Miércoles, 30 Enero 2019 05:52

La libertad, causa común

La libertad, causa común

Este año será el del 40 aniversario de la revolución que derrocó a la dictadura de la familia Somoza. Cuando se rompa ese ciclo que parece fatal en nuestra historia, donde las tiranías parecen repetirse sin fin, la piedra que Sísifo ciego debe empujar eternamente hasta la cima de la montaña no tendrá que rodar de nuevo al plan del abismo. Habremos cambiado dictadura por democracia.

La derrota definitiva del régimen del último Somoza se debió a tres factores fundamentales: el primero de ellos el alzamiento popular encabezado por el Frente Sandinista, y que a partir de octubre de 1977 logró prender en todo el país, vertebrado por la participación creciente de miles de jóvenes de ambos sexos y de todas las clases sociales, hasta llegar a convertirse en una verdadera insurrección nacional.


El siguiente factor fundamental fue el respaldo que los jóvenes en armas recibieron de todos los sectores ciudadanos, sin ningún distingo, muchos alentados por su compromiso cristiano. La aparición del Grupo de los Doce, formado por empresarios, sacerdotes, profesionales, intelectuales, le dio a la organización guerrillera peso político nacional e internacional.
Y el tercero de ellos, pero no el menos importante, la gran alianza latinoamericana que se logró forjar, sin que esta convergencia de voluntades tuviera una identidad ideológica. Los presidentes se guiaban más bien por el repudio a un régimen que había perdido toda legitimidad, no tenía consenso nacional, y se basaba nada más en la represión brutal. Era la última de las viejas tiranías familiares de las “repúblicas bananeras”, un término acuñado por O’Henry en su novela De coles y reyes.


En esta alianza fueron fundamentales Venezuela, Panamá, Costa Rica, México y Cuba; el solo apoyo de Cuba, con cuyo sistema los comandantes guerrilleros sandinistas se identificaban, no hubiera sido suficiente. Más bien es lo contrario. Este apoyo, con pertrechos de guerra, fue posible en términos políticos porque los otros países, con sistemas basados en la democracia representativa, estuvieron presentes; y algunos de ellos prestaron también auxilio bélico, como Venezuela y Panamá, y recursos materiales, como México, para no hablar de Costa Rica, que se convirtió en retaguardia de la lucha armada.


La llegada de Jimmy Carter a la presidencia de Estados Unidos en 1977 abrió una puerta nueva en las relaciones de Washington con América Latina, como pudo verse con la firma ese mismo año de los tratados Torrijos-Carter que devolvieron a Panamá la soberanía del canal. Y la intimidad de medio siglo con la dinastía de los Somoza llegó a su fin con la nueva doctrina de derechos humanos proclamada por Carter. Somoza no entendía aquella hostilidad imprevista que también fue clave para acabar con su reinado.


Omar Torrijos conocía bien la calaña de Somoza, cegado por su obscena voluntad de quedarse para siempre en el poder. Rodrigo Carazo era presidente de un país democrático por convicción y tradición; Costa Rica había soportado por el último medio siglo la vecindad de una dictadura de aquella calaña, y quería para Nicaragua un gobierno igualmente democrático. Y Carlos Andrés Pérez, que venía de la tradición socialdemócrata de Rómulo Betancourt, sabía cuánto se parecía la dictadura de Pérez Jiménez, bajo la que se había visto obligado a exiliarse de Venezuela, a la del viejo Somoza, fundador de la dinastía.


Y en aquel alineamiento de los astros, que fue tan propicio a la caída del último Somoza, la figura del presidente José López Portillo, de México, resultó crucial. Su respaldo fue constante, oportuno y generoso. Me recibió no pocas veces, y puso en sintonía a su gabinete para darnos apoyo, antes y después del triunfo de la revolución. Rompió relaciones diplomáticas con Somoza en mayo de 1979, y nos había pedido que le dijéramos cuál sería la mejor oportunidad para hacerlo. Cuando vino por primera vez a Managua en 1980 en visita oficial, alguno de sus secretarios le preguntó durante el vuelo qué tratamiento habría que dar a Nicaragua en cuanto a ayuda material, y él respondió que igual a cualquier estado de México.


Era el fruto de una larga y generosa tradición. Hubo nicaragüenses que combatieron del lado de las fuerzas revolucionarias en México, uno de ellos el poeta Solón Argüello, secretario privado del presidente Francisco Madero, y fusilado en 1913 tras el golpe de Estado que culminó con la usurpación del dictador Victoriano Huerta; combatientes mexicanos pelearon contra Somoza durante la revolución, y murieron en tierra nicaragüense, como la inolvidable Araceli Pérez Darias.


El presidente Plutarco Elías Calles respaldó con armas a los insurrectos liberales que se alzaron en Nicaragua en defensa de la Constitución en 1925. El presidente Emilio Portes Gil acogió a Sandino en Yucatán en 1929. Y México fue clave en las gestiones del Grupo Contadora para lograr los acuerdos de paz de 1987 que llegaron a poner fin al conflicto armado con la Resistencia Nicaragüense.


En América Latina nada es nunca hacia adentro. La libertad ha sido siempre una causa común.


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La OIT, cien años después, trata de definir qué es el trabajo

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) inauguró las festividades que marcarán su centenario a lo largo de este año 2019 y dio a conocer las bases del informe que con el objetivo de medir los desafíos que se avecinan encomendó hace dos años a una Comisión de expertos independientes sobre el futuro del trabajo.

Lo que sorprende del trabajo comenzado es que en la ausencia del mundo real de la informalidad, la fragmentación del empleo y el trabajo no pagado directamente, el informe naufraga con recomendaciones con un mundo que ya no existe, todo resumido en un fondo de emergencia ambiental


Inicios y presente


Tal vez sea un hecho poco conocido, que la organización del trabajo nació en Versalles. De hecho, la Conferencia de Paz estableció una Comisión sobre el derecho internacional del trabajo y le ordenó que desarrollara la Constitución de una organización internacional permanente. El contexto era por entonces importante para dar una respuesta creíble a la "cuestión del trabajo", aunque el objetivo apenas velado estaba dirigido en particular para contener el riesgo de la internacionalización de la revolución comunista de 1917 que parecía instalarse en Alemania.


Un siglo después, el contexto es totalmente diferente. Con el fin de medir los desafíos que se avecinan, la OIT encomendó a una Comisión de expertos independientes hace dos años que pensara en el futuro del trabajo.


Copresidida por el mandatario de Sudáfrica Ciryl Ramaphosa y el primer ministro de Suecia Stefan Löfven, la Comisión propone una visión de un programa centrado en las personas, basado en la inversión en las capacidades de los individuos, las instituciones laborales y en el trabajo decente y sostenible. Entre las diez recomendaciones se encuentran:


• Una garantía universal de empleo que proteja los derechos fundamentales de los trabajadores garantice un salario que permita un nivel de vida digno, horas de trabajo limitadas y lugares de trabajo seguros y saludables.


• Una protección social garantizada desde el nacimiento hasta la vejez que atienda las necesidades de las personas a lo largo de su ciclo de vida.


• Un derecho universal al aprendizaje permanente que permita que las personas se formen, adquieran nuevas competencias y mejoren sus cualificaciones.


• Una gestión del cambio tecnológico que favorezca el trabajo decente, incluso a través de un sistema de gobernanza internacional de las plataformas digitales de trabajo.
• Mayores inversiones en las economías rurales, verdes y del cuidado.


• Una agenda transformadora y mensurable a favor de la igualdad de género.


• La reestructuración de los incentivos a las empresas a fin de estimular las inversiones a largo plazo.


Este informe es el resultado de un examen realizado a lo largo de 15 meses por los 27 miembros de la Comisión Mundial, constituida por destacadas personalidades del mundo empresarial, laboral y académico, grupos de reflexión y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. 

 

La contracara del informe


Aquellos que esperaban una visión ambiciosa se decepcionarán. El genio de cada experto parece haber disminuido, por no decir silenciado, en este trabajo grupal, ya que el punto de partida y el estado de la realidad están ausentes del informe. Como resultado, el texto flota en la ambigüedad de las buenas intenciones y se hace evidencia misma la falta de cemento en el hormigón del trabajo humano a comienzos del siglo XXI.


Si bien la definición de trabajo adoptada por la OIT abarca toda actividad relacionada con la producción de bienes, servicios individuales y colectivos, el texto de la Comisión sólo se ha centrado en el trabajo remunerado. Deja por fuera dos universos socioeconómicos importantes: por un lado, trabajo remunerado en otros contextos como salarios (independiente e informalidad) y el trabajo que tiene lugar sin (plena) remuneración directa – como el trabajo doméstico.


Recordemos que el trabajo doméstico tan importante en volumen como el trabajo remunerado,– según la OIT, estimaba a 67 millones de personas – es otro aspecto en que la Comisión no aborda realmente, excepto cuando habla del mundo rural en los países en desarrollo. Este silencio tal vez sea menos sorprendente porque esta actividad escapa a toda estadística seria de trabajo, de la misma forma que es ignorada por las estadísticas de producción.


Las estadísticas de la OIT demuestran que, a nivel mundial, la ganancia salarial es menos de la mitad del trabajo remunerado. Si corresponde al 85% de los "puestos de trabajo" (en sentido estadístico) en los países de ingresos altos, la proporción recae en el 25% en los países menos adelantados, donde el servicio público es el principal proveedor de este tipo de trabajo.


El resto es responsabilidad de los trabajadores autónomos y de los miembros de la familia. Incluso si la Comisión pide la ampliación del diálogo social, el aprendizaje permanente, la cobertura universal de la seguridad social, las condiciones de trabajo decente y la garantía de un salario digno para todos, es una brecha abismal en el contexto actual de la locura capitalista.


El 82% de la riqueza mundial generada durante 2018, fue a parar a manos de 26 multimillonarios, el 1% más rico de la población mundial, mientras que el 50% más pobre – 3.700 millones de seres humanos- no se benefició lo más mínimo de dicho crecimiento, según el reciente Informe de Oxfam.


En realidad, el informe de los expertos propone la ampliación al mundo de un modelo que se está agotando en la mayoría de los países como resultado de la "uberización" y la fragmentación del trabajo.


Aunque esté plenamente comprendida en la definición de la labor adoptada por la propia OIT, la Comisión del centenario de la OIT no agota (y lejos está de hacerlo) el problema del futuro del trabajo. Destaca además que la inteligencia artificial, la automatización y la robótica darán lugar a una pérdida de empleos, en la medida que las competencias se volverán obsoletas.


Sin embargo, muchos son los que piensan que estos mismos avances tecnológicos, junto a la ecologización de las economías, también crearán millones de empleos, si se aprovechan las nuevas oportunidades.


Este tipo de diálogo social “puede contribuir a que la globalización nos beneficie a todos”, declaró el primer ministro sueco y copresidente de la Comisión Mundial, Stefan Löfven. “El mundo del trabajo experimenta grandes cambios que crean numerosas oportunidades para más y mejores empleos. Pero los gobiernos, los sindicatos y los empleadores necesitan trabajar juntos a fin de hacer que las economías y los mercados laborales sean más inclusivos”, añadió.


Todo este tufillo de las festividades del centenario de la OIT tiene mucho sabor a la conciliación de clases, cuesta aun admitir, sin tratarnos de trasnochados, que la lucha de clases es un fenómeno que se refiere al eterno conflicto entre las dos clases sociales existentes, entre los que producen y los que no producen, entre los que sin trabajar se adueñan de la producción y excluyen a los que trabajan.


Es la lucha entre explotadores y explotados; entre esos 26 multimillonarios, que destacan los informes, entre ese 1% más rico de la población mundial, que abarca la misma riqueza de 3.700 millones de seres humanos.


La lucha de clases, es decir, la lucha entre el trabajo y el capital no es en absoluto un concepto que pertenece al pasado. En un mundo de creciente desigualdad, es una realidad más pertinente que nunca.


Con la victoria del neoliberalismo, los gobiernos han dejado de actuar como mediadores entre el capital y el trabajo con el objetivo de mitigar la desigualdad. Por lo tanto, los sindicatos que todavía sólo se basan en la idea de asociación, a menudo son incapaces de librar luchas ofensivas. En el mejor de los casos, luchan por mantener el statu quo y, aun así, la mayoría de las veces no tienen éxito.


Por ello se genera un sentimiento, cuasi una necesidad urgente de que se escuchen otras voces en 2019 y puedan proporcionar a la organización con sede en Ginebra otros análisis y otras hipótesis de trabajo con el fin de enfrentar el mundo real de la informalidad, la fragmentación del empleo y el trabajo no pagado directamente, todo en un fondo de emergencia ambiental. Inteligencia Artificial si, robotización sí, …pero aquello de la justicia social, ¿dónde queda?

 

Por Eduardo Camín,  Periodista uruguayo, miembro de la Asociación de Corresponsales de prensa de la ONU. en Ginebra. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la
Rebelión
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“Hay que reanudar un discurso de reformismo duro y radical en Europa”

Nacido en 1933 en Padua, buena parte de la vida de Antonio Negri es historia de la Autonomía obrera italiana y de la vida política europea más vinculada a los movimientos de base. Estos días presenta en España la primera parte de sus memorias: Historia de un comunista, publicadas por Traficantes de Sueños, que comprenden desde su infancia hasta el proceso judicial que, en 1979, le llevaría a la cárcel por motivos políticos, y luego al exilio en Francia. Marxista heterodoxo, su biografía está apegada a la experiencia singular del operaísmo –un movimiento que tuvo su origen en los años 60 y que acabó siendo parte del ciclo de luchas del largo 68 italiano. Un movimiento que, además de la revuelta estudiantil, se articulaba a partir de las movilizaciones de fábrica: la vivencia y resistencia en la cadena de montaje que tuvieron su eclosión en el “otoño caliente de 1969”. En los años 70, aquellos grupos operaístas conectaron con las nuevas subjetividades que surgieron tras las revueltas sesentayochistas y los comienzos del capitalismo postindustrial –con su rechazo del trabajo asalariado y nuevas prácticas autónomas que rompían con la idea clásica de socialismo y de partido.

Buena parte de su obra ha destacado por ser una investigación sobre las posibilidades del comunismo hoy a partir de una práctica militante basada en la coinvestigación junto a los explotados y oprimidos en un mundo colonizado por el capital En sus memorias recién publicadas encontramos un recorrido que parte de la Europa atravesada por la guerra en un mundo de nacionalismos, fascismos y colonialismos europeos que mucho tienen que decir sobre el presente.


Se acaba de publicar la primera parte de sus memorias. El libro empieza con su experiencia de la infancia marcada por la guerra: es hijo de un comunista, asesinado por los fascistas, mientras que su hermano mayor muere como voluntario fascista en los últimos años de la guerra en Italia. Es decir, una vida que comienza marcada por el dolor de la guerra, y el sacrificio de su hermano por una idea trascendente de patria y nación. ¿Qué nos puede decir esa experiencia –la de los últimos coletazos del nazifascismo en Italia– sobre el fascismo que pueda venir?


Es difícil trasladar las experiencias infantiles de una persona a una perspectiva racional sobre el futuro, porque al hacerlo las explicamos como se explica una pesadilla, que es lo que experimento si trato de considerar hoy el fascismo bajo esa luz. Prefiero más bien pensar el fascismo en términos racionales, es decir, intentando entender lo que ha sido siempre: el poder de una clase de patronos, de una clase de capitanes de industria y de las finanzas para reprimir y bloquear la lucha de clases. Para mí el fascismo fue esto. Hoy de aquella experiencia, después de más de ochenta años de vida, me queda fundamentalmente la pesadilla de una cosa que ha de ser rechazada hasta el fondo.


En el libro hablo por primera vez de mi hermano, que murió por rechazar la guerra civil diciendo que se marchaba a defender la patria contra la invasión aliada en vez de quedarse en casa, donde –en los meses inmediatamente posteriores– habría tenido que enfrentarse en la guerra civil que comenzó en Italia –lo que hoy en Italia se llama la Guerra de Resistencia, pero que fue en realidad una guerra civil–. Nunca había hablado de la historia de mi hermano Enrico hasta bien cumplidos los ochenta años. En esos setenta años de silencio se encuentra la dureza de pensar el fascismo.


¿Qué balance puede hacer del periodo llamado de la globalización neoliberal y qué tiene que ver con la situación de avance autoritario y racista en todo el planeta?


El hecho de que el neoliberalismo –después de tantos himnos y elogios a la libertad– termine asumiendo una posición autoritaria significa que no puede seguir avanzando a menos que realice un acto de fuerza sobre las condiciones sociales para poder aplicar sus medidas. Está claro que este impulso autoritario que empieza a afirmarse de manera tan extendida en el ámbito global corresponde a una crisis en el desarrollo del neoliberalismo y esa crisis responde a su vez al fracaso de sus técnicas de invasión del mundo y de reestructuración del circuito de la producción y de la circulación de las mercancías. Se ha alcanzado un límite crítico al que el neoliberalismo no sabe responder salvo en términos autoritarios.

Probablemente esto tiene que ver con límites intrínsecos a la ola neoliberal, que es un pensamiento y un proyecto que trató de superar el reformismo capitalista, el New Deal, es decir, la gran política occidental contra la Unión Soviética desde los años treinta. En los años treinta se define esa política reformista, que asume formas contrarias a los principios del liberalismo, pero dentro del capitalismo. Roosevelt se alía con los soviéticos para derrotar al fascismo – esto es algo que hay que recordar siempre.


El neoliberalismo es un intento de volver al momento anterior a Roosevelt, como si la Revolución de Octubre y el llamado “siglo breve” comprendido entre esa revolución y la caída del Muro de Berlín en 1989 y que permitió el gran desarrollo de las fuerzas productivas populares y proletarias no hubiesen existido. De este modo, dentro del neoliberalismo hay una idea profundamente regresiva: la lógica misma del proyecto trata de destruir la historia del enfrentamiento entre las clases en el siglo XX. Esto implica un elemento de violencia extrema que hoy –precisamente porque el proyecto empieza a verse en dificultades– se revela como un reclamo del fascismo, del viejo fascismo; pero que se expresa en términos completamente distintos, en una dimensión biopolítica, porque el fascismo originario surge contra el bolchevismo y hoy, en cambio, lo hace contra determinados niveles de vida conquistados por los trabajadores.


¿Qué puede enseñarnos la situación de Brasil, con la victoria de Bolsonaro –cuyo gobierno se perfila como autoritario y racista– y en qué medida implica una reacción contra los gobiernos progresistas latinoamericanos y el fin de un ciclo que se cierra definitivamente en el continente?


Es difícil establecer parangones con América Latina. El neoliberalismo tiene necesidad de una estabilización, de un esfuerzo para superar lo que E.P. Thompson llamaba “la economía moral de la multitud”, que era también la de las viejas clases de trabajadores antes y durante de Revolución Industrial. Hoy el neoliberalismo se enfrenta a una desestabilización del estado de bienestar, fundamentalmente de determinadas dimensiones biopolíticas de regulación de la sociedad –educación, sanidad, derechos reproductivos y autonomía de las mujeres, etc.– que se presentan como algo irreversible. En Brasil han sido capaces de conquistar una mayoría electoral en nombre de la denuncia de la corrupción y de la promesa de acabar con la violencia vinculada a la inseguridad ciudadana. El problema de la corrupción en Brasil es un problema completamente intrínseco a la estructura del poder; una estructura omnipresente en la que el pago de sobornos a los distintos actores del juego parlamentario es una costumbre y los procesos contra la corrupción han provocado una disgregación de la clase política y de las élites del poder.


El otro elemento, el de la seguridad, es terrible, porque supone también un elemento de disgregación y al mismo tiempo es un elemento puramente racial, de racismo, un elemento colonial reintroducido en el discurso político. Las élites blancas quieren ser absolutamente dominadoras, es el alma colonial de los dirigentes blancos en Brasil –que son minoritarios demográficamente–. Esto es algo evidente y monstruoso. Yo no sé lo que sucederá en Brasil, pero cabe decir que nunca se había llegado a un tipo de fascismo tan cruel, salvo en la época del dominio nazi.


¿Por qué el antifeminismo está teniendo un papel destacado dentro de la ideología de estos nuevos proyectos fascistas?


El odio hacia la emancipación femenina es un elemento completamente central. ¿Por qué ese odio a las mujeres? Por una razón muy sencilla,: porque la lucha de las mujeres hoy, cuando se plantea en el terreno de la reproducción, afecta a elementos fundamentales del liberalismo: al mantenimiento del concepto de familia y de herencia del liberalismo y que constituye la base misma del sistema capitalista desde el punto de vista jurídico. Propiedad, familia y herencia son elementos que forman un todo interconectado en la filosofía del derecho de Hegel, del mismo modo que propiedad, soberanía y pueblo. Así que tenemos estas dos dimensiones en torno al movimiento feminista, que conlleva por un lado, el ataque al autoritarismo, pero también al patriarcado de la propiedad de la familia y de la educación. Esto me parece completamente central, aunque este elemento antifeminista no se dé con tanta violencia en los gobiernos actuales en Europa. No hay de momento ningún ministro europeo que se haya presentado poniendo en tela de juicio todos los derechos que las mujeres han conquistado.


En su obra la reflexión sobre el común tiene un papel destacado, ¿podríamos decir que el feminismo se ha convertido en el movimiento fundamental de reconstrucción del común?


En mis trabajos el discurso feminista es bastante reciente, y aquí tengo que hacer autocrítica. En realidad lo conozco desde los años 70, cuando las compañeras con las que trabajaba en Potere Operaio teorizaron sobre el salario para el trabajo doméstico. Desde entonces pienso que la lucha de clases tiene que comprender no solo el trabajo de producción, sino también el trabajo de reproducción. Pero desde aquellos años –y aunque he introducido el punto de vista feminista en mi investigación– he hecho un discurso que ha estado fundamentalmente vinculado a la producción. Cuando he hablado de la reproducción siempre lo he hecho en general, a veces con una especie de miedo benévolo a afrontar problemas que se remitían a lo femenino porque en nuestra historia muchas veces nos hemos encontrado con el feminismo de la diferencia italiano y su actitud de exclusividad y de rechazo respecto a cualquier utilización del discurso feminista. Esta es mi experiencia: aún entendiendo las conexiones he tenido que limitar mi discurso, porque me he encontrado con esta situación de bloqueo, de limitación, donde se nos venía a decir: “tú a tu discurso, que nosotras hacemos el nuestro”.


Pero esta expresión nueva y formidable que se ha producido ahora con el movimiento feminista, ha sido para mí un suspiro de alegría, porque se presenta la posibilidad de reanudar un discurso que espero que pueda ser común. En los años 70, uno de los mayores pasos adelante dados por el operaismo en aquel periodo se dio precisamente a través de la introducción del discurso sobre el trabajo femenino. Para la hipótesis del paso del obrero masa al obrero social fueron determinantes las elaboraciones feministas y poscoloniales. El feminismo y la teoría poscolonial nos dieron una gran perspectiva para avanzar: la perspectiva de la socialización de la explotación y, por lo tanto, de una valorización basada no tanto sobre la producción sino también sobre la circulación y la reproducción.


¿Cómo analiza la emergencia de nuevas figuras políticas como la de los “Gilets jaunes” (chalecos amarillos) y cuál es su relación con un régimen neoliberal que se está radicalizando? ¿Qué nos dice esa revuelta sobre el presente de las luchas y hacia dónde apunta esta protesta?


Francia es el país en el que el neoliberalismo ha intentado con Macron poner en marcha un proyecto radical, a pesar de que la crisis del neoliberalismo ya se había hecho sentir y habían aparecido fuerzas populistas a derecha e izquierda, donde la de derechas es particularmente peligrosa.


Muchos consideran que este intento de Macron podía aportar una continuidad de las reformas neoliberales, solo que el coste se ha revelado insoportable. No se trata solo de las grandes reformas que ha impuesto: las pensiones, la reforma laboral, etc., sino que se trata de lo que en Italia se llama la pidocchieria (cicatería): un método fiscal de pequeña sustracción de rentas. Se retiran a cada salario 10, 15, 50 euros para otros proyectos: una especie de método propio de un patrono de fábrica pero aplicado al Estado y a la sociedad de una manera injuriosa y cínica. La miseria existente, sumada al rechazo de ese cinismo, han creado esta explosión impresionante. Cuando lees que el 70% de la población aprueba las acciones violentas de los “chalecos amarillos” –en un país que no es en absoluto un país fanático–, significa que hay algo que verdaderamente no funciona. Los “chalecos amarillos” suponen la denuncia de una crisis profunda de la regulación neoliberal, algo que está sucediendo en todas partes en Europa. La gente no aguanta más.


Otro elemento positivo es la unidad que se ha producido en relación a dos reivindicaciones irrenunciables: la reintroducción del impuesto sobre las grandes fortunas –que fue eliminado por Macron– y el aumento del salario –del poder adquisitivo–. Creo que no se ha llegado a la idea de una renta básica pero está virtualmente ahí, apoyada en la idea de igualdad que está presente en el movimiento: “hay que quitar a los ricos para dar a los pobres”. Se ha logrado el aumento del salario mínimo y se ha superado el techo de déficit público y fiscal: se ha vulnerado el pacto fiscal, pero no es suficiente, el movimiento continúa y crece. Ahora mismo el sistema constitucional está siendo puesto en tela de juicio por un contrapoder activo que no se reconoce en la representación, que por ahora se niega a convertirse en partido y que busca nuevas formas de organización, de expresión. Esta es hoy la situación francesa: una situación absolutamente explosiva.


¿Qué enseñanzas podemos extraer de la apuesta institucional que hicieron una parte de los movimientos sociales surgidos con el 15M en España y que sentaron las bases de la emergencia de Podemos y de las experiencias municipalistas?


Yo creo que las luchas preceden siempre a los movimientos del capital, y no cabe duda de que en este caso nos encontramos con esta anticipación institucional. ¿Podía representarse el movimiento del 15M de manera distinta de la forma partido? Yo esperaba que sí, porque me parecía que era una fuerza que podía expresarse a través de dos formas de contrapoder difuso: por un lado el municipalismo y, por el otro, las Mareas articuladas en torno a problemas específicos. Me parecía que esto podía ser una clave para evitar la aceleración que la construcción del partido ha producido sobre la madurez del movimiento: una aceleración que ha quemado muchas posibilidades. Esa aceleración podría justificarse si ese partido hubiera mantenido un articulación amplia con el movimiento. El partido, por el contrario se ha cerrado inevitablemente. El sistema representativo no es un sistema de representación, sino de gestión del poder. Mientras no entendamos esto, no conseguiremos inventar una democracia que funcione. Hay que superar el sistema de representación tal y como está hecho porque ha sido un sistema inventado por los liberales, un sistema adecuado a una sociedad basada en la organización de la extracción de la ganancia. Hoy con los sistemas mediáticos que tenemos esta forma de gobierno es indestructible desde dentro, no se puede atravesar. Esto es algo que sabíamos desde hace muchos años y que los teóricos liberales mismos teorizaron en este sentido.


En este contexto, una parte de la izquierda europea responde con una apuesta por lo nacional-popular. En España, por ejemplo, se está teniendo un debate sobre si la respuesta a la ultraderecha y al neoliberalismo tiene que pasar por enarbolar la bandera de la nación y de la soberanía nacional...


¡Bueno esto sí que es “la imaginación al poder”!: el intento de recomponer sobre la nostalgia del pasado –porque se trata de formas nostálgicas– algo que hoy es completamente diferente. Lo nacional-popular se basaba en la hegemonía de un partido que era un partido bolchevique, y ese partido poseía los instrumentos para subordinarse los mecanismos de producción de hegemonía cultural, como por ejemplo los sindicatos. Poseía en cierto modo las claves de la intermediación social. Esa intermediación social era posible en una realidad sumamente estratificada y en una sociedad –esto no hay que olvidarlo– completamente atrapada dentro del mecanismo reformista, porque sin reformismo no tiene sentido hablar de lo nacional popular. Era una sociedad reformista keynesiana, fordista, en la que había fuerzas sociales que podían ser mediadas a través de un discurso que, en el caso concreto de los partidos comunistas europeos, era un discurso puramente reformista de mantenimiento del orden en el interior del desarrollo capitalista basado en el crecimiento. Decidme cuáles de estas condiciones existen hoy para crear un proyecto nacional-popular: hoy no existe ninguna de las condiciones que permitirían recrear un modelo de ese tipo.


El problema organizativo radica hoy en la organización de la multitud, en grandes movimientos transversales como son el movimiento feminista, los movimientos del sindicalismo social, los movimientos de los jóvenes, etc. porque la sociedad misma ya no está estratificada, sino que el valor de la sociedad es extraído y organizado en el plano financiero. No se puede pensar sin esta dimensión, si no contemplamos la crisis del liberalismo en el plano financiero, si no pensamos la extracción del valor, la financiarización del valor y todo lo que vincula las cosas que se producen en el plano local con el ámbito mundial, con la logística mundial. El mundo hoy funciona como dos muñecas rusas, una dentro de la otra. La primera es la globalización física del mundo: hoy la globalización ya no es una idea, sino que es algo físico, es un orden financiero, son los bancos, etc. Luego están todas las redes de energía, la energía que circula a través de tubos y cables y que es también algo físico. Por otra parte está la comunicación, la producción y circulación del dinero: un mundo que se produce con sus propias fuerzas. Pero hay algunos que creen que pueden reducir el mundo a su propio jardín soberanista y hacerse su propia casa sin tener en cuenta estos dos mundos. Dos mundos que giran en direcciones contrarias y el problema es hacer que giren juntos, que giren en la misma dirección: volver a vincular la globalización material –la estructura– a todo lo inmaterial que gira a su alrededor. Por supuesto, hoy está también la temática ecológica que atraviesa todo esto, pero sobre todo tenemos encima la guerra como un riesgo cercano.

Las revueltas que se producen en el 68 fueron objeto de una “contrarrevolución neoliberal” –en palabras de Paolo Virno–, aunque algunos de sus componentes de revuelta subjetiva han dado lugar a conquistas en derechos y formas de vida alternativas. Hoy el 68 es impugnado tanto por parte de la derecha más reaccionaria –en el nuevo fascismo de muchas partes del mundo hay componentes antifeministas, contra los derechos LGTBI, etc.– como por parte de cierta izquierda cuyo análisis es que los movimientos sociales que se han derivado en buena manera del 68 han fragmentado la clase obrera –con un concepto estático de la clase obrera – y han hecho diluirse el horizonte de emancipación. ¿Qué piensa de estas impugnaciones?


Frente a estas críticas la única respuesta es que no es cierto que el 68 haya fragmentado lo social ni nada por el estilo. El 68 fue un gran proceso de luchas obreras. En Francia hubo un millón de estudiantes en lucha, pero también diez millones de obreros industriales en huelga general durante un mes. Se trató de la última gran batalla defensiva frente al proyecto capitalista de destruir la fábrica como elemento central en la producción. Lo mismo ocurrió en Italia. Así que no fue el 68 el que fragmentó la clase obrera, antes al contrario: el 68 fue un gran movimiento de los estudiantes y de las capas intelectuales que se dirigieron a la fábrica precisamente para defenderla.


Yo creo que estas críticas se dirigen más al post 68. En el post 68 se produce una gran mutación cultural a partir de un desarrollo de las capacidades productivas de los componentes sociales de la multitud. No tiene sentido lamentarse de que la clase obrera se haya disuelto en la sociedad, porque a través de esa disolución, de ese devenir multitud, la clase obrera se ha hecho más rica en términos de productividad y ha transformado la propia producción –que estaba directamente sometida al poder de mando de los patronos en la fábrica– en algo difuso, cuyo elemento fundamental ha sido la cooperación social. Esto ha traído consigo que los instrumentos de una clase obrera que se había unificado en la fábrica hayan estallado y hayan desaparecido.


El gran defecto del movimiento obrero consistió en no haber percibido que esa diferencia estaba formándose, en no haber tenido la capacidad de adecuarse a ella. Por el contrario, los grandes movimientos autónomos siempre han seguido la pista de estas transformaciones, las han representado a pesar de toda la confusión y todas las dificultades que se han dado. ¿Por qué hoy nos quedamos estupefactos ante acontecimientos como el 15M o como los “chalecos amarillos”? ¿Quién se los esperaba? Ante estas cosas, en los movimientos autónomos siempre hemos dicho : “nosotros no las hemos creado, pero hemos organizado lo que ha venido después”.


Europa ha tenido siempre un papel importante en su pensamiento, ¿considera que todavía puede ser un espacio o una herramienta para combatir las amenazas del imperialismo, la guerra y el fascismo?


Soy un hombre del siglo XX y para mí Europa sigue siendo, a pesar de todo, un paso adelante porque creo que el significado de Europa como punto final de la guerra es algo que permanece. Ha habido demasiados muertos, muchos jóvenes que fueron a morir por nada. Esa angustia está antes que nada en la raíz de mi adhesión a Europa. Luego el proyecto europeo se ha convertido en un elemento de represión de las necesidades y los deseos, y esto supone una enorme decepción. Y hay que luchar contra esto, pero hay que luchar de manera realista, desde dentro. Tenemos que pensar que vivimos en un mundo en el que, si cae Europa, las potencias que están por encima no tardarán en comérsela. Se merendarán cada uno de nuestros países como la Troika se ha merendado a Grecia.


Europa sigue siguiendo un terreno común, de manera mucho más realista que cualquier discurso soberanista. Hasta los fascistas franceses, que eran los más duros contra el euro, se han dado cuenta de que no se puede estar en contra. Para nosotros se trata de empezar a luchar dentro en términos continentales y considerando que somos hermanos y compartimos una historia y rasgos culturales comunes. Desde el punto de vista de nuestras pasiones y necesidades, los europeos somos algo próximo. Pero es fundamental cambiar el neoliberalismo, ir más allá. Hoy la batalla no es contra Europa, sino contra el neoliberalismo y tenemos que construir alianzas en este terreno. No creo que se puedan hacer en términos de populismo o de nacional-populismo, donde los diferentes modelos de soberanismo tendrían que ponerse de acuerdo. Cuando los soberanistas italianos han tratado de conseguir el apoyo de los austríacos para resolver algún problema se los han encontrado de frente. Es un propósito completamente contradictorio.


Para encontrar una unidad hay que reanudar un discurso de reformismo duro y radical en Europa. Este es el único camino que podemos recorrer. Hay temas como los que están surgiendo ahora con la lucha de los “chalecos amarillos” que habría que recuperar a nivel europeo: una justicia fiscal radical –no puede ser que los patronos no paguen impuestos–que implique una progresividad altísima de los impuestos; una elevación del salario medio y de las rentas del trabajo y la introducción de una renta básica de ciudadanía. Estos son los elementos con los que debemos buscar el acuerdo en Europa y son también los primeros pasos para la construcción del común. El comunismo consiste en poner en común esas formas de vida en las que nos encontramos cooperando, en hacerlas capaces de un esfuerzo, de una lucha y de una construcción. Porque hoy el problema es el de la construcción del común. Cuando hoy trabajas en red, sabes perfectamente lo que es el común. ¿Cómo se gobierna esa red? Los patronos la gobiernan individualizando, se trata de gobernarla comunalizándola. Y este es un problema que parece difícil, pero en realidad no lo es tanto, pero pasa por una toma de conciencia. El común en sí ya existe, el común para sí hay que inventarlo o mejor dicho, hay que inventar el pasaje de uno a otro. Lo importante es afirmar que no será el para sí liberal el que terminemos alcanzando. De eso no cabe duda.

16 de Enero de 2019

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Racismo en EE.UU.: una historia de dos Kings

Si Martin Luther King Jr. estuviera vivo, el martes pasado habría cumplido 90 años. Lamentablemente, fue abatido por la bala de un asesino en la terrible fecha del 4 de abril de 1968. Tras una prolongada lucha, finalmente en 1986 se estableció el día de su nacimiento como feriado nacional. Muchos estados, como Nuevo Hampshire, Carolina del Sur, Arizona y otros más, retrasaron la implementación del feriado, lo cual expuso la vigencia del problema del racismo institucional.

Esta semana, justo cuando se conmemoraba otro aniversario del nacimiento de Martin Luther King Jr., otro King captó la atención pública: Steve King, un congresista republicano racista del estado de Iowa. Este King sumó una nueva declaración a su extensa lista de comentarios racistas, cuando dijo en una entrevista concedida al periódico The New York Times la semana pasada: “Nacionalista blanco, supremacista blanco, civilización occidental. ¿En qué momento esas palabras comenzaron a ser ofensivas?”. Al comentar sobre la diversidad de la composición del nuevo Congreso estadounidense, agregó: “Podrías observar al Partido Demócrata y pensar que en este país no hay lugar para los hombres blancos”. Sus declaraciones provocaron una violenta reacción en su propio partido, que lo despojó de sus funciones en diferentes comités parlamentarios. Algunos miembros republicanos del Congreso, junto con varios integrantes demócratas, están demandando su renuncia, al igual que los consejos editoriales de destacados periódicos de Iowa.


La Cámara de Representantes de Estados Unidos, ahora con mayoría demócrata, aprobó una resolución —en el aniversario del nacimiento de Martin Luther King Jr.— que rechaza el uso de los términos “nacionalismo blanco y supremacía blanca por ser expresiones de odio e intolerancia”. Si bien se hace mención a los comentarios de Steve King reflejados en el periódico The New York Times, no se lo condena expresamente, ni tampoco a sus palabras. La resolución fue aprobada por 424 votos a favor y uno en contra. El propio Steve King votó a favor.


Ese solitario voto en contra fue emitido por el demócrata de Illinois Bobby Rush, uno de los miembros más veteranos del Bloque Afroestadounidense del Congreso. Rush participó activamente en el Comité Coordinador Estudiantil No Violento durante la lucha por los derechos civiles en la década de 1960, y fue cofundador de la sección regional de las Panteras Negras en Illinois, en 1968. Rush declaró: “Esta resolución solo ratifica lo obvio. No aborda el racismo violento, virulento y rabioso de Steve King. Esta resolución demócrata es un insulto al legado de Martin Luther King Jr., en el marco del aniversario de su nacimiento. Debemos llevar adelante un voto de censura… para castigarlo por su intolerancia y su racismo”.
Mientras la carrera política de Steve King se derrumba bajo el peso de su racismo, el silencio del presidente Donald Trump sobre el congresista de Iowa resulta ensordecedor. Cuando se le preguntó sobre el congresista King en el jardín de la Casa Blanca este fin de semana, Trump, un consumidor notoriamente voraz de las noticias por cable, afirmó: “No lo estuve siguiendo. Realmente no lo estuve siguiendo”. La respuesta de Trump evoca su campaña presidencial, cuando negó tener conocimiento acerca de uno de sus más prominentes partidarios, David Duke, el ex “gran mago” del Ku Klux Klan. En una entrevista que le hizo Jake Tapper, de la cadena CNN , Trump manifestó: “Solo para que lo entiendas, no sé nada acerca de David Duke, ¿de acuerdo? No sé nada de David Duke. No sé nada de los supremacistas blancos”.


Trump siempre apoyó a Steve King. En un acto político a favor de King en West Des Moines, en 2014, Trump describió a King como “un tipo especial, una persona inteligente con opiniones correctas sobre casi todo”. En 2013, hablando de los jóvenes inmigrantes conocidos como “soñadores”, King expresó: “Por cada alumno ejemplar, hay otros cien que pesan 60 kilos y tienen pantorrillas del tamaño de melones porque transportan unos 35 kilos de marihuana a través del desierto”. Al respaldar la candidatura de Geert Wilders, un político nacionalista blanco de los Países Bajos, King tuiteó: “No podemos restaurar nuestra civilización con los bebés de otra gente”.


Las palabras y acciones racistas de Steve King, como las de uno de sus defensores más poderosos, Donald Trump, están en claro contraste con la visión por la cual Martin Luther King Jr. luchó y murió. El 11 de noviembre de 1959, el reverendo King dio un discurso en la Universidad Estatal de Iowa. Allí afirmó: “El progreso humano no es automático ni inevitable. (…) Incluso una mirada superficial a la historia revela que el avance social no se desliza sobre las ruedas de la inevitabilidad. Cada paso hacia esa meta de la justicia requiere sacrificio, sufrimiento y lucha; requiere los esfuerzos incansables y la preocupación apasionada de personas dedicadas”.


En este 90º aniversario del nacimiento de Martin Luther King Jr., asumamos una vez más el compromiso de erradicar del racismo y la intolerancia; tanto en Iowa como en la Casa Blanca.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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El legado de Rosa Luxemburg a los que aún resisten

Cuando se cumple un siglo del asesinato de la revolucionaria alemana Rosa Luxemburg, de su camarada Karl Liebknecht y decenas de militantes espartaquistas, se está poniendo énfasis en su legado teórico, en las polémicas que mantuvo con la socialdemocracia alemana y europea, en las diferencias que expresó con Lenin y los bolcheviques y en sus aportes al debate sobre economía e imperialismo.


Rosa fue una mujer brillante, con un pensamiento propio, que supo romper con el Partido Socialdemócrata cuando su traición de 1914 al votar los créditos para la guerra, pero también fue capaz de debatir con los bolcheviques sobre su política agraria y acerca de las limitaciones que impuso a la democracia para los trabajadores.


Sería bueno recordar que era implacable en la crítica. En su obra Reforma o Revolución la emprende contra aquellos que se empeñan en reformar el sistema, “en la supresión de los abusos del capitalismo en lugar de la supresión del capitalismo mism”. En ese trabajo, en el que critica frontalmente la política de Eduard Bernstein, principal referente del reformismo que defendía la superación gradual del capitalismo, ataca su abandono de la “teoría del colapso capitalista” que define como “la médula del socialismo científico”. Sin colapso, escribió, es imposible expropiar a la clase capitalista.


Como puede observarse, su pensamiento tiene estricta actualidad. ¿Para qué nos preparamos? Rosa se preparó toda su vida para afrontar la carnicería que supuso la Primera Guerra Mundial, al igual que los bolcheviques y un puñado de rebeldes del mundo. No es una cuestión teórica sino ética. La guerra imperialista era el colapso que los revolucionarios esperaban para lanzarse contra el enemigo.


En La crisis de la socialdemocracia o Folleto Junius, escrito en 1916 al calor de la guerra, dedica sus más de 100 páginas a criticar a la izquierda. ¿Alguien puede pensar que le estaba haciendo el juego a la derecha, como se dice ahora cuando se critica a la izquierda? Horrorizada porque el Partido Socialdemócrata hizo lo contrario de lo que pregonó hasta el día anterior de la votación en el parlamento, señala: “Esta crítica implacable no sólo es una necesidad fundamental, sino también uno de los máximos deberes de la clase obrera”.


Pero el legado central de Rosa Luxemburg no son sus ideas, a veces brillantes, sino su coraje para enfrentar, en soledad, enemigos mucho más poderosos. La revolución de enero de 1919 estaba condenada al fracaso y de hecho fue ahogada en sangre en pocos días. Aunque ni ella, ni Karl Liebknecht, estaban de acuerdo con el levantamiento obrero, no dudaron en ponerse del lado de los trabajadores aún sabiendo el riesgo que corrían. Pura ética. Cero cálculo de conveniencias personales.


El momento determinante de su vida y de sus aportes a las generaciones futuras es, precisamente, el de su asesinato. Rosa muere bajo un gobierno socialdemócrata (el progresismo de la época) de Friedrich Ebert, cuyo ministro de Defensa, Gustav Noske, alentó a los paramilitares de los Freikorps(cuerpos libres) a aplastar a los rebeldes. Ellos fueron los brazos ejecutores del crimen. La socialdemocracia los inspiró y condujo hasta la escena.


Que los Freikorps hayan desaguado con los años en las fuerzas de choque del partido nazi, es lo de menos en esta tremenda deriva. Lo de más es aprender de la historia, decir en voz alta lo que sucedió sin máscaras, para prever lo que puede llegar a sucedernos. Este es el legado fundamental de Rosa, que quisiera sintetizar en dos puntos.


Uno. El progresismo en el poder ha sido responsable de innumerables ataques contra los sectores populares y organizaciones de izquierda. Y sigue siendo. El gobierno de Michelle Bachelet aplicó la ley antiterrorista contra el pueblo mapuche y es responsable del asesinato impune del comunero Matías Catrileo (goo.gl/WxCRT8). Las leyes antiterroristas en Argentina y en Brasil fueron aprobadas por Néstor Kirchner y Dilma Rousseff, en 2007 y 2016, respectivamente. Evo Morales acaba de entregar al ministro italiano, Matteo Salvini, a Cesare Battisti, negándole “el derecho básico a un proceso de extradición en el que se pudiera analizar el caso” (goo.gl/r1RBYQ).


Dos. No creer nunca en los discursos, ni en las declaraciones de arriba, por más circunspectas que sean. Ponerse en el lugar de los de arriba y discernir qué pueden estar planeando para consolidarse en el poder y destruirnos. Si yo fuera el poder, estaría planificando cómo destruir la resistencia de los pueblos originarios, asestándoles golpes mortales, como antes se hizo con muchos otros movimientos en todo el mundo. El momento de mayor legitimidad del Estado, es el más peligroso para los anticapitalistas.


Los Freikorps están de vuelta, incluso en la muy democrática Alemania (goo.gl/5Au9oq). Se preparan con esmero para el colapso. Vienen por nuestras tierras y territorios. Lo que menos interesa es el color de sus banderas, porque vienen del arriba.

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 Carteles de Rosa Luxemburgo y Lenin en una manifestación en Berlín contra la guerra de Vietnam, el 18 de febrero de 1968. Rogge/ ullstein bild Getty Images

Antimilitarista, defensora de la democracia en el seno de la revolución, está considerada como la dirigente marxista más importante de la historia. Se cumple un siglo de su asesinato, pero su vasta producción teórica sigue viva

En el hotel Eden de Berlín, el soldado Runge le destroza el cráneo y la cara a culatazos; otro militar, también al servicio del capitán Pabst, la remata de un tiro en la nuca. Atan su cadáver a unos sacos con piedras para que pese y no flote, y es arrojado a uno de los canales del río Spree, cerca del puente Cornelio. No aparecerá hasta dos semanas después. El Gobierno del socialdemócrata Friedrich Ebert acababa así con la vida de Rosa Luxemburgo (RL), la más importante dirigente marxista de la historia, antigua militante del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), la líder más significativa de la Liga Espartaquista y fundadora del Partido Comunista de Alemania.


Unos minutos antes, los mismos personajes habían asesinado al principal compañero de RL en su larga marcha. Karl Liebknecht, el único parlamentario que en primera instancia (año 1914) votó en el Reichstag (Parlamento) en contra de los créditos de guerra para financiar la presencia de Alemania en la Primera Guerra Mundial, iba a ser trasladado a la cárcel desde el mismo hotel, pero antes de abandonar el local donde había sido interrogado le dan dos culatazos que lo dejan aturdido y se desmaya; arrastrado hasta un automóvil, es trasladado al Tiergarten, el gran parque berlinés, donde es rematado a sangre fría con disparos de pistola y abandonado en el suelo hasta que alguien lo encuentra. “Intento de fuga”, dirá la nota oficial; la de Luxemburgo rezará: “Linchada por las masas”.


Era la noche del 15 de enero de 1919. Este martes se cumplirá el centenario de la detención y asesinato de los principales líderes de la Liga Espartaquista e iconos históricos de la revolución alemana de 1918-1919, que estalla inmediatamente después de que el Ejército germano fuese derrotado y humillado en la Gran Guerra. RL había pasado los cuatro años largos de la guerra en prisión, después de que en un mitin, en Fráncfort, hubiera pedido a los soldados, con su arrolladora oratoria, que se negasen a combatir, hermanos contra hermanos, y a los trabajadores de su país, que iniciasen una huelga general que se debía contagiar a los trabajadores de los otros países en el bando contrario, para que todos confluyesen bajo la misma bandera más allá de las patrias. Sale de la cárcel a principios de noviembre de 1918 y se une a la oleada revolucionaria que inunda las calles de las principales ciudades y, sobre todo, de Berlín. Dos años antes, en otro mitin, el 1 de mayo de 1916, en medio de la conflagración, Liebknecht finaliza su arenga al grito de “¡Abajo la guerra, abajo el Gobierno!”. También es detenido y pasa en prisión dos años y medio. Sale el 23 de octubre de 1918.


A partir de ese momento, a los dos dirigentes espartaquistas les quedaban apenas dos meses de vida, y dedican sus fuerzas a publicar un periódico (La Bandera Roja) y a fundar el Partido Comunista de Alemania (KPD). Se convierten en objeto del desprecio y del odio de sus antiguos compañeros de la socialdemocracia, que gobernaban en Alemania desde unas semanas antes. Odio mortal. El historiador Sebastian Haffner (La revolución alemana de 1918-1919; Historia Iné¬dita) escribe que el asesinato de RL y de Liebknecht se planeó, como tarde, a principios de diciembre de 1918 y se ejecutó de forma sistemática. Aparecieron carteles en los postes de las calles que decían: “¡Obreros, ciudadanos! ¡A la patria se le acerca el final! ¡Salvadla! Se encuentra amenazada y no desde fuera, sino desde el interior, por la Liga Espartaquista. ¡Matad a sus líderes! ¡Matad a Liebknecht! ¡Entonces tendréis paz, trabajo y pan!”. Firmado: “Los soldados del frente”. A pesar de las generalizadas amenazas, ninguno de los dos abandonó Berlín ni llevaba guardaespaldas; simplemente cambiaban de domicilio.


¿Quiénes fueron los autores intelectuales del asesinato? El protagonista material fue el capitán Pabst (quien décadas más tarde, en 1962, protegido por la prescripción del delito, habló abiertamente de lo sucedido) y su escuadrón de la muerte, pero —según el historiador Haffner— no actuaron como simples ejecutores que obedecían con indiferencia una orden, sino como autores voluntarios y convencidos de lo que hacían. La prensa burguesa y socialdemócrata difundió sin pudor sucesivas incitaciones al asesinato, mientras que los responsables socialdemócratas —Ebert, Noske, Scheidemann…— miraban hacia otro lado y permanecían callados.


Cuando RL y ¬Liebknecht salen de la cárcel, los frentes alemanes de la guerra se van desmoronando y se extiende la desmoralización en las trincheras. El káiser Guillermo II se refugia en Holanda. El mismo día en que RL es liberada, el socialdemócrata Scheidemann proclama la república alemana desde un balcón del Reichstag. Ebert ocupa la presidencia, forma un Consejo de Ministros socialdemócratas moderados y pide al pueblo que abandone las calles y vuelva a la normalidad. El ala mayoritaria del SPD quería la república y las libertades, mientras que los espartaquistas pretendían la revolución proletaria, como indican las proclamas: “Ha pasado la hora de los manifiestos varios, de las resoluciones platónicas y las palabras tonantes. Para la Internacional ha sonado la hora de la acción”. Ambas facciones, reformistas y revolucionarios, lucharán encarnizadamente en las calles de Berlín, a veces edificio por edificio. El Gobierno de Ebert confía la represión de los insurrectos al socialdemócrata moderado Noske, que organiza una fuerza militar en la que permite la integración de los oficiales del antiguo Ejército monárquico. El 13 de enero había sido sofocada la insurrección espartaquista. Dos días después, acaban violentamente con la vida de sus principales líderes.


RL no llegó a cumplir los 50 años. Nacida en la Polonia rusa en el año 1871 en el seno de una familia judía, pronto se dio cuenta de que la lucha por su ideario marxista sería muy reducida si se quedaba en su país y que para tener influencia debía traspasar la frontera de Alemania, donde existía el Partido Socialdemócrata (SPD) más fuerte del mundo. Para ser ciudadana alemana legal, firmó un matrimonio de conveniencia con un socialista alemán, lo que le dio derecho a la nacionalidad de ese país. A partir de ese momento, Alemania fue su principal campo de acción. En el seno de la socialdemocracia y de la Segunda Internacional, aunó teoría (multitud de artículos y libros muy importantes) y praxis (intervención en congresos, debates con muchos de los popes del marxismo —su amigo Franz Mehring la definió como “la mejor cabeza después de Marx”—, clases en la escuela de formación del partido…). En cambio, no tenía dotes organizativas. Su presencia física era una mezcla de fuerza y de ternura, de decisión y de prudencia, dicen sus biógrafos. Un dirigente judío la describe del siguiente modo: “Rosa era pequeña, con una cabeza grande y rasgos típicamente judíos, con una gran nariz, un andar difícil, a veces irregular debido a una ligera cojera. La primera impresión era poco favorable, pero bastaba pasar un momento con ella para comprobar qué vida y qué energía había en esa mujer, qué gran inteligencia poseía, cuál era su nivel intelectual”.


De su vasta producción teórica destacan los temas que forman parte de su legado y que constituyen lo que, una vez muerta Rosa, se denominó “luxemburguismo”, una escuela marxista de características propias: su pacifismo, su lucha contra el revisionismo y la defensa de la democracia en el seno de la revolución. Sus posiciones, a veces intransigentes, le hicieron polemizar con las figuras más relevantes del socialismo marxista, como Lenin, Trotski, Bernstein, Kautsky…


Reivindicándose del mejor marxismo (aunque también polemizó con algunas de las ideas del Marx economista en el libro La acumulación de capital), argumentó en favor del internacionalismo como forma de pensar y de vivir. El Manifiesto comunista terminaba con la célebre fórmula de “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, y RL y Liebknecht la hicieron suya relacionándola con la Gran Guerra. Los partidos socialdemócratas habían defendido tradicionalmente que en caso de conflicto bélico entre potencias capitalistas, los trabajadores se negarían a combatir y llamarían a la huelga general (la “huelga de masas” en la terminología luxemburguista). Pero en el momento decisivo, el SPD, el partido más grande y más influyente de la Segunda Internacional (más de un millón de afiliados), votó a favor de los empréstitos de guerra, y el resto de los partidos socialistas siguió sus pasos. Cada uno de ellos se puso detrás de sus Gobiernos. Prevaleció la patria sobre la clase social.


Ya a principios del siglo XX, en un congreso de la Internacional en París, RL presentó una ponencia de convicciones profundamente antimilitaristas, las que mantendría hasta el final de sus días. En ella se defendía que los ataques armados entre potencias imperialistas devendrían en formidables coyunturas revolucionarias. Diecisiete años después, la revolución bolchevique fue un testimonio irrefutable de esta tesis. RL recomendaba no solo una crítica abierta al imperialismo, sino que se preparase a las masas con vistas a aprovechar las crisis internacionales y las eventuales crisis nacionales generadas por aquellas para asaltar el poder. Consideraba imprescindible intensificar la acción de todos los partidos socialistas contra el militarismo.


Siete años después, en otro congreso de la Internacional, RL presenta una enmienda firmada conjuntamente con Lenin y Mártov (que luego sería el líder menchevique) que sostiene que, si existe la amenaza de que la guerra estalle, es obligación de la clase trabajadora y de los representantes parlamentarios, con la ayuda de la Internacional como poder coordinador, hacer todos los esfuerzos por evitar los enfrentamientos violentos; en el caso de que a pesar de ello se multiplicase el conflicto armado, era su obligación intervenir a fin de ponerle fin enseguida y aprovechar la crisis creada por la guerra para agitar los estratos más profundos del pueblo para “precipitar la caída de la dominación capitalista”. Estas palabras suponían una llamada a la insurrección, que fue lo que hicieron los espartaquistas en 1919, con la participación de RL.


Esa Rosa Luxemburgo, asesinada por los soldados prusianos, más que posiblemente con la complicidad activa o pasiva de sus antiguos compañeros socialdemócratas, fue despedida en su entierro por su amiga Clara Zetkin (otra espartaquista) con las siguientes palabras: “En Rosa Luxemburgo, la idea socialista fue una pasión dominante y poderosa del corazón y del cerebro; una pasión verdaderamente creativa que ardía incesantemente. (…) Rosa fue la afilada espada, la llama viviente de la revolución”.



LENIN, STALIN Y LOS MARXISMOS

J. E.


El núcleo de aliados políticos de Rosa Luxemburgo fue siempre muy pequeño. Todo lo contrario que el de sus adversarios, entre los que se encontraron muchos de los dirigentes del ala derecha de la socialdemocracia y los sindicalistas burocratizados, a los que atacó sin piedad. Pero ambos núcleos fueron blancos móviles: dependían de los momentos y de los temas. Lenin, Trotski, Kautsky, Jaurès, etcétera, fueron algunos de los marxistas legendarios que compartieron y disintieron del ideario y la práctica política de la alemana. Un ejemplo de ello fue la relación con Lenin, el líder soviético; ambos se admiraron y pactaron, pero también se criticaron.


En 1918, apenas unos meses después del triunfo de la revolución bolchevique, RL publica un folleto titulado La revolución rusa que reivindica los acontecimientos de Leningrado y Moscú, pero que critica algunos aspectos que pueden torcer su futuro, sobre todo los relacionados con el terror revolucionario (que protagonizaría en buena parte un amigo polaco de RL, que dirigiría la Cheka y la sede de la Lubianka, el sangriento Félix Dzerzhinski) y la supresión de la democracia.


En el folleto citado, RL escribe que sólo la libertad de los que apoyan al Gobierno, sólo la libertad para los miembros de un partido, “no es libertad en absoluto. La libertad es siempre libertad para el que piensa de manera diferente”. Creía que el socialismo sólo puede ser resultado del desarrollo de la sociedad que lo construye, y para ello se requiere la más amplia libertad entre el pueblo (lo que no quiere decir que no sea necesario el control político). Si se sofoca la vida política, la parálisis acabará afectando a la vida de los sóviets; sin elecciones generales, sin libertad de prensa y de reunión, sin la libre confrontación de las opiniones, la vida de cualquier institución política perecerá, se convertirá en una vida aparente en la que la burocracia será el único elemento vivo.


En su libro sobre la revolución rusa, la revolucionaria RL acierta premonitoriamente con lo que iba a suceder en la Unión Soviética, sobre todo a partir del momento en que se inicia el futuro estalinista. Algunas decenas de dirigentes del Partido, animados por una energía inagotable y por un idealismo sin límites, dirigirán y gobernarán; el poder real se encontrará en manos de unos pocos de ellos, dotados de una inteligencia singular. La aristocracia obrera será invitada de cuando en cuando a asistir a las reuniones para aplaudir los discursos de los dirigentes y votar por unanimidad las resoluciones propuestas; en el fondo será un gobierno de camarillas, una dictadura en verdad, pero no la dictadura del proletariado, sino una dictadura de un puñado de políticos. En muchos casos la realidad superó a los pronósticos luxemburguistas.


A pesar de este severo cuestionamiento, reivindica el papel histórico del partido de Lenin, siempre en contraposición con sus camaradas alemanes: “Por eso los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de la que carecía la socialdemocracia occidental. Su insurrección de octubre no sólo salvó la revolución rusa; también salvó el honor del socialismo internacional”.


Con esta idea de la democracia se explica que Stalin no subiese nunca a Rosa Luxemburgo al altar de la iconografía máxima del socialismo. Fue una heterodoxa hasta el final de su vida.

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Jueves, 10 Enero 2019 06:57

La inauguración del pasado

La inauguración del pasado

Los comienzos de año son propicios para los augurios que anuncian un tiempo nuevo, tanto en el plano individual como en el colectivo. De vez en cuando, estos augurios se traducen en actos concretos de transformación social que rompen de manera dramática con el statu quo. Entre muchos otros, destaco tres actos inaugurales que ocurrieron en 1 de enero y tuvieron un impacto trascendente en el mundo moderno.


El 1 de enero de 1804, los esclavos de Haití declararon la independencia de la que en ese momento era una de las colonias más rentables de Francia, responsable de la producción de cerca del 40 % del azúcar entonces consumido en el mundo. De la única revuelta de esclavos exitosa nacía la primera nación negra independiente del mundo, el primer país independiente de América Latina. Con la independencia de Haití el movimiento por la abolición de la esclavitud ganó un nuevo y decisivo ímpetu y su impacto en el pensamiento político europeo fue importante, especialmente en la filosofía política de Hegel. Sin embargo, como se trataba de una nación negra y de exesclavos, la importancia de este hecho fue negada por la historia eurocéntrica de las grandes revoluciones modernas. Los haitianos pagaron un precio altísimo por la osadía: fueron asfixiados por una deuda injusta, solo liquidada en 1947. Haití fue el primer país en conocer las consecuencias fatales de la austeridad impuesta por el capital financiero global del que aún hoy es víctima.

El 1 de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista era depuesto en La Habana. Nació la Revolución cubana encabezada por Fidel Castro. A escasos kilómetros del país capitalista más poderoso del mundo emergía un gobierno revolucionario que se proponía llevar a cabo un proyecto de país en las antípodas del big brother del norte, un proyecto socialista muy consciente de su novedad y especificidad históricas, inicialmente tan distante del capitalismo norteamericano como del comunismo soviético. Tal y como Lenin cuarenta años antes, los revolucionarios cubanos tenían la conciencia de que el pleno éxito de la revolución dependía de la capacidad del impulso revolucionario para extenderse a otros países. En el caso de Cuba, los países latinoamericanos eran los más cercanos.

Poco tiempo después de la revolución, Fidel Castro envió al joven revolucionario francés, Regis Debray, a varios países del continente para conocer la forma en la que se estaba recibiendo la revolución cubana. El informe elaborado por Debray es un documento de extraordinaria relevancia para los tiempos de hoy. Muestra que los partidos de izquierda latinoamericanos seguían muy divididos respecto de lo que había pasado en Cuba y que los partidos comunistas, en especial, mantenían una enorme distancia e incluso sospecha con relación al "populismo" de Fidel. Por el contrario, las fuerzas de derecha del continente, bien conscientes del peligro que representaba la Revolución cubana, estaban organizando el contraataque; fortalecían los aparatos militares e intentaban promover políticas sociales compensatorias con el apoyo activo de Estados Unidos. En marzo de 1961, John Kennedy anunciaba un plan de cooperación con América Latina, a realizarse en diez años (Alianza para el Progreso), cuya retórica pretendía neutralizar la atracción que la Revolución cubana estaba generando entre las clases populares del continente: “Vamos a transformar de nuevo el continente americano en un crisol de ideas y esfuerzos revolucionarios, como tributo al poder de la energía creadora de los hombres libres, y como ejemplo al mundo, de que la libertad y el progreso marchan tomados de la mano”.

La expansión de la Revolución cubana no fue como se preveía y sacrificó, en el proceso, a uno de sus más brillantes líderes: el Che Guevara. Pero la solidaridad internacional de Cuba con las causas de los oprimidos todavía no ha sido contada. Desde el papel que tuvo en la consolidación de la independencia de Angola, la independencia de Namibia y el fin del apartheid en Sudáfrica, hasta los miles de médicos cubanos esparcidos por las regiones más remotas del mundo (más recientemente en Brasil), donde nunca hasta entonces habían llegado los cuidados médicos. Sesenta años después, Cuba continúa afirmándose en un contexto internacional hostil, orgullosa de algunos de los mejores indicadores sociales del mundo (salud, educación, esperanza de vida, mortalidad infantil), pero ha fracasado hasta ahora en la acomodación estable del disenso y la implantación de un sistema democrático de nuevo tipo. En el plano económico se atreve, una vez más, a lo que parece imposible: consolidar un modelo de desarrollo que combine la desestatalización de la economía con el no agravamiento de la desigualdad social.


El 1 de enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) inició una insurrección en el estado de Chiapas, en el sudeste de México, por vía de un levantamiento armado que ocupó varios municipios de la región. La lucha de los pueblos indígenas mexicanos contra la opresión, el abandono y la humillación irrumpía sorprendentemente en los noticieros nacionales e internacionales, justo el día en el que el Gobierno de México celebraba la suscripción del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés) con Estados Unidos y Canadá, con la proclamada ilusión de haberse juntado así al club de los países desarrollados. Durante un breve período de doce días hubo varios enfrentamientos entre la guerrilla indígena y el ejército mexicano, al fin de los cuales los zapatistas renunciaron a la lucha armada e iniciaron un vasto e innovador proceso de lucha política, tanto a nivel nacional como internacional. Desde entonces, la narrativa política y las prácticas del EZLN se constituyeron en una referencia ineludible en el imaginario de las luchas sociales en América Latina y de los jóvenes progresistas en otras partes del mundo. El portavoz del EZLN, el Subcomandante Marcos, él mismo no indígena, se afirmó rápidamente como un activista-intelectual de nuevo tipo, con un discurso que combinaba las aspiraciones revolucionarias de la Revolución cubana, entretanto descoloridas, con un lenguaje libertario y de radicalización de los derechos humanos, una narrativa de izquierda extrainstitucional que sustituía la obsesión por la toma del poder para la transformación del mundo en un mundo libertario, justo y plural “donde quepan muchos mundos”.

Uno de los aspectos más innovadores de los zapatistas fue el carácter territorial y performativo de sus iniciativas políticas, la apuesta por transformar los municipios zapatistas de la Selva Lacandona en ejemplos prácticos de lo que hoy podía prefigurar las sociedades emancipadoras del futuro. Veinte y cinco años después, el EZLN enfrenta el desafío de concitar un amplio apoyo para su política de distanciamiento y suspensión con relación al nuevo presidente de México, Andrés Manual López Obrador, electo por una amplia mayoría del pueblo mexicano con una propuesta que pretende inaugurar una política de centroizquierda sin precedentes en el México posrevolucionario de 1910.

Estos tres acontecimientos buscaron inaugurar nuevos futuros a partir de rupturas drásticas con el pasado. De diferentes formas, apuntaban hacia un futuro emancipador, más libre de opresión y de injusticia. Cualquiera que sea hoy nuestra evaluación con el beneficio de la posterioridad del presente, no cabe duda de que tales levantamientos alimentaron las aspiraciones liberadoras de las poblaciones empobrecidas y vulnerables, víctimas de la opresión y la discriminación. ¿Había lugar para un acontecimiento de este tipo el 1 de enero de este año? Supongo que no, dada la ola reaccionaria que atraviesa el mundo. Más bien, hubo una amplia posibilidad para momentos inaugurales de sentido contrario, reinauguraciones de un pasado que se creía superado.

El acontecimiento más característico de este tipo fue la posesión de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil. Su llegada al poder significa el retroceso en términos de civilización a un pasado anterior a la Revolución francesa de 1789, al mundo político e ideológico que se oponía ferozmente a los tres principios estrella de la revolución: igualdad, libertad y fraternidad. De la revolución triunfante nacieron tres familias políticas que pasaron a dominar el ideario de la modernidad: los conservadores, los liberales y los socialistas. Divergían en el ritmo y el contenido de los cambios, pero ninguno de ellos ponía en duda los principios fundadores de la nueva política. A todos ellos se oponían los reaccionarios, que no aceptaban tales principios y querían resucitar la sociedad prerrevolucionaria, jerárquica, elitista y desigual por mandato de Dios o de la naturaleza. Eran totalmente hostiles a la idea de democracia, que consideraban un régimen peligroso y subversivo. Dada la cartografía política posrevolucionaria que ubicó espacialmente las tres familias democráticas en izquierda, centro y derecha, los reaccionarios fueron relegados a los márgenes más remotos del mapa político, donde solo crecen las hierbas dañinas: la extrema derecha. Pese a su deslegitimación, la extrema derecha nunca desapareció totalmente porque los imperativos del capitalismo, del colonialismo y del heteropatriarcado, sea directamente, sea a través de cualquier religión a su servicio, recurrieron a la extrema derecha siempre que la vigencia de los tres principios se reveló como un estorbo peligroso. Ese recurso no siempre fue fácil, porque las diferentes familias políticas democráticas se opusieron con éxito a la extrema derecha. Cuando esta oposición no tuvo éxito, la propia democracia se puso en cuestión, acorralada contra la pared de la alternativa entre ser totalmente eliminada o desfigurada hasta el punto de ser irreconocible. Bolsonaro, un neofascista confeso, admirador de la dictadura y defensor de la eliminación física de los disidentes políticos, representa, por ahora, la segunda opción.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Publicado enPolítica
Jueves, 10 Enero 2019 06:37

El barco fantasma

El barco fantasma

El velero de cuatro palos amanece anclado en las quietas aguas de la bahía de San Juan del Sur, y los fuertes vientos de finales de diciembre lo hacen girar desde el costado de estribor hasta dejarlo de proa a la costa. Es el Sea Cloud, un buque para cruceros de lujo que puede alojar a 60 pasajeros.


Los folletos hablan de él como de una leyenda romántica, con sus camarotes que conservan el estuco historiado en las paredes, los muebles de teca, sus ricos tapices, baños y chimeneas de mármol, y las llaves de los grifos de oro puro,” la magnificencia de los grandes palacios franceses”. La lista de pasajeros es un secreto bien guardado, y hay entre ellos “poderosos empresarios y altos directivos de multinacionales”.


Cuando llega la noche de despedida de año, el Sea Cloud parece arder con toda su arboladura encendida con ristras luces, pero el viento no trae música de fiesta, contrario a su vieja tradición, pues en un tiempo fue un cabaret flotante, cuando se llamaba Angelita y el mascarón de proa era una feroz águila dorada.


Fue botado en Bremen en 1931, encargo del magnate financiero Edward F. Hutton y su cónyuge, Marjorie Post, dueña de General Foods y emperadora del cornflake. El presidente Franklin Delano Roosevelt y su esposa Eleonora pasaron allí su luna de miel. Su primer nombre fue Hussar V, con 110 metros de eslora, el yate más grande del mundo para entonces.
Pero en 1955 lo compró el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, presidente vitalicio de la República Dominicana, Padre de la Patria Nueva, Invicto de los Ejércitos Dominicanos, Primer Anticomunista de América, entre sus más de 20 títulos oficiales. Se propuso él mismo para Premio Nobel de la Paz, pero con nula fortuna.


El velero llegó a puerto en Ciudad Trujillo, la capital, al tiempo de celebrarse la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, montada para conmemorar sus 25 años en el poder, y lo bautizó con el nombre de su hija Angelita. Fue coronada reina de la feria en medio del calor infernal del Caribe vistiendo un abrigo hecho de 600 pieles de armiño ruso que valía 80 mil dólares.


Quien más disfrutaba del barco era, sin embargo, Ramfis, el primogénito: coronel a los cinco años de edad, general de brigada a los nueve y generalísimo a los 10, figuraba a la cabeza de La Cofradía, un grupo de alegres disolutos del que formaba parte su cuñado Porfirio Rubirosa, el más famoso playboy internacional de aquel tiempo, casado con Flor de Oro Trujillo, otra de las hijas del Paladín de la Libertad.


Las fiestas hasta el amanecer eran continuas, con el velero anclado o en travesía. Se alternaban las orquestas románticas y las que tocaban merengues ripiaos, y no era raro ver en ellas a Yul Brynner, Kim Novak o Zsa Zsa Gabor. Algunas veces comparecía el propio Salvador de la Dignidad Nacional, y hay quien atestigua haberlo visto pasearse en cueros por la cubierta, deseoso de mostrar sus atributos masculinos delante de la concurrencia.


No faltaba Radamés, hermano menor de Ramfis, bautizados ambos con nombres de personajes de la ópera Aída de Verdi; tampoco otros miembros de aquella fauna que buscaba blanquearse la piel porque les horrorizaba el color atezado que los denunciaba como mulatos: los hermanos del Protector de Todos los Obreros, Héctor Bienvenido, alias Negro (para su mala fortuna), o Amable Romeo, alias Pipí, patrón de burdeles, los que sólo podían funcionar al amparo de la “tarjeta de Pipí” que él extendía.


El Campeón de la Democracia Continental fue muerto a tiros el 30 de mayo de 1961, y el 18 de mayo del mismo año Ramfis cargó el ataúd en el velero, e igual hizo subir a bordo numerosos cajones llenos de billetes, tras saquear el Banco Central. Partieron rumbo a Cannes, pero cerca de las Azores el barco fue interceptado por la marina de Portugal, y obligado a regresar al puerto de origen con su carga, cadáver y dinero.


La inmensa fortuna familiar conseguida en base a robos, estafas y desmanes de poder se disipó para siempre. Ramfis murió en un accidente de automóvil en España, conduciendo un Ferrari; Rubirosa murió en París, cuando chocó al volante de otro Ferrari; a Radamés le pasaron la cuenta sicarios del narcotráfico en Colombia. Amable Romeo, Pipí, vio desaparecer su imperio de burdeles y murió añorando sus gallos de pelea en Miami.


Angelita tiene una estación de gasolina en Miami y predica en las esquinas la llegada del reino.


Cuando me asomo a la bahía la mañana del 2 de enero, el Sea Cloudha desaparecido del paisaje. Un barco fantasma, me digo, que llega a las costas de Nicaragua cada fin de año y me lo imagino alzando velas para seguir paseando por los mares, hasta el fin de los siglos, el féretro del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, dictador perpetuo.


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Celebrando el 25 aniversario del alzamiento zapatista

La insurrección zapatista de 1994 y las varias formas que han tomado sus luchas por la vida a lo largo de los 25 años complementan el imaginario de las luchas anticapitalistas ‘desde abajo y a la izquierda’, que construyen autoorganización desde el ‘mandar obedeciendo’.

  

 “Usted ahora intuye que, desde el pie del muro apenas manchado por carteles y grafitis desgastados, ha recorrido una especie de espiral. Como si el sendero trazado le llevará hacia dentro de un caracol… o hacia afuera. Cada paso una estación”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

El 1 de enero se cumplieron 25 años del alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), del inicio de la “guerra contra el olvido” y es tiempo de cierre y comienzo de ciclos. Se ha recorrido una especie de espiral que partió de la demanda de la identidad y los derechos de la poblacón indigena, “la lucha por la tierra y la libertad”, y que en la actualidad continúa y amplía su recorrido. En este cierre y comienzo de un nuevo ciclo nos preguntamos “¿cuál ha sido la trayectoria, ‘el caracol’, del EZLN durante los 25 años de lucha? ¿Qué intuimos del nuevo ciclo, la ‘nueva estación’, que comienza?

Como en anteriores ocasiones, en cierres y comienzos de ciclos, el EZLN ha realizado una invitación abierta para celebrar el aniversario del alzamiento zapatista. Esta vez se ha celebrado en La Realidad Zapatista, sede del caracol “Madre de los caracoles del mar de nuestro sueños”, zona Selva Fronteriza.

La particularidad del evento de este año es que ha ido precedido del Encuentro Internacional de las Redes de Resistencia y Rebeldía, de Apoyo al Concejo Indígena de Gobierno (CIG). Un encuentro donde el EZLN y el Congreso Nacional Indígena (CNI) convocaron a las redes para exponer los resultados de su consulta interna del pasado agosto y que principalmente proponía la creación de un nuevo sujeto político que aúne a todas las redes, y que les permita pasar de “la solidaridad a la resistencia”. Casualidad o no, el nuevo encuentro de redes de apoyo al CIG ha servido para hacer una escucha y reflexión colectiva sobre la trayectoria de los 25 años del EZLN desde los de ‘afuera’, y que se ha complementado con los varios comunicados históricos que ha ido compartiendo el EZLN.

 

https://youtu.be/_rSEyOUZhvE


LA TRAYECTORIA DE LA “GUERRA CONTRA EL OLVIDO”


“Y el muro omnipresente, indestructible, incuestionable, insistiendo en que está prohibido pensar. Que todo está hecho ya. Que sólo le queda acomodarse como sea y en donde pueda. Que la eternidad es eso, eterna. El presente cambia, pero su lógica frívola y superficial permanece. Es imposible otra cosa. Es más, es imposible que usted piense, imagine, sueñe, que no es imposible otra cosa”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México a 17 de noviembre de 2018

La gran espiral trazada por el EZLN se inicia con su organización político-militar en los años 70 inspirados por la por la Revolución Cubana, pero que pretendía dar continuidad a la Revolución Mexicana liderada por Emiliano Zapata y la lucha por la “tierra y la libertad”. Sin embargo, no será hasta la fundación del EZLN en 1983 y su posterior alzamiento el 1 de enero en 1994 que comenzarán a ser visibles sus luchas.

El EZLN se conforma en su inicio por la convergencia de población mestiza y población indígena. Población indígena chiapaneca, pueblos tzeltal, tzotzil, chol y tojolabal, todos ellos de la familia maya que históricamente habían sufrido el despojo no solo de sus territorios, de la fuerza vital de sus cuerpos, sino también de sus conocimientos. Como el Señor Jose comparte: “Éramos discriminados y expulsados de nuestras comunidades. Mis hijos no pudieron ni cursar la primaria. Era un gran sufrimiento”. La población mestiza, según Janeth, estaba compuesta en parte por los “estudiantes represaliados durante las revueltas estudiantiles del 68 y que posteriormente decidieron asentarse en el Sureste Mexicano y luchar por los derechos y reconocimiento de la identidad de la población indígena”.

Jóvenes que anteriormente formaron parte de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN). Estas guerrillas aniquiladas prácticamente por el Gobierno federal a principios de los años 70 se reorganizan apoyadas con una base social, la población indígena, fundando finalmente el EZLN en 1983.


Su alzamiento inesperado por el estado mexicano no sería hasta diez años después, en la madrugada del 1 de enero de 1994. “En nuestro corazón había tanto dolor, tanta era nuestra muerte y pena, que no cabía ya, hermanos, en este mundo que nuestros abuelos nos dieron para seguir viviendo y luchando. Tan grande era el dolor y la pena que no cabía ya en el corazón de unos cuantos, y se fue desbordando, y se fueron llenando otros corazones de dolor y de pena, y se llenaron los corazones de los más viejos y sabios de nuestros pueblos, y se llenaron los corazones de hombres y mujeres jóvenes, valientes todos ellos, y se llenaron los corazones de los niños, hasta de los más pequeños.(....) Por eso nosotros dijimos que “¡Ya Basta!”, o sea que ya no vamos a permitir que nos hacen menos y nos traten peor que como animales”.

Los insurgentes del EZLN tomaron cinco cabeceras municipales del estado de Chiapas: San Cristóbal de las Casa, Altamirano, Las Margaritas, Ocosingo y Chanal, en el sureste Mexicano. Con el alzamiento, y como recuerda Martha, con el pronunciamiento de “queremos trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”, abren un proceso de recuperación de tierras de finqueros y de las formas del hacer indígenas en cuanto al cuidado de la tierra y de la vida.

Tras un periodo de lucha abierta con el Estado mexicano y las fuerzas paramilitares se abre un periodo de alto el fuego a petición de “hermanos y hermanas de la ciudad, que nos dicen que tratemos de llegar a un arreglo, o sea un acuerdo con los malos gobiernos para que se soluciona el problema sin matazón”. Pero la guerra continuó, siguieron sufriendo ataques del Estado mexicano y de los paramilitares, “varias veces nos atacaron, pero no nos vencieron porque nos resistimos bien y mucha gente en todo el mundo se movilizó”.

Los zapatistas. Stop.
No se rinden. Stop.
Resisten! Stop y fin.
Desde las Montañas del Sureste mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
10 junio de 1994.

Posteriormente, en 1996 durante los Diálogos de la Catedral aceptan el diálogo con el Gobierno de Carlos Salinas y se suscriben Los Acuerdos de San Andrés. Unos acuerdos con los que el movimiento zapatista proponía el reconocimiento por el Estado mexicano de los derechos de las comunidades indígenas: “terminar con la relación de subordinación, desigualdad, discriminación, pobreza, explotación y exclusión política de los pueblos indios”.

El posterior incumplimiento de los acuerdos por el Estado mexicano marcaría de manera determinante la espiral trazada por el neo-zapatismo hasta la actualidad. Esto es, la reivindicación de su autonomía, su rechazo a cualquier tipo de Estado (local, regional, nacional o transnacional), la continuidad de la lucha armada, la creación de su propio gobierno, el buen gobierno. Un movimiento que como indica Katia “para mí siempre fue un movimiento pacifista”. Que como ellos mismos dijeron en un principio “se vio obligado a tomar las armas por la supervivencia”.

La creación del Congreso Nacional Indígena (CNI) en 1996 sería una de las consecuencias también del incumplimiento de los acuerdos de San Andrés. El EZLN buscaba desplegar y ejecutar los principios del acuerdo al margen de su reconocimiento o no del Estado: la confluencia y resistencia conjunta de todos los pueblos indígenas que como las comunidades zapatistas eran objeto de un histórico despojo y desplazamiento a nivel nacional, en México.

Posteriores acontecimientos también determinantes en la espiral han sido los continuos desplazamientos forzados y masacres. Masacres como las de Acteal en 1997 en la Selva Lacandona: “El 22 de diciembre de 1997, fecha en la que el Zedillo mandó matar a 45 hombres, mujeres, ancianos y niños en el poblado de Chiapas que se llama Acteal (...) Este gran crimen no se olvida tan fácil y es una muestra de cómo los malos gobiernos no se tientan el corazón para atacar y asesinar a los que se rebelan contra las injusticias”. Otras masacres más recientes como la de Acteón en 2005 al norte del Estado de México, la continua encarcelación de participantes del movimiento o asesinatos como la del maestro Galeano en 2014 en el Caracol de la Realidad.

Las propuestas y conformación de otras formas de vida surgen desde el inicio creando comunidades autónomas, los Aguascalientes. Pero es tras la consulta nacional de 1999 y la Marcha por la Dignidad Indígena en 2001 durante el periodo preelectoral, cuando proponen “el buen gobierno”.


El rechazo del diálogo del Gobierno, de suscribir los Acuerdos de San Andrés y los éxitos de la consulta y la marcha llevarían a partir de 2003 a la transformación de lo que anteriormente eran los Aguacalientes en los Caracoles, y en la creación de formas de gobierno comunitarias y autogestionadas: las Juntas de Buen Gobierno. En definitiva, otras formas de organización política que buscaban modificar las relaciones históricas de poder del estado hacia ellos, raciales, coloniales, que les sometían al ‘obedecimiento’. Pero que también buscaban transformar las relaciones internas del movimiento: “Arriba lo político democrático mandando y abajo lo militar obedeciendo”. Lo que ellos denominarían el “mandar obedeciendo” y que se concretaban, como el Señor José comenta, con ‘nadie arriba y nadie abajo’.

Las Declaraciones de la Selva Lacandona, según el compañero Diego, de la Ciudad de México, han sido “las principales herramientas que han ido dando el carácter particular al movimiento”’, son los documentos desde donde el EZLN y el movimiento zapatista se comunica y narran la historia del movimiento, “desde la Primera, que fue la declaración de guerra, a la Sexta, en 2005, que llamaba a la construcción de otras formas políticas más allá de los partidos y organizaciones de vida intervenidas y gestionadas por los estados”.

Para Diego, la Sexta Declaración de la Selva Lacandona es uno de principales documentos del movimiento. Aparte de lo que señala el compañero Diego, desde 2005, el EZLN invita a crear las Redes de Adherentes a la Sexta y refrenda su “vía de lucha política de carácter pacifista” y su “compromiso de defender, apoyar y obedecer a las comunidades zapatistas que lo forman y son su mando supremo, y sin interferir en sus procesos democráticos internos y en la medida de lo posible contribuir al fortalecimiento de su autonomía, buen gobierno y mejora de sus condiciones de vida”.

Otros elementos que han determinado el carácter particular del movimiento a lo largo de los 25 años han sido las redes de apoyo creadas a nivel nacional e internacional tanto por medio de las redes sociales como a través de la convocatoria de múltiples encuentros, los encuentros intergalácticos.

Como el compañero Kevin señala, “los semilleros o los encuentros se conforman como espacios de discusión y aprendizaje, de formación política y finalmente esenciales para el desdoblamiento transnacional del movimiento”. Entre otros, encuentros en torno al arte (CompArte), la ciencia (ConCiencia), el feminismo (Encuentro Internacional de Mujeres), o el último Encuentro internacional de las Redes de Rebeldía y Resistencia.

Como ocurrió en la consulta de 1999, en el año 2016 —también en un contexto pre-electoral—, a propuesta del CNI se crea el Concejo Indígena de Gobierno. En esta ocasión se propone abrir una candidatura de “[email protected] [email protected]” que diera visibilidad a la dificultades y necesidades de la población indígena en el parlamento mexicano. Una consulta que finalmente el EZLN apoya cuando es nombrada como vocera Marichuy. Durante el proceso de consulta, se suma un amplio sector de la población que hasta ese momento eran simpatizante, pero no se habían aproximado y/o organizado en torno al movimiento zapatista. De este proceso surgen también, aparte del CIG, las Redes de Resistencia y Rebeldía como nuevos sujetos de apoyo al movimiento.

Este último ciclo de la espiral ha sido complicado de comprender por los que ya acompañaban al movimiento debido a su aparente proximidad a las políticas representativas. Algo que el EZLN negó rotundamente desde su inicio. Y que finalmente, y con eventos como el encuentro internacional de redes, nos hace preguntarnos si no sería una estrategia para incluir a otros sectores de la población dentro de las luchas y formas de vida más allá del estado y responder a la pregunta, ¿estamos solos?


Caminar preguntándonos


Finalmente, en esta espiral de 25 años de luchas, el EZLN junto con el trabajo conjunto con sus bases de apoyo han trazado las lógicas de su hacer hasta la actualidad. En concreto sus siete principios zapatistas de mandar obedeciendo: proponer, no imponer; representar, no suplantar; bajar, no subir; convencer, no vencer; obedecer, no mandar; servir, no servirse; construir, no destruir’ (J., 2018) y discursos “anticapitalistas, antipatriarcales, antifascistas, antiestatales y altermundistas”. Un movimiento que ha ido conformando su carácter por la represión continua sufrida por los Estados y las fuerzas paramilitares, y por tanto por el despliegue de repertorios como la autodefensa, la acción directa y la reconstrucción de vidas autónomas basadas en el saber indígena y “que no buscan tomar el poder”. Políticas que ellos han denominado de luchas por la vida y que han ido incluyendo prácticas para el cuidado del territorio, propuestas de otras economías, un sistema de justicia, educación y salud propios, todas ellas al margen de las políticas públicas y asistencialistas del estado.

La persistencia de su ‘radicalidad’ en la actualidad, el no haber colaborado con los Estados: “Pues ¿cómo no? El estado mexicano, es más, el actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), incumplió ya en 2001 cuando era jefe de Gobierno del Distrito Federal los Acuerdos de San Andrés”, comenta la compañera Martha. Según los análisis resultantes del encuentro de Redes, “la violencia a la que están expuestas las poblaciones indígenas es mayor que hace 25 años y se ha ampliado a otros sectores de población”. Si en 1994 el EZLN se alzó contra el despojo, la represión y el hambre históricas y que preveían agravarse con el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá, en la actualidad la historia del despojo, los desplazamientos y el hambre continúan “a pesar del cambio de politicas y politicos”, comenta la compañera Ana.
Si en 1994 bajo el Gobierno conservador de Carlos Salinas se aprobó el TLC, en 2018 y con la llegada al Gobierno progresista de AMLO, “el nuevo finquero”, se prevé dar continuidad a políticas extractivistas y austeritarias que han promovido anteriores gobiernos, neoliberales o progresistas en América Latina y a nivel global.

En este caso se concretan con militarización del cotidiano, zonas económicas especiales, promoción de políticas asistencialistas y aumento de inversión en proyectos extractivistas que favorecen la inversión de capital, ya sin nacionalidades concretas, capital nacional o extranjero: la construcción del Tren Maya del Tren Transístmico, megaproyectos como la plantación de monocultivos de árboles frutales, proyectos hidroeléctricos o mineros. Los llamados ‘Proyectos de Muerte’ que principalmente han sido planificados en aquellos territorios donde está asentada históricamente población indígena.

Una de las propuestas que ha creado también gran controversia dentro de las comunidades indígenas ha sido la creación del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. Un instituto que buscaría ser la “voz de los pueblos indígenas” y, cómo interpreta el EZLN, desarticular al CNI y el CIG.


“Las palabras sobran cuando sin consultar a nuestros pueblos el futuro gobierno impone la creación, al estilo del viejo indigenismo, del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, comandado por los desertores de nuestra larga lucha de resistencia”.

Desde CIDECI-UNITIERRA, San Cristóbal de las Casas, Chiapas a 14 de octubre de 2018. Por la Reconstitución Integral de Nuestros Pueblos Nunca Más Un México Sin Nosotros, Congreso Nacional Indígena, Concejo Indígena de Gobierno, Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Así, la política del no al Estado se traza desde 1996, tras el incumplimiento de los acuerdos de San Andrés, hasta la actualidad, con los nuevos gobiernos progresistas anteriormente aliados de los pueblos indígenas. Desde entonces, desde 1996, como Coral afirma, “el EZLN nunca hizo ningún acuerdo con el Estado. No como el resto de nosotros que siempre hemos coqueteado con el Estado. Por eso crearon su propio gobierno las Juntas del Buen Gobierno”.

El EZLN en su origen reclamaba al Estado mexicano el reconocimiento de la cosmovisión y formas de vida de la población indígena. ¿Y que se encontró? Como las compañeras comparten “no sólo con el rechazo del Estado, racista, xenófobo, colonial, el no reconocimiento de la identidad y derechos indígenas, sino con una represión que se ha ido incrementando hacia otros sectores de la población y cualquier forma de insurgencia”. La masacre de Acteal en 1997, la impunidad de la violencia de los paramilitares, el terror que, como describe Martha sintió un año después de visitar la localidad en 1998. “Fue un genocidio”, comenta Janeth.

Con la elección de AMLO y su discurso neoliberal, la política representativa sigue sin tener menor impacto en el proyecto transformador del EZLN (y los pueblos indígenas). En la actualidad, según Diego puntualiza, “la violencia de la tormenta, el incremento de los despojos, desalojo de tierras ocupadas, desplazamientos, detenciones, desapariciones y asesinatos prevén continuar”. Otros sectores de la población, no únicamente los históricos desposeídos, se ven afectados. Se ha ampliado la crisis de reproducción social hasta los que recientemente eran beneficiarios de los “privilegios del estado: sanidad, educación, transportes públicos’ con la consecuente destrucción ‘de los cuerpos, a nivel físico y emocional”, comentan Juan y Penélope.


Ante la situación actual de los mundos, ¿que sigue?


Sigue 1. La continuidad de la construcción de las autonomías y nuevos sujetos políticos.


Para el compañero Juan, perteneciente a otras comunidades indígenas del norte del país, el encuentro de redes le recuerda al encuentro que dio lugar a la Sexta Declaración en el Caracol de la Garrucha en 2005. Según Peter, ahora desde el EZLN nos proponen “reconstruir nuevas formas de organización, un nuevo movimiento aliado de confianza del EZLN, del CNI, del CIG, pero que no les suplante”. Interpreta que el “Concejo deje de ser indígena y nacional y que incluya otras identidades y nacionalidades, lo que queda de los países, más allá de las fronteras, a nivel local, regional, nacional e internacional (...) En el que cada sector se organice de manera autónoma que cree sus propios autogobiernos (...) sin quedarse en reformismos, en el maiceo, que ya lo hace AMLO. Pero que supondrá la construcción en otros tiempos”, los tiempos del cotidiano. En un proceso, Laura agrega, debe tener en cuenta “la salud, la purificación mental, física y espiritual”. Crear espacios del cuidado que acompañen a la lucha, “para población indígena, población originaria, la comunidad LGTB, la clase trabajadora, estudiantes, aquellos con diversidad sexual y de género o con discapacidades”.


En la actualidad, para las compañeras Janeth, Martha y Katia, las luchas zapatistas continúan representando imaginarios de vidas que desbordan el presente. Y si la Revolución Mexicana liderada por Emiliano Zapata entre 1911-1920 y el Movimiento estudiantil del 68 continúan recreando el imaginario de rebeldía en México, la Insurrección zapatista de 1994 y las varias formas que han tomado sus luchas por la vida a lo largo de los 25 años, complementan el imaginario de las luchas anticapitalistas “desde abajo y a la izquierda, construyendo autoorganización desde el mandar obedeciendo”. Así, y como enuncia el EZLN en la invitación a la celebración del 25 Aniversario de su Alzamiento, nos queda: “Ejercer la autonomía con nuestras formas ancestrales de caminar preguntándonos, es la única puerta para poder seguir haciendo de la vida, nuestro camino irrenunciable, pues afuera todo se acomodo para afianzar el terror y la ganancia de los poderosos”.

Sigue 2. La palabra rendirse no existe en lengua verdadera. ¿Nos quedaremos solos?


“Y usted se pregunta: ¿qué es lo que mantiene viva a esta gente si ha tenido, y tiene, todo en contra?, ¿no son acaso los eternos perdedores, los que yacen mientras otros levantan sus gobiernos, sus museos, sus estatuas, sus ‘triunfos históricos’?, ¿no son los damnificados de las catástrofes, la carne de cañón de todas la revoluciones que se hacen para salvarlos de sí mismos?, ¿los extranjeros en la tierra que les vio nacer?, ¿el objeto de burlas, desprecios, limosnas, caridades, programas de gobierno, proyectos ‘sustentables’, directrices, proclamas y programas revolucionarios?, ¿no son los analfabetos irremediables a los que hay que educar, dirigir, ordenar, mandar, doblegar, dominar, c-i-v-i-l-i-z-a-r? ”

Subcomandante Insurgente Moisés Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

Si como narran el Subcomandante Insurgente Moisés y el Subcomandante Insurgente Galeano en su invitación al 25 Aniversario, que a pesar de continuar luchando son los “perdedores”, ¿es entonces motivo de celebración el aniversario del alzamiento zapatista? Hablando en los días previos a la celebración en la ciudad de Puebla con uno de los estudiosos y compañeros del movimiento, John Holloway: “Sí, la fiesta debe continuar”.

Durante la celebración del 25 aniversario en la noche del 31 de diciembre, en el Caracol de La Realidad, el Subcomandante Insurgente Moisés dirigiéndose a los pueblos zapatistas y en nombre del Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI) pronuncia: “Y estamos demostrando una vez más y lo vamos a tener que cumplir, estamos demostrando que sí es posible lo que se ve y lo que se siente que es imposible (...) el pueblo aquí es el que manda, tiene su propia política, tiene su propia ideología, tiene su propia cultura, va creando, va mejorando, va corrigiendo, va imaginando y se va a ir practicando”.


En el comunicado del CCRI, se hace principalmente referencia a las políticas propuestas por el nuevo gobierno de AMLO. Antiguo simpatizante de los pueblos originarios, que en la actualidad con su programa de gobierno propone dar continuidad a las políticas neoliberales y represivas de los pueblos indígenas, sin comprometerse, como anteriores gobiernos, a implementar los históricos Acuerdos de San Andrés. Refiriéndose a AMLO indican: “Ese que está en el poder lo va a destruir al pueblo de México, pero principalmente a los pueblos originarios, viene por nosotros, y especialmente a nosotros al Ejército Zapatista de Liberación Nacional”.

Identifican que proyectos como la construcción del Tren Maya o la plantación de monocultivos de árboles frutales son proyectos que tienen como objetivo desmantelar las formas de vida y formas organizativas de los pueblos originarios, y en especial las formas organizativas del EZLN. Además en su discurso acusan a AMLO de “agarrar nuestros modos y nuestras costumbres”, las de los pueblos originarios. Ellos, “los senadores, los diputados (...) no saben hacer ley para el pueblo de los pueblos originarios, nosotros sí, porque sabemos cómo es el sufrimiento y sabemos cómo queremos la ley que queremos, no a ellos y a ellas”.

Refiriéndose a las redes de apoyo, a los de “afuera” dicen que en su mayoría son turistas de la pobreza: “La gente de afuera va y viene, nosotros aquí estamos, aquí seguimos. Cada vez que vienen, vienen como a turistear, pero la miseria, la desigualdad, la injusticia no se trata de turistearlo, el pueblo pobre de México está muriendo y va a seguir muriendo”.

Algo que lamentablemente se evidenció durante el encuentro de redes. Las dificultades para complementar y comprometerse con las luchas autónomas del EZLN, las “luchas por la vida, por las condiciones de existir, materiales, espirituales”. Sobre otros asistentes, sin embargo el EZLN sí reconoce que se han organizado: “Muchos no nos hicieron caso, algunos sí están organizándose, esperemos que sigan organizándose, la mayoría no nos hicieron caso”.
Ante la situación que describen y analizan, el EZLN vuelve a preguntarse cómo en 1994: ¿Nos quedaremos solos? Ante lo que responden: “Salimos a despertar al pueblo de México y al mundo, solos, y hoy 25 años después vemos que estamos solos (...). Lo que hemos logrado, fue logrado con nuestro trabajo, con nuestro esfuerzo”. Ante esta situación de “soledad en la guerra contra el olvido” y a pesar de encontrarse el EZLN y las comunidades zapatistas en uno de los centros de la tormenta capitalista, proclaman: “No tenemos miedo (...) Vamos a defender lo que hemos construido (...) no vamos a permitir a que vengan a destruirnos ¿O sí? Y añaden: ‘Por muy mínimo que sea que nos vengan a provocar, vamos a defendernos’”.

Palabras que expresan un enojo con los “desertores”, los intentos de cooptación de sus bases y de sus propuestas, así como con aquella parte de la izquierda que apostó por el nuevo Gobierno de AMLO. En su conjunto finalmente nos hacen intuir que el EZLN apuesta por retomar la lucha político-militar, su despliegue para la defensa de sus comunidades y sus territorios, y un repliegue del movimiento hacia sus bases, sin buscar tanto la creación de luchas conjuntas con el CNI, CIG o las redes de apoyo, y continuar, como en su inicio, solos. Será así, ¿se quedarán solos? Días después del aniversario, el CNI y el CIG declaran que no, no estarán solos. Estarán junto al EZLN en la lucha contra los megaproyectos de la muerte que propone el gobierno federal de AMLO.


“Aunque el camino será largo… aquí seguiremos”, le dice la niña que dice la pinta en el muro que no dice nada, mudo, resignado a que los sucesivos administradores manden cuadrillas de trabajadores contra ese grafiti para borrarlo, taparlo, silenciarlo, exterminarlo”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

 

Por Inés Morales Bernardos

2019-01-09 00:00:00

 

Publicado enInternacional
Martes, 08 Enero 2019 07:00

Un Deng Xiaoping, urgente

Un Deng Xiaoping, urgente

Desde el triunfo de la revolución, en 1959, Fidel Castro contó con argumentos incuestionables en favor del socialismo. Por un lado, las actuaciones estadounidenses contrarias a los revolucionarios de Sierra Maestra: en cuanto se aprobó la ley de reforma agraria que permitió la nacionalización de grandes latifundios, entre ellos los de propiedad estadounidense, a Estados Unidos le faltó tiempo para suprimir la cuota de azúcar cubana, embargar la venta de petróleo estadounidense a la isla y cometer una serie de actos de sabotaje e intentos de asesinar al propio Fidel Castro; una animadversión que culminó con la fracasada invasión de Bahía de Cochinos en 1961. Mientras, la Urss se ofreció a comprar el azúcar cubano a mejores precios y a suplir el petróleo que la isla requiriese. No había otra opción, y el 16 de abril de 1961, después del bombardeo estadounidense a varios aeropuertos, se proclamó el carácter socialista de la revolución. Una revolución que se caracterizaría por un líder indiscutible, Fidel Castro, y por una economía centralizada, con la propiedad de todos los medios de producción en manos del Estado, a excepción de algunas propiedades agrícolas que permanecieron en poder del campesinado –si bien con la obligación de vender toda su producción al Estado.

La hostilidad estadounidense fue, paradójicamente, una de las claves para que Fidel Castro permaneciese tanto tiempo en el poder. El embargo sirvió para justificar el fracaso de la revolución en el terreno económico. El empeño de Castro en manejar como una finca particular algo tan complejo como la economía de un país le llevó en 1968 a nacionalizar todas las empresas, incluidas las pequeñas y medianas: unas 58 mil. En el contexto de la Guerra Fría, la justificación de centralizar toda la economía fue defendida por Fidel con toda fiereza. Su tradicional obstinación, que le permitió a la isla no doblegarse ante el imperialismo durante 60 años, resultó también demoledora para el desempeño económico.
Cuando colapsó la Urss, la economía cubana, fuertemente dependiente de aquel país, sufrió un brutal descalabro. El Pbi cayó más de un 35 por ciento y Cuba entró en lo que se denominó “Período especial”. La situación para la población fue angustiosa. Recuérdese el episodio de la “neuropatía óptica”, una epidemia de ceguera causada por la falta de vitaminas. Fue la época de los “balseros”, que ponían en riesgo su vida para cruzar el estrecho de Florida, una emigración que unida a la de los primeros tiempos de la revolución y al éxodo del Mariel de 1980, llevó a más de un millón de cubanos a Estados Unidos.


Durante el “Período especial” Fidel Castro, por primera vez, se vio obligado a aceptar algunas medidas liberalizadoras, permitiendo los mercados libres campesinos y el ejercicio de determinadas actividades por cuenta propia, lo que supuso un cierto desahogo y una mejora de la dieta alimentaria. También, a comienzos de los noventa, se impulsó la inversión extranjera en los sectores turístico y minero, se promovió el turismo y se permitió la recepción de remesas en dólares. Pero siempre a regañadientes. Varios altos cargos que defendieron la apertura más de la cuenta –Aldana, Lage, Robaina, Pérez Roque– terminaron defenestrados.


La victoria de Hugo Chávez en las elecciones de Venezuela en 1999 supuso un duro golpe para el proceso reformista cubano. El petróleo generosamente despachado por Venezuela a precios subvencionados y los créditos otorgados por ese país a cambio del envío de médicos, supusieron un respiro para el régimen, permitiendo a Castro congelar las reformas. Cuba no destacaría por sus tasas de crecimiento pero, sumando el apoyo venezolano, los ingresos por turismo, las remesas, la inversión extranjera y las exportaciones de azúcar, níquel, medicamentos y tabaco, tampoco se iría a pique. Entonces, ¿para qué copiar, adaptándolas, las reformas chinas, que permitieron a ese país multiplicar por 40 su Pbi, alcanzar una renta per cápita superior a los 8 mil dólares y sacar a centenares de millones de chinos de la pobreza, si ello suponía ceder parte del control de la economía? No, la apertura económica no era del agrado de Fidel.


El momento dulce llegó con el acceso de Raúl a los máximos cargos y con Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos. La apertura de embajadas fue el hecho simbólico, pero hubo mucho más: por el lado estadounidense, el turismo se multiplicó por cinco y se eliminaron las restricciones al envío de remesas; por el lado cubano, se abrieron nuevos hospedajes privados y más “paladares” (restaurantes privados), se permitió un incipiente mercado inmobiliario, se aprobaron nuevos trabajos por cuenta propia y se autorizó a los cubanos a viajar libremente fuera del país. Parecen cambios menores, pero en Cuba no lo eran; aunque, sí, resultaban insuficientes. Aliviaban, pero todavía no permitían un vigoroso crecimiento. Aun así, el futuro se anunciaba prometedor, una impresión a la que contribuían las reformas liberalizadoras previstas en los “Lineamientos” aprobados en el VI Congreso del Pcc en 2011, ya con Raúl Castro como secretario general. Todavía podía conjurarse la imposibilidad de llegar a fin de mes a todo cubano que no recibiese remesas, trabajase por cuenta propia o en el sector turístico, o “distrajese” algún bien estatal para su venta. Además, con el crecimiento esperado también podría resolverse la unificación de las dos monedas –el Cup y el Cuc–, que tantas distorsiones provocan.


Pero, como si una fatalidad operara siempre en contra del proceso reformista, tres golpes lo amenazaron nuevamente: la paralización por el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, del proceso de apertura hacia la isla; la situación caótica de Venezuela, que compromete seriamente el suministro energético; y, por si fuera poco, el triunfo de Jair Bolsonaro, quien dio el carpetazo al apoyo del personal médico cubano desplazado a Brasil a cambio de varios cientos de millones de dólares anuales. El resultado ha sido una nueva paralización del proceso de reformas. El papel de los “conservadores” de la revolución en este nuevo cierre de filas es claro. En 2016 se estimó que sólo se había implementado el 21 por ciento de los “Lineamientos” aprobados en el VI Congreso, lo que habla del poder que todavía detenta el sector inmovilista.


El tiempo se agota para llevar a cabo los cambios que Cuba necesita, como el cultivo de las tierras estatales ociosas, sin poner tantas condiciones para su entrega; potenciar la inversión extranjera, cuyas cifras, en términos relativos, son las menores de América Latina; otorgar mayor autonomía a las empresas estatales; y permitir a los propios cubanos invertir en su país, expandiendo el trabajo por cuenta propia y reconociendo a las pequeñas y medianas empresas privadas. Sería esencial que la nueva Constitución, cuyo texto se discute en estos meses en Cuba, recogiera estas formas de propiedad con todas sus consecuencias, incluyendo la posibilidad de acceder a créditos o contratar a empleados directamente. Al liberalizar la economía se enriquecerán algunos cubanos y aumentarán las desigualdades, pero el Estado tiene en sus manos palancas suficientes para redistribuir la riqueza que se genere, comenzando por una política fiscal progresiva y una política presupuestaria de calidad.


¿Qué escenarios quedan si no se toman con rapidez las medidas liberalizadoras? Con el escaso crecimiento del Pbi de los últimos años y el estimado para el futuro (apenas el 1 por ciento anual), el gobierno encabezado por el actual presidente, Miguel Díaz-Canel, cuando fallezca Raúl no contará con la legitimidad que, por el contrario, le proporcionaría el progreso económico. Y no es descabellado aventurar entonces que Cuba podría terminar como Nicaragua; una chispa que se enciende y un estallido social de protestas que le sigue. En el caso de optar por la represión, el régimen cubano tendría sus días contados. Cuba no es China y su gobierno no sobreviviría a una versión habanera de las masacres de la plaza de Tiananmén. Y entonces sí, los sacrificios de 60 años para construir una sociedad más justa, más igualitaria, una sociedad que devolvió la dignidad al pueblo cubano rescatando la soberanía de la isla de la prepotencia estadounidense, habrán sido en vano.

Manuel Caruncho. Cubano. Escritor y doctor en ciencias económicas por la Universidad Complutense de Madrid.

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