Tres reflexiones que ha generado el Covid-19

En las últimas semanas hemos podido vivir en carne propia gran parte de los conceptos que trabajó el pensador francés Michel Foucault, el poder pastoral, el control social, la enfermedad, la vigilancia a ultranza, conceptos que se han materializado de forma tan rápida que no se ha tenido la posibilidad de reflexionar con respecto al origen y la necesidad de cambio en las estructuras de poder que genera la situación global de emergencia en la que estamos; es por ello que a continuación pretendo abordar tres puntos en los que propongo centremos la mirada de cara a un futuro incierto.

En primer lugar, se ha confirmado la finitud del planeta. Una mariposa ha aleteado en China y aquel movimiento ya impactó el globo en su totalidad, la integración, resultado de la globalización, demostró una de las muchas debilidades que tiene el sistema social y económico que domina el planeta, así, la probabilidad de expansión de una problemática local aumentó gracias a un modelo que busca hacer del mundo un lugar más pequeño. El azar determinó el comienzo de un virus, el cuál obligaba a detener rápidamente el libre movimiento de los individuos y las mercancías, sin embargo, en el actual sistema mundo la economía está sobre la vida, perspectiva que posibilitó la expansión del COVID-19 hasta el límite del control humano, las cifras de infectados y muertos comenzaron a aumentar de forma vertiginosa, primero en Wuhan, donde se comienzan a tomar decisiones el 1 de enero de 2020, posteriormente el 13 de enero reportan el primer caso en Tailandia, el 16 de enero llega a Japón, el 21 de enero llega a Estados Unidos y el 24 de enero se reportan los primeros casos en diversos países de Europa, en este punto el virus había superado el límite del control humano, impulsando al mismo tiempo la que podría ser la mayor recesión en la historia moderna, pues la única posibilidad de control se encuentra en paralizar el reino del libre mercado.

En tal sentido y tal como lo menciona David Harvey en su artículo “Política anticapitalista en tiempos de coronavirus”, el capitalismo sufre el mayor de los golpes, pues el control social se transforma en la detención del llamado desarrollo económico, poniendo a un lado aquella creencia absoluta en el avance económico como señal total de un cambio positivo de la sociedad, lo que se transforma en un mero sofisma que ha posibilitado la expansión de una problemática que pudo tener una solución local pero gracias a las dinámicas económicas globales se transformó rápidamente en una problemática mundial; el flujo de capital es fundamental para la estabilidad de cada uno de los Estados del planeta, la pausa total de dicha dinámica no sólo aflige al ciudadano de a pie que debe mantenerse en su casa, también preocupa profundamente al empresario que ha de ver como su capital acumulado se ve reducido lentamente en cuanto los costos son mayores a la venta de sus mercancías y los presidentes que ven como todo el sistema de salud debe ser estatalizado rápidamente; en definitiva, la relación entre las dinámicas sociales, políticas y económicas se entrecruzan a tal punto que posibilita la materialización de la teoría del caos.

En segundo lugar, se encuentra la sensación de soledad extrema que está generando el aislamiento social, un punto que no debe perderse en medio del sensacionalismo del momento. La sociedad contemporánea, gracias al desarrollo del capitalismo y el consumismo salvaje, se encontraba en un punto en el que se habían resignificado los espacios de socialización, al tiempo que el consumo y el universo virtual parecían haberse convertido en un relevante espacio para el desarrollo de las relaciones humanas, sin embargo en medio del actual confinamiento, aún cuando es posible consumir y acceder al universo virtual, el contacto social real comienza a ser mucho más valorado lográndose notar la importante necesidad que dichas relaciones humanas tiene para la estabilidad emocional del ser; así, en medio de dicha necesidad, se ha observado la posibilidad de realizar fiestas en los balcones, tal como lo han hecho en Italia y España, o compartir de manera real ciertos momentos en medio de la soledad sin importar que existan muros o calles que no permiten una relación cercana, siendo todo ello una señal de lo importante que es el contacto para los seres humanos, demostrando, adicionalmente, lo extraño que sería limitar nuestras relaciones humanas a la mera virtualidad, tal como se preveía podría ocurrir en medio de la pandemia.

Así pues, la soledad se convierte en el diario vivir en medio de la crisis sanitaria, la cercanía del peligro que existe en las calles y la imposibilidad de poder compartir con otros comienza a hacer mella en las personas y tal como lo menciona Fay Bound Alberti en su artículo “Autoaislamiento por coronavirus: cómo la soledad es en realidad un concepto sorprendentemente moderno”, esta sensación es nueva, pues la soledad se había convertido en un castigo y una manera de tener alejado al enfermo, al criminal y al loco, tal como también lo expresaría Michel Foucault en su obra “Vigilar y Castigar”, así pues, la necesidad de salir, de conversar con otros, de compartir la existencia de una manera mucho más cercana ha logrado demostrar el valor real de lo humano, resignificando aquello que representa la socialización y devaluando la artificialidad a la que se había confinado la sociedad durante tantos años de capitalismo salvaje, por ello, pensar en la configuración de una nueva sociedad, una realmente humana, que logre valorar lo que significa la palabra amistad, familia y pareja, dejando de lado la mercantilización virtual de una realidad no real en el mundo virtual. En definitiva, la soledad del aislamiento social ha logrado sacar a la luz las verdaderas necesidades humanas, la importancia que tiene el contacto y lo fundamental que es para los miembros de la sociedad el compartir con otros.

En tercer lugar, y para dar fin al presente texto, es realmente interesante observar la capacidad que ha tenido el Estado para controlar a su población, aún en medio de un contexto tan álgido como lo era el conformado por las diferentes protestas y revueltas sociales que se estaban presentando en todo el globo antes del comienzo de la crisis sanitaria, y con esto no pienso en teorías conspirativas, al contrario, se trata de comprender la gran complejidad que significaba controlar a una población en medio de una posible necesidad de revelarse abiertamente contra el sistema económico, político y social actual; allí podríamos pensar en lo realmente importante que es el discurso médico para la sociedad moderna, pues es en aquél constructo en donde se encuentra la argumentación que fractura de forma absoluta la protesta social en todo el planeta, inclusive en Chile, en donde parecían imparables tales procesos, todo llegó a su fin, el COVID-19 le ganó la batalla a la protesta y le dio la posibilidad al Estado para controlar y más aún, aislar a sus habitantes fracturando cualquier posibilidad de organización.

Si bien es importante comprender la realidad y las acciones que requiere una situación sanitaria como la que se vive actualmente, también otorga la posibilidad de analizar la realidad social y política que rodea el globo, dado que el control social emerge como posibilidad para enfrentar el virus, al tiempo que pausa cualquier tipo de posibilidad de un cambio en las estructuras del Estado, ya que un gran número de los gobernantes ha determinado establecer un “estado de excepción”, elemento legal a través del cual el gobierno puede tener el control absoluto tanto de la movilidad individual como de los medios de producción, cuestión que debería observarse como una afrenta hacia cualquier idea democrática se percibe como la solución a la problemática sanitaria, pero, ¿realmente será este el único camino para generar un control social?¿El Estado ha de convertirse en un ente omnipresente? O, por el contrario, ¿la sociedad será el actor encargado de mantener el autocontrol de la dinámica social sin la necesidad de determinar por “ley” dicho manejo?

En definitiva, estos son tres elementos que invito a reflexionar de cara a la situación que ha generado el COVID-19 en las diversas dinámicas sociales, en nuestro diario vivir, hecho que marcará la historia y que determinará de forma radical la forma en que la sociedad se ha de desarrollar en el futuro.

Por Juan Sebastian Sabogal Parra, docente de Ciencias Sociales y candidato a magister en Educación en la Universidad Externado de Colombia. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Miércoles, 08 Abril 2020 06:49

Pandemia, geopolítica y colapso

Pandemia, geopolítica y colapso

Vivimos una realidad impensable hace un mes. La pandemia y el despliegue asociado a ella (confinamiento incluido) nos han cogido por sorpresa.

La respuesta inicial ha sido aprovechar el confinamiento para reflexionar [1]. Pero pasadas ya casi tres semanas es necesario arriesgarse desde la filosofía de “La doctrina del shock» y, contando con las recientes declaraciones de su autora sobre la pandemia [2], denunciar maniobras para sacar beneficios económicos, sociales y políticos de esta crisis. Basta seguir las informaciones que llegan desde la UE, o los posicionamientos de los diversos partidos nacionalistas en España (nacionalismo español incluido) para comprobar que, tras el discurso del entre todos, y el aplauso tan necesario como inútil de cada tarde, los poderes, por mínimos que sean, hacen cálculos para aprovechar el coronavirus y consolidar su situación en el después de.

Información, desinformación e intoxicación informativa son campos de batalla sobre percepciones de los conflictos, y las percepciones son el factor que más cuenta en sociedades con mayoría de clases acomodadas, lo que plantea una exigencia de investigación.

La información sobre el virus, impactos en la salud y en los ecosistemas [3], origen, franjas de edad de sus víctimas, dispersión territorial, vacunas, perspectivas futuras, etc., obliga a investigar con urgencia. En este mismo boletín se reproduce un riguroso análisis del periodista Daniel Bernabé que denuncia la intoxicación informativa sobre la dispersión mundial de la pandemia y las finalidades que cumple [4].

Estos apuntes, también de urgencia, intentan extraer consecuencias de informaciones y reflexiones realizadas hasta el momento. Se centran en: 1) lo que la pandemia está mostrando desde la reflexión sobre el colapso ecológico y social y, 2) lo que aporta al contraste entre globalización y geopolítica.

1) Pandemia y reflexión sobre el colapso

Centrándonos en España, y diferenciando entre impacto real y percepción, hay que señalar que, respecto al primero, las informaciones apuntan a una mayoría de víctimas entre las clases subalternas [5]. Habrá que esperar balances completos, para lo que aún faltan meses, que confirmen o desmientan este primer apunte. Tambien se han dado casos de insolidaridad, que será necesario seguir para ver hacia dónde evolucionan.

En cuanto a percepción, el discurso se basa en la idea de una crisis que superaremospararecuperar la normalidad, combinada con un confuso esto nos cambiará a todas y todos. Centrémonos en la diferencia entre esa normalidad en relación a la mayoría que no se implica en conflictos sociales, o en relación a la numerosa minoría que sí que se implica. Para el primer grupo, el mensaje continuo de los medios es normalidad como sinónimo de vuelta a lo de siempre, la cual, combinada con esto nos cambiará, abre camino a todo tipo de especulaciones. La numerosa minoría para quienes normalidad significa volver a reivindicar, interpreta en cambio el coronavirus como una variable más en torno a la problemática con la que se identifica; con la excepción de un sector de esa misma minoría consciente del colapso, que abre dos vías de análisis.

Desde postulados ecosocialistas, la pandemia se interpreta como urgencia para afrontar cambios humanos antes de que todo vaya a peor. Esta urgencia, sin embargo, sólo se expresa en textos genéricos, sin destinatarios definidos y sin propuestas concretas de intervención social, combinando denuncia y medidas paliativas [6].

Desde postulados colapsistas, la pandemia se considera un factor más de aceleración de conflictos ya existentes [7]. Se teoriza sobre la gestión de la pandemia (especialmente el confinamiento) como experimento a gran escala y de largo alcance de ingeniería social [8] desarrollado desde el poder. Sin un trabajo de investigación concienzudo, esa hipótesis puede derivar hacia el subgénero de las teorías conspirativas.

Y también se da la hipótesis colapsista fetén: el coronavirus como crisis definitiva del capitalismo[9]; la que se ha repetido en cada ocasión en que se ha producido una crisis.

En general, y para las izquierdas, la pandemia agrava sus carencias, muestra la banalidad y falta de estructura de su discurso político [10]. Un discurso a la defensiva que se desarrolla en clave de re (recuperar, reinventar, repensar, reelaborar, reconstruir, revertir, etc.). A medida que se recrudecen conflictos sociales y ecológicos, las políticas de la diversidad y el activismo virtual se refuerzan como vías de escape de una realidad cada vez más dura.

2) La pandemia y el contraste entre globalización y geopolítica

La evidencia de un mundo multipolar ha puesto en cuestión el discurso de la globalización como marco de referencia crítico. La pandemia ha dado un nuevo impulso a este cuestionamiento [11].

Hace casi dos décadas que China es un referente mundial. Pero las interpretaciones que se han dado a este hecho desde la globalización, comenzando por la idea de fábrica del mundo, siempre han pasado por simplificar una sociedad de enorme complejidad y contradicciones internas [12]. El coronavirus ha creado nuevas simplificaciones, ahora bajo la forma de tópicos contrastes entre Oriente y Occidente[13], tópicos que serían rechazados si se aplicasen a aspectos de Occidente. Byung-Chul Han, profesor de filosofía de origen coreano que trabaja en Alemania, ha analizado con detalle varios de esos tópicos [14]. La globalización como clave interpretativa falla, es la geopolítica la que permite entender el papel desarrollado por China en la crisis del coronavirus.

La pandemia también refuerza el peso geopolítico de Rusia y China como áreas con dinámicas propias. Y ha remarcado, una vez más, el papel de la aparentemente insignificante Cuba [15], algo vergonzosamente silenciado en la mayoría de medios. El recurso a pedir ayuda a los gobiernos de Rusia, China, o Cuba desde otros países, incluidos algunos europeos, frente al egoísmo irracional del gobierno de EE.UU casi no aparece en los medios, se trata entre el silencio calculado y la manipulación sutil.

Hasta ahora la pandemia ha evidenciado cosas inquietantes y ha reforzado otras que ya se sabían o intuían. La lógica elemental apunta al crecimiento como causa de fondo [16], pero el crecimiento no se puede poner en cuestión, por lo que las alternativas globales dejan de tener sentido.

Recapitulando:

– La pandemia ha demostrado que el factor desencadenante de una crisis global, que puede derivar en colapso, no tiene por qué provenir de las tres variables más tratadas en los análisis y pronósticos: cambio climático, crack petrolero y sistema financiero no han causado la situación actual, aunque los tres resultarán afectados.

– Existe un amplio catálogo de catástrofes en potencia, desequilibrios e impactos ambientales [17], cualquiera de los cuales puede desencadenar una reacción en cascada. No se trata de un “cisne negro”, de un factor imprevisible, sino de un factor perfectamente previsible resultante de la lógica destructiva del neoliberalismo que se activa en un momento imprevisible.

– Más allá de personas muertas o enfermas, los efectos sociales de la pandemia están por llegar. Cuando acabe oficialmente el estado de alarma y se afronten las consecuencias de la paralización económica, las desigualdades se acentuarán, y la conflictividad social aumentará.

– También son de temer las consecuencias del efecto rebote que se producirá al final de ese parón económico que se ha publicitado como beneficioso para el medio ambiente en términos de reducción de tráfico, aire limpio y fotos nítidas tomadas desde el espacio.

– La hegemonía, en el sentido gramsciano de proporciones variables de persuasión más coacción, resulta clave para la gestión de la pandemia. Pensemos en qué valores fundamentan la hegemonía en China, Corea, Rusia, Japón, Cuba, etc., y cuáles son operativos en los países de la UE. La respuesta al colapso actual y a otros futuros está ahí. La hegemonía no se construye en un mes, ni se cambia con manifiestos o declaraciones genéricas.

Por Miguel Muñiz Gutiérrez | 08/04/2020

Escrito desde el recuerdo a Chato Galante

Notas:

[1] Antonio Turiel. 21/03/2020. Hoja de ruta (I): El Cisne Negro, http://crashoil.blogspot.com/2020/03/hoja-de-ruta-i-el-cisne-negro.html y 28/03/2020. Hoja de ruta (II): Poniéndose en marcha. http://crashoil.blogspot.com/2020/03/hoja-de-ruta-ii-poniendose-en-marcha.html.

[2] 18/03/2020. Entrevista a Naomi Klein. El coronavirus y la doctrina del shock. Marie Solis

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Fernando Sanclemente, embajador de Colombia en Uruguay.

Fernando Sanclemente dimitió tras la decisión del fiscal general de investigarlo formalmente

El pasado 12 de febrero la Policía de Colombia halló un laboratorio de procesamiento de cocaína en una finca de Guasca, Cundinamarca, a 50 kilómetros de Bogotá. Luego se supo que allí se producían al menos 1,8 toneladas de droga al mes y que el terreno era propiedad de la familia del embajador de Colombia en Uruguay, Fernando Sanclemente. Con otros escándalos y el coronavirus de por medio, la historia pasó desapercibida hasta este domingo cuando el fiscal general, Francisco Barbosa, anunció que vincularía al diplomático a la investigación formal por el narcolaboratorio.

La noticia obligó a Sanclemente a dimitir a través de una carta enviada al presidente, Iván Duque. El embajador le agradeció al mandatario y a la Cancillería el tiempo de licencia que le dieron para atender su defensa. “Esto con ocasión del penoso y muy desafortunado hecho delictivo de público conocimiento acaecido en predios de nuestra propiedad y del cual hemos solicitado a las autoridades el reconocimiento como víctimas del mismo”, escribió en la carta.

El fiscal, sin embargo, había sido tajante en sus declaraciones: “La finca del embajador fue destinada para tener un laboratorio dedicado al procesamiento de cocaína. No se trataba de algo sencillo. Por el contrario, se trataba de una estructura bien montada con tres instalaciones que tenían la potencialidad de producir 1,8 toneladas de cocaína mensual”, ha explicado Barbosa en una entrevista para el diario El Tiempo. Y para evitar dudas agregó: “el embajador tendrá que explicar cómo no se percató de tamaña operación. No solo lo citaremos, lo vincularemos”.

En un escueto comunicado, la Cancillería anunció la renuncia y advirtió de que la carta de Sanclemente surtirá su trámite correspondiente. “En la misiva el embajador indica que toma esta decisión para concentrarse en su defensa en la investigación judicial que lo afecta”. Aún falta que el presidente, Iván Duque, acepte la renuncia.

Sanclemente había sido director general de la Aeronáutica Civil y gerente del Transmilenio de Bogotá, entre otros cargos relacionados con puertos y transporte, y compartía la mitad de la propiedad de la finca con la familia Spiwak, dueños de la cadena de hoteles Dann. “Esta es una propiedad que tenemos hace más de 45 años dedicada a la crianza de caballos de carreras y de ganadería angus”, había dicho el diplomático. La defensa de ambas familias aseguró que no tenían relación con el narcolaboratorio y que desde 2017 alquilaron los terrenos a unos cultivadores de papa y cebolla. En el operativo de la Policía fueron detenidas cinco personas y se hallaron siete toneladas de insumos para el procesamiento de la droga.

Por Catalina Oquendo

Bogotá - 06 abr 2020 - 22:09 COT

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El Covid-19 quita y pone Presidentes. Desata guerras de Trump contra China y Venezuela
  1. Controlar el virus igual a ser presidente

En mi artículo "COVID-19 define al próximo presidente de México" formulé la "prueba decisiva" de la política actual: sólo los presidentes que sepan frenar la pandemia rápidamente, garantizan su permanencia en el poder. Frenar la epidemia y ser –o llegar a ser-- presidente, es prácticamente lo mismo. Es la ecuación que rige la política del mundo y lo hará hasta que termine la pandemia.

  1. Política sin ciencia

La verdad de esta ley es evidente a escala global y es el resultado de una política sin ciencia. Una política que administra, en lugar de conducir con ciencia, previsión y comprensión estratégica. Y que improvisa cuando los jinetes apocalípticos se presentan. Trump moviliza un millón de reservistas para sobrevivir, comete "piratería moderna" robando las mascarillas a sus "aliados" Alemania, Canadá y Francia en los aeropuertos y endeuda aún más a la quebrada Unión Americana para salvar a su capitalismo insostenible; Bolsonaro se acerca a la sustitución por una alianza del gobernador de Sao Paulo, Joao Doria (derecha), con Lula (PT) y los militares, con los jefes de las favelas aplaudiendo; el ecuatoriano Moreno no sobrevivirá a la apocalipsis de Guayaquil; el Kirchnerismo, en terapia intensiva con el ventilador oligárquico La City y el gurú de la derecha criolla Durán Barba, oscila entre Bolsonaro y AMLO, sin futuro estratégico; el populista en jefe de Her Majesty, Boris Johnson, minimizador de la pandemia como Trump, está hospitalizado, dejando el Reino Unido en una crisis estructural de liderazgo político post-Brexit y COVID-19; y México, carente de una política anti-epidémica holística clara, firme y convincente en los tres niveles del Estado, vive un ominoso proceso de bicefalización y descomposición de la 4ta Transformación, sin actores emergentes a la vista, para impedir la implosión.

  1. Guerra contra China y Venezuela

Tal es la ecuación política del virus en el Nuevo Mundo, a la cual Donald Trump agregó ahora el clásico recurso del poder político imperial: la agresión a otros pueblos y Estados para desviar la atención de sus propios fracasos. El blame game como lo llaman en Estados Unidos. En este caso, usa una pérfida guerra psicológica mundial contra China y la preparación anunciada de la invasión militar contra Venezuela, con el apoyo de la Unión Europea. El D-day de la intervención militar está correlacionado con las elecciones de noviembre. Trágicamente es obvio, que Maduro y su camarilla --como lo hicieron Saddam Hussein, Noriega y Gadafi-- utilizarán al pueblo como carne de cañón en una guerra sin sentido contra la OTAN, antes de renunciar a su usurpación de la nación venezolana. Maduro y Trump, dos delincuentes políticos hechos uno para el otro, se encontraron. Con la diferencia, de que Maduro es un tigre de papel y el imperialismo es un tigre real con dientes nucleares.

  1. El Instructivo secreto de Trump

El 21 de marzo, el periodismo investigativo estadunidense, The Daily Beast, informó, que la Casa Blanca había lanzado "un plan de comunicaciones a través de múltiples agencias federales", que se centra en acusar a Beijing de crear una pandemia global y orquestar su "encubrimiento". Las fuentes de la información son dos funcionarios estatales y un cable del gobierno. El cable parece haberse redactado en el Consejo de Seguridad Nacional (NSA). Dice en una parte: "NSC Top Lines: [República Popular de China] Propaganda y Desinformación sobre la pandemia del virus Wuhan."

Los memes propagandísticos que deben usar todos los funcionarios estadounidenses incluyen los siguientes: "Los funcionarios del Partido Comunista Chino en Wuhan y Beijing tenían la responsabilidad especial de informar al pueblo chino y al mundo de la amenaza, ya que fueron los primeros en enterarse de ella"… "En lugar de eso, el...gobierno ocultó noticias del virus de su propia gente durante semanas, mientras suprimía la información y castigaba a los médicos y periodistas que levantaron la alarma. El Partido se preocupaba más por su reputación que por el sufrimiento de su propio pueblo".

Los funcionarios entrevistados informaron que: "Nos dicen que tratemos de sacar este mensaje de cualquier manera posible, incluyendo mediante conferencias de prensa y apariciones en televisión". También: "El [Partido Comunista Chino] está llevando a cabo una campaña de propaganda para tratar desesperadamente de trasladar la responsabilidad de la pandemia global a los Estados Unidos. Este esfuerzo es inútil". "Gracias al encubrimiento...los expertos chinos e internacionales perdieron una ventana crítica para contener el brote en China y detener su propagación mundial. Salvar vidas es más importante que salvar la cara".

"Estados Unidos y el pueblo estadounidense están demostrando una vez más que son los mayores humanitarios que el mundo haya conocido", según el cable. "Estados Unidos está dispuesto a proporcionar más asistencia a China, si el Partido Comunista Chino nos permite hacerlo".

  1. Guerra sucia en el Ciberespacio

Los dos epicentros de la guerra sucia mundial son Washington y Londres. De ahí arrancó la actual ofensiva propagandística contra China, con incesantes mentiras del evangélico carismático Pompeo, reforzadas por el propio Trump, Nancy Pelosi y demás mandarines sistémicos. Después de este fuego de ablandamiento discursivo arreció la pandemia propagandística imperialista con un video apócrifo (falso) de una supuesta entrevista de Telesur a Noam Chomsky, seguido por panfletos que aparecieron en la alcantarilla, que por alguna extraña razón se llama "prensa inglesa".

Continuó la ofensiva de lodo de la CIA y de los servicios británicos con la reaparición de un video fake news del programa TGR Leonardo, de la televisión pública italiana RAI, de 2015 (¡!), que reportaba que un grupo de investigadores chinos habría creado artificialmente un "supervirus" que causa SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) y que es capaz de "traspasarse a los humanos directamentedesde un murciélago sin pasar por una especie intermedia". La revista científica Nature se encargó de desmentir la falsedad de RAI, publicando que no hay evidencia para afirmar que el COVID-19 fue "diseñado artificialmente".

Después le tocó el turno al diario italiano de derecha, La Stampa, propiedad de la transnacional Fiat Chrysler, que publicó "con referencia a fuentes anónimas de alto rango", que el 80 por ciento de la ayuda de Rusia contra la pandemia en Italia era "inútil". Va bene, bambini. Un pequeño ingreso extra de "fuentes anónimas de alto rango" siempre es bienvenido en la economía del hogar. De ahí, la estafeta pasó a la cloaca británica donde el amarillista tabloide Daily Mail apareció con la "noticia", de que "fuentes de alto nivel" (high-ranked sources) informaron al diario, que "reportes de inteligencia" no excluían la posibilidad de que la mortal enfermedad fuera un producto humano (man-made): "Perhaps it is no coincidence that there is that laboratory in Wuhan. It is not discounted," the unnamed source told the British paper.

  1. Objetivo estratégico de la mentira COVID-19

El objetivo final de la campaña de Trump está claro. Lo reveló el bufete de abogados "Berman Law Group" en la Florida, al presentar una demanda colectiva (class action lawsuit) en Florida y Texas contra China. Fiel a la libreta secreta de la Casa Blanca acusa a Beijing "por encubrir el brote de Coronavirus en Wuhan". Pide que China sea declarado legalmente responsable (legally accountable) para obligarla a pagar billones de dólares por "su negligencia". El asesor estratégico de la empresa corrió la cortina en una entrevista con un canal reaccionario de la televisión hindú, confesando que trabajan en la organización de una alianza global con Gran Bretaña contra China. Subrayo, que de particular importancia en este proyecto es la India. La razón es evidente. El virus causará probablemente millones de muertos en ese país, que no cuenta con la infraestructura médica, sanitaria y habitacional urbana necesaria para evitar la hecatombe. Una resolución condenatoria de la justicia de clase gringa contra China sería impagable. Como la cobrarían a una superpotencia nuclear, que no es Cuba, ni Venezuela, es otra cuestión. Por ahora dan el primer paso: controlar las cabezas de aquellos que andan en el ciberespacio sin entender lo que pasa. O sea, la mayoría de los internautas.

  1. La Fauna del Ciberespacio

El transmisor principal (vector) por el cual el patógeno propagandístico anglosajón infecta a la opinión pública mundial es el ciberespacio: televisión, las plataformas de redes sociales, smartphones y radio. Es el caldo de cultivo idóneo para los manipuladores, porque el cyberspace está básicamente poblado por las siguientes especies. 1. Los mercaderes gran-capitalistas. 2. Los controladores políticos, cuyos trolls, bots y comentocracia son pagados por el capital y los gobiernos reaccionarios. 3. Los influencers, que promueven toda clase de fake news y amarillismo, con tal de tener "vistas" en su página y aumentar sus tarifas. 4. Los licenciados y doctorcitos, cuya sabiduría suele ser inversamente proporcional a su prepotencia. (Lo doctor no quita lo pendejo, dice acertadamente el pueblo mexicano.) 5. Finalmente, la cohorte mayoritaria, que usa las redes como un hub digital global de activismo auto-erótico, reminiscente del bíblico Onán, que en paz descanse. ¿Exagero? No, las pruebas empíricas están a la vista de todos, en los comentarios. Alrededor del 90 por ciento de los que "comentan" no leen los textos que "comentan". Ven el título y ejecutan su vulgar actividad catártica vía un reflejo condicionado pavloviano.

  1. Psicopatología del Internauta

La psicopatología detrás de este comportamiento es evidente. Como la gran mayoría de ciudadanos no tiene ninguna importancia real en el mega-sistema de procesamiento de datos que llamamos "sociedad", la posibilidad de emerger con nombre en la red les permite una dosis de autoestima y narcisismo que les confirma que existen. Una milagrosa transubstanción digital, que convierte a un cero social de la sociedad capitalista moderna --con menor importancia que un cero digital en un lenguaje binario-- en una realidad objetiva. Tal ritual es legítimo, porque cumple una función de higiene mental pública. Obliga, sin embargo, a los demás a diferenciar el acto exhibicionista del homo videns de la decisión razonada del homo sapiens, conducido por algoritmos inteligentes.

  1. El Arcángel COVID-19

En su infinita dialéctica, la historia ha tenido a bien emplear al Covid-19 como vengador del Socialismo con características chinas. Los respetables ciudadanos de la Zona Administrativa Especial de China, conocida como Hong Kong, tienen décadas queriendo vivir el American Dream (el sueño americano) o la refinada cultura de Her Majesty en Londres. En 1961 todavía, la Gran Bretaña protegía ese sueño considerando un ataque nuclear a China, si Mao Zedong se atreviera a tomar la colonia británica por la fuerza. Por suerte, no se llegó a esto.

Sin embargo, Dios es Grande y finalmente concedió a los hongkongeses acaudalados --muchos de ellos felices víctimas de las sectas evangélicas gringas-- su sueño del país donde "corre la leche y miel" (Kanaan), como decía el bíblico Moses. Fracasadas sus violentas manifestaciones de la contrarrevolución de color de Soros, emigraron a Estados Unidos, donde disfrutan ahora el mayor epicentro mundial de la pandemia: gracias al capitalismo neoliberal, que no tiene dinero para los sistemas de salud pública y dónde ni siquiera pueden comprar mascarillas, salvo si consiguen alguna de las importadas de China o de las que donó el billonario Jack Ma, miembro del Partido Comunista de China. Mientras tanto, China es el único país seguro del virus.

Cantaron con fervor el himno estadounidense en sus manifestaciones violentas. Qué bueno, que ahora vivan su realidad. Porque, como dice la Coca Cola: "You can´t beat the real thing."

Por:Heinz Dieterich  | Lunes, 06/04/2020 03:33 PM 

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Los señores del petróleo juegan una partida mortífera

A sólo 20 dólares el barril, el mundo del petróleo está experimentando una severa contracción, debido a la guerra de precios entre Arabia Saudí y Rusia y a la drástica caída de la demanda internacional, deprimida por la pandemia y la crisis económica que la acompaña. En solo unas semanas, el consumo ha caído de 100 millones de barriles al día a 75 millones, una disminución del 20%.

Mientras el desconcertado Trump, que se encuentra al borde de una crisis impensable, hacía una llamada a Putin el lunes [30 demarzo], se dibuja una amenazante perspectiva de ruina para las empresas norteamericanas de petróleo de esquistos, pero lo que es más importante, para pueblos y países enteros, que viven de las exportaciones de “oro negro”.  

El mundo árabe y el Golfo están al borde del derrumbe, Irán se encuentra en estado de crisis debido a las sanciones y, en el norte de África, de Egipto a Argelia y Túnez, se atisba una recesión sin precedentes, acompañada de conflictos interminables y crisis de legitimidad de regímenes que, como mínimo, tienen que lograr dar de comer a su pueblo.

Se trata de una desestabilización que afecta a Irak, Siria, Irán, Líbano, Jordania y los millones de refugiados que deambulan y están varados en los márgenes de países cada vez más pobres que ahora se ven asolados por la epidemia del coronavirus.

Es éste un mundo que depende más o menos directamente del “oro negro” y de las inversiones ligadas a la industria petrolífera para poder llegar a fin de mes y simplemente sobrevivir. Mientras hasta los países del Golfo, los más ricos, están cerrando la billetera, las perspectivas son aun más aterradoras para todos los demás. Así, por ejemplo, Qatar tendrá que cubrir el coste de los 150 millones de dólares que acaba de donar a Gaza.

Al fondo todo esto figuran los Estados Unidos, y no se han ido en absoluto lejos: no abandonan su meta de cambiar el régimen de Teherán, epicentro en Oriente Medio del COVID-19, mientras Turquía ajusta cuentas con los kurdos asesinando a Nazife Bilen, la mujer de más alto rango entre los combatientes del PKK. Esto es únicamente lo que hay que esperar, pues las crisis — siquiera las peores— no paran las guerras ni detienen a los tozudos carniceros de pueblos enteros, como Erdogan, que sigue librando una lucha incesante contra Asad en el infierno humanitario de Idlib.

Están ocurriendo cosas que no tienen precedentes, ni siquiera en la Gran Depresión: se está pagando a las empresas para que se lleven el excedente de petróleo. Los productores ya no saben dónde almacenarlo, razón por la cual una serie de países y varias multinacionales han empezado a cerrar pozos de petróleo e incluso refinerías. Cuando termine la crisis del coronavirus, bien podría suceder lo contrario: podría no haber bastante oro negro en los mercados.

La guerra petrolífera la desencadenó el impulsivo rechazo de recortar la producción, como había pedido Arabia Saudí en el marco de la “OPEP+1″, el acuerdo del histórico cártel petrolífero con Moscú que había mantenido a flote los precios del petróleo. Trump se agarra ahora a Putin, tratando de persuadirle de que suba los precios después de convencer al “príncipe negro” Mohamed Ben Salman de recortar la producción. Moscú, sin embargo, no quiere ceder, está empeñado en sacar del negocio a las empresas norteamericanas, abrumadas por las deudas, y está dispuesto a quemar las reservas del Fondo Soberano Ruso (150.000 millones de dólares) para cubrir los ingresos perdidos. En juego está el liderazgo del mercado energético, no solo del petróleo sino del gas, en el que Rusia domina los suministros en Europa, tanto de modo directo como con ayuda de la conexión de la Turquía de Erdogan.

Esta es la razón por la que el precio del petróleo tiene implicaciones estratégicas formidables: se trata también de influir en los acontecimientos en una inmensa zona, del Mediterráneo a Oriente Medio y al norte de África. Pero hasta el zar podría pensárselo mejor: el juego de tirar los precios puede resultar mortífero.

Los compañías norteamericanas de petróleo de esquisto se encuentran en respiración asistida. Comenzaron su ascenso en 2008, cuando el coste del barril había llegado casi a 150 dólares, un precio extravagante que empujó a las empresas a invertir en innovación, pero también a endeudarse. Encontraron dificultades ya en 2016, cuando comenzó el declive de los precios del crudo, y ahora no saben qué hacer para devolver sus deudas, y sus existencias se han visto desvalorizados hasta llegar a un nivel casi de baratillo. Desde ese año ha habido docenas de bancarrotas en ese sector, con deudas por encima de los 120.000 millones de dólares.

Hay llanto y crujir de dientes de toda la gente del sector. Los efectos de la caída del precio podrían ser comprensibles desde un punto de vista económico, pero la situación parece mucho más apurada desde una perspective estratégica: si continua esta situación durante un periodo más largo, los presupuestos de los países productores, ya en dificultades debido tanto a factores internos como internacionales, como es el caso de Irán, sometido a embargo, Argelia, en una frase de transición muy crítica, Irak, asolado por las revueltas, y Libia, estrangulada por la guerra civil, podría sufrir golpes fatales. En estos países el petróleo lo paga todo, o casi todo: del pan en la mesa para la gente corriente al chantaje de las milicias a las que nadie es capaz de mantener a raya.

Por Alberto Negri*

05/04/2020

*prestigioso periodista italiano, ha sido investigador del Istituto per gli Studi degli Affari Internazionali y, entre 1987 y 2017, enviado especial y corresponsal de guerra para el diario económico Il Sole 24 Ore en Oriente Medio, África, Asia Central y los Balcanes. En 2007 recibió el premio Maria Grazia Cutuli de periodismo internacional y en 2015 el premio Colombe per la Pace. Su último libro publicado es Il musulmano errante. “Storia degli alauiti e dei misteri del Medio Oriente”, galardonado con el Premio Capalbio.

Fuente:

il manifesto global, 1 de abril de 2020

Traducción:

Lucas Antón

Publicado enEconomía
Un policía golpea con un palo a un hombre por saltarse el confinamiento obligatorio impuesto en India. Prabhat Kumar Verma/ZUMA Wire/dpa/EP

La policía en Ecuador e India golpea a la población que no cumple el confinamiento, Hungría ha dado poderes especiales casi dictatoriales a su presidente y China o Rusia vigilan a la población con cámaras en las ciudades

La epidemia de coronavirus está otorgando a las autoridades poderes excepcionales que en países con democracias frágiles están agravando tensiones sociales o problemas que ya previamente estaban bajo la crítica internacional.

Guayaquil, la capital económica de Ecuador y uno de los principales focos de la epidemia en América Latina -la zona con más casos por detrás de Brasil-, ha sido testigo durante dos días de violencia policial contra la población más pobre de la ciudad, donde la gente vive del comercio ambulante, principalmente, hacinados en casas minúsculas y en ambientes de delincuencia y marginalidad. En Guayaquil, la población local denuncia las condiciones indignas que sufren las víctimas del virus y sus familias, con ataúdes que permanecen en casas durante días sin que nadie los traslade o cuerpos envueltos en sábanas que se acumulan en calles y cunetas.

En declaraciones a eldiario.es, Adrián Tarín, profesor español de comunicación social en la Universidad Nacional del Ecuador y periodista en un medio comunitario, relata que tras el anuncio de las medidas para paliar la progresión del virus, tanto en los barrios pobres como en los ricos nadie cumplía con las recomendaciones por lo que la policía decidió intervenir.

"Eran las propias fuerzas del orden las que grababan y colgaban las escenas en redes sociales, en las que se puede ver cómo los obligan a hacer ejercicio físico pero además lo combinan con golpes con látigos, palos o cinturones", explica. "Ha habido casos de gente a la que le pintaban la cara, le cortaban el pelo, en plena calle".

Después de que las imágenes empezaran a circular hacia otras partes del país dejaron de trascender. "Puede que siga pasando pero no hay constancia de ello porque tampoco se denuncia", apunta Adrián Tarín.

Ecuador empezó a aplicar medidas de confinamiento desde mediados de marzo y de forma progresiva ha ido aumentando las restricciones. Ahora hay toque de queda entre las 2 de la tarde y las 5 de la mañana. El resto de la jornada se permite la salida de personas para acudir a los puestos de trabajo esenciales y la compra de productos de primera necesidad, según el número de identificación, para evitar aglomeraciones. Además en Guayaquil hay una fuerte militarización de las calles y un cierre de la ciudad a la que solamente tienen acceso los transportes de abastecimiento.

En India, que la pasada semana anunció el confinamiento de 1.300 millones de personas, la policía está rociando a trabajadores que volvían de las grandes ciudades a sus lugares de origen para pasar la cuarentena con productos químicos en lo que parece un intento de desinfectarlos antes de entrar en sus localidades. Según el periódico local Indian Express, se utilizó una solución de hipoclorito sodio, producto utilizado para la limpieza de piscinas y que puede causar quemaduras en piel, ojos y pulmones.  

Pero este no ha sido el único caso, la policía india también ha recurrido a la violencia para reprimir a la gente que sale a la calle. Utilizan palos de bambú para golpear a los civiles que vulneran el confinamiento.

Desde que se impuso un toque de queda en Kenia el pasado 27 de marzo, varias organizaciones en defensa de los Derechos Humanos, entre ellas Amnistía Internacional, vienen denunciando la brutalidad policial y del ejército y el uso de gases lacrimógenos contra quienes intentan volver a casa desde sus trabajos.

Según reporta EFE, las autoridades kenianas están investigando la muerte de un niño de 12 años que murió, supuestamente, a causa de un balazo de la policía mientras estaba en el balcón de su casa el pasado martes. 

Represión contra los presos políticos

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, anunció la pasada semana que liberará a 100.000 de las cerca de 300.000 personas que están entre rejas en el país para evitar así la propagación del virus en las cárceles. Aunque la propuesta es todavía un borrador que necesita ser debatido en el parlamento, no permitiría la excarcelación de personas acusadas por terrorismo, una acusación utilizada en muchas ocasiones contra opositores políticos. De esta forma, y como denuncia Human Rights Watch, la medida supondría "una herramienta para atacar a los presos políticos".

Rusia anunció la semana pasada, según informa Foreign Policy, que cancelaba la amnistía anual que se concede para celebrar el aniversario de la victoria rusa en la Segunda Guerra Mundial (aunque seguirán en pie los desfiles conmemorativos). De esta forma, quedarían en prisión las 230.000 personas que estaba planeado que fueran liberadas de cárceles rusas, por un supuesto "miedo" de la población a las infecciones que hay en las prisiones y que "podrían infectar a toda la población", según ha explicado el subdirector del Consejo Presidencial para la Sociedad Civil y los Derechos Humanos, un órgano consultivo dependiente del presidente ruso, Vladimir Putin.

Putin ha anunciado que extiende la declaración de no laborables todos los días hasta el 30 de enero, lo que ha provocado la cancelación de los servicios de paquetería, una consecuencia que se agrava también para la población carcelaria, que podía comer y recibir medicinas gracias a los paquetes que envían sus familiares, puesto que según denuncian "el gobierno no da acceso a medicinas la comida es de muy baja calidad".

Naciones Unidas ha pedido en un comunicado que los gobiernos eviten la puesta en marcha de medidas excesivas de seguridad que pudieran suponer una forma de acallar la disidencia. Varios expertos de la ONU en derechos humanos han recordado que las decisiones "deben notificarse a los órganos pertinentes" y "en ningún caso como un objetivo contra grupos particulares, minorías o individuos".

Poderes especiales frente al coronavirus

Esta semana el parlamento húngaro aprobaba una enmienda para dar más poderes al primer ministro, el ultranacionalista Viktor Orbán, para gobernar por decreto por tiempo indefinido para luchar contra el coronavirus. La medida, criticada ampliamente por la oposición y organizaciones de derechos humanos, da la posibilidad al gobierno de suspender leyes y bloquear la divulgación de informaciones "que puedan obstaculizar o imposibilitar la defensa" (frente a la epidemia) y aplicar penas de hasta cinco años de cárcel para los infractores.

En Filipinas, el parlamento también le ha otorgado "poderes especiales" al presidente, Rodrigo Duterte, durante la emergencia nacional declarada en el país por la epidemia. De esta forma, Duterte puede actuar sin contar con el Legislativo, modificar los presupuestos a su antojo e intervenir empresas privadas.

Además, ha reducido el control del Departamento de Salud sobre las medidas a aplicar para colocar a las Fuerzas Armadas al frente de la gestión de la crisis. En las últimas tres semanas, según denuncia Human Rights Watch, han sido detenidas más de 17.000 personas por violar el confinamiento, además muchas de ellas han sido metidas en jaulas a pleno sol durante horas como forma de castigo.

En los últimos días, en barrios pobres de la capital, se han sucedido las protestas para pedir ayudas al Estado para sobrellevar la cuarentena, y este mismo jueves, el presidente ha ido un paso más allá y ha ordenado a las fuerzas de seguridad "disparar a matar" a todo aquel que se salte el confinamiento, informa EFE. "Muerto. A cambio de causar problemas, te enviaré a la tumba", dijo en un mensaje televisado.

El coronavirus como excusa para la videovigilancia

China no solamente ha cerrado varias ciudades para evitar la propagación del coronavirus, también ha implementado una serie de medidas de seguridad para controlar a la población en un nuevo episodio de intromisión gubernamental en su privacidad: controles de acceso para entrar en casa, las operadoras móviles rastrean los desplazamientos de la población y las conversaciones, e incluso sistemas de reconocimiento facial capaces de distinguir entre la multitud a los que tienen fiebre o a los que no llevan la mascarilla.

Moscú, que ha ordenado el confinamiento para toda la población, está haciendo uso de las más de 170.000 cámaras que ya existen en la ciudad para controlar que los ciudadanos cumplen con las medidas. Solamente la semana pasada, la policía reportó 200 multas a personas que habían violado la cuarentena, detalla CNN. Además, pretenden utilizar la videovigilancia, igual que en China, para encontrar posibles casos de coronavirus, notificar a las autoridades sanitarias y a otras personas que pudieran haber tenido contacto con ellos.

En Israel, según ha informado The New York Times, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, dio orden a la agencia de seguridad nacional de rastrear los dispositivos de personas que dieron positivo en la enfermedad COVID-19 y de poner en cuarentena a otras que tuvieron un contacto directo con los infectados. Según este mismo medio, la medida tenía que haber pasado por la subcomisión parlamentaria de Servicios Secretos, pero finalmente no fue así. Además, ha impuesto penas de hasta seis meses de prisión por saltarse la cuarentena y ha prohibido las visitas en las cárceles, incluidos los abogados defensores.

04/04/2020 - 20:37h

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La producción de virus: las guerras del futuro, ¿hoy?

Sin lugar a dudas estamos asistiendo a una era radicalmente distinta en la historia de la humanidad. Esto no es nuevo ni mucho menos, pues en el pasado también hubo virus devastadores como la peste bubónica o las innumerables guerras absurdas que enfrentaban a ejércitos enteros por el color de una bandera o la soberanía de un territorio y que costaban la vida de millones de personas. Sin embargo, la crisis desatada por el Covid-19 es de una proporción inimaginable al punto que las lógicas sociales y de mercado cambiarán su curso para siempre. Escribir sobre este tema tiene una complicación adicional y es que cada día, a cada minuto, crecen por el mundo los infectados y fallecidos a causa del coronavirus.

Por ejemplo, al cierre de esta redacción el mundo registra más de un millón cien mil de infectados y más de 60.000 muertos, tendencia que claramente irá al alza de acuerdo con las proyecciones de instituciones como la Organización Mundial de la Salud. El país con mayores registros es hoy Estados Unidos (con más de cuarto de millón de casos detectados y más de 7.500 muertes), luego de las patéticas decisiones del gobierno Trump de querer minimizar el impacto del virus y reducir sus efectos a los de “una simple gripa”.  En un acto que castigó su soberbia e ignorancia, el inquilino de la Casa Blanca tuvo que reconocer sus errores e hizo un llamado a suspender los vuelos provenientes de Europa y a declarar la emergencia nacional que se extenderá hasta el 30 de abril.

Por esa razón, el propósito del presente texto no es el de dar cuenta de la escalada del virus ni de sus repercusiones físicas o económicas (pues pululan las reflexiones al respecto), sino de brindar una perspectiva estructural y en algún sentido proyectiva sobre el futuro de los virus como arma biológica.

En tal sentido, los mares de tinta que se han producido en torno al Covid-19 han enmascarado una serie de elementos que quisiéramos traer a colación. El primero de ellos tiene que ver con el origen mismo del virus que, de acuerdo con las versiones oficiales, surgió a partir del consumo de sopa de murciélagos. Esta hipótesis se ha reproducido sin ningún tipo de crítica y cualquier versión alternativa es acusada de constituir una “teoría conspirativa” que busca generar pánico en la población. Lo cierto es que investigaciones como la del grupo canadiense Global Research sugieren que el origen del coronavirus tuvo lugar en Estados Unidos.En efecto, de acuerdo con este grupo “el origen era desconocido durante mucho tiempo, pero parece probable ahora, según informes chinos y japoneses, que el virus se originó en otros lugares, pero comenzó a extenderse ampliamente solo después de ser introducido en el mercado de Wuhan. Según informes en japonés y otros medios, puede haberse originado en Estados Unidos”. No sería extraño entonces que estemos asistiendo a una nueva era de guerra biológica que, por supuesto, incluye el papel de las grandes potencias mundiales. Desde esta perspectiva específica, es probable que la Casa Blanca tenga parte en todo este asunto de la pandemia. Aunque pareciera contradictorio, si nos ceñimos a la hipótesis de que el virus fue introducido en el mercado de Wuhan, se diría ¿por qué Estados Unidos es hoy el principal afectado con la crisis pandémica? La respuesta podría estar en el hecho de que el Pentágono no logró dimensionar el rápido efecto contagioso que tendría el virus a causa una sociedad global interconectada, ni mucho menos esperaba que su invento pudiera jugarle en contra. 

Sumado al portavoz del gobierno chino LijianZhao quien señaló al “ejército de Estados Unidos de llevar el virus a Wuhan”, el líder de la República Islámica de Irán (el país más afectado con el coronavirus en Medio Oriente), manifestó que dicho agente fue“fabricado específicamente para Irán usando datos genéticos de iraníes que han logrado por diferentes medios” y culpó al gobierno de los Estados Unidos de estar detrás de todo ello. Por eso rechazó la ayuda ofrecida por el gobierno Trump, pues según el propio AlíJamenei, Estados Unidos busca “enviar gente camuflada de doctores con el objetivo de ver los efectos que su veneno ha producido en las personas”.

Pero ésta no es la única voz:

En un tuit publicado el 11 de marzo, 2020, el líder del Movimiento Sadrista chiita en Irak Muqtada Al-Sadr atacó al Presidente de los Estados Unidos Donald Trump, acusándolo de ser el responsable por la propagación del coronavirus, particularmente en los países hostiles a Estados Unidos: «Me sorprendí cuando Trump dijo: ‘Estamos haciendo un gran trabajo en contra del coronavirus y la situación hubiese sido peor si no fuese por nuestra intervención a ello'». Oh Trump, tú y otros como tú son sospechosos de estar detrás de la propagación de esta enfermedad, en especial porque la mayoría de los que la padecen se oponen a los Estados Unidos»

‘Abd Al-Bari’ Atwan, periodista palestino quien vive en Gran Bretaña y es el editor del diario árabe en la red en Londres Rai Al-Yawm, escribió: «El portavoz de la cancillería de China escribió en su cuenta Twitter en inglés que el ejército estadounidense puede que haya sido responsable de introducir el coronavirus en la ciudad de Huwan, siendo esta la más afectada por la enfermedad.

De esa manera, no son pocos los gobiernos y organizaciones que han buscado señalar como el principal culpable de la creación y propagación del virus al gobierno estadounidense.. Y aunque siempre puede existir un manto de duda en torno a los orígenes de agentes patógenos, lo cierto es que muchos de ellos han sido creados en laboratorios.

De hecho, el segundo elemento de análisis es justamente el papel de los laboratorios biológicos que tiene el Pentágono apostados en diversas partes del globo. Hemos realizado una investigación exhaustiva respecto al tema y mostramos la presencia de al menos 25 laboratorios bioquímicos del gobierno norteamericano ubicados geoestratégicamente. En otras pesquisas, dimos cuenta de las investigaciones genéticas promovidas por la Casa Blanca que buscan desarrollar armas biológicas para atacar genotipos específicos como el de las etnias eslavas. De esa manera, resulta inquietante que varios de esos laboratorios biológicos estén ubicados en ex repúblicas soviéticas como Georgia, Ucrania y Kazajistán. Por ese motivo, no es para nada descabellada la preocupación del líder supremo de Irán en torno al desarrollo de virus, toxinas y bacterias que ataquen a un segmento poblacional específico que comparta ciertos rasgos genéticos.

Aunque en el presente no pueda confirmarse con certeza absoluta que el gobierno estadounidense está detrás de la crisis pandémica, sí es posible fijar la atención sobre el futuro y el control de las armas bioquímicas que tendrá el Pentágono. En este orden de ideas, el tercer factor que el riesgo del coronavirus ha traído es un escenario de futuro cercano caracterizado por el intercambio de armas biológicas capaces de confinar a la población mundial y de arrasar a una parte específica de ella. Por tanto, es probable que los Estados Unidos ya estén desarrollando un virus mortífero capaz de atacar segmentos específicos de la población, esto es, material genético de pueblos concretos. Si algo ha demostrado la pandemia del Covid-19 es que el control fáctico de la población es un asunto real que involucra variables de orden geopolítico. Con la creación de un virus es posible devastar la economía de un país y acabar con millones de personas.

De acuerdo con lo anterior, debe considerarse que se está librando una ardua batalla por la hegemonía mundial y que la guerra biológica puede ser uno de los tantos escenarios de confrontación. De hecho, hace algunos meses los mercados estaban en pánico por una guerra comercial sin cuartel que involucró a Washington y Pekín en un intercambio de poder y negociación. Bajo todo ese aparataje había una cuestión fundamental: el impulso a la tecnología 5G desarrollada por la República Popular China que Estados Unidos quiere evitar a toda costa. No es de extrañar, por tanto, que como sostiene el biólogo ruso y ex miembro de la Comisión de Armas Químicas y Biológicas de las Naciones Unidas, Igor Nikulin, “el coronavirus es un arma biológica producida por Estados Unidos durante los últimos 20 años y eso no es accidental sino un plan diseñado para utilizarse contra sus enemigos, es decir China, Irán [y Rusia]” . Según esta versión, hay virus deliberadamente creados por el departamento de investigaciones biológicas de los Estados Unidos que pretenden a toda costa evitar el ascenso de China como única potencia mundial, de ahí que tenga razón de ser el nuevo espacio para la confrontación de los grandes poderes mundiales. 

Varias versiones han circulado en torno a la creación y propagación del coronavirus. Se ha hablado sobre una supuesta conspiración de farmacéuticas para la creación de vacunas y el surgimiento de un nuevo negocio como sucedió en los casos de la gripe aviar o los virus asociados a los cerdos. La realidad es que mientras el magnate-presidente sigue vociferando en contra de China, culpándola de haber sido el foco del virus, en vez de proteger a su población de la propagación que ha llegado a niveles realmente alarmantes, otros países han enfilado sus esfuerzos para acabar con la pandemia. En efecto, científicos rusos dicen tener un medicamento que bloquea el efecto degenerativo que el Covid-19 tiene en las células . Esto demuestra que mientras existen gobiernos que se culpan entre sí de la creación y propagación de los virus, existen otros que se inquietan por el futuro de la humanidad. Por esa razón, no es de extrañar que la pandemia del coronavirus nos esté alertando sobre el futuro cercano: una serie de gobiernos enfrentados a través de peligrosas bacterias y virus que logren diezmar a la población mundial. Estamos ante un nuevo capítulo de la historia de la raza humana y tenemos que estar preparados para lo peor.

Abril 2020

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Venezuela denunció ante la ONU el "bloqueo naval" de EEUU

Venezuela presentó una queja formal contra Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La carta presentada por el gobierno venezolano denuncia el envío que hizo el presidente Donald Trump de buques de guerra a la región del Caribe. Días atrás el gobierno norteamericano había emitido una orden de detención contra Nicolás Maduro . Venezuela calificó las acciones de Estados Unidos como una "monstruosa agresión". Además sostuvieron que la administración Trump busca una transición política forzosa en el país.

Según Trump el despliegue de tropas forma parte de una operación antinarcóticos diseñada para frenar el tráfico de drogas en la región. La iniciativa militar está bajo el control del Comando Sur de las Fuerzas Armadas, y supuso la intervención de buques de guerra, aeronaves y tropas en la zona del Caribe y el Pacífico. Para Venezuela, en cambio, es una plan genocida coordinado entre la administración Trump y Colombia. "Desvían recursos financieros, materiales y humanos que deberían usarse para salvar a sus propios pueblos", denunció el embajador venezolano ante la ONU, Samuel Moncada, en su cuenta de Twitter.

El funcionario publicó una copia de la carta al Consejo de Seguridad de ONU en la que señala que la operación tendrá "desastrosas consecuencias". "Denunciamos la monstruosa campaña de agresión militar de Trump y (el presidente de Colombia, Iván) Duque contra Venezuela en momentos en que todos los pueblos del mundo son azotados por la peor pandemia en cien años", añadió el embajador. Venezuela exige al Consejo que actúe contra la política "belicista" de Estados Unidos. Además sostienen que ese país hizo acusaciones "infames" contra el presidente Maduro, y califican como  una "irresponsabilidad suprema" desviar la atención de la pandemia por el coronavirus.

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El irresistible retorno de los militares en América Latina

En América Latina sonó la hora de las Fuerzas Armadas. En todos los países han recuperado protagonismo en ancas de la pandemia de coronavirus, acelerando una tendencia que se venía perfilando en los últimos años, con seguridad desde la crisis financiera de 2008.

Una tendencia que ahora se agudiza con el anuncio de Donald Trump de lanzar una vasta "operación de gran alcance contra el narcotráfico en el hemisferio occidental con el despliegue en el mar Caribe y el Pacífico sur de refuerzos militares de la armada y la fuerza aérea"

La excusa de la Casa Blanca es que los cárteles de la droga pueden aprovechar la situación para avanzar en su negocio, por lo que dispuso la movilización del Comando Sur, con sus 22 países aliados, y de la Guardia Costera para detener cargamentos ilegales. Sin embargo, también movilizó sus enormes buques-hospitales para atender la epidemia en Nueva York y Los Ángeles.

No estamos ante una tendencia que pueda reducirse a los objetivos estratégicos del Pentágono, ya que involucra a todos los gobiernos, a la oposición de izquierda o de derecha e, inclusive, abarca a sectores amplios de la población que sienten que los uniformados pueden aportarle la seguridad que la pandemia pone en riesgo.

El alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, militante de izquierda (Frente Amplio), reclama la presencia de las Fuerzas Armadas para asegurar la "distancia social" en supermercados y bancos, ya que se han producido algunas aglomeraciones en esos establecimientos.

En Guayaquil, Ecuador, donde la pandemia se ha cobrado cientos de víctimas, se militarizó la ciudad para intentar recomponer una situación caótica, en la que todas las mañanas aparecen cadáveres abandonados en las calles y las morgues y cementerios están colapsados.

El clima de caos crece sin cesar, aunque en ninguna ciudad llega al extremo de Guayaquil. Sin embargo, en Bogotá, Colombia, se pueden ver trapos rojos en las ventanas que representan pedidos de auxilio ya que la familia que la habita, no necesariamente pobre, no tiene recursos para enfrentar la situación.

Sucede que el coronavirus está llegando a una región donde más de la mitad de la población, o sea más de 300 millones, viven en la informalidad: venden en mercados y calles, recogen basura, escombros y cartón para revender, ofrecen servicios del más diverso tipo, desde reparto a domicilio hasta traslado de personas y mercancías. Esos millones no pueden estar ni una semana sin trabajar, ya que no tienen ahorros, viven en casas precarias y, por supuesto, no cuentan con seguridad social.

En contra de la voluntad del ministro de Economía, Paulo Guedes, el gobierno de Brasil se vio obligado a conceder un subsidio mensual de 120 dólares a 30,6 millones de trabajadores informales, durante tres meses, ya que no perciben ningún ingreso. Aunque Brasil luce como potencia emergente, hay tantos trabajadores formales como informales, algo que sucede en todos los países de la región.

 

La presencia militar llegó incluso a un país como Argentina, donde los uniformados tienen un muy bajo prestigio social luego de la derrota en la Guerra de Malvinas (1982). En las villas miseria del conurbano de Buenos Aires, se registraron días atrás escenas de aplausos masivos cuando llegan los camiones militares cargados de alimentos para los más pobres.

En Brasil se hablaba abiertamente de golpe de Estado para apartar a Bolsonaro, porque rechaza la cuarentena y mantiene una política errática y desafiante. El 30 de marzo, los comandantes de las FFAA decidieron que el general del Ejército

Braga Netto, que había sido nombrado por Bolsonaro jefe de la Casa Civil (jefe de Gabinete), se haga cargo de coordinar el Gobierno de Bolsonaro con una nueva función, la de "Jefe de Estado Mayor de Planalto", y lo denominan como un "presidente operacional", que tomará las principales decisiones y que puede, incluso, contrariar las declaraciones de Bolsonaro. En otros tiempos, se hablaría claramente de golpe de Estado.

¿Por qué los militares están ocupando un lugar tan destacado en la política latinoamericana?

Creo que hay que observarlo desde diferentes ángulos.

En primer lugar, para las élites económicas y políticas el mayor temor en una coyuntura como la actual es la posibilidad de un enorme estallido social si llegaran a desbordarse hospitales y hubiera una gran mortandad por la pandemia. Esto es posible por la acumulación de pobreza, precariedad del sistema sanitario y una tradición de luchas sociales muy importante en el continente.

Téngase en cuenta que en 2019 hubo estallidos sociales en Haití, Chile, Ecuador y Colombia, concentrados en el último trimestre, además de gigantescas protestas sociales protagonizadas por las mujeres contra los feminicidios y por el derecho al aborto, a las que deben sumarse demandas de casi todos los sectores, en particular contra la minería, las políticas neoliberales y las condiciones de vida.

En suma, un estallido en medio de una pandemia no sería nada extraño, ya que el clima social de revuelta esta muy presente en la región. Por eso, los militares cada vez juegan un papel más importante como guardianes de la estabilidad social.

En segundo lugar, un sector las clases medias de la región viven una situación de gran precariedad, con el enorme temor de caer en situación de pobreza o de perder parte de su estilo de vida. Esto ya lo vivieron las extensas clases medias argentinas en la crisis de 2001 y las brasileñas en 2013, aunque unas y otras se expresaron políticamente en sentido opuestos.

En tercer lugar, para una parte de los sectores populares los militares pueden ayudarles a paliar los problemas de sobrevivencia más aguda, o bien son referentes de orden como sucede en Brasil, Colombia y Venezuela, en todos los casos con opciones políticas divergentes.

En síntesis, las FFAA están siendo visualizadas, por las élites económicas y amplios sectores de las clases medias y de la población más pobre, como un principio de orden. En una situación compleja, eligieron la seguridad antes que la libertad, como venían haciendo en las últimas décadas de forma menos evidente.

19:44 GMT 03.04.2020

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Sábado, 04 Abril 2020 05:59

Pregunta incómoda

Pregunta incómoda

El presidente Vladimir Putin logró en tiempo récord la aprobación de una controvertida reforma constitucional, y cuando se hizo evidente que era indispensable posponer la votación popular del 22 de abril, con la que se pretende legitimar su intención de perpetuarse en el poder, optó por ceder a otros el riesgo de encabezar la batalla cotidiana para vencer la pandemia del nuevo coronavirus.

Dirigió, desde luego, dos mensajes a la nación para ofrecer a todos los rusos una buena noticia –hasta ahora, y mientras aguanten las reservas, 37 días de asueto con goce de sueldo– y ha celebrado algunas videoconferencias para escuchar lo que hacen o sugieren los subordinados, confinado como está en su residencia de Novo-Ogoriovo.

Al mismo tiempo, Putin no quiere que su nombre se asocie con las decisiones inevitables que hay que tomar para frenar la propagación del Covid-19 y que tendrán un alto costo económico, el cual –agravada la situación por el dramático desplome de los precios del petróleo, provocado por un error de cálculo de su primer círculo– va a golpear a amplios sectores de la población.

Los responsables, desde la óptica de los operadores políticos del Kremlin, deben ser el primer ministro de Rusia y los gobernadores de las entidades de la Federación, sobre todo el alcalde de Moscú, la megápolis más grande del país, en quienes Putin delegó parte de sus facultades como mandatario.

Se entiende que la élite gobernante debe cuidar al pilar que sostiene sus privilegios, pues cuando éste falte, el régimen que se creó en torno a su persona, cual castillo de naipes, se va a desmoronar tan rápido como cayó el Muro de Berlín en 1989.

Entretanto, el bajo perfil que se recetó Putin en esta crisis epidemiológica para no dañar su imagen plantea una pregunta incómoda que puede incidir negativamente en su futuro como mandatario que se cree incontestable: ¿acaso no es una paradoja dotarse de facultades casi ilimitadas para, al surgir el primer momento adverso, cederlas a diestra y siniestra?

La respuesta que circula aquí por teléfono y por las redes sociales –donde todavía es posible el intercambio de opiniones a distancia– no resulta favorable a quien espera que su popularidad, por no tener que dar las malas noticias, se mantenga pese a los estragos que causa el Covid-19.

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