Participantes en el Occupy City Hall de Nueva York pasan el rato tirados en una explanada. SARAH YÁÑEZ-RICHARDS

Entre 500 y 2.000 personas se organizan en la ciudad de la costa este de Estados Unidos tras las protestas por la muerte de George Floyd. La principal proclama es reducir los fondos destinados al cuerpo de Policía.

 

Servicio de lavandería, biblioteca, enfermería, una pequeña huerta, una bodega y reparto de comida constante son algunas de las prestaciones de las que disfrutan los activistas y los sintecho que acampan en una de las esquinas del parque de la municipalidad de Nueva York, espacio que el 23 de junio fue tomado por cientos de personas y que ahora se llama Occupy City Hall (Ocupar el Ayuntamiento).

Lejos de ser una utopía, esta comunidad multirracial se enfrenta a nuevos retos diariamente, que van desde cómo hacerse oír sin dejar de ser un movimiento pacifista a cómo garantizar la salud a los participantes en medio de una pandemia, pasando por cómo evitar que el patriarcado y el racismo surjan en la acampada o qué hacer si uno de ellos es detenido.

Detrás de una mascarilla con el mensaje: "Parar de matar a la gente negra", Brandon West, uno de los muchos organizadores del espacio, explicó a Público que el movimiento -en el que participan entre 500 y 2.000 personas- empezó de manera orgánica. "Después de una manifestación la gente tomó el espacio", recalcó.

Desde finales de mayo, es normal ver por la Gran Manzana protestas en contra del racismo y la brutalidad policial bajo el lema de "Black Lives Matter". Marchas en las que se corean los nombres de George Floyd y Breonna Taylor, afroamericanos que murieron bajo custodia policial en 2020, entre otros.

"Nos juntamos distintos organizadores negros que queríamos hacer algo en Nueva York después de la muerte de Floyd. Hicimos algunas protestas, pero algunos queríamos tratar el tema del presupuesto (que la ciudad da al Departamento de Policía de Nueva York) por lo que decidimos ocupar el ayuntamiento y ocupar este parque", recalcó West.

En 2020 Nueva York destinó a la policía 5.900 millones de dólaresLa principal petición de esta toma era un recorte de 1.000 millones de dólares en el presupuesto del Departamento de Policía de la ciudad (NYPD), para luego reinyectar ese dinero a otras áreas con muchos menos fondos como educación, sanidad o servicios sociales. En 2020 Nueva York destinó a la policía 5.900 millones de dólares.

El alcalde, Bill de Blasio, no tardó mucho en contestar y anunció, un día antes de hacer oficial el presupuesto, que iba a recortar 1.000 millones de dólares al NYPD y redistribuir ese dinero en distintos programas sociales. En la acampada -zona repleta de coloridas hamacas, esterillas de yoga y parasoles- la noticia del ayuntamiento no fue recibida como una victoria, sino como una derrota o tomadura de pelo.

"La propuesta es una vergüenza, no es realmente un recorte de 1.000 millones de dólares. Ya que una gran parte se basa en mover el presupuesto de la Policía en las escuelas para ponerlo en otros lugares que tienen otro nombre pero ejercen la misma función. Algunos de los recortes no son sustanciales y, en general, no cambian lo que la policía es en la ciudad", subrayó West, quien se dedica profesionalmente a organizar acciones relacionadas con los derechos civiles.

El tema de liberar las escuelas de policías y poner más consejeros en los centros es una cuestión especialmente sensible para West, pues fue en el instituto donde el activista presenció por primera vez brutalidad policial contra uno de sus compañeros.

"Eso cambió todo para mí. Antes no me había fijado, pero cuando por fin lo vi, todo fue diferente. Llegué a la conclusión de que la policía no nos protegía, pues ellos protegen algo distinto que no somos nosotros", relató el treintañero afroamericano.

Occupy City Hall, el legado de Occupy Wall Street

A diferencia de muchos de los participantes, West es lo suficientemente mayor como para recordar los diversos movimientos que surgieron en 2011 a raíz de la crisis económica del 2008, como el 15-M en Madrid u Occupy Wall Street en Nueva York. Es más, él se acercó al distrito financiero de la Gran Manzana para mostrar su apoyo.

Aunque en esa ocasión este activista norteamericano no participó en la organización del evento, West destacó que algunos de los coordinadores de Occupy City Hall también se encargaron de Occupy Wall Street y que estos ahora están "aportando muchas estrategias que aprendieron en el primer evento".
Una de las cosas que más sorprende de esta toma es el constante flujo de comida. Dunkin' Donuts para desayunar, porciones de Joe's Pizza para merendar y catering vegetariano para cenar son algunas de las opciones que se pueden encontrar en este recinto.

La pandemia también está presente. Tanto de manera invisible como la causante de la pérdida de trabajo de mucho de los participantes. Como de manera visible con desinfectante para manos en cada mesa o mascarillas tapando todos los rostros.

Además de comida, se reparten otros bienes que los activistas han pedido, como crema solar, tapones para los oídos o tabaco. "La gente quiere cigarrillos, damos a la gente lo que quiere", dice West.

El límite de las peticiones está en el alcohol y los estupefacientes, ya que los organizadores intentan que este sea un "espacio seguro" en el que la gente está "alerta". Aunque si alguien lo trae por sí mismo no ponen impedimento para su consumo.

La estructura del campamento

El campamento, que está delineado por vallas, cuenta con dos secciones. Por un lado está la parte oficial donde se encuentran diversas carpas dedicadas a la comida, la inscripción de voluntarios, una mesa para pinchar música, la biblioteca, atención a la prensa, enfermería, un pequeño jardín comunitario, así como la zona de acampada, que está sobre un pequeño triángulo de césped.
La segunda zona es una gran explanada, en la que la gente se suele sentar para leer, pintar o jugar a las cartas.

Ambas zonas están divididas por la boca del metro de City Hall, entrada a la estación que está completamente tapada con una pequeña barricada.
Sentadas en el suelo y sin desvelar sus nombres, dos chicas contaron que esta era la primera vez que se desplazaban a esta zona, pero que llevan semanas participando en las marchas pacíficas.

"Los neoyorquinos hemos gastado miles de dólares para dar protección antidisturbios a los oficiales durante las manifestaciones, pero nuestros doctores no tienen suficiente dinero para equipos de protección personal que cuestan casi nada", indicó una de ellas. Haciendo referencia a que el presupuesto de 2020 dedicado a la sanidad en esta ciudad, que fue epicentro de la covid-19, fue de 1.900 millones de dólares.

Estas dos jóvenes actrices comentaron también que intentan ayudar a la causa hablando del tema con sus familiares. Una de ellas es originaria de Virginia y señaló que, aunque su madre no está de acuerdo con la semántica de "Defund The Police" (Quiten fondos a la Policía), ambas están en contra de que los agentes gocen de inmunidad calificada.

Mientras que la otra activista, que nació en Nuevo Hampshire, recalcó que ha podido dialogar con su madre sobre el tema, pero que cuando quiso tener una conversación con su padre, que es más conservador y sólo consume las noticias de Fox, este le acusó de ser una "ingenua" por querer cambiar el sistema policial a esos niveles.

Desde la improvisada biblioteca, Elizabeth, que es una bibliotecaria tanto en Occupy City Hall como en la vida real, apostilló que uno de los temas que más le preocupa es el actual complejo industrial de prisiones, sistema que, en su opinión, "no garantiza que la gente esté a salvo" y no da "oportunidades para que los presos vuelvan a formar parte de la sociedad".

Como buena amante de los libros, la joven activista recomendó que la gente lea "El Color de la Justicia: La nueva segregación racial en Estados Unidos", de Michelle Alexander, para informarse sobre el tema.

Elizabeth sólo se pasa por el ayuntamiento de día, pues a finales de mayo -cuando muchas de las protestas terminaron en violentas confrontaciones y saqueos- tuvo una experiencia traumática con la policía y ahora prefiere evitar la noche.

"Cuando mi madre me pide que no vaya a las protestas y me dice que le da miedo que me pase algo, yo respondo: Ahora sabes cómo se siente la madre de un afroamericano todos los días", añadió.

Tensión con la Policía

Vandalismo y aumento de tensión entre los ocupantes y la policía
Elizabeth hizo bien en irse a casa esa noche porque en la madrugada del martes, día en el que se tenía que aprobar el presupuesto de Nueva York, hubo un encontronazo entre la policía y los activistas.

Tal como pasó con los últimos minutos de vida de George Floyd, el enfrentamiento entre los dos bandos quedó registrado en vídeos filmados con teléfonos que luego fueron subidos a las redes sociales.

Sobre las tres de la mañana, oficiales con protección antidisturbios cercaron el lugar. Según activistas que estuvieron presentes durante el incidente, no era la primera noche que este tipo de policías venían -por el día hay oficiales en el recinto, pero vestidos con sus uniformes convencionales-. Además, los participantes relataron que el conflicto empezó después de que los oficiales retiraran bruscamente unos parasoles que tapaban una cámara de la avenida.

Con la llegada del alba, la policía intentó romper una barrera de activistas que estaba en una de las calles que rodean a la plaza. El enfrentamiento terminó con dos detenciones y la retirada de varias de las vallas que ejercían de barricada.
El vandalismo también se dejó ver durante esa noche, ya que uno de los edificios de la zona amaneció recubierto de pintadas en las que se podían leer "Sin justicia no hay paz", "La vida de los negros importan" o "cerdos", entre otras. Además, dos estatuas de aborígenes de su fachada fueron recubiertas de pintura negra.

"No somos una revuelta, somos una protesta pacífica, a no ser que consideres un par de grafitis como una revuelta", comenta una de las voluntarias responsables de los primeros auxilios. De acuerdo con esta joven de Nueva Jersey que prefiere mantenerse en el anonimato, fueron varios los activistas que resultaron heridos durante el enfrentamiento.

La joven tildó la actuación de los oficiales de "brutalidad policial" y dijo que "temió por su seguridad", pero que al ser una mujer blanca su experiencia nada tiene que ver con el temor que sienten diariamente sus compañeros negros o trans.

Por su parte, otra activista que estaba descansando en la hierba, destacó las pintadas como una manera de mostrar a la policía que no son sumisos. En ese sentido, explicó que la conversación de acción o inacción estuvo presente en este terreno durante días.

"Los primeros días a la gente no se le animaba a interactuar con la policía para no intensificar el conflicto de ninguna manera. Pero algunos decían: 'Esto parece más un campamento de verano, con un montón de gente blanca sentada en el césped bebiendo'", apuntó la joven de ojos azules y larga melena pelirroja.


Durante la asamblea matutina, uno de los organizadores dijo por un megáfono: "Hoy va a ser un gran día, no sabemos qué va a pasar y cambiar", haciendo referencia tanto a la votación del presupuesto como al futuro de Occupy City Hall. A gritos, también señaló diversas tácticas que los participantes tienen que tener en cuenta en caso de detención, como llevar una identificación con foto o tener el número de teléfono del equipo legal que trabaja con el movimiento.


En general, el martes el ambiente en el campamento había cambiado, se notaba que los activistas estaban agotados y preocupados por la detención de dos de sus compañeros. Tras discusiones en público y en privado, los organizadores decidieron mandar a un grupo a protestar delante del centro en el que estaba detenido uno de sus compañeros.

T.J., una joven nacida en Texas pero de familia filipina, y G.J., también estadounidense pero de padres salvadoreños, se ofrecieron voluntarios para ir a hacer presión.

Cuando llegaron al centro la policía les dijo que no tenían a la persona que estaban buscando, pero los manifestantes estaban seguros de estar en el lugar adecuado. Su táctica fue quedarse frente al edificio y no dejar ni que la repentina lluvia veraniega ni que la presencia policial les desanimara.
"Hubo un momento que aparcaron cerca de nosotros un autobús policial y pensé que nos iban a detener a todos", recordó T.J.. Pero nadie terminó detenido, los oficiales confirmaron que el detenido estaba en sus instalaciones y después de que este se pusiera en contacto con uno de los organizadores para confirmar que estaba bien todos volvieron al ayuntamiento.

La votación del presupuesto y la retirada

En medio de la plaza, el martes por la noche se proyectó la votación del presupuesto por parte de los miembros del consejo municipal. El resultado final se supo a la entrada del miércoles. La ciudad aprobó el presupuesto de 88.100 millones de dólares del ayuntamiento, con un recorte de 1.000 millones para la policía.

El miércoles por la mañana, De Blasio, al ser preguntado en una conferencia de prensa por el descontento de varias organizaciones sobre el recorte del Departamento de Policía, contestó: "Algunas personas nunca están felices".
Por su parte, la ONG-VOCAL, una de las organizaciones que fundó Occupy City Hall, anunció que se retiraba de la acampada.

Katie, que lleva desde el principio, aunque de tanto en tanto va a su casa para ducharse, echarse la siesta o trabajar, dice que desde el primer momento surgió un movimiento paralelo que iba más allá del presupuesto y se centraba más en la abolición de la policía y que, en tanto, en la acampada se sabía que muchos se iban a quedar pasada la votación.

"Más o menos es lo mismo, estamos el mismo número de personas, tenemos la misma infraestructura con un increíble equipo que facilita comida, electricidad y toda esas cosas que necesitamos. Pero es diferente en el sentido de que ahora las conversaciones de las distintas asambleas van más dirigidas a empujar la conversación hacia la abolición de la policía", recalcó. Pero el optimismo de Katie no fue realista, pues el miércoles, como consecuencia del mal tiempo y del cansancio general, fueron muchos los activistas que decidieron ir a sus casas a descansar.

"Por la noche, éramos tan pocos que nos pidieron que nos mantuviéramos todos juntos en la zona del césped", relató T.J., quién también dijo que estaba "preparada para lo peor", ya que en la acampada se temía que los oficiales aprovechasen el bajo número de participantes para entrar.

El hecho de que ese mismo día la policía de Seattle hubiese desmantelado la zona autónoma de Capitol Hill, también conocida como CHOP, ocupada por manifestantes desde hace semanas, ayudó a aumentar la paranoia de los presentes.

"Esa noche no vinieron los antidisturbios, pero sí que pasaron varios coches patrulla", remarcó G.J., quien antes de la pandemia trabajaba con T.J. en una tienda.

El reflorecer de Occupy City Hall

Pese a la dura noche, el jueves amaneció soleado y con el buen tiempo el recinto se volvió a llenar.

"Hoy hay mucha actividad. Hay buena energía, hemos tenido un concierto antes, nos estamos preparando para una reunión comunal. A mí no me parece que la ocupación esté muerta, sino que está muy viva", comentó Bianca Cunningham, una de las organizadoras.

Esta mujer afroamericana, que también es miembro de la Unión de Demócratas Socialistas de América, destacó que a partir del viernes habrá una zona de prueba de coronavirus y que uno de los temas que se estaban discutiendo es cómo se celebraría el Día de la Independencia del sábado, entre las opciones está hacer una "fiesta anticolonial".

Para Cunningham, Occupy City Hall es una manera de demostrar que se puede abolir el sistema policial en la sociedad. "Este es un proyecto en el que tratamos de modelar cómo es vivir en una sociedad sin policía, hemos tenido a gente peligrosa aquí, hemos tenido a gente con problemas mentales, hemos tenido conflictos interpersonales, hemos tenido emergencias médicas y hemos sido capaces de dar servir y mediar en estas situaciones sin tener que llamar a la policía", recalcó.

"Las ocupaciones son complicadas, soy una socialista y muchas veces hablamos de que los más vulnerables en la sociedad deberían de ser los que hablan. Los más vulnerables en la sociedad serán los que nos lideren. Creo que eso es muy fácil de decir, pero es muy complicado cuando estás en un espacio así", concluyó.

nueva york (EEUU)

04/07/2020 12:49

Sarah Yáñez-Richards

@SarahYanezR

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¿Por qué América Latina es el epicentro de la pandemia?

Entre los países con mayor cantidad de infectados por el Covid-19, hay cuatro latinoamericanos: Brasil (segundo), Perú (séptimo), Chile (octavo) y México (décimo). Chile tiene el triste récord de contagiados por habitante (15 mil cada millón), seguido por Perú (8 mil 500), muy por encima de Estados Unidos, España e Italia.

México es una de las naciones del mundo que menos exámenes hacen por habitante (apenas 4 mil 300), siendo el más rezagado de la región con mayor población. Chile hace 15 veces más tests por habitante y Bolivia 20 veces más.

En la semana que finalizó el 28 de junio, los cuatro primeros países del mundo en fallecidos por millón de habitantes son latinoamericanos: Chile con 48, México con 31, Perú con 28 y Brasil con 26 (https://bit.ly/3dSSnWg). En Bolivia y Colombia la tasa de contagiados crece de forma permanente.

A medida que se conocen nuevos datos, la indignación crece. En Sao Paulo, la diferencia en el porcentaje de muertos por el Covid-19 entre los barrios ricos y los pobres es alarmante. En Bela Vista, región central, mueren 20 personas por cada 100 mil habitantes; en Brás, barrio pobre del centro, fallecen 87 por cada 100 mil habitantes (https://bit.ly/2VyBFoK).

Encuentro tres razones básicas para comprender por qué América Latina es hoy el centro global de la pandemia, situación que está lejos de disminuir.

La primera es la desigualdad, que carga en sus ancas, como compañeras de viaje, la corrupción, el desmantelamiento de los servicios sanitarios y la pobreza estructural de la mitad de la población.

Mientras la OMS recomienda ocho camas de hospital por cada mil habitantes (en Brasil es de 2.2), en algunos municipios de la Baixada Fluminense (estado de Río de Janeiro), como Seropédica e Itaguaí, hay apenas 0.3 a 0.8 camas por cada mil habitantes (https://bit.ly/2V8XITa).

En Perú, 70 por ciento de la población trabaja en el sector informal. Algunos mercados, como La Victoria, en Lima, presentaban en mayo 86 por ciento contagiados (https://bit.ly/3ggo3q7).

En Chile, donde los de arriba violan la cuarentena como y cuando quieren, incluyendo al presidente, en los barrios "altos", como Las Condes y Providencia, 90 por ciento de los hogares tiene acceso a Internet. En Cerro Navia, La Pintana y Lo Espejo no alcanza ni a 30 por ciento, afectando las posibilidades de educación a distancia.

Un excelente artículo en El Desconcierto, titulado "No conocen su país", destaca que "75 por ciento de los ingresos de los chilenos se destina a pagar deudas y que 82 por ciento de los mayores de 18 años es deudor moroso" (https://bit.ly/3eCWGpw). Dos millones de personas tienen serios problemas para acceder al agua potable y en muchos hogares conviven cuatro generaciones bajo un mismo techo.

El segundo problema es la violencia, que ha desestructurado nuestras sociedades y convertido a los estados-nación en espectadores cómplices del neoliberalismo. El "monopolio de la violencia legítima", que se atribuye a los estados, es una broma macabra, cuando ya no hay diferencias entre mafias y estados.

Cada masacre es testigo de la complicidad de los cuerpos armados, como acaba de suceder en San Mateo del Mar y en cada una de las matanzas que se suceden, cada semana, contra poblaciones originarias y negras de nuestro continente.

Aunque algunos se hagan los distraídos, sabemos que la violencia forma parte de la acumulación por despojo/cuarta guerra mundial, que es la seña de identidad del capitalismo en este periodo de turbulencias y tormentas. Dicho de otro modo: la violencia es sistémica, para acumular riquezas y contener a los pueblos. No es una desviación del sistema, es su núcleo duro, lo que le permite existir.

La tercera causa se deriva de las anteriores: gobiernos erráticos, incapaces no sólo de contener la pandemia –algo que podría entenderse dadas las tremendas condiciones estructurales que heredaron– sino de aceptar sus fracasos, con un mínimo de humildad. Hay gobernantes que "mueven" la aguja del pico de la pandemia cuando las cuentas no les cuadran. No sólo en México.

La pandemia muestra tanto la crisis de la gobernabilidad, como las consecuencias de tres décadas de neoliberalismo sobre las instituciones y contra los pueblos. Los gobiernos no gobiernan, apenas acompañan servilmente los proyectos del capital y del imperio de Trump.

Como a esta pandemia sucederán otras, algunas ya anunciadas (como una peste porcina en ciernes) y otras inevitables (como las ambientales que presagian los incendios forestales, las plagas de langosta y la sucesión de sequías e inundaciones), es tiempo de reflexionar y tomar precauciones.

¿Quién va a defender a los pueblos cuando los gobiernos decretan el encierro masivo, mientras el extractivismo (minería, monocultivos y grandes obras) sigue destruyendo y asesinando? O nos organizamos o estaremos condenados a ser hojas en la tormenta sistémica.

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Los camuflajes de la muerte en la verdadera pandemia

Nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó se dirige nuevamente al país y al mundo para compartirle los hechos que siguen revelando una política criminal del Estado colombiano y su tolerancia y connivencia con todos los procesos criminales que vienen del pasado.

La matanza de colombianos de a pie, inconformes y/o vulnerables, comenzó hace muchas décadas. La fuerza armada del Estado se consideró con licencia para matar durante mucho tiempo, apoyándose solamente en la calificación de las víctimas como enemigos del poder de turno. Con el paso del tiempo, los Estados Unidos le enseñaron   a los gobiernos colombianos, secretamente, a meter en la guerra a la población civil, no sólo como objetivo militar, que ya lo era en sus capas pobres e inconformes, sino también como combatientes, en forma de paramilitares o brazos armados clandestinos del Estado; esto ocurrió en 1962 con la misión a Colombia del General norteamericano  William Yarborough y sus directrices secretas, para que así el Estado no cargara con todo el peso del deterioro moral e ilegitimidad de su imagen y con una condena universal. Cuando el paramilitarismo comenzó a estar en la mira de algunos jueces, el Estado se empeñó en hacerlo desaparecer mediáticamente y acuñó el nombre de BACRIM o Bandas Criminales, llevando a la sociedad a creer que todo era problema de delincuencia común. Cuando los Acuerdos de Paz impidieron llamar guerrilleros a todas las víctimas de ejecuciones y desapariciones, la muerte de los líderes sociales y de los sectores inconformes o “desechables” comenzó a atribuirse a violencia intrafamiliar, a problemas de linderos entre vecinos, a picaduras de culebras o a peleas entre borrachos. En general, las falsas razones se han impuesto contra el conocimiento de poblaciones enteras que callan la verdad por temor al asesinato o al estigma.

Las muertes violentas perpetradas por el paramilitarismo, el cual continúa controlando nuestra zona de San José de Apartadó, han buscado últimamente formas de camuflaje que desafían el saber del campesinado del entorno. En el caserío de San José, fue palpable el silencio que rodeó la ejecución del joven Rafael Antonio Guerra el pasado 12 de mayo, en el paraje Caño Seco de la vereda Alto Bonito. Según el comentario que circula entre los pobladores de San José, la familia tuvo que camuflar el crimen bajo la versión de una “muerte por picadura de culebra”, para que se permitiera pasar el ataúd por el centro urbano. La última ejecución, ocurrida el pasado domingo 7 de junio, está siendo leída por muchos pobladores como efecto de “las borracheras dominicales” o de “peleas entre colegas” o conflictos entre los mismos paramilitares. Los medios no hablan de diligencias judiciales en estos casos ni se refieren al contexto de completo control de la zona por las estructuras paramilitares. Los medios locales y regionales, en lugar de ayudar a esclarecer los hechos, han ayudado siempre a difundir versiones de camuflaje que favorecen los intereses del sector político dominante, intereses que a veces se proyectan en la necesidad de eliminar a sus mismos servidores paramilitares, cuando éstos se sienten cansados o decepcionados en su misión asesina y manifiestan deseos de abandonar las filas criminales, o se enfrentan entre los mismos paramilitares por los recursos que incluyen el mercado de drogas alucinógenas. Versiones de las últimas muertes apuntan en algunas de estas direcciones.

Nuestra Comunidad quiere dejar constancia de los siguientes hechos:

·         El domingo 10 de mayo de 2020 los paramilitares permitieron y promovieron la celebración de la fiesta de la madre en la vereda La Unión, con gran consumo de licor, desconociendo las normas de control de la pandemia.

·         El sábado 16 de mayo de 2020, nuevamente los paramilitares autorizaron e impulsaron la celebración de la fiesta de la madre en la vereda La Resbalosa, con abundante consumo de licor.

·         El jueves 4 de junio de 2020 fue visto nuevamente en la finca del Señor Muñoz, en la vereda La Esperanza, un grupo de paramilitares armados con armas largas y uniformados. Ya varias veces antes nuestra Comunidad había sorprendido, fotografiado y filmado a los miembros de ese grupo paramilitar en el mismo sitio y los miembros del Senado de la República pudieron examinar los videos, pero eso no ha traído ninguna medida de represión o contención, menos de enjuiciamiento y sanción, a esa estructura paramilitar. En varias ocasiones, posteriormente, se les ha sorprendido en la misma finca, armados y uniformados, sin que ninguna institución haya hecho absolutamente nada para investigarlos y enjuiciarlos.

·         El viernes 5 de junio de 2020, tuvo lugar una convocatoria de paramilitares en la vereda Playa Larga. En dicha reunión, a la cual acudieron al menos 50 paramilitares, se insistió en la necesidad de controlar más fuertemente a la  población de la zona cercana a San José, donde hay personas que deben ser eliminadas.

·         El sábado 6 de junio de 2020 unidades de la Brigada XVII del ejército llegaron a la vereda La Unión e ingresaron a un establecimiento público donde consumieron licor. Cuando su mando fue interrogado por pobladores de La Unión para que explicara por qué el ejército no combate a los paramilitares, respondió que no los combatían porque después, cuando ellos estuvieran de licencia, los podrían atacar. Dicho oficial afirmó que asumiría el mando de la base de San José a partir del 15 de junio.

·         El domingo 7 de Junio de 2020, hacia las 20:00 horas, en la vereda La Victoria de San José de Apartadó, un grupo de paramilitares asesinó al joven JESÚS ALBERTO MUÑOZ YEPEZ, de 35 años, apodado “El Tato”, residente del e barrio Policarpa de Apartadó, e hirió a una joven llamada Leidy quien lo acompañaba y estaba embarazada y es prima del jovenYeminson Borja Jaramillo, asesinado el 7 de  julio de 2019 en la vereda aledaña de La Balsa, por paramilitares que controlan esa ruta y someten a la población civil a sus órdenes mediante amenazas y ejecuciones. Varias versiones circulan sobre los móviles de este crimen, incluyendo la que presenta a la víctima como activo del paramilitarismo que se encontraba en retirada, mereciendo por ello la pena de muerte. El silencio permisivo y cómplice de las autoridades, acompañado por el silencio temeroso de la población del entorno, configura el mecanismo monstruoso de la total impunidad reinante.

·         El viernes 12 de junio de 2020, los paramilitares convocaron a las juntas de acción comunal en la vereda Mulatos Medio, en el recinto de la escuela recién construida en el lindero de la Aldea de Paz de nuestra Comunidad. En dicha reunión participó un líder político paramilitar, quien impartió normas a los pobladores. Ya nuestra Comunidad había presentido que esa construcción, motivada en ofertas del gobierno, iba a servir para eventos políticos y para fiestas y consumo de licor, todo como sabotaje a los principios de nuestra Comunidad de Paz, fuera de utilizar los espacios de nuestra aldea para sus reuniones.

·         El domingo 14 de junio de 2020, la junta comunal de la vereda Arenas Altas organizó en la escuela veredal, que es terreno de nuestra Comunidad de Paz, una fiesta con consumo de licor, violando todas las normas de aislamiento vigentes, derivando en riñas y heridos. Uno de los paramilitares organizadores fue John Edinson Góez, alias “El Pollo”.

·          El miércoles 17 de junio de 2020, A partir de los controles de seguridad que realiza la población civil de San José de Apartadó en la vereda La Balsa para evitar la expansión del coronavirus (Covid-19) se está organizando desde allí el cómo restringir la libre movilidad de nuestra Comunidad, supuestamente con el decir que los extranjeros van a entrar y a traer el virus, por lo que ya se comenta que: allí están ingresando gente de otros lugares violando la cuarentena Nacional y este es un caso que debe pasar a las autoridades porque si llega a haber un enfermo por el virus es culpa de la Comunidad de Paz. Como Comunidad de Paz rechazamos dichas acusaciones pues no es responsabilidad de nuestra Comunidad de Paz evitar que se infecte la población, más cuando toda la gente de la zona está bajando al casco urbano diariamente sin ninguna medida de protección. Son el mismo paramilitarismo y la fuerza pública los que están llevando el riesgo de contagiar a la población porque son los que más patrullan la región, además frecuentan lugares públicos de San José y sus veredas a tomar licor y ahora se quiere responsabilizar a nuestra Comunidad como culpable, cuando somos los únicos en la zona que mejor hemos manejado una cuarentena autónoma, por lo que no será nuestra responsabilidad ni la de nuestros acompañantes nacionales e internacionales; si llegase  haber un contagio con el virus covid-19 en la zona, la responsabilidad es de las mismas autoridades competentes por que no se ha tomado una verdadera medida necesaria de precaución para garantizar que cada día no hayan más contagiados  en la Región de Urabá, la misma fuerza pública es la que más tiene contagiados en Urabá, además está  la libre movilidad del paramilitarismo que le ha permitido ejercer mayor control sobre la población civil, pues se están transitando por carreteras y caminos desde la Región de Urabá hasta el chocó y otros lugares del país sin restricción  alguna.   

En las diversas veredas del corregimiento de San José nuestra Comunidad de Paz sigue comprobando la presencia de estructuras de control paramilitar de la población a través de personas o familias espías denominadas “puntos”, los cuales informan permanentemente a los jefes paramilitares de la zona sobre los movimientos y pensamientos de los pobladores, mientras, los mandos “paras” se movilizan libremente por el territorio portando armas y a través de los “puntos” imparten normas a los pobladores, los convocan a reuniones y les cobran impuestos ilegales, amenazándolos de muerte si no se muestran sumisos a sus órdenes y a su dominio. Ninguna institución del Estado ha demostrado controlar esa estructura criminal, la cual está detrás de las amenazas de muerte y de las ejecuciones, hoy camufladas bajo causas ficticias.

Nuevamente agradecemos a las personas y comunidades que en diversos sitios del país y del mundo siguen nuestro proceso y nos animan moralmente a defender nuestros principios.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó

Junio 22 de 2020

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Lunes, 22 Junio 2020 05:48

Historia presente

 Después de que manifestantes derribaron el viernes dos estatuas en el Viejo Capitolio en Raleigh, Carolina del Norte, el gobernador Roy Cooper ordenó ayer el retiro de otros monumentos a la Confederación, citando preocupaciones de seguridad pública.Foto Ap

Estatuas, retratos, bustos, monumentos y otros símbolos de figuras y políticas opresoras –esclavistas, imperialistas, conquistadores– caen por todo el país, muchas derribadas por manifestantes y activistas y otras retiradas por órdenes oficiales como intentos para "reconocer" las demandas del movimiento contra el racismo sistémico que estalló hace un mes.

Algunas de ellas habían decorado el escenario oficial de capitolios y otras sedes de gobierno, parques públicos, escuelas y universidades y hasta los encuentros deportivos. Durante años, activistas de vez en cuando denunciaban su presencia por no se lograba mucho. Pero de repente, una tras otra está cayendo por la fuerza o por temor a esa fuerza.

Es una magna lección de historia y/o un levantamiento contra la historia oficial, y/o una rebelión contra esa arma secreta de la cúpula en este país –la amnesia histórica, clave para imponer políticas contra mayorías, lanzar guerras y suprimir la memoria colectiva del pueblo.

Indígenas en alianza con Black Lives Matter tumbaron la estatua de Junípero Serra –el fraile español de las misiones católicas de California– en la Placita Olvera de Los Ángeles. En San Francisco cayó otra de Serra junto con una de Ulysses Grant –el general de las fuerzas de la Unión en la Guerra Civil y después presidente– y otra más de Francis Scott Key, autor del himno nacional de Estados Unidos. Ambos fueron dueños de esclavos.

Ni los padres fundadores se salvan: estatuas de George Washington y Thomas Jefferson, quienes eran dueños de esclavos, han sido tumbadas en varios lugares.

En Virginia, Carolina del Norte, Georgia y otros estados sureños se han derribado o los gobernantes se han visto obligados a retirar estatuas y otros monumentos a la Confederación –los estados sureños que defendieron la esclavitud entre otras cosas en la Guerra Civil. La bandera de la Confederación de repente está prohibida en algunos encuentros deportivos y en instituciones públicas.

En Washington, la presidenta de la cámara baja, Nancy Pelosi, ordenó remover del recinto los retratos de cuatro ex presidentes vinculados con el régimen de esclavitud en los estados sureños. "No hay lugar en los pasillos del Congreso o cualquier lugar de honor para distinguir a hombres que encaran la intolerancia violenta y el racismo grotesco de la Confederación", proclamó (aunque vale señalar que esos retratos han estado ahí durante décadas sin que molestaran a los políticos, incluyéndola a ella, hasta ahora). En Charleston, Carolina del Sur, las autoridades anunciaron que removerán la enorme estatua de 30 metros de altura de John Calhoun, ex vicepresidente y senador y uno de los defensores mas feroces de la esclavitud en el siglo XVIII.

Estatuas de Cristóbal Colón han sido derribadas y/o dañadas; también, las de otros conquistadores, como Juan de Oñate en el suroeste del país.

Estos actos contra símbolos son parte del rescate de la historia de este pueblo, algo que suele brotar con toda rebelión popular. En las calles los manifestantes rescatan viejas canciones: Which side are you on, We shall overcome, y otras letras de lucha, junto con las de tiempos recientes, rescatando estrofa por estrofa la memoria. Algunas pancartas sencillamente dicen "1619" –el año en que llegaron a estas costas los primeros esclavos africanos. Otras ofrecen versos del gran poeta Langston Hughes, algunas más de Martin Luther King, como las escritas sobre el triplay colocado frente de vitrinas de tiendas de lujo en Nueva York, entre ellas: "La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad; sólo la luz puede hacer eso. El odio no puede expulsar al odio, sólo el amor puede hacer eso". Pasa una bicicleta en una marcha con un anuncio pegado: "Esta máquina mata fascistas", la misma frase que estaba sobre la guitarra de Woody Guthrie, quien cantaba sobre las luchas de trabajadores e inmigrantes al acompañarlos por las calles y los campos de este país en los años 30 y 40.

De repente, en este levantamiento, se lee, se conversa, se rescata la historia. De repente, la historia esta presente, un requisito para crear otro futuro.

https://youtu.be/gYDo0ZjXegM

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Foto: Un hombre protesta por los planes israelíes de anexar franjas de tierra de Cisjordania que dejarían a los palestinos en las zonas afectadas sin ciudadanía. Imágenes de Shadi Jarar’ah APA

Es -en las famosas palabras de posiblemente el mejor entrenador de fútbol de todos los tiempos- «el momento culminante» para el mundo sobre la situación de Palestina.

En julio el primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu, prometió comenzar a aprovechar lo que describió descaradamente como una «oportunidad histórica»: la anexión formal por parte de Israel de grandes extensiones de la Cisjordania ocupada.

El ejército israelí está comenzando sus preparativos mientras los colonos israelíes están enojados porque la anexión propuesta no llegará lo suficientemente lejos.

Ante una intención tan obvia, varios países, políticos y actores internacionales elevaron sus protestas. Gran Bretaña «no apoyará» la anexión y Francia, Bélgica, Luxemburgo e Irlanda han propuesto medidas económicas punitivas en respuesta.

Joe Biden, el presunto candidato presidencial demócrata de Estados Unidos, quiere presionar a Israel para que no tome ninguna medida «que haga imposible una solución de dos estados».

Jordania ha protestado fuertemente y los países del Golfo también han dado la voz de alarma. La anexión sería un «serio revés para el proceso de paz», según el ministro de Asuntos Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos, Anwar Gargash.

Arabia Saudita ha hecho protestas similares.

Nickolay Mladenov, Coordinador Especial para el Proceso de Paz de Oriente Medio nombrado por la ONU, ha instado a Israel a «abandonar las amenazas de anexión», lo que, advirtió, si se llevara a cabo, sería una violación «muy grave» del derecho internacional.

Todo enunciados

Con China «profundamente preocupada«, Rusia se opone enérgicamente e incluso el Vaticano advierte contra la anexión, parece haber un bloque sólido de oposición global a los planes de Israel.

¿Entonces? Nada de eso está disuadiendo a Israel, ya que comienzan a surgir planes cada vez más detallados de la anexión.

El Gobierno israelí ha sido bastante sincero con respecto a que los palestinos que viven en las áreas que anexará -cree que es el 30 por ciento de lo que queda de Cisjordania (fuera de Jerusalén Oriental), que incluye grandes bloques de colonias y el Valle del Jordán- no recibirán la ciudadanía y seguirán soportando derechos y estatus civiles de segunda o tercera clase.

Israel también se mantendrá alejado de las ciudades y otros centros importantes de población palestina, dejando algunos de ellos completamente rodeados de lo que se convertiría en territorio soberano israelí.

Israel confía y es abierto sobre sus planes porque goza del apoyo de Washington. Los funcionarios israelíes han dejado claro que la anexión seguirá el esquema del llamado plan de paz de Trump, llamado así por el presidente de los Estados Unidos Donald Trump, ideado por su yerno Jared Kushner y en realidad escrito, según algunos derechistas israelíes por Netanyahu.

A Israel solo le importa la opinión de Estados Unidos. Y si la opinión de los Estados Unidos cambia, como sugieren algunos informes, entonces eso podría retrasar la anexión.

Pero la anexión no es una invención repentina de Trump o Netanyahu. Ha sido la intención de Israel desde que ocupó Cisjordania en 1967, y posiblemente antes, y la Administración de Trump simplemente está proporcionando un camino claro, a diferencia de las administraciones estadounidenses anteriores que sostenían la anexión progresiva.

Fin de un paradigma

El proceso de paz patrocinado por Estados Unidos que siguió a la firma de los acuerdos de Oslo en 1993 siempre fue realmente un debate entre los partidarios de Israel y los líderes estadounidenses e israelíes. La cuestión en debate era de cuánta tierra se apropiaría Israel y en qué circunstancias.

Los funcionarios de la Autoridad Palestina continúan manteniendo la esperanza, al menos en público, de que la ayuda está disponible en otros lugares. El jefe de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, ha exigido una y otra vez un proceso de paz liderado internacionalmente para reemplazar el dominado por Estados Unidos.

Pero los países europeos no intervendrán. Francia y otros pueden hablar de medidas punitivas, pero para que la UE actúe colectivamente los 27 países miembros deben estar a bordo. Los aliados de Israel como Hungría y la República Checa podrían bloquear incluso las discusiones preparatorias sobre sanciones y, por lo tanto, evitar a los aliados más grandes como Alemania, que públicamente afirman apoyar el derecho internacional, cualquier malestar por tener que proteger las violaciones de Israel.

El Reino Unido, que regaló Palestina, puede decir que considera una anexión adicional una violación del derecho internacional, pero tampoco va a tomar ninguna medida. A Boris Johnson, el primer ministro del Reino Unido, se le han ofrecido varias oportunidades para exponer cómo defenderá el Reino Unido el derecho internacional, pero se ha negado a ofrecer algún detalle.

Rusia y China están ocupadas con sus propias esferas de influencia y los países árabes, desde Jordania hasta el Golfo, dependen demasiado del apoyo militar de los EE.UU. como para salirse demasiado de la línea.

Todos estos países tienen las nalgas apretadas, ya que el final del paradigma de Oslo pone de relieve su impotencia sobre Israel.

Los palestinos tienen que valerse por sí mismos. Los funcionarios palestinos saben dónde sopla el viento, pero en privado expresan su temor de que abandonar la AP, como lo exigiría el fin del paradigma de Oslo, socavaría la posibilidad de un liderazgo palestino unificado.

Sin una AP, el argumento es que Israel es libre de dividir a los palestinos al empoderar a los hombres fuertes locales en lugares separados para mantener el orden a cambio de intereses personales estrechos y la capacidad de repartir favores por lealtad, básicamente asumiendo el papel que la AP, a regañadientes o de otra manera, ha jugado hasta ahora.

Pero ese es el futuro que los palestinos deben enfrentar, divididos como ya están. Dichas tácticas municipales, además, en última instancia no son sostenibles para Israel, que, para garantizar una «victoria» absoluta, tendrá que participar en otra ronda de limpieza étnica masiva que supere la de 1947-49.

Israel puede o no tener esa apetencia. Para los palestinos cualquier liderazgo, existente o emergente, que quiera unificar e inspirar a su gente debe comenzar por reconocer que las viejas formas no sirvieron.

Una lucha vieja y nueva lucha enfrenta a los palestinos, una que comienza con mantener a las personas en su tierra y que debe terminar con una lucha por la libertad y la afirmación de los derechos nacionales en una Palestina completa.

Omar Karmi es excorresponsal de Jerusalén y Washington, DC, para el periódico The National.

Por Omar Karmi | 22/06/2020

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Fuente: https://electronicintifada.net/content/world-abandons-palestinians-eve-annexation/30381

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Poder dual, golpismo y comicios en Bolivia

El boliviano René Zavaleta, primer director de Flacso México entre 1976 y 1984, teorizó conceptos muy importantes en sociología, como el de sociedad abigarrada, un Estado aparente donde se superponen diferentes capas sociales, pueblos y comunidades culturales. Una formación social donde coexisten la dominación colonial y capitalista, y formas de resistencia anteriores a los mismos. Los términos de sociedad abigarrada fueron muy útiles para entender la Bolivia plurinacional destruida por el neoliberalismo, pero para entender lo que está pasando hoy en el país andino-amazónico, nos sirve mucho más otro de los grandes conceptos acuñados por René Zavaleta, el de poder dual.

El concepto de poder dual retomaba a Lenin y la revolución rusa de 1917: “El doble poder –según Lenin– se manifiesta en la existencia de dos gobiernos: uno es el gobierno principal, el verdadero, el real gobierno de la burguesía (...) el otro es un gobierno suplementario y paralelo, de ‘control’, encarnado por el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, que no tiene en sus manos ningún resorte del poder, pero que descansa directamente en el apoyo de la mayoría indiscutible y absoluta del pueblo, en los obreros y soldados armados”.

Es decir, poder dual alude a un gobierno que tiene la legalidad, pero convive con otro gobierno legítimo conformado por el pueblo organizado.

Esto es lo que coexiste hoy en Bolivia, un gobierno golpista que había llegado con el único objetivo declarado de convocar a elecciones, y un pueblo que se va organizando para resistir y que, además, tiene de su lado a una Asamblea Legis-lativa Plurinacional, donde el Movimiento al Socialismo de Evo Morales tiene la mayoría suficiente para aprobar leyes.

Ese poder dual cristaliza hoy en la convocatoria de unas elecciones previstas para el 3 de mayo, pero que fueron pospuestas por la pandemia global. La Asamblea aprobó la Ley 1297 de Postergación de las Elecciones Generales, y marcó el 2 de agosto como límite para la celebración de nuevos comicios. Pero esta ley fue recurrida por el gobierno golpista de Áñez ante el Tribunal Constitucional, institución que tras un acuerdo apoyado por Naciones Unidas y la Unión Europea, entre el MAS y la mayoría de partidos de oposición presentó la propuesta del 6 de septiembre como nueva fecha electoral.

Pero en una nueva vuelta de tuerca al poder dual que se vive en Bolivia, Jeani-ne Áñez, quien además es candidata presidencial, mandó una carta a la presidenta del Senado, Eva Copa (MAS), pidiéndole un informe técnico y científico que validara la fecha de las elecciones, torpeza política porque si Áñez no promulga la Ley 691 en 10 días, el Senado tiene la facultad de hacerlo.

Es claro que existe una voluntad en retrasar todo lo que se pueda la convocatoria de elecciones, pues están perdiendo aceleradamente apoyos entre la opinión pública debido a los numerosos escándalos de corrupción en los que han incurrido autoridades en el medio año que lleva instalado el gobierno golpista.

En febrero destituyeron al gerente de la principal empresa de telecomunicaciones del país, Entel, nacionalizada durante el gobierno de Evo Morales, y en estos días el presidente de YPFB, la empresa hidrocarburífera estatal, se encuentra en búsqueda y captura tras varios escándalos de corrupción.

Aunque el mayor escándalo ha sido la corrupción destapada por la compra en España de respiradores para hacer frente al Covid-19, que ha llevado al encarcelamiento del ministro de Salud de una Áñez que cada vez tiene más difícil afirmar que llegaron de forma transitoria para convocar a elecciones tras el golpe de Estado, cuando la imagen que dan son de que llegaron para quedarse el mayor tiempo posible, y mientras tanto, saquear y vaciar un Estado que costó poner en pie 14 años de proceso de cambio.

Pero además, los golpistas continúan con sus torpezas y han desaparecido los ministerios de Deportes, Comunicación, y Culturas. El cierre de este último, con un presupuesto de 100 millones de bolivianos (menos de 15 millones de dólares) frente a los 7 mil millones que manejan Gobierno y Defensa, ha supuesto que la comunidad cultural y una parte de la clase media se levante en pie de guerra contra el gobierno.

Esta dinámica deja a los golpistas casi fuera de la carrera electoral, pero aunque el MAS-IPSP pueda recuperar una parte de los apoyos perdidos durante los meses de octubre y noviembre de 2019, en realidad quien más favorecido se ve por la coyuntura es el timorato y cómplice del golpe, Carlos Mesa, que tiene todo un carril central para apostar por "ni masistas ni golpistas" después de que en las elecciones pasadas consiguiera articular 37 por ciento del voto opositor anti Evo Morales.

Es probable también que los poderes que impulsaron el golpe de Estado, desde las élites económicas a sectores de lapolicía y el ejército, pasando por la estación de la CIA en La Paz, dejen caer a Áñez y su gobierno para articular una unidad parcial en torno a Carlos Mesa como garante de una transición que garantice el control de los recursos naturales y su posterior privatización al mismo tiempo que una relativa paz social.

Será tarea colectiva que el poder dual que hoy impera en Bolivia se mantenga en caso de que el golpe de Estado consumado el 10 de noviembre de 2019 se perpetúe mediante una victoria electoral golpista.

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La Paz, Bolivia.

En otro texto provocador e imprescindible, la activista boliviana María Galindo propone pensar y actuar sobre 5 urgencias que, dice, no pueden justificarse ante el avance del coronavirus: el fascismo, la colonización, la corrupción y desidia estatal, la violencia machista y el hambre. Cómo azotan cada una de estas otras «pandemias» a los países latinoamericanos a los que bautiza como Culo del Mundo, «en el sentido ambiguo de lugar de placer y de desprecio al mismo tiempo». El miedo y el hambre como fórmula de control; los préstamos financieros como método de colonización; las miradas ancestrales de la salud, más acá del sanitarismo; el rol de las ollas populares no institucionales y gestionadas por mujeres; la pregunta de si las salidas van a venir de los Estados quebrados y corruptos; la violencia machista, la crisis de cuidados y la frase de George Floyd traducida por Galindo: «En el centro de la pandemia nace el movimiento NO PUEDO RESPIRAR

que en código andino quiere decir NO AGUANTO MÁS».

 

Agradecida con la lectura crítica de Claudia Acuña y la edición de Helen Álvarez.

La Paz, Bolivia.

 

En esta parte del mundo desde donde escribo es urgente decir que no estamos enfrentando a una pandemia sino a cinco, y al mismo tiempo. O, si prefieren, a una pandemia que múltiples capas, adheridas una a la otras, donde la capa visible y externa es la del coronavirus. Esa capa funciona como la superficie evidente detrás de la cual se esconden y legitiman las cinco pandemias, a saber:

1) La pandemia del fascismo que afecta las estructuras y libertades democráticas y que moviliza el conjunto de prejuicios en torno de la enfermedad, el contagio y la “protección” de la población.

2) La pandemia colonial que afecta las relaciones Norte/ Sur, y las relaciones con los sures del mundo presentes en todas las sociedades, la relación con el conocimiento y manejo de la enfermedad y el sobreendeudamiento de toda la región para el recrudecimiento de un contrato colonial global más severo.

3) La pandemia de la corrupción y la desidia estatal.

4) La pandemia de la violencia machista que afecta directamente el lugar de las mujeres y la crisis de cuidados.

5) La pandemia de las pandemias que es la del hambre.

Hay un juego de espejismo entre una pandemia y otra, un juego que confunde y paraliza la protesta: cuando estás interpelando una pandemia se superpone la de otra para desactivar o relativizar todo argumento de resistencia.

En pocas palabras, el coronavirus justifica todo.

Mientras escribo este texto ha muerto una mujer en los brazos de su hijo. Murió por tuberculosis en la puerta de un hospital donde por pánico no la dejaron entrar. Es tan pequeña la madre que parece una niña acurrucada en los brazos de un adulto, porque además de la tuberculosis la ha aniquilado el hambre. ¿Fue primero el hambre y luego la tuberculosis?, ¿Tuvo también que ver el coronavirus para que no pudiera pasar la puerta de un hospital o usaron ese pretexto para no recibir a nadie porque ni hay ni hubo nunca allí lugar para nadie más? Como quieran colocar el orden de los factores su muerte televisada y transmitida se convierte en rutinaria.

¿Qué está pasando en este sur bautizado como Latinoamérica que he preferido nombrar como Culo del Mundo, culo en el sentido ambiguo de lugar de placer y de desprecio al mismo tiempo?

¿Hay alguna continuidad entre lo que pasa hoy en México, Perú, Brasil, Ecuador, Argentina o Bolivia?

La región misma es imposible de describir bajo un solo prisma, no hay uniformidad; ¿Qué es entonces lo que hay de común entre el cavado de fosas para los cadáveres en Brasil, el endeudamiento acelerado boliviano o ecuatoriano y la enésima amenaza de quiebra del Estado argentino, que nos hace pensar en la pronta quiebra de muchos Estados de la región?

Si de comunes denominadores que recorren todo el continente se trata me atrevo a decir que la violencia machista, la corrupción gubernamental y el lavado de manos de las oligarquías locales -que en ningún país han asumido responsabilidad alguna- son los infalibles, sea que gobierne la derecha fascista o la izquierda progresista; sea que se haya optado por la cuarentena rígida, flexible o el negacionismo.

Les pido entonces permiso para hablar en términos generales, sabiendo que según qué país te toca en suerte estos elementos funcionan de manera distinta.

Coloniavirus: la densidad colonial de la pandemia

Pido permiso a la ecuatoriana residente en Barcelona Mafe Moscoso, de quien tomo el título de «Colonialvirus». Ella denomina así a la pandemia para denunciar lo que ocurre en Guayaquil y describir el papel de las “exiliadas del neoliberalismo” expuestas como los cuerpos portadores del virus, y el papel de las oligarquías.

La capa colonial de la pandemia no es ni tangencial, ni de detalle; la envuelve completamente.

La densidad colonial supone que los países del sur compren desde los insumos médicos pasando por pruebas, reactivos y respiradores hasta los medicamentos en un mercado neoliberal-colonial y a precios especulativos, inaccesibles para nuestras economías.

La densidad colonial supone la preparación por parte del Fondo Monetario Internacional de un proceso de endeudamiento acelerado, que aprovecha la situación de pánico para que los gobiernos den las espaldas a las sociedades, mientras contraen más deudas que empeñan el futuro, los bosques, la selva, el territorio, las materias primas estratégicas, como el litio o el mismo oxigeno de la Amazonia. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional están dispuestos a hacer préstamos a todo tipo de gobiernos en época de pandemia que favorecen la destrucción de la economía porque en ese contexto el endeudamiento se presenta fácilmente como salvataje cuando en realidad representan la firma de contratos de dependencia colonial, a futuro.

Nuestros remedios

Se ha hecho escarnio de la propuesta que enarbolé en un artículo que publiqué al comienzo del azote del colonialvirus sobre la medicina casera y ancestral como salida. Parece ser que hay que creer dogmáticamente que este es un problema que lo resolverá únicamente la investigación corporativa en laboratorios de inteligencia artificial.

El problema no está en poner en una línea dicotómica una medicina con la otra, menos en colocarlas en una escala colonial de “primitivo” versus “desarrollado”. Lo más necesario es integrar una con la otra y entender que los principios psicosomáticos de las medicinas ancestrales y su comprensión holística del funcionamiento del cuerpo. Son concepciones que deben ser integradas a toda medicina urgentemente.

Por otro lado, la medicina en la mayor parte de nuestros países es un recetario copiado sin pensamiento ni investigación propia, por eso nos enteramos por la BBC y desde Canadá que las llamas que conviven con [email protected] en los Andes pueden ser portadoras de un anticuerpo efectivo, o nos enteramos que en las ciudades de altura, como Quito o La Paz, la incidencia es menor porque hasta al colonialvirus le da maldealtura. No son nuestras universidades de Medicina ni nuestros laboratorios quienes investigan porque en la mayor parte de nuestra región no hay investigación y, cuando la hay, es en condiciones de extractivismo informativo.

La microbiología y la inteligencia artificial pueden dar una solución específica y temporal a este virus, pero déjenme ahora reirme un poco de quienes esperan con fe esa solución. ¿Dónde está el laboratorio independiente no vinculado a los poderes de la farmacéutica transnacional? ¿Qué conocemos realmente del virus desde estos centros de información y qué se nos oculta desde estos mismos centros de información?

Para ese poder farmacéutico, como habitantes del Culo del Mundo hemos servido de cuerpos de experimentación, de poblaciones descartables, de [email protected] que no importan, y también como territorio de extracción de conocimientos. ¿Cuánto tardará en llegar una vacuna al chaco argentino, a la amazonia peruana o boliviana, donde hoy miles y miles sufren el dengue? Seremos literlamente [email protected] ú[email protected] en recibirla. ¿Cuál será su costo real? No podremos pagar su precio con dinero, que es papel, pero sin duda pagaremos completa la factura empeñando nuestra tierra.

La densidad colonial es desgarradora cuando hablamos de [email protected] incontables[email protected] trabajador@s [email protected] que han quedado fuera de todo servicio de salud, frente a quienes se han cerrado fronteras declarándoles parias y a [email protected] que ninguna sociedad les ha [email protected] como pertenecientes: ni sus sociedades de origen, donde sus remesas mensuales han garantizado ingresos económicos imprescindibles, ni las sociedades donde han garantizado servicios de cuidados imprescindibles con trabajo precarizado y sin derechos.

El colonialvirus ha sido el pretexto político más “limpio” e incontestable del neoliberalismo para abrir la circulación de mercancías y cerrar la circulación de personas.

Europa ha pasado de cerrar sus fronteras nacionales a cerrar sus fronteras continentales y por fin habitar su sueño fascista de que el peligro es el otro. Ese mismo día han surgido las voces de cientos y miles exigiendo la regularización inmediata de [email protected] l@s [email protected] como ilegales y hasta ahora solo Italia lo ha hecho.

¿Cuál es el sistema de salud responsable de curar a [email protected] infectad@s que llegaron a España desde Guayaquil o el Beni en Bolivia, regiones donde los contagios suponen algo muy parecido a un genocidio?

El virus en su densidad colonial es una frontera que divide los cuerpos y las poblaciones entre las dignas de vida y las indignas de vida, entre las regiones desde donde se elaboran y discuten los protocolos y las propuestas y regiones donde esos protocolos no se piensan, sino que se copian.

 

Nos vamos contagiando

Miedo y hambre juegan un juego mortal en nuestras calles y nuestras economías.

Salir a comprar alimentos es prepararse para visitar el salón del hambre; la gente está saliendo a pedir limosna con creatividad, con dignidad y con originalidad, te sostienen la mirada, te cortan el paso con delicadeza, te extienden la mano o te ofrecen dulces y todo tipo de inventos prácticos para enfrentar la vida. Ayer compré un ensartador de aguja aunque en mi casa no hay agujas, ni hilos. La mirada del vendedor, sus demostraciones, su dignidad, su ropa, su aliento, su bozal casero, todo él era un grito de dignidad magnetizante.

Abundan las variedades de mascarillas que prefiero llamar “bozales para humanos” para todo gusto y bolsillo, porque de eso también hay que sobrevivir, pero la mascarilla universal parece ser de piel de mandarina. Los cítricos han invadido las calles y es con cítricos con lo que con ingenuidad nos defenderemos por acá de la pandemia, mientras nos vamos contagiando el colonialvirus y las ganas de vivir al mismo tiempo.

Caminando en los barrios populares de tanto en tanto me vienen vahos de olor a hierbas que deben estar hirviendo en gastadas ollas que perdieron la tapa hace décadas. La gente se ha refugiado en la medicina casera y en los conocimientos de la abuela. Los vahos vienen de lejos porque los pueblos amazónicos han decidido espantar la pandemia con largos rituales.

Las ollas comunes -que son ni más ni menos que la respuesta colectiva y no individual al hambre- no sólo representan un acto de desobediencia, sino que son noticia corriente y cotidiana. Las hay de todos los tipos y bajo todo género de organización en todo el continente. Tienen dos características comunes:

  1. Son organizadas y gestionadas por mujeres no por una cuestión de servidumbre, sino por un saber hacer-
  2. No son estatales ni institucionales y son super efectivas como medida social frente al hambre. Nadie se atreve a intervenir, descalificar, ni desactivar olla común alguna.

Especialmente desobedientes viejos y viejas [email protected] de salir están en las calles. La policía tampoco se atreve a cuestionarles. Ahí están ellos y ellas con 70, 75 y 80 años en busca de subsistencia. Mil formas en las que [email protected] ancian@s de nuestras sociedades están desafiando a la muerte misma. Lo que consiguen lo comparten con sus amores y al día siguiente de nuevo les ves en las calles marcando el ritmo de una cuarentena que no es lo peor ni lo más duro por lo que han pasado.

Quizás la mayor potencia de las gentes de esta región está precisamente ahí. No es que nos ha venido una crisis, sino que vivimos en crisis, no es que esperamos respuestas sino que las inventamos continuamente de forma artesanal e intuitiva apelando a las herramientas del propio contexto, y es eso lo que en la región se ve por todas las esquinas. Remedios caseros, inventos de nuevas formas de ganarse la vida y de lanzarse a la muerte al mismo tiempo. Los días se han convertido en festivales coloridos del fin del mundo.

El Estado y la pandemia de la corrupción

Seguramente en lo que a corrupción se refiere el gobierno boliviano debe de ser hoy uno de los más sobresalientes de la región. El escandalo de la compra de 500 respiradores a un 300 por ciento más de su precio es tan sólo la punta del iceberg.

Compramos vía intermediaros las pruebas más caras de la región, pero hacemos el menor numero de pruebas de la región. Varias capitales del país no tienen laboratorio de procesamiento de pruebas y los pocos laboratorios que hay están colapsados y entregando los resultados tardíamente, pero además las pruebas ya llegan tardíamente a los laboratorios pues son transportadas por vía terrestre.

Las cifras de contagio son bajas porque hay un subregistro descomunal debido a la negligencia estatal que funciona como mentira colectiva. La función más importante del Estado como es la educación pública está suspendida y los planes de convertirla en virtual no pasan de ser una mentira colectiva.

El gasto militar se ha triplicado porque la movilización de tropas es contínua y se ha utilizado la pandemia para la legitimación de la presencia militar en las ciudades.

Ninguno de los sectores oligárquicos vinculados a las transnacionales o que representan las grandes concentraciones de capital en la región han sido convocados a asumir ni siquiera una parte de los costos de la pandemia. Es más: en muchos casos han sido los primeros que han pasado a los gobiernos sus listas de pérdidas y requerimientos. Mientras la población está perdiendo trabajo, sustento, educación e inclusive la vida las oligarquías se están lavando las manos y dándose el lujo de hacer caridad. Grotesca es la imagen recurrente de las donaciones caritativas para sacarse la foto de portada.

¿Podemos entonces permitirnos pensar que las soluciones van a venir desde el Estado? ¿Podemos contentarnos con hacer una lista de demandas post colonialvirus para pasarle a los gobierno? ¿Es sólo cuestión de cambiar un gobierno por otro?

¿Es realmente la salida darle al Estado la administración de una renta básica universal que es lo que propone la CEPAL (Comisión económica para America Latina)y la izquierda llamada progresista? ¿Cuánto nos va a costar cada peso boliviano, cada sol peruano, cada peso chileno o argentino que retiremos de una ventanilla del Estado?

En esta región me atrevo a decir que la pobreza no es la falta de ingresos sino el despojo, no es la falta de ingresos sino la destrucción sistemática del ecosistema, la destrucción de la selva y de las aguas dulces.

La propuesta de la CEPAL tiene mucho que ver con un reendeudamiento de nuestras sociedades y con la contención de la revuelta que se está cocinando en las otras ollas comunes que son las ollas de las ideas, las rabias, el dolor y las frustraciones. Por un año de renta básica firmaran en nuestro nombre la reincorporación pasiva y sin objeción ni debate al capitalismo patriarco/colonial extractivista.

 

Violencia machista y crisis de cuidados

Lo que peor han resuelto los Estados es la cuestión de [email protected] niñ@s convertidos en pájaros [email protected], cuya responsabilidad de contención ha estado y está descomunalmente descargada sobre las espaldas de las madres. Agravada con el hecho de que empieza la ola de flexibilizacion de la cuarentena, no se abren las escuelas ni hay soluciones para la crianza demostrando que sobre las espaldas de las mujeres se puede descargar todo sin límite alguno e incluso sin lógica.

El colonialvirus es una crisis de cuidados que ha colocado a los cuidados en la doble vara de los trabajos recargados y mal pagados masivamente realizados por mujeres y, al mismo tiempo, en los únicos realmente útiles a la hora de salvar vidas, contener emocionalidades y construir sentidos colectivos.

Suprimir la calle para las mujeres ha sido suprimir el espacio emancipatorio histórico. Ha significado suprimir la otra ciudad efímera que habitamos y montamos cada día. Ha sido un auténtico encarcelamiento en la familia nuclear patriarcal que andábamos disolviendo y en el espacio de captura de nuestras energías. Ha sido colocarnos a merced de las frustraciones de un macho que está en decadencia y que no encuentra su propio lugar en el mundo. Los índices de feminicidio en cuarentena son la prueba de esto que estoy diciendo. Los índices de violencia machista y violencia sexual que rompen todo sentido romantizado de hogar son la prueba de lo que estoy diciendo. La calle es nuestra casa y el espacio del afuera es el espacio en el que estamos construyendo libertad.

Esto coloca a la familia y al Estado en la misma línea de las instituciones caducas, de mamotretos arcaicos que en esta crisis han mostrado su ausencia de respuestas, su peso como mito y su inocultable decadencia.

La comunidad no es la suma de familias, sino la ruptura de estas para la construcción de nuevas afectividades, contenciones y complicidades.

El Estado no es la entidad llamada a resolver lo que la post pandemia trae, sino que la sociedad organizada, las voces criticas y las hambres acumuladas somos quienes necesitaremos elaborar no un pliego de peticiones a gobierno alguno sino un marco de redefinción política de la democracia como un eje radical de participación y no como un aparato de marketing electoral, de la economía como un eje de construcción de bienestar y de la colectividad como el lugar del desorden afectivo.

Debajo del hambre están creciendo las ideas.

Debajo del hambre siguen floreciendo los sueños.

Y mientras enterramos a [email protected] muert@s, [email protected] todavía calientes se confabulan con [email protected] para decirnos que no murieron de coronavirus sino de capitalismo.

En el centro de la pandemia nace el movimiento NO PUEDO RESPIRAR que en código andino quiere decir NO AGUANTO MÁS.

Por María Galindo, habitante vitalicia de la anormalidad. Mujeres Creando/ Bolivia.

18/06/2020

Publicado enSociedad
¿Edwin Dagua, autoridad indígena de Huellas Caloto asesinado en vano?

"¿Cuál es el direccionamiento de nuestras autoridades a la guardia indígena frente a grupos armados?"

Los Kiwe Thegnas (Guardias Indígenas) se han pronunciando con dolor, valentía y frustración a partir de la Audiencia de juzgamiento y armonización realizada ayer 16 de junio de 2020, en el resguardo indígena de Huellas Caloto. Acá compartimos esa reacción y sus preguntas, así como la noticia de Comunicaciones CRIC al respecto.

Dados los hechos a partir de la captura de 7 personas que confiesan su participación en el asesinato de un comunero de Huellas;
Dado el transcurrir y los resultados de la audiencia mencionada;
Dados los hechos graves que se suman a muchos otros que se vienen presentando en diversos territorios indígenas del Cauca;
¿Podría asumirse que la guardia indígena y quienes arriesgan y entregan sus vidas en defensa del territorio, del proceso organizativo y de sus comunidades -haciéndole frente a la ocupación delincuencial, del narcotráfico y de toda clase de actores armados y no armados vinculados al despojo-; estarían siendo un estorbo a negociaciones y acuerdos entre algunas autoridades indígenas y estos actores que causan desarmonía, terror y muerte?

¿Cómo es posible que las armas con las que se intimida, amenaza, somete y asesina sean ofrecidas y entregadas a un tercero como prenda para convocar un diálogo con estos actores armados?

¿Si el diálogo se iniciara, les devolverían las armas con las que delinquen y asesinan?

Brilló por su ausencia durante la audiencia, un verdadero análisis de contexto que, sin lugar a dudas, tendría que empezar por la guerra en la que se está sumiendo el territorio y que tiene como telón de fondo el narcotráfico. Es, para decir lo menos, sorprendente que estos asuntos no se hayan abordado. Sin este análisis resulta incomprensible el accionar de los asesinos en estos territorios ancestrales:

¿Cuáles son las razones o intereses detrás de que estos temas de fondo no se aborden? ¿cuáles son las razones para que el CRIC no tenga una posición política clara frente al narcotráfico como la reclamó en su momento Sath Tama Kiwe?.

Ante estos y otros hechos, es obvio asumir que si las comunidades organizadas, el proceso como un todo incluidas sus autoridades a partir de mandatos asamblearios no asume con la guardia la defensa digna y consciente de sus territorios y lucha ancestral, el resultado inminente es la consolidación de la ocupación y reclutamiento a sangre y fuego de estos territorios y luchas por parte de actores armados al servicio del negocio y de la política integral del narcotráfico. Las preguntas que hacen y se hacen los Kiwe Thegnas no pueden ser ignoradas en esta hora de vida o muerte para una de las luchas más ejemplares, sabias y valientes de las y los hijos de la Madre Tierra. No es un Problema de indígenas en el Cauca. Si este proceso cae, ¿qué puede esperarse del resto del país? ¡Así No! ¡Ya Basta! Pueblos en Camino

 


 

El futuro de los Kiwe Thegnas frente al control territorial en el norte del Cauca

 

Con profundo dolor, tristeza, temor, indignación, preocupación e incertidumbre compartimos la palabra de Lxs Kiwe Thegnas de Huellas Caloto. Aquí preguntas concretas de las cuales depende la vida misma en los territorios

 

Se llevó a cabo la asamblea extraordinaria en el resguardo indígena de Huellas Caloto con los 7 disidentes de las FARC EP, columna móvil delincuencial Dagoberto Ramos, dando un veredicto final de: tres (3) disidentes condenados a patio prestado y cuatro (4) de ellos entregados a sus familias para que sigan matando guardias y autoridades.

 

Hoy surge una gran preocupación dentro del ejercicio de guardia indígena y nos hacemos las siguientes preguntas:

 

¿Cuál es el direccionamiento de nuestras autoridades a la guardia indígena frente a grupos armados?

 

¿Hay que dejar las armas para luego canjearlos con guardias y autoridades que detengan?

 

¿En dónde queda la muerte del gobernador Satwesx, EDWIN DAGUA IPIA, asesinado por el mismo grupo en el mismo resguardo?

 

¿Dónde queda la muerte de los 11 guardias asesinados y de la Autoridad Neejwesx Cristina Bautista?

 

¿Por qué no se destruyen las armas?

 

¿Será que están llegando a acuerdos con los delincuentes, mientras la guardia da su vida por un territorio libre de actores armados?

 

Hoy queremos hacer reflexión porque todo se ha convertido en protagonismo, hablan duro los mediadores políticos de control territorial pero ¿será que ellos son los que recorren el territorio o mandan a los más bobos a la guerra para que mueran por ellos?.

 

Lo argumentamos porque todas las acciones que se realizan en el marco del control territorial las realiza la guardia indígena pero no se les tiene en cuenta para nada, –les da lo mismo el guardia que piensa, que siente, que quiere, y que opina.

 

Hoy caímos en la estrategia del gobierno cuando decía que no había necesidad de gastar un tiro en un indígena porque ellos solos se acabarían, y hoy vemos que ese dicho se está haciendo realidad.

 

Hoy desde el posicionamiento del sentir y el actuar de la guardia indígena le decimos a los grupos armados que nuestra lucha continuará contra subestructura delincuencial, porque la muerte de nuestros compañeros guardia y nuestras autoridades no quedarán en vano. Si en verdad piensan en la defensa del pueblo, es hora que empiecen a reflexionar y a pensar si es conveniente seguirnos matando porque estamos dispuestos, nuestro territorio lo tiene que gobernar nuestras comunidades, NO los grupos armados así nuestros líderes continúen cargando sillas para el guadual a negociar.

 

Como guerreros milenarios NO estamos en contra de nuestras autoridades, al contrario los apoyamos y base sus orientaciones tratamos de llevar el control territorial, pero si estamos en contra del direccionamiento que les dan, hoy hablan duro los asesores, pero no son ellos los que enfrentan el control territorial.

 

A las comunidades y familias debemos sentarnos a reflexionar para ¿dónde va esta situación?

 

¿Quién estará ganando esta lucha milenaria?

 

¿La guardia, los grupos armados, la fuerza pública, ACIN, el CRIC, la ONIC? ¿O EL GOBIERNO?…… somos nosotros los que vivimos y sufrimos a diario la guerra, las muertes, amenazas y señalamientos, por lo tanto somos nosotros los que conjuntamente debemos plantear la ruta del buen vivir de nuestros hijos e hijas.

 

Somos guerreros milenarios”

Kiwe Thegnas Huellas Caloto

Junio 17 de 2020

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En repudio al racismo, miles de personas marcharon ayer en el centro de Atlanta convocadas por la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color.Foto Ap

Cae el orgullo de ser estadunidense, según sondeo // Forense determina que el caso de Brooks fue homicidio

 

Nueva York. Comienza la cuarta semana de protestas por la violencia racista oficial en Estados Unidos nutrida por más casos de abusos de fuerza policiaca, lo que ha profundizado el debate sobre reformas y ha creado una emergente crisis dentro de las filas de seguridad pública, mientras –entre la pandemia del Covid-19 y la pandemia del racismo– los estadunidenses ya no están tan orgullosos de su país.

La jefa de la policía de Atlanta, Erika Shields –una reformadora–, entregó su renuncia horas después de que uno de sus policías asesinó a Rayshard Brooks, otro afroestadunidense, el viernes pasado. El servicio forense del condado donde se ubica esa ciudad determinó la noche del domingo que la muerte de Brooks fue homicidio causado por dos balazos que policías blancos le dieron por la espalda. El lunes, la alcaldesa de Atlanta, Keisha Lance Bottoms, anunció una serie de reformas inmediatas sobre el uso de fuerza por policías.

Mientras, la Casa Blanca dejó saber que el presidente Donald Trump firmará una orden ejecutiva, posiblemente hoy, sobre el tema de abuso policiaco, pero reiterando su apoyo a "la ley y el orden", aunque obviamente procediendo bajo presión de la opinión pública que de manera mayoritaria apoya el grito masivo en las calles.

Por su parte, legisladores demócratas se preparan para aprobar en la Cámara de Representantes –donde tienen mayoría– un proyecto de ley que incluye una serie de reformas a la conducta policiaca, entre ellas mayor rendimiento de cuentas, pero es improbable que prospere en el Senado, bajo control republicano, y menos que sea promulgado en ley por el presidente.

El casi abanderado demócrata para la presidencia, Joe Biden, se encuentra bajo presión para anunciar propuestas más ambiciosas que su sugerencia de incrementar –justo contrario a una de las demandas de los manifestantes– el gasto federal para la policía por 300 millones de dólares para impulsar mayores controles.

En Nueva York, el comisionado de policía, Dermot Shea, anunció de manera sorpresiva que la unidad anticrimen violento compuesta por unos 600 agentes de policía y responsable de la mayoría de casos de uso de fuerza letal, será desmantelada.

Estas son sólo algunas de las promesas de reforma en respuesta a la ola de protestas que siguen sacudiendo al país, pero líderes de derechos civiles, historiadores y diversos protagonistas de este movimiento critican que este debate sobre reformas no es nuevo ni suficiente.

Como para ilustrar eso, en las últimas semanas y meses, jefes de varios departamentos de policía han sido despedidos o han renunciado, entre ellos, hace hace unos días, el de Louisville, Kentucky; y, en los últimos meses, en Chicago y Baltimore, entre otros, adonde llegaron para reformar esos departamentos después de severos abusos de fuerza e impunidad.

A su vez, algunos policías señalan que a veces ellos son los chivos expiatorios de los políticos que giran las órdenes que ellos cumplen, sólo para después ser acusados de abusos. “No nos traten como animales… Los legisladores nos han abandonado”, chilló Pat Lynch, jefe del gremio de policías en Nueva York hace unos días.

Ante esto, está creciendo el coro entre manifestantes con la nueva consigna de "desfinanciar a la policía" o hasta abolir los departamentos de policía para sustituirlos con otro tipo de protección de seguridad pública.

El concejo municipal de Minneapolis ya aprobó la medida de disolver su departamento de policía y en otras ciudades, incluidas Nueva York y Los Ángeles, se está contemplando reducir los presupuestos de la policía y trasladar esos fondos a programas sociales.

Críticos han señalado que esos presupuestos se han multiplicado en años recientes, junto con el sistema penal que encarcela a más gente que cualquier otro país del mundo, que se ha militarizado la policía con la compra de equipo de guerra y estrategias de "ocupación" de comunidades, mucho de ello justificado en las últimas dos décadas como parte de la lucha antiterrorista, y antes de eso como parte de la "guerra" contra las drogas.

El presupuesto del departamento de policía de Nueva York es de 6 mil millones de dólares, lo cual lo colocaría como el número 33 de los gastadores militares en el planeta, calculó Public Citizen.

A la vez, algunos están subrayando que la violencia policiaca es sólo una expresión del racismo sistémico en Estados Unidos, y que una solución tiene que abordar la violencia de las injusticias económicas y sociales contra minorías que prevalecen en el país.

“Nunca hemos sido testigos de manifestaciones sostenidas de estas dimensiones y tan diversas… eso es lo que le está dando mucha esperanza a la gente. Antes, muchos, en respuesta a la consigna ‘las vidas negras valen’, preguntaban ‘¿no deberíamos decir que todas las vidas valen?’ Pero finalmente están entendiendo que mientras la gente afroestadunidense es tratada de esta manera, mientras continúe la violencia del racismo tal como está, entonces nadie está seguro”, comentó la veterana luchadora de liberación afroestadunidense y derechos civiles Angela Davis en entrevista con The Guardian.

Quizá por todo esto, el "orgullo nacional" de los estadunidenses se desplomó a su nivel más bajo. Según la encuesta de Gallup, el nivel de orgullo de ser estadunidense sufrió un declive de 7 puntos a sólo un 63 por ciento comparado con el año pasado, para llegar a su nivel más bajo desde que la encuestadora empezó a registrar esta opinión en 2001.

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Foto: Vandana Shiva © Romain Guédé

Entrevista a la ecologista india Vandana Shiva, figura de la lucha contra los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y muy crítica con el “filantrocapitalismo” que encarnan sobre todo Bill Gates y su Fundación.

En su última obra publicada el pasado otoño 1 %, reprendre le pouvoir face à la toute-puissance des riches [1 %, retomar el poder frente a omnipotencia de los ricos] (editado por Rue de l’échiquier, 2019) Vandana Shiva define de la siguiente manera el “filantrocapitalismo”: “El filantrocapitalismo […] tiene poco que ver con la caridad o con hacer donaciones, más bien tiene que ver con el beneficio, el control y el acaparamiento. Se trata de un modelo económico de inversión y de un modelo político de control que asfixian la diversidad, la democracia y las soluciones alternativas, y que atribuyendo ayudas financieras ejercen una dominación y proporcionan nuevos mercados y monopolios a los multimillonarios”. Bill Gates, la segunda fortuna mundial, simboliza este “filantrocapitalismo”. Su Fundación Bill y Melinda Gates, su principal instrumento para las donaciones, está muy activa en India. Su visibilidad mediática frente a la crisis actual y los millones que ha invertido en la investigación de una vacuna la convierten en un objetivo privilegiado de las teorías de la conspiración. No obstante, conviene preguntarse (y criticarlo) por este nuevo poder que ha adquirido el fundador de Microsoft junto a otros multimillonarios como Jeff Bezos (Amazon, primero fortuna mundial), Mark Zuckerberg (Facebook, séptima fortuna mundial) o, en Francia, Bernard Arnault (LVMH, tercera fortuna mundial). Un nuevo poder que está lejos de ser muestra de una generosidad desinteresada.

Esta entrevista, que se realizó antes de que apareciera esta pandemia, se ha actualizado con dos preguntas al principio a las que Vandana Shiva respondió por correo electrónico el 7 de mayo.

Basta ! : ¿Cómo analiza la crisis del COVID-19? ¿Se puede hablar de crisis ecológica?

Vandana Shiva : No estamos ante una sola crisis, hay tres que intervienen simultáneamente: la del COVID-19, la de los medios de subsistencia y, de rebote, la del hambre. Son las consecuencias de un modelo económico neoliberal basado en el beneficio, la avidez y una globalización que llevan a cabo las multinacionales. Esta situación tiene un fundamento ecológico: por ejemplo, la destrucción de los bosques y de sus ecosistemas favorece la aparición de nuevas enfermedades. Estas tres crisis llevan a la creación de una nueva clase, la de las personas a las que denomino “las dejadas a su suerte”, explotadas por el neoliberalismo y la emergencia de dictaduras digitales. Hay que tomar conciencia de que la economía dominada por el 1 % no está al servicio del pueblo y de la naturaleza.

¿Puede la crisis del coronavirus reforzar, precisamente, el poder de este “1 %” y de los “filantrocapitalistas” como Bill Gates, figura central de su libro?

Esta crisis confirma mi tesis. Bill Gates lleva a cabo sus planes de salud, agricultura, educación e incluso de vigilancia. Durante 25 años de neoliberalismo el Estado se ha transformado en Estado-empresa y ahora se observa una transformación en un Estado de vigilancia apoyado por el filatrocapitalism. Este 1 % considerá inútiles al 99 %: su futuro es una agricultura digital sin campesinos, unas fábricas completamente automatizadas sin trabajadores. En estos tiempos de crisis del coronavirus tenemos que oponernos, e imaginar nuevas economías y democracias basadas en la protección de la tierra y de la humanidad.

Usted equipara este control con una nueva forma de colonización e incluso califica a Bill Gates de “Cristóbal Colón de los tiempos modernos”, ¿a qué se debe esa comparación?

A que Bill Gates no hace otra cosa que conquistar nuevos territorios. No es simplemente filantropía, en el sentido de un don a la colectividad, como siempre ha existido en la historia. En realidad son inversiones que le permiten crear unos mercados en los que Gates adquiere unas posiciones dominantes. En el capitalismo hay unos interlocutores que hacen beneficios, pero con la filantropía Bill Gates dona algunos millones ¡pero acaba por tomar el control de instituciones o sectores que valen varios miles de millones! Esto se ve claramente en la sanidad o la educación, que él contribuye a privatizar y a transformar en verdaderas empresas.

También es el caso de la agricultura en la que Bill Gates utiliza las tecnologías digitales como nuevo medio para hacer entrar las patentes. La primera generación de OGM, que se suponía iba a controlar los parásitos y las malas hierbas, no ha cumplido sus promesas, pero Bill Gates continúa poniendo dinero para financiar la edición del genoma, como si la vida no fuera más que un copiar y pegar, como en Word. Impulsa esta técnica e incluso ha creado una empresa especialmente para ello, Editas. Bill Gates quiere jugar a ser el amo del universo imponiendo una sola y única forma de hacer las cosas: una sola agricultura, una sola ciencia, un solo monocultivo, un solo monopolio. Es también lo que trata de hacer ala abordar el problema del cambio climático.

¿Cómo?

Promueve su solución: la geoingeniería, que es la modificación a propósito de las condiciones meteorológicas y del clima. Es una idea estúpida, no es ecológica y es completamente irresponsable porque ataca la luz solar para hacer mecánicamente un “enfriamiento planetario”. El problema no es el sol, que nos es indispensable, sino los combustibles fósiles y nuestro sistema industrial y agrícola. Habla a todos los jefes de Estado de la geoingeniería. Recuerdo sobre todo la COP 21 (Conferencia sobre el Cambio Climático) en París en 2015, en la que estaba por todas partes. Era increíble, estaba en el escenario con los jefes de Estado, se comportaba como si fuera el cabeza de cada gobierno. Nunca había visto algo parecido en 40 años de carrera en las instituciones de la ONU, es una auténtica transformación.

¿Diría usted que ahora es más poderoso que algunos Estados o instituciones internacionales como el FMI o el Banco Mundial?

Es mucho más poderoso. Cuando el Banco Mundial quiso financiar la presa de Sardar Sarovar en India a finales de la década de 1980 hubo protestas y el BM acabó por recular [Narendra Modi inauguró la presa en 2017 gracias a otros circuitos de financiación y se convirtió en la segunda presa más grande del mundo, ndlr]. La impunidad del Banco Mundial tiene sus límites, no se puede librar de sus responsabilidades, mientras que Bill Gates, por su parte, sigue evitando los obstáculos, siempre. Aunque fracase en un lugar, tratará de desregularizar en otro.

Me he dado cuenta de que lo que logramos detener en India Bill Gates lo financió para implantarlo en otro lugares, como los OGM: por ejemplo, en 2010 Monsanto trató de introducir una berenjena OGM. India ha sido un terreno de experimentación para desarrollar nuevas tecnologías destructoras. El ministro de Medioambiente organizó audiciones públicas para saber qué opinaban de ello los campesinos, los consumidores y los científicos. Siempre digo que es la primera vez que una verdura era objeto de un debate democrático profundo…

La berenjena OGM se prohibió a raíz de estas consultas, pero Bill Gates encontró después un medio de financiarla y promoverla en Bangladesh. Ahora bien, si se aprueba en Bangladesh, inunda obligatoriamente India puesto que se trata de una frontera no controlada. Ahora Bill Gates la emprende con África, donde mete miles de millones de dolares para promover una nueva revolución verde, con productos químicos y OGM, y obligando a los países africanos a cambiar sus leyes para autorizar estas semillas.

¿Cómo explica semejante poder hoy en día?

Gates ha creado e invertido 12 millones de dólares en la Cornell Alliance for Science, que se presenta como una institución científica, pero que no es sino un órgano de comunicación. Cada vez que hay un debate, trae a esta “institución” que elabora una propaganda engañosa a favor de la biotecnología. Como es Bill Gates, el New York Times y CNN hablarán de ello y le dedicarán la portada… Para él la filantropía es solo un pretexto, a través de ella favorece sus propios intereses e influye en las políticas gubernamentales. Es una forma muy inteligente de entrar en el juego sin plegarse a sus normas, porque si una empresa dijera a un gobierno “aquí está mi dinero, haz esto”, no funcionaría, con toda seguridad se echaría a la empresa. Bill Gates, en cambio, juega con su imagen. La gente todavía lo ve a través de Microsoft, como un genio y un gigante de la informática. Sin embargo, hay ingenieros brillantes que lo han hecho mucho mejor y han luchado para mantener softwares de libre acceso y un Internet abierto, al contrario que él. Bill Gates no es un inventor, ha introducido las patentes y así es como ha levantado su imperio.

En su libro insiste también en la utilización de la tecnología y de los algoritmos…

Se ha elevado la tecnología al rango de religión. Se ha convertido en la religión del 1 %, del mismo modo que en Estados Unidos la cristiandad dio legitimidad al 1 % de la época para exterminar al 99 % de las personas amerindias en nombre de la “misión civilizadora”. Actualmente hay millones de personas a las que se quiere “civilizar” con estas nuevas herramientas de comunicación o de pago. Por otra parte, la tecnología es algo más que una herramienta. Es un instrumento de poder muy poderoso para reunir información que después se puede manipular para diferentes propósitos. Estas tecnologías se utilizan a diario, pero son sobre todo otra forma más de controlar.

También detrás de esta revolución digital encontramos a Bill Gates. Por ejemplo, ¡desempeñó un papel fundamental en la desmonetización de India! Obviamente, hacer desaparecer el dinero en efectivo para desarrollar las transacciones digitales es una forma de acelerar la revolución digital de la que él se beneficia. Ahora bien, de la misma manera que las patentes de las semillas son un intento deshonesto cuyo objetivo es poner a los agricultores “fuera de la ley” al declarar ilegal el guardar las semillas, la “desmonetización” perturba directamente las prácticas económicas de la mayoría, que representa el 80 % de la economía real de India. Es una forma de dictadura tecnológica. En ninguno de los dos casos el resultado de ello es una elección soberana del pueblo indio.

Y al mismo tiempo la gente acaba votando en las urnas a los representantes de esta política del 1 %, como, por ejemplo, en India donde Narendra Modi fue reelegido por un amplio margen el año pasado. ¿Es como si hubiera una nueva forma de “servidumbre voluntaria”?

¡Ya no estamos realmente en una democracia electoral honesta, donde la gente vota con pleno conocimiento y conciencia de lo que está en juego! Hoy en día los algoritmos conforman en gran medida al sistema electoral. En las últimas elecciones en India se autorizó a las empresas y a los particulares a hacer donaciones anónimas a los partidos políticos, lo que significa que las mayores empresas del mundo pudieron financiar las elecciones, algo que hasta entonces era ilegal. El resultado de ello es que la gran mayoría de estas donaciones llegaron a las arcas de un solo partido [el BJP, la derecha nacionalista, actualmente en el poder, ndlr]. Las elecciones indias costaron más caras que las estadounidenses, a pesar de que India está lejos de ser un país rico. Por consiguiente, podemos preguntarnos de dónde viene ese dinero… Es imposible tener una democracia honesta y funcional si el pueblo ya no vota de forma soberana. Todo el reto político para el 1 % es esta pérdida de autonomía, en todos los ámbitos.

La elección del término “1 %” puede parecer un tanto simplista, ¿por qué le parece un término apropiado hoy en día?

El 1 % es en sí un valor aproximativo, yo hablo sobre todo de unos pocos multimillonarios que controlan la mitad de los recursos del planeta. Estos miles de millones van directamente a unos fondos de inversión. Antes las entidades más grandes eran algunas empresas: Monsanto, Coca-Cola… Hoy son enanas. Son propiedad de los mismos fondos de inversión: BlackRock, Vanguard, etc. En realidad hay una sola economía, la del 1 %. Ellos son quienes destruyen, los demás, el 99 %, está excluido. Son los parados de hoy y de mañana, los campesinos desarraigados, las mujeres a las que se deja de lado, los pueblos indígenas a los que se asesina. Las personas que conforman el 99 % no son las responsables, son las víctimas. El 1 % es el responsable de los daños. Y nombrar a este “1 %” es formar un “nosotros” que, juntos, puede pedirles cuentas. Tenemos el derecho, el deber y el poder de hacerlo. Es una invitación a la solidaridad y a la acción. Es necesario que el 99 % se alce.

Por Barnabé Binctin y Guillaume Vénétitay | 13/06/2020 |

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Fuente: https://www.bastamag.net/Vandana-Shiva-fondation-Bill-Gates-philanthropie-capitalisme-neo-colonialisme-covid-Inde

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