Viernes, 30 Noviembre 2018 07:50

“La cumbre es el mensaje”

“La cumbre es el mensaje”

Será muy difícil alcanzar acuerdos en la cumbre del G 20 en Buenos Aires. La institucionalidad global que acompañó la ortodoxia neoliberal de las últimas tres décadas ha sido dinamitada y las instituciones como el G 20 están perdiendo peso, afirma Jane Kelsey, catedrática en derecho internacional de la Universidad de Auckland. Brecha conversó con ella sobre el interregno en que están las relaciones internacionales comerciales y cómo los movimientos sociales pueden incidir en lo que vendrá.

—Según la agenda oficial, fijada por Argentina, la cumbre del G 20 en Buenos Aires va a tratar los temas del futuro del trabajo, inversiones en infraestructura para el desarrollo, y la agricultura sostenible ¿Pero qué temas dominarán las discusiones?


—Si nos guiamos por lo que hemos visto en recientes cumbres, podemos prever que el encuentro en Buenos Aires será dominado por la relación entre Estados Unidos y China. Ambos países se encontrarán bajo un mismo techo y Trump no querrá perder esa ocasión de pavonearse, y China sentirá que tiene que responder. Eso determinará la agenda para el resto, al igual que ocurrió recientemente en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec), en Papúa Nueva Guinea.


No estamos en una situación de “business as usual”. Trump ha dinamitado la ortodoxia neoliberal de los últimos 30 o 40 años; la política exterior y las relaciones estratégicas que la acompañaban, y el marco de la institucionalidad global. Entonces, sin duda, independientemente de lo que Argentina haya fijado en la agenda formal, esto dominará el encuentro.


Desde un punto de vista progresista, esto es algo bueno y malo. Es positivo en el sentido de que las disrupciones que hemos presenciado durante al menos una década, y durante más tiempo aun en términos sociales, han alcanzado un punto de no retorno. Las disrupciones ya son tan importantes que será difícil recomponer el viejo modelo. No se trata simplemente de las disrupciones de Estados Unidos, sino de los cambios que hemos visto de parte de China; su construcción de relaciones con otros países y su financiación de infraestructura como parte de su Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda.


Es algo negativo porque, en lo que suelo llamar el interregno –donde lo viejo muere y lo nuevo todavía está por nacer–, el vacío está siendo llenado, en el caso de Trump, por un autoritarismo popular que finge beneficiar al pueblo, mientras refuerza el poder de las elites y elimina la participación democrática. En otros lugares ese espacio ha sido ocupado por un autoritarismo puro y duro, como en algunas partes de América Latina o en Filipinas, en Asia.


El desafío para los movimientos progresistas o de izquierda en relación con el G 20 es saber aprovechar las transformaciones en este ámbito e influenciarlas.


—¿Cree que también se discutirá en Buenos Aires cómo reformar la Organización Mundial del Comercio (Omc), para restablecerla como el principal foro para negociar acuerdos comerciales internacionales?


—Absolutamente. Este es un claro ejemplo de la turbulencia internacional a la que me refería.


Una de las dinámicas interesantes de Trump es que –tanto con el Tpp (N de E: el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, del que se retiró Estados Unidos en 2017) y la nueva versión del Nafta, como con su enfoque de la Omc– ha dicho que el modelo que dominó durante los últimos 30 años no va a funcionar. Lo irónico del asunto es que sostiene que estas agendas –que fueron establecidas por Estados Unidos para favorecer a los intereses del capital estadounidense– no están generando suficientes beneficios para Estados Unidos, y que deberían generar más. La consecuencia ha sido que países como Argentina, y mi propio gobierno en Nueva Zelanda, están haciendo todo lo posible para volver a estabilizar ese viejo modelo, ya sea a través del Tpp-11 (N de E: así pasó a llamarse, por los 11 países que lo integran, el acuerdo transpacífico, luego de que Estados Unidos renunciara a él) o mediante la Omc.


Esto hace que se esté achicando el espacio para poder llevar adelante una discusión progresista sobre alternativas a la Omc y al viejo modelo de negociaciones multilaterales en materia económica.
En la cumbre del G 20 intentarán alcanzar compromisos para que Estados Unidos vuelva a negociar dentro de la Omc, y hacerla aun más beneficiosa para Estados Unidos. No cabe ninguna duda de que el rescate de la Omc será priorizado en Buenos Aires. Pero de ningún modo será una discusión progresista.


—¿Existe la posibilidad de que la tensión entre China y Estados Unidos, con su guerra de aranceles, se calme en Buenos Aires?


—No. Hay demasiado en juego en este momento. Y las dinámicas que impulsan a cada bando son muy diferentes.


Trump ha dejado claro que su único interés es doméstico, es decir interno. Sus posicionamientos están motivados por sus intereses políticos, alineados con los lobbies empresariales que influyen en su gobierno.
China desearía bajar los decibeles de la enardecida relación actual con Estados Unidos, pero el enfoque de China es externo. El país tiene sus propios objetivos estratégicos que son fundamentales para estabilizarlo internamente. Busca hacerlo a través de la creación de una clase media próspera y de su Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda, que no se basa en relaciones agresivas, sino en lo que China considera relaciones entre socios, aunque muy asimétricas y en las que China es la parte dominante.


En suma, se trata de dos enfoques muy diferentes. El choque entre Estados Unidos y China no es simplemente un choque de personalidades, ni impacta únicamente en aspectos limitados de la economía –como en el balance comercial–, sino que es un choque entre paradigmas.


Por eso no habrá ningún tipo de reconciliación en el G 20. Es posible que la retórica diluya un poco la ríspida relación, pero también es posible que continúe la guerra verbal que estalló en la cumbre de la Apec (N de E: el 17 y 18 de noviembre pasado) cuando el vicepresidente estadounidense, Mike Pence, hizo unas declaraciones verdaderamente asombrosas, afirmando que Estados Unidos, a diferencia de China, no acosa a países y no usa el endeudamiento para atraparlos.


—El G 20 pronto cumplirá 20 años y hoy parece muy difícil llegar a algún tipo de consenso dentro de este marco. ¿Se han vuelto obsoletos estos foros internacionales, incluso para alcanzar las metas que se proponían inicialmente?


—Trump ha dejado claro que no le gustan este tipo de encuentros. Todavía es difícil predecir qué ocurrirá una vez que deje la presidencia. Pero no convocar a cumbres como estas, abandonarlas, creo que sería un mensaje que generaría una verdadera desesperación en prácticamente todos los países, por mantener estos “circos”. Sobre todo porque son lugares en donde pueden desarrollarse discusiones, y no necesariamente aquellas que luego se ven reflejadas en los comunicados conjuntos con que concluyen estas cumbres.


El G 20 también es bastante importante desde un punto de vista simbólico, porque remplazó al G 7 y al G 8, y reconoció el papel de los Brics. Ahora resta ver cómo los Brics manejarán esta cumbre en Argentina, sobre todo cuando China, Rusia, India, Sudáfrica y Brasil tienen tan poco en común.


Es posible que el eventual documento final consensuado en Buenos Aires sea muy insulso. O puede suceder lo mismo que en la última cumbre de la Apec, donde Estados Unidos se negó a aceptar el documento final, y no lo hubo. También es posible que en el futuro las cumbres culminen con un comunicado final de sólo dos párrafos. En Buenos Aires va a ser difícil lograr un acuerdo sobre algo sustancial. Tal vez se pueda llegar a algún consenso sobre conectividad digital, algo que Argentina puso en la agenda. Pero incluso en este tema será difícil: Estados Unidos ha criticado duramente la estrategia digital de China.
Entonces creo que se seguirán organizando estas reuniones, aunque muchos seguirán cuestionando su utilidad, e incluso que sean funcionales a los intereses de los propios países poderosos.


La cumbre, en sí misma, es el mensaje.


—¿Qué pueden hacer los movimientos sociales críticos de estas instancias para influir en el nuevo rumbo que tomará la agenda de negociaciones internacionales a este nivel?


—Quisiera volver a mi noción de interregno; no cabe duda de que está habiendo un gran cambio. Un cambio impulsado por la turbulencia social y económica, con realineamientos geopolíticos y el auge del autoritarismo. En este interregno, los movimientos progresistas tienen que presentar alternativas capaces de sumar un verdadero apoyo popular. Esto requiere el tipo de compromisos y disrupciones a niveles múltiples, y que han generado cambios en el pasado.


Obviamente, en América Latina hay actualmente enormes procesos que dominarán las discusiones dentro de la izquierda y las respuestas progresistas que se den en Argentina. Pero creo que también es necesario pensar más allá de lo local para determinar qué tipo de programas alternativos queremos imponer en la agenda de los grandes poderes. Y tenemos que recordar que eso lo hemos hecho y logrado en el pasado, las disrupciones que hemos visto, por ejemplo, en el campo del comercio internacional han sido producto del trabajo que hemos llevado a cabo para deslegitimar los grandes tratados. Es preciso que llenemos ese espacio y no dejar que lo hagan los actores de siempre.


—¿Cree que el movimiento internacional antiglobalización tiene una clara estrategia para hacerlo?


—No creo que haya todavía una estrategia clara. De cierto modo, había mucha más unidad cuando luchábamos contra algunos de los grandes acuerdos comerciales, como el Tpp, o incluso anteriormente, por ejemplo con el Alca (N de E: Área de Libre Comercio de las Américas, cuyas negociaciones fracasaron en la cumbre de Mar del Plata, en 2005). Pero esas luchas eran opositoras. Es mucho más difícil plantear alternativas, y estamos muy lejos de formular ideas sustanciales sobre cuáles serían. Incluso en los temas en los que hay consenso, como la oposición a los grandes acuerdos comerciales o al arbitraje internacional de las diferencias entre los estados y los inversores, se están desarrollando muchas alternativas diferentes. Diferentes instituciones y países están haciendo cosas distintas. En los movimientos sociales tampoco hay una línea conjunta.


Las propuestas sobre cómo debería estar organizado el mundo tendrán influencias locales y regionales. Creo, incluso, que es necesario que así sea. Por ejemplo, aquí en Nueva Zelanda el gobierno está hablando de desarrollar una estrategia comercial progresista, pero es la misma de siempre. Entonces organizamos un encuentro con paneles que discutieron los diferentes aspectos que un acuerdo progresista debería tener para este país. Y el resultado fueron propuestas, por ejemplo, con una perspectiva indígena y maorí muy fuerte. Pero necesariamente son diferentes a las que propondría la gente en Vietnam, por ejemplo.
Es necesario que haya discusiones a diferentes niveles para presionar a los gobiernos, para que no se conformen con relegitimar los modelos viejos que han fallado. Estoy segura de que se podría llegar a un acuerdo sobre principios, aunque crear un consenso sobre un programa concreto será difícil.

 

Por Florencia Rovira
30 noviembre, 2018

 

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Viernes, 30 Noviembre 2018 05:42

Trump se acerca a China, pero no tanto

Trump se acerca a China, pero no tanto

El republicano dijo que podrían lograr un acuerdo comercial, pero que él preferiría no hacerlo

En medio de la guerra comercial, el magnate neoyorquino afrimó que el mundo está abierto a hacer un trato, pero que le gusta el acuerdo que tiene ahora con China. Trump y Xi se reunirán mañana con agenda abierta y en un lugar secreto.


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo ayer que un acuerdo comercial con China estaba “cerca”, pero agregó que él preferiría no llegar a uno, enfriando las esperanzas de un avance en la cumbre del G-20. Trump y el presidente chino, Xi Jinping, se reunirán durante la cumbre en Argentina, que comienza hoy. “Creo que estamos muy cerca de hacer algo con China pero no sé si quiero hacerlo”, les dijo Trump a los periodistas de la Casa Blanca antes de iniciar su viaje a Buenos Aires.


Estados Unidos inició en julio una guerra comercial con el gigante asiático al imponer un aumento de los aranceles a la importación de productos chinos por valor de 34.000 millones de dólares. En septiembre, Washington gravó además un arancel del 10 % a 200.000 millones de dólares de importaciones chinas, que subirá al 25 % en enero de 2019, y ha amenazado con sancionar bienes por otros 267.000 millones de dólares. Las autoridades estadounidenses han renovado en los últimos días sus críticas a China ante la reunión entre ambos mandatarios.


China criticó la agresiva política comercial de EE.UU. “por sus dañinas consecuencias” y aplicó medidas recíprocas a más de 60.000 millones de dólares en importaciones estadounidenses.


Los mercados esperan que se pueda llegar a un acuerdo antes de fin de año, cuando los aranceles estadounidenses aumenten significativamente.


Ayer, Trump también reiteró que los aranceles estadounidenses generaban ingresos fiscales: “Lo que tenemos ahora es que miles de millones y miles de millones de dólares ingresan a Estados Unidos en forma de impuestos”, dijo, resaltando los beneficios de la disputa comercial.


Es más, Trump recomendó a aquellas empresas que sufren los impuestos que trasladen sus fábricas a su país. “Si las empresas no quieren pagar aranceles, que produzcan en Estados Unidos”.


Los economistas y críticos de las políticas comerciales de Trump señalan que los impuestos son pagados por los importadores y, por lo tanto, constituyen un gravamen a la industria y a los consumidores de Estados Unidos que China no paga.


El magnate republicano dijo que creía que Beijing esperaba llegar a un acuerdo. “Creo que China quiere hacer un trato. Estoy abierto a hacer un trato, pero francamente me gusta el acuerdo que tenemos ahora”, dijo.


En una entrevista del diario The Wall Street Journal publicada anteayer, Trump consideró “muy improbable” una postergación de la subida de aranceles al 25 % para bienes por valor de 200.000 millones de dólares importados de China, como quiere Beijing mientras las dos partes negocian.


Señaló que si no se llega a un acuerdo con Xi Jinping para la apertura de su mercado a las exportaciones estadounidenses, proseguirá con su presión comercial sobre la segunda economía mundial gravando otros bienes sobre los que aún no ha aplicado subidas arancelarias.


Se confirmó que Trump y su par chino Xi Jinping cenarán juntos mañana, con agenda abierta y en un lugar secreto.

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El día que la Unión Europea dejó de ser la que era tras aprobar el Brexit

El Consejo de Europa ha aprobado este domingo el acuerdo del Brexit para la salida del Reino Unido de la UE


El acuerdo, fruto del referéndum de junio de 2016, marca un antes y un después en el cuerpo institucional comunitario


Reino Unido nunca fue un socio comunitario como el resto. Siempre ha tenido un ojo puesto en Estados Unidos. Quizá por el idioma, por la insularidad o porque fue metrópoli de los americanos, Londres nunca terminó de entregarse en el proyecto institucional comunitario como los demás.


Londres entró en el proyecto comunitario en 1973, pero en cuanto Margaret Thatcher llegó a Downing Street estuvo mucho más interesada en fundar el nuevo liberalismo con su colega Ronald Reagan que en construir un proyecto Europeo. Reino Unido participó de la creación de la Unión Europea al albur del tratado de Maastricht, pero nunca tuvo una mínima duda de que jamás perdería la libra en favor del euro.


Los británicos estuvieron en el bando ganador en la Segunda Guerra Mundial, sufrieron los bombardeos nazis sobre Londres y son miembros del consejo de seguridad de Naciones Unidas. Pero no han compartido de la misma manera el modelo del Estado del Bienestar continental, ni siquiera el acervo antifascista constituyente de muchos países europeos.
"Por fin podremos decidir que a nuestro país se entra por las habilidades, y no por el país de donde vengas, y nuestros impuestos se gastarán en nuestro país, recuperaremos el control de nuestras fronteras y nuestras leyes, y podremos mejorar la sanidad, nuestros empleos y nuestras empresas", decía este domingo la primera ministra británica, Theresa May, tras la cumbre de jefes de Gobierno de la UE. Es decir: por fin Reino Unido podrá ponerse a sí mismo por delante del resto, por fin será "great again" sin el lastre de la UE, y no se distraerá con los problemas de sus vecinos.


Los 27 han sancionado este domingo el acuerdo de 585 páginas acordado después de año y medio de negociaciones para el divorcio "ordenado", pero eso no quiere decir que Reino Unido el lunes esté fuera de la Unión Europea.


La fecha en la que está prevista la salida de Reino Unido de la UE es el 29 de marzo de 2019, dos años después de que Theresa May pulsara el botón de desconexión comunitaria. Ahora bien, lo que se ha aprobado este domingo permite a May ir al Parlamento británico con un acuerdo respaldado por su Gabinete y por las instituciones europeas con un mensaje añadido. "Este es el mejor y el único acuerdo posible", como ha dicho el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Y como ha reproducido May tras el Consejo Europeo.
A partir de aquí, May llevará su acuerdo a Westminster, un acuerdo que se ha calentado aún más en la última semana por el tira y afloja de Gibraltar. Muy sentido para los españoles, pero también para los ingleses, que han recibido munición extra para disparar contra el acuerdo.


La votación en el Parlamento británico se prevé para diciembre, y a Theresa May no le salen las cuentas por el rechazo de parte de su partido, el Conservador; y también por el rechazo del líder laborista, James Corbyn, así como de los unionistas del Ulster, que le sostienen en Downing Street.


May se está fajando por defender las bondades del acuerdo y el pragmatismo de que no se puede alcanzar otro. Si con eso no le basta y pierde la votación, el acuerdo de este domingo seguramente sea papel mojado: May se verá obligada a convocar elecciones. Y, salvo que las ganara con una mayoría más amplia que la que tiene, el 29 de marzo el divorcio será sin acuerdo... A menos que el nuevo Gobierno de Downing Street eche marcha atrás y anule el Brexit o convoque otro referéndum y ganen quienes no quieren irse de la UE.


Este domingo la Unión Europea ha dejado de ser la que era: porque ha aprobado el primer divorcio de su historia, porque ha preparado la salida de uno de los suyos y porque lo que está por venir es territorio desconocido.

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Alfredo Jalife-Rahme

Durante el Foro de la Nueva Economía, en Singapur –organizado por Bloomberg, vinculado a los intereses de Salomon Brothers/Citigroup y Merrill Lynch, cuyo controlador, el israelí-estadunidense Michael Rubens Bloomberg, es un vulgar saltimbanqui de la política: primero demócrata, luego alcalde por Nueva York como republicano, y hoy de nueva cuenta demócrata contra Trump y pro-Hillary–, el nonagenario Kissinger (95 años de edad), arquitecto del acercamiento de EU con China en 1971 (https://amzn.to/2OvSl9Y), comentó que se encontraba "bastante optimista" de que EU y China pudieran evitar un conflicto mayor que devastaría el presente "orden (sic) mundial": "si el orden (sic) mundial se define por un conflicto continuo entre EU y China, tarde o temprano corre el riesgo de salirse de control" (https://bloom.bg/2yWWhvt).

¿Dónde dejó Kissinger a Rusia?

Kissinger aduce que los negociadores comerciales de EU y China "deben evitar empantanarse en detalles y ante todo explicarse uno al otro qué objetivos buscan conseguir, y qué concesiones pueden y no pueden hacer".

El "consejo" de Kissinger es que los "estadunidenses necesitan aprender que no cada crisis es causada por mala voluntad, mientras China debe evolucionar más allá del modelo de ser la principal superpotencia en Asia".

Pareciera que el pérfido Kissinger desea cambiar en forma cándida la naturaleza humana.

El vicepresidente chino Wang Qishan, muy cercano al mandarín Xi Jinping y uno de los teóricos de la exitosa "economía socialista de mercado", comentó que Pekín estaba dispuesta a discutir una solución comercial con EU, pero advirtió que su país no aceptará de nuevo ser "intimidado y oprimido" por las potencias foráneas (http://bit.ly/2yX3VWA).

Qishan recordó que todavía el "comercio era el ancla y el propulsor de las relaciones de China y EU" y advirtió sobre los peligros del "unilateralismo" y "el populismo de derecha".Prometió que China permanecería "tranquila y sobria" y reafirmó su deseo de “trabajar para una solución comercial aceptable para ambas partes (https://bloom.bg/2yTByZs)”.

De su iniciativa –lo cual es muy significativo– Trump conversó con el mandarín Xi Jinping quien será su invitado a una cena, al margen de la Cumbre del G-20 en Buenos Aires.

El mandarín Xi fustigó la "ley de la selva" durante la apertura de la Exposición Internacional de Importación y Exportación en Shanghái, con la presencia de 172 países (https://wapo.st/2yVeDNj), mientras Trump ha llegado hasta a militarizar su disputa comercial con China alebrestando bélicamente a la isla renegada de Taiwán, lo cual representa una "línea roja" para Pekín.

No es fácil trasplantar las "cadenas de suministro" fuera de China, lo cual sería muy costoso y con mucha pérdida de tiempo, además de que no es sencillo encontrar proveedores sucedáneos.

En China no se hacen ilusiones y se preparan a una "nueva guerra fría" con Trump, independientemente del resultado de las elecciones intermedias de EU.

Hay tres placas tectónicas sacudidas: 1. Trump y su "nacionalismo económico", con fuertes reducciones tributarias a la plutocracia de Wall Street, sus "guerras comerciales" en varios frentes y amagos militaristas en la frontera con México e Irán; 2. El zar Vlady Putin con su nueva panoplia nuclear supersónica que le provee una ventaja militar global; y 3. El mandarín Xi con su "triple Ruta de la Seda continental/marítima/Ártico" y su despegue tecnológico con su "Made In China 2025".

El nonagenario henry Kissinger no se ha adaptado a la realidad del "desorden mundial" que expone Richard Haass (https://amzn.to/2yY91lo), mandamás del influyente Council on Foreign Relations, y que abordo en mi libro El Desorden Global en la Era Post-EU (http://bit.ly/2Owrtqx) que será presentado en la FIL de Guadalajara el 25 de noviembre.

Kissinger se equivoca. Ya no hay "orden" mundial, sino que los tres principales actores del planeta han expuesto sus cartas y ahora viene el momento del reajuste/requilibrio de sus "placas tectónicas" para negociar el nuevo orden tripolar del siglo XXI.

AlfredoJalife.com

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Martes, 30 Octubre 2018 06:25

China le para los pies a Bolsonaro

China le para los pies a Bolsonaro

Horas después de la consagración de Jair Bolsonaro como presidente electo de Brasil, un editorial de Global Times advierte que una actitud intransigente hacia Pekín o una alianza con Taiwán, cosechará más problemas que ventajas para el nuevo Gobierno.


Durante la campaña electoral, Bolsonaro se empeñó en atacar a China y la acusó de querer "comprar Brasil". Fue más lejos al retratar a China, de acuerdo con DefesaNet, como un "predador que quiere dominar sectores cruciales de la economía" de Brasil. Agregó que los chinos no deberían ser autorizados a comprar tierras en Brasil o a controlar industrias fundamentales.


Según el informe de Reuters, una de esas empresas que preocupan al presidente electo es China Molybdenum, que adquirió una mina de niobio (usado en el acero por empresas aeroespaciales y automovilísticas) por 1.700 millones de dólares en 2016. Para Bolsonaro, ese tipo de emprendimientos debería quedar en manos brasileñas, ya que el país controla el 85% del mercado mundial.


Los militares que acompañan a Bolsonaro tienen una posición nacionalista, como la que mantuvo el propio capitán de reserva, que desde siempre se opuso a las privatizaciones de empresas estatales. Ahora se opone a la privatización de Eletrobras, anunciada ya bajo el actual gobierno de Michel Temer, ya que sus compradores podrían ser chinos.


En paralelo, Bolsonaro visitó Taiwán en febrero pasado, siendo el primer candidato presidencial del país en dar ese paso desde que Brasil reconoció a China en 1974. La Embajada china en Brasil emitió un comunicado calificando el viaje como "una afrenta a la soberanía y la integridad territorial de China".


Las actitudes del ahora presidente electo llamaron la atención de Pekín, al punto que hubo por lo menos dos reuniones entre diplomáticos chinos y algunos de los principales asesores de Bolsonaro. Una de ellas fue con el futuro ministro de Economía, Paulo Guedes, en septiembre, para debatir la importancia del relacionamiento bilateral. China es un gran comprador de soja y mineral de hierro y es el principal mercado de las exportaciones brasileñas, muy por encima de EEUU.


El nuevo presidente, que fue saludado con una subida de las bolsas por las reformas planeadas y la prometida reducción del déficit fiscal, tiene escaso margen de negociación, ya que el agronegocio tiene una poderosa bancada en la Cámara de Diputados, que puede llegar al 40%. Aunque la mayor parte de los agricultores lo apoya, quieren mantener buenas relaciones con China, ya que es no sólo el mayor cliente sino que ha crecido su importancia ya que la guerra comercial desatada por Donald Trump está llevando a Pekín a aumentar sus compras en Brasil. "La economía es mucho más importante que la propaganda para conseguir votos", dijo un ejecutivo a Reuters.


Días atrás, Bolsonaro enfatizó que sus aliados internacionales preferidos son Israel, Italia y EEUU. En 2017 atacó a las minorías en una visita al Club Hebraica en Río de Janeiro. Según el diario El País (edición brasilera), la visita formaba parte de "un plan exitoso para aproximarse a empresarios y políticos judíos para el apoyo a su candidatura". Pero esta actitud dividió a la comunidad judía, ya que otras instituciones como la Confederación Israelita de Brasil mostraron un apoyo incondicional a las minorías atacadas por Bolsonaro.


El candidato que se bautizó en el río Jordán en mayo de 2016, afirmó que seguirá los pasos de Trump para trasladar la Embajada de Brasil de Tel Aviv a Jerusalén. Poco después de ese episodio, en el segundo semestre de 2017, quienes apoyaban a Bolsonaro rompieron con las instituciones judías tradicionales creando la Asociación Sionista Brasil-Israel, destacando sus diferencias con las izquierdas.


Otros líderes mostraron su cercanía con Bolsonaro, como Matteo Salvini, ministro del Interior italiano, y el propio Trump, quien luego de una llamada de apoyo dijo que acordaron que "Brasil y Estados Unidos trabajarán cerca en temas de comercio, militares y todo lo demás".


Este clima de euforia fue rápidamente enfriado por el editorial del Global Times del 29 de octubre, titulado '¿Revertirá el nuevo Gobierno brasileño la política de China?'. Se trata de una pieza importante, calculada milimétricamente, suave y amenazante a la vez, como suele ser la diplomacia oriental.


Comienza diciendo que Bolsonaro es un "Trump tropical", recuerda las acusaciones que hizo a China durante la campaña pero, a renglón seguido, destaca que comenzó a cambiar su tono hacia el final, diciendo que "vamos a hacer negocios con todos los países y China es un socio excepcional". Agrega que es "impensable" que Bolsonaro reemplace el comercio Brasil-China por el comercio EEUU-Brasil.


En primer lugar, recuerda que Brasil tiene su mayor superávit comercial con China, de unos 20.000 millones de dólares. "La guerra comercial entre China y los Estados Unidos ha impulsado aún más las exportaciones de soja de Brasil a China", dice Global Times.


En segundo lugar recuerda que el eje de la política de Bolsonaro nunca fue la cuestión internacional sino los asuntos domésticos, para agregar de inmediato que "China nunca interfiere en los asuntos internos de Brasil", cuestión enteramente cierta.


A partir de ahí, Pekín blande la espada. "Su viaje a Taiwán durante la campaña presidencial provocó la ira de Pekín. Si se sigue haciendo caso omiso del principio básico sobre Taiwán después de asumir el cargo, tendrá un costo aparentemente muy alto para Brasil".


En el párrafo clave destaca: "Muchos observadores tienden a creer que Bolsonaro, que nunca ha visitado China continental, no sabe lo suficiente sobre el poder oriental. Pekín debe prestar atención a que atacó a China durante la campaña y creía que una postura hostil hacia el mayor socio comercial de Brasil lo ayudaría a ser elegido".


En buen romance, el Gobierno de China está diciendo que no le teme a las amenazas, pero sobre todo asegura que tiene armas mucho más potentes para responder a una eventual ofensiva de Brasil en cualquiera de los terrenos. En efecto, si China dejara de comprar soja y mineral de hierro, la economía brasileña, que ya enfrenta una situación grave, podría verse en un callejón sin salida.

 

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Los multimillonarios cada vez más ricos. Como nunca en la historia de la humanidad

Los multimillonarios ganaron más dinero en 2017 que en cualquier otro año documentado en la historia. Los más ricos de la Tierra incrementaron su riqueza un quinto, hasta los 8,9 billones de dólares (6,9 billones de libras), según un informe del banco suizo UBS.

Las fortunas de los superricos de hoy han aumentado a un ritmo mucho más alto desde comienzos del siglo XX, cuando familias como los Rothschild, Rockefeller y Vanderbilt controlaban inmensas riquezas. El informe, de UBS y contables de PwC, ha dicho que hay tanto dinero en manos de los ultrarricos que se está creando una nueva oleada de ricos y poderosas familias de varias generaciones.


“Los últimos 30 años han visto mucha más creación de riqueza que la Gilded Age”, ha dicho el informe UBS de millonarios de 2018. “Ese periodo crió a generaciones de familias en los Estados Unidos y Europa que influyeron en los negocios, la banca, la política, la filantropía y las artes durante más de 100 años. Con la riqueza preparada para ser transferida por los emprendedores a sus herederos en los próximos años se están creando las familias de varias generaciones del siglo XXI”.


Los 2.158 multimillonarios del mundo hicieron crecer su riqueza combinada en 1,4 billones de dólares el último año, más que el PIB de España o Australia, mientras los mercados financieros al alza han ayudado a los ya de por sí muy ricos a conseguir el “mayor crecimiento absoluto de todos los tiempos”.
Más de 40 de los 179 nuevos multimillonarios creados el año pasado heredaron su riqueza, y dado el número de multimillonarios por encima de los 70 años, los autores del informe esperan que otros 3,4 billones sean legados durante los siguientes 20 años.


“Ha comenzado una gran transición de riqueza”, ha dicho el informe. “Durante los últimos cinco años, la cantidad traspasada por los multimillonarios fallecidos a los beneficiarios ha crecido una media del 17% cada año, alcanzando los 117 mil millones de dólares en 2017. Solo en ese año, 44 herederos recibieron más de mil millones de dólares cada uno”
“El cálculo es simple. Hay 701 multimillonarios por encima de los 70, cuya riqueza será traspasada a sus herederos y a filantropía durante los próximos 20 años, dada la probabilidad estadística de esperanza de vida media”. Los 30 septuagenarios o más mayores más ricos tienen un valor neto combinado de más de 1 billón de dólares.


David Rockefeller, el último nieto vivo del fundador de Standard and Oil, John D. Rockefeller (quien se convirtió en el primer multimillonario del mundo en 1916), murió el año pasado a los 101 años con una fortuna de 3,3 mil millones. Una subasta del arte y las antigüedades que coleccionaba su mujer –incluidas piezas de Monet, Matisse y Picasso– recolectó más de 832 millones para organizaciones de caridad que ellos apoyaban.


UBS ha dicho que ya no es válido el proverbio según el cual la primera generación hace la fortuna, la segunda la preserva y la tercera la despilfarra. Algunas familias han conservado enormes fortunas durante cinco o seis generaciones, y algunos de sus herederos incluso han aumentado la fortuna total, según el informe.


“Trabajamos con nuestros clientes multimillonarios, muchos de la siguiente generación parecen muy motivados, comprometidos con sus carreras elegidas, el negocio familiar o haciendo el bien social”, de acuerdo al informe.


Un multimillonario dijo a los investigadores: “La nueva generación, nacida en la era de internet, está más dispuesta a correr riesgos. Tienen más información y pueden ser más valientes al probar nuevas ideas y ser emprendedores”.


Un heredero multimillonario de 30 años dijo: “Creo que mi generación quiere alcanzar una vida más holística y deshacerse de algunas de las hipocresías de las generaciones previas. Queremos tener una ganancia pero con impacto. Nuestras inversiones deberían reflejar quiénes somos y qué creemos”.


Sin embargo, no toda la vasta riqueza poseída por ancianos multimillonarios será transferida a sus hijos, porque muchas de las personas más ricas del mundo se han inscrito en el Giving Pledge [Compromiso de donación] para dar al menos la mitad de su riqueza a la caridad.


Más de 180 personas se han registrado en el proyecto desde que fue lanzado por Bill Gates, de 62 años, la segunda persona más rica del mundo con una fortuna de 95 mil millones, y por Warren Buffet, de 88, el tercero más rico con 84 mil millones de dólares


La persona más rica del mundo, Jeff Bezos, que tiene un fortuna con valor neto estimado de 146 mil millones, más que cualquier otra persona en la historia, no se ha inscrito al compromiso. Creó el mes pasado el Bezos Day One Fund, un plan de 2 mil millones de dólares para ayudar a abordar la carencia de hogar y mejorar la educación de los hijos en familias de bajos ingresos.


La persona más rica en el Reino Unido es Sir Jim Ratcliffe, el fundador y presidente ejecutivo de la compañía petroquímica Ineos y un famoso brexiter, que tiene una fortuna estimada en 21 mil millones de libras. Ratcliffe se está preparando para abandonar Gran Bretaña por el Mónaco libre de impuestos, solo unos meses después de que fuera nombrado caballero por sus servicios a los negocios y la inversión.


Ratcliffe no se ha apuntado al Giving Pledge. Su contribución pública más grande ha sido una donación de 25 millones de libras a la London Business School, la cual rebautizó “Ratcliffe” a su edificio principal diseñado por John Nash.


La mayoría de los multimillonarios del mundo están en Estados Unidos, pero el número de gente ultrarrica está creciendo rápidamente en China, donde dos nuevos multimillonarios son acuñados cada semana. “Hace doce años, el país más poblado del mundo era el hogar de 16 multimillonarios”, ha dicho el informe. “Hoy, mientras progresa el ‘Siglo Chino’, el número es 373, casi un quinto del total global”.


Un multimillonario chino dijo a los investigadores: “En ningún otro lugar del mundo puedes encontrar mejores condiciones de crecimiento que en China. El progreso continuado de creación de riqueza está apoyado por las políticas del gobierno que liberan la economía, mientras que la urbanización y un modelo de negocio disruptor ha creado poderosos nuevos emprendedores”.

Por Rupert Neat 

28/10/2018

 



Rupert Neat
Es corresponsal de riqueza en The Guardian, cubriendo a los superricos y la desigualdad. Ha sido previamente corresponsal de negocios en Nueva York. Fue nominado para reportero del año en los British Press Awards de 2012 y lo British Journalism Awards por su investigación, que acabó con la dimisión de Liam Fox como secretario de defensa.

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Ya es legal el consumo de la mariguana para fines recreativos en todo Canadá

A partir de ayer sus habitantes pueden portar hasta 30 gramos de cannabis para su uso personal

Montreal. Tras prácticamente un siglo de prohibición, Canadá se convirtió ayer en el primer país del mundo industrializado y en el segundo, después de Uruguay, en legalizar la venta y consumo de marihuana con fines recreativos, lo que se consideró una reforma histórica que fue celebrada con largas filas de clientes ansiosos, pero al mismo tiempo recibida con cautela por los mercados.

La legalización permite a las 13 provincias y territorios de la nación organizar la venta con diferentes condiciones de un lugar a otro, por lo que hay distintos modelos en todo el país para un mercado valorado en unos 4 mil 600 millones de dólares al año.

Al cumplir su promesa de campaña, el primer ministro Justin Trudeau resaltó que la medida permitirá restringir el acceso de menores a esa droga y sacar dinero de los bolsillos de las organizaciones criminales.

Sin embargo, la oposición conservadora ha multiplicado sus ataques contra la medida, la cual considera precipitada y con riesgo para la seguridad y la salud pública de los habitantes.

Cuando la gente comience a ver las consecuencias culparán por los fracasos a Trudeau, advirtió el líder opositor Andrews Scheer.

Por su parte, el ministro de Seguridad Pública, Ralph Goodale, anunció un plan para perdonar a quienes recién cumplen condenas por posesión simple dealgunos gramos de la hierba.

Según estadísticas oficiales, 16 por ciento de la población canadiense había fumado cannabis en 2017, una proporción superior a los fumadores de tabaco.

Con la legalización, un adulto puede poseer hasta 30 gramos de la droga legalizada desde ayer. Los hogares podrán cultivar hasta cuatro plantas, excepto en las provincias de Quebec y Manitoba, donde sembrar el enervante está prohibido. Se podrá adquirir en tiendas autorizadas públicas o privadas. Según el gobierno canadiense se podrían abrir cerca de 300 puntos de venta a finales de año.

En Quebec y otras provincias, los clientes hicieron largas filas a las afueras de las tiendas, desde la noche previa a que entrara en vigor la despenalización. Sebastian Bouzats, francés de Burdeos, dijo que llegó a Canadá para vivir la experiencia: "Los franceses vendrán todos a fumar aquí", estimó.

"Hace tiempo debió ser legalizada. la fumo desde que tengo 15 años, tengo 33", señaló por su lado Mathieu, quien junto a decenas de personas arribó a una sucural de la calle Sainte-Catherine, una de las principales avenidas de Montreal, desde las tres de la mañana.

El ministro encargado de la reducción del crimen organizado, Bill Blair, señaló que los grupos delincuenciales, no van a desaparecer de la noche a la mañana, pero consideró que a finales de 2018 se habrá eliminado 25 por ciento del mercado negro y cerca de la mitad en el curso de un año.

 

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Tratados comerciales, jaque mate a la democracia

La democracia es, sin duda, una de las principales víctimas de la profunda crisis actual. Asistimos al desmantelamiento progresivo de principios políticos que no hace mucho tiempo parecían hegemónicos: soberanía popular, derechos humanos, ciudadanía, representatividad, separación de poderes, primacía de lo político sobre lo económico… que se convierten ahora en papel mojado. 

No nos engañemos, estos principios siempre fueron más un relato que una realidad, ocultando en sus prácticas una matriz colonial, patriarcal y clasista, sostenida sobre notables desigualdades y desde el uso de una violencia estructural. Pese a ello, conformaban un modelo de democracia de baja intensidad que permitía, fundamentalmente en el Norte global, ciertos espacios de decisión popular. Precisamente hoy no solo estos, sino incluso el mismo relato del Estado de derecho y de la arquitectura multilateral de defensa de los derechos humanos están en el punto de mira del sistema.


Ya no le son funcionales: el capitalismo es incompatible con la democracia y, para que pueda sobrevivir en un momento especialmente crítico, lanza un jaque mate al imaginario y al modelo vigente desde mediados del siglo pasado. En este sentido, el triángulo conformado por el enorme excedente económico generado por la financiarización de la economía global –que necesita febrilmente encontrar espacios de reproducción–, las escasas expectativas de crecimiento y acumulación para las próximas décadas, así como el colapso ecológico en ciernes fruto del cambio climático y del agotamiento de las fuentes de energía fósil, provoca una tormenta perfecta en la que el poder corporativo –comandado por las empresas transnacionales– impulsa una ofensiva salvaje.


Se pretende así redefinir el proyecto político-cultural del capitalismo para las próximas décadas, en función de un principio básico: para superar este momento crítico, ya nada puede quedar fuera de la órbita capitalista, todo debe convertirse en un espacio de acumulación, sin traba alguna. Toda barrera a los mercados globales y a los negocios internacionales debe ser derribada: barreras geográficas, que impidan avanzar en el viejo sueño húmedo de un único mercado mundial auto-ultrarregulado; barreras sectoriales, que permitan arrasar con todo ámbito público y/o común en favor de lo privado y corporativo; y, por supuesto, barreras políticas, que pongan coto a la soberanía popular frente a la primacía del capital.


En esta lógica se inscribe el creciente autoritarismo, así como el ascenso del fascismo social y político. Por poner algunos ejemplos, hemos visto una Troika capaz de imponer una deuda ilegal e ilegítima al pueblo griego, a pesar del masivo rechazo en referéndum; una policía que reprime con saña en Cataluña frente a una ciudadanía decidida a votar, sin ningún tipo de consecuencia política; una Unión Europea que practica sistemáticamente la necropolítica, y que se pasa por el arco del triunfo el marco internacional de los derechos humanos; un sistema judicial convertido en sujeto político, que permite a los poderes fácticos avanzar allí donde estos no alcanzan, como se ha constatado en Brasil, Ecuador y el Estado español; un sector financiero que impone su poder sobre los pueblos, haciendo que estos acudan al rescate de sus desmanes; unos crecientes espacios de no-derecho, como Guantánamo, que normalizamos; y una extrema derecha que amplía sus espacios –incluso gubernamentales– fomentando la guerra entre pobres y las lógicas excluyentes.


Pero la puntilla a este proceso de desmantelamiento de los mínimos democráticos a escala global tiene nombre propio: los tratados comerciales. Asistimos a una nueva oleada de acuerdos de este tipo (CETA, JEFTA, USMCA, TISA, TTIP, etc.), que pretende completar el proyecto de la globalización neoliberal imponiendo una constitución económica de carácter poliédrico. Hablamos de constitución precisamente porque aspira situarse en la cúspide de la pirámide político-jurídica delimitando, como suelen hacer las constituciones, el marco de lo posible: qué se prioriza y qué no, a qué se le concede valor y a qué no. Hablamos de constitución económica a escala global porque lo que trata de imponer precisamente es la hegemonía indiscutible de la lex mercatoria , la primacía y blindaje de los negocios de las empresas transnacionales a escala internacional. Y hablamos de constitución de carácter poliédrico porque sus contenidos no se plasman en un único documento con su articulado específico, sino que este se vierte en múltiples y muy diversos tratados que, dentro de una estrategia dinámica, flexible y progresiva, incorporan parámetros similares.


Los parámetros compartidos por esta poliédrica constitución económica global se podrían resumir en cuatro apuestas complementarias.


En primer lugar, todos los nuevos tratados sin excepción incorporan una definición ampliada de comercio internacional, que ahora también incluye inversión, servicios, finanzas, bienes naturales, compra pública, comercio digital, innovación, competitividad, etc. Todos estos ámbitos, por tanto, entran indefectiblemente en el marco de los negocios de las grandes empresas, arrebatándolos así del debate político y de la órbita de la soberanía popular.


Además, los acuerdos comerciales posicionan, cual tabla de mandamientos corporativos, una serie de valores de gran exigibilidad, justiciabilidad y capacidad de coerción a escala global, delimitando el nuevo marco de lo posible: el acceso al mercado sin trabas para las grandes empresas se convierte en máxima; la primacía de la seguridad de la inversiones y de los beneficios empresariales se impone al mandato democrático y popular; la armonización normativa a la baja en derechos colectivos se asume como ofrenda en el altar de la competitividad, creando toda una estructura multilateral en su defensa; y se fomenta la mercantilización de todo sector público y/o comunitario, impidiendo en sentido contrario todo proceso de nacionalización, republificación o de propiedad y gestión colectiva sin ánimo de lucro, una vez firmados los acuerdos.


En tercer lugar, los tratados añaden nuevas estructuras regionales y multilaterales favorables al proyecto del poder corporativo, en este caso con la tarea específica de incidir en pos de la convergencia reguladora, esto es, de la desregulación de normativas ambientales, económicas, sociales y laborales. Si los organismos económicos multilaterales y los espacios regionales como la Unión Europea ya incidían en este sentido, ahora contarán con el apoyo incuestionable de estos espacios, con capacidad política de imponer y/o presionar en favor de un comercio y una inversión internacional sin trabas.


En cuarto y último término, la nueva oleada de acuerdos expande el radio de acción de una justicia privatizada en defensa de la inversión extranjera y bajo la égida de los mandamientos corporativos. Se impone de esta manera a escala mundial el modelo de los tribunales de arbitraje, guardianes de los mandamientos corporativos y ajenos a todo principio de igualdad jurídica, en los que una serie de árbitros privados tienen la capacidad de imponer sus laudos a los Estados. Estos pueden ser denunciados por las grandes empresas si vieran sus beneficios pasados, presentes e incluso futuros alterados, mientras que los Estados no cuentan con la capacidad de denunciar a las empresas, inclinando definitivamente la balanza político-jurídica en favor de lo privado frente a lo público.


El círculo se cierra: la nueva oleada de tratados comerciales amputa definitivamente el poder de lo público, de las instituciones. Sus capacidades legislativas, ejecutivas y judiciales están ahora mediatizadas por los mandamientos corporativos convertidos en constitución, subordinadas a todo un entramado multilateral y regional en favor del poder corporativo, y bajo una justicia ad hoc que amedrenta y penaliza a quienes osen salirse del marco de lo posible. Se limita entonces el papel de los Estados a la seguridad y a la desregulación de derechos, mientras que las empresas multinacionales emergen como verdadero gobierno de facto. La democracia, esto es, el poder del pueblo, se relega a la formalidad de gestionar las migajas desechables para el mercado. Una democracia de intensidad mínima, que ahora sí ya empezaría donde terminan los negocios.


Este proyecto sigue vivo, pese al fracaso temporal del TTIP y a la guerra comercial, ya que con matices e intensidades diferentes sigue siendo defendido por las élites globales. Por eso sigue siendo necesario hacerlo descabalgar, impedir su aprobación e implementación. Igual que lo es luchar contra el sistema que lo impulsa, ampliando en sentido contrario la democracia que nos quieren arrebatar: revirtiendo la escala local-global, redefiniendo las soberanías desde miradas inclusivas, implementando procesos de democracia a todos los niveles. Si democracia y capitalismo son incompatibles, sabemos de qué lado estamos.

Por Gonzalo Fernández Ortiz de Zárate*
OMAL / La Marea
Gonzalo Fernández Ortiz de Zárate es autor del libro ‘ Mercado o democracia. Los tratados comerciales en el capitalismo del siglo XXI’ (Icaria, 2018).

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El Banco Mundial recorta drásticamente la previsión de crecimiento para América Latina

El organismo deja la expansión prevista para este año en el 0,6%, más de un punto menos que en junio, y advierte de los riesgos por el coste de la deuda y por la reversión en los flujos de capitales

 

El Banco Mundial habla de “cisnes negros” al analizar la coyuntura global, un término que se popularizó cuando se gestaba el derrumbe del sistema financiero hace una década. Hace seis meses, el organismo con sede en Washington esperaba que América Latina acelerara el crecimiento este año. Ahora lo deja en un anémico 0,6%, medio punto más bajo que en 2017 y lejos del 1,7% que proyectó en junio. Y advierte, también, de los riesgos por el coste de la deuda y la reversión en los flujos de capitales.


“Lamentablemente”, comienza el informe, “la región ha tropezado con algunos obstáculos”. Cita el giro inesperado en Argentina –que se contraerá un 2,5% este año–, la desaceleración en Brasil –que crecerá solo un 1,2% en año electoral–, el deterioro de la ya de por sí crítica situación en Venezuela –que se contraerá un 18,5%– y un empeoramiento generalizado del entorno externo, con una consecuente disminución de las ventas al exterior. Esta suma de factores provocará, en definitiva, que el crecimiento de la región sea finalmente más bajo de lo pronosticado este 2018.


La nueva proyección contrasta con la afirmación, la pasada primavera, de que la región había retomado “finalmente” la senda de un crecimiento cada vez mayor, tras seis años marcados por los retrocesos. La situación para el conjunto de Sudamérica es incluso peor, porque las economías del subcontinente se contraerán una décima y arrastrarán a la baja al conjunto latinoamericano. Si se excluye el ya habitual efecto lastre de Venezuela, crecerían un 1,2%.


La solidez de la economía estadounidense ejerce, por el contrario, de sustento. Especialmente en Centroamérica y, sobre todo, en México, un país muy interconectado con la primera potencia mundial y que se expandirá a un ritmo estable del 2,3%. Los técnicos, sin embargo, siguen viendo la cifra mexicana “por debajo de su potencial”. También es un factor positivo para la región China y la recuperación del precio de las materias primas, lo que explica que Colombia crezca un 2,7%. Perú lo hará un 3,9% y Chile un 4%.


La previsión del Banco Mundial es que el crecimiento repunte tras este bache a una tasa del 1,6% en 2019. Pero esta estimación dependerá de cómo vayan tomando cuerpo “los nubarrones que se ven en el horizonte”. El mayor es la normalización de la política monetaria en EE UU, que ya está provocando una “drástica reversión” en los flujos de capital que entran en la región.


La subida del precio del dinero hace que las inversiones a tipo fijo en EE UU sean mucho más atractivas y se añade a la fortaleza del dólar –la moneda de referencia en lo cruces de toda la región latinoamericana–, que está obligando a algunos bancos centrales de países emergentes a salir a “defender” sus divisas y elevando aún más los costes de la deuda. Es decir, el temor es que la moderación en 2018 sea algo más que una piedra en el camino. “La situación general es preocupante”, admite el informe, que en este punto lanza la voz de alarma por el impacto de las guerras comerciales.


Precariedad fiscal


“El entorno internacional”, insiste el Banco Mundial, “es poco auspicioso”. Carlos Végh, economista a cargo de América Latina y Caribe, reitera que esta fragilidad en la recuperación vuelve a poner en evidencia la necesidad de que se adopten reformas para garantizar que la región puede elevar los muros de contención para resistir choques externos y poder gestionar sus propios riesgos.


El informe hace referencia a la “precaria” situación fiscal de la región; 29 de los 32 países tendrán un balance fiscal negativo. La deuda pública, añade, superó el 60% del producto interior bruto y hay seis países donde está por encima del 80%. Esta situación no hace más que elevar la prima de riesgo. “El acceso y el costo del crédito internacional se complica justo cuando es más necesario”, lamenta, al tiempo que recuerda que esto limita el margen de acción fiscal.


“La región no tiene más remedio que aumentar el ritmo del ajuste fiscal para garantizar las sostenibilidad de la deuda en el corto y mediano plazo”, insiste el equipo de Végh, “especialmente si la entrada neta de capital sigue cayendo”. En este sentido, concluye diciendo que es importante entender la naturaleza de los riesgos para predecir sus efectos y definir una respuesta que los mitigue.


América Latina, por tanto, es una región particularmente expuesta a los riesgos. “Teniendo en cuenta la incertidumbre existente”, opina Jorge Familiar, vicepresidente del Banco Mundial para la región, “es más importante que nunca fortalecerse para afrontar el futuro con mayores garantías”. Eso permitirá también recuperarse más rápido tras el cisne negro. "No se podrá gastar más pero sí habrá que hacerlo mejor", concluye, "para proteger a los vulnerables e incrementar el crecimiento".

 

Nueva York 5 OCT 2018 - 08:24 COT

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Los tratados comerciales de nueva generación: peligro para la estabilidad financiera mundial

Tratados comerciales como el CETA o el acuerdo con Japón son un peligro para las finanzas y la estabilidad económica de todo el planeta, según un nuevo informe.

 

Los tratados comerciales de “nueva generación” aumentan el riesgo de contagio y propagación de futuras crisis. Esta es la principal conclusión a la que llega el informe Financial Regulation challenged by European Trade Policy , realizado por Finance Watch, una organización dedicada a que las finanzas funcionen por el bien de la sociedad, y el Veblen Institute for Economic Reforms francés. 

El estudio recalca que algunos tratados específicos, como el Acuerdo sobre el Comercio de Servicios (TiSA), que consta de unos cincuenta Estados el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) de 1994, y la integración de los servicios financieros en estos acuerdos comerciales bilaterales reducen la capacidad de los Estados para luchar eficazmente contra la inestabilidad financiera y promover un sistema financiero que satisfaga las necesidades de la economía. El informe llega a estas conclusiones tras analizar los acuerdos bilaterales ya negociados, como el CETA (acuerdo de la Unión Europea con Canadá) y el JEFTA (Acuerdo con Japón), los que aún están en negociación o suspendidos, como el TTIP, así como el TiSA y los posibles efectos de las futuras negociaciones entre Reino Unido y Europa tras el Brexit.


Para Benoît Lallemand, secretario general de Finance Watch, la reciente firma del acuerdo con Japón, el JEFTA, “es la confirmación más reciente y preocupante de que la UE sigue aplicando la misma política comercial, a pesar de las advertencias de los expertos, la sociedad civil y muchas otras partes interesadas”. El Parlamento Europeo, que deberá votar la ratificación del acuerdo con el país nipón, “debería negarse a ratificar dicho acuerdo si quiere evitar posibles efectos negativos sobre la estabilidad financiera y la protección del consumidor”, lamenta Benoît.


Además, alertan, en nombre de la promoción de la innovación, el comercio y la inversión financiera, estos nuevos acuerdos pueden contribuir a promover y proteger los comportamientos especulativos y de riesgo, así como socavar el poder y control de la regulación prudencial, lo que podría alimentar futuras crisis. "Al considerar la regulación financiera como una barrera comercial no arancelaria, los nuevos acuerdos comerciales se oponen a lo que se aprendió de la crisis financiera de 2007-2008”, ha declarado Mathilde Dupré, directora del programa sobre Comercio del Veblen institute. Además, Dupré ha alertado de que los negociadores de estos tratados quieren promover la exportación de servicios financieros a escala mundial y “no están realmente preocupados por los riesgos que estos acuerdos suponen para la estabilidad financiera".


Estos acuerdos comerciales de "nueva generación" pretenden aumentar los intercambios entre regiones geográficas cuyas economías ya están bien integradas. Por lo tanto, se ocupan principalmente con la liberalización de los servicios y la eliminación de las barreras no arancelarias, es decir, mediante discrepancias en las reglas y normas de protección. En el sector financiero el "servicio", explica el informe, implica la creación y distribución de riesgos, y la "regulación" se refiere a la capacidad efectiva de los reguladores nacionales para controlar estas actividades arriesgadas de los agentes transfronterizos.
Otro de los factores preocupantes de estos nuevos tratados son la implementación de mecanismos de cooperación regulatoria. Estos mecanismos hacen que, según sus defensores, sean acuerdos “vivos”, lo que significa que su contenido puede ser desarrollado y ampliado incluso después de su firma.


Según el análisis realizado en el informe, tratar las regulaciones como si fueran obstáculos, tal y como hacen este tipo de tratados, va en contra de las lecciones aprendidas en la crisis de 2008. “Demostramos que estos acuerdos de libre comercio han servido históricamente como un conducto para la liberalización y desregulación que condujo a la crisis financiera de 2007-2008", ha explicado Lallemand.

Por Yago Álvarez
@EconoCabreado

 

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