Jueves, 22 Agosto 2013 15:01

El estigma de la zona de distensión

El estigma de la zona de distensión

Una correría por una parte de la otra Colombia nos acerca a la realidad que se vive más allá de las grandes centros urbanos, donde los campesinos aún habitan como en la época de la colonia, donde la guerra se manifiesta a diario de diversas manera, donde el coraje se palpa en carne viva, y donde los sueños de paz sí son anhelo ferviente de sus pobladores.

 

Cuando el entonces presidente Pastrana acabó la zona de distención, fue cuestión de horas para que el ejército nacional retomara la extensa región. El país escandalizado por los reportes de los medios de comunicación aplaudió la presencia de los militares, pero ese mismo país nunca supo que pasó inmediatamente después del fracaso de los diálogos de paz del Caguán.

 

Tras más de diez años de lo sucedido, Desde Abajo recorrió parte de ese territorio que un día pretendió ser la zona donde se encubaría la paz que pondría punto final a la guerra que 'desde siempre' ha sacudido al país, habló con los campesinos y dirigentes cívicos que contaron las historias que Colombia nunca conoció.

 

El doctor López, es un veterinario que llegó a la región como todos, abriendo trocha, cuenta como pocos meses después del fracaso de Pastrana, el recién elegido Álvaro Uribe realizó el Consejo Comunitario en la región.

 

Con su voz ronca, el veterinario pidió la palabra y después de concedida dijo: "Presidente, yo le quiero decir que nuestros jóvenes están siendo asesinados. Sus cuerpos aparecen cortados con motosierras a orillas de los ríos, pero nadie sabe por quién. Yo sí sé quién los está asesinando: Sus hombres, los soldados de nuestro país, los están matando".

 

La denuncia dejó en silencio todo el auditorio. Ni el mismo Uribe fue capaz de interrumpirlo. Después levantó su mano y señaló a un hombre de civil que estaba sentado en la mesa directiva, la misma mesa donde se encontraba el Presidente, y dijo: "Ese hombre es John. Es el jefe de los paramilitares de esta región que entró con el ejército y si usted lo hace requisar le encontrará una pistola que esconde en la manga del pantalón, cerca al zapato". Y en efecto, se la encontraron.

 

Antes de terminar su intervención, sentenció: "Señor Presidente, si me pasa algo fueron sus hombres, esos hombres uniformados los que me mataron. Solo les pido que cuando lo hagan le entreguen mi cadáver a mi esposa para que no tenga que sufrir buscándome", entonces un fuerte aplauso estalló en el auditorio y varios campesinos respaldaron con vivas al denunciante.

 

Hoy, el doctor López cuenta esta anécdota con orgullo, como si hubiera vivido casi setenta años para hacerlo. Su acto le refrendó el reconocimiento de un pueblo que siempre lo ha querido.

 

El legendario San Vicente del Caguán

 

Llegar a San Vicente de Caguán no es fácil. Con el derrumbe de la carretera Neiva–Florencia, es obligatorio virar y tomar la trocha que conduce de Neiva a San Vicente. Si esta vía estuviera buena, los transeúntes se economizarían una vuelta de más de seis horas, pero es una trocha digna de la época de Bolívar.

 

De La Chorrera a La Campana, unos 25 kilómetros, nos bloquearon 19 derrumbes. Los campesinos tienen que desmontar las cargas de los carros, pasar el derrumbe como puedan y hacer transbordo al otro lado de la sopa de barro que transitaron, enterrando sus piernas más arriba de las rodillas.

 

Es una zona completamente abandonada por el Estado. No hay riego para los cultivos, ni carreteras, ni puentes no hay nada que recuerde que ese territorio también pertenece a Colombia. Paradójicamente, lo quebrado de la geografía permite todo tipo de cultivos. Desde plátano, arroz o aguacate típico de tierra caliente, hasta verduras de tierra fría, de todo, pero no hay quien compre.

 

Solo se recuerda a que país pertenece esta región por la gran cantidad de militares que se atrincheran sin permiso en las tierras de los campesinos. Su presencia hace parte de la pesadilla que viven los habitantes de esta tierra que un día intentó ser el laboratorio de paz de Colombia.

 

El gusto del comandante de turno

 

El control de los militares es tan marcado que hasta el color de la ropa de los habitantes es controlado por el comandante de turno. Negro, gris, café o carmelito y, por supuesto, verde, todos son prohibidos. Su uso puede generar una grave "equivocación" que le puede costar la vida.

 

Con las primeras sombras de la noche, el tránsito es restringido. Generalmente las seis de la tarde es el límite de tiempo para utilizar las trochas. Una moto que circule después de la hora establecida genera un operativo que se inicia con roquetazos contra las montañas vecinas al sector donde se detectó el transito "ilegal".

 

Una tras otra las explosiones retumban entre las montañas y son seguidas por el eco que agudiza el terror de los habitantes. Después, para completar la escena, varias horas de sobre vuelo de aviones de combaten y, finalmente, el silencio. El amanecer mostrará cuántos morteros impactaron en el ganado que, destrozado, servirá solo como alimento de los chulos. Así trascurren todas las noches.

 

Los derrumbes nos atrasaron en la llegada a San Vicente, así que nos tocó pedir posada en una cabaña cerca de la carretera. "Yo perdí recientemente una marrana que estaba ya a punto de parir y la mejor vaca lechera fue destrozada dos noches después. No pude salvar ni una pierna para comérmela porque los soldados estaban acampados muy cerca de donde explotó el disparo y no me dejaron pasar, pese a ser parte de mi finca", nos comentó el espontaneo samaritano.

 

Entre asombrados y asustados, muy temprano retomamos el camino bloqueado por otros dos derrumbes, tres horas después ingresó el vehículo al legendario San Vicente del Cagúan, que antes de ser la capital de la distensión tenía seis barrios y siete mil habitantes, hoy suman 61 los barrios habitados por sesenta mil personas.

Publicado enEdición 194
Jueves, 22 Agosto 2013 11:23

Richard Wagner: el genio renacido

Richard Wagner: el genio renacido

Richard Wagner nació en Leipzig, Alemania, el 22 de mayo de 1813, razón por la cual se celebran los 200 años de su nacimiento. Conmemoración válida, polémica, y necesaria.

 

Esta efemérides es del todo saludable para el fortalecimiento de la cultura de un país como Colombia, cerrado a ciertas tendencias y gustos artísticos, el hecho de que hoy se promueva escuchar a Wagner en foros, conciertos, seminarios, para conocerlo y reconocerlo; es algo en verdad novedoso.

 

Más aún, porque el artista alemán fue durante mucho tiempo, en Colombia y otros países, satanizado como el músico de Hitler (téngase en cuenta que Wagner murió en 1885), sobre todo su ópera "El Anillo de los Nibelungos" (impetuosa y de contenidos relacionados con la mitología germana) como la responsable del III Reich, de la Segunda Guerra Mundial y del holocausto. Después de esta guerra, e incluso hasta la década de 1990, una verdadera ola de paranoia y de persecución intelectual se desató contra cualquier manifestación favorable al músico alemán y a la misma mitología alemana. Se impuso así la visión de los grandes grupos económicos y de las clases sociales vencedoras en esta guerra.

 

Pero esta visión global, que incluía como es obvio a la cultura, no podía permanecer incólume, esas mismas clases no podían quedarse atrás, ya que llegaron y se impusieron cambios en la ópera –y la música en general–, y entonces para algunos resultó repelente y brutal lo decidido años atrás.

 

El hecho es que en el país gustoso, como es el de la ópera (tanto el que habita Bogotá, Medellín, Cali o Manizales), nunca se presentaron óperas de Wagner. Se escuchaban las oberturas de las óperas principales, pero de ahí no se pasaba. Se sabe que el Taller de ópera de la Universidad de Caldas intentó hacer una adaptación de "El Tanhauser", sin terminar el proyecto, el cual no fue posible, no solo por los problemas de logística que implica la monumental puesta en escena de una ópera del compositor alemán, sino sobre todo como manifestación de un problema político, y de política cultural.

 

Después de 1990, con la destrucción de la URSS, el mundo cambió, la bipolaridad se vino abajo, y aún a pesar del dominio de los EE.UU. sobre el mundo, la multipolaridad se fue abriendo caminos, propiciando que en el terreno de las ideas y de la cultura la diversidad esté a la orden del día. La reciente alianza de Cine Colombia con la Metropolitana Opera de New York (2008) permitió apreciar transmisiones en directo de la obra del compositor Richard Wagner. El 18 de julio de este año se presentó por primera vez en Colombia "El Tanhauser" bajo la batuta del venezolano Gustavo Dudamel y la Orquesta Simón Bolívar, de Venezuela. Teniendo en cuenta que las óperas de Wagner se estrenaron en la segunda mitad del siglo XIX; entonces, aunque tarde, bienvenidas sus óperas 180 años después.

 

Características de la obra de Wagner

 

En breves líneas miremos cuáles son los elementos de la música y de la ópera de Richard Wagner que tanto han repugnado a gran parte de la culta y sobria intelectualidad dominante colombiana. Pero habría que decir que esa actitud es tanto desde la derecha como de la izquierda.

 

Así como en el fútbol, el gusto internacional se orienta mayoritariamente por el Calcio italiano, la Liga inglesa, algo de la Liga española, pero el gusto por la Bundesliga alemana ha sido poco y hasta hoy se está conociendo y reconociendo, o sino obsérvese las reacciones al hecho de que la final de la Uefa Champions 2012 fue entre dos equipos alemanes. Aquí hay tanto de gusto como de política.

 

Con Wagner sucede algo parecido, el gusto colombiano ha sido por la ópera clásica sobre todo la italiana: Verdi, Toscanini, Donizetti y por los franceses; los demás como los rusos, ingleses o estadounidenses una rareza.

 

Richard Wagner fue un romántico y nacionalista al rescatar y proponer la mitología germánica como parte de la cultura popular alemana, además vivió durante el momento de la creación del II Reich del Canciller Otto Bismark tras la derrota de Francia en la Guerra franco-prusiana de 1870. Este evento dio lugar al surgimiento de la dinastía de los Hohenzollern y a la coronación del Káiser Guillermo I. Alemania inició así el camino de su unidad y hacia el desarrollo del capitalismo. Unos años antes Wagner compuso una obra nacionalista que dio para muchas polémicas: "Los Maestros Cantores de Nuremberg", obra que unió el nacionalismo, la crítica al capitalismo, algo de antisemitismo del que participaron todos los intelectuales en el siglo XIX y un deseo por un mundo mejor, donde los pueblos pudieran gobernarse a sí mismos; en todo caso su posición no fue favorable a la democracia occidental. Su obra niega que la democracia occidental sea el único sistema de gobierno que puede existir, y que les pudiera servir a los diferentes pueblos. Criticó, entonces, al sistema capitalista y la necesidad de la máxima ganancia y de la usura.

 

Wagner quiso un "arte total", drama, música, pintura y canto en una unidad, componía la música, la orquestación de las partituras, escribía los libretos y diseñaba las puestas en escena de sus poderosas óperas. Por medio de este arte total, quería hacer que el público cambiara sus pensamientos, sentimientos y la acción.

 


Este músico alemán creó el método del "leitmotiv" o ideas fuerza o temas fundamentales de forma sistemática, pues Mozart en "La flauta mágica" y Carl Von Weber en "El cazador furtivo" ya lo habían hecho de manera embrionaria. Esos temas son las guías para el espectador durante los actos, para que identifique, personajes, acciones, paisajes, lugares y sentimientos. Por ejemplo, en el "Anillo del Rin" son oro, anillo, amor, río, maldad. El libreto habla a la parte consciente del espectador y la música al subconsciente, al sentimiento, emociones y motivaciones.

 

De igual manera, Wagner llevó el estilo de orquestación de Beethoven, sobretodo el de la novena sinfonía, a sus máximas consecuencias, incluyendo 125 músicos, aumentando los metales y colocando la orquesta en el "foso" o debajo del escenario. Innovó en el arte de la disposición de los instrumentos, de dirigir a los músicos, y en la manera de interpretar las obras. Con el "Oro del rin" rompió con todos las formas anteriores de ópera, ya no escenas sino actos, no arias sino oberturas. Pero en la bella "Tristán e Isolda" música, drama, y voz van más allá, aquí la música es la expresión de lo tumultuoso, de energía difusa, de pasión carnal.

 

Wagner prefirió el poema popular al erudito, el mito a la historia, el instinto a la razón, y en esto les da la razón a los románticos antiguos alemanes como Herder.

 

La ópera wagneriana conquistó el mundo a pesar de la persecución por su temática y su música, que hostiga, entumece, halaga los sentidos y sume al espectador en verdadero éxtasis voluptuoso que puede devenir, según el gusto, en placer estético, tumulto pasional o reverencia sacra. Una hermosa música. Hoy en día no se respeta tanto el significado y contenido original de sus obras pues las ridiculizan con personajes como Disney, Superman y otros como parte de las puestas en escena, todo eso como parte de lo que llaman "desnazificar" sus obras.


 

Sus obras

Wagner compuso recitales, obras sinfónicas, marchas, música de cámara, Lieder, música para coro y para piano.

 

Sin embargo es más conocido por sus operas, como: las hadas, La prohibición de amar, Rienzi, El buque fantasma, Tanhauser, Lohengrin, Los maestros Cantores de Núremberg, El anillo de los Nibelungos ( El oro de Rin, las Valkirias; Sigfrido y El ocaso de los dioses), Tristán e Isolda, y Parsifal.

 

* Lo mejor de Wagner: http://www.youtube.com/watch?v=4i0TnNI6U-w


 

Recuadro

Términos en la ópera

Obertura: pieza musical que sirve de introducción a una obra (ópera, oratoria, concierto...) Las primeras óperas carecían de ella.
Aria: composición musical sobre cierto número de versos para que la cante una sola voz. Cada ópera tiene varias arias. Se suele aplaudir después de cada una de ellas.


Estilo recitativo: el que consiste en cantar recitando.


Cavatina: aria sencilla de corta extensión, consta de dos tiempos o partes. Son famosas la cavatina del Don Juan, de Mozart, y la del Barbero de Sevilla, de Rossini.

 

* Términos escogidos de la Enciclopedia Salvat, ed. 1955.

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La carta en la que Orwell explica “1984″

Nadie comprendió tan pronto el siglo XX como George Orwell.


 
Esta semana se ha publicado “George Orwell: A Life in Letters”. El libro contiene una carta fascinante donde Orwell explica la tesis principal de “1984″ que escribiría dos años después. Podéis leerla entera aquí.


 

Me temo que, desgraciadamente, el totalitarismo está creciendo en el mundo.


 
Hitler pronto desaparecerá, pero sólo a costa de fortalecer a: 1) Stalin, 2) los millonarios americanos e ingleses y y 3) todo tipo de pequeños “fuhrers” al estilo de De Gaulle.


 
[…]


 
En el mundo que veo venir, en el que dos o tres superpoderes controlarán el mundo, 2+2 será igual a 5 si el “fuhrer” de turno así lo desea.
 


[…]


 
La mayor parte de la élite intelectual inglesa se opone Hitler, pero sólo a cambio de apoyar a Stalin. La mayoría de ellos apoyan métodos dictatoriales, policías secretas y la sistemática falsificación de la Historia siempre que beneficie “a los nuestros”.


 
Pero si uno proclama que “todo es por una buena causa” y no reconoce los síntomas siniestros, en realidad sólo está ayudando a fortalecer el totalitarismo.
 


[…]


 
Desde que la guerra contra el totalitarismo comenzó en 1936 [Orwell combatió con los republicanos durante la Guerra Civil], creo que nuestra causa es la mejor. Pero para que continúe siendo la mejor, necesitamos una autocrítica constante.


 
Orwell escribió esta carta desde su casa en el barrio londinense de Mortimer Crescent el 18 de mayo de 1944. Dos semanas después, un misil V-1 alemán destrozaba Mortimer Crescent. Os cuento esto porque siempre me han fascinado los dos primeros párrafos de “The Lion and the Unicorn: Socialism and the English Genius” que escribió tres años antes. (En esa obra Orwell propone una revolución socialista y democrática en Inglaterra en oposición al estalinismo soviético).
 

 

Mientras escribo esto, seres humanos muy civilizados vuelan sobre mi cabeza tratando de matarme.


 
Ellos no sienten ninguna enemistad hacia mí como individuo. Yo tampoco hacia ellos. Sólo están “haciendo su tarea”, como dice el proverbio. La mayoría de ellos, no tengo ninguna duda, son buena gente y jamás cometerían un asesinato en su vida privada. Por otro lado, si alguno consigue matarme hoy, tampoco tendrá ninguna pesadilla. “Están sirviendo a su país” y eso parece que les absuelve de todo mal.

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“El Holocausto marca un corte en la cultura”

Contra la visión dominante sobre el Holocausto judío, que tiende más a verlo como expresión de un mal absoluto que a encontrar sus raíces históricas, el historiador Enzo Traverso intenta insertarlo en la evolución de las sociedades europeas que dieron a luz al racismo y al colonialismo.

 


–Enzo, podríamos comenzar por preguntarnos ¿por qué razón la memoria del Holocausto se transforma en lo que has llamado “una religión civil” y adquiere una dimensión tan importante recién en las últimas décadas del siglo XX, siendo que se trata de un proceso ocurrido en los años ’40?

 

–Esa transformación de la memoria del Holocausto en religión civil del mundo occidental está vinculada al fin del siglo XX que se puede datar con la caída del Muro de Berlín en 1989, el derrumbe de la URSS, el fin de la Guerra Fría. El siglo XX toma entonces un perfil de época de violencia, guerras, totalitarismos y genocidios. El concepto mismo de genocidio es forjado en el siglo XX, y entonces la memoria del Holocausto deviene un paradigma de la violencia, casi una metáfora del siglo en su conjunto.

 

–Eso representa una ruptura muy fuerte respecto de las lecturas dominantes en las décadas anteriores sobre la historia del siglo XX. Era común hablar entonces del siglo de las revoluciones, el siglo de la izquierda, de las grandes confrontaciones ideológicas y, de pronto, este nuevo proceso memorialístico lo considera un siglo de totalitarismos y de violencias que resultan difíciles de explicar.

 

–El humanitarismo se convierte en una categoría analítica que interpreta toda la historia del siglo y el pasado aparece como una confrontación binaria entre verdugos y víctimas. La violencia casi no se explica, se estigmatiza para, con una mirada bastante apologética, legitimar el orden político y económico: la sociedad de mercado y la democracia liberal como antítesis del totalitarismo. El siglo XXI empieza con la caída del comunismo y la toma de conciencia de que las revoluciones del siglo XX fracasaron. El siglo XXI comienza sin utopías y fue caracterizado como post ideológico. Todo el contexto favorece una focalización obsesiva sobre la violencia y las víctimas, olvidando las revoluciones fracasadas que son asimiladas a los totalitarismos.

 

–1989, año de la caída del Muro de Berlín, es también el del bicentenario de la Revolución Francesa, oportunidad para que buena parte de la intelectualidad y el mundo oficial europeo declarara, en palabras de François Furet, el fin de la Revolución Francesa y de la misma idea de revolución. Ese año, en Argentina, en ese contexto internacional de negación de la historia y las confrontaciones ideológicas, el presidente Carlos Menem trajo al país los restos de Juan Manuel de Rosas, personaje cuestionado por toda la oposición liberal, cuyos restos seguían en Inglaterra desde su muerte, en las últimas décadas del siglo XIX. Esa reparación histórica fue presentada como constatación de que habían desaparecido las contradicciones profundas entre los argentinos. Menem, que visitó ese año a Felipe González, Gorbachov y otros líderes, volvió diciendo: “En todas partes ya no se habla más del socialismo ni de la revolución, el capitalismo ha triunfado”. En ese momento se dictan los indultos a los comandantes condenados en el Juicio a las Juntas en 1985. El retroceso de las políticas de memoria en la Argentina se inscribe también en la visión de un mundo reconciliado, donde ya las ideologías han desaparecido y entonces tampoco tendría sentido que la historia argentina siguiera siendo un terreno de disputa. Para afirmar esto, con un gesto muy fuerte, Menem visita a uno de los jefes del golpe militar que derrocó a Perón en 1955, el almirante Rojas, e incorpora a su gobierno a otro de los dirigentes de ese golpe, el ingeniero Alsogaray, un economista ultrarreaccionario. Esto generó gran confusión política e ideológica, no sólo en el peronismo; a los argentinos nos costó reencontrar el rumbo y tener propuestas de futuro, y me parece que esto algo tiene que ver con el proceso que sufrió la tradición antifascista en Europa.

 

–Después de 1989 se tiene la ilusión del fin de la historia y se puede proceder a una reconciliación con el pasado. El menemismo participa, creo, de esa ilusión del siglo XXI, como siglo post totalitario que marcha hacia la prosperidad neoliberal y la democracia liberal como sistema. En España, viejos republicanos y miembros de la División Azul que Franco envió a Rusia con el ejército alemán desfilaron juntos, fraternizando los conflictos del pasado. En Italia, también se quiso acabar con el conflicto entre fascismo y antifascismo, diciendo que todos eran patriotas. Pero fue un momento, una etapa, porque el pasado aparece otra vez como matriz de memorias conflictivas. No ocurre lo mismo con el Holocausto, porque es la memoria de un genocidio universalmente reconocido y el nazismo está condenado por la historia, no es un pasado de guerras civiles que todavía producen conflictos en el presente. El éxito de la memoria del Holocausto está vinculado con su dimensión relativamente a-problemática, no conflictiva, consensual.

 

–En el caso argentino, el Holocausto fue una referencia importante, conocimos esta nueva orientación memorialística, pero otras influencias actuaron en sentido contrario, incluso dentro de la cultura judía. Por ejemplo, los trabajos de Yerushalmi sobre la tradición judía contribuyeron a conformar un deber de memoria. El pueblo judío, cuando era el pueblo del libro, que no tenía un territorio, un Estado, reafirmaba su identidad a través de esta memoria de los libros sagrados. Esto en un país donde la influencia de la cultura judía es importante y donde tuvimos en ese década de 1990 dos atentados muy serios contra la embajada y contra la mutual judía. Entonces si la influencia de la memoria del Holocausto en Europa podía tener a veces un sentido deshistorizador o despolitizador, la cultura judía jugaba a favor de la afirmación, de la necesidad, de la memoria. Y también fue muy importante la influencia de Walter Benjamin, con esa curiosa mezcla de marxismo herético y mesianismo judío, para que pudiéramos pensar que, lejos de considerar cerrado el pasado, es posible recuperar la historia de los vencidos.

 

–El éxito del libro muy conocido de Yerushalmi está vinculado sobre todo con su título: Zachor (recuerda, no olvides). Aparece como una especie de amonestación a la memoria, el deber de memoria. Y, como decías, es también la época en que Benjamin aparece como referencia para pensar una articulación nueva entre historia y memoria. En este cambio de siglo, cuando el XX aparece como un siglo que se acabó y al mismo tiempo sigue tan presente en la memoria de los individuos y de las sociedades, separar historia y memoria se hace problemático, artificial. Por décadas el Holocausto apareció como una dimensión marginal de la historia de la Segunda Guerra Mundial. Y pasó tiempo para que esa experiencia, ese acontecimiento, se grabe en la conciencia histórica europea. Y entonces esa focalización obsesiva sobre el Holocausto es también un intento de recuperar el retraso, una Europa que quiere expiar su pasado. La conciencia de ese pasado y la voluntad de expiarlo produce esa transformación del Holocausto en objeto de culto, con una memoria que toma rasgos de religión civil sacralizada, ritualizada con sus propios símbolos y liturgias.

 

–La afirmación del Holocausto como religión civil pone como figura central a las víctimas. Y esto permite hacer un paralelo con el caso argentino en los primeros años del restablecimiento de la democracia. Entonces se afirmó la llamada Teoría de los Dos Demonios, que sostenía que frente a los militares golpistas otro sector desarrollaba también la violencia y, aunque se señalaba que la criminalidad de los dictadores era mayor, ambas violencias eran condenadas y, frente a esa condena de los extremos, aparecía una sociedad inocente, sin ninguna culpa, que tampoco parecía haberse enterado o haber entendido demasiado lo ocurrido. Esto hizo que se estudiara poco el período anterior a la dictadura, que era lo que hubiera permitido explicar la irrupción militar y llevó a homenajear a las víctimas como tales, ignorando que la gran mayoría de ellas eran militantes de un proyecto que la dictadura había venido a enfrentar. Esto es muy parecido a lo que pasa en España, cuando Rodríguez Zapatero dice: “Me interesan las víctimas no importa de qué sector sean”, como si hubiera sido lo mismo pelear por Franco que por la República. Pero esa explicación de la dictadura con la Teoría de los Dos Demonios resultó insuficiente frente a la demanda de una sociedad que quería justicia, la que se estaba negando a través de los indultos y las leyes de impunidad, y reclamaba una explicación más seria. Era necesario saber por qué había venido el golpe, qué habían tenido que ver otros sectores civiles, empresariales, eclesiásticos, incluso se interrogaba –y nos seguimos interrogando– también sobre el comportamiento político de los sectores que fueron víctimas de la represión. Me interesó mucho un trabajo tuyo sobre la dificultad que existe en Europa para asociar las víctimas y los luchadores, que es lo que se supone que fueron la mayoría de aquéllas. Creo que en esto hemos avanzado mucho en Argentina desde el 2003 con las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. El fin de la impunidad significó también un avance en el conocimiento y la comprensión de la historia reciente.

 

–Yo no tengo mucha familiaridad con esos debates argentinos alrededor de la Teoría de los Dos Demonios, pero siempre me pareció una especie de transferencia, en el contexto argentino, de la teoría del totalitarismo que identifica comunismo y fascismo como dos caras de la misma moneda. La violencia del estalinismo y la violencia del nazismo son cualitativamente distintas, reunirlas en una misma categoría me parece desde un punto de vista historiográfico muy discutible. Pero en el caso de la Argentina, aun más, porque la teoría de los dos demonios establece una identidad entre la violencia de las organizaciones que practicaban la lucha armada y la violencia del terrorismo de Estado, dos fenómenos cuya unión en una categoría me parece epistemológicamente absurda. No soy un apologista de la lucha armada o un nostálgico, pero hay que historizar, comprender un contexto argentino y latinoamericano. Organizaciones políticas que trabajaban en una revolución popular, para movilizar la sociedad. El terror del Estado tenía una amplitud y un objetivo totalmente diferentes: aterrorizar a la sociedad para establecer un régimen autoritario y una dictadura. Entonces es una teoría que me parece que oculta más que esclarece el pasado. La violencia del Estado en el caso de la dictadura argentina quería disciplinar a la sociedad en su conjunto, imponer un régimen autoritario, pero golpeaba prioritariamente a luchadores. Recordarlos exclusivamente como víctimas de un régimen que aplastaba los derechos humanos me parece una operación cuestionable. Un niño que murió en una cámara de gas es una víctima y no se puede definir de ninguna otra manera, pero no es el caso de un militante de una organización judía de izquierda que participó en la insurrección del gueto de Varsovia. Recordarlos exclusivamente como víctimas constituye una pobre interpretación del pasado, reducido a una confrontación entre los verdugos y las víctimas, y éstas no siempre son pasivas, pueden ser sujetos políticos. Se dibuja otra tipología más compleja introduciendo la categoría de los vencidos: perseguidos por lo que hacían y no solamente por lo que eran. La memoria del Holocausto se impuso como una memoria que ignora los diferentes sujetos de la historia y habría que reintroducirlos. Mi impresión es que en la Argentina se hace un trabajo muy interesante de historización de la década de los ’60 y ’70, de superación de la etapa de la mera o exclusiva conmemoración, hay una necesidad ético-política de una piedad para los muertos, pero se va más allá. Hay una necesidad de comprender lo ocurrido. Me parece que en la Argentina se hace ese trabajo mucho más que en Europa con respecto al Holocausto, a la Segunda Guerra Mundial, a la resistencia.

 

–Sí, en el caso argentino, la Teoría de los Dos Demonios y la figura de la víctima sin más connotaciones históricas ni políticas empieza a perder vigencia a mediados de los años ’90. En ese momento surgen estudios y, también obras de teatro, ficciones, películas que empiezan a problematizar la memoria de la dictadura y de las luchas populares anteriores y algunos trabajos muestran que el objetivo de la dictadura no era solamente enfrentar a la guerrilla sino desarrollar lo que podríamos llamar un proyecto de reestructuración regresiva y disciplinamiento de la sociedad. Aparecen trabajos de investigación periodística pero después también de los historiadores sobre el período de los años ’70 y la dictadura y ahí nos introducimos en la discusión acerca de la relación entre historia y memoria y se plantea la pregunta acerca de si es posible hacer historia reciente. Y en el caso argentino era historia muy reciente. La obra de Pierre Nora, muy influyente entonces, planteaba una separación muy drástica entre historia y memoria: sólo se podría hacer historia de un objeto que ya se ve como absolutamente distante, congelado. Y en la Argentina estaba absolutamente presente y caliente. Sin embargo se empezó a hacer historia sobre ese periodo y los historiadores que empezaron a trabajar sobre los años ’70 tuvieron que imponerse una tarea de reflexión crítica muy fuerte en torno de un material que era, fundamentalmente, testimonial. Y también algunos plantearon que el testimonio era subjetivo, que el testimonio no podía servir como base para el trabajo de la historia, lo cual hubiera sido muy complicado en la Argentina, porque dado que la dictadura había ocultado las constancias de archivos –en la mayoría de los casos, hasta el día de hoy, no se han podido recuperar– la materia prima con la que se trabajaba, el insumo, eran los testimonios.

 

–En el caso de América latina, en la época más reciente, el estudio de las décadas de los ’70 y los ’80 estableció una reflexión nueva y muy fructífera sobre la relación de historia y memoria, problematizando esa dicotomía. Los investigadores empezaron a advertir que para comprender esa violencia había que utilizar a los testigos como fuentes. Raúl Hilberg, gran historiador del Holocausto, tomó la decisión de ignorar los testigos, trabajando exclusivamente archivos. Hizo un trabajo extraordinario, pero al mismo tiempo muy frío: reconstruye el Holocausto en su anatomía, en sus estructuras, pero no como proceso en el cual los protagonistas tienen su voz, su subjetividad, una manera de actuar de reaccionar, de participar. Y para hacer eso hay que introducir la memoria. E introducir la memoria no es fácil porque el testigo habla como representante de las víctimas que no tienen voz para hablar. Entonces hay como una sacralización del testigo, y entonces es difícil discutir esa versión. Pero un investigador tiene que trabajar sobre los testimonios como fuentes. Y debe verificarlas, contextualizarlas, porque tienen contradicciones: las fuentes y la memoria oral son, por su propia naturaleza, subjetivas. Como dice Primo Levy, el testigo percibe una parte muy pequeña de un proceso mucho más amplio. Pero al mismo tiempo creo que es imposible trabajar sobre esos acontecimientos sin tomar en cuenta los testigos.

 

–Quizás, Enzo, sería importante para contextualizar lo que venimos charlando recordar algunos aspectos de tu formación y tus primeras inquietudes. Empezaste trabajando sobre los marxistas y la cuestión judía y los dos temas resultan hoy importantes para discutir: cómo se ve la doctrina de Marx después de la llamada crisis del marxismo y la relación intelectual muy fecunda y muy particular que has establecido con el pensamiento judío de Europa central. Autores como Walter Benjamin, Adorno, Hannah Arendt, con quienes hay un diálogo importante en tus trabajos. Fuiste conocido en la Argentina por un reportaje que te hizo la revista Políticas de la Memoria, en 2005, donde afirmabas que después de lo ocurrido sólo puede pensarse en un marxismo melancólico y utópico. Esto da cuenta de que ha habido una derrota y que hay muchas cosas que cuestionar y repensar. Y por otro lado, en el descubrimiento de Benjamin en la Argentina tus libros han sido una ayuda significativa. Tu rescate del pensamiento judeoalemán no excluye una visión crítica de estos autores. Estoy pensando en Hannah Arendt, de quien destacás aportes importantes y, al mismo tiempo, criticás también su concepción sobre el totalitarismo.

 

–Marxismo melancólico es una definición que tomo prestada de un amigo que falleció hace poco tiempo, Daniel Bensaid. Esa definición es muy benjaminiana porque hay en la obra de Benjamin una reflexión sobre la melancolía que es también una postura epistemológica. Es la toma de conciencia del fracaso de las revoluciones. En Europa, Asia y Latinoamérica hubo revoluciones con sus particularidades políticas y culturales, estrategias muy diferentes, pero todas tenían una filosofía de la historia como presupuesto. Una visión de la historia como marcha hacia la emancipación de la humanidad en su conjunto. Una visión teleológica, la historia con su orientación, su dirección. Y también había un modelo de revolución, un paradigma militar, la revolución es el pueblo que toma las armas para luchar y liberarse. Y esa visión global de las revoluciones y ese modelo también fracasaron. Y entonces pensar un cambio, una trasformación del mundo es una necesidad. Pensar la posibilidad de una nueva utopía de cambio requiere un balance crítico de las experiencias revolucionarias del siglo XX. Ese balance se carga de una melancolía muy grande, es la memoria de los vencidos, de esos combates tan grandes, tan generosos, que movilizaron millones de seres humanos. Y hay que tratar de que esa melancolía por la derrota no se transforme en una contemplación pasiva de las catástrofes del pasado. Hay que mantener una perspectiva de transformación, de innovación, de invención, de imaginación utópica. Una tradición de pensamiento crítico, marginal al siglo XX, ahora toma una importancia muy grande. La Escuela de Frankfurt participa de esa aventura del marxismo en el siglo XX, pero en una perspectiva marginal, herética, dialéctica, que no acepta esa visión teleológica de la historia. Benjamin tiene una sensibilidad muy grande con respecto a los vencidos de la historia, mucho más preocupado por guardar las memorias de los vencidos que por celebrar los éxitos de los vencedores.

 

–La concepción hoy dominante sobre el Holocausto no ofrece explicaciones históricas muy claras de cómo pudo producirse. Esas explicaciones seguramente deben buscarse en las crisis del Viejo Mundo pero también en los ejercicios de poder y de violencia que las naciones europeas hicieron en sus colonias. Los campos de extermino aparecen antes en el mundo colonial que en Europa. Es interesante que hayas integrado el colonialismo entre los antecedentes de la violencia nazi. Algo que no ha sido común entre los pensadores europeos.

 

–Latinoamérica puede jugar un papel de transmisión muy importante, porque creo que el peso de la derrota es mucho más fuerte en Europa que aquí. En ningún lado se resiste al neoliberalismo como en América latina. Hay que reconocer el fin del eurocentrismo, Europa hace mucho comprendió que no es más el centro del mundo y, desde un punto de vista geopolítico y económico, la provincialización de Europa ocurrió hace décadas. Pero todavía siguió pensándose culturalmente, intelectualmente, como el centro del mundo. En cuanto a la inteligencia judía de Europa central, fue una cuña del pensamiento crítico, de vanguardia, porque esa inteligencia estaba profundamente integrada en las sociedades, en las culturas europeas y al mismo tiempo tenía una posición marginal, por causa del antisemitismo, de la estigmatización. El encuentro entre los judíos y el marxismo se hizo en ese contexto. Después de la Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo declinó y ésa es una muy buena cosa. Europa se liberó de ese demonio que la había impregnado por siglos. Pero la inteligencia judía, todavía poderosa, no es más empujada hacia la revolución, la crítica, el anticonformismo. El siglo que fue en su primera mitad de Trotsky, la figura simbólica de la revolución, se vuelve en la segunda mitad el siglo de Kissinger, el estratega de la contrarrevolución. Existe, por supuesto, una tradición de pensamiento crítico judío, en la Argentina, es una tradición que se perpetúa, a pesar de que las condiciones históricas que la generaron no existen más.

 

–Enzo, estamos en el Centro Cultural de la Memoria, y aquí se hacen trabajos de reflexión, de investigación, de estudio, pero también abordajes creativos, artísticos, literarios, en relación con los temas de la memoria, del horror. Y esto, necesariamente, nos ubica en un gran debate que se dio en Europa. Esta idea del Holocausto como algo inefable, de lo que no se puede o no se debe hablar, que no se puede representar, que no justifica o legitima abordajes artísticos, o literarios. Y que entonces tampoco se puede explicar. Aquí en la Argentina también hubo algunas resistencia a la idea de que se podía hacer por ejemplo ficciones sobre la dictadura y también se discutió en torno de la creación de nuestro Centro Cultural. De alguna manera, estas discusiones son tributarias de la discusión europea que llegó a afirmaciones tremendas, como aquella frase de Adorno “no se puede hacer poesía después de Auschwitz” –que él mismo relativizó después– o la de Claude Lanzmann, que hace una película monumental sobre la Shoá y después dice que no hay nada que explicar, no hay ningún para qué que tenga sentido plantearse. Esta es una discusión que no está del todo agotada en la medida en que subsiste esta idea del Holocausto como fenómeno único que no podría compararse, y si no puede comparase no se puede estudiar, no se puede pensar.

 

–Esos son planteamientos que yo critico porque me parece una forma de oscurantismo. Y desde un punto de vista pedagógico son aberraciones, ¿cómo explicar a los niños que hay que recordar un acontecimiento que no se puede explicar? El Holocausto como acontecimiento impensable, irrepresentable, inexplicable, normativamente incomprensible. Curiosamente, muy pocos acontecimientos han sido objeto de tantas representaciones de todo tipo, literario, fotográfico, cinematográfico, plástico. Hay también que contextualizar el aforismo de Adorno, lo que quería decir no era que no se puede escribir una poesía después de Auschwitz, sino que no se puede más escribir poemas como se hacía antes. El Holocausto marca un corte en la cultura. Y la cultura no puede seguir, no puede producir obras de arte sin expresar esa herida que el Holocausto produjo en el cuerpo, en este caso de Europa. La mirada de Adorno era más universal, el Holocausto como metáfora de las violencias del siglo en su conjunto.

 

–Un episodio por grave o importante que fuera y por tremenda que haya sido su influencia en la historia y la cultura universal, como es el caso del Holocausto, no puede dejar de ser comparable con otros.

 

–La memoria del Holocausto no puede simplemente ser el paradigma con respecto al cual las otras memorias de violencias o de traumas puedan definirse. Hay que dialogar con otras experiencias que pueden tener el mismo papel en otros contextos. Ese discurso sobre el carácter irrepresentable coexiste hoy con la apropiación del Holocausto por Hollywood, es una paradoja. Entonces hay que salir de ese discurso, que es estéril. Para comprender el Holocausto hay que compararlo y abandonar una visión teológica, religiosa, de la memoria. Por supuesto es necesario comparar las violencias del nazismo y del stalinismo. Esas violencias no se pueden explicar separadas una de otra, pero al mismo tiempo las diferencias son muy grandes, desde las ideologías que las inspiran, las víctimas y los enemigos que eligen, las estructuras, los sistemas de poder. La comparación para ser fructífera tiene que destacar las afinidades y las diferencias. Y la categoría del totalitarismo aplasta todas las diferencias. Por supuesto se puede comparar la violencia de la dictadura militar en Argentina con la violencia del nazismo, y eso explicaría también las diferencias profundas que existen entre esos dos tipo de violencias.

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El Caribe reclama a Europa una compensación por la esclavitud

Los cálculos más conservadores indican que al menos doce millones de africanos fueron secuestrados en la costa occidental de su continente y transportados en barcos negreros europeos hacia las colonias de América, entre los siglos XVI y XVIII. No todos sobrevivieron a la travesía y quienes llegaron con vida, labraron en condiciones de esclavitud las plantaciones de los imperios de España, Inglaterra, Holanda, Francia y Portugal en el Nuevo Mundo. Las naciones que conforman la Comunidad del Caribe (Caricom) atribuyen el origen de su actual pobreza material a la esclavitud y al genocidio perpetrado en aquellos tiempos. Por eso han decidido emprender un proceso jurídico contra Inglaterra, España, Francia, Holanda y Portugal, en reclamo de una compensación económica y de inversión en planes de desarrollo.


 
“Estamos enmarcando la discusión de las reparaciones en la discusión acerca del desarrollo. No estamos hablando de una confrontación, sino de llevar nuestro caso a la Corte Internacional de Justicia para negociar”, ha explicado a EL PAÍS la historiadora Verene Sheperd, quien dirige la Comisión de Reparaciones de Jamaica. En su más reciente cumbre, celebrada en Puerto España el 4 de julio pasado, los líderes de la Comunidad del Caribe acordaron establecer comisiones de reparación en cada uno de los 15 países miembros del bloque donde no existiese alguna. El siguiente paso será la celebración de una reunión conjunta, pautada para la primera semana de septiembre en San Vicente y las Granadinas, donde algunos de los primeros ministros del grupo debatirán junto a abogados y especialistas en historia económica la estrategia a seguir.


 
No es un asunto de dinero, sostiene Sheperd, sino de acordar mecanismos de compensación que contribuyan al desarrollo de los Estados reclamantes. “Antes que nada, queremos que Europa se disculpe, pues hasta ahora han emitido declaraciones de arrepentimiento, pero ningún país se ha disculpado. Luego queremos infraestructuras para el desarrollo: escuelas, centros de salud, carreteras, hospitales. Y queremos que acabe el racismo”, ha dicho la historiadora.


 
La firma inglesa Leigh Day & Co. ejercerá la representación de la Comunidad del Caribe, según ha informado el primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, este martes, en entrevista con el diario Trinidad and Tobago Guardian. “Durante más de 30 años ha existido un movimiento que se originó en las bases de la sociedad civil, entre intelectuales y profesionales, que han reclamado reparaciones por el genocidio de sus nativos y por la esclavitud”, ha dicho Gonsalves, quien presidirá la reunión fijada en septiembre, en la que también participarán la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad Bissessar, y los presidentes Michel Martelly de Haití, Donald Ramotar de Guayana y Desi Bouterse de Surinam.


 
En junio de 2013, la firma Leigh Day & Co. se anotó una victoria en un caso similar, al lograr que Reino Unido admitiese haber torturado a más de 5.000 rebeldes de la guerrilla keniana Mau Mau entre los años 1952 y 1960. Como resultado, las víctimas y sus sobrevivientes obtuvieron una compensación que sumó 30,5 millones de dólares.


 
Entre 2004 y 2011, Jamaica, Guyana y Antigua y Barbuda también han intentado, sin éxito, obtener algún tipo de compensación de parte de los países europeos involucrados en el tráfico de esclavos en tiempos de la colonia. “Hoy el llamado a reparaciones está comenzando a formar parte de la conciencia nacional en San Vicente y las Granadinas, a través del debate público, en los programas de radio, en los diarios”, sostiene el primer ministro Ralph Gonsalves.


 
Los países del Caribe involucrados en este nuevo reclamo contra Inglaterra, España, Francia, Holanda y Portugal por esclavitud y genocidio aún no han fijado el monto de la compensación a la que aspiran. Existen, sin embargo, algunos antecedentes. En 1999, la African World Reparations and Repatriation Truth Commission exigió a Occidente el pago de 777.000 millones de dólares a los países africanos que fueron esclavizados durante el periodo colonial. “Sabemos que nunca obtendremos esa cantidad de dinero, pero al menos debemos encontrar la manera de aliviar la pobreza del Caribe y hacer algo a favor del desarrollo de una infraestructura social. Si queremos alcanzar la paz mundial, este es uno de los caminos”, opina Verene Sheperd.


Por aye Primera Miami 3 AGO 2013 - 21:28 CET

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“Me gustaría que el lector pudiera ver lo que cuento”

Un año calendario. Los días que pasan a ser memorables de ese año, de un extremo a otro de los siglos y del planeta. Hechos salpicados que marcaron una historia que es de este modo vuelta a contar, como postales cotidianas o recortes que ponen el foco en un lugar que quizá había pasado inadvertido. De eso está hecho Los hijos de los días, el libro que Eduardo Galeano presentó en sociedad el año pasado. Pequeñas crónicas literarias que van tejiendo un devenir que adquiere densidad propia. Y como las artes del escritor uruguayo trascienden también a las de un gran contador de historias, fue posible luego volverlo un libro narrado, y a través de la pantalla. Fue en Los días de Galeano, una serie que produjo y emitió el Canal Encuentro, y que Página/12 ofrece ahora en dos DVD, mañana y el próximo domingo, con la figura excluyente del escritor como anfitrión de estos días.

 

Con la voz y la cadencia narrativa de Galeano como vehículo, las historias van circulando con énfasis propio de capítulo a capítulo. Cada relato corresponde a un día, “de cualquiera de los años de este mundo donde todavía se abren caminos al tiempo y a las pasiones humanas”, según explica su autor. Y así el creador de Las venas abiertas de América latina va tomando, en un azar que también tiene cadencia propia, un día del mes tal, del año tal, y las historias se van sucediendo. Rosa Luxemburgo y el zapato que perdió minutos antes de ser asesinada. El fusilamiento de Osama bin Laden, llamado “Operación Gerónimo”, y el Gerónimo que fue jefe de la resistencia de los apaches. El poeta salvadoreño Roque Dalton –“un gran jodón”–. Uruguay y el fútbol. La creación y el genio humano. Todo un mosaico de circunstancias y personajes en los que Galeano hace gala de su erudición y su pasión por la historia, para volverlos literatura.

 

Se presentan también entrevistas en las que Galeano da cuenta de sí mismo y de sus circunstancias. De sus influencias como escritor, por ejemplo: “Tuve una infancia muy marcada por la influencia de Salgari. Después supe quién había sido ese hombre que me invitó a viajar por el mundo, gracias a él yo conocí los siete mares –cuenta–. Me presentó a sus amigos, todos productos de su imaginación. Años después supe que este hombre nunca se había movido, no había ido a ninguna parte, pero viajó a todas, y me invitó a acompañarlo. Siendo yo chiquito, conocí los muchos mundos del mundo”. “Lo más importante que en mi vida aprendí de la literatura proviene de aquellos libros de infancia, de los viajes de Salgari, y después los cafés de Montevideo”, asegura también. “Allí había narradores orales, verdaderos maestros en el arte de contar una historia, de tal manera que lo que se contaba volviera a ocurrir cuando era narrado. Esta era una victoria sobre la muerte: el arte de la resurrección.”

 

En el relato aparece también Juan Carlos Onetti, una de las referencias literarias que Galeano suele evocar, y también uno de sus grandes amigos, según recuerda: “Tuve la suerte de conocerlo, tenía fama de erizo, de ser un tipo pinchudo, insoportable, pero conmigo siempre fue cariñoso. Quizá porque yo le aguantaba el vino: bebía unos vinos de cirrosis instantánea, y yo era de los pocos que se lo aguantaba, aunque mi hígado protestara a viva voz”, recuerda Galeano.

 

O las charlas en Estados Unidos, en las presentaciones de su libro, donde pedía, antes de comenzar: “Por favor, ¡no me salven! Cada vez que ustedes han salvado a un país, ha sido un desastre”. “La única invasión que sufrieron en su historia fue la de Pancho Villa, que duró un día. ¿Cómo es posible que un país que sólo fue invadido una vez, e invadió a otros cientos de veces, tenga un ministerio de guerra que se llama ministerio de defensa, y un presupuesto de guerra que se llama presupuesto de defensa? ¿Defensa contra quién? Para mí éste es un enigma más inexplicable que el misterio de la santísima trinidad”, reflexiona.

 

En el mismo tono distendido y afectuoso en el que se lo puede ver en los capítulos de Los días de Galeano, el uruguayo conversa con Página/12.

 

–A pesar de que suele narrar sus textos en público, hacerlo frente a una cámara, con reglas de documental, habrá sido una experiencia diferente. ¿Le resultó fácil la tarea?

 

–Fue una experiencia lindísima, como las lecturas en público, siento el vaivén de la respiración de quienes reciben las palabras, aunque en el caso de las grabaciones el público es intangible y está lejos, pero yo lo siento ahí nomás, cerquita. De todos modos, ya dos series de grabaciones han sido suficientes, estoy feliz pero cansado. Necesito buscar refugio en mi casa, lejos de las cámaras, un refugio hecho de paredes de papel, papeles en blanco que exigen las palabras por mí prometidas, y que sean escritas a mano, de puño y letra.

 

–Dice que los narradores ejercen “el arte de la resurrección”, haciendo que lo que narran vuelva a ocurrir cuando es narrado. Es un hermoso piropo para un narrador. Y usted, ¿cuál fue el piropo más lindo que recibió?

 

–En la feria de mi barrio de Montevideo, una viejita: “Usted pinta escribiendo”. Quise agradecerle de rodillas, pero por suerte evité el papelón. En realidad, yo siempre quise ser pintor, no escritor, y por eso me emocionó la frase. Me gustaría que el lector pudiera ver lo que cuento, personas, paisajes, colores, sombras, y hasta le diría que me gustaría que mis palabras fueran capaces de tocar a quien las lea, palabras tocantes y tocadas, palabras queridas y querientes.

 

–Seguramente esta serie abre sus relatos a otro público, diferente al del libro. ¿En qué público piensa como receptor?

 

–Las palabras dichas y las palabras escritas quieren multiplicarse dentro de quien escucha o lee. Son diferentes formas de comunión entre el autor y el lector, que después cobran vida propia. Sea como sea, palabras dichas o escritas, salen de mí para entrar en otros, o en otras. Yo no escribo para mí. Esta fue la única bronca que recibí de mi maestro Onetti, que decía y repetía que él escribía para alguien que se llamaba Onetti. Yo cometí el atrevimiento de proponerle que me diera sus originales y yo se los mandaría por correo, a su nombre y dirección. Nunca lo vi tan enojado.

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La ONU da un espaldarazo a las reivindicaciones de los mapuches

“Chile no está enfrentando ninguna amenaza terrorista”, aseguró Ben Emmerson, relator especial para la ONU de derechos humanos y libertades fundamentales en la lucha contra el terrorismo. En el marco de las reivindicaciones de tierras y las protestas para lograr mayor autonomía por parte de grupos mapuches —la mayor etnia chilena— en el sur del país, el funcionario de la ONU exhortó al Gobierno y al poder judicial a dejar de aplicar la Ley Antiterrorista y, en cambio, pidió que se utilizaran las leyes comunes en la decena de casos hoy en curso contra 85 indígenas. Tras una visita oficial que comenzó el 17 de julio, Emmerson dio a conocer las observaciones preliminares de su trabajo en una rueda de prensa que realizó en la sede de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en Santiago de Chile, donde dijo que ley se ha aplicado de modo discriminatorio y confuso, “lo que ha resultado en verdadera injusticia, ha menoscabado el derecho a un juicio justo y se ha percibido como estigmatizante”.


 
A juicio de Emmerson, quien cree que seguir por el mismo camino podría causar “una violencia generalizada” en el sur de Chile, “la legislación se ha convertido en parte del problema y no parte de la solución. Se ha aplicado de forma desproporcionada contra los defendidos mapuches y se ha implementado sin una política coherente y objetiva”.
 


Dictada en 1984 durante la dictadura de Pinochet para enfrentar a grupos de resistencia, la Ley Antiterrorista castiga con penas mucho más severas respecto a la legislación ordinaria casos de homicidios, secuestros, incendios y detonaciones de artefactos explosivos. En la práctica, entre otras desventajas procesales, la norma implica la utilización de testigos sin rostro en los juicios y, previo a estos, permite periodos más extensos de prisión preventiva.


 
Después del retorno a la democracia en 1990, la ley se ha aplicado sobre todo en casos contra activistas mapuches, quienes —entre otras demandas, como protección de sus lugares sagrados y derechos de aguas— reclaman la restitución de los territorios despojados por la fuerza por el Estado chileno. Según el periódico La Tercera, los incidentes —enfrentamientos con la policía, ataques incendiarios a camiones y casas y cortes de caminos— aumentaron un 76% entre 2009 y 2012 en la región de La Araucanía, ubicada a 700 kilómetros al sur de la capital. En la zona viven 500.000 mapuches, mientras que en todo Chile son 1.500.000, poco más del 10% de la población total del país.
 En 2009, durante el Gobierno de Michelle Bachelet —la más probable ganadora de las elecciones presidenciales de noviembre próximo—, que también recurrió a la normativa en casos de violencia en La Araucanía, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la ONU ya había instado al Estado chileno a no aplicar la polémica ley contra mapuches.


 
Tras su visita de 14 días a Chile, Ben Emmerson pidió además un reconocimiento constitucional para el pueblo indígena dentro del Estado chileno y, “en un plazo definido y relativamente breve”, llamó a crear una “estrategia nacional” para afrontar el conflicto a largo plazo.


 
Además, el relator de la ONU pidió terminar con el uso de la fuerza excesiva por parte de la policía en los allanamientos a las comunidades e hizo hincapié en la impunidad de la violencia contra los indígenas, destacando el caso de Matías Catrileo, un activista mapuche muerto en 2008 a causa del disparo de un carabinero. El agente no fue dado de baja de inmediato de la institución luego de ser identificado.


 
Lorena Fríes, directora del Instituto Nacional de Derechos Humanos, organismo autónomo del Estado chileno, comentó a este diario que se encontraba satisfecha con los planteamientos de Emmerson, pues apuntan a solucionar los problemas urgentes en la zona y también, a largo plazo, insta al futuro Gobierno —que tomará posesión en marzo del año próximo— a ofrecer una solución integral al conflicto. “Coincidimos en que, sin defender la impunidad, creemos que judicializar el problema no es la forma de resolver el conflicto entre el Estado y las comunidades mapuches”, dijo Fríes.

 

Por Rodrigo Cea Santiago de Chile 31 JUL 2013 - 22:42 CET

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“Juzgar a Ríos Montt, avance pese a todo”

En un barrio clasemediero de Guatemala, la capital, frente a un zaguán metálico negro, se estacionan permanentemente tres patrullas de la Policía Nacional. Custodian a una juez, Iris Yassmín Barrios, a quien correspondió el pasado 10 de mayo dictar la siguiente sentencia, previa al consabido martillazo en una sala de audiencias:

 

“Que el acusado José Efraín Ríos Montt es responsable como autor de los delitos contra los deberes de la humanidad y genocidio, cometidos en contra de la vida e integridad de los pobladores civiles de las aldeas y caseríos ubicados en Santa María Nebaj, San Juan Cotzal y San Gaspar Chajul. Por tal delito debe imponérsele la pena de 30 años de prisión inconmutables”.

 

Pese al despliegue de seguridad en el exterior, la casa es pequeña, muy modesta. Ahí vive con su madre la doctora en jurisprudencia que resolvió la querella por los hechos ocurridos 31 años antes, en la región ixil guatemalteca. El juicio revistió características históricas: nunca un magistrado había reconocido el delito de genocidio y sentenciado a un ex jefe de Estado con una pena de ese calibre.

 

Pero también fue una sentencia fugaz: 10 días después, con la anuencia de tres magistrados y el voto en contra de otros dos, la Corte de Constitucionalidad (CC), la más alta instancia judicial en Guatemala, anuló el fallo alegando errores procesales.

 

Muchos expertos penalistas sostienen que la CC rebasó sus facultades y que su decisión fue ilegal. Pero las cúpulas del poder económico, político y militar respiraron aliviadas, una vez restituida la impunidad.

 

–Nada menos que la primera sentencia por genocidio contra un ex jefe de Estado por parte de un tribunal nacional. ¿Usted estaba haciendo historia en ese momento?

 

–Estaba haciendo justicia, nada más.

 

–Ese día…

 

–Salí tempranito de casa, como siempre, muy consciente de mis actos.

 

–¿Llevaba preparado su discurso?

 

–No, porque el código procesal penal establece un orden en nuestro trabajo y los jueces no deliberamos hasta que se haya terminado el debate. Sólo fue cuando di el martillazo, dando por terminada la sesión, que mis compañeros jueces (los vocales Patricia Bustamante y Pablo Xitumul) y yo nos retiramos a deliberar en secreto. De nueve a cuatro de la tarde redactamos la sentencia, que leímos en forma reducida.

 

–Desde la diminuta sala –elefantes de cerámica en la mesa de centro, carpetitas de crochet rosa en los sillones, flores de plástico en un altar casero del comedor y los muros verde pálido cubiertos con sus títulos académicos– se escucha que en la cocina está lista el agua para el té. La juez se levanta a prepararlo.

 

Ante el acoso propagandístico de los medios de comunicación tradicionales, que la atacó por todos los flancos posibles, Yassmín Barrios se replegó. Se excusó de seguir litigando el caso y negó decenas de solicitudes de entrevistas de periodistas nacionales e internacionales. Hasta ahora, que platica extensamente con La Jornada.

 

–¿Se sintió derrotada luego de la anulación de la sentencia con la que culminó un proceso de 15 años del pueblo ixil para llegar a un tribunal nacional?

 

–No, de ninguna manera. El juicio, en su conjunto, fue un avance para Guatemala, sobre todo para su sistema judicial. En medio de todo el bombardeo y la campaña mediática que se dio, logramos demostrar que aquí sí existe independencia judicial, que habemos jueces comprometidos, íntegros y responsables y que tenemos conocimiento del derecho.

 

–¿Se da por satisfecha con el hecho de que en este país haya habido la oportunidad de emitir una sentencia por genocidio como la suya; de que el general haya pasado así sea un solo fin de semana en una celda?

 

–No se trata de una satisfacción personal. Se debe ver desde otro punto de vista. Se dio la oportunidad para que las víctimas pudieran accionar dentro del proceso. Se respetaron las garantías constitucionales de los acusados. Y el 13 de mayo, después de la sentencia, se dio la audiencia para la reparación de las víctimas y el tribunal procedió a efectuar el análisis de las peticiones de los querellantes y a repararlas debidamente. Y hay que decirlo, no pidieron reparaciones de tipo económico, sino que fueron peticiones mucho más fundamentales.

 

“Demostramos que Guatemala, con sus carencias económicas y políticas, tiene la capacidad de sacar un debate que fue observado por muchos especialistas del derecho en todo el mundo, que certificaron que en ese tribunal se cumplieron los estándares de justicia más estrictos.

 

–¿Qué sigue? ¿Cuándo se reanuda el proceso?

 

–No se sabe, ese es uno de los temas que la Corte Constitucional dejó en el aire.

 

–Usted se ha excusado de seguir conociendo el caso ¿porqué?

 

–La corte ordena que el debate se anule hasta el 19 de abril. Nosotros no podemos aceptar órdenes ilegales. Según nuestro ordenamiento jurídico, eso no sería posible porque ya antes se emitió un fallo, no podemos regresar en el tiempo, aparentar que no ha pasado nada. No es ético ni correcto, y procesalmente no es factible.

 

–¿En la nueva fase del juicio, si es que algún día llega a reanudarse, se va a dar validez a los testimonios de las víctimas que ya se emitieron o van a tener que volver a viajar desde sus aldeas hasta la capital para volver a declarar?

 

–Es triste, pero creo que tendrían que regresar las víctimas por una razón: los jueces que lleguen a la tribuna no pueden emitir juicio si no han escuchado a las personas. La Corte anuló todo.

 

–El abogado defensor del ex dictador Ríos Montt, Francisco García Gudiel, la amenazó en pleno juicio con no descansar hasta verla “tras las rejas”. ¿Usted cómo ve su futuro?

 

–Yo me veo trabajando, realizando debates, que los disfruto bastante. Actualmente soy magistrada suplente de la Corte Suprema de Justicia y no sé si en los planes de Dios esté el que el año próximo pueda ser nombrada titular.

 

–Mientras tanto, la campaña mediática en su contra sigue. Hablan mal hasta de su peinado, hacen comentarios sexistas, dicen que pasó de noche por la universidad… –Interrumpe divertida: “Eso no es cierto. Me gradué con todos los honores, con las más altas notas. También en las dos maestrías que cursé, una en derecho penal y otra en constitucional. Y también en el doctorado. Y lo del salón de belleza… pues es que a mí me gusta así, al natural”.

 

El “caso Gerardi”: su encuentro con la historia

 

Una noche antes de iniciar el proceso por el asesinato de monseñor Juan Gerardi, en 2001, la casa de la juez Barrios fue atacada con granadas. Una estalló en el patio de la pequeña vivienda. “Estábamos aquí, en esta mesa. Íbamos a cenar, mi mamá y yo, pasaditas de las ocho. Un sonido terrible, olor a pólvora. Era un ataque”.

 

Fue una noche con pocas horas de sueño. “Corrí a ponerme mi rosario, le pedí a mi Jesusito lindo que no permitiera que nos pasara nada. Llamé a la policía y pedí apoyo, llamé a la prensa. Estaba sumamente enojada. Pensé: si me van a matar que me maten, pero antes me van a escuchar. Y al día siguiente me presenté puntual a la sala del juicio, a la audiencia”.

 

Si pretendían intimidar a la juzgadora de uno de los crímenes emblemáticos de esos años –Gerardi había presentado apenas días atrás el informe de la Recuperación de la Memoria Histórica Nunca más sobre las atrocidades cometidas contra la población civil durante la guerra– no lo lograron. El juicio siguió su curso y al final la juez dictó sentencia: 30 años de prisión contra un sacerdote y dos militares acusados de asesinar al obispo y defensor de derechos humanos. El colofón de este proceso fue trágico. Primero la Corte de Apelaciones intentó, sin éxito, anular la sentencia, lo cual fue rechazado por la Suprema Corte. Luego les fue reducida la pena a 20 años en otro juzgado. Posteriormente 10 testigos o partícipes en la trama del homicidio fueron asesinados, inclusive uno de los sentenciados, el sargento José Obdulio Villanueva, encontrado culpable de planear la ejecución desde la oficina de inteligencia militar del Estado Mayor del ejército, decapitado en un motín en prisión. Actualmente sólo queda preso el capitán Byron Lima Oliva Juan, cercano al actual presidente, general Otto Pérez Molina.

 

Ese juicio fue, según dice la juez Barrios, su “encuentro con su historia”. Su vida cambió. Tuvo que vender el carrito con el que iba y venía, tuvo que aceptar las escoltas que la acompañan a todos lados, perdió su independencia. Pero, sobre todo, aprendió a conocer la historia de su país. “Realmente fue a partir de ahí que empecé a saber, bien documentadas, las cosas que pasaron durante la guerra. Y entendí a fondo que no se va a alcanzar la paz si no hay justicia”.

 

–Si pagó un precio tan alto por ser juez en el caso Gerardi ¿qué pensó cuando dos años después se le puso enfrente el juicio a Ríos Montt, de mucho mayor calado?


–No me puse a pensar en las consecuencias, porque yo creo que un juez debe estar libre de prejuicios y preocupaciones a la hora de juzgar. Como tampoco me puse a medir consecuencias cuando juzgué el caso Myrna Mack, el de los diputados salvadoreños del Parlacén asesinados, el de las niñas de Sacatepéquez, de las Dos Erres (masacres en el Petén, en 1981), muchos casos de narcotraficantes, incluso de varios Zetas de Zacapa, en 2011.

 

Iris Yassmin Barrios siempre estudió en escuela pública. Trabajó para costear su carrera de derecho en la Universidad de San Carlos. No viene de un entorno de lucha por los derechos humanos ni vivió directamente los efectos del conflicto armado que se desarrollaba durante sus años estudiantiles.

 

Ingresó a la facultad de derecho justamente el año en el que el general Ríos Montt se hizo del poder con un golpe militar. Mientras en las zonas rurales el ejército aplicaba la tierra arrasada, Yassmín vivía en la capital, “como en una burbuja”, dice. En la universidad “no participé en ningún movimiento, como no fuera estudiar”. Lo cierto es que una generación entera de líderes estudiantiles y académicos críticos había sido liquidada por los gobiernos militares, el de Ríos Montt y los anteriores. Sus años estudiantiles fueron “de silencio, de receso, además aquí en la capital había una gran censura en la prensa. La guerra estaba lejos… fue una lástima que nos enteráramos mucho después de lo que pasaba”.

 

Sin embargo, los crímenes paradigmáticos de la guerra pasaron por los tribunales donde ella fungió como juez. No sólo el caso de monseñor Juan Gerardi, sino también algunos del informe REHMI, el caso del asesinato de la antropóloga Mirna Mack.

 

“Salí de la universidad cuando apenas empezaban a conocerse los informes de derechos humanos. Y aprobé el examen en las primeras oposiciones de jueces de sentencia poco después de la firma de los acuerdos de paz. Mi cargo es por méritos y afortunadamente puedo actuar, pensar y ser coherente”.

 

Y Ríos Montt se cruzó en su camino

 

–¿Cómo llegó el caso de Ríos Montt a sus manos?

 

–A principios de febrero el caso llegó al tribunal de sentencia A de Alto Riesgo, donde trabajo.

 

Los dos militares acusados por la fiscalía general, José Mauricio Rodríguez y el propio Ríos Montt, recusaron el nombramiento de esta juez, con el argumento de que ella ya antes había conocido el caso de la masacre de las Dos Erres, el Petén. Pero no se aceptó la apelación, porque era de un hecho, personas y lugares diferentes.

 

Desde que inició el proceso, el 19 de marzo, la defensa optó por atacar al jurado como estrategia. Actualmente, Barrios tiene más de una docena de recusamientos pendientes.

 

Pero fue el primero el que, a la postre, sirvió para anular la sentencia histórica. El incidente ocurrió el primer día del debate, cuando los abogados acreditados de Ríos Montt no se presentaron y en su lugar acudió, sin el registro debido, el abogado Francisco García Gudiel, con un largo historial al servicio de militares. Éste demandó la revocación de la juez Barrios, alegando “enemistad personal”. La penalista lo expulsó de la sala. Era el primer golpe procesal para impedir el debate.

 

Durante un mes, pese a las prácticas de obstrucción de la defensa, transcurrieron las audiencias públicas en una sala del Tribunal rebosante, transmitidas en vivo a todo el mundo. Ahí desfilaron más de cien sobrevivientes de las masacres en la región ixil que relataron, frente a la mirada distraída del anciano general (Ríos Montt es ya octagenario) las consecuencias de las órdenes militares que impartió para exterminarlos: niños y ancianos despedazados, niñas y mujeres violadas hasta la muerte, ejecuciones sumarias, corazones arrancados, pilas de cuerpos, aldeas incendiadas…dos por ciento de la población ixil de aquellos años exterminada; el resto, desplazados y perseguidos. Expusieron peritos en antropología forense, en estadística, en sicología y sociología, en derecho castrense, en historia, en antropología. Se aportaron como pruebas documentos militares de la época desclasificados. Se describió el genocidio inspirado en el racismo inherente a las cúpulas del poder guatemalteco.

 

El 18 de abril el proceso, que ya cimbraba a la opinión pública, se paró en seco. Una juez de un tribunal menor, Carol Flores, logró suspender temporalmente el juicio, alegando que había amparos anteriores que no habían sido cumplidos. Después de forcejeos en distintas instancias, la juez Barrios logra reanudar la audiencia el 7 de mayo y entra a la fase de conclusiones. “Ese fue uno de los momentos más hermosos porque demostramos la independencia del órgano judicial, no acatamos órdenes ilegales y no anulamos el proceso”.

 

El genocidio expuesto al mundo

 

–¿A nivel profesional y personal qué le deja este proceso?

 

–Además de tranquilidad, muchas cosas. Fue un juicio de mucha riqueza. A nivel cultural, la oportunidad que tuvieron los ixiles como grupo étnico de presentarse y hacer valer sus derechos. El solo hecho de presentarse, de pararse a hablar, de decir lo que les habían negado decir durante tantos años, fue como una liberación, sobre todo para las mujeres. Yo en ese momento no podía opinar ni manifestar mis sentimientos, por mi deber, pero me di cuenta de ese profundo dolor.

 

Se logró que los ojos del mundo estuvieran atentos, porque el genocidio es un delito importante para toda la humanidad. Fue un juicio importante para juristas y no juristas que acompañaron el debate, para los académicos, para los estudiantes de derecho, de historia, para la población en general.

 

Tuvo una gran riqueza en jurisprudencia porque se dieron tal cantidad de incidencias y obstáculos procesales que dio oportunidad para ampliar nuestros criterios y aportar muchas soluciones, y todo esto no fue detrás de puertas cerradas sino en audiencias públicas.

 

Los peritajes tuvieron el más alto nivel. Pocas veces en un tribunal hemos tenido oportunidad de contar con un grupo tan selecto de peritos, con conocimientos tan valiosos. Los antropólogos forenses, los sicólogos y sociólogos, expertos en racismo, en sicología de las víctimas. Lo que se logró fue poner frente al tribunal, para su juicio, a un periodo de la historia guatemalteca, de marzo de 1982 a agosto de 1983... apenas un pedacito de un conflicto armado de 36 años.

 

De ese 10 de mayo, un detalle secundario sigue haciendo ruido en los medios locales. La televisión local repitió incesantemente la imagen de la juez ordenando a gritos, sin micrófono, que impidieran la fuga del sentenciado.

 

–¿Hubo ese peligro?

 

–Sí. La seguridad de la sala estaba a mi cargo. Cuando me puse de pie vi cómo intentaban sacarlo de la sala. Entonces di órdenes de impedirlo. Pero como me apagaron el micrófono, tuve que gritar. Dije: no puede salir hasta que vengan las personas encargadas de trasladarlo al sistema penitenciario.

 

–Cuando se lleva la policía detenido a Ríos Montt, ya sentenciado ¿termina su papel?

 

–No, teníamos cinco días para redactar y dictar completa la sentencia, porque hasta ese momento sólo habíamos leído nuestros fundamentos. Todo se incluyó en 718 folios de la sentencia.

 

La entregamos el 17 de mayo a las 13 horas, en tiempo. Y el lunes 20 de mayo, en horas de la noche, se produce la anulación por parte de la Corte de Constitucionalidad.

 

–¿La vio venir?

 

–Sinceramente no. Me decían que sí, pero yo sigo creyendo en la justicia. Y sigo juzgando a las personas por mi condición, así que creo que los demás son honrados y actúan conforme a la ley. Así que fue una sorpresa. Respeto la decisión de la Corte de Constitucionalidad, pero no la comparto.

 

–¿Fueron presionados los magistrados?

 

–No lo puedo decir, pero la anulación ocurre después de tres días de sesiones efectuadas por el CACIF, que es el grupo que ostenta el poder político y económico de nuestro país.

 

Minutos después de nuestro fallo, este grupo se había manifestado en contra, en la prensa y en las redes sociales. Una cosa está relacionada con la otra. El voto fue tres contra dos.

 

Pese al cúmulo de información que salió a la luz durante el juicio, un solo hecho sigue resonando en los medios de comunicación como una “gran falta” de la juez del caso más emblemático que ha visto el país hasta la fecha, cuando ella, de pie, ante los aplausos, los gritos de “gracias” y la mirada plena de agradecimiento de los indígenas que frente a ella solo inclinaron la cabeza, se puso de pie y cruzó los brazos sobre el pecho, como un gran abrazo.

 

La defensa la demandó, por ese gesto, por denotar parcialidad; esa demanda sigue su curso. Yassmin ríe: “saludar y responder cuando a uno le dan las gracias es cortesía ¿no? No es ilegal”.

 

Guatemala, 30 de julio.

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El ojo del mundo: ¿qué fue el Proyecto Venona?

El caso Snowden, ex contratista de la CIA que denunció la voluntad omnímoda de los Estados Unidos de ser el “ojo del mundo” y obtener información de donde sea, no debe confundirse con el de Wikileaks, que puso al descubierto lo que la diplomacia norteamericana piensa de gobiernos o funcionarios de otros países y de sus políticas y cómo actúa respecto de ellos. Este tipo de documentos forma parte de un procedimiento habitual de trasmisión de la información que proviene de embajadas y organismos internacionales de distinto tipo para la toma de decisiones de todos los gobiernos. El escándalo surgió porque los mismos, que están por lo general a disposición de los investigadores cada 25 o 30 años, tuvieron un alto impacto porque se refieren a episodios recientes y a dirigentes públicos en pleno ejercicio de sus funciones, algo parecido a lo que ocurrió hace años en Estados Unidos con los llamados papeles del Pentágono, que informaban sobre la participación militar de EE.UU. en Vietnam entre 1945 y 1967, dados a conocer en la prensa a partir de 1971 por Daniel Ellsberg, un funcionario de aquel organismo; o con el caso Watergate, que hundió al presidente Nixon en su afán de conocer los secretos políticos del Partido Demócrata, su adversario en las elecciones presidenciales.

 

Otra cosa ocurre con el impulso de la informática y de las comunicaciones, que tienen su origen en nuevas tecnologías creadas en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría y luego adaptadas comercialmente a partir de los años ’60 y ’70, lo que posibilitó el surgimiento de bases de información con dos tendencias contrapuestas bien nítidas. Por un lado, para los Estados Unidos y otras potencias, implicó la posibilidad de controlar la vida de cualquier ciudadano del mundo, empezando por los de sus propios países. Por otro, permitió crear redes sociales y de conocimiento independientes que dieron la posibilidad de difundir ideas distintas de las de los medios manejados por los grandes poderes internacionales, tanto en la gráfica, como en Internet. Era inevitable que “el ojo del mundo” procurara penetrar en ese torrente cada vez más caudaloso de información y tratara de introducirse en las fuentes que generan pensamientos o ideas disonantes o distintivas de las del imperio, incluyendo nombres y sectores políticos y económicos que afectasen sus intereses o su dominación a lo largo y ancho del globo. Ya no es una información propia de la acción diplomática, sino que constituye un acto de espionaje puro, como los de las agencias de Inteligencia. En este caso, antes de la Segunda Guerra Mundial, existía el FBI, una agencia nacional que cumplió también en ocasiones tareas de espionaje a nivel internacional, y durante el conflicto bélico se creó la OSS (Oficina de Asuntos Estratégicos), disuelta y reemplazada por Truman por la Agencia Central de Inteligencia, la bien conocida CIA. También fue creado en la posguerra el Consejo de Seguridad Nacional (NSC), ligado al presidente y que cobró cada vez mayor importancia en los circuitos de información.

 

Por otra parte, adelantándose a la aparición de Internet, los sistemas de conocer las comunicaciones de otros ya existían. A gran escala, la iniciativa más grande en este sentido emprendida por los norteamericanos fue el Proyecto Venona. La historia empezó durante la Segunda Guerra Mundial y sin hackers ni las posibilidades enormes de control que brinda la informática. El objetivo era entonces el de interceptar y conocer las comunicaciones existentes entre uno de sus principales aliados durante aquel conflicto, la ex Unión Soviética, con sus representantes diplomáticos, políticos o militares; agentes encubiertos; redes de espionaje; o, simplemente, ciudadanos influyentes en los Estados Unidos. Se contó, a su vez, con la colaboración del otro aliado, la también anglosajona madre patria británica. De ese modo se concentraron y descifraron los cablegramas y mensajes que circulaban entre Moscú y América del Norte en plena guerra, y que, potencialmente, podrían amenazar la seguridad del país del Norte. El proyecto se denominó Venona y no llegaron a conocerlo, o sólo tuvieron de él un conocimiento parcial, inclusive algunos presidentes norteamericanos. Tampoco se tenía la certeza de que serviría para algo porque, en un principio, no podía descifrarse el contenido de los mensajes. Eso llegaría pronto y algo casualmente por un error de la inteligencia soviética, y aun así prevaleció el secreto sobre el contenido de los mismos hasta la caída del bloque rival, en la década de 1990, cincuenta años más tarde de haberse programado.

 

Todo comenzó en 1939, cuando el gobierno de Washington tomó la iniciativa de recolectar copias de los cablegramas que entraban y salían de los Estados Unidos, aunque recién a partir de 1943, el coronel Clarke, jefe de una rama especial de la División de Inteligencia Militar del Departamento de Guerra, ordenó descifrar aquellos que correspondían a intercambios con Moscú. Los cables del Proyecto Venona indicarían, por ejemplo, que el ex subsecretario del Tesoro durante el gobierno de Roosevelt y fundador del FMI, Harry White, habría tenido contactos directos con los servicios de Inteligencia soviéticos, a quienes trasmitía o comentaba informaciones del gobierno o de sus actividades, aunque no resulta probado en ellos que hubiera pasado documentación alguna. El historiador oficial del FMI, James Boughton, señala en un artículo que si esos contactos existieron, tenían más que ver con propias responsabilidades oficiales o sociales en el contexto de la alianza norteamericano-soviética durante la guerra que con una actividad de espionaje.

 

Los cables Venona comprenden tres principales categorías: aquellos que contienen informes sobre las opiniones trasmitidas por espías norteamericanos, los informes de conversaciones entre funcionarios norteamericanos y rusos, y los que proveen sólo un contexto general o contienen información poco útil. ¿Eran esas conversaciones una forma de espionaje? ¿Eran meramente indiscreciones? ¿O eran un legítimo ejercicio de actividad profesional persiguiendo los objetivos de los EE.UU. a través de canales discretos? Según Boughton, “emerge una interpretación benigna de la evidencia cuando se examinan [...] los contactos frecuentes [de White y otros funcionarios] con oficiales soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial. El presidente Roosevelt estaba ansioso por desarrollar buenas relaciones de trabajo con Stalin [...] basadas en la importancia de la cooperación económica”. Por lo que descarta que fueran espías. Más importante que todo eso era la visión del internacionalismo rooseveltiano, que creía que el mantenimiento de la paz se hallaba estrechamente vinculado al fortalecimiento de la alianza norteamericano-soviética, lo que quizás habría evitado la llamada Guerra Fría. Por cierto, que esto no dependía sólo de Washington sino también de Moscú, cuyos servicios de espionaje externos e internos eran también relevantes, desde la Cheka al KGB, y en cuyo ejemplo se inspiró realmente Orwell para su novela 1984.

 

Otro caso notable fue el del espionaje atómico, que llevó a la ejecución, en junio de 1953, de los esposos Julius y Ethel Rosenberg. Las pruebas que llevaron a acusar a ambos no se basaban en el Proyecto Venona, que no era público y sólo lo conocían los servicios secretos, sino en delaciones del hermano de Ethel. Sin embargo, de esa manera pudo salvarse él mismo, aunque se declarara igualmente culpable, como sucede frecuentemente en la Justicia norteamericana. Con respecto a los Rosenberg, su participación en una red de espionaje atómico fue confirmada sólo en parte por los cables Venona que ya se habían descifrado. Estos prácticamente exculpaban a Ethel Rosenberg y hubieran podido librar de la ejecución a su esposo por su rol menor en el affaire. Además, aun pudiendo haber existido espionaje, en tiempos de guerra ambos países eran aliados, no enemigos, y tal castigo no habría debido aplicarse en este caso. Al mismo tiempo, esos mismos cables daban a conocer a los principales responsables de la fuga de información atómica, que sufrieron sólo penas de prisión, como el físico alemán Klaus Fuchs. De este modo, la recolección de la información y su posterior manipulación produjeron dos víctimas fatales.

 

Como antes el comunismo, ahora el terrorismo es la principal justificación de lo que el gobierno de Estados Unidos llama operaciones de vigilancia, aunque en realidad se trata de un programa de obtención de información masiva que comenzó con el “acta patriótica” después de la caída de las Torres Gemelas y permitió investigar e interrogar a cualquier ciudadano sin autorización judicial alguna, y siguió con el Programa Prism, que controla todo lo que circula en Internet. Ni el mismo Orwell se habría imaginado esta pesadilla ya vigente desde el secretísimo Proyecto Venona

 

Por Mario Rapoport *

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Lunes, 29 Julio 2013 06:08

Historias peligrosas

Historias peligrosas

Howard Zinn, el gran historiador rebelde y popular (en todos sentidos), aún asusta a los poderosos, no obstante que murió en 2010. Justo con la noticia de su muerte, el entonces gobernador de Indiana, Mitch Daniels, buscó asegurar que la obra de Zinn no contaminara las escuelas de su estado. Sobre todo, el gobernador deseaba prohibir la obra más conocida de Zinn, A People’s History of the United States, que ofrece una versión de la historia “desde abajo” y que es el texto más vendido (más de un millón de ediciones) y usado en escuelas y universidades a lo largo del país.

 

En un intercambio de correos con altos funcionarios de educación de su estado, obtenido recientemente por la agencia Ap, Daniels escribió: “ese terrible académico antiestadunidense por fin ha muerto”, y al describir su texto clásico como una obra “de desinformación que malinterpreta la historia estadunidense en cada página”, pregunta a los encargados de la educación: “¿alguien me puede asegurar que no está en uso en ninguna parte de Indiana? Si lo está, ¿cómo podemos deshacernos de él antes de que más jóvenes sean obligados a consumir una versión totalmente falsa de nuestra historia?” Al revelarse esto provocó ira entre el mundo académico no sólo por el intento de suprimir el trabajo, sino porque Daniels recientemente asumió el puesto de rector de la Universidad Purdue, una de las más importantes de Indiana.

 

Hace una semana, la Asociación Estadunidense de Historiadores emitió una declaración en la que asienta: “deploramos el espíritu e intento” de los correos y afirma que “los intentos de seleccionar textos particulares para suprimirlos en el currículum de una escuela o universidad no tienen cabida en una sociedad democrática”.

 

En respuesta a la divulgación y publicación de sus correos, Daniels defendió y reiteró su posición en una declaración a Ap hace una semana: “No deberíamos enseñar de manera falsa la historia estadunidense en nuestras escuelas”, y agregó que Zinn “falsificó a propósito la historia estadunidense”. Continuó: “Tenemos una ley que requiere supervisión estatal de libros de texto para defender contra fraudes como Zinn, y fue alentador encontrar que ningún distrito escolar (de Indiana) había impuesto este libro a sus estudiantes”.

 

La semana pasada, una carta firmada por 90 profesores de Purdue fue enviada a su nuevo rector, en la que denuncian que su posición es contraria a todo principio de libertad académica, y defienden el trabajo de Zinn, incluso informando sobre el uso de su obra en esa universidad y recordando que fue destacado integrante de la Asociación Estadunidense de Historiadores y profesor emérito de la Universidad de Boston hasta su muerte, y que la gran mayoría de expertos en historia no disputan los hechos en el trabajo de Zinn, aunque podrían diferir de sus conclusiones. (Ver la carta).

 

Pero lo de Zinn no es aislado. Intentos de autoridades por suprimir el trabajo de intelectuales, artistas y escritores no es fenómeno nuevo en este país. Vale recordar la gran disputa en Arizona el año pasado, ante intentos de políticos por desmantelar y suprimir los “estudios chicanos”, como el intento de prohibir los trabajos de Paulo Freire y más. Acompaña la locura durante años de suprimir las teorías de Darwin en las escuelas públicas en estados como Kansas, bajo mando de fundamentalistas cristianos.

 


El periodista Chris Hedges (premio Pulitzer por sus reportajes de guerra para el New York Times), feroz crítico de lo que considera políticas represivas, escribió recientemente que “el estado de seguridad y vigilancia, después de aplastar al movimiento Ocupa y erradicar sus campamentos, ha montado una campaña implacable y en gran medida clandestina para negar cualquier espacio público a cualquier agrupación o movimiento que pudiera generar otro levantamiento popular”, y afirma que sistemáticamente se está negando el derecho a la libre expresión y de asociación.

 

“La meta del Estado corporativo es criminalizar la disidencia democrática popular antes de que estalle otra erupción popular. El vasto sistema de vigilancia detallado en las revelaciones de Edward Snowden… asegura que ninguna acción o protesta pueda ocurrir sin el previo conocimiento de nuestro aparato de seguridad interna. Este conocimiento anticipado ha permitido a los sistemas de seguridad interna bloquear y anticiparse a ocupar espacios públicos, como también realizar hostigamiento, interrogaciones, intimidación, detenciones y arrestos preventivos antes de que puedan realizarse protestas. Hay una palabra para este tipo de sistema político: tiranía”, escribió Hedges en Truthdig.org

 

Zinn se dedicaba a denunciar y desnudar la hipocresía oficial, tal como hacen otros. Al parecer es una tarea incesante. Pero Zinn también se dedicaba a resucitar la memoria colectiva de rebeliones, resistencia y nobleza en nombre de la justicia y contra las políticas económicas, sociales y bélicas de las cúpulas a lo largo de la breve historia de este país, para educar y/o despertar a los que desean cambiar el futuro.

 

El historiador y filósofo político Cornel West (quien ha estado en el profesorado de Harvard y Princeton y ahora en el Union Theological Seminary), comentó en el programa Democracy Now que el ataque contra el historiador es “un elogio a Howard Zinn, porque demuestra el poder de su trabajo”. Agregó que es peligroso, pero necesario, “decir la verdad sobre el pasado y presente estadunidense, y tenemos que hacerlo de tal manera que se relacione con la gente ordinaria, especialmente los jóvenes. Hay mucha esperanza entre los jóvenes. Están cansados de toda esta hipocresía, mendacidad y criminalidad” en este país.

 

Tal vez la otra historia, la no oficial, de este país, y los ejemplos de resistencia que ofrece, asustan tanto a los poderosos que necesitan prohibir libros, vigilar a desobedientes actuales y potenciales y clausurar plazas para que la gente no cuente más historias peligrosas.

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