Brasil: ¿un "hitlerismo tropical"? II y última

Michael Löwy, el filósofo marxista brasileño, hijo de migrantes judío-austriacos que en la década de los 30 huyeron del hitlerismo, discutiendo el auge de la extrema derecha en Brasil y en el mundo –"un proceso con raíces en la crisis neoliberal y en la debilidad de la izquierda"− apuntaba a ciertas semejanzas entre Bolsonaro y el clásico fascismo europeo de los años 20-30: a) sus facetas autoritarias mezcladas con apariencias republicanas (como en los primeros años del régimen de Mussolini); b) su estigmatización de los enemigos (la izquierda, PT, las feministas, los ecologistas, los indígenas, MST, et al.), y c) su compulsivo anticomunismo. “La historia obviamente no se repite −subrayaba Löwy−, pero estas semejanzas son muy preocupantes” bit.ly/35m3oey). Enzo Traverso, por su parte, rehuyéndose a hablar del "fascismo" en caso de Trump, Orbán o Modi y prefiriendo el término de "posfascismo" −Löwy empleaba el prefijo "semi" y/o "neo"− destacaba "la antropología neoliberal" de los nuevos "hombres fuertes" que "suelen denunciar a las élites financieras, pero con las cuales mantienen lazos muy cercanos", como p.ej. Trump, "un líder posfascista sin fascismo" ( The new faces of fascism. Populism and the far-right, 2019, p. 34). Este análisis podría aplicar también a Bolsonaro sobre todo a la luz de la traversiana "dialéctica de continuidades y discontinuidades" entre los fascismos de ayer y hoy, que permite ver cómo el bolsonarismo intenta "ponerle una nueva cara" a la derecha brasileña (bit.ly/2Chzejj) reorganizando el campo de sus continuidades y discontinuidades (la dictadura, et al.) en un plano material de los intereses capitalistas.

En este sentido –y a pesar de que, como subraya Federico Finchelstein, él "es uno de los líderes populistas que más se acerca al fascismo" (bit.ly/2Z6pmlt) o de que la pandemia del Covid-19 en Brasil dio a luz una "verdadera política fascista de la enfermedad" (bit.ly/2Dg6gRD , bit.ly/3hTiQWB)− Bolsonaro, juzgando por sus propias declaraciones en las que reivindicaba la dictadura pinochetista (bit.ly/31Tqr1W), mirando las filas del propio equipo (el pinochetista Paulo Guedes) y los planes de su radical ajuste neoliberal (bit.ly/2O3AKs7), se parece, igual de acuerdo con el análisis de Traverso, más a "un nuevo Pinochet" (bit.ly/3gz3vJs) que a "un nuevo Hitler" y ésta sería su analogía histórica más adecuada, una que reflejaría mejor su lugar y papel en el sistema capitalista mundial (bit.ly/31Y3quQ). No sólo que la proliferación del "neofascismo" hoy se entiende mejor como un proyecto de defensa del "libre mercado" y el laissez-faire −como es el caso del bolsonarismo o el trumpismo, proyectos procapitalistas tan reaccionarios que hasta hace poco parecía imposible que llegasen al poder por la vía electoral y uno que en Chile subió al poder sólo gracias a las bayonetas−, sino que todo su arsenal retórico del viejo anticomunismo con Bolsonaro asegurando "haber salvado la nación que estuvo al borde del socialismo" (bit.ly/3gC3cxz) parece ser recortado y pegado de aquella época junto con todo su balbuceo y pifias (Pinochet aseguraba que “Allende llevó al país al borde del abismo y que ‘nosotros hicimos un gran paso adelante’”, mientras para el almirante Merino los bolivianos y... los brasileños eran unos "auquénidos metamorfoseados" y "seres primitivos").

Muy en este tenor, Ernesto Araujo, canciller de Bolsonaro, reseñando (sic) el libro de S. Zizek sobre la pandemia ( Pandemic!: Covid-19 shakes the world, 2020, p. 140), tildó las medidas de contener el virus, junto con la nueva ola de solidaridad global vaticinada por Zizek como "un complot comunista" −"la lucha global contra el Covid-19 quiere instaurar un mundo sin fronteras y sin libertad auspiciado por la Organización Mundial de la Salud"− y comparó el distanciamiento social a... "los campos de concentración nazis", subrayando que "ahora serán los comunistas que nos querrán encerrar en ellos" y que el lema de este aprisionamiento será igual Arbeit Macht Frei (bit.ly/2Ve8aZb) −Zizek analiza de paso este lema colocado cínicamente en las puertas de varios campos de concentración y/o exterminación− sólo para luego decir que fue "malentendido", pintarse como el más grande amigo de Israel (bit.ly/37XlSEE) y acusar al autor de Pandemic... de… antisemitismo (bit.ly/3du0qs4).

Si al lector ya le dio un vértigo intelectual es pertinente recordar que el propio Bolsonaro, que acaba de contraer este "virus comunista" (sic), dijo que "Hitler era de izquierda" (bit.ly/2C8pSqb), en sí misma una expresión del negacionismo del Holocausto (sic) y una fake news calculada para alejar las acusaciones de que él mismo fuera "un fascista" o que el mencionado lema nazi (O trabalho libertará) acabó siendo usado por su administración en los anuncios gubernamentales para la campaña de "reabrir la economía" (bit.ly/2VTjTwr). Si usted todavía siente fiebre, vértigo, náuseas, todos los síntomas del coronavirus, no es necesario reportarlos a su centro de salud más cercano. Es una reacción natural y pasajera: el neolenguaje hitleriano (¡Klemperer!) reciclado hoy por los nuevos autoritarios, junto con su retórica divisiva y antagonista convertida en su nueva lingua franca (bit.ly/2ByDQSt) –todo de lo que Jair Bolsonaro es un verdadero campeón–, son sólo los viejos delirios verbales de siempre.

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Viernes, 10 Julio 2020 05:47

Putin y Pinochet

Putin y Pinochet

 Los Pinochet, como los Hitler, surgen cuando el capitalismo está en peligro

 

Toque de queda. En una ciudad nocturna adormecida, todo el barrio oye el crujir de los frenos y el ruido de los soldados que saltan desde la parte trasera del camión. Golpes de culatas derriban la endeble puerta de la casa en los suburbios obreros. Después de unos minutos, gritos de personas que salen a la calle y órdenes cortas. Muchas miradas asustadas, malévolas y curiosas, miran a través de cortinas y persianas el drama de la familia vecina. Mi esposa chilena nunca se librará de los recuerdos de su infancia: un padre cavando un agujero en el patio de su casa para enterrar allí todos los libros, revistas y registros rusos, y unos meses después, militares que destruyen muebles en su casa en busca de rastros de un comunista escondido.

Antes del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, Chile era el lugar más politizado de América del Sur y el único país capitalista donde las fuerzas que tenían como objetivo construir el socialismo lograron llegar al poder de manera pacífica y democrática. El gobierno socialista de Allende se basó en la clase trabajadora unificada y en los representantes más prominentes de la cultura chilena, quienes vieron este proyecto como la única alternativa. Después de que la oligarquía local lo derrocó con la participación activa de los Estados Unidos, fue importante para los defensores de los «valores occidentales y cristianos» tomar el poder para enseñar al pueblo chileno una lección inolvidable de terror: llevar a los ilusos ciudadanos de vuelta al redil.

Por eso el bombardeo y asalto al palacio presidencial. Por eso el salvaje asesinato del cantante Víctor Jara en el estadio de la capital. Y unos días después, la inyección fatal al destacado poeta, premio Nobel, Pablo Neruda, realizada por un «médico» desconocido en el hospital de Santiago. Por eso, cientos de cuarteles y estaciones de policía fueron convertidas en verdaderas fábricas de tortura, la violación fue practicada por perros especialmente entrenados, nombrados en honor a los líderes del gobierno derrocado. Hubo ratas en las vaginas de mujeres interrogadas, desapariciones de personas y cuerpos de «prisioneros de guerra» civiles aún vivos, atados a rieles que cayeron al Pacífico desde helicópteros.

Después de dieciséis años de esta continua limpieza del país de la suciedad del marxismo, el periodista internacional ruso Mijaíl Kozhujov se disculpó con Pinochet en Santiago por «lo que escribió sobre él bajo la influencia de la propaganda comunista cuando era joven». El famoso comediante Alexander Ivanov, desde un alto escenario de Moscú, habló de su admiración por el dictador chileno, y el bardo de Petersburgo, Alexander Rosenbaum, llamó a Pinochet «un abuelo fuerte y bien educado», que «reprobó» al «imbécil» de Víctor Jara.

La Rusia de Gorbachov y Yeltsin rápidamente cambió a un curso diferente de la historia, y el cambio ideológico de zapatos de la intelectualidad postsoviética, como una veleta, tuvo lugar rápida e irrevocablemente. Es útil recordar que en esos tiempos recientes, el general Augusto Pinochet fue una figura muy positiva para la mayoría del público liberal ruso que ahora moviliza a la gente para «luchar contra el régimen». Después de todo, fue visto como un luchador exitoso contra el comunismo y un arquitecto del llamado «milagro económico chileno» tan querido por el agitprop de Yeltsin. ¿Qué sucedió durante este tiempo con la prensa liberal rusa, cuyos estándares latinos de filantropía no permitieron lágrimas de debilidad para los izquierdistas y comunistas abrumados por el abuelo chileno, para que ahora vuelvan a convertir a Pinochet en un personaje familiar?

Sí, una parte de la intelectualidad rusa ahora hace popular una absurda comparación entre la dictadura de Pinochet y el gobierno de Putin (atención, ninguno de los medios occidentales lo hace). Aunque cualquiera que sepa al menos un poco lo que es la dictadura militar latinoamericana, solo hace una mueca en respuesta a tales paralelos. Además, estamos hablando del uso egoísta del tema terrorista Pinochet, que ofende la memoria de sus muchas víctimas.

Desprecio por el electorado, manipulaciones baratas sobre temas de espiritualidad y patriotismo, reformas antisociales, represión policial, proximidad a los oligarcas, falta de escrúpulos políticos, deseo de control sobre los medios de comunicación, presión a los tribunales y corrupción crónica, para gran disgusto de algunos luchadores por el bien, no son rasgos exclusivos del régimen autoritario de Putin, sino características típicas de la mayoría de los países capitalistas del mundo. Y dado que el capitalismo se ha convertido en la elección de la Rusia actual, sería absurdo exigir algo diferente de su gobierno.

Este sistema antisocial nunca estará dirigido a la búsqueda del bien común, sino al servicio del egoísmo de las élites estatales y corporativas, lo que explica las políticas internas y extranjeras profundamente contradictorias del gobierno ruso. La lucha contra el islamismo en Siria, junto con el juego en torno a la geopolítica y la industria petrolera, el apoyo incondicional al régimen moralmente defectuoso de Assad, junto con la indiferencia hacia el destino del heroico Rojava kurdo, las relaciones amistosas con Cuba y Venezuela, el vil «asunto de la Red» [La supuesta organización anarquista antigubernamental cuyos miembros, reconocidos antifascistas, fueron arrestados en 2017 y sentenciados en febrero de 2020 por un tribunal militar ruso a penas de prisión de hasta 18 años. Nota del Traductor.], la especulación franca en torno a la celebración de la victoria sobre el nazismo, los coqueteos populistas con las masas y la broma desagradable sobre el color de la bandera en la embajada estadounidense. Todo esto no es más que un conjunto de movimientos oportunistas a corto plazo. Las autoridades actúan de la manera que más les convenga, y sería ingenuo buscar en todo esto una visión del futuro con un componente ético.

Los ataques regulares de Vladimir Vladimirovich, primero contra Lenin, luego contra la URSS y ahora contra la Constitución soviética, no son más que celos. Como persona inteligente, no puede dejar de comprender que la Rusia actual ni siquiera tiene una pequeña fracción del proyecto creativo y de movilización que logró resultados impresionantes incluso en los peores momentos del período soviético. A diferencia de las autoridades, sabe que todo sigue funcionando de manera bastante tolerable, en comparación con muchas regiones del resto del mundo capitalista, en la esfera social, como resultado de una larga inercia de lo que se creó bajo la URSS. Y es curioso ver que la mayoría de los intelectuales rusos que protestan contra el deterioro de la educación, la atención médica y la protección de las pensiones lo hacen en nombre de algún tipo de capitalismo democrático de derecha que existe exclusivamente en sus sueños formados por los medios de comunicación posteriores a la perestroika.

Rusia es una aleación interesante de culturas, épocas, riquezas y paisajes. El actual estado ruso es otro depredador capitalista, no peor ni mejor que la mayoría de los demás, sujeto a la presión de parientes aún más grandes y más sedientos de sangre que desean obtener el control de sus recursos naturales, mercados y personas. Por eso en Ucrania, el país más cercano a Rusia, hubo un golpe de derecha en el Maidan. Con la complicidad de las élites locales venales, la Ucrania nacionalista se ha convertido en un indecente protectorado dependiente, un laboratorio de reformas antisociales y, al mismo tiempo, una herramienta de provocación constante contra Moscú. Pero la mayoría de los liberales postsoviéticos que critican a Putin por violar los principios de la democracia, apoyan sinceramente al gobierno ucraniano que es mucho más represivo y antidemocrático, mientras sueñan en secreto con la «democracia» del tanque de Yeltsin. Los intentos de comparar a Putin con Pinochet están diseñados para terminar de eliminar lo que queda de cerebro de la cabeza del postsoviético común, ya completamente confundido.

¿Puede el capitalismo de Putin convertirse en una dictadura militar? Claro, como todo capitalismo. Pero hay que admitir que este es un tema completamente diferente. Los Pinochet, como los Hitler, surgen cuando el capitalismo está en peligro. El capitalismo en la Rusia actual es parte de la ilusión popular no gastada. El infantilismo político de millones de rusos, traumatizados por la experiencia de los años noventa y los acontecimientos en la vecina Ucrania, fortalece su sueño ingenuo de un renacimiento gradual de la «Rusia que hemos perdido», que las autoridades parasitan con confianza, asegurando su dominio sin disparar al Parlamento ni manchar los estadios de sangre.

Por lo tanto, Putin, por supuesto, no es Pinochet en absoluto, aunque, tal vez, tal comparación lo halague.

9 julio 2020

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La flota del Dragón es imbatible en el mar del Sur de China

El mar del Sur de China, región estratégica para el comercio internacional, es el punto más caliente del planeta, allí donde puede surgir una guerra entre dos grandes potencias.

 

El 4 de julio, fiesta nacional en EEUU, el Pentágono decidió enviar dos portaviones, el USS Ronald Reagan y el USS Nimitz, a la zona marítima donde China realizaba ejercicios militares anunciados tiempo atrás, del 1 al 5 de julio.

Para la Casa Blanca se trataba de "enviar una señal clara a nuestros socios y aliados de que estamos comprometidos con la seguridad regional y la estabilidad", ya que las maniobras chinas se realizaron en el entorno de las Islas Paracelso, en disputa entre China, Vietnam y Taiwán.

En los hechos, las dos mayores marinas de guerra del mundo han llevado a cabo simultáneamente ejercicios militares en un mismo espacio, con grandes despliegues de barcos que amenazan con arrastrar a la región hacia un conflicto entre superpotencias de incalculables consecuencias.

El presidente del Instituto Nacional de Estudios del Mar del Sur de China, Wu Shicun, escribió un artículo editorial en Global Times recordando que había hecho una predicción en enero de 2020, diciendo que este año sería un punto de inflexión en el mar del Sur de China, ya que la situación regional pasaría de "estabilizarse y mejorar" a una situación de "turbulencia".

El analista recuerda que en mayo pasado EEUU amenazó con "aumentar la presión pública" contra China y que a fines de junio envió a los grupos de ataque de portaviones Nimitz y Ronald Reagan para simulacros dobles en el mar de Filipinas.

El editorialista de Global Times asegura también que EEUU mantiene una actitud "agresiva y provocadora sin precedentes en la región", que la potencia es la mayor amenaza para la paz y la estabilidad y que está "militarizando esta tranquila región".

Como sucede en otras áreas del planeta, y recientemente en la frontera entre la India y China, considera que es probable que EEUU "haya estado instigando en secreto" a varios países de la región "para provocar a China con movimientos unilaterales imprudentes".

Por otro lado, China no ha dejado pasar la oportunidad para enseñar que el Ejército Popular de Liberación de China (EPL) tiene el control del mar del Sur de China y que cuenta con "una amplia selección de armas de portaviones como los misiles asesinos de portaviones DF-21D y DF-26".

Por otro lado, el experto militar chino Song Zhongping, dijo a Asia Times que "no es realista que Estados Unidos libre una guerra contra China con solo dos portaviones en el mar del Sur de China, y es muy poco probable que las dos partes puedan provocar un conflicto accidentalmente debido a los simulacros". En Beijing se considera que las maniobras de EEUU tienen poco vuelo y más que a China se dirigen a sus propios aliados.

Sin embargo, en el corto plazo, EEUU ha conseguido impresionar a algunos aliados en la región, como quedó de manifiesto en la reciente cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). En ese foro, aparecieron críticas de importantes países de la región, como Vietnam y Filipinas, que han mejorado sus relaciones con EEUU y están más distanciados de Beijing.

Pero el centro del debate está en la creciente potencia militar naval de China, que no deja de crecer por dos razones básicas: los dirigentes de Beijing parecen estar convencidos de que tarde o temprano un enfrentamiento militar con EEUU es inevitable y porque tienen la mayor capacidad industrial del planeta como para construir buques de guerra a una velocidad inigualable.

China construyó tres naves de "asalto anfibio pesado" en apenas un año, algo imposible de igualar por ninguna otra potencia. Se trata de los buques Clase 075, equiparables a portaviones medianos que desplazan 40.000 toneladas, "comparable al portaviones nuclear francés Charles De Gaulle, con mucho el portaviones más capaz presentado por una potencia europea continental", según el portal Military Watch Magazine.

Estos buques son similares a la Clase Wasp de la Armada de los EEUU, puedan transportar vehículos blindados, helicópteros de ataque y aerodeslizadores, lo que los convierte en "adecuados para operaciones ofensivas, ya sea realizando un desembarco en la playa en islas en disputa o contra territorio enemigo". En suma, son los buques ideales para el combate en el Mar del Sur de China.

El 25 de setiembre de 2019 botaron el primer buque de asalto Clase 075. El 22 de abril de 2020 el segundo. Esta semana se supo que esos buques están comenzando a desplegar helicópteros de asalto no tripulados y, a la vez, trascendió que "un tercero está a punto de ser lanzado", ya que "China se ha convertido en un líder mundial en tecnologías de drones en los últimos años".

Para 2025, en apenas cinco años, China contará con siete portaviones en total, sumando los tres Clase 075 medianos y los cuatro de gran tamaño, dos de ellos ya botados y dos más en construcción.

Sin embargo, la nave destinada a cambiar la relación de fuerzas en el Pacífico no serán los portaviones sino los destructores Tipo 055, de los que ya ha lanzado cinco y completará su flota con ocho, destinados a escoltar a los portaviones. Según los analistas, estos buques son "los destructores más capaces en servicio en cualquier parte del mundo, y despliegan la suite de armamentos más grande y posiblemente la más sofisticada del mundo".

Desplazan 13.000 toneladas e incorporan un sistema de lanzamiento vertical (VLS) con 112 lanzadores que disparan misiles tierra-aire, antibuque, antisubmarino y de ataque terrestre, y despliega una combinación de diez tipos de misiles diferentes. "Esto proporciona a los destructores chinos y sus contingentes lo que probablemente sea la mejor protección contra ataques aéreos y de misiles en el mundo".

La nueva generación de destructores comenzó a fabricarse en 2018 y se están botando a razón de tres por año, más otros tres algo más livianos de la Clase 052. La capacidad industrial de China le permite construir el mejor destructor del mundo con una velocidad de fabricación que está produciendo "la expansión naval más rápida de la historia", lo que le permitirá al Dragón "superar cuantitativamente la flota de destructores de la Armada de EEUU antes de 2025".

13:44 GMT 08.07.2020(actualizada a las 23:18 GMT 08.07.2020) URL corto

Por Raúl Zibechi

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Jueves, 09 Julio 2020 06:16

El mundo que da miedo

El mundo que da miedo

He vuelto a ver el video donde el tenor polaco Leszek Świdziński canta Nessun Dorma en un patio rodeado de los edificios de un hospital de Varsovia, por cuyas ventanas se asoman médicos, enfermeras, pacientes con mascarillas, mientras los integrantes del coro, vestido de cualquier manera, y como si pasaran por el patio por mera casualidad, van juntando sus voces. Al final, los espectadores enclaustrados aplauden, lanzan vivas al tenor. Son voces remotas, como de otro planeta. El mundo del encierro. Siento que podría contemplar la escena desde una de esas ventanas.

El aria de Puccini, ascendiendo hacia el pozo de luz arriba de los edificios grises, suena más triste que nunca. Nadie duerme. Nadie sabrá mi nombre. Un beso fantasmal del que nadie sabrá nada nunca. Por desgracia hay que morir. Que se vaya la noche. Que se pongan las estrellas. El amanecer será un triunfo. ¿Vendrá el amanecer?

Me han fascinado esos videos para promover el gusto por la ópera, donde los cantantes andan por las plazas, loscafés, los centros comerciales, los mercados, disfrazados de paseantes, de empleados y compradores, y de pronto el tenor o la soprano, rompen a cantar, se les junta el coro, van llegando uno a uno los músicos con sus instrumentos, y la gente se detiene primero extrañada, luego empieza a prestar atención, hasta que se siente en el concierto.

Qué otro escenario más espléndido que el café Iruña de Pamplona para elcoro del brindis de La Traviata. Enel mercado de San Ambrosio, en Florencia, la mezzosoprano disfrazada de expendedora de carne se quita el mandil y empieza a cantar una de las arias de Carmen. Un celista toca en solitario en el Crystal Court, un mall de compras de Minneapolis, la gente pone billetes en el sombrero que tiene a sus pies; van llegando más músicos, más y más, comenzamos a identificar los acordes de la Oda a la alegría, luego la orquesta completa; es la Wayzata Symphony Orchestra y ahora estamos dentro del torbellino ascendente de las voces que reclaman esperanza y contento para la humanidad.

Todos estos conciertos, que han pasado alguna vez por la pantalla de mi teléfono celular, son de hace tiempo, 10 años al menos. Es un pasado demasiado remoto, ahora que el tiempo se ha quebrado en astillas y nos cuesta más recomponer el cuadro del pasado, cómo fue, qué fuimos, y del futuro sólo tenemos una visión borrosa y llena de signos abstractos incomprensibles, como en las pantallas nevadas llenas de ralladuras negras de los viejos televisores cuando se iba la transmisión.

Hasta ayer mismo teníamos una idea más o menos razonable del tiempo transcurrido y por transcurrir. En el fondo de nuestras mentes reposaba esa idea silenciosa de que el progreso es ine-vitable, y sin otra cosa que agregar que no fueran exclamaciones de admiración, veíamos cómo los sistemas y objetos, fruto del afán tecnológico y de la capacidad de invención, se sucedían unos a otros.

Y, sin sorpresa tampoco, íbamos viendo cómo las invenciones, tan desconcertantes al llegar a nosotros como novedades, se volvían obsoletas a una velocidad sorprendente, y, como en ninguna otra etapa de la civilización, teníamos cada uno un cuarto atiborrado de trastos envejecidos prematuramente porque otros, más novedosos aún, venían a reponerlos.

Y el progreso nos concedía seguridades. Viajar más rápido, comunicarnos mejor, resolver todas nuestras necesidades de la vida diaria mediante un pequeño aparato manual. Y la prolongación de la vida, sobre todo. Adivinar por adelantado los pasos de la muerte. Medicamentos inteligentes. Cirugías sobrenaturales. La cota de edad de envejecimiento cada vez más alta. La vejez saludable, sin carencias, empezando por el vigor sexual. Un fetiche benefactor llamado calidad de vida.

Y, de pronto, lo que tenemos es incertidumbre. De la seguridad del progreso que vuela en alas del ángel de la historia, hemos pasado a escuchar el fragor del huracán que arrastra esas alas hacia atrás, para recordar la reflexión de Walter Benjamin frente al cuadro de Klee.

Sabemos, también de pronto, que estamos viviendo el principio de algo todavía desconocido. No sabemos lo que será, pero sí sabemos que no será lo mismo.

Y desesperamos por una vacuna milagrosa. No se sabe cuánto tardará en descubrirse y luego fabricarse. Porque pueden pasar años, y, mientras tanto, la inseguridad continuará, y no se podrá prescindir del distanciamiento como regla de vida. Es otro mundo. El mundo que da miedo.

La gente sale de sus encierros, con la ansiedad de dejar atrás la pesadilla. La vida está afuera, esperando. Pero la mano oscura te detiene. Malas noticias. La contaminación recrudece, la curva no se aplaca, se mueve hacia arriba otra vez, con movimiento de látigo implacable. Los índices crecen de nuevo en Estados Unidos. América Latina es el nuevo centro mundial de la pandemia.

¿Volverá el mundo a ser tan seguro como antes, en el sentido de que no le temíamos al prójimo? Al amigo escritor que tenías tiempo de no ver, junto al que te sientas en la mesa donde van a presentar juntos un libro, a dialogar sobre literatura. La cajera a quien pagas los libros que has comprado. El chofer del taxi que te lleva al recinto de ferias desde el hotel, a mí que me gusta sentarme adelante y entretenerme e instruirme en la conversación con los taxistas, que saben de todo y le mientan la madre al gobierno de turno.

Se acabaron las certezas. Porque llegará un momento en que la pandemia habrá dejado de ser una amenaza constante para la mayoría, que tendrá que regresar de cualquier manera a la vida diaria. Pero habrá quienes deberemos ser más cautos. Los más vulnerables. Los que estamos en la franja de la tercera edad.

O, en todo caso, si queremos sobrevivir, deberemos aceptar las reglas del claustro, como hacían los viejos monjes medievales.

San Isidro de la Cruz Verde, julio 2020

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Trump inicia el proceso para sacar a EEUU de la OMS

 

El senador Robert Menéndez, el principal demócrata en el Comité de Asuntos Exteriores del Senado, tuiteó que la administración informó al Congreso de la retirada del país de la organización.

 

La Casa Blanca anunció este martes que inició el proceso para retirar a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un paso que se hará efectivo dentro de un año y que llega en plena pandemia por la covid-19.

"El aviso de la retirada de Estados Unidos, que se hará efectiva el 6 de julio de 2021, se ha enviado al secretario general de la ONU, que es el depositario de la OMS", dijo a Efe un funcionario de la Casa Blanca, que pidió el anonimato.

El portavoz del secretario general de la ONU, António Guterres, confirmó en un comunicado que recibió la notificación este lunes, y que ahora está "en el proceso de verificar con la OMS si se cumplen todas las condiciones para la retirada".

Cuando se sumó a la OMS en 1948, Estados Unidos impuso "ciertas condiciones para su posible retirada", que incluyen una notificación previa de un año y "el cumplimiento total con el pago de sus obligaciones financieras", explicó el portavoz de Guterres, Stéphane Dujarric.

La retirada de EEUU podría detenerse si Trump pierde las elecciones presidenciales de noviembre

El hecho de que la medida no se haga efectiva hasta dentro de un año significa, además, que la retirada de Estados Unidos podría detenerse si Trump pierde las elecciones presidenciales de noviembre y su sucesor así lo decide.

"Lo que se haga ahora puede cancelarse el año que viene, porque no será definitivo", aseguró este martes un diplomático de la ONU, que pidió el anonimato, a la cadena televisiva CNN.

El senador demócrata Robert Menéndez indicó en un tuit que el Congreso estadounidense también ha sido notificado de la decisión de Trump de "retirar oficialmente a EE.UU. de la OMS en medio de una pandemia".

En abril, Trump congeló temporalmente los fondos que EE.UU. aporta a la OMS, al acusar a esa institución de estar "sesgada" a favor de China y de haber gestionado mal la emergencia sanitaria de la covid-19. Hasta entonces, Estados Unidos era el mayor donante de la OMS y le aportaba entre 400 y 500 millones de dólares anuales, aproximadamente el 15 % del presupuesto total del organismo.

Meses de amenazas

La notificación formal de salida llega tras meses de amenazas de la administración Trump para sacar a los Estados Unidos de la OMS. El presidente Trump ha atacado repetidamente a la organización por su lenta respuesta al brote de coronavirus en Wuhan y acusándola de estar bajo el control de China.

Los expertos en salud pública y los demócratas han alertado que la decisión  podría socavar la respuesta global a la pandemia, que ha infectado a 11,6 millones de personas en todo el mundo.

Trump dio el pasado mes de mayo por "terminada" la relación de Washington con la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la que ha acusado de estar bajo el "completo control" de China.

 

07/07/2020 20:54 Actualizado: 07/07/2020 21:51

efe | público

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Dos cámaras de vigilancia frente a la entrada del gobierno municipal de Hong Kong (Roy Liu / Bloomberg L.P. Limited Partnership)

Facebook, Twitter o Google dejan de entregar datos de sus usuarios a la policía

 

Las grandes tecnológicas recelan de la nueva ley de seguridad nacional impuesta por Pekín en Hong Kong. Uno tras otro, gigantes como Facebook, Twitter, Google, Zoom o Telegram confirmaron que han suspendido temporalmente la entrega de datos de sus usuarios a las autoridades de la excolonia mientras analizan el alcance de la nueva normativa. La famosa aplicación de vídeos cortos TikTok fue un paso más allá, y anunció su intención de abandonar la región “en unos días”. Todas las miradas están puestas ahora sobre Apple.

El sorprendente consenso entre multinacionales rivales supone un inusual cuestionamiento público de la política china. También ilustra los dilemas a los que se enfrentan estas empresas frente a la nueva ley, que castiga con severas penas delitos como el de subversión, secesión o terrorismo y les obliga a cooperar con las autoridades locales .

El lunes por la noche, Hong Kong publicó nuevas reglas que otorgan a la policía local poderes para eliminar publicaciones en internet que contravengan la nueva ley, así como castigar a las empresas que no cumplan con sus requerimientos.

De hecho, el texto incluye explícitamente la capacidad de encarcelar a los empleados de las tecnológicas que no cumplan con las solicitudes de entrega de datos de sus usuarios o de imponerles multas de hasta 11.500 euros. Debido a que la nueva ley se aplica en todo el mundo, existe la posibilidad de que las empresas tengan que elegir entre divulgar información sobre una persona que escribe desde un tercer país o enfrentarse a una sentencia de prisión de varios meses para uno de sus empleados.

La aplicación de conversación Telegram, cuyo cuartel general está en Londres, fue la primera en comunicar sus planes de poner “en pausa” la cooperación. “Entendemos el derecho a la privacidad de nuestros usuarios de Hong Kong. En consecuencia, no tenemos intención de procesar ninguna solicitud de datos relacionada con los usuarios en Hong Kong hasta que se llegue a un consenso internacional en relación con los cambios políticos en curso en la ciudad”, anunció.

Le siguió Facebook, que detuvo las solicitudes “en espera de una evaluación adicional” sobre las implicaciones de la norma. “La libertad de expresión es un derecho fundamental y apoyamos el derecho de las personas a expresarse sin temor a su seguridad u otras repercusiones”, dijo la firma, también propietaria de WhatsApp e Instagram. En términos similares se expresaron Twitter, Google, Linkedin o Zoom, que el mes pasado fue muy criticada tras suspender varias cuentas de activistas chinos que planeaban mantener eventos en recuerdo de la masacre de Tiananmen.

Tras la puesta en pausa de la colaboración con las autoridades, lo que decidan estas compañías está llamado a trazar el rumbo del futuro de las libertades en internet en la excolonia. Hasta ahora, la red goza en esta región de una libertad y falta de censura incomparable con la de la vecina China continental, donde los servicios de Google, Facebook o Twitter –por citar solo algunos– están bloqueados. Aún así, estas mismas firmas cuentan con grandes negocios de publicidad en el gigante asiático, por lo que lo que hagan en Hong Kong podría afectar a sus intereses económicos.

La decisión de TikTok de salir en breve de Hong Kong –un mercado pequeño para su negocio– responde a su estrategia por tratar de captar a una audiencia más global. Esta aplicación pertenece a la firma china ByteDance, por lo que muchos sospechan de que opera bajo el control de las autoridades chinas. La marca siempre lo ha negado, y una salida de Hong Kong para no tener que responder a la norma dictada por Pekín reforzaría esa sensación. Sin embargo, puede que ese paso no sea suficiente, más aún después de que el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, dijera el lunes que Washington está analizando prohibir las redes sociales chinas, “especialmente TikTok”.

Mientras, la jefa del Ejecutivo hongkonés, Carrie Lam, siguió ayer con su defensa de la ley de Seguridad. Volvió a negar que erosione las libertades de la ciudad y condenó las “falacias” dichas sobre su impacto. “Con el paso del tiempo, la confianza crecerá”, añadió.

Por Ismael Arana | Hong Kong, China. Corresponsal

08/07/2020 02:37 | Actualizado a 08/07/2020 10:40

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Imagen cedida por la agencia iraní de la energía atómica en la que se ve el estado del edificio de la planta de Natanz afectado por el incendio (AP)

El incendio en la central de Natanz se suma a otros misteriosos incidentes recientes

 

El misterioso “accidente” del pasado jueves en la planta nuclear de Natanz ha desatado las sospechas de un nuevo ataque exterior en Irán. El incendio se suma a otras tres explosiones ocurridas en los últimos días en instalaciones nucleares y militares, incluida una de las bases donde se desarrolla el programa de misiles en el este de Teherán, el pasado 26 de junio. ¿Es un sabotaje? ¿Un ataque aéreo? Se preguntan los iraníes.

No es la primera vez que el programa nuclear iraní sería víctima de un sabotaje. Ya sucedió en el pasado, antes del acuerdo nuclear del 2015, cuando se vio afectado por el poderoso virus cibernético Stuxnet, que causó graves daños en el sistema. Si bien ningún país reconoció su autoría, las sospechas recayeron en Israel y EE.UU., que buscaban evitar que Irán pudiera desarrollar un arma nuclear. Una acusación negada rotundamente por Teherán. Por esa misma época una serie de asesinatos estremecieron al país no solo por su naturaleza –cercano al de las mafias latinoamericanas, con sicarios disparando desde motos–, sino porque los cinco hombres fallecidos estaban vinculados con el programa nuclear.

En un primer momento, el portavoz de la agencia iraní de energía atómica, Behruz Kamalvandi, intentó quitar importancia al incendio de Natanz, diciendo que había sido un “incidente” en un cobertizo industrial y que no había radiación ya que la planta no estaba activa. Pero una imagen por satélite revelada por una cadena opositora indica que la explosión dejó parte del edificio prácticamente destruido. Las sospechas crecieron cuando se supo que un grupo que se hace llamar Guepardos de la Patria envió un comunicado antes de la explosión a la BBC persa, atribuyéndose el ataque llevado a cabo supuestamente con una bomba.

Estos rumores hicieron que el viernes el portavoz del Consejo de Seguridad de Irán, Keyvan Khosravi, asegurara a la prensa que los expertos ya habían determinado la causa del incidente pero que lo revelarían “en el momento adecuado por motivos de seguridad”. Dos días más tarde, Kamalvandi reconocía a la agencia Irna que la producción de centrifugadoras avanzadas podría verse ralentizada a medio plazo, al igual que el programa nuclear. Con estas centrifugadoras se buscaba acelerar el enriquecimiento de uranio, facilitando el camino para que Irán pueda lograr una bomba.

“En este lugar había equipos avanzados y dispositivos de medición de precisión que fueron destruidos o dañados”, confirmó Kamalvandi, que anunció que reemplazarían la edificación con una de mayor capacidad para equipos avanzados.

“No todos los incidentes que pasan en Irán están conectados necesariamente con nosotros”, dijo el domingo el ministro de Defensa israelí, Benny Gantz. Tanto EE.UU. como Israel niegan su responsabilidad. Las versiones locales apuntan a fallos técnicos, pero otra imagen de satélite publicada por el New York Times demuestra que la explosión es mucho más grande de lo que se aseguró originalmente, cuando se atribuyó a un gasoducto.

Las mismas dudas sobrevuelan las explosiones de las otras plantas eléctricas, cuya naturaleza sigue siendo incierta. La Covid-19, el mal manejo de los recursos, pero sobre todo las sanciones económicas –especialmente la imposibilidad de vender su petróleo y repatriar las divisas– tienen al Gobierno en una situación económica nunca vista. Recientemente el presidente, Hasan Rohani, dijo que este era el año más difícil en 41 años de revolución islámica.

Por Catalina Gómez | Teherán, Irán

07/07/2020 01:23| Actualizado a 07/07/2020 09:29

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Domingo, 05 Julio 2020 06:27

La nueva fase de anexión israelí

La nueva fase de anexión israelí

Regresemos a Balfour. No se trata de si Israel se anexará Cisjordania más adelante este mes, o cuánto o cuánto más de ella. Se trata de la promesa original británica de 1917 –o el pecado original, si uno es árabe– y lo que expresaba en palabras. Porque, después de la verborrea acerca de la "simpatía" británica y las "aspiraciones" sionistas, la única oración de la Declaración Balfour sostenía que el gabinete en Londres veía "con ojos favorables el establecimiento en Palestina de una patria nacional para el pueblo judío". Y las palabras más importantes de esta oración eran "nacional" y "en Palestina". Podemos olvidar las tonterías sobre proteger los derechos de las "comunidades no judías existentes en Palestina", porque no teníamos la menor intención de hacer nada por el estilo. Por eso –y bien harían los lectores en echar una ojeada a ese malévolo documento– Alfred Balfour prefirió evitar identificar a esas misteriosas "comunidades no judías" como árabes, musulmanas o cristianas.

Así pues, primero veamos lo de "nacional", adjetivo de "nación", que en lenguaje actual significa un Estado. Al menos es lo que hemos tenido que aceptar, porque, si Balfour sólo quiso decir "nación" en el sentido de comunidad colectiva –es decir, un "pueblo"–, ¿por qué usaría las palabras "pueblo judío" después de haber expresado apoyo a una patria "nacional" para él? Pero la segunda expresión, de igual importancia, es "en Palestina". Porque Balfour –que, en efecto, significa el gabinete de guerra británico de 1917 en pleno– no especificó a qué parte de "Palestina" se refería cuando escribió sobre la "patria" judía.

¿Fue a la sección que se convirtió en Israel más de 30 años después? ¿O una porción mayor? ¿O todo lo que en 1920 se volvió el mandato británico sobre Palestina, es decir, lo que hoy es Israel, Cisjordania y la ciudad de Jerusalén (y Gaza, que por el momento, y por obvias razones, es otra historia). Incluso se podría alegar que la "Palestina" a la que Balfour se refirió en 1917 incluía Transjordania: lo que hoy se conoce como el reino de Jordania, en el otro lado del río Jordán, más adelante sustraído a Palestina por los británicos.

Entonces, cuando Benjamin Netanyahu les dijo hace dos meses a los israelíes que la extensión de la soberanía de Israel hacia Cisjordania sería "otro glorioso capítulo en la historia del sionismo", su predecesor sionista, Chaim Weizmann –quien tuvo extensa participación en la redacción y semántica de la Declaración Balfour– sin duda habría afirmado que ese objetivo ya se había alcanzado.

¿Acaso los británicos no habían hablado de "Palestina" sin hacer la menor delimitación geográfica de la "patria nacional" que los judíos establecerían dentro del futuro mandato? En otras palabras, en 1917 los judíos bien pudieron haber creído que los británicos les ofrecían una "Palestina" mucho más grande –de hecho, toda Palestina– de la que al final se puso en el camino de Israel en 1948. En esos días, por supuesto, "Cisjordania" no existía en la nomenclatura de judíos o árabes.

Las "comunidades no judías" (los árabes cristianos y musulmanes) en Palestina –a quienes Balfour no ofreció una "patria nacional"– vivían en todo ese territorio. Sin embargo –y esta es la expresión estremecedora de la declaración–, no se mencionaba que esos pueblos vivieran allí. Meramente "existían" allí (como en "los derechos de las comunidades no judías existentes en Palestina"). Eran una mayoría de los pobladores de Palestina, pero en definitiva no eran definidos según su identidad, sino según la identidad de quienes crearían su "patria" allí. Eran "no judíos".

Todo esto se remonta, desde luego, a las fronteras. Si los británicos creyeron que habían prometido –o si los judíos pensaban que les habían prometido– toda Palestina, entonces, ¿qué tonterías son estas acerca de una "anexión"? ¿Acaso los sionistas han olvidado el objetivo original de la Declaración Balfour? Así pues, ahora viene la verdadera amenaza a la noción misma de la "anexión".

Porque, si en efecto declara la soberanía israelí sobre el resto del antiguo mandato británico, ¿qué ha sido Cisjordania desde que fue ocupada por Israel en la guerra árabe-israelí de 1967? Esa conquista territorial –en un conflicto que los árabes empezaron– convirtió a Israel en potencia ocupante, con todas las obligaciones que entonces deben recaer sobre ella. Pero el argumento de Israel, todo este tiempo, fue y es que es un territorio "en disputa" –a menos que sea anexado, supongo–, puesto que no era un "territorio soberano" de nadie que pudiera ser "ocupado" cuando los israelíes se adentraron en Cisjordania hace 53 años. Por consiguiente, la noción misma de una "Palestina" árabe, de acuerdo con los israelíes, no existe porque no tiene todos los atributos de un Estado. Hagamos a un lado por el momento la aceptación de Naciones Unidas de su calidad de Estado: es la definición de esa calidad la que ha sido el fundamento de la negativa israelí a aceptar la existencia de una Palestina árabe.

Aquí volvemos a la ironía final de todo el proyecto colonial israelí en Cisjordania. Porque, si la lastimera versión de "Palestina" que tiene el presidente Abbas –Gaza y Cisjordania– carece de los atributos vitales de un Estado, tampoco Israel los tiene. En efecto, ¿qué país de la Tierra es incapaz de decir a su propio pueblo –ya no digamos al resto del mundo– dónde está su frontera este? ¿Corre por el centro de Jerusalén? ¿Alrededor del este de Jerusalén? ¿Alrededor del borde de los mayores desarrollos coloniales de Cisjordania, construidos, como siempre nos lo recordamos, casi por completo sobre la tierra de otro pueblo (los árabes)? ¿Irá a ser esta la nueva "frontera este" de Israel, sobre la que Netanyahu ha estado amenazando a los palestinos –alentado por Donald Trump y Jared Kushner– en meses recientes?

Pero si esta "anexión" se dará ahora en etapas –puede consumir un asentamiento aquí, un "puesto ilegal" en otra parte (fenómeno este último que es una de las excusas más risibles de Israel para engullir tierra ajena) –, de todos modos no define la ubicación de la frontera este israelí. La nueva anexión de Netanyahu, si va a ser poco a poco, tamaño salami, bocado a bocado, solo será otra frontera temporal, una frontera desangelada esperando la creación de una demarcación "soberana" más, que también será provisional.

En otras palabras, si Israel quiere una frontera este, tendrá que decir al mundo dónde va a estar la frontera final. Entonces tendrá todos los atributos de un Estado. Y no puede hacerlo –y Netanyahu no puede– porque de inmediato cobraría existencia el Estado de apartheid que los críticos de Israel afirman que es. En el momento en que Israel nos diga que toda la línea del río Jordán (no solo la parte norte) es la frontera de Israel, entonces los árabes de Cisjordania estarían viviendo sin derechos o votos dentro del Gran Israel.

Es interesante en qué terminos se han expresado en las semanas pasadas las objeciones a los planes de Netanyahu, si vamos a tomarlos en serio, así como consideramos lunático al gobierno de Trump. La Unión Europea ha resaltado la ilegalidad de tal despojo de tierra. Boris Johnson –quien ha elogiado y condenado la Declaración Balfour en el curso de pocos años, dependiendo de si buscaba nuevos acuerdos comerciales con Israel– ahora ha dicho en su artículo en un diario israelí que está "inmensamente orgulloso de la contribución británica al nacimiento de Israel en la Declaración Balfour de 1917".

Sin embargo, salvo dos tibias referencias a la "justicia" –tanto para israelíes como para palestinos, claro–, toda su tesis se basa en la idea de que las propuestas de anexión "fallarán en el objetivo de asegurar las fronteras israelíes (sic) y serán contrarias a los intereses israelíes a largo plazo". Sería, escribió, "una violación al derecho internacional". Y sería un regalo a los antisemitas ("esos que quieren perpetuar las viejas consejas acerca de Israel").

Sin embargo, ni una sola vez señala Johnson que la razón principal de oponerse a la anexión de Cisjordania es que es incorrecta e inmoral, un acto criminal de robo masivo de tierras que dejará a todo un pueblo –o a las "comunidades no judías", como hubiera dicho Balfour– sin los hogares y la tierra que en derecho les pertenece. Esta –que no es ninguna minucia de legislación internacional– es la razón principal por la que millones de personas en todo el mundo están atónitas ante la determinación israelí de adueñarse de ese territorio.

Y hasta que las potencias occidentales "civilizadas" impidan que Israel cometa esa inmoralidad –esa crueldad–, Netanyahu puede soplar y resoplar acerca de la anexión para contento de su corazón, e incluso poner la nueva, pero temporal alambrada fronteriza israelí sin sentir el menor temor.

Así pues, en vez de ponderar por qué Netanyahu y Gantz podrían estar divididos con respecto a su proyecto colonial –o cuánto temen una victoria de Joe Biden y, por tanto, tienen que empujar hacia delante, o cuánto temen una derrota de Trump y por tanto tienen que poner en suspenso sus nuevos planes coloniales, o qué contramedidas puede imponer la Unión Europea a la economía israelí, o qué tanto preocupa a Johnson su seguridad–, recordemos que todo esto se refiere a la existencia de Israel como Estado.

Para tener un Estado, debe tener fronteras. Pero sostener su reclamo de una frontera que abarque toda Cisjordania socava la moralidad sobre la cual existirá el Estado que vaya a crearse al final, con todos los atributos necesarios. Ese es el meollo del asunto. Quizá lo demostremos cuando los periodistas, comentaristas y analistas gastemos tanto tiempo en reportar y examinar los cargos de presunta corrupción contra Netanyahu –que él niega– como lo hacemos con respecto al crimen masivo e inminente de robar para siempre la tierra y propiedad de otro pueblo.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

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Una mujer vestida con un hiyab toma fotografías este jueves frente el Museo de Santa Sofía en Estambul. EFE/Sedat Suna

Después de un siglo de absentismo en Oriente Próximo, Turquía vuelve a la región para defender sus intereses vitales. El presidente Erdogan se enfrenta a un aislamiento creciente de las potencias regionales y occidentales a causa del islamismo moderado que practica, lo que le obliga a intervenir en conflictos que hasta ahora los turcos ignoraban.

 

A fines de junio el diario francés Le Figaro se alarmaba al dar cuenta de la creciente influencia de Turquía en el Mediterráneo oriental, destacando la preocupación que esta circunstancia suscita en numerosos países de la región, desde Grecia a Egipto y desde Arabia Saudí a Israel, así como entre ciertas potencias occidentales, incluida Francia, cuyos planes para la zona son bien distintos a los de Ankara.

Naturalmente, los intereses de París y Turquía en Libia están alejados. Los franceses quieren un norte de África estable y apartado de cualquier forma de islamismo, por moderado que sea, mientras que los turcos aspiran a que los gobiernos acojan con afecto el islamismo moderado o que lo representen directamente, por supuesto garantizando la estabilidad.

Desde la desaparición del califato en el siglo XX, y desde que perdió sus posesiones en Oriente Próximo a manos de las potencias europeas en la Primera Guerra Mundial, Ankara había desarrollado una política modesta y nada agresiva en la región, una política sin aspiraciones trascendentes. Sin embargo, en los últimos años el presidente Recep Tayyip Erdogan ha puesto fin a un siglo de absentismo por motivos estratégicos.

Desde París el presidente Emmanuel Macron ha lanzado una campaña internacional para desacreditar a Erdogan, campaña que gira especialmente entorno al acuerdo marítimo que Ankara firmó en noviembre de 2019 con el gobierno de Trípoli reconocido internacionalmente. París asegura que ese acuerdo "suscita los miedos de una escalada regional a la luz de un creciente riesgo de conflicto".

Los franceses sostienen que con el acuerdo marítimo, Turquía podría impedir que se construyera el gasoducto que planea Israel para exportar gas a Europa. Los libaneses dicen que una parte de ese gas está en yacimientos situados dentro de su zona marítima, aunque lógicamente no están capacitados para defenderse de lo que califican de robo por parte del estado judío.

Además, las aguas de Chipre son también ricas en gas, lo que suscita una disputa entre Chipre y Grecia por un lado, y Turquía, que ocupa el norte de Chipre desde los años setenta, por otro lado. Los israelíes no han entrado abiertamente en el conflicto, aunque es evidente que no se quedan al margen y hacen que otros países, incluidos Chipre y Grecia, defiendan sus intereses.Turquía es un tema central en los medios de comunicación hebreos. Israel, que es con gran diferencia la potencia dominante en Oriente Próximo y la que dicta las políticas de sus aliados, es la enemiga número uno de Ankara y mueve activamente unas fichas que incluyen los Emiratos Árabes Unidos (EUA), Arabia Saudí y Egipto por este orden. Los ataques de los medios hebreos contra Turquía están a la orden del día y son muy numerosos.

Los medios hebreos no solo se hacen eco de los conflictos internacionales de la región. Alegan que Turquía es un país que no garantiza la libertad religiosa y que está destinando millones de dólares a organizaciones benéficas palestinas con el fin de manipular a los palestinos según sus intereses. Para más inri, decía la semana pasada The Jerusalem Post, los turcos destinan dinero a la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, donde un creciente número de israelíes quiere establecer el Tercer Templo en cuanto se presente la oportunidad.

Desde el momento en que Turquía, Francia y Grecia son miembros de la OTAN, parece difícil imaginar un escenario de guerra, pero bien podría ser que se registren incidentes como el que ocurrió en las aguas libias en junio entre los ejércitos de Francia y Turquía, donde Turquía se llevó el gato al agua a costa de Francia, una ofensa que Macron no ha digerido.

El ministro de Defensa griego, Nikolaos Panigiotopoulos, dijo hace pocas fechas que su país "está listo para un conflicto militar con Turquía". Atenas ha denunciado que los turcos están perforando en busca de gas y petróleo en dos decenas de lugares que los griegos consideran que están dentro de su jurisdicción, y hace pocos días barcos militares de los dos países registraron un incidente.

Con este complejo panorama es difícil definir las ambiciones de Erdogan. Por un lado es evidente que los países de Oriente Próximo y Europa están a disgusto con su islamismo y no quieren que llegue a otros lugares. Por otro lado, es obvio que a causa de ello, Turquía está siendo aislada por las potencias dominantes, una situación que a Erdogan no le queda más remedio que corregir buscando aliados a cualquier coste.

Las relaciones entre Erdogan y Washington han experimentado altibajos en los cuatro años de mandato del presidente Donald Trump. En el libro publicado en junio por el exconsejero para la seguridad nacional de Trump, John Bolton en más de una ocasión indica que Trump ha estado dando su apoyo a Erdogan, lo que por ejemplo justificaría la presencia turca en Libia.

Esta situación quizá cambiará si Trump pierde las elecciones de noviembre como indican las encuestas. Esto le crearía un serio problema a Erdogan, máxime si Francia consigue arrastrar al resto de la Unión Europea contra Turquía. La política exterior europea con respecto a Oriente Próximo no puede estar más equivocada. No solo no hay una voz unificada sino que cada país va a su bola sin tener en cuenta los intereses del continente en su conjunto, una circunstancia que aporta más inestabilidad a la región.

JERUSALÉN

05/07/2020 08:49

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Las niñas y los niños no deben seguir siendo un botín de guerra

El caso de la violación sexual de una menor indígena por parte de un grupo de soldados del ejército colombiano, ha desatado un hecho mediático, que de algún modo sirve para visibilizar una horrorosa práctica que lamentablemente es histórica en Colombia.

La primera reacción como seres humanos es de indignación; no hay derecho que después de firmada la paz, sigan ocurriendo actos tan atroces y viles, como la violación de los niños por parte de los actores armados, pero aun lo más grave por parte de miembros de las fuerzas del orden que constitucionalmente están para defender la honra bienes de todos los ciudadanos de este país; más aún la de los niños y niñas que gozan de especial protección tal como lo contempla nuestra carta magna “. Las reacciones de los diferentes sectores de la sociedad reflejan cuan lejos estamos de superar los escollos para que la paz sea una realidad sobre todo en los territorios rurales y apartados de nuestro país.

Algunos y más algunas se apresuraron a poner en duda lo que lo que ya era una verdad reconocida y abogaron más por la defensa de los victimarios que por la victima e incluso dejando entrever que la menor se “expuso” porque se devolvió a buscar unos soldados amigos”. Posiciones lamentablemente no extrañas y propias de esta cultura patriarcal y machista que sospecha siempre de las víctimas, más si los victimarios tienen algún tipo de poder social, económico o como en este caso estatal, agregando así un hecho más de revictimización y violencia hacia los más vulnerables.

No fue más alentadora la respuesta de la justicia, que en manos de la Fiscalía y en tiempo récord, sospechoso para el abogado de las víctimas, porque según él hay otros implicados de rango más alto, se decidió imputar un delito menos grave, pero que en la misma línea insinúa el presunto consentimiento por parte de la victima configurando así una revictimización. El presidente de la republica expresó su dolor, por ser miembros del ejercito quienes cometieron este acto y promovio el linchamiento mediático, manifestando que habría que aplicarles la recién aprobada cadena perpetua para violadores, que aún no ha sido revisada por la corte constitucional y que ya muchos proveen la declarara inconstitucional y por tanto no se puede aplicar, ¡será que el señor presidente ignora esto?. Y en cuanto a revisar los procedimientos de las fuerzas armadas en los territorios indígenas, guardo silencio.

La respuesta generalizada ha apuntado al castigo drástico e implacable para los victimarios, obviamente que lo debe haber la sanción penal correspondiente, pero lo que no puede pasar es que se cierre un oscuro capítulo más aceleradamente, individualizando lo actos de unas personas “desadaptadas” como ha sucedido en anteriores ocasiones, hasta que tengamos noticias del próximo caso de impacto mediático y así concentrarnos en los síntomas y no en las causas estructurales que subyacen a estas deleznables prácticas.

Lo primero que hay que recordar es que este hecho está lejos de ser un caso aislado y se circunscribe en el contexto del conflicto endémico, que aunque se firmó un acuerdo de paz, aún no superamos plenamente y al contrario ha venido alentándose nuevamente desde diferentes sectores políticos, sociales e institucionales y desde el partido de gobierno que prometió hacer trizas el acuerdo y en el discurso inaugural solicitó el inmediato cambio de la cúpula militar que se había comprometido con el proceso; así como de nuevas y antiguas estructuras violentas y criminales de todo tipo que han venido copando territorios que antes de la firma del acuerdo controlaban las guerrillas de las Farc. Hoy estamos viendo con asombro y desesperanza los resultados de estas nuevas políticas.

Oxfan ONG Holandesa, en una investigación cuyo informe   denominó “Que dejen de cazar a los niñas y los niños” saquen mi cuerpo de la guerra”(2) reveló que entre los años 2008 y 2012 fueron víctimas de violencia sexual 48, 950 niñas y niños. Cada día según el informe fueron abusados 27 niñas y niños con una tasa más alta de niñas, por parte de los diferentes actores armados en el contexto del conflicto colombiano.

Estos ataques no son furtivos, en que un individuo solitario asalta a una menor y la viola, aquí se configura todo un componente más complejo y perverso que indica una lógica de guerra, en que el botín son los niños y niñas, usados para satisfacer a los vencedores. Las niñas vienen siendo secuestradas por varios días y sometidas a toda clase de vejámenes, hasta que se cansan sus victimarios o ellas logran huir, como ha ocurrido últimamente. Se llevan a cabo en zonas aún de conflicto, en las que sus poblaciones han sufrido históricamente los rigores del abandono del estado y por lo tanto son vulnerables. Ante la imposibilidad de defenderse o denunciar los casos, terminan por naturalizar estas violencias como parte de un sino trágico de la vida de los niños y las niñas. Se establece una relación de poder frente a las víctimas y a la población, en este caso por parte de personal que representa una parte de la institucionalidad, uniformados y armados por supuesto. Son prácticas que han venido siendo sistemáticas a lo largo del conflicto originadas en la degradación de la guerra prolongada y que continúan perpetuándose en lo que se ha llamado el pos-conflicto.

Si bien posterior a la firma de los acuerdos los casos se han venido reduciendo, todavía continúan siendo un grave problema que debería movilizarnos como sociedad. Por supuesto que no todos los abusos sexuales de los niños y las niñas responden a las lógicas del conflicto; pero debe ser un deber del estado velar porque en lo que concierne a sus agentes se apliquen los protocolos existentes para la prevención de este delito al interior de las fuerzas armadas. Este es lo mínimo que debe hacerse y que debemos vehementemente exigir para ir reduciendo hasta eliminar por completo delitos tan atroces como los que estamos conociendo. Esto pasa también por desactivar los discursos patriarcales, guerreristas y violentos que hacen parte del lenguaje cotidiano. Por ejemplo afirmaciones como “son las niñas las que buscan los soldados” o esto es un acto de una manada de desadaptados, hijos de familias desestructuradas”, o son actos de “manzanas podridas” es seguir ignorando, minimizando y desconociendo las causas estructurales que han rodeado estos hechos lo que suponen una forma más de violencia.

Revisión de la doctrina militar en torno al respeto de los derechos humanos de la población civil y en la percepción de que la población es cómplice o aliada de los grupos al margen de la ley y por lo tanto asumidos como enemigos.

Implica igualmente demandar que se cumplan los acuerdos de paz firmados en la Habana, que constituyen una carta de navegación que ataca los factores incursos del abandono histórico de estas comunidades. Que se  avance en el dialogo que está pendiente con otros grupos armados y que exista una decisión política y militar en el combate de las bandas criminales.

Que el estado haga presencia en las antiguas zonas de conflicto que dejaron las Farc, con educación, salud, saneamiento básico y desarrollo de procesos productivos integrales, como alternativa a los cultivos ilícitas que son factor de violencia.

La violencia sexual en los niños y niñas es un acto profundamente doloroso que deja huellas emocionales a corto y largo plazo que han sido ampliamente detalladas por los especialistas en el corto plazo: estrés postraumático, temor, ansiedad, trastornos del sueño, odio por su propio cuerpo, culpa, pobre autoestima, comportamientos autodestructivos y autoagresivos y conductas suicidas entre otros. A largo plazo: dificultades en las relaciones afectivas y sexuales, desconfianza hacia los hombres en el caso de las mujeres, pesadillas, escenas intrusivas, culpa, vergüenza, depresión crónica, consumo de sustancias psicoactivas, e intentos de suicidio. Por tanto requiere atención y acompañamiento especializado, con los que no cuentan generalmente las víctimas que a más de soportar el sufrimiento derivado del crimen, tienen que soportar la desidia de los entes encargados de la protección. La erradicación de estas formas de violencia requiere de acciones integrales y no de reducirlos meramente a respuestas facilistas, punitivas, populistas, que apuntan más a aliviar consciencias y pasar rápidamente la página.

Por Fabio Curtidor Argüello, profesor investigador Universidad Monserrate, Bogotá.

Docente Secretaría de Educación del Distrito, Bogotá.

Exdirector Aldea Bogotá; Aldeas Infantiles SOS Colombia.

(2) Hurtado, I. (2014). ¡Que dejen de cazar a las niñas y los niños! Informe sobre violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes en el conflicto armado en Colombia. Bogotá: Alen. Recuperado de: https://www.coljuristas.org/centro_de_documentacion/documento.php?id_doc=393

 

 

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