Viernes, 27 Septiembre 2019 05:52

Cambio climático mental

Cambio climático mental

Nietzsche lanza un desafío pretendiendo cambiar el valor del movimiento partiendo del niño que juega a orillas del mar, imagen del niño como representante de la regresión, del retorno al origen, emergencia de la concepción de ‘‘un después”, un porvenir, una plenitud por alcanzar; giros que se ‘‘redimen” y el olvido como regalo de la memoria.

El niño que ‘‘juega” con el mundo, dice Rovatti, tiene un aspecto ultrahumano, cada uno de nosotros puede rememorar de sí mismo un tramo, detener la imagen, percibir en ella un cierto valor de permanencia que pertenece al acervo de las cosas sencillas, aquellas sencillas maravillas que acontecen cotidianamente como el brillo del sol, el murmullo del mar, la lluvia que cae, y yo agregaría la voz de un cande andaluz que dice: ‘‘como el rayo de luna, yo sólo quiero caminar, como corre la lluvia en el cristal, como el río corre hacia el mar”. Eso que hemos perdido y trato de rescatar mentalmente.

Y así entre la lluvia y el mar, la memoria y el olvido evoco las palabras de Nietzsche: ‘‘Inocencia es el niño y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que gira por sí sola, un primer movimiento, un sagrado decir de sí que sí” (Así hablaba Zaratustra, ‘‘De las tres metamorfosis”).

Pero al mismo tiempo en todos nosotros se ocultan muchos falsos niños. Más el niño de ‘‘verdad” no se avergüenza de su llanto y lo torna risa, porque sus ojos son capaces de adivinar, y sonreír por ello, al distinguir y presentir las nuevas conchillas que la próxima ola le obsequiará. Ese niño de ‘‘verdad” me parece a mí el niño aquel del poema de Federico García Lorca:

‘‘El niño busca su voz. (La tenía el rey de los grillos). En una gota de agua / buscaba su voz el niño”. Y así como dice Guillén, haciendo alusión a la obra de García Lorca:

El niño que existe en el poeta –y los dos son uno– dispone las palabras en combinaciones caprichosas, como si estuviese jugando en una playa con piedras y conchas. Así jugaba Federico, entre su imaginación y sus manos, con el mundo.

¿Existirá la posibilidad del cambio climático y que nuestros descendientes jueguen a la orilla del mar en este juego de los países compitiendo a ver quién llega primero al infierno?

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Carta desde... Finlandia, la paradoja de la felicidad

Cada mañana, en la pequeña calle en la que vivo a las afueras de Helsinki, se repite la misma escena adorable. Los niños caminan al colegio, algunos solos, otros en grupos de dos o tres, con las mochilas balanceándose en sus espaldas. Los más pequeños tienen siete años y su mochila es casi tan grande como ellos mismos.


Camino a la escuela, hay un paso de peatones. Los conductores reducen la velocidad y, cuando ven a los niños, se detienen para cederles el paso. Quien no se detiene para dejar pasar a un niño es considerado maleducado. Pero en la mayoría de los casos, el niño cruza, saluda con la mano al conductor y sigue caminando hacia uno de los mejores sistemas de escuelas primarias del mundo.


El área metropolitana de Helsinki tiene una población de más de un millón de personas. Pero los niños de siete años van solos a la escuela. Por segundo año consecutivo, Finlandia ha sido elegido el país más feliz del mundo y todo se reduce a esto: lo segura que es aquí la vida.


La sociedad también es segura y, sobre todo, estable. En general, la gente es honesta. Si se te cae la cartera en la calle, es bastante probable que la recuperes con todo lo que tenías dentro. En cuanto a la corrupción, Finlandia también encabeza el ránking de honestidad. El campo no está contaminado y es muy sencillo estar en contacto con la naturaleza. La mayoría de finlandeses viven a no más de 30 minutos del bosque.


La riqueza está distribuida de forma muy equitativa, en términos globales, aunque entre los finlandeses no exista esta percepción. Cada año se publican las declaraciones de la renta del ejercicio anterior y, entonces, los medios de comunicación arden y la gente se horroriza de la cantidad de gente rica que hay en el país. Los finlandeses más listos simplemente se ríen y lo llaman el Día de la Envidia Nacional. Todo el mundo saca el móvil y lee artículos sobre declaraciones de la renta de otras personas.


Las declaraciones de la renta son públicas porque la población cree de verdad que el acceso abierto a la información da buenos resultados. Cualquiera que lo considere importante, puede averiguar cuánto dinero gana su vecino, su primo o sus colegas. Sin embargo, nadie cree que, en comparación con otros países, los finlandeses ganen mucho dinero. Por lo menos, no tanto como los suecos o los daneses, y ni hablar de los noruegos. Nos va bien y ya está.


Finlandia es una sorprendente historia de éxito en la periferia norte de Europa, y es sorprendente porque no había mucho con lo que empezar. La segunda estrofa de nuestro himno nacional, escrito en los años 1840, comienza así: "nuestra patria es pobre y así permanecerá". Aunque no se suele cantar esta segunda estrofa.


En la década de 1860, Finlandia sufrió la última hambruna europea debida a causas naturales. Cuando Finlandia se independizó en 1917, la consecuencia inmediata fue una guerra civil, que resultó una de las más sangrientas y crueles. Hace cien años Finlandia tenía casi todas las características de un país abocado al fracaso. Pero muchas cosas han mejorado desde el entonces hasta hoy, que somos la nación más feliz del mundo.


Pero, ¿realmente lo somos?


Finlandia también sufre de un extraño conflicto que le es familiar a muchos otros países europeos. Algo que podría llamarse la paradoja de la felicidad.
La gran mayoría de los habitantes, en términos objetivos, tiene una calidad de vida mejor que la de casi todo el resto del mundo, de cualquier época de la historia. Década tras década, el nivel educativo de la población ha progresado y la gente es más sana y vive más tiempo.


Sin embargo, existe también un perturbador clima de insatisfacción.


Finlandia es un país basado en una democracia progresista y una economía de mercado. Todo país pequeño debe tener apertura y una estrategia internacional.


Puede que a las personas que han nacido en países grandes les cueste comprender esto. Quizá Alemania o Francia se las puedan arreglar solos, y el Reino Unido está planeando intentarlo, pero Finlandia, con su población de 5,5 millones de habitantes, no puede darse ese lujo.


Sin influencias foráneas, nuestro país se pudriría en su propia excelencia imaginada, y sin una industria de exportación todavía estaríamos tejiendo calcetines en la oscuridad de los inviernos sin luz eléctrica. Finlandia es uno de los campeones de la democracia progresista, la economía de mercado, la globalización y la integración europea. Y sin embargo, hay algo que cruje: la paradoja de la felicidad.


El escritor indio Pankaj Mishra llamó a nuestra época la Era de la Furia. En su libro de 2007 con el mismo título, utilizó la palabra francesa ressentiment. Quizá un término demasiado sofisticado que proviene de los textos del propio Friedrich Nietzsche. El filósofo alemán hablaba de "hombres de resentimiento" que operaban en "el tembloroso imperio terreno de la venganza subterránea, inagotable e insaciable en estallidos".


Casi parece que Nietzsche hubiera predicho el surgimiento de las redes sociales donde, desde ahora, los estallidos de furia podrían considerarse como un acompañamiento constante. La gran pregunta es cuán a menudo irrumpen en la vida real.


Se ha dicho y escrito mucho sobre la turbulencia en Europa. Los principios esenciales son los mismos en todos lados, pero en cada país esta turbulencia se manifiesta de forma diferente. El resentimiento finlandés se expresa prominentemente en forma de xenofobia. Proporcionalmente, Finlandia tiene menos inmigrantes que, por ejemplo, Suecia, Reino Unido o Alemania, y aún así los finlandeses se han colado entre los más xenófobos de Europa.


Hace poco, tras la celebración de las elecciones en Finlandia, el paisaje político comenzó a fragmentarse de una forma que recuerda a Holanda. El Partidos de los Finlandeses, la formación nacionalista en contra de la inmigración, obtuvo el 17,5% de los votos. Su consigna electoral podría traducirse como "Recuperemos Finlandia".


También se espera que a este partido le vaya bien en las elecciones europeas de mayo. Así que así es como Finlandia, el país más feliz del mundo, hará su pequeña contribución al fenómeno que Matteo Salvini espera que se traduzca en una "primavera europea".


Sería engañoso y simplista decir que sólo las formaciones populistas desahogan sus frustraciones, aunque sea una característica que se atribuyen de buen grado. Sin embargo, estos resultados ni siquiera tienen en cuenta el hecho de que un cuarto de los finlandeses no se molesta en ir a votar. Y esa cifra es de las elecciones nacionales: en las elecciones europeas, la participación es aún menor.


En general, los finlandeses parecen tener una insatisfacción mística hacia todo. Cada vez que se producen cambios de gran magnitud (como la reforma del sistema de sanidad), tienden a pensar que el resultado será un problema, no una solución.


Y esta actitud no se limita a soluciones que cuestan decenas de miles de millones de euros. Incluso el más insignificante problema puede convertirse en una batalla apocalíptica, como las comidas escolares. En Finlandia, hace décadas las escuelas ofrecen comida gratuita y ahora, con los cambios en las preferencias, se ha abierto un debate feroz en los Ayuntamientos sobre la proporción correcta de carne, pescado, comidas vegetarianas o veganas.


En medio de estas discusiones, es fácil olvidar qué gran logro es que una sociedad se haga cargo de las comidas escolares. La tragedia del país más feliz del mundo puede ser su incapacidad de recordar que es feliz.


Un abrazo,


Heikki.

Heikki Aittokoski, periodista del diario Helsingin Sanomat

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“El chico recibe un teléfono móvil muy pronto, es una barbaridad”

Joseph Knobel Freud es un prestigioso psicólogo clínico y psicoanalista especializado en el tratamiento de niños y adolescentes. Hijo de padre y madre argentinos y psicoanalistas, es nieto de Samuel Freud, quien fue primo hermano del padre del psicoanálisis. Es decir que Sigmund Freud fue su tío abuelo. Samuel y Sigmund Freud vivieron de pequeñitos juntos en la casa familiar de la actual República Checa. Luego de la Primera Guerra Mundial, Samuel Freud escapó de las hambrunas de Europa y viajó a la Argentina, que era por entonces un país rico. Había dejado en Europa catorce hermanos. El gobierno argentino de aquella época dejaba traer a un pariente por año. El abuelo de Joseph logró que vinieran poco a poco cuatro de sus catorce hermanos. Los otros diez hermanos del abuelo murieron en los campos de concentración nazis, al igual que las cinco hermanas de Sigmund Freud. Joseph Knobel Freud es estadounidense por casualidad: nació en Kansas City, mientras su padre, Mauricio Knobel (uno de los pioneros del psicoanálisis en Argentina), estaba haciendo la residencia en Psiquiatría en aquella ciudad norteamericana. Joseph vivió alrededor de veinte años en la Argentina. Cuando la dictadura militar expulsó a toda la familia, él fue a estudiar Psicoanálisis a Inglaterra y España. Desde 1978 reside en Barcelona y es un prestigioso psicoanalista, miembro fundador y profesor de la Escuela de Clínica Psicoanalítica con Niños y Adolescentes de Barcelona; también autor de diversos libros, entre ellos El reto de ser padres, que tiene destino de clásico. Reconoce que el apellido “es un halago pero es un apellido más”. Sucede que en España, como en muchos lugares de Europa, se utilizan los dos apellidos. “Por lo tanto, el parentesco con Freud viene por el lado de mi madre, siempre se usa como segundo apellido el materno y para mí, claro, es un halago y un orgullo”, comenta en la entrevista telefónica con PáginaI12, antes de viajar a Buenos Aires, donde lo espera una abultada agenda de conferencias que comienzan el lunes en la Facultad de Psicología de la UBA y seguirán en otras instituciones (ver aparte).

“No creo que haya cambiado mucho cómo se piensa actualmente la infancia”, comenta Joseph Knobel Freud cuando se le consulta cómo la piensa el psicoanálisis actual. Pero agrega: “Se la tiene bastante más en cuenta que en la época de Freud porque Freud no trató ningún niño. Y realmente el psicoanálisis de niños avanzó mucho en los últimos años. Justamente se piensa que ocuparse de los niños es ocuparse de una historia que los envuelve. Y el psicoanálisis los puede ayudar a ser dueños de sí mismos sin depender ni establecer lazos demasiado patológicos con las personas de las que dependen fundamentalmente (los padres, la familia, la sociedad) y que puedan ser más ellos mismos”.

–¿Por qué considera que el niño está superexcitado sexualmente en la sociedad actual?

–Porque permanentemente recibe información. Los niños actuales ven Gran Hermano, que es un programa para adolescentes, donde la gracia está en quién se acuesta con quién. No es algo muy infantil. Hay todo un discurso social: en la televisión ven sexo, en España se venden coches con Claudia Schiffer en bikini, que no tiene nada que ver con el coche. Hay una hipersexualización permanente. Se ve como muy progresista y muy piola el ir desnudos por casa, sin tener en cuenta que eso excita al niño y lo confunde.


–¿Cómo influye la vida moderna con ese ritmo vertiginoso en la crianza de los niños?


–Horriblemente. Yo llamé esto en una de mis conferencias “Ser niños en la sociedad de la inmediatez”. Primero, los padres están hiperocupados y se ocupan muy poco de los chicos. Los niños están demasiado solos en la sociedad actual. Papá y mamá, además, están ocupados teniendo que llegar a fin de mes en esta sociedad capitalista y tienen muy poco tiempo para ellos. Los chicos son depositados en el cole y allí se fomenta la competencia en lugar del trabajo en equipo, se fomenta la rivalidad en lugar del compañerismo y la amistad. Hay influencias bastante negativas. Después, a la hora del aprendizaje hay lo que yo llamo “la caducidad del saber”: ahora el saber lo tenemos en los teléfonos inteligentes. El chico de diez años, para colmo, va a recibir un teléfono móvil muy pronto y es una barbaridad. Va a buscar una información en Google que antes le preguntaba al papá o a la mamá.


–¿Se ven niños con agenda de ocupaciones como si fueran adultos en el tratamiento psicoanalítico?


–Totalmente. A veces, es hasta difícil quedar en una hora con ellos. Los padres empiezan a contar: “Ah, no, los lunes no puede porque tiene karate, los martes y jueves tiene inglés, después tiene teatro...”. Resulta que tener una hora para venir al psicólogo para jugar, para hablar de las cosas que le angustian es muy difícil cuando los chicos tienen agendas de hiperejecutivos.


–¿Cómo nota el juego en los niños actuales? ¿Cómo influye el hecho de que prácticamente no tienen juegos físicos?


–Eso es parte de nuestra lucha cotidiana como psicoterapeutas infantiles porque todavía jugamos con cubos de madera, con muñequitos, con plastilina, pero evidentemente el acceso a las tablets y a los teléfonos inteligentes es, a veces, hasta demasiado temprano. Yo he llegado a ver a chicos de dos o tres años que el papá les deja la tablet. Incluso hay aplicaciones especiales que se supone que son para esa edad. Yo creo que los chicos tienen que estar lejos de una pantalla, y a los dos años ni verla. En realidad, mejor que no durante toda la infancia. Ahora, realmente cuando salgo un domingo al mediodía, que es cuando salen las familias a comer afuera en los restaurantes de la playa en Barcelona, en todas las mesas se espera la comida con la aplicación que el papá bajó en el teléfono inteligente del niño para que espere la paella.


–¿Qué efectos provoca la manera compulsiva en que los niños juegan con las pantallas?


–En realidad, primero y principal, los niños están imitando a los padres. Si te quedas mirando una mesa de familia, mamá y papá son los que están viendo los WhatsApp que reciben de sus amigos, de sus parientes. Y los niños no hacen más que imitar. Entonces, el efecto es no tener creatividad. Este tipo de aplicaciones para niños, en donde el teléfono o la tablet le dan todo hecho y el niño sólo tiene que elegir dónde poner un color no les permite inventar juegos creativos. Yo creo que hay que volver a jugar al Veo-Veo, a inventarse juegos de palabras, a recordar palabras que empiezan por tal letra, a volver a los juegos entre adultos y niños, donde no se necesite ninguna pantalla ni ninguna idea desde afuera. Estos efectos, el hecho de no ser creativos, provocan que el niño si no tiene la pantalla se aburra, o si no, monta un capricho para que le den una pantalla. La pantalla funciona casi como el chupete que le tapa la boca al niño.


–¿Cómo analiza la distracción que hay en algunos niños? Usted suele no ser amante del diagnóstico del déficit de atención...


–No me gusta como diagnóstico ninguna etiqueta que vaya a dejar etiquetado a un niño como si su déficit de atención se debiera, primero, a un deterioro cerebral (que no lo hay) y luego a determinadas circunstancias que no tengan que ver con la relación de sí mismo con su familia, etcétera. No me gusta ninguna etiqueta y mucho menos esta porque, en realidad, esta, además de favorecer que haya casi una epidemia de TDA, lo que favorece es la venta de un medicamento en concreto que hace que todos los chicos sean consumidores de ese medicamento. Además, aquí, en algunos colegios lo llegan a llamar “la pastillita de portarse bien”. A veces, cuando vienen padres y me dicen “ahora le damos la pastillita de portarse bien”, veo que hay algo ético e ideológico detrás de esa postura. Y digo: “Usted, entonces, no se queje cuando su hijo a los 17 años, le diga que se mete un polvito en la nariz para bailar toda la noche”. El concepto es el mismo: “Tomo algo externo para provocar una conducta. Tomo una pastilla para portarme bien y prestar atención, pues de adolescente o de adulto voy a poder tomar cocaína para bailar, o alcohol para sacarme la inhibición”. Volviendo al trastorno del déficit de atención, son varios los factores. Podemos jugar con estas palabras: ¿Los niños no están atendidos por los padres y, entonces, tienen déficit de atención? ¿No habrá ahí un déficit de atención real pero que lo que les falta a los niños es que los padres los atiendan más? Entonces, a lo mejor los padres no están atentos a ellos porque están muy en su rollo, o la mamá está muy deprimida, o los papás se pelean mucho entre sí. Estas cosas pasan. Para lo cual, el chico organiza un síntoma que lo defiende frente a eso que vive como un ataque. Entonces, deja de prestar atención a las cosas que de por sí debería prestar atención. Yo creo que también hay un déficit de atención a los niños en la escuela porque no saben cómo manejarlos y ahora se inventaron esta nueva enfermedad o trastorno.

–Usted es crítico de medicamentar a los niños. ¿Cree que con la palabra alcanza para la cura o el mejoramiento de un niño?


–Soy contrario a la medicación, excepto en el caso de que los chicos deliren o estén psicotizados, para lo cual recomiendo trabajar con psiquiatría infantil como para que los chicos tengan que tomar un antipsicótico. Lo digo en el caso de que haya delirio. Para toda otra patología cuyas raíces sean psicológicas, la cura por la palabra y el juego y el dibujo –que es parte del juego–, la cura psicoanalítica no requiere la ingesta de ningún medicamento. Ni de ninguna otra droga porque el medicamento es una droga.


–¿Cómo impacta el bullying escolar en la conformación psíquica del niño?


–Muchísimo. Este sí que es un trastorno social que está repercutiendo en la vida de los niños. Digo que es un trastorno social porque la violencia de la sociedad termina haciendo síntoma en los chicos. Los valores que estamos poniendo en los chicos, como la competitividad, la agresión, el ser mejor que el otro, finalmente como dice el filósofo alemán Byung-Chul Han (de apellido coreano) en La expulsión de lo distinto, implica que estamos jugando en una sociedad donde cada vez más al diferente o al distinto se lo expulsa o no se lo tiene en cuenta. O se lo acosa. Justamente yo creo que el psicoanálisis o las escuelas a las que podemos orientar los psicoanalistas tenemos que trabajar mucho más para aceptar lo distinto que hay en nuestro medio: aceptar al extranjero, al incapaz o al que no entra dentro de la norma. Y aceptar lo diferente sería la respuesta frente a un bullying que está representando una sociedad hostil. Es una sociedad hipercapitalista en donde pisar al otro es hasta aplaudido. Los maestros se transforman en una especie de observadores de una escena en la que no pueden hacer nada más que observar y poco hacen para calmar la situación. Los padres se vuelven cómplices de la misma. Hay algo bastante complejo de la situación del bullying. Yo creo que es un reflejo de esta sociedad hipersexualizada, hipercompetitiva, en la que los niños tienen que ser hiperconsumidores. Frente a ese gran consumo todo eso se refleja en que si eres distinto serás atacado por el grupo en el cole.

Sábado, 31 Marzo 2018 09:45

La ternura de las preguntas

La ternura de las preguntas

Las sillas del auditorio eran más grandes que quienes las ocupaban, de suerte que sus piernas, como caminando en el viento, se balanceaban en el aire sin parar; algunos, tal vez con el deseo de sentirse más grandes, trataban de tocar el suelo con la punta de los zapatos. Mientras tanto, entre inquietos y ansiosos, sus miradas estaban fijas en la tarima donde se encontraban otros como ellos y ellas; allí, atentos, con ojos y oídos bien abiertos, escuchaban y miraban las exposiciones de sus pares.

 

En la tarima se encontraban otros y otras más grandes –en tamaño y edad–, que les presentaban una exposición sobre lo que implica ser un líder comunitario y la importancia del trabajo con y por la comunidad; traían experiencias de vecinos de sus barrios, así como de veredas cercanas, palabras a cargo esta vez de líderes comunales; entre una y otra experiencia también proyectaban videos de pueblos indígenas que en otras lenguas contaban sobre la vida colectiva, la defensa de la tierra y el agua, es decir, la defensa de la vida misma. Llegaron los aplausos.

 

Seguido de la presentación comenzó el dialogo de los adultos; el departamento de ciencias sociales había preparado cuatro preguntas para los panelistas, quienes tomaron la palabra por 45 minutos para compartir sus experiencias en juntas de acción comunal, procesos estudiantiles universitarios y comunicación alternativa –que de por sí eran creados desdeabajo–.

 

Luego de cada intervención el público aplaudía fuerte; aplausos que más allá de ovacionar la intervención del adulto, dejaba un mensaje de cuestionamiento, de decir estamos aquí, no se olviden de nuestra palabra. Finalmente llegó la última intervención y se abrió el espacio para que aquellos que estuvieron en silencio hicieran sus preguntas.

 

Solo hubo tiempo para tres intervenciones. Una niña de aproximadamente 12 años fue la primera en tomar el micrófono ante los ojos de sus compañeros, decidida, pregunta: “si el trabajo comunitario es tan bueno o importante ¿por qué no todo el mundo lo hace?” A continuación un niño de 9 años expresó: “¿De dónde sacan la felicidad para hacer su trabajo comunitario cada día?”. La última persona cuestiona: “He escuchado que el asesinato de líderes sociales y comunitarios en nuestro país no se detiene, ¿cuáles son las razones para seguir siendo un líder comunitario?, ¿cuáles son las soluciones para que esto deje de pasar?”.

 

Los panelistas quedaron por un momento congelados, sin respuesta a la vista; las preguntas del departamento de ciencias sociales fueron mucho más sencillas. Transcurrieron algunos segundos tras los cuales volvió a nacer la palabra y se tejió un dialogo enriquecedor para el auditorio, donde se dejó claro la importancia de seguir creyendo en un país diferente, con esperanza y vida digna para todas las personas; donde los proyectos sociales y políticos no vivan por la idea de una sola cabeza, sino que sean obra de liderazgos colectivos.

 

En el diálogo, quedó en cuestión el actual modelo de participación democrática, dejando en claro que la democracia debe ir más allá de las coyunturas electorales, de manera que llegue a ser un espacio de participación constante, donde las decisiones de la vida en temas como la economía, la educación, la naturaleza, la salud, sean tomadas en asambleas y por consensos.

 

Un diálogo lleno de sorpresas y aprendizajes. Allí, en ese auditorio, se sembró una semilla de que otro mundo es urgente y por lo tanto posible. Allí se vio que los niños y las niñas son fundamentales para las discusiones políticas, pues son quienes, sin temor, abordan otro tipo de preguntas y cuestionamientos. Con esa imaginación y con esa disposición, ellas y ellos son, como no, los motores para creer que otra democracia es posible.

Publicado enEdición Nº244
La educación popular  como alternativa de futuro juvenil

La ciudad no está pensada para la juventud, mucho menos para los adolescentes. Ellos, desde el plano cotidiano, están obligados a seguir unas pautas de comportamiento y acción que establece el sistema educativo y el familiar: ir de la casa al colegio y del colegio a la casa... En sus tiempos libres, dedican sus energías a las redes sociales, video juegos o a divertirse con sus amigos. Sin embargo, no hay posibilidades para ellos, de verdad convocantes, más allá de eso.

 

La juventud está permeada por la cultura capitalista y sus cánones consumistas, reflejada en los medios de comunicación: programas basura que elogian al idiota, supuesto popular, al tiempo que promueve el bulling y muestra como “ñoño” al inteligente o al que le gusta el estudio. Apología de las drogas, sexo y narcotráfico, realitys shows dedicados a la competencia despiadada, la sexualización de la infancia y la juventud a partir de la música, la radio, el internet y las redes sociales.

 

La juventud del no futuro

 

Este no futuro es una característica de la sociedad colombiana. No es novedoso encontrar preadolescentes consumiendo pegante en las calles de cualquiera de nuestras grandes ciudaes, incluso dentro del sistema de transporte público. Niños y niñas que no les importa el futuro (no tienen presente, mucho menos porvenir), mientras los demás observan la escena de forma morbosa e indiferente, pero nunca con el ánimo de ayudar.

 

Muchos de ellos/ellas no cuentan con condiciones económicas y sociales favorables, lo que los va excluyendo, sacando del sistema educativo o del mundo laboral bien reconocido y remunerado. Sin opciones que vitalicen su diario vivir, encuentran en las drogas una alternativa –escapismo–; enrolados en combos o galladas para su consumo, terminan en la delincuencia como opción para levantar unos pocos pesos con los cuales sostener el propio vicio, que cada día será más intenso.

 

Un panorama al que no logra darle acertada respuesta las mediocre políticas juvenil proyectada por nuestros malos gobernantes. Es notoria la ausencia de una política juvenil desde la cual se piense y discutan cuestiones que aquejan a esta capa de la sociedad, aspectos como las drogas, el alcohol, la política, el sexo, las fiestas, el barrismo, el futuro productivo, el servicio militar obligatorio, los valores y las costumbres tradicionales de sus propios barrios, su historia en la comunidad etcétera. Todos estos temas y problemáticas son escenarios de discusión que normalmente se dejan de lado hasta dentro de las charlas familiares, lo que ocasiona un vacío, el cual se piensa llenar con la opinión o experiencia –no importa si buena o mala– de otras personas.

 

La educación popular

 

Vacío que en parte llenan los y las educadoras populares que van a los barrios y desde la autonomía abren espacios de participación e intercambio para los jóvenes, niños y niñas alrededor de distintos intereses. Escuelas de fútbol, clases de música, circo, tejido, escuelas de rap, esténcil y grafiti, refuerzos, preicfes gratuitos y populares. Proyectos que se convierten en alternativas y muchas veces puertas de cambio para los jóvenes, al sentirse reconocidos y valorados, concitados ante y para sus propias vidas, al reconocerse dentro de una comunidad, dueños de distintos saberes funcionales y transformadores.

 

En un sistema excluyente como el nuestro, en donde la juventud no tiene cabida en los escenarios de liderazgo; donde su voz, voto u opinión no son tenidos en cuenta en/para la construcción de una Colombia para ellos, sino que se continúan reproduciendo los mismos vacíos reinantes en muchas cuestiones cotidianas, los escenarios de participación e interacción que puede abrir un proceso de educación popular, da la bienvenida a la realidad de la juventud, para acercarse a nuevas formas de entender, cuestionar y transformar sus propias formas de percibir la vida.

Publicado enEdición Nº244
Lunes, 26 Febrero 2018 06:46

¿Nunca más?

¿Nunca más?

“Sabía que nunca podría alzar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos sin primero hablar claramente sobre el proveedor más grande de violencia en el mundo hoy día: mi propio gobierno”, declaró Martin Luther King Jr en su famoso discurso contra la guerra de Vietnam en 1967, donde vinculó la injusticia y opresión dentro de este país a sus políticas bélicas e imperiales a nivel mundial.

Estados Unidos es un país extraordinariamente violento, el más violento de todo el primer mundo dentro de sus fronteras y, tal vez, si se cuentan las víctimas de su violencia afuera, el más violento del planeta. La violencia es parte integral de su historia, empezando con la campaña genocida contra los primeros habitantes de este país, la esclavitud y las guerras de todo tamaño (algunas con millones de muertos) contra decenas de naciones hasta la fecha. Este país es el único que ha empleado un arma de destrucción masiva. Más aún, su economía ha dependido en gran parte de la producción de armas, de guerras, de control civil; es el mayor subsidio público al sector privado.

Y la violencia institucional y oficial siempre ha sido bipartidista y justificada en nombre de la paz y para defender al país y a veces hasta para salvar al mundo. La violencia oficial dentro y fuera del país no es la excepción, es la regla.

La matanza en la preparatoria pública Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, el pasado Día de San Valentín ocurrió en un país inundado por más de 300 millones de armas de fuego que, cada año, cobran más de 32 mil vidas (y decenas de miles de heridos) y que desde 1968 a la fecha han matado a más estadunidenses que los que perecieron en todas sus guerras desde la fundación de este país. Pero esa violencia interna no se puede separar de la externa, de las guerras e intervenciones casi incesantes de este país a lo largo de su historia. El mensaje oficial es que la violencia es una respuesta legítima, justificable y necesaria. Y las armas, pues, sagradas.

Lo que más desea Trump hoy día es un desfile militar con muchos aviones sobrevolando y presidido por él, un comandante en jefe que evadió –como tantos hijos de ricos– el servicio militar durante la guerra en Vietnam. Y su solución para resolver la violencia de las armas de fuego es: más armas de fuego, inlcuida la de armar a los maestros.

Nunca Más es el nombre del nuevo movimiento lanzado por esos estudiantes de Florida que sobrevivieron la más reciente matanza, una respuesta feroz contra los políticos y la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) que son cómplices de la cultura violenta oficial de este país. Por ahora, estudiantes de prepa los están haciendo temblar como nunca.

Emma Gonzalez, de 18 años, sobreviviente, cuyo discurso en la primera manifestación después de los hechos mortíferos se volvió viral, hoy día tiene más seguidores de su cuenta de Twitter, @emma4change, que la @NRA, una de las organizaciones más poderosas de este país. Ella, junto con sus compañeros como Alfonso Calderon, Cameron Kasky, Jaclyn Corin y David Hogg, entre otros, lanzaron Nunca Más y en las primeras horas después de la tragedia convocaron a una marcha nacional para el 24 de marzo declarando que esta será la ultima masacre en una escuela. De repente encabezan lo que podría ser, si se logra sostener, un movimiento de una nueva generación que, en esencia, rehusa ser cómplice de la violencia. (http://videos.jornada.com.mx/video/ 35705386/nunca-mas-video-realizado-por-carlos-sobreviviente/ ).

El movimiento, cuyos objetivos son muy concretos –prohibir la venta de armas de guerra, verificar la salud mental de quien compre armas– está cuestionando con ello la esencia política de esta democracia. Queda claro, señalan, cuando en las encuestas más recientes, la gran mayoría del país favorece controles sobre la venta y uso de armas de fuego (en las dos más recientes: CNN: 70 por ciento en favor; USA Today, 63 por ciento), pero los políticos siguen frenando mayores controles al servir a la NRA.

Empresas nacionales, entendiendo el poder potencial de este movimiento, están huyendo de su relación con la NRA; la lista crece cada día: Delta, United, Hertz, Avis, Enterprise, Symantec, Chubb y First National Bank.

La NRA acusa a estas empresas de cobardía, y una de sus voceras nacionales se atrevió a declarar que los medios son culpables de manipular todo esto, ya que les encantan las matanzas porque elevan los ratings. David Simon, creador de The Wire y Treme, entre otras de las mejores series de televisión, y quien fue periodista del Baltimore Sun, le respondió: “como reportero cubrí más de mil muertes por armas de mano y me pasé un año completo siguiendo a detectives de homicidios de escenario en escenario. Cubrí un tiroteo masivo. ¿Me encantó? Fuck you, vocera estúpida, sin sentido, sociópata… para este infierno estadunidense”.

Michael Moore, cuyo documental Bowling for Columbine investigó el tema de la violencia armada en Estados Unidos a partir de otra matanza en una preparatoria, envió un tuit: La NRA es una organización terrorista, recordando: hemos tenido 1.2 millones de muertes de estadunidenses por armas desde que John Lennon fue baleado en Nueva York.

Pero lo que asusta más a las cúpulas es que estos jóvenes logren crear alianzas con otros movimientos, algo que ya está empezando a suceder. Camila Duarte, estudiante de preparatoria y líder de United We Dream (la mayor organización nacional de jóvenes inmigrantes) en Florida, declaró: como jóvenes de color e inmigrantes, hemos pasado por tanto odio, abuso emocional y violencia en el último año, desde la prohibición musulmana hasta el fin del DACA, pasando por recortes al presupuesto escolar, y anunció que los jóvenes inmigrantes de United We Dream “seguiremos el liderazgo de los estudiantes valientes de la preparatoria Marjory Stoneman Douglas (…) en la Marcha por Nuestras Vidas. Tomaremos las calles juntos porque creemos en un futuro en el cual todos puedan sentirse seguros en sus escuelas y en sus casas”. Se espera que otros jóvenes, de otros movimientos, también se sumarán.

Tal vez los estudiantes podrán enseñar a todos aquí cómo decir nunca más a los maestros de la violencia.

 

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Lunes, 25 Septiembre 2017 11:39

Participación social de niño/as y jóvenes

Participación social de niño/as y jóvenes

De la norma a la realidad, discursos y acciones que abren interrogantes sobre la realidad de la participación social en nuestro país.

 

¿Un encuentro más? En junio de 2016 sesionó en Pereira el “Encuentro Interamericano de participación de la infancia y la adolescencia en políticas públicas” coordinado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y el Instituto interamericano del niño y la niña –IIN, al cual confluyeron diferentes procesos participativos de México, El Salvador, Perú, Ecuador, Uruguay y Colombia. Niños y adolescentes del país anfitrión dieron cuenta de cómo se realizan consultas y mesas de trabajo para enriquecer estrategias y programas. ¡Estamos cambiando el mundo!1, entonaban al unísono las voces más jóvenes de la región.

 

¿Una ilusión juvenil institucionalizada? El interrogante no es gratuito pues, más allá del evento, resalta una tensión muy profunda entre los imaginarios institucionales de participación y las lógicas locales en las que cobran vida, como lo permite deducir Freiman Quiñones, joven integrante del Consejo Nacional Asesor y Consultivo (de cuál institución o proceso), cuando afirma que “sólo somos reconocidos como indicadores, no hay empoderamiento en las regiones; [...] no somos tomados en cuenta”.

 

En el mismo sentido asiente María Camila Hoyos, compañera de Freiman en el Consejo: “una de las principales causas por las que nosotros los jóvenes no participamos es por la deficiencia de educación que cultive un pensamiento crítico”.

 

Estos jóvenes líderes distantes en sus regiones, el primero procedente de Tumaco-Nariño y la segunda de Popayán-Cauca, desarrollan por cuenta propia procesos de articulación y movilización social entre sus pares, promoviendo soluciones a las necesidades sentidas de la población. Terminan señalando cómo “la falta de continuidad, tanto nacionalmente como a nivel local, entorpece los ejercicios participativos, el impacto es menor”.

 

De buenas ideas está empedrado...

 

A comienzos de la década del 1990 la Constitución Política de Colombia consagró la participación social como un derecho garante del cumplimiento y protección de los demás derechos fundamentales; de manera especial en lo concerniente a niños, niñas y adolescentes. Es así como la ley 1098 de 2006 articula este principio empoderándolos como “sujetos titulares de derechos”. Por su parte, la Convención de los Derechos del Niño declara que “tendrán derecho a la libertad de expresión”, entendiéndola como “la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo”2.

 

En consonancia con este marco regulatorio de derechos, el sistema educativo nacional contempla estimular el ejercicio deliberante de participación a través del Gobierno Escolar, una reproducción del sistema de gobierno democrático nacional al interior de cada salón de clases, a lo largo y ancho de esta geografía; “en cada establecimiento educativo del Estado estará conformado por el rector, el consejo directivo y el consejo académico3”.

 

Desde entonces, la institucionalidad afinó su mirada hacia los más pequeños, los niños (“la persona entre 0 y 12 años”), los adolescentes (“la persona entre 12 y 18”) y los jóvenes4 (“de 14 a 28 años”); generando mecanismos de participación y control social desde su interior en sintonía con los imaginarios contractualistas de ciudadano moderno participativo.

 

Del pasado al presente

 

Lejanas y vetustas parecen ahora ideas decimonónicas cuando a la infancia le correspondía ser la edad “que sabe sentir y ver más bien que reflexionar i discurrir” (Catecismo de Astete). Siguiendo los discursos contemporáneos, en las escuelas se pretende formar sujetos autónomos y autocríticos, capaces de agenciar su propia vida y la de sus comunidades; reflexivos y comprometidos con el desarrollo individual y colectivo. Empero, están ancladas entre nosotros representaciones sobre la niñez en sentido deficitario, como menores de edad, recipientes sin contenido, tabula rasa, inocencia angelical o estultez manifiesta. En esta ingente Colombia de múltiples y simultáneas realidades, circulan en campos y ciudades ideas tales como “cuando los adultos hablan los niños callan”, “son cosas de niños”, “¡llora como una niña!”, o, llanamente, “no le ponga cuidado, eso se le pasa, así es que aprende”.

 

De igual manera se cierne sobre jóvenes y adolescentes una espesura de sospecha, desconfianza y riesgo latente. Circulan entre doctos y legos ideas que refieren a los adolescentes como “adolecer” (al que naturalmente le falta algo), apelando a supuestas raíces etimológicas, o alumno como “a-lumini” (sin luz); en todo caso no como un ser completo, más bien como un sujeto a medio camino de ser.

 

Un proceso por ser y en lucha constante. El reconocimiento de las voces, sentires y necesidades de nuestros niños y niñas está lejos de parecerse al discurso oficial e institucional que promulgamos; nuestras prácticas (Foucault) dan cuenta de realidades diferentes, evidencian tensiones constantes entre el deber ser y los hechos concretos; baste para ello revisar nuestros tenebrosos indicadores de utilización, infanticidio, abuso sexual, trabajo infantil o reclutamiento de niños, niñas y jóvenes.

 

De esta manera y de acuerdo a lo establecido oficialmente, en las instituciones educativas los niños y niñas líderes se postulan periódicamente a cargos de elección popular para representar a sus compañeros y servir de puente con las instancias de decisión y poder en las comunidades. Debemos señalar con sorna y escándalo que el gobierno escolar hace bien su trabajo, reproduce a pie juntillas el mundo de los adultos en su deseo por acumular capital simbólico (Bourdieu). Durante los procesos electorales del gobierno escolar se pueden ver en las instituciones educativas esquemas electoreros y corruptos, compra de votos, campañas de desprestigio, tráfico de influencias y, sobre todo, promesas falsas.

 

Sueño latente

 

Con todo, algunas de las transformaciones en la historia reciente del país han sido protagonizadas por los jóvenes, así lo refieren algunos líderes estudiantiles del denominado movimiento de la séptima papeleta en la década de 1990. “Para mí [...] fue una reafirmación de que no nos dejaríamos callar por la mafia, de que saldríamos a defender la democracia y que reformaríamos el país”; dice Claudia López, por aquella época estudiante de biología de la Universidad Distrital en Bogotá, hoy senadora (pre)candidata a la presidencia de la República.

 

De igual manera, y en el entrecruzamiento de fuerzas sociales, individuos e imaginarios que tensionan las formas de comprender y relacionarse con la niñez, resulta pertinente señalar algunas experiencias exitosas de participación vinculadas con el territorio que habitan las comunidades. Participar en abstracto no es un ejercicio potente, no lo es tampoco la instrumentalización de los sujetos estandarizados como indicadores en mecanismos que ellos mismos desconocen. Así, por ejemplo, la comunidad indígena Zenú, en el norte del país, cuenta con escenarios de incidencia pública y organización social llamados Cabildos Menores y Mayores. Se estimula que los jóvenes accedan a estos espacios y roles representativos de la vida pública; la condición para ello es formular soluciones a las problemáticas de la comunidad y comprometerse con su desarrollo; así lo manifiesta Elkin Roqueme como representante del cabildo, “para uno ser tenido en cuenta debe proponer y liderar, comprometerse, sino ¿pa’ qué?, no sirve de na’.” Los ojos vigilantes de la comunidad ejercen un estricto control social haciendo que las palabras superen el proselitismo clientelista y se traduzcan en acciones de impacto común.

 

De manera similar, en otras latitudes del país, en el sangrante departamento del Cauca, grupos indígenas desarrollan un modelo de educación alterno al establecido por la institucionalidad nacional. Allí los centros educativos no adelantan Proyectos Educativos Institucionales (PEI) con los esquemas de gobierno escolar antes señalados, en cambio, articulan Proyectos Educativos Comunitarios (PEC) que potencian el liderazgo y la participación colectiva, antes que la representatividad mesiánica de un solo individuo. Nuevamente, es la comunidad la encargada de agenciar los procesos sociales de los más pequeños, protegerlos, acompañarlos y guiarlos de acuerdo con propósitos colectivos. Es una participación con los pies en la tierra, más bien, en el territorio.

 

Los retos y tensiones que se configuran alrededor de los procesos participativos de niños, niñas y adolescentes dan cuenta de la complejidad del tejido social en Colombia, la fragilidad de la niñez tanto como la necesidad imperativa de construir formas pacíficas de resolución de conflictos. Su participación fortalece los canales de comunicación así como el desarrollo local en la comunidad. Es una oportunidad para ser mejor que nosotros mismos, para sanar heridas abiertas; después de todo, una sociedad que no protege la niñez está condenada al fracaso toda vez que se niega la posibilidad de aprender de los más sabios, aprender de sus niños; mientras reproduce esquizoidemente la historia de maltratos y abusos que vivieron los adultos de hoy en día, quienes han olvidado, o decidido olvidar, cómo fue ser niño, cómo entonces sabían que las cosas podrían ser mejor.

 

* Docente de la línea de “Socialización política” en Cinde, filósofo, opción en Antropología, Universidad de los Andes, Magíster en Educación Universidad Pedagógica Nacional.
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1 Eslogan institucional del Icbf.
2 Convención Internacional de los Derechos del Niño Artículo 13.
3 Ley 115 general de educación de 1994 Artículo 142.
4 Estatuto de Ciudadanía Juvenil Artículo 5.

Publicado enEdición Nº239
Fan Yusu, la Charles Dickens china de la era internet

El relato online de la difícil situación de millones de chinos han convertido a su humilde autora en una sensación literaria de la noche a la mañana



De niña, Fan Yusu se escapaba de su vida de pobreza rural gracias a Charles Dickens. Se sumergía en las fatigas de Oliver Twist escapándose de un albergue para pobres de la época victoriana y dirigiéndose hacia la gran nube de humo —Londres—.


Pero es la historia del propio vuelo de Fan a la gran ciudad el que se ha ganado los corazones y las mentes en su China natal. Tras publicar en la red las luchas de los trabajadores migrantes, Fan se ha convertido de la noche a la mañana en una nueva sensación literaria.


Según medios chinos, más de un millón de personas ha leído el texto autobiográfico de la autora desde la semana pasada, cuando fue publicado en la red social WeChat. En el relato, Fan traza sus intentos de construir una vida en Pekín.
La historia, titulada Yo soy Fan Yusu, ha sido eliminada de la red, posiblemente como consecuencia de los temas políticos que toca, incluyendo la mala situación de los 281 millones de trabajadores migrantes de China.


Sin embargo, la fama de la autora, de 44 años, que ha sido calificada por un periódico como 'La escritora china más candente', continúa aumentando. Tanto que Fan ha abandonado su casa en un barrio pobre de inmigrantes a las afueras de Pekín para huir de las hordas de periodistas que quieren entrevistarla. “Me estoy escondiendo”, declaró a un periodista, según recoge Xinhua, la agencia de noticias oficial del país.


La historia de la última estrella literaria de China comienza en un pueblo del interior a comienzos de los setenta, llegaba a su fin la turbulenta Revolución Cultural del presidente Mao y el país se sumergía en una nueva era de agitación económica y social.


Fan, nacida en el seno de una familia de cinco hijos en una comunidad rural desfavorecida tuvo que empezar a trabajar a los 12 años y soñaba con mudarse a una de las ciudades en repentino auge de China.


Pero también era un ratón de biblioteca: Además de Oliver Twist y Grandes Esperanzas, de Dickens, devoró las obras de Daniel Defoe, Julio Verne y Maxim Gorky, así como autores chinos como Jin Jingmai. Con 20, Fan viajó a Pekín esperando encontrar trabajo y vio “el gran y amplio mundo”.


No solo no encontró trabajo, sino que cayó en un matrimonio abusivo con un hombre del noreste de China con quien tuvo dos hijas. “Se volvió un borracho y violento. No pude soportar su violencia machista y decidí coger a mis dos hijas y regresar a mi pueblo natal”, recuerda Fan en su relato, que continúa con su vuelta a la capital china, donde encontró trabajó de niñera del hijo ilegítimo de un millonario. “Mi vida es como un libro miserable y conmovedor”, explica Fan. “El destino me ha atado de una forma absolutamente desastrosa”, añade.


Zhang Huiyu, profesor de literatura que trabajó como voluntario en el curso de escritura para trabajadores inmigrantes al que asistió Fan, afirma que su exalumna era una fanática de la literatura, y que sus “palabras simples y sinceras” han tocado la fibra a la gente común. “Hoy en día la gente está atrapada en el ajetreo de la vida pero la historia de Fan Yusu nos muestra el lado bonito y romántico de la vida”.


El periódico oficial del Partido Comunista, the People's Daily, se hizo eco de estos sentimientos y afirmó que había emocionado a los lectores por su prosa “objetiva pero provocadora”.


“Es como una antropóloga que, observando a la gente y todas sus formas de vida, ofrece a los lectores una nueva perspectiva”, afirmó un crítico.


“No tengo ni idea, y ¿tú?”, respondió a un periodista que le preguntaba por qué sus palabras han resonado entre los lectores. Antes de esconderse Fan concedió varias entrevistas en las que se veía obligada a explicar su éxito repentino.
“No tengo talento”, indicó en otra ocasión, acallando así los rumores de que busca perseguir una carrera en la escritura. “Nunca he soñado en cambiar mi destino con un bolígrafo”.


Fan se describe a sí misma como “una mujer que lucha por sobrevivir en el fondo de la sociedad” y afirma que los libros le han ayudado a afrontar los retos de ser un miembro de la clase baja explotada de China. “Cuando la vida era extremadamente difícil, leía para dejar de pensar en la adversidad”.


Tras ser catapultada al estrellato literario, han emergido otros textos de Fan, incluido un poema llamado Monólogo de una madre migrante:


“Solo me atrevo a llorar en las profundidades de la noche
soy una inmigrante, y también lo son mis hijas
Si es posible, dejadme afrontar sola las adversidades
dejando a mis queridas hijas la felicidad”.

 

Tom Phillips
03/05/2017 - 20:21h
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

Publicado enSociedad
Denunciados más de 4.000 casos de abuso sexual de niños en Colombia en 2017

El fin de semana una niña de cuatro meses fue violada por un soldado del Ejército


Hace una semana un hombre le disparaba a su expareja en un centro comercial de Bogotá. El asesino, a pesar de haber sido condenado por un homicidio, estaba libre. Este fin de semana, el país se volvió a sacudir por varios casos de violencia. Esta vez, las víctimas eran niños. En el oriente de Colombia, una menor de 15 años fue degollada. En el sur, un par de hermanos fueron asesinados por su papá. En el centro, un soldado del Ejército violó a una bebé de cuatro meses de nacida y en el oriente una niña de tres años murió tras haber sido abusada y torturada. La ciudadanía volvió a poner en entredicho la efectividad del sistema de protección a menores y a cuestionar los castigos para estos crímenes.


Según cifras oficiales, cada 120 minutos se alerta de un hecho de abuso sexual en Colombia. De diez casos, en siete las víctimas son niños. El coronel Henry Cruz, jefe de la Policía de Infancia y Adolescencia, asegura que en el 80% de las denuncias, el agresor es una persona cercana. Entre enero y febrero de este año, los investigadores de esa dependencia policial recibieron 2.600 procesos por violencia sexual contra menores. La reciente condena de 51 años de cárcel contra Rafael Uribe, el asesino de una niña indígena de siete años, abrió el debate sobre cuál debe ser la penalización para este tipo de delitos y qué papel debe asumir el gobierno. “El Estado hace poco, o casi nada, para protegerlas y brindarles condiciones dignas de vida, que les garanticen un presente y futuro libre de violencias”, escribe la investigadora y feminista Olga Amparo Sánchez en La Silla Vacía. Ni una menos, la consigna que aparece cada vez que se conoce un nuevo hecho violento, se volvió a repetir durante todo el lunes en Colombia.


Durante el año 2016, el Instituto de Medicina Legal atendió 17.908 casos de menores remitidos por denuncias de presunto abuso sexual. El 2017 tampoco pinta bien. De enero a marzo habían recibido atención por aparente violación 4.315 menores de 17 años. Ver en detalle las cifras es aterrador. El mayor número de casos se presenta en niñas y niños entre los 10 y los 14 años. Le siguen los que están entre cinco y nueve. Los bebés también son víctimas. Casi 500 niños, desde recién nacidos hasta los cuatro años, tuvieron que ser sometidos a exámenes médicos por presunto delito sexual. Así de trágica comienza la vida de cientos de colombianos. La Fiscalía ha podido establecer que los principales responsables son personas que se ubican en la primera línea de cercanía (primos, tíos, amigos) y que la mayoría de victimarios son menores de edad. Niños que abusan de otros. La legislación colombiana establece como sanción máxima para un menor de edad una pena de ocho años y se aplica solo para el delito de homicidio.


En Colombia, la condena máxima es de 60 años de cárcel y muchas voces se han unido para pedir cadena perpetua contra los agresores de menores. Cristina Plazas, directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (entidad estatal), ha tenido una de las posturas más fuertes en el tema. “Hechos tan aberrantes no pueden quedar impunes.

Hoy, más que nunca, ratifico mi propuesta de cadena perpetua para los abusadores de niños”, dijo este lunes. La furia ciudadana desatada en los recientes casos de violencia han puesto contra la pared a los agresores. El soldado que reconoció que había abusado de una bebé de cuatro meses estuvo a punto de ser linchado. La Policía tuvo que reforzar la seguridad en el edificio en donde estaban haciendo su judicialización por el delito de acceso carnal violento agravado con tentativa de feminicidio. La recién nacida permanece en cuidados especiales y tuvieron que hacerle una cirugia.


La indignación crece cada vez que se conoce un nuevo detalle. La justicia no parece estar a favor de las víctimas en Colombia. El hombre señalado de degollar a la niña de 15 años fue dejado en libertad. El juez consideró que al no haber sido capturado en flagrancia no podía permanecer retenido. Esto, a pesar de que como lo dijo la Policía, encontraron en su cuerpo rastros de sangre y la piel lastimada, consecuencia de un forcejeo con la víctima.

Bogotá 25 ABR 2017 - 13:35 COT

Publicado enColombia
“Noche herida”: Un retrato abierto de las víctimas del conflicto.

Colombia es una país inmensamente dramático, donde surgen las historias a borbotones; material fresco y diverso para creadores, pero trágico para los protagonistas que padecen dolidas historias; tal es el caso de esta película documental.

Noche herida recapitula en una historia, la de miles de personas, habitantes del campo, víctimas del conflicto armado en Colombia. Es una noche agobiante, que incomoda y a su vez envuelve al espectador en la magia del relato: somos testigos invisibles e íntimos de una historia en que, para este caso, la realidad supera la ficción.

Este documental, del director Nicolás Rincón Gille, es el último de su trilogía Campo hablado [1], en el cual recoge el desenlace i-lógico de los que habitan en medio de una guerra ajena: el desplazamiento forzado, familias enteras engrosando los círculos de miseria de las grandes ciudades.

¿Más de lo mismo?, claro, y mil veces claro. Por más cruenta y detestable que sea esta realidad, pareciese necesario verla (hasta el cansancio) para no tener que repetirla nunca más (“por los siglos de los siglos”). Por otro lado, esta película (como muchas otras que retratan el escenario reciente de nuestro país) hace parte de nuestra memoria histórica y, específicamente, de la memoria de las víctimas, cientos de miles, millones, que soportaron –soportan– el horror de la guerra, en gran parte los efectos del ejercicio del poder trasladados a terruños alejados más allá del centro mismo donde ese poder se sitúa simbólicamente.


El valor de dar la palabra a quien le ha sido negada [2], como lo hace este documental, significa, además de un recuento histórico fundamental, la posibilidad de que las víctimas puedan expresar sin intermediación la versión de lo acontecido en sus vidas y, sobre todo, que esto mismo sirva como parte de un proceso para reconciliarse con la vida y la sociedad.


Por desfortuna, esta no es una película taquillera, ni de masas; por lo que su incidencia parece agotarse en un círculo cerrado. Sin embargo, este tipo de películas documentales se abren cada vez más al público en la escena local. Tal es el caso del premio recibido en el 2016 –mejor película– en la competencia de cine colombiano en el Festival de Cine de Cartagena. Apertura, que esperamos posibilite nuevos canales de distribución y difusión para este tipo de contenidos que tanto necesita el país. Recordemos la gastada frase de Patricio Guzmán [3]: “Un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotos”.


Vivir al margen de la sociedad.


Respecto al documental "Noche herida", podemos decir que la película no deja entrever ninguna salida al conflicto. Es un fiel retrato de la verdad de muchos. Simplemente es, sin fórmulas ni dictámenes: una imagen abierta, en agonía. No obstante, en su trama hay una lucha interior de una súper héroe (Blanca, la protagonista), tratando de resarcir su vida y la de los próximos (principalmente) en medio de las más duras condiciones.


Sin inmediatez, a un ritmo pausado (como solo sabe hacer la gente del campo), es narrada esta historia. El director logra magistralmente hacerse invisible ante la protagonista y su entorno, registrando una imagen pura de lo que se vive; el espectador es un confidente más en la historia, un testigo del día a día de las personas que sobreviven al margen de la sociedad: en las Noches heridas.

 

[1] En lo escondido (2007), Los abrazos del río (2010) y, finalmente, Noche herida (2015).
[2] Representa a más de siete millones de desplazados internos que registra Colombia.
[3] Patricio Guzmán Lozanes es un destacado cineasta chileno residente en Francia, reconocido principalmente por sus documentales.

https://www.youtube.com/watch?v=bF2cisKAN2Q

 

Ficha técnica


Dirección: Nicolás Rincón Gille.
Edición: Cédric Zoenen
Sonido: Vincent Nouaille


Sinópsis:


Huyendo del campo, Blanca vive con tres de sus nietos en la frontera de Bogotá. En plena adolescencia, Didier, el mayor, decide abandonarla. A la distancia Blanca trata de protegerlo invocando a las benditas almas, mientras refuerza su atención sobre los dos más jóvenes, Camilo y John, por miedo a que también se pierdan. Es la lucha de una abuela por el futuro de los suyos; una historia milenaria en un contexto contemporáneo de exclusión.



Publicado enCultura
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