El sueño de la razón, los transgénicos y la biología sintética

 

Se pueden hacer muchas interpretaciones sobre lo que trasmite el grabado de Goya “El sueño de la razón produce monstruos”, incluso algunas opuestas entre sí. Sin descartar otros significados, para mí la frase es una buena alegoría de la tecno-ciencia dominante: sus sueños producen monstruos y basada en la razón lineal y unívoca que la caracteriza, los trata de construir, lo que muchas veces logra, a despecho de sus impactos. Aunque el uso de la palabra “ciencia” en este caso es demasiado generoso. Se trata en realidad de tecnologías que pueden ser muy sofisticadas, pero que se desarrollan con un objetivo cerrado de antemano: la producción de ganancias para las grandes empresas que las poseen, para lo cual eliminan de la consideración factores de duda y complejidad, o sea, niegan principios fundamentales de toda ciencia.

 

Un ejemplo muy claro de esta lógica reducidora son los cultivos transgénicos. Con veinte años en el mercado, las estadísticas oficiales de Estados Unidos, primer y principal productor de transgénicos en el mundo, muestran que las semillas son más caras, que la productividad es menor que los híbridos que ya existían, que han aumentado brutalmente el uso de agrotóxicos en la siembra y los residuos de éstos en alimentos, aguas y suelos, con graves impactos en la salud y el medio ambiente. Todas las semillas transgénicas están patentadas, por lo que la contaminación con esos genes se convierte en un delito para las víctimas –y en negocio para las empresas. La investigación y desarrollo de un evento transgénico cuesta en promedio 136 millones de dólares estadounidenses, mientras que producir una semilla híbrida cuesta en promedio 1 millón de dólares.

 

Aunque cada semilla producida en laboratorio, se basa en las variedades creadas por campesinos e indígenas desde hace miles de años, esos procesos industriales desplazan, erosionan y contaminan las miles de variedades que campesinas y campesinos producen cada año, adaptadas a miles de microclimas, situaciones geográficas, variaciones por cambio climático, necesidades y gustos locales, que siguen estando en libre circulación entre quienes las crearon y muchos más y que son la base de la alimentación de la mayoría de la población mundial.

 

Son muy pocas las empresas que controlan todos los cultivos transgénicos que se plantan comercialmente en el mundo (Monsanto, Syngenta, DuPont-Pioneer, Dow, Bayer, Basf ) y como están en proceso de fusiones, serán aún menos. Son las mismas que controlan más de dos terceras partes del mercado global de semillas híbridas y de agrotóxicos. Por ello, aunque los transgénicos sean peores que los híbridos que ya existían, como son más caros y generan más dependencia y más ventas de agrotóxicos, las trasnacionales insisten en imponerlos.

 

Para que una tecnología llegue al mercado, no es necesario que sea buena, ni siquiera útil, simplemente que los que la controlan tengan el poder económico, político y si hace falta, de corrupción, para que así sea. Pero pese a las ingentes cantidades de dinero que la industria biotecnológica ha gastado en propaganda, mercadeo, cabildeo o corrupción para hacer leyes a su favor, no ha logrado que la mayoría de la gente los apoye, ni siquiera que sea indiferente. En todo el mundo, la mayoría de las personas contestan que prefieren no comer transgénicos. Es un hecho muy importante, han invadido los mercados, pero no han logrado colonizarnos la mente.

 

Los transgénicos son una tecnología inexacta y ya obsoleta, aunque las empresas insisten en plantarlos en nuestros países, para seguir sacando ganancia de los productos que ya tienen. Pero la industria biotecnológica y los laboratorios financiados por ellas han desarrollado en los últimos años otras tecnologías, que tratan de desligar públicamente de los transgénicos, para evadir tanto regulaciones como la resistencia de la gente.

 

La mayoría de estas nuevas biotecnologías se engloban en el campo de la biología sintética, que es la construcción en laboratorio de secuencias genéticas sintéticas para rediseñar, “editar” sistemas biológicos o sintetizar genomas completos, es decir construir organismos vivos, pero sintéticos. Esta última parte no ha pasado de microorganismos pequeños, como virus, pero industriales pioneros como Craig Venter, ya han construido artificialmente todo el genoma de una bacteria y existen varios proyectos para ensamblar sintéticamente organismos mucho más complejos.

 

A diferencia de los transgénicos, en los que al principio eran pequeñas empresas que invertían, en la industria de la biología sintética entraron desde el inicio los pesos pesados: las mayores empresas globales petroleras, químicas, farmacéuticas, de agronegocios. La mayoría de la industria se dedicó al principio a tratar de modificar el metabolismo de microorganismos para que produjeran combustibles a partir de biomasa, lo cual lograron hacer en laboratorio, pero les resultó difícil escalarlo. Por ello, usando las mismas técnicas, se dedican ahora a la manipulación del metabolismo de bacterias y levaduras para sintetizar compuestos de alto valor agregado, como principios farmacéuticos, saborizantes y fragancias.

 

Ya existen en producción o en camino versiones de biología sintética de artemisa, vainilla, azafrán, pachuli, vetiver, aceite de coco y de rosa, stevia, gingseng, entre otros. La industria los presenta como “naturales” porque son producidos en tanques por microbios vivos modificados. Nada se ha investigado sobre los impactos ambientales de estos microbios transgénicos 2.0, ni que sucederá cuando escapen de los tanques a los ecosistemas, mucho menos qué impactos tendrán en la salud los productos derivados. Lo que sí se sabe es que casi todas las sustancias botánicas que la industria de la biología sintética reemplaza o proyecta reemplazar, son actualmente producto del trabajo de millones de campesinas y campesinos en diferentes partes del mundo, para quienes esta cuidadosa labor de recolección y cultivo significa su única fuente de ingresos.

 

Las empresas de agronegocios y transgénicos están avanzando también en la utilización de biología sintética para manipular otras plantas y cultivos. Por ejemplo, existe la tecnología para crear malezas que sean más susceptibles a los agrotóxicos, ya que uno de los topes de los cultivos transgénicos es el surgimiento ya muy expandido de “supermalezas”, que son resistentes a sus agrotóxicos. De esta forma, podrían usar aún más.

 

Al igual que con los transgénicos, las empresas aseguran que la biología sintética es una panacea para atender los problemas de hambre, salud y medio ambiente. Por el contrario, está a la vista que lo que quieren con estas nuevas tecnologías es renovar sus ganancias reciclando sus transgénicos obsoletos y desplazando producciones campesinas.

 

La biología sintética avanza muy rápidamente y prácticamente sin ningún control, en agricultura y también en otros campos, con impactos económicos, ambientales, de salud, potencialmente muy graves. La posición del Grupo ETC es pugnar por una moratoria inmediata a la biología sintética, como mínimo para conocer y discutir sus posibles impactos. El tema ya está en discusión en el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas (que se reunirá en México en diciembre 2016), pero es solamente a partir de las protestas de la gente, los movimientos, comunidades y organizaciones, que atenderán esta demanda.

 

De fondo, además del cuestionamiento a esta nueva tecnología, necesitamos construir una crítica colectiva que no sea solamente frente a cada tecnología por separado, sino a la matriz tecno-científica dominante.

 

 

Miércoles, 18 Mayo 2016 06:42

Crisis y mutaciones del capitalismo

Crisis y mutaciones del capitalismo

La crisis global que explota en 2007 no es un pequeño tropiezo en la historia del capital. Es un terremoto de magnitud inusitada que alterará las formas de organizar la producción y el consumo para siempre. Las transformaciones que le están asociadas tocan las estructuras del Estado y de la plataforma de acumulación de riqueza que han caracterizado el movimiento del capital desde hace más de 200 años.


El anterior podría parecer un enunciado aventurado. Después de todo, la historia que nos cuentan los economistas tradicionales, en sus diversos colores, desde los más conservadores hasta los que visten el ropaje del llamado keynesiano, la crisis no es más que el resultado de una desafortunada combinación de eventos, casi un accidente. Para los conservadores la crisis se genera por errores en el manejo de la política económica. Por ejemplo, en Estados Unidos este grupo sostiene que fueron las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac (patrocinadas por el gobierno) las que precipitaron la crisis de las hipotecas sub-prime. Y aunque los datos desmienten esta tesis, el dogma del mal gobierno se perpetua. El corolario es que no hay nada malo con el capitalismo.


Para los keynesianos y acompañantes, la raíz de la crisis se encuentra en una deficiente demanda agregada. Por ejemplo, economistas como Brad Delong y Joseph Stiglitz sostienen de manera explícita desde 2009 que la débil demanda agregada global es la causa fundamental de la crisis.


Los argumentos en contra de la austeridad fiscal van en la misma dirección. Las ganancias de los capitalistas dependen entonces de que los trabajadores gasten más. El estancamiento de los salarios es nocivo para el proceso de inversiones y cuando eso sucede el Estado debe entrar al quite estimulando la demanda. En la parte baja del ciclo económico, cuando las familias ahorran más y gastan menos, los keynesianos sostienen que el gobierno debe gastar más. La austeridad agrava el problema de la deficiente demanda agregada.


Pero la falta de confianza es otro problema: con la incertidumbre los agentes prefieren no despegarse de su dinero. Por eso se necesitó una postura heterodoxa en materia de política monetaria. Pero como no ha dado el resultado esperado, la interpretación keynesiana es que esa postura no ha restaurado el crecimiento porque se llegó al límite de tasas de interés cero.


Olvidan que el mismo keynes manifestó serias dudas sobre la efectividad de una política monetaria no convencional. La incertidumbre sobre el futuro devenir de la economía, señaló en su Teoría general en 1936, será el factor determinante y no habrá política monetaria que la pueda cambiar. De todos modos los economistas keynesianos y algunos neoclásicos que les acompañan en una parte del razonamiento insisten en la necesidad de mantener una política de flexibilidad monetaria no convencional.


Muchos llegan hasta el grado de proponer que se autorice el despegue del helicóptero monetario. Esta es una vieja idea que implica inyectar el influjo de dinero directamente al público, como manera de incentivar la demanda agregada. Por ejemplo, en una versión extrema esto implicaría acreditarle directamente en sus cuentas a la población una cierta cantidad de dinero. Pero después del festín de sobrendeudamiento que acompañó a la crisis, lo más probable es que los agentes busquen usar ese dinero extra para pagar deudas y no para irse de compras.


Frente a la narrativa de la deficiencia de la demanda agregada comienza a surgir una interpretación distinta basada en los datos sobre el desempeño de las economías capitalistas en los últimos 50 años. Varios investigadores han demostrado que en los casos de las fuertes recesiones de 1974-75 y 1980-82 en Estados Unidos, la relación salarios reales/tasa de ganancia se mantuvo en niveles altos. Es decir, la recesión no habría sido provocada por una caída de los salarios con respecto a la tasa de ganancia, sino al contrario. El trabajo de referencia es de Guglielmo Carchedi y Michael Roberts, y su conclusión choca de frente con la interpretación sobre las raíces de la crisis que ya se ha convertido en una especie de narrativa dominante.


Lo anterior no significa que la demanda agregada no ha sido deficiente. Es un hecho que el crecimiento de los salarios reales se estancó desde principios de la década de los años 1970. Pero hay una pregunta que el análisis convencional prefiere ignorar: ¿por qué dejaron de crecer los salarios a partir de esos años? La hipótesis más fuerte es que la caída en la tasa de ganancia que experimentó el capital desde los años 60 llevó a una ofensiva en contra del trabajo. Eso se tradujo en una acometida en contra de sindicatos y en un endurecimiento anti salarial.


Pero todavía queda otra pregunta fundamental. ¿Por qué cayó la tasa de ganancia? Esta es la interrogante más importante, la Robert Heilbroner consideraría esencial para abordar una reflexión sobre la lógica del capitalismo y las mutaciones que vendrán en el futuro cercano. Regresaremos sobre este tema.


Twitter: @anadaloficial

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Sobre la libertad de información y otros mitos

Un importante grupo informativo prohíbe a sus periodistas asistir a los programas de televisión de una conocida cadena y, además, despide a otro periodista de una radio que pertenece a dicho grupo, por informar que familiares del consejero delegado de ese grupo aparecían en los “papeles de Panamá”, a lo que se había referido también la cadena de televisión... Hechos como estos hacen recordar una realidad tan evidente como inexplicable, pero recurrentemente, olvidada: todos los medios de comunicación tienen dueño, con excepción de los medios de propiedad pública, cuyo «dueño» es el partido de turno en el poder. Son empresas y funcionan como empresas, es decir, no tienen una función social –aunque la cumplen–, sino que deben generar beneficios a sus dueños y servir a los intereses de esos mismos dueños o de quienes representan esos dueños. Mantienen la idea –muchas veces la ficción- de que existe libertad de expresión, pero es la libertad de expresión de los dueños de los medios de comunicación (y de sus socios, cómplices, accionistas o contratantes de publicidad), no la libertad de expresión del ciudadano común, que rara vez tiene acceso a ellos.

 

Los periodistas son empleados que deben cumplir las órdenes de los dueños del medio de comunicación que les contrata y paga, sean de radio, prensa, televisión, agencias noticiosas o de cualquier otro formato en la plataforma que sea. Como personas que reciben un salario, tienen la obligación de ajustarse a la política de la empresa, a riesgo de ser despedidos. Cuando se lee una noticia o un comentario, debe recordarse el verso de Bertolt Brecht en la Ópera de los cuatro cuartos: «Mackie, ¿quién paga la cuenta?». Sólo es posible entender el modelo de prensa existente en un país si se conoce quiénes son los dueños de los medios de comunicación y a qué intereses responden.

 

El control de los medios de comunicación es una cuestión estratégica en toda sociedad, pues a través de estos medios se puede manipular el pensamiento de una mayoría social y «crear» ideologías. La manipulación informativa, a través de los medios de comunicación, ha sido copiosamente estudiada. Noam Chomsky, en su obra Ilusiones necesarias. Control de pensamiento en las sociedades democráticas, realizó un pormenorizado estudio de la manipulación informativa de hechos en los medios de comunicación de EEUU, demostrando que esos medios informativos, en realidad, no informaban, sino que elaboraban las noticias de forma que sostuvieran la posición del gobierno de EEUU o de las grandes corporaciones que controlan el poder real en ese país. «En resumen –expresa Chomsky–, los principales medios de comunicación [...] son grandes empresas que “venden” públicos privilegiados a otras empresas. No podría constituir una sorpresa el hecho de que la imagen del mundo que presentan reflejara las perspectivas y los intereses de los vendedores, de los compradores y del producto».

 

Los directivos de los medios de comunicación, sigue diciendo Chomsky, «pertenecen a las mismas elites privilegiadas» y es «poco probable que los periodistas que penetran en el sistema se abran camino salvo si se pliegan a estas presiones ideológicas». Esta realidad ya la había descrito Carlos Marx en La ideología alemana, obra en la que afirmaba: «Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes de cada época; o dicho de otro modo, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante». Para poder ejercer ese «poder espiritual», las clases dominantes necesitan controlar los medios de comunicación de masas, control que, hoy, está alcanzando cotas inimaginables.

 

Dado su carácter estratégico, las clases dominantes han puesto históricamente gran empeño en controlar la información, de forma que exista libertad de expresión, pero que sea «su» libertad de expresión. O una libertad de expresión dentro de un orden, que jamás cuestione las estructuras de dominio económico y político que defienden. Dicho de otra manera, que exista una apariencia de libertad de expresión, no una libertad de expresión real y accesible a todos los ciudadanos. Este interés por controlar, manejar y dirigir la información ha llevado a la creación de grandes conglomerados de medios informativos, un proceso que es paralelo al de concentración de la riqueza en pocas manos. Puede, incluso, hacerse una ecuación: a mayor concentración de poder en grupos minoritarios, mayor concentración de medios de comunicación controlados, directa e indirectamente, por esos grupos minoritarios.

 

El conocido diario estadounidense The Washington Post fue adquirido en 2013 por el dueño de Amazon, Jeffrey P. Bezos. El principal accionista de The New York Times, propiedad de la familia Ochs Sulzberger, es el multimillonario mexicano Carlos Slim, con el 19% de las acciones. La empresa es dueña de otras 40 publicaciones, entre ellas International Herald Tribune y The Boston Globe. El Grupo Time Warner de EEUU es dueño de CNN, una de las mayores cadenas de televisión del mundo, que transmite en inglés y en español (CÑN). Es, además, dueña de Chilevisión y CNN Chile, de las revistas Time, Sports Ilustrated, People, Fortune, Money Magazine y del Grupo Expansión, de México, dueño, a su vez, de nueve revistas. El conglomerado alemán Bertelsmann posee 52 canales de televisión y 29 emisoras de radio y «[c]ada día los lectores de Gruner+Jahr tienen la opción de escoger entre 500 revistas en distintos medios en más de 30 países». El Grupo Bertelsmann España es dueño, a través de Atresmedia, de Antena Tres, La Sexta y Onda Cero, en el campo audiovisual y posee doce revistas, entre ellas Muy Interesante, Geo y Autopista, así como las editoriales Alfaguara y Taurus. RCS Mediagroup, conglomerado empresarial italiano, posee los diarios Corriere della Sera, La Gazzetta dello Sport y Corriere Economia –entre otros– en Italia y es dueño de El Mundo, Marca y Expansión en España. En total, un centenar de medios de comunicación. E l Grupo El Comercio, en Perú, controla el 78% de la prensa. “Si se produce una concentración de medios como se está produciendo en el Perú, y esos medios tienen además una línea política muy clara, entonces allí hay una amenaza potencial muy grande contra la democracia”, advirtió Mario Vargas Llosa, a quien nadie puede acusar de comunista. En Brasil, el Grupo Globo controla el 45,2% de la audiencia televisiva y el 73,5% de publicidad, además de poseer 38 canales de pago. Globo ha encabezado la campaña para derribar a la presidenta Dilma Roussef.

 

Un dato común une a los dueños de conglomerados de medios de comunicación, sean de la nacionalidad que sean: son todos familias o grupos multimillonarios, que comparten el propósito común de defender el sistema económico que les ha permitido alcanzar la condición de multimillonarios. Comparten una ideología común, ideología que sostienen y defienden desde sus medios de comunicación. De esa guisa, sus líneas informativas tienden a preservar el establishment y a desinformar, por una parte, y atacar, por otra, a los gobiernos, grupos, asociaciones, partidos, etc., que promueven ideas progresistas o de izquierda que atacan los fundamentos del sistema. Por esa vía se llega a otro aspecto, no menos medular, pues afecta el corazón de la libertad de expresión: si una vasta mayoría de medios de comunicación defiende el mismo sistema, el pluralismo desaparece. La sociedad se ve saturada de noticias con el mismo o similar contenido o ideología, de forma que se produce una ficción de libertad, negada por el hecho de que esa vasta mayoría de medios coincide en los mismos presupuestos ideológicos. El control pasa desde escoger qué tipos de programas se difunden, hasta seleccionar qué tertulianos o «expertos» son invitados a «impartir su sabiduría». Estamos, así, ante el engaño perfecto y EEUU es el modelo a seguir. Noam Chomsky es una celebridad internacional, pero ninguno de los grandes medios informativos estadounidenses suelen abrirle sus espacios. Chomsky puede decir lo que quiera, pero sus mensajes quedan depositados en los rincones, de forma que la gran mayoría de ciudadanos se ve condenada a escuchar la misma «música», un día sí y otro también. Como ha indicado un informe de la Organización de Estados Americanos.

 

“uno de los requisitos fundamentales de la libertad de expresión es la necesidad de que exista una amplia pluralidad en la información y opiniones disponibles al público... Cuando las fuentes de información están seriamente reducidas en su cantidad, como es el caso de los oligopolios... se limita la posibilidad de que la información que se difunda cuente con los beneficios de ser confrontada con información procedente de otros sectores limitando, de hecho, el derecho de información de toda la sociedad.”

 

Las limitaciones a la libertad de expresión no provienen únicamente de la concentración de los medios de comunicación en pocas manos y en que esas manos defiendan un sistema monocolor, sino también de la dependencia de estos medios de los anunciantes. Es de público conocimiento que los medios masivos de comunicación dependen, fundamentalmente, de la cantidad de anunciantes que puedan captar. El círculo se cierra comprendiendo que, en cada país, los mayores anunciantes suelen ser las grandes empresas y el Estado. Las clases dominantes no necesitan cerrar con violencia o con decisiones judiciales un medio de comunicación discrepante. Les basta con negarles cualquier tipo de publicidad para que mueran solos. En España no hay un solo diario de izquierda o progresista en formato de papel. Ese espectro informativo, como el televisivo, lo copan casi enteramente las fuerzas conservadoras.

 

Afortunadamente, Internet ha abierto espacios de difusión de ideas que han permitido prosperar y proliferar a miles de diarios, revistas y canales informativos discrepantes, que han roto, puede que para siempre, el monopolio ejercido sobre la información por las clases dominantes. Hoy es posible informarse ampliamente sin depender de los medios de comunicación masivos, aunque éstos sigan ejerciendo una presión insoportable sobre amplias capas de las sociedades.

 

Como puede colegirse, es fácil hablar de libertad de expresión y difícil que tal derecho sea debidamente respetado o sea puesto efectivamente en práctica. También es fácil confundir la libertad de expresión con el hecho de subirse a un banco, en Hyde Park, en Londres, y desahogarse sobre uno o varios temas que gusten o disgusten. La libertad de expresión es eso, pero es muchísimo más que eso. Desde muy antiguo, el control de la información ha sido considerado una cuestión esencial por los grupos en el poder, pues controlar la información es controlar las mentes y quien controla las mentes no necesita de ejércitos. Necesita tertulianos. Pero, como ha expresado la Corte Interamericana de Derechos Humanos, «una sociedad que no está bien informada no es plenamente libre». En esas desinformaciones vivimos y en la manipulación nos ahogan.

 

Augusto Zamora R., Profesor de Relaciones Internacionales, autor de Política y geopolítica para Rebeldes, Irreverentes y Escépticos, Colección Foca, Ediciones Akal, de próxima aparición.

 

 

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“La revolución tecnocientífica crea el tecnocapitalismo, diferente al capitalismo industrial”

Los señores del aire, los dueños de la informática, son los nuevos señores feudales en una época tecnocientífica. De las diez mayores empresas del mundo, siete están relacionadas con tecnologías de la información y la comunicación.

 


Javier Echeverría se considera a sí mismo un pionero en el estudio de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Su libro Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno, publicado en 1999, era una suerte de apuesta para el nuevo siglo que comenzaba. Su precisión lo convirtió rápidamente en una obra de lectura obligatoria para los académicos españoles y latinoamericanos. Invitado por la Universidad de Lanús y por el Centro Cultural de España en Buenos Aires, el filósofo, matemático, ensayista y profesor del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas dialogó con Página/12 sobre las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad.

 

Su obra tiene un fuerte impacto en el mundo académico de nuestra región.

 


–¿Usted nació en México?

 

–Mi padre emigró a México a los 19 años huyendo de la guerra de Marruecos. Cuando mi padre se fue a México quedó como desertor hasta que en 1936 la República le amnistió. Volvió a España, se casó con una mujer del pueblo y se la llevó a México. Hoy parece algo asombroso, pero en esos tiempos eran historias muy típicas las de los indianos, que eran aquellos que hacían las Indias por estrictas cuestiones económicas. Mis hermanos nacieron en México, pero mi madre decidió que yo naciera en España porque había perdido dos niños por falta de atención médica.

 

–Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno fue publicado en los umbrales del siglo XXI. ¿Cómo evalúa los cambios producidos por las nuevas tecnologías de la información a casi dos décadas de ese trabajo?

 

– En aquellos momentos los señores del aire eran Microsoft, Nokia y Ericsson. Nokia y Ericsson han desaparecido. Todas las grandes compañías del hardware, el software, las telefonías móviles, los videojuegos y las tarjetas de crédito irían creciendo, y ese sistema de las nuevas tecnologías de la información se extendería por todos los países, como ha sucedido. Quienes controlaran esas tecnologías tendrían un poder creciente. Los señores del aire era una metáfora de los señores de la tierra en el medioevo. Los que tenían el control de la tierra tenía el poder. En el siglo XXI, los que controlaran el aire, internet y las redes telemáticas son los que tendrían el poder. Basta mirar las diez empresas con mayor capitalización en bolsa para saber que siete son del sector de tecnologías de la información y la comunicación. Hace 16 años eran las empresas petroleras, industriales, de automóviles. Amazon, Google, Facebook y Twitter no existían. Los señores del aire han tenido sus batallas, sus conflictos y evoluciones, pero lo fundamental era lo que yo proponía, la metáfora feudal, y lo sigo afirmando radicalmente. Internet o el tercer entorno está en una etapa neofeudal. Hay una especie de dependencia o servidumbre. Cualquier usuario de un software o una red social llega a un momento clave que es el del “acepto”. Uno acepta o no. Si no lo haces no accedes a las redes sociales, y quedas excluido de ese ámbito social, ámbito ciudadano, te quedas sin nada. Y si aceptas, has firmado un contrato donde aceptas todas las condiciones que te impone el señor del aire y que nadie lee. Eso es lo típico de un poder feudal. El origen de sometimiento en la relación es total. Uno pertenece entonces al señor feudal, depende de él, se tiene que atener a sus normas, tiene que actualizar continuamente sus productos. Somos súbditos de estas grandes empresas.

 

–En su momento, usted usó la expresión “neofeudalismo cibernético”. ¿Estamos más cerca de ser una “democracia electrónica” ahora?

 

–Esa era la idea de Telépolis, hacer una ciudad democrática en este mundo digital. En 1994, cuando lo publico, esto era utópico, porque estas tecnologías estaban surgiendo. El tercer entorno no es sólo internet. Aparte están las redes digitales, telemáticas, militares y financieras, presentes desde los años 80. Las redes financieras son las que generaron la crisis del 2009. Ahora mismo los Panamá papers es un ejemplo clarísimo de por dónde circulan los grandes dineros. Circulan por redes financieras, que son telemáticas. De la misma forma se mueven las guerras. Antes de organizar una guerra, los países tecnológicamente desarrollados montan la red telemática correspondiente. En la guerra de Irak esto fue clarísimo. Estados Unidos tardó un mes en llegar hasta Saddam Hussein, porque estaba montando toda la red para saber dónde bombardear. El tercer entorno es una estructura diferente de la tierra y de las ciudades, porque no es territorial. Quien domine las redes, sean militares, financieras, científicas, mantenidas por las comunidades científicas y las grandes industrias, o civiles, como internet, tiene el poder. Esto configura un nuevo espacio, el tercer entorno o mundo digital. Ha habido grandes novedades, como Facebook y las redes sociales, y Apple ha superado a Microsoft. En cualquier caso, no ha habido más que cambios en las relaciones de poder entre los señores del aire. Ahora los llamo los señores de las nubes. La metáfora es casi la misma. Puede haber nubes huracanadas, de cenizas, nucleares. Las nubes pueden generar nubarrones y puede ocurrir un huracán, verdaderamente devastador, como le ha sucedido a las redes militares y financieras. Si en algún momento Google quebrara, porque otro señor del aire le bombardeara, cuando comiencen las tecnoguerras, muchas redes caerían.

 

–¿La masificación creciente en el acceso a internet puede desembocar en una mayor democratización?

 

–Para nada. En el 99 decía taxativamente que ese espacio no era democrático, y ahora lo es menos que antes. Que haya mucha gente en un sitio no significa que sea una democracia. Una condición sine qua non requiere, en el sentido griego de democracia, que haya un espacio público, el ágora, de acceso universal y libre a todos los ciudadanos. Esto no sucede, pues para acceder a internet tengo que usar un navegador, un portal, una conexión wi-fi. Si internet fuera el ágora, habría un montón de filtros, de señores que me cobran o me controlan por acceder. No hay acceso libre en absoluto. El segundo argumento, más convincente todavía, es que no hay democracia sin división de poderes. Si hay sólo un poder ejecutivo, esto es tiranía. ¿Hay un Parlamento en Facebook, en Twitter? Lo que hay es un consejo de administración cuyos miembros ignoramos todos y que no se elige democráticamente. Si se quiere democratizar, ya no el tercer entorno pero uno de los dominios feudales, pido que elijamos al presidente de Google los usuarios. Mark Zuckerberg, que es tan democrático y anarco, que se someta a la elección de sus usuarios. El concepto de democracia se ha devaluado, se lo confunde con mucha gente. Lo que sí sucede, sobre todo en las ciudades, es que la masificación produce un incremento de valor. Cuando hay un trending topic o un bloguero con mucha audiencia, entonces la publicidad le llega, aumenta el valor de su dominio, el valor bursátil de la red correspondiente y el poder económico.

 

–¿Qué piensa de las llamadas “revoluciones 2.0”, este matrimonio entre redes sociales y las calles, como lo sucedido en Egipto, Brasil y España?

 

–En los países árabes todo ha acabado como el rosario de la aurora. Incluso Túnez, que es la única democracia que ha sobrevivido, está completamente controlado y limitado.

 

–Durante las revueltas del 2011 en Londres, David Cameron apuntó a Twitter.

 

–Si lo pide Cameron, Twitter negocia. Lo que no se sabe es qué pudo haber obtenido Twitter de Cameron. En esta misma fase, se produjo la revuelta de Wall Street. De eso ha quedado Trump.

 

–También Bernie Sanders.

 

–Bueno, pero personajes como Trump son típicos del tercer entorno, de esta nueva modalidad de lucha por el poder, donde triunfa la demagogia y la política del espectáculo. Incluso Putin, que va de serio y riguroso. O del dictador de Corea del norte, que organiza espectáculos, hace ensayos nucleares, tira misiles, sólo para tener publicidad en la prensa. Hitler fue un gran líder de masas. El equivalente al ciudadano clásico es el usuario de las nuevas tecnologías. Democratizar una red es dar el voto libre y secreto a los usuarios. Puede ser democracia directa o parlamentaria, que el Parlamento dicte unas leyes, que el presidente del consejo de administración se atenga a las reglas que han impuesto otros y que gestione la red sin poner las normas él o sus hombres de confianza. A mí me resulta alarmante que se piense que porque hay mucha gente en una red social es democracia.

 

–Quizás el problema es que se analiza un escenario relativamente nuevo con viejas categorías, como si se tratara del tema de los medios de comunicación tradicionales.

 

–La tesis de Castells es que los políticos están controlados por los medios de comunicación y éstos están dominados directamente por el sistema financiero. Esa es la estructura del mundo en la actualidad. Pensar hoy en día que los gobernantes mandan es tiempo pasado. Precisamente por eso hay una crisis profunda de las democracias. Estas elecciones entre Hillary Clinton y Trump son un ejemplo de cuánto se ha deteriorado la democracia en un país donde ha habido presidentes como Jefferson o Lincoln. La política se ha convertido en tecnopolítica. Los partidos políticos se han convertido en empresas que compiten en un mercado de los votantes y que capitaliza en las urnas. Un movimiento social importante como el 15M ha acabado en un partido político normal y corriente como cualquier otro que manifiesta su fuerza capitalizando votos. Dudo que eso aumente la calidad de la democracia. Si ha cambiado el concepto de democracia, entonces que se explicite. Si no hacen falta constituciones ni repúblicas, y hay redes privadas como Facebook, que se diga. Google no es una institución pública. Es propiedad privada de unos señores que son muy liberales, tolerantes y sofisticados. No estoy criticando a las personas, sino a la estructura, que es muy alarmante.

 

–La expansión de internet se asocia con globalización. ¿Cómo impactan estas nuevas tecnologías en las identidades?

 

–Surgen nuevas formas de identidad. El sujeto pasa a tener una identidad plural. Frente a la noción clásica de sujeto político, por ejemplo, uno puede tener una nacionalidad o a lo sumo dos. En el segundo entorno uno tiene una patria y punto. En el tercer entorno, en cambio, uno puede tener múltiples identidades, porque se es súbdito de varios señores del aire. El ser súbdito de Facebook no me impide serlo de Google. Al revés. Como esas son tecnoidentidades, o identidades tecnológicas, tengo que adquirir competencias y mi mente tiene que estar troquelada para manejar esas tecnologías. Estoy hablando de identidades mentales. El tercer entorno es básicamente una identidad mental y se puede venir abajo en cualquier momento. Y cuando uno se queda sin conexión insulta y pierde los nervios. Un padre quiere que un señor del aire controle las fotos que su hijo sube a Flickr o Instagram o las locuras que hace en las redes sociales. Es decir, está controlado por una empresa. El anonimato es perfectamente posible desde un punto de vista tecnológico, pero esto no les interesa a los señores del aire. Les interesa conocer al detalle los gustos e intereses de sus usuarios, porque al saber sus usos están haciendo un estudio de mercado gratis, del actual y del futuro, en el caso de los jóvenes. Han descubierto la fórmula de la coca cola. Hacer un estudio de mercado es muy costoso e impreciso, bien lo saben los expertos en econometría. Los jóvenes lo ven desde otra perspectiva. Ya veremos quién tiene la razón.

 

–¿Qué cambios produce este nuevo paradigma en la educación y en el trabajo, dos pilares de los Estados modernos?

 

–En los 90 yo hablaba elogiosamente del teletrabajo, lo consideraba una gran oportunidad para muchos oficios, para gente con mucha movilidad. Ahora el empleo, el trabajo asalariado está menguando en todo el mundo. El valor económico lo generan los propios usuarios en la medida que sean millones de usuarios o telespectadores los que contemplan un partido de fútbol o un atentado como el del 11 de septiembre. Eso genera un valor incalculable, y lo previeron los terroristas, que sabían que dos aviones impactando en las torres impactarían a su vez en las mentes. Yo no olvidaré esas imágenes. Ese es el poder de los señores del aire. El señor feudal antes te marcaba con un hierro caliente. Es mucho más grave que te marquen la mente. El consumo de la información y el uso de las tecnologías son algo productivo si es masivo, si produce riqueza y genera valor económico. Por lo tanto, la producción de riqueza en la economía del conocimiento y de la información está evolucionando de manera distinta a lo que era la generación de valor en las economías industriales, donde lo trabajadores eran los que generaban valor. Ahora lo hacen los usuarios, los consumidores. La consecuencia es que uno se tiene que buscar la vida en la red como sea, de autónomo y de modo precario. Los empleos asalariados en la red son los diseñadores de software, los que controlan la seguridad en las redes, los administradores, pero la gente de base tendrá un dinerito puntual por haber hecho tal trabajo, como creativo o modificando una fotografía. Esto me preocupa mucho porque vamos a sociedades sin empleos. Yendo a la educación, quienes marcaban las mentes en el medioevo europeo eran los sacerdotes, la familia y los vecinos, hasta que la revolución francesa, tremenda, con miles de muertos, instituyó la escolarización obligatoria y un Estado laico. Eliminó el poder religioso del ámbito educativo, arrancó a los hijos de las familias y los vecinos determinadas horas del día y los llevó a la educación pública. Hoy en día los procesos de aprendizaje se hacen a través de la red, la televisión y los videojuegos. Los padres y los maestros ni se enteran. En lo que a los niños les interesa de verdad, saben bastante más ellos que los profesores. Por eso no los respetan. La inversión del conocimiento en el ámbito educativo tiene consecuencias tremendas. En la escuela se mantiene una educación que a los chicos y a las chicas les interesa muy poquito. Encima en España se les prohíben los móviles en las aulas. Es como prohibir el fútbol o el hablar. Instituir la prohibición de cosas que los chicos y las chicas quieren hacer en el tercer entorno no es la vía. Se aprende más en el tercer entorno que en el primero o en el segundo. La inmensa mayoría de los niños empieza a saber lo que son los animales y las plantas a través de la televisión o de internet. Son nativos digitales, su mundo es ese.

 

–¿Cree que la tecnociencia puede superar su funcionalismo al sistema capitalista?

 

–La tecnociencia es una revolución. Pero las revoluciones pueden ir hacia la izquierda o hacia la derecha. La revolución tecnocientífica crea una nueva modalidad de capitalismo, el tecnocapitalismo, muy diferente al capitalismo industrial. Las crisis del capitalismo actual son grandes crisis tecnológicas, casi apocalípticas. Como lo que ocurrió en Japón con la central nuclear de Fukushima y el tsunami. La crisis del corralito fue estrictamente de fuga de capitales por las redes telemáticas. Una tecnosociedad es aquella en donde las personas, para relacionarse, deben hacerlo mediante algún sistema tecnológico. Hay personas que son más tecnopersonas que otras. La revolución tecnocientífica comenzó en física, en matemáticas, en biología con el ADN y la secuenciación del genoma, y ha llegado a las ciencias sociales, a las personas y ha transformado al capitalismo. Las nanotecnologías son decisivas, más que las tecnologías de la información. Con los nanoscopios, los científicos han podido ver la materia orgánica e inorgánica a escala diez elevado a la menos nueve. Este estrato de la naturaleza nunca se había visto. Estamos acostumbrados a ver el medio ambiente con nuestra percepción que es de diez elevado a la menos tres milímetros. A una micra no llegamos. A la escala diez elevado a la menos nueve pasan cosas importantísimas, como la interrelación entre las neuronas o el origen de los virus, que se descubrieron a partir del año 2000. Es la tecnonaturaleza. Todos los países están volcados a las nanotecnologías. A uno lo ametrallarán con nanopartículas y ni se enterará.

 

–Todo esto ligado al imperativo de la innovación.

 

–En su origen, la ciencia estaba para comprender y explicar el mundo. El mayor ejemplo es Galileo. Comprobamos que la tierra no se mueve y todos lo tenemos clarísimo. Cuando llega la tecnociencia, importan más la transformación y la innovación que la cuestión de la explicación. Hoy vale más el conocimiento científico que genera tecnologías, y si produce innovación uno pasa a tener la financiación. La tecnociencia genera innovación, como el grafeno o Twitter. Steve Jobs es el innovador por antonomasia. Todos los señores del aire son grandes innovadores. Cuando se está hablando de innovación no se está hablando de algo bueno. Schumpeter fue el primer gran teórico de la innovación, y dijo que la innovación es destrucción creativa. Si innovas, destruyes. En el siglo XIX la innovación era rechazada totalmente. Ser innovador social era ser un revolucionario. Proudhon, Owen y Marx eran innovadores sociales. Esto ha cambiado completamente en los años 80 cuando surge la tecnociencia en Estados Unidos, en Silicon Valley, con la innovación como el objetivo principal. Si eres innovador, pasas a ser más competitivo como empresa y a obtener mayores beneficios. Schumpeter lo dijo: la innovación es la esencia del capitalismo.

 

–¿Qué políticas se deberían seguir para democratizar la producción científica, para mejorar los vínculos con los ciudadanos?

 

–Un país es tecnocientífico cuando más del 50 por ciento de la inversión en investigación viene del sector privado. Por lo tanto el pensar que son los Estados los líderes en la tecnociencia, ni hablar. La tecnociencia la promueven básicamente Monsanto, por ejemplo. Cualquier gran empresa farmacológica es tecnocientífica y altamente innovadora. Los Estados son sus clientes. Cuando viene el zika se forran de dinero. Todos estarán investigando salvajemente para ver quién consigue la vacuna. Independientemente de eso, es cierto que el sector público todavía produce conocimiento y algunas innovaciones, aunque pocas. La idea clave es que los científicos, los investigadores en concreto, nos hemos convertido en trabajadores del conocimiento. En la economía del conocimiento habrá empresarios y trabajadores. Un investigador es un trabajador del conocimiento. El científico no se ha convertido en una mercancía pero su paper o artículo académico sí. En mi gremio los papers no se leen, sino que se miran el índice de impacto y el número de citas que has tenido. Nadie lee filosofía. Uno se puede pasar dos o tres años leyendo a Hegel. En una sociedad de consumo rápido y fácil, de titulares, pildoritas y tags, uno no se va a poner a leer a Kant. La filosofía mengua entonces su relevancia, justamente porque no se ha hecho tecnofilosofía. En cambio, a los tecnocientíficos les va maravillosamente bien. Lo que valen son las mediciones y las encuestas.

 

–¿Cuál es la relación entre ciencia y política, o ciencia e ideología?

 

–Sectores amplísimos de la sociedad miran con desconfianza, y hasta con rechazo, a múltiples líneas de investigación y a múltiples innovaciones. Los que hacen política científica intentan promover vías de comunicación entre la ciencia y la sociedad, con las revistas de divulgación científica para elevar el nivel de conocimiento científico en la sociedad, intentando además que los ciudadanos participen en la toma de decisiones en la actividad científica. Ojalá sucediera en el campo de la tecnociencia, y los ciudadanos participaran en el diseño de Google. Pero no sucede. Google se diseña en los laboratorios de una empresa privada y ahí no hay quien entre. Es confidencial. Apoyo la decisión de la Unión Europea de dar acceso abierto a todo el conocimiento científico que se genere allí. No es cierto que sea todo el conocimiento pero es un avance muy importante. Si uno tiene una financiación de la Comisión Europea, está obligado a hacer público su conocimiento. Hay muchos investigadores a los que mucho no les gusta esto, porque piensan que todo el mundo les va a copiar. El conocimiento de financiamiento privado es inaccesible por completo. Ahí está el cogollo de la cuestión. Las políticas públicas deberían regular el proceso de producción de conocimiento en las propias empresas privadas, sean de software, farmacológicas o telemáticas.

 

–¿Hacia dónde avanza el tercer entorno?

 

–La utopía de Telépolis la concebía simplemente como un ayuntamiento de redes, no como un Estado. Hace 20 años ya había muchas redes, con su propia administración, su propia autonomía. Son tecnologías que generan poder. Y donde hay poder hay conflicto. El poder tecnocientífico es una nueva modalidad de poder, y no podemos pensar en arcadias ideales. Pero sí podemos palear los conflictos. Sobre todo, evitar que haya súbditos y un sistema de dominación de unos sobre otros. Es una lucha contra la esclavitud. Por eso citaba a Jefferson y a Lincoln. Con que no seamos esclavos de los señores del aire me daría por contento.

 

 

De izqda. a dcha. Ma. Cristina Serje, Jaime Abello, Omar Rincón y Damián Loretti

Medios y democracia deberían ir de la mano.

 

Pero su relación no ha sido siempre de connivencia, sino que los unos, en no pocos casos, le han hecho flacos favores a la otra.

 

Medios y democracia deberían ir de la mano.


Pero su relación no ha sido siempre de connivencia, sino que los unos, en no pocos casos, le han hecho flacos favores a la otra.

 

El 3 de mayo es el Día Internacional por la Libertad de Prensa, día en el que se concede, desde 1997, el premio mundial de Libertad de Prensa Unesco-Guillermo Cano, en honor del que fuera director del periódico colombiano El Espectador, Guillermo Cano Isaza, asesinado el 17 de diciembre de 1986, para reconocer a personas, organizaciones e instituciones defensoras o promotoras de la libertad de expresión en cualquier parte del mundo, especialmente si han arriesgado sus vidas con su acción.

 

En esta edición el premio ha recaído en la periodista Khadija Ismayilova de Azerbaiyán, por su trabajo de investigación para Organized Crime and Corruption Reporting Project –OCCRP-, una organización de periodismo independiente, con el que denunció la corrupción de su país y que la llevó a ser detenida y permanecer en prisión desde diciembre de 2014.

 

En Bogotá, en día tan señalado han coincidido tres eventos alrededor del periodismo. Uno ha sido el organizado, los días 3 y 4 de mayo, por la Friedrich Ebert Stiftung de Colombia, FesCol, el Centro de Estudios de Periodismo de la Universidad de los Andes, Ceper, y la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP, y que durante esos dos días ha girado alrededor del papel de los medios y sus profesionales en la democracia y las situaciones de posconflicto.

 

En su inauguración, en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, han estado la directora de este espacio del distrito capital, María Cristina Serje, y el director de FesCol, Lothar Witte, y ha contado con una mesa inaugural en la que se han dado cita, Omar Rincón, como moderador, Jaime Abello, director de la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), y Damián Loretti, de la Universidad de Buenos Aires.

 

También estaban convocados Clara López, que iba a acudir como presidenta del Polo Democrático y cuya reciente designación como ministra de Trabajo del gabinete de Santos le ha impedido asistir, y Holman Morris, del partido Progresista y exgerente de Canal Capital que tampoco ha comparecido.

 

Los dos panelistas presentes han debatido en torno a la actual situación de los medios y su papel en un nuevo escenario digitalizado y abierto al periodismo ciudadano y a las plataformas sociales de opinión.

 

Para Jaime Abello la comunicación es cada día más importante y se está desplazando desde los medios tradicionales hacia nuevos ejercicios comunicativos en manos de la gente, por lo que el cuarto poder se está trasladando a otras esferas y está más fragmentado. Cree que el periodismo en la región sufre cuatro crisis: la de la transformación de los medios y del negocio, la económica que afecta a América Latina, la democrática con una fuerte polarización y la de las libertades comunicacionales.

 

Según Loretti, los medios hoy se dedican a muchas cosas, usan las portadas para intentar obtener réditos económicos o políticos y las multinacionales construyen sentido con sus empresas de información. Todo ello hace que exista poca transparencia.

 

Omar Rincón condensó ambas intervenciones puntualizando que los medios buscan hacer dos cosas: luchar por el mercado de la opinión y difundir los relatos de la hegemonía política. Para terminar señalando que a Colombia le va mal en los ránquines de la libertad de expresión por las chuzadas (intervenciones ilegales de las comunicaciones periodísticas), la judicialización de las informaciones y de quienes las elaboran, la concentración mediática y las amenazas a profesionales y medios.

 

En la segunda mesa han estado, el propio Loretti y Ana Mielke, de Intervozes, colectivo brasileño de comunicación social, bajo la moderación de Jonathan Bock de la FLIP. Ambos estaban convocados para hablar de la situación de los medios y la libertad de expresión en sus respectivos países. La periodista brasileña ha denunciado el oligopolio mediático existente en Brasil que conlleva una relación de vasallaje y ha pedido garantizar el derecho humano a la comunicación.

 

Por su parte, el abogado argentino ha explicado el papel jugado en su país por la Coalición por una Radiodifusión Democrática que fue la promotora de los 21 puntos básicos por el derecho a la comunicación.

 

Al día siguiente, 4 de mayo, el encuentro alrededor de democracia y medios ha contado también con dos mesas de debate. En la primera han estado Juanita León, periodista y editora de La Silla Vacía; Germán Rey, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana; Jorge Iván Bonilla, profesor de la Universidad EAFIT, y Carlos Huertas, periodista independiente y fundador de Connectas en un panel para hablar de la calidad del periodismo. Todos han coincidido en partir de la constatación de que en Colombia el periodismo está polarizado.

 

Germán Rey, relator del informe sobre el estado de la libertad de prensa, ha apuntado que los grandes medios son peces boqueando porque se les acaba el negocio, tal como se conocía hasta ahora, y no están interesados en la calidad. Les falta independencia, pluralidad, rigor y trabajo de investigación y siguen ejerciendo un periodismo dependiente de la colonia.

 

En palabras de Bonilla existen dos mitos sobre el periodismo y la democracia. Uno, que el periodista está al servicio del bien común y es el perro guardián de la misma y dos, que el periodismo sea un foro de debate público. Para el profesor de EAFIT el periodista hoy es un agente más del mercado.

 

Para León falta independencia y la calidad de las fuentes es mala. Mientras, la sociedad colombiana es excluyente y con una vida doméstica muy rica pero una vida social muy pobre. Por lo que los medios reciben mensajes contradictorios de la propia sociedad.

 

La última intervención fue la de Huertas, que propuso mirar con optimismo y ver que el vaso está medio lleno. Pese a reconocer que la calidad se enfrenta a la polarización y al afán por simplificarlo todo, o blanco o negro, y que existe una reverencia absurda al poder y a acomodarse, dejó una puerta abierta a trabajar por reconstruir la confianza de la sociedad en los medios.

 

En el segundo panel, para hablar de los medios en la paz, han intervenido el periodista Álvaro Sierra, el profesor Carlos Tognato y la funcionaria de la Presidencia Alejandra Villamizar, moderados por Ma. Paula Martínez, del Ceper.

 

Sierra ha iniciado criticando las dificultades para la paz cuando se sataniza al enemigo y cuando la cobertura informativa se centra solamente en lo negativo. Cree que el Gobierno ha hecho esfuerzos pero que la agenda la ha puesto la oposición, en un país con una sociedad ignorante y desinteresada. Y afirma que los medios no están siendo activistas de la paz pero que son uno de los instrumentos necesarios para cambiar los imaginarios. Según él, la gran contribución de los medios y sus profesionales sería producir una información de calidad que le aportara al debate público y hacer pedagogía de los acuerdos.

 

Es necesario, tal como plantea Villamizar, cambiar el lenguaje para cambiar el discurso y apostarle a la negociación, al diálogo. Por eso considera importante la campaña que ella coordina desde la Presidencia de la República y que promueve “la conversación más grande del mundo” para construir la paz. Denuncia que frente a una oportunidad histórica, los medios no se dan cuenta del reto tan grande que asume el Estado y el país.

 

Finaliza la charla Tognato demandando recuperar las historias a partir de las resistencias. Haciendo pedagogía para que todos los sectores sociales implicados vean la viga en sus propios ojos y no solamente la paja en los ajenos. Pide respaldar el periodismo y a las y los periodistas para después de la firma de los acuerdos, porque serán fundamentales, con sus narraciones, en colaborar a cicatrizar el tejido social.

 

Y sugiere contar con actores performativos que sepan transmitir los acuerdos y que tengan credibilidad.

 

Omar Rincón cierra los dos días de debate, en los que ha destacado la importancia de encuentros como éste para ir creando conciencia. Y aunque cree que Colombia tiene mejores periodistas que medios, pide entender que el periodismo de este siglo debe ser otro, que hay que huir del periodismo mascota, aquel que lame la mano al poder; del periodismo caniche, que es bueno pero no molesta a nadie, y del equilibrista, que cree que hay que balancear la información con fuentes de los dos polos.

 

En Colombia, los medios deberían tomar partido por un país en pacífica convivencia, al margen de colores e ideologías, de voces e intereses. Hace falta una apuesta clara por la salida del conflicto armado, no sólo con la guerrilla de las FARC-EP sino con todos los actores armados.

 

Porque hay que trabajar en conjunto por superar las violencias estructurales que condenan y lastran este territorio. Para eso es necesario apostarle a la paz, al diálogo y a la justicia social. Y ahí los medios y sus profesionales, la academia y sus docentes y la sociedad y sus ciudadanas y ciudadanos deben comprometerse con las negociaciones y decirle sí a la salida de esta guerra encubierta que dura casi tanto como este sistema colombiano del que dicen es la democracia más antigua del continente.

 

Lo curioso de este evento es que no ha sido cubierto por los medios, esos que deberían ser protagonistas de esta relevante etapa en la historia de Colombia para contarle a la ciudadanía y al mundo un proceso que, con todas sus falencias y enemigos, le apuesta a la vida y a la convivencia pacífica.

 

 

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Menos de 100 días para los Juegos de Río 2016: "Una gran fiesta con un legado nefasto"

Se encendió la antorcha Olímpica. Los estadios están casi terminados y los atletas en las etapas finales de preparación. Pero en lugar de celebrar que se ha iniciado la cuenta atrás de los 100 días para la apertura de los Juegos, gran parte de Río de Janeiro se pregunta: "¿Qué más puede salir mal?".

La confirmación en 2009 de que Río sería la primera sede sudamericana de las Olimpiadas fue vista como una bendición que llenó de júbilo las playas de Copacabana. Ahora amenaza con convertirse en una maldición para una ciudad que viene de golpe en golpe.
Desde la tormenta política hasta la recesión económica, Río ha sido golpeada por una serie de calamidades nacionales y regionales que han eclipsado los preparativos, socavado la confianza y planteado preguntas acerca de quién se beneficiará con este megaevento.


La larga lista de problemas incluye el voto para el proceso de destitución de Dilma Rousseff que ha dividido al país; el escándalo de corrupción más importante de la historia de Brasil; la mayor caída del PIB en décadas; el virus del Zika (la peor crisis sanitaria de la región de la que se tenga memoria); y una contaminación tan terrible, que las aguas de la Bahía de Guanabara, sede de los deportes de vela, apestan a excrementos.


Las últimas noticias solo refuerzan esa sensación generalizada de consternación. El lunes, un defensor público informó que ya habían muerto 11 trabajadores de las obras olímpicas. Durante los preparativos de la Copa del Mundo 2014 murieron 8 personas mientras que en los Juegos de Londres no hubo un solo accidente mortal. La semana pasada, al menos dos personas murieron cuando un nuevo carril-bici se desplomó en el océano Atlántico a solo cuatro meses de su inauguración. A principios de abril, los turistas y locales que hacían compras en el mercado Leblon se quedaron de piedra con uno de los últimos estallidos de violencia entre bandas: explosiones de granadas y ráfagas de ametralladora.


Gasto público, emergencia sanitaria


Al mismo tiempo crece la preocupación por los recortes en el gasto público: cientos de escuelas han sido paralizadas por las huelgas; los servicios médicos ya han avisado de que el sistema de salud no está preparado para el virus del Zika; y los organizadores de los Juegos han tenido que buscar financiación alternativa para pagar el sistema de aire acondicionado del Centro Internacional de Comunicaciones.


Lo que es más preocupante de los recortes es la reducción en unos 2.000 millones de reales (más de 480 millones de euros) del presupuesto de la policía federal, pese a que los servicios de inteligencia ya avisaron que el próximo objetivo del Estado Islámico podrían ser los Juegos.


A todo eso hay que agregar la terrible congestión del tráfico (una de las peores del mundo), la escasa venta de entradas (apenas se han vendido la mitad de los asientos para las Olimpiadas y un 20% de los asientos para los Paraolímpicos), el incremento del desempleo, la inflación rampante, los continuos problemas con la desigualdad, los asesinatos de jóvenes de color cometidos por la policía y sus declaraciones a favor de la tortura, y la misoginia y comportamiento dictatorial del político más votado de la ciudad, Jair Bolsonaro.

Río de Janeiro entra en la exclusiva lista de ciudades olímpicas pareciéndose más a una república latinoamericana de la vieja escuela que a una moderna economía emergente a punto de tomar su lugar entre las ciudades más importantes.


Pero Río es mucho más que eso y la imagen puede cambiar muy rápido. Antes de la Copa del Mundo 2014 también se hizo foco en las posibles protestas y en los retrasos en la construcción de los estadios. Ninguno de los dos problemas resultó ser grave y el evento se vivió ampliamente como un éxito, pese al dolor de la derrota brasileña en semifinales por 7 a 1 y a los carísimos "elefantes blancos" que quedaron. En comparación con aquel evento, las Olimpiadas parecen estar en mejor forma: aunque hay algunas preocupaciones con respecto al velódromo y a la expansión de las líneas del metro, no hay grandes protestas y casi toda la infraestructura ha sido construida a tiempo y dentro del presupuesto.


Los organizadores de Río 2016 dicen que hay muchas cosas de las que estar orgulloso. Aunque admiten que el público está distraído y un tanto desmoralizado, creen que los Juegos Olímpicos son parte de la solución para Brasil y no otro problema. "Los Juegos son una de las pocas cosas buenas que pasarán este año", asegura el ministro de Deportes, Ricardo Leyser, a The Guardian. "Pueden reanimar al país y generar puestos de trabajo. En este momento difícil, los Juegos nos ayudan a reactivar la economía y a atraer turistas".


Mario Andrada, portavoz del comité organizador de Río 2016, espera que mejoren los ánimos en cuanto la antorcha olímpica llegue a Brasil (salió de Atenas la semana pasada). Andrada cree que la situación es difícil por el momento pero también que el público se entusiasmará cuando el país gane su primera medalla de oro. "No estoy minimizando las cosas. Todos vieron lo que pasó con el carril-bici. Pero me siento confiado", explica. "Ahora estamos en el momento más crítico, los últimos cien metros. Todo lo que puede salir mal sale mal. Pero en cuanto tengamos la antorcha y los atletas en Río, la energía cambiará".


Muchos participantes se sienten igual de optimistas. Algunos esperan que en agosto haya más estabilidad política y económica. Como asegura la regatista Fernanda Decnop, la crisis no va "a ser un obstáculo". "Si todo sale bien, la situación habrá mejorado para entonces".


Juegos sí, pero con qué presidente


Continúa la incertidumbre, en especial acerca del liderazgo nacional. En este período de intenso caos político, Brasil ha tenido tres ministros de Deporte en poco más de un año. Podría volver a cambiar pronto si el vicepresidente, Michel Temer, forma un nuevo gobierno mientras Rousseff se somete al proceso de destitución por parte del Senado. Lo que plantea otra duda, ¿cuál de los dos presidentes representará al país en la Ceremonia de Apertura?


Sergio Praça, académico de la Fundación Getulio Vargas, critica severamente el clima político: "Creo que nadie en Brasil está de ánimo para los Juegos Olímpicos, y mucho menos en Río de Janeiro". Según Praça, "todo lo vivido hasta ahora es realmente malo y muy negativo". "Las Olimpiadas no han traído ninguna buena noticia. Toda la culpa es de la municipalidad, del gobierno federal y del gobierno nacional".


Para Praça, forma parte de un problema más serio: organizar grandes eventos deportivos que sirven a los intereses de un pequeño sector a expensas de la mayoría.


"Para los políticos, los Juegos Olímpicos pueden ser algo grandioso. Pero para la población en general, estos megaeventos, como la Copa del Mundo y las Olimpiadas, son malos. Hacen que la gente tenga que mudarse de su casa y generan una gran cantidad de inversiones públicas que innecesarias. Tenemos estadios vacíos que no se usan desde la Copa del Mundo... Estos eventos no son para la población de Brasil. El costo es demasiado alto".


Otros lo ven como una oportunidad desperdiciada. Luis Martins de Melo, especialista en la economía del deporte de la Universidad Federal de Río de Janeiro, formó parte del equipo que redactó la oferta de Río en 2004 para ser sede de los Juegos. Aunque está decepcionado por lo poco que se hizo para limpiar la Bahía de Guanabara, confía en que el evento sea un éxito a corto plazo.
Martins de Melo espera que la situación política se estabilice y que los cariocas —como se conoce a los habitantes de Río de Janeiro— se aseguren de hacer que los Juegos sean divertidos. Según los estudios sociológicos, los cariocas están más predispuestos a demostrar alegría en público que la gente de otras ciudades.


Pero Martins de Melo también es consciente de que mucha gente se quedará sin trabajo tras las Olimpiadas. Su pronóstico sobre el efecto a largo plazo es pesimista. Con la excepción de Londres y de Barcelona, que la mayoría de las ciudades anfitrionas no obtuvieron ningún beneficio de los Juegos, dice. Según él, se debe a que las Olimpiadas están hechas para naciones ricas.
"En su formato actual, estos eventos son para países desarrollados, por la logística, la infraestructura y el lujo de las instalaciones, en especial para los deportes que solo existen en países ricos", dice Martins. "¿Quién va a mirar un partido de bádminton en Brasil? ¿Quién va a mirar un partido de rugby 7 en Brasil?. Será una gran fiesta. Pero, a la ciudad, le dejará un legado nefasto".


Traducción de Francisco de Zárate

Publicado enInternacional
Jueves, 28 Abril 2016 14:30

¡Hola, soy chaquespeare!

¡Hola, soy chaquespeare!

¿Cuál es el papel de la Feria del Libro? ¿Cuál es el papel del escritor? La segunda pregunta tiene múltiples respuestas que implican la subjetividad de cada persona, aunque pueden reunirse afirmaciones como: “el escritor debe entretener”, “estimular nuestra imaginación”, “el escritor debe denunciar” o, incluso, todo lo anterior. En parte considero que el escritor debe ser sincero y crítico con la realidad que lo envuelve al momento de generar un texto de cualquier tipo; y aunque dejo de lado muchas respuestas que podrían dar respuesta a esa segunda pregunta hay una realidad: en Colombia no somos consumidores consientes y mucho menos de libros.

 

En un estudio realizado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe –Cerlalc– tomaron a seis países de Latinoamérica, incluida Colombia, y concluyeron que el nuestro es el país donde menos se lee (el estudio se reflejó en la página web de Portafolio), confirmando otro estudio mostrado en eltiempo.com en el cual se afirma que la mitad de la gente que no lee (55,9%), evita este buen habito porque simplemente no les gusta o no les interesa; otras personas argumentan que no tienen tiempo y otras que prefieren las revistas a los libros, dejando claro que para no leer hay muchas excusas y poco agrado.


¿Debe entonces el escritor hacer más llamativa, más interesantes, sus narraciones para que más gente lo lea? La pregunta es insultante desde el punto de vista de un escritor joven y nuevo, pero desde el punto de vista de grandes maestros creo que la pregunta sería llevada a la hoguera o se dejaría marchitar en una esquina sombría ignorándola, pues no vale la pena contestarla. Con maestros como Lewis Carrol, Borges, Bioy Casares, Bécquer, Dickens, Hemingway, Doyle, ‘Gabo’, Rulfo, Nabokov, Kafka, Ortega y Gasset (que es una sola persona), Tolstoi, Twain, Bolaño y la lista continua... decir que la literatura no es entretenida solo muestra el bajo interés que se tiene por la palabra escrita. Las narraciones, los libros, largos o cortos, con o sin dibujitos son narraciones entretenidas. Incluso para los que no pueden concebir las narraciones sin su correspondiente dibujo se les podrían recomendar novelas gráficas y narraciones como carta a un rey de Tonke Dragt (que por cierto es de los Países Bajos el país invitado a esta feria) o El principito; y en cuanto a novelas gráficas Maus o V for Vendetta hablando de algunas populares e incluso unas menos populares como El fotógrafo o la obra de Joe Sacco que suelen, además de ser muy entretenidas, también muy interesantes porque abordan distintos temas de manera crítica.


Si es así, si hay tanta variedad, ¿por qué a la gente no le gusta leer? Como dije anteriormente hay un mundo de lecturas para que las personas puedan escoger, lecturas que van de la izquierda a la derecha, de la inmensidad de las nubes –pasando por el reino de los cielos– deteniéndose en la tierra y en las cosas más mundanas e inmundas (según gustos) y llegando al averno, para colarnos de alguna forma al infierno. Literatura que va desde la realidad más cruda hasta la inagotable fantasía y aun así la gente se alza diciendo que no tiene tiempo para la lectura o que prefiere las revistas a los libros (evidentemente Soho le gana la partida a Lost Girls). Pues bien, si este es un país de no lectores y de doctores falsos, ¿por qué se vendieron la totalidad de las entradas a la Feria del Libro en Bogotá el día que vino el youtuber Germán?


Teniendo en cuenta ese mar de libros, algunos muy valiosos y otros sin ningún valor en absoluto, no es de extrañar que un youtuber publique un libro (si no nos asombramos por el libro de poemas del Ilustre Roy Barrera llamado Que la paz sea contigo, y que es tan malo para el verso como el autor para la politica) pero sí debemos preguntarnos, ¿por qué la gente prefiere un libro de un youtuber al de un escritor? Este interrogante está evidentemente relacionado con la pregunta que abre este escrito, ¿cuál es el papel o la función de la Feria del Libro?


Antes de contestar debemos tener en cuenta que hay una nueva era en que las redes sociales no sólo son un espacio para conectarnos y para dar nuestras opiniones sino también para volvernos más populares. La cajita estupidizadora llamada televisión, la cual le imponía sus contenidos a la tele-audiencia, ha dado un paso al costado en pro de las nuevas tecnología que ahora nos permiten, como usuarios, elegir que queremos ver, que queremos consumir, y seguimos prefiriendo entretenimiento estilo hamburguesa de Mc Donalds, a esas cosas desabridas y sin sabor que en verdad nos alimentan (seguimos eligiendo los dulces de la tienda a las sopas de mamá) y YouTube es una plataforma que muchos usamos –al igual que Facebook o Twitter– para entretenernos, comunicarnos, informarnos e incluso, como lo hace el youtuber, para ganar dinero y fama.


Ahora bien, la Feria del Libro no es tan solo un espacio cultural en donde podemos encontrar cosas como países invitados, los cuales nos enseñaran algo de su historia, de sus costumbres y su cultura; o espacios de discusión donde se promueven lectura y distintas formas de escritura como algo necesario para el desarrollo personal y social. No, por desgracia la Feria no es solo ese espacio cultural, la Feria también es un espacio de comercio en donde además de la lectura se promociona la industria editorial. Industria que promueve los libros bajo un enunciado mercantilista básico: ¡lo importante es vender!, muchas veces no interesa si hay o no un contenido de fondo en el libro, lo importante es que haya un comprador que desee tenerlo y ¿acaso se debe juzgar a un youtuber por querer escribir un libro y por querer venderlo? O ¿más bien se debería señalar a la industria editorial por vender lo que vende? Tal vez debamos señalar a esas grandes empresas por vender la basura que venden, sin embargo es momento de que el colombiano promedio se vea al ombligo (ese que en muchos casos cuelga por causa del sedentarismo y la ingesta inadecuada) y se percate de que muchas empresas venden ese tipo de productos porque esas personas que no leen están dispuestos a aceptarlos, porque no tienen una opinión crítica ni una educación para saber qué consumir.


Me parece que no es justo invalidar un texto de un youtuber solo porque este lo escribió, sin embargo yo haría dos precisiones: la primera es que la gente que lo compró no sabe de qué se trata el libro, aunque saben al menos que significa el nombre del libro Chupa el perro (y no se asombren pero así se llama y es uno de los libros más vendidos en esta edición de la Feria); y la segunda es que buscando en internet uno puede encontrarse con que el youtuber, por medio de un video, invita a comprar el libro y dice que es una mezcla entre libro y revista, muestra que en el interior del libro hay fotos del autor, lee los agradecimientos y básicamente afirma que solo sus seguidores lo podrán entender. También en un artículo del portal Shock dicen que “la intención [del autor] es dar respuesta a problemáticas sobre las confusiones de la adolescencia”. No sé qué tan capacitado esté el youtuber para dar respuestas a ese tipo de problemáticas, y no sé si la cantidad de personas que fueron a Corferias tenían ese tipo confusiones de adolescentes, supongo desde mi profunda ignorancia que muchas de las personas que conforman ese 55 por ciento acudieron a ver no al autor de un libro sino a su ídolo de YouTube. Y queda claro que fue gracias a la popularidad del youtuber que vendió, y en grandes cantidades, ese libro que en una traducción libre al inglés se llamaría Blowdog.


Como ven mi intención no es señalar al youtuber, sino a los fanáticos y a las editoriales. Es obvio que las editoriales vieron en la popularidad del youtuber una oportunidad de agrandar más sus arcas, y digo agrandar porque es la editorial Alfaragua la que decidió darle vida al libro y esto fue aprovechado tanto por ellos como por el autor, para cumplir con ese fin de vender y de ganar mucho dinero. Y es muy triste entender que hay gente que no lee porque no le gusta o que prefiere leer revistas o que simplemente no tiene tiempo para leer (porque siempre es preferible dormir en el bus que leer allí, y si no me creen pregúntenle al oftalmólogo o al optómetra) y es terrible imaginarse a mucha de esa gente (muchos de esos niños con padres que seguramente leerán menos que sus hijos) haciendo filas interminables para ir a ver a su ídolo de internet y para leer un libro que muy probablemente no entre a la historia como uno de los mejores y sí como uno de los más vendidos de la Filbo 2016.


Hay quienes consideramos a la Feria un lugar en donde deben ir buenos escritores con buenos libros, un lugar donde la cultura prime sobre el comercio, y no recibimos un amable despertar por parte de un muchacho que gracias a su popularidad en las redes movió a sus fanáticos y les vendió lo que les vendió (como algún periodista lo afirmo). Contrario a eso, la gente que se preocupa por leer y que va a la Feria para encontrar libros a precios bajos o algún libro que no ha podido encontrar en las librerías o en las bibliotecas; libros que los entretengan o los hagan reflexionar, pudo darse cuenta de dos cosas: 1-. que los libros que se ofertan en ese lugar también pueden encontrarse en las librerías locales y al mismo precio, es decir que es muy difícil encontrar en la Feria algún tipo de descuento o de promoción por el que valga la pena pagar la entrada y, 2-. la verdad es que, contrario a lo que dijo el periodista, recibimos un amargo despertar en donde nos hemos dado cuenta de que las personas de este país no saben que le meten a sus cuerpos y compran lo que compran porque está de moda.


Realidad de apuño que bofetea a muchos y muchas, precisamente cuando se cumplen 4 siglos de conmemoración de Shakespeare y de Cervantes (quienes murieron, según calendario gregoriano, en 1616). Y en Colombia se prefiere leer a un youtuber que a estos grandes autores. Posiblemente para que a estos dos grandes los tuvieran en cuenta en un buen horario y en un buen lugar de la Feria les hubiese tocado anunciarse por Facebook, Twitter y hacer unos cuantos videos en YouTube, y aun así nada es seguro, porque un canal en YouTube llamado Hola, soy Shakespeare (que seguramente muchos leerían como chaquespeare) y otro canal llamado Hola, soy Cervantes (un mocho que si no hace de doña Cleofe no tendría mucha gracia en este país) nunca serán tan populares como el del youtuber German.

 

Por John Rodríguez
Filósofo UNAL

Publicado enColombia
Miércoles, 20 Abril 2016 07:00

Recesión global: signos de recaída

Recesión global: signos de recaída

La crisis financiero-económica es como un organismo que respira, se mueve y se transforma cada día. Con esas mutaciones, las perspectivas que aguardan a la economía mundial también cambian constantemente. Las que comienzan a dibujarse para los próximos años no permiten hacer pronósticos positivos. ¿Será este 2016 el año de la recaída y de la recesión global?


En días pasados el Fondo dio a conocer su Informe sobre estabilidad financiera mundial. El Fondo identifica tres fuentes de tensión que han empeorado durante los últimos seis meses. La primera consiste en un riesgo macroeconómico de menor crecimiento, mayor incertidumbre y su efecto negativo sobre las expectativas sobre inversiones. Lástima que el FMI no saca la primera lección sobre esto: que debería concluir su enamoramiento con los dogmas neoliberales en el terreno de la política macroeconómica.


La segunda fuente de tensión proviene de la caída en los precios de las materias primas durante los últimos cuatro años. Aquí pesan mucho las preocupaciones sobre la economía en China y su impacto sobre los mercados emergentes y economías desarrolladas. Aquéllas enfrentan una combinación desagradable de freno al crecimiento, endurecimiento de las condiciones en los mercados financieros y creciente volatilidad en los flujos de capital. Éstas (por ejemplo Alemania) ya sufren reducciones significativas en sus exportaciones.


La tercera causa de tensiones es la falta de credibilidad sobre las políticas macroeconómicas. El escepticismo sobre la efectividad de la política monetaria está alimentado por el hecho de que las posturas llamadas no convencionales (flexibilidad monetaria y tasas cero y hasta negativas de interés) no han tenido un efecto decisivo para sacar al mundo de la globalización neoliberal de los efectos de la hecatombe de 2008.


El informe sobre estabilidad financiera concluye que las cosas podrían mejorar si los países avanzados resuelven los principales problemas heredados de la crisis. Uno de ellos es el de la situación de los bancos que enfrentan, entre otras cosas, una abultada cartera de préstamos y el exceso de capacidad instalada (es decir, hay demasiados bancos). En realidad, ese problema no fue generado por la crisis, sino que proviene de tiempo atrás y es más bien una causa de la crisis financiera.


En cuanto a los mercados emergentes, el FMI reconoce que han sido duramente golpeados por el fuerte descenso en los precios de materias primas y por el endeudamiento que acompañó los años de auge. Pero según el FMI la prudente acumulación de reservas es lo que ha permitido a algunas de estas economías salir adelante. Lo que no dice el Fondo es que su definición de reservas incluye la colocación de fondos de corto plazo (inversiones de cartera) que no son otra cosa que una forma de endeudamiento. Por eso la volatilidad en los flujos de capital no solamente socava las posibilidades de recuperación de los mercados emergentes, sino que genera las condiciones de las crisis financieras crónicas que presenciamos durante la década de los años 1990.


Además de los problemas identificados por el Fondo se yerguen varios factores monumentales que podrían ser la principal causa de una nueva recesión global. Uno de ellos es el hecho de que los salarios siguen estancados en Estados Unidos y en Europa. Esto se acompaña de una contracción en la producción manufacturera en Estados Unidos (y un freno en las ganancias de las principales ramas de la industria manufacturera).


El otro gran problema tiene que ver con el efecto de contagio que trae aparejada la caída en los precios de materias primas. Esta evolución desfavorable en esos precios tiene repercusiones importantes en el sector financiero debido a varios mecanismos de transmisión. Muchas de las industrias en el sector petrolero estadunidense a partir de la fractura hidráulica (fracking) están en bancarrota y sus fuentes de financiamiento recibirán un duro golpe. El desplante de Arabia Saudita en la reunión en Doha la semana pasada permite pronosticar una época larga de precios bajos para el crudo, lo que también va a empeorar la situación de ese sector en Estados Unidos y su impacto sobre un sector financiero que ya sufre un grado significativo de estrés.


Hay que tomar en cuenta que el endeudamiento es lo que sigue explicando buena parte del poco crecimiento que ha experimentado la economía global. Hoy los precios de los activos financieros y de los bienes raíces en una economía como la de Estados Unidos ya no pueden mantenerse al alza por el efecto de los ingresos y de la expansión del PIB. Lo que los ha mantenido a flote es la política monetaria flexible, pero ahora que la Reserva Federal ha comenzado a incrementar la tasa de interés, los precios de esos activos comienzan a gravitar hacia la baja movidos por las fuerzas de la deflación. Es decir, estamos presenciando el final de un súper ciclo de endeudamiento y las consecuencias no serán agradables.
En síntesis, el conjunto de señales e indicadores apunta hacia una nueva recesión este año.


Twitter: @anadaloficial

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Robots salvan la industria textil japonesa

En el sector textil, donde la competencia es feroz al emplear mano de obra barata, Japón ha encontrado la respuesta definitiva: robots.


En la fábrica de Shima Seiki, en el oeste del país, la ropa se hace en pocos minutos, gracias a unas máquinas capaces de elaborar un suéter sin costuras en media hora.


El sistema WholeGarment, patentado por el grupo japonés, también es empleado en otras partes del mundo por fabricantes como la marca de lujo italiana Max Mara.


Dicha maquinaria cuenta con un sistema de concepción digital que permite elegir modelo, color y corte.


Queríamos impedir que la gente se fuera al extranjero, a destinos más baratos, explica Kenji Iwamoto, uno de los responsables de la compañía, que en los años 90 dio un salto tecnológico para no naufragar en un sector tan competitivo.
Con WholeGarment, un trabajador gestiona simultáneamente 10 máquinas. Además, emplea la cantidad justa de materia prima para fabricar prendas de una pieza, ya que con las máquinas se prescinde del corte y la costura, y no sobra nada.
Unas 800 empresas del mundo utilizan este dispositivo, lo que da a Shima Seiki una parte de mercado del 60 por ciento a escala planetaria.


Esta es sólo una de las estrategias de los japoneses para preservar la industria textil en su país.


Para los jóvenes diseñadores, como Motohiro Tanji y Ken Oe, producir fuera de Japón es inconcebible.


Para mí es más fácil trabajar con japoneses, dijo Tanji tras la Semana de la Moda de Tokio. Mis diseños son complejos y exigen un alto nivel de competencia técnica que puedo encontrar aquí, precisó.


A medida y automáticamente


La firma Coohem, de Ken Oe, emergió tras el rescate de la empresa textil fundada hace 64 años por su abuelo Yonetomi y víctima de la recesión de los años 1990.


Ken Oe, llegado a la empresa hace seis años, trajo con él herramientas digitales punteras para crear trajes de tweed de alta costura, que ahora se venden en ilustres establecimientos como Jeffrey, en Nueva York, y Harvey Nichols, en Hong Kong.


Usamos unos cinco hilos al concebir los tejidos originales, que otras marcas no pueden copiarnos, se felicita Oe. En 10 años, las exportaciones de ropa japonesa de punto han aumentado 40 por ciento.


Eso sí, las prendas están lejos de encontrarse al alcance de todos los bolsillos. Un vestido fabricado así cuesta entre 600 y 730 dólares.

Retrato  F.T. Marinetti

“Nosotros cantaremos a las grandes masas agitadas por el trabajo, por el placer o por la revuelta: cantaremos a las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas, cantaremos al vibrante fervor nocturno de las minas y de las canteras, incendiados por violentas lunas eléctricas; a las estaciones ávidas, devoradoras de serpientes que humean; a las fábricas suspendidas de las nubes por los retorcidos hilos de sus humos; a los puentes semejantes a gimnastas gigantes que husmean el horizonte, y a las locomotoras de pecho amplio, que patalean sobre los rieles, como enormes caballos de acero embridados con tubos, y al vuelo resbaloso de los aeroplanos...” Esto y más escribió Filippo Tommaso Marinetti (1867-1944) en su Manifiesto futurista de 1909, y acaso esta proclama, capte y refleje como nada ese impulso nunca visto en la historia humana con que el capital se lanzó de lleno a la industrialización imparable, ya recién descubierto el petróleo, su fórmula secreta.

 

El maravilloso mundo que se avecinaba para la humanidad a inicios del siglo XX, mediante la innovadora combinación de capital, petróleo y tecnología, se vio, sin embargo, casi de inmediato interrumpido por su sentido inverso. Y esos tres supuestos pináculos del progreso, el confort y la vida convertida en sueño, se utilizaron en cambio para la destrucción masiva, la magnificación de la fuerza y el genocidio nunca visto en la historia del planeta Tierra. La relativa era pacífica que surgió con la posguerra volvió a animar por medio siglo las expectativas de un futuro lleno de plenitudes fincadas en el mercado, las innovaciones científico tecnológicas y el uso de los combustibles fósiles (petróleo, gas y uranio), especialmente tras la caída de la Unión Soviética, la otra cara de la civilización industrial, convertida en el bastión mundial de una quimera colectivista que se volvió un infierno. El capitalismo entraba de lleno como la única opción de una civilización tecnocrática y materialista basada en el individualismo, la competencia, la corporación, el confort, el consumismo y una necia necesidad de dominar y explotar la naturaleza. El mejor de los mundos posibles. Marinetti renacía de sus cenizas.

 

Hoy, Los papeles de Panamá culminan, son el último eslabón de una cadena de sucesos que tras casi una década colocan las ilusiones del capital en pleno descrédito. Toda civilización se mueve en el tiempo, a través de la historia, en la medida en que es capaz de mover la imaginación de los individuos en torno a expectativas de vida. La falsa conciencia opera entonces como el mecanismo que mueve las energías individuales, las cuales, articuladas, genneran los procesos societarios que hacen que las sociedades se muevan. El capitalismo ha sido el motor de la civilización moderna o inndustrial y sus fuegos artificiales, luces y luminarias los impresionantes avances tecnoeconómicos y el bienestar y connfort que ofrecen. Pero cada vez queda más al descubierto una realidad distinta. La fórmula por la que apuesta el capitalismo no sólo se queda corta, sino que da señales de fatiga, decadencia y aun de ineficacia y perversidad. Los enormes aparatos creadores de ideología que bombardean día y noche las mentes humanas por todos los rincones del planeta se están volviendo disfuncionales. La civilización moderna aparece cada día como una gigantesca maquinaria dedicada a la doble explotación que realiza una minoría de minorías sobre el trabajo humano y el trabajo de la naturaleza. Una explotación que se adereza, oculta, desvanece, maquilla e incluso justifica por todos los medios posibles. El capitalismo no sólo no cumple con las expectativas de bienestar, equidad, justicia, seguridad y democracia que siempre pregonó, sino que a los ojos de los ciudadanos del mundo aparece como un mecanismo indetenible que parasita y depreda. En este nuevo panorama el Estado va quedando al descubierto como la instancia dedicada a defender, legitimar, justificar o imponer los intereses del capital corporativo, en el brazo al servicio de la concentración y acumulación de riquezas. Las figuras de los grandes plutócratas, que idealizan y alaban revistas, programas de televisión, películas y medios digitales e impresos, desde Walt Disney o Henry Ford hasta Steve Jobs, Bill Gates o Carlos Slim, se van desplomando y sustituyendo por los cientos de empresarios corruptos en pleno contubernio con criminales y mafias políticas. El mercado, concebido como la vara mágica de la innovación, el desarrollo y el progreso, se va delineando por la fuerza de los hechos en un escenario brutal de competidores sin escrúpulos o corruptos y en un inexorable perfeccionamiento de los monopolios. El mundo se ha ido convirtiendo en un gran casino y el devenir del mismo en una guerra despiadada entre el capital y el Estado de un lado y la humanidad y la naturaleza del otro.

 

El mundo ficción que ha construido el capital se resquebraja. Antes de Los papeles de Panamá aparecieron la gran crisis financiera de 2008 y el rescate de los bancos quebrados con los impuestos de los ciudadanos, el espionaje masivo, el lavado de dinero, las trampas de VKW y los actos corruptos de reyes, presidentes, primeros ministros, cardenales y obispos, magnates y ejércitos, la comprobación científica de la inequidad social y económica, la megaconcentración de las riquezas, la injusticia agraria mundial, la depredación despiadada de la naturaleza, el peligroso desequilibrio del ecosistema global y los cambios del clima, el gasto bélico y la amenaza nuclear. La tecnología, el petróleo y el mercado conducidos por la racionalidad del capital han creado un mundo más, no menos, peligroso e injusto. Quedan de testimonios irrefutables los datos duros derivados de estudios. Los 62 seres más ricos del mundo (de los cuales sólo nueve son mujeres) poseen una riqueza igual a la de 3 mil 600 millones de otros miembros de la especie (Oxfam Internacional), situación que se agravó entre 2010 y 2015. Por otra parte, tres investigadores suizos develaron, tras el análisis de la base de datos ORBIS 2007, que lista 37 millones de empresas, que un grupo de solamente mil 318 corporativos y bancos domina la mayor parte de la economía mundial (New Scientist, 19/10/2011). Ello mientras, tras dos décadas de reuniones mundiales, no se logra detener el calentamiento del planeta que la triada mercado/tecnología/petróleo, la civilización moderna, ha generado.

 

 

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