El Che se pregunta: “¿Cómo se puede producir en un país colonizado por el imperialismo, sin ningún desarrollo de sus industrias básicas, en una situación de monoproductor, dependiente de un solo mercado, el tránsito al socialismo?”.


—Pero ¿cómo se conecta esto con la realidad cubana actual?


—No tiene sentido hoy contraponer de modo libresco las conceptualizaciones y estrategias de desarrollo que respondieron a problemáticas concretas en cada etapa y coyunturas del proceso emancipatorio cubano, al proceso en curso de reestructuración de la economía y la sociedad en las actuales condiciones. Incorporar la médula racional de cada polémica, de las posiciones divergentes confrontadas en esta historia es una necesidad que problematiza y enriquece el debate de nuestros días. Virtud del Che fue su pensamiento cuestionador de dogmas, sometiendo sus propias nociones a la crítica revolucionaria.


En una de las reuniones bimestrales (verdaderos espacios de discusión revolucionaria plural, de aprendizaje colectivo), al incentivar una lectura histórica de El Estado y la revolución, señalaba que “en cada momento tenemos que tomar medidas que en el momento siguiente podrán no ser correctas y que en el momento anterior pudieran no haber sido correctas, y que a lo mejor en este momento no son correctas tampoco, es verdad, pero hay que analizarlas en el sentido dialéctico de que todo está en movimiento, de país cercado por el imperialismo, con profundos problemas internos de producción, en proceso de reestructuración de sus instituciones”.


Esta reflexión es muy significativa tratándose del Che Guevara, para quien el proyecto socialista era multifacético e integral, y debía “crear” al hombre y la mujer nuevos, y también una nueva cultura. No sólo necesitamos más que nunca el antimperialismo y la visión anticapitalista del Che, sino retomar en los actuales escenarios de diálogos y disputas la acción multifacética de intelectuales revolucionarios que no sean “asalariados dóciles al pensamiento oficial ni becarios que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas”.


Para pensar la continuidad de la revolución hay que volver sobre lo que parecía ya entendido y hasta superado, no para incorporar acríticamente o rechazar por presunta inviabilidad, sino para resignificar todo lo valioso desde las nuevas condiciones nacionales e internacionales en que nos desenvolvemos.


El tema es polémico. A mi juicio, la complementariedad de mercado y plan, mercado y socialismo, espontaneidad y autoridad, siendo absolutamente necesarias para toda una época interformacional, de límites imposibles de fijar desde el presente, no es el “gran descubrimiento”: es el gran sucedáneo de nuestra incapacidad intelectual (o de la inmadurez societal) para descubrir el secreto de la superación histórica de la civilización del capital, pese a que asumamos conscientemente el reto que nos impone esa época. Tal vez la paradoja sea consecuencia de aquella observación de Marx: “No basta con que el pensamiento acucie hacia su realización; es necesario que la misma realidad acucie hacia el pensamiento”.


¿Cuáles serán las nuevas leyes, papel y lugar del mercado en el sistema socioeconómico? ¿Qué contenido tendrá el mercado que lo haga adecuado al proyecto social y a la economía social socialista? ¿Cómo “domesticarlo”?


Sin embargo, la mera extensión de las leyes del mercado al socialismo, sin una determinación clara del mecanismo de acción y subordinación de aquellas, muestra, hasta el momento, la posibilidad de reversión de la alternativa socialista como alternativa de emancipación humana.


—Por estos días se discute el anteproyecto constitucional. ¿Te parece un proyecto que se subordina a la realidad o que dialoga con ella sin renunciar al horizonte socialista?


—Quiero partir de que se trata de un proceso democrático, cuya esencia no se agota (o no debe agotarse) en que la gente trasmita sus criterios. Después viene la manera en que esos criterios toman cuerpo en el proyecto, y luego, cómo se implementan.


Ahora bien, esta discusión expresa, al mismo tiempo, la necesidad de continuar trabajando en el ensanchamiento de ese corredor cultural del no capitalismo, y la situación real de la cultura acumulada y existente en Cuba a la altura de 2018. Procesos como este hacen emerger, visibilizar, fenómenos que ya existen. Los planteamientos conservadores presentes en el proyecto, o que emergen en la discusión popular –digamos, por ejemplo, los relativos a la supresión del horizonte comunista o los disímiles criterios generados por el artículo 68– son un termómetro. El asunto está en qué hacemos. Como país se asume el compromiso de consultar, escuchar y tener en cuenta a todos los ciudadanos, pero como individuos tenemos la libertad de resistirnos ante estas manifestaciones conservadoras. Nos hace falta una izquierda anticapitalista sólida, sin temores, diversa pero no atomizada, y quizás este sea un asunto de comunión entre las diferentes posiciones existentes.


1. Esta entrevista fue publicada originalmente en la revista cubana Temas. Brecha reproduce fragmentos con autorización del medio.

 

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La irradiación político-intelectual de la revolución cubana

La llegada de los rebeldes al poder fue un revulsivo en la región latinoamericana y en el mundo, pero fue también la ocasión para poner en debate, y en acción, aquello que había fracasado en las revoluciones anteriores, en particular en la rusa. La cuestión de la burocracia, de los estímulos morales o materiales y de la necesidad de superar la jerarquía del trabajo intelectual ante el manual, adquirieron centralidad en los debates que impulsó el Che y que tuvieron eco en los principales intelectuales de izquierda de la década de 1960.

Desde sus comienzos la revolución tomó rumbos originales y promovió actitudes solidarias de los militantes y cuadros que fueron a trabajar en las cosechas de caña o a colaborar con causas revolucionarias en otros países. La importancia que adquirió el trabajo voluntario no puede ser soslayada, ya que es una muestra de conciencia de una parte del pueblo cubano. Como señalara el Che, la importancia del trabajo voluntario no se relaciona con la economía sino que se refleja “en la conciencia que se adquiere frente al trabajo y en el estímulo y ejemplo que significa esa actitud para todos los compañeros de las distintas unidades de trabajo”.1


Fue más importante aun porque en el trabajo voluntario estuvieron involucrados no sólo militantes del partido y cuadros, sino también administrativos y técnicos que establecieron, como señala el Che, lazos horizontales de camaradería allí donde la organización capitalista del trabajo los mantenía separados. En este punto el Che manifiesta una posición que lo entronca con lo mejor del pensamiento crítico y las experiencias emancipadoras: “El trabajo voluntario se convierte entonces en un vehículo de ligazón y de comprensión entre nuestros trabajadores administrativos y los trabajadores manuales, para preparar el camino hacia una nueva etapa de la sociedad (…) en la que no existirán las clases y, por lo tanto, no podrá haber diferencia alguna entre trabajador manual o trabajador intelectual, entre obrero o campesino”.


AÑOS LUMINOSOS.


Sería ocioso enfatizar sobre la coherencia entre palabra y acción en militantes como el Che. La dirección cubana, por lo menos en la década de 1960, no escatimaba el debate sobre la burocratización del Estado, ni sobre los principales problemas que enfrentaba la sociedad posrevolucionaria. Fueron años luminosos con amplias discusiones en las que intervinieron el Che, Charles Bettelheim y Ernest Mandel, entre otros, cuyas posiciones fueron publicadas en Cuba entre 1963 y 1964 y debatidas abiertamente. No es el objetivo de este artículo reproducir aquellos debates, sino apenas usarlos como espejo en el que observar nuestra discusión actual sobre la transición a un mundo nuevo, para comprobar el terreno perdido por la rigurosidad y la profundidad en aras de análisis de escaso vuelo político y teórico.


Mandel hizo una buena síntesis de los debates. En su opinión, había cuatro cuestiones. Dos de ellas se relacionaban con la política del gobierno revolucionario: la organización de las empresas industriales y el papel de los estímulos materiales en la construcción del socialismo. Las otras dos eran de orden teórico: si la ley del valor opera en la transición, y el carácter de los medios de producción estatizados, si eran mercancías, propiedad social o tenían otra naturaleza. Una parte sustancial de la discusión se centraba en la supervivencia de las categorías mercantiles en la nueva sociedad, cosa que el Che tendía a negar, preocupado por las consecuencias en la subjetividad de los trabajadores.


El Che defendió la planificación centralizada frente a quienes promovían la autonomía financiera de las empresas, que argumentaban que favorecía la eficiencia y la rentabilidad. En cuanto a los estímulos materiales, no los rechazaba de plano pero creía que podían atentar contra la cohesión de la clase trabajadora y fomentar el enriquecimiento individual. Era consciente de que el estímulo material sólo podía morir gradualmente, y contra quienes apostaban a que era la palanca para el crecimiento económico, sostuvo que “en tiempo relativamente corto el desarrollo de la conciencia hace más por el desarrollo de la producción que el estímulo material”. Respecto de la organización de las empresas, el proceso cubano fue atravesando varias etapas que modificaron su realidad.


A grandes rasgos, el intenso debate de los años sesenta y las experiencias de los años 1967¬1970 tuvieron un final abrupto con el fracaso de la zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar, en la que el partido y el gobierno habían empeñado al país aun al costo de desorganizar la producción. A partir de ese momento Cuba adoptó los criterios económicos de la Unión Soviética. Pero antes de esa coyuntura crítica, se tomaron decisiones realmente interesantes, aunque algunas de ellas puedan considerarse utópicas y hasta aventureras.


El Che y sus aliados en el gobierno eran partidarios de limitar las relaciones mercantiles. Una de esas expresiones era la prioridad que otorgaban al trabajo voluntario, pero también se negaban a considerar que las empresas estatales fueran mercancías, y sostenían que la ley del valor no regularía la economía cubana, sino el plan, mostrando la contradicción existente entre plan y mercado. En ese sentido, las empresas no debían tener autonomía ya que ésta alentaría las relaciones mercantiles. En realidad era un debate de hondo contenido político bajo formas económicas, debate en el que se ponía el acento en la educación, la “eliminación de las taras de la vieja sociedad” y el avance de la conciencia de los trabajadores.
Sin embargo, la ofensiva de este sector contra esas “taras” llegó, en opinión de muchos analistas y más adelante de la propia dirección cubana, a tomar medidas ilusorias que naturalmente fracasaron: supresión de las primas y las horas extraordinarias, supresión total de los alquileres (que al comienzo de la revolución habían sido reducidos al 10 por ciento del salario del arrendatario), gratuidad del teléfono y de otros servicios. Pero además desapareció la contabilidad financiera y el cálculo de rentabilidad de las empresas, con lo cual “había desaparecido el método para saber si los obreros, empleados y directivos trabajaban poco o mucho, bien o mal, si se producía a bajo o alto coste, si merecía la pena producir un bien o importarlo”, como señala Arturo Recarte.


El salario se desvinculó de cualquier pauta de rendimiento y en 1966 se suprimieron los sindicatos y las organizaciones de masas, con excepción de los Comités de Defensa de la Revolución. Parte de la ofensiva contra las relaciones mercantiles se concretó en el cierre masivo de tiendas, almacenes y talleres, convirtiendo a los artesanos y comerciantes en proletarios. Sólo en La Habana se nacionalizaron 13 mil establecimientos privados (unos 55 mil en todo el país); en 1968 el sector privado había dejado de existir y medio millón de habitantes de la capital se disponían a trasladarse al campo para participar en la zafra.


Pero las propuestas del Che, expresadas en su rechazo tanto a las categorías mercantiles como a la burocracia, mostraban una seria preocupación por la posible constitución de una capa privilegiada de tecnócratas y burócratas como los que había conocido en sus viajes a Polonia, Checoslovaquia y la República Democrática Alemana, donde “encontraba al hombre soviético muy parecido al yanqui”, ya que se afanaba en producir más para ganar más.


El fracaso de la zafra de los 10 millones de toneladas en 1970 generó enormes tensiones sociales y económicas y una gran desorganización de la producción, ya que se habían abandonado sectores enteros en aras de tal propósito. En ese momento se registró un profundo viraje hacia la Unión Soviética que tuvo consecuencias de largo plazo para la revolución. Nació la “nueva política económica”, los salarios quedaron vinculados a la productividad, la política de gratuidades fue limitada, se redujeron las jubilaciones y pensiones y algunos precios sufrieron incrementos. Los controles contables y financieros sobre la actividad de las empresas fueron reinstalados, mejorándose la información estadística, al tiempo que se retornó al sistema de presupuesto estatal.


LA VÍA SOVIÉTICA.

En 1975 el primer congreso del Partido Comunista de Cuba oficializó el viraje: “El sistema de dirección de la economía debe fundamentarse en las leyes económicas objetivas que actúan en la etapa de construcción del socialismo, y dentro de éstas, tener en cuenta la vigencia de la ley del valor, y de las relaciones monetario-mercantiles que existen”. En adelante las empresas mantendrán relaciones mercantiles, un director como autoridad máxima designada por el órgano superior y asesorado por un consejo de dirección donde están representados los sindicatos, y el trabajo voluntario será regulado por ley. En 1971 se había promulgado una ley de trabajo obligatorio.


Aunque se mantuvo la espectacular reducción de las desigualdades sociales en beneficio de los más pobres, el pleno empleo y el carácter gratuito de servicios como salud, vivienda y educación, la cantidad de burócratas aumentó dos veces y media entre 1973 y 1984; en una década los empleados administrativos pasaron de 90 mil a 248 mil y el personal directivo de 180 mil a 250 mil, distorsiones que tuvieron consecuencias en la producción y en la sociedad. Hubo empresas donde la mitad de los empleados eran obreros y la otra mitad administrativos y técnicos, como consecuencia de la ampliación del abanico salarial a favor de los más capacitados, lugar que todos querían ocupar aunque no lo merecieran o no estuvieran preparados. En paralelo, aumentó el ausentismo, cayó la productividad en el trabajo y se expandió el mercado negro. Algo común a todos los países socialistas.


El péndulo de la historia llevó a la revolución desde los experimentos igualitarios hasta la instauración de jerarquías, en cuya cúspide aparecen los altos funcionarios del partido y del Estado, que cuentan con privilegios a los que no accede la mayor parte de la población (véase nota de Amaury Valdivia). Desde la mirada centrada en las relaciones sociales puede concluirse que hubo un reforzamiento de la división del trabajo, que aumentaron las desigualdades y disminuyó el contrapoder de los trabajadores respecto de los primeros años.
En 1965 se habían instaurado consejos de trabajadores en las empresas para juzgar los problemas de disciplina y darle seguimiento a la legislación laboral, pero fueron gradualmente limitados, mientras se reforzaron los poderes disciplinarios de los administradores aunque, todo debe decirse, en 1977 la mayoría de los trabajadores participaban en las asambleas mensuales de producción en las grandes empresas.


En el caso de Cuba, al igual que en los países orientados en torno a la Unión Soviética, llama la atención que no haya habido debates sobre el carácter de clase del poder, como existieron en Rusia y China, y como debatían en esos años los intelectuales cercanos a la revolución cubana. Sorprende porque en Cuba, a diferencia de lo que sucedía en otros países socialistas, la posibilidad de opinar y disentir no había sido completamente coartada. No existe y nunca existió un debate sobre si la burocracia estatal, cuya existencia nadie niega, es una clase o el germen de una clase opresora. La ideología soviética siempre excluyó esta eventualidad, de modo que las movilizaciones sociales y la crítica que sobreviven bajo el régimen posrevolucionario se identifican siempre con los enemigos de la revolución y el imperialismo. Es un comportamiento distinto al que vivieron los comunistas chinos bajo la revolución cultural, en la que los enemigos de clase y las fuerzas sociales en pugna eran producto del período de transición.


La revolución cubana ha sido muy importante para la región latinoamericana, contribuyendo como ningún otro proceso al fortalecimiento y la autoestima de los sectores populares organizados: mostró que es posible derrotar a las oligarquías locales y resistir exitosamente al imperialismo; enseñó que, en el acierto o en el error, aun los pequeños países pueden tomar sus propias decisiones de forma independiente respecto de los poderosos del mundo. Pero también dejó una simiente problemática: la negación de las contradicciones bajo el nuevo régimen casi siempre supone la acusación a los disidentes de hacerle el juego al enemigo. En este sentido, se actualiza una de las peores tradiciones del movimiento comunista internacional, la que llevó a Stalin a imponer un poder omnímodo acusando de agentes del enemigo a todos los disidentes, diferencias que se saldaron en prolongadas estancias en los campos de trabajos forzados (gulag) o frente al paredón, práctica que en Cuba, por fortuna, ha sido excepcional.


1. Las referencias a los escritos del Che están tomadas de Obras escogidas. Tomo 2(Fundamentos, Madrid, 1976), y de Escritos económicos (Pasado y Presente, Córdoba, 1969).

Para los debates sobre economía véase Ernest Mandel, “El gran debate económico”, en Ernesto Che Guevara Escritos económicos (Pasado y Presente, Córdoba, 1969) y en Paul Sweezy y Charles Bettelheim, Algunos problemas actuales del socialismo (Siglo XXI, Madrid, 1973).
Los datos sobre Cuba provienen de Janette Habel, Rupturas en Cuba(Universidad Veracruzana, México, 1994), y Arturo Recarte, Cuba: economía y poder (1959-¬1980) (Alianza, Madrid, 1980).

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Sábado, 05 Enero 2019 07:20

La esperanza secuestrada

La esperanza secuestrada

Los ideales que inspiraron a la revolución cubana están secuestrados por una clase burocrática que avanza en el camino del agotamiento y la desmovilización interna.

Soy un producto “genuino” de la obra revolucionaria: nacido en 1987, mis recuerdos de los últimos años de bonanza económica subsidiada por la Unión Soviética son prácticamente inexistentes, pero comienzan cuando la participación y la entrega de la mayoría iban sin cuestionamientos tras los llamados a tareas colectivas desde el liderazgo del país, especialmente de Fidel.


Fui educado en plena crisis de los años noventa por profesores que, sin tener casi qué comer, no dejaron de ir a las escuelas. Fui dirigente de los Pioneros y la federación estudiantil de la enseñanza media; soy graduado de periodismo en una universidad cubana en la que no tuve que pagar un centavo por matrícula o libros, y participé con entusiasmo, tras mi graduación, en el llamado para “cambiar todo lo que debe ser cambiado” en el sistema de medios estatales del país.


Hoy, en cambio, soy considerado un “subversivo” y un “mercenario” por el sistema en el que he decidido seguir viviendo, aunque sea al margen de la legalidad y en condición de outsider de la institucionalidad estatal y gremial.


¿Mi falta? Impulsar un ejercicio de la comunicación pública y el periodismo fuera del control del Partido Comunista, que hace balance y seguimiento del poder y de su pensamiento.


Y ahí llegué después de confirmarme que, desde dentro, muy poco o nada se puede hacer para transformar una estructura que perdió hace muchos años su capacidad autorregenerativa y sólo reproduce conservadurismo.


En manos de esa estructura está construir y multiplicar sentidos que reproduzcan y mantengan activos los “ideales” de un modelo único en el mundo. Y aunque deteriorados por el efecto de años de sacrificios materiales e idas y venidas políticas (pero especialmente por el sostenido distanciamiento entre el discurso oficial y la realidad cotidiana), los valores fundacionales de la revolución cubana todavía subsisten y generan capital de movilización.


El altruismo, la solidaridad, las ansias de justicia social, el humanismo y la defensa de la soberanía nacional emergen lo mismo en el edificio donde un vecino necesita ayuda que ante coyunturas de desastres, discriminaciones, actos de inhumanidad e injerencia externa.


Pero esos mismos valores (fomentados, enseñados, inculcados) han comenzado a diluirse entre jóvenes y adolescentes que hoy, en creciente mayoría, se muestran menos interesados en replicar sacrificios y retóricas y ponen la prosperidad económica como la meta principal de sus vidas.


Ante la realidad del bloqueo económico y político desplegado por Estados Unidos desde inicios de los años sesenta, construir a la defensiva ha sido imperativo. Pero también pretexto.


Bajo el antiguo precepto de que en plaza sitiada cualquier disidencia es traición, la capacidad de respuesta del sistema socialista cubano ante lo diferente se ha configurado y mantenido en niveles sumamente bajos.


Para controlar han echado mano a varias prácticas cuestionables en el ordenamiento y la aplicación de la justicia. La primera es la vaguedad en las regulaciones, por ejemplo, con prohibiciones de crear o distribuir “contenidos lesivos a los valores éticos y culturales”, sin definir cuáles son esos valores.


Otra muestra es la discrecionalidad en la aplicación de las leyes y el doble rasero en las decisiones: centenares de solicitudes esperan ser aprobadas en el registro de asociaciones del Ministerio de Justicia desde hace una década, pero en menos de tres años un artista extranjero consigue que le dejen tener una Ong en Cuba; sencillamente porque tiene la voluntad (a favor) del más alto nivel de “dirección del país” de su lado.


INDEFENSIÓN.


A todo ello súmese la dificultad para acceder a la justicia colegiada para reclamar una decisión de la administración estatal. En la inmensa mayoría de los casos quien decide si procede la reclamación ante un decomiso policial, por citar un caso, es el jefe de los policías; y el afectado no tiene oportunidad de llevar esa decisión a un tribunal.
Todo ello ha colocado a los ciudadanos en una situación de indefensión tal ante el Estado que se rompe cualquier ideal del rol del funcionariado como “servidor público” en un sistema de justicia social. Por más que lo digan, los funcionarios en Cuba no se deben al pueblo, sino a sus jefes.


En las últimas décadas la aspiración democrática que radica en las bases mismas del socialismo ha sido moldeada y resignificada a conveniencia de la gobernabilidad. Y ese es un juego peligroso para el prestigio.


De un día para otro hemos pasado de ir a prisión por tener dólares estadounidenses en las manos, a necesitarlos desesperadamente. Hemos pasado de ser discriminados en tierra propia al no poder entrar a hoteles o tener teléfonos celulares, a ser el segundo mayor mercado de ingresos para el turismo y generar una de las fuentes de divisas más frescas para la exhausta economía nacional con las “recargas de saldo”.


Y para aportar el gesto más reciente, los voceros oficiales han pasado de condenar al béisbol profesional como “la pelota esclava”, a firmar un acuerdo con la organización de las Grandes Ligas estadounidenses para que los peloteros cubanos puedan contratarse en “la gran carpa” a través de la federación del deporte en el archipiélago.


Cada decisión ha respondido a una coyuntura distinta, pero las consecuencias en las vidas de las personas han sido demasiado concretas como para no poner en crisis la subjetividad de los valores que las han sustentado.


La práctica-pragmática política de 60 años en el gobierno, en manos de las mismas personas, comienza a pasar factura en la credibilidad. Hemos visto demasiados ires y venires de un punto a su opuesto, dichos o ejecutados por las mismas personas.


Quien lo señale, lo alerte, cae con mucha facilidad en el bando de los incómodos. La “debilidad político-ideológica” cae como sambenito cuando se pone en cuestión una decisión “de arriba”. Casi todo aquel que ha tenido un pensamiento propio, incluso hereje, ha pagado consecuencias por intentar hacer más flexible el orden dentro de la plaza sitiada.


Pero ¿cómo creer a quien donde dijo “digo” dice “Diego”? El cinismo, la simulación a conveniencia, se convierten en “antivalores” útiles para capear las consecuencias de ser transparente u honesto en un momento en que no es “conveniente” políticamente. En ese proceso muere la sincera participación en la construcción colectiva de un proyecto, aunque no se haya dejado de creer en los mismos valores compartidos.


Está inconclusa nuestra república (la de José Martí, “con todos y para el bien de todos”) porque una “vanguardia” autoerigida en poseedora de todo el saber y el poder, legitimada por un sistema representativo de votación indirecta, afirma gobernar en nombre de todos, aunque en realidad sea en nombre de su tranquilidad.


Si socialismo es socializar el poder, la propiedad, la riqueza, el conocimiento, la información… todavía hay oportunidad para construir consenso; pero no de la mano de un aparato que fabrica enemigos a conveniencia.


En cada joven que ha sido sancionado, señalado como problemático, obligado a aceptar una imposición que con el paso del tiempo los mismos que la impusieron flexibilizan, se ha levantado un valladar y sembrado el germen de la desconfianza.


Los ideales se agotan cuando quienes deben mantenerlos frescos, vitales, persisten en el camino de la exclusión. Van avanzando en su ruta sólo con los dóciles y con los que tienen el don de la oportunidad (para simular sus posturas o esconderlas y adaptarlas a las circunstancias), y esa puede ser la receta perfecta para entrar a un callejón sin salida mientras se afirma buscar la ruta que conduce al campo abierto de todas las libertades.

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El manifiesto comunista, a 170 años de su publicación

Vigente y necesario, referente de una ideología que buscaba romper las cadenas que ataban a la clase trabajadora y la explotaban. El documento “de literatura política más influyente desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, en palabras del historiador británico Eric Hobsbawm.

“Un fantasma recorre Europa: es el fantasma del comunismo”

El texto, como se plantea en sus primeras frases, es un manifiesto para oponerse a la leyenda de ese fantasma, para reivindicar el papel del proletariado. Veintitrés páginas que fueron impresas, en febrero de 1848, en la sede de la Worker´s Educational Association (Kommunistischer Arbeiterbildungsverein) de la calle Liverpool en Londres. La Liga de los Comunistas (Bund der Kommunisten), sucesora de la Liga de los Justos (Bund der Gerechsten) y ésta de la Liga de los Proscritos (Bund der Geächteten), se ofreció a publicar un documento elaborado por los filósofos alemanes Karl Marx y Friedrich Engels y adoptarlo como su documento político.

“La historia de todas las sociedades existentes hasta el presente (la historia transmitida por escrito) es la historia de luchas de clases”

Inicialmente su influencia fue escasa, solamente impactó en la Alemania de la revolución de 1848 por medio del Neue Rheinische Zeitung, periódico de vida efímera editado por Marx. Entre 1848 y 1849 se reimprimió tres veces, se reescribió y corrigió en mayo de 1848 en treinta páginas y se publicó por entregas en el periódico inglés impreso en alemán Deutsche Londoner Zeitung (1845-1851). A pesar de ello, el fracaso de las revoluciones en Europa hizo que El Manifiesto no fuera muy tenido en cuenta.

En su exilio británico, Marx hizo reimprimir la sección III (Literatura socialista y comunista) en el último número, noviembre 1850, de la revista que editaba en Londres Neue Rheinische Zeitung, politisch-ökonomische revue. Pero no fue hasta su notoria labor en la llamada Primera Internacional (1864-1872), a su defensa de la Comuna de París de 1871 y al juicio por traición de tres líderes socialdemócratas alemanes en 1872, que él y El Manifiesto volvieron a tener la relevancia que merecían.
“La sociedad burguesa moderna surgida del ocaso de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase”

Engels y Marx escribieron un prefacio para esa edición de 1872 que se convirtió en la base de todas las ediciones publicadas desde entonces. A partir de ahí, y más tras la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, El Manifiesto fue traducido a más de treinta idiomas, incluidos el chino y el japonés, con numerosas ediciones en toda Europa y en Estados Unidos. En español apareció por primera vez en noviembre de 1872 en el semanario La Emancipación de Madrid, sin el pasaje sobre “El socialismo alemán o verdadero” al suponer su editor que era demasiado local. Diez años después se editó en El Obrero de Barcelona. En América Latina tuvo su primera edición en México en 1888 en El Socialista. Todos esos datos, bien detallados, los recoge Bert Andréas en su Le Manifeste Communiste de Marx et Engels. Histoire et bibliographie, 1848-1918.
“El obrero se convierte en indigente y la indigencia se desarrolla aún con mayor celeridad que la población y la riqueza”

En la segunda mitad del siglo XX, El Manifiesto no era solamente un texto marxista clásico, sino que alcanzó el estatus de texto político indispensable en los estudios de ciencias políticas y sociología. El propio Hobsbawm dice que “ya no fue publicado exclusivamente por comunistas u otros editores marxistas, sino en grandes ediciones de editoriales no políticas con introducciones de académicos destacados”.


“El lugar de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y contradicciones de clases, será ocupado por una asociación en la cual el libre desarrollo de cada cual será la condición para el libre desarrollo de todos”


En la recta final de la segunda década del siglo XXI, El Manifiesto sigue siendo una obra de referencia para el pensamiento y la teoría política. Un panfleto, como lo nombra Hobsbawm, que engancha y arrastra por su “convicción apasionada, la brevedad sintética, la fuerza intelectual y estilística”. Un manual de lectura para la clase trabajadora de la que me considero parte (contra el clasismo que discrimina a esa clase trabajadora, tal como lo denuncia V. Navarro).


“Las ideas dominantes de una época siempre fueron sólo las ideas de la clase dominante”


En el mundo de hoy podemos reconocer mucho de aquél que Marx describiera en 1848 en unos “pasajes de elocuencia sombría y lacónica (…) en frases lapidarias que casi se transforman de forma natural en aforismos memorables que han llegado a ser conocidos mucho más allá del mundo del debate político” (Hobsbawm). No está de más hacer una relectura de El Manifiesto y tomar algunas notas para lo que queda del siglo XXI.


“Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen un mundo que ganar.”
“¡Proletarios de todos los países, uníos!”

 

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La Comuna de París y la caída de la Columna Vendôme

Corría el año 1871 cuando el pueblo de París se levantó contra la injusticia y experimentó el autogobierno.

Concluiremos esta primera serie de artículos sobre la praxis utópica con una breve visita a París durante la Comuna de 1871. París acababa de ser sitiada por el Ejército prusiano, que poco antes había humillado al de Napoleón III e invadido la mayor parte de Francia. La república fue proclamada el 4 de septiembre de 1870, pero estaba lejos de ser aquella con la que soñaban los republicanos que se habían opuesto al despotismo de “Napoleón el Pequeño”. Los políticos monárquicos que se habían resignado a adoptar esta forma a condición de dirigir el Gobierno solo tenían dos objetivos inmediatos: sellar a cualquier precio una paz apresurada con el invasor, y yugular la amenaza socialista exacerbada por las privaciones de la guerra y el derrocamiento tan esperado de la tiranía bonapartista.


Ese gobierno, instalado en Versalles, estaba dirigido por Adolphe Thiers, político resucitado que antaño había servido al rey Luis Felipe. Este viejo cascarrabias había de pasar a la posteridad como uno de los más sanguinarios enemigos de los pobres en la historia del mundo. Los parisinos vieron el armisticio que firmó con Bismarck en enero de 1871 como una traición y una afrenta a sus sufrimientos y a su bravura: durante el sitio se vieron obligados a comer ratas y ortigas, pero no capitularon jamás.


Los obreros, mayoritarios en los barrios del este, eran quienes más habían sufrido, pues no tenían los medios de comprar víveres en el mercado negro. Exigían a voces más justicia social, algo que la clase dirigente no estaba en absoluto dispuesta a concederles pero que les prometían las diferentes facciones socialistas ¬—en esa época, la palabra no designaba a los gestores socialdemócratas sometidos al capital, al estilo del PSOE, sino a todos los componentes políticos del movimiento obrero: de los proudhonianos antiautoritarios a los blanquistas jacobinos, pasando por los miembros de la Asociación Internacional de los Trabajadores—. Su ánimo era, pues, muy beligerante. Y estaban armados: la Guardia Nacional, milicia burguesa, se había ampliado a los obreros para asegurar la defensa de la capital cuando los principales cuerpos del Ejército habían capitulado. Disponía de 500.000 fusiles y de 200 o 300 cañones.


El 17 de marzo, Thiers decide el desarme del pueblo. Ordena que se tome la artillería de la Guardia Nacional, instalada en tres alturas de París, en tres barrios populares: Montmartre, Belleville y Ménilmontant. Pero las tropas enviadas a toda prisa para retirar los cañones fraterniza con la multitud que se ha congregado para impedírselo. En toda la ciudad se levantan barricadas. Dos generales implicados en la represión de las jornadas de junio de 1848, Lecomte y Clément-Thomas, son linchados en la calle Rosiers, el centro de París. Como el ambiente de la capital se había vuelto perjudicial para él, Thiers vuelve a Versalles para preparar la reconquista militar de la ciudad insurrecta. Decenas de miles de habitantes ricos abandonan la ciudad siguiendo su estela.


Thiers puede contar con Bismarck. El canciller vencedor libera rápidamente a 60.000 soldados franceses, capturados en el este del país, que van a engordar las filas de las tropas de Versalles. Thiers se apresura, además, a reclutar a un ejército profesional en los campos, poco favorables a París y a los “distribuidores”. En pocas semanas dispondrá de 130.000 hombres, la mayoría de origen rural y buenos católicos, comandados por oficiales aguerridos en las expediciones coloniales. La “Nueva Atenas”, que se ve a sí misma como capital mundial del ateísmo y de la libertad, está confrontada una vez más a sus dos enemigos eternos: la beatería venenosa de los curas y el militarismo arrogante de los soldados.


El 26 de marzo se elige a los 92 miembros de la Comuna, la instancia municipal que va a ejercer de facto el poder en París durante dos meses escasos. Pero los representantes electos del partido de Thiers —cuyo programa completo reside en su nombre: el Partido del Orden— rechazan ocupar su puesto, y los moderados no tardan en dimitir. En cuanto al viejo Auguste Blanqui, el jefe histórico del sector republicano más combativo, fue arrestado en provincias el mismo día de la insurrección parisina. En total son 70 los delegados activos, divididos en varias facciones, ninguna de ellas mayoritaria. El grupo principal está formado por jacobinos moderados, cuyas principales figuras son Charles Delescluze, que había cumplido cuatro años de cárcel en Guyana bajo el Segundo Imperio, y Félix Pyat, figura del periodismo antiimperial. Los blanquistas son una decena y defienden una dictadura revolucionaria. El resto se divide entre independientes, como el escritor Jules Vallès, e internacionalistas, como Eugène Valin y Benoît Malon. 25 de sus miembros son obreros y dos, pintores, uno de los cuales se llama Gustave Courbet, uno de los principales pintores realistas de su época.


La primera decisión de la Comuna es crear diez comisiones. Después anula los alquileres que se debía a los propietarios desde octubre de 1870 y requisa las viviendas dejadas vacías por los huidos para alojar en ellas a la gente que está en la calle debido a los bombardeos lanzados durante el asedio. El 28 de marzo, la bandera roja se adopta como emblema de la Comuna. Instaura también, para los miembros de la asamblea municipal, el imperativo por el que son “permanentemente controlados, supervisados, discutidos, revocables y responsables”. Esta exigencia de democracia directa es sin duda lo que mejor caracteriza las aspiraciones igualitarias de los comuneros, y lo que más inquietaba a sus enemigos. La Comuna comienza a requisar las fábricas y talleres abandonados por sus patrones para confiarlos a cooperativas obreras. Una Unión de las Mujeres para la Defensa de París, primera organización feminista francesa, es creada por la agitadora rusa Elisabeth Dimitrieff y la obrera encuadernadora Nathalie Lemel, y recluta ampliamente en los barrios populares. Influenciadas por las ideas de la socialista Flora Tristán, sus miembros reclaman igualdad de salarios y el derecho de voto para las mujeres —que no se concederá a las francesas hasta 75 años después—, reformas a las que la Comuna se había comprometido pero que no tendrá tiempo de poner en marcha. Es a sus mujeres valientes y luchadoras a las que la prensa reaccionaria calificará de “petroleras” y pintará como arpías surgidas de los tugurios para incendiar los barrios ricos.


El 2 de abril, la Comuna decreta la separación de la Iglesia y el Estado, así como el embargo de los bienes inmobiliarios que poseen las congregaciones religiosas. El arzobispo de París, Darboy, es detenido ese mismo día. Debe ser intercambiado por Blanqui, pero Thiers declina la propuesta: prefiere mantener encerrado al jefe emblemático del bando republicano y abandona al prelado a su suerte, calculando que, en el peor de los casos, su muerte proporcionaría un prestigioso mártir al Partido del Orden.


La mayor parte de las decisiones tomadas por la Comuna no se pondrá en marcha. Debía consagrarse prioritariamente al enfrentamiento con los versalleses. Como suele ocurrir en la historia mundial, la guerra civil obstaculiza la insurrección y pospone la revolución al improbable día después de la victoria.


El 5 de abril, la Comuna decreta la movilización y el armamento de los hombres de 19 a 40 años, que se cumple sobre la base del voluntariado. Aunque motivados, los reclutados no tienen experiencia militar y son propensos a la indisciplina. Solo un puñado de oficiales de profesión, como el coronel Louis Rossel y el general Jaroslaw Dombrowski, aceptan dirigir a las tropas comuneras, mucho menos numerosas que las de Versalles. A la relación de fuerzas cada vez más favorable a los versalleses se añade una serie de errores tácticos. Desde el 21 de marzo, estos se apoderan del fuerte de Mont-Valérien, que los comuneros no se han preocupado de ocupar. El 30 de marzo, los versalleses toman posiciones en la glorieta de Courbevoie, donde se alza hoy en día el horrible barrio de negocios de La Défense, símbolo muy tardío pero muy concreto de la victoria de los versalleses. Durante las tres semanas siguientes, los combates se limitan a escaramuzas, mientras que Thiers refuerza su ejército. A finales de abril lanza su ofensiva y los versalleses vuelan de victoria en victoria, retomando uno a uno todos los puntos estratégicos del extrarradio oeste. El 21 de mayo penetran en París por la puerta Saint-Cloud. Es el principio de la Semana Sangrienta. 

En los barrios conquistados, los versalleses proceden a una depuración sangrienta, fusilando sin juicio a todos los guardias nacionales que caen en sus manos. El 22 instalan cañones en las alturas de Chaillot y bombardean el centro de París. Muchos guardias nacionales se repliegan a los barrios obreros. Se levantan barricadas en las grandes arterias y en los cruces, pero la mayoría serán fácilmente sorteadas por las tropas de Versalles. Cuanto más penetran en los barrios populares, más feroces se vuelven. En la calle Rosiers, para vengar a Lecomte y a Clément-Thomas, atrapan en una redada a 43 habitantes del barrio y los ejecutan sumariamente.


Al día siguiente, 700 defensores del Barrio Latino son capturados y fusilados. Toda persona —hombre, mujer, niño— cuyos dedos huelan a pólvora es fusilada en el acto. El arzobispo Darboy y otros cinco rehenes son ejecutados como represalia. Al retirarse de los barrios centrales, los comuneros incendian varios edificios, entre ellos el palacio de las Tullerías y el Ayuntamiento. El 24 y el 25 tienen lugar combates encarnizados en los suburbios populares.


El 26, bajo la presión de la población enfurecida, 50 curas y gendarmes detenidos en Belleville son fusilados por los guardias nacionales. Viendo que serán masacrados pase lo que pase, algunos comuneros están decididos a vender caro su pellejo, mientras que otros huyen de París cuando aún están a tiempo. Al final de esa jornada sanguinaria, los comuneros ya solo mantienen Belleville y Ménilmontant, sus dos principales bastiones electorales.


Los últimos combates, los más desesperados, son los más encarnizados. El 27, Belleville es bombardeada y el cementerio de Père-Lachaise, en Ménilmontant, es teatro de sangrientos enfrentamientos cuerpo a cuerpo, al final de los cuales 147 comuneros son fusilados. El 28, los combates paran al final del día. La Comuna ha sido vencida.


El balance de esta carnicería varía mucho según las fuentes, pero parece encontrarse entre las 20.000 y las 30.000 víctimas —París tenía un millón y medio de habitantes—. Hubo después una serie de juicios con más de 10.000 condenas. 5.000 comuneros, entre ellos la anarquista Louise Michel, fueron deportados a Nueva Caledonia. Muchas figuras de la Comuna escaparon a tiempo de las balas de los verdugos y se refugiaron en el extranjero. En 1880, un gobierno menos reaccionario aprobó una ley de amnistía y los exiliados pudieron volver, y algunos de ellos jugaron un papel de primer orden en la vida política y cultural.


En cuanto a Courbet, fue delegado de Bellas Artes de la Comuna, y como tal presidió la demolición de la columna Vendôme, en el centro de París. Ese espantoso monumento había sido erigido por Napoleón I en su propia gloria y fundido con el bronce de los cañones de Austerlitz. Es a la vez como esteta y como amigo de la libertad que Courbet propuso su destrucción, que se produjo menos de una semana antes del principio de la Semana Sangrienta, conforme al siguiente decreto:


La Comuna de París, considerando que la columna imperial de la plaza Vendôme es un monumento de barbarie, un símbolo de fuerza bruta y de falsa gloria, una afirmación del militarismo, una negación del derecho internacional, un insulto permanente de los vencedores hacia los vencidos, un atentado perpetuo a uno de los grandes principios de la República francesa, la fraternidad, decreta:

Artículo único. La columna Vendôme será demolida.

El autor de El origen del mundo fue condenado a reembolsar los gastos de la reconstrucción de la columna verdusca, pero murió en 1877, antes de haber pagado la primera de las 33 cuotas de 10.000 francos que debía a una república copiosamente bautizada con la sangre de los pobres, y que honra a los tiranos y a los asesinos.

 

Por  
Traducción: Gladys Martínez

publicado
2018-12-17 06:00:00

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Fabián Salvioli: “No se puede trabajar en derechos humanos sin ser feminista”

El expresidente del comité de Derechos Humanos de la ONU afirma que la falta de voluntad política ralentiza la justicia universal

Examinar los procesos de transición en el mundo. En eso consiste la actual tarea del expresidente del Comité de Derechos Humanos de la ONU, el abogado Fabián Salvioli (Argentina, 1963), relator de la ONU para la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. Analizar la salida del conflicto armado de un país o el paso de regímenes autoritarios a democráticos es el cometido de este experto, cuyo próximo informe para Naciones Unidas trata sobre las reparaciones y el acceso a la justicia de víctimas por violaciones graves y sistemáticas de derechos humanos en todo el mundo. Salvioli ha participado esta semana en el Congreso Internacional 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que se ha celebrado en la Universitat de València.

Pregunta. Usted dice que la paz no es un valor a mantener sino a construir de forma cotidiana.


Respuesta. Mantener la paz es ficticio en un mundo en el que no existe. En un mundo en el que las tres cuartas partes no tienen satisfechos sus derechos básicos y elementales no se puede decir que hay paz. La construcción de la paz se da sobre la garantía de los derechos humanos. No hay que mantener el statu quo, hay que lograr un mundo mejor.
P. ¿Cómo se consigue? ¿Lo estamos haciendo bien o mal?


R. Lo estamos haciendo mal, pero la historia es cíclica, y, por supuesto, hay avances y retrocesos. Los derechos humanos tienen que ser el programa de todo Gobierno, de toda institución pública. El Estado está para respetar y garantizar los derechos humanos. En caso contrario, no cumple la función para la que fue creado. Las organizaciones internacionales deben de tener los derechos humanos como punto central de su agenda. Esa es la manera de construir un mundo mejor.


P. ¿Cómo se comporta el mundo en este aspecto tan importante?


R. Se observan avances importantes. ¿Quién iba a pensar que los máximos responsables de crímenes contra la humanidad iban a poder ser llevados ante un tribunal para rendir cuentas? Hoy contamos con la Corte Penal Internacional, existen tribunales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que otorgan justicia a víctimas que por decenios no han sido escuchadas; está el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y está el órgano de Naciones Unidas. Pero, al mismo tiempo, hay un gran déficit sobre el que hay que hacer hincapié. Una de las tareas más grandes que tenemos es trabajar contra la discriminación.


P. ¿Se refiere a la que sufren las mujeres?


R. Especialmente. La discriminación es la violación más masiva y sistemática que hay en el mundo. Tras examinar más de 120 Estados tras mi paso por el Comité de Derechos

Humanos, ninguno tenía efectiva paridad de hecho ni de derecho.
P. ¿Ni Estados Unidos?


R. Ninguno. Claro, hay situaciones que son peores, pero no se puede trabajar en derechos humanos sin tener perspectiva de género. No se puede trabajar en derechos humanos sin ser feminista. No ser feminista nos hace malas personas.


P. Con esas cifras será usted pesimista.


R. Por eso trabajo. Si el mundo fuera bien no haría falta trabajar en derechos humanos. Cuando peor está el mundo más entusiasmo tengo por trabajar. No hay otra ideología mejor que la de los derechos humanos. ¿Quién puede estar en contra de que en todo el mundo, todas las personas gocen de salud, educación, trabajo, de que nadie sea denigrado ni sufra discriminación? Es un ideario extraordinario. Es la mejor ideología que conozco, que no es de derechas ni de izquierdas; es el legado más extraordinario que el siglo XX ha dado a la humanidad. Hasta que encuentre algo que supere esa ideología voy a abrazar los derechos humanos hasta el último día.


P. ¿España debería derogar los aspectos de la ley de Amnistía que impiden juzgar los delitos antes del 15 de diciembre de 1976? Algunos juristas afirman que la Constitución lo impide.


R. No hay ninguna duda. Lo que hay es falta de voluntad. El derecho internacional es claro como el agua, no prescriben, y la Constitución española, en su articulo 10.2 indica el marco aplicable. Además, es de sentido común. ¿Cómo va a prescribir una desaparición forzada? ¿Desde cuándo se va a contar la prescripción?


P. ¿Por qué tantos impedimentos, incluso del poder judicial, como señala usted, si todos los organismos internacionales reclaman lo contrario?


R. El camino de la justicia siempre es largo, sobre todo, frente a este tipo de situaciones, y cuando los Gobiernos no lo abordan debidamente, no se terminan de superar nunca. Por eso todavía seguimos hablando de ello. Si se hubieran esclarecido como corresponde y reparado a la víctimas, estaríamos en otro estadio. Vamos retrasados 40 años.


P. ¿Qué le parece el reciente decreto que aprobó el Gobierno de Pedro Sánchez?


R. Contiene algunas medidas valiosas que hay que aplaudir, pero son insuficientes. Hay que cumplir con el esclarecimiento de la verdad, juicio de las personas responsables y reparaciones integrales a las víctimas. Esas son las medidas para que el tema se resuelva.


P. ¿Qué opina del conflicto sobre la exhumación de Franco?


R. ¿Cómo vamos a mantener un monumento que simbólicamente representa a una dictadura que ha masacrado y torturado a personas a las que debió garantizarles derechos? Pero esto no es solo un problema de España. Es así en todo el mundo. No es que la sociedad civil española está empeñada en eso. Hasta que no se abordan estas cuestiones no se terminan de superar.


P. Los familiares de fusilados en Paterna se han sumado a la querella argentina contra el franquismo.


R. Siempre recuerdo lo valioso que ha sido para hacer justicia el ejercicio de la jurisdicción universal en España, que llevó adelante crímenes cometidos durante la dictadura argentina y en otros lugares. Ha servido decididamente para que se haga justicia. Y a la inversa, pasa igual. Al no avanzar aquí los casos, en Argentina se abrió jurisdicción universal para juzgar y procesar responsables de crímenes contra la humanidad, y la obligación del Estado es cooperar plenamente con la querella argentina.


P.¿Lo está haciendo?


R. No. Y hay dos alternativas. O se juzga en España conforme a los estándares internacionales, sin aplicar los incomprensibles eximentes de responsabilidad, como prescripciones y amnistías. O se coopera con el ejercicio de la justicia en el exterior porque sino estos casos van a seguir abiertos aquí o allá. Y sería mejor resolverlos en España, claro.


P. ¿Qué otros países se encuentran en este proceso?


R. En Guatemala y El Salvador hay bastantes deficiencias a pesar de los esfuerzos realizados. Colombia es el gran cliente en materia de justicia transicional en el mundo. Nepal y Sri Lanka tienen también procesos con luces y sombras. En Túnez se presenta ahora la comisión de la verdad y la dignidad, pero todavía hay que avanzar muchísimo en cuanto a juzgamiento de las personas responsables y ver cómo establecer las reparaciones a las víctimas. Es un mundo con muchas complejidades y el desafío es hacer justicia frente a esto. No es lógico que cuando alguien comete un robo, todo el peso de la ley caiga sobre esa persona, y que quien ha asesinado a 300 personas, camine libremente por la calle. ¿Cuál es la ética y la lógica que guía ese tipo de razonamientos?


P. ¿Sobre qué versará su próximo informe?


R. Sobre reparaciones y acceso de víctimas por violaciones graves y sistemáticas de derechos humanos en todo el mundo. Estoy reuniendo información e investigando.


P. ¿Hay mucha diferencia entre los países más avanzados y los menos desarrollados?


R. No necesariamente. El mayor problema no es de desarrollo. Es de voluntad política.


P. ¿Por ejemplo?


R. Argentina. Mi país tuvo una situación de altísima impunidad. Al recuperar la democracia fue una extraordinaria decisión del presidente Raúl Alfonsín impulsar el juicio a los responsables de la dictadura. Luego vinieron leyes de impunidad que mantuvieron una situación sin resolver hasta que se derogaron en el 2003 y se recuperó el enjuiciamiento de las personas responsables y los programas de reparaciones a las víctimas. La historia no es estática, es dinámica.

Por Maria Josep Serra
Valencia 14 DIC 2018 - 15:05 COT

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Viernes, 14 Diciembre 2018 06:08

Presos políticos mapuche

Presos políticos mapuche

“Si comparo la situación actual con once años atrás, veo un cambio notable en nuestro pueblo”, explica Mónica Quezada, madre de Matías Catrileo, asesinado por la espalda en 2008 mientras recuperaba tierras. La coyuntura a la que se refiere Mónica es la masiva y maciza movilización social a partir del 14 de noviembre, cuando fue asesinado Camilo Catrillanca, también por la espalda.


El diálogo lo tuvimos el pasado lunes 10 en la cárcel de Temuco, donde visitamos a tres de los ocho presos políticos mapuche: los hermanos Benito y Pablo Trangol y el machi Celestino Córdova. Estaban rodeados de media docena de mujeres de su pueblo, que acuden todas las semanas, como hermanas políticas de los presos.


Los Trangol fueron acusados de la quema de una iglesia evangélica, pero fueron incriminados por “testigos sin rostro” y se les aplicó la Ley Antiterrorista. Realizaron una huelga de hambre de más de cien días, el año pasado, para revertir la aplicación de una legislación que según organizaciones de derechos humanos representa violencia, racismo y discriminación étnica en contra del pueblo mapuche.


A la extensa huelga de hambre se sumó un hermano de los Trangol y una autoridad de su comunidad, exigiendo el inicio de un juicio justo, ya que estuvieron más de un año como imputados sin juicio, y la no aplicación de la Ley Antiterrorista. La justicia determinó diez años de prisión para Benito y Pablo, de 35 y 25 años de edad, sin más elementos que las declaraciones de una mujer cuyos datos ni siquiera los abogados conocen.


El machi Celestino fue acusado en el marco de las investigaciones de la muerte del matrimonio de hacendados Luchsinger-Mackay, en 2013. Fue condenado a 18 años de prisión y realizó una extensa huelga de hambre de más de cien días para poder acudir a su comunidad para realizar una ceremonia tradicional y cumplir así su función de machi (autoridad religiosa mapuche).


La impresión que recogemos en la visita, confirmada en todos los diálogos con autoridades mapuche, es que la represión viene creciendo de forma exponencial. Algunos comuneros relataron que el cuerpo de Carabineros utiliza formas represivas ilegales para atacar a las comunidades y en particular a las autoridades comprometidas en la recuperación de tierras y en la resistencia al Estado de Chile.


Los crímenes de Catrileo y de Catrillanca muestra claramente el accionar delictivo de Carabineros. En los dos casos los uniformados mintieron. Catrileo muere en una acción pacífica en el fundo Santa Margarita, del agricultor Jorge Luchsinger, predio que reclaman las comunidades y era defendido por Carabineros que dispararon sobre el militante mapuche. Dijeron que hubo un enfrentamiento armado, pero los asesinos debieron ser condenados cuando se desmontó el engaño y dados de baja del cuerpo.


Catrillanca fue asesinado por la espalda por un miembro del Comando Jungla de Carabineros mientras conducía un tractor. La primera versión de Carabineros fue que la acción era la respuesta al robo de coches de profesoras de la escuela de Ercilla por un grupo de encapuchados y dijeron que tenía antecedentes penales. Aseguraron que la acción no había sido filmada, pero en realidad destruyeron esa prueba.


Cuando todas las mentiras se vinieron abajo, el gobierno debió dar marcha atrás y a lo largo de todo Chile se multiplicaron las manifestaciones de apoyo al pueblo mapuche. A esa enorme movilización hizo referencia Mónica, la mamá de Matías Catrileo, al mencionar el crecimiento del pueblo mapuche en esta larga y difícil década.


Así como el asesinato de Matías forjó una nueva camada de militantes, el de Camilo está ampliando el horizonte de todo un pueblo. Lo realmente nuevo en el Chile actual, no es la lucha mapuche, un pueblo que lleva cinco siglos de pie, sino el involucramiento de nuevas camadas de jóvenes (y no tan jóvenes) en una pelea de larga duración contra un Estado genocida y terrorista.


Esa “potencia” que menciona Mónica, ese crecimiento del pueblo mapuche, no puede comprobarse en las grandes manifestaciones ni en las acciones de repudio y solidaridad. Pero es palpable en los grupos de base, en la multiplicación de organizaciones mapuche y mixtas, en el notable crecimiento de las personas que hablan y estudian mapudungun, incluyendo muchos blancos o huincas. Una fuerza que nace de la tierra, de muy abajo, y que está resultando imbatible.


El principal azote del pueblo mapuche es el extractivismo forestal, al que protegen y defienden el Estado chileno y el gobierno de Piñera. Ese modelo tiene un límite: como señala el último editorial de la página Mapuexpress, la dignidad de la familia y la comunidad de Camilo Catrillanca han supuesto “un fuerte remezón para mirar con mayor precisión histórica y política lo que está ocurriendo en el Wallmapu”, y ha generado “una poderosa ruta para el pueblo mapuche” (goo.gl/BztDCk).

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Jueves, 13 Diciembre 2018 05:58

El novelista en la butaca

El novelista en la butaca

Siempre he imaginado al novelista como un director de cine, sólo que, lejos del ajetreo de los estudios y de los rodajes a cielo abierto, trabaja en soledad, y es él mismo, además, guionista, camarógrafo, escenógrafo, y, por fin, editor, porque hace el montaje y corrige y suprime hasta conseguir la versión final.

Tolstoi es el mejor ejemplo de lo que digo. En esa gran superproducción escrita que es Guerra y Paz, sube a la grúa para tener una visión completa del campo de batalla de Borodinó, y desde la altura contempla a las tropas de Napoleón Bonaparte de un lado, y del otro a las del general Kutuzov: formaciones de soldados de infantería en la lejanía, el humo de las descargas de los fusiles, el fogonazo de los cañones, el despliegue de la caballería. Pero también es capaz de quitar los techos de los palacios de Moscú para filmar los bailes de gala, y rebana las paredes a las alcobas para que la cámara no tenga estorbos en las tomas de primer plano de las escenas de amor.

Y, al revés, el director de cine como novelista. Es la sensación que he tenido al ver Roma, de Alfonso Cuarón, una minuciosa exploración sentimental de la infancia, cada fotograma en blanco y negro una pieza infaltable de la obra de arte que es la película. Cuarón no ha querido correr riesgos con la fidelidad a su memoria, "que al fin y al cabo tampoco lo es porque es la única verdad que tenemos, y la memoria es lo que somos", dice; y por eso, como Tolstoi, además de director es el guionista, editor, camarógrafo, y no me cabe duda que también responsable de la escenografía, que es parte esencial del proceso de reconstrucción del pasado.

Una saga autobiográfica que tiene su punto de irradiación en la casa número 21 de la calle Tepeji, en la colonia Roma, construida en 1902 bajo la dictadura de Porfirio Díaz, mansiones de estilo art noveau y neoclásico en el corazón del antiguo Distrito Federal, destinadas a las élites, y que luego pasaron a ser ocupadas por familias de clase media acomodada.

Hay un doble relato en Roma: uno íntimo, que retrata la vida de una familia abandonada por el padre, médico de profesión, cuando la madre debe sacar adelante a sus cuatro hijos, aunque la historia se desliza hacia la figura de Cleo, la empleada doméstica mixteca que es el alter ego de la nana que marcó la vida de Cuarón, Libo Rodríguez, "su segunda madre" y quien se convierte en el eje sentimental, y dramático, de la película.

El otro relato corresponde a la vida pública, y lo que ocurre puertas adentro del hogar está conectado a los acontecimientos de la historia nacional. Se abre la década de los 70 con la ascensión al poder del presidente Luis Echeverría, a quien Gustavo Díaz Ordaz, responsable de la masacre de estudiantes de Tlatelolco en 1968, escoge como sucesor.

Habrá entonces otra masacre de estudiantes el jueves de Corpus de 1971, ejecutada por los Halcones, un grupo paramilitar, con 120 asesinados. El halconazo entra en la vida de los protagonistas, y por tanto en la película. "Hay periodos en la historia que asustan a las sociedades y momentos en la vida que nos transforman como individuos", dice Cuarón.

El novelista explora en su propia memoria, y utiliza las palabras para recrearla. El director de cine busca también revivir el pasado mediante imágenes, sin pasar por las palabras. Es aquí donde los dos oficios se separan, pero el proceso de reconstrucción viene a ser el mismo.

La escritura cambia al novelista una vez culminada su exploración, y el cineasta que ha puesto el ojo en el visor de la cámara para filmar su propio pasado, cambia radicalmente también. "Es imposible seguir siendo la misma persona de antes después de hacer un experimento en el que te remites a tus recuerdos más lejanos", dice Cuarón. "Son como una grieta en la pared que tratas de tapar con capas y capas de pintura, pero no desaparece, continúa allí, aunque sientas que no existe".

Es el poder inconmensurable de la obra de arte, cambiar a quien la ejecuta, y cambiar a los demás en la oscuridad de la sala, o en el sillón de lectura. En la penumbra, cuando pasan al final los créditos, mi sensación es primero de asombro. He visto desplegarse ante mis ojos un pasado de relieves concretos, imágenes hiperrealistas cuidadosamente detalladas que puestas en sucesión vienen a ser el todo.

"Esto es imposible" me dice al salir Gonzalo Celorio, quien vivió de niño en la misma colonia Roma. Cines, comercios, restaurantes, bares que ya no existen más, están en la película tal como él los conoció y los recuerda. Imposible porque se trata de un milagro. Roma es un verdadero milagro.

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