Antioxidante en el té verde aumenta niveles de una proteína natural contra el cáncer

Llamada "guardiana del genoma", es capaz de reparar el daño en el ADN o destruir las células enfermas

 

 Un antioxidante que se encuentra en el té verde puede aumentar los niveles de p53, proteína natural contra el cáncer, conocida como la "guardiana del genoma" por su capacidad para reparar el daño del ADN o destruir las células cancerosas, según una nueva investigación publicada en la revista Nature Communications.

El estudio de la interacción directa entre p53 y el compuesto del té verde, galato de epigalocatequina (EGCG), apunta a un nuevo objetivo para el descubrimiento de fármacos contra el cáncer.

"Las moléculas p53 y EGCG son extremadamente interesantes. Las mutaciones en p53 se encuentran en más de 50 por ciento de los cánceres humanos, mientras EGCG es el principal antioxidante en el té verde, una bebida popular en todo el mundo", explicó Chunyu Wang, autor correspondiente y profesor de ciencias biológicas en el Instituto Politécnico Rensselaer.

De acuerdo con la revista Nature Communications, la interacción directa entre la p53 y el compuesto del té verde, galato de epigalocatequina apunta al descubrimiento de fármacos contra el cáncer.

"La P53 tiene varias funciones anticancerígenas bien conocidas, que incluyen detener el crecimiento celular para permitir la reparación del ADN, activar este proceso e iniciar la muerte celular programada, llamada apoptosis, si el daño de ese material genético no se puede reparar", precisa el estudio.

"Un extremo de la proteína, conocido como dominio N-terminal, tiene una forma flexible y, por tanto, puede potencialmente cumplir varias funciones dependiendo de su interacción con múltiples moléculas", agrega la investigación.

El galato de epigalocatequina es un antioxidante natural, lo que significa que ayuda a deshacer el daño casi constante causado por el metabolismo del oxígeno.

Los expertos descubrieron que la interacción entre el galato de epigalocatequina y la p53 preserva la proteína de la degradación.

“Normalmente, después de producirse dentro del cuerpo, la p53 se degrada rápidamente cuando el dominio N-terminal interactúa con una proteína llamada MDM2.

Este ciclo regular de producción y degradación mantiene los niveles de la p53 en una constante baja, argumentan los investigadores.

Mieloma múltiple

Por otro lado, investigadores de la Universidad de Uppsala, en Suecia, muestran en un nuevo estudio que la inhibición de la proteína EZH2 puede reducir el crecimiento de células cancerosas en el mieloma múltiple, según publican en la revista Cell Death & Disease.

La reducción se debe a cambios en el metabolismo de las células cancerosas. Estos cambios pueden usarse como marcadores para discriminar si un paciente respondería al tratamiento por inhibición de EZH2.

El mieloma múltiple es un tipo de cáncer de la sangre en el que las células inmunitarias crecen de forma descontrolada en la médula ósea.

Es muy difícil de tratar y todavía se considera incurable, por lo que es urgente identificar nuevas dianas terapéuticas en las células cancerosas.

Trabajadores de la salud en Lima reciben la vacuna provista por el laboratorio chino Sinopharm, cuyo primer embarque de 300 mil dosis llegó el domingo pasado.Foto Afp

Algo que ha contribuido en el pésimo manejo desinformativo de las vacunas anglosajonas es que desde julio de 2020 la británica AstraZeneca está exenta de daños y perjuicios y/o reclamaciones de responsabilidad ( liability claims) con su polémica vacuna contra el Covid-19 en la mayor (sic) parte de los países en los que había concretado acuerdos de suministro (https://reut.rs/3rCLbVs).

Ignoro si en México se plegaron a tan inusitada obligatoriedad que no existe para otro tipo de medicamentos. Para quienes duden de la ideologización y geopolitización de las guerras de las vacunas (https://bit.ly/36XksLp): Ruud Dobber, ejecutivo de AstraZeneca, había comentado que no podemos simplemente correr el riesgo de que en cuatro años (sic) la vacuna muestre efectos colaterales.

Astra exige hasta indemnizaciones (¡mega-sic!), ya que para la mayoría de los países es aceptable cargar el riesgo en sus hombros porque es de su interés nacional. ¡Uf!

EU tiene ya una ley que excluye los reclamos de daños de productos que ayudan a controlar las crisis de salud pública de su Enmienda PREP (Public Readiness and Emergency Preparedness) de 2005, desde cuando el polémico doctor Richard Hatchett (RH), consejero salubre de Baby Bush y del secretario del Pentágono, Donald Rumsfeld, ideó el confinamiento obligatorio para la población civil (sic) sana (https://bit.ly/3p5ituw) en una guerra biológica.

La premonitoria Enmienda PREP de hace 16 años vence en 2024 y seguramente será renovada debido al inmenso poder del Big Pharma (https://bit.ly/2OescSu) que ostenta una fabulosa capitalización de mercado de un trillón de dólares (en anglosajón).

Hoy Hatchett destaca como jefe ejecutivo de la polémica CEPI (Coalition for Epidemic Preparedness Innovations; https://cepi.net/), asociación global (sic) lanzada en 2017 para desarrollar vacunas con el fin de frenar epidemias futuras.

La CEPI –con tres sedes geopolíticas en Oslo, Londres y Washington DC– calcula que el costo global anual (sic) de una pandemia es de 570 mil millones de dólares. De nueva cuenta, aparece con la CEPI el ubicuo y controvertido Bill Gates y su filantrópica fundación (https://bit.ly/3tLK4om).

La CEPI –agrupación público /privada /filantrópica (sic)– fue fundada en 2016 (tres años antes del brote del Covid-19) en Davos por los globalistas del Foro Económico Mundial, la caritativa fundación británica Wellcome Trust y la fundación de Bill Gates.

El 18 de octubre de 2019 se realizó el premonitorio Event 201, bajo el patrocinio de Gates, de la bélica Universidad Johns Hopkins y el Foro Económico Mundial globalista de Davos (https://bit.ly/3cYAk4a). Ya en julio pasado los funcionarios de la Unión Europea habían comentado que los daños y perjuicios y/o reclamos de responsabilidad eran puntos contenciosos para asegurar los acuerdos de suministro de las vacunas de Pfizer, Sanofi y Johnson&Johnson.

La empresa privada AstraZeneca goza del apoyo público del gobierno británico para su producción y desarrollo, además del apoyo inicial del gobierno de EU por mil 200 millones de dólares, pese a que aún no cuenta con la aprobación de la FDA de EU (https://bit.ly/3jCkj5c). ¡Vaya contradicción: EU la financia, pero la FDA no la aprueba aún!

El desempeño bursátil de AstraZeneca, con todo tipo de alicientes de los gobiernos anglosajones, ha sido más que mediocre (https://cnn.it/3a2OEXa), así como Pfizer (¡menos 3 por ciento!: https://cnn.it/3rD1wJM), frente al alza antigravitatoria de Moderna ¡con 741 por ciento! (https://cnn.it/2OoeNre)

Hace casi dos meses News18 fustigó que los estadunidenses no pueden entablar juicios a las vacunas de Pfizer y Moderna en caso de efectos colaterales: el gobierno de EU otorgó a esos laboratorios inmunidad (sic) de daños y perjuicios y/o reclamos de responsabilidad en caso de que algo (sic) sin intención maligna (sic) ocurra con sus vacunas del Covid.

De forma sarcástica, News18 pregunta quién es el culpable si alguien desarrolla una reacción alérgica a tales vacunas. Y contesta: Nadie, ya que en los tribunales de EU nadie será culpabilizado. ¡No, bueno!

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Miércoles, 10 Febrero 2021 05:21

Mutación del coronavirus: el nuevo enemigo

Ilustración: Mekakushi/ Fotos: Getty Images y GTRES

El coronavirus se está convirtiendo en todo un portento de la infección. Con las nuevas mutaciones se va perfeccionando y logra colarse con más facilidad en nuestro organismo. Y, por tanto, se vuelve más letal. ¿Estamos viendo la antesala del coronavirus del futuro? Hablamos con expertos de todo el mundo para buscar respuestas.

Tres nuevos mutantes se han lanzado al unísono a la conquista del mundo. Tienen dos cosas en común: comparten una misma mutación muy concreta, la N501Y, y las tres tienen la habilidad para propagarse de forma más efectiva que las versiones anteriores del virus –hasta un 56 por ciento más–, lo que les permite contagiar a muchas más personas y a más velocidad. Además, existe el temor de que debiliten el efecto de algunas de las vacunas. Y de que las personas que ya han pasado la COVID-19 puedan volver a contagiarse.

De momento, los casos identificados ya evidencian que algunas de estas mutaciones han llegado a España. El Ministerio de Sanidad, de hecho, admite que «el riesgo de nuevas introducciones y su diseminación se considera muy alto». Y esto implica que el virus podría cobrarse muchas más vidas. Veamos por qué.

Las mutaciones en sí no son nada extraño. Todos los virus mutan. Si resultan dañinas para el virus, acaban con él. Si le son útiles, se sigue multiplicando hasta consolidarse en una población. Y si lo ayudan a contagiar a muchas más personas de una forma mucho más fácil, el virus se propaga más allá de toda medida. Y eso es justo lo que ha pasado.

En Europa preocupa sobre todo la variante descubierta en Gran Bretaña, la B.1.1.7, tanto por su cercanía como por el elevado número de conexiones entre las islas y el continente. Pero ni la variante B.1.351, identificada en Sudáfrica, ni otra más, perteneciente al linaje B.1.1.248 y descubierta en Brasil y Japón, son menos inofensivas que su prima británica. Al contrario. Estas dos últimas portan una mutación más en su genoma, la E484K, que podría resultar endiabladamente peligrosa: se cree que puede debilitar el sistema inmunitario y, posiblemente, también el efecto de algunas vacunas. Los fabricantes de las vacunas hoy disponibles confían en que sus inmunizantes sigan siendo eficaces, aunque admiten que alguna podría precisar de una actualización.

El virus ha mejorado el acceso a nuestras células

La mutación N501Y que comparten estas tres nuevas variantes es clave y se sitúa en las espículas de la corona, esa especie de pinchos externos, que son un lugar estratégico del patógeno. Con las espículas es con lo que el Sars-CoV-2 se fija a la célula huésped y se introduce en ella. El cambio en su código genético le ha facilitado al virus ese anclaje, según barajan los científicos.

Es cierto que, una vez que han infectado al huésped, estas nuevas variantes no provocan cuadros más graves, pero el hecho de que puedan contagiar a más personas significa que al final pueda morir más gente. El matemático Adam Kucharski, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, ha calculado la cruel lógica del crecimiento exponencial: «Si un virus solo mata al 1 por ciento de los infectados, pero infecta a un número enorme de personas, llevará a un número mayor de muertes que otro que mate al 2 por ciento de los infectados, pero que infecte a pocas personas».

Y el médico Eric Topol, del Instituto Scripps, con sede en California, escribió recientemente en Twitter: «Si nos queremos tomar el B.1.1.7 (la mutación británica) en serio, deberíamos vacunar las 24 horas del día como si fuese una emergencia. Porque lo es».

Allí donde los mutantes llegan, en poco tiempo desplazan a sus parientes menos transmisibles. No hay más que ver la velocidad a la que se han propagado en Gran Bretaña, Sudáfrica o Brasil. «El año pasado veíamos que siempre había una docena de variantes distintas del Sars-CoV-2 circulando al mismo tiempo –cuenta Tulio de Oliveira, genetista al frente de uno de los mayores laboratorios de secuenciación de Sudáfrica en la Universidad de KwaZulu-Natal–. Pero ahora observamos que el 90 por ciento son solo de la nueva variante».

La pregunta clave es: ¿todavía podemos detener a los mutantes? Y, de ser así, ¿de qué manera?

En todos los lugares donde se secuencia el genoma del virus, los investigadores ya se topan con la presencia de la variante británica. Al mismo tiempo, la B.1.351 sudafricana ya se ha propagado por la vecina Botsuana y hasta se ha identificado en Gran Bretaña, como si fuese el comienzo de una pelea por la hegemonía de la isla entre ambos mutantes.

Por su parte, una versión brasileña del virus apareció en Japón a comienzos de enero. Y no dejan de acumularse evidencias que señalan su enorme peligro: esta variante y la sudafricana pueden reinfectar a quienes ya pasaron la COVID-19.

De ser así, esto significaría que no hay inmunidad, o solo una inmunidad parcial, contra estos mutantes. Las investigaciones tienen que decir la última palabra. De momento, nadie sabe exactamente qué implicaciones tendría esa hipótesis.

Sí hay una idea que va tomando forma: que la combinación entre esa mutación compartida por las distintas variantes y ciertas alteraciones en el genoma del virus ha producido verdaderos artistas de la infección. ¿Lo que estamos viendo es el coronavirus del futuro? ¿Todas las variantes mutarán hacia una transmisibilidad más rápida, a una perfección letal?

«Es posible que en estos momentos el virus esté buscando su configuración ideal, sí», dice Cillian de Gascun, director del Laboratorio Nacional del University College de Dublín. El hecho de que la misma mutación haya aparecido en las distintas variantes, de forma independiente entre sí, apunta a que «es una configuración que al virus le gusta –dice De Gascun–. Y no hay razón para creer que no se volverá más eficiente con el tiempo».

En los grandes laboratorios de alta seguridad de Sudáfrica, y en los de los fabricantes de vacunas, se trabaja bajo gran presión para dilucidar si está justificado el mayor de los temores: que las vacunas puedan ser menos eficaces contra las mutaciones. A grandes rasgos, en estas pruebas se expone el virus al suero de personas vacunadas. Si sobrevive, la humanidad tiene un grave problema.

El epidemiólogo Adam Kucharski aconseja tratar el asunto «como a una amenaza nueva y no pensar: ‘Bueno, ya tenemos un montón de casos de COVID, ahora nos vienen unos cuantos más, eso es todo’». Es posible, añade, que los conocimientos adquiridos hasta la fecha y los métodos con los que hemos combatido la epidemia ya no sirvan.

Pero ¿cómo es posible que hayan surgido casi de forma simultánea variantes tan malignas del virus?

Veamos qué ha pasado. En el año transcurrido desde el descubrimiento del virus ha tenido lugar una verdadera carrera entre el Sars-CoV-2 y el sistema inmunitario humano: el virus, que en un primer momento es un perfecto desconocido para las defensas del cuerpo, infecta a las células; el sistema inmune reacciona, aprende a reconocer al enemigo y desarrolla unos anticuerpos que hacen al virus inofensivo. Si el Sars-CoV-2 vuelve a atacar a esa misma persona, el virus no tiene ninguna posibilidad y es neutralizado.

Sin embargo, una alteración aleatoria en el código genético del intruso ha resultado serle de gran ayuda. Con esa carambola, el virus logra pasar inadvertido al sistema inmunitario. Es decir, el organismo se ve obligado a empezar a construir sus defensas de nuevo. Parece que lo que ha transformado realmente al virus y lo ha hecho más fácilmente transmisible es una combinación de otras mutaciones, sumada a la N501Y.

Sudáfrica, Brasil… las casualidades no existen

Lo que muchos virólogos no consideran fruto de la casualidad es que esas mutaciones se hayan originado en zonas del mundo donde la primera ola avanzó de forma casi imparable: en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y en Manaos, Brasil, regiones con precarios sistemas sanitarios y mucha pobreza. «Donde había un elevado número de personas infectadas, el virus ya no llegaba a tanta gente como antes –explica Emma Hodcroft, epidemióloga del Instituto de Medicina Social y Preventiva de la Universidad de Berna, en Suiza–. En esa situación tiene mucho que ganar con una mutación que le permite infectar otra vez a las mismas personas».

En Alemania, por ejemplo, donde la primera ola golpeó con relativa suavidad, sería más improbable que el Sars-CoV-2 mutase de esa manera. Pero en otros rincones del planeta la evolución del virus ha tenido lugar a cámara rápida. Por eso, el profesor de genética Tulio de Oliveira cree posible que se hayan desarrollado mutantes similares en otros lugares: «No me sorprendería que esta clase de variantes aparecieran en países que han tenido la pandemia fuera de control por mucho tiempo, como España, Italia, Estados Unidos o Rusia».

También puede surgir un mutante adaptado a su huésped en el caso de que un patógeno pueda vivir y multiplicarse durante mucho tiempo en el cuerpo de una persona cuyo sistema inmune se encuentra debilitado, como ocurre con los pacientes sometidos a quimioterapia o radioterapia. «En esos casos, el virus tiene mucho margen para descubrir cómo convivir con el sistema inmunitario –explica Hodcroft–. Se acaba aprendiendo todos los trucos».

Por lo tanto, los mutantes que sobreviven y se multiplican son aquellos especialmente hábiles a la hora de burlar al sistema inmune. Pero si alguien le hubiera preguntado a esta epidemióloga hace un par de meses por la probabilidad de que pudieran surgir de esta manera mutaciones peligrosas del Sars-CoV-2 habría respondido: «Esa no es una de nuestras principales preocupaciones en estos momentos». Ahora piensa diferente: «Si permitimos cifras de casos tan elevadas, aumentamos la probabilidad de que se produzcan esos escenarios tan especiales».

Burlando al sistema inmune

Tulio de Oliveira descubrió la mutación sudafricana gracias a los sanitarios de un hospital sudafricano. «Se dieron cuenta de que la segunda ola estaba siendo mucho más rápida que la primera y les pareció raro», cuenta el genetista. Le enviaron once muestras y él y su equipo las secuenciaron. Los resultados estuvieron listos el 1 de diciembre.

«En todas encontramos el mismo virus, algo ya de por sí extraño», cuenta el investigador. Pero lo más destacable fue que ese virus se diferenciaba mucho de otras variantes conocidas: hallaron 23 mutaciones, entre ellas, la N501Y y la E484K, capaces de burlar al sistema inmune. De Oliveira informó a su jefe y a la Organización Mundial de la Salud.

El genetista le preguntó a su colega Susan Engelbrecht, directora de un laboratorio en Stellenbosch, en el Cabo Occidental, si podría analizar sus muestras en busca del mutante. De Oliveira se apostó una botella de vino con ella a que lo encontraría en más de la mitad. «Imposible –dijo Susan–. Entre Stellenbosch y el foco del hospital hay 700 kilómetros». «Esa noche –cuenta De Oliveira– me mandó un mensaje: ‘Has ganado’».

También le pidió a Andrew Rambaut, colega en Edimburgo, que mirara esos resultados tan extraños. Un par de días más tarde recibió un mensaje de Rambaut para informar de un hallazgo igual de inquietante en Gran Bretaña: la misma mutación, N501Y, aunque en otro linaje del virus.

El ejemplo británico permite apreciar lo que puede hacer una variante más transmisible del virus, en este caso la B.1.1.7, y demuestra de forma muy clara que un confinamiento a medias no sirve contra ella: en noviembre, cuando ya había limitaciones pero las escuelas seguían abiertas y mucha gente iba al trabajo como si nada, el mutante siguió propagándose a toda velocidad. Solo ahora, con un confinamiento estricto, el número de casos apunta a un descenso, aunque más lento que con las variantes anteriores.

«Sé que la gente está agotada –dice Jeffrey Barrett, del Instituto Wellcome Sanger de Cambridge, donde secuencian el genoma de miles de muestras del virus–. Pero debemos adoptar y mantener las restricciones más severas posibles para reducir los contagios».

Para comprobar lo que ocurre si se relajan las medidas contra la nueva variante, lo mejor es fijarse en el ejemplo de Irlanda, donde los contagios aumentaron a velocidad de vértigo tras las Navidades. Las secuenciaciones muestran que la proporción de B.1.1.7 entre las muestras positivas ha pasado de menos del 10 por ciento en Navidad al 45 por ciento a mediados de enero.

Desde Dublin, Patrick Mallon –profesor de Microbiología en el University College e infectólogo en el St. Vincent’s University Hospital– piensa que fue un error dejar que el número de casos se mantuviera en niveles bajos en vez de intentar reducirlos a cero. «Lo que pasa en Irlanda –advierte– evidencia lo vulnerables que son los países que intentan convivir con el coronavirus, y los riesgos de mantener esa estrategia con las nuevas variantes».

Un posible modelo para el abordaje de la nueva amenaza mutante puede ser Dinamarca. El país se vio afectado hace meses por una variante del virus surgida en visones que podía infectar a seres humanos y a mediados de diciembre se identificaron los primeros casos provocados por la B.1.1.7. Pero el Gobierno reaccionó de forma rápida y decidida.

El país se encuentra sometido a confinamiento desde el 11 de diciembre. El número de casos está bajando. El índice de reproducción, que refleja a cuántas personas infecta de media cada contagiado, está en el 0,9, cifra que no tranquiliza a expertos como Tyra Grove Krause, del Statens Serum Institute de Copenhague. «Necesitamos bajar del 0,7 para evitar un crecimiento exponencial en febrero y marzo, cuando la nueva variante empiece a imponerse en el país», dice Krause.

No es fácil explicarle a la población por qué es tan importante seguir manteniendo el confinamiento en estos momentos, con el número de casos en descenso, reconoce Krause. «Pero no hay otro remedio, la amenaza está a la vuelta de la esquina».

© DER SPIEGEL / M. BARTSCH, F. BOHR, R. VON BREDOW, H. GUDE, V. HACKENBROCH, M. KNOBBE, K. KULLMANN, C. SCHMERGAL, T. SCHULZ, G. TRAUFETTER Y S. WINTER
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Sudáfrica suspende el uso de la vacuna de AstraZeneca por no ser eficaz contra la variante de su país

Un estudio detalla que la vacuna contra el coronavirus de AstraZeneca es menos efectiva contra la variante sudafricana del virus y no protege contra síntomas leves o moderados. España ya ha recibido las primeras dosis de esa vacuna.


El Gobierno de Sudáfrica ha pausado la administración de las dosis de la vacuna contra el coronavirus de AstraZeneca tras el reciente estudio que demuestra que tiene una protección reducida frente a la nueva cepa de la enfermedad surgida en el país.

Así lo ha comunicado este domingo el ministro de Salud sudafricano, Zweli Mkhize, que ha especificado que se trata de una suspensión temporal hasta que un comité de científicos decida la estrategia a seguir respecto a este inmunizador, según Independent Online. El Gobierno de Sudáfrica tenía prevista la llegada de un millón de dosis de la vacuna de AstraZeneca, producida por el Serum Institute de India, este lunes, tras lo que pensaba empezar a vacunar a los trabajadores sanitarios.

Un estudio al que ha accedido en exclusiva Finantial Times asegura que la vacuna contra el coronavirus de AstraZeneca es menos efectiva contra la variante sudafricana del virus y no protege contra síntomas leves o moderados.

No obstante, el responsable de Salud ha incidido en que el programa de inmunización continuará a partir de la próxima semana, "durante las próximas cuatro semanas, esperamos que haya vacunas Johnson & Johnson, además habrá vacunas Pfizer", que serán las vacunas que se administrarán al personal sanitario.

En este sentido, las autoridades planean acelerar el despliegue de la vacuna de Johnson & Johnson, ya que ha mostrado una eficacia contra la nueva variante que prevalece en más del 90 por ciento de los nuevos contagios en el país, ha destacado la presidenta del Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica, Glenda Gray, tal y como recoge Bloomberg. Hasta el momento, Sudáfrica ha registrado 1.476.135 de contagios de coronavirus, así como 46.290 víctimas mortales desde que estalló la pandemia, según recoge la Universidad Johns Hopkins.

España ya ha recibido dosis de AstraZeneca

España recibió las primeras 196.800 dosis de la vacuna de AstraZeneca y la Universidad de Oxford el pasado sábado, según informó la propia ministra de Sanidad, Carolina Darias. Las dosis de esta vacuna solo se suministrarán a personas de entre 18 y 55 años por la falta de evidencias sobre su efectividad en personas mayores de 65 años, como recomendaron las autoridades sanitarias de Francia, Alemania o Bélgica.

Sin embargo, la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés) recomendó autorizar la vacuna de esta farmacéutica para personas adultas, también en el caso de los mayores de 65 años. Pero el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, ya avanzó que España no seguirá esta recomendación, siguiendo los pasos de los países europeos. 

madrid

08/02/2021 08:54 Actualizado: 08/02/2021 09:13

Por Europa Press

Publicado enInternacional
Domingo, 07 Febrero 2021 05:51

Asaltantes con patente

Afp, Justin Tallis

Recorrida por las trampas del big pharma

Astrazeneca y Johnson & Johnson, que anunciaron la venta «al costo» de sus vacunas para la covid-19, no sólo mantienen sus precios en la oscuridad, sino que encabezan la lista de empresas que abusan de la normativa en materia de patentes.

 

Hace un año, Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, se quejaba de que ninguna gran compañía farmacéutica se hubiera comprometido aún a intensificar la búsqueda de una vacuna contra el SARS-CoV-2. En 2019 sólo cuatro compañías estaban haciendo vacunas para el mercado estadounidense, cuando en la década del 70 eran 20 (Kaiser Health News, 25-VIII-20). Según estimaciones de Morgan Stanley y Credit Suisse (Financial Times, 4-IV-20), el mercado de vacunas de covid-19 podría crecer a 10.000 millones de dólares por año (en el supuesto de que la vacunación deba repetirse anualmente). Pero, antes de la millonaria inyección de recursos públicos para estimular la investigación y de la cobertura de riesgos garantizada por las compras públicas anticipadas del producto, las compañías mostraban un escaso interés en las vacunas, que suelen requerir más tiempo –excluyendo la excepción de la pandemia– para ser aprobadas y se administran en muchos casos una sola vez en la vida o una vez al año. En cambio, otros rubros, como la producción de medicamentos y tecnología médica, les proporcionaban mayores ganancias.

EL PRECIO DE LO PRIVADO

Esta semana, Newsweek y el boletín digital The Daily Poster informaron que en diciembre Pfizer y Johnson & Johnson habían presentado dos solicitudes («casi idénticas, preparadas por el mismo abogado») a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos para que esta las eximiera de presentar, ante sus respectivos accionistas, información sobre el modo en que fueron fijados los precios de sus vacunas. El pedido de Pfizer y Johnson & Johnson era en respuesta a una resolución presentada por miembros del Centro Interreligioso sobre Responsabilidad Corporativa (ICCR, por sus siglas en inglés), una organización que incluye grupos religiosos, sindicatos, fondos de inversión y ONG que participan como accionistas en cientos de compañías, «en un esfuerzo por fomentar la responsabilidad empresarial». Las farmacéuticas adujeron que sus accionistas demuestran que quieren «microgestionar» las empresas al solicitar «un informe intrincadamente detallado». Pero, según retrucan desde el ICCR, la idea no es conocer algoritmos complejos de formación de precios, sino tener una respuesta a estas preguntas: al fijar los valores de venta de las vacunas, «¿han tenido en cuenta las empresas la financiación estatal recibida?, ¿y cómo la tuvieron en cuenta?».

La ONG Oxfam, que firma la resolución dirigida a Johnson & Johnson, afirmó que la farmacéutica no ha aclarado qué significa su anunciada distribución «sin fines de lucro» de la vacuna, cuando es el Estado el que ha financiado buena parte de su investigación. Sin transparencia en su proceso de establecimiento de precios, la ausencia de lucro es incomprobable también en el caso de Astrazeneca, que ya ha vendido su vacuna a Sudáfrica al doble del precio que a la Unión Europea (véase «Leoninas», Brecha, 29-I-21). Pergeñada por la Fundación Bill y Melinda Gates, la asociación entre Astrazeneca y la Universidad de Oxford cambió radicalmente el modelo de distribución que había anunciado previamente esa casa de estudios –financiada en buena medida por el Estado inglés–, que fue la que aportó el grueso de la investigación detrás de esa vacuna. Tras la intervención de la farmacéutica anglo-sueca, la vacuna de Oxford pasó de tener una licencia abierta, diseñada para estar disponible libremente para cualquier fabricante, a tener una licencia exclusiva controlada por Astrazeneca.

Además de la milmillonaria financiación pública directa recibida por las principales vacunas que hoy compiten en el mercado abierto por la covid-19 (Estados Unidos les ha otorgado unos 13.000 millones de dólares de fondos públicos a las empresas que desarrollan las vacunas, según cifras oficiales), ciertos aspectos fundamentales de al menos cinco de ellas dependen del conocimiento científico previo financiado mediante años de inversión pública. Las proteínas espiga que dan nombre al coronavirus, contra las cuales se desarrollan los anticuerpos de la mayoría de las vacunas, son muy inestables aisladas en su forma natural. De acuerdo a un reciente informe de la ONG Public Citizen, antes de la pandemia el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés) había desarrollado una técnica inédita para estabilizar las proteínas del coronavirus que provoca la enfermedad del MERS. El NIH patentó el procedimiento y, cuando este año se reveló útil también para el SARS-CoV-2, patentó también este uso. La mayoría de las principales vacunas de primera generación contra la covid-19 –incluidas las de Pfizer-Biontech, Johnson & Johnson, Novavax, Curevac y Moderna– utilizan esa técnica desarrollada públicamente, tras adquirirla a un precio confidencial (Public Citizen, 10-XI-20). En agosto del año pasado, en conversación con Kaiser Health News, el diputado demócrata por Texas Lloyd Dogget resumió lo que significan los millonarios acuerdos de compras de vacunas que ya por entonces el gobierno federal había comenzado a firmar con las farmacéuticas: «Se trata de dar a los contribuyentes el privilegio de comprar una vacuna por la que ya han pagado».

SIEMPREVIVAS

En setiembre de 2020 el Centro de Innovación de la Facultad de Derecho de la Universidad de California (UC) hizo pública una base de datos sobre patentes de fármacos basada en los registros del Orange Book, de la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés), agencia que regula la propiedad intelectual de la industria farmacéutica. Esta base de datos –«la primera en hacer un seguimiento exhaustivo de las protecciones de patentes presentadas por las empresas farmacéuticas», según la web de la UC– se nutre de las investigaciones de la profesora de derecho Robin Feldman (véase entrevista) sobre la estrategia de evergreening (o de perennidad)1 en torno a las patentes. Según explica la autora, las patentes de medicamentos están pensadas como protecciones de mercado garantizadas por el Estado por tiempo limitado –unos 20 años–, para incentivar a las compañías farmacéuticas a que innoven con medicamentos nuevos que mejoren la salud de la población. Una vez vencido ese período monopólico en el que las compañías farmacéuticas pueden obtener ganancias en exclusividad, los competidores deberían poder entrar al ruedo y reducir así los precios de los medicamentos a niveles competitivos. Pero las farmacéuticas han perfeccionado más de diez mecanismos (minuciosamente detallados en el estudio de Feldman) para posponer reiteradamente la caída de sus patentes y poner barreras a la competencia, con la complicidad, por acción u omisión, de la FDA.

Uno de los métodos usados consiste en agregarle patentes «secundarias» a un medicamento antes de que caduque la patente original. Como cada droga puede tener asociadas varias patentes de distinto tipo, las compañías registran sucesivamente, sobre la propiedad intelectual del componente químico original, nuevas patentes de elementos auxiliares, como la formulación de la droga y el método de uso. Estas patentes se registran luego de la original; por tanto, sus 20 años de gracia empiezan a correr más tarde y caducan también más tarde. Muchos de esos nuevos elementos patentados son modificaciones insignificantes, pero, cuando un productor de genéricos quiere comenzar a producir un medicamento cuya patente ha sido extendida de esta manera, debe demostrar la invalidez de cada patente asociada, a través de un litigio largo y caro, que de por sí desestimula estos intentos. Estos procedimientos están regulados en Estados Unidos por un complejo sistema creado en 1984, llamado Hatch-Waxman. Entre otras cosas, este sistema estipula que el primer genérico que impugne con éxito una patente o su aplicación será el único permitido en el mercado por seis meses, durante los cuales queda establecido un duopolio entre la compañía que patentó el medicamento y la que producirá su primer genérico. La disposición ha devenido en permanentes arreglos, conocidos como pay-for-delay, en los que las primeras desarrolladoras pagan a las productoras de genéricos interesadas en sus fármacos para que retrasen sus solicitudes.

Otra trampa descrita por Feldman fuerza la disposición que protege a los «medicamentos huérfanos», diseñados y aprobados para tratar enfermedades que afecten a poblaciones de 200 mil personas o menos. Como estímulo a la inversión en campos desatendidos de investigación, asociados fundamentalmente a enfermedades raras, desde 1983 se concede a estos medicamentos una exclusividad por siete años. Al día de hoy, sin embargo, más del 40 por ciento de los medicamentos aprobados por la FDA son declarados huérfanos. Durante estos períodos de exclusividad las empresas han incrementado los precios hasta provocar un escándalo nacional. Una vez que lo hacen, entra en juego otro truco, conocido como spillover pricing, que consiste en estimular a los médicos a prescribir el medicamento para usos distintos a los aprobados por la agencia, extendiendo el número de personas que pagan los inflados precios muy por encima del blanco inicial de 200 mil.

Como resultado de estos y otros procedimientos, Robin identifica «un sorprendente alejamiento de la conceptualización clásica de la protección de la propiedad intelectual en los productos farmacéuticos». «En lugar de crear nuevas medicinas, las farmacéuticas están reciclando y reutilizando las viejas. […] El 78 por ciento de las drogas asociadas a nuevas patentes en los registros de la FDA no son nuevos medicamentos que llegan al mercado, sino medicamentos ya existentes», concluye el estudio para el período 2005-2015. El fenómeno es especialmente fuerte entre los medicamentos más vendidos. Entre los primeros 100, el 70 por ciento ha sido extendido al menos una vez y más de la mitad se ha extendido más de una vez. Entre los que han recibido extensiones se encuentran la insulina y medicamentos que tratan el VIH y la adicción a los opiáceos. La práctica, considerada endémica y creciente en la industria, supera, en el caso de algunas compañías, las 20 extensiones. Quienes encabezan –junto con Gilead, productora del medicamento contra la covid-19 Remdesivir– el ranking de las empresas que más practican el evergreening son Astrazeneca y Johnson & Johnson.

  1. Robin Feldman, «May your drug price be evergreen», Journal of Law and the Biosciences, volumen 5, número 3 (XII-18). Páginas 590-647.

Con Robin Feldman1

—En el rubro de las vacunas, ¿se producen las mismas prácticas anticompetitivas que en el de los medicamentos?

—Las vacunas contra la covid-19 son poco menos que milagrosas. Sin embargo, siempre está el riesgo de que el Estado gaste el dinero pero desperdicie la oportunidad. Tenemos que asegurarnos de que las empresas farmacéuticas no se aprovechen de la crisis. Y hay algunas señales de alarma. Consideremos los siguientes ejemplos.

A principios de marzo, cuando la pandemia ya hacía estragos en todo el mundo, la empresa Gilead solicitó el estatus de medicamento huérfano para su fármaco Remdesivir como tratamiento para la covid-19. Gilead podría, entonces, bloquear durante siete años la posibilidad de que cualquier otra persona fabrique el medicamento.

Este estatus está pensado para medicamentos que sirven a poblaciones de pacientes muy pequeñas y funciona como una minipatente. Pero la FDA [Administración de Medicamentos y Alimentos] respondió afirmativamente al pedido de Gilead apenas unas semanas después. Bajo una intensa presión pública, finalmente Gilead renunció a sus derechos.

Hace tres años, en octubre de 2017, la compañía Sanofi pagó 61,5 millones de dólares para resolver una demanda antimonopolio relacionada con sus vacunas. La demanda alegaba que, cuando un competidor planeaba entrar en el mercado para competir con la vacuna contra la meningitis pediátrica de Sanofi (Menactra), la firma cobraba precios hasta un 34,5 por ciento más altos en sus vacunas, que aún tenían protección de patente, a menos que los compradores aceptaran adquirir exclusivamente las vacunas de Sanofi.

Además, durante esta pandemia, hemos visto cómo las empresas se han dedicado a bloquear la posibilidad de que otras compañías más pequeñas también hicieran pruebas.

—En vistas de la escasa información que ha sorteado las cláusulas de confidencialidad de los actuales contratos de compras de vacunas, ¿cómo evalúa lo relacionado a la propiedad intelectual?

—La transparencia es esencial tanto para la confianza del público como para el funcionamiento eficiente del mercado. Los contratos que he visto, incluso en sus versiones censuradas, ceden a las empresas todo tipo de derechos de propiedad intelectual en formas que uno no esperaría normalmente. Lo más preocupante es que los contratos especifican que la empresa puede mantener como secreto comercial cualquier tecnología que desarrolle a través del acuerdo. Con los secretos comerciales, a diferencia de las patentes, la información nunca entra en el dominio público.

—¿Los modelos dominantes de propiedad intelectual en el mundo están amenazando la salud de la población?

—La pandemia de covid-19 ha ejercido presión sobre muchos sistemas nacionales e internacionales, desde la propiedad intelectual hasta la distribución de suministros y la salud mundial. Pero esta no es la última pandemia a la que se enfrentará el mundo. Deberíamos aprovechar esta oportunidad para replantearnos cómo pueden funcionar mejor nuestros sistemas a la hora de enfrentarnos a futuros retos mundiales.

1. Profesora de derecho de la Universidad de California, especialista en propiedad intelectual e industria farmacéutica.
Publicado enEconomía
Miércoles, 03 Febrero 2021 06:15

¿China va ganando la "guerra de las vacunas"?

¿China va ganando la "guerra de las vacunas"?

Estamos atravesando una guerra de las vacunas, en la cual las farmacéuticas occidentales atacan a sus pares china y rusa, y viceversa. Pero también hay una guerra por las vacunas, que en este momento se han convertido en un bien escaso por el cual disputan los países.

 

Luego de que varias personas fallecieran en Noruega tras recibir la vacuna de Pfizer, científicos y medios chinos dijeron que "la comunidad sanitaria china se pronunció en contra del uso de la vacuna de Pfizer en los adultos mayores".

Por su parte, The New York Timesasegura que la vacuna china, Sinovac, "no puede detener el virus tan bien como las desarrolladas por Pfizer y Moderna, las farmacéuticas estadounidenses", aunque acepta que es eficiente y segura.

La polémica está servida. Global Timesasegura, en base a datos del Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU, que hubo "casi 4.400 reacciones adversas después de que las personas recibieron la vacuna Pfizer-BioNTech COVID-19".

Más allá de datos que sólo estudios científicos podrán confirmar en el largo plazo, lo cierto es que las vacunas china Sinovac y la rusa Sputnik V están siendo desprestigiadas por los más variados motivos en Occidente, mientras las de Pfizer, Moderna y AstraZeneca son también fuertemente criticadas aunque por motivos diferentes.

La Fundación kENUP publicó cifras que revelan la escala de la inversión pública en Occidente en vacunas y medicamentos contra el COVID-19. En los últimos once meses los gobiernos gastaron más de 100.000 millones de dólares en vacunas y medicamentos contra el COVID-19.

El 95% de los fondos públicos se destinaron a vacunas y sólo el 5% en medicamentos. Por su procedencia, 32% de los fondos destinados a los productores de vacunas procedían de Estados Unidos, 24% de la Unión Europea y 13% de los gobiernos de Japón y Corea del Sur.

Como puede apreciarse, cuando hay mucho dinero en juego la industria farmacéutica se empeña en buscar soluciones rápidas. Sin embargo, los gobiernos financiaron con algunas condiciones: utilizaron Compromisos de Mercado Anticipados (CMA), para tener el derecho a adquirir un número determinado de dosis de vacunas en un período de tiempo determinado.

Un informe de France 24señala que mientras "los occidentales compraron el 90% de las dosis de las dos vacunas estadounidenses", lo que "dejará huellas y rencor entre los países del Sur", China hizo lo contrario y definió sus vacunas como un "bien público mundial".

El medio destaca que en estos momentos se respira "un aroma de guerra fría" y que "la geopolítica de la vacuna vuelve a trazar las líneas de fractura que se creían pertenecientes al pasado". Este medio europeo cree que China está ganando la guerra de las vacunas por las mismas razones que encumbraron al Dragón al sitial adquirido.

"China tiene ventajas extremadamente importantes teniendo varias vacunas, capacidades de producción considerables, vacunas que a veces son más fáciles de utilizar y, sobre todo, una prioridad muy clara: distribuirla con bastante rapidez a los países en desarrollo", explica a France 24 Antoine Bondaz, investigador de la Fundación para la Investigación Estratégica.

Al tener una incidencia muy baja de COVID-19 en su población, donde los contagios no superan los 100 al día, China tiene las manos libres para exportar la casi totalidad de su producción de vacunas.

El Dragón está llevando vacunas a países de África, Asia y América Latina, pero también a países europeos como Hungría, Serbia y Turquía. Llama la atención el acuerdo con Brasil para fabricar vacunas, a través del gobierno del estado de Sao Paulo, ya que se trata del más cercano aliado de EEUU en la región.

Para el diario financiero españolEl Confidencial, China será "la ganadora de la guerra mundial de las vacunas". Del mismo modo que al comienzo de la pandemia encabezó la "diplomacia de las mascarillas", ahora puso en marcha una ofensiva geopolítica para "inundar el mundo con millones de dosis de vacunas".

Según este medio, las dos vacunas chinas "no son ni tan seguras ni tan eficaces como las equivalentes occidentales, pero son eficaces y más baratas. De momento son las más utilizadas en el mundo".

En medio de las polémicas sobre retrasos en el traslado de las vacunas, Global Timesinforma que la empresa china CanSino Biologics está lanzando "una nueva que garantiza una doble protección después de una sola inyección".

Según los datos proporcionados, la vacuna de CanSino utiliza un vector de adenovirus recombinante, una tecnología similar a las que usan la rusa Sputnik V, la farmacéutica británico-sueca AstraZeneca y Johnson & Johnson.

Sin embargo, lo más importante es que "la vacuna se puede almacenar y transportar a temperaturas que oscilan entre 2 y 8 grados, y la producción no necesita el laboratorio de nivel 3 de bioseguridad como lo requiere la fabricación de vacunas inactivadas, lo que según los expertos las hace más accesibles para los países en desarrollo con instalaciones limitadas".

El éxito de China no debe sorprender. Cuenta con la más pujante industria del mundo y con fuertes inversiones en investigación y desarrollo, con científicos y técnicos de primer nivel. Se trata de las mismas características que explican el ascenso de la potencia asiática que esta década se convertirá en el primer PIB del mundo.

Pero con eso sólo no le alcanzaría, ya que las tecnologías occidentales siguen siendo muy potentes, como lo demuestra la enorme capacidad de EEUU para liderar desde la innovación militar hasta la sanitaria.

China ha desarrollado aquellas vacunas que los países de ingresos bajos y medios del mundo están en condiciones de sufragar que, en los hechos, es donde vive la mayor parte de la población mundial. Pero a la vez, está consiguiendo ingresar en espacios como la Unión Europea, que hasta ahora eran coto exclusivo de las grandes empresas occidentales.

18:52 GMT 02.02.2021URL corto

Por Raúl Zibechi

Publicado enInternacional
¿Somos lo que comemos? El impacto de la dieta en el cerebro

El trepidante ritmo de vida de las ciudades nos está alejando de la cocina de nuestros ancestros, la dieta mediterránea. La falta de tiempo nos lleva a consumir comida rápida y productos precocinados con mayor frecuencia. Por tanto, nuestros hábitos alimenticios son cada vez menos saludables. Estos cambios nos afectan negativamente, facilitando el desarrollo de enfermedades metabólicas.

La obesidad y la diabetes son dos ejemplos muy claros de estas patologías. Su incidencia no para de crecer en las sociedades occidentales. De hecho, el número de casos a nivel mundial se ha triplicado en los últimos 30 años. Se estima que actualmente hay 711 millones de personas obesas y 422 millones de pacientes con diabetes.

Obesidad, diabetes y alzhéimer

La obesidad se define como un aumento excesivo de grasa corporal. Por su parte, la diabetes es una enfermedad asociada a altos niveles de azúcar en sangre. Cuando el páncreas no es capaz de producir insulina (la hormona que controla la cantidad de glucosa en sangre) se denomina diabetes de tipo 1.

La diabetes de tipo 2 suele aparecer en pacientes con sobrepeso u obesidad y está relacionada con el tipo de dieta. Aunque estas personas sí producen insulina, su cuerpo se ha vuelto resistente a ella y es incapaz de usarla correctamente. En cualquier caso, el exceso de azúcar y de grasas en nuestro cuerpo resulta perjudicial para la salud.

Ambas enfermedades son factores de riesgo de patologías cardiovasculares o neurodegenerativas. De hecho, hoy en día sabemos que la obesidad y la diabetes duplican la probabilidad de padecer alzhéimer.

Esta enfermedad se caracteriza por el acúmulo de proteínas en el cerebro, la muerte neuronal y una pérdida progresiva de memoria. Finalmente, la persona pierde su identidad y depende totalmente de sus cuidadores.

Ya en los años 90, estudios liderados por la Dra. De la Monte describieron que muchos cambios patológicos en el cerebro de pacientes con alzhéimer eran similares a los de personas obesas o diabéticas.

Estas patologías comparten la resistencia a la insulina, la intolerancia a la glucosa y daños celulares asociados a radicales libres. Por este motivo, el término diabetes tipo 3 también se emplea para definir este tipo de demencia.

El impacto de la microbiota en la salud

Otro factor que parece estar relacionado con estas enfermedades son los cambios en la microbiota. Es decir, en la comunidad de microbios que reside en nuestro organismo.

Y es que, en los últimos años, el concepto que nos define como seres vivos ha cambiado: se estima que los microorganismos que albergamos en nuestro cuerpo constituyen aproximadamente la mitad de nuestras células.

Pocas dudas quedan ya sobre la importancia de la flora intestinal para un envejecimiento saludable. Estos microbios producen muchas sustancias beneficiosas que llegan a nuestro cerebro a través de la sangre. Por ejemplo, neurotransmisores necesarios para la comunicación entre neuronas, como serotonina y dopamina.

La microbiota "buena" también libera vitaminas y ácidos grasos con funciones neuroprotectoras, como el butirato. De hecho, en la última década se está demostrando la importancia del eje intestino-microbiota-cerebro para el correcto funcionamiento de nuestro órgano pensante.

¿Qué relación existe entre la dieta y la microbiota?

Curiosamente, la microbiota de cada individuo es única, como una huella dactilar. En los adultos, esta comunidad es relativamente estable, aunque su composición y actividad pueden variar con la edad, la dieta o el nivel de ejercicio físico, entre otros factores.

Es importante destacar que tanto las enfermedades metabólicas como una alimentación rica en azúcares y grasas saturadas pueden modificar la composición de la flora intestinal en relativamente poco tiempo.

Esta alteración nociva de las especies que componen la microbiota se conoce como disbiosis. Además, cada vez son más los estudios que relacionan la disbiosis con el alzhéimer y otras enfermedades del sistema nervioso central.

Esquema de la conexión entre los malos hábitos alimentarios, las enfermedades metabólicas, la disbiosis y patologías neurodegenerativas. / Raquel Sánchez y David Baglietto. Mindthegraph.com, Author provided

Y no es un tema para tomarse a la ligera. El número de enfermos de alzhéimer rondará los 150 millones de personas para el año 2050. Mientras, la obesidad y la diabetes acaban con la vida de más de 4 millones de personas cada año en nuestro planeta. En España, la cifra se encuentra en torno a 10 000 personas cada año. Por tanto, se trata de un problema social de gran calado y supone un importante sobrecoste para nuestro sistema sanitario.

Para rizar el rizo, parece ser que los nuevos vecinos microbianos intentarían mantener un ambiente que les favorezca, aunque este sea perjudicial para el individuo. Por ejemplo, se ha demostrado que el transplante de flora intestinal procedente de personas obesas provoca obesidad en los animales receptores.

Si bien los estudios indican que algunos cambios concretos en la microbiota son perjudiciales, también sugieren que habría varias mezclas de microbios adecuadas al perfil de cada persona. Lo que sí parece evidente es la conexión entre los malos hábitos alimentarios, las enfermedades metabólicas y un envejecimiento cerebral acelerado.

En este sentido, la pandemia se puede volver un gran enemigo. Desde su inicio, los españoles hemos ganado de media casi seis kilos. En algunos casos, la ansiedad y el estrés por el confinamiento han contribuido a un aumento en el consumo de productos azucarados e hipercalóricos. La reducción de la movilidad, el teletrabajo y menos actividad física han sido otros de los ingredientes añadidos a este cóctel.

Por supuesto, no se trata de olvidarnos de nuestros platos preferidos, ni de convertir las comidas familiares en una sucesión de ensaladas. La solución más bien pasa por abandonar el sedentarismo, e incorporar en nuestra rutina diaria una dieta basada en alimentos frescos. Y si son ricos en fibra como frutas, verduras y legumbres, nuestra microbiota y nuestro cerebro nos lo agradecerán.

 

Por David Baglietto Vargas 

Investigador Distinguido Senior Beatriz Galindo. Investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED) y del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA), Universidad de Málaga

Raquel Sánchez Varo

Profesora Ayudante Doctor del Área de Histología de la Facultad de Medicina. Investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED) y del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA), Universidad de Málaga

01/02/2021

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

Publicado enCultura
Y no se contuvo, se llegó al peor escenario de la pandemia

Sin duda, uno de los deseos más pedidos por la gente en todo el mundo para el 2021 fue que la pandemia terminara, que el coronavirus fuera cosa del pasado, que no tuviéramos más que estar aislados y que pudiéramos retornar a la “normalidad” de nuestras vidas.

Pero esto de las pandemias, que ya la especie humana ha vivido en varios periodos de su historia, no son procesos que finalicen de un momento a otro y para desfortuna para el querer de millones no desaparecen porque un calendario de paso a otro, muy a pesar de la esperanzadora noticia de final de año del inicio de la vacunación contra el Sars-CoV-2.

Y para aumentar el desánimo, vemos que el inicio del 2021 en muchos lugares del mundo está mostrando la cara más ruda de la pandemia, como no se había sucedido en meses anteriores. Este es el caso de Colombia, en donde cursamos por el escenario más dramático que se quiso contener desde el ingreso del virus al país, pero que hoy nos revela que lo hecho y más aún, lo que pudo hacerse y no se hizo, permitió configurar el escenario más difícil del transcurrir de estos más de 10 meses de la pandemia en el país.

 

Las cifras hablan

 

Por efecto del virus, globalmente nos acercando a la cifra de 90 millones de personas contagiadas y 2 millones de muertes. En Colombia estamos acercándonos a los 2 millones de contagios y a 50 mil muertes.

Si estos efectos se comparan con las de otras epidemias recientes también por virus, sus efectos son muy preocupantes. El Ébola, que ha tenido brotes desde 1973, siendo el más intenso el ocurrido entre 2014 y 2016, y con origen en África Occidental, según la OMS ocasionó 28.652 casos, con 11.325 muertes (una mortalidad del 40%). Por su parte, el Sars que apareció en el 2002 en China, según la OMS contagió alrededor de 8.000 personas con una mortalidad del 10 por ciento. Por su parte el Mers, surgido en el 2012 en Arabia Saudita, según la misma organización afectó alrededor de 2.519 personas y dejó 850 muertes en 27 países, con una mortalidad del 34 por ciento.

La diferencia afortunada es que el nivel de letalidad del actual virus es mucho más baja que la producida por estos otros parientes, un 2 por ciento, pero el asunto es su impacto global, como nunca antes había sucedido, de ahí el número neto de muertes tan alta.

Ahora, al discriminar las cifras, se observa que el impacto es muy diferente entre países. Por ejemplo, en la región de las Américas según la OMS, los países más impactados son Estados Unidos con cerca de 400.000 muertes; Brasil, sobrepasando las 200.000, México con más de 130.000, Colombia aproximándose a las 50.000, Argentina, bordeando las 45.000 y Perú, con 40.000. Esto se contrasta con la muy baja mortalidad en Cuba (cerca de 150 muertes) y Uruguay (250), Costa Rica (un poco más de 2.000) y Venezuela (un poco por encima de 1.000).

Y se constata que la pandemia no es democrática como se planteó en sus inicios, por que hoy se sabe que quienes más se contagian y mueren son las personas de los sectores empobrecidos, subalternos, como es el caso de la población inmigrante y afroamericana en Estados Unidos, o como el caso de la población de los más bajos estratos socioeconómicos en Colombia.


Lo hecho y lo dejado de hacer en el país

 

Desde el comienzo mismo de la crisis, el propósito del gobierno nacional en cabeza del Ministerio de Salud, fue lograr rápidamente el “achatamiento”, el “aplanamiento” de la curva epidemiológica de los casos por covid-19, asunto que nunca se logró, y como tal no deberíamos hablar de picos, porque para que existan se necesitan declives ostensibles los cuales francamente no han ocurrido.

Ante esta realidad, la pregunta obligatoria es por qué no se logró un control, una disminución del número de casos de infecciones y si, por el contrario, lo presentado es un sostenido incremento del número de casos, llegando al mayor escenario de contagio por día en el mes de enero del año que comienza, con cifras diarias con más de 15.000 personas contagiadas, afectación que no se presentó en meses anteriores, y que ahora propicia la declaratoria de emergencia del sistema de salud por no tener la capacidad de atención a todo el conjunto de la población que lo requiere por situaciones tanto de la covid-19, como por otras patologías. Sin duda, la respuesta a esta pregunta implica diversos aspectos.

En relación a lo realizado por los gobiernos nacional y locales, en gran medida puede sintetizarse en la denominada estrategia Prass del Ministerio de Salud, referida a pruebas, rastreo y aislamiento selectivo sostenible.

En cuanto a las pruebas y el rastreo, debe decirse que se parte de un problema de base relacionado con el modelo de atención que tiene el sistema de salud colombiano que no es territorializado, es decir la afiliación al sistema se hace sobre la base de un aseguramiento al cual no le interesa dónde, ni cómo vive y trabaja la persona. A su vez, el servicio tiene como prioridad la atención a la enfermedad, correspondiéndole a la persona acudir a los servicios de salud (IPS-ESE) cuando se enferma; no hay presencia del sistema de salud en los territorios donde la población tiene su dinámica de vida y laboral.

Otro en particular, es el número de pruebas de detección del Sars-CoV-2 han sido francamente insuficientes, a lo que se suma el rol de las EPS con un compromiso con la implementación de pruebas, la entrega de pruebas y el rastreo que rayan en el desastre.

Hay que resaltar, además, que el aislamiento no es sostenible, de un lado por la situación de un sector amplio de la población que no tienen protecciones económicas y está obligado a salir de sus casas para el rebusque diario; sin desconocer que algunos sectores de la población, asumen un comportamiento de riesgo, desestiman el peligro, se exponen y exponen a otros, asunto que puede leerse como expresión del individualismo impuesto por el modelo de sociedad consumista en que vivimos.

En este sentido, a pesar del esfuerzo en algunos territorios del país por establecer una vigilancia en salud estrecha, realizar los denominados cercos epidemiológicos para identificar y aislar a las personas positivas y sus contactos, predomina una débil intervención, muy enfatizada en la atención a los casos más dramáticos en las unidades de cuidado intensivo (UCI).

Una débil acción territorial que reflejada, por ejemplo, en que los 10 meses que cumple la pandemia en el país fueron desaprovechados para implementar una real estrategia de pruebas, rastreos, cercos y aislamientos, la que demanda la necesaria constitución de equipos básicos de salud en cada uno de los territorios del país, tal como lo demuestran las exitosas experiencias de manejo de esta crisis en diversos países asiáticos y en Cuba, como experiencia particular en nuestra región; un éxito que refleja la importancia que estos gobiernos le dan a la vida y a la salud de sus poblaciones, contando para ello con sistemas de salud públicos de base territorial, sin subordinar la salud a la dinámica de la economía.

De igual manera, y a pesar de colocar el énfasis en lo hospitalario, el mejoramiento de la atención para los casos moderados y graves de covid-19 tampoco se ha dado, porque ni se dotaron las suficientes camas de UCI, ni tampoco se formó el personal especializado necesario que requieren estos servicios, ni se estableció stocks suficientes con los insumos, medicamentos y elementos de bioseguridad que demandas esta atención de alta complejidad.

Así mismo, con el paso de los meses, la muy precaria condición laboral de las y los trabajadores del sector salud no ha sido resuelta, solo se les dio una indemnización única para agradecerles su condición establecida como “héroes”, pero sin resolver lo estructural. Hoy el contexto es de gran agotamiento de este personal, con profundos impactos físicos y emocionales, que para nada han sido tenidos en cuenta, mucho menos atendidos; a lo que se suma la muerte de más de 150 de ellas y ellos por su exposición laboral al virus en los procesos de atención.

Esta confluencia de un sistema de salud que no impulsa procesos de promoción, prevención y atención territorializado, al igual que una limitada vigilancia en salud, sumado a unas condiciones laborales precarias, la falta de una protección social integral y universal para la población, en medio de una economía asentada en la informalidad, con sectores de la economía formal que impusieron la apertura para proteger sus intereses particulares y una falta de conciencia y cultura de cuidado por parte de sectores de la población que se exponen al virus y lo propagan, han llevado la pandemia a una situación en donde el sistema de salud colapsa y, por desafortuna, donde no existirán las condiciones adecuadas y suficientes para atender a toda la población que lo requerirá por el virus, en particular, así como por otras patologías y accidentes que no han parado con la pandemia.

 

Gráfica, casos nuevos de covid-19 en Colombia, marzo 2020 – enero 2021

https://es.wikipedia.org/wiki/Pandemia_de_COVID-19_en_Colombia

Hacia una resolución integral de la pandemia: la vacuna no es la panacea

 

Como otro hecho inédito, durante el 2020 se desarrollaron de forma acelerada procesos de biotecnología para la producción de vacunas contra el Sars-CoV-2, cuestionados por algunos sectores académicos y científicos al no cumplirse con suficiencia los pasos de investigación que demandan estas dinámicas de creación y aprobación para el uso de vacunas.

Sin duda, para el campo de la salud pública el descubrimiento y desarrollo de vacunas ha sido muy importante y ha contribuido a erradicar enfermedades infecciosas, letales como la viruela, por lo cual es un recurso muy potente, deseable de desarrollar y utilizar; pero esto desde luego no obvia una mirada critica sobre las formas biotecnológicas como se producen, los procesos que sigue la investigación para ver su eficacia y posibles efectos adversos, sobre las patentes que se establecen, sobre la posibilidad o no de acceso gratuito y universal, entre otros aspectos.

Hasta el momento se reconocen 9 procesos de elaboración de vacunas contra el Sars-CoV-2 como las más adelantadas, hechas en diversos países de Europa, Asia y en Estados Unidos, desarrolladas a partir de cuatro tipos de tecnologías**:

i) Virus inactivo o atenuado: implementada desde décadas atrás. Con ella el virus se inactiva con calor o compuestos químicos, con lo cual no tiene el potencial de daño al introducirse al cuerpo, pero sí la capacidad de generar la inmunidad específica contra él;
ii) Tecnología ARN (se utiliza por primera vez, constiuida por tanto en la inicial vacuna genética de la historia): para ella se crea en el laboratorio una pequeña secuencia genética del virus, que al ser introducido “enseña” a las células del cuerpo humano a producir proteínas similares a las del virus, a partir de lo cual el sistema inmunológico crea una respuesta frente al intruso;
iii) Vectores virales: tecnología también utilizada por primera vez. Consiste en un virus (no patógeno) modificado, que hace de vehículo para introducir material genético en el núcleo de una célula; en este caso se construyó a partir de un adenovirus, insertando en su interior algunos genes de Sars-CoV-2, para provocar la respuesta del sistema inmunológico; y
iv) Vacunas de subunidades de proteínas: aquí, en vez de utilizar todo el virus, se toma un pequeño fragmento del mismo, que al introducirse es capaz de activar una respuesta inmunitaria.

El desarrollo de estas vacunas ha corrido por cuenta de empresas farmacéuticas privadas multinacionales (caso de Pzifer, BioNtech, Moderna, AstraZeneca), y otras por institutos de investigación nacionales o de universidades (caso del Centro Gamaleya de Investigación en Epidemiología y Microbiología de Rusia y la Universidad de Oxford).

La mayoría de estas vacunas requieren de dos dosis y aún no se conoce con certeza por cuánto tiempo inmunizan, teniendo como referencia las vacunas contra la gripe que deben aplicarse anualmente. A su vez, ya se han reportado casos de reacciones adversas con su aplicación, reacciones principalmente de carácter alérgico, que no son en un gran porcentaje, pero que es urgente precisar.

En el marco de esta dinámica de producción de vacunas, el gobierno nacional menciona que ha realizado gestión para su compra, principalmente con Pzifer, lo que implica una enorme inversión económica por parte del país para la inmunización completa de su población, porque aunque se inicie por grupos prioritarios –como es la población adulta y las y los trabajadores de la salud–, para que se tengan resultados adecuados de contención del virus, más del 90 de la población debe estar vacunada.

Así las cosas, hay que decir que seguimos en un escenario de mucha incertidumbre, característico en este tiempo pandémico, desconociendo aspectos relevantes, como los que tienen que ver con la efectividad de la vacuna, sus efectos adversos, los costos y la capacidad de vacunar al conjunto de la población, más aún en un escenario donde es claro que este desarrollo tecnológico lucra a las multinacionales farmacéuticas, con la vacuna configurada como un bien de consumo particular y no como debería ser: un bien común de la humanidad.

Lo cierto, es que ni solo con contar con suficientes UCI, ni con contar con la vacuna para toda la población, va a ser suficiente para contener esta serie de pandemias emergidas en el curso del siglo XXI. Lo que esta real global epidemia está diciendo a la humanidad, es que debemos revisar a fondo la forma como nos relacionamos como especie humana con otras especies animales y con la naturaleza, y que de seguir produciendo y consumiendo como lo hacemos actualmente, con uso intensificado de los recursos naturales, las mutaciones de virus, bacterias y otros microorganismos seguirán presentándose, con lo cual nos veremos muy seguramente abocados a pandemias con mayores niveles de contagio y letalidad.

Una gran enseñanza que nos deja esta pandemia, es que el control de la transmisión de infecciones, en este caso de virus, no se logra solo con medidas de higiene individual, ni con cuarentenas que se tornan insostenibles en el corto plazo. Se requiere mejorar la calidad de vida de toda la población, en especial las condiciones de saneamiento básico y de alimentación; establecer protecciones sociales universales; desarrollar un sistema de salud público de base territorial, que genere potentes procesos de promoción y prevención, de atención primaria y de solida vigilancia en salud; configurar una cultura de cuidado, conteniendo las posiciones altamente individualistas desarrolladas por el actual tipo de sociedad. Desarrollar este conjunto de políticas y medidas implica mucho menos de lo que hoy van a invertir el total de gobiernos con el pago de las vacunas; y su implementación tiene resultados más ciertos y contundentes.

 

* M.D. Salubrista Público, Profesor Asociado de la Universidad Nacional de Colombia
** https://www.bbc.com/mundo/noticias-55027519

Publicado enColombia
Viernes, 29 Enero 2021 09:44

El fracaso de una estrategia

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El mundo ha comprobado que la estrategia de “echarle candado” a la gente no tuvo los resultados esperados mientras la pandemia sigue desbocada con graves consecuencias para los más vulnerables y para la sociedad en general.

Las medidas extremas de confinamiento vistas entre marzo y septiembre del año pasado no dieron resultado; lo estamos viendo al inicio del año con la llegada del segundo y tercer pico de la pandemia. Los clamores de los gobernantes que se salvaron muchas vidas es una afirmación disputable que busca justificar más las acciones que asumir las verdaderas responsabilidades políticas frente a la gestión de la pandemia. Ahora, al inicio del año, se persiste en repetir el error e ignorar las enseñanzas que dejó el 2020.

¿Qué sucedió? El Ministro de Salud, Fernando Ruiz, ficha política de Vargas Lleras en el gobierno Duque, ha revelado recientemente el trasfondo de la estrategia del gobierno durante la pandemia: “Yo, que había estudiado las cuarentenas en el Medioevo con una perspectiva tan distante que casi me parecían historias de ficción, terminé recomendando al Presidente el aislamiento preventivo más radical de la historia del país1”. La comparación no es fortuita. Durante la peste negra en Europa se llegó incluso a tapiar las viviendas con sus habitantes adentro, unos vivos y sanos, otros moribundos, y otros ya muertos, para intentar frenar el contagio de los demás habitantes. Las autoridades igualmente patrullaban las calles para asegurar que nadie saliera de sus viviendas.

 

Las epidemias: una presencia antigua

 

El aislamiento y el encierro han sido, desde antiguas épocas, la medida predilecta de los gobernantes para intentar contener las epidemias que sacuden de tanto a la humanidad. Tanto en La Ilíada, como en la Historia de Herodoto y en la Biblia se mencionan los estragos causados por las epidemias. En la novela La peste de Albert Camus, a la ciudad argelina de Orán llega una epidemia causada por la proliferación de ratas y la deficiente higiene pública. La medida principal aplicada allí es, como siempre se acostumbra, el confinamiento.

Encerrar a la gente es la medida más fácil de implantar (y la más autoritaria) pero por lo general, la menos efectiva. Las epidemias suelen ser rápidas, sagaces y hábiles para salir adelante a las medidas que el ser humano inventa para cortarles el paso. Por ello, la imposición aplicada en el 2020 por las autoridades nacionales y locales –al igual que por la mayoría de autoridades del mundo– no es ni sorpresiva ni excepcional. A pesar de todos los antecedentes que la humanidad tiene en el manejo de epidemias el ministro Ruiz admite que “ante un fenómeno tan desconocido, éramos conscientes de que navegábamos en un mar de incertidumbre”, una justificación que da al gobernante de turno licencia para experimentar diversas medidas y evaluar sobre la marcha los resultados.

 

Encerrar, guardar, prohibir

 

La estrategia consistió entonces, replicando el modelo usado por países donde la epidemia golpeó antes, en recurrir a lo más primitivo y radical: la prohibición a los ciudadanos (a veces presentada como “aislamiento preventivo obligatorio o también aislamiento voluntario”) de salir y circular por las calles. La expresión lockdown inglesa para el confinamiento es reveladora, quiere decir, literalmente, “echar candado”.

De lo anterior se deduce lo que siguió. Explica el ministro: “Con el aislamiento preventivo obligatorio que se comenzó en marzo buscamos eso que han llamado “aplanar la curva”, es decir, lentificar la propagación para ganar tiempo, porque suprimir el virus era una ilusión: tener población susceptible en altas proporciones es una bomba de tiempo. El reto era entonces que el ritmo de contagio fuera lento para que no se saturaran las capacidades de atención e iniciar, en un mercado supremamente competido, una carrera de compra de ventiladores y otros insumos vitales para ampliar el número de UCI”.

 

¿Cómo decidir qué hacer?

 

Hasta allí la estrategia. Aquí es pertinente analizar de dónde parten los gobernantes para aplicar medidas de autoridad que juzgan convenientes imponer. Esto requiere un doble enfoque. Un amplio y otro más restrictivo.

En primer lugar, es necesario entender de qué manera se ve a sí mismo el gobernante en la dinámica con sus gobernados. Esto determina igualmente la forma de plantear las preguntas ante los problemas que enfrenta. Pero antes de formular preguntas hay una postura política frente a la emergencia. Hemos visto en el curso de la crisis cómo cada gobernante interpreta y entiende su función. Existen desde los modelos más autoritarios, como el chino, en el que el gobernante se erige en poder absoluto, autárquico, donde la opinión del pueblo poco importa, las medidas son a rajatabla y cualquier violación a ellas es duramente castigada para ejemplarizar la obediencia total. Al otro extremo están los gobernantes más (neo)liberales del “laissez faire”, como los de Brasil y Estados Unidos donde los gobernantes desde el primer día dudaron de la existencia del virus, de su letalidad, de la amenaza que constituye y se negaron a imponer medidas protectoras, dejando en libertad a sus ciudadanos para actuar según su conciencia. En medio de los extremos aparece una gama de posturas, desde la de Amlo, en México, quien recomendó el uso de amuletos para enfrentar el mal hasta la de Duque de aprovechar la epidemia para apuntalar una campaña mediática de su imagen pública con apariciones diarias en la televisión como acostumbran los gobernantes más populistas.

Emerge entonces, por encima de muchas, la postura política del gobernante protector, paternalista, que se considera responsable de sus “pequeños” y los cuida firmemente y con mano dura como lo hace un padre de familia con sus chiquillos. En ese modelo encaja la alcaldesa de Bogotá. Un poco más hacia el extremo liberal, están los gobernantes, que se ven más como administradores de la cosa pública y se encargan de disponer recursos, asignar partidas y gestionar, de la manera más eficiente posible la situación de emergencia como a una gran empresa.

Por otra parte, y quizás solapado con el anterior, está el gobernante, tecnócrata y neoconservador, plegado a los intereses particulares de farmacéuticas y grandes empresarios y financieros que ponen todos los recursos del Estado para que estos hagan lo suyo en el río revuelto de la crisis.


El modelo de gobierno más escaso, paradójicamente, es el utilizado en naciones como Suecia, que se negó a todo tipo de confinamiento extremo u obligatorio. Un sistema basado en la responsabilidad individual acompañado de un gobierno atento a la emergencia y con un robusto sistema hospitalario.
Una vez el gobernante tiene clara su función, procede a formularse preguntas para determinar sus acciones.

 

¿Qué preguntas formular?

 

Determina el tipo de medidas tomadas, el lugar desde donde se para el gobernante para pensar –filosófica, política y sociológicamente–; de allí, por consiguiente se validará la efectividad de las medidas que tome. En un esquema de pensamiento crítico, antes de aventurar recomendaciones, se enfatiza que lo importante es formular preguntas correctas para encuadrar de manera acertada el problema. Dicho de otra manera, hay que meditar el problema, antes de apresurar soluciones sin caer en recomendaciones intuitivas o instintivas.

En el caso de la pandemia es evidente que la mayoría de los gobernantes formularon ab initio la pregunta obvia: ¿Cómo evitar o desacelerar la propagación del virus? En palabras del ministro Ruiz: ¿Cómo aplanar la curva? Expresado de una manera más elaborada, lo que se preguntó fue ¿cómo disminuir la velocidad de la ratia de contagio para evitar que las UCI y los recursos médicos y paramédicos que las atiendan, colapsen, y así evitar una gran mortandad? Las medidas vistas en todo el mundo evidencian que esa fue la pregunta usada como punto de partida.

Queda claro dónde fue puesto el énfasis: en la prevención. Es decir, el supuesto inicial fue, dada la letalidad del virus, que era imperativo frenar la ratia de contagio para asegurar cupos en las UCI y evitar que la gente muriera por falta de atención al llegar a una condición crítica de salud. Bajo ese supuesto los gobernantes empezaron a gestionar las medidas de confinamiento bien fuera relajándolas o apretándolas en virtud de la ratia de ocupación de la UCI: a mayor ocupación de las UCI más restrictivas se convirtieron.

 

Algo no funcionó; algo dejó de hacerse

 

Lo cierto es que casi un año después, la estrategia de aplanar la curva, y del confinamiento ha revelado su ineficiencia en Colombia, en Europa, y en muchos otros países. Haber puesto el énfasis en encerrar a la gente para prevenir la expansión del virus no dio resultados. Atribuir la segunda ola de la epidemia a que la gente se relajó durante la temporada navideña es un sofisma, pues se vio que en Europa la segunda ola llegó antes de la temporada de fin de año.

La estrategia generalizada –encerrar a la gente– que parece obvia, fue poco cuestionada. Al fin y al cabo provenía de los expertos epidemiólogos que asesoran a los gobernantes. A alguien hay que creerle en estos casos y fue la comunidad científica la que sentó el derrotero de la estrategia aplicada a pie juntillas por los gobernantes. En resumen, las medidas han sido prevalentemente de evitación. El énfasis no ha sido en aplicar medidas terapéuticas o de intervención médica ante los primeros síntomas. El hecho de que en últimas cada médico escoja entre distintas aproximaciones científicas para combatir el virus en sus pacientes demuestra lo poco que se ha avanzado en ese sentido.

Por otra parte, la paradoja que los medios se encargan de pasar por alto, es que la inmensa mayoría de contagiados salen adelante, unos más rápido que otros, unos con mayores secuelas que otros. Lo cierto es que cada vez hay más distancia entre las cifras de contagiados y fallecidos, la proporción de estos últimos relativa a la primera decae, no crece2.

En su afán por responder la pregunta de cómo desacelerar el contagio colectivo –ha quedado demostrado que fue una pregunta equivocada–, se omitieron otras perspectivas que hubieran llevado a medidas diferentes. Por ejemplo, entre las preguntas soslayadas o no enfatizadas: ¿qué es necesario hacer, ante la emergencia, para urgentemente multiplicar la capacidad de atención en las UCI?; ¿qué recursos hay que destinar prioritariamente para asegurar esa ampliación? Por otra parte, y ante la evidencia temprana de que no todo el mundo que contrajo el virus murió –como sucedió históricamente con otras epidemias como, por ejemplo, la peste negra–, sino que los fallecimientos eran un porcentaje relativamente pequeño de los contagiados, la pregunta que se ignoró fue ¿de qué manera se puede tratar, de manera rápida y oportuna, a las personas que acusan los primeros síntomas de la enfermedad, y así evitar que su condición evolucione y se deteriore hasta requerir ser recluida en una UCI?

Son muchas más las preguntas que no se hicieron y se siguen dejando de hacer. Otras: ¿cómo elevar los sistemas inmunológicos de la población para evitar que contraiga el virus o si lo contrae que pueda superarlo de la manera más rápida y efectiva posible? O la pregunta que ahora comienza a hacerse de manera más persistente ¿cómo generar una cultura ciudadana de autocuidado, de responsabilidad personal y social, para que el contagio se mantenga reducido a niveles que no lleven a situaciones de alerta roja como las que se vive hoy en el país, y en muchos lugares del mundo?

Es evidente que la repetición mecánica de mensajes como quédate en casa, usa tapabocas y lávate las manos, no alcanzan, por sí solas, a generar una cultura ciudadana. Pero, volviendo al punto anterior, es evidente que cada pregunta diferente a la primera opera como vector para ofrecer diversas medidas que apuntan el meollo del problema (el contagio de la población) pero no necesariamente conducen al confinamiento y a todas sus consecuencias.

Para justificar su estrategia el ministro Ruiz –no se trata de una postura personal sino generalizada entre los gobernantes– alega que: “Desde entonces hasta hoy, la ciencia y la medicina no han encontrado un tratamiento efectivo contra el covid-19. La ventilación mecánica, que no elimina el virus, pero sí mantiene la respiración mientras el sistema inmune se ocupa de combatir al intruso, es lo único que tenemos”. Lo anterior induce al error de tomar la parte por el todo. Apenas una fracción de los contagiados llega a cuidados intensivos y a requerir ventilación mecánica. Lo cierto es que muchos de los afectados son tratados de manera temprana y efectiva con una combinación de analgésicos, antiparasitarios –que para sorpresa de los médicos combaten bien el virus–, y antibióticos, sin descartar otro tipo de medicamentos naturales que elevan las defensas del cuerpo y fortalecen el sistema inmune.

Otras perspectivas

Desde otro ángulo, muchas personas logran evitar o mantener a raya el virus con medidas profilácticas basadas en un intenso y profundo trabajo personal energético consistente en la relajación, la meditación, el yoga y otras medidas de carácter alternativo. Lo anterior funciona, aducen, a partir de erradicar al miedo al contagio que es lo que más vulnera las defensas del ser humano. La coach y sanadora energética Patricia Afanador afirma: “Para ser menos vulnerable a cualquier embate del entorno, la persona debe fortalecer sus sistemas inmunes, tanto físico, emocional, mental, psíquico y espiritual; esos sistemas están reflejados en el campo electromagnético personal que sirve como escudo para repeler las enfermedades”.
La eficacia del miedo

Bajo la perspectiva prevalente de contención y prevención, lo visto en el 2020 –y lo que va del 2021– es un cúmulo de medidas represivas: una campaña mediática de diseminar el miedo al contagio, en hacer parecer a cualquier persona como sospechosa de ser agente de contagio, en crear la figura de dudosa validez científica de los “asintomáticos”, en erigir al tapabocas como el gran salvavidas, en estigmatizar a quien se niegue a usarlo o lo usa incorrectamente, y, principalmente en las medidas que ya son de referencia diaria: confinamiento, aislamiento, distanciamiento social, toques de queda. Todo esto conlleva al cierre de grandes, medianos y pequeños negocios, escuelas, universidades, hoteles, restaurantes, a la cancelación de viajes terrestres, marítimos y aéreos, al cierre de fronteras, a restricciones a la movilidad, al uso de la prueba PCR como medio para detectar el virus a pesar de los reparos que existen sobre su efectividad para aislar y medir el virus específico del Sars 2, covid 194.

 

La narrativa en torno a la vacuna

 

Finalmente, por otra parte, una narrativa de esperanza, tranquilidad y salvación, orquestada por gobiernos, medios y farmacéuticas, centrada en la expectativa de una vacuna aprobada apresuradamente por la mayoría de los Estados a pesar de los precarios estudios sobre su efectividad. Lo anterior envuelve la claudicación de los Estados ante las pretensiones de las farmacéuticas de vender su producto hasta cubrir casi que la totalidad de la población global: casi quince mil millones de dosis sobre el supuesto de requerirse al menos de un refuerzo para su supuesta efectividad. Los gobiernos a partir de diciembre aprobaron provisionalmente la vacuna y empezaron sus planes de vacunación masiva para la población de acuerdo con diversos criterios de prioridad. Lo importante, darle tranquilidad a la gente; así la efectividad sea cuestionable pues, tratándose de un virus, se sabe que por su capacidad de mutar rápidamente –como se ha visto con las nuevas cepas detectadas– es reflectivo a una vacuna.

 

Resultados a la vista

 

Los efectos de las medidas mencionadas son desastrosos: recesión, desempleo, incremento en la desigualdad, mayor endeudamiento de la clase media (medidas como el día sin IVA benefician a empresarios y endeudan más a ciudadanos); colapso del modelo urbanístico diseñado en torno a lugares de encuentro, de congregación, de ejercicio al aire libre, de escenarios colectivos para esparcimiento; el deterioro de las ciudades por locales y oficinas desocupadas; el trastorno ocasionado por la decisión de enviar a millones de personas a trabajar desde su casa; el confinar a los niños a sus casas para seguir una educación virtual con la deprivación de todo el componente de convivencia y alternancia social; una inflación desbocada en el rubro de alimentos que llega al 4.6 por ciento; la alteración profunda de los patrones de vida, convivencia, socialización, congregación familiar; la imposibilidad de asistir a templos, a sitios de encuentro, de celebración, de duelo, de acompañamiento; el aumento de enfermedades de carácter mental, sobre todo en niños y adolescentes; el incremento de la violencia intrafamiliar y, como resultado del acoso y presión continua sobre las libertades individuales y sociales, la explosión social, manifestaciones, protesta social y movimientos populares de ciudadanos que no aguantan más la represión continua con el fin de “aplanar la curva”.

 

Gobernantes en su incapacidad

 

Los gobernantes han desnudado su inhabilidad para gestionar la pandemia. La lista de lo que no ha funcionado es larga. En primer lugar, la desarticulación entre gobierno local y nacional ha quedado al descubierto. Segundo, y más importante que lo anterior, el énfasis en la prevención más que en el tratamiento del virus ha demostrado su ineficacia. La lentitud para fortalecer la infraestructura médica es significativa: En Bogotá escasamente, en un año de pandemia se pasó de 900 camas UCI a poco más de 2100 cuando lo esperado era que esta cifra se hubiera multiplicado tres o cuatro veces más. La consecuencia es que ante cualquier rebrote, como sucede ahora y en cualquier pandemia, el sistema de salud queda en riesgo de colapsar. En tercer lugar, la ausencia de un sistema amplio y profundo de educación, concientización y responsabilización del ciudadano por su propia salud. Lo esfuerzos quedan reducidos a mensajes mecánicos y repetitivos que no van a la conciencia profunda de cada cual y suenan más a reconvenciones de autoridad paternal que a llevar al individuo a asumir plenamente la responsabilidad por su salud y la de sus semejantes. En resumen, el modelo represivo ha demostrado su fracaso para el manejo de la crisis.

Los gobernantes no pueden eludir la responsabilidad histórica de su gestión de la pandemia, son finalmente solidarios ante los ciudadanos y ante los distintos sectores, instituciones, grupos y estamentos de la sociedad que ha confiado en ellos la administración y gobierno de una ciudad, de un departamento, de un país. Puede asumirse que cada gobernante hace lo mejor que puede con lo que tiene, si se parte de su buena fe, pero eso igualmente los hace enteramente responsables por sus acciones,

Es claro que la pandemia tomó al mundo y a sus gobernantes por sorpresa. Sin embargo, la forma como estos últimos han enfrentado la crisis habla, no sólo de ellos como líderes, sino también de los ciudadanos que los han elegido. Otros podrán exigir su cuota de responsabilidad a los ciudadanos indisciplinados, pero estos finalmente son responsables de sus conductas individuales, mientras que cada gobernante, toca, con sus medidas, a miles o millones de personas.

 

* Escritor. Integrante del consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.
1 Ministro de salud reflexiona sobre el año de la pandemia, en https://www.portafolio.co/economia/gobierno/ministro-de-salud-fernando-ruiz-gomez-reflexiona-sobre-pandemia-del-coronavirus-en-colombia-5479163.
2 https://www.portafolio.co/economia/casos-contagios-coronavirus-en-colombia-
3 Planetlockdown, en https://www.bitchute.com/video/RVY9i77FHNYk/. El abogado norteamericano-alemán Reiner Fullmich está emprendiendo, junto con otros abogados, una serie de acciones legales para demostrar que la prueba PCR es de dudosa validez y así conseguir la prohibición de su uso para detectar la presencia del virus del covid 19.

Publicado enColombia
Diseñan nanocintas más fuertes que el acero

Científicos del Instituto Tecnológico de Masachussets logran que pequeñas moléculas que se ensamblan espontáneamente en el agua en forma de nanocintas más fuertes que el acero conserven su estructura en estado seco.

En las últimas dos décadas, científicos e ingenieros han seguido el ejemplo de la naturaleza, diseñando moléculas que se ensamblan en el agua, con el fin de crear nanoestructuras, principalmente para aplicaciones biomédicas como la administración de fármacos o la ingeniería de tejidos.

Estos materiales, basados en moléculas pequeñas, tienden a degradarse con bastante rapidez, explica Julia Ortony, del Departamento de Ciencia e Ingeniería de Materiales del instituto, “y también son químicamente inestables.

Toda la estructura se desmorona cuando eliminan el agua, especialmente cuando se aplica cualquier fuerza externa, asegura. El nuevo material de diseño se basa en una membrana celular. La parte exterior es hidrofílica, es decir, “le gusta estar en el agua y la interior es hidrofóbica, la evita. Esta configuración, comenta, proporciona una fuerza impulsora para el autoensamblaje, ya que las moléculas se orientan para minimizar las interacciones entre las regiones hidrófobas y el líquido; en consecuencia adquieren forma a nanoescala.

La forma, en este caso, la confiere el agua y, por lo general, toda la estructura colapsaría al secarse. Sin embargo, Ortony y sus colegas idearon un plan para evitar que esto suceda. Cuando las moléculas están débilmente unidas, se mueven rápidamente, de forma análoga a un fluido; a medida que aumenta la fuerza de las fuerzas intermoleculares, el movimiento se ralentiza y ellas adoptan un estado sólido. La idea, explica, es ralentizar el movimiento molecular a través de pequeñas modificaciones en las moléculas individuales, lo que puede conducir a un cambio colectivo, y con suerte dramático, en las propiedades de la nanoestructura.

Una forma de ralentizar las moléculas, señala Ty Christoff-Tempesta, primer autor del artículo, es hacer que se aferren entre sí con más fuerza que en los sistemas biológicos. Esto se puede lograr cuando una densa red de fuertes enlaces de hidrógeno une las moléculas. Eso es lo que le da a un material como el Kevlar, construido con las llamadas aramidas, su estabilidad química y resistencia, afirma.

Incorporaron esa capacidad en el diseño de una molécula de tres componentes principales: una parte externa a la que le gusta interactuar con el agua, aramidas en medio para unirse y una parte interna que tiene una fuerte aversión al agua.

Probaron docenas de moléculas que cumplían estos criterios antes de encontrar el diseño que dio lugar a cintas largas con un grosor de escala nanométrica.