Reino Unido prepara acuerdo comercial con EU, a unas horas de dejar la Unión Europea

El bloque perderá un miembro por primera vez y ganará un competidor

 

Londres. El primer ministro británico, Boris Johnson, se reunió ayer en Londres con el secretario estadunidense de Estado, Mike Pompeo, para preparar el terreno de la negociación de un gran acuerdo comercial, a unas horas de la salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE).

Pompeo subrayó los "enormes beneficios" para ambos países, ya que Reino Unido se encuentra a las puertas de un "cambio histórico".

Como miembro de la UE, hay cosas que Reino Unido "estaba obligado a hacer; ahora será diferente. Creo que es fantástico. Podremos reducir los costos de transacción y compartir de una manera que no podíamos", indicó Pompeo en un panel conjunto con su homólogo británico, Dominic Raab.

Después de que el Parlamento Europeo ratificó el acuerdo de divorcio en una sesión cargada de emoción el miércoles, Reino Unido saldrá oficialmente hoy a la medianoche del bloque europeo, aunque en la práctica casi nada cambie durante el periodo de transición, hasta finales de diciembre.

Londres pondrá fin a casi 47 años de complicada relación con la UE y ésta, por primera vez en su historia, perderá un miembro y ganará un poderoso competidor comercial y financiero.

Uno de los principales argumentos de los defensores del Brexit desde la campaña del referendo de 2016 en que se decidió la salida de la UE con 52 por ciento de votos, ha sido recuperar el control de su política comercial para negociar libremente acuerdos con otros países.

Japón podría ser el primero en firmar un tratado con Londres, durante la visita del emperador Naruhito en primavera a Reino Unido, pero el presidente estadunidense, Donald Trump, considera una "prioridad absoluta" alcanzar un ambicioso acuerdo de libre comercio con Reino Unido y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, esperara concretarlo este año.

Aunque un acuerdo entre Washington y Londres tiene varios obstáculos en el camino, como la decisión británica de permitir al fabricante chino de telecomunicaciones Huawei participar, aunque sea de manera limitada, en su red 5G, y el proyecto de imponer un impuesto a los gigantes estadunidenses de Internet.

Eso, por un lado, y por el otro, cuestiones como la negativa estadunidense de extraditar a Anne Sacoolas, esposa de un diplomático implicada en un accidente de tráfico en Inglaterra que mató al adolescente Harry Dunn, o la denuncia de un fiscal neoyorquino de que el príncipe Andrés, hijo de la reina Isabel II, no coopera con una investigación de la Oficina Federal de Investigaciones sobre el pederasta Jeffrey Epstein, quien se suicidó en prisión.

"Tenemos muchos temas a discutir con Reino Unido en el momento en que entre en una nueva fase de soberanía", reconoció Pompeo en el avión que lo transportaba a Londres, incluidas "enormes cuestiones comerciales".

Además, en la negociación de un acuerdo con Estados Unidos, Reino Unido podría verse obligado a aceptar productos con normas alimentarias más laxas sobre la salud y el medioambiente que las actualmente impuestas por la UE.

En tanto, los países que conforman el bloque ratificaron por escrito el acuerdo del Brexit, lo que completa el procedimiento.

La comisaria europea de Competencia, la danesa Margrethe Vestager, aseguró que echará de menos el "sentido del humor" británico, así como su cultura.

Este viernes bajarán las banderas británicas de los edificios de la UE en Bruselas, mientras los defensores del Brexit las harán ondear en Londres para celebrar la salida.

Reino Unido se adhirió a la Comunidad Económica Europea el primero de enero de 1973 y después de firmar en 1992 el Tratado de Maastricht, se convirtió en miembro de la UE.

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“Macri y los dirigentes de la FIFA tienen la misma ideología”

Que hayan designado a Mauricio Macri como presidente ejecutivo de la Fundación FIFA es un cachetazo para el mundo deportivo y para la gente de Argentina; también representa una evidencia más de lo que significa el poder económico. Es lamentable, es una noticia que conmociona porque fue un personaje que arruinó un país entero, que condenó a tanta gente a la miseria, que empobreció a un porcentaje enorme de la población y que ahora resulta premiado al ser nombrado en este cargo. La FIFA es una de las organizaciones más poderosas del mundo y tiene comportamientos mafiosos: primero está el Fondo Monetario Internacional, luego el Banco Mundial, le sigue la Organización Mundial del Comercio y, finalmente, la FIFA.

Entonces, meter en ese mundillo a Macri es algo lógico porque la FIFA es como la cueva de Alí Babá, donde faltaba uno de los amigos para completar los 40 ladrones. Conociendo el historial que tiene Mauricio Macri de su presencia en el fútbol argentino, sobre todo como presidente de Boca, demuestra que él y los dirigentes de la FIFA comulgan la misma ideología. Además de ser un personaje de la oligarquía, es portador de una ignorancia sorprendente, tiene una incapacidad que asombra, estando más allá de lo que significa Macri como político nefasto. Creo que la posición que hoy ocupará le puede servir para lavar su imagen y no descarto que eso le sirva para armar algo políticamente otra vez. La oligarquía tiene una constancia tremenda para defender sus intereses económicos con uñas y con dientes: nunca se dan por vencidos.

El fútbol es para todos nosotros, para los que nacimos en un barrio y nos formamos con este deporte hermoso que tiene un significado muy distinto para el pueblo y para el negocio. Para nosotros es una manera de expresarnos, de crear, de ilusionarnos. Y para ellos es una nueva manera de hacer dinero. Esta gente nos roba el fútbol como también nos roba la sanidad pública, la educación pública, los servicios sociales y los derechos laborales. Merecemos verlo gratis.

Debemos luchar para devolverle los valores al fútbol porque nos permite ser, en el sentido más profundo. Todos los que nacimos en las villas estamos destinados a ser para los patrones. Y el fútbol nos da una posibilidad de crear una identidad propia, va más allá de cualquier resultado. En cambio, para los que negocian con esto, es una manera de explotar a los jugadores y a los hinchas.

Por Ángel Cappa, ex futbolista y director técnico argentino

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Boris Johnson tiene por delante mucho por negociar con la UE.   ________________________________________ Imagen: AFP

El Brexit se concreta este 31 de enero, pero el proceso llevará su tiempo y tendrá sus complejidades

El caballo de batalla de Boris Johnson es un modelo de bajos impuestos, escasa regulación laboral y enormes incentivos a la inversión extranjera. El problema es que choca con el modelo regulatorio europeo. 

 

A más de tres años del referendo, luego de dos elecciones generales, tres primer ministros y tres extensiones de los plazos de negociación, el Reino Unido saldrá de la Unión Europea este viernes 31 de enero a la medianoche hora del continente europeo, 11 británicas, que hasta en el reloj hay divergencias. Aún así la separación no sucederá de un saque. El viernes se consumará el divorcio de un matrimonio de 47 años, pero la pareja seguirá bajo el mismo techo. El Reino Unido continuará tanto en el mercado común europeo como en la unión aduanera y contribuirá al presupuesto del bloque hasta el 31 de diciembre mientras las dos partes intentan negociar un tratado de libre comercio post-Brexit.

El primer ministro Boris Johnson quiere un amplio tratado de libre comercio con el bloque europeo, pero al mismo tiempo, desea que el Reino Unido post-Brexit sea un “Singapur en el Támesis”, frase que no terminó de definir, aunque alude a un modelo de bajos impuestos, escasa regulación laboral y enormes incentivos a la inversión extranjera. La Unión Europea ha sido muy clara. Es imposible cerrar un “amplio tratado de libre comercio” en un año como desea Johnson y, además, el acuerdo se debe basar en el mantenimiento de las regulaciones y estándares europeos para la industria, el comercio, los servicios y las finanzas, algo que se da de cabeza con el “Singapur en el Támesis”.

Página12 dialogó con John Christensen, fundador y director de Tax Justice Network (TJN) la organización que el matutino británico The Guardian describe como “líder mundial de la lucha contra la evasión impositiva y las guaridas fiscales”

-- ¿Cómo definiría este concepto de Singapur en el Támesis?

– Es el caballo de batalla de Boris Johnson. La idea es un país ultra desregulado, con bajos impuestos, un paraíso fiscal en la puerta misma de la Unión Europa. Johnson quiere que el Reino Unido aproveche la ventaja comparativa que le da la geografía respecto a la UE de la misma manera que Singapur aprovecha su proximidad con las economías asiáticas, las más dinámicas del mundo. Con este modelo el Reino Unido, que ya tiene en la City de Londres a uno de los paraísos fiscales del mundo, se convertiría en un imán para oligarcas financieros, multinacionales y todas las formas posibles de lavado de dinero. El problema de este modelo es que para poder implantarlo necesita hacer a un lado toda la regulación europea en lo que concierne al intercambio automático de información, a los impuestos a multinacionales, a la publicación de información de compañías y a los fideicomisos, los Trusts, que son clave en el secreto financiero británico.

-- Como usted dice la City de Londres ya es uno de los grandes centros de secreto financiero y evasión global. ¿Qué impacto puede tener un modelo que va a extremar aún más estos rasgos en el Reino Unido, la Unión Europea y el mundo?

-- Creemos que eso es una amenaza no solo para la Unión Europea sino para el mundo, porque el objetivo es liderar una carrera a la baja en la política impositiva y en la regulación de servicios financieros. El peligro es que así se erosione la regulación en la Unión Europea, Estados Unidos y el resto del mundo precipitando una carrera des-reguladora total. Londres es el segundo centro de wealth managment (gestión patrimonial de grandes fortunas) después de Suiza. Creemos que muy pronto superará a Suiza. Estos centros de “wealth managment” sirven para que los ricos evadan dinero y también para atraer fondos del crimen organizado y la corrupción. Con un "Singapur en el Támesis" se convertirían en la principal fuente de riqueza a expensas del resto de la economía y la sociedad, en especial, del "Welfare State" (Estado de bienestar).

-- ¿Qué impacto específico tendrá sobre la Unión Europea?

-– La Unión Europea se viene moviendo hacia una armonización económica, con mayor regulación y transparencia. Lo que tendrá enfrente es un modelo que compite yendo en la dirección exactamente opuesta. Por eso pensamos que la Unión Europea tiene que adoptar una posición dura en la negociación que se hará después de este 31 de enero. Si el Reino Unido quiere tener acceso completo al mercado europeo financiero y productivo debe seguir el modelo regulatorio de la Unión Europea. Este alineamiento con las regulaciones europeas debe ser dinámico, es decir, que el Reino Unido no solo tiene que mantener el actual alineamiento con el marco regulatorio europeo, sino que tendrá que actualizarlo en caso de que el bloque apruebe nuevas normas como condición para tener pleno acceso al mercado europeo.

-– Hasta ahora Boris Johnson ha rechazado este tipo de alineamiento. ¿Le parece que el primer ministro es capaz de apostar a todo o nada con tal de cumplir este proyecto del Singapur en el Támesis? ¿O cree, por el contrario, que es una táctica para presionar a la Unión Europea?

-–A mi juicio es una postura negociadora dura inicial para obligar a la Unión Europea a flexibilizar su posición. Por su parte, la UE ha sido muy clara de que quieren un acuerdo rápido siempre que el Reino Unido acepte que tiene que estar alineado con la regulación europea para tener acceso a su mercado. Es decir, que haya reglas de juego equitativas (“level playing field”) para la competencia económica. No se ve cómo se pueden compatibilizar estas posiciones. Está claro que Johnson va a estar bajo una intensa presión de su propio partido para no mantener un alineamiento regulatorio con la Unión Europea, de manera que la negociación va a resultar muy complicada. Existe el peligro de que terminemos con un “Hard Brexit”. Al mismo tiempo Johnson sabe que esto va a ser tan perjudicial para el conjunto de la economía que no lo va a hacer. El acuerdo va a tomar mucho más que este año de negociación.

-– Pero Johnson ya aprovechó bien su mayoría absoluta en el parlamento para cambiar la ley. Y la cambió prohibiendo que haya una extensión del período de transición con la UE más allá del 31 de diciembre.

-– Las leyes las aprueba el parlamento. El parlamento puede cambiarlas. Está muy bien eso de ir a una negociación con las manos atadas, pero no creo que la UE le preste atención porque saben que a Johnson no le conviene salir de la Unión Europea sin un acuerdo. Saben también que Johnson quiere un acuerdo, pero en el que no tenga que alinearse con las regulaciones europeas. Por eso las negociaciones van a tomar mucho más tiempo. Cinco años. Quizás 10.

-– Imaginemos el escenario opuesto. Que el Reino Unido por propia voluntad de Johnson, por la presión de su propio partido o los accidentes de una negociación político-diplomático, termina saliendo de la UE sin acuerdo. ¿Qué impacto tendrá para el Reino Unido?

-– El impacto será muy fuerte en el sector industrial, el financiero, el de los servicios porque el Reino Unido no tendrá el mismo acceso al mercado europeo con el que tiene la mitad de sus intercambios comerciales. La UE es el mercado financiero más importante que tiene el Reino Unido. La industria automotriz estará terminada porque su producción está integrada a la europea y los aranceles que deberán pagar con un Hard Brexit harán que este sector sea muy poco competitivo. Las multinacionales japonesas del sector automotriz, por ejemplo, necesitan que el Reino Unido esté dentro de la UE, no afuera. Esa fue la premisa para elegir al Reino Unido como base de operaciones: su pleno acceso al mercado europeo. Es muy posible que sea también el fin del sector agrícola que se verá inundado por la producción mucho más barata de otros países, Estados Unidos por ejemplo.

-– A muchos extranjeros les asombra esta obsesión del Reino Unido con la Unión Europea que terminó en la salida del bloque. Ahora la propuesta de Johnson es la del “Singapur en el Támesis”. Pero esto también parece basarse en una idea distorsionada. En Singapur el 22 por ciento de la producción se debe a empresas estatales, más del doble del promedio internacional y mucho más todavía que lo que tiene el Reino Unido. Entre el 80 y el 85% de la vivienda es del estado. No creo que este sea el Singapur en el Támesis que están persiguiendo los conservadores.

-– Para nada. Singapur es un modelo social demócrata en lo que tiene que ver con la educación, con la vivienda, con la industria. Al mismo tiempo es un centro financiero de lavado de dinero igual que Londres. Esta es la parte que reivindica Johnson. Pero es curioso porque la primera vez que leí de este modelo del Singapur en el Támeses fue en Alemania después de una reunión entre la entonces primer ministra Theresa May y Angela Merkel. Menciono esto porque este modelo se ha discutido en Europa, pero no aquí en el Reino Unido. Los medios prácticamente no lo han cubierto. No he visto nada en la BBC. Algo en el  Financial Times. Pero el ciudadano de a pie no es lector del Financial Times. Estamos avanzando hacia un modelo que nadie conoce.

-– El modelo choca con lo que quiere la Unión Europea. Pero parecería que tampoco las élites, a las que este gobierno representa, quieren pagar el precio de este modelo que muy probablemente sería un Hard Brexit.

 -– El Partido Conservador está repleto de lobistas de los sectores financieros y multinacionales. La retórica será populista de derecha, pero la realidad es otra. La retórica es que hay que ser competitivos. Esa es la palabra clave que usan. Yo hablé con ministros, incluido el de finanzas, Sajid Javid, que dicen que quieren bajar el impuesto corporativo a un 15 y hasta un 10 %. El impuesto corporativo no es solo importante por las multinacionales. La mayoría de los multimillonarios tienen sus activos invertidos en las corporaciones. El impuesto a los ingresos no significa nada para ellos: el corporativo sí. Esto es parte de la estrategia del Singapur en el Támesis. Es la idea de atraer a los multimillonarios y élites para que vengan a Londres a disfrutar una tasa corporativa que puede ser reducida al 15, al 10%, que hasta podría ser abolida en el curso de esta década. Pero el precio será muy alto para el sector financiero y el industrial.

-- ¿Cómo afectaría este “Singapur en el Támesis” al mundo en desarrollo?

-– Va a ser desastroso no solo porque son los más afectados por el lavado de dinero, la evasión y elusión impositivas, sino porque están más expuestos a esta dinámica de la carrera a la baja para reducir impuestos a las corporaciones y desregular el mercado laboral como incentivos para atraer inversiones. Si se reducen mucho los impuestos corporativos acá, si incluso se eliminan, como algunos en el gabinete lo han discutido conmigo, la presión será muy fuerte sobre otros países del mundo desarrollado, pero aún más del mundo en desarrollo. 

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Francia congelará la ‘tasa Google’ para evitar las sanciones de Trump

París se prepara para anunciar el miércoles en Davos que aplaza el pago del impuesto hasta diciembre si EE UU se compromete a no imponer nuevos aranceles

 

Nadie entierra aún el hacha de guerra, pero la idea es no agitarla demasiado y dejar así espacio para encontrar una solución en la larga batalla por la tasa Google que tiene de uñas a París y Washington. En un gesto conciliador, Francia ha ofrecido aplazar el cobro en 2020 del impuesto que aprobó el año pasado para las grandes compañías digitales extranjeras que operan en su territorio. A cambio, Estados Unidos estaría dispuesto a no imponer nuevos aranceles a productos franceses. La idea, que de aprobarse será anunciada el miércoles en el foro económico de Davos, es dar tiempo a que se logre pactar un impuesto internacional que debe proponer la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) este mismo año.

“Es una posibilidad sobre la mesa de negociaciones”, confirmó a EL PAÍS una fuente francesa próxima a las negociaciones. La idea, explicó, es “posponer” los pagos de la tasa —los cobros se realizan en abril y noviembre— hasta diciembre, “para permitir hallar un acuerdo en el marco de la OCDE”, que siempre ha sido el objetivo declarado de París. Los contactos en los últimos días han sido “muy regulares” entre los equipos negociadores de Washington y París, pero las conversaciones son “complejas”, admitió.

Francia aprobó en 2019 un gravamen de cerca del 3% del volumen de negocios de las compañías tecnológicas en el país que obtengan ingresos anuales de al menos 750 millones de euros (unos 830 millones de dólares) en sus actividades digitales mundiales. El primer cobro se realizó en noviembre, pero si se acepta la propuesta de París, podría también ser el último. Francia, que niega tajantemente la acusación de Washington de que se trata de un impuesto para sancionar a empresas norteamericanas, se ha manifestado desde el principio dispuesta a acabar con su tasa Google si se acuerda un tipo de pago de forma internacional, tarea que ha sido encargada a la OCDE. Francia está dispuesta, incluso, a reembolsar a las plataformas afectadas la diferencia entre la tasa cobrada y la que se llegue a fijar.

A cambio de la congelación de los cobros, Estados Unidos no hará realidad su amenaza de imponer un arancel de hasta el 100% a productos franceses importados, como el vino, por valor de 2.400 millones de dólares (unos 2.200 millones de euros).

Que había aires de acuerdo lo dejó caer ya el presidente francés, Emmanuel Macron, la noche del lunes, cuando anunció por Twitter que había mantenido el domingo una “excelente” conversación con el estadounidense Donald Trump sobre la tasa Google (que en Francia llaman GAFA, por las siglas de las principales plataformas digitales: Google, Amazon, Facebook y Apple). “Gran conversación con Donald Trump sobre la tasa digital. Trabajaremos juntos en un buen acuerdo para evitar la escalada de los aranceles”, escribió Macron. "¡Excelente!", respondió el presidente estadounidense.

Los principales negociadores del acuerdo, el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, el secretario norteamericano del Tesoro, Steven Mnuchin, y el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, se reunirán este miércoles en Davos.

En un evento como el Foro de Davos, dominado por las firmas estadounidenses y por el sector tecnológico, la tasa Google ocupa los primeros puestos de la agenda. La decisión de Francia de aplazar hasta diciembre su aplicación fue recibida con alivio, no solo por las empresas afectadas sino porque la decisión evita una nueva escalada comercial y un agravamiento de las tensiones entre EE UU y la Unión Europea.

Alivio en Davos

“Si es cierto que ocurre, es una buena noticia. La OCDE necesita más tiempo para articular una propuesta respecto a una tasa digital que sea aceptable para todos. Eso evitará que EE UU imponga sanciones por 2.400 millones de dólares a Francia y que eso desate una nueva escalada comercial”, sostiene Chad Brown, experto en comercio del Instituto Peterson en Washington. A su lado, el secretario general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Roberto Azevedo, advertía: “Esto no va a quedar aquí, a esta cuestión le queda mucho recorrido”.

Trump mantuvo ayer un encuentro con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que expresó su deseo de trabajar con el presidente de EE UU. “Estoy convencida de que podemos comprometernos con una agenda positiva en el ámbito comercial, pero también en tecnología, energía y muchos otros ámbitos”, declaró en un comunicado tras el encuentro. "Llevamos trabajando un tiempo en ello y esperemos que podamos conseguir algo importante. Un acuerdo con Europa es algo que todos queremos conseguir", apuntaba el mandatario estadounidense. Poco después, Trump agradecía la decisión a su homólogo francés, Emmanuel Macron: “Estados Unidos está muy contento con el resultado y agradecemos mucho lo que ha hecho el presidente Macron”.

La encuesta de PwC a directivos publicada el lunes revela la elevada preocupación entre los ejecutivos ante el aparentemente inevitable fin del actual modelo de desarrollo tecnológico. La mayoría de directivos encuestados auguran que se empezarán a regular tanto el contenido como la estructura de la Red, la ruptura de las grandes compañías para reducir su poder y el establecimiento de algún tipo de compensación por el uso de los datos personales. “Si la economía global quiere poner en marcha las expectativas generadas por la cuarta revolución industrial, hará falta mayor coordinación en todos estos temas”, concluye el informe de la consultora.

París / Davos (Suiza) 21 ENE 2020 - 13:04 COT

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Sábado, 18 Enero 2020 06:41

Mucho ruido y pocas nueces

Mucho ruido y pocas nueces

El acuerdo comercial preliminar entre Estados Unidos y China.

 

El gobierno estadounidense firmó este miércoles con su par chino un documento de 86 páginas al que describe como crucial, importantísimo y de grandes consecuencias, y que ofrece una pausa en la disputa comercial entre las dos economías más grandes del mundo. Pero los insultos, las amenazas y las represalias trumpianas lograron pocas de sus metas.

 

Durante su campaña electoral de 2016 y en los primeros dos años de su presidencia, Donald Trump enardeció a sus seguidores proclamando que China robaba a Estados Unidos, y prometió a creyentes e indecisos que le asestaría a Pekín un marronazo comercial tal que los chinos vendrían gateando a firmar los términos de intercambio dictados por Washington.

Lo que por casi dos años Estados Unidos y China han intercambiado son amenazas, fanfarronerías y aranceles que han gravado el comercio por cientos de miles de millones de dólares de parte y parte.

Así hemos llegado a enero de 2020, cuando a Trump le apura la concreción de algunas de sus promesas más rimbombantes, si es que desea al menos que parezca que las cumple cuando faltan menos de trescientos días para las elecciones presidenciales. Otras promesas espectaculares han quedado por el camino, como la que alentó a los trumpistas a corear “Lock her up!”, clamando por el encarcelamiento de la candidata demócrata en 2016, Hillary Clinton. En realidad, quienes han ido ya a prisión o la tienen en su agenda anotada son varios colaboradores muy cercanos de Trump. O la promesa de construcción de una muralla que cerraría la frontera de 3.200 quilómetros con México gracias a un muro que sería impenetrable, alto, indestructible. Y por el que México pagaría. Ahora el presidente anda desviando fondos asignados por el Congreso para el Pentágono, y su gobierno ha construido apenas 150 quilómetros de muro, de los cuales 144 corresponden al reemplazo de estructuras más viejas. México, por supuesto, no ha pagado un centavo, y el gasto lo cubren los estadounidenses con sus impuestos.

Suerte parecida han tenido las promesas de reducir la deuda nacional y el déficit fiscal, situaciones que Trump en 2016 describía como catastróficas. La deuda nacional estaba en los 19 millones de millones de dólares en el último período fiscal bajo la presidencia de Barack Obama, y está ahora encima de los 22 millones de millones. El déficit del gobierno federal fue de 585.000 millones de dólares (equivalente al 3,1 por ciento del producto bruto interno) al cierre de la presidencia de Obama, y llegó a 1 millón de millones de dólares (5 por ciento del Pbi) en 2019.

Trump asimismo prometió que reduciría el déficit comercial de Estados Unidos con el mundo entero y, en particular, con China. En los primeros 11 meses del año pasado el déficit en el comercio de bienes y servicios fue de 562.965 millones de dólares, casi sin cambios comparado con los 566.872 millones de dólares en el período similar del año anterior. El déficit comercial con China fue, de enero a noviembre del año pasado, de 320.823 millones de dólares, y había sido de 379.697 millones de dólares.

De modo que mientras la segunda economía más grande del mundo y potencia global emergente, China, ha tomado todo el barullo comercial en el contexto de una estrategia que mira la historia –y calcula que, quizá, después de enero próximo Trump ya no esté en la Casa Blanca–, Estados Unidos llegó a este primer paso de un primer movimiento hacia un posible avance con gran alharaca.

LA TREGUA. 

La llamada “fase uno” de un acuerdo comercial más amplio que también sigue siendo una promesa compromete a China a comprar productos estadounidenses adicionales por unos 200.000 millones de dólares a lo largo de los próximos dos años. Esto incluye 77.700 millones de dólares en bienes manufacturados y 32.000 millones de dólares en productos agropecuarios.

Estados Unidos había buscado que China comprara productos agropecuarios por 40.000 a 50.000 millones de dólares. Hasta noviembre pasado, el Departamento de Agricultura había distribuido unos 6.700 millones de dólares entre los productores agrícolas y ganaderos estadounidenses afectados en 2019 por la caída de sus exportaciones a China como resultado de la querella comercial. Las áreas rurales y semirrurales de Estados Unidos son el territorio electoral más favorable a Trump. Por otra parte, su gobierno no divulgó todos los detalles sobre las futuras compras chinas de bienes agropecuarios, a fin de evitar aumentos abruptos de esas materias.

Muy al tono negociador del presidente, que desprecia los mecanismos multilaterales, como los utilizados por la Organización Mundial del Comercio (Omc), ambas partes se pusieron de acuerdo en que resolverán las disputas que surjan mediante un proceso de consultas directas sujeto a la amenaza de nuevos aranceles. Este mecanismo para vigilar el cumplimiento del acuerdo incluye un cronograma para el manejo de las quejas por parte de cualquiera de los gobiernos. Si los funcionarios de bajo nivel no logran resolver las disputas, estas pasan a funcionarios de más alto rango, hasta llegar al nivel del representante comercial de Estados Unidos y su contraparte en China. Si aun a este nivel la disputa no se resuelve, los presidentes de ambos países pueden tomar medidas que incluyen la imposición de tarifas o aranceles punitivos. Muy lejos han quedado los mecanismos que desde las conversaciones de la Ronda Uruguay en 1994 llevaron a la creación de la Omc, en la que Estados Unidos y más de un centenar de países habían repudiado este tipo de arreglos por la distorsión que causan en el comercio global.

El acuerdo baja al 7,5 por ciento los aranceles de 15 por ciento que habían sido impuestos sobre unos 120.000 millones de dólares en bienes, pero la mayor parte de los gravámenes más altos –que afectan otros 360.000 millones de bienes chinos y más de 100.000 millones de dólares en exportaciones estadounidenses– permanecen en pie.

Fuentes del gobierno de Trump señalaron que el acuerdo firmado este miércoles no especifica que Beijing esté comprometido a bajar los aranceles que impuso a las importaciones desde Estados Unidos, lo que deja abierta la puerta para que la disputa vuelva a calentarse en un futuro próximo. Pero China prometió que dará a las empresas estadounidenses mayor acceso en el sector de servicios financieros, que no devaluará su moneda para ayudar a los exportadores chinos y que ya no obligará a las firmas estadounidenses a que compartan su tecnología como condición para hacer negocios en el país asiático.

LA FACTURA. 

De este lado del océano Pacífico, quienes han pagado y pagan el plato son los consumidores. Varios economistas han calculado que el costo para ellos y las empresas ha sido de unos 40.000 millones de dólares tras 20 meses de disputa. La Oficina de Presupuesto del Congreso ha calculado que la incertidumbre relacionada con los aranceles ha cortado un 0,3 por ciento del crecimiento económico estimado para Estados Unidos, lo que redujo el ingreso promedio de los hogares en 580 dólares al año desde 2018.

El acuerdo ahora alcanzado, que no requiere la aprobación del Congreso, también dejó sin solución las preocupaciones de Estados Unidos acerca del impacto que tienen los subsidios industriales chinos sobre los mercados mundiales. Si bien el déficit comercial estadounidense con China disminuyó en los 12 meses transcurridos hasta noviembre pasado, el déficit estadounidense con el resto del mundo subió, lo que en la práctica borró casi el 90 por ciento de la disminución lograda en el déficit con China.

Más allá de los dos gigantes trenzados en esta disputa, se calcula que la “guerra comercial” recortará en más del 0,5 por ciento el crecimiento de la economía mundial. Sin embargo, algunos países han salido beneficiados al reencaminarse las corrientes comerciales estimadas en unos 165.000 millones de dólares. Por ejemplo, Vietnam, Taiwán y México han visto un incremento de las inversiones estadounidenses, que se han apartado de China, y la Reserva Federal calcula que el aumento de las importaciones estadounidenses desde México benefició en un 0,2 por ciento el crecimiento económico en el país vecino.

LA POSGUERRA. 

“El mayor impacto a corto plazo del acuerdo firmado esta semana es, simplemente, que quita del camino algo de la incertidumbre perniciosa creada por la disputa misma”, escribió el analista Nathaniel Taplin, en The Wall Street Journal. En tanto, “el impacto más duradero de esa disputa es un deterioro notable y rápido en las relaciones generales entre Estados Unidos y China”. Taplin señaló que “las hostilidades comerciales abiertas pueden permanecer contenidas por ahora al aproximarse la temporada electoral estadounidense, pero la competencia tecnológica, de seguridad e ideológica siempre subyacente en las relaciones chino-estadounidenses, se ha recargado con el conflicto”. “Los inversionistas seguirán lidiando con las consecuencias por muchos años”, añadió (The Wall Street Journal, 15-I-19).

Mientras tanto, el jefe de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer, de Nueva York, comentó en conferencia de prensa que “el presidente se jacta de que este es ‘el acuerdo más grande de la historia’. Yo creo que la impresionante falta de reforma sustancial y de largo plazo lograda perjudicará a los trabajadores y a la industria de Estados Unidos”.

Lo cierto es que el miércoles, y en el tono de desprecio por la diplomacia que Trump ostenta como virtud, el presidente estadounidense describió como “pillaje” la política comercial de China mientras el vice primer ministro de China, Liu He, y otros funcionarios chinos de alta jerarquía aguantaban de pie la ceremonia de firma del acuerdo y la conferencia de prensa de 45 minutos. Cuando le llegó su turno, Liu leyó un mensaje del presidente Xi Jinping, quien escribió que el pacto “refleja el respeto mutuo” entre ambos países.

En la ocasión, en la Sala Este de la Casa Blanca, estuvieron miembros republicanos del Senado y de la Cámara de Representantes, junto con decenas de ejecutivos muy infatuados de grandes corporaciones como Boeing y Honeywell, y financieros de Citibank, J P Morgan y Citadel. No hubo, en cambio, representantes de los sindicatos, cuyos afiliados supuestamente se beneficiarán con este pacto.

Por Jorge A. Bañales

17 enero, 2020

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Las grandes tecnológicas nacieron entre las cenizas de la crisis financiera y ahora son otro incendio imparable

Facebook, YouTube, Uber o Airbnb nacieron hace una década, durante el colapso de la crisis financiera, y con la promesa feliz de un futuro digital

Diez años después, son grandes potencias que se comportan de una manera que recuerda a la burbuja previa a la crisis financiera

Con una estructura mínima y unos beneficios que crecen exponencialmente, la economía de escala de las grandes plataformas globales arrasa con toda competencia local

 

A finales de la primera década del siglo XX, las redes sociales estadounidenses MySpace y Facebook libraban una batalla por acaparar el mercado del resto del mundo con estrategias de expansión "radicalmente diferentes", como publicó entonces el portal TechCrunch. MySpace invertía tiempo y dinero en desarrollar una infraestructura local en cada nuevo mercado, con equipos sobre el terreno que traducían el portal a los diferentes idiomas y actividades de promoción para músicos y artistas locales; mientras, Facebook se limitaba a reclutar a un equipo de voluntarios que traduciría el portal al español, luego al alemán, al francés y a muchos más.

En 2010, MySpace comenzaba su larga decadencia y Facebook sumaba quinientos millones de usuarios en todo el mundo, con traducciones en más de 80 idiomas gracias a los voluntarios. Como dijo durante una entrevista en 2015 el exvicepresidente de marketing online de MySpace, Sean Percival, montar todas esas oficinas en el extranjero equivalió a "cientos de millones de dólares literalmente tirados a la basura". "La posición de Facebook, mientras tanto, era: 'No necesitamos abrir oficinas tan rápidamente, esto va a crecer por sí solo'".

Rendimientos crecientes a escala. Si hay un concepto que resume la última década de las empresas de internet es conseguir esos rendimientos. La escala es el santo grial de las startup tecnológicas con fondos de capital riesgo detrás, ese nivel en el que sus ingresos registran crecimientos exponenciales, mientras sus infraestructuras y costes se limitan a una progresión lineal. Facebook ha conseguido la escala para obtener esos rendimientos. Igual que Uber, Youtube, Airbnb y Amazon.

Conseguir rendimientos crecientes a escala ha permitido desarrollar negocios con una infraestructura física mínima (el caso de Facebook y de YouTube, entre otras compañías de software), o pasar a los contratistas el coste de la infraestructura y su mantenimiento (el caso de Uber y de Airbnb). Amazon logró desarrollar una economía de escala pese a necesitar una importante infraestructura física. WeWork no lo consiguió.

En la última década, ha habido una transición gigantesca de los negocios hacia las plataformas de internet, desde la industria publicitaria hasta los transportistas o las agencias de viaje. Las empresas locales han quebrado o se han adaptado, y en los dos casos, las plataformas de internet han salido ganando.

Los números que dan cuenta del tamaño de estas plataformas son difíciles de asimilar. En 2018, YouTube comunicó que sus usuarios subían 500 horas de vídeo por minuto, lo que equivale a 1.250 días de vídeo por hora, o más de 82 años de vídeo por día. Uber dice que, solo en EEUU, sus conductores hacen 45 viajes por segundo. Eso significa prácticamente 4 millones de viajes por día solo en EEUU.

Entre octubre de 2017 y octubre de 2018, Facebook eliminó 2.800 millones de cuentas falsas. Los 14 millones de usuarios de la red social con información personal hackeada (un número mayor al de los habitantes de Tokio) representaron menos del 1% de las personas con cuenta en Facebook. Airbnb dice tener alojamientos en más de 100.000 ciudades del mundo.

Es imposible que nadie esté al tanto de todo lo que pasa dentro de las plataformas y está claro que las empresas responsables de ellas ni siquiera se están molestando en intentarlo. Tal vez sea una de las ironías del siglo XXI: los cimientos de muchos de estos monstruos tecnológicos se fijaron sobre las cenizas de una economía mundial que lidiaba con el incendio de tener otra industria de escala monstruosa: la bancaria.

Un mes después de que Facebook comenzara su conquista del planeta con una inversión mínima y máxima velocidad, la Reserva Federal rescataba a Bear Stearns prestándole 25.000 millones de dólares. En el verano de ese año, se fundaba Airbnb, apenas unas semanas antes del estallido de Lehman Brothers; y en marzo de 2009, el Dow Jones tocaba un mínimo justo cuando se creaba Uber.

"Demasiado grande como para quebrar" se convirtió en la consigna de una era grotesca de la política en la que se rescataba a los bancos y se echaba de sus casas a los que no cumplían con la hipoteca. Una era de banqueros cobrando primas por desempeño y trabajadores pidiendo subsidios de desempleo. El sistema se tambaleaba, pero no se derrumbaba. Vista de cerca, la crisis provocó millones de pequeñas tragedias. Desde más arriba, todo estaba bien.

¿Es una coincidencia que los años de "demasiado grande como para quebrar" hayan sido el germen de empresas a las que en la década siguiente se les permitió crecer aún más y ser menos manejables? ¿O es que rescatar a los bancos sentó un mal precedente del que las tecnológicas podrían aprovecharse en el futuro? Los cómics de superhéroes dicen que a un gran poder siempre le acompaña una gran responsabilidad, pero eso no parece ser lo que están entendiendo las tecnológicas. Su postura es otra: con grandes escalas, viene la impunidad total.

Tomemos como ejemplo la implantación de Facebook en el mundo. Oficialmente, la red social ya está traducida en 111 idiomas, pero hasta abril de 2019 las reglas de publicación que vetan temas clave como los discursos del odio, las incitaciones a la violencia, la desinformación en asuntos de salud y las autolesiones, solo habían sido traducidas a 41 idiomas. Según la investigación de la agencia Reuters de esa fecha, los 15.000 moderadores de contenido de la empresa hablan con fluidez solo unos 50 idiomas y las tan promocionadas herramientas de moderación automática contra el contenido peligroso solo funcionan en unos 30. El periódico The Guardian consultó a Facebook si esas cifras habían mejorado desde abril, pero no obtuvo respuesta.

La jefa de políticas globales de la red social, Monika Bickert, había dicho antes a Reuters que traducir las reglas de contenido, un manual que contiene unas 9.400 palabras en inglés, había representado "un gran esfuerzo". No tener la página traducida en 2008, cuando Facebook aún era una startup que perdía dinero, puede haber sido una acertada decisión estratégica. Pero el beneficio neto de la empresa ha superado los 69.100 millones de dólares desde 2010. No tenerlo todo traducido hoy es sencillamente imperdonable.

Los discursos del odio y la propaganda descontralada pueden tener un efecto mortal. La incapacidad de Facebook de ponerle freno a los discursos del odio ha sido directamente relacionada con la campaña de limpieza étnica de Myanmar y con los disturbios anti-musulmanes de Sri Lanka. La barrera lingüística les impidió entender y reaccionar ante lo que estaba sucediendo en los dos países.

Es solo uno de los muchos ejemplos que demuestran la resistencia de Facebook y de otras grandes tecnológicas a asumir la responsabilidad de sus propias empresas, escudándose en el tamaño de la plataforma para escurrir el bulto.

En 2018, más de tres mil pasajeros denunciaron agresiones sexuales a bordo de un Uber en EEUU. Cuando la empresa publicó el informe argumentó que se debía a un problema general de la sociedad: "Solo en Estados Unidos hay más de 45 viajes de Uber por segundo", escribió en un blog el director jurídico, Tony West. "A esa escala, no somos inmunes a los más importantes retos de la sociedad en materia de seguridad, incluyendo las agresiones sexuales". La única diferencia es que la sociedad no se lleva una tajada de cada uno de esos viajes. Uber sí lo hace.

En el año 2015, YouTube lanzó una versión de su portal para niños. Han pasado cuatro años y un sinfín de escándalos, pero la empresa de vídeos online sigue sin incorporar un control de contenidos previo a la publicación para asegurarse de que, en efecto, sean aptos para niños.

Amazon se ha quedado con una posición dominante de mercado gracias a su decisión de permitir que terceros vendan en su plataforma. La medida ha sido muy rentable para Amazon pero, según una investigación de The Wall Street Journal, el portal ahora vende miles de artículos que no cumplen con los protocolos de seguridad, incluyendo productos para niños.

La lógica bajo la que parecen operar las compañías es esta: si das de comer a 10.000 niños y solo se intoxican 10, es un número perfectamente aceptable teniendo en cuenta la escala.

Ahora que nos acercamos al inicio de una nueva década, una de las pocas cosas que parecen claras es que seguiremos lidiando con las consecuencias de tener un puñado de tecnológicas de escala inmanejable. La magia de las plataformas de internet con economías de escala es que los beneficios son solo para ellas pero las consecuencias las pagamos todos.

Por Julia Carrie Wong - Oakland (EEUU)

29/12/2019 - 20:40h

Traducido por Francisco de Zárate

Google nos vigila: el caso de los servicios médicos

Para nadie es un secreto que internet es una de las rutas de información más grandes en el marco del mundo globalizado. Se ha logrado conocer, por ejemplo, que Facebook vendió una serie de datos a una empresa británica –Cambridge Analitica- que finalmente influyó en las elecciones de algunos países en América Latina. La red es hoy por hoy uno de los medios de intercambio de información más importantes, pero al mismo tiempo más peligrosos. Lo anterior se sustenta en un reciente artículo de Wall Street Journal en el cual se sostiene que el gigante tecnológico Google, tiene acceso a la información médica de millones de pacientes en al menos 21 estados de Estados Unidos. En colaboración con Ascension, uno de los mayores sistemas de salud del país, la empresa de tecnología dispone de 2.600 instalaciones, entre hospitales y consultorios a lo largo y ancho del país. Aunque las dos empresas han salido al paso a decir que su actuación es absolutamente legal, algunas preguntas saltan a la vista, verbigracia, si su actuación está apegada a la ley y al profesionalismo, ¿por qué se buscó ocultar la información? Este y otros cuestionamientos serán el centro de la presente investigación.  

Antes de adentrarnos en los motivos reales de Google es fundamental conocer un poco más del proyecto. En este sentido, el objetivo del gigante tecnológico es desarrollar un programa de inteligencia artificial capaz de alojar millones de datos de diferentes pacientes en una misma interfaz. De acuerdo con Google y Ascension, el proyecto conocido como Nightingale cumple con las leyes federales en salud que permiten la transferencia de información de sus socios sin nececidad de consultarlos. Particularmente, se menciona el Health Insurance Portability and Accountability Act’  de 1996 que permite justamente conocer los datos de pacientes (sin necesidad de ser autorizados), siempre que el fin sean funciones médicas y que se disponga de un programa de protección de datos personales. Bajo este paraguas, las dos compañías han buscado evadir las responsabilidades y restar importancia a los riesgos que tendría el hecho de que sólo 150 personas, trabajadores de Google, tengan acceso al historial clínico de millones de personas en Estados Unidos. Algo que puede expandirse por el globo si los resultados son los esperados.

El proyecto Nightingale se presenta como un medio para gestionar soluciones en temas médicos que permitan mejorar la situación de millones y, al tiempo, optimizar los servicios prestados. En efecto, Google anunció en julio pasado que “las soluciones de inteligencia artificial y machine learning de Google Cloud están ayudando a organizaciones de atención médica como Ascension a mejorar sus servicios y resultados” .  De esta manera, el gigante informático es un intermediario en la gestión y protección de datos bajo estrictos estándares de privacidad y seguridad, o ese es el deber ser de la compañía. Sin embargo, no es del todo claro los protocolos de protección ni tampoco para qué se quiere almacenar esa información tan sensible.

Desde otra perspectiva, lo peligroso de este caso es que Google y en concreto el software que se encuentran desarrollando, podría determinar no sólo los procesos para “mejorar la atención médica”, sino que eventualmente también estaría en la capacidad de clasificar a los pacientes. Esto, dicho de otra manera, implicaría que los hospitales estarían en la discreción de no prestar un servicio de salud a determinados segmentos de la población al considerarlos costosos o innecesarios. La situación no es irreal toda vez que en los Estados Unidos se debate continuamente el acceso universal a la salud como un derecho fundamental que, los grupos conservadores amparados en las grandes empresas rechazan de inmediato, al considerarlos demasiado “costosos”. Si llevamos más allá el argumento, se podría afirmar que la concentración de datos en una compañía como Google implica un control sobre la vida de los ciudadanos y por qué no de las decisiones médicas que se tomen en adelante. Un software puede determinar, por ejemplo, que un tratamiento contra el cáncer es costoso en términos monetarios y de tiempo, por lo que en el futuro los hospitales y consultorios podrían dejar de prestar el servicio o cobrar en exceso la atención.

Lo anterior confirma una verdad de Perogrullo: Google no es una empresa altruista, es decir, que detrás de la recopilación de datos médicos hay una clara intención política y económica. En efecto, la empresa informática no realiza una actividad que no implique monetización, de ahí que todo el entramado de las historias médicas tenga un fin concreto. Como lo confirmó el abogado y miembro del comité nacional republicano, Harmeet Dhillon, la situación respecto a la alianza Google-Ascension es "francamente alarmante" y lanza una pregunta a la ciudadanía: “¿confía en Google con los resultados de sus análisis de sangre, diagnósticos e información confidencial de salud?”. Es claro que constituye un riesgo mayor otorgar información personal a un grupo que sólo le importa la recolección de datos, que desconoce el valor humano y que se interesa por obtener enormes ganancias. Por si esto fuera poco, las personas que hoy se encuentran en las bases de datos de estos dos consorcios, no tienen la menor idea, lo cual deja entrever la seriedad del asunto.

Al respecto es imperativo recordar el caso de Google Health 2008, una aplicación de la empresa que, a pesar de proyectarse como una alternativa para la gestión de temas de salud, cerró cuatro años más tarde, al no poder persuadir a suficientes usuarios para que subieran su historial médico. Los pacientes se sentían incómodos de que una emprresa de informática albergara datos tan sensibles. Existieron múltiples razones para el fracaso de este servicio que, en Estados Unidos mueve el 17% del PIB. Para algunos analistas la causa fue justamente el fallo en torno a confiar información como metas de salud, peso o colesterol. Muchas personas no estaban dispuestas a exponerse de una manera tan evidente. Por otra parte, el motivo pudo ser que el servicio no generó la suficiente “atracción” a los usuarios y a los médicos que en poco promovieron la aplicación.

No obstante, la principal razón del fracaso de Google Health fue la ausencia de monetización, es decir, que no pudo corresponderse con el modelo de salud estadounidense. Como es bien conocido en el ámbito global, la prestación del servicio en el país del norte se basa en la medicina privada, esto es, en privilegiar la realización del mayor número de intervenciones (muchas veces más de las necesarias), ya que las instituciones médicas sólo devengan en la medida en que se realicen mayores operaciones. Si ponemos todo lo anterior en plata blanca, diremos que buena parte de la medicina norteamericana se basa en la creación y cura de enfermedades en una suerte de círculo vicioso; si alguno de esos factores se altera, así lo hará la oferta y la demanda hecho que repercute directamente sobre la economía del país. Por ese motivo, no es tan fácil generar procesos de automatización y gestión en un Estado que necesita continuamente del ejercicio de la medicina como oportunidad de negocio.

La salud en Estados Unidos funciona, entonces, como cualquier rubro de la economía, es decir, basada en los principios de ganancia, olvidando que es un derecho fundamental. Con la eliminación del criterio de consentimiento individual de las operaciones con datos de atención médica, el gigante tecnológico se libra de cualquier responsabilidad penal y de paso asegura un campo lucrativo que se corresponde con la proyección de una empresa de sus dimensiones. Nunca debe perderse de vista que compañías como Google persiguen fines económicos y que el tema de la salud pública siempre será un espacio importante para las inversiones. Ahora bien, el hecho según el cual, una empresa que conoce sobre las preferencias y gustos de las personas, tenga acceso libre a datos tan sensibles puede generar un conflicto ético y de intereses, pues podríamos estar asistiendo a la reducción de la humanidad misma a un dato de computadora. Este acontecimiento debería estar alarmando a las sociedades tanto o más que el cambio climático.

También deben considerarse las inquietantes alianzas de Google pues además del gestor de salud Ascension, el gigante Google ha entablado nexos con la clínica Mayo en septiembre de 2019, acontecimiento que le permitiría el acceso al menos un millón de datos de pacientes. Y aunque el pacto ha sido visto desde la supuesta filantropía por parte de la compañía ofimática, la realidad es que hay fuertes motivos de fondo. Esto se comprueba con la adquisición de los dispositivos Fitbit, una aplicación relacionada con el seguimiento del estado físico. El dispositivo le permite acceder a información de poco más de 28 millones de personas; desde los pasos que dan hasta el ritmo cardiaco. En ese sentido, es evidente que el futuro de las compañías está dado en términos del acceso y gestión de datos. Google Health no fue un fracaso, tan sólo era un experimento de los hombres de negocios de Silincon Valley que estaban probando diversas alternativas para lograr juntar los datos de un número considerable de pacientes y de esa forma establecer un algoritmo capaz de automatizar el acceso a la salud.

Lo más grave de todo es que habrá un futuro cercano en el que el acceso a los tratamientos médicos hará parte de un reducido grupo de personas de acuerdo con la lógica de oferta y demanda, condenando a millones de personas a morir mientras esperan una atención que nunca llegará.

Publicado enSociedad
Cosechando la sangre de los pobres de Estados Unidos

La sangre se ha convertido en un gran negocio en Estados Unidos y no son pocas las corporaciones dispuestas a explotar a las poblaciones más vulnerables de los Estados Unidos para obtener un pedazo de pastel.

Para gran parte del mundo, donar sangre es puramente un acto de solidaridad; un deber cívico que los sanos cumplen para ayudar a otros en situación de necesidad. La idea de cobrar por tal acción se consideraría extraña. Pero en Estados Unidos, es un gran negocio. De hecho, en la precaria economía actual, donde alrededor de 130 millones de estadounidenses admiten ser incapaces de pagar necesidades básicas como alimentos, vivienda o atención médica, la compra y venta de sangre es una de las pocas industrias en auge que le quedan a Estados Unidos.

El número de centros de donación en Estados Unidos se ha más que duplicado desde 2005 y la sangre ahora representa más del 2% del total de las exportaciones de los Estados Unidos en términos de valor. Para ponerlo en perspectiva, la sangre de los estadounidenses ahora vale más que todos los productos exportados de maíz o soja, que cubren vastas áreas del corazón del país.

Estados Unidos suministra el 70% del plasma del mundo, principalmente porque la mayoría de los demás países han prohibido la práctica por razones éticas y médicas. Las exportaciones aumentaron en más del 13%, a 28.600 millones de dólares, entre 2016 y 2017, y se proyecta que el mercado de plasma “crezca radiantemente”, según un informe de la industria. La mayoría va a países europeos ricos; Alemania, por ejemplo, compra el 15% de todas las exportaciones de sangre de Estados Unidos. China y Japón también son clientes clave.

Es principalmente el plasma —un líquido dorado que transporta proteínas y glóbulos rojos y blancos por todo el cuerpo— lo que lo hace tan codiciado. La sangre donada es crucial en el tratamiento de condiciones médicas como la anemia y el cáncer y es comúnmente requerida para realizar cirugías. Las mujeres embarazadas también suelen necesitar transfusiones para tratar la pérdida de sangre durante el parto. Al igual que todas las industrias en proceso de maduración, algunas enormes empresas sedientas de sangre, como Grifols [empresa multinacional española] y CSL [de Pensilvania], han llegado a dominar el mercado estadounidense.

Pero para generar tan enormes ganancias, estas corporaciones vampíricas apuntan conscientemente a los estadounidenses más pobres y desesperados. Un estudio descubrió que la mayoría de los donantes en Cleveland generan más de un tercio de sus ingresos por “donar” sangre. El dinero que reciben, señala la profesora Kathryn Edin, de la Universidad de Princeton, es literalmente “la sangre vital de los pobres de dos dólares al día”. El profesor H. Luke Schaefer, de la Universidad de Michigan, coautor de Edin de Dos dólares al día: Viviendo con casi nada en Estados Unidos, dijo en MintPress News: “El aumento masivo de las ventas de plasma sanguíneo es el resultado de una red de seguridad inadecuada y en muchos lugares inexistente, combinada con un mercado laboral inestable. Nuestra experiencia es que la gente necesita el dinero, esa es la razón principal por la que la gente aparece en los centros de plasma”.

Casi la mitad de Estados Unidos está en bancarrota, y el 58% del país vive de cheque en cheque, con ahorros de menos de mil dólares. 37 millones de estadounidenses se acuestan con hambre, incluyendo una sexta parte de los neoyorquinos y casi la mitad de los residentes en el sur del Bronx. Y más de medio millón de personas duermen en las calles cualquier noche, con muchos millones más en vehículos o dependiendo de amigos o familiares. Es en este contexto en el que millones de personas en números rojos han pasado a vender sangre para llegar a fin de mes. En un sentido muy real, entonces, estas corporaciones están extrayendo la sangre de los pobres, literalmente chupándoles la vida.

MintPress News habló con varios estadounidenses que donaron plasma de manera regular. Algunos de ellos no quisieron ser del todo identificados. Pero ninguno se hacía ilusiones sobre el sistema y cómo estaban siendo explotados.

“Los centros nunca están en una zona buena de la ciudad, siempre están en algún lugar donde pueden conseguir un suministro interminable de gente pobre desesperada por esos cien dólares a la semana”, señaló Andrew Watkins, que vendió su sangre en Pittsburgh, Pensilvania, durante unos 18 meses.

Las personas que se presentan son una mezcla de discapacitados, trabajadores pobres, gente sin hogar, padres solteros y estudiantes universitarios. Con la excepción de los estudiantes universitarios que buscan dinero para salir, este es probablemente el ingreso más fácil y seguro que tienen. En tu trabajo pueden despedirte en cualquier momento cuando estás en este nivel de la sociedad, pero siempre tienes sangre. Y vender tu sangre no cuenta como un trabajo o ingreso cuando se trata de determinar los beneficios por incapacidad, cupones de alimentos o derecho a subsidios de desempleo, así que es una fuente de dinero para las personas que no tienen absolutamente nada más”.

Rachel, de Wisconsin, que donó cientos de veces en un período de siete años, también comentó la obvia composición socioeconómica de los donantes. “Éramos pobres, todos los que estábamos allí nos dábamos cuenta fácilmente de que estábamos en el extremo inferior de la escala de ingresos. Te incentivan con bonos y cuanto más dones en un mes, más te pagarán, reclutando bonos de amigos, bonos de vacaciones, etc”.

Keita Currier, de Washington, D.C., señaló que ella y su esposo no tuvieron más remedio que seguir visitando clínicas en Maryland durante años, pero les molestaban sus métodos de pago. “Son depredadores, el precio fijado para tu plasma se basa en un capricho. Por ejemplo, en un lugar que doné las primeras cinco veces cobras $75, después cobras 20, 20, 30, 50, 25. Es al azar, no importa, pero saben que estás desesperada y que si no haces tu donación de $30 no tendrás tus 50 la próxima vez. Aparentemente, el plasma tiene un valor que ronda los cientos de dólares, así que no es de extrañar que te estafen”. 

ZOMBIFICANDO A LOS POBRES DE ESTADOS UNIDOS

Todos los encuestados estuvieron de acuerdo en que estaban siendo explotados, pero en más de un sentido. A los estadounidenses desesperados se les permite donar dos veces por semana (104 veces al año). Pero perder tanto plasma puede tener graves consecuencias para la salud, la mayoría de las cuales no han sido estudiadas, advierte el profesor Schaefer, quien insiste en la necesidad de más investigación. Alrededor del 70 por ciento de los donantes experimentan complicaciones de salud. Los donantes tienen un recuento proteico más bajo en la sangre, lo que los pone en mayor riesgo de infecciones y trastornos hepáticos y renales. Muchos habituales sufren de fatiga casi permanente y están al borde de la anemia. Todo esto por un promedio de $30 por visita.

Rachel describió el terrible círculo vicioso en el que se encuentran muchos de los trabajadores pobres: “Me rechazaron dos veces, una por estar demasiado deshidratada y otra por estar anémica. Ser pobre creó una paradoja de mierda en la que no podía comer, y como no podía comer, mis niveles de hierro no eran lo suficientemente altos como para permitirme donar. Fue una semana de recorte de sueldo, dinero que necesitaba desesperadamente para el alquiler, cuentas y medicinas”.

Un método común de hacer trampas en los deportes de resistencia es inyectar más sangre en tu sistema antes de una carrera, dándote un gran impulso de rendimiento. Pero extraerlo tiene el efecto opuesto, haciéndolo sentir perezoso y cansado durante días. Por lo tanto, esta práctica debilitante está zombificando a los pobres de Estados Unidos.

El proceso de donación de sangre no es placentero. Currier señaló que después de donar constantemente, “los moratones son terribles... A veces no pueden encontrar la vena, etc. o la insertan mal y tienen que ajustar la aguja debajo de la piel”, dice, afirmando que el solo hecho de pensar en ello la asusta. Revela que su marido tuvo que dejar de donar temporalmente, ya que sus jefes pensaban que estaba consumiendo heroína debido a las marcas en sus brazos.

Watkins coincide. “Siempre podías saber cuánto tiempo llevaba alguien haciendo el trabajo por esa aguja”, recuerda. “Una vez que habían estado allí un año o más, habrían apuñalado literalmente a miles de personas y podrían simplemente dar un golpecito en el codo una vez y deslizar la aguja dentro de la vena sin ningún problema. Los chicos nuevos no encontraban la vena, la perforaban o trataban de buscarla con la punta de la aguja, lo que deja terribles moratones”.

Tampoco se piensa mucho en la comodidad de los pacientes. Como explicó Watkins, los termostatos siempre se bajan a unos 10-15 grados por el bien del plasma. Una vez que se ha extraído el plasma de color ámbar, tu sangre enfriada se te reinyecta en un proceso doloroso que notas como si se te estuviera metiendo hielo en el cuerpo. “Combinado con las ya frías temperaturas del aire, era enloquecedor”, señala.

Así, los zombis pobres de Estados Unidos quedan casi permanentemente agotados mentalmente como adictos a la heroína, y con los brazos igualmente magullados y perforados, salvo que se les paga por las molestias. Pero quizás lo peor de la experiencia, según los entrevistados, es la deshumanización del proceso.

Se pesa públicamente a los donantes para asegurarse de que su peso sea suficiente. Las personas obesas valen más para las empresas sedientas de sangre, ya que pueden extraer con seguridad más plasma de ellas en cada sesión (pagando la misma compensación). “Definitivamente te convierten en un producto en un sentido muy literal”, dice Watkins; “Es profundamente explotador y un síntoma de lo lejos que ha llegado el capitalismo”.

Muchos centros son enormes, con múltiples filas de docenas de máquinas trabajando en un intento de apaciguar el apetito insaciable de la corporación vampírica. Y no faltan, según Watkins, “víctimas” humanas dispuestas a ser tratadas como animales en las granjas de baterías, a cambio de unos pocos dólares: “Era una línea de montaje para extraer oro líquido de las minas humanas”, señala.

Currier también destacó el tratamiento del personal y las medidas de reducción de costos de las clínicas en Maryland que ella visitó: “Por lo general, los lugares tienen muy poco personal, lo que significa que con frecuencia no se cambian de guantes, la gente está sobrecargada de trabajo y, como mínimo, te quedas allí de dos a tres horas, lo que significa que tienes que planear un día entero en torno a esta mierda sólo para conseguir 20 pavos en tu bolsillo para sobrevivir los próximos días. Es deprimente, descorazonador y francamente vergonzoso tener que prostituirse así. Me siento como una mierda después de donar”. 

LA EXPLOTACIÓN ALCANZA NUEVOS NIVELES

Pero la explotación de seres humanos ha alcanzado nuevos niveles en las clínicas de la frontera México-Estados Unidos. Cada semana, miles de mexicanos entran a Estados Unidos con visas temporales para vender su sangre a corporaciones farmacéuticas con fines de lucro. La práctica está prohibida por razones de salud en México, pero es completamente legal al norte de la frontera. Según ProPublica, hay por lo menos 43 centros de donación de sangre a lo largo de la frontera que se aprovechan principalmente de ciudadanos mexicanos en una práctica legalmente ambigua.

Según un documental suizo sobre el tema, hay muy pocos controles sobre la limpieza de la sangre que estas compañías aceptan, algunos donantes entrevistados admiten que eran drogadictos. Pero todo se sacrifica en la búsqueda de ganancias deslumbrantes, algo de lo que los donantes eran muy conscientes. Rachel, de Wisconsin, admitió: “Lo hice por el dinero, creo que todos lo hacemos por el dinero, pero en realidad no es algo que se diga por ahí porque hay un barniz de ‘ayudar a los enfermos’ encima. Pero pude vislumbrar el tipo de industria que era en ocasiones a través de preguntas inofensivas. La cantidad de plasma extraído de una persona por donación valía más de 600 dólares, nunca tuve una respuesta clara al respecto”.

Andrew, de Pensilvania, coincide, señalando irónicamente: “Sé que mi plasma valía miles de dólares por donación [a otros], porque he visto lo que un hospital de mi ciudad le cobraba a un hemofílico por las plaquetas, así que la miseria que pagan es ridícula, pero sólo hay un comprador haciendo ofertas a nivel humano. Si eres pobre y te quedas sin otras opciones, aceptarás 40 dólares como sea que puedas conseguirlo. Cualquier puerto en una tormenta”.

Michael, un trabajador social de Georgia que vendió su sangre por dinero extra, fue profundamente despectivo con toda la situación. “He conocido a un buen número de personas que dependen del dinero que se gana vendiendo plasma. Muchas veces es para cubrir el cuidado de los niños o las recetas o algo parecido”, dijo. “Es absolutamente deplorable aprovechar el dinero de sangre literal de gente que tiene tan pocas opciones”.

Las grandes farmacéuticas están particularmente interesadas en la sangre de los jóvenes. Una campaña publicitaria de Grifols se dirigía intencionadamente a estudiantes de la clase trabajadora. “¿Necesitas libros? No te preocupes. Dona Plasma”, dice el titular. La sangre adolescente tiene una gran demanda, de todos los lugares, en Silicon Valley, donde las tecnologías antienvejecimiento son la última tendencia.

Una compañía, Ambrosia, cobra $8.000 por tratamiento a ejecutivos del mundo de la tecnología, añadiéndoles la sangre de los jóvenes, convirtiendo a estos individuos en chupasangres en más de una forma. A pesar de que no hay pruebas clínicas de que la práctica tenga efectos beneficiosos, el negocio está en auge.

Un cliente comprometido es el cofundador de PayPal convertido en el sucedáneo de Trump, Peter Thiel, quien, según se informa, está gastando grandes sumas de dinero en la financiación de nuevas empresas antienvejecimiento. Thiel afirma que hemos sido engañados por “la ideología de la inevitabilidad de la muerte de cada individuo” y cree que su propia inmortalidad puede estar a la vuelta de la esquina, una noción que ha preocupado profundamente tanto a académicos como a comentaristas.

El nuevo y pujante mercado de sangre es la encarnación perfecta de la distopía capitalista en la que se han convertido los Estados Unidos modernos. El proceso deshumanizador de extraer la sangre de los pobres para financiar los sueños quijotescos de inmortalidad de los súper ricos convierte a los primeros en zombis vivientes y a los segundos en vampiros, que se deleitan con la sangre de los jóvenes; una verdadera historia de terror estadounidense digna de Stephen King o H.P. Lovecraft. Como dijo Rachel, de Wisconsin: “Realmente es una industria en la que ‘extraer sangre de las piedras’ es lo más literal posible”.

Por ALAN MACLEOD

TRADUCIDO POR PILAR GURRIARÁN.


PUBLICADO

2019-12-24 06:35

Publicado enEconomía
Lunes, 23 Diciembre 2019 05:42

Capitalismo con características chinas

Capitalismo con características chinas

El experimento de China con el socialismo fue caótico y no logró producir la tan deseada transición al desarrollo y la prosperidad.

Cuando el país rompió con el socialismo y avanzó con cautela hacia un modelo de desarrollo del campo liderado por el mercado a finales de la década de 1970, China era una de las sociedades más igualitarias en la tierra. También era bastante pobre, con más del 30 por ciento de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza[1], la misma cifra que Filipinas entonces.

Hoy, con su coeficiente de Gini -una medida de desigualdad- en 0,50 o superior, la desigualdad en China coincide con la de Filipinas. Sin embargo, el número de ciudadanos chinos que viven en la pobreza se redujo a alrededor del 3 por ciento de la población, mientras que más del 20 por ciento de los filipinos siguen siendo pobres. La desigualdad ha aumentado, pero en términos de sacar a la gente de la pobreza, China es considerada como una historia de éxito sin reservas, probablemente la única en el mundo.

El análisis de las características y vulnerabilidades clave de la economía contemporánea de China nos permitirá tener una idea de la dinámica y la dirección de las relaciones económicas de China con Filipinas y el resto del Sur Global.

Por ejemplo, es fácil confundir -como muchos han hecho- la alardeada Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda (BRI, por sus siglas en inglés) como un gran plan para la hegemonía global de China si no se tiene en cuenta el enorme problema de sobrecapacidad industrial de China, para el que se ha ideado dicha iniciativa como solución. Asimismo, uno no puede entender el problema del exceso de capacidad sin referirse, a su vez, a una de las características centrales de la economía de China: la descentralización de la toma de decisiones económicas, que ha llevado a una gran cantidad de proyectos competitivos, un gran desperdicio y una enorme excedente capacidad industrial.

La economía de China es una economía capitalista, aunque es exclusivamente china. Podría llamarse "capitalismo con características chinas", para dar un giro más preciso a la descripción desconcertante de Deng Xiaoping de su proyecto como "socialismo con características chinas". Deng, el pragmático sucesor de Mao, condujo la integración de China en la economía capitalista global en los años ochenta y noventa.

La economía política de la China contemporánea tiene cuatro características clave:

  1. Es una economía mayormente liberalizada o dirigida por el mercado.
  2. Está en gran medida privatizada pero con intervención estatal en áreas consideradas estratégicas.
  3. Su punto fuerte es la producción orientada a las exportaciones, sostenida por una fuerte “represión financiera”.
  4. Está descentralizada, con un alto grado de autonomía para la toma de decisiones a nivel local mientras que las autoridades centrales se centran en las estrategias y políticas macroeconómicas a nivel nacional.


Liberalización

La liberalización, o la eliminación de los controles estatales sobre la producción, distribución y consumo, tuvo lugar en tres etapas durante los años ochenta y noventa.

La reforma del mercado comenzó con la descolectivización y la restauración de una economía campesina basada en el mercado a principios de la década de 1980, seguida de la reforma de las empresas estatales urbanas y de la reforma de precios a finales de la década de 1980. En la década de 1990, la reforma de las empresas estatales se aceleró con el objetivo de transformar estas empresas en corporaciones capitalistas con fines de lucro.

A lo largo de estas fases, el objetivo principal de la reforma fue, como dijo Ho-Fung Hung, un experto en la transformación económica de China, "descentralizar la autoridad de planificación y regulación económica y abrir la economía, primero al capital chino en Asia y luego al capital transnacional de todo el mundo."


Privatización con intervención estatal estratégica

Si bien las señales del mercado derivadas de la demanda del consumidor local y la demanda global se convirtieron en el determinante dominante de la asignación de recursos, la mano visible del estado no desapareció. Simplemente se volvió más exigente. Al apartarse de la planificación central, el estado chino no siguió el llamado modelo de desarrollo del noreste de Asia -promovido por Japón, Corea del Sur y Taiwán- que restringía la inversión extranjera y favorecía a las empresas nacionales en general.

Por contra, en China, los sectores no estratégicos de la economía se abrieron a la competencia entre empresas privadas, locales y extranjeras, mientras que aquellas áreas consideradas estratégicas desde el punto de vista de la seguridad y el interés nacional fueron sujetas a una importante regulación estatal, con gran parte de la producción controlada por empresas estatales a las que, sin embargo, se les permitió cierto grado de competencia entre ellas.

En otras palabras, el gobierno permitió la inversión extranjera directa a gran escala para que las empresas locales accedieran y difundieran la tecnología extranjera en una amplia gama de industrias, manteniendo el control exclusivo y enfocando los recursos estatales en aquellas industrias consideradas vitales para el desarrollo integral de la economía.

Dado el retroceso masivo del estado en grandes sectores de la economía, resulta justificado describir la economía política de China como "neoliberal con características chinas", como lo hace el economista marxista David Harvey. Pero tal vez, se describe mejor como una economía de mercado con islas estratégicas de producción controlada por el estado y con una amplia vigilancia macroeconómica ejercida por el estado central.

En cualquier caso, el modelo actual está muy lejos de la gestión centralizada de la economía del estado socialista anterior a 1978.


Producción orientada a la exportación con represión financiera

Si bien la mayor parte de la producción nacional se había dirigido hasta entonces al mercado local, el impulso estratégico de la economía china posterior a la liberalización fue la rápida industrialización a través de la producción para la exportación, hecho que creó la imagen de China como "el fabricante del mundo".

Las exportaciones chinas llegaron a su apogeo en la primera década de este siglo cuando representaban un 35 por ciento del producto interno bruto, una cifra que triplicó la de Japón. Así, China se convirtió, como dice Hung, en el "centro de una red de producción global que comienza con estudios de diseño en los Estados Unidos y Europa; sigue a través de productores de componentes especializados y materias primas en el este y sudeste de Asia; y termina en China, donde los diseños, materiales y componentes se unen en productos terminados que luego se envían a todo el mundo". En esta división del trabajo centrada en China, Filipinas se integró como productor de alimentos, una fuente de materias primas y un proveedor de componentes industriales como chips para ordenadores.

Convertir la producción orientada a la exportación en la vanguardia de la economía significó restringir el crecimiento del consumo interno, un hecho que fue representado por una política de represión financiera, es decir, el tipo de interés sobre los ahorros de los consumidores se mantuvo deliberadamente bajo para así mantener un tipo de interés también bajo para los préstamos a empresas estatales y empresas privadas dedicadas a la producción para exportación. De 2004 a 2013, el tipo de interés real en promedio fue del 0,3 por ciento, una cifra extremadamente baja.

Un tercer ingrediente clave para la fabricación orientada a la exportación fue una política de mantenimiento del valor del yuan por debajo del dólar. De 1979 a 1994, a medida que China se alejaba de su antiguo modelo de sustitución de importaciones de la era Mao y adoptaba un modelo orientado a la exportación que requería un yuan subvaluado para que las exportaciones de China fueran competitivas en los mercados globales, el yuan se depreció constantemente frente al dólar, de 1,5 a 8,7. Ya en 1994, el yuan se devaluó un 33 por ciento en relación con el dólar, seguido de una fijación de 8,3 yuanes por dólar en los siguientes nueve años, lo que impulsó en gran medida la competitividad de los productos chinos en los mercados mundiales.

En su guerra comercial con China, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, calificó a China de ser un "manipulador de divisas", manteniendo bajo -de forma supuestamente deliberada- el valor del yuan para inundar a los Estados Unidos con sus exportaciones. Sin embargo, la mayoría de los economistas dicen que China ha permitido que las fuerzas del mercado determinen en gran medida el valor del yuan desde hace más de una década.

El cuarto ingrediente en el modelo orientado a la exportación, su "combustible indispensable", según Hung, fue la "mano de obra barata llegada desde el campo a partir de mediados de la década de 1990". Si bien hubo una "ganancia demográfica" en forma de un excedente laboral importante en la China rural que permitió al país aprovechar la mano de obra de bajo salario durante más tiempo que otras economías asiáticas, esta última también fue el resultado de políticas gubernamentales que -en contraste con la década de 1980- canalizaron recursos de las áreas rurales a las áreas urbanas, generando un éxodo continuo de la población rural desde la década de 1990.

La combinación de políticas financieras favorables para el sector exportador, una moneda infravalorada y mano de obra con bajos salarios fue una fórmula que desencadenó una avalancha de productos chinos a bajo precio en el mundo. Esta avalancha resultó ser profundamente desestabilizadora no solo para los sectores industriales de las economías del Norte global, sino también para aquellos países del Sur global, como México y Brasil, cuyos trabajadores tenían niveles salariales más altos.

En estos países, China no solo fue una fuente de importaciones, sino también una causa de desindustrialización, ya que algunas corporaciones trasladaron sus instalaciones industriales -intensivas en el uso de mano de obra- al sureste de China y otras simplemente subcontrataron la fabricación de sus productos a empresas chinas que usan mano de obra barata. No es sorprendente que el resentimiento de la clase trabajadora se haya acumulado en lugares como el llamado "cinturón de óxido" de los EE. UU,[2] donde Trump pudo cosechar gran cantidad de votos con su retórica contra China en su camino a la presidencia en 2016.


Autoritarismo descentralizado

Pese a la imagen popular del desarrollo de China como producto de la dirección centralizada, una de sus características clave ha sido su carácter descentralizado.

La descentralización ha sido pues, uno de los ingredientes clave de la fórmula del crecimiento de China, que data de la década de 1990. La descentralización fue un estímulo para la intensa competencia entre las localidades ya que Beijing, según un informe, "comenzó a evaluar a los funcionarios locales por la rapidez con que la economía creció bajo su supervisión" y, a su vez, "compitieron entre sí para atraer a las empresas, ofreciéndoles tierra barata, exenciones de impuestos y mano de obra barata".

Descrita esencialmente como la conversión de la burocracia estatal en una "gran empresa", la descentralización buscó romper con la economía planificada y obligar a las autoridades locales a "apropiarse" del proceso de reforma, dándoles la responsabilidad de aportar los recursos para la inversión y permitiéndoles cosechar las recompensas de la acumulación exitosa de capital.

Por lo tanto, las autoridades provinciales y locales han tenido un gran poder en la interpretación e implementación de las directivas estratégicas de Beijing. La autoridad económica del gobierno central se ha debilitado deliberadamente, su papel se ha transformado en el de un "jugador indirecto" centrado en la gestión del contexto macroeconómico, como los tipos de interés, los tipos de cambio y la política preferencial hacia ciertas regiones y sectores. De hecho, China ha sido descrita como el "país más descentralizado de la tierra", con una proporción de ingresos del gobierno local que es más del doble que la de los países desarrollados, y también mucho mayor que la habitual en los países en desarrollo.

Sin embargo, es importante señalar que el control de la autoridad local y su dominio de los recursos en el proceso de acumulación y desarrollo de capital se dieron principalmente en aquellos sectores no estratégicos de la economía.  Algunas empresas estatales son importantes agentes del control central en todas las provincias donde se desarrollan los sectores estratégicos o clave, como la energía, las industrias pesadas, los ferrocarriles y las telecomunicaciones, que son controlados directamente por Beijing, aunque ellos mismos disfrutan de una gran autonomía. Pese a ello, la mayoría de las 150,000 empresas estatales del país, y dos tercios de todos los activos de empresas estatales, están controladas por los gobiernos provinciales y locales, no por Beijing.

La relación entre la autoridad local y el centro ha oscilado entre la descentralización y la recentralización a lo largo de los años, con la última fase de recentralización -aunque limitada- que tiene lugar actualmente bajo el liderazgo de Xi Jinping.

En la mayoría de los otros países, el grado de descentralización probablemente habría llevado a un debilitamiento permanente del centro. Sin embargo, China tiene una ventaja sobre otros países que hace que el sistema funcione y no se disgregue. Esa ventaja es la estructura del Partido Comunista, que es paralela a la estructura del estado en todos los niveles y en todas las regiones. Si bien se permiten conflictos internos entre facciones en un grado significativo, la estructura del partido y su disciplina concomitante es lo que hace posible la paradoja del "autoritarismo descentralizado".

La liberalización y la privatización junto con la intervención estratégica en industrias clave, la industrialización liderada por las exportaciones, la administración de divisas por parte del estado y el autoritarismo descentralizado: estos fueron los ingredientes del llamado milagro chino. También fueron responsables de generar los problemas que ahora enfrenta la economía, un tema que abordaremos en la próxima entrega de esta serie.

Por Walden Bello 

politólogo filipino que trabaja como director ejecutivo de Focus on the Global South, profesor de Sociología y Administración Pública en la Universidad de Filipinas y es investigador asociado del Transnational Institute.

 

[1] Nota del T.: El autor se refiere a lo largo del artículo a la pobreza en términos absolutos, no relativos.

[2] Nota del T.: El término Cinturón de Óxido (Rust Belt en inglés) hace referencia a una región de Estados Unidos que engloba principalmente estados del nordeste del país cuya principal actividad económica está vinculada a la industria pesada y las manufacturas.

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El Gobierno de México sube por segunda vez en menos de un año el salario mínimo

La medida supone el mayor incremento a las compensaciones en más de 40 años en un entorno económico marcado por la parálisis en el primer año de López Obrador

El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha vuelto a dar un importante impulso al salario mínimo. Este lunes se ha anunciado un incremento del 20% a las compensaciones que entrará en vigor en 2020. Se trata del segundo anuncio de subida que hace el Ejecutivo del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en menos de un año. A finales de 2018, el presidente anunció, poco después de asumir el cargo, un incremento del 16%. Unos 3.44 millones de trabajadores mexicanos se verán beneficiados por lo que es el mayor incremento al mínimo en más de 40 años.

Con el aumento, el salario mínimo pasará de 102.68 pesos a 123.22 pesos diarios, unos 6.5 dólares. El incremento es menos pronunciado, del 5%, en la frontera, donde el monto subirá de 176.72 pesos diarios a 185.56 (9.7 dólares). La zona fronteriza ya había visto subir al doble el mínimo en cuanto López Obrador asumió la presidencia, en diciembre de 2018. “Es una buena noticia, lo cierto es que no pensaba que se iba a lograr esto en un año de Gobierno”, admitió en Palacio Nacional el mandatario tras anunciarse el acuerdo entre los trabajadores y la patronal.

La actualización que el Gobierno del Morena hace del salario mínimo es el más importante en 44 años. La secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, dijo este viernes que la muy esperada subida de diciembre pasado no impactó las variables macros que muchos vaticinaban. “En lo que va de 2019 la inflación no solo no se ha disparado, sino que ha sido de las más bajas en los últimos cuatro años”, presumió la ministra. El aumento del mínimo tampoco tuvo efecto sobre la creación formal de empleos, pues se han generado 724.000 puestos de trabajo formales. Muchos de ellos, no obstante, dependen de los programas de apoyos y becas creados desde la secretaría de Trabajo, como Jóvenes construyendo el futuro.

La patronal también estuvo presente en el anuncio de la medida. “Tenemos un sentido de consenso. Es a través del salario donde demostramos claramente nuestra responsabilidad social”, dijo Carlos Lomelí Salazar, del Consejo Coordinador Empresarial. El empresario se comprometió, a nombre de las organizaciones reunidas, a que las familias reciban un salario de al menos 6.500 pesos mensuales (343 dólares). Esta cantidad representaría el piso de la línea mínima de bienestar dibujada por el Coneval, la institución que mide la pobreza en México. Salazar calcula que dos millones de familias están por llegar a esa marca próximamente. En México hay 52.4 millones de pobres, según cifras oficiales.

La medida pretende poner freno a una precipitada caída, superior al 70%, del poder adquisitivo. López Obrador ha reconocido que eso tardará aún. “Va a llevar tiempo, siendo realistas, porque esto no se resuelve por decreto”, añadió el presidente.

El anuncio es una buena noticia en un entorno económico marcado por la parálisis en el primer año de la Administración de López Obrador. El Banco de México, recientemente, modificó a la baja la cifra de crecimiento para 2019 y lo ubicó en un rango que va de 0,2% hasta territorio negativo. El Gobierno se ha mostrado optimista con la idea de que el nuevo tratado comercial para América del Norte, el T-MEC, y un ambicioso plan de infraestructura sean los motores para sacar la economía mexicana del atolladero.

Por LUIS PABLO BEAUREGARD

México 16 DIC 2019 - 23:33 COT

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