Humala carga contra la concentración de medios

El Comercio tiene nueve diarios de circulación nacional y controla el 80 por ciento de la prensa escrita. Humala dijo que "por ahora no es ilegal", dando a entender que haría algo. Algunos expertos se muestran escépticos.

 

La peligrosa concentración de los medios de prensa en manos de un poderoso grupo económico, y lo que esto representa como amenaza a la pluralidad informativa y la libertad de expresión ha saltado en estos días al centro del debate político. El presidente Ollanta Humala y el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa abrieron el debate. En una entrevista, Humala calificó como "una vergüenza" la concentración de medios que se da en el país y advirtió que era "peligrosa para la libertad de expresión". Ese mismo día, en una entrevista publicada en el diario La República, Vargas Llosa señaló que esta situación representa "una amenaza potencial muy grande contra la democracia". El presidente Humala dijo que compartía lo dicho por el escritor y cerró sus declaraciones con una afirmación que parecía anunciar una acción del gobierno frente a esta situación: "Por ahora no es ilegal", dijo, al referirse a la concentración de la mayor parte de los medios en el grupo El Comercio. Pero el gobierno no ha pasado de las declaraciones del presidente a la acción.

 

El Comercio, que no solamente es el grupo mediático más grande del país sino un importante grupo económico con intereses en diversos sectores y grandes contratos con el Estado, tiene nueve diarios de circulación nacional y controla el 80 por ciento de la prensa escrita, es propietario del canal con mayor sintonía de la televisión abierta y del más importante canal de noticias por cable. Consolidó su dominio mediático en agosto de 2013, cuando adquirió la mayoría de acciones del grupo Epensa, propietario de cuatro diarios. Ocho periodistas han presentado una demanda judicial para anular esta operación de compra, argumentando que al producir una casi monopólica concentración de medios viola los derechos constitucionales a la libertad de expresión y al pluralismo informativo. Desde el dominio mediático que tiene, el grupo El Comercio ha impuesto una línea editorial e informativa marcada por una cerrada defensa de las políticas neoliberales. A través de sus medios informativos, que tienen al diario El Comercio como su buque insignia, este grupo económico ejerce una constante presión sobre el gobierno de Humala, al que mantiene jaqueado, para que no mueva un centímetro las políticas neoliberales. El gobierno ha mostrado poca capacidad de reacción y resistencia frente a las críticas y las presiones, y en más de una ocasión ha retrocedido en alguna decisión que lo puso en la mira de los medios. El gran retroceso se dio en la primera etapa del gobierno, cuando un Humala presionado por los medios y los grupos económicos renunció a lo fundamental de su programa progresista.

 

"Las declaraciones del presidente Humala contra la concentración de medios parecen reflejar su hartazgo frente a la situación actual, en la que hay una especie de dictadura mediática", le declaró a PáginaI 12 Alberto Adrianzén, sociólogo y parlamentario andino. Humala recibió como respuesta los duros ataques del conglomerado mediático, a los que se sumaron los otros medios televisivos. La oposición de derecha, muy cómoda con la línea impuesta por El Comercio, cerró filas en defensa de este grupo. Todos recurrieron al mismo discurso: acusaron a Humala de amenazar la libertad de prensa por hablar de la necesidad de regular la propiedad de los medios para evitar su concentración en un grupo económico. En el gobierno nadie salió a respaldar las declaraciones del presidente. Nadie del oficialismo defendió la postura, a la que apuntaba Humala con sus declaraciones, de que la verdadera amenaza a la libertad de prensa está en la concentración de medios y no en una eventual regulación que evite esa concentración.

 

"Todos le tienen miedo al inmenso poder mediático de El Comercio", asegura Adrianzén, quien advierte de "un pacto de impunidad" entre este grupo mediático y partidos como el Apra, del ex presidente Alan García, acusado por corrupción y por indultar a centenares de narcotraficantes, y el fujimorismo, que busca presionar para lograr la excarcelación del ex dictador Alberto Fujimori, para defenderse mutuamente. "Hay que ver si Toledo también entra a la negociación de este pacto de impunidad", señala Adrianzén. El ex presidente Alejandro Toledo también está acusado de corrupción.

 

En respuesta a los ataques de los medios y de la derecha, el primer ministro, César Villanueva, minimizó las declaraciones del presidente. Dijo que lo dicho por Humala era "solamente una declaración" y aseguró que el gobierno no impulsará una ley para evitar la concentración de medios. Otros ministros declararon en el mismo sentido. Humala insistió en criticar la concentración de medios, pero, sin respaldo al interior de su propio gobierno, aclaró que no tiene como una prioridad sacar adelante una ley para evitarla y pidió que el tema sea visto en el Congreso. Ahí tampoco encontró apoyo en su bancada. Voceros del oficialismo respondieron, desmarcándose del mandatario, asegurando que ellos no presentarán en el Parlamento una propuesta de ley sobre este asunto.

 

"Humala tiene el coraje para declarar criticando la concentración de medios, pero no tiene el coraje ni la fuerza para cambiar esa situación. Estamos ante un presidente debilitado, aislado, sin la fuerza para llevar a los hechos lo que ha declarado", dice Adrianzén.

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Multimillonarios elevaron su riqueza en 524 mil mdd en 2013

Mientras la economía mundial desaceleró su crecimiento y el número de desempleados siguió más alto que antes de la recesión de 2008-2009, los multimillonarios del mundo aumentaron todavía más sus fortunas en 2013, mostraron datos de organismos internacionales y de un índice elaborado por el servicio informativo Bloomberg.


Las 300 personas más ricas del planeta, de acuerdo con una clasificación de Bloomberg, aumentaron sus fortunas el año pasado en un monto conjunto de 524 mil millones de dólares, cantidad que, comparativamente, equivale a poco menos de la mitad del valor de la economía mexicana, que es de 1.2 billones de dólares.


Las mayores ganancias provinieron de la industria de la tecnología, que se disparó 28 por ciento durante el año. De las 300 personas que aparecen en el ranking final sólo 70 registraron una pérdida neta durante el periodo de 12 meses.


El crecimiento en las fortunas de los 300 hombres y mujeres más acaudalados del mundo ocurrió mientras la economía mundial desaceleró su crecimiento en 2013, según el Fondo Monetario Internacional. El organismo anticipó para el año pasado un aumento del producto interno bruto mundial de 2.8 por ciento, menor al registrado en 2012, que fue de 3.1 por ciento.


Según la Organización Internacional del Trabajo, en 2013 hubo 201.5 millones de desempleados en el mundo, cifra superior en 31.8 millones a la registrada en 2007, el año previo a que la economía cayó en recesión por la crisis financiera provocada por grandes grupos financieros de Estados Unidos.


En el listado hay cuatro mexicanos: Carlos Slim, principal accionista de América Móvil y Teléfonos de México, entre otras empresas, segunda fortuna mundial, con 73 mil 800 millones de dólares al cierre del año, mil 400 millones menos que al finalizar 2012. Lo sigue Alberto Bailleres, número 58 del listado, accionista de la minera Peñoles, de El Palacio de Hierro y del Grupo Nacional Provincial, con 15 mil 600 millones de dólares, 4 mil 400 millones menos que al concluir 2012.


En tercer sitio entre los mexicanos, Bloomberg ubica a Sara Mota de Larrea, viuda de Jorge Larrea que posee 36 por ciento de las acciones del minero Grupo México (su hijo, Germán Larrea, posee otro 16 por ciento), con una fortuna de 11 mil millones de dólares, 700 millones menos que al finalizar 2012. El cuarto puesto es ocupado por el propietario de Tv Azteca, Ricardo Salinas, con 9 mil 900 millones de dólares, mil 600 millones de dólares menos que al concluir 2012, de acuerdo con Bloomberg.


El valor neto de las fortunas de los 300 hombres y mujeres más ricas del planeta sumó 3.7 billones (millones de millones) de dólares al cierre de 2013, según dicha firma.


La fortuna de los 300 multimillonarios equivale a dos tercios del producto interno bruto de todos los países de América Latina y el Caribe que, de acuerdo con el Banco Mundial, es de 5.6 billones de dólares.


Los 300 multimillonarios poseen una riqueza que supera en 2.6 veces el valor de la economía de los países del África al sur del Sahara, donde viven 910 millones de personas, cuyo producto interno bruto es de 1.4 billones de dólares, de acuerdo con datos del Banco Mundial.


Los ricos fueron más ricos en 2013 y lo serán todavía más en 2014, según John Casimatidis, el multimillonario fundador del conglomerado de bienes raíces y energía Red Apple Group Inc, citado en un reporte divulgado en la ciudad de México por Burson Martseller, a propósito del índice de multimillonarios de Bloomberg.


Bill Gates, fundador y presidente del consejo directivo de Microsoft Corp, fue el mayor ganador el año pasado. La fortuna del magnate de 58 años se incrementó en 15 mil 800 millones de dólares hasta alcanzar 78 mil 500 millones de dólares, la mayor del planeta. Las acciones de Microsoft, la mayor empresa de software, subieron 40 por ciento.


Gates recobró el título como la persona más rica del mundo. Su fortuna se ha beneficiado también de un repunte en posiciones accionarias de Canadian National Railway Co y de la empresa productora de productos sanitarios Ecolab, que crecieron 34 por ciento y 45 por ciento, respectivamente, según reporte de Burson Martseller.


El índice de multimillonarios de Bloomberg es elaborado a partir de la evolución diaria de los precios en los mercados accionarios y datos sobre el desempeño de las diferentes economías, de acuerdo con su página electrónica.


Las acciones globales se dispararon en 2013 para lograr su mejor ganancia desde 2009; el Índice MSCI World avanzó 24 por ciento para cerrar el 31 de diciembre en mil 661.07 puntos. El Índice Standard and Poor's creció 30 por ciento para cerrar en mil 848.36, su mayor ganancia anual desde 1997. El Stoxx Europe ganó 17 por ciento para cerrar en 328.26 unidades.

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Brasil: Dilma rumbo a su segunda oportunidad

El año empezó con temperaturas elevadísimas en Brasil. El viernes 3, por ejemplo, los termómetros marcaban 41 grados en Río, y la sensación térmica era de 50. Así, Dilma Rousseff celebra tres años desde que se convirtió en la primera mujer en asumir la presidencia del país, y a la vez empieza el último año de su primer mandato, con marcas históricas de muchas décadas, en lo que se refiere a calor.


Hay otras marcas históricas igualmente agobiantes: por primera vez en 13 años, el saldo mensual del comercio exterior del país ha sido muy bajo: escasos 2 mil 500 millones de dólares, lo que significa menos de la décima del resultado alcanzado hace dos años.


Con eso, crece la percepción de que el año recién estrenado no llega con buenas perspectivas para la economía, y Dilma no oculta su preocupación. Sigue criticando, y con altas dosis de razón, lo que llama guerra sicológica desatada por varios sectores del empresariado, especialmente por los grandes conglomerados de comunicación. Dice que la desconfianza injustificada inhibe inversiones, y pasa revista a las realizaciones de su gobierno.


La presidenta y sus asesores saben que los logros alcanzados son precisamente los que más cuentan para el electorado, y que por eso ella sigue siendo la favorita para ser relecta en octubre próximo. En muy buena parte, por sus méritos y por los de la herencia –dudoso legado en el aspecto económico, pero robusto en el aspecto social– que recibió de su antecesor, Luiz Inacio Lula da Silva. Pero ese favoritismo también se debe a la ineptitud y a la inconsistencia de los postulantes de la oposición.


El balance de esos tres primeros años de Dilma en el gobierno es complejo y un tanto confuso. Una vez más –y como ejemplo de lo que ocurrió en las dos presidencias de su antecesor– la cuestión social ha dominado la pauta nacional. Sin duda, Brasil es hoy un país mucho menos desigual, en términos sociales, de lo que era hace 11 años, cuando el Partido del Trabajo llegó al poder.


La inclusión social de millones y millones de brasileños se incrementó en los tres primeros años de Dilma como presidenta. Y más: los programas sociales lanzados por Lula fueron mejorados y crecieron. Por ejemplo, en diciembre pasado la construcción de viviendas populares alcanzó las metas expuestas por la mandataria en su campaña electoral de 2010. Como sabemos todos los ciudadanos del mundo, promesas electorales nunca son más que promesas. Esta vez en Brasil ocurrió el insólito cumplimiento, y con un año de antelación.


La salud pública, otro de los agujeros sin fondo, sigue siendo un desastre injurioso. Pero algo se avanzó: al constatar que brasileños se resistían a trabajar en sitios inhóspitos y miserables, Dilma lanzó el programa Más Médicos, que literalmente importó doctores, en su mayoría cubanos, por lo que ahora hay mucho más. Sin embargo, aun así el país sigue a miles de millas marítimas (que son más largas que las comunes) de llegar a un grado mínimo de pleno desarrollo y justicia social, o sea, de democracia real. Pero es innegable que se avanzó de forma muy importante.


No obstante, hay una importante batalla que Dilma perdió. Se trata de la lucha contra esa sacrosanta y poderosísima figura abstracta, que todo puede y todo determina, llamada mercado.


Luiz Gonzaga Belluzzo, uno de los economistas más respetados del país, y que además fue profesor de Dilma en su maestría, lo expuso de manera muy clara en una entrevista concedida hace poco. Advierte que los efectos de la crisis internacional fueron mayores y más duraderos de lo que se pensó en un principio y llama la atención a la cuestión del cambio. En 2013, el real se devaluó 15,5 por ciento frente al dólar, exactamente la proporción de la caída de la Bolsa de Valores de San Pablo. Según Belluzzo y buena parte de los economistas respetables de Brasil, el atraso en el tipo de cambio sería actualmente de alrededor de 30 por ciento.


Hay, de manera muy evidente, un embate entre el gobierno de Dilma y el sacrosanto señor mercado. Y, advierte Belluzzo, a ejemplo de lo que se observa en todo el mundo –basta con lanzar una mirada a Europa–, lo que pasa es que cuando hay un embate entre gobierno y mercado, los gobiernos pierden siempre.


Los señores del dinero son los señores del mundo, y ni modo. Esa, quizá, haya sido la gran batalla –política, administrativa e ideológica– perdida por Dilma.


Se podría hablar de muchos otros equívocos, como el de concentrar los esfuerzos para mantener el crecimiento económico en el consumo y no en la producción. Los brasileños tienen hoy, gracias a los créditos ofrecidos por la banca pública, oportunidades inéditas de comprar refrigeradores, televisores y automóviles. El resultado: 54 por ciento de las familias brasileñas tienen más de 45 por ciento de su renta comprometida al pago de deudas.


En octubre, Dilma deberá ser relecta. Tendrá entonces lo que García Márquez reivindicaba en Cien años de soledad: una segunda oportunidad en esta tierra.


Ojalá sepa aprovecharla.

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Domingo, 05 Enero 2014 06:30

Sudáfrica después de Mandela

Sudáfrica después de Mandela

El ícono ha muerto. ¿Que viva qué? En diciembre, el mundo compartió la increíble celebración del funeral de Nelson Mandela. Las elegías fueron interminables. Más jefes de Estado, pasados y presentes, que en ningún otro funeral en la historia, vinieron a rendirle homenaje. Sin duda hubo algunas voces disidentes entre los comentaristas, pero realmente muy pocas. No hay duda de que hubo también un poco de hipocresía en la celebración, pero también hubo expresiones de pesar genuino y aprecio real por una persona extraordinaria. Fue la última hurra por quien los sudafricanos llamaban Tata Madiba.


Pero ahora qué sigue. La realidad de Sudáfrica es una en la que no importa qué papel jugó Mandela en la lucha contra el apartheid, luego en la (re)construcción de una nación y posteriormente en el traspaso del poder político a otros: no puede ya jugar estos roles nunca más. Sudáfrica está ahora sola, para bien o para mal –sin la gracia especial que le brinda un ícono viviente. ¿Cuáles son sus conflictos actuales y su actual posición geopolítica? ¿Y qué podemos esperar que ocurra en los 10 o 20 años próximos?


Lo primero que puede ocurrir es que continúe la decadencia, tal vez rápida, de la organización de Mandela, el Congreso Nacional Africano (CNA). El CNA fue una fuerza conducente en la lucha contra el apartheid (aunque no la única). Pese a todos los enormes pronósticos contrarios, el CNA ganó la batalla política. Logró su exigencia primordial: un sistema político basado en una persona, un voto. En la primera elección basada en el sufragio universal en Sudáfrica, Mandela fue electo presidente en 1994 y el CNA ganó más de dos tercios de los escaños en la legislatura. Repitió su demostración electoral en las dos subsecuentes elecciones presidenciales, la de Thabo Mbeki y la de Jacob Zuma, así como en casi todas las elecciones regionales y locales.
No obstante, está visiblemente en decadencia. ¿Por qué? La primera explicación es que todos los movimientos de liberación nacional que logran el poder tras una lucha prolongada tienen un periodo inicial de enorme respaldo electoral al que le sigue una decadencia que con frecuencia es drástica. Esto ocurre por tres razones: 1. Las expectativas populares de que se logren mejoras enormes, sobre todo en la esfera económica, no se cumplen. De hecho, en muchos modos la situación empeora para gran cantidad de personas. 2. Al mismo tiempo, hay una gran corrupción entre los funcionarios electos y otros favorecidos por ellos, y ocurre una lucha interna siempre creciente entre los dirigentes principales en pos de los despojos del cargo saliente. 3. A como van los tiempos, hay más y más votantes que están demasiado jóvenes para tener un recuerdo vivo de cómo se vivía en el régimen previo.


En el caso de Sudáfrica, los problemas genéricos a todos los movimientos de liberación nacional se conjuntan con una historia política nacional. El CNA ha estado vinculado a una alianza política tripartita junto al Partido Comunista Sudafricano y el Congreso de Sindicatos Sudafricanos (SACP y Cosatu, respectivamente, por sus siglas en inglés). Ambas organizaciones se han visto afectadas por la decadencia del Congreso Nacional Africano.
El SACP ha jugado por largo tiempo un papel político que va más allá de su potencial fuerza electoral. Esto ha hecho que esté muy cerca del CNA por el obvio temor de que cualquier fractura signifique un desastre electoral que los vuelva políticamente irrelevantes. Algunos miembros del SACP, o ex-miembros de éste, están ahora entre los proponentes principales de una orientación neoliberal del gobierno. Otros han remodelado sus aspiraciones socialistas como perspectiva de muy largo plazo.


A diferencia del SACP, el Cosatu cuenta con una base numérica significativa. Pero el Cosatu es una federación de sindicatos cuyos intereses varían y cuyos líderes tienen análisis divergentes de la situación política actual. La versión resumida de los debates internos del Cosatu es que algunos de los grandes sindicatos están listos para romper con el CNA y adherirse activamente a otras afiliaciones políticas. Otros llaman, precisamente, a la política opuesta. Esto divide a los sindicatos, entre ellos y al interior de cada uno. El Cosatu se encuentra en el momento álgido de un viraje importante, que probablemente implicará una división organizativa. De ocurrir esto, es bastante incierto que los sindicatos continúen siendo actores importante en el escenario sudafricano en la década venidera.


Finalmente, el CNA mismo está en gran escisión. Ha habido otras fracturas antes de ésta, pero ninguna parecía tener un efecto en lo electoral. Esta vez, es probable que la escisión tenga consecuencias más serias. Hay dos grietas básicas al interior del CNA. Una es étnica, entre los dirigentes enraizados a uno u otro de los dos más grandes grupos –los xhosa y los zulúes. La segunda tiene que ver con la apuesta más grande de Sudáfrica, lo que le dio fama mundial: el carácter no racial del régimen. Hay ahora una facción grande que está llamando a rechazar el así llamado arcoiris y a afirmar la precedencia de los africanistas. El punto candente es la redistribución de derechos agrarios, que en gran medida sigue en las manos de los granjeros blancos.


Además de los conflictos internos, Sudáfrica ha estado jugando un papel relativamente importante en el escenario mundial y su actividad geopolítica se ha vuelto objeto de crítica creciente.


Sudáfrica es uno de los cinco miembros del grupo conocido como BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) y es el más pequeño y económicamente débil de los cinco. Hay mucho debate en Sudáfrica acerca del grado en que este vínculo le permite a los otros, en especial a China, sacar ventaja de Sudáfrica.


Sudáfrica es, al mismo tiempo, el peso completo en el continente africano, y su ejército ha jugado un papel activo en mantener la paz en varios estados africanos. La cuestión planteada es la siguiente: ¿es esto subimperialismo o imperialismo directo que refleja los intereses económicos de Sudáfrica, o es más bien la expresión virtuosa de una autonomía y solidaridad regionales?


Finalmente, como en otras muchas partes del mundo, hay un desempleo creciente y masivo. Y como en otras muchas partes del mundo, la reacción política ha sido una xenofobia creciente, que conduce a ataques contra los mozambicanos y otros que han emigrado en busca de mejoramiento económico.


De muchas formas, Sudáfrica es un polvorín a punto de explotar. Sin embargo, en el lado positivo tiene la Constitución más progresista del mundo (siempre y cuando sus previsiones sean respetadas). Sigue gozando de una de las arenas de debate político más vivas y abiertas. Y tiene un número impresionante de movimientos sociales construidos desde abajo.


Dentro de 10 años es probable que Sudáfrica se mire muy diferente. La cuestión es: ¿Se mirará mejor o peor?

Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein

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El funesto imperio mundial de las corporaciones

Los buenos deseos de un año feliz son rituales. No pasan de ser simples deseos, pues no consiguen cambiar el curso del mundo donde los superpoderosos siguen su estrategia de dominación global. Sobre esto necesitamos pensar y hasta rezar, pues las consecuencias económicas, sociales, culturales, espirituales y para el futuro de la especie y de la naturaleza pueden ser nefastas.


Muchos como J. Stiglitz y P. Krugman esperaban que el legado de la crisis de 2008 sería un gran debate sobre qué tipo de sociedad queremos construir. Se equivocaron de medio a medio. La discusión no se dio. Al contrario, la lógica que provocó la crisis ha sido retomada con más furor. Richard Wilkinson, uno de los mayores especialistas sobre el tema desigualdad, estuvo más atento y dijo hace ya tiempo en una entrevista al periódico Die Zeit de Alemania: "la pregunta fundamental es ésta: ¿queremos o no queremos realmente vivir según el principio de que el más fuerte se apropia de casi todo y el más débil se queda atrás?


Los super-ricos y super-poderosos decidieron que quieren vivir según el principio darwinista del más fuerte, y que los mas débiles se aguanten. Pero comenta Wilkinson: «creo que todos tenemos necesidad de mayor cooperación y reciprocidad, pues la personas desean una mayor igualdad social». Este deseo es negado intencionadamente por esos epulones.


Por lo general, la lógica capitalista es feroz: una empresa se come a otra (eufemísticamente se dice que se fusionaron). Cuando se llega a un punto en que sólo quedan algunas grandes, cambian de lógica: en vez de guerrear, hacen entre sí una alianza de lobos y se comportan mutuamente como corderos. Así articuladas detentan más poder, acumulan con más seguridad para sí y para sus accionistas, sin tener en cuenta para nada el bien de la sociedad.


La influencia política y económica que ejercen sobre los gobiernos, la mayoría de ellos mucho más débiles que ellas, es extremadamente coercitiva, interfiriendo en el precio de las commodities, en la reducción de las inversiones sociales, en la salud, educación, transporte y seguridad. Los miles de personas que ocupan las calles en el mundo y en Brasil intuyeron esa dominación de un nuevo tipo de imperio, cuyo lema es: «la avaricia es buena» (greed is good) y «devoremos lo que podamos devorar».


Hay excelentes estudios sobre la dominación del mundo por parte de las grandes corporaciones multilaterales. Es conocido el de David Korten Cuando las corporaciones rigen el mundo (When the Corporations rule the World) . Pero hacía falta un estudio de síntesis, y éste ha sido realizado por la Escuela Politécnica Federal Suiza (ETH), en Zurich, en 2011, que se cuenta entre los más respetados centros de investigación, compitiendo con el MIT. El documento ha implicado a grandes nombres, es corto, no más de 10 páginas, y otras 26 sobre su metodología, para mostrar la total transparencia de los resultados. Ha sido resumido por el Prof. de economía de la PUC-SP Ladislau Dowbor en su página web (http://dowbor.org). Nos basamos en él.


De entre los 30 millones de corporaciones existentes, el ETH seleccionó 43 mil para estudiar mejor su lógica de funcionamiento. El esquema simplificado se articula así: hay un pequeño núcleo financiero central que tiene dos lados: de un lado están las corporaciones que componen el núcleo y del otro, aquellas que son controladas por él. Tal articulación crea una red de control corporativo global. Ese pequeño núcleo (core) constituye una super-entidad (super entity). De él emanan los controles en red, lo que facilita la reducción de los costos, la protección de los riesgos, el aumento de la confianza y, lo que es principal, la definición de las líneas de la economía global que deben ser fortalecidas y dónde.


Ese pequeño núcleo, fundamentalmente de grandes bancos, detenta la mayor parte de las participaciones en las otras corporaciones. La cúpula controla el 80% de toda la red de corporaciones. Son apenas 737 actores, presentes en 147 grandes empresas. Ahí están el Deutsche Bank, el J.P. Morgan Chase, el UBS, el Santander, el Goldman Sachs, el BNP Paribas (entre otros muchos). Al final menos del 1% de las empresas controla el 40% de toda red.


Este dato nos permite entender ahora la indignación de los Occupies y de otros que acusan al 1% de las empresas de hacer lo que quieren con los recursos procedentes del sudor del 99% de la población. Ellos no trabajan ni producen nada. Solamente hacen más dinero con el dinero lanzado en el mercado de la especulación.


Fue esta absurda voracidad de acumular ilimitadamente la que gestó la crisis sistémica de 2008. Esta lógica profundiza cada vez más la desigualdad y hace más difícil la salida de la crisis. ¿Cuánto de inhumanidad aguanta el estómago de los pueblos? Todo tiene su límite y la economía no lo es todo. Pero ahora nos es dado ver las entrañas del monstruo. Como dice Dowbor: «La verdad es que hemos ignorado al elefante que está en el centro de la sala». Está rompiendo todo, los cristales, la vajilla y pisoteando a las personas. ¿Pero hasta cuándo? El sentido ético mundial nos asegura que una sociedad no puede subsistir por mucho tiempo asentada sobre la sobreexplotación, la mentira y la antivida.

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Domingo, 05 Enero 2014 05:57

La crisis hegemónica a escala mundial

La crisis hegemónica a escala mundial

Nunca como ahora fue tan real la tensión entre un mundo que se agota pero trata de sobrevivir, y un mundo nuevo con grandes dificultades para afirmarse. En ese viaje se insiere un mundo inestable, turbulento, y una gran pelea por la nueva hegemonía mundial.


La decadencia de la hegemonía norteamericana en el mundo y el agotamiento del modelo neoliberal son evidentes pero, al mismo tiempo, no surgen todavía en el horizonte ni una potencia o un grupo de países que puedan ejercer la hegemonía mundial en lugar de EEUU. Ni tampoco aparece un modelo que pueda disputar con el neoliberalismo la hegemonía económica a escala mundial. Los gobiernos posneoliberales latino-americanos no tienen todavía la fuerza suficiente para disputar la hegemonía económica a escala global.


La victoria en la guerra fría no ha significado que la imposición de la Pax Americana haya traído estabilidad al mundo. Al contrario, nunca han proliferado tantos conflictos violentos, porque Estados Unidos se vale de su superioridad militar para tratar de transferir los conflictos para el plano del enfrentamiento violento. Así fue en Afganistán, en Irak, en Libia, sin que hubiera tenido capacidad para imponer estabilidad política sobre los escombros de las intervenciones militares. Esos países siguen siendo epicentros de guerra en el mundo actual.


En el caso de Siria —y, por extensión, en el de Irán— EEUU ni siquiera fue capaz de generar las condiciones políticas mínimas para nuevas intervenciones militares, teniendo que participar en procesos de negociaciones políticas de los conflictos.


Sin embargo, EEUU sigue siendo la única potencia mundial que articula su poder económico, tecnológico, político, militar y cultural, para imponerse como el país de mayor influencia en el mundo, el único que tiene una estrategia global. Ni China, ni la debilitada Unión Europea, ni América Latina, o un conjunto de fuerzas articuladas entre sé, logra oponerse a la hegemonía norteamericana en el mundo.


La profunda y prolongada crisis económica en el centro del capitalismo ha demostrado cómo sectores del Sur —en Asia y en América Latina— han logrado defenderse, sufriendo los efectos de la recesión, pero sin entrar ellos mismos en recesión, como había ocurrido en otras crisis del sistema. Los países con gobiernos posneoliberales han podido defenderse y no caer en recesión porque ya existe en el mundo un cierto grado de multilateralismo económico, que permite que los intercambios Sur-Sur —además de los realizados por los procesos de integración regional en América del Sur— unidos a la enorme expansión de los mercados internos de consumo popular. Sin embargo, las fuertes presiones recesivas no dejan de afectar a esos países, haciendo que necesiten respuestas integradas para la elevación del nivel de expansión de sus economías.


Sin embargo, a pesar del desprestigio de las políticas neoliberales, responsables de la crisis en el centro del sistema e impotentes, hasta ahora, para superarla, el modelo neoliberal sigue siendo dominante en gran parte del sistema económico mundial. Las medidas puestas en práctica por los gobiernos europeos, por ejemplo, son de carácter neoliberal, para reaccionar frente a una crisis neoliberal, es decir, están echando alcohol al fuego.


Porque el neoliberalismo no es solamente una política económica, es un modelo hegemónico, que corresponde a la hegemonía del capital financiero a escala mundial, a lo del bloque EEUU-Gran Bretaña desde el punto de vista político, así como a un modo de vida (el llamado modo de vida norteamericano), centrado en el consumo, en la mercantilización de la vida y de los centros comerciales. Es un punto de no retorno del capitalismo a escala global, que coloca a la vez los límites de las propuestas de acción de las grandes potencias políticas y de los grandes organismos internacionales.
Así el mundo seguirá viviendo, por lo menos hasta la primera mitad del nuevo siglo, un período de turbulencias, en el que la decadente hegemonía norteamericana se mantenga, aunque con crecientes dificultades. Al igual que el predominio del modelo neoliberal, que también sobrevivirá, aunque debilitado y condenando a la economía mundial, a procesos de una mayor concentración de la renta, de exclusión de derechos y de continua recesión económica.


Una profunda y extensa crisis de hegemonía se impone así a escala mundial, con persistencia de los viejos modelos y dificultades para la afirmación de las alternativas.

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Sábado, 04 Enero 2014 07:42

Aprender de las hormigas

Aprender de las hormigas

En sus tiempos de tupamaro, aquel treintañero registrado en las fichas policiales como José Alberto Mujica Cordano, se entregó a la vida clandestina para buscar cómo cambiar el mundo desde las catacumbas. Participó en acciones guerrilleras espectaculares, resultó herido de ocho balazos en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, salía de la cárcel y lo volvían a meter, logró fugarse dos veces, y sus años en prisión vinieron a ser 15 en total. La dictadura militar lo declaró rehén dentro de la cárcel, de modo que en cualquier momento podía ser ejecutado en represalia por lo que sus compañeros hicieran en la calle.


Lo encerraron en un pozo subterráneo, donde apenas tenía espacio para moverse, tan aislado del mundo que era fácil perder el sentido del tiempo y la realidad. A veces podía leer fragmentos de periódicos de los que le daban para ir al excusado, y entonces atisbaba, como a través de una rendija, algo de la vida que bullía afuera, aunque se tratara de anuncios clasificados o una cartelera de cine. Su única compañía eran unas ranitas a las que daba de comer miguitas de pan. Y allí descubrió que las hormigas gritan. Si uno tiene la constancia y la paciencia de llevárselas al oído, es capaz de escucharlas. Para esos experimentos tenía todo el tiempo del mundo, y también para tratar de fijar en la memoria fragmentos de libros leídos años atrás.

 

En la novela El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, Edmundo Dantés sufre en las mazmorras subterráneas una suerte parecida, y cuando al fin logra la libertad, ya en sus manos el tesoro que lo hará rico y poderoso, su dedicación sagrada es la venganza. Arruinar y afligir a quienes lo habían enviado a prisión. Y entonces aprende que el desquite es una pasión que nunca se sacia. En las novelas, donde se vive un mundo de posibilidades infinitas, el escritor sabe que el camino de la venganza está lleno de atractivos para el lector, que siempre quiere ver a los malvados castigados a cualquier precio, y que la justicia triunfe aunque sea de manera inicua. En la vida hay otras escogencias que son las que al final perduran porque tienen sustancia ética, y es esa la sustancia de la que están hechos los verdaderos estadistas.


Cuando un viejo guerrillero, un día encarcelado y humillado, llega al despacho presidencial porque ha sido electo por el voto popular, debe saber que la venganza sólo puede ser un estorbo para gobernar por encima de las pasiones, las propias y las ajenas, así que el primer paso es desterrarlas, la primera de ellas el sentimiento de venganza. Es lo que ocurrió con Nelson Mandela y lo que ocurre con José Mujica, el presidente de Uruguay. Y si nos quedamos en la vecindad, allí está la antigua guerrillera Dilma Rousseff, la presidenta de Brasil, encarcelada y torturada, y Michelle Bachelet, que vuelve a la presidencia de Chile, su padre asesinado por la dictadura de Pinochet.


La venganza personal desde una alta posición de poder, en contra de quienes un día encarcelaron, vejaron y torturaron al que ahora manda, es un acto que se coloca lejos de la perspectiva de un estadista obligado a ver el todo de la sociedad, y el futuro de esa sociedad, y resulta a la postre en un acto mezquino. Pero la venganza tiene un campo de acción más amplio y peligroso. La venganza de clases, resultado del odio de clases, que a su vez resulta de la lucha de clases.


Mujica declara sin tapujos que cuando empuñó las armas lo hizo porque luchaba por una sociedad sin clases, por establecer en Uruguay la dictadura del proletariado. Hoy, sentado en la silla presidencial, menos cómoda que el taburete en su casa de Rincón del Cerro, donde vive como el modesto finquero que siempre fue, declara también, igualmente sin tapujos, que no cree en ninguna clase de dictadura, ni siquiera en la vieja y obsoleta dictadura del proletariado.


La venganza no es más que uno de los aspectos de la personalidad de Edmundo Dantés. Destella como una joya maligna con resplandores de justicia, pero en el alma del personaje se hace acompañar de la soberbia del poder, del orgullo y de la arbitrariedad. Si soy rico, si soy poderoso, y antes me humillaron y encarcelaron, mi única manera de tener paz es hacer justicia por mi propia mano, viene a ser la lección de este prisionero al que tomamos como héroe porque sacia nuestro propio apetito de venganza.


Nuestros caudillos latinoamericanos, de la vieja y de la nueva cosecha, parecen haber sido mejores lectores de El conde de Montecristo que de El espíritu de las leyes, de Montesquieu, pues fueron y han sido capaces de establecer la arbitrariedad como sistema; un sistema que destruye las instituciones porque parte de la voluntad personal y no del interés de la nación. El poder que satisface los instintos, y no los ideales.


Pero hay algo de por medio que conviene no descuidar. La dictadura militar en Uruguay rompió la tradición institucional, firmemente asentada en una cultura cívica que a su vez se fundamentaba en un sistema escolar de alta calidad. Una vez que se restableció la democracia, las instituciones estaban allí y sólo hacía falta echarlas a andar de nuevo. De modo que Mujica es hijo de esa tradición que hoy sirve para cimentar sus ideas de cambio y renovación en busca de convertir su país en una nación moderna y equitativa. Un socialista íntimamente cercano a la democracia y lejano a los eslóganes.


La cárcel y las salas de torturas no son necesariamente purificadoras. Un prisionero puede llegar a ser estadista, como José Mujica lo ha demostrado, pero tiene que haber aprendido a entender lo que le dicen las hormigas y las ranitas en lo hondo del pozo. Jamás malinterpretarlas, o malversar sus voces. En eso consiste, en verdad, la sabiduría.


Masatepe, diciembre 2013.


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Sábado, 04 Enero 2014 07:00

Populismo frente a neoliberalismo

Populismo frente a neoliberalismo

Cuando vemos a Nicolás Maduro tratando a un pajarillo como la reencarnación de Chávez o reverenciando su imagen en la mancha de humedad de una pared muchos sentimos la misma incomodidad que cuando su jefe y maestro enarbolaba un rosario invocando el favor divino para su gobierno. Algo similar sucede con gestos y discursos de este tipo que protagonizan otros gobernantes en América Latina. Y esta incomodidad es legítima. Creo que disimular esta crítica con un pretendido respeto a la sensibilidad popular no es otra cosa que asumir una actitud paternalista. En nada ayuda a un proceso político fomentar supersticiones como si el pueblo necesitara acudir a la magia para resolver sus problemas. Creo que se pueden y se deben criticar estos recursos que tratan a los ciudadanos como menores de edad.


Pero mucho peor que ese paternalismo comprensivo es el intento de descalificar todas las políticas de los gobiernos llamados populistas (¿qué significa populismo?) aduciendo como razón estos episodios pintorescos. Lo cierto es que mientras en Europa –como en tantos otros lugares- no se atisba ninguna señal de que se cuestionen los dogmas neoliberales que rigen la vida económica, en varios países de América Latina, en muy distinta medida, se están rompiendo las reglas de juego que colocaron a esa región entre las más subdesarrolladas del planeta. Las recetas del Fondo Monetario, que redujeron su "ayuda" a los países latinoamericanos a exigirles la reducción del déficit y el control de la inflación, ya no son obedecidas ciegamente. Se están desarrollando tratados comerciales que no dependen de las políticas impuestas por Estados Unidos, aunque todavía estén en fase embrionaria y compitan entre sí. Muchas nacionalizaciones de empresas esenciales están mermando la influencia y el expolio que ejercieron grandes multinacionales en la región. Mientras en Europa las desigualdades entre los que tienen más y menos ingresos han crecido considerablemente durante la crisis, Latinoamérica es uno de los pocos lugares donde esa desigualdad disminuyó. En los últimos años, varios de esos países han reducido la pobreza extrema y el analfabetismo en una proporción significativa. Y, quizás lo más importante, proliferan en la región iniciativas populares de solidaridad y proyectos de integración de comunidades marginadas en zonas deprimidas. Lo cual no significa, por supuesto, que hayan resuelto sus problemas: las desigualdades y la miseria no han desaparecido, los conflictos entre las naciones latinoamericanas frenan la integración de la zona, el autoritarismo sigue vigente, los problemas de financiación son un obstáculo para el crecimiento, la inseguridad es muy alta, la corrupción no ha sido eliminada.


Decía Max Weber que la legitimación del poder político puede ser de tres tipos distintos. El primero es el tradicional, el que se basa en la fuerza de un pasado que no se cuestiona, como las monarquías hereditarias; el segundo es el carismático, que se fundamenta en los atributos personales de un líder al que el pueblo entrega su confianza; el tercero es el legal-racional, hijo de la razón ilustrada y que se apoya en la ley. Los Estados modernos surgen de este tercer criterio, que asume la democracia representativa como forma de gobierno. Pero el sistema capitalista, que rige la vida económica de estos Estados, entra claramente en contradicción con esa democracia representativa, sobre todo en la medida en que aumenta el peso de los sectores financieros en su gestión, ya que la supuesta voluntad popular que se expresa por medio de sus representantes pierde poder día a día, reemplazada por el que surge de anónimos despachos que dictan las condiciones de la gestión política. El precario estado de bienestar por el que habíamos optado en Europa requiere financiación y si esa financiación depende de las decisiones de quienes no representan a los ciudadanos y ni siquiera pueden ser controlados por los poderes públicos, el concepto mismo de democracia se ve cuestionado. Si aceptamos que es necesario un cambio de paradigma político y económico a riesgo de poner en peligro el mismo sistema democrático y el estado de bienestar, estos débiles signos que aparecen en algunos países de América Latina son los únicos que se dirigen a cuestionar el poder de los mercados financieros y a recuperar al menos una parte del control democrático de la economía. En cualquier caso, más de lo que se puede ver en Europa.


La superación de este estado de cosas difícilmente se puede hacer siguiendo la lógica interna y el curso normal de los procedimientos de ese paradigma legal-racional de que hablaba Weber, que ha generado gobiernos (y oposiciones) sujetos a reglas de funcionamiento que privilegian la estabilidad del sistema, sin que sus gestores tengan demasiado interés en provocar situaciones que podrían poner el peligro sus carreras políticas. ¿Qué gobernante se atrevería a desafiar a los mismos poderes que hacen posible su estabilidad en el cargo, llegar al cual le ha costado años de buena conducta dentro del partido? Probablemente sea necesaria la intervención de líderes carismáticos para romper esa normalidad. Recordando, eso sí, que no faltan ejemplos de tales líderes, como Hitler y Mussolini, que llevaron sus pueblos al desastre. Pero recordando también que no se puede demonizar el papel del liderazgo carismático; tampoco faltan ejemplos, como Gandhi y Mandela, que pudieron superar regímenes totalitarios utilizando métodos poco convencionales, sin necesidad de atenerse a los procedimientos formales convencionales. En cualquier caso, la irrupción de esos líderes que rompen la estabilidad y se atreven a lanzar mensajes políticamente incorrectos con el apoyo de sectores importantes de la población constituye quizás la única manera de abrir un espacio en el que se comiencen a discutir las reglas de juego que rigen la práctica política y económica de nuestros tiempos y no solo la aplicación de cambios cosméticos. Aunque la prensa políticamente correcta (y no solo de derechas) pretenda identificar ese liderazgo carismático con un inoperante populismo demagógico

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Como siempre, la historia es impura, y resulta fácil descalificar en bloque regímenes políticos apoyándose en anécdotas más o menos pintorescas de sus líderes. Que por otra parte, y a diferencia de lo que sucedía hace poco tiempo en la época de los golpes de Estado, actúan dentro de la democracia representativa, con todos los matices que se quieran aducir. Los sistemas que dependen del carisma de sus líderes tienen sus riesgos, por supuesto. Como la tentación de sustituir medidas eficaces por soflamas revolucionarias, tomar decisiones precipitadas que provoquen lo contrario de lo que se pretende, asumir compromisos imposibles de cumplir, dividir más de lo necesario a los ciudadanos. Los resultados los dirá el tiempo. En cualquier caso, creo que los movimientos más o menos carismáticos que están apareciendo en América Latina constituyen uno de los pocos intentos de poner en cuestión los principios neoliberales sobre los que se basa la estructura económica actual. Una posibilidad que no se vislumbra en Europa, donde, por supuesto, se cuida mucho mejor la corrección del lenguaje y las formas protocolarias aunque nos lleven al fracaso.

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Jueves, 02 Enero 2014 08:04

Dos horas más con Fidel

Dos horas más con Fidel

Hacía un día de primaveral dulzura, anegado por esa luz refulgente y ese aire cristalino tan característicos del mágico diciembre cubano. Llegaban olores del océano cercano y se oían las verdes palmeras mecidas por una lánguida brisa. En uno de esos "paladares" que abundan ahora en La Habana, estaba yo almorzando con una amiga. De pronto, sonó el teléfono. Era mi contacto: "La persona que deseabas ver, te está esperando en media hora. Date prisa." Lo dejé todo, me despedí de la amiga y me dirigí al lugar indicado. Allí me aguardaba un discreto vehículo cuyo chófer puso de inmediato rumbo hacia el oeste de la capital.


Yo había llegado a Cuba cuatro días antes. Venía de la Feria de Guadalajara (México) donde estuve presentando mi nuevo libro Hugo Chávez. Mi primera vida (1), conversaciones con el líder de la revolución bolivariana. En La Habana, se estaba celebrando con inmenso éxito, como cada año por estas fechas, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Y su director Iván Giroud tuvo la gentileza de invitarme al homenaje que el Festival deseaba rendirle a su fundador Alfredo Guevara, un auténtico genio creador, el mayor impulsor del cine cubano, fallecido en abril de 2013.


Como siempre cuando arribo a La Habana, había preguntado por Fidel. Y a través de varios amigos comunes le había transmitido mis saludos. Hacía más de un año que no lo veía. La última vez había sido el 10 de febrero de 2012 en el marco de un gran encuentro "por la Paz y la preservación del Medio Ambiente", organizado al margen de la Feria del libro de La Habana, en el que el Comandante de la revolución cubana conversó con una cuarentena de intelectuales (2).


Se abordaron, en aquella ocasión, los temas más diversos empezando por el "poder mediático y la manipulación de las mentes" del que me tocó hablar en una suerte de ponencia inaugural. Y no se me olvida la pertinente reflexión que hizo Fidel al final de mi exposición: "El problema no está en las mentiras que los medios dominantes dicen. Eso no lo podemos impedir. Lo que debemos pensar hoy es cómo decimos y difundimos nosotros la verdad."
Durante las nueve horas que duró esa reunión, el líder cubano impresionó a su selecto auditorio. Demostró que, a sus entonces 85 años de edad, conservaba intacta su vivacidad de espíritu y su curiosidad mental. Intercambió ideas, propuso temas, formuló proyectos, proyectándose hacia lo nuevo, hacia el cambio, hacia el futuro. Sensible siempre a las transformaciones en curso del mundo.


¿Cuán cambiado lo hallaría ahora, diecinueve meses después? Me preguntaba yo a bordo del vehículo que me acercaba él. Fidel había hecho pocas apariciones públicas en las últimas semanas y había difundido menos análisis o reflexiones que en años anteriores (3).


Llegamos. Acompañado de su sonriente esposa Dalia Soto del Valle, Fidel me esperaba a la entrada del salón de su casa, una pieza amplia y luminosa abierta sobre un soleado jardín. Lo abracé con emoción. Se le veía en estupenda forma. Con esos ojos brillantes cual estiletes sondeando el alma de su interlocutor. Impaciente ya de iniciar el diálogo, como si se tratase, diez años después, de proseguir nuestras largas conversaciones que dieron lugar al libro Cien horas con Fidel (4).

Aún no nos habíamos sentado que ya me formulaba infinidad de preguntas sobre la situación económica en Francia y la actitud del gobierno francés... Durante dos horas y media, charlamos de todo un poco, saltando de un tema a otro, como viejos amigos. Obviamente se trataba de un encuentro amistoso, no profesional. Ni grabé nuestra conversación, ni tomé apunte alguno durante el transcurso de ella (5). Y este relato, además de dar a conocer algunas reflexiones actuales del líder cubano, sólo aspira a responder a la curiosidad de tantas personas que se preguntan, con buenas o malas intenciones:¿cómo está Fidel Castro?


Ya lo dije: estupendamente bien. Le pregunté por qué aún no había publicado nada sobre Nelson Mandela, fallecido hacía ya más de una semana. "Estoy en ello, me declaró, terminando el borrador de un artículo (6). Mandela fue un símbolo de la dignidad humana y de la libertad. Lo conocí muy bien. Un hombre de una calidad humana excepcional y de una nobleza de ideas impresionante. Es curioso ver como los que ayer amparaban el Apartheid, hoy se declaran admiradores de Mandela. ¡Qué cinismo! Uno se pregunta, si unicamente tenía amigos ¿quién entonces metió preso a Mandela? ¿Cómo el odioso y criminal Apartheid pudo durar tantos años? Pero Mandela sabía quienes eran sus verdaderos amigos. Cuando salió de prisión, una de las primeras cosas que hizo fue venir a visitarnos. ¡Ni siquiera era todavía presidente de África del Sur! Porque él no ignoraba que sin la proeza de las fuerzas cubanas, que le rompieron el espinazo a la élite del ejército racista sudafricano en la batalla de Cuito Cuanavale [1988], y favorecieron así la independencia de Namibia, el régimen del Apartheid no se hubiese derrumbado y él se hubiera muerto en la cárcel. ¡Y eso que los sudafricanos poseían varias bombas nucleares, y estaban dispuestos a utilizarlas!"


Hablamos después de nuestro amigo común Hugo Chávez. Sentí que aún estaba bajo el dolor de la terrible pérdida. Evocó al Comandante bolivariano casi con lágrimas en los ojos. Me dijo que se había leido, "en dos días", el libro Hugo Chávez. Mi primera vida. "Ahora tienes que escribir la segunda parte. Todos queremos leerla. Se lo debes a Hugo", añadió. Ahí intervino Dalia para señalarnos que ese día (13 de diciembre), por insólita coincidencia, se cumplían 19 años del primer encuentro de los dos Comandantes cubano y venezolano. Hubo un silencio. Como si esa circunstancia le confiriera de pronto una indefinible solemnidad a nuestra visita.


Meditando para sí mismo, Fidel se puso entonces a recordar aquel primer encuentro con Chávez del 13 de diciembre de 1994. "Fue una pura casualidad, rememoró. Me enteré que Eusebio Leal lo había invitado a dar una conferencia sobre Bolívar. Y quise conocerlo. Lo fui a esperar al pie del avión. Cosa que sorprendió a mucha gente, incluido al propio Chávez. Pero yo estaba impaciente por verlo. Nos pasamos la noche conversando." "Él me contó, le dije, que más bien sintió que usted le estaba haciendo pasar un examen..." Se echa a reír Fidel: "¡Es cierto! Quería saberlo todo de él. Y me dejó impresionado... Por su cultura, su sagacidad, su inteligencia política, su visión bolivariana, su gentileza, su humor... ¡Lo tenía todo! Me di cuenta que estaba frente a un gigante de la talla de los mejores dirigentes de la historia de América Latina. Su muerte es una tragedia para nuestro continente y una profunda desdicha personal para mí que perdí al mejor amigo...

"
"¿Vislumbró usted, en aquella conversación, que Chávez sería lo que fue, o sea el fundador de la revolución bolivariana?" "Él partía con una desventaja: era militar y se había sublevado contra un presidente social-demócrata que, en realidad, era un ultraliberal... En un contexto latinoamericano con tanto gorila militar en el poder, mucha gente de izquierda desconfiaba de Chávez. Era normal. Cuando yo conversé con él, hace hoy pues diecinueve años, entendí inmediatamente que Chávez se reclamaba de la gran tradición de los militares de izquierda en América Latina. Empezando por Lázaro Cárdenas [1895-1970], el general-presidente mexicano que hizo la mayor reforma agraria y nacionalizó el petroleo en 1938..."


Hizo ahí Fidel un amplio desarrollo sobre los "militares de izquierda" en América Latina e insistió sobre la importancia, para el comandante bolivariano, del estudio del modelo constituido por el general peruano Juan Velasco Alvarado. "Chávez lo conoció en 1974, en un viaje que efectuó a Perú siendo aún cadete. Yo también me encontré con Velasco unos años antes, en diciembre de 1971, regresando de mi visita al Chile de la Unidad Popular y de Salvador Allende. Velasco hizo reformas importantes pero cometió errores. Chávez analizó esos yerros y supo evitarlos."


Entre las muchas cualidades del Comandante venezolano, subrayó Fidel una en particular: "Supo formar a toda una generación de jóvenes dirigentes; a su lado adquirieron una sólida formación política, lo cual se reveló fundamental, después del fallecimiento de Chávez, para la continuidad de la revolución bolivariana. Ahí está, en particular, Nicolás Maduro con su firmeza y su lucidez que le han permitido ganar brillantemente las elecciones del 8 de diciembre. Una victoria capital que lo afianza en su liderazgo y le da estabilidad al proceso. Pero en torno a Maduro hay otras personalidades de gran valor como Elías Jaua, Diosdado Cabello, Rafael Ramírez, Jorge Rodríguez... Todos ellos formados, a veces desde muy jóvenes, por Chávez."


En ese momento, se sumó a la reunión su hijo Alex Castro, fotógrafo, autor de varios libros excepcionales (7). Se puso a sacar algunas imágenes "para el recuerdo" y se eclipsó luego discretamente.


También hablamos con Fidel de Irán y del acuerdo provisional alcanzado en Ginebra el pasado 24 de noviembre, un tema que el Comandante cubano conoce muy bien y que desarrolló en detalle para concluir diciéndome: "Irán tiene derecho a su energía nuclear civil". Para en seguida advertir del peligro nuclear que corre el mundo por la proliferación y por la existencia de un excesivo número de bombas atómicas en manos de varias potencias que "tienen el poder de destruir varias veces nuestro planeta".


Le preocupa, desde hace mucho, el cambio climático y me habló del riesgo que representa al respecto el relanzamiento, en varias regiones del mundo, de la explotación del carbón con sus nefastas consecuencias en términos de emisión de gases de efecto invernadero: "Cada día, me reveló, mueren unas cien personas en accidentes de minas de carbón. Una hecatombe peor que en el siglo XIX..."


Sigue interesándose por cuestiones de agronomía y botánica. Me mostró unos frascos llenos de semillas: "Son de morera, me dijo, un árbol muy generoso del que se pueden sacar infinitos provechos y cuyas hojas sirven de alimento a los gusanos de seda... Estoy esperando dentro de un momento a un profesor, especialista en moreras, para hablar de este asunto."


"Veo que no para usted de estudiar", le dije. "Los dirigentes políticos, me respondió Fidel, cuando están activos carecen de tiempo. Ni siquiera pueden leer un libro. Una tragedia. Pero yo, ahora que ya no estoy en la política activa, me doy cuenta de que tampoco tengo tiempo. Porque el interés por un problema te lleva a interesarte por otros temas relacionados. Y así vas acumulando lecturas, contactos, y pronto te das cuenta de que el tiempo te falta para saber un poco más de tantas cosas que quisieras saber...

"
Las dos horas y media pasaron volando. Empezaba a caer la tarde sin crepúsculo en La Habana, y el Comandante aún tenía otros encuentros previstos. Me despedí con cariño de él y de Dalia. Particularmente feliz por haber constatado que sigue teniendo Fidel su espectacular entusiasmo intelectual de siempre.

Notas


(1) Ignacio Ramonet, Hugo Chávez. Mi primera vida, Debate, Barcelona, 2013.
(2)http://www.cubadebate.cu/noticias/2012/02/11/nueve-horas-de-dialogo-con-el-lider-de-la-revolucion/
(3) Léase, en particular, Fidel Castro: "Las verdades objetivas y los sueños" Cubadebate, La Habana, 14 de agosto de 2013. http://www.cubadebate.cu/fidel-castro-ruz/2013/08/14/las-verdades-objetivas-y-los-suenos/
(4) Titulo de la edición cubana de Fidel Castro. Biografía a dos voces, Debate, Barcelona, 2006.
(5) Todas las citas de Fidel Castro en este artículo son de memoria; no son textuales. Se trata de una reconstrucción a posteriori basada en los recuerdos del autor. En ningún caso pueden atribuirsele tal cual a Fidel Castro.
(6) Fidel Castro, "Mandela ha muerto ¿Por qué ocultar la verdad sobre el Apartheid?", Cubadebate, 18 de diciembre de 2013. http://www.cubadebate.cu/fidel-castro-ruz/2013/12/19/articulo-de-fidel-mandela-ha-muerto-por-que-ocultar-la-verdad-sobre-el-apartheid/
(7) Léase, en particular: Alex Castro et alii, Fidel, fotografías, Ediciones Boloña, La Habana, 2012.

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Brasil puede convertirse en la quinta economía del mundo en 2023

A pesar del bajo crecimiento del PIB brasileño, el mayor mercado de Latinoamérica está destinado a crecer e incluso a superar a economías desarrolladas, como Reino Unido y Alemania, en los próximos años. Es lo que prevé la consultoría británica Centro de Investigación Económica y de Negocios (CEBR, en sus en inglés), que destaca que Brasil ya pasó en 2011 de séptima a sexta economía global, aunque perdió el puesto por el bajo crecimiento y la devaluación cambiaria.


En un nuevo informe divulgado este jueves, el CEBR prevé que el aumento de productividad en la agricultura y los resultados del acuerdo global de la Organización Comercial del Comercio para impulsar el comercio beneficiarán a Brasil, que en 2023 será la quinta economía del mundo. Para entonces, el PIB de Brasil pasará de los actuales 2,2 billones de dólares a los 3,7 billones.


Otros países emergentes también van a moverse en el tablero económico global, como India, que saltará del número 11, con un PIB de 1,7 billones de dólares, al cuarto lugar, con un PIB de 4,1 billones de dólares, beneficiada por el crecimiento demográfico.


China, por su parte, mantendrá el ritmo de expansión, según el CEBR, y se convertirá en la economía número uno del planeta en 2028, superando a Estados Unidos. Entonces, el PIB chino será cuatro veces mayor que el actual, llegando a los 33,5 billones de dólares. Ese año, India también escalará una posición en el ranking, rebasando a Japón y transformándose en la tercera mayor economía del mundo. Las optimistas proyecciones para los países en desarrollo del CEBR apuntan que el Brasil alcanzará un PIB de 5,1 billones de dólares en 2028.

 

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