1. La repetición, o el eterno retorno de la revuelta

Durante un siglo la historia de México fue una historia de revueltas y rebeliones campesinas enmarcadas por dos revoluciones: la revolución de Independencia en 1810, la Revolución Mexicana en 1910.

Hoy el México institucional celebra las dos revoluciones y sus cambios políticos. Olvida, oculta o deja en la penumbra del pasado a las rebeliones que les dieron cuerpo y destino. Éstas, a diferencia de las revoluciones y sus programas, no soñaban con instituciones y políticas. Nomás querían justicia.

Las dos revoluciones, a un siglo de distancia entre una y otra, fueron por supuesto diferentes. La de 1810 se proponía la independencia de México del poder colonial, cuando las guerras y las invasiones napoleónicas habían puesto en crisis a España y su inmenso imperio americano. La de 1910 se propuso en su inicio una trasformación democrática del régimen político. En éste la oligarquía terrateniente había consolidado su poder y su riqueza a través del despojo de tierras y aguas a las comunidades y pueblos agrarios y la inserción de México en el luciente mercado mundial de la Belle Époque.

Ambas revoluciones, cada una en su tiempo, cambiaron la estructura del Estado y sus instituciones políticas. Pero ambas preservaron intacta la fractura sobre la cual se había fundado México desde la Conquista: la línea de fractura racial que la República siempre se negó a reconocer en sus leyes, pero nunca abandonó en sus prácticas.

En uno de los lados de esa línea, el de abajo, se gestaron y organizaron las rebeliones sin las cuales ninguna revolución es posible. En el otro lado, el de arriba, se fueron formando los programas y las conspiraciones que llevaron a las rupturas en el régimen político que trasforman a las rebeliones en revoluciones.

Así México conoció en un siglo, entre 1810 y 1910, dos revoluciones. Pero después de la primera, entre ambas se sucedieron incontables rebeliones indígenas, grandes y pequeñas, todas ellas por antiguas demandas negadas por el régimen republicano: tierra, justicia, derechos y libertades; todas llevando en su núcleo una antigua demanda inmaterial: el fin de la humillación, la dignidad de cada uno y de todos como esencia de la relación humana.

* * *

En su sustancia corporal la revolución de Independencia de 1810 había sido una extensa rebelión de los pueblos y comunidades indias en defensa de sus derechos comunales, su modo de existir y sus mundos de la vida, que las reformas borbónicas en el orden colonial les arrebataban desde la segunda mitad del siglo XVIII.

Así lo documentan tantos cuantos han excavado en los archivos las razones, los motivos y los modos de los pueblos insurrectos. Así lo dibujaba en un escorzo Octavio Paz, a la mitad del siglo XX, en El laberinto de la soledad:

La guerra de Independencia fue una guerra de clases y no se comprenderá bien su carácter si se ignora que, a diferencia de lo ocurrido en Suramérica, fue una revolución agraria en gestación.

El cambio resultante en la organización política del país –Independencia y República– pasó el poder a la nueva elite dominante criolla, blanca, culta y propietaria. Pero poco o nada cambió en el contenido y las formas de la dominación contra la cual se habían rebelado los pueblos indios y campesinos de México. El dominio criollo incluso desmanteló derechos consuetudinarios de los pueblos.1 Poco o nada cambió, para los indios, en la sustancia de la humillación como rasgo constitutivo de la dominación racial de los antiguos y los nuevos señores de la tierra.

Aquí rebelión y revolución bifurcaron sus caminos, sus contenidos y sus significados.

El resultado fue que esa guerra de clases, esa revolución agraria en gestación, se prolongó a lo largo del siglo XIX en la lucha soterrada o abierta de los pueblos indios para defender sus tierras, sus mundos y sus vidas del despojo material y la opresión racial bajo el régimen republicano. Era una guerra india intermitente, dispersa, sin centro ni periferia, que a fines del siglo XIX se agudizó y en 1910 estalló en una nueva revolución agraria, la que se conoce como Revolución Mexicana.

Esta Revolución de 1910, tan diversa en sus inicios y en sus propósitos de aquella otra, la de Independencia, vivió la misma dicotomía. Pero ahora ésta se presentó nítida, aguda y encarnada en programas y ejércitos diferentes dentro de la revolución.

Una fue la rebelión de las comunidades y los campesinos del norte y del sur que se hizo revolución del pueblo en los ejércitos de Emiliano Zapata y de Pancho Villa. Otra fue la revolución política de los jefes y dirigentes liberales que culminó en la Constitución de 1917 y en los sucesivos gobiernos mexicanos desde 1920, una vez derrotados los campesinos en armas y absorbidas sus rebeldías radicales en reformas agrarias y democráticas legales.

* * *

Las proclamas y los objetivos políticos de las elites dirigentes de las dos revoluciones eran también diferentes, tanto como lo era la nación que cada una de ellas imaginaba. Pero las acciones de las partidas de campesinos indios sublevadas al llamado de esas proclamas eran en cambio sorprendentemente similares. Un siglo después, los métodos de acción –el repertorio de confrontación, según el lenguaje de otros historiadores– se repetían.

Eric Van Young, en La otra rebelión,2 describe el patrón de conducta de los rebeldes de la guerra de Independencia cuando tomaban una población:

Invariablemente echaban las mercancías a la calle o a la plaza para que la gente del pueblo se las llevara, dinero y ganado lo guardaban para sí, liberaban a los prisioneros de las cárceles y secuestraban a los españoles y a los oficiales blancos de la localidad.

Felipe Ávila, en Entre el porfiriato y la revolución, refiere lo que sucedió desde los inicios de la revolución mexicana, en 1911, en los territorios zapatistas:3

enfrentamientos armados, tomas de poblaciones, saqueos, quema de oficinas y archivos públicos, imposición de préstamos, liberación de presos y ejecución de autoridades, comerciantes, empleados de haciendas y fábricas, y de residentes extranjeros.

Esta violencia plebeya, como la llama Ávila, era descrita por la prensa de la época como violencia india. Aunque este uso del término indio venía cargado de contenido racista, en los hechos decían verdad: la revolución zapatista de 1911 en su raíz agraria, en la composición de su tropa y de sus dirigentes y en sus acciones era en lo esencial una revuelta de los indios, aun cuando en las proclamas y los programas de sus jefes nacionales la revolución iniciada en 1910 fuera una revolución política democrática.

Si a un siglo de distancia proclamas, programas y fines de los dirigentes de las revoluciones de 1810 y 1910 eran tan diversos, ¿de dónde viene la extraña repetición de los gestos y las acciones de los protagonistas de las dos rebeliones, los pueblos indios de México?

Es que las imaginaciones de aquellos jefes respondían a una política renovada con los tiempos y sus circunstancias, una política a la cual identificaban muchas veces con la palabra progreso. En cambio los modos de estos otros, su violencia plebeya, provenían de una genealogía trasmitida por las generaciones sucesivas como experiencia y como herencia inmaterial: sentimientos, maneras de estar juntos, imaginaciones, costumbre, mundos de la vida.

Los programas de las elites revolucionarias apuntaban hacia una sociedad y una organización política futuras. Los gestos, las acciones, los métodos de lucha de los pueblos indígenas respondían a los agravios, las humillaciones, los despojos sufridos por ellos y sus ancestros en el pasado y se nutrían de esas experiencias heredadas y repetidas hasta el presente de sus propias vidas.

La rebelión surge de ese pasado y de él toma sus razones, sus motivos y sus métodos. Es herencia y es genealogía. La revolución que resulta de ella derriba las antiguas instituciones y establece otras nuevas. Es programa y es política. Pueden los motivos de la rebelión no ser antagónicos con los objetivos políticos de la revolución. Son ciertamente diferentes. Esta diferencia tomó forma material en la Revolución Mexicana de 1910, cuando los ejércitos campesinos de Zapata y de Villa terminaron enfrentados armas en mano con el Ejército Constitucionalista.

* * *

Cuando estalla una revolución, el momento de la rebelión es aquel que la cubre por completo, la llena de significados, se confunde con ella. El historiador entonces no se pregunta sólo qué pasó, sino cuál era el sentido de eso que había estado pasando. Son momentos que E. P. Thompson describió en un pasaje clásico acerca de las preguntas del historiador a esos pasados plebeyos sin registros:4

Estas cuestiones, cuando examinamos una cultura de costumbres, a menudo tienen que ver menos con los procesos y lógicas de cambio que con la recuperación de precedentes estados de conciencia y texturas de las relaciones sociales y domésticas. Tienen que ver menos con devenir que con ser. A medida que algunos de los principales actores de la historia se alejan de nuestra atención –los políticos, los pensadores, los empresarios, los generales– un inmenso reparto secundario, que creíamos eran tan sólo figurantes en el proceso, avanzan hasta ocupar todo el proscenio. Si sólo nos preocupa el devenir, entonces hay periodos completos de la historia en los cuales un entero sexo ha sido descuidado por los historiadores, porque las mujeres rara vez son vistas como actores de primer orden en la vida política, militar o incluso económica. Si nos preocupa el ser, la exclusión de las mujeres reduciría entonces la historia a futilidad.

Vista desde este mirador, la rebelión es una irrupción del ser dominado en el acontecer político de la dominación, en su devenir. Para acercarse a aquélla el historiador necesita mirar y considerar lo que con su hacer expresan los cuerpos antes que cuanto con su decir trasmiten las palabras. Ninguna proclama de las dos revoluciones decía de abrir las cárceles, repartir los víveres, quemar los archivos de la justicia y de la propiedad y ajusticiar a los odiados. Eso hicieron sin embargo en ambos casos los rebeldes. Al historiador no le toca juzgar si estuvo bien o estuvo mal, sino registrar que así fue como fue.

Develar esos momentos en la historia tiene que ver no sólo con registrar las ideas del conocer propias del tiempo y del lugar, sino también con indagar y recuperar los modos del hacer y del estar.

Aquellas ideas son ciertamente necesarias para organizar los objetivos de una revolución. Pero las formas, los lazos humanos y las imaginaciones a través de los cuales toma cuerpo esa organización vienen desde más atrás. Están en la memoria de los sublevados, en sus historias vividas y heredadas, en ese entramado que en los lugares de trabajo y de vida se trasmite de una generación a otra. Se trata de una historia de lugares y regiones y de los seres humanos que allí viven, trabajan, disfrutan y dan sentido a sus vidas.

Ese sentido es lo que E. P. Thompson nos propone indagar cuando nos dice que esos oscuros y verdaderos protagonistas de estas historias están preocupados por el ser antes que por el devenir. Es la sutil línea que, aun cuando sean partes de un mismo proceso histórico, distingue a la rebelión de la revolución.

2. El corte en el tiempo

La revuelta es un corte en el tiempo homogéneo de la historia, dice Walter Benjamin. Ella se nutre de la imagen de los antepasados oprimidos, no de la visión de los descendientes liberados. Los programas políticos proponen un futuro que será inaugurado por el devenir de la revolución. Pero la fuerza de la revuelta sin la cual ninguna revolución existe, proviene del cúmulo de despojos, agravios y humillaciones acumulados por las sucesivas generaciones. Forse una rabbia antica, generazioni senza nome, gli urlarono vendetta [Quizá una rabia antigua, generaciones innombrables, clamaron por venganza], decía una canción del italiano Francesco Guccini para explicar el sentido del gesto sin sentido de un maquinista ferroviario que a principios del siglo XX, allá en Bolonia, lanzó su locomotora loca contra un tren de lujo que corría en sentido opuesto. Teatros y estadios llenos de jóvenes coreaban esas estrofas en la Italia de los años setenta del siglo pasado.

La rebelión no habla del futuro, habla de la abolición de los agravios del pasado. Su violencia exasperada, en apariencia sin sentido y hasta a veces contraria a sus fines, viene de otro origen que las imaginaciones del porvenir. Viene de una interminable cadena de humillaciones y despojos, humillaciones propias y de los padres y de los abuelos. La revolución puede culminar en la Declaración de los Derechos del Hombre y ésta prolongarse en la proclama de Olympe de Gouges, pero la rebelión que la desencadena se iba organizando en aquellos ánimos de donde surgían los Cahiers de Doléances, los memoriales de agravios de la Revolución Francesa.

La revuelta quiere detener –o al menos interrumpir– el tiempo de la humillación y del desprecio. En sus Tesis sobre la historia, Walter Benjamin dibuja esta ruptura en una curiosa anécdota sobre la revolución de julio de 1830 en París:5

Concluido el primer día de combates, sucedió que al caer de la noche la multitud, al caer la oscuridad, en diferentes barrios de la ciudad y al mismo tiempo, comenzó a atacar los relojes. Un testigo, cuya percepción se debió tal vez al azar de las rimas, escribió:

¡Quién podría creerlo! Se dice que, en furia con la hora, / unos nuevos Josués, al pie de cada torre / tiroteaban cuadrantes para parar el día.

De ese corte en el tiempo homogéneo de la dominación reconocida y la obediencia aceptada puede resultar –o no– una revolución, un cambio en las leyes, las instituciones, la propiedad, las formas y los contenidos de la dominación misma. Tal ha sucedido en todas las revoluciones victoriosas: la francesa, la haitiana, la rusa, la china, la argelina, la vietnamita, la cubana, la boliviana, las dos revoluciones mexicanas.

Estos cambios vienen preparados por otros anteriores en las sociedades y se anuncian en los programas, las críticas y las actividades de las elites políticas. Pero no son esas elites, aun las radicales, las que dan cuerpo a la ruptura del antiguo orden y abren paso al nuevo. Son otros, los humillados y ofendidos, los protagonistas del acto material y corporal de la revuelta sin el cual no hay revolución sino, cuando más, cambio en el mando político establecido. Son aquellos a quienes la vida se les ha vuelto intolerable y para quienes la ruptura entre las elites –la del Antiguo Régimen y la revolucionaria– abre un espacio para irrumpir en el primer plano de la escena.

Tal vez en esa dicotomía espacial entre protagonistas y figurantes se encierra el secreto de lo que Benjamin, también en sus tesis, llamó una aporía fundamental:6

La historia de los oprimidos es un discontinuum. La tarea de la historia consiste en apoderarse de la tradición de los oprimidos. [...] El continuum de la historia es el de los opresores. Mientras la representación del continuum conduce a la nivelación, la del discontinuum está en la base de toda tradición auténtica. La conciencia de la discontinuidad histórica es propia de las clases revolucionarias en el momento de su acción.

Uno de los dirigentes de la revolución rusa de 1917, León Trotsky, desterrado desde 1929, pudo escribir su Historia de la revolución rusa, obra de escritor, protagonista, historiador y cronista de los acontecimientos. En el prólogo de este trabajo presentó su propia visión sobre la preservación de tradiciones del pasado en la génesis de las rupturas revolucionarias y sobre la relación entre la rebelión del pueblo y la política de sus dirigentes:7

Las masas no van a una revolución con un plan preconcebido de sociedad nueva, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando la sociedad vieja. Sólo el sector dirigente de su clase tiene un programa político, el cual, sin embargo, necesita todavía ser sometido a la prueba de los acontecimientos y a la aprobación de las masas. [...] Sólo estudiando los procesos políticos sobre las propias masas se alcanza a comprender el papel de los partidos y los caudillos, que en modo alguno queremos negar. Son un elemento, si no independiente, sí muy importante de este proceso. Sin una organización dirigente la energía de las masas se disiparía, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera ni el pistón, sino el vapor.

Su propuesta para explicar el proceso es, entonces, guiarse primero por el hacer de los insurrectos y sólo después por el decir de sus dirigentes. La línea divisoria entre aquel hacer y este decir es la que separa también rebelión y revolución.

Aunque en la realidad aparezcan confundidas –no hay revolución sin rebelión, decíamos–, en la tarea del historiador es fundamental reconocer esa línea. No pocas historias de las revoluciones mexicanas son historias de las políticas de los dirigentes, incluidos los más radicales, antes que de los motivos profundos de los oprimidos para rebelarse y de cuáles fueron los sentimientos y los procesos en sus conciencias que los decidieron a correr los riesgos de una rebelión.

Aquélla es hoy la tendencia dominante en las conmemoraciones oficiales de las dos revoluciones mexicanas. Habla en ellas la voz y la memoria de las instituciones estatales, es decir, la voz del orden surgido de las revoluciones y no las múltiples voces de la ruptura del orden precedente que fue la esencia de cada una de esas rebeliones. Son relatos del “continuum de la historia”, diría Benjamin, y no de la discontinuidad histórica encarnada en las revoluciones. Así la conmemoración estatal de las revoluciones mexicanas se convierte en un discurso del poder y de sus instituciones, como si la tarea y la misión de las rebeliones hubiera sido la de fundar ese poder y no la de destruir los poderes antes dominantes.

En esos discursos la continuidad ocupa el lugar de la discontinuidad y la permanencia desplaza a la impermanencia que es la esencia misma de cada rebelión.

3. Un tiempo fuera del tiempo

Nadie puede ignorar los cambios en la economía, las modificaciones en las normas y formas de la dominación o las crisis y rupturas en las elites dominantes que pueden estar en el origen de cada rebelión. Pero una tarea es el estudio de sus causas y otra la investigación de las formas que toma, de cuanto sucede en el seno mismo de la rebelión, de aquellos modos de hacer y de sublevarse que se repiten y renuevan a través de los tiempos.

Una rebelión, una huelga, una ocupación de espacios físicos o simbólicos es un modo de estar juntos y entre iguales, libres del mando extraño, y de establecer el lazo solidario más allá de los lazos de sangre familiares y de los lazos de los intercambios mercantiles, incluido el vínculo salarial.

Los lazos de una rebelión vienen del pasado y se han establecido en las regiones del trabajo en común (plantación, barco, mina, hacienda, industria, estudio) o de la vida en común (aldea, pueblo, barrio, ciudad). Llevan consigo cierto orgullo de los lugares nuestros, esos que nosotros, los que ahora nos rebelamos, hicimos con nuestro trabajo y con nuestras vidas. Son los lugares donde se fue creando en el pasado el sentimiento de comunidad propio de toda rebelión. De ellos surgió la consigna de los Industrial Workers of the World: “An injury to one is an injury to all” - Un agravio a uno es un agravio a todos.

Ese sentimiento de comunidad, propio de la historia subalterna, tiene sus sitios sagrados y sus lugares simbólicos. Este orgullo de los lugares nuestros suele trasmitirse entre generaciones aunque no esté registrado en las historias. Pasa por las narraciones, las canciones, los relatos de los antiguos a los modernos y de los viejos a los jóvenes, aunque después modernos y jóvenes los adapten a sus nuevos usos. Pero en una fábrica, un barrio del trabajo, una aldea campesina, una comunidad indígena, en esa trasmisión los relatos del tiempo fuera del tiempo perduran y se renuevan como organizadores de los sentimientos.

De esas narraciones y de sus auras se nutrirán las futuras rebeliones, o protestas, o desafíos, aunque sus motivos y razones serán tan diferentes como los nuevos tiempos. Esas narraciones, sin embargo, tienen algo en común. Recuerdan, repiten, recrean aquellos momentos discontinuos en que se rompió la continuidad de la humillación impuesta por el poder a sus dominados, mucho más cuando ese poder se afirma en la línea de la distinción racial.

Por eso los relatos y los mitos de las rebeliones pasadas, en vez de registrar en primer lugar los cambios económicos destacados en tantas historias, recuerdan y celebran ante todo los momentos y los lugares de la ruptura de la humillación y del mundo puesto al revés. No es que aquéllos no importen. Es que son éstos los momentos míticos de la revuelta.

El triunfo de la Revolución se propone perpetuarlos. Pero ellos tienden a disolverse, aun cuando no desaparezcan del todo, en el nuevo orden que por necesidad establece la revolución triunfante. Si ese orden se congela en un puro mando autoritario o despótico, como ha sido recurrente en las revoluciones del siglo pasado, aquellos relatos y aquellos mitos vuelven a sus lugares subalternos y se recrean bajo nuevas e insólitas formas.

Esta distinción entre revolución y rebelión, aun cuando ambos acontecimientos se presentan confundidos, es capital para la tarea del historiador. Pues una revolución no es sólo lo que dicen los libros o lo que proponen los programas de sus dirigentes, sino sobre todo lo que hace el pueblo que se rebela.

La genealogía de este hacer es un objeto de estudio prioritario para el investigador de las revoluciones y rebeliones, sus programas políticos, sus acciones y sus imaginaciones.

4. El otro sol

En su manuscrito Sobre el concepto de historia, Walter Benjamin anotó esta tesis:8

La lucha de clases, que nunca deja de estar presente para el historiador formado en el pensamiento de Marx, es un enfrentamiento en torno a cosas toscas y materiales sin las cuales no pueden subsistir las cosas finas y elevadas. Sin embargo, sería un error pensar que, en la lucha entre las clases, estas últimas sólo aparecen como botín destinado al vencedor. Para nada es así, puesto que ellas se afirman precisamente en el corazón mismo de ese enfrentamiento. Allí aparecen y se mezclan entre sí tomando las formas de la fe, la valentía, la astucia, la perseverancia y la decisión. Y la irradiación de estas fuerzas, lejos de ser absorbida por la lucha misma, se prolonga en las profundidades del pasado humano. Toda victoria que alguna vez haya sido conquistada por los poderosos, aquéllas jamás han cesado de disputarla. Como esas flores que se mueven hacia el sol, las cosas pasadas, movidas por un heliotropismo misterioso, se vuelven hacia ese otro sol que está surgiendo en el horizonte de la historia. Nada hay menos visible que este cambio. Nada más importante, tampoco.

Revuelta y revolución, el águila y el sol. Será historiadora de una revolución quien sepa ver en su seno la revuelta, sin confundirlas en una y sin separarlas en dos.

Por Adolfo Gilly, Conferencia magistral en el centenario de la Revolución Mexicana - Université du Québec à Montréal, 12 octubre 2010; y University of California, Berkeley, 23 octubre 2010.

NOTAS

1. Indios e indígenas actuaron en los conflictos de 1808 a 1821, de diversas maneras participando en la creación de la nación mexicana. Pero sus participaciones raramente unieron una búsqueda de derechos de indios y la promoción de la nación. El derecho indígena, las Repúblicas de Indios, los Juzgados de Indios eran invenciones coloniales, políticas de la monarquía española. La nación y el liberalismo que muy pronto llegaron a guiar la nación nacieron en oposición al derecho indígena. No es de sorprender que por décadas muchos indígenas negociaran para limitar la nación y el liberalismo, luchando en momentos clave en contra del poder nacional y los programas liberales. (John Tutino, Indios e indígenas en las guerras de Independencia y en las revoluciones zapatistas, ponencia presentada en el coloquio Miradas sobre la historia, FCPS-Colmex, noviembre 2009).

2. Eric Van Young, La otra rebelión – La lucha por la independencia de México, 1810-1821, FCE, México, 2006, p. 260.

3. Felipe Arturo Ávila Espinosa, Entre el porfiriato y la revolución – El gobierno interino de Francisco León de la Barra, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2005, p. 21.

4. Edward P. Thompson, History and Anthropology, en Making History – Writings on History and Culture, The New Press, New York, 1995, ps. 204-205.

5. Walter Benjamin, Écrits français, Gallimard, París, 1991, p. 346.

6. Ibid., p. 352.

7. León Trotsky, Historia de la revolución rusa, Juan Pablos Editor, México, 1972, vol. I, p. 15.

8. Walter Benjamin, cit., p. 341.

Siguiente
Subir al inicio del texto
 
Publicado enInternacional
Viernes, 15 Octubre 2010 08:31

Piden enjuiciar a un general uruguayo

Por primera vez, la Justicia uruguaya recibió el pedido de procesar y encarcelar a un militar en actividad, Miguel Dalmao, hoy jefe de la División de Ejército IV. Dalmao está acusado de ser coautor del “homicidio muy especialmente agravado” de la militante comunista Nibia Sabalsagaray. La fiscal Mirtha Guianze también solicitó el procesamiento en base a la misma figura jurídica de José Nelson Chialanza, un coronel retirado.

Como un hecho histórico, la Corte Suprema determinó en octubre de 2009 que la Ley de Caducidad era inconstitucional para el caso de Nibia Sabalsagaray. Los jueces basaron su argumento en que la norma viola la separación de poderes y no puede ser entendida como amnistía, porque no fue aprobada por los principios constitucionales. La Ley de Caducidad ampara a militares y policías acusados de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura (1973-1985), no así a los civiles. En 2005, el presidente de centroizquierda Tabaré Vázquez había excluido la muerte de Sabalsagaray de la norma “en virtud de que habría sido detenida por dos militares y dos civiles”.

Uno de los abogados de la familia Sabalsagaray, Juan Errandonea, confirmó a Página/12 que la fiscal presentó la demanda en el despacho del juez Rolando Vomero. Errandonea señaló que a ambos oficiales se los acusa de “coautores” del homicidio de la joven, lo que significa que no pudo probarse que sean los autores materiales, pero sí que participaron del delito. Chialanza era jefe del Batallón de Transmisiones Nº1 cuando se produjo la muerte supuestamente por torturas de Sabalsagaray, en 1974. Dalmao era entonces alférez –el grado más bajo de oficial–.

La versión oficial de la época señala que Sabalsagaray se ahorcó con un pañuelo en el calabozo donde estaba detenida, en 1974. Los militares entregaron el cuerpo sin vida de la joven de 23 años en un ataúd cerrado y con la prohibición de abrirlo. La indagatoria judicial, reactivada a partir del fallo de la Corte, permitió deslegitimar la teoría del suicidio. El abogado dijo a este diario que de las pericias que se incluyen en el expediente se desprende que Nibia fue víctima de torturas. “La versión militar es insostenible científicamente según pudo constatar una junta de médicos forenses y psicólogos. Los testigos declararon que la tortura era sistemática en ese cuartel. Y a esto se sumó el testimonio de Marcos Carámbula, el intendente de Canelones, que por entonces era estudiante de medicina y como amigo de la familia constató que la joven Sabalsagaray presentaba múltiples lesiones.”

El hoy coronel retirado Chialanza declaró ante la Justicia que los integrantes de la Inteligencia militar eran los únicos con potestades en la unidad para interrogar a los detenidos. Dalmao admitió ser integrante del “S2” (Inteligencia militar) de ese cuartel. Para el abogado Errandonea, Dalmao se contradijo en sus comparecencias ante la Justicia. El diario La República publicó la declaración de marzo de este año, cuando el general negó cualquier implicancia en la muerte de la joven, manteniendo la versión que aportó en 1974 ante el Supremo Tribunal Militar durante la indagatoria del caso en plena dictadura. “Siendo aproximadamente la hora 12.10, el suscripto (Dalmao) recorrió los calabozos en los que se encuentran los detenidos por actividades subversivas, ya que pensaba hablar con la detenida Nibia Sabalsagaray, y al asomarse a la celda número tres notó que la mencionada se encontraba arrodillada en el piso y colgando de un pañuelo anudado al cuello y a un hierro saliente de la pared que da a la cabecera de la tarima.” “Una vez adentro de la celda constató que la prisionera estaba aparentemente muerta, solicitando de inmediato la presencia del enfermero de servicio y procediendo a comunicar el hecho” (declaración Dalmao al Supremo Tribunal Militar).

Sin embargo, cuando compareció en 2006, Dalmao dijo haberse enterado de la muerte de Sabalsagaray “por información que circuló en el batallón apenas constatado su deceso”. Cuando se le preguntó sobre las contradicciones existentes entre sus testimonios de 1974 y 2006, el oficial afirmó que en el último caso dijo lo que dijo porque “lo tenía en el alma, sin asesoramiento jurídico y sin haber analizado la documentación sobre el tema”.

Ahora la decisión queda en manos del juez Vomero. Si acepta el criterio de la fiscal, procesará al general Dalmao y al coronel retirado Chialanza, quienes podrán apelar, pero en prisión. Si el magistrado discrepa con el pedido de la fiscal, Guianze tendrá la posibilidad de recurrir a un Tribunal de Apelaciones. Resta esperar.

Por Mercedes López San Miguel
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Publicado enInternacional
Jueves, 07 Octubre 2010 06:31

La historia latinoamericana en 35 mm

No ha sido complaciente América Latina a la hora de mirar su historia, su idiosincrasia y sus vaivenes sociales y políticos en el cine. A diferencia de Estados Unidos que ha revisado desde todos los ángulos su propia historia, casi siempre en versiones que hacen apología a sus hazañas, con ensalzamiento de sus héroes, los cineastas latinoamericanos han mirado con ojo crítico, desconfiado, y a veces despiadado, su pasado, su historia y su propia problemática. En los inicios del cinematógrafo, los mexicanos se volcaron a retratar su gesta en la Revolución, en célebres películas como la famosa trilogía de los años 30: El prisionero trece, El compadre Mendoza y Vámonos con Pancho Villa, todas de Fernando de Fuentes.

Y en los años 40 y 50, su potente industria supo vender como símbolo de todo el continente su cultura de rumberas, lucha libre y melodramas. Sin embargo, durante el difícil desarrollo y penosa evolución de las cinematografías continentales, incluida la mexicana que no pudo subsistir los embates de Hollywood, las películas latinoamericanas pocas veces parecen orgullosas de su historia, abordando con cierto desdén sus temas relevantes del pasado remoto y reciente.

No hay exaltaciones heroicas ni triunfalistas cuando han decidido revisar acontecimientos como la conquista española, la colonia y las posteriores gestas de liberación. Con su tono poético, el venezolano Diego Risquez ofreció en los ochenta una apesadumbrada imagen de conquistadores y conquistados, en su trilogía Bolívar, Sinfonía Tropikal; Orinoko, Nuevo Mundo y Amérika Tierra incógnita, y no resultan especialmente épicas ni exaltadas películas sobre la Independencia como la argentina La guerra gaucha, de Lucas Demare (1942), la chilena Alsino y el Cóndor, de Miguel Littin (1982) o la tremenda Os Confidentes (1972), del brasilero Pedro de Andrade sobre la dominación portuguesa.

Reflejos de las dictaduras

Tampoco son esperanzadoras ni optimistas, las que abordan los fenómenos de las dictaduras continentales y sus consecuencias, que será un tema recurrente en el cine latinoamericano, destacando títulos como Historias de la Revolución (1960), todo un clásico del cubano Tomás Gutierrez Alea, El silencio de Neto (del guatemalteco Luis Argete, 1994) o Se llamaba S.N. (1978), del venezolano Luis Correa. En Argentina, la temática de la dictadura y los desaparecidos se ha convertido prácticamente en un subgénero en sí mismo, a través de películas terribles como La historia oficial, de Luis Puenzo, La noche de los lápices (Héctor Olivera, 1986) y hasta Moebius (Gustavo Mosquera, 1996), metáfora de los desaparecidos en clave de ciencia ficción. En el país del sur, Fernando Pino Solanas se ha convertido en un cineasta clave de la tendencia al revisionismo histórico. Es una suerte de Michael Moore argentino que, desde el documental pero sin desdeñar la ficción política, ha revisado los procesos del exilio, el peronismo o las dictaduras argentinas en películas como La hora de los hornos, Tangos, el exilio de Gardel, o Sur.

Guerrillas y narcotráfico son problemáticas tan vívidas en Latinoamérica que, a su vez, se han convertido en un filón de cine que ha intentado revisarlas, comprenderlas o rechazarlas. México, en los ochenta y noventa, apadrinó dos subgéneros de cine barato y violento: el tortilla western y el cabrito western, con películas del oeste desarrolladas en el contexto actual del narcotráfico y la inmigración ilegal a Estados Unidos. La boca del lobo (Francisco Lombardi, 1988) sobre el grupo Sendero Luminoso; Sicario y Punto y raya, de Elia Schneider, sobre los asesinos a sueldo y los problemas fronterizos colombo-venezolanos, y especialmente producciones colombianas como Sumas y restas, de Víctor Gaviria (2005) o Apocalipsur (Javier Mejía, 2007), sobre el flagelo del narcotráfico, dibujan el paisaje desolador de una realidad histórica insoslayable.

Más que mirar hacia el pasado, con o sin nostalgia, la tendencia del cine latinoamericano ha sido siempre la de reflejar y retratar la cruda realidad del presente, siendo la violencia, la delincuencia y la corrupción política el centro de atención. La conocida tendencia de la Pornomiseria, en los años setenta y ochenta en Colombia, con títulos como Gamín, de Ciro Durán o Rodrigo D No Futuro, de Víctor Gaviria; las venezolanas Soy un delincuente, de Clemente de la Cerda, o El pez que fuma, de Román Chalbaud, que comparaba al corrupto país con un gran burdel o la desgarrada Pixote, de Héctor Babenco, que alertaba sobre los delincuentes infantiles en Brasil, son títulos ilustrativos de una temática que aún hoy sigue estando presente, aunque ahora con estética Tarantino, en películas más recientes como Ciudad de Dios, de Fernando Meirelles, Amores Perros, de Alejandro González Iñarritu, o la producción venezolana Secuestro Exprés, de Jonathan Jakubowicz, al tiempo que algunas revisan puntuales casos recientes de corrupción como la muy reciente Las viudas de los jueves, de Marcelo Piñeyro, que analiza el fenómeno del corralito argentino.

De la más candente actualidad habría que destacar que, a pesar del escaso éxito comercial, el cine venezolano del momento se afianza en el nacionalismo y el fervor por los próceres patrios inyectado desde el gobierno y en los últimos años se ha volcado en las películas históricas financiadas generosamente por el Estado: una sobre la amante de Bolívar, dos sobre Miranda y otra sobre Zamora, todas rodadas como exaltaciones de estos héroes nacionales encumbrados por el presidente Hugo Chávez, quien por cierto, apareció como estrella el año pasado en el Festival de Venecia, por el documental South of Border, una apología de su gobierno, rodado por Oliver Stone. Por otro lado, con interés se espera la película mexicana Revolución, un proyecto realizado a propósito del centenario de la Revolución Mexicana y el bicentenario de Independencia, que pretende ser una lectura actual del movimiento revolucionario de 1910, a partir de diez historias cortas dirigidas por los cineastas mexicanos Mariana Chenillo, Patricia Riggen, Fernando Eimbcke, Amat Escalante, Gael García Bernal, Rodrigo García, Diego Luna, Gerardo Naranjo, Rodrigo Plá y Carlos Reygadas.

Por OMAR KHAN 07/10/2010
Publicado enInternacional
Domingo, 26 Septiembre 2010 13:53

Lo que jamás podrá olvidarse (2da parte)

Cmdte.-  ¿Su padre a qué edad murió?

Junko Watanabe.-  Tiene 98 años, está vivo.

Me gustaría prometerles a ustedes, con el motivo de trasmitirles el sentimiento de mi hermano, quien ya murió, y para trasmitirles el mensaje que tienen todos los sobrevivientes, y para que la nueva generación trasmita a la generación siguiente nuestro testimonio, yo voy a seguir dando testimonios.  Muchísimas gracias (Aplausos).

Cmdte.-  Yo le ruego que me excusen si le hago algunas preguntas, porque es que tenemos interés en que se conozca todo lo que ella está narrando; y, desde luego, si no tiene objeción, nosotros retransmitiremos este encuentro a través de la televisión nacional (Aplausos).  Tenemos mucho interés en que nuestra opinión pública conozca todo esto, no solo trasmitirlo aquí, trasmitirlo en otros países, hacerles llegar noticias del encuentro.  Es de suma importancia que se conozca todo lo que allí ocurrió, independientemente de lo que se haya publicado, filmado, y todas las cosas nuevas que van apareciendo.

Yo le explicaré luego por qué hago algunas preguntas aparte de esas.

Ella contaba que estaba en una casa próxima, que estaba en el patio con el hermano, cuando se produce la explosión y una nube de polvo.  Ella conoce, por otros que estaban conscientes en ese momento, qué tiempo tardó en llegar ese polvo sobre las personas que estaban allí.

Junko Watanabe.-  Cerca de 30 minutos, pero es que no llovió en todas partes, sino hacia donde el viento arrastró la lluvia.

Cmdte.-  La lluvia. Pero hubo lluvia y hubo unas cenizas.

Junko Watanabe.-  Realmente la lluvia de cenizas no existió, sino ese polvo ligado con la lluvia fue lo que llegó hasta donde estaban ellos; no fue separado, fue algo solo, único, ligado con toda la suciedad y con todas las cosas que arrastró con él.

Cmdte.-  ¿Y no había techo donde ella estaba, estaba en un patio?

Junko Watanabe.-  Nosotros estábamos a 18 kilómetros del lugar donde cayó la bomba.

Cmdte.-  ¡Dieciocho kilómetros!

Intérprete.-  Dieciocho kilómetros.

Cmdte.-  Eso le iba a preguntar, porque hay un puente, creo, que señalan como el punto, el blanco donde se lanzó la bomba. ¿Fue a 18 kilómetros?

¿Tus padres estaban bajo techo?

Junko Watanabe.-  Mi mamá estaba con mi hermano menor cargado en la parte de afuera de la casa, y mi papá estaba en Hiroshima, que había trabajado y de noche se dirigía hacia la casa; pero, bueno, él lo recibió estando dentro de un edificio.  Incluso, él vio el avión que daba vueltas por encima de Hiroshima.

Cmdte.-  Antes de disparar.  Correcto.

¿Y la madre resultó también quemada?

Junko Watanabe.-  No.  Realmente, donde estábamos nosotros, a 18 kilómetros del lugar, lo que recibimos fue toda esta cantidad de papeles quemados, esa ola, ese viento que llegó hasta nosotros; pero quemarse como tal, eso no lo tuvimos.

Si hubiésemos estado un poquito más cerca, o sea, cerca del epicentro, no creo que estuviésemos hoy aquí haciendo el cuento.

Cmdte.-  Correcto.

Yo quería contarles que recientemente tuvimos la visita de un investigador muy prestigioso, que es profesor emérito de la Universidad de Rutgers, New Jersey, y es el autor de la teoría del invierno nuclear.  Esto, a nuestro juicio, es de suma importancia, porque se relaciona con los peligros actuales que está enfrentando la humanidad, y hay muchas cosas que se desconocen.

Este profesor visitó nuestro país y en una reunión de científicos hizo una exposición excelente de su teoría,  una teoría con mucho prestigio; es a mi juicio irrebatible, y está relacionada con las consecuencias de una guerra nuclear.  No se refiere, propiamente, a la destrucción que ocasiona ­-la cual sería enorme-, sino que analiza el peligro que significaría para la humanidad una guerra nuclear regional, ni siquiera una guerra global.

Parte del hecho actual, muy diferente del momento aquel en que se lanza la primera bomba nuclear.  Toma en cuenta la situación, en este momento, en que existen 25 000 armas nucleares en el mundo.  Imagino que muchos de ustedes conocen esos datos.  El científico afirma que bastarían 100 explosiones nucleares y se produciría lo que él califica de invierno nuclear.

Fundamenta su teoría en una serie de investigaciones que han realizado científicos norteamericanos y científicos soviéticos antes de la desaparición de la URSS, sobre los efectos que produciría un número de armas nucleares que estallaran en una guerra.  Ellos calcularon que unas 100 explosiones nucleares serían suficientes para liquidar la vida humana en el planeta, de modo que una guerra, por ejemplo, entre la India y Paquistán, con el número de armas que posee cada uno de ellos, sería suficiente para poner fin a nuestra especie.

A mí me parece que, aunque tal vez ustedes tengan suficientes noticias, nosotros podemos facilitarles una copia de la conferencia de Alan Robock -es el nombre del profesor que la impartió aquí hace muy poco, fue en este mismo mes-, que contiene datos de gran valor, los cuales les servirían a ustedes para la divulgación de las consecuencias, no solo por el daño que ocasionaría; por supuesto, las armas actuales son mucho más poderosas, mucho más precisas, mucho más rápidas.  El poder de las armas existentes equivale a cuatrocientas cuarenta mil veces la potencia de cualquiera de las dos bombas que lanzaron en Japón sobre Hiroshima o Nagasaki; probaron las dos, una a partir del uranio y otra a partir del plutonio.  Ya todas esas tecnologías se dominan y las armas se usan con precisión total.

Los acuerdos que se han tomado entre las grandes potencias prácticamente carecen de valor, porque no se traducen en una real reducción de las armas.

A mí se me ocurre que si la organización de ustedes hace contacto con él, que es un hombre muy generoso, él podría ofrecerles una conferencia sobre este problema.

Yo le preguntaba sobre la neblina, porque él explica y demuestra que, como consecuencia de las explosiones nucleares, todo arde, la madera; todo lo que procede del petróleo, y otras muchas cosas, como él explicaba, arden y, mezcladas con la tierra, producen grandes concentraciones de polvo.  Lo tiene todo estudiado: qué ocurriría si fueran dos o si fueran 10, si fueran 100, y tiene un límite.  Esa nube de polvo se extendería por todo el mundo en un período de tiempo, creo que no mayor de tres semanas, y la temperatura bajaría por debajo del punto de congelación.  Bueno, implica, por ejemplo, una noche de meses, que no permite el cruce de la luz solar.  Desaparece la producción de alimentos y las consecuencias son horribles; más de 6 000 millones de personas se quedarían sin alimentos, además del frío.

Yo le hice una pregunta cuando él terminó la exposición de una hora, con mapas, con gráficos; han estudiado todos los efectos de las erupciones de los volcanes; han estudiado cómo se extiende el polvo cada vez que ocurre una. Incluso, uno reciente en Islandia, en Europa, creó problemas muy serios. Han estudiado igualmente los grandes incendios que han ocurrido de manera natural, o como consecuencia de guerra o accidente.  Yo le pregunto:  “¿Cuántas personas en el mundo conocen esa información que usted está brindando?”  Dice:  “Casi nadie.”  Le digo:  “Y en su propio país, ¿cuántas personas lo conocen?”  Me dijo:  “Muy pocas.”  Digo:  “¿Y cómo puede explicarse ese fenómeno?”  Le añadí, además:  “A lo mejor hay que estudiarlo, buscar especialistas en psicología y en otras ramas para encontrarle una explicación a ese fenómeno”, y él me dijo entonces:  “Tengo una respuesta:  eso se llama estado de negación.”  Él razonaba que cuando podían ocurrir cosas horribles, la gente rechazaba la idea de creerlas posibles.

A esa explicación que él da se le pudiera sumar otra, que está relacionada con los medios de información, el monopolio de los medios de información.  Las cosas que suceden en el mundo, a pesar de los medios modernos que existen, radio, televisión, las filmaciones son manejadas de la forma que las noticias se suceden, pero no se explican, y realmente muchas de las más importantes que existen en el mundo no se conocen, o se dan noticias y no se analizan.  Sobre eso hay libros muy importantes, sobre el monopolio de los medios de información; la verdad está secuestrada, no se conoce. Son dos fenómenos.

Yo le explicaba que nosotros no éramos pesimistas sobre la posibilidad de crear una conciencia.  Yo les digo:  se puede crear o no una conciencia.  Desde luego, si las masas no saben leer y escribir no puede ni siquiera intentarse; si la sociedad tiene un nivel de conocimientos como lo tiene la sociedad japonesa, entonces con los propios medios de divulgación, no solo por escrito, sino con la palabra, con las imágenes, con la música, con otras muchas manifestaciones, se puede crear una conciencia hoy.

Les digo que ese era el caso de Cuba.  Si la gente no sabía leer y escribir…  ¿Qué puede hacer una persona que no sepa leer ni escribir?  Si alcanzan o no un sexto grado, si se gradúan o no de bachiller, si cientos de miles realizan estudios universitarios, si tienen buenos profesores, se producen fenómenos diferentes. La Revolución no se ha defendido con la fuerza, se ha defendido con los conocimientos, con la conciencia.  ¿Cómo podía un país pequeño, como Cuba, resistir 50 años de bloqueo y de hostigamiento?  Creían que podían rendir el país, o que podían engañarlo, pero no pudieron.  Era, a mi juicio, una demostración de que se puede formar una conciencia, porque si renunciamos a la idea de que la conciencia pueda crearse, entonces, ¿qué sería del trabajo de ustedes? Porque ustedes están recorriendo el mundo y explicando, llevando a las personas que conocieron de cerca eso, y contando hechos que son desgarradores, realmente. Y me explico todavía mejor lo que ustedes están realizando, porque lo están sintiendo, y están llevando personas que lo vivieron, y tienen las imágenes, tienen muchas cosas.

Yo estuve en Hiroshima. Visité el museo. Todo me lo explicaron allí: lo que resistió, lo que no resistió; y una de las imágenes tremendas de la tragedia humana era la estampa de los niños que no habían nacido todavía, madres gestantes a las que faltaba un mes, dos meses, tres meses, esas imágenes han quedado estampadas allí, y son de un gran impacto, y pienso que hay material para lograrlo.  Yo diría que hoy hay mucha más conciencia; pero hace falta mucha más.  Y el hecho real es que hoy toda la humanidad está amenazada de algo tan horrible como lo que ustedes han contado, e incluso más horrible todavía, porque lo hemos escuchado de las personas que estaban en el área de la primera bomba, el dolor por las personas que murieron, las personas que fueron quemadas, que fueron lesionadas o fueron irradiadas y han vivido más de 50 años. Hace en realidad 65 años de que se produjeron aquellas explosiones, y hoy miles de ellas más poderosas y precisas amenazan la humanidad.

El científico afirma la teoría de que, mientras más armas nucleares posea un país, menos posibilidades de paz y seguridad tendrá. Él es partidario de que se liquiden todas las armas nucleares.  Yo voy un poco más lejos.  Pienso que si se liquidan las amas nucleares y no se liquidan las armas convencionales, es casi igual.

El poder destructivo de tales armas convencionales es hoy enorme. Una bomba con fragmentos de tungsteno, portada en una pesada ojiva, sin uso de energía nuclear, adquiere velocidad en el espacio de 25 000 kilómetros por hora, más de 20 veces la velocidad del sonido; desciende luego a no menos de 20 000 kilómetros. Toda un área de lo que está debajo es absolutamente destruida. No queda puesto de mando, no queda gobierno, no queda nada del objetivo señalado.  Eso se ha publicado, se ha explicado.  La guerra mundial pasada costó 50 millones de vidas, víctimas de armas convencionales, sin incluir las víctimas y el daño humano de las dos bombas nucleares, que ocasionaron más de 150 mil muertes y un número superior de personas que sufrieron quemaduras, irradiación y otros muchos daños.    La destrucción, el hambre, las enfermedades, afectaron a gran parte del mundo en aquella guerra. Si se produjera otra guerra mundial, sería la última, no puede haber otra.

El mismo Einstein lo dijo, que no sabría cómo sería otra guerra mundial en la era atómica; pero que la siguiente sería con arcos y flechas.

Yo había traído una carta que me envió Robock, el mencionado científico, en respuesta a una pregunta que le hice cuando él ya estaba en el aeropuerto de regreso a su país.  En su conferencia había trasmitido unos datos sobre el planeta Marte; me comuniqué por teléfono y le pregunté dónde podía  obtener más datos sobre ese planeta. Él me explicó que Marte tenía atmósfera, algo que dado su poco grosor yo ignoraba. Me prometió enviar información.

Dos o tres días más tarde la envió.

“Marte posee una atmósfera mucho menos espesa que la de la Tierra, con solo un 7% de aire…  Equivale a la densidad del aire de la Tierra a 21 kilómetros de altura.”

“La atmósfera marciana -añade- está compuesta, casi en su totalidad, por dióxido de carbono.”

Lo informado  se relaciona con lo que estamos hablando: los efectos de las explosiones nucleares. Las consecuencias sobre el clima. ¿Qué se ha dicho del medio ambiente?  ¿Qué se ha dicho del cambio climático?  ¿Es que no existe ese grave problema? ¿Es que no se ha investigado? ¿Es que no existe una prestigiosa película elaborada con la cooperación de los más eminentes científicos sobre el cambio climático, sus efectos en las lluvias, la economía y la vida de los seres humanos?  Eso está estudiado como un segundo problema en el cambio climático. Es decir, no hay que esperar que haya una guerra nuclear para que la vida desaparezca en el planeta.  Así como les estoy diciendo, para que la vida desaparezca en el planeta.

La economía y la vida de las naciones se basan hoy en el consumo de materias primas no renovables, entre otras, la más importante, el petróleo, una materia prima que se consume a ritmo de casi 100 millones de barriles diarios.

Tómese en cuenta que el petróleo tardó cientos de millones de años en formarse a partir de materia viva.

Alrededor de 400 millones de años fue lo que se requirió para que se formara el petróleo, el gas y el carbón. ¿En qué tiempo el hombre está gastando el petróleo que la naturaleza acumuló durante 400 millones de años?  En apenas 130 años los seres humanos han gastado ya más de la mitad de ese combustible, cuyo consumo además tiene efectos tremendos en el medio ambiente. Dióxido de carbono, que tanto abunda en la atmósfera de Marte, es precisamente lo que produce el consumo de petróleo. Son factores que la humanidad debe conocer, enfrentar y resolver. Es el precio de su existencia.

La población humana no puede crecer ilimitadamente, ya que el planeta donde surgimos y vivimos tiene límites. Se calcula, si mal no recuerdo, que para el año 2050 la población alcanzará la cifra de más de 9 000 mil millones de habitantes. Hace sólo 200 años apenas alcanzaba los mil millones. Las consecuencias que eso tiene con relación al agua, a los alimentos, a la energía y a las materias primas son realmente extraordinarias.

Japón es país de bastante limitada superficie para su población, hoy se acerca ya a 130 millones de habitantes, tengo entendido; se afirma que es la nación de mayor promedio de vida y portadora de una elevada cultura, y que su población se estabilizará en algo más de 100 millones de personas. Luego es posible alcanzar la estabilidad de la población.

Un país vecino de ustedes, China, aplica una rigurosa política de población; si no hubiese adoptado esa política, hoy en China habría alrededor de 3 000 millones de habitantes. Entre China y la India poseen casi la mitad de los habitantes del planeta.

Son realidades. Las personas deben tener el valor de enfrentar las realidades, de conocerlas, como están haciendo ustedes con relación a las terribles consecuencias de las explosiones nucleares.  Los que nazcan deben tener condiciones indispensables, disfrutar de una vida natural y tan plena como sea posible. No es lo que está ocurriendo. Mueren cada año alrededor de 8 o 10 millones a consecuencia del hambre y de la falta de atención médica. ¿Quiénes hablan de eso?  Algunos científicos y algunos políticos. De tales noticias apenas se habla; a las grandes transnacionales no les interesa el tema.

Yo sé que ustedes, en este propio viaje, nos solicitaron que enviáramos un médico con experiencia internacionalista, no alguien que estuviera pensando serlo. De esos mismos médicos cubanos, hay miles de ellos en numerosos países. Ustedes se asombrarían seguramente si conocieran lo que, por ejemplo, nuestro pequeño país puede hacer por otros pueblos. No se trata de tareas irrealizables lo que sostengo.

Matsumi Matsumura.-  Comandante, mire, lo que le quería comentar por nuestra parte, que usted mencionó al internacionalista…

Cmdte.-  ¿Y está aquí?

Matsumi Matsumura.-  Sí.

Cmdte.-  ¿Dónde está?  Puede levantar la mano.

Deja ver si te veo mejor.

Me dijeron que estuviste en Haití, ¿no?

Matsumi Matsumura.-  El señor Dr. Liván Torero, que él trabajó mucho para la gente de Haití después del terremoto y lo hemos invitado al barco de la paz para que nos dé su experiencia allá en Haití.  Y también a su lado tenemos a José Ramón, el bailarín de salsa, que para nosotros es muy importante conocer su cultura; creo que es un baile tradicional y nosotros hemos aprendido mucho sobre la salsa.

De verdad, muchísimas gracias por ofrecernos esta invitación.  Muchísimas gracias, Comandante (Aplausos).

Cmdte.-  Lo felicito, y muchas gracias.  Lo mencioné porque sé la tarea que están haciendo e iba a citar el caso de Haití como una prueba de lo que puede la conciencia.

En la propia Bolivia hay casi 2 000 médicos, están en muchos lugares.  En Ecuador, que tiene 15 millones de habitantes, están ayudando a indagar y prestar atención a todos aquellos que por problemas genéticos o de otra índole son inválidos, nacieron ciegos o nacieron sin poder oír. Al no poder oír un niño, se vuelve mudo; si no conoce los sonidos no puede emitirlos. Muchos problemas tienen solución con un equipito, con ponerles un audífono podrían hablar y comunicarse.

Si nacen ciegos y sordos es una situación más complicada. ¿Cómo será la vida de una persona ciega y sordomuda, que nunca ha oído y nunca vio?

Conozco los resultados del implante coclear y cómo aprenden a oír, hablar, escuchar la música y conocer el mundo; sus vidas cambian.

Creo que la sociedad debe hacer conocer a los padres, tratar de advertir los riesgos; que en determinados casos, no debieran tener descendientes. Considero que cada ser humano que nazca debe venir al mundo con toda su potencialidad. Si por alguna razón nacen con deficiencias vitales no hereditarias, hay que hacer todo lo posible para enriquecer la vida de esas personas. Los que no puedan ser alimentados realmente, los que no puedan ser educados, los que no puedan tener una vida normal, una vida que valga la pena vivir, no deben ser concebidos, sencillamente.

Comprendo que no todos pueden pensar exactamente igual, hay influencias religiosas, yo respeto todo eso; pero estoy expresando con franqueza mi opinión y por qué. Para el género humano, en la actualidad, se trata, realmente, del famoso problema ser o no ser, si va a sobrevivir o no esta especie, que realmente bastante daño ha ocasionado a los demás seres vivos.  Desde que surgió la especie humana lo trastornó todo, la inteligencia hasta ahora ha constituido una tragedia para la naturaleza, y con las armas nucleares pudiera llegar a crearse un problema tan grave como el de aquel famoso asteroide que cayó -dicen- en el istmo de Tehuantepec, en México, hace decenas de millones de años, y produjo un prolongado invierno.

Ninguna otra especie hizo eso, mantuvo el equilibrio con la naturaleza a lo largo de miles de millones de años, alrededor de 4 mil. El hombre es nuevo. Surgió hace menos de 200 000 años esta especie pensante -lo de pensante yo diría que está por demostrar, si no demostrara que es capaz de sobrevivir. Excúsenme de que sea un poco duro con nuestras insensateces. Lo único demostrado hasta hoy, es que no existe la menor prueba de que haya sido precedida por otra.

En fin, todos estos problemas están combinados, y a mí me parece que deben asociarse para ganar la batalla que debe ser el objetivo de los seres humanos. Entonces tal vez muchas cosas maravillosas podrían crearse.

¿Cuánta gente bien preparada científicamente, cuántas eminencias tiene el mundo?  El 80% de los ingenieros de Estados Unidos están dedicados a la esfera militar, a crear los medios y la ciencia para destruir y matar, en virtud de un sistema pérfido que los condujo a ese destino.

Nuestra aspiración es que las personas alcancen  niveles intelectuales altos. Casualmente, cuando venía hacia acá, tomé un boletín de noticias y me encuentro con una de ellas, la cual señalaba que Cuba ocupaba el primer lugar del mundo en el porcentaje de estudiantes matriculados en los centros superiores de estudio. Venezuela ocupaba el quinto lugar; segundo, tercero y cuarto lo ocupaban la República de Corea, Finlandia, y Grecia; Estados Unidos estaba por detrás de nosotros en el sexto lugar.

Yo cité al médico, porque esos hombres y mujeres -la mayoría son mujeres- están trabajando en Bolivia, en Nicaragua, en Venezuela, en muchos países del Tercer Mundo. Pero, ¿por qué? Me asombro: vienen, por ejemplo, de vacaciones 15 días y se desesperan por regresar a sus puestos de trabajo, les echan de menos a los pacientes; hay que oír a los pacientes cómo se expresan. Es un producto de la conciencia, eso no se compró en ningún lugar, no se hace por dinero.

La tarea que realizan los compañeros en Haití es un producto de la conciencia.  Por eso me atrevo a hablar de la conciencia, porque he visto que la conciencia hizo posible la Revolución, hizo posible la resistencia, independientemente de las críticas que nos hagan o de los errores que podamos cometer, porque ninguna obra humana es perfecta. No tememos lo más mínimo a hablar de errores, porque lo que no tiene perdón es lo que se hace conscientemente en perjuicio de los demás.

No hay obra humana perfecta, pero creemos en ella, y si no creyéramos en ella, no estaríamos haciendo lo que estamos haciendo, y tampoco lo que ustedes tan noblemente están haciendo.

Lamento que les he tomado demasiado tiempo
Publicado enInternacional
Domingo, 26 Septiembre 2010 11:52

Lo que jamás podrá olvidarse

El pasado martes, 21 de septiembre, me reuní a las 9 a.m. con más de 600 pasajeros del Crucero por la Paz (Peace Boat), casi todos de nacionalidad japonesa, entre ellos una sobreviviente del asesinato masivo en la ciudad de Hiroshima, que tenía dos años cuando ocurrió el hecho.


La televisión nacional de Cuba transmitió el encuentro, pero la traducción en la sala del Palacio de las Convenciones no era simultánea y las voces de las compañeras que realizaron esa difícil tarea se superponían a mis palabras. Decidí, por ello, escribir una Reflexión sobre el tema.


Aproveché la oportunidad para reducir la extensión de lo que expresé, y ordenar mejor las ideas trasmitidas con absoluta fidelidad al contenido de las mismas.


Las palabras de las demás personas que participaron, las trasladé íntegramente.


A pesar de mis esfuerzos, la Reflexión resultó extensa, ya que el encuentro duró dos horas y media, por lo que decidí dividirla en tres partes, que serán publicadas en días sucesivos.


El encuentro comenzó con las palabras de Kenia Serrano, Presidenta del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos:


Buenos días.


El pasado 3 de septiembre el señor director de la Organización no Gubernamental Cruceros por la Paz, el señor Yoshioka Tatsuya, envió a nuestro Comandante en Jefe una carta solicitándole que recibiese a los directivos del crucero y a la sobreviviente de Hiroshima y Nagasaki que viene en él; el Comandante aceptó, y también, con placer, invitó a otra amplia representación de los pasajeros a este encuentro.


Estamos asistiendo a ese encuentro hoy, 21 de septiembre, declarado por las Naciones Unidas Día Mundial de la Paz, por supuesto que con la presencia, para nosotros memorable, de nuestro querido Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (Aplausos).


Se encuentran en la presidencia de nuestro encuentro el señor Nao Inoue, director de esta travesía del Crucero por la Paz (Aplausos); la señora Matsumi Matsumura, también del staff de Cruceros por la Paz, quien nos ayudará a traducir al español este encuentro (Aplausos); la señora Junko Watanabe, miembro del Movimiento Hibakusha, sobreviviente de Hiroshima y Nagasaki, y la profesora Susana García, de la Universidad de La Habana, quien también facilita este diálogo al japonés, como ustedes pueden ver (Aplausos).


Comandante…

Cmdte.- ¿Qué me toca a mí, un discurso?

Kenia Serrano.- Saludar, porque todos estamos deseando eso.

Cmdte.- No, yo vine a responder, es la verdad. Le pregunté qué me correspondía hacer y no me dijeron nada.

Realmente quiero, en primer lugar, darles las gracias por el honor que significa este encuentro.

Yo estaba un poco ausente, como ustedes conocen, leía periódicos; pero me he perdido de muchos de los encuentros de ustedes, por que después supe toda la historia en detalle. Ya he aprendido bastante de ustedes: las veces que estuvieron en Cuba, comenzaron en 1990, volvieron en 1995, 1997 y 1998; en 2000, 2001 y 2002, dos veces; después 2005, 2007 y 2009, y hoy, que tengo entendido suman 14 viajes.


Bueno, la historia es que cuando recibo la invitación, me alegró poder intercambiar con ustedes por la importancia del momento en que estamos viviendo, que no es un momento cualquiera; además, por un sentimiento de gratitud, ya que conozco la solidaridad de ustedes a lo largo de todos estos años, las dificultades, las luchas contra los bloqueos, la identidad y nacionalidad del mismo barco, los puertos donde podían ir o no podían ir, si les suministraban o no combustible y otras idioteces parecidas de nuestro principal adversario con cuyos métodos no se podrá lograr jamás un mundo de entendimiento y de paz en nuestro planeta.


Recordando la consigna de ustedes, que tiene, a mi juicio, un especialísimo valor: “Aprende de las guerras pasadas para construir un futuro de paz”, sin duda que esta es una frase que tendría significado siempre, pero en este momento lo tiene más que nunca; me atrevería a decir, sin temor a equivocarme, que nunca en la historia de la humanidad hubo un momento tan peligroso como este. Así que no se trata de un sencillo viaje, se trata de una lucha real, seria, y esto que digo se puede demostrar, espero que en los intercambios nos ilustremos acerca de lo que se piensa o qué fórmulas podían ser posibles; soluciones realistas y no simple expresión de nobles deseos.


El encuentro para mí tiene una importancia muy grande, precisamente, por la experiencia que ustedes han acumulado sobre el tema.


En estos días se cumplió un aniversario más de aquel brutal e insólito hecho en que por primera vez se emplearon las armas nucleares sobre ciudades pacíficas.


Realmente se ha recordado mucho en todo el mundo lo que ocurrió en Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Yo había finalizado el bachillerato, lo recuerdo, era el verano, estaba de visita en Santiago de Cuba cuando llegó la noticia, y nadie tenía ni la menor idea de la existencia de un arma de esa naturaleza, creo que tres días después, lanzaron la segunda bomba atómica.


Sobre eso puedo hablar más después, qué sentimiento experimenté y qué concepto tuve toda mi vida de aquel hecho; pero es un ejemplo de las cosas que ayudan a ganar conciencia, porque la exhibición de todo lo que ocurrió allí y el daño humano que ocasionó, a pesar del tiempo transcurrido, volvía a conmover a la opinión pública internacional. No creo que haya ocurrido algo más expresivo de lo que es la guerra.


Bien, creo que les he robado bastante tiempo para estas primeras palabras, quisiéramos escucharlos a ustedes. Yo estoy en disposición de responder cualquier pregunta que deseen hacerme, en cualquier sentido. No tengo secretos de ninguna clase, cualquier tema puede ser abordado.


Me gustaría preguntarle a nuestra traductora cómo le ha ido. A ti, a ti (Risas y aplausos).


Intérprete.- Bien, parece que bien, Comandante.


Cmdte.- Muy bien.


Kenia Serrano.- Gracias, Comandante.


El señor Nao Inoue, por favor.


Nao Inoue.- ¡Buenos días! (exclamaciones de: “¡Buenos días!”)


Ante todo, me gustaría mostrar nuestro profundo agradecimiento por el hecho de que usted nos recibiera en esta ocasión.


Mi nombre es Nao Inoue, director del crucero Edición 70. Yo quiero decirles unas palabras en nombre de todos los miembros de Peace Boat.


Parece que ya aprendimos que usted ha aprendido mucho sobre nuestra organización. Fundamos esta organización en 1983, llevamos más de 27 años. Hasta ahora hemos realizado 70 cruceros mundiales llevando más de 40 000 japoneses.


Como usted sabe, ya hemos cumplido 14 viajes hacia Cuba y también este año es muy importante para nosotros, porque es el 20 aniversario, por eso tiene mucha importancia conocerlo a usted directamente, Comandante.


Durante estos 20 años, nosotros hemos puesto todo nuestro esfuerzo en ser puente entre el pueblo cubano y el pueblo japonés, y también hemos estado siempre en contra del injusto bloqueo, pero de verdad injusto.


Nosotros consideramos que es muy relevante seguir haciendo el puente, no solamente entre el pueblo cubano y el japonés, los dos, sino incluyendo también los países latinoamericanos y los países asiáticos. La razón por la que queremos trabajar en esto fuerte es promover un mundo de paz, sostenible, encabezado por Cuba, y estamos empezando a profundizar los lazos de amistad y fraternidad con Venezuela, Ecuador y Nicaragua. De esos países, el país que nosotros hemos visitado en más ocasiones es Cuba. También vamos a tener la oportunidad de conocer al presidente de Nicaragua, el señor Daniel Ortega.


Con motivo de profundizar los lazos de amistad y fraternidad entre los países del ALBA y Japón, estamos empezando el proyecto que se llama Crucero Juvenil de ALBA, en el que invitamos a los jóvenes de los países ALBA a bordo, realizamos intercambios, foros y conferencias de estudio, y también nos gustaría pedirle a usted, Comandante, que nos apoye en este proyecto.


Y como usted mencionó que nosotros somos el único país que recibimos la bomba atómica, entonces pensamos que tenemos la obligación y también la misión de trasmitir mensajes para un mundo libre de armas nucleares. Para erradicar las armas nucleares también nos gustaría colaborar con ustedes.


También queríamos aquí mencionar que el Japón, el país que tenemos Constitución pacifista, que renuncia a ninguna guerra y también armas nucleares de destrucción masiva (SIC).


También nosotros aprendemos en los países latinoamericanos que ustedes tienen Constitución pacifista también y también prohíben la existencia de bases militares extranjeras. Y pensamos proponer ante la ONU, en la instrucción de la ONU, que promueva que todos los países del mundo vayan a tener esta hermosa Constitución pacifista.


No queremos la guerra jamás, no podemos permitir el uso del arma nuclear jamás. Como siempre dicen los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki: “No queremos repetir este tipo de tragedia brutal.” Queremos establecer un mundo y la sociedad en que la gente quiere vivir también, no quiere vivir con la pobreza y estas cosas. Por eso nosotros consideramos que es muy necesario que todos los países tengan este tipo de Constitución. Nosotros nos prometimos que vamos a crear el mundo sin pobreza, sin hambre, con mucha felicidad y sostenible.


Por último, Comandante, soy gran fan de usted (Risas y aplausos). Parece que todos somos fan de usted.


Nosotros sabemos que usted está muy ocupado, pero queremos invitarlo a usted a bordo para navegar hasta Nicaragua. ¿Qué le parece? (Aplausos.) ¿Qué piensa? (Aplausos.)


Cmdte.- ¡Maravilloso! (Aplausos.)


Nao Inoue.- Voy a concluir mis palabras con la invitación. Muchísimas gracias (Aplausos).


Cmdte.- No será en época de ciclones, ¿verdad? (Risas.)


Me contaron que ustedes llegaban ayer, pero había unos ciclones por el Atlántico. Por fin, ¿a qué hora llegaron?


Nao Inoue.- Llegamos a las 5:00 de la mañana.


Cmdte.- ¿Y se puede saber la velocidad de Peace Boat? (Risas.)


Nao Inoue.- Más o menos como una bicicleta rápida (Risas).


Cmdte.- Bueno, depende, la campeona creo que alcanza más de 60 kilómetros por hora (Risas).


Pienso que en estos tiempos el Peace Boat debe marchar más rápido, es más urgente recorrer el mundo (Aplausos).


Yo debía pedirles, además, una excusa. Tuve noticias ayer mismo, por la mañana, y entonces me quedé pensando cómo podía reunirme, pues me contaron que habían solicitado hacerlo con algunos, y dije: “Bueno, si es posible trataré de saludarlos a todos”, no sabía, sin embargo, a qué hora llegarían; tenían, además, un programa organizado para todo el día. Bueno, ¿qué hacer para no entorpecer a los demás ni a otro programa? Y por eso inventamos esta reunión tan temprano. Todos hemos tenido que levantarnos temprano. Me imagino que ustedes estarían…, no sé dónde estarían, si estarían en la borda del barco viendo la entrada de La Habana o estarían durmiendo. Les ruego me excusen, porque soy el culpable de que ustedes hayan tenido que incrementar el programa (Aplausos). Entonces organizamos, o más bien improvisamos, la reunión para esta hora, a fin de que ustedes pudieran cumplir con las demás actividades y no echar a perder mis relaciones con las demás instituciones que los van a atender.

Creo que nos dieron hora y media. Yo respondí: al fin y al cabo ellos iban a venir hoy y van a llegar mañana, luego, hay flexibilidad. Creo que a las 5:00 de la tarde de hoy iba a salir el barco.


Kenia Serrano.- Empezar a abordar a las 5:00 y salir a las 7:00.


Cmdte.- ¿Iba a salir a las 7:00?


Kenia Serrano.- Ajá.


Cmdte.- Sí, terminaban las actividades a las 5:00.


Bueno, si un ciclón obligó a retrasar el barco, si salen a las 9:00, o si salen a las 10:00, pues están un rato más en La Habana, no es una tragedia. Afortunadamente, la visita ha sido sin guerra. Fue durante la paz.


Yo les pedí excusas por eso.


¿Tú tienes idea de cómo se va a desenvolver?


Kenia Serrano.- Comandante, ha sido emocionante, siempre que el crucero viene -el año pasado y ahora- ha traído sobrevivientes de Hiroshima, y tenemos a la señora Junko Watanabe. Propongo escuchar su testimonio.


Junko Watanabe.- Ante todo, Comandante Fidel Castro, es un gran honor y también placer conocerlo, y me gustaría mostrarle mi profundo agradecimiento por recibirnos con tanto cariño.


También me gustaría mostrar mi agradecimiento por el gran interés y conocimiento que el pueblo cubano tiene sobre Hiroshima y Nagasaki. Además, ayer el Movimiento por la paz en Cuba realizó un encuentro de testimonio para mí, y también un acto por el Día internacional por la paz, y realizamos un encuentro muy bonito en la Casa de la Amistad.


Yo nací en Hiroshima y después me casé con un japonés y me mudé a Brasil para vivir. Fui a Brasil a la edad de 25 y después volví a Japón a la edad de 38, pero en aquel momento, por primera vez, yo reconocí que fui sobreviviente de Hiroshima y Nagasaki.


Yo nací en el centro de Hiroshima, pero cuando estábamos en la Segunda Guerra Mundial nuestra familia nos habíamos evacuado fuera de Hiroshima, y como yo solamente tenía dos añitos, entonces no tengo memoria; pero cuando recibí la noticia de que yo era sobreviviente, por parte de mis padres, sufrí un impacto muy fuerte.


El día 6 de agosto de 1945, a las 8:15 mi mamá estaba en casa con mi hermano menor. Mi hermano mayor y yo estábamos jugando en un patio de un templo que estaba cerca de mi casa. Entonces mi mamá sintió el viento fuerte, espantoso, y también vio los papeles quemados que estaban cayendo en el frente de su casa. Mi mamá se sorprendió y luego vino a buscarnos al templo, fue en aquel momento que recibimos la lluvia negra. La lluvia estaba negra y pegajosa.


Antes de la bomba, ese día 6 de agosto, hacía buen tiempo por la mañana y dicen que esa bomba atómica explotó 580 metros encima de la tierra.


Cmdte.- ¿Cuántos metros?


Junko Watanabe.- Quinientos ochenta metros encima de la tierra.


Cmdte.- Fue nuclear.


Junko Watanabe.- Bomba nuclear.


Cmdte.- Esa energía es de uranio, no fue plutonio. La de plutonio fue en la otra ciudad.


Junko Watanabe.- Sí, en Nagasaki.


Entonces, como explota más arriba, afecta mucho con los rayos calientes y con el viento caliente hasta que la gente se quema. Y después de la bomba subió todos los polvos y papeles para arriba, y luego cayó la lluvia negra con la radiación.


Después de recibir la lluvia negra la condición de mi cuerpo estaba de la forma siguiente.


Cmdte.- ¿Cómo es, repite?


Junko Watanabe.- Mi cuerpo fue dañado, yo le voy a explicar ahora cómo estaba.


Todos los días sufría por las diarreas. Podía comer, pero después ningún nutriente quedaba en mi cuerpo, salía todo lo que comía. Mis padres pensaban que su hija iba a morir.


En verdad yo tenía dos añitos y no tengo ninguna memoria de escenas desastrosas.


Cuando yo cumplí 60 años empecé a participar en una asociación en Brasil. Ahora viven en Brasil 132 sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki.


Cmdte.- ¿En dónde, en Brasil?


Junko Watanabe.- En Brasil.


Cmdte.- ¿Eran niños cuando fueron?


Junko Watanabe.- De diferentes edades.


Cmdte.- ¿Los padres fueron con ellos, o no?


Junko Watanabe.- La mayoría se casaron y fueron sin sus padres ya adultos.


Ahora el promedio de edad de los sobrevivientes es de 75 años, ya están envejeciendo. Por eso el Presidente de la Asociación en Brasil le pidió a ella que ayude a la asociación, porque ella es una sobreviviente joven.


Aunque soy sobreviviente, como no tenía mucha memoria, antes de participar en esta asociación no conocía nada de la bomba atómica.


Luego tuve la oportunidad de leer todos los documentos que hicieron 200 sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki que vivían en Brasil y en los que estaba escrita la realidad de lo que ocurrió en Hiroshima y Nagasaki. Ese fue el primer momento en que yo conocí sobre la realidad de la bomba atómica en Hiroshima. Ellos describieron la escena muy brutal.


Por la tristeza y el rencor me sentí muy triste, y sentía que estaba temblando.


También encontré un documental de imágenes, filmado por un periodista japonés. Sin embargo, después de la bomba atómica los académicos estadounidenses se robaron esta información y lo llevaron a su país y nunca nos iban a mostrar este video que encontré en la oficina.


Ha sido un poco difícil verlo porque es una cinta muy antigua. Entonces pedí a un amigo que lo convierta a DVD.


Nosotros vimos con 10 amigos sobrevivientes el filme.


Las escenas que salieron en este documental fueron demasiado brutales y yo lo vi con mucha tristeza, y la ciudad de Hiroshima estaba desapareciendo.


Yo lo vi en el documental, nosotros lo vimos, y los edificios quemados totalmente, la ciudad estaba totalmente negra. También aparecía la gente que andaba, pero sin conciencia, desde sus brazos les colgaba la piel, porque estaba deteriorada, los ojos se les salían de su lugar. La gente estaba andando, pero sin conciencia.


Cuando lo vi en el documental, aunque no recordaba esta escena, reconocí que yo estaba allá en ese momento y también reconocí que eso lo hicieron los humanos, entonces sentí un fuerte rencor y tristeza.


Así yo empecé a pensar: Tenemos que trasmitir esos testimonios para las otras generaciones, y hace dos años, en el 2008, participé en el Proyecto de Hibakusha que realizó la Organización Peace Boat, al que invitaron a 100 sobrevivientes a bordo, y viajamos dando testimonio en cada puerto, y también conocí a otros Hibakusha en el mundo.


En Viet Nam nosotros conocimos a las víctimas del agente Naranja, generadas en la guerra de Viet Nam, y lo que ellos y sus padres sufrieron. El efecto que ellos tuvieron se trasmite por las generaciones.


Mi hermano mayor con quien jugaba en el templo murió hace dos años a la edad de 67 años.


Después de recibir la lluvia negra, como yo la recibí también, él siempre tenía deficiencia en sus huesos y vivía muy débilmente. Él murió a la edad de 67 por el cáncer de hígado.


Viendo que los sobrevivientes están muriendo, estoy viviendo con mucha preocupación por mi salud.


También me gustaría presentar una historia de origami, que son grullas que se hacen de papel y es un símbolo de paz para nosotros, también ahora mundialmente, y siempre acompaña la historia de una niña que se llama Sadako Sasaki que murió por la leucemia a la edad de 12 años.


Este año, cuando participé en la Conferencia de no proliferación de armas nucleares, en Nueva York, en mayo, tuve oportunidad de conocer al hermano de Sadako Sasaki.


Déjenme explicar un poquito la historia de Sadako Sasaki. Ella recibió la lluvia negra, igual que yo, y creció sanamente hasta la edad de 10 años, después, como se encontraba mal, se hospitalizó y se quedó en el hospital.


Ella tenía la creencia de que si hacía 1 000 grullas de papel iba a mejorar, y, según el cuento de su hermano, ella seguía doblando grullas hasta que… Bueno, en esa época no teníamos ningún papel, entonces usó papeles con los que se empacaban medicinas y también doblaba las grullas con agujas. Ella siempre decía, hasta que iba a morir: “Quiero vivir más, quiero vivir más.”


Estamos en la misma situación que Sadako Sasaki, que recibimos la lluvia negra a la edad de dos añitos, y ella murió y yo estoy sobreviviendo. Por eso siento gran responsabilidad de trasmitir qué es la bomba atómica, qué son los sobrevivientes. Los sobrevivientes tienen que vivir con muchos problemas físicos y también mentalmente con muchas preocupaciones hasta que mueran, y eso tenemos que trasmitirlo a las otras generaciones.


Ahora, nosotros mundialmente aprendimos que en el mundo hay varios tipos de Hibakusha, en varios lugares, por ejemplo, la gente indígena cuando saca uranio en las minas se afecta mucho por la radiación, también la gente que vive cerca de las plantas nucleares, y esas cosas tenemos que aprenderlas, también educar a la gente.


Cuando participé en el Proyecto Hibakusha, hace dos años, había un chico japonés, el director de la película documental, quien cubrió mi estadía a bordo, también después entrevistó a mi padre, que tiene 98 años. Lo que habló mi padre fue lo que yo no sabía hasta entonces. Mi papá decía así. El director le preguntó a mi papá: “¿Por qué tú no le dijiste la realidad a Junko?”


Desde la bomba hasta ahora, las chicas que recibieron la influencia de la bomba atómica, aunque son sobrevivientes, han sido discriminadas y tuvieron mucha dificultad para casarse. Entonces, reconocimos que yo, sobreviviente, afortunadamente no he tenido ningún problema físico, pero hay muchos médicos que dicen que la influencia de la radiación también aparece en otra generación.

Prosigue mañana.

Septiembre 24 de 2010

3 y 38 p.m.

Publicado enInternacional
Domingo, 12 Septiembre 2010 08:06

Choques en el día del golpe de Pinochet

Las protestas por la conmemoración número 37 del golpe de Estado que instaló a Augusto Pinochet y a su séquito por la fuerza en La Moneda el 11 de septiembre de 1973 comenzaron en la madrugada de este sábado con una persona herida de bala y tres detenidos, tras una seguidilla de incidentes registrados en el cordón periférico de Santiago, con cortes de luz y barricadas incluidos.

Este nuevo 11/9 chileno tuvo una connotación especial, dado que es el primero bajo un gobierno de derecha desde que en 1990 volvió la democracia, poder que se mantuvo en manos de cuatro presidentes consecutivos de la Concertación. Por esta razón, más un clima enrarecido por la huelga de hambre que 34 comuneros mapuches llevan adelante hace 63 días, las revelaciones del ex miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), Mauricio Hernández Norambuena, respecto del asesinato del senador de derecha e ideólogo de Pinochet, Jaime Guzmán, en 1991, y las manifestaciones que siempre han acompañado a este día, es que Carabineros reforzó sus efectivos en la calle.

Las autoridades metropolitanas autorizaron una marcha de los familiares de las víctimas de la dictadura desde el centro de Santiago hasta el Cementerio de General, lugar donde está el monumento a la memoria de los detenidos desaparecidos y ejecutados políticos. Además se permitieron homenajes al presidente Salvador Allende, con vigilias y velas en lugares emblemáticos, como el Estadio Nacional y antiguos centros de tortura de la policía secreta de Pinochet.

Sin embargo, al término de la actividad en el Cementerio General, que estuvo marcada por críticas al Bicentenario de la Independencia, al gobierno de Sebastián Piñera y a la situación de los mapuches, decenas de encapuchados arremetieron con piedras y bombas de humo contra la prensa en general que cubría la manifestación. Los manifestantes se ensañaron además con las señales de tránsito y otros bienes públicos, incluso quemaron una bandera chilena.

Si bien la presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP), Alicia Lira, rechazó esos actos, también consideró dramática la situación de los comuneros que “pelean por su derechos, por su dignidad, contra el robo de sus tierras ancestrales, mientras el gobierno hace oídos sordos”.

A su vez, el diputado Guillermo Teillier, presidente del Partido Comunista, añadió que el gobierno “está a prueba en relación a la defensa de los derechos humanos. Veremos si lo que se ha hecho perdura y podemos seguir avanzando en cuanto a verdad y justicia”.

Al final de la jornada, Carabineros informó que 20 personas, de las casi 10 mil que se movilizaron fueron detenidas por desórdenes graves y por portar elementos para fabricar bombas.

Presencialmente ajeno a esto, Sebastián Piñera destacó desde Antofagasta que el golpe de Estado era evitable. “El 11 de septiembre del año ’73 se quebró nuestra democracia. Pero no fue una muerte súbita ni intempestiva, fue más bien el desenlace previsible, aunque definitivamente evitable, de una democracia que venía enferma de odiosidad, de polarización extrema, de falta de diálogo. Daba la impresión de que el gobierno y la oposición de la época se habían propuesto destruirse mutuamente. Y lo lograron, y de paso destruyeron nuestra democracia, nuestra amistad cívica, nuestra sana convivencia y muchas cosas más”, sostuvo.

Agregó que la tarea de quienes ejercen los liderazgos en todo ámbito “es no es seguir recordando las divisiones del pasado, sino construyendo los puentes del futuro”. Pidió también a los comuneros mapuches deponer el ayuno y a las iglesias seguir esforzándose por restablecer los caminos del diálogo. Más tarde, participó en el concierto Sinfonía en el desierto, una alegoría a la vida, en el Parque Nacional Pan de Azúcar.

Cerrando el día, Lucía Pinochet Hiriart, la hija mayor del fallecido ex dictador, afirmó que “Chile es lo que es gracias al gobierno de Augusto Pinochet”. Tras asistir a un acto conmemorativo organizado por los oficiales retirados de las Fuerzas Armadas, comparó la gestión de su padre con la de Fidel Castro, aludiendo a que las recientes autocríticas del líder cubano “lo deben hacer sentirse frustrado”.

Sus palabras llegan justo cuando se supo que un documento oficial del Ejército admitió que su hermano, Augusto Osvaldo, fue agente de la DINA con grado de teniente. La participación de “Pinochetito” en este organismo represor creado por la dictadura para contrarrestar a los opositores al régimen siempre fue negada por el ex gobernante de facto fallecido en diciembre de 2006.

Por Christian Palma
Desde Santiago
Publicado enInternacional
Esta gran dama –muy bajita– que ha superado el umbral de los 80 años alguna vez pensó sólo en saltar. Sus ojos –más pequeños en el marco de unos anteojos demasiado grandes para su cara– se hunden en las profundidades de ese recuerdo. Del instante del salto. Aquella mañana de otoño de 1943 el Danubio manchaba de sangre los campos de su Hungría natal. Una adolescente menuda –que había nacido en Budapest en 1929– estaba parada frente al pelotón de fusilamiento nazi. Contemplaba impávida el agua sucia de ese río. Imágenes de su corta vida –como ráfagas, antes de que la ráfaga de sus verdugos acabara con todo– se sucedieron como diapositivas en su mente. La ronda de juegos con los hermanos, su padre en el granero (ese hombre que por su conocimiento del alemán ayudó a mucha gente a reunir la documentación necesaria para emigrar del horror, pero que no pudo escapar de la deportación a Auschwitz, donde moriría), esos momentos de suprema felicidad infantil que se escapan como un puñado de arena en las manos. Ahí supo aún sin poder escribirlo –como lo haría muchos años después– que los hombres y mujeres son arrojados a la Historia. El instinto de vida la hizo saltar a la fosa donde yacían sus muertos: buena parte de su familia y sus amigos de infancia. Y vivió para contarla. Y para trazar una gran estela en el devenir del pensamiento humano.

La filósofa Agnes Heller, considerada la figura de mayor relieve dentro del grupo de pensadores conocidos como la Escuela de Budapest, discípula y ayudante de György Luckács, está en el país participando en el III Workshop de Metaética de Buenos Aires, que arrancó esta semana en el nuevo espacio cultural Garrick, uno de los organizadores junto con el Centro de Estudios Filosóficos y Fenomenológicos Avanzados (ver aparte).

Heller llegó el fin de semana después de un largo viaje con escalas (y largas horas de espera) en Budapest y París. Cuando la fueron a buscar a Ezeiza, le recomendaron descansar unas horas en el hotel. “¡Cómo voy a dormir en Buenos Aires, quiero caminar!”, se quejó con ese tono irónico, tan suyo, con el que amortiguó el reto. La filósofa húngara se fue al Jardín Botánico. “Me encanta Buenos Aires porque es la única ciudad latinoamericana en la que podés caminar sola y ves cosas hermosas”, dice a Página/12. Saltar y sobrevivir son palabras claves en la vida de esta mujer. Se inclinó por la filosofía en 1947, cuando conoció a Luckács, impulsor de la denominada Escuela de Budapest, recodo de un pensamiento marxista heterodoxo. Participó del levantamiento húngaro de 1956 y se casó con Ferenc Fehér, con quien militó y escribió varios libros. Testigo de la represión que siguió a la Primavera de Praga en Checoslovaquia en 1968, al igual que su maestro y amigo –Luckács– fue tildada de “revisionista” por su rechazo a la ortodoxia marxista-leninista. Sufrió persecuciones que la obligaron a exiliarse varias veces: primero en Australia, luego en Estados Unidos. Su amplia y vasta zona de inquietudes abarca los asuntos y zozobras de la modernidad en más de una veintena de libros. Curiosamente, a pesar de su visita, sólo se consigue en las librerías de Buenos Aires esa joyita titulada Una filosofía de la historia en fragmentos (Gedisa).

–La última vez que estuvo en la Argentina, en el Congreso de Filosofía en San Juan, dijo que solía considerarse marxista, pero ya no. “No soy marxista ni postmarxista. Soy Agnes Heller”, dijo. ¿Por qué se produjo este cambio de perspectiva?

–Me di cuenta de que la filosofía no es un “ismo”; siempre tuve esa intuición, pero lo descubrí en una conversación con Foucault. Lo conocí en Estados Unidos, en 1980. El participó en una recepción en la Universidad de Nueva York y en un momento se le acercaron los periodistas y lo pusieron casi contra la pared. Y le preguntaron lo siguiente: “Profesor Foucault, ¿es usted un estructuralista o un postestructuralista?” Y él contestó: “Yo soy Michel Foucault” (risas). Para mí fue una gran iluminación; en ese momento comprendí que tenía que hacer lo mismo, que ante ese tipo de preguntas respondería: “Yo soy Agnes Heller”. Una vez que dejé el marxismo no quería ningún “ismo” más en mi vida, no quería ser “ista”. Creo que el tiempo de los “ismos” y de las escuelas filosóficas se terminó porque pertenecen a un período metafísico en cuyos centros aparecían una obra o una persona que eran como el cuerpo de la verdad. Todos los que aceptaban esos trabajos como la materialización de la verdad tenían que aceptar también básicamente a esas personas. Pero en este tiempo postmetafísico no hay más lugares centrales, ni verdades centrales, ni “ismos”, ni personas centrales. Hay visiones que acercan a todos los que trabajan en diversos campos. Por ejemplo, todos los filósofos son de alguna manera analistas del Dasein sin ser necesariamente heideggerianos o especialistas en Heidegger.

–¿Por qué se produce este acercamiento? ¿Se debe a la centralidad de Heidegger en la historia de la filosofía del siglo XX?

–No creo que Heidegger sea central. El no descubrió nada, sino que había algo que ya estaba pasando, pero encontró una fórmula efectiva que en vez de acercarse al mundo exterior optó por ser arrojado dentro del mundo. Esa fórmula que encontró Heidegger es el Dasein. Foucault –que llamaba al Dasein una dupla empírica y trascendental– también es un analista del Dasein, pero no necesariamente llegó a ser un heideggeriano como tal.

EnUna filosofía de la historia en fragmentossubraya que la confianza en una transparencia creciente del mundo se ha perdido.

–Eso sigo creyendo. No sólo se perdió la confianza en la transparencia, sino que se perdió la aspiración de transparencia.

–También advierte que no es una buena época para escribir sistemas sino para escribir fragmentos. Como es un libro de fines de los años ’90, ¿sigue creyendo que ésta es una época más propicia para escribir en fragmentos?

–Oh (suspira y sonríe), estás haciendo una pregunta muy difícil. No es una cuestión de tiempo. El deseo de poner las cosas en estructuras sistemáticas no ha sido totalmente perdido. Te doy un ejemplo: Foucault empieza hablando de cambios epistemológicos en cuanto a las condiciones de conocimiento y al final de su muy corta vida termina hablando de tres tipos de discursos: discurso de conocimiento, discurso de poder y discurso de sí mismo. ¿Qué es esto sino un sistema? ¿Una sistematización de los tipos de discursos? Hay un deseo por el sistema, pero tratamos de mantenernos lejos de la tentación.

–¿Por qué resulta tan imperativo mantenerse lejos de la tentación del sistema?

–Tenemos muy presente que el sistema es una mentira, a pesar de que hay como un espíritu que nos habla y nos dice que tenemos que construir sistemas. Cada vez que escuchamos a ese espíritu y vemos el mundo, sabemos que nos miente.

–¿Se confía más en los fragmentos?

–En ese libro trabajar sobre diferentes problemas de la modernidad implicaba algo compositivo musical y no sólo de contenidos. Mi proyecto es como una composición musical que trabaja con diferentes problemas y temas. Incluso a veces en el libro digo que estoy en una iniciativa musical. Cuando empecé a escribirlo, me di cuenta de que podía trabajar sobre fragmentos sin necesidad de coherencia total. Ser coherente es trabajar con lo heterogéneo y todo sistema homogeiniza.

–En un momento dice que “los relativistas son los cobardes del pensamiento”, que el relativismo no es una posición epistemológica. ¿Puede ampliar esta idea?

–Ciertamente el relativismo no es una posición epistemológica. Cuando alguien adopta un punto de vista, toma responsabilidades por ese punto de vista. Este tema lo desarrollo en el capítulo sobre la verdad en el que me refiero a Kierkegaard. La verdad es lo que es la verdad para mí, pero yo adopto responsabilidades por esa posición. El relativismo no conoce la práctica de tomar responsabilidades por sus verdades. Cuando digo la verdad, me refiero a la verdad subjetiva, a las subjetividades. Kant lo expresa afirmando “esto es lo que considero que es verdad”. Yo no niego que otra gente considere otra cosa, incluso digo que tienen el derecho y son sinceros. Pero sólo puede haber relativismo en la articulación de verdades “absolutas”.

–¿Esa cobardía es porque el relativista no apuesta, no hace una elección?

–Ese es justamente uno de los puntos centrales: la apuesta de Pascal. Yo pongo todas mis convicciones, toda mi vida sobre la apuesta. El relativista, en cambio, no.

–Usted cita una frase de Thomas Mann, “el manantial del pasado es profundo”, frase que le parece inquietante porque se pregunta a qué se debe esa metáfora.

–Una forma de criticar a Heidegger en ese libro es a través de la imaginación tecnológica. La imaginación moderna es tanto histórica como tecnológica. Es una imaginación que sale de lo metafísico y ése es uno de sus problemas; pero también tenemos la imaginación de recordar y de olvidar, que está agarrada a las profundidades de este manantial. Lo que sabés de tu pasado pertenece a tu presente. Te hace hacer algunas cosas por sobre otras. Si perdés tu pasado, perdés tu presente.

En la sala del Garrick (alrededor del escenario donde la filósofa húngara disertará sobre en qué falló la religión de la razón, derechos humanos y secularización, autonomía del arte y la dignidad de la obra, entre otros temas) parte de los organizadores han formado una ronda para escucharla. “La actitud moral de mi padre influyó en toda mi vida –subraya Heller ahora abandonando el tono pendular de la ironía por el que se desplaza como pez en el agua–. Aprendí más de mi padre, que murió cuando yo tenía 14 años, que de cualquier otra persona. Cuando era una niña leí a Shakespeare, y desde muy joven la mitología griega estuvo constantemente presente en mi vida. Yo sobreviví al Holocausto, pero hubo un tiempo en que no estaba segura de si estaba muerta. Estaba parada frente al Danubio, esperando ser ejecutada. Es algo que no puedo olvidar, que está en mi cabeza, en mi cuerpo. Todo lo que experimentás y tus influencias se vuelve pasado sólo selectivamente. Un viejo amor es un viejo amor, pero nunca es olvidado. Son experiencias que llevás en tu cuerpo, en tu psiquis.”

–Impresiona escucharla decir que estaba parada frente al Danubio esperando que la ejecutaran. ¿Recuerda qué pensaba, qué le pasaba por la cabeza?

–Sólo pensaba en una cosa: voy a saltar, voy a saltar... Me acuerdo todavía del río y que lo único que pensaba era en saltar.

–En un momento menciona una pregunta que lanzó el joven Lu-ckács: “¿Quién nos salvará de la civilización occidental?”. ¿Considera que esa pregunta sigue teniendo validez o hay otro tipo de pregunta que la ha reemplazado?

–Luckács la escribió cuando era un joven intelectual radical, pero desde entonces mucha otra gente se volvió a hacer esa misma pregunta. Los enemigos de la civilización occidental son los críticos culturales; es muy elegante ser un crítico cultural porque siempre puede decir que todo lo que dice la cultura está mal, que no sabés nada de literatura, que no sabés lo que es la buena música, que no hay más un Beethoven o un Rembrandt. Los artistas contemporáneos son tan sinceros o poco sinceros como hace 200 años. Se interesan tan poco por el poder como los artistas del siglo XVII. El concepto de decadencia –que ahora todos los artistas son mercenarios que venden su arte– me parece incorrecto. Odiar el presente es odiarnos a nosotros mismos. Hay una tendencia a idealizar el pasado griego: que eran elevados, sublimes. ¡Deberían leer a Aristófanes para ver cómo los griegos no eran mejores que nosotros! No me gustan la nostalgia ni el odio hacia los contemporáneos.

–¿Esto de odiar el presente está relacionado con el discurso apocalíptico que llegó a tener muchos “predicadores” en la filosofía?

–Sí, es muy típico de la filosofía el discurso apocalíptico, desde los tiempos de Kant pero también ahora. Es un concepto religioso extremadamente elegante. Es muy aristocrático creer en el final de todo (risas). Si tenemos alguna memoria del gran pasado de Europa, el marxismo y el nazismo eran apocalípticos, pero también tenemos el apocalipsis de las guerras nucleares. Está muy de moda ser apocalíptico.

–Muchas veces se plantea el interrogante de si puede haber un arte perdurable. ¿Esta pregunta parece un ejercicio de nostalgia?

–No sabés si el arte es perdurable cuando el arte acaba de ser creado. La gente cree ahora que ninguna obra de arte es perdurable, pero se olvida de que mucho del arte que se creía perdurable ni siquiera es recordado porque el tiempo elige lo durable. Pero no podemos saber en el presente qué va a ser durable o no. Eso vamos a saberlo únicamente en el futuro.

–¿Cómo hace para estar tan bien? ¿Cuál es la fórmula?

–Querida, creo que el mayor regalo es la vida. Y el mejor regalo que podés hacer es dar otra vida. Yo tuve ambos placeres: tengo mi vida y les di vida a otros.

Por Silvina Friera
Publicado enInternacional
–Hoy, como ve, vamos a hablar de Funes y de la memoria, si no le parece mal.

–Bueno, pero déjeme hacer una breve introducción medianamente científica, para que se entienda de lo que vamos a charlar. Todo lo que vemos, escuchamos, sentimos, recordamos, todas nuestras emociones y decisiones son producto de la actividad de neuronas en nuestro cerebro. La gran pregunta que yo trato de contestar es cómo las neuronas son capaces de generar algo tan increíble como el percibir algo o hasta tener conciencia de nosotros mismos.

–¿Y cómo lo hace?

–Para esto trabajo con pacientes epilépticos que son implantados con electrodos intracraneales, lo cual da la oportunidad única de estudiar cómo responden las neuronas en el cerebro humano en distintos tipos de experimentos. El descubrimiento fundamental en este campo fue el de un tipo de neuronas muy abstractas.

–Una neurona abstracta... resulta raro...

–Eso quiere decir que lo que les importa a estas neuronas es el concepto, no el detalle: yo ahora lo estoy viendo a usted y esas neuronas responden a usted en su conjunto. No les importa si tiene una camisa a cuadros, si está de frente o de perfil. Si viene mañana afeitado, yo lo voy a reconocer igual, porque esas neuronas responden a usted como persona y no a los detalles particulares. Esto lo probé en pacientes mostrándoles múltiples fotos y haciendo mediciones: resultó que, por ejemplo, había una neurona que respondía a Jennifer Aniston y a nadie más... A mí me gusta hacer la analogía con un cuento de Borges...

–“Funes el memorioso”, me imagino.

–¿Cómo adivinó?

–Intuición...

–...en el cual el personaje recuerda absolutamente todo (lo cual parece, a primera vista, muy atractivo) pero termina alienado y encerrado en su habitación sin poder pensar y sin querer ver lo que pasa a su alrededor. El tema es que si no tuviéramos este tipo de neuronas, tal vez terminaríamos como Funes. Porque lo que necesitamos es tener la posibilidad de abstraer: yo no me quiero acordar de cada detalle, me quiero acordar de conceptos. Acordarse de detalles particulares es muy poco económico...

–¿Y en qué se diferencian estas neuronas de las otras?

–Son exactamente iguales. Lo que varía es su posición en el circuito neuronal. Las características fisiológicas de estas neuronas son idénticas a las de las que tenemos en otros lugares. Lo que pasa es que estas neuronas están captando la información de millones de neuronas que están antes y que van procesando la señal más y más de una manera muy compleja, hasta que llega la información muy procesada a estas neuronas (que están muy arriba en cuanto a procesamiento visual). Su posición en la red neuronal determina su importancia.

–Una pirámide jerárquica de los conceptos...

–Algo así... O sea: yo veo su cara y mis neuronas van respondiendo cada vez a cosas más complejas. Cuando yo lo veo, la información entra por mi cabeza y va derecho al lóbulo occipital, al área llamada V1. Las neuronas, en esta área, responden a líneas orientadas: cada una responde, por ejemplo, a una línea horizontal o a una línea vertical. Le pongo un ejemplo: yo le pongo enfrente un cuadrado. Cada neurona va a responder a una de las líneas, pero recién si pongo la información de las cuatro juntas puedo sacar la idea del cuadrado. Esas son las neuronas en las áreas primarias: la gente que descubrió esto ganó un Premio Nobel en los ’60. La actividad de estas neuronas es leída por otras que están en un área un poquito más “avanzada”, que miran lo que hacen las primeras y continúan en el camino de la precisión conceptual. Si las anteriores respondían a las líneas particulares, éstas responden a un ángulo dado por dos líneas. Y la neurona que le siga, responderá al cuadrado. Se sabe, desde los ’60, que después de tres o cuatro etapas hay neuronas que responden a caras. Pero no a una cara en particular: a todas las caras. Diferencian a caras de flores, de bares, de monumentos. Después de eso, más no se vio. Lo que yo pude ver es que el área que estudio (hipocampo) recibe información del área que responde a caras. En el hipocampo la información llega muchísimo más procesada, y ya no responde a caras en general sino a una cara en particular. Y no a una foto específica de una cara sino a fotos totalmente distintas de una misma persona. Eso es algo que no se había visto en ningún estudio anterior.

–¿Y qué pasaría si no tuviéramos estas neuronas?

–Si usted no tuviera hipocampo, no podría generar nuevas memorias. El caso típico es el de un paciente que se llamó Henry Molaison (al que se conoció como H. M. hasta su muerte). A ese hombre le hicieron una cirugía, le sacaron el hipocampo (sin saber lo que le iba a pasar) y lo que le pasó es que le dio amnesia anterógrada: no pudo generar nuevas memorias. No es que no recordara su pasado sino que a partir de la operación no pudo recordar ninguna cosa nueva que le hubiera pasado. La película Memento muestra esto muy bien: si yo no tuviera hipocampo podría estar acá sentado charlando con usted, bajar al baño y cuando vuelvo no saber ni quién es ni por qué estoy acá.

–¿Y cómo hace el hipocampo para guardar información? Porque en nuestra vida cotidiana estamos enfrentados a una cantidad enorme de estímulos que ni por asomo podemos guardar: la marca de la taza de café que estoy leyendo en este momento, el brillo de los ojos de la señora que pasa y nos mira por la ventanilla para ver si hay algún famoso, el reflejo de la luz del sol sobre el perro acostado al lado de la estación de subte. Todas esas cosas probablemente las vaya a olvidar.

–Justamente porque la memoria de largo plazo se guarda como concepto, no como detalle. La tarea de estas neuronas justamente es descartar detalles, quedarse con el concepto y almacenarlo en la memoria. Eso queda escrito en la actividad neuronal.

–¿Y qué pasa con conceptos más abstractos, como la justicia?

–Eso es muy difícil de testear experimentalmente. Yo puedo demostrar que una neurona responde a Jennifer Aniston porque al mostrar muchas fotos diferentes de Jennifer Aniston (entre un conjunto más grande de imágenes de cualquier otra cosa) veo que hay una neurona que dispara solamente ante los retratos de la actriz (y no ante las otras fotos). ¿Cómo podría hacer eso con la justicia, con la democracia o con la revolución? Antes que nada, yo necesito saber qué es lo que le interesa al paciente, para luego mostrar imágenes que a la persona puedan resultarle interesantes, porque tengo unas posibilidades mucho más altas de que la persona reaccione frente a esas cosas que yo le muestro. O sea: va a haber más neuronas comprometidas con el proceso de reconocimiento de eso que le estoy mostrando, por lo cual yo voy a tener mayores posibilidades de toparme experimentalmente con una de ellas. Hay que tener cuidado, porque cuando hablo de concepto no me refiero a concepto abstracto, intangible.

–¿Y qué tiene que ver Funes con todo esto?

–Funes, justamente, perdió la capacidad de abstraer. Está tan embebido en los detalles que no puede pensar, no puede asociar cosas. Si yo le digo a usted que me compare el libro que está sobre la mesa con este otro que tengo yo, lo más probable es que usted haya sacado una idea general de ambos y me los pueda comparar en líneas generales. Si le pidiera eso a Funes, él no podría hacerlo. Tendría que empezar a comparar letra por letra. Y ni siquiera eso: tendría que comparar todas las palabras de un libro con todas las palabras del otro. Y ni siquiera eso: debería decidir, primero, qué palabra tiene que comparar: si tiene que comparar la palabra “testigo” cuando le dio el sol del mediodía, o cuando la vio de noche, o esa misma palabra cuando estaba cansado, y así sucesivamente. Porque para Funes es un escándalo del lenguaje que haya una misma palabra, por ejemplo, para el perro visto de frente a las 3 y 14 y el perro visto de perfil a las 3 y 15. El trabajo que usted haría, si yo le preguntara eso, es contarme las ideas generales, abstraer. Sacar conceptos, extraer las ideas generales y, a partir de eso, comparar ambos libros.

–¿Nunca se satura la memoria? ¿Por qué después de unos años se olvidan cosas?

–Porque no se las refresca. Estas memorias quedan guardadas en la corteza. El hipocampo lo que hace es trabajarlas y guardarlas en la corteza: es una especie de oficinista, que genera memorias nuevas, relaciones entre conceptos, y después las almacena en la corteza cerebral. Si yo no tuviera el hipocampo, no podría traer estos conceptos a la luz, no podría establecer nuevas relaciones para guardarlas en la corteza. Pero el almacenamiento está en la corteza cerebral. Hay trabajos que estiman que nosotros reconocemos y recordamos entre 10 mil y 30 mil cosas, no más. Y, para eso, hay 10 a la 12 neuronas.

–Si yo me acuerdo de memoria un soneto, por ejemplo, ¿qué es lo que me estoy acordando?

–Si es un soneto de la lengua propia, lo que está haciendo usted es semantizar. No se acuerda de cada letra o de cada sonido sino de la palabra, o de la frase. No le hace falta recordar la posición de cada una de las letras en cada una de las palabras. Es más, probablemente ni necesite acordarse de las palabras sino de la musicalidad, y a partir de la musicalidad pueda recordar las palabras y armarlo. Es como un jugador de ajedrez: un buen jugador de ajedrez puede mirar un tablero durante cinco segundos y luego reproducirlo tal cual. Pero esa persona, que está acostumbrada a jugar al ajedrez, no se acuerda de la posición de cada pieza sino que conceptualiza ese tablero: ve el peón en determinada posición y lo asocia con tal apertura, por lo cual ya sabe dónde van a estar los alfiles, y la torre, y así sucesivamente. Una buena prueba de que usted no recuerda los sonetos en su idioma letra por letra es compararlo con el conocimiento que pueda tener de un soneto en un idioma completamente desconocido para usted, pongamos, el japonés (sería más creíble si reemplazáramos el soneto por un haiku). Usted puede recordar un haiku en japonés, si quiere, pero tendrá que realizar muchísimo más esfuerzo, porque no puede conceptualizar, no puede semantizar. Ahí sí que no puede acordarse de la idea, sino que debe acordarse sonido por sonido. Hay un caso muy interesante, el más parecido en la vida real al caso de Funes, que es el de Salomón Shereshevsky (conocido como paciente S), y el que lo estudió fue un psicólogo genial ruso: Alexander Luria.

–¿Qué pasó con él?

–Era periodista en un diario, y no presentaba ninguna patología. El editor, cuando comenzaba el día de trabajo, sentaba a todos los redactores y les daba instrucciones sobre lo que debían hacer: los lugares a los que tenían que ir, las direcciones, las personas a las que tenían que entrevistar, etc. Era una cantidad de información lo suficientemente sustanciosa (y nueva) como para que hiciera falta anotarla si se quería recordarla. Pero resulta que mientras todos tomaban nota, Shereshevsky simplemente lo miraba. Un día el editor lo aparta y, pensando que se está tomando en chiste su trabajo, le pregunta por qué no anota. Y Shereshevsky le repite palabra por palabra lo que el editor le había indicado. Lo manda, entonces, al Instituto de Psicología de Moscú, donde el joven Luria comenzaba a desarrollar sus trabajos. Luria comienza a probarlo: hace un listado de treinta números, se los hace leer y le pide que se los repita. Se los repite perfecto. Aumenta a cincuenta: vuelve a repetirlo perfecto. Prueba con letras, hasta setenta letras sin ningún tipo de orden: Shereshevsky responde perfecto.

–¿Y qué pasó?

–Pasó que Luria se dio cuenta de que allí había algo especial y se dedicó a estudiarlo por treinta años. Hay cosas muy interesantes en este caso. Un día, 16 años después de los primeros estudios, Luria le pregunta a su paciente si recuerda las letras y los números que le dio en su primera entrevista. Shereshevsky contesta que sí, y comienza a repetirlos íntegros. El hombre tenía una memoria prodigiosa. Luria le leyó las cuatro primeras estrofas de la Divina Comedia, en italiano (idioma que desconocía): Shereshevsky las repitió exactamente igual, en ese momento y seis años después. Parecía tener una memoria ilimitada. Entonces Luria hace un experimento genial: le da un listado de números consecutivos (por ejemplo, 2345678 y al lado 34567 y al lado 456) y Salomón se lo aprendió, pero a fuerza bruta, sin darse cuenta de que había una clave conceptual para recordarlos. Lo repitió a la perfección, pero sin poder razonar lógicamente. Era como Funes: no tenía capacidad de razonamiento lógico.

–...

–Leía un libro y podía repetirlo palabra por palabra, pero no entendía de qué se trataba. Y lo que más le costaba era la poesía: Shereshevsky no podía sino entender el sentido literal de las palabras y, por eso, no comprendía ninguna metáfora. Ese problema es más o menos el que tiene un autista: se queda en detalles, pero no puede generalizar y determinar cuáles son las cosas importantes para el resto de la gente. Por ahí se atasca en el detalle de que mi boca se está moviendo de determinada manera, pero no entiende que esos detalles de mi boca expresan alegría o tristeza. El autista es como Funes, también. Hay otro caso, de una mujer de California (que está viva), del que se empezó a reportar que tenía memoria infinita. Se podía acordar de cualquier cosa de cualquier día de su vida: le preguntaban qué había pasado en tal fecha de tal año y ella contestaba con precisión todo lo que había hecho durante el día. Investigando un poco más, se dieron cuenta de que esta mujer llevaba un diario muy detallado de cada día de su vida durante toda su vida, y se filmaba. Y hubo un psicólogo que una vez le preguntó el nombre del presidente anterior de su país: la mujer no lo sabía. Enfocaba todas sus energías a recordar solamente lo que le pasaba a ella a costa de olvidar el panorama general.

–¿Pero eso fue una especie de fraude?

–No. Se dice que padece de un desorden obsesivo compulsivo en cuanto a su autobiografía, como si el olvidarse de alguna cosa que le pasó en su vida pudiera llevarla a la locura.

–Recién pensaba que Funes es el único que podría recordar toda la Biblioteca de Babel.

–Sí, y aún más. El problema es que no tendría el tiempo suficiente de vida para recorrerla. ¿Sabe cómo es la historia del cuento de Funes? Borges lo publica en 1942 en La Nación, después en el ’44 entra como parte de Ficciones. Pero la primera vez que lo menciona es en un obituario que le hace a James Joyce, en el que dice, más o menos, esto: “La lectura del Ulises de Joyce, un monstruo en el que se describe en 400 mil palabras lo que pasa en un día en Dublín, requiere de otro monstruo con una memoria infinita, capaz de recordar todos los detalles de ese día”. Y allí mismo dice que está escribiendo la historia de Ireneo Funes, un peón de Fray Bentos poseedor de esa memoria infinita. El Ulises de Joyce sería el libro ideal para Funes. O Funes, el lector ideal de Joyce.

Por Leonardo Moledo
Publicado enInternacional
Martes, 20 Julio 2010 08:36

La memoria nos saca de la humillación

Hay palabras –decía Cortázar– que como los caballos, a fuerza de ser usados, terminan cansándose, y fallecen en el agotamiento de la misma palabra.

Una de las funciones del intelectual es la de clarificar de manera crítica la palabra en su contexto políticosocial, denunciando de modo responsable cualquier hipocresía que legitime la injusticia y la represión.

Walter Benjamin, el ejemplo del intelectual, hizo honor a esa misión tan poco sumisa y tan altamente provocativa de querer, como decía él, pasarle el contrapelo a la historia para desafiar al pensamiento, a la actitud y a la acción que se acomoda y se adapta, lamentablemente, mucho más rápido de lo que imaginamos.

Entre su materia de escritura se encuentra una sección dedicada al concepto de la moda. Benjamin la denomina “Madame Moda”, dama mítica que acompaña a su camarada “Madame Morte”, ambas hermanadas en un diálogo que concluye con la aceptación de buena manera de estar juntas y arrastrarse al mismo destino. Dicho de otro modo, la moda es colega de la muerte y parodia del mismo cadáver. La moda cambia rápido, tan rápido que provoca la muerte. ¿Cómo se le encuentra una vuelta a la palabra, para que la palabra no sea moda y muerte, sino un objeto que enriquezca la vida y el entorno, de modo tal que retorne a ser significativa, y no agotada y no extinguida, y no perecida y no fenecida?

El 18 de julio de 1994 hizo que la palabra ciudadanía cambiara de rumbo para los que estamos aquí, para los que habitamos nuestra ciudad, esta ciudad, sus casas, sus calles y sus plazas.

Hasta esa fecha la palabra ciudadanía, el concepto de ciudadanía dominante, insistía en la idea de que “ser un ciudadano es algo que se otorga, ya que implica el explícito reconocimiento de un cuerpo de derechos civiles, políticos y sociales”. En este sentido, la concepción de ciudadanía era como una “simple moda” al decir de Benjamin, ya que si es algo que se otorga es pasiva. Y cuando la ciudadanía es pasiva se asocia a lo excluyente, a lo restrictivo, a lo sesgante, a lo discriminatorio.

Ahora, visto de otra manera, desde ese lugar de moda, muerte e incompletud, recuerdo a Max Kadushin, un profesor de Talmud, uno de los textos fundantes de la tradición judía, quien desarrolló una idea para analizar los procesos culturales al que él llamó de “concepto valor”. Kadushin, militante opositor a cualquier definición, dice algo así como que la idea de “concepto valor” se desarrolla a partir de que una enunciación puede tener cabida únicamente si se comprende su contrario, es decir su disvalor. Pero encontrar el disvalor no es una función simple, ya que debemos conceptuarla con una precisión tal que el disvalor funciona de manera disruptiva, que corta el ritmo, que no se da a partir de una lógica simple, de la lógica directa.

Ejemplo: lo opuesto a la paz no es la guerra. Lo opuesto a la paz es el exilio.

¿Y que significa exilio? Exilio significa estar en el lugar donde uno no debe estar para lo que fue creado.

Un padre que no puede mantener a su familia está en el exilio.

Un chico que vive en la calle y no tiene lo básico y lo mínimo está en el exilio.

Una mujer golpeada está en el exilio.

Y una víctima y un familiar de la víctima que no están amparados por el sistema de justicia están en el exilio.

La ciudadanía que simplemente se otorga, se arroja, es la ciudadanía pasiva que se despoja.

A partir del 18 de julio de 1994 una ciudadanía pasiva es una ciudadanía en el exilio.

En este mismo sentido, y adentrándonos un poco más, para pensar en ciudadanía deberíamos ver su disvalor. Si Ser ciudadano significa habitar la ciudad, es decir tenerla como hábito, poseerla como morada, como espacio concreto que me compromete en mi identidad, y que me permite tener una visión de ser y estar en esta ciudad, en esta sociedad, en este país, con acción y palabra, ese “ser ciudadano” se construye y se reconstruye en el territorio de la “memoria”. Por lo tanto, lo opuesto a la ciudadanía es el olvido, o sea la ausencia de memoria.

Desde el 18 de julio de 1994 lo opuesto a la ciudadanía es el olvido.

La célebre Rita Hayworth solía decir: “Qué afortunada que soy de poseer los dos atributos que marcan la felicidad: Una buena salud y una mala memoria”. Si esa es la fórmula de la felicidad, entonces no hay razón para que una parte de la ciudadanía, la que asume la ciudadanía de manera pasiva, no sea feliz. Obvio que la frivolidad no tiene pensamiento. Usa frases prefabricadas y silogismos falsos de ciudadanía barata. La falsedad es una enfermedad social. Y la enfermedad social siempre está vinculada con la amnesia, mientras que la ciudadanía es una actividad trazada por la línea de la memoria activa.

La literatura judía destaca que cuando en términos teológicos uno dice “yo creo”, en realidad está diciendo “yo recuerdo”.

Alegóricamente desde el 18 de julio de 1994 “Creer es recordar”.

Una interpretación exegética del texto bíblico del libro de Exodo, el libro que relata acerca de la esclavitud vivida por los antepasados en Egipto, se pregunta de manera profunda: qué es lo que produce el trabajo forzado, o sea ¿qué hace que el esclavo sea esclavo?

Primero. El esclavo no tiene nombre: nosotros recordamos en el texto bíblico los nombres de los abuelos de los esclavos, Abraham, Isaac y Jacob, pero ignoramos el nombre del esclavo; es decir, el esclavo no tiene identidad. Desde el lugar de la no identidad, cualquiera es reemplazable en la cadena de producción, porque la persona es un medio y no un fin en sí mismo. La ausencia de nombre es anonimato. Recordemos que los nazis en los campos de concentración borraban el nombre y colocaban un número tatuado en el brazo. La identidad se transformaba en cantidad, en objeto apilable.

El día 18 de julio nos recuerda que no son 85 víctimas, sino que cada víctima tiene un nombre.

Dice la poeta Zilda, “lejol ish iesh shem”, “cada persona tiene un nombre”. El nombre de una vida truncada, una saga que penetra en nuestra conciencia.

Segundo. El esclavo no tiene historia. Y perder la categoría de ser histórico es perder la vitalidad. La categoría ahistórica es antiintelectual, oscurantista y reaccionaria. Porque el hombre libre, el que habita la ciudad, como el primer hombre que ha probado del árbol del conocimiento ha sido arrojado a la historia, a su océano, al agua que es eco de sus propias preguntas.

El 18 de julio de 1994 nos enseñó que perder la historia es perder la mejor arma contra cualquier abuso autoritario.

Tercero. El esclavo, sumido en la ignorancia, considera que la categoría de la esclavitud es la libertad y, por lo tanto, carece de capacidad de resistencia. El esclavo no resiste ni se rebela. El esclavo es pasivo y está quebrado, está partido, está cortado al medio. Es a partir de ahí que ser ciudadano es esencialmente ser un individuo con identidad resistente y patrocinante de una memoria activa.

A partir del 18 de julio de 1994, ser ciudadano es ser verbo puesto en la memoria.

La dinámica ciudadana es una dinámica de la memoria creativa y es por lo tanto un valor organizado. Ser ciudadano es un acto saludable, es ser partícipe de la salud de la sociedad, y la memoria es la topografía de la ciudadanía. El silencio no es salud, como nos hacían creer. La memoria cuando se la activa es palabra que da fortaleza, vigor y creatividad.

Y vale la pena ahondar un poco más en este ejercicio de la memoria. ¿Por qué debo recordar?

Toda memoria se construye desde un presente hacia un futuro. Y la memoria es un deber militante que nos interpela. La memoria me interpela, me inquiere, me demanda, es una necesidad que me debe incomodar. La memoria me pregunta qué hago “ahora” con mi vida y con qué valores me comprometo, qué es lo que me resulta trascendente, qué es lo importante y qué debo dejar de lado.

La memoria frena la muerte y afirma la vida, y me compromete con la humanidad.

La memoria detiene cualquier abuso de poder, otorga espíritu de resistencia y dignifica.

Lo más importante: la memoria me saca de la humillación.

El 18 de julio de 1994 nos indica que lo opuesto a ciudadanía es la humillación.

Flaubert solía decir que veía humillaciones que se tornarían hábitos, veía defectos que se tornarían vicios, veía prejuicios que se tornarían crímenes. En 16 años hemos creado una generación de niños que se tornarían hombres sin saber lo que significa justicia ante los crímenes.

El cambio exige de una ciudadanía activa basada en la memoria activa.

El filósofo Avishai Margalit, en su libro Las sociedades decentes, dice que el objetivo del sometedor es eliminar todo rasgo de humanidad al sometido, porque el ser en el ser humano es ser consciente de uno mismo y del mundo en el que vivimos. La inclusión de la situación de la persona, de su condición social y del medio ambiente es de suma importancia para la dignidad del hombre. Los seres humanos son valiosos porque otros los valoran, y no en virtud de cualquier característica anterior que justifique tal valoración. Una sociedad puede ser humillante en el trato que dispensa a las personas que se encuentran en ellas y, al mismo tiempo, tener un claro concepto del respeto que debería otorgar a todas las personas como seres humanos. Cuando una sociedad no ve a una persona como un ser humano poseedor de una memoria, ésa es una sociedad que humilla. Esto significa tener actitudes como las de los explotadores, los que tratan a las personas como máquinas, las de los individuos que estigmatizan por tener ciertas enfermedades, por el color de la piel, por la raza, por las preferencias sexuales.

Una sociedad que humilla es una sociedad que no es decente. Existe la sociedad democrática y existe algo superador, que es la sociedad decente. Sociedad democrática es aquella en la que la gente puede llegar a tratarse entre ellos con dignidad. Sociedades decentes son aquellas en las que no solamente los individuos se tratan con dignidad, sino aquellas en las que las instituciones, como la Justicia, tratan con dignidad a la gente. Una sociedad que no logre este objetivo es una sociedad que desconoce la dignidad de las personas porque simple y sencillamente las humilla.

Para que las palabras no mueran en el abuso sepamos que desde el 18 de julio de 1994, una sociedad decente demuestra su salud ciudadana cuando posee una memoria activa; que por la memoria de esa lucha se debe arribar a la justicia, y que a través de esa memoria esta ciudadanía no debe disponer a cambiar su historia por ninguna forma de histeria.

Por Por Daniel Goldman. Discurso pronunciado por el rabino en el acto de Memoria Activa el 18 de julio de 2010.
Publicado enInternacional
 La Paz, 17 de julio. En actos paralelos, el gobierno de Bolivia y familiares de las víctimas del golpe de Estado que hace 30 años perpetraron las fuerzas armadas bajo el mando del ex general Luis García Meza rindieron hoy homenaje a quienes lucharon por la democracia y contra las dictaduras.

El presidente Evo Morales, en el palacio de gobierno, subrayó la necesidad de que las nuevas generaciones conozcan la historia de la defensa de la soberanía y los recursos naturales del país contra el colonialismo y el capitalismo.

Se refirió a los cuestionamientos que la Central Obrera Boliviana y otras organizaciones hicieron en su tiempo al gobierno de Hernán Siles Zuazo (1982-1985), errores que, dijo, le costaron al país 20 años de neoliberalismo, y enfatizó la necesidad de aprender de los errores del pasado.

El mandatario hizo un reconocimiento a la ex presidenta Lidia Gueiler, cuyo gobierno fue derrocado durante el citado golpe de Estado. El ex dirigente obrero Simón Reyes y otras personas dieron su testimonio de lo ocurrido durante las dictaduras militares.

Morales reiteró su defensa de los militares, al señalar que en el pasado fueron utilizados por la oligarquía nacional y el imperio contra los intereses de la patria y del pueblo, pero, dijo, ahora es diferente, ya que han contribuido a la aplicación de programas sociales como la distribución del bono escolar Juancito Pinto.

Por su parte, frente a la que fue la sede de la Central Obrera Boliviana –asaltada hace tres décadas por los militares, donde fueron ametrallados el líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz y el diputado Carlos Flores Bedregal–, familiares de víctimas y activistas de derechos humanos exigieron castigo para 82 militares y paramilitares que aún permanecen impunes y la entrega de los restos de desaparecidos para cerrar ese capítulo negro de la historia del país.

El ex defensor del pueblo Waldo Albarracín y la hermana de Flores Bedregal, Olga, enfatizaron que no basta con que García Meza y su segundo, Luis Arce Gómez, el ministro de la cocaína, estén presos cumpliendo una condena de 30 años de prisión sin derecho a indulto.

Ambos coincidieron en que aún campea la impunidad para los cómplices de los golpistas y las fuerzas armadas mantienen el pacto de silencio que los protege, además de que se siguen negando a desclasificar los documentos que permitirían conocer el paradero de los restos de desaparecidos y fincar responsabilidades, pese a dos órdenes judiciales, una de la Corte Suprema que ordenaba dicha desclasificación.

El homenaje popular se realizó en medio de una pertinaz lluvia, que sin embargo no impidió que cerca de un centenar de participantes marchara hasta las instalaciones del cuartel del estado mayor de las fuerzas armadas –donde fueron vistos con vida por última vez Quiroga Santa Cruz y Flores Bedregal– e hicieron pintas reclamando no a la impunidad.

Rolando Villena, actual defensor del pueblo, quien participó en el acto realizado en palacio de gobierno, coincidió en que el tema central debe ser acabar con la impunidad, debido a que continúa el pacto de silencio de los militares, y criticó la resistencia de los altos mandos a desclasificar sus archivos, porque ellos deberían ser los más interesados en cerrar ese capítulo de la historia del país.

En otro orden de cosas, ante la inminente aprobación, este fin de semana, de la Ley Marco de Autonomías por parte de la mayoría oficialista en la Asamblea Legislativa Plurinacional, el senador derechista Germán Antelo, del partido Convergencia Nacional, informó que la oposición interpondrá un recurso de inconstitucionalidad contra diversos artículos de la misma que, a su juicio, violan la Carta Magna.

Antelo recomendó que las 350 entidades autónomas empiecen a ejercer la autonomía a través de sus estatutos y cartas orgánicas, ya que se somete a la Constitución y no a ninguna ley, reportó el diario El Deber en su sitio web.

Por Rosa Rojas
Corresponsal
Publicado enInternacional