Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). EFE

El crecimiento del PIB mundial se ralentizará al 2,9% en 2019 y al 3% en 2020, unos descensos que también se aplican al G20, el grupo de grandes países desarrollados y emergentes, con un crecimiento previsto del 3,1% y del 3,2%

El organismo subraya que la necesidad de aplicar con urgencia políticas macroeconómicas adicionales que fortalezcan la confianza, calmen las tensiones comerciales, estimulen la inversión e impulsen el crecimiento potencial

 

El crecimiento de la economía mundial se ralentizará al 2,9 % en 2019 y al 3 % en 2020, estimó este jueves la OCDE, que rebajó sus previsiones anteriores y advirtió de que es el aumento anual más débil desde la crisis financiera de 2008.

En su informe de perspectivas interinas, que revisa las previsiones semestrales lanzadas en mayo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) recortó tres décimas su proyección para este año y otras cuatro para el que viene, en línea con una tendencia que se extiende en las mayores economías.

Esos mismos descensos se aplican al G20, el grupo de grandes países desarrollados y emergentes, con un crecimiento previsto del 3,1 % y del 3,2 %, mientras que en la eurozona el ajuste es más leve, de una y cuatro décimas, hasta una subida respectiva del 1,1 % en 2019 y del 1 % en 2020.

Tras un ascenso de la economía mundial del 3,6 % en 2018, sus conclusiones para el corto plazo son tajantes. El panorama se ha vuelto "cada vez más frágil e incierto", atizado en gran parte por las tensiones comerciales y políticas, que minan la confianza y la inversión.

En mayo ya había rebajado sus perspectivas, y en este nuevo informe la organización con sede en París ratifica que, según los últimos acontecimientos económicos y financieros, la ralentización durará más de lo previsto.

El peso de la incertidumbre reinante recae sobre todo en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y en la perspectiva de un "brexit" sin acuerdo.

La introducción de tarifas bilaterales entre Washington y Pekín desde principios de 2018 seguirá arrastrando la actividad y el comercio global en los próximos dos años y "podría reducir el incremento global del PIB en entre 0,3 y 0,4 puntos porcentuales en 2020 y entre 0,2 y 0,3 en 2021".

Aunque esos dos países anotan dos de los incrementos más elevados para los próximos dos años, la OCDE subraya que también serán los más afectados.

De momento, el organismo calcula que la economía estadounidense crecerá un 2,4 % en 2019 y un 2 % en 2020, cuatro y tres décimas menos que en las previsiones de mayo, y que la china avanzará un 6,1 % y un 5,7 %, lo que supone un recorte de una y tres décimas.

Un Brexit sin acuerdo: factos desestabilizador

La posibilidad de que el Reino Unido abandone la Unión Europea (UE) sin acuerdo es otro de los factores más desestabilizadores, con costes sobre el comercio y un impacto sobre la economía británica que podría hacer que el país cayera en la recesión.

La OCDE solo revisa de forma detallada en estas perspectivas la situación de los países del G20: mantiene por ejemplo su proyección para 2019 para Francia (+1,3 %) y le quita una décima para 2020 (+1,2 %), mientras que en Alemania el ajuste es de dos y seis décimas (+0,5 % y +0,6 %).

No se libran de su pronóstico a la baja otros como México, cuya economía se prevé que crezca un 0,5 % este año (-1,1 puntos) y un 1,5 % en 2020 (-0,5), ni Brasil, con recortes respectivos de seis décimas, hasta el +0,8 % y el 1,7 %.

El impacto de esta coyuntura sombría se deja sentir también en la calidad de vida de los ciudadanos. Las perspectivas de una mejora continuada de los ingresos a medio plazo es más débil que antes de la crisis financiera, y el crecimiento per cápita en los últimos años también se ha mantenido por debajo.

La OCDE subraya que la necesidad de políticas macroeconómicas adicionales ha crecido en la mayor parte de economías y concluye que deben aplicarse con urgencia políticas que fortalezcan la confianza, calmen las tensiones comerciales, estimulen la inversión e impulsen el crecimiento potencial.

Publicado enEconomía
Jueves, 19 Septiembre 2019 05:55

Así te vigila (y te controla) tu móvil

Así te vigila (y te controla) tu móvil

Sacamos el móvil del bolsillo unas 150 veces al día, aunque creemos que lo usamos en la mitad de ocasiones. Lo cierto es que nuestro smartphone genera un volumen brutal de datos que nos localizan, nos vigilan y nos transforman. Puro petróleo para las grandes empresas tecnológicas.

Lo más importante son los metadatos. No el mensaje que mandas, sino a quién se lo mandas, desde dónde y con quién. Sobre todo, desde dónde. Aquel que sabe dónde estás en todo momento te conoce mejor que tú mismo. Aquel que sabe dónde has estado durante los últimos tres meses puede predecir dónde estarás de ahora en adelante con una precisión del 93%. Y tú se lo dices a mucha gente. Tu móvil tiene una cámara por delante, otra por detrás, un micrófono, una media de 14 sensores y al menos 3 sistemas independientes de geoposicionamiento. Tu tarjeta SIM manda señales a las antenas más cercanas para recibir cobertura. Tu receptor de GPS se comunica con satélites para calcular su propia posición. Tu wifi busca constantemente redes a las que conectarse, gritando el nombre de todas a las que se ha conectado antes. Tu ­bluetooth busca objetos con los que hacer una red. Y tus aplicaciones registran cada uno de tus movimientos, incluso cuando has apagado esa función.

No necesitas sacar el móvil, pero lo haces unas 150 veces al día. Si te parecen muchas es porque la mayoría de las personas que tienen un smartphone piensan que lo utilizan menos de la mitad de tiempo que lo usan en realidad. Probablemente lo desbloqueas para ver si te ha llegado un mensaje por Messenger o Whats­App, si ha pasado algo en Twitter, si a alguien le ha gustado tu foto de Instagram o en Facebook, o si has recibido un correo importante. Una vez dentro, es difícil soltarse. Las aplicaciones más populares del mundo están diseñadas para que, cada vez que las usas, recibas una microdosis de dopamina, en un circuito llamado cámara de condicionamiento operante o, más popularmente, caja de Skinner, por el psicólogo que la creó. Por eso desbloqueas el móvil tantas veces sin darte cuenta. Las mejores mentes de tu generación trabajan para las grandes empresas tecnológicas, buscando maneras de que estés el máximo tiempo posible tocando el móvil de manera inconsciente. Cuanto más tiempo pasas, más datos generas. Y esas empresas viven de convertir tus datos en alimento para sus algoritmos predictivos de inteligencia artificial.

Los algoritmos necesitan una gran cantidad de datos para mejorar sus predicciones. Google los saca del correo, los mapas, el buscador, YouTube y el sistema operativo Android, entre otros. Amazon, de la tienda, el Kindle, los altavoces inteligentes y AWS. Facebook, de la red social, Instagram, WhatsApp y ­Oculus. Netflix, de las series. Uber, de los coches. Spotify, de las listas. ­Airbnb, de las vacaciones. Tinder, del sexo. Match, del amor.

Pero también necesitan una dieta variada, por eso trabajan con los data brokers, empresas que rastrean el resto de los datos que hay desperdigados y los ponen en un solo lugar. Manejan otras fuentes: tarjetas de puntos, seguros, marketing directo, hackers, inmobiliarias, bibliotecas, operadoras, laboratorios de análisis, bancos, farmacias, Administraciones. Las plataformas digitales saben lo que haces cuando estás conectado. Los data brokers eran los únicos que sabían lo que haces cuando no lo estás. Ahora hay cámaras ­conectadas a sistemas de identificación facial que te siguen sin que lo sepas, lectores ­automáticos de matrícula, satélites capaces de leer tu marca de reloj. Los algoritmos predictivos digieren los datos para saber anticiparse a tus deseos, pero no siempre para satisfacerlos. También para cambiarlos.

Cuando tus datos vuelven a ti, han transformado el mundo. Han elegido los anuncios que ves y el precio que pagas por los billetes de avión, por alquilar un coche, por el seguro dental. Han cambiado tus posibilidades de conseguir un crédito, de acceder a un puesto de trabajo, de recibir un pulmón. También eligen las noticias que aparecen en tu timeline, los Pokémon que aparecen en tu mapa, los cinco mejores restaurantes, la mejor manera de llegar de A a B. Porque te has convertido en el microobjetivo de cientos de campañas. No todas son comerciales.

La campaña pro-Brexit convenció a millones de británicos de que los turcos estaban a punto de invadir Europa. La campaña pro-Trump convenció a millones de americanos de que había bandas de centroamericanos “infestando” EE UU. La agencia de desinformación rusa convenció a medio millón de activistas afroamericanos de que no votaran, porque votar a Clinton era peor que votar a Trump. Cuando vuelven a ti, tus datos ya no son datos, son una visión del mundo. Y no sabes quién  la financia, ni con qué fin.

Por Marta Peirano

14 SEP 2019 - 17:00 COT

Sábado, 14 Septiembre 2019 06:30

Los videojuegos están privatizando el deporte

Los ganadores por parejas, Emil "Nyhrox" Bergquist Pedersen (izquierda) y David "Aqua" Wang (derecha), se llevaron a casa $ 1.5 millones cada uno por su victoria. Foto: Epic Games

Cuarenta millones de personas han tomado parte en el campeonato mundial del videojuego Fortnite. Las competiciones digitales a nivel profesional están en continuo crecimiento y representan la nueva frontera de la transformación del deporte en producto privado. Pero no hay que confundir el sistema con los individuos que en él participan.

El pasado julio tuvo lugar el campeonato mundial del videojuego Fortnite (la Fortnite World Cup) y su vencedor, un chico de dieciséis años llamado Kyle 'Bugha' Giersdorf, ganó tres millones de dólares, de un total de 30 millones repartidos en premios, en una final que siguieron más de dos millones de personas, según declaraciones de Epic Games, empresa autora del juego.

Para poner estas cifras en contexto considerad que tres millones de dólares equivalen al mayor premio que se haya asignado en toda la historia del golf. Y resulta aún más relevante el hecho de que 40 millones de aspirantes a campeón participaran en las fases de selección del campeonato. Epic Games construyó el escenario de Fortnite (con una inversión inicial de 100 millones de dólares) precisamente con la idea de que cualquiera pudiese participar en la competición del que, desde su lanzamiento en 2017, se ha convertido rápidamente en uno de los videojuegos más populares en el mundo, al menos en Occidente.

La Fornite World Cup no es un caso aislado, forma parte de ese fenómeno conocido como 'eSports', los deportes digitales (electrónicos), es decir, videojuegos en los que se compite a nivel profesional.

En los últimos diez años, los editores de videojuegos, atraídos por el modelo game-as-a-service (juego-servicio), es decir, por la posibilidad de utilizar sus creaciones como servicio a largo plazo y monetizarlas hasta el infinito, han iniciado a crear productos diseñados para convertirse en eSports y construir una comunidad de jugadores dispuestos a pagar por nuevos contenidos.

“Quien juega de forma competitiva alcanza una inmersión [en nuestro videojuego] cinco veces superior a quien no juega de forma competitiva”, afirma Todd Sitrin, de Electronic Arts, que publica el videojuego FIFA. “Esto se traduce en mayores beneficios, mayores ventas del juego y más dinero gastado por los jugadores dentro del propio juego”. En 2018, se contabilizaron 395 millones de espectadores de eventos dedicados a los eSports y el sector movió 868 millones de dólares. En ese mismo año, el campeonato mundial del videojuego Dota 2 de Valve repartió premios por un total de 25 millones de dólares y la final del League of Legends de Riot Games fue seguida por 100 millones de espectadores.

Eventos parecidos y cifras similares atraen cada vez más a inversores y a prensa. Giersdorf ha asistido como invitado al The Tonight Show Starring Jimmy FallonThe Washington Post tiene ya periodistas especializados en la cobertura de eSports; China ha reconocido el juego competitivo como oficio; más de 30 universidades estadounidenses tienen ya un equipo de eSports; la Staffordshire University tiene un curso centrado en el “negocio de los eSports”; doce países europeos están organizando una European Esports Federation; afirmados deportistas y actores invierten en el sector; la NBA tiene su propia liga dedicada al videojuego, la NBA 2K de Take Two; y la Fórmula 1 organiza la F1 Esports Series, en las que las empresas de la Fórmula 1 tradicional eligen a jugadores para que les representen y compitan en el videojuego oficial de la federación.

En Italia, los equipos de fútbol Roma, Sampdoria, Empoli, Cagliari y Parma tienen una división dedicada al eSport; se está preparando un torneo de videojuegos oficial de la Serie A —Primera División del fútbol italiano—; recientemente las empresas Red Bull, Adidas y Armani han iniciado inversiones en organizaciones italianas de eSports; el Automobile Club d’Italia ha creado una comisión que evaluará la posibilidad de entrar en el mundo de los eSports; los periódicos La Gazzetta dello Sporty Corriere dello Sport tienen ya una sección dedicada al tema y en el canal Dmax acaba de concluir la primera temporada del programa House of eSports.

Futuro en los eSports

El debate se centra a menudo en dinero, cifras, récords y vencedores; los tonos son triunfalistas y se habla de un futuro en el que los eSports serán “más grandes que los deportes”. Es un momento de crecimiento, remolcado entre otras cosas por el éxito de las plataformas de streaming (plataformas online donde jugadores juegan en directo y las empresas transmiten sus eventos), como Twitch de Amazon. Una pena que, como ha revelado la web especializada en videojuegos Kotaku, las cifras del sector hayan sido infladas y los eSports quizás están destinados a ser la enésima burbuja especulativa. Ningún analista y ningún experto tiene ni idea de lo que valen en realidad los eSports y de cuántos son realmente sus espectadores.

Pero el capitalismo no se ha parado nunca de frente a las burbujas especulativas, y el eSport es hoy un fenómeno que hay que conocer y entender para comprender la actual industria del entretenimiento. Porque la importancia de los eSports es tal que ya forman parte del debate incluso en los eventos deportivos tradicionales. El Comité Olímpico Internacional (COI) ha debatido sobre cómo abrirse a los eSports y, aunque el debate ha sido definido por ahora como “prematuro”, el COI ha animado a “una cooperación acelerada” respecto a las simulaciones de deportes que ya forman parte de las Olimpiadas.

Mientras tanto, los Juegos Asiáticos Bajo Techo y de Artes Marciales dan medallas desde hace diez años a los vencedores de competiciones videolúdicas, se ha debatido sobre su introducción en los Juegos Asiáticos del 2022 en China (que son, tras las Olimpiadas, el evento polideportivo más grande del mundo) y en 2017 la Universidad Estatal de Milán empezó a pensar en cómo incluir los eSports en el calendario de sus campeonatos entre facultades.

También en este caso la cuestión es sobre todo económica: lo que interesa en estos eventos y a estas organizaciones no son los eSports en sí, sino su público, y el COI lo ha declarado explícitamente: “Los eSports están mostrando un gran crecimiento, especialmente en los sectores más jóvenes y en diversos países, y pueden generar una plataforma que los acerque al Movimiento Olímpico”.

 “El capitalismo avanzado y monopolista usa a la industria del entretenimiento para colonizar el deseo y el mito del deporte como un contenedor en el que introducir mensajes comerciales”, explica T.R. Young en The Sociology of Sport. También las Olimpiadas, que nacieron como un evento dedicado a deportistas amateurs y que durante mucho tiempo tuvieron reglas más bien severas sobre patrocinadores y marcas, desde los años 90 se han transformado progresivamente en un escenario para promover a sus patrocinadores.

No obstante, tras las Olimpiadas de Río de 2016, el COI y sus socios comerciales se mostraron preocupados por la escasa atención del público joven (18-34 años). Quizás los espectadores se están simplemente yendo a las plataformas digitales donde aún no son contabilizados, pero el COI quiere seguir ese traspaso y el inicio de un debate sobre la entrada de los eSports en las Olimpiadas forma parte de esa estrategia. Frente a un abandono generalizado del medio televisivo por parte de los jóvenes en favor del digital y de las plataformas de streaming, inversores y publicitarios corren a refugiarse en los eSports, que les ofrecen una oportunidad de retomar el contacto con esos nichos de mercado.

La importancia del público en los deportes resulta evidente en los casos en que los reglamentos son modificados precisamente para atraer a espectadores. En los años 90, la administración Clinton desregularizó el beisbol estadounidense e introdujo los integradores alimentarios (como la androstenediona, que sería prohibida más tarde) para aumentar el número de home runs en los partidos y su espectacularidad en general. Con esto se pretendía volver a llevar espectadores a los estadios, tras veinte años caracterizados por continuas huelgas de jugadores y una progresiva pérdida de público.

De una forma parecida pero amplificada, el eSport nace para ser tanto juego como espectáculo y se ve constantemente sometido a la necesidad de ser espectáculo. Las reglas de estos videojuegos cambian continuamente y no existe un interés real en su equilibrio o en hacer emerger al mejor jugador. Para las empresas resulta más importante capturar espectadores (y por tanto patrocinadores), y para hacerlo resulta prioritario crear una experiencia siempre variada y fresca. Para alcanzar ese mismo objetivo, resulta necesario que estos videojuegos den a todo el mundo la sensación de poder realizar sin esfuerzo todo aquello que ven hacer a los campeones.

Una partida es más interesante de ver si no se sabe quién va a ganar hasta el último segundo y, por tanto, si existen mecanismos que permiten recuperaciones inesperadas. El día anterior a un torneo oficial del videojuego Fortnite (el Winter Royale de 2018), su desarrolladora, Epic, introdujo sin previo aviso dos nuevos mecanismos alterando completamente la competición, invalidando el entrenamiento de los jugadores más fuertes y haciendo así posibles victorias inesperadas de participantes menos capaces y expertos. El eSport es, en este caso y en otros, una versión de los deportes potenciada y pensada para la época digital.

Por ejemplo, el deporte y los eventos deportivos son una excusa perfecta para la construcción de obras costosas e inútiles, y para la gentrificación de las ciudades, además de para legitimarse frente a la comunidad internacional. Los eSports, aun pretendiendo ser deportes digitales, prometen las mismas oportunidades de especulación inmobiliaria y de construcción de costosísimos escenarios que podrían volverse inútiles de un día para otro. Asimismo, los eSports para dispositivos móviles (smartphones y tablets) y, en general, los videojuegos online para dispositivos móviles, son también uno de los motivos que, según las grandes empresas, deberían empujar a los consumidores a abrazar la actual carrera hacia las redes 5G.

Por tanto, tanto los deportes como los eSports doblegan el cuerpo a una disciplina capitalista. El concepto contemporáneo de deporte no ha existido siempre: nace para ocupar el tiempo libre, es decir, el tiempo que no se consume trabajando, y esa división nace con el capitalismo. “En una época en que la fuerza de trabajo se compra y se vende, el tiempo dedicado al trabajo se separa clara y antagónicamente del tiempo no dedicado al mismo, y el trabajador le da un valor increíble a ese tiempo libre, mientras el tiempo dedicado al trabajo se considera perdido o malgastado”, escribe Harry Braverman en Labor and Monopoly Capital: The Degradation of Work in the Twentieth Century.

Pero el “tiempo libre” no es tiempo libre de capitalismo, sino solo tiempo dedicado a recargarse para el trabajo. “La diversión en el capitalismo avanzado es continuación del trabajo”, leemos en Dialéctica del Iluminismo de Max Horkheimer y Theodor Adorno. “Se busca el deporte como fuga del proceso de trabajo mecanizado, como modo de recuperar las fuerzas para poder más tarde volver a trabajar”.

El deporte transforma además el cuerpo en máquina y lo disciplina a través de entrenamientos repetitivos parecidos al trabajo en una cadena de montaje. “Podría decirse que los deportes modernos buscan devolver al cuerpo algunas de las funciones que la máquina le ha arrebatado”, escribe Adorno en uno de los ensayos recogidos en Prismas. “Pero lo hacen solo para adestrar a las personas a servir a la máquina de una forma aún más inexorable. Por tanto, los deportes pertenecen al reino de la cautividad”.

Del mismo modo, el videojuego obliga a sus jugadores a obedecer a reglas severas y a repetir obsesivamente las mismas acciones a cambio de una pequeña e ilusoria gratificación que resulta consolatoria por la ausencia de gratificación en el mundo real. Es un trabajo que prepara para el trabajo. Pero el eSport respecto al deporte niega definitivamente al cuerpo y lo sustituye con una máquina y con los cuerpos digitales que ésta simula. El ejercicio físico es aún importante para los jugadores profesionales, pero solo porque necesitan el cuerpo para poder someterse eficientemente a la máquina.

Esa disciplina a la que los cuerpos son sometidos sirve además para sustraer energía a las acciones anticapitalistas. Como escribe Trotsky, “la revolución despertará inevitablemente en la clase trabajadora inglesa pasiones inusuales, hasta ahora suprimidas artificialmente y anuladas gracias a la ayuda de la disciplina social, de la iglesia, de la prensa y de los canales artificiales constituidos por el boxeo, el fútbol, las carreras y el resto de deportes”. Y así funcionan los videojuegos y, con más razón, los eSports, que unen videojuego y deportes.

Escribe Matteo Bittaniti, filósofo y estudioso de videojuegos: “la diversión electrónica ofrece sucedáneos de satisfacciones psicológicas vetadas al precariado en la llamada realidad. Panacea virtual de las crecientes desigualdades, el videojuego es un eficaz dispositivo de gobierno, entendido en sentido foucaultiano”.

El deporte sustituye a las personas y a sus relaciones con números (récords, puntuaciones): “El deporte es un sistema de varias competiciones físicas con el objetivo de comparar y medir las prestaciones del cuerpo humano”, escribe Jen-Marie Brohm en Sociología Política del Deporte. El eSport, y en general el videojuego, se sustenta en una estructura de números y puntuaciones, y está siempre a la búsqueda de nuevas estadísticas para cuantificar las prestaciones.

El deporte no es ajeno a la idolatría de las individualidades. El eSport sigue la tendencia actual de los influencers, celebridades que construyen a su alrededor comunidades que dirigen (influencian) en base a los patrocinadores que representan. En todos esos aspectos, el eSport constituye una forma evolucionada de la unión entre deporte y espectáculo en el capitalismo digital.

Pero, por encima de todo, el eSport completa la transformación del deporte en producto. El fútbol es un sistema de reglas. Una federación, la FIFA, lo regula a nivel internacional y hoy día su reglamento lo respetan incluso en las Olimpiadas, pero la FIFA no posee el fútbol y no puede prohibir jugar al fútbol, jugar con reglas ligeramente distintas, fuera de su federación, como hace la ConIFA.

En cambio, el Fortnite, el Dota 2, el League of Legends y todos los demás eSports son marcas, productos con propietarios específicos. Y son esos propietarios los que deciden qué torneos pueden existir, cómo estructurar las carreras de los jugadores y, en general, quién puede jugar y cómo puede jugar a su videojuego.

Chester King, presidente de la British eSport Association, subrayó cómo esa diferencia entre deporte y eSport haga imposible (o por lo menos no deseable) su equiparación: “No creo que veáis nunca eSports en las Olimpiadas… Porque, ¿qué juego habría que elegir? Habría más de 35 títulos posibles, todos grandes productos comerciales. Nadie posee el fútbol, nadie posee el golf. Pero si las Olimpiadas tuvieran un torneo del videojuego Counter Strike, sus ventas se dispararían hasta alcanzar el espacio exterior”.

Es un problema del que el COI es consciente, y así ha citado entre los obstáculos encontrados en el reconocimiento de los eSports como deportes la rápida evolución de la industria “con la efímera popularidad de juegos específicos”, su panorama fragmentado (“con dura competición entre diversos operadores comerciales”) y su naturaleza “guiada por el comercio, mientras que los movimientos deportivos se basan en valores”.

Al ser un producto y tener un propietario, el videojuego se convierte también en un árbitro que aplica reglas que solo él conoce al completo y que nosotros entendemos tan solo en los límites en que nos las explican o en que se manifiestan más o menos claramente. De hecho, no tenemos acceso al código original de los eSports comerciales y, por tanto, a las auténticas reglas. Descubrir el funcionamiento de una creación, sus mecanismos más extraños, sus excepciones y sus secretos ha formado parte desde siempre de la fascinación por los videojuegos. Es la sorpresa de encontrarse en un mundo distinto del nuestro, un mundo del que hay que entender las reglas. Pero esto tiene poco que ver con lo que consideramos como “deporte”.

En parte, estos problemas podrían resolverse con la creación de eSports open-source y gratuitos, videojuegos de los que todos puedan conocer el reglamento y que no se encuentren bajo el férreo control de una multinacional. Pero, precisamente porque en una operación de ese tipo no habría detrás ninguna gran empresa, con su marketing y su público, hasta ahora nadie ha mostrado un interés real en esa posibilidad. Incluso el COI, que quiere llevar a las Olimpiadas las simulaciones de deportes que ya existen, ha animado a federaciones como la FIFA a no crear alternativas a los productos comerciales, sino a “adquirir o mantener un control adecuado sobre las versiones electrónicas/virtuales de sus deportes”. Además, esto no resolverá ciertamente los problemas más profundos de los eSports, que unen deporte y videojuegos como parte de nuestra “sociedad del espectáculo”.

El hecho de que el eSport sea un producto propiedad de una empresa tiene consecuencias importantes incluso en la vida de todos aquellos que trabajan en el sector. En 2018, la multinacional estadounidense Activision Blizzard interrumpió repentinamente la promoción de su videojuego Heroes of the Storm como eSport: canceló su torneo oficial y mandó así al paro a sus 200 jugadores profesionales, sus streamers (que se habían especializado en un videojuego que ya no tiene escena competitiva) y los expertos que trabajaban en los directos de las competiciones profesionales. Todo un eSport aniquilado por la reestructuración interna de una empresa, un evento que ha devuelto la atención a la necesidad de un sindicato que defienda a los jugadores profesionales, los cuales llegan a trabajar hasta 80 horas semanales. En ocasiones, los consecuentes graves daños mentales y físicos que esto acarrea acaban prematuramente con las carreras de los jugadores, que en cualquier caso están destinadas a concluir antes de los 30 años, igual que sucede en otros deportes.

Pero los eSports, como los deportes tradicionales, se han convertido también en una oportunidad para generar amistades entre personas marginadas, que encuentran un espacio para emerger y generar cambios en su entorno. Como demuestra el acoso sufrido por algunas mujeres durante una fiesta de clausura de la última edición del EVO (uno de los mayores eventos competitivos del mundo del videojuego), no se trata de espacios completamente seguros y acogedores para quien no es un hombre blanco, hetero y cis. Pero, por ejemplo, la comunidad que se ha creado en torno al EVO, formada por jugadores y jugadores de juegos de lucha (como el famoso Street Fighter de Capcom), es conocida desde siempre por su diversidad étnica, y más aún, nació en gran parte en los suburbios negros de Estados Unidos. Además, a pesar de la oposición de grupos organizados ligados a la alt-right estadounidense, los eSports (y los videojuegos en general) se están abriendo lentamente a la diversidad.

Algunos de estos juegos, como el reciente Apex Legends de Electronic Arts, se han distinguido por la inclusividad mostrada en la selección de personajes disponibles y Overwatch de Activision Blizzard ha sido el primer videojuego de su género (el shooter en primera persona) en poner en portada a un personaje femenino y homosexual, un personaje que se ha convertido en símbolo del producto y que no se caracteriza en base a su sexualidad.

Por supuesto, esto está en línea con el actual apoyo de las grandes corporaciones a la diversidad —consecuencia de las luchas reales de activistas y organizaciones—, la cual está siendo introducida en el circuito del mercado capitalista para su explotación. Pero tampoco hay que confundir el sistema con los individuos que viven en él (quienes crean los juegos y quienes juegan), que son capaces de movimientos rupturistas hacia el cambio, movimientos latentes que esperan a ser liberados.

En ese sentido, en la esencia del deporte, los videojuegos y los eSports hay algo revolucionario, algo que hay que hacer emerger: el juego. “El deseo de diversión, distracción, viajes y risas es uno de los más legítimos de la naturaleza humana”, escribe Trotsky. “Podemos, y aún más, tenemos que satisfacer esos deseos con una mayor calidad artística y, al mismo tiempo, hemos de convertir la diversión en un arma de educación colectiva”.

Por Matteo Lupetti

Traducción: Pedro Castrillo

 

2019-09-14 06:06

Publicado enSociedad
Lunes, 02 Septiembre 2019 05:35

Entre el confesionario y el Big Data

Entre el confesionario y el Big Data

Entregar información en el confesionario cumple un rol estratégico en el ejercicio del control social. Es una historia que tuvo etapas primeras como “confesión pública de pecados” inspirada, incluso, en antecedentes egipcios. Se lo hace pasar por sistema de redención de pecadores que cometen faltas por des-manejo de las pasiones (quitando el pecado original). Se tipifican, entre otros “pecados”: la idolatría, el robo, el homicidio o el adulterio (véanse los 10 mandamientos) cuya única vía de corrección es la penitencia que, según el tamaño del mal, tomará tiempo y esfuerzo antes de alcanzar algún grado de perdón. El sistema examina los vicios o “pecados” contra los que uno debe estar prevenido. Y eso incluye al que “peca por la paga y al que paga por pecar”. (Sor Juana Inés de la Cruz) ¿Qué hace un confesor con la información que recolecta? ¿La silencia?

A San Juan Casiano (entre 360 y 365 Dobruja, Rumanía) se le ocurrió la “confesión privada” que, además de la declaración de pecados, incluyó la ejecución privada de la penitencia. El confesor pasó a ser una especie de compañero espiritual con quien, producto de miedos o arrepentimientos, los fieles “comparten” problemas o “pecados”. Pero siempre fue una “privacidad” relativa. Quien suponga que todo lugar o momento es “bueno” para arrepentirse y solicitar “perdón”, se encontrará con el formato burocratizado de la contrición que otorga al confesor y al confesionario lugar, horario y formato sacramentalizados para dar a la reconciliación un carácter oficial. Dicho literalmente. Nada de eso cancela la confesión, en otros lugares y momentos, por causa de “necesidad o urgencia”. Mayores detalles sobre la historia de la confesión y del confesionario exceden a éste espacio e intención.

En la praxis de la confesión ocurre un traslado de información y de emociones que, sépase o no, se usan para dictar criterios del “poder” sobre el territorio objetivo y subjetivo. Los recopiladores de la información saben todo lo que nadie sabe y todos ellos saben que, poseyendo semejante volumen de datos, tienen más poder. El secuestro de información “de primera mano” ha variado a lo largo de los siglos hasta consolidarse en sistemas tecnológicos también para el “control” político y mercantil. La actual catarata de denuncias a Facebook por la manipulación de información privada, provista por sus fieles, exhibe el alcance de un latrocinio económico, político y cultural de causas, de formas, de circunstancias y de ganancias. El usuario que deposita información en las “redes sociales” no busca perdón de “pecados” pero tampoco sabe que, lo que ocurre en el confesionario digital, será convertido en negocio de magnates. Ahora hemos aprendido sin estar a salvo.

Entre el “rito de la confesión” y el “me gusta” de Facebook, surge una penitencia disfrazada. Estando frente el ordenador, el penitente es un “confesante digital” en contacto directo con su confesor espía. Como en las figuras medievales. No hace falta que diga “Yo confieso…ante este altar…” basta y sobra con escribir saludos, comentarios, abrir páginas, guardar imágenes… aceptar contactos y desplegar lo que le gusta o le disgusta, frente al “teclado” y, así, una forma de la confesión ocurre ante un “altar cibernético”. La historia de tal entrega de información, de la confianza en los confesionarios, registra todas las traiciones en el camino hacia el “tribunal de la misericordia divina”… que es obra de la lógica de la represión para el “control” social, tarde o temprano. Sonría, lo estamos filmando.

Así que el “Big data” poco tiene de nuevo, al margen de la tecnología, por cuanto implica “recolección” de información para normar sistemas de control mercantilizadas sin el consentimiento de quien provee tal información. Trátese de lo que se trate, así sean preferencias musicales o gustos por tal o cual zapato, libro o destino turístico. Quien hace uso de las “redes sociales”, deposita imágenes, frases, rutinas de uso, tendencias o proclividades de todo género y no escapa el grado de amistad o enemistad que profesa por otros usuarios, sus disentimientos o sus debates. No importa si la “data” es política, moral o financiera. Su redención provine de otras “liturgias” tecnológicas. Lo sabe Cambridge Analytica.

En su estado actual, el uso de la información provista por “internautas” a la “web”, se norma bajo “contratos legales” generalmente desconocidos por los usuarios que, mayormente, no se detienen a revisar en profundidad, ni claridad, qué dicen las “letras chicas”… ni las letras grandes. Una especie de desidia y confianza “ciega”, hace que los usuarios acepten casi cualquier cosa escrita en los “contratos” digitales con las empresas que le proveen servicios basados en entregar información de todo tipo. Eso es un campo de impunidad legalizado internacionalmente donde las posibilidades de defensa son escasas, engorrosas e incomprensibles. Como el “misterio de la redención” en el confesionario y el perdón divino aterrizado en la consciencia del “pecador” por medición de confesores y penitencias.

Esa red empresarial que usa, y mercantiliza, a su antojo la información de los usuarios es, además de una emboscada comercial alevosa e injusta, un peligro social histórico del cuál no sabemos cómo podrán salir (en las condiciones actuales) los pueblos hacia su regulación y para sancionar lo que hubiere que someter a escrutinio racional y justo. Porque, como en el confesionario, jamás sabemos qué destino se le da a toda la información que se entrega, ingenua o inocentemente, a poderes que no se entienden, que no se conocen a fondo y que nadie sanciona cuando los usan empresarios probadamente desleales, corruptos y enemigos de los pueblos. Para eso no hay perdón ni debe haber olvido. Aunque confiesen sus “culpas”. Señor Mark Zuckerberg, por ejemplo.

Por Fernando Buen Abad Domínguez

Rebelión/ Instituto de Cultura y Comunicación UNLa

Publicado enCultura
Mapa de red de autopistas africanas. La carretera transafricana número 5 conecta Dakar con Yamena. Desde Yamena, se pretende rehabilitar la carretera número seis para unir las dos costas.

La Unión Africana quiere terminar un proyecto de carretera y tren que uniría por primera vez en la historia la costa oeste y este del continente: Dakar y Yibuti

Además del apoyo financiero del Banco Mundial y de diversos bancos africanos, cada país ha negociado acuerdos crediticios con China

El dinero chino va de la mano de planes de mejora de la seguridad en zonas conflictivas y posiciona estratégicamente al país asiático dentro de África

 

Un plan para unir África. Carreteras y raíles que atraviesen la diversa geografía del continente y conecten costas opuestas, desde Dakar a Yibuti, desde El Cairo a Ciudad del Cabo. El ambicioso proyecto ya se comenzó a dibujar en los años setenta, pero ha habido que esperar a que llegase China con sus créditos millonarios para que los países africanos pudieran hacerlo realidad.

La carretera transafricana número 5 supone cerca de 4.500 kilómetros de asfalto más o menos pavimentado entre Dakar, la capital de Senegal, y Yamena, la de Chad. Muchos sectores datan de la época colonial, por lo que hay zonas que necesitan ser reconstruidas. Desde Yamena, faltarían otros cerca de 4.000 kilómetros para conectar con Yibuti y así unir por primera vez en la historia del continente las dos costas, una decena de países.

Este plan, impulsado por la agencia para el Desarrollo de la Unión Africana (NEPAD), suma otros tantos kilómetros de vía de tren: 3.700 que atravesarán Senegal, Mali y Burkina Faso. El mayor esfuerzo del presupuesto de 5.370 millones de euros irá destinado a estandarizar el ancho de vía.

Por su parte, el aspecto más problemático de la construcción de la carretera -con un desembolso de casi dos mil millones de euros- corresponde a la zona más oriental, debido a la falta de infraestructura en Sudán, Etiopía y Yibuti. Pese a que las grandes extensiones de desierto deberían facilitar las obras en Sudán, la inestabilidad política podría complicar el avance. Etiopía, por su parte, presenta una geografía bastante escarpada que encarece los costes.

Además de los problemas externos a los que se enfrenta este macroproyecto. Algunos de estos obstáculos tienen que ver con la debilidad de los gobiernos, la presencia de milicias, los focos de terrorismo o la temida corrupción, enumera Paul Nantulya, experto del Centro de Estudios Estratégicos Africanos, desde su sede en Washington a eldiario.es. Especialmente, tendrá que hacer frente a otra de las afecciones crónicas del continente africano, la falta de financiación.

Para evitar el estancamiento -el proyecto debería haber comenzado a finales de 2018, pero hay algunas partes para las que todavía no se han encontrado fondos-, la Unión Africana ha elaborado un presupuesto mixto que aúna financiación común que proviene del Banco Mundial, el Banco Africano para el Desarrollo y de la propia agencia de la UA; y una parte de la que deberá hacerse cargo cada país. Y es aquí donde entra el papel de China.

A falta de Occidente, China

"China está siendo muy estratégica", afirma Nantulya. En un momento en el que Occidente se aleja de África, el país asiático convierte ese vacío en oportunidad: "Les permite estrechar sus lazos diplomáticos, mejora su imagen como país solidario con África y les permite hacer dinero".

La mano tendida consiste en cuantiosos préstamos que han sido negociados con mayores o menores ventajas en los diferentes países. Así, según el experto, los Estados más democráticos y transparentes, que han hecho públicos los contratos e involucrado a diferentes capas de la sociedad, han podido jugar con la imagen y reputación que China pretende mantener y han sido capaces de negociar mejores condiciones. Senegal o Costa de Marfil serían algunos de los países que mejor parados han salido y que han acordado, por ejemplo, que tan solo un 20% de la mano de obra sea de origen chino.

Los yuanes van acompañados -además de un aumento de la deuda africana- de mayor influencia política y presencia en la zona. "Muchas inversiones en infraestructura tienen un componente de seguridad", señala Nantulya. La expansión china va de la mano de programas de mediación en las zonas más conflictivas, como Mali, a la vez que da acceso a zonas estratégicas de África. Ejemplo de ello es Yibuti, ese país diminuto en el Mar Rojo donde empiezan y terminan muchos proyectos financiados por China en África, que fue la primera base naval del gigante asiático en el continente.

Yibuti es, junto a Mombasa, Kenia, la entrada a África de la Nueva Ruta de la Seda china, el ambicioso proyecto con el que el presidente Xi Jinping pretende conectar los cinco continentes. El plan también es conocido con el nombre de Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) y se ha convertido en uno de los ejes centrales de la estrategia china -tanto que se ha incluido en la Constitución del Partido Comunista.

La financiación para el tren y la carretera que conectarán Senegal y Yibuti está dentro de este presupuesto y estrategia expansionista chinos. Una mayor conexión, especialmente ferroviaria, aumentará el intercambio de mercancías del débil comercio entre países africanos -que apenas alcanza el 16%, según datos de 2018- y la movilidad y posibilidades de transporte de aquellos Estados interiores. La entrada en vigor en mayo del Tratado de Libre Comercio de África (AfCFTA), que reducirá aranceles y costes en frontera, será también fundamental para incrementar los intercambios interafricanos.

Por Marta Maroto

25/08/2019 - 20:51h

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El temor a un ciclo recesivo derrumba los mercados financieros de Europa y EU

China reporta los peores niveles de crecimiento de la producción industrial en 17 años

 

Los mercados financieros de Europa y Estados Unidos se fueron a pique este miércoles ante temores de que la economía mundial se acerque a un ciclo recesivo.

La contracción de la actividad en Alemania, primera economía de Europa, y el surgimiento de indicios de una recesión en Estados Unidos contribuyeron a alentar una venta masiva de acciones en Wall Street, que tuvo su peor día del año.

En Nueva York el Dow Jones, que representa a las 30 empresas más importantes en Estados Unidos, perdió 800 puntos, 3.05 por ciento, y quedó con 25 mil 497.42 unidades. El índice Standard and Poor’s (S&P) 500, que agrupa las acciones de 500 empresas y considerado el más representativo de la situación del mercado, cayó 2.9 por ciento a 2 mil 840.60 puntos, mientras el índice compuesto Nasdaq, de empresas de tecnología y electrónica, descendió 3 por ciento a 7 mil 773.94 puntos.

Las monedas y los mercados latinoamericanos fueron arrastrados por la tendencia, las más afectadas fueron las bolsas de Brasil, Colombia y Argentina, que cayeron 3, 2.5 y 1.86 por ciento, respectivamente.

La liquidación de acciones se produjo luego de que, por primera vez desde 2007, el rendimiento de los bonos del Tesoro estadunidense a 10 años se ubicó temporalmente por debajo del rendimiento del bono a dos años. Los inversores optaron por recuperar rápidamente su dinero, en lugar de obtener mayores intereses por plazos más largos, una dinámica vista como presagio de una recesión.

A esta inquietud se sumaron resultados económicos de China, donde el crecimiento de la producción industrial en julio fue de 4.8 por ciento, su nivel mínimo en 17 años, en la más reciente señal de que las presiones comerciales de Estados Unidos han golpeado la demanda en la segunda mayor economía del mundo.

En Alemania la actividad económica se contrajo 0.1 por ciento en el segundo trimestre, en momentos en que su industria automotriz, uno de los motores de la economía regional, encara nuevos estándares sobre emisiones de gases y la amenaza de aranceles por parte de Washington. Tras el reporte, las bolsas de valores de esa zona registraron pérdidas de 2 por ciento en promedio.

La intensificación de la guerra comercial de Estados Unidos con China ha sido un factor clave en las preocupaciones sobre la desaceleración de la economía mundial, pero después de la caída en Wall Street el presidente estadunidense Donald Trump, renovó sus ataques contra la Reserva Federal y su presidente, Jerome Powell, a quien él mismo designó.

Los precios del petróleo cayeron más de 3 por ciento: el Brent perdió 1.82 dólares y se cotizó en 59.48 por barril, el estadunidense West Texas Intermediate cedió 1.87 dólares y se vende a 55.23 dólares, mientras la mezcla mexicana de exportación se hundió 2.33 dólares (4.58 por ciento) a 48.53 dólares.

Al tiempo, el yen japonés, el índice dólar y el oro subieron, pues los operadores decidieron buscar activos considerados refugio seguro para las inversiones.

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Sábado, 10 Agosto 2019 05:43

El robo del álbum de la historia mundial

Comunidad zapatista La Garrucha, Chiapas. Foto Mario Olarte

UN CRIMEN DE CUELLO BLANCO DEL EMPORIO GETTY

El botín del robo cibernético más cuantioso del planeta está depositado en los bancos de Mark Getty y los sótanos secretos de Wall Street. Y no se trata de una película de ciencia ficción por estrenar, sino del silencioso, pero criminal jaqueo de lesa humanidad diseñado para convertir las imágenes y audiovisuales pertenecientes al dominio público del patrimonio de la historia mundial en propiedad privada para luego ser comercializadas en el imperio monopólico más tóxico del mundo corporativo en perjuicio de más de siete mil millones de seres humanos.

Y es que el álbum de la historia con millones de imágenes, diseños gráficos, ilustraciones y documentos históricos pertenecientes a emblemáticas colecciones o archivos culturales, artísticos y religiosos que se han producido a nivel mundial a lo largo de varios siglos, fueron robadas y sustraídas de sus archivos mediante la complicidad de Google, Facebook y las redes sociales. Se trata de imágenes de la historia mundial pertenecientes, principalmente, al dominio público, que ahora fueron monopolizadas y convertidas ilegalmente en propiedad privada para ser comercializada por la familia del billonario Mark Getty por medio de sus corporaciones dedicadas a la piratería terrorista digital de imágenes que son comercializadas fraudulentamente: Getty Images, Inc, Getty Images (US) “Getty US” y License Compliance Services, Inc (LCS).

Así, estas corporaciones ladronas de imágenes, literalmente se han apropiado digitalmente de la historia mundial y consumado con ello, el robo más escandaloso del patrimonio histórico, cultural y artístico del planeta del que se tenga memoria. Aquí́ se encuentran atrapadas las imágenes adquiridas en los principales archivos militares, revolucionarios, de movimientos políticos y sociales, de la Librería del Congreso de EU, universidades y bibliotecas. Las colecciones y álbumes sustraídos al patrimonio de la humanidad y en especial a cada país, son incalculables e invaluables en toda su magnitud. Pero ahí podemos observar cómo se lucra con las obras de Diego Rivera, Siqueiros, Orozco o todo sobre las culturas indígenas. También destacan el Holocausto, la Revolución Mexicana, la Revolución de Cuba o imágenes de Pancho Villa, Emiliano Zapata, Gandhi, Abraham Lincoln, Martin Luther King y miles de personajes de la historia iconográfica de cada país que ahora son comercializadas como mercancías que son exhibidas en el internet, universidades y centros culturales como parte del monopólico imperio del mundo de las imágenes robadas y agregadas a la fortuna de Getty.

Ante estas flagrantes violaciones a los derechos de los ciudadanos y pueblos del mundo a conservar sus imágenes dentro del dominio público y respetar las leyes de propiedad intelectual, la firma de abogados de CixxFive en base a el Acta de Protección del Consumidor de Washington, (Washington Consumer Protection Act) ha presentado una demanda legal colectiva en la United States District Court Western District, Washington, con el fin de frenar las acciones monopólicas fraudulentas en contra de millones de personas a nivel mundial, al despojarlos de imágenes del dominio público que forman parte de la historia universal y de su propia identidad nacional. Además del dinero pagado a Getty. Este poderoso imperio pirata audiovisual, incluye también obras musicales, caricaturas, material robado de libros antiguos o modernos, donde aparecen personajes con obras como las de Darwin, Einstein, Shakespeare, Miguel Ángel, Marx, Ho-Chi-Min, Dickens, Lenin, Buda, Che Guevara, García Márquez Galeano y miles más, pertenecientes al mundo del arte y la cultura universal. Además de imágenes religiosas de todos los tiempos.

También archivos periodísticos e impresos culturales de publicaciones aparecidas en la información mundial desde que se inventó la imprenta han sido asaltados y robados mediante sus conexiones con agencias de noticias y despachos de prensa convertidos en mercancía para satisfacer la avaricia y voracidad de las corporaciones del barón cibernético, Mark Getty.

Tribunal Internacional contra la propiedad privada ilegal. Inexplicablemente, a pesar de las contundentes e inapelables evidencias de estas violaciones cometidas por los ladrones de imágenes, encabezadas por las corporaciones de Getty en contubernio con los gigantes del Internet, casi nadie los ha denunciado legalmente, a pesar de que son millones de víctimas a nivel mundial que han sido dañadas por los crímenes cometidos contra el patrimonio de la humanidad. Ni gobiernos, organizaciones, universidades, iglesias o individuos han alzado la voz para frenar esta práctica que les obliga a pagar a las mafias de estas corporaciones por los derechos de propiedad intelectual que en verdad corresponden al dominio público.

Sin embargo, en 2016, Getty fue demandado por la agencia de noticias independiente Zuma Press, por apropiarse de más de 47 mil imágenes que fueron utilizadas sin su autorización con fines lucrativos. El juicio sigue su curso legal. Contradictoriamente, a pesar de las múltiples violaciones cometidas por las corporaciones de Getty, éste tiene un ejército de abogados para demandar a los que caigan en sus trampas digitales. Ellos se dieron el lujo de amenazar con demandar a la fotoperiodista Carol Highsmith por utilizar una de sus propias fotos en su sitio digital, ignorando que Highsmith en julio de 2016 había demandado a sus patrones por mil millones de dólares por explotar, sin su autorización, una licencia para utilizar su colección adquirida en donación por la Librería del Congreso de Estados Unidos. En la larga lista de agravios y violaciones cometidas por las corporación de Getty existen resistencias y demandas como la del fotoperiodista Daniel Morel por 1.2 millones de dólares por apropiarse de imágenes sobre el terremoto de Haití en 2010. Ello con el contubernio de la agencia de noticias France Press, una empresa socia del magnate.

Estos referentes son sólo una pequeña evidencia de la reacción contra la apropiación transformadora criminal del dominio público convertida en propiedad privada en beneficio de un imperio que ha crecido silenciosamente. Falta mucho para hacer justicia y obligar a Getty a devolver las riquezas que pertenecen al dominio público de la humanidad, así como los millones de dólares que su corporación ha recibido de quienes han sido sus víctimas: la comunidad internacional y todos los países que han sido engañados por el magnate.

Con la demanda en su contra se tiene la oportunidad de revalorar lo perdido en base de una defensa organizada para llevar a los tribunales todas las querellas necesarias para defender a sus pueblos y ciudadanos afectados. Esto, independientemente de los delitos ocultos y secretos en evasión de impuestos, lavado de dinero, construcción fraudulenta de filiales y todo lo concerniente al monopolio establecido para apuntalar la riqueza de la familia Getty desde su central de Inglaterra conectada con los principales bancos del mundo y su conexión especulativa con Wall Street.

Se trata de una gran telaraña de actividades de alta tecnología criminal en asociación para enriquecerse con el trabajo creativo y productivo de la comunidad mundial del arte y la cultura, en beneficio de la ambición más egoísta e insana del planeta en materia del patrimonio de la humanidad.

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Carlos U. Vigueras dirige el Laboratorio de Nuestro Futuro México-EU. Este escrito fue editado por el Museo Casasola y enviado a Ojarasca por el autor.

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EE UU acusa oficialmente a China de manipular su moneda y agita la guerra de divisas

El Departamento del Tesoro llama al FMI a eliminar esta supuesta práctica anticompetitiva del país asiático con el yuan

 

La disputa comercial entre Estados Unidos y China sube de nivel y camina hacia la declaración oficial de una guerra de divisas. Estados Unidos, tras un día de tensión en los mercados porque Pekín dejó caer su moneda al mínimo en 11 años, anunció que incluye China en la lista estadounidense de países manipuladores de su moneda para obtener una ventaja competitiva. China contraatacaba ante la imposición por parte de Estados Unidos de aranceles a sus productos por valor de más de 300.000 millones la semana anterior.

El presidente de la primera potencia mundial, Donald Trump, ya había sugerido esta posibilidad en sus numerosas intervenciones públicas, al acusar directamente a Pekín de estar devaluando artificialmente el yuan. Y ahora da un paso más allá y formaliza las acusaciones. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, explicó en un comunicado que va a solicitar ahora al Fondo Monetario Internacional (FMI) que “proceda a eliminar la ventaja competitiva injusta creada por las últimas acciones de China”. La maniobra de Washington contra Pekín podría así detonar una crisis aún mayor entre los dos países, tener severas ramificaciones en la economía global y sacudir con fuerza las monedas latinoamericanas, muy vinculadas a la evolución del billete verde.

Las autoridades chinas respondieron poco después, anunciando "contramedidas" que no detallaron. El yen japonés, el euro y el oro, activos considerados como refugio en momentos de turbulencias, se encarecieron tras el anuncio del Departamento del Tesoro estadounidense. Las Bolsas asiáticas cerraron la sesión del martes con fuertes pérdidas, que se suman a las cosechadas el lunes en los principales parqués del mundo.

La Casa Blanca hizo el lunes por la noche efectivas sus amenazas, menos de una semana después de que decidiese dar un paso más en la escalada al anunciar que los aranceles abarcarían a todos los bienes importados del gigante asiático. Es la primera vez en un cuarto de siglo —exactamente desde 1994— en que EE UU declara a China como país manipulador de divisas.

El Tesoro había evitado hasta ahora hacer la acusación formal, aunque se venía planteado esta opción desde que el valor del yuan se desplomó durante la pasada crisis financiera. El valor de la moneda china vuelve a estar a niveles de 2008, un hecho que favorece notablemente la capacidad exportadora de Pekín: sus productos ganan competitividad de forma inmediata y sin necesidad de abaratar la producción. En un momento en el que tiene que hacer frente a las repetidas rondas de aranceles de Washington, China puede compensar así el efecto de las tarifas.

 

De batalla arancelaria a guerra de divisas

 

Horas antes de que se conociese el movimiento de la Administración estadounidense, el temor a que la batalla arancelaria detonara en una guerra de divisas había provocado ya la peor jornada del año en Wall Street. Los dos principales índices de la Bolsa de Nueva York, el Dow Jones y el S&P 500, cerraron con sendas caídas cercanas al 3%, ya en zona de mínimos de dos meses. El Nasdaq, que refleja la evolución de los valores tecnológicos —muchos de ellos con un pie en EE UU y otro en China—, se dejó un 3,5%. Los números rojos se intensificaron después de que se conociese que, como respuesta a los nuevos aranceles anunciados la semana pasada, las empresas chinas dejarían de adquirir productos agrícolas de EE UU al considerar que se violaron los términos del pacto alcanzado entre Trump y Xi Jinping en el último G20.

Que las divisas se usen como arma no haría más que prolongar el enfrentamiento. Se da además la circunstancia de que esta vez no hay un encuentro a la vista entre los dos líderes que pueda contribuir a rebajar la tensión como sucedió en mayo pasado, la última vez que el parqué neoyorquino se vio atrapado en una espiral negativa similar. Preocupa, por tanto, que la situación no se pueda reconducir. Trump también ha señalado en varias ocasiones al Banco Central Europeo (BCE), pero no ha llevado sus acusaciones al terreno de los hechos, como sí ha hecho ya con China.

Reflejo de la incertidumbre, el tipo de los bonos del Tesoro a 10 años se colocó, entretanto, por debajo del 1,75% ante las expectativas de que la retórica de confrontación de Trump fuerce a la Reserva Federal a recortar de nuevo el precio del dinero en septiembre y previsiblemente otra vez en diciembre. La acción del banco central le podría ayudar, a la vez, a rebajar el valor del billete verde.


Yuan débil, exportaciones más baratas

 

Un yuan más débil hace que los productos estadounidenses sean más caros en el mercado chino. Eso afectó especialmente a multinacionales como Apple, que se dejó más de un 5%, y a compañías industriales porque las hacen menos competitivas frente a rivales locales. La guerra comercial es, en cualquier caso, un catalizador. El litigio tiene lugar en un momento en el que el crecimiento global se modera.

El Tesoro es el guardián del dólar en EE UU, no el banco central —la Reserva Federal—. La Administración Trump, sin embargo, puede recurrir a varias herramientas para intervenir si fuera necesario en el mercado de divisas y en ese caso la Fed podría ayudarle a vender dólares y comprar divisas. Es, en todo caso, un paso extremo y EE UU podría verse en la situación de actuar en solitario.

"China dejó caer el precio de su divisa a casi un mínimo histórico. Se le llama 'manipulación de divisas'. ¿Estás escuchando, Reserva Federal?", afirmó el lunes por la mañana el presidente Donald Trump en su cuenta de Twitter. Y como viene siendo habitual desde la campaña electoral, acusó al país asiático de robar a EE UU, a sus empresas y a sus empleados. "Nunca más", sentenció antes de que el Tesoro diese el paso definitivo, temido por los inversores por su potencial detonador de una guerra global de divisas.

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Viernes, 02 Agosto 2019 05:50

Otro capítulo de la guerra comercial

Otro capítulo de la guerra comercial

Estados Unidos impondrá desde el primero de septiembre un pequeño arancel adicional del 10 por ciento a bienes y productos que llegan desde China.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, volvió a la carga en la guerra comercial con China al anunciar la implementación de nuevos aranceles a las importaciones provenientes del país asiático. “Estados Unidos impondrá desde el primero de septiembre un pequeño arancel adicional del 10 por ciento al resto de 300 mil millones de dólares en bienes y productos que llegan a nuestro país desde China”, escribió el mandatario en su cuenta de Twitter. La medida se sumaría al arancel del 25 por ciento que rige sobre 250 mil millones de dólares en importaciones desde China, con lo cual todo el abanico de bienes y servicios que se dirigen desde el país asiático hacia la economía norteamericana quedaría sujeto a aranceles adicionales. La novedad aparece en el marco de las negociaciones bilaterales para encauzar las disputas comerciales.

En la antesala del anuncio comercial, Trump tuiteó que “creíamos que habíamos alcanzado un acuerdo –con China-- hace tres meses. Por desgracia, China decidió renegociarlo justo antes de firmarlo. Más recientemente, China acordó la compra de grandes cantidades de producción agrícola de Estados Unidos, pero no lo ha hecho”. A pesar de que aclaró que “las conversaciones siguen” y que desea “continuar un dialogo positivo con China”, Trump avanzó con nuevos aranceles. Según el Fondo Monetario Internacional, la guerra comercial entre Estados Unidos y China redujo las perspectivas de crecimiento económico a nivel global, lo cual a su vez fue uno de los factores citados por el presidente de la Reserva Federal estadounidense, Jerome Powell, para reducir los tipos de interés de referencia, por primera baja en once años.

Si bien Trump busca seducir con este tipo de medidas a una parte del electorado norteamericano que tiene una posición anti-globalización y fue perjudicado por la desindustrialización que sufren muchas ciudades estadounidenses, entre los economistas abundan las críticas. "Cuando construyes equipos para fábricas, compras acero, aluminio, productos importados. Si entonces nosotros les aplicamos aranceles, el incentivo fiscal que te dimos con una mano te lo arrebatamos con la otra”, criticó Gary Cohn, director del Consejo Económico Nacional en el gobierno de Trump entre enero de 2017 y abril de 2018.

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Cuba impone un plan de control de precios en plena crisis

 

Cuba ha impuesto este martes un plan de control general de precios a todas las empresas estatales y privadas en medio de una crisis económica cada vez más profunda y del aumento de las sanciones de Estados Unidos. Las nuevas medidas prohíben la subida de precios en el comercio minorista y al por mayor, excepto para productos importados y distribuidos por el Estado, donde los márgenes de beneficio ya establecidos no se pueden aumentar.

“En efecto, han suspendido lo que quedaba de libre mercado”, aseguró un economista, que pidió no ser identificado debido a las restricciones para hablar con periodistas extranjeros. Aunque las empresas estatales dominan la economía, las reformas llevadas a cabo en los últimos años han propiciado un crecimiento del sector privado, principalmente, de cooperativas, agricultores, pequeñas empresas y trabajadores independientes como los taxistas.

El Ministerio de Finanzas y Precios cubano enumeró todos los actores del conocido como sector no estatal para decir que “no pueden aumentar precios y tarifas actuales de productos y servicios”. El presidente de la isla, Miguel Díaz-Canel, anunció a principios de mes una batería de medidas de emergencia para combatir el estancamiento de la economía y frenar la caída de ingresos en divisas iniciada en 2015, a medida que la crisis de Venezuela, su aliado más estrecho, empeoraba. La mala dinámica de la economía cubana se ha visto agravada por las sanciones estadounidenses.

Las medidas incluían un aumento de salarios y pensiones para más de dos millones de empleados estatales, lo que elevaba la factura anual a 8.000 millones de pesos cubanos (idéntica cantidad en dólares), casi el 13% del presupuesto de este año. Díaz-Canel afirmó que otras medidas, que están aún por anunciarse, incluyen controles de precios y políticas destinadas a estimular la producción local para cumplir con el aumento de la demanda de consumo sin provocar inflación. Como otros propietarios de pequeñas empresas, Manuel Rodríguez, dueño de una cafetería en La Habana, asegura que no tenía problemas con los controles si el Estado y la economía sumergida lo respetan, cosa que duda.

Andrew Zimbalist, economista especializado en Cuba del Smith College de Estados Unidos, ve este tipo de medidas "aceptables durante períodos cortos de tiempo". Pero si se vuelven permanentes, agrega, "comienzan a crear serias distorsiones en la economía". En opinión de Pavel Vidal, ex economista del Banco Central de Cuba, "cuanto más controlan los precios en los mercados formales, más inflación e inestabilidad habrá en los mercados informales".

Reuters

La Habana 30 JUL 2019 - 15:47 COT

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