Séptimo Encuentro Anual de “Marmatólogos”

Los integrantes del Semillero de Derechos Sociales y Asuntos Públicos de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia nos acabábamos de reencontrar. Los rostros reflejaban emociones y entusiasmo. El reloj del auto marcó las 6:20 a.m. del sábado 24 de junio. Llegó el momento de emprender nuestro viaje.

 

Mientras recorríamos el trayecto de casi cuatro horas entre Medellín y Marmato, nuestras mentes repasaron el camino que habíamos transitado para darle forma a nuestro proyecto. Primero se construyeron ponencias, luego decidimos visibilizar la problemática estudiada a través de un reportaje audiovisual y tras dimensionar la cantidad de información recopilada, decidimos lanzarnos a la aventura de escribir un libro para difundir nuestros hallazgos y reflexiones.

 

El territorio

 

A Marmato se ingresa a través de un desvío que parte de la carretera La Felisa –La Pintada, ascendiendo por entre colinas empinadas. El pavimento se termina en El Llano, un caserío donde las multinacionales han pretendido reasentar a la población del municipio. El curso continúa a través de una vía destapada que culmina en El Atrio, donde se encuentra la cabecera municipal enclavada en el cerro El Burro.

 

Este no es un municipio común y corriente. Tiene un montón de peculiaridades que lo convierten en un lugar que marca la memoria de quienes lo visitan. Las casas se ubican en torno a las minas de oro, comunicándose unas con otras por una red antiquísima de caminos empedrados similares a los del imperio inca, convergiendo en una única vía principal donde se concentran las tiendas, los pocos restaurantes y los bares. No existe una gran plazoleta. La iglesia es pequeña y modesta.

 

El oro es el gran protagonista del municipio, a cuyo alrededor giran la economía, la cosmovisión, las vivencias y la identidad de los marmateños. Hasta el año 2015 se estimaba que su población era de 9.096 habitantes, de los que sólo 1.079 viven en el casco urbano. La mayoría se establecieron alrededor de los yacimientos, explotándolos artesanalmente desde tiempos anteriores a la invasión española, aunque algunas explotaciones ya se han tecnificado. Las comunidades indígenas y afrodescendientes relacionan al metal precioso con su existencia misma. Además de la minería, en menor escala también se desarrolla la agricultura.

 

El libro

 

Llegamos al municipio serenos y alegres, con ansiedad por descubrir también cómo luce nuestro libro. Salió de la imprenta el día anterior a las 8:00 p.m., y para que contáramos con él, en el tiempo preciso, la editorial le encomendó a Rigoberto, uno de sus baluartes, llevarlo expresa y directamente. Tras quince horas de viaje lo pudimos encontrar y conocer; el sol indicaba que nos acercábamos a la mitad de la mañana. Entonces, nuestros sentidos pudieron palpar por primera vez el libro durante la hora de almuerzo. Cada uno recorrió su contenido, contempló las imágenes y dimensiono lo que estaba ocurriendo. Acabábamos de materializar un sueño. “Marmato: la disputa por el oro y el territorio” es nuestro título. Miró la luz. Fluía una energía bonita.


El Séptimo Encuentro Anual de “Marmatólogos” fue el evento escogido para presentar nuestro libro. Año tras año, desde el 2010, se reúnen investigadores de diferentes disciplinas y de distintas universidades nacionales y extranjeras para divulgar sus resultados en torno a estudios que involucren a Marmato. También se socializan tesis de grado, propuestas de proyectos y otros productos. Nosotros no podíamos faltar en esta ocasión. Los honores le correspondieron al profesor Hernando Londoño Berrío. En sus palabras describió nuestro proceso de construcción y el contenido de cada capítulo. Además, agradeció a la comunidad marmateña por la colaboración prestada a lo largo de este hermoso proceso.

 

Nuestro texto consta de cinco capítulos: “Alineación del Estado colombiano en función del interés de la minería multinacional” elaborado por Viviana Orrego; “Marmato, un territorio en disputa. A propósito de las funciones simbólicas del sistema penal en tiempos de globalización neoliberal”, escrito por Diana Arias, Gonzalo Galindo y Hernando Londoño; “Marmato: derecho desde abajo y otras resistencias”, elaborado por Hernando Londoño, María Rocío Bedoya y Lizeth Parra; “El concepto de Buen Vivir” escrito por Jorge Daniel Lucero; y “Lineamientos para una política minera con enfoque territorial: el caso de Marmato” elaborado por María Rocío Bedoya. El prólogo lo desarrolló Fernando Hernández Valencia, Director Ejecutivo de la Corporación Nuevo Arco Iris.

 

Las percepciones y comentarios que varios líderes y habitantes de Marmato expresaron a propósito del libro reflejaban identidad, gratitud y satisfacción. Manifestaron que tanto los escritos como las imágenes condensan la esencia del pueblo.

 

Además de estar en el evento aquel sábado, decidimos participar de una reunión en la mañana del domingo 25 para hablar con estudiantes, líderes sociales e investigadores sobre los desafíos que enfrenta Marmato a corto y mediano plazo. Se establecieron compromisos. Se renovó la energía y el entusiasmo para seguir contribuyendo por el bienestar de la comunidad. Al medio día regresamos a Medellín.

 

En este viaje estuvimos presentes María Rocío Bedoya, Hernando Londoño Berrío, Viviana Orrego Pérez, Elba Marcela Londoño y Jorge Daniel Lucero. Echamos de menos a Diana Arias Holguín, Gonzalo Galindo Delgado y Lizeth Alejandra Parra. Este proceso ha marcado la vida académica y personal de nuestro equipo en torno a las vivencias y el aprendizaje adquirido. Más que compañeros, somos amigos.

Publicado enEdición Nº237
En El Salvador, las mujeres para cuidar el agua detienen la minería

En marzo de 2017 los pueblos de El Salvador lograron una tremenda victoria. Con la Ley de Prohibición de Minería Metálica, se decretó la prohibición absoluta de la exploración, explotación y procesamiento minero, ya sea a cielo abierto o subterráneo, así como el uso de sustancias tóxicas como el cianuro y el mercurio. La legislación es retroactiva y de ese modo cierra de manera absoluta los permisos que pudieran estar en trámite. El riesgo de dañar los ríos y fuentes de agua ha sido uno de los frentes de lucha de los movimientos sociales ante la industria extractiva.


La ley culmina más de diez años de lucha por parte de organizaciones de base y líderes comunitarios que se opusieron sobre todo a los trabajos desarrollados en la mina El Dorado, en el central departamento de Cabañas, por la compañía Pacific Rim, ahora la australiana-canadiense OceanaGold. La oposición al proyecto El Dorado fue brutalmente reprimida, dejando un saldo trágico de muertos y heridos.


A pesar que la activa participación de las mujeres en los procesos de resistencia es casi siempre invisibilizada, las mujeres que están tras la lucha anti-minera en El Salvador no solo han sabido mantenerse en pie de lucha, sino que además han adquirido el papel de protagonistas.


El Movimiento Mesoamericano contra el Extractivismo M4 conversó con Rhina Navarrete, coordinadora general de la ASIC (Asociación Amigos de San Isidro Cabañas).


1. ¿Qué fue lo que hizo que las poblaciones se resistieran tan fuertemente y por tanto tiempo contra el proyecto El Dorado?


Uno de los principales motivos fue la defensa del recurso agua, dado que la mayoría de la población tenía muy claro que el municipio se quedaría sin el vital líquido. Por otra parte, se dieron algunos sucesos, como la muerte de ganado en las zonas donde hicieron las exploraciones y también se secaron algunos pozos.


2. ¿Cómo organizaron la resistencia? ¿Cuál fue la estrategia?


Fueron varias etapas. Primero, recoger toda la información posible respecto al proyecto minero para conocer de primera mano los impactos que este tendría en la zona y el país. Posteriormente se procedió al trabajo de campo con el propósito de informar a las comunidades sobre los efectos negativos de la minería metálica. Se hicieron foros informativos con especialistas (Dr. Robert Moran y Dina Larios) en el tema de minería y también con personas que ya tenían experiencia en los daños que causa la minería, como es el caso de Honduras (Dr. Almendares). Se diseñó material escrito, audiovisual y radial en un lenguaje popular para que fuese fácil su asimilación por parte de toda la población. También se crearon alianzas estratégicas con otras organizaciones a nivel nacional.

3. ¿Cómo reaccionó la empresa?


La empresa no se quedo cruzada de brazos. También empezó toda una campaña de promoción en las comunidades, queriendo hacerles creer que el cianuro no era mortal, pero la mayoría de la gente no les creyó. Por otra parte, también utilizaron la estrategia que utilizan a nivel mundial: comprando a las autoridades, gobiernos locales y lideres comunales, haciendo obras sociales, etc. En algunas ocasiones se hacían presente en los foros que hacíamos con el fin de cuestionar a los ponentes, pero ellos no contaban con que éstos eran personas científicas expertas en el tema.

4. ¿Cuál fue el papel de las mujeres en esta lucha? ¿Cómo es eso diferente de la participación de los hombres?


En primer lugar, la participación en los diferentes espacios informativos, en su mayoría, eran mujeres. A medida que la población se iba informando y tomando conciencia de la magnitud del problema, las mujeres fueron liderando el proceso de la lucha (alrededor de 10 mujeres lideresas). Ellas formaron parte de una estrategia para hacer denuncias y movilizaciones.


5. ¿Porqué crees que las mujeres adquieren un rol tan protagónico en estas luchas?


En primer lugar porque somos la mayoría en cuanto al porcentaje poblacional. Por otro lado, somos las que sufrimos los embates de los desastres y cualquier conflicto, así como también las afectaciones económicas, de salud, entre otras. Una mujer sabe lo necesaria que es el agua y la alimentación en un hogar, ya sea que sean madres solteras o no. No estoy diciendo que el hombre no lo sepa, sino que es ella la proveedora directa de los bienes de sobrevivencia, es la cuidadora de la familia, la casa, los huertos y la criadora de los animales domésticos.


La mujer es mas sensible ante los problemas que aquejan a la humanidad y es una excelente cuidadora y administradora de todos los bienes (por ejemplo de la madre naturaleza, la diosa del mar, etc.) Una mujer es muy decidida en sus convicciones y no es tan fácil comprar su voluntad cuando sabe que la vida está en juego.

6. Para que las mujeres tuvieran una participación activa en la resistencia, ¿tuvieron que también luchar dentro de sus mismas comunidades u hogares?
Las mujeres se ganaron su propio espacio. Si en algún momento se vio opacada su participación por parte de algún elemento masculino, fueron casos especiales. De igual modo, creo que su lucha mayor fue dentro de sus hogares, dado que tenían que dejar a su familia para poder unirse a la lucha.


7. ¿Crees que la lucha ya está ganada o hay que estar vigilantes?


Una ley que prohíbe la minería metálica en El Salvador no es garante de nada, dado que es una ley secundaria y en cualquier momento puede ser vetada o modificada. Mientras el Salvador siga adherido a los tratados de libre comercio, seguiremos expuestos a cualquier amenaza – no solo de la industria minera. Por otra parte, las legislaturas cambian cada 3 años, nadie nos asegura que la próxima legislatura modifique las cosas. Al menos por el momento podemos estar un poco [email protected] respecto a ese tema, aunque el futuro de los salvadoreños sigue siendo incierto. Mas ahora con la Ley de Asocios Publico Privados, con el fin de aumentar la inversión privada, especialmente inversiones extranjeras directas, partiendo de que el presidente hizo publica su posición de darle cumplimiento.


8. ¿Qué mensaje le darías a otras mujeres y comunidades que se encuentran luchando contra empresas mineras que intentan apropiarse de sus territorios?


Que somos las mayoría. Somos ese enjambre de abejas, de hormigas y que tenemos la capacidad de cambiar el rumbo de la historia si nos mantenemos unidos/as. Insisto, las mujeres somos mayoría. Es nuestro derecho y también nuestra responsabilidad defender la vida y el territorio. Creo que la humanidad debe tener muy en claro que el enemigo es el mismo en todo el mundo y se llama CAPITALISMO. Debemos retomar nuestro papel en el cuido de la creación o evolución, dependiendo de la perspectiva ideológica de cada individuo. Es un reto entre la conservación o destrucción del ser humano. Sabemos que las riquezas son privadas, pero las consecuencias que éstas causan afectan a todos/as. Los costos los pagan el pueblo; nos venden lo que nos roban y, a través de la historia, los muertos son los mismos de siempre. El oro no se come, no es un bien indispensable para la humanidad. El agua es un recurso finito. Pero sobre todo, las mujeres tenemos una gran capacidad de amar y amar con el corazón, así que a fortalecer el amor al prójimo, a la vida, a la familia, a la humanidad, a la naturaleza y a la creación o evolución. La clave de la victoria está en el AMOR.


Texto publicado originalmente en M4 Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivo Minero

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La disputa China-EU fractura América Latina

Con sencillez y profundidad, Oscar Ugarteche y Armando Negrete, del Observatorio Económico Latinoamericano (Obela), trazan las nuevas fracturas tectónicas en la región en un breve y documentado artículo titulado Perspectivas de las economías latinoamericanas frente a la economía mundial (goo.gl/vGQV48).

El argumento central es que el giro proteccionista, en Estados Unidos con Trump y en Inglaterra con el Brexit, acelera los cambios económicos (y geopolíticos) en la región, donde las economías son cada vez más dependientes y están estructuralmente abroqueladas en el patrón de acumulación de la década de 1950, o sea, exportación de materias primas e importación de bienes industriales.

En este marco de profundización de la dependencia, la emergencia de China como actor central en el sistema-mundo ha provocado una fractura estructural en América Latina: Sudamérica ha virado hacia China y la cuenca del Caribe ha estrechado su histórica relación con Estados Unidos, sostienen Ugarteche y Negrete.

Para graficar esa fractura, muestran las tendencias comerciales de los países de América del Sur, por un lado, y los de América Central, México y el Caribe, por otro. El resultado es que México envía 81 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos, en tanto Brasil exporta sólo 12 por ciento y Argentina 5 por ciento a ese destino. El color de los gobiernos no es lo fundamental: el derechista argentino Macri ha renovado y profundizado los lazos con China, por razones estructurales.

El país que está en el centro de esta fractura es Venezuela. El párrafo decisivo, a mi modo de ver, es el siguiente: "De un lado la inversión extranjera más importante de EU es de capital de PDVSA en la forma de CITGO, una de las principales empresas refinadoras y distribuidoras de gasolina después de Exxon. De otro, Venezuela le vende crecientemente a China y se endeuda con Rusia, lo cual crea un escenario bélico en la cuenca del Caribe, mare nostrum americano".

La conclusión es sencilla, aunque trágica: "Por primera vez existe una posibilidad real de una guerra de alta intensidad propiamente dicho, frente a la eventualidad de problemas de pagos de deuda con PDVSA". Los miembros de Obela creen que es muy posible una quiebra de la petrolera y un cese de pagos, lo que "generaría un problema internacional mayor".

En opinión de Ugarteche y Negrete, la solicitud de Colombia para ingresar a la OTAN se relaciona con el este futuro bélico, así como la declaración de Barack Obama de que Venezuela es una amenaza para Estados Unidos.

En este punto, vale recordar los análisis del brasileño José Luis Fiori, quien se apoya en Nicholas Spykman (1893-1943), el teórico geopolítico que tuvo mayor influencia sobre la política exterior de Estados Unidos en el siglo XX, para actualizar los debates latinoamericanos durante la transición sistémica en curso.

Para Spykman, señala Fiori, el Caribe, más Colombia y Venezuela, forman una zona de influencia donde "la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada", ya que los consideraba "un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a Estados Unidos, lo que significa que quedarán siempre en una posición de absoluta dependencia" (goo.gl/9ti7oW).

En esta mirada de la región, Fiori sostiene que Estados Unidos y Brasil se enfrentarán inevitablemente a lo largo del siglo XXI, ya que son los dos únicos países con capacidad de liderar la región con proyectos propios. Y concluye: "El problema es que la posición de Washington es clara, pero no sucede lo mismo con la mayor parte de los gobiernos progresistas de la región".

Si la confrontación es inevitable; si la guerra es posible, deberíamos colocar esa perspectiva en los análisis de los movimientos antisistémicos para adecuar la organización y la conciencia ante esos escenarios. De allí se desprenden algunas consideraciones.

La primera es que la llamada crisis de la democracia, la desarticulación del Estado-nación y de las organizaciones que giran en torno a sus instituciones (desde los partidos políticos hasta las grandes centrales sindicales), son tendencias de carácter estructural que no puede ser revertidas por tal o cual caudillo, dirigente o administrador.

Tomarse en serio la democracia electoral, mientras la clase dominante le apuesta a la militarización y prepara masacres, es una irresponsabilidad para quienes queremos cambiar el mundo. Eso no quiere decir que se deba darle la espalda a las urnas, sino que el eje central debe girar en torno a la organización de los sectores populares y no en torno al apoyo a los representantes, porque éstos no pueden hacer gran cosa, aunque realmente quieran hacer algo.

La segunda tiene que ver con la guerra. Hace poco más de un siglo, cuando la socialdemocracia alemana votó los créditos de guerra y apoyó a su propia burguesía en la primera guerra mundial (1914-1918), el internacionalismo se hizo añicos y una profunda crisis carcomió las entrañas de las fuerzas revolucionarias. Alguna lección deberíamos aprender de aquella penosa historia.

Frente a quienes apoyaban a los gobiernos y los Estados, los rebeldes rusos delinearon una estrategia bien distinta: convertir la guerra interimperialista en guerra de clases para hundir a la burguesía. Las cosas hoy no son idénticas. Pero en los momentos de grandes virajes y conflictos mayores, no deberíamos caer en la trampa de apoyar a los gobiernos-Estados sino aprovechar el colapso institucional que sucede durante las guerras, para construir/expandir el poder de los de abajo.

Los grandes cambios en la historia de la humanidad suceden durante guerras. La historia del siglo XX debe persuadirnos de esa triste realidad.

El análisis "económico" de los miembros de Obela nos debería quitar la venda de los ojos y evitar que el pragmatismo oscurezca la ética. ¿Cómo nos estamos preparando para los momentos álgidos que se vienen? El paso fundamental se relaciona con la disposición de ánimo, lo que supone mirarnos al espejo para decidir a qué estamos dispuestos.

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El récord más lamentable: 200 defensores de la Tierra asesinados en un año

 El informe de Global Witness muestra que en 2016 aumentó el número de muertes entre los ambientalistas y luchadores indígenas

 


La violencia contra los defensores de la Tierra sigue extendiéndose lamentablemente. En 2016, al menos 200 personas comprometidas con la protección del medio ambiente y los derechos de las poblaciones indígenas fueron asesinadas en diversos puntos conflictivos del planeta, según el informe Defender la Tierra publicado por Global Witness.


“El asesinato de personas defensoras no sólo está creciendo, también se está expandiendo. En 2016 documentamos 200 asesinatos en 24 países, mientras que los 185 asesinatos registrados en 2015 fueron en 16 países”, destaca el informe de esta organización internacional especializada en el seguimiento de conflictos ambientales.


Brasil se mantiene como el país más mortífero según el número de muertes (49), mientras que Nicaragua (11) es el peor lugar per cápita. Durante la última década, Honduras se mantiene como el lugar más peligroso per cápita (127 desde 2007).


La cifra de 200 muertes podría ser incluso superior puesto que existen limitaciones importantes de acceso a información. Además, “los asesinatos representan el extremo de una serie de tácticas utilizadas para silenciar a las personas defensoras, que incluyen amenazas de muerte, arrestos, agresión sexual, secuestros y ataques legales agresivos”, indica este documento publicado a escala mundial por Global Witness el 13 de julio.


“Te amenazan para que te calles. No me puedo callar. No puedo permanecer en silencio frente a todo lo que le está pasando a mi gente. Estamos luchando por nuestras tierras, por nuestra agua, por nuestras vidas.” dijo Jakeline Romero a Global Witness.


Jakeline es una líder indígena colombiana que ha enfrentado amenazas e intimidaciones durante años por manifestarse en contra de los impactos devastadores de El Cerrejón, la mina a cielo abierto más grande de América Latina. El proyecto es propiedad de Glencore, BHP Billiton y Anglo-American, empresas que cotizan en la bolsa de Londres, y ha sido señalado como culpable de la escasez de agua y de desplazamientos masivos. El operador local del proyecto negó haber causado escasez de agua y ha condenado las amenazas sufridas por activistas.


“Estos hallazgos cuentan una historia macabra. La lucha por proteger el planeta se intensifica rápidamente y el costo puede ser cuantificado en vidas humanas. Más personas en más países están quedando sin más opción que plantarse en contra del robo de sus tierras o de la erosión de su medio ambiente. Muy a menudo son brutalmente silenciadas por las élites políticas y empresariales, mientras los inversionistas que las financian no hacen nada”, expresó Ben Leather, encargado de campañas de Global Witness.


En muchos casos, la falta de sistemas judiciales eficientes hace difícil identificar a los responsables de las agresiones y asesinatos, sin embargo, indica el informe de Global Witness, “encontramos evidencia sólida de que la policía y el ejército [de los países respectivos] estuvieron detrás de, al menos, 43 homicidios, y que actores privados como guardias de seguridad y sicarios estuvieron vinculados a 52 muertes”, destacan los autores del informe.


El informe documenta, por ejemplo, que los asesinatos se han triplicado en India, mientras que la brutalidad policial y la represión estatal hacia activistas empeora. América Latina se mantiene como la región más afectada, con el 60% de las muertes.


Casi el 40% de las personas asesinadas eran indígenas, ya que las tierras que han habitado por generaciones son robadas por empresas, terratenientes o actores estatales. Usualmente los proyectos se imponen a las comunidades sin su consentimiento libre, previo e informado, respaldados por la fuerza, pues se sospecha que la policía y los soldados son autores de, al menos, 43 asesinatos. La protesta suele ser el único recurso que se deja a las comunidades que ejercen su derecho a opinar sobre el uso de sus tierras y recursos naturales, enfrentándolas con quienes buscan obtener beneficios a cualquier costo.
Otros datos destacados en el informe:


La minería es la industria más sangrienta, con al menos 33 asesinatos vinculados al sector. Los asesinatos vinculados a las empresas madereras aumentaron de 15 a 23 en un año, mientras que hubo 23 asesinatos relacionados con proyectos de agronegocios.


Los homicidios registrados alcanzaron un máximo histórico en Colombia (37), ya que las áreas que previamente estaban bajo control guerrillero ahora son observadas con codicia por compañías extractivas y paramilitares. Las comunidades desplazadas que regresan son atacadas por recuperar tierras que les fueron robadas durante el largo conflicto armado que vivió el país.


Los asesinatos en India se han triplicado a medida que empeora la brutalidad policial y la represión de protestas pacíficas. En 2016 se registraron 16 asesinatos, en su mayoría vinculados a proyectos mineros.


Proteger parques nacionales es más peligroso que nunca, con gran cantidad de guardaparques asesinados en África. En 2016 hubo 9 asesinatos confirmados de guardaparques en la República Democrática del Congo. Una industria minera voraz hace que Filipinas destaque por las muertes en Asia, con 28 asesinatos registrados.
El informe también señala la creciente criminalización de las y los activistas alrededor del mundo, incluyendo Estados Unidos. Suelen ser presentados como criminales, y deben enfrentar cargos penales falsos y agresivos casos civiles, armados por gobiernos y empresas que intentan silenciarlos.


“Los Estados están rompiendo sus propias leyes y fallando a su ciudadanía de la peor manera posible. Valientes activistas están siendo asesinados, atacados y criminalizados por las personas que supuestamente deberían protegerlos. Gobiernos, empresas e inversionistas tienen el deber de garantizar que las comunidades sean consultadas sobre los proyectos que las afectan, que los activistas sean protegidos de la violencia, y que los culpables sean llevados ante la justicia”, dijo Ben Leather.


Las cifras de 2017 no dejan demasiado margen a la esperanza. Entre enero y julio de este año se han registrado 97 asesinatos de personas comprometidas con la Tierra, según los datos provisionales de Global Witness.

 

 

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En Pijao y Arbeláez tampoco quieren actividad minera en sus territorios

El pasado 9 de julio de 2017 se realizaron sendas consultas populares en los municipios de Pijao (Quindío) y Arbeláez (Cundinamarca). En ambos ganó el NO rotundo con más del 90 por ciento de los sufragios en contra de las actividades extractivas.

 

Un No con eco generalizado. En Pijao 2.613 personas (de un total de 6.073 habitantes aptos para votar) dijeron NO a la explotación de minerales; 26 por el sí y 8 votos fueron anulados. Por su parte, en el municipio de Arbeláez 4.312 fueron las personas que rechazaron la explotación y la exploración de hidrocarburos en su territorio, frente a 38 que la aprueban. Este resultado reafirma la constante nacional (Cajamarca, Cumaral, Piedras, Cabrera) que se opone a la destrucción de sus territorios, despertando frente al espejismo del mal llamado “progreso”, que solo trae ruina y destrucción. En otros municipios, como Jericó y Támesis (Antioquia) sus concejos municipales dejaron sentar su rechazo a la explotación minera en su jurisdicción.


Una convicción social, ambiental y política que refleja el eco de la crisis climática que afecta a toda la humanidad, ante la cual poblaciones del más variado signo optan por proyectar su futuro y de quienes les seguirán con responsabilidad, sin dejarse engañar por un Dorado que en departamentos como el Chocó, la Guajira, Putumayo y otros, ha confirmado y reconfirmado, una y otra vez, que la minería es una simple ilusión, de la cual se benefician las multinacionales, sus verdaderas defensoras.


Voces gubernamentales


Y junto a los grandes capitales llegados desde otros continentes, también existen defensores de oficio. En nuestro caso, son las voces gubernamentales y empresariales opuestas a este tipo de consultas populares.
Para el exministro Eduardo Pizano, el petróleo es un generador de recursos para el Estado y el rechazo que está corriendo por todo el país generará problemas fiscales porque “si no se cuenta con esos recursos, o hay más impuestos o el Estado no va a poder pagar ese tipo de derechos que se habían garantizado”, aseguró.


Por su parte, Hernando Barrero de la Asociación colombiana de ingenieros de petróleo dijo: “Creo que es necesario establecer la seguridad jurídica en el sector minero, no se cuenta con certeza sobre la obligatoriedad o la fuerza vinculante de las consultas teniendo en cuenta que hay unos derechos adquiridos por varios empresarios”.


Orlando Velandia, director de la Agencia Nacional de Hidrocarburos agregó: “Según el Consejo de Estado en el fallo del 30 de mayo, estas decisiones cobijan el manejo del suelo hacia futuro, es decir, garantiza la seguridad de los contratos ya realizados. También los fallos de la Corte Constitucional, como la del Consejo de Estado, hablan de un nivel de competencias que le corresponden al gobierno nacional y a los entes territoriales, ahí hay ciertos elementos de confusión que no están dejando claro cuál es el nivel de decisión de estas consultas populares”.


No obstante, Mónica Flores quien es representante del comité promotor de la consulta en Pijao declaró a los medios que: “Hay que tener muy claro aquí, que la Corte Constitucional a través de la sentencia T-445 de 2016 lo que hizo fue ratificar la Constitución política de Colombia, está diciendo que las consultas populares, a diferencia de lo que dicen algunos gremios del Gobierno, sí es vinculante y hay que respetar la decisión del constituyente primario... y nosotros lo vamos a hacer respetar”.


¿Dependencia al extractivismo o negativa a otras actividades?


“Nosotros tenemos una altísima dependencia a la industria de hidrocarburos, generamos más de 20 billones de ingresos tributarios al año y está garantizándose por el momento la suficiencia de combustibles en el país... En la medida en que estas consultas vayan creciendo en la forma en que lo están haciendo, pues se pone en riesgo la sostenibilidad fiscal de este país y la autosuficiencia en materia de combustibles”, afirmó Orlando Velandia


Y agregó: “En la última reforma tributaria se aumentó el IVA en 3 puntos para recibir dineros cercanos a 6 billones de pesos, si al decirle no al extractivismo dejamos de generar más de 22 billones de pesos al año, el Gobierno debe recurrir a los ingresos tributarios. Las decisiones que están tomando los municipios nos afectan a todos”.


Francisco Lloreda, presidente de la Asociación Colombiana de Petroleros, tiene una opinión similar:


“El impacto de carácter fiscal que se termina traduciendo, sin duda alguna, en más impuestos para todos los colombianos. Seguir con la idea de sacar a patadas a todos los proyectos mineros y de hidrocarburos sería una profunda estupidez”. De acuerdo con este funcionario, “Tiene que ver también con la calidad de vida de los colombianos porque si nosotros perdemos la autosuficiencia en materia de combustibles, pues eso termina significando que debemos prepararnos para combustibles más costosos, incluido un gas natural más costoso. Tenemos un régimen fiscal que es muy poco atractivo, mientras la carga fiscal promedio de esta industria es del 70 por ciento, es difícil que los inversionistas se fijen en Colombia con el mismo interés”.


También aseguró que las iniciativas en los municipios como Pijao y Arbeláez son promovidas por intereses políticos. “No son comunidades espontáneas que de la noche a la mañana están preocupadas por el medio ambiente, no. Hay intereses políticos. Hay políticos... que en una época electoral que está iniciando, apalancan sus campañas con el discurso ambientalista.


Y continuó: “Hay grupos de izquierda que están alineados con fuerzas sindicales, con grupos armados al margen de la ley; que lo que quieren es estatizar la actividad petrolera en Colombia. Han querido sacar a las multinacionales, olvidando que sin las multinacionales Colombia hoy no tendría actividad petrolera”.


Al respecto, vale la pena preguntarse: ¿Qué motivó a la población Pijaense a convocar a una consulta popular? Mónica Flores dio estas razones: “El problema que teníamos era la minería a gran escala con los títulos que se habían concedido y las nuevas licitaciones mineras”. También aseveró que en Pijao hay aproximadamente 18 solicitudes para extracción, 6 de ellas para extracción de metales.


“Lo que queremos es blindar a Pijao de una minería de metales a gran escala porque este es un municipio que tiene paisajes de páramo, de valle, de montaña y un gran potencial económico a través de la agricultura y a través del turismo responsable”.


Las próximas consultas sucederán en Pasca (Cundinamarca), Paujil (Caquetá) y Marmato (Caldas). En más de 30 municipios también recogen firmas para que sea la voluntad popular quien confirme o rehúse proyectos que afectarían su terruño, bien por efecto de explotación minera, petrolera o por generación de energía.

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"Los indígenas wayúu de Colombia están en riesgo inminente de desaparecer por el hambre y la falta de agua"

Hablamos con Ruth Chaparro, cuya organización trabaja con el pueblo wayúu en la Guajira, donde en los últimos cinco años han fallecido más de 5.000 niños de desnutrición por la sequía
"Son décadas de exclusión. Están así por la corrupción, el racismo y la desigualdad. Las escuelas son inexistentes y tienen miedo al hospital", denuncia

Desde hace algún tiempo, los bolsos confeccionados por los indígenas wayúu inundan las tiendas de artesanías de la costa Caribe colombiana. Se reconocen fácilmente por sus colores vivos, sus estampados con formas geométricas y su acabado de croché, y se han convertido en uno de los complementos de moda para locales y turistas.


Ruth Chaparro, sin embargo, solo puede pensar en las manos que los cosen en la Guajira, al norte del país, a cambio de unos pequeños ingresos para sobrevivir. "Es muy fácil encontrar mochilas wayúu en cualquier lugar del mundo, hay una sobreoferta. Y que haya mochilas por todas partes es la señal de que la situación del pueblo wayúu es muy grave: cuanta más hambre tienen, más tejen. Tejen, tejen y tejen", comenta en una entrevista con eldiario.es.


Nacida en Bogotá, lleva más de 30 años trabajando con pueblos originarios de Colombia. Su organización, Fundación Caminos de Identidad (FUCAI), que colabora con Manos Unidas, ha recibido esta semana el premio Bartolomé de la Casas, del Ministerio de Asuntos Exteriores, por su "constante trabajo de fortalecimiento de la identidad y la autonomía de los pueblos indígenas".


Chaparro habla con elocuencia, un tono sereno que abandona cuando explica la "grave" desnutrición que amenaza al pueblo wayúu, el más numeroso del país. Entonces gesticula contrariada y se vuelve mucho más categórica. "Los indígenas wayúu están en riesgo inminente de desaparecer por necesidades básicas insatisfechas, por falta de agua y alimento", alerta.


Más de 5.000 niños han muerto de hambre


En los últimos cinco años, las autoridades indígenas calculan que más de 5.000 niños menores de dos años han muerto de hambre en la Guajira, un territorio rico en recursos como el gas y el petróleo y habitado desde hace siglos, en su mayoría, por la población wayúu. Un desierto a orillas del Mar Caribe donde hace más de seis años que no cae ni una gota.


"El cambio climático es una realidad. Antes, siempre llovía una o dos veces al año. La gente sembraba, producía lo que necesitaba para comer y sus hijos podían beber agua. Ahora, con la sequía, quedaron sin agua. Sin agua no hay alimento y sin alimento no hay vida", argumenta Chaparro.


La desnutrición crónica afecta al 27,9% de los niños y niñas menores de cinco años de la región, según cifras de las ONG, más del doble que la media nacional. "Son niños que no levantan la mirada del suelo. Que no tienen uñas ni cabello. Que han perdido el 100% de la masa muscular. Niños que ya no lloran porque no tienen lágrimas, porque están totalmente deshidratados. Que ya no se quejan, porque cuando el dolor es extremo, ya no se siente", describe.


"Las mujeres tienen que amamantar a tres o cuatro hijos porque no hay comida. Y las embarazadas sufren niveles de desnutrición asombrosos. Tienen la piel reseca, el cabello destrozado. Su angustia es enorme porque si no beben agua, según su tradición, los niños pueden nacer con problemas", prosigue la cooperante. Cuando los niños mueren, es el momento del 'movimiento de las mantas negras'. En un ritual de duelo colectivo, las mujeres wayúu, vestidas de luto, lloran su muerte y protestan entre ataúdes que simbolizan las miles de vidas que se ha llevado el hambre en la Guajira.


Con su organización, Chaparro recorre el desierto en búsqueda de menores para tallarlos y pesarlos e ingresarlos si es necesario en un programa de recuperación basado en el tratamiento con Ekúlüü süpúla waín, que significa 'Alimento de vida'. Las mujeres de la comunidad tuestan y muelen las semillas de maíz y frijol, y los mezclan con hojas de moringa. El resultado, aseguran, es una multimezcla con un alto valor nutricional que provoca que los niños suban de peso con rapidez.


Es la única solución a corto plazo. "Denunciamos los casos a las autoridades. El sector público es más lento en su respuesta, así que si no hacemos algo muchos van a morir", sostiene. Ahora, solo esperan poder tener acceso al agua para empezar a cultivar sus semillas y, así, regenerar el ecosistema que se ha secado y recuperar su soberanía alimentaria. También llevan a cabo formaciones con las autoridades indígenas para que conozcan y ejerzan sus derechos.


"Solo así no se genera mendicidad. El paternalismo es perverso. Tienen derecho a la tierra, al agua y a producir su propio alimento. Regalarles cosas no ayuda. A veces les mandan ropa vieja y para el frío, cuando es un clima cálido. O recolectan juguetes para los niños, o les instalan un panel solar. Si ellos piden agua, ¿por qué no les damos agua? No les demos lo que no nos están pidiendo", reclama.


"Corrupción, racismo y desigualdad"


Pero detrás de esta falta del bien más básico está también la mano del hombre. Chaparro no duda y, además del cambio climático, apunta a las empresas extractivas de la zona como responsables de que varios arroyos del territorio se hayan secado. "Hay una gran extracción minera del carbón y hay estudios que demuestran cómo la empresa alteró las dinámicas del agua", señala.


"La Guajira no es pobre. Tiene hidrocarburos, energía eólica, sal. El PIB en la región subió muy por encima de la media nacional, sin embargo el 97% de las necesidades básicas están insatisfechas. ¿En manos de quién quedó esta riqueza?", se pregunta. "Hay una corrupción administrativa muy dolorosa. Muchos dirigentes han sido investigados y están en la cárcel. Soñamos con que los corruptos se desmovilicen", esgrime la cooperante.


Así, la sed y el hambre que amenazan a la árida Guajira son solo la punta del iceberg de lo que considera "décadas de exclusión" de los cerca de 300.000 wayúu que habitan en Colombia. "Están así por la corrupción, el racismo y la desigualdad. Las e scuelas son prácticamente inexistentes. Muchas veces llegan a un hospital y como no tienen los papeles, no los atienden. Los turnos para que los reciban son vergonzosos, la atención no es bilingüe", explica en referencia a la fuerte presencia de su lengua, el wayuunaiki. " Por eso prefieren morirse en la casa. Le tienen miedo al hospital, a cómo les atienden", continúa.


"Deje que las yucas y las piñas hablen por mí"


FUCAI también trabaja con los pueblos ticuna y yagua en la Amazonía, en la frontera entre Brasil, Perú y Colombia. Se trata, explica Chaparro, de comunidades históricamente expoliadas en las que había comenzado a reinar el monocultivo. "A principios del siglo XX los convirtieron en esclavos para que el caucho llegara a Europa. Murieron 70.000 indígenas. Durante el conflicto entre Colombia y Perú, muchos fueron deportados y quemaron sus cultivos para que no tuvieran la tentación de regresar. Cuando regresaron solo pudieron recuperar pocas especies", relata. También, dice, tenían problemas de desnutrición.


Ahora han logrado sembrar con ellos más de 190 especies amazónicas. Entre ellas, frutas de todo tipo, casi desconocidas para el resto del mundo, como e l copoazú, el arazá o el camu-camu. "Quieren i r más allá de las palabras. Un anciano decía: 'Deje que las yucas y las piñas hablen por mí. Yo quiero un discurso que se pueda comer'. Volver a la tierra da fuerza y autoridad moral", señala Chaparro.

 

Además de recuperar las semillas y los suelos de la "exuberante" selva amazónica, promueven la cocina nativa. "No tienen que comprar nada porque todo lo produce la tierra. Viven de lo que siembran y es una cocina sana, variada y suficiente", indica.
"El mayor logro es que tras 500 años sigan vivos"


En pleno proceso de construcción de paz tras los acuerdos entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC, la aspiración de Chaparro es que los otros problemas del país puedan recibir la atención que se merecen. "El terrorismo se llevó toda la atención y todo el presupuesto, por eso no pudimos ver la corrupción, la desigualdad y la pobreza extrema. Ahora, estos problemas podrán pasar a un primer plano para poderlos resolver", opina.


Desde su Constitución de 1991, Colombia se reconoce como un país con diversidad étnica y cultural. Desde entonces, para la cooperante, los logros han sido varios, sobre todo en relación al reconocimiento de derechos territoriales y a un Gobierno propio. "Es un paso importante, pero también un reto. Con todos los intereses que hay sobre esos territorios, la lucha debe ser permanente. Debemos estar alerta para que sean protegidos", opina.


Sin embargo, a su juicio, el mayor logro de todos es "que después de más de 500 años sigan vivos". Siglos después, dice, "no hemos aprendido la lección. La arrogancia de Occidente sigue intacta, en nombre del desarrollo se sigue arrasando con pueblos enteros", recuerda. Y añade: "El logro también es que permanezcan con una visión distinta". "Son culturas que no acumulan, que no producen toneladas de basura ni contaminan, que respetan a sus ancianos y dedican tiempo a sus hijos. No pueden desaparecer. En el fondo creo que incomodan porque nos están diciendo con su manera de vivir muchas cosas", concluye.

Publicado enColombia
"Los pueblos indígenas son cada vez más obligados a migrar a la ciudad para morirse en la pobreza"

Álvaro Pop, expresidente del Foro de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, analiza la situación de los pueblos originarios de cara al décimo aniversario de la Declaración de Naciones Unidas que reconoce sus derechos
"Las empresas que explotan recursos lo único que quieren son dividendos, pero se olvidan de las personas que viven ahí"
"Existe la minería responsable, pero responsable solo ante sus accionistas"


Este año se cumple el décimo aniversario de la histórica Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que trataba de blindar el respeto de los derechos individuales y colectivos de los pueblos indígenas. Sus circunstancias particulares y su sufrimientos histórico merecían el reconocimiento expreso de estos, pero, 10 años después, no hay mucho que celebrar, denuncia Álvaro Pop, activista indígena y expresidente del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas.
"Los pueblos indígenas son cada vez más violados, más explotados, más excluidos, obligados a migrar a los centros urbanos y a morirse en la pobreza", lamenta Pop. Este maya q'eqchi guatemalteco es, desde enero, secretario técnico del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y El Caribe, un cargo más en toda una vida dedicada a la lucha por los derechos de los pueblos originarios.


Desde su altavoz trata de desterrar mitos e insiste en la importancia de los pueblos indígenas para la supervivencia del planeta. "Somos una minoría global que alberga en sus territorios el 70% de la capacidad forestal y el 50% de la biodiversidad del mundo", recuerda en una entrevista con eldiario.es. Los desafíos que afrontan estas comunidades, insiste, aún son muchos: desde el cumplimiento del derecho a la consulta hasta el fin de la persecución de las poblaciones locales, así como un modelo de desarrollo alternativo.
El concepto de "modernidad" importado de Europa es, a juicio del experto, uno de los principales problemas en la vida de los pueblos a los que representa. "Occidente, con su concepto de modernidad, insiste en los derechos individuales, la democracia individual, la economía individual, olvidándose de que no podemos existir sin la colectividad", lamenta este corpulento indígena de 48 años.


Desde el desierto de Sonora hasta Tierra del Fuego, los pueblos originarios representan el 10% de la población total de América Latina, con alrededor de 50 millones de personas, según Naciones Unidas. Repartidos en cientos de comunidades a lo largo de Abya Yala –nombre ancestral que engloba al continente americano –, los primeros pobladores habitan entornos tan diversos como la imponente selva amazónica, los gélidos páramos andinos o las paradisíacas costas caribeñas.


Sin embargo, muchos de ellos enfrentan amenazas similares. Los proyectos de extracción de recursos naturales, ya sean mineros, petroleros o hidroeléctricos, conllevan en muchas ocasiones, recuerda Pop, el desplazamiento forzado de comunidades enteras. Cuando estas oponen resistencia, suelen ser perseguidas, encarceladas o asesinadas. Ocurre a menudo en México, Honduras o Brasil, pero también en países con gobiernos progresistas como Ecuador.


Según Pop, la falta de protección de los pueblos indígenas se debe a prácticas neocoloniales asociadas a la proliferación de "gobiernos corporativos que mantienen relaciones incestuosas con las empresas". Esta prevalencia de los intereses de inversores extranjeros sobre el bienestar de las poblaciones locales conlleva entonces que "los pueblos indígenas sean cada vez más violados, más explotados, más excluidos, obligados a migrar a los centros urbanos y a morirse en la pobreza, perdiendo sus idiomas", denuncia el que fue en 2016 presidente del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas.


Frente a un modelo de desarrollo que permite que comunidades situadas alrededor de una central hidroeléctrica no tengan luz en sus casas, Pop esgrime las alternativas propuestas por los pueblos originarios. Entre ellas destaca el Buen Vivir, o Sumak Kawsay, surgido en los Andes. "Esta práctica de vida debería hacernos reflexionar para que reconozcamos formas de pensamiento vinculadas a la naturaleza y a la colectividad", sostiene.


En cualquier caso, Pop desmarca a los pueblos originarios del ecologismo. "El planteamiento ecologista ve a la naturaleza allá y al humano acá, y el humano tiene que proteger a la naturaleza. El planteamiento de los pueblos indígenas no es así. Nosotros estamos dentro y, por lo tanto, queremos que nuestro mundo se mantenga", aclara.
"La obligación de consultar a los pueblos no se cumple"


A punto de cumplirse del décimo aniversario de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, Pop estima que los avances jurídicos han sido importantes, pero no han solucionado los problemas. "Las normas internacionales y nacionales obligan a los Estados a construir mecanismos de diálogo y consulta mediante la participación de los pueblos indígenas, pero esto en la práctica no se cumple", afirma.


El derecho a la consulta previa, libre e informada, que otorga a las comunidades afectadas por proyectos extractivistas el poder decisión sobre sus territorios, es uno de los más vulnerados. No obstante, existen casos recientes que muestran un cambio de tendencia, como el de la comunidad campesina de Cajamarca, en Colombia, que dijo 'no' a la minería en una consulta popular celebrada en marzo.


A Pop no le extraña que las poblaciones rurales de América Latina se opongan a las iniciativas mineras. "No hay un solo ejemplo de un lugar donde hubo una mina de oro o de plata y hoy haya un jardín", expresa en referencia a las promesas que realizan gobiernos y compañías mineras sobre la reforestación de los territorios explotados.


"Existe la minería responsable, pero responsable solo ante sus accionistas. Las empresas que explotan recursos lo único que quieren son dividendos, bajo ese concepto se olvidan de las personas que viven ahí, se olvidan de la posibilidad del rescate de la naturaleza", señala.


"La creencia de que no aportamos es falsa"


Debido a esa resistencia que muchos pueblos indígenas mantienen ante los proyectos de extracción de recursos naturales, abundan los gobiernos que los tildan de obstaculizar el desarrollo. Lo mismo ocurre con buena parte de las poblaciones mestizas urbanas de América Latina, quienes priorizan la creación de empleo y la llegada de recursos económicos sobre los derechos de los pueblos a decidir sobre sus territorios.


Frente a esta extendida percepción que caricaturiza a los indígenas como enemigos del progreso, Pop arguye que el desarrollo económico de buena parte del planeta debe mucho a las comunidades nativas. "Los pueblos indígenas han ayudado y sostienen las economías de casi todos los países de América Latina y del mundo", asegura. "Nos dedicamos a la agricultura y a la pesca, nuestras economías están muy vinculadas a la tierra. Por eso la creencia de que no aportamos y que somos dependientes es falsa".
Pop reconoce que los pueblos indígenas también tienen que hacer autocrítica en algunos aspectos, como en relación a los derechos de las mujeres. "Por supuesto que hay machismo en las comunidades, hay desigualdad en la toma de decisiones", asume este politólogo maya, que valora los aportes de mujeres indígenas vinculadas al feminismo comunitario.


Frente a los retos que los pueblos originarios tienen por delante, Pop considera que el más acuciante de ellos es la transformación de los Estados latinoamericanos en entes que garanticen el cumplimiento de los derechos indígenas. Además, plantea la necesidad de buscar una tercera vía que permita superar la "disyuntiva mortal" que obliga a elegir entre extractivismo sí o extractivismo no.


"Sin la explotación de los recursos no hay futuro porque nos quedaríamos sin teléfonos celulares y sin energía eléctrica, pero tampoco hay futuro haciéndolo. Por eso hay que construir una tercera vía para el desarrollo en donde el bienestar de todos incluya el bienestar de los pueblos indígenas, donde seamos reconocidos como ciudadanos de primera categoría", concluye.

 

Por Jaime Giménez - Quito (Ecuador)
03/07/2017 - 20:39h

Publicado enSociedad
Viernes, 23 Junio 2017 15:35

El ahogado

El ahogado

“¡Abro los ojos! Una noche más sin poder conciliar el sueño, inmóvil, intentando adormitar el dolor que corre por mi espalda, intenso, una presión como si dos manos gigantes me tomaran por pecho y espalda, como si fuera un dentífrico al que presionan de afuera hacia adentro para extraer la crema que guarda.

 

Me duele el cuerpo. Intento tomar aire, labor cada vez más ardua: inhalar se convierte en una constante pelea con mi tórax, que golpetea como si fuese un motor descompuesto. Me duele el cuerpo. Cada vez es más complicado para mis agotados pulmones realizar su función; inhalan y hacen ruidos cual sapos saltando en los charcos.

 

Miro mi cuerpo de abajo hacia arriba. Sigo quieto, tanto como lo estuve toda la noche. Escucho que mi esposa se levanta. Cierro los ojos, escucho sus movimientos en la habitación; ahora sale y un alboroto de ollas suena, aunque muy sigiloso; oigo que abre la regadera.

 

Sigo en mi lecho, inmóvil. Mi pecho continúa pegado a la espalda; cada vez me es más difícil mantener la lucha contra las contracciones. Toso de nuevo la misma tos de perro, pero esta vez la tos trae una bocanada de sangre con mucosa; empalidezco y siento como mis ojos se van cerrando, adormecidos como si el cansancio de todo este esfuerzo me estuviera venciendo; mis pulmones son como un horno, más y más de esa mezcla oscurece la almohada, intento gritar para avisar a mi esposa pero es en vano pues los pulmones no me responden. Me atraganto, intento ponerme de pie, el pantalón abandona la cintura y cae “en las dos últimas semana he bajado ocho kilos”, intento sujetarlo pero la mente se nubla, un mareo gana espacio dentro de mí y caigo al suelo; debo resistir, pienso, trato de sujetarme al borde la cama y siento como otra bocanada de sangre sale por mi boca y nariz, una masa de todo ello me va tapando la garganta, me angustio y ahora solo deseo que mi esposa salga pronto del baño; cierro los ojos, intento incorporarme pero no lo logro; escucho que abren la puerta del baño, lucho contra el peso que me oprime y que arrebata las fuerzas hasta quedar de cara al suelo, sin sentido. Soy un náufrago que espera a ser encontrado”.

 

Así es el día a día de Humberto, adulto que ya refleja en su rostro la marca que deja el paso de los años, que ya son 58; sus ojos, profundos, como una fosa en la cual van a parar las alegrías y tristezas de toda una vida. Este hombre, un obrero cargado de esfuerzos y vivencias, y ahora de dolores, que por su estado me lleva a que me pregunte si la justicia en nuestro país es realmente imparcial o solamente favorece a quien mejor la seduzca.

 

Su dolor lo siento tan cerca que parece arrebatarme la tranquilidad. Me pregunto, les pregunto: ¿Alguna vez se han interrogado qué sería de su vida si la capacidad de valerse por sí mismo disminuyera? ¿De qué viviría? ¿Cómo cubriría sus necesidades? ¿Qué haría si la empresa para la que trabajó durante buena parte de su vida, responsable de su estado de salud, es indiferente ante su angustia? ¿Si la institución a la cual le canceló durante años el seguro se niega a reconocerle un derecho fundamental, en este caso la pensión?

 

A Humberto lo asiste la razón, y como a otros muchos obreros el poder los desdeña y arrincona, una vez enfermos, como útiles viejos, negándoles también el derecho a vida digna. Su historia de dolores e incapacidades se remonta al veinte de mayo del 2004, cuando fue internado por primera vez en el hospital producto de una dificultad respiratoria que el diagnostico médico resumió como una silicosis pulmonar grave “la tisis del minero”, ordenando diez días en cuidados intensivos, trece meses de incapacidad y, como consecuencia de ello, el final de su vida laboral.

 

El médico se lo dijo con toda claridad: alejarse de cualquier partícula de sílice que le pudiera seguir afectando, es lo primero por hacer; no retomar su labor en Filpa, la fábrica de insumos para fundición, en donde trabajaba con asbesto, arena, fibra de vidrio y otros compuestos desde hacía 25 años.

 

Trabajo arduo, constante, con esmero, pero sin protección o seguridad industrial alguna, por lo cual adquiere la enfermedad diagnosticada. “Lo que allí nos daban era una simple máscara, sencilla, de esas de trapo”. Luego de evidenciada su lesión el dueño de Filpa empieza a dar la dotación adecuada a sus empleados, aunque el mal sobre su cuerpo ya estaba hecho. Unos ganan con la pérdida que afecta a otros, así acumulan su riqueza los patrones y así pierden los obreros. Pero ¿qué se puede esperar de alguien que despide a un trabajador estando en incapacidad médica?, sin cumplir ni con una indemnización, porque esto fue lo que sucedió.

 

Resistir, es lo que corresponde para defender un derecho ganado tras años de labor ininterrumpida. Humberto interpone una demanda legal, tras cuyo resultado desnuda una vez más lo inconsistente y arbitraria que es la justicia en Colombia. ¿Justicia, cuando quien tiene dinero hace con la ley lo que quiera?

 

La noticia de su enfermedad dejó a Humberto prácticamente en la calle, más cuando la seguridad social no apareció por parte alguna. En defensa de sus derechos demandó y ganó en primera instancia, pero luego de doce meses le dicen que se vencieron los términos de la demanda y que no le van a responder por nada más, convirtiéndose en otra víctima de la explotación laboral y de la justicia de bolsillo.

 

El brazo no se da a torcer. Humberto se encuentra luchando contra la Aseguradora de Riesgos Laborales para recibir la pensión a que tiene derecho, la misma que debió recibir desde el mismo momento en que le diagnosticaron la silicosis, enfermedad profesional y de tipo incapacitante.

 

Mientras la justicia toma su lugar, Humberto sobrelleva sus dolores con el apoyo incansable de su esposa. Ella lo llama a comer, como lo ha hecho durante todos estos años de enfermedad incapacitante. En realidad son dos que parecen uno. Esto lo sabe el otrora obrero, que aún a pesar de las dolencias que parecen partirlo, colabora en su hogar, donde en la parte trasera de su casa se esconde una huerta en la cual siembran algunas matas de maíz, alverja, plátano, naranjas, banano, guayaba, yuca, auyama, curuba y frijoles; también se las ingeniaron para construir un galpón en el que se mueven unas veinte gallinas de las cuales obtiene huevos, y al fondo un corral con una cabra de la que goza un poco de leche.

 

Donde hay decisión de lucha, hay posibilidad de vida, así lo sabe él: la enfermedad está ahí, no lo dejará, pero contra ella se bate. También la injusticia está ahí, allí y más allá, por toda Colombia, pero contra ella también la lucha impedirá que se posesiona como diosa.

Publicado enEdición Nº236
Resistencias antiextractivistas: en el corazón de la práctica de la ecoteología

En Latinoamérica la apuesta es por la ecoteología a través de la cual representantes de la Iglesia ejercen su misión liberadora del hombre y la tierra. Uno de los propósitos es cambiar de paradigma, ubicar al hombre como parte de la naturaleza, integrado a ella, en una nueva relación ya no de dominación sino de codependencia.


En Suramérica y Centroamérica diferentes comunidades eclesiásticas acompañan comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas, en sus resistencias pacíficas contra empresas, nacionales y multinacionales, y sus proyectos extractivistas.


“La ecoteología constituye una nueva cosmovisión con inspiración ética y religiosa que cuestiona el modelo de civilización tecnocientífica imperante y propone un paradigma que salvaguarde armónicamente los derechos de la naturaleza y los humanos, pues la actual crisis se da por la civilización hegemónica. El mesianismo prometido por la ciencia y la tecnología resultó ser selectivo y discriminatorio”, explica Richard Acostai.


En su libro, Acosta plantea el reto de la teología: responder a la realidad social y sus nuevas formas de opresión que avasallan a los pueblos. Añade que si el discurso teológico pretende ser pertinente se requiere la coherencia entre la fe y la praxis, una práctica que responda a esos nuevos contextos sociales y sus desafíos.


“Si la teología ha de ser impertinente, ha de serlo al ejemplo de Jesús, el Cristo, quien importunó el statu quo y las estructuras alienantes y opresoras de su contexto”, dice enfático Acostaii.


En el corazón de esa praxis está el acompañamiento de la Iglesia a los procesos de resistencia pacífica liderados por comunidades indígenas, campesinas, y afros que habitan en las entrañas de Nuestra América.


Además asumir una posición de liderazgo que confronta los nuevos modelos de desarrollo que promueven el extractivismo como fuente de “progreso” a costa del sacrificio y el rompimiento del tejido social, del equilibrio de los ecosistemas.


Un desequilibrio que ha enfermado a la tierra, Uma Kiwe, para los Nasa de Colombia. “El suelo el lugar donde nos encontramos hoy, donde desarrollamos nuestras actividades, es un ser vivo. Es la piel de la madre tierra, Uma Kiwe, y allí dentro de esta capa existen seres espirituales que denominamos tapanos, espíritus que toman formas diferentes con las hojas de los árboles, con las ramas que se van descomponiendo y que generan equilibrio con todo el territorio”, señala Luz Mery Pachacué, indígena Nasa quien vive en el departamento del Caquetá.


Según la cultura Nasa el suelo, la piel de la tierra, se desarmoniza y enferma cuando hay quemas, se aplican químicos, se destina a monocultivos como la palma; además, cuando hay minería y deforestación.


Es en este momento de crisis planetaria le corresponde a la teología cristiana saldar una deuda pendiente. En palabras de Acosta:


“Le corresponde a la reflexión teológica, incluso, redimir la cosmovisión cristiana heredada e impuesta por ella desde la Modernidad que distorsionó la designación divina del hombre como “dominador” “sometedor” atribuida en el Génesis, y la entendió como sinónimo de depredacióniii”.


Esta “deuda” fue debatida en el año 1967 en el artículo de la Revista Science The historical roots of our ecological crisis”, las causas históricas de nuestra crisis ecológicas del estadounidense Lynn White Jr.


En ese artículo, White planteó que, especialmente en su forma occidental, no hay religión más antropocéntrica que la Cristiana y que incluso en el mito de la creación se observaba que todas criaturas físicas no tienen otra finalidad que servirle al hombre, que fueron hechas para su beneficioiv.


No obstante Alirio Cáceres, diácono permanente de la Arquidiócesis de Bogotá y animador ecológico de la Iglesia del Continente y Bogotá, opina que hay que se cautelosos en este punto.


“No se puede ser tajante al decir que el cristianismo es antropocéntrico y depredador. Génesis 1, 28 habla de un Dios permisivo que le da el mandato, el dominio y ese dominio se entendió como servirse de todos los servicios de la naturaleza en función del ser humano, que es lo que se conoce como antropocentrismo.


“Pero penetrando en la mentalidad bíblica, los estudiosos, los hermeneutas llegaron a la conclusión de que ese verbo ha sido mal traducido mal interpretado, porque en realidad el dominar es servir, es cuidar”, agrega Cáceres.


También en su artículo White reconoció el papel “radical” de San Francisco de Asís para superar esa perspectiva de aparente superioridad del hombre sobre la naturaleza.
“La clave para entender a Francisco es su creeencia en la virtud de la humildad –no solo para el individuo sino para el ser humano como una especie. Francisco trató de deponer al hombre de su monarquía sobre la creación e instaló una democracia para todas las criaturas de Dios”, dijo Withe.


En América Latina, la ecoteología como evolución o nueva perspectiva de la teología de la liberación incluye a la Tierra -Madre Tierra, Pacha Mama, Uma Kiwe, con las diferentes denominaciones que pueda adquirir, es otro sujeto a liberar; además, del pobre.


La tierra es también oprimida. Se escucha su insistente clamor, su grito que interpela a teólogos y ciudadanos, en general, para protegerla.


La ecología tiene en Leonardo Boff uno de sus grandes exponentes quien en sus escritos como en Grito a la tierra, grito a los pobres, la considera una pobre más.
“Boff habla de una cuarta ecología que es integral y que la opción por los pobres implica ese grito de la tierra porque la ecología se entiende como la ciencia de los pobres, ciencia de la casa común, el planeta”, indica Alirio Cáceres.


La Encíclica Laudato Sí, centrada en el cuidado de la casa común, plantea un teocentrismo –insiste Alirio Cáceres- el centro es Dios, de él venimos los seres existentes, la fauna, el bosque, las flores.


“Laudato Sí fue el cántico que Francisco de Asís entonó al Dios creador, el proyecto humano es que podamos devolver a Dios todo lo donado, por su misericordia”, enfatiza Cáceres.


¿Antropocentrismo o biocentrismo?


Pensar un territorio común, una forma nueva de entender Dios al ser humano, al cosmos es un reto para la teología del Siglo XXI.


“La presencia de lo ecológico en la teología ha llevado a cuestionar el antropocentrismo que entiende al humano como dueño y señor (lógica imperialisa), pues así el humano puede transformarse en biocida y geocida; también ha logrado dar el paso a la comprensión de una concepción cosmocéntrica de la existencia que pretende armonizar los derechos humanos con los derechos de los demás seres”v, explica Acosta.


En el centro de la crisis actual adquiere mayor importancia la discusión sobre el lugar del hombre en el planeta, su responsabilidad en la crisis ecológica actual y el rol que debería cumplir.


“El antropocentrismo ha mostrado sus límites y hasta se ha vuelto contra el ser humano mismo. Por lo demás el enfoque antropocéntrico se ha descubierto cómo parte de la racionalidad patriarcal colonizadora que nos está llevando a la destrucción de la madre tierra. Sin una formación ya no solo de los derechos humanos sino más radicalmente de los derechos de la tierra y de la naturaleza no es posible vivir en paz con nosotros mismos, con el Creador”, añade Marco Arana exsacerdote peruano.


También J. L Ruiz de la Peña en su libro Teología della Creazione hizo una pregunta similar: ¿Cosmocentrismo o antropocentrismo? ¿la realidad es antropocéntrica?


Ruiz es claro al afirmar que si bien el hombre creado es tratado casi como un Dios y que ese principio antrópico establece una línea de relación con la doctrina de la creación, el cual le atribuye a la fe cristiana su renuencia a que el hombre abandone su posición central en el mundo, cristocentrista, antropocentrista.


No obstante este autor sugiere que la ilusión de creerse en una posición central como individuo y como especie ha sido revalorada debido a la grandeza del cosmos, la vía láctea y, en ella, la pequeñez del hombre.


“La teología de la liberación y el discurso ecológico tienen algo en común: parten de dos heridas sangrantes. La primera, la herida de la pobreza y de la miseria, rompe el tejido social de los millones y millones de pobres en el mundo entero. La segunda la agresión sistemática a la tierra, desestructura el equilibrio del planeta amenazado por la depredación hecha a partir del modelo de desarrollo planteado por las sociedades contemporáneas y mundializadas”, asegura Juan José Tamayo en su librovi.


Ambos, nos dice Boff, tienen como objetivo la liberación, de los pobres hecha por ellos mismos sin un salvador si no como sujetos políticos y la segunda, la Tierra, Gaia, Uma Kiwe, Pacha Mama, estableciendo una relación entre el ser humano y ella en la que no es el ser dominante y procurando un modelo de desarrollo que haga la vida sostenible para todas las especies sin primacía de ninguna.


En esta apuesta están inscritas las propuestas de teólogos, sacerdotes y no sacerdotes, que abogan por un modelo de desarrollo distinto y que promueva el respeto de la tierra.


“Un modelo de desarrollo que no esté sustentado en el extractivismo ni en el neo extractivismo “progresista” en el cual Latinoamérica es fundamental como reserva para generar riqueza con base en la explotación de la naturaleza”, afirma Jhon Caraballovii.


Tan importante es el rol que cumple América Latina que se ha pretendido internacionalizar la Amazonia para favorecer los intereses de trasnacionales que ven en ella un gran botín.


En medio de esta disputa por los recursos de América Latina, han surgido propuestas que promuevan esa nueva relación entre el ser humano y la naturaleza, una relación horizontal y no de dominio sobre los ecosistemas y el resto de las criaturas.


Una perspectiva que hay que decirlo, no es nueva, pues esta ha sido fundamental para los pueblos originarios y, por ello, sostienen una relación de respeto por las demás criaturas y por los ciclos de la tierra que conocen y comprenden a la perfección.


En Latinoamérica han surgido diversas iniciativas que responden a la interpelación que hace el modelo económico y de desarrollo en esta fase neoliberal del capitalismo y que promueven modelos diferentes, que tienen como centro la cuestión ecológica.


Además fomentan la solidaridad entre los pueblos, las diferentes organizaciones y se comprometen con luchas y resistencias en los territorios para frenar los daños contra la tierra.


Encontramos entonces la Red Eclesial Panamazónica (Repam), el Observatorio de conflictos mineros (Ocmal), Organización Medioambiental Peruana (Grufides), Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (Endepa), Movimiento Católico Mundial por el Clima, Franciscans International, Missionários Combonianos, la Comisión Inter Eclesial de Justicia y Paz y Rede Justiça nos trilhos, entre otras.


Otra iniciativa importante es La Red Iglesias y Minería, espacio ecuménico, conformado por comunidades cristianas, equipos pastorales, congregaciones religiosas, grupos de reflexión teológica, laicas, laicos, obispos y pastores creada para responder a los impactos y violaciones de los derechos socio-ambientales causados por la minería según lo explican en su página web.


Acompañamiento a resistencias pacíficas


Algunos exponentes de este trabajo que han acogido los presupuestos de la teología de la liberación y de la ecoteología en Latinoamérica los encontramos en Colombia, Brasil, Perú, Honduras, y otros países de Centro y Sur América.


En Colombia, en el departamento del Chocó Monseñor Juan Carlos Barreto, Obispo de la diócesis de Quibdó, afirma que la Diócesis apoya a los Consejos Comunitarios Mayores y locales, lo mismo que a los Resguardos indígenas y sus autoridades en la defensa de su territorio y en la explotación legítima y responsable de los recursos naturales.


“La diócesis de Quibdó apoya la minería tradicional y a pequeña escala, pero rechaza la minería irresponsable realizada con dragas y retroexcavadoras, pues causan enormes estragos ambientales por la destrucción de la selva y los ríos y quebradas. Además de esta minería utiliza el mercurio, químico contaminante”.


“La diócesis rechaza igualmente la concesión de títulos mineros a empresarios nacionales y a las multinacionales, sin tener en cuenta procesos de consulta previa y desconociendo la riqueza biodiversa del territorio”, añade Barreto.


Monseñor también agrega que una de las opciones pastorales de la Diócesis es la defensa del medio ambiente. Por ello, han denunciado actividades madereras de explotación irracional, los cultivos declarados de uso ilícito y la minería irresponsable.


De igual manera, han ofrecido oportunidades de formación a las comunidades, promovido campañas para mejorar las prácticas ecológicas en las comunidades parroquiales y apoyado y promovido acciones jurídicas ctan importantes como las de los ríos Quito y Atrato, este último reconocido como sujeto de derechos por la Sentencia T-622 de 2016 y presentado una petición formal ante el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) solicitando la protección de la selva húmeda tropical de las Costa Pacífica).


“Estas acciones se hacen desde la perspectiva de la fe cristiana católica, la cual ha bebido de los aportes de la teología de la liberación, pero no tiene en ella su única y principal fuente, pues la reflexión teológica del magisterio de la Iglesia es abundante, se funda en la revelación bíblica y ha tenido un gran despliegue en la enseñanza de los obispos de América Latina.


“Un aporte fundamental y sintético lo ha hecho últimamente el papa Francisco en la encíclica Laudato Sí, la cual constituye en una carta de navegación actualizada que conjuga teología y ciencia”, enfatiza Juan Carlos Barreto.


De igual manera en Perú, el ex sacerdote Marco Antonio Arana, inició su participación en la resistencia pacífica contra la mega minería depreadora en el año 1993 en Cajamarca y en otras poblaciones tales como Tambogrande, Ayabaca y Huancabamba en Piura o Del Valle del Tambo en Arequipa, en el sur del Perú.


Marco Arana inició su participación en la resistencia pacífica contra la mega minería depreadora en el año 1993 en los Andes del Norte del Perú, en Cajamarca donde ha apoyado procesos como las consultas populares en Tambogrande, Ayabaca y Huancabamba en Piura o Del Valle del Tambo en Arequipa, en el sur del Perú.


“En mi opción espiritual llegué a estas luchas desde la teología de la liberación que en mi trayectoria pastoral desembocó en la ecoteología liberadora. Si bien puede darse una perspectiva de Teología de la liberación (TL) que sea neoextractivista, desde mi experiencia considero que no se puede afirmar la TL sin que esta sea la vez profundamente eco-teológica.


“La afirmación conservadora o racional científica de una perspectiva ecológica no bastan, para ser transformadoras necesitan afirmar su dimensión eco-política liberadora. Se necesita no sólo liberar al ser humano de las cadenas de la opresión social, sino a la madre tierra entera de la opresión y la injusticia ecológica que la depreda y amenaza con la destrucción de nuestra propia especie”, explica Arana.


En Perú, la principal estrategia de resistencia pacífica utilizada, según Arana, han sido los procesos de consulta ciudadana previa y la movilización pacífica que ha trascendido el espacio local como la gran Marcha Nacional del Agua, en el año 2012, que recorrió más de mil kilómetros.


Desde julio del año pasado, Arana asumió su labor como congresista de la República por la región de Cajamarca. Fue elegido de la lista de representantes del Frente Amplio, como parte del Movimiento Tierra y Libertad. “Mi labor actual es parlamentaria, no se restringe a una comunidad en específico, aunque sigue priorizando el apoyo a las comunidades de Cajamarca. Como miembro de las comisiones agraria y de energía y minas me aseguro que sean las propias comunidades afectadas las que puedan expresar su voz y no sea ignorada”, agrega.


Mientras tanto en Brasil el sacerdote italiano Darío Bossi quien vive en Açailândia, Maranhão, ha apoyado la resistencia de las comunidades que habitan a lo largo del corredor de Carajás, en los estados brasileños de Pará y Maranhão, ante los grandes proyectos de minería y siderurgia.


En esa región está la mayor mina de hierro del mundo (Mina de Carajás), administrada por Vale S.A., empresa estatal privatizada en 1997 y una de las tres mayores compañías mineras al mundo.


En el corredor de Carajás viven comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinas, de periferias urbanas, de pescadores y la mayoría han denunciado violaciones de derechos por causa de las operaciones mineras.


Alrededor de la mina, a lo largo del ferrocarril de 900 Km para la exportación del mineral, donde hay polos de siderurgia con mucha contaminación y ningún control ambiental, alrededor del puerto, cuya expansión amenaza la vida de las comunidades tradicionales.


“Los mayores impactos son deforestación, polución de aire y agua, accidentes de trabajo y por causa de las operaciones del tren, los ríos que se secan por las operaciones de la mina y de la infraestructura de transporte del minero, grietas en las paredes de las casas por las vibraciones del tren cuando pasa, contaminación sonora, etc”, explica el padre Darío.


¿Qué papel cumplen el padre y la Iglesia en este proceso?


Principalmente, reforzar las conexiones de red y resistencias entre comunidades impactadas por los mismos daños y perjudicadas por los mismos actores (las empresas y también el Estado, que es cómplice de ese modelo neoextractivista).


“Trabajamos con asesoría jurídica, educación popular, denuncia multiescalar de las violaciones (nivel local, estatal, nacional e internacional), incidencia política, comunicación para la transformación, propuestas de alternativas para el cuidado del territorio, la participación política y la autodeterminación de las comunidades”, añade Darío.


¿Cómo aplican la teología de la liberación y la ecoteología en las causas ambientalistas?


El padre Dário hace parte de la Red con Iglesias y Minería y con la Red Eclesial Panamazónica, lo que refuerza nuestras acciones locales gracias a esas alianzas eclesiales y espirituales.


“La mística que sustenta la lucha de las comunidades y de los movimientos sociales se encuentra con la espiritualidad cristiana y las visiones holísticas de las espiritualidades de los pueblos originarios y afrodescendientes. No hay resistencia sin esas motivaciones profundas y el amor al territorio como fuente, raíz, principio de nuestra vida y casa, que nos ampara y recibe al fin de nuestro caminar”, añade el padre Darío.


Para él como para otros sacerdotes, teólogos y laicos, la Encíclica Laudato Sí, del Papa Francisco, renueva sus fuerzas y fortalece la lucha social y ambiental en diálogo con los valores cristianos.


Por su parte en Guatemala, el padre César Espinoza, cmf., de la Congregación Religiosa de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, más conocidos como Misioneros Claretianos lucha por las mismas causas.


Ingresó a su comunidad desde los 17 años y su primer destino como misionero fue en la Costa Abajo, Colón (Panamá) donde sirvió durante cuatro años hasta el año 2007.
A causa de su trabajo al lado de la comunidad y contra la Empresa Minera Petaquilla el obispo Audilio Aguilar atendiendo a los reclamos de la empresa y del presidente de la República, que tenía inversiones en la misma- explica el padre- pidió a la Congregación entregar la Misión, después de 80 años de acompañamiento a las comunidades campesinas de la región.


Pero eso no impidió que perserverara. En el año 2008 fue destinado a la Parroquia Nuestra Señora del Pilar del municipio de Arizona, en el Departamento de Atlántida, al norte de Honduras. Atlántida tiene una belleza natural incomparable, con 12 áreas protegidas como parques nacionales, que representan el 40 % de su territorio.


En el año 2009 Honduras el Golpe de Estado favoreció la flexibilización de las leyes en favor de empresas multinacionales, entre ellas las que se dedican a la actividad minera.
Además a las compañías con proyectos hidroeléctricos según lo señaló también el informe publicado por el Movimiento Mundial por los Derechos Humanos (FIDH) que este 31 de mayo advirtió sobre el otorgamiento de licencias ambientales para hidroeléctricas en áreas protegidasviii.


En Honduras el padre César se comprometió con esa causa a pesar de las amenazas de muerte en su contra, en el año 2013, por su acompañamiento a la defensa legítima por parte de las comunidades en el territorio en el cual no querían minería a cielo abierto.


La comunidad claretiana publicó entonces sendos comunicados rechazando sus amenazas y responsabilizando en su momento a un empresario por lo que ocurriera con el padre César.


Entre tanto, él sostenido por el valor que lo caracteriza, el mismo que caracterizó a Berta Cáceres su amiga y compañera de lucha, siguió adelante porque su compromiso era mayor.


“Entiendo eco-teología a la mirada del universo, y a todo lo que éste contiene, desde una mirada de fe. Mi comprensión de ésta tiene influencia de la tradición cristiana a la que pertenezco (...) En esta mirada aprender a contemplar la belleza, la bondad y la genialidad de cada especie y de cada realidad, visible e invisible, y las múltiples relaciones y codependencias unas de otras.


“Ciertamente ha influido también la teología de la liberación que tuve la oportunidad de profundizar en mis cuatro años en El Salvador. Y la pastoral liberadora que conocí en mi primer experiencia de Misión en Panamá. La lectura de los evangelios, y de la Biblia en general, desde la clave de compromiso por la justicia, la paz y la libertad han sido fundamentales para orientar mi ministerio”, puntualiza el padre César.


Dário, César, Marco, Juan Carlos, Richard y Alirio son solo algunos de los muchos sacerdotes, diáconos, teólogos y laicos comprometidos con la práxis de la teología de la liberación y la ecoteologóa en las resistencias contra los proyectos extractivistas.


Sus voces, su trabajo y su obra impactan en los territorios allí donde han llegado para andar al lado de las comunidades que ejercen su derecho a la defensa de la naturaleza de la cual se sienten parte, ni inferior ni superior a ella solo parte de Gaia, Madre Tierra, Pacha Mama, Uma Kiwe.

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Notas:


i Acosta, Richard. Libro Dios, hombre creación, hacia una ecoteología bíblica. San Pablo editorial. 2015. Página 31.
ii Ibidem.
iii Ibidem. Página 26.
iv Tomado de http://science.sciencemag.org/content/155/3767/1203
v Acosta, Richard. Libro Dios, hombre creación, hacia una ecoteología bíblica. San Pablo editorial. 2015. Página 29.
vi Tamayo, Juan José. Leonardo Boff, ecología, mística y liberación. Editorial Desclée de Brouwer. 1999. Página. 55.
vii Caraballo, Jhon Fredy. Responsables de la casa común. Reflexiones sobre la Encíclica Laudato Sí. Centro Editorial Uniminuto. 2015

Publicado enMedio Ambiente
¡Que brille el oro!, pero bajo las montañas

“Cuando los labios sonríen, 

la pelea empieza a ganarse”.

Manuel Mejía Vallejo

 

La alegría fue la protagonista el pasado 26 de marzo cuando los habitantes del municipio de Cajamarca, Tolima, sentaron un precedente a través de una consulta popular, al decirle no a la explotación minera en su territorio. En este caso la multinacional derrotada, la mismísima Anglo Gold Ashanti (AGA), multinacional surafricana con presencia en diversidad de países donde su estela es de destrucción de la naturaleza, obligando al desplazamiento de sus pobladores al ver cambiado el uso del suelo de donde lograban lo básico para subsistir.

 

Como es sabido, el resultado fue contundente: 5.565 (97,84%) cajamarc unos votaron en contra y solo 68 (1,2%) a favor. Pese a las disputas jurídicas y políticas que determinarán la expulsión definitiva de estas prácticas extractivas en esta región, la frase de Manuel Mejía parece palpar lo que se avecina en todo el país: Una pelea que ya empezó a ganarse.

 

Primera vuelta: suroeste antioqueño

 

Parte del suroeste antioqueño está asentada sobre una zona denominada el Cinturón de Oro de Colombia (COC), una de las más grandes betas de oro descubiertas recientemente en el país.

 

Su extensión asombra a unos y abre el voraz apetito de los negociantes de la vida. Como una serpiente pitón, su cuerpo se extiende desde Marmato (Caldas), siguiendo un flanco de la cordillera occidental hasta terminar en Antioquia en la desembocadura del río San Juan en el Cauca, recorrido que comprende los municipios de Caramanta, Valparaíso, Támesis, Jericó, Tarso, Pueblorrico, Andes y Jardín (ver mapa 1).

 

 

mapa 1 p2

 

 

El brillo de El Dorado sigue encegueciendo luego de cinco siglos. Es así como en la actualidad el 90 por ciento del suroeste antioqueño está solicitado y titulado para exploración minera por parte de empresas transnacionales (ver mapa 2), “entre las que se encuentran la Anglo Gold Ashanti AGA (Sudáfrica), Solvista Gold (Canadá), Continental Gold (Canadá), Tolima Gold (Canadá), Colombian Mines Corporation (Canadá), B2Gold (Canadá), entre otras más”1. Una vez destruido el campo, ¿comeremos metales? ¿Y el paisaje? ¿Y el medio ambiente?

 

mapa 1 p3

 

 

La empresa con mayor número de títulos mineros en la región es la Anglo Gold Ashanti AGA, entre los cuales cuenta con el proyecto Quebradona, que comprende un total de 12.699 ha2, a través de cinco títulos mineros.

 

Este proyecto, legalizado bajo la razón social de Minera Quebradona Colombia S.A, filial de AGA, está ubicado en mayor proporción en jurisdicción del municipio antioqueño de Jericó, extendido en su área rural a lo largo de 19.180 hectáreas, de las cuales 7.600 fueron adjudicadas con licencia de exploración minera (ver mapa 3).

 

 

mapa 2 p3

 

 

 

La empresa tiene su campamento de operaciones en la vereda Quebradona (corregimiento de Pablocabildo) desde donde avanza, año 2010, con perforaciones exploratorias, las mismas que en la actualidad se encuentran en fase de estudio avanzado3. El proyecto se concentra en un importante yacimiento de oro en el que se encuentran además minerales asociados como cobre, plata, molibdeno, zinc y otros metales.

 

La comunidad en alerta

 

No pocos han sido los reclamos de quienes habitan este municipio ante la llegada a sus territorios de esta gigante de la minería, y sobre todo si tenemos en cuenta el pasado sombrío/poco fiable de esta empresa4. El pasado 11 de abril AGA “nuevamente de manera inconsulta e ilegítima intentó instalar en este mismo municipio, corregimiento de Palocabildo, nuevas plataformas de perforación minera. Frente a este hecho, miembros de la comunidad, en su mayoría campesinos y vecinos del lugar, reaccionaron de manera pacífica pero firme en defensa de sus derechos [...] impidiendo que se realizaran dichas actividades”.

 

Según pobladores del municipio, donde pretenden explorar es la zona donde nacen el 80 por ciento de las fuentes hídricas que abastecen a Jericó. Siendo éste, junto con Támesis, una de las mayores potencias hídricas a nivel departamental. “Se nos metieron como pedro por su casa, no nos consultaron, no nos tuvieron en cuenta para nada”, manifiesta Hernando García, campesino de Palocabildo. Desde que llegó AGA al suroeste antioqueño, “amparado en varios títulos mineros otorgados en Bogotá, han desconocido a las comunidades presentes en el territorio, pasando por encima de los instrumentos constitucionales de planificación y ordenamiento municipal”. Desconocimiento que ha generado un rechazo unánime por parte de movimientos y organizaciones ambientales y sociales, campesinos, finqueros, políticos y académicos.

 

Mil y más razones

 

“El regalo más grande que me vas a dar en la vida, mi Señor, no es plata; la lotería que yo te pido es que cuando esté vieja, me vaya a morir a Jericó!”5. Este anhelo de una de las protagonistas del documental: Jericó, el infinito vuelo de los días, parece empañarse con los pronósticos que se avecinan en la región, por lo menos así lo manifiestan sus pobladores. El temor se extiende.

 

La multinacional maniobra con palabras. Enfatiza, una y otra vez, en que las formas de hacer minería han cambiado: “Hemos aprendido a gestionar, reducir y mitigar los impactos de nuestra actividad [...] La buena minería genera riqueza y bienestar bien distribuidos y acelera el difícil camino del desarrollo sin tener que dañar la cultura ni el ambiente”. Probablemente sea verdad que sus prácticas hayan mejorado luego de los daños generados en diferentes partes del mundo, ciertamente, pero lo que no parecen entender (o no quieren entender) el gobierno, en alianza con multinacionales, es que nadie los ha invitado, y que no es grata su presencia en esta región; así lo manifiesta un líder campesino del corregimiento de Palocabildo. “No los queremos aquí perturbando nuestras tierras, nuestra tranquilidad, nuestras familias y nuestra unidad”.

 

La riqueza efímera

 

Para nadie es un secreto que el oro es un “activo refugio”, es decir “en tiempos de incertidumbre, inversionistas suelen colocar capital en este metal en lugar de arriesgarlo en acciones y bonos volátiles”. Es un bien de oferta y demanda que juega en los mercados internacionales, su precio fluctúa de acuerdo a las estrategias de bancos y organismos internacionales “que al usarlo como refugio financiero seguirán generando una demanda y por ende precios atractivos entre tanta inestabilidad macroeconómica internacional”.

 

Si bien es un metal precioso, en todo el sentido de la palabra6, su uso es bastante limitado: “Según el Consejo Mundial del oro solo 7% de la demanda se usa para producir materiales electrónicos y prótesis dentales. Además, menos de una décima parte tiene valor industrial”. El resto es destinado a joyería y a engrosar los anaqueles subterráneos, donde no brillará ante los ojos de nadie. Y como si fuera poco, con las reservas existentes de oro podría abastecerse la demanda industrial de este metal por 186 años7.

 

Según afirma Jorge Giraldo, decano de Ciencias y Humanidades de la Universidad Eafit de Medellín, la minería a gran escala no es una importante fuente generadora de empleo, “la única manera de generar empleo es generando encadenamientos industriales; si nosotros sacamos el oro y lo mandamos para el exterior, sin generar una industria alrededor de la producción del oro, pues eso finalmente no deja nada, no deja capacidades, no deja un sector industrial nuevo instalado, no deja empleo”.

 

Sin embargo, hay familias jericoanas que le han brindado la bienvenida a la multinacional. La situación económica así lo propicia. El campo en Colombia es un modelo prospero para muy pocos, la mayoría de la población campesina en el país es pobre. AGA llegó generando empleo, más de 200 puestos directos y con salarios superiores a lo que gana un jornalero. Razón por la cual los finqueros entran en preocupación, como lo expresa Edgar Correa, caficultor jericoano, “el campo se está quedando sin trabajadores, muchos quieren irse para las minas”.

 

Todo lo cual no deja de ser una bonanza efímera. En palabras de Alfonso Cardona, investigador de la Ong Conciudadanía: “dedicarse a estas actividades (mineras) es muy transitorio, porque cuando pasa la fase exploración y viene la explotación minera, generalmente no es la gente de los pueblos la que puede ser empleada, sino que vienen técnicos de otras partes”.

 

¿De la cultura del campo, a la cultura minera?

 

En suma, hasta ahora la llegada de la multinacional AGA a la región ha generado, además de afectaciones ambientales, conflictos entre las comunidades. Las estrategias que emplean, según cuenta Sergio Steven Ruiz, es convencer a las comunidades de los beneficios de la minería a través de la compra de insumos a los campesinos, materiales para las escuelas, bonificaciones, etcétera. lo que es aceptado en algunas veredas y rechazado en otras, lo que propicia una ruptura entre la comunidad, y por ende en el tejido social.

 

Manipulaciones, tensiones y rupturas comunitarias que es solo el comienzo de lo que podría venir de imponerse la pretensión de la multinacional en el municipio pues, como es conocido, los cambios culturales trascienden en la medida que se fortalezca la posición minera. Según cuenta el sociólogo Luis Fernando Moncada, puede entenderse un cambio cultural a partir de las nuevas actividades económicas: “Las relaciones que se establecen con las formas de producción, establecen también las formas de vida de las comunidades. La identidad, que es la relación de la comunidad con su ambiente, se ve inmediatamente afectada”, de lo que podemos deducir que estamos ante el riesgo de un inevitable cambio cultural en la región. Y enfatiza Fernando Moncada, “Si se permite que entre la minería, nosotros nos quedaríamos sin pueblo, abría que cambiarle de nombre”.

 

“Es que nosotros queremos vivir como siempre hemos vivido”, dice Sandra Gómez, campesina de la vereda Alacena, quien ve una contradicción en el gobierno al afirmar que el subsuelo le pertenece, mientras que los campesinos no pueden hacer uso de la primera capa vegetal, la que les da vida y tienen por derecho. “Es lo que uno no entiende, al campesino nuestro le decimos que no puede tocar un árbol porque está violando el Distrito de manejo especial e integrado8, pero a unos mineros sí le entregan los títulos para que revuelquen la tierra”, dice Juan Martín Vélez, ex alcalde de Támesis.

 

Contradicción entre minería y agricultura que también resalta cuando se recuerda que desde administraciones pasadas, el Plan Desarrollo de los pueblos de la provincia de Cartama9, entre otros municipios del suroeste antioqueño, han coincidido en prevalecer su vocación “agroambientalmente sostenible y ecoturística”. En un comunicado publicado a raíz de lo ocurrido el 11 de abril ya mencionado, cuando AGA intentó poner en marcha nuevas plataformas de perforación, la comunidad de Jericó y Támesis, dejaron en claro, una vez más, su rechazo a la actividad “minero invasora”, resaltando el valor del agua y la vida por encima del cobre y el oro. “No somos únicamente maximizadores de poder y de dinero, primordialmente deseamos la felicidad”; Tal es el caso de Yolanda, campesina vinculada a un proyecto agroecológico de Semillas de Agua, quien expresa: “Esto no genera mucha plata, porque ser productor agroecológico no es para hacer plata, es para ser feliz, pero eso usted no lo refleja en la economía del país”.

 

“¿Podrá un gobierno crear agua por ley?”

 

Desde que llegó la “locomotora minera” a esta región, tomó cuerpo un sentir mayoritario que proclama la vida por encima del oro. Sentir palpable en cualquier calle o parque de los municipios afectados; la consigna que prevalece es clara: ¡nuestra riqueza es verde, nuestro oro es el agua! Sin embargo, el tren gubernamental, aliado del gran capital internacional, continúa su curso, y el malestar de las comunidades va en aumento.

 

Como quedó constatado en Cajamarca, la sociedad no está quieta, se da mañas, resiste, como una prueba más de “que la conciencia del buen vivir puede derrotar el afán de enriquecerse”.

 

El Gobierno tampoco deja de maniobrar, buscando que sus negocios de riqueza inmediata y pobreza futura pululen. Así lo dejó claro Germán Arce, actual ministro de Minas y Energía, quien ante el resultado arrojado por la consulta popular en Cajamarca sentenció: “El Gobierno presentará al Congreso un proyecto de ley para evitar los choques entre autoridades nacionales y locales por proyectos petroleros y mineros e impedir que las consultas populares los prohíban”. Lo más grave de todo, según lo expresado por Robinson Mejía, líder de la triunfante consulta popular es que “el Ministro de Minas esté insinuando pasar el proyecto por ‘Fast Track’ para evitar el debate y esto iría contra lo formulado por la Corte Constitución en el acto legislativo para la paz”.

 

Según expertos en derecho constitucional, cada vez son más claras y estrictas las leyes a favor de los derechos de las comunidades y autoridades municipales: “De acuerdo a lo establecido por la Corte Constitucional los municipios deben ser consultados frente al desarrollo de este tipo de proyectos que generan alto impacto en el territorio”. Por su parte, la Constitución Política de 1991, contempla la consulta popular como un mecanismo de participación legal de las comunidades.

 

Concientes de los riesgos que esto implica, las comunidades del suroeste antioqueño tejen hilos de resistencia. Ambientalistas, campesinos, indígenas, finqueros, movimientos sociales, estudiantes, académicos, autoridades municipales, entre otros, se articulan a lo largo de la región. “Se está pensando en hacer consultas populares simultáneas en varios municipios, también se está pensando en una revisión de los planes de ordenamiento territorial para que se hagan en los municipios con orientaciones comunes para la protección de las aguas y el medioambiente; y también se está pensando en presentar proyectos de acuerdo municipales que prohíban la megaminería”, dice José Fernando Jaramillo, coordinador de la Mesa Ambiental de Jericó, sin dejar de advertir que esto es sólo un camino de los muchos que es necesario explorar y poner en práctica.

 

Fortalezas por fortalecer

 

¿Minería sí? ¿Minería no? Para despejar la duda hay que hacer la aclaración de que hay minería de minería, así como hay territorios de territorios: historia, composición del suelo, tradición comunitaria, entorno, ecosistema, etcétera, esto y mucho más hay que valorar a la hora de enfrentar tal posibilidad.

 

Retomando algunos de estos aspectos, relacionados en el curso de esta nota, es claro que la minería prevista para esta región no es ni necesaria ni ambientalmente viable, son más los perjuicios que los beneficios que traería a la región.

 

Aquí hay un potencial ecosistémico inmenso, con bellos paisajes, abundante agua, producción agropecuaria, integración comunitaria. Si el interés de los gobernantes es por potenciar la región, ¿por qué no proceden desde estas cualidades del territorio?

 

La experiencia reciente de la humanidad, que padece el cambio climático sin comprenderlo en toda su dimensión, nos lo está mostrando: mejorar la condición de vida de los campesinos, indígenas y demás pobladores del campo, como preservar el medio ambiente de los intereses del mercado, resulta prioritario en la actualidad. Así asumimos y así aportamos a la humanidad como un todo. Mientras tanto, mientras se logra una sintonía entre gobierno y comunidades es indispensable seguir luchando, esbozando esa sonrisa que viene creciendo, por la pelea que ya empezó a ganarse!

 

1 Cinturón Occidental Ambiental (COA).
2 Representaciones sociales del agua en un conexto de conflicto socioambiental por exploración minera-corregimiento de Palocabildo Jericó-Antioquia http://www.bdigital.unal.edu.co/56230/1/8026236.2016.pdf
3 Durante esta fase el objetivo y alcances es evaluar el valor potencial, establecer un plan para la fase de perfectibilidad, realizar estudios geotécnicos, hidrogeológicos y metalúrgicos, además de definir y considerar aspectos tales como volúmenes a remover, producción del yacimiento, la viabilidad socio ambiental, infraestructura y especificaciones de los equipos a utilizar (AGA, 2015).
4 En enero del 2011 le otorgaron a AGA el premio a la empresa más irresponsable del mundo, debido a la contaminación de pozos y ríos, y el envenenamiento de personas en Ghana, África (Greenpeace).
5 Documental: Jericó, El infinito vuelo de los días. https://www.youtube.com/watch?v=tpWN9L0LFGI
6 “El oro, en latín aurum, se refiere al resplandor, a la luz, a dorar, dorado, áureo” Museo del Oro, Banco de la República.
7 El alto precio del oro, un metal inútil. http://sostenibilidad.semana.com/opinion/articulo/oro-un-metal-inutil-que-tiene-un-alto-precio/37424
8 Cuchilla Támesis–Jardín (más de 9.000 ha protegidas).
9 Támesis, Jericó, Caramanta, Fredonia, La Pintada, Pueblorrico, Santa Bárbara, Montebello, Tarso, Valparaíso, Venecia.

 


 

Recuadro 

 

Riesgos ambientales y humanos*

 

Es dentro de esta dinámica que el pasado 29 de abril sesionó en el corregimiento de Palermo, municipio de Támesis, el foro: “Impactos de la megaminería en Jericó y Támesis”. El evento, organizado por el colectivo Mesa Técnica Suroeste de Antioquia, tuvo como objetivo informar acerca de la afectación del proyecto minero Quebradona en el territorio de ambos municipios. Acá parte de lo dicho por algunos de los participantes:

 

Jorge Eduardo Cock Londoño, exministro de Mina y Energías, advirtió sobre el riesgo de llevar a cabo una explotación minera a cielo abierto en esta región, pues no hay antecedentes que corroboren las buenas prácticas de la minería moderna, “no es lo mismo hacer minería en territorios desérticos, en tierra pelada, que pelar tierras como las del suroeste antioqueño para hacer minería”. Tierras que por demás son fértiles, con tradición e historia, vocación y potencial agrícola y turístico.

 

El exministro también advirtió sobre los riesgos generados por las sustancias tóxicas utilizadas en la minería de metales y la gravedad de los accidentes que se producen por fugas en las lagunas de lixiviación, algunos de los cuales han llegado a contaminar cientos de hectáreas adyacentes.

 

Por su parte Julio Fierro, docente e investigador de la Universidad Nacional, adviertió sobre los riesgos de extinción de los acuíferos y contaminación por arsénico: “En la minería subterránea todos los socavones se constituyen como en unos atractores del agua de toda la montaña, por lo que esta tendería a secarse (ver imagen de cuencas en riesgo)”. Tal es el caso de proyectos viales como el de La Línea, Boquerón del Sumapaz y La Miel en Colombia, entre otros.

 

También mencionó que el proyecto Quebradona, en 15 años de producción, podría generar cerca de 150 millones de toneladas de desechos durante, cifra equivalente a la cantidad de desechos urbanos que generaría la ciudad de Medellín durante 200 años, a la tasa del 2016.

 

Para ejemplificar el riesgo de liberación de arsénico en un proyecto como este, explicó los resultados de un estudio que muestra que la presencia de arsénico en el suelo es cinco veces más alta en distritos arroceros cercanos a una explotación minera de Anglo Gold Ashanti en Ghana, África, que en otros distritos arroceros de ese país, por fuera de la zona de influencia de la actividad minera.

 

*   Resumen presentado por Mesa Técnica Suroeste de Antioquia. Morro de Agua.

Publicado enEdición Nº235