“Nos quitaron tanto que ya no podemos soñar en paz”

El sofocante calor nos dejó inmóviles y no podíamos seguir nuestro camino... En ese momento el rancho era lo más valioso que teníamos; cuatro troncos clavados en la tierra eran la base de la estructura que nos cubría y servía para tener un poco de sombra. El techo estaba construido con una especie de paja. Me quedé observándola. Me dicen que es una caña que crece en el río y para trabajarla deben dejarla al sol para que se seque, luego, la organizan y tejen para que sirva como sombra.

Sentados en sillas de plástico, nos encontrábamos cuatro personas en silencio, esperando pacientes a que el sol bajara un poco. Yo era el único de la ciudad. Ellos, un niño de tres años que no hablaba español, Moisés Epiayu era su nombre, con sus pies descalzos jugaba con las piedras y su imaginación; Jaleth Epiayu, una joven de unos catorce años, vestía una manta verde con algunos tejidos en el cuello, era ella quien estaba pendiente del menor; Agustina Epiayu, la mayor de todos, tejía una mochila de varios colores. En sus manos se veía la experiencia. Mirada penetrante, a tal punto que parecía que al posar sus ojos sobre alguien veía hasta lo más profundo del alma; su cabeza canosa tenía los recuerdos más asombrosos de ese extraño territorio.

Estábamos sin agua y sin nada que comer. Rompí el silencio y pregunté, “¿falta mucho para llegar al resguardo?”, Agustina, detuvo su labor y se quedó mirándome con algo de gracia en su rostro: “la carretera en donde nos encontramos es la entrada del resguardo”, dijo. Me quede en silencio, pensativo, ¿cómo era posible que ese fuera el resguardo cuando llevábamos caminando más de una hora sin encontrar nada?, ¿era posible vivir en medio de cactus y arena? La mujer interrumpió mis pensamientos diciéndome “antes esta tierra era muy distinta, podía encontrar árboles y mucho verde, pero todo cambió cuando llegaron con sus máquinas y comenzaron a romper la tierra”.

 

Recuerdos de otro tiempo

 

La mujer se quedó mirando la tierra con tal nostalgia que me dejó mudo. Sus ojos brillantes parecían perdidos en otro tiempo, y aunque mirábamos la misma tierra, ella parecía que lograba verla como en el pasado, como cuando no era un árido desierto. Se acomodó en la silla y volvió al tejido de la mochila, en ese momento comenzó el relato que me contaría una pequeña parte del sufrimiento de su pueblo y su territorio.

“Aquí existimos desde el origen. Los primeros habitantes de mi pueblo bailaban, cantaban, reían y soñaban en estas tierras, de ellos venimos, por ellos nos mantenemos. Generación tras generación nuestra cultura pasa de unas a otras, nuestra lengua, nuestros tejidos, nuestros sueños. Hoy en día eso se está yendo. Así cómo ve el suelo, así está nuestra cultura, se está secando, se está muriendo, como también se está muriendo nuestro territorio.

Esa muerte tiene un culpable, o bueno, culpables que no son de aquí, que llegaron hace años desconociendo las leyes y costumbres que dejaron nuestros antepasados. Aquí usted podía encontrar cultivos, podía ver árboles grandísimos que nos servían para estos días de calor, veía los animales caminando tranquilos, pájaros volando y trinando; en el río podía pescar tranquilamente. Se vivía bien. Teníamos tierra, no había límites para caminar.

Por cultura, en nuestro pueblo siempre ha existido la distancia territorial entre familias; por esa época cada familia tenía su casa, de la otra, a una distancia importante. No quiere decir que no nos conocíamos, todo lo contrario, siempre nos estábamos visitando; celebrábamos nuestras fiestas, cultivábamos y teníamos lo necesario. Hoy ya nada es como en ese tiempo, no tenemos cultivos, tierra, ni siquiera agua”.

 

El motor de la destrucción

 

En ese momento Moisés se había quedado dormido en los brazos de su hermana, ella miraba hacia el horizonte y escuchaba la historia de su abuela, historia que de seguro ya conocía de memoria. Mi cuerpo sudaba por el intenso calor, miré al cielo pero no había ni una nube, el sol estaba en su máximo esplendor. Agustina siguió con su relato.

“Hace años comenzamos a sentir que llegaban carros y máquinas a diferentes partes del territorio”. Se quedó pensando y señaló hacia el norte. “Por allá, sí allá, fue la primera vez que los vimos, se veían a muchos kilómetros de aquí. Han pasado casi quince años de eso y hoy ya los tenemos a unos metros de nuestro resguardo, rompieron el suelo, acabaron con todo. La mina valía más que nosotros.

Como le dije, sabíamos que estaban en nuestra tierra, y un día llegaron unos hombres de la ciudad muy bien trajeados; pidieron reunirse con nuestros líderes y autoridades. Entonces se organizó la reunión y allí esos hombres empezaron a hablar de la razón de sus máquinas; decían que nos iban a traer beneficios; que gracias a las máquinas iba a llegar el progreso y podríamos vivir mejor. Nos pintaron un mundo muy distinto al nuestro y nosotros les creímos que era mejor”.

 

“Así empezó nuestra tragedia”

 

El sol había bajado un poco y decidimos volver a caminar rumbo al caserío. Así como su lento caminar, Agustina me seguía contando su historia, sus nietos siempre caminaron delante de nosotros.

“Al pasar el tiempo, la mina empezó a poner cercas a nuestro territorio, decían que ahora eran los propietarios de estas tierras, que las habían comprado. Siempre estuvimos callados, había quienes no estábamos de acuerdo con lo que estaba pasando, pero las autoridades decían que esa era parte de la tierra que necesitaban para sus proyectos, que pronto empezarían a llegar los beneficios, que solamente necesitábamos tener paciencia.

La mina empezó a crecer; cada día sentíamos cómo temblaba la tierra, pero no sabíamos lo que pasaba. Veíamos grandes nubes de humo a kilómetros de nuestras tierras, pero no le hacíamos mucho caso. Solo una persona fue capaz de ir a ver lo que estaba ocurriendo.

Eduardo era mi hijo mayor, a él siempre le gustó caminar día y noche nuestro territorio, caminaba hasta tan lejos que muchas veces regresaba a los tres o cuatro días, vivía muy feliz en esta tierra. Conocía tan bien cada camino que solo con ver la humareda podía saber de dónde salía; por su pensamiento siempre estaba rondando la curiosidad de ir a ver lo que ocurría en ese lugar. Un día se fue sin avisarnos, pues cada vez que tocaba el tema, en la casa le decíamos que era mejor no ir por allá, que no pensara en eso”.

La voz de Agustina se empezó a cortar, se le hizo un nudo en la garganta, siguió caminando sin hablar, yo la acompañaba en silencio. De pronto me contó: “un sueño me despertó esa noche, el espíritu que siempre nos habla me dijo que algo estaba mal, que mi hijo no estaba bien, que le iba a pasar algo y que así empezaría nuestra tragedia. Eduardo apareció muerto cinco días después, lo trajo el río de vuelta con dos disparos en la espalda”. En ese momento la mujer no pudo seguir hablando.

 

La mina dejó de ser amable

 

El resto del trayecto lo hicimos en silencio. Después de un rato aparecieron varias casitas de ladrillo pero no se veía gente. Agustina me llevó a una casa de donde salieron varias personas a recibirnos, todos hablaban en su lengua, no podía entender nada de lo que conversaban. En el lugar nos recibieron con chicha. Moisés y Jaleth nos dejaron y siguieron caminando hacia otra casa que estaba muy cerca. Yo me refrescaba con la bebida en medio de un idioma distinto.

Llegó la noche. En la casa solo tenían un pequeño bombillo que medio iluminaba la parte exterior; doña Agustina me llamó para seguir hablando, me senté en un banquito de madera y preste toda mi atención.

“Nunca respondieron por lo que le había pasado a mi hijo, decían que eso eran por problemas que tenía con otra gente, pero en el pueblo sabíamos que no era cierto, pues a Eduardo todo el mundo lo quería.

Cada día la mina se acercaba más a nosotros. Al poco tiempo escuchamos la primera explosión, el piso volvió a temblar con tanta fuerza que en varias casas sus paredes quedaron agrietadas. La humareda que salió al aire fue tan grande que empezó a venirse hacia nuestro resguardo; desde ahí empezamos a respirar el polvillo de esa mina.

A los pocos meses la gente se empezó a enfermar, los niños tenían tos y quienes vivían en dirección de la mina comenzaron a tener brotes y manchas en sus cuerpos. La tierra también empezó a enfermarse pues las matas se empezaron a secar; la siguiente cosecha de frutas salió dañada, dentro de cada fruta salía una cosa negra. No se salvó nada.

Las autoridades no aguantaron más lo que pasaba y llamaron a esos hombres, esta vez no llegaron tan amables como antes, ahora decían que nosotros solo traíamos problemas y pedíamos plata. Se negaron a escuchar y se fueron, nunca volvimos a hablar con ellos pero ellos no le dieron fin a sus planes”.

 

Nos quitaron todo

 

Una de las mujeres de la casa nos ofreció comida y el relato de la mujer fue interrumpido mientras comimos. Al terminar, doña Agustina siguió su historia.
“Con el pasar de los años la cerca de la mina empezó a llegar al borde de nuestros ranchos. Un día nos taparon los caminos tradicionales para recoger el agua del rio. En ese momento todo el pueblo salió a pedir una explicación y llegó una carta informando que esas tierras también las habían comprado, ahora eran propiedad privada y no podíamos pasar. La opción que nos dieron para el acceso al agua era mandar un camión con agua todos los días para así suplir las necesidades diarias.

Eso nos afectó toda nuestra forma de vida porque allí, en el río, era uno de los lugares donde teníamos toda nuestra vida; pescábamos, cocinábamos, recogíamos el agua para la casa, nos bañábamos, pasábamos parte del día ahí. Si usted insistía con ingresar a esa parte de nuestro territorio, le echaban la policía y el ejército”.

 

La gente se empezó a enfermar

 

“Desde pequeña mi mamá me enseñó a curar porque ella era curandera. A nosotros en los sueños nos hablan los espíritus que nacieron con nosotros, ellos nos dicen cómo trabajar con un enfermo, nos avisan cuando algo malo va a pasarle a la comunidad o a alguien en particular, pero eso cambió con la llegada de la mina porque con tanto ruido de las máquinas, explosiones y temblores de la tierra, soñar se volvió difícil. A tal punto había cambiado todo que ya era casi que imposible encontrar la manera de comunicarme con los espíritus, ellos están bravos con nosotros por haber permitido el daño a nuestra tierra; ya no pueden dormir tranquilos.

Pero la enfermedad avanzaba. El polvillo era continuo, los niños estaban empeorando. La gente me venía a buscar porque sabían que yo heredé los saberes de mí madre. Entonces yo salía a buscar la medicina para sanarles los males pero no la encontraba, es que ya no había nada, todo estaba seco, y pensar que antes nacían hasta en los patios”.

Doña Agustina me mira resignada y termina su historia diciéndome: “es que esa mina nos ha quitado tanto que ya ni podemos soñar tranquilos, ya nos quitó la manera de poder soñar en paz y todo eso pasa porque la gente tiene miedo de pronunciarse, tiene miedo de hablar, las amenazas llegaron, hay señalamientos, y la gente teme y prefiere quedarse callada”.
Un modelo que se profundiza

Cuando doña Agustina terminó de compartirme su historia de vida, la historia propia y la de su pueblo, pensé que la tragedia que desde hace años padecen los wayúu a manos de Cerrejón, de igual manera la viven otros muchos pueblos y comunidades a lo largo y ancho de nuestro país.

Mirando a doña Agustina, en medio de la noche que ahora nos daba un respiro, concluí que los wayúu son un pueblo ocupado, un pueblo violentado hasta el extremo de no poder vivir un pueblo que perdió su tierra y su territorio. Y tienen a su enemigo ahí, al frente, el cual cuenta con todo el favor del poder que reside en Bogotá, pero también en Riohacha, en Cartagena... un poder que miente, que manipula, que amenaza y que, cuando es necesario, mete policía y mete ejército.

Mientras estos pensamientos me rondaban miraba con cuidado a mi alrededor, y nuevos pensamientos me cubrieron, entre ellos el recuerdo de que al poder es posible vencerlo, recordé que en varios pueblos de Colombia sus habitantes decidieron, con imaginación y convicción, decirle ¡basta! a la explotación minera, y ahora respiran con algo de tranquilidad; han ganado una batalla pero las multinacionales volverán a atacar, con el favor del gobierno, por otros frentes. Ellas son insaciables. El gobierno también.

Lo único que los parará definitivamente será la unión de todos en pos de un propósito común: proteger sus territorios, que es uno sólo, proteger sus vidas, que es una sola, así en apariencia parezcamos distintos. Unión con imaginación, unión con creatividad, unión por la vida.

Al terminar de pensar esto miré a doña Agustina y detallé que había terminado de tejer su mochila. Yo también había tejido la mia, dejando hilos sueltos para jalar de ellos, por parte de quien quisiera, en procura de una mochila tan grande como todo nuestro país, como la defensa de un presente con futuro, cimentado en el pasado, también lleno de luchas, de derrotas y de triunfos, finalmente de triunfos.

 

Edición completa periódico desdeabajo N°241

noviembre 20 - diciembre 20 de 2017

Publicado enColombia
Sábado, 25 Noviembre 2017 08:33

Al pueblo wayúu se le agota el tiempo

Al pueblo wayúu se le agota el tiempo

La falta de agua y alimentos, los químicos tóxicos que inunda el aire, la precaria o ausencia evidente de atención médica, la privatización de diversas fuentes naturales de agua, la ocupación del territorio que siempre les dio albergue, todo esto es mucho más hace parte de la realidad que vive el pueblo wayúu desde tres décadas y media, cuando Cerrejón Limited, como maldición, llegó a este territorio. Evidencias de esta realidad.

 

“[...] afirman que lo único que se da bien, y ya ni siquiera, en La Wajira, es la marimba, que lo único que este territorio da con generosidad es el carbón, ese sí lo aprecian”1.

Difícil imaginar pero es realidad. La Wuajira, territorio norte de Colombia, que en muchas estampas aparece como territorio turístico y por gozar, según ciertos estudios pierde su categoría de departamento para registrar como un complejo minero, el cual al 2016, según la Agencia Nacional de Minas, cuenta con 63 títulos mineros de los cuales 53 están vigentes y 10 son autorizaciones temporales. A la espera hay 151 solicitudes de contratos para concesiones y autorizaciones temporales, además de 47 solicitudes de legalización, mientras que solo hay 8 áreas de reserva especial en trámite y 0 declaradas. Las consecuencias de esta realidad, acumuladas en 36 años de presencia de la multinacional Cerrejón Limited están a la vista:

De acuerdo con los informes epidemiológicos presentados cada semana por la Secretaría de Salud y la Administración Temporal del Sector Salud de La Guajira, las cifras de niños muertos por desnutrición aguda en el 2017 van así: 32 del 1 de enero al 7 de octubre de 2017 (Ver imagen 1), y 26 del 1 de enero al 28 de octubre2 (Ver imagen 2). ¿Por qué esto? Por la constante alteración de las cifras, a conveniencia de un Estado ausente y de la insaciable, expansiva y voraz multinacional Cerrejón Limited, responsables de la miseria que desde hace 36 años ahoga a la capital indígena del país.

Estas cifras despiertan una pregunta aún más acuciante, ¿cuántos niños han muerto en los últimos años por desnutrición? Al respecto las cifras tampoco son claras. De acuerdo al Plan de Desarrollo Departamental para La Guajira 2016-2019, durante el año 2014 se reportaron 48 casos, 37 en el 2015 y para abril de 2016 la cuenta iba en 19 casos reportados ante el Instituto Nacional de Salud, sumando un total de 109 decesos en estos tres años. Mientras las cifras de 2017 oscilan según la conveniencia de las instituciones responsables.

La desnutrición es solo una de las causas de estas muertes; enfermedades respiratorias y diarreicas agudas y ETA (Enfermedades transmitidas por alimentos o agua), son otras de las causas, pero las cifras de casos reportados ante alguna IPS-EPS no alcanzan a dimensionar la realidad del pueblo wayúu. La Secretaría de Salud del departamento aún no es clara en sus informes al momento de diferenciar las cifras y las causas de las muertes, de los casos que pueden ser tratados.

Lo más grave del asunto es la sospecha de que las cifras de muertes de niños, mujeres, hombres y ancianos son muchísimo más altas. Para las instituciones encargadas de esta tragedia, al parecer, todo se reduce a una cifra, sin reparar en que sus causas son predecibles y reversibles, muertes que no solo afectan a personas y sus familias, sino a todo un pueblo, el cual languidece, muere lenta pero continuamente.

Prueba de lo anotado son los mapas adjuntos: el Nº 1 hace referencia a los puestos de salud (verde), a los centros de salud (rojo) y a las zonas donde no hay ningún tipo de cobertura médica (azul). El Nº 2, muestra las zonas pobladas del departamento (puntos negros).

Precariedad evidente. Si las cifras oficiales de muertes y casos de enfermedades graves son alarmantes, no hay duda de que la realidad es mucho peor, mucho más cuando las instituciones encargadas no logran dar cuenta de los casos de muertes por desnutrición, nacidos con bajo peso, madres que mueren durante el parto, abortos espontáneos y demás, porque estas personas no tienen la capacidad económica para llegar a una IPS-EPS, para ser atendidos y así ser identificados y, por tanto, reportados.

 

A esto se suma que la muerte de niñas y niños, la falta de agua y alimentos y las precarias condiciones de vida de los wayúu no sea una novedad para el país mediático. El cubrimiento de los medios oficiosos de comunicación, reduce esta realidad a causas como las fuertes temperaturas, la “invasión” por parte de los venezolanos e incluso a los hábitos de vida de los indígenas. En el mejor de los casos, medios como Semana, cuestionan la actividad carbonífera de Cerrejón y sus consecuencias ambientales, culturales y sociales, para al final celebrar los beneficios para la economía colombiana gracias a la explotación y exportación de este mineral.

 

Ahora bien, ¿por qué la incoherencia de los informes presentados hasta la fecha? El Estado colombiano, la gobernación y las alcaldías de los municipios guajiros, bastante temor tienen de que el país haga consciente de lo que ya es un secreto a voces. Además, este departamento no es importante por ser la cuna indígena del país o por ser uno de los territorios más áridos de Colombia, sino por lo que durante siglos ha preservado su subsuelo: una gran riqueza carbonífera, desde hace casi 4 décadas en manos de una multinacional, que con el silencio cómplice del Estado criollo, poco o nada se preocupan por la calidad de vida de las comunidades indígenas vecinas a la décima mina a cielo abierto más grande del mundo, Cerrejón Limited.

Esta multinacional llegó con la promesa de llevar desarrollo y progreso a todo el departamento de La Guajira, con el ideal que una vez Colombia ingresara a la lista de países exportadores de carbón, por fin la pobreza y la falta de oportunidades serían cosa del pasado. Se encontraron con comunidades indígenas dispersas a lo largo y ancho del territorio, con grandes cantidades de chivos que corrían por todas partes, y con arroyos de agua grandes y pequeños, nacientes del río Ranchería; de donde tomaban el agua sin ningún control; estas y demás tradiciones indígenas iban en contravía de la mina.

Pero tal como lo dicta el cliché de colono, Cerrejón llegó despojando, bloqueando, cercando, usurpando y generando terror con las fuertes detonaciones y el movimiento de las maquinarias, en el territorio que el gobierno nacional le puso en bandeja de plata. Todo el proceso de instalación fue una mala sorpresa para los wayúu: en ningún momento les consultaron si estaban de acuerdo con que su territorio fuera explorado y sucesivamente explotado. Fue este el más claro ejemplo de las garantías que brinda el Estado colombiano a las comunidades indígenas, afro, campesinas y demás, reafirmando por vía directa que todo aquello existente en el subsuelo es propiedad del Estado, quien define cómo, cuándo y qué hacer. Una política que atenta contra la vida de cualquier connacional.
Hoy, más de 30 años después, los wayúu mueren lentamente como consecuencia del fenómeno extractivista, proceso que está por encima de cualquier costumbre, tradición y forma de vida. Oficialmente, Cerrejón cuenta con 69,364 mil hectáreas donde puede llevar a cabo sus exploraciones y explotaciones, empero la realidad da la idea de que son más. Desde que está presente en el departamento, muchas comunidades del norte, sur, oriente y occidente del departamento, fueron y están siendo reasentadas, porque en sus territorios ancestrales se halla el carbón que con tanta sed persigue Cerrejón Limited.

La cuna del gran socavón. Maicao, Barrancas, Hatonuevo y Albania son los municipios donde Cerrejón tiene más comprometido el subsuelo–donde al menos existen 60 mil habitantes–, de donde extrajo 32,4 millones de toneladas de carbón3, de las 49.000 toneladas que Colombia exportó en el 2016 (Ver imagen 3).

Para algunos, el empresariado, las clases dominantes y los políticos de oficio, estas cifras son motivo de orgullo y satisfacción, pero para los wayúu son de tragedia, las comunidades reasentadas así lo testimonian. El turno llega para el resguardo Tamaquitos II, cuyos integrantes se enfrentaban a un reasentamiento obligado.

Según estándares internacionales esto es de mostrar (¡?). El pasado 23 de octubre el ranking Merco Talento 20174 ascendió a la multinacional del puesto 62, que ocupó en el 2016, al puesto 27. A su vez, con respecto a ranking de Merco Empresas 2017, la multinacional pasó de ocupar el puesto 79 al 77 en igual periodo de tiempo. Ambos rankings dan por hecho que Cerrejón Limited ha mejorado su reputación e implementación de “buenas prácticas” en el territorio intervenido.(Ver imagen 4).

“Hemos estado por más de tres décadas en La Guajira bajo la premisa de construir relaciones transparentes con nuestros grupos de interés, ser un buen empleador, cumplir con la ley y aplicar los más altos estándares sociales y ambientales. Al tiempo de posicionarnos como un productor y exportador de carbón líder a nivel mundial, estamos enfocados en continuar siendo un aliado clave para el progreso y desarrollo sostenible de La Guajira, fortaleciendo las capacidades entre sus autoridades y comunidades para que lideren las transformaciones sociales de su territorio” dijo, ante la noticia del ranking, la vicepresidente de Asuntos Públicos y Comunicaciones, Lina Echeverri.

Los boletines de prensa de la multinacional, sin descanso y reflejando su lejana percepción de lo indígena, enfatizan el compromiso que tienen con el pueblo wayúu y el medio ambiente. Noticias como la reducción en un 69 por ciento del consumo de agua potable desde el 2009, evidencia un supuesto compromiso serio con el territorio que tanta riqueza le ha dado. Aseguran que el 93 por ciento del agua que utilizan proviene de las aguas lluvias, siendo de mala calidad y no apta para el consumo humano, animal o para el riego de cultivos; aclarando que esta nunca tiene contacto con los acuíferos de los ríos y, por ende, no se contamina el agua que consumen quienes habitan los resguardos.

La cuestión es que esta lluvia de la que habla Cerrejón no es exclusiva para ellos, cae sobre todo el territorio guajiro, contaminando no solo cada cuerpo de agua existente, sino también el aire, situación que enferma a niños, adultos y ancianos; sin contar con los daños colaterales que surte en los pocos cultivos que actualmente pueden sembrar las comunidades. Es esta una razón más por lo que los informes de morbilidad y mortalidad en el departamento son tan imprecisos.

 

La disputa por el agua

 

“–Entre las formas de exterminar un pueblo la más indigna es ahogarlo en su sed. Cuando se quita la única fuente de agua, la conexión con la vida, ¿qué se hace?”5.


Lo que hace décadas fue el descubrimiento del más grande tesoro en Colombia, es hoy para el pueblo wayúu su sentencia de muerte. Así lo certifica la intervención de sus territorios, el despojo de la tierra que les brindaba la vida, la afectación de sus fuentes de agua, el reasentamiento de los pobladores de varios resguardos –llevados a vivir en condiciones que no dan cuenta de sus tradiciones–, la contaminación ambiental que les propicia diversidad de enfermedades, las presiones psicológicas a las que son sometidos, las que llevan a no pocos de sus jóvenes y adultos al suicidio.
En estas circunstancias, los wayúu viven como un pueblo copado, presos dentro de lo que antes era su territorio, sometidos a los dictámenes e intereses de una multinacional que obra con total amparo del Estado central y regional. Es así como Cerrejón no solo es dueño de cada piedra, cactus y gramo de arena que hay dentro y alrededor de la mina, sino que también se siente con el derecho sobre cada gota de agua que se da en el territorio.

Para la muestra más de un botón. Para el 2016, la multinacional había desviado más de 17 cuerpos de agua, y además inició estudios y obras para la desviación de uno de los arroyos más importantes para el norte de La Wajira: el arroyo Bruno. Las comunidades afectadas realizaron diversas acciones en defensa de su fuente de vida, una de ellas, la recolección de 35.000 firmas en contra del desvío, lo que logró eco a nivel nacional e internacional; firmas que fueron entregadas el 1 de diciembre de 2016 ante la Corte Constitucional quien falló a favor de más de 12.000 indígenas que se verían afectados por tal acción. Sin embargo, Cerrejón continúa con sus labores de desvío, porque los 35 millones de toneladas de carbón que guarda el arroyo bajo su lecho es una de sus más grandes excavaciones, mientras la justicia colombiana se hace la de la vista y oídos sordos.

La Wajira como territorio de enclave

De acuerdo al censo del 2005, quienes se reconocen como pertenecientes al pueblo wayúu suman 270.413, de ellas 132.180 hombres y 138.233 mujeres, decidiéndolos como el pueblo indígena más numeroso del país. Sin embargo, el Plan de Desarrollo para La Guajira 2016-2019 reconoce que los wayúu integran 800.000 personas, lo que sugiere que hay 520.000 indígenas no reconocidos por el Estado colombiano.

Hoy por hoy no es Cerrejón quien invade el territorio de La Guajira, según el crecimiento de la multinacional, son los wayúu, mestizos y afro que están en las zonas donde la multinacional pretende ingresar, con lo cual el patrimonio cultural y espiritual prosigue e incrementa su inminente riesgo de desaparecer bajo los intereses privados. La Guajira pierde su categoría de departamento para registrar como un complejo minero, el cual al 2016, según la Agencia Nacional de Minas, cuenta con 63 títulos mineros de los cuales 53 están vigentes y 10 son autorizaciones temporales. A la espera hay 151 solicitudes de contratos para concesiones y autorizaciones temporales, además de 47 solicitudes de legalización, mientras que solo hay 8 áreas de reserva especial en trámite y 0 declaradas. (Ver imagen 6).

Rezan las políticas de producción y de “buenas prácticas” de Cerrejón Limited, que una vez terminadas las 3 etapas para la extracción del carbón, avanzan en un proceso de rehabilitación de tierras, el cual promete conformar y estabilizar un nuevo suelo, con el objetivo de que en “unos pocos” años nazcan bosques similares a los existentes. Esta política les ha merecido reconocimientos a nivel mundial, por ser pioneros en tal iniciativa.

“Cuando la actividad minera concluya en el futuro, quisiéramos ver este laboratorio de bosque seco tropical desarrollado por Cerrejón, convertido en elemento fundamental dentro de la estructura ecológica principal de La Guajira, que garantice la provisión de servicios ecosistémicos y sustente la prosperidad de este noble departamento”, dijo León Teicher Grauman, expresidente de Cerrejón Limited. En caso de que esto sea real, ni una sola hectárea será habitada por el pueblo wayúu, será territorio privado.

Al gobierno colombiano le basta con que Cerrejón se quede en el decir y no hacer. Existen estudios mundiales que comprueban científicamente que una vez concluyen las actividades mineras en un suelo, éste no queda saludable, en pocas palabras, muere. La deforestación, la contaminación del agua y el aire, el exterminio de fauna y flora y pueblos originarios, no son costos que justifican las miles y miles de toneladas de mineral –en este caso carbón– exportadas.

Un S.O.S por La Wajira

Desde hace años el pueblo wayúu dijo ¡basta!, entendieron que la minería los está matando y que si Cerrejón sigue en su territorio hasta el 2034, como está previsto, entonces el pueblo wayúu habrá desaparecido y la tierra será un gran hueco que, producto del calentamiento global, se convertirá en una gran laguna.
La realidad que sobrelleva el pueblo wayúu, la invasión de su territorio y la violación de sus derechos, exige voces de lucha que denuncien la complicidad del gobierno nacional en este genocidio; voces que exijan que se reconozca la grave situación que viven miles de personas, seres humanos ahogados en su sed y en su hambre, usurpados de su territorio e identidad más profunda, aprisionados y controlados para que no alteren el orden minero.

Tras más de 30 años de este criminal proceder, donde están unidos capital privado y un Estado que no prioriza a los suyos, es el momento de trascender las denuncias y poner en marcha acciones que realmente obliguen a las instituciones responsables a dejar a un lado su pasividad, mediocridad e intereses espurios, y detengan el etnocidio que está en marcha en esta parte del país.

 

1 El Palabrero. Philip Potdevin.
2 http://salud-laguajira.gov.co/apc-aa-files/34386462396137383366373566323165/boletin-epidemiologico-semanal-no.-42-la-guajira-2017.pdf
3 Exportaciones de carbón del Cerrejón superaron 32 millones toneladas: http://www.eltiempo.com/economia/sectores/balance-de-las-exportaciones-de-carbon-del-cerrejon-en-el-2016-35297
4 http://www.merco.info/co/ranking-merco-talento
5 El Palabrero, Philip Potdevin.

 

Edición completa periódico desdeabajo N°241

noviembre 20 - diciembre 20 de 2017

Publicado enColombia
Jueves, 23 Noviembre 2017 12:01

Al pueblo wayúu se le agota el tiempo

Al pueblo wayúu se le agota el tiempo

La falta de agua y alimentos, los químicos tóxicos que inunda el aire, la precaria o ausencia evidente de atención médica, la privatización de diversas fuentes naturales de agua, la ocupación del territorio que siempre les dio albergue, todo esto es mucho más hace parte de la realidad que vive el pueblo wayúu desde tres décadas y media, cuando Cerrejón Limited, como maldición, llegó a este territorio. Evidencias de esta realidad.

 

“[...] afirman que lo único que se da bien, y ya ni siquiera, en La Wajira, es la marimba, que lo único que este territorio da con generosidad es el carbón, ese sí lo aprecian”1.

Difícil imaginar pero es realidad. La Wuajira, territorio norte de Colombia, que en muchas estampas aparece como territorio turístico y por gozar, según ciertos estudios pierde su categoría de departamento para registrar como un complejo minero, el cual al 2016, según la Agencia Nacional de Minas, cuenta con 63 títulos mineros de los cuales 53 están vigentes y 10 son autorizaciones temporales. A la espera hay 151 solicitudes de contratos para concesiones y autorizaciones temporales, además de 47 solicitudes de legalización, mientras que solo hay 8 áreas de reserva especial en trámite y 0 declaradas. Las consecuencias de esta realidad, acumuladas en 36 años de presencia de la multinacional Cerrejón Limited están a la vista:

De acuerdo con los informes epidemiológicos presentados cada semana por la Secretaría de Salud y la Administración Temporal del Sector Salud de La Guajira, las cifras de niños muertos por desnutrición aguda en el 2017 van así: 32 del 1 de enero al 7 de octubre de 2017 (Ver imagen 1), y 26 del 1 de enero al 28 de octubre2 (Ver imagen 2). ¿Por qué esto? Por la constante alteración de las cifras, a conveniencia de un Estado ausente y de la insaciable, expansiva y voraz multinacional Cerrejón Limited, responsables de la miseria que desde hace 36 años ahoga a la capital indígena del país.

Estas cifras despiertan una pregunta aún más acuciante, ¿cuántos niños han muerto en los últimos años por desnutrición? Al respecto las cifras tampoco son claras. De acuerdo al Plan de Desarrollo Departamental para La Guajira 2016-2019, durante el año 2014 se reportaron 48 casos, 37 en el 2015 y para abril de 2016 la cuenta iba en 19 casos reportados ante el Instituto Nacional de Salud, sumando un total de 109 decesos en estos tres años. Mientras las cifras de 2017 oscilan según la conveniencia de las instituciones responsables.

La desnutrición es solo una de las causas de estas muertes; enfermedades respiratorias y diarreicas agudas y ETA (Enfermedades transmitidas por alimentos o agua), son otras de las causas, pero las cifras de casos reportados ante alguna IPS-EPS no alcanzan a dimensionar la realidad del pueblo wayúu. La Secretaría de Salud del departamento aún no es clara en sus informes al momento de diferenciar las cifras y las causas de las muertes, de los casos que pueden ser tratados.

Lo más grave del asunto es la sospecha de que las cifras de muertes de niños, mujeres, hombres y ancianos son muchísimo más altas. Para las instituciones encargadas de esta tragedia, al parecer, todo se reduce a una cifra, sin reparar en que sus causas son predecibles y reversibles, muertes que no solo afectan a personas y sus familias, sino a todo un pueblo, el cual languidece, muere lenta pero continuamente.

Prueba de lo anotado son los mapas adjuntos: el Nº 1 hace referencia a los puestos de salud (verde), a los centros de salud (rojo) y a las zonas donde no hay ningún tipo de cobertura médica (azul). El Nº 2, muestra las zonas pobladas del departamento (puntos negros).

Precariedad evidente. Si las cifras oficiales de muertes y casos de enfermedades graves son alarmantes, no hay duda de que la realidad es mucho peor, mucho más cuando las instituciones encargadas no logran dar cuenta de los casos de muertes por desnutrición, nacidos con bajo peso, madres que mueren durante el parto, abortos espontáneos y demás, porque estas personas no tienen la capacidad económica para llegar a una IPS-EPS, para ser atendidos y así ser identificados y, por tanto, reportados.

 

A esto se suma que la muerte de niñas y niños, la falta de agua y alimentos y las precarias condiciones de vida de los wayúu no sea una novedad para el país mediático. El cubrimiento de los medios oficiosos de comunicación, reduce esta realidad a causas como las fuertes temperaturas, la “invasión” por parte de los venezolanos e incluso a los hábitos de vida de los indígenas. En el mejor de los casos, medios como Semana, cuestionan la actividad carbonífera de Cerrejón y sus consecuencias ambientales, culturales y sociales, para al final celebrar los beneficios para la economía colombiana gracias a la explotación y exportación de este mineral.

 

Ahora bien, ¿por qué la incoherencia de los informes presentados hasta la fecha? El Estado colombiano, la gobernación y las alcaldías de los municipios guajiros, bastante temor tienen de que el país haga consciente de lo que ya es un secreto a voces. Además, este departamento no es importante por ser la cuna indígena del país o por ser uno de los territorios más áridos de Colombia, sino por lo que durante siglos ha preservado su subsuelo: una gran riqueza carbonífera, desde hace casi 4 décadas en manos de una multinacional, que con el silencio cómplice del Estado criollo, poco o nada se preocupan por la calidad de vida de las comunidades indígenas vecinas a la décima mina a cielo abierto más grande del mundo, Cerrejón Limited.

Esta multinacional llegó con la promesa de llevar desarrollo y progreso a todo el departamento de La Guajira, con el ideal que una vez Colombia ingresara a la lista de países exportadores de carbón, por fin la pobreza y la falta de oportunidades serían cosa del pasado. Se encontraron con comunidades indígenas dispersas a lo largo y ancho del territorio, con grandes cantidades de chivos que corrían por todas partes, y con arroyos de agua grandes y pequeños, nacientes del río Ranchería; de donde tomaban el agua sin ningún control; estas y demás tradiciones indígenas iban en contravía de la mina.

Pero tal como lo dicta el cliché de colono, Cerrejón llegó despojando, bloqueando, cercando, usurpando y generando terror con las fuertes detonaciones y el movimiento de las maquinarias, en el territorio que el gobierno nacional le puso en bandeja de plata. Todo el proceso de instalación fue una mala sorpresa para los wayúu: en ningún momento les consultaron si estaban de acuerdo con que su territorio fuera explorado y sucesivamente explotado. Fue este el más claro ejemplo de las garantías que brinda el Estado colombiano a las comunidades indígenas, afro, campesinas y demás, reafirmando por vía directa que todo aquello existente en el subsuelo es propiedad del Estado, quien define cómo, cuándo y qué hacer. Una política que atenta contra la vida de cualquier connacional.
Hoy, más de 30 años después, los wayúu mueren lentamente como consecuencia del fenómeno extractivista, proceso que está por encima de cualquier costumbre, tradición y forma de vida. Oficialmente, Cerrejón cuenta con 69,364 mil hectáreas donde puede llevar a cabo sus exploraciones y explotaciones, empero la realidad da la idea de que son más. Desde que está presente en el departamento, muchas comunidades del norte, sur, oriente y occidente del departamento, fueron y están siendo reasentadas, porque en sus territorios ancestrales se halla el carbón que con tanta sed persigue Cerrejón Limited.

La cuna del gran socavón. Maicao, Barrancas, Hatonuevo y Albania son los municipios donde Cerrejón tiene más comprometido el subsuelo–donde al menos existen 60 mil habitantes–, de donde extrajo 32,4 millones de toneladas de carbón3, de las 49.000 toneladas que Colombia exportó en el 2016 (Ver imagen 3).

Para algunos, el empresariado, las clases dominantes y los políticos de oficio, estas cifras son motivo de orgullo y satisfacción, pero para los wayúu son de tragedia, las comunidades reasentadas así lo testimonian. El turno llega para el resguardo Tamaquitos II, cuyos integrantes se enfrentaban a un reasentamiento obligado.

Según estándares internacionales esto es de mostrar (¡?). El pasado 23 de octubre el ranking Merco Talento 20174 ascendió a la multinacional del puesto 62, que ocupó en el 2016, al puesto 27. A su vez, con respecto a ranking de Merco Empresas 2017, la multinacional pasó de ocupar el puesto 79 al 77 en igual periodo de tiempo. Ambos rankings dan por hecho que Cerrejón Limited ha mejorado su reputación e implementación de “buenas prácticas” en el territorio intervenido.(Ver imagen 4).

“Hemos estado por más de tres décadas en La Guajira bajo la premisa de construir relaciones transparentes con nuestros grupos de interés, ser un buen empleador, cumplir con la ley y aplicar los más altos estándares sociales y ambientales. Al tiempo de posicionarnos como un productor y exportador de carbón líder a nivel mundial, estamos enfocados en continuar siendo un aliado clave para el progreso y desarrollo sostenible de La Guajira, fortaleciendo las capacidades entre sus autoridades y comunidades para que lideren las transformaciones sociales de su territorio” dijo, ante la noticia del ranking, la vicepresidente de Asuntos Públicos y Comunicaciones, Lina Echeverri.

Los boletines de prensa de la multinacional, sin descanso y reflejando su lejana percepción de lo indígena, enfatizan el compromiso que tienen con el pueblo wayúu y el medio ambiente. Noticias como la reducción en un 69 por ciento del consumo de agua potable desde el 2009, evidencia un supuesto compromiso serio con el territorio que tanta riqueza le ha dado. Aseguran que el 93 por ciento del agua que utilizan proviene de las aguas lluvias, siendo de mala calidad y no apta para el consumo humano, animal o para el riego de cultivos; aclarando que esta nunca tiene contacto con los acuíferos de los ríos y, por ende, no se contamina el agua que consumen quienes habitan los resguardos.

La cuestión es que esta lluvia de la que habla Cerrejón no es exclusiva para ellos, cae sobre todo el territorio guajiro, contaminando no solo cada cuerpo de agua existente, sino también el aire, situación que enferma a niños, adultos y ancianos; sin contar con los daños colaterales que surte en los pocos cultivos que actualmente pueden sembrar las comunidades. Es esta una razón más por lo que los informes de morbilidad y mortalidad en el departamento son tan imprecisos.

 

La disputa por el agua

 

“–Entre las formas de exterminar un pueblo la más indigna es ahogarlo en su sed. Cuando se quita la única fuente de agua, la conexión con la vida, ¿qué se hace?”5.


Lo que hace décadas fue el descubrimiento del más grande tesoro en Colombia, es hoy para el pueblo wayúu su sentencia de muerte. Así lo certifica la intervención de sus territorios, el despojo de la tierra que les brindaba la vida, la afectación de sus fuentes de agua, el reasentamiento de los pobladores de varios resguardos –llevados a vivir en condiciones que no dan cuenta de sus tradiciones–, la contaminación ambiental que les propicia diversidad de enfermedades, las presiones psicológicas a las que son sometidos, las que llevan a no pocos de sus jóvenes y adultos al suicidio.
En estas circunstancias, los wayúu viven como un pueblo copado, presos dentro de lo que antes era su territorio, sometidos a los dictámenes e intereses de una multinacional que obra con total amparo del Estado central y regional. Es así como Cerrejón no solo es dueño de cada piedra, cactus y gramo de arena que hay dentro y alrededor de la mina, sino que también se siente con el derecho sobre cada gota de agua que se da en el territorio.

Para la muestra más de un botón. Para el 2016, la multinacional había desviado más de 17 cuerpos de agua, y además inició estudios y obras para la desviación de uno de los arroyos más importantes para el norte de La Wajira: el arroyo Bruno. Las comunidades afectadas realizaron diversas acciones en defensa de su fuente de vida, una de ellas, la recolección de 35.000 firmas en contra del desvío, lo que logró eco a nivel nacional e internacional; firmas que fueron entregadas el 1 de diciembre de 2016 ante la Corte Constitucional quien falló a favor de más de 12.000 indígenas que se verían afectados por tal acción. Sin embargo, Cerrejón continúa con sus labores de desvío, porque los 35 millones de toneladas de carbón que guarda el arroyo bajo su lecho es una de sus más grandes excavaciones, mientras la justicia colombiana se hace la de la vista y oídos sordos.

La Wajira como territorio de enclave

De acuerdo al censo del 2005, quienes se reconocen como pertenecientes al pueblo wayúu suman 270.413, de ellas 132.180 hombres y 138.233 mujeres, decidiéndolos como el pueblo indígena más numeroso del país. Sin embargo, el Plan de Desarrollo para La Guajira 2016-2019 reconoce que los wayúu integran 800.000 personas, lo que sugiere que hay 520.000 indígenas no reconocidos por el Estado colombiano.

Hoy por hoy no es Cerrejón quien invade el territorio de La Guajira, según el crecimiento de la multinacional, son los wayúu, mestizos y afro que están en las zonas donde la multinacional pretende ingresar, con lo cual el patrimonio cultural y espiritual prosigue e incrementa su inminente riesgo de desaparecer bajo los intereses privados. La Guajira pierde su categoría de departamento para registrar como un complejo minero, el cual al 2016, según la Agencia Nacional de Minas, cuenta con 63 títulos mineros de los cuales 53 están vigentes y 10 son autorizaciones temporales. A la espera hay 151 solicitudes de contratos para concesiones y autorizaciones temporales, además de 47 solicitudes de legalización, mientras que solo hay 8 áreas de reserva especial en trámite y 0 declaradas. (Ver imagen 6).

Rezan las políticas de producción y de “buenas prácticas” de Cerrejón Limited, que una vez terminadas las 3 etapas para la extracción del carbón, avanzan en un proceso de rehabilitación de tierras, el cual promete conformar y estabilizar un nuevo suelo, con el objetivo de que en “unos pocos” años nazcan bosques similares a los existentes. Esta política les ha merecido reconocimientos a nivel mundial, por ser pioneros en tal iniciativa.

“Cuando la actividad minera concluya en el futuro, quisiéramos ver este laboratorio de bosque seco tropical desarrollado por Cerrejón, convertido en elemento fundamental dentro de la estructura ecológica principal de La Guajira, que garantice la provisión de servicios ecosistémicos y sustente la prosperidad de este noble departamento”, dijo León Teicher Grauman, expresidente de Cerrejón Limited. En caso de que esto sea real, ni una sola hectárea será habitada por el pueblo wayúu, será territorio privado.

Al gobierno colombiano le basta con que Cerrejón se quede en el decir y no hacer. Existen estudios mundiales que comprueban científicamente que una vez concluyen las actividades mineras en un suelo, éste no queda saludable, en pocas palabras, muere. La deforestación, la contaminación del agua y el aire, el exterminio de fauna y flora y pueblos originarios, no son costos que justifican las miles y miles de toneladas de mineral –en este caso carbón– exportadas.

Un S.O.S por La Wajira

Desde hace años el pueblo wayúu dijo ¡basta!, entendieron que la minería los está matando y que si Cerrejón sigue en su territorio hasta el 2034, como está previsto, entonces el pueblo wayúu habrá desaparecido y la tierra será un gran hueco que, producto del calentamiento global, se convertirá en una gran laguna.
La realidad que sobrelleva el pueblo wayúu, la invasión de su territorio y la violación de sus derechos, exige voces de lucha que denuncien la complicidad del gobierno nacional en este genocidio; voces que exijan que se reconozca la grave situación que viven miles de personas, seres humanos ahogados en su sed y en su hambre, usurpados de su territorio e identidad más profunda, aprisionados y controlados para que no alteren el orden minero.

Tras más de 30 años de este criminal proceder, donde están unidos capital privado y un Estado que no prioriza a los suyos, es el momento de trascender las denuncias y poner en marcha acciones que realmente obliguen a las instituciones responsables a dejar a un lado su pasividad, mediocridad e intereses espurios, y detengan el etnocidio que está en marcha en esta parte del país.

 

1 El Palabrero. Philip Potdevin.
2 http://salud-laguajira.gov.co/apc-aa-files/34386462396137383366373566323165/boletin-epidemiologico-semanal-no.-42-la-guajira-2017.pdf
3 Exportaciones de carbón del Cerrejón superaron 32 millones toneladas: http://www.eltiempo.com/economia/sectores/balance-de-las-exportaciones-de-carbon-del-cerrejon-en-el-2016-35297
4 http://www.merco.info/co/ranking-merco-talento
5 El Palabrero, Philip Potdevin.

Publicado enEdición Nº241
“Nos quitaron tanto que ya no podemos soñar en paz”

El sofocante calor nos dejó inmóviles y no podíamos seguir nuestro camino... En ese momento el rancho era lo más valioso que teníamos; cuatro troncos clavados en la tierra eran la base de la estructura que nos cubría y servía para tener un poco de sombra. El techo estaba construido con una especie de paja. Me quedé observándola. Me dicen que es una caña que crece en el río y para trabajarla deben dejarla al sol para que se seque, luego, la organizan y tejen para que sirva como sombra.

Sentados en sillas de plástico, nos encontrábamos cuatro personas en silencio, esperando pacientes a que el sol bajara un poco. Yo era el único de la ciudad. Ellos, un niño de tres años que no hablaba español, Moisés Epiayu era su nombre, con sus pies descalzos jugaba con las piedras y su imaginación; Jaleth Epiayu, una joven de unos catorce años, vestía una manta verde con algunos tejidos en el cuello, era ella quien estaba pendiente del menor; Agustina Epiayu, la mayor de todos, tejía una mochila de varios colores. En sus manos se veía la experiencia. Mirada penetrante, a tal punto que parecía que al posar sus ojos sobre alguien veía hasta lo más profundo del alma; su cabeza canosa tenía los recuerdos más asombrosos de ese extraño territorio.

Estábamos sin agua y sin nada que comer. Rompí el silencio y pregunté, “¿falta mucho para llegar al resguardo?”, Agustina, detuvo su labor y se quedó mirándome con algo de gracia en su rostro: “la carretera en donde nos encontramos es la entrada del resguardo”, dijo. Me quede en silencio, pensativo, ¿cómo era posible que ese fuera el resguardo cuando llevábamos caminando más de una hora sin encontrar nada?, ¿era posible vivir en medio de cactus y arena? La mujer interrumpió mis pensamientos diciéndome “antes esta tierra era muy distinta, podía encontrar árboles y mucho verde, pero todo cambió cuando llegaron con sus máquinas y comenzaron a romper la tierra”.

Recuerdos de otro tiempo

 

La mujer se quedó mirando la tierra con tal nostalgia que me dejó mudo. Sus ojos brillantes parecían perdidos en otro tiempo, y aunque mirábamos la misma tierra, ella parecía que lograba verla como en el pasado, como cuando no era un árido desierto. Se acomodó en la silla y volvió al tejido de la mochila, en ese momento comenzó el relato que me contaría una pequeña parte del sufrimiento de su pueblo y su territorio.

“Aquí existimos desde el origen. Los primeros habitantes de mi pueblo bailaban, cantaban, reían y soñaban en estas tierras, de ellos venimos, por ellos nos mantenemos. Generación tras generación nuestra cultura pasa de unas a otras, nuestra lengua, nuestros tejidos, nuestros sueños. Hoy en día eso se está yendo. Así cómo ve el suelo, así está nuestra cultura, se está secando, se está muriendo, como también se está muriendo nuestro territorio.

Esa muerte tiene un culpable, o bueno, culpables que no son de aquí, que llegaron hace años desconociendo las leyes y costumbres que dejaron nuestros antepasados. Aquí usted podía encontrar cultivos, podía ver árboles grandísimos que nos servían para estos días de calor, veía los animales caminando tranquilos, pájaros volando y trinando; en el río podía pescar tranquilamente. Se vivía bien. Teníamos tierra, no había límites para caminar.

Por cultura, en nuestro pueblo siempre ha existido la distancia territorial entre familias; por esa época cada familia tenía su casa, de la otra, a una distancia importante. No quiere decir que no nos conocíamos, todo lo contrario, siempre nos estábamos visitando; celebrábamos nuestras fiestas, cultivábamos y teníamos lo necesario. Hoy ya nada es como en ese tiempo, no tenemos cultivos, tierra, ni siquiera agua”.

El motor de la destrucción

 

En ese momento Moisés se había quedado dormido en los brazos de su hermana, ella miraba hacia el horizonte y escuchaba la historia de su abuela, historia que de seguro ya conocía de memoria. Mi cuerpo sudaba por el intenso calor, miré al cielo pero no había ni una nube, el sol estaba en su máximo esplendor. Agustina siguió con su relato.

“Hace años comenzamos a sentir que llegaban carros y máquinas a diferentes partes del territorio”. Se quedó pensando y señaló hacia el norte. “Por allá, sí allá, fue la primera vez que los vimos, se veían a muchos kilómetros de aquí. Han pasado casi quince años de eso y hoy ya los tenemos a unos metros de nuestro resguardo, rompieron el suelo, acabaron con todo. La mina valía más que nosotros.

Como le dije, sabíamos que estaban en nuestra tierra, y un día llegaron unos hombres de la ciudad muy bien trajeados; pidieron reunirse con nuestros líderes y autoridades. Entonces se organizó la reunión y allí esos hombres empezaron a hablar de la razón de sus máquinas; decían que nos iban a traer beneficios; que gracias a las máquinas iba a llegar el progreso y podríamos vivir mejor. Nos pintaron un mundo muy distinto al nuestro y nosotros les creímos que era mejor”.

“Así empezó nuestra tragedia”

 

El sol había bajado un poco y decidimos volver a caminar rumbo al caserío. Así como su lento caminar, Agustina me seguía contando su historia, sus nietos siempre caminaron delante de nosotros.

“Al pasar el tiempo, la mina empezó a poner cercas a nuestro territorio, decían que ahora eran los propietarios de estas tierras, que las habían comprado. Siempre estuvimos callados, había quienes no estábamos de acuerdo con lo que estaba pasando, pero las autoridades decían que esa era parte de la tierra que necesitaban para sus proyectos, que pronto empezarían a llegar los beneficios, que solamente necesitábamos tener paciencia.

La mina empezó a crecer; cada día sentíamos cómo temblaba la tierra, pero no sabíamos lo que pasaba. Veíamos grandes nubes de humo a kilómetros de nuestras tierras, pero no le hacíamos mucho caso. Solo una persona fue capaz de ir a ver lo que estaba ocurriendo.

Eduardo era mi hijo mayor, a él siempre le gustó caminar día y noche nuestro territorio, caminaba hasta tan lejos que muchas veces regresaba a los tres o cuatro días, vivía muy feliz en esta tierra. Conocía tan bien cada camino que solo con ver la humareda podía saber de dónde salía; por su pensamiento siempre estaba rondando la curiosidad de ir a ver lo que ocurría en ese lugar. Un día se fue sin avisarnos, pues cada vez que tocaba el tema, en la casa le decíamos que era mejor no ir por allá, que no pensara en eso”.

La voz de Agustina se empezó a cortar, se le hizo un nudo en la garganta, siguió caminando sin hablar, yo la acompañaba en silencio. De pronto me contó: “un sueño me despertó esa noche, el espíritu que siempre nos habla me dijo que algo estaba mal, que mi hijo no estaba bien, que le iba a pasar algo y que así empezaría nuestra tragedia. Eduardo apareció muerto cinco días después, lo trajo el río de vuelta con dos disparos en la espalda”. En ese momento la mujer no pudo seguir hablando.

La mina dejó de ser amable

 

El resto del trayecto lo hicimos en silencio. Después de un rato aparecieron varias casitas de ladrillo pero no se veía gente. Agustina me llevó a una casa de donde salieron varias personas a recibirnos, todos hablaban en su lengua, no podía entender nada de lo que conversaban. En el lugar nos recibieron con chicha. Moisés y Jaleth nos dejaron y siguieron caminando hacia otra casa que estaba muy cerca. Yo me refrescaba con la bebida en medio de un idioma distinto.

Llegó la noche. En la casa solo tenían un pequeño bombillo que medio iluminaba la parte exterior; doña Agustina me llamó para seguir hablando, me senté en un banquito de madera y preste toda mi atención.

“Nunca respondieron por lo que le había pasado a mi hijo, decían que eso eran por problemas que tenía con otra gente, pero en el pueblo sabíamos que no era cierto, pues a Eduardo todo el mundo lo quería.

Cada día la mina se acercaba más a nosotros. Al poco tiempo escuchamos la primera explosión, el piso volvió a temblar con tanta fuerza que en varias casas sus paredes quedaron agrietadas. La humareda que salió al aire fue tan grande que empezó a venirse hacia nuestro resguardo; desde ahí empezamos a respirar el polvillo de esa mina.

A los pocos meses la gente se empezó a enfermar, los niños tenían tos y quienes vivían en dirección de la mina comenzaron a tener brotes y manchas en sus cuerpos. La tierra también empezó a enfermarse pues las matas se empezaron a secar; la siguiente cosecha de frutas salió dañada, dentro de cada fruta salía una cosa negra. No se salvó nada.

Las autoridades no aguantaron más lo que pasaba y llamaron a esos hombres, esta vez no llegaron tan amables como antes, ahora decían que nosotros solo traíamos problemas y pedíamos plata. Se negaron a escuchar y se fueron, nunca volvimos a hablar con ellos pero ellos no le dieron fin a sus planes”.

Nos quitaron todo

 

Una de las mujeres de la casa nos ofreció comida y el relato de la mujer fue interrumpido mientras comimos. Al terminar, doña Agustina siguió su historia.
“Con el pasar de los años la cerca de la mina empezó a llegar al borde de nuestros ranchos. Un día nos taparon los caminos tradicionales para recoger el agua del rio. En ese momento todo el pueblo salió a pedir una explicación y llegó una carta informando que esas tierras también las habían comprado, ahora eran propiedad privada y no podíamos pasar. La opción que nos dieron para el acceso al agua era mandar un camión con agua todos los días para así suplir las necesidades diarias.

Eso nos afectó toda nuestra forma de vida porque allí, en el río, era uno de los lugares donde teníamos toda nuestra vida; pescábamos, cocinábamos, recogíamos el agua para la casa, nos bañábamos, pasábamos parte del día ahí. Si usted insistía con ingresar a esa parte de nuestro territorio, le echaban la policía y el ejército”.

La gente se empezó a enfermar

 

“Desde pequeña mi mamá me enseñó a curar porque ella era curandera. A nosotros en los sueños nos hablan los espíritus que nacieron con nosotros, ellos nos dicen cómo trabajar con un enfermo, nos avisan cuando algo malo va a pasarle a la comunidad o a alguien en particular, pero eso cambió con la llegada de la mina porque con tanto ruido de las máquinas, explosiones y temblores de la tierra, soñar se volvió difícil. A tal punto había cambiado todo que ya era casi que imposible encontrar la manera de comunicarme con los espíritus, ellos están bravos con nosotros por haber permitido el daño a nuestra tierra; ya no pueden dormir tranquilos.

Pero la enfermedad avanzaba. El polvillo era continuo, los niños estaban empeorando. La gente me venía a buscar porque sabían que yo heredé los saberes de mí madre. Entonces yo salía a buscar la medicina para sanarles los males pero no la encontraba, es que ya no había nada, todo estaba seco, y pensar que antes nacían hasta en los patios”.

Doña Agustina me mira resignada y termina su historia diciéndome: “es que esa mina nos ha quitado tanto que ya ni podemos soñar tranquilos, ya nos quitó la manera de poder soñar en paz y todo eso pasa porque la gente tiene miedo de pronunciarse, tiene miedo de hablar, las amenazas llegaron, hay señalamientos, y la gente teme y prefiere quedarse callada”.
Un modelo que se profundiza

Cuando doña Agustina terminó de compartirme su historia de vida, la historia propia y la de su pueblo, pensé que la tragedia que desde hace años padecen los wayúu a manos de Cerrejón, de igual manera la viven otros muchos pueblos y comunidades a lo largo y ancho de nuestro país.

Mirando a doña Agustina, en medio de la noche que ahora nos daba un respiro, concluí que los wayúu son un pueblo ocupado, un pueblo violentado hasta el extremo de no poder vivir un pueblo que perdió su tierra y su territorio. Y tienen a su enemigo ahí, al frente, el cual cuenta con todo el favor del poder que reside en Bogotá, pero también en Riohacha, en Cartagena... un poder que miente, que manipula, que amenaza y que, cuando es necesario, mete policía y mete ejército.

Mientras estos pensamientos me rondaban miraba con cuidado a mi alrededor, y nuevos pensamientos me cubrieron, entre ellos el recuerdo de que al poder es posible vencerlo, recordé que en varios pueblos de Colombia sus habitantes decidieron, con imaginación y convicción, decirle ¡basta! a la explotación minera, y ahora respiran con algo de tranquilidad; han ganado una batalla pero las multinacionales volverán a atacar, con el favor del gobierno, por otros frentes. Ellas son insaciables. El gobierno también.

Lo único que los parará definitivamente será la unión de todos en pos de un propósito común: proteger sus territorios, que es uno sólo, proteger sus vidas, que es una sola, así en apariencia parezcamos distintos. Unión con imaginación, unión con creatividad, unión por la vida.

Al terminar de pensar esto miré a doña Agustina y detallé que había terminado de tejer su mochila. Yo también había tejido la mia, dejando hilos sueltos para jalar de ellos, por parte de quien quisiera, en procura de una mochila tan grande como todo nuestro país, como la defensa de un presente con futuro, cimentado en el pasado, también lleno de luchas, de derrotas y de triunfos, finalmente de triunfos.

Publicado enEdición Nº241
Carmen Uriana, Autoridad indígena del Resguardo Provincial

El pasado 20 de noviembre, en la ciudad de Bogotá y ante el Congreso de la República, representantes de distintas comunidades del pueblo wayúu como Cerritos I y II, Lutamana, Campo Alegre y Tamaquitos I y II, del sur de La Guajira, presentaron diversas denuncias en contra de las condiciones de vida que sobrellevan producto de la explotación minera en su territorio, lo que afecta de manera grave la salud de todos sus pobladores, con especial énfasis entre niños/as; más de tres décadas de vivir en estas condiciones los lleva a exigir el cierre de Cerrejon Limited como solución para sus problemas.

 

A las 9:00 de la mañana del lunes, inició la audiencia en el Congreso de la República, donde se denunció las problemáticas de salud en los niños, jóvenes, mujeres y ancianos dentro de los resguardos indígenas vecinos a la mina Cerrejón Limited, quien ha estado presente en el territorio durante 36 años. Las comunidades asistieron en compañía de la Misión de Observación de La Guajira y del representante a la Cámara por Bogotá del Polo, Alirio Uribe; a la audiencia fueron citados representantes de la, la Agencia Nacional de Minas –Anla–, el Ministerio de Ambiente, del Interior y de Salud; los 3 últimos manifestaron no estar facultados para dar respuesta ante las exigencias y denuncias presentadas, dejando entrever con su silencio, la “importancia” que le conceden al bienestar de las minorías, en este caso indígenas.

 

Las intervenciones a cargo de las representantes de la Misión Observación de La Guajira enfatizaron en las pésimas condiciones ambientales, las precarias condiciones de salud, educación y vivienda en las que vive el pueblo wayúu.

 

En la audiencia también estuvo presente la bioquímica peruana, Mercedes Lu, quién expuso su investigación sobre las variaciones del polvillo que expulsa la mina y cómo este se mete en distintas partes del cuerpo humano y es casi imposible identificarlo, sobre todo con los métodos que usa Cerrejón Limited para analizar la contaminación del aire y el agua.

 

Ante esta intervenciones, los funcionarios de la Anla y la Agencia Nacional de Minas, no dieron respuestas satisfactorias y, por el contrario, reafirmaron su negligencia para atender problemáticas de este tipo, así como su complicidad al permitir que los territorios sean explotados bajo la jurisdicción de terceros sin una vigilancia y control estatal que se encargue de velar por el bienestar de comunidades como las presentes.

 

Finalmente, mujeres, hombres y ancianos exigieron que se cierre en el corto plazo el tajo Patilla de la mina, el cual tienen a pocos kilómetros de su resguardo, sin perder por ello de vista que todas sus carencias y dificultades se solucionarán sólo cuando Cerrejón se vaya de La Guajira. Frente a esto, sigue la constante del ¿qué hacer? Y ¿cómo frenar el fenómeno extractivo que carcome cada vez más al pueblo colombiano?

 


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Human Rights Watch pide a la organización evaluar esta emergencia antes de admitir al país

 

Colombia lleva desde 2013 sumergida en el proceso de adhesión a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), un camino marcado por el análisis de la solidez de sus políticas públicas. El país, que se encuentra en una etapa de consolidación del proceso de paz tras la firma de los acuerdos con las FARC hace un año, ya logrado el visto bueno de 20 de los 23 comité necesarios para ingresar en el organismo. Entre los que faltan, figura el examen de los avances sociales. En este contexto, Human Rights Watch (HRW) ha solicitado a la OCDE que evalúe la emergencia alimentaria del pueblo indígena wayúu y la que considera una “respuesta insuficiente” de las autoridades.


Según HRW, esa organización, integrada por 35 Estados, principalmente europeos y norteamericanos, “podría cumplir un rol importante para ayudar a paliar la crisis de desnutrición [...] al presionar a las autoridades colombianas para que adopten medidas más eficaces para abordar esta situación”. Los wayúu viven en la península de La Guajira, una región parcialmente desértica que se asoma al Caribe y que pertenece en parte a Venezuela. Con un censo de cerca de 270.000 personas, representan el pueblo indígena más grande de Colombia. Sus comunidades, denuncia la ONG, “han sufrido altos índices de mortalidad causados por desnutrición, sobre todo en niños menores de 5 años”. “Según cifras oficiales, 11 niños indígenas menores de cinco años murieron de enfermedad diarreica aguda en 2015 en La Guajira, 21 en 2016 y 10 entre enero y agosto de 2017[“, señala en una carta dirigida por su director para las Américas, José Miguel Vivanco, al secretario general de la OCDE, el mexicano José Ángel Gurría.


“Para la investigación de Human Rights Watch visité La Guajira en agosto de 2016 y en junio de 2017, y pude verificar que, a pesar de la retórica del Gobierno, en esos diez meses hubo escasos avances en la lucha contra el hambre que azota a las comunidades wayúu”, señala en declaraciones a EL PAÍS . Juan Pappier, abogado para las Américas del organismo. “En La Guajira, encontré pozos de agua que no funcionan o que dan agua tan salada que no la quieren ni siquiera los animales, programas de alimentación que a veces reciben comida en mal estado, médicos sin medicamentos, fiscales que no dan abasto en las investigaciones por corrupción y situaciones de abandono y pobreza verdaderamente escandalosas”, prosigue.


La carta enviada a la OCDE resalta los problemas para el acceso a los alimentos, al agua y a los servicios de salud y los vincula a la corrupción en ese departamento colombiano. “La Fiscalía General de la Nación ha logrado resultados mixtos en la persecución penal de hechos de corrupción en La Guajira. Si bien se ha detenido por corrupción a importantes funcionarios locales –incluidos cinco recientes exgobernadores—, los avances para imputar cargos y dictar sentencias siguen siendo sumamente lentos”, señala el escrito, que pide a la OCDE tomar en consideración la información proporcionada para atender esta emergencia

 

Bogotá 31 OCT 2017 - 20:59 COT

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Scott Pruitt, director de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA)

 

Hazard, Kentucky.

El gobierno de Donald Trump dio otro paso hacia el desmantelamiento de las protecciones ambientales adoptadas en la presidencia de Barack Obama (2009-2017), al anular una ley que buscaba limitar las emisiones contaminantes de las centrales eléctricas de carbón.

Scott Pruitt, director de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés), anunció este lunes que firmará una nueva norma que anulará el Plan de Energía Limpia.

La guerra contra el carbón ha terminado, declaró Pruitt en el estado minero de Kentucky.

Pruitt –nombrado en ese puesto por Trump– está estrechamente vinculado con la industria del petróleo y el gas en su estado natal. Ha rechazado el consenso general de los científicos de que las emisiones causadas por el hombre procedentes de la quema de combustibles fósiles son la razón principal del cambio climático.

Para Pruitt, deshacerse del Plan de Energía Limpia marcará la culminación de una larga lucha que comenzó como fiscal estatal de Oklahoma. Formó parte de la veintena de fiscales estatales que entablaron una demanda para bloquear los intentos del presidente Obama para limitar las emisiones de carbono.

Trump, quien comparte el escepticismo de Pruitt sobre las causas establecidas del cambio climático, prometió anular el Plan de Energía Limpia durante la campaña presidencial de 2016 como parte de su compromiso para resucitar el alicaído sector del carbón.

Se espera que la norma que Pruitt firmará este martes declare que el Plan de Energía Limpia excedió la ley federal al establecer estándares de emisiones que las centrales eléctricas no podrían cumplir razonablemente.

Al aparecer en un acto con el líder de la mayoría republicana del Senado, Mitch McConnell, Pruitt declaró: “Ni la EPA ni ninguna agencia federal debe usar su autoridad para decirle a usted ‘vamos a declararle la guerra en cualquier sector de nuestra economía’”.

El plan de Obama fue diseñado para reducir las emisiones de dióxido de carbono en Estados Unidos a 32 por ciento, por debajo de los niveles de 2005 para 2030. Esa norma dictó metas específicas de emisión para los estados con base en las emisiones de las centrales eléctricas y daba a los funcionarios un amplio margen de maniobra para decidir cómo lograr las reducciones.

 

 

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Los desafíos que enfrenta Lenín Moreno, presidente de Ecuador desde mayo

El gobierno de Lenín aspira a seguir el proyecto del movimiento Alianza País. Sin embargo, la discrepancia pública con Correa y con el vicepresidente generó ruido mediático y un debate al interior del oficialismo.

 

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, cumplió 100 días en el poder en medio de expectación por las medidas económicas que pudiera aplicar, de compromiso en la lucha contra la corrupción, de llamado a un diálogo no excluyente y de pública discrepancia con su antecesor y ex aliado Rafael Correa.


“Estamos cumpliendo nuestras ofertas, no necesitamos 100 días para hacerlo. Cuento con ustedes para seguir trabajando y ustedes, cuentan conmigo para seguir transformando el país en la patria que todos anhelamos”, dijo Moreno en una alocución pública. En efecto, la mayor gestión del mandatario socialista, de 64 años, desde que asumió en mayo, fue el macroplan “Toda Una vida”, que busca construir más de 300 mil viviendas populares, favorecer los emprendimientos de empleo para jóvenes y dar seguridad, salud y bonos a los ancianos, entre sus rasgos prioritarios.


En paralelo, desde el primer día abrió un amplio diálogo con todos los sectores, incluso los que desde la izquierda y fundamentalmente desde la derecha confrontaron siempre a Correa. Por el Palacio pasaron industriales, comerciantes, indígenas, policías, militares, grupos sociales y líderes de todo tipo. Pero los primeros meses no estuvieron exentos de problemas que pusieron cuesta arriba su gestión: los casos de corrupción que alcanzaron a su vicepresidente, Jorge Glass, y una ruptura con Correa y otros líderes del movimiento oficialista Alianza País (AP) siembran dudas sobre el futuro del proyecto Revolución Ciudadana.


Corrupción es la palabra más escuchada en estos días, con una avalancha de delaciones de ex ejecutivos de la constructora brasileña Odebrecht, que aseguran que funcionarios ecuatorianos recibieron 33,5 millones de dólares en sobornos para entregar contratos en tiempos de Correa. El ex director de Odebrecht en Ecuador Jose Santos señaló que Glas, que también fue vicepresidente de Correa y ahora se enfrenta a los tribunales, pedía dinero por cada contrato.


Moreno, quien prometió en la posesión “una cirugía mayor” contra la corrupción, lo despojó de funciones específicas y le quitó toda confianza.


“Lastimosamente, el dedo apunta cada vez más hacia usted”, le dijo Moreno a Glas en un evidente deslinde con el que fuera hombre de confianza del anterior mandatario, del que también fue vicepresidente y ministro coordinador de Sectores Estratégicos. “Es preciso reconocer que el cambio permitió destapar la podredumbre del correísmo. La fresa del pastel fue congelar a Glas a la espera de que la Justicia haga su trabajo”, dijo el analista Carlos Arcos.


Glas asegura ser inocente y Correa le cree. Los choques entre el presidente y su antecesor pusieron en apuros a la agrupación oficialista Alianza País, dentro de la que comenzó una extraña convivencia entre críticos y seguidores de Moreno. Correa, un líder con mucho peso incluso ahora que vive en Bélgica, acusó a Moreno de no continuar con rasgos fundamentales de la Revolución Ciudadana y lo llegó a calificar de traidor y a proponer la formación de un nuevo partido.


Más compleja aún es la situación económica, que, según el nuevo gobierno, está al límite por irresponsabilidades de un ex mandatario que, por su lado, presume de que dejó “la mesa servida”. “La situación es crítica. Necesitamos mejorar las condiciones de financiamiento, generar mayores ingresos, aumentar nuestras exportaciones, el ingreso de dólares a la economía y fomentar la inversión privada”, evaluó Moreno. Aunque adoptó un paquete de iniciales medidas de austeridad, las más fuertes están anunciadas para septiembre, pero aún no se sabe cuaés serán sus características.


“Es importantísimo que exista democracia, libertad y se combata la corrupción. El gran problema es lo económico, petróleo bajo, deuda grande, economía paralizada, empleo que se pierde, eso es lo que hay que atacar”, afirmó un referente de la derecha, Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil, la ciudad más grande del país. Pero el analista Pablo Zambrano destacó que Ecuador no está en la situación desesperante de Venezuela. “La economía pasa por un proceso de recesión que tiene que ver con la caída de la producción, el empleo y el consumo”, relativizó. Los números rojos son subrayados por analistas como Walter Spurrier, quien los justifica por situaciones externas: “El país perdió cerca de seis mil millones de dólares anuales por la caída del precio del petróleo y alrededor de cinco mil millones en rentas fiscales”.


En lo internacional, aunque está en construcción la nueva política, Moreno condenó la violencia y la existencia de presos políticos en Venezuela, lo que podría ser el inicio de un lento cambio en el respaldo irrestricto de Quito a Nicolás Maduro. Con Colombia, entretanto, ratificó el compromiso de ser garante y anfitrión de diálogos de paz entre el Gobierno y la guerrilla del ELN.


Moreno, atado a una silla de ruedas por un disparo de asaltantes que le dejó parapléjico hace 19 años, goza por ahora de amplio respaldo popular, alrededor de un 80 por ciento según todas las encuestas. Aunque los analistas coinciden en que es pronto para saber qué pasará cuando empiece a aplicar medidas concretas en un marco de dificultades económicas y de desconfianza por escándalos de corrupción que vienen del período anterior.

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En Segovia y Remedios, 15 días de lucha por el derecho al trabajo

Una disputa por el derecho al trabajo lideran desde hace dos semanas –con un paro general– los mineros tradicionales de Segovia y Remedios, arrinconados por la multinacional Gran Colombia Gold que pretende monopolizar toda la minería de la región; con el apoyo del gobierno nacional y departamental han militarizado estos territorios y atacado con gases y mucho más a los manifestantes y población en general.

 

Una lucha que rompe el silencio oficial y las manipulaciones de todo orden. El pasado 31 de julio de 2017 el ESMAD atacó a la población del municipio de Segovia en Antioquia y se tomó las instalaciones del Hospital San Juan de Dios. Además, agentes de la fuerza pública atacaron la misión de la Cruz Roja en el municipio, esto como respuesta a las manifestaciones pacíficas que se realizan en los municipios de Segovia y Remedios por el derecho al trabajo desde el 21 de julio de 2017.


Completados 10 días desde que la Mesa minera convocara a paro con carácter indefinido y pacífico, los escuadrones del Esmad arremetieron contra la población que se encontraba concentrada en el corregimiento La Cruzada del municipio de Remedios; la reacción de los manifestantes no se hizo esperar.


Con armas de fuego los uniformados ocuparon arbitrariamente el Hospital San Juan de Dios en Segovia, desde allí lanzaron gases lacrimógenos y dispararon a los manifestantes. Entre las víctimas se reportaron niños que quedaron atrapados en el colegio Ignacio Yepes Yepes de Remedios, quienes resultaron afectados por los gases.
La organización defensora de derechos humanos Cahucopana (Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño), informa en su comunicado del 2 de agosto:


“Hasta el momento el reporte parcial de heridos y lesionados es: en el municipio de Remedios 17 heridos, de los cuales 8 tiene heridas de gravedad y fueron remitidos a la ciudad de Medellín, y en el municipio de Segovia se reportan 7 personas heridas por arma de fuego y 11 con heridas leves, dentro de estas se encuentra el caso de una persona con amputación de una de sus manos a causa de un disparo y herida por proyectil en el abdomen”.


La gobernación departamental fomenta la criminalización de la protesta. El 1 de agosto Luis Pérez, gobernador de Antioquia, informó de la movilización hacia la zona de más de 500 hombres entre policías y Ejército, cuatro unidades del Escuadrón Móvil Anti Disturbios, 240 uniformados de prevención, además del toque de queda decretado a partir de las 6 pm de ese martes hasta las 6 am del miércoles 2 de agosto. Agregado a esto, relacionó a los líderes mineros con grupos armados ilegales.


Por su parte, Eliober Castañeda, presidente de la Mesa minera, en medio de la reunión con la administración municipal de Segovia, celebrada el 3 de agosto, invitó a los segovianos y remedianos a que desarrollen las protestas manteniendo la consigna pacífica y velando por la seguridad y el bienestar de ambos pueblos y de sus habitantes. También solicitó a las autoridades el retiro del Esmad del territorio pues son ellos quienes incitan a la ciudadanía, afirmó.


Por último desmintió las declaraciones del vicepresidente de la multinacional Gran Colombia gold, José Ignacio Noguera, quien afirmó que cientos de manifestantes atacaron con piedras y bombas incendiarias algunos buses y la sede de la empresa.


En lo que respecta al paro que lleva 12 días, el señor Eliober emitió un comunicado a través de la página de Facebook de la Mesa Minera. Se dirigió a los comerciantes –fervientes acompañantes del paro minero– y les informó de la tentativa de acordar con ellos una fecha próxima para abrir los establecimientos comerciales y así facilitar el reabastecimiento de víveres y productos de primera necesidad al resto de la población.


12 días de paro


El 21 de julio la Mesa minera convocó a paro indefinido para exigir el derecho al trabajo de los pequeños mineros pues la multinacional Gran Colombia gold, mediante amparos administrativos, ha ordenado el cierre de las minas y entables de los dos municipios que no tengan los permisos para explotar las entrañas de las montañas en busca de oro. Sumado a esto, los mineros de Remedios y Segovia piden al gobierno nacional que detenga el proyecto de ley que busca criminalizar la minería informal que durante un siglo ha sido la fuente de ingresos de sus habitantes.

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Un caso de explotación minera que burla la cordura. La mina que amenaza el nombre de Agua Bonita

Agua Bonita, nombre de una vereda del municipio de Silvania, con uno de los pocos bosques de niebla que aún sobreviven en el planeta, el que flanquea el páramo de Sumapaz –el más grande del mundo– puede pasar a ser cosa del pasado por las acciones irracionales del capital.

 

Y así puede ser porque, contra toda lógica natural, ambiental, industrial, económica y humana, le aprobaron licencia de explotación de arenas y arcillas en los cerros ubicados en esta vereda a una empresa de nombre Cemin. Explotación que ahora cubre 1,6 hectáreas y que ya permite ver sus huellas desde muchos lugares del municipio. ¿Cómo será cuando cubran todas las hectáreas autorizadas para ello?

 

La Agencia Nacional de Licencias Ambientales –Anla– a través de la Resolución 0041 de 2014 concesionó licencia para explotar treinta y nueve hectáreas por 30 años prorrogables por igual cantidad de años. Según sus cálculos, cada año extraerían 250.000 m3 (toneladas) de material, que para hacernos a una imagen del volumen que representa equivalen a 41.000 volquetas de 6 m3, 114 por día.

 

La herida que rompe este ecosistema, ya afecta el agua, la flora y la fauna que por allí trasncurren y de la cual dependen el ecosistema maestro del páramo, y la vida de nuestro planeta madre. De proseguir la explotación, –nos dejaría sin montaña –dice con tristeza don Guillermo Solorzano, campesino de 75 años.

 

Temores

 

Para doña Judith Cerón, vecina de la mina, ya es común pasar las noches en vela. Las lluvias torrenciales, que en épocas mejores le alegraban por las bondades que traían para sus pastos y cultivos, ahora la atormentan. Ya ocurrieron dos derrumbes que la condujeron al pánico, que aumenta con las noticias sobre el colapso de minas en distintos lugares del país, cobrando la vida de decenas de personas.


La mina de Agua Bonita está ubicada en una franja de bosque de niebla, cabecera de la micro cuenca del río Chocho, y hace parte de un sistema hídrico fundamental para el abastecimiento de agua de más de 2.000 personas de Silvania. Por eso el Plan de Ordenamiento Territorial de este municipio (Acuerdo 022 de 2000), establece que la zona donde está ubicada la mina es de protección por recarga hídrica y tiene prohibido cualquier tipo de explotación minera.

 

No en vano ese lugar fue declarado como zona de interés prioritario, según el Instituto Alexander Von Humbolt, dada su alta diversidad en flora y fauna y la presencia de varias especies endémicas.

 

–Está contra toda lógica instalar una explotación minera en la cabecera de una cuenca con la abundancia hidrológica de Agua Bonita, sobre todo en un contexto de cambio climático y calentamiento global como el actual, cuando las zonas de bosque son fundamentales para nuestra adaptación al panorama que ya vivimos –afirma la ingeniera forestal Lina Echavarría, habitante de la región.

 

Voz reafirmada con énfasis por otra pobladora de esta parte del municipio. –Escogí ésta montaña por la abundancia de agua, pensando en el futuro de mi hijo, pero veo con gran preocupación que nuestra mayor riqueza está en riesgo, sin que la comunidad ni las autoridades se manifiesten –afirma Sandra Reyes, reconocida actriz de televisión quien también tiene su finca en la zona.

 

–Frente a esta situación es fundamental que los presidentes de las Juntas de Acción Comunal convoquen a asamblea para definir la posición de la comunidad ante la mina, y no decidan unos pocos el futuro de todos –dice Edwin Muñoz, de la vereda Victoria Baja, Las Lajas. Hasta el momento la empresa Cemin S.A solo se ha reunido con los presidentes de las Juntas de Acción Comunal, pero el grueso de la comunidad desconoce los acuerdos.


Cemin también deberá solucionar una larga lista de obligaciones de la licencia ambiental que Agregados Agua Bonita no cumplió, como el Plan de Manejo Ambiental, el programa de manejo y salvamento de flora y fauna entre otras, a pesar de que ha explotado la cantera durante 3 años. –Hemos revisado con minucia los expedientes y comprobamos con preocupación la existencia de muchas irregularidades en el otorgamiento de la licencia, frente a los incumplimientos del Plan de Manejo y la actitud permisiva de las autoridades de control que podrían desencadenar en acciones legales contra la Anla, el municipio y contra la empresa –dice Paola Tinoco, abogada y vecina de la mina.

 

En la montaña donde se encuentra la mina, están solicitando otras 4.500 hectáreas para explotación de materiales de construcción y arenas de sílice. Y como si fuera poco, la zona también hace parte del bloque COR 4, de extracción de petróleo de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH). Realidad que no pasa desapercibida para uno de sus pobladores: –Es prioritario generar una alternativa a la explotación minera y de hidrocarburos, la cual viene en aumento en el territorio, pese a que esta es una región con vocación agroforestal y eco-turística –agrega Edwin Muñoz.

 

Por ahora, luego de varios derrumbes en la mina, que inclusive obligaron al cierre durante varios días de la vía Sibaté-Fusagasugá, y de los referendos contra la minería llevados a cabo en municipios vecinos, en Silvania crece la expectativa ante una posible movilización ciudadana que detenga tanto esta mina, como las otras amenazas que rondan estas montañas bendecidas por el agua.

 

Del despegue de esta movilización y de su éxito depende que en algunos años a la vereda Agua Bonita no haya que cambiarle el nombre.

Publicado enEdición Nº237