Domingo, 10 Octubre 2010 07:45

El poder de los militares

Si se sigue con un poco de atención el debate político-intelectual surgido en Ecuador tras los episodios de la semana pasada, es fácil descubrir que oscila entre quienes lo definen como un simple motín salarial que, más por imperio de la furia desorganizada que como resultado de una estrategia deliberada, derivó en el secuestro del presidente, y quienes lo consideran, sí, un intento de golpe de Estado, aunque –salvo los conspiracionistas que creen ver detrás la mano invisible de la CIA– hay acuerdo en que, incluso si fue un golpe, fue un golpe fracasado, desde sus inicios, en toda su improvisación estratégica y operativa.

Contra lo que indica el manual del buen golpista, los policías no llegaron, ni siquiera intentaron, tomar todos los centros neurálgicos del poder, ni se aseguraron el control territorial más allá del bloqueo desordenado del aeropuerto (no hubo retenes en los accesos a Quito ni bloqueos en las rutas que aislaran la ciudad); no detuvieron a otros líderes políticos (incluyendo al vicepresidente) y no aislaron a Correa (que se comunicaba vía telefónica con sus funcionarios y los medios). La sensación es que, una vez que lo secuestraron, no sabían bien qué hacer con él: evidentemente no se animaron a asesinarlo y, al encontrarse con la rotunda negativa del presidente a negociar bajo coacción, no supieron cómo reaccionar.

Aunque obviamente había vínculos de Lucio Gutiérrez, los policías sublevados no estaban lo suficientemente articulados con los dos actores políticos y sociales capaces de asumir el poder, los únicos núcleos alternativos al mismo Correa que existen en Ecuador: la oligarquía de Guayas liderada por al alcalde Jaime Nebot y el partido Sociedad Patriótica, de considerable penetración popular, capitaneado por Gutiérrez. Quizá por eso, los análisis posteriores tienden a pasar por alto el hecho de que –a diferencia de lo que sucedió en Venezuela en 2002 o en Bolivia en 2008– las movilizaciones populares en rechazo al golpe fueron tibias, lo que demuestra que el gobierno de Correa puede gozar de un altísimo nivel de aprobación, pero que se trata de una aprobación difusa, poco organizada, sin liderazgos fuertes más allá del mismo presidente.

En todo caso, y más allá de un debate que puede volverse semántico, Ecuador se suma a la lista de intentonas fracasadas, que incluye a Venezuela (donde –ahí sí– una parte del ejército acompañó al liderazgo civil golpista) y Bolivia (donde tanto los militares como la policía se mantuvieron leales al presidente). En este marco, Honduras aparece como una clara excepción, con una serie de características propias: el origen fue un conflicto institucional de poderes (que luego desembocó en un golpe); había actores sociales y corporativos (empresarios, medios, un sector de los sindicatos) dispuestos a hacerse cargo del poder; dos de los tres poderes del Estado (el Congreso y la Corte) se mostraron dispuestos a pintar de un barniz institucional al golpe y, sobre todo, había un liderazgo claro (el del senador Roberto Micheletti) y un proyecto definido (estirar el gobierno de facto hasta las elecciones).

Pero nada de esto debería interpretarse como una minimización de los episodios ocurridos en Ecuador. Si se revisa la secuencia, salta a la vista que, aunque no todos los policías se sublevaron, y aunque probablemente quienes efectivamente se levantaron en armas no pasaron de unos cientos, la huelga de brazos caídos fue total en todas las ciudades salvo en Cuenca: la sensación de anomia que por unas horas se instaló en el país y los saqueos de Guayaquil dan cuenta de esta realidad. Por otra parte, como señaló correctamente Eduardo Gudynas, hay que recordar que en la conferencia de prensa de las fuerzas armadas los jefes militares reconocieron explícitamente la autoridad presidencial y ratificaron su alineamiento con los poderes democráticos... pero reclamaron la anulación de la ley del servicio civil y hasta pidieron una mejora de los salarios. Como sostiene Gudynas, casi un chantaje: respaldamos al presidente si nos aumenta los sueldos.

Pero lo central, más allá del debate posterior, es que los acontecimientos ecuatorianos reavivan el debate acerca de la importancia de asegurar el control civil sobre las fuerzas de seguridad (incluyendo tanto a las fuerzas armadas como a las policías y sus auxiliares) y definir claramente las competencias de cada una, en particular en aquellas democracias que atraviesan fuertes procesos de cambio: el punto más frágil, y del que se habla menos, es hoy Paraguay.

El problema es general. En momentos en que Brasil es visto como un ejemplo para toda la región, con innegables aciertos que son señalados como la senda que debería seguir la Argentina, vale la pena recordar que la confusión entre las tareas de seguridad interior y defensa exterior y la autonomía operativa, y por momentos incluso política, de los militares y policías, constituye un problema que Brasil aún no ha logrado resolver. En Brasil los militares cumplen una larga serie de funciones que tienen poco que ver con su tarea original: manejan la Policía Militar de cada estado (equivalente a las policías provinciales), controlan el tránsito, ayudan a combatir el dengue, se ocupan de la seguridad en el Carnaval de Río, de proteger al Papa..., hasta los bomberos, institución civil por excelencia, dependen de los militares.

Jorge Zaverucha, especialista brasileño en cuestiones militares, lo explica de esta forma: “En los países democráticos, las competencias de la policía y las del Ejército están claramente separadas. La policía se ocupa de los adversarios y el Ejército, de los enemigos. Por ello, las doctrinas, el armamento y la instrucción son diferentes. Sin embargo, en Brasil estas competencias están entremezcladas. El proceso de politización de las fuerzas armadas se da simultáneamente con la militarización de la policía”. El general Leônidas Pires Gonçalves, primer ministro del Ejército de la democracia, lo había expresado claramente años atrás: “No estamos entrenados para esposar a la gente. Si visita los cuarteles, no verá esposas en ningún lado, pero sí encontrará un polígono de tiro”.

La intervención militar en Brasil no es una excepción sino una regla en América latina. En casi todos los países de Centroamérica, los militares llevan adelante tareas de seguridad interna, y lo mismo en México, donde Felipe Calderón ha reforzado sus atribuciones para combatir el narcotráfico. En Ecuador constituyen un verdadero poder económico que controla puertos, empresas aéreas, astilleros, siderurgias y hasta un banco. En Chile, recién en el 2005 el presidente recuperó la facultad de decidir el ascenso de los oficiales, que hasta el momento eran promovidos por un Consejo de Seguridad integrado por ellos mismos.

En Argentina, en cambio, Raúl Alfonsín impulsó el Juicio a las Juntas, Carlos Menem anuló el servicio militar obligatorio e inició las primeras misiones de paz y Néstor Kirchner les dio amparo político a las investigaciones por violaciones a los derechos humanos y consiguió la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final. En 25 años de democracia hubo, por supuesto, concesiones de todo tipo, desde las leyes de impunidad y los indultos hasta escandalosos favores personales, pero incluso Menem y De la Rúa, los dos presidentes más cercanos a los planteos verde oliva, se aseguraron de garantizar el control civil sobre los militares y resistieron las presiones para autorizar la intervención militar en cuestiones de seguridad.

Rut Diamint, especialista en temas de defensa de la Universidad Di Tella, lo sintetiza de esta forma (revista Nueva Sociedad 213): “De todos los países de América latina, Argentina es sin dudas el que hizo las revisiones más profundas y los cambios más notables para avanzar en el control civil democrático de las fuerzas armadas. Es, también, el país que dio más pasos en la tarea de hacer de la política de defensa una política pública decidida por el Poder Ejecutivo, con aportes tanto del Congreso como de la comunidad académica. Y es, finalmente, el país latinoamericano en el que los militares intervienen menos en la toma de decisiones”.

En este punto, la democracia argentina ha producido avances inéditos en el contexto latinoamericano, que suelen pasarse por alto a la hora de valorar las políticas de Estado de cada país. Brasil, por caso, carece de una estrategia alrededor del tema. Por si hacía falta, los episodios registrados en Ecuador alertan sobre la importancia de mantener a raya a policías y militares.

Podría ser una máxima de Philip Marlowe: nunca conviene relajarse del todo frente a alguien que lleva una pistola.

Por José Natanson

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De caminar sosegado y apacible palabra, Humberto Maturana (Santiago, 1928) parece siempre estar rumiando una idea. O varias. Delgado, cabello y barba ligeramente desaliñados, mirada densa, es uno de los pensadores más consultados en América Latina en temas como los de comunicación, educación o, desde luego, biología, que es la disciplina en la que se formó y la matriz desde la cual ha establecido, fundamentalmente, su teorización epistemológica

Médico de la Universidad de Chile, Doctor en Biología por la de Harvard -con estudios de anatomía en el University College of London-, candidato al Premio Nobel en Medicina y Doctor Honoris Causa de la Universidad de Bruselas, es autor de numerosos libros sobre los procesos del conocimiento humano, en los que plantea, desde distintos y complejos abordajes (una complejidad -la de su palabra escrita- que difiere de la sencillez de su conversación), cómo se relaciona el sujeto con la realidad. E inclusive va más allá: pone en duda -y ha recurrido a experimentos muy estrictos para probarlo- que esa realidad, en tanto consenso compartido, verdad fija e independiente de la percepción, sea posible. 

Maturana visitó Ecuador, a inicios de esta semana, para ofrecer una charla -junto con su estrecha colaboradora Xiména Dávila- sobre el arte de gobernar en tiempos de crisis, en el marco de la celebración de los once años de creación de la Universidad Casa Grande de Guayaquil. Estuvo también en Quito, donde ofreció conferencias privadas... Siempre con esa palabra sosegada, que genera una vibra óptima para la buena plática...

 ... En su teoría biológica del conocimiento usted plantea -a grandes rasgos- que no podemos realmente hablar de una realidad independiente del hombre. Octavio Paz nos recuerda, por citar apenas un ejemplo, que es prácticamente a partir de la imposición del paradigma cristiano que se comienza a concebir al hombre como un ente separado de la naturaleza, y a veces enfrentado a ella, ¿cómo cree que podría articularse, hoy, esa noción de conocimiento en que hombre y supuesta realidad externa son de nuevo una misma esencia, hablando específicamente de los procesos de generación de conocimiento político, estético, social, en fin, de los procesos propios de la vida contemporánea? 
   
Interesante abordaje, pero vamos por partes. El tema de la realidad, desde los orígenes de mi reflexión, se construye a partir de la experiencia del error... Si las cosas están allí, y son ajenas, ¿cómo es que nos equivocamos?... eso surge como una duda en relación con las cosas que uno ve o que uno dice que ve. En cuanto a lo que usted expresa, respecto del asunto cultural e histórico con la alusión al cristianismo, puedo decir que si nos fijamos en Oriente y Occidente podemos darnos cuenta de que el pensamiento se ha, efectivamente, separado: Oriente se basa en aceptar que uno no ve, que todo es ilusión; mientras que Occidente, con el desarrollo de la ciencia, está centrado en reconocer que el no ver es una falla nuestra; y la ciencia, en ese sentido, tiene como propósito, pues, poder mostrar las cosas en sí. Si uno quiere plantear el problema desde esa perspectiva filosófica, acepta una cosa o  la otra, porque no tiene cómo dilucidarlo. Lo que pasa en mi historia es que, por allá por los sesenta, empiezo a preguntarme por el asunto de la percepción; y comienzo con experimentos elementales con los colores. Prestando atención al fenómeno de los colores, que es un fenómeno de la luz... Es cuando me doy cuenta de que si el color fuera, indefectiblemente, el azul, el café o el marrón, uno debería poder mostrar cómo eso pasa por la retina; cómo se registra en el sistema nervioso el hecho de que uno vea el color... Luego de un tiempo descubrí que ese era un tema que no podía resolverse desde ese supuesto... El órgano perceptor -o, si se quiere, sensorial, que es el ojo- hace algo que le permite captar el registro cromático que tiene al frente, pero no es posible correlacionar la actividad de la retina con el color que “está al frente”, hablando de dicho color en términos de energías espectrales...

... Se dio cuenta de que había que cambiar la pregunta...
Claro, frente a esa dificultad, me di  cuenta de que la pregunta estaba mal planteada: en vez de seguir inquiriendo sobre cómo se relaciona la actividad de la retina con el color especificado en términos de longitud de onda y energías espectrales, me dije que tal vez la actividad de la retina se relaciona con el lenguaje, con el nombre del color... Porque le ponemos el mismo nombre a cosas distintas... Justamente hay todo un fenómeno experencial con sombras de colores en que, por ejemplo, si usted ve un anillo rojo con el centro blanco, lo percibe verde... Lo que refleja el centro es luz blanca, pero usted mira y ve verde. Llama verde a algo que desde el estricto punto de vista del análisis físico no es verde, de la misma manera que llamamos verde a las hojas del árbol, que sí tienen una composición espectral que uno diría verde... Tomando eso en serio hice experimentos y pude llegar a afirmar  que, en efecto, cada vez que digo verde, en la retina pasa exactamente lo mismo, aunque allá al frente ocurra una cosa totalmente distinta en cada ocasión.

Eso, a su vez, y de manera  concluyente, me llevó a decir que el fenómeno de la percepción no es como suele creerse, y que, ya hablando en serio, no podemos decir nada, a ciencia cierta, sobre la realidad externa a nosotros. 

Entonces, en relación con su pregunta sobre la generación de conocimientos en las distintas instancias de la vida contemporánea, planteo otra: si no podemos decir nada ajeno a nosotros mismos, ¿qué es, pues, el conocer?... Cuando el profesor evalúa al alumno lo que le está pidiendo es que se conduzca de una cierta manera, en un cierto ámbito, para poder decir que sabe, que conoce... El conocimiento es lo que el profesor dice que el otro tiene cuando ese otro hace lo esperado por el primero. Es una relación estrecha, específica, singular e interpersonal. El conocimiento no tiene, pues, que ver con una realidad independiente, un bloque fijo de sentido, sino con cómo armonizamos y calibramos nuestra convivencia, y bajo ese modelo entran -o deben entrar- todos los procesos de construcción del conocimiento que estructuran la contemporaneidad. Se trata de un tipo de conocimiento/convivencia que va surgiendo, en efecto, en la convivencia misma.

Por eso digo que la democracia debe ser ese espacio en que las personas dejan de ser competidores o súbditos, que dejan de estar subordinadas a saberes fijos, independientes, y armonizan sus haceres.

En alguna ocasión afirmó: “El lenguaje me interesaba (durante su infancia primera). Me fascinaba la idea de que uno pudiera usarlo para maldecir o bendecir...”. Conozco, además, el antecedente de que, ya en la adolescencia, durante una extensa convalecencia hospitalaria, al ver el cuerpo sin vida de un compañero de sala, escribió un poema, al que luego se sumarían algunos más... Se dice que la poesía es el hecho subversivo del lenguaje por excelencia, porque plantea otras formas de existencia para la palabra... Es suyo el concepto de autopoiesis (la capacidad de un organismo de autogenerarse), aplicable a la biología tanto como a la institucionalidad social... Desde su teoría de la biología del conocimiento, ¿cómo funcionaría entonces ese proceso de generar vida, biológica y social, a partir de la palabra?...

... Es que existe, me atrevería a decir, y para ser alegórico, una esencia poética en los organismos... Partamos de lo simple, y del principio: Lo que me imantó al lenguaje fueron los cuentos. La tradición oral de la que me nutría cuando niño. Porque allí están las bendiciones y las maldiciones... Y yo, con genuina curiosidad de quien comienza a relacionarse con el mundo, me preguntaba cómo  ocurrían las consecuencias de las maldiciones o las bendiciones. Me preguntaba: ¿Qué tienen las palabras que hacen eso?... Y claro que podía ver en la vida cotidiana esas mismas bendiciones o maldiciones transmutadas en cariño o enojo, y los efectos que el lenguaje tenía sobre la gente... Luego supe, de acuerdo con mi teorización, que el poder de la palabra consiste, precisamente, en la circunstancia puntual que vive nuestra subjetividad frente a ella (cualquier palabra que esta sea).

En cuanto al poeta -y todos tenemos de él, como de científico-, lo que hace es tomar algo de un dominio y ubicarlo en otro, desde donde se ve un objeto que en primera instancia no se veía. En eso consiste el acto poético; ya sea en la plástica, la dramaturgia o en el sentido tradicional de la poesía verbal. Y desde esa perspectiva, el poeta es, sin duda,  una figura siempre peligrosa... Porque saca algo que no se ve, y lo pone donde se ve. Y claro, la gente empieza, como consecuencia natural, a ver cosas, rasgos, que estaban extraviados. Pensemos esto en una situación de opresión. Pensemos en el Chile durante el gobierno militar... No es cierto que uno podía ver todo lo que pasaba, como no es cierto que todas las personas podían ver lo que pasaba durante el régimen de Stalin o Hitler... Muchas no querían ver; otras no lo hacían porque simplemente no estaban en las circunstancias de ver... En situaciones como esa, de repente, el poeta toma esa configuración del vivir y la muestra en otro espacio... y ese es su carácter subversivo.

Cuando volvió de sus estudios de Biología en Harvard, sus clases en la Universidad de Chile se hicieron famosas porque parecían más obras de teatro surrealista que enseñanzas de la cátedra convencional. Para entonces se había adentrado en la lectura de textos filosóficos (Nietzsche) y literarios. Hoy está aquí hablando sobre política... Siendo, entonces, un hombre proveniente de una matriz múltiple del conocimiento, y habiendo hecho esas “locuras” en el seno mismo de las instancias académico-científicas chilenas, ¿cuál cree que es el rol de la academia en el mundo de hoy, frente a asuntos como la tiranía del mercado o  las permanentes tensiones entre ciencias y humanidades, o sabiduría empírica y formación “racional” sistemática?

No quisiera ponerlo en términos exclusivos de la academia, de la universidad... El rol del científico, del filósofo es, sin duda, la reflexión... Esto, que suena obvio, merece un anclaje: me refiero a la reflexión como una muy especial forma de preguntarse por el hacer. Porque si uno se pregunta por el hacer, revela el mundo que está generando con su vivir. De acuerdo  con mi teorización, como puede verse, el mundo que uno vive lo genera uno. Desde luego, si hablamos de una universidad cada vez más captada por el mercado estamos refiriéndonos a una condición que impide el flujo reflexivo, y este es un problema que se advierte a gran escala en las distintas instancias de la investigación intelectual o científica (baste apenas fijarse en la relación que tienen los investigadores médicos con toda una industria farmacéutica multinacional), pero precisamente frente a un panorama de ese tipo es que resulta necesario hacer énfasis en lo  imprescindible que resulta un acto creativo audaz: el de la reflexión... Porque el  preguntarse dónde está uno es un acto muy audaz, que, me atrevería a decir, no viene substancialmente de la razón, sino de la emoción, en la medida en que al decir “¿cómo estoy viviendo las formas en que está pasando esto?”, me obligo a soltar mis certidumbres, y me ubico en un espacio de construcción y generación poética vital.

¿De qué manera su noción de Taller renacentista (que aplica en su laboratorio ) podría aplicarse también al trabajo de un grupo de personas -un gabinete, por ejemplo- que tenga, vamos a decir, como objetivo, una gran reforma política?... Lo pregunto en la medida en que usted ha asegurado que “si el quehacer es discursivo, se aprende en el discurso, si es manipulativo, se aprende manipulando”... Si el quehacer es político, ¿cómo se crea un auténtico laboratorio de la política sin las mezquindades del poder? ¿Es eso posible?
 ... Supongamos que yo soy el presidente y conformo mi gabinete; les diría a los ministros, en primer lugar, y aunque parezca una locura, “a ver colegas, antes de que discutamos este problema campesino, váyanse a vivirlo al campo por un tiempo dilatado. Luego nos juntamos”... Como digo, parece una locura, porque esas mezquindades del poder político provienen precisamente de una noción del saber y el conocer como una realidad externa, fija, aprehensible en esos términos ... pero creo que sería tremendamente beneficioso tener esa predisposición de cambiar la noción de conocimiento. Depende de nosotros; y por allí va el otro asunto:  Creo que existe la posibilidad, aunque sea mínima, de que esa noción de conocimiento se afiance, mientras  la política la realicen las personas... No hay que olvidarse de eso: la política la realizan personas, y aunque esa sería la misma razón para que los pesimistas desconfíen, yo no puedo dejar de albergar esperanza. Si no confías en el género humano, ¿qué te queda?...

Por Fabián Darío Mosquera 
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La palabra democracia es muy popular en estos días. Hoy, virtualmente no hay país en el mundo cuyo gobierno no reivindique ser el gobierno de una democracia. Pero al mismo tiempo, virtualmente no hay país del mundo hoy del que otros –dentro del país y en otros países– no denuncien al gobierno por ser antidemocrático.
 

Parece haber muy poco acuerdo acerca de lo que queremos decir cuando decimos que un país es democrático. El problema es muy claro en la misma etimología del término. Democracia viene de dos raíces griegas –demos, o pueblo, y kratia, dominio, la autoridad para decidir. Pero ¿qué queremos decir con dominio? ¿Y qué queremos decir con pueblo?
 

Lucien Febvre nos mostró que siempre es importante mirar la historia de una palabra. La palabra democracia no fue siempre tan popular universalmente. La palabra arribó a su uso común político moderno durante la primera mitad del siglo 19, sobre todo en Europa occidental. En ese entonces, tenía las tonalidades que hoy tiene el terrorismo.
 

La idea de que el “pueblo” pudiera de hecho “mandar” era considerada por las personas respetables como una pesadilla política, soñada por radicales irresponsables. De hecho, el objetivo principal de las personas respetables era asegurarse de que no sería la mayoría de la gente quien tuviera la autoridad de decidir. La autoridad tenía que dejarse en manos de personas que tenían intereses en conservar el mundo como era, o como debería ser. Éstas eran personas con propiedades y sabiduría, que eran consideradas competentes para hacer decisiones.
 

Tras las revoluciones de 1848, en la cual el “pueblo” se levantó en revoluciones sociales y nacionales, los hombres con propiedades y competencia se fueron atemorizando. Respondieron primero con la represión, y luego con concesiones calculadas. Las concesiones eran admitir a gente, lentamente y paso a paso, a que votaran. Pensaron que el voto podría satisfacer las demandas del “pueblo” y en efecto lo cooptaría a que mantuviera el sistema existente.

Durante los siguientes 150 años, esta concesión (y otras) funcionaron hasta cierto punto. El radicalismo fue acallado. Y después de 1945, la propia palabra, democracia, fue cooptada. Ahora todos alegan estar a favor de la democracia, que es adónde estamos hoy.
 

El problema, sin embargo, es que no todo el mundo está convencido de que todos vivimos en países verdaderamente democráticos, en los cuales la gente –todo el pueblo– sean quienes en verdad mandan, es decir, hacen las decisiones.
 

Una vez que se escoge a los representantes, con mucha frecuencia no cumplen las demandas de la mayoría, u oprimen a importantes minorías. La gente reacciona con frecuencia, protestando, con huelgas, con levantamientos violentos. ¿Es democrático que se ignoren las manifestaciones? ¿O lo democrático es que el gobierno se pliegue y se someta a la voluntad del “pueblo”?
 

¿Y quiénes son el pueblo? ¿Son la mayoría numérica? ¿O hay grupos principales cuyos derechos deben garantizarse? ¿Deben grupos importantes contar con una autonomía relativa? ¿Y qué clase de compromisos entre la “mayoría” y las “minorías” importantes constituyen resultados “democráticos”?
 

Finalmente, no debemos olvidar los modos en que la retórica en torno a la democracia se utiliza como instrumento geopolítico. Regularmente, denunciar a otro país de antidemocráticos se usa como justificación para entrometerse en países políticamente más débiles. Tales intromisiones no necesariamente tienen por resultado que lleguen al poder gobiernos más democráticos; son sólo diferentes o tal vez con política exteriores diferentes.
 

Quizá debamos pensar que la democracia es una reivindicación y una aspiración que no se ha concretado aún. Algunos países parecen ser más antidemocráticos que otros. Pero, ¿acaso hay países que puedan demostrar ser más democráticos que otros?
 

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

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Miércoles, 22 Septiembre 2010 07:36

Política a través de los medios

Contrariando a los mismos maestros del materialismo dialéctico, la ley de medios ha puesto en el tapete que la realidad social se construye primero en la mente de las personas, es decir a través de la visión o representación mental que las personas tienen de la realidad objetiva... “Todo es según el cristal con que se mira”, decía un viejo refrán. Pues bien, de esa batalla se trata.

Ya no quedan dudas de que los medios de comunicación, por un lado, que nos muestran la realidad según su propia visión, y la educación y la cultura, por el otro, construyen la realidad primero en la mente de las personas... y que las batallas informativas, culturales o políticas, como las guerras, se pierden o se ganan primero en la opinión pública. La deformación de la realidad presente y cotidiana que producen los medios es el correlato de esa otra deformación o falsificación del pasado que monopolizó todos los medios de difusión y de la cultura en nuestro país, influyendo ambas sobre las representaciones mentales de sus destinatarios.

En efecto, la historia oficial que conocimos en la escuela, en el colegio y aun en la universidad, como demostraron Arturo Jauretche y otros revisionistas nacionales, fue el fruto de una política de la historia. Del mismo modo, la práctica monopólica de los medios que estuvo vigente hasta ahora tiene su fundamento en aquella política de la historia y constituye a su vez una política de construcción de la realidad cotidiana, que es lo que debemos cambiar de aquí en adelante con la nueva ley de medios.

La historia falsificada, decía Jauretche, “es hoy un simple hecho de poder” y “subsiste en la medida en que la oligarquía y el extranjero sostienen los instrumentos de difusión, privados o del Estado, pero completamente al margen de la ciencia y de la opinión”... Por eso es que duele tanto esta ley: porque estamos quitándoles poder político, económico e ideológico a la oligarquía bicentenaria y a los poderes antipopulares y antinacionales, que son socios tanto en los negocios como en su visión del país y del mundo. Es ésa también la razón de tanta ferocidad con la que se han disparado hasta hoy informaciones o desinformaciones de “grueso calibre” para vencer al que antes se lo neutralizaba o se lo acallaba con el fusil en la garganta.

Sin esa política de falsificación de la historia, por un lado, y de esa otra de construcción ficcional de la realidad cotidiana en la mente de las personas no se podría explicar que durante estos doscientos años de historia el pueblo argentino avanzara retrocediendo, de derrota en derrota, a pesar de estar dadas todas las condiciones objetivas para triunfar. No podríamos explicarnos si no que ese proyecto agroexportador exclusivo y excluyente de todo lo que no fuera exportación de materias primas de la zona pampeana y litoral, fuera exitoso en un país tan vasto, productor de tantas otras materias primas y necesitado de una industria propia y del trabajo y dignidad para todos, que da la industria nacional. Ese país inclusivo y para todos no entró nunca y sigue sin entrar en los planes de esa oligarquía que derrocó a tantos gobiernos populares y que monopolizó hasta ahora los medios de difusión, de la educación y de la cultura durante casi toda nuestra historia.

Si no, no se explicaría que gobiernos de inmenso avance y poder popular como el del Dr. Yrigoyen (1916/22; 1928/30), o el del Gral. Perón (1946-55), y también el del Gral. Perón e Isabel Perón (1973-76), terminaran en semejantes derrotas por sendos golpes de Estado, con los mismos argumentos que utilizan hoy los medios monopólicos y sus socios económicos y políticos para tratar de voltear al actual gobierno. Es que, antes de derrotarlos por las armas, esos gobiernos populares fueron debilitados en la opinión pública por los medios de difusión y de la cultura. Claro, ahora esos intereses contrarios a nuestro país y a nuestro pueblo no cuentan ya con el auxilio de un brazo armado, que hoy está al servicio de la Patria como en tiempos de San Martín y de Belgrano.

No obstante, aunque los golpes de Estado en nuestro país ya no tengan vigencia como “continuación de la política por otros medios”, la manía de voltear gobiernos populares sigue vigente, y ello tiene una sencilla explicación de carácter político: siguen vigentes los mismos intereses, los mismos modelos en pugna y los mismos proyectos de nación antagónicos y excluyentes. Por eso afirmamos que la política por otros medios continúa, y la madre de las batallas no ha concluido.

Por Elio Noé Salcedo
, docente investigador de la UNSJ y del Ciicap (adscrito al ISER).
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Miércoles, 01 Septiembre 2010 06:21

La soberanía comunitaria

Definitivamente, “tomar” el poder del Estado es más fácil que refundarlo. De ello da testimonio inequívoco el destino de las revoluciones rusa y china, dos de los más grandes acontecimientos históricos del pasado siglo veinte.
Desde su estadocentrismo, con su llamada “democracia popular” timoneada por elites burocráticas, ambas ignoraron que la revolución es permanente o no es revolución, es decir, que de lo que se trata en última instancia es de la refundación del tiempo histórico. Y la refundación no anida, en última instancia, en el cálculo económico del capital, sino que en la constitución de un nuevo orden civilizatorio arraigado en lo común y, como tal, portador de unos nuevos fines éticos como palanca del desarrollo y el bienestar, como bien advirtió el Che Guevara.

La constitución de una nueva hegemonía sólo es posible a partir de la construcción de una nueva sociedad. He ahí el eje de cualquier proceso revolucionario, la transformación de las relaciones de orden vital, y no la mera apropiación del aparato estatal.

La historia contemporánea nos ha demostrado fehacientemente que el Estado actual, de talante principalmente liberal-capitalista, es una telaraña de relaciones sociales y de poder en función del apuntalamiento permanente de los intereses del mercado. Como tal se estructura como un dispositivo de mando desde arriba, burocrático y profundamente desconfiado de la autodeterminación concreta de los pueblos. De ahí que no se trata, en última instancia, de “tomar” el poder del Estado, recomponerlo con caras y políticas diferentes, sino de refundarlo, desde abajo, encarnándolo en toda la sociedad: el soberano popular.

La reflexión anterior viene a propósito de las genuinas inquietudes suscitadas por diversas contradicciones que han irrumpido en el seno de los procesos de cambio revolucionario que se viven en Bolivia y Ecuador. Se trata, por ejemplo, de los conflictos recientes en el Potosí boliviano y la Amazonia ecuatoriana, lo que reflejan serias diferencias en torno a lo que algunos señalan como la pervivencia en sus respectivos gobiernos de cierto ilusionismo desarrollista y extractivista, propio del modelo colonial de acumulación impuesto por el capitalismo.

Al enfrentarse también a lo que entienden es la continuidad de un modelo estadocéntrico de gobernabilidad, las comunidades indígenas exigen ser consultadas, ser parte indispensable de la decisión en torno a las extracción de recursos naturales que yacen en el subsuelo de sus territorios, como lo requiere, por ejemplo, las nuevas constituciones en sus respectivos países.

Según explica Immanuel Wallerstein en un reciente artículo suyo titulado “Contradicciones en la izquierda latinoamericana” (www.rebelión.org, 21 de agosto de 2010): “ Los movimientos indigenistas han tratado de conseguir un mayor control sobre sus propios recursos y una mejora de las relaciones no sólo con los actores no nacionales, sino también con sus propios gobiernos nacionales. En general, afirman que su objetivo no es el crecimiento económico, sino llegar a un acuerdo con la Pachamama, o madre tierra. Aseguran que no buscan una mayor utilización de los recursos, sino un uso mucho más sensato que respete el equilibrio ecológico: persiguen el denominado buen vivir ” .

Asimismo, el reconocido periodista uruguayo Raúl Zibechi advierte en otro artículo reciente, sugestivamente titulado “El Estado contra los pueblos indios”, que están surgiendo “las primeras grietas” en dichos procesos de cambio a partir de “una potente disputa de poder, ya que los pueblos originarios no tienen por qué aceptar el marco del Estado-nación” como pivote de la aspirada refundación. En el fondo, puntualiza, se trata de una cuestión de soberanía.

En una conferencia magistral ofrecida en abril pasado, en Mayagüez, en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, el filósofo político boliviano, Luis Tapia Mealla advirtió que se estaba viviendo en su país un proceso de “desbordamiento de la política en relación al Estado”. La rebelión plurinacional y popular que culminó en el ascenso a la presidencia de Evo Morales no es esencialmente estatalista, sino que propende más bien hacia formas más comunitarias de mando político. Incluso, señaló que existen culturas y naciones dentro de Bolivia que no tienen una noción del Estado como parte de su modo de pensar o de vivir. El rasgo central de su modo particular de gobernanza es la asamblea comunitaria. Concluyó Tapia que, además, el Artículo 2 de la actual Constitución del Estado Plurinacional, Multicultural y Comunitario prácticamente “anula al Estado”, pues reconoce la libre determinación de las naciones, pueblos y comunidades.

Por otra parte, en una muy pertinente obra recién publicada titulada “Refundación del Estado en América Latina: Perspectivas desde una epistemología del Sur” (IIDS, Lima, 2010), nos explica el reputado sociólogo jurídico portugués Boaventura de Sousa Santos, que en el caso del presidente Rafael Correa en Ecuador, “hay una sola manera de pertenecer a la nación: ser ciudadano; por eso hay un solo concepto de nación: el concepto liberal, republicano. Para los indígenas hay dos conceptos de nación, el liberal y el etnocultural; por ello mismo hay maneras distintas de pertenecer a la nación, como ciudadanos y como pueblos”.

El reconocido pensador altermundista, quien también es uno de los fundadores del Foro Social Mundial, entiende que entre los dos conceptos “hay tensiones pero no hay incompatibilidad”. Son parte ineludible del actual “diálogo intercultural”.

Así ocurre con la diferencia en torno al ámbito de las decisiones políticas. En el caso de los indígenas, asegura: “La decisión comunitaria es lo que cuenta y demanda tiempo para poder ser construida”.

El mandatario ecuatoriano, por su parte, no acepta que su gobierno “tenga que pedirle permiso a tal o cual gremio para gobernar”. Tanto Correa como Morales han pretendido demonizar dichas movilizaciones indígenas y descalificar sus reclamos, lo que les ha valido sendas críticas aún al interior de sus propios movimientos gobernantes.

Abunda Santos que hay que entender que: “Para los indígenas… el buen vivir es la producción de la vida, sobre todo de la vida colectiva y, además, la producción de la vida en el sentido más amplio que incluye también a la madre tierra y sus ciclos vitales. El orden económico es también social, político y cultural, y tiene como unidad básica no el individuo, sino la familia y la comunidad”.

“El sentido político de la refundación del Estado –nos dice Santos– deriva del proyecto de país consagrado en la Constitución. Cuando, por ejemplo, las Constituciones de Ecuador y Bolivia consagran el principio del buen vivir (Sumak Kawsay o Suma Qamaña) como paradigma normativo de la ordenación social o económica, o cuando la Constitución de Ecuador consagra los derechos de la naturaleza entendida según la cosmovisión andina de la Pachamama, definen que el proyecto de país debe orientarse por caminos muy distintos de los que conducirán a las economías capitalistas, dependientes, extractivistas y agroexportadores del presente.”

De ahí que existan a su entender tres imperativos que deben encarar los gobiernos de Bolivia y Ecuador ante la contradicción trabada entre ese paradigma normativo del buen vivir y los requerimientos perentorios del desarrollo para atender las necesidades materiales básicas de sus pueblos respectivos:

(1) la desmercantilización de su política económica hacia formas de producción social más comunitarias y populares, con una gobernanza común sobre los recursos estratégicos;

(2) la democratización sin fin y sin límites de todos los procesos de deliberación, desde los gubernamentales hasta los productivos; y

(3) la descolonización que incluye el pleno reconocimiento de las múltiples modos de pensar, producir y vivir que existen en el espacio plurinacional.

Al respecto, Santos cita a la intelectual y activista aimara María Eugenia Choque Quispe, quien resume magistralmente el desafío: “La necesidad de construir el pluralismo parte de la conciencia de que el conflicto es inevitable, por cuanto el problema del pluralismo es en cierto sentido el problema de unos, pero también de los otros. ¿Cómo podemos tolerar al otro si la forma del pensamiento es construida y razonada bajo una sola lógica? Entonces el reto es: ¿qué hacer frente a dos sistemas incompatibles? Por ello la necesidad de puntualizar el debate en la dimensión política dentro de lo que significa la representación y la interculturalidad”.

Bien hace el actual vice ministro de Planificación Estratégica de Bolivia, Raúl Prada Alcoreza, en proponer en un reciente artículo titulado “La alternativa al desarrollo” (www.bolpress.com, 22 de julio de 2010) que en contraposición a las formas pasadas del Estado, está planteada hoy “una transición donde se busca que la maquina estatal sirva como un instrumento de transformación de las multitudes, un instrumento deconstructor de su propio aparataje, de la propia maquinaria liberal y colonial”.

Abunda el ex constituyente boliviano: “Se propone un Estado que cree las condiciones de posibilidad para el desarrollo de una sociedad libre y comunitaria, autodeterminante y autogestionaria, sustentable y en armonía con la naturaleza. Se trata de un Estado en tránsito y en transición en un proceso que lo lleva a su propia desaparición”.

Ahora bien, lo que está en juego en la actual coyuntura, como bien advierte Oscar Vega Camacho -quien al igual que Tapia Mealla y Prada Alcoreza es integrante destacado del influyente grupo boliviano Comuna- es si el Estado actual, en particular su Ejecutivo, “tendrá la suficiencia y capacidad por sí mismo” para articular esta democracia de lo común, o si, más allá de éste, “lo que estamos asistiendo en las calles y las movilizaciones” es un momento crítico de la transición hacia el Estado Plurinacional que será también potenciado decisivamente por la fuerza social de la acción colectiva.

Refundar el poder significa transformar radicalmente la política. Es la práctica consecuente del principio “mandar obedeciendo”, así como del “vivir bien entre nosotros” como marco de las posibilidades de convivencia social sin las acostumbradas asimetrías de poder propias del capitalismo y el colonialismo. Se trata, en fin, del tránsito histórico de la razón de Estado a la razón de la comunidad, de la soberanía estatal a la soberanía comunitaria.

Por Carlos Rivera Lugo. Catedrático de Filosofía y Teoría del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, en Mayagüez, Puerto Rico. Es, además, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueño Claridad.
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Martes, 03 Agosto 2010 07:05

Grandes invenciones de la humanidad

La puerta giratoria

La puerta que gira fue inventada en Berlín, en 1881, para evitar el frío, el viento, la nieve, el polvo y el ruido.

Más de dos siglos después, sirve también para circular, gira que te gira, entre los negocios, la política y la guerra.

Algunos casos más o menos recientes, en los Estados Unidos:

Robert McNamara encabezó la empresa Ford, donde hizo lo que pudo contra la naturaleza y contra los peatones distraídos, hasta que un giro de puerta lo lanzó a dirigir la matanza de Vietnam, durante unos cuantos años, y culminó su carrera exterminando países desde el Banco Mundial;

Donald Rumsfeld fue jefe de gabinete del gobierno de los Estados Unidos, desde allí la puerta giratoria lo arrojó a una fábrica de Monsanto, la serial killer multinacional, donde legalizó venenos que habían sido prohibidos, hasta que la puerta giró nuevamente y apareció conduciendo la guerra de conquista del petróleo de Irak;

Dick Cheney encabezó el Pentágono en el gobierno de Bush Padre y regaló jugosos contratos militares a su empresa Halliburton, y de ahí pasó al gobierno de Bush Hijo, donde se ocupó de la demolición y la reconstrucción de Irak en beneficio de Halliburton, siempre en el centro de su generoso corazón.

Y el vaivén de la puerta no paró.

A mediados del año 2009, el presidente Obama colocó a Michael Taylor a la cabeza del organismo público que controla los alimentos y los medicamentos que se venden en el país. Taylor ya había trabajado allí. Había sido él quien dio el visto bueno a las hormonas transgénicas para vacas lecheras, que pueden producir cáncer, y había autorizado que esa leche se vendiera sin ninguna advertencia en el envase. Monsanto expresó su gratitud otorgando a Taylor el cargo de vicepresidente de la empresa.

El paraguas

Hace unos dos mil cuatrocientos años, los chinos usaban paraguas de varillas plegables.

El modelo no ha cambiado mucho, pero hay ciertos instrumentos, de uso más exclusivo, que se usan para atravesar las grandes tormentas históricas.

Esos paraguas extraordinarios salvaron a los altos ejecutivos que perdieron sus empleos, durante la crisis que está castigando al mundo.

En cifras redondas:

Robert Eaton, directivo de Chrysler, recibió un consuelo de ciento treinta millones de dólares;

Lee Raymond, de la petrolera Exxon, trescientos cincuenta millones de dólares;

Robert Nardelli, de la constructora Home Depot, doscientos diez millones;

Hank McKinnell, de la farmacéutica Pfizer, doscientos millones.

Lloyd Blankfein, de la financiera Goldman Sachs, no perdió su empleo, pero tuvo que reducir su salario anual, que era de unos cincuenta millones de dólares: lo que le quedó alcanzó para evitar que la crisis lo ahogara.

El semáforo

El primer semáforo funcionó, desde fines de 1868, frente al Parlamento británico.

En nuestro tiempo, otros semáforos, mucho más poderosos, dirigen el tráfico mundial.

En casi todos los países del norte, la luz roja impide la circulación de herbicidas, pesticidas y abonos químicos que contengan abamectina, acefato, carbofurano, cihexatina, endosulfato, forato, fosmet, lactofem, metamidofós, paraquate, parationa metílica, tiram y tricloform.

En casi todos los países del sur, la luz verde da la bienvenida a esos mismos agrotóxicos, venenosos para la salud humana, que los países del norte les venden.

¿Quién maneja los semáforos?

¿Quién gobierna a los gobiernos?

El ascensor

Según dicen, el primer ascensor fue un sillón con roldanas, que el gordísimo rey inglés Enrique VIII inventó, hace siglos, para evitar las escaleras del palacio.

Más modernos ascensores utilizó Silvio Berlusconi para subir hacia el poder absoluto en Italia.

En el año 1984, Bettino Craxi, socialista, presidente del Consejo de Ministros, firmó un decreto-ley que bendecía el monopolio de Berlusconi sobre la televisión privada.

Craxi lo había conocido en un crucero, donde Silvio animaba a los pasajeros con sus chistes y sus canciones. Atraído por su insuperable vulgaridad y su extraordinario mal gusto, Craxi le juró amistad eterna y eterna televisión.

La tele fue el principal ascensor de Berlusconi hacia el poder político. El fútbol también ayudó, desde que compró el club Milan y ganó varias torneos. Electo y reelecto varias veces por el voto popular, ejerció el gobierno de Italia y del Milan, se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo y en el campeón mundial de la impunidad, atravesó invicto una infinidad de procesos judiciales y no estuvo ni un solo día preso, mientras convertía sus vicios en admirables virtudes y sus estafas en hazañas dignas de aplauso.

El chivo expiatorio

Según antiguas tradiciones religiosas, un macho cabrío cargaba los pecados de todos y era castigado con la expulsión al desierto.

Esa invención ha servido y sigue sirviendo para descargar sobre espaldas ajenas la responsabilidad de nuestras desgracias y nuestras culpas.

Algunos pueblos, como por ejemplo los judíos y los gitanos, vienen trabajando de chivos expiatorios desde hace mucho tiempo.

A mediados del año 2008, la revista italiana Panorama, que pertenece a Berlusconi, tituló, en portada: Nacidos para robar.

Se refería a los gitanos; y según las encuestas, la opinión pública coincidía con este veredicto genético.

Poco antes, Alfredo Mantovano, viceministro del gobierno de Berlusconi, había desarrollado la idea, en la televisión de Berlusconi:

–Los gitanos son una etnia inclinada al robo y al secuestro de niños.

O sea: ladrones y, para peor, ladrones de niños.

La Justicia italiana no había comprobado la veracidad de ninguna denuncia de secuestro de niños por gitanos; pero ese detalle carecía de importancia.
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Miércoles, 12 Mayo 2010 07:44

Globalización, un monstruo que pisa fuerte

–Su plan de investigación es sobre territorio y poder en la globalización, ¿verdad?

–Sí. En los últimos diez años estuve trabajando con eso. Cuando uno analiza la problemática del desarrollo, siempre hay cuestiones espaciales presentes. En el último período, la cuestión del territorio viene pisando fuerte, tanto desde el lado de la política como desde el lado de la academia. Se habla mucho de desarrollo territorial. De algún modo, nuestras investigaciones tratan de desmitificar esa asociación virtuosa entre desarrollo y territorio.

–¿A qué llama “desarrollo territorial”?

–Si nosotros lo comparamos con otros momentos de la historia de Argentina, en la época de la planificación se hablaba de desarrollo regional. Hoy se llama desarrollo territorial al desarrollo de determinados lugares que pueda surgir no tanto del Estado, sino de los actores locales.

–¿Por ejemplo?

–Los ejemplos vienen de la experiencia del norte de Italia, donde se habla del desarrollo de grupos de empresas medianas que tienen capacidad competitiva y se colocan en los mercados muy eficientemente. Eso se intenta trasladar a los espacios de nuestro tercer mundo. Un ejemplo es Rafaela, donde habría una confluencia de empresas, de actividad industrial y agropecuaria muy dinámica. La condición de que se genere desarrollo territorial es que los actores tengan una capacidad diferencial respecto de otros actores y a su vez la capacidad de generar exportaciones, es decir, de ser competitivos internacionalmente. Aquellos territorios que no son competitivos internacionalmente quedan por fuera del desa-rrollo territorial. Y en Argentina la mayoría de los territorios son así.

–¿Y qué es específicamente lo que hace usted?

–Nosotros estudiamos en profundidad cuáles son las relaciones de poder y cuáles son las contradicciones que se presentan en las políticas públicas y en el propio proceso de globalización que de algún modo avanza sobre los territorios buscando esas oportunidades diferenciales y los transforma. Y suele ocurrir que muchos de los sujetos que están en esos territorios no quieren sufrir ese tipo de transformaciones. Por ejemplo, tenemos el caso de la Quebrada de Humahuaca. Fue declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad y, por eso, confluyen dos propuestas: una de turismo internacional y otra de de-sarrollo rural para la población del lugar. Esta población se ve incluida en los dos modelos.

–¿Y qué pasa allí? Algunos actores deberán vender sus tierras... ¿qué hacen? ¿Se van a la ciudad?

–Eso pasa. Hay gente que vende la tierra porque no son competitivos en los mercados que se abren, no pueden producir el tipo de alimentos que demandan los mejores hoteles de la zona. Entonces a veces pasa eso: hay una gran cantidad de pequeños productores que, según los últimos dos censos, de-saparecieron.

–¿Y qué va a pasar con todo eso? ¿Se puede resistir a la globalización, ese monstruo grande que pisa fuerte? A mí me contaba un maestro de San Francisco que cuando lograron poner un televisor para toda la comunidad, el efecto fue devastador: se fue todo el mundo.

–Claro. Porque ven imágenes de facilidades que creen que hay en las ciudades, un acceso al consumo que ellos no tienen. De cualquier modo, esto no se transforma simplemente con computadoras y televisores, sino con procesos que tengan en cuenta las características culturales de esta gente, con una educación que posiblemente no sea la que están recibiendo. Hay otro ejemplo, que es el caso de Misiones, una provincia con mucha población minifundista de pequeños productores. Mientras hubo tierra pública, los procesos de colonización pública le fueron dando tierras. Pero hace varios años se ha quedado sin tierra pública. Entonces comenzó a producirse un proceso de avance y de ocupación de tierras privadas en el nordeste de Misiones. Eran tierras prácticamente abandonadas, producto de la deforestación y prácticamente improductivas si no fuera por las nuevas tecnologías.

–Ese es el viejo problema de la tierra.

–Sí. Ahora han adquirido un nuevo valor. Entre los propietarios y los ocupantes se genera una situación de conflicto que lleva, entre otras cosas, a la formulación de una ley de arraigo y colonización, que dictaba la expropiación de algunas parcelas. Es una ley que supuestamente favorecía a los ocupantes, pero las tierras todavía no se les han dado. Algunos grupos tienen conciencia de lo que está pasando y proponen modelos que no son ni los que les provee el gobierno ni los que les provee la globalización: quieren tener sus propias escuelas. No le voy a decir que es mayoría, pero hay algunas redes de grupos organizados de gente que se moviliza (sea por el agua, por el medio ambiente, por la tierra). Ellos plantean que todo lo que les viene del propio Estado o de muchas ONG es un modelo que no está de acuerdo con lo que ellos necesitan. Y ellos, entonces, buscan otra salida, como por ejemplo la educación alternativa a las instituciones (que, según dicen, perpetúa la dominación). Esos casos existen. Los territorios de los que hablamos son territorios de la globalización, de la modernidad y de la descentralización. Yo veo los territorios como un lugar donde uno visualiza de manera directa muchas de las contradicciones del modelo, de las propuestas, de la aplicación de las diferentes normas y leyes. Estos territorios, cuando uno los mira como si les pusiera una lupa y los agrandara, observa que son territorios atravesados por la globalización, por las nuevas propuestas y por la descentralización, que es una propuesta del modelo neoliberal. Son territorios de la modernidad en tanto y en cuanto todo esto que atraviesa las propuestas neoliberales, la globalización, la centralización, viene con una contrapartida: aparecen nuevos movimientos sociales, actores con demandas diferentes a las que nosotros tradicionalmente conocimos.

–¿Por ejemplo?

–En los ’90 empiezan a aparecer movimientos de reclamos que no están vinculados con lo productivo (que es el modelo clásico de los reclamos: por tierra, mejores salarios, etcétera). Están vinculados, por el contrario, con demandas asociadas con el deterioro del medio ambiente, con el uso y el abuso del agua por parte de determinados sectores, por problemas de polución resultante de la explotación minera a cielo abierto. Estas demandas son diferentes a los que tradicionalmente estamos acostumbrados a ver; por eso los llamamos territorios de la modernización, en donde los reclamos tienen características más universales y menos personales. No estoy luchando por mi salario, sino por cuestiones más globales. Hay que ver, entonces, las dos cosas: el avance del poder dominante y hegemónico que va arrasando con las poblaciones tradicionales, pero también la reacción de estas poblaciones tradicionales.

Por Leonardo Moledo

Informe: Nicolás Olszevicki
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Desde mediados de 2009 Honduras vive una situación política extremadamente frágil. El golpe de Estado del 28 de junio contra el ex presidente Manuel Zelaya desembocó en elecciones consideradas como “ilegítimas” por un amplio sector de la ciudadanía. El presidente Porfirio Lobo que asumió su mandato el 27 de enero del año en curso no logró frenar la resistencia popular pacífica que estalló como respuesta al golpe, se generalizó en todo el país y continúa activa.

Síntesis radiográfica de la lectura de la realidad que hace Carlos Humberto Reyes, presidente del Sindicato de Trabajadores de la Industria de Bebidas y Similares (STIBYS), uno de los principales representantes del Frente Nacional de la Resistencia Popular (FNRP) y ex candidato presidencial “independiente”. Reyes realiza desde la última semana de abril una gira europea que se inició en España. En Suiza está invitado por la organización SOLIFONDS (Fondo de Solidaridad para las Luchas de Liberación Social en el Tercer Mundo) y participará como principal orador internacional en varias actividades del 1 de mayo.

P: La comunidad internacional parece muy dividida con respecto al actual Gobierno hondureño. Una parte no lo reconoce. Otra sí. ¿Cómo lo interpreta el FPRN?

Carlos Reyes: Para nosotros es un gobierno ilegítimo, producto directo del golpe de Estado del año pasado. El presidente actual es una nueva cara del mismo golpe. No obtuvo ni el 30% de los votos y se registró una muy alta abstención. Lo que se pretende aplicar es el guión del Gobierno de los Estados Unidos, quien apostó a la hipótesis que toda la situación se resolvería con las elecciones. Pero éste no es el caso. Especialmente para muchos gobiernos latinoamericanos quienes ven lo que sucedió en Honduras como un nuevo proceso de agresión contra el continente y su institucionalidad democrática. Hay señales preocupantes: la instalación de una nueva base militar estadounidense, la segunda en mi país; las nuevas bases estadounidenses en Colombia; la continuidad de la base en Guantánamo... Signos de una militarización que hace recordar épocas pasadas.

Un golpe con trasfondo geopolítico 

P: Es decir, según la resistencia, ¿la causa del golpe de junio pasado es esencialmente geopolítica?

C.R: Sí. El proyecto estadounidense de rearmar dos gendarmes en la región. Honduras en Centroamérica y Colombia en Sudamérica. Con el precepto claro de que “si no controlan América Latina, es decir su patio trasero, no podrán dominar el mundo”

P: ¿Cómo evalúa el programa del presidente Porfirio Lobo en sus primeros tres meses de nuevo Gobierno?

C.R: No existe un tal “nuevo” Gobierno. Para nosotros es, como lo dije antes, la nueva cara de la misma dictadura. Lo han querido presentar como un Gobierno de unidad nacional, de integración, abierto a una supuesta amnistía y que impulsaría la instalación de una Comisión de Verdad. Pero todo esto es falso. No puede haber unidad ni integración nacional a partir de elecciones adulteradas. Su visión de amnistía es para limpiar a los militares golpistas. ¿Para qué puede servir una Comisión de Verdad si ya ellos mismos se autoamnistiaron? Toda una política descarada. Y esto sin analizar lo que sucede en el plano económico y social. Una vuelta atrás de las conquistas que sindicatos, trabajadores, y otros sectores habían logrado durante el período del Presidente Zelaya.

P: Pero las autoridades hablan de una situación política institucionalizada...

C.R: La principal realidad es la de una resistencia que aumenta su fuerza, fortaleciendo la organización y movilización. Próximo gran desafío: recolectar hasta el 28 de junio próximo 1.150.000 firmas, exigiendo una consulta popular, una asamblea constituyente, reivindicación que constituyó el detonante para justificar el golpe del año pasado. La gente está entusiasmada con esta iniciativa.

La movilización, la resistencia, continúa activa. Organizamos seis grandes manifestaciones en ciudades importantes para el 1 de mayo.

La resistencia consolidada

P: ¿Todo esto indica, según su análisis, una resistencia fortalecida, a pesar de la represión?

R: No hacemos hoy una movilización por día como el año pasado. Pero la resistencia se ha generalizado en todo el país. Realizamos un trabajo serio de organización, concienciación y movilización. Seguimos denunciando el golpe e insistimos en la propuesta de la Constituyente. En caso que no lo logremos, veremos como participamos en un proceso electoral. No como resistencia, sino creando un brazo especial para esa coyuntura.

P: La resistencia hondureña constituyó una sorpresa para más de uno, dentro y fuera del país. ¿Cómo se explica la fuerza de la misma?

R: En realidad no nace el 28 de junio, de un día a otro. Nuestros pueblos vienen resistiendo desde hace más de 500 años. En su historia contemporánea Honduras fue utilizada siempre como base de las operaciones estadounidenses en el continente. Para agredir al gobierno guatemalteco de Jacobo Arbenz, en los años cincuenta. Como base operativa del intento de invasión contra Cuba en los sesenta. Desde la base de Palmerola, las administraciones estadounidenses promovieron la guerra contra el sandinismo y contra el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador, en los ochenta.

Sin embargo siempre existió un movimiento popular muy activo, que fue duramente reprimido, con muchos muertos, desaparecidos, etc. Hay una capitalización histórica de esa experiencia. Superamos las fracturas entre lo social y lo político. Y nuestro movimiento popular junta e integra esos dos aspectos. Y eso explica que en pocas horas, inmediatamente después del golpe de Estado de junio pasado, se haya iniciado un proceso magnífico de movilizaciones y de resistencia. 

P: ¿Hay algún sector predominante dentro de la resistencia?

R: No, contamos con una gran diversidad y una conducción horizontal, distribuida en cada región, poblado, barrio. ¿Cuándo se daban las movilizaciones contra el golpe y la policía atacaba, quiénes respondían y los hacían correr a los represores? Las “maras” (grupos juveniles). Un fenómeno muy importante con fuerte participación juvenil. Y también las mujeres. El movimiento sindical y los campesinos; los maestros y la empresa privada; los indígenas y negros... Los grupos de gays y lesbianas, quienes sufrieron muchos ataques y víctimas. En la medida en que se puedan mantener las alianzas tenemos la posibilidad de triunfar. Porque somos hoy la fuerza política más grande del país, decidida claramente a tomar el poder.

P: ¿Cuál es su prognosis sobre cómo va a continuar la dinámica política en un país tan polarizado?

C.R: Nosotros vamos a seguir promoviendo este proceso de consulta y de lucha por una asamblea constituyente que permita refundar la Nación. Sin cerrar la posibilidad de organizar un instrumento electoral más adelante. En cuanto a Porfirio Lobo, como en todos los casos históricos en América Latina de gobiernos débiles, se anticipa su fracaso. O es derrotado por el pueblo o deberá buscar una salida política.

P : Una última reflexión de cara a la comunidad internacional...

C.R: Nos preocupa mucho que se perpetúen en Honduras los crímenes contra miembros de la resistencia; las agresiones y asesinatos de periodistas independientes; las violaciones de derechos humanos. Es importante que la comunidad internacional no reconozca al actual Gobierno. Que los países de la Unión Europea no firmen el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica en las actuales condiciones que vive Honduras. Que la comunidad internacional, los organismos de derechos humanos ejerzan su presión. Que se pare la represión. Y sobre todo, que no se siga criminalizando la legítima protesta política y social, reacción directa contra el golpe y las elecciones ilegítimas.
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Reyes: un rostro de la resistencia

Carlos Reyes es una de las figuras más importantes del movimiento de resistencia que desde el mismo 28 de junio 2009 se opuso al golpe de Estado que destituyó al presidente Manuel Zelaya.

Participa en la dirección de la Unión Internacional de los Trabajadores de la Alimentación (UITA) en representación de Honduras y de su central sindical.

Fue uno de los promotores de las movilizaciones populares contra dicho golpe. Varias veces fue reprimido. Ha recibido numerosas amenazas.

En el segundo semestre de 2009, ante la perspectiva de una potencial normalización democrática, Carlos Reyes se presentó como candidato independiente a la presidencia de la República. A inicios de noviembre decidió retirarla, cuando el Frente Nacional de la Resistencia contra el golpe evaluó que no estaban dadas las condiciones para una contienda realmente inclusiva, participativa, democrática.

Por una solidaridad internacional activa 

“Tanto en Suiza como en España se organizó una agenda con representantes del Gobierno, personalidades políticas, dirigentes sindicales y de organizaciones sociales y no gubernamentales. Pude decirles, muy simplemente, que el “caso hondureño” no se ha resuelto. Y que la afirmación de que todo está normalizado a partir de las elecciones de noviembre es falsa. Venimos, especialmente, a actualizar la información real sobre mi país y la continuidad de la resistencia que ya no está en el primer lugar de la agenda política y mediática internacional...

Me siento satisfecho del encuentro con los cuatro representantes de la cancillería suiza. Aclaramos muchos puntos. Pudimos expresar nuestra lectura de la realidad actual. Y expresarles nuestro deseo de que Suiza mantenga la posición inicial contra el golpe de Estado. Hemos encontrado comprensión hacia nuestros argumentos. El hecho de habernos recibido expresa un reconocimiento oficial de parte del Gobierno helvético al Frente Nacional de Resistencia Popular...

En España los intercambios fueron muy positivos. El 23 de abril me reuní con Agustín Santos, jefe de gabinete de Miguel Angel Moratinos, actual Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación. Emitimos un comunicado de prensa común que enfatiza que el Gobierno español no invitará al presidente hondureño a participar de la Cumbre de Presidentes de la Unión Europea y América Latina que se realizará el 17 y 18 de mayo en Madrid, “si no existe consenso de los países latinoamericanos sobre dicha invitación”. Y realmente es importante recordar que en América Latina hay muchos países que no reconocen al nuevo presidente y consideran las elecciones de noviembre pasado como ilegítimas...”.

Por Sergio Ferrari
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Domingo, 04 Abril 2010 08:17

Evo consolida su poder en Bolivia

En las elecciones de hoy, el gobierno de Evo Morales espera conseguir las fichas que le faltan. Nueve gobernaciones y 337 municipios serán el premio mayor, que posiblemente ganará en porción importante el Movimiento Al Socialismo (MAS). El único partido que presenta candidatos para todos los puestos en juego de todas las poblaciones y gobernaciones del país, según la Corte Nacional Electoral (CNE). Por si fuera poco, el MAS tiene entre sus militantes a un político influyente como Morales, quien ayer inauguró una planta procesadora de cítricos en Cochabamba y convocó al electorado a participar en tan alto porcentaje como en los últimos comicios. Solapadamente orientó sobre los que deberían ganar.

Desde su creación, en 1995, por grupos de sindicatos campesinos y obreros en esta ciudad, el MAS-Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), consiguió ser el único partido capaz de proponer un proyecto nacional. Difícil si se considera que Bolivia es un país tan diverso, tanto que el Estado optó por definirse “plurinacional”. En los últimos cinco años, el partido de Morales se impuso en seis contiendas con más del 50 por ciento de apoyo. Desde 2005, cuando llegó a la presidencia con el 53,7 por ciento de los votos, hasta diciembre de 2009, cuando fue reelegido por el 64,2 por ciento.

Sin embargo, la eficiencia en las urnas no le permitió imponerse en los departamentos de Santa Cruz –que ocupa el 33 por ciento del territorio nacional y comparte el liderazgo económico con La Paz– ni en Beni, cuyo control político estuvo tradicionalmente en manos de ganaderos y otros empresarios. Aparentemente, mañana tampoco lo hará.

“Hago un llamado al pueblo a participar como siempre. Los resultados de las últimas elecciones son records. Que haya menos del 10 por ciento de abstención es una enorme satisfacción para quienes impulsamos la democracia y defendemos la democracia”, dijo Morales en la Villa 14 de Septiembre, una localidad de El Chapare cochabambino adonde volverá hoy, porque le toca votar allí. En esta región, cuyo cultivo predilecto es la hoja de coca, Morales se hizo conocido como dirigente del sindicato campesino de las Seis Federaciones del Trópico. De hecho, aún es presidente de esta organización, afiliada a la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (Csutcb).

El presidente reiteró su confianza en las urnas para dirimir las diferencias entre las personas. “Si hay conflictos, si hay diferencias programáticas, en lo social, en lo estructural, en lo cultural, es mejor que el pueblo boliviano defina con su voto”, sostuvo.

Morales regresó el viernes por la noche de Caracas, donde firmó con el primer ministro de Rusia, Vladimir Putin, acuerdos de cooperación energética y militar por 100 millones de dólares. “Creo que tenemos garantizados siete departamentos, aunque no puedo cantar anticipadamente la victoria. Soy muy respetuoso del sentimiento del pueblo boliviano”, dijo el presidente a Venezolana de Televisión.

Hoy, más de cinco millones de electores votarán por 2502 autoridades. Serían nueve gobernadores, 337 alcaldes, 1855 concejales y 267 asambleístas departamentales.

Cuando inició su primer mandato, en enero de 2006, el MAS contaba con tres gobernaciones, que por entonces se llamaban prefecturas. Potosí, Oruro y Chuquisaca. En Sucre, capital de este departamento y una de las dos de Bolivia, sesionó la Asamblea Constituyente planteada por Morales para “refundar Bolivia”. Pero la violencia generada en 2007 por los choques entre opositores y partidarios a Morales hizo que el prefecto del MAS huyera a Perú. En nuevas elecciones, la oposición ganó esas elecciones y la Media Luna tuvo siete de los nueve departamentos.

La presión opositora, determinante en el Congreso, sancionó una ley para que los nueve prefectos y el presidente fueran a un referéndum revocatorio. En agosto de 2008, Morales fue reafirmado por el 67,4 por ciento de los votos. La Media Luna perdió a dos jugadores: el prefecto de La Paz, José Luis Paredes, y el de Cochabamba, Manfred Reyes Villa.

Como la Constitución de entonces establecía, Morales designó a las nuevas autoridades que estarían hasta los comicios de hoy. Para las elecciones generales de diciembre pasado, ambos revocados quisieron resucitar políticamente, Reyes Villa como candidato a presidente del partido de Paredes.

Como candidato a vicepresidente invitaron a Leopoldo Fernández, otro ex prefecto de la Media Luna por la amazónica Pando, que está en la cárcel desde septiembre de 2008, acusado de la autoría intelectual de la matanza de al menos trece personas durante el intento de golpe de Estado cívico prefectural.

Plan Progreso Bolivia-Convergencia Nacional (PPB-CN) quedó segundo pero lejos del MAS. Paredes y Reyes Villa escaparon de Bolivia porque la Justicia los investigaba por casos de supuesta corrupción cuando fueron prefectos. Morales actualmente controla cinco prefecturas. Hoy intentará legitimar y ampliar esa cifra.

La alianza de partidos de derecha en torno de PPB-CN se terminó luego de las elecciones. Como segunda alternativa opositora quedó el Movimiento Sin Miedo (MSM), que hasta diciembre pasado había sido el aliado del MAS. Aunque sus posicionamientos no se diferencian en gran medida, aún no fue esclarecido el motivo de la ruptura. El MSM tiene chance en varias alcaldías. En las capitales de Oruro, La Paz y Potosí compite cabeza a cabeza con el partido de gobierno. El relativo éxito del MSM consiste en que sumó como candidatos a varios nombres rechazados por el presidente, pero eran los elegidos por las organizaciones de base locales.

De acuerdo con las encuestas, el MAS ganará cuatro o cinco gobernaciones. Serían La Paz (con César Cocarico), Cochabamba (Edmundo Novillo), Oruro (Santos Tito) y Potosí (Félix González), en el occidente del país. En algunos sondeos, en Pando (con Luis Flores de candidato oficial) aparece el MAS como triunfante, pero en otros se prevé un empate técnico con el ex legislador de derecha Paulo Bravo. Tampoco hay definiciones en Chuquisaca, donde Morales designó al dirigente campesino Esteban Urquizu para enfrentar al ex presidente del comité cívico John Cava.

En Tarija, tampoco está claro si seguirá como gobernador Mario Cossío –uno de los tres de la Media Luna que siguen libres y en el país– o el ex rector de la Universidad Juan Misael Saracho, Carlos Cabrera, del MAS.

Lo más probable es que en Santa Cruz sea reelegido Rubén Costas ante el candidato masista Jerjes Justiniano. También en Beni seguiría Ernesto Suárez, que compite contra la ex Reina de la Belleza de 25 años Jessica Jordan, del MAS. La votación a favor del MAS continúa en ascenso en estos bastiones tradicionalmente opositores, aunque no tan rápido como quisiera el presidente.

Por Sebastián Ochoa
Desde Santa Cruz
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Miércoles, 24 Marzo 2010 05:29

Medios, política y poder

Cuando la Presidenta inauguró la sesiones del Congreso nacional mencionó que hay un país real y uno virtual o mediático, donde nada está bien, donde todo está mal. A partir de esta afirmación sobre la realidad virtual y la verdadera podemos preguntarnos: ¿Cuál es la verdad de la realidad? ¿Existe una “realidad verdadera”?
 
En realidad, valga la redundancia, no hay una verdad ni una única mirada de las cosas. Siempre hay interpretaciones subjetivas de la realidad que percibimos. Según Michel Foucault, “no hay nada absolutamente primario para interpretar, porque en el fondo todo es interpretación, cada signo es en sí mismo no la cosa que se ofrece a la interpretación, sino la interpretación de otros signos”.
 
En otras palabras, cuando pensamos políticamente nuestra situación actual, lo hacemos a partir de interpretaciones realizadas por otros. Siempre son construcciones colectivas de sentido.
 
Es decir, mientras leemos el diario o miramos la tele y pensamos cualquier situación actual, la interpretamos. Mientras percibimos la “realidad” y nos comunicamos, producimos nuevas interpretaciones que tomarán otros. Una semiosis ilimitada de sentido.
 
Pero esta discusión sobre qué es la “realidad verdadera” se complejiza en el mundo de hoy que está hipermediatizado por los grandes medios de comunicación. Quienes tienen un gran poder a la hora de transmitir sus interpretaciones. En esta sociedad, todos ocupamos distintos espacios de poder, pero muy desiguales. Por lo cual serán distintos los efectos de esas lecturas de la “realidad”.
 
Mi lectura de cualquier problema ocupará un espacio de poder en esa construcción colectiva de interpretaciones. La cual, obviamente, es mínima en relación con la opinión que brinde Marcelo Tinelli o con la política comunicacional de un grupo mediático.
 
Sin embargo, cuando se discute la problemática de la concentración de los medios, muchas veces se plantea como un enfrentamiento caprichoso entre Clarín y Kirchner. Pero el problema es profundo, porque una sociedad con una gran concentración de medios de comunicación tenderá a construir un país con puntos de vista hegemónicos. En sí, lo que se discute es el modelo de democracia en la cual queremos vivir.
 
Si repartimos el poder de los grandes medios, se permite garantizar el acceso a todas las voces. En otras palabras, se permite difundir todas las interpretaciones de la realidad. Ese es el espíritu de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que se votó el año pasado.
 
Cuando se logre la plena implementación de la ley se podrán difundir otras miradas. Lo cual permitirá que entendamos nuestros problemas de distintas maneras. Pensando desde nuevos ángulos, podemos ver nuevas alternativas y soluciones. Se podrán generar nuevas políticas posibles.
 
Con otras voces, que defiendan nuestros intereses se podrá construir un pensamiento contrahegemónico para transformar la realidad.
 
Otro elemento de análisis importante en la comunicación, a la hora de democratizar los medios, es el fenómeno llamado “la espiral del silencio”: cuando una opinión se presenta como mayoritaria, los que coinciden con esa lectura de las cosas se sienten más seguros y tienden a manifestar con más fuerza sus posturas. Paralelamente, quienes se sienten en una situación minoritaria tienden a inhibir sus afirmaciones.
 
A modo de ejemplo. Instalado el discurso de “mano dura”, seguramente quienes se sienten identificados con posturas alternativas tenderán a callarse y aislarse. Mientras quienes alienten el endurecimiento de las leyes lo manifestarán con orgullo.
 
Los grandes medios tienen la capacidad de amplificar una interpretación particular y hacer que se vea como mayoritaria, aunque no necesariamente sea así.
 
Si queremos profundizar nuestra democracia, no les tengamos miedo a las opiniones hegemónicas. La “realidad” es una construcción colectiva que hacemos entre todos. Y todos, desde nuestro mayor o menor lugar de incidencia, podemos interpretar y difundir otras lecturas, que son fundamentales si queremos construir otro mundo posible.
Por Roberto Samar, licenciado en Comunicación Social, docente del Seminario de Filosofía Política Moderna, UNLZ.
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