Lunes, 03 Septiembre 2018 07:41

Eduardo Galeano: hacer y nacer en la palabra

Eduardo Galeano: hacer y nacer en la palabra

A Helena Villagra


Desde muy joven, Dudú –como cálida y amorosamente lo llama Helena Villagra– se hablaba de tú con la muerte. Por mano propia, a los diecinueve años, quiso conocerla, pero ella le negó el pasaporte. La insatisfacción con las letras, un llanto que le brotaba desde lo más hondo del alma sin saber por qué y otros dolores de la vida lo arrojaron a esa dura experiencia. Para Eduardo Germán María Hughes Galeano el episodio, que lo llevó a un comatoso umbral por varios días, significó un nuevo nacer. Cuando despertó, los textos antes negados empezaron a fluir con tono, forma y sueños propios. A partir de entonces, decidió llamarse solamente Eduardo Galeano porque así recordaba que, en los días finales de 1959, nació otra vez y que la vida, a pesar de los golpes como del odio de Dios, bien vale ser vivida.


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Tataranieto de ingleses, alemanes, italianos y españoles, Galeano se supo siempre tan Latinoamericano como “el más humilde guijarro” del Uruguay. A los silencios y los misterios marginados de Latinoamérica y el mundo brindó su hacer que, desde el origen, estuvo ligado al periodismo. Tenía catorce años cuando sus primeras publicaciones vieron la luz en el semanario socialista de Montevideo. No eran textos, sino caricaturas. Marcha, el legendario semanario uruguayo, representó para él un aprendizaje a partir del reto constante. Como bien anota Roberto López Belloso, Juan Carlos Onetti y Carlos Quijano fueron sus maestros, el primero en el hacer literario, el segundo en la tarea periodística. En 1961, su destino y el de Marcha se encontraron. Hasta 1964 fue redactor en jefe de aquella revista cuyo papel impugnador a través de la crítica lúcida, el profesionalismo y la radicalidad de sus planteos la convirtieron, a decir de Claudia Gilman, en un “espacio político y cultural fuera del cual era difícil circular con legitimidad”. El nombre de Galeano se inscribió pronto dentro de una generación marcada por una clara tendencia a la problematización, a la duda como arma y a la crítica como ejercicio periodístico, literario e intelectual. Con Alfredo Zitarrosa, Carlos María Gutiérrez, Ángel Rama, María Ester Gilio y Mario Benedetti, entre otros, se inauguró y consolidó una manera de hacer y entender el periodismo en Uruguay y en toda América Latina; era el periodismo que ponía en primer plano al mundo marginal, aquel del arrabal, los prostíbulos y la gente que, a fin de cuentas, dentro del gran relato del poder, era negada. Gracias a esa generación, Dudú aprendió el oficio de mirar, escuchar, criticar y escribir sin apartarse ni medio milímetro de sus convicciones políticas y, sobre todo, sin darle oportunidad a la mediocridad, al dogmatismo o a la peligrosa zalamería ante los mandamases que hoy, en más de un lugar del mundo, se practica como sinónimo de trabajo periodístico.


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Galeano sintió un cariño sincero y un respeto sin fronteras por el Che. No por nada lo definió como el “más nacedor de todos”. Según el uruguayo, aquel argentino asmático, trotamundos, futbolero y tozudo, hizo posible la comunión entre las palabras y los hechos porque fue capaz de decir lo que pensaba y de hacer lo que decía. En esa frase, él mismo se reconoció; era una suerte de manifiesto que acompañó con otra formulación del nicaragüense Carlos Fonseca Amador: “amigo es el que critica de frente y elogia por la espalda”. Cuando la Revolución encabezada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) cayó a manos de sus errores, del cansancio y el incesante ataque de los Estados Unidos llegó “la piñata”. Era la hora de criticar de frente. Desde su querer y su entender, la traición al pueblo de Sandino resultaba tan grave que no valía la pena continuar en esa senda, por eso rompió, de manera definitiva, todo vínculo con la dirección del FSLN. En 2003, luego de que tres personas fueron fusiladas tras cometer actos de sabotaje en Cuba, Dudú criticó y fue criticado. Para él, la decisión de los fusilamientos era un síntoma de la pérdida de entusiasmo, “espontaneidad y frescura” que habían hecho de la Isla la patria del socialismo alegre, rumbero y solidario. “Cuba duele”, escribió sabiéndose y queriéndose amigo de aquel país chiquito e indoblegable. El distanciamiento terminó luego de nueve años. En 2012, regresó a Casa de las Américas, la Casa, su Casa. Aunque estuvo lejos, no se fue del todo. Como no se fue, seguía escribiendo sin miedo a la crítica de propios y extraños. En Espejos. Una historia casi universal, publicado en 2008, hay un texto que lleva por título “Fidel”. Para Galeano, los enemigos de la Revolución cubana nunca dijeron que ella era apenas “lo que pudo ser y no lo que quiso ser”, gracias al imperio y su bloqueo. Y callaban, además, que “esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta. Y no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla”. Dudú escribía lo que pensaba y lo hacía como el más crítico de los amigos, como el más queredor de todos.


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La utopía, dicen que Galeano decía, sirve para caminar. La frase es del cineasta Fernando Birri, un amigo suyo. Dudú se encargó de aclararlo, pero por más que lo intentó no hubo caso. Lectores y escuchas saben que esas palabras, las haya dicho quien las haya dicho, son del uruguayo. El concepto de “sentipensar”, tan ligado a él, tampoco fue solamente suyo. Lo escuchó a lado de Orlando Fals Borda, conviviendo a la luz de una fogata en la costa colombiana. Un pescador fue el autor de aquel verbo que, para Dudú, resumía lo que el ser humano representa: un mundo de ideas y de emociones, de corazones y razones. Nunca se atribuyó los derechos de autor de nada que él no sintiera, pensara y escribiera. Para poder ver, escuchar iba primero, decía.


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En 1971, Las venas abiertas de América Latina, libro extenso, corajudo y de una prosa poética vibrante, obtuvo una mención honorífica. Hasta el día de hoy, pocos saben quién ganó el premio de ensayo otorgado por Casa de las Américas. Según Galeano, aquel texto lo escribió cuando entre los intelectuales de izquierda había una certeza: todo lo que no resultara aburrido no podía ser serio. Por eso, perdió. Porque, como escribe Pedro de la Hoz, “pesó más la tradición que la transgresión”. El libro, insistía Dudú, tuvo éxito porque las dictaduras de Chile, Brasil, Uruguay y Argentina lo prohibieron, y lo prohibido incita a ser descubierto. En ese texto volcó no sólo sus amores más reales y sus furias más profundas, sino también la historia no dicha de Nuestra América expoliada y condenada a empobrecerse por la desgracia de sus riquezas; la historia de una América desangrada por los modernos piratas sin parche en el ojo ni loro en el hombro; la historia silenciada a través de la explotación, las balas, la cárcel y la muerte. “Perdimos; otros ganaron. Pero ocurre que quienes ganaron, ganaron gracias a que nosotros perdimos: la historia del subdesarrollo de América Latina integra, como se ha dicho, la historia del desarrollo del capitalismo mundial”, escribió. Con razón, Eric Nepomuceno señala que Galeano enseñó a “releer nuestra historia desde otro ángulo: desde el punto de vista de los humillados, de los derrotados”. En abril del 2009, Hugo Chávez le regaló el libro a Barack Obama. Se trató de un reclamo anticipado: en la historia de los poderosos, Obama –que tanto promovió la guerra– fue nombrado Premio Nobel de la Paz en diciembre de ese mismo año.


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Eduardo Galeano sabía que la inflación monetaria era terrible y terrible también la inflación palabraria. “Las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio”, dijo que dijo Juan Carlos Onetti. Para el alumno del novelista de las sombras, fue ley de vida. Fascinado por la capacidad de decir mucho con poco, la brevedad se convirtió en la manera de relatar los dolores y los amores, las fantasías y las rebeldías. Creía que era posible hacerlo mirando el universo “por el ojo de la cerradura” y que narrar a pedacitos bien valía la pena si así se recuperaba la unidad entre el hacer y el decir, entre el soñar y el crear. Para que no hubiera “piedras en las lentejas”, Galeano tachaba y rehacía sus textos una y otra vez, como ejercicio de honestidad consigo mismo. Más que escribir, borraba. Cuando le preguntaron quiénes eran sus mayores influencias literarias, respondió “Juan Rulfo, Juan Rulfo y Juan Rulfo”.


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La obra del “señor de los fueguitos” –único título nobiliario que Dudú recibió de algunos pequeñines del paisito– es vasta y no sabe de casillas. Sin embargo, desde el campo del análisis literario se le estudia más bien poco. La negativa se cimienta menos en términos estéticos que en aspectos ideológicos. Eduardo Galeano nunca negó el origen de sus palabras: nacían desde la izquierda, desde lo ignorado y humillado por todos los poderes. Por eso se preocupó por conversar con las voces y los haceres de las mujeres, condenadas a aparecer, cuando aparecían, en el segundo plano de la historia. Por eso puso oído atento a la vida nacida y resistida en los arrabales. Por eso fue preso y luego obligado a vivir lejos de la tierra de José Artigas. Por eso su andar solidario con el pueblo venezolano y su simpatía multiplicada con los indignados de España, los zapatistas en México y la resistencia indómita en Palestina que mucho pelea por la libertad de existir. Entrevistado por Eric Nepomuceno señaló que sentía una identificación con los que luchan, “estoy seguro –dijo– de que las palabras vienen de ellos y a ellos son devueltas. Palabras que tienen una capacidad de vida, de multiplicación”. Galeano militaba desde la palabra, era su hacer, su nacer.


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El 2 de abril del 2009, en la Sala Nezahualcóyotl de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Dudú se encontró con miles de personas deseosas de escucharlo. Allí recibió uno de los símbolos de dignidad más emblemáticos en el México contemporáneo: un paliacate rojo. Trinidad Ramírez, mujer peleona hecha de pura ternura y tesón, se lo puso al cuello. Así le mostraba que en Atenco lo querían de veras. En una sala repleta, que gritaba por la libertad de los campesinos atenquenses encarcelados desde mayo del 2006, Eduardo Galeano dijo que si la tierra era sagrada, sagrados eran también quienes la defendían; no sabía que ya antes sus palabras habían contribuido a esa lucha. Ignacio del Valle, el más pequeño de los grandes hombres nacidos en suelo mexicano, resistía en el penal de máxima seguridad del Altiplano. El frío le quebraba los huesos, lo dejaba sin piel. Nacho –como compañeramente se le conoce en la vida brava de los de abajo– no podía leer más que los libros de la triste biblioteca carcelaria. Las normas de seguridad del penal impedían que recibiera cualquier texto impreso o con imágenes; toda carta dirigida a él debía ser escrita a mano, sin dibujos. Galeano se coló. En 2008, por iniciativa de estudiantes y profesores de diferentes facultades de la UNAM, El libro de los abrazos rompió los barrotes de las distancias y los silencios. A mano, por muchas manos, el libro se copió completo para que Nacho leyera y resistiera y venciera el encierro. El libro de los abrazos fue el abrazo que Eduardo Galeano le dio a Ignacio del Valle a través de aquellas manos anónimas que, letra a letra, se hicieron manto para combatir el frío del penal. Así se abrazaba a los atenquenses para que ellos, guardianes sagrados de la tierra, no flaquearan por soledad o por tristeza.


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Dudú, el mayor hincha del Nacional, el club de futbol de sus amores, fue una voz cálida y solidaria de las causas justas. En diciembre de 2014, escribió que los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa no estaban solos en “la porfiada búsqueda de sus queridos perdidos”. Contribuía así a combatir la sordera del poder que, a casi cuatro años de aquel suceso, se niega a escuchar. En diciembre de 2015, Helena Villagra, cuyos sueños despertaban la envidia constante de su Dudú, dedicó el doctorado honoris causa, concedido a él por la Universidad de Guadalajara, a “la lucha de esos ‘nadies’ doctorados en Ayotzinapa”. Helena bien sabía que Galeano así lo deseaba.


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El “señor de los fueguitos” cumple 78 años este 3 de septiembre. Sus palabras vibran en las resistencias de nuestro país. En el suelo sagrado de Atenco y los guerreros que lo protegen. En Ayotzinapa y la memoria necia que exige justicia. Desde la palabra, sigue haciendo. Desde la palabra, sigue naciendo.

 

Por José Arreola
28/08/2018

José Arreola
Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Sus líneas de análisis están basadas principalmente en la literatura cubana y el debate del campo intelectual de Latinoamérica Ha obtenido premios en narrativa y ensayo convocados por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

 

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La guerra psíquica y la memoria histórica

En estos tiempos de capitalismo digital, de la era de la información, con el big data como bandera, el grado de ignorancia se multiplica. La manipulación, la mentira y el olvido son armas en una guerra por minar la conciencia. Se trata de acabar con la memoria, esa relación que nos une con el pasado y hace del ser humano un ser social que vive y se responsabiliza con sus congéneres.

A contracorriente, negar el papel de la memoria trae consigo romper la condición humana. Si la historia se reduce a un conjunto de datos y fechas, ¿qué sentido tiene preguntar el vínculo entre la bomba atómica y la decisión de lanzarla? ¿A quién responsabilizamos? No tiene objeto recordar si dicho ejercicio no va precedido de un acto en el que el imperativo del deber ser module la conducta. Hoy, la renuncia a la memoria histórica, forma específica de memoria, la cultural, tiene enormes consecuencias para el futuro de la humanidad.

La manera de vivir el mundo que se nos propone asemeja a un ordenador en el cual se pueden instalar programas desechables, inconexos, cuya función consiste en entretener, despistar, no pensar y bloquear el acceso al disco duro. Somos adminículos de los algoritmos. Pensamos de manera lineal y rompemos el sentido no lineal de la existencia. Asistimos a la guerra psíquica de última generación, crear operadores sistémicos, sumisos a la hora de recibir y cumplir órdenes. Se controlan gustos, afectos, sentimientos, emociones, carácter. No hay anclaje. Todo forma parte de un sistema caracterizado por la inmediatez, la velocidad y la aceleración del tiempo. Reflexionar está prohibido. La nueva inquisición actúa de manera invisible. No hace falta recurrir a la violencia física, aunque no deja de hacerlo. Ahora trabaja en red. Megas de Internet, dispositivos sofisticados para no pensar. Actuar, actuar y actuar. Se vive en un presente perpetuo.

La militarización del poder conlleva trasladar el sistema militar jerárquico a las relaciones humanas cotidianas en la vida civil. Para lograrlo es obligado romper la voluntad. El ser humano es atacado en su naturaleza haciendo trizas una de sus cualidades: la capacidad de juicio crítico bajo un componente ético y moral. El ser humano se hace trizas. La vida se constituye a retales. Robots alegres, pragmáticos, emprendedores, empoderados todos, sin un gramo de conciencia colectiva. Eficaz manera de anular las responsabilidades que se derivan de los actos que cometemos.

La cibernética y la informática son las armas para lograrlo. No por su principio, sino por el control que de las tecnociencias hace el complejo militar industrial y financiero. Los servicios de inteligencia de las grandes potencias han logrado trasladar el campo de batalla. No más Waterloo, Verdún, Stalingrado. Los muertos en el cuerpo a cuerpo y bayoneta calada se convierten en víctimas de las nuevas armas estratégicas de la guerra psíquica: Google, Facebook, Amazon, Microsoft, Twitter.

Sin memoria, sin historia, sin relatos, no hay opción de conocimiento, no hay pasado. Nuestra responsabilidad consiste en traer al presente ese pasado que nos condiciona, une y hace humanos. No es posible evadir esa responsabilidad. La memoria colectiva es el resultado de un proceso, un diálogo permanente que muestra la relación biológica que nos une con nuestros antepasados y el proceso social cultural. Supone compartir filogenéticamente un tronco común. Como señalan los biólogos chilenos Francisco Varela y Humberto Maturana: "Desde un punto de vista histórico, lo anterior es válido para todos los seres vivos y todas las células contemporáneas. Compartimos la misma edad ancestral. Por esto, para comprender a los seres vivos en todas sus dimensiones y con ello comprendernos a nosotros mismos, se hace necesario entender los mecanismos que hacen del ser vivo un ser histórico". Cuando dejemos de hacerlo sólo quedará vivir la muerte. Entonces nada unirá a los seres humanos.

Tomar responsabilidades ético-morales frente al pasado conlleva reconocer los errores cometidos, y al decir de Enrique Florescano: "Responder por ellos y hacer las reparaciones del caso a las víctimas y a sus descendientes".

Cuando la derecha latinoamericana plantea el olvido, pretende ocultar la verdad, aquella que señala sus crímenes, genocidios y asesinatos. Por ello reniegan de la memoria y la conciencia.

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Jueves, 23 Agosto 2018 07:34

Nicaragua: la falacia de la soberanía

Nicaragua: la falacia de la soberanía

Daniel Ortega ha rechazado de manera tajante, y haciendo uso de la vieja retórica antimperialista, la creación del grupo de trabajo integrado por 12 países miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA), y presidido por Canadá, para contribuir a la búsqueda de soluciones pacíficas y sostenibles a la situación que se registra en Nicaragua.


El canciller nicaragüense ha recordado, como no se oía desde hace mucho tiempo, que la OEA no es más que el Ministerio de Colonias de Washington, y ha dicho que los integrantes de esa comisión que conforma y dirige Estados Unidos en el afán de seguir interviniendo en los asuntos internos de Nicaragua desde la OEA no son bienvenidos a nuestro país, por tanto, no serán recibidos en nuestro suelo patrio.


Esas manifestaciones de virtud herida, no se corresponden con lo que ha sido la política del Frente Sandinista a lo largo de los pasados 40 años, desplantes retóricos de por medio. En 1978, la OEA formó un grupo de trabajo similar integrado por tres países, los propios Estados Unidos, República Dominicana y Guatemala, cuyos integrantes llegaron a Nicaragua en plena insurrección de septiembre de ese año, en calidad de mediadores. Y en representación del FSLN, como miembro del Grupo de los Doce, participé en las negociaciones con el gobierno de Somoza, conducidas por ellos.


Estas negociaciones fracasaron, porque Somoza le dio largas a la propuesta de un plebiscito en el que se votaría si se quedaba o no en el poder; pero pocos meses después, en mayo de 1979, ya no la comisión de la OEA, sino nada más uno de sus integrantes, el diplomático del Departamento de Estado William G. Bowdler, regresó para remprender las pláticas, ahora con quienes éramos los miembros designados de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, y nos reunimos con él en Costa Rica y en Panamá. Ortega era miembro de la Junta.


La Dirección Nacional del FSLN, donde también estaba Ortega, respaldaba esas negociaciones directas con Estados Unidos, destinadas a facilitar la salida de Somoza lo más pronto posible, mientras el pueblo combatía en todo el territorio nacional. Y se llegó a acuerdos concretos: Somoza renunciaba y se iba de Nicaragua con su familia y allegados más íntimos sin pagar por sus graves culpas, responsable de delitos de lesa humanidad.

Y se convino, además, que una vez depurada, y con una nueva jefatura, la Guardia Nacional, el ejército de la familia a la que echábamos del poder, pasaría a ser parte de unas fuerzas armadas en las que entraría también la guerrilla del FSLN, formando ambas entidades un Estado Mayor Conjunto equilibrado. Las cosas no llegaron a ser así porque al negarse a renunciar el vicepresidente Urcuyo, una vez Somoza exiliado en Miami, todo se descarriló y la Guardia Nacional terminó desbandándose, y rindiéndose. Pero aquellos fueron los acuerdos.


El régimen no acepta hoy intervenciones extranjeras contrarias a la soberanía nacional, entre ellas el calendario electoral elaborado por la OEA, que culminaría con unas elecciones adelantadas para los primeros meses de 2019. Ya Ortega lo había aceptado, según testimonio del secretario general Luis Almagro, pero ahora se desdice, obnubilado por su victoria militar frente a una rebelión desarmada, alegando que adelantar las elecciones contradice la Constitución Política. Lo cual es falso.


La guerra civil que a lo largo de los años 80 enfrentó a los sandinistas con los contras, terminó gracias a las gestiones de paz del presidente de Costa Rica, Óscar Arias, encauzadas mediante el proceso de Esquipulas, en el que participaron los presidentes de todos los países centroamericanos. La meta era poner fin a los conflictos armados en Nicaragua, El Salvador y Guatemala.


Se llegó a acuerdos trascendentales, el primero de los cuales se firmó el 7 de agosto de 1987, precisamente en la ciudad de Esquipulas, en Guatemala, en el que se establecía el compromiso de celebrar elecciones libres y democráticas, bajo la supervisión de la OEA y de las Naciones Unidas.


Y Ortega aceptó más. En la cumbre de presidentes centroamericanos de Costa del Sol, El Salvador, celebrada el 14 de febrero de 1989, se comprometió a reformar la Constitución para adelantar a febrero las elecciones programadas para noviembre de 1990, con lo cual acortó su propio periodo.


No fue injerencia en los asuntos soberanos de Nicaragua la de los presidentes centroamericanos. Tampoco fue injerencia la de la OEA al desplegar una numerosa misión de observadores a lo largo de todo el periodo electoral de 1990.


Si la soberanía de Nicaragua está herida de muerte es por algo muy diferente: el tratado del Gran Canal Interoceánico, firmado en junio de 2013, y que entrega por 100 años el país al aventurero chino Wang Ying, salido de la nada. Este tratado inaudito, convertido en ley, fue publicado en inglés en el diario oficial, y sigue vigente. Un día, ojalá no lejano, deberá ser derogado.


Masatepe, agosto 2018
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Identifican descendiente directo de dos especies humanas extintas

A partir de un hueso de 1.5 centímetros, descubren a hija de una neandertal y un denisovano

 

Érase una vez, hace unos 50 mil años, que una neandertal y un denisovano tuvieron una hija... Un minúsculo fragmento de huesos reveló que estas dos especies de la línea de los humanos, ahora extintas, se reprodujeron.


“Es la primera vez que se identifica un descendiente directo de estos dos grupos”, señaló Viviane Slon, del Instituto Max-Planck de Antropología Evolucionista de Leipzig, en Alemania, coautora del estudio publicado este miércoles.


Los denisovanos y los neandertales se separaron hace 400 mil-500 mil años, convirtiéndose en dos especies distintas del género Homo.


Los neandertales desaparecieron hace alrededor 40 mil años. Se desconoce el motivo exacto. Los denisovanos también se extinguieron, pero no se sabe cuándo.


Sin embargo, pruebas de ADN demostraron que ambos dejaron parte de su herencia al Homo sapiens. Las poblaciones asiáticas y amerindias comparten menos de uno por ciento de su material genético con los denisovanos y los aborígenes de Australia o los papúes de Nueva Guinea hasta 5 por ciento.


Asimismo, todos los humanos modernos, excepto los africanos, tienen en su genoma aproximadamente 2 por ciento de ADN legado por los neandertales, lo que demuestra que se pudieron haber producido cruces entre estas especies en un pasado lejano.


La existencia de un descendiente de estas dos especies fue revelada tras el hallazgo de un hueso de 1.5 centímetros, tan pequeño que los científicos no podían decir a primera vista si pertenecía a un homínido o a un animal.

En las montañas de Altai

Descubierto en 2012 en una cueva de las montañas de Altai en Siberia, cerca de la frontera actual entre Rusia y Mongolia, Denny, como lo llamaron los investigadores, pertenecía a una hembra de al menos 13 años, que existió hace alrededor de 50 mil años.


La cueva donde murió Denny ya era famosa porque ahí se encontraron por primera vez restos fósiles del hombre de Denisova. Se trataba de fragmentos de una falange auricular perteneciente a una niña de unos siete años, que demostraron la existencia de este primo del Homo sapiens.


Al analizar a Denny, los genetistas lograron distinguir los cromosomas que la joven heredó de su padre y de su madre. Para ellos no cabe duda: su madre era una neandertal y su padre un denisovano.


“Al principio pensé que había un error en las pruebas”, admitió Svante Pääbo, investigador del Instituto Max-Planck de antropología evolucionista y coautor del estudio publicado en la revista Nature.


Cuando se fueron de África, los neandertales se dispersaron por Europa y el oeste de Asia, mientras los denisovanos se dirigieron hacia el este de Asia.


“Posiblemente los neandertales y los denisovanos no se vieron muchas veces. Pero cuando ocurría, todo apunta a que no tenían prejuicios los unos con los otros”, afirmó Svante Pääbo, quien identificó por primera vez al hombre de Denisova.


“Seguramente se reproducían con frecuencia, mucho más de lo que pensábamos, si no, no habríamos tenido tanta suerte”, concluyó el especialista.

Prisioneros de EE.UU. inician huelga nacional por “el fin de la esclavitud moderna”

Prisioneros de todo Estados Unidos se preparan para iniciar una huelga nacional para reivindicar mejores condiciones de vida, mayor acceso a recursos y “el fin de la esclavitud moderna”. Se espera que prisioneros de al menos 17 estados participen en protestas pacíficas coordinadas, huelgas de hambre, interrupciones laborales y boicots a las tiendas de las cárceles, desde hoy hasta el 9 de setiembre, cuando se cumple el 47º aniversario de la revuelta de la prisión de Attica, un hecho ocurrido en 1971, cuando los reclusos tomaron la cárcel para denunciar las condiciones inhumanas que se registraban en las instalaciones y que terminó cuando agentes de la policía estatal armados allanaron la prisión y dispararon indiscriminadamente más de 2.000 cargas de municiones. Finalmente, 39 hombres perdieron la vida: 29 reclusos y diez guardias. Visite democracynow.org/es para acceder a más información sobre la huelga de prisiones nacional.

 

21 AGO. 2018 

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Domingo, 19 Agosto 2018 10:26

¿20 años no son nada?...

¿20 años no son nada?...

¡No le crean a Gardel, el Mudo Inmortal! Hoy, al cumplir 90, puedo afirmar por experiencia propia y no sólo como historiador, que dos décadas pueden ser decisivas. Los 20 años que van desde 1789 hasta 1809, desde la toma de la Bastilla hasta la ocupación de toda Europa menos Inglaterra por el imperio napoleónico destrozaron los cimientos de las monarquías y crearon las condiciones para la independencia en este continente y para la consolidación de la de Estados Unidos.Ya en otro siglo, los 23 años posteriores a la muerte de Lenin, en 1923, fueron aún más importantes, pues en ellos fracasaron las revoluciones en Hungría, Austria, Alemania y el norte de Italia. La Unión Soviética (URSS) quedó aislada; triunfó en la URSS la burocracia dirigida por Stalin que acabó con el partido de Lenin y con las conquistas sociales de 1917, Stalin llevó a los comunistas alemanes a la alianza con los nazis en la lucha contra los socialistas, dividiendo y debilitando a los obreros y facilitando el triunfo de Hitler, no hizo efectivo el pacto de ayuda militar mutua con Checoeslovaquia que le habría permitido aplastar al nacer la potencia militar alemana, firmó el Pacto Ribbentrop-Molotov con los nazis y, descabezando al ejército rojo y mediante el terror, favoreció la agresión hitlerista, traicionó la revolución española, disolvió al Partido Comunista polaco acusándolo de trotskismo y entregándolo a Hitler y, en 1942 acabó de un plumazo con la Internacional Comunista para dar garantías a los imperialismos occidentales mientras la guerra dejaba a la URSS vencedora, desangrada y destruida.

 

En esos 20 años Stalin enterró la revolución socialista rusa, cambió el carácter de la URSS y de los partidos comunistas, que dejaron de ser revolucionarios e independientes, convirtió al Kremlin en una fuerza contrarrevolucionaria mundial que en Yalta y Potsdam se dividió el mundo con los imperialistas y que después buscó convivir pacíficamente con ellos. El desastre político y cultural fue inmenso.

 

Burlando los esfuerzos y los sacrificios de millones de personas que querían acabar con el capitalismo incluso al costo de sus vidas, los grandes partidos comunistas de Occidente reconstruyeron el Estado capitalista en alianza con la derecha y, siguiendo el ejemplo de Stalin, educaron a sus seguidores en el nacionalismo y en la aceptación de los valores burgueses y en la idea de que el capitalismo es reformable. La población soviética salió de la guerra desmoralizada, despolitizada, atomizada y odiando el seudomarxismo escolástico inventado por la casta de los sacerdotes-burócratas.

 

Los que nacimos en 1928, y en la adolescencia optamos por la lucha contra la opresión y la desigualdad, esperábamos, por el contrario, que la caída del nazifascismo abriría un rápido y corto proceso de liberación mundial que despertaría las energías revolucionarias de los oprimidos por el stalinismo. El pensamiento es conservador al igual que la esperanza, pues ambos proyectan al futuro lo que conocimos, las mejores tendencias y experiencias del pasado convertidas en deseos o previsiones. Aún inmaduros, no comprendimos la complejidad del nuevo mundo surgido de la guerra y de la descolonización, ni contamos con que los plazos de la historia son mayores que los tiempos de nuestra vida.

 

El resultado de las luchas revolucionarias contra el viejo mundo pronto fue visible: los grandes partidos socialistas y comunistas se hicieron socialdemócratas o social-liberales y desaparecieron o están moribundos. El stalinismo se hundió junto con la Unión Soviética y queda sólo en las mentes de burócratas y tecnócratas de la política. Por su parte, el capitalismo, triunfante a escala mundial, vive una profunda crisis, pero produce dirigentes del nivel de Trump, mientras que el único método de interpretación de este proceso caótico sigue siendo el marxismo que muchas veces sustituimos por un superficial impresionismo o por el pragmatismo de la actividad.

 

Hoy, ya en mis 90, sigo con la voluntad intacta y tengo la misma seguridad de que el capitalismo, así como nació hace 600 años morirá, como murieron todos los sistemas sociales anteriores, pero lamento no haber dedicado más tiempo a escribir porqué los nuevos tiempos exigen más reflexión.

 

Esta es una fase terrible de la historia. La catástrofe ecológica es prácticamente irreversible, las especies muertas no renacerán y se necesitarán muchos años para que una civilización superior pueda regenerar el ambiente. Una guerra nuclear, cualquiera que sea su resultado, empeorará la situación del planeta y reducirá ulteriormente las posibilidades de una rápida reconstrucción. El egoísmo llevó a una concentración cada vez más aberrante de la riqueza y, por consiguiente, a la creación de enormes masas de miserables que los opresores intentarán reprimir y que, si logramos imponer un cambio social, deberán ser organizadas con medios escasos –y con un material humano deformado por el hedonismo y los valores putrefactos del régimen apenas muerto– en comunas autogestionarias libremente asociadas.

 

Pese a todo mantengo inalterable mi esperanza en la capacidad creativa de nuestra especie y pienso que las terribles adversidades sacarán de ella lo más noble, las tendencias a la solidaridad y al comportamiento colectivo.

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Colombia: la lucha de las mujeres afrocolombianas contra el sistema de despojo capitalista, patriarcal, colonialista y racista

Astrid Cuero, feminista afrocolombiana, fue invitada en el seminario de Otros Mundos A.C. titulado “Defensa del territorio y Lucha antipatriarcal: Cuerpo, Territorio y Trabajo”, organizado el 1 de mayo 2018 en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México.

“Lo que más conozco es la experiencia del Pacífico colombiano, en la costa occidental de Colombia. Es un territorio selvático con salida al mar, con mucha diversidad y muchos recursos naturales, donde la minería ha tenido una función esencial dentro del capitalismo y la economía extractivista.


Este territorio está habitado por una población afrocolombiana e indígena. Desde los años 1990 ha sido objeto de la presencia de multinacionales, en especial mineras como la AngloGold Ashanti (de capital sudafricano). Este territorio está siendo disputado por muchos actores, incluso armados, porque allí también se siembran cultivos ilícitos como la cocaína, la amapola, la mariguana, en complicidad con el estado.
Es un territorio disputado por las guerrillas y por paramilitares que han sido pagados por narcotraficantes como por las empresas multinacionales. Esto ha generado una situación de destierro en las poblaciones afrocolombianas. Los hombres negros han sido los que han sido más asesinados en todo el conflicto en el pacífico colombiano. En particular las mujeres negras son las que quedan sobreviviendo y resistiendo, intentando reconstruir su vida. Han sufrido violencias de todo tipo porque aparte de que destruyen a sus familias, matan a sus esposos y sus compañeros, también han sido violadas y violentadas por los actores armados, sobre todo militares y paramilitares.


Además, muchas de ellas han sido desplazadas, desterradas de sus territorios, han tenido que llegar a las ciudades con sus hijos, para intentar sobrevivir, enfrentándose a condiciones de pobreza y de racismo. Es una lucha muy profunda y muy dura contra un sistema que es patriarcal, y capitalista, pero que también es racista. Es fundamental darnos cuenta de ese racismo estructural que las mujeres negras tienen que enfrentar para sobrevivir y defender sus territorios. Algunas han podido seguir intentando defender su territorio desde sus lugares, pero a muchas les ha tocado salir.


Mujeres como Francia Márquez (Premio Goldman 2018) y Marilyn Machado, entre otras, hacen parte de todo un proceso de comunidades negras y de la Red de movilización de mujeres afrodescendientes por el cuidado de la vida y los territorios ancestrales, quienes no se definen como feministas pero están ejerciendo un feminismo negro. Estas mujeres negras que han defendido la vida, el territorio y la relación integral que existe entre la naturaleza y el humano, son mujeres que no se definen como feministas, pero que en sus practicas políticas están generando una vida alternativa al sistema de despojo capitalista, patriarcal, colonialista y racista.”

 

Publicado enColombia
Gran pesquisa en EU halla pruebas contra 300 curas pederastas

Presentan informe de mil 400 páginas sobre casos de agresión a menores ocurridos en casi todas las diócesis de Pensilvania

 

Más de mil menores de edad fueron víctimas, durante décadas, de abuso sexual encubierto por la Iglesia católica en Pensilvania, reveló este martes una gigantesca investigación judicial en Estados Unidos que halló evidencia creíble contra más de 300 curas.


La investigación, considerada la más exhaustiva en la Iglesia católica estadunidense, provocó la inculpación de dos sacerdotes, aunque la mayoría de los crímenes ocurrió hace tanto tiempo que los delitos ya prescribieron y muchos de los abusadores han muerto.


Las indagatorias se realizaron durante 18 meses, y revelaron un “encubrimiento sistemático” de los abusos por parte de funcionarios eclesiásticos en Pensilvania y el Vaticano.


Los investigadores, quienes escucharon a decenas de testigos y revisaron más de medio millón de documentos de casi todas las diócesis de Pensilvania, creen que “el número real” de niños abusados “alcanza miles”, incluidos los casos de los que tuvieron miedo a denunciar o cuyos archivos se perdieron.


“La mayoría de las víctimas eran niños, pero también hubo niñas. Algunos eran adolescentes, muchos eran prepúberes. Algunos fueron manipulados con alcohol o pornografía”, señaló el informe de mil 400 páginas sobre el abuso sexual de menores ocurrido en casi todas las diócesis del estado de Pensilvania, a excepción de dos.


“Algunos fueron forzados a masturbar a sus atacantes, o fueron manoseados por ellos. Otros fueron violados”, pero en todos los casos hubo jerarcas eclesiásticos “que prefirieron proteger a los abusadores y a su institución por encima de todo”, apuntó el informe redactado por un gran jurado al que le fueron entregadas las conclusiones de la investigación.


Un cura violó a una niña de siete años en un hospital luego de que fue operada para extirparle las amígdalas. Otro niño tomó un vaso de jugo y se despertó al día siguiente con el ano sangrando y sin memoria de lo ocurrido, precisó el informe.


“Para muchas víctimas este informe del gran jurado hace justicia”, dijo a la prensa el fiscal general de Pensilvania, Josh Shapiro.


“A raíz del encubrimiento, casi cada instancia de abuso que hallamos es demasiado antigua como para presentar cargos”, se lamentan en el documento. Aunque menciona a dos curas que a raíz de la investigación han sido indiciados: uno está denunciado por eyacular en la boca de una niña de siete años y el otro por agredir sexualmente a dos niños durante años, hasta 2010. Además, advierte que puede haber más encauzamientos en el futuro.


“Estamos enfermos por todos los crímenes que no serán castigados ni compensados. Este informe es nuestro único recurso. Tanto a los depredadores sexuales como a aquellos que los encubrieron, vamos a llamarlos por sus nombres y describiremos lo que hicieron.”


El gran jurado propuso varias medidas, como reformar la ley para alargar el plazo de prescripción de los delitos de abuso sexual contra menores, dar más tiempo a las víctimas para presentar demandas civiles y endurecer la legislación que obliga a reportar los abusos.


Entre 5 mil 700 y 10 mil sacerdotes católicos han sido denunciados por acoso sexual en Estados Unidos, pero sólo un par de cientos han sido juzgados, condenados y sentenciados por sus crímenes, según la organización no gubernamental Bishop Accountability.


Desde el estallido de la crisis por denuncias de pedofilia, la Iglesia católica estadunidense ha gastado más de 3 mil millones de dólares en acuerdos con las víctimas, señala Bishop Accountability; la organización identificó acuerdos con 5 mil 679 supuestas víctimas, un tercio de las 15 mil 235 denuncias que los obispos recibieron hasta 2009. Una estimación sugiere que en el país hay 100 mil personas violentadas

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Miércoles, 15 Agosto 2018 07:13

Por qué el dólar preocupa tanto

Por qué el dólar preocupa tanto

Los investigadores del Conicet analizan la historia social y cultural de la moneda del Norte. Papeles verdes que condensan sentidos políticos y económicos y, en la actualidad, funcionan como termómetro de la dinámica cotidiana del país.

 

El dólar “trepa por las nubes”, “se estaciona” y “se mantiene estable”; “vuelve a escalar” y “explota”. Ninguna estrategia logra atenazarlo, está “indomable”, “escurridizo”, “caprichoso”. Esta batería de adjetivos y verbos es empleada en el discurso mediático toda vez que intentan describirse las características y las acciones que definen el comportamiento de los papeles verdes. El consenso legitima el valor y las representaciones sociales de una moneda que –no conforme con medir los intercambios en Estados Unidos– también funciona como referencia de la economía y la política en países semiperiféricos. En Argentina, los billetes del Norte se constituyeron en un auténtico termómetro social y permiten calcular la eficacia de las decisiones del gobierno de turno.


Los argentinos ahorran, hacen sus cuentas e invierten pensando en el dólar. Pero, ¿desde hace cuánto? ¿Por qué es tan popular? ¿Solo constituye un medio de intercambio, o bien su popularidad emerge gracias a la cantidad de significados y sentidos que condensa en el marco de la relación entre ciudadanos y Estado? A estos interrogantes responden Ariel Wilkis y Mariana Luzzi. Wilkis es decano del Instituto de Altos Estudios Sociales (Idaes), doctor en Sociología e investigador del Conicet. Es autor de los libros The Moral Power Of Money (Standford University Press) y El laberinto de las finanzas. Nuevos estudios sociales de la economía (Editorial Biblos). Luzzi, por su parte, es doctora en Sociología, investigadora del Conicet y profesora en la Universidad Nacional de General Sarmiento. Publicó –junto a Carla Del Cueto– Transformaciones en la estructura social de la Argentina, 1983-2008.


Ambos son especialistas en sociología del dinero y las finanzas y, en la actualidad, concentran sus esfuerzos en la publicación de un libro que versará sobre la historia cultural y social de los usos del dólar en Argentina. El material pretende arrojar nuevas pistas para comprender cómo los retratos de Benjamin Franklin, Abraham Lincoln y George Washington se volvieron tan famosos en el país. Aquí, un adelanto al respecto.


–¿Qué abordaje propone la sociología del dinero?


Mariana Luzzi: –En las últimas décadas, la sociología volvió a interesarse en fenómenos y prácticas económicas que habían pertenecido a los intereses de la disciplina en sus inicios. De hecho, aunque se trata de un área a priori novedosa, a fines del siglo XIX ya había sido abordada por los padres fundadores del campo. Una de las obras más importantes de Georg Simmel fue Filosofía del dinero, de la misma manera que Max Weber se interesó por los orígenes del capitalismo y Émile Durkheim por la división del trabajo. El objetivo, desde aquí, es preguntarse qué es eso que llamamos dinero, cómo circula, cuáles son sus usos legítimos e ilegítimos y cuáles sus representaciones sociales.


Ariel Wilkis: –Los problemas clásicos de la sociología –el poder, la jerarquía, el estatus– pueden ser explorados a partir del dinero. Si la ciencia económica lo define a partir de su transparencia y neutralidad, la ciencia social produce un movimiento inverso, al analizar cómo las prácticas monetarias contribuyen y producen esas diferencias morales y jerárquicas. Esto es: puede funcionar como un punto de entrada para comprender las dinámicas sociales.


–En este sentido, ¿por qué a los argentinos les interesa tanto lo que ocurre con los dólares? ¿En toda Latinoamérica sucede lo mismo?


M. L.: –Si bien Argentina no constituye ninguna excepción, es cierto que nos preocupa mucho lo que sucede con el dólar. En el país, por ejemplo, hace cuarenta años que el mercado inmobiliario está dolarizado y eso no ocurre necesariamente en otras latitudes con historias y trayectorias económicas parecidas. Además, funciona como reserva de valor primordial y como medida de referencia respecto a las monedas nacionales. Pienso que el dólar interesa tanto porque conjuga prácticas económicas, significados y relaciones políticas. Más allá del poder de compra real que cada ciudadano tenga, también opera como un termómetro tanto del estado de la economía así como de las políticas económicas que implementan los gobernantes de turno. Y todo eso hace que su cotización se comunique con la misma asiduidad con que se transmiten los datos del tiempo y el estado del tránsito.


A. W.: –El dólar es una institución política. Cuando los ciudadanos piensan su relación con la moneda también reflexionan acerca de su vínculo con el Estado. Y coincido con Mariana, es un termómetro de la vida social y política: no solo porque los actores financieros tienen capacidad para presionar a los gobiernos a través de mercados cambiarios sino porque también los habitantes, en sus prácticas cotidianas, leen el escenario de poder a partir de lo que acontece con el dólar.


–No obstante, aunque “la fiebre del dólar” parece estallar este año, la ciudadanía se preocupa por la salud de la moneda del Norte desde hace bastante.


M. L.: –Tal cual, en el pasado también formaba de las agendas mediáticas; el asunto es que no aparecía de manera continua. Entre fines de 1950 y principios de 1960, o bien, entre 1975 y 1980, constituyeron dos períodos en que la temática tuvo una cobertura considerable por parte de la prensa. Su emergencia depende de los contextos y el presente (con corridas cambiarias, disminución de reservas y devaluaciones constantes) es muy favorable para que nos preocupemos.


A. W.: –Con la popularización del dólar en Argentina, a principios de los sesenta, no solo la prensa sino también la publicidad comienza a referirse a la moneda y se instala su presencia en los medios de comunicación masiva. Desde aquí, la temática interpela no solo a los “hombres de negocios” sino también a todos aquellos lectores que empiezan a observar cómo funciona el mercado y reciben un discurso pedagógico. Así, los periodistas especializados y los economistas explican al público en qué consiste cada concepto.


–De modo que el asunto del dólar ya constituye un problema desde 1960.

 

A. W.: -Sí, claro, en aquella época los diferentes actores económicos ya habían instalado la necesidad del ahorro y el juego de la especulación vinculada a la moneda extranjera. El dólar constituye un problema crónico a los ojos de nuestro país desde hace más de 50 años. Aunque se trata de un mercado pequeño –ya que no posee el volumen suficiente como para despertar tanta importancia– nadie podría negar que es muy relevante.


–¿Es posible dejar de pensar en los dólares? ¿Cómo quebrar el consenso y la legitimidad de estos papeles extranjeros que valen y significan tanto?


M. L.: –La pregunta, tal vez, no sea tanto si es posible desprendernos de la moneda de Estados Unidos, sino más bien comprender cómo devino en un objeto tan fundamental para pensar las prácticas sociales, económicas y políticas. Nuestra investigación sobre el dólar en Argentina implica un análisis extendido, pues si bien su presencia no tuvo siempre la misma magnitud, su cronicidad es un elemento a destacar. De este modo, si la temática del dólar no es nueva, quizás, los problemas económicos de nuestro país no se vinculen de modo directo con los dólares sino con una redistribución más equitativa de los ingresos.


A. W.: –Se tiende a pensar que cuando los individuos consigan crear un instrumento financiero que les brinde mejores rendimientos que la moneda de Estados Unidos se logrará “desdolarizar” las mentes de los argentinos. No obstante, desde mi perspectiva, esta hipótesis es errónea en la medida en que los sujetos no son seres racionales ni maximizadores de ganancias sino que establecen una relación política con el dólar. De hecho, si los ciudadanos no abandonan el dólar es porque les permitió un aprendizaje de autonomía y escape respecto a sus relaciones con el Estado. Por este motivo, nuestro país conforma una cultura dolarizada.


–En definitiva, su importancia radica en que no solo permite invertir.


M. L.: –Por supuesto, justamente esa es nuestra hipótesis. Si solo sirviera a tales efectos sería fácilmente reemplazable por el primer bono que funcione y brinde confianza en la gente. El asunto es que el dólar cumple un montón de funciones, más allá de la tradicional y transparente de operar como medio de intercambio.


A. W.: –En esta línea, la presencia del dólar no puede ser –solo– leída a partir de variables macroeconómicas, sino que existe un proceso específico de aprendizajes sedimentados que, en definitiva, termina por explicar cómo una moneda externa a un país se expande de la manera en que lo hizo.


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Fals Borda. Un ser humano hicotea y sentipensante

A diez años de su muerte es momento de recordar-lo, de volverlo a pasar por el corazón para traerlo a la memoria y reivindicar su obra.


El 12 de agosto de 2008 fallecía uno de los grandes del pensamiento latinoamericano, el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda. La noticia me pilló en el aeropuerto de Medellín regresando a España, el obituario no tuvo mucho eco al otro lado del charco. O al menos no el que uno pensaría que merecía un personaje de la talla de Fals Borda.


El doctor Fals Borda era un hombre-hicotea por su saber soportar los golpes de la vida, enfrentarlos y superarlos, imitando a ese quelonio que se encierra en su caparazón para resistir y re-existir mientras siente y piensa, para volver a salir como un ser sentipensante que une corazón y cabeza para juntar acción y pensamiento.


Nació en Barranquilla el 11 de julio de 1925 y falleció en Bogotá el 12 de agosto de 2008. Considerado el padre de la sociología en Colombia, era doctor en Sociología Latinoamericana por la Universidad de Florida (EE.UU.) llegando a ocupar, en el periodo 1959-1967, la decanatura de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, primera en toda América Latina que él mismo contribuyó a fundar junto a, entre otros, Camilo Torres Restrepo, cura católico de la Teología de la Liberación y miembro del grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ENL).


Su propósito era “crear una escuela de sociología sembrada en las realidades colombianas, mediante la observación y la catalogación metódica de los hechos sociales locales, aunque sin perder de vista la dimensión universal de la ciencia”, tal como se recoge en el prólogo del libro “La violencia en Colombia: estudio de un proceso social”, en colaboración con Germán Guzmán Campos y Eduardo Umaña Luna, que fue y sigue siendo, casi seis décadas después, un hito en la manera de abordar el estudio de la violencia en el país. Desde la sociología ejerció una gran labor como comunicador, destacándose como un estudioso de la realidad social con un enorme interés por los procesos de cambio social.


Su actividad política, muy cercana a los ideales del grupo M-19, le costó ser perseguido y detenido, tal vez porque, como también consta en el prólogo citado, abordó “situaciones y problemas sociológicos peculiares del medio colombiano, aun a costa de rasgar velos, tocar áreas prohibidas y desafiar la ira de intereses creados.”


Fals Borda invita, como dice Sánchez Lopera, “a continuar el alegre desorden de las jerarquías” convocándonos a resistir frente a la fuerza de los imperios para “conmocionar la colonia que aún hoy nos habita”. El sociólogo colombiano era un amante del mundo de las palabras, creía que sus contrastes y malinterpretaciones provocaban “cismas ideológicos”. Así decía de la palabra “subversión”:


“es una de aquellas que no se entienden sino para referirse a actos que van en contra de la sociedad, y por lo tanto designa algo inmoral. Sin embargo, llega el momento de preguntarse: ¿cuál es la realidad en que se mueve y justifica la llamada subversión? ¿Qué nos enseña sobre este particular la evidencia histórica? ¿Qué nos dicen los hechos actuales sobre los “subversores”, “antisociales” y “enemigos de la sociedad”?

Una vez que se estudian las evidencias y se analizan los hechos, aparece aquella dimensión de la subversión que ignoran los mayores y los maestros, que omiten los diccionarios de la lengua y que hace enmudecer a los gobernantes: se descubre así cómo muchos subversores no pretenden “destruir la sociedad” porque sí, como un acto ciego y soberbio, sino más bien reconstruirla según novedosas ideas y siguiendo determinados ideales o “utopías” que no acoge la tradición. Como lo observaba Camus, el rebelde es un hombre que dice no, pero que no renuncia a su mundo y le dice sí, por cuanto en ello va el sentido de la conciencia de su lucha. Esta falta de congruencia consciente con la tradición puede ser muy positiva, y hasta constructiva. ¿No ocurre a veces que la falta de moral y el sentido encubierto de la destrucción se hallan precisamente en la tradición?”


Sus aportes para que la investigación social sirviera también para la transformación de la realidad se concentran en su método de Investigación-Acción-Participación que él consideraba una escuela metodológica y como un “paradigma alterno al desarrollismo norteamericano y al positivismo cartesiano”. Ya que para él, estos últimos eran “orientaciones ideológico-científicas que van hacia el ocaso.”


Su pensamiento y su acción son tan actuales hoy como cuando los escribió y los puso en marcha. Fue un transformador de las ciencias sociales que creía en la gente común, que estaba en contra del desarrollismo impuesto y que promovía que los subversores se unieran en su diversidad para buscar el cambio socioeconómico profundo que Colombia necesitaba y sigue demandando.


Para Fals Borda, como para muchas y muchos pensadores críticos latinoamericanos, la práctica antecede a la teoría “El problema de la relación entre el pensar y el actuar se resuelve reconociendo una actividad real de las cosas a la cual sólo se adviene por la práctica que, en este sentido, es anterior a la reflexión; allí se demuestra la verdad objetiva, que es la materia en movimiento.”


Destaca en la obra de Fals Borda esa manera suya de escribir los cuatro textos sobre la costa Caribe colombiana, su tierra y objeto de parte de sus investigaciones centradas en lo que se podría llamar la otra historia de la costa o la historia de la otra costa, ya que no se dedicó a escribir sobre lo más reconocido, sea en lo territorial, lo intelectual o lo cultural, sino sobre las otras y los otros, los secundarios o menos reconocidos. Esos volúmenes de “Historia doble de la costa” los redactó “en dos estilos o canales diferentes de comunicación”. Las páginas pares (a la izquierda) recogen “el relato, la descripción, el ambiente, la anécdota”, mientras que las impares (derecha) dan cuenta de la interpretación teórica respectiva, los conceptos, las fuentes y la metodología” de lo que aparece en las páginas enfrentadas.


El propio autor recomienda cómo leer esos “canales” comunicativos: “La lectura de cada canal puede hacerse de corrido independientemente, desde el principio hasta el final del libro. Sin embargo, la experiencia seguida por los lectores del primer tomo indica que es más productivo y pedagógico leer cada capítulo completo de un canal, seguido de la lectura de su contraparte del otro canal”.


Otra cosa que llama la atención es que, al indagar en esos otros territorios y en otras personalidades, recuperara al hasta ahora único, y olvidado, presidente negro de Colombia, Juan José Nieto “un niño fornido, de piel cetrina clara (o trigueña oscura), ojos zarcos verdosos, nariz recta y amplia, labios finos, cejas arqueadas y cabello negro medio rizado (…) Tanto la parentela de Nieto como la de Gil eran pobres. En ninguna de las dos figuraban poderosos señores ni funcionarios virreinales. Pero tampoco ninguno de sus miembros estaba sujeto a esclavitud ni servidumbre. Eran mestizos, mulatos, zambos, tercerones, cuarterones, quinterones, tentes-en-el-aire y blancos libres que, como sus descendientes en el mismo vecindario hoy —donde no existe el latifundio— vivían principalmente de la agricultura.”


El pensador barranquillero siempre buscó hacer que el hombre anduviera por caminos no vislumbrados, lo que “le hace pensar y le hace dudar, y así adquiere, quizá por primera vez, la conciencia de su condición vital. Esta conciencia es subversiva. Además, como la rebelión implica esta conciencia, y aquella en sí misma es constructiva, el subversor rebelde adquiere una actitud positiva hacia la sociedad.”


Siempre será un buen momento para evocar su memoria y su discurso, así como su “defensa del uso declarado de la imaginación y de la ideología en las pesquisas científicas.”

 

12AGO2018

Publicado enColombia