Una refinería en el centro de México. Reuters

La revolución del fracking va a cambiar el panorama energético mundial a corto plazo. En realidad, ya lo ha hecho, pero la Agencia Internacional de la Energía (AIE) anticipa que lo va a hacer más en los próximos años, impulsando a Estados Unidos a la cima de la producción mundial de petróleo. El organismo con sede en París anticipa que el país que hasta hace poco era un importador neto de petróleo superará dentro de cinco años al segundo productor mundial (Rusia), acercándose mucho al primero (Arabia Saudí).

Otra de las conclusiones relevantes del informe Petróleo 2019 es que la demanda de crudo sigue creciendo de manera sostenida, a una media anual de 1,2 millones de barriles diarios suplementarios, después de que el año pasado se alcanzará el récord de demanda de 100 millones de barriles al día.


Por ahora, la AIE sigue sin detectar un máximo de demanda que marque el punto de inflexión. Este aumento se explica sobre todo por la necesidad de productos petroquímicos y la aviación, sobre todo en Asia y EE UU. En el lado contrario, se percibe una ralentización en el consumo de gasolina gracias a la mejora de eficiencia y al impulso de los vehículos eléctricos.
“EE UU lidera cada vez más el crecimiento en la oferta global de productos petrolíferos, con un importante crecimiento también de otros países no miembros de la OPEP como Brasil Noruega y Guyana”, asegura la Agencia. La AIE califica además de “inédito” la forma en la que EE UU se ha convertido en menos de una década en un gran exportador de crudo. “Esto se debe a la capacidad de su industria de fracking de responder rápidamente a los movimientos de precios impulsando la producción. EE UU representa el 70% del incremento total en la capacidad global en 2024, añadiendo un total de cuatro millones de barriles diarios. Esto sigue a un crecimiento espectacular en 2018 de 2,2 millones de barriles diarios”, continúa la Agencia.

Por Luis Doncel
Madrid 11 MAR 2019 - 15:59 COT

Publicado enEconomía
El petróleo de Venezuela, las paradojas de EEUU y la crisis de la OPEP

La incertidumbre política de Venezuela coincide con las sanciones simultáneas impuestas por EEUU sobre el petróleo de Irán y Venezuela, así como las continuas interrupciones en el suministro de Libia, como resultado de la agresión de la OTAN. Impedir que las consecuencias de esta situación pongan patas arriba la arquitectura energética mundial es una tarea que supera la capacidad y la habilidad intelectual del actual inquilino de la Casa Blanca y sus asesores.


Entre los motivos de la presión de EEUU sobre el petróleo venezolano se destacan:


• Apoderarse de sus reservas de hidrocarburo.
• Privar a China de otra de las fuentes de energía estable, después de desmantelar los estados que le suministraban como Irak, Libia, Sudan, e imponer sanciones contra Irán.
• Hacerse con el mercado del crudo venezolano, como parte de la extraña política de Trump.
• Empujar al alza los precios del petróleo, ahora que la estación fría está a punto de acabarse en EEUU y tampoco hay elecciones a la vista. Los beneficiarios serán los productores del petróleo de esquisto.

• Impedir que siga utilizado otras monedas que no sea el dólar o el oro para sus transacciones petrolíferas y comerciales.


El mundo ha dejado de estar bajo el dominio absoluto de EEUU: Los países sancionados buscarán fórmulas para vender su petróleo, burlándose de los criminales sanciones (que principalmente afectan a las clases más desfavorecidas), y sus clientes, -China, India, Corea del sur, Turquía, entre otros-, encontraran nuevos suministradores. El Departamento del Tesoro de EEUU ha incluido a PDVSA en su lista de organizaciones bloqueadas y amenaza con restringir el seguro de los cargamentos e incluso prohibir las ventas. Aunque Venezuela recobre la estabilidad política, es difícil que recupere su posición dentro del mercado a corto plazo, y eso a pesar de los 300.000 millones de barriles de petróleo que alberga, entre otros motivos porque el aceite de su principal reserva, la Faja del Orinoco, es ultrapasado, y su extracción y refinación cuesta unos 35 dólares el barril (igual que el petróleo de Canadá), en comparación del crudo libio, unos 5 dólares y el de Arabia Saudí 7. Por lo que los precios deberían alcanzar los 90-100 dólares para que su explotación fuese rentable, algo que hoy sucedería quizás por una gran guerra, por ejemplo, contra Irán.


Agoniza la OPEP, nace la NOPEP


La crisis venezolana es otro mazazo a La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), fundada en 1960 por Venezuela, Arabia Saudí, Kuwait, Irán e Irak. Las relaciones “especiales” entre Washington y Riad y la política de “seguridad a cambio de petróleo” han convertido a los jeques en un instrumento de EEUU para manipular la OPEP y los precios en el mercado mundial: en 1983 EEUU y Arabia con el fin de hundir la economía de la Unión Soviética bajaron los precios de los 35 dólares el barril a 10, y hoy hacen lo mismo contra Rusia, Irán, Venezuela o Bolivia utilizando hasta el cadáver de Khashoggi: de 160.72 dólares el barril en junio del 2008 los precios cayeron a 51.99 en enero de 2019.


La escasa demanda del petróleo, la posible desaceleración de la económica mundial (sobre todo de China), así como el exceso de oferta por parte de EEUU, son algunos factores que podrán impedir la subida de los precios por encima de 70 dólares.


Las paradojas de EEUU


1. Trump tiene que elegir: imponer un embargo al petróleo venezolano o levantar parte del embargo a Irán. Eliminar a ambos del mercado no solo provocaría la rebelión de gigantes como China e India, sino que dispararía los precios. A pesar de que castigar a Venezuela es menos costoso para EEUU y Europa, -ya que Irán ha amenazado que “si no puede exportar su petróleo, nadie lo hará desde el estrecho de Ormuz”-, lo cierto es que en el establishment de EEUU hay presiones por parte de los lobbies israelí y saudí no sólo parar llevar las exportaciones de petróleo iraní a cero, sino bombardear el país.


2. EEUU necesita, por un lado, precios por encima de los 70-80 dólares el barril para que la extracción del petróleo por fracturación hidráulica fuese rentable (ya que además de los costos de extracción, debe ser refinado al ser un petróleo pesado), y por otro, exige un precio bajo para comprarlo, por el elevado consumo de los derivados de petróleo del país. El 3 de octubre, en la víspera de las elecciones parlamentarias de EEUU, Trump amenazó al rey de Arabia Saudí de que “Podría no estar [en el cargo] en dos semanas” si no bajaba el precio del petróleo de los 86 dólares. Y aunque Salman bin Abdulaziz entonces se sometió, el estado de Arabia Saudí tiene vida propia: necesita dinero para llevar adelante su megaproyecto de “Visión Saudí 2030”, que salvaría su economía de la dependencia del petróleo, ahora que los pozos se están secando. Por lo que, Riad desde la OPEP y en cooperación con Rusia decidió, en enero pasado, reducir la producción en 1,2 millones de barriles para reequilibrar el mercado impidiendo una mayor caída de los precios.


Afirma el ex asesor de Goldman Sachs, Bethany McLean, autor de “América Saudita: La verdad sobre el fracking y cómo está cambiando el mundo” , que la revolución de esquisto de EEUU es un espejismo: no sólo daña el medio ambiente, contamina el agua o provoca sismos, sino que tampoco le conducirá a la independencia energética, y que ya ha creado un inmenso agujero negro financiero: las “60 empresas más grandes de producción no han generado ganancias, ni siquiera han podido cubrir sus gastos operativos y de capital“, afirma. La compañía Enron vinculada a la familia de Bush ha quebrado. EEUU engañó a Europa: le obligó en 2014 a renunciar al gasoducto ruso Nord Stream 2 prometiéndole recibir el ‘gas shale’ estadounidense en un futuro que no llega.


La NOPEP contra la OPEP


Ni el servilismo de los saudíes ha sido suficiente para que Washington respete mínimamente las necesidades de los estados que componen la OPEP, y como no puede convertirla en una sucursal del Departamento de Energía de EEUU planea desmantelarla. El 12 de febrero del 2019, el Comité Jurídico del Congreso de EEUU aprobó el proyecto de ley antimonopolio NOPEP (acrónimo de los Países Productores de Petróleo no pertenecientes a la OPEP, como lo son el Reino Unido, México, Egipto Alaska, EEUU o Rusia) que permite al fiscal general demandar a la OPEP o sus miembros, embargar unos 1000 millones de dólares de las inversiones de Arabia saudí en EEUU, o confiscar los activos de ARAMCO, la compañía nacional de petróleo de Arabia. Para aumentar la presión sobre Riad, Donald Trump puede utilizar JASTA, la ley de Justicia Contra Patrocinadores del Terrorismo, aprobada por el Congreso en 2016 que permite a las víctimas de los ataques del 11 de septiembre de 2001 demandar a Riad (¿Y por qué invadieron a Afganistán?).
Si el presidente de EEUU firma el proyecto de ley conseguirá:


• Hacerse con el control absoluto de los precios,
• Reducir la influencia rusa en el mercado,
• Ganarse el título del “héroe del Oro Negro” en una sociedad obsesionada por el culto a los héroes,
• Bajar el tono de las críticas en el Congreso por sus relaciones “excesivamente” buenas con Arabia Saudita y Rusia, e incluso retrasar un posible juicio sobre “Rusiagate” o los escándalos sexuales en los que es protagonista.

La crisis de la OPEP se ha agravado por:

1. Convertirse EEUU en el principal productor de petróleo del mundo, debilitando la efectividad de las decisiones de la OPEP.

2. Disminuir la capacidad de producción de la organización. Una mayor restricción sobre la petrolera estatal venezolana PDVSA, o el embargo de sus activos en extranjero, podrán afectar al suministro de la OPEP. Por el momento, la firma estadounidense Conoco Phillips ha incautado los cargamentos de PDVSA tras ganar un litigio por 2.000 millones de dólares en concepto de deudas pendientes, lo que puede animar a otros acreedores presentar demandas en caso de impago.

3. La intención de Qatar de salir de la OPEP. A pesar de producir sólo el 2% del petróleo del cártel, y carecer de influencia en el grupo, el papel diplomático de Qatar y la mera presencia del mayor exportador mundial del Gas Natural Licuado es un golpe a la Organzaición y al poderío de Arabia Saudí.

4. La división en el seno del grupo debido a la debilidad progresiva de la facción Venezuela-Irán-Argelia, a beneficio del sector encabezado por los saudíes. La Venezuela “no bolivariana” será aliada de Arabia, y debilitará la posición de Iran y Rusia en el mercado.


El petróleo hace décadas que ha dejado de ser un combustible fósil para convertirse en un arma de guerra.

Publicado enCrisis Venezuela
"El arte de Banksy, Kapoor o Hirst no se opone a los inquietantes progresos de la extrema derecha, al contrario”

La crítica literaria publica un manifiesto titulado Lo que no tiene precio, en el que reflexiona sobre el "realismo globalista" y retrata la "colisión que se produce desde hace años entre el mundo de las finanzas y el arte contemporáneo"


Le Brun ve en estos autores admirados por las multitudes "la base inconsciente de la nueva servidumbre exigida por el capital"

Ocurrió el pasado 6 de octubre. La pieza Niña con globo, de Banksy, se autodestruyó al pasar por una trituradora poco después de haber sido vendida en una subasta en Sotheby's por un millón de libras (más de un millón de euros). Al día siguiente, el artista subió la imagen de la destrucción a Instagram con el texto "se va, se va, se fue" al que sumó una cita de Picasso: "El impulso de destruir también es un impulso creativo". Obtuvo millones de 'me gustas'.


¿Fue una broma? Seguro que no demasiado para el comprador de la obra. ¿Fue arte? Los días siguientes hubo artículos que discutieron aquel acto de Banksy,artista que no se sabe ni quién es ni cómo es, pero que tiene millones de adeptos por todo el mundo. Una exposición ahora en Madrid se hace la misma pregunta:¿Es un genio o un vándalo?


Para la escritora y crítica literaria Annie Le Brun (Rennes, 1942), experta en Sade e inmersa en los últimos años del movimiento surrealista de André Breton, la respuesta es evidente: tiene que ver con una dimensión política de la mercantilización capitalista del arte.


Le Brun acaba de publicar en español el manifiesto Lo que no tiene precio(Cabaret Voltaire) en el que expresa su teoría del realismo globalista, movimiento en el que ubica a creadores como Damien Hirst, Anish Kapoor y el propio Banksy. Como señala en una conversación con eldiario.es, estos artistas son muestra de "la colisión que se produce desde hace veinte años entre el mundo de las finanzas y el arte contemporáneo. Un síntoma particularmente esclarecedor, porque nos hace asistir a la transmutación del arte en dinero y del dinero en arte".


La pensadora teje una comparativa con la presencia de las mismas tiendas y marcas en todas las ciudades del mundo con la de estos artistas, también presentes en los museos de todas las capitales occidentales. "Me parece difícil no ver en ello el arte oficial del neoliberalismo cuya intención no es otra que la de hacer que aceptemos la brutalidad de este mundo así como su deshumanización", sostiene.


La etiqueta de 'realismo globalista' parte de un juego de palabras con el 'realismo socialista' de la Unión Soviética. "En este la intención era imponer la ideología comunista a través de las imágenes de una realidad edificante", manifiesta Le Brun, que, sin embargo, en el arte actual de los Hirst y compañía lo que observa es "una ideología que impone dispositivos e instalaciones, jugando con las sensaciones fuertes a través del gigantismo de obras que actúan a la manera de los efectos especiales. Ello conlleva la suspensión del juicio crítico. Su función es convencer de que no hay manera de salir de ese mundo".


Saatchi, Thatcher y la extrema derecha


En este sentido, Le Brun, que siempre se ha distinguido por ser una crítica incómoda –en los setenta tuvo varios desencuentros con neofeministas al criticar "el jesuitismo de Marguerite Duras" y "el feminismo encorsetado y mojigato de estas militantes", como escribió en el libro Lachez tout- recuerda la historia de Charles Saatchi y Margaret Thatcher.
Saatchi, antes de convertirse en el publicista universal que después fue, era su director de campaña. Él creó el eslogan "There's no alternative" (no hay alternativa). "Y poco después se convirtió en uno de los mayores promotores y coleccionistas de arte contemporáneo. Como si ese arte contemporáneo constituyera la mejor escuela de adiestramiento, susceptible de reconfigurar nuestra sensibilidad para obligarnos a aceptar lo que hay", afirma Le Brun.


Este pensamiento entronca con la última broma de Banksy: "Constituye la mayor victoria del capital de estas últimas décadas. Porque se trata de una destrucción que, en lugar de acabar con el valor de la obra, lo multiplica de forma vergonzosa", sostiene la escritora a la que ha molestado particularmente que hubiera poca indignación ante esta extravagancia. "Es una prueba más de que la domesticación mediante un cinismo compartido se ha convertido en una de las armas más seguras del neoliberalismo para instaurar su orden, excluyendo a todos aquellos que pudieran oponerse a él", asegura.


Para ella, la peor consecuencia de este cinismo ante las obras gigantes de Kapoor o Hirst y la autodestrucción de la obra de Banksy es política. No sólo tiene que ver con el gusto ni es algo baladí sino que detrás subyace una intención. "Como en toda empresa totalitaria, se trata de acabar con la escala individual y por supuesto con todo lo que dependa intelectual y psíquicamente de ella. Es un arte contemporáneo que no se opone a los inquietantes progresos de la extrema derecha, antes al contrario", manifiesta. Le Brun analiza que es ese gigantismo de las obras y el hecho de que las admiren multitudes–todo son siempre grandes números- "la base inconsciente de la nueva servidumbre exigida por el capital".
La búsqueda de la belleza


Le Brun ahonda más allá y también habla en su manifiesto del engaño al que la sociedad está siendo sometida mediante cierta estetización del mundo que no es tal. Un engaño del que, para ella, es responsable la industria de la moda que lo que está provocando, más que un embellecimiento del mundo, es todo lo contrario. Es ahí, además, donde introduce la desaparición de las ideas de Sade sobre el cuerpo y el triunfo del neopuritanismo actual que acaba con cualquier singularidad. En términos más prosaicos: lo que hoy nos venden como belleza es algo uniforme y paradójicamente feo.


"El neopuritanismo participa de esa cosmetización del mundo que multiplica el afeamiento porque, de los labios botoxados a la industria del turismo, del body bouilding a la agricultura bio… todo se reduce a mercados de reparación", manifiesta. Y alerta de que "el cuerpo es la víctima principal. Pues si es remodelado, formateado, aseptizado, como ya lo fue en ciertas épocas, para simbolizar la belleza anodina y superficial de un mundo sin negatividad, se ha convertido al mismo tiempo en rehén absoluto de esa mercantilización". Esta es la clave para que las multinacionales de la moda "neutralicen cualquier signo de rebelión", añade.


¿Qué hacer entonces? ¿Cómo escapar de la servidumbre de este arte y estas formas de la moda? Le Brun se queja de la irresponsabilidad de intelectuales, artistas y agentes culturales por seguir contribuyendo a la exaltación del realismo globalista. Ante ello, conmina: "Nos queda el lujo de rechazar la fealdad de la conformidad que se nos impone. A menudo basta con un pequeño desvío, con pararnos un momento, para evitar las trampas de la percepción cautiva que quieren imponernos". En definitiva, buscar lo que no tiene precio.

30/12/2018 - 20:43h

 

Publicado enCultura
El café colombiano afronta su peor crisis en una década

La caída del precio internacional golpea a medio millón de familias cultivadoras

 La tradicional cosecha de café que salpica de rojo las verdes montañas de Colombia, y alcanza su pico de producción hacia final de año, se acerca en esta ocasión con un sabor particularmente amargo. La reciente caída por debajo de un dólar por libra del precio internacional del grano está golpeando a los cultivadores colombianos, que se quejan de la que califican como la crisis más profunda en los últimos 10 años y piden una intervención urgente del nuevo gobierno.

Para el tercer productor mundial, por detrás de Brasil y Vietnam, el café es un asunto de Estado. En muchas regiones de este país atravesado por la cordillera de Los Andes, sigue siendo el cultivo predominante. Con algo más de 900.00 hectáreas cultivadas, es uno de los principales sectores de exportación, detrás del petróleo y la minería, e incluso el Paisaje Cultural Cafetero, repartido entre los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda (centro-occidente), es considerado por la Unesco Patrimonio Mundial desde el año 2011.


La angustia de los cafeteros colombianos se hizo insoportable en la última semana. El lunes, el precio del grano en la Bolsa de Nueva York se cotizó a 97 centavos por libra, el nivel más bajo en 12 años. Los cultivadores, representados por la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), han acusado el golpe. “Esto no es una crisis solamente de las 540.000 familias cafeteras colombianas, es una crisis mundial del café, a estos niveles de precio ninguna caficultura es rentable ni sostenible”, explica Roberto Vélez, el gerente de la FNC. “Al productor hay que pagarle al menos el costo de producción más algo de rentabilidad”, agrega.
La crisis, sostienen los caficultores, tiene un componente de oferta y demanda pero también un componente especulativo de los inversores. Por un lado, Brasil, el mayor productor mundial, ha tenido una cosecha más alta. Por otro, los fondos de inversión han venido empujando los precios a un nivel por debajo de un dólar. “No se puede seguir permitiendo que sean actores ajenos a la industria como los fondos de inversión quienes, en un desaforado afán de lucro, determinen el precio de un producto básico tan importante del cual derivan su sustento 25 millones de familias productoras en el mundo”, reclamó la FNC en un comunicado.


A diferencia de otros momentos críticos para el producto que ha identificado a Colombia ante el mundo, el nivel de producción no está amenazado. El país de Juan Valdez exportó más de 14 millones de sacos en el último año, y la cosecha de 2018 ya está encaminada a una cifra similar, entre 13,5 y 14,2 millones. Esa meta no se ve afectada, pero sí la rentabilidad.
La caída del precio


El precio internacional de referencia para los cafés suaves, detalla la FNC, lleva 22 meses cayendo desde 160 centavos de dólar por libra en noviembre de 2016 a cerca de 108 en julio de 2018. Esa baja se ha intensificado en agosto, con el correspondiente descenso del precio interno. Como consecuencia de la caída del precio interno, la federación calcula que el valor de la cosecha será inferior en 1,5 billones de pesos (unos 500 millones de dólares) al valor de 2017, cuando alcanzó los 7,5 billones de pesos (2.522 millones de dólares). El golpe, advierte, lo sentirán tanto las regiones cafeteras como el desempeño general de la cuarta economía de América Latina.


Los cafeteros demandan medidas de choque del Gobierno del presidente Iván Duque. “Tenemos un precio interno por carga que en algunos momentos y en algunas zonas del país está incluso siendo por debajo de los costos de producción”, reconoció este jueves el ministro de agricultura, Andrés Valencia Pinzón. El mandatario “es muy consciente de esta situación y quiere darle una señal a los caficultores en el sentido de que no los va a abandonar”, aseguró el ministro, sin llegar a anunciar medidas concretas ni descartar subsidios.


Por lo pronto, el llamado de auxilio de los cafeteros será atendido la próxima semana con una reunión de urgencia del Comité Nacional de Cafeteros, la primera desde que Duque asumió el poder el 7 de agosto, donde tienen asiento los recién posesionados ministros de Agricultura, Hacienda y Comercio. Los caficultores han manifestado que esperan obtener un alivio de las deudas, apoyos para continuar con un ambicioso programa de renovación de los cafetales y ayudas puntuales con los fertilizantes. La preocupación por los precios también será abordada en varios encuentros internacionales. Vélez, el gerente de la FNC, visitará Brasil en los próximos días, y en septiembre se reunirá en Londres la Organización Internacional del Café.

SANTIAGO TORRADO
Bogotá 25 AGO 2018 - 06:20 COT

Publicado enColombia