Lunes, 21 Junio 2010 17:31

Colombia, ¿cuál unidad nacional?

El ciclo electoral del 2010, llegó a su cierre con lecciones severas para las fuerzas sociales y políticas que pretenden una nueva sociedad. Con Juan Manuel Santos elegido como nuevo Presidente, se abren interrogantes más de fondo acerca de la verdad del futuro de la nación y de los habitantes de este país.

La segunda vuelta para elegir presidente en Colombia, conmovió muy poco a su población. Pareció más un ejercicio de trámite. Con una abstención que rozó el 56 por ciento, sumada a los votos en blanco (455.330, es decir el 3.4 por ciento), es claro que el 59 por ciento de los connacionles es indiferente ante el nuevo mandatario. Que no comparte sus propuestas o está en contra de él y sus anuncios. Peor aún, si a estas cifras se suman los votos nulos (1.49 por ciento), y los tarjetones no marcados (0,74 por ciento), muchos de los cuales se pueden entender como otra forma de protesta.

Votos y legitimidad

Los resultados de la primera vuelta, con 6.758.539 sufragios para el uribismo y 3.120.716 para los verdes (las dos fuerzas más votadas), no permitía vaticinar sorpresa alguna, más aún, cuando estos últimos con su discurso en aspectos de moral y de forma, con poco de fondo y esforzándose, por demás, por parecerse al máximo a Uribe, se cerraron a cualquier tipo de alianza.

Sobresale de este resultado, sí, el esfuerzo mediático por destacar que es la votación más alta que haya obtenido presidente alguno. Un rezo cuya traducción podría ser: que Santos es el más legitimo. Argucia que llama la atención, porque oculta las cifras de abstención, voto en blanco, voto nulo y tarjetones no marcados.

Ahora viene la rapiña

Otro aspecto que llama la atención es la insistencia de Juan Manuel Santos en su consigna de “unidad nacional” que anunció desde el comienzo de la campaña para la segunda vuelta. Esta consigna fue la nota central en el discurso pronunciado como Presidente electo. ¿Por qué esta insistencia?
¿Acaso, a diferencia de Uribe, Santos pretende superar la distancia que mantiene con una parte importante del país? ¿O, tal vez, es una estrategia para ganarse al partido liberal y descomponer a los verdes?

Cualquiera sea su explicación, ya obtuvo su primer logro: sumar nueve millones de votos. Un importante sector de los liberales –con afán de cuota burocrática- se volcó a apoyarlo. Otros sectores, como el Partido Conservador y Cambio Radical no dudaron como sus aliados seguros. Cruzados por las diferencias y continuidades con las políticas heredadas, ahora viene la rapiña. El tira y afloje por la distribución de ministerios, embajadas, y el resto de la torta burocrática,

Falta por ver si algún ofrecimiento concreto, ministerial, para los verdes empalaga a Enrique Peñalosa y echa por la borda la consigna de Mockus de “independencia y deliberación” con borrón de su futuro como fuerza independiente que tendría su primera prueba de fuego con las elecciones a
gobernaciones y alcaldías en el 2011.

La unidad nacional de boca para afuera

En cuanto al conjunto nacional no vinculado a ninguno de estos partidos, las políticas efectivas que ponga en marcha el nuevo Presidente, sobre todo en su propagandeado ataque al desempleo y la pobreza, serán fundamentales para saber si la “unidad nacional” procede o queda rota por la evidencia práctica. Y todo indica, sin duda alguna, que en materia económica habrá continuidad. La “unidad” no pasará, por tanto de un ejercicio de lengua y dientes para la foto.

Sus anuncios en materia de tratamiento al conflicto y a la insurgencia, por otro lado, deja claro que la “unidad nacional” dependerá de la efectividad de la fuerza y el peso de la sangre, sin emprender nada de diálogo.

Así las cosas, podríamos decir que estamos ante un ejercicio mediático, que se verá claramente afectado desde los primeros días del nuevo gobierno, cuando las medidas reales que tomará en materia económica –más impuestos– cierren las puertas de las mayorías que no votaron por Santos.

Lecciones para las fuerzas alternativas

Una primera y principal a tener en cuenta, resulta de que dada la crisis social y humanitaria que merecía un voto castigo para “la continuidad del uribismo” la realidad indica que el puente está roto o muy deteriorado con la mayoría de la sociedad colombiana, entre ellos los indiferentes y los abstencionistas, pero también con aquellos que votaron en conciencia por el nuevo Presidente, a pesar de todos sus antecedentes y de la herecnia que representa. Sin duda, en nuestro país ganó espacio y legitimidad otra cultura, la de los no derechos, la de la violencia sin par, la del más fuerte, la cual plantea un inmenso reto para las fuerzas del cambio.

Hay que enfrentar esta nueva cultura, y a la par, hacer conciencia de que toda fuerza que pretenda ser alternativa, tiene que orientarse, y lograr movilizar, esa inmensa y multiple franja de la sociedad que hasta ahora no se siente concitada por ningún mensaje.

Por otra parte, hay 9 millones de connacionales que están de acuerdo con la mano dura y la guerra. Hacia ellos es poco el quehacer por ahora, aunque en un futuro hay que construir un mensaje para que cambien de actitud. Sobre esta franja social es destacable su disciplina, evidenciada en una votación que no fue desestimulada por ninguno de los siguientes factores: saber que ya habían ganado, el mundial de fútbol, la intensa lluvia que afectó todo el país.

La segunda se deriva para los contrarios al nuevo gobierno, quienes tienen el reto de hacerse activos en todo tiempo y lugar, y no solo pronunciarse en momentos de coyuntura electoral. Todo militante de la causa del cambio y la renovación en Colombia, debe comprender que éste llegará si cotidianamente hay miles de miles que entrelazan actividades y despiertan simpatías y nuevas militancias entre todos aquellos que se sienten en desacuerdo con los gobiernos de turno, sin encontrar hasta hoy canales para hacer sentir su voz disconforme.

La tercera indica que no se puede dejar de agitar el programa de campaña que levantaron las fuerzas opositoras. Superando prácticas electoralistas el mensaje de estos meses debe tener un continum que permita a la población reflexionar, discutir, agregar, desarrollar, superar, etcétera, aspectos de tal programa, de tal manera, que comprueben que su construcción exige y depende de acciones que van mucho más allá de las mismas elecciones.

Parte de este ejercicio, entonces, demanda que se tenga y se desarrolle desde ahora, antes del mismo 7 de agosto, un plan económico que denuncie y neutralice toda la agenda económica que se avecina, pero además, que empodere a los ciudadanos con una agenda de gobierno y poder que siembre semillas de «un nuevo gobierno», aquí y ahora.

El Congreso de los Pueblos

Aspecto sustancial de esta ejercicio, estará dinamizado por la apertura, instalación y primeras sesiones del Congreso de los Pueblos, que será anunciado para todo el país el próximo 19 de julio a través de marchas que tomarán cuerpo en Bogotá, Cauca, Santander y otros departamentos y ciudades, y que tendrá sus primeras sesiones en octubre venidero.

Es a este espacio de unidad en la calle, del común del pueblo, y dirección táctica oportuna, experiencia de nueva coordinación social y política, a quien corresponde liderar la Unidad Nacional efectiva. Encontrar los lenguajes, los métodos y estilos, el tiempo, las consignas precisas para que los sectores populares en Colomiba retomen el liderazgo que los sufrimientos no dan espera.

Las elecciones pasaron. Nuevos y viejos retos están y siguen vigentes.

Publicado enColombia

El año 2009 se caracterizó por la coexistencia de dos crisis que se venían gestando desde décadas atrás, y que de una u otra manera seguirán acompañando a la humanidad en el futuro: la crisis del sistema financiero y en general del sistema económico internacional, y la crisis climática.

De las múltiples y complejas implicaciones de la primera voy a destacar la llamada recesión, que en términos sencillos quiere decir que en un período determinado las economías de los países –y, en este caso, la economía global– no siguen creciendo al ritmo con que venían haciéndolo en períodos anteriores. No se necesita siquiera que decrezca (que reduzca su tamaño) significativamente sino que basta con que deje de crecer.

Cuando una persona está demasiado pasada de kilos, el médico le advierte que se puede morir si se engorda un kilo más, y le recomienda que, si le queda imposible enflaquecer, por lo menos intente no seguir engordando. Con el capitalismo sucede lo contrario: mantener su peso estable ya quiere decir enfermedad, y enflaquecerse conduce a la depresión.

La crisis climática, como se sabe, se agudiza (no se genera, pues, entre las causas de la crisis climática se pueden citar muchas más) debido al incremento de las emisiones de los llamados gases de efecto invernadero (GEI), como consecuencia del consumo excesivo de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón, del auge de la agricultura y de la ganadería “industrial”, del aumento y la acumulación de desechos que en su descomposición producen metano y otros GEI, y de otras actividades humanas ligadas todas a la manera como hemos entendido y llevamos a cabo el desarrollo.

De todos estos procesos que contribuyen al agravamiento de la crisis climática, depende el crecimiento –es decir: la salud– de la economía nacional y mundial.

Aun en sistemas ‘alternativos’ de medición de la calidad de vida, como es el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que desde hace varios años utiliza el Sistema de Naciones Unidas, el ingreso económico constituye un factor esencial. Mientras mayor sea el ingreso de una persona, una familia, una comunidad o un país, mayor será su capacidad para consumir más recursos y más energía y, se supone entonces, mayores serán sus posibilidades para acceder a una vida “con calidad”.

Desde cualquier punto de vista, sería absurdo entender como ‘saludable’ la reducción de los ingresos económicos de una gran mayoría de la población que hoy debe realizar milagros diarios para sobrevivir. Cuando esto se publique, estarán todavía en plena vigencia las reacciones por el nuevo salario mínimo y su insuficiencia para satisfacer las necesidades de supervivencia mínima de una familia colombiana.

Sin embargo, mientras más recursos y energía podamos consumir, mayor será nuestra “huella ecológica”, es decir, nuestro “peso” sobre el planeta, medido en términos de presión sobre los recursos naturales, generación de basuras y producción de gases que producen el cambio climático. En otras palabras, mientras más ‘saludable’ sea la economía, más ‘enfermo’ estará el planeta al cual pertenecemos y de cuya ‘salud’ dependemos para existir. Ya hay en la economía tentativas de ‘castigar’ los indicadores de desarrollo económico, incorporándoles la dimensión de su impacto ambiental, pero lo cierto es que, en términos prácticos, hoy por hoy más desarrollo quiere decir mayor capacidad para devorar los recursos del planeta, contaminar la biosfera y contribuir al calentamiento global.
 

Doña Juana: En primer plano, el relleno. Al fondo: Bogotá. Al relleno Doña Juana de Bogotá llegan diariamente más de seis mil toneladas de desechos, un indicador de la ‘dinámica’ de la economía de la ciudad.

Razón tuvieron Hugo Chávez y Evo Morales cuando en la reunión de Copenhague culparon al capitalismo de la crisis ambiental, pero se quedaron cortos al omitir una mención expresa de que la misma obsesión depredadora que inspira y justifica al capitalismo neoliberal alimenta al capitalismo de Estado. A la atmósfera le da lo mismo si el gas carbónico que la calienta proviene del petróleo extraído de los campos de Texas o del Golfo de México, del Golfo Pérsico o de pozos colombianos o venezolanos. En el fondo es el mismo “modelo industrial” que conduce a la deforestación del Amazonas y produjo la casi total desaparición del Mar de Aral, cuando los soviéticos se apoderaron de todos los cursos de agua que lo alimentaban, y que en otra época fuera el cuarto mayor lago del mundo, para irrigar sus cultivos industriales de algodón.
 

Aral Sea: Muestra la evolución del Mar de Aral entre 1989 y 2003 (Foto USGS)
Foto aérea de una de las porciones de lo que fuera el Mar de Aral (GWCh, 2009)


Paradójicamente, en las dos crisis que se dieron cita en el año que acaba de pasar se encuentran el problema y la solución. El problema es que, si los seres humanos queremos seguir haciendo parte de este planeta, necesariamente debemos cambiar la manera de relacionarnos y de relacionarnos con él.

Y la única manera de lograrlo es que seamos capaces de separar nuestra concepción y nuestras metas de calidad de vida, de nuestra capacidad de depredación. A lo mejor hacia eso apunta el concepto de “vivir bien” que ya quedó consagrado en las Constituciones Nacionales de Bolivia y del Ecuador, aunque en la práctica tampoco está muy claro cómo se puede lograr.

Para resumir, el mundo necesita embarcarse en una recesión planificada, con el reto de lograr lo que parece imposible en la teoría y en la práctica: reducir el tamaño y, por ende, el impacto de las economías depredadoras (sean capitalistas, comunistas, socialistas o como se quieran rotular), y al mismo tiempo incrementar la calidad de vida de los seres humanos, no medida en términos de nuestra capacidad de depredar sino de nuestro goce de existir.

La crisis por escasez de agua que ya es un hecho en varios lugares del mundo, y cuyo peligro comienza a despuntar en nuestro país, nos aporta un buen ejemplo de lo que se debe lograr: por una parte, garantizar que toda la población colombiana, sin ninguna discriminación, tenga acceso equitativo y efectivo a eso que se denomina “mínimo vital”, es decir, a la cantidad mínima de agua que un ser humano necesita para vivir con calidad; y, por otra parte, eliminar el desperdicio de agua por parte de los actores y los sectores que hacen un consumo excesivo e irresponsable de ese recurso vital.

Para las crecientes cantidades de seres humanos que hoy carecen en el mundo de ese “mínimo vital”, el acceso al mismo significa un enriquecimiento en términos de calidad de vida y de goce de existir.

Posiblemente, para muchos de quienes –por fuerza de la Ley o de las circunstancias inexorables–- se verán obligados a renunciar al desperdicio (y a lucrarse de ese desperdicio), esto puede significar un empobrecimiento, un síntoma de recesión, e incluso un factor de depresión económica y mental.

Esa recesión económica –ojalá planificada y concertada, pero, si no, también– deberá volver los ojos a la Cultura (con mayúsculas), pues es allí donde la humanidad cuenta con los recursos necesarios para entender que renunciar al consumo innecesario de energía y de recursos no es sinónimo de empobrecimiento sino una inversión de vida a favor de la supervivencia de nuestra especie en la Tierra.

El reto, por supuesto, no es sencillo y los grandes sistemas económicos del mundo están dispuestos a acudir a lo que consideren necesario con tal no solamente de sobrevivir sino además de continuar creciendo de manera indefinida y autista, haciendo caso omiso de los límites que les impone el planeta. Una de las fórmulas para conjurar la recesión y evitar la depresión, que ya en el pasado se ha ensayado con éxito, es la guerra.

Creo en la tesis de que la llamada “guerra fría” no ha terminado sino que se están diversificando sus actores, están cambiando sus pretextos y sus expresiones, y se están buscando nuevos escenarios para calentarla (incluso con combustible nuclear). Uno de esos escenarios es nuestra América del Sur. Más allá de cualquier pretexto coyuntural, lo que hay detrás es el afán de mantener el crecimiento del sistema económico global. Por eso, los mismos ‘países civilizados’ que promueven la paz les venden a unos los tanques y los aviones de guerra, y a los otros armas especializadas en destruir esos tanques y esos aviones. Con tal de mantenerse vivos, el capitalismo neoliberal y el capitalismo de Estado acuden incluso a devorarse a sí mismos; a su propia destrucción.

La Tierra, mientras tanto, toma nota cuidadosa de la estupidez humana y activa el sistema inmunológico que le va a permitir deshacerse de nosotros en caso de que no seamos capaces de entrar en razón.

Bogotá, enero de 2010

Publicado enEdición 153
Sábado, 24 Octubre 2009 11:11

Calle 13. La fokin moda

Calle 13, la agrupación de reguetón puertorriqueña que se está convirtiendo en el icono del inconformismo social para la juventud latinoamericana, es una muestra más de la capacidad de la industria cultural de captar la totalidad en su sistema, volviendo todas las emociones que nacen en el interior de la sociedad, inclusive las expresiones de resistencia y cambio, útiles a su modelo productivo. Así, tal como Horkheimer y Adorno anunciaban en su brillante ensayo iluminismo como mistificación de las masas, “para todos hay algo previsto, a fin de que nadie pueda escapar (…). La rebelión que rinde homenaje a la realidad se convierte en la marca de fábrica de quien tiene una nueva idea para aportar a la industria”. Los extremos se tocan y desaparecen las diferencias, todos somos iguales para la industria cultural, de la que tenemos que participar como buenos consumidores.

Cuando René Pérez, vocalista de la agrupación, corea yo sé que yo soy la fokin moda, tu llegaste tarde vete pa’ la cola no miente, como no miente el canal transnacional de televisión Fox cuando en sus cortinillas de “no molestar” hace mofa de los efectos de alienación que sus productos ejercen sobre la audiencia. Calle 13, ganadores desde su incursión en el mercado de varios premios grammys, lenguas y demás galardones con los que la industria de la música celebra su grandeza e indiscutible hegemonía, no dista mucho de RBD, el fenómeno de mercado mexicano que, dando una nueva connotación comercial a la imagen de lo rebelde, se la adueña y la saca de su propio sentido, sentido que se inscribe en la actitud de transformación de la realidades que se le presentan a nuestra conciencia como inaceptables. La juventud como fenómeno contemporáneo, propio de la era industrial, no sólo representa un nicho de mercado de incalculable valor sino que, al no estar incorporado en su totalidad a la cadena productiva, crea dinámicas contrarias a las establecidas por las instituciones dominantes. ¡Explota al joven y neutraliza su potencial contracultural! a fin de que acabes con dos pájaros de un tiro, como dice el adagio.
 
El desarrollo de nuevas tecnologías y la expansión de mercados, en el marco de la aceleración del proceso de globalización, han sido definitorios en los modos de vida de los centros urbanos y en especial de sus jóvenes habitantes que han crecido en ellas. Las identidades juveniles construidas en serie al compás de nuevos clichés y estribillos, que a fuerza de la repetición pierden sentido, son ofertadas en capsulitas paralizantes a sectores que intentan huir del orden hegemónico. Se convierten en el medio y el rito de fuga para el desfogue de las ansiedades y el malestar propio de las culturas capitalistas. El moldeo mercantil de identidades juveniles, como sucede con los floggers y fugas como las que ofrece Facebook, bien coinciden con lo que Freud dio en llamar “miseria psicológica de las masas”. Y es que Facebook, esa red de la amistad ausente y fácil, se ha parado en los recovecos del alma, y picado con frenesí cierto valor y deseo por lo íntimo, tornando lo público en publicidad de sí mismo, en una mezcla viscosa entre voyerismo y exhibicionismo de quien pretende tener un millón de amigos que den fe de su popularidad.

Aprovechando el marco del Festival de Verano del presente año, organizado por el Distrito Capital, entrevistamos a René Pérez Joglar. A continuación, la transcripción de la entrevista, en que les aconseja a los pocos jóvenes en Colombia de un espíritu transformador de este sistema socio-cultural y económico, unirse a la llamada derecha, que propende por la profundización material del statu quo sustentado en desigualdades económicas y las atroces acciones que las configuran.

A.Q: Vos sabés que en la actualidad Colombia está cerrando un acuerdo militar con los Estados Unidos para el uso de siete bases militares a lo largo y ancho del territorio nacional, que abarca el Atlántico y el Pacífico. ¿Qué consejo le darías a la juventud y al Estado colombiano, y a los colombianos en general, sobre la ocupación estadounidense, desde la experiencia de un puertorriqueño que lo ha padecido?
René: Que no lo hagan, que no lo hagan, que no lo hagan, que no lo hagan, que no lo hagan, que, créanme, que confíen en mí, que no la ha… (risas) las bases militares no las hacen. Por ningún dinero, por ninguna plata vale la pena tener bases militares. Yo no estoy en contra de los Estados Unidos, tengo un montón de amigos, de hecho yo lo más seguro me mudo a Nueva York, a mí me encanta Nueva York. No es estar en contra de un país, es estar en contra del pisoteo por parte del gobierno. Las bases militares lo hacen. En Puerto Rico tienen como cuatro bases militares; cerraron una en Vieques porque contaminaron todas las playas, después que jodieron todo Vieques, a su playa y a la gente, como por 60 años, la incidencia de cáncer ahí es grandísima por toda la práctica militar que hacían, ete, ahora se fueron, ahora están planificando volver, luego de las protestas. Que proteste la gente, que se levante y que no permita que eso suceda.

A.Q: ¿América Latina debe unirse?

René: Sí, sí, debe unirse y dejarse de estupideces entre todos, entre…, entre todos los presidentes, porque hay muchos presidentes que en veldad están del carajo y deben unirse, y me refiero a todos, a los de izquierda también están del carajo, están a lo loco, tienen que pensar en el pueblo.
A.Q: ¿Cuál debería ser la acción colectiva de los movimientos sociales?, ¿cuál crees tú que es la acción que tienen que desarrollar los jóvenes para hacerle frente a esta máquina de guerra?
R: Estudiar, estudiar, esa es la manera de hacerle frente, estudiar, educarse y ahí se le hace frente, pero hay que empezar por algo básico que es el estudio, ahí. Está crítica la educación en Latinoamérica, en mi país está crítica, y hay que estudiar. Yo formo parte de la desinformación, yo soy un tipo común y corriente, sin tremendos estudios, que está tratando de echar pa´lante y conocer cada vez más. Hay que estudiar.

A.Q: Un mensaje para la izquierda colombiana y los jóvenes de la izquierda colombiana.
René: De qué, olvídate de la izquierda y la derecha, tienen que estudiar, tienen que unirse con los de la derecha, estudiar y hacer frente todos unidos.


A.Q: Listo. Muchas gracias.

Publicado enEdición 151