Miércoles, 17 Abril 2019 06:49

Boeing: las alas de la codicia

Boeing: las alas de la codicia

El vuelo 302 de Ethiopian Airlines se estrelló pocos minutos después de despegar de Addis Abeba el 10 de marzo pasado, llevando a la muerte a 157 personas. El avión era un Boeing 737 Max. Cinco meses antes, el vuelo 610 de Lion Air, con el mismo tipo de aeronave, se desplomó después de despegar de Jakarta, provocando la muerte de 189 pasajeros y tripulantes.

Estos accidentes alertaron a las autoridades de muchos países y a los ejecutivos de Boeing. Algo debía estar mal con el avión 737 Max. Mientras la Unión Europea cerraba su espacio aéreo a este tipo de aviones, la Agencia Federal de Aviación (FAA) estadunidense se resistía. El CEO de Boeing, Dennis Muillenburg, llamó a Trump para insistir en que el 737 Max era un avión seguro y que sería un error impedir que continuara volando. Pero la presión internacional se intensificó, y el 13 de marzo la FAA no tuvo más remedio y decretó que toda la flota de 737 Max debía quedarse en tierra.

La semana pasada los ejecutivos de Boeing admitieron que ciertos problemas del sistema de control aerodinámico habían sido la causa del accidente. Esto abre las puertas a un tsunami de demandas no sólo de los familiares de pasajeros, sino de docenas de líneas de aviación que compraron esos aparatos y que ahora no pueden utilizarlos. Las cancelaciones de pedidos del 737 Max suman ya más de 456, y las pérdidas en el valor de mercado de las acciones de Boeing superan 4 mil millones de dólares. La compañía se encuentra en una situación comprometida.

Poco después de que Boeing reconociera que los sistemas electrónicos de control automático pudieran estar relacionados con el accidente, otras revelaciones mostraron que el problema era más profundo y se encuentra conectado con la feroz competencia con su rival Airbus por el control del mercado mundial de aviones. A final de cuentas, la causa de los accidentes se encuentra en la irresponsabilidad y codicia de ingenieros y ejecutivos de Boeing.

En 2010 la empresa europea Airbus dio a conocer planes para dotar a su familia de aviones A320 de un nuevo motor, más grande y eficiente en el consumo de combustible. La plataforma A320 había sido un éxito comercial y le había quitado una importante parcela de mercado a Boeing. El nuevo A320neo era una grave amenaza para Boeing. Sus dirigentes tuvieron que escoger entre diseñar una nueva familia de aviones o adaptar la estructura de los 737 para la nueva batalla.

El diseñar y lanzar una nueva familia de aviones es extraordinariamente costoso para una compañía de aviones y puede comprometer a toda la empresa. Así que Boeing prefirió dotar sus 737 de nuevos motores que pudieran rivalizar con los del A320neo.

Sólo que hay una diferencia esencial entre el Airbus A320 y el Boeing 737. El primero es más alto y permite instalar los nuevos motores sin problema. En cambio, el 737 es más bajo y por esa razón no podía acomodar los nuevos motores de mayor diámetro bajo sus alas. En 2010 la compañía estuvo a punto de cancelar esa estrategia, comenzar a diseñar una nueva familia de aviones y dejar que Airbus se quedara con una mayor parcela del mercado durante algunos años. Pero en 2011 los ingenieros de Boeing anunciaron que el problema de la baja altura del 737 se había resuelto, cambiando la posición de los motores sobre los montantes en las alas y elevándolos para alejarlos del suelo.

Pero el cambio en la posición de los motores cambió el comportamiento aerodinámico del 737. Al acelerar, el avión tiende a elevar la nariz por arriba del nivel de seguridad, y si eso no se corrige el aparato pierde velocidad y sustentación. Para corregir ese defecto, Boeing instaló un sistema electrónico MCAS, que automáticamente baja la nariz del avión. Este nuevo sistema casi ni se menciona en los manuales de operación, porque Boeing quería vender el 737 Max como un aparato esencialmente idéntico a los anteriores de la misma familia, lo que permitiría reducir el costo de entrenamiento para los pilotos.

Pero muchos pilotos estadunidenses se quejaron de que el avión mostraba una peligrosa tendencia a inclinar la nariz hacia abajo. Otros se quejaron de que no habían recibido información sobre el sistema MCAS, y que nadie les había indicado cómo desactivarlo.

La FAA debió comprobar que el cambio en la posición de los motores del 737 Max no comprometía la seguridad del avión. Pero en años recientes la FAA ha sufrido tantos recortes presupuestales que tuvo que delegar a Boeing la tarea de certificar la seguridad de sus propios aparatos. Este síndrome de la autocertificación es el mismo que se promueve en el sistema financiero y la industria farmacéutica. Boeing pudo vender sus aviones 737 Max al amparo de este sistema.

Los pedidos del 737 Max pasaron de 150 en 2011 a 914 en 2012, mientras los del nuevo A320 se desplomaron. Pero hoy los accidentes de Lion Air, en Indonesia, y de Ethiopian Airlines han llevado a Boeing al borde de la quiebra, con miles de aviones 737 impedidos de volar y demandas de compañías de aviación por pérdidas astronómicas. Las alas de Boeing se derriten al calor de la codicia.

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¿Derrumbó el mandarín la "muralla Maginot" comercial de la Unión Europea?

Trump se salva de un impeachment, donde el reporte Mueller puso en ridículo a los delirantes rusófobos de EU y México controlados por el megaespeculador George Soros, mientras el mandarín Xi descuelga resultados exitosos en su periplo a Italia/Mónaco/Francia para la conectividad euroasiática que constituye veneno puro para la añeja geoestrategia disruptiva basada en los conceptos anacrónicos de Halford McKinder y Zbigniew Brzezinski.

Después de la Primera Guerra Mundial, los militares franceses edificaron la "línea Maginot (400 kms de largo y 19 fortificaciones)" en su frontera con Alemania hasta Italia con la finalidad de impedir la invasión nazi, lo cual resultó en un soberano fracaso.

No faltaron ahora en Europa vetustos teóricos de la "línea Maginot" para edificar su "muralla Maginot" comercial, con el propósito de frenar el avance irresistible de las tres Rutas de la Seda (https://bit.ly/2CuUAqX). Lo que de-nominó "muralla Maginot" fue derrumbada con un cañonazo de € 60 mil millones del mandarín Xi, primordialmente para comprar una flotilla de 300 (sic) aviones Airbus (sumados a otros 10 de largo alcance), en detrimento de los averiados y accidentados aviones Boeing 737 Mex, como había adelantado (https://bit.ly/2unQnkr).

Shi Jiangtao de SCMP asienta que “Europa derrumbó en París sus barreras ante Xi(https://bit.ly/2Ug6cbb)”, pese a "presiones de EU" y a la incorporación de Italia al máximo proyecto de infraestructura del siglo 21: las tres Rutas de la Seda.

En forma inesperada e inédita, el presidente galo Macron, la canciller alemana Ángela Merkel y el líder de la Comisión Europea Jean Claude Juncker alabaron la iniciativa de infraestructura china y exhortaron al "establecimiento de una definición común para un nuevo (sic) orden internacional" con el fin de lidiar con los "desafíos del multilateralismo", en claro rechazo al proteccionismo unilateral de Trump.

La canciller Merkel admitió que el proyecto chino es "importante" y afirmó que los "europeos desean jugar una parte activa que deba llevar a cierta reciprocidad". La incrustación de Italia a la Ruta de la Seda china "entristeció" al fundamentalista cristiano Mike Pompeo, secretario de Estado nada exitoso (https://bit.ly/2FC5yf0), mientras Merkel comentó que "no tenía nada que criticar".

Se empieza a dibujar el mapa de la “encrucijada de puertos ( hub ports)” en el mar Mediterráneo como terminales de las tres Rutas de la Seda: 2 en Israel (lo cual no entristece a Pompeo (https://bit.ly/2RdRAUY); el Pireo(Grecia); 4 en Italia (Génova, Trieste, Ravena y Palermo); Mónaco y quizá Niza, sin contar Duisburgo y Hamburgo en Alemania.

La conectividad con Mónaco es también turística y cibernética mediante su incorporación este año al 5G de Huawei que, pese a la guerra comercial de Trump, obtuvo 25 por ciento más de suculentas ganancias con sus celulares(https://bloom.bg/2FIfjIn).

En forma cautelosa Merkel no desea, ni le conviene, romper los puentes geoeconómicos con Trump y pretende mantener un acrobático equilibrio simultáneo con EU y China que depende ya de muchas variables, cuando los tres gigantes geoeconómicos representan 67.3 por ciento del PIB global. Como ilustran los juegos matemáticos de Von Neumann, las partidas entre tres jugadores suelen ser muy inestables.

Sonaba anómala la rivalidad geoeconómica de la Unión Europea a las tres Rutas de la Seda de China cuando Alemania encabeza la participación "no-regional" en el AIIB(https://bit.ly/2TGi1Dj) con 4.2 por ciento, seguida por Francia 3.2 por ciento(https://bit.ly/2JkwNL6). Llama la atención la participación de Canadá con 0.5 por ciento, donde obvio no aparecen EU ni México como miembros del T-MEC. Entre los "miembros regionales", China ostenta 26.7 por ciento y Rusia viene en segundo lugar con 6.05 por ciento.

Falta ver cuál será el revire vengativo de Trump contra las importaciones automotrices alemanas. De dos cosas una: o los europeos le tenían guardada una sorpresa desagradable a Trump o este apretó demasiado las tuercas para orillarlos a refugiarse con China, bajo la protección del paraguas militar hipersónico de Rusia. O las dos.

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El mandarín Xi seduce a Italia y resucita a Marco Polo

Estados Unidos (EU) se desgarra con el resultado de la investigación del fiscal especial Robert Mueller, mientras China se insinúa triplemente en Italia, en el principado de Mónaco (Ciudad-Estado a carta cabal y paraíso fiscal estratégico) y Francia.

Ocho siglos después al descubrimiento de la entonces encapsulada civilización china por el veneciano Marco Polo, ahora el mandarín Xi conecta con Europa a sus "Tres Rutas de la Seda" –terrestre, marítima y del Ártico (https://bit.ly/2CuUAqX)– primordialmente con Italia, pese a la hostilidad de EU y la Unión Europea(UE).

Se dice fácil, pero Italia, miembro del cada vez más agónico G-7 y la disfuncional OTAN, es el primer país europeo a vincularse con el supremo proyecto geoeconómico de infraestructura del siglo XXI que cuenta con el apoyo militar geoestratégico de Rusia.

Según Global Times, la audaz conectividad de Italia con las rutas de la seda del siglo XXI constituye "una ruta pragmática para estimular su economía" (https://bit.ly/2YkmFdY).

El portal chino comenta que la economía de Italia no se ha recuperado de la crisis financiera de 2008 ni de la crisis europea de la deuda, por lo que acoge con agrado las inversiones de China que básicamente busca “puertos de encrucijada ( hub ports)” en Europa para recibir "contenedores de larga escala", como es el caso del puerto de Pireo (Grecia), adquirida por Cosco de China.

Israel, con el primer Netanyahu, principal aliado de Trump en el mundo, ya cedió dos de sus tres principales puertos a China (https://bit.ly/2RdRAUY), mientras Pekín coloca su mira en los puertos italianos de Génova y Trieste.

En China están conscientes del endurecimiento de la postura de la UE que tilda a Pekín de "competidor económico en búsqueda del liderazgo tecnológico y un rival sistémico (sic) que promueve modelos alternativos de gobernanza". ¿Cuál es el problema de que exista la multipolaridad de corte ecuménico plural sin apartheid tecnológico?

Le Monde, muy cercano a la cancillería francesa, informa que los gobiernos italiano y chino firmaron un protocolo de acuerdo "no vinculante" de 29 contratos –de 2 mil 500 millones de euros a un potencial de 20 mil millonesde euros– para el "ingreso de Italia en las nuevas rutas de la seda", pese a "las inquietudes de Bruselas y Washington".

Los principales contratos son descolgados por Ansaldo (turbinas) y el Grupo Danieli que participara con mil 100 millones de euros a la construcción de una siderúrgica en Azerbaiyán– que, a mi juicio, conecta las rutas de la seda con la Unión Económica Euroasiática del zar Vlady Putin (https://bit.ly/2HINfbF).

Hoy Alemania ostenta siete veces más exportaciones que las de Italia a China que apenas llegan a 13 mil millones de euros cuando existe mucha duplicidad europea, quizá para aplacar la ira trumpiana, en referencia a los intercambios de Alemania y Francia con China: el comercio bilateral de Pekín y París ha alcanzado niveles récord cuando las exportaciones francesas agrícolas, farmacéuticas y de cosméticos crecen en forma exponencial (https://bit.ly/2U4GRBe).

Después de la visita un tanto cuanto inesperada del mandarín Xi a Mónaco, acudirá a Francia, donde participará en "una reunión inédita con el presidente Emmanuel Macron, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker", según Le Monde, que afirma el escepticismo de Macron sobre el acuerdo entre China e Italia y la "acción europea uniforme de Merkel frente a Pekín" (https://lemde.fr/2Wk1TcA).

Asia Times vaticina que el mandarín Xi descolgará "magnos acuerdos con el presidente galo Macron", donde pesará la sombra de la debacle de Boeing que aprovechará la aeronáutica europea de Airbus (https://bit.ly/2USzav3).

¿Se adelanta Italia a la virtual balcanización de la UE, que empiezan a enunciar los medios alemanes (https://bit.ly/2CCjaWK), o a la inevitabilidad del Zeitgeist (espíritu del tiempo) del siglo XXI con la predominancia de la "asociación estratégica" de China (superpotencia geoeconómica) y Rusia (superpotencia "hipersónica" militar)?

¿El mar Mediterráneo convertido en mare sinicum?

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El encuentro entre Jair Bolsonaro y Donald Trump. ¿El inicio de una nueva época?

La reunión entre Donald Trump y Jair Bolsonaro el pasado martes representa un hito de la actual ola conservadora que vive la región y el mundo. Si bien lo acordado debe ponerse en standby, a la vista de los antecedentes de Trump con Emmanuel Macron y Kim Jong-un, lo más importante de la cumbre presidencial es la sombra proyectada sobre los procesos que viven Latinoamérica y el mundo. En tal sentido, el presente análisis intenta ir más allá del aspecto coyuntural, para entender el significado global del encuentro.


EL ABANDONO DEL AUTONOMISMO.


En primer lugar, la visita de Bolsonaro a Estados Unidos dejó en claro la intención deliberada de abandonar las pretensiones autonomistas del Estado brasileño. La autonomía internacional es un objetivo más o menos sostenido de la política exterior de Brasil desde la época de Vargas, apenas relegado en la primera década de la dictadura y puesto en primer plano por los gobiernos del Partido de los Trabajadores.
Este cambio fue explicitado por Bolsonaro en sus primeras declaraciones al llegar a Estados Unidos, cuando afirmó que, “por primera vez en mucho tiempo, un presidente brasileño que no es antiamericano llega a Washington”. A nivel bilateral, el abandono de la búsqueda de autonomía y la aceptación orgullosa de una posición subordinada a Estados Unidos se evidencia en algunos gestos previos al encuentro presidencial: la exención no recíproca de la necesidad de la visa para los ciudadanos estadounidenses y sus principales socios globales (Australia, Canadá y Japón); la habilitación concedida a Estados Unidos para usar la Base de Lanzamientos Aeroespaciales de Alcántara; el “ofrecimento” de Bolsonaro al secretario de Estado Mike Pompeo de instalar una base militar estadounidense en Brasil (rápidamente retractado a intervención expresa de los militares brasileños) y la inédita visita del mandatario a la sede de la Cia, agencia que venía de espiar mediante escuchas telefónicas a la predecesora de Bolsonaro Dilma Rousseff.


A nivel regional, esto es simbolizado por la decisión de que la primera visita oficial del recién asumido presidente no sea a Argentina, como hicieron todos los predecesores de Bolsonaro en la sexta República. A ello se agrega que los siguientes destinos sean Chile e Israel: el primero, uno de los principales socios estables de Estados Unidos en Sudamérica y principal resistencia a las iniciativas regionalistas desde la década del 80; el segundo, el principal socio en los embates unilaterales estadounidenses al orden multilateral.


A nivel del sistema internacional, esta tendencia a relegar el objetivo autonomista se refleja en la solicitud brasileña de adherir a la Otan y a la Ocde. El argumento es reforzado al considerar la condición impuesta para proceder a solicitar el ingreso a la segunda: la renuncia unilateral de Brasil al estatuto de país en desarrollo en la Omc, que le permitía acceder a un “tratamiento especial y diferenciado” en los acuerdos comerciales suscritos bajo el paraguas del organismo multilateral.


Se relega así la disputa instaurada por los cepalinos y planteada con ahínco por Brasil en los últimos años sobre la relación entre el desarrollo y el subdesarrollo ligada a la dinámica centro-periferia. En términos gramscianos, con esta decisión Brasil cede varios lugares en la guerra de posiciones en torno a la cuestión del desarrollo. Para ejemplificar el punto, pensemos que el estatus de país en desarrollo era esgrimido por el país sudamericano para defender la producción masiva de medicamentos genéricos sin el pago de patentes, lo que le granjeó importantes triunfos en disputas comerciales.


También a nivel sistémico, la solicitud de ingresar a la Otan y a la Ocde refuerza el alejamiento de Brasil de la alianza con China. En fin, habrá tiempo hasta la próxima cumbre de los Brics, que se realizará en noviembre en Brasil para valorar las reales consecuencias, pero la solicitud no debe de haber caído bien a sus socios en el bloque de potencias emergentes.


REALINEAMIENTO CONTINETAL.


En segundo lugar, la visita dejó clara la intención de Bolsonaro de retornar al histórico rol brasileño como garante del orden panamericano y del alineamiento de los países del continente en la hegemonía estadounidense.


El encuentro entre Trump y Bolsonaro es un reencuentro entre el líder hemisférico y su follower predilecto en Latinoamérica. Se ratifica así el alcance hemisférico de la ola conservadora, que renueva la sentencia contra los países díscolos, como Cuba, Nicaragua y Venezuela. Al respecto, el encuentro previo de Bolsonaro con el secretario general de la Oea, Luis Almagro, con quien abordó las situaciones cubana y venezolana, ya dio la pauta sobre las reminiscencias panamericanistas de la visita. Luego, en la cumbre presidencial, el tema de Venezuela fue uno de los puntos centrales. Si bien Bolsonaro evitó decir públicamente qué posición asumiría en caso de una intervención militar liderada por Estados Unidos, claramente evitó rechazar esa opción y dijo que contaba con Estados Unidos para “liberar al pueblo venezolano”. De todos modos, más chocantes fueron las palabras de Trump al afirmar que “llegó la hora final del socialismo en nuestro hemisferio”, con la explícita voluntad de volver a azuzar el anticomunismo para realinear a los países del continente.


TIEMPOS OSCUROS.


Tal vez, lo más novedoso del encuentro fue observar cómo el entendimiento entre Trump y Bolsonaro nos deja frente a una renovada comunión de tinte oscurantista, basada en el fanatismo religioso, el belicismo y el predominio de lo personal y familiar por sobre lo institucional. El cierre de Bolsonaro en la conferencia de prensa conjunta lo dejó claro al repasar los elementos de afinidad con el presidente estadounidense: “Respetamos la familia tradicional, somos temerosos de Dios, contra la ideología de género, de lo políticamente correcto y de las fake news”. Por supuesto que no hay en este discurso posicionamientos que no conozcamos de ambos líderes. Pero lo que asusta es cómo estos elementos comienzan a proyectarse en la política internacional.


En relación con la religión, es fundamental dimensionar el rol que puede tener la oleada evangélica que sufre América Latina (y también el África subsahariana) en la política internacional. Ya lo vimos en el marco del referéndum sobre el acuerdo de paz en Colombia. Este elemento está también detrás del acercamiento de Bolsonaro con Israel.


Por último, es ilustrativo el rol que tuvo en toda la visita el diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente brasileño, quien suplió al canciller y para quien Trump pidió un aplauso en medio de la conferencia de prensa. Recordemos que algo similar ha hecho el mandatario estadounidense con su yerno, quien se encarga de los vínculos con México e Israel. Si preocupa el creciente peso que la religiosidad y el belicismo tienen en la nueva dinámica de las relaciones interamericanas, más lo hace la posibilidad de ver la proyección internacional del séquito familiar como forma premoderna de la política.

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Airbus y Boeing: política industrial y mercado

La industria aeronáutica está pasando por un mal momento. Los dos gigantes que controlan el mercado mundial de aviones de pasajeros, Boeing y Airbus, enfrentan dificultades financieras, económicas y tecnológicas. Boeing acaba de recibir un duro golpe, pues dos accidentes de aviación en menos de cinco meses involucraron su modelo B 737 Max 8. Eso condujo a todos los países en los que operan aerolíneas con estas naves a suspender los vuelos con esos aparatos y a mantenerlos en tierra mientras se terminan las investigaciones sobre las causas de esos percances.

El impacto sobre el valor de las acciones de Boeing no se hizo esperar, con una caída superior a 14 por cientoen unas cuantas horas, lo que representó una pérdida de 33 mil millones de dólares. La serie 737 Max ha sido ya durante varios años el producto principal de Boeing en el mercado y se han vendido más de 15 mil aparatos de esta serie, aunque sólo se han entregado 10 mil 444. Del modelo Max, que es el más moderno y ahora se descubre que está plagado de problemas en los sistemas de control automático del estabilizador horizontal, se han vendido 5 mil 05 y se han entregado 375. El precio promedio de un avión serie Max es de unos 120 millones de dólares. Un colapso en los pedidos futuros del 737 Max sería un fuerte descalabro para la empresa.

En tanto, Airbus, el archicompetidor de Boeing, ha experimentado su propia serie de problemas. En 1990 anunció el lanzamiento de un programa para construir un avión de pasajeros jumbo capaz de destronar al clásico 747 de Boeing en el mercado de aviones de gran capacidad. El nuevo Airbus 380 comenzó a producirse en 2000 y para 2005 se realizó el primer vuelo del avión con dos pisos y capacidad para 550 pasajeros (bajo ciertas configuraciones el A380 puede transportar 650 pasajeros). El costo total del programa alcanzó la cifra de 10 mil millones de euros: los gobiernos de Francia, Alemania y Reino Unido dieron créditos a Airbus por más de 6 mil millones de euros.

El costo de desarrollar una nueva familia de aviones es tan elevado que una compañía como Airbus se estaba jugando el pescuezo en este proyecto. Al principio el ritmo de ventas parecía anunciar el éxito del proyecto, pero muy rápido los costos de operación se fueron revelando demasiado altos para las aerolíneas y los nuevos pedidos se fueron haciendo cada vez más difíciles de conseguir. Sólo la fidelidad de una compañía, Emirates, permitió mantener el proyecto de la familia del A380 sobre la línea de flotación. La estrategia de esa aerolínea ha estado basada en los súper-jumbo de Airbus para dominar el mercado de vuelos intercontinentales.

Pero el problema del Airbus A380 no está solamente en los costos de operación. También comenzó a revelarse que era difícil llenar los asientos de este avión, lo que agravó el perfil de rendimiento. En síntesis, los pronósticos sobre flujo de pasajeros fueron desmentidos por la realidad y las compañías de aviación prefirieron comprar aviones más pequeños y de mejor rendimiento. El 14 de febrero el conglomerado Airbus anunció el final de la producción del súper-jumbo y varias compañías (incluyendo Air France) han incluso comenzado a deshacerse de los aparatos que operan.

Es posible que los problemas técnicos del 737Max 8 sean resueltos en poco tiempo por los ingenieros de Boeing en su planta maestra en Seattle. De hecho, la compañía ya anunció que los sistemas de pilotaje automático serán remplazados por completo. Y también es probable que el costo de retirar al enorme A380 del mercado pueda ser superado por Airbus. Pero es importante tomar en cuenta algunas lecciones que se derivan de la dinámica de este duopolio. La realidad es que sin los subsidios que han recibido ambos consorcios ninguno de ellos hubiera podido desarrollarse. El año pasado la Organización Mundial de Comercio (OMC) anunció el fallo de un panel de controversias en el que Airbus fue encontrado culpable de recibir subsidios que la OMC había prohibido en 2016 por parte de varios gobiernos de la Unión Europea.

Boeing clamó victoria, pero la verdad es que todavía falta la decisión de un panel en otra demanda contra el consorcio estadunidense que recibe astronómicos subsidios por parte del Departamento de Defensa. Desde hace décadas Boeing ha recibido un subsidio a través del apoyo del Pentágono para su línea de aviones cisterna de aplicación militar (el KC35 y el más moderno KC46). La plataforma para estos aviones tanque y los componentes que comparten con los demás aparatos de Boeing permiten al consorcio beneficiarse del apoyo que reciben sus aviones de uso militar.

Si Boeing y Airbus se disputan hoy la hegemonía del mercado mundial eso se debe a una decidida y clara política industrial, no a las veleidades de la mano invisible del mercado. Sin los subsidios y apoyos estatales que ambos consorcios han recibido simplemente no hubieran podido ajustarse a un mercado tan errático.

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Trump y Bolsonaro exhiben su alianza populista y azuzan el miedo al socialismo

Los presidentes de EE UU y Brasil cierran acuerdos en materia de defensa y aparcan sus diferencias sobre una posible intervención militar en Venezuela

Donald Trump y Jair Bolsonaro abrieron este martes en Washington una nueva etapa en las relaciones entre Estados Unidos y Brasil, y exhibieron su alianza populista ante lo que han acordado identificar como un riesgo inminente al hilo de la crisis venezolana: el socialismo. El presidente norteamericano recibió en la Casa Blanca a quien desde que ganó las elecciones se le bautizó como “el Trump del Trópico”, por su discurso crispado y de corte nacionalista con el que llegó al poder. Trump mostró su apoyo en la entrada del país en la OCDE, el club de las economías más fuertes del mundo, e incluso en un posible ingreso en la OTAN. Pero más que de resultados concretos, la cita supuso para Brasilia un baño de ideología en el país más poderoso del planeta.


Nada más verse en el Despacho Oval, los líderes de los dos países más poblados de América echaron mano de esa socorrida y popular diplomacia que es el fútbol. Bolsonaro regaló a Trump una camiseta de la selección brasileña con el número del héroe nacional Pelé y el estadounidense hizo entregando a su homónimo una de Estados Unidos. Ambos juegan en el mismo equipo en más de un sentido —el discurso de corte nacionalista y populista o su uso incendiario de las redes sociales—, aunque gobiernen situaciones políticas y económicas muy dispares. Para Bolsonaro, Trump es mucho más que el líder de la primera potencia del mundo, es el modelo en el que se inspiró para ganar contra pronóstico y en el que se inspira a diario con un discurso constante de ellos contra nosotros a costa de ahondar en la polarización. “Respetamos a la familia tradicional, somos temerosos de Dios, en contra de la ideología de género, de lo políticamente correcto y de las fake news” dijo el brasileño en la rueda de prensa posterior a la cita, en los jardines de la Casa Blanca.


Brasilia buscaba el apoyo de Washington para entrar en la OCDE, acuerdos en defensa que permitirían a las empresas brasileñas participar en licitaciones del Pentágono —lo que sería agua de mayo para la aeronaútica Embraer— y comprar material estadounidense a mejores precios. Washington por su parte buscaba que sus empresas puedan utilizar la base espacial militar de Alcántara, en el Estado de Maranhão (noreste), para lanzar satélites comerciales. Hubo consenso en esos aspectos y, en un momento de la rueda de prensa, Trump se sintió tan entusiasmado incluso se comprometió, de forma algo ligera, a espaldar un hipotético ingreso de Brasil en la Alianza Atlántica, algo que para lo que, admitió, habría que “hablar con mucha gente”.


Ambos evitaron abordar los aspectos que les separan en la crisis de Venezuela, uno de los asuntos clave en la relación de estos países. Los dos rechazan a Nicolás Maduro, reconocen a Juan Guaidó como presidente interino del país sudamericano y reclaman la celebración de elecciones. Pero la Casa Blanca insiste hasta la saciedad que la opción de una intervención militar esta sobre la mesa y Brasil no quiere participar en ello. Preguntados por esta posibilidad, Trump recalcó que Washington todavía no ha empezado a aplicar “las sanciones más duras” contra el régimen chavista, dando a entender que todavía queda recorrido hasta hacer uso de la fuerza. Y su homólogo brasileño evitó pronunciarse sobre si permitiría la presencia de tropas estadounidenses en su territorio en ese caso.


Sin embargo, Venezuela sí les sirve a ambos presidentes para azuzar en clave doméstica el miedo al socialismo. “Creo que Trump va a ser reelegido en 2020, creo que la gente repetirá su voto. Es lo mismo que me pasó a mí: ven lo que es el socialismo y ese es el sentimiento”. Trump, por su parte, tuvo dos guiños clave con su invitado. Alabó el “fantástico trabajo de su hijo” Eduardo Bolsonaro, a quien hizo levantarse en la rueda de prensa para recibir un aplauso. El también diputado es la persona que ha acompañado al presidente brasileño en el Despacho Oval en vez de su ministro de Exteriores. Ese también es otro aspecto que une a ambos mandatarios: Trump también recurre a la familia, y ha dado a su yerno, Jared Kushner, un papel preferente en las relaciones con países como Israel o México.


Más allá de los resultados tangibles, sentarse en la Casa Blanca es una bendición para el entorno más antiglobalista y la base más ultraconservadora del Trump del Trópico. “Tenemos una gran alianza con Brasil, mejor que nunca”, concedió el magnate neoyorquino. El viaje oficial selló el inicio de una nueva era en las relaciones entre ambos países tras años de enfriamiento, agudizado a raíz de que, en 2013, tras las filtraciones de Edward Snowden, se conociera que la CIA había estado grabando conversaciones con la entonces presidenta Dilma Rousseff. Pocos ejemplos tan claros de este cambio de tercio como que Bolsonaro visitase el cuartel general de la agencia de inteligencia en Langley (Virginia) y su hijo Eduardo, el diputado, la alabase en su cuenta de Twitter.


"Por primera vez en mucho tiempo, un presidente brasileño que no es antiamericano llega a Washington. Es el comienzo de una alianza por la libertad y la prosperidad", afirmó Bolsonaro el domingo, nada más aterrizar en Washington. Lo que Bolsonaro retrata como el antiamericanismo de Luiz Inácio Lula da Silva y de Dilma Rousseff es la suma de la tradición diplomática de Brasil de no injerencia, que ha mantenido al gigante sudamericano ensimismado, y las alianzas forjadas por el antiguo sindicalista con sus vecinos izquierdistas, que no le impidieron mantener buenas relaciones personales tanto con George Bush hijo como con Bill Clinton.


Si algo demostró el breve romance que el presidente de EE UU mantuvo con su homólogo francés, Emmanuel Macron, de visita oficial en Washington el año pasado, es que la química personal que el inquilino de la Casa Blanca muestre hacia un líder no tiene por qué traducirse en pactos concretos. En aquella ocasión, ambos dirigentes se encontraban en las antípodas ideológicas sobre globalización, cooperación internacional o medioambiente. En este caso, Trump y Bolsonaro sí coinciden en fondo y en formas en muchos terrenos, pero los acuerdos no son fáciles.

Washington / São Paulo 20 MAR 2019 - 02:47 COT

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Bolsonaro realizó una visita sorpresa a la CIA

El gobernante brasileño fue acompañado por Sergio Moro, quien antes anunció un acuerdo con el FBI. EE.UU. podría dar el estatus a Brasil de aliado extra OTAN.

El presidente Jair Bolsonaro alteró su agenda en Estados Unidos para realizar una visita sorpresa a la CIA un día antes de la reunión de hoy con Donald Trump en la Casa Blanca. Alrededor de las 8 horas de Washington su hijo, el diputado Eduardo Bolsonaro, anunció que se modificaba el programa de actividades para priorizar la visita a “una de las agencias de inteligencia más respetadas del mundo”. El mandatario fue en compañía de su ministro de Justicia y Seguridad Pública Sergio Moro, el ex juez de la causa Lava Jato. Previamente Moro anunció un acuerdo para intercambiar informaciones secretas con el FBI.

Bolsonaro y los funcionarios de la CIA al parecer analizaron la situación en Venezuela. La reunión fue “una excelente oportunidad para conversar sobre temas internacionales de la región”, tuiteó el diputado Bolsonaro electo la semana pasada como jefe de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara baja.


El hijo presidencial es el enlace permanente con funcionarios de la Casa Blanca y grupos de interés que van desde el lobby de las armas, los grupos judeo-evangélicos ligados al secretario de Estado Mike Pompeo, hasta el poderoso pool formado por los anticastristas de Florida.


Seguramente Venezuela estará en el temario a ser tratado hoy por Bolsonaro y Trump durante los veinte minutos que tendrán a solas en el Salón Oval.


Al escoger a Washington como uno de sus primeros destinos internacionales Bolsonaro rompió la tradición respetada por los presidentes civiles que lo precedieron que a poco de asumir embarcaron hacia Argentina. Ese ritual diplomático simbolizó el fin de las desinteligencias geopolíticas que campearon durante las dictaduras, tensiones atizadas por la disputa nuclear.
Bolsonaro asumió el primero de enero, tres semanas después embarcó a Davos, Suiza, donde participó en el Foro Económico Global y hoy cumple su promesa de visitar en primer lugar a Trump. Inmediatamente después viajará a Chile y a fin de marzo partirá hacia Israel.


El ex capitán del ejército habló en Washington de su intención de iniciar un nuevo (viejo) tiempo diplomático y político en su país durante la cena celebrada en la noche del domingo en la embajada brasileña.


“Estamos viviendo una revolución, tenemos que desconstruir muchas cosas (..) si puedo servir para ser un punto de inflexión eso me dejaría muy feliz”.
Junto a Bolsonaro estaba el invitado especial de la velada: el ideólogo de ultraderecha Steve Bannon, inspirador de la estrategia electoral sucia de Donald Trump en 2016. Y consejero del equipo de Bolsonaro el año pasado.


“Lo que siempre soñé fue liberar a Brasil de la ideología nefasta de izquierda”, recitó el gobernante casi en los mismos términos de su discurso de toma de posesión cuando aseguró que su país vivió bajo el yugo comunista durante los últimos treinta años.


“Es con mucha alegría y satisfacción que visito Estados Unidos, me estoy sintiendo casi en casa, y con toda certeza ese sentimiento será materializado en nuestro encuentro con el presidente Donald Trump”.


“Siempre tuve mucha admiración hacia el pueblo norteamericano, en muchas cosas siempre me sirvió de ejemplo”.


Bolsonaro parecía cautivado, incluso posteó que Trump tuvo una deferencia especial al alojarlo en la residencia Blair House, algo concedido a “poquísimos mandatarios”. Por cierto allí fueron hospedados los exmandatarios Luiz Inácio Lula da Silva, Dilma Rousseff y Fernando Henrique Cardoso, informó el diario Estado de San Pablo.


La mayoría de los observadores estima que hoy los presidentes firmarán acuerdos en materia de Defensa. Ayer, en la Cámara Americana de Comercio el canciller Ernesto Aráujo y el ministro brasileño de Ciencia y Tecnología Marcos Pontes firmaron la autorización para quee satélites norteamericanos puedan ser lanzados desde la base espacial de Alcántara, en el estado de Maranhao, nordeste brasileño.


No se descarta, asimismo, que Estados Unidos conceda a Brasil el status de “aliado estratégico extra OTAN”, similar al obtenido por el gobierno de Carlos Menem a fines de la década del noventa.


La eventual inclusión en la lista de países “extra OTAN”, grupo en el que ya hay 17 miembros, permitirá que Brasilia adquiera armamento y acceda a eventuales informaciones secretas.
Otro de los rumores que ganó fuerza desde la semana pasada es el de las tratativas para que empresas norteamericanas puedan extraer uranio en Brasil, y que se firme un acuerdo para proyectos conjuntos en ese rubro.


Franquicia


Bolsonaro volverá de Estados Unidos consagrado como una de las figuras rutilantes del Movimiento, esa hermandad de extrema derecha inventada por Steve Bannon cuyo correlato en España son los neofranquistas de Vox, en Francia el Frente Nacional y en Italia la separatista Liga.


La singularidad del caso brasileño es que, a diferencia de sus primos europeos Bolsonaro se asume como una franquicia de Trump, sin medias tintas. Dispuesto a aceptar todo tipo de imposiciones.


La ultraderechista Marine Le Pen, del francés Frente Nacional, y el ministro del interior italiano Matteo Salvini, líder de la Liga, se han reunido con Bannon, y adhieren a los planteos del Movimiento, sin que por ello acepten abrir sus economías, renuncien a los eventuales acuerdos económicos con China o de energía con Rusia.


En cambio Bolsonaro, en su afán por establecer relaciones intensas con Trump, realiza concesiones inauditas. Como endurecer su posición frente a China por razones ideológicas que derivarán en una reducción de las exportaciones de soja. Ese achique causará perjuicio al agronegocio brasileño y favorecerá a los farmers estadounidenses.


Ayer, en vísperas de la cumbre de la Casa Blanca, Bolsonaro decretó que los viajeros norteamericanos pueden ingresar sin visa a Brasil sin exigir igual trato a los brasileños que viajan a Estados Unidos.

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Las compañías de refrescos copiaron la estrategia del tabaco para atraer a los jóvenes

Los investigadores descubrieron que a medida que el tabaco se enfrentaba a un mayor escrutinio por parte de las autoridades sanitarias, sus ejecutivos transfirieron los mismos productos y tácticas para vender refrescos.


Los conglomerados de tabaco que usaban colores, sabores y técnicas de marketing para atraer a los niños como futuros fumadores transfirieron estas mismas estrategias a las bebidas endulzadas cuando compraron compañías de alimentos y bebidas a partir de 1963, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California (UC) San Francisco, en Estados Unidos.


El estudio, que se basa en una caja fuerte de documentos secretos de la industria tabacalera que formaban parte de la Biblioteca de Documentos de la Industria de la UCSF, hizo un seguimiento de la adquisición y las campañas de comercialización posteriores de marcas de bebidas azucaradas por parte de dos compañías tabacaleras líderes: R.J. Reynolds y Philip Morris.


De esta forma, los investigadores descubrieron que a medida que el tabaco se enfrentaba a un mayor escrutinio por parte de las autoridades sanitarias, sus ejecutivos transfirieron los mismos productos y tácticas para vender refrescos, según informan en un artículo publicado este jueves en The BMJ.


"Los ejecutivos de las dos compañías tabacaleras más grandes de Estados Unidos desarrollaron colores y sabores como los aditivos para los cigarrillos y los usaron para construir las principales líneas de productos de bebidas para niños, incluyendo Hawaiian Punch, Kool-Aid, Tang y Capri Sun", dice la autora principal Laura Schmidt, del Instituto Philip R.
"Incluso después de que las compañías tabacaleras vendieron estas marcas a corporaciones de alimentos y bebidas, muchas de las líneas de productos y técnicas de marketing diseñadas para atraer a los niños todavía están en uso", señala esta investigadora.


Los jóvenes estadounidenses consumen actualmente un promedio de 143 calorías por día en bebidas azucaradas, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estadounidenses. Estas bebidas densas en calorías no proporcionan la saciedad de los alimentos y están vinculadas con la obesidad y el síndrome metabólico, un conjunto de afecciones que aumentan el riesgo de enfermedad cardiaca, accidente cerebrovascular y diabetes tipo 2.


Las bebidas azucaradas incluyen la mayoría de los zumos de frutas, las bebidas deportivas y energéticas, los refrescos y otras bebidas endulzadas con azúcares añadidos, como miel, fructosa, glucosa, sacarosa, dextrosa, edulcorante de maíz, jarabe de malta, jarabe de maíz, azúcar moreno y azúcar en bruto.
Conexiones entre las industrias de tabaco y alimentos


Los nuevos documentos, que están disponibles en la Biblioteca de Documentos de la Verdad sobre la Industria del Tabaco de UCSF, un subconjunto de la Biblioteca de Documentos de la Industria de la UCSF, revelan conexiones entre las industrias de tabaco y alimentos.


El gigante del tabaco R.J. Reynolds lideró la transición a las bebidas endulzadas en 1963 cuando compró Hawaiian Punch, de Pacific Hawaiian Products Company. La bebida previamente había sido promovida para adultos como mezcla para cócteles, pero R.J. Reynolds procuró reforzar la mascota "Punchy" de la bebida, una contraparte del personaje de dibujos animados "Joe Camel" que la compañía utilizaba para promocionar los cigarrillos, y lo presentó en juguetes, portadas de libros escolares, cómics, vasos, ropa y anuncios de televisión. Según los documentos de la industria tabacalera, Punchy se convirtió en el "mejor vendedor que jamás haya tenido la bebida".


En los años 60 y 70, la compañía realizó pruebas de sabor con niños y madres para evaluar la dulzura, los colores y los sabores de las extensiones de la línea de productos Hawaiian Punch. Se priorizaron las preferencias de los niños, señalan los autores.


Para 1983, R.J. Reynolds presentó la primera caja de zumos de la nación, comercializada como "un pequeño envase de mano que viene con su propia pajita". Esta innovación fue en gran parte responsable de un aumento del 34% en las ventas, según documentos de la industria.


Mientras tanto, el competidor del tabaco Philip Morris adquirió Kool-Aid, a través de General Foods, en 1985. La compañía cambió su audiencia de marketing de familias a niños, creó su mascota "Kool-Aid Man" y lanzó colaboraciones con juguetes de marca, como Barbie y Hot Wheels. También desarrolló un programa de lealtad Kool-Aid para niños descrito como "nuestra versión de Marlboro Country Store", un programa de incentivos para cigarrillos.

 

"La campaña de estilo Wacky Wild Kool-Aid tuvo un alcance y un impacto tremendos", subraya el primer autor Kim Nguyen, que también trabaja en el Instituto de Estudios de Políticas de Salud de UCSF. "Muchos niños en la década de los 80 soñaban con conseguir un botín de Wacky Warehouse. Lo que realmente es una locura es que el programa para niños de Kool-Aid se inspiró en una estrategia de marketing de tabaco diseñada para construir lealtad con los fumadores", agrega.


Para 2004, Philip Morris había desarrollado al menos 36 sabores probados por niños para su línea Kool-Aid, de los cuales algunos, como "Great Bluedini", se integraban con los personajes de dibujos animados. El gigante del tabaco también adquirió Capri Sun y Tang, y utilizó estrategias de publicidad integradas y enfocadas en los niños para impulsar esas ventas.


Necesidad de regulaciones gubernamentales


La mayoría de los fabricantes de bebidas endulzadas afirman limitar la comercialización a los niños de alimentos y bebidas poco saludables. La industria lanzó tanto la Unidad de Revisión de Publicidad para Niños, para promover la publicidad responsable a los niños, y la Iniciativa de Publicidad de Alimentos y Bebidas para Niños, que afirma que dedica el 100% de la "publicidad dirigida a los niños a alimentos mejores para ti".


"La industria afirma que estas estrategias de marketing inspiradas en el tabaco no están dirigidas realmente a los niños y deben ser excluidas de estos acuerdos dirigidos por la industria", explica Schmidt. "Pero la evidencia citada en nuestra investigación muestra que estas líneas de productos y técnicas de comercialización fueron específicamente diseñadas y probadas en niños", añade.


Los autores concluyen que, dados los altos índices actuales de obesidad infantil, existe una clara necesidad de reemplazar los estándares voluntarios actuales impulsados por la industria con regulaciones gubernamentales bien aplicadas sobre la comercialización de bebidas azucaradas para niños.


"Los padres juegan un papel importante en lo que comen y beben sus hijos", afirma Nguyen. "Sin embargo, no podemos subestimar la influencia de estas corporaciones de bebidas y su publicidad. Ellos desarrollan intencionalmente campañas de marketing que atraen a los niños al hacer que las bebidas sean divertidas y emocionantes", concluye.

15/03/2019 17:43 Actualizado: 15/03/2019 17:43
europa press

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Exxon y Chevron al rescate del fracking en EU

Los medios cercanos a la industria petrolera no podían quedarse callados cuando dos de las magnas trasnacionales de Estados Unidos (EU) Exxon y Chevron "apuestan a largo plazo al auge del gas/petróleo lutita en la cuenca del Pérmico" –en la parte occidental de Texas y el sureste de Nuevo México: "confían en superar los desafíos técnicos y financieros (sic)", según Financial Times (07/03/19), cercano a los banqueros Rothschild con fuertes intereses en British Petroleum (BP) (https://bit.ly/2Cf1ArF).

Exxon es la joya trasnacional de EU (https://amzn.to/2gqobZy). Su anterior director ejecutivo Rex Tillerson fue secretario de Estado con Trump, mientras que en Chevron, Condoleezza Rice, ex asesora de Seguridad Nacional de Baby Bush, pertenece a su consejo directivo.

A juicio de Ed Crooks, Exxon y Chevron “han incrementado sus expectativas de producción en la Cuenca Pérmica para la primera mitad de la década de 2020 (FT; 05/03/19)”: el primero pasaría casi al doble de 600 mil barriles al día a un millón en 2024, mientras el segundo pasaría de 650 mil barriles al día a 900 mil en 2023. Ed Crooks apuesta a que los "anuncios de Exxon y Chevron fueron una señal de que el auge continuará".

Una ventaja de Chevron radica en que es propietaria de la mayor parte de los terrenos en el Pérmico,por lo que evita pagar derechos de extracción. ¿No habrá contado Chevron con información privilegiada debido a sus contactos directos con el nepotismo dinástico de los Bush que nunca cesó de ser petrolero?

Exxon y Chevron se disponen a pasar al liderazgo en el Pérmico después de haber tenido un papel mínimo cuando en forma darwiniana devoraran a las medianas empresas de exploración y producción que se encuentran al borde de la insolvencia.

El virtual rescate de los gigantes petroleros de EU llega en un momento crucial para el futuro del gas/petróleo lutita extraído por el polémico fracking (fracturación hidráulica) que exhibe sus limitaciones técnicas y financieras cuando las empresas petroleras son subsidiadas por la Reserva Federal y los megabancos de Wall Street (https://bit.ly/2F0ZCgu).

Las dificultades del fracking se ensombrecen con el desprendimiento de los billonarios "fondos soberanos de riqueza" de Noruega que anunció la venta de sus activos debido a potenciales riesgos financieros: "reducir la vulnerabilidad a un declive permanente (sic) del precio del petróleo" (https://bit.ly/2NVVtx5)”. ¡Declive "permanente"!

Los "fondos soberanos de riqueza" de Noruega comportan 40 mil millones de dólares de acciones en las tres trasnacionales petroleras anglosajonas Exxon, Chevron y British Petroleum.

Mientras “Wall Street ha perdido su fe (sic) en el gas/petróleo lutita (https://bit.ly/2TLBXJi)”, Bob Dudley, mandamás de BP, contaminadora del Golfo de México, juzgó que el gas/petróleo lutita de EU es "un mercado sin cerebro" y "al contrario de Arabia Saudita y Rusia, que ajustan su producción en respuesta a la abundancia o escasez en el abastecimiento del petróleo, el mercado de lutita de EU responde puramente a sus precios".

Martin Sandbu del FT (08/03/19) juzga que los fondos soberanos de riqueza "permanecerán invertidos en las grandes empresas de energía" y que Noruega "se asegura del precio del petróleo". Juzga que la "desinversión será de limitado significado cuantitativo" ya que "alrededor de 6 por ciento de su portafolio está en empresas energéticas" y que "solamente una fracción será vendida" cuando la desinversión se aplicaría a las empresas de exploración y producción y se mantendrá en British Petroleum y Exxon.

Martin Sandbu arguye que el "precio futuro del petróleo enfrenta un significativo riesgo a la baja" cuando la "revolución lutita y la generación de energía renovable se han desarrollado mucho más rápido".

Por cierto, BlackRock, máximo banco de gestión de activos del mundo, en 2013 era el principal accionista tanto de Exxon (22 por ciento) como de Chevron (15 por ciento), por lo que se descuenta que las dos gigantes trasnacionales petroleras de EU no sufrirán las dificultades financieras de los liliputienses al borde de la quiebra en el Pérmico (https://econ.st/2CdG7zs).

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 Donald Tusk y Jean-Claude Juncker junto al primer ministro chino, Li Keqiang, en la última cumbre bilateral de 2017. REUTERS

La Comisión Europea define al país liderado por Xi Jinping como "un rival sistémico" y le reprocha el blindaje de sus mercados


Europa no se arredra. El repliegue unilateral de EE UU había alentado en China y en otros países emergentes la esperanza de una relación privilegiada con la Unión Europea, que podría necesitar la colaboración de otras potencias para compensar la deriva del gigante liderado por Donald Trump. La necesidad de inversión que padecen muchos socios europeos podía animar, además, políticas de tolerancia hacia regímenes autoritarios, pero con grandes reservas de capital como el chino.


Pero la Comisión Europea, presidida por Jean-Claude Juncker, tiene previsto aprobar este martes un documento estratégico sobre la relación con Pekín en el que lejos de mostrarse complaciente hacia el país de Xi Jinping le plantea numerosas exigencias acordes con su creciente peso político, económico y militar en el planeta.


El documento, al que ha tenido acceso EL PAÍS, servirá de base a la reorientación de la estrategia hacia China que tienen previsto debatir los presidentes de Gobierno de la UE durante la próxima cumbre europea. Y el texto destila un tono beligerante que deja claro que el gigante asiático es un socio tan imprescindible como inquietante.


El documento comunitario define a China como "un rival sistémico", advierte que su expansión militar plantea cuestiones de seguridad para el Viejo Continente "a corto y medio plazo", acusa al régimen comunista de alimentar el sobreendeudamiento y amenazar la estabilidad financiera de los países vecinos de la UE (tanto en los Balcanes como en África) y le echa en cara a Pekín el blindaje de sus mercados para crear "campeones nacionales" mientras impide la entrada de operadores europeos, en particular, en el sector financiero y en la licitación pública.


Bruselas completa su nueva estrategia con la amenaza de un cierre de los mercados a la inversión china si no se producen medidas recíprocas de apertura. Y de manera significativa, completa el documento sobre la nueva estrategia hacia China con una enumeración de las medidas puestas en marcha o que se pondrán para impedir la entrada en los mercados europeos de empresas que se benefician en sus países de una protección estatal desproporcionada. Desde el control de inversión en sectores estratégicos (que entrará en vigor en abril), hasta la elaboración este año de directrices sobre el acceso de empresas de terceros países a la contratación pública en Europa. Todo ello con China en el punto de mira.


La Comisión, sin embargo, no busca el choque frontal con Pekín, como ha hecho Donald Trump desde su llegada a la Casa Blanca. Bruselas mantiene tendida la oferta de lograr un pacto global de inversión con China que se negocia desde 2013 y que, según la nueva estrategia europea, "debería lograr importantes progresos en 2019 con vistas a un acuerdo ambicioso en 2020". Ese acuerdo de inversión es uno de los objetivos clave de la próxima cumbre UE-China, prevista para el próximo 9 de abril en Bruselas.


La Comisión tampoco se suma a la ofensiva de Washington contra Huawei, la compañía china, líder en la quinta generación de telefonía móvil, a la que EE UU quiere cerrar los mercados acusándola de estar sometida a los dictados del gobierno chino. El documento de la Comisión reconoce el carácter neurálgico de las nuevas redes de telefonía y el riesgo de que cualquier punto vulnerable pueda ser explotado para causar "grandes daños". Pero Bruselas se limita a anunciar una recomendación para intentar armonizar el planteamiento de los Estados miembros ante los riesgos de la 5G, sin mencionar para nada a la compañía china.


La divergencia con los planteamientos de Trump no impide, sin embargo, la evolución de la UE hacia unos planteamientos diplomáticos que Bruselas define como "pragmáticos y flexibles". Y al reconocimiento de que "hay una impresión general en Europa de que el equilibrio entre desafíos y oportunidades que plantea China ha cambiado". La balanza de oportunidades sigue pesando mucho, pero la de desafíos resulta cada vez más amenazante a ojos de Bruselas.


"China ya no puede seguir siendo tratada como un país en vías de desarrollo", advierte el documento de la Comisión. "Su creciente presencia en el mundo, incluida en Europa, debe ir acompañado de una mayor responsabilidad en el mantenimiento del orden internacional, con una apertura de su sistema con mayor reciprocidad y no discriminatoria".


El texto de la Comisión reconoce la necesidad de cooperar con el gigante asiático. Pero define a China como "un rival sistémico que promueve modelos alternativos de gobernanza". Y recomienda un endurecimiento en el uso de los resortes diplomáticos, combinando la actuación en diferentes áreas políticas o sectoriales, "para ejercer una mayor presión en la consecución de los objetivos de la UE".


Los puntos sensibles en la relación con China solían girar en torno a la falta de respeto de los derechos humanos y de libertades fundamentales o a la situación del Tíbet, elementos que enturbiaban a veces las cumbres bilaterales. La nueva estrategia de la Comisión muestra que el choque de intereses se ha generalizado y abarca a áreas tan diversas como el cambio climático, la carrera de armamento o las exportaciones agroalimentarias.


El documento que aprobará este martes la Comisión reclama a China, por ejemplo, que haga realidad su compromiso de poner techo en 2030 a las emisiones de CO2 y recuerda a Pekín que, aunque ha suscrito el Protocolo de París contra el cambio climático, está financiando la construcción de plantas eléctricas a base de carbón en muchos países.


En el terreno militar, Bruselas recuerda que China se ha marcado el objetivo de "contar en 2050 con las fuerzas armadas más tecnológicamente avanzadas" del mundo, lo que obliga a la UE a reaccionar en consecuencia. La Comisión advierte de que "las amenazas híbridas intersectoriales, incluidas las operaciones de información, y las grandes maniobras militares, no solo socavan la confianza sino que suponen también un desafío a la seguridad de la UE". Un lenguaje que Bruselas solía tener reservado para lidiar con la Rusia de Vladimir Putin.

Por Bernardo de Miguel
Bruselas 12 MAR 2019 - 02:42 COT

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