Alumnos sensibles, murales cuestionadores

La escuela secundaria George Washington de la muy progresista ciudad de San Francisco acaba de votar gastar una pequeña fortuna, 600.000 dólares, para destruir una de las grandes obras de arte público de Estados Unidos. Es una serie de trece murales que cubren 150 metros cuadrados en las áreas de circulación y cuentan la historia del padre de la patria desde una perspectiva poco común. Es que el autor de los murales, Victor Arnautoff, era un comunista ruso que había emigrado a Estados Unidos y que en los años treinta pintó mucho arte público para la Administración de Trabajos del gobierno, un inolvidable invento de Franklin Roosevelt para darle trabajo a artistas desempleados por la Gran Depresión. En los murales de Arnautoff, Washington le da órdenes a sus esclavos, los exploradores matan indios y el prócer aparece rodeado de sirvientes.

La escuela quiere borrar los murales no porque defienda la idea de un prócer impoluto sino porque “la presentación de minorías sólo como víctimas es una agresión a parte de nuestro alumnado”. Los administradores del colegio votaron unánimemente destruir las pinturas para poder darle a sus alumnos “un ambiente seguro”. Y hasta se negaron a taparlos con, por ejemplo, cortinados, ya que eso permitiría “que en el futuro se volvieran a exhibir”. Hasta votaron gastar buena parte de los escasos fondos de la escuela para arrasar las pinturas con lija y pintura blanca.

La idea fue atacada desde varios ángulos, por artistas y por muchos padres que observan que este caso de censura parte de una idea exagerada de cómo y hasta dónde hay que proteger a los chicos. Y los alumnos tampoco están de acuerdo: apenas un uno por ciento dijo estar de acuerdo con destruir los magníficos murales que hace más de ochenta años cubren su escuela.

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¿Estado de opinión o dictadura neo paramilitar?

 

 Duque tiene hoy un 63% de desaprobación ciudadana y el desgaste crece después de un año de haberse posesionado en la Casa de Nariño como Presidente de la Republica, en un modelo hibrido de gobierno compartido con su principal promotor y jefe político, el caudillo asesino del Ubérrimo.

La coyuntura no es precisamente de coincidencias y ascendiente del gobierno y del Centro Democrático uribista sobre la opinión pública debido a la terrible y demencial tragedia que afecta a miles de líderes sociales, de los derechos humanos y de reincorporados de la guerrilla de las Farc, sometidos a una cruel y espantosa cacería por el neoparamilitarismo heredero de los escuadrones de la muerte constituidos en los gobiernos de Uribe Velez y Santos. A lo se debe agregar la explosiva crisis de gobernabilidad por el deplorable modo corporativo de la gobernanza implementada por Duque; el estancamiento económico; el fracaso de la ofensiva contra el gobierno del Presidente Maduro para derrocarlo e imponer una marioneta de la potencia trumpiana en declive geopolítico por la emergencia de otros polos de poder en el escenario global; y la destructiva agenda para hacer trizas, cuando no risas, los acuerdos de paz firmados con las Farc, no obstante ser los mismos una simple replica de los Manuales del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para promover una “paz liberal” y “neocolonial”, que en nuestro caso contó con la entusiasta colaboración de un sector de la guerrilla fariana, hastiado y agotado con sus principios y valores históricos antisistemicos (de estirpe marxista y leninista), deslumbrado con la democracia burguesa y sus ejes centrales, tanto políticos como económicos, particularmente con el mecanismo del mercado neoliberal y con las practicas del clientelismo y la corrupción para despojar los dineros públicos y colectivos; tal como lo hace Alape con los dineros para los proyectos productivos de los reincorporados, manejados como dineros de bolsillo y de cocina, en compadrazgo con Archila el de la estabilización del post conflicto; o como lo practica Granda convertido en nuevo rico, empresario y mecenas de imprentas y periódicos en bancarrota, los cuales repiten una conocida leyenda de coincidencias con la burguesía liberal parasita del Estado.

En vísperas de iniciarse a fondo la “guerra contra las drogas” con el uso del glifosato en extensas zonas rurales y urbanas y en la perspectiva de las elecciones locales para escoger alcaldes, concejales, gobernadores, diputados y ediles en las votaciones del próximo 27 de octubre, la estrella y cerebro del gobierno lanzo la propuesta de constituir un “Estado de opinión” en el que según este genio de la política neofascista occidental, quien prevalece es el pueblo con su opinión, que en realidad es la del caudillo mesiánico, protector de la masa, guía supremo y dueño absoluto de la nación y el Estado, a la manera como lo hacían Hitler y Mussolini.

Ese “Estado de opinión” ya tiene sus instrumentos y objetivos establecidos. Se trata de un referendo impulsado por las redes y fichas del uribismo para acabar con la Justicia Especial de Paz (JEP), revocar a todos los magistrados de las Cortes, reducir el tamaño del Congreso y crear una Corte única de justicia.

En la retórica reaccionaria del neofascismo criollo esa propuesta no es algo nuevo. Desde los años 30 con Silvio Villegas y su Estado racista y anticomunista; desde la Constituyente corporativa de Laureano Gómez en 1953; y desde el Estatuto de Seguridad turbayista en 1980, es una idea que ronda y alimenta el alma podrida del sector más violento de la clase dominante nacional.

Digamos que es la “tentación totalitaria y despótica” de los núcleos mas retardatarios del país, alérgicos a los derechos de los trabajadores, a las libertades democráticas y opositores cerrados del socialismo.

El “Estado de opinión” se propuso en los dos gobiernos de Uribe Velez (2002-2010) y en plena retaliación contra las Cortes, objeto de linchamientos e interceptaciones telefónicas para propiciar los montajes judiciales y la implantación de la parapolítica en el Congreso, el Das, el Ejercito, la Policía, el Ministerio de Hacienda y en múltiples órganos del Estado en todos los niveles. Fue la época del auge de la arbitrariedad, la persecución y los montajes judiciales como el que se me orquesto desde la Secretaria General de la Presidencia en el año 2007, para acusarme de ser parte de las redes financieras de las Farc a cargo de Raúl Reyes.

Todo eso ocurrió en el momento en que se desplego la mayor presión para cambiar la Constitución del 91 y facilitar la reelección perpetua del Caudillo de marras, por fortuna fracasada.

Digamos que hoy el “Estado de opinión” es una especie de significante vacío planteado para articular y acumular todas las perversas pretensiones de las facciones mas violentas de la oligarquía, incluido el asalto en octubre de las 1113 alcaldías y las 34 gobernaciones, mediante la configuración de alianzas con el viejo partidismo liberal (Gaviria) conservador (Pastrana), duramente cuestionado por la indignación ciudadana con el cinismo de los politiqueros que se las arreglaron para hundir uno de los proyectos anti corrupción mas emblemáticos como era el de sus pender el subrogado penal de la casa por cárcel para los atracadores del gobierno.

A partir del Referendo, de la consulta sobre la prohibición al consumo mínimo y de la oferta de una demagógica mesada salarial adicional a los trabajadores, lo que se pretende es dar el salto a una Constituyente aceitada a base de “mermelada”, al amaño del caudillo para remodelar el Estado social de derecho e implantar una dictadura neoparamilitar de excepción en el que se extirpe la verdad sobre los crímenes de quienes mediante masacres y asesinatos desplazaron en las últimas tres décadas, más de 8 millones de colombianos despojándolos de casi 7 millones de hectáreas rurales hoy en manos del gamonalato regional que añora la dictadura y la eliminación de la democracia y las libertades políticas; y en la que se profundice la masacre y el exterminio de los líderes sociales, de los derechos humanos y de los ex combatientes de las Farc dejados a la deriva por la cúpula colaboracionista y gobiernista de Timochenko.

De lo que se trata es de dar impunidad a los autores de la guerra, el exterminio y el desplazamiento mediante privilegios judiciales para los poderosos que monopolizan la maquinaria del Estado y la violencia por el acceso preferente al armamento de que dispone el mismo.

A Duque, en pleno extravió autoritario, la idea la cae de perlas para poder aplastar en su momento la inconformidad popular que ha tenido momentos de auge histórico en los últimos doce meses con la huelga universitaria y la Minga indígena y campesina. Inconformidad que sigue vigente y en disposición de expresarse con mayores bríos multitudinarios.

Acudir a al régimen de conmoción se contempló recientemente para la extradición exprés de Santrich. La idea se descarto por el amplio rechazo que provoco entre los partidos de oposición, los organismos internacionales y la sociedad civil.

Pero el objetivo sigue vivo, pues el recurso del régimen de excepción parece ser la única ruta para destrabar a Duque y a su endeble gobernabilidad, dando vía libre a un devastador régimen dictatorial neoparamilitar que sofistique el uso de la violencia para eliminar la resistencia democrática y popular aupada por el clima creado con los diálogos y acuerdos de paz.

El “Estado de opinión” de Uribe/Duque ciertamente es una grave amenaza para Colombia que debe ser denunciada en el marco de la actual campaña electoral para desenmascarar toda su carga fascistizante.

El “estado de opinión” es la herramienta convenida para aplastar la fractura en el aparato militar que se visibiliza y crece con el ingreso de decenas de oficiales, sub oficiales y soldados profesionales a la JEP para contar la verdad de los “falsos positivos”, las masacres y el auge del paramilitarismo promovido desde los gobiernos de Uribe, Duque y Santos. Para contar como los poderosos de la banca, la tierra, la ganadería, las multinacionales, las empresas petroleras, mineras, bananeras, la Embajada americana, financiaron y financian la violencia contra las organizaciones sindicales, populares, los partidos de oposición, la prensa independiente y los lideres sociales.

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El tribunal de paz de Colombia estudiará un informe sobre más de 150 ejecuciones extrajudiciales

Los casos de casi 300 víctimas presentados por organizaciones de derechos humanos ponen bajo la lupa a la Primera División del Ejército entre 2003 y 2008

 

 La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el tribunal colombiano encargado de investigar los crímenes del conflicto armado entre el Estado y la extinta guerrilla de las FARC, estudiará un nuevo informe sobre el asesinato sistemático de civiles presentados después como bajas en combate. El sistema de justicia nacido de los acuerdos de La Habana recibió el sábado documentación de más de 150 casos de ejecuciones extrajudiciales con casi 300 víctimas presuntamente perpetradas por la Primera División del Ejército entre 2003 y 2008 en la región Caribe.

Estas acciones son atribuidas esencialmente a la Segunda Brigada y a la Décima Brigada Blindada de la fuerza armada terrestre. "Si bien en varios de los casos se ha establecido la responsabilidad penal de soldados, suboficiales y oficiales de baja graduación, persiste la impunidad respecto de máximos responsables, por lo que se solicita a la JEP llamar a responder a los integrantes de la plana mayor. Igualmente, se pedirá a la JEP adoptar acciones para garantizar la efectiva reparación de las víctimas", señala el escrito, presentado ante el tribunal por organizaciones colombianas de abogados de derechos humanos.

Tras la petición del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo y la Fundación Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, el tribunal de paz deberá decidir ahora si adopta algún tipo de decisión, empezando por la solicitud de una comparecencia voluntaria, respecto del actual comandante del Ejército, Nicacio de Jesús Martínez Espinel, y el jefe del Comando de Transformación del Ejército del Futuro, Adolfo León Hernández Martínez. Martínez Espinel fue, entre finales de 2004 y principios de 2006, segundo comandante y jefe del Estado Mayor de la Décima Brigada, aunque ha asegurado en repetidas ocasiones que en esa etapa se limitó a labores administrativas. Hernández Martínez estuvo al frente del Batallón de Artillería Número 2 La Popa entre 2007 y 2009. Esta es una de las unidades más investigadas a lo largo de su historia por señalamientos de ejecuciones extrajudiciales y crímenes cometidos bajo el paraguas de una guerra.

El trabajo de la JEP consiste, en palabras del magistrado Óscar Parra Vera, que participó en a presentación del estudio, en "analizar patrones". "Analizar contextos y analizar cierto de tipo de violencia y victimización. Por eso son tan importantes los informes que nos presentan, porque reúnen una serie de hechos y eso permite a la JEP tener un punto de referencia, que, es importante aclarar, será contrastado", explicó. "Estamos investigando macroprocesos, patrones. Estamos trabajando en la Costa Caribe, [en los departamentos de] La Guajira y Cesar y particularmente hemos avanzado en el batallón la Popa. También estamos analizando unidades miliares en el Catatumbo, Casanare, Huila y Antioquia". "El informe será analizado, será contrastado", continuó el magistrado, quien recuerda que en el último año la sala de reconocimiento del tribunal, encargada de seleccionar los casos, ya ha recibido 92 versiones voluntarias de militares que fueron mencionados en algunos informes. A partir de los próximos meses, el sistema de justicia espera continuar "con 80 versiones orales y 27 versiones de carácter escrito".

En su primer año de vida, la Jurisdicción Especial para la Paz ha priorizado siete grandes casos. Entre ellos, la investigación del secuestro sistemático cometido por las FARC; el reclutamiento forzoso de niños y niñas; la victimización del partido Unión Patriótica; y las muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agente del Estado.

Un nombre que suena a eufemismo

En Colombia, el asesinato sistemático de civiles por parte del Ejército tiene un nombre que para muchos suena a eufemismo: falsos positivos. Así se conoce en el país a este oscuro episodio en el que, a cambio de incentivos como permisos y vacaciones, miles de civiles fueron registrados como guerrilleros muertos en combate con las fuerzas armadas. Y aunque la Fiscalía ha documentado al menos 2.248 ejecuciones extrajudiciales, la dimensión de esos hechos y las tácticas están saliendo a la luz pública con la presentación de militares ante la JEP. La inmensa mayoría de los casos se remontan a los dos períodos presidenciales de Álvaro Uribe (2002-2010).

El informe, que describe los caos de 278 víctimas, se enfoca en la presunta actuación de mandos militares de la Décima Brigada Blindada, llama la atención sobre el uso de unidades especiales del Ejército en la comisión de estas ejecuciones; y señala que del total de las víctimas, seis eran personas con algún tipo de discapacidad; ocho, menores de edad; seis, mujeres; y 35, indígenas de las comunidades Wayú, Kankuamo y Wiwa. La mayoría- agregan- eran personas pobres que recibieron falsas propuestas de empleo.

Una de las particularidades que señala el informe entregado a la JEP es que 131 víctimas habían sido sepultadas como NN, es decir, sin aclarar su identidad. Solamente cuando aparecieron fosas comunes y la Fiscalía cotejó datos de ADN y los publicó en sus medios, familiares de víctimas supieron de la suerte de sus parientes. También esta razón, el tribunal de paz considera muy valiosos este tipo de informes ya que pueden arrojar luz en el trabajo de búsqueda y localización de personas desaparecidas durante el conflicto armado.

Las dudas sobre los procedimientos del Ejército colombiano han desatado una tormenta política principalmente sobre el partido de Gobierno, el Centro Democrático, y el ministro de Defensa, Guillermo Botero. Este acaba de salir airoso de una moción de censura porque la mayoría del Congreso sigue interpretando las denuncias sobre falsos positivos como un cuestionamiento a las fuerzas armadas, desvirtuando así el fondo de la cuestión. El director para las Américas de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, destacó que el documento presentado este fin de semana "incluye evidencias contra el comandante del Ejército, general Martínez Espinel". "¿Hasta cuando seguirá en ese cargo?", se pregunta. El comandante ha rechazado todas las críticas. Pese a eso, la revista Semana acaba de revelar el clima de amenazas que sufren los militares que han denunciado procedimientos corruptos y falsos positivos en el seno del Ejército.

Bogotá 23 JUN 2019 - 20:31 COT

 

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Viernes, 21 Junio 2019 06:19

Me quedo conmigo

Me quedo conmigo

A Nancy

Cuando salimos de la Isla del ardiente sol, además del traslado físico del cuerpo, suceden muchas otras cosas. Recibir cariño de amistades de toda la vida, que hoy viven fuera, funciona como un alivio de difícil descripción, y ha de admitirse que es casi imposible evitar sentimentalismos. Esa amiga que nos recibe en un lugar desconocido por nosotras con el mismo ardor de cuando éramos niñas inocentes, felices e indocumentadas, acaricia heridas, y se alcanza algo parecido a la felicidad. Lágrimas, hipos, abrazos y besos incluidos en aeropuertos igualmente desconocidos, conforman solo el inicio de la aventura que nos espera. Los primeros días son los más agitados, entre preguntas, relatos y todo aquello que significa actualizarse: “¿Te acuerdas de...?”; “Si vieras ahora...”; “¿Cómo has podido...?”; “¿Y tú, cómo puedes tú...?”; ¿Eres feliz de verdad, de verdad?”; “¿Y tú, acaso lo eres tú?” y largas charlas que más o menos satisfacen curiosidades inevitables, luego ceden paso a recorridos con vistas hermosísimas. Paisajes diferentes a los nuestros, fenómenos de la naturaleza marina y boscosa, joyas arquitectónicas modernas, impresionantes edificios que en cualquier momento tocarán las nubes, carros que nos parecen supersónicos, comidas deliciosas y un ambiente relajado y asombroso a la vez, poco a poco logran el milagro de apaciguarnos ansiedades, angustias, dolores. 

Acudir a las tiendas, es parada obligatoria. Comprar “lo que se pueda” es un acto del cual no nos gusta hablar, pero que todos hacemos. Mi buen amigo Doimeadiós, en su inolvidable espectáculo “[email protected]”, lo demostró como nadie. Dice: “Nos llevan al Prado, al Reina Sofía, y en lugar de disfrutar de los enanos de Goya, de Las Meninas, o del Guernica, nuestra mente va repitiendo zapatos... zapatos... zapatos bajitos para abuela, con cordones para el niño, de tacones  para la quinceañera y tenis para mi hermano”. Honesto como es, Doime siempre nos hace reír. 

Hasta que entramos a los gigantescos almacenes llamados mall o galerías comerciales, algunos de los cuales tienen cien restoranes y diez salas de cine, no entendemos cómo será posible decidirnos por una cosa o por otra, por tal artículo o por aquel otro. Nos abruman las opciones. No estamos acostumbrados a la variedad, y acaso ni siquiera a la existencia de algunas “cosas”. Debemos mantener cierta dignidad, mientras la realidad nos abofetea, y nos quedamos con los ojos fuera de las órbitas, la boca en un rictus, sudoroso el cuello  y con picazón en las manos. Debe ser una especie de pánico tenderil. La amiga, ya curada de espanto, y con una generosidad increíble, se divierte con la cara de quéhagoyoaqui  que no sé esconder. Después de recorrer dos o tres pisos, ciento vente perchas, miles de anaqueles, subir y bajar en elevadores transparentes que parecen cápsulas espaciales, cuando ya me duelen los pies, la espalda, y la migraña maldita anuncia su aura, pronuncio al fin “No puedo con tanto. Llévame a un café, por tu santa madre”.

Apenas he comprado un par de sartenes, el pijama de mi padre, la trusa de mi hijo y los destornilladores que mi esposo pidió, pero estoy exhausta. Al día siguiente, empiezan a llegar mensajes de Cuba que me obligan a repetir la experiencia de pasmarme en esas tiendas descomunales: “Se rompieron tres bombillos... la perra tiene hongos... no encuentro benadrilina... y etc.” Llega el momento en que no me dejo impresionar –o eso creo–, y, cual si fuera una yegua con orejeras, aprendo a ir directamente al estante de bombillos ahorradores, a la hilera de antimicóticos más baratos, y a la de antihistamínicos más antiguos, sin mirar nada más. Mi amiga, sabia en muchas cuestiones, que ya “le ha cogido el tumbáo a la cosa”, me va explicando el mecanismo mediante el cual “ellos” saben satisfacer demandas que ignorábamos, y lo hacen con una sutileza asombrosa. Por ejemplo: en las áreas destinadas a los alimentos, lo primero que ve el consumidor (en este caso, una incauta como yo) es todo natural, fresco, apetitosamente sano. Y claro…después de echar en el carrito de la compra media frutabomba, una mano de platanitos y un puñado de dátiles, ya se siente que se ha cumplido con las normas higiénicas recomendables en la alimentación. Entonces es menor la culpa al añadir un frasco de Nutella, el más pequeño envase de helado Häagen-Dazs y una flauta de pan viena.

Inevitablemente, pienso en Cuba. No de forma abstracta, ni por el simple hecho de haber nacido y querer morir en el mismo suelo de mis padres, sino más bien de modo más que concreto, roñoso. En específico, pienso en las tiendas que suelo visitar en mi ciudad natal con una frecuencia aterradora porque lo que hay el lunes, desaparece el jueves, se encarece el sábado, y en una semana, ya las tenderas ni lo recuerdan. Entrando en la parte de comestibles del FOCSA, por ejemplo, somos bautizados por una gota que con puntería de campeonato, cae en el centro del cráneo de cuantos entramos, sin importar la hora del día, ni el ateísmo que se profesa, ni la calvicie disimulada. Lo más probable es que dicha gota proceda de las aguas albañales del edificio de encima de la tienda, pero esa es cuestión que no se piensa. Hay que entrar y punto. Ya una vez dentro, un vaho torturante nos recuerda que estamos en verano. Si fuera invierno, nos congelaríamos, pero desde mayo, ya se sabe que los aires se rompen en cines y tiendas. Si no hubiera tanto calor en dicha tienda, los abofados del techo, los cartones que regados por el piso señalan que algo sucede bajo nuestros pies (¿humedades, aceite o mayonesa derramada?), pasarían más o menos inadvertidos. Pero claro, cuando el malestar se emperra, adquirimos vista de águila y olfato de sabueso para averiguar qué más anda mal. Galerías Paseo, otra de las más concurridas tiendas de la capital, además del calor inherente a lo ya explicado del FOCSA, tiene los suelos rotundamente ahuecados. Más que grima, produce lástima, y más aún: miedo. Agujeros lunáticos ayudan a creer que pisamos otra superficie ajena a la tierra. Ir a Galerías es como visitar un planeta adonde no ha llegado ser humano. Pero no nos satisface la visita ni el descubrimiento, sino más bien nos aterra la idea de quedarnos a vivir allí, entre cráteres alienígenas. Todos estos pensamientos en medio de un mall, producen pena ajena y propia. 

Mi amiga me sacude, me invita a seguir mirando vidrieras, me brinda café, y al atardecer caminamos juntas bordeando un agua que si bien no es bonita como la cubana, al menos no atiza añoranzas. Por mi cara, mi amiga sabe que ya  el deslumbramiento inicial ha concluido. Y que la compulsión que me caracteriza, ha llegado, y me obligará a regresar cuanto antes por donde mismo vine. El tiempo, que suele volar, cuando estamos fuera se enlentece, o eso me parece a mí. Será que La Habana sigue siendo la ciudad de mis sueños a pesar de todo. Será que echo de menos el aroma del mar, la brisa del malecón, las moscas, el calor, el maltrato  y el ruido, como muestra de un masoquismo inexplicable. Será que una extraña culpa me estrangula, como si hubiera abandonado a mi gente en medio de un incendio. Será que mis ojos solo miran aquellas pequeñas cosas que disfrutarían más y mejor mi padre, mi hijo menor, mi compañero, y por tanto, me siento usurpadora. Será que el poema de Benedetti me martilla “No te salves... no te salves... no te salves”. No me quedan claras las razones, pero, y a pesar de la burla de mi amiga, desgarro frases que en ese contexto suenan a ridiculez, sin que pueda evitarlo. No puedo quedarme inmóvil al borde del camino, le digo. No puedo llenarme de calma, ni puedo congelar el júbilo, ni reservo del mundo un lugar tranquilo, porque yo quiero con ganas, y no dejo caer los párpados. Ella sabe que cito al gran uruguayo, y me perdona. Al cabo, volvemos a abrazarnos en el ya no tan desconocido aeropuerto, con la misma pasión de hace más de medio siglo, cuando nos conocimos con aparaticos en los dientes y zapatos ortopédicos, y de nuevo nos decimos adiós, vuelve pronto, te extraño, regresa tú, coño, que esta jugada es muy cara, te quiero siempre, cuídate, llámame, escribe a cada rato. Vuelvo con sartenes, miconazol, pijamas y otros aperos. No pasan ni dos días, y ya recupero el hábito de criticar, señalar y denunciar, tres verbos practicados con letanía, sin remedio. Hablando en plata, llevo en mí la complicada existencia de un país que embruja. Bajo el hechizo de su amenazante derrumbe, La Habana, más que una ciudad, es un estado de ánimo, y a su emanante suerte me rindo, como siempre. 

Por Laidi Fernández de JuanEscritora cubana. Con este texto acaba de ganar, en Santa Clara, Cuba, el premio Crónica de Oro en el Encuentro Nacional de Cronistas Crónicos.

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Sábado, 15 Junio 2019 05:46

De los barcos como excusa para la guerra

De los barcos como excusa para la guerra

Un incidente naval, una excusa para la guerra, un clásico de la política norteamericana que ya pasó largamente el siglo. Que Donald Trump y sus halcones acusen a Irán de haber atacado a dos petroleros extranjeros que pasaban por aguas que la República Islámica patrulla de cerca no tiene nada de original, excepto en las banderas de los buques afectados. Desde la voladura del Maine en La Habana hasta el enfrentamiento a cañonazos con torpederas norvietnamitas en el incidente del Golfo de Tonkín, los problemas en alta mar le sirvieron a Washington como excusa para empezar guerras que se deseaba empezar.

En 1898, Estados Unidos estaba flexionando sus músculos imperialistas. Ya se había comido y estaba digiriendo la mitad de México –el 55 por ciento, para ser exactos– pero eso era considerado una manera de “completar” el territorio propio. Una nueva generación de políticos y empresarios quería que el país jugara un papel en el escenario mundial, rompiendo la tradición republicana y revolucionaria de mantenerse alejados de los conflictos entre coronas e imperios. La doctrina del Destino Manifiesto cubría moralmente las nuevas ideas imperiales: EE.UU. no iba a llevar la opresión a territorios colonizables sino que iba a liberar pueblos oprimidos, llevándoles los beneficios de un gobierno paternalista, republicano.

El primer objetivo fue el moribundo imperio español que, cosas de nuestras guerras de independencia, todavía conservaba algunas de sus posesiones más antiguas por la simple razón de que eran islas. La guerra de independencia cubana sirvió para preparar a la opinión pública norteamericana a través de ese nuevo instrumento de masas, la prensa amarilla. Así, los mambís cubanos fueron presentados como luchadores por la libertad y los españoles como bestias sedientas de sangre. En ese contexto, el secretario de la Armada Teddy Roosevelt mandó a La Habana al crucero acorazado Maine “para cuidar los intereses norteamericanos”.

El Maine tenía apenas tres años de uso, pero ya era anticuado. Estados Unidos todavía no era la potencia industrial que sería pocos años después, con lo que necesitaba estampadoras de acero inglesas, que se demoraron en llegar. Entre el diseño del buque y su botadura pasaron casi diez años, justo en un momento de cambio profundo en la tecnología naval. De todos modos, La todavía escasa armada de EE.UU. lo tenía como una pieza fundamental y para su misión en Cuba bastaba y sobraba. Después de todo, se trataba de intimidar a los locales y el Maine era más fuerte que cualquier cosa con bandera española.

A las 21.40 del 15 de febrero de 1898, después de tres meses amarrado en el puerto habanero, el Maine voló por los aires, matando a casi toda su tripulación que dormía a bordo. Hubo 260 muertos y 89 sobrevivientes, que se salvaron más que nada porque la explosión fue a proa, donde se guardaba carbón y munición, y donde dormía la mayoría de la tripulación. Todavía hoy se discute qué pasó esa noche terrible, con estudiosos afirmando que efectivamente alguien atacó el barco –con una mina o un torpedo– o se trató de un fuego espontáneo causado por el tipo de carbón bituminoso que usaba la nave, muy inestable. Pero la prensa amarilla no lo dudó: habían sido los españoles y tenían que pagarlo. Poco después, Cuba, Puerto Rico y las Filipinas ganaban su “libertad” a manos norteamericanas.

La experiencia resultó tan positiva que se repitió en 1964, cuando el gobierno de Lyndon Johnson andaba buscando cómo vencer la resistencia interna para entrar de lleno en Vietnam. En ese momento todavía se podía negociar y la guerra entre el norte y el sur era más civil que otra cosa. El luego famoso Incidente del Golfo de Tonkín le arregló las cosas al presidente, que hasta logró que el Congreso abandonara su reluctancia y aprobara, por voto cantado, la teoría del dominó, aceptando que toda “agresión comunista” era causa suficiente para una intervención de Estados Unidos.

El incidente en sí ocurrió el 2 de agosto de 1964, cuando el buque de guerra liviano Maddox realizaba tareas de inteligencia electrónica cerca de las aguas territoriales de Vietnam del Norte. El Maddox era una de las naves asignadas a la operación Desoto, que interceptaba y analizaba las comunicaciones radiales vietnamitas, mapeando posiciones y equipos. El recorrido del Maddox por la costa norte de Vietnam había comenzado el 31 de julio, y cada día torpederas vietnamitas lo habían seguido. Pero el dos de agosto, tres torpederas P4, apenas más que lanchas armadas, convergieron sobre la nave americana y su comandante ordenó disparar tres cañonazos de advertencia. Los vietnamitas contestaron el fuego con torpedos y ametralladoras, un combate de pocos minutos que terminó con una torpederas seriamente dañada y bajas. El único daño que informaron los norteamericanos fue un agujero de bala en la obra muerta del Maddox.

Pero el entonces secretario de Defensa Robert McNamara no le contó esta secuencia de eventos a su presidente, sino que le informó que los vietnamitas habían abierto fuego directamente. Como admitió años después, McNamara prefirió mentirle a Johnson para “ayudarlo a decidirse”. Lo mismo ocurrió dos días después con el segundo “incidente”, cuando el Maddox abrió fuego “de radar” contra varios blancos que se acercaban en el mismo Golfo de Tonkín. Fuego de radar es una expresión que indica que uno no ve el blanco, debido al clima o a que está por abajo del horizonte, pero que puede atacarlo por detección electrónica. En este caso, todo indica, incluyendo los mismos informes de la Armada, que el Maddox no fue atacado. Los contactos de radar eran producto del mal tiempo en la zona. Pero esta segunda “agresión” sirvió para convencer al Congreso de que el peligro comunista era tan tangible como en Corea, lo que permitió enviar tropas en serio a Vietnam. Once años y muchísimos muertos después, Estados Unidos se retiraba derrotado del sudeste asiático. 

La herramienta del incidente naval, parece, se guardó en un archivo para uso futuro. Un problema es que en la época del Maine casi no había cámaras y las andanzas del Maddox fueron en el mar, lejos de ojos indiscretos. Esta vez, el gobierno de Trump tuvo que acercar un videíto de baja definición en blanco y negro, tomado desde un dron, que muestra una lancha iraní haciendo algo junto al enorme casco del petrolero japonés. Según los iraníes, sus marinos estaban retirando una mina magnética, salvando de hecho el buque. Según Washington, eso prueba que Teherán estuvo involucrado en el ataque. Con lo que la ambigüedad queda a salvo.

 

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Domingo, 09 Junio 2019 05:46

Momento decisivo. ¿Momento decisivo?

Momento decisivo. ¿Momento decisivo?

Todos queremos saber lo que el futuro presagia para nosotros acerca de cualquier cosa que sea importante.

Todos tendemos a creer que el futuro será lo que es el presente es. Si las encuestas muestran que vamos a tomar cierta decisión sobre algo que luce bien ahora, seguirá viéndose bien a medida que el futuro avance. Al mismo tiempo, es un fenómeno bien probado que no podemos recordar las decisiones de hace más de seis meses. ¿Cuál es el resultado de combinar estos dos hechos aparentes? Déjenme intentar explicar cómo funciona una combinación.

Un ejemplo sería la decisión con que la mayoría de la gente se preocupa –la elección presidencial de 2020 en Estados Unidos. Aunque pensemos que el presente ofrece un panorama favorable para Donald Trump, me parece que es más complicado.

Todos los días y cada mañana nuevos elementos entran en el cuadro y por un escaso margen la predicción actual es menos válida. Esto continúa a lo largo del tiempo. Pensemos en ello como un tren que lentamente se aleja de la exactitud de nuestra predicción. Para el momento en que hayan pasado seis meses, la exactitud se redujo a casi cero.

Así, sería de lo más sensato comenzar donde estábamos hace seis meses y enfatizar nuevas cosas. Y digamos que esto predice lo que va a ocurrir. Por tanto, estamos urgidos de entender lo que ocurría hace seis meses. ¿Cómo podemos hacerlo?

Primero está nuestro recuerdo de ello, y en segundo lugar la evidencia pública extraída hace seis meses. Si las cosas le favorecían a Trump hace seis meses, se relegirá. Si las cosas eran menos buenas hace seis meses, no se -relegirá.

¿Qué tan buena es nuestra evaluación de lo que sentíamos hace seis meses? ¿Seis meses para quién? Votar en el estado de Oregon ya se cumplió y no hay nada que ocurra que pueda afectar esos votos.

Hay otros estados con diferentes reglas dependiendo de si el voto se toma en el estado o a escala local. Así que para saber lo que la gente sentía hace seis meses debemos combinar un estimado de hace seis meses para diferentes grupos de gente. Eso es, por supuesto, un muy complicado ejercicio matemático y no es muy probable que la gente lo ejecute bien.

Además, en Estados Unidos el voto se gestiona en un organismo llamado Colegio Electoral. Este Colegio Electoral no es una computadora, sino algo que se reúne. Para cuando se reúne, casi todos los electores han hecho promesas de cómo van a votar. No son requeridos legalmente a mantener sus promesas. Algunos han violado estas reglas en el pasado y otros lo harán en el futuro. Entonces nos percatamos de que es difícil predecir hoy el voto en el Colegio Electoral de mañana. Entonces algunos dirán que todo el asunto es algo que no vale la pena intentar para saber qué va a ocurrir.

¿Cómo predicen entonces? Algunos lo hacen por adivinación. Otros se rinden ¬totalmente.

¿Cómo podemos saber qué ocurrirá? ¿Hay alguna manera? Parece dudoso.

Podemos entonces entrar a un mundo totalmente cínico donde cada quién hace lo que siente que hay que hacer.

¡Así que es un momento decisivo! ¿Pero también un momento decisivo? Puede no ser un momento decisivo.

Traducción: Ramón Vera-Herrera

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Lunes, 03 Junio 2019 10:32

El Estado y la revolución

El Estado y la revolución

El Estado y la revolución es una pieza imprescindible para quienes apostamos por una sociedad pos capitalista que, necesariamente, será pos estatal.

A partir del rescate de Marx, Lenin explica en esta obra que el Estado nace por las contradicciones de clase, es decir por la confrontación entre ellas, y para someter a los de abajo a los intereses de la clase dominante.

Lunes, 03 Junio 2019 10:27

Ni un paso atrás… a la desmemoria*

Ni un paso atrás… a la desmemoria*

Hay personas que por su gesta o liderazgo, marcan un periodo de la historia del país en el que habitaron. Pese a ello, si no son convenientes para el establecimiento éste tratará de situarlos en sitial o escalón distinto al que merecen, es el caso de José Antonio Galán, líder rebelde comunero quien hace parte de la lista de aquellos que el bando ganador colocó entre los escalones inferiores de la historia colombiana.

A pesar de esa intención clasista (realista), las comunidades que en pleno siglo XXI prolongan su legado de rebeldía, sitúan la memoria de Galán en otro escalón. Porque hasta en la narración de la historia la lucha de clases se refleja nítida, como el agua. Confrontación que demanda recuperar y describir la memoria de este líder comunero como sujeto representante de una propuesta de nación adelantada para su época, la Colonia, siglo XVIII.

En este esfuerzo de analizar a Galán, puede resaltarse, en principio, consecuentes con sus ideas, su capacidad de situarse en función del otro, su visión y disposición unitaria, su mirada del territorio –lo que hoy denominamos país– así como su capacidad militar.

Su capacidad para situarse en función del otro, es lo primero por resaltar, pues es así como llega a liderar la rebelión comunera, al interiorizar las afectaciones de las comunidades producto de las políticas de impuestos y cobros desmedidos de la Corona. Es así como decide tomar las armas, sacrificando un estilo de vida familiar, junto a sus vecinos, y compenetrado con la comunidad, para poner en riesgo su ser ante un régimen sangriento. Esta premisa enmarca la personalidad de Galán.

Un estratega militar con malicia indígena

Ahora bien, en el campo militar resalta su astucia para engañar a las autoridades españolas. Cuando Galán se dirige a Honda, envía una carta con el mensaje falso de su rendición ante la Corona, con el ánimo de tranquilizar a las tropas españolas pues se conocía su recorrido por diferentes municipios de Cundinamarca. Luego de la carta cumplir su cometido, atacó Honda. Este tipo de tácticas incluyen el campo de la sicología en la guerra, al incidir en la psiquis del enemigo para desmovilizarlo, bajar la moral o hacer que cambien de bando, todo encaminado a la meta de ganar el conflicto armado. Por eso, el rumor es un recurso fuertemente explotado en una guerra que camina a la par de la capacidad bélica.

En ese momento del desarrollo de la rebelión comunera, cabe mencionar ese trayecto que traía Galán junto al resto de comuneros armados desde Santander. El cuál articula el otro rasgo distintivo de la personalidad del protagonista de este artículo, pero lo mencionaré después de exponer el trayecto comunero. Así es como, al salir de Mogotes con 16 compañeros de causa, el recorrido que tuvo luego fue Socorro, Facatativa, Villeta, Guaduas y luego Mariquita. Bajo las condiciones de aquella época de transporte y medios de comunicación lentos de territorio a territorio, se posibilitó adelantar mucho el proyecto comunero. Sin perder de vista este primera etapa comunera, pasamos a mencionar el siguiente aspecto de José Antonio Galán.

La empatía que cultivó entre los pueblos fue vital para el alcance político que tuvieron Los Comuneros. Pues Galán fue creciendo como un héroe criollo inspirador de una alternativa posible ante las injusticias de la Corona. Giró alrededor suyo un ejemplo a seguir, un respaldo militar y moral para aquellos que estaban atentos al desenlace de la rebelión, tanto así que el hecho de saber que el criollo estaba cerca a municipio y pronto pasaría allí era motivo suficiente para que la gente se organizara en cuerpos militares y capturaran a las tropas españolas, expulsaran las autoridades y se tomaran los recursos públicos, repartiéndolos entre la comunidad.

Un aguacero que inundó más allá de Santander

La ola de levantamientos y rebeldías atizados en el país se registran de esta manera: “[...] en Ubaté, los indios se niegan a pagar los tributos, las armas españolas tornan a rendirse ante él como trigos maduros que se doblan; Facatativá no piensa siquiera en resistir y es poseída jubilosamente por el vencedor […] un poco adelante, unas cuantas leguas hacia el occidente del camino que tomó Galán, un escalofrío libertario recorre la espina dorsal de la Mesa; el influjo se propaga a Tocaima; Villeta, Piedras y Guaduas […]”.

Al otro lado del Magdalena la historia se repite en diversos municipios: en Honda, Beltrán, Mariquita, los esclavos de la mina de Mal Paso, Ambalema, Coyaima, Coello, El Espinal, Upito, Purificación, Ibagué, Neiva (dirigida por Teresa Olaya) y Chaparral (el indio Simón Bernate hace historia en la sublevación). Subiendo por Antioquia también se presentaron levantamientos en Guarne, Caguán y Aipe. Ahora subiendo hacia el nororiente la rebelión germina en Girón, Cúcuta, San Cristóbal y Mérida.

En Boyacá, se dieron llamaradas de insurrección que prontamente fueron apagadas por las fuerzas reales. Los municipios de Pore, Chire, Santiago, Támara, Ten, Manare, Pava, Cravo, Pisba, Labranzagrande. Caso contrario en Nariño, donde los amotinados asesinan a palos al gobernador de Popayán; continua así en Tumaco, Barbacoas, Iscuandé, Palma Real, Tola, Río de Santiago y Baquería.

 

Vuelve y juega contra Santa fe

 

Al tener firmadas las capitulaciones el 8 de junio de 1781, desarrollando su contenido y ejerciendo los cargos que en estos estipularon algunos de los líderes de la rebelión comunera, Galán regresa a Charalá rodeado de los suyos. Sin saberlo, se cocinaba en papeles y oficinas reales la sentencia que lo llevaría al punto de mira de la Corona como venganza. El 1 de septiembre de 1781 se expide la orden de prisión contra nuestro líder comunero por orden de la Real Audiencia y los alcaldes de Zipaquirá y Chiquinquirá, bajo los cargos de robo y dirigencia en la primera sublevación para luego ser recibida por los alcaldes ordinarios en Socorro el 18 de septiembre.

Según el documento leído en el marco de la sentencia a la Galán, lo acusan por: “su desenfreno por la invasión hecha en Puente-real de Vélez […] interceptar la correspondencia de oficio, y pública, que venía de la plaza de Cartagena para esta capital (Facatativá) […] continuando con su voracidad y designios infames se condujo a Villeta y Guaduas, en donde, repitiendo los excesos del saqueo, atropelló también al alcalde ordinario de esta villa […] ejerciendo actos de jurisdicción en desprecio de los que la tenían legítima y verdadera (Mariquita) […] avanzó desde allí a la hacienda de Mal Paso, propia de don Vicente Diago, alzando a los esclavos, prometiéndoles y dándoles libertad, como si fuera su legítimo dueño […].

Estos argumentos hacen parte de la larga lista de acusaciones, para condenar a muerte al comunero: “[…] condenamos a José Antonio Galán a que sea sacado de la cárcel, arrastrado y llevado al lugar del suplicio donde sea puesto en la horca hasta que naturalmente muera, que bajado, se le corte la cabeza, se divida su cuerpo en cuatro partes, y pasado el resto por las llamas […] su cabeza será conducida a las Guaduas […] la mano derecha puesta en la plaza del Socorro; la izquierda en la villa de San Gil; el pie derecho en Charalá, lugar de nacimiento; y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes […]”.

No contentos con esta vil sentencia, prosigue la lectura: “[…] declarada infame su descendencia, ocupados sus bienes y aplicados al real fisco: asolada su casa y sembrada de sal. De los 16 compañeros capturados se les sentenció también a muerte y a otros el exilio en África”. La captura y asesinato de los comuneros sublevados nuevamente ocurre después de ser perseguidos y capturados la noche del 13 de octubre de 1781, pues ya se encontraban dentro del nuevo proyecto insurreccional iniciado en territorio santandereano con miras a Santa fe, sin perder tiempo en batallas contra los traidores de la rebelión comunera que se encontraban disfrutando de los cargos públicos estipulados en las capitulaciones.

 

Para terminar

 

Fueron claras las intenciones de la Corona de desaparecer de la memoria la rebelión y proyecto comunero junto a sus protagonistas, entre ellos Galán. Sin embargo, su figura como líder comunero y persona de confianza entre su comunidad le permitió levantar cabeza entre los nudos de la historia que impone la burguesía cuando narra el pasado.

Pretender ocultar la visión estratégica, la audacia militar, su capacidad organizativa como además su principio de alteridad en las comunidades que lo recibían junto a sus compañeros de campaña, es faltar a la verdad histórica de un elemento vital del acontecimiento comunero enmarcado en las luchas sociales previas a la independencia de 1810, la que como es conocido se prolonga en cientos de escaramuzas y batallas hasta 1819, para sellar con las armas la derrota enemiga.

Ahora bien, la rebelión y proyecto comunero no solo expuso a los revolucionarios y revolucionarias en este acontecimiento, también lo hizo con aquellos traidores que en la formulación de las capitulaciones incluyeron sus intereses particulares como es el caso del emblemático Juan Francisco Berbeo, miembro de la clase aristocrática de los cabildos de Santa fe y Tunja.

Teniendo en cuenta lo que sucedió alrededor de Galán y los comuneros, cabe mencionar que la sentencia contra los actores de la segunda insurrección comunera fue por dos razones. La primera, por venganza Real contra este pueblo insumiso que puso en entredicho el régimen colonial y propuso otro modelo de sociedad no-dependiente y, segunda, para sembrar el miedo y terror entre las comunidades que aun siguieran cosechando las ideas rebeldes, entre ellas de independencia.

Con respecto a las 36 capitulaciones, fueron desconocidas y enterradas por la Corona el 18 de marzo de 1782. Se anulan así cargos públicos, indultos y demás acuerdos desprendidos del histórico documento, quedando archivados originales y copias. Esta práctica se asemeja a lo que sucede con los acuerdos de la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, de los pueblos indígenas y afros, maestros y maestras, que se estipulan en el marco de las movilizaciones con el gobierno nacional para luego ser amañados a la normatividad vigente y posteriormente verlos parcialmente cumplidos dentro de largos periodos de tiempo, hasta llegar al total incumplimiento.

Se ve como la práctica de incumplir los acuerdos por parte de un gobierno nacional es herencia de la Corona, bien aprendida por sus herederos de clase, constituyéndose así en un principio histórico de la clase social que ha estado en el poder para sostener el régimen explotador y destructor de la vida. El incumplimiento de las capitulaciones expone la política real de la Corona frente a una negociación, la cual no tiene otro nombre de trampa.

No obstante, la historia la hacen los pueblos, de estos surgen liderazgos que encarnan sus intereses y proyectos de nación antagónicos al sistema-mundo capitalista. La disputa también está en narrar sus vidas en el acto de hacer memoria, como garantía de no perder la identidad y el horizonte de transformación social que tenemos implícitos los pueblos de Nuestra América.

Galán y Los Comuneros son el aporte del pueblo colombiano a la larga historia de luchas sociales que recalcan el futuro de esperanza y vida digna que tenemos los sujetos populares.

* Todas las citas corresponden al libro, Galán y los comuneros (1939), de José Fulgencio Gutiérrez.
** Coordinador Nacional Agrario - Congreso de los Pueblos.

Publicado enColombia
Domingo, 02 Junio 2019 14:10

Ni un paso atrás… a la desmemoria*

Ni un paso atrás… a la desmemoria*

Hay personas que por su gesta o liderazgo, marcan un periodo de la historia del país en el que habitaron. Pese a ello, si no son convenientes para el establecimiento éste tratará de situarlos en sitial o escalón distinto al que merecen, es el caso de José Antonio Galán, líder rebelde comunero quien hace parte de la lista de aquellos que el bando ganador colocó entre los escalones inferiores de la historia colombiana.

A pesar de esa intención clasista (realista), las comunidades que en pleno siglo XXI prolongan su legado de rebeldía, sitúan la memoria de Galán en otro escalón. Porque hasta en la narración de la historia la lucha de clases se refleja nítida, como el agua. Confrontación que demanda recuperar y describir la memoria de este líder comunero como sujeto representante de una propuesta de nación adelantada para su época, la Colonia, siglo XVIII.

En este esfuerzo de analizar a Galán, puede resaltarse, en principio, consecuentes con sus ideas, su capacidad de situarse en función del otro, su visión y disposición unitaria, su mirada del territorio –lo que hoy denominamos país– así como su capacidad militar.

Su capacidad para situarse en función del otro, es lo primero por resaltar, pues es así como llega a liderar la rebelión comunera, al interiorizar las afectaciones de las comunidades producto de las políticas de impuestos y cobros desmedidos de la Corona. Es así como decide tomar las armas, sacrificando un estilo de vida familiar, junto a sus vecinos, y compenetrado con la comunidad, para poner en riesgo su ser ante un régimen sangriento. Esta premisa enmarca la personalidad de Galán.

Un estratega militar con malicia indígena

Ahora bien, en el campo militar resalta su astucia para engañar a las autoridades españolas. Cuando Galán se dirige a Honda, envía una carta con el mensaje falso de su rendición ante la Corona, con el ánimo de tranquilizar a las tropas españolas pues se conocía su recorrido por diferentes municipios de Cundinamarca. Luego de la carta cumplir su cometido, atacó Honda. Este tipo de tácticas incluyen el campo de la sicología en la guerra, al incidir en la psiquis del enemigo para desmovilizarlo, bajar la moral o hacer que cambien de bando, todo encaminado a la meta de ganar el conflicto armado. Por eso, el rumor es un recurso fuertemente explotado en una guerra que camina a la par de la capacidad bélica.

En ese momento del desarrollo de la rebelión comunera, cabe mencionar ese trayecto que traía Galán junto al resto de comuneros armados desde Santander. El cuál articula el otro rasgo distintivo de la personalidad del protagonista de este artículo, pero lo mencionaré después de exponer el trayecto comunero. Así es como, al salir de Mogotes con 16 compañeros de causa, el recorrido que tuvo luego fue Socorro, Facatativa, Villeta, Guaduas y luego Mariquita. Bajo las condiciones de aquella época de transporte y medios de comunicación lentos de territorio a territorio, se posibilitó adelantar mucho el proyecto comunero. Sin perder de vista este primera etapa comunera, pasamos a mencionar el siguiente aspecto de José Antonio Galán.

La empatía que cultivó entre los pueblos fue vital para el alcance político que tuvieron Los Comuneros. Pues Galán fue creciendo como un héroe criollo inspirador de una alternativa posible ante las injusticias de la Corona. Giró alrededor suyo un ejemplo a seguir, un respaldo militar y moral para aquellos que estaban atentos al desenlace de la rebelión, tanto así que el hecho de saber que el criollo estaba cerca a municipio y pronto pasaría allí era motivo suficiente para que la gente se organizara en cuerpos militares y capturaran a las tropas españolas, expulsaran las autoridades y se tomaran los recursos públicos, repartiéndolos entre la comunidad.

Un aguacero que inundó más allá de Santander

La ola de levantamientos y rebeldías atizados en el país se registran de esta manera: “[...] en Ubaté, los indios se niegan a pagar los tributos, las armas españolas tornan a rendirse ante él como trigos maduros que se doblan; Facatativá no piensa siquiera en resistir y es poseída jubilosamente por el vencedor […] un poco adelante, unas cuantas leguas hacia el occidente del camino que tomó Galán, un escalofrío libertario recorre la espina dorsal de la Mesa; el influjo se propaga a Tocaima; Villeta, Piedras y Guaduas […]”.

Al otro lado del Magdalena la historia se repite en diversos municipios: en Honda, Beltrán, Mariquita, los esclavos de la mina de Mal Paso, Ambalema, Coyaima, Coello, El Espinal, Upito, Purificación, Ibagué, Neiva (dirigida por Teresa Olaya) y Chaparral (el indio Simón Bernate hace historia en la sublevación). Subiendo por Antioquia también se presentaron levantamientos en Guarne, Caguán y Aipe. Ahora subiendo hacia el nororiente la rebelión germina en Girón, Cúcuta, San Cristóbal y Mérida.

En Boyacá, se dieron llamaradas de insurrección que prontamente fueron apagadas por las fuerzas reales. Los municipios de Pore, Chire, Santiago, Támara, Ten, Manare, Pava, Cravo, Pisba, Labranzagrande. Caso contrario en Nariño, donde los amotinados asesinan a palos al gobernador de Popayán; continua así en Tumaco, Barbacoas, Iscuandé, Palma Real, Tola, Río de Santiago y Baquería.

 

Vuelve y juega contra Santa fe

 

Al tener firmadas las capitulaciones el 8 de junio de 1781, desarrollando su contenido y ejerciendo los cargos que en estos estipularon algunos de los líderes de la rebelión comunera, Galán regresa a Charalá rodeado de los suyos. Sin saberlo, se cocinaba en papeles y oficinas reales la sentencia que lo llevaría al punto de mira de la Corona como venganza. El 1 de septiembre de 1781 se expide la orden de prisión contra nuestro líder comunero por orden de la Real Audiencia y los alcaldes de Zipaquirá y Chiquinquirá, bajo los cargos de robo y dirigencia en la primera sublevación para luego ser recibida por los alcaldes ordinarios en Socorro el 18 de septiembre.

Según el documento leído en el marco de la sentencia a la Galán, lo acusan por: “su desenfreno por la invasión hecha en Puente-real de Vélez […] interceptar la correspondencia de oficio, y pública, que venía de la plaza de Cartagena para esta capital (Facatativá) […] continuando con su voracidad y designios infames se condujo a Villeta y Guaduas, en donde, repitiendo los excesos del saqueo, atropelló también al alcalde ordinario de esta villa […] ejerciendo actos de jurisdicción en desprecio de los que la tenían legítima y verdadera (Mariquita) […] avanzó desde allí a la hacienda de Mal Paso, propia de don Vicente Diago, alzando a los esclavos, prometiéndoles y dándoles libertad, como si fuera su legítimo dueño […].

Estos argumentos hacen parte de la larga lista de acusaciones, para condenar a muerte al comunero: “[…] condenamos a José Antonio Galán a que sea sacado de la cárcel, arrastrado y llevado al lugar del suplicio donde sea puesto en la horca hasta que naturalmente muera, que bajado, se le corte la cabeza, se divida su cuerpo en cuatro partes, y pasado el resto por las llamas […] su cabeza será conducida a las Guaduas […] la mano derecha puesta en la plaza del Socorro; la izquierda en la villa de San Gil; el pie derecho en Charalá, lugar de nacimiento; y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes […]”.

No contentos con esta vil sentencia, prosigue la lectura: “[…] declarada infame su descendencia, ocupados sus bienes y aplicados al real fisco: asolada su casa y sembrada de sal. De los 16 compañeros capturados se les sentenció también a muerte y a otros el exilio en África”. La captura y asesinato de los comuneros sublevados nuevamente ocurre después de ser perseguidos y capturados la noche del 13 de octubre de 1781, pues ya se encontraban dentro del nuevo proyecto insurreccional iniciado en territorio santandereano con miras a Santa fe, sin perder tiempo en batallas contra los traidores de la rebelión comunera que se encontraban disfrutando de los cargos públicos estipulados en las capitulaciones.

 

Para terminar

 

Fueron claras las intenciones de la Corona de desaparecer de la memoria la rebelión y proyecto comunero junto a sus protagonistas, entre ellos Galán. Sin embargo, su figura como líder comunero y persona de confianza entre su comunidad le permitió levantar cabeza entre los nudos de la historia que impone la burguesía cuando narra el pasado.

Pretender ocultar la visión estratégica, la audacia militar, su capacidad organizativa como además su principio de alteridad en las comunidades que lo recibían junto a sus compañeros de campaña, es faltar a la verdad histórica de un elemento vital del acontecimiento comunero enmarcado en las luchas sociales previas a la independencia de 1810, la que como es conocido se prolonga en cientos de escaramuzas y batallas hasta 1819, para sellar con las armas la derrota enemiga.

Ahora bien, la rebelión y proyecto comunero no solo expuso a los revolucionarios y revolucionarias en este acontecimiento, también lo hizo con aquellos traidores que en la formulación de las capitulaciones incluyeron sus intereses particulares como es el caso del emblemático Juan Francisco Berbeo, miembro de la clase aristocrática de los cabildos de Santa fe y Tunja.

Teniendo en cuenta lo que sucedió alrededor de Galán y los comuneros, cabe mencionar que la sentencia contra los actores de la segunda insurrección comunera fue por dos razones. La primera, por venganza Real contra este pueblo insumiso que puso en entredicho el régimen colonial y propuso otro modelo de sociedad no-dependiente y, segunda, para sembrar el miedo y terror entre las comunidades que aun siguieran cosechando las ideas rebeldes, entre ellas de independencia.

Con respecto a las 36 capitulaciones, fueron desconocidas y enterradas por la Corona el 18 de marzo de 1782. Se anulan así cargos públicos, indultos y demás acuerdos desprendidos del histórico documento, quedando archivados originales y copias. Esta práctica se asemeja a lo que sucede con los acuerdos de la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, de los pueblos indígenas y afros, maestros y maestras, que se estipulan en el marco de las movilizaciones con el gobierno nacional para luego ser amañados a la normatividad vigente y posteriormente verlos parcialmente cumplidos dentro de largos periodos de tiempo, hasta llegar al total incumplimiento.

Se ve como la práctica de incumplir los acuerdos por parte de un gobierno nacional es herencia de la Corona, bien aprendida por sus herederos de clase, constituyéndose así en un principio histórico de la clase social que ha estado en el poder para sostener el régimen explotador y destructor de la vida. El incumplimiento de las capitulaciones expone la política real de la Corona frente a una negociación, la cual no tiene otro nombre de trampa.

No obstante, la historia la hacen los pueblos, de estos surgen liderazgos que encarnan sus intereses y proyectos de nación antagónicos al sistema-mundo capitalista. La disputa también está en narrar sus vidas en el acto de hacer memoria, como garantía de no perder la identidad y el horizonte de transformación social que tenemos implícitos los pueblos de Nuestra América.

Galán y Los Comuneros son el aporte del pueblo colombiano a la larga historia de luchas sociales que recalcan el futuro de esperanza y vida digna que tenemos los sujetos populares.

* Todas las citas corresponden al libro, Galán y los comuneros (1939), de José Fulgencio Gutiérrez.
** Coordinador Nacional Agrario - Congreso de los Pueblos.

Publicado enEdición Nº257
Viernes, 31 Mayo 2019 06:03

Palestina: juego de palabras

Palestina: juego de palabras

John Berger después de un viaje a Palestina apuntaba cómo ésta se convertía en "escombros" bajo la ocupación israelí. Por todos lados había también "cascajos de palabras", vocablos "que ya no albergaban nada" y "cuyo sentido ha sido destruido".

En sus ojos "la cuidadosa destrucción de la gente" venía acompañada de "la cuidadosa destrucción del lenguaje (y el silencio)" ( Hold everything dear, 2007, p. 15).

Norman Finkelstein en el mismo contexto –y espíritu– enfatizaba la necesidad "de llamar las cosas por su nombre". Evocando a Confucio, que afirmaba que "toda la sabiduría venía de allí" –"algo que podría sonar como una frase de la galleta de la fortuna"–, subrayaba que ésta en realidad "es una idea muy profunda".

–“¿Es preciso entonces –hablando de las manifestaciones en marco de la Gran Marcha del Retorno en Gaza– decir que ‘los palestinos tratan de romper el cerco fronterizo’?”, preguntaba.

–Y respondía: "No".

–"Los palestinos en Gaza tratan de romper el cerco del campo de concentración. El cerco del gueto. El cerco de la prisión" (bit.ly/2Lt71Gx).

Tras más de un año de la Gran Marcha y una sádica y totalmente desproporcionada supresión de ella por Israel con saldo de más de 250 muertos –incluidos niños, socorristas y periodistas– y 6 mil 500 heridos (bit.ly/2UXBNf0), cientos con piernas amputadas –los francotiradores a propósito apuntan a ellas con la munición de fragmentación–, la aviación israelí acabó bombardeando hace unas semanas a Gaza "en respuesta a los cohetes de Hamas", dejando de lado que su lanzamiento fue una reacción al previo asesinato de otros cuatro manifestantes y 116 heridos, incluidos 39 niños (el saldo del bombardeo era otra lista de muertos).

Gideon Levy, precisamente en un afán de "llamar las cosas por su nombre" –y muy a contrapelo de la narrativa dominante–, habló, refiriéndose a los cohetes, del "levantamiento en el gueto":

"Poco después del Día del Recuerdo del Holocausto el saber que 2 millones de personas están encerradas desde hace años tras un alambre de púas en una gigantesca jaula no le recuerda nada a nadie en Israel."

Y seguía: "Gaza es un gueto y lo que está pasando allí es una insurrección. No hay otra manera para describirlo" (bit.ly/2MaBMVa).

Tampoco hay otra palabra para hablar de Israel –y por extensión de los territorios ocupados– que "apartheid".

"El institucionalizado régimen de opresión y dominación sistemática de un grupo racial por otro" –como reza la definición– es justo lo que hay después de que éste (ya sin tapujos) se declarara "un Estado judío y para los judíos" al adoptar la Basic Law (bit.ly/2X5s33y).

El próximo gobierno de Netanyahu, que prometió en campaña anexar a Cisjordania garantizándose el triunfo –al final para él y muchos más, si ya estábamos en lo de las palabras, esto nunca era "Cisjordania", sino "Judea" y "Samaria"–, "será el gobierno de anexión", subraya en otro lugar Levy (empacando más gente en el gueto-Gaza o "pasándoselos" a Jordania) y uno que “en pleno siglo XXI ante los atónitos líderes mundiales declarará el segundo Estado de apartheid estilo Sudáfrica” (bit.ly/2Qq2GH2).

Es justo aquí donde entra Trump con su "plan de paz para el Medio Oriente" –apodado bombásticamente Deal of the Century– aún no publicado pero listo y en parte filtrado (bit.ly/2Jf1O7o).

Su lógica reside simplemente en reconocer los facts on the ground (cuya primacía siempre ha sido el meollo del colonialismo israelí), seguir la estrategia de la "gettoización" de los palestinos y –en esencia– en una perversa destrucción del sentido de las palabras de la que hablaba Berger.

Estados Unidos ya lleva tiempo trabajando en ello.

Así Jerusalén ya no es la "ciudad con estatus especial", sino "la capital de Israel" (embajada de Washington ya está allí); los refugiados palestinos ya no son "refugiados" (su administración dejó de financiar la UNRWA y tuerce la mano a Jordania y Egipto para que les den ciudadanía a fin de desaparecer a los palestinos como "un pueblo con derecho al retorno"); los Altos de Golán –raptados en la misma guerra que Cisjordania (1968)– ya no son "territorio ocupado", sino parte de Israel (un claro test antes de la gran anexión).

Lo que quedará –aproximadamente 12 por ciento de la Palestina histórica, un surreal patchwork de bantustanes sin continuidad territorial– se llamará "Nueva Palestina", nombre que hace pensar a uno más en una de las comunidades en medio de la Selva Lacandona, que en un país.

Será "un Estado", aunque uno queda con la duda desde cuando llamamos "Estado" a entidades sin ninguna soberanía, ejército, virtualmente ningún tipo de poderes.

Desgraciadamente –llamemos las cosas por su nombre– la pacificación y colonización de Palestina, ante el total silencio del mundo, ha sido igualmente –casi– total (bit.ly/30W2rIK). El plan de Netanyahu es ahora –apunta un comentarista de Gaza– "forzar a palestinos a aceptar su brutal derrota" (bit.ly/2EBIpJY).

Visto así, hay una palabra, o término, muy apropiado para esto: "la solución final de la cuestión palestina".

Y si alguien se siente ofendido por la referencia a Endlösung (bit.ly/1TBVWRk) –aunque de verás uno no tiene la culpa que muchas palabras de aquellos tiempos, no sólo "gueto" o "campo", sirven para hablar de Palestina e Israel: Gleichschaltung, Herrenvolk, Untermenschen, Sonderbehandlung–, también hay otro modo de decirlo: “ Game Over”.

Por, Maciek Wisniewski*, periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

 

Publicado enInternacional