La mirada de Gabo y todas las formas del periodismo

El cierre fue con los vallenatos de Leandro Díaz, una forma relajada y fiestera de ponerle un broche de oro al Festival Gabo, que a la altura de su sexta edición se ha convertido en un referente ineludible para la profesión en el continente.

Cualquier resabio de formalidad que podría existir queda definitivamente archivado. Retumba el vozarrón de Ivo Díaz en el Orquideorama, y canta la triste historia del corazón destrozado de su padre Leandro, que aun siendo figura del vallenato colombiano no pudo conquistar el amor de Matilde Lina. Pero el sonido del vallenato no es lamento, provoca el baile, y así es como en el espacio del Jardín Botánico donde se escucharon tantas palabras y tantos análisis y tantas cuestiones relacionadas con el periodismo, ya no importa nada y se desata la fiesta. “Cuando Matilde camina / hasta sonríe la sabana”, repite Díaz el estribillo y el público ya abandona sus sillas y el mismo Jaime Abello Banfi, director general de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, lidera el bailongo y arenga a Ivo con que toque una más, otra más. Cuesta aceptar que el Festival Gabo 2018 (que convocó a 15 mil personas), empieza a ser pasado.


La tertulia de cierre sirvió para que Díaz, el escritor y académico Ariel Castillo y la música Marina Quintero dialogaran con el escritor y periodista Alonso Sánchez Baute para contar la historia de Leandro y su amistad con Gabriel García Márquez, cruzando el relato con las canciones, ejemplificando cosas como el epígrafe de El amor en los tiempos del cólera (“En adelanto van estos lugares: ya tienen su diosa coronada”) tocando “La diosa coronada”; en el mismo relato del amor no correspondido de Leandro por Matilde resuenan ecos de la historia de Florentino Ariza y Fermina Daza. Y el clip de dos minutos en el que se vio a Díaz cantando “Matilde Lina” sentado junto a Gabo en una peña fue un emotivo resumen de la noche, de la amistad del Nobel de Literatura y el músico –quienes murieron con apenas un año de diferencia– y de esas “Obsesiones de Gabo” que fueron uno de los ejes temáticos del encuentro.


La tercera y última jornada en tierra paisa mantuvo la intensidad y diversidad que caracterizó a todo el Festival. Los colombianos Javier Darío Restrepo y Jorge Cardina, la chilena Mónica González y los españoles Alex Grijelmo y Gumersindo Lafuente abrieron la mañana con el interesante debate que proponía El zumbido y el moscardón: desafíos éticos en el periodismo actual, y fue el comienzo de una programación en la que más de uno sumó metros y metros de caminata cruzando y volviendo del Botánico al Parque Explora, otra de las sedes. Allí, de hecho, hubo dos paneles que tuvieron su dosis extra de picante, que agregaron otras dimensiones a un panorama de por sí amplio.


Tras participar en otra mesa en el Orquideorama sobre el poder de la sátira periodística, Ingrid Beck –directora de Barcelona y activa militante de pañuelo verde– debió lidiar en la charla Más allá de lo virtual: el poder transformador de las redes sociales con una moderadora nada convencida de la necesidad de una ley de interrupción voluntaria del embarazo, que insistió un par de veces con la inconveniencia de mezclar ese reclamo con el de un freno a los femicidios. Beck hizo caso omiso y emocionó a la sala con el relato del surgimiento y crecimiento de Ni Una Menos, desde los primeros tuits hasta las marchas multitudinarias en el Congreso, de la militancia virtual a la acción real; las imágenes en pantalla ilustraron de manera indiscutible ese crescendo. A su lado, la chilena Francisca Skoknic dio detalles de su chatbot periodístico La Bot, y Alberto Herrera dio algunos ejemplos de cómo las peticiones de Change.org pasaron de la recolección de firmas a lo efectivo en México, donde 5 mil personas se manifestaron en la puerta de una radio para pedir la reincorporación de una periodista despedida por incomodar al poder de Peña Nieto. Ante el por momentos excesivo optimismo de Herrera, este diario aprovechó las preguntas finales para recordar que esa “transformación de las redes sociales” incluye a jugadores del otro lado, trolls y hostigadores de toda clase. “Por supuesto que eso también existe, pero no podemos dejar de hacer cosas: habrá que endurecer el cuero”, cerró Beck.


El panel siguiente en el mismo Teatro Explora, aun con la seriedad que suponía el título [email protected] de hoy: jueces, ciudadanos y algoritmos, tuvo un espíritu lúdico desde la elección de sus moderadores: fieles a su decisión de mantenerse anónimos, dos de los responsables del imperdible sitio satírico Actualidad Panamericana aparecieron y moderaron el diálogo con sus máscaras de gallina. Nada de eso le quitó dimensión al análisis sobre libertad de expresión en internet del experto colombiano Carlos Cortés y las miradas de Patricia Llombart –embajadora de Unión Europea en Colombia–, Viviana Bohorquez (abogada y creadora del canal de YouTube Las Igualadas, que discute temas de género) y el barcelonés Pere Rusiñol. El cofundador de Mongolia mostró al auditorio la portada de un número recopilatorio que fue hitazo en España –“Compre este número de Mongolia y vaya preso”– pero cuyos chistes, dijo, le desagradarían a él mismo si aparecieran en Twitter: “El contexto siempre importa”, dijo... y justo sucedió algo en el contexto de esa misma charla, cuando un grupo de estudiantes universitarios irrumpió y se ubicó en fila delante del escenario, con cinta adhesiva en los labios y carteles que aludían al déficit universitario y la falta de interlocutores para resolverlo. Cualquier semejanza con la realidad argentina no es casualidad.


Gabo en la categoría Innovación por Los desterrados del Chaco– y los retos del periodismo en la era #MeToo, con la presencia de Rebecca Corbett del New York Times; las maneras de enfocar y retratar la creciente xenofobia, en un momento en que proliferan las migraciones y el Presidente de la nación más poderosa del mundo alienta el discurso racista; el regreso de la rusa Masha Gessen tras su charla del primer día, esta vez para hablar de la diversidad sexual y la ética de las disidencias con el mexicano Guillermo Osorno y la colombiana Matilda González Gil; una charla de Claudi Carreras, curador de la impactante muestra Africamericanos, con la artista plástica Liliana Angulo, el fotógrafo Bruno Morais y el editor Angel Unfried; otro encuentro inolvidable protagonizado por un argentino, Marcos López, que –no podía ser de otra manera– fue mucho más allá del título original Las preocupaciones de un artista pop latinoamericano en el Museo de Arte Moderno; talleres intensivos, a toda hora y de todo tenor... y eso sin contar Los papeles de Gabo: originales inéditos, fuentes tipográficas y otras revelaciones, el recorrido por un auténtico tesoro conducido por el mismo Jaime Abello junto a representantes de la biblioteca Luis Angel Arango... en algún momento el Festival Gabo se sintió inabarcable, en el mejor de los sentidos.


“Este es el festival del periodismo que no está en crisis, del periodismo que tiene vitalidad, que tiene ganas de comerse el mundo, que no le tiene miedo a la tecnología sino que se apropia de ella, de una juventud que llega con ideas renovadoras”, dijo Abello Banfi a PáginaI12, poco antes de la tertulia final y a modo de balance. “Nacho Escolar, de Eldiario.es, lo resumió muy bien cuando habló de una ‘época promisoria’ en la que hay que empezar a enterrar los modelos que dejaron de funcionar, hacer adaptaciones pero pensar el periodismo de manera optimista. La prueba de esto es la vitalidad que tuvieron los trabajos finalistas del Premio Gabo, que abordan temas muy difíciles pero con mucha garra.”


–En cada categoría podría haber ganado cualquiera de los tres y hubiera sido igualmente justo.


–Es que para nsotros ganan los tres finalistas. Hay que elegir a uno que tenga el premio mayor, pero el tratamiento que les damos hasta el último minuto es que son lo mejor de la cosecha del periodismo iberoamericano del año.


–Es curioso porque se vieron muchos trabajos colaborativos, en contraposición a la clásica figura del periodista de investigación como lobo solitario.


–Hay un periodismo que muchas veces implica una colaboración no solo entre personas sino entre países, entre regiones, entre medios y entre proyectos y es magnífico, porque está dando resultados excelentes: hay pruebas no solo en América Latina sino en otros países de que es un buen camino para el futuro del periodismo, y para que tenga efecto e impacto, sobre todo cuando aborda temas con una complejidad que trasciende fronteras o que representan fenómenos estructurales complicados. Pero también está el periodismo de autor, como el de Joseph Zárate, ganador de la categoría Texto. Hay una gran diversidad que refleja vitalidad. No solo está la clave tradicional, una sala de redacción, una empresa periodistica, una marca: eso es parte del ecosistema pero no es lo único.


–Y no hay un absoluto reemplazo de la viejas formas, hay una convivencia.


–Tiene que ser así, y ojalá encontremos nuevas manera de consolidar la empresa periodística como matriz organizacional del buen periodismo, porque una buena empresa crea las condiciones para que el periodista se dedique más tranquilamente a su trabajo, proporciona medios y recursos para hacerlo posible. Pero tampoco podemos dejar de hacer periodismo por los problemas de la economía de las empresas. Se necesita el respaldo económico, la tecnología y los demás factores, pero también ese humanismo, esa vocación, las ganas, el ideal de servico público, de ambiciones creativas. El motor está en los periodistas.


Abello señala que “me encantó la presencia argentina en esta edición, fue muy bueno todo lo que sucedió” y afirma que no hay manera de parar, que ya diseña en su cabeza ideas para 2019. Pero eso puede esperar, al menos un par de horas: ahora es momento de vallenato. En el mismo Gabo convivía el defensor del buen periodismo y el fan de canciones con mujeres que hacían sonreír a la sabana. Porque las palabras y las teorías importan, pero nunca hay que olvidar la fiesta. Y Medellín lo fue. Otra vez.

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Viernes, 05 Octubre 2018 06:26

Edward W. Said: historietas

Edward W. Said: historietas

I. "No me acuerdo exactamente cuando leí mi primer cómic, pero me acuerdo bien qué tan liberado y subversivo me sentía con el resultado" (en: J. Sacco, Palestine, 2001, p. i-v). Tal vez algo inesperado para que venga de la boca de Edward W. Said (1935-2003), el gran estudioso y amante de "alta" literatura, académico cuyos conceptos entraron al lexicón de las ciencias sociales –e inauguraron toda una nueva rama: estudios poscoloniales– pero genial (¿o no...?) para conmemorar los 15 años de su muerte (25 de septiembre). No una cita de su Orientalismo (1978) que denunciaba lo racista y reduccionista del habitual discurso occidental acerca del "Oriente" o de Cultura e imperialismo (1993) que ampliaba este argumento enfatizando cómo los imperios siempre querían “silenciar a los ‘nativos’” –su ópera magna– sino de una "menor" introducción a una historieta –en sí misma un extraordinario ejemplo de periodismo en cómic– con "instantáneas dibujadas" que exponían la crueldad y cotidianidad de la ocupación israelí de su tierra: Palestina.

II. Será una de sus últimas conferencias. La leucemia que combatía por 12 años –y que consumió también a Fanon, otro gigante de la poscolonialidad– se estaba imponiendo. Y él como si nada: firme, vestido de manera inmaculada, bromeando. Entre varios otros temas expone el viejo punto de su análisis –que le traía críticas desde sus propias filas...–, el reconocimiento a la legitimidad de la pretensión sionista a Palestina (véase: Zionism from the standpoint of its victims, 1979). Pero precisa: esta es apenas "una de tantas pretensiones" que no sustituye a la árabe/palestina, y –mucho menos– justifica desposesión y desplazamiento. “Esto es muy importante: los judíos sí tienen una pretensión a Palestina. Nunca lo he negado. Pero esto no debe implicar decirle a un palestino ‘sabes qué, tienes que dejar tu casa porque esta tierra me la dio Dios hace 3 mil años y aunque yo venga de Polonia o Brooklyn tengo más derecho a ella que tú, así que ¡lárgate!’ Lo siento. Yo no acepto esta lógica” (The Walker-Ames Lecture, University of Washington, 8/5/03).

III. El otro día estaba viendo yo el speech del premier Benjamin Netanyahu en la ONU, que aparte de su eterno mensaje “ ceterum censeo Iran esse delendam” contenía una apasionante defensa de la Basic Law israelí (bit.ly/2Quv9dG) que convirtió oficialmente a Israel en "etnocracia" –un tipo de gobierno donde un grupo étnico (judíos) está por encima de los otros (palestinos-ciudadanos israelíes, drusos, etcétera), algo que existía ya en territorios ocupados, pero que ahora "llegó plenamente a casa"–, y pensando en este alegato pro-separación –para la cual por supuesto hay una palabra aparte (sic): apartheid– en la Meca (sic) del universalismo y humanismo (ONU), me acordé de Said. De cuando hace años fue invitado a un debate televisivo con el entonces embajador israelí ante la ONU –...Netanyahu– que “no sólo no quería sentarse conmigo en el mismo estudio, sino pidió estar en otro edificio con tal de sólo no quedar contaminado con mi presencia (…) una situación totalmente absurda” (Politics of dispossession, 1994, p. 113).

IV. Desde el comienzo de su involucramiento en la política –desde la Guerra de los Seis Días (1967)– y el inicio de la ocupación, Said subrayaba "la importancia de narrar sus propias historias" –un principio relevante para todos los pueblos colonizados– y de "hablar de su lado de la tragedia". En un imperdible ensayo (Permission to narrate, 1984) apuntaba a una "doble censura" en obra: el silenciar ciertas opiniones (la parcialidad pro-israelí de los medios, muy actual hoy día: bit.ly/2IA48T8) y la falta de una contranarrativa. No se cansaba de subrayar que los palestinos no sólo tenían su propia cultura, historia, actualidad y aspiraciones a la autodeterminación, sino que debían "saber contarlas", ya que –como apuntaba comentando su propio texto– "el significado político de puras imágenes de los israelíes bombardeando los campos de refugiados [o masacrando continuamente a Gaza, hoy por ejemplo] no se traduce en la idea de una patria palestina con la narrativa de expulsión y exilio detrás".

V. Y como "las imágenes no hablan por sí solas" –tal vez aquella historieta de Sacco impacta tanto porque no se nutre de puras imágenes/observaciones, sino de más de 100 entrevistas con palestinos e israelíes...– también la famosa foto de Said aventando una piedra durante un viaje a Líbano en 2000 que causó una tormenta mediática (vide: arriba) ya que supuestamente "atacaba a los soldados israelíes" igual requiere una nota de pie: "Allí no hubo nadie en frente...", contaba en una entrevista. "Era una competición entre mi hijo (Wadie) y yo: quién aventaba la piedra más lejos..." (algo captado oportunamente por un fotógrafo que los acompañaba). Pero a la vez, añadía Said –dado que justo tras 18 años acabó la brutal ocupación israelí de Líbano–, “también fue un acto de júbilo, un momento carnavalesco, un sentimiento liberatorio... de poder reunirse allí en Fatma Gate [frontera con Israel] y decir: ‘¡ganamos una!’” (Haaretz, 19/8/00). ¿Y el júbilo por el fin de la ocupación de Palestina, la más larga ocupación militar en la historia moderna: 51 años y contando...? ¿Para cuándo?

Por Maciek Wisniewski, periodista polaco

 

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Movilización en Barcelona para recordar el primer aniversario del referendo independentista

A un año del referendo de independencia volvieron los enfrentamientos en Cataluña. El movimiento soberanista se organizó para recordar la consulta popular del primero de octubre como señal del rumbo que quiere tomar la región. Unas 200 mil personas salieron a las calles de Barcelona, en una movilización en la que también hubo sabotajes, cierre de calles y carreteras, ocupación de estaciones ferroviarias, agresiones y hostigamiento a periodistas y enfrentamientos con los agentes de los Mossos d’Esquadra (la policía autonómica).

Con el lema "Recuperemos el 1-O" (1º de octubre) recorrieron las calles 180 mil personas, según cifras de la guardia urbana, para exigir el cumplimiento del mandato emitido en el referendo del año pasado, la salida de prisión de los "presos políticos", el regreso de los "exiliados" y la salida inmediata de las "fuerzas de ocupación españolas". La mayor parte de la marcha transcurrió en un clima festivo y pacífico que se rompió cuando dos grupos numerosos decidieron trasladarse a la jefatura de la policía nacional y a la sede del Parlamento, al cual trataron de ingresar.

Cataluña recordó la actuación de la policía española hace un año, cuando intentó impedir que se llevara a cabo la consulta ciudadana mediante la represión.

Según la hoja de ruta trazada por el ex presidente de la Generalitat Carles Puigdemont y por los ideólogos, Cataluña ya debería ser independiente, con un modelo en forma de República y con instituciones propias. En aquel referendo participó algo menos de 40 por ciento de la población; la mayoría votó en favor de la causa soberanista, pero recibió numerosas críticas de la oposición por su carácter "ilegal" y la falta de "garantías democráticas" en la consulta.

Pese a todo, tras el referendo, el 27 de octubre se llevó a cabo la declaración unilateral de independencia en una sesión solemne en el Parlamento catalán que también puso en evidencia la fractura política y social de la región, tras el abandono de los principales partidos de oposición y de carácter unionista.

Tras la declaración unilateral de secesión, el gobierno español, presidido entonces por el derechista Mariano Rajoy, decidió intervenir las instituciones catalanas a través de la aplicación por primera vez en la historia del artículo 155 de la Constitución, que suspendió la autonomía de la región, y convocar a elecciones autonómicas. Además, se abrieron procesos judiciales contra los líderes del movimiento, acusados de rebelión, malversación de recursos públicos y desobediencia. Puigdemont y otros consejeros huyeron a Bélgica, Reino Unido, Suiza y Alemania.

Los Comités de Defensa de la República (CDR) organizaron una serie de actos de protesta que afectaron sobre todo el tránsito vehicular. Su objetivo era "paralizar la economía" para dejar claro que tras la represión policial de hace un año "no habrá ni olvido ni perdón".

Varios grupos de entre 40 y 100 personas bloquearon importantes vialidades de Barcelona y la carretera de más tráfico en la región; irrumpieron en la estación del tren de alta velocidad en Girona y en oficinas del gobierno, donde quitaron y pisotearon una bandera española. También trataron de ingresar por la fuerza a la Bolsa de Valores.

En medio del caos, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, volvió a denunciar la represión policial de hace un año y animó a los militantes de los CDR a seguir presionando.

Al finalizar la jornada hubo tensión en la Vía Laietana, donde está el edificio de la policía española, y en las puertas del Parlamento, donde los diputados de las formaciones españolistas tuvieron que salir escoltados y en medio de insultos y descalificaciones. Los manifestantes también lanzaron vallas y botes de pintura contra los policías catalanes. No se informó de ningún herido.

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El 68 a medio siglo. "Es una profunda herida"

A 50 años de la masacre del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH) "mantiene una profunda consternación por lo sucedido y lamenta la ausencia de una adecuada investigación, así como de sanciones a los responsables de las graves violaciones a las garantías fundamentales cometidas en el contexto del movimiento estudiantil de 1968". El organismo internacional exhortó firmemente al Estado mexicano a garantizar los derechos a la justicia, la verdad y la reparación integral, como lo han hecho otras instancias globales.

En el mismo sentido se pronunció Amnistía Internacional. La directora ejecutiva de esa organización en México, Tania Reneaum Panszi, se refirió a los hechos de 1968 como una profunda herida. Representa la larga sombra de impunidad que empaña al sistema de justicia.

Respecto de la reciente apertura de los archivos del movimiento 68 por la Universidad Nacional Autónoma de México, Reneaum Panszi dijo que contribuye a la construcción de la memoria colectiva, pero no será suficiente. El caso no debe cerrarse hasta que se divulgue toda la información, se lleve a los responsables ante la justicia y sobre todo, se establezcan mecanismos para garantizar la no repetición de estos hechos.

Por separado, la ONU-DH resaltó: "El despertar cívico (del 68) que, encabezado por la juventud estudiantil, denunció la arbitrariedad gubernamental, apeló a la rendición de cuentas y luchó por construir un país democrático basado en un régimen de libertades mediante la acción pacífica y la reivindicación del diálogo".

Jan Jarab, representante en México de la ONU-DH, aseveró que "la causa de los derechos humanos en México no se puede explicar sin el amanecer de indignación y creatividad de hace cinco décadas. En una parte considerable, los ámbitos de libertad que hoy se respiran en el país son legatarios del movimiento estudiantil de 1968".

La ONU-DH alentó a la sociedad mexicana a mantener viva la memoria acerca de lo sucedido en 1968, reconocer en la gesta estudiantil un motivo permanente de inspiración para la causa de los derechos humanos y extraer las lecciones conducentes para evitar que nunca más vuelvan a repetirse hechos tan trágicos como los que entonces sacudieron a México.


A 50 años, no se olvida


Hoy hace medio siglo el movimiento estudiantil que había cimbrado durante más de dos meses a la sociedad y a la institucionalidad política mexicanas fue aplastado mediante una conspiración represiva, urdida en las más altas esferas del poder, que desembocó en una masacre y en una persecución política tan implacable como injustificable y cuya huella de dolor e indignación perdura hasta nuestros días. Vistas en retrospectiva, las reivindicaciones de los estudiantes movilizados resultaban de obvio cumplimiento en un entorno de normalidad democrática: liberación de los presos políticos, supresión de los apartados del Código Penal que legalizaban la persecución política, destitución de los mandos de la policía capitalina implicados en abusos de autoridad, indemnización a las víctimas, supresión del Cuerpo de Granaderos y castigo a los funcionarios responsables de la violencia en contra de los inconformes.


El pliego petitorio de 1968 era ilustrativo del círculo vicioso entre inconformidad y represión. En lugar de actuar con visión de Estado, sensibilidad política y apego a la legalidad, el régimen diazordacista optó por asesinar, herir, encarcelar, desaparecer, encarcelar y calumniar a jóvenes que ejercían su derecho a la libre manifestación, así como a varios de sus profesores y referentes políticos. La masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas fue el punto más alto de una insensatez que empezó por la violencia policial contra una marcha pacífica que conmemoraba la Revolución Cubana y siguió por ataques a balazos desde edificios públicos y privados a concentraciones estudiantiles y el allanamiento de las más importantes sedes de la educación media superior y superior, entre ellas la Preparatoria 1 en San Ildefonso, Ciudad Universitaria, el Casco de Santo Tomás y la Unidad Profesional Zacatenco.


En el colmo del extravío, el gobierno federal movilizó al Ejército Mexicano contra la población civil. Y no se detuvo: continuó, después de los sucesos de Tlatelolco, con la persecución, el encarcelamiento y la realización de remedos de juicios penales a líderes y participantes del movimiento estudiantil.


Éste fue aplastado, pero el presidencialismo priísta no logró recuperar nunca su credibilidad ni su autoridad moral. El descontento social por el autoritarismo, la cerrazón y el carácter antidemocrático del sistema político dio lugar al surgimiento de movimientos armados y a la guerra sucia que se desarrolló en los siguientes dos sexenios.
En forma paralela, los sucesos del año de los Juegos Olímpicos llevaron a diversos sectores de la sociedad a una reflexión política que se fue concretando en propuestas políticas de participación electoral, en proyectos de organización sindical y agraria al margen de las corporaciones oficiales y en la integración de proyectos informativos que buscaban romper el cascarón del discurso único y la verdad oficial repetida en todos los medios.


En suma, el movimiento estudiantil de 1968 y su trágico y bárbaro desenlace quedaron impresos en la conciencia nacional y fueron modelando un desarrollo político que llevó a la conquista de los primeros cargos de representación para partidos de izquierda en 1979 y 1982; a la campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas, en 1988; al triunfo de la oposición en los primeros comicios realizados en la capital del país, en 1997; a la victoria de Morena el primero de julio de este año, y al derrumbe del PRI.


A pesar de represiones, cooptaciones y mediatizaciones, en el medio siglo transcurrido desde la masacre de Tlatelolco tres generaciones han mantenido vivo el espíritu democratizador del movimiento estudiantil de 1968, precursor de las libertades conquistadas en ese periodo. Sin embargo, el poder político ha conseguido hasta ahora obstruir el esclarecimiento y la justicia para los sucesos de hace 50 años, cuyo saldo jurídico sigue siendo el de la más completa impunidad, un saldo en el que se originan los principales extravíos institucionales que aún persisten en el país y explica la necesidad de mantener viva la consigna: 2 de octubre no se olvida.

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Lunes, 01 Octubre 2018 06:05

Larebil

Larebil

La revista The Economist cumplió 175 años de publicarse y lo celebró con un extenso ensayo, en el que replantea su postura liberal, misma que, según señala, inspiró su fundación por el sombrerero escocés James Wilson en 1843. Su propósito declarado era triple: impulsar el libre comercio, los mercados libres y los límites del gobierno.

La noción original del liberalismo económico y político puede tomarse así en términos generales, pero es claro que el contenido de esas tres premisas se ha ido modificando con el tiempo por las necesidades propias del complejo y conflictivo desenvolvimiento del capitalismo.


Para ilustrarlo piénsese, por ejemplo, en la creación del llamado Estado de bienestar, es decir, las distintas acciones emprendidas por los gobiernos para contener la degradación de las condiciones de vida de la población e imponer así el control político, o bien en la activa intervención pública en la economía, asociado con el keynesianismo en la Gran Depresión de la década de 1930.


Por otro lado, considérense las agresivas medidas de privatización y desregulación alentadas por Ronald Reagan o Margaret Thatcher en los años 1980 y, más tarde, las severas políticas de ajuste fiscal y la expansión especulativa del sector financiero global que llevó a la crisis de 2008.


Los redactores de The Economist se congratulan de la capacidad del liberalismo para reinventarse en un entorno en el que la sociedad como terreno de conflicto puede, en un ambiente propicio, generar competencia en el mercado y entre las ideas; un entorno en el que ha de promoverse la desconfianza en el poder excesivamente concentrado y reconocer los derechos de los individuos.


Pero la existencia de la doctrina y la práctica liberales bien podría calificarse de proceso tumultuoso y lleno de contradicciones.


La democracia que se sustenta precisamente en los ideales de la libertad y la igualdad ha mostrado recurrentemente, y lo hace hoy mismo por todas partes, ser muy frágil. La historia del siglo XX es muy ilustrativa al respecto.


El propósito del ensayo del semanario inglés es plantear cómo puede reinventarse el liberalismo en el siglo XXI.


En términos generales considera que ahora la globalización económica, los enormes flujos migratorios y el orden liberal sostenido por el poder de Estados Unidos y que defienden las élites está cuestionado.


Los movimientos populistas, dice, se mofan de los políticos liberales, quienes obsesionados por un autoritarismo basado en la corrección política y sin contacto con lo que le ocurre al común de la gente ofrecen a sus seguidores la oportunidad de tomar el control.


La postura encarnada en el ensayo se expresa en la idea de que “el liberalismo necesita escapar de su identificación con las élites y el statu quo, y reavivar el espíritu reformador” que lo caracteriza. Es ahí, sin embargo, donde se ubican las propias contradicciones de las políticas liberales.


The Economist sostiene que en años recientes ha apoyado las políticas de estabilidad de precios y la responsabilidad fiscal, la apertura comercial y de las inversiones, y el cóctel de prescripciones de política amigables con el mercado del consenso de Washington. Todo esto lo considera un entorno fructífero ahí donde se ha aplicado.


Pero es precisamente la repercusión de esas medidas lo que está siendo repudiado por una parte significativa de la sociedad y que enmarca los antagonismos que hoy afloran.
Es esto lo que se asocia con la crisis financiera y también con el antagonismo político que pone en entredicho los postulados generales de la democracia liberal.
Da la impresión de que la postura de esta publicación, que destaca, es cierto, por su larga duración y amplia influencia que tiene en un segmento de la opinión pública, está fuera de contacto de la misma manera con las élites que están bajo cuestionamiento.


Las discrepancias entre los extremos del pensamiento liberal son claramente apreciables. The Economist representa la visión de que el capitalismo puede reinventarse con las políticas apropiadas y apaciguar así las crecientes tensiones sociales. Que puede iniciar otro periodo de acumulación con cierta estabilidad social. Esa posibilidad enfrenta muchas dificultades, como se aprecia fehacientemente en la Unión Europea, cuestionada por todos lados. Algo similar ocurre con el nacionalismo que propugna el gobierno en Estados Unidos.


Un punto de vista situado en el extremo opuesto se aprecia en la severa crítica del historiador Tony Judt en su libro titulado Algo va mal (Taurus, 2016).
En todo caso, los vaivenes del pensamiento liberal exigen, me parece, una actitud abiertamente crítica, como la que ahí se expone. La contraposición del debate indica que el credo liberal debe verse expuesto en su propio espejo: larebil.

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El láser desvela toda la grandeza de la civilización maya

Miles de edificios, calzadas o canales ocultos por la selva salen a la luz gracias a la tecnología líder

 El láser ha permitido descubrir miles de estructuras levantadas por los mayas y ocultadas por la selva. Usando la tecnología lídar (acrónimo de Laser Imaging Detection and Ranging, detección y localización de imágenes por láser), un equipo de arqueólogos ha escaneado un espacio de miles de hectáreas donde floreció la civilización maya. No han descubierto ningún nuevo palacio, pirámide o grandes templos como el de Kukulcán o el del Gran Jaguar. Pero la infinidad de edificios, calzadas, canales o murallas cartografiados alumbran toda la grandeza de los mayas, y permitir formarse una idea de cuántos millones vivieron en la región, cómo guerreaban o de su agricultura intensiva.

En 2016 un avión recorrió buena parte de la reserva de la biosfera maya, en Petén (Guatemala). Llevaba a bordo uno de los sistemas lídar más avanzados. Esta tecnología utiliza el láser como si fuera un sofisticado radar: envía pulsos de luz que, al rebotar, permiten reconstruir una imagen del objeto o estructura que lo ha devuelto. Aquí usaron una máquina capaz de escanear el terreno desde seis ángulos distintos propiedad del Centro Nacional de Mapeo Láser Aerotransportado (NCALM), con sede en EE UU. El lídar barrió una superficie de 2.144 kilómetros cuadrados en torno a una decena de yacimientos mayas.


"La nuestra es la cobertura lídar más grande en la historia de la arqueología", dice Francisco Estrada-Belli, especialista en cultura maya de la Universidad Tulane (Nueva Orleans, EE UU) y coautor del estudio. Aunque no es la primera vez que se usa esa tecnología de imagen en yacimientos de esta cultura, esta expedición de la Iniciativa Lídar Pacunam ha cubierto 10 veces más extensión y con un detalle no logrado por las anteriores. "Cualquier rasgo que tenga de 50 a 100 cm de ancho y 20 a 50 cm de relieve aparece en nuestros visualizaciones", añade este arqueólogo. Para lograrlo, el lídar emitió más de 33.500 millones de pulsos de láser (15 por metro cuadrado).


El mapa en 3D que han obtenido, cuyos resultados publica la revista Science, incluye 61.480 estructuras. Han localizado desde barrios enteros en algunas de las grandes ciudades mayas, como Tikal, Holmul o Xultún, hasta un centenar de kilómetros de calzadas pavimentadas, pasando por cisternas como la de Tintal que, con 2.000 metros de ancho, podía albergar hasta tres millones de metros cúbicos de agua. Al alejarse del mapa, se descubren también perímetros defensivos de varios kilómetros, centenares de canales para el agua o infinidad de pequeños núcleos rurales conectados por caminos.


Tanta información sobre las infraestructuras humanas ha servido a los investigadores para estimar la población que vivía en la zona del estudio y, extrapolando, en toda esta región maya. Durante el periodo conocido como Clásico Tardío (entre los años 650 y 800 de esta era), en el área cartografiada por el lídar había una densidad de población de entre 80 y 100 habitantes por kilómetro cuadrado. En el centro de las principales ciudades, como Tikal, la densidad debió de alcanzar los 2.000 habitante por kilómetro cuadrado, equiparable a la de muchas ciudades de hoy. En toda la región de las tierras bajas vivirían entre siete y once millones de personas.


Las imágenes del lídar, que fueron revisadas sobre el terreno por varios equipos de arqueólogos, también muestran que los mayas necesitaron de la agricultura intensiva para poder alimentar a tanta población urbana. El sistema tradicional, la milpa, basado en la quema de parcelas para fertilizar la tierra ante la nueva siembra, habría sido incapaz si no fuera por los centenares de canales, muchos de un kilómetro de largo, usados para drenar los humedales que ocupaban la mayor parte del territorio. La investigación ha localizado también 306 kilómetros cuadrados de parcelas en terrazas. Hasta el 17% del territorio que hoy ocupa la selva tiene marcas de un pasado agrícola. Para los autores del estudio, un esfuerzo tal exigiría de una organización y centralización muy avanzadas.

"Lídar aporta una visión extremadamente precisa de la geografía y topografía del paisaje. Puede usarse en cualquier tipo de paisaje, pero cuando se aplica al caso particular de los bosques y la selva maya, es como una varita mágica (muy cara) que nos da detalles de los drenajes, montañas, valles, tierras bajas y, lo que es más importante, de grandes yacimientos", sostiene en un correo la directora del Centro de Investigación Mesoamericana de la Universidad de California en Santa Barbara (EE UU), Anabel Ford.


Sin embargo, esta arqueóloga no relacionada con este trabajo y que lleva 40 años estudiando a los mayas recuerda que "las cosas grandes se ven claramente, pero los elementos que aportan los detalles sutiles del uso agrario del suelo y la relación entre la antigua civilización maya y el paisaje necesitan de una mayor verificación" , por lo que tienen que ser confirmados sobre el terreno. Algo en lo que coincide Estrada-Belli: "Siempre se va a necesitar de arqueólogos con experiencia para reconocer los rasgos documentados por el lídar. Y cuantos más datos lídar, más arqueólogos se van a necesitar".

 

Un arqueólogo necesitaría un siglo para ver lo que Lídar en dos días
M.Á.C.
La potencia de la tecnología lídar es tal que está siendo utilizada en actividades tan dispares como la prospección minera o la cartografía de los fondos marinos. Es también un elemento esencial en la conducción y la seguridad de los coches autónomos, que usan lídar para hacerse una composición de lugar instantánea.


"En 18 años logré cubrir 47 kilómetros cuadrados. El lídar cubrió 308 kilómetros cuadrados en unos dos días", dice el arqueólogo Francisco Estrada-Belli. "No me alcanzarían otros 118 años y no lograría el mismo nivel de detalle. Siempre se me escaparían cosas que no vi estos últimos 18 años aún pasando encima de ellas", añade.


Para el especialista en tecnología Lídar del NCALM, el hondureño Juan C. Fernández, "el lídar es la tecnología más efectiva y precisa para mapear la topografía". Entre los usos que tiene están la ingeniería para el diseño de carreteras, el monitoreo del estado y tamaño de los bosques, en geología para el estudio de la deformación de la tierra debido a erupciones volcánicas y terremotos... "En el caso del mundo maya y en específico en las tierras bajas, lo que permite es poder mapear con un nivel increíble de detalle y precisión lo que está oculto por la selva", añade este investigador de la Universidad de Houston.

"Quien tiene un porque para vivir, encontrará casi siempre el como"

Recientemente, este 10 de septiembre del 2018, al menos un vagón del metro que proximamente empezará a rodar en Quito fueron adornados con pinturas grafiteras. Un natural alboroto de las instituciones y sociedad se generó en relación al hecho, casi un acto de dimensiones terroristas supuso para algunos funcionarios públicos esta trasgresión.

Entre declaraciones y discusiones que no reparan en la cultura juvenil, en el sentido del arte callejero y en valores como la solidaridad, un elemento muy notorio fue desdeñado, incluso por los medios de comunicación: los nombres de Shuk, Skil y Suber estampados en el vagón que sirvió de lienzo, sin duda alguna, un eivdente homenaje por parte de los grafiteros quiteños para con sus compañeros de arte y sueños muertos en Medellín el pasado 19 de julio.

Estamos por tanto, ante un grafiti que semeja una bandera adornada con un mensaje sobre el cambio climático en lo alto de una colina puesta allí por un esforzado alpinista, un bello gesto, sin duda. Así, con esta pintura, sus artistas envían un mensaje al mundo, el mismo que hace décadas estampó un recordado escritor latinoamericano: “La solidaridad es la ternura de los pueblos”.

 

Valorando la vida

 

Estas acciones hablan bien de la humanidad profunda de estos colectivos, pues además de dejar sus nombres estampados en lugares prohibidos, en lugares de difícil acceso, y de ponerse del lado contrario de lo establecido, enarbolan la bandera de sus amigos grafiteros para hacerlos presentes. De lo sucedido puede reflexionarse:

1. Resalta el respeto ganado por los compañeros muertos en Medellín, lo cual hizo eco en ellos a pesar de moverse en otro lugar, cultura y contexto social. La fraternidad forma parte de sus motivaciones, la que les inyecta toda la enrgía para que, aun en la situación de riesgo que les implicaba toda la maniobra de esta acción, decidan plasmar los nombres de los grafiteros colombianos.

2. Por supuesto, las normas y la institución criminalizan, y para esta lo importante es la estética, el “desarrollo”, como enfatizó constantemente el alcalde quiteño, para quien el ideal es una sociedad conforme y “bien adaptada”.

3. No es extraño ser joven y rebelde, estar en la búsqueda de ideas y acciones que den sentido y motivo a la vida para vivirla. Para muchos adultos, en cambio, esa necesidad se ha disipado, ya se adaptó, ya aceptó, ya no quiere cambiar ni su mundo ni el de los otros. Por eso ve con recelo, con enojo y desaprobación la energía transformadora de los jóvenes.

4. Una de las manifestaciones de jóvenes inconformes, con la sociedad, con su funcionamiento, es la resumida por los grafiteros. Gran cantidad de ellos expresan, entre arte y pinturas y en espacios prohibidos, su disconformidad con la actual sociedad. Justamente para quitarles ese carácter de protesta y rebeldía buscan institucionalizarlos, implicarlos constantemente en dinámicas oficiales, al tiempo que les “otorgan” espacios para su arte, indicándoles asimismo qué y cómo pintar.

5. El reconocido respeto que se expresan entre los grupos de grafiteros, aun a nivel internacional, presume coincidencia en sus visiones de vida, unos encuentros de fuerza y motivaciones que los lleva a correr riesgps de toda índole. Parafraseando a Víctor Frankl, son cosas que hace un ser humano cuando, de pronto, se da cuenta que no tiene nada que perder excepto su ridícula vida desnuda.

6. Una visión probable, una posición ante la vida, por lo menos así lo demuestran las acciones de estos jóvenes que tal vez encontraron, como lo diria Nietzsche, un por qué para vivir, e hicieron del grafiti el cómo, aunque como demostraron Shuk, Skil y Suber, la vida se fuera en ello.

 

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Colombia. Recordar el silencio, resistir al olvido. 20 años después de la masacre paramilitar en Monteloro

Silencio. Abandono. Soledad. Todas las palabras que fluyen y no fluyen están atravesadas por el dolor y la rabia. En la vereda de Monteloro, Barbosa (Antioquia), la tarde noche del 27 de junio de 1998 un grupo de paramilitares con confianza abusiva asesinó a seis personas. Destructiva crueldad. Dos décadas después no hay justicia en una vereda llena de ausencias. De dolores que carcomen. De nunca decir. Y de nunca ser escuchados.

Se habla de “paz” en Colombia por no decir guerra y apenas hay voces que salgan a decir lo contrario porque están silenciadas y las que no, son asesinadas. Muchos lugares están sometidos al silencio. Cada vez son más los lugares de los que no sabemos nada, de los que no sabemos qué ha pasado, qué está pasando. ¿Por qué será?

 

Escribir palabras, captar imágenes es quedarse largo rato adentro de ellas, buscando oír la voz de la experiencia vivida de la violencia. Una humilde resistencia al olvido. Un relato sobre un relato de lo real que resulta aterrador al mostrar la historia de las familias que sobreviven a la muerte con tal naturalidad.

La vereda de Monteloro a casi una hora de Barbosa, por caminos de tierra no transitables para la mayoría de coches, es un territorio donde se vive en una sensación generalizada de silencio. Silenciar es una estrategia militar de guerra, pero también el silencio es una forma de sobrevivir.

Silencio. Aquí no les gusta que uno hable. Que uno recuerde. La masacre de Monteloro sucedió hace 20 años. Nadie sabe. No quedó nada. Muchos se fueron. Apenas queda la coexistencia silenciosa de familiares y vecinos. Pues siempre habrá cosas que no se hablen, conversaciones que no se acaben y oídos sensibles al silencio.

 

"Esta herida: un hecho. Esta manera de quebrase y de caer: un lugar (Cristina Rivera)"

Abandono. El lugar. La casa donde ocurrió la masacre está desolada. Era una tienda de mercado, ahora cerrada. Abandonada. Tapiada. Una pared de ladrillos, apenas una cruz. Lejana. Encerrada en los acontecimientos de aquella noche.

Los hechos sucedieron allí, en esa casa, con seguridad pasmosa en lo que hacían y con la confianza abusiva infundada por la impunidad, llegó un grupo de paramilitares y asesinaron a Antonio Vanegas, Emilio Agudelo y sus hijos, Ricardo y Héctor. “Pongan guaro y prendan la música, que se prendió esto” les ordenaron antes de asesinarlos. Un guión frenético que invadió la casa, la intimidad. Su historia.

Previamente habían asesinado en su finca a Álvaro Sánchez y después a apenas 1 km por el camino mataron a Rodrigo Monsalve. Esa noche sabemos que seis vidas fueron arrebatadas por el paramilitarismo. El total de gente asesinada por estos grupos armados supera los cientos de miles y no deja de aumentar. Los vínculos y las conexiones entre el gobierno, el ejército y el paramilitarismo permiten esta impunidad y el no saber a cuánta gente han asesinado.

 

"Los vínculos y las conexiones entre el gobierno, el ejército y el paramilitarismo permiten esta impunidad y el no saber a cuánta gente han asesinado".

 

“Allí mataron a otro señor, aquí a mi papá, un tiro, mi hermano en esas piedritas de allí y otro hermano mío justo aquí.” “Aquí fueron cuatro, allá abajo para los lados de arriba otro y el otro allá lo colgaron y lo dejaron zarandeándose de la cabeza".

“Una se lastima recordando, pues todo lo que viene de la familia es dolor.” Al suceder esto, se gesta un silencio perpetuo. Una mirada evasiva. Una soledad asustada. Miedo. Que se complementa con los recuerdos. La gente no olvida. Recuerdan. Es horrible el irrastreable dolor de la muerte. Recuerdan al preguntarles y rememoran sin necesidad de preguntar.

¡Macabro! ¡Dolor!

 

 

Ariel Arango

 

La memoria de lo que sucedió se presenta como la entrada a ese pasado que llevó a Monteloro a ser lo que es. Los ecos de ese pasado construyen la complejidad del silencio y la impunidad de las masacres.

"Mi suergro, Emilio, les gritaba no vayan a dejar huérfanos a estos niños. Mi marido y yo en el suelo. Llorana. Mi hijo mayor tenía entonces dos años. Lloraba. Se llevaron a mis hijos dentro de la casa, los encerreron. A mi me pusieron en el balcón para que viera cómo los maltrataban... Perdí la conciencia".

 

"Murieron en el exceso de las miradas. Murieron frente a las familias. Después de asesinarlos, decapitaron a dos de ellos. A continuación, les obligaron a mirar mientras ellos jugaban al fútbol con sus cabezas".

 

Una forma extrema de crueldad ejercida sobre los cuerpos. Entre risas y patadas, la crueldad de los perpetradores agregó una intención de hacer sufrir todavía más. Cuerpos descuartizados. Profanados.

 


Ariel Arango
 

No volver nunca a la muerte. Quedarse en la muerte. Soledad impuesta por la muerte. Ellos ya no están.

“Mi papa era lo más querido que hay en esta vida.” La muerte ronda con fuerza. Y los imaginarios se insertan en la cartografía del terror, confundiéndose los relatos que parecen pesadillas en vida. La línea difusa entre lo real y lo que creemos que es fantasía desaparece, los sueños son parte del mundo real. “Una hermana mía estaba en embarazo y soñó cómo asesinaban a nuestro papá y perdió al muchacho… nunca se me olvidará eso, se despertó gritando.”

La gente tiene terror a soñar. Pero es en el único momento en el que pueden volver a verles. Un psicólogo llegó tras la masacre y les dijo que las fotografías, los retratos, todo eso siempre escondido. Cómo si por no verles desapareciera el dolor. Cómo si por no verles ya no hubiera sucedido.

Algo así como la impunidad. Tan sólo una mujer, ya mayor, se negó a esconder la fotografía de su hijo. Está colgada en la pared de su cocina, donde todo está envuelto en bolsas de plástico. Apenas pasa tiempo en Monteloro puesto que se desplazaron a la ciudad. Una hija de ella le repite que quite esa fotografía. Y ella siempre responde, no. Resistencias al olvido.

 

Ariel Arango

 

La Fiscalía no indaga. Las caras de los asesinos - de los paramilitares - estuvieron visibles todo el tiempo. Podrían ser descritos. Localizados. Quién sabe. Nunca ocultaron sus rostros. Podría hacerse un retrato de cada uno de ellos. Pero la Fiscalía no indaga. No pregunta. No quieren saber quiénes fueron. Y pareciera que ya no importarse más porqué los mataron. Pero así matan aquí: por nada.

En la tienda de abajo había un teléfono, el único por aquel entonces en toda la vereda. Empresas Públicas de Medellín lo trajo. La Junta de Acción Comunal se encargaba de su manejo. Antonio era el presidente. Ese fue el motivo. La excusa. La razón. El tema. El fundamento. El pretexto. Aludieron a que ellos lo habían prestado a la guerrilla.

 

"En la tienda de abajo había un teléfono, el único por aquel entonces en toda la vereda. Empresas Públicas de Medellín lo trajo. La Junta de Acción Comunal se encargaba de su manejo. Antonio era el presidente. Ese fue el motivo. La excusa. La razón. El tema. El fundamento. El pretexto. Aludieron a que ellos lo habían prestado a la guerrilla".

 

Si no hay cadáver no hay muerto. Si no hay muerto no hay víctima. Si no hay víctima no hay victimario. Si no hay victimario no hay delito. Así dice la teoría penal.

Aquí sí hay cadáveres, hay muertos. Sí hay muertos y hay víctimas. Sí hay víctimas y hay victimarios. Sí hay victimarios pero parece ser que en ambos caso no hay delito que se busque juzgar.

“Que si fue Mancuso, que si algún otro.” “Que mataron a seis pero que iban a matar a quince.” No sabemos nada. No quedó nada. Muchos se fueron. Pasaron 20 años. No hay nadie imputado. No hay sospechosos. No hay acusados. No hay nombres. Sólo una palabra: Impunidad. Y Mancuso extraditado a EEUU para que siga el olvido.

Ese día no terminó con la masacre. Con la muerte. Las familias y vecinos tuvieron que velar los cuerpos en el mismo lugar donde fueron asesinados. Descuartizados. Pasaron las horas. Amaneció. Pasaron las horas. Y nadie acudió. Ninguna fuerza pública encargada de protegerles. Hasta las cuatro de la tarde del día siguiente no aparecieron. Por fin subieron a levantar los cadáveres. Los cuerpos. A tomar testimonios. A recoger pruebas. A hacer lo que se supone que debieran de hacer pero que tampoco hicieron.

“Todo ocurrió en la noche y al día siguiente recuerdo dos soldados cagados de miedo. Les dijimos: ¿por qué les da a ustedes tanto miedo? ustedes pueden creer que si la guerrilla está allí arriba va a venir a sacarnos a nosotros para tirarles a ustedes. A nosotros nos da igual, no hay miedo en nosotros. No contestaban. Mudos. Casi que no vienen a recogerlos del miedo.”

Un acto como este cambia el curso de la vida. Por eso muchas casas están abandonadas. Las puertas tienen candados pero adentro aún hay dolor. Tuvieron que irse algunos. Desvanecerse.

 

Ariel Arango

 

La masacre de Monteloro no es conocida. No es una masacre mediática como otras. No salió en los titulares de prensa, apenas un par de noticias sin apenas información de lo que pasó, de quienes perpetraron la masacre. Estos hechos no acapararon la atención de ninguna audiencia. Se trata “sólo” de seis hombres que fueron asesinados. Que no se volvieron a ver. ¿Por qué? ¿Quién decide qué masacre será silenciada y cuál pertenecerá al relato de la Verdad en Colombia? ¿Por qué?

 

Ariel Arango

 

Alimentado por el silencio, el terror que domina los espacios de muerte, como la tienda cerrada en la vereda de Monteloro, nos paraliza. Este horror es otra cosa. ¿Quién puede sobrevivir a tanto dolor? ¿Y cual es su razón de ser?

Las estructuras paramilitares responden a una política de saqueo del territorio. Allí donde se implantó el terror y la violencia, las familias se desplazaron. Huyeron. Sus tierras, sus fincas, sus casas tuvieron que ser vendidas a muy bajo precio. ¿Quiénes son ahora los dueños de estos paisajes? ¿Qué han hecho con estos territorios?

Caminar las veredas es llenarse de preguntas, de conocer las historias. De subvertir el estado de silencio generalizado. De resistir al olvido. De reclamar justicia.

 


Laura Langa
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Martes, 04 Septiembre 2018 07:04

Brasil: lecciones de una tragedia

Brasil: lecciones de una tragedia

La destrucción casi total del Museo Nacional de Brasil, en Río de Janeiro, ocurrida el domingo pasado como consecuencia de un gran incendio, es una pérdida inconmensurable para ese país, desde luego, pero también para el planeta, porque en el desastre se perdieron piezas únicas e insustituibles procedentes de muchos naciones y representativas de múltiples culturas de América, Europa, África, Asia y Medio Oriente, entre ellas muchas que se encontraban agrupadas en la mayor colección arqueológica del antiguo Egipto que existía en este hemisferio y más de 700 piezas de las civilizaciones griega, romana y etrusca. Entre los 20 millones de objetos que formaban el acervo de la institución había conjuntos de geología, paleontología, arqueología, botánica y zoología, así como una importante biblioteca científica. Se trata, pues, de un golpe devastador para el conocimiento científico de todo el mundo.


Se desconocen aún las causas que provocaron el incendio; las primeras investigaciones apuntan a un cortocircuito o a la caída en el recinto de un pequeño globo de papel impulsado por fuego de los que son populares en América Latina. Pero las condiciones que hicieron posible el desastre fueron causadas por el mal estado del edificio –construido hace 200 años– debido a las severísimas restricciones presupuestales que sufría. Como lo señalaron varios empleados del museo, había muros agrietados y descascarados, instalaciones eléctricas al descubierto, carencia de dispositivos contra incendios, así como una vigilancia que resultó del todo insuficiente –apenas cuatro personas para una construcción de 20 mil metros cuadrados– que no fue capaz de detectar el fuego en sus momentos iniciales.


Tal situación se remonta a 2014, año en el que el museo dejó de recibir los menos de 130 mil dólares anuales que tenía asignados para su conservación y restauración. En suma, el ahorro de medio millón de dólares derivó en una pérdida irreparable, cuyo monto, si pudiera ser cuantificado, resultaría infinitamente superior a esa cantidad. Y no puede dejar de señalarse que mientras Brasil invertía 6 mil millones de dólares en la compra de 36 aviones de combate –los Saab 39 Gripen de fabricación sueca–, su principal recinto museográfico dedicado a la ciencia acumulaba condiciones de catástrofe.


La lección, para el gigante sudamericano y para el resto de países, incluido el nuestro, es insoslayable: la preservación y protección del patrimonio científico e histórico debiera ser un rubro presupuestal prioritario, sólo antecedido por la seguridad y el bienestar de las poblaciones. Por lo que se refiere a México, esta triste circunstancia tendría que servir para revisar las condiciones de seguridad de los museos, archivos, pinacotecas, sitios arqueológicos y monumentos históricos, de los que la nación posee en abundancia. Que la trágica pérdida del Museo Nacional de Brasil sirva al menos como una señal de alerta para todos los gobiernos.

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El director Emir Kusturica (izquierda) y el expresidente uruguayo José Mujica durante el rodaje de 'El Pepe, una vida suprema'

El expresidente de Uruguay protagoniza en el festival de Venecia un documental y una película sobre su larga estancia en la cárcel

Las ratas siempre llegaban a la misma hora, sobre la una de la madrugada. Visitaban la celda cada noche, con idéntica misión: cazar migas. Aunque al prisionero José Mujica le servía para sentirse menos solo. Y agarrarse al contacto con la realidad. “Ahí tenías una referencia. Otra era el cambio de guardia. Se va generando el oficio de ser preso”, recuerda Mujica (Montevideo, 1935), sentado en el elegante sofá de un hotel y un festival donde parece un intruso y sin embargo es protagonista.

Insiste en que no presenta“nada”, pero lo cierto es que dos películas de La Mostra hablan de él: La noche de 12 años, del uruguayo Álvaro Brechner –en la sección Horizontes, y con coproducción española–, recrea su odisea como preso político, detenido en 1972 por pertenecer a la guerrilla de los Tupamaros, y liberado solo en 1985. El Pepe, una vida suprema, de Emir Kusturica, es un documental sobre el expresidente de Uruguay y aquella manera de ser y pensar que ha conquistado a su país y al mundo entero. Venecia también le ha coronado como una de sus estrellas. Aunque él dice que más bien es “estrellado”.


El director serbio debe de conocer bien a su amigo. Así que le chantajeó: “Si no vienes a Venecia a una rueda de prensa, yo tampoco voy”. Mujica dice que para no ofenderlo, y como agradecimiento hacia ambas películas, asumió un largo viaje que cada vez le cuesta más y le gusta menos. En un encuentro con la prensa española, mira adelante y atrás, a la política y al cine, a Europa y América Latina. Con humor –“un arma defensiva brutal”–, citando a poetas y matizando siempre al final, como quitándose importancia. “Bueno, así lo veo yo”. A lo Mujica.


“Después de la pena de muerte, la soledad es uno de los castigos más duros”, defiende. Con ella se pasó desde los 37 años hasta los 50. Sufrió torturas, comió jabón, perdió los dientes, por las palizas, y a menudo la lucidez. A todo aquello, ahora lo llama “peripecia”. “Eso que nos pasó a nosotros es liviano. Hay muchísimos que quedan por el camino”, agrega. No tiene muy claro cómo sobrevivió, pero sí alguna hipótesis: “Cada uno se agarra a una canaleta. Cuando fui muy joven leí mucho. Y en esos años de soledad rumié. Repensar cosas y darle vueltas no es lo mismo que leer, es reconstruir. Creo que el hombre aprende mucho más de la adversidad, siempre que no lo destruya, que de la bonanza”.


Entre otras lecciones, Mujica sacó que la venganza de nada sirve: “No sé si perdono. Pero la naturaleza nos puso los ojos hacia adelante, y hay cuentas que nadie paga, ni se debe intentar cobrarlas”. Fiel a ello, solo vio La noche de 12 añosuna vez –no participó en el estreno en el festival, donde fue largamente aplaudida–. Mejor no “remover los sentires” que le evoca hacia su madre, los soldados, sus otros compañeros encarcelados y aquellos que ya no están.


Tanto aislamiento también forjó parte de quién es hoy. “Cuando tenía un colchón estaba contento. O una taza de agua. O si podía orinar. Descubrí que nos hacemos unos líos bárbaros por nada”, asevera. Y cita un estudio que sostiene que, a partir de ciertos niveles, las subidas del PIB ya no incrementan la felicidad: “Parecería que la sentimos cuando arreglamos cuestiones básicas; después, ni bola”.


El poder y el estilo


“Cuando era joven pensaba que la lucha era por el poder. Ahora veo que la historia de los luchadores sociales y políticos es un montón de cristales rotos, de los cuales van quedando pedacitos: las ochos horas, los derechos laborales, la jubilación… me siento hermano de todo eso”, explica Mujica. Durante su presidencia, entre otras cosas, legalizó el matrimonio homosexual y la marihuana, despenalizó el aborto, y declaró la guerra a la pobreza y la indigencia. Aunque la oposición le acusó en algunas ocasiones de vaciar sus palabras ecologistas o anticapitalistas con decisiones en el sentido contrario. De sus mandatos, él subraya “agujeros” y sueños no cumplidos. “Habría que nombrar al jefe de los bomberos. El presidente es un apagador de fuegos”, afirma.


También renunció a la mansión presidencial y al 90% de su sueldo. Y se quedó en su casa de toda la vida, con su mujer, la política y exguerrillera Lucía Topolansky, y su adorada perra Manuela. El reciente fallecimiento del animal le hizo reflexionar sobre la muerte. Y tal vez de ahí venga el adiós su escaño en el Senado: “A veces sentís que estás haciendo un papel que ya no te motiva. Estás estorbando, como un árbol viejo que no deja ver los que hay abajo”.


Si ha dejado atrás la política activa, hablar de ella aún enciende su pasión. Preguntado por las crisis en Venezuela y Nicaragua, responde: “En América pasan cosas que también ocurren en Europa. Pero aquí las disimulan bien. A la Wolkswagen le meten una multa de 7.000 millones de dólares y no hay nadie preso, siguen andando fenómeno. No me vengan con que América está llena de defectos y Europa es correctísima. No estoy defendiendo la deformación que tenemos, digo que está presente en el mundo que vivimos”. Y ante una pregunta sobre el auge del populismo, pone en duda la propia cuestión: “Esa palabra no la utilizo porque la usan para un barrido y un fregado. Son populistas en Nicaragua, y los que votan en Alemania por la derecha medio neonazis. Entonces, es cualquier cosa. Yo saco esta conclusión: todo lo que molesta, con lo que no se está de acuerdo, es populista”.


Partidario de la UE


Mujica sí apoya con convicción el proyecto de la Unión Europea, pese a sus “defectos”: “El ser humano es el único bicho que tropieza con las mismas piedras. Los últimos mil años Europa vivió en guerra y ahora parecen olvidarlo. Ya me gustaría tener algo así en América Latina”. Y de España sostiene que tiene “varios problemas con la memoria”, y que pervive su eterna contradicción entre el país de “charanga y pandereta” y el de “rabia e ira”. “La España feudal aún está muy fuerte”, remata. Y respecto a las turbulencias con Cataluña, asegura: “El nacionalismo de los chicos es algo bueno porque sirve para formar carácter e identidad. Pero cuando se exacerba se transforma en peligroso. Ahora bien: una cosa es el nacionalismo de un país chico y otra el de uno grande y de terror para los vecinos”.


La última pregunta indaga en la huella de Mujica, a sus 83 años. Él le resta importancia: “¿Qué es el legado de un tipo en el universo? Somos menos que un piojo. El legado es haber vivido al mango, con aciertos y con errores. Triunfar no es tener plata, es levantarse cada vez que uno se cae”. A escasos kilómetros, la alfombra roja de Venecia prepara otro desfile de estrellas. A saber cuántas están de acuerdo con el estrellado.

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