Miércoles, 03 Julio 2013 06:12

Mursi propuso un gobierno de unidad nacional

Mursi propuso un gobierno de unidad nacional

Los opositores del presidente egipcio Mohamed Mursi salieron ayer nuevamente a las calles de El Cairo para exigir su dimisión. Las protestas se reanudaron después de que el mandatario rechazara un ultimátum del ejército en el que se le instaba a atender las reivindicaciones ciudadanas. Sin embargo, Mursi propuso a la oposición formar un gobierno de unidad nacional y celebrar elecciones parlamentarias en seis meses, en un discurso televisado dirigido a la nación en vísperas de cumplirse el plazo dado por el ejército para intervenir en la crisis del país. El mandatario pidió a la cúpula militar que retirase el ultimátum.

 

“La legitimidad es la única garantía contra la violencia. El antiguo régimen de Hosni Mubarak no regresará. Si esta iniciativa no se acepta, el país recorrerá un camino oscuro y volveremos al casillero uno”, agregó el mandatario islamista, citado por la página web del diario egipcio Al Ahram. En repetidas ocasiones a lo largo de su discurso, Mursi reiteró que la legitimidad constitucional está con él y que, por ello, no piensa dimitir. El mandatario destacó que el pueblo egipcio lo eligió en unas elecciones limpias y democráticas y que, aunque “no ansía el poder”, está comprometido con su misión.

 

Por su parte, los partidarios del mandatario también protagonizaron una manifestación para apoyar al gobierno y se enfrentaron con los manifestantes anti Mursi, dejando como saldo siete muertos y decenas de heridos. Decenas de miles de personas se dirigieron ayer hacia la emblemática plaza Tahrir en El Cairo para exigir la renuncia del presidente, electo hace apenas un año. La policía fue desplegada en la capital, en donde la mayoría de los comercios permanecieron cerrados y las calles contrastaban con la actividad habitual de la ciudad. Además, helicópteros del ejército sobrevolaban la ciudad.

 

Miles de partidarios del presidente estuvieron reunidos en el barrio de Nasr City, así como frente a la Universidad de El Cairo, para defender la legitimidad de Mursi, quien ganó la primera elección presidencial libre de la historia del país. Uno de los líderes de los Hermanos Musulmanes, el movimiento islamista en el gobierno, pidió a los egipcios estar dispuestos a sacrificar sus vidas para prevenir un golpe de Estado, e hizo referencia a la sangre derramada para obtener la caída de Mubarak en 2011. El ejército amenazó con disolver el Parlamento y derogar la nueva Constitución si Mursi no responde a las demandas ciudadanas. Al cierre de esta edición no se había pronunciado acerca del discurso del mandatario.

 

La televisión estatal señaló que siete personas murieron y otras 15 fueron heridas en los enfrentamientos registrados en la plaza de Kit Kat. Fuentes de seguridad explicaron que en esa plaza, ubicada en la ribera oeste del río Nilo, una marcha de opositores fue atacada por seguidores del mandatario, lo que derivó en una batalla campal con armas blancas, bastones y piedras.

 

Decenas de heridos más se registraron en las localidades de Kafr al Dauar y Kafr el Sheij, en el delta del Nilo, agregó MENA. En la localidad de Banha, al norte de El Cairo, los opositores irrumpieron en una sede del Partido Libertad y Justicia, el brazo político de los Hermanos Musulmanes, tras enfrentarse a los seguidores del presidente.

 

Las manifestaciones se desataron luego de que Mursi, quien se reunió ayer con el jefe del ejército, el general Abdel Fatah al Sisi, para hablar de la crisis que sacude al país, rechazara el ultimátum. “Egipto no permitiría ninguna vuelta atrás, independientemente de las circunstancias”, había declarado el presidente el lunes. Esa respuesta obligó al ejército a desmentir cualquier plan de golpe y aclarar que el ultimátum pretendía llevar a todos los sectores políticos a hallar una salida rápida a la crisis. Desde la oposición se anunció la designación de Mohamed El Baradei, ex director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, como su representante con vistas a una transición política.

 

A todo esto, el gobierno de Barack Obama instó a Mursi a que convoque a elecciones y a la vez advirtió a las fuerzas armadas acerca de los riesgos de un golpe militar, según altos funcionarios. “Le estamos diciendo (a Mursi) ‘encuentre una forma de ir a nuevas elecciones’. Esa puede ser la única manera en que esta confrontación se resuelva”, explicó un alto funcionario de gobierno a la cadena norteamericana CNN. Washington también está tratando de que Mursi nombre a un nuevo primer ministro y a un nuevo gabinete, para demostrar a la oposición que está gobernando para todos los egipcios, de acuerdo con la fuente.

 

“La democracia es algo más que elecciones. Es también asegurar que las voces de todos los egipcios son escuchadas y representadas por su gobierno, incluidas las de los muchos egipcios que protestan en todo el país”, le expresó Obama a Mursi, según funcionarios de la Casa Blanca. Las autoridades estadounidenses también advirtieron a las fuerzas armadas egipcias que un golpe militar llevaría a cortar toda la ayuda que Washington proporciona al país y que asciende a cerca de 1500 millones de dólares anuales.

 

El muftí de Egipto, la máxima autoridad religiosa musulmana del país, jeque Shauqi Alam, pidió la colaboración de los ciudadanos y las fuerzas de seguridad para garantizar el desarrollo pacífico de las manifestaciones. Al menos 23 personas murieron en todo el país en el marco de las manifestaciones. Enfrentamientos similares habían causado ya la muerte de ocho personas, entre ellas un estadounidense, la semana pasada.

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Director Nacional de Inteligencia EE.UU: Donde dije digo….

El director nacional de inteligencia de Estados Unidos, James Clapper, se disculpó este martes por su “claramente errónea” respuesta, dada en una audiencia ante el Congreso en marzo pasado, en la que negó que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) acumulase datos sobre llamadas telefónicas a millones de ciudadanos.


 
“Mi respuesta fue claramente errónea, por lo cual pido disculpas”, afirmó Clapper en una carta dirigida a la senadora Diane Feinstein, presidenta del Comité de Inteligencia del Senado, el pasado 21 de junio y divulgada hoy.


 
En marzo, el director nacional de inteligencia había afirmado durante una comparecencia ante los legisladores que no existían programas de espionaje sobre las comunicaciones de los estadounidenses.


 
En su misiva a Feinstein, el director se excusó diciendo que “simplemente no había pensado” en una de las disposiciones de la Ley Patriota, bajo la cual se enmarcan los programas de espionaje de comunicaciones telefónicas.


 
Asimismo, indicó: “aunque mi equipo reconoció rápidamente el error a la oficina del senador Ron Wyden tras la audiencia, puedo ahora corregirla porque la existencia del programa de recolección de metadatos ha sido desclasificado”.


 
Un portavoz de Wyden, Tom Caiazza, confirmó estos contactos entre ambos equipos de trabajo en marzo, pero indicó que “la oficina de Clapper se negó a corregir el registro público de su comparecencia cuando se le ofreció la posibilidad”.


 
Posteriormente, el director de inteligencia de EE.UU. había indicado que su respuesta ante el comité fue la “menos falsa” que podía dar de manera pública.


 
Clapper, que dirige la oficina que coordina más de una quincena de agencias federales de inteligencia, se encuentran en el ojo del huracán después de que el exanalista de la CIA Edward Snowden filtrara a dos diarios la existencia de programas de espionaje masivo a millones de estadounidenses llevados a cabo por la NSA.


 
Durante su comparecencia, explicó también las contradicciones que implica una audiencia pública sobre materias de inteligencia.


 
Aunque subrayó que es importante que los ciudadanos estén informados, Clapper agregó que “una audiencia pública sobre cuestiones de inteligencia es una contradicción en sus términos”.

 

2 julio 2013 2 Comentarios


 
(Con información de EFE)

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Martes, 02 Julio 2013 07:04

La silenciada lucha de clases

La silenciada lucha de clases

¿Existe la lucha de clases? En realidad, muchos se preguntarán incluso si existen clases sociales. Algunos columnistas ultraliberales que gozan de grandes cajas de resonancia en los medios públicos y privados de Catalunya incluso han llegado a ridiculizar el mero concepto de clase social. En realidad, términos como burguesía, pequeña burguesía o clase trabajadora casi nunca aparecen en las páginas de los medios de mayor difusión. El único término que se utiliza en tales medios es el de clase media, donde, por lo visto, la mayoría de la ciudadanía se encuentra. En esa estructura social, la población se divide en ricos, clase media y pobres. Esta definición de la estructura social refleja, por cierto, la enorme influencia en España de la cultura dominante en EEUU, donde términos como burguesía o clase trabajadora nunca se utilizan. Son parte del lenguaje prohibido. En aquel país, el término clase media se utiliza para definir clase trabajadora. La americanización de la cultura política y mediática de España (fenómeno masivo que considero muy preocupante) se traduce, así, en la americanización del lenguaje.


 
Y en este nuevo lenguaje, el concepto de lucha de clases aparece también en España como anticuado. Ya nadie lo utiliza. ¿Por qué? Por la misma razón por la que está en la práctica prohibido en EEUU. La enorme influencia de la clase dominante, es decir, de la clase capitalista (término que es considerado más que anticuado; se define casi como blasfemo) aparece en una cultura en la que el  lenguaje de clases y lucha de clases no existe. Este es uno de los mayores indicadores de aquel dominio de clase. El mero concepto de clase desaparece. Y esto es lo que está ocurriendo en nuestro país.


 
Y, sin embargo, continúa existiendo lo que Noam Chomsky, en la introducción al libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España (de Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón) ha definido acertadamente como la guerra de clases unilateral, es decir, la agresividad que se ve y se palpa en bases diarias de la clase capitalista en contra de la clase trabajadora y de las clases medias, que juntas suman la gran mayoría de la población, las clases populares. Es lo que en lenguaje anglosajón radical (del Occupy Wall Street Movement) se llama la lucha del 1% de la población (los súper ricos, que junto con otro 9% constituyen los establishments financieros, empresariales -de las grandes corporaciones-, mediáticos y políticos que dominan las instituciones mal llamadas representativas del país) contra la gran mayoría de la población. En esta “guerra de clases”, la lucha de la burguesía en contra de la clase obrera se ha ampliado y redefinido para pasar a ser la lucha de una minoría –las elites financieras y de las grandes corporaciones que controlan la actividad económica del país- ayudada por las elites mediáticas y políticas, frente a la gran mayoría de la población (el 90%).


 
No hay manera más fácil de demostrar que España tiene clases sociales que mirar a nuestro alrededor, observando dónde vive la gente, cómo vive y cuándo muere. Cojan ustedes un taxi y conduzcan por los barrios de Barcelona. Verán ustedes que hay claramente barrios burgueses, barrios pequeño burgueses, barrios de clase media y barrios de clase trabajadora, que a su vez pueden diferenciarse entre clase trabajadora cualificada y clase trabajadora no cualificada. Verán fácilmente que no es cierto que todos los barceloneses vivamos en barrios de clase media. Y verán también como el tipo de comercio va orientado a distintas clases sociales. Y si miran las tasas de mortalidad verán que siguen un gradiente según su clase social, de manera que en España un burgués, como promedio, vive diez años más (sí, diez años más) que un trabajador no cualificado en paro crónico.


 
¿Existe lucha de clases?


 
Una manera fácil de verlo es analizar la distribución de las rentas en el Estado español hoy. Estas, las rentas del país, derivan bien de poseer capital (tal como acciones bancarias u otros bienes que generan dinero) o del trabajo, es decir, de los salarios y otras rentas asociadas al trabajo. La gran mayoría de la ciudadanía consigue sus rentas a partir de su trabajo. Solo una minoría (muy minoría) deriva sus rentas del capital.


 
Pues bien, analicemos cómo han ido evolucionando estos dos tipos de rentas en España. Si las rentas estuvieran distribuidas proporcionalmente a como se distribuye la población, las rentas del capital serían un porcentaje del total de rentas muy bajo, pues los capitalistas –que obtienen sus rentas de la propiedad del capital- son un sector muy pequeño de la población. Pero en realidad, debido a la mala distribución de las rentas a favor del capital (es decir, de los capitalistas) a costa del mundo del trabajo (incluido usted lector y yo, puesto que deduzco que los capitalistas no me leen), observamos como las rentas del capital alcanzaron más del 40% de las rentas totales. Y las rentas del trabajo oscilaron alrededor de un 50% (hay un 10% que procede de otras fuentes) durante los últimos treinta años.


 
Esta cifra ya le da a usted una idea de quién tiene más poder en España. Por cierto, que España es uno de los países de la UE-15 donde las rentas del capital son más altas, y por lo tanto donde las rentas del trabajo son más bajas. El poder del capital sobre el Estado explica que las rentas del capital se gravaran mucho menos que las rentas del trabajo. Incluso el Banco Central Europeo (que es una institución de las más conservadoras que hay en el establishment conservador que gobierna la Eurozona) ha indicado que los beneficios de las grandes empresas en España son demasiado altos en comparación con otros países de la Eurozona.


 
Pero, por si fuera poco, las políticas neoliberales (que son las políticas promovidas por el capital en los medios y en las instituciones llamadas democráticas) han ido acentuando todavía más esa polarización, de manera que este año las rentas del capital, por primera vez desde que se recogen datos sobre la distribución de las rentas, han sido mayores (46%) que las rentas del trabajo (45%). La situación no podía haber ido mejor para los capitalistas. Aunque usted no lo sabrá puesto que no aparecerá en los medios de mayor difusión, donde usar la palabra “capitalista” es anticuado, y hablar de “lucha de clases” es “demagógico”.


 
¿Se da cuenta usted, lector, del significado que tiene que a un lenguaje se le fuerce y margine para que aparezca como anticuado? Y mientras tanto la lucha de clases ha alcanzado un nivel de hostilidad sin precedentes. Excepto en la mal llamada Guerra Civil, que fue una lucha de clases de primera magnitud, realizada por medios militares, no habíamos visto una lucha con semejante agresividad. Llevada a cabo ahora por el gobierno más reaccionario que España (ver “El gobierno Rajoy, el más reaccionario de la eurozona”, El Plural, 01.07.13) ha tenido desde el establecimiento de la democracia, se están recortando derechos laborales, sociales, civiles y políticos con una hostilidad que justifica la definición de “guerra de clases” que utiliza Chomsky. La única alternativa a esta situación es que esta guerra sea bilateral y que la mayoría de la ciudadanía, que deriva sus rentas del trabajo, se rebele por todos medios (siempre y cuando no sean violentos) a fin de parar/revertir aquella agresividad. Nunca olvidemos lo que se nos quiere hacer olvidar: que Franco murió en la cama pero la dictadura murió en la calle. Hoy estamos al final del periodo que se inició con aquella Transición de la dictadura a la democracia, una Transición profundamente inmodélica que nos dio una democracia profundamente limitada y un bienestar sumamente insuficiente. Hoy se requiere una segunda Transición que permita el paso a una democracia completa y a un bienestar social que responda a las necesidades de las clases populares (que son la gran mayoría de la ciudadanía), revirtiendo y cambiando la enorme concentración de las rentas y de la riqueza en España que están corrompiendo la democracia subdesarrollada que existe en este país.

 


02 jul 2013

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Martes, 02 Julio 2013 07:00

Egipto: ¿de nuevo los militares?

Egipto: ¿de nuevo los militares?

¿Pueden los islamitas gobernar un país? Egipto fue la primera prueba verdadera, y este lunes el ejército lanzó un desafío. Decir a un presidente electo democráticamente –en especial a uno que proviene de la Hermandad Musulmana– que tiene 48 horas para preparar y lograr un acuerdo con sus opositores significa que el presidente Mohamed Morsi ya no es el hombre que era.

 

El ejército sostiene que los islamitas fallaron. Deben resolver sus problemas con la oposición, o los generales se verán obligados a “emitir un mapa de ruta para el futuro”, frase desafortunada cuando se recuerda ese otro gran “mapa de ruta” operado por Tony Blair para el futuro de Medio Oriente.

 

Las multitudes en la plaza Tahrir rugieron de aprobación. Cómo no iban a hacerlo, si el ejército calificó de “gloriosas” sus protestas. Pero bien harían en pensar a fondo lo que eso significa. Argelinos seculares apoyaron a su ejército en 1992, cuando canceló la segunda ronda de elecciones, en la que habría salido ganador el Frente Islámico de Salvación. La “seguridad nacional” del Estado estaba en peligro, adujeron los generales argelinos: las mismas palabras empleadas este lunes por los militares egipcios. Y lo que vino después en Argelia fue una guerra civil, en la que perecieron 250 mil personas.

 

¿Y qué será exactamente el “mapa de ruta” del ejército egipcio, si Morsi no logra en su “última oportunidad” resolver sus problemas con la oposición? ¿Se tratará de convocar a una elección presidencial más? No es probable. Ningún general va a deponer a un presidente para acabar confrontando a otro.

 

Un gobierno militar sería más parecido a la tonta junta que asumió el control después de Mubarak. “Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas”, se hacía llamar –nótese la palabra “supremo”–, y fracasó con insignificantes llamados al orden y arrogantes afirmaciones de que hablaba en nombre del pueblo, hasta que Morsi la recortó pasando a retiro a sus dos generales de mayor rango, apenas el año anterior. Qué tiempos aquellos.

 


La última vez que el ejército egipcio arrebató el poder a un hombre que había humillado a su país y a su pueblo –el rey Farouk–, un joven coronel llamado Nasser tomó el mando, y todos sabemos lo que ocurrió. Pero ¿debe ser ésta en verdad una batalla entre islamitas y soldados, aun si Estados Unidos acabará –no lo duden– poniendo su peso detrás de los “guardianes” uniformados de la nación? El viejo argumento en favor de elecciones libres era simple: si permitimos a los islamitas ganar en las urnas, veamos si pueden gobernar un país. Ese fue siempre el lema de quienes se oponían a las dictaduras respaldadas por Occidente y por las élites militares del mundo árabe.

 

El argumento no era tanto mezquita-contra-Estado, sino islamismo-contra-realidad. Lástima, el gobierno egipcio ha consumido su tiempo imponiendo una constitución al estilo de la Hermandad, permitió a los ministros lanzar sus propias minirrevoluciones y promovió leyes que suprimirían los grupos pro derechos humanos y las ONG. Además, la “victoria” de 51 por ciento de Morsi en las urnas no fue suficiente, en el caos reinante, para hacerlo presidente de “todos los egipcios”.

 

La demanda de pan, libertad, justicia y dignidad de la revolución de 2011 ha quedado sin respuesta. ¿Puede el ejército satisfacer esos reclamos mejor que Morsi, sólo por calificar de “gloriosas” las protestas? Los políticos son rufianes, pero los generales pueden ser asesinos.

 

Traducción: Jorge Anaya

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Lunes, 01 Julio 2013 07:04

Los egipcios se vuelcan a las calles

Los egipcios se vuelcan a las calles

Los egipcios salieron en masa a las calles de El Cairo y de algunas ciudades del interior en el primer aniversario de la llegada de Mohamed Mursi al poder, pidieron su renuncia y lo acusaron de gobernar únicamente en beneficio de los islamistas. Una fuente militar que solicitó anonimato dijo que las fuerzas armadas estimaban en millones el número de manifestantes en todo el país. Al caer la noche, interminables columnas de manifestantes ocuparon las principales calles de la capital egipcia gritando consignas como “¡Fuera, fuera!” o “¡El pueblo quiere la caída del régimen!”. Estas protestas constituyen las mayores que se realizan en Egipto desde la caída de Hosni Mubarak, en febrero de 2011.

 

En El Cairo, los manifestantes habían comenzado a congregarse por la tarde en diversos puntos de la ciudad, aunque gradualmente fueron concentrándose en el barrio de Heliópolis, donde se encuentra el palacio presidencial. También se registraron importantes manifestaciones en Alejandría (en el nortedel país), Menuf y en Mahalla, en el delta del Nilo, así como en Suez y hasta en la ciudad natal de Mursi, Zagazig, al nordeste de El Cairo.

 

Al menos cinco personas murieron en violentos enfrentamientos entre partidarios y opositores a Mursi. En Assiut, dos desconocidos en una moto abrieron fuego en dirección a los manifestantes que pedían la renuncia de Mursi, provocando la muerte de cuatro personas. Ese incidente ocurrió cerca de la sede local del movimiento de los Hermanos Musulmanes. Poco antes, un joven murió y otras 40 personas resultaron heridas como consecuencia de violentos choques en Beni Sueif, al sur de El Cairo, informó otra fuente de los servicios de seguridad. Esos enfrentamientos ocurrieron en las proximidades del Partido de la Libertad y la Justicia, brazo político del movimiento de los Hermanos Musulmanes, al que pertenece Mursi. Los heridos fueron trasladados al principal hospital de la zona, informó la misma fuente.

 

En rueda de prensa, el portavoz de la presidencia, Ihab Fahmi, afirmó que Mursi se encuentra dispuesto a dialogar, ya que ésa es la única vía para conseguir un acuerdo nacional que permita superar las diferencias. Consideró que el respeto a las distintas opiniones es un rasgo de la democracia y pidió a los egipcios mantener la calma, participar pacíficamente en las marchas y unirse “contra los intentos de discordia”.

 

La mayor coalición opositora de Egipto, el Frente de Salvación Nacional (FSN), difundió la “Declaración Revolucionaria Número 1”, en la que llamó a los manifestantes a permanecer movilizados y en las calles hasta tumbar al gobierno de Mursi. “Todas las fuerzas revolucionarias y todos los ciudadanos deben mantener sus reuniones pacíficas en sus lugares, en las calles, en las ciudades del país hasta la caída de todos los elementos del régimen dictatorial”, expresaba la nota. En El Cairo, la sede central de los Hermanos Musulmanes, el partido de Mursi, fue atacada con bombas molotov.

 

“Es una segunda revolución y Tahrir es su símbolo”, dijo Ibrahim Hamuda, un carpintero de obra del norte del país, quien viajó a la capital para participar en la manifestación en esa plaza, símbolo de la movilización que expulsó del poder al presidente Hosni Mubarak en 2011. Por su parte, los partidarios del presidente islamista continuaban la sentada comenzada el viernes en el barrio cairota de Nasr City, cerca del de Heliópolis, para defender la legitimidad del primer mandatario civil e islamista elegido en el país hace un año.

 

El Partido de la Libertad y la Justicia, una emanación de los Hermanos Musulmanes, exhortó a una movilización general para defender al jefe de Estado, primer presidente egipcio libremente elegido. Para prevenir graves disturbios, el ejército y la policía se desplegaron en todo el país, reforzando la protección de instalaciones vitales, en especial el Canal de Suez. Desde el miércoles, se produjeron disturbios en Alejandría y en las provincias del Delta del Nilo entre partidarios y opositores de Mursi, que provocaron la muerte de ocho personas, entre ellas un ciudadano norteamericano. El joven estadounidense fue identificado como Andrew Pochter y se encontraba en Egipto realizando un intercambio estudiantil en la ONG Amideast, cuyo fin es el fortalecimiento del diálogo y la cooperación con Medio Oriente y el norte de Africa. Por la muerte de Pochter, el gobierno norteamericano pidió a sus compatriotas aplazar los viajes que no sean urgentes y autorizó la salida de El Cairo de todo el personal no esencial de la embajada, unas 45 personas.

 

La jornada de ayer fue considerada esencial en la campaña del movimiento Tamarrod (rebelión, en árabe), que llama a manifestarse en masa para exigir la salida de Mursi. Tamarrod, apoyado por numerosas personalidades de la oposición laica, liberal o de izquierda, asegura haber recogido más de 22 millones de firmas en favor de una elección presidencial anticipada, esto es, más que el número de electores de Mursi en la elección de junio de 2012 (13,23 millones).

 

Los adversarios de Mursi lo acusan de albergar tentaciones autoritarias y de tener la vocación de instaurar un régimen dominado por los islamistas. Sus partidarios, por otro lado, afirman que su legitimidad está asentada en la primera elección libre de la historia de Egipto, y acusan a la oposición de querer provocar un golpe de Estado.

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Lunes, 01 Julio 2013 07:00

Derechos y libertades

 Derechos y libertades

Esta semana no se sabía si existían o no los derechos y las libertades básicas, si se lograron grandes avances o si hubo enormes retrocesos. Además, no se sabía quién era amigo o enemigo de tan nobles conceptos.

 

Estalló el júbilo y las celebraciones en las calles frente a la famosa cantina Stonewall Inn, en la calle Christopher, del West Village, cuna del movimiento gay, por un gran avance en sus derechos civiles, mientras en el sur, cuna del movimiento de derechos afroestadunidenses, hubo furia y desconsuelo por una derrota histórica de los derechos civiles de las minorías. Mientras tanto, se llevaba acabo un debate nacional sobre la violación a las libertades civiles de los ciudadanos de éste y otros países. A la vez, se condenaban en Sudáfrica las violaciones a los derechos humanos dentro y fuera de Estados Unidos durante la visita de Barack Obama.

 

En sólo 48 horas hubo derrota y triunfo para los llamados derechos civiles en Estados Unidos.

 

Primero, un fallo de la Suprema Corte desmanteló el mecanismo fundamental de la histórica Ley de Derechos de Votar, una de las coronas triunfales del movimiento por los derechos civiles de los años 60. Con esa norma los afroestadunidenses lograron echar abajo medidas para suprimir y anular su derecho al sufragio efectivo en este país, sobre todo en los estados sureños. Con el fallo de la Corte, el mecanismo que hacía efectiva la ley fue desechado como medida caduca, argumentando que los tiempos han cambiado en el último medio siglo, desde la promulgación de la fórmula que imponía condiciones a los cambios en las leyes electorales. La medida obligaba a unos nueve estados, casi todos sureños, a someter cualquier modificación a sus reglas y leyes electorales a la aprobación del Departamento de Justicia, para evitar maniobras dirigidas a marginar o suprimir el voto de las minorías, dada la larga tradición en ese sentido en el sur. Por cierto, una investigación concluyó que la mayoría de los actos de discriminación electoral documentados de 1957 a la fecha han ocurrido en jurisdicciones que estaban sujetas a esa regla, reportó el New York Times.

 

Las principales organizaciones afroestadunidenses y de defensa de los derechos civiles denunciaron el fallo, y el presidente Obama y su procurador general, Eric Holder, también criticaron la decisión. Obama afirmó que estaba “profundamente decepcionado”, y líderes veteranos expresaron tristeza e ira por la decisión, la cual calificaron de revés dramático a la garantía constitucional de asegurar el derecho al voto para toda minoría.

 

Un día después la misma Suprema Corte falló que reconocía los derechos de los matrimonios gays a acceder a los mismos beneficios y trato, dentro de programas federales, que gozan los matrimonios heterosexuales. También, en una maniobra técnica, anuló la ley estatal que prohibía los matrimonios gays en California. Vale señalar que la resolución no determinó un derecho constitucional para el matrimonio gay, y sólo es aplicable en estados donde es legal, o sea, con la inclusión de California suman 13, pero son estados donde vive 30 por ciento de la población nacional. Tampoco anula las prohibiciones estatales del matrimonio gay. Sin embargo, estas decisiones de la Suprema Corte fueron calificadas de avances históricos para los derechos civiles de los homosexuales.

 


El columnista Charles Blow, del New York Times, señala que esos dos fallos no están tan separados como parece a primera vista, “ya que no es coincidencia que muchos de los estados cubiertos por la Ley de Derechos al Voto tienen prohibiciones constitucionales contra el matrimonio gay. Son algunos que tienen las leyes más restrictivas sobre el aborto y los que han debatido o aprobado algunos de los proyectos de ley antimigrantes más estrictos”.

 

El problema es que, en gran medida, los movimientos por los derechos civiles –gays, afroestadunidenses y migrantes, entre otros– no enfrentan todo esto de manera conjunta, aunque hay excepciones esperanzadoras en algunos lugares y momentos.

 

Al mismo tiempo, algo que afecta a todos, sin importar su preferencia sexual, color u origen geográfico, continúa generando un gran debate nacional. Los masivos programas secretos de vigilancia de potencialmente todos los que tienen acceso a comunicaciones por teléfono o cibernéticas, revelados por las filtraciones de Edward Snowden, han expuesto un gobierno que ya no respeta algunos de los fundamentos básicos de libertad individual o colectiva. “Las tres ramas del gobierno, lejos de limitar el poder de cada una de ellas o proteger los derechos de los estadunidenses, entraron en colusión para violarlas, hasta el grado de inmunizar a los responsables…. En otras palabras, el gobierno está en una insurrección clandestina contra la letra y espíritu de la ley”, acusa Jonathan Schell en The Nation.

 

Fue en un país muy lejos de Washington donde recordaron al jefe del gobierno estadunidense que el mundo esperaba algo mejor. Mientras Obama rendía homenaje a Nelson Mandela, declarando que es una de sus fuentes de inspiración y repetía que su política era guiada por la defensa de los derechos humanos universales, la central obrera de Sudáfrica, Cosatu, fuerza clave en la liberación de ese país del apartheid, convocó a manifestaciones para denunciar la política bélica y el abuso de derechos humanos dentro y fuera de Estados Unidos.

 

Vale recordar que Mandela, símbolo internacional de la libertad, Premio Nobel y ahora elogiado por el gobierno estadunidense, fue oficialmente calificado de “terrorista”, junto con su partido, el Congreso Nacional Africano, por Washington durante décadas, y estuvo en las “listas de vigilancia antiterrorista” de este país hasta 2008.

 

Así, fue una semana dedicada a todo tipo de derechos y libertades. Esas palabras siempre suenan bonitas en los discursos, pero no por ello existen.

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EEUU espía a la UE en Nueva York y a otras 38 embajadas

Los servicios secretos de EEUU espían a la misión de la Unión Europea en Nueva York y a 38 embajadas, entre ellas las de Francia, Italia y Grecia y de países de Oriente Medio, según unos documentos filtrados por el extrabajador de la CIA Edward Snowden al diario The Guardian.

 

El periódico británico, que ya ha publicado numerosas revelaciones del espionaje de EEUU facilitadas por Snowden, señala este lunes que la información procede de unos documentos secretos de la Agencia Nacional de Seguridad de EEUU (NSA).

 

Uno de los documentos contiene una lista de 38 embajadas y misiones, calificadas como "objetivos", y detalla la diversidad de métodos de espionaje utilizados contra cada uno de ellos, como aparatos instalados en cables de comunicaciones.

 

Además de países considerados como adversarios ideológicos de Oriente Medio, en la lista de objetivos a espiar hay misiones de la Unión Europea (UE) en Washington y Nueva York y las embajadas francesa, italiana y griega, así como aliados de EEUU, entre ellos Japón, México, Corea del Sur, India y Turquía, dice el diario.


En la lista que lleva fecha de 2010 no se menciona al Reino Unido, Alemania u otros países europeos occidentales.

 

Los documentos, agrega el diario, sugieren que el objetivo del espionaje contra la embajada de la UE en Washington es conocer los desacuerdos políticos internos sobre asuntos globales y otras diferencias entre los países miembros.

 

Esta información sale a la luz después de que la publicación alemana Der Spiegel revelase el fin de semana de que la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de EEUU espió a la UE y la ONU.

 

No se trató de escuchas o espionaje a través de micrófonos en el edificio, sino de su red informática interna, apunta el semanario, que asegura que tuvo acceso a esos documentos de Snowden.

 

Con ese sistema, los servicios secretos de EEUU accedieron tanto a contenidos de conversaciones confidenciales como a correos electrónicos y archivos de los ordenadores de la UE.

 

EFEWashington01/07/2013 10:38 Actualizado: 01/07/2013 11:24

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Meten preso al ex tesorero del PP español

La intrincada arquitectura financiera delineada por el ex tesorero del Partido Popular comenzó a derrumbarse ayer. Luis Bárcenas Gutiérrez, el hombre de quien Mariano Rajoy afirmara que “nadie podrá probar que no es inocente”, llegó a las 9.47 a la Audiencia Nacional de España para declarar ante el juez Pablo Rafael Ruz, a cargo de la investigación por la trama Gürtel, uno de los hechos más bochornosos de corrupción que salpican al PP. Ataviado con un traje azul, a bordo de un Alfa Romeo negro y acompañado por su esposa, Rosalía Iglesias Villar, y su abogado, Alfonso Trallero, Bárcenas arribó a la sede judicial con la misma mueca de soberbia de otras veces, mientras los manifestantes le gritaban “ladrón”, “tu fortuna es mi desgracia” y le deseaban “que entre en el furgón a prisión”. El juez Ruz le dictó prisión provisional, sin derecho a fianza, por presuntos delitos contra la administración pública, contra la Hacienda Pública, blanqueo de capitales, estafa procesal en grado de tentativa y falsedad de documento mercantil.

 

En un fallo de veinticuatro páginas, el magistrado del Juzgado Central de Instrucción Nº 5 advierte, entre sus principales fundamentos, la necesidad de que el ex tesorero espere el desarrollo del juicio en la madrileña cárcel de Soto Real para asegurar “su presencia en el proceso” judicial y que no se produzca una “alteración o destrucción de pruebas”. Enero, sin dudas, fue un mes negro para Bárcenas. Según documentos enviados desde Suiza, el ex cajero del PP llegó a acumular 22 millones de euros en diferentes bancos suizos (más tarde se supo que en realidad fueron 48 millones de euros). Ese mismo mes, el diario El Mundo difundió documentos donde se acreditaba que Bárcenas había pagado sobresueldos a parte de la cúpula de su partido, entre ellos el mismísimo Rajoy y María Dolores de Cospedal, actual presidenta de la Junta de Castilla-La Mancha y secretaria general del partido que gobierna España.

 

Pero los sobres que el empresario nacido en Huelva habría entregado a sus compañeros de partido no fueron su mayor complicación en los últimos días. El 10 de junio, él y su mujer fueron imputados por el presunto delito de falsedad en documento mercantil, en concurso con el presunto delito de estafa procesal en grado de tentativa. A Iglesias Villar se la acusa de haber actuado contra Hacienda Pública por el concepto de Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), ilícito vinculado con el depósito de 500 mil euros en una cuenta de Caja Madrid de la que es titular. El dinero obtenido de la supuesta compra de obras de arte, mediante contratos firmados el 15 de noviembre de 2004, en Madrid, entre Iglesias Villar y la argentina Isabel Ardanaz Mackinlay, según el fallo de Ruz, “no reflejarían operaciones reales”, apareciendo presuntamente “alteradas las fechas en las que fueron elaborados”, y habiéndose rubricado como perteneciente a Isabel Mackinlay “una firma que la propia señora niega rotundamente haber realizado”. En el escrito, Ruz señala que los contratos fueron usados para “inducir a error a los órganos jurisdiccionales” y “obtener el archivo de la causa respecto del delito fiscal investigado”.

 

El 16 de junio de 2011, Bárcenas viajó a Buenos Aires. Llegó al país a las 5.22 y regresó a España ese mismo día a las 19.10. Ayer, cuando el juez español lo interrogó por el motivo de su viaje a la Argentina, Bárcenas ofreció “una respuesta vaga, imprecisa e incoherente”, afirmó que mantuvo una reunión de negocios con tres personas de una importante empresa, pero no recordó sus nombres ni el del grupo empresarial al que pertenecían. Asimismo, sobre documentos enviados recientemente por el Dresdner Bank de Suiza –banco donde Bárcenas mantenía las cuentas 1293080 y 8005540–, el auto judicial señala que del análisis de los documentos de apertura de las cuentas, de la información mercantil vinculadas a las entidades que figuran como titulares, de las notas internas de la entidad financiera y de los movimientos registrados surgen “un conjunto de actividades llevadas a cabo por el imputado” que son “reveladoras de un proceso de blanqueo de capitales”.

 

Según el magistrado, en las actividades en las que se lo investiga, Bárcenas se vale de “presuntos testaferros”, como Iván Yáñez Velasco, también imputado por la Justicia española. Y de estructuras societarias a las que Ruz define como complejas y opacas, que actúan como “sociedades pantalla” y aparecen como entidades desvinculadas del beneficiario real. El fallo menciona la creación de la Fundación Sinequanon, de Panamá, a través de la sociedad Impala Ltd., ubicada en Bermudas, la compra de acciones de la uruguaya Tedesul S.A. y el nombramiento de Yáñez Velasco al frente de esa empresa para que, actuando en su nombre, abra cuentas bancarias en bancos suizos, como una de las maniobras pergeñadas por Bárcenas para despistar a la Justicia y al fisco español.

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Philip Agee, el agente CIA que espió a Ecuador y lo contó todo

Tuvo el valor, en 1967, de abandonar una agencia que se caracterizaba por su apoyo criminal a dictaduras sanguinarias. Contaba que tomó esa decisión de manera definitiva cuando, estando en un restaurante de México, vio a una amiga estallar en lágrimas al conocer la noticia de la muerte del Che.


 
Ahí está representada, en una sola imagen, toda la nobleza del personaje que falleció a los 73 años de edad, el 7 de enero en 2008, en  La Habana, en esta tierra de Cuba desde donde seguía denunciando las actividades terroristas y subversivas desarrolladas por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos contra gobiernos y líderes progresistas del continente.


 
Phillip B. Agee, ciudadano estadounidense, fue oficial de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en América Latina durante doce años hasta que abandonó sus filas en 1969 por motivos de conciencia. Ocupaba entonces un puesto de fachada en la embajada norteamericana de México, como agregado olímpico, con el pretexto de la preparación de los Juegos de 1968. Anteriormente, había sido ubicado en Ecuador y en Uruguay.


 
”Millones de personas en el mundo entero han sido matadas o, por lo menos, han visto sus vidas destruidas por la CIA y las instituciones que soporta”, declaró Agee en una entrevista concedida en 1975.


 
”Yo no podía quedarme sentando, haciendo nada”, añadió.


 
Al salir de la Compañía, mientras sufría amenazas y una constante persecución que puso su vida en peligro en más de una oportunidad, se dedicaba a redactar su libro “Inside the Company: CIA Diary” ( Dentro de la Compañía: Diario de la CIA).


 
La obra, verdadera síntesis de las actividades criminales de la CIA en América, fue publicada en 1974, acompañada de un anexo con 22 páginas de nombres de agentes infiltrados en todo el continente. Constituyó una verdadera bomba que estremeció a todos los sectores de los servicios norteamericanos de inteligencia.


 
Determinada a eliminarlo, la CIA encargo al ex jefe de la estación CIA de Miami, Ted Shackley, conocido como el Fantasma Rubio, la misión de capturarlo. Agee tuvo que salir de Francia donde se encontraba para refugiarse en Cambridge, Gran Bretaña, Agee fue entonces expulsado por los británicos a solicitud de Washington.


 
Impedido de radicarse, sucesivamente, en Italia y en los Países Bajos, donde las autoridades fueron constantemente presionadas para negarle algún estatuto migratorio, privado de pasaporte norteamericano por ser una “amenaza a la seguridad nacional”, se exiló en 1980 en la isla caribeña de Granada, bajo el gobierno revolucionario de Maurice Bishop.


 
Con la invasión estadunidense contra ese pequeño país, en 1983, se refugió en Nicaragua, para luego de la llegada al poder de la contrarrevolución sostenida por Washington, instalarse en Cuba que le ofreció su hospitalidad.


 
A pesar de todos los peligros y dificultades, Agee publicó Trabajo sucio: la CIA en Europa occidental, con Louis Wolf y varios artículos de prensa además de conceder entrevistas y asistir a reporteros en búsqueda de información.


 
En cinco oportunidades, el gobierno estadounidense intento llevarlo a juicio por la revelación de secretos, pero sin éxito, sus ex jefes temiendo, en última instancia, el uso que pudiera hacerse de la enorme cantidad de informaciones que conservaba.


 
Rabioso, George Bush padre, el ex jefe de la CIA reciclado en presidente que apadrinó la fundación de la CORU terrorista anticubana y la operación Condor, lo calificó de traidor y lo calumnió en numerosas oportunidades. Su esposa, Barbara, fue condenada a retractarse cuando lanzó el mismo insulto por escrito, en una autobiografía redactada a cuatro manos.


 
Amigo fiel de Cuba, Agee demostró como la Isla se encontraba víctima de un nuevo programa mundial desarrollado por la CIA para financiar y desarrollar organizaciones llamadas disidentes bajo la fachada de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) y un fondo expresamente establecido en 1983 con este objetivo, The National Endowment for Democracy (NED).
 


Mientras el New York Times se interrogaba, al anunciar su muerte, sobre la dimensión de los “daños” causados por Agee a los servicios de inteligencia de EE.UU., los medios progresistas del mundo reconocieron, al contrario, los servicios que rindió a la humanidad, como verdadero patriota norteamericano, al haber desenmascarado una organización que llevo hasta extremos nunca vistos el uso de la violencia por una gran potencia contemporánea.


 
Una potencia que protege a un terrorista como el cubanoamericano Luis Posada Carriles mientras mantiene encarcelados en condiciones infrahumanas a los antiterroristas cubanos que intentaban contrarrestar sus planes.


 
Cuando el mundo entero se escandaliza con las torturas infligidas en Guantánamo y en toda una red de centros de interrogatorio conformada por la CIA en el mundo entero, cuando descubre, ¿qué pensará el agente de la CIA que se sumó a la organización con la ilusión de defender a su país?


 
Contratado por la CIA como analista de las informaciones robadas en el mundo entero con su maquinaria infernal de ciberespionaje construida, Edward Snowden, se habrá dado cuenta, como Philip Agee, que debía renunciar a las ventajas que procura un empleo de funcionario federal norteamericano, para sumarse a la lucha de los miles de millones de seres humanos que, armados con la sola fuerza de sus convicciones, creen que un mundo mejor es posible.

 

26 junio 2013

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Miércoles, 26 Junio 2013 06:56

La política de calles se hizo presente

La política de calles se hizo presente

Brasil nos ha dejado sin palabras. El “gran país” que supo regular su crecimiento, mantener las variables macroeconómicas bajo control; el país donde la población piensa sus demandas en términos de “partidos”, que acompañó con alegría la llegada del PT al gobierno, estrena con una fuerte irrupción la política de calles. Miles de brasileños en 80 ciudades expresando rebeldía, disconformidad, gritando la injusticia inherente al desarrollo capitalista... ¿qué pasó?

 

Este diario publicó excelentes análisis de quienes viven allá y de quienes siguen nuestros países con miradas que nos hacen falta, como la de Boaventura de Sousa Santos. De las condiciones de contorno y del polisémico sentido de las protestas hay muy poco que agregar. Querríamos aportar dos reflexiones que hacen a una posible comparación entre Brasil y la Argentina. En primer lugar, hablemos de las diferencias entre las dos tradiciones culturales de la política rebelde. La Argentina siempre fue un país de protestas “plebeyas”; por la influencia anarquista antes del peronismo y por los rasgos propios del fenómeno político que irrumpió en 1945, a partir de allí. Brasil casi siempre se movilizó a través de una institución, el Partido Comunista de los años ’20 y ’30 con Luis Carlos Prestes a la cabeza, por ejemplo, y la importancia de la formación desde debajo de un nuevo partido con apoyo de las iglesias, de los grandes sindicatos, que concentró la esperanza del Brasil rebelde durante las últimas décadas.

 

El presidente Lula supo concentrar expectativas de transformación en uno de los países más desiguales del mundo y, aunque quedaba cada vez más claro que el gobierno “popular” no iba más allá de políticas sociales de inclusión, se le seguía creyendo, respetando, aceptando, por ejemplo, su elección por las semillas transgénicas (a pesar de la promesa electoral) y los sectores “progres” (con dignas excepciones) comentaban con orgullo nacional cómo el país se convertía en el gran banquero latinoamericano, en el “Brasil potencia”. Los colegas que habían seguido los derroteros del los Sem Terra consideraban un hecho natural la subordinación de este gran movimiento al partido de gobierno. Las críticas a la paralización del reparto agrario fueron cada vez en tonos más bajos. No obstante, aprendimos de otros colegas la importancia del concepto “sufrimiento social” para entender el vasto país: las grandes hidroeléctricas, los desplazados...

 

Por eso estamos anonadados, una rebeldía claramente antiinstitucional, sin partidos, sin grandes centrales obreras. Lo que está en las calles no son los movimientos, son jóvenes sin partidos, sin centrales, sin organizaciones; tal vez intuyen los límites de las instituciones en estos capitalismos en que nos ha tocado vivir, tal vez se hartaron de pedir por los canales institucionales. Lo que está ocurriendo no es fácil, el gran Brasil mostró su rasgo rebelde, plebeyo, y hay que estar atentos a lo que pasa porque estamos frente a un fenómeno nuevo.

 

La segunda reflexión que deseamos hacer es sobre algunos intentos oportunistas de dirigentes políticos o caceroleros argentinos que quieren compararse o, más grave aún, sumarse al fenómeno. Es lamentable la falta de sensibilidad para comprender los procesos, las rebeldías, las broncas legítimas de las poblaciones de América latina. Los caceroleros modelo nacional marcharon con partidos de centro y centroderecha, no tuvieron una sola palabra hacia los sectores más sufrientes de este modelo y fueron apañados y estimulados por los medios de comunicación concentrados. Los sentidos de las protestas pueden ser difíciles de comprender, pero aquí estuvo bastante claro y no hay comparación posible con las que se desarrollan en Brasil.

 

Los caceroleros quieren más institucionalidad, allá cuestionan la institucionalidad. Aquí se oyeron voces personalizadas de partidos u organizaciones, allá la queja del gobierno es que no tiene con quien negociar. Aunque Patricia Bullrich o Lilita Carrió quieran ver en los caceroleros argentinos espacios de “expansión democrática”, existen muchas dudas de que puedan salir de esas imágenes de señoras insolidarias y llenas de bronca personal hacia la figura presidencial. En Brasil, la figura de Dilma no es importante, no es contra ella; lo central es una población que vio generar riqueza y distribuirla de un modo tacaño, egoísta, considerando clase media a quien dejó de caminar sin calzado. La imagen del 99 por ciento contra el uno por ciento de los que se quedan con las riquezas, que en Brasil como en el resto de América latina provienen básicamente de bienes comunes, funciona como una idea muy potente y articuladora en estos mundos rebeldes. Es decir, por un lado el neoliberalismo da la imagen de haberse instalado muy cómodamente con la aceptación de las instituciones (de gobiernos conservadores o “progresistas”) y, por otro, un fantasma recorre el mundo dando miles de vueltas por todos lados para inquietarlo y limitarlo.


 Por Norma Giarracca, Socióloga, investigadora del Instituto Gino Germani UBA).

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