Hong Kong sólo puede progresar más cerca de China

Una de las características sobresalientes de los gobernantes de la República Popular China es su realismo, su intento permanente por comprender las realidades complejas del mundo actual, para poder operar con la mayor eficiencia en beneficio de su país. Aunque parece algo necesario, no es lo que acontece con buena parte de los políticos del mundo.

Ante la crisis que vive Hong Kong, los medios del Partido Comunista han venido explicando la situación desde diversos ángulos. Denunciaron la injerencia occidental en un territorio que forma parte de China, lo que está fehacientemente demostraron, en particular en el caso de los Estados Unidos.

Criticaron con vehemencia el uso de la violencia por parte de los manifestantes, que llegaron incluso a ocupar y paralizar el aeropuerto del enclave, algo que pocas veces se ha visto en el mundo, salvo en situaciones extremas de guerras y conflictos armados. El uso de las banderas estadounidenses y británicas no puede sino interpretarse como una provocación intencional de los manifestantes.

En esta situación tan crítica, que puede poner en jaque toda la política exterior china, ya que Hong Kong es la tercera plaza financiera del mundo, el analista Alexander Casella recuerda en Asia Times que "Hong Kong no es indispensable para China, sólo útil". Creo que es una conclusión importante, que merece alguna explicación.

​La ex colonia británica debe su prosperidad, en gran medida, a que durante largo tiempo estuvo aislada de la inestabilidad que vivió el continente, desde las Guerras del Opio, tanto por la intrusión de Occidente como por la incapacidad de sus elites de ejercer buenos gobiernos. Pero también permaneció al margen de las agitaciones posteriores al triunfo comunista de 1949, como la revolución cultural.

Sin embargo, como sostiene Casella, no debe olvidarse que "Hong Kong es una ciudad china nacida de trabajo chino, del espíritu empresarial y la creatividad chinas". Esto es importante, porque en Occidente se ha instalado la idea de que el nivel de vida en Hong Kong (con un ingreso per cápita superior al de EE.UU., Suecia o Alemania) se debe a su historia colonial.

Después de consumada la revolución el 1 de octubre de 1949, para la nueva China el enclave presentaba algunas ventajas: "Hong Kong proporcionaba el único acceso a Occidente en un momento en que el país era literalmente sitiado por una coalición liderada por Estados Unidos", recuerda Casella.

En suma, "para China, Hong Kong es una anomalía heredada de la historia. En términos de tamaño y población es insignificante. Por el contrario se trata de una anomalía beneficiosa", en gran medida porque el enclave "no aspira a representar un modelo económico y político alternativo al que prevalece en el continente".

Las razones de fondo no son difíciles de explicar. Primero, cuando Hong Kong se reintegra a China como Región Administrativa Especial, en 1999, la diferencia entre las ciudades cercanas como Shenzen o Shanghai eran abismales en cuanto al nivel de vida de la población. Pero pasadas dos décadas, parece evidente que "el modelo económico imperante en Hong Kong  ya no es el único que traería riqueza a China", por lo que el valor de la ex colonia es cada vez menor para el gobierno de Beijing.

Hasta ahí algunos hechos más o menos objetivos. Lo más notable es cómo las autoridades chinas se han empeñado en conocer mejor el trasfondo de la situación actual, en particular qué ha impulsado a millones de jóvenes a salir a las calles de forma pacífica, entendiendo que las acciones violentas sólo representan a una minoría.

​El oficialista Diario del Pueblo publicó un artículo editorial el 9 de setiembre con el sugestivo título: "Detrás del caos de Hong Kong hay problemas sociales profundamente arraigados". Sin dejar de denunciar la injerencia de EEUU, el artículo apunta a los graves problemas de vivienda que sufren los jóvenes como una de las principales causas de su incorporación a las protestas.

El editorial difunde el caso de un joven de 35 años que vive con sus padres en un apartamento viejo y estrecho y gana casi dos mil dólares mensuales. "Alquilar un apartamento de una habitación de 30 metros cuadrados le costaría aproximadamente dos tercios de su salario".

Sostiene que aunque las protestas comenzaron como rechazo a una ley para la extradición de delincuentes fugitivos al continente, "es obvio para muchos que el descontento se extiende mucho más allá del proyecto de ley".

Destaca un análisis de Demographia, una consultora sobre temas urbanos, para señalar: "Durante nueve años consecutivos, la vivienda en Hong Kong ha sido clasificada como la menos asequible del mundo". Agrega que el precio de la vivienda aumentó 20 veces más que los ingresos familiares en 2018 y en 2019. Una vivienda de 33 metros cuadrados en el centro de Kowloon se vende por 700 mil dólares.

Esta situación genera ansiedad en la clase media, que teme caer en la pobreza a la que pertenecen 1,3 millones de habitantes de los siete que viven en Hong Kong. La desigualdad es otro de los problemas, ya que la transformación de la ciudad industrial en ciudad financiera y de promotores inmobiliarios, ha generado una elite muy rica al punto que "muchas personas no están compartiendo los frutos de la prosperidad económica, en particular los jóvenes y los grupos de bajos ingresos".

Entiende que hay dificultades legales para introducir cambios de fondo, ya que para llevar a cabo políticas importantes "el gobierno de Hong Kong debe obtener el apoyo de una mayoría de dos tercios en el Consejo Legislativo". La oposición está trabando reformas impulsadas por el gobierno de la región especial.

En todo caso, el editorial defiende una tesis que dice que "para salir de la dificultad económica actual, Hong Kong necesita estar vinculado con China continental mucho más cerca y de manera más efectiva" y que el aislamiento del continente es la peor salida para la crisis actual.

Desde mi punto de vista, es encomiable que un gobierno como el presidido por Xi Jinping sea capaz de abarcar la diversidad de causas que están detrás de la crisis en Hong Kong, porque el realismo suele ser una de las características más notables de las potencias emergentes.

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Domingo, 08 Septiembre 2019 05:25

La razón y el perreo

Yung Beef y La Zowi, en el videoclip de la canción ‘Cocinando filete’ (2018).

Banda sonora del capitalismo rampante o denuncia del sistema en primera persona, el trap es el nuevo punk. Un ensayo analiza el fenómeno musical que ha cambiado la cultura urbana

 

Los artistas se parecen menos a sí mismos que a su época”, leemos en uno de los atinados aforismos de este libro. Y en nuestra época, el trap ¿es cómplice de las dinámicas del capital? ¿Es su banda sonora? La crítica musical de izquierda ortodoxa así lo cree, y añade a ese reproche algunos otros, como el sexismo o el síndrome del blanco negro —y del blanco gitano—. Vistos así, los traperos serían trepas, apropiacionistas de baratillo; sus vídeos y mixtapes, síntomas de la desproletarización de la generación más reciente. En otras palabras, se le echa la culpa a Bad Gyal de que Podemos, por ahora, no haya podido.

A lo largo del último año se han publicado dos aportaciones que matizan esas ideas y proponen otra perspectiva. En Trapologia, Max Besora y Borja Bagunyà contextualizaron el género en el marco de los debates sobre lengua y estilo, y defendieron su informalismo como una alternativa al pop de habitación y al letrismo poético. Ambos son intelectuales de la hornada precedente, como lo es Ernesto Castro, con quien mantienen un fructífero diálogo. En él, y en las entrevistas realizadas por el pensador madrileño en su canal de YouTube, se comprueba que esas miradas transgeneracionales permiten considerar bajo otra luz los modos en que la economía y la cultura se relacionan.

Castro había dado ya muestras de su talento para los estudios de estética en su anterior ensayo, Un palo al agua. Expuso allí una idea que resulta clave para su monumental análisis del género: la manera en que la subjetividad, en la era comunicativa, se diluye y el yo se codifica como producto. Este proceso no lo interpreta a la manera humanista; muy al contrario, se detiene con minuciosidad en sus ambivalencias y da cuenta de su “compleja simplicidad”. Perreando por fuera y razonando por dentro traza un mapa de la eclosión del trap y localiza sus focos irradiadores. Principalmente en Granada —cuyo papel en las alternativas a la industria quizás hubiera merecido mayor desarrollo— y también en Valencia, Badalona, Mallorca y Tenerife, así como en las festividades de San Isidro y la Mercè. A la vez establece una convincente cronología de las sonoridades urbanas. En 2013, el pico de la crisis: el paro juvenil llega al 55%. En 2014, el gran cisma entre la escena rapera y la trapera.

Esa escisión permite entender algunos rasgos distintivos del género. Si en España la corriente principal del rap siempre fue políticamente comprometida y musicalmente virtuosa, los traperos, puestos de MDMA y drogas de farmacia, oponen a este paradigma el artificio del Auto-Tune y una hiperproductividad que tiene tanto de háztelo tú mismo como de adicción al trabajo. Y basta ya de“shows perfectamente ejecutados”: un concierto es fiesta y karaoke, man. El trap es el nuevo punk porque, como ocurrió en su día con la reacción punk contra la canción protesta, a una actitud proletaria y artística le contrapone una pose amateur y lumpen.

Si para los veinteañeros, veintegenarios, no hay mañana tras la caída de Bankia, el comportamiento de los músicos se volverá, simultáneamente, conformista y aceleracionista, integrado e implosivo. Dará lugar a actuaciones y performatividades que constituyen una “autodenuncia del sistema en primera persona” (en Yung Beef), un “desmantelamiento de las ideas de competición y fama” (en Cecilio G.) o una reescritura de los códigos de feminidad (impagable el pasaje acerca de las uñas postizas de La Zowi). A decir de Castro, quien advierte contra la costumbre de tomarse las letras al pie de la letra, no se trata solo de una caricatura de iconos y actitudes neoliberales, pero la contiene, aun cuando parece celebrarlos.

Es el caso de C. Tangana: describir su carrera como una teogonía es una de las audacias que el libro nos regala. Pues el asunto no es cómo se define el trap, sino hasta dónde llega su onda expansiva. Y llega lejos. Rompe la barrera que separaba el mainstream del underground. Determina el reconocimiento de los productores y la deriva profesional de las cuentas de memes. Asume una problemática desgitanización del flamenco, pero también politiza el twerking. O más bien lo impolitiza, pues, como sostiene el autor, el trap es un potencial que oscila entre el nihilismo sucio y el ascenso místico, entre rendirse a la moda y dictarla. Entre la autenticidad y el ful. Este proceso eclosiona en 2017, cuando el término, saturado, se difumina y el género, más poroso, se va orientando hacia el melódico consenso del pop.

Decir que este es un buen estudio de historia de la música sería pecar de omisión. Es asimismo un recital de sagacidad filosófica, un certero tratado de sociología, una gramática de la nueva estética audiovisual y una mina de conceptos —la metamúsica, la ley de la obsolescencia, la memetización— que, sin duda, habrán de sobrevivir al movimiento que tan concienzudamente describe.

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 Manifestantes prodemocracia marchan este sábado por el centro de Hong Kong. Kin Cheung AP

La Policía carga con gases lacrimógenos y cañones de agua para reprimir las manifestaciones vetadas

“If we burn, you burn with us” (Si ardemos, arderéis con nosotros). El lema que alguien ha dejado escrito este sábado en la mediana frente al complejo que acoge al Legislativo, el Ejecutivo local y las oficinas del Gobierno central se podía aplicar tanto a la furia de los manifestantes como a la ira de la Policía de Hong Kong. Un día después de la detención de nueve prominentes activistas y políticos de oposición, y de que las autoridades del territorio autónomo chino prohibieran una manifestación masiva, la animosidad entre ambos bandos estaba más enconada que nunca. La dureza de los choques entre manifestantes y agentes lo han dejado claro. De un lado, cócteles molotov, lanzamientos de ladrillos e incendios callejeros. Del otro, cañones de agua, gases lacrimógenos, un disparo al aire y numerosas detenciones.

La furia subió un grado más después de que se publicaran en las redes sociales vídeos en los que se mostraba la carga de la Policía durante la noche en una estación de metro en busca de manifestantes, en escenas que evocaban -a los ojos de los manifestantes- las protagonizadas por supuestos miembros de las tríadas mafiosas que, en julio, atacaron a participantes en las protestas en otra estación de metro, la de Yuen Long, ante la aparente pasividad de los agentes.

El día había comenzado con tensión, nubarrones y lluvia. La Policía había advertido de que, tras el veto a la manifestación —finalmente desconvocada—, del Frente de Derechos Humanos y Civiles, no toleraría asambleas que pretendieran remedarla. Pero, haciendo el alarde de imaginación que ha caracterizado las protestas más pacíficas en trece semanas de marchas —el principal desafío en años al poder del Ejecutivo autónomo y al control del Gobierno central en Pekín—, los manifestantes improvisaron distintas actividades con un espíritu lúdico.

Por la ciudad se repartieron diversas estatuas y estatuillas de protagonistas de las protestas, encabezados por una Reina de la Libertad que rendía homenaje a la activista que quedó herida en un ojo este agosto. En un estadio del centro de la isla, centenares de personas se daban cita para cantar Hallelujah to the Lord, el himno religioso convertido en emblema de las protestas: las reuniones religiosas estáticas —a diferencia de las procesiones— no requieren un aviso previo a la Policía. Un grupo se agolpaba ante la oficina de la jefa del Gobierno autónomo, la denostada Carrie Lam, católica practicante, para rezar para que se le perdonaran sus pecados.

A la hora en la que se había convocado la manifestación original, decenas de miles de personas marcharon por el recorrido previsto. Jóvenes, ancianos, familias al completo. Una marea de camisetas negras, el color de las protestas, cortaba las principales avenidas a gritos de “¡Hongkoneses, ánimo!”, “¡Levantémonos por Hong Kong!”. Un helicóptero sobrevolaba la escena, entre exhortaciones de los manifestantes —“¡tapaos con los paraguas, que no os vean!”— y más de un dedo medio levantado en señal de desafío.

“No me sumo a la marcha porque mis hijas tenían miedo por mí y me han pedido expresamente que no lo hiciera”, comentaba Sam, de 56 años, que animaba a los manifestantes desde la acera. “He nacido aquí, en Hong Kong, pero a mi edad me planteo marcharme en cuanto me jubile, en cuatro años. China quiere acabar con esta ciudad, que ya no podamos manifestarnos. Nos quieren callados y complacientes”, sostenía. “Pero no lo van a conseguir. No tenemos miedo”.

Mientras la marcha discurría, principalmente, de modo pacífico y sin que la Policía actuara —más allá de advertir en comunicados de que la manifestación era ilegal—, varios centenares de jóvenes se concentraban en torno al complejo del Gobierno, pertrechados con máscaras de gas, cascos y gafas protectoras.

La Policía comenzó allí a lanzar ronda tras ronda de botes de gases lacrimógenos; si los manifestantes lograban devolver alguno hacia las filas de agentes, los participantes estallaban en aplausos y gritos de júbilo. Algunos arrojaron cócteles Molotov. Los cañones de agua hicieron nuevamente su aparición, con líquido teñido de azul para señalar a quienes hubieran estado en primera fila de las protestas.

Horas más tarde, el enfrentamiento se trasladaba a las cercanías del cuartel de Policía, en el barrio de Wan Chai. Allí, los manifestantes han prendido fuego, espectacularmente, a una barricada, cuya columna de humo se ha elevado por encima de los rascacielos; otros pequeños incendios se han producido en calles adyacentes o en el cercano distrito comercial de Causeway Bay.

Con uniformes antidisturbios, la Policía ha procedido a abrir las avenidas bloqueadas por los manifestantes. Las detenciones que ha practicado, en varios casos, no han sido por las buenas. A pocos metros del incendio de Wan Chai, mientras una ambulancia trataba las heridas de un joven arrestado, varias decenas de vecinos se han enfrentado a los agentes. “¡Sois unos perros! ¡No hagáis daño a la gente de Hong Kong!”, instaba un grupo de vecinos de mediana edad a los policías protegidos con cascos y escudos antibala. En Causeway bay, las tensiones han llevado a un agente a disparar al aire, la segunda vez en una semana que se producía un incidente similar. En el otro lado de la bahía, en el barrio de Kowloon, se han prolongado los enfrentamientos durante la noche.

“No nos fiamos de la Policía, eso está claro. Utilizan la violencia para acallarnos. Y lo que nosotros queremos es que se nos escuche”, ha asegurado en Wan Chai Eva, una joven de 20 años que, como muchos otros, se negaba a desenmascarar su rostro o proporcionar su nombre completo.

La jornada de este sábado ha sido especialmente significativa. Se celebraba el quinto aniversario de la presentación, por parte del Gobierno central chino, de una reforma al sistema para elegir al presidente del Gobierno autónomo hongkonés. Aquella propuesta, que adjudicaba a Pekín la potestad de designar a los posibles candidatos al cargo, sin que los ciudadanos pudieran presentar a un favorito, desató la ira de amplias capas de la población. Uno de los líderes de lo que entonces se conocía como el movimiento Occupy Central (“Ocupar Central”, el distrito financiero hongkonés), el académico Benny Tai, proclamó el comienzo de “una era de desobediencia civil”. Menos de un mes más tarde, medio millón de hongkoneses participaba en una sentada masiva que paralizó el centro de la antigua colonia británica durante 79 días.

Si las protestas de entonces exigían más democracia, los manifestantes de ahora reclaman cinco puntos: el abandono por completo del proyecto de ley desató las movilizaciones desde el 9 de junio y que permitiría la extradición de sospechosos a países con los que Hong Kong carece de un acuerdo para ello, incluido China; la dimisión de la jefa del Hobierno autónomo, Carrie Lam; la apertura de una investigación sobre el comportamiento policial en las manifestaciones; la libertad de los detenidos en las protestas, y la reapertura de un proceso de reformas democráticas.

Las protestas continuarán en los próximos días, mientras se aproxima la fecha que más preocupa a Pekín: el 70º aniversario, el 1 de octubre, de la fundación de la República Popular de China, un acontecimiento que no quiere que quede empañado bajo ninguna circunstancia.

Este domingo los manifestantes pretenden rodear el aeropuerto, y para el comienzo de la semana próxima está convocada una huelga general.


El Gobierno autónomo descarta un debate sobre reformas democráticas

Aunque este sábado se conmemorara el quinto aniversario de la última propuesta de reforma del sistema electoral en Hong Kong, el Gobierno autónomo ha dejado claro que no está dispuesto a reabrir ese debate.

“Embarcarse desenfadadamente en una reforma política polarizará aún más la sociedad y supondría un acto irresponsable”, ha indicado el Ejecutivo en un comunicado. “Cualquier conversación sobre cambios constitucionales tiene que tener como premisa una base legal, y desarrollarse en una atmósfera pacífica y de mutua confianza, de manera pragmática”.

 

Por, Macarena Vidal Liy

Hong Kong 31 AGO 2019 - 14:00 COT

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En una plaza de Nueva York, un grupo de personas se manifiesta en favor del gobierno chino y en rechazo a los grupos que han realizado protestas en la ex colonia británica.Foto Afp

Miles de profesores marcharon ayer en Hong Kong en apoyo a las manifestaciones antigubernamentales y para denunciar la presunta brutalidad policial hacia los estudiantes que protestan contra la ley de extradición a China, durante la undécima semana de movilizaciones.

Una multitud se concentró en una plaza pública del distrito financiero de la ciudad antes de dirigirse a la Casa de Gobierno portando carteles con el lema "Protejan a la próxima generación".

Los profesores ataron lazos blancos a una cerca metálica próxima a la residencia oficial de la repudiada jefa de gobierno, Carrie Lam, como muestra de su apoyo a los manifestantes que tomaron las calles a principios de junio, muchos de los cuales son estudiantes. El Ejecutivo debería responder a las demandas de los inconformes y dejar de emplear lo que calificaron de violencia policial para dispersar las protestas, que algunas veces terminan en enfrentamientos, declararon.

"Queremos proteger a nuestros estudiantes, a nuestros jóvenes, por lo que los maestros estamos dispuestos a salir y hablar por nuestros chicos, y también a apoyarlos para que no estén solos", declaró Fung Wai-wah, presidente del sindicato de profesores de la ciudad que organizó el acto.

Algunos participantes vandalizaron los locales de la Federación de Sindicatos –una organización pro Pekín–, arrojándoles huevos y cubriéndolos de grafitis. Un incidente similar ocurrió en la comisaría de Mong Kok.

Los manifestantes antigubernamentales también marcharon por Kowloon, la principal zona urbanizada del lado continental del puerto de Hong Kong, mientras partidarios de la policía se manifestaron brevemente al otro lado de la bahía, ondeando banderas chinas.

Las demandas del movimiento incluyen la renuncia de Carrie Lam, la revocación de la ley de extradición y una investigación independiente sobre el uso de la fuerza policial. Se convocó a una marcha para hoy en Victoria Park.

Esta semana, la policía paramilitar china realizó ejercicios al otro lado de la frontera, en la ciudad de Shenzhen, alimentando las especulaciones sobre su posible movilización para sofocar las protestas. El sábado se vio a agentes entrenar en el interior de un estadio deportivo, con decenas de camiones de tipo militar.

Fuera de la ex colonia británica también hubo movilizaciones en apoyo tanto al movimiento prodemocrático como al gobierno de China.

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"La policía intenta matar a los ciudadanos de Hong Kong", dice el cartel.

 Mientras los manifestantes denuncian la represión, el gobierno chino afirma que ve "signos de terrorismo" en las movilizaciones.

 

El aeropuerto de Hong Kong canceló todos los vuelos después de que miles de manifestantes ocuparan la terminal principal para denunciar la brutalidad policial, mientras que Beijing señaló que ve "signos de terrorismo" en el movimiento de protesta de largo aliento. Los manifestantes inundaron la sala de desembarque ayer después de informes de que una mujer sufrió un serio daño en el ojo cuando recibió un disparo en la cara con una "bala" de goma. Los carteles en poder de los manifestantes incluían "vergüenza para la policía" y "Hong Kong no es seguro". Se instó a los pasajeros a evacuar el edificio en medio de los rumores de que la policía intentaría despejarlo por la fuerza, pero un gran número de manifestantes permanecieron dentro al caer la noche.

Las autoridades del aeropuerto de Hong Kong dijeron en un comunicado que la protesta había "interrumpido gravemente" sus operaciones e instaron a las personas a no viajar a la zona. "Todos los vuelos han sido cancelados", agregaron. “Se aconseja a todos los pasajeros que abandonen los edificios de la terminal lo antes posible. Pasajeros afectados, comuníquense con sus respectivas aerolíneas para organizar el vuelo”.

Las acciones aumentan las apuestas ya que tanto los manifestantes como las autoridades endurecen sus posiciones después de 10 semanas de protestas. Cathay Pacific, de Hong Kong, la aerolínea insignia del territorio, dijo en un comunicado que se le había informado que todos los vuelos que saldrían se cancelarían hasta mañana.

"Esto es como resultado de la asamblea pública que tuvo lugar en el aeropuerto internacional de Hong Kong", agregó la compañía. "Por lo tanto, se aconseja a los clientes que pospongan los viajes no esenciales tanto hoy como mañana y no deben ir al aeropuerto". La autoridad de aviación de China dijo que, a la luz de la situación en Hong Kong, aumentará la capacidad de transferencia en los aeropuertos del Área de la Gran Bahía

Los manifestantes entraron a la terminal con pancartas y banderas acusando a la policía de Hong Kong de usar fuerza excesiva. Al menos una manifestante en el aeropuerto llevaba una venda en los ojos como parte de una protesta simbólica. El vendaje estaba manchado de rojo y llevaba el mensaje: "La policía de Hong Kong asesina a ciudadanos de Hong Kong".

Hong Kong es el puerto de carga aéreo más activo del mundo y el octavo más ocupado por tráfico de pasajeros, según el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI). Ha estado lleno de manifestantes antigubernamentales durante cuatro días. En China, la Oficina de Asuntos del Gabinete de Hong Kong y Macao emitió un comunicado diciendo que la situación en Hong Kong estaba "comenzando a mostrar signos de terrorismo" y constituía una "amenaza existencial" para la población de Hong Kong.

"Uno debe tomar medidas decididas hacia esta criminalidad violenta, sin mostrar indulgencia ni piedad", dijo el comunicado, atribuido al portavoz Yang Guang. "Hong Kong ha llegado a un punto de inflexión donde todos aquellos que están preocupados por el futuro de Hong Kong deben decir 'no' a los infractores de la ley y 'no' a los involucrados en la violencia". La Policía Armada Popular de China también se reunió en la vecina ciudad de Shenzhen para ejercicios, según un informe en el periódico Global Times respaldado por el estado.

Hong Kong, una antigua colonia británica, fue devuelta a China en 1997 después de que el gobierno liderado por el Partido Comunista acordó que las libertades democráticas de la ciudad permanecerían sin cambios durante 50 años. Sin embargo, las protestas masivas estallaron en junio por un proyecto de ley de extradición que habría permitido que los residentes de Hong Kong fueran enviados al continente para ser juzgados.

El proyecto de ley fue retirado más tarde, pero los activistas ahora exigen la renuncia del líder de Hong Kong, Carrie Lam, elecciones democráticas para su sucesor, la liberación de los arrestados en protestas anteriores y una investigación sobre el uso de la fuerza por parte de la policía.

De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12. Traducción: Celita Doyhambéhère

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Fotografías: Luis Gutiérrez, Medellín, 26 de julio de 2019.

El pasado viernes 26 de julio el país volvió a presenciar multitudinarias movilizaciones en defensa de la vida y en rechazo del asesinato sistemático de líderes y lideresas sociales, las que en lo corrido del año suman más de 80 y desde la firma del Acuerdo con las Farc en 2016 ascienden a más de 600.

Esta jornada fue como un espejo en donde se reflejaba la jornada de “Velatón Nacional” escenificada el 6 de julio de 2018, pues al igual que en esa ocasión fueron miles de miles las personas que salieron a las plazas de las principales ciudades, pueblos y regiones de Colombia, como también de distintas ciudades de otros países, todas las cuales manifestaron su rechazo ante una realidad que no se detiene y desangra día a día los activos de los movimientos sociales, a la par que apaga voces críticas del establecimiento.

 

 

Una movilización que parece un viaje en el tiempo

A la jornada convocada por el movimiento “Defendamos la paz” –en el que coinciden múltiples sectores políticos del país, que defienden el cumplimiento e implementación del Acuerdo firmado con las Farc– y apoyada por los medios de comunicación escritos, radiales y televisivos del poder, asistieron miles de activistas, estudiantes, artistas, personajes públicos como actores y actrices de televisión, intelectuales, movimientos sociales, defensores de derechos humanos y múltiples sectores democráticos del país. Con una paradoja, la convocatoria no logró tocar a las gentes del común que representan a las mayorías nacionales. Todo un cerco de población al que ni teniendo como aliado a los medios oficiosos se logra acceder.

En Bogotá el rito se cumplió. Cada una de las personas que se movilizaron llegaron a la Plaza de Bolívar y se quedaron unos minutos; algunos encendieron velas, otros cantaron algunas arengas, entre conocidos se cruzaron saludos, y luego de esto se retiraron del lugar para darle paso a los otros miles que llegaban a la Plaza. Después de esto, todo volvía a la normalidad, cada quien regresó a su vida cotidiana y el tema del asesinato de los liderazgos sociales continua, sin contención, sin despertar otro tipo de acciones que no sean las movilizaciones, las protestas masivas, unas más que otras, que pese a ello simulan un viaje en la máquina del tiempo: así es porque siempre se realizan de las mismas formas, con las mismas actividades, llegando a los mismos lugares y encontrándose con las mismas personas. Lo más preocupante: sin lograr su cometido.

 

 

El cinismo del Gobierno campea sobre Colombia

En la ciudad de Cartagena, con rosto compungido, el presidente Iván Duque decidió sumarse a la movilización por la vida de los líderes y lideresas sociales. Su “solidaridad” con los centenares de familias en duelo, con los movimientos sociales golpeados por la perdida de sus hermanos, hermanas, y por las amenazas que pesan sobre muchos de ellos, tuvo un adelanto en su discurso del 20 de Julio ante un Congreso integrado por una mayoría que está en contra de las luchas y propósitos de las víctimas del status quo. La simulación pesa más que la verdad: todos estaban afectados por los efectos de la violencia en curso.

Tanto en el discurso de marras, como en el ensayado rostro, el Presidente insiste en trasmitir el mensaje que los culpables de las muertes de los distintos liderazgos del país no tienen nada que ver con las instituciones estatales y que, por lo tanto, los autores parecen ser de otro mundo. Pese a esto el recibimiento que le dieron los cartageneros fue contundente y en medio de abucheadas y gritos de rabia tuvo que salir corriendo del lugar.

Es increíble el cinismo de un Gobierno que detrás de sus actos de supuesta preocupación por el asesinato de voces críticas, lo que hace es lavarse las manos. No hay duda, mientras así sucedía en Buenaventura atentaban contra la vida de Carlos Alberto Tovar, uno de los líderes del Comité del Paro Cívico. Aún sin silenciarse el eco de los 6 disparos que impactaron la humanidad de Carlos, un día después de la movilización, fue asesinada en Caquetá Yissela Trujillo, victima de desplazamiento forzado, despojo de tierras y amenazada, quien sería ultimada junto a su esposo. Pasado otro día, el domingo 28 de julio, le arrebataban la vida en el Chocó al indígena Emilio Vitucay.

 

Una situación preocupante

Es innegable la fuerza que tiene cada movilización que aglutina a tantas personas indignadas, es increíble la fuerza que se siente cuando una parte activa de la sociedad sale a rechazar la política de muerte que se instauró en Colombia, pero también es innegable que hace falta más imaginación, constancia, organización y propuestas para realmente cambiar esta realidad que padecemos en el país.

Seguramente muchos y muchas dirán que vamos avanzando, que únicamente falta ganar las próximas jornadas electorales para que cambie esta realidad, que lo único que hay que hacer es pedagogía para que la gente vote bien. A lo mejor así es, pero a lo mejor el problema es más complejo y tiene que ver con una sociedad que padece las consecuencias de una historia de muerte y miseria, que aunque le dicen que vive en la democracia más antigua del continente, lo que padece es una dictadura civil, en donde la democracia simplemente es un formalismo, una sociedad donde el poder realmente imperante se niega al menor de los cambios y, por tanto, en la que nunca ha sido factible construir con las voces de las mayorías, con sus sueños y anhelos. Sociedad marcada con el signo de violencia homicida, dirigida contra toda aquella persona y proceso social que pretenda un giro para darle espacio a una democracia real, incluyente, participativa, radical, dejando atrás la concentración de la riqueza y del poder. Y en los días que corren, que pretenda un medio ambiente y una naturaleza en general para la vida, protegiéndolo ante las pretensiones de los empresarios de mineras de todo tipo, así como de los negociantes de la madera y similares.

¿Será posible lograr un cambio real en la cotidianidad que estamos padeciendo? ¿Qué tal si lo intentamos? ¿Qué tal si empezamos a protegernos de manera colectiva, reivindicando vocerías a varias voces, dejando de dar declaraciones a una sola voz, aislando al establecimiento en todo territorio donde lo alterno levante banderas, cuestionando el formalismo electoral, y poniendo en marcha formas alternas de gobierno, dándole cuerpo a otra economía posible? Tal vez así, por fin, logremos superar las movilizaciones que parecen viajes en la maquina del tiempo. Tal vez así nuestro grito de protesta supere la formalidad, sembrándose como vida que emerge de la muerte de los miles con que intentan atemorizar a toda la sociedad colombiana.

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Estudiantes en mil 600 ciudades se manifiestan contra cambio climático

"No hay plan b para el planeta", la consigna

Cientos de miles de estudiantes salieron de escuelas y universidades para realizar acciones en más de mil 600 ciudades y pueblos en lo que llamaron una "huelga global por el futuro", exigiendo respuestas de los políticos y otros adultos ante la emergencia climática que amenaza la viabilidad del mundo.

Las acciones en por lo menos 130 países –desde Australia a Alemania y Suecia, a India, Colombia y Sudáfrica– son parte de una ola detonada por jóvenes respondiendo al consenso de los principales expertos científicos del mundo sobre el clima: el mundo sólo cuenta con 12 años para evitar una catástrofe climática con efectos irreversibles, así como nuevas investigaciones que han detectado una extinción masiva de especies en años recientes.

"No hay plan B para el planeta" y "favor de no quemar mi futuro" fueron algunas de las pancartas y consignas junto con demandas de acción de "los adultos" para mantener por debajo de 1.5 centígrados el incremento del calentamiento global –nivel establecido por la comunidad científica. Los huelguistas por el futuro empiezan a sacudir a las cúpulas en varios países, obligando a Inglaterra a ser el primer país en el mundo en declarar una "emergencia climática" entre otras respuestas de diversos gobiernos.

Junto con nuevas corrientes ambientalistas de jóvenes, como la Rebelión Extinción, que realizan acciones directas en Europa, y los jóvenes de Sunrise en Estados Unidos que están promoviendo un New Deal Verde, y en alianza con organizaciones ambientalistas más añejas como 350.org y Greenpeace, entre otras, los jóvenes están creando un movimiento masivo.

Según los organizadores de "Los viernes para el futuro", hoy hubo miles de acciones en por lo menos mil 664 ciudades (se esperan más reportes en los próximos días) y pronosticaba que superarían los 1.4 millones de participantes a escala mundial en su primera convocatoria de huelga escolar global el 15 de marzo [https://www.fridaysforfuture.org/ events/list].

Huelgas estudiantiles de todos los tamaños se realizaron en miles de puntos. En Jerusalén, estudiantes palestinos y judíos marcharon juntos, declarando que se debía poner a un lado el odio para "salvar al mundo del desaste climático", reportó Climate Home News.

Greta Thunberg –la adolescente sueca que inspiró este movimiento de huelgas estudiantiles el año pasado cuando comenzó a realizar protestas solitarias cada viernes al salir de su escuela y manifestarse frente al Parlamento en Estocolmo para demandar a los legisladores cumplir con el Pacto de París– felicitó este viernes a los miles de sus compañeros alrededor del mundo: "Gracias a todos aquellos que realizaron una huelga escolar por el clima hoy alrededor del mundo", dijo por tuit con una foto de la acción en la que participó en Estocolmo.

Ella y decenas de sus compañeras de diversas partes del mundo extendieron una invitación a los adultos a sumarse a una "huelga general" mundial el 20 de septiembres afirmando que "para cambiar todo, necesitamos a todos".

En Nueva York, cientos de estudiantes de secundaria y preparatoria abandonaron sus aulas para marchar por Broadway, desde la glorieta de Colón a Times Square. Coreando "el petróleo debe quedarse bajo la tierra" y "los mares se están alzando y nosotros tambien"; con pancartas hechas a mano fueron un río de azul y verde (los colores del planeta) que coreaba una y otra vez a que el momento es ahora para salvar su futuro.

Aquí, como en otras partes, el mensaje era claro: los jóvenes están furiosos por la inacción de los adultos, sobre todo los políticos, quienes a pesar de saber muy bien que esto es una emergencia no han hecho lo necesario. Las demandas no son abstractas, citando las recomendaciones de los científicos y lo elaborado en el Acuerdo de París para reducir el calentamiento global. El régimen de Donald Trump se retiró del acuerdo entre sus primeros actos de gobierno.

Hoy, señalaron, formaron parte de lo que podría ser la ola de manifestaciones de defensa del medio ambiente más grande de la historia a escala internacional. Los líderes, como subrayó un observador, son el futuro: los niños.

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Primera revuelta masiva contra Jair Bolsonaro

En las concentraciones primaron los llamados a la unidad de los gremios, partidos y movimientos para resistir los embates a la enseñanza del gobierno.

Estudiantes y profesores encabezan la primera revuelta masiva contra Jair Bolsonaro en los 27 estados brasileños. Una multitud ocupó más de seis cuadras de la Avenida Paulista, en el centro de San Pablo. Primaron los discursos en favor de la unidad de las organizaciones gremiales, partidos y movimientos para resistir el ataque del régimen contra la educación. Una de las ovaciones fue dedicada a una maestra jubilada de 96 años que saludó al público desde el palco montado junto al Museo de Arte de San Pablo. La consigna “Bolsonaro que papelón hay plata para las milicias y no para la educación” (traducción libre para ajustar la rima) fue coreada en San Pablo y Río de Janeiro. El paro coincidió con un nuevo coletazo del escándalo que vincula a un hijo del presidente con las “milicias” paramilitares. Entre trompetas, carros con altoparlantes y petardos, fueron repudiados el recorte del presupuesto educacional y la reforma previsonal.


Por la mañana se realizó una concentración en la Universidad de San Pablo (USP), la más importante del pais, cuyos participantes luego se trasladaron a pie (7 kilómetros) hasta la Avenida Paulista. “Libros sí, armas no” y “Fuera, fuera (Bolsonaro)”.


El paro tuvo alto acatamiento en la USP, la Universidad Estadual de San Pablo y la Universidad de Campinas. las más importantes del sistema público. También pararon algunas cátedras de la Universidad Católica, privada, con una larga tradición de enfrentamiento a la dictadura militar.


En Río de Janeiro la protesta se concentró, bajo una lluvia persistente, en la plaza de la Candelaria y de allí las columnas se trasladaron a la Central do Brasil.


El primer balance indica que en la mayoría de las provincias hubo cese de actividades en las universidades, escuelas primarias y secundarias sumadas a concentraciones muy concurridas. No fue un día de lucha sectorial sino de defensa de la educación por parte de amplios sectores como lo demostró la presencia de padres de chicos de escuelas primarias y secundarias.


La bronca popular comenzó a crecer desde hace semanas: el seis de mayo estudiantes de colegios secundarios, padres y profesores de colegios secundarios de Río protestaron frente al Colegio Militar donde Bolsonaro prometió abrir más escuelas de ese tipo y ensalzó la formación castrense.


Ayer una de las primeras concentraciones se realizó en Brasilia a partir de las 10 de la mañana cuando miles se reunieron en torno a la estructura semiesférica del Museo de Arte y de allí partieron hacia el Congreso.


“Esta marcha es una victoria para los trabajadores porque es el primera que se le planta de frente a un gobierno debilitado por los escándalos. Salimos fortalecidos para la huelga general del 14 de octubre” declaró a PáginaI12 Claudio Lorenzo, secretario general de la Asociación de profesores de la Universidad de Brasilia.


“Este es un gobierno que tiene todas las características de los fascistas. El presidente y el ministro de Educación (Abraham Weintraub), son dos oscurantistas, están contra el saber crítico, atacan a los universitarios por puro macartismo”.


“Bolsonaro se dio un tiro a sí mismo haciendo provocaciones contra los universitarios que al final unificaron a la izquierda y el centro. Tenemos junto a nosotros profesores que apoyaron el impeachment contra Dilma que ahora están apoyando el paro”, acotó el profesor y gremialista Lorenzo.


La columna donde había banderas de la Unión Nacional de Estudiantes, del PT, y otras fuerzas de izquierda ocuparon los seis carriles de la avenida principal de la capital, el Eixo Monumental, junto al cual se encuentran los ministerios.


“La orden es que nadie se pare frente al Ministerio de Educación porque están las tropas federales, sabemos que el gobierno quiere reprimir y va tratar de infiltrarnos con provocadores”, explica el gremialista Lorenzo.


Bolsonaro y el ministro de Justicia, el ex juez de Lava Jato Sergio Moro, firmaron un decreto para movilizar la Guardia Nacional de Seguridad Pública para ocupar el centro de Brasilia desde las movilizaciones de los pueblos indígenas, de hace dos semanas, hasta el acto de este miércoles.


El capitán retirado y jefe de Estado viajó ayer por segunda vez en menos de dos meses a Estados Unidos. Aterrizó en Dallas poco después del mediodía hora de Brasilia, cuando unos 50 mil manifestantes (según los sindicatos) llegaban al cantero ubicado frente al Parlamento.


Atacó a los estudiantes y profesores con la misma virulencia mostrada hace un mes cuando dijo que las universidades no son lugares para albergar “militantes” y que haría lo posible para que éstos sean expurgados.


Los que participaron en el paro “son idiotas útiles usados como masa de maniobra por una minoría” dijo en Dallas antes de ir a un encuentro con el ex presidente George W. Bush.
Bolsonaro optó por viajar a esa ciudad tejana luego de dejar sin efecto una visita a Nueva York para evitar las protestas de ambientalistas y la comunidad LGBT.


En París unos cincuenta brasileños y algunos estudiantes franceses se sumaron al repudio contra el régimen de extrema derecha. La voz cantante del acto la tuvieron becarios preocupados con la posibilidad de que el ajuste los deje sin recursos para concluir sus doctorados, mayoritariamente en ciencias humanas, el área hacia donde Bolsonaro dirigió sus críticas más desatinadas

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Enfrentamientos en Honduras durante las protestas contra las reformas de Juan Orlando Hernández

Decenas de heridos, numerosos detenidos y al menos cuatro edificios incendiados durante una masiva manifestación contra los cambios en el sistema educativo y sanitario

La capital de Honduras, Tegucigalpa, vivió este lunes una jornada de fuertes enfrentamientos entre policías y manifestantes durante las protestas contra las reformas educativa y sanitaria promovidas por el presidente Juan Orlando Hernández. Hay decenas de heridos, seis detenidos, numerosos destrozos materiales y al menos cuatro edificios incendiados, uno de ellos la alcaldía municipal.


El centro de la ciudad se convirtió este lunes en una batalla campal. Las fuerzas antidisturbios lanzaron gases lacrimógenos y agua a presión para impedir el avance de la protesta contra las políticas del presidente. Mientras, manifestantes encapuchados han lanzando piedras, palos y cócteles molotov y han incendiado tres edificios públicos y una farmacia cercana. En al menos uno de ellos había personas trabajando y en todos ellos el fuego ya ha sido controlado, según han informado las autoridades.


Entre los lesionados hay uno de gravedad, que tiene una herida en el pecho que podría ser de bala, según ha informado la prensa local. La policía ha reiterado que los agentes únicamente llevan escudos, bastones de madera y bombas lacrimógenas. Además, se han producido numerosos destrozos en comercios de la zona y el suelo de la ciudad ha aparecido repleto de piedras.


Las protestas ocurrieron durante la huelga en escuelas públicas y en los servicios de consulta externa en los hospitales convocadas por los manifestantes desde el pasado viernes. Las movilizaciones tratan de frenar la reforma del sistema educativo y sanitario aprobada la semana pasada en el Parlamento. Este lunes estaba previsto su ratificación por la Cámara, pero los enfrentamientos en el centro de la capital han obligado a su suspensión.


Para los manifestantes, la reforma supone una privatización de los sistemas educativo y de salud. Algo que el Gobierno hondureño niega. Asegura que las protestas son producto de la politización que está haciendo la oposición de los cambios en la ley. "Los que salen a protestar no han entendido o no quieren entender la ley", afirmó el presidente del Congreso hondureño, Mauricio Oliva, tras el caos desatado por las protestas. "No hay nada que diga que habrá despidos", agregó.


Los manifestantes, que gritaban lemas como "la dictadura va a caer", defendían el "derecho de los hondureños a la educación y a la salud pública", aseguró uno de los dirigentes, Daniel Esponda a la Agencia Efe. Por su parte, la presidenta del Colegio Médico Hondureño dijo que están exigiendo derogar todo el decreto, no uno o dos artículos, y que eso "no es negociable".


Además de las protestas en Tegucigalpa, miles de personas marcharon y bloquearon carreteras en otras ciudades del país como San Pedro Sula, La Ceiba, Comayagua, La Paz y Choluteca. En esta última localidad, la policía desalojó con bombas lacrimógenas a los manifestantes que bloquearon el paso fronterizo con Nicaragua en Guasaule.

Por El País
México 30 ABR 2019 - 01:57 COT

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Domingo, 24 Marzo 2019 05:34

La represión ya está en marcha

La represión ya está en marcha

Para contener a los 3.000 manifestantes de París, hubo muchos policías y símbolos como el recurso al Ejército francés.


El nombre del partido presidencial La República en Marcha se volvió ayer “La Represión en Marcha”. Los chalecos amarillos que, en toda Francia, participaron en la décima novena jornada de manifestaciones pusieron al frente de sus marchas ese cartel en signo de repudio al denso operativo policial con el que, esta vez, el Ejecutivo decidió impedir que se repitieran los saqueos de la semana pesada. Para contener a los 3.000 manifestantes de París hubo no sólo muchos policías sino, además, muchos símbolos. El más pesado es el recurso al Ejército francés. Los incendios y las depredaciones del sábado 16 de marzo en la Avenida de los Campos Elíseos, la convergencia entre los chalecos amarillos más radicales y los Black Blocs y la destrucción de las insignias bandera de las marcas del lujo mundial (el restaurant Le Fouquet’s, de Hugo Boss, Lacoste, Nespresso, Foot Locker, Longchamp, Zara) desencadenaron una purga inédita entre los altos mandos policiales, la prohibición de manifestar en ciertos barrios de París y otras ciudades así como la implementación de un red represiva sin precedentes. A medio día, más de 5.000 “controles preventivos” habían sido realizados por las fuerzas del orden. Capitales provinciales como Niza, Toulouse o Burdeos prohibieron a los chalecos toda manifestación en los centros donde se encuentran las boutiques de lujo. En París, los Campos Elíseos, los alrededores del Palacio presidencial y de la Asamblea Nacional fueron vedados a los manifestantes por los 6.000 miembros de las fuerzas de seguridad desplegados en París.


La imagen más impactante es, sin embargo, la presencia del Ejército francés cuya primera misión, el operativo Centinela diseñado en 2015 para proteger de los ataques terroristas los lugares públicos, fue ampliada ahora a la represión. El muy cuestionado Ministro de Interior, Christophe Castaner, dictó la consigna “impunidad cero”. La democracia macronista ha sido incapaz de resolver la crisis de los chalecos amarillos y terminó desplazando al Ejército para resguardar los símbolos de la ostentación y la riqueza. La imagen del gobierno se ha ido degradando a la par de la de los chalecos amarillos. El movimiento paga el tributo de las escenas de violencia y destrucción que las manifestaciones dejan a su paso. En los últimos días, una encuesta de opinión realizada por Odoxa demuestra la erosión de los chalecos: el 58% de los encuestados considera que la violencia le ha restado mucho crédito a los chalecos amarillos mientras que un 55% anhela que se terminen las manifestaciones. Las cifras son igualmente adversas para el gobierno. 76% cree que el Ministro de Interior no podrá mantener el orden público, 70% siente que Emmanuel Macron es igualmente incapaz y 67% piensa lo mismo del Primer Ministro Édouard Philippe. Cuatro meses de crisis debilitaron a todos los actores. El movimiento comenzó el 17 de noviembre con dos identidades permanentes: una, a lo largo de la semana, con la ocupación de las rotondas: la otra, el sábado, con las manifestaciones en las ciudades. Los intentos oficiales de desactivar la tensión no se completaron. Incluso si los chalecos se dividieron y fueron perdiendo impacto y respaldo (en un momento 76% de la población los apoyaba), la onda amarilla prosiguió su ruta. El telón que tapaba la Francia desértica se desplomó. El decorado de la felicidad liberal quedó al desnudo y, desde entonces, los chalecos han ido sembrando su propia agenda ante la impotencia política del gobierno y el presidente.


“Emmanuel Macron, el vértigo autoritario”, escribe el portal de información Mediapart. Unos 350 universitarios firmaron este fin de semana un texto contra “el grave peligro que corre la población con la política del gobierno”. La derecha, en cambio, se posiciona en contra de los chalecos amarillos. Uno de sus portavoces más camaleónicos, el filósofo Bernard-Henry Lévy, acusa a los chalecos de encarnar un “nihilismo mortífero”. Ese “vértigo” se explica por la obsesión de evitar que los sectores más duros del movimiento hagan causa común con los Black Blocs, tal y como ocurrió a mediados de marzo. Con el paso de las semanas, los grupos políticos radicales se mezclaron con los chalecos amarillos. El último que subió al escenario fue Black Bloc. Estos radicales vestidos de negro y pasamontañas están constituidos por una mezcla de antifascistas, anarquistas y los llamados autónomos. En un bar de París, uno de los Black Bloc explica a PáginaI12 que la situación insurreccional creada por los chalecos amarillos resultó un terreno de acción propicio y, sin que haya habido ninguna coordinación previa, “se plasmó en la calle de forma irremediable porque nadie acepta que la respuesta a una demanda social sea la represión salvaje”. Julien es un Black Bloc miembro del llamado “Comité invisible” que en 2007 publicó un famoso ensayo, “La Insurrección que viene” (La Fabrique Edition). Este libro, en sus primeras línea, constata que “cualquiera sea el ángulo desde el que se lo mire, la situación presente no tiene salida”. Por ello postula que la “insurrección no es sólo necesaria, sino también ineluctable”. A su manera, para ellos, los chalecos amarillos han sido el tambor que activó el nacimiento de esa insurrección.


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