Yanis Varoufakis: "El capitalismo no es compatible con la supervivencia humana"

La conferencia del exministro de Finanzas griego en la Internacional Progresista

El fundador del Movimiento Democracia en Europa 2025 llamó a denunciar a "las empresas multinacionales que abusan de los trabajadores". Convocó a un "nuevo acuerdo ecológico internacional" necesario para los tiempos venideros.

 

"El horizonte del postcapitalismo se está aclarando, pero resta saber si la economía postcapitalista será autoritaria y oligárquica o democrática y social", aseguró el exministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, quien fuera el encargado de abrir la primera cumbre virtual de la Internacional Progresista el viernes pasado. "¿Qué viene después del capitalismo?", fue la pregunta que operó como disparador de su potente alegato. Varoufakis llamó a los progresistas del mundo a identificar a "las empresas multinacionales que abusan de los trabajadores" para denunciarlas a través de estrategias creativas de resistencia. También desarrolló los lineamientos principales de un "nuevo acuerdo ecológico internacional" de carácter urgente y abogó por una profunda reforma del mercado de valores global.

Uno de los grandes impulsores de la Internacional Progresista fue el Movimiento Democracia en Europa 2025 (DiEM25), cuyo referente es el propio Varoufakis. Pero su carrera política en Grecia comenzó unos años atrás. En 2015 fue elegido diputado por la coalición de izquierda Syriza, y luego se desempeñó como ministro de Finanzas. Fue miembro del primer gabinete del gobierno de Alexis Tsipras, en momentos en que Grecia afrontó la renegociación de deuda más compleja de la región: su endeudamiento pasó del 91 por ciento del PBI en 2003 al 250 por ciento en 2015. Varoufakis lideró las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, hasta su renuncia el seis de julio de 2015, por diferencias irreconciliables con el gobierno griego, que se preparaba para un feroz ajuste.

Boicot a Amazon

La Internacional Progresista, aseguró Varoufakis, debe convocar a la solidaridad de los pueblos para enfrentar los excesos del capital privado. Como ejemplo de esa situación, el dirigente griego se refirió al caso de un ex empleado de Amazon, Chris Smalls, que en el mes de mayo organizó una huelga en las instalaciones de la compañía en Nueva York, en protesta por las desfavorables condiciones laborales en las que los trabajadores debían realizar sus tareas durante la peor etapa de la pandemia de coronavirus. "Smalls saltó momentáneamente a la fama cuando se reveló que, habiéndolo despedido, los ultra ricos y super poderosos directores de Amazon usaron una larga videoconferencia para difamarlo", planteó Varoufakis.

Aunque distintas figuras de relevancia se pronunciaron en defensa de Smalls, la exposición pública del gigante tecnológico no surtió ningún efecto. "Amazon emergió del confinamiento de 2020 más rico, más fuerte y más influyente que nunca. En cuanto a Chris, una vez que sus cinco minutos de fama se desvanecieron, fue despedido y denigrado", aseguró el economista de izquierda. Valiéndose de ese caso, planteó una estrategia: "Supongamos que pudiéramos convocar a personas de todas partes del mundo para que participen en jornadas de acción de los sindicatos a nivel mundial. Podríamos combinarlas con jornadas de inacción mundial, un día en el que no visitemos el sitio web de Amazon". Para Varoufakis ese podría ser un buen comienzo para "identificar y denunciar a las empresas multinacionales que abusan de los trabajadores".

Un nuevo acuerdo verde

En otro tramo de su presentación, Varoufakis se preguntó por el plan que debería aglutinar a un movimiento progresista global. En ese sentido, llamó a planificar un "nuevo acuerdo ecológico internacional común". La lista de elementos que componen a ese nuevo acuerdo es extensa y a la vez urgente: pasar masivamente de los combustibles fósiles a las energías renovables; desarrollar transporte terrestre electrificado; disminuir sustancialmente la producción de carne; poner mayor énfasis en los cultivos de plantas orgánicas. "Todo esto va a costar al menos ocho billones de dólares al año", aseguró el docente de la Universidad de Texas.

Para destinar esos ocho billones a inversiones ecológicas, Varoufakis propuso la creación de una nueva Organización para la Cooperación Ambiental de Emergencia (OEEC por sus siglas en inglés), homónima de la original que, 75 años atrás, administraba las obras financiadas por el Plan Marshall en Europa. "Una de las principales diferencias con respecto a la década del 50 es que la tarea de hoy no es simplemente reconstruir, sino desarrollar nuevas tecnologías verdes, no volver a caer en industrias contaminantes. Ningún país por sí solo puede financiar la investigación y el desarrollo necesarios", planteó el exministro de Finanzas griego. 

La utopía postcapitalista

"La gran pregunta para todos los involucrados en esta magnífica iniciativa de la Internacional Progresista es cómo podemos organizarnos sin caer presos de los escollos habituales de la burocracia dentro de las organizaciones", expresó Varoufakis. Sobre este punto, aseguró que a veces no tener una respuesta es algo bueno, porque obliga a una solución colectiva e innovadora. "Los banqueros y los fascistas han encontrado respuestas. Está bien, es más difícil para nosotros progresistas porque tenemos una aversión natural a las jerarquías, a las invasiones del patriarcado y al paternalismo. Coincido con quienes dicen que el capitalismo no es civilizado, domesticado ni compatible con la supervivencia de la humanidad", manifestó.

Al respecto, Varoufakis trajo a colación lo que ocurrió hace aproximadamente un mes, el 12 de agosto, el día en que se supo que la economía británica había sufrido su mayor recesión en la historia, con más del 20 por ciento de caída del PBI durante el segundo trimestre de 2020. Minutos más tarde, la Bolsa de Londres subió un dos por ciento. "A los mercados financieros de todo el mundo les va bastante bien en un momento en que los trabajadores y el capital industrial están sufriendo masivamente. El mundo del dinero y las finanzas están desvinculadas del mundo de la producción", argumentó. El capitalismo se dinamitó hasta tal punto que tal vez ya entramos en lo que Varoufakis llama postcapitalismo, aunque no se trate del soñado por progresistas y socialistas del mundo.

Para Varoufakis hay un mercado del que el postcapitalismo debe prescindir para alcanzar un desarrollo verdaderamente progresista: el laboral. Pero, ¿puede funcionar una economía avanzada sin él? El economista griego entiende que sí, proponiendo convertir a cada empleado en un socio igualitario con la misma acción en la empresa o fábrica para la que trabaja: "El principio de un empleado, una acción, un voto. Enmendar la ley corporativa para convertir a cada empleado en un socio igualitario". El autor de Economía sin corbata entiende que esa idea es hoy en día "tan inimaginablemente radical como lo era el sufragio universal en el siglo XIX".

"Además de la democratización de las empresas, esto traería consigo la desaparición de los mercados de valores y acabaría con la necesidad de una deuda gigantesca destinada a financiar las fusiones y adquisiciones privadas", argumentó. Ese camino evitaría la caída en un postcapitalismo autoritario y de derecha: "Una vez que emprendamos un modelo socialista de mercado liberado del poder corporativo y de la tiranía del choque entre ganancias y salarios, las personas y las comunidades podrán comenzar a imaginar nuevas formas de desplegar sus talentos y su creatividad".

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Una comunidad forestal terminó en cenizas en el área de Meadow Lakes, California, tras uno de los incendios de este mes que se avivaron por las olas de calor récord. Foto Afp

Hay una solución apresurada sólo si los políticos y la sociedad actúan: Lizbeth Sagols, doctora en filosofía

 

Con el cambio climático se puede dar una catástrofe peor que la del Covid-19. Vivimos en una incertidumbre, pero un colapso climático puede ocurrir por el exceso en el uso de los recursos naturales y es el principal problema que enfrenta la humanidad, advierte Lizbeth Sagols Sales. "Olvidémonos de la crisis actual, puede venir un punto de inflexión y esa puede ser la verdadera crisis", señala.

El clima es un sistema complejo en el que surgen novedades que no se pueden controlar y que marcan un cambio total, como puede ocurrir con el deshielo de los glaciares, indica. "Es fundamental entender que nuestra salud depende directamente de la salud de la Tierra, si ésta se enferma y si no la aliviamos, obviamente volveremos a enfermar y de manera peor. El exceso puede llevar a un colapso climático", que sería más grave que la quiebra del sistema económico, político y social ocasionada por la actual pandemia.

"Vivimos en una incertidumbre total, no podemos confiarnos". Es el llamado de la doctora en Filosofía, integrante del Sistema Nacional de Investigadores y académica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, estudiosa de la ética ambiental y el ecofeminismo, representante de México ante la Unesco en el Comité Internacional de Bioética.

Ante la pandemia actual, para varios estudiosos del cambio climático lo que se avecina es peor y, ante ello, La Jornada buscó a expertos en el tema.

–¿A qué nos enfrentamos con el cambio climático?

–Hemos ido aumentando la temperatura. El clima es un sistema complejo donde influyen gran cantidad de factores. Donde surgen novedades que no se pueden controlar. Hay puntos de inflexión. Hay eventos que marcan un cambio total. Se nos va a venir encima una catástrofe. Suena muy feo, no quisiéramos hablar de eso, pero de pronto se nos puede desbordar. Está la posibilidad.

“Lo que constituye la gran preocupación es el deshielo del Ártico, porque al disminuir el hielo se va a liberar el metano que está enterrado por cuestiones naturales, y lo que vamos a tener es una subida extrema del calor que no va a permitir la vida de plantas, animales, ni humanos. La vida es viable dentro de cierto marco de calor y clima. Subiría tanto que la vida no sería sostenible. Ese es el gran temor. No sabemos cuándo se va a acabar ese deshielo, se preveía para el 2050, pero se ha acelerado últimamente.

"Lo que hemos hecho al descuidar el clima es desproteger la naturaleza. Olvidémonos de la crisis actual (con el Covid-19), pues puede venir un punto de inflexión y será la verdadera crisis. Sería el problema máximo. No habrá víveres, producción, nada. Todo se estancaría".

–¿Cuál sería el punto de inflexión?

–Que al darse el deshielo va a venir algo incontrolable, es un punto de no retorno. El cambio climático es por el descuido de las condiciones de la Tierra, por el abuso que hemos hecho. Y estamos alterando el clima. La primera crisis que se manifiesta es que los virus quese quedaban en la naturaleza en especies mayores, ahora pasan a especies menores, como son el murciélago y el pangolín. Los humanos perseguimos a estos animales para comerlos, cazarlos y traficarlos para dar de comer a la gente pobre, en los mercados de China, por ejemplo.

–¿El Covid es un llamado de alerta? ¿Aún podría hacerse algo?

–Podría hacerse algo, pero con una prisa extrema. Tendríamos que cambiar la economía, no seguir este capitalismo rapaz que busca la ganancia, la explotación y la productividad a toda costa, sino que le bajemos el ritmo, cambiar nuestros hábitos de consumo, reforestar a la velocidad del rayo, proteger a los animales y mejorar las condiciones de los sistemas de salud. Además, que no nos apoyemos tanto en el consumo de petróleo, porque éste lo que trae es una contaminación terrible que aumenta el calor.

"La vía es que los gobiernos implementen políticas públicas acordes con este estado de alarma. Las negociaciones internacionales deben ser más definitivas en su tono. Deben asumir ya lo que está pasando y obligar, hasta donde se pueda, a los políticos a implementar las medidas de sustituir las energías sucias por las limpias y bajarle a la producción. Los ciudadanos deben cambiar el estilo de vida. Es un límite al que nos estamos enfrentando".

–El enfoque ante la pandemia está orientado, por ahora, en la salud humana, ¿observa iniciativas para proteger la naturaleza?

–No las veo. No veo la llamada de atención. Se justifica concentrarse en la salud humana, pero hay que ver el panorama mayor. La vacuna es una gran ayuda si es efectiva, pero mientras sigamos con el mismo sistema económico, político, social e ideológico, nos va a durar muy poco la solución, porque puede surgir una pandemia peor. De hecho, ya hay muchas enfermedades con el calentamiento global. Puede emerger una que ni siquiera alcanzamos a prever por las alteraciones que cause. Una idea fundamental es que nuestra salud depende directamente de la salud de la Tierra. Si ésta se enferma, si no la aliviamos, obviamente volveremos a enfermar, y de manera peor.

"La falta de visión de los líderes es sumamente peligrosa. Esto nos llevaría a ese colapso. Seguir con el capitalismo, la explotación, la sobreproducción, la sobrepoblación. Vivimos en excesos. A esto se suma la falta de colaboración de los ciudadanos".

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Mark Alizart: "La crisis ecológica es otra ocasión para el capitalismo"

Entrevista al autor de "Golpe de Estado climático"

 

El filósofo está lejos de suscribir la mirada que señala el estado actual de las cosas como una crisis para el poder económico. Reconoce la desorganización de la izquierda y advierte que "muchos líderes mundiales le hacen la guerra a la ecología."

 

“La catástrofe constituye el elemento vital y el modo normal de existencia del capitalismo en su fase final”. Esta definición de Rosa Luxemburgo aparece como epígrafe de Golpe de Estado climático, un libro fundamental del filósofo francés Mark Alizart en el que plantea que “la crisis ecológica es el golpe de suerte que el ‘capitalismo del desastre’ necesitaba para extender su control sobre la tierra entera. “Lo primero que el movimiento ecologista tiene que hacer para constituir un frente único es romper con la idea de que la crisis ecológica afecta a todo el mundo sin distinción. Esta idea tiene el efecto contrario, permitir que aquellos que objetivamente están menos concernidos por la crisis se laven las manos. No hacer nada por impedir la crisis ecológica equivale a una exterminación de masa (…) y hay que hacer que los que se adaptan a ella carguen con el oprobio”, advierte Alizart, filósofo posnietzscheano a quien se lo puede inscribir también en la tradición del marxismo y el trotskismo.

 “Tenemos que volver a tomarnos el mundo como los sans-culottes se tomaron la Bastilla, como los insurgentes de 1917 se tomaron el Palacio de Invierno, puesto que este mundo es nuestro, nos pertenece y es porque nos lo han robado que no se hace justicia”, escribe Alizart (Londres, 1975) al final de Golpe de Estado climático, libro traducido por Manuela Valdivia y publicado por La Cebra, editorial independiente de Adrogué dirigida por Cristóbal Thayer y Ana Asprea, que también ha editado del mismo autor Criptocomunismo y Perros.

-¿Por qué afirmás en Golpe de Estado climático que la causa ecologista retrocede?

-¡Basta con mirar quién conduce las naciones más grandes del mundo! Trump, Putin, Xi Jinping, Modi, Scott, Johnson, sin hablar de Orban o Duterte… No solo no hay un ecologista en el cargo, sino que hay personas que, conscientemente, hacen la guerra a la ecología. Y eso a pesar de cuarenta años de difusión de la palabra ecologista. O más bien a causa de eso: saben ahora que son o ellos o los ecologistas. Ellos o la democracia. Por lo tanto, hacen lo que sea para que sean ellos. De ahora en adelante se juegan el todo por el todo.

-Los gobernantes están informados del calentamiento climático hace 40 años a través del Informe Charney. ¿En qué estadio de la “negación” del calentamiento climático estamos hoy? ¿Cómo entender la pasividad y la falta de acciones?

-Estamos en la última fase: la destrucción activa de los ecosistemas. Los locos que nos gobiernan terminaron con el climatoescepticismo. Les fue útil, pero ya pasó su tiempo. Ya no se puede ocultar a las poblaciones que el clima está en crisis. Por lo tanto, ha llegado el momento de convencerlas de que está bien que el clima esté en crisis. Es lo que Tony Abbot, el ex Primer Ministro australiano contratado por Boris Johnson para llevar adelante las negociaciones del Brexit, dijo textualmente en 2018: “el cambio climático probablemente sea bueno”.

-Es interesante cuando señalás la relación que hay entre quienes rechazan la ecología, porque la crisis ecológica amenaza esencialmente, por ahora, a las poblaciones indígenas y a los pobres de Asia, África y Medio Oriente, con el hecho de que cuando se hizo evidente que por la Covid-19 se morían los ancianos, los más pobres y los trabajadores menos calificados, varios dirigentes políticos en distintos países del mundo argumentaron que no había que sacrificar la economía por “esa gente”. ¿El lucro ilimitado empuja al capitalismo a coquetear con su propia destrucción?

-El capitalismo no coquetea nunca con su destrucción. Realmente es preciso llegar a entender eso, sino no se entiende nada. El capitalismo pasa por fases de destrucción, pero ellas son siempre creadoras, como lo ha señalado (Joseph) Schumpeter. Dicho de otro modo, la crisis ecológica es para el capitalismo sólo una ocasión para obtener más beneficios, o para obtenerlos en otra parte, cargándolos a espaldas de otras personas. La crisis ecológica no es el fin del capitalismo, es el capitalismo con menos personas, aquellos que morirán a causa de ella, los losers de la crisis ecológica, como diría Trump. Del mismo modo, la Covid no fue el fin del capitalismo: sólo condujo a una transferencia de riqueza de los pequeños comerciantes hacia Amazon.

-“¿Podrías ampliar tu afirmación “Los mega incendios de la Amazonía son nuestros incendios del Reichstag” en función del rescate que hacés de Trotsky-Luxemburgo-Marx?

-El incendio del Reichstag fue orquestado para que Hitler no perdiera las elecciones legislativas. En este incendio perpetrado por los nazis subyacía la idea de endosarle la responsabilidad del mismo a un comunista para demostrar que si su partido no era reelegido masivamente los socialistas destruirían Alemania. En este momento, una lógica similar está detrás de la exaltación de las revueltas en Estados Unidos. Trump quiere convencer a su base de que es él o el caos. Pero esta es también la lógica que se aplica a los mega incendios forestales y, de modo general, al calentamiento climático: son intentos de Golpe de Estado. Se trata de agravar la crisis climática para debilitar la democracia. Todo lleva a creer, en efecto, que con la multiplicación de los dramas ecológicos el mundo será desestabilizado por oleadas migratorias y revueltas del hambre. Pero un mundo desestabilizado es un mundo que se arma y se protege, que declara la ley marcial, que impone el toque de queda y que, últimamente, suspende sus elecciones democráticas. Trump, otra vez él, por otra parte, no ha ocultado su deseo de posponer las elecciones a causa de la Covid. Pero lo más extraordinario de todo esto es que los climatofascistas pueden apropiarse de las acusaciones de los ecologistas y decir que los responsables de la crisis climática son “el capitalismo”, la “modernidad” o “el progreso”, ¡no ellos! Entonces, de este modo, hacen un doble golpe: desestabilizan la democracia liberal y, además, ¡pueden encarcelar a los liberales y a los demócratas!

-¿Qué pueden aprender los ecologistas, en términos de activismo político, de la asociación “Act Up”?

-En la época en que apareció el Sida muchos militantes dedicaron su tiempo, en primer lugar, a acompañar a los enfermos esperando que los gobernantes y los laboratorios encontraran un remedio. Act Up nace al tomar conciencia de que este remedio no llegaría nunca porque la muerte de los homosexuales, las prostitutas, los drogradictos, los haitianos, no interesaban a los gobernantes, e incluso esas muertes les venían bien a algunos políticos. Desde entonces, Act Up decidió tomar cartas en el asunto, e ir por los laboratorios y ministerios para forzar a los científicos y a los políticos a trabajar. De la misma manera, el giro Act Up de la ecología que apoyo consiste en que los ecologistas dejen de creer que los gobernantes y los industriales van a reducir voluntariamente las emisiones de dióxido de carbono o la producción de plástico. Eso no va a suceder porque, como he dicho, hoy nos encontramos en una fase terminal en la que las naciones se sirven del clima para hacerse la guerra entre ellas y para hacer la guerra a una parte de su población. Es preciso, por lo tanto, que los ecologistas de ahora en más vayan por las empresas, los ministerios y también los laboratorios de investigación, que obliguen a las personas a hacer su trabajo.

-¿Por qué no se cuentan las muertes de la crisis ecológica? ¿Por qué no se muestra la “curva” de emisiones de carbono que tendremos que aplanar como la curva de contagios del Covid-19?

-Porque son como los muertos del Sida: invisibles. Son viejos, inmunodeprimidos, lejanos, de color… La única razón por la cual se ha mostrado tanto la curva de la Covid es porque se tenía miedo de enfermar. En Estados Unidos, ahora que se sabe que afecta más a las personas invisibles, trabajadores sociales, personas de color, Trump no la muestra más, e incluso ha dado consignas para que no se cuenten más los muertos.

-¿Qué impacto podría tener que las elecciones presidenciales en Estados Unidos las gane Joe Biden, un candidato sensible al ecologismo?

-Biden es literalmente la última chance para el planeta. Sé que puede parecer un poco dramático decirlo en estos términos, pero si el país más contaminador del planeta sigue contaminando otros cuatro años como hasta ahora, y sobre todo si no asume el liderazgo mundial en torno al clima, y no impide a los otros contaminar, será el fin.

-Greta Thunberg prometió que pronto seguirá con sus consignas e iniciativas, en pausa por la pandemia, respetando los protocolos sanitarios que sean necesarios. Las derechas en el mundo, que no suelen ser respetuosas de ningún tipo de protocolo, han salido a manifestar en las calles, sin cumplir el distanciamiento necesario, sin usar mascarillas, con un discurso conspiranoico de la pandemia. ¿Por qué las derechas están en las calles y las izquierdas en casa?

-¡Buena pregunta! Hay muchas cosas. En primer lugar, la derecha es más rica que la izquierda. El capital está de su lado, y el capital se organizó para ganar la lucha de clases y la batalla de las ideas creando todas estas redes de información que transmiten su propaganda día y noche. Ahora bien, entre esas ideas difundidas está aquella según la cual el Occidente cristiano blanco lucha en adelante por sobrevivir. Se ha dicho hasta el cansancio a los blancos norteamericanos que pronto serían una minoría; a los cristianos en todo el mundo que iban a ser superados por otras religiones, el Islam a la cabeza; a los Occidentales de manera general que sus antiguas colonias, África, India, China, iban a adelantarlos, que luchan con la fuerza loca de los condenados a muerte. Por izquierda, la organización es más débil. Las divisiones ideológicas más fuertes. Y el sentimiento de que su vida está en juego menos fuerte. Seguramente, existe el calentamiento climático pero lo esencial de la intelligentsia de izquierda es suficientemente próspera, vieja e instalada en las democracias moderadas, para no tener que sufrir sus consecuencias directas. Viéndolo bien, vacila, igual que la izquierda alemana en 1933 frente al nazismo. Hay una izquierda que se dice que, a pesar de todo, las cosas no son tan graves. Otra que se dice que frente a la violencia siempre se puede oponer el diálogo. Otra en fin que sigue estando apegada a cuestiones sociales y societales. Todo ello compone un punto de vulnerabilidad que no tiene idea de lo que le va a caer encima.

-En el último capítulo del libro, recordás un libro de Bataille, La parte maldita, en que trataba de pensar una economía humana que imitara la naturaleza, una especie de comunismo cósmico capaz de triunfar sobre el doble callejón sin salida del capitalismo y el sovietismo. ¿En qué aspectos ese proyecto político sigue siendo actual?

-Es actual en todo. Bataille estaba apasionado por la termodinámica que es la ciencia más general de los sistemas caóticos, y de la cual algunos aspectos pueden ayudar a comprender y establecer un modelo de los ecosistemas. La meteorología por ejemplo es una aplicación de las leyes de la termodinámica, de modo que el estudio del clima y de la ecología dependen también de ella. En este sentido, su comunismo cósmico era una especie de “ecología del capital”. En los años setenta, los teóricos de la bioeconomía recuperaron esta idea y profundizaron en ella. Después de algunos años, se descubre que Marx mismo pensaba que el socialismo tenía que tomar la forma de una gestión termodinámica de la economía. “El ecosocialismo” es hoy el nombre de esta corriente de pensamiento que es el único escudo contra el carbofascismo.

-¿Cómo estás viviendo esta “gran pausa” que implica la pandemia? ¿Pudiste escribir y leer o es tal la magnitud de la incertidumbre que hasta tus propios hábitos se vieron alterados?

 -No, no he podido trabajar mucho. Fue una conmoción muy grande. Pero yo he visto en la pandemia, por desgracia, la confirmación de la idea central de Golpe de Estado climático. La pandemia ha sido administrada según los principios del darwinismo social. Y ahora, con posterioridad, se liberan todas las pulsiones autoritarias del Estado. La Covid no es, por desgracia, más que el tráiler del desastre climático hacia el que nos dirigimos.

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Para muchos suecos, su epidemiólogo, Anders Tegnell, ha encarnado un enfoque racional de la pandemia de COVID-19. (Magnus Andersson/TT News Agency/vía REUTERS)

Rechazó el confinamiento que casi todo el mundo aplicó y escuelas, restaurantes, gimnasios y hasta las fronteras permanecieron abiertos en Suecia. Llegó a recibir amenazas de muerte pero hoy muestra logros importantes en la caída de la transmisión del coronavirus

 

Si en los Estados Unidos la fama de Anthony Fauci, principal epidemiólogo de la Casa Blanca hizo que Brad Pitt lo personificara en SNL, la de Anders Tegnell en Suecia le ha valido cosas más asombrosas, como que muchos ciudadanos se tatúen su cara. Y del mismo modo que el director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas (NIAID) desde Ronald Reagan, el epidemiólogo del gobierno sueco ha despertado pasiones en contra por sus actos —en su caso, las responsabilidades del cargo van más allá del consejo— durante la pandemia de COVID-19.

Pocas personas en el mundo, y aun entre los 10 millones de habitantes de Suecia, conocían a Tegnell a comienzos de 2020; hoy, sin embargo, es “una de las figuras más famosas —y más polémicas— de la crisis global del coronavirus”, según lo describió Financial Times (FT). Este médico de 64 años, con gran experiencia en enfermedades infecciosas en África y Asia, decidió enfrentar el SARS-CoV-2 sin atender al manual habitual, que China aplicó con la cuarentena luego del brote en Wuhan y luego siguió buena parte del mundo. Así en Suecia la escuelas, los restaurantes, los gimnasios y las fronteras permanecieron abiertos.

“Para muchos suecos, su epidemiólogo estatal ha encarnado un enfoque racional, mientras otros países parecían sacrificar la ciencia en el altar de las emociones”, siguió el periódico financiero. “Muchos en la derecha estadounidense y británica han aprovechado a Tegnell como un campeón de las libertades que ellos sienten haber perdido durante el confinamiento”.

No obstante —aclaró Richard Milne, corresponsal del FT en los países escandinavos y bálticos— para una minoría local e internacional resultó una figura más problemática. “Los demócratas suecos, populistas, han pedido su renuncia luego de que miles de ancianos murieran en las residencias geriátricas”, ilustró. Esa consecuencia del COVID-19 llevó a Suecia hasta el quinto lugar en mayor mortalidad per capital en Europa, una tasa cinco veces mayor a la de su vecina Dinamarca y 10 veces mayor a la de Noruega y Finlandia. “The New York Times dijo que Suecia era ‘un estado paria’ y ‘una fábula para el mundo entero’".

Su fama, dijo Tegnell, se ha convertido en “un problema”; además, nunca había ambicionado tenerla. “Está a favor de la libertad de expresión pero los comentarios que lo comparan con Hitler o Stalin ‘no están bien’ y ha debido hablar con la policía por las amenazas de muerte”.

La moraleja de la fábula, al cabo de varios meses, no fue la esperada. Hoy Suecia tiene una caída estable en los casos. En opinión del epidemiólogo, el país tendrá “un bajo nivel de transmisión” con brotes locales ocasionales. “Lo que sucederá en otros países, creo, será más grave. Es probable que sean más vulnerables a esa clase de picos”, dijo al FT. La cantidad de casos en el otoño y el invierno europeo aumentará allí donde “no se cuente con un nivel de inmunidad que de algún modo pueda frenarlos”.

No se trata de un concepto sencillo: acaso la inmunidad colectiva sea la cuestión más discutida en la crisis extendida de COVID-19. Y si bien el experto aseguró que las políticas suecas nunca tuvieron como objetivo permitir que el virus siguiera su naturaleza hasta que una porción suficiente de los habitantes hubiera sido expuesta y la tasa de infección comenzara a bajar, argumentó que “la inmunidad es responsable, al menos en parte”, de la reciente baja notable de los casos en Suecia.

Una de las razones por las cuales el caso sueco se alza como singular es que el gobierno del país también lo es. Las decisiones de la agencia de salud pública nacional no están en manos de los políticos, sino de las autoridades independientes del sector. En la práctica eso tiene un nombre: Tegnell.

“Eso hace que su capacidad de independencia, mientras el resto del mundo se cerraba, parezca aún más notable”, destacó el corresponsal del FT, quien le preguntó al epidemiólogo sueco al respecto:

—¿No sería más fácil seguir la corriente?

—Sí, por supuesto que lo es. Pero no estoy solo —le respondió, en referencia a los 500 empleados de la agencia de salud pública, el gobierno y la mayor parte de la población de Suecia.

Tegnell repitió la frase que lo hizo famoso —o fastidioso, para algunos— cuando se negó al confinamiento en su país: “Es como usar un martillo para matar una mosca”. Su enfoque ha sido casi el opuesto: no apuntó a un insecto concreto sino a la posibilidad de la aparición de insectos y buscó otra clase de herramientas. En su caso, para desarrollar una estrategia que pueda funcionar durante años si llegase a ser necesario.

“Este tipo de confinamiento drástico, con aperturas y cierres, no nos parece viable”, siguió. “No se puede abrir y cerrar las escuelas. Va a ser un desastre. Y probablemente no se puede abrir y cerrar los restaurantes y cosas así demasiadas veces. Una vez o dos veces sí, pero luego la gente se cansaría y los comercios probablemente sufrirían más que si los cerraran completamente”.

El enfoque sueco se basó en considerar la salud pública en un sentido más amplio que tratar de mantener el sistema de salud en funcionamiento o reducir las muertes de la primera ola. “Es bueno tener la clase de experiencia que yo tengo”, dijo, a la vez como reaseguro y como defensa. "He trabajado en hospitales. He visto la epidemia de gripe y la gente que llega de a montones y satura los hospitales. He trabajado con el ébola en África. Me doy cuenta de los desastres que la enfermedad puede hacer a una sociedad y a un sistema”.

En Suecia continuaron los deportes infantiles, las clases en la escuela primaria, las sesiones de yoga, las visitas a los bares y los restaurantes, las compras. Y más: es uno de los pocos países que no recomienda el uso de máscaras en público. Por lo demás, el paisaje local es parecido al de los vecinos: los suecos han dejado de viajar y los hoteles y los restaurantes se han visto gravemente afectados.

Básicamente, las actividades públicas tienen restricciones detalladas sobre cuánta gente puede estar en un espacio y cómo se las tiene que tratar. “Este tipo de restricciones no existen casi en otro lado”, siguió el epidemiólogo. “Tratamos de concentrarnos realmente en los lugares que sabíamos que iban a ser realmente peligrosos. Ir a una tienda de música y comprar un álbum no va a hacer que se infecten cientos de personas”, dio como ejemplo.

Además de la epidemia del ébola, Tegnell viajó mucho por el mundo en campañas de vacunación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A esa formación, cree, le debe mucho su capacidad de “pensamiento amplio en la salud pública". Para él las escuelas no son solamente un lugar donde el virus se puede transmitir, sino también la parte más importante de la salud de una persona joven.

“Si uno tiene éxito en la escuela, su vida irá bien", argumentó al FT. "Si fracasa, su vida será mucho peor. Va a vivir menos. Va a ser más pobre. Eso, por supuesto, nos ronda la mente cuando nos ponemos a hablar sobre cerrar las escuelas”. Por eso cuando en junio regresó la premura por clausurar actividades en Europa y los Estados Unidos, sintió que “el mundo se había vuelto loco”.

Del mismo modo que ante el resto de los factores de la pandemia, Tegnell mantiene una perspectiva independiente sobre la vacuna contra el COVID-19: cuando llegue, si llega, no será una solución mágica. “No me inclino mucho por las soluciones fáciles a los problemas complejos, por creer que una vez que tengamos la vacuna podemos volver a vivir como hemos hecho siempre", cerró el diálogo con Milne. "Creo que es peligroso transmitir ese mensaje, porque no va a ser tan sencillo”.

15 de Septiembre de 2020

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Sábado, 12 Septiembre 2020 06:25

Covid y vacunas transgénicas

Covid y vacunas transgénicas

La persistencia de la pandemia de Covid-19 ha desatado una carrera desaforada por lograr una vacuna, el enfoque más estrecho. Las epidemias siempre son un momento de alza para la voraz industria farmacéutica, hiperconcentrada en 20 grandes trasnacionales que controlan la mayoría del mercado global y que no están interesadas en la salud, sino en sus ganancias (https://tinyurl.com/y67zqdx2).

Éstas aprovechan la oportunidad de que los gobiernos, urgidos por encontrar una fórmula rápida para salir del estado de crisis pandémico y el hartazgo de la población, están dispuestos a aportarles enormes recursos públicos –dinero, conocimientos e instalaciones públicas– y a relajar regulaciones y evaluación de inocuidad de las vacunas.

Se desarrollan a ritmo acelerado vacunas altamente experimentales, la mayoría transgénicas, con mecanismos de acción en nuestro organismo sobre los que existen grandes incertidumbres y muchos riesgos. Para las trasnacionales, es una bonanza inusitada poder experimentar masivamente, con cobertura y dinero públicos, en tecnologías similares a las terapias génicas en humanos, cuya investigación quedó restringida luego de provocar serios daños y hasta casos de muerte en sus inicios (https://tinyurl.com/yyy25o6y).

Según la Organización Mundial de la Salud, al 9 de septiembre había 35 vacunas para Covid-19 en estudios clínicos (en fases uno a tres de prueba en humanos) y 145 en estudios preclínicos. De las primeras 35 en prueba, 17 se basan en técnicas de ingeniería genética no probadas antes en humanos. Esas vacunas transgénicas han tomado mayormente tres enfoques: uno que usa un plásmido (pequeña molécula circular de ADN) como vector para introducir ADN en nuestras células, un segundo que introduce ARN directamente en las células y un tercero que introduce ADN por medio de un virus, que a su vez es manipulado con ingeniería genética para que no pueda replicarse.

Las vacunas convencionales se basan en insertar un virus muerto o atenuado (que supuestamente no infecta), que causa una reacción del sistema inmunológico, el cual aprende así a reconocer ese tipo de virus y previene futuras infecciones. Las vacunas transgénicas, en cambio, introducen ADN o ARN foráneo en nuestro organismo, donde codifican para crear una proteína similar a las del SARS-CoV2, utilizando nuestros propios recursos celulares, por ejemplo, para crear una proteína S o espiga (las “espinas” que forman una corona en el virus). Si funciona, ésta sería reconocida como ajena por nuestro sistema inmunológico, que produciría anticuerpos para prevenir próximas infecciones.

La forma de acción de esas vacunas de hecho nos convierte en transgénicos, al menos temporalmente, porque no es una proteína foránea ante la cual nuestro sistema reacciona (como las anteriores vacunas), sino que manipula a nuestro organismo para crear el supuesto enemigo a atacar.

En el tercer grupo de vacunas transgénicas (vectores virales no replicantes) se encuentran, entre otras empresas, las de Johnson y Johnson (Estados Unidos), CanSino Biologics de China y Sputnik V de Rusia, con las que México se comprometió a aportar voluntarios para la experimentación en humanos en fase tres.

También se basa en esa técnica la vacuna en desarrollo de AstraZeneca, en cuya producción masiva participarán Argentina y México, financiados en parte por la Fundación Carlos Slim. El gobierno de México acordó también participar en las pruebas de fase tres con Walvax, China, que desarrolla una vacuna transgénica basada en ARN, y con la empresa Sanofi-Pasteur, que desarrolla otro tipo de vacuna, basada en introducir pequeños trozos (subunidades) de proteínas.

Según señalan expertas en vacunas y biólogos moleculares, hay riesgos serios con estos productos transgénicos. Por ejemplo, una vez introducido el ADN o ARN en nuestras células para crear la proteínas S, no está claro cómo se detendrá la producción de ese antígeno ni qué efecto tendrá la presencia continuada del ADN/ARN sintético en las células, que además, en el caso de las de ADN, llega con un promotor génico muy activo.

Tampoco está claro qué células se verán afectadas, más allá de las objetivo, si las proteínas o el ADN introducido entra en el sistema circulatorio y llega a otros órganos. Los receptores ACE2, que son los que habilitan a las proteínas S a entrar en las células, existen en riñones, pulmones y testículos, lo cual podría provocar respuestas inflamatorias graves, reacciones autoinmunes u otros efectos desconocidos.

En experimentos con animales, este tipo de vacunas transgénicas han producido procesos inflamatorios severos y lo que llaman “respuesta paradójica”: el organismo ataca a otros virus presentes en nuestro cuerpo (todos los seres vivos convivimos con virus y bacterias naturalmente), produciendo inflamación y otras sintomatologías dañinas.

Los tiempos de evaluación de las vacunas que se están manejando no contemplan apreciar más que riesgos a corto plazo, pero las reacciones adversas pueden surgir posteriormente, por lo que los procesos de aprobación de vacunas llevan varios años, que ahora no se consideran.

Al mismo tiempo, no se toman las acciones necesarias para cambiar las causas de las pandemias –desde el sistema alimentario agroindustrial a la destrucción de la biodiversidad (https://tinyurl.com/ycfcksva)–, aunque existen múltiples advertencias de que hay otras pandemias en cierne. Parece ser el mayor experimento transgénico masivo en humanos y quienes ganarán son las trasnacionales farmacéuticas, que lucran con las causas y con la continuación de las pandemias.

Por Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC

Las poblaciones de fauna salvaje han caído un 68% desde 1970

Pérdida de biodiversidad

Un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) alerta de que la población de vertebrados ha descendido hasta un 94% en América Latina

 

La pérdida de biodiversidad es cada vez más alarmante. Tanto es así, que las poblaciones de fauna salvaje han caído una media del 68% desde 1970, según el Indice del Planeta Vivo publicado este jueves por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). El ritmo en el que los vertebrados van desapareciendo ha crecido un 8% respecto a los datos del último estudio, que fue publicado hace dos años.

La situación en la región de Latinoamérica y el Caribe se presenta especialmente dramática, ya que allí el descenso de población animal ha caído una media del 94% entre 1970 y 2016. Lo mismo ocurre con la caída de especies de agua dulce, que han disminuido un 84% en todos estos años.

Las causas de esta degradación tienen que ver, según los expertos del grupo conservacionista, con la actividad humana, que ha dañado "gravemente" los hábitats y los recursos naturales de los que depende la vida silvestre. De esta forma, la publicación señala directamente a la deforestación, la agricultura intensiva y el tráfico de especies como principales causantes de la pérdida de biodiversidad.

El ser humano se ha expandido por todos los rincones del planeta, extrayendo sus recursos sin límites. Esta realidad ha propiciado que el 75% de la superficie terrestre no helada haya sido modificada por el hombre. Apenas quedan lugares vírgenes en este mundo, lamenta el informe, que señala pequeños resquicios territoriales donde la biodiversidad permanece intacta (en Rusia, Canadá, Brasil o Australia).

"La conclusión es clara: la naturaleza está siendo transformada y destruida a una velocidad sin precedentes en la historia, con un coste muy alto para el bienestar del planeta y de la humanidad. La pérdida de biodiversidad es un auténtico reto para la economía, el desarrollo y la seguridad global", ha señalado Enrique Segovia, Director de Conservación de WWF España.

La publicación recalca también que la pérdida de biodiversidad tiene unas consecuencias directas en las formas de vida de los seres humanos, sobre todo en términos de seguridad alimentaria, ya que la caída de poblaciones animales y vegetales rompe el equilibrio de los ecosistemas y disminuye los recursos alimentarios de los que dispone el ser humano. Es por ello que desde WWF reclaman un cambio de rumbo global que ponga fin a los sistemas agrícolas y ganaderos de tipo intensivo, principales causantes de esta crisis ecológica. 

"Sabemos que esta gran transformación requerirá un esfuerzo colectivo global sin precedentes; que el aumento de los esfuerzos de conservación es imprescindible, pero que debe sumarse a los cambios en la forma de producir y consumir nuestros alimentos y energía. Los ciudadanos, los gobiernos y los líderes empresariales de todo el mundo deberán formar parte de un movimiento por el cambio con una escala, urgencia y ambición nunca antes vistas", concluye Segovia.

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Contra Trump, contra la violencia policial

La marcha de protesta en Washington fue masiva

En el aniversario del histórico discurso de Martin Luther King, miles de personas se reunieron para protestar contra la violencia policial y el discurso autoritario de los republicanos.

 “No podemos estar nunca satisfechos mientras que el negro sea la víctima de los horrores abominables de la brutalidad policial”. La frase es parte de "Yo tengo un sueño", el discurso más famoso de Martin Luther King Jr., que acaba de cumplir 57 años. Pero para las miles de personas que este viernes se manifestaron en la ciudad de Washington es la descripción de una realidad muy actual.

Bajo el lema “Saquen la rodilla de nuestros cuellos”, la marcha quiso conmemorar un nuevo aniversario de la histórica manifestación organizada por King en el centro de la capital estadounidense. Si en 1963 la marcha pedía trabajo y libertad, la de este viernes se hizo eco de la ola de protestas que sacude al país desde el asesinato de George Floyd en mayo.

Precisamente, la idea de una manifestación masiva que coincidiera con el aniversario del discurso de King empezó en junio, después del funeral de Floyd. Al final, coincidió también con el cierre de una semana agitada en Estados Unidos, en la que el ataque de un policía a un hombre negro en Wisconsin provocó una nueva ola de protestas mientras, en paralelo, la Convención Nacional Republicana prometía defender a la policía.

Como respuesta al mensaje que el Partido Republicano transmitió  en las cuatro noches de la convención, miles se reunieron este viernes en la zona del Lincoln Memorial. Llevaron carteles con mensajes contra Donald Trump y el racismo. Como a principios de junio, los colores del movimiento Black Lives Matter -verde, negro y rojo- volvieron a apoderarse de las calles de Washington, al igual que las remeras con la leyenda “No puedo respirar”, las últimas palabras de Floyd.

Esta vez no hubo solo un pedido de justicia racial, sino también de ir a votar en noviembre. “Mi hermano no puede hablar hoy”, dijo Bridgett Floyd, hermana del hombre asesinado en Minnesota este año. “Nosotros tenemos que ser esa voz, nosotros tenemos que ser ese cambio”, afirmó durante el acto principal de la marcha.

El acto principal se situó en las escalinatas del Lincoln Memorial, pero la manifestación se repartió por distintos lugares del centro de la ciudad. Algunos caminaron al Departamento de Justicia a reclamar que se abrieran los casos cerrados de violencia policial. Otros marcharon hasta las cercanías de la Casa Blanca cantando las palabras que ya se volvieron el lema de estas protestas: “No hay justicia, no hay paz”.

Bianca y Alexis Harmon son hermanas y viven en el estado de Virginia, vecino a la ciudad de Washington. La primera es maestra y decidió ir a la marcha porque el tema impacta en sus estudiantes. “Nuestro abuelo en los años 50 y nuestro tío en los 70 fueron golpeados por la Policía. Estas cosas todavía siguen pasando en 2020”, dijo Bianca a Página|12. “¿Cómo no nos vamos a enojar si nuestro dinero está yendo a algo que nos impacta negativamente? Hay que desmantelar un sistema que nunca nos apoyó y que, a pesar de eso, seguimos pagando”, agregó su hermana. Las dos esperan que la siguiente generación no tenga que pasar por esto.

Saeed N. manejó diez horas desde Atlanta, Georgia, para estar presente en la marcha. No había participado de las protestas de junio, pero está convencido de que Estados Unidos necesita un cambio y llegó a la capital del país para pedirlo. “Estar acá es como llamar a la puerta de la Casa Blanca. Quería ser parte de algo histórico”, dijo a este diario desde la plaza Black Lives Matter, creada por la ciudad de Washington en junio.

No fue solo la comunidad negra la que se movilizó el viernes. “Vengo en solidaridad con el movimiento y a apoyar la iniciativa de desfinanciar a la policía”, explicó Sammy Fries, también desde la plaza Black Lives Matter.

A algunos, el sol y los 34 grados los obligaron a refugiarse a la sombra de los árboles o a refrescarse en las fuentes del National Mall. El área del Monumento a Washington, el obelisco de la capital estadounidense, estuvo completamente cercada. Mientras los manifestantes buscaban caminos alternativos para cruzar la zona, una empresa de eventos todavía trabajaba para levantar los restos de los fuegos artificiales que cerraron la convención republicana, esos que iluminaron el cielo nocturno el jueves por la noche, mientras la zona de la Casa Blanca también era escenario de protestas. “Trump fracasó. Más de 180.000 murieron”, decía un cartel con luces armado por una docena de personas. En ese mismo momento, el presidente cerraba la Convención Nacional Republicana convencido de que hizo un buen trabajo para manejar la pandemia de la covid-19.

En contraste con el acto de Trump del jueves, en el que pocos asistentes usaron barbijo, la marcha instaló carteles en la zona del Lincoln Memorial para pedir a la gente que use máscaras. “Mantener la distancia social. Usar máscara. Usar alcohol en gel. Proteger el voto”, fueron las cuatro consignas que difundió la organización de la manifestación. A diferencia de marchas anteriores, la de este viernes puso el foco en la elección de noviembre como un momento crucial para lograr un cambio en el país.

Eso es lo que considera Yolonda, una mujer de la ciudad que se acercó porque quería “ser parte de algo positivo”, algo que “permita crear otra cultura”. Su principal objetivo ahora es sacar a Trump de la presidencia. “Voy a ser la primera persona en ir a votar el día de la elección. Hay que mandarlo a su casa”, aseguró.

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Coronavirus: ¿Qué vacunas podrían llegar a las personas primero?

Son seis los proyectos que ya se encuentran en la Fase III de su desarrollo

 

Si bien, desde hace semanas, la OMS ha anunciado que el centro de la pandemia se desplazó hacia el continente americano, diversos países europeos experimentan rebrotes que amenazan la situación de relativa estabilidad alcanzada meses atrás. A nivel doméstico, mientras tanto, la cifra de infectados y fallecidos aumenta en cada jornada. En este escenario de ansiedades e incertidumbres, ya son 167 las investigaciones registradas que se proponen desarrollar la vacuna, aunque solo seis ofrecen las mejores perspectivas a mediano plazo. El gobierno argentino ha trabado acuerdos con tres: producirá a nivel local la variante de AstraZeneca (Reino Unido), prueba en voluntarios la de Pfizer (EEUU) y BioNTech (Alemania) y de manera reciente acordó con Sinopharm (China) para que el país también forme parte de los ensayos en Fase III. Además, en carrera se hallan las de otros gigantes de la industria biotecnológica, como Moderna (EEUU), CanSino y SinoVac (China). Un párrafo aparte merecen las opciones de Rusia y Cuba que, desde atrás, procuran dar pelea. A continuación, en medio de tantas variantes disponibles, el detalle de aquellas fórmulas que están en carrera.

AstraZeneca (Reino Unido)

Hace apenas unos días, Alberto Fernández anunció que el Laboratorio AstraZeneca había firmado un acuerdo con la fundación Slim (México) para producir 250 millones de vacunas destinadas a toda Latinoamérica, con excepción de Brasil. Estarán disponibles para el primer semestre de 2021 y serán distribuidas equitativamente entre los países que así lo demanden. La Argentina se encargará de la producción de la materia prima, mientras que México será quien envase y distribuya el producto. Cada dosis costará entre tres y cuatro dólares y los primeros que las recibirán serán los adultos mayores y los grupos de riesgo. En Argentina, AstraZeneca eligió al laboratorio mAbxience, parte del grupo Insud, que será el responsable de la producción de la sustancia activa. La fórmula se encuentra en fase III y está basada en adenovirus, un patógeno que suele infectar a humanos y también a otros animales. La candidata de Oxford ya atravesó con éxito una primera etapa: fue probada en 1077 voluntarios sanos de Reino Unido (entre 18 y 55 años) y demostró el desarrollo de defensas. A mediados de julio éstos resultados fueron presentados en The Lancet, la prestigiosa revista del rubro médico. En el presente está siendo evaluada en miles de voluntarios en Brasil, Reino Unido, Sudáfrica y en Estados Unidos.

Pfizer y BioNTech (EEUU y Alemania)

Ya comenzaron las pruebas en Fase III de la vacuna elaborada por ambas compañías en Argentina. Desde el Hospital Militar, los ensayos son coordinados por el equipo del doctor Fernando Polack, que espera seguir testeando la seguridad y la eficacia de la candidata. Se estima la participación de aproximadamente 15 mil voluntarios, la muestra será variada e incluirá a personas con diferentes perfiles. Los postulantes seleccionados para los estudios recibirán dos dosis, la primera en estos días y la segunda luego de tres semanas.

En una primera etapa, el fármaco sorteó el examen de seguridad y toxicidad en Alemania y Estados Unidos, con lo cual recibió la aprobación de la FDA (Food and Drugs Administration, institución equivalente a la Anmat) para avanzar hacia las siguientes fases. En aquella oportunidad fue suministrada a 45 adultos (entre 18 y 55 años) que recibieron dosis distintas entre sí (10, 30 y 100 mg) y a nueve de ellos les tocó placebo. Las personas que se sometieron a las pruebas desarrollaron una cantidad de anticuerpos que superan a los que presentaron los pacientes recuperados de la covid-19. Cuando la vacuna esté finalmente lista y si esta versión que se prueba a nivel local obtiene buenos resultados, el país podrá colocarse en un lugar de preferencia al momento de disputar el acceso a las dosis necesarias.

Sinopharm (China)

El miércoles, Liu Jingzhen, presidente de la estatal Sinopharm, comunicó que la vacuna que están desarrollando “podría estar en diciembre”. La noticia llega en un momento inmejorable para Argentina que acaba de cerrar el acuerdo que le permitirá a la empresa estatal china realizar los ensayos de Fase III en territorio doméstico. La variante de Sinopharm costará menos de mil yuanes (145 dólares aproximadamente) y sería aplicada en un esquema de dos dosis. Se establecerá, además, un régimen de prioridad en residentes de grandes ciudades que, por su densidad demográfica, cuentan con mayores riesgos de contraer la enfermedad. Un aspecto clave es que la planta industrial que la farmacéutica tiene en Pekín es la fábrica de vacunas para covid-19 más grande del mundo. En efecto, podría producir nada menos que 200 millones de dosis anuales.

Durante las Fases I y II, los expertos comprobaron que la variante creada era segura y generaba una respuesta inmune. 320 voluntarios (entre 18 y 59 años) recibieron sus dosis y, de acuerdo a los resultados, produjeron anticuerpos suficientes para neutralizar al virus. El estudio, en esta instancia, fue publicado por la revista de la American Medical Association. En el presente, se encuentra en su última fase, por lo que buscan probar si será efectiva en grandes poblaciones. Hace apenas unos días comenzó este procedimiento en Baréin, con pruebas que incluyen a 6 mil voluntarios y se prolongarán durante un año; mientras que el mes pasado realizó ensayos similares en Emiratos Árabes Unidos.

Moderna (EEUU)

Donald Trump estableció un acuerdo con Moderna para recibir 100 millones de dosis. Mediante el pacto, cerrado unos días atrás, los ciudadanos de aquel país podrán recibirla sin costo alguno. Para su fabricación, la corporación biotecnológica estadounidense trabaja en colaboración con el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE.UU. Diseñan su candidata a partir de la utilización del ARN mensajero del virus. ¿Cómo actúa? Una vez dentro de las células, este ARN las induce a producir proteínas del patógeno que, en un paso posterior, son identificadas y atacadas por el sistema inmunitario. Desde el 27 de julio, se realizan ensayos clínicos de Fase III para evaluar la seguridad y la eficacia. 30 mil voluntarios distribuidos en 89 centros a lo largo y a lo ancho del país recibirán sus dosis y Anthony Fauci, el reconocido epidemiólogo y asesor de la Casa Blanca, cree que podrá llegar a la ciudadanía incluso antes de fin de año.

CanSino Biologics (China)

La semana pasada China patentó su primera vacuna, elaborada por el Instituto Científico Militar y la empresa CanSino Biologics, con sede en el país. De acuerdo a los voceros de la corporación, “podría ser escalada en masa en un breve período de tiempo”, aunque todavía se desconoce cuándo estaría disponible. En la etapa actual, continuarán las pruebas de ensayos clínicos de fase III aquellos que por su profesión están más expuestas al patógeno (profesionales de la salud). Tras superar la Fase II, fue la Oficina Estatal de Propiedad Intelectual la que dio el visto bueno para seguir adelante. En junio demostró ser segura y generar inmunidad cuando en junio fue suministrada a miembros del Ejército chino. En total se realizaron pruebas en 508 personas, los resultados fueron alentadores y publicados a fines de julio en The Lancet. En la actualidad, naciones como Arabia Saudita, Rusia, Brasil y Chile se ofrecieron para probarla. Con una estrategia similar a la que utilizan otras farmacéuticas (como la de AstraZeneca), la variante de CanSino emplea un adenovirus que, habitualmente, causa el resfriado común. Se inyectan virus modificados que sirven para introducir en las células del cuerpo humano la información genética del Sars CoV-2, la proteína Spike (“S”), que funciona como llave y habilita el ingreso a la maquinaria celular. Frente a ello, el organismo genera la respuesta inmune. CanSino Biologics ya había trabajado en una plataforma similar en 2017, cuando diseñó una vacuna para combatir el Ébola.

Sinovac (China)

Los desarrollos de esta compañía completan el tridente de opciones orientales para combatir al coronavirus. La vacuna, basada también en la técnica de virus inactivados, fue denominada “CoronaVac” y es una de las que más expectativas generan en el mundo, porque fue de las primeras que inició con los ensayos. De hecho, en enero comenzó con el desarrollo de la tecnología y tres meses más tarde, Pekín autorizó las pruebas clínicas. En días pasados comenzó con la fase III en 1600 voluntarios de Indonesia. También cerró un acuerdo para hacer lo propio con 9 mil voluntarios de 12 centros en siete estados de Brasil. Allí los exámenes son coordinados por el Instituto Butantan de San Pablo.

Esta semana, la farmacéutica firmó un acuerdo con la Pontificia Universidad Católica de Chile para iniciar su fase III allí. Será con 3 mil postulantes, podría comenzar en los próximos días y ello habilitaría al gobierno de Sebastián Piñera a contar con las dosis suficientes una vez que se compruebe el éxito del fármaco. Los resultados preliminares habían conseguido despertar anticuerpos neutralizantes en el 90% de las personas que, además, no experimentaron efectos secundarios de gravedad. Del examen participaron 743 voluntarios sanos (entre 18 y 59 años), de los cuales 143 pertenecían a la Fase I y los otros 600 en la II. Según las declaraciones de los voceros de Sinovac Biotech, pronto, estarán en condiciones de fabricar 100 millones de dosis.

Las variantes de Rusia y Cuba: Sputnik V y Soberana 01

Rusia aprobó la primera vacuna para combatir el coronavirus. El proyecto, liderado por el centro de investigación Gamaleya y el Fondo Ruso de Inversión Directa (RFPI), se propone fabricar nada menos que cinco millones de dosis desde diciembre hasta enero (los profesionales de la salud serían quienes tendrían prioridad), 500 millones de dosis anuales y desplegar su producción hacia naciones latinoamericanas. La opción presentada por el gobierno de Putin aún no completó la fase III y tampoco fue difundida en ninguna revista de prestigio científico. Frente a ello, el ministro de Salud, Mijail Murashko, afirmó que las críticas a Sputnik V –así bautizaron a la fórmula en una clara alusión a la carrera espacial durante la Guerra Fría del siglo pasado– de buena parte de la comunidad científica son “absolutamente infundadas” y las atribuyó a la “competencia” que hay en el mercado internacional por encontrar una solución a la pandemia. Las pruebas iniciaron el 18 de junio en la Universidad Séchenov (Moscú). La variante emplea partículas creadas a partir de adenovirus, similar a la de Oxford.

Cuba, por su parte, iniciará este lunes la fase I/II de los ensayos clínicos de su vacuna. Los resultados, de acuerdo al Registro Público Cubano de Ensayos Clínicos, estarán disponibles en enero de 2021. Los estudios preliminares abarcan a 676 personas (entre 19 y 80 años) y serán liderados por el Instituto Finlay. En esta instancia examinarán su seguridad y la inmunogenicidad en un tratamiento que, según se prevé, tendrá dos dosis. El fármaco ya fue bautizado como “Soberana 01”. El presidente Miguel Díaz-Canel, en conferencia, destacó la relevancia de poseer un fármaco propio contra la covid-19, aunque otras naciones tengan el suyo, “por una cuestión de soberanía”.

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El líder opositor ruso Alexei Navalny. EFE/Maxim Shipenkov/Archivo

 

El opositor ruso Alexéi Navalni es el último activista crítico con el Kremlin que, según sospecha su entorno, ha sido envenenado en circunstancias misteriosas. La lista de opositores que ha enfermado de manera sospechosa en el último siglo es larga. Muchos han muerto. Aparentemente todos parecen haber sido víctimas de un laboratorio secreto especializado en la elaboración de venenos y establecido en Moscú por Vladimir Lenin en 1921.

Su función era lidiar, de manera tan eficiente como despiadada, con los enemigos del Estado. Algunos eran domésticos y otros, exiliados incómodos para el Kremlin. Según el exjefe de espías de Stalin, Pavel Sudoplatov, la KGB llegó hace mucho tiempo a la decisión de que el veneno era el mejor método para eliminar a personas incómodas. La institución sucesora de la KGB, el FSB, parece que tiene la misma opinión.

Durante la Guerra Fría, la KGB exterminó a sus adversarios con creatividad. En 1959, un agente asesinó al líder nacionalista ucraniano Stepan Bandera con una pistola de cianuro escondida en un periódico. En 1979 otro agente asesinó al disidente búlgaro Georgi Markov mientras esperaba un autobús en el puente de Waterloo en Londres. El arma: un paraguas con punta envenenada.

En los años 90, durante la presidencia de Boris Yeltsin, se detuvieron estos extraños ataques. Por aquel entonces Rusia y Occidente cooperaban. Sin embargo, una vez que Vladimir Putin llegó a la presidencia en el año 2000, los asesinatos políticos regresaron en silencio. Se especuló con que la fábrica de veneno, un siniestro edificio de color beige a las afueras de Moscú camuflado como centro de investigación, había vuelto manos a la obra.

Entre las posibles víctimas de dichas prácticas está Roman Tsepov, guardaespaldas de Putin en San Petersburgo en la década de los 90. Murió después de beber un té en 2004 en una oficina local del FSB. Ese mismo año, la periodista Anna Politkovskaya perdió el conocimiento en un vuelo interno a la ciudad de Rostov después de tomar té en el avión. Sobrevivió. Dos años después, un pistolero asesinó a Politkovskaya cerca de su piso de Moscú.

El envenenamiento más notorio del siglo tuvo lugar apenas unas semanas más tarde. El objetivo esta vez era Alexander Litvinenko, un antiguo oficial del FSB convertido en un crítico del presidente Putin. Dos asesinos, Dmitry Kovtun y Andrei Lugovoi, se reunieron con Litvinenko en el hotel Millennium de Londres. Se tomó unos sorbos de té verde mezclado con polonio radioactivo. Moriría tres semanas después.

El asesinato condujo a un período en que las relaciones ruso-británicas fueron tensas y estuvieron marcadas por la acritud. Marcó una época de sospechas: no se sabía si Putin decidió que el Estado eliminase a quien percibía como enemigos o instauró una política de manga ancha para que los responsables de los servicios secretos interpretaran que las órdenes no dadas permitían actuar así. Una investigación oficial en el Reino Unido en 2016 dictaminó que era "probable" que Putin hubiera aprobado la operación junto al entonces jefe del FSB. El Gobierno no ha hecho pública toda la información de que dispone.

En marzo de 2018, otros dos asesinos fueron enviados por el Kremlin de Moscú a Londres, siguiendo la misma pauta de comportamiento de Kovtun y Lugovoi 12 años antes. Su objetivo era Sergei Skripal, un doble agente ruso que había espiado para el MI6. Los dos hombres eran coroneles de la inteligencia militar rusa que manejaban identidades ficticias: Anatoliy Chepiga y Alexander Mishkin.

Según el Gobierno británico, Mishkin y Chepiga utilizaron un agente nervioso de la era soviética –novichok– en el pomo de la puerta de entrada de la casa de Skripal en Salisbury. Él y su hija Yulia cayeron desplomados varias horas después en un banco del centro de la ciudad. Sobrevivieron, pero otra mujer, Dawn Sturgess, murió dos meses más tarde después de rociarse las muñecas con novichok. El Reino Unido y otros países aliados expulsaron entonces a más de 150 espías rusos de sus embajadas.

No existen pruebas concluyentes de la participación de Putin en estas operaciones. No se sabe hasta qué punto él pudo ordenar o estar informado de los hechos ni la cadena de mando que siguieron los asesinos. El hecho de que la lista de víctimas, tanto en Rusia como en el extranjero, sea larga sugiere que el Kremlin, vea como vea este comportamiento, lo acepta como un mal necesario aunque implique altos costes. Envía un mensaje al mundo: que la disidencia tiene límites y que la oposición frontal al Estado puede acarrear el mayor de los precios. 

21 de agosto de 2020 21:21h

Traducido por Alberto Arce

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Aleksei Navalny (al centro) en el autobús que lo llevaba a abordar el avión en que viajaría de Tomsk a Moscú. En el vuelo se desmayó y el capitán aterrizó de emergencia en Omsk; ahí fue hospitalizado. Kira Yarmysh, jefa de prensa, y otros miembros de su equipo, en la imagen.Foto Ap

Moscú. La figura más destacada de la oposición al Kremlin, Aleksei Navalny, se debate entre la vida y la muerte en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de la ciudad siberiana de Omsk, donde ayer fue ingresado de urgencia por lo que los médicos diagnostican como envenenamiento con una sustancia tóxica aún por definir.

Navalny, quien se encuentra en estado de coma y está conectado a un aparato de respiración artificial, con pronóstico grave pero estable, empezó a sentirse mal apenas despegó su avión del aeropuerto de Tomsk –otra ciudad siberiana– en vuelo hacia Moscú y, tras sufrir fuertes dolores y perder el conocimiento, el capitán de la nave solicitó un aterrizaje de emergencia en Omsk.

El famoso bloguero –quien asumió de modo simbólico el liderazgo de la oposición extraparlamentaria en Rusia con sus denuncias en Internet de la corrupción de miembros prominentes de la élite gobernante (titulares de carteras en el gobierno, funcionarios de dependencias públicas, legisladores oficialistas, empresarios del primer círculo presidencial)– regresaba a Moscú después de visitar Novosibirsk y Tomsk.

En ambas regiones seguidores de Navalny se presentan como candidatos en las elecciones convocadas para septiembre, aparte de que pudo reunir evidencias de los malos manejos y la riqueza acumulada por los aspirantes avalados por el Kremlin, según trascendió.

Muy larga resulta la lista de personas que –exhibidos su enriquecimiento ilícito y abusos de poder– pudieran querer vengarse de Navalny, por lo cual hay elementos para suponer que su intoxicación en Tomsk no tiene que ver necesariamente con su estancia en Siberia.

Según relata Kira Yarmysh, encargada de comunicación social en el equipo de Navalny que viajaba con él, el opositor por precaución no quiso desayunar nada en el hotel y sólo tomó una taza de té en un local del aeropuerto de Tomsk.

Tuvo tiempo para sacarse una foto con sus acompañantes en el autobús que los llevaba para abordar el avión –disponible la foto en las redes sociales– hasta que, en pleno vuelo, su rostro se descompuso, comenzó a tener intenso dolor en el vientre y, al intentar ir al baño, se desmayó.

El capitán del vuelo Tomsk-Moscú de la compañía S7 solicitó permiso para un aterrizaje de emergencia, lo que evitó lo que hubiera sido una muerte inevitable en el aire y ahora depende de la capacidad de los médicos para tomar decisiones acertadas y, si no fallan, del propio paciente para recuperarse.

No es la primera vez que se atenta contra la vida de Navalny, ya intoxicado durante un encarcelamiento y también afectado con el lanzamiento de ácido en los ojos que requirió tratamiento en una clínica de España.

En esta ocasión, si Navalny logra despertar del coma, no se descarta que su esposa Yulia, quien ayer llegó a Omsk, autorice su traslado en un vuelo especial para seguir tratamiento en un hospital de otro país, pero los médicos que lo están tratando consideran que su estado no permite moverlo a ningún lado.

Por Juan Pablo Duch

Corresponsal

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