De Argelia a Iraq, los pueblos del mundo árabes vuelven a revelarse abiertamente

 Estamos asistiendo a la segunda oleada de protestas y rebeliones en el mundo árabe. La primera comenzó en diciembre de 2010 y provocó la caída de las dictaduras de Túnez, Egipto, Libia y Yemen. También provocó disturbios en Bahrein y Siria, por no hablar de numerosos movimientos de protesta en Marruecos, Argelia, Iraq y Sudán. Luego vino la contrarrevolución, cristalizada dramáticamente en Egipto con en el golpe de julio de 2013 financiado por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Combinación de represión con inyección de capital fresco –de los países del Golfo o de los ingresos del petróleo– y algunas concesiones más o menos formales, pareció confirmar que el viejo orden se mantenía utilizando la amenaza de guerra civil como elemento disuasorio frente a los manifestantes de todos los sectores.

Y sin embargo, quienes una vez más, particularmente en Occidente, albergaban la esperanza de que la “estabilidad” volvía han tenido que cambiar de opinión. En 2019 se ha reavivado la llama revolucionaria: en Sudán un levantamiento popular derrocó la dictadura de Omar Al Bashir, casi treinta años en el poder; en Argelia, una enorme oleada de protestas frustró la candidatura para un quinto mandato de un presidente decrépito y ha seguido exigiendo el fin de un “sistema” que ha desangrado al país; el pueblo iraquí se está levantando para denunciar el sistema impuesto por Estados Unidos en 2003 sostenido por Irán y apuntalado en el confesionalismo y la corrupción. Y finalmente los libaneses, hartos de los mismos males, han salido a las calles exigiendo “que se vayan todos”. Incluso los egipcios, controlados y aplastados por un aparato represivo sin parangón en la historia del país, salieron a la calle a protestar en septiembre en manifestaciones modestas pero extendidas al Cairo, Suez, Alejandría y Mahalah Al Kubra.

El Estado por encima de la ciudadanía

Esta segunda ola se nutre de las mismas razones que la primera: estructuras de poder autoritarias que abusan del pueblo deteniendo a la gente arbitrariamente y no sólo por razones políticas, encarcelando, brutalizando, y torturando; situaciones sociales insoportables marcadas por un desempleo generalizado, sobre todo entre los jóvenes, y enormes disparidades que se agravan cada día. Oriente Próximo es la región más desigual del mundo. La injusticia social está en el centro del movimiento, más incluso que en 2011.

Estos hirak [ movimientos], como se denomina a todos estas revueltas, han aprendido las lecciones del pasado: rechazan la lucha armada a pesar de la brutalidad de la represión –como en Iraq y Sudán–, impiden los intentos de dividir a los manifestantes por sesgos confesionales, y desacreditan el fantasma de las “conspiraciones extranjeras”. Asimismo han tomado conciencia de que la verdadera confrontación no está entre supuestos sectores laicos y supuestos islamistas. Pero se enfrentan a una gran dificultad, un obstáculo que sortearon en 2011-2012: imaginar un nuevo orden económico y social.

Cuando el mundo árabe cambió

Para comprender la dificultad de esta tarea debemos remontarnos al final de la Segunda Guerra Mundial, a los años de la descolonización y a las luchas por una verdadera independencia política aunada a la exigencia de eliminar las bases militares y la influencia occidentales. Las antiguas colonias o “protectorados” también se comprometieron a recuperar sus recursos naturales, construir un poderoso sector público y aplicar la reforma agraria. Este proyecto se materializó de Egipto a Iraq y de Argelia a Siria. El desarrollo de los sistemas de educación y salud mejoró considerablemente las condiciones de vida de los sectores más empobrecidos de la población. A estas opciones se sumó una política exterior independiente dirigida a la no alineación. A pesar del alto precio a pagar –un aparato policial omnipresente y la drástica reducción de las libertades civiles– la mayoría de fuerzas políticas hicieron suyo ese programa en los años sesenta y setenta, tanto si estaban en el poder como en la oposición.

Sin embargo, la derrota de los países árabes en junio de 1967 en su guerra contra Israel, la muerte del presidente Gamal Abdel Naser en 1970 y del presidente argelino Huari Bumedian en 1978, así como la intensificación de la crisis del “sistema socialista” representado por la URSS, marcaron un punto de inflexión. Y con la llamada crisis del petróleo de 1973, las monarquías del Golfo aumentaron su influencia en la región.

A escala internacional, la globalización económica y el triunfo del neoliberalismo hicieron que el “consenso de Washington” [1] se impusiera al resto del mundo, y los criterios del Fondo Monetario Internacional (FMI) se convirtieron en la única vía hacia el desarrollo. “No hay alternativa”, proclamó Margaret Thatcher. Los planes elaborados por el FMI, aprobados por el Banco Mundial y la Unión Europea, se aplicaron sin tener en cuenta las consecuencias sociales.

Con su política de infitah [apertura económica], el presidente egipcio Anwar El Sadat comprometió a su país en una dirección que pronto siguieron otros. El sector público paralizó su actividad, a veces simplemente se vendió a intereses privados. A partir de entonces, las élites miraron a Washington y dieron la espalda a las “viejas” reclamaciones nacionalistas y a su apoyo al pueblo palestino. Las libertades civiles retrocedieron porque los diversos cuerpos policiales seguían dominando toda la actividad política.

Los políticos se mantienen unidos

Este modelo neoliberal basado en el libre comercio ha resultado desastroso para la gente común. En lugar de asumir las tareas del sector público, el sector privado ha invertido todos los beneficios de su saqueo en paraísos fiscales. Millones de jóvenes bien formados no han encontrado buenos trabajos en sus países y muchos han emigrado en muchos casos poniendo en riesgo sus vidas. La caída del mercado en 2008 confirmó que la naturaleza de la crisis no se limitaba al mundo árabe, como demostró Grecia o Chile. Y mientras tanto, la amenaza del calentamiento global probablemente volverá a esta región en inhabitable.

Estrecha es la puerta

Hoy empieza a surgir una nueva cultura política democrática que requiere programas económicos que no pueden reducirse a “paga tus deudas y abre tus mercados”. Sin embargo, ya no hay ningún otro modelo disponible, excepto el capitalismo de estado a la manera china, lo que implica trampas inhumanas como la subcontratación y la explotación feroz de mano de obra local, un modelo que ya no se puede poner en práctica fácilmente hoy en día porque la subcontratación está pasada de moda, los mercados se están cerrando y la emigración es cada vez más peligrosa para quien la emprende.

¿Qué hacer? Contrariamente a lo que muchos dirigentes occidentales imaginan, la estabilidad no puede restaurarse sin transformaciones políticas profundas. Mantener a las élites actuales en el poder significa agravar el caos que afecta directamente a organizaciones radicales como Al Qaeda, ISIS o algún otro movimiento que aún no ha nacido. El otro camino, estrecho, escarpado y lleno de obstáculos, es el de la nueva cultura pluralista emergente y el desarrollo de economías nacionales basadas en la satisfacción de las necesidades reales de las personas. Y esto requiere una ruptura con la lógica neoliberal y el libre comercio desenfrenado.

Por lo tanto, se plantea la cuestión, tanto para Francia como para la UE, de si vamos a acompañar estas opciones o nos vamos a aferrar a un dogma anticuado que sólo puede empeorar una inestabilidad por la que también nosotros tendremos que pagar un alto precio.

Nota:

  1. Nota del editor: “El Consenso de Washington” se refiere a un acuerdo tácito entre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) apoyado por el Tesoro de Estados Unidos, para proporcionar ayuda financiera a los países en desarrollo en dificultades sólo a condición de que adopten principios de estricta disciplina presupuestaria, reorientando el gasto público hacia sectores que garanticen un rendimiento positivo de la inversión, reformando sus leyes tributarias, desregulando sus mercados y garantizando la estabilidad monetaria.

Por Alain Gresh y Jean Pierrer Sereni

Orient XXI

Traducción para Rebelión de Loles Oliván Hijós.

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El Gobierno británico anunció este sábado que pone fin a su apoyo a la fracturación hidráulica ("fracking") para la extracción de gas o petróleo. EPA/FACUNDO ARRIZABALAGA/Archivo EFE

El Ejecutivo toma la decisión a partir de un informe de la Autoridad del Petróleo y el Gas (OGA) que concluye que hoy en día no es posible predecir con precisión la probabilidad de temblores asociados a la fracturación hidráulica

Las actividades de extracción en Preston New Road ya habían sido suspendidas en agosto después de que se registrara un seísmo de 2,9 grados de magnitud

 

El Gobierno británico anunció este viernes que pone fin a su apoyo a la fracturación hidráulica – conocida como 'fracking'– para la extracción de gas o petróleo por la imposibilidad de predecir los seísmos que pueda ocasionar.

El gabinete ministerial ha tomado la decisión sobre la base de un informe de la Autoridad del Petróleo y el Gas (OGA) "que constató que actualmente no es posible predecir con precisión la probabilidad o magnitud de los terremotos relacionados con las operaciones de 'fracking", según un comunicado del departamento de Energía.

Añade que dicho informe publicado este viernes concluye que no es posible con la tecnología actual predecir con precisión la probabilidad de temblores asociados con la fracturación hidráulica.

"Las propuestas separadas para cambiar el proceso de planificación de los sitios de 'fracking' ya no se llevarán adelante en este momento", anuncia el Gobierno británico.

Dicho método de extracción de gas o petróleo "no podrá continuar en Inglaterra", insistió el Ejecutivo.

Los trabajos exploratorios para determinar si el esquisto podría ser una nueva fuente de energía nacional, aportando beneficios para la economía y la seguridad energética del Reino Unido "se han pausado ahora, a menos que se proporcionen pruebas adicionales y hasta que se puedan llevar a cabo de forma segura aquí", agrega el comunicado.

El Gobierno británico afirma que la exploración de las reservas de gas de esquisto de Inglaterra solo podrá continuar si la ciencia demuestra que es segura, sostenible y de mínima perturbación para quienes viven y trabajan cerca.

Sobre la base de la perturbación causada a los residentes que viven cerca de Preston New Road, en Lancashire, y este último análisis científico, el Gobierno anuncia "una moratoria sobre el 'fracking' hasta que se proporcionen nuevas pruebas convincentes".

La secretaria de Negocios y Energía, Andrea Leadsom, expresa en la nota oficial que después de revisar el informe de la OGA sobre la reciente actividad sísmica en Preston New Road "está claro que no podemos descartar impactos inaceptables futuros en la comunidad local".

Por esa razón, añade, "he llegado a la conclusión de que deberíamos poner una moratoria sobre el 'fracking' en Inglaterra con efecto inmediato".

Las actividades de extracción en Preston New Road fueron suspendidas desde que se registró un seísmo de 2,9 grados de magnitud el 26 de agosto pasado.

 

EFE - Londres

02/11/2019 - 10:06h

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Sábado, 19 Octubre 2019 06:23

Elogio del tumulto

Elogio del tumulto

 

15M, conflicto independentista... Nuestra democracia tiene fobia al conflicto y sin embargo el conflicto es fuente de toda vitalidad y justicia social.

"De los tumultos surgieron en Roma todas las buenas leyes" (Maquiavelo)

 

¿Cuál es la principal aportación de Maquiavelo al pensamiento político? Según el filósofo francés Claude Lefort, es la idea de división social. No hay armonía en ningún sitio, toda sociedad se encuentra dividida entre los Grandes que quieren dominar y el pueblo que rechaza ser dominado. Entre ambos hay desunión, tumulto y conflicto. La vitalidad y la justicia de cualquier sociedad se juega siempre en la disposición que da a esa división insuperable.

¿Será el conflicto absorbido, sofocado o tendrá alguna vía abierta para desplegarse? De la respuesta a esta pregunta se deducen según Maquiavelo-Lefort los tipos de organización social: el principado, en el cual las instituciones están por encima de la sociedad y se protegen de sus agitaciones; la república, en la cual la ley se deja afectar por el conflicto y se transforma para darle una respuesta; la anarquía, donde el conflicto no tiene ninguna respuesta y corre el riesgo de pudrirse o convertirse en guerra civil.

En la primera opción, la ley es propiedad de los Grandes y su avidez de poder y riqueza no encuentra ningún freno, la sociedad queda sometida. En la segunda, la rapacidad de los Grandes encuentra un límite, el conflicto del pueblo logra modificar las leyes establecidas, su deseo de no ser gobernados se inscribe en derecho (la creación del tribuno de la plebe en Roma, por ejemplo). En la tercera, la situación se detiene, se estanca o se pudre al no encontrar ninguna forma de elaboración.

Pueblo es lo que no quiere ser dominado. La república es la imposición de la cosa pública al partido de los ricos. Sólo el tumulto, el conflicto que viene de abajo, da lugar a la generación de nuevas leyes y a la libertad política; es el mayor factor de cambio histórico.

Nuestra organización social no se parece en nada a una república, sino que encaja perfectamente con la definición del principado. Pretende ignorar que hay división entre dominantes y dominados, entre gobernantes y gobernados, es ciega al hecho de que siempre hay división, que la división es insuperable. Piensa la arquitectura institucional como una "solución" y un "sistema armónico" donde cada cosa tiene su lugar y su función establecida por siempre jamás: la gente vota, los partidos legislan, la Constitución marca las reglas de juego de la vida en común, los gobernantes disponen y los gobernados acatan.

¿Y si desacatan? Ningún conflicto tiene razón de ser: es un disfuncionamiento, una anomalía, una locura irracional, algo que no debería ser y que no pasaría "si el pueblo entendiese" (la complejidad de la situación, las exigencias de Bruselas, la necesidad de expresarse en los cauces de la ley, etc.). Un poco de pedagogía, vía antidisturbios o tribunal supremo, servirán para explicarle bien las cosas.

Tres ejemplos

Lo llaman democracia pero no lo es. Lo nuestro es más bien un sistema cerrado y al servicio de las exigencias de explotación y poder de los Grandes, una oligarquía con algunos mecanismos internos (pocos) de control recíproco entre los oligarcas, una cultura consensual que tiene verdadera fobia y pavor al conflicto, esto es, al motor de la vitalidad social y de la justicia, un poder elevado sobre la gente común que no se deja afectar o transformar por las reivindicaciones populares.

Algunos ejemplos recientes:

-cuando el rechazo de cómo somos gobernados se expresó en el 15M, el conflicto abierto no afectó para nada a las estructuras de poder ni se tradujo en ninguna ley (ni siquiera la razonabilísima propuesta de ley sobre la vivienda de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca apoyada en miles de firmas y consenso social). El 15M fue reprimido por una parte a través de cargas policiales, heridos y detenidos, sistemas de penalización administrativa vía multas, procesos penales, hasta la ley mordaza finalmente que considera delito gestos activistas básicos como testimoniar sobre la brutalidad policial o circular convocatorias.

Por otra parte, el conflicto fue absorbido por vías de cooptación más sutiles: una cierta incorporación por parte de los políticos de algunas palabras, algunos gestos, algunas demandas, pero sin afectación alguna, sin que esa "integración" supusiese cambio real alguno. Puro maquillaje, cosmética, gestos simbólicos disociados de cambios materiales. Ninguna modificación sustancial en el ámbito institucional. Sólo nuevos condimentos para el "relato" político: símbolos, guiños comunicativos, retóricas y algunos detalles menores (transparencia, primarias).

Sofocando (vía represión o cooptación) el conflicto propuesto por el 15M, se perdió una oportunidad de reinventar nuestra democracia (que no lo es). Los problemas señalados por el 15M no se elaboraron creativamente, simplemente se han congelado y ahora se pudren. Hasta el próximo tumulto.

-el 1 de octubre de 2017, dos millones de personas acuden a votar en un referéndum simbólico por la independencia. Es un gesto de desobediencia que llama la atención sobre la extensión de malestar con respecto a un tipo de encaje territorial, a un tipo de democracia de muy baja intensidad. No se trata simplemente de una cuestión nacional, nacionalista o identitaria, es algo evidente para quien tenga oídos y los use para escuchar. Se expresa ahí un rechazo del sistema político español, hay un deseo de otra situación, de otras reglas de juego, de una república, etc. La respuesta es… ninguna. La represión del 1 de octubre primero, la judicialización de la política después.

Según Maquiavelo, si la vida de Roma fue larga y justas muchas de sus leyes se debió a que la sociedad y la institución era permeable al conflicto. En nuestra sociedad la ley -un instrumento para la vida en común- se convierte en un fetiche sagrado, es decir que no se puede profanar, es decir que no se puede tocar. Al revés, en su nombre se pone fin a todo lo que interrumpe el orden.

Sofocando el conflicto abierto el 1 de octubre, se cierra una oportunidad de reinventar el encaje territorial, las reglas de juego de la convivencia, las hechuras mismas del Estado y el significado mismo de España, algo que no sólo se desea en Catalunya. El conflicto que no encuentra ninguna respuesta o forma de elaboración se pudre, amenaza convertirse en conflicto horizontal entre la propia gente de abajo.

-un tercer ejemplo que no me resisto a poner aunque sea de otra índole: el caso de Podemos. Los líderes de Podemos nos han abrasado los oídos desde su aparición con sus lecturas tan sabias sobre Maquiavelo. Pero, ¿qué encontraban en Maquiavelo? Lo más banal: que lo político es una técnica, que el poder lo es todo, la separación entre moral y política, el juego de tronos (ganar o morir). Ni rastro de la idea más fecunda del florentino: dar espacio a lo que disiente, la fecundidad del conflicto. Todo lo contrario, en un proceso alucinante y un tiempo récord, se ha laminado y expulsado a todos los que pensaban distinto ¡y todo ello sin quitarse el 15M de la boca! La misma cultura política de fobia a la división.

Resultado: se pierde la oportunidad de reinventar la forma-partido y lo que queda de Podemos es una cosa homogénea, por tanto rígida, por tanto débil, por tanto en vías de extinción. A falta de un verdadero balance autocrítico, encarnado, con efectos y no sólo retórico, Íñigo Errejón va por el mismo camino.

Sin conflicto, ni vitalidad ni justicia

Tanto a izquierda como a derecha, "el gobierno es permanentemente enemigo del cambio". La derecha odia con todas sus fuerzas (casi físicamente) cualquier anomalía: desde los manteros hasta las casas okupadas pasando por toda expresión popular ingobernable. La izquierda por su parte tiende a la hipocresía: su sueño -el sueño más que evidente de Pedro Sánchez por ejemplo- es gobernar como la derecha pero con los votos (y la legitimidad) de la izquierda. Y la Nueva Política, por su parte, fetichiza las nociones de "orden" y "estabilidad" como si se pudiese imponer la cosa pública al partido de los ricos (que es trasversal a todos los partidos) sin ningún conflicto o inestabilidad de por medio.

Unos y otros hablan del Estado del bienestar, pero olvidan que este fue justamente un efecto de la división social y la capacidad de conflicto de la gente de abajo. En medio de condiciones muy duras, las luchas obreras consiguieron la reducción de la jornada de trabajo, el aumento de salario, derechos sociales, etc. Nada de armonía, uno se divide en dos: hay patrones y hay obreros, el tumulto se expresa como lucha de clases y el "reformismo" es justamente la plasticidad de la ley en su regulación. Todo eso -con los infinitos claroscuros de la dialéctica entre lucha e integracion de los que no nos vamos a ocupar aquí- ya no existe. El sistema no reconoce la división social, ahora somos todos "empresarios de nosotros mismos". El neoliberalismo desmantela todas las mediaciones que respondían creativamente al conflicto y ya no hay espacio alguno para el resto popular ingobernable. El capitalismo hoy se ha desbocado por ausencia de conflicto.

Si nuestra democracia es tan raquítica y suscita tan poco entusiasmo se debe precisamente a esto: no se deja afectar por los tumultos de abajo, no quiere saber nada de la energía del demos, es incapaz de ninguna fluidez o plasticidad instituyente a no ser que lo pida el Banco Central, convierte lo que es producto y herramienta (la ley) en el factor determinante y primero. El Estado de Derecho, que nació para poner límites a la arbitrariedad del poder, se convierte hoy en un sistema cerrado y sacralizado, enemigo de toda energía instituyente. No nos hemos librado aún de la teología en política.

Desafectada, a esa democracia se la puede llevar el viento, el viento de cualquier "posfascismo" actual. Pero la responsabilidad cae toda del lado de quienes han sostenido una concepción puramente consensual de la democracia.

¿Hay esperanza? Ninguna, mientras seamos pueblo iluso, creyendo que las cosas cambian solas, por la gracia de políticos buenos o de las astucias de la razón en la historia. Alguna, si somos pueblo negativo y desconfiado, pueblo-plebe. "Es una opinión plebeya y un punto de vista negativo suponerle al gobierno una mala voluntad" (Hegel). Es justo el punto de vista que necesitamos, todo el rato. La plebe es justamente el pueblo cuando se hace valer, el que grita "no nos representan", el que sabe que las leyes justas son siempre fruto del tumulto y las ganas de libertad de abajo.

La democracia no es una sociedad armónica o armonizada (tampoco bajo los modelos utópicos de la autogestión o la democracia digital), sino la sociedad que abre paso al conflicto, una sociedad efervescente y abierta al cambio que subordina lo instituido a lo instituyente, esa sociedad que experimentando la inestabilidad consigue obtener la mayor estabilidad, en la que cualquiera (y no sólo los que monopolizan la cosa pública) puede hablar, actuar y ser tenido en cuenta, la sociedad donde la pregunta por la vida buena y la justicia se mantiene abierta, donde la ley es puesta en juego por el conflicto sin ser exactamente su producto. Democracia es sostener la división social, la posibilidad infinita de la división.

En "Mientras dure la guerra", la última película de Amenábar, el personaje de Franco explica su decisión de alargar la guerra en la necesidad de exterminar al otro. "Si no en dos días estaremos en las mismas, los españoles siempre están a la gresca". Es el espíritu de cruzada que aún pervive: hay que suprimir el mal. Pero no se trata de cambiar el franquismo por el imperio de la ley sacralizada e intocable, sino justamente de aprender a convivir con la gresca y elaborarla. Así y sólo así enterraríamos de una vez por todas los restos del dictador. Hay que romper la representación dominante que ve en la división y el conflicto el principio de la decadencia y el declive. El mal es el acicate del bien, de los tumultos surgieron en Roma todas las buenas leyes.

"La república es superior a todos los demás regímenes: se presta al movimiento" (Lefort-Maquiavelo).

Por Amador Fernández-Savater

Interferencias

 

Gracias por las conversaciones a Diego, a Hugo, a las amigas del taller de los lunes.

 

Referencias:

Maquiavelo: lecturas de lo político, Claude Lefort, Trotta.

Claude Lefort, la inquietud de la política, Edgar Straehle, Gedisa.

La democracia contra el Estado, Miguel Abensour, Colihué.

Fuente: http://www.eldiario.es/interferencias/Elogio-tumulto_6_953014711.html

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Jaime Vargas, presidente de Conaie. Imagen: AFP

La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) aglutina a 14 nacionalidades y cerca 15.000 pueblos originarios. 

 

Las organizaciones indígenas ocupan un lugar central en las jornadas de protesta que se están viviendo en Ecuador contra el presidente Lenín Moreno. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) aglutina a 14 nacionalidades y cerca 15.000 pueblos originarios. Desde su conformación en 1980 tuvo un papel central en la política ecuatoriana formando parte de movimientos que derrocaron presidentes. Hoy le dicen al gobierno que las protestas no van a parar hasta que el FMI se vaya del país.

La población indígena en Ecuador representa aproximadamente el 25 por ciento de sus 17,3 millones de habitantes, pero en términos reales un 80 por ciento del total son mestizos. Recién desde la conformación de la Conaie en 1980 encontraron una representación que los ubicó como actores determinantes del mapa político ecuatoriano. En 1986 tuvieron su primer congreso donde expusieron sus reclamos históricos: la consolidación de los pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador, lucha por la tierra y territorios indígenas, lucha por una educación propia (intercultural bilingüe), lucha contra la opresión de las autoridades civiles y eclesiales, lucha por la identidad cultural de pueblos indígenas, contra el colonialismo y por la dignidad de pueblos y nacionalidades indígenas.

En 1990 la Conaie impulsó el primer gran levantamiento aborigen en Ecuador que movilizó a miles hacia Quito. Los nativos hicieron sentir la fuerza de su organización y consiguieron 2,3 millones de hectáreas. En 1995 crearon un brazo político de izquierda, llamado Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik. Hoy ese partido ocupa cinco de los 137 escaños del Legislativo, aunque llegaron a obtener hasta un 10 por ciento de bancas. Ante medidas consideradas impopulares, la Conaie promovió protestas, que junto a otros sectores derivaron en el derrocamiento de los expresidentes Abdalá Bucaram (1997), Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutiérrez (2005).

La Conaie no es una frente gremial tradicional, sino que se encarga de la organización del gobierno de todos los pueblos indígenas que la componen, explica en diálogo con Página/12 la politóloga Soledad Vogliano, que formó parte de la Confederación entre 2009 y 2018. “Reivindican el estado plurinacional reconocido por la Constitución ecuatoriana de 2008. Esta les otorgó ciertas potestades para el ejercicio del gobierno en sus tierras, como la administración justicia y la gestión comunitaria del territorio”, explicó Vogliano. Durante los levantamientos de la década del noventa el lema de la Conaie fue “nada sólo para los indios”, expresando la necesidad de reivindicaciones que excedían la de los pueblos originarios. “Es un movimiento indígena pero no indigenista. Por eso logra una gran adhesión de la gente en Quito. Es una característica que tiene el movimiento indígena ecuatoriano y que no se ve en otros países”, sostiene la politóloga. Durante la jornada represiva del miércoles  se vieron que brigadas de estudiantes universitarios auto convocados salieron a las calles a atender a los heridos. “Sus premisas desde el 1994 son la crítica a la sociedad capitalista. Además elaboraron propuestas para la construcción de una vida comunitaria, dentro del paradigma del buen vivir entre seres humanos y la naturaleza. Expresan un fuerte sentido de colectividad”, explica Vogliano.

Durante la reforma constitucional del 2008, la Conaie ocupó un rol central acompañando al gobierno de Rafael Correa. “Allí se lograron derechos de avanzada, como declarar al Estado Plurinacional. También se proclamó el derecho humano al agua, y a la economía social y solidaria como principio rector de la economía ecuatoriana”, explica Vogliano. Posteriormente, durante la institucionalización de esos derechos se produce el quiebre con Correa. El permiso que otorgó el expresidente ecuatoriano al extractivismo en terrenos indígenas generó la ruptura definitiva.

Un 68 por ciento de los pobres en Ecuador son indígenas. El paquete de medidas que impulsó Lenín Moreno siguiendo las recetas del FMI, afectan directamente a ese sector social. El aumento en el precio del transporte público impacta en el pueblo indígena, ya que es el medio de transporte más utilizado en Ecuador. Así lo expresaron durante las jornadas de protestas del miércoles en Quito. "En mi caso somos siete hermanos y subidos los pasajes es un platal. Para colmo el pasaje en los pueblos es más caro", dijo indignada Lucrecia Caiza, una indígena de Otavalo, al sur de Ecuador. Dedicados a labores agrícolas y comerciales, el impacto de los aumentos también caerá sobre el precio de lo que producen, habitualmente monocultivos de papa, trigo, cebada, cebolla larga, brócoli o zanahoria. La cosecha la sacan a los mercados por carreteras secundarias o terciarias, y la trasladan en camionetas y camiones pequeños, que funcionan a diésel. Este era el combustible más barato hasta los aumentos decretados por Moreno.

Se estima en 20.000 los miembros de la Conaie que estuvieron en las calles durante la jornada del miércoles en Quito. Hoy siguieron reunidos en asamblea abierta, reacios a aceptar el diálogo convocado por Moreno mientras por otro lado sigue reprimiendo. “Estamos en Quito para rechazar un modelo económico capitalista que va en contra de los diferentes niveles de economía", explicó Jorge Herrera, exjefe de la Conaie.  "Esto no para hasta que salga el FMI", sostienen.

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Cientos de miles de manifestantes ─cerca de dos millones, según los organizadores─ marchan en una protesta que, a pesar de desbordar las previsiones de la Policía, transcurre sin incidentes.

De manera organizada y pacífica, cientos de miles de manifestantes ─cerca de dos millones, según los organizadores─ han marchado por la isla de Hong Kong, en una protesta que la policía había autorizado solo como concentración en Victoria Park, el parque más grande de la ciudad, pero que transcurrió sin incidentes.

La riada de manifestantes desfiló desde las 14.00 hora local (06.00 GMT) bajo sus paraguas para protegerse de la lluvia en la región administrativa especial e inundaron avenidas y calles adyacentes, sin un destino claro. En torno a las 18.00 (10.00 GMT), el cuerpo antidistrubios de la policía se fue desplegando en varios puntos de la ciudad, incluida la Oficina de Enlace del Gobierno de China, aunque a las 21.00 hora local (13.00 GMT) no había noticia alguna de enfrentamientos.

La manifestación, que culmina una semana turbulenta en Hong Kong (cancelaciones masivas de vuelos por las protestas en el propio aeropuerto y maniobras militares chinas al otro lado de la frontera), estaba especialmente bajo el foco, después de que circularan rumores de que habría chinos de la parte continental del país infiltrados con el objetivo de crear problemas. Asimismo, también existían miedos ante una posible respuesta policial violenta, y una televisión local informó de que dos vehículos con cañón de agua se habían desplazado a la zona de las protestas.

Precisamente la policía protagonizó el lema de la marcha, que buscaba "Erradicar el caos policial". Los manifestantes han criticado con dureza las acciones policiales de los últimos meses a la hora de disolver las concentraciones. Estas actuaciones antidisturbios han dejado cientos de heridos entre los civiles, mientras que, según la policía, en los enfrentamientos han resultado heridos casi 180 agentes.

Uno de los líderes del convocante Frente Civil de Derechos Humanos, Wong Yik-mo, criticó durante la manifestación las actuaciones policiales y su aparente posicionamiento en contra de quienes protestan para reclamar un mejor funcionamiento democrático en Hong Kong. "La Asociación de Jóvenes Oficiales de Policía y algún diputado pro-Pekín han llamado varias veces 'cucarachas' a los manifestantes. Eso trae al recuerdo dolorosas imágenes de genocidio", dijo.

Durante el genocidio ruandés (1994), en el que en tres meses murieron masacrados casi un millón de Tutsi y Hutu moderados, los Hutu más radicales llamaban a los Tutsi "cucarachas". "Poco a poco -agregó Wong-, la policía de Hong Kong está destruyendo la imagen internacional de un Hong Kong civilizado".  Horas antes, el Gobierno de Hong Kong envió un comunicado a los medios de comunicación en el que lamentaba que el lema de la manifestación tuviera como objetivo a la policía.

Ante el masivo desfile de gente, no autorizado por el cuerpo, la policía se vio obligada a cortar varias calles. Los manifestantes se han arriesgado así a enfrentarse a cargos de asamblea ilegal, que pueden comportar hasta 5 años de cárcel.

Este fin de semana, el undécimo consecutivo de manifestaciones en Hong Kong, comenzó el viernes con un mitin para pedir apoyo internacional a los manifestantes, y el sábado registró varias protestas, una de ellas de apoyo a los Gobiernos de Pekín y Hong Kong que logró reunir a 476.000 personas, según los organizadores (108.000, según la policía).

Las protestas en Hong Kong comenzaron en marzo frente a la iniciativa de las autoridades locales de promulgar una ley de extradición que, según sus opositores, podría servir para que disidentes políticos y sectores críticos con el régimen comunista fueran llevados a China para ser juzgados sin garantías.

Bajo la fórmula "Un país, dos sistemas", Pekín se comprometió a mantener la autonomía de Hong Kong y a respetar una serie de libertades de las que no gozan los ciudadanos de la China continental hasta 2047, tras recuperar la soberanía del territorio de manos británicas en 1997.

Las manifestaciones movilizaron a cientos de miles de personas a partir de junio y han estado acompañadas de represión policial para aplacar los intentos de los manifestantes de afectar el curso normal de la ciudad con huelgas y ocupaciones de edificios oficiales, comisarías, estaciones de metro o el aeropuerto.

A pesar de que la polémica propuesta de ley de extradición fue declarada "muerta" por las autoridades hongkonesas a principios de julio, los manifestantes han sumado una serie de demandas al Gobierno local para mejorar los mecanismos democráticos de la ciudad y, en definitiva, oponerse al autoritarismo chino. Pekín asegura que detrás de las protestas existe una "mano negra", y apunta con frecuencia a Estados Unidos como responsable.

 

18/08/2019 20:43 Actualizado: 18/08/2019 20:43

Por Shirley Lau (EFE)

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Más de 500 marchas en EU contra ofensiva para anular el derecho al aborto

Más de 500 manifestaciones se realizaron en decenas de ciudades a lo largo del país en protesta contra la ofensiva conservadora para anular el derecho al aborto impulsada por el régimen de Donald Trump y sectores derechistas, calificada de "guerra contra las mujeres" por defensores de derechos civiles.

Las acciones responden a una serie de nuevas leyes promulgadas por fuerzas conservadoras en varios estados para limitar severamente e incluso prohibir la suspensión del embarazo con el objetivo final de provocar una disputa legal en la Suprema Corte para anular el fallo que legalizó el aborto a escala nacional hace cuatro décadas.

El estado de Alabama promulgó este mes la ley más severa del país, que en los hechos prohíbe el aborto aun en casos de embarazo por violación sexual o incesto y establece penas hasta de 99 años de cárcel para doctores que se atrevan a incumplir esta norma. Otras leyes estatales recién aprobadas (no todas han sido promulgadas todavía) en por lo menos ocho estados prohíben el aborto después de que se detecta un latido de corazón en el feto, aproximadamente seis semanas, plazo en el cual muchas mujeres ni están enteradas de que están encintas.

El propósito detrás de este impulso a restricciones más extremas contra el aborto en décadas, es que activistas "pro vida", sobre todo de la derecha cristiana y la Iglesia católica, están confiados en que ahora podrán lograr su sueño después de que Trump instaló a dos jueces antiaborto en la Suprema Corte. Con ello, ahora existe una mayoría conservadora de cinco contra cuatro en el máximo tribunal, y se supone que con ello se podrá revertir el fallo histórico de 1973 conocido como Roe v Wade que legalizó el aborto en Estados Unidos.

El propio Trump, en esta coyuntura, ha reiterado su posición "pro vida" al invitar a esta disputa.

Ante esto, ayer se realizaron protestas a lo largo del país, incluida una frente a la Suprema Corte, en Washington, y los tribunales federales en Nueva York, donde en cada lugar cientos de activistas pro aborto y pro derechos de la mujer y políticos, incluyendo algunos de los precandidatos presidenciales demócratas, expresaron su repudio a las nuevas leyes.

Las protestas fueron convocadas por una gama de organizaciones que han estado al frente de la defensa del derecho de la mujer al aborto, entre ellas NARAL, Planned Parenthood, la Unión Estadunidense por las Libertades Civiles (ACLU) y Women’s March.

"Este es el inicio de la guerra del presidente Trump contra las mujeres", declaró la senadora demócrata y precandidata presidencial Kirsten Gillibrand ante los manifestantes en Washington. Advirtió que "si él quiere esta guerra la tendrá y va a perder". Otros políticos y activistas hicieron eco de estas posiciones.

Algunos activistas indican que la ofensiva contra el aborto es sólo parte de una guerra más amplia contra las mujeres en este país. La ACLU tuiteó, por ejemplo, que aunque las mujeres en Estados Unidos representan sólo 4 por ciento de la población femenina mundial, son 33 por ciento de las encarceladas en el mundo y 80 por ciento de éstas son madres.

Otros señalan la hipocresía de líderes políticos y religiosos pretendiendo defender la "vida sagrada" de los aún no nacidos en lugares como Alabama, estado con la tasa más alta de mortalidad infantil en el país, con el mayor nivel de pobreza de los menores de edad y que ocupa el lugar 46, de 50, en educación, reporta la periodista de Los Angeles Times Jackie Calmes.

Señalando que muchas de estas leyes fueron aprobadas por el género masculino en las legislaturas (la de Alabama, por ejemplo, por 25 hombres blancos en el Senado estatal), la comediante Samantha Bee concluyó: "supongo que los hombres no aman nada más que ser policías de los cuerpos de las mujeres", pero "lo que todas estos proyectos de ley tienen en común es que demuestran que quienes los están formulando no tienen ni puta idea de cómo funciona el sistema reproductivo" y, por lo tanto, dedicó su programa Full Frontal a "ofrecer educación sexual a los senadores".

Mientras, el régimen de Trump ha llevado su guerra contra las mujeres a escala mundial, al suspender todo financiamiento de organizaciones internacionales de salud y de servicios de apoyo a familias que ofrecen servicios de aborto o incluso si sólo educa a la gente sobre esa opción.

 

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Trabajadores contra privatizaciones y medidas económicas de Lenín Moreno

El Frente Unitario de Trabajadores (FUT) del Ecuador, tras una multitudinaria marcha en Quito en protesta contra las medidas económicas del gobierno como el aumento en el precio de los combustibles y la amenaza de privatización de empresas estatales, exigió al presidente Lenín Moreno la inmediata puesta en marcha de cuatro medidas correctivas. 

El movimiento obrero exigió como primer punto la derogación total del decreto con el que el presidente normó el alza de los precios de los combustibles y la actualización del costo de algunos derivados de manera mensual, en momentos en que las estadísticas oficiales confirman el aumento de la pobreza durante el último año.


El segundo punto, en cambio, es la solicitud de la renuncia de Santiago Cuesta, consejero de Gobierno, por haber planteado la privatización y concesión de empresas públicas. Mesías Tatamuez, dirigente de la Cedocut, aseguró que en el sector de las telecomunicaciones, que el gobierno pretende privatizar y entregar a empresas trasnacionales, es donde está el futuro de la economía a nivel mundial.


Voceros del gobierno anunciaron días atrás que se iniciarán las concesiones de empresas públicas (empezando con las de telecomunicaciones e hidroeléctricas), lo que en realidad es una privatización de hecho. La desesperación por obtener rápidos fondos para el fisco ha hecho que se pierda de vista la Constitución y el interés nacional.


En lo de fondo el problema es que se ha impuesto en esferas gubernamentales un retroceso conceptual sobre el país. No hay la mínima idea de lo que ha sido la historia económica y social. Se ataca a los bienes y servicios públicos con los argumentos del sector privado, sin entender que la empresa pública se guía por propósitos y administración distintas, ya que mientras al Estado interesa atender a los ciudadanos, al sector privado solo le motivan las ganancias, señala Juan Paz y Miño.


Lo cierto es que se siguen dictados extranjeros y de organismos internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, mientras desde el gobierno se desconoce las nefastas experiencias latinoamericanas con las privatizaciones y concesiones. No hay conocimiento de los estudios nacionales o internacionales que analizan y cuestionan el caduco liberalismo económico.


Seguridad social y corrupción


En tercer lugar los obreros plantearon la defensa de la seguridad social. El FUT rechazó la propuesta oficial del aumento de los años para poder jubilarse y la reducción de las pensiones, como solución al problema a la crisis del Instituto Ecuatoriano del Seguro Social, mientras los principales culpables de la situación están libres o prófugos.


También solicitó la central empresaria la ejecución de la ofrecida “cirugía mayor contra la corrupción”, recuperando los dineros que salieron del país a través de la corrupción.
José Villavicencio, presidente del FUT, explicó que esta fue sólo la primera de muchas movilizaciones, y señaló que si el Gobierno no escucha sus pedidos se confirmará un frente de resistencia junto a otros sectores sociales como los indígenas, maestros, estudiantes, para radicalizar la protesta social en las calles.


Cabe recordar que a finales de 2018, los obreros protestaron en contra del alza en el precio de los combustibles. Tras la protesta, Villavicencio no descartó que el movimiento trabajador siga participando en las iniciativas de diálogo nacional del Gobierno, para llegar al denominado acuerdo nacional, de cumplirse varias condiciones como la derogación total del decreto con el que el presidente Lenin Moreno normó la actualización en el precio de los combustible, con el que el precio de algunos derivados se cambia cada mes.


También pidió un compromiso por escrito del mandatario para que no se concesione ninguna empresa pública. Caso contrario – dijo- no participarán más en las mesas de diálogo del gobierno y se radicalizarán las protestas en las calles en su contra.


Los trabajadores afianzaron sus alianzas con el movimiento indígena que se movilizó a inicios de semana en carreteras de la provincia de Pihincha y también de la zona rural de Cotopaxi.


De la movilización de Quito también participaron otros sectores sociales y políticos como el movimiento Pachakutik, la dirigencia de Unidad Popular, de la Unión Nacional de Educadores, así como dirigentes políticos como Enrique Ayala Mora, Gustavo Terán, Jorge Rodríguez, Blanca Chancoso y María Arboleda.

Por Eloy Osvaldo Proaño
CLAE / Rebelión

 


Eloy Osvaldo Proaño: Analista e investigador ecuatoriano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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Viernes, 07 Septiembre 2018 07:46

Crisis en Argentina

Crisis en Argentina

Las políticas económicas de la nueva administración de gobierno, entre las que destacan el endeudamiento externo público, la desregulación financiera, la apertura de las importaciones, la elevada tasa de interés, el incentivo a la especulación y valorización financiera y la permisividad frente a la fuga de capitales han determinado una necesidad de financiamiento de divisas, por encima de lo que aportan las exportaciones, por una magnitud del orden de los 40.000 millones de dólares anuales. Esta dependencia del financiamiento externo es la que ha colocado al país en un escenario al borde de la cesación de pagos, en la jerga económica, de default. Es este, y no otro, el núcleo del problema que está por detrás de las dos últimas corridas cambiarias que el país afrontó en los últimos cinco meses.

Es el temor de los acreedores frente a la posibilidad de que Argentina tenga que cumplir efectivamente los pagos de la enorme deuda pública que acumula el que dispara los comportamientos de salida de capitales que presionan al alza el tipo de cambio, en un contexto de elevada especulación sobre el valor del dólar. Ese fue el escenario de la primera corrida cambiaria de finales de abril y mediados de mayo, que en apenas 15 días hizo devaluar la moneda en un 50 por ciento. Es en el marco de esta primera corrida cuando el gobierno presenta un inesperado acuerdo con el Fmi. El acuerdo con el Fmi buscaba eliminar las incertidumbres de los acreedores respecto a la capacidad de pago de la deuda argentina, ya que se comprometía a otorgar un financiamiento del orden de los 50.000 millones de dólares por un período de tres años. Obviamente este acuerdo suponía también las vueltas de las condicionalidades del Fmi, ahora denominadas “metas”, que involucran al conjunto de la política económica, ya que van desde metas fiscales hasta monetarias, de reservas y de inflación. Metas que, en la práctica, se transforman en una política de ajuste de la economía, principalmente a través del ajuste del gasto primario, que, del 3,5 por ciento de déficit previsto para 2018, el acuerdo lo fija en 2,7 por ciento para el mismo año, una reducción del 1,3 por ciento en 2019 y un equilibrio para 2020. Metas que ocultan que su cumplimiento implica una reducción del 20 por ciento del gasto primario actual, que combinaría un ajuste del 80 por ciento de la obra pública, del 75 por ciento de las transferencias a las provincias, del 40 por ciento de los planes sociales (excepto las asignaciones familiares que se reducirían sólo un 5 por ciento) y de un 13 por ciento de los salarios de los estatales.


Las metas acordadas con el Fmi no son otra cosa que la reedición de una vieja receta fracasada en Argentina, que es la del déficit cero sobre la base de la reducción del gasto primario. Fracaso en un sentido, pero éxito en el otro. El fracaso estriba en que nunca se alcanza con esta lógica el ansiado déficit fiscal, puesto que la reducción del gasto primario supone una caída de la demanda interna. Entonces, la caída del gasto primario se traduce en caída de los ingresos, y el déficit primario se mantiene. A esta lógica hay que agregarle que los intereses de los pagos de deuda hacen incrementar el gasto total y le agrega una presión adicional a la reducción del gasto primario. De esta manera, se configura un proceso de ajuste perpetuo, que transforma el déficit en la excusa para reducir el gasto, sin que nunca se elimine el déficit. Fracaso, puesto que nunca se alcanza el déficit fiscal, pero éxito, porque el objetivo final buscado es la recesión del nivel de actividad, a la que se llega por efecto de la caída de la demanda interna, la que a su vez impacta en la reducción de las importaciones y permite achicar las necesidades de financiamiento. De este modo, la recesión es un objetivo buscado y no un accidente de esta política económica. El impacto en la caída del Pbi, del empleo, de los ingresos y el aumento de los fenómenos de la pobreza y la desigualdad son un efecto necesario, y no un defecto contingente, de esta estrategia de política económica.


LA FIESTA DE LOS EXPORTADORES.

Sin embargo, esta estrategia tiene un defecto a los ojos voraces del capital financiero: tarda mucho en concretarse. Es una espiral que se retroalimenta en sucesivas rondas de recortes del gasto y su impacto en el deterioro del nivel de actividad. La recesión llega, pero lentamente. Es en este marco de avidez por el ajuste en que emerge la segunda corrida cambiaria de principios de agosto, con la excusa de que la meta de inflación acordada con el Fmi (del 32 por ciento) no se iba a cumplir, puesto que el efecto obvio de la primera corrida cambiaria era, como todos esperaban, un aceleramiento de la tasa inflacionaria. Así, con los datos de que la inflación (del 35 por ciento anual), fruto de la primera corrida, superaba la meta con el Fmi (del 32 por ciento), se desató la segunda corrida cambiaria que en apenas una semana hizo devaluar un 30 por ciento adicional a la moneda doméstica. No alcanzó con que se anunciara un nuevo acuerdo con el Fmi en el que se comprometía a adelantar la totalidad del financiamiento previsto para 2018 y 2019, sino que hizo falta que la devaluación alcanzara el cien por ciento del valor que la moneda tenía a principios de abril para que, en momentos que esto se escribe, se presencie una cierta calma cambiaria. Una calma que supone haber perpetrado una brutal transferencia de ingresos en favor de las empresas exportadoras, principalmente a las 15 líderes exportadoras (casi todas cerealeras), que en cinco meses tuvieron un crecimiento de 550.000 millones de pesos en su facturación (el mismo monto que el gobierno se comprometió con el Fmi a reducir del gasto público). Se ve con claridad que la fiesta de los exportadores la paga la sociedad en su conjunto.
La calma cambiaria se verifica en el marco de las nuevas metas fiscales que el gobierno comprometió con el Fmi, que supone profundizar el ajuste en curso. Si para 2018 el acuerdo anterior suponía un déficit del 2,7 por ciento, ahora en el anunciado nuevo acuerdo la meta es del 2,6 por ciento; y para el 2019, en que se había previsto un déficit del 1,3, ahora se prevé llegar directamente al equilibrio en dicho año, con el agravante de una cuenta de intereses que crece exorbitantemente, y que alcanza nada menos que 600.000 millones de pesos. La novedad del acuerdo respecto al anterior es que en el primer acuerdo la meta se conseguía con un ajuste del gasto primario, y en la nueva meta se la consigue con un ajuste sobre los ingresos, los que vuelven a aportar recursos fiscales por vía de la restitución de las retenciones a la exportaciones. Se trata de una retención light, puesto que es de apenas dos puntos porcentuales para las empresas exportadoras de aceites de soja. Este dato nuevo pone en tela de juicio el fracaso de la estrategia anterior. Esta vez están dadas las condiciones del doble éxito de la política económica: por un lado, pueden conseguir el ansiado superávit primario, ya que este no se centra sólo en reducción de gasto primario, que sigue estando, sino que se compensa con el aporte de los recursos fiscales de las retenciones. El segundo éxito es que la brutal devaluación supone derrumbar la actividad económica rápidamente, en un verdadero shock recesivo, que logra en un corto plazo lo que la estrategia anterior requería un tiempo de maduración.


Los propios datos del gobierno indican que la tasa de inflación se disparó arriba del 40 por ciento y que la economía se va a contraer más del 2 por ciento. El pequeño problema es que este éxito de la estrategia económica supone colocar al borde del estallido social a los sectores más vulnerables de la sociedad. Aprendices de la crisis de 2001, el gobierno y el Fmi prevén aportar recursos focalizados para atender la situación de los sectores más vulnerables (pero de todos modos los aumentos previstos no alcanzan a reparar toda la pérdida sufrida). Aunque se evite el estallido social, en el medio queda enterrada la noción de desarrollo económico. Argentina va a quedar confinada a ser una plataforma exportadora de materias primas, destruyendo las capas medias, expandiendo su pobreza y la desigualdad en aras de mantener el altar de los pagos de deuda.


Es en este marco que quien escribe ha presentado una denuncia penal contra el presidente por el acuerdo con el Fmi, que no ha respetado los resguardos constitucionales, y se ha solicitado una suspensión de dicho acuerdo. Porque consideramos que lleva a Argentina al borde del colapso social. Se requiere una nueva concertación política con un conjunto amplio de actores que fije otro rumbo económico.


* Economista. Presidente de Unidad Popular (Argentina). Ex diputado.

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Jueves, 02 Agosto 2018 08:34

Los conceptos que nos faltan

Los conceptos que nos faltan

A diferencia de los pájaros, los seres humanos vuelan con raíces. Parte de las raíces están en los conceptos que hemos heredado para analizar o evaluar el mundo en el que vivimos. Sin ellos, el mundo parecería caótico, una incógnita peligrosa, una amenaza desconocida, un viaje insondable. Los conceptos nunca retratan exactamente nuestras vivencias, ya que estas son mucho más diversas y variables que las que sirven de base a los conceptos dominantes. Estos, al fin y al cabo, son los conceptos que sirven a los intereses de los grupos social, política, económica y culturalmente dominantes, aunque matizados por las modificaciones que van introduciendo los grupos sociales que resisten a la dominación. Estos últimos no siempre recurren exclusivamente a estos conceptos. Muchas veces disponen de otros que les resultan más próximos y verdaderos, pero que reservan para el consumo interno. Sin embargo, en el mundo de hoy, surcado por tantos contactos, interacciones y conflictos, no pueden dejar de tener en cuenta los conceptos dominantes, a riesgo de ver sus luchas aún más invisibilizadas o más cruelmente reprimidas. Por ejemplo, los pueblos indígenas y los campesinos no disponen del concepto de medio ambiente porque este refleja una cultura (y una economía) que no es la suya. Solo una cultura que separa en términos absolutos la sociedad de la naturaleza para poner esta a disposición incondicional de aquella, necesita tal concepto para dar cuenta de las consecuencias potencialmente nefastas (para la sociedad) que pueden resultar de dicha separación. En suma, solo una cultura (y una economía) que tiende a destruir el medio ambiente necesita el concepto de medio ambiente.


En verdad, ser dominado o subalterno significa ante todo no poder definir la realidad en términos propios, sobre la base de conceptos que reflejen sus verdaderos intereses y aspiraciones. Los conceptos, al igual que las reglas del juego, nunca son neutros y existen para consolidar los sistemas de poder, sean estos viejos o nuevos. Hay, sin embargo, periodos en los que los conceptos dominantes parecen particularmente insatisfactorios o imprecisos. Se les atribuyen con igual convicción o razonabilidad significados tan opuestos, que, de tan ricos de contenido, más bien parecen conceptos vacíos. Este no sería un problema mayor si las sociedades pudieran sustituir fácilmente estos conceptos por otros más esclarecedores o acordes con las nuevas realidades. Lo cierto es que los conceptos dominantes tienen plazos de validez insondables, ya sea porque los grupos dominantes tienen interés en mantenerlos para disfrazar o legitimar mejor su dominación, bien porque los grupos sociales dominados o subalternos no pueden correr el riesgo de tirar al niño con el agua de bañarlo. Sobre todo cuando están perdiendo, el miedo más paralizante es perderlo todo. Pienso que vivimos un periodo de estas características. Se cierne sobre él una contingencia que no es el resultado de ningún empate entre fuerzas antagónicas, lejos de eso. Más bien parece una pausa al borde del abismo con una mirada atrás.


Los grupos dominantes nunca sintieron tanto poder ni nunca tuvieron tan poco miedo de los grupos dominados. Su arrogancia y ostentación no tienen límites. Sin embargo, tienen un miedo abisal de lo que aún no controlan, una apetencia desmedida por lo que aún no poseen, un deseo incontenido de prevenir todos los riesgos y de tener pólizas de protección contra ellos. En el fondo, sospechan ser menos definitivamente vencedores de la historia como pretenden, ser señores de un mundo que se puede volver en su contra en cualquier momento y de forma caótica. Esta fragilidad perversa, que los corroe por dentro, los hace temer por su seguridad como nunca, imaginan obsesivamente nuevos enemigos, y sienten terror al pensar que, después de tanto enemigo vencido, son ellos, al final, el enemigo que falta vencer.


Por su parte, los grupos dominados nunca se sintieron tan derrotados como hoy, las exclusiones abisales de las que son víctimas parecen más permanentes que nunca, sus reivindicaciones y luchas más moderadas y defensivas son silenciadas, trivializadas por la política del espectáculo y por el espectáculo político, cuando no implican riesgos potencialmente fatales. Y, sin embargo, no pierden el sentido profundo de la dignidad que les permite saber que están siendo tratados indigna e inmerecidamente. Días mejores están por llegar. No se resignan, porque desistir puede resultar fatal. Sienten que las armas de lucha no están calibradas o no se renuevan hace mucho; se sienten aislados, injustamente tratados, carentes de aliados competentes y de solidaridad eficaz. Luchan con los conceptos y las armas que tienen pero, en el fondo, no confían ni en unos ni en otras. Sospechan que mientras no tengan confianza para crear otros conceptos e inventar otras luchas correrán siempre el riesgo de ser enemigos de sí mismos.
Al igual que todo lo demás, los conceptos también están al borde del abismo y miran atrás. Menciono, a título de ejemplo, uno de ellos: derechos humanos.


En los últimos cincuenta años, los derechos humanos se transformaron en el lenguaje privilegiado de la lucha por una sociedad mejor, más justa y menos desigual y excluyente, más pacífica. Tratados y convenciones internacionales existentes sobre los derechos humanos se fueron fortaleciendo con nuevos compromisos en el ámbito de las relaciones internacionales y del derecho constitucional, al mismo tiempo que el catálogo de los derechos se fue ampliando a fin de abarcar injusticias o discriminaciones anteriormente menos visibles (derechos de los pueblos indígenas y afrodescendientes, mujeres, LGTBI; derechos ambientales, culturales, etcétera). Movimientos sociales y organizaciones no gubernamentales se multiplicaron al ritmo de las movilizaciones de base y de los incentivos de instituciones multilaterales. En poco tiempo, el lenguaje de los derechos humanos pasó a ser el lenguaje hegemónico de la dignidad, un lenguaje consensual, eventualmente criticable por no ser lo suficientemente amplio, pero nunca impugnable por algún defecto de origen.


Cierto que se fue denunciando la distancia entre las declaraciones y las prácticas, así como la duplicidad de criterios en la identificación de las violaciones y en las reacciones contra ellas, pero nada de eso alteró la hegemonía de la nueva cultura oficial de la convivencia humana. Cincuenta años después, ¿cuál es el balance de esta victoria? ¿Vivimos hoy en una sociedad más justa y pacífica? Lejos de eso, la polarización social entre ricos y pobres nunca fue tan grande; guerras nuevas, novísimas, regulares, irregulares, civiles, internacionales continúan siendo entabladas, con presupuestos militares inmunes a la austeridad y la novedad de que mueren en ellas cada vez menos soldados y cada vez más poblaciones civiles inocentes: hombres, mujeres y, sobre todo, niños. Como consecuencia de esas guerras, del neoliberalismo global y de los desastres ambientales, nunca como hoy tanta gente fue forzada a desplazarse de las regiones o de los países donde nació, nunca como hoy fue tan grave la crisis humanitaria. Más trágico todavía es el hecho de que muchas de las atrocidades cometidas y de los atentados contra el bienestar de las comunidades y los pueblos se perpetran en nombre de los derechos humanos.


Por supuesto que hubo conquistas en muchas luchas, y muchos activistas de los derechos humanos pagaron con la vida el precio de su entrega generosa. ¿Acaso yo mismo no me consideré y me considero un activista de los derechos humanos? ¿Acaso no escribí libros sobre las concepciones contrahegemónicas e interculturales de los derechos humanos? A pesar de eso, y ante una realidad cruel que únicamente no salta a la vista de los hipócritas, ¿no será tiempo de repensar todo de nuevo? Al final, ¿de qué y de quién fue la victoria de los derechos humanos? ¿Fue la derrota de qué y de quién? ¿Habrá sido coincidencia que la hegemonía de los derechos humanos se acentuó con la derrota histórica del socialismo simbolizada en la caída del Muro de Berlín? Si todos concuerdan con la bondad de los derechos humanos,
¿ganan igualmente con tal consenso tanto los grupos dominantes como los grupos dominados? ¿No habrán sido los derechos humanos un artificio para centrar las luchas en temas sectoriales, dejando intacta (o hasta agravada) la dominación capitalista, colonialista y patriarcal? ¿No se habrá intensificado la línea abisal que separa a los humanos de los subhumanos, sean estos negros, mujeres, indígenas, musulmanes, refugiados o inmigrantes indocumentados? Si la causa de la dignidad humana, noble en sí misma, fue entrampada por los derechos humanos, ¿no será tiempo de desarmar el engaño y mirar hacia el futuro más allá de la repetición del presente?


Estas son preguntas fuertes, preguntas que desestabilizan algunas de nuestras creencias más arraigadas y de las prácticas que señalan el modo más exigentemente ético de ser contemporáneos de nuestro tiempo. Son preguntas fuertes para las cuales solo tenemos respuestas débiles. Y lo más trágico es que, con algunas diferencias, lo que ocurre con los derechos humanos sucede también con otros conceptos igualmente consensuales. Por ejemplo, democracia, paz, soberanía, multilateralismo, primacía del derecho, progreso. Todos estos conceptos sufren el mismo proceso de erosión, la misma facilidad con la que se dejan confundir con prácticas que los contradicen, la misma fragilidad ante enemigos que los secuestran, capturan y transforman en instrumentos dóciles de las formas más arbitrarias y repugnantes de dominación social. ¡Tanta inhumanidad y chauvinismo en nombre de la defensa de los derechos humanos; tanto autoritarismo, desigualdad y discriminación transformados en normal ejercicio de la democracia; tanta violencia y apología bélica para garantizar la paz; tanto pillaje colonialista de los recursos naturales, humanos y financieros de los países dependientes, con el respeto meramente protocolario de la soberanía; tanta imposición unilateral y chantaje en nombre del nuevo multilateralismo; tanto fraude y abuso de poder bajo el ropaje del respeto a las instituciones y el cumplimiento de la ley; tanta destrucción arbitraria de la naturaleza y de la convivencia social como precio inevitable del progreso!

 


Nada de esto tiene que ser inevitablemente así para siempre. La madre de toda esta confusión, inducida por quien se beneficia de ella, de toda esta contingencia disfrazada de fatalismo, de toda esta parada vertiginosa al borde del abismo, reside en la erosión, bien urdida en los últimos cincuenta años, de la distinción entre ser de izquierda y ser de derecha, una erosión llevada a cabo con la complicidad de quienes más son perjudicados por ella. Por vía de esa erosión desaparecieron de nuestro vocabulario político las luchas anticapitalistas, anticolonialistas, antifascistas, antiimperialistas. Se concibió como pasado superado lo que al final era el presente, más que nunca determinado a ser futuro. En esto consistió estar en el abismo y mirar atrás, convencido de que el pasado del futuro nada tiene que ver con el futuro del pasado. Es la mayor monstruosidad del tiempo presente.

 

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https://youtu.be/EKOUN14pDWc 

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Marichuy, la voz de los indígenas de México

María de Jesús Patricio, conocida como Marichuy, es una hija de la tierra y de la explotación de la que son víctimas los indígenas. Con una propuesta organizativa, representa a las 60 etnias de su país y a los zapatistas.

Allí van. Aquí vienen. Estuvieron “callados pero no ausentes”. Resistieron y resisten a la violencia del Estado, a las agresiones del crimen organizado, a la expoliación de las empresas mineras, al robo del agua, el desvío de los ríos, a la invasión de las tierras, al racismo permanente, a la exclusión y a la desidia del resto de la sociedad mexicana. A esos sufrimientos las sesenta etnias indígenas de México le pusieron un rostro que las represente en las elecciones presidenciales de este primero de julio. María de Jesús Patricio, conocida como Marichuy. Es la primera mujer indígena en la historia de México que alcanza ese nivel. Marichuy habla con el tono de una canción de cuna, pero es un temple hecho de su historia y la de su pueblo. Marichuy nació en la zona nahua de Tuxpan, Jalisco, hace 54 años. Es una hija de la tierra y de la explotación de las que son víctimas los indígenas. Su padre le cerró el camino a los estudios secundarios para que trabajara la tierra pero ella aprendió ocultándose hasta ser una especialista en medicina natural. Cuando rememora su infancia recuerda que a sus “abuelos los obligaban a sacarse la ropa tradicional que llevaban puesta en la vida cotidiana y ponerse otra cuando se desplazaban a otro pueblo”. Pese a ello, Marichuy salió a recorrer el país para “representar a todos”, es decir, a la vida entera, la biodiversidad, a la vida que destruyen los ladrones de las multinacionales, a la que ignoran las burguesías blancas colonizadas y colonizadoras.


En México la muerte acecha en los rincones y Marichuy apostó por la vida en condiciones de un surrealismo para privilegiados. La candidata presidencial tenía por delante un desafió infranqueable, pero lo asumió con entereza desde que el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el EZLN, Ejército Zapatista de Liberación Nacional, la designaron candidata a la presidencia. La idea surgió en octubre de 2016 y recién se plasmó entre mayo y octubre de 2017, primero con la creación del Congreso Indígena de Gobierno, CIG, y luego con el nombramiento de Marichuy como portavoz y candidata. Se trata de un proceso de largo aliento de cuyos principios bien podrían inspirarse nuestras acalambradas izquierdas latinoamericanas. El mandato de Marichuy consistía en ir andando “desde de abajo y a la izquierda para gobernar este país, desde la otra política, la de los pueblos, la de la asamblea, la de la participación de todas y todos”.


La doctora en medicina tradicional se metió en los pliegues de una democracia reservada a los blancos y los corruptos, o a “los de arriba”, como diría ella, “a los amañados”. Salió a la arena política sabiendo que no llegaba porque lo importante estaba más allá del proceso electoral. El manifiesto de los pueblos indígenas que acompañó su nombramiento, “Que retiemble en sus centros la tierra”, precisaba: “nuestra lucha no es por el poder, no lo buscamos; sino que llamaremos a los pueblos originarios y a la sociedad civil a organizarnos para detener esta destrucción, fortalecernos en nuestras resistencias y rebeldías, es decir en la defensa de la vida de cada persona, cada familia, colectivo, comunidad o barrio. De construir la paz y la justicia rehilándonos desde abajo, desde donde somos lo que somos”. El INE (Instituto Nacional electoral) permitió, por primera vez, que este año hubiesen candidaturas independientes pero impuso un piso de 866 mil firmas para que un candidato pudiese competir en las elecciones. Sólo los ricos o los partidos del sistema podrían llegar a esa cifra. Como si fuera poco, el INE decidió que los candidatos debían juntar esas 800 mil firmas mediante dispositivos electrónicos, es decir,

celulares de cierto nivel cuyos precios son inabordables para la mitad del país. La propuesta de Marichuy alcanzó 275 mil firmas, sin embargo, su campaña y los incidentes que la atravesaron le dieron a ella y a las abusadas comunidades indígenas una visibilidad excepcional. Con su modales discretos, con su voz pausada, se puso en marcha por todo el país. Preservó la forma cultural con la que se relacionan los pueblos originarios donde “se manda obedeciendo” y fue, de pueblo en pueblo, rehilando la relación entre unos y otros. Cuando vino a la Ciudad de México, la caravana indígena de Marichuy colgó un cartel que decía: “Venimos a hablar de lo imposible, porque de lo posible se ha dicho demasiado”. De esos imposibles hablamos con ella.


–Después de todos estos meses de campaña, de atentados, de boicots y de recorrido por el país ¿qué balance hace usted de este proceso en el cual, por primera vez, una mujer indígena fue candidata a la candidatura de presidencia?.


–Aprendí principalmente los problemas que fuimos viendo y escuchando directamente desde la voz de los miembros de los pueblos indígenas. Todo ese despojo y todo ese desprecio del cual son objeto de parte de la gente que está en el poder y que tienen dinero. Cuando son tiempos electorales están aquí, y luego cuando ya quedan se les olvida que estamos y que existimos, nos desconocen. Eso fue algo que fui viendo en todo el país. Y aunado a esto, están todas las estrategias que está usando el gobierno para despojarlos de sus tierras y territorios, de sus aguas y sus bosques. Están todas esas formas amañadas de la gente que llega a los territorios para asegurarse ese despojo. La gente de los pueblos tiene ahora una esperanza con este Consejo indígena de Gobierno. Es una forma de caminar colectivamente porque sólo nosotros nos vamos a defender entre nosotros, nadie más lo va a hacer. Debemos proceder de manera organizada. ¿Qué aprendimos al final?. Pues vimos cómo el poder amañado busca nada más este grupito que tiene arriba y saben a quien van a poner, saben cómo usan a la gente de abajo. Allá los pobres no figuramos. Pero nuestra propuesta es organizativa, nuestra lucha va más allá de unas elecciones.


–Robo de tierras, el problema del agua, el despojo de las grandes multinacionales mineras, los pueblos son objeto de una expoliación permanente.


–Claro que es así. En México lo seguimos viviendo y ha costado muchos muertos, desaparecidos, encarcelados que han luchado, han resistido y se han opuesto a esas mega empresas que llegan y se imponen a la fuerza en las comunidades. La única manera de hacer frente es que cada pueblo tenga su manera de poderse organizar y defender. En Oaxaca, por ejemplo, 8 comunidades lograron unirse para hacerse fuerte y echar a una minera que se quería meter. Este es el sentido de lo que estamos llamando: tenemos que organizarnos todos, tenemos que hacer una sola fuerza abajo porque, sino, cada quien por separado nos van a acabar. Eso es lo que pretenden a través de los programas de gobierno, a través de los partidos y de las empresas que llegan: dividirnos en las comunidades. Agarran a los líderes de las comunidades por separado y luego ya les dan dinero y con eso van dividiendo. Esos megaproyectos mas que beneficios han traído destrucción y muerte.


–Esa es la nueva fase que se desprende de las acciones en los pueblos indígenas: un paciente trabajo de organización a largo plazo.


–Nosotros le apostamos a que solamente eso nos va a hacer fuertes desde abajo. Juntos podemos ir construyendo y revisando qué es lo que no está bien y avanzar construyendo según nuestras formas, nuestros tiempos, nuestros modos. Si esperamos que los centros de salud estén bien se seguirá muriendo la gente. ¿Entonces, cómo le vamos a hacer desde abajo ?. Debemos ir buscando formas en educación, en salud, todo se tiene que ir viendo desde abajo.


– ¿La experiencia del movimiento zapatista en Chiapas fue un modelo importante en al refundación de esta fase?


–Pues ellos fueron parte de esta propuesta. Los zapatistas han estado desde hace más de 20 años construyendo su proceso de autonomía y hemos sido testigos de la organización que tienen desde abajo sin contar con los recuerdos del gobierno. Ellos son una muestra de que sí podemos hacer las cosas desde abajo.


–Lo paradójico radica en el hecho de que mucha gente, incluso en América Latina y desde la izquierda, se pregunta si los zapatistas están vivos.


–Nosotros que estamos aquí hemos visto cómo los zapatistas han seguido. El hecho de estén callados o ausentes no quiere decir que no estén construyendo sus autonomías. Además, esas son las formas con la que durante años y años funcionaron los pueblos. Eso es lo que hacemos cuando vamos caminando por los pueblos y les decimos “hay que retomar, hay que reforzar, hay que consolidar nuestro proceso de autonomía. Solamente así saldremos delante”.


–El lema que ustedes usan consiste en decir “por abajo y a la izquierda”.


–Es la gente que está abajo, todos los trabajadores del campo y la ciudad, todos los olvidados, aquellos a quienes no se los toma en cuenta y que están del lado del corazón, todos los que sienten el amor por el otro y que entienden que solamente algo colectivo es lo que nos va a sacar adelante.


–En la Argentina también hay gente abajo, pueblos indígenas como el Mapuche expulsados de sus tierras por el colonialismo financiero blanco. Represión, encarcelamiento, asesinatos. La misma pistola que apunta a las cienes de los pueblos en México apunta en la Argentina.


–No, claro, este problema no es nada más de México sino que el problema de los pueblos indígenas es internacional. Y no solamente son esos pueblos, yo digo que son todos. Por eso nuestra lucha no es únicamente para los pueblos. Cuando salimos lo dijimos: nuestra lucha es por todos. Tal vez ahora no se entienda pero en el caminar se va a ir entendiendo que nosotros, al luchar por la vida, estamos luchando por todo y todos. Si el agua se contamina, o si destruye un árbol les va a afectar a todos. Si la tierra se contamina todos se enfermarán, indígenas o no.


–A partir de la lucha de aquí y con los problemas que hay con los indígenas en Perú, en Bolivia, en Colombia, en la Argentina, ¿ acaso no habría que replantear una suerte de caminar juntos latinoamericano ?. Si las burguesías coloniales blancas dividen ¿cómo nos unimos?.


–Creo que como nuestra lucha es por la vida y es mucho más allá de México el siguiente paso será juntarnos con más hermanos y, juntos, pensar qué vamos a hacer para salvar este planeta. A los mapuches les digo que sigan adelante, no se desesperen, no se vendan, no claudiquen. Hay que seguir construyendo esa autonomía desde nuestros pueblos y desde nuestros barrios. Debemos hacernos fuertes para resistir. Los pueblos indígenas tenemos nuestras formas que están todavía después de más de 500 años. Entonces, no dejemos que nos acaben. Nuestras comunidades indígenas siguen siendo despojadas de sus recursos, de sus aguas, de sus bosques y de formas propias de vida. Luchemos para seguir existiendo y luchemos por los demás.


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