Jueves, 24 Octubre 2013 11:11

Pasado y vigencia de las luchas sociales

Pasado y vigencia de las luchas sociales

Entre los territorios más nombrados de Bogotá, con eco sobre todo el país, está el de Ciudad Bolívar. En éste, como en otras periferias urbanas, persiste la ausencia de trabajo digno –lo que transforma al rebusque, de solución temporal a regla para sobrevivir–, la minería destruye sus montañas y reduce el paisaje a un triste espectáculo de arenas movidas y cimas peladas, cuencas y microcuencas viven un lento pero persistente proceso destructivo y de muerte, y las miles de familias desplazadas que sin tregua continúan asentándose en él experimentan en carne propia que entre la democracia de palabra y la de hecho existe un gran trecho.

 

En esta parte de la ciudad, como en otras localidades donde se concentran los negados de siempre, a pesar de todo lo que ofrecen quienes detentan el poder desde siempre, se percibe con facilidad que la ciudad ha sido planeada desde hace décadas por unos pocos, de acuerdo a sus intereses y su modelo de control y dominio.

 

        

La localidad, algunas organizaciones...

 

El caso de Ciudad Bolívar es resultado de la injusticia hecha modelo territorial. Millares de historias de vida entrecruzadas por el conflicto social y armado, que a pesar de sus pesares se han tejido en forma de organización comunitaria, resistencia al miedo y a la exclusión. Senda de memoria y presente que tiene como resonancia el Paro Cívico local de 1993, donde la creatividad popular y la dignidad de sus habitantes desencadenaron logros y aire renovado tras las esperanzas de una vida mejor, sellando nuevas agendas de lucha las que incluso hoy se retoman y marcan un horizonte en el devenir del activismo local.

 

Horizonte hoy señalado y marcado por en procesos de articulación barrial, donde las comunidades parten de la dura realidad que viven para pronunciarse, organizarse y emplazar a los gobiernos de turno, amplificadora condición que toma cuerpo, por ejemplo, en la Mesa Técnica del barrio La Estancia y en el Comité de Vida Digna. El primero, proceso organizativo comunal que desde hace varios años encamina la lucha por mejores condiciones de vida de un importante sector de la Localidad 19 de Bogotá, con temas como vivienda, cultura, deporte, y la inversión prioritaria para la población que vive en zonas de alto riesgo. El segundo, Comité con agendas como recuperación integral de quebradas, soberanía alimentaria, movilidad, vías, espacios públicos, titulación de predios, educación y cultura.

 

Esfuerzo organizativo y reivindicativo que se vio fortalecido en los pasados meses de agosto y septiembre, en el marco del paro nacional agrario, al concretarse la coordinación de las nueve veredas que son parte de esta Localidad, coordinación que fortaleció los lasos de unidad, defensa del territorio rural, de la producción campesina y oposición férrea a la expansión del basurero Doña Juana, este último aspecto ratificado en la encuesta aplicada por el colectivo Vida Digna a los pobladores de Mochuelo Bajo.

 

Encuesta en la cual, de los 472 preguntados(as) por el principal problema de la localidad, 209 de estos que el mismo es el basurero Doña Juana; para enfatizar que las comunidades de Ciudad Bolívar desconocen cualquier actor que pretenda imponer la continuidad de megaproyectos de muerte.

 

La esperanza

 

Escenarios comunitarios valiosos que defienden el territorio, la vida, el agua, el alimento, lo público, al campesinado, al joven y las comunidades, abriendo camino entre los obstáculos del formalismo institucional, la cooptación, la paquidermia en la inversión estatal y la acción de las llamadas "fuerzas oscuras".

 

Como diría Antonio García respecto a los comuneros "no conocían a Rousseau, ni a Montesquieu... pero lo cierto es que dieron una batalla decisiva contra el absolutismo que obligaron al soberano a pactar y compartir con ellos su soberanía". De igual manera, las organizaciones comunitarias de esta parte del territorio distrital pueden allanar la unidad social y de acción, así como la unidad de gobierno y la unidad política en contravía del sectarismo y grupismo que debilita los logros del movimiento social, ganando la iniciativa por medio de la cual se puede emplazar al gobierno local y distrital para que escuchen y apliquen las agendas comunitarias, soporte de un gobierno de verdad participativo y democrático.

 

Proceso de liderazgo comunitario inaplazable, que requiere de su expansión geográfica y social, donde las agendas conjuntas se articulen con procesos distritales y nacionales que redunden en el emplazamiento de las fuerzas de dominación que mantienen la injusticia y la desigualdad en el territorio nacional.

 


 

 

Recuadro


Los impactos que genera la industria extractiva dentro del Parque Industrial y Minero*

 

Aire. La explotación minera produce sustancias tales como material particulado, gases de combustión (monóxidos y dióxidos de carbono, producto del tipo de material empleado, además los diferentes tipos de hornos (Hoffman, fuego dormido, Colmena y Árabe) generan contaminantes que se mezclan con el aire creando un factor de riesgo para la salud de trabajadores y habitantes de la zona.

Los productos contaminantes que generan este tipo de industrias son: oxido de carbono, de azufre, vapores, material particulado y olores desagradables.

Agua. Debido a que la mayoría de las industrias se encuentran fuera del perímetro de servicio público de alcantarillado, las aguas residuales provenientes de las unidades sanitarias, cocinas , etc., son dispuestas en pozos sépticos o a las quebradas cercanas: quebrada Trompeta, Caño Grande, etcétera.

Tan solo 8 de las industrias visitadas cuentan con pozo séptico, el resto realizan vertimiento directo a las quebradas.
Suelo. Las actividades industriales como tal siempre ocasionan un impacto en la medida en que se le da un cambio al uso del suelo. En esta clase de industria –debido al uso de aceites y combustibles para el funcionamiento y lubricación de la maquinaria– se presentan derrames.

En la actividad de descapote y extracción del material las características del suelo tienen un proceso de cambio.
Existe deterioro de vías de acceso por circulación de vehículos pesados afectando el aire por la presencia de partículas y de ruido para los trabajadores y personas que habitan en esta zona

Población. Existe una población expuesta determinada por los trabajadores, y algunas familias que habitan como celadores o como habitantes vecinos expuestos 24 horas continuas.

Los terrenos prácticamente son de uso industrial, de transformación de arcilla (ladrilleras); se observa cercas naturales (quebradas y bosques), zonas de invasión en las partes altas, algunos de los habitantes no aceptan la presencia de las ladrilleras y lo viven como una amenaza a la salud.

Fauna y flora. Se observa la presencia de bosques de eucaliptos que según refieren los industriales fueron sembrados por ellos hace más o menos 20 años; hay alteraciones generales en detrimento del ecosistema principalmente de las especies nativas de la zona. Existe un área demarcada por cada una de estas, sin algunas tienen cercas vivas. Presencia de perros en las diferentes industriales los cuales actúan como celadores del predio.

Salud. Se desconoce qué tipo de enfermedades prevalentes se presenta en los trabajadores expuestos; refieren que los trabajadores están inscritos a una ARS y algunos al régimen contributivo y cada uno es libre de elegir su EPS. El Hospital Vista Hermosa genera un programa de seguimiento en programas de bioseguridad, seguridad industrial e higiene.

*Tomado de (Evaluación de los impactos generados por el Parque Industrial Minero) Hospital Vista Hermosa.

 


 

 

Recuadro 2


Clasificación por tipo de unidades extractivas y transformadoras de arcilla en las localidades 4, 5, 18 y 19 del Distrito Capital

 

TipoHornoProducciónEmpleo por horno
Zonas donde se presenta
Costo en millones de pesos
Chircal artesanalFuego dormido< 600 tamaño4 - 5Molinos del sur< 10
Chircal mecanizadoÁrabe

600 - 2.500 Ton / año

7 - 15Mochuelo< 25
Pequeña industriaColmena - baúl600 - 2.500
Ton / año 
16 - 25San Cristóbal100 - 150
Mediana industriaHoffman5.000 - 10.00026 - 40Usme, Mochuelo, Soacha250 - 350
Gran industriaTúnel60.000- 120.000> 40Usme, Soacha2.000 - 4.000
Publicado enEdición N°196
Martes, 22 Octubre 2013 08:44

Luis Eduardo Aute: "Cuba es familia"

Luis Eduardo Aute: &quot;Cuba es familia&quot;

"Cuba es familia" me dijo el cantautor español Luis Eduardo Aute cuando le recordé quién yo era, de dónde venía. Fue en 2009, en el Concierto por la paz, en La Habana, la última vez que le había visto, un año antes había sido testigo de su visita a la sede de La Jiribilla, pero no hay dos sin tres, como él mismo me dijo y lo reencontré en México, celebrando sus 70 años con un concierto maravilloso en el Hay Festival de Xalapa, que me hizo evocar amigos que creen, como yo, que algunas de sus canciones están entre las mejores del mundo.

 

Hablamos del azar, de la foto en el malecón habanero que está en la portada de su más reciente disco, El niño que miraba el mar, ese que precisamente había presentado la noche antes junto con El niño y el basilisco, el audiovisual que acompaña a esta producción discográfica.
Luego charlamos sobre su música, su pintura, el amor, el humor, de lo aberrado de un sistema que nos ha habituado a percibir como normalidad la corrupción. "El capitalismo es un sistema construido sobre la corrupción, eso no quiere decir que en otros sistemas no haya personas corruptas, pero el capitalismo es un sistema corrupto en sí mismo", decía.


Sobre todo, hablamos de Latinoamérica, donde se siente como en casa y donde, según él está el futuro y me hacía notar: "En Europa no nos entendemos unos con otros, ustedes tienen un patrimonio incalculable, una lengua común", luego añadió más argumentos e insistía, "si hay futuro es en América Latina, todo lo demás son centros comerciales con goteras".


"Sin Cuba nada de esto habría existido, me afirmaba, la América Latina de hoy sin la Revolución Cubana no habría existido, sería otra cosa, no sé qué, pero no sería la América Latina de hoy. La Revolución Cubana marca un antes y un después en la historia contemporánea, con dificultades y con todo tipo de batallas perdidas, que no la guerra, a partir de la Revolución Cubana América Latina no es el patio trasero de los EE.UU. y eso es gracias a Cuba, a esa Revolución que se da en el sitio más inesperado, allí donde jamás Marx hubiera pensado que en una islita perdida en el Caribe iba a suceder un momento histórico que fuera a cambiar el rumbo del continente".


Hablamos de su última visita a Cuba, a Gibara, su paso breve por La Habana y cómo por esa razón no pudimos vernos nuevamente en la revista. Gracias, le dije cuando terminamos de conversar. Me respondió nuevamente: "Cuba es familia" y añadió: "La Jiribilla es familia".
Luis Eduardo Aute (Manila, 13 de septiembre de 1943) es un músico, cantautor, director de cine, pintor y poeta español. Aunque es principalmente conocido como cantautor, también destaca como pintor y como director de cine.

 

Por Yinett Polanco

22 OCTUBRE 2013

Publicado enInternacional
Theotonio dos Santos: &quot;Vuelve el clima de querer saber más y discutir&quot;

Fue uno de los fundadores de Clacso y sigue siendo un animador de los congresos de sociología. Theotonio dos Santos, que en los '60 desarrolló su teoría de la relación de América latina con el capitalismo mundial, dialogó con Página/12 en la casa que fue la peña de los Parra sobre su historia y acerca de por qué hoy la polémica volvió a ser intensa.

 

Desde Santiago

 

Sopla un viento fresco en la tarde de Santiago de Chile. Una ventaja es que el viento se llevó el smog y la cordillera queda visible ahí atrás, hermosa. En la calle Carmen, a la vuelta de la Universidad Católica Cardenal Silva Henríquez, está la casa que perteneció a los Parra. Una habitación era de Violeta, que se suicidó a los 49 años, en 1967. La casa entera fue una peña cultural y política muy activa en los años '60 y sobre todo luego de 1970, cuando asumió el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende. El sociólogo brasileño Theotonio dos Santos, entonces exiliado en Chile, era uno de los habitués de este lugar que recuerda como "muy bonito, muy agradable, con un contenido emocional muy fuerte".

 

–¿Cantaban?

–Claro.

 

–¿Y tomaban?

–Por supuesto. Víctor Jara también estuvo acá. Con una presencia muy fuerte. Vine a Chile en 1966 como exiliado. Estuve dos años clandestino en Brasil. Como estaba condenado a 15 años de prisión, me pareció complicado escapar de la cárcel. Tenía un buen esquema clandestino en Polop, Política Operaria, donde nuestra presidenta Dilma Rousseff inició su militancia. Hicimos algunas tentativas contra la dictadura.

 

–¿Estabas en Chile cuando asume Allende en 1970?

–Desde 1966 hasta seis meses después del golpe. Estuve refugiado en la Embajada de Panamá, que era la última en tener guardias chilenas del lado de afuera. Un pequeño departamento de cien metros cuadrados con 350 personas. Nos numeramos todos y hacíamos turnos para sentarse. Nos sentábamos y nos parábamos por turno. Después presté mi casa a la embajada. Era más grande.

 

–¿Hicieron extraterritorial a tu casa?

–Sí. Después salimos los últimos nueve y montaron allí un centro de tortura. Yo iba a vender la casa, pero el gobierno la expropió. En Domingo Cañas. Hoy es un memorial en homenaje a los muertos y torturados.

 

–Muchos de los chilenos están sorprendidos y no tienen una explicación de por qué ahora proliferan los memoriales y además se habla del gobierno de Allende.

 

–El rol de la represión es el terror, porque no se puede reprimir a todos. Al final la dictadura mantuvo su presencia en el sistema de poder, incluso con el dictador como senador. El temor era la vuelta del golpe y eso generó un tremendo cuidado. Ese proceso lo vivimos en la década del '80.

 

–¿Es por un cambio generacional?

–Una parte no vivió la dictadura y se siente más libre. Mucha gente hoy es más abierta, más relajada. En Brasil los exiliados volvimos en 1979 con la amnistía, pero aún había dictadura. Recién en 1989, cuatro años después del comienzo de la democracia y luego de la nueva Constitución, tuvimos elecciones directas.

 

–¿Qué análisis hacés hoy de Allende 1970-73?

–Edité un libro en Venezuela con artículos escritos y publicados en la revista Chile Hoy en esa época. Recogí todo eso. El proceso chileno fue un momento de un crecimiento popular y los dirigentes no tenían tanta claridad de hasta dónde se podía ir. Entre 1964 y 1970 el gobierno de Eduardo Frei llegó a un cierto nivel de reformas. La gente quería ir más lejos. Por eso no se podía producir un avance real sin tocar los intereses de los grandes capitalistas, y los grandes monopolios nacionales e internacionales. En el sector minero, por ejemplo, Allende hizo una nacionalización avanzada, tomando en cuenta las ganancias excepcionales. El punto es que nadie votó en contra. Ni la derecha ni la democracia cristiana. O sea que había una enorme presión moral masiva en favor de la medida. En el caso de la industria muchos capitalistas abandonaron sus empresas y los trabajadores descubrieron que podían regirlas. Se paga en Harvard para aprenderlo, pero hay gente que sabe hacerlo. Los japoneses, por caso, utilizaron la experiencia de sus propios sindicatos para dinamizar el circuito productivo de las fábricas.

 

–¿Y qué funcionó mal?

–La respuesta de la derecha se fue organizando también, para endurecerse. Sobre todo luego de que no funcionara el cerco económico, algo severo porque Chile depende incluso de importaciones para abastecerse de alimentos. A veces con menos productos atiendes a más gente si hay un proceso de distribución de ingresos, cosa que ocurrió. Pero lo que más sensibilizó fue la apertura de gestión y de participación, con grandes manifestaciones de masas y una extraordinaria alegría. El proceso ganaba cada vez más fuerza y eso generó la preparación del golpe.

 

–¿Lo conociste personalmente a Salvador Allende?

–Yo tenía mucha relación con Clodomiro Almeyda y otros compañeros de la dirección del Partido Socialista. Lo conocí a Allende, pero poco. Lo entrevistamos en la revista. Era un tipo simpático, pero muy de la generación de los ''30, con una postura muy formal. Con buena formación.

 

–Senador, tres veces candidato a presidente antes de ganar en la cuarta, como después sucedería con François Mitterrand y Lula...

–Con una gran facilidad de comunicación. La formalidad se entiende en su momento final. Avisó al pueblo chileno que no saldría vivo.

 

–De conversaciones con amigos de Allende uno puede sacar la conclusión de que el suicidio no fue una decisión del momento. Ya lo había resuelto antes.

–Mira, cuando se suicidó Getúlio Vargas, un amigo brasileño coincidió con Allende, que en 1954 era senador, en un viaje a China, y él le preguntó detalles.

 

–¿Estás hablando de Flavio Tavares, que era dirigente estudiantil y luego fue periodista?

–Exactamente. Cuando Vargas se suicidó, una revista publicó un artículo llamado "El suicidio como arma política". El suicidio sería la demostración de que no hay posibilidad de acuerdo frente a la violencia de la derecha. Por eso la figura de Allende es y será cada vez más una expresión de alternativa frente a la derecha.

 

–¿No fue un suicidio romántico, en el sentido de que Allende decidió encarnarse en la Historia?

–El romanticismo es un instrumento de los pueblos. La burguesía en su fase revolucionaria fue romántica. Ahora no tiene mucho, porque tiene lo que quiere. La voluntad es un gran elemento del romanticismo. Se entrega a los pueblos la idea de que su lucha es una decisión definitiva.

 

–Estamos hablando de una personalidad sin cultura de la violencia.

–Bueno, en general las organizaciones populares y los trabajadores no recurren a la violencia, al contrario de la terrible violencia de las clases dominantes ante la posibilidad de perder mucho y la pelea por conservar lo que tiene. La clase trabajadora, en cambio, lucha por algo que pretende alcanzar. No tiene ese sentido patrimonial de los ricos, que naturalizan la pobreza y ven como normal defender el patrimonio y los valores propios. En Chile la derecha puede aparecer con cierto respeto por los instrumentos legales, pero en la realidad muy dura y muy violenta. "El golpe era necesario", decían. "No somos brutos ni violentos." Y explicaban con una pretendida racionalidad: "Tenemos que reaccionar ante la dictadura del proletariado". Cuando Chile vivía en democracia, ¿no? Y no había un ejército frente al Ejército, aunque hubiera sectores que buscaran contar un poder de fuego propio. Luego las propias Fuerzas Armadas se comprometieron dentro de Chile y fuera del país para liquidar a cualquier militar que apareciera como una alternativa a su poder. Así fue el asesinato del general chileno Carlos Prats y del boliviano Juan José Torres.

 

–Dirigentes políticos y académicos aún dicen: "Theotonio fue profesor mío". ¿De qué?

–Enseñaba una introducción a las ciencias sociales. Era gente muy joven. También dicté cursos de posgrado y muchas, muchísimas charlas. Los alumnos eran en general de muy buena calidad. Claro, el ambiente llevaba a la gente a buscar instrumentos para pensar, porque el proceso era muy desafiante.

 

–Sin que uno busque trasladar épocas, ¿cuál es el nivel de interés actual?

–Crece todo el tiempo. En los '80 o '90 el interés bajó. Parecía que para privatizar sólo había que conocer las técnicas. Desde el 2000 hay una inquietud creciente y vuelve el clima de querer saber más, de discutir, de debatir. Esta juventud actual, como ve una cierta derrota de la izquierda en períodos anteriores, se identifica con aspiraciones y al mismo tiempo tiene cierta idea de que necesita ir más lejos. Cuando digo más lejos me refiero a criticar lo que existe, a construir nuevos liderazgos... Y entonces estamos frente a personas que quieren construir su propia vida. Mi hija de 10 años me dijo: "Papi, déjame vivir mi vida".

 

–¿Y tu respuesta?

–Que no es tan fácil, pero que tiene derecho.

 

–Al mismo tiempo, Theotonio, en Sudamérica vivimos el neoprogresismo, como dice Ignacio Ramonet.

–Hablamos de gobiernos de centroizquierda o más a la izquierda, como en el caso de Bolivia, Venezuela o Ecuador. Es parte del proceso de hacerse cargo. El riesgo es, después de un período de Estados corruptos y sin capacidad de regulación, adaptarse a las viejas formas y alentar el desinterés. Pero cuando eso ocurre las nuevas generaciones advierten falta de eficacia. Es clave reducir la distancia entre el aparato burocrático y la población, para que sea parte del proceso de innovación y de decisiones.

 

–No debe ser fácil en un país con la magnitud de Brasil, por ejemplo.

–Sí, pero hay elementos que facilitan políticas comunes. El 98 por ciento tiene televisión, un instrumento muy bien manejado por la derecha.

 

–Bien manejado, pero sin éxito político electoral.

–Claro, porque manejan tesis que no dan en la realidad. El riesgo, de cualquier manera, es que por ejemplo el PT gana, pero no tiene mayoría electoral propia y debe recurrir a partidos tradicionales. No son el viejo coronelismo sino clase media o profesionales que ganan prestigio como para dirigir a la población. Sin embargo, son patrimonialistas con el Estado. La izquierda no logró crear una mayoría suficientemente organizada y activa para sostener un proceso de transformación más radical. Si sólo rascás el sistema, vas a terminar perdiendo autoridad.

 

–Rascando no ganás mientras tanto mayor legitimidad popular.

–El sector miserable de Brasil, de menos de 100 dólares de ingreso por mes, tuvo un gran cambio por la política de becas. Representaron 40 millones. Este sector primero está agradecido por ese cambio y entonces aparece la derecha y quiere tentarlo. Pero no cuaja. Ahora, cuando ya tenés comida mínima y compraste heladera querés más. Entre los obreros hubo una mejoría del sueldo mínimo. Se sienten gratificados por los cambios y forman una nueva clase media con trabajadores calificados. Son otros 40 millones. Los 80 millones totales crean una mayoría que vivió un mejoramiento importante. Atención, eso sí, a las deudas personales de quienes están contentos y quieren más. Quieren un mejor sistema de transporte o un sistema de salud que los atiendan. Por eso la exigencia de mayores servicios sociales. En Brasil las manifestaciones de junio comenzaron protestando por la tarifa de transporte, pero siguieron con la salud.

 

–¿Cuál es la recepción de los brasileños ante el programa de llegada de médicos cubanos?

–Nuestra academia forma elites corporativas que se reproducen para esa misma élite. Los médicos en Brasil, bajo la influencia de ese sistema, forman especialistas sin que quieran atender los problemas del grueso de la población, de situaciones muy inmediatas, que dependen de prevención y de aspectos sanitarios. No formamos médicos para esto. Los cubanos se especializaron sobre todo desde el '80 en formar clínicos generales para prevenir y para atender necesidades inmediatas. Como quieren ganar dinero no quieren ir a trabajar donde viven sectores populares. Los cubanos ya atienden a 70 países, no sólo sobre la base de la formación sino de la innovación en biotecnología. Es un gran tema: en los Estados Unidos la derecha más conservadora paralizó la actividad del gobierno en protesta por los intentos de reforma, incluso leve, de la política de salud pública. Resulta que el Estado existe para atender necesidades de la gente y no sólo para desviar recursos hacia el uno por ciento que vive a costa del resto, ¿no es cierto? El corporativismo es corriente incluso entre gente de izquierda, del mismo modo que generó irritación entre sectores de clase media que sectores pobres pudieran vivir en construcciones bonitas diseñadas por Oscar Niemeyer, que eran baratas porque se basaban en un sistema industrial. El problema es que a veces una parte de las franjas medias no sólo quiere consumir más sino que quiere una base institucional que le garantice lo que consiguió. Un texto de Trotsky sobre la Revolución Rusa dice que las revoluciones son conservadoras. Cuando la gente avanzó y siente que va a perder lo que consiguió, tiende a ser más conservadora. Al mismo tiempo, la gente busca instrumentos para garantizar el avance logrado. Por eso los choques en el sistema representativo. Porque en medio de las elecciones no hay mecanismos suficientes de participación.

 

–En 2009 le pedí a Eric Hobsbawm, al final de una entrevista, que me recomendara dos libros. Primero mencionó El 18 Brumario, de Carlos Marx. Luego Anna Karenina, de Leon Tolstoi.

–Yo empiezo con un libro que no es fácil de leer, pero vale la pena: El Capital, de Carlos Marx. Abre horizontes. Y si vamos a un plano literario diría que Guerra y paz, de Leon Tolstoi, es muy importante porque da una dimensión de la grandiosidad del proceso histórico. Es clave tener la noción de que la subjetividad humana es parte de un universo que la trasciende y la incluye.

 

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Viernes, 11 Octubre 2013 08:24

Chile: golpes, plebiscitos, continuidades

Chile: golpes, plebiscitos, continuidades

Las últimas escenas lo dicen todo: cuando por fin en la madrugada se confirman los resultados del plebiscito del 5 de octubre de 1988 en que se decidía la permanencia o no de Augusto Pinochet en el poder y estalla el júbilo, los líderes oposicionistas, nuevos políticos profesionales, sólo se vuelcan a las cámaras; nadie se acerca ya a René (Gael García Bernal) un ejecutivo de publicidad, con historia del exilio en México, autor de la campaña por el NO, que ponía fin a la dictadura. Bañado en multitudes, pero en silencio, René abandona el centro de campaña; se percibe lo que está por venir: las esperanzas traicionadas y el cambio que dejaba todo (casi) igual. Así acaba la película No, de Pablo Larraín (2012). En el guión original los políticos de la Concertación triunfante se ponían además a dividir los mapas electorales. Ya era redundante.

 

El filme –según los que vivieron aquellos acontecimientos– transmite bien el clima de la época y del plebiscito del cual se acaban de conmemorar los 25 años. Se queda corto en algunos aspectos, pero tiene un potencial crítico por ejemplo en los grotescos retratos de los pinochetistas (las juntas de campaña por el SÍ, ¡el diálogo en el patio de Los Naranjos, de La Moneda!), o en el final que indica cómo el triunfo se convertiría en una derrota y estafa (en el final se ve también cómo las superficiales estrategias de marketing de René se traspasan a los nuevos tiempos, marcados por el consumismo y los viejos patrones de acumulación).

 

El precio de la (pactada) transición fue la prolongación del modelo económico y social neoliberal. Los gobiernos de la Concertación –sobre todo los socialistas, de quienes se esperaba lo contrario– han hecho lo menos posible para desmantelar este legado. Dejaron su candado, la Constitución de 1980 (ya en 1989, tras otro plebiscito y las reformas que sólo legitimaron esta Carta Magna, se vendió el triunfo del año anterior; en 2005 Ricardo Lagos sustituyó además la firma del dictador por la suya); no derogaron la democracia restringida y el sistema binominal (que garantiza la alternancia entre los pinochetistas y la Concertación); no revisaron las privatizaciones de empresas estatales; no cambiaron la feroz legislación laboral; tampoco tocaron los principales pilares del capitalismo chileno: los sistemas privados de educación, salud y pensiones.

 

Mientras el NO a Pinochet era también el NO al sistema económico injusto, en realidad triunfó el SÍ. Prevaleció la visión de Chile como un país ganador, como rezaba el lema de la franja oficialista, una nación que piensa en su futuro y en el éxito de su modelo, sin acordarse de que éste estaba sustentado en la violencia, los infrasalarios y la miseria de la mayoría (Este es un sistema en que cualquiera puede ser rico. ¡Ojo! No todos. Cualquiera, dice en la película un spin-doctor de la campaña del SÍ). Con la Concertación la brecha entre ricos y pobres incluso aumentó.

 

La práctica de gobernar con justificaciones y actuar a medida de lo posible en el tema de la justicia y los derechos humanos dejó a este conglomerado deslegitimado y herido a muerte; hoy la llamada Nueva Mayoría –viejos conocidos más el Partido Comunista (PC)– pretende catapultarlo otra vez al poder (con Michelle Bachelet al frente).

 

Es de notar que entre las causas del aislamiento del PC en la democracia, aparte de los errores de lectura de la realidad nacional en los años 80 y la deliberada exclusión de toda la izquierda radical por las dos fuerzas hegemónicas, fue su postura respecto del plebiscito (El Clarín, 5/10/13).

 

Sus dirigentes y activistas estaban convencidos de que todo estaba arreglado y votar sería sólo legitimar el fraude (en la película así piensa por ejemplo la ex pareja de René). Sólo al final cambiaron de opinión.

 

Hoy los comunistas, con candidaturas de algunos nuevos líderes sociales como Camila Vallejo (su papá, Reinaldo, actor, aparecía en los espots del NO), pretenden hacer la diferencia, pero la ambigüedad del programa bacheletista sabe más a continuidad.

 

Si bien el presidente Sebastián Piñera (RN) votó por el NO, la abanderada del oficialismo Evelyn Matthei (UDI) apoyó el SÍ; según el mandatario saliente esto fue un grave error de ella, aunque no le quita lo inteligente y lo valiente ( El Mostrador, 19/9/13).

 

Ya hace unos meses, en una verdadera muestra de inteligencia y valentía, la misma candidata reveló que hizo la campaña por el SÍ porque... quería que ganara el NO y votó por Pinochet porque... sabía que iba a ganar la oposición ( La Nación, 22/7/13).

 

La cara de su padre, el general golpista Fernando Matthei, que en 1988 salió a reconocer la derrota del dictador (que ya tenía preparado un autogolpe para tal eventualidad, La Jornada, 4/2/13), indicaba sin embargo que las apuestas en su familia y en otros círculos pinochetistas eran bien diferentes.

 

Finalmente, el régimen presionado –y animando desde el principio a realizar el plebiscito– por la administración de Reagan, que financió también la campaña opositora ( El Mostrador, 7/10/13), cedió.

 

Como bien han señalado varios críticos, la pe­lícula, igual que muchas narraciones oficiales, crea la impresión de que la victoria fue posible sólo gracias a una hábil campaña publicitaria que logró transmitir un mensaje positivo con su lema La alegría ya viene (aunque hubo también momentos más profundos o conmovedores, como la cueca sola con esposas, madres o hermanas de muertos y/o desaparecidos), cuando el marketing fue sólo un instrumento y Pinochet fue vencido no gracias a los espots, sino a los años de resistencia y lucha de mujeres y hombres que poco a poco perdían el miedo, se volcaban a las calles, se apropiaban por ejemplo del cacerolazo (una protesta inventada por la burguesía) y minaban al régimen.

 

Todo parte de una historia que continuó siendo incómoda incluso bajo la Concertación, y que no se veía en la televisión (y apenas ahora se presenta en Las imágenes prohibidas).

 

*Periodista polaco

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De cuando un premier británico pensó en matar británicos

No era un don nadie: llegó a pensarlo el ex premier laborista Gordon Brown, según una autobiografía explosiva de quien fuera su asesor personal y miembro de su círculo íntimo, Damian McBride (Power Trip: A Decade of Policy, Plots and Spin, Kindle Edition, 2013). Preocupado por la crisis bancaria de octubre de 2008, el primer ministro británico temía la ruptura de la ley y el orden por las masas y buscaba cómo impedirla. La BBC dio a conocer algunas citas del libro de McBride (www.bbc.co.uk, 21-9-13).

 

El autor, que renunció en el 2009 cuando se descubrió que procuraba difamar a políticos conservadores para abrirle camino a su jefe, cuenta que en octubre del 2008 se reunió con Brown antes de que éste anunciara la nacionalización parcial de los bancos británicos y que le manifestó muy agitado: "Si los bancos cierran sus puertas y los cajeros automáticos no funcionan y la gente va a Tesco (una cadena de supermercados) y no le aceptan las tarjetas de crédito, todo explotará. Si no puede comprar comida o gasolina o medicamentos para los hijos, la gente romperá las vidrieras y tomará lo que necesite. Y tan pronto vean esto por televisión todos pensarán que está bien, eso es exactamente lo que tenemos que hacer ahora. Será la anarquía. Es lo que puede ocurrir mañana".

 

Comenta McBride: "Era extraordinario ver a Gordon tan poseído por los riesgos de lo que debía hacer y a la vez totalmente convencido de que había que tomar acciones decisivas inmediatamente". ¿Habrá que imponer el estado de sitio –se preguntaba Gordon– "sacar el ejército a la calle, cómo hacer para que vuelva a imperar el orden?" Y comparaba la situación con la crisis de los misiles en Cuba.

 

Las crisis económicas son así: provocan el terror de los funcionarios encargados de proteger a quienes las provocan. Algo similar le ocurrió en septiembre del 2008 al entonces secretario de Hacienda de EE.UU., Hank Paulson: advirtió que el gobierno estadounidense podría verse obligado a recurrir a la ley marcial si no se salvaba a Wall Street del colapso crediticio (The Global Economic Crisis: The Great Depression of the XXI Century, Michel Chossudovsky and Andrew Gavin Marshall editors, 2010). Nada de eso ocurrió: la presión de notorios intereses doblegó a los gobiernos y Parlamentos de ambos países y sacaron de apuros a los bancos con sumas ingentes de dinero.

 

...¿Alguien habrá pensado en EE.UU., incluso antes del cierre parcial de su administración, en posibles levantamientos o rebeliones por la crisis económica, como en su momento lo hicieron Gordon Brown y Hank Paulson? Imposible saberlo y mucho menos probarlo. Sólo que hay hechos llamativos. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) ordenó la adquisición de 1600 millones de proyectiles, incluidas las balas llamadas "hollow-point" de carácter expansivo: producen una perforación de un diámetro axial mayor que las corrientes y maximizan el daño producido en los órganos humanos (www.forbes.com, 11-3-13). Distintas convenciones internacionales prohíben su uso en los conflictos bélicos. ¿Contra quién pensará utilizarlas el DHS? Los agentes de este departamento no están encargados de llevar a cabo operativos comandos en Libia o Somalia, sino de mantener el orden y cuidar la seguridad interior del país. Durante los períodos de combates más encarnizados en Irak, el ejército estadounidense disparaba menos de seis millones de balas mensualmente (www.belfasttelegraph.co.uk, 10-1-11). Es decir, esta compra del DHS le permitiría sostener una guerra de más de 20 años. "En EE.UU.", subraya Forbes.

 

La revista señala que el DHS adquirió además vehículos blindados de gran potencia que fueron traídos de vuelta de Irak y Afganistán. Según Ken Jorgustin, especializado en el tema, se trata de "un número indeterminado de Mine Resistant Ambush Protecter (MRAP) para servicio en las calles de EEUU. (//modernsurvivalblog.com, 6-9-12). Los blindados MRAP pueden resistir la explosión de las minas que aplasten y salir airosos de una emboscada gracias al armamento que poseen.

 

Forbes pregunta por la razón de estas compras: "Es absolutamente inconcebible que la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, esté planeando un golpe de Estado contra el presidente Obama y el Congreso para autoproclamarse Líder Suprema de Estados Unidos". Ciertamente. Pero la pregunta sigue en pie: ¿para qué este exceso de poderosos instrumentos de guerra si sólo se trata del orden interno? La revista para multimillonarios opina: "Comprar 1600 millones de proyectiles y desplegar vehículos blindados es algo completamente contrario a lo que 'seguridad nacional' realmente significa". ¿Entonces?

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Miércoles, 09 Octubre 2013 08:24

Giap: el hombre y el arma

Giap: el hombre y el arma

Cuando la sensiblería política pondera el legado de un Mahatma Gandhi, tiende a excluir los de un Ho Chi Minh, un Augusto César Sandino, o el del recientemente fallecido general Vo Nguyen Giap. Y así, frases como " make love, not war", "intervencionismo humanitario" y otros vagos melindres filosóficos, distorsionan o echan un manto de olvido sobre las recurrentes prácticas genocidas del "humanismo" occidental.

 

En cambio, con menor ruido y pedantería intelectual, pueblos como el vietnamita, educado y formado desde épocas inmemoriales en el pacifismo real, entienden que la defunción es una simple pérdida corporal y el espíritu de los muertos subsiste con los hijos y los nietos, influyendo notablemente en la vida de los vivos ("Costumbres de culto en familias vietnamitas", http://es.vietnam.plus).


Con esa fuerza espiritual, el padre de la nación, Ho Chi Minh, y generales como Nguyen Giap, Le Duan, Van Tien Dung, Tran Van Tra, Nguyen Van Linh, los vietnamitas consiguieron, sucesivamente, la derrota militar y rendición incondicional de los tres grandes ejércitos de la época: Francia, Japón y Estados Unidos (1940-1975). Además, frenar en 1979 las pretensiones expansionistas de China en la antigua "Indochina" (Tonkin, Anam, Cochinchina, más Laos y Kampuchea).


Nutrido de su milenaria cultura nacional, el legendario general Vo Nguyen Giap, quien acaba de morir a los 102 años, encendía tres inciensos con la llegada del Tet (año lunar): el primero para el cielo, el segundo para la tierra y el tercero para el hombre. Práctica que le permitió descubrir que sin patriotismo y dignidad, la guerra y la paz carecen de sentido.


Guiado por Ho Chi Minh ("el que enseña"), Giap empezó a militar a los 14 años, y a los 28 fue nombrado general de los ejércitos de la Liga para la Independencia (Viet Minh, 1941). ¿Que si la fe mueve montañas? Los guerrilleros de Giap empezaron con un solo rifle cada tres soldados, y para el ataque congregaba a sus tropas con sonoros gongs artesanales...


Hubo grandes derrotas, y grandes victorias. Y por sobre todo, hubo política. En 1946, cuando el desenlace de la revolución en China aún no estaba claro, Ho Chi Minh negoció la independencia de la República Democrática de Vietnam (hoy socialista), aunque dentro de la "Unión Francesa". Duramente criticado, el padre de la nación declaró: "Es preferible oler un poco de mierda francesa que comer mierda china durante toda la vida".


El tío Ho reducía todo a un principio irreductible: "La nación tiene su raíz en el pueblo. En la guerra de resistencia y en la reconstrucción nacional, la principal fuerza depende del pueblo". Poco después del "empate militar" en la guerra de Corea (1950-1953), la CIA y el Pentágono pensaron que debían ir en ayuda de Francia para terminar de una vez con los "bandidos rebeldes" de Ho Chi Minh.


No obstante, ningún genio de la inteligencia francesa o yanqui se dio cuenta de que en bicicleta, a pie o cargando miles de piezas de artillería a sus espaldas, los campesinos guerrilleros habían construido en selvas y montañas un enorme aparato logístico de túneles y carreteras camufladas en torno al apacible valle de Dien Bien Phu, fronterizo con Laos.


En Dien Bien Phu, los franceses construyeron la gran base militar que la revista Time calificó de "inexpugnable". Pero allí fue donde justamente, tras un asedio de 55 días, Giap asestó el golpe demoledor a Francia. La base cayó el 7 de mayo de 1954, y como bien apuntó Graham Greene, aquella batalla "... marcó virtualmente el fin de cualquier esperanza que hubieran tenido las potencias occidentales de dominar el Oriente".


Francia se rindió, y en la Indochina francesa surgieron cinco países independientes: Laos, Kampuchea, Tailandia (que nunca fue colonizada), Vietnam del Norte y Vietnam del Sur (con capitales en Hanoi y Saigón).


Con todo, restaba la batalla más feroz y prolongada de todas, y que en abril de 1975 terminó con la precipitada fuga en helicóptero del embajador de Washington en Saigón, Graham Martin, seguida de la ordenada repatriación de millares de soldados yanquis que habían asesinado a más de 3 millones de vietnamitas, en un país levemente menor al doble de la extensión territorial de Sonora.


Crítico de la teoría de que el arma es lo decisivo en la guerra, Giap escribió en El hombre y el arma: "Tratando de salvarse del peligro de su aniquilamiento, el imperialismo lleva a cabo, con todos sus esfuerzos, la propaganda sobre la 'omnipotencia de las armas'... En la guerra, el factor decisivo es y será siempre el hombre; las masas populares son y seguirán siendo las forjadoras de la historia" (Editorial La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1968, p.108).


Y con respecto a la "solidaridad internacional", aquel humilde maestro de geografía del Vietnam heroico, que fue homosexual y nunca había pisado una academia militar, advirtió en una célebre entrevista con el periodista australiano Wilfred Burchett (1911-1983): "Los vietnamitas tenemos un refrán sobre los matrimonios de conveniencia: 'la pareja comparte la misma cama, pero tiene distintos sueños'".

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Muere el general Giap, el estratega de la derrota de Francia y EE UU en Vietnam

El 30 de abril de 1975, tras la caída de Saigón, Estados Unidos vivió una de las mayores crisis de identidad de su historia al preguntarse ¿quién perdió Vietnam?. Hay muchos candidatos para ese puesto, pero la pregunta opuesta, ¿quién ganó? no puede responderse sin hablar de Vo Nguyen Giap, comandante de las fuerzas del Vietnam comunista entre 1946 y 1976, es decir, durante toda la duración de las dos grandes guerras que asolaron el país asiático. Giap, el último de los dirigentes históricos del Partido Comunista de Vietnam, ha muerto este viernes a los 102 años en un hospital militar de Hanoi.

 

Giap nació en 1911 en la entonces Indochina francesa, hijo de una familia de campesinos acomodados. Tras estudiar derecho, ciencias políticas y economía en la Universidad de Hanoi, fue periodista y profesor. Parte del movimiento anticolonial desde los 14 años, a finales de los años 30 se adhirió al Partido Comunista, encabezado por Ho Chi Minh. En 1938, antes de la invasión japonesa de Vietnam, huyó a China, donde organizó un ejército guerrillero contra la ocupación de su país, primero por los ejércitos nipones y luego contra los franceses.

 

La falta de formación militar de Giap, autodidacta en asuntos bélicos, no le impidió convertirse en uno de los mayores estrategas del siglo XX, capaz de derrotar tanto a las fuerzas de Francia como a las de Estados Unidos con un ejército que, pese a la ayuda china y soviética, era nominalmente muy inferior en entrenamiento y equipamiento al de sus enemigos. "Tuvimos que usar lo pequeño contra lo grande, armas anticuadas contra armas modernas", diría Giap más tarde. "Al final, es el factor humano el que determina la victoria".


El gran triunfo de la estrategia de Giap fue la batalla de Dien Bien Phu, en 1954, en la que consiguió cercar a 14.000 soldados franceses en un valle al norte del país. El Ejército galo no esperaba que los guerrilleros vietnamitas fuesen capaces de cavar trincheras y posicionar cañones sobre las montañas que rodeaban el valle. Los 55 días de asedio, asalto y posterior rendición de Dien Bien Phu asestaron un golpe mortal a las aspiraciones coloniales francesas —no solo en Indochina— y serían uno de los acontecimientos que desencadenarían el fin de la Cuarta República.


Francia se retiró de Indochina tras acordar la división "provisional" del país por el paralelo 17 entre el norte comunista y el sur encabezado por un Gobierno cercano a las potencias occidentales. Estados Unidos, impulsado por el espíritu anticomunista de la época, suplió el papel de la expotencia colonial en apoyo al régimen del sur. Pero los acuerdos de Ginebra duraron menos de cuatro años. Al negarse el sur a convocar elecciones, ambos países entraron en guerra, Hanoi con el apoyo de China y de la Unión Soviética, Saigon con el respaldo de Estados Unidos.


Durante los 15 años siguientes, más de tres millones de vietnamitas perderían la vida, así como más de 58.000 estadounidenses. "No eramos lo suficientemente fuertes para expulsar a medio millón de soldados, pero ese no era el objetivo", diría Giap en 1990. "Nuestra intención era romper la voluntad del Gobierno estadounidense de continuar con la guerra".

 

Eso se logró en 1968 con la ofensiva del Tet, un ataque masivo por parte de tropas norvietnamitas y de la guerrilla comunista del Vietcong en las principales ciudades de Vietnam del Sur. El papel de Giap en la operación es dudoso: mientras que las fuentes oficiales le hacen responsable de la victoria, otras dicen que estaba en contra. A pesar de que los más de 44.000 muertos —diez veces más que los de EE UU— la convierten en una derrota táctica, la profundidad y amplitud de la ofensiva del Tet minó espectacularmente la moral de las tropas survietnamitas y puso definitivamente a la opinión pública estadounidense en contra de la guerra. Saigón tardaría siete años más en caer, pero la victoria empezó esa mañana de enero.


La muerte de Ho Chi Minh, en 1969, y su conflicto con su sucesor, Le Duan, le retiró lenta pero decisivamente de la primera línea de la política. En 1979 dejó de ser ministro de Defensa y, tres años más tarde, abandonó el Politburó.


Pero su caída en desgracia política no le hizo dejar de ser una de las figuras más queridas y admiradas de Vietnam, siempre presente en actos de conmemoración con su uniforme de general y recibiendo visitas de personalidades como Fidel Castro, Luiz Inácio Lula da Silva, y, en 1995, su antaño enemigo Robert McNamara, secretario de Defensa de EE UU durante la presidencia de John F. Kennedy. En 2008, a los 97 años, se opuso públicamente a la explotación de una mina de bauxita en el centro del país por parte de una empresa china. Al publicarse la noticia de su muerte, las redes sociales del país asiático se llenaron de homenajes al "más grande de los generales", un "héroe nacional". El Gobierno aún no ha anunciado si celebrará un funeral de Estado.

 

THIAGO FERRER MORINI 4 OCT 2013 - 21:54 CET

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El nombre que lo hace posible: Recordando a Edward Said

Detened los relojes... desfilen los dolientes.

W. H. Auden

 

El leitmotiv común al escribir para un aniversario especial de la muerte de un amigo es un fuerte sentido de nostalgia -cuán maravillosas eran las cosas cuando él estaba vivo y cuán tristes son ahora que no está. Este sentido de nostalgia se hace aún más fuerte cuando el amigo fallecido es un intelectual sobresaliente, cuya voz y cuya visión fueron determinantes para una época, que ahora parece casi irreversiblemente cambiada. Cuando el sitio de tal cambio drástico es el hogar y el entorno de aquel colega, con Palestina como su epicentro y más allá, el mundo árabe y musulmán, ganando momentum alrededor de ella, el acto de remembranza se vuelve decididamente alegórico.

 

Este septiembre, conmemoramos el décimo aniversario de la muerte de Edward Said, en un periodo de agitación en el mundo árabe, en el que Palestina es saqueada cada vez más salvajemente con cada instante que pasa. Nosotros, como su comunidad de amigos, camaradas y colegas, activamente recordamos su voz, su visión y su inclaudicable determinación de liderar nuestras causas a través del mundo. Pero, ¿cómo es posible que él siga marcando el rumbo una década después de estar en silencio?

 

Es hecho es que, cuando hoy pienso en Edward Said y en el periodo de más de una década en el que tuve la fortuna de conocerlo como amigo y colega en Columbia, el sentimiento que predomina no es el de pérdida -sino una sensación de suspensión, de pausa. Algunas personas, me parece a mí, nunca mueren para aquellos cuya moral e imaginación política están enraizadas orgánicamente en su memoria. Para mí al menos, la estructura de nuestras ideas políticas se ha quedado intacta desde esa mañana del 24 de septiembre de 2003, cuando me llamó Joseph Massad para decirme que Edward había muerto. Poco antes, me había llegado la noticia del fallecimiento de mi hermano menor Aziz -entonces el sentido de pérdida de un hermano, de dos hermanos, del menor y del mayor, está detenido en el tiempo para mí, enmarcado como si fuera el centro que define el punto focal del lugar al que yo puedo llamar hogar.

 

He escrito en algunas oportunidades sobre mi reacción ante el fallecimiento de Edward Said, y después en mi diario de viaje a Palestina, donde recogí un puñado de polvo de un cementerio bendecido, del Cementerio del Profeta en Jerusalén, cerca del Domo de la Roca, para llevar a Brummana, Líbano, y colocarlo sobre la tumba de Edward; y luego escribí otra nota a pedido de Mariam Said (viuda de Edward) para un boletín que se publicó en homenaje a su memoria en Columbia, en marzo de 2004.

 

Pero en ninguno de esos escritos logré poner nada que se asemeje a un punto final a mis intercambios de índole moral, imaginativa, política o académica con Said. Se centran no tanto en lo que fue Edward Said sino en la influencia que Edward tuvo en lo que yo soy ahora. Al leer esos textos hoy los veo como signos de pregunta en mis continuas conversaciones con la entrañable memoria de Edward. Después de Phillip Rief y George Makdisi, dos de las destacadas figuras intelectuales cuya agraciada sombra se inclina sobre cada oración que escribo, Edward Said está sentado a mi lado, como siempre impecablemente vestido, inquisitivo, de buen humor y con mucha determinación, todo al mismo tiempo, preguntándose qué estoy haciendo.

 

Citando a Said

 

Mucho ha sucedido desde el fallecimiento de Said -y en demasiadas ocasiones hemos pensado qué habría dicho él si hubiera estado con nosotros- sobretodo cuando se iniciaron las revoluciones árabes. ¿Qué habría dicho de las matanzas en Siria, del golpe de estado en Egipto, de los bombardeos de la OTAN en Libia, de la revolución de Túnez , y sobretodo del saqueo continuo y descarado de Palestina?

 

A pesar de que ya no esté presente para compartir sus pensamientos, nos ha preparado para reflexionar junto a él. Ciertos intelectuales destacados son parte integral del alfabeto de nuestra imaginación moral y política. No es necesario que estén presentes físicamente para que sepamos lo que podrían haber pensado, dicho o escrito. Viven en aquellos que leen y piensan en sus ideas -y por lo tanto se vuelven el índice, un componente proverbial, de nuestro pensamiento.

 

Said vivió tan a pleno, a conciencia, con una visión crítica a lo largo y ancho de nuestra época, que es determinante para el pensamiento crítico, como Marx, Freud, Fanon o Dubois, o Malcom X. Ellos son el sonido de nuestro canto, la mirada con la que vemos, el aroma con el que percibimos, un factor determinante para la intuición de nuestra trascendencia.

 

En varias ocasiones, me encontré por casualidad con Said en el campus cuando justamente estaba pensando que conversaba con él, y continuando con esa conversación mental, le decía algo en voz alta -me parece que él hacía lo mismo puesto que de repente me decía algo, como si fuera la continuación de una conversación anterior. Ese sentido de conversación suspendida y retomada sigue vigente, quizás porque me hallo en un estado de negación, quizás por el hecho de que pensadores como Said son epistémicos para nuestro pensamiento, y se siguen brindado a lo largo del tiempo de manera dosificada.

 

Creo que nunca podré hacer el duelo por Edward Said, si entendemos por duelo al ritual de aceptación de una pérdida, porque creo que mi diálogo con él nunca terminará. Sigo viviendo en la misma cuadra donde él y su familia vivieron durantes décadas. Todavía veo por casualidad a su viuda Mariam de vez en cuando en los mismos sitios en que solía verlo a él.

 

Todavía leo sus libros y sus ensayos, escuchando su voz, y aún me conmueven las alegrías y las iras de sus principios en la médula de mis propias ideas políticas. He recorrido una larga distancia desde donde estaba ubicado Edward Said en relación a teorías literarias e históricas, porque además yo comencé desde puntos de partida diferentes a los suyos. Pero yo lo incorporo en mis propios pensamientos, lo siento en mis propios sentimientos, y soy su eco en mis propias ideas políticas. Me siento cómodo con él -como él se sentía cómodo en todas partes pero conciente de que siempre estaría un poco "fuera de lugar", y con el hecho de que he arribado a conclusiones similares (pero no idénticas) a las suyas, desde embarcaciones diferentes y mirando a las costas adyacentes. Fue un facilitador, no un gurú. No buscaba réplicas; sino que permitía que sus amigos acentuaran sus propias características.

 

Intelectuales sobresalientes, como Said o Fanon o Césaire hacen posible que los demás consolidemos nuestra propia voz, y se aseguran de que nunca repitamos lo que ellos dicen, sino que elaboremos para extender sus ideas, que extrapolemos la lógica que ellos plantean, que naveguemos territorios desconocidos con sus brújulas pero no con sus itinerarios. Para mí, es imposible ser un "saidiano" o un "fanoniano", porque ellos fueron tan únicos en su universalidad que no pueden sino estimular tus particularidades, mientras se va formando tu propia intuición de transcendencia.

 

Una nueva organicidad intelectual

 

Con la muerte de Edward Said, nosotros los intelectuales inmigrantes dejamos de ser inmigrantes y nos volvimos nativos de una nueva organicidad. Somos los logros de sus batallas. El teorizó sobre su condición de estar "fuera de lugar" de una manera tan puntillosa y precisa, que después de él, nosotros ya no podemos estar fuera de lugar, sino que estamos como en casa, en el sitio donde colgamos el sombrero y le decimos no al poder.

 

Después de Said se acabaron los intelectuales foráneos, no-nacionales, no-internacionales, del Primer, Segundo o Tercer Mundo. El campo de batalla de las ideas es específico y global al mismo tiempo. No puedes librar ninguna batalla a nivel local sin que quede registrada globalmente. Si no eres global, no eres local y si no eres local, no eres global.

 

Los intelectuales más aburridos e irrelevantes son aquellos que piensan que EE.UU., Irán, India o el Polo Norte son el centro del universo. El universo no tiene centro, ni periferia. Todos andamos flotando. Said era muy específico sobre Palestina -y por lo tanto hizo del predicamento palestino una alegoría metafísica, y la basó en la agonía física y el heroísmo de su pueblo.

 

Carece de sentido hablar de "intelectuales en exilio" después de Said, precisamente porque él teorizó exhaustivamente la categoría en su época. No hay una patria de la que se puede estar exiliado. El capital y el imperio que desea pero no logra el micro-control está en todas partes. No hay salida de ese mundo, y patria y exilio son ilusiones desmanteladas por el capital y la condición del imperio.

 

La nueva organicidad intelectual que Said hizo posible requiere que te arremangues las mangas de la camisa, que te ensucies, para que en medio del caos puedas buscar solaz, luz en la oscuridad, esperanza en la desesperación.

 

Extrañando a Said

 

Hay momentos en que ni siquiera lo extraño, pues de una manera entrañable, él nunca nos ha dejado. Piensas que va a sonar el teléfono y será él para conversar de una u otra cosa; o piensas que te cruzaras con él en el campus o que te enviará un mensaje por internet. No lo extraño porque pienso que nuestra conversación, argumentando ideas, poniéndonos de acuerdo o no, continúa. Siempre está presente -ahí en el medio de una niebla de felicidad y desesperación que agita y hace entrañables todos sus escritos.

 

Y luego, hay momentos, especialmente en el corazón de la madrugada, cuando habitualmente me levanto y comienzo a leer y escribir, a corta distancia de donde él vivía y seguía la misma rutina, que siento súbitamente el peso de su ausencia, la presencia vacía de su ausencia, el aura y el sonido de su voz, su mirada inquisitiva, su manera de hablarte directa y deliberadamente, de manera específica, pero con el aplomo tranquilo de las costas seguras que él ha divisado. Recuerdo el carácter casual de esos encuentros, lo vi justo cuando doblaba la esquina de la calle 116 y Broadway -"tú y tu post-modernidad", me dijo burlón, y cuando yo intenté protestar, agregó: "no te preocupes, yo inventé el término".

 

Le encantaba agregar un shadda totalmente superfluo en medio de mi apellido y lo pronunciaba no solo dos veces sino lo que parecían cinco o seis "ds" extras. "Y ni siquiera es un árabe", decía bromeando, cuando me elogiaba ante sus familiares y amigos. Incontables recuerdos, mensajes de voz y de texto, encuentros casuales, colaboraciones planificadas, eventos académicos conectan mi vida en Columbia University a Edward Said, y están vívidos en mi mente e interactúo con ellos en mi alma cada día de mi vida, y lo haré mientras viva, mientras sea capaz de pensar, recordar, volver a pensarlo a él en mis propios pensamientos.

 

Tengo un cuadro mental de Edward Said que se va desdibujando, y cuanto más se desdibuja, más intensamente lo recuerdo. Era el 28 de abril de 2003. Estábamos en Swarthmore College, Pennsylvania, para celebrar la poesía de Mahmoud Darwish, quien acababa de recibir el Premio Lannan a la Libertad Cultural. Al finalizar la ceremonia, Darwish, Said, Massad y yo fuimos a visitar a nuestra colega y amiga Magda al-Nowaihi, que agonizaba con el cáncer que acabaría con su vida. Magda estaba acostada, una sombra luminosa de lo que fue, pero su sonrisa paradisíaca todavía trazaba surcos en su hermoso rostro. No recuerdo ni una sola palabra dicha en ese momento, solo recuerdo el cuadro alrededor de esa cama, una imagen suspendida en el tiempo, un fresco tallado en el muro más recóndito de mi memoria, y sobre él tres rostros: de Magda, Edward y Mahmoud que ahora brillan con más intensidad.

 

Levinas escribió: "Quizás los nombres de personas, que al ser dichos significan un rostro -nombres propios en el medio de todos esos nombres comunes y lugares comunes- pueden resistir la disolución de significado y permitirnos hablar". Es en ese sentido, que el nombre, la persona y la memoria que llamamos "Edward Said" es determinante para el sentido y el propósito del momento en que firmo mi nombre, al principio o al fin de este homenaje, y me llamo con un nombre propio.

 

Hamid Dabashi es el Hagop Kevorkian Profesor de Estudios Iraníes y Literatura Comparada en Columbia University. Es autor del libro Post-Orientalismo: Knowledge and Power in Time of Terror (2008).

Traducido para Rebelión por Silvia Arana

Fuente: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2013/09/name-enables-remembering-edward-said-201392411645948919.html

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Miércoles, 25 Septiembre 2013 07:13

Oliver Stone, otra historia (de EE UU)

Oliver Stone, otra historia (de EE UU)

El guerrillero cinematográfico, el amante de los excesos, el cineasta provocador viene hoy vestido con el atuendo de un profesor universitario de Historia. Oliver Stone (Nueva York, 1946) está en San Sebastián presentando el cuarto montaje —asegura que el definitivo— de la película Alejandro Magno y también su serie televisiva The untold history of United States (La historia nunca contada de Estados Unidos), 12 capítulos que desvelan la cara oculta —o al menos oscura— de su país. El primero, el dedicado a la Segunda Guerra Mundial, arranca su montaña rusa con un montaje vibrante, sin entrevistas cara a cara, pero sí con toneladas de documentos visuales y sonoros y la voz efervescente como narrador de Stone.

 

Ese capítulo es también el que le sirve como prólogo. "Queríamos darle la vuelta a todo, poner en duda lo establecido, porque lo que estudié yo, lo que han estudiado mis hijos, no es la auténtica verdad. Nací en 1946 y lo que he visto ha sido asombroso. Nunca sospeché que se derrumbaría el sistema comunista, que el gobierno estadounidense se convertiría en el imperio de un mundo del que es el policía. Les decimos a todos lo que deben de hacer. Edward Snowden ha huido de Estados Unidos a Rusia; en los años cincuenta hubiera salido de la URSS para llegar a mi país. El mundo está al revés. Estados Unidos es hoy el gobierno sin ley, nadie se mete con nosotros, somos el imperio que lo controla todo, una sociedad agresiva y militarista, y yo cuento cómo hemos llegado hasta aquí", explica Stone.


Televisión Española va a emitir a partir del próximo lunes diez de esos capítulos. ¿Por qué solo diez de los doce? "Entregué los dos últimos episodios un par de años después de los primeros, y son una especie de prólogos que arrancan desde la guerra de 1898, pasando por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, y el periodo de entreguerras. Están llenos de nombres y lugares. Son más complejos para la gente joven".


Oliver Stone jamás se ha quedado de brazos cruzados. Ante algo que le detuviera siempre reaccionó empujando fuerte. Contra toda frustración, siempre opuso acción. "No quiero sonar fatuo, pero esta serie documental es tal vez el mayor logro de mi vida profesional. Espero que quede para las generaciones futuras. Hay que hacer lo que debemos hacer aunque no haya esperanza, decía Martin Luther King. Mi conocimiento es el del cineasta, y mi alma la de un director de ficción, pero a veces es imposible dramatizar, ficcionar la auténtica historia. Peter Kuznick, coautor de la serie y profesor de historia en la American University, además de experto en temas nucleares, dice que mucha de esa información se conoce en las facultades, pero que teníamos que llevarla a los chavales de los institutos. Usamos herramientas del cine de ficción, como la música y un montaje cañero para atraerles, y así aprendes mucho. No espero que la gente se lo vea del tirón, porque es más grande que una película".


Con los años, Oliver Stone se ha convertido en director histórico: con sus películas uno puede recorrer y entender parte del siglo XX y lo que llevamos del XXI. "Bueno, es tu opinión, otros dirían que ese era John Ford. Yo soy un cineasta amante de la ficción al que le atraen las tramas políticas. Crecí en un ambiente muy conservador, y tenía el punto de vista de mi padre. Necesité más de treinta años en cambiar mis ideales, fue muy lento. En los setenta viví algunas revelaciones que me transformaron: y cuanto más investigas más te das cuenta de lo equivocado que estabas. No es rebeldía contra mi padre, que murió hace ya mucho, sino sencillamente, que he madurado. Formo parte del imperio americano, vivo en Nueva York, he sido bendecido con un montón de privilegios, pero debes rebelarte contra esos privilegios. Roosevelt lo hizo en su presidencia. Si no, todos acabaremos como en Rebelión en la granja o 1984 de Orwell. Yo soy un cineasta con alma de historiador".


Oliver Stone no apuesta por Obama —"es un producto del sistema que muestra la serie, y ningún hombre puede con el imperio. Solo Roosevelt y Kennedy lograron agitarlo", sostiene— y rehúye cualquier teoría conspirativa alrededor del 11-S. "Lo que hizo Bush [con el que curiosamente el cineasta coincidió en Yale; él cree que llevan vidas paralelas] con sus acciones ha sido más dañino que el ataque original. Es una ecuación imposible de resolver ahora. Esos fundamentalistas, a los que apoyamos durante años mientras eran útiles matando comunistas, no nos atacaron por odio, como decía el entonces presidente, sino por las malas decisiones de Bush padre en la primera Guerra del Golfo. Las conspiraciones son muy atractivas para la ficción, sin embargo, eso no nos hace comprender las cosas, las causas y las consecuencias". El director asegura que fue la presidencia de George W. Bush la que le empujó a estos cinco duros años de trabajo en esta obra: "Él no es una aberración, sino otro mal ejemplo de la política imperialista americana".

 

Por GREGORIO BELINCHÓN San Sebastián 24 SEP 2013 - 21:25 CET

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Sábado, 14 Septiembre 2013 07:52

Kerry, Kissinger y el otro 11 de septiembre

Kerry, Kissinger y el otro 11 de septiembre

Mientras la intervención militar del Presidente Barack Obama en Siria parece haberse postergado por el momento, llama la atención que el Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, se haya reunido el 11 de septiembre con uno de sus predecesores, Henry Kissinger, supuestamente para hablar de la estrategia de las próximas negociaciones sobre Siria con funcionarios rusos. La reunión entre Kerry y Kissinger y la oposición pública al ataque a Siria, que ambos apoyan, deberían mirarse a través del espejo de lo sucedido el 11 de septiembre, pero de 1973.

 

Aquel día, hace 40 años, el presidente democráticamente electo de Chile, Salvador Allende, fue derrocado violentamente mediante un golpe de Estado que contó con el apoyo de Estados Unidos. El General Augusto Pinochet asumió el control del país y dio inicio a diecisiete años de un régimen militar de terror, en el que más de 3.000 chilenos fueron asesinados y desaparecidos, alrededor del mismo número de personas que murieron el 11 de septiembre de 2001. Allende, que era socialista, contaba con mucho apoyo popular en su país, pero sus políticas eran el anatema de las élites de Chile y Estados Unidos, por lo que el entonces Presidente estadounidense, Richard Nixon, y su Secretario de Estado y asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, apoyaron el intento de derrocarlo.

 

El papel que desempeñó Kissinger en la planificación del golpe de Estado en Chile en 1973 queda más claro a medida que pasan los años y surgen nuevos documentos, que el propio Kissinger intentó mantener en secreto. Peter Kornbluh, de la organización sin fines de lucro National Security Archive (Archivo de Seguridad Nacional), ha revelado las pruebas durante años, y recientemente actualizó su libro "Pinochet: los archivos secretos". Kornbluh me dijo que Kissinger "fue el principal responsable de idear la política para derrocar a Allende e incluso de apoyar a Pinochet y las violaciones de los derechos humanos que ocurrieron durante su régimen". Afirmó que Kissinger "presionó a Nixon para que asumiera una política agresiva, pero encubierta, para lograr derrocar a Allende, desestabilizar su capacidad de gobernar y generar lo que Kissinger denominó 'un clima golpista'".

 

El régimen de Pinochet fue violento, represivo y un aliado cercano de Estados Unidos. Pinochet formó alianzas con otros regímenes militares de América del Sur, que crearon el "Plan Cóndor", una campaña de terrorismo de Estado y asesinatos coordinados en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. El Plan Cóndor incluso llegó a las calles de Washington D.C. cuando, el 21 de septiembre de 1976, el ex embajador chileno en Estados Unidos durante el gobierno de Allende, Orlando Letelier, fue asesinado junto a su asistente, un ciudadano estadounidense llamado Ronni Moffitt, en un atentado con coche bomba perpetrado por la policía secreta de Pinochet en la zona de las embajadas, a apenas unas cuadras de la Casa Blanca.

 

Finalmente, tras la creciente condena mundial y la resistencia no violenta dentro del país, el régimen de Pinochet se vio obligado a realizar un plebiscito en el que se decidiría si Pinochet debía continuar como dictador en Chile. La población rechazó al gobierno de Pinochet con un "NO" rotundo, y dio paso a la actual era democrática en Chile.

 

Al menos dos ciudadanos estadounidenses fueron asesinados durante el golpe de 1973. Charles Horman y Frank Teruggi viajaron a Chile para ser testigos de la experiencia democrática que se estaba desarrollando en el país. Trabajaban como escritores y periodistas. Su secuestro y asesinato por parte de las fuerzas de Pinochet, con la posible colaboración del Gobierno estadounidense, fueron representados en la película "Desaparecido" del director Costa Gavras, con Jack Lemmon y Sissy Spacek como protagonistas. En Chile, la película "Desaparecido" fue prohibida por el régimen de Pinochet. Con motivo del 40 aniversario del golpe de Estado, la viuda de Charles Horman, Joyce Horman, realizó una ceremonia conmemorativa en la ciudad de Nueva York. El evento fue organizado por la fundación Charles Horman Truth Foundation y atrajo a cientos de personas, muchas de las cuales formaron parte del Gobierno de Allende, perdieron familiares durante la dictadura, o se vieron obligadas a exiliarse de Chile durante aquellos terribles años.

 

Entre los asistentes estaba Juan Garcés, un ciudadano español que fue asesor personal del Presidente Allende. Garcés estaba con Allende en el Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973. Poco antes de que el palacio fuera bombardeado por la fuerza aérea, Allende acompañó a Garcés a la puerta y le dijo que saliera y le contara al mundo lo que había sucedido aquel día.

 

Allende murió durante el golpe, y Garcés apenas logró escapar de Chile con vida. Años después presentó una denuncia penal contra Pinochet, y finalmente logró que se lo arrestara en Gran Bretaña en 1998, donde Pinochet permaneció detenido durante 504 días. Si bien finalmente Pinochet pudo regresar a Chile, más tarde fue procesado allí y tuvo que afrontar un juicio y la prisión. Murió en 2006 bajo arresto domiciliario a los 91 años de edad.

 

Hoy en día, Juan Garcés considera que hay alarmantes similitudes entre la represión en Chile y las actuales políticas estadounidenses: "Realizan entregas extraordinarias, ejecuciones extrajudiciales. Tienen centros de detención secretos. El recurso de habeas corpus es ineficaz. Me preocupa mucho que los mismos métodos que se utilizaron en Chile durante la dictadura, con el conocimiento y el apoyo del Gobierno de Nixon y Kissinger, ahora se estén utilizando en muchos países, con otra excusa, con el apoyo de Estados Unidos. Considero que es algo muy peligroso para todos".

 

En lugar de reunirse con Kissinger para buscar asesoramiento, John Kerry debería apoyar la paz y consultar a personas como Garcés, que han dedicado su vida a luchar por esa causa. El único motivo por el que se debería buscar a Henry Kissinger es para llevarlo ante la justicia, al igual que Pinochet.

 

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 750 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 400 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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