Miércoles, 14 Marzo 2018 06:07

FMI y las cripto

FMI y las cripto

La directora del FMI, Christine Lagarde, pide que se regulen las criptomonedas. A través del blog del organismo, exhortó a los gobiernos y bancos centrales a colaborar en el desarrollo de regulaciones para evitar que se conviertan en “un nuevo vehículo importante para el lavado de dinero y la financiación del terrorismo”. La funcionario señaló que la tecnología detrás de las criptomonedas, como el Blockchain, “es un avance emocionante que podría ayudar a revolucionar los campos más allá de las finanzas, como impulsar la inclusión financiera al proporcionar métodos de pago nuevos y de bajo costo a quienes carecen de cuentas bancarias”. Sin embargo, sostuvo que debe comprenderse “el peligro que conlleva la promesa de estos activos, que generalmente se crean de forma descentralizada y sin necesidad de un banco central”. “Esto da a las transacciones de criptoactivos un elemento de anonimato”, alertó Lagarde. “El rápido crecimiento de los criptoactivos, la volatilidad extrema en sus precios y sus conexiones mal definidas con el mundo financiero tradicional podrían fácilmente crear nuevas vulnerabilidades”, concluyó.

Publicado enEconomía
Guerra comercial: Trump deja ver la debilidad de EEUU

La decisión de Donald Trump de desatar una guerra comercial con aranceles para el acero y el aluminio, con el argumento de que "son buenas y fáciles de ganar", está mostrando las debilidades de EEUU, una nación que impulsó una globalización que ahora se le vuelve en contra, por el envejecimiento de su industria.


El presidente pretende recuperar puestos de trabajo y a la vez reducir el déficit comercial de su país, que asciende a la fabulosa cifra de 566.000 millones de dólares, el mayor en siete años. La mayor brecha comercial es con China, con la cual el déficit se ubicó en los 375.100 millones de dólares, lo que representa un aumento anual del 8,1%.


El segundo lugar en el déficit comercial de EEUU lo ocupa México, miembro junto a Canadá del TLCAN, que están en la mira del presidente. Desde que Trump llegó a la presidencia, el 20 de enero de 2017, el Departamento de Comercio duplicó sus investigaciones para una eventual aplicación de derechos compensatorios por prácticas de dumping.


Imponer 25% de aranceles al acero y 10% al aluminio, como anunció días atrás, puede provocar un mayor aislamiento de Washington, en particular entre sus aliados europeos que están estudiando medidas de "reciprocidad" que gravarían las importaciones comunitarias desde EEUU. En una marcha atrás inevitable, se informó que Canadá y México estarían exentos de los aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio, si firman un nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Es fácil y es popular decir que las prácticas comerciales de sus competidores roban empleos estadounidenses, pero el retorno al proteccionismo es uno de los virajes más complejos en el escenario global actual, encuentra trabas externas e internas y tiene escasa utilidad.


Es cierto que hay una sobreproducción de aluminio y acero en el mundo, en particular por la expansión de la producción de China. En 2016 China produjo el 51% del acero del mundo, pero en 2000 no llegaba a un tercio. Mientras todos los grandes países redujeron su producción de acero, China la duplicó desde comienzos de siglo. Algo similar sucede con el aluminio: EEUU fue un importante productor hasta 2005, siendo rebasado con creces por China que ya produce la mitad del aluminio del mundo.


Las tendencias históricas y de larga duración no se pueden revertir con algunas tasas a la importación. Aquí aparecen algunos problemas de las medidas que quiere imponer el Gobierno de Estados Unidos, que lo harán retroceder cuando empiece a sentir los daños que provocará su política.


La primera cuestión a tener en cuenta es que China no será la principal afectada por esas medidas, sino los aliados más cercanos de Washington. Estados Unidos es el mayor importador de acero del mundo, con 20 millones de toneladas anuales, por 24.000 millones de dólares. El principal abastecedor es Canadá, con el 17% del total, seguido de cerca por Corea del Sur y Brasil. Por el contrario, China es apenas el undécimo exportador de acero a EEUU. Aliados importantes como Japón, Alemania y Taiwán, serán también perjudicados por las medidas anunciadas.


La política comercial no tiene que dañar a los aliados estratégicos de ningún país, porque de ese modo estaría socavando su propia política económica, que debe estar subordinada a los objetivos centrales del país.


El segundo problema es que el proteccionismo puede abrir más grietas aún en el interior de EEUU. Orrin Hatch, jefe republicano del Comité de Finanzas del Senado, protestó el 1 de marzo porque "los aranceles sobre el acero y el aluminio son un aumento de impuestos que el pueblo estadounidense no necesita y no puede permitirse".


La división interna en Washington tiende a agravarse con estos anuncios y empieza a afectar de lleno al Partido Republicano. El consejero económico de Trump, Gary Cohn, podría presentar su dimisión y las presiones en su propio partido no dejan de crecer, incluyendo al líder de la Cámara de Representantes, Paul Ryan.
El presidente de la central sindical AFL-CIO, Richard Trumka, dijo que el anuncio de aranceles al acero y aluminio es un "paso positivo" para proteger empleos en EEUU, y muestra por primera vez a un presidente que "no sólo habla del tema, también toma medidas".


Es evidente que las guerras comerciales no son tan "fáciles de ganar" como había previsto Trump. Un editorial de Global Times le recordó a Trump, con bastante ironía, que el presidente George W. Bush en 2002 impuso aranceles para proteger a las empresas estadounidenses de acero, lo que provocó fuertes protestas de la Unión Europea. "Los aranceles aseguraron los puestos de trabajo de 20.000 trabajadores estadounidenses, pero hicieron que 200.000 personas perdieran sus empleos. La administración Bush finalmente abolió los aranceles en 2003 después de que la OMC falló en contra de EEUU".


Por último, mientras EEUU se pelea con medio mundo, incluyendo a sus más cercanos aliados, China apuesta por más libre comercio y más globalización.
El funcionario aseguró que China "garantizará la competencia justa entre empresas nacionales y extranjeras de forma integral", en un contrapunto completo a las medidas anunciadas por Trump. Con su política de apertura, el dragón apuesta a ganar cada vez más aliados y dejar en el aislamiento a su principal oponente en el terreno económico.


Es imposible tapar el sol con un dedo. Hace años EEUU dejó de ser la superpotencia que contenía el 50% de la producción mundial de bienes, luego de la Segunda Guerra Mundial. Hoy se trata de una nación endeudada, dividida y atravesada por pesados conflictos sociales. Ya no es el punto de referencia económico y político que fuera algún día para los países occidentales.

Publicado enEconomía
La posible guerra comercial tensa a todos

Trump dijo que no dará marcha atrás con la imposición de aranceles a la importación de acero y aluminio

El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó ayer que no habrá marcha atrás con la imposición de aranceles a la importación de acero y aluminio, al tiempo que criticó a la Unión Europea (UE) y descartó que su anuncio vaya a desatar una “guerra comercial”.


“No, nos nos vamos a echar atrás”, dijo Trump a periodistas en la Casa Blanca, en el marco de una conferencia de prensa con motivo de la visita a Washington del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. “No creo que vayamos a tener una guerra comercial”, afirmó. Asimismo, acusó a la UE de tener barreras comerciales “peores que los aranceles”. “La gente tiene que entender que nuestro país ha sido estafado por casi todos los países del mundo, sean amigos o enemigos”, agregó.
El director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Roberto Azevêdo, reconoció ayer en Ginebra que el riesgo de una escalada se incrementó significativamente. “Con el principio del ‘ojo por ojo’ terminaremos todos ciegos y el mundo caerá en una recesión profunda”, expresó Azevêdo. “Debemos evitar la caída de las primeras piezas del dominó. Todavía hay tiempo para eso.”


Más temprano, el comisario europeo para la Planificación Financiera y Presupuestos, el alemán Günther Oettinger, había anunciado que la UE pondrá en marcha “medidas razonables” para hacer frente a los planes de Trump. “Deben ser medidas que tengan efecto en el mercado estadounidense pero que no provoquen una reacción exagerada y, con ello, deriven en una escalada de tensión”, señaló el político conservador, miembro de la Unión Cristianodemócrata (CDU), que dirige Angela Merkel. “Nuestro objetivo se centraría en evitar una guerra comercial. En caso de que el conflicto transatlántico vaya en aumento, quienes ganan son los asiáticos”, agregó desde Berlín.


Oettinger explicó que la Comisión Europea tiene previsto decidir mañaña qué pasos dar para hacer frente a los planes anunciados días atrás por Trump. “Todo ello perjudica a la economía alemana, europea y americana”, resumió el comisario europeo, quien también señaló que automotrices alemanas de alta gama como BMW y Daimler (fabricante de Mercedes-Benz) tienen intención de fabricar buena parte de sus automóviles en Estados Unidos y de seguir reinvirtiendo en ese país.
Además, Oettinger declaró tener dudas de que la política arancelaria anunciada desde Washington se ajuste a las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), aunque reconoció que la resolución de una demanda en este organismo internacional podría tomar años. De ahí que la Comisión Europea opte por poner en marcha “medidas razonables”.


Por su parte, el ministro de Economía mexicano, Ildefonso G

uajardo, dijo ayer que su país debe ser excluido de la aplicación de aranceles a las importaciones de acero y aluminio.
“México no debe ser incluido en los aranceles de acero y aluminio. Es la manera equivocada de incentivar la creación de un Tlcan moderno”, escribió en Twitter, en respuesta a un tuit en el que Trump sugería que podría eximir a México y Canadá de las medidas arancelarias si se firma un “nuevo y justo” Nafta. El Tratado de Libre Comercio para América del Norte (Nafta o Tlcan) está vigente desde 1994 entre México, Canadá y Estados Unidos. Su renegociación empezó en agosto a iniciativa del presidente estadounidense, que lo consideró el peor acuerdo de la historia de su país.


Trump anunció la semana pasada que aplicará aranceles de un 25 y un diez por ciento a la importación de acero y aluminio, respectivamente, sin hacer excepción con ningún país. Canadá y México son sus proveedores de acero número uno y cuatro, respectivamente.


Ayer a la mañana, el mandatario estadounidense volvió a arremeter en Twitter contra el Nafta, diciendo que es un “mal acuerdo” para su país y que este tiene “grandes déficits comerciales” con México y Canadá. Sus comentarios se dan cuando culmina la séptima ronda de negociaciones del tratado, realizada en Ciudad de México. Tanto Canadá como México han dicho que tomarán represalias si gravan sus importaciones de acero y aluminio.
Trump también exigió a Canadá tratar mejor a los agricultores estadounidenses, mientras que señaló que México debe tomar más acciones para evitar la entrada de drogas en Estados Unidos.


El anuncio de Trump también despertó la oposición de sus aliados conservadores en el Congreso. “Estamos extremadamante preocupados por las consecuencias de una guerra comercial y estamos urgiendo a la Casa Blanca a no avanzar con este plan”, dijo una portavoz del líder de la Cámara de Representantes, Paul Ryan.

Publicado enEconomía
Lunes, 05 Marzo 2018 11:46

El precio de la gente

El precio de la gente

El derecho ha llegado a llamar al pacto fáustico como fraude, peculado, cohecho, prevaricato y varios nombres más. Pero lo cierto es que el derecho se queda corto, en esta ocasión, con respecto a la literatura.


El nombre reciente es un eufemismo y se expresa como coima, soborno o corrupción. Pero la verdad es que la literatura tiene una mejor comprensión del fenómeno: el diablo se acerca en determinado momento a la gente y les compra su alma. Mefistófeles o Fausto. Y las fuentes pueden ir de Goethe a Th. Mann o a Klaus Mann, pero permea buena parte de la literatura ya desde la Edad Media y el Renacimiento.


El diablo dispone de todo el tiempo necesario; y también del dinero que se requiera. Sólo espera el momento preciso para su ataque y le pregunta a las gentes: “ponga un precio”. Para Mefisto el precio no es ningún problema. Lo que espera, desde luego, es una decisión inmediata para un juego a mediano o largo plazo. Hoy compra el alma de la gente, pero cobra el negocio posteriormente cuando el maligno así lo desea.


El maligno es un estudioso de las gentes: de sus gustos, sus debilidades, sus necesidades, sus redes de relaciones. Ayer tenía la inteligencia del diablo; hoy dispone de contactos y muchas bases de datos, que trabaja con base en analítica de datos: información que se puede acumular indefinidamente, que no ocupa espacio, que no pesa, pero que se puede utilizar cuando los espíritus del mal así lo desean.


Y es que el Fausto trabaja con dos cosas: los apetitos de las personas y la información que tiene sobre esos apetitos. Su juego es simple, en realidad, pero las ofertas son variadas. Se trata siempre de que la gente le venda su alma al diablo, pero las oportunidades son diversas: en unas ocasiones, se trata de dinero; en otras, de poder; en otras más, de favores que pueden cobrarse con el tiempo, y con intereses. Según los rumores de la política y la cultura, la gente vende su alma también por fama, o por virtuosismo, por ejemplo.


Hoy se vende el alma al diablo, pero el diablo cobra el pacto siempre después. El tiempo le pertenece a Belcebú. No ya a quienes han accedido al pacto fáustico.


El desespero juega un papel importante, pero es verdad que también el pacto se funda en el deseo insaciable de algunas personas. Mefistófeles no tiene afán: espera, acecha, casi siempre va a la fija, e induce a las gentes a firmar el acuerdo. Usualmente, se trata de una firma de sangre, no necesariamente en el sentido literal, pero sí debido a que se pactan los más profundos deseos y necesidades, los más recónditos sueños, la desesperanza más profunda e inagotable.


Fausto tiene muchos nombres y caras, y sus expresiones en el mundo son variadas: están los bancos, el sector financiero, los prestamistas de todo tipo. Están también los facilitadores, los “lobbyistas”, los intermediadores y los facilitadores de toda índole. Están igualmente los poderes de toda clase: los policivos y militares, los eclesiásticos a su manera, los políticos y los sociales con sus caras cambiantes y sus sonrisas prediseñadas.


La lógica del pacto es elemental: se vende hoy lo que se pagará o se cobrará mañana.


“Ponga el precio”, dice Mefisto. “Si me vende el alma yo accedo a la cantidad acordada”. El dinero no siempre interviene, pero es un componente importante; particularmente en el mundo de hoy.
Sólo tres condiciones evitan cualquier tentación del maligno:


• Hay que ser sumamente fuertes.
• Hay que ser sinceramente inocentes.
• Hay que ser verdaderamente libres.


Para no caer en las trampas de vender el alma. Sólo quienes son fuertes, inocentes o libres evitan caer en las tentaciones del diablo.


Y entonces no saben de coimas, sobornos o corrupción, no tienen, en absoluto, precio, o las evitan, a veces de maneras sutiles o abierta y directamente.


Lo cierto es que la mayoría de las gentes andan, incluso a veces a pesar suyo, con la cerviz agachada. Se agachan ante la autoridad o el poder, y entonces guardan silencio, ven las injusticias alrededor suyo pero evitan pronunciarse, y terminan por olvidar la acción colectiva. Viven llenos de miedo, de inseguridades, y terminan por aceptar “el estado de cosas” por temor a represalias, o a consecuencias peores. Y entonces han vendido el alma.


Y es que el pacto fáustico es justamente eso: un pacto individual, nunca colectivo. El maligno se acerca a cada uno y divide a quien de los demás. El alma es individual, se ha dicho siempre, y es el alma de cada quien lo que el diablo desea.


Sí, el mal se alimenta de los miedos, los temores y las inseguridades, y eso lo fortalece en cada acuerdo. En el lenguaje de la teoría de juegos, las decisiones del diablo son siempre decisiones paramétricas: porque conoce a la gente, a su gente, el diablo aísla a cada quien de los demás y le hace creer que sus necesidades, que sus deseos, que sus ambiciones son solamente suyas y no competen a los demás.


La corrupción parece ser el nombre de boga de los pactos de Mefisto. Y pareciera que la corrupción sucediera en el ámbito público tanto como en el privado. El derecho ha llegado a llamar al pacto fáustico como fraude, peculado, cohecho, prevaricato y varios nombres más. Pero lo cierto es que el derecho se queda corto, en esta ocasión, con respecto a la literatura.


Para entender el profundo malestar de la cultura, la crisis sistémica y sistemática, la corrupción galopante, pero también la pérdida de capacidad de la acción colectiva, por ejemplo, basta con ir al Fausto de Goethe. Fausto accede a los acuerdo de Mefistófeles en el marco de su amor por Gretchen (o Margarita). Una auténtica tragedia.


La gente tiene precio. Esa es la verdadera tragedia del mundo contemporáneo. Los poderes, las autoridades, los agentes del sector financiero y muchos más lo saben. Y actúan en consecuencia. Han obligado a cada quien a agachar la cabeza. Y vender lo mejor que jamás pudieron tener: su vida. Con lo cual se hacen profundamente débiles, pierden cualquier inocencia –por ejemplo, alegría, o tranquilidad– que alguna vez tuvieron, se convierten en esclavos.


La mayoría de las gentes nacen libres, pero mueren esclavos, por el pacto fáustico.

04 MARZO 2018

 

Publicado enSociedad
Lunes, 05 Marzo 2018 06:52

Sincronía

Sincronía

Puede parecer una mera casualidad que Donald Trump declare una guerra comercial prácticamente al mismo tiempo que Putin anuncia que tiene un enorme arsenal nuclear y de gran alcance.


Para Trump, una guerra comercial es buena y fácil de ganar. Putin dice que tiene un enorme arsenal y emprendería de inmediato un ataque nuclear a cualquier escala si Rusia es agredida.


La práctica sincronía de estos actos no entraña una conspiración; son un indicio de las contradicciones de esta etapa histórica y la manera en la que se expresan las fuerzas de poder en el mundo.


El libre comercio como política e ideología se ha extendido en el marco de la globalización durante tres décadas. Entendamos ésta, sólo como una referencia básica, como la integración internacional del comercio, las inversiones y la tecnología, sobre todo la vinculada con la información.


Sus objetivos declarados no corresponden con los resultados observados. Es una fuente creciente de conflictos por el control de los mercados, de las ganancias y del proceso de acumulación de capital. También se manifiesta con pugnas cada vez más fuertes en el campo de la distribución de la riqueza y del ingreso que se genera. La guerra en sus diversas formas es un elemento del conflicto existente.


El impulso del libre cambio no es un proceso llano y ha estado plagado de disputas en el campo del comercio, como ocurre, por ejemplo, cuando un país usa el dumping (práctica de vender un producto por debajo del costo para conseguir más mercado) o con las devaluaciones que abaratan los bienes y servicios en el exterior.
Las pugnas entre China y Estados Unidos por este tipo de medidas son bien conocidas y han significado la aplicación de diversas sanciones en los años recientes. El acero es un caso en cuestión y el objeto, junto con el aluminio, de la guerra declarada por Trump.


China ha producido acero en exceso y bajado su precio. Las tarifas impuestas pretenden proteger a los productores estadunidenses y a los trabajadores del sector.
Las políticas públicas suelen aparecer como evidentes cuando se formulan y se aplican; Trump lo ha propuesto así con su reforma tributaria. Pero sus consecuencias son una cuestión más compleja y no necesariamente las que se pretendían originalmente. En ocasiones, incluso, provocan mayores distorsiones.


Las políticas proteccionistas son muy antiguas. Sirven para propósitos específicos y por algún tiempo. La sustitución de importaciones en Alemania en el siglo XIX para combatir las consecuencias del libre cambio británico, es un ejemplo exitoso en general.


Aquello fue diferente de las políticas desarrollistas aplicadas en países como México a partir de la segunda posguerra. Crearon, sí, industrias, pero también mayores precios para los consumidores y ganancias extraordinarias para los productores. A la hora de abrir el comercio y las inversiones a partir de la década de 1980 el impacto fue muy grande y generó nuevas fricciones.


Las medidas que pretende aplicar Trump tendrán un recorrido a lo largo de la actividad productiva, del proceso de formación de los precios y en la creación de empleo en Estados Unidos. Se suman a las medidas proteccionistas anunciadas a principio de este año sobre las lavadoras y los paneles solares.


En el caso del acero subirán los precios para los usuarios, sean productores o consumidores de los bienes en cuestión. El secretario de comercio Wilbur Ross apareció en los medios con una lata de cerveza en la mano para explicar que el alza en su precio será imperceptible. Cuando conviene trivializar las cosas no hay límites.
Las tarifas afectarán también a otras naciones cuya industria está estrechamente relacionada en términos geográficos, como ocurre en México. Trump dijo que quiere también aplicar otras formas de impuestos a las importaciones en la frontera. La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que ha sido un proceso trompicado (vaya coincidencia en los términos), sigue, pues, en un plano incierto.


Guerra en el comercio y guerra nuclear. Son dos propuestas de dimensiones ciertamente distintas, pero no por ello disociadas. Convendría atender a su sincronicidad y su significado político.


Hay una cierta correspondencia en el origen mismo de las posturas de dos personajes con las características de Trump y Putin; esa suerte de machismo, bravuconería, autoritarismo y exhibición ostensible del poder.


Esa es sólo la superficie del fenómeno que observamos. Lo que hay debajo es la materia de interés primordial. Y eso que está debajo surge a veces a borbotones, con modos particulares de violencia, en entornos y lugares distintos.

Publicado enEconomía
EU: ningún país se salvará del arancel en acero y aluminio

El presidente estadunidense, Donald Trump, no considera ninguna exención a la medida de aranceles al acero y el aluminio que entrará en vigencia esta semana, confirmó ayer el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, en el programa This Week de la cadena ABC.

"La decisión obviamente es de él, pero de momento, hasta donde yo sé, él está hablando del trazo grueso. No lo he oído describir exenciones en particular hasta ahora", señaló Ross.

El funcionario restó importancia al impacto de las medidas contra la economía estadunidense. Son otros países "los que tienen el dinero en el bolsillo. Tienen mucho que perder", insistió.

Trump provocó temores de una guerra comercial internacional el jueves pasado cuando anunció aranceles de 25 por ciento para el acero importado y 10 por ciento para el aluminio.

El viernes aseguró que "las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar".

En tanto, Kevin Brady, el principal legislador republicano estadunidense, que supervisa la política comercial, declaró en la Ciudad de México que todo el acero y el aluminio comercializados justamente deben ser excluidos, especialmente los de los socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Indicó a la prensa que incluso se podría considerar a otros países.

El legislador se reunió ayer con la ministra canadiense de Relaciones Exteriores, Chrystia Freeland. El representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, también llegó a la Ciudad de México.

El tema de los aranceles "estaría al frente y en el centro" durante una reunión hoy entre Freeland, Lighthizer y el secretario de Economía de México, Ildefonso Guajardo, indicó Brady.

Por su parte, el jefe negociador adjunto de México en el TLCAN, Salvador Behar, aseguró a periodistas que el asunto de los aranceles "no ha contaminado el ambiente, aunque es un irritante para México, por supuesto, y de muchos otras naciones".

Agregó que el equipo mexicano ha dejado claro que el país tendrá que reaccionar en caso de que se le impongan aranceles, "independientemente de la negociación" del tratado.

Para el jefe negociador de Canadá la amenaza arancelaria ha hecho más complejas las negociaciones. Ese país es el principal proveedor de acero y aluminio de Estados Unidos.

De su parte, el representante de Estados Unidos, Bill Pascrell, el principal representante demócrata en el sector comercial de la Comisión de Medios y Arbitrios de la cámara baja, expresó que "no tenemos un gran déficit comercial con Canadá. ¿Qué estamos haciendo? Si no podemos hacer una excepción allí, ¿cómo vamos a conseguir un acuerdo en el TLCAN?", subrayó.

En un reporte oficial de ta-reas, este lunes el primer ministro Li Keqiang señaló que China se opone al proteccionismo y respalda la solución de las disputas comerciales mediante la negociación, pero defenderá "con resolución" sus intereses y derechos legítimos.

Respecto de la renegociación del TLCAN, de acuerdo con la Secretaría de Economía Guajardo, Freeland y Lighthizer tendrán hoy reuniones bilaterales y anunciarán el cierre y los posibles avances de la séptima ronda.

Sobre las reglas de origen del sector automotriz, los jefes técnicos negociadores planean retomar la discusión en una cit intermedia.

El jefe mexicano de la negociación técnica del TLCAN, Kenneth Smith Ramos, señaló que el regreso a Washington del responsble del contenido regional automotriz de Estados Unidos, Jason Bernstein, impidió avanzar en la mesa de ese tema.

La SE informó que a las 14:15 horas los representantes de los tres países darán a conocer los resultados en una conferencia.

La octava ronda será en Washington durante los primeros días de abril.

 

Publicado enEconomía
Donald Trump alienta una guerra comercial; son fáciles de ganar

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar, después de que su plan de fijar aranceles a las importaciones de acero y aluminio generó críticas globales y una caída generalizada de los mercados bursátiles mundiales.

El mandatario se dijo seguro de ganar la guerra comercial que se avizora. Cuando un país está perdiendo miles de millones de dólares en comercio virtualmente con cada país con el que tiene negocios, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar, escribió en Twitter. También anunció que impondrá impuestos recíprocos para nivelar el intercambio comercial; 800 mil millones (de dólares) de déficit comercial no dejan otra opción.

Trump redobló su apuesta por el proteccionismo al adelantar el jueves que la próxima semana se anunciará de manera formal un plan para aplicar aranceles de 25 por ciento al acero y de 10 por ciento al aluminio para castigar prácticas comerciales que, según él, engordan el déficit y roban empleos estadunidenses. El aviso lo hizo mientras se realiza en México la séptima ronda de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en Ciudad de México.

El secretario de Comercio, Wilbur Ross, señaló que la imposición de tarifas tendrá amplios efectos domésticos, pero su impacto será insignificante y calificó de histeria las reacciones iniciales.

Toda esta histeria es mucho ruido y pocas nueces, dijo en televisión, mientras enseñaba latas de productos emblemáticos como cerveza Budweiser, Coca-Cola y sopa Campbell’s.

“Esta es una lata de Campbell’s Soup. Hay alrededor de 2.6 centavos de valor de acero. Si eso sube 25 por ciento eso es alrededor de seis décimas de un centavo sobre el precio de la lata de Campbell’s Soup”, dijo. Es insignificante, aseguró.

Mientras hacía estas declaraciones las bolsas caían y se escuchaban diversas amenazas de represalias de grandes socios comerciales de Estados Unidos y advertencias de organismos internacionales multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial de Comercio (OMC). La Unión Europea apuntó a la posibilidad de adoptar contramedidas.

Europa ha elaborado una lista de productos estadunidenses a los que aplicará aranceles si Trump sigue adelante con su plan. Impondremos aranceles sobre Harley-Davidson, sobre el Bourbon y los jeans Levis, dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, a la televisión alemana. Francia indicó que los aranceles serían inaceptables y China instó a Trump a mostrar contención.

Funcionarios no precisaron si los aranceles incluirán las importaciones de Canadá y México, socios de Washington en el TLCAN, que se encuentra en una fase de renegociación.

Canadá, el mayor proveedor de acero y aluminio a Estados Unidos, dijo que tomará represalias si resulta afectado por estas medidas. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, dijo que cualquier arancel sobre las importaciones de acero y aluminio será absolutamente inaceptable y se comprometió a seguir tratando el asunto con funcionarios estadunidenses.

ArcelorMittal, el mayor productor de acero del mundo, no ha cambiado sus planes para invertir mil millones de dólares en una nueva línea de producción en México, a pesar de la incertidumbre sobre los términos de intercambio comercial en América del Norte, dijo el viernes Ricardo Bussey, director de Asuntos Corporativos de ArcelorMittal México. La firma señaló en un comunicado que está evaluando el posible impacto global de un eventual arancel estadunidense al acero.

El FMI dijo que las restricciones a esas importaciones no sólo perjudicarán a Estados Unidos, sino también a otras economías. El director general de la OMC, Roberto Azevedo, expresó la preocupación por los planes de Washington y advirtió que la posibilidad de una escalada es real, como lo hemos visto por las respuestas iniciales de otros. Una guerra comercial no favorece los intereses de nadie, aseveró.

Estados Unidos importa 20 millones de toneladas de acero al año, por 24 mil millones de dólares, lo que lo hace el mayor importador del mundo, según datos del ministerio alemán de Economía.

Las amenazas de Trump se suman a una serie de decisiones y planes proteccionistas que caracterizan a su gobierno. Entre ellos figura la renegociación del TLCAN, vigente desde 1994, que Trump considera nefasto, y la retirada de Estados Unidos del acuerdo de libre comercio TPP que su antecesor Barack Obama había suscrito con otros 11 países del área Asia Pacífico.

Desde que entró a la Casa Blanca el 20 de enero de 2017 y hasta el 26 de febrero pasado, el Departamento de Comercio abrió 102 investigaciones para la eventual aplicación de derechos compensatorios o antidumping, 92 por ciento más que un año antes.

Publicado enInternacional
El libre comercio, religión de Estado de la Unión Europea

Para la mayoría de los economistas, sobre todo dentro del ámbito universitario, existe una creencia que se perpetúa hace más de medio siglo y que, entre los más ortodoxos, es rayana en la idolatría: la creencia en las bondades universales del libre comercio. Para ellos, no se trata de una hipótesis de trabajo que deba confrontarse a realidades de terreno que varían de acuerdo al lugar y al momento, sino de un dogma de fe. Si por lo menos esta teoría diera solamente lugar a coloquios de eruditos, no habría motivo alguno para otorgarle una importancia particular. Es pasar de la teoría a la práctica lo que plantea un problema: el libre comercio ha abandonado efectivamente los pies de página de las publicaciones especializadas para convertirse en un principio de organización de las relaciones económicas y sociales a escala planetaria. Esta palanca política ha sido minuciosamente construida tras la Segunda Guerra Mundial.


Todo comenzó con la producción intelectual de numerosos think tanks estadounidenses masivamente financiados por las grandes empresas con la finalidad de poner en cuestión el paradigma keynesiano estigmatizado por Friedrich Hayek, autor de Camino de servidumbre, publicado en 1944 en Estados Unidos, y premio Nobel de Economía en 1974. Esta cruzada ideológica prosiguió con la colonización de los departamentos de Economía de las universidades y con la marginalización de las voces disidentes. Una vez elaborado y predigerido este nuevo pensamiento, lo único que faltaba era inyectarlo en las sociedades. De esta tarea se encargó el aparato mediático con, en primera línea, los periodistas económicos y los “expertos” de todo tipo. Se reunían las condiciones para que la globalización neoliberal se presentara a la opinión pública no solo como natural e inevitable, sino también como algo eminentemente deseable.


Las instituciones multilaterales desempeñaron un papel capital en la santuarización de estas tesis y en la puesta bajo tutela de los gobiernos. El libre comercio se convertió así en el dogma oficial del FMI, del Banco Mundial, de la OMC y de la OCDE. Sin embargo, fue la Unión Europea (UE) el agente más activo de la traducción de este dogma en políticas concretas, tanto en su seno como en las relaciones con el resto del mundo. Los tratados europeos sirvieron de constitución común, tomando la forma de una especie de religión de Estado, en un conjunto geográfico de cerca de treinta países y de unos 500 millones de ciudadanos en la parte más rica del planeta.


Para poner en marcha este proyecto, la UE dispone de un brazo operativo: la Comisión Europea, quien impulsa sin parar medidas cuyo principio activo es el libre comercio. Este activismo parece no obstante haber alcanzado sus límites en razón de la resistencia de las sociedades. Donald Trump, por lo menos verbalmente, ha desdiabolizado la palabra “proteccionismo” y su campo semántico. Otro elemento perturbador del libre comercio: el 16 de mayo de 2017, el Tribunal de Justicia de la UE publicó un dictamen (que sentará un precedente) exigiendo que el tratado de libre comercio UE-Singapur suscrito en 2013 no sea ratificado solamente por el Consejo Europeo (los Estados) y el Parlamento Europeo, sino que sea al mismo tiempo sometido a los Parlamentos nacionales, incluso regionales en el caso de Bélgica.
La irrupción de los Parlamentos nacionales en lo que era una actividad reservada exclusivamente a las instituciones comunitarias es una concesión que apunta a neutralizar a los críticos de los tratados de libre comercio. Y puede ser también un indicio de la duda que comienza a instalarse en algunos de sus devotos…

 

Bernard Cassen
Fundador de ATTAC y director general de 'Le Monde diplomatique'
03/03/2018

Publicado enPolítica
Miércoles, 28 Febrero 2018 06:01

Un acuerdo comercial sin consenso

Un acuerdo comercial sin consenso

La Confederación Europea de Sindicatos y Centrales Sindicales del Cono Sur expresaron su rechazo a “un tratado que perjudica a los países de menor desarrollo relativo”. Sucede a un duro cuestionamiento de centrales industriales del Mercosur.

 

Los sindicatos del Mercosur y la Unión Europea expresaron su rechazo al acuerdo de libre comercio que negocian los gobiernos de los bloques regionales. “No aceptaremos el acuerdo en las actuales condiciones ya que se perfila como un tratado que perjudica a los países de menor desarrollo relativo a ambos lados del Atlántico en su industria nacional, en la promoción de la producción y del trabajo decente”, advierte el comunicado que lleva la firma de Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur y la Confederación Europea de Sindicatos. Las advertencias realizadas por los gremios se suman así a la inusual manifestación conjunta elevada a las autoridades negociadoras desde las principales cámaras industriales de los cuatro países sudamericanos. La dura declaración empresaria firmada por la Unión Industrial Argentina y la CNI de Brasil exige transparencia en las negociaciones, la preservación de los mecanismos de protección para los sectores afectados por la apertura comercial y el reconocimiento de las diferencias de desarrollo entre ambos bloques.


La CGT y las dos CTA forman parte del espacio gremial sudamericano que se manifestó en contra del acuerdo, pero las tres centrales argentinas emitieron además su propio documento cuestionando las negociaciones birregionales que tienen lugar en Asunción. “La firma es la sentencia de muerte de nuestra industria nacional”, afirmaron al advertir las transformaciones negativas que tendrá para sectores sensibles. Un estudio realizado por el Observatorio de Empleo, Producción y Comercio Exterior que depende de la UMET estimó que el proceso de desregulación y reducción de aranceles previstos en el tratado pone en riesgo 11 de cada 100 empleos en actividades fabriles nacionales. Los puestos argentinos en peligro son 186 mil. Las pérdidas estarán concentradas en metalmecánica, calzado, textil, marroquinería, muebles, autopartes, química y automotores.


Las declaraciones conjuntas de sindicatos y cámaras empresarias expresando su rechazo al acuerdo de libre comercio coincidieron con el nuevo intento de ambos bloques por cerrar las negociaciones. La semana pasada la secretaria de Estado de Comercio española, María Luisa Poncela, afirmó que “estamos en un punto muy cercano a cerrar el acuerdo, aspiramos a cerrarlo en las próximas semanas”. Con el fracaso de las negociaciones de diciembre en Buenos Aires, la fecha tentativa para la firma del acuerdo se postergó a marzo. El renovado apuro de los negociadores busca anticiparse a las elecciones en Brasil ya que una eventual victoria del precandidato del PT, Lula da Silva, podría frustrar los consensos alcanzados tras el advenimiento de los gobiernos de Mauricio Macri y Michel Temer.


“No aceptaremos el acuerdo en las actuales circunstancias y condiciones, ya que no se perfila un auténtico acuerdo de asociación justo y equilibrado”, considera el texto firmado por los sindicatos europeos y sudamericanos. “Ante las declaraciones públicas de los gobiernos sobre su voluntad de finalizar la negociación en las próximas semanas, la Unión Europea aún no ha finalizado el estudio de impacto sobre sus sectores sensibles y los países del Mercosur ni siquiera han comenzado estudios análogos que permitan tomar medidas de protección productiva, de mitigación en materia de empleo y dislocación socioeconómica y acciones de resiliencia propias de la transformación comercial y productiva que este Acuerdo implica”, advierte el texto que también está acompañado por centrales sindicales bolivianas y venezolanas.

Publicado enEconomía
Jueves, 22 Febrero 2018 06:13

China tropieza en Sudamérica

China tropieza en Sudamérica

Brasil decidió suspender la construcción del proyectado tren bioceánico (del Atlántico al Pacífico) que estaba destinado a ser una pieza clave en el comercio de la región con China. Los argumentos para la suspensión parecen poco sólidos, mientras se polariza el debate sobre las verdaderas razones de la decisión.


La propuesta de construir una conexión terrestre entre la zona industrial de Sao Paulo, la más importante de América Latina, y el Océano Pacífico, forma parte de los proyectos conocidos como Integración de la Infraestructura de la Región Suramericana (IIRSA), establecida en el año 2000 y ahora nombrada Cosiplan en el marco de la Unasur. La iniciativa regional cuenta con más de 150 proyectos finalizados y 400 en ejecución, sumando 200.000 millones de dólares de inversiones.


El uruguayo Juan Notaro, directivo de Fonplata (del Fondo de Desarrollo de la Cuenca del Plata), una de las instituciones financiadoras de la IIRSA, estima que la red ferroviaria planeada para unir puertos del Pacífico y el Atlántico y atravesar el territorio de Bolivia "puede ser el gran 'hub' del desarrollo de los países de América del Sur. Esta obra, integrada con la hidrovía, la red de carreteras, los aeropuertos y otros medios de transporte, le imprimiría un dinamismo enorme a la economía sudamericana".


En septiembre de 2017 se llevaron a cabo reuniones del Grupo Operativo Bioceánico (GOP) que reúne autoridades de Bolivia, Perú, Brasil, Paraguay yUruguay para trabajar en el desarrollo del tren y "buscar el trazado más favorable con vistas al desarrollo económico y social en base al planeamiento territorial ecológico".


Ya estaba incluso anunciado el trazado, que uniría el puerto de Santos, en Brasil para atravesar luego Bolivia desde Puerto Suárez, La Paz, para salir a Perú y finalizar el recorrido en el puerto de Ilo. El vicepresidente peruano Martín Vizcarra, dijo durante la reunión del GOP en Cochabamba (Bolivia), que "este proyecto es el eje de desarrollo de toda la zona central de América del Sur".


El embajador de China en Bolivia, Wu Yuanshan, destacó que el Eximbank, el Banco Industrial y Comercial de China (ICBC) y el Banco de China tenían intenciones de apoyar el proyecto a través de créditos. El diplomático aseguró que China está "muy interesada" en la iniciativa boliviana y que "quiere colaborar, apoyar y trabajar" con los países interesados en la conexión férrea bioceánica y que el gobierno estaría dispuesto a financiar la obra con hasta 40.000 millones de dólares.


Habiendo financiación e interés de las partes, sorprendió que el 1 de febrero el gobierno de Brasil decidiera desistir de la iniciativa. Jorge Arbache, viceministro de Planeamiento para Asuntos Internacionales, dijo a Reuters que la vía férrea era demasiado costosa y enfrentaba desafíos de ingeniería "absurdos".


La vía férrea fue anunciada por el presidente Xi Jinping en 2014 durante una visita a Brasil, con el objetivo de acelerar las exportaciones de soja y mineral de hierro con un costo menor al evitar el Canal de Panamá. "El proyecto se ha detenido porque es extremadamente costoso", dijo Arbache, y agregó que "la vía férrea no está en la agenda del gobierno".


Los argumentos resultan insatisfactorios, aún teniendo en cuenta la difícil situación económica que atraviesa Brasil. La prensa oficialista china reaccionó con un duro editorial del diario Global Times. La decisión de Brasil de suspender la construcción del ferrocarril para las exportaciones con destino a China a través de Perú, ha provocado un acalorado debate en un momento en que algunos países están vigilantes sobre la inversión china, citando preocupaciones de seguridad nacional. La mayor preocupación es si la decisión marca un cambio en la actitud de Brasil hacia la inversión china.


El artículo destaca que siendo 2018 un año electoral den Brasil, la decisión tiene sin duda matices políticos. Destaca que China es un gran inversor en el país, que la actitud de Pekín debe "seguir siendo paciente y confiada" pero que deben ser más cuidadosos en sus inversiones de grandes proyectos de infraestructura analizando la capacidad de reembolso de la deuda que contraen sus socios.


Varios aspectos deben ser tenidos en cuenta. Por un lado, el gobierno de China parece muy molesto con la decisión de Brasil. A tal punto que la embajada en Brasilia envió inmediatamente un comunicado a Global Times aclarando que en 2014 China, Brasil y Perú habían alcanzado un consenso para la construcción de la vía férrea. Agrega que el informe final sobre la viabilidad del proyecto se ha completado y que están satisfechos con el trabajo de la consultora china. Aún así, finaliza diciendo que "las compañías chinas respetan la voluntad de los países involucrados y cooperarán en las obras pertinentes".


Por otro lado, el Gobierno de Evo Morales alcanzó un acuerdo con de Suiza para asesoramiento técnico, en diciembre pasado, con el objetivo de que el proyecto atraviese Bolivia, algo que no estaba contemplado en el proyecto original. El país andino tiene enorme interés en este emprendimiento que le daría la ansiada salida al mar, interés que el Gobierno peruano también comparte.


El proyecto boliviano tiene ventajas económicas: el recorrido en tren y luego en barco desde algún puerto peruano implica ahorrar tiempo, pasando de los 58 días que insume el recorrido marítimo desde Santos a China, a sólo 38 días. Según el Banco Mundial, el costo promedio de un contenedor desde un puerto de Brasil hasta China es de 2.323 dólares, mientras que en Perú cuesta de media 890 dólares y en Chile asciende a 910 dólares.


Pero se trata de un tema geo-político, no económico, y la llave la tiene Brasil. A la inestabilidad política y la crisis, deben sumarse las opciones que está tomando el gobierno de Michel Temer. La mejor muestra de su creciente alineamiento con Estados Unidos es el proceso de fusión entre Boeing y Embraer, que se acerca a una absorción de la segunda por la primera. Las negociaciones indican que la aeronáutica estadounidense pretende llevar toda la cadena productiva de Embraer a su país, anulando décadas de esfuerzos por desarrollar un polo industrial y tecnológico propio.


Incluso la fuerza aérea de Brasil ha dado su visto bueno a la fusión, que puede poner el riesgo el acuerdo con la sueca Saab para desarrollar y fabricar en conjunto los cazas Gripen de quinta generación. Todo indica que el proyecto del tren bioceánico puede correr el mismo destino que el complejo militar-industrial brasileño, que nunca termina de cuajar por la sumisión de sus gobiernos a las estrategias de Washington.

 

05:48 22.02.2018(actualizada a las 05:50 22.02.2018)

Publicado enInternacional