Jueves, 24 Diciembre 2009 09:00

Chile. Votar hasta que duela

“Los ricos están más ricos que nunca, así que no sé cuánto más se van a enriquecer con Piñera”.
(Escritora Isabel Allende, 17 de diciembre 2009).

En ningún otro momento del último medio siglo la derecha estuvo tan cerca -como ahora- de apoderarse del gobierno mediante el voto ciudadano. Las elecciones del 13 de diciembre dieron al empresario Sebastián Piñera una ventaja de 14 puntos sobre el senador y ex presidente Eduardo Frei: 44,05% contra 29,60%. Sin embargo, a medida que se acerca la segunda vuelta del 17 de enero, el panorama comienza a cambiar. 
Bajo la superficie triunfalista de las encuestas y de los medios de comunicación, asoman de nuevo -en ayuda de la Concertación- las maltratadas reservas de voluntad democrática para enfrentar al poder oligárquico. Se trata de la última línea de defensa de una coalición de gobierno extenuada por sus inconsecuencias, sus querellas internas y la corrupción de muchos de sus funcionarios y representantes. 
Sin embargo, a falta de una alternativa popular y democrática, transformadora de la sociedad, que aún no logra emerger, la Concertación de Partidos por la Democracia representa el “mal menor” capaz de contener la voracidad de una oligarquía arrogante e inescrupulosa. Don Dinero pretende administrar el poder total en Chile, enmascarando su dictadura con el voto obtenido a través de la manipulación de las conciencias, tal como soñó el pinochetismo con su Constitución de 1980, todavía vigente.
Un poco de historia

La tentación del gran empresariado por administrar la suma del poder político, social y económico tiene ya su historia, en el Chile moderno. El primer intento -casi exitoso- lo hizo en 1938 el millonario especulador de la Bolsa y ex ministro de Hacienda, Gustavo Ross Santa María. Pero fue derrotado en forma estrecha por el abogado y profesor radical Pedro Aguirre Cerda, candidato del Frente Popular (radicales, socialistas y comunistas) que alcanzó el 50,26% contra 49,33% de Ross.
En 1952, otro empresario -fundador de una de las principales fortunas del país-, Arturo Matte Larraín, trató también de imponer su riqueza para ser elegido presidente de la República. No tuvo éxito, pero consiguió 27,81% de los votos. Fue derrotado en forma contundente por un ex dictador (1927-31), el general (r) Carlos Ibáñez del Campo (46,8%), que también superó al radical Pedro Enrique Alfonso (19,95%) y al socialista Salvador Allende Gossens (5,44%), que hacía su primer intento de llegar a La Moneda. 
En 1958, un empresario -con más pergaminos que Piñera- ganó la Presidencia de la República. Jorge Alessandri Rodríguez, presidente de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC) y de la poderosa Confederación de la Producción y el Comercio, independiente afín al Partido Liberal, hijo del ex presidente Arturo Alessandri Palma (1920-25 y 1932-38), obtuvo 31,2% de los votos. Superó en forma estrecha al socialista Salvador Allende (28,91%), al democratacristiano Eduardo Frei Montalva (20,75%), al radical Luis Bossay Leiva (15,43%) y al diputado independiente Antonio Zamorano Herrera, ex cura de Catapilco (3,36%). En el Congreso Pleno el Partido Radical -el partido de la Masonería- votó por Alessandri, dándole la espalda al hermano Salvador Allende, ex ministro de Aguirre Cerda. 
 
El gobierno de los gerentes

La receta de Jorge Alessandri fue trasladar al gobierno los métodos de administración de la empresa privada para “gerenciar” la crisis que vivía el país. Por eso su administración fue conocida como el “gobierno de los gerentes”. Desde luego, la gran empresa -nacional y extranjera- fue beneficiada con las medidas de ese gobierno. 
Aunque representante de la oligarquía, Alessandri practicaba una forma de vida sobria y mesurada, bien distinta de la ostentosa conducta del actual candidato de la oligarquía.  Alessandri vivía en un departamento de la calle Phillips, frente a la Plaza de Armas, y caminaba diariamente hasta La Moneda. Los fines de semana los pasaba en una parcela cerca de Santiago a la que viajaba en su automóvil particular. Aún no llegaba al país el huracán financiero del neoliberalismo que más tarde traería la dictadura militar-empresarial, agudizando la desigualdad y provocando la transnacionalización de la economía.
En el período post dictadura, otro empresario, Francisco Javier Errázuriz, intentaría comprar el sillón de O’Higgins. En 1989 obtuvo poco más de un millón de votos (15,43%), pero fue superado por el heredero de la dictadura, el ex ministro de Hacienda Hernán Büchi (29,40%), y por el democratacristiano Patricio Aylwin Azócar (55,17%), cuya presidencia inició la ronda de gobiernos de la Concertación que se prolonga hasta hoy.
 
La Concertación en cifras

El sucesor de Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, no tuvo problemas. Fue elegido en 1993 con mayoría absoluta: 57,98% (4 millones 40 mil 497 votos). Pero de nuevo un empresario y candidato de la UDI trató de ganar la Presidencia: Arturo Alessandri Besa (24,41%), sobrino de Jorge Alessandri, ex cónsul de la dictadura en Singapur. Entretanto, José Piñera Echenique, hermano de Sebastián, ex ministro de la dictadura, alcanzó el 6,18%. Este Piñera fue el creador de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) que entregaron al capital privado nacional y extranjero los fondos previsionales de los trabajadores chilenos. Parte considerable de esos recursos, unos 50 mil millones de dólares, los han invertido las AFP en el exterior, sobre todo en Estados Unidos. Además, como ministro de Minería, José Piñera promovió la Ley Minera que abrió las puertas a una inversión extranjera que casi no tributa en el país. Solamente en el año 2006 las compañías extranjeras del cobre ganaron 20 mil millones de dólares. Esas utilidades son colosales si se considera que superan las inversiones brutas en la minería de Chile en los 30 años anteriores. El caso más escandaloso son las ganancias de la minera La Escondida, una empresa australiana. Finalmente, como ministro del Trabajo de la dictadura, José Piñera fue autor del Plan Laboral, un conjunto de normas que hicieron polvo los derechos y conquistas de los trabajadores chilenos, desarticulando la organización sindical.
Pero la situación de la Concertación se hizo difícil a partir de Frei. Su sucesor, Ricardo Lagos Escobar, ex radical, militante part time del Partido por la Democracia (PPD) y del Partido Socialista, no alcanzó la mayoría absoluta en 1999. Llegó sólo al 47,96% (3.383.339 votos). Pisándole los talones estuvo el candidato de la UDI, Joaquín Lavín (47,51% y 3.352.199 votos). La candidata comunista Gladys Marín logró 3,19% y el humanista Tomás Hirsch 0,51%. Aunque la dirección del PC llamó a anular o votar en blanco en la primera experiencia de balotaje, gran parte de su votación apoyó a Lagos, que ganó por nariz (51,31%) a Lavín (48,69%).
Las dificultades concertacionistas se repitieron el 2005, enfrentando a una derecha dividida. La socialista Michelle Bachelet obtuvo 45,96% contra 25,41% de Sebastián Piñera (Renovación Nacional) y 23,23% de Joaquín Lavín (Unión Demócrata Independiente, UDI). La suma de los candidato de la derecha superaba a Bachelet (48,64% contra 45.96%). Pero esta vez el Partido Comunista, que había apoyado al humanista Tomás Hirsch (5,40%), llamó a votar por Bachelet. El PC le presentó algunas “condiciones”, entre ellas la reforma de la Constitución y el cambio del sistema binominal, temas de la legislación laboral y de protección del medioambiente, aceptadas de inmediato por la candidata y su comando. De esa forma -aunque Hirsch llamó a votar nulo- Michelle Bachelet pudo derrotar a Piñera por 53,50% contra 46,50%.
Así llegamos a la sombría situación que hoy encara la Concertación. Sin dudas el peor resultado de uno de sus candidatos presidenciales es el 29,60% que el 13 de diciembre obtuvo Eduardo Frei. Deberá definir en segunda vuelta con un Piñera que se presenta con el 44,05%. Sin embargo, surgen dudas si ese porcentaje es el máximo que puede alcanzar el candidato de la derecha, o si tiene posibilidades de crecer succionando la votación de Enríquez-Ominami, de la cual nunca estuvo muy distante. 
Los propios analistas de la derecha, luego de la euforia inicial, han advertido que la fortaleza de Piñera puede ser una ilusión óptica. En efecto, su 44,05% es inferior al porcentaje alcanzado por la derecha en 1989, 1999 y 2005. Asimismo, parte considerable de la votación de Marco Enríquez-Ominami (20,13%), proviene de la Concertación y de sectores de Izquierda que votarían por Frei ante el peligro de una victoria de la derecha. El desplazamiento de votos hacia el candidato de la Concertación ya comenzó con el Juntos Podemos (Partido Comunista, Izquierda Cristiana y Socialistas Allendistas) que el 20 de diciembre oficializó su apoyo a Frei. El candidato presidencial del JP, el socialista Jorge Arrate, aumentó en 60 mil los votos del sector y obtuvo 6,21% (430.824 votos) que reforzarán a Frei. 
 
La erosión ideológica de Chile

No obstante, se mantiene en pie la amenaza de que la derecha gane el 17 de enero. No sólo por la contundencia de su propaganda que incluye los medios de comunicación más influyentes del país. Ellos se encargan de mantener viva la imagen de triunfo irreversible de Piñera.  Asimismo, es un hecho que hay una percepción de agotamiento de la Concertación y un deseo de cambio que no se expresa con coherencia programática. Por ahora se orienta a reclamar “caras nuevas”, una demanda poco consistente que ningún sector político atiende hasta hoy. Sin embargo, Piñera y la derecha “enchulada” la han capitalizado y reclaman por el “cambio”, sobre todo después del eclipse de Enríquez-Ominami. 
En rigor, una eventual victoria de Piñera sería producto de un largo proceso de erosión ideológica y política, que ha preparado el terreno -después de la terrible experiencia de la dictadura- para que el país asimile un gobierno de derecha. La responsabilidad de ese proceso, destinado a borrar la voluntad democrática del pueblo, se debe al efecto en la conciencia y la cultura chilena de la economía de mercado que implantó la dictadura y que ha perfeccionado la Concertación. Esta suicida política económica y cultural, ha destrozado los cimientos humanistas y solidarios de partidos como el Socialista y el Demócrata Cristiano.  A eso hay que añadir la acción desplegada por la propia derecha, orientada a hacer creer que ya no existen ideologías ni tendencias políticas y que hay un solo sistema económico, social y cultural posible: el sistema capitalista. 
Esa línea estratégica de la propaganda de la derecha, cultivada por sus medios de comunicación, por sus centros de investigación y universidades, fue asimilada por la Concertación, que la hizo suya. Lo mismo sucedió con el movimiento “díscolo” de Enríquez.Ominami que creyó en el espejismo de un pacto social que superaría las contradicciones de clase y las diferencias ideológicas, dormidas pero más profundas que nunca. Lo de Enríquez-Ominami fue un pastiche en que ricos y pobres, explotadores y explotados, conservadores, liberales y socialistas, cohabitaban en un mismo proyecto. 
A la Izquierda también cabe responsabilidad en la indigencia ideológica, política y cultural a que nos arrastraron la dictadura, la Concertación y la derecha. No sólo se ha prolongado (y agravado) el mosaico que fragmenta a las fuerzas populares. Sus sectores más sólidos no han sido capaces siquiera de dedicar esfuerzos serios a la formación política y a la propaganda anticapitalista, prioritarias en este período.
Un tufillo fascistoide brota así de la operación política y mercantil que ha tratado de lavar el cerebro de los chilenos. Su instrumento principal es la UDI, cuyos 40 diputados la convierten en el principal partido de Chile. Su bancada parlamentaria refleja un audaz trabajo desplegado en la base social por la extrema derecha, heredera sin remilgos de la dictadura militar. Ejemplo de aquello es que Piñera recibió el 42,31% de los votos en las diez ciudades con mayor desempleo del país y el 51,02% en las diez comunas con mayor tasa de pobreza, entre ellas las comunas mapuches. (Estudio estadístico de El Mercurio, 15 de diciembre).
Es cierto que en el plano de la economía, salvo terminar de privatizar lo que han dejado la dictadura y la Concertación, un gobierno de Piñera no se diferenciaría mucho de uno de Frei. Pero habría cambios regresivos en otros ámbitos. Por ejemplo, en derechos humanos. Dictaría una amnistía para militares ya condenados o se interrumpirían los procesos de otros criminales y torturadores. En el ámbito sindical se impondrían la flexibilización laboral y otras medidas para debilitar el movimiento de los trabajadores. La represión a la lucha social sería aún más dura. Detrás de una pretendida defensa de la “seguridad ciudadana”, se levantaría un Estado policial. 
Piñera se declara admirador del gobierno de Colombia y de sus métodos. Visitó Colombia en julio de 2008 y recorrió ese país en el avión presidencial, acompañando a Alvaro Uribe y al entonces ministro de Defensa, José Manuel Santos, hoy candidato presidencial. En octubre pasado, Santos envió a Chile a tres miembros de su comando, Juan Carlos Echeverry, Tomás González y Santiago Rojas, para estudiar la campaña y el estilo de Piñera. “Los problemas en Chile y Colombia no son tan distintos. A ambos países les preocupa la seguridad ciudadana y el gasto social en salud y educación”, declaró uno de los asesores de Santos. 
El gobierno de Uribe ha generado el más delicado problema que hoy enfrenta América Latina al firmar con EE.UU. un convenio que resigna la soberanía colombiana para permitir la instalación de siete bases militares norteamericanas. Si Piñera es elegido presidente, alineará a Chile junto a Colombia y otros países de la región que han arriado la bandera de la dignidad latinoamericana. Peligrosa tendencia que viene tomando fuerza a partir del golpe de Estado en Honduras, y que busca configurar un bloque contra Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, los países de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (Alba).
La peligrosa situación interna y regional que se crearía si la derecha gana las elecciones en Chile, legitima la necesidad de cerrar el paso a esta maniobra de la oligarquía. La realidad indica que no hay otro camino que votar por Frei… Y ponerse a trabajar en una alternativa de Izquierda que permita librarse del cepo del “mal menor”.
 
Por MANUEL CABIESES DONOSO
(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 701, 24 de diciembre, 2009)
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Miércoles, 23 Diciembre 2009 07:15

Caminos históricos: la memoria y el olvido

–Usted actualmente dirige un proyecto de investigación sobre la relación entre historia y memoria. ¿Por qué no me cuenta de qué se trata?

–Bueno, en los últimos años ha habido un auge del tema de la memoria no sólo en la filosofía de la historia propiamente dicha, sino en la sociedad en general: la novela histórica, los films que tienen que ver con la reconstrucción del pasado, son sólo algunos ejemplos. Para la teoría tradicional de la historia también ha sido un desafío, porque la memoria trae al conocimiento del pasado una cuestión que no estaba muy presente en la historiografía clásica, en el sentido de que ésta tenía que ver con un discurso más anónimo, más apegado a los documentos. La memoria, mientras tanto, es otro tipo de acceso, que permite una comprensión diferente del pasado y que se complementa con la historia. El auge como fenómeno cultural tiene indudablemente que ver con el Holocausto, con el concepto de trauma, con todas estas cuestiones que han cuestionado la idea del progreso...

–La memoria individual en realidad es muy falible... La memoria social, ¿no es algo también de corto plazo? ¿Qué puede recordar una sociedad?

–Es un fenómeno muy complejo, porque entre esa memoria individual y la memoria colectiva hay una interacción. Lo que hay son ceremonias sociales del recuerdo. La noción de memoria está muy unida al concepto de identidad: todos los pueblos construyen su identidad a partir de una selección de acontecimientos, de hechos significativos que adquieren un carácter emblemático y que definen lo que uno es.

–Pero la memoria es selectiva. Decide qué guardar.

–No sólo eso: incluso hay memorias en conflicto. El historiador, por eso, trata de dar una imagen de la totalidad, aunque su discurso también puede ser sesgado. La memoria, desde el momento en que es selectiva, es conflictiva, lo cual no significa que todo sea relativo o que los hechos no hayan existido. Para eso es necesario contrastar distintos testimonios.

–¿Hasta dónde llega la memoria colectiva? ¿Qué puede recordar un colectivo de sujetos sobre Yrigoyen, por ejemplo?

–Prácticamente nada, salvo la gente muy mayor. Pero la memoria colectiva no es sólo una memoria directa, sino también legada por una generación anterior.

–Y desde el punto de vista metodológico: ¿cómo trabaja con la memoria?

–Bueno, yo soy filósofo: mi trabajo es puramente teórico y consiste en el análisis de textos, de teorías, de hipótesis. El material empírico también es la obra del historiador, y las preguntas que nos hacemos, por ejemplo, tienen que ver con la significación de términos como “objetividad” o “verdad” en Historia.

–A ver, a ver..., ¿qué son la objetividad o la verdad en Historia?

–Son temas polémicos. Existe una corriente muy fuerte de epistemología de la historiografía que se basa en el análisis del discurso del historiador, o sea, de las narraciones (porque los historiadores cuentan cosas). Esas narraciones muchas veces están vinculadas con géneros literarios específicos. Llevado esto a una posición extrema, se llega a un relativismo absoluto que le quita toda cientificidad. Yo trato de defender un punto de vista que tiene en cuenta la pretensión científica de la historia, pensando que un relato puede ser objetivo sin dejar de ser controversial y revisable.

–¿Qué controversias hay sobre la dictadura acá?

–En general, son controversias que tienen que ver con las formas de legitimación del poder. Sin duda, la dictadura es un referente central del discurso político actual. Esa época sirve como el momento al que no se debe volver, lo cual está muy bien expresado en la fórmula “Nunca más”. Pero también es cierto que todavía estamos lejos de haber elaborado históricamente lo que pasó en aquella época: tenemos discursos muy unilaterales. Habría que hacer un trabajo de memoria, en palabras de Freud...

–Yo creo que se está construyendo una imagen de la dictadura que empieza el 24 de marzo y que vino a romper un mundo idílico. Y eso no fue así. Había una situación predictatorial, con un gobierno civil que administraba las muertes... ¿Usted cree, como yo, que se está haciendo un recorte falso?

–Yo creo que la memoria hay que revisitarla y revisarla. Uno debe oponerse siempre a las llamadas “historias oficiales”, que se ofrecen como modos de legitimación de determinadas políticas. El trabajo del historiador es paradójico, porque si bien se ocupa del pasado, puede condicionar fuertemente el presente. Lo que yo creo es que la época de la dictadura aún no está bien elaborada y no se puede observar con la debida distancia crítica. La Historia, a diferencia de otras disciplinas, tiene un papel importantísimo en el ámbito del discurso público, y la revisión de la historia contemporánea es, por lo tanto, fundamental. Esto sonará a verdad de perogrullo, pero el trabajo de comprender el pasado es vital para definir el futuro.

–¿Y esta preocupación por la memoria es global o es propia de Argentina?

–Es global, es un tema muy actual en todos los campos.

–¿Por qué es tan actual?

–Es una pregunta difícil de contestar. Por un lado hay una desilusión con respecto a la esfera pública y, por lo tanto, un intento de rescatar la dimensión humana, personal, sentimental de lo que vivieron los protagonistas de determinados hechos. Hay un horror frente a lo acontecido: como paradigma de reflexión en torno de los acontecimientos del pasado, el Holocausto es central. Pareciera que, aunque estamos desorientados respecto de nuestro futuro, sabemos que hay ciertas cosas que no queremos que vuelvan a suceder...

–¿Quiénes no queremos que sucedan de nuevo esas cosas?

–Creo que hay una opinión pública formada a través de lecturas, de contemplación de obras de arte, con los museos de la memoria... Creo que es un fenómeno cultural abarcador: digamos que hay una visión actual que es compartida en el mundo. Es “lo que se piensa ahora”. De cualquier modo, no puedo explicarle contundentemente cómo es que surgió este “boom memorialista”.

–¿No tiene que ver con todos los horrores del siglo XX?

–Pero fíjese que surgió mucho tiempo después del Holocausto. Hasta los años ’60 el tema del Holocausto casi no figuraba, no se le da la importancia que se le da ahora (que se ha convertido en el acontecimiento del siglo).

–Usted trabaja con otra línea, que tiene que ver con la globalización, ¿no?

–Sí. Después de la crisis de la idea del progreso, se consideraba que toda pregunta acerca del sentido de la Historia formaba parte de una mala metafísica de la historia. Más aún después de la caída del Muro de Berlín; el marxismo había sido el gran heredero de la Ilustración, y la caída del Muro produjo un enorme escepticismo. Ya eran visibles, por supuesto, las consecuencias negativas de los regímenes proclamados marxistas...

–No fueron simplemente consecuencias negativas: hubo una masacre pavorosa.

–Exactamente. Ahí tenemos una visión de lo que aconteció que durante mucho tiempo se trató de tapar...

–Con bastante eficacia...

–Sí. Con mucha eficacia. Yo recuerdo que una vez llevé un libro sobre los crímenes de la Unión Soviética a la facultad y un alumno se acercó y me dijo: “No conviene traer esto acá, porque es hacerle el juego a la derecha”. Pero esas son cosas que, de cualquier manera, pasaron, y uno no puede darle vuelta la cara.

–Me decía lo de la mala fama que se había ganado el sentido de la historia...

–Sí, claro. Por eso los filósofos de la Historia dejaron de dedicarse a eso y empezaron a dedicarse a la explicitación de la metodología del trabajo de escritura histórica. El giro memorialista y el fenómeno de la globalización están conduciendo a algo unitario: el mundo se parece cada vez más en todos lados. Eso tiene consecuencias positivas y negativas.

–¿Existe la Historia? ¿Hay un ente, una fuerza real, existente, llamada Historia?

–La palabra Historia (con mayúscula) es una creación de la época de la Ilustración, hoy muy cuestionada. Esa visión fue muy criticada y, con el tiempo, volvió a hablarse de “historias”. El tema de la globalización vuelve a hacer plausible esa manera ilustrada de ver las cosas en la cual todo está encadenado a un fenómeno general. Hay una enorme necesidad de teorías, de abandonar viejos esquemas interpretativos y considerar nuevas maneras de dar cuenta de la realidad. Creo que en general la gente no está contenta con el mundo en el que vive...

–Tal vez muy equivocadamente, por falta de memoria... Porque si se repasa lo que era el mundo hace un tiempo, incluso hace cincuenta años, es fácil ver que vivimos una situación mucho más pacífica que antes, entre otras cosas.

–Yo creo que hemos avanzado mucho más de lo que creemos pero mucho menos de lo que deseamos. Y esa paradoja es la que impulsa el pensamiento.

Por Leonardo Moledo

www.leonardomoledo.blogspot.com
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Martes, 22 Diciembre 2009 07:03

Lula avanza con los DD.HH.

El mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, presentó ayer un proyecto de ley destinado a esclarecer los crímenes de la última dictadura militar gobernante entre 1964 y 1985. El denominado Tercer Programa Nacional de Derechos Humanos propone, entre otros puntos, la creación de una “comisión de la verdad” concebida con “mandato y plazo definidos para examinar las violaciones”, según explicó Paulo Vannucchi, secretario nacional de Derechos Humanos. Esta comisión podrá reclamar documentos públicos y privados, promover la reconstrucción histórica de las violaciones e impulsar la localización de los restos de desaparecidos políticos con el objetivo de constituir un banco de datos público.

En un acto destinado a presentar el proyecto, Da Silva elogió la actitud de sus ministros de la Casa Civil, Dilma Rousseff; de Justicia, Tarso Genro, y de Derechos Humanos, Paulo Vannuchi, quienes fueron perseguidos por el gobierno militar. “Si alguien detuvo y torturó a Dilma (Rousseff) creyendo que había acabado la lucha de ella, yo le digo que es hoy una posible candidata a la presidencia de la República de este país”, declaró en claro apoyo a su delfín en el Partido de los Trabajadores (PT). “Debemos transformar a nuestros compañeros en héroes, no en perseguidos, y decir que ellos no están porque lucharon” por un mundo mejor, expresó.

Sus dichos apuntaron a que “lo importante es saber y tener conciencia de que valió la pena” la lucha contra la dictadura. El mandatario aludió a los cerca de 200 desaparecidos y miles de torturados por causas políticas. “Una madre nunca se va a quitar de su corazón el sufrimiento de no enterrar a su hijo (...), pero lo más importante es saber que la vida de ese chico valió la pena.”

En esa línea, Lula defendió a su ministro de Comunicaciones, Franklin Martins, miembro del grupo armado en la década del sesenta Movimiento Revolucionario 8 de Octubre (MR-8), al señalar: “Franklin Martins participó del secuestro del embajador norteamericano (Charles Ellbrick, en 1969), en el marco del enfrentamiento con los militares y porque quería cambiar la situación que vivía Brasil”.

Sin embargo, el presidente brasileño no dejó de reiterar su opinión de que lo más importante no es buscar castigo para los militares.

El anuncio del programa se inscribe en el marco de la revisión de la criticada Ley de Amnistía, dictada en 1979, la cual benefició a aquellos acusados de infligir torturas durante la dictadura militar. Desde hace más de un año, la Corte Suprema dio lugar a una demanda presentada por la Orden de Abogados que sostiene que las violaciones a los derechos humanos constituyen crímenes de lesa humanidad que no prescriben y como tales deben ser juzgados.

A esto se suma el reclamo de la sudafricana Navi Pillay, alta comisaria de la ONU para los DD.HH., que en noviembre declaró que Brasil no debía dejar impunes a los torturadores de la dictadura y sugirió la puesta en marcha de una ‘Comisión de la Verdad y la Reconciliación’ como la convocada por Nelson Mandela en Sudáfrica al final del Apartheid, en la que los torturadores eran llamados a reconocer sus culpas ante las víctimas.

En otros aspectos, el programa anunciado ayer también plantea la redacción de un proyecto de ley que regularice el matrimonio de parejas homosexuales y otro que incluya en la educación pública la enseñanza de la “diversidad religiosa”.

Al proyecto de ley le espera un largo camino, ya que su creación, marco de acción y alcance deberán ser definidos y aprobados por el Congreso.

“Va a ser una sorpresa”

Lula da Silva dijo ayer que su colega norteamericano Barack Obama es consciente del papel que debe desempeñar en Latinoamérica, por lo que dijo que mantiene “una expectativa muy grande” de que “él aún va a ser una sorpresa”. “Continúo teniendo una expectativa muy grande en relación con el gobierno de Obama; él aún va a ser una sorpresa porque tiene conciencia del rol que tiene que cumplir en América latina y Africa”, dijo Lula. Luego de un encuentro cordial entre Lula y Obama ocurrido hace 8 meses en Washington, el presidente de Brasil criticó recientemente la posición norteamericana en la cumbre sobre cambios climáticos en Copenhague, así como la política de aquel país ante la crisis hondureña y la instalación de las bases militares en Colombia. Estados Unidos, por su lado, hizo saber su desacuerdo con la aproximación de Brasil y el gobierno de Irán. A pesar de todo ello, Lula afirmó ayer que la relación con Obama es “excepcional”. El mandatario sudamericano sostuvo que Obama cuenta con un margen de maniobra restringido por las presiones del Congreso norteamericano, “que siempre fue riguroso con todos los presidentes de los Estados Unidos”. En su viaje a Washington, Lula invitó a Obama a que visite Brasil. En los últimos días circularon versiones según las cuales Obama no visitaría Brasil, debido a las discrepancias recientes. Consultado sobre el tema, Lula respondió: “Si Obama no viene, el que pierde es él; cuanto antes él venga a Brasil, va a ver que éste es un país importante, desarrollado y que tiene muchas cosas para mostrar”.
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Domingo, 20 Diciembre 2009 08:06

Chile en la encrucijada

El Chile actual presenta grandes diferencias con el de hace 40 años, en tiempos de Salvador Allende.

En efecto, los dos grandes partidos obreros –comunista y socialista– que desde los años 30 del siglo anterior marcaron profundamente la historia de la sociedad chilena, se transformaron profundamente y son una sombra de lo que fueron. El primero, aunque se está reanimando en el movimiento sindical y entre el estudiantado, se debilitó al extremo y perdió sus seguridades teórico-políticas, y hoy logró, como gran conquista y al costo de su subordinación al ex presidente Frei, candidato de la Concertación, sólo tres diputados. Y el segundo, que siempre había sido una confederación de tribus, es ahora mayoritariamente social liberal y tiene apenas una izquierda residual.

El país también fue terriblemente despolitizado por la dictadura y por las políticas más que moderadas de los gobiernos del centroizquierda que sucedieron a Pinochet. Los jóvenes se alejan de la actividad política, aunque participan en luchas estudiantiles o de sector con un vigor que deja lugar a la esperanza. El número y peso político de los campesinos se redujo fuertemente y hoy 90 por ciento de la población económicamente activa es urbana y las luchas rurales se concentran en la resistencia de los mapuches, oprimidos como pobres, como campesinos y, sobre todo, en su carácter de indígenas por gobiernos que siguen siendo racistas y clasistas, incluso cuando dicen ser progresistas como los de la Concertación con presidencia socialista.

Hay 62 por ciento de trabajadores, 3 por ciento de empleados públicos, 5.5 por ciento de empleados domésticos, 16.6 por ciento de cuentapropistas, 7 por ciento de patrones, 0.5 por ciento de dirigentes estatales y 5 por ciento de dirigentes en el sector privado. Los asalariados, más los cuentapropistas son, pues, la mayoría de la población, pero muchos de ellos no votan o lo hacen incluso por los partidos de derecha y de centro derecha, y eso explica los sufragios obtenidos por el hombre más rico de Chile, Sebastián Piñera, el Berlusconi del sur, un conservador unido a la extrema derecha que trata de hacer olvidar su apoyo a Pinochet.

El repudio juvenil semianarcoide a la política, que fue la base de los votos de Marco Enríquez-Ominami es, en realidad, una especie de que se vayan todos chileno, de hartazgo de los politiqueros, pero abre el camino a los que personifican esa odiada política, es decir, a la derecha y centroderecha y a una centroizquierda que cada vez se diferencia menos de esta última.

Por eso, como era previsible, Piñera ganó la primera vuelta con 44 por ciento de los votos contra casi 30 por ciento de Eduardo Frei, ex presidente democristiano hijo de otro ex presidente también democristiano asesinado por la dictadura; casi 20 por ciento para Marco Enríquez-Ominami y 6 por ciento para el socialista Arrate, que canalizó los votos comunistas.

Sebastián Piñera, en la primera vuelta, prácticamente ya sacó todos los votos normales por la derecha y ahora está tratando de pescar en el electorado de Marco Enríquez, aprovechando el repudio del mismo a Frei o, al menos, de lograr que ese electorado se abstenga, reduciendo así la cantidad de votos necesarios para acabar con los gobiernos de la Concertación socialista-democristiana. Los votos comunistas y socialistas por Arrate sin duda confluirán en la segunda vuelta en su mayoría con los de Frei, de modo que desde ahora mismo, sin esperar el segundo turno el 17 de enero próximo, el marcador está en 44 para la derecha contra cerca de 36 para la centroizquierda. La incógnita, de este modo, reside en cómo se dividirá ese 20 por ciento de Marco Enríquez, que ahora es decisivo. Muchos, sin duda, irán a la abstención o el voto nulo porque se enfrentan dos grupos del pasado, como dijo Enríquez; otros, en cambio, irán con Frei para impedir el retorno de la derecha al poder, y no faltarán ni entre sus cuadros ni entre sus votantes los que escucharán los cantos de sirena de Piñera, que las encuestas calculan nada menos que en siete por ciento (un tercio de los votos de Marco Enríquez-Ominami).

Si del 20 por ciento de Enríquez-Ominami un 5 anula el voto o se abstiene y un 10 por ciento se tapa la nariz y le da el voto a Frei, ganaría Piñera por 49 contra 46. Sólo si la mayoría de esos votantes optase por Frei y únicamente lo hiciese por Piñera un sector pequeño, el candidato de la Concertación tendría posibilidad de ganar. O sea, que Frei tiene muy pocas probabilidades. De todos modos, incluso esa remotísima posibilidad, la Concertación estaría herida de muerte y no podría ignorar la realidad social del país que, bajo los efectos de la crisis mundial, comenzaría a latinoamericanizarse, es decir, a enfrentar agudas luchas de clase. La Democracia Cristiana (DC) ya sufrió una escisión de derecha y su electorado más conservador pasó a los pinochetistas y a los pinocheteros (pinochetistas que no osan mostrar su rostro, como Piñera). Su alianza con los socialistas dañó a ambos porque no se pueden aliar los golpistas contra Salvador Allende con los epígonos edulcorados de éste. Lo que queda de vital del Partido Socialista tratará de separarse de este abrazo mortal con sus enemigos y buena parte de los restos de la DC se irán detrás de Piñera. Habrá que ver hacia dónde va la protesta que encabeza Marco Enríquez. Lo cierto es que el panorama político chileno ha cambiado radicalmente y que un gobierno de derecha en el país influirá en el contexto sudamericano.





 
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Domingo, 20 Diciembre 2009 07:44

El Brasil de las 20.000 torturas verá la luz

Brasil, siguiendo tardíamente la estela de Argentina, Chile y Uruguay, ha decidido enfrentarse a los fantasmas de su pasado y asumir abiertamente los crímenes (y sus consecuencias) cometidos por los militares durante la dictadura que atenazó al país entre 1964 y 1985.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva anunciará mañana el inicio de los trabajos para la creación de una Comisión de la Verdad que reconstruya con niveles mínimos de credibilidad la memoria de los muertos, desaparecidos, presos, torturados y exiliados durante los sucesivos regímenes militares.

Sin embargo, es bastante improbable que el Gobierno y la justicia brasileña den por el momento un paso que las víctimas y sus familiares consideran crucial para que la herida pueda cicatrizar algún día: la apertura de causas penales contra los criminales de la represión militar. La dictadura brasileña, que duró más de 20 años, no fue la más letal de Suramérica, pero en términos relativos fue una de las que más torturó, a unas 20.000 personas, según datos oficiales.

El decreto ley que Lula firmará mañana y que da luz verde a este proceso, a cuyo contenido ha accedido EL PAÍS, representa un gesto inequívoco del Gobierno de Brasilia para revertir una política del silencio denunciada desde la llegada de la democracia por los grupos defensores de los derechos humanos y los familiares de las víctimas de la dictadura.

El origen de tanto encubrimiento de información está en la denominada Ley de Amnistía, diseñada por los propios militares en 1979 bajo el Gobierno de João Baptista Figueredo, el último general de una larga saga de dictadores. La Ley de Amnistía permitió el regreso a Brasil de políticos, artistas y demás brasileños exiliados y condenados por crímenes políticos, aunque esto sólo fue el barniz externo de una medida aparentemente aperturista.

La misma ley también abrió la puerta a la absolución de todos los responsables de las torturas, asesinatos y desapariciones durante los años de plomo. En la práctica, fue una ley de tabla rasa, de borrón y cuenta nueva. "Esta ley aseguró que durante la transición se produjese una reconciliación amnésica y que sólo incumbía a las élites del momento. Además, no permitió que el primer Gobierno de la democracia avanzara sustancialmente en el tratamiento de las violaciones de los derechos humanos en términos de verdad, justicia y memoria", explica el politólogo argentino y especialista en violaciones de derechos humanos durante las dictaduras suramericanas, José María Gómez.

Lula anunciará mañana la constitución de un grupo de trabajo formado por representantes de varios ministerios que deberá presentar el próximo mes de abril ante el Congreso brasileño un proyecto de ley para la creación de una Comisión de la Verdad "compuesta de forma plural y suprapartidaria, con mandato y plazos definidos, para examinar las violaciones de los derechos humanos practicadas en el contexto de la represión política".

Según el documento redactado por la Secretaría de Estado de Derechos Humanos, esta comisión se encargará, entre otras funciones, de promover la reconstrucción de las violaciones de derechos humanos, así como de localizar e identificar los restos de cientos de desaparecidos, como los miembros de la guerrilla Araguaia.

En una de las más largas y sangrientas campañas contra la disidencia armada, el Ejército brasileño hizo desaparecer a 70 integrantes del grupo guerrillero Araguaia. Sus familias aún desconocen dónde están los restos mortales.

La Comisión también aportará recomendaciones para procurar que nunca más se produzcan violaciones masivas de derechos humanos en Brasil. Este último punto concentra la quintaesencia de lo que opina el ministro brasileño de Derechos Humanos y férreo defensor de la Comisión de la Verdad, Paulo Vannuchi: Brasil no tendrá autoridad moral para afrontar las violaciones de derechos humanos perpetradas hoy por sus fuerzas policiales hasta que no juzgue a aquellos que torturaron, mataron y borraron el rastro de decenas de miles de personas durante los años de la dictadura. La reflexión viene al caso después de que la organización Human Rights Watch (HRW) denunciara hace algunos días una práctica habitual de las policías de Río de Janeiro y São Paulo, consistente en ejecutar extrajudicialmente a los delincuentes y después eliminar todo tipo de pruebas que puedan esclarecer las circunstancias de los homicidios.

"En Brasil existe una cultura de la impunidad, y la impunidad siempre realimenta la repetición del crimen", comenta a este periódico el ministro de Derechos Humanos. "Y no me refiero sólo a la impunidad del régimen militar. Tenemos una larga historia de esclavitud, y en nuestras escuelas nunca se ha discutido qué pasó durante esos periodos. Este pasado es el responsable de los sentimientos racistas que aun siguen socialmente arraigados. Lo mismo ha sucedido con el genocidio indígena, que entre 1500 y 1988 redujo la población indígena de cinco millones a 250.000 personas. Existe una conexión clara entre la falta de discusión sobre esta violencia del pasado y los problemas que tenemos en el Brasil de hoy", explica Vannuchi.

El propio Gobierno brasileño reconoce que "las violaciones sistemáticas de los derechos humanos por el Estado durante el régimen dictatorial son desconocidas por la mayoría de la población, en especial por los jóvenes". Según la Secretaría de Derechos Humanos, unas 50.000 personas fueron detenidas durante los primeros meses de la dictadura, unas 20.000 fueron torturadas, y cerca de 400 brasileños murieron o desaparecieron sin dejar rastro. Sin contar con las miles de detenciones no registradas y la cifra "incalculable" de exiliados y refugiados políticos.

Durante los últimos años, Brasil ha dado tímidos pasos hacia el rescate de la verdad sobre estos años de infamia. En el Tribunal Supremo se discute actualmente si la polémica Ley de Amnistía debe mantener la inmunidad de los mandos militares que diseñaron la máquina trituradora de derechos humanos.

El pasado mayo Lula anunció la apertura en Internet de unos exiguos archivos de la dictadura. Pero las tentativas del Gobierno brasileño para arrojar luz han tropezado con el hecho de que en las Fuerzas Armadas aseguran haber destruido los documentos clasificados en su poder, extremo que los grupos de derechos humanos niegan tajantemente.

Los más ponderados en el Gobierno, entre los que se encuentra el ministro Vannuchi, abogan porque se condene a los responsables de la barbarie por crímenes de lesa humanidad. "La Comisión de la Verdad culminará con unos informes que serán de dominio público. Después, la Fiscalía decidirá si procede dar a los delitos un tratamiento penal. Mi opinión es que el delito de tortura no prescribe y que debe ser juzgado. Ahora... mi posición no es la posición del Gobierno en su conjunto", explica Vannuchi, confirmando las diferencias que separan al Ministerio de Justicia del Ministerio de Defensa, este último partidario del borrón y cuenta nueva.

Según una de las investigaciones más fiables de la dictadura brasileña elaborada por la Archidiócesis de São Paulo, 24.000 personas trabajaron en el aparato represivo y 334 en las sesiones de tortura. Pocas tienen hoy nombre y apellido.

Por FRANCHO BARÓN - Río de Janeiro
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Sábado, 31 Octubre 2009 09:14

Noticias relevantes

En días recientes ocurrieron en nuestro país importantes acontecimientos.
El 28 de octubre, a las 7 y 30 de la mañana, se conmemoró el 50 Aniversario de la desaparición física de Camilo Cienfuegos. El triste suceso ocurrió un atardecer tempestuoso cuando viajaba en avioneta de Camagüey a la capital, por el norte de Cuba.

En Yaguajay había librado su último combate victorioso contra la tiranía a fines de diciembre de 1958. Allí se inauguró un mausoleo, donde yacen los restos de los caídos durante la guerra en el Frente Norte de Las Villas o después del 1º de Enero de 1959 y yacerán los de aquellos de su Columna Invasora o los que se unieron a ella en el centro del país y que aún viven.

Alguien lo llamó el Héroe de Yaguajay y perduró ese título. Era todavía más: el Héroe de la Columna Invasora Antonio Maceo. El audaz comandante, en el avance de su columna ligera, iba destinado a Pinar del Río, y hasta sus montañas habría llegado si no se le indicara desde la Sierra Maestra detenerse, y luchar junto al Che y bajo sus órdenes, en el centro del país. No era necesario arriesgarlo en esa misión, que constituía una interpretación incorrecta de las circunstancias históricas. El 2 de enero inició con el Che la marcha histórica hacia la capital. ¡Cuánto se podría investigar y reflexionar sobre eso!

Por decisión del Partido y el Gobierno, desde este 50 Aniversario, su silueta de acero ilumina, junto a la del Guerrillero Heroico, el fondo de la Plaza de la Revolución, montando guardia ante la estatua de Nuestro Héroe Nacional José Martí.

También el 28 de octubre, a las 9 de la mañana, quiso el azar que se iniciara el debate sobre la resolución presentada por Cuba contra el bloqueo económico, financiero y comercial de Estados Unidos a nuestra Patria. Se escucharon palabras emotivas de los representantes de numerosos países del Tercer Mundo, que dejaron constancia de su aprecio por el país indoblegable y solidario que durante medio siglo se ha enfrentado al imperio despiadado y genocida que se erigió en la vecindad de nuestra isla. Gran número de países vieron en la resistencia de Cuba una lucha por su propio derecho a la soberanía.

La obra discreta y solidaria de nuestro pueblo desde los primeros años de la Revolución, y su heroica resistencia frente al cruel bloqueo de Estados Unidos, no era olvidada por la abrumadora mayoría de los 192 Estados soberanos del mundo.

Los argumentos irrebatibles de nuestro canciller, Bruno Rodríguez, resonaban como martillazos en aquella sala ubicada en el corazón de Nueva York y muy próxima a Wall Street.
Por primera vez, en muchos años de debates, todos los Estados que integran las Naciones Unidas participaron en la discusión del espinoso y comprometedor tema.

Hasta los aliados europeos de la OTAN y los miembros de la comunidad europea, desarrollados, consumistas y ricos, se sintieron en la necesidad de expresar su inconformidad con el bloqueo económico a Cuba. La réplica de nuestro Canciller al discurso justificativo y plañidero de la representación de Estados Unidos fue contundente.

Cuando el Presidente de la Asamblea procedió a la votación, de los 192 Estados, solo tres delegaciones votaron contra el proyecto de Cuba: Estados Unidos; su aliada en el holocausto palestino, Israel, y la isla de Palau. Un abogado norteamericano con ciudadanía israelí que representa a Palau, un territorio en el Océano Pacífico de 450 kilómetros cuadrados que estuvo bajo la administración yanki por casi 50 años, votó por Estados Unidos en la ONU. Dos Estados se abstuvieron y 187 condenaron el bloqueo.

Estos hechos, sin embargo, por puro azar, no fueron los dos únicos importantes para los cubanos ese día. En horas de la tarde finalizaba la visita a nuestra Patria de la doctora Margaret Chan, Directora General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), acompañada de Mirta Roses, Directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Ambas representan los dos más importantes organismos internacionales que asumen la responsabilidad por esa vital tarea. El pasado martes 27 tuve el honor de compartir con ellas.
Dado el hecho de que el tema de la epidemia de gripe A H1N1 es de gran interés para todos los pueblos, especialmente los del Tercer Mundo –que son los que más han sufrido las consecuencias de la explotación y el saqueo–, les solicité un encuentro dentro de su apretado programa.

A pesar de la preocupación y los esfuerzos de nuestro Ministerio de Salud Pública, y sus programas de información a nuestros ciudadanos, pensé en la conveniencia de profundizar en el tema de la epidemia.

La salud pública fue una de las causas que hicieron necesaria una revolución en Cuba. No pretendo exponer los avances obtenidos, que nos ubican como el país con más médicos per cápita en el mundo –un ejemplo de lo que puede hacerse por otros pueblos–, a pesar de ser una nación bloqueada y agredida por el poderoso imperio durante medio siglo. Nuestra Patria no solo fue víctima del robo despiadado de cerebros, sino también objetivo de las agresiones biológicas del gobierno de Estados Unidos, que no se limitó al empleó de virus y bacterias contra plantas y animales, sino que los utilizó contra la propia población. El dengue afectó a más de 300 mil personas, y el serotipo número 2 lo introdujeron en Cuba y el hemisferio cuando aún no estaba presente como epidemia en ningún otro país.

Omitiendo otros muchos datos, en aras de la brevedad, baste recordar a los efectos de esta reflexión que el dengue se transmite a través del mosquito, pero la gripe A H1N1 se expande mucho más fácil y directamente a través de las vías respiratorias.

Nuestra población debe conocer que, al finalizar la Primera Guerra Mundial, una epidemia de gripe mató a decenas de millones de personas en una etapa en que la población del planeta apenas rebasaba los 1 500 millones de habitantes. Los recursos científicos y técnicos de la humanidad eran mucho menores que los de hoy.

Esta realidad no nos debe inducir a un exceso de confianza. Cuando surgen epidemias de esa índole se requiere de recursos que las prevén o combaten, como ocurrió con la fiebre amarilla, la poliomielitis, el tétanos y otras, como las vacunas que desde hace años protegen a los niños y a la población en general de numerosas enfermedades sumamente dañinas.
Hoy existen además otros tipos de vacunas, en especial las que protegen a la población contra los virus gripales y se aplican a los casos de mayor riesgo por causas pasajeras o permanentes.

Nuestros ciudadanos deben tener presente que las vacunas contra determinados virus son más difíciles debido a las mutaciones genéticas de los mismos, como los asociados a la gripe A H1N1 y otros.

Los países más desarrollados y ricos cuentan con laboratorios bastante sofisticados y costosos. La propia Cuba, a pesar del subdesarrollo y el bloqueo yanki, fue capaz de crear algunos laboratorios para la producción de vacunas y medicamentos.

En la esfera internacional se ha producido un temor lógico con la mencionada gripe, por su capacidad de diseminación y sus efectos en determinadas personas más vulnerables. Aparte de los aspectos relacionados con la cooperación internacional de nuestros médicos –que le han aportado a Cuba gran autoridad moral y prestigio–, deseaba analizar con la Directora General de la OMS el tema de la epidemia A H1N1. Ella me reiteró que la dificultad con las vacunas se debe a que los laboratorios capaces de producirlas en Europa, Estados Unidos y Canadá están obteniendo mucho menos volumen de vacunas que las necesarias; la demanda en los países desarrollados era grande y las primeras vacunas disponibles para los demás países no estarían listas hasta fines de año, y sus precios tienden a crecer considerablemente. Entre los países a priorizar ella ha incluido a Cuba por su cooperación internacional y su capacidad de aplicar inmediatamente las vacunas a personas priorizadas a través de su red hospitalaria.

La doctora Chan conoce que, dondequiera que se encuentren, los médicos cubanos cooperarán en la rápida aplicación de las vacunas.

Son noticias obviamente positivas para nuestro pueblo. Sin embargo, debemos tener presente determinadas circunstancias.

Las primeras vacunas tardarán en llegar varias semanas o tal vez dos o tres meses.
Para la OMS su inquietud mayor es que la capacidad mutante del virus de la epidemia sobrepase rápidamente el efecto de las vacunas y sea necesario iniciar de nuevo la búsqueda de otra vacuna eficaz. Ello, a mi juicio, determina la importancia de una red adecuada de servicios médicos como la que existe en nuestro país, y la orientación sistemática de una población que cuenta con altos niveles de educación para que coopere con las medidas pertinentes.

La falta de servicios médicos adecuados en muchos países, incluido Estados Unidos, donde casi 50 millones de personas no reciben atención médica, eleva considerablemente el número de posibles víctimas. En ese país se ha declarado la Emergencia Sanitaria. Hace dos días escuchaba la noticia de que la Gripe A H1N1 entre noviembre y marzo podría ocasionar 90 mil muertes en Estados Unidos, ya que los meses de frío favorecen el desarrollo de la epidemia. Ojalá tales cálculos resulten equivocados y el daño sea menor. Con una población que supera por lo menos 27 veces la población de Cuba, sería equivalente a más de 3 mil fallecidos en nuestro país, y a muchos millones de personas en el mundo, a pesar de los avances de la ciencia.

Los síntomas iniciales del A H1N1 surgieron en México desde el primer trimestre del presente año y casi, simultáneamente, en Estados Unidos y Canadá. De éstos se trasladó a España, uno de los primeros países de Europa adonde se extendió la epidemia.

Cuando el Presidente actual de Estados Unidos levantó las restricciones a los cubanoamericanos para los viajes a Cuba, en gran número de Estados de esa nación ya se había extendido la epidemia. De esta forma resultó que los cuatro países que más generan turismo o viajes a nuestro país por otras causas, eran aquellos en los que, en mayor grado, se había extendido la epidemia en el mundo.

Los primeros casos portadores del virus fueron viajeros procedentes del exterior. Las personas contagiadas en nuestro país eran relativamente pocas, durante meses no se produjo un solo fallecimiento. Pero a medida que el virus se extendió a todas las provincias, principalmente aquellas con un mayor número de familiares residentes en Estados Unidos, se hizo necesario adquirir nuevos equipos de análisis para el Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí”, y multiplicar el esfuerzo a la vez que se luchaba contra el dengue.

Se produjo así el extraño caso de que Estados Unidos, por un lado, autorizó los viajes del mayor número de personas portadores del virus y, por otro, prohíbe la adquisición de equipos y medicamentos para combatir la epidemia. No pienso, desde luego, que esa haya sido la intención del gobierno de Estados Unidos, pero es la realidad que resulta del absurdo y
vergonzoso bloqueo impuesto a nuestro pueblo.

Con los equipos de otras procedencias estamos en condiciones de conocer, con absoluta precisión, el total de afectados por la epidemia y el número de personas cuyo fallecimiento se relacione con la presencia del virus que la origina.

Afortunadamente, además de los servicios y el personal médico bien capacitado de nuestro país, en el mercado internacional existe un medicamento antiviral eficaz, especialmente si se aplica a las personas con inconfundibles síntomas de posibles portadores del virus y a quienes directamente los atienden.

Disponemos de ese antiviral y, adicionalmente, de la materia prima necesaria para continuar produciendo una cifra similar a la disponible, y se realizará cuanto esfuerzo sea necesario para contar con las dosis indispensables.

Aunque en muchos países, por falta de redes de servicios y personal médico, se deje de ofrecer a los organismos internacionales la información pertinente sobre la epidemia, conocemos el firme propósito de nuestro gobierno de comunicar con toda precisión, a esos organismos, el número de casos y los fallecimientos asociados a la epidemia, como hemos hecho siempre con los datos de la salud pública de Cuba.

Nuestro país, por su parte, cuenta afortunadamente con una amplia red de servicios de salud; la posibilidad de atención inmediata de las personas afectadas es real, y dispone del número suficiente y la calidad de sus médicos, muchos de los cuales han cumplido honrosas e inolvidables misiones internacionalistas.

Fidel Castro Ruz
Octubre 30 de 2009
2 y 52 p.m.
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Sábado, 17 Octubre 2009 10:45

La era del compromiso

Cualquier parecido con hechos reales, personas vivas o muertas no es accidental, es deliberado". Esa frase figuraba al inicio de Z, el filme que abordó el asesinato del líder pacifista Grigoris Lambrakis durante la dictadura de los coroneles griegos. Han pasado 40 años y Constantin Costa-Gavras, el director de Z, que el cineasta François Truffaut ya calificó de "filme hermoso y, al mismo tiempo, útil", sigue persiguiendo sin descanso la realidad. ¿O es al revés? ¿Es la realidad la que persigue a este eterno cronista, a este hombre comprometido, de mirada valiente y clara ante las injusticias, una especie de conciencia social colectiva? "Nosotros contamos historias y las historias muestran el mundo. Muy rápidamente me di cuenta de que el explosivo más poderoso era la injusticia y la impotencia o la incapacidad para reaccionar frente a esa injusticia. Eso es lo que lleva al terrorismo, a todas las formas de terrorismo". Es temprano por la mañana y Costa-Gavras, nacido en Atenas hace 76 años y afincado en Francia desde muy joven, está en su casa de París, en pleno barrio latino, frente a la Sorbona. Las dudas en el patio que uno encuentra desde la calle sobre hacia dónde dirigir los pasos se desvanecen rápidamente cuando, antes de hacer sonar ningún timbre, se abre a lo lejos la puerta de la vivienda y aparece un sonriente y amable Costa-Gavras. Claramente, ha estado atento a los ruidos de la entrada, a pesar de que la cita se ha adelantado unos minutos.

"¿La denuncia de mi cine? A mí, la palabra denuncia me interesa, pero yo prefiero utilizar la de mostrar. A mí, más que denunciar, me gusta mostrar para que la gente mire. Luego, si uno denuncia o no es otra cosa. Es el público quien tiene que decidir, yo sólo le muestro la realidad a través de imágenes", asegura Gavras, mientras al fondo, desde unos grandes ventanales que dan a un jardín trasero, se oyen risas que proceden de alguna escuela infantil cercana. Muchos libros, bellas pinturas, dos o tres ramos de flores sencillos y un mobiliario cálido y confortable hacen de este lugar el sitio ideal para conversar con el hombre que denunció los métodos estalinistas en La confesión; relató la acción de la guerrilla tupamara de Uruguay en Estado de sitio; mostró la colaboración estadounidense en el golpe de Pinochet en Missing; habló del conflicto entre israelíes y palestinos en Hanna K, indagó en la culpa y el nazismo en La caja de música o hurgó en el silencio cómplice del Vaticano ante el Holocausto en Amen. Ahora ha puesto su mirada en los sin papeles, no sólo en la tragedia de las miles de personas que llegan a diario a las costas europeas en busca de una vida mejor, sino también en todos aquellos emigrantes instalados ya en nuestras ciudades, con trabajo pero sin derechos, y que viven con un miedo constante de que les manden de vuelta a sus países. Edén al Oeste, que mañana se proyectará en la Mostra de Valencia, donde participa en la sección oficial a concurso y que se estrena en España el próximo viernes día 23, está protagonizada por Riccardo Scamarcio, con guión del propio Gavras y de Jean-Claude Grumberg.

Es el viaje de la Odisea. A semejanza de Ulises, Elías, el personaje protagonista, cruza el Mediterráneo, luchando contra tormentas y tribulaciones y enfrentándose a mitos y monstruos de ahora. Ulises buscaba el camino de vuelta a casa. Elías va en busca de un sueño y una magia: la ciudad de París. Con apenas diálogos, Edén al Oeste narra la aventura de este hombre sin nacionalidad que recorre países y atraviesa mares, que tiene encuentros fortuitos con una turista británica, un matrimonio griego, unos camioneros alemanes o una gran dama francesa, en lo que se convierte en todo un retrato de la sociedad europea a través de ese personaje. "Quiero mostrar que antes que nada los emigrantes son hombres y mujeres. No queremos saber su nacionalidad porque son eso, hombres. Si hubiera puesto una nacionalidad a Elías, ya uno especularía y la vincularía con determinada problemática social o política concreta. Lo importante en Edén al Oeste es sólo el hombre, independientemente de dónde nace o de dónde viene", explica su realizador.

París es el sueño de Elías. También lo fue del joven Costa-Gavras. Aunque Edén al Oeste no es autobiográfica, sí que hay mucho de la experiencia personal de este realizador. "Es una aventura que conozco bien", asegura. Nació en Atenas en 1933 y su padre participó de manera activa en la resistencia contra la invasión de los alemanes en 1941. "Recuerdo a los muertos que recogíamos asesinados por los nazis, el frío y el hambre. Mi padre nos envió a un pequeño pueblo y aquello fue la libertad. No había alemanes y conocí la vida del campesino, su pragmatismo, cómo guardaban el aceite necesario para el año, también el trigo o la leña. Cómo vigilaban a las cabras y se fijaban en las veces que el macho iba a ver a la hembra para calcular luego la leche y la carne que tendrían para sobrevivir. Recuerdo también las largas misas ortodoxas de tres horas en las que había que estar de pie, con los chicos y chicas separados, y los barbudos griegos, los resistentes, a los que admirábamos muchísimo". Ante la imposibilidad del joven Gavras de proseguir sus estudios en Grecia por sus antecedentes familiares -se necesitaba un certificado de buena conducta-, abandonó su país en 1952 y se trasladó a la capital francesa.

"París era el lugar mágico donde uno podía encontrar todo, esas estatuas griegas del Louvre que yo veía en los libros, aquí estaban las cosas que a mí me interesaban, la literatura, los estudios. En aquella época, el Estado griego regalaba billetes a los jóvenes para ir a Alemania, Australia o América para enriquecerse. Yo lo que quería era estudiar. A pesar de todo fue doloroso al principio. Viví en París como extranjero, sin conocer a nadie, ni sus costumbres ni su lengua. Se produce una ruptura total con la familia, con los amigos, no teníamos muchos recursos económicos...". Gavras se detiene un segundo en su reflexión, como temiendo que el interlocutor pueda llegar a pensar o a comparar lo que está narrando con la situación que viven los sin papeles ahora en Europa. Y se explica: "En aquella época era más fácil venirse a París. Encontrabas trabajo con facilidad. Yo vine a la universidad, a la Sorbona, y en el centro de estudios había una lista enorme con puestos de trabajo, desde lavar coches, cuidar niños... Había trabajo suficiente para poder estudiar y sobrevivir al mismo tiempo".

PREGUNTA. ¿Qué le ha llevado en este momento de su carrera a fijarse en la tragedia de los sin papeles?

RESPUESTA. Lo primero de todo, yo no hablo de carrera porque un director en realidad no hace carrera. La carrera es para los políticos, los militares, los diplomáticos. Nosotros sólo hacemos películas y nunca sabemos cuándo va a llegar la siguiente. De una película a otra un realizador puede desaparecer si las cosas no van bien. Hacemos películas, no carreras.

P. ¿Cada vez es más difícil entonces hacer cine?

R. Sí, sin ninguna duda.

P. ¿Incluso para un cineasta como usted?

R. Es complicado cuando queremos tratar ciertos temas. Para las comedias, las películas de acción o los thrillers no hay problemas, uno siempre encuentra dinero. Las televisiones que están detrás de muchos de nuestros títulos aquí en Francia, y en España probablemente también, aplican la filosofía del señor Le Lay [ex responsable de la primera cadena de la televisión francesa], que decía que ellos hacen cine para preparar a sus espectadores para comprar coca-colas y no los pueden enfrentar a temas demasiado complicados. Como cada día hay más y más cadenas de televisión, la calidad está bajando.

P. Volviendo a la pregunta de antes, ¿qué le ha llevado a poner su mirada hoy en los emigrantes?

R. En París hay unas 400.000 personas sin papeles que están trabajando, que tienen familias, que llevan una vida normal. Para hacer Edén al Oeste yo me entrevisté con algunos de ellos. Una señora latinoamericana me contó que para llegar a su trabajo tenía que caminar una hora diaria de ida y otra de vuelta, que no se subía ni al metro ni al autobús porque allí hay controles policiales permanentes. "¿Y cuando llueve?", le pregunté. "Cojo un paraguas", me contestó. Y me lo dijo con una sonrisa de oreja a oreja. A los emigrantes se les presenta muchas veces como una molestia, y discursos en Francia como los de Le Pen van generando un miedo contra ellos. El hecho de recibir a alguien de fuera siempre es positivo, nunca es negativo. Con Edén al Oeste he querido mostrar que los emigrantes, los sin papeles, son gente como cualquiera de nosotros, son personas luminosas, que tienen luz propia.

P. ¿Cree entonces que ahora hay más miedo en Europa hacia la emigración?

R. Más que nunca, porque nos los presentan como si fueran una masa de gente que llega, como si fuera una invasión, nunca nos los presentan como individuos, nunca como una sola persona con sus problemas. Lo que está claro es que uno se identifica más fácilmente con una persona que con miles. Ese miedo también responde a una realidad, porque Europa tiene problemas económicos y no puede recibir a todo el mundo. Michel Rocard dijo una vez que Europa no podría recibir todas las miserias del mundo, pero que Francia debería recibir una parte de ellas. Ésa es la verdad. Ahora se suele recordar la primera parte de la frase, pero nunca la segunda, cuando la realidad está ahí, en la que cada país tiene que asumir una parte, según sus posibilidades económicas o sociales.

Habla pausado y sonríe en muchas ocasiones. Sentado en el sofá, se incorpora y se adelanta cuando quiere que sus reflexiones lleguen claro. No tiene Costa-Gavras una buena opinión sobre la política europea. Dice que la conciencia la lavan enviando dinero a dictadores africanos, un dinero que, en muchas ocasiones, va a parar a cuentas en Suiza o paraísos fiscales. "El drama europeo es que no hay una filosofía política, no hay una política única, al contrario que en la línea económica que funciona bastante bien. Tampoco la política cultural se ha desarrollado".

Todavía quedan muchos temas en la recámara de este retratista de las miserias y las injusticias, pero hay uno que le tienta especialmente. "El capitalismo, esa pasión por el dinero. Dinero, dinero, tener más coches y más grandes, una casa en el campo, piscina, eso es lo que mueve hoy al mundo. En el pasado hice una película, Consejo de familia, que creo que no me salió bien del todo porque lo que yo quería era mostrar que ahora la sociedad piensa más en la cantidad que en la calidad de la vida. ¿Y dónde está esa calidad? En las relaciones, en el amor, en el humor, en cómo recibimos al extraño. Es aquí donde Europa puede representar un papel importante y es lo que yo les reprocho a los dirigentes y políticos europeos. Europa ha vivido todo lo peor, las masacres, las guerras más terribles, junto a lo más maravilloso, el arte, la filosofía, la literatura. ¿Y qué hacemos ahora que estamos juntos en la Unión Europea? Hablar de economía, ver dónde se gana más dinero. Cuando cayó el muro de Berlín pensamos que por fin el mundo iba a ser diferente, pero no, es peor. ¿Qué le estamos diciendo a la juventud sobre la necesidad de crear un mundo mejor? Que todo, el medio ambiente, el paro, la economía, que todo es peor, que no hay esperanza. No proponemos una vida mejor, sólo que cada vez vamos hacia un mundo más oscuro".

Se interesa por la política española, por Zapatero, también está al tanto de la pensión millonaria y vitalicia de la que va a disfrutar el ex directivo del BBVA José Ignacio Gorigolzarri. "Es inaceptable cuando hay gente que tiene que vivir con 400 euros. Tengo la sensación de que estamos echando marcha atrás, de que volvemos a los años previos a la Revolución Francesa, en los que una minoría, la nobleza, lo tenía todo. Hoy parece que estamos reviviendo aquello, hay una mayoría de gente que es la que hace todo el trabajo, que es la que permite que la sociedad siga funcionando, frente a los capitalistas que son la nueva nobleza. Necesitamos otra revolución, sin sangre, para cambiar esta situación".

Se entusiasma con Obama -"su elección es algo formidable, no sólo para Estados Unidos, sino para el resto del mundo"-, aunque no oculta sus temores. "Es el político más moderno, el que se ha preocupado por todos los temas, ha tocado las cosas que verdaderamente interesan a la gente, con un enfoque positivo y sin demagogias. Pero igual que Obama ha conseguido ganarse a los estadounidenses, no lo ha hecho en Washington, que es donde está el verdadero poder. Me temo que acabe siendo aplastado por Washington". Y también aborda el espinoso y delicado tema Polanski: "Lo que sucedió en su día es algo inaceptable que hay que condenar, pero ya han pasado 30 años y los delitos prescriben. Hoy esa mujer, la víctima, ha retirado la denuncia y ha habido acuerdo. Polanski tiene casa en Suiza y va muy a menudo. ¿Por qué ahora las autoridades suizas detienen a Polanski? ¿No será que quieren mejorar su imagen internacional, después de que se haya demostrado que guardan dinero robado, riquezas de todos los dictadores del mundo?".

No le importa que le recuerden como el director de Z -"una vez comiendo con Orson Welles me habló de ello y yo le dije que sí, pero que a él le pasaba igual con Ciudadano Kane, terminamos riendo"- y habla con devoción del cine europeo. Tiene en un rincón las películas que le han enviado de la Academia de Cine Europeo para la votación de los premios del próximo mes de diciembre y asegura haberse topado con auténticos tesoros. "El cine en Estados Unidos está perdiendo terreno en cuanto a la calidad y contenido, se ha convertido un poco como el fútbol, un mero espectáculo. En cambio, en Europa hay un deseo y una voluntad de hacer cosas grandes".

Aún se oyen los gritos lejanos de los niños en la escuela. Costa-Gavras sale de nuevo hasta la puerta para la despedida. En el patio de la casa descansa un triciclo. La vida está ahí.

Por ROCÍO GARCÍA 17/10/2009


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Sábado, 17 Octubre 2009 10:39

La vigencia del pensamiento de Juan Bosch

Quisiera comenzar mi apreciación del pensamiento de Juan Bosch con dos citas de poetas bien conocidos en Nuestra América, como la llama José Martí. Estas líneas de poesía tienen que ver con el ideario y la praxis de Juan Bosch.

La primera cita es del poeta salvadoreño Roque Dalton: “Los muertos están cada día más indóciles”. Así es hoy, y se manifiesta en las luchas e insurrecciones populares de los movimientos sociales. Juan Bosch está más indócil que nunca, y su pensamiento es aún más relevante que antes.

La segunda cita es del poema “Homenaje a Clase Media” por el recién fallecido poeta uruguayo Mario Benedetti, ¡presente!

Clase media
medio rica
medio culta
entre lo que cree ser y lo que es
media una distancia medio grande

Desde el medio
mira medio mal
a los negritos
a los ricos
a los sabios
a los locos
a los pobres

Si escucha a un Hitler
medio le gusta
y si habla un Che
medio también …

Así, medio rabiosa
se lamenta
(a medias)
de ser el medio del que comen otros
a quienes no alcanza
a entender
ni medio

En varios escritos de Bosch como “Crisis de la democracia de América en la República Dominicana”, “Composición social dominicana”, “Clases sociales en República Dominicana” y “La pequeña burguesía en la historia de la República Dominicana”, se ve la vigencia de su análisis de las clases medias que profundizan y dan sustancia a la perspicacia graciosa de Benedetti. Ni Bosch ni Benedetti tuvieron ilusiones en cuanto al carácter confiable de aquellas clases intermedias tan confundidas y oportunistas, ubicadas entre las dos grandes fuerzas de la historia moderna, el proletariado y la burguesía... y siguiendo los más poderosos en cada momento.

Poco después de la ocupación militar estadounidense y la heroica resistencia del pueblo dominicano en 1965, Bosch introdujo varios conceptos originales en el análisis de los problemas de la economía, política y desarrollo de Nuestra América que nos quedan hoy día como valiosísimas herramientas. Algunos fueron y siguen siendo controversiales. Dos de éstos fueron “la dictadura con respaldo popular” y “el Pentagonismo, sustituto del imperialismo.”

A mucha gente, la palabra “dictadura” le puede resultar chocante, pero cuando se le explica en el contexto de lucha de clases comienza tener cierto sentido. “Dictadura con respaldo popular” se hace eco de la frase de Marx y Engels “dictadura del proletariado”. De la misma manera surge como una respuesta necesaria al conflicto de las dos grandes clases sociales del sistema capitalista, en el cual la dictadura de la burguesía o “la oligarquía” apoyada por sus aliados extranjeros debe ser tumbada por las clases populares y en un período de tiempo reemplazada por una “dictadura” popular para defender la victoria del pueblo contra los ya "ex dictadores”.

Bosch creyó en la democracia, pero una democracia verdadera con justicia económica y social. Su propia experiencia política le enseñó que los trujillistas y neotrujillistas, la oligarquía dominicana, y su aliado principal del norte, es decir, el imperialismo yanqui, prohibían una transición democrática hacia una verdadera democracia. Para “democratizar la democracia,” una creciente demanda de los movimientos sociales hoy por hoy, hay que establecer suficiente poder popular para vencer al enemigo y transformar la sociedad. Ese fue el contexto que confrontaba Bosch cuando elaboró su idea de una “dictadura con respaldo popular”.

A la vez, Bosch entendió y escribió bien (por ejemplo en su obra “El Estado, sus orígenes y desarrollo”) del papel del Estado en todos aspectos de la lucha de clases. El Estado siempre representa los intereses de la clase dominante. Por eso, si las fuerzas populares conquistaran el poder del Estado habría que fortalecer ese poder en el interés de las grandes masas. Ese fortalecimiento es necesario para democratizar la limitada democracia anterior, a través de la introducción del poder popular, la llamada “democracia participativa”.

Por un lado, una fuerte defensa del pueblo y sus intereses por parte del Estado (“dictadura”), y por otro lado, una creciente participación popular y servicio del Estado al pueblo, o sea “respaldo popular”. Bosch, como Hugo Chávez, Evo Morales y otros pensadores contemporáneos, se dio cuenta de que todo esto no se podría lograr sin la introducción de profundos cambios económicos y culturales, o sea un nuevo sistema no capitalista, un socialismo democrático y humanista, entendido e implementado en formas apropiadas de cada sociedad o nación.

La experiencia política y la evolución ideológica de Juan Bosch le llevaron a estudiar aún más los pensamientos de grandes intelectuales de Nuestra América y, desde luego, el marxismo. La Revolución Cubana y las ideas de Fidel Castro le inspiraron. Terminó su gran obra “De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe, frontera imperial” con el pronunciamiento de la ruptura de la frontera imperial estadounidense con la victoria del pueblo cubano en Playa Girón el 19 de abril de 1961 y el comienzo de una “etapa de luchas más duras, más desenfrenadas”. En la opinión de su nieto José Stefan Bosch, respondiendo a una pregunta en este salón ayer, Don Juan perdió cualquier restante esperanza por una democracia dentro del capitalismo y un camino pacífico y electoral a la democracia en 1973, después del golpe militar en Chile que mató o hizo desaparecer a miles de personas y produjo el asesinato del “compañero Presidente” Salvador Allende, cuyo centenario honramos el año pasado.

Su aprendizaje del imperialismo, que vivió en su propia sangre, le condujo a introducir el concepto “el Pentagonismo, sustituto del imperialismo.” Otra vez un concepto chocante. Y otra vez da en el blanco, porque fue y es precisamente la poderosa y bien financiada maquina de guerra del Pentágono de Estados Unidos la que ha estado bloqueando la democracia en Nuestra América durante más de medio siglo de invasiones y guerras sucias que no han terminado y ahora se extienden a todo el globo en un auténtico proceso de globalización del Plan Cóndor. La prueba de la vigencia de este nuevo y original énfasis boschiano del papel del Pentágono en el desarrollo del imperialismo contemporáneo es bastante evidente en las recientes guerras de “shock and awe”.

Debo aprovechar la oportunidad de publicar esta ponencia en un libro planeado por la Comisión Nacional Centenario Juan Bosch para hacer hincapié en el significado del golpe militar en Honduras que ocurrió durante la mañanita del día después de la ponencia, el 28 de junio de 2009. El golpe, una gravísima amenaza a toda Nuestra América, fue infelizmente una prueba más de lo apropiado del concepto boschiano “el Pentagonismo”. He escrito en otros lugares de aquel golpe y de la historia de Honduras, un país conocido desde el decenio de 1980 como “una república del Pentágono”. [1]

Claro que el imperialismo tiene muchas formas y combinaciones de formas de operación, como hemos visto en los últimos días cuando el gobierno estadounidense presionó a los presidentes de un centenar de naciones para que no asistieran a una conferencia de prensa de la ONU programada para el fin del mes en Nueva York. En la conferencia de prensa habría sido presentado y discutido un plan alternativo a lo del G-20 para manejar y resolver la crisis económica mundial. El documento de parte de 120 naciones fue preparado por muy distinguidos expertos bajo el mandato del presidente de la Asamblea General, Miguel d’Escoto. Se dice que Hugo Chávez fue el único presidente que aceptó la invitación a Nueva York.

Lo que sostiene estas formas y combinaciones de formas del imperialismo yanqui en nuestra época, desde tales presiones “diplomáticas” hasta incidentes del “golpismo” militar o electoral, es precisamente el poder militar, o sea el Pentagonismo, sin el cual ningún esfuerzo imperialista podría dar resultado. El imperialismo estadounidense sigue más bélico e intervencionista que nunca. La amenaza militar ha crecido mucho. Se manifiesta en el envío de la Cuarta Flotilla a las aguas latinoamericanas y el presupuesto reciente del Pentágono de 46 millones de dólares para el desarrollo de la base militar en Palanquero, Colombia, para “operaciones de contingencia” en América Central y Sudamérica. Así que se puede resumir el Pentagonismo actual como militarización y guerras sin fin, más destructivas que cuando Don Juan lanzó su conceptualización.

Cómo otros ponentes en esta celebración del centenario de Juan Bosch han explicado bien, Don Juan fue muy martiano y bolivariano. Fue patriota en el sentido martiano. Es decir, defendió la patria como defensor de la humanidad y toda Nuestra América, como lo hacen los Cinco héroes cubanos secuestrados hace 11 años y encarcelados y torturados en las cárceles estadounidenses. [2]

Bosch fue internacionalista. Como Simón Bolívar, José Martí y Ernesto “Che” Guevara, pasó tiempo en varios países de Nuestra América y consagró su vida a la batalla contra la dominación de Estados Unidos. Llevó sus excepcionales talentos literarios e intelectuales al mundo político en una lucha por la liberación de su país. Trató de educar a su pueblo.

Durante este encuentro hemos hablado mucho de la ética y su valor en la política, de cómo Don Juan lo personificó en su vida. Se destaca la manera en que Don Juan practicó ciertos principios martianos, por ejemplo:

    * Comportarse a favor del respeto de los principios éticos y la justicia social
    * Ser honesto consigo mismo y siempre decir la verdad a los pueblos y sus vecinos
    * No temer en buscar la utopía universal del hombre (se dice que Don Juan leyó 21 veces El Quijote de Cervantes)
    * Ser políticamente activista, aprendiendo a “convertir los reveses en fortuna”
    * Arraigar el corazón en la patria que es la humanidad
    * Defender la soberanía nacional, siempre consultando, antes de todo, el interés humano
    * Entender las amenazas desde el imperio del Norte y dedicar la vida a vencerlas
    * Reconocer que “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”

Bosch dijo “Si no llego a ver por mí mismo la liberación de este pueblo, la veré a través de mis ideas”. Para honrar ese sentimiento, debo concluir esta ponencia insistiendo en que, como he dicho frecuentemente en Cuba en cuanto a Che Guevara, para ganar las batallas de ideas y la liberación de nuestros pueblos hay que enseñar a nuestras juventudes las ideas de sus libertadores, de sus apóstoles, de sus maestros, pues. Es vergonzoso que haya poca enseñanza del pensamiento del Che en las escuelas y universidades cubanas o de Don Juan en los centros de estudio dominicanos. ¡Ojalá que uno de los resultados de este encuentro informativo será una campaña inmediata para llevar a cada rincón de la República Dominicana y a otros países los escritos y pensamientos de Juan Bosch, la historia de su vida y su ejemplo, y la de otros grandes pensadores de Nuestra América!

Notas:

[1] Véase James Cockcroft, “Honduras: el momento de la verdad en la administración de Obama”, Rebelión http://www.rebelion.org/noticia.php?id=88206 y TeleSUR www.telesurtv.net , entre otros lugares, 05 de julio de 2009, y en 4 idiomas en www.jamescockcroft.com . Se menciona Santo Domingo 1965 en ese breve artículo analítico. Para historias políticas de Honduras y la República Dominicana, véase James D. Cockcroft, América Latina y Estados Unidos historia y política país por país (México & Buenos Aires: siglo veintiuno editores, 2001; con una nueva introducción del autor, La Habana: Instituto del Libro, Ciencias Sociales, 2004), Capítulos 4 y 10.

[2] http://www.thecuban5.org/ , http://www.antiterroristas.cu/ .

Por James Cockroft, Ph.D., Universidad de Stanford, es Internet Profesor de la Universidad Estatal de Nueva York y Redactor Honorario de Latin American Perspectives. Tres veces un becario Fulbright es autor galardonado de 40 libros sobre América Latina; imperialismo; migración; [email protected]; y la cultura. También es poeta. Como inmigrante canadiense, el doctor Cockcroft es miembro del Consejo Mundial del Proyecto José Martí de Solidaridad Mundial patrocinado por la UNESCO; la Coordinadora Internacional de Redes en Defensa de la Humanidad; el Comité Internacional por la Libertad de los Cinco Héroes Cubanos; la Table de Concertation de Solidarité Québec-Cuba; y la Alianza Literaria Canadiense-Cubana. Fue el autor de la primera carta publicada por el New York Times en abril de 1965 y firmada por la mayoría de becarios Fulbright en México condenando la invasión yanqui de la República Dominicana. Escribió “Santo Domingo: funerales del modelo reformista”, un capítulo en su libro con André Gunder Frank y Dale L. Jonson, Economía política del subdesarrollo en América Latina (Buenos Aires: Ed. Signos, 1970, edición estadounidense Dependence and underdevelopment Latin America's political economy, (New York: Doubleday Anchor, 1972.) Su página multilingüe es www.jamescockcroft.com .
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Cochabamba, 8 de octubre. El presidente boliviano, Evo Morales Ayma, participó esta tarde en Vallegrande, 850 kilómetros al sudeste de La Paz, en los actos de sentido homenaje al cumplirse los 42 años de la muerte del legendario guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara.

Se estima que unas 3 mil personas, entre los que destacaban delegados al V Encuentro Social Alternativo 2009, marcharon este día hacia el poblado de La Higuera, donde el Che murió asesinado el 9 de octubre de 1967, un día después de ser capturado por el ejército boliviano.

En la peregrinación había asistentes al foro junto con pobladores de Vallegrande y comunidades aledañas, además de colaboradores cubanos de la salud, la educación y trabajadores sociales comunitarios.

Morales recibió las conclusiones del Encuentro Social Alternativo que se inició el martes y en el que participan líderes latinoamericanos que analizaron la problemática social, económica y política continental, para que a su vez los haga llegar a los jefes de Estado de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), que se reunirán en esta ciudad el 16 y 17 de este mes.

Durante el foro, el mandatario destacó que ha llegado el momento de cerrar las venas abiertas de América Latina, al citar al escritor uruguayo Eduardo Galeano y una de sus obras más famosas sobre la situación histórica de la región.

A su vez, las fuerzas armadas del país homenajearon en el gran cuartel de Miraflores, en la sede de gobierno, a los 59 militares caídos en el combate a la guerrilla en 1967.

En el acto castrense, el general Enrique Alvan Cejas recordó que el propio comandante guerrillero dijo nunca pensé que el ejército de Bolivia nos diera tanto trabajo, cómo nos persiguieron esos soldados, no descansaron ni de día ni de noche hasta derrotarnos.? Esas palabras, agregó, valen más que mil harapos, ya que provienen de una figura legendaria que combatió en Sierra Maestra, en el Congo, en el Líbano y sufrió una terrible y amarga derrota en suelo boliviano al empuje de nuestros valerosos soldados, oficiales, suboficiales y sargentos.?

Apuntó que para las fuerzas armadas, esos señores de la guerra revolucionaria de la década de 1960 no interpretaron la rica historia del ejército boliviano que forjó la patria, que combatió en el norte, en el sur, este y oeste del territorio nacional, según reportó la estatal Agencia Boliviana de Información.

En tanto, el reconocido intelectual Boaventura de Sousa Santos aseveró que el pensamiento crítico occidental no necesita una teoría de vanguardia, necesitamos una teoría de retaguardia, o sea una teoría que valore lo que los movimientos sociales están haciendo en países como Bolivia, Ecuador o Venezuela, al participar en la V Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales.

En su conferencia magistral la víspera, ante el presidente Morales, en este evento organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), señaló que las bases para la refundación del Estado son desmercantilizar, democratizar y descolonizar.

Al hablar del contexto en el que vive el continente americano, planteó que en este momento coexisten en el continente las luchas más avanzadas y ofensivas con las luchas más retrasadas y defensivas, en las primeras el Estado es parte de la solución, en la segundas el Estado es parte del problema.

Entre las primeras mencionó el constitucionalismo transformador de Bolivia y Ecuador, la revolución bolivariana, el moderno nacionalismo en el control de los recursos naturales, la plurinacionalidad, que son, dijo, luchas ofensivas.

Pero, dijo, hay luchas retrasadas, de defensa, como la lucha contra la criminalización de la protesta; centenares de líderes indígenas y campesinos han ido a prisión en el Perú, en Chile, en Argentina acusados de ser terroristas cuando su crimen es bloquear carreteras para no permitir que las multinacionales entren en sus territorios.

Destacó además la criminalización contra el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra en Brasil, los intentos en Brasil por transformarlo en una organización terrorista, el paramilitarismo, el golpismo hondureño y la lucha contra él, además del control de los medios que nos obliga a luchas defensivas ante este nuevo poder de oposición que es el más claro poder de oposición ante todas las transformaciones progresistas, no solamente en el continente sino en África y en India.

Otro contexto, apuntó De Sousa, en el continente hay en este momento una doble guerra de oposición, dos violentas negaciones de la democracia liberal en América Latina, dijo citando al pensador peruano Mariátegui: el comunismo, podemos decir también el socialismo por un lado y el fascismo por otro lado, lo que está pasando hoy es que de alguna manera estas negaciones están luchando dentro del marco democrático.

Aseveró que por un lado el socialismo intenta avanzar a través de formas de radicalización de la democracia, lo que podemos llamar una demo-diversidad, que por ejemplo en Bolivia está en la Constitución, no con una forma de democracia sino tres: representativa, participativa y comunitaria, y otras formas como la democracia del acceso a la tierra, la democracia del acceso a la renta de los recursos naturales, una democracia intercultural.

El socialismo, señaló, entra por esa vertiente pero el fascismo intenta también penetrar, es un fascismo nuevo, es un fascismo fragmentario que a veces es estatal y a veces público-privado, el paramilitarismo, y el control de los medios, y por eso hay una dualidad de poderes, uno que lucha por el socialismo pero también la negación fascista dentro de la lucha democrática.

Manifestó que en el continente hay un debate civilizatorio abierto y una imposibilidad de hablar en la lengua colonial de esta realidad, por lo que se hace necesario utilizar nuevos conceptos para cambiar, por ejemplo, la dualidad que existe entre hablar de recursos naturales por un lado y de la pachamama –madre tierra– por el otro, Estado-nación de un lado y pueblos y nacionalidades del otro, desarrollo global de un lado y suma qamaña –buen vivir– del otro, o sociedad civil-derechos colectivos…

Concluyó que esto no es un choque de civilizaciones, es una lucha por un encuentro finalmente más igual, una diferencia igual, en camino de una interculturalidad que esa sí va a cambiar las relaciones de producción.

Rosa Rojas
Corresponsal y agencias

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Miércoles, 30 Septiembre 2009 06:43

Aprendizaje, desafío y viaje de las palabras

Para expresar mi gratitud a esta alegría inmensa que me han regalado no encuentro mejor manera que contar tres historias. No son inventadas por mí, sino que son por mí vividas.

La primera es sobre mi aprendizaje. Yo no tuve la suerte de conocer a Sherezade. No aprendí el arte de narrar en los palacios de Bagdad. Mis universidades fueron los viejos cafés de Montevideo. Los cuentacuentos anónimos me enseñaron. En la poca enseñanza formal que tuve –porque no pasé de primero de Liceo– fui un pésimo estudiante de historia. Y en los cafés descubrí que el pasado era presente. Y que la memoria podía ser contada de tal manera que dejara de ser eterna para convertirse en ahora.

No recuerdo la cara ni el nombre de mi primer profesor. Pero él contó una historia de 1904 –por la edad se veía que él no había nacido en aquel entonces–, pero la contaba como si hubiera estado ahí. Fue mi primera lección: el arte es una mentira que dice la verdad. Y escuchando aprendí que se puede contar lo que pasó de tal manera que vuelva a ocurrir cuando uno lo cuenta. Que pueda uno escuchar ese remoto trueno de los cascos de los caballos. Y que pueda uno ver las huellas de arena aunque el suelo sea de baldosa o de madera.

Y aquel hombre para decir la verdad mintió que él había recorrido las praderas ensangrentadas después de la batalla y había visto los muertos. Y uno de los muertos dijo –era un ángel, un muchacho bellísimo con la hincha blanca, roja de sangre–: Por la patria y por ella más.

Un segundo relato sobre mi primer desafío en el arte de narrar. En un pueblo boliviano, un día de laguna –Laguna devoraba a sus hijos metidos en los socavones de las tripas del estaño–, los mineros perseguían las betas de estaño y en esa cacería perdían en pocos años los pulmones y la vida. Yo había pasado un tiempo ahí, me había hecho algunos amigos y había llegado la hora de departir. Estuvimos toda la noche leyendo, los mineros y yo, cantando y contando chistes, a cual más malo. Cuando ya estábamos cerca del amanecer, cuando poco faltaba para que el chillido de la sirena los llamara al trabajo, mis amigos callaron todos a la vez y alguno preguntó, pidió, mandó: Y ahora hermanito, dinos cómo es la mar. Yo me quedé mudo, pero insistían, cuéntanos, cuéntanos cómo es la mar. Ninguno de ellos iba a verla nunca. Todos iban a morir temprano. Y yo no tenía más remedio que traerles la mar. La mar estaba lejísimos y yo tenía que encontrar palabras que fueran capaces de mojarlos.

Y la tercera historia sobre los extraños viajes de las palabras. Hace pocos meses, ante los estudiantes mexicanos leí algunos relatos. Uno de ellos, de mi libro Bocas del tiempo, contaba que el poeta español Federico García Lorca había sido fusilado y prohibido durante la larga dictadura de Franco. Y que un grupo de teatreros del Uruguay había estrenado una obra suya en un teatro de Madrid, al cabo de tantos años de obligado silencio. Y al fin de la obra esos teatreros no habían recibido los aplausos esperados; el público español había aplaudido con los pies pateando el piso. Y ellos se habían quedado estupefactos. No entendían nada. Tan mal habían actuado –pensaban–. Cuando me lo contaron pensé que quizás el trueno sobre la tierra había sido para el autor fusilado por rojo, por marica, por raro… Una manera de decirle: Para que sepas Federico lo vivo que estás. Y cuando lo conté en la Universidad de México me ocurrió lo que nunca me había ocurrido en las otras ocasiones en que había contado esa historia. Los estudiantes aplaudieron con los pies. Miles de pies pateando el piso con alma y vida. Y así continuaron mi relato y continuaron lo que mi relato contaba como si eso estuviera ocurriendo en un teatro de Madrid unos cuantos años antes. Ese segundo trueno sobre la tierra estaba también dirigido al poeta fusilado y era también una manera de decirle: Para que sepas, Federico, lo vivo que estás.

Eduardo Galeano

 

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