Jueves, 21 Febrero 2019 06:14

Cuatro manos contra el horror

Cuatro manos contra el horror

Quienes hablamos y actuamos en contra de la guerra somos parte de una notable tradición histórica. No es notable por sus protagonistas, sino por la posición que ocupamos y defendemos. No queremos que se siga dañando a la humanidad, y que el terror en el que fue sumergido medio oriente inunde las calles de Nuestra América.
Quienes hablamos y actuamos en contra de la guerra somos parte de una tradición que probablemente no sea experta en cosas pequeñas, pero sí en una gran cosa, en la defensa irrestricta de la humanidad.

2. Soy una mujer que escribe. Si Colombia no hubiese estado en guerra cuando los padres de mi padre eran jóvenes, quizá yo sería colombiana. Si hubiesen huido más hacia abajo, tal vez sería ecuatoriana, boliviana, chilena o argentina. Pero huyeron hacia la izquierda y nací en Venezuela, como mi padre, tías, hermanos y primos. Mi árbol genealógico no existe, lo achicharró la pobreza secular de mis abuelos y abuelas.

3. ¿De quién es el asunto cuando se trata de una posible guerra en Venezuela? ¿De los militares ansiosos por empuñar el fusil? ¿De los ciudadanos que naufragan entre los lamentos del conflicto, el sostenimiento de un Gobierno al que eligieron o el apresuramiento de una intervención extranjera? ¿O el asunto es de los juristas que navegan en leyes internacionales y se pierden en riñas televisivas? ¿Es de los políticos, de los apolíticos (como si existieran)? ¿De quién es?
Cuando se trata de guerra no hay expertos. Sí existen los expertos en pequeñas cosas, ¿pero los hay en cosas tan grandes como lo que hoy sucede en Venezuela?

4. Venezuela es un país con guacamayas y tepuyes, con la cabellera derramada en el mar Caribe. Gran parte de su gente es solidaria, como gran parte de la gente en todas partes de este mundo llagado. Aquí los más pobres y desposeídos dan cuerda a los relojes que mantienen activa la máquina de los días. Aquí los dueños del capital siguen enriqueciéndose mientras la pobrecía aumenta. Fíjese, no hay diferencia entre nosotros y el resto del continente. Pero mi suelo tiene petróleo para hacer girar otro planeta a toda mecha. ¿Qué imperio perdona eso? Estados Unidos no aguanta más. Su tufo ya está sobre nosotros.

5. Casi cinco mil kilómetros nos alejan de Caracas. Desde la pedagogía de la crueldad, conocemos con exactitud aquello que una palabra autorizada nos invita a creer: que allí hay una dictadura, que el dictador se apellida Maduro pero que antes había uno peor, Chávez, que los derechos elementales no se cumplen. La palabra que dice ser autorizada –de los grandes medios, de las embajadas norteamericanas y de miles de empresas que sueñan con extraer fortunas suntuosas en esas tierras– dialoga con el terror y la mercancía, no con quienes quieren paz.

6. Hace menos de un año hubo elecciones en mi país. Los partidos políticos de oposición más fuerte a Nicolás Maduro decidieron no participar, aunque el pueblo quería decidir. Entonces dos candidatos asumieron la vía política y se midieron contra el candidato chavista. Millones ejercimos nuestro derecho a elegir. Por más que los líderes radicales de oposición llamaron desde sus exilios a no votar, hubo elecciones y Maduro resultó electo. Hoy Estados Unidos reconoce como presidente de Venezuela a un hombre que se autoproclamó hace una semana desde una tarima.

7. De acuerdo al ente electoral venezolano y al reconocimiento de la oposición, Nicolás Maduro ganó con 6.190.612 votos (67,8%). En segundo lugar figuró el candidato opositor Henri Falcón, con 1.917.036 votos (21%). El tercer candidato y pastor evangélico Javier Bertucci obtuvo 988.761 votos. A menos de un año de las elecciones celebradas, parte de la oposición y el Gobierno estadounidense, con sus aliados internacionales, prepara una intervención, que según los especialistas en política internacional podría desembocar en una guerra civil.

8. Soy venezolana, de eso tengo certeza, y escribo desde la capital de un país amenazado por Estados Unidos, todos lo saben. No sé qué haré si llega el momento de las bombas y las balas. En ese caso quiero que mi hermana huya con su hijo a otra tierra. Una manera de florecer es ramificar en dirección contraria a la sombra. Yo solamente quiero escribir porque escribir es otro modo de florecer.

9. Otra voz lícita es la de los migrantes, quienes forzados por la crisis económica y social buscan horizontes de mayor dignidad para sus familias.
La angustia del éxodo, la desazón por la pérdida de estabilidad en las tierras que dan origen, constituyen una prueba de solidaridad para todos los pueblos hermanos. En eso estamos, en la empatía del abrazo a todos los que quieran habitar y trabajar esta tierra. Aunque también despejamos la hipocresía. Sabemos que en Argentina los migrantes no son reconocidos de la misma manera y que operan prejuicios de todos los tamaños, debido a su origen y aspecto.
La palabra del migrante explica, en parte, algunos de los problemas, pero no su totalidad. La historia de extracción, intervencionismo, tortura, muerte y desamparo que cargan las grandes potencias sobre los pueblos soberanos explica la mayor parte de lo que hoy sucede en Venezuela.

10. ¿Cuántas veces hemos visto caer hermanos como piezas inánimes sin siquiera gritar? ¿Cuántos hermanos veremos caer? ¿Cuándo caerán los hermanos que faltan?

 

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Hallan en Galápagos tortuga de especie que se creía extinta desde hace un siglo

Vigilantes ecuatorianos y una organización conservacionista estadunidense hallaron una tortuga cuya especie se creía extinta desde hace un siglo en una de las islas del archipiélago de Galápagos.

De acuerdo con un comunicado del Ministerio del Ambiente de Ecuador, la tortuga Chelonoidis phantasticus, hembra de más de cien años, fue encontrada en una zona de vegetación de la isla Fernandina. El hallazgo fue realizado por una expedición conjunta entre la Dirección del Parque Nacional Galápagos y la organización estadunidense Galapagos Conservancy.
El equipo trasladó al quelónido en una lancha hasta el Centro de Crianza de Tortugas Gigantes en la isla Santa Cruz.


Los investigadores piensan que habría más tortugas de esa especie, porque han encontrado huellas y excremento en otras áreas de la isla Fernandina, la tercera más grande de Galápagos.


El archipiélago de origen volcánico acoge especies únicas en el mundo y endémicas, en especial tortugas gigantes, iguanas marinas, pingüinos, cormoranes no voladores y leones marinos. Fue declarado patrimonio natural de la humanidad en 1979.

Viernes, 15 Febrero 2019 06:48

La lección de los pueblos indígenas

La lección de los pueblos indígenas

Tauli-Corpuz es líder de la comunidad Kankanaey Igorot de Filipinas y trabaja para la ONU. Afirma que en México, Colombia y Brasil es donde más se criminaliza a los pueblos originarios, y que éstos están en armonía con el ecosistema.

 

 

Desde Roma. El cuarto Foro Mundial de los Pueblos Indígenas organizado por el FIDA (Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola), institución de Naciones Unidas que ayuda a pequeños agricultores e indígenas de todo el mundo, concluyó esta semana en Roma con un llamamiento a los gobiernos para que reconozcan la contribución de los pueblos indígenas en la lucha por reducir el impacto del cambio climático y estimular el desarrollo sostenible.


“El asociarse con los pueblos indígenas es parte del ADN del FIDA y ha sido fortalecido a lo largo de estos años”, dijo el presidente de la institución, Gilbert F. Houngbo. “Ustedes tienen mucho por enseñarnos sobre todo cómo respetar, proteger y conservar los recursos naturales”, agregó. Durante el encuentro se habló, entre otros temas, sobre cómo promover la difusión de los conocimientos indígenas sobre la naturaleza, en especial de las mujeres, y cómo estrechar lazos entre el FIDA y los pueblos indígenas a nivel nacional y regional.


En una ceremonia en la FAO (Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación) que se hizo ayer en Roma y de la que participaron los asistentes al Foro, Francisco dijo unas palabras tras encontrarse con los delegados de los pueblos originarios. “Los pueblos indígenas son un grito viviente a favor de la esperanza que recuerdan que los seres humanos tenemos una responsabilidad compartida en el cuidado del medioambiente”, sostuvo el Papa. Además, les agradeció su lucha por afirmar que la tierra no sirve solo para “explotarla sin miramiento alguno” y que tiene que ser defendida “por encima de intereses exclusivamente económicos y financieros”.


Además de los representantes de los distintos países miembros del FIDA, en el Foro participaron 38 indígenas de 30 países, varios de ellos latinoamericanos pero ninguno argentino.
En el grupo se destacaba la filipina Victoria Tauli-Corpuz, Relatora Especial de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas desde 2014. Tauli-Corpuz es una indígena y líder de la comunidad Kankanaey Igorot de la Región Cordillera de Filipinas y ha trabajado en pos de la defensa de los derechos indígenas desde 1970. PáginaI12 conversó con Tauli-Corpuz, quien fue presidenta del Foro Permanente de Naciones Unidas sobre Asuntos Indígenas que se hizo entre 2005 y 2010 y trabajó en la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas que la ONU adoptó en 2007.


–¿Cuál es la situación de los indígenas en el mundo hoy?


–Buena parte de los recursos naturales del mundo hoy son encontrados en territorios indígenas porque ellos protegen esos territorios. Y ahora, las grandes corporaciones invaden esos territorios y los indígenas son criminalizados si tratan de resistir.


–¿El gran problema son los gobiernos que no entienden a los pueblos indígenas y/o quieren quedarse con sus tierras?


–Sí, creo que la mayoría de los gobiernos siguen creyendo en la ideología de la extracción de los recursos naturales para el desarrollo. Ellos no piensan en el uso sostenible de esos recursos. Ellos quieren extraer y vender. Esta es la forma que principalmente usan los gobiernos respecto a los recursos naturales en general y a los recursos naturales de los pueblos indígenas. Es una parte importante del problema pero no la única. La otra parte son las grandes corporaciones privadas que actúan en connivencia con los gobiernos, los que a su vez les permiten llegar a las comunidades indígenas y extraer los recursos naturales que quieren.


–¿Cuál es la situación de los pueblos indígenas en Latinoamérica?


–En Latinoamérica hay un altísimo grado de criminalización y de impunidad contra los indígenas. Yo visité Guatemala y México, y lo vi con mis propios ojos. Visité indígenas que están en las cárceles pese a que los cargos de los que se les acusan son falsos. Esto es lo que sucede en Latinoamérica donde tres países tienen el más alto nivel de criminalización e impunidad: México, Colombia y Brasil. El cuarto en el mundo es mi país, Filipinas.


–¿Qué debería hacer la comunidad internacional para ayudar a esta gente?


–La comunidad internacional debería manifestarse de manera enérgica contra estas formas de racismo y discriminación. Deben hablar, denunciar, y así hacer presión sobre los gobiernos para que se respeten las obligaciones a nivel de los derechos humanos.


–¿Qué pueden hacer los pueblos indígenas para hacerse respetar?


–Los pueblos indígenas deben continuar las cosas que ya estan haciendo en cuanto a la protección del ambiente, del ecosistema, en materia de valores culturales, de la solidaridad y el vivir en armonía con la naturaleza. Yo creo que los pueblos indígenas deben enseñar al gran mundo cómo ellos tratan a la naturaleza


–¿Es decir, el mundo y los que tienen el poder, que a menudo creen saber todo, tienen que aprender de los indígenas?


–Sí, eso pienso. Y debemos reforzar sus comunidades porque ellos viven en armonía con la naturaleza. Ellos realizan la paz y la sostenibilidad que todos nosotros buscamos.


Testimonio de mujeres indígenas de la región

Invasión y violencia

Por Elena Llorente

No importa si viven en Paraguay, en Brasil, en Colombia, en México, los pueblos indígenas de todo el mundo, y los latinoamericanos en particular, sufren violencias, acusaciones infundadas, la usurpación de sus tierras, el asesinato de sus dirigentes. Y ellos, aunque no siempre obtienen resultados, lo denuncian, como lo hicieron cuatro indígenas entrevistadas por PáginaI12 en Roma en ocasión del cuarto Foro Mundial de los Pueblos Indígenas realizado en el FIDA. Las cuatro entrevistadas coincidieron en un punto: el principal problema de los indígenas latinoamericanos es la usurpación de sus tierras, donde vivieron siempre, pero de las que no poseen títulos de propiedad. Y los gobiernos no los ayudan, no les dan los títulos para que ellos se puedan defender legalmente.


Liz Carolina Orue Cruzabie es una indígena guaraní de Paraguay. Viene del departamento de Boquerón. Tuvo la suerte de poder estudiar y ahora trabaja en un estudio jurídico en Asunción. Pero no se ha olvidado de sus orígenes y colabora con una organización que defiende a las mujeres guaraníes. “Estamos trabajando en una escuela de formación, porque la mayoría de ellas no saben que están siendo quebrantadas, no saben cuándo están siendo violentadas físicamente y no saben que eso está penado por la ley. No hay conciencia. Hay muy pocas mujeres indígenas que estudian y buena parte de ellas viven en comunidades alejadas de todo, tienen poca información. No tienen luz, no tienen agua. En la ciudad es diferente. Los indígenas urbanos son diferentes de los que viven en el monte”.


Rayanne Cristine Maximo Franca (foto) forma parte de la red de jóvenes indígenas de Brasil. En Brasil hay aproximadamente un millón de indigenas que pertenecen a numerosos pueblos y hablan 374 lenguas distintas, contó. Según ella, los indígenas brasileños están viviendo la invasión de sus territorios porque allí hay muchos recursos minerales. “Y los que violan el derecho a nuestra tierra están violando nuestro derecho a la vida”, subrayó. Contó asimismo que las cosas se han complicado últimamente y están tratando con el Ministerio Público Federal “para que el gobierno nos deje exponer nuestras razones”. “Antes había un ente que se ocupaba de la demarcación del territorio, el FUNAI, Fundación Nacional del Indigena, dentro del Ministerio de Justicia. Pero ahora ese órgano, que servía para proteger los derechos de los indígenas, ha pasado a depender del Ministerio de la Agricultura. Y el ministerio de Agricultura de Brasil está más preocupado por las grandes empresas que por nosotros”, explicó.


Clemencia Herrera es una indígena de la amazonía colombiana. “En Colombia somos 102 pueblos indígenas que hablan 68 lenguas. Yo soy de la amazonía, hay 56 pueblos indígenas en la zona que hablan las 68 lenguas y más de 300 dialectos”, contó. “El principal problema de los pueblos indígenas en Colombia es la violencia –añadió– que tiene que ver con actores armados que aparecen en nuestros territorios. Pero también los grandes proyectos de minería. Con los acuerdos de paz que se firmaron (entre el gobierno y las guerrillas), al principio el país se tranquilizó pero ahora nuevamente se levantó la violencia que asesina a los líderes sociales, a los líderes indígenas”. Según Clemencia no se trata de traficantes de droga ni de guerrilla. “El mismo Estado es el que está violentando a toda la sociedad a través de diferentes actores, el mismo ejército, la misma polícía. En los últimos seis meses ha empeorado todo, tenemos el nivel más alto de violencia de los últimos tiempos. Y las comunidades indígenas lo sufren, no sólo por el asesinato de sus líderes sino por el hambre, la desnutrición y la muerte de los niños”, concluyó.


Dali Nolasco Cruz, es una indígena nahua de la Sierra Norte de Puebla, en México. Forma parte de una red de mujeres indígenas de México que ayudan a las mujeres que han sufrido violencias. También forma parte de una empresa de economía social y solidaria, Mopampa, cultivan chiles serranos que transforman en salsas secas. “En México uno de los principales problemas es el acaparamiento de tierras, por empresas multinacionales de extracción. Los gobiernos trabajan para un sistema capitalista que sólo está interesado en los recursos naturales que están en territorios indígenas. El número de defensores indígenas asesinados en México es muy alto. Hay muchísima impunidad sobre este tema”, dijo. Dali al mismo tiempo se manifestó optimista sobre la participación de mujeres en eventos como el Foro: “Ver en los espacios internacionales como éste a más mujeres, me da mucho gusto porque habla de que las mujeres estamos siendo escuchadas y es un paso adelante para asegurar más alianzas y espacios para otras mujeres”.

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La violencia del totalitarismo en el psicoanálisis

La autora aborda el tema del totalitarismo desde tres dimensiones: la historia del psicoanálisis, cómo responden los analistas a la segregación y la violencia de la interpretación o de la intervención. El objeto a de Lacan, la relación de un sujeto con los significantes.

Vivimos un tiempo articularmente
curioso. Descubrimos con sorpresa
que el progreso ha concluido su
pacto con la barbarie.


Freud, Moisés y la religión
monoteista, 1938



Jacques-Marie Emile Lacan es un pensador de nuestro tiempo, tal como lo fue Freud, su importancia fue mucho mas allá de lo que puedan compartir ambos en el lugar de padres, de inventores del psicoanálisis, cada uno acorde con su época. En la Conferencia sobre la Etica dada por Lacan en Bruselas en 1960, afirma contundentemente que será mejor que renuncie (al psicoanálisis) quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época. En breves palabras podemos decir que si a Freud le debemos el descubrimiento del inconsciente y un método para dar cuerpo a la práctica del psicoanálisis, entre muchas otras cosas, a Lacan, un Lacan siempre freudiano –él no reniega de Freud, retorna siempre aun cuando a lo largo de su enseñanza se fueran perfilando diferencias– le debemos algunos conceptos que orientaron, que abrieron, que dimensionaron en nuevas perspectivas nuestra práctica como psicoanalistas, en los impasses, en los obstáculos en los que Freud encontró un límite.


Jacques Lacan no se caracterizaba personalmente por ser modesto, tenía la prestancia y la arrogancia de un intelectual notable. Su discurso era oscuro y difícil de descifrar para el común del medio psicoanalítico, pero para muchos –y es así como sostuvo más de una veintena de seminarios a lo largo de su vida– era un iluminado por el uso de la palabra que producía efectos en quienes lo escuchaban de tal manera que se sentían fuertemente interpelados en su posición respecto de la clínica psicoanalítica. Para otros, atrapados en el psicoanálisis clásico y en las instituciones oficiales, era hermético, enciclopedista, dilettante, un loco.


Es sorprendente que él reconozca un único invento en su producción, que podríamos decir que epistemológicamente se trata de un concepto (no lo pensamos así porque inventó a nuestro enteder muchos conceptos y lógicas diferentes en la dirección de la cura), escrito con una letra, y que opera con una función en la cura, que él llamó objeto a. Afirma que es su único invento. No pensamos que sea así, pero ese objeto tiene un anclaje en el cuerpo teórico del psicoanálisis, porque él reconoce su origen en el llamado objeto transicional de Donald Winnicott (lo creó en 1951, antecede al primer seminario publicado de Jacques Lacan), que se plasma fenoménicamente en la sabanita, en el osito que simbolizan para Winnicott la ausencia materna. El niño que se vale del objeto transicional entra en la dimensión del mundo simbólico del lenguaje ya que este objeto representa la presencia de la ausencia materna, que permite –denotando un agujero, un “gap” (hueco, agujero vacío) al decir de Winnicott– que el niño establezca lazos con la realidad del mundo de los objetos.


Lacan se vale de un álgebra que intenta proveer al psicoanálisis de una formalización que tenga algún punto de contacto con las ciencias formales. Un álgebra que escriba las operaciones analíticas en la cura en el fragor de la transferencia entre analista y analizante. El objeto a no es un objeto de la realidad para Lacan, no tiene entidad objetal alguna, no es un concepto filosófico, no se materializa, no es especularizable, no es intercambiable, no es comunicable, no es común, no es repartible, no es socializable, es solo una letra, la letra a que designa la relación de un sujeto, el sujeto del inconsciente, efecto de la relación con la palabra, con los significantes, a la causa del deseo. Una causa que se produce en el arduo trabajo que implica el viaje de un análisis. Una causa que no es transferible, que es propia, que es singular, que no es común a otros semejantes, que no hace rebaño. Es desde allí donde partimos para pensar la relación entre el llamado objeto a y los totalitarismos, porque lo que caracteriza a los totalitarismos es hacer rebaño de los seres hablantes, con la particularidad de que cada uno mantenga su sumisión al líder y a la ideología imperante en forma individual, entregando de esta manera cuerpo y alma.


En la primera reunión del Seminario de la Lógica del Fantasma le preguntan a Lacan “¿Qué necesidad tiene Ud de inventar el objeto a?” El responde algo que sorprende: “Pienso que considerando las cosas fue un gran hecho, porque sin el objeto a, cuyas incidencias se han hecho sentir bastante, me parece que lo que se hace como análisis de la subjetividad de la historia contemporánea que hemos vivido, de este algo que hemos bautizado como totalitarismo, quien lo haya comprendido podrá ponerse a aplicar la función, la categoría de objeto”.
Este párrafo no hace a mi entender al psicoanálisis y la política, sino desde qué perspectiva de lo que se llama historia de la subjetividad, Lacan piensa el psicoanálisis. Sabemos de la diferencia entre subjetividad y sujeto. Subjetividad en lo referido al cuerpo que goza y es la subjetividad de una época, el lugar en esa época en donde el sujeto adviene allí.


¿Qué ocurre en el mundo en el año 1967 cuando Lacan nos enseña sobre la Lógica del Fantasma? Haremos una breve síntesis de esa época. La URSS está gobernada por los seguidores de Kruschev, el binomio Kosygyn y Brezhnev posibilita con una actitud más liberal una reforma económica que gesta la primavera de Praga. Es el dirigente soviético más liberal de su tiempo. Mao esta en el apogeo de su Revolución Cultural, Israel y la coalición árabe libran la Guerra de los Seis días, los israelíes ocupan Gaza y el Sinaí. En los EE.UU. hay intensas movilizaciones por la guerra de Vietnam (a la que Lacan se refiere en otras clases para poder pensar la lucha contra el capitalismo y el discurso capitalista). Ya se perfila su derrota, aun cuando el napalm se venía usando desde 1965. El Che Guevara es capturado en Bolivia el 11 de abril del 67. El 9 de octubre de 1967 se fecha la Proposición sobre el Psicoanalista de la Escuela de Jacques Lacan.


Es decir que el 16 de noviembre de 1967, fecha de esta clase, Lacan ya había trabajado, y no por fuera de todo esto, en el discurso de clausura de las Jornadas sobre Psicosis Infantil, la segregación, lo inanimado del niño como objeto, el objeto a como condensador de goce –no como causa– interrogándose fuertemente frente a la importancia del lazo social en los casos graves como advierte allí. El objeto a opera

como causa o como condensador de goce. El trabajo de un análisis trata de sustraer ese goce que es satisfaccion de la pulsión de muerte para que advenga como causa.
Fue crucial en esas jornadas la importancia del lazo entre analistas, se advierte en su dedicada interlocución con Winnicott más allá de la segregación que el mismo ha sufrido en el plano de la IPA. En el 64 hablaba de lo imposible en la comunicación entre analistas.


El deseo, tal como Freud lo concibió, es indestructible. Es instituido como tal en la cadena simbólica y el sujeto del inconsciente como efecto hace al deseo indestructible. Pero además esta letra que se escribe “a” da cuenta del agujero que sostiene la causa, escritura de esa pérdida inaugural que sostiene la cadena. ¿Qué cabría pensarse cuando prima el deseo de destruir? ¿Podríamos decir que este objeto a ya no tiene el estatuto lógico que Lacan le provee, o sea operar como causa o como condensador de goce? ¿Qué estatuto tendría entonces, si es que se lo pudiera definir, si opera en una posicion subjetiva que ejerce fehaciementemente el totalitarismo? O sea un individuto tomado totalmente por el máximo del destrudo, lo inexorable o literal de la pulsión de muerte.


Sabemos que el no deseo y el deseo de rechazo son formas del deseo, pero a lo que aludimos es a algo más: ¿bastaría decir cuando amenaza el totalitarismo que la causa esta reducida al deseo de destruir? Tal vez son cuestiones que exceden lo que desde el psicoanálisis puede decir.


Sin ubicar ese invento, el del objeto a como lugar de la causa en un sujeto pareciera que, por lo que dice Lacan, amenaza el totalitarismo. ¿O la causa puede estar reducida al deseo de destruir?


Siguiendo a Hannah Arendt en su trilogía Los orígenes del totalitarismo, que comienza con una frase de David Rousset (1912-1997), miembro de la resistencia francesa, sobreviviente del campo de concentración de Buchenwald, ha escrito sobre los campos: “los hombres normales no saben que todo es posible”, y Hannah Arendt agrega que en los movimientos totalitarios hay una celeridad con que sus dirigentes son olvidados, así como las consecuencias de sus actos. Rousset es el primero que introduce la palabra gulag en el francés.
Reveló a los franceses la existencia de los campos de concentración soviéticos. Por ello fue enjuiciado; no ovidemos que el mundo conoció la brutalidad de estos campos por Archipiélago Gulag, novela de Solzhenitsyn recién en 1973. En el totalitarismo prevalece la facilidad con que los dirigentes pueden ser reemplazados y la fascinación por los nuevos líderes. Arendt dijo también que “sin totalitarismo no hubiéramos conocido nunca la naturaleza radical del mal” (prólogo a la edición norteamericana, 1950).


Abordaremos el tema del totalitarismo desde tres dimensiones.


La primera compete a la historia del psicoanálisis y a la reunión de analistas, en términos de la Proposición, se refiere a una sociedad de psicoanálisis conducida por un ejecutivo de escala internacional.


Sabemos por lo trabajado por Freud en Psicología de las Masas de esa sustitución que opera en la identificación al líder, perdiendo sus seguidores, su relación a la causa propia y tornándose en meros objetos que sustituyen su causa propia por la causa del líder, lo que los conduce al mayor rebajamiento intelectual. Los individuos fanatizados no pueden ser abordados por ningún argumento exterior que no sea el esgrimido por el líder. Este tipo de identificación no es ajena al psicoanálisis, a su historia y a la historia de la conceptualización de la transferencia.


Hace muchos años, en la Escuela Freudiana de la Argentina, Gerard Pommier lo señaló precisando de qué se trataba en aquellos que postulaban que el ideal del yo desaparecía al final de la cura, en lugar de pensar que se establecía una distancia entre el ideal y el objeto. Se trataba, en los años 90, de las consecuencias de los que armaban asociaciones del todo mundial, una lógica del todo que destruye al psicoanálisis. En la lógica del todo del universal, lo posible y lo necesario son los modos que operan. Volveremos sobre ello.


Recordemos aquí también los motivos manifiestos por los cuales Lacan fue apartado de la IPA. ¿Su excomunión del 2 de agosto del 63 (Lacan deja de ser reconocido como didacta y a sus analizantes se los derivaba a otros didactas), fue una forma velada de totalitarismo por la relación singular a su causa en torno al discurso del psicoanálisis? Lacan no hacía masa con el emporio/imperio. Ya pensaba desde muy temprano una disyunción en la cura, en la transferencia entre saber y poder. La idea del corte de sesión era una manera de plantear esa disyunción, una de las maneras posibles.


¿Cómo respondemos los analistas a la segregación?


Esta segunda dimensión, que responde a esta pregunta, compete a la práctica misma y también lo centramos en las Jornadas sobre Psicosis infantil, allí menciona a Jean Oury, denunciando el avance de la ciencia, los imperialismos, la segregación de los pacientes graves, inspira a varios a pensar cómo un niño con patologías graves puede ser conducido por los padres a la devastación, lejos de legitimar toda referencia a la libertad, lejos de discutir como lo hemos hecho en este espacio la relación del deseo con el autismo.


Un padre insiste con que su vida esta arruinada por la presencia de un niño difícil de cinco años que lo perturba, lo peor de su fin de semana es verlo. “Quisiera matarlo”, se repite a lo largo de muchas entrevistas, la reiteración de los mismos enunciados abruma. Entonces le digo muy seriamente: “Tal vez Ud. tenga razón; entonces dígame cómo lo mataría?”, Me mira perplejo y yo insisto: “Dígame como pensó hacerlo”. A partir de allí las entrevistas continuaron el tema de la violencia de su padre, el abuelo del supuesto salvaje. Era una familia de origen húngaro, no lejana a las imágenes que pudimos apreciar en el excelente film 1945.


La violencia de la interpretación o de la intervención.


Comenzamos con esta pregunta: ¿Se puede acallar el decir de un sujeto en análisis? Pareciera que hubiera formas muy contundentes de degradar el acto analítico. El acto analítico aspira a producir un sujeto dividido en relación a la causa de su deseo.


Piera Aulagnier así tituló un libro. Es curioso, la violencia estaba ligada a la importancia del Otro en la constitución del sujeto. Creo que hacía buena yunta con su colega Laplanche cuando le otorga anterioridad al inconsciente como hervidero casi instintual una lava original en detrimento a la anterioridad del lenguaje (Coloquio de Bonneval). En la Lógica del Fantasma, Lacan afirma que el inconsciente es la política, es decir hace a la política del síntoma, “acotar el goce” en la cura, lugar común para ciertos grupos de analistas, hace a la política del psicoanálisis.


Pero hay otros, supuestamente inmersos en la enseñanza de Lacan, en la importancia del campo del Otro como constitutivo, así lo promulgan, pero que parecen solamente dedicados a lo que llaman “acotar el goce”. Me refiero específicamente a una analizante que escribe un libro titulado Un final feliz, Gabriela Liffschitz. Ella muere de cáncer de mama a los 41 años en el transcurso de ese análisis. Escribe sobre su análisis y destaca las charlas con otras analizantes en la sala de espera, donde en corrillo de mujeres discuten los secretos para poder analizarse con X. ¿Violencia en la obscenidad?


Dos ejemplos para terminar: de las sesiones ultracortas, las mujeres atendidas permanecen cinco minutos o menos, y salen llorando. Gabriela entra y dice “Ud. hace llorar a las mujeres”. El analista responde haciendo eco “...llorar a las mujeres”, y corta la sesión. Gabriela comenta que de grandes acontecimientos de su vida, el analista sólo supo generalidades, solo las grandes escenas. ¿Cómo se trabajo el objeto? ¿Qué lugar tuvo el objeto a? Otra sesión: “vengo con cuatro sueños impresionantes, no se cuál contarle primero”. El analista: “¿así que cuatro sueños?”. No había alcanzado a acostarse en el diván que ya la había despedido. ¿Puede haber análisis sin trabajo en sesión, puede haber análisis despreciando las formaciones del inconsciente, los sueños, los actos fallidos? ¿Puede haber análisis en sesiones sin sesión?


Si Lacan se permitió en el último tramo de su enseñanza trabajar con la sesion muy breve, aclaró que no lo imitaran, que no sean bufones de la singularidad de su práctica. Sin embargo tuvo gran cantidad de imitadores que lejos están de la genialidad de Lacan. Solo emulaban técnicas. El psicoanálisis es una práctica, no una técnica, donde se decide el camino a seguir en el caso por caso. No se aplica una técnica al conjunto de casos, no hay vademécum que nos indique la terpéutica a seguir. El saber “no sabido” por el analizante es un producto del discurso que se produce de sesión a sesión.


Las sesiones se alargaron notablemente y hasta transcurrieron los fines de semana cuando Gabriela tuvo cáncer de mama. ¿Hay alguna duda de que para algunos que creen en la buena usanza del capitalismo norteamericano, que en ese llamado psicoanálisis prima el time is money? No creo que Franklin, en las postrimerías del siglo XVIII, hubiera pensado en las consecuencias de este aforismo.


Anabel Salafia ha trabajado la importancia de la parrhesía en el discurso del ser hablante en relación con la filosofía, ese coraje del hablar franco, que es el tema que estudia Foucault de sus dos seminarios: La hermenéutica del sueto y El coraje de la verdad. Esa capacidad de proferir la verdad en el decir, que garantiza –así lo pensamos– el lazo entre los semejantes y que en mi opinión cabría vincularlo a la producción de un decir en la relación analista - analizante. La parrhesía se diferencia de la retórica, que es tener el poder, la habilidad de hablar para persuadir. Allí la cuestión del contenido y la verdad del discurso emitido no se plantean, es el efecto en el receptor lo que prima.


Si sólo tomáramos en lo antes expuesto, en la búsqueda por esa analizante que refiere la búsqueda de los secretos para analizarse con tal o con cual, es únicamente la retórica la que impera, sugestiva, sustentada en la seducción, no lejana al totalitarismo, ya que acallaría el decir, una forma que tomó la política de algunos que se dicen analistas para que alejen, rechacen, toda posibilidad de producir discurso analítico. Como ha trabajado Norberto Ferreyra en su libro recientemente publicado El decir y la voz, una forma de matar al sujeto del inconsciente es hacerlo callar, y también es una forma de matar violentamente, de exterminar al psicoanálisis. Y para terminar, entre totalitarismo y muerte del sujeto, no hay más que un paso.


Por Alicia Hartmann, psicoanalista. Miembro de la Escuela Freudiana de la Argentina.

 

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“Tener el valor de mirar a los ojos del enemigo”. Entrevista

Sobre el recuerdo de las revoluciones, las apropiaciones de la derecha, una izquierda insegura y la relación con el estado.

 

Sebastian Friedrich: 200 años de Carlos Marx, 100 años de la revolución de octubre, 50 del 1968... estamos celebrando muchos aniversarios de fechas muy importantes para la izquierda. Pero solo con ello no se puede explicar únicamente la coyuntura actual de volver la vista al pasado. ¿Qué otras explicaciones hay?


Bini Adamczak: La explicación está muy relacionada con el espectáculo industrial-cultural actual. La revolución parece ser una aventura, en la cual pasan cosas inimaginables, el viejo orden se resquebraja, la gente anda por ahí con escopetas y los poderosos huyen. Uno se sienta cómodamente en casa, llueve fuera, y se lee una novela sobre la revolución. O una se sienta en un café, se bebe una copa de vino tinto y se elije una novela histórica de acción. ¡Qué tiempos aquellos! En el negocio cultural pasa algo parecido: Los debates históricos en las secciones de cultura se orientan a esos debates, lo cual interesa a las instituciones de la izquierda, las historiadoras y los intelectuales. Es una oportunidad de posicionar sus temas en los medios.


Pero esta no es la única razón. Tal vez el presente no ofrece suficientes ocasiones para hablar de este tipo de perspectivas radicales, como era el caso de 1968 o 1917. La mirada al pasado permite un planteamiento más radical y profundo de las condiciones elementales de nuestras condiciones de vida. Formulado de forma positiva: podemos comprender mejor la actual crisis del capitalismo en la disyuntiva entre la herencia y las luchas pasadas, que están enterradas y olvidadas, pero que al tiempo están inconclusas. Como diría Walter Benjamin: La confrontación con la historia nos da la posibilidad de crear una constelación entre dos tiempos. Podemos preguntarnos: ¿Qué nos dice 1968, qué nos dice 1917 o qué nos dice Carlos Marx hoy?


SF: ¿Entonces qué nos dice la revolución hoy?


BA: Las revoluciones nos dan la posibilidad de encontrar otra escala con la que podamos medir el presente. La revolución nos ofrece un ángulo más además de un objetivo más fino. Muchas de las cuestiones que hoy nos preocupan son luchas defensivas o traslaciones a los marcos dados, como cuando pedimos acabar con el (sistema de ayuda social represivo) Hartz IV, que suban los salarios o que se remunicipalicen la propiedad de la vivienda. Otra cosa muy diferente es poner en cuestión la propiedad en sí. Estoy a favor de que los alquileres no suban, ¿o estoy a favor de que no haya alquileres en absoluto? ¿Pongo en cuestión el que haya una función social de los propietarios que deciden cómo viven las personas en sus casas?


Hay muchas preguntas radicales que casi no se plantean en la realidad porque las relación de fuerzas las apartan a un lado. Esa perspectiva revolucionaria puede ser recuperada en el presente a través del rodeo de la historia. Nos permite percibir este mundo de una forma muy diferente. Al mismo tiempo, tal vez es así como nos es posible articular nuestros deseos y lujurias, que en la situación actual nos parecen irreales.


SF: ¿Qué significa para tí en realidad revolución?


BA: Mi definición de revolución es muy abstracta, en ello no se diferencia de otras teorías de la revolución. Revolución no significa hacer política bajo unas condiciones predeterminadas, sino politizar uno mismo las condiciones de la política. No es preguntar cómo se puede compaginar el trabajo con la familia, sino cómo se puede acabar con el trabajo y con la familia en sí. ¿Cómo podemos organizar las tareas de otro modo? ¿Qué relaciones se pueden hacer en el lugar de las familiares o las profesionales? Esas son preguntas revolucionarias, que también se realizaron en 1917 y en 1968. En mi libro sobre la revolución, que se publicó con motivo del aniversario de los 50 y 100 años de esas olas revolucionarias, intenté recordarlas de nuevo.


SF: La revolución se consideraba muerta al menos desde la desaparición de la Unión Soviética, cuando se hablaba del fin de la historia. Ahora cada vez más personas notan que la historia en realidad no parece haberse acabado. ¿A qué se debe que un término como el de revolución sea usado más a menudo por las personas de nuevo?


BA: El libro se publicó en 2017, pero comencé mucho antes a escribirlo. En un momento en el que las revoluciones eran algo históricamente marginal. Era solo un tema importante para las ciencias sociales o la filosofía de la historia, pero no tenía nada que ver con la política. Entonces en 2011 llegaron las primaveras árabes. Con ellas aparece de repente de nuevo la revolución de una forma clásica, con la caída de un gobierno. Vivimos poco después la derrota de esos movimientos, que en parte se acomodaron relativamente rápido, en parte fueron integrados y en parte formaban parte de un bloque neoliberal y terminan en parte en la guerra civil.


SF: Has hecho muchas presentaciones de tu libro. ¿Cuál fue tu experiencia con las discusiones con el público?


BA: Aquí, yo vivo por desgracia sobre todo en Alemania, domina una impresión de que un golpe o cambios radicales de la sociedad o bien la revolución serían dominados por la derecha. Veo cómo la izquierda y también los liberales están ocupados en construir terraplenes para defenderse de los ataques de la derecha al orden de cosas. Una buena parte de la izquierda en Alemania está dominada por una melancolía específica alemana que cree que no se puede hacer nada contra la autoridad o que la masa en todo caso tiende a la derecha política. Es una atmósfera que encuentro a menudo en las salas en las que discuto. Tenemos que preguntarnos si ese sentimiento de verdad refleja la correlación de poderes y si tiene sentido esa ideología de defensa espontánea de lo existente contra los ataques de la derecha.


SF: ¿Si partimos de que todo será siempre peor se aumenta el riesgo de que todo sea peor?


BA: A la izquierda en Alemania le resulta difícil reconocer los logros propios y festejar las victorias, reflexionar sobre los propios fallos y llorar las derrotas.


SF: ¿Puedes poner un ejemplo?


BA: La izquierda en Alemania tiene muy pocos recuerdos de uno de los mayores movimientos huelguísticos de la historia de este país, la ola de huelgas entre 1990 y 1994 en Alemania del este. Se concentró sobre todo en contra del cierre de empresas, que el capital alemán había decidido por poco dinero, y fue una de las mayores y más largas olas de resistencia social autoorganizada desde la revolución de noviembre. En 1991 y 1992 tuvieron lugar 200 huelgas “salvajes” (no autorizadas). Pero la lucha contra el capital alemán se perdió. Esa derrota no se ha digerido nunca de forma completa. Solo podemos suponer, que una derrota del intento de defenderse ante los poderosos, que no ha sido penada, llorada de forma adecuada, es el motivo de decisiones posteriores de ir contra los más débiles y de identificarse con los poderosos.


El no llorar las derrotas lleva a que las derrotas se reproduzcan. De ese modo se extiende el sentimiento de que no se puede cambiar nada, a pesar de que la realidad tal vez ofrece más muestras a favor del cambio. La izquierda alemana se encuentra así como parte de un discurso general alemán que provoca la impresión una y otra vez de que la derecha fascista fuese más fuerte de lo que en realidad es. Al mismo tiempo, las fuerzas de resistencia permanecen invisibles y parecen menores de lo que son.
SF: Pero la marcha de la derecha avanza de verdad...


BA: En 2018 también hemos visto cómo hay una fuerte resistencia contra la derecha, uno que en otoño por suerte también se pudo ver en forma de cifras, cuando un cuarto de millón de personas salieron a manifestarse por las calles de Berlín en la manifestación del movimiento “unteilbar” (indisoluble). Al mismo tiempo, la izquierda se está anotando puntos en varias luchas, pensemos en el bosque Hambacher Forst, en el fuerte movimiento feminista, en las luchas contra la gentrificación o en el verano de la inmigración de 2015. Desde un tiempo a esta parte hay un gran apoyo en buena parte de la población con respecto a personas que cruzan las fronteras.


En tiempos de crisis, en los que el orden dominante, la hegemonía neoliberal, se está resquebrajando el fascismo no se puede combatir solamente defendiendo el status quo. La única posibilidad que hay de ser antifascista de forma activa es en forma de un ataque que llame las consecuencias reales de la miseria por su nombre y que no deje pasar las maniobras de despiste de la derecha. Es lo que se está viendo en los Gilets Jaunes en Francia, el movimiento de los chalecos amarillos.


SF: ¿Qué piensas sobre los Gilets Jaunes?


BA: Estuve en París para una presentación de un libro y hablé con muchas personas. Con mi francés entrecortado traté de hablar con un conductor de taxi y le pregunté lo que opinaba sobre los Gilets Jaunes. Me dijo que eran una buena idea, un concepto muy bueno. No parecía sentir la más mínima necesidad de distanciarse de la violencia, algo que conocemos en el discurso alemán. Ahí se refleja una tradición francesa, la del conocimiento de que se puede llegar a decapitar al rey. Es la experiencia de que la vicroria está en el ámbito de lo posible, que puede ser exitoso oponerse a la autoridad.


Los intelectuales críticos con los que hablé en París primero tomaron una distancia crítica para con los Gilets Jaunes, porque el movimiento parecía ser de derechas. Desde entonces éste se ha ido moviendo casa semana, sino cada día, hacia la izquierda.


SF: ¿A qué se debe eso?


BA: La respuesta instrumental sería que con el tiempo simplemente han entrado más personas de izquierdas en el movimiento. Es cierto pero no explica la vuelta a la izquierda de forma suficiente. Otra respuesta sería que en el momento en el que el movimiento se volvió más fuerte ha desarrollado también la valentía para patear hacia arriba. Fue uno de esos momentos en los que un movimiento se atreve a desafiar a los poderosos. Es un momento que requiere el reconocimiento, cuando las personas en la calle se atreven a mirar al enemigo a los ojos. Entonces ya no están limitadas a patear hacia abajo a personas que están en una situación peor. Es un momento emancipador. La valentía para patear hacia arriba es de izquierdas. La de patear hacia abajo de derechas.


SF: Pero en este momento parece que para muchos es la mejor opción patear hacia abajo. ¿Porqué?


BA: Me gustaría mostrarlo a través de un ejemplo: Un amigo mío de Austria me contó sobre una cita que tuvo. Conoció a un controlador aéreo a través de una aplicación telefónica y descubrió que era de derechas. Ya no quería tener sexo con él, pero sí seguir discutiendo. Mi amigo le explicó al controlador que los rumores sobre los inmigrantes y los refugiados no son correctos y le recordó cuánto dinero pierde el estado a través de la evasión de impuestos de las grandes empresas. El tipo no sabía muchas de estas cosas todavía y se dejó convencer en parte. Pero entonces dijo algo interesante. Incluso aunque todo lo que contase fuese cierto y las grandes empresas fueran el problema, no tendríamos ninguna posibilidad contra ellas. En el momento en que los argumentos son intercambiados se muestra algo así como una realidad afectiva: Contra los de ahí arriba no lo podemos conseguir, por eso nos dirigimos mejor contra los de ahí abajo.


SF: En tu libro sobre las revoluciones analizas sobre todo la revolución de octubre de 1917. ¿Fué una victoria o una derrota?


BA: La diferencia entre victoria y éxito, así como de derrota y fracaso que hace Enzo Traverso me parece muy útil en este sentido. Una de las experiencias básicas de los revolucionarios de 1917 fur la Comuna parisina. No querían volver a repetir la experiencia de la derrota de nuevo, dejarse masacrar por la burguesía. A ello se unió la traición de la socialdemocracia en 1914. En ese contexto se entiende el impulso de la revolución de octubre en dirección al autoritarismo y militarismo. Pero también ahí estaba el peligro de la asimilación por el adversario. En ese sentido 1917 es por una parte una victoria, porque la revolución no sufre una derrota frente al adversario. Por otro lado es un fracaso de las propias pretensiones emancipatorias, porque la sociedad, que debía nacer allí en realidad, no fue creada.


SF: Por lo menos se pudo tomar el poder del estado. En 1968 no se consiguió.


BA: Los movimientos del ´68 no consiguieron en ningún lugar dirigir revoluciones triunfadoras, pero fueron en parte exitosos, porque impusieron cambios fuertes. También a nivel económico: el ´68 y los siguientes se caracterizan por fuertes y exitosos movimientos huelguistas. Estos éxitos retrocederán en las siguientes décadas. Algo diferente ocurre en la esfera que llamamos de lo social o cultural, en la cual ocurre la transformación de las relaciones entre géneros, la liberación sexual o la caída de las instituciones viejas y autoritarias. En esto ha sido el ´68 exitoso hasta nuestros días. Sin embargo muchas de las conquistas fueron apropiadas por el neoliberalismo más tarde en una toma hostil. En el ´68 las personas lucharon porque el trabajo no fuera determinado por otros. Pero solo consiguieron imponer una parte de sus reivindicaciones. Hoy pueden decidir muchos cuándo trabajan, pero la fecha de entrega la sigue imponiendo el capital. De ese modo se convierte la autogestión en autoexplotación. En muchos ámbitos de la vida ocurre lo mismo.


SF: Describes el ´68 como un acontecimiento en el cual los cambios de los sujetos y la direfencia se encuentran en un primer plano, mientras en 1917 el foco se concentró en tomar el poder estatal. Me parece un poco simplificado, ya que como resultado del ´68 no hubo solo individualismo y sexo, sino también muchos nuevos grupos comunistas que se orientarom hacia el 1917.


BA: Es una presentación esquemática. He intentado remarcar las diferencias entre 1917 y 1968. El ´68 es en principio ambas cosas, un movimiento de repetición y uno de diferencia. Primero se conecta con el impulso de 1917, después se le vuelve la espalda. El movimiento feminista continúa primero la tradición, para después romperla y llevar a un feminismo autónomo que da la espalda a la subordinación a la contradicción principal económica. En Alemania se simboliza esto con el lanzamiento de tomates a los cadetes del SDS (que desencadenó las protestas feministas). Al mismo tiempo, tiene lugar un nuevo redogmatización en grupos comunistas, que se desarrollan a partir de la derrota de 1968, porque la revolución no llegó tan pronto como esperaban los revolucionarios. Es por ello que la cuestión de la organización se volvió a lanzar y se reorientó a los clásicos como por ejemplo Lenin o Mao. Ya que éstos habían sido exitosos. Hubo muchas tendencias contrarias, pero yo he mirado un periodo de tiempo bastante amplio. Con esta mirada algo desenfocada a un siglo aparecen momentos en la imagen que también se han mantenido por la apropiacoón neoliberal.


SF: ¿Podemos aprender algo de la apropiación del ´68?


BA: Tenemos que recuperar el valor de ir más allá de la frontera de lo permitido. Las derecha se ha apropiado de la provocación política. Se escenifican como los que rompen tabús, tratando de decir lo que no es posible decir dentro del marco del discurso. En ese sentido ellos lo que quieren es retirar las conquistas de 1968. Muchas personas de izquierda ven como su tarea confirmar los tabúes que existen o asegurarse en la mayoría casi con miedo, de que aquello que dicen permanece en el marco de lo que puede decirse. En la izquierda controla en buena parte el miedo al Shitstorm. El ´68 era en ese sentido diferente. Se trataba de la provocación, del shitstorm, de ir hacia delante y de contar con una reacción fuerte, para poder abrir algo.


SF: Y llegamos de nuevo al miedo, a la falta de valor para la revolución. Junto a la revolución está el término de las relaciones en tu obra. ¿Qué quieres decir con ello?


BA: Me he planteado la pregunta de hacia donde apuntaban las revoluciones: la de 1917 hacia la totalidad, al poder del estado, para conquistar la sociedad a partir del estado. La de 1968 de forma retrospectiva se orientaba a los sujetos, a partir de los cuales se conforma la totalidad. “Todo cambia cuando tú te cambias”. En la teoría de las sociedades y en la filosofía se llama Problema de la estructura y la acción, en el cual el pensamiento se ve atrapado. Se trata de la pregunta de si las personas hacen las estructuras o bien las estructuras determinan a las personas. Dependiendo del punto de partida es siempre un tira y afloja.


Quiero mover la mirada hacia otra cosa. No se trata ni de la totalidad ni de sujetos individuales, sino de las condiciones entre personas, sujetos, formas de vida o entre las instituciones. Se trata de lo racional, es decir, de las relaciones en sí que componen lo que llamamos sociedad. Mi esperanza es: somos exitosos en pensar en cambios sociales, así como en su realización cuando tenemos claro que no se trata de transformar a las personas ni de conquistar el estado, sino de cambiar las relaciones. El término Beziehungsweise permite tener a la vista también las relaciones entre personas que no se conocen personalmente.


SF: Revolución, las formas de las relaciones... Aún queda un término clave: la solidaridad. Ésta parece ser el punto de fuga de muchas personas en la izquierda. Lo que se debe comprender a partir de ello no está claro. También la derecha y los neoliberales hablan de solidaridad. ¿Cómo se puede evitar que se corrompa este término?


BA: La solidaridad sin la libertad de poder retirarse o de poder decir que no, no es solidaridad alguna. Lo que la derecha ofrece es un espíritu corporal, una obligación de ser leal, la homogeneización hacia el interior (de la sociedad) comprada a partir de una diferenciación hacia fuera. Y una solidaridad sin igualdad, es decir, sin la pretensión de que todas las personas que se miran frente a frente a los ojos, tampoco es solidaridad.


Si el antiracismo se limita a mandar dinero a algún sitio y de ordenar que los receptores sean agradecidos. Entonces eso es paternalismo. Tenemos pues que combinar libertad, igualdad y solidaridad. Estas son nuestras medidas críticas en las cuales podemos medir nuestra propia práctica, en la cual podemos comprobar si en las formas de relación que perseguimos alcanzar y desarrollamos en efecto se trata de relaciones solidarias.


SF: Si miramos al terreno de las relaciones, ¿no tenemos en todo caso que tratar de cambiar el estado, tal vez de tomarlo, de abolirlo... de hacer algo con ese estado?


BA: En la tradición marxista-leninista existe la idea de que hay fuerzas organizadas y conscientes que primero tomarán el estado, y con su ayuda cambiarán las bases de la sociedad, que permitirán a hacer que ese estado sea innecesario hasta que finalmente desaparezca. Volvemos la vista a un experimento de hace 70 años y constatamos que no ha funcionado demasiado bien. Algo que no solo fue el producto de las condiciones exteriores, sino de que el concepto en sí es muy problemático. Un poder de estado tiene la tendencia a organizar su propia supervivencia. Quien tiene el estado encima no se libra de él tan fácilmente.


SF: ¿Cuál es entonces la alternativa?


BA: Una alternativa es dejar el estado a un lado y hacer sus propias cosas. En el peor de los casos, esto podría ser naiv porque el poder represivo, militar y policial, es decir, la contrarevolución organizada podría ser ignorada.


Destruir el estado, así lo formula el anarquista Gustav Landauer, significa crear otras relaciones. Ya que el estado en sí es una forma de relación. Es una relación burocrática y jerárquica, en la cual las órdenes son dadas y cumplidas por gente que tienen poca influencia en la creación de dichas reglas. La pregunta es ¿qué otras relaciones se pueden crear que sustituyan a las relaciones del estado? En Chiapas y en Rojava hay campos experimentales en los cuales se trabaja con otros modelos de administración. Se trata de evitar tanto como sea posible que lo común se independice como algo ajeno sobre los individuos.


SF: Si no queremos vivir en comunidades muy reducidas, se necesitará algo así como una solidaridad institucionalizada. ¿No hay en ello el mismo riesgo de que también ésta se independice y burocratice? Mi impresión es que la izquierda antiestatal se engaña con su retórica antiestatal.


BA: Bueno las instituciones y el estado no son idénticas directamente. El estado es una construcción institucional específica con forma autoritaria, mientras que institución es tan solo una práctica que se repite de forma constante. Pero es cierto que en teoría de la democracia hay un problema en ese sentido. Si hay personas que se juntan y acuerdan cómo quieren vivir y se dan determinadas reglas entonces también querrán que dichas normas tengan una relativa validez al día siguiente sean válidas y no sean puestas en cuestión. En las reglas se esconde siempre el peligro de la independización, es decir, el peligro de que la regla no sea ya una elección propia consciente. Por una parte tenemos la necesidad de libertad, de apertura, de carencia de reglas. Por otro lado tenemos la necesidad de estabilidad y de planificación segura. Esta contradicción no se puede disolver fácilmente, tan solo podemos tratar de encontrar una manera lo más transparente posible de lidiar con ello.


Eso significaría que por un lado uno se da reglas estables y al mismo tiempo también asegurar la disposición a que las reglas estén de nuevo a disposición de la gente cuando ésta lo reclame.


La apuesta de la izquierda es ésta: con ese problema de principios y democrático podemos encontrar una mejor forma de relación que las condiciones dominantes. Podemos encontrar una forma de relacionarnos que suponga una menor dominación, que sea más democrática. Entonces las personas sabrían que esas reglas que se han dado son sus reglas y que las pueden cambiar de nuevo juntos. Entonces no serían reglas que se independizasen de una forma fría y que como mucho sean útiles a una minoría.


(La entrevista la realizó Sebastian Friedrich, antiguo redactor de kritisch-lesen.de y experto en extrema derecha: https://kritisch-lesen.de/interview/der-mut-dem-gegner-in-die-augen-zu-s...).


Por Bini Adamczak
es una teórica social y escribe sobre política, queer y revoluciones. La editorial Akal publicó en 2017 su librito “Comunismo para todxs : breve historia de cómo, al final, cambiarán las cosas”, que ha sido traducido a una docena de idiomas.

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Soldados del Ejército Bolivariano de Venezuela montan guardia en el puente internacional Las Tienditas que une a Colombia con Venezuela.Foto Ap

Caracas. Los fantasmas de Irak, Libia y Siria pasean libremente por las calles de Caracas. Son el espejo en el que líderes políticos y sociales venezolanos se miran y ven a su país. Son la referencia obligada para analizar las amenazas de intervención militar por parte del presidente estadunidense Donald Trump.

En 2003, Washington invadió Irak, con el pretexto de que el régimen de Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. En 2011, una intervención militar multinacional, de la que Estados Unidos fue parte, derrocó y asesinó a Muamar Kadafi y sumió al país en la ruina. Desde 2011, las potencias occidentales han auspiciado una guerra civil, y desde 2014 han realizado incursiones bélicas para deponer a Bashar al Assad.

Las intervenciones militares en estos tres países fueron justificadas inventando que sus gobiernos tenían en su poder armas químicas o de destrucción masiva o que eran un peligro para la paz y la estabilidad mundial. También, en nombre de los derechos humanos, la democracia y la igualdad de género. En los hechos, fueron verdaderas guerras de conquista y saqueo de los recursos naturales, sobre todo de gas natural y petróleo.

Resulta entonces inevitable que el chavismo analice su situación actual desde la perspectiva de las agresiones neocoloniales a esas naciones. No hay en ello novedad. Venezuela ha sido, desde 1999, un actor clave en la diplomacia petrolera que permitió elevar los precios del oro negro entre 1998 y 2012. Tiene relaciones estrechas con el mundo árabe.

El presidente Nicolás Maduro ha sido el primero en asomarse al espejo libio y sirio. Conoce bien lo sucedido en estas naciones. Fue canciller de su país entre 2006 y 2013 y artífice de la diplomacia petrolera. Por ello, reconoció en la conferencia de prensa del pasado viernes, que "hay puntos en común entre la política que llevó a la destrucción y el desmembramiento de Libia, llevó a la agresión y destrucción de Siria y la política que se ha aplicado contra Venezuela".

Y añadió: "Se pretende destruir países independientes con grandes fuentes de riquezas. En Venezuela no han llegado al punto que llegaron en Libia o en Siria: crear una oposición armada. ¡No se lo vamos a permitir!"

Su advertencia no es nueva. Apenas el pasado 12 de diciembre acusó a Estados Unidos de pretender sumir a su país en la violencia, como ocurrió en naciones donde intervino militarmente. “Están jugado con candela –denunció. Ellos quisieran ver a Venezuela partirse en 20 pedazos como hicieron en Irak, Libia y Siria, y luego dejarlo en las manos del caos del terrorismo y de la violencia”.

Guerra no convencional

Con el análisis del presidente Maduro coinciden, al menos en parte, diversos analistas. Según el colaborador de La Jornada Raúl Zibechi, La clave del actual conflicto en ese país es más geopolítico que social. Venezuela, explica, es una nación plena de riquezas. Es un país emplazado en una posición estratégica, es bisagra entre dos subcontinentes. "Creo que se está configurando una guerra interna en Venezuela, de manera que puede convertirse en la Siria de América Latina".

Según dijo a este diario Juan Contreras, integrante de la Coordinadora Simón Bolívar del Barrio 23 de Enero, su país enfrenta hoy una guerra mediática que ha tratado de crear en la opinión pública internacional la idea de que Venezuela es un Estado fallido o un narco estado; de que hay anarquía y por eso deben intervenir. Es, asegura, una guerra no convencional asimétrica. Es un formato parecido a lo ocurrido en Libia, Irak, Afganistán y Siria.

El mensaje que manda Washington es que hay que destruir al Estado nación. Combina esta táctica con la teoría del caos. Trata de estrangular al país financiera y económicamente, e impedir que se consigan medicinas y alimentos. Por eso, en 2015 Estados Unidos declaró a Venezuela una amenaza inusual. Y desde entonces ha insistido en que hay una crisis humanitaria y que se requiere ayuda humanitaria, preparativos de una intervención militar.

Parte de esta táctica, precisa, es la guerra por delegatura a un tercer país. Y se lo ha encomendado a Colombia, que se presta en esta situación por conducto de un presidente de la extrema derecha, como Iván Duque. Lo mismo sucede con Jair Bolsonaro en Brasil y con Macri en Argentina. Son los títeres del imperio.

Los escenarios

Luis Bonilla es un reconocido pedagogo venezolano y un fino analista de la realidad de su país. “Washing-ton y las naciones imperiales europeas –explica a La Jornada– han abierto una situación de golpe de Estado. Han lanzado un ultimátum en dos vías: a) negociación para una transición y, b) opción militar con una fuerza multinacional. En ambos casos el único punto de llegada aceptable para ellos es la salida del gobierno del presidente Maduro”.

Pero, como la "solución" negociada parece altamente improbable, pareciera ser que la segunda vía se abre paso. En este caso, las opciones a seguir serían: 1) la de Panamá para sacar a Noriega; 2) como en Libia o Irak, con una "tormenta del Caribe"; 3) una intervención parecida al escenario sirio.

"Pienso que la tercera iniciativa es la más viable. Podría estarse construyendo ya". Por ello plantean tres puntos de recolección de medicinas y alimentos: a) La ciudad de Cúcuta, en la frontera occidental con Venezuela; b) Roraima, en Brasil, que se conecta con la frontera sur de Venezuela y, c) En Curazao o Aruba, lo que permitiría accionar desde la región nororiental.

Hasta ahora, explica, quienes promueven la invasión han señalado que el primer intento de ingreso de "ayuda humanitaria" se produciría desde Cúcuta. Esto se debe a que Táchira es uno de los bastiones históricos de la derecha conservadora.

“La entrada de la "ayuda humanitaria" por este lugar tendría como propósito controlar militarmente ese estado, y extenderse hacia los de Mérida y Trujillo, privando al centro del país de un importante surtidor de alimentos.

“Han señalado que si la ayuda humanitaria (que busca ser entregada por soldados venezolanos que han desertado en los pasados 20 años) llega a ser rechazada, se verían obligados a llamar a la conformación de una fuerza multinacional que garantice su ingreso. Si logran controlar Táchira, podrían plantearse un segundo momento de expansión hacia los pozos petroleros fronterizos con Colombia.

“La apuesta imperialista –concluye– sería deteriorar las condiciones de vida de la población de tal forma que podría precipitarse una rebelión popular y el resquebrajamiento de la unidad militar, con lo la fuerza multilateral estaría en posibilidades de entrar triunfante a la capital venezolana. Pero esa sería su apuesta. Otra cosa es que puedan hacerlo.”

 

Por Luis Hernández Navarro

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"El enviado de Trump para Venezuela es un criminal de guerra y un cómplice de genocidio"

Como parte de los esfuerzos de EE.UU. para derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro, el vicepresidente Mike Pence se reunió en la Casa Blanca con miembros de la oposición venezolana, junto al nuevo enviado especial de Trump para Venezuela, Elliott Abrams. Abrams es un “halcón”, procesado en 1991 por mentir al Congreso durante el escándalo Irán-Contra. En la década de 1980, Abrams defendió al dictador Efraín Ríos Montt mientras supervisaba su campaña de asesinatos y tortura masiva de comunidades indígenas en Guatemala. Además, en el año 2002 Abrams estuvo vinculado al intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez en Venezuela.

 

Para ampliar esta información, vea el análisis del historial de Abrams que hacemos en Democracy Now! junto al galardonado periodista de investigación Allan Nairn, que lo investiga desde hace más de tres décadas. Nairn ha ganado el premio George Polk en dos oportunidades y también ha recibido el premio de la organización Robert F. Kennedy Memorial.
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Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.


AMY GOODMAN : Mientras se desarrolla la crisis en Venezuela, regresamos a mi conversación con el premiado periodista de investigación Allan Nairn. Le pedí que nos hablara sobre Elliott Abrams, el nuevo enviado especial de Estados Unidos para Venezuela.
ALLAN NAIRN : Abrams fue el hombre clave en la política del Gobierno de Reagan hacia Centroamérica, cuando ese Gobierno estaba instigando lo que un tribunal dictaminó recientemente como un genocidio en Guatemala, cuando Estados Unidos apoyaba al Ejército de El Salvador en una serie de asesinatos y masacres realizadas por escuadrones de la muerte, y cuando Estados Unidos invadía Nicaragua con grupos armados de la Contra que atacaban lo que un general estadounidense describió como “objetivos fáciles”, en referencia a civiles, cooperativas y cosas así. Abrams luego regresó durante el gobierno de George W. Bush, se unió al Consejo de Seguridad Nacional y fue un hombre clave en la implementación de la política estadounidense de respaldo a los ataques israelíes contra Gaza, cuando Estados Unidos se negó a aceptar los resultados de las elecciones en Gaza en las que Hamas derrotó a Fatah, y en cambio Abrams y sus secuaces respaldaron una operación de guerra para anular los resultados de las elecciones y respaldar a las fuerzas de Mohammed Dahlan. Algunos comentaristas han dicho: “Bueno, Abrams no es del grupo de Trump. El representa lo tradicional, la política exterior de Estados Unidos ya establecida”. Y eso es verdad. El problema es que esa política de Estados Unidos ha sido la de fomentar los genocidios cuando Estados Unidos lo ha creído necesario. En el caso de Guatemala, Abrams y el Gobierno de Reagan estaban aprobando el envío de armas, dinero, inteligencia y la provisión de cobertura política al Ejército de Guatemala mientras este estaba arrasando las zonas mayas de las montañas del noroeste, borrando de la faz de la tierra 662 pueblos, según cifras del propio Ejército, decapitando niños, crucificando personas, usando las tácticas que ahora asociamos con el ISIS . En un caso particular, en 1985, una activista que trabajaba con familiares de personas desaparecidas, llamada Rosario Godoy, fue secuestrada por el ejército. Ella fue violada y su cuerpo mutilado fue encontrado junto al de su bebé. Las uñas del bebé habían sido arrancadas. Cuando se le preguntó al Ejército guatemalteco acerca de esta atrocidad, dijo: “¡Oh!, murieron en un accidente de tráfico”. Cuando se le preguntó a Elliott Abrams sobre este incidente, él afirmó también que murieron en un accidente de tráfico. Esta activista fue violada y mutilada, y su bebé apareció con las uñas arrancadas, y Abrams dijo que fue un accidente de tráfico. Es algo muy similar a la postura que Abrams tomó sobre Panamá. Cuando Noriega, el dictador de Panamá respaldado por la CIA , quien estuvo involucrado en el narcotráfico, y al que Estados Unidos más tarde decidió derrocar… cuando las fuerzas de Noriega secuestraron al disidente panameño Hugo Spadafora y le cortaron la cabeza con un cuchillo de cocina, Jesse Helms fue el único que intentó investigar en el Congreso de Estados Unidos, y Elliott Abrams lo detuvo, diciendo: “No, necesitamos a Noriega. Él está haciendo un muy buen trabajo. Está cooperando con nosotros”. En el caso de El Salvador, luego de la masacre en El Mozote, donde un batallón entrenado por Estados Unidos masacró a más de 500 civiles, degollando a niños por el camino, Abrams tomó la iniciativa en negar que tal cosa hubiera sucedido. Y luego describió los resultados de las políticas del Gobierno de Reagan hacía El Salvador como un logro fabuloso. Lo dijo incluso después de que la Comisión de la Verdad de El Salvador emitiera un informe diciendo que más del 85% de las atrocidades habían sido cometidas por las fuerzas armadas y los escuadrones de la muerte, que tenían una práctica particular que consistía en cortar los genitales de sus víctimas, metérselos luego en la boca, y dejarlos a la vista de todos en los bordes de las carreteras de El Salvador. Cuando yo aparecí en el programa de televisión de Charlie Rose con Elliott Abrams, sugerí que él debería ser sometido a juicio, llevado ante un tribunal al estilo de Nuremberg y juzgado por su papel en la facilitación de crímenes de guerra y de lesa humanidad. Abrams se burló de la idea, y dijo que era algo “ridículo”, pero en realidad no negó ninguno de los hechos respecto a lo que había hecho. Dijo que todo había sido necesario en el contexto de la Guerra Fría. Entonces, este es Elliott Abrams, quien ahora ha sido nombrado como la persona a cargo de los aspectos clave de la política de Estados Unidos hacia Venezuela.


AMY GOODMAN : Allan, veamos ese video. Esto ocurrió en marzo de 1995, cuando usted y Elliott Abrams estuvieron en el programa de Charlie Rose de la cadena PBS. El video empieza con usted.
ALLAN NAIRN : Es decir, creo debemos aplicar las mismas reglas. El presidente Bush habló una vez de someter a Saddam Hussein a juicio por crímenes de lesa humanidad, en un tribunal como el de Nuremberg. Creo que es una buena idea. Pero si eres serio, tienes que ser imparcial. Si nos fijamos en un caso como este, creo que tenemos que empezar a hablar de llevar a juicio a funcionarios guatemaltecos y estadounidenses. Creo que alguien como el señor Abrams sería un sujeto para una investigación similar a la de Nuremberg. Pero estoy de acuerdo con el señor Abrams en que los demócratas tendrían que sentarse en el banquillo de los acusados junto a él. El Congreso ha estado involucrado en esto. El Congreso aprobó la venta de 16.000 fusiles M-16 a Guatemala. En 1987 y 1988…


CHARLIE ROSE : De acuerdo, pero espera un segundo. Yo solo… antes… porque…
ALLAN NAIRN : …votaron a favor de enviar más ayuda militar de la que los republicanos habían pedido.


CHARLIE ROSE : Una vez más, lo invito a usted y a Elliott Abrams a volver a discutir lo que él hizo. Pero ahora mismo…
ELLIOTT ABRAMS : No, gracias, Charlie, pero no aceptaré…


CHARLIE ROSE : Espere un segundo. Adelante. ¿Quieres responder a la pregunta sobre si debe ir a juicio?
ELLIOTT ABRAMS : Es ridículo. Es ridículo responder a ese tipo de estupidez. Este tipo cree que estábamos en el lado equivocado en la Guerra Fría. Tal vez él personalmente estaba en el lado equivocado. Soy uno de los muchos millones de estadounidenses que se alegraron de ganar.
ALLAN NAIRN : Señor Abrams, usted estaba en el lado equivocado al apoyar la masacre de campesinos y activistas, y cualquiera que se atreviera a hablar. Y eso es un crimen. Eso es un crimen, señor Abrams, por el que la gente debe ser juzgada. Las leyes de Estados Unidos…
ELLIOTT ABRAMS : Sí, claro, someteremos a juicio a todos los funcionarios estadounidenses que ganaron la Guerra Fría.


AMY GOODMAN : Allan, ese era Elliott Abrams respondiéndole en en el programa de Charlie Rose en PBS. ¿Su respuesta?
ALLAN NAIRN : Bueno, creo que lo que dijo en nuestro intercambio habla por sí mismo. Pero debo señalar que el pasado septiembre, el pasado 26 de septiembre, en un juicio por genocidio en Guatemala, un juicio en el que testifiqué y di evidencia, el tribunal dictaminó que lo que el ejército guatemalteco hizo en Guatemala, en el caso de ese juicio en particular, lo que le hicieron a la población maya ixil, pero también se lo hicieron a otras poblaciones maya en Guatemala. En ese juicio el tribunal dictaminó formalmente que eso constituyó un genocidio. Y en su fallo, y esto es bastante importante, dijeron que este genocidio fue llevado a cabo por el ejército guatemalteco en acuerdo con y, esencialmente, a instancias de las políticas de Estados Unidos, de los intereses de Estados Unidos. Por lo tanto, el caso era muy sólido en la década de 1990, cuando argumenté en el programa de Charlie Rose que Abrams debería ser llevado a juicio, pero ahora es aún más fuerte, porque existe el dictamen del tribunal guatemalteco sobre este genocidio, diciendo que ese genocidio deriva de las políticas de Estados Unidos. Y eso ni siquiera incluye lo que se hizo con El Salvador, Panamá, Nicaragua, Palestina y otros lugares.


AMY GOODMAN : Vamos a ver un fragmento de lo que dijo el secretario de Estado Mike Pompeo cuando anunció que Elliott Abrams sería la persona clave en Venezuela.
SECRETARIO DE ESTADO MIKE POMPEO : La pasión de Elliott por los derechos y libertades de todos los pueblos le hacen la persona perfecta y una incorporación valiosa y oportuna. […] Elliott será un verdadero activo para nuestra misión de ayudar a los venezolanos a restaurar plenamente la democracia y la prosperidad de su país.


AMY GOODMAN : Allan Nairn, ¿su respuesta?
ALLAN NAIRN : Bueno, Abrams ciertamente tiene pasión. Tiene mucha pasión. Y también es muy inteligente. Entonces, cuando Estados Unidos estaba respaldando al ejército guatemalteco en lo que ahora ha sido juzgado como genocidio, cuando daba apoyo, entrenando, incluso en algunos casos participando en los interrogatorios junto con los escuadrones de la muerte que Estados Unidos creó originalmente, Abrams fue muy apasionado para asegurarse de que las armas y el dinero llegaran a su destino, y en aparecer persistentemente en la televisión estadounidense, en programas como Nightline, aplastando a los débiles demócratas que llevaban a debatir con él, porque Abrams siempre basaba su argumento en los principios morales para defender ese apoyo de Estados Unidos a los asesinatos masivos y el genocidio en Centroamérica. En ese momento, por ejemplo, en El Salvador una de las cuestiones políticas inmediatas era que el gobierno del presidente Duarte, y el Ejército que apoyaba a Duarte era esencialmente respaldado, prácticamente operado por Estados Unidos, y los rebeldes estaban desafiando a Duarte, tratando de derrocarlo. Y Abrams le decía a los demócratas: “Entonces, ¿está diciendo que deberíamos dejar caer al presidente Duarte? ¿Es eso lo que está diciendo? ¿Y dejar que El Salvador se vuelva comunista?” Y los demócratas se derrumbaban ante su argumento, respondiendo: “No, no, no estamos diciendo eso. Estamos diciendo que tienes… tenemos que mantener al presidente Duarte en el poder”. Y entonces Abrams decía: “Bueno, ¿cómo podemos mantener a Duarte en el poder si no apoyamos al ejército salvadoreño? Así que siempre fue muy apasionado y comprometido. ¿Comprometido con qué? Comprometido con los asesinatos en masa al servicio de lo que podría definirse como intereses o incluso capricho de Estados Unidos, porque de hecho, aunque todo eso estaba siendo retratado por Abrams y otros en ese momento como una batalla para prevenir que El Salvador, Guatemala y Nicaragua se convirtiesen en aliados de la Unión Soviética, cualquiera que estuviera familiarizado con los hechos en el terreno sabía que eso era ridículo. Eso no era en absoluto lo que estaba en juego. Lo que estaba en juego era una batalla entre oligarquías locales, quienes estaban conduciendo a la mayoría de los campesinos pobres y de la clase obrera de esos países al borde de la hambruna, y en algunos más allá del borde. La mitad de los niños en las zonas más pobres morían antes de los 5 años. Las personas que se atrevieron a hablar en contra de los oligarcas que imponían estas condiciones económicas, o contra el ejército, fueron capturados, secuestrados por escuadrones de la muerte respaldados por Estados Unidos. El hombre que creó los escuadrones de la muerte salvadoreños, el general Chele Medrano, me describió esto con gran detalle, en 13 horas de entrevistas. Medrano me mostró una medalla de plata que le fue otorgada en el Despacho Oval por lo que llamaron un servicio meritorio excepcional, que comenzó originalmente en el Gobierno del presidente Lyndon Johnson, y esto continuó hasta la época de Abrams. Eso es lo que Estados Unidos estaban haciendo. Y eso es lo que él defendía apasionadamente. Y no tenía nada que ver con defender la libertad de los pueblos. Tiene más que ver con defender las libertades de los generales y corporaciones y dictadores.


AMY GOODMAN : Volveremos con el periodista de investigación Allan Nairn después de la pausa. [Pausa] Esto es Democracy Now! democracynow.org, el informativo de guerra y paz. Soy Amy Goodman. Mientras seguimos analizando la crisis en Venezuela y el nuevo enviado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliott Abrams, volvemos a mi conversación con el premiado periodista de investigación Allan Nairn.
AMY GOODMAN : Vayamos a lo que sucedió en el escándalo Irán-Contra o Irangate en la década de 1980. En última instancia, Elliott Abrams fue declarado culpable de mentir al Congreso, creo que dos veces. Finalmente, sin embargo, el presidente George H. W. Bush lo perdonó. Pero ¿por qué le había mentido al Congreso?
ALLAN NAIRN : Bueno, él estaba mintiendo para encubrir el hecho de que el Gobierno de Reagan llevó a cabo una operación, de la que él fue parte, una operación dirigida por Oliver North, para suministrar armas a la Contra nicaragüense creada por Estados Unidos para llevar a cabo agresiones contra Nicaragua, invadir Nicaragua e ir tras esos blancos suaves, lo que el general estadounidense Galvin describió como “blancos suaves”. Pero estaban haciendo eso ilegalmente en ese momento, porque el Congreso lo había prohibido, pero el Gobierno de Reagan y Abrams y sus colegas decidieron simplemente ignorar el mandato legal del Congreso y pasar a la clandestinidad. Y para pasar a la clandestinidad, decidieron sacar mucho de su dinero de, entre todos los lugares, Irán, que era un enemigo declarado de Estados Unidos en ese momento. Y negociaron, hicieron un trato complejo mediante el cual obtuvieron dinero de Irán, a cambio de proporcionar… de dejar que pasaran las armas. Usaron ese dinero para enviárselo a la Contra, y la Contra pudo continuar sus atrocidades. Y eventualmente tuvieron éxito. Los contras tuvieron éxito al derribar temporalmente el gobierno sandinista de Nicaragua. Pero, y este es un punto muy interesante, y muy relevante en este momento con la investigación de Mueller. Los cargos de los que fue acusado Abrams, y de los que se declaró culpable, fueron relacionados con el aspecto más trivial tanto de la operación de la Contra como de toda la política de Estados Unidos en Centroamérica, de la cual él era esencialmente el cerebro. El aspecto más trivial, sólo relacionado con el hecho de que le mintió al Congreso, tratando de encubrir algunas transacciones de dinero. Nunca fue acusado por los fiscales de Estados Unidos por el suministro de armas a los terroristas, que era como se estaban comportando el Ejercito salvadoreño, el Ejército guatemalteco y los grupos de la Contra respaldada por la CIA , como terroristas, es decir, matando y torturando a civiles para fines políticos. Abrams no fue acusado de eso. No fue acusado de incitar a delitos de lesa humanidad o genocidio. Solo fue acusado del aspecto más trivial, porque así es como funciona el sistema, particularmente el sistema estadounidense. Los crímenes que son demasiado grandes, demasiado enormes, una amenaza demasiado grande para la supervivencia del propio sistema, como el apoyo a genocidios en el extranjero, no se puede condenar. Pero si cometes una ofensa más insignificante, que Dios te ayude, porque podrías estar en un verdadero problema. Y esa parece ser la situación de algunos de los aliados de Trump en este momento, siendo acusados de mentir a la investigación de Mueller, por lo general, en asuntos bastante pequeños en comparación con las cosas más grandes que Trump está haciendo en este momento, como arrebatar a menores de los brazos sus padres y madres en la frontera con México, aumentar los bombardeos y, por lo tanto, los asesinatos de civiles, en Irak, Siria y Afganistán, y un montón de cosas más. Y Abrams, por cierto, y esto tal vez también sea relevante por lo que está pasando hoy, fue luego indultado por Bush. Y la persona que presionó para eso fue Barr, quien era el fiscal general en ese momento y ahora es el fiscal general entrante de Trump. Pero, repito, Abrams, aunque se declaró culpable por haber mentido, todavía tiene que enfrentar la justicia real, así como los generales y presidentes de Estados Unidos, como el presidente… en este caso, hablando de Centroamérica, especialmente el presidente Reagan. Reagan nunca se enfrentó a la justicia, y Abrams aún no se ha enfrentado a ella, pero deberían hacerlo. ¿Por qué Estados Unidos no puede convertirse en un lugar tan civilizado como Guatemala? Guatemala logró organizar un juicio por genocidio contra el general Ríos Montt, su ex dictador, el general que fue la figura clave en las masacres. Lo condenaron la primera vez. Lo sentenciaron a 80 años. La oligarquía exigió que se revocara el veredicto. Se revocó. Entonces el juicio se reinició desde la mitad del camino. Ríos Montt, para entonces, había muerto. Pero el juicio renovado trajo un veredicto diciendo que el Ejército había cometido genocidio en conformidad con los intereses de Estados Unidos. Y esto se hace en el contexto de un Gobierno guatemalteco profundamente corrupto, que está tratando de enmendar las leyes de Guatemala para que todos los criminales de guerra condenados puedan ser liberados de la cárcel. Con el apoyo del presidente Trump en este momento, y con apoyo externo clave del presidente de Israel, Netanyahu, quien está presionando al Gobierno de Trump en su nombre, y con Mike Pence actuando como el hombre clave, el actual gobierno guatemalteco está intentando no solo para liberar a los criminales de guerra de la cárcel, sino también para callar a todos los fiscales dentro de Guatemala, algunos de ellos fiscales respaldados por la ONU con una institución, llamada CICIG , que han estado procesando al propio presidente Morales de Guatemala. y otros oligarcas y militares por cargos de corrupción. Están tratando de… en algunos casos, de echar del país a los fiscales en otros, despedirlos, y en todos los casos, despojarlos de su protección policial para dejarlos indefensos ante las mafias, los traficantes de drogas y los políticos y oligarcas corruptos a los que están tratando de procesar, todo eso ahora con el respaldo de Trump. Y es en ese tipo de contexto político en el que los valientes sobrevivientes de las atrocidades respaldadas por Abrams en Guatemala, el puñado de abogados, fiscales y jueces honestos en Guatemala, fueron capaces de lograr el milagro político de organizar estos juicios por genocidio y crímenes de lesa humanidad, y condenar y mandar a la cárcel a una serie de funcionarios de alto nivel. Entonces, si pueden hacer eso en Guatemala, ¿por qué no podemos hacer eso aquí en Estados Unidos? ¿Por qué no podemos al menos aspirar a ese nivel de coraje, conciencia política y espíritu cívico? Recuerdo que cuando el veredicto contra el general Ríos Montt estaba siendo leído, yo estaba en la corte, y estaba pensando: “Dios mío, imagina si esto se hiciera en Estados Unidos. Imagina un juicio en Texas a Bush Jr. por lo ocurrido en Irak, o a Obama para los asesinatos con drones, o para una figura como Elliott Abrams por lo ocurrido en Guatemala, El Salvador y en otros lugares”. Y realmente es inconcebible en el momento político actual en Estados Unidos. Pero creo que llegaremos a ese punto. Y debemos tomar el ejemplo de los valientes supervivientes y abogados de Guatemala.

Publicado enCrisis Venezuela
Viernes, 08 Febrero 2019 06:01

El juego de Occidente en Venezuela

El juego de Occidente en Venezuela

Lo más cerca que llegué de Venezuela, hace muchos años, fue en una conexión en tránsito en el aeropuerto de Caracas. Noté muchos soldados en boinas verdes y un puñado de gorilas que me recordaron vagamente a Medio Oriente. Ahora, sentado mientras la lluvia aporrea el Levante invernal, hojeo en mi periódico imágenes de nuestros autócratas locales recientes –Saddam, Assad, Al Sisi, Erdogan, Mohammed bin Salman (pueden ustedes nombrar a los que faltan)– y pienso en Nicolás Maduro.

Las comparaciones no son precisas de ninguna manera. De hecho, no pienso en la naturaleza de estos hombres fuertes, sino en nuestra reacción a todos ellos. Y existen dos paralelismos obvios: la forma en que sancionamos y aislamos al odiado dictador –o lo amamos, en su caso– y la manera en que no sólo proclamamos a los opositores como los legítimos herederos de la nación, sino exigimos que se entregue la democracia al pueblo cuya tortura y lucha por la libertad acabamos de descubrir.

Y, antes de que lo olvidemos, hay otro hilo común. Si ustedes sugieren que quienes desean el cambio presidencial en Venezuela tal vez andan un poco demasiado apresurados, y que nuestro apoyo a –digamos– Juan Guaidó quizá sea un poco prematuro si no queremos empezar una guerra civil, eso significa que ustedes son pro Maduro. Así como quienes se opusieron a la invasión de Irak en 2003 eran pro Saddam, o quienes pensaban que Occidente debería esperar antes de apoyar a la cada vez más violenta oposición en Siria fueron etiquetados como pro Assad.

Y quienes defendieron a Yasser Arafat –durante mucho tiempo un súper terrorista, luego un súper diplomático y luego otra vez un súper terrorista– contra quienes querían deponerlo como líder de los palestinos fueron insultados por ser pro Arafat, pro palestinos, pro terroristas y, de modo inevitable, antisemitas. Recuerdo cómo George W. Bush nos advirtió, después del 11-S, que están con nosotros o contra nosotros. La misma amenaza se nos hizo con respecto a Al Assad.

Erdogan la ha hecho en Turquía (hace menos de tres años), y en la olvidada década de 1930 fue un recurso empleado nada menos que por Mussolini. Y ahora cito al secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, con referencia a Maduro: “Ahora es momento de que cada nación escoja su bando… o están con las fuerzas de la libertad, o están en la misma liga de Maduro y su caos”.

Ya me entienden. Ahora es el momento de que todas las buenas personas cierren filas con Estados Unidos, la UE, las naciones de América Latina opuestas a Maduro… ¿o es que apoyan a los rusos, chinos, a los fanáticos iraníes, al pérfido Corbyn o (entre tanta gente) a los griegos?

Hablando de los griegos, la presión europea sobre Alexis Tsipras para alinearse al apoyo de la UE a Guaidó –demostración de que la UE puede de hecho acosar con todo su peso a sus miembros más pequeños– es un buen argumento para los partidarios del Brexit (aunque demasiado complejo para que lo entiendan).

Pero primero echemos una ojeada a nuestro tirano favorito, en palabras de todos los que se le oponen. Es un poderoso dictador, rodeado de generales, que oprime a su pueblo mediante tortura, arrestos en masa, asesinatos de la policía secreta, elecciones amañadas, presos políticos… así que no es raro que demos nuestro apoyo a quienes desean derrocar a este hombre brutal y celebrar elecciones democráticas.

No es una mala sinopsis de nuestra política actual hacia el régimen de Maduro. Pero me refiero, por supuesto, palabra por palabra, a la política de Occidente hacia el régimen de Al Assad en Siria. Y nuestro apoyo a la democracia en ese país no fue terriblemente exitoso. No fuimos responsables de la guerra civil en Siria, pero no estamos libres de culpa, puesto que enviamos un montón de armas a quienes intentaban derrocar a Al Assad. Y el mes pasado el cuaderno de notas del consejero nacional de seguridad estadunidense John Bolton parecía alardear de un plan de enviar 5 mil efectivos a Colombia…

Y ahora dirijamos la mirada a otro de aspecto semejante a Maduro, por lo menos desde la simplista visión de Occidente: el mariscal de campo-presidente electo Al Sisi de Egipto, quien goza de apoyo militar y a quien amamos, admiramos y protegemos. ¿Poderoso dictador? Sí. ¿Rodeado y apoyado por generales? Sin duda, en parte porque encerró a un general rival antes de la elección pasada. ¿Represión? Absolutamente… todo con tal de aplastar el terrorismo, desde luego.

¿Detenciones en masa? Felizmente sí, porque todos los reos en el salvaje sistema carcelario egipcio son terroristas, al menos según el propio mariscal-presidente. ¿Asesinatos de la policía secreta? Bueno, aun olvidando al joven estudiante italiano cuyo gobierno sospecha que fue torturado y asesinado por uno de los altos funcionarios policiacos de Al Sisi, existe una lista de activistas desaparecidos.

¿Elecciones amañadas? Sin duda, aunque Al Sisi aún insiste en que su triunfo reciente en las urnas –un genial 97 por ciento– fue en una elección libre y justa. El presidente Trump le envió sus sinceras felicitaciones. ¿Presos políticos? Bueno, el total es de 60 mil y contando. Ah, y por cierto, la victoria más reciente de Maduro –elección amañada si las hay– fue apenas por 67.84 por ciento.

Como diría el finado experto del Sunday Express John Gordon: es para que uno se enderece un poco en la silla. Así también, supongo, cuando echamos un ojo un poco más al este, hacia Afganistán, donde los gobernantes talibanes fueron impulsados en 2001 por Estados Unidos, cuyos militares y estadistas posteriores al 11-S introdujeron allá una nueva vida de democracia seguida por corrupción, enseñoramieto de tiranos locales y guerra civil.

La parte de democracia despegó pronto, cuando los loya jurgas, grandes consejos, se convirtieron en feudos tribales y los estadunidenses anunciaron que sería una exageración pensar que podríamos lograr una democracia jeffersoniana en Afganistán. Más que cierto.

Ahora los estadunidenses negocian con el talibán terrorista en Qatar para poder largarse de la Tumba de los Imperios después de 17 años de fracasos militares, escándalos y derrotas, para no mencionar el manejo de unos cuantos campos de tortura que harían toser al mismo Maduro.

Puede que todo eso desanime al lector de caminar por la senda de la memoria. Y eso que no he mencionado los pecados de Saddam, para no hablar de nuestra continua y amena relación –por asombroso que parezca– con ese Estado del Golfo cuyos chicos estrangularon, despedazaron y enterraron en secreto a un periodista estadunidense residente en Turquía.

Ahora imaginen si Maduro, cansado de un periodista crítico que lo fustiga desde Miami, decidiera atraerlo con engaños a la embajada venezolana en Washington y decapitara al pobre tipo, lo cortara en pedazos y lo enterrara en secreto en Foggy Bottom. Supongo que se habrían aplicado sanciones a Maduro desde hace mucho tiempo. Pero no a Arabia Saudita, claro, donde en definitiva no estamos promoviendo la democracia.

Es la hora de la democracia y la prosperidad en Venezuela, afirmó John Bolton esta semana. Oh, sí, claro. Maduro gobierna una nación empapada en petróleo, pero su pueblo muere de hambre. Es un hombre indigno, tonto y vanidoso, aun si sus crímenes no se comparan con los de Saddam. Un colega lo describió acertadamente como un tirano sombrío. Incluso tiene el aspecto de uno de esos tipos que ataban damas a las vías del tren en las películas mudas.

Así que buena suerte a Guaidó. Es palpablemente un tipo agradable, que habla con elocuencia y tiene el tino de abogar por ayuda a los pobres y elecciones libres en vez de obsesionarse por cómo exactamente va a echar fuera a Maduro y sus amigos militares.

En otras palabras, buena suerte… pero cuidado. En vez de suplicar a quienes no quieren apoyarlo –los griegos, por ejemplo–, podría detenerse a mirar a sus amigos extranjeros. Y hacer un recuento rápido de las más recientes cruzadas que han emprendido por la libertad, la democracia y el derecho a la vida. Y, por cierto, ni siquiera he mencionado a Libia.

 Traducción: Jorge Anaya

Publicado enCrisis Venezuela
Los pocos elementos existentes unos 100 millones de años después del origen del Universo procedían del propio Big Bang (azul), la fisión de rayos cósmicos (rosa) y la explosión de estrellas masivas (verde). Otros procesos estelares crearon después la mayor parte del resto. / OS

Las afinidades e incompatibilidades químicas de los componentes de la materia definen la civilización moderna.

La herramienta más importante para la sociedad moderna no es una máquina de hacer túneles ni un avión, ni siquiera el ordenador, es una tabla que clasifica todos los elementos existentes en el Universo por su estructura y comportamiento. Las propiedades químicas que indican sus afinidades e incompatibilidades mutuas fijan lo que se puede o no hacer con los metales, los no metales y los metaloides en que se dividen los 94 elementos naturales y los 24 creados artificialmente. Sin ese conocimiento no se podría, por ejemplo, construir ningún aparato electrónico ni existiría la medicina nuclear.

Fruto de la acumulación de investigaciones que modernamente se remontan a hace 230 años, la tabla periódica de los elementos nació hace 150 años y sigue sin estar terminada, aunque a efectos prácticos es como si lo estuviera. Su importancia ha merecido que la sociedad, en este caso a través de la Unesco, le dedique 2019 con motivo del aniversario. Dice la Unesco que este año celebra que la tabla periódica permite encontrar soluciones para el desarrollo sostenible en campos tan diversos como la salud, la seguridad alimentaria y la energía, al facultar a los científicos predecir la apariencia y las propiedades de la materia. Sin embargo, también es una oportunidad de recordar que casi todos los elementos, incluidos aquellos de los que estamos hechos, proceden del ciclo de vida y muerte de las estrellas, que los produjeron a lo largo de la historia del Universo.

Al principio, tras la Gran Explosión hace unos 13.700 millones de años, había muy pocos elementos y muy ligeros, no se habría podido hacer una tabla periódica. “Durante 100 millones de años tras el Big Bang solo existían el hidrógeno, el helio y el litio”, recuerda la astrónoma Jennifer Johnson. “Después llegaron el carbón, el oxígeno y otros elementos muy importantes”. Se calcula que hasta ahora solo el 2% del hidrógeno y el helio de nuestra galaxia se han transformado en otros componentes por varios procesos.

En las estrellas masivas, se fusionan el hidrógeno y el helio para formar carbono, la base de la vida en la Tierra, y el carbono se transforma en elementos que tanto conocemos y usamos como el magnesio y el sodio. Al morir en una explosión de supernova, estas estrellas diseminan elementos pesados por el espacio, desde oxígeno a silicio y selenio, comenta Johnson, en un número especial conmemorativo de la revista Science. Sin embargo, el proceso es distinto en estrellas como el Sol, de poca masa, que terminan como enanas blancas, o en la fusión de estrellas de neutrones. Ahí se crean elementos como el calcio, el hierro, el rodio o el xenón. Al ser un proceso en marcha, la composición del Universo cambia con el tiempo, algo que pasa inadvertido.

De hecho, el Universo está en continua evolución desde que nació y continuará cambiando a medida que los elementos se combinan y se reducen en elementos nuevos en las estrellas capaces de nucleosíntesis. “Lo que más me gusta de esto es que existen diferentes procesos por los cuales las estrellas fabrican elementos y estos procesos están distribuidos por toda la tabla periódica. Es interesante recordar cuántas vidas de estrellas diferentes se invirtieron y se invierten en producir los elementos que utilizamos”, dice la astrónoma de la Universidad de Ohio. Sin embargo, da que pensar que dentro de mucho tiempo, unos 10 billones de años tras el Big Bang, ya no quedarán estrellas y no se producirán más componentes.

¿Hay elementos en el Universo que no están en la Tierra? Alguno, como el tecnecio, que es radiactivo y en la Tierra ya no existe naturalmente, pero se puede hacer artificialmente. También alguno, como el helio, se detectó antes en el Sol (de ahí su nombre) que en la Tierra pero nuestro planeta encarna una concentración de todos componentes universales, con la posible salvedad, claro, de la misteriosa materia oscura que nadie sabe de qué está compuesta.

Aparte del interés histórico de los elementos, la investigación más avanzada busca exprimir sus aplicaciones, como explican varios especialistas. Un área activa es la utilización de los metales de transición más comunes, como el cobre y el cinc, para crear nuevos tipos de células solares. Y también se está avanzando en la extracción y purificación de las tierras raras con métodos menos complicados y costosos que los actuales. Quince de esta clase de 17 elementos (como el disprosio, el erbio, el europio y el lantano) figuran en la lista de 2017 de materias primas fundamentales para la UE, ya que se utilizan en muchas industrias y no tienen sustitutos, aunque su producción está ahora casi por completo en manos de China.

Volviendo a la historia, esta vez más reciente, se puede recordar que el científico ruso Dimitri Mendeleiev presentó a principios de 1869 la ordenación de todos los elementos químicos conocidos entonces (63) en una tabla en la que había huecos, que investigaciones posteriores rellenaron al encontrar los nuevos elementos predichos, como el galio y el germanio. Por eso se le considera el padre de la tabla periódica, que ha ido ampliándose y modificándose hasta 2016, en que se publicó la última versión, por ahora, con 118 elementos. Sin embargo, Mendeleiev no obtuvo el premio Nobel durante su vida (murió en 1907).

Domingo, 03 Febrero 2019 05:30

No escribas mis sueños

No escribas mis sueños

Imaginen un tren cargado con un botín de guerra compuesto enteramente de relojes, haciendo cada uno tictac a un ritmo diferente, trasladándose por la tierra baldía polaca, hacia el corazón de la Alemania nazi. Seguramente les ha pasado de tener una pesadilla o un sueño recurrente del que no tenían la menor conciencia hasta que otro lo verbaliza, y cuando lo ven puesto en palabras, descubren con espanto que ese sueño lo tuvieron ustedes, y no una sino varias veces.

Eso es lo que le pasó, en 1960, al poeta polaco residente en París Czeslaw Milosz, cuando recibió una carta de Cracovia firmada por un desconocido llamado Stanislaw Czycz. Milosz había participado de la resistencia durante la guerra y apoyó el ascenso del gobierno socialista, pero se fue desencantando hasta que eligió exiliarse, con muy bajo perfil. Poca gente en Polonia conocía su paradero. Pero el desconocido Czycz lo había encontrado. La carta era extrañísima. Czycz le contaba que, durante la ocupación alemana, cuando era adolescente, pasaba las tardes en casa de un amigo fanático como él de la mecánica, trabajando en el desván, montando clandestinamente una motocicleta con piezas sueltas que robaban de la calle.


Un día descubrieron en el fondo de aquel desván una valija que el padre de su amigo, guarda de tren, había encontrado en un andén vacío de la estación de Cracovia, minutos después de que los alemanes fletaran un contingente de prisioneros a Auschwitz desde allí. Czycz había convencido a su amigo de abrir la valija y en ella encontraron una capa negra, un sombrero de copa y un arsenal de trucos de magia, así como unos volantes que anunciaban la presentación en la ciudad de un ilusionista llamado El Gran Nemo. En el fondo de la valija había además un rollo de poemas manuscritos, titulado Voces de Gente Pobre.


Czycz le decía a Milosz en la carta que hasta ese momento nunca le había prestado la menor atención a la poesía: “Sólo me interesaban las materias técnicas, soñaba con ser ingeniero algún día. Pero esos poemas del Gran Nemo me conmovieron tanto, que empecé a escribir”. La guerra terminó, pasaron los años, el comunismo llegó al poder y la Asociación de Escritores local reanudó sus actividades. Y un buen día Stanislaw Czycz sometió a su escrutinio un manuscrito en el que mezclaba poemas propios con aquellas Voces de Gente Pobre.

El libro se publicó y, aunque su repercusión fue casi nula en la efervescencia de aquellos años, le sirvió a Czycz como primer escalón de una solitaria y tenaz carrera literaria.

Milosz llevaba por entonces casi diez años exiliado en Francia, después de haber representado al gobierno socialista de su país en los primeros meses de posguerra y renunciar a ese puesto y abandonar Polonia al descubrir los verdaderos propósitos de los soviéticos. Sus libros estaban prohibidos en Polonia pero sus poemas previos al exilio se seguían leyendo clandestinamente, y así fue como Czycz había descubierto ‘con inenarrable desazón’ que los versos plagiados en su primer libro habían sido escritos “no por ningún Gran Nemo sino por el Gran Milosz”: se trataba de un volumen manuscrito que el futuro premio Nobel (lo ganaría en 1980, veinte años después de estos hechos) había hecho circular entre sus amigos de juventud, durante la guerra.


Para demostrar su buena fe y ganarse el perdón del poeta que tanto reverenciaba, Czycz adjuntaba a su carta los amarillentos originales que había encontrado en el fondo de aquella valija. Milosz se sentó a leerlos, dispuesto a someterse a una de esas inmersiones en la congoja que ningún exiliado sabe evitar, y entonces se topó con aquella descripción del tren cargado de relojes cruzando la tierra baldía polaca, haciendo cada uno tictac a un ritmo diferente, y creyó que se le paraba el corazón. Como he dicho, Milosz había tenido ese sueño, y más de una vez; sin embargo, jamás lo había puesto por escrito. De hecho, hasta que no lo vio traducido a palabras, en aquellas hojas amarillentas, no recordaba haberlo soñado siquiera.


Había más. Había un poema titulado “Anus Mundi” (es decir, “culo del mundo”, expresión con que un miembro del Estado Mayor alemán propuso llamar a Polonia en 1942) que empezaba con la misma frase con que Alfred Jarry ubicaba la acción en el comienzo de su Ubú Rey (una de las obras teatrales predilectas de Milosz): “En Polonia, es decir, en ninguna parte...”. Había también otro poema titulado “El grito del silencio”, que relataba que en la aldea de Swietobrosc había una iglesia y en la iglesia un ama de llaves a quien, después de muerta, “hubo que sacarla de su tumba / y empalarla en una estaca / para que dejara de gritar”. Milosz recordaba perfectamente el episodio: era uno de los relatos que le hacía su aya en la infancia para que dejara de berrear cuando lo acostaban. Pero él jamás había escrito un poema titulado “El grito del silencio”, ni tampoco “Anus Mundi”.


Hoy sabemos que, en los años más calientes de la guerra fría, las embajadas de los países comunistas en Occidente solían someter a sus exiliados más conspicuos a solapadas maniobras para doblegarlos o para desvirtuarlos ante la prensa internacional. Podían enviarles anónimos cajones y cajones de slivovitz, o envenenarles las mascotas. Puede que Milosz haya visto en aquella carta una operación de inteligencia para desequilibrarlo psíquicamente. O puede que simplemente sintiera lo que le había pasado a Arthur Schnitzler con Freud, en la Viena de 1920. Todos los amigos de ambas eminencias querían juntarlos. Schnitzler escribió en su diario: “Experimento ansia por conversar con él acerca de los abismos de mi obra y mi existencia, pero prefiero abstenerme de hacerlo”. Freud le escribió a Schnitzler, en la única carta que le envió: “Me he atormentado todos estos años preguntándome por qué no he intentado nunca charlar con usted. Creo que lo he evitado porque sentía una especie de miedo a encontrarme con un doppelgänger”.


La paranoia puede adoptar las facetas más inesperadas. Lo cierto es que Freud y Schnitzler nunca se juntaron, así como Milosz nunca contestó la carta de Czycz ni lo conoció. Ni siquiera cuando supo por casualidad, años después, que había existido en Polonia durante la guerra un ilusionista llamado El Gran Nemo, contestó aquella carta. En cuanto a Czycz, no era ningún esbirro de la policía secreta polaca: era un cuentista y guionista de cine, opositor al régimen y muy respetado entre sus pares, desde el director Andrzej Wajda hasta la irrepetible Wislawa Szymborska, poeta y premio Nobel. Wislawa dijo de él: “Poeta no era, pero sus cuentos eran de lo más original que he leído”.


Todo en Czycz era contradictorio: vivió de espaldas al mundillo literario, encerrado en su departamento, pero ese departamento quedaba en el último piso de la Casa de Escritores de Cracovia. Pasó la última mitad de su vida sumido en una depresión profunda, combatiendo enfermedades imaginarias que lo acosaban, mientras publicaba libros con títulos como No sé qué decirte, No se lo digas a nadie o En el río que no está allí, hasta que un cáncer fulminante de piel lo liquidó en pocos meses en el año 1996. Poco después, Milosz volvió a instalarse en Cracovia. Como Schnitzler y Freud, Milosz y Stanislaw Czycz se evitaron durante cuarenta años y murieron sin haberse visto personalmente ni una sola vez. Salvo en sueños, claro.

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