Antes la echaban a la basura: La cáscara del café vale seis veces más que sus granos

Si el producto no se queda en ser solo un fenómeno de moda y su demanda sigue creciendo, con el tiempo reemplazará al café, cree una agricultora salvadoreña.

Aida Batlle cultiva café en una granja familiar, sobre las colinas que rodean el volcán Santa Ana, en El Salvador. Al igual que ocurrió por generaciones anteriores, en su finca se le daba poco uso a la cáscara que recubre los granos de café: como mucho, se le utilizaba como un fertilizante barato o, con mayor frecuencia, se botaba como basura.


No obstante, un día, al pasar junto a unas cascaras que se estaban secando al sol, la mujer sintió un buen olor a hibisco y otros aromas florales. Entonces se dio cuenta de que podía extraer algún valor de lo que durante tanto tiempo había considerado basura. Batlle empapó las cáscaras en agua caliente y obtuvo un sabor. "Inmediatamente comencé a llamar a mis clientes para que lo probaran", cuenta la agricultora a la agencia Bloomberg.


Reconocimiento mundial


Pero el momento estelar para la cáscara del café –que contiene poca cafeína y tiene un sabor menos pronunciado que sus granos– no llegó sino más de una década después del descubrimiento de Batlle. Así, recientemente, la célebre red de cafeterías Starbucks introdujo nuevas bebidas endulzadas con jarabe de cáscara, y ofrece en EE.UU. y Canadá un 'relleno de azúcar' hecho con ese producto. Sus competidores, como Stumptown Coffee Roasters y Blue Bottle Coffee, también empezaron a agregar la sustancia a sus menús, como té y como bebida carbonatada.


Gracias a la demanda de estas cadenas, la cáscara de café alcanza a menudo un precio más alto que el propio grano. Batlle afirma que recibe siete dólares por cada libra (450 gramos) de cáscara, mientras que el precio promedio del café es de 1,20 dólares por libra, el más bajo en los últimos dos años, debido a un exceso de oferta de la variedad arábica en el mercado. Resulta entonces que hoy en día las cascaras de café cuestan seis veces más que sus granos.


Según Bloomberg, para el momento es imposible calcular el volumen de ventas de este novísimo rubro, pero es obvio que todavía son pequeñas. Al mismo tiempo, Battle afirma que vende miles de libras de cáscaras de café por año. Si el producto no se queda en solo un fenómeno de moda y su demanda sigue creciendo, con el tiempo reemplazará al café, cree la agricultora. "Especialmente cuando el mercado tiene precios tan bajos [para los granos de café]", señala Battle.

Publicado: 24 may 2018 03:08 GMT | Última actualización: 24 may 2018 03:08 GMT

 

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China cede ante EEUU y acepta reducir el déficit comercial


Pekín promete aumentar las importaciones de productos estadounidenses, aunque sin cuantificarlas


 Estados Unidos y China se han tomado un respiro en su pulso comercial. Con la vista puesta en las espinosas negociaciones para la desnuclearización de Corea del Norte, ambos gigantes han decidido rebajar la tensión en el frente arancelario y, tras dos días de intensas reuniones en Washington, han hecho público un comunicado conjunto en el que Pekín acepta tomar medidas para reducir el déficit comercial de EEUU, cifrado en 375.000 millones de dólares en 2017.


“Para satisfacer las crecientes necesidades de consumo del pueblo chino y su necesidad de un desarrollo económico de alta calidad, China incrementará sus compras de bienes y servicios estadounidenses. Esto ayudará al crecimiento y al empleo en Estados Unidos. Ambas partes acordaron incrementos sustanciales en exportaciones agrícolas y energéticas estadounidenses”, señala la nota.


Esta cesión no implica que el conflicto haya quedado zanjado. Pese a las buenas intenciones, no se han acordado aún cifras y la petición del director del Consejo Nacional de Economía, Larry Kudlow, de que China aumente las importaciones desde EEUU en 200.000 millones tampoco ha sido aceptada. Más que un armisticio, lo que se ha pactado en Washington son las condiciones para un acuerdo. El diálogo continúa y ahora un equipo de Trump viajará a Pekín “para trabajar en los detalles”. “Ambas partes acordaron buscar la resolución de las diferencias comerciales y económicas de una forma proactiva”, indica el comunicado.


La distensión llega dos meses después de que Trump abriese la batalla. El pasado 23 de marzo, el presidente ordenó imponer al gigante asiático aranceles del 25% a importaciones por valor de 60.000 millones de dólares. El argumento de la Casa Blanca para dar comienzo a la guerra comercial es bien conocido. Trump considera que China se ha aprovechado de la apertura comercial estadounidense al tiempo que ha cerrado la puerta a sus productos. Así, mientras que China destina el 18% de sus exportaciones a EEUU (505.000 millones), el gigante asiático solo representa el 8,4% de las ventas al exterior norteamericanas (130.000 millones). El resultado es un déficit para EEUU de 375.000 millones. "El mayor de la historia", como señala Trump.


La andanada arancelaria de EEUU fue respondida en abril con otra similar por Pekín. Eran los primeros compases de lo que se esperaba un pulso a escala planetaria. Pero ambas superpotencias, visto lo acordado en Washington, han decidido evitar la sangre. Pekín ha admitido el desequilibrio y se ha mostrado dispuesto a aumentar las importaciones estadounidenses.


El jefe de la delegación china desplazada a Washington para las negociaciones, Liu He, dio a entender a los medios estatales de su país que, aunque las diferencias comerciales con Estados Unidos son profundas, se ha logrado evitar un mayor conflicto comercial a corto plazo. "Ambas partes no van a librar una guerra comercial y van a dejar de subirse los aranceles respectivos", aseguró a la agencia Xinhua, descartando por tanto la entrada en vigor de unas tarifas que hubieran afectado a un porcentaje significativo del intercambio comercial entre ambos países y que disgustaban a Pekín.


Liu dijo que China "contribuirá a los esfuerzos de Estados Unidos para reducir su déficit comercial", sin detallar cifras concretas que pudieran haber salido de las negociaciones. El alto cargo sustuvo, sin embargo, que "se necesita tiempo" para resolver los problemas estructurales de las relaciones entre ambos países en materia económica y comercial, informa Xavier Fontdeglòria.


En esta cesión ha influido la negociación abierta para lograr la desnuclearización del régimen de Pyongyang. China, que absorbe el 90% de las exportaciones de Corea del Norte, juega un papel fundamental en esta partida. Deseosa de rebajar la tensión zonal, ha contribuido a facilitar el cara a cara entre Trump y el líder norcoreano, Kim Jong-un, que se celebrará el próximo 12 de junio en Singapur. Una guerra comercial con el volátil Trump habría puesto en peligro los delicados equilibrios diplomáticos desplegados y, a la postre, agriado la negociación arancelaria.

 

Washington 20 MAY 2018 - 03:32 COT

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Domingo, 20 Mayo 2018 05:41

Nuevos nacionalismos, nuevos arsenales

Nuevos nacionalismos, nuevos arsenales


El mundo vive una nueva carrera armamentística, esta vez multipolar y tecnológica, marcada por el nacionalismo y la desconfianza en las grandes potencias

 

El pasado 4 de mayo, el almirante John Richardson, jefe de las operaciones navales de EE UU, anunció la reconstitución de la histórica segunda flota tan solo siete años después de su disolución. La unidad naval se había responsabilizado durante décadas de las operaciones en el Atlántico Norte. Fue la que gestionó la dramática operación de control de Cuba durante la crisis de los misiles de 1962, ordenada por el presidente Kennedy para evitar la entrega de cualquier material ofensivo por parte de la URSS al régimen de Castro. También fue la flota que se encargó de sostener la invasión de la isla de Granada ordenada por Ronald Reagan en 1983. En septiembre de 2011, una década exacta después del 11-S, cuando el mundo parecía en otra era geopolítica con respecto a la Guerra Fría, la Administración de Barack Obama procedió a su disolución en el marco de una reorganización de recursos.

Por aquel entonces, el Pentágono no consideraba a Rusia un desafío estratégico y por tanto el Atlántico Norte no era una prioridad; además, Washington se disponía a reducir el gasto militar tras haber alcanzado en 2010 la histórica cifra de 768.000 millones de dólares anuales, según datos del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés).


En pocos años, mucho ha cambiado. Hoy, las nubes de una carrera armamentística se ciernen oscuras en el horizonte global, también en el Atlántico. Tambores de retórica nacionalista retumban en varias latitudes, especialmente en las principales capitales del planeta. Y los síntomas de la nueva fiebre se hallan por doquier.


Dos días antes del anuncio de la resurrección de la segunda flota, el 2 de mayo, el SIPRI informaba de que, según sus cálculos, en 2017 hubo un nuevo incremento en el gasto militar mundial (una subida del 1,1% con respecto al año anterior). El salto sitúa el total en 1,69 billones de dólares, nuevo récord histórico desde que hay datos razonablemente fiables (1991), batiendo la anterior marca global, que se alcanzó en 2011.


Cuatro días después, el pasado 8 de mayo, el presidente Trump anunciaba la retirada de EE UU del pacto nuclear con Irán, firmado por otras cinco potencias. Se trataba de la enésima andanada contra una arquitectura global para el control de armamento que se halla en un equilibro muy precario. En la madrugada del día 10, Israel respondió con vehemencia militar a un supuesto ataque iraní contra el Golán. El ministro de Defensa israelí avisó de que "si en Israel llueve, en Irán diluviará".


El mismo día 10, la canciller alemana Angela Merkel afirmó, en la solemne entrega del Premio Carlomagno, que Europa ya no puede contar con EE UU para su protección; con coherencia, su Gobierno propugna un aumento del gasto militar. Y esta semana se ha visto que incluso la única buena noticia aparente en el panorama —el incipiente deshielo con Corea del Norte— es en realidad una frágil esperanza a la que el riesgo de colapso espera a la vuelta de cualquier esquina.


Nueva carrera armamentística en el siglo XXI


Estas son las pequeñas piezas de un rompecabezas que dibuja un escenario cada vez más claro: el amanecer de una nueva carrera armamentística con características del siglo XXI.


"Sí, estamos en una carrera armamentística. Pero no una clásica. Es una carrera tecnológica, en la que se pugna por la calidad y la precisión, tanto de armas convencionales como nucleares, y no por la cantidad", considera Thomas Countryman, que es presidente de la Arms Control Association y fue subsecretario de Estado para el Control de las Armas y la Seguridad Internacional en la Administración de Obama.


Se trata de una carrera que responde a distintas fuerzas motrices. Al anunciar la reactivación de la segunda flota, el almirante Richardson dio una clave esencial: "Nuestra Estrategia de Defensa Nacional (publicada este año) deja claro que hemos regresado a una era de competencia entre las grandes potencias, mientras el panorama de seguridad se torna cada vez más desafiante y complejo. Por eso reconstituimos la segunda flota".


Tras una época enfocada en las operaciones contra grupos terroristas, la acentuada desconfianza entre naciones poderosas (EE UU, China y Rusia) marca hoy todo el tablero, con una dinámica cambiante, de alta inestabilidad y, por tanto, peligrosidad: una potencia en fuerte ascenso (China), otra en inexorable declive que se niega a aceptarlo (Rusia) y una superpotencia en pleno viraje político que persigue ahora sin ningún complejo sus intereses de forma unilateral y vehemente (los EE UU de Trump).


Guerra Fría


En las tres, el nacionalismo impregna el discurso político como nunca desde el fin de la Guerra Fría. Putin articula toda su trayectoria de poder alrededor de la idea de la orgullosa resurrección de una gran Rusia; Trump alcanza la Casa Blanca bajo el indisimulado mantra del América first frente a los supuestos abusos de los demás; Xi Jinping vira de forma cada vez más acentuada hacia el nacionalismo a medida que se consolida en el poder. El discurso del líder chino de marzo ante la asamblea legislativa anual fue quizá el más explícito en ese sentido desde que llegó al poder. Y en India —un actor de notable peso estratégico en la escena internacional— ocupa el poder un político con un historial de corte nacionalista hindú, Narendra Modi.


La retórica de estos líderes se adentra de manera inquietante en territorio militar. "En el último año ha habido profundos cambios, tanto tecnológicos como políticos. Hemos visto a Trump y Putin alardear de sus misiles casi al estilo norcoreano, algo inconcebible hasta hace poco", señala Ian Williams, investigador asociado y director del programa sobre sistemas antimisiles del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). Esa es la inquietante música de fondo en el eje principal.


Pero el mundo actual tiene una complejidad adicional. "A diferencia de lo que ocurría en la Guerra Fría, ya no tenemos una competición bipolar, sino una con múltiples frentes: India con China y Pakistán; Corea del Norte con Japón y Corea del Sur; Irán con Israel y Arabia Saudí", dice Williams. India y Arabia Saudí, desprovistos de la tecnología necesaria, son enormes compradores de armamento. Williams y Countryman coinciden en que hay una carrera de armamento y que su carácter es multipolar y tecnológico.


La posición de los principales actores induce a pensar que nos hallamos ante el arranque de una carrera sostenida. El impulso de las principales potencias va en esa dirección.
Estados Unidos, bajo la Administración de Trump, emprende un camino de constante aumento en el gasto militar. Frente a los recortes en la mayoría de Departamentos, el Pentágono goza de un claro fortalecimiento de sus recursos. Para el próximo ejercicio, la Casa Blanca busca un aumento de cerca del 10%. Desde el pico de los 768.000 millones de dólares en 2010, Obama redujo el presupuesto hasta los 600.000 en 2016. Pero con Trump pronto se superará otra vez el umbral de los 700.000.


China, respaldada por su creciente vigor económico y tecnológico, y estimulada por su voluntad de reforzarse como potencia, seguirá sin duda incrementando su inversión militar. En la década transcurrida desde 2008 ha duplicado su gasto, desde los 108.000 millones hasta los 228.000.


Europa, superada la crisis económica y espoleada por la escasa confianza en los EE UU de Trump, también se adentra en una probable senda de mayor gasto, tal y como apunta el Gobierno alemán y como le exige la propia Casa Blanca. Los cuatro grandes países europeos —Francia, Reino Unido, Alemania e Italia— siguen siendo importantes actores militares, con un gasto aproximado de 180.000 millones de dólares anuales.


El tercer mayor inversor del mundo, Arabia Saudí, encarrilado en una política de abierta rivalidad con Irán, con un inusitado activismo regional y con la guerra de Yemen abierta, tampoco aflojará.


Rusia, en cambio, camina a la contra. Tras el espectacular aumento de la inversión bajo el mandato de Putin —desde 20.000 millones en 2001 a 70.000 en 2016—, el Kremlin ha tenido que frenar debido a las graves dificultades económicas vinculadas a las sanciones internacionales y a la caída del precio del petróleo. La actual retórica de Putin parece privilegiar las condiciones de vida de los ciudadanos, frente a la inversión en Defensa. Pero el repunte del precio del petróleo lleva a pensar que pueden abrirse nuevas posibilidades de gasto también para Rusia.


A la propicia disposición hacia la inversión militar y a la retórica nacionalista —que siempre se sabe dónde empieza pero no dónde termina— hay que sumar el desmorone de la arquitectura de control de armas, un grave factor de volatilidad. El entramado de tratados en ese área no solo ha permitido limitar los despliegues, sino que, a la vez, introdujo elementos de control que elevaron la confianza mutua, la predictibilidad de los comportamientos. Varias piezas de ese puzle están desapareciendo.


En cuanto a las armas nucleares, la salida de EE UU del pacto con Irán podría conducir al ala dura del régimen de los ayatolás a reanudar el desarrollo de su programa atómico. Arabia Saudí no tardaría en poner en marcha el suyo si se da el caso. Por otra parte, el tratado entre EE UU y Rusia —conocido como New START— expira en 2021. Las partes no parecen muy inclinadas a renovarlo.


"Todos los presidentes que ha tenido EE UU desde Eisenhower (1953-1961) han tratado de liderar los acuerdos de no proliferación armamentística. Trump ha dejado claro que no quiere asumir ese papel. Le interesa más demostrar su hombría que reducir el riesgo de una catástrofe nuclear. El consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, es muy poco partidario de las políticas de no proliferación", apunta Countryman. "Nos adentramos en el periodo de menor regulación bilateral entre Moscú y Washington en materia de armamento, y eso, sumado a la imprevisibilidad de Trump, resulta alarmante", señala. EE UU ya se retiró en 2002 del Tratado sobre Misiles Antibalísticos.


En cuanto a Rusia, Williams comenta: "Desde los sesenta, Moscú solo se ha interesado por los acuerdos bilaterales para el control armamentístico y la no proliferación en momentos en que sentía que iba perdiendo. Ahora parece que entramos en una fase en la que apenas quedarán acuerdos en vigor, y Putin parece sentirse cómodo en este escenario".


Pero la caída del sistema de control también afecta al sector convencional. "En muchas regiones necesitamos que haya una mayor confianza entre los países rivales. Y eso se consigue con mucha más transparencia y con mucho más diálogo, aunque sea para que cada cual fije sus líneas rojas", advierte Siemon Wezeman, investigador principal del programa sobre transferencias de armas y gasto militar en el SIPRI. "Veamos en qué queda el intento en la península de Corea. Cada vez se avisa y se informa menos de las maniobras militares, y eso es muy peligroso con los niveles actuales de desconfianza. Son muchas las zonas en las que un error militar puede precipitar rápidamente una escalada bélica: India con Pakistán o China, Irán con Arabia Saudí, China con Japón...".


Administración de Obama


Todos estos factores espolean una carrera que, coinciden los expertos, tiene en la primacía tecnológica su estrella polar. En el sector nuclear, EE UU se ha embarcado en una descomunal renovación de sus arsenales, emprendida ya bajo la Administración de Obama (una suerte de condición impuesta por el Congreso para aprobar el New START), valorada en 1,2 billones de dólares hasta 2036, según cálculos de la Oficina Presupuestaria del Congreso.


Rusia, por su parte, alardea de grandes innovaciones en sus arsenales. En el último discurso del estado de la nación, Putin emprendió una amplia digresión en ese capítulo, y presentó una nueva generación de armas, mostrando incluso un vídeo con cabezas nucleares apuntando a Florida, donde Trump tiene una residencia. Entre otras cosas, habló de un supuesto misil de crucero con propulsión nuclear ("nadie en el mundo tiene algo parecido", dijo); de un misil balístico intercontinental capaz de golpear tras sobrevolar los polos; de drones submarinos de alta velocidad armados con cabezas nucleares o convencionales ("prácticamente invencibles"); de misiles hipersónicos lanzados desde aviones de combate. Los expertos tienen profundas dudas sobre la capacidad real rusa en estos dominios, pero el discurso es revelador.


Y China, por su parte, protagoniza grandes progresos. Avanza en la constitución de una flota de alta mar y mejora su tecnología en todo el espectro, lo que le abre también mercados de venta. "China ha invertido muchísimo en innovación y ya produce material muy avanzado y más barato que el ruso o el norteamericano", explica Wezeman, del SIPRI. "Hace 30 años fabricaban basura y hoy venden algunos de los mejores drones que existen. Las opciones de Pekín de competir realmente con Washington y Moscú en el mercado global de las armas pasan por que sea capaz de penetrar en el mercado de Oriente Próximo, que está en plena ebullición y todavía se le resiste".


La carrera amenaza con adentrarse en territorios desconocidos, con hallazgos tecnológicos que pueden ser desequilibrantes. Pero también por resucitar viejas estructuras como la segunda flota de EE UU. Un escenario repleto de riesgos.

 

Madrid 18 MAY 2018 - 12:12 COT

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La ruta de la seda digital del siglo XXI

Uno más uno es mucho más que dos, sostiene Xi Jinping, Presidente de la República Popular China, a la hora de definir el desafío que se han propuesto para actuar y vincularse en un mundo donde el principal déficit es la paz, el desarrollo y la gobernanza global. Se trata de un planteo profundo que intenta modificar la forma en que se adoptan decisiones económicas, políticas, sociales, ambientales, lo que implica un diseño de nuevos mecanismos de cooperación de China con los países del mundo.


La paz, la cooperación, la apertura, la inclusión, el aprendizaje y el beneficio mutuo son los principios de la Franja y la Ruta (OBOR, por sus siglas en Inglés), una de las acciones más osadas que se hayan llevado a cabo a lo largo de la historia de la humanidad en momentos donde el mundo está amenazado por los trazos egoístas y guerreros con que pretende escribir la historia- de sus ambiciones- los EEUU.


Después de más de 2000 años, el regreso de este Marco Polo en su versión digital, el mercader veneciano que recorrió caminos y surcó las rutas marítimas construyendo puentes e intercambiando sedas, piedras y especies entre continentes, abre un nuevo horizonte en un siglo atravesado por renovadas tempestades geopolíticas.


No se trata de un juego virtual, que nos trae del pasado una figura mítica. La osada iniciativa convoca a millones de ciudadanos del mundo y a Gobiernos de distintos continentes a nuevos desafíos en un escenario donde la supremacía del mundo occidental estaría dejando de ser el eje de desarrollo para redefinirse en nuevos equilibrios con países y culturas muy diferentes.


Como en la ruta de antaño convergen hoy la filosofía, el comercio y la posibilidad de la guerra. Y en su versión digital, la ruta no escapa a las actuales tensiones territoriales geopolíticas y, en momentos donde la identidad y la soberanía digital están en disputa, espejo de las contradicciones entre el poder del dinero y la producción de subjetividades a escala planetaria que construye nuevos seres humanos.


China en version digital


La Franja y la Ruta es una propuesta que requiere conectar internamente a China, mejorar su infraestructura tecnológica y garantizar a su vez, la conexión transfronteriza, incentivando el desarrollo impulsado por la innovación; el fortalecimiento de la cooperación en las áreas de la economía digital, la inteligencia artificial, nanotecnología y computación cuántica, y en el incentivo de los grandes datos, la nube y las ciudades inteligentes, temas, todos, que se conectan para formar la ruta de la seda digital del siglo XXI.


La Osa Mayor/Bei Dou


En 2018, la nueva Ruta de la seda alcanzará su dimensión digital. China ampliará la cobertura de su sistema nacional de navegación por satélite a 60 países. Hacia 2020, China quiere competir directamente con el Sistema de Posicionamiento Global (GPS, en sus siglas en inglés) de Estados Unidos, y expandir sus servicios con una red de 35 satélites.


Lo que China llama BeiDou (su término para la Osa Mayor) tendrá aproximadamente 30 satélites, ajustando su precisión por debajo de los 10 metros, aún por detrás del GPS, que puede localizar posiciones a un metro o menos. Y su objetivo, finalmente, será superarlo. Las mejoras se traducen en transmisiones más rápidas y eficaces. Los servicios de navegación también recibirán un impulso. Y BeiDou conecta lo desconectado. La ONU dice que el 62% de las personas en la región Asia-Pacífico no están conectadas actualmente. Además del billón de dólares (838.060 millones de euros) de la inversión en carreteras, China ha gastado cerca de 25.000 millones de dólares (21.000 millones de euros) en BeiDou.


Más de 30 países han firmado acuerdos para incorporar localmente BeiDou. Muchos autorizan a China para que construya estaciones terrestres que mejoren la precisión de BeiDou y su fiabilidad. Además, cuenta con un plan trianual para invertir en proyectos de infraestructuras de información por un importe total de 174.000 millones de dólares que incluye el desarrollo de cables de fibra óptica para conexiones de alta velocidad. Ya, más de 150 millones de smartphones chinos, el 20% del mercado, están equipados con BeiDou, y casi 40.000 pesqueros lo usan para comunicarse. Algunas de las 20 millones de bicicletas y motocicletas chinas lo emplean como servicio de localización.


China ha comenzado a actualizar su sistema de navegación por satélite Beidou con capacidades de cobertura global a través del lanzamiento de nuevos satélites, posicionándose como el cuarto sistema de navegación satelital del mundo, siguiendo el GPS en los Estados Unidos, GLONASS en Rusia y Galileo en la Unión Europea.


Se estima que a finales del 2019 China contará con 18 satélites de tercera generación que desde el espacio cubrirán a todas las naciones involucradas en la iniciativa Bel tan Road (Un camino, una ruta). La Iniciativa de Belt and Road, propuesta por el presidente Xi Jinping en 2013, se refiere a Silk Road Economic Belt y 21st Century Maritime Silk Road. Se estima que beneficia a unos 4.400 millones de personas en 65 países, según el gobierno chino.


Hutong: Impedir el ingreso de los malos espíritus


China cuenta con su propio espacio cibernético a la vez que limita la llegada de los gigantes del ramo, principalmente provenientes de Estados Unidos. Muchos comparan los antiguos distritos o callejones de Beijing, que resaltan por su belleza e historia, con la internet china, llamados Hutong. Las viviendas tienen una pared interior de cara a la puerta de la casa que, a su vez, tiene un patio central. El propósito es impedir el ingreso de los malos espiritus a su interior.


El camino está bloqueado para extranjeros como Google y Facebook — a pesar de los esfuerzos de Mark Zuckerberg — mientras que Alibaba, Baidu y Tencent —conforman las mayores empresas de Internet chinas. Según la consultora Katar en el país asiático predomina WeChat. En su IV estudio anual de medios sociales sostiene que “los medios sociales siguen evolucionando en China, el paisaje de redes sociales se ha vuelto más complejo. WeChat continúa dominando, sin embargo, su crecimiento se ha ralentizado. Weibo, por su parte, ha reaparecido y muchas otras plataformas de medios sociales (nuevas y antiguas) están logrando encontrar valor en el desarrollo de nichos de grupos de usuarios”. En 2017, Tencent se convirtió en el primer gigante tecnológico chino en ser valorado en más de US$500 mil millones. Esto ubicó a la compañía, propietaria del popular servicio de mensajes WeChat, por delante de Facebook. Y ahora ocupa el quinto lugar, detrás de Apple, Alphabet (Google), Microsoft y Amazon. China posee hoy las mas grandes redes sociales y de mensajería del mundo. Entre las plataformas sociales se ubican Wechat con 500 millones de usuarios, QQ, hoy centrada en el entretenimiento y las subculturas jóvenes de China y Weibo, el twitter de China con 340 millones de usuarios.


Año del Perro: China en Latinoamérica


El plan de cooperación 2015-2019 estableció una meta de aumentar el volumen comercial entre China y la región a US$500.000 millones en 10 años, fortaleciendo el desarrollo del comercio de servicios y el comercio electrónico.


El Parque de Cooperación Económica y Comercial China-ALC, situado en la Área de Hengqin de la Zona Piloto de Libre Comercio de Guangdong, abarca tres centros y tres plataformas que desempeñarán diferentes funciones de comercio transfronterizo, investigación de políticas, servicios legales y cooperación financiera. Niu Jing, director de la Área de Hengqin sostiene que "A pesar de la larga distancia entre China y América Latina, los medios tecnológicos de informática nos conectan y a través de ellos vamos a establecer negocios B2B y B2C".


Las empresas dedicadas a negocios de comercio electrónico con América Latina y el Caribe que se establezcan por primera vez en Hengqin y obtengan unos ingresos anuales por encima de los 1.000 millones de yuanes (US$128.637.000), podrán recibir un premio máximo de dos millones de yuanes del gobierno, de acuerdo con un reglamento del gobierno local.


China es el segundo mayor comercial de América Latina y el Caribe, mientras la región es el segundo mayor destino de la inversión directa de China en el exterior, cuyo volumen total superó los US$150.000 millones al cierre de 2016. El volumen comercial entre China y la región fue de US$216.600 millones.


China es uno de los principales socios comerciales de Brasil, Argentina, Chile, Perú y Uruguay, a los que les compra mayormente materias primas.


Para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), América Latina está en una "segunda oleada" de inversiones, luego de un período de expansión entre 2000 y 2016 en el que el intercambio entre China y Latinoamérica se multiplicó por 17. "La inversión extranjera de China es de más de 100.000 millones de dólares en América Latina y el Caribe", dijo a Reuters el jefe de la División de Comercio e Inversión del BID, Fabrizio Opertti. "Pero ya no es China con soja, carne, petróleo o cobre, sino que también con software. China está invirtiendo en energías renovables y está haciendo investigación y desarrollo. Hay una segunda etapa de inversión en la región".


De la paciencia China a la Inteligencia Artificial


China se encuentra en medio de una auténtica revolución de la inteligencia artificial y ya compite con Estados Unidos, el gran líder del sector. El propio presidente Xi Jinping ha dejado claro que se trata de una prioridad estratégica nacional. Según el detallado plan nacional de desarrollo del sector, la segunda economía del mundo quiere para 2030, ser la referencia mundial en innovación en este sector.


Las empresas planean barcos que pueden recorrer cientos de kilómetros sin piloto; sistemas para dirigir el tráfico en algunas de las ciudades más congestionadas del mundo; identificar enfermedades y tratarlas antes siquiera de que el enfermo haya empezado a notar síntomas.


La economía digital china suma ya 3,4 billones de dólares, el 30% del PIB chino. Sus casi 1.400 millones de habitantes utilizan internet con voracidad: este país cuenta con el mayor número de internautas del mundo, 751 millones, y 1.390 millones de líneas telefónicas, según las cifras oficiales. Todos ellos generan un enorme número de datos, “el combustible de la inteligencia artificial”. Entre 2012 y 2017 invirtió 4.500 millones de dólares en 200 “start-ups” centradas en la inteligencia artificial, según un informe para la consultora Eurasia Group que firman Lee y el analista Paul Triolo. China ya patenta más que ningún otro país en este campo, y ha igualado a Estados Unidos en el número de estudios aceptados para su publicación en las revistas técnicas.
Nano x


La investigación aplicada sobre nanociencia e industrialización de la nanotecnología viene desarrollándose sin pausa en China, donde el número de solicitudes de patentes en el área se sitúa entre los más altos del mundo, señala el informe, elaborado por Springer Nature, el Centro Nacional para la Nanociencia y Tecnología (CNNT) y la Biblioteca Nacional de Ciencias, dependiente de la Academia de Ciencias de China (ACCh). El presidente de la ACCh, Bai Chunli, considera que China tiene ante sí nuevas oportunidades para la investigación y el desarrollo de la nanociencia gracias a la construcción del CNNT y otros centros científicos de influencia mundial. Para indagar en la nanociencia (que es el estudio de la interacción, composición, propiedades y métodos de fabricación de materiales a escala nanométrica), China construye Nano-X, la mayor instalación del mundo para nanociencia, una plataforma de investigación multifuncional para desarrollar ordenadores más potentes y robot más inteligentes. Por lo que se refiere al número de solicitudes de patentes, China ha alcanzado en los últimos 20 años las 209.344, lo que representa el 45 por ciento del total mundial. La investigación de nanomateriales ha crecido gracias a la copiosa financiación gubernamental, así como a los cada vez más investigadores chinos formados en el extranjero que han regresado a China atraídos por las políticas favorables a su vuelta, lo que ha significado avances notables ha logrado China son la nanotecnología de la energía y los nanomateriales catalíticos. En tanto, para los problemas del deterioro medioambiental, está dedicando esfuerzos a la investigación y desarrollo de nuevas energías, así como de tecnologías energéticas y de protección ambiental eficientes. Esto ha convertido a la nanotecnología de la energía en un área prometedora y ha llevado a investigadores chinos a estudiar su aplicación en baterías y en la conversión y almacenamiento de energía. La investigación de nanomateriales catalíticos está considerada como el área de la nanociencia más prometedora para China. Los catalizadores basados en nanoestructuras pueden acelerar las reacciones químicas y podrían ser útiles para las industrias químicas y el refinado del petróleo, apuntan los expertos.


Made in china 2025: La revolución del Robot


Este país concentra un tercio de la demanda de robots en el planeta. La mayoría son usados para industria pesada. China está instalando más robots que cualquier otra nación. Los envíos subieron 27% a unas 90.000 unidades el año pasado, un récord para un solo país y casi un tercio del total mundial; la cifra se elevará a 160.000 en 2019, estima la Federación Internacional de Robótica. Bajo el plan conocido en inglés como Made in China 2025 y un plan de robots de cinco años lanzado en 2016, Beijing planea concentrarse en la automatización de sectores clave como la automotriz, la electrónica, los electrodomésticos, la logística y los alimentos. La "revolución del robot", nombre de la iniciativa china, propone aumentar la participación de los robots de marca china en el mercado del país de US$11.000 millones a más de 50% del volumen total de ventas en 2020, de 31% el año pasado, y producir 100.000 robots al año para 2020, en comparación con 33.000 en 2015. Eso significa que la competencia se intensificará para las empresas extranjeras que suministran 67% de los robots de China, como las japonesas Fanuc Corp. y Yaskawa Electric Corp., según BI.


La propuesta está lanzada. El tablero mundial está agitado. La ruta digital del Marco Polo del siglo XXI sigue su rumbo, sin detenerse.

Referencias:
Federación Internacional de Robótica,

http://spanish.xinhuanet.com/
https://www.digitalbizmagazine.com/la-ruta-de-la-seda-digital/
Artículos de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP)
https://www.humanlevel.com/articulos/redes-sociales-articulos/las-redes-sociales-en-china.html/
CELAC/ https://thediplomat.com/tag/china-celac-forum.

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Cuba y China firman acuerdo para crear empresas productoras de medicamentos

Cuba y China firmaron en Beijing un memorando de entendimiento que propiciará la creación de empresas mixtas en el sector de la salud, específicamente, para producir medicamentos creados en la isla y con reconocimiento mundial por ser efectivos.


El acuerdo lo rubricaron Eduardo Martínez, presidente del grupo BioCubaFarma; y Huang Lianshen, líder de la compañía Guang Xi Fukang Investment, en la sede de la embajada de nación caribeña en Beijing.


Martínez explicó que es un convenio abarcador, pues concibe la creación de firmas mixtas tanto en Cuba como en China para fabricar un grupo importante de medicamentos cubanos novedosos y con patente.


“Se trata de productos destinados a resolver importantes problemas de salud como los infartos del miocardio y cerebrales, el cáncer y las enfermedades neurodegenerativas”, comentó.


El funcionario caribeño destacó que el documento sienta las bases para llevar a cabo una alianza estratégica con este grupo empresarial a corto, mediano y largo plazo encaminado a introducir medicamentos en el mercado chino, pero también en Latinoamérica y otras regiones del planeta.


Añadió que en Cuba las empresas mixtas se establecerán en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, ubicada en el occidente y que fomenta la inversión extranjera directa.


Por su parte, Huang aseguró que la entrada de productos biofarmacéuticos cubanos en China generará un gran impacto en materia social y económica para ambos países.


A su juicio, los medicamentos de la isla tendrán buena acogida entre los pacientes del país asiático, y además servirán de ejemplo y estímulo para la
industria nacional del sector.


La delegación de BioCubaFarma está de visita en ese país con el objetivo de profundizar la cooperación bilateral en la rama de la biotecnología, vigente
desde hace más de 15 años.

15 mayo 2018
(Con información de ACN)

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Irán e Israel, una guerra militar y comercial en marcha

La guerra entre Israel e Irán ha dado esta semana un paso al frente. Se desarrolla a nivel militar y comercial prácticamente desde la fundación de la república islámica en 1979, pero se ha agudizado recientemente. El conflicto puede agravarse si el presidente Donald Trump decide asistir a Israel para acabar con el régimen de Teherán.

La respuesta iraní al ataque del pasado 9 de abril, cuando los aviones israelíes bombardearon la base aérea T4 en Siria, se demoró un mes, haciendo caso a la versión israelí que sostiene que esta semana la Fuerza al Quds de la Guardia Revolucionaria iraní disparó 20 cohetes contra posiciones militares en el Golán ocupado por Israel desde la guerra de 1967.

En el bombardeo del 9 de abril murieron 7 iraníes y Teherán prometió que habría una respuesta acorde. Los israelíes la esperaban, pero probablemente no esperaban una chapuza de tal magnitud. Según la versión israelí, cuatro de los 20 cohetes que dispararon los iraníes fueron interceptados por el sistema antimisiles Cúpula de Hierro, y los restantes 16 cayeron en territorio sirio.

Esta es al menos la versión israelí. Los iraníes aseguran que ellos no dispararon ningún cohete y que no tienen ninguna base militar en territorio sirio. Los cohetes los habría disparado el ejército sirio después de un bombardeo puntual israelí en la zona de la ciudad de Quneitra, en la frontera del Golán.


Lo que siguió fue un bombardeo masivo de los F-15 y F-16 israelíes, especialmente en el área de Damasco. Según los rusos, la mitad de 70 misiles disparados fueron interceptados por el sistema antiaéreo sirio. Los vídeos colgados en las redes sociales por los habitantes de Damasco muestran con claridad esas intercepciones, que no fueron completas pero sí muy frecuentes.

Aunque seguramente es verdad que Irán no dispone de bases militares en Siria, también es verdad que hay millares de “consejeros” iraníes en ese país. La muerte de siete de ellos en la base T4 lo prueba. Y que esos consejeros llevan a cabo una intensa actividad que refuerza la capacidad del ejército sirio también es verdad.


Los objetivos atacados por Israel esta semana figuraban en la lista que el 19 de febrero publicó el Instituto para el Estudio de la Guerra en Estados Unidos. Eran decenas de posiciones, aunque no todas, donde, según ese instituto, había actividad iraní. La operación muestra que el ejército israelí es la fuerza dominante en Siria, al menos en el sur de Siria.


Los dirigentes hebreos, con el primer ministro Benjamín Netanyahu a la cabeza, aseguran una y otra vez que no permitirán que Irán establezca una presencia militar en Siria. Lo ocurrido esta semana muestra que hablan en serio y que son capaces de mantener su promesa. Los israelíes esperan que Teherán haya tomado nota de lo ocurrido y desista de enviar fuerzas a Siria.

No está claro que Irán vaya a renunciar a Siria, en parte porque este país es una base cercana a Israel, el país que persigue al régimen islámico en todos los frentes y que de tanto en tanto también lleva a cabo acciones espectaculares en Irán. Si es así, los choques entre iraníes e israelíes están garantizados en el futuro inmediato.

Otra cuestión que se ha suscitado estos días es si estamos en el umbral de un nuevo conflicto armado regional. Es evidente que esta sería la opción más apreciada por Israel y que los israelíes están obrando de manera calculada para implicar a los Estados Unidos. En este sentido, la guerra ya ha comenzado y no es solo un conflicto armado sino que también es una guerra económica en la que los americanos están al lado del estado judío.

Las autoridades de Teherán han preguntado este viernes a los europeos si les van a vender un gran pedido de aviones civiles Airbus o si van a sumarse al boicot de Estados Unidos. Se espera que los europeos respondan esta semana, pero no hay que olvidar que los aparatos de Airbus se construyen usando algunas patentes de Estados Unidos y que si Washington se opone los europeos no podrán hacer nada.


Unas horas antes, Angela Merkel repitió que Europa ya no puede confiar en Estados Unidos. Es algo que la canciller alemana ya dijo recientemente. Sin embargo, la política europea respecto de Oriente Próximo no puede ser más nefasta para los intereses de Europa, comenzando por la cuestión palestina, y nada indica que Merkel y sus socios europeos vayan a modificarla radicalmente, que es lo que haría falta.

En el conflicto entre Israel e Irán está en juego la hegemonía militar, política y económica en Oriente Próximo, e Irán tiene las de perder. Todo apunta, y la suspensión del acuerdo nuclear por parte de Estados Unidos es otra indicación, a que los israelíes y los saudíes van a seguir acorralando a Teherán con la ayuda de Donald Trump, y van a intentar arrastrar al presidente republicano hacía una guerra militar.

Una parte de esta guerra se desarrolla en el interior de Irán. Aquí es donde entran en juego las sanciones económicas que Trump ha prometido adoptar. Los israelíes llevan a cabo una intensa actividad en el interior de Irán y confían en que las sanciones aceleren las protestas contra el régimen.


El funcionario del departamento de Estado Andrew Peek ha dejado claro esta semana que el abandono del acuerdo nuclear por parte de Trump fue coordinado con Israel. Es un punto importante porque muestra la poca influencia que tienen Ángela Merkel y sus socios europeos en Washington, y el claro ascendiente de Benjamín Netanyahu en los foros de poder americanos.

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La fortaleza del dólar pone en jaque a las grandes divisas latinoamericanas

Las monedas de Brasil, México Colombia y Chile sufren por la subida de tasas en EE UU, pero esquivan el cataclismo del peso argentino
Ignacio Fariza

El mundo emergente se había acostumbrado en los últimos tiempos a una extraña sensación de calma. Los enormes volúmenes de liquidez acumulados tras años de políticas monetarias expansivas en las economías avanzadas habían rebosado las Bolsas y los mercados de bonos, llegando también a los activos de los países en desarrollo. Pero la volatilidad es inherente a su propia naturaleza emergente y, antes o después, vuelve a tocar a su puerta. Esta vez, la causa ha sido una combinación de factores que van desde el fortalecimiento del dólar estadounidense por la subida de tipos de interés en la primera potencia mundial hasta el efecto contagio de las dificultades argentinas, pasando por las expectativas de mayor inflación y la creciente percepción de proximidad del fin de ciclo económico. Un cóctel que amenaza con convertirse en un quebradero de cabeza en América Latina.


Mayo ha traído consigo turbulencias en el mercado cambiario. La primera semana del mes fue la peor para las monedas emergentes en más de un año y esta avanza por los mismos derroteros. El nerviosismo se ha instalado sobre la tercera economía de América Latina, Argentina, un país que lleva el pánico financiero en su ADN y que ya ha tenido que pedir un rescate al Fondo Monetario. Y se ha extendido al resto de grandes países de la región. A la sangría del peso argentino se han sumado las fuertes caídas del peso mexicano, colombiano y chileno. También del real brasileño, que se deja un 14% en los tres últimos meses. "Al estar incluidos en la misma categoría de activos [emergentes y latinoamericanos], hay un cierto contagio de lo que está sucediendo en Argentina", apunta Jonathan Heath, ex economista principal de HSBC para Latinoamérica y hoy analista independiente.


Salvo inesperado cambio de rumbo, los tipos de interés de referencia en Estados Unidos llegarán en junio al 2% por primera vez desde mediados de 2008. Eran otros tiempos: Lehman Brothers aún vivía y la Gran Recesión solo empezaba a fraguarse. Y aunque el incremento en el precio del dinero ha sido telegrafiado desde el día uno después de la crisis, las consecuencias se dejan sentir en los mercados: el endurecimiento de la política monetaria y la expectativa de mayor inflación en los próximos trimestres ha llevado el interés del bono estadounidense a 10 años al filo del 3%, su nivel más alto desde 2014, introduciendo una variable nueva en el juego de equilibrios en la balanza de muchos inversores. "¿Merece más la pena depositar el dinero en activos de riesgo cuando el papel estadounidense —teóricamente exento de incertidumbre sobre su futuro pago— empieza a ofrecer rentabilidades atractivas?", se empiezan a preguntar en los cuarteles generales de las grandes firmas de inversión. Y el mero cuestionamiento agita a América Latina y el resto de emergentes.


"La combinación de mayores tasas en EE UU y perspectivas de inflación más altas es muy negativa para las monedas latinoamericanas", asevera Armando Armenta, estratega del banco de inversión suizo UBS para mercados emergentes. "La gente empieza a ver fundamentos menos sólidos y algunos entran en pánico, golpeando a los países con fundamentos más débiles, como Argentina", agrega un segundo analista de una gran firma de inversión que prefiere no revelar su nombre. "Es un año más volátil en general: lo hemos visto en la Bolsa y en el mercado de renta fija, y empezamos a verlo en el mercado de divisas". Paradójicamente, el bache de las monedas emergentes llega en momento dulce para el petróleo —una variable que suele estar positivamente correlacionada con la evolución de las monedas de la región, donde casi todos los países son productores—, que cotiza en máximos de tres años y medio impulsado por la inestabilidad geopolítica.


En poco más de 20 días, los grandes inversores han sacado 5.500 millones de dólares de los mercados emergentes de deuda, según los datos del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) recopilados por Reuters. En el caso de Latinoamérica, esa cifra asciende a 1.200 millones de dólares solamente en la última semana, cuando se han acelerado las salidas, según Bloomberg. Este movimiento tiene, inevitablemente, un efecto directo sobre la cotización de las respectivas monedas regionales: vender deuda de un país supone, también, deshacerse de moneda nacional. Todo sin que, todavía, la mayor área económica del mundo junto con EE UU, la eurozona, haya movido ficha en forma de subidas de tipos.


En este entorno, Argentina es, por mucho, el país que peor lo tiene. A su posición más débil de reservas internacionales que el resto de grandes países latinoamericanos se suma la gran proporción de deuda pública denominada en dólares, tras haber recurrido en mayor medida a emisiones en moneda estadounidense para cubrir sus necesidades de financiación. Pero no es el único. México es la economía latinoamericana más expuesta al mercado estadounidense, y el debilitamiento del peso frente al dólar —que ya ha borrado todas las ganancias cosechadas desde el pasado 1 de enero— tiene efectos de calado su economía. Negativos, como el encarecimiento de los productos importados, con el consecuente repunte de la inflación o la pérdida de valor internacional de los ahorros de sus nacionales. Y positivos, como la mayor competitividad, un factor nada despreciable en una economía tan abierta como la mexicana: las manufacturas del país norteamericano son hoy un 8% más baratas que hace tres semanas por un único factor ajeno a la cadena productiva, la depreciación del peso.


"En líneas generales, los países de la región están mejor preparados que en el pasado para afrontar una situación así", apunta Martín Castellano, economista jefe del IIF para América Latina. "Sin embargo, la posición fiscal es peor, con deudas más altas y mayores déficits en todos los países de la región". El mayor riesgo pasa, en su opinión, por un giro radical de la política macroeconómica tras las elecciones que se celebran este año en tres países clave de la región: Brasil, Colombia y, sobre todo, México. En este último caso, aunque el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, lleva meses tratando de tranquilizar a los mercados, los financieros no las tienen todas consigo. No, al menos, hasta no ver con sus propios ojos que la retórica cristaliza en una política fiscal prudente y en la total independencia del banco central.


"En México hay factores propios que han llevado a la depreciación del peso: la incertidumbre en torno a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) y la cercanía de las elecciones", agrega Alberto Ramos, de Goldman Sachs. "La disputa entre el sector privado y el candidato puntero en las encuestas [López Obrador] ha creado un entorno de volatilidad que no ha sido atajado, con la consecuente salida de capitales y la pérdida de fuerza del peso", cierra José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico de México.

México 8 MAY 2018 - 23:23 COT

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Asia y Oriente Medio impulsan el gasto militar mundial, que alcanza los 1,44 billones

Estados Unidos, China, Arabia Saudí, Rusia e India acaparan el 60% del gasto en armamento, que crece un 1,7% en 2017


El gasto militar mundial ascendió en 2017 a 1,73 billones de dólares (1,44 billones de euros), un 1,1% más en términos reales respecto al año anterior, según un informe difundido este miércoles por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).


El estudio destacó que el aumento experimentado en los últimos años ha estado impulsado por una subida "sustancial" en el gasto de países asiáticos y en Oriente Medio, y que el peso de la inversión armamentística se está trasladando de la región euroatlántica.


La cifra gastada en armamento el año pasado equivale al 2,2% del Producto Interior Bruto (PIB) global, según el SIPRI, que resalta que los cinco principales inversores (Estados Unidos, China, Arabia Saudí, Rusia e India) acapararon el 60% del gasto total.


Estados Unidos mantiene su hegemonía mundial, con el 35% total y una inversión que supera a la de los siete siguientes países combinados, a pesar de que los 610.000 millones de dólares (507.000 millones de euros) gastados el año pasado representan una cantidad similar a la de 2016.


"La tendencia descendente en el gasto militar estadounidense iniciada en 2010 ha finalizado. Está previsto que el gasto en 2018 crezca de forma significativa para respaldar los aumentos en personal militar y la modernización de armas convencionales y nucleares", apunta el informe.


China conserva la segunda plaza con un gasto estimado de 228.000 millones (190.000 millones de euros), un 5,6% más que en 2016 y el 13% del total mundial; por delante de Arabia Saudí, con 69.400 millones (57.685 millones de euros).


Cuarta es Rusia con 66.300 millones (55.108 millones de euros), que con un 20% experimentó la primera bajada en dos décadas, que el informe atribuye a sus problemas económicos; y quinta, India, con 63.900 (53.114 millones de euros), un 5,5% más interanual.


"Las tensiones entre China y muchos de sus vecinos siguen impulsando la subida del gasto militar en Asia", explica el SIPRI, en alusión a que otros dos países de la zona están entre los diez primeros, Japón (octavo) y Corea del Sur (décimo).


El gasto militar aumentó en Europa Central y Occidental, un 12% y un 1,7% respectivamente, debido en parte "a la percepción de la creciente amenaza de Rusia" y al hecho de que muchos de los estados europeos forman parte de la OTAN, cuyos miembros en 2017 gastaron 900.000 millones de dólares (748.000 millones de euros).
En Oriente Medio, donde la inversión supuso el equivalente al 5,2% del PIB, el gasto subió un 6,2% por los conflictos armados y las rivalidades, pese al bajo precio del petróleo.


En América del Sur el gasto subió un 4,1% a causa de los aumentos registrados en los dos principales inversores de la región: Argentina, que subió un 15%, y Brasil, un 6,3% más y undécimo país en la lista mundial.


En América Central y el Caribe se produjo sin embargo una caída del 6,6%, provocada por que México redujo su inversión militar un 8,1% con respecto al año anterior.

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Lunes, 30 Abril 2018 06:19

Crear valor

Crear valor

Para comprender el proceso de crecimiento de la economía y así provocar la expansión productiva del ingreso y su mejor distribución es necesario distinguir de la manera más clara posible el asunto del valor.


Hay tres cuestiones relevantes al respecto: ¿Quién lo crea? ¿Quién lo extrae?, y ¿Quién lo destruye? Esto es precisamente lo que plantea en un libro reciente Mariana Mazzucato. La confusión entre estos tres fenómenos, sugiere la autora, es una fuente de ineficiencia, empobrecimiento y de la desigualdad reinante en la economía global.


La noción de valor es clave en la formulación de cómo funciona una economía. Las cosas tiene valor porque sirven para algo –por su uso–, pero tienen también un valor de cambio que proviene de la necesidad de canjear unas cosas por otras; éstas son las mercancías, los servicios o los títulos financieros sean de deuda (bonos) o de propiedad (acciones) y también el trabajo.


La manera convencional de tratar el asunto del valor es por medio de las condiciones de la oferta y la demanda en el mercado. El precio, entonces, se asimila con el valor. Lo que no entra en el campo del mercado no tiene precio y, por lo tanto, tampoco un valor reconocido económicamente (el trabajo doméstico).


Mazzucato argumenta que además hay que considerar lo que ocurre en la interrelación del mercado y el gobierno para distinguir entre quienes crean valor (riqueza) y quienes sólo lo extraen y se lo apropian.


Esto tiene que ver con un aspecto de índole colectivo, como ocurre por ejemplo con el medio ambiente o las inversiones con rendimientos sociales de mediano y largo plazo, y que hoy no son rentables para el capital privado (infraestructura, educación).


Hoy, en la economía de mercado se generan grandes acumulaciones de riqueza privada a partir de la extracción de valor creada en otros segmentos de la sociedad.


Un caso que destaca la autora son ciertas actividades predominantes en el sector financiero, como fue la enorme acumulación de deuda en el mercado inmobiliario, una causa primordial de la crisis de 2008. Esto dejó un gran sobrendeudamiento de las familias mientras representó ganancias extraordinarias para los que promovieron y manipularon esas deudas. Se extrajo y se apropió valor por un lado, mientras se destruía por otro.


Buena parte de la intermediación financiera es esencialmente especulativa y de manipulación de los precios de los activos en los mercados. Esta es una práctica predominante de los bancos más grandes y significa ese mismo tipo de extracción de valor.


La pugna en torno a la regulación de las actividades financieras se ubica en este plano. Los intereses económicos que están en juego son enormes y el debate político y teórico sobre el libre mercado y la regulación es muy intenso. El efecto sobre las inversiones productivas de largo plazo es adverso y, con ello, el mismo potencial de crecimiento del producto y su distribución en la sociedad.


Mazzucato destaca también lo que sucede en el sector de las tecnologías de la información en el que se generan grandes beneficios por concepto de los derechos de la propiedad intelectual y las patentes (como lo señala en el caso de la industria farmacéutica).


Este aspecto tiene que ver igualmente con el poder monopólico de las empresas tecnológicas como Google, Facebook y otras, que restringen las opciones para los consumidores y fijan los precios y extraen valor.


La discusión sobre el carácter de la actividad económica del gobierno ofrece ángulos interesantes. Esto ocurre con cuestiones como la educación, la salud, las obras de infraestructura, el financiamiento de la investigación básica o la promoción directa de inversiones productivas. Indica el caso del gobierno de Estados Unidos que jugó un papel clave en el desarrollo de tecnologías transformadoras como Internet y el GPS, que hoy se aplican ampliamente en el sector privado.


Los puntos que señala refieren de nuevo a la distinción entre los procesos que crean valor y aquellos por medio de los que éste se extrae y destruye.


Los conceptos dominantes en el análisis económico y la misma medición del producto que se genera cada año (PIB), se refieren a las transacciones en el mercado y, por ello, a los precios a los que se intercambian. Esto provoca que casi por definición se considere que toda actividad del gobierno es improductiva y que sólo extrae valor de la sociedad.
El impacto que esto tiene en la definición de las políticas públicas (incluyendo la austeridad) es políticamente muy relevante. Por cierto que la capacidad económica de los gobiernos es muy diferente y, con ello, los efectos de la inyección de recursos para crear valor. También lo son las consecuencias en la extracción de valor de la sociedad (la inflación, los impuestos sin contraparte equivalente o la corrupción y la ineptitud), lo que tiende a situarlos en la discusión pública como entes parasitarios.


Estos son temas que habrían de estar en la agenda de las discusiones políticas en todas partes. Hoy mismo en México se ejecutan políticas de relevancia, como puede ser entre otras el caso de la estrategia comercial, decisiones de inversión, presupuestales, de la generación y asignación de recursos privados y públicos, y muchos más que se pierden en una pugna política chata y con campañas electores que parecen fuera de foco.

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Un patio que quiere seguir siendo trasero

En la evidente disputa económica y militar al interior del capitalismo, Estados Unidos enfrenta a diferentes potencias, obligándolo a consolidar nuevas formas de injerencia en nuestro continente para contener a China y a Rusia. ¿Cuál será la opción que tomarán los gobiernos latinoamericanos frente a este panorama? ¿Continuaremos con el patio trasero?


La principal característica de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina deriva del colapso de las burguesías nacionales. Primero en Argentina y ahora en Brasil, las principales clases dominantes que merecieron ese nombre fueron desarticuladas por una pinza formada por el irresistible avance de los monopolios globales y las clases obreras que dejaron de percibirse como actores subalternos.

En el lugar de aquellas burguesías fue emergiendo un sector de empresarios enriquecidos con la especulación financiera en el casino global, gentes cuyo único sentido en la vida es la acumulación rápida de dinero para esconderlo en paraísos fiscales y utilizarlo en cualquier lugar del mundo para satisfacer caprichos y vanidades.

La inexistencia de estas clases nacionales con intereses propios, ora coincidentes ora divergentes de los grandes centros de poder, tuvo tres consecuencias mayores.

La primera es la desaparición de cualquier proyecto nacional, incluso del sentido mismo de nación. En otros tiempos, durante el período de sustitución de importaciones que siguió al fin de la Segunda Guerra Mundial, la burguesía industrial (poderosa en Argentina y en Brasil, mediana en México y más débil en el resto de los países) orientó las políticas exteriores. Los casos de Perón y de Vargas, hablan por sí solos de la búsqueda de un desarrollo como naciones más allá de los dictados del imperio.

La segunda es la aparición de nuevas burguesías “plebeyas” nacidas durante los gobiernos progresistas, que llenan el hueco dejado por las burguesías nacionales. El caso más destacado es el de Venezuela, donde la llamada boliburguesía se amalgama entre altos mandos militares, funcionarios estatales de primer rango y sectores de las viejas burguesías.

Su gran problema es que, como toda burguesía naciente, necesita apelar a una versión actualizada de la “acumulación originaria”, concepto de Marx para describir cómo nace el capital del robo y la expoliación. Su fortaleza es, a su vez, su debilidad. Para legitimar su corrupción rampante, debe destinar recursos a neutralizar al campo popular a través de subsidios y traspases de fondos disfrazados de políticas sociales. El punto débil aparece cuando los recursos escasean por la caída de los precios de los productos exportables que lubricaron la gobernabilidad.

La tercera es consecuencia de las dos anteriores y es el núcleo de la coyuntura actual. La debilidad estructural de quienes deberían defender algo que alguna vez conocimos como “intereses nacionales”, facilita los modos imperiales de dominación. Observamos que el Pentágono ya no necesita, salvo excepciones, desplegar flotas y aviones para derribar gobiernos, como hizo en la primera mitad del siglo hasta, digamos, la última intervención en Haití forzando al presidente Aristide a tomar el camino del exilio.

Ahora los modos de intervención son mucho más sutiles e indirectos. Al punto que, sobre la superficie, no existirían conflictos mayores entre Washington y América Latina, con la excepción de Venezuela. En los otros casos, Honduras y Paraguay, el imperio se limitó a mirar para otro lado cuando las fuerzas locales expulsaron por la vía “legal”, aunque ilegítima, a los presidentes Zelaya y Lugo. No tuvo la menor necesidad de intervenir.

Esto no quiere decir que Washington observe de brazos cruzados lo que sucede en su patio trasero. Interviene y mucho, pero de modo muy diferente. El caso de Brasil es el más transparente. Apoyó a la nueva derecha militante, formada en instituciones vinculadas a la derecha estadounidense. Esta derecha fue capaz de ganarle la calle a las izquierdas. Lo demás fue casi natural: promover la destitución de Dilma Rousseff, dejar que un verdadero corrupto desgobierne el país y sacar del medio al único líder que podría encarar un proyecto diferente.

A falta de burguesías con intereses nacionales, Washington cuenta en cada país con núcleos dóciles, interesados en apoyarse en el imperio para ocupar espacios de poder que, en el largo plazo, beneficiarán con creces a sus promotores. En el caso brasileño, el Pentágono está consiguiendo tres objetivos estratégicos: recuperar el control de la base satelital de Alcántara, neutralizar el programa de cazas de quinta generación con la sueca Saab y enlentecer hasta paralizar la construcción del primer submarino nuclear. Todo eso operando por lo bajo, a través de terceros que son los que dan la cara, como el juez Sergio Moro que procesó a Lula, y Kim Kataguiri, el líder del Movimiento Brasil Libre.

Hay un tema mayor, aunque bien sutil, que se escapa a este análisis y a las capacidades que hoy tenemos las izquierdas de comprender la realidad. Me refiero a las iglesias pentecostales. Salvo en México, donde el catolicismo es fuerza imbatible, en varios países como Colombia, Guatemala y Brasil (además de Chile y Uruguay), las iglesias evangélicas juegan un papel en el ascenso de las derechas duras. No es ni puede ser casualidad. Es una construcción de larga duración que comenzó a mediados del siglo pasado, que arraigó en algunos pequeños países centroamericanos y fue potenciada durante la Guerra Fría como forma de combatir a las comunidades eclesiales de base y a la teología de la liberación.

El último punto se relaciona con los objetivos inmediatos del gobierno de Donald Trump. Una vez domesticado el patio trasero, y sabiendo que cuenta con una cohorte de gobernantes sumisos, se trata ahora de usarlos como peones en su estrategia geopolítica consistente en contener a China y cercar a Rusia. Días atrás la agencia Reuters aseguraba que Donald Trump planea “exhortar a los líderes de América Latina durante la Cumbre de las Américas para que cooperen con EEUU en el ámbito comercial, en detrimento de China” (Sputnik, 7 de abril de 2018).

La Cumbre se celebrará en Lima del 13 al 14 de abril y los analistas estiman que los voceros de los Estados Unidos presionarán a los gobiernos de la región para que opten por los productos de su país y reduzcan las compras provenientes de Asia. Es la misma política que está aplicando con los países europeos. Puede chantajear a Brasil, por ejemplo, con las tasas impuestas a las importaciones de acero de este país.

Desde 2013 China es el primer socio comercial de Brasil, desplazando a Estados Unidos. Un viraje que siempre anuncia cambios mayores. La incógnita es qué camino tomarán las clases dominantes de una región que parece empeñada en seguir siendo el patio trasero del imperio.

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