Miércoles, 15 Agosto 2018 07:13

Por qué el dólar preocupa tanto

Por qué el dólar preocupa tanto

Los investigadores del Conicet analizan la historia social y cultural de la moneda del Norte. Papeles verdes que condensan sentidos políticos y económicos y, en la actualidad, funcionan como termómetro de la dinámica cotidiana del país.

 

El dólar “trepa por las nubes”, “se estaciona” y “se mantiene estable”; “vuelve a escalar” y “explota”. Ninguna estrategia logra atenazarlo, está “indomable”, “escurridizo”, “caprichoso”. Esta batería de adjetivos y verbos es empleada en el discurso mediático toda vez que intentan describirse las características y las acciones que definen el comportamiento de los papeles verdes. El consenso legitima el valor y las representaciones sociales de una moneda que –no conforme con medir los intercambios en Estados Unidos– también funciona como referencia de la economía y la política en países semiperiféricos. En Argentina, los billetes del Norte se constituyeron en un auténtico termómetro social y permiten calcular la eficacia de las decisiones del gobierno de turno.


Los argentinos ahorran, hacen sus cuentas e invierten pensando en el dólar. Pero, ¿desde hace cuánto? ¿Por qué es tan popular? ¿Solo constituye un medio de intercambio, o bien su popularidad emerge gracias a la cantidad de significados y sentidos que condensa en el marco de la relación entre ciudadanos y Estado? A estos interrogantes responden Ariel Wilkis y Mariana Luzzi. Wilkis es decano del Instituto de Altos Estudios Sociales (Idaes), doctor en Sociología e investigador del Conicet. Es autor de los libros The Moral Power Of Money (Standford University Press) y El laberinto de las finanzas. Nuevos estudios sociales de la economía (Editorial Biblos). Luzzi, por su parte, es doctora en Sociología, investigadora del Conicet y profesora en la Universidad Nacional de General Sarmiento. Publicó –junto a Carla Del Cueto– Transformaciones en la estructura social de la Argentina, 1983-2008.


Ambos son especialistas en sociología del dinero y las finanzas y, en la actualidad, concentran sus esfuerzos en la publicación de un libro que versará sobre la historia cultural y social de los usos del dólar en Argentina. El material pretende arrojar nuevas pistas para comprender cómo los retratos de Benjamin Franklin, Abraham Lincoln y George Washington se volvieron tan famosos en el país. Aquí, un adelanto al respecto.


–¿Qué abordaje propone la sociología del dinero?


Mariana Luzzi: –En las últimas décadas, la sociología volvió a interesarse en fenómenos y prácticas económicas que habían pertenecido a los intereses de la disciplina en sus inicios. De hecho, aunque se trata de un área a priori novedosa, a fines del siglo XIX ya había sido abordada por los padres fundadores del campo. Una de las obras más importantes de Georg Simmel fue Filosofía del dinero, de la misma manera que Max Weber se interesó por los orígenes del capitalismo y Émile Durkheim por la división del trabajo. El objetivo, desde aquí, es preguntarse qué es eso que llamamos dinero, cómo circula, cuáles son sus usos legítimos e ilegítimos y cuáles sus representaciones sociales.


Ariel Wilkis: –Los problemas clásicos de la sociología –el poder, la jerarquía, el estatus– pueden ser explorados a partir del dinero. Si la ciencia económica lo define a partir de su transparencia y neutralidad, la ciencia social produce un movimiento inverso, al analizar cómo las prácticas monetarias contribuyen y producen esas diferencias morales y jerárquicas. Esto es: puede funcionar como un punto de entrada para comprender las dinámicas sociales.


–En este sentido, ¿por qué a los argentinos les interesa tanto lo que ocurre con los dólares? ¿En toda Latinoamérica sucede lo mismo?


M. L.: –Si bien Argentina no constituye ninguna excepción, es cierto que nos preocupa mucho lo que sucede con el dólar. En el país, por ejemplo, hace cuarenta años que el mercado inmobiliario está dolarizado y eso no ocurre necesariamente en otras latitudes con historias y trayectorias económicas parecidas. Además, funciona como reserva de valor primordial y como medida de referencia respecto a las monedas nacionales. Pienso que el dólar interesa tanto porque conjuga prácticas económicas, significados y relaciones políticas. Más allá del poder de compra real que cada ciudadano tenga, también opera como un termómetro tanto del estado de la economía así como de las políticas económicas que implementan los gobernantes de turno. Y todo eso hace que su cotización se comunique con la misma asiduidad con que se transmiten los datos del tiempo y el estado del tránsito.


A. W.: –El dólar es una institución política. Cuando los ciudadanos piensan su relación con la moneda también reflexionan acerca de su vínculo con el Estado. Y coincido con Mariana, es un termómetro de la vida social y política: no solo porque los actores financieros tienen capacidad para presionar a los gobiernos a través de mercados cambiarios sino porque también los habitantes, en sus prácticas cotidianas, leen el escenario de poder a partir de lo que acontece con el dólar.


–No obstante, aunque “la fiebre del dólar” parece estallar este año, la ciudadanía se preocupa por la salud de la moneda del Norte desde hace bastante.


M. L.: –Tal cual, en el pasado también formaba de las agendas mediáticas; el asunto es que no aparecía de manera continua. Entre fines de 1950 y principios de 1960, o bien, entre 1975 y 1980, constituyeron dos períodos en que la temática tuvo una cobertura considerable por parte de la prensa. Su emergencia depende de los contextos y el presente (con corridas cambiarias, disminución de reservas y devaluaciones constantes) es muy favorable para que nos preocupemos.


A. W.: –Con la popularización del dólar en Argentina, a principios de los sesenta, no solo la prensa sino también la publicidad comienza a referirse a la moneda y se instala su presencia en los medios de comunicación masiva. Desde aquí, la temática interpela no solo a los “hombres de negocios” sino también a todos aquellos lectores que empiezan a observar cómo funciona el mercado y reciben un discurso pedagógico. Así, los periodistas especializados y los economistas explican al público en qué consiste cada concepto.


–De modo que el asunto del dólar ya constituye un problema desde 1960.

 

A. W.: -Sí, claro, en aquella época los diferentes actores económicos ya habían instalado la necesidad del ahorro y el juego de la especulación vinculada a la moneda extranjera. El dólar constituye un problema crónico a los ojos de nuestro país desde hace más de 50 años. Aunque se trata de un mercado pequeño –ya que no posee el volumen suficiente como para despertar tanta importancia– nadie podría negar que es muy relevante.


–¿Es posible dejar de pensar en los dólares? ¿Cómo quebrar el consenso y la legitimidad de estos papeles extranjeros que valen y significan tanto?


M. L.: –La pregunta, tal vez, no sea tanto si es posible desprendernos de la moneda de Estados Unidos, sino más bien comprender cómo devino en un objeto tan fundamental para pensar las prácticas sociales, económicas y políticas. Nuestra investigación sobre el dólar en Argentina implica un análisis extendido, pues si bien su presencia no tuvo siempre la misma magnitud, su cronicidad es un elemento a destacar. De este modo, si la temática del dólar no es nueva, quizás, los problemas económicos de nuestro país no se vinculen de modo directo con los dólares sino con una redistribución más equitativa de los ingresos.


A. W.: –Se tiende a pensar que cuando los individuos consigan crear un instrumento financiero que les brinde mejores rendimientos que la moneda de Estados Unidos se logrará “desdolarizar” las mentes de los argentinos. No obstante, desde mi perspectiva, esta hipótesis es errónea en la medida en que los sujetos no son seres racionales ni maximizadores de ganancias sino que establecen una relación política con el dólar. De hecho, si los ciudadanos no abandonan el dólar es porque les permitió un aprendizaje de autonomía y escape respecto a sus relaciones con el Estado. Por este motivo, nuestro país conforma una cultura dolarizada.


–En definitiva, su importancia radica en que no solo permite invertir.


M. L.: –Por supuesto, justamente esa es nuestra hipótesis. Si solo sirviera a tales efectos sería fácilmente reemplazable por el primer bono que funcione y brinde confianza en la gente. El asunto es que el dólar cumple un montón de funciones, más allá de la tradicional y transparente de operar como medio de intercambio.


A. W.: –En esta línea, la presencia del dólar no puede ser –solo– leída a partir de variables macroeconómicas, sino que existe un proceso específico de aprendizajes sedimentados que, en definitiva, termina por explicar cómo una moneda externa a un país se expande de la manera en que lo hizo.


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Martes, 14 Agosto 2018 06:53

El ‘complot’ de Trump contra Erdogan

El ‘complot’ de Trump contra Erdogan

La economía turca atraviesa por una grave crisis que no ha surgido de la nada sino que está dirigida desde Washington. En principio, no es una crisis económica más sino que tiene profundas ramificaciones políticas. Sus actores principales son los presidentes Trump y Erdogan.



La situación económica de Turquía se está deteriorando rápidamente y si continúa por este camino podría tener consecuencias políticas de largo alcance, no solo consecuencias para Turquía, sino también para Europa occidental y para el conjunto de la región de Oriente Próximo en particular.

El deterioro se agravó el pasado viernes, cuando el presidente Donald Trump decidió doblar los aranceles por la importación de acero y aluminio turco, unas exportaciones que para Turquía son de gran importancia. Con esta medida, Trump quiere presionar al presidente Recep Tayyip Erdogan para que libere a un pastor evangélico estadounidense detenido en ese país.

El pastor Andrew Brunson está encarcelado en Turquía y sobre él pesa la acusación de haber participado en actividades terroristas. Naturalmente, la influyente comunidad evangélica de Estados Unidos, de la que forma parte el vicepresidente Mike Pence, ha puesto el grito en el cielo y ha obligado a Trump a intervenir.


De momento Erdogan no ha respondido a esas presiones tal y como querría Trump, es decir con la liberación del pastor evangélico. Al contrario, Erdogan no ha dado señales de acatar la orden de su colega estadounidense y mantiene a Brunson en prisión. “Los matones del sistema global”, ha dicho en alusión a Trump, no pueden destruir “las ganancias que hemos pagado con sangre”.


Brunson, de 50 años, fue detenido en 2016, inmediatamente después del fallido golpe de estado contra Erdogan. El pastor ha vivido más de 20 años en Turquía y dirige una minúscula iglesia protestante en la ciudad de Izmir con solo 25 fieles. Las autoridades locales lo han relacionado con el inquietante movimiento Gülen, dirigido por el líder de ese nombre que, para complicar las cosas, reside en Estados Unidos y mantiene unas excelentes relaciones con Israel. Gülen es un movimiento terrorista para las autoridades de Ankara.


Hace solo unos días, el 26 de julio, el vicepresidente Pence habló con Erdogan telefónicamente para pedirle la liberación de Brunson. En el mejor estilo mafioso, Pence le dijo que si no lo liberaba tendría que hacer frente a las “consecuencias”. Sin embargo, el presidente turco se ha resistido a seguir la orden y las “consecuencias” están comenzando a llegar.


Erdogan, que tantas esperanzas suscitó al principio de su carrera política, ha demostrado en los últimos años que no está exento de cometer errores. El más grave de ellos lo ha cometido, sin duda, en Siria, pues probablemente él fue la única persona que tuvo a su alcance evitar la terrible guerra civil que asola aquel país, pero no lo hizo. Al contrario, durante muchos años echó más leña al fuego.


El lunes, Erdogan atribuyó la fuerte caída de la lira en las últimas horas a un “complot” y no a la marcha de la economía. No mencionó directamente a Trump pero sus palabras iban en esa dirección. Erdogan asegura que la economía turca es sólida y considera que se recuperará puesto que la grave crisis por la que atraviesa no tiene que ver tanto con la economía como con la política, y todavía más con la política exterior.


Para Erdogan, el presidente Trump ha clavado un puñal en la espalda de Turquía. El líder turco ha denunciado que a través de las redes sociales hay “traidores” que propagan mentiras económicas y participan en el “terrorismo económico” que Washington ha puesto en marcha. Recientemente dijo que quienes están detrás de la crisis son los mismos que en 2016 quisieron dar un golpe de estado.


El Banco Central de Turquía está facilitando la “liquidez que necesitan” los bancos en un momento tan complicado como éste, pero Erdogan ha prohibido que el Banco Central suba el precio del dinero, como recomiendan los gurús de la economía convencionales. En esta dirección, la canciller Angela Merkel, advirtió el lunes a Erdogan que espera que el Banco Central sea independiente y no reciba presiones del presidente.


Numerosas compañías turcas se han endeudado en dólares en los últimos años. Se estima que la deuda de todas esas compañías asciende a 220.000 millones de dólares, y es evidente que las compañías tienen que hacer un esfuerzo cada vez mayor para devolver los préstamos, especialmente cuando el dólar se encarece rápidamente como ocurre ahora.


Algunos expertos creen que numerosas compañías corren el riesgo de quebrar, y si esto ocurre es muy posible que tenga consecuencia en las economías de Europa occidental. Bancos como el BBVA y otros grandes bancos europeos que tienen fuertes inversiones en Turquía, un país de 80 millones de habitantes, ya han comenzado a resentirse, y la cosa todavía puede llegar más lejos. La tasa de inflación en Turquía es la más alta desde hace 14 años y el euro ha caído a lo más bajo desde hace un año.


Es evidente que Europa tendría que haber salido en defensa de Turquía en este caso, pero el temor de los europeos al imprevisible Trump los tiene paralizados. Ver cómo en el siglo XXI un matón puede hacer y deshacer a su antojo sin que nadie le tosa es un gran espectáculo. Si la situación económica sigue deteriorándose en Turquía, más pronto que tarde influirá en Europa. Es lo que ha advertido una analista, Agathe Demarais, que sigue de cerca y con preocupación lo que está sucediendo en ese país.


Naturalmente, a Trump no le ha gustado nada que Turquía, un país de la OTAN, haya comprado misiles a Rusia en lugar de a Estados Unidos. Además, Erdogan no se ha sumado a la reciente decisión de Trump de imponer sanciones a Irán. Y para terminar, Erdogan acusa de “racismo” al estado judío. Ninguna de estas acciones es del agrado de Washington.

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El jefe del Pentágono inicia su primera gira por Sudamérica

La Casa Blanca busca contrarrestar la creciente influencia de China en la región

 

Con la mirada puesta en China, el secretario de Defensa estadounidense, Jim Mattis, inició este domingo su primera gira por Sudamérica. En sus paradas en Brasil, Argentina, Chile y Colombia, el objetivo del jefe del Pentágono será reforzar las relaciones militares con Washington y frenar la creciente influencia de Pekín en la región. “Estas relaciones son críticas para un hemisferio occidental [el continente americano] colaborativo, próspero y seguro”, señaló el Departamento de Defensa.

La Casa Blanca declaró el 2018 como el “año de las Américas” y, según el Pentágono, la gira del general retirado de los Marines refleja los “fuertes lazos de defensa” con los cuatro países que visitará. Unos lazos que, sin embargo, parecen no interesar al presidente Donald Trump, que no ha viajado a la región. Iba a hacerlo el pasado abril pero canceló su participación en la cumbre de las Américas en Perú para preparar la operación militar contra el régimen sirio por el uso de armas químicas.


La Casa Blanca mantiene una buena relación con sus principales aliados latinoamericanos, gracias en parte a su posición contundente ante la crisis venezolana, pero también ha propiciado tensiones en la región por su política antinmigración y por su deriva proteccionista.


La gira de Mattis, que el pasado septiembre estuvo en México, empieza en Brasil, donde mantendrá reuniones con altos mandos militares y pronunciará un discurso. De ahí viajará a Argentina y Chile para recalar finalmente en Colombia donde se reunirá con miembros del nuevo Gobierno de Iván Duque.


La crisis de Venezuela planeará sobre la gira, especialmente en Colombia pero también en Brasil, que ha reforzado notablemente en los últimos años su cooperación militar con EE UU. De hecho, soldados norteamericanos participaron el pasado noviembre en entrenamientos conjuntos con sus homólogos brasileños como preparación ante posibles crisis humanitarias.


Como parte de su estrategia expansionista, China ha reforzado en los últimos años sus lazos con algunos de los países que visitará Mattis, como Argentina, donde Pekín ha construido una estación espacial. “Nos preocupa que China tiene una forma de hacer negocios que no necesariamente responde de la mejor manera posible a los intereses de nuestros socios en el hemisferio”, explicó a un grupo de periodistas el subsecretario adjunto de Defensa para Asuntos del Hemisferio Occidental, Sergio de la Peña, informa la agencia Efe.


Como también ha hecho en África, Pekín ha disparado en la última década sus inversiones en América Latina y también la concesión de créditos, lo que le permite ganar peso diplomático. “Son generosos con su préstamos, pero si no puedes pagar conseguirán a cambio algún tipo de compensación”, avisó De la Peña.

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El nuevo gurú de la ultraderecha europea

La divisa con la que Bannon se hizo conocer en Bruselas se la tomó prestada al poeta John Milton: “Prefiero reinar en el infierno que servir en el paraíso”, dijo Bannon. Su ambición choca, sin embargo, con unos cuantos obstáculos.

La ultraderecha mundial se prepara con vistas a dar el asalto al Parlamento Europeo. Las elecciones de mayo de 2019 para renovar el europarlamento movilizan desde hace rato a los papas globalizados de la extrema derecha que buscan en Bruselas expandir sus éxitos electorales a través de la creación, dentro del Parlamento, de un mega grupo compuesto por euroescépticos y cuya principal misión consiste en aniquilar a la Unión Europea desde adentro. Ya antes de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos y la victoria de Donald Trump, quien era en ese entonces su principal estratega, Steve Bannon, había llevado a cabo varios viajes exploratorios por el Viejo Continente con la intención de plasmar una suerte de internacional de la ultraderecha. Esta vez, su objetivo inicial empezó a ser realidad. Bannon plantó sus banderas en la capital belga por medio de una fundación, “The Movement”, con la que pretende aunar a todos los ultras que pululan en Europa. La divisa con la que Bannon aterrizó en Bruselas se la tomó prestada al poeta John Milton: “prefiero reinar en el infierno que servir en el paraíso” dijo Bannon. Su ambición choca sin embargo con unos cuantos obstáculos, empezando por las drásticas divisiones entre los grupos de la extrema derecha presentes en el Europarlamento y siguiendo por el sentido mismo del proyecto: la extrema derecha europea abraza la causa del combate contra la inmigración y la defensa del Estado Nación como antídoto ante los órganos multilaterales (la misma Unión Europea), pero la idea motriz del modelo de Bannon, “la desconstrucción del Estado administrativo”, no figura en su catalogo. El nacionalismo norteamericano no tiene un espejo en la compleja geografía europea. Hay líneas comunes, pero, en un momento dado, el precipicio entre ambos es abismal.


A Bannon, sin embargo, no le faltaran adeptos a su perfil de supremacista blanco, machista, antisemita, y homófobo. El equipo de The Movement cuenta con unas diez personas encargadas de respaldar a la extrema derecha y a los otros partidos populistas durante la campaña electoral. Entre estos consejeros hay personajes ya conocidos como Raheem Kassam, ex colaborador del británico Nigel Farage. Hasta ahora, la irrupción más sonora del rey de las fake news en Europa tuvo lugar en marzo pasado cuando Bannon asistió al congreso organizado por el entonces Frente Nacional francés consagrado a su refundación, es decir, a su cambio de nombre. Bannon intervino allí para vender la idea según la cual “la victoria es posible” porque “nosotros somos cada días más fuertes” y ellos “cada vez más débiles”. También ahondó en las retóricas desculpabilizadoras cuando dijo: “si luchan por la libertad los tratan de xenófobos. Si luchan por su país los tratan de racistas. Pero los tiempos de esas palabras asquerosas se han terminado “. Desde ese momento, el antaño estratega de Trump ha labrado las tierras del Viejo Continente. Sus lazos más estrechos los mantiene con los Demócratas Suecos (neonazis asumidos), Marine Le Pen en Francia, el Partido Popular de Mischaël Modrikamen y el Vlaams Belang en Bélgica, la ultraderecha austríaca (FPÖ) y la italiana de Matteo Salvini. Italia es para Bannon su “bebe” predilecto, la prueba absoluta de la vigencia de sus ideas, o sea, la posibilidad de que se forjen alianzas entre las extremas derechas genuinas y los movimientos populistas pero post ideológicos como el italiano 5 Estrellas.


¿Acaso puede Bannon repetir en Europa lo que hizo en Estados Unidos? La mayoría de los especialistas dudan de ello, sobre todo porque ven en las ambiciones del doctor fake news una suerte de carrera desesperada por existir luego de que Trump lo despidiese y el portal que lo hizo famoso, Breitbart News, también lo pusiera en la calle. Algunos asimilan sus sueños con los de un viejo actor norteamericano que se muda a Europa para interpretar roles menores porque en su país no encuentra trabajo. Por otra parte, los grupos de las extremas derechas europeas son como familias en constante disputa. El odio los une tanto como los separa. El especialista francés de las extremas derechas europeas, Jean-Yves Camus, juzga “ridículas” las pretensiones de Bannon y sus aliados. Según Camus, ello no excluye que “gracias a su dinero y a su capacidades de lobista pueda cosechar algunos resultados”. El analista francés asegura “confiar en las capacidades de los partidos demócratas de Europa para resistir. Los dirigentes europeos son lúcidos ante la situación y la responsabilidad que les incumbe en ella. Todo este problema deriva de la mala gestión de la crisis migratoria”. En el Parlamento Europeo, por ejemplo, el Primer Ministro húngaro Viktor Orban es miembro del PPE (Partido Popular Europeo), donde también está la formación de la canciller alemana Angela Merkel. La Liga de Salvini integra el grupo de Marine Le Pen. En el Europarlamento existen tres grupos distintos de eurohostiles que no se aceptan entre ellos. El proyecto político de estos partidos es esencialmente anti inmigrante y anti multicultural, pero en ningún caso inclinado a privatizar los Estados. Muy por el contrario, la extrema derecha europea aboga por un Estado Nación fuerte capaz de proteger a los ciudadanos de los estragos de la globalización. En julio de 2018, Salvini prometió hacer de las elecciones europeas de mayo de 2019 una suerte de referendo “entre la elite, el mundo de la finanza y el mundo real del trabajo, entre una Europa sin fronteras asediada por una inmigración de masas y una Europa que protege a sus ciudadanos”.


El equilibrio en el seno del Parlamento Europeo reposa aún sobre la dinámica de dos bloques: el de los socialdemócratas y el de los democristianos. No obstante, la cruzada de la ultraderecha por romper ese esquema con el soldado Bannon como líder cuenta con dispositivos muy bien entrenados y mucho dinero. Los medios de desinformación e intoxicación de la ultraderecha norteamericana son poderosos. Su eficacia fue probada a lo largo de la campaña a favor del Brexit en Gran Bretaña y luego con la elección de Donald Trump. Con todo, fracasaron en Francia cuando intentaron hacer lo mismo con Le Pen. La líder ultraderechista francesa perdió estrepitosamente la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017 frente a Emmanuel Macron. La visión nacionalista norteamericana, su egoísmo devorador y su indolencia substantiva, encontraron, hasta ahora, una frontera infranqueable en Europa.


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Diez puntos sobre lo que será el gobierno de Iván Duque

El domingo 6 de agosto de 2018 El Tiempo publicó un artículo del presidente electo titulado Duque propone pacto para superar las diferencias. Éste presenta buena parte de sus 203 propuestas de campaña. La nota del diario permite identificar al menos diez puntos de lo que serán rasgos centrales de la administración Duque, elementos que muestran el reacomodo y continuidad dentro de la clase dominante del sector que recoge lo que hoy se presenta como uribismo y que tiene como principal apuesta la instalación y perpetuación del régimen social y civilizacional del fascismo social.

El día de hoy inicia lo que algunos analistas han llamado el reinicio de la era Uribe, la era de la oscuridad y la persecución. Y no es para menos: el círculo más cercano al exmandatario ha esperado por más de cuatro años el retorno a la Casa de Nariño para cobrar venganza y recuperar lo que (creen) les pertenece y “corregir” el rumbo. “El juicio político criminal por su abuso de poder contra el ex presidente @JuanManSantos, a partir del 7 de agosto, deberá ser ejemplar”, trinó el Senador del Centro Democrático José Obdulio Gaviria en el 2014 y el expresidente y Senador Álvaro Uribe advirtió en el 2016 a través de su tribuna en Twitter que “Santos, maduro, Castro y las FARC, […] en este suelo no tienen futuro”.


Con exorcismo, políticos investigados y hasta un temblor comienza el mandato de Duque, el razonero de Uribe, el presidente de la guerra al terrorismo y el rechazo a la dictadura de Maduro, el que hace cabecitas mientras la clase política conservadora y retrógrada gobierna de la mano del empresariado. Esto se puede ver de la nota de El Tiempo de la que se destacan diez puntos sobre lo que nos espera para el periodo 2018-2022:


1. Muestra como “adversidad” lo que realmente ha sido el enriquecimiento de unos pocos (los de siempre), situación que oculta y ante la que pide al pueblo no desfallecer. Esto es, mientras la élite enriquece los pobres deben aguantar. No podía ser de otra forma: es un gabinete corporativo.


2. Vende el alcanzar la clase media como aspiración para las clases bajas. Un gobierno para la clase media, ese mito capitalista con el que se oculta la lucha de clases y que se muestra como adverso a otro mito creado por la academia del capital, la izquierda populista. Así, Duque pone va a poner a los pobres contra la izquierda, y lo hace sin mencionar a las clases altas: Éstas deben seguir siendo quienes son, se les blinda no nombrándolas.


3. Es reiterada la presencia en su artículo a referencias económicas como metas a alcanzar “como nación”: inversión, seguridad jurídica, competitividad, crecimiento.


4. La concentración del poder se presenta como horizonte en el nuevo gobierno. Ésta se expone como lucha contra la corrupción, eficiencia estatal, planeación, avance en competitividad.


5. El combate a la corrupción enfatiza en el corrupto (público, estatal) y no en el corruptor (particular, empresario, privado). Se ve en el cuatrienio que inicia la centralización de la corrupción.


6. Descaradamente el presidente electo cuestiona el incumplimiento a las víctimas cuando su partido se opuso a la representación política de éstas mediante las circunscripciones transitorias especiales de paz pactadas en La Habana.


7. Reafirma el interés del Centro Democrático de hacer trizas los Acuerdos con las FARC-EP, lo que vende como “corrección”. Claramente existe un interés por ligar a la dirección de la insurgencia con el narcotráfico de cara a su extradición; de igual forma se busca relacionar al partido político con las llamadas disidencias, para justificar la desaparición del partido FARC.


8. En su gobierno el campo será para la agroindustria, ésta orientará la política sectorial. A los campesinos (“pequeños productores”, dice Duque) se les propone su conversión en microempresario a partir de su subordinación (alianzas productivas) con el empresariado rural.


9. La prestación de los servicios de salud será por demanda (“un sistema basado en el paciente”) y tendrán como particularidad el aumento en la población cotizante al sistema y el saneamiento (salvavidas financiero) de las dificultades que presentan las empresas prestadoras del servicio.


10. Falacias como “un gabinete con 50 por ciento de mujeres”, “la primera mujer vicepresidenta”, “un gobierno de diálogo con la ciudadanía”, “de presencia constante en el territorio”, “de amor y representación regional”, “de rigor técnico”, “de nueva generación”, “sin revanchas” ocultan lo que será un gobierno de élite, corporativo, ideológicamente conservador que continuará con el despliegue y consolidación del fascismo social no sólo en el país, sino en la región. Quienes nos opongamos seremos considerados los parias que no fuimos capaces de unirnos “en propósitos comunes y superiores”, de suscribir “un acuerdo básico sobre el futuro de nuestro país por encima de las diferencias”. Así se aceptará y justificará socialmente lo que pueda ocurrir al ‘desviado’, su ausencia, su exclusión y hasta su eliminación.


Bienvenidos a la Era Duque, el reinicio de la Era Uribe.

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¿Un barril de crudo a 100 dólares?: la antesala de otra recesión mundial

El petróleo se ha instalado en torno a los 80 dólares. Y podría alcanzar la cifra de los tres dígitos a medio plazo. Una combinación de crecimiento de demanda global de energía, restricciones productivas en la OPEP y tensiones geopolíticas, en especial, hacia Irán, siembran el temor a que el crudo, si toca los 100 dólares de cotización, desencadene una nueva recesión en EEUU, y en el mundo.

No resulta descabellado. La escalada de precios del petróleo ha antecedido a cinco de las seis últimas recesiones de la economía estadounidense. Y 2018 está asumiendo el protagonismo de un cambio de tendencia. Al alza. De un nuevo boom de oro negro que devuelve a los mercados y a los Estados -productores o crudo-dependientes, que fían sus presupuestos anuales a un coste o recaudación determinado-, a un escenario más similar al de los años previos a 2014 -ejercicio en el que el petróleo comenzó un descenso histórico que llevó al Brent, de referencia en Europa, a cotizar a 27,67 dólares el barril, en enero de 2016, el valor más bajo desde 2003-, en los que los contratos de futuros transitaban con comodidad por cifras de tres dígitos.


En la actualidad, cotiza en torno a los 78 dólares, cerca de la frontera que Arabia Saudí, primer productor mundial y auténtico rector de los designios de la OPEP, ha establecido como adecuados, en 2018, según sus intereses. Una cota excelente para sanear sus desequilibradas arcas públicas por efecto del alto coste de la guerra en Yemen y de unos ingresos petrolíferos holgadamente por debajo de los 60 dólares en el último trienio. Pero, ¿qué consecuencias tendría un barril a 100 dólares? Y, sobre todo, ¿qué circunstancias se han combinado para que el barril tenga a tiro esta emblemática cotización, que ha elevado en más de un 50% su valor desde comienzos de año?

“Existe una acumulación de factores, todos alineados en la misma dirección”, dice el equipo de economistas de UBS, el banco de inversión suizo. “Desde un aumento de la demanda de energía mundial, hasta la renovada política de restricciones de cuotas productivas en la OPEP pasando por una escalada de las tensiones geopolíticas, en especial hacia Irán, que llevan aparejadas una seria amenaza de sanciones económicas” al régimen de Teherán. Efectivamente, “el petróleo se podría poner en 100 dólares a lo largo de este ejercicio”, advierten. Con réplicas inmediatas en las economías. “Las señales de una posible contracción del PIB en EEUU son elocuentes”, afirma el responsable de análisis de UBS, Arend Kapetyn, en una nota dirigida a sus inversores.

Aunque también se apreciará un impacto sobre la inflación. No tanto en la mayor economía del planeta, debido al encarecimiento del precio del dinero, sino en la esfera de los mercados emergentes, reacios a seguir la estela de la Reserva Federal americana y asolados por las restricciones en los circuitos de acceso al crédito internacional por las subidas de tipos en EEUU, sus elevadas tasas de endeudamiento soberanos y de sus empresas y bancos y por la reanimación del dólar.

Esta pinza -recesión más inflación- afecta, en cualquier caso, a la coyuntura estadounidense. “Hay que tomárselo en serio” porque todo repunte más o menos brusco del crudo “acarrea una serie de riesgos” y conviene recordar que “cinco de las seis últimas recesiones en EEUU han venido precedidas de un escenario energético como el actual”, aclara Kapetyn. Y la escalada actual es, ni más ni menos, que la decimoprimera de mayor intensidad en los últimos 70 años, después de que el pasado 17 de mayo superara los 80 dólares.


Un sónar peligroso

Este salto “es todavía de menor trascendencia que otros que antecedieron a recesiones en EEUU pero si el precio se mueve hacia los 100 dólares el panorama cambiará sin remedio”. Entonces -explican en UBS- se restaría alrededor de 100.000 millones a la economía global, dejando el PIB del planeta en un crecimiento del 3,8% -cualquier crecimiento inferior al 3% se considera como contracción global-, mientras que los precios mundiales se situarían por encima del 4%, lo que obligaría a bancos centrales de las potencias emergentes (e industrializadas, en especial, al área del euro y Reino Unido) a mover ficha al alza. Otro retardo de actividad.

Desde Goldman Sachs también observan estos riesgos. “Es un sónar peligroso para la gestión de los riesgos futuros, porque las perspectivas no son halagüeñas”. Aunque, de momento, los flujos de inversión “permanezcan más complacientes que preocupados”, pese a que el Brent ha subido un 52% desde que, a finales del pasado año, la OPEP se inclinara por las tesis de Riad y redujera, de forma más agresiva de lo esperado, sus cuotas productivas. Hasta alcanzar los 82,5 dólares. También juega un rol notable la crisis nuclear iraní derivada de la ruptura del tratado por parte de la Casa Blanca. A lo que hay que añadir el incremento de la demanda de crudo que “podría enfrentarse a problemas de entrega por la carencia de petróleo en el mercado” y la fatiga que está empezando a demostrar el actual ciclo de negocio, que nació débil y con rastro sinuoso por emerger de la mayor crisis financiera desde 1929, afirman en el banco de inversión americano.

Citigroup acaba de elevar en 10 dólares, hasta los 75, el precio medio del barril para el conjunto de 2018, lo que lleva implícito que, en algún momento del año, traspasará los 100 dólares.


“Por favor, pare esto; de otra forma, el crudo se encarecerá mucho más”. Esta ha sido la réplica del gobernador de Irán en la OPEP, Houssein Kazempour Ardebili, al presidente de EEUU por su tweet en el que acusa al cártel petrolífero de “hacer muy poco” para estabilizar el precio del oro negro y “todo lo posible” por encarecer los combustibles en EEUU.


A pesar de que Arabia Saudí ha afirmado a Washington que impulsará la producción, en Goldman Sachs alertan de que esta posibilidad baja enteros ante los riesgos de suministro de Venezuela e Irán, bajo sanciones de la Administración Trump. “Está usted martilleando a la OPEP y desacreditando la soberanía de sus socios”, critica Kazempour, quien dijo que en el cártel “esperan una actitud más conciliadora y cordial” por parte del actual inquilino de la Casa Blanca, que también les emplazó a “reducir los precios de inmediato”.


Más contundente han sido los jerarcas de la Guardia Revolucionaria iraní, al advertir que cualquier maniobra de Washington para exigir cambios en la política de la OPEP traería el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde pasa la mayor concentración de petroleros del mundo para cargar el 30% de los flujos petrolíferos que movilizan los mercados y cuyo peaje está en poder de Teherán. Tampoco ayuda a las pretensiones de Washington los problemas de abastecimiento, en este caso tecnológicos para extraer crudo, de Libia -país miembro del cártel, pero exento del último acuerdo junto a Nigeria- y Canadá. Ni el aumento de tarifas comerciales de EEUU a China, el primer comprador de petróleo del mundo, que podría mermar su dinamismo y, con él, el del conjunto del PIB global.

Réplica amenazante de la OPEP

“La OPEP nunca ha definido el precio del crudo en los últimos 30 años”, espeta Kazempour. Falacia que, sin embargo, le dio pie para concluir con un duro mensaje a Trump: “Usted impone sanciones a grandes productores, fundadores de la OPEP, y todavía nos interpela para que bajemos precios”, se preguntó. “¿Desde cuándo ha empezado a trasladarnos órdenes?”.


En este complejo panorama, sólo Rusia parece dispuesto a elevar sus cuotas de mercado. Además del consejo de la Agencia Internacional de la Energía de que Arabia Saudí y los emiratos del Golfo Pérsico cubran la retirada de 1,5 millones de barriles diarios que Irán y Venezuela pretenden poner en marcha en 2019. El mercado del crudo es especialmente vulnerable a la evolución de precios de los contratos de futuros a seis meses.

También a los inventarios acumulados de EEUU. Es decir, a la capacidad y el volumen de almacenamiento de crudo por parte del mayor mercado del mundo, y que, pese a subir en 833.000 barriles en las últimas semanas, siguen por debajo de las estimaciones, de 1,25 millones, que los analistas juzgan idóneo para revertir el rally alcista del crudo. Sin tocar sus reservas estratégicas -Trump baraja permitir labores de exploración en el Refugio Nacional de Vida Salvaje del Ártico que, junto a las reservas de 11.800 millones de barriles de Alaska, añadiría más capacidad productiva a EEUU- y sin elevar el poder extractivo de su industria del fracking, a la que están plenamente dedicada firmas petroleras del país que han vuelto a ejercer su capacidad de lobby en la Casa Blanca con la actual Administración.

La que también se denomina shale revolution ha permitido a EEUU ser el primer productor de crudo y convertirse en exportador neto de petróleo, con más de 2 millones de barriles diarios, según la capacidad extractiva semanal de un método especialmente dañino al medio ambiente. Trump y los jerarcas del sector petrolífero aseguran que, con el fracking, la caída de actividad del PIB de EEUU, con un barril a 100 euros, sería de cuatro décimas. La estimación que antes se calculaba para el petróleo a 75 dólares.

Por si fuera poco, hay un indicador, la curva de rentabilidad del bono americano que, aunque se ha estabilizado en las últimas fechas, deja una incógnita mayúscula por despejar. Este barómetro determina el diferencial de beneficios entre el bono estadounidense a dos y diez años. Cualquier caída a posiciones negativas (o próximas a ello) anticipa una contracción del PIB. En la actualidad, se encuentra en cuatro puntos básicos, después de subir en los últimos meses y dejar atrás las alarmas surgidas en 2014, cuando se situó por debajo de los dos puntos. En buena medida, por la política restrictiva de la Fed. Pero los nervios de los inversores no se han calmado. Y con razón. Porque la Reserva Federal tendrá que manejar un aspecto clave a la hora de determinar futuras subidas de tipos en un indicador que ya no navega con el salvavidas de los estímulos monetarios de los últimos años. De ahí que bancos de inversión como Bernstein convengan en que el ciclo de negocios actual en EEUU toque a su fin. Ni siquiera la rebaja fiscal a empresas y consumidores de Trump parece que servirá para espolear la demanda interna (gasto de consumo de familias y de inversión de empresas) porque las expectativas son de guardar la ropa. Dada la volatilidad de los mercados bursátiles y la debilidad financiera de los grandes mercados emergentes. Y ya se sabe en los círculos inversores que cuando EEUU estornuda, Europa y Japón se resfrían.
Indicadores apócrifos en EEUU

Dentro de un ambiente que recuerda a 2007, preludio de la crisis. Con datos que preludian una compleja salida para la sociedad americana. The Washington Post alertaba recientemente de ello. Son los barómetros apócrifos, explicaba. Un 45% de los estadounidenses en edad adulta carece de un colchón financiero suficiente para permitirse un gasto inesperado de 400 dólares, que les puede llegar de forma súbita, pero también habitual: por ejemplo, una factura médica de urgencia o la avería de su coche. Una segunda alerta es que el 43% de sus hogares no pueden permitirse un modo de vida básico; es decir, que casi la mitad de las familias de la gran potencia mundial no pueden afrontar los gastos aparejados a la vivienda, comida, escolarización infantil, transporte, sanidad o conexión a Internet. El tercer factor es que, durante el pasado año, más de uno de cada cuatro estadounidenses no acudió a recibir asistencia sanitaria porque no se lo podía permitir. El cuarto y último índice de que la microeconomía no ha seguido la estela de las grandes cifras coyunturales es que un 22% de ellos no tienen capacidad financiera para pagar todas las facturas a final de mes y, asociado a este indicador, que sólo el 38% de los trabajadores en activo piensa que sus ahorros para la jubilación, en un país sin pensiones públicas, están en el camino correcto para sus necesidades una vez pasen a la edad de retiro.

 

MADRID
06/08/2018 08:36 Actualizado: 06/08/2018 08:36
Por DIEGO HERRANZ

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Los Brics y la cuarta revolución industrial

La reciente Cumbre de los Brics en Sudáfrica fue significativa por varias cuestiones, aun cuando la prensa hegemónica de nuestros países le ha dado poca cobertura, solo destacando las reuniones bilaterales. Se trató de la décima cumbre del bloque de países integrados por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica: hablamos de economías que, principalmente China e India, siguen siendo las locomotoras de crecimiento de un mundo que aún no se recupera totalmente de la crisis abierta en 2008.

Por otro lado, los Brics han tomado nota de los cambios producidos en la gobernanza global tras el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca. La guerra comercial China-EE.UU. estuvo omnipresente en la Cumbre, con Xi Jinping remarcando la necesaria revolución industrial para que los países Brics y aliados puedan tener una mejor inserción en un mundo convulsionado. En definitiva, dos planos: industrialización puertas adentro –sobre todo en generación de productos de alto valor agregado y transferencia de conocimiento, algo que China fue logrando en los últimos años, particularmente en el plano tecnológico– y el fomento del “libre comercio” de cara a otros mercados, como respuesta al proteccionismo de Trump: no por nada el documento final menciona a la OMC como regulador del mercado internacional, organización a la que China ingresó recién en 2001.
Vladimir Putin, a su turno, remarcó su visión sobre el contenido político del bloque, contestando a aquellos que solo destacan la faceta económica del mismo. En ese sentido, es significativa la valoración del bloque sobre el acuerdo nuclear con Irán, del cual Trump se salió meses atrás. En lo político también se añade algo vital: la idea de Xi de ampliar la esfera de acción de los Brics, en un Brics Plus, con la presencia de Argentina, México, Turquía y diversos países africanos que se dieron cita en Johannesburgo. El propio Macri llegó a hablar de “Sur Global”, una idea ajena a su visión de la política exterior, acorde a lo que el auditorio quería escuchar (y a una medida defensiva del Jefe de Estado, que teme el retiro de capitales chinos tras el parate de las represas en el sur del país). El brasileño Temer, en cambio, ni siquiera disimuló su orientación: habló del acuerdo Mercosur-Unión Europea y saludó a la Alianza del Pacífico, mandando también un mensaje a los oídos de Washington.

Diez años después de su creación, y con un crecimiento de sus países menor al de aquel momento pero igualmente mayor al promedio mundial, los países Brics siguen teniendo un rol importante en términos geopolíticos. Cuentan con el Banco de Desarrollo creado en 2014 en Fortaleza, Brasil, cuando la región era otra y de la cumbre participaban Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff. Y discuten una nueva revolución industrial y una ampliación en su marco de alianzas –Organización de Cooperación de Shangai y Foro Valdai incluídos, además de los países de América Latina y Africa– en momentos en los cuales EE.UU. y Europa deciden mirar solo puertas adentro –a tal punto que intensifican las políticas antimigración–.
China, la cabeza del bloque, eligió ser cautelosa durante las últimas décadas, bajo el paraguas del “win-win” (“ganan ustedes y nosotros” decían desde Beijing) y el no intervencionismo. Pero ahora parece, finalmente, levantar la cabeza para disputar con mayor claridad el escenario internacional. El bloque Brics, al que diversos analistas daban por muerto, no solo sigue vivo: propone agenda a futuro y busca ampliarse. América latina debe tomar nota de la importante reunión de Johannesburgo y actuar en consecuencia.
* Politólogo UBA, analista internacional.

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Viernes, 13 Julio 2018 07:38

Trump contra (casi) el mundo entero

Trump contra (casi) el mundo entero

En un año y medio en la Casa Blanca, el presidente Donald Trump se las ha arreglado para pelearse con el Grupo de los 7, la Unión Europea en su conjunto y Alemania en particular, Japón, México, Canadá y China, dejando por el camino su papel en varios acuerdos comerciales. Ahora está sintiendo las represalias chinas por su ofensiva arancelaria.

El trumpismo en Estados Unidos y los nacionalismos de diferentes cepas que medran en Europa expresan la reacción derechista a la globalización que las izquierdas no pudieron frenar ni matizar hace tres décadas.

Donald Trump hizo campaña en 2016 con consignas y tergiversaciones reiteradas que se han convertido en artículos de fe para los más de 60 millones de votantes que le dieron su apoyo. Entre ellas están la construcción de un muro en la frontera con México para frenar las supuestas “hordas” de inmigrantes indocumentados (que no se producen), la saturación de la Corte Suprema de Justicia con jueces conservadores (que sí está ocurriendo), y el “estupro” económico del cual, según él, Estados Unidos es víctima en el comercio con otras naciones.


Frente a las multitudes que lo ovacionaban, Trump acusó a China de manipular su moneda para abaratar las exportaciones, y de saquear la propiedad intelectual mediante las normas que requieren la transferencia de tecnología avanzada cuando las empresas estadounidenses hacen negocios en el país asiático.


Según Stephen Bannon, ex asesor político del presidente, “Trump ha predicado una confrontación con China desde hace 30 años”. Lo cierto es que desde marzo Trump pasó de las palabras a los hechos con anuncios de aranceles a las importaciones de acero y aluminio provenientes de Europa, México, Brasil, Canadá y China.


La idea es que si las importaciones de materias primas, productos procesados y artículos de consumo se encarecen por los aranceles, volverán a florecer las industrias estadounidenses que migraron a tierras de mano de obra barata, y resucitará la “clase trabajadora” desempleada por la globalización.


LO TOMAS O LO DEJAS.

En toda negociación hay dos métodos básicos. Uno es el regateo, que consiste en el toma y daca, algunas concesiones aquí a cambio de logros acullá, las componendas, los acomodos y las transacciones. Con este método, el acuerdo final excelente es aquel que deja desconformes a todas las partes: algo han obtenido y algo han tenido que ceder.


El otro consiste en “lo tomas o lo dejas”. Una parte presenta sus demandas y la otra se las traga enteras o se queda sin nada. Es un método con el cual, supuestamente, el más fuerte es el que gana y el otro se jode. Este parece ser el método preferido por Trump, quien se cree un maestro de la negociación.
Su método entra ahora en el período de pruebas.


CUENTO CHINO.

El déficit comercial de Estados Unidos con China ha crecido de 3.483 millones de dólares en 1988 a 375.500 millones de dólares el año pasado.


En términos muy simples esto significa que “ellos nos venden cada vez más que lo que nos compran”, y a partir de eso se puede construir el simplista argumento a favor del nacionalismo económico.
La realidad es un poco más compleja. El aluvión de importaciones chinas baratas ha contribuido a mantener contenida la inflación en Estados Unidos, y los dólares que van para allá contribuyen a la compra, por parte de los chinos, de productos de alta tecnología y más elaborados en Estados Unidos.


El requisito chino de que las empresas extranjeras que hacen negocios en ese país se asocien con compañías chinas y compartan su tecnología y secretos industriales es un asunto muy grave para ambos países y podría resolverse en una negociación tediosa. Pero Trump no tiene tiempo para eso: se aproximan las elecciones legislativas de noviembre y está en juego la mayoría republicana en el Congreso. De ahí la necesidad de ponerse bravucón.


A LA GUERRA.

Dicen los chinos que las únicas guerras buenas son las que se evitan, pero si no hay alternativa, también ellos tienen su método.


“¿Quiénes son los grandes perdedores cuando se imponen aranceles a las importaciones?”, se preguntó Greg Ip, principal comentarista económico del diario The Wall Street Journal. “La respuesta es sorprendente: los exportadores. La historia económica y comercial muestra que cuando un país se cierra a los productos de sus socios, también priva a esos socios del dinero con el cual compran sus exportaciones.”


“El resultado final de los esfuerzos de Trump para que los estadounidenses gasten más en productos hechos en Estados Unidos es que los extranjeros gastarán menos en comprarlos”, añadió Ip.
Luego de haberlo anunciado el 15 de junio, hace una semana (el pasado viernes 6) Estados Unidos incrementó sus aranceles (fijándolos en 25 por ciento) sobre un total de 34.000 millones de dólares en productos importados de China, y enseguida China implementó su contraofensiva (también anunciada el 15 de junio), con aranceles sobre un volumen del mismo valor de productos estadounidenses importados.


Los aranceles chinos apuntan principalmente a las exportaciones agropecuarias de Estados Unidos, incluidos soja, granos, pescado y mariscos, carnes, frutas, frutas secas, productos lácteos, y equipos de transporte, incluidos los automóviles.


Lo que luce como una respuesta moderada es, más bien, una represalia calculada con precisión. Nadie sabe exactamente cuál será el impacto de los aranceles chinos, pero todos los análisis coinciden en que apuntan en su mayoría a los sectores productivos ubicados en condados que votaron mayoritariamente por Trump en 2016, y donde se juega la mayoría legislativa dentro de cuatro meses.


Un estudio preparado por el Instituto Brookings para el diario The Washington Post estimó que los aranceles chinos (anunciados por China el viernes 15 de junio) podrían afectar a 1.046.868 puestos de trabajo en industrias ubicadas en condados que votaron por Trump, mientras que afectarían en mucho menor grado (563.790 empleos) a condados que votaron por los demócratas en 2016.


“Casi dos tercios de los empleos en industrias a las que apuntan los aranceles chinos, o un total de un millón de empleos, se encuentran en más de 2.100 condados que votaron por Trump”, escribió el columnista Greg Sargent. Eso se compara con menos de los 564 mil empleos puestos en riesgo en los condados que votaron por la demócrata Hillary Clinton.


Pese a esto, la Casa Blanca no tardó en anunciar el martes una nueva lista de aranceles (a una tasa de 10 por ciento) que se implementarían dentro de dos meses sobre un volumen aproximado de 200.000 millones de dólares de importaciones desde China.


EXPUESTOS.

John Murphy, vicepresidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, relató a National Public Radio el pasado 9 de julio casos específicos de industrias ya golpeadas por las consecuencias de los aranceles.


“He recibido quejas de pequeños fabricantes de repuestos para automóviles que creen que pueden aguantar unos 60 días más antes de que se les agoten sus reservas de dinero y empiecen a despedir trabajadores”, relató. “Realmente, parte el corazón escuchar lo que estos aranceles hacen en las pequeñas y medianas empresas”, comentó.


El estudio de Brookings identificó más de 200 mil empleos en riesgo en la industria avícola, casi 140 mil en mataderos y frigoríficos, más de 120 mil en las fábricas de automotores y decenas de miles en industrias relacionadas con la fabricación de camiones, vehículos utilitarios y maquinaria de construcción, a los que apuntan los aranceles chinos. Estados Unidos es el mayor exportador mundial de soja, y China su mayor comprador, adquirió 14.000 millones de dólares en soja el año pasado.


Tanto las fábricas como las granjas más afectadas se encuentran en el centro y sur del país, los territorios que le dieron la victoria a Trump en noviembre de 2016 y donde viven los trabajadores a los cuales Trump prometió una resurrección económica.


“Incluso un par de dólares por cerdo pueden hacer la diferencia entre que haya una ganancia o que no la haya”, comentó Dustin Baker, economista del Consejo Nacional de Productores de Porcinos, después de que los aranceles chinos causaran una caída en los precios de las ventas a futuro. “Una caída de 18 dólares por cerdo es significativa.”


Paul Krugman, premio Nobel de economía en 2008, escribió en The New York Times que “los aranceles impuestos por Trump están destinados a infligir el daño máximo a la economía de Estados Unidos”.


El economista también recordó que, la semana pasada, Canadá, “país que, por otra parte, importa tanto desde Estados Unidos como lo que exporta, anunció represalias con aranceles sobre 12.600 millones de dólares en productos estadounidenses. La Unión Europea también anunció represalias, y es poco probable que el nuevo presidente electo de México sea más maleable.”.
Estados Unidos conducido por Trump se comporta de tal manera que “bien podría llevar a una quiebra de todo el sistema y a una reducción drástica del comercio mundial”, añadió Krugman. “Aun así, Trump al parecer cree que el mundo entero se someterá al poderío económico de Estados Unidos y a su prepotencia en la negociación”, concluyó el economista.

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Miércoles, 11 Julio 2018 07:16

Guerra comercial y política industrial

Guerra comercial y política industrial

Estados Unidos ha lanzado el primer disparo de una guerra comercial que podría durar mucho tiempo. Donald Trump mantiene un discurso triunfalista que recuerda el de los generales de siempre, que al inicio de una aventura bélica han prometido que los soldados regresarán a sus hogares en unas cuantas semanas. La historia muestra cómo los horrores de la guerra los han desmentido cruelmente.

China ha anunciado su primera respuesta a la ofensiva, sin llevar la confrontación más allá de lo necesario, aunque Washington ha dado a conocer planes para proceder con más aranceles sobre otras importaciones chinas. Si la guerra comercial se detiene en estas primeras escaramuzas, los efectos sobre la economía mundial serán modestos y podrán ser absorbidos sin demasiado problema.
Pero hace una semana, Trump amenazó con imponer aranceles sobre importaciones chinas por un valor de 500 mil millones de dólares, cifra que es casi igual al total de las importaciones estadunidenses en 2017. Y para justificar su último desplante, Trump ha recurrido a una nueva estratagema. La narrativa ya no es sólo que China ha robado empleos, sino le ha quitado tecnología a Estados Unidos e invade sus patentes y secretos industriales. En este discurso mercantilista, los subsidios a las empresas chinas constituyen una fuente de competencia desleal que hay que contener.
En el fondo, lo que Trump y su asesor en comercio internacional Peter Navarro están atacando es la política industrial y tecnológica de China. Pero esa batalla ya la perdió Estados Unidos hace tiempo. Incluso antes de la contrarrevolución de Deng Xiaoping, China ya tenía una industria nuclear y militar bastante diversificada. Y cuando se impone el actual modelo de capitalismo comunista, China estaba preparada para recibir y absorber la tecnología que vendría asociada a las inversiones extranjeras. Hoy, lo que queda es preguntarse si los instrumentos usados por Pekín son compatibles con las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), organismo al que pertenece China desde 2001.
Para la administración Trump, el acceso de China a la OMC fue un error, porque le abrió espacios a su agresiva política de exportaciones sin que Pekín cumpliera con sus obligaciones en materia de reciprocidad. Pero cualquier proceso de solución de controversias en la OMC dictaminará que los instrumentos de la política industrial y tecnológica del gigante asiático son compatibles con las reglas del comercio internacional.
En la actualidad, China considera que su economía tiene ramas en las cuales existe una significativa dependencia tecnológica. Entre los ejemplos destacan aviones, semiconductores y equipo médico de alta tecnología. Y en esas ramas, el Estado chino está realizando inversiones masivas para reducir las importaciones y la dependencia tecnológica. Claro que para un economista neoliberal eso parece anatema, pero resulta que para la OMC todo eso es perfectamente válido.
Es cierto que China adquirió en el seno de la OMC la obligación de no exigir a las empresas que quieran invertir en ese país el que procedan a “transferir tecnología”. Pero China mantiene un amplio grado de discreción para definir en qué sectores se acepta la inversión extranjera directa (IED) y en cuáles está restringida o regulada. Y entre las ramas sujetas a regulación, China puede decidir que la IED sólo se acepta cuando hay empresas conjuntas en las cuales se aplican esquemas de transferencia y absorción de tecnología. Eso está permitido por la OMC.
El mejor ejemplo de la aplicación de esta política tecnológica e industrial es el ferrocarril de alta velocidad. Las empresas que buscaban obtener contratos para proveer rieles para altas velocidades en el mercado chino tuvieron que asociarse con las empresas estatales de ferrocarriles. Y en esos esquemas de empresas conjuntas se incluyeron contratos para trasladar la producción de partes claves hacia territorio chino.
Otro ejemplo es el de la industria automotriz. En esta rama, China ha podido crear una cadena de valor interna que compite ventajosamente con las existentes en cualquier otro país desarrollado. La razón es que las empresas automotrices extranjeras (como Ford, General Motors y Volvo) tuvieron que transferir capacidad tecnológica a China para poder entrar en ese espacio económico. Hoy se comienzan a ver autos importados en Estados Unidos con el sello Made in China. Las políticas que condujeron a esos resultados nunca fueron impugnadas en la OMC.
El contraste con México es notable. Aquí el reclamo de Trump no es por la presencia de una política industrial y tecnológica activa. Y es que detrás de la fachada de la industria maquiladora, los gobiernos neoliberales abandonaron los objetivos de desarrollo industrial a las fuerzas del mercado. Si la historia económica nos ha enseñado algo, es que ningún país desarrollado alcanzó objetivos de industrialización y adquisición de capacidades tecnológicas endógenas sin la intervención del Estado.
Twitter: @anadaloficial

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Sábado, 07 Julio 2018 07:35

EE.UU. grava y China responde

EE.UU. grava y China responde

Ayer se activaron los nuevos aranceles del 25 por ciento a importaciones de productos por valor de 34.000 millones de dólares.

 

El conflicto comercial entre Estados Unidos y China se agravó ayer con la imposición mutua de aranceles, un enfrentamiento en las dos mayores economías que preocupa por el alcance de sus consecuencias en la economía mundial.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó a China con imponer aranceles a productos importados a Estados Unidos por valor de hasta 500.000 millones de dólares. La primera ronda de estos gravámenes entró en vigor a la madrugada de ayer de Washington, cuando se activaron los nuevos aranceles del 25 por ciento a importaciones de productos por valor de 34.000 millones de dólares.


China no hizo esperar la respuesta y puso en marcha de inmediato aranceles a productos estadounidenses por un valor equivalente. El gobierno de Beijing se ha visto “obligado a contraatacar”, dijo el portavoz del ministerio de Comercio chino, quien agregó: Estados Unidos ha iniciado “la mayor guerra comercial de la Historia comercial”.


Las tasas chinas afectan a productos agrarios como la soja, el pescado, la carne de cerdo, de ternera y productos lácteos. China apunta así al electorado de Trump, en áreas rurales. Asimismo se aumentarán los aranceles a los automóviles. La República Popular China informará ahora a la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre la situación, dijo el portavoz chino.


Estados Unidos, continuó, persigue “poner trabas al comercio”, lo que daña la cadena de producción, perjudica la recuperación económica e intranquiliza a los mercados globales. “No sólo será inútil, sino que también dañará los intereses de empresas estadounidenses”, añadió el portavoz.


Con esta primera ronda de aranceles, la primera y la segunda economía del mundo se encaminan a un conflicto comercial abierto, ya que Trump dijo que en caso de represalia china iba a imponer más aranceles. Por el momento se desconoce si materializará su amenaza o si con estas medidas persigue tan sólo reforzar su posición de cara a las negociaciones. Trump amenazó con gravar escalonadamente productos por valor de hasta medio billón de dólares, lo que supondría que todas importaciones de China se verían afectadas.


Los economistas creen que este conflicto entre China y Estados Unidos puede derivar en una guerra comercial sin control. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el volumen de productos ahora gravado es demasiado pequeño para crear por sí solo un problema para economía mundial, pero sí se temen efectos en los mercados, como la incertidumbre o la escalada del conflicto.
Para acortar el déficit comercial de 800.000 millones de su país, Trump libra una batalla en diversos frentes. Ordenó gravar productos de las vecinas Canadá y México, así como de aliados como la Unión Europea. También esta última ha contraatacado con gravámenes punitivos.


Las medidas de Trump tampoco son del agrado de las empresas estadounidenses en China, que criticaron de “contraproductivos” a los aranceles. “No hay ningún ganador en esta guerra comercial”, aseguró ayer en Beijing el presidente de la cámara de comercio estadounidense en China (AmCham), William Zarit. Los aranceles, continuó, no sólo dañan Estados Unidos y China, sino también otros países.
En su opinión, las 900 empresas inscritas en la cámara de comercio están en desventaja en China en términos de competitividad; sin embargo tienen claro que las crecientes tensiones entre China y Estados Unidos “influye negativamente en su actividad, añadió Zarit.

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