Miércoles, 29 Agosto 2018 07:46

"Si hay pelito no hay delito"

"Si hay pelito no hay delito"

La sabiduría de los dichos no contrarresta otras presiones sociales. Sexólogos identifican que desde los años 80 se ha ido configurando una visión de la feminidad que supone depilación parcial o total de las zonas genitales, tendencia que se ha ido extendiendo a los hombres.

No falta quienes argumentan que es un asunto de higiene, sin embargo, nada menos higiénico que quitar las barreras naturales que nos protegen. El contacto genital piel a piel de dos personas depiladas aumenta, significativamente, los riesgos de enfermedades transmisibles sexualmente. Los dermatólogos señalan riesgos de hongos, bacterias y otras afecciones de la piel. El vello púbico, como los otros en el cuerpo, cumple una importante función de protección.

La rasurada, provoca micro fisuras, aumenta el riesgo de pelos encarnados, que conlleva a la formación de quistes, sin hablar de las bacterias que pueden entrar más fácilmente al organismo. Si las consecuencias son evidentes en el caso del vello púbico, lo son en el caso de cualquier depilación, ya que siempre es traumático para la piel.

En las axilas solemos usar desodorante o peor antitranspirantes que contienen materiales cancerígenos, en estos casos las personas que se las depilan favorecen el ingreso del aluminio y otros componentes, poco amigables, a una parte muy sensible del cuerpo.

Habría mucho que decir sobre la construcción de los imaginarios sociales y sexuales y el vello. Muchas personas no pueden soportar la idea de una mujer peluda, porque se ve como un hombre. Otros no disfrutan el sexo oral porque les da asco. Sin embargo, ese asco está basado en una concepción errónea de la higiene. Es más higiénico tener pelito que andar pelado, abierto a cualquier tipo de infección y regándolos por ahí.

Publicado enSociedad
El 80% de los jóvenes latinoamericanos considera "normal" la violencia machista, según Oxfam Intermón

El informe 'Rompiendo moldes' de la ONG Oxfam Intermónanaliza las normas sociales que se encuentran en las raíces de las violencia machista en América Latina y Caribe
El 65% de las y los encuestados de 15 y 19 años no creen en el "no es no": sostienen que las mujeres cuando dicen ‘no', en realidad, quieren decir ‘sí’
"Esta normalización, alimentada por creencias y comportamientos, está fuertemente arraigada no solamente entre los jóvenes, también en las instituciones públicas y en nuestros círculos familiares y sociales", dice el estudio

"No se trata de llenar las cárceles de hombres, sino de cambiar la sociedad", decía en una reciente entrevista la indígena experta en género, Irma Alicia Velásquez. Su país, Guatemala, cuenta con una de las normativas más avanzadas para perseguir la violencia machista, pero al menos 500 mujeres fueron asesinadas en 2017 por el hecho de ser mujeres. Por ello, insisten las organizaciones feministas, los cimientos que sustentan los comportamientos machistas también deben ser derrumbados para reducir las altas cifras de feminicidios.

Son esos cimientos, ese "imaginario" y esas "normas sociales nocivas" que alimentan el machismo, los que trata de identificar un reciente informe de la ONG Oxfam Intermón centrado en ocho países de América Latina y Caribe. A través de 4.731 encuestas, 47 focus group y 49 entrevistas en profundidad entre jóvenes de Bolivia, Colombia, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana, el estudio se introduce en las "raíces profundas del sistema que produce, reproduce y sostienen las violencias contra las mujeres" y que, advierten, suelen derivar en la "normalización" de estos comportamientos.


El 86% de las y los jóvenes entrevistados aseguran que no intervendría si un amigo le pega a su novia. El 80% considera "normal" la violencia machista, según el análisis elaborado por la ONG. En Nicaragua, cuatro de cada diez encuestados saben que un amigo le pega a su novia. En República Dominicana, tres de cada diez jóvenes señalan que sus amigos golpean a sus parejas mujeres, según el informe de Oxfam Intermón.


"Esta normalización, alimentada por creencias y comportamientos, está fuertemente arraigada no solamente entre la juventud, sino también en las instituciones públicas y en nuestros círculos familiares y sociales, y se refuerza desde nuestras prácticas cotidianas", recuerdan desde la ONG. Los resultados provienen de las encuestas realizadas en América Latina y Caribe, pero sus respuestas pueden sonarnos familiares y son las que, según organizaciones feministas, nutren la base del heteropatriarcado.


La idea de la "virilidad masculina"


"Un hombre debe tener relaciones sexuales cuando quiera y con quien quiera. Las mujeres, no". "Los hombres tienen mayor deseo sexual que las mujeres". "Una mujer decente no debe vestirse provocativamente, ni andar sola por las calles a altas horas de la noche". "Los hombres se enojan si su pareja no quiere tener relaciones sexuales". Son algunas de las ideas grabadas a fuego en las sociedades que, según detalla el estudio, alcanzan un mayor porcentaje de aceptación entre las y los jóvenes entrevistados. El documento se centra en América Latina pero muchas de esas creencias mencionadas


Así, por ejemplo, el 82% de las mujeres y el 80% de los hombres encuestados en América Latina y Caribe están de acuerdo con que "un hombre debe tener relaciones sexuales cuando quiera y con quien quiera, mientras, las mujeres, no". Del mismo modo, el 87% de ellos y ellas consideran que sus amigos creen que "los hombres tienen mayor deseo sexual que las mujeres".


Las normas sociales de las que, según la ONG, se nutren las violencias machistas en la región son divididas en tres tipos que Oxfam Intermón: aquellas que hacen referencia a la idea de la "virilidad masculina" sobre la que acaba basándose "el control del hombre sobre la mujer". A través de esta creencia, "la mujer se establece [en el imaginario] en torno a la negación del placer sexual, como un cuerpo disponible para satisfacer las necesidades sexuales del hombre, un cuerpo bajo vigilancia permanente y al cual se le niega toda capacidad de decisión", concluye el documento.
El 65% de los jóvenes piensan que "no es sí"


El vínculo entre la virilidad masculina y la violencia se muestra, según el estudio, "cuando las y los jóvenes creen que los hombres no se pueden controlar, que las mujeres deben cumplir con las expectativas sexuales de ellos aun cuando no lo deseen, y al asumir que las mujeres son cuerpos pasivos".


El informe destaca "la culpabilidad hacia las mujeres por la forma de vestir, por andar hasta tarde en las calles o porque ellas han tomado alcohol". Siete de cada diez hombres jóvenes de 15 a 19 años creen que una mujer decente no debe vestirse provocativamente ni andar hasta tarde en las calles; seis de cada diez mujeres opinan lo mismo.


El "no es no" no obtiene aceptación entre los encuestados. "La creencia que justifica la violencia sexual al sostener que las mujeres cuando dicen ‘no, en realidad, quieren decir ‘sí’ es mucho más alta entre los hombres de 15 a 19 años, con un 65% de respaldo", sentencia el informe.


El "amor romántico" y la heterosexual normativa


El otro grupo de ideas estudiadas hace referencia a aquellas expresiones relacionadas con "el amor romántico" y la "herosexualidad como mandato obligatorio". Estos pensamientos, sostiene el estudio, repercuten en un "aumento del control sobre las mujeres". Aquí se encuentran altos porcentajes entre las y los jóvenes que "no reconocen como violencia que les vigilen los teléfonos móviles y las redes sociales, que controlan con quién se relacionan o cómo se deben vestir, cuándo y cómo transitar en los espacios públicos".


Según el estudio, más de la mitad de las creencias incluidas en este grupo, que perpetúan las violencias machistas a través del aumento de control de la mujer en base de un supuesto "amor romántico", tienen datos muy altos entre las mujeres y hombres jóvenes de 15 a 25 años.


Entre ellas se encuentran, afirmaciones como "no es violencia revisar el celular de sus parejas", apoyado por un 84% de las mujeres y un 77% de los hombres; "Los celos son la expresión del amor", asumida por el 43% de ellas y el 63% de ellos. En cuanto a la heterosexualidad como norma, identifican un 73-67% de sustento a frases como "Las lesbianas no deberían mostrar su orientación sexual en la calle".


"La creencia que indica que quien te ama te cuida se nutre de ideas que distorsionan y pervierten las relaciones amorosas naturalizando el control sobre las mujeres", recuerdan desde Oxfam Intermón. "Se enseña que entre amor y sufrimiento hay una relación inevitable. A las mujeres, se les enseña a aguantar toda clase de abusos machistas en nombre del amor", detalla el documento. Seis de cada diez hombres de entre 15 y 19 años creen que aman realmente si celan a su pareja, una creencia que, según el informe, se repite en todos los países estudiados. El 80% de la juventud afirma que sus amigos hombres revisan el celular de sus parejas y el 62% de 15 a 19 años, que ellos controlan las redes sociales de ellas.
La idea de "la buena mujer"


El último grupo de normas sociales analizado por Oxfam Intermón se engloba bajo las características atribuidas socialmente a "la buena mujer" que concluye, apuntan, en la "normalización" de las violencias machistas.


Oxfam Intermón resume en la siguiente afirmación la idea que está, según el estudio, sobre la que se basa la normalización: "Un hombre tiene derecho a corregir o disciplinar el comportamiento de las mujeres y para eso puede utilizar cualquier tipo de violencia". La ONG también analiza que los y las jóvenes asumen algunas "razones" por las que la mujer tiene que "aguantar la violencia".


De esta forma, según el estudio, "el 50% de las mujeres y el 38% de los hombres de 15 a 25 años piensan que las mujeres aguantan situaciones de violencia en la pareja porque ellas creen que es normal sufrir violencia". Del mismo modo, "el 61% de las mujeres y el 55% de los hombres porque creen que los agresores las amenazan con matarlas.


"El temor de la mujer es que la vayan a matar. Por eso, ella no habla", respondió una joven en un grupo focal de Nicaragua. Oxfam Intermón destaca que en República Dominicana, Nicaragua y Guatemala la naturalización de la amenaza de muerte obtiene porcentajes muy altos entre las mujeres y hombres de 20 a 25 años. Por su parte, Guatemala, El Salvador, Colombia y Honduras son los países donde más jóvenes piensan que "las mujeres aguantan la violencia, porque creen que es normal".


Cómo romper con estas creencias


Según Oxfam Intermón, 1.831 personas fueron asesinadas en 2016 en América Latina y Caribe. El documento de la ONG concluye que, aunque "celebra los avances legislativos conseguidos", exige a los Gobiernos "la aplicación de las leyes, garantizar el acceso a la justicia de las mujeres víctimas de violencia, asegurar presupuestos reales orientados a crear capacidades en las instituciones públicas y funcionarios y funcionarias, no revictimizar y contribuir con nuevos mensajes machistas".


Para acabar con esas creencias que, recuerdan, dan soporte a las violencias machistas apuestan por, entre otra medidas, "visibilizar a las familias que están transgrediendo el modelo impuesto". Destacan que las amigas y amigos "pueden tener un enorme poder en la construcción de imaginarios y normas sociales alternativos", así como los medios de comunicación y los líderes de opinión juveniles, como los instagramers y youtubers.

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"Cierto feminismo y cierta izquierda han comprado la idea de que el sexo es lo peor"

La escritora y ensayista francesa, autora del libro referencia para feministas 'Teoría King Kong', reflexiona sobre la burguesía literaria de su país, el orgullo de clase y la posibilidad de crear un espacio de disidencia que enfrente el poder establecido

 

"Escribo desde aquí, desde las invendibles, las torcidas, las que llevan la cabeza rapada, las que no saben vestirse, las que tienen miedo de oler mal, las que tienen los dientes podridos, las que no saben cómo montárselo, esas a las que los hombres no les hacen regalos, esas que follarían con cualquiera que quisiera hacérselo con ellas, las más zorras, las putitas, las mujeres que siempre tienen el coño seco, las que tienen tripa..."


Sirvan estas líneas a modo de aperitivo de lo que el lector puede encontrar en Teoría King Kong (Literatura Random House), un ensayo a cargo de la novelista francesa Virginie Despentes publicado originariamente en 2006 y que ha servido de avanzadilla para muchas de las cuestiones con las que el feminismo se da de bruces hoy día. Un panfleto incómodo para algunos, que se ha convertido en el Santo Grial del empoderamiento para una generación de jóvenes que no quiere saber nada de sumisiones a un orden que ya no les corresponde.


¿Para quién escribió este ensayo?


Cuando lo escribí, hace poco más de 10 años, tenía la sensación de que nadie hablaba a las generaciones más jóvenes sobre estos asuntos. La cultura mainstream, de la que se nutrían fundamentalmente, les bombardeaba de feminidad, pero en cuanto a feminismo las carencias eran notables. Nadie les dijo que puede ser una herramienta útil a la hora de ver el mundo y entender —incluso si no te conviertes en feminista— por qué determinadas puertas se te han cerrado por el simple hecho de ser mujer.


Le suelen preguntar por género y sexo, pero el caso es que en su discurso tiene mucho peso también la cuestión de clase...


Es esencial. El primer acercamiento que hice al feminismo fue a través de un libro que leí con apenas 18 años y me dejó muy impresionada; Mujeres, raza y clase, de Angela Davis. Este es un texto que me ha construido como mujer y que tiene mucho peso en mi forma de entender el feminismo, de tal forma que para mí la clase social está en el centro mismo del análisis.


Si lees, por ejemplo, la carta de Catherine Deneuve contra el "puritanismo" del #metoo, te das cuenta de que es un texto en el que mujeres de la alta sociedad expresan la rabia de los ricos. Más que feminismo, ese texto ejemplifica hasta qué punto los ricos parecen estar molestos por el simple hecho de que las víctimas se quejen. Se podrá leer en claves diversas, pero para mí lo que refleja ese supuesto manifiesto no es más que un puñado de ricos que no soportan que ciertas personas traten de poner límites al ejercicio, según ellos legítimo, de poder que desempeñan sobre otras personas. Parece que el problema es nuestro como víctimas por no sabernos comportar como es debido y agachar la cabeza de forma obediente. Dicho de otro modo; no creo que una cajera de Alcampo suscriba ese mismo texto.


¿Usted viene de ahí, de la clase baja, cómo se desenvuelve Despentes entre los oropeles literarios parisinos?


Tengo 48 años y llevo 25 inmersa en la industria editorial. Supongo que me he ido acostumbrando, pero lo cierto es que me costó mucho. Al principio se notaba que a buena parte de esa burguesía literaria parisina le causaba mucho reparo incluso tocarme para saludar, no querían tener nada que ver conmigo. Por otra parte, es curioso que todavía hoy, el 90% de las novelas que se publican y llegan a algo, vienen en su mayoría de un 2% de la población muy definido y que pertenece a la clase alta.


¿Se sigue sintiendo de prestado entre esa élite?


Siento que formo parte de la gente que publica libros, comparto determinadas problemáticas inherentes al hecho de ser escritor. Pero al mismo tiempo tengo muy presente de dónde vengo y me sigue sorprendiendo lo alejados que están muchos de estos escritores de realidades sociales como, por ejemplo, sacar adelante a dos hijos cobrando 1.500 euros al mes. Lo que percibo en estos salones y ambientes literarios es gente que está muy alejada de lo cotidiano.


Reivindica la rareza, el hecho de no avergonzarse por no encajar. ¿Cree posible la literatura desde otro sitio que no sea la alienación?


Busco ejemplos pero no los encuentro... Supongo que no, supongo que siempre es mejor si tienes algo propio que ofrecer. Me explico; si tu vida es maravillosa y vives entregado al frenesí, es obvio que no te vas a meter en tu cuarto a escribir. En cambio, si tienes el reflejo de encerrarte en tu mundo y sientes que no encajas bien, es más probable que termines escribiendo. Casi todos los libros que me gustan están escritos por gente que se siente un bicho raro.


Usted fue víctima de una violación. 'Teoría King Kong' surgió de un intento por abordar un trauma que quiso olvidar. ¿Hasta qué punto le marcó este hecho?


No puedo hacerme una idea. No puedo imaginarme sin esta vivencia, por eso no puedo saber si sería la misma persona o tendría menos problemas. A menudo me lo pregunto, ¿hasta qué punto me habrá cambiado lo que viví?, ¿me libré del trauma o sigo sufriendo? Lo que sí sé es que, como muchas mujeres en los 80, traté de hacer como si no hubiera ocurrido.


¿Fue terapéutico escribir sobre ello?


No creo que sea bueno escribir para hacer terapia, con el ejercicio de la escritura emergen también problemas... No sólo escribir, sino publicar y pensar que algo tan íntimo lo va a leer cualquiera. Desde luego, no se lo aconsejaría a nadie como terapia. En mi caso quizá me haya ayudado un poco para poner orden y mirar lo que me sucedió de frente.


¿Cómo lidia con la sobrexposición mediática? He leído que le resulta más dura que su pasado en la prostitución.


Tengo la impresión de que mucha gente se ha hecho una fantasía sobre lo que es el trabajo sexual. Por supuesto que es un trabajo duro, exigente y muy particular, pero cuando yo empecé a publicar y a hablar de mi historia me pareció todo mucho más violento. Cuando te conviertes en una persona pública, dejas de elegir a quién te diriges, te han visto por la calle y por la mañana coges el metro con la misma cara que tenías la noche anterior en su televisor. Las prostitutas que tienen sus papeles en regla y que eligen prostituirse no creo que tengan mucho que envidiar a todas esas mujeres públicas que por estar expuestas han perdido su intimidad. El problema aquí es que la burguesía ha determinado que ser mediáticamente conocida es el bien, pero que ejercer la prostitución es el mal y yo, que he hecho ambas cosas, puedo decir que ha costado mucho más acostumbrarme a ser insultada públicamente.


En España, buena parte de las voces beligerantes para con la prostitución no sólo vienen de la derecha católica, sino también de la izquierda


Me consta y en Francia no deja de ser muy diferente. Hay algo que nos hemos tragado después de dos mil años de cristianismo y es que el sexo, al parecer, es malo. Hubo un realizador francés que solía comparar la pornografía con Auschwitz. Y lo cierto es que, sinceramente, prefiero hacer una mamada antes que entrar en una cámara de gas. Nos hemos creído todo eso de que el sexo daña la dignidad y la integridad de la mujer.


Por otro lado, cierto feminismo y cierta izquierda han comprado la idea de que el sexo es lo peor. Parece que para algunos sectores de la izquierda trabajar 60 horas en un almacén de Amazon o trabajar en una mina de carbón y estar machacado con apenas 40 años es algo muy digno, pero en cambio es la prostitución lo que hemos de perseguir porque esclaviza a la mujer. No tienen en cuenta, por ejemplo, que es posible que esa prostituta gane mucho dinero haciendo su trabajo, mucho más que dichos trabajadores.


La situación se polariza. Parece que o te conviertes en una mujer sumisa que acata el orden establecido o en una pirómana que quiere arrasar con todo


El problema es que no termino de ver de qué forma nos podemos convertir en terroristas simbólicos. Más bien al contrario, aquellos que intentan subvertir ese orden al que te refieres son castigados y silenciados más que antes. De tal forma que el resto intentamos evitarnos problemas y nos autocensuramos. Cuando te presentan una voz disidente que tiene mucha presencia en la opinión pública es porque dicha voz no es un peligro para el poder. Las voces disidentes de verdad están cada vez más silenciadas y lo que se impone, en cambio, es una especie de blues, como si intentáramos decir ciertas cosas dentro de una sumisión permanente.


Pertenecemos enteramente al mercado, por primera vez en la historia esto es algo que queda patente. Es necesario abrir un cierto espacio de disidencia porque incluso desde la radicalidad, caemos muchas veces en un diálogo con el poder en el que nos definimos en contra de nuestro interlocutor, de modo que es el jodido poder el que nos termina configurando de alguna manera. Tenemos que acabar con esta sensación, estoy convencida de que las cosas no van a durar mucho tiempo tal y como las conocemos. Creo que esta situación está a punto de estallar.

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